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    <title><![CDATA[elDiario.es - Luis Magrinyà]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/luis_magrinya/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Luis Magrinyà]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Drogas, terapia, política y mamíferos marinos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/dinero/drogas-terapia-politica-mamiferos-marinos_1_5536700.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/321cdc62-0679-4b10-baa4-d083d20dc198_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Drogas, terapia, política y mamíferos marinos"></p><p class="article-text">
        Hoy L&amp;L habla con Jos&eacute; Carlos Bouso (Madrid, 1970), doctor en Farmacolog&iacute;a e investigador en psicofarmacolog&iacute;a de las drogas. Es autor de <em>&iquest;Qu&eacute; son las drogas de s&iacute;ntesis?</em> (2003) y fue director de la colecci&oacute;n Psicon&aacute;utica de la editorial Amargord (2004-2008). Actualmente compagina su actividad profesional entre el IMIM (Institut Hospital del Mar d'Investigacions M&egrave;diques), un centro l&iacute;der mundial en investigaci&oacute;n farmacol&oacute;gica de las drogas, y la fundaci&oacute;n holandesa ICEERS (International Center for Ethnobotanical Education, Research &amp; Service), que busca integrar el conocimiento etnobot&aacute;nico de los pueblos tradicionales en la pr&aacute;ctica m&eacute;dica occidental. Su sue&ntilde;o, sin embargo, es dedicarse a la biolog&iacute;a marina. Dice que nadie sabe qu&eacute; ocurre cuando un mam&iacute;fero marino enferma. &iquest;Busca en su ecosistema plantas para curarse? &iquest;Se droga para aliviar el dolor? &iquest;Y para divertirse? Ser&iacute;a feliz volviendo al trabajo de campo, pero esta vez en el mar. No tiene perro.
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: El caso de las drogas es muy curioso, porque en general se asocia &uacute;nicamente a la salud p&uacute;blica y al ocio. Ni los medios ni la gente suelen interesarse por las aproximaciones cient&iacute;ficas, olvidando que buena parte de las drogas tiene su origen en la investigaci&oacute;n, ya sea casual (la LSD de Hofmann) o deliberada (el &eacute;xtasis y tantas otras de Shulgin). Hoy, de hecho, proliferan los llamados RC (Research Chemicals), que son creaciones muy sofisticadas, aunque no siempre seguras, de los qu&iacute;micos.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JCB:</strong> Todo esto es un efecto secundario de haber separado la recreaci&oacute;n de la curaci&oacute;n. Probablemente en tiempos prehist&oacute;ricos esta separaci&oacute;n no exist&iacute;a: lo que produc&iacute;a placer se entend&iacute;a que era saludable y lo que curaba se entend&iacute;a que pod&iacute;a ser recreativo. As&iacute; ocurre, de hecho, en culturas primitivas donde los saberes no est&aacute;n compartimentados y toda conducta tiene muchos sentidos a la vez. Otra raz&oacute;n menos especulativa es c&oacute;mo se produjo una distinci&oacute;n radical entre drogas y medicamentos cuando medicamentos cl&aacute;sicos (principalmente opi&aacute;ceos, coca, coca&iacute;na y derivados cann&aacute;bicos) empezaron a considerarse cada vez m&aacute;s drogas y menos medicamentos, no porque carecieran de eficacia, sino porque empez&oacute; su uso recreativo. Estas razones hist&oacute;ricas, que se remontan cien a&ntilde;os atr&aacute;s, se han ido manteniendo simplemente por inercia y vaguer&iacute;a mental; el estigma no ha dejado de alimentarse en los medios de comunicaci&oacute;n, tan propensos al sensacionalismo con todo aquello que implica diversi&oacute;n. La proliferaci&oacute;n de los RC, de hecho, no es m&aacute;s que un efecto secundario perverso de este fen&oacute;meno que proh&iacute;be todo f&aacute;rmaco con potencial recreativo: para burlar la ley, los qu&iacute;micos lanzan al mercado nuevas sustancias a&uacute;n no tipificadas cuyos efectos se desconocen totalmente, aumentando as&iacute; los riesgos para los consumidores. Pero hay que rendirse a la evidencia; el caso del cannabis es paradigm&aacute;tico: un f&aacute;rmaco de propiedades m&eacute;dicas y recreativas conocidas desde hace milenios. Despu&eacute;s de decenas de a&ntilde;os de restricci&oacute;n por ser una droga recreativa, su potencial m&eacute;dico es tan evidente que hoy ya hay f&aacute;rmacos cann&aacute;bicos en los hospitales para tratar enfermedades como la esclerosis m&uacute;ltiple.
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: Tambi&eacute;n se olvida que much&iacute;simas drogas fueron en principio herramientas terap&eacute;uticas, como el &eacute;xtasis, que hizo furor entre los psiquiatras de los 70. Existe la vieja discusi&oacute;n de si, al pasar a un uso recreativo, esa funci&oacute;n terap&eacute;utica se mantiene o se tergiversa. &iquest;Crees que la gente, cuando toma drogas, se automedica, adem&aacute;s de divertirse con ellas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JCB:</strong> Hoy est&aacute; muy de moda entre c&iacute;rculos psiqui&aacute;tricos considerar que la gente toma drogas como forma de automedicaci&oacute;n. Es posible que para una parte de la poblaci&oacute;n de consumidores, no s&eacute; si minoritaria o no, esto pueda ser as&iacute;. No lo discuto porque, entre otras cosas, no lo s&eacute;. Pero si fuera as&iacute; la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n estar&iacute;a enferma, ya que toma al menos algo de alcohol, o de caf&eacute; o de t&eacute;, bien para divertirse, bien para mantener su rendimiento laboral. La otra opci&oacute;n es que lo que est&eacute; enferma sea la sociedad, o m&aacute;s bien que vivamos en una sociedad que induce a la patolog&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: Yo creo que en Occidente estamos todos tarados. Pero al mismo tiempo no creo que tengamos que estar psiquiatrizados.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JCB:</strong> Yo creo que en los espacios de ocio, al menos en algunos donde el consumo de drogas es habitual, se produce una vuelta a etapas ancestrales donde divertirse es a la vez curarse y donde curarse es divertirse. Creo que un ejemplo protot&iacute;pico de esto es el uso del &eacute;xtasis (MDMA) en espacios de baile: el trinomio m&uacute;sica r&iacute;tmica, baile y drogas es una constante transcultural y transtemporal. La raz&oacute;n es obvia: es el mecanismo m&aacute;s natural que tiene el ser humano para lograr la cohesi&oacute;n grupal y la integraci&oacute;n comunal. Como seres sociales, muchos de nuestros problemas m&eacute;dicos y sobre todo psicol&oacute;gicos tienen como causa cierto desajuste entre el individuo y la comunidad. Las sociedades modernas tienden a producir aislamiento social y esto va en contra de la naturaleza humana. La prueba es que las principales causas de muerte en el mundo occidental de hoy no exist&iacute;an en el pasado y tienen que ver exclusivamente con el modelo social actual. Cuanto mayor sea el aislamiento que experimenta un individuo m&aacute;s se drogar&aacute; para automedicarse, y cuanto menor sea m&aacute;s se drogar&aacute; para divertirse. Entre los dos polos anda meci&eacute;ndose el resto.
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: Entre 1999 y 2002 fuiste pionero con un ensayo cl&iacute;nico de administraci&oacute;n de MDMA a mujeres con estr&eacute;s postr&aacute;umatico a ra&iacute;z de una agresi&oacute;n sexual. El ensayo contaba con todos los permisos de Comit&eacute; &Eacute;tico del Hospital de la Paz y de la Agencia Espa&ntilde;ola del Medicamento, pero un d&iacute;a la Comunidad de Madrid lo cerr&oacute;. &iquest;C&oacute;mo se desarroll&oacute; este estudio y qu&eacute; pas&oacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JCB:</strong> Efectivamente, en los a&ntilde;os 70-80 la MDMA fue ampliamente utilizada como coadyuvante de la psicoterapia, pero, cuando salt&oacute; al mercado recreativo, cumpliendo la m&aacute;xima hist&oacute;rica de la que hablaba antes, la MDMA se prohibi&oacute; y su uso terap&eacute;utico fue relegado a la pr&aacute;ctica psicoterap&eacute;utica <em>underground</em>. Desde entonces, Estados Unidos dej&oacute; de conceder permisos gubernamentales para seguir investigando. Como no hab&iacute;a pruebas basadas en ensayos cl&iacute;nicos de la eficacia de la MDMA como coadyuvante terap&eacute;utico y como es un f&aacute;rmaco muy prometedor en ese sentido, en mi &eacute;poca de estudiante de doctorado plante&eacute; como mi tesis doctoral un ensayo cl&iacute;nico y se me autoriz&oacute;. Cuando el estudio estaba en marcha murieron dos j&oacute;venes en una fiesta en M&aacute;laga y entonces se produjo la mayor criminalizaci&oacute;n y estigmatizaci&oacute;n de la MDMA vista en Espa&ntilde;a. A la vez, se public&oacute; un estudio en monos en el que parec&iacute;a demostrarse que la MDMA, a dosis bajas, produc&iacute;a Parkinson. Un a&ntilde;o despu&eacute;s los investigadores se retractaron porque no era MDMA lo que hab&iacute;an dado a los monos, sino un f&aacute;rmaco dopamin&eacute;rgico y a dosis extremas. As&iacute; que cuando sali&oacute; la noticia de mi estudio en los medios se produjo una reacci&oacute;n de p&aacute;nico en cadena entre ciertos pol&iacute;ticos que consiguieron cerrarlo. Esto es historia pasada y est&aacute; ya en un lugar muy remoto de mi cerebro. Posteriormente se autorizaron estudios parecidos en Estados Unidos y en otros pa&iacute;ses y hoy se est&aacute; tratando experimentalmente a excombatientes de Irak y Afganist&aacute;n con MDMA con resultados prometedores.
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: El psicoan&aacute;lisis y buena parte de la psicolog&iacute;a son ac&eacute;rrimos enemigos de la terapia con f&aacute;rmacos. Me imagino lo que dir&aacute;n si los f&aacute;rmacos son adem&aacute;s ilegales...</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JCB:</strong> Si pensara en cada momento en lo que otros colegas van a pensar de mi trabajo nunca har&iacute;a nada. Hay que tener siempre presente que, a pesar de que la civilizaci&oacute;n se haya tecnologizado al m&aacute;ximo y de que vivamos en una aldea global, seguimos movi&eacute;ndonos dentro de tribus. Muchas veces las tribus perpet&uacute;an su identidad de tribu reafirmando sus valores con la cr&iacute;tica a los valores de las otras tribus. Las cr&iacute;ticas tienen que hacerse a las pruebas, no a las ideas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: Has ido cuatro veces a Israel para reunirte con autoridades civiles, militares y religiosas, muy interesadas en la terapia con &eacute;xtasis con personas con estr&eacute;s postraum&aacute;tico (TEPT). &iquest;C&oacute;mo fue la experiencia?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JCB:</strong> S&iacute;, de hecho uno de los estudios con MDMA para tratar el TEPT se est&aacute; desarrollando all&iacute;. Me llevaban como experto. Despu&eacute;s de todo, por aquel entonces mi equipo era el &uacute;nico en el mundo que hab&iacute;a trabajado oficialmente con MDMA. La experiencia israel&iacute; siempre fue excelente. Israel me encanta. L&aacute;stima que una tierra tan bonita est&eacute; tan rehogada en sangre. Hab&iacute;a poca gente dispuesta a viajar a Israel, concretamente justo reci&eacute;n iniciada la segunda <em>Intifada</em>, cosa que a m&iacute; me atra&iacute;a. Me pareci&oacute; una oportunidad &uacute;nica para contrastar la situaci&oacute;n en la calle con las &eacute;pocas de paz. En esta ocasi&oacute;n concreta, al poco de llegar estaba en el hotel con mis colegas norteamericanos y de repente se tiraron todos al suelo. Yo no sab&iacute;a qu&eacute; pasaba. Result&oacute; que estaban disparando al aire tras la puesta de sol y yo no reconoc&iacute; el ruido como disparos de armas pero ellos s&iacute;. Me qued&eacute; impactado. La peor experiencia que se puede infligir a un ser humano es someterlo a vivir atemorizado. Es la peor forma de tortura que se ha inventado el ingenio humano. La an&eacute;cdota m&aacute;s curiosa fue cuando me preguntaron en una reuni&oacute;n con las autoridades antidroga qu&eacute; pod&iacute;an hacer con los j&oacute;venes que celebraban en el mar Muerto <em>raves</em> donde se consum&iacute;a MDMA. Les expliqu&eacute; que lo mejor que pod&iacute;an hacer era garantizar que las fiestas fueran buenas, con espacios adecuados para quien tuviera experiencias m&aacute;s introspectivas, que nunca fuera la polic&iacute;a a cerrarlas y que facilitaran servicios de an&aacute;lisis para evitar intoxicaciones evitables. Esas fiestas son en buena medida una reacci&oacute;n al militarismo israel&iacute; y, si reprimes con m&aacute;s violencia y militarismo algo que se hace precisamente para huir de eso, no est&aacute;s de parte de los ciudadanos, sino en contra. Si las autoridades quieren proteger a los j&oacute;venes, o bien les permiten espacios de libertad protegidos o bien el efecto que se consigue es el contrario: incrementar a&uacute;n m&aacute;s los riesgos. Obviamente no entendieron lo que quer&iacute;a transmitirles, me tomaron por una especie de exc&eacute;ntrico loco y se acab&oacute; la conversaci&oacute;n. Pero yo siempre estoy deseando volver a ver el brillo de la C&uacute;pula de la Roca cuando se pone el sol.
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: En julio pasado estuviste en el Parlamento vasco, convocado para informar sobre el consumo de cannabis. &iquest;Qu&eacute; tal fue? &iquest;Ves en ello una incipiente voluntad pol&iacute;tica de legalizaci&oacute;n de esta droga&hellip; y de otras?</strong><strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JCB:</strong> En el Pa&iacute;s Vasco y Catalunya han proliferado las asociaciones de consumidores de cannabis que se organizan para cultivar y consumir sin alimentar a las mafias. Casi en cada pueblo del Pa&iacute;s Vasco y Catalunya hay una asociaci&oacute;n de este tipo. Solamente en el barrio de Gr&agrave;cia, donde yo vivo, hay al menos dos. De nuevo, los gobiernos pueden aceptarlo y regular, o rechazarlo y reprimirlo. La opci&oacute;n inteligente es la que han elegido el Pa&iacute;s Vasco y Catalunya: regular este tipo de actividad de tal forma que cese la persecuci&oacute;n policial y judicial, ya que consumir no es delito y adem&aacute;s as&iacute; no se benefician las mafias. Con una normalizaci&oacute;n, la propia din&aacute;mica interna de estas asociaciones minimiza los consumos extremos. As&iacute; que me llamaron a comparecer como experto y les expliqu&eacute; algunas de estas cosas. Fue una experiencia que me marc&oacute;: los pol&iacute;ticos se hab&iacute;an humanizado, estaban realmente preocupados por el bienestar social y sanitario de su poblaci&oacute;n y no por mantener sus peque&ntilde;as parcelas de poder. Hab&iacute;a unanimidad entre partidos para regularizar y lo que cuentas en otros contextos, como el israel&iacute;, y te toman por loco, all&iacute; se escuch&oacute; con inter&eacute;s e incluso creo que con aceptaci&oacute;n y entendimiento. Imag&iacute;nate a toda esta gente, joven y no tanto, que tiene sus plantaciones, un lugar de reuni&oacute;n, socializaci&oacute;n y apoyo mutuo, de repente otra vez en la calle deambulando para conseguir su sustancia y mezcl&aacute;ndose con delincuentes. A los eventuales problemas de salud que puede inducir el cannabis se le sumar&iacute;an todos los problemas socio-legales asociados con el mercado negro.
