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    <title><![CDATA[elDiario.es - Daniel Fuentes Castro]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/daniel_fuentes_castro/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Daniel Fuentes Castro]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El INE como síntoma]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/ine-sintoma_129_11667471.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/54703cdf-7e1a-42a0-b25e-16e8e9996bba_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El INE como síntoma"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A pesar del buen desempeño de quienes trabajan en ellas, el funcionamiento anquilosado de muchas instituciones públicas está llevando al fallo sistémico y, en algunos casos, a la parálisis. Lo del INE es un aviso</p><p class="subtitle">El INE vuelve a corregir al alza el PIB y suma otros 77.000 millones entre 2021 y 2023 en una revisión histórica</p></div><p class="article-text">
        El tiempo vuela y la memoria a veces es corta. Dentro de unos meses se cumplir&aacute;n cinco a&ntilde;os del inicio de la pandemia. Fui testigo privilegiado del esfuerzo &iacute;mprobo por sacar adelante el pa&iacute;s. Y tambi&eacute;n de decisiones que, con lo que hoy sabemos, seguramente ser&iacute;an distintas (pienso en concreto en el duro confinamiento de ni&ntilde;os y ni&ntilde;as, para los que seguramente habr&iacute;a que haber ingeniado alguna soluci&oacute;n diferente). Por supuesto que hubo errores. Y por supuesto que se improvis&oacute;, como en todas partes, con la mejor voluntad y toda la energ&iacute;a puesta en el empe&ntilde;o.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por eso no reprochar&eacute; nunca determinadas decisiones que, en el &aacute;mbito profesional, s&oacute;lo tienen explicaci&oacute;n en su contexto &ndash;siempre admitiendo la cr&iacute;tica&ndash;. Como economista, en el caso que nos ocupa, no me habr&iacute;a gustado verme al frente de la Contabilidad Nacional en aquellos meses y los que siguieron. No me cabe duda de que el INE puso todos los medios, desde su honestidad e independencia, en la tarea. Y de que otros no lo habr&iacute;amos hecho mejor.
    </p><p class="article-text">
        Dicho lo cual, el error de estimaci&oacute;n en el PIB en los a&ntilde;os 2020 a 2022 (dejo al margen la revisi&oacute;n que afecta a 2023) requiere una explicaci&oacute;n fuera de los foros especializados, que sea comprensible para los no expertos. En cierto modo, hemos vivido en una narrativa de ficci&oacute;n durante todo este tiempo, hasta la revisi&oacute;n <em>definitiva</em> del pasado 18 de septiembre. Son tres a&ntilde;os largos, si exceptuamos el propio 2020, en los que la econom&iacute;a creci&oacute; m&aacute;s de lo recogido por la Contabilidad Nacional, la productividad se comport&oacute; mejor de lo esperado, las ratios de d&eacute;ficit y deuda p&uacute;blica fueron algo menores, al igual que la presi&oacute;n fiscal, y la salida del COVID fue m&aacute;s r&aacute;pida en comparativa internacional de lo estimado hasta ahora. Y no es s&oacute;lo una cuesti&oacute;n de narrativas: muchas decisiones econ&oacute;micas se toman a partir de estos indicadores, tanto en el sector p&uacute;blico como en los mercados financieros, por no hablar de la propia evoluci&oacute;n de la renta per c&aacute;pita y lo que eso entra&ntilde;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cualquier analista m&iacute;nimamente familiarizado con la estimaci&oacute;n de macromagnitudes comprende la elevada probabilidad de error en los dos primeros trimestres de 2020, cuyo crecimiento se estim&oacute; con la econom&iacute;a cerr&aacute;ndose en tiempo real y, posteriormente, reabri&eacute;ndose de manera gradual y completamente asim&eacute;trica. No hab&iacute;a precedentes de algo semejante. El problema (com&uacute;n en los institutos de estad&iacute;stica de otros pa&iacute;ses y en magnitudes comparables) no est&aacute; ah&iacute;, sino en la gesti&oacute;n posterior y en la ausencia de una pol&iacute;tica de comunicaci&oacute;n a la altura del momento. Ambas cosas, como se&ntilde;alo m&aacute;s adelante, son s&iacute;ntomas de un problema institucional que deber&iacute;a preocuparnos.
    </p><p class="article-text">
        Durante demasiado tiempo, los indicadores m&aacute;s habituales de empleo o la informaci&oacute;n disponible sobre recaudaci&oacute;n fiscal (por citar dos tipos de variables altamente correlacionadas con la actividad econ&oacute;mica) apuntaban a una realidad significativamente distinta a la se&ntilde;alada por el INE. La evoluci&oacute;n de la productividad, crucial en la determinaci&oacute;n de salarios y m&aacute;rgenes empresariales, carec&iacute;a totalmente de sentido. Pese a ello, las explicaciones econ&oacute;micas a estos y otros interrogantes han sido decepcionantes o poco convincentes, al menos fuera del cerrado mundo institucional.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los <em>disclaimer</em> (llamadas a la precauci&oacute;n sobre el impacto de la pandemia sobre las estimaciones) se mantuvieron durante a&ntilde;os sin aportar gran cosa a unas notas de prensa de las que cab&iacute;a esperar bastante m&aacute;s. La funci&oacute;n del INE no es acad&eacute;mica, es institucional y por lo tanto est&aacute; sujeta a rendici&oacute;n de cuentas. Las diferencias con otras instituciones comparables en el Reino Unido o en los Pa&iacute;ses Bajos, por ejemplo, son notorias.
    </p><p class="article-text">
        Es cierto que las revisiones de Contabilidad Nacional est&aacute;n calendarizadas y protocolizadas, pero tambi&eacute;n lo es que durante estos a&ntilde;os las revisiones ordinarias del PIB han desconcertado a los expertos con demasiada frecuencia, en lo que va del dato avanzado al definitivo, tanto por su intensidad como por su composici&oacute;n (con giros abruptos y dif&iacute;cilmente explicables del encaje econ&oacute;mico subyacente). Todav&iacute;a har&aacute; falta tiempo, poso y paciencia para tener una imagen precisa de la historia econ&oacute;mica de estos a&ntilde;os.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nadie pone en duda las habilidades y las competencias t&eacute;cnicas del INE, ni mucho menos su independencia (el episodio, si demuestra algo, es justamente su autonom&iacute;a de criterio), pero tambi&eacute;n es justo se&ntilde;alar que sufre un grado de <em>estr&eacute;s institucional</em> importante. Como quiera que el inter&eacute;s de todos reside en el mejor funcionamiento posible de la instituci&oacute;n, la pregunta es c&oacute;mo evitar que algo as&iacute; vuelva a repetirse, asumiendo que lo sucedido no es achacable solamente a las dificultades inherentes a la pandemia. Si queremos un INE de excelencia es necesario dotarlo de recursos, fortalecer su plantilla con los mejores perfiles, modernizar su gobernanza, actualizar protocolos, abrirlo ordenadamente a la interacci&oacute;n con otras instituciones &ndash;tambi&eacute;n del &aacute;mbito privado&ndash;, replantearse su papel en la comunicaci&oacute;n &ndash;como proveedor de informaci&oacute;n estad&iacute;stica b&aacute;sica&ndash;, etc.
    </p><p class="article-text">
        Y la reflexi&oacute;n no deber&iacute;a quedarse ah&iacute;. A pesar del buen desempe&ntilde;o de quienes trabajan en ellas, el funcionamiento anquilosado de muchas instituciones p&uacute;blicas est&aacute; llevando al fallo sist&eacute;mico y, en algunos casos, a la par&aacute;lisis. Lo del INE es un aviso. Est&aacute; ocurriendo en muchas universidades p&uacute;blicas, en la administraci&oacute;n local, en la gesti&oacute;n diaria de grandes ministerios, en organismos aut&oacute;nomos, en la relaci&oacute;n digital entre la Administraci&oacute;n y los ciudadanos, etc. Esta vez ha sido la estimaci&oacute;n de las cuentas nacionales, la pr&oacute;xima vez puede ser el servicio de atenci&oacute;n primaria, el colapso en los juzgados o el acceso a una prestaci&oacute;n social de primera necesidad.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel Fuentes Castro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/ine-sintoma_129_11667471.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 19 Sep 2024 19:56:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El INE como síntoma]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[PIB,Empleo,INE - Instituto Nacional de Estadística]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Francia: El problema no es Barnier]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/francia-problema-no-barnier_129_11637209.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3dab6213-7f09-48c9-b4b8-38444dd8c62f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Francia: El problema no es Barnier"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El macronismo pidió un voto republicano para, finalmente, formar un Gobierno que estará tutelado por la extrema derecha. ¿Con qué base volverá alguien a votar bajo la premisa de frenar a la extrema derecha como primera obligación moral?</p><p class="subtitle">CLAVES - Cómo ha acabado Francia con un primer ministro conservador pese a la victoria de la izquierda y qué puede pasar ahora</p></div><p class="article-text">
        Cerraba una <a href="https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/decada-macron_129_11474304.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cr&oacute;nica previa a las elecciones legislativas francesas</a>, d&iacute;as antes de la primera vuelta, con esta reflexi&oacute;n: &ldquo;La pregunta relevante ahora mismo es a qui&eacute;n nombrar&aacute; Macron como primer ministro, con qu&eacute; agenda pol&iacute;tica y con qu&eacute; aritm&eacute;tica parlamentaria, en el caso de que el partido de Le Pen sea el m&aacute;s votado pero no obtenga mayor&iacute;a absoluta, y si el partido de Macron cayese a la tercera posici&oacute;n pero sumase con el frente de izquierdas. De la respuesta depender&aacute; no s&oacute;lo el devenir pol&iacute;tico de Francia en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os, y su impacto en el ciclo europeo que ahora comienza, sino el de la V Rep&uacute;blica en s&iacute; misma, que debe celebrar sus pr&oacute;ximas elecciones presidenciales en 2027&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En ese punto exacto estamos. El partido de Le Pen ha sido el m&aacute;s votado (10,1 millones de votos) pero no ha obtenido mayor&iacute;a absoluta (143 diputados sobre el total de 577 que componen la Asamblea Nacional), y el partido de Macron ha ca&iacute;do a la tercera posici&oacute;n (6,7 millones de votos) pero suma mayor&iacute;a con el frente de izquierdas (350 diputados entre ambas formaciones), que, aunque ha conseguido m&aacute;s diputados que nadie (182) no ha ganado las elecciones.
    </p><p class="article-text">
        No las ha ganado por dos razones. Primero, porque no ha podido forjar una mayor&iacute;a viable en la Asamblea con la que acceder al Ejecutivo. Y segundo, porque tampoco ha sido ni de lejos el partido m&aacute;s votado: se ha quedado a 3,1 millones de votos del partido de Le Pen.
    </p><p class="article-text">
        Acostumbrados los franceses a que el presidente nombre primer ministro al representante del primer partido en la Asamblea, la izquierda ha olvidado que todos los primeros ministros lo fueron por ser adem&aacute;s los candidatos de la lista m&aacute;s votada y, sobre todo, por ser los candidatos de la &uacute;nica mayor&iacute;a posible, absoluta o relativa.
    </p><p class="article-text">
        Nunca, desde que en 1958 se instaur&oacute; la V Rep&uacute;blica, la lista m&aacute;s votada en unas legislativas obtuvo un resultado tan corto como en 2024: Castets se qued&oacute; a 107 diputados de la mayor&iacute;a, que est&aacute; en 289 diputados. El &uacute;ltimo precedente comparable fue Chirac en 1978, que se qued&oacute; a 95 diputados de la mayor&iacute;a, que entonces estaba en 245/488 diputados, con la diferencia de que el presidente de la Rep&uacute;blica, Giscard-d&rsquo;Estaing, era de su misma familia pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Los resultados de las elecciones han sido un alivio en t&eacute;rminos de aritm&eacute;tica parlamentaria, dado lo que la primera vuelta dejaba presagiar, pero <a href="https://x.com/dfuentescastro/status/1810700280830300173" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en el fondo tienen algo de espejismo</a>: el frente republicano en conjunto perdi&oacute; de 1,3 a 1,6 millones de votos entre las legislativas de 2022 y las de 2024 (dependiendo si se considera a los conservadores de LR en dicho frente, o no), con un aumento de participaci&oacute;n de 6,5 millones de votos, que es justo lo que ha crecido el voto a la extrema derecha en las &uacute;ltimas elecciones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La izquierda francesa ha sido torpe en su ceguera de 'la lista m&aacute;s votada'. Con el apoyo solamente de 1/3 de los diputados y teniendo asegurada enfrente una mayor&iacute;a de bloqueo, lo m&aacute;s realista habr&iacute;a sido pelear por una coalici&oacute;n liderada por el NFP y negociar un programa, lo cual habr&iacute;a implicado necesariamente hacer cesiones. S&oacute;lo M&eacute;lenchon dio un paso en este sentido, anunciando que renunciar&iacute;a a la presencia de ministros de LFI en un hipot&eacute;tico Gobierno de izquierdas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Macron comprendi&oacute; perfectamente el peligro de ese gesto. Y, puesto que nada le obligaba &ldquo;jur&iacute;dica ni moralmente&rdquo; (en palabras de <a href="https://x.com/dfuentescastro/status/1828806375016903151" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Mitterrand, en un viaje al futuro desde 1978</a>) a nombrar Primera ministra a Castets, se apresur&oacute; a cerrar la puerta a la izquierda antes de que fuera demasiado tarde. Us&oacute; para ello <a href="https://x.com/dfuentescastro/status/1828168613938839773" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un argumento de peso</a> (&ldquo;un Gobierno sobre la base &uacute;nicamente del programa y los partidos del NFP ser&iacute;a inmediatamente objeto de una moci&oacute;n de censura&rdquo;) que, en realidad, era m&aacute;s el reflejo de su voluntad pol&iacute;tica, como se ha visto posteriormente. Dio un portazo.
    </p><p class="article-text">
        Un Gobierno de coalici&oacute;n presidido por el NFP, con nombramientos y programa negociados, podr&iacute;a estar en disposici&oacute;n de modular la &uacute;ltima reforma de las pensiones, recuperar el impuesto a las grandes fortunas financieras y poner en marcha una agenda social. Macron corr&iacute;a as&iacute; el riesgo de convertirse en un presidente 'desautorizado' y con un legado pol&iacute;tico enmendado, con todav&iacute;a tres a&ntilde;os de mandato por delante.&nbsp;Cazeneuve, un intento de &uacute;lrima hora, no iba a tener su opci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Desde ese punto de vista, el nombramiento del conservador Barnier al frente de Ejecutivo tiene todo el sentido. Es m&aacute;s, dada la composici&oacute;n de la Asamblea, probablemente represente mejor al votante mediano franc&eacute;s que muchos otros de los candidatos barajados en las &uacute;ltimas semanas y, desde luego, que cualquiera de los candidatos del NFP.
    </p><p class="article-text">
        El problema no es Barnier. El problema es haber tomado una decisi&oacute;n tan transcendental como el nombramiento del primer ministro en funci&oacute;n del visto bueno de Le Pen, con cuya colaboraci&oacute;n el macronismo se asegura que una censura no cuenta con los n&uacute;meros suficientes para prosperar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El macronismo pidi&oacute; un voto republicano en campa&ntilde;a electoral para, finalmente, formar un Gobierno que va a estar tutelado por la extrema derecha. &iquest;Con qu&eacute; si no con el voto republicano fue elegido Macron frente a Le Pen en 2017 y 2022? &iquest;Con qu&eacute; base volver&aacute; alguien a votar bajo la premisa de frenar a la extrema derecha como primera obligaci&oacute;n moral (como tan honestamente defendi&oacute; <a href="https://x.com/dfuentescastro/status/1803762821047443861" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Dominique de Villepin en la pasada campa&ntilde;a</a>)?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nada bueno hac&iacute;a presagiar la sorna con la que <a href="https://x.com/dfuentescastro/status/1807020061208486250" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Bardella se refiri&oacute; a Jean Moulin</a> (icono de la Resistencia, secuestrado y torturado hasta la muerte por la Gestapo) en uno de los debates electorales celebrado entre las dos vueltas y televisado en prime time. En otro tiempo, esa reacci&oacute;n espont&aacute;nea habr&iacute;a sido suficiente para laminar las opciones de cualquier candidato.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Da la impresi&oacute;n de que gran parte de la sociedad francesa y, sobre todo, del <em>establishment</em> vive desde hace tiempo en el dilema de &Oacute;scar Wilde: &ldquo;La &uacute;nica manera de librarse de la tentaci&oacute;n es ceder ante ella.&rdquo; Y est&aacute;n cediendo.
    </p><p class="article-text">
        Ca&iacute;do el muro republicano, queda por saber qu&eacute; ocurrir&aacute; a partir de ahora cuando cada votante escoja la papeleta de su verdadera preferencia, libre al fin del juego de estrategias en el que llevan inmersos desde hace tanto tiempo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel Fuentes Castro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/francia-problema-no-barnier_129_11637209.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 08 Sep 2024 19:27:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Elecciones Francia,Michel Barnier,Marine Le Pen,Emmanuel Macron,Ultraderecha]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La década Macron]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/decada-macron_129_11474304.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cb720dbe-2a76-481b-8d70-f362c2e49627_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La década Macron"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Emmanuel Macron ha derrochado toda la energía jupiterina de un monarca republicano para reinar bajo la divisa “o yo, o el caos”. Y lo ha hecho desde la vacuidad de la política líquida, desarbolando el sistema de partidos y sin dotar al sistema de nuevas estructuras que sustituyesen a las precedentes</p><p class="subtitle">Los partidos franceses se lanzan a una campaña relámpago entre llamamientos a parar el ascenso de la extrema derecha</p></div><p class="article-text">
        En 2017, entre las dos vueltas de las elecciones presidenciales francesas en las que Emmanuel Macron sali&oacute; elegido presidente por primera vez, <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/semilla-frente-nacional-germinado_129_3420987.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">escrib&iacute; en este mismo diario</a> que la semilla del Frente Nacional hab&iacute;a germinado y que quien presidiese Francia lo har&iacute;a sobre la base de una sociedad fracturada. La candidatura de Macron hab&iacute;a sido apoyada en primera vuelta por el 24% del electorado, frente al 21,3% de Le Pen, el 20% de Fillon y el 19,6% de M&eacute;lenchon. Apenas 4,4 puntos separaban entre s&iacute; a los cuatro principales candidatos, y esto gracias al voto &uacute;til de buena parte del electorado socialista, que no necesariamente validaba el programa pol&iacute;tico de Macron sino su candidatura.
    </p><p class="article-text">
        Era evidente que la olla a presi&oacute;n francesa pod&iacute;a estallar en cualquier momento. Y que aquella elecci&oacute;n ten&iacute;a que ser algo m&aacute;s que una v&aacute;lvula de escape: &ldquo;Si Macron, para alivio de la comunidad internacional, se impone finalmente en la carrera al El&iacute;seo, deber&aacute; asumir que tiene por mandato fundamental aplacar los s&iacute;ntomas del descontento social, identificar sus causas &uacute;ltimas y actuar sobre ellas con absoluta determinaci&oacute;n. No hay m&aacute;s programa que ese, sin margen de error.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Algo similar hab&iacute;a escrito meses antes G&eacute;rald Darmanin, por entonces secretario general del partido de Fillon (LR), en una columna de t&iacute;tulo elocuente, &lsquo;<a href="https://www.lopinion.fr/politique/gerald-darmanin-lr-le-bobopopulisme-de-monsieur-macron" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Le bobopopulisme de Monsieur Macron</a>&rsquo;: &ldquo;Lejos de ser la cura para un pa&iacute;s enfermo, ser&aacute;, por el contrario, su veneno final. Su elecci&oacute;n, Dios no lo quiera, sumir&iacute;a a Francia en la inestabilidad institucional y llevar&iacute;a a la ruptura de nuestra vida pol&iacute;tica. Entonces, en este vac&iacute;o, llegar&aacute; el populismo m&aacute;s abyecto, el de Madame Le Pen. No cabe duda.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Siete a&ntilde;os despu&eacute;s de aquellas elecciones, cuando a&uacute;n restan tres para el final del segundo &lsquo;quinquenato&rsquo; de Macron y en v&iacute;speras de unas elecciones legislativas convocadas de imprevisto, hay elementos de an&aacute;lisis suficientes para contrastar aquellas palabras.