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: Si se legalizaran las drogas que hoy son ilegales, &iquest;qu&eacute; crees que pasar&iacute;a? Algunos creen que dejarlas en manos del Estado no ser&iacute;a garant&iacute;a de nada, no solo porque no disminuir&iacute;a el riesgo de dependencia sino porque tampoco se asegurar&iacute;a la pureza del producto (el Estado hace la vista gorda con productos adulterados en la alimentaci&oacute;n, por ejemplo). Las drogas &iquest;deber&iacute;an medicalizarse? &iquest;O venderse en los bares, las discotecas, los chinos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JCB:</strong> La cuesti&oacute;n de la legalizaci&oacute;n es secundaria. Aqu&iacute; la cuesti&oacute;n principal es la regulaci&oacute;n de su comercio. Es cierto que las dos cosas van unidas, pero centrar el debate en legalizaci&oacute;n o no lo confunde, porque lo ideologiza. El debate, en mi opini&oacute;n, debe centrarse en manos de qui&eacute;n se deja la regulaci&oacute;n. El mercado de las drogas ya est&aacute; regulado. Ahora hay que debatir si la regulaci&oacute;n se deja en manos del crimen organizado como ahora, o si los Estados toman el control. Yo no tengo la soluci&oacute;n, no s&eacute; qu&eacute; modelo regulatorio hay que seguir. Pero s&iacute; estoy convencido de que hay que quit&aacute;rsela al crimen organizado. Las pol&iacute;ticas deben basarse en pruebas, y no en la ideolog&iacute;a. Dejar el mercado de las drogas en manos del crimen organizado implica que no solo sufren eventualmente los da&ntilde;os de las drogas quienes las consumen, sino toda la sociedad en su conjunto: se debilitan democracias por corrupci&oacute;n, no hay control sobre los vertidos contaminantes fruto de la elaboraci&oacute;n de drogas, se producen desplazamientos humanos y marginaci&oacute;n en los pa&iacute;ses productores, se dedican recursos policiales y judiciales desorbitados para perseguir a las mafias que derivan en disminuci&oacute;n de recursos para educaci&oacute;n e investigaci&oacute;n&hellip; La situaci&oacute;n actual es insostenible. Imag&iacute;nate cualquier mercado en manos de las mafias. En Espa&ntilde;a tenemos un ejemplo claro con el dram&aacute;tico incidente del aceite de colza. Eduardo Hidalgo, en su libro <a href="http://amargordediciones.es/products-page/psiconautica/hedonismo-sostenible/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Hedonismo sostenible</em></a><em>,</em> dibuja algunos posibles escenarios regulatorios. Cualquiera de ellos ser&aacute; mejor para todos que el actual.
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: &Uacute;ltimamente parece que las drogas ilegales han perdido protagonismo en el sensacionalismo medi&aacute;tico. Es cierto que han vuelto a salir a colaci&oacute;n en el caso del Madrid Arena, pero no en primer plano. En cambio, hace unos a&ntilde;os, las portadas de los peri&oacute;dicos se llenaban con cat&aacute;strofes de todo tipo: un joven mor&iacute;a en una fiesta o en una discoteca, un polic&iacute;a municipal dec&iacute;a que era porque se hab&iacute;a tomado ocho &ldquo;pastillas&rdquo;, y el seguimiento de la prensa acababa aqu&iacute;, porque la investigaci&oacute;n posterior (&iquest;cu&aacute;ntas pastillas realmente tom&oacute;? &iquest;Qu&eacute; conten&iacute;an? &iquest;En qu&eacute; cantidad? &iquest;C&oacute;mo sab&iacute;a el polic&iacute;a municipal lo que dec&iacute;a?) nunca interesaba. Ahora este tipo de &ldquo;noticias&rdquo; escasean. &iquest;Crees que ha habido un cambio de mentalidad en la visi&oacute;n general de las drogas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JCB:</strong> No es que lo crea, es que es as&iacute;. Si miramos los datos del CIS, la percepci&oacute;n de las drogas como un problema para la sociedad espa&ntilde;ola ha ido descendiendo progresivamente y ahora es un problema solo para el 0,3% de los encuestados. Los tres principales problemas han pasado a ser el paro (80,8%), la econom&iacute;a (42,7%) y los pol&iacute;ticos en general (30,2%). Se dir&iacute;a que por la crisis se consumen menos drogas, pero &eacute;ste no parece ser el caso seg&uacute;n las encuestas. &iquest;Por qu&eacute; este cambio en la percepci&oacute;n de un fen&oacute;meno que objetivamente sigue siendo el mismo, ya que el consumo no ha disminuido? La respuesta seguramente sea poli&eacute;drica y una de las caras quiz&aacute; sea que ha sido siempre algo magnificado por los medios porque es f&aacute;cil imprimirle sensacionalismo, y que, cuando la gente tiene preocupaciones verdaderamente amenazantes, lo exagerado pasa a un segundo plano. Y no me malinterpretes, no estoy minusvalorando el problema de las drogas: estoy simplemente exponiendo c&oacute;mo percibe la sociedad espa&ntilde;ola la magnitud de su gravedad.
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: &iquest;Alguna palabra sobre la Navidad?</strong><strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JCB:</strong> S&iacute;, Pap&aacute; Noel es en realidad una <em>Amanita muscaria</em>, la droga cham&aacute;nica m&aacute;s europea ;).
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Magrinyà]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/dinero/drogas-terapia-politica-mamiferos-marinos_1_5536700.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 20 Dec 2012 17:27:56 +0000]]></pubDate>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Caprile]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/caprile_1_5644574.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="ni-figure">
        
                                            






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        El pasado 7 de marzo Pilar Rubio escrib&iacute;a en su Twitter: &ldquo;Tengo ganas de entrevistar a Lorenzo Caprile.... [sic: cuatro puntos suspensivos] A vosotros qu&eacute; os gustar&iacute;a preguntarle?&rdquo;. L&amp;L se ha dejado tentar por la bella Pilar y ha hablado con Lorenzo Caprile (Madrid, 1967), que es el &uacute;nico modista con que se encuentra en las librer&iacute;as y en las presentaciones de libros. Adem&aacute;s de haber estudiado en el Fashion Institute of Technology de Nueva York y en el Polit&eacute;cnico Internacional de la Moda de Florencia, tambi&eacute;n     es licenciado en Lengua y Literatura por la Universidad de  Florencia.    En 1993 abri&oacute; su taller en Madrid, y es precisamente uno  de sus   orgullos  haber devuelto al taller, a la artesan&iacute;a, la figura  del   creador de  moda. En su taller, Lola, entendid&iacute;sima en colores    &ndash;ciclamen, nazareno,  azul porcelana, <em>champagne </em>o     cava, a gusto del hablante&ndash;, me mira con cara rara cuando le hablo  de    mi fascinaci&oacute;n por esos nombres y en especial por el azul de  Par&iacute;s,    porque nunca lo ha o&iacute;do. Por lo visto, a veces los clientes  vienen con    sus propios nombres: el &ldquo;azul Royal&rdquo;, por ejemplo,  aportado por un  alto   personaje. Lorenzo Caprile se r&iacute;e y menciona el  &ldquo;color humo&rdquo;.  Luego   se&ntilde;ala una tela amarilla y dice que es &ldquo;amarillo  pollo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: Tengo una duda para empezar. Esta secci&oacute;n se llama </strong><strong>Lengua  y Literatura y, seg&uacute;n lo que trate, pongo Lengua o bien Literatura. La  moda &iquest;qu&eacute; es? &iquest;Lengua (comunicaci&oacute;n, facultad innata) o literatura  (recreaci&oacute;n, oficio, artificio)?</strong><strong>Lorenzo Caprile:</strong>
    </p><p class="article-text">
         Yo creo que las dos cosas. Es el idioma m&aacute;s primitivo y universal. Es lo primero que ves de una persona, incluso antes de que abra la boca. Permite reconocer una profesi&oacute;n, si se es hombre o mujer (aunque ahora se tienda al unisex y estemos en una fase de borreguismo adolescente, rige la ley del p&eacute;ndulo), si uno se gasta o no dinero en el vestir (aunque eso ahora es relativo: alguien puede ir firmado de arriba abajo y ser todo una copia o del top manta&hellip; aunque los que sabemos leer los signos, ja, ja, ja, lo reconocemos), si es progre o no&hellip; Pero tambi&eacute;n por supuesto es literatura, porque es recreaci&oacute;n, es oficio, es fantas&iacute;a&hellip; y es novelar sobre las mismas cosas, reconstruir y trabajar sobre los mismos materiales para conseguir efectos nuevos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: Tienes un perfil tan discreto que me cuesta encontrar datos biogr&aacute;ficos sobre ti. No solo no vas a Cibeles, sino que ni siquiera tienes entrada en la Wikipedia. Las dos cosas me parecen interesant&iacute;simas.LC:</strong>
    </p><p class="article-text">
         Pues mira, no tengo entrada en la Wikipedia porque creo que la entrada en la Wikipedia te la tiene que hacer alguien, &iquest;no? No te la vas a hacer t&uacute;&hellip;<strong>L&amp;L: Uy... </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>La cantidad de entradas de Wikipedia hechas por los propios interesados o sus amigos del alma creo que es ingente.</strong><strong>LC:</strong>
    </p><p class="article-text">
         Pues ser&aacute; que no me consideran suficientemente importante&hellip; Y &iquest;por qu&eacute; no voy a Cibeles? Pues porque no. Pienso que al desfile se le da una importancia que no tiene. Desfilar tiene sentido si eres una gran firma que necesita el desfile para luego mover el pintalabios, el cintur&oacute;n&hellip; Para un tallerzuco peque&ntilde;ito como el m&iacute;o, ser&iacute;a un <em>egotrip</em>&hellip;<strong>L&amp;L: Un egotrip que otros se permiten.LC: </strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>egotrip</em>
    </p><p class="article-text">
        Normalmente  pagado por los dem&aacute;s. La verdad es que yo no tengo tiempo ni dinero  para eso. Hay que pedir favores pol&iacute;ticos, buscar <em>sponsors</em>, mendigar  dinero para que te financien un capricho&hellip; Cosas que no me  gustan y  adem&aacute;s todo el tiempo que tengo lo dedico a  mis clientas y mis   encargos, que son lo que me da de comer.
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: S&eacute; que detestas la palabra &ldquo;modisto&rdquo; y prefieres &ldquo;modista&rdquo;, me parece estupendo. Pero &ldquo;modisto&rdquo; no es una creaci&oacute;n reciente. He encontrado la palabra ya en textos de 1884, en Cuba antes que en Espa&ntilde;a; en 1903 un autor cubano, Emilio Bobadilla, dec&iacute;a en una novela: &ldquo;No sale de casa del modisto, cuyas cuentas me estremecen&rdquo;.LC:</strong>
    </p><p class="article-text">
         El t&eacute;rmino que define nuestra profesi&oacute;n es &ldquo;modista&rdquo;. S&eacute; que &ldquo;modisto&rdquo; es antiguo y que hace tiempo que est&aacute; reconocido por el <em>DRAE</em>, pero  tiene un matiz machista absolutamente deleznable, porque por &ldquo;modisto&rdquo;  (hombre) se entiende al gran creador al estilo de Balenciaga o Poiret, y  cuando se dice &ldquo;modista&rdquo; (mujer), en cambio, se piensa en la modista  que hace arreglos, la que te coge el bajo del pantal&oacute;n. Es la &uacute;nica  palabra que termina en <em>&ndash;ista</em> que tiene ese &ldquo;masculino&rdquo;: las profesiones constituyen una familia  l&eacute;xica de lo m&aacute;s honroso y hoy heroico, en este mundo en crisis y sin  trabajo, y a nadie se le ha ocurrido crear &ldquo;dentisto&rdquo; ni &ldquo;juristo&rdquo;. Me  parece que, en estos tiempos pol&iacute;ticamente correctos de &ldquo;miembros&rdquo; y  &ldquo;miembras&rdquo;, alguien deber&iacute;a denunciarlo.<strong>L&amp;L: Tampoco te gusta nada la palabra &ldquo;dise&ntilde;ador&rdquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>LC:</strong> &ldquo;Dise&ntilde;ador&rdquo; es un anglicismo que se remonta a los cincuenta (el otro d&iacute;a la o&iacute; en un No-do) pero que se asent&oacute; en los ochenta, cuando todos ten&iacute;amos que    ser  las m&aacute;s modernas de Europa. Adem&aacute;s necesita un  complemento:    &ldquo;dise&ntilde;ador&rdquo;  a secas no significa nada. Y &ldquo;dise&ntilde;ar&rdquo; tiene  siempre una    connotaci&oacute;n  industrial, de producci&oacute;n en serie, que no puede  estar  m&aacute;s   lejos de lo  que yo hago. Cuando algunos popes del periodismo espa&ntilde;ol hablan de Balenciaga como &ldquo;dise&ntilde;ador&rdquo;, es que me hierve la sangre.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        <strong>L&amp;L: Estudiaste Filolog&iacute;a en Florencia, &iquest;verdad? &iquest;De d&oacute;nde vino ese inter&eacute;s? &iquest;Por qu&eacute; en Florencia? &iquest;Eres italiano?</strong><strong>LC:</strong>
    </p><p class="article-text">
         S&iacute;. Mis abuelos llegaron a Espa&ntilde;a a finales de los a&ntilde;os treinta, soy de la tercera generaci&oacute;n. Yo ya estaba trabajando en Italia cuando me  matricul&eacute; en la Universidad para estudiar Filolog&iacute;a, ten&iacute;a el gusanillo  de la literatura. Me saqu&eacute; la carrera poquito a poquito porque me gusta  estudiar, me gustan los libros. Mucha gente cree que estudi&eacute; primero  Filolog&iacute;a y que luego se me apareci&oacute; un &aacute;ngel y tuve la inspiraci&oacute;n de  la moda. Pero no.
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: &iquest;Eres el &uacute;nico modista que ha estudiado Filolog&iacute;a? &iquest;Qu&eacute; estudian los modistas actuales?LC:</strong>
    </p><p class="article-text">
         Pues creo que soy el &uacute;nico, s&iacute;. Hay muchos modistas que han estudiado Arquitectura, como Paco Rabanne o Gianfranco Ferr&egrave;. Armani era <em>raggionere</em>, o contable, una carrera t&eacute;cnica  italiana. En las colecciones de algunos modistas se ve   una gran  cultura y una curiosidad sin l&iacute;mites: en Galliano, por ejemplo, o en Alexander McQueen, o en Givenchy en la generaci&oacute;n anterior. Coco Chanel tuvo como mentor a un poeta cat&oacute;lico, Pierre Reverdy.
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: Siempre me han intrigado la posici&oacute;n </strong><strong>y  el origen social de los modistas. Hay quienes nacen ya m&aacute;s o menos en  el oficio, como Miuccia Prada, heredera de una casa de marroquiner&iacute;a, o  como Versace, hijo de una sastra. Pero algunos nacieron en familias  patricias (Charles James, Christian Dior, Givenchy) y otros m&aacute;s bien lo  contrario: Coco Chanel naci&oacute; en un hospicio, </strong><strong>Balenciaga era hijo de un pescador y una costurera... &iquest;Los ricos hacen moda como una forma de perpetuar su estatus? </strong><strong>&iquest;Es  la moda hecha por ellos m&aacute;s conservadora? Y &iquest;no es gracioso, en el   caso contrario, que los ricos necesiten las fantas&iacute;as de los pobres para   poder seguir pareciendo ricos? Desde luego, esto no pasa solo en la   moda, sino tambi&eacute;n en el arte, la literatura&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>LC:</strong> Bueno, en Balenciaga hay mucho mito... Miren Arzalluz acaba  de publicar un libro buen&iacute;simo que aclara muchas cosas. Su padre lleg&oacute; a  ser alcalde de Getaria&hellip; Hay fotos de Balenciaga de peque&ntilde;ito con sus  camisitas enca&ntilde;onadas, vestido como un pincel&hellip; Pero, en fin, en todas  partes hay gente con talento que viene de or&iacute;genes humildes o bien de  dinast&iacute;as del oficio. Y ha habido arist&oacute;cratas en la moda como Irene  Galitzine, Simonetta Visconti o Elsa Schiaparelli, cuya madre descend&iacute;a  de los Medici y cuyo padre era un erudito, director de la Biblioteca de  la Accademia dei Lincei&hellip; &iexcl;y por eso Chanel la odiaba! Pero las conclusiones que sacas  de ricos y pobres&hellip; Ah&iacute; no te s&eacute; decir, lo est&aacute;s  diciendo todo t&uacute;, ja,  ja, ja. Yo no me hago tanta paja mental con mi profesi&oacute;n... Pucci, un marqu&eacute;s florentino que volvi&oacute; elegante el jersey, rompi&oacute; las convenciones    de la moda de la &eacute;poca. Tambi&eacute;n quiero decir que nosotros no somos    artistas. La ropa es para que est&eacute; en la calle, para que la gente se la    ponga, para que las mujeres y los hombres est&eacute;n guapos y liguen y    follen&hellip; que al final es para lo que nos vestimos, para gustar. Esto no    tiene nada que ver con el arte.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        <strong>L&amp;L: Hace poco te o&iacute; comentar por la radio la &uacute;ltima ceremonia de los &Oacute;scar y me hizo gracia que defendieras el vestido </strong><strong>de Quvenzhan&eacute; Wallis, la ni&ntilde;a de nueve a&ntilde;os nominada como mejor actriz por Bestias del sur salvaje. </strong><em>Bestias del sur salvaje</em><strong>Todo  el mundo criticaba que fuera vestida de princesita Disney, con su   bolsito de peluche, y t&uacute; dec&iacute;as que claro, que c&oacute;mo iba a ir si no. Pero   &iquest;realmente el modelo princesita Disney se supera con la edad? En esa   misma gala la ganadora, Jennifer Lawrence, llevaba un vestido precioso,   pero de Cenicienta en el baile al fin y al cabo. &iquest;Cu&aacute;l es tu  experiencia</strong><strong> con las cenicientas? En tu web ya adviertes: &ldquo;Pero cuidado, una boda es una ceremonia, no una fiesta de disfraces&rdquo;.</strong><strong>LC:</strong>
    </p><p class="article-text">
         Me pareci&oacute; supercruel c&oacute;mo la gente se met&iacute;a con esa ni&ntilde;a. Los fashionistas opinando  si iba &ldquo;correcta&rdquo; o no&hellip; Anda, iros todos por ah&iacute;... &iquest;C&oacute;mo iba a ir?  Pues claro, de princesa Disney, con su bolsito y su mu&ntilde;eco. Y no, creo  que lo de llevar una princesa Disney dentro no se supera, y hay muchos  tipos adem&aacute;s: de Cenicienta, de Bella Durmiente, de Blancanieves&hellip; Tambi&eacute;n  algunos hombres la llevan dentro, ja, ja, ja. Yo era m&aacute;s talib&aacute;n cuando  empec&eacute; pero cada vez soy m&aacute;s partidario, en este mundo gris y  horroroso, de que cada uno sublime sus fantas&iacute;as. &iquest;Quieres ir de  princesa Disney? Pues &iquest;por qu&eacute; no?
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: Yo creo igualmente en la sobriedad y en el exceso. &iquest;Es una contradicci&oacute;n imposible?LC:</strong>
    </p><p class="article-text">
         Yo lo que no soporto son las medias tintas. O te atreves o no te atreves. El &ldquo;s&iacute; pero no&rdquo; no va a ninguna parte. Esto en literatura tambi&eacute;n lo notas: notas cu&aacute;ndo un autor tiene miedo a meter la quinta, y tiras el libro a la d&eacute;cima p&aacute;gina. El nuestro es un trabajo optimista y uno intenta sacar a la gente los secretos que no se atreve a confesar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: Has hecho figurines para teatro, sobre todo para la Compa&ntilde;&iacute;a Nacional de Teatro Cl&aacute;sico. Recuerdo un montaje de </strong><em><strong>Las bizarr&iacute;as de Belisa</strong></em><strong> especialmente fastuoso.LC: </strong>
    </p><p class="article-text">
        Estoy especialmente orgulloso de ese montaje. Yo entr&eacute; en el teatro por Eduardo Vasco, que me convirti&oacute; en su figurinista oficial, mientras estuvo en el Cl&aacute;sico. He hecho otras cosas, ballet, &oacute;pera, cine, incluso incursiones en el teatro comercial. Mi &uacute;ltima experiencia ha sido <em>El malentendido</em> de Camus, con Julieta Serrano y Cayetana Guill&eacute;n Cuervo. En el teatro,  puedo adem&aacute;s vestir a chicos y creo que ah&iacute; me salen mejor ellos que las  chicas, porque voy m&aacute;s inseguro, me esfuerzo m&aacute;s y me sale mejor.
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: Volviendo a la literatura, s&eacute; que a veces las editoriales te han consultado para que dieras el visto bueno al &ldquo;vestuario&rdquo; de algunas novelas. Cu&eacute;ntanos algo de esa experiencia.LC:</strong>
    </p><p class="article-text">
         Bueno, eso no s&eacute; si se puede decir&hellip; Ha sido solo alguna vez. Me pasaron una novela muy conocida que se desarrolla en mi ambiente profesional, a ver si hab&iacute;a alguna barbaridad, como si a alg&uacute;n azul tinta lo llamaban azul &iacute;ndigo&hellip;  ja, ja, ja. Todo estaba bastante bien, pero le vi una chorradina que  era un fallo de documentaci&oacute;n hist&oacute;rica que no ten&iacute;a nada que ver con la  moda&hellip; Por cierto, no lo digo por esta novela en concreto, que est&aacute; muy  bien, pero en esa moda actual de la novela hist&oacute;rica hay cada disparate&hellip;
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: El lenguaje del vestido es una de las pesadillas de los traductores de cl&aacute;sicos. Recuerdo que, mientras traduc&iacute;a La ser&ntilde;ora Bovary, Maite Gallego</strong><em>La ser&ntilde;ora Bovary</em><strong> </strong><strong>me  dijo que andaba loca buscando el equivalente espa&ntilde;ol de una tela basta  pero muy resistente que se utilizaba para hacer sotanas, </strong><em><strong>lasting,</strong></em><strong> seg&uacute;n Flaubert. Finalmente lo encontr&oacute;: en espa&ntilde;ol se llama &ldquo;sempiterna&rdquo;, &iexcl;un nombre de lo m&aacute;s elocuente!</strong><strong>LC:</strong>
    </p><p class="article-text">
         Ni idea de la &ldquo;sempiterna&rdquo;. Con las telas y las prendas ocurre lo que con los &aacute;rboles o los ingredientes de cocina: que una misma cosa se llama de un modo en un sitio y a 300 kil&oacute;metros se llama de otro. Hablando en general, sin embargo, en Espa&ntilde;a la <em>sapienza </em>en cuestiones de moda de los historiadores de arte, periodistas, escritores y traductores es muy pobre. Recuerdo un cat&aacute;logo del Museo del Prado de una gran exposici&oacute;n de hace unos a&ntilde;os llamada &ldquo;Retratos&rdquo;, y en las fichas, en las descripciones de cada cuadro, todo estaba mal escrito: se atrev&iacute;an sin ning&uacute;n pudor a describir la ropa sin utilizar ninguno de  los  t&eacute;rminos  apropiados. Por otro lado, en los art&iacute;culos, mucha  psicolog&iacute;a  del  retrato, mucho el retratista y su mecenas, mucho tal y  cual, pero  nada  dedicado a la indumentaria&hellip; &iexcl;y eran retratos! F&iacute;jate:  Carmen  Bernis, una  de nuestras grandes historiadoras, indic&oacute;, a  prop&oacute;sito de <em>La dama del armi&ntilde;o</em>, que en la &eacute;poca de El    Greco las mujeres no vest&iacute;an as&iacute;, un dato important&iacute;simo para      establecer la autor&iacute;a del cuadro, pr&aacute;cticamente atribuida ahora a      Sofonisba Anguissola. Es de caj&oacute;n: la indumentaria sirve para la      dataci&oacute;n, y por eso tendr&iacute;a que ser una asignatura de las fuertes, no de las mar&iacute;as, en Historia del Arte.
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: Otra traductora y amiga, Marta Sal&iacute;s, me ha mandado una lista de los diez personajes mejor vestidos de la literatura que hace un par de a&ntilde;os public&oacute; la revista </strong><a href="http://flavorwire.com/109616/literatures-10-best-dressed-characters" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Flavorwire</a><strong>: </strong><strong>Lily Bart (de La casa de la alegr&iacute;a), </strong><em>La casa de la alegr&iacute;a</em><em> </em><strong>Dorian Gray, Holly Golightly (de Desayuno con diamantes), Orlando,</strong><em>Desayuno con diamantes</em><strong> </strong><strong>Scarlett O&rsquo;Hara, Jay Gatsby, Emma Bovary, Robert Psmith (de las novelas de P. G. Wodehouse), lady Brett Ashley (de </strong><em><strong>Fiesta</strong></em><strong> de Hemingway) y Pocholo el Pinreles (de </strong><em><strong>Nuestra Se&ntilde;ora de las Flores</strong></em><strong> de Genet), ladr&oacute;n, chulo y &ldquo;m&aacute;s falso que el alma de Judas&rdquo;. A otra revista, </strong><a href="http://www.theawl.com/2010/08/the-truly-best-dressed-characters-in-literature" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">The Awl</a><em><strong>,</strong></em><strong> esta lista le pareci&oacute; demasiado</strong><strong> </strong><strong> obvia y supeditada a las </strong><strong>adaptaciones cinematogr&aacute;ficas, y public&oacute; la suya, que empezaba con personajes de los Cuentos de Canterbury, no se olvidaba</strong><em>Cuentos de Canterbury</em><strong> </strong><strong>de Shakespeare, y segu&iacute;a con el dandy decadente Des Esseintes (A contrapelo, </strong><em>(A contrapelo</em><strong>de</strong><strong> </strong><strong> J.-K. Huysmans), Isabel Archer (Retrato de una dama) y </strong><em>(Retrato de una dama)</em><strong>Daisy Miller de Henry James, Fernanda del Carpio (Cien a&ntilde;os de soledad) o Ursula y Gudrun (Mujeres enamoradas), que, con sus medias de colores, inspiraron a toda una generaci&oacute;n de bohemias. </strong><em>(Cien a&ntilde;os de soledad)</em><em>(Mujeres enamoradas)</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>LC:</strong> Bueno, algunas de estas novelas no las conozco. En general me parece bien, sobre todo Isabel Archer&hellip; Yo no lo he le&iacute;do todo, &iquest;eh?, ojo, pero me falta Proust, me falta la duquesa de Guermantes. Y en los rusos, en <em>Anna Kar&eacute;nina</em> y en <em>Guerra y paz,</em> hay descripciones bonitas. En Espa&ntilde;a, pr&aacute;cticamente todas las hero&iacute;nas de Gald&oacute;s: tengo un mont&oacute;n de notas que tom&eacute; para mi <em>tesi di laurea</em>, que ten&iacute;a  pensada dedicar a Gald&oacute;s y la moda, aunque nunca la termin&eacute;  porque  cambiaron el plan de estudios&hellip; y Gald&oacute;s es de los pocos  novelistas  europeos que habla &ndash;y mucho&ndash; de Worth, el padre de la  profesi&oacute;n, el  inventor del <em>couturier</em>. Y no podemos olvidar a esa gran hero&iacute;na, por Dios, magn&iacute;ficamente bien vestida y peinada, que es Currita Albornoz&hellip;
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: &iquest;Uhm?LC:</strong>
    </p><p class="article-text">
         &iquest;No sabes qui&eacute;n es Currita Albornoz? &iexcl;De <em>Peque&ntilde;eces</em> del padre Coloma! Y <em>La regenta</em>, por supuesto, donde hay unas magn&iacute;ficas descripciones de trajes de la t&iacute;pica provinciana con empaque.<strong>L&amp;L: &iquest;Y actualmente? La prosa minimalista reemplaza las descripciones por las marcas.LC:</strong>
    </p><p class="article-text">
         &iquest;Y el lector por qu&eacute; tiene que saber qui&eacute;n es Prada? Mira, el minimalismo es falta de imaginaci&oacute;n.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Im&aacute;genes cedidas por Lorenzo Caprile, excepto la tercera foto: Quvenzhan&eacute; Wallis en la gala de los &Oacute;scar 2013 <a href="http://ow.ly/k028M" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">http://ow.ly/k028M</a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Magrinyà]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/caprile_1_5644574.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 18 Apr 2013 09:04:45 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Caprile]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Moda,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Disculpas en la carretera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/disculpas-carretera_1_5635265.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        <strong>Lengua y LiteraturaHoy: Literatura (modalidad cr&iacute;menes en Jap&oacute;n)</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Empec&eacute; a leer <em>Akunin</em> (2007), una novela de Shuichi Yoshida, por recomendaci&oacute;n de un autor que aprecio, David Peace, y por mediaci&oacute;n de un agente japon&eacute;s  que tuvo la gentileza de enviarme  dos ejemplares en su lengua. Yo,  claro, tuve que encargar uno en ingl&eacute;s  para poder leerla y, como me  estaba gustando, ya consideraba la  posibilidad de proponerla para la  colecci&oacute;n de novela negra que tenemos  en la editorial para la que  trabajo. Pero he aqu&iacute; que, cuando iba m&aacute;s o  menos por la mitad, me  escribe el agente japon&eacute;s con uno de esos famosos  &ldquo;malentendidos&rdquo;: que  lo sent&iacute;a mucho, que no se hab&iacute;a dado cuenta, pero  que la novela ya  hab&iacute;a sido vendida y hasta publicada en Espa&ntilde;a, en  2012, por la  editorial Destino, con el t&iacute;tulo de <em>El hombre que quiso matarme</em>. Pues vaya. Como estas cosas pasan, la  sensaci&oacute;n de tiempo perdido es   solo rutinariamente irritante, y quise  terminar por gusto y en espa&ntilde;ol lo que hab&iacute;a empezado por oficio y en  otro idioma. La    traducci&oacute;n de Marina Bornas est&aacute; bien en general y la  edici&oacute;n es buena, a    pesar de ese t&iacute;tulo prolijo, larssoniano, muy  poco acorde con el    original <em>Akunin</em>, que significa &ldquo;malvado&rdquo;. Y algo  equ&iacute;voco, porque aqu&iacute; el lector no  va  a   encontrar para nada una  novela de g&eacute;nero, o una novela &ldquo;a la  zaga&rdquo;,   con  su investigador, su  investigador ayudante (siempre algo  m&aacute;s    pintoresco), su poquito de  denuncia, su poquito de Biblia y su  poquito    de nazis, y si hay  alguna f&oacute;rmula desde luego no es de las  trilladas.  
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        En realidad lo primero que va a encontrar el lector es una carretera. La novela empieza as&iacute;: con la descripci&oacute;n de la Nacional 263, que une las ciudades de Fukuoka y Saga por un abrupto paso de monta&ntilde;a, el puerto de Mitsuse, que toman los conductores que quieren ahorrarse el peaje del t&uacute;nel que lo atraviesa (250 yenes los turismos, 870 los veh&iacute;culos pesados, precios de 2001). De hecho, toda la Nacional 263 es una carretera para ahorradores: si uno quiere ir por ejemplo de Nagasaki a Fukuoka, que es &ndash;digamos&ndash; la ruta entre ciudades importantes, y la que toma el asesino de la novela, dispone de una autopista de peaje que cuesta 3650 yenes; as&iacute; que, si no la coge y se decide por la Nacional 263, es para que el trayecto le salga m&aacute;s barato. Estos precios los da la novela con la mayor naturalidad (tambi&eacute;n da, m&aacute;s adelante, los de la gasolina, las berenjenas, la ensalada de patata, los billetes de autob&uacute;s, las habitaciones de los hoteles por horas, etc.) y, entre ellos y la menci&oacute;n a los aparcamientos y los supermercados que la bordean, vemos enseguida que la carretera es para el autor una entidad econ&oacute;mica. De igual modo deja constancia de su dimensi&oacute;n administrativa (prefecturas), sociol&oacute;gica (zonas universitarias, ciudades dormitorio) y cultural (cr&iacute;menes, fantasmas). Este enfoque enciclop&eacute;dico conduce, despu&eacute;s de tres p&aacute;ginas, al anuncio de la trama novelesca: &ldquo;Aquel d&iacute;a, un joven obrero que viv&iacute;a en las afueras de Nagasaki fue detenido por la polic&iacute;a como sospechoso de haber estrangulado a una mujer llamada Yoshino Ishibashi, comercial de una compa&ntilde;&iacute;a de seguros de Fukuoka, y haber abandonado su cad&aacute;ver&rdquo; (pp. 7-8).