    </p><p class="article-text">
        Lejos de buscar acuerdos program&aacute;ticos con las fuerzas vertebradoras del sistema, cuando ya era obvio que ten&iacute;a, a su izquierda, a un partido socialista entregado y, a su derecha, a un partido conservador en crisis, Macron ha derrochado toda la energ&iacute;a jupiterina de un monarca republicano para reinar bajo la divisa &ldquo;o yo, o el caos&rdquo;. Y lo ha hecho desde la vacuidad de la pol&iacute;tica l&iacute;quida, desarbolando el sistema de partidos y sin dotar al sistema de nuevas estructuras que sustituyesen a las precedentes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Durante estos siete a&ntilde;os hemos escuchado distintas interpretaciones de la misma partitura: todo lo que no sea &lsquo;el centro&rsquo;, son extremismos. Y el sistema de partidos ha reaccionado como cab&iacute;a esperar: para ocupar espacio y ser alternativa, la competici&oacute;n deb&iacute;a ser centr&iacute;fuga. &iquest;El resultado? La terna Macron, M&eacute;lenchon y Le Pen.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al poco de ser elegido, la supresi&oacute;n del impuesto a la fortuna (que en realidad fue sustituido por otro impuesto, de tal modo que la diferencia entre el primero y el segundo consiste en la exenci&oacute;n tributaria del patrimonio financiero &ndash;no as&iacute; de la riqueza inmobiliaria, que sigue sometida a tributaci&oacute;n&ndash;),  aprobada al mismo tiempo que el aumento de la fiscalidad de los carburantes de automoci&oacute;n, fue una se&ntilde;al fuerte de lo que iba a ser su presidencia: el clivaje de clase, el atrincheramiento capitalino, la brecha campo-ciudad y la cerraz&oacute;n a no considerar matices ni tender la mano a todo lo que no fuera <em>su</em> programa. La respuesta inmediata fue la crisis de los chalecos amarillos, que acab&oacute; enquist&aacute;ndose y de manera extremadamente violenta.
    </p><p class="article-text">
        Ni un solo gui&ntilde;o en materia social en siete a&ntilde;os al frente del pa&iacute;s. Y, en su lugar, sucesivas vueltas de tuerca: a las pensiones, a la prestaci&oacute;n por desempleo y, sobre todo, a la inmigraci&oacute;n, cuya legislaci&oacute;n acab&oacute; siendo pactada con la extrema derecha y cuyo ministro proponente fue el mismo G&eacute;rald Darmanin que a&ntilde;os atr&aacute;s advert&iacute;a sobre los peligros de &lsquo;<em>la macronie</em>&rsquo;, titular de la cartera de Interior desde 2020.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el balance de Macron, cuando se escriba, habr&aacute; una lecci&oacute;n dif&iacute;cil de digerir para muchos tecn&oacute;cratas: que toda reforma, por &oacute;ptima que sea sobre el papel, debe ser pol&iacute;tica y socialmente factible. No es discutible que un buen Gobierno necesita cuadros de primer nivel, pero los expertos est&aacute;n para proponer, no para decidir al margen de cualquier otra consideraci&oacute;n. Reformas estructurales como las ambicionadas, convenientes muchas de ellas, requieren di&aacute;logo, acuerdo y mayor&iacute;as amplias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a, el centrismo hegem&oacute;nico y tecn&oacute;crata no lleg&oacute; a dar fruto. Lo intent&oacute; Cs, como escisi&oacute;n del espacio conservador, hasta que en los pactos auton&oacute;micos de 2019 decidi&oacute; girar el tim&oacute;n todo a la derecha. El resto es historia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En Francia, el experimento s&iacute; ha funcionado (en este caso, como escisi&oacute;n del espacio socialista), en gran medida por las particularidades de su sistema electoral, pero con un balance contestable en t&eacute;rminos econ&oacute;micos y de reformas. Visto el estado actual de las cuentas p&uacute;blicas y el desempe&ntilde;o macroecon&oacute;mico m&aacute;s bien mediocre, cabe preguntarse desde una perspectiva estrictamente liberal d&oacute;nde est&aacute; el fruto de tantos ajustes y si ha merecido la pena el precio pagado en t&eacute;rminos de cohesi&oacute;n social.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cabe constatar, tanto en el caso espa&ntilde;ol como en el franc&eacute;s, que el centrismo liberal ha terminado por exacerbar la polarizaci&oacute;n hacia los extremos, alimentando en particular a RN y Vox, respectivamente. Algo se ha hecho mal, hasta el punto de que el experimento Macron pueda colapsar en las pr&oacute;ximas elecciones legislativas justamente por el centro. Veremos hasta qu&eacute; punto aguantan las cuadernas institucionales del sistema.
    </p><p class="article-text">
        La extrema derecha de Le Pen y Joan Bardella, la estrella emergente, est&aacute; a las puertas de una victoria sin precedentes. Enfrente, el <a href="https://www.eldiario.es/internacional/partidos-izquierdas-franceses-cierran-acuerdo-nuevo-frente-popular_1_11447914.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Nuevo Frente Popular</a> es un conglomerado de voluntades heterog&eacute;neas, repleto de incoherencias personales e ideol&oacute;gicas, y meramente instrumental, cuyo pegamento es la percepci&oacute;n generalizada de que Macron ha hecho poco o nada para evitar este momento y que no representa ya ninguna esperanza de reconstrucci&oacute;n social.
    </p><p class="article-text">
        En el pulso interno entre los partidos de esta nueva coalici&oacute;n de izquierdas, los <em>insumisos</em> son hasta el momento los grandes beneficiados, al haber conseguido imponer m&aacute;s candidatos y en circunscripciones m&aacute;s favorables que ninguna otra fuerza. Los socialistas, perdedores de la interna, han conseguido al menos imponer el sello socialdem&oacute;crata en el programa pol&iacute;tico de la nueva formaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todo indica que la coalici&oacute;n tendr&aacute; vida corta, que dif&iacute;cilmente podr&aacute; disputarle la victoria a la extrema derecha, y que no ser&aacute; f&aacute;cil la gesti&oacute;n del d&iacute;a despu&eacute;s. Hace tiempo que M&eacute;lenchon, al igual que su hom&oacute;logo Iglesias en Espa&ntilde;a, es una figura del pasado, pero conserva intacta su capacidad para hacer implosionar el proyecto com&uacute;n a las primeras de cambio.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta relevante ahora mismo es a qui&eacute;n nombrar&aacute; Macron como primer ministro, con qu&eacute; agenda pol&iacute;tica y con qu&eacute; aritm&eacute;tica parlamentaria, en el caso de que el partido de Le Pen sea el m&aacute;s votado pero no obtenga mayor&iacute;a absoluta, y si el partido de Macron cayese a la tercera posici&oacute;n pero sumase con el frente de izquierdas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De la respuesta depender&aacute; no s&oacute;lo el devenir pol&iacute;tico de Francia en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os, y su impacto en el ciclo europeo que ahora comienza, sino el de la V Rep&uacute;blica en s&iacute; misma, que debe celebrar sus pr&oacute;ximas elecciones presidenciales en 2027 y a las cuales Macron no podr&aacute; volver a presentarse.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel Fuentes Castro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/decada-macron_129_11474304.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 24 Jun 2024 20:00:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La década Macron]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Elecciones Francia,Marine Le Pen,Emmanuel Macron,Vox,Podemos,Francia Insumisa]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El búnker de las pensiones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/bunker-pensiones_129_10078784.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ca2eac7e-6462-49c7-b380-6cca713ef2c0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El búnker de las pensiones"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Habría sido deseable que el peso de los nuevos recursos del sistema hubiese recaído principalmente en tributos existentes y, en menor medida, en un aumento de las cotizaciones, tanto por razones de eficiencia y competitividad empresarial como por motivos de equidad interpersonal</p></div><p class="article-text">
        Hace cinco a&ntilde;os, en un art&iacute;culo sobre las pensiones publicado <a href="https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/trilema-pensiones_129_2155887.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en este mismo diario</a>, todav&iacute;a en el marco fijado por la reforma de 2013, conclu&iacute;a que est&aacute;bamos frente a tres opciones: 1) revalorizar las pensiones de acuerdo con la inflaci&oacute;n sin abordar ning&uacute;n tipo de ajuste, lo que no har&iacute;a sino profundizar en un juego de suma cero entre pensiones y &lsquo;todo lo dem&aacute;s&rsquo; (sanidad, educaci&oacute;n, inversi&oacute;n productiva, etc.); 2) permitir que la inflaci&oacute;n erosionase el poder adquisitivo de las pensiones, confiando en que las rentas derivadas de la acumulaci&oacute;n de capital inmobiliario durante el ciclo vital pudiesen contener la pauperizaci&oacute;n de las mismas (dos de cada tres pensionistas cobraban entonces menos de 900 euros brutos al mes, en catorce pagas); o 3) una reforma de la sostenibilidad que dotase a las administraciones p&uacute;blicas de m&aacute;s recursos y que, adem&aacute;s, contribuyese a reducir la desigualdad.
    </p><p class="article-text">
        Cerraba aquel art&iacute;culo afirmando que la reforma de las pensiones no era un drama irresoluble, pero que era necesario vencer el inmovilismo y la resistencia al cambio. Han pasado muchas cosas desde entonces y, reley&eacute;ndolo a la luz de la &uacute;ltima reforma, me parece oportuno compartir algunas reflexiones.
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, el centro de gravedad del debate se ha desplazado. Ya no est&aacute; en si las pensiones deben conservar o no su poder adquisitivo, sino en c&oacute;mo es posible financiarlo de manera sostenible y con un coste de oportunidad que sea asumible, especialmente en su dimensi&oacute;n intergeneracional. Hemos aceptado socialmente, salvo los irreductibles, que cargar el ajuste del sistema a la sola erosi&oacute;n del poder adquisitivo de las pensiones, como se pretend&iacute;a, no era una propuesta realista. Los pensionistas no tienen expectativas de evoluci&oacute;n de carrera, ni de cambio de trabajo, ni est&aacute;n sujetos a mejoras de productividad, ni pueden esperar aumentos de sueldo, ni tienen representantes en comit&eacute;s de empresa. La inmensa mayor&iacute;a tiene pensiones m&aacute;s bien modestas (aunque en ocasiones se rebata esto recurriendo a la elevada &lsquo;tasa de sustituci&oacute;n&rsquo;): el 60% est&aacute;n por debajo de 1.000 euros brutos mensuales. Toda aspiraci&oacute;n econ&oacute;mica en esa etapa de la vida se limita a conservar su valor real. Es una demanda de m&iacute;nimos.
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, de manera consecuente con lo anterior, se ha optado por dotar al sistema de m&aacute;s recursos y hacerlo con criterios de equidad (el aumento de cotizaciones propuesto en la &uacute;ltima reforma se concentra en los salarios superiores a 50.000 euros brutos anuales, el 5% m&aacute;s alto de las rentas salariales). Se aprietan las tuercas por el lado de los ingresos. Y eso duele. Pero es un paso adelante posibilista, dadas las restricciones econ&oacute;micas, pol&iacute;ticas y sociales del momento, aunque cuestionable en el sentido que comento m&aacute;s adelante.
    </p><p class="article-text">
        En tercer lugar, como la propia evaluaci&oacute;n de AIREF ha puesto de manifiesto, la &uacute;ltima reforma es insuficiente para solucionar un problema de contabilidad nacional que alcanzar&aacute; su momento de m&aacute;ximo estr&eacute;s en torno a 2050, a partir del cual comenzar&iacute;a a diluirse de manera gradual. Concretamente, dadas las actuales proyecciones demogr&aacute;ficas, el gasto total en pensiones alcanzar&iacute;a el 16,3% del PIB en 2049 (necesario para atender a una poblaci&oacute;n en edad de jubilaci&oacute;n que ser&aacute; m&aacute;s numerosa que la actual) frente al 13,6% en 2021. De acuerdo con las estimaciones de AIREF, las medidas adoptadas hasta el momento ser&iacute;an insuficientes para contener el aumento del d&eacute;ficit p&uacute;blico, que sumar&iacute;a al actual 1,1 puntos de PIB en 2050.
    </p><p class="article-text">
        Todo ello, por supuesto, sujeto a la evoluci&oacute;n en tan largo plazo de factores como la demograf&iacute;a, la poblaci&oacute;n activa o la productividad. As&iacute; pues, en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os asistiremos a nuevos ajustes del sistema p&uacute;blico de pensiones, el primero de ellos puede que tan pronto como en 2025, si las proyecciones de AIREF est&aacute;n en lo cierto.
    </p><p class="article-text">
        En cuarto lugar, la brecha de recaudaci&oacute;n fiscal con respecto a la eurozona se ha reducido notablemente en estos cinco a&ntilde;os, de 7,2 puntos de PIB en 2018 a 3,1 en 2023. Aunque todav&iacute;a falta por ver en qu&eacute; valores va a normalizarse tras la excepcionalidad de la pandemia y el shock inflacionario actual, dicha brecha sigue siendo significativa. No es un espacio fiscal suficiente, dado que el d&eacute;ficit estructural de Espa&ntilde;a puede estar actualmente por encima del 4% del PIB, pero si convenimos que un aumento del d&eacute;ficit en pensiones de 1,1 puntos en 2050 es un problema, deber&iacute;amos asumir tambi&eacute;n que esos 3,1 puntos de menor recaudaci&oacute;n deben formar parte de la soluci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Ambici&oacute;n, carencias y perdurabilidad de la reforma</strong>
    </p><p class="article-text">
        La actual reforma de las pensiones podr&iacute;a haber sido m&aacute;s ambiciosa si hubiera imperado entre los distintos actores una l&oacute;gica de Estado. As&iacute;, en lugar de haber compartimentado la reforma en tres fases, como de facto parece ser el caso (revalorizaci&oacute;n de las pensiones en 2021, fortalecimiento de ingresos en 2023 y, a priori, nuevas actuaciones a partir de 2025), habr&iacute;a sido deseable un planteamiento integral, que abarcase tambi&eacute;n al sistema tributario en la medida que le concierne (elementos no contributivos) y en el que se presentasen de manera conjunta las medidas m&aacute;s impopulares junto con las m&aacute;s f&aacute;cilmente digeribles. Veremos, en este sentido, c&oacute;mo se abordan futuros ajustes.
    </p><p class="article-text">
        En concreto, habr&iacute;a sido deseable que el peso de los nuevos recursos del sistema hubiese reca&iacute;do principalmente en tributos existentes y, en menor medida, en un aumento de las cotizaciones, tanto por razones de eficiencia y competitividad empresarial como por motivos de equidad interpersonal. Se ha optado por las cotizaciones, lo cual ofrece un cierto blindaje a la caja de la Seguridad Social, pero no deja de ser un punto cuestionable de esta reforma: la reducci&oacute;n de la desigualdad es misi&oacute;n principal de los impuestos progresivos y de las pol&iacute;ticas de gasto, no tanto de las cotizaciones.
    </p><p class="article-text">
        Asimismo, en un acuerdo de Estado m&aacute;s amplio podr&iacute;a haberse valorado la introducci&oacute;n o el fortalecimiento de figuras tributarias vinculadas al patrimonio y/o a las mayores herencias, como mecanismo distributivo intergeneracional en sentido complementario al sistema de pensiones, con el que adem&aacute;s fortalecer su sostenibilidad. La circulaci&oacute;n y rejuvenecimiento del capital es una de las grandes cuestiones por abordar en sociedades ricas y envejecidas como las europeas. Eso evitar&iacute;a, adem&aacute;s, tomar a 'los j&oacute;venes' como rehenes en el debate de las pensiones. Un primer paso en este sentido podr&iacute;a haber consistido en un compromiso fuerte contra la pobreza infantil.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, tambi&eacute;n tendr&iacute;a que haber sido posible fijar una l&iacute;nea temporal a partir de la cual aplicar las medidas de contenci&oacute;n de gasto y adaptaci&oacute;n a la esperanza de vida, perfiladas por sectores, actividades y/o tipos de empleo, necesarias para asegurar el cumplimiento de la regla de gasto de las pensiones en el periodo 2022 - 2050, con un plazo suficiente para ser anticipadas por las generaciones concernidas, sin que suponga cambiar sobre la marcha las reglas de juego a los inmediatos entrantes en el sistema.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un pacto de Estado sobre estos elementos, entre otros posibles, habr&iacute;a contribuido a abordar el problema con mayor serenidad y habr&iacute;a dotado a la reforma de una legitimidad fuerte, que es la mejor garant&iacute;a para su perdurabilidad. Eso s&iacute;, habr&iacute;a cerrado definitivamente la puerta a <em>la soluci&oacute;n 2013</em>, la &uacute;nica considerada por el b&uacute;nker de las pensiones, que insiste en la necesidad de &lsquo;hacer reformas&rsquo; pero que, llegado el momento, se niega a considerar cualquier cambio que afecte a las cotizaciones sociales, a los impuestos (menos todav&iacute;a si afectan al capital), a los aumentos salariales y a la reducci&oacute;n de la desigualdad. El verdadero problema est&aacute; ah&iacute;, en las posiciones inmovilistas del b&uacute;nker.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel Fuentes Castro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/bunker-pensiones_129_10078784.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 02 Apr 2023 04:00:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El búnker de las pensiones]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hay mujeres]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/mujeres_129_2101640.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a1737e8a-6e2f-4c20-8f4e-ccb884209140_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hay mujeres"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si la meritocracia se articulase en torno a un sistema de competencia perfecta, en el que hombres y mujeres se desenvolviesen en igualdad de condiciones, el talento terminaría por imponerse</p></div><p class="article-text">
        Hace apenas unas semanas, Soledad Gallego-D&iacute;az fue galardonada con el premio a la Mejor Trayectoria Profesional en la 35&ordf; edici&oacute;n de los Premios Ortega y Gasset. En el acto de entrega, Juan Luis Cebri&aacute;n (entonces todav&iacute;a presidente del Grupo PRISA) se&ntilde;al&oacute; con gran acierto lo que, desde hace tiempo, es evidente para muchos profesionales y lectores: &ldquo;Soledad es y ha sido siempre la mejor de todos nosotros&rdquo;. &iexcl;Qu&eacute; bueno ser&iacute;a tenerla de directora de El Pa&iacute;s o, por qu&eacute; no, de responsable de los servicios informativos de RTVE!
    </p><p class="article-text">
        Puede que Soledad Gallego-D&iacute;az no haya roto nunca ese techo de cristal porque, como ella misma afirma, se siente una periodista de redacci&oacute;n. O puede que nunca haya tenido esa ambici&oacute;n. O puede que sean otras las razones, sobre las que no tiene que justificar nada a nadie, que lo expliquen. En todo caso, no deja de ser un caso evidente de que la mejor no ha llegado todo lo arriba que uno habr&iacute;a podido esperar.
    </p><p class="article-text">
        Si la meritocracia se articulase en torno a un sistema de competencia perfecta, en el que hombres y mujeres se desenvolviesen en igualdad de condiciones, el talento terminar&iacute;a por imponerse y, puesto que no existen diferencias entre la capacidad intelectual de ambos sexos, ser&iacute;a razonable ver en puestos de responsabilidad a una proporci&oacute;n de mujeres similar a la de hombres. Esto no ocurre por distintas razones.
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, la educaci&oacute;n sexista puede sesgar la libre elecci&oacute;n de incorporarse (activas) o no (inactivas) al mercado laboral. La educaci&oacute;n no es s&oacute;lo la escuela, tambi&eacute;n es la casa y la calle, que somos todos.
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, el rol social atribuido a las mujeres (hogar, cuidado de ni&ntilde;os y mayores) y, especialmente, la maternidad, condiciona su status en el mercado laboral. No ocurre lo mismo con la paternidad, en parte por cuestiones biol&oacute;gicas evidentes, pero no s&oacute;lo.
    </p><p class="article-text">
        En tercer lugar, la probabilidad de encontrar empleo es, en promedio, inferior a la masculina. Adem&aacute;s, es mayor la probabilidad de sufrir precariedad y de sufrirla m&aacute;s, as&iacute; como de cobrar menos que sus hom&oacute;logos masculinos, ceteris paribus (brecha salarial). La maternidad, o la mera incertidumbre sobre un posible embarazo, genera incentivos para una mayor precariedad y una menor remuneraci&oacute;n. Aqu&iacute; cabe hablar de &ldquo;fallo de mercado&rdquo; en la medida en que, sin intervenci&oacute;n reguladora, la din&aacute;mica empresarial es incapaz de asignar eficientemente el capital humano y, mucho menos, de integrar las externalidades colectivas asociadas a la natalidad.
    </p><p class="article-text">
        En cuarto lugar, el reconocimiento profesional o el &eacute;xito jer&aacute;rquico en una carrera profesional depende en gran medida de la distribuci&oacute;n asim&eacute;trica de las relaciones de poder entre sexos (adem&aacute;s del deseo, del esfuerzo y de los m&eacute;ritos necesarios), que generalmente es favorable a los hombres. Defender la presencia de mujeres en espacios de poder que tambi&eacute;n son suyos es una conquista social, se mire como se mire. Ni los mediocres ni las mediocres deber&iacute;an &ldquo;llegar arriba&rdquo;; pero si algunos de ellos llegan, &iquest;por qu&eacute; no algunas de ellas?
    </p><p class="article-text">
        En quinto lugar, despu&eacute;s de haber superado los cuatro nudos anteriores, las mujeres que disfrutan del reconocimiento profesional o del &eacute;xito jer&aacute;rquico suelen hacerlo mayormente cuando la competencia es abierta (&ldquo;mi ascenso profesional no depende de tu no-ascenso&rdquo;), pero cuando la competencia es cerrada (&ldquo;s&oacute;lo uno de los dos puede dirigir este peri&oacute;dico&rdquo;) el poder asim&eacute;trico entre sexos es determinante. Tambi&eacute;n lo es, obviamente, la extracci&oacute;n social: a menudo, un macho alfa hace un sitio a una abeja reina, sin cambio alguno en la situaci&oacute;n de las obreras.