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Funciona esta anticipaci&oacute;n como un est&iacute;mulo para la intriga y el &ldquo;qu&eacute; pasar&aacute;&rdquo;, o m&aacute;s bien como un aut&eacute;ntico <em>spoiler</em> que nos deja la impresi&oacute;n de que lo que tenga que pasar ha pasado ya? Yo dir&iacute;a que lo segundo. &Eacute;sta es una novela criminal con cierto efecto de distanciamiento, cosa no tan habitual y que desde luego no ense&ntilde;an los manuales para escribir <em>best sellers</em> de suspense. Reconstruye un crimen &ndash;despu&eacute;s de anunciarlo&ndash; y sus circunstancias, haciendo hincapi&eacute; en las circunstancias (&ldquo;todo sobre la carretera&rdquo;), y omitiendo pr&aacute;cticamente el misterio y la investigaci&oacute;n. La inc&oacute;gnita es manejada casi caprichosamente. Hay dos sospechosos: uno de ellos no hace acto de presencia hasta la p&aacute;gina 170 (de un total de 351); el otro, que de alg&uacute;n modo es el protagonista, confiesa ser el asesino en la 249, ante una novia que le ha salido y en un restaurante baratito especializado en calamares donde, en plena confesi&oacute;n, el narrador consigna fen&oacute;menos como el siguiente: &ldquo;Las patitas del calamar se retorc&iacute;an entre los dos&rdquo; (p. 251).
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        Tal vez me deje llevar por la impresi&oacute;n que me ha causado la carretera, pero me atrever&iacute;a a decir que la novela tiene una estructura radial. Despu&eacute;s de la exposici&oacute;n de lo que va a ser su trama, van apareciendo, como ramales, personajes y m&aacute;s personajes &ndash;una burrada de ellos&ndash; a lo largo de 170 p&aacute;ginas: son todos gente sin importancia, de la que no se ocupa la Historia y sin vocaci&oacute;n para ella, como elegida entre la inmensa mayor&iacute;a. Aparte del asesino y de la v&iacute;ctima, conocemos a sus parientes, sus amigos, los parientes y amigos de sus parientes y amigos, antes y despu&eacute;s del crimen, peri&oacute;dica o aisladamente, en tercera o primera persona, en un despliegue que recuerda los novelones victorianos y las t&eacute;cnicas perspectivistas del siglo XX, luego muy adoptadas por ciertos <em>best sellers</em> de acci&oacute;n. Cuando cre&iacute;amos que este procedimiento habilidoso, casi coreogr&aacute;fico &ndash;porque la novela est&aacute; felizmente ritmada, un poco en la l&iacute;nea de aquella magn&iacute;fica pel&iacute;cula, <em>Magnolia</em>&ndash;, no    pod&iacute;a llegar a m&aacute;s, en la p&aacute;gina  266 asistimos a un retorno  inesperado:   el fantasma de la muerta se le  aparece a su padre en el  lugar del   crimen, el puerto de Mitsuse&hellip;  Despu&eacute;s de eso, s&iacute;, bueno, ya  no aparece   ning&uacute;n nuevo personaje.
    </p><p class="article-text">
        El autor, sin embargo, es muy cauto en las ramificaciones: esta red de conexiones no crea realmente subtramas, excepto, quiz&aacute;, una muy s&oacute;rdida y curiosa, relativa a la infame extorsi&oacute;n de que es objeto la abuela del joven asesino (a manos, nada menos, de una banda de traficantes de hierbas medicinales). No se deja tampoco tentar por el efecto contrario, es decir, no llega a tocar ning&uacute;n extremo demasiado alejado del motivo central (el crimen) para que &eacute;ste se convierta en una an&eacute;cdota entre muchas: una tentaci&oacute;n muy acusada en una novela que trata en gran medida, con rigor de moralista, de una sociedad indiferente y a la que le habr&iacute;a podido convenir que un horrible asesinato pasara inadvertido entre un mont&oacute;n de gente ocupada en sus propias cosas. Pero esto habr&iacute;a disminuido el <em>pathos</em>, y sin duda Shuichi Yoshida, al lado de las otras dimensiones, ve tambi&eacute;n la dimensi&oacute;n pat&eacute;tica de la carretera.
    </p><p class="article-text">
        En cierto momento, un personaje tiene la sensaci&oacute;n de que &ldquo;aquel sinf&iacute;n de carreteras dibujadas en el mapa era como una red en la que el coche se enredaba y no pod&iacute;a seguir avanzando&rdquo; (p. 244). Esta sensaci&oacute;n de estar atrapado en un lugar con muchas salidas pero que siempre conducen al mismo sitio, de haber sido enga&ntilde;ado por una fantas&iacute;a de movilidad y libertad (la fantas&iacute;a del capitalismo), unifica, sin necesidad de subtramas ni de intersecciones arbitrarias, la direcci&oacute;n de la novela y de su peculiar expansi&oacute;n narrativa.
    </p><p class="article-text">
        El patetismo se aviene por lo dem&aacute;s con la naturaleza del crimen novelado, que es, por decirlo de alg&uacute;n modo, de moralidad espesa, una aportaci&oacute;n que probablemente se remonta, en literatura, a los cr&iacute;menes de Dostoievski. Gracias a la ingeniosa destrucci&oacute;n del suspense convencional, no necesitamos ya una v&iacute;ctima c&aacute;ndida ni un culpable claro. La v&iacute;ctima es una joven pretenciosa, mentirosa, manipuladora, vulgar; solo sus padres, en su dolor y estupor a ra&iacute;z del asesinato y de los bajos secretos que &eacute;ste descubre, y su reaparici&oacute;n como fantasma, permiten un acercamiento  pat&eacute;tico a su vida y muerte. El culpable se divide moralmente en dos:  el joven universitario que echa de su coche, cubri&eacute;ndola de insultos y  acus&aacute;ndola de oler a ajo, a la victima en el puerto de Mitsuse; y el  joven obrero con el que en principio ella hab&iacute;a quedado y que,  despechado porque le ha plantado, la ha seguido y la mata.
    </p><p class="article-text">
        El <em>pathos</em> de los criminales de Dostoievski era que ten&iacute;an conciencia; el de estos del siglo XXI es que no la tienen. El universitario, rico y popular, es un tipo despreciable: cuando se le descarta como sospechoso, re&uacute;ne a sus amigos para presumir de su aventura y les dice: &ldquo;&iquest;Yo, un asesino? &iquest;Para qu&eacute; querr&iacute;a matar a esa t&iacute;a? Os aseguro que es imposible&rdquo; (p. 267). Para &eacute;l &ldquo;esa t&iacute;a&rdquo; no tiene ni un &ldquo;para qu&eacute;&rdquo; y, cada vez que asoma la nariz en la novela, nosotros &ndash;bueno, al menos yo&ndash; arrugamos la nuestra. El padre de la v&iacute;ctima, de hecho, sabe que tendr&iacute;a que &ldquo;odiar al asesino, pero s&oacute;lo [sic] era capaz de imaginarse al otro hombre ech&aacute;ndola del coche a patadas&rdquo; (p. 292). El obrero, te&ntilde;ido de rubio, amante de los coches, cliente asiduo de prostitutas, tiene en cambio a sus espaldas una historia de abandono materno que, en principio, soborna nuestras simpat&iacute;as. Nos sentimos inclinados a creer que no quer&iacute;a realmente matar a la v&iacute;ctima, que es un muchacho fr&aacute;gil que se dej&oacute; llevar por el c&eacute;lebre &ldquo;impulso asesino&rdquo; (p. 346) cuando ella lo &ldquo;humill&oacute;&rdquo;, y m&aacute;s a&uacute;n cuando, hacia la mitad de la novela, una dependienta se enamora de &eacute;l y emprenden juntos una de esas &ldquo;huidas hacia delante&rdquo; que remueve nuestra sensibler&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Abducidos por el s&iacute;ndrome de la &ldquo;pareja rom&aacute;ntica&rdquo;, y muy a merced de las astucias del narrador, que cambia aqu&iacute; el distanciamento por un efecto de turbia identificaci&oacute;n, llegamos a pensar que el chico quiere a la chica&hellip; y eso que ya en la p&aacute;gina 253, en el momento de la confesi&oacute;n del asesinato, hab&iacute;amos le&iacute;do que lo que lo llev&oacute; a matar era que &ldquo;quer&iacute;a una disculpa&rdquo;, que es m&aacute;s o menos lo que dicen los adolescentes de las matanzas tipo Columbine. Esta especie de &ldquo;protesta subpol&iacute;tica&rdquo;, como calificaba el antrop&oacute;logo social Elliott Leyton semejantes justificaciones,  se confirma en las &uacute;ltimas p&aacute;ginas, cuando nos enteramos de que, para  explicar su relaci&oacute;n con la madre que lo abandon&oacute; de ni&ntilde;o y a la que  luego exig&iacute;a dinero sin necesitarlo, el joven alegaba que &ldquo;ambos tenemos  que ser v&iacute;ctimas&rdquo; (p. 346).
    </p><p class="article-text">
        Finalmente lo pilla la polic&iacute;a, justo en el momento en que est&aacute; a punto de estrangular tambi&eacute;n a esa nueva novia pat&eacute;tica que escuch&oacute; su confesi&oacute;n y, aun as&iacute;, presa del <em>amour fou</em>, de la  desesperaci&oacute;n o de la tonter&iacute;a, ha huido con &eacute;l. Parece que tambi&eacute;n ella  ten&iacute;a que unirse a la hermandad de v&iacute;ctimas. &ldquo;Supongo que fui yo la que  no vio las cosas tal y como eran&rdquo;, dice en la &uacute;ltima p&aacute;gina.
    </p><p class="article-text">
        En este panorama, tan <em>noir</em>, de  ambig&uuml;edades morales, hay un contrapunto s&oacute;lido formado por el padre de  la chica asesinada, en su persecuci&oacute;n del joven universitario al que  responsabiliza mayormente del crimen, el amigo &iacute;ntegro que le ayuda a localizarlo,  y la abuela del asesino, que finalmente se arma de valor y se planta  ante los g&aacute;ngsters de las hierbas medicinales. El resto se hunde  criminalmente en la confusi&oacute;n, la inhibici&oacute;n y la trivialidad. &iquest;Suena esta necesidad  de contrapunto un poquito a  monserga sobre la deshumanizaci&oacute;n y el  vac&iacute;o de valores de la sociedad  actual? Un poquito, s&iacute;. Ya hemos dicho  que el libro est&aacute; concebido con  rigor de moralista. Pero, m&aacute;s que  concebido, es interesante ver c&oacute;mo  est&aacute; ejecutado.
    </p><p class="article-text">
        En el libro de visitas de un hotel por horas en el que pasa una noche la pareja de pr&oacute;fugos alguien ha escrito: &ldquo;Me encanta este hotel, es barato y limpio. &iexcl;Os recomiendo las alitas de pollo! Probablemente son congeladas, pero son muy crujientes&rdquo;. Y a&uacute;n: &ldquo;Hoy me he acostado con Akkun despu&eacute;s de un mes&rdquo; (p. 285). Si a esto a&ntilde;adimos el precio de las cosas y el mapa de carreteras, y lo hacemos girar en torno a un asesinato, tenemos un buen resumen de lo que describe esta novela.
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        Im&aacute;genes:
    </p><p class="article-text">
        1. Puerto de Mitsuse nevado: <a href="http://ow.ly/jZOaB" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">http://ow.ly/jZOaB</a>
    </p><p class="article-text">
        2. Portada 			de <em>El 			hombre que quiso matarme</em>: <a href="http://ow.ly/jZOe8" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">http://ow.ly/jZOe8</a>
    </p><p class="article-text">
        3. Calamar:<em> </em><a href="http://ow.ly/jZOjv" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">http://ow.ly/jZOjv</a>
    </p><p class="article-text">
        4<em>. Akunin</em> (Lee Sang-Il, 2010): <a href="http://ow.ly/jZOlV" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">http://ow.ly/jZOlV</a> 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Magrinyà]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/disculpas-carretera_1_5635265.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 11 Apr 2013 10:49:17 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Disculpas en la carretera]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En el rostro y entre dientes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/rostro-dientes_1_5628012.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        <strong>Lengua y literaturaHoy: Lengua (modalidad verbos parlanchines, tercera y &uacute;ltima parte)</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        En esta entrega final del culebr&oacute;n <em>verba dicendi</em>, nos  gustar&iacute;a hablar de dos verbos que tambi&eacute;n plantean dudas de registro o  nivel ling&uuml;&iacute;stico, aunque en sentido contrario &ndash;aparentemente&ndash; a la  finura y elegancia a la que aspiraban algunos que tratamos <a href="http://www.eldiario.es/Kafka/Interrogados-inquiridos_0_111989069.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la otra semana</a>. Me refiero a <em>espetar</em> y <em>mascullar</em>, muy conocidos por los lectores de novelas, aut&oacute;ctonas o traducidas. Las acepciones que nos interesan aqu&iacute; (respectivamente:   &ldquo;Decir a    alguien de palabra o por escrito algo, caus&aacute;ndole sorpresa o        molestia&rdquo; y &ldquo;Hablar entre dientes, o pronunciar mal las palabras, hasta        el punto de que con dificultad puedan entenderse&rdquo;) veo con gran       sorpresa  que vienen marcadas con un &ldquo;coloq.&rdquo; en el <em>Diccionario de la Real Academia Espa&ntilde;ola</em>. Como nunca oigo a nadie decir estos verbos y solo me los encuentro   en       las novelas, me inquieta descubrir que pertenecen al nivel      coloquial  de   la lengua espa&ntilde;ola, y me pregunto de qu&eacute; siglo, o      incluso de qu&eacute;   regi&oacute;n,  considerar&aacute; el <em>Diccionario</em> que son coloquialismos.
    </p><p class="article-text">
        <em>Espetar</em> significaba originalmente &lsquo;atravesar con el espeto (o espet&oacute;n)&rsquo; una pieza de carne o pescado para asar y &eacute;se era su uso hasta bien entrado el siglo XVIII, cuando empieza a documentarse en sentido figurado, como &ldquo;atravesando&rdquo; a alguien con un improperio, o una salida inesperada, aparatosa, cargante y en general enga&ntilde;osa y algo ofensiva: en <em>Fray Gerundio de Campazas</em> (1758) se <em>espetan</em> sermones paralizantes, una &ldquo;sarta de mentiras&rdquo;, &ldquo;jerigonza&rdquo;, y &ldquo;lo de  <em>uultum tuum deprecabuntur</em>, que ni de molde pod&iacute;a venir mejor&rdquo; (Gredos, Madrid, 1992, pp. 340, 136, 604 y 428-429). Equivaldr&iacute;a m&aacute;s o menos al uso familiar de <em>soltar</em> hoy <em>(soltar</em> un serm&oacute;n, un discurso, un insulto, una trola, un rollo, una tonter&iacute;a, etc.). Este uso gracioso, en todo caso, es el que el <em>DRAE</em> considera coloquial, a pesar de que de &eacute;l no tenemos m&aacute;s que pruebas     escritas. &iquest;No estar&aacute; confundiendo, tal vez, digo yo, lo coloquial con  lo    jocoso, el registro de lengua con la intenci&oacute;n? Por su parte, <em>mascullar</em>,  mucho m&aacute;s reciente, significaba &lsquo;masticar&rsquo; pero en 1867 ya encontramos a un personaje de Jorge Isaacs que <em> &ldquo;mascull&oacute;</em> una maldici&oacute;n&rdquo;<em> </em><em>(Mar&iacute;a</em>, C&aacute;tedra, Madrid, 1995, p. 121) y en 1878 otro de Gald&oacute;s que &ldquo;habla <em>mascullando</em> las palabras como un borracho&rdquo;<em> (Marianela</em>, C&aacute;tedra, Madrid, 1997, p. 97). Este uso tambi&eacute;n figurado es el que lleva la marca &ldquo;coloq.&rdquo; en el <em>DRAE.</em>
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; si estos usos han sido coloquiales en alg&uacute;n siglo pero, como dec&iacute;a, hoy desde luego no creo que lo sean. Nadie dice eso ni en la calle ni en su casa. Su transformaci&oacute;n en literatura, por lo dem&aacute;s, los ha ido despojando de algunos de sus rasgos de significado, que hoy parece que no se perciben ya:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Adoptando el acento con que hablaba su padre, le <em>espet&oacute;</em> lentamente: &ndash;Todo lo que es nauseabundo, y f&eacute;tido, y s&oacute;rdido, y abyecto, se resume en una palabra... &iexcl;Dios!&rdquo; (Fernando Arrabal, <em>La torre herida por el rayo</em>, Destino, Barcelona, 1983 (1982), p. 31).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Venga, dame las llaves &ndash;<em>espet&oacute;</em> Neri, conteniendo su furia&rdquo; (Carlos Ruiz Zaf&oacute;n, <em>La sombra del viento</em>, Planeta, Barcelona, 2003 (2001), p. 75). 
    </p><p class="article-text">
         &ldquo;Este palacio no me gusta nada &ndash;le <em>espet&oacute;</em> a bocajarro&rdquo; (Terenci Moix, <em>El arpista ciego</em>, Planeta, Barcelona, 2002, p. 324).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Inspectora, he venido a confesar &ndash;<em>espet&oacute;</em> sin demasiados pre&aacute;mbulos&rdquo; (Alicia Gim&eacute;nez Barlett, <em>Serpientes en el para&iacute;so</em>, Planeta, Barcelona, 2002, p. 100).
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                </figure><p class="article-text">
        Los responsables de estos usos o bien se creen obligados a explicarlos (&ldquo;a bocajarro&rdquo;, &ldquo;sin demasiados pre&aacute;mbulos&rdquo;: algo con lo que te&oacute;ricamente <em>espetar</em> ya viene equipado), o bien parecen ignorar que llevan consigo su buena carga de agresividad, porque al final resultar&aacute; que estamos ante un verbo sutil&iacute;simo y que es posible <em>espetar</em> &ldquo;lentamente&rdquo; y &ldquo;conteniendo la furia&rdquo;. Sin rapidez, brusquedad, efecto sorpresa y alguna forma de violencia, o con pre&aacute;mbulos, &iquest;qu&eacute; es <em>espetar</em>? &iquest;Ser&aacute; otro firme candidato a <em>verbo que no existe</em>? En cualquier caso, parece un verbo que no sabemos muy bien qu&eacute;   significa ni cu&aacute;ndo ni c&oacute;mo se aplica pero que estamos acostumbrados a   ver por ah&iacute;, sazonando los di&aacute;logos; y por eso, no &iacute;bamos a ser menos,   lo ponemos tambi&eacute;n, seguramente porque nos da la impresi&oacute;n &ndash;al contrario   que al <em>DRAE</em>&ndash;  de que es m&aacute;s &ldquo;literario&rdquo; que <em>soltar</em>.
    </p><p class="article-text">
        En cuanto a la coherencia de registros, fij&eacute;monos en la distancia que va de este primer fragmento de Eduardo Mendoza al segundo de Marcos Aguinis:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Desde cu&aacute;ndo has perdido el valor?, le <em>espet&oacute;</em> en la cara&rdquo; (Eduardo Mendoza, <em>La ciudad de los prodigios</em>,  Seix Barral, Barcelona, 1993 (1986), p. 277).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;Eres una hembra! &ndash;le <em>espet&oacute;</em> en el rostro&rdquo; (Marcos Aguinis, <em>La cruz invertida</em>, Planeta, Barcelona, 1970, p. 231).
    </p><p class="article-text">
        Si se trata de un coloquialismo, parece, en efecto, indicado <em>espetar</em> las cosas &ldquo;en la cara&rdquo;. Pero&hellip; &iquest;&ldquo;en el rostro&rdquo;? Si a&uacute;n fuera &ldquo;en pleno rostro&rdquo;, que es una frase hecha y tolerablemente &ldquo;familiar&rdquo;&hellip;&iquest;Qu&eacute; ha pasado aqu&iacute;? &iquest;A qui&eacute;n damos la raz&oacute;n?
    </p><p class="article-text">
        De todos modos, mi ejemplo favorito de cohabitaci&oacute;n sospechosa, tirando a imposible, es el siguiente:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;No son ustedes &ndash;<em>espet&oacute;</em> en el hechizado silencio que sucedi&oacute; a las palabras finales del canto&ndash; los pajes de Pantasilea?&rdquo; (Manuel Mujica Lainez, <em>El escarabajo</em>, Plaza y Jan&eacute;s, Barcelona, 1993 (1982), pp. 256-257).
    </p><p class="article-text">
        Respecto a <em>mascullar</em>, si  realmente significa &lsquo;hablar entre dientes o pronunciar mal&rsquo;, como si  uno masticara, nos creeremos que tiene una aplicaci&oacute;n veros&iacute;mil en estos  casos:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;Maldito hereje! &ndash;<em>mascull&oacute;</em> el Agorero al ver aquello&rdquo; (Javier Sierra, <em>La cena secreta</em>, Plaza y Jan&eacute;s, Barcelona, 2008 (2004), p. 108).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Est&aacute; bien. &iexcl;Est&aacute; bieeeen! &ndash;<em>mascull&oacute;</em> Guillermo&rdquo; (Richmal Crompton, <em>Guillermo investiga</em>, Andr&eacute;s Bello, Santiago de Chile, 1995, trad. de Mar&iacute;a Rosa Duhart, p. 108).
    </p><p class="article-text">
        Precisamente en las novelas de Guillermo &ndash;aunque m&aacute;s en las de los Cinco y de los Siete Secretos, porque a m&iacute; Guillermo nunca me gust&oacute;&ndash; recuerdo que fue donde yo aprend&iacute;, en mi infancia lectora, este verbo, que nunca entend&iacute;a muy bien qu&eacute; significaba. Cuando preguntaba, me dec&iacute;an que era lo mismo que en catal&aacute;n <em>remugar</em>, un verbo que los ni&ntilde;os mallorquines conoc&iacute;amos muy bien porque <em>remug&agrave;vem</em> mucho, y as&iacute; lo cre&iacute; hasta que un d&iacute;a descubr&iacute; que <em>remugar</em> se corresponde m&aacute;s bien con <em>refunfu&ntilde;ar</em>. Nuevamente  desasistido, no me qued&oacute; m&aacute;s remedio que buscarlo en los  diccionarios,  que, como hemos visto ya varias veces en esta secci&oacute;n, no  siempre son  del todo iluminadores y desde luego no cuentan como prueba  de  documentaci&oacute;n l&eacute;xica. Y all&iacute;, encima, me encontr&eacute; con la asombrosa   revelaci&oacute;n de que era &ldquo;coloquial&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En todo caso, me pregunto, si yo aprend&iacute; a <em>mascullar</em> en traducciones y diccionarios, &iquest;d&oacute;nde aprendieron los dem&aacute;s? La cantidad de palabras &ldquo;de diccionario&rdquo; (biling&uuml;e o monoling&uuml;e) que adornan la prosa de las novelas me hace sospechar, y no ser&iacute;a la primera vez que una traducci&oacute;n autom&aacute;tica (cogiendo la primera equivalencia &ldquo;en espa&ntilde;ol&rdquo; que uno encuentra en un diccionario biling&uuml;e) triunfa m&aacute;s all&aacute; de las traducciones. Pero, bueno, hoy estoy dispuesto a admitir que s&iacute;, que estas cosas se dec&iacute;an o se dicen &ldquo;entre dientes&rdquo;. Es curioso comprobar, por cierto, si esto es as&iacute;, c&oacute;mo se puede <em>espetar</em> y <em>mascullar</em> al mismo tiempo:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Aqu&eacute;l se sinti&oacute; molesto y le <em>espet&oacute;</em> entre dientes: &ndash;&iquest;Pasa algo?&rdquo; (Jos&eacute; Luis Tom&aacute;s Garc&iacute;a, <em>La otra orilla de la droga</em>, Destino, Barcelona, 1985 (1984), p. 152).
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s dif&iacute;ciles de decir &ldquo;entre dientes&rdquo; me parecen estas otras cosas:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;'Este vendr&aacute; de hacerle [sic] la cama a los cerdos con una horqueta, con una nube de pulgas en las pantorrillas', <em>mascull&eacute;</em> resentido,<em> </em>content&aacute;ndome con ver brillar en la fluorescencia del telediario la saliva de sus besos&rdquo; (Salvador Garc&iacute;a Jim&eacute;nez, <em>Primer destino</em>, Editorial Regional de Murcia, Murcia, 1989, p. 32).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Puedo meter mi mano al fuego &ndash;<em>mascull&oacute;</em>&ndash; de que usted guarda su dinero bajo el colch&oacute;n&rdquo; (Elena Poniatowska, <em>Obras reunidas II. Novelas I</em>, FCE, M&eacute;xico D.F., 2006, p. 469).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Que no os afecten estas cosas, mi querido Gondemar &ndash;<em>mascull&oacute; </em>el gigante Godofredo, mientras se apeaba del caballo&rdquo; (Javier Sierra, <em>Las puertas templarias</em>, DeBolsillo, Barcelona, 2009 (2000), p. 209).
    </p><p class="article-text">
        Un poco prolijas o afectadas, muy pendientes &ndash;en todo caso&ndash; de su sonora pronunciabilidad, estas frases para <em>mascullarlas</em>, &iquest;no? M&aacute;s contundentes resultan las siguientes muestras: 
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Merde</em> &ndash;<em>mascull&oacute;</em> en franc&eacute;s&rdquo; (Isabel Allende, <em>La casa de los esp&iacute;ritus</em>, Plaza y Jan&eacute;s, Barcelona, 1985 (1982), p. 210).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Eh? &ndash;<em>mascull&oacute;</em> aproximadamente&rdquo; (Jos&eacute; Manuel Caballero Bonald, <em>Toda la noche oyeron pasar p&aacute;jaros</em>, Planeta, Barcelona, 1988 (1981), p. 139).
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Aproximadamente?
    </p><p class="article-text">
        Retiro lo de contundente.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Im&aacute;genes: 
    </p><p class="article-text">
        1. <em>La taberna de la aldea</em> (1813-1814) John Lewis Krimmel: <a href="http://brookstonbeerbulletin.com/beer-in-art-153-john-lewis-krimmels-village-tavern/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">http://brookstonbeerbulletin.com/beer-in-art-153-john-lewis-krimmels-village-tavern/</a>
    </p><p class="article-text">
        2. <em>La cocinera</em> (1550), Pieter Aertsen: <a href="http://www.wga.hu/frames-e.html?/html/a/aertsen/index.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">http://www.wga.hu/frames-e.html?/html/a/aertsen/index.html</a>
    </p><p class="article-text">
        3. Natalia y Cris con sus caras achinadas y sus dientes apretados (2010), <a href="http://www.flickr.com/photos/vislumbrosoloilusiones/5095228737/in/photostream" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">http://www.flickr.com/photos/vislumbrosoloilusiones/5095228737/in/photostream</a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Magrinyà]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/rostro-dientes_1_5628012.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 04 Apr 2013 09:28:25 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[En el rostro y entre dientes]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Falsificaciones]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Interrogados e inquiridos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/interrogados-inquiridos_1_5611902.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        <strong>Lengua y Literatura</strong><strong>Hoy: Lengua (modalidad verbos parlanchines, segunda parte) </strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        En la nutrida y aun as&iacute; incompleta lista de verbos de <em>decir</em> que presentamos <a href="http://www.eldiario.es/Kafka/verbos-parlanchines-primera-parte_0_110589749.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la semana pasada</a> solo inclu&iacute;amos los que hab&iacute;amos visto aparecer, en su mayor&iacute;a con frecuencia, en las acotaciones de los di&aacute;logos. Nos limit&aacute;bamos al estilo directo<em> (&ldquo;Hace buen tiempo&rdquo;, </em><em>dijo</em>), en oposici&oacute;n al indirecto<em> (dijo que hac&iacute;a buen tiempo) </em>y por eso no figuraban en la lista algunos verbos que no se utilizan en ese estilo. <em>Referirse </em>o <em>aludir</em>, por ejemplo, no han hecho carrera de momento, que sepamos 
    </p><p class="article-text">
        &ndash;crucemos los dedos&ndash;, en las acotaciones de los di&aacute;logos, pero apuntan maneras en el estilo indirecto: 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cre&iacute;a que le pod&iacute;an echar veneno en las comidas, y en varias ocasiones <em>aludi&oacute; </em>a que hab&iacute;a gente que quer&iacute;a castrarlo&rdquo; (Carlos Castilla del Pino, <em>Introducci&oacute;n a la psiquiatr&iacute;a </em><em>2</em>, Alianza, Madrid, 1992 (1980), no consta p&aacute;gina en la base de datos de la RAE).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Antes <em>alud&iacute;</em> a que no est&aacute;n tan mal escritos los peri&oacute;dicos y los medios de comunicaci&oacute;n en general&rdquo;(Camilo Jos&eacute; Cela, entrevista, <em>El </em><em>Mundo</em>, 10 de mayo de 1996).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&Eacute;l <em>se refiri&oacute;</em> a que el trabajo en el quiosco de peri&oacute;dicos era indigno de una muchacha como ella&rdquo; (Jorge Volpi, <em>En busca de Klingsor</em>, Seix Barral, Barcelona, 1999, p. 71).
    </p><p class="article-text">
        Estos ejemplos suenan algo forzados, &iquest;verdad? Normalmente, uno <em>se</em> <em>refiere </em>o <em>alude</em> <em>a</em> sustantivos simples (a una noticia, a un texto, a un hecho, a una idea) o <em>a</em> oraciones adjetivas sustantivadas<em> (a lo que </em>ha dicho o hecho alguien), no <em>a</em> oraciones sustantivas, por lo que nos tememos que hayamos topado aqu&iacute; con un caso conflictivo. &iquest;Existen entonces falsos verbos de <em>decir</em>? Tiene toda la pinta de que s&iacute;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Pensemos tambi&eacute;n en <em>interrogar</em>. <em>Interrogar</em> es un verbo transitivo pero su complemento directo no es la cosa que se dice, sino la persona a la que se le dice. Es decir, uno <em>interroga a alguien</em>, no &ldquo;interroga algo&rdquo; que quiere saber. Esta caracter&iacute;stica la comparte con otros verbos de nuestra lista, como <em>amenazar, advertir, conminar, exhortar</em> y alg&uacute;n otro; y, si bien no funciona como un verbo transitivo de <em>decir</em> t&iacute;pico, no podemos considerarlo un caso raro. En estos verbos, aquello que se dice se expresa con una preposici&oacute;n <em>(amenazar con, advertir de, conminar a&hellip;</em>), que en el caso de <em>interrogar</em> es <em>sobre, acerca de </em>o<em> (con) respecto a: </em>se interroga <em>a</em> <em>alguien sobre, acerca de, (con) respecto a algo</em>. 