    </p><p class="article-text">
        A todo lo anterior se a&ntilde;ade que, durante todas las etapas de su vida laboral, las mujeres sufren una mayor probabilidad que los hombres de ser ninguneadas, de ser objeto de bromas de mal gusto e incluso de ser acosadas en el &aacute;mbito profesional.
    </p><p class="article-text">
        Huelga decir, por lo tanto, que el mercado laboral dejado a s&iacute; mismo est&aacute; lejos de ser un caso de competencia perfecta en lo que al sexo de las personas se refiere. Las barreras de entrada ejercidas por los hombres, consciente o inconscientemente, conducen a una soluci&oacute;n ineficiente (el n&uacute;mero de mujeres en la parte superior de las estructuras jer&aacute;rquicas es generalmente sub&oacute;ptimo). Las reivindicaciones feministas no son s&oacute;lo una cuesti&oacute;n de justicia social en el reparto de poder, sino de eficiencia asignativa: es empobrecedor que las mujeres no sean protagonistas a la hora de decidir qu&eacute; hacemos con el mundo.
    </p><h3 class="article-text">Costes de transici&oacute;n hacia la paridad</h3><p class="article-text">
        Iniciativas como #No_Sin_Mujeres, lanzada hace unos d&iacute;as por un grupo de 56 acad&eacute;micos y profesionales de las Ciencias Sociales (en su primera semana ha sumado m&aacute;s de 600 firmas validadas), pretenden contribuir a levantar esas barreras.
    </p><p class="article-text">
        Ser&aacute; necesario, sin embargo, mucho m&aacute;s que modestos compromisos de ese tipo. Entre otras cosas, habr&aacute; que afrontar distintos costes de transici&oacute;n hacia la paridad, algunos de los cuales ser&aacute;n tanto m&aacute;s visibles cuanto m&aacute;s se avance en el proceso. El m&aacute;s relevante de estos costes es obvio: si la meritocracia funciona, la competencia har&aacute; que muchos hombres est&eacute;n llamados a ceder posiciones de poder. Pero hay otros costes que no conviene subestimar. Por ejemplo, si las redes acad&eacute;micas o la atenci&oacute;n medi&aacute;tica se focalizan en un peque&ntilde;o n&uacute;mero de mujeres expertas, estas podr&aacute;n no estar dispuestas o simplemente ser insuficientes para satisfacer la demanda a la que se enfrentan. Adem&aacute;s de un coste personal, esto supone un reto a los organizadores de eventos (visibilizar a las mujeres expertas sigue siendo una tarea pendiente). Asimismo, algunas mujeres seguir&aacute;n confrontadas a la desagradable sensaci&oacute;n de ser invitadas a determinados foros por una simple cuesti&oacute;n formal, en lugar de por m&eacute;ritos propios. Conviene recordar que no es que haya que poner mujeres, es que hay mujeres que poner.
    </p><p class="article-text">
        Una vez hayan accedido a posiciones dominantes, es posible que muchas mujeres prioricen estrategias de poder (como los hombres han hecho hist&oacute;ricamente) sobre las de g&eacute;nero, no nos llevemos a enga&ntilde;o. En otros casos, el cambio en la probabilidad de reconocimiento profesional o de &eacute;xito jer&aacute;rquico puede ser mucho m&aacute;s decepcionante de lo imaginado: el incremento de la probabilidad de encontrar mujeres en puestos de poder no significa que la probabilidad de que una mujer, tomada individualmente, llegue a posiciones de poder vaya a ser especialmente elevada (si 10.000 periodistas sue&ntilde;an con dirigir uno de los diez peri&oacute;dicos m&aacute;s influyentes del pa&iacute;s, su probabilidad te&oacute;rica de &eacute;xito ser&aacute; de 0,05% en un mundo paritario, frente al 0% que corresponde a un mundo completamente masculinizado).
    </p><p class="article-text">
        Esto &uacute;ltimo, que no deja de ser una perogrullada, tiene su importancia. Extrapolado a la precariedad laboral o a los bajos salarios, significa que (con el funcionamiento actual del mercado laboral espa&ntilde;ol) solucionar los sesgos de g&eacute;nero es condici&oacute;n necesaria, pero est&aacute; muy lejos de ser condici&oacute;n suficiente para incrementar significativamente el bienestar de las mujeres trabajadoras. Y aqu&iacute; es donde todos, hombres y mujeres, deber&iacute;amos remar juntos por un mercado laboral competitivo, meritocr&aacute;tico y sin barreras de g&eacute;nero.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel Fuentes Castro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/mujeres_129_2101640.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 May 2018 18:31:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Hay mujeres]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El trilema de las pensiones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/trilema-pensiones_129_2155887.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Buena parte del ajuste no habría sido necesaria de no haber tenido que destinar una proporción creciente del gasto a los intereses de la deuda y, especialmente, a las pensiones por jubilación</p></div><p class="article-text">
        Aunque ahora nos parezca lejano, no hace tanto tiempo que la situaci&oacute;n de nuestras finanzas p&uacute;blicas era boyante. En v&iacute;speras de la crisis de 2008, nuestra deuda p&uacute;blica se situaba en un exiguo 35,6% del PIB (98,4% en la actualidad), por debajo incluso de Alemania (63,7%) y Francia (64,3%); nuestras administraciones p&uacute;blicas encadenaban tres a&ntilde;os consecutivos de super&aacute;vit; y &ldquo;tan s&oacute;lo&rdquo; necesit&aacute;bamos 65.000 millones de euros para hacer frente al pago de las pensiones por jubilaci&oacute;n, frente a los 102.000 millones de 2016.
    </p><p class="article-text">
        El periodo 2004 a 2007 se caracteriz&oacute; por un elevado nivel de ingresos (alimentados artificialmente por la burbuja inmobiliaria), pero el gasto se situ&oacute; en la media de la d&eacute;cada precedente. De hecho, la estructura del gasto p&uacute;blico en v&iacute;speras de la crisis fue bastante menos at&iacute;pica de lo que podr&iacute;a pensarse. La principal diferencia con respecto al promedio de los diez a&ntilde;os anteriores, primeros de la era euro, fue un menor coste de los intereses de la deuda. A gasto constante, esto liber&oacute; recursos que fueron destinados principalmente a sanidad, cultura y fomento de la inversi&oacute;n. En cualquier caso, como se aprecia en la infograf&iacute;a adjunta (primera barra del gr&aacute;fico superior), se trata de desviaciones poco significativas en relaci&oacute;n con lo que estaba por venir.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        En tan s&oacute;lo dos a&ntilde;os, los que van de 2007 a 2009, se destruyeron cerca de 1,5 millones de empleos. La contracci&oacute;n de la actividad merm&oacute; los ingresos de las administraciones p&uacute;blicas desde el 41% del PIB hasta el 34,8%. El gasto en prestaciones por desempleo, sanidad y protecci&oacute;n social se increment&oacute; en 4,7 puntos de PIB y, junto con una pol&iacute;tica fiscal expansiva y el encarecimiento de los intereses de la deuda, elev&oacute; el gasto total hasta el 45,8% del PIB. Como consecuencia, el saldo de las administraciones p&uacute;blicas pas&oacute; de un super&aacute;vit de +1,9% del PIB en 2007 a un d&eacute;ficit del -11% en 2009.
    </p><p class="article-text">
        En 2010, ante la explosividad de la deuda p&uacute;blica (en tan s&oacute;lo dos a&ntilde;os hab&iacute;a pasado del 35,6% del PIB al 52,8%), se opt&oacute; por un cambio de orientaci&oacute;n en la pol&iacute;tica fiscal. A la recesi&oacute;n de la actividad econ&oacute;mica causada por la crisis se uni&oacute; una contracci&oacute;n del gasto p&uacute;blico, preconizada por las principales instituciones internacionales, que dio inicio a un periodo de austeridad fiscal.
    </p><p class="article-text">
        Desde entonces hasta 2016 (&uacute;ltima informaci&oacute;n publicada por Eurostat) el gasto se redujo en unos 3,6 puntos de PIB, rescate bancario de 2012 mediante. Lo llamativo, prestemos atenci&oacute;n, es la composici&oacute;n del ajuste fiscal por funciones de gasto. Dos partidas han seguido increment&aacute;ndose durante este tiempo: las pensiones por jubilaci&oacute;n, que tienen poco que ver con el ciclo econ&oacute;mico, y el pago de intereses de la deuda. Si actualmente destinamos a lo primero 2,2 puntos de PIB m&aacute;s que en 2010 y, a lo segundo, otros 1,1 puntos m&aacute;s es porque el resto de partidas presupuestarias, con la &uacute;nica excepci&oacute;n del gasto en defensa, han supuesto una reducci&oacute;n conjunta de gasto p&uacute;blico equivalente a 6,9 puntos de PIB (gr&aacute;fico inferior izquierdo). Hablamos de m&aacute;s de 60.000 millones de euros corrientes.
    </p><p class="article-text">
        Concretamente, destinamos 1,3 puntos de PIB menos a prestaciones por desempleo cuando resulta que la tasa de paro apenas se redujo tres d&eacute;cimas en el periodo, desde el 19,9% en 2010 hasta el 19,6% en 2016. Esta reducci&oacute;n del gasto responde m&aacute;s a la evoluci&oacute;n de la tasa de cobertura (la proporci&oacute;n de parados que reciben alg&uacute;n tipo de prestaci&oacute;n por desempleo pas&oacute; de 78,4% en 2010 a 55,1% en 2016) que a la disminuci&oacute;n del n&uacute;mero de parados. De acuerdo con el SEPE, mientras el n&uacute;mero de parados se redujo en torno a 160.000 personas en el periodo, el de perceptores de prestaciones por desempleo lo hizo en m&aacute;s de un mill&oacute;n. Tambi&eacute;n destinamos 1,8 puntos de PIB menos al fomento de la actividad econ&oacute;mica, as&iacute; como otros 3,8 puntos de PIB menos a sanidad, vivienda, educaci&oacute;n, cultura, medio ambiente, seguridad ciudadana y el resto de los servicios p&uacute;blicos.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que, como primera conclusi&oacute;n, admitamos que s&iacute; ha habido merma en la provisi&oacute;n de bienes y servicios p&uacute;blicos; y, como segunda, observemos que buena parte del ajuste no habr&iacute;a sido necesaria de no haber tenido que destinar una proporci&oacute;n creciente del gasto a los intereses de la deuda y, especialmente, a las pensiones por jubilaci&oacute;n.
    </p><h3 class="article-text">M&aacute;s all&aacute; del periodo de austeridad</h3><p class="article-text">
        Pese a lo rotundo de las cifras anteriores, una cr&iacute;tica parece evidente. &iquest;Por qu&eacute; tomar como referencia el periodo de austeridad cuando sabemos que viene precedido por dos a&ntilde;os de explosi&oacute;n del gasto p&uacute;blico y de hundimiento de la recaudaci&oacute;n? &iquest;Acaso el gasto no sigue siendo superior al que era antes de la crisis?
    </p><p class="article-text">
        El motivo es que el periodo de austeridad permite poner de manifiesto un error de diagn&oacute;stico sobre la sostenibilidad de nuestro Estado del Bienestar: estamos tratando de controlar el desajuste de las cuentas p&uacute;blicas como si fuera posible desandar el camino hacia la Espa&ntilde;a de antes de la crisis. Ese viaje de retorno no es posible porque nuestras necesidades objetivas, tan s&oacute;lo en el cap&iacute;tulo de pensiones por jubilaci&oacute;n, son sustancialmente mayores que las de entonces. Adem&aacute;s, durante este tiempo se ha producido un incremento de la desigualdad, el empleo se ha precarizado, los salarios han perdido poder adquisitivo y el envejecimiento de la poblaci&oacute;n ha incrementado las necesidades de gasto en dependencia.
    </p><p class="article-text">
        En todo caso, dejando las consecuencias de la crisis y el periodo de austeridad al margen, si se compara la estructura del gasto p&uacute;blico actual con el promedio anterior a la crisis, se tiene que el gasto total de las administraciones p&uacute;blicas se ha incrementado en 3,2 puntos de PIB&hellip; de los que 3 puntos vienen explicados por el aumento de las pensiones por jubilaci&oacute;n (gr&aacute;fico inferior derecho). Estamos, por lo tanto, ante un trilema que enfrenta a la sostenibilidad de las cuentas p&uacute;blicas con las pensiones por jubilaci&oacute;n y con la provisi&oacute;n de todos los dem&aacute;s bienes y servicios p&uacute;blicos.
    </p><p class="article-text">
        Tres opciones se barajan para resolverlo: i) mantener el poder adquisitivo de las pensiones a costa de todo lo dem&aacute;s (perseverar en la estrategia seguida estos &uacute;ltimos a&ntilde;os), ii) dejar que la inflaci&oacute;n erosione las pensiones, confiando que las rentas derivadas del patrimonio inmobiliario acumulado durante el ciclo vital sirvan para paliar su pauperizaci&oacute;n (dos de cada tres pensionistas cobran menos de 900 euros brutos al mes, en catorce pagas), o iii) afrontar una reforma que, adem&aacute;s de dotar a las administraciones p&uacute;blicas de m&aacute;s recursos, afronte el problema que supone la elevada dispersi&oacute;n entre la pensi&oacute;n m&aacute;xima y la pensi&oacute;n media o mediana.
    </p><p class="article-text">
        Lo que seguro no es la soluci&oacute;n, aunque existan f&oacute;rmulas mixtas, es apelar &uacute;nicamente al incremento de la eficiencia en el gasto p&uacute;blico y a la lucha contra el fraude fiscal; o esperar a que el mercado por s&iacute; s&oacute;lo zanje la cuesti&oacute;n, con mejores salarios que nunca llegan y con seguros privados que s&oacute;lo ser&aacute;n un recurso complementario (no al alcance de todos). La reforma de las pensiones no es un drama irresoluble, pero necesita vencer el inmovilismo actual y la resistencia al cambio.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel Fuentes Castro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/trilema-pensiones_129_2155887.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 23 Apr 2018 18:33:33 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El trilema de las pensiones]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Razones para subir los salarios]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/razones-subir-salarios_129_2998719.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7818230a-c0d1-4378-9f18-0b93a0a4a376_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><p class="article-text">
        La crisis econ&oacute;mica que ahora empezamos a cerrar lleg&oacute; a suponer, en el momento m&aacute;s duro, una p&eacute;rdida acumulada del 10,6% de la renta per c&aacute;pita. Nunca antes en la Historia econ&oacute;mica documentada la renta per c&aacute;pita de Espa&ntilde;a se hab&iacute;a reducido durante seis a&ntilde;os consecutivos, como ocurri&oacute; desde 2008 a 2013. 
    </p><p class="article-text">
        Las cuentas nacionales confirman que, en el tercer trimestre de este a&ntilde;o, el PIB de la econom&iacute;a espa&ntilde;ola ha recuperado el nivel anterior a la crisis y todo apunta a que ocurrir&aacute; lo mismo con la renta per c&aacute;pita en el cierre del a&ntilde;o. Han sido necesarios nueve a&ntilde;os, trimestre a trimestre, para que la econom&iacute;a espa&ntilde;ola retorne al punto de partida (con el agravante de un deterioro en los indicadores de igualdad). 
    </p><p class="article-text">
        Durante este tiempo, la estructura del PIB se ha visto modificada de manera singular. La construcci&oacute;n aporta hoy en d&iacute;a unos 85.000 millones de euros menos que al inicio de la crisis, compensados por un aumento de las exportaciones de casi 80.000 millones y por una reducci&oacute;n de las importaciones de otros 27.000 millones. 
    </p><p class="article-text">
        La competitividad ganada por las empresas exportadoras, piedra angular de la recuperaci&oacute;n econ&oacute;mica, responde en gran medida a la evoluci&oacute;n del precio del petr&oacute;leo, al desendeudamiento facilitado por la pol&iacute;tica monetaria del Banco Central Europeo y a un ajuste del mercado laboral que no admite comparaci&oacute;n con las principales econom&iacute;as de nuestro entorno. 
    </p><p class="article-text">
        Prueba de ello es que, con un PIB similar al anterior a la crisis, el n&uacute;mero de ocupados equivalentes a tiempo completo todav&iacute;a es 1,8 millones inferior al de entonces y la tasa de paro se sit&uacute;a todav&iacute;a en el 16,4% de la poblaci&oacute;n activa (asciende al 24,2% si se a&ntilde;ade a los ocupados a tiempo parcial de forma involuntaria). 
    </p><p class="article-text">
        En valor nominal (sin tener en cuenta el impacto de la inflaci&oacute;n acumulada durante estos a&ntilde;os), el PIB se ha incrementado algo m&aacute;s de 35.000 millones, mientras la masa salarial del conjunto de la econom&iacute;a ha disminuido en 9.500 millones. Teniendo en cuenta la evoluci&oacute;n de los precios de los bienes y servicios que componen el PIB, por una parte, y la de aquellos que determinan el consumo de los hogares, por otra, se tiene que el PIB en valor real ha experimentado un incremento acumulado de unos 6.900 millones de euros desde el inicio de la crisis, mientras que la masa salarial ha experimentado una contracci&oacute;n de unos 56.000 millones. 
    </p><p class="article-text">
        No debe sorprender, por lo tanto, que el consumo de los hogares se sit&uacute;e actualmente unos 27.000 millones de euros por debajo del nivel anterior a la crisis. Lo sorprendente es que no sea incluso menor, algo que encuentra explicaci&oacute;n en la disminuci&oacute;n de la tasa de ahorro de los hogares en el &uacute;ltimo a&ntilde;o y medio, hasta un m&iacute;nimo del 6,5% (desde un 10% de media en el periodo comprendido entre marzo de 2009 y marzo de 2016). 
    </p><p class="article-text">
        El desacoplamiento entre el crecimiento del PIB y el de la masa salarial se ha acentuado precisamente en la fase m&aacute;s intensa de la recuperaci&oacute;n econ&oacute;mica. Dos razones subyacen a este fen&oacute;meno: el incremento de la inflaci&oacute;n, particularmente elevada en el arranque de 2017, y el estancamiento (cuando no disminuci&oacute;n) de la remuneraci&oacute;n media por trabajador. 
    </p><p class="article-text">
        Resulta inquietante que la intensa creaci&oacute;n de empleo vea mermada su contribuci&oacute;n al aumento de la masa salarial real por ambos canales (salarios que no crecen y precios que s&iacute; lo hacen). Quiz&aacute;s sea esta la raz&oacute;n principal por la que un incremento de los salarios ser&iacute;a particularmente ben&eacute;fico en el contexto actual. No hacerlo terminar&aacute;, m&aacute;s pronto que tarde, por erosionar el consumo de los hogares y desacelerar el ciclo econ&oacute;mico. Pero hay m&aacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, los salarios han embalsado una notable p&eacute;rdida de poder adquisitivo desde el inicio de la crisis. A partir del &Iacute;ndice de Precios de Consumo (IPC) y del &Iacute;ndice de Precios del Trabajo (IPT), elaborados por el INE, se infiere una disminuci&oacute;n del salario real medio del 7,6% entre 2008 y 2015, sin indicios significativos de mejor&iacute;a desde entonces. 
    </p><p class="article-text">
        La recuperaci&oacute;n de los m&aacute;rgenes empresariales durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os, una vez completado el necesario desendeudamiento al que nuestras empresas estaban abocadas, sugiere que se dan las condiciones necesarias para un incremento virtuoso de la inversi&oacute;n, generadora de empleo, y de los salarios. Tengamos en cuenta que los dividendos distribuidos han crecido un 35% acumulado desde el inicio de la crisis hasta mediados de 2017 (&uacute;ltima informaci&oacute;n disponible). 
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, en relaci&oacute;n al saludable v&iacute;nculo entre los salarios y la productividad, se argumenta con raz&oacute;n que la productividad del trabajo apenas crece desde el inicio de la recuperaci&oacute;n econ&oacute;mica y que, aunque los m&aacute;rgenes empresariales lo permitan, conviene ser prudentes a la hora de proceder a incrementos salariales. Un aumento de los salarios superior a la inflaci&oacute;n incrementa el poder adquisitivo, pero tambi&eacute;n puede comprometer la sostenibilidad de las cuentas empresariales si es persistentemente superior al de la productividad. 
    </p><p class="article-text">
        Conviene hacer una puntualizaci&oacute;n en este sentido. Desde mediados de 2010, momento en que la productividad comenz&oacute; a crecer por encima de los salarios, la brecha acumulada es claramente desfavorable a los &uacute;ltimos (han crecido el 2,6% frente a un incremento de la productividad del 6,9%). 