    </p><p class="article-text">
        En las acotaciones de los di&aacute;logos, naturalmente, las preposiciones desaparecen: 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Ten&eacute;is la exclusiva? &ndash;<em>interrog&oacute;</em> V&iacute;ctor con voz burlona&rdquo; (Rafael Argullol, <em>La raz&oacute;n del mal</em>, Destino, Barcelona, 1993, p. 65).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Nos vamos? &ndash;<em>interrogu&eacute;</em>, temiendo que no me alcanzara el dinero para invitarle a otra m&aacute;s&rdquo; (Jorge L&oacute;pez P&aacute;ez, <em>Do&ntilde;a Herlinda y su hijo y otros hijos</em>, FCE, M&eacute;xico D. F., 1993, p. 15).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Y &eacute;sas eran las cosas que os ense&ntilde;aban en la facultad? &ndash;<em>interrog&oacute;</em> Chamorro&rdquo; (Lorenzo Silva, <em>El alquimista impaciente</em>, Destino, Barcelona, 2000, p. 165).
    </p><p class="article-text">
        Dejando aparte &ndash;que es mucho dejar&ndash; lo bien que habr&iacute;an quedado aqu&iacute; el verbo <em>preguntar</em> o el mismo <em>decir</em>, vemos que estos personajes interrogan a otros sobre ciertos asuntos sin necesidad de preposici&oacute;n. El peculiar estatus, en las acotaciones, de los verbos de decir a los que se asimila lo permite. En estilo indirecto, en cambio, la inmensa mayor&iacute;a de los ejemplos que hemos encontrado de este uso conservan la preposici&oacute;n (a pesar de alg&uacute;n caso aislado: &ldquo;Le <em>interrog&oacute;</em> qu&eacute; gente era esa y en qu&eacute; se diferenciaba de los dem&aacute;s hombres&rdquo;, Jos&eacute; del Perojo, &ldquo;El movimiento intelectual en Alemania&rdquo;, en <em>Kant en Espa&ntilde;a</em>, Verbum, Madrid, 2006, p. 270), lo que indica que <em>interrogar</em> no se ha transformado, al fin y al cabo, en un verbo transitivo:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Le <em>interrog&oacute; sobre</em> si prefer&iacute;a alguna otra cosa&rdquo; (Augusto Mart&iacute;nez Torres,<em> La casa de las hermanas</em>, Huerga y Fierro, Madrid, 1995, p. 201).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Una nube de reporteros le <em>interrog&oacute; sobre</em> si la decisi&oacute;n de Mourinho de quitarle del equipo fue disciplinaria o t&eacute;cnica&rdquo; (&ldquo;Las cosas de familia las resuelvo dentro&rdquo;, <em>El Pa&iacute;s</em>, <a href="http://deportes.elpais.com/deportes/2012/09/25/actualidad/1348526910_907392.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">25 de septiembre de 2012</a>).
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Pero ahora viene lo bueno.
    </p><p class="article-text">
        A alguien le dio por pensar un buen d&iacute;a que <em>interrogar</em> y <em>preguntar</em> eran lo mismo. Dada, en efecto, la proximidad &ndash;en absoluto la identidad&ndash; sem&aacute;ntica de ambos verbos, era de esperar que se creara un nuevo par de falsos sin&oacute;nimos y, con ellos, variados desbarajustes sint&aacute;cticos al pasar al estilo indirecto. Por influencia de la construcci&oacute;n de <em>interrogar</em>, la prensa, principalmente, siempre tan inquieta, ha empezado a <em>preguntar</em> con preposici&oacute;n:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;'S&iacute;, por supuesto', respondi&oacute; Al Hakim cuando se le <em>pregunt&oacute; sobre</em> si el tribunal [&hellip;] podr&iacute;a condenar a muerte al antiguo dictador&rdquo; (&ldquo;Bush asegura que Sadam ser&aacute; juzgado&hellip;&rdquo;,<em> La Raz&oacute;n Digital</em>, 16 de diciembre de 2003).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Uno de los momentos m&aacute;s interesantes de su comparecencia fue cuando se le <em>pregunt&oacute; acerca de </em>si se investigar&aacute; a los beneficiados por la amnist&iacute;a fiscal&rdquo; (M&agrave;rius Carol, &ldquo;Bajarse del cuadro&rdquo;,<em> La Vanguardia</em>, <a href="http://www.lavanguardia.com/opinion/articulos/20130211/54366587531/bajarse-del-cuadro-marius-carol.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">5 de marzo de 2013</a>).
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Quiz&aacute; si le hubieran <em>preguntado si,</em> simplemente, en vez de <em>sobre si</em> o <em>acerca de si</em>, el interpelado no habr&iacute;a respondido? Hay otras consecuencias rese&ntilde;ables. Como en <em>interrogar</em> son las personas quienes son interrogadas, muy alegremente se ha pasado a pensar (con una ayudita del ingl&eacute;s) que tambi&eacute;n pueden ser <em>preguntadas</em>: 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Al volver a Madrid [&hellip;] y ser <em>preguntado</em> sobre qu&eacute; me parec&iacute;a Cuba, mi comentario siempre era el mismo&rdquo; (Julio Feo,<em> Aquellos a&ntilde;os</em>, Ediciones B, Barcelona, 1993, p. 355).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Beloki, <em>preguntado</em> sobre si la Diputaci&oacute;n se opone a la prolongaci&oacute;n, respondi&oacute; que la instituci&oacute;n foral  'no forma parte de una coordinaci&oacute;n antiaeropuerto'&rdquo; (&ldquo;Al d&iacute;a&rdquo;, <em>El Diario Vasco</em>, 23 de enero de 2004).
    </p><p class="article-text">
        Y, naturalmente, si hay que dar un paso m&aacute;s en aras del &ldquo;buen estilo&rdquo;, pues se da. Demos la bienvenida a los <em>inquiridos</em>:  
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Al ser<em> inquirido</em> por el tema Morientes, el entrenador azul-grana fue tajante&rdquo; (&ldquo;El Barcelona fue superior&rdquo;, <em>La Raz&oacute;n</em>, 2 de septiembre de 2002).
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Inquirido </em>por la legalidad de la propuesta [&hellip;], C&iacute;scar ha indicado que eso tendr&aacute; que decirlo el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana&rdquo; (&ldquo;El Consell dice que la venta del aeropuerto&hellip;&rdquo;, <em>El Mundo</em>, <a href="http://www.elmundo.es/elmundo/2013/02/22/castellon/1361544057.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">22 de febrero de 2013</a>).
    </p><p class="article-text">
        Bueno, dejemos las cuestiones sint&aacute;cticas y volvamos a las de estilo, si es que las hab&iacute;amos abandonado. En el estilo indirecto se observan las mismas pretensiones que se&ntilde;al&aacute;bamos en el directo y el efecto de violencia y falta de naturalidad se deja notar igual. Veamos los desvelos de algunos insignes novelistas por mantener su insignidad a costa de no decir <em>contar</em>:   
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Recuerda que, al inicio de la investigaci&oacute;n, le <em>narr&eacute;</em> el primer acto del <em>Parsifal</em> de Wagner?&rdquo; (Jorge Volpi,<em> En busca de Klingsor</em>, Seix Barral, Barcelona, 1999, no consta p&aacute;gina en la base de datos de la RAE).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Pich&iacute;n nos <em>narr&oacute; </em>que durante unas vacaciones que pas&oacute; en Yur&eacute;cuaro, se sopl&oacute; a una muchacha del pueblo&rdquo; (Sealtiel Alatriste,<em> Por vivir en quinto patio</em>, Joaqu&iacute;n Moriz, M&eacute;xico D. F., 1985, p. 129).  
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Mi padre nos <em>relat&oacute; </em>varias an&eacute;cdotas para m&iacute; desconocidas&rdquo; (Javier Mar&iacute;as, <em>Coraz&oacute;n tan blanco</em>, Anagrama, 1994 (1992), p. 225).
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Relat&eacute;</em> que [el reportaje] se me hab&iacute;a ocurrido&hellip;&rdquo; (Juan Jos&eacute; Mill&aacute;s, <em>Dos mujeres en Praga</em>, Espasa, Madrid, 2002, p. 121).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Por el camino le <em>refer&iacute;</em> que sufr&iacute;a de un extra&ntilde;o mal&rdquo; (Augusto Roa Bastos, <em>Vigilia del almirante</em>, Alfaguara, Madrid, 1992, p. 346).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En una de mis novelas<em> refer&iacute;</em> la matanza con la precisi&oacute;n y el horror&hellip;&rdquo; (Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez, <em>Vivir para contarla</em>, Mondadori, Barcelona, 2002, p. 80). 
    </p><p class="article-text">
        En nuestra lista no hac&iacute;amos, por cierto, distinci&oacute;n entre niveles o registros de lengua pero &eacute;stos son desde luego muy importantes. Algunos de los verbos que en ella figuran son cultismos selectos <em>(referir, </em><em>inquirir, prorrumpir, conminar, amonestar, aseverar, arg&uuml;ir, inferir, colegir, </em>los mismos<em> narrar </em>y<em> relatar, </em>etc.) que rara vez se localizan fuera del &aacute;mbito literario. Y luego est&aacute; el caso singular de<em> repuso</em>, un arca&iacute;smo de la conjugaci&oacute;n de <em>responder</em> que, endomingado a pesar de las polillas, se saca a&uacute;n en procesi&oacute;n en ese &aacute;mbito. Nadie <em>repuso </em>ni <em>inquiere</em> ni <em>prorrumpe</em> ni <em>asevera</em> ni <em>arguye</em> en el habla cotidiana ni en un estilo no marcado, y, si lo hace, ya sabe a lo que se expone. Por otro lado, si el uso de estos cultismos tan elevados en una simple acotaci&oacute;n ya parece algo desproporcionado, m&aacute;s chocante a&uacute;n es la impresi&oacute;n cuando crea una suerte de involuntaria discordancia con el registro familiar o directamente vulgar de las frases descritas por la acotaci&oacute;n. A ver si me explico:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;'Ser&aacute; pura mierda, pero me lo tienes que pagar', <em>repuso</em> Miguel con firmeza&rdquo; (Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n,<em> La ternura del drag&oacute;n</em>, Anagrama, Barcelona, 1994 (1985), p. 66).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No s&eacute; &ndash;<em>repuso</em> Armando, desprevenido&rdquo; (Luis Magriny&agrave;,<em> Los a&eacute;reos</em>, Debate, Madrid, 1993, p. 99). 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;M&aacute;ndame tu rectificaci&oacute;n cuanto antes &ndash;<em>repuso</em> Panchito&rdquo; (Mario Vargas Llosa,<em> La fiesta del chivo</em>, Alfaguara, Madrid, 2000, p. 258).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;'&iquest;Por qu&eacute; no vas en tren?', <em>inquir&iacute;</em>&rdquo; (Bertrand Russell, &ldquo;Autobiograf&iacute;a&rdquo;, en<em> Antolog&iacute;a</em>, Siglo XXI, M&eacute;xico, 2004 (1971), p. 398, no consta traductor).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Qu&eacute; edad tiene el mozalbete? &ndash;<em>inquiri&oacute;</em> Barcel&oacute;, mir&aacute;ndome de reojo&rdquo; (Carlos Ruiz Zaf&oacute;n,<em> La sombra del viento</em>, Planeta, Barcelona, 2003 (2001), p. 20).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&ndash;&iexcl;Qu&eacute; extra&ntilde;a es la oscuridad mexicana! &ndash;exclam&oacute; Kate. &ndash;&iquest;Le gusta? &ndash;<em>inquiri&oacute;</em> &eacute;l. &ndash;A&uacute;n no lo s&eacute; &ndash;<em>repuso</em> ella&rdquo; (D. H. Lawrence,<em> La serpiente emplumada</em>, Montesinos, Barcelona, 2000, trad. de Pilar Giralt, p. 67).
    </p><p class="article-text">
        &iquest;No produce una extra&ntilde;a sensaci&oacute;n &ndash;parecida al escalofr&iacute;o&ndash; que alguien <em>inquiera</em> la edad de un <em>mozalbete</em>?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y o&iacute;r a Miguel, que <em>repuso</em> una frase salpicada de <em>mierda</em>?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y enterarnos de que quien <em>repuso</em> se llamaba <em>Panchito</em>? 
    </p><p class="article-text">
        Enunciados en un registro m&aacute;s neutro, m&aacute;s corriente y moliente y con un contenido sin grandes profundidades (&ldquo;No s&eacute;&rdquo;, &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; no vas en tren?&rdquo;, &ldquo;&iquest;Le gusta?&rdquo;, &ldquo;A&uacute;n no lo s&eacute;&rdquo;), tambi&eacute;n parecen desajustados en combinaci&oacute;n con esos verbos, que uno dir&iacute;a dignos de mejor causa.
    </p><p class="article-text">
        Algunos objetar&aacute;n: L&amp;L olvida que todo esto son convenciones, que el lector lee sin que le llamen la atenci&oacute;n. &iquest;De veras? Para que las convenciones pasen inadvertidas necesitan una ayudita: necesitan, primeramente, que quien se sirve de ellas tenga claro ese prop&oacute;sito, y no pretenda demostrar a costa de ellas que &ldquo;se sabe los verbos&rdquo;. Y, segundo, necesita, en efecto, sab&eacute;rselos. Despu&eacute;s de Semana Santa &ndash;lo siento, pero es que esto da para mucho&ndash;, tercer y &uacute;ltimo cap&iacute;tulo de <em>Los verbos parlanchines.</em>
    </p><p class="article-text">
        Im&aacute;genes:
    </p><p class="article-text">
        1. Tertulia en la botica, Vicente Pastor Navarrete. <a href="http://www.artelista.com/obra/4015286862212919-tertuliaenlabotica.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">http://www.artelista.com/obra/4015286862212919-tertuliaenlabotica.html</a>
    </p><p class="article-text">
        2. Brody, interrogado. (<em>Homeland</em>, temporada 2, AMC, 2012). <a href="http://forums.hipinion.com/viewtopic.php?f=1&amp;t=51680" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">http://forums.hipinion.com/viewtopic.php?f=1&amp;t=51680</a>
    </p><p class="article-text">
        3. Sergio Ramos, interrogado. EFE. <a href="http://www.20minutos.es/noticia/801813/0/ramos/barcelona/compararnos/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">http://www.20minutos.es/noticia/801813/0/ramos/barcelona/compararnos/</a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Magrinyà]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/interrogados-inquiridos_1_5611902.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 Mar 2013 10:13:05 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Interrogados e inquiridos]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los verbos parlanchines (primera parte)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/verbos-parlanchines-primera-parte_1_5608396.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        <strong>Lengua y Literatura </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hoy: Lengua (modalidad por no decir)</strong><em>por no decir</em>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Habl&aacute;bamos <a href="http://www.eldiario.es/Kafka/club-verbos-finos_0_103589645.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el otro d&iacute;a</a> de la loable consigna de no repetir palabras en aras del &ldquo;buen estilo&rdquo; y  anticip&aacute;bamos que, de los verbos de mayor frecuencia de uso, <em>decir</em> era uno de los m&aacute;s reemplazados. En efecto, uno no puede poner todo el tiempo <em>dijo</em> en los di&aacute;logos porque en espa&ntilde;ol la repetici&oacute;n de esta f&oacute;rmula se hace agobiante y cantosa&hellip; al contrario que en ingl&eacute;s, donde <em>said</em> se repite diez veces en la misma p&aacute;gina sin armar esc&aacute;ndalo ni disparar  las alarmas. Conviene que partamos de esta premisa para ver luego c&oacute;mo  la desarrollamos en espa&ntilde;ol: si en ingl&eacute;s la repetici&oacute;n de <em>said</em> no canta es porque el lector &ndash;de distinta psicolog&iacute;a que la nuestra&ndash;  tiene clara su funci&oacute;n de mero apoyo, de casi pura verbalizaci&oacute;n,  podr&iacute;amos decir, de un signo ortogr&aacute;fico (las comillas, en su caso, que  se utilizan para marcar un di&aacute;logo). Es algo que de hecho <em>no se lee </em>y  por eso puede repetirse; como mucho, su presencia podr&iacute;a asociarse a  esa funci&oacute;n un poco pesada que los libros de Lengua de bachillerato  denominan <em>f&aacute;tica</em> y que permite a ciertas expresiones erigirse en guardianas de la  comunicaci&oacute;n, a fin de evitar que &eacute;sta se pierda. Tal vez influyan  tambi&eacute;n antiguos motivos de g&eacute;nero literario: una redundancia como <em>dijo</em> o <em>said</em> nos recuerda que estamos ante un di&aacute;logo de novela y no de teatro.