    </p><p class="article-text">
        En tercer lugar, quienes argumentan contra un incremento salarial en las circunstancias actuales suelen advertir de lo que supondr&iacute;a desandar el camino en t&eacute;rminos de competitividad empresarial, lo que terminar&iacute;a por traducirse en una menor creaci&oacute;n de empleo. Sin embargo, es bien sabido que la competitividad no depende &uacute;nicamente del control de los costes laborales sino del incremento de la productividad (que es lo que permite aumentos salariales sostenidos en el tiempo). La productividad, a su vez, depende de los flujos de inversi&oacute;n en capital f&iacute;sico, humano y tecnol&oacute;gico, que necesitan adem&aacute;s de un periodo de maduraci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        En todo caso, parece dif&iacute;cil que se pueda dar por cerrada la crisis econ&oacute;mica que se inici&oacute; en 2008 sin antes haber procedido a una normalizaci&oacute;n del mercado laboral en sus distintos frentes: empleo, precariedad y salarios. O actuamos en este sentido, poniendo especial atenci&oacute;n en revertir el deterioro de la desigualdad, o la pr&oacute;xima crisis no va a ser s&oacute;lo econ&oacute;mica.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel Fuentes Castro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/razones-subir-salarios_129_2998719.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Dec 2017 20:55:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Razones para subir los salarios]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Salarios,Empresas,Mercado laboral,Condiciones laborales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sobre agravios económicos e independencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/agravios-economicos-independencia_129_3087096.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/25872cab-d909-43c8-8050-0810ec92ea74_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sobre agravios económicos e independencia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Catalunya recibe el mismo gasto por habitante que la media de España, si bien es cierto que contribuye a los ingresos del Estado muy por encima de la media (como también lo es que su aportación equivale aproximadamente a la mitad de la de Madrid)</p><p class="subtitle">En todo caso, que Catalunya o Madrid contribuyan más a los ingresos del Estado que otras Comunidades Autónomas no significa que los catalanes o los madrileños reciban peor trato fiscal por parte de la Administración Central</p></div><p class="article-text">
        Los precedentes inmediatos de episodios de riesgo pol&iacute;tico en Europa aconsejan prudencia a la hora de evaluar el impacto econ&oacute;mico de la crisis en Catalunya, cuya importancia no debemos restringir a la mera revisi&oacute;n a la baja de las previsiones de crecimiento para el pr&oacute;ximo a&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Las prolongadas interinidades gubernamentales en B&eacute;lgica en 2010/2011 y en Espa&ntilde;a en 2016 apenas tuvieron impacto sobre el ciclo econ&oacute;mico. Tampoco en el Reino Unido, tras confirmar su intenci&oacute;n de abandonar la Uni&oacute;n Europea, se han materializado los temores de un ajuste brusco. En unos casos ha sido la fortaleza institucional la que ha evitado un impacto econ&oacute;mico significativo, en otros ha sido la inercia de un mundo globalizado (en el que la toma de decisiones econ&oacute;micas se hace de manera cada vez m&aacute;s descentralizada e interdependiente), y en el caso particular del Brexit la mirada sigue puesta en marzo de 2019.
    </p><p class="article-text">
        Las singularidades del escenario planteado por el independentismo catal&aacute;n (ruptura del ordenamiento jur&iacute;dico, hoja de ruta inexistente, carencia de instituciones econ&oacute;micas propias, fractura social y descr&eacute;dito institucional) no mejoran el endiablado escenario que plantea el Brexit. Si se hace extra&ntilde;o concebir una Europa econ&oacute;mica con el Reino Unido fuera de la UE, m&aacute;s desconcertante todav&iacute;a es la propuesta de una Catalunya independiente cuya econom&iacute;a ha estado ligada hist&oacute;rica, indisoluble y provechosamente a la del resto de Espa&ntilde;a y de Europa.
    </p><p class="article-text">
        El PIB per c&aacute;pita de Catalunya ha pasado de 16.537 euros por habitante en 1980 a 29.795 euros en 2016 (a precios constantes), lo que supone un incremento del 73% en valor real. Sin embargo, de las cuatro Comunidades Aut&oacute;nomas con mayor renta per c&aacute;pita en 1980 (Pa&iacute;s Vasco, Madrid, Catalunya y Navarra), s&oacute;lo Catalunya ha convergido ligeramente con la media espa&ntilde;ola. Los otros tres territorios son, a d&iacute;a de hoy, m&aacute;s ricos que el promedio de Espa&ntilde;a de lo que ya eran hacen casi cuatro d&eacute;cadas. Tambi&eacute;n lo son con respecto a Catalunya, cuya renta per c&aacute;pita (119% de la media espa&ntilde;ola en 2016) se ha distanciado notablemente de la de Madrid (136%).
    </p><p class="article-text">
        El relato econ&oacute;mico del independentismo catal&aacute;n sugiere que esta p&eacute;rdida relativa de riqueza con respecto a Madrid, Pa&iacute;s Vasco y Navarra responde al trato fiscal desfavorable que recibe Catalunya por parte del Estado. Lo cierto es que, de haber agravio, este se da entre las Comunidades Forales y el resto de Espa&ntilde;a. Catalunya recibe, de acuerdo con las &uacute;ltimas <a href="http://www.minhafp.gob.es/Documentacion/Publico/CDI/Cuentas%20Territorializadas/Presentacion_SCPT_2014.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">balanzas fiscales</a> publicadas, el mismo gasto por habitante que la media de Espa&ntilde;a, si bien es cierto que contribuye a los ingresos del Estado muy por encima de la media (como tambi&eacute;n lo es que su aportaci&oacute;n equivale aproximadamente a la mitad de la de Madrid).
    </p><p class="article-text">
        En todo caso, que Catalunya o Madrid contribuyan m&aacute;s a los ingresos del Estado que otras Comunidades Aut&oacute;nomas no significa que los catalanes o los madrile&ntilde;os reciban peor trato fiscal por parte de la Administraci&oacute;n Central. Es de sentido com&uacute;n que all&iacute; donde la econom&iacute;a es m&aacute;s pr&oacute;spera se recaude m&aacute;s. La progresividad fiscal afecta a las personas, no a los territorios. Y est&aacute; bien que as&iacute; sea, en beneficio de la cohesi&oacute;n social. Si el trato fiscal es discriminatorio entre ciudadanos de distintos territorios, lo es fundamentalmente por las decisiones adoptadas por los Gobiernos de cada Comunidad Aut&oacute;noma.
    </p><p class="article-text">
        La divergencia entre la renta per c&aacute;pita de Catalunya y de Madrid responde mucho menos a causas fiscales que a causas estructurales. En primer lugar, en un mundo que tiende a la terciarizaci&oacute;n (desarrollo del sector servicios), no es sorprendente que la renta per c&aacute;pita de los territorios m&aacute;s industrializados en el pasado haya perdido peso relativo en relaci&oacute;n al promedio nacional. En segundo lugar, los incrementos de renta asociados a la especializaci&oacute;n productiva en actividades del sector servicios son asim&eacute;tricos (aquellas actividades relacionadas con el turismo, como ocurre en el caso de Catalunya, se caracterizan por una menor productividad). En tercer lugar, las mayores tasas de actividad y las menores tasa de paro en la Catalunya de los a&ntilde;os 80 supon&iacute;an un mejor punto de partida y, por lo tanto, un menor margen de mejora con respecto a otros territorios que, partiendo de una situaci&oacute;n m&aacute;s desfavorable, se encontraban lejos de su crecimiento potencial. En cuarto lugar, Catalunya ha perdido peso como destino de la inversi&oacute;n privada en relaci&oacute;n a su protagonismo en la Espa&ntilde;a de los 80 (p&eacute;rdida relativa que tambi&eacute;n ha sufrido Madrid pero que, al contrario que Catalunya, s&iacute; ha podido compensar parcialmente a trav&eacute;s de un mayor incremento de la inversi&oacute;n p&uacute;blica).
    </p><p class="article-text">
        El efecto-sede de la capital del Estado y la concepci&oacute;n radial del sistema de infraestructuras de comunicaci&oacute;n explican, en buena medida, las diferencias observadas entre la inversi&oacute;n p&uacute;blica en Madrid y en Catalunya en los &uacute;ltimos lustros. Nuevamente, si hay discriminaci&oacute;n en este caso, no es s&oacute;lo entre Madrid y Catalunya como entre Madrid (que ha fagocitado el interior de la pen&iacute;nsula, convertido en un desierto demogr&aacute;fico) y el resto de Comunidades Aut&oacute;nomas.
    </p><p class="article-text">
        Existen motivos para que Catalunya reclame un debate sobre la vertebraci&oacute;n de Espa&ntilde;a que el Gobierno viene negando desde hace a&ntilde;os. No es extra&ntilde;a la frustraci&oacute;n de una amplia mayor&iacute;a de catalanes que dicen estar insatisfechos con el statu quo. Pero nada de todo lo anterior justifica la radicalizaci&oacute;n a la que asistimos en torno al encaje econ&oacute;mico, pol&iacute;tico y social de Catalunya en Espa&ntilde;a. En pocos d&iacute;as, el independentismo catal&aacute;n ha pasado de creer ingenuamente en una ruptura ceteris paribus (sin cambios en todo lo dem&aacute;s) a admitir que &ldquo;todav&iacute;a&rdquo; no estaban preparados. Una sociedad pr&oacute;spera y abierta al mundo como la catalana no puede esperar incrementar su bienestar social teniendo la confrontaci&oacute;n por consigna.
    </p><p class="article-text">
        La estrategia econ&oacute;mica del &ldquo;cuanto peor, mejor&rdquo; no puede sino resultar en una p&eacute;rdida de prosperidad colectiva. Es de todo punto decepcionante que una parte de la izquierda se haya sumado al naufragio identitario del independentismo catal&aacute;n, relegando a un segundo plano la lucha por la igualdad de oportunidades, la distribuci&oacute;n de rentas y la concordia social. Es posible estar simult&aacute;neamente en las ant&iacute;podas del nacionalismo supremacista, del anarquismo antisistema y del rancio espa&ntilde;olismo, viejuno en su inmovilismo, tristes los tres. Sin ning&uacute;n dolor de cabeza.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel Fuentes Castro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/agravios-economicos-independencia_129_3087096.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Nov 2017 20:21:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sobre agravios económicos e independencia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[España,Cataluña]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sobre crecer primero y distribuir después]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/crecer-primero-distribuir-despues_129_3213908.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ed9e1c43-fa9f-4895-b72b-feefe6e0504d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sobre crecer primero y distribuir después"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tan favorable es el momento actual de la economía española que corremos el riesgo de no prestar suficiente atención a sus determinantes. Si no entendemos por qué crecemos tanto, menos todavía entenderemos un malestar social que no cesa</p></div><p class="article-text">
        La econom&iacute;a espa&ntilde;ola ya no vive en estado de excepci&oacute;n. Desde hace tres a&ntilde;os crece significativamente, m&aacute;s que cualquiera de las grandes econom&iacute;as desarrolladas. La pr&aacute;ctica totalidad de los indicadores de coyuntura evolucionan en la direcci&oacute;n adecuada, con una intensidad mayor de la que cab&iacute;a esperar al inicio de la recuperaci&oacute;n econ&oacute;mica. Como consecuencia, aunque la tarea pendiente todav&iacute;a es sustancial, los desequilibrios macroecon&oacute;micos acumulados durante la &uacute;ltima crisis han experimentado una notable correcci&oacute;n (tasa de paro, deuda externa, endeudamiento privado) o, cuando menos, han logrado estabilizarse (deuda p&uacute;blica).
    </p><p class="article-text">
        Tan favorable es el momento actual de la econom&iacute;a espa&ntilde;ola que corremos el riesgo de no prestar suficiente atenci&oacute;n a sus determinantes. Si no entendemos por qu&eacute; crecemos tanto, menos todav&iacute;a entenderemos un malestar social que no cesa.
    </p><p class="article-text">
        Pese al magro avance en la agenda de reformas estructurales, nuestra econom&iacute;a ha sabido beneficiarse de unos vientos de cola sobradamente identificados (pol&iacute;tica monetaria y precio del petr&oacute;leo, principalmente). Hemos seguido disfrutando de una posici&oacute;n fiscal que cabe calificar de expansiva, teniendo en cuenta que el d&eacute;ficit p&uacute;blico sigue siendo una asignatura pendiente. Cuestiones de orden geopol&iacute;tico han alimentado la actividad de un sector tur&iacute;stico que ya gozaba de buenas perspectivas. Sum&eacute;mosle a estos factores un entorno de razonable estabilidad institucional y una cohesi&oacute;n social que ha mostrado una resiliencia extraordinaria a pesar del deficiente papel jugado por el Estado de bienestar en los a&ntilde;os m&aacute;s duros de la crisis. Siendo todo esto cierto, la piedra angular de la recuperaci&oacute;n econ&oacute;mica es un ajuste draconiano del mercado laboral que ha permitido que, con m&aacute;s de 2 millones menos de ocupados, el PIB de 2017 vaya a recuperar el m&aacute;ximo hist&oacute;rico de 2008.
    </p><p class="article-text">
        En este contexto debe enmarcarse el debate actual sobre la normalizaci&oacute;n de los salarios. Sabido es que, cuando crecen por debajo de la inflaci&oacute;n, erosionan el poder adquisitivo al tiempo que permiten incrementar la competitividad empresarial. Esta, a su vez, estimula la creaci&oacute;n de empleo. Al contrario, cuando los salarios crecen en l&iacute;nea o por encima de la inflaci&oacute;n, protegen o incrementan el poder adquisitivo pero contribuyen a deteriorar la competitividad empresarial, pesando de este modo sobre el empleo (o, al menos, estrechando los m&aacute;rgenes en funci&oacute;n de lo que ocurra con la productividad). Con una tasa de paro del 17,2%, muchos analistas consideran que todav&iacute;a no ha llegado el momento de que los salarios participen del crecimiento, ya que la prioridad deber&iacute;a darse a la creaci&oacute;n de empleo.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de la extensa literatura que cuestiona que crecimiento y distribuci&oacute;n sean objetivos antag&oacute;nicos (al contrario, existen sinergias entre ambos), el modo singular en que crece la econom&iacute;a espa&ntilde;ola suscita algo m&aacute;s que dudas. En 2008 la productividad media por ocupado ascend&iacute;a a unos 57.000 euros brutos anuales, cifra que se increment&oacute; hasta los 64.100 euros de 2016 (+12,5%). En ese mismo periodo, la remuneraci&oacute;n media por ocupado pas&oacute; de 30.100 euros brutos anuales a unos 30.300 euros (+0,8%); esto es, 230 euros sobre los 7.100 euros de incremento de la productividad. Los restantes 6.870 euros pasaron a alimentar la renta empresarial que, a su vez, ha servido de sost&eacute;n al desapalancamiento, a la inversi&oacute;n y a los beneficios propiamente dichos.
    </p><p class="article-text">
        El dato relevante es que el fuerte desendeudamiento llevado a cabo por el sector empresarial en estos a&ntilde;os no ha sido &oacute;bice para que los dividendos distribuidos por las empresas espa&ntilde;olas hayan&nbsp;pasado de 46.200 millones de euros en 2008 a 60.600 millones en 2016 (+31%), incrementando su peso en el PIB desde el 4,2% en 2008 al 5,5% en 2016.&nbsp;
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                </figure><p class="article-text">
        El ajuste de plantillas, las horas extraordinarias no remuneradas, la productividad mal entendida (trabajar mucho no es sin&oacute;nimo de trabajar bien), la elevada tasa de paro y el debilitamiento de la negociaci&oacute;n colectiva son algunos de los factores que parecen estar detr&aacute;s del reparto asim&eacute;trico de las ganancias generadas por el incremento de la productividad desde el inicio de la crisis. El dilema que ahora se nos presenta como irresoluble (a saber, que los salarios sean part&iacute;cipes del crecimiento econ&oacute;mico sin por ello frenar la creaci&oacute;n de empleo) pasa por alto el buen comportamiento de los dividendos distribuidos. O empleo o salarios, pero siempre beneficios.
    </p><p class="article-text">
        Comoquiera que el peso de los dividendos sobre el PIB viene increment&aacute;ndose a raz&oacute;n de 0,2 puntos al a&ntilde;o desde hace al menos dos d&eacute;cadas, estamos frente un fen&oacute;meno que sobrepasa lo meramente coyuntural. En el largo plazo las econom&iacute;as tienden a ser m&aacute;s productivas, al menos en t&eacute;rminos aparentes (mano de obra necesaria por cada euro generado), con ganancias que pueden ser exponenciales en aquellos sectores que mejor aprovechan la digitalizaci&oacute;n y las econom&iacute;as de escala en un mundo cada vez m&aacute;s globalizado. Por eso conviene no perder de vista que esta mejora colectiva de la productividad, a la que no debemos renunciar: i) genera ganadores (rentas del capital) y perdedores (rentas del trabajo), ii) no afecta por igual a todos los sectores de actividad.
    </p><p class="article-text">
        El mercado por s&iacute; mismo, sin una actuaci&oacute;n regulatoria decidida, no s&oacute;lo no corregir&aacute; estos desequilibrios distributivos, sino que los retroalimentar&aacute;, abriendo un foso cada vez mayor entre los hogares cuya renta &uacute;nica o principal tiene su origen en los rendimientos del trabajo y los hogares cuya renta principal proviene del capital.
    </p><p class="article-text">
        Los economistas debemos debatir sobre el dise&ntilde;o y el impacto de esos mecanismos regulatorios, cuya puesta en pr&aacute;ctica reclama una dimensi&oacute;n supranacional. Europa tiene el deber hist&oacute;rico de mostrar el camino. Mientras tanto, en lo que se refiere a Espa&ntilde;a, el primer paso deber&iacute;a consistir en admitir que la divisa &ldquo;crecer primero, distribuir despu&eacute;s&rdquo; corresponde a un estado de excepci&oacute;n en el que nuestra econom&iacute;a ya no se encuentra. Ni el empleo precario, ni la devaluaci&oacute;n salarial son estrategias de futuro.
    </p><p class="article-text">
        __
    </p><p class="article-text">
        Nota:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las cifras de este art&iacute;culo provienen de la Contabilidad Nacional y de las Cuentas No-Financieras de los Sectores Institucionales (INE), corresponden al total de la econom&iacute;a y se ofrecen a precios reales de 2016. La productividad y los dividendos se han actualizado con el deflactor del PIB. La remuneraci&oacute;n por ocupado se ha actualizado con el deflactor del consumo privado. El empleo se mide en ocupados equivalentes a tiempo completo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel Fuentes Castro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/crecer-primero-distribuir-despues_129_3213908.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Sep 2017 18:14:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sobre crecer primero y distribuir después]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Empleo,Precariedad laboral]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Razones para no bajar los impuestos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/razones-bajar-impuestos_129_3303493.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cbbc96bd-419d-434d-b798-fb5e9fd44997_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Razones para no bajar los impuestos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ahondar en el debate de las rebajas fiscales en este momento significa no haber comprendido cuáles son las necesidades actuales de la economía española</p></div><p class="article-text">
        El prejuicio ideol&oacute;gico suele dictar que subir impuestos es de izquierdas y bajarlos es de derechas, algo bastante absurdo tanto a la luz de la experiencia hist&oacute;rica como (sobre todo) desde el punto de vista de la racionalidad econ&oacute;mica. Defender que, al margen del ciclo econ&oacute;mico e independientemente de los equilibrios macroecon&oacute;micos fundamentales, siempre es deseable subir o bajar impuestos suele responder a intereses sectoriales, personales o electorales ante los que el buen legislador deber&iacute;a mantenerse firme, arbitrando entre los compromisos electorales que definen su mandato y lo que, en cada momento, necesita la econom&iacute;a en su conjunto.
    </p><p class="article-text">
        La rebaja de impuestos de 2015, que no respondi&oacute; a la necesidad de ajuste fiscal de nuestras administraciones p&uacute;blicas sino al calendario electoral, es paradigm&aacute;tica en este sentido. Podr&iacute;a abrirse, sin embargo, un debate entre lo positivo de aquel est&iacute;mulo fiscal al inicio de la recuperaci&oacute;n econ&oacute;mica y su impacto negativo posterior en las cuentas p&uacute;blicas. Lo que resulta a todas luces discutible es que, en el contexto actual, la econom&iacute;a espa&ntilde;ola necesite una nueva reducci&oacute;n de impuestos.
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, porque el ciclo econ&oacute;mico se muestra robusto, con el PIB creciendo por encima del 3% por tercer a&ntilde;o consecutivo. No estamos ante una situaci&oacute;n que requiera de est&iacute;mulos fiscales al consumo para apoyar o relanzar un ciclo que se est&eacute; desacelerando. En todo caso, de cara a los pr&oacute;ximos a&ntilde;os, lo que se espera es una normalizaci&oacute;n hacia tasas de crecimiento m&aacute;s acordes con el PIB potencial de la econom&iacute;a espa&ntilde;ola que las observadas en la actualidad.
    </p><p class="article-text">
        Un error secular de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica espa&ntilde;ola consiste en su marcado car&aacute;cter proc&iacute;clico. En lugar de evitar el recalentamiento en las fases expansivas, tenemos tendencia a sobrealimentar los desequilibrios macroecon&oacute;micos cuando las cosas van bien, lo que acent&uacute;a la factura de salida cuando las cosas van mal. Una rebaja de impuestos instrumentada a trav&eacute;s del IRPF en las circunstancias actuales no contribuir&aacute; a corregir esta tendencia pro-c&iacute;clica, sino todo lo contrario, y mucho menos ser&aacute; positiva para el necesario ajuste fiscal de las administraciones p&uacute;blicas.