    </p><p class="article-text">
        No  s&eacute;. En cualquier caso, en espa&ntilde;ol, para que la comunicaci&oacute;n con el  lector se mantenga mientras lee un di&aacute;logo, procedemos a la inversa que  el ingl&eacute;s: a nuestra psicolog&iacute;a lectora <em>dijo</em> le cansa y, a la hora de escribir, conscientes de este contratiempo, echamos mano de un mont&oacute;n de <em>verba dicendi</em>,  o verbos declarativos, como se los llama t&eacute;cnicamente. Pero no cabe  perder de vista que, en principio, el prop&oacute;sito es el mismo, aunque se  d&eacute; la paradoja de que, para evitar un mal efecto en la lectura (que no  se note el <em>decir</em>), apelemos a la variaci&oacute;n en lugar de al sobreentendido y la lectura &ldquo;ciega&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Me he entretenido en hacer una lista de verbos de <em>decir</em> que vemos aparecer en los di&aacute;logos en espa&ntilde;ol y, sin proponerme ser  exhaustivo, me he quedado de piedra porque me ha salido enorme.
    </p><p class="article-text">
        1)  Unos se refieren a la progresi&oacute;n del propio di&aacute;logo: marcan cuestiones  de orden y definen c&oacute;mo participan en &eacute;l los interlocutores. Por un  lado: <em>empezar,</em> <em>continuar, seguir, proseguir, a&ntilde;adir, agregar, repetir, interrumpir, intervenir, terciar, concluir</em> (en el sentido de &lsquo;llegar al final&rsquo;). Por otro: <em>contestar, replicar, responder</em> y el arcaico defectivo de uso exclusivamente literario <em>repuso</em>, que se manifiesta tambi&eacute;n en primera persona <em>(repuse)</em> y que es horrible.
    </p><p class="article-text">
        2) Otros, m&aacute;s pasionales, inciden en la intensidad o en la intencionalidad del enunciado: <em>exclamar, prorrumpir, </em><em>irrumpir, proferir, </em><em>soltar</em>, <em>espetar;</em> <em>imprecar, apostrofar</em> (&iexcl;tenemos ejemplos!: &ldquo;La <em>apostrof&oacute; </em>violentamente:  &iexcl;Guarra! &iexcl;Eres una guarra!&rdquo;, In&eacute;s Palou, <em>Carne apaleada</em>, C&iacute;rculo de Lectores, Barcelona, 1975, p. 32), <em>amenazar,  advertir, amonestar, reprender, vituperar, re&ntilde;ir, rega&ntilde;ar; exhortar,  conminar, instar; recomendar, aconsejar, avisar; suplicar, pedir,  exigir, rogar, implorar;</em> etc.
    </p><p class="article-text">
        3)   Tambi&eacute;n est&aacute;n los verbos ruidosos, es decir, aquellos que  describen  formas de articulaci&oacute;n vocal y m&iacute;mica que acompa&ntilde;an a los  enunciados. <em>Susurrar, murmurar, balbucir, balbucear, cuchichear, titubear, mascullar, vociferar, chillar</em> y <em>gritar</em>, por ejemplo, son formas ac&uacute;sticas de <em>decir</em>. Otros, en cambio, si uno lo piensa bien, no equivalen a <em>decir</em>, porque <em>suspirar, sonre&iacute;r, re&iacute;r, gemir, gru&ntilde;ir, refunfu&ntilde;ar, rezongar, hipar, sollozar</em>,   etc. son cosas que se hacen mientras se dice algo, o m&aacute;s exactamente   antes o despu&eacute;s o adem&aacute;s o en vez de decirlo; pero igualmente los   ponemos en los di&aacute;logos.
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        4)  Otros aluden a la naturaleza l&oacute;gica del enunciado, nos indican  si es una afirmaci&oacute;n, una negaci&oacute;n, una interrogaci&oacute;n <em>(preguntar, inquirir, interrogar, querer saber</em>) o algo m&aacute;s dudoso<em> (dudar, vacilar, </em>incluso<em> sospechar: </em>&ldquo;Veremos &ndash;<em>sospech&oacute;</em> el hidalgo, husmeando&rdquo;, Juan Garc&iacute;a Hortelano, <em>Gram&aacute;tica parda</em>,   Mondadori, Barcelona, 1992 (1982), p. 64). Los de afirmaci&oacute;n y   negaci&oacute;n son los m&aacute;s numerosos y complicados y nos obligan a hacer   subdivisiones:
    </p><p class="article-text">
        4a) Pueden limitarse a eso, a <em>afirmar</em> o <em>negar</em>, pero en general est&aacute;n llenos de matices: <em>manifestar, expresar, exponer; mencionar</em> (muchas veces anglicismo),<em> sugerir </em>(lo mismo),<em> apuntar, proponer; se&ntilde;alar, indicar, observar; explicar, aclarar;   opinar, comentar; declarar, proclamar, anunciar, comunicar,  notificar,  informar; precisar, puntualizar, especificar; confirmar,  asegurar,  aseverar, insistir, destacar, recalcar, remarcar </em>(anglicismo), <em>subrayar,   corroborar; testimoniar, testificar, certificar; prometer, jurar;   predecir, vaticinar, pronosticar, profetizar, avisar, anticipar,   adelantar, avanzar </em>(anglicismo); <em>recordar, evocar, rememorar; </em>etc.
    </p><p class="article-text">
        4b) Pueden referirse a las caracter&iacute;sticas ret&oacute;ricas del enunciado: <em>argumentar,   alegar, razonar, arg&uuml;ir, pretextar, conjeturar, especular,   sostener,  inferir, colegir, deducir, recapitular, resumir, concluir</em> (en el sentido de &lsquo;llegar a una conclusion&rsquo;); y, cuando el enunciado es narrativo m&aacute;s que discursivo, <em>contar, referir, narrar, relatar</em>. Algunos hacen hincapi&eacute; en la r&eacute;plica: <em>contradecir,   refutar, objetar, discrepar, disentir, impugnar, discutir,  criticar,  denunciar, acusar, reprochar, reclamar, oponerse, </em>y de ah&iacute;, con m&aacute;s sentimiento, <em>protestar </em>y<em> quejarse</em>.
    </p><p class="article-text">
        4c) O pueden referirse a algo muy &iacute;ntimo: <em>confesar, reconocer, admitir, revelar, desembuchar.</em>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Esta  clasificaci&oacute;n es bastante improvisada e incompleta, mezcla registros y  seguramente no est&eacute; muy bien hecha, pero sirve para dar una idea de la  abundancia a la que nos enfrentamos. Digo &ldquo;a la que nos enfrentamos&rdquo; y  no &ldquo;de la que disponemos&rdquo; con mucha intenci&oacute;n. Es peligroso tomar ese  magn&iacute;fico repertorio de verbos por un signo de riqueza l&eacute;xica. No  decimos que no lo sea: claro que lo es. Pero eso no significa que  tengamos que exhibir a cada ocasi&oacute;n nuestros tesoros como nuevos ricos.  Resulta un tanto disparatado actuar como si la riqueza l&eacute;xica dependiera  de los verbos que ponemos en las acotaciones de los di&aacute;logos; si &eacute;se  fuera el caso estar&iacute;amos aviados. Las acotaciones de los di&aacute;logos dir&iacute;a  uno que est&aacute;n &ndash;insistimos&ndash;  para facilitar la continuidad, la  funcionalidad, no para llamar la atenci&oacute;n sobre s&iacute; mismas. No hay  ninguna necesidad de echar margaritas a los cerdos, por decirlo un poco  groseramente. <em>Dijo</em> es la mayor&iacute;a de las veces una soluci&oacute;n m&aacute;s elocuente, honrada y discreta que, pongamos por caso, <em>arguy&oacute;</em>, <em>refiri&oacute;, asever&oacute;</em> <em>o sostuvo.</em>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&ndash;Solo era una hoguera &ndash;<em>arguy&oacute;</em> Florita&rdquo; (Miguel Delibes, <em>Madera de h&eacute;roe</em>, Destino, Barcelona, 1994  (1987), p. 88).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&ndash;Vine por aqu&iacute; &ndash;le <em>refiri&oacute;</em> al anciano&rdquo; (Felipe Hern&aacute;ndez, <em>Naturaleza</em>, Anagrama, Barcelona, 1989, p. 261).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;- <em>Bien </em><em>s&ucirc;r</em>, <em>madame</em> &ndash;le <em>asever&eacute;</em>&ndash;. Usted no puede cambiar de peinado!&rdquo; (Llu&iacute;s Llongueras, <em>Llongueras tal cual</em>, Planeta, Barcelona, 2001, p. 28).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&ndash;Por el otro lado no se llega &ndash;<em>sostuvo </em>Eamon, sereno&rdquo; (Jorge Consiglio, <em>El bien</em>, &Oacute;pera Prima, Madrid, 2002, p. 113).
    </p><p class="article-text">
        Y,  si es conveniente ser selectivos y moderados, tambi&eacute;n lo es ser  precisos, una cualidad que no se da precisamente en ninguno de los  ejemplos que acabamos de citar. Ese pr&oacute;digo panorama de verbos que se  nos ofrece no es Jauja. Cada verbo tiene su sitio. Cuando decimos <em>declar&oacute;</em>, hay que ver que realmente se est&eacute; <em>declarando</em> algo; si uno <em>asevera</em>, tiene que ser porque realmente est&eacute; <em>aseverando</em> algo. No nos parece que est&eacute; <em>aseverando</em> nada este personaje:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&ndash;Haz que la siga uno de tus hombres de confianza, Frank &ndash;<em>asever&eacute;</em>, contundente&rdquo; (Jorge Volpi, <em>En busca de Klingsor</em>, Seix Barral, Barcelona, 1999, p. 339).
    </p><p class="article-text">
        Ni <em>comentando</em> (un verbo muy vulgarmente solicitado, por cierto, como falso sin&oacute;nimo de <em>decir</em>) nada estos otros:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Cu&aacute;l es su estado actual? &ndash;pregunt&oacute; C&eacute;sar Arellano. &ndash;&iexcl;Terrible! &ndash;<em>coment&oacute;</em> el doctor Muescas&rdquo; (Torcuato Luca de Tena, <em>Los renglones torcidos de Dios, </em><em> </em>Planeta, Barcelona, 1994 (1979), p. 169).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Castor se sent&oacute; en el suelo, orden&oacute; a sus tres ovejas que le imitaran y<em> coment&oacute;</em>: &ndash;El pandit vendr&aacute; dentro de unos minutos&rdquo; (Fernando S&aacute;nchez Drag&oacute;, <em>El camino del drag&oacute;n</em>, Planeta, Barcelona, 1993 (1990), p. 145).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;'Tal vez intentaron esconderte un texto de contenido desagradable para ti', le suger&iacute;. 'Nada de eso', <em>coment&oacute;</em> Rita&rdquo; (Enrique Vila-Matas, <em>Suicidios ejemplares</em>, Anagrama, Barcelona, 1995 (1991), p. 123).
    </p><p class="article-text">
        Ni <em>declarando</em> nada estos de aqu&iacute;:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Diga mejor &ndash;<em>declar&oacute;</em> amargamente Gil&ndash; que no me quiere contar nada&rdquo; (Luis Landero, <em>Juegos de la edad</em><em> tard&iacute;a</em>, <em>Tusque</em>ts, Barcelona, 1993 (1989), p. 101).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Qu&eacute; triste<em> </em>es todo &ndash;<em>declar&oacute;</em>, con un gesto ausente&rdquo; (Lorenzo Silva, <em>El alquimista impaciente</em>, Destino, Barcelona, 2000, p. 176).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Qu&eacute; edad tiene el mozalbete? &ndash;inquiri&oacute; Barcel&oacute;, mir&aacute;ndome de reojo. &ndash;Casi once a&ntilde;os &ndash;<em>declar&eacute;&rdquo;</em> (Carlos Ruiz Zaf&oacute;n, <em>La sombra del viento,</em> Planeta, Barcelona, 2003 (2001), p. 20). (Sobre el <em>inquiri&oacute;</em> volvemos otro d&iacute;a.)
    </p><p class="article-text">
        En  resumen, se tiende a confundir la disponibilidad con la sinonimia.  Tenemos la sensaci&oacute;n de que as&iacute; nuestro estilo es m&aacute;s &ldquo;rico&rdquo; y  &ldquo;expresivo&rdquo;. No vemos que lo que estamos haciendo en realidad es delatar  nuestro gusto por el floripondio, o las r&eacute;moras de nuestras redacciones  escolares, al anteponer la profusi&oacute;n a la exactitud &ndash;recia  caracter&iacute;stica de la literatura patria&ndash; &iexcl;incluso en una acotaci&oacute;n de  di&aacute;logo! Tampoco parece que nos demos cuenta de que el recurso  continuado a presuntos sin&oacute;nimos &ldquo;para variar&rdquo; acaba siendo tan cantoso  como si hubi&eacute;ramos repetido infamemente unos cuantos <em>dijo</em>.
    </p><p class="article-text">
        Mis ejemplos favoritos de esta ansiedad expresiva y sus sonoras elecciones son algunas asociaciones animales:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Bastante tiempo ha vivido usted gratis &ndash;&#65279;<em>rebuzn&oacute;</em>&#65279; el administrador celoso&rdquo; (Alfonso Mart&iacute;nez Carrasco, <em>&iexcl;Pero mat&oacute; a un burgu&eacute;s!, </em>Ayuso, Madrid, 1979 (1932), p. I, 136).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Y si quieres m&aacute;s &ndash;<em>mugi&oacute;</em><em> </em>el intruso [&hellip;]&ndash;, &iexcl;toma! &iexcl;Y toma!&rdquo; (Leopoldo Azancot, <em>Los amores prohibidos</em>, Tusquets, Barcelona, 1988 (1980), p. 48).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;Pero si no ha sucedido absolutamente nada, mi querido se&ntilde;or extranjero! &ndash;&#65279;<em>trin&oacute;</em>&#65279; Celeste&rdquo; (Jos&eacute; Donoso, <em>Casa de&#65279; campo</em>&#65279;, Seix Barral, Barcelona, 1989 (1978), p. 426).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;Yo no! &iexcl;Yo me quedo!<em> </em>&ndash;<em>bram&oacute;</em> Leonardus desde su camarote&rdquo; (Rosa Reg&aacute;s, <em>Azul</em>, Destino, Barcelona, 1994, p. 69).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ah, y traiga unos taquitos de jam&oacute;n, pero que no sean como los de antes, &iquest;eh?, que para caucho ya est&aacute; la casa Pirelli &ndash;<em>rugi&oacute; </em>el librero&rdquo; (Carlos Ruiz Zaf&oacute;n, <em>La sombra del viento</em>, Planeta, Barcelona, 2003 (2001), p. 20).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;C&aacute;llese, vieja! &ndash;<em>ladr&oacute; </em>de vuelta el militar&rdquo; (Isabel Allende, <em>La ciudad de las</em><em> bestias</em>, Montena, Barcelona, 2002, p. 281).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Pero el  cuerpo de Clo se hench&iacute;a, cual si la penetraci&oacute;n le insuflara coraje.  Era ella quien lo absorb&iacute;a ahora, agit&aacute;ndose febril, incontenible,  tirando de su cuerpo. M&aacute;s r&aacute;pido, mas r&aacute;pido, por favor &ndash;<em>relinch&oacute;</em>&rdquo; (Francisco J. Satu&eacute;, <em>La carne</em>, Alfaguara, Madrid, 1991, p. 125).
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Cu&aacute;nto car&aacute;cter!