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, porque el tipo de est&iacute;mulo fiscal que s&iacute; necesitar&iacute;a la econom&iacute;a espa&ntilde;ola desde un punto de vista estructural es la recuperaci&oacute;n de la inversi&oacute;n p&uacute;blica, algo que no requiere menos sino m&aacute;s recursos. Las necesidades no son tanto en infraestructuras b&aacute;sicas como en innovaci&oacute;n, educaci&oacute;n y medio ambiente, tres de los pilares sobre los que se sustenta el crecimiento del futuro. Recordemos que la inversi&oacute;n p&uacute;blica representa actualmente unos dos puntos de PIB menos que el promedio anterior a los excesos del <em>boom</em> inmobiliario, lo que equivale a unos &ndash;22.000 millones de euros anuales aproximadamente&ndash;.
    </p><p class="article-text">
        En tercer lugar porque, a pesar del ajuste fiscal realizado, Espa&ntilde;a sigue bajo el bajo correctivo del Procedimiento de D&eacute;ficit Excesivo, con el mayor d&eacute;ficit p&uacute;blico de toda Europa. No se repetir&aacute; suficientes veces que nuestro d&eacute;ficit no proviene de un volumen de gasto m&aacute;s elevado que en las econom&iacute;as de nuestro entorno, sino de unos recursos significativamente m&aacute;s reducidos. Espa&ntilde;a ingresa 8,3 puntos de PIB menos que el promedio del &aacute;rea euro, mientras gasta 5,3 puntos de PIB menos (datos de 2016), que vienen a ser unos -90.000 millones y -60.000 millones respectivamente. El nuestro es un problema de ineficiencia del gasto p&uacute;blico y de escasez de recursos en relaci&oacute;n al gasto social que deseamos atender.
    </p><p class="article-text">
        Con un crecimiento del PIB m&aacute;s elevado de lo esperado hace unos a&ntilde;os, con un ajuste fiscal nada despreciable (pese a que pueda ser insatisfactorio) y con unos tipos de inter&eacute;s artificialmente bajos, gracias a la intervenci&oacute;n del Banco Central Europeo, todo lo que la econom&iacute;a espa&ntilde;ola ha conseguido es estabilizar la deuda p&uacute;blica en el 100% del PIB. Congratul&eacute;monos, porque no era f&aacute;cil, pero no caigamos en la autocomplacencia. Reducir la recaudaci&oacute;n de las administraciones p&uacute;blicas en este contexto no parece responder a ninguna l&oacute;gica de sostenibilidad de las cuentas p&uacute;blicas, especialmente en un horizonte de normalizaci&oacute;n de los tipos de inter&eacute;s como el que se prev&eacute; para los pr&oacute;ximos a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        La cuantificaci&oacute;n de estos tres argumentos (momento c&iacute;clico, naturaleza del est&iacute;mulo, ajuste fiscal) es discutible y no escapa a cierto grado de arbitrariedad, pero ahondar en el debate de las rebajas fiscales en este momento significa no haber comprendido cu&aacute;les son las necesidades actuales de la econom&iacute;a espa&ntilde;ola. Espa&ntilde;a necesita una reforma integral que corrija las deficiencias de nuestro sistema impositivo (insuficientemente recaudatorio, insuficientemente distributivo e insuficientemente eficiente), que lo haga generando la menor distorsi&oacute;n de precios posible y que introduzca mayores incentivos a la competencia. No una nueva rebaja fiscal de luces cortas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel Fuentes Castro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/razones-bajar-impuestos_129_3303493.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 01 Jul 2017 17:54:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Razones para no bajar los impuestos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Impuestos,Rebaja fiscal,Economía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Menos trabajo, más beneficios]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/trabajo-beneficios_129_3364829.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5b63ef55-f3c3-40aa-87af-d708a503efb0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Menos trabajo, más beneficios"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La reducción de los salarios en la última década ha facilitado la supervivencia de buena parte del tejido empresarial, pero también ha contribuido al deterioro de la distribución de la renta</p></div><p class="article-text">
        En 2017 se cumplen diez a&ntilde;os de la crisis de las hipotecas <em>subprime</em> que, con su transmisi&oacute;n a los mercados financieros, supuso el detonante de la recesi&oacute;n econ&oacute;mica internacional de 2008. La econom&iacute;a espa&ntilde;ola despert&oacute; entonces de una burbuja crediticia que hab&iacute;a alimentado el sobreendeudamiento de empresas y hogares, acumulando desequilibrios macroecon&oacute;micos cuyos efectos todav&iacute;a perduran.
    </p><p class="article-text">
        No cabe aqu&iacute; una revisi&oacute;n exhaustiva de estos diez a&ntilde;os, pero s&iacute; es posible atender al comportamiento de la renta per c&aacute;pita y a su distribuci&oacute;n primaria (qu&eacute; parte se destina a remunerar el trabajo asalariado y qu&eacute; parte al capital), dos indicadores que permiten medir la evoluci&oacute;n del progreso econ&oacute;mico.
    </p><p class="article-text">
        La evoluci&oacute;n de la renta per c&aacute;pita es suficientemente reveladora de lo que ha supuesto esta crisis. Ha sido necesaria una d&eacute;cada para que el PIB per c&aacute;pita de la econom&iacute;a espa&ntilde;ola retorne a su situaci&oacute;n de partida. Aunque exista una diferencia sobresaliente entre los niveles de renta per c&aacute;pita de los a&ntilde;os treinta y los actuales (adem&aacute;s de un sistema de protecci&oacute;n social que no admite comparaci&oacute;n), es preciso remontarse a la Guerra Civil para encontrar en las series hist&oacute;ricas de contabilidad nacional una convalecencia tan prolongada.
    </p><p class="article-text">
        Durante este tiempo, la econom&iacute;a espa&ntilde;ola ha perdido el paso de la Uni&oacute;n Europea. Si en 2007 nuestra renta per c&aacute;pita en paridad de poder de compra equival&iacute;a al 98,3% del promedio de la UE, se estima que equivaldr&aacute; al 93,6% al cierre de 2017. Para hacerse una idea de lo que suponen los 4,7 puntos de convergencia perdidos con la UE en estos diez a&ntilde;os, basta recordar que el progreso alcanzado en los veinte a&ntilde;os precedentes hab&iacute;a sido de 11,4 puntos. As&iacute; pues, la &uacute;ltima d&eacute;cada ha echado por tierra buena parte del esfuerzo en convergencia realizado en las dos d&eacute;cadas precedentes.
    </p><p class="article-text">
        En cuanto a la distribuci&oacute;n primaria de la renta, los &uacute;ltimos diez a&ntilde;os se han caracterizado por una contracci&oacute;n notable de la remuneraci&oacute;n de los asalariados. El desempleo y la moderaci&oacute;n salarial, que han tra&iacute;do consigo un incremento sustancial de la productividad por hora trabajada, explican esta evoluci&oacute;n. Cuando los salarios crecen a menor ritmo que la productividad, la remuneraci&oacute;n del capital incrementa su peso en la renta nacional. Y, en la medida en que el capital se concentra en hogares con un mayor nivel de renta, la reducci&oacute;n del peso de los salarios en el PIB incide negativamente en los indicadores de desigualdad personal.
    </p><p class="article-text">
        Si nos ce&ntilde;imos exclusivamente a la evoluci&oacute;n de la <em>renta empresarial</em>, que el Sistema Europeo de Cuentas Nacionales asimila al concepto de beneficio corriente antes de impuestos, las cifras son elocuentes. Entre diciembre de 2008 y diciembre de 2016, la renta empresarial del conjunto de las sociedades no-financieras de la econom&iacute;a espa&ntilde;ola se increment&oacute; en unos 57.900 millones de euros corrientes(1). Una buena parte de este aumento procede del ahorro por el menor pago de intereses y otra procede de la reducci&oacute;n de los costes salariales, de manera que entre ambos flujos compensan sobradamente la reducci&oacute;n neta experimentada por las restantes partidas contables. El destino de estos 57.900 millones no ha sido ni la inversi&oacute;n ni los impuestos, que se han contra&iacute;do durante el periodo, sino la amortizaci&oacute;n de deuda y la distribuci&oacute;n de dividendos.
    </p><p class="article-text">
        De todos los movimientos contables que permiten explicar el incremento de los beneficios empresariales desde el inicio de la crisis, tres cifras son especialmente significativas: el conjunto de empresas espa&ntilde;olas ha reducido en 9.800 millones de euros su contribuci&oacute;n al PIB, soporta 32.200 millones de euros menos en costes laborales y distribuye unos 20.900 millones de euros m&aacute;s en dividendos.
    </p><p class="article-text">
        Es posible contestar estas cifras argumentando sobre el valor inter-temporal del dinero, el periodo de referencia, los efectos composici&oacute;n entre distintos sectores productivos, la propia metodolog&iacute;a empleada en la elaboraci&oacute;n de las cuentas nacionales o la consulta de diversas fuentes estad&iacute;sticas igualmente solventes, entre otras cr&iacute;ticas fundamentadas. Pero parece dif&iacute;cil concluir algo sustancialmente distinto.
    </p><p class="article-text">
        En estos diez a&ntilde;os, la evoluci&oacute;n de la renta empresarial de la econom&iacute;a espa&ntilde;ola se ha caracterizado por un intenso proceso de desendeudamiento, por la contracci&oacute;n de la inversi&oacute;n y del empleo, y por el sostenimiento de los dividendos. La correcci&oacute;n de la posici&oacute;n exterior de la econom&iacute;a espa&ntilde;ola, que ha pasado de -10 a +2 puntos de PIB en la &uacute;ltima d&eacute;cada, da buena muestra del impacto de la devaluaci&oacute;n interna sobre el cuadro macro de la econom&iacute;a espa&ntilde;ola. La reducci&oacute;n de la masa salarial ha facilitado la supervivencia y el saneamiento de buena parte del tejido empresarial, pero tambi&eacute;n ha contribuido de manera notable al deterioro de la distribuci&oacute;n de la renta.
    </p><p class="article-text">
        En realidad, la disminuci&oacute;n del peso de los salarios en la renta nacional es un fen&oacute;meno que se viene observando en la mayor&iacute;a de las econom&iacute;as desarrolladas desde hace tres d&eacute;cadas. El problema encierra la paradoja de que el incremento de la productividad en el largo plazo estar&iacute;a teniendo por efecto un deterioro secular de la distribuci&oacute;n personal de la renta, actuando el mercado laboral como correa de transmisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Tenemos que acostumbrarnos a vivir en sociedades m&aacute;s eficientes obligadas a convivir con elevadas tasas de paro y aumentos de la desigualdad? &iquest;O debemos razonar <em>a la Kaldor-Hicks</em>, de modo que las ganancias de eficiencia permitan que <em>lo que ganan los que ganan compensen efectivamente lo que pierden los que pierden</em>? &iquest;Debe esa compensaci&oacute;n articularse en torno a prestaciones por desempleo y otros esquemas de transferencias directas de rentas o, adem&aacute;s, debemos plantearnos un reparto de la actividad? &iquest;A trav&eacute;s de qu&eacute; incentivos y a instancias de qu&eacute; instituciones (nacionales o supranacionales) deben abordarse estas cuestiones?
    </p><p class="article-text">
        Ahora que nuestro PIB vuelve al punto de partida conviene saber a d&oacute;nde hemos llegado. El n&uacute;mero de ocupados se ha reducido en m&aacute;s de dos millones de trabajadores. Y muchos otros han visto c&oacute;mo se han deteriorado sus condiciones laborales. O la desigualdad se trata como un problema econ&oacute;mico de primera magnitud, asumiendo el coste de las externalidades que genera, o corremos el riesgo de que se desboque como problema social. Es de justicia. Y no s&oacute;lo es de justicia.
    </p><p class="article-text">
        __
    </p><p class="article-text">
        (1) <strong>Nota</strong>: la renta empresarial de las Sociedades No Financieras se obtiene a partir de las Cuentas Trimestrales No Financieras de los Sectores Institucionales (INE).
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel Fuentes Castro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/trabajo-beneficios_129_3364829.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 01 Jun 2017 18:49:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Menos trabajo, más beneficios]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Trabajo,Crisis económica,Desigualdad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La semilla del Frente Nacional ha germinado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/semilla-frente-nacional-germinado_129_3420987.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ec84235b-f59a-4f79-8a1e-e148fe41c77c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La semilla del Frente Nacional ha germinado"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El impacto emocional de los atentados de Charlie Hebdo, Bataclán y Niza ha supuesto el despertar de los franceses a una vulnerabilidad que desconocían</p></div><p class="article-text">
        El malestar social en Francia es evidente y estas elecciones presidenciales no han hecho m&aacute;s que ponerlo de manifiesto. Con un nivel de gasto p&uacute;blico entre los m&aacute;s altos de los pa&iacute;ses desarrollados, una protecci&oacute;n social que har&iacute;a sonrojar a muchas econom&iacute;as comparables y una tasa de paro que apenas ha crecido dos puntos desde el m&iacute;nimo previo a la crisis, la evoluci&oacute;n reciente de la desigualdad personal de la renta no parece ser la primera de las explicaciones a este descontento. Algo ocurre en Francia que no est&aacute; directamente ligado al ciclo, m&aacute;s o menos desfavorable, de la coyuntura econ&oacute;mica.
    </p><p class="article-text">
        Es posible que el descontento social tenga mucho que ver con cuestiones de naturaleza estructural, en un marco institucional que muestra signos de agotamiento, como la cada vez m&aacute;s cuestionada eficiencia del sistema educativo en la igualdad de oportunidades, la integraci&oacute;n de la poblaci&oacute;n inmigrante, el declive de Francia como potencia econ&oacute;mica en Europa, la dispar distribuci&oacute;n espacial de la riqueza (no tanto entre regiones como entre urbe y periferia) y el miedo subjetivo a una globalizaci&oacute;n que forma parte de nuestras vidas desde hace lustros.
    </p><p class="article-text">
        Si todo esto, que no es nuevo, ha cristalizado ahora probablemente sea porque el terror ha actuado como catalizador de ese malestar colectivo. El impacto emocional de los atentados de Charlie Hebdo, Batacl&aacute;n y Niza ha supuesto el despertar de los franceses a una vulnerabilidad que desconoc&iacute;an. En el pa&iacute;s de Descartes, las nociones de patria e identidad han tomado el paso sobre la raz&oacute;n. Donde antes los franceses conciliaban sin reparo alguno la ret&oacute;rica de la igualdad con la defensa orgullosa de su modelo de &eacute;lites, ahora todo son dudas.
    </p><p class="article-text">
        Hace cinco a&ntilde;os el electorado franc&eacute;s rechaz&oacute; las soluciones de la derecha <em>gaullista</em> en la persona de Sarkozy, quien no s&oacute;lo no fue reconducido en su mandato sino que, en su retorno, fue derrotado en las primarias de un partido del que controlaba todos los resortes. Lo rebautiz&oacute; como <em>Les R&eacute;publicains</em>, haciendo uso partidista de unos valores que, en Francia, son sociol&oacute;gicamente transversales (&iquest;qui&eacute;n no se siente republicano, a izquierda o derecha?). La puntilla a la derecha <em>gaullista</em> ha venido de la mano del &ldquo;affaire P&eacute;n&eacute;lope&rdquo;, tras la victoria inesperada de Fillon en las primarias, gracias a una hoja de servicios supuestamente impoluta que ni Sarkozy ni Jupp&eacute; estaban en condiciones de presentar.
    </p><p class="article-text">
        Hoy el rechazo lo concita la izquierda socialista, con Hollande, Valls y Macron como m&aacute;ximos exponentes de un quinquenato perdido. El presidente saliente no result&oacute; ser ese monarca republicano que deb&iacute;a colocar a Francia en el lugar que le corresponde en Europa (si el eje franco-alem&aacute;n ha mantenido el pulso estos &uacute;ltimos a&ntilde;os ha sido principalmente gracias a Berl&iacute;n). Adem&aacute;s, en un pa&iacute;s culturalmente keynesiano, Hollande prefiri&oacute; las pol&iacute;ticas de oferta a los est&iacute;mulos de demanda, con un resultado decepcionante en t&eacute;rminos de crecimiento y empleo. Y, lo que es peor, pas&oacute; de largo de cualquier reforma de car&aacute;cter estructural, como si los problemas de fondo no formaran parte de su agenda. S&oacute;lo se atrevi&oacute; con el mercado laboral, y no en el sentido que sus electores habr&iacute;an esperado.
    </p><h3 class="article-text">La quiebra del pacto republicano</h3><p class="article-text">
        <strong>La quiebra del pacto republicano</strong>En la primera vuelta de las elecciones legislativas de 2012, el Frente Nacional obtuvo el 13,6% de los votos v&aacute;lidos emitidos. Con el sistema electoral franc&eacute;s de doble vuelta, mayoritario y con circunscripciones de reducido tama&ntilde;o, este resultado se tradujo en tan s&oacute;lo dos diputados <em>frontistas</em>, apenas un simb&oacute;lico 0,4% de los 577 que componen la Asamblea Nacional. Esto ha sido posible no solamente porque el sistema est&eacute; pensado para que los electores puedan evitar al partido menos deseado sino, sobre todo, porque las fuerzas democr&aacute;ticas han establecido un cord&oacute;n sanitario en torno a quien suponga una amenaza a los valores fundamentales de la Rep&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        La quiebra de ese muro de contenci&oacute;n es el gran &eacute;xito de Marine Le Pen que, al contrario que su padre, ha conseguido normalizar el discurso hist&oacute;rico del Frente Nacional hasta homologarlo al del resto de participantes en el juego democr&aacute;tico, m&eacute;rito que debe figurar en el debe de algunos de sus te&oacute;ricos detractores en la extrema izquierda francesa (&ldquo;France Insoumise&rdquo; de M&eacute;lenchon) y europea (Podemos). En este sentido, tiene relevancia simb&oacute;lica la indefinici&oacute;n del <a href="http://www.france24.com/fr/20170429-pape-francois-presidentielle-macron-lepen-fn-boutin-france" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Papa Francisco</a>, que contrasta con la postura de destacados miembros de la Iglesia cat&oacute;lica francesa en 2002. La caricatura del votante <em>lepenista</em> ha quedado superada por una realidad que dice que sus electores son, o pueden ser, &ldquo;monsieur ou madame tout le monde&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Una victoria del Frente Nacional en la segunda vuelta de las presidenciales ser&iacute;a una derrota del sistema sin paliativos, toda vez que Macron cuenta con el apoyo m&aacute;s o menos expl&iacute;cito de la inmensa mayor&iacute;a de las fuerzas pol&iacute;ticas, agentes sociales y medios de comunicaci&oacute;n del pa&iacute;s. La llegada de Le Pen al El&iacute;seo supondr&iacute;a que los franceses han querido derribar los muros de contenci&oacute;n establecidos a tal efecto, y lo habr&iacute;an hecho para colocar en la Jefatura del Estado a quien, entre otras cosas (desde un programa econ&oacute;mico catastr&oacute;ficamente inconsistente, hasta la derogaci&oacute;n del matrimonio homosexual, pasando por el m&aacute;s recalcitrante anti europe&iacute;smo), propone la deportaci&oacute;n de <a href="https://www.marine2017.fr/wp-content/uploads/2017/04/3-pages-nda-marine.pdf%20%E2%80%A6" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ni&ntilde;os inmigrantes escolarizados</a> al tiempo que <a href="http://www.lemonde.fr/idees/article/2017/04/10/rafle-du-vel-d-hiv-la-faute-de-le-pen_5108861_3232.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">niega la responsabilidad francesa</a> en la vergonzante redada del Vel d&rsquo;Hiv, durante la ocupaci&oacute;n nazi.
    </p><p class="article-text">
        Las encuestas apuntan a que le va a faltar a Le Pen una dosis de populismo para ganar las elecciones. Si en lugar de una negativa total a la UE, que trata de <a href="http://www.lemonde.fr/election-presidentielle-2017/article/2017/04/30/les-circonvolutions-de-marine-le-pen-sur-la-sortie-de-l-euro_5120225_4854003.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">enmendar a &uacute;ltima hora</a>, hubiera brindado al sol reclamando a Bruselas un &ldquo;cheque franc&eacute;s&rdquo; y el liderazgo galo en la pol&iacute;tica exterior y de seguridad com&uacute;n, la diferencia podr&iacute;a haber sido determinante. Le toca a Europa demostrar que el nuevo fascismo se combate, desde los valores fundacionales de la UE, corrigiendo las asimetr&iacute;as y ataduras de una arquitectura institucional de dise&ntilde;o infructuoso. Se trata de la supervivencia misma del proyecto europeo, del progreso econ&oacute;mico y de la cohesi&oacute;n social.
    </p><h3 class="article-text">Victoria sobre una fractura social</h3><p class="article-text">
        <strong>Victoria sobre una fractura social</strong>Entre Macron y M&eacute;lenchon, primero y cuarto en la primera vuelta de estas elecciones presidenciales, tan s&oacute;lo median cinco puntos de intenci&oacute;n de voto (en Espa&ntilde;a, si nos atenemos a los resultados de las &uacute;ltimas elecciones generales, esta diferencia es aproximadamente de 20 puntos, y de casi 10 puntos entre los dos primeros partidos). Ser&iacute;a conveniente que Macron diese muestras de haber comprendido que quien presida Francia lo har&aacute; sobre la base de una sociedad fracturada. &Eacute;l mismo ha llegado en cabeza a la segunda vuelta de las presidenciales gracias al voto &uacute;til de una parte del electorado socialista que no necesariamente cauciona su programa.
    </p><p class="article-text">
        Si Macron, para alivio de la comunidad internacional, se impone finalmente en la carrera al El&iacute;seo, deber&aacute; asumir que tiene por mandato fundamental aplacar los s&iacute;ntomas del descontento social, identificar sus causas &uacute;ltimas y actuar sobre ellas con absoluta determinaci&oacute;n. No hay m&aacute;s programa que ese, sin margen de error. Y tendr&aacute; que afrontar esta tarea con el Gobierno que pueda formar tras unas elecciones legislativas en las que no es seguro que vaya a conseguir una mayor&iacute;a parlamentaria propia. Necesitar&aacute; el apoyo de Europa para evitar lo peor, porque la semilla del Frente Nacional ha germinado. Europa, siempre Europa.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel Fuentes Castro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/semilla-frente-nacional-germinado_129_3420987.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 02 May 2017 16:11:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La semilla del Frente Nacional ha germinado]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Francia,Frente Nacional,Marine Le Pen,Elecciones Francia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Del déficit 2016 a los PGE 2017: se buscan ingresos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/deficit-pge-buscan-ingresos_129_3479823.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/663a91ed-edb7-417d-a85c-b641ead0e7d1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Del déficit 2016 a los PGE 2017: se buscan ingresos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El esfuerzo fiscal a realizar este año es considerablemente mayor al de los últimos cuatro ejercicios, pero el contexto de 2017 permite plantear unos presupuestos con ajustes menos dolorosos de lo que cabía esperar hace unos meses</p></div><p class="article-text">
        Es una buena noticia que las administraciones p&uacute;blicas espa&ntilde;olas hayan conseguido cerrar 2016 con un d&eacute;ficit conjunto significativamente inferior al comprometido con Bruselas. Ocurre por primera vez desde que Espa&ntilde;a entr&oacute; en el brazo correctivo del <a href="https://ec.europa.eu/info/business-economy-euro/economic-and-fiscal-policy-coordination/eu-economic-governance-monitoring-prevention-correction/stability-and-growth-pact/corrective-arm-excessive-deficit-procedure_en" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Procedimiento de D&eacute;ficit Excesivo (PDE)</a>, as&iacute; que existen motivos para la satisfacci&oacute;n del deber cumplido. Y no s&oacute;lo por haber respetado nuestros compromisos internacionales, sino por lo que significa en s&iacute; mismo. No sobrepasar el objetivo de d&eacute;ficit permite a las administraciones p&uacute;blicas espa&ntilde;olas progresar en la senda de ajuste fiscal (d&eacute;ficit del -4,6% del PIB en 2016, -3,1% en 2017 y -2,2% en 2018), un requisito para el necesario saneamiento de nuestras finanzas p&uacute;blicas.
    </p><p class="article-text">
        Con un d&eacute;ficit equivalente al -4,3% del PIB, el sector p&uacute;blico espa&ntilde;ol todav&iacute;a registra el mayor desequilibrio entre ingresos y gastos de los 28 Estados miembros de la Uni&oacute;n Europea. Espa&ntilde;a ser&aacute;, presumiblemente, el <a href="https://ec.europa.eu/info/business-economy-euro/economic-and-fiscal-policy-coordination/eu-economic-governance-monitoring-prevention-correction/stability-and-growth-pact/corrective-arm-excessive-deficit-procedure/excessive-deficit-procedures-overview_en" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&uacute;nico pa&iacute;s del &aacute;rea euro que permanezca bajo el brazo correctivo del PDE en 2018</a>. Lo ser&aacute;, en gran medida, porque nuestro d&eacute;ficit primario (exento de la carga de intereses de la deuda) equivale todav&iacute;a al 1,7% del PIB. Eso significa que, aunque una quita hubiese hecho desaparecer el 100% de la deuda p&uacute;blica espa&ntilde;ola el a&ntilde;o pasado, habr&iacute;amos necesitado igualmente acudir a los mercados financieros en busca de unos 19.000 millones de euros. Con semejante lastre, conviene no frivolizar sobre el problema del d&eacute;ficit p&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        Las ocho d&eacute;cimas de ajuste fiscal realizadas el a&ntilde;o pasado (desde el -5,1% del PIB en 2015 al -4,3% en 2016) se han conseguido gracias a una moderada contenci&oacute;n del gasto p&uacute;blico y a pesar del pobre comportamiento de la recaudaci&oacute;n. En un a&ntilde;o en el que el PIB creci&oacute; el 3,2%, los recursos de las administraciones p&uacute;blicas apenas lo hicieron el 1,5%, poniendo de manifiesto que el problema estructural del d&eacute;ficit p&uacute;blico espa&ntilde;ol est&aacute; m&aacute;s relacionado con la falta de ingresos que con el exceso de gasto.
    </p><p class="article-text">
        Mientras en Espa&ntilde;a el sector p&uacute;blico recauda una cifra equivalente al 37,9% del PIB, en Alemania asciende al 44,9%, en Italia al 47,1% y en Francia al 53,2%. El promedio de la UE-28 se sit&uacute;a en el 44,8%, casi siete puntos de PIB m&aacute;s que Espa&ntilde;a (cada punto representa, actualmente, unos 11.000 millones de euros).
    </p><h3 class="article-text">La singularidad del ajuste fiscal en 2016</h3><p class="article-text">
        Algunos elementos de contexto hacen del cumplimiento del objetivo de d&eacute;ficit el a&ntilde;o pasado una singularidad. En primer lugar, el ajuste fiscal de 2016 supuso aproximadamente el mismo esfuerzo que en 2014 y 2015. Si entonces no se cumplieron los objetivos de d&eacute;ficit, al contrario que el pasado a&ntilde;o, es porque el objetivo de 2016 se modific&oacute; a lo largo del ejercicio hasta fijarse en un nivel sustancialmente m&aacute;s accesible que en a&ntilde;os precedentes.
    </p><p class="article-text">
        En el Plan Presupuestario 2015-2018, en su versi&oacute;n de octubre 2015 (coet&aacute;nea a la elaboraci&oacute;n de los PGE 2016), el objetivo de d&eacute;ficit se fij&oacute; en el -2,8% del PIB. En el Plan Presupuestario 2016-2019, versi&oacute;n de abril 2016, se modific&oacute; hasta el -3,6%, a la vista de la an&eacute;mica evoluci&oacute;n de los ingresos p&uacute;blicos en el arranque del a&ntilde;o. Apenas unos d&iacute;as m&aacute;s tarde, las previsiones de primavera de la Comisi&oacute;n Europea apuntaron a un d&eacute;ficit del -3,9% si no se introduc&iacute;an ajustes de gasto adicionales. Finalmente, en julio de 2016, junto a la ausencia de sanci&oacute;n a Espa&ntilde;a por incumplimiento reiterado en los objetivos de d&eacute;ficit, la recomendaci&oacute;n de Bruselas situ&oacute; el objetivo de d&eacute;ficit en el -4,6%. As&iacute; pues, hemos cerrado el a&ntilde;o en el -4,3%, tres d&eacute;cimas mejor de lo acordado... siendo que los PGE 2016 fueron dise&ntilde;ados para alcanzar un objetivo del -2,8%.
    </p><p class="article-text">
        Existe una racionalidad detr&aacute;s los cambios en la senda de ajuste fiscal. La desviaci&oacute;n de nuestro d&eacute;ficit en 2015 (-5,1% del PIB frente al -4,2% comprometido), originada principalmente por la inoportuna rebaja fiscal de aquel a&ntilde;o, hac&iacute;a poco probable el cumplimiento de la senda plurianual tal cual hab&iacute;a sido dise&ntilde;ada. Por eso fue necesario replante&aacute;rsela. Tras la no-sanci&oacute;n a Espa&ntilde;a, es razonable que nadie en Madrid ni en Bruselas quisiera correr el riesgo de un incumplimiento en diciembre de lo que se acordase en julio. De modo que ambas partes decidieron un objetivo razonablemente asequible, en l&iacute;nea con el esfuerzo observado en a&ntilde;os precedentes.
    </p><p class="article-text">
        La otra singularidad en el ajuste fiscal del a&ntilde;o pasado es que la Administraci&oacute;n Central incumpli&oacute; con creces su parte del trato. Con un d&eacute;ficit del -2,5% del PIB, frente a un objetivo del -2,2%, se situ&oacute; tres d&eacute;cimas por encima de su l&iacute;mite. Tan s&oacute;lo redujo su d&eacute;ficit una d&eacute;cima con respecto al a&ntilde;o anterior. Las Comunidades Aut&oacute;nomas, en cambio, mejoraron su saldo presupuestario nada menos que nueve d&eacute;cimas de un a&ntilde;o a otro, situ&aacute;ndose muy cerca de cumplir su objetivo (-0,8%, frente a -0,7%).
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, la Seguridad Social cerr&oacute; 2016 con un d&eacute;ficit equivalente al -1,6% del PIB, despu&eacute;s del -1,2% de 2015 y el -1% de 2014, confirmando el deterioro creciente de sus cuentas. Que, con estos n&uacute;meros, el conjunto de las administraciones p&uacute;blicas haya podido cumplir con el objetivo de d&eacute;ficit en 2016 se explica por el super&aacute;vit del +0,6% del PIB aportado por las corporaciones locales. En esto tiene mucho que ver la coerci&oacute;n normativa sobre los&nbsp;<a href="http://www.eldiario.es/economia/ayuntamientos-Montoro-deficit-prometido-Bruselas_0_628188115.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ayuntamientos de menor tama&ntilde;o</a> (muchos de los cuales, parad&oacute;jicamente, est&aacute;n infra-financiados).
    </p><h3 class="article-text">Debilidades y retos del ajuste fiscal</h3><p class="article-text">
        As&iacute; pues, tras las buenas noticias persisten debilidades en el proceso de ajuste fiscal del sector p&uacute;blico que debemos tener presentes: una capacidad recaudatoria insuficiente, una eficiencia del gasto cuestionable, un esfuerzo asim&eacute;trico entre los diferentes niveles de la administraci&oacute;n y un d&eacute;ficit estructural creciente en la Seguridad Social. Aunque ahora mismo no parezca probable, estas debilidades pueden ser costosas en caso de una desaceleraci&oacute;n acusada del crecimiento econ&oacute;mico o de un incremento de los tipos de inter&eacute;s para el que, en el horizonte pr&oacute;ximo y sin el muro de contenci&oacute;n del BCE, la econom&iacute;a espa&ntilde;ola deber&aacute; estar preparada.
    </p><p class="article-text">
        En el corto plazo, sin embargo, las perspectivas no son malas. Si hace unos meses el debate giraba en torno al ajuste fiscal necesario para alcanzar el -3,1% de d&eacute;ficit fijado para 2017 (entre 5.000 y 7.000 millones de recortes), la situaci&oacute;n actual apunta a que la mera inercia del ciclo econ&oacute;mico podr&iacute;a facilitar en gran medida la consecuci&oacute;n de dicho objetivo. &iquest;Qu&eacute; es lo que ha cambiado?
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, a la espera de que Eurostat confirme el registro de d&eacute;ficit de 2016, el punto de partida este a&ntilde;o ser&aacute; tres d&eacute;cimas de PIB mejor de lo esperado. En segundo lugar, como consecuencia de la actual pr&oacute;rroga presupuestaria y pendientes de la aprobaci&oacute;n de los PGE 2017, es previsible que el gasto de las administraciones p&uacute;blicas se modere en la primera mitad del a&ntilde;o. En tercer lugar, a la diluci&oacute;n de los efectos de la rebaja fiscal de 2015 (que impact&oacute; negativamente en la recaudaci&oacute;n de ese a&ntilde;o y del siguiente) se une un notable incremento de los ingresos a consecuencia de la inflaci&oacute;n, tras tres a&ntilde;os consecutivos con el IPC en terreno negativo (como los impuestos se aplican sobre los precios de mercado, a mayor inflaci&oacute;n mayor recaudaci&oacute;n). En cuarto lugar, la econom&iacute;a espa&ntilde;ola sigue creciendo de manera robusta y la desaceleraci&oacute;n observada parece ser m&aacute;s gradual de la estimada hace unos meses.
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, seg&uacute;n el cuadro macroecon&oacute;mico del Gobierno, la inflaci&oacute;n podr&iacute;a compensar la desaceleraci&oacute;n del PIB hasta el punto de que el crecimiento nominal podr&iacute;a ser incluso mayor que el a&ntilde;o pasado, contribuyendo as&iacute; a reducir las ratios de endeudamiento v&iacute;a denominador.
    </p><p class="article-text">
        El esfuerzo fiscal a realizar este a&ntilde;o es considerablemente mayor al de los &uacute;ltimos cuatro ejercicios pero, incluso albergando dudas razonables sobre la previsi&oacute;n de ingresos del Gobierno (que crecer&iacute;an un excepcional 7,9% en 2017), lo cierto es que el contexto permite plantear unos PGE 2017 sin grandes ajustes o, por lo menos, con ajustes menos dolorosos de lo que cab&iacute;a esperar hace unos meses. No es mala noticia, pero mientras la hoja de ruta s&oacute;lo venga marcada por el viento favorable de la coyuntura econ&oacute;mica seguiremos sin afrontar la verdadera cuesti&oacute;n de fondo. &iquest;Qu&eacute; nivel de bienes y servicios p&uacute;blicos queremos financiar (de manera solvente, durable y equitativa)? &iquest;Con qu&eacute; recursos?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel Fuentes Castro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/deficit-pge-buscan-ingresos_129_3479823.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 03 Apr 2017 19:24:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Del déficit 2016 a los PGE 2017: se buscan ingresos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Presupuestos Generales del Estado]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Primarias PSOE: una victoria cara o una paz costosa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/primarias-psoe-victoria-cara-costosa_129_3551572.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6152733b-a45e-4b7a-bc92-fcae6818a5dd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Primarias PSOE: una victoria cara o una paz costosa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ahora mismo el PSOE es un partido abierto en canal, donde grandes sectores del susanismo y del pedrismo alimentan una contienda fratricida</p></div><p class="article-text">
        Tres de los principales partidos pol&iacute;ticos espa&ntilde;oles han celebrado sus congresos durante el mes de febrero, actualizando en algunos casos sus Estatutos, su ideario y su estrategia pol&iacute;tica. Quiz&aacute;s lo m&aacute;s rese&ntilde;able, al margen del paso cambiado del PSOE (no celebrar&aacute; su congreso hasta junio), es que Ciudadanos y Podemos parecen haber vuelto a abrir un espacio que ellos mismos hab&iacute;an acotado.
    </p><p class="article-text">
        Ciudadanos ha confirmado a Albert Rivera al frente del partido. Y lo ha hecho despejando cualquier sombra de duda sobre su posicionamiento ideol&oacute;gico, en la derecha liberal. Podemos ha hecho lo propio con Pablo Iglesias, optando por arrinconarse en el espacio de la izquierda indignada, junto a comunistas y anticapitalistas. En este sentido, los partidos de la nueva pol&iacute;tica han resultado ser decepcionantemente conformistas.
    </p><p class="article-text">
        El Partido Popular, mientras tanto, ha cerrado su congreso sin fisuras, pr&aacute;cticamente inmune a la corrupci&oacute;n y extraordinariamente c&oacute;modo en ese registro conservador que tan bien encarna Mariano Rajoy. Qui&eacute;n habr&iacute;a dicho hace poco m&aacute;s de un a&ntilde;o, cuando rechazaron el encargo de formar Gobierno, que iban a ser ellos los que mejor cara presentasen en los carteles electorales de una quiz&aacute;s no tan lejana pr&oacute;xima campa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        En cuanto al PSOE, la herida abierta por el &ldquo;no es no&rdquo; y por el modo traum&aacute;tico en que se forz&oacute; la dimisi&oacute;n del &uacute;ltimo secretario general marcar&aacute; la celebraci&oacute;n de su XXXIX Congreso. Ahora mismo es un partido abierto en canal, donde grandes sectores del susanismo y del pedrismo alimentan una contienda fratricida, apelando unos a las responsabilidades del aparato y otros a la legitimidad de la militancia.
    </p><p class="article-text">
        El PSOE es hoy en d&iacute;a un partido encerrado en s&iacute; mismo, con muchas dificultades para atraer talento, prisionero de un ineficiente sistema de selecci&oacute;n de cuadros. Pesan demasiado las puertas giratorias y las redes clientelares que poco o nada tienen que ver con el inter&eacute;s general. Sin mirarse al espejo no ser&aacute; posible que la sociedad conceda credibilidad alguna a la lucha contra la corrupci&oacute;n y a la defensa de las instituciones encargadas de velar, sin retorcimientos tendenciosos, por el correcto funcionamiento del Estado de Derecho.
    </p><p class="article-text">
        Por encima de las divisiones internas, y con independencia de las ponencias que se preparan actualmente en Ferraz, son varias las cuestiones sobre las que ser&iacute;a deseable que toda candidatura se pronunciase.
    </p><p class="article-text">
        Se hace necesario un posicionamiento claro en relaci&oacute;n a las futuras alianzas parlamentarias. El PSOE se equivoca si pretende seguir empleando claves de lectura que corresponden a otro tiempo, en el que aspiraba sistem&aacute;ticamente a ser la fuerza m&aacute;s votada y pod&iacute;a, no sin limitaciones, elegir apoyos entre distintas opciones minoritarias. Los tiempos son otros, y no s&oacute;lo en Espa&ntilde;a. Bien est&aacute; aspirar a que los partidos socialdem&oacute;cratas vuelvan a ser hegem&oacute;nicos o, en su defecto, a que el PSOE sea el l&iacute;der incontestado de la oposici&oacute;n; pero, en el escenario actual, resulta ineludible ser claros en relaci&oacute;n a una hipot&eacute;tica (aunque poco probable) mayor&iacute;a de izquierdas en el Congreso de los Diputados.
    </p><p class="article-text">
        Catalu&ntilde;a sigue siendo una cuesti&oacute;n pendiente a la que se espera que el PSOE aporte alguna soluci&oacute;n. Al fin y al cabo, fue Zapatero quien abri&oacute; la caja de los truenos cuando prometi&oacute; apoyar a ciegas cualquier reforma del Estatuto que aprobase el Parlamento catal&aacute;n. El reconocimiento de Catalu&ntilde;a como una de las naciones que integran Espa&ntilde;a tiene que encontrar su lugar dentro del marco Constitucional, y el Estado no debe hacer dejaci&oacute;n de funciones en la defensa de los derechos civiles de todos los catalanes (sean nacionalistas o no nacionalistas). Pero no parece conveniente que la respuesta al independentismo catal&aacute;n venga de la mano de una in&uacute;til confrontaci&oacute;n identitaria.
    </p><p class="article-text">
        Cualquier candidato o candidata a liderar el PSOE deber&iacute;a tener un diagn&oacute;stico claro sobre los problemas de gobernanza europea, con propuestas concretas, m&aacute;s all&aacute; de lugares comunes, para corregir el disfuncionamiento estructural de la Uni&oacute;n Econ&oacute;mica y Monetaria, y para avanzar en la definici&oacute;n de un verdadero poder ejecutivo europeo. Es preciso acabar con ese discurso que presenta los compromisos libremente adquiridos con Bruselas como si fueran imposiciones caprichosas de la UE. Las pol&iacute;ticas europeas deben ser objeto de cr&iacute;tica, como se hace en el &aacute;mbito nacional, sin por ello socavar la dimensi&oacute;n hist&oacute;rica del proyecto europeo. A fuerza de responsabilizar a la UE de lo que hace, o no hace, cada uno de los Estados miembros corremos el riesgo de hacer del euroescepticismo un caso de expectativas autocumplidas.
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, si lo que se pretende es que el progreso econ&oacute;mico sea inclusivo, el libreto socialdem&oacute;crata sobre <a href="http://www.eldiario.es/zonacritica/Paradigmas-papel-economia_6_336726342.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el papel del Estado en la econom&iacute;a</a> sigue absolutamente vigente, desde la racionalidad econ&oacute;mica y desde la sensatez pol&iacute;tica. El paradigma liberal predominante en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas ha dejado por el camino a los m&aacute;s desfavorecidos, que ya no ven en los partidos convencionales la herramienta para el cambio social que demandan, y buena parte de las clases medias han despertado de la ficci&oacute;n en la que vivieron hasta el estallido de la crisis financiera internacional de 2008: en el ascensor social del liberalismo nunca hubo sitio para todos.
    </p><p class="article-text">
        Todav&iacute;a no se sabe cu&aacute;ntos ni qui&eacute;nes ser&aacute;n finalmente los candidatos a las elecciones primarias, ni cu&aacute;l ser&aacute; su proyecto de partido y de pa&iacute;s, pero existe la certeza de que el principal desaf&iacute;o para el pr&oacute;ximo secretario o secretaria general del PSOE ser&aacute; conciliar paz y victoria. A d&iacute;a de hoy, los llamamientos a la unidad son arenas movedizas. Con ellos puede cerrarse en falso una crisis que tiene sus ra&iacute;ces en el zapaterismo de primera hora, y sin ellos la situaci&oacute;n puede desembocar en una escisi&oacute;n de consecuencias imprevisibles. La victoria puede ser cara y la paz puede ser costosa.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel Fuentes Castro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/primarias-psoe-victoria-cara-costosa_129_3551572.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 28 Feb 2017 19:52:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Primarias PSOE: una victoria cara o una paz costosa]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[PSOE,Susana Díaz,Pedro Sánchez]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Frenar a Le Pen no es suficiente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/le-pen-elecciones-francia-ultraderecha_129_3733843.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Según el último barómetro electoral, en Francia los tres partidos de derecha concentran actualmente el 67% de la intención de voto</p><p class="subtitle">Es pronto para saber si el Frente Nacional ganará, pero de lo que no hay dudas es de que su discurso impregna ya buena parte de la sociedad francesa</p></div><p class="article-text">
        Francia acudir&aacute; a las urnas la pr&oacute;xima primavera en una doble cita que puede ser determinante para el futuro inmediato de Europa. Las elecciones presidenciales tendr&aacute;n lugar el 23 de abril y el 7 de mayo, seguidas de las elecciones legislativas los d&iacute;as 11 y 18 de junio. La victoria del <em>leave</em> en el refer&eacute;ndum brit&aacute;nico sobre la permanencia del Reino Unido en la UE y el inesperado triunfo de Donald Trump en la carrera a la Casa Blanca aconsejan prestar atenci&oacute;n a lo que ya est&aacute; sucediendo en Francia.
    </p><p class="article-text">
        Desde que se instaur&oacute; la V Rep&uacute;blica, en 1959, la derecha francesa s&oacute;lo ha dejado escapar la victoria en las elecciones presidenciales en dos ocasiones (Fran&ccedil;ois Mitterrand entre 1981 y 1995, y Fran&ccedil;ois Hollande en 2012). Y no parece que &eacute;sta vaya a ser la tercera. Seg&uacute;n el &uacute;ltimo bar&oacute;metro electoral de IFOP, que elabora sondeos de opini&oacute;n y estudios de mercado desde finales de los a&ntilde;os treinta, los tres partidos de derecha concentran actualmente el 67% de la intenci&oacute;n de voto y ninguna de las dos primeras fuerzas de la izquierda, con un 14% de intenci&oacute;n de voto cada una, parece en condiciones de alcanzar la segunda vuelta de las elecciones.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <!-- título -->
<h4 style="text-align:center;color:black">Intención de voto en la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Francia 2017</h4>
<p style="text-align:center">(hipótesis: Hollande candidato del Partido Socialista y Alain Jupé candidato de Les Républicains)</p>
<!-- iframe tableau -->
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<p style="margin-bottom:20px">Fuente: IFOP octubre 2016</p>
    </figure><p class="article-text">
        Lo m&aacute;s probable, a d&iacute;a de hoy, es que los franceses tengan que elegir finalmente entre Marine Le Pen y el candidato que se imponga en las primarias de <em>Les Rep&uacute;blicains</em> (partido que aglutina a la derecha conservadora), que tienen lugar los pr&oacute;ximos 20 y 27 de noviembre. Y no es lo mismo que en ellas se imponga el expresidente Nicolas Sarkozy, cada d&iacute;a m&aacute;s pr&oacute;ximo a las tesis de la extrema derecha, que el exprimer ministro Alain Jupp&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        Jupp&eacute; es un <em>enarca</em> (reciben esta apelaci&oacute;n los diplomados por la<em> &Eacute;cole Nationale d'Administration Publique</em> a ra&iacute;z del libro <em>La enarqu&iacute;a o los mandarines de la sociedad burguesa,</em> escrito a finales de los a&ntilde;os sesenta por el tambi&eacute;n enarca Jean-Pierre Chev&egrave;nement), elefante conservador salido de los cuerpos de &eacute;lite franceses. Si alcanza el El&iacute;seo, es de esperar que su propia naturaleza le obligue a marcar distancias con el <em>trumpismo</em>.
    </p><p class="article-text">
        En cuanto a las perspectivas electorales del Frente Nacional, partido de extrema derecha que representa lo peor de la Francia de Vichy, conviene tener en cuenta varios elementos. En primer lugar, el sistema de doble vuelta dificulta la carrera de Le Pen al El&iacute;seo. Incluso si fuese la opci&oacute;n m&aacute;s votada en la primera vuelta, tendr&iacute;a que imponerse en la segunda a todas las dem&aacute;s fuerzas juntas.
    </p><p class="article-text">
        Su padre, Jean-Marie Le Pen (persona violenta, abiertamente negacionista, xen&oacute;foba y antisemita), obtuvo un 16,7% de los votos en las elecciones de 2002 y, ante la fragmentaci&oacute;n del voto de izquierdas, accedi&oacute; a la segunda vuelta. Le Pen cosech&oacute; entonces una sonora derrota frente al 82% de los votos del conservador Jacques Chirac, que fue apoyado masivamente por la izquierda. Las circunstancias son distintas, pero es un precedente a tener en cuenta.
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, a diferencia del sistema espa&ntilde;ol o del norteamericano, en las elecciones presidenciales francesas no se eligen ni diputados, ni senadores, ni grandes electores. S&oacute;lo se elige al inquilino del El&iacute;seo. As&iacute; que es perfectamente posible ser la primera fuerza y que esto no se traduzca en presencia institucional alguna.
    </p><p class="article-text">
        La batalla por el poder en la Asamblea Nacional queda relegada a las elecciones legislativas, cuyo resultado estar&aacute; condicionado por lo que previamente haya sucedido en las elecciones presidenciales. No obstante, la experiencia hist&oacute;rica dice que no necesariamente ha de repetirse en las legislativas lo que previamente haya sucedido en las presidenciales. No es excepcional que un presidente de derechas tenga que cohabitar con un legislativo de izquierdas. En todo caso, nuevamente con un sistema a dos vueltas, las dem&aacute;s fuerzas tendr&aacute;n opciones de contener el esperado empuje de la extrema derecha en las elecciones legislativas.
    </p><p class="article-text">
        El &uacute;ltimo precedente data de 2012 cuando, a pesar de obtener el 13,6% de los votos en la primera vuelta, el Frente Nacional s&oacute;lo consigui&oacute; dos diputados sobre un total de 577 que componen la Asamblea Nacional. Una de ellos es Marion Mar&eacute;chal-Le Pen, muy pr&oacute;xima a su abuelo Jean-Marie y enfrentada a su t&iacute;a Marine por el futuro control del partido.
    </p><p class="article-text">
        En cualquier caso, que el camino del Frente Nacional al El&iacute;seo est&eacute; sembrado de dificultades no debe impedirnos tomar la medida del problema: la extrema derecha crece en Francia con ra&iacute;ces fuertes que se remontan, al menos, a los a&ntilde;os ochenta. Conviene recordar que el Frente Nacional fue el partido m&aacute;s votado en las elecciones europeas de 2014, con el 24,9% de los votos, cuatro puntos m&aacute;s que la derecha conservadora y diez puntos por encima de los socialistas en el poder. En el sondeo de IFOP del pasado octubre aparece ya con un 27% de intenci&oacute;n de voto.
    </p><p class="article-text">
        De acuerdo con el mismo sondeo, el Frente Nacional lidera la intenci&oacute;n de voto entre los franceses de 18 a 49 a&ntilde;os (34%), entre los trabajadores aut&oacute;nomos (43%), los empleados (36%), los obreros (46%) y los parados (41%) y en el entorno rural (34%).
    </p><p class="article-text">
        Especialmente sintom&aacute;tico es que la suma de los dos primeros partidos de izquierda, el Partido Socialista y el Front de Gauche, no lidera la intenci&oacute;n de voto en ninguna franja de edad y en ninguna categor&iacute;a profesional. Reciben el apoyo del 23% de los parados, frente al 26% de <em>Les R&eacute;publicains</em> y el 41% del Frente Nacional. Tan s&oacute;lo lideran la intenci&oacute;n de voto entre los trabajadores del sector p&uacute;blico (33%).
    </p><p class="article-text">
        No s&oacute;lo la derecha francesa est&aacute; mejor posicionada que la izquierda para detener al Frente Nacional, sino que, parad&oacute;jicamente, podr&iacute;a rozarse la cat&aacute;strofe si el Partido Socialista o el <em>Front de Gauche</em> accediesen a la segunda vuelta. De hecho, entre los escenarios planteados por IFOP, el Frente Nacional aparece como victorioso si su rival el 7 de mayo fuese el actual presidente.
    </p><p class="article-text">
        A casi seis meses vista, es pronto para saber si el Frente Nacional se va a imponer en la carrera al El&iacute;seo. De lo que hay menos dudas es que su discurso impregna buena parte de la sociedad francesa, y que &eacute;sta no s&oacute;lo es sensible al ciclo econ&oacute;mico y a las pol&iacute;ticas de rentas, sino sobre todo a cuestiones identitarias de soluci&oacute;n compleja. Francia lleva mucho tiempo viviendo sobre una fractura social. Por eso, de poco sirve que alguno de los candidatos evite lo peor la pr&oacute;xima primavera si su elecci&oacute;n no viene acompa&ntilde;ada de una reflexi&oacute;n profunda sobre el problema de fondo, la integraci&oacute;n social, la igualdad de oportunidades, la distribuci&oacute;n de la riqueza y tantas otras cuestiones que se han desatendido durante demasiado tiempo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel Fuentes Castro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/le-pen-elecciones-francia-ultraderecha_129_3733843.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 14 Nov 2016 20:12:03 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Frenar a Le Pen no es suficiente]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Marine Le Pen,Elecciones Francia,Ultraderecha]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La conjura de los necios]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/conjura-necios_129_3768943.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c5554e12-7485-4089-ab3f-08d99d68a253_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La conjura de los necios"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ahora que el 'cuándo' parece inminente, convendremos que el 'a cambio de qué' ha resultado un fracaso estrepitoso. Tres partidos dijeron basta a la corrupción. Uno cambió de bando, otro prefirió el sorpasso y el tercero se borró</p></div><p class="article-text">
        La pasada primavera, recurriendo inoportunamente a la cal viva, Podemos enterr&oacute; cualquier opci&oacute;n de entendimiento razonable entre los principales partidos de izquierda. Con su mera abstenci&oacute;n en la fallida sesi&oacute;n de investidura de Pedro S&aacute;nchez (no era necesario su voto favorable), Podemos y sus confluencias habr&iacute;an enviado al PP de Mariano Rajoy a la oposici&oacute;n, habr&iacute;an condicionado la labor de un Gobierno necesitado de apoyos parlamentarios y habr&iacute;an ganado un tiempo precioso para experimentar, desde dentro, c&oacute;mo funciona el entramado institucional del que forman parte.
    </p><p class="article-text">
        PSOE, Podemos y Ciudadanos sumaban entonces m&aacute;s del 55% de los votos, como ahora, y nada menos que 199 esca&ntilde;os, suficientes como para haber servido de palanca a un tiempo nuevo mientras el PP purgaba su corrupci&oacute;n en la oposici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Pero no fue as&iacute;. A partir de ese momento, especialmente tras la repetici&oacute;n de las elecciones, todo ha sido ruido para eludir el verdadero debate: cu&aacute;ndo (antes o despu&eacute;s de unas terceras elecciones) y a cambio de qu&eacute; iba a reconducirse el mandato del PP.
    </p><p class="article-text">
        Ahora que el 'cu&aacute;ndo' parece inminente, convendremos que el 'a cambio de qu&eacute;' ha resultado un fracaso estrepitoso. Tres partidos dijeron basta a la corrupci&oacute;n. Uno cambi&oacute; de bando, otro prefiri&oacute; el <em>sorpasso</em> y el tercero se borr&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        El PSOE protagoniza los titulares de este fracaso, v&iacute;ctima de una encarnizada lucha por el poder y de su incapacidad para afrontar un debate identitario demasiadas veces pospuesto. Al d&iacute;a siguiente de la no investidura de S&aacute;nchez, la abstenci&oacute;n del PSOE pod&iacute;a haber servido de moneda de cambio. Incluso inmediatamente despu&eacute;s de las segundas elecciones, su abstenci&oacute;n segu&iacute;a conservando cierto valor. Ahora no es m&aacute;s que un por favor lastimero a cambio de tiempo (veremos cu&aacute;nto, pues la legislatura se anuncia corta) de da&ntilde;o incalculable.
    </p><p class="article-text">
        La responsabilidad de este fracaso sin paliativos corresponde tambi&eacute;n a Ciudadanos y a Unidos Podemos. Los primeros han rebajado el list&oacute;n de sus exigencias regeneradoras hasta decir basta, y los segundos han preferido atrincherarse en un confortable &ldquo;no a todo&rdquo;, utilizando como gatera un pacto absolutamente improbable. Recordemos que s&oacute;lo la suma de PSOE, Unidos Podemos, En Com&uacute;n Podem, En Marea, Comprom&iacute;s, Esquerra Republicana de Catalunya, Convergencia Democr&aacute;tica de Catalunya, Bildu y Coalici&oacute;n Canaria (o PNV en lugar de estas dos &uacute;ltimas fuerzas) permite sumar 176 esca&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Ante esta realidad, Ciudadanos y Unidos Podemos han preferido salvar los muebles antes que asumir una responsabilidad colectiva que ellos mismos hab&iacute;an convertido en eje program&aacute;tico. Era demasiado goloso dejar al PSOE al pie de los caballos. Al final, ni alternativa de Gobierno ni investidura negociada.
    </p><p class="article-text">
        En el &uacute;ltimo a&ntilde;o hemos dedicado demasiada energ&iacute;a a debatir qui&eacute;n podr&iacute;a o deber&iacute;a formar Gobierno y no hemos prestado atenci&oacute;n suficiente a la agenda pol&iacute;tica que, necesariamente, tendr&aacute; que afrontar el pr&oacute;ximo ejecutivo. Es un fracaso que la corrupci&oacute;n no vaya a tener un castigo pol&iacute;tico, pero mayor ser&aacute; el fracaso si seguimos aplazando debates tan urgentes como ineludibles: el deterioro de la distribuci&oacute;n de la renta, la estrategia de ingresos y gastos de las administraciones p&uacute;blicas, el futuro inmediato de la Seguridad Social, la escasa capacidad recaudatoria de nuestro sistema fiscal, la precariedad laboral, la conciliaci&oacute;n familiar, la racionalizaci&oacute;n de horarios, las bases para el crecimiento del futuro (educaci&oacute;n, investigaci&oacute;n, medioambiente) y tantas otras cuestiones en lista de espera.
    </p><p class="article-text">
        Ha llegado el d&iacute;a despu&eacute;s y tenemos la obligaci&oacute;n de hacer brotar algo bueno de las cenizas de este incendio. Mientras tanto, que la corrupci&oacute;n y el descr&eacute;dito de las instituciones nos sean leves. Y que el PSOE, Podemos y Ciudadanos lo vean.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel Fuentes Castro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/conjura-necios_129_3768943.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 24 Oct 2016 18:20:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La conjura de los necios]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[PSOE,Podemos,PP - Partido Popular,Cs - Ciudadanos,Gobierno]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Halcones de la política e histriones de la ética]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/halcones-politica-histriones-etica_129_3869727.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Desde hace meses, se viene librando en España un nuevo pulso entre los defensores de la ética de la convicción y los partidarios de la ética de la responsabilidad que parecen empeñados en abocarnos a la mayor crisis institucional de las últimas cuatro décadas</p></div><p class="article-text">
        A finales de enero de 1919, al poco tiempo de terminar la primera guerra mundial, el soci&oacute;logo alem&aacute;n y profesor de econom&iacute;a pol&iacute;tica Max Weber imparti&oacute; una conferencia en la Universidad de M&uacute;nich titulada &ldquo;Politik als Beruf&rdquo; (la pol&iacute;tica como vocaci&oacute;n), continuaci&oacute;n de &ldquo;Wissenschaft als Beruf&rdquo; (la ciencia como vocaci&oacute;n) impartida en el mismo foro el curso acad&eacute;mico precedente, en los mismos d&iacute;as que ten&iacute;a lugar en Rusia la revoluci&oacute;n bolchevique.
    </p><p class="article-text">
        Ambos ensayos se publicaron en versi&oacute;n extendida en julio de aquel mismo a&ntilde;o, apenas unos d&iacute;as despu&eacute;s de haberse firmado el Tratado de Versalles, en el que el propio Weber particip&oacute; en calidad de consultor. No se tradujeron al ingl&eacute;s hasta despu&eacute;s de la segunda guerra mundial, pero terminaron por convertirse en un cl&aacute;sico de las ciencias sociales. Hoy, en un contexto que poco tiene que ver con el de entonces, algunas de aquellas reflexiones siguen extraordinariamente vigentes.
    </p><p class="article-text">
        En &ldquo;Politik als Beruf&rdquo;, Weber se pregunta cu&aacute;les son las cualidades que permiten a un pol&iacute;tico estar a la altura del poder que ejerce. Cita las tres siguientes: la pasi&oacute;n, entendida como la voluntad manifiesta de servir a una causa determinada; el sentido de la responsabilidad, entendido como la lucidez para considerar las consecuencias que se derivan de nuestros actos; y la mesura, entendida como la capacidad de mantener la calma y guardar distancia con las personas y los hechos que rodean la acci&oacute;n pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        A la falta de pasi&oacute;n, de sentido de la responsabilidad y de mesura, Weber a&ntilde;ade la vanidad como el mayor de los peligros para el pol&iacute;tico. Cegado por ella, dice, el pol&iacute;tico corre el riesgo de convertirse en un histri&oacute;n y de tomarse a la ligera las consecuencias de sus actos, demasiado ocupado por la impresi&oacute;n que pueda causar a los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Weber afronta el espinoso asunto de las relaciones entre &eacute;tica y pol&iacute;tica recordando que si hay algo de lo que la &eacute;tica en sentido general no se ocupa es, precisamente, de las implicaciones de nuestros actos (se act&uacute;a de acuerdo con unos principios y, solo subsidiariamente, se atiende a sus consecuencias). En su razonamiento, no obstante, establece una distinci&oacute;n fundamental entre la &eacute;tica de la convicci&oacute;n y la &eacute;tica de la responsabilidad.
    </p><p class="article-text">
        El seguidor de la &eacute;tica de la convicci&oacute;n, fiel a sus principios, lucha por mantener siempre encendida la llama de sus ideales. La misma llama que, con igual convicci&oacute;n subjetiva, otros se esfuerzan en apagar. El problema surge cuando las decisiones pol&iacute;ticas tomadas en defensa de unos principios, sean estos los m&aacute;s nobles, resultan en consecuencias calamitosas. Porque no es cierto que las buenas acciones no puedan engendrar m&aacute;s que el bien, y las malas acciones no puedan engendrar m&aacute;s que el mal.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, el pol&iacute;tico que conduce sus acciones guiado &uacute;nicamente por la &eacute;tica de la responsabilidad corre el serio riesgo de sucumbir al inmovilismo. Los grandes cambios sociales que han requerido poner fin al statu quo del momento no se han hecho exclusivamente desde la raz&oacute;n. Porque no es cierto que las pol&iacute;ticas responsables correspondan siempre a los principios morales de mayor nobleza.
    </p><p class="article-text">
        Sobran ejemplos de este conflicto a lo largo de la Historia, como la revoluci&oacute;n rusa de 1917 que inspir&oacute; a Weber estas y otras reflexiones; o la desastrosa divisi&oacute;n de la izquierda espa&ntilde;ola durante la d&eacute;cada de 1930, que hoy deber&iacute;amos tener bien presente (escindida entonces en anarquistas, comunistas y socialistas, todos convencidos de su verdad, sin mesura ni sentido de la responsabilidad); o los numerosos episodios hist&oacute;ricos en los que se ha apelado al orden como garante de una estabilidad institucional que no hac&iacute;a sino preservar los privilegios de algunos a costa del bienestar com&uacute;n.
    </p><h3 class="article-text">El momento actual de la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola</h3><p class="article-text">
        Desde hace varios meses, se viene librando en Espa&ntilde;a un nuevo pulso entre los defensores de la &eacute;tica de la convicci&oacute;n y los partidarios de la &eacute;tica de la responsabilidad que, por exceso de tacticismo y falta de mesura, parecen empe&ntilde;ados en abocarnos a la mayor crisis institucional de las &uacute;ltimas cuatro d&eacute;cadas.
    </p><p class="article-text">
        No faltan llamamientos interesados a la responsabilidad, a menudo entendida como un cheque en blanco, que provienen en muchos casos de los mismos halcones que han contribuido a que nos encontremos en la encrucijada actual. Y son muchos, tambi&eacute;n, los histriones que tratan de eludir su responsabilidad pol&iacute;tica aferr&aacute;ndose a sus inquebrantables convicciones y culpando de sus resultados electorales a la estupidez humana o al adversario ideol&oacute;gico o, de manera abstracta, a eso que llamamos sistema.
    </p><p class="article-text">
        Si la mayor&iacute;a de los diputados comparte la convicci&oacute;n de que el Presidente saliente no merece reconducir su mandato por representar a un partido que ha hecho de la corrupci&oacute;n su modo de funcionamiento, entonces deber&iacute;an haber asumido el coste pol&iacute;tico de hacer viable una alternativa de Gobierno (algunos lamentar&aacute;n la ocasi&oacute;n perdida en primavera). Y lo mismo si consideran que ha llegado el momento de dar el primer paso para reformar el entramado institucional levantado hace cuarenta a&ntilde;os. Porque las convicciones pol&iacute;ticas sirven de bien poco si no se asumen las responsabilidades que conllevan.
    </p><p class="article-text">
        No queda m&aacute;s, a quienes no crean conveniente llegar a ese acuerdo o el momento les parezca inoportuno, que asumir su papel de oposici&oacute;n (o de colaborador necesario) y acercarse a la ventanilla de Moncloa para negociar una agenda pol&iacute;tica que no solamente facilite la investidura del actual presidente en funciones, sino que otorgue cierta visibilidad institucional en el corto y medio plazo. Seguir sin Gobierno, tras dos elecciones y m&aacute;s de siete meses de espera, no deber&iacute;a ser una opci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel Fuentes Castro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/halcones-politica-histriones-etica_129_3869727.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 08 Aug 2016 18:02:10 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Halcones de la política e histriones de la ética]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Europa y las amapolas del Somme]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/europa-amapolas-somme_129_3928569.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2d26be80-b8e3-48f0-89c4-39f979134154_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los lazos que nos unen a los ciudadanos de Reino Unido son demasiado fuertes como para que un referéndum se los lleve por delante. Aunque haya decidido caminar solo, el Reino Unido sigue formando parte de Europa</p></div><p class="article-text">
        Menos de una semana despu&eacute;s de haber votado no a Europa, el Reino Unido estar&aacute; conmemorando el cent&eacute;simo aniversario del inicio de la batalla del Somme. El 1 de julio de 1916, en apenas unas horas, casi 20.000 soldados brit&aacute;nicos se dejaron la vida en los campos de Francia. Nunca antes en su Historia el ej&eacute;rcito brit&aacute;nico hab&iacute;a sufrido tantas bajas en un solo d&iacute;a. Y nunca despu&eacute;s volver&iacute;a a sufrirlas, ni siquiera en las playas de Sword y Gold, durante el desembarco de Normand&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        El Reino Unido siempre ha concebido la construcci&oacute;n europea como un espacio de oportunidades econ&oacute;micas, no como un proyecto pol&iacute;tico. Sin embargo, los lazos que nos unen a ellos, que nos unen a todos los europeos, son demasiado fuertes como para que un refer&eacute;ndum se los lleve por delante. Aunque haya decidido caminar solo, el Reino Unido sigue formando parte de Europa.
    </p><p class="article-text">
        Los brit&aacute;nicos acudieron a las urnas sabiendo que el debate econ&oacute;mico estaba claramente decantado a favor de su permanencia en la Uni&oacute;n Europea. No hab&iacute;a, al menos en el horizonte inmediato, una agenda pol&iacute;tica que les forzase a avanzar en una direcci&oacute;n no deseada. Y, pese a todo, decidieron abandonar el que, sin duda, es el proyecto pol&iacute;tico de mayor envergadura que jam&aacute;s se haya dise&ntilde;ado en Europa y que ha permitido, entre otros logros, el periodo de paz y prosperidad m&aacute;s largo de nuestra historia reciente.
    </p><p class="article-text">
        Que los argumentos emocionales e identitarios hayan prevalecido sobre los de &iacute;ndole racional es un mal s&iacute;ntoma que se a&ntilde;ade a los vientos que soplan de Austria, Finlandia, Holanda, Hungr&iacute;a, Polonia y otros estados miembros de la Uni&oacute;n. Incluso en la propia Francia, la &uacute;ltima frontera, el euroescepticismo gana adeptos cada d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Es probable que los brit&aacute;nicos no sean m&aacute;s euroesc&eacute;pticos hoy de lo que eran hace cinco, diez o veinte a&ntilde;os. Y, desde luego, no han abandonado la Uni&oacute;n porque estuviesen en desacuerdo con las pol&iacute;ticas de austeridad, porque viesen en Bruselas a un ogro neoliberal o porque no aprobasen el vergonzante acuerdo de expulsi&oacute;n de refugiados de guerra a Turqu&iacute;a. En este sentido, la lectura que la nueva izquierda europea hace del resultado del refer&eacute;ndum es interesada y no corresponde a la realidad.
    </p><p class="article-text">
        Hace tiempo que la Uni&oacute;n se ha convertido en el caj&oacute;n de sastre del descontento pol&iacute;tico, social y econ&oacute;mico de muchos europeos, a derecha e izquierda. Es cierto que la Comisi&oacute;n, el Parlamento y el Consejo Europeo de Jefes de Estado son corresponsables de su descr&eacute;dito, y que se han tomado decisiones que no siempre han respetado los principios fundacionales de la Uni&oacute;n (Idomeni es una mancha indeleble).
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n es cierto que la hoja de ruta para la salida de la crisis econ&oacute;mica se ha aplicado con excesiva ortodoxia, cuando no ceguera. Sobran halcones que hacen de la pol&iacute;tica europea una mera cuesti&oacute;n de principios, en detrimento del deber de responsabilidad. Y sobra, tambi&eacute;n, cierto quintacolumnismo que ha impregnado una parte de las instituciones europeas.
    </p><p class="article-text">
        Pero seamos sensatos. Es pura autocomplacencia pensar que nuestros males son consecuencia de la insidia de Bruselas, en lugar de asumir las consecuencias de nuestros propios actos en clave dom&eacute;stica. Cometemos un grave error cada vez que, para mostrar un leg&iacute;timo desacuerdo con tal o cual pol&iacute;tica europea, cuestionamos la conveniencia misma del proyecto europeo. En Europa, como en cualquier Estado, las instituciones deben estar por encima de las personas que las encarnan y por encima incluso de las pol&iacute;ticas que, en uno u otro momento, sean de aplicaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El camino no es un retorno a los Estados naci&oacute;n del siglo XIX, es el contrario. Brit&aacute;nicos o no, pensemos todos en Europa cuando el pr&oacute;ximo viernes se haga la tradicional ofrenda de amapolas en el gigantesco cr&aacute;ter de &ldquo;<a href="https://www.youtube.com/watch?v=YPGrrnpzB_Y" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la Grande Mine</a>&rdquo; (o &ldquo;Lochnagar Crater&rdquo;), originado por la explosi&oacute;n que dio inicio a la batalla del Somme, poco antes de las 7h30 de la ma&ntilde;ana del 1 de julio de 1916, en la habr&iacute;an de fallecer un mill&oacute;n de personas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel Fuentes Castro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/europa-amapolas-somme_129_3928569.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 Jun 2016 17:40:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Europa y las amapolas del Somme]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Brexit,UE - Unión Europea,Reino Unido]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El gasto total cuenta, pero no lo es todo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/gasto-total-cuenta_129_3947834.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/738fb090-8234-4b04-bff4-3f7be7332324_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El gasto total cuenta, pero no lo es todo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es evidente que los recortes han existido a pesar de que el gasto total ha aumentado. Presumir del esfuerzo en consolidación fiscal sin haber incrementado la recaudación y negar al mismo tiempo la dureza de los recortes carece de consistencia intelectual</p></div><p class="article-text">
        A pesar del impacto de las pol&iacute;ticas de austeridad (las mismas que ya no convencen a Margallo y Montoro, al FMI y la OCDE y, m&aacute;s pronto que tarde, a la propia Comisi&oacute;n Europea), el gasto total de las administraciones p&uacute;blicas espa&ntilde;olas es mayor que antes de la crisis. Entre 2008 y 2015 el gasto p&uacute;blico aument&oacute; en m&aacute;s de 9.000 millones de euros nominales, al tiempo que el PIB disminu&iacute;a en unos 35.000 millones.
    </p><p class="article-text">
        El gasto no s&oacute;lo ha aumentado en moneda corriente desde el inicio de la crisis, sino tambi&eacute;n en valor real (descontando el efecto de los precios), en puntos de PIB y en euros per c&aacute;pita. Se mida como se mida, no es posible concluir otra cosa que no sea que el gasto total de las administraciones p&uacute;blicas es mayor en la actualidad del que era al inicio de este largo <em>via crucis</em>. Si necesitan referencias, pueden consultar <a href="http://www.fedea.net/notas-para-una-politica-fiscal-en-la-salida-de-la-crisis/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">este trabajo de FEDEA y BBVA Research</a>.
    </p><p class="article-text">
        El problema surge cuando se pretende usar esta evidencia para quitar hierro al ajuste presupuestario de los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Y es que, aunque probablemente somos los &uacute;nicos monos capaces de hacer ciencia, nuestra l&oacute;gica de primates puede jugarnos malas pasadas. No olvidemos que durante siglos defendimos con vehemencia que la Tierra era plana y que el Sol giraba alrededor de nuestro planeta.
    </p><p class="article-text">
        El gasto p&uacute;blico se increment&oacute; en m&aacute;s de 9.000 millones entre 2008 y 2015. Cierto. Tan cierto como que, en el mismo periodo, el gasto en pensiones se increment&oacute; en 33.600 millones, el servicio de la deuda en 18.800 millones y las prestaciones por desempleo en otros 9.500 millones m&aacute;s. Si estas tres partidas se incrementaron conjuntamente en unos 62.000 millones, otras han tenido que reducirse por importe de 53.000 millones para que el saldo final se ajuste a los citados 9.000 millones (v&eacute;anse gr&aacute;ficas).
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        As&iacute;, los n&uacute;meros s&oacute;lo encajan cuando se tienen en cuenta los 2.400 millones de recortes en sanidad, los 9.400 millones en educaci&oacute;n y cultura, los 6.600 millones en la financiaci&oacute;n de los restantes bienes y servicios p&uacute;blicos, y los 34.000 millones menos en inversi&oacute;n (que en lugar de actuar como contrapeso de una inversi&oacute;n privada deprimida, ha ca&iacute;do m&aacute;s del 50% con respecto al nivel anterior a la crisis). Hemos cedido en todas estas partidas para apuntalar el gasto en las tres primeras: pensiones, deuda y desempleo.
    </p><p class="article-text">
        Conviene no pasar por alto que el incremento del gasto en pensiones casi triplica el importe conjunto de los recortes en sanidad, educaci&oacute;n y cultura efectuados entre 2008 y 2015. Esto introduce un elemento distorsionador a la hora de evaluar el impacto de la crisis en el deterioro de las finanzas p&uacute;blicas, pues m&aacute;s de la mitad del incremento de las tres partidas principales de gasto no ha sido consecuencia directa del entorno econ&oacute;mico. Tenemos un serio problema con la financiaci&oacute;n de las pensiones, aun asumiendo que un mejor funcionamiento del mercado laboral deber&iacute;a de incrementar los ingresos por cotizaciones de la Seguridad Social.
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        Es evidente que los recortes han existido a pesar de que el gasto total ha aumentado. Presumir del esfuerzo en consolidaci&oacute;n fiscal sin haber incrementado la recaudaci&oacute;n (el Programa de estabilidad la mantiene anclada en el 38% del PIB), y negar al mismo tiempo la dureza de los recortes carece de consistencia intelectual. O cumplimos con los objetivos de d&eacute;ficit, y entonces asumimos los recortes como necesarios, o razonamos el incumplimiento de dichos objetivos buscando est&iacute;mulos al crecimiento y una mayor cohesi&oacute;n social. El resto son unicornios.
    </p><p class="article-text">
        *Este art&iacute;culo refleja la opini&oacute;n personal de su autor
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel Fuentes Castro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/gasto-total-cuenta_129_3947834.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 14 Jun 2016 18:05:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El gasto total cuenta, pero no lo es todo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[PIB,Gasto público]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Breve historia de las pagas extraordinarias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/breve-historia-pagas-extraordinarias_1_2476076.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">En 1944 se publicó en el BOE una Orden para pagar al "personal de industrias no reglamentadas" la remuneración equivalente a una semana para celebrar la Navidad</p><p class="subtitle">Las pagas extraordinarias suponen una menor liquidez y un préstamo a interés cero que el trabajador hace a su empleador</p><p class="subtitle">La reacción de algunos economistas extranjeros cuando ven que los funcionarios españoles cobran dos pagas extra es similar a la de cualquiera de nosotros cuando leemos según qué cosas sobre las pensiones de los griegos</p></div><p class="article-text">
        El invierno de 1944 a 1945 fue un invierno terrible. El mundo descubr&iacute;a el horror de los campos de concentraci&oacute;n nazis mientras, en ese mismo frente de guerra, se llevaba a cabo, seg&uacute;n el historiador Antony Beevor, &ldquo;el fen&oacute;meno de violaciones masivas m&aacute;s importante de la Historia&rdquo;. En el frente del Oeste la hambruna era responsable del fallecimiento, solamente en Holanda, de unas 20.000 personas. Fue el &ldquo;hongerwinter&rdquo;, el invierno del hambre.
    </p><p class="article-text">
        Aquel a&ntilde;o se inaugur&oacute; en Espa&ntilde;a la c&aacute;rcel de Carabanchel. Tambi&eacute;n fue el a&ntilde;o de la crisis del wolframio. Nuestra guerra civil hab&iacute;a terminado cinco a&ntilde;os antes, con un efecto devastador sobre las condiciones de vida de los espa&ntilde;oles. Los sucesivos Gobiernos, presididos todos por el General Francisco Franco, hab&iacute;an recurrido a la emisi&oacute;n masiva de moneda para financiar el gasto p&uacute;blico. El efecto inmediato de esa pol&iacute;tica fue un incremento acelerado de los precios que no hizo sino agravar el hambre de la posguerra.
    </p><p class="article-text">
        El 24 de diciembre de 1944, en la Espa&ntilde;a de la autarqu&iacute;a y de las cartillas de racionamiento, se public&oacute; en el BOE una Orden ministerial por la que se dispon&iacute;a que se pagara &ldquo;al personal de industrias no reglamentadas una gratificaci&oacute;n equivalente a la retribuci&oacute;n de una semana para solemnizar las fiestas de Navidad.&rdquo; Firmaba la orden Jos&eacute; Antonio Gir&oacute;n de Velasco, el <em>Le&oacute;n de Fuengirola</em>, a la saz&oacute;n Ministro de Trabajo que, d&eacute;cadas despu&eacute;s, ser&iacute;a uno de los m&aacute;s firmes <a href="https://www.youtube.com/watch?v=J02V5PYG6MY&amp;list=PLWlU4A_Hrfscb--aSRvfeFci3c8fva9Ea" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">oponentes</a>&nbsp;a la Ley para la Reforma Pol&iacute;tica (piedra angular de la Transici&oacute;n, aprobada en refer&eacute;ndum con un 94,2% de votos a favor).
    </p><p class="article-text">
        En el BOE del 9 de diciembre de 1945, apenas un a&ntilde;o despu&eacute;s, esta gratificaci&oacute;n se estableci&oacute; &ldquo;con car&aacute;cter general e indefinido&rdquo;. Se institucionalizaba as&iacute; el aguinaldo navide&ntilde;o, tal y como se hizo posteriormente con la famosa &ldquo;paga del 18 de julio&rdquo;, que se estableci&oacute; en 1947 con la finalidad expresa de que todos los trabajadores pudiesen &ldquo;celebrar adecuadamente la Fiesta de Exaltaci&oacute;n del Trabajo&rdquo; (que no se celebraba el primero de mayo sino en el aniversario del golpe de Estado de 1936). Ni que decir tiene que el impacto sobre el bienestar social de aquellas gratificaciones fue m&iacute;nimo. Seg&uacute;n las &ldquo;Estad&iacute;sticas Hist&oacute;ricas de Espa&ntilde;a&rdquo;, de la Fundaci&oacute;n BBVA, la renta per c&aacute;pita espa&ntilde;ola no recuper&oacute; el nivel de 1935, previo al inicio de la guerra, hasta el a&ntilde;o 1954.
    </p><p class="article-text">
        Ambas gratificaciones se incorporaron progresivamente a nuestros usos y costumbres, adapt&aacute;ndose su cuant&iacute;a a la cambiante realidad econ&oacute;mica. Durante la Transici&oacute;n, la paga del 18 de julio fue desplazada al mes de junio, supuestamente para conmemorar la onom&aacute;stica de Juan Carlos I. El art&iacute;culo 31 del Estatuto de los Trabajadores de 1980 qued&oacute; redactado del siguiente modo: <em>&ldquo;El trabajador tiene derecho a dos gratificaciones extraordinarias al a&ntilde;o, una de ellas con ocasi&oacute;n de las fiestas de Navidad y la otra en el mes que se fije por convenio colectivo o por acuerdo entre el empresario y los representantes legales de los trabajadores. Igualmente se fijar&aacute; por convenio colectivo la cuant&iacute;a de tales gratificaciones. No obstante, podr&aacute; acordarse en convenio colectivo que las gratificaciones extraordinarias se prorrateen en las doce mensualidades.&rdquo;</em> No se ha cambiado una coma desde entonces.
    </p><h3 class="article-text">Sentido actual de las pagas extraordinarias</h3><p class="article-text">
        Si esas &ldquo;gratificaciones extraordinarias&rdquo; de las que habla el Estatuto de los Trabajadores tuvieron sentido alg&uacute;n d&iacute;a, lo han perdido completamente. La mera distribuci&oacute;n del salario bruto anual en catorce mensualidades no constituye una gratificaci&oacute;n extraordinaria. Se trata de una costumbre espa&ntilde;ola que, fruto de una peculiaridad hist&oacute;rica y bajo el paraguas de los convenios colectivos, aceptamos sin prestar atenci&oacute;n a sus consecuencias.
    </p><p class="article-text">
        Existen al menos dos motivos por los que esta costumbre deber&iacute;a ser revisada. En primer lugar porque supone una merma de liquidez y un pr&eacute;stamo a inter&eacute;s cero que los asalariados hacen a su empleador, generalmente de manera no voluntaria.
    </p><p class="article-text">
        Veamos un ejemplo ficticio. Sea un salario de 20.000 euros brutos anuales sujeto a un 5% de cotizaciones sociales y a una retenci&oacute;n por IRPF del 15%. De estas cifras resultan doce mensualidades de 1.333,3 euros netos. La costumbre quiere, sin embargo, que el pago se realice habitualmente en catorce mensualidades (una por cada mes, m&aacute;s las &ldquo;pagas extraordinarias&rdquo; de junio y diciembre). Por una parte, puesto que los pagos a la Seguridad Social tienen que efectuarse de manera mensual, cada mes debe afrontarse un pago equivalente al 5% de 20.000/12 en concepto de cotizaciones, es decir 83,3 euros de enero a diciembre. Por otra parte se pagan retenciones por IRPF en proporci&oacute;n al salario bruto cobrado cada mes, el 15% de 20.000/14 que son 214,3 euros mensuales que se duplican en junio y diciembre. El resultado es un salario neto &ldquo;ordinario&rdquo; de 1.131 euros de enero a diciembre (20.000/14 menos 83,3 menos 214,3), m&aacute;s dos &ldquo;pagas extraordinarias&rdquo; de 1.214,3 euros en junio y diciembre (20.000/14 menos 214,3, pues las cotizaciones sociales ya han sido prorrateadas en doce meses).
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; limitar la liquidez a 1.131 euros al mes, en nuestro ejemplo, cuando en realidad tendr&iacute;an que ser 1.333,3 euros? Estamos hablando de renunciar a m&aacute;s de 200 euros al mes de liquidez, en un nivel de renta inferior al salario medio, que el asalariado est&aacute; cediendo desinteresadamente a su empleador. Se argumenta que la distribuci&oacute;n del salario en catorce pagas permite a los hogares ahorrar sin percibir el esfuerzo y que constituyen un est&iacute;mulo al consumo en fechas se&ntilde;aladas. Pero, &iquest;es realmente el fruto de una elecci&oacute;n por parte de los asalariados o se trata simplemente de una costumbre impuesta?
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, nos equivocamos en seguir empleando la expresi&oacute;n &ldquo;gratificaci&oacute;n&rdquo; o &ldquo;paga extraordinaria&rdquo; a las dobles mensualidades de los meses de junio y diciembre. El significado de las palabras termina por definir nuestra manera de pensar y esto puede llevar a equ&iacute;vocos insospechados. Que se lo digan a esos economistas que, fuera de Espa&ntilde;a, analizan los ajustes de nuestras finanzas p&uacute;blicas con el prejuicio en mente de que los funcionarios espa&ntilde;oles cobran, adem&aacute;s de su sueldo, no una sino dos pagas extraordinarias anuales. Su reacci&oacute;n es similar a la de cualquiera de nosotros cuando leemos seg&uacute;n qu&eacute; cosas sobre las pensiones de los jubilados griegos.
    </p><p class="article-text">
        Es preferible usar la terminolog&iacute;a adecuada antes que tener que remontarse, para desmontar falsas creencias, al invierno del hambre y a la vida y milagros del <em>Le&oacute;n de Fuengirola</em>. Lo segundo resta credibilidad. Y adem&aacute;s aburre al auditorio. Lo que ahora se devuelve a cuentagotas a los funcionarios no es una paga extraordinaria, sino parte de un derecho generado que se llama salario bruto.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel Fuentes Castro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/breve-historia-pagas-extraordinarias_1_2476076.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 20 Sep 2015 19:27:24 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Breve historia de las pagas extraordinarias]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Funcionarios,Salarios]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
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