    </p><p class="article-text">
        La semana que viene seguimos con m&aacute;s cosas que decimos para no decir<em> decir.</em>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Im&aacute;genes:
    </p><p class="article-text">
        1. <em>Tertulia espa&ntilde;ola</em>, Jos&eacute; Jim&eacute;nez Aranda (1837-1903). (<a href="http://www.jesusfelipe.es/DuquedeRivas.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">http://www.jesusfelipe.es/DuquedeRivas.htm</a>)
    </p><p class="article-text">
        2. <em>The Whisper</em>, Davy MacDonald (<a href="http://www.dmacart.com/2012/06/26/deco-dames-exhibition-at-the-ship/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">http://www.dmacart.com/2012/06/26/deco-dames-exhibition-at-the-ship/</a>)
    </p><p class="article-text">
        3. <em>A priest hearing a confession</em>, circa 1950. (The Three Lions/Getty Images), (<a href="http://www.npr.org/blogs/thetwo-way/2011/02/09/133618133/catholic-church-oks-confession-app-but-you-still-have-to-see-a-priest" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">http://www.npr.org/blogs/thetwo-way/2011/02/09/133618133/catholic-church-oks-confession-app-but-you-still-have-to-see-a-priest</a>)
    </p><p class="article-text">
        4. <em>Retrato de un caballo relinchando</em>, Anastasia Kazakova (<a href="http://www.123rf.com/photo_12966309_portrait-of-a-white-horse-neighing.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">http://www.123rf.com/photo_12966309_portrait-of-a-white-horse-neighing.html</a>)
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Magrinyà]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/verbos-parlanchines-primera-parte_1_5608396.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 14 Mar 2013 11:52:33 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Los verbos parlanchines (primera parte)]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El artista y el chistoso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/artista-chistoso_1_5602942.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        <strong>Lengua y Literatura</strong><strong>Hoy: Literatura (modalidad silencio vs ruido)</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em> vs </em>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        En octubre de 2011, Jo&atilde;o Rocha, un director de arte de una empresa publicitaria portuguesa, lanz&oacute; un tumblelog titulado <a href="http://kimjongillookingatthings.tumblr.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Kim Jong-Il Looking at Things</a> que pronto alcanzar&iacute;a cientos de miles de visitas. Consist&iacute;a &ndash;hasta hace un par de meses, cuando lo dio por concluido&ndash; en una serie de fotos del ya difunto l&iacute;der de Corea del Norte, ese pa&iacute;s legendario por ser una mancha negra en el <a href="http://bigthink.com/strange-maps/218-koreas-dark-half" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">mapa nocturno del planeta</a> y por autorizar &uacute;nicamente <a href="http://www.dailymail.co.uk/news/article-2282134/North-Korean-fashion-women-encouraged-choose-18-officially-sanctioned-hairstyles.html#ixzz2LeJnkVIv" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">28 tipos de corte de pelo</a>. &ldquo;Lo gracioso &ndash;<a href="http://blogs.wsj.com/korearealtime/2011/12/20/will-blog-of-kim-jong-il-looking-at-things-live-on/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">dice Rocha</a>&ndash; era ver a una persona a la que continuamente se pinta como una encarnaci&oacute;n del mal haciendo algo tan inofensivo como mirar cosas.&rdquo; Veamos algunos ejemplos:
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        M&aacute;s de 200 fotograf&iacute;as de este estilo (&ldquo;Es incre&iacute;ble que eso pudiera pasar por propaganda en Corea del Norte&rdquo;) componen el tumblelog, y con ellas Rocha, que no tard&oacute; en llamar la atenci&oacute;n de los medios y en adquirir cierto renombre pop (no le han faltado <a href="http://kimjongunlookingatthings.tumblr.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">seguidores</a> ni <a href="http://russelljongillookingatthings.tumblr.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">parodias</a>)&nbsp;ha acabado sacando <a href="http://www.jean-boite.fr/box/kim_jong_il_looking_at_things_" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un libro</a> en una editorial francesa. Los pies de las fotograf&iacute;as son puramente descriptivos: &ldquo;Mirando un cerdo asado&rdquo;, &ldquo;Mirando la suela de un zapato&rdquo;, &ldquo;Mirando un libro&rdquo;, &ldquo;Mirando a Putin&rdquo;. No hay comentarios. Solo la sensaci&oacute;n de que las im&aacute;genes hablan por s&iacute; mismas.
    </p><p class="article-text">
        En mayo de 2012 se cre&oacute; en Tumblr algo parecido a nivel aut&oacute;ctono, titulado <a href="http://esperanzahaciendocosas.tumblr.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Esperanza haciendo cosas</em></a><em>.&nbsp;</em>En &eacute;l se reun&iacute;an fotos, m&aacute;s oficiosas que oficiales (aunque hay de ambos tipos), de una personalidad pol&iacute;tica que todav&iacute;a no es l&iacute;der mundial m&aacute;s que por las ganas que tiene de serlo, pero que no cabe descartar como presidenta de una naci&oacute;n. Su responsable &ndash;an&oacute;nimo&ndash; ha tenido, eso s&iacute;, menos paciencia que el portugu&eacute;s, pues parece que, despu&eacute;s de unas 70 muestras, se ha cansado (lleva inactivo desde julio de 2012, apenas dos meses despu&eacute;s de iniciarlo). La antolog&iacute;a puede visitarse en cualquier caso y en ella se encuentran im&aacute;genes como &eacute;stas:
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Es cierto que Esperanza Aguirre <em>hace</em> cosas m&aacute;s que mirarlas, dada su idiosincrasia, y la orientaci&oacute;n, sin duda, es diferente: a la figura est&oacute;lida, algo divinizada, de Kim Jong-Il como severo supervisor, opone Esperanza Aguirre su total identificaci&oacute;n con los trabajos y el esp&iacute;ritu del pueblo. Pero los actos en los que a ambos vemos representados est&aacute;n guiados por un prop&oacute;sito com&uacute;n: son todos ellos demostraciones del compromiso de una personalidad pol&iacute;tica con el progreso y el bienestar de una comunidad, sea a trav&eacute;s de la industria, las obras p&uacute;blicas, la cultura o las relaciones con otros dignatarios.
    </p><p class="article-text">
        La gran diferencia no est&aacute; en las fotos y lo que representan, sino en el texto que las acompa&ntilde;a. Si, como dec&iacute;amos, los pies de foto del l&iacute;der norcoreano apenas consist&iacute;an en una frase descriptiva, casi redundante, los de la l&iacute;der madrile&ntilde;a son claramente creativos. Por el orden en que aqu&iacute; hemos puesto las im&aacute;genes, son los siguientes: &ldquo;Esperanza apretando el bot&oacute;n de autodestrucci&oacute;n de la democracia&rdquo;, &ldquo;Esperanza enterrando el estado del bienestar&rdquo;, &ldquo;Esperanza haci&eacute;ndose un &lsquo;simpa&rsquo;&rdquo;, &ldquo;Esperanza y Gallard&oacute;n comentando el &uacute;ltimo de <em>Amar en tiempos revueltos</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Uno puede aventurar circunstancias y motivos para tal proceder (que ha creado tambi&eacute;n escuela: <a href="http://anabotellahaciendocosas.tumblr.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Ana Botella haciendo cosas</em></a>). El autor de <em>Kim Jong-Il Looking at Things</em> no es norcoreano: no &ldquo;documenta&rdquo; desde dentro, sino desde un lugar remoto y seguro no afectado por los sucesos que se&ntilde;ala; no incluye el nombre del l&iacute;der en los pies; no elabora ni recalca sino que recopila y etiqueta, casi como un archivero; escribe &ndash;siendo portugu&eacute;s&ndash; en ingl&eacute;s, entiende que su trabajo puede tener proyecci&oacute;n internacional, pues de &eacute;l surge un corpus de im&aacute;genes que ilustra un discurso del poder. Yo creo que &eacute;sta es la forma de trabajar de un artista, pero me dar&iacute;a igual si alguien dijera que es la de un diletante. La persona responsable de <em>Esperanza haciendo cosas</em>, en cambio, es presumiblemente madrile&ntilde;a, una afectada por la pol&iacute;tica de la l&iacute;der, a la que se refiere familiarmente por su nombre de pila; no tiene la menor duda de que no merece proyecci&oacute;n internacional; es indudable que est&aacute; harta: hurga, se regodea, personaliza, proclama sin tapujos su prop&oacute;sito de escarnio, y es posible que piense en todos esos recursos como una forma de activismo. Es, como la l&iacute;der que retrata, populista. Para ella las im&aacute;genes no hablan por s&iacute; mismas: hay que dejar claro &ndash;que a nadie se le escape&ndash; que son una caricatura.
    </p><p class="article-text">
        No digo que no est&eacute; bien, y que hasta pueda tener su utilidad; y, obviamente, que cada uno haga lo que quiera. Pero lo que a L&amp;L le interesa normalmente es lo que uno <em>no</em> <em>quiere</em> y as&iacute;, al observar y comparar, se da cuenta de que lo que para un autor es material del que el arte se puede apropiar, para otro no es m&aacute;s que una rid&iacute;cula peque&ntilde;ez cuyo sitio est&aacute; en el chascarrillo de pancarta, de caf&eacute; o de taberna, lugares hoy perfectamente amoldados al ciberespacio sin perder ni un &aacute;pice de &ldquo;cercan&iacute;a con el pueblo&rdquo;. <em>Esperanza haciendo cosas</em> es, en fin, la obra de un chistoso. Algunos pensar&aacute;n que, desde luego, Esperanza Aguirre, con las cosas que hace, se lo pone f&aacute;cil. No diremos que no. Pero el problema del chistoso es que acaba siempre reclamando la atenci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Todos conocemos al tipo: parece que le preocupa menos la calidad de sus chistes que la confirmaci&oacute;n continuada de lo chistoso que es. Las fotos de Esperanza Aguirre quedan casi como un pretexto para el pie, en vez de ser al contrario; su protagonismo es usurpado por el del comentarista. Teniendo en cuenta los modos y maneras de la l&iacute;der en cuesti&oacute;n, casi parece que compiten ambos en gracejo... y que el comentarista, desde su distancia privilegiada (no m&aacute;s privilegiada en este sentido que la de su precursor Rocha), sale victorioso. Que no tenga nombre, muy en consonancia con la fruici&oacute;n en el anonimato que ha reintroducido Internet, no invalida el argumento. Es m&aacute;s, parad&oacute;jicamente, uno dir&iacute;a que lo reafirma: ya sin autor, lo importante es, ante todo, la sonoridad.
    </p><p class="article-text">
        Walter Benjamin dijo una vez que no hay nada para destruir un texto como una cita textual. Alguien a&ntilde;adir&iacute;a en otra ocasi&oacute;n que la mejor parodia de un texto es siempre el texto mismo. Sin embargo, estas ideas deben de ser demasiado alemanas para que calen aqu&iacute;, donde la sonoridad, el subrayado y la ocurrencia, y cualquier cosa en general que no lleve mucho trabajo (no, por supuesto, m&aacute;s de un a&ntilde;o de ir acumulando fotos), gozan por tradici&oacute;n de mayor cr&eacute;dito. Cuesta, en general, ver <em>texto</em> en cierto tipo de cosas (&iquest;en unas fotos de Esperanza Aguirre?, qu&eacute; va) y el estilo silencioso, met&oacute;dico, sin comentarios, nunca ha sido muy apreciado. De hecho, si la voluntad de ese estilo es ser invisible, podemos estar seguros de que aqu&iacute; se cumple hasta las &uacute;ltimas consecuencias: nadie lo ve.
    </p><p class="article-text">
        La limitaci&oacute;n que impide al ojo reconocer las posibilidades de ciertos materiales suele venir tristemente acompa&ntilde;ada por un desinter&eacute;s, o una incapacidad para detectar cu&aacute;nto oficio, cu&aacute;nto arte &ndash;no me asustan estas palabras, sin&oacute;nimos de &ldquo;trabajo&rdquo;&ndash; requiere la ocultaci&oacute;n, el empe&ntilde;o netamente estil&iacute;stico en que las cosas no se noten. Cuando leemos en una buena traducci&oacute;n del ingl&eacute;s, por ejemplo, una frase como &ldquo;No te preocupes&rdquo; o &ldquo;No pasa nada&rdquo;, pocos son los que reparan en el gran m&eacute;rito del traductor por haber dado con una soluci&oacute;n funcional, perfecta e <em>invisible</em> del famoso No <em>problem</em>,&nbsp; tantas veces asimilado con ramploner&iacute;a como &ldquo;No hay problema&rdquo;. Como no se ve el truco, tampoco se celebra. Pero no es de extra&ntilde;ar&hellip; si se considera el fen&oacute;meno a la luz de la tradici&oacute;n literaria aut&oacute;ctona, donde uno &ndash;otro ejemplo&ndash; pone cinco palabras de pueblo en un p&aacute;rrafo y enseguida a eso lo llaman &ldquo;lenguaje&rdquo;. Muy pocos se ocupan de investigar si esos rusticismos los ha aprendido el autor de una forma natural o los ha sacado fraudulentamente de un diccionario, si se aplican bien o mal, si conviven con coherencia con otros registros ling&uuml;&iacute;sticos en el mismo texto o si, por el contrario, el contexto los pone en evidencia. Su sonoridad es suficiente, no vayamos a buscar la causa, el mecanismo: el antiintelectualismo end&eacute;mico de ciertas culturas funciona as&iacute;. Mucho me temo que, si hubiera sido un autor patrio &ndash;perm&iacute;tanme esta fantas&iacute;a&ndash;, a un novelista como Kazuo Ishiguro, con su prosa arduamente plana, inocua, neutra, aparentemente torpe, no lo habr&iacute;a publicado nadie.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; hay que ser <em>expresivos</em>. Ni se nos ocurra siquiera poner el &ldquo;Aguirre&rdquo;.
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      <dc:creator><![CDATA[Luis Magrinyà]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/artista-chistoso_1_5602942.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 07 Mar 2013 11:44:08 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El artista y el chistoso]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Diseño]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Dos hermanos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/hermanos_1_5597212.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        <strong>Lengua y Literatura</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hoy: Lengua (modalidad fraternidad y comercio)</strong>
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        Hoy L&amp;L habla con Diego y Daniel Moreno (Madrid, 1976 y 1980), hermanos y editores. Los dos estudiaron Sociolog&iacute;a en la Universidad Complutense y su madre, que no tiene otros hijos, quer&iacute;a que hicieran unas oposiciones; tal vez lo quiere a&uacute;n. El mayor fue librero de segunda mano, trabaj&oacute; en la librer&iacute;a Crisol, fund&oacute; una editorial (Josef K.) que dur&oacute; cuatro t&iacute;tulos y, despu&eacute;s de pasar un a&ntilde;o y medio en una aldea aragonesa trabajando en un proyecto raro sobre una imprenta digital, cre&oacute; en 2006 N&oacute;rdica Libros: su primer t&iacute;tulo fue <em>Betsab&eacute;</em>, de Torgny Lindgren, una historia b&iacute;blica. El menor trabaj&oacute; en la librer&iacute;a Marcial Pons y, despu&eacute;s de un intento fallido de hacerse con la Editorial Complutense, cogi&oacute; tal berrinche, dice, que fund&oacute; su propio sello, Capit&aacute;n Swing: con ese nombre &ndash;que no procede de un c&oacute;mic&ndash; firmaban los granjeros ingleses las cartas intimidatorias a los introductores de la trilladora all&aacute; por 1830. Su primer t&iacute;tulo, en 2009, fue <em>Florencia insurgente,</em> de Maquiavelo. Los dos tienen novia, con la que viven. Daniel, cuando se r&iacute;e por escrito, dice &ldquo;jsjsjsjsjsjsjs&rdquo;. Diego dice &ldquo;je, je&rdquo; y cosas como &ldquo;Acabo de regresar de la <em>tourn&eacute;e</em> de Logro&ntilde;o&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: Perdisteis a vuestro padre cuando a&uacute;n </strong><strong>estabais</strong><strong> en la universidad. &iquest;Cambi&oacute; eso vuestra relaci&oacute;n como hermanos? &iquest;Alguno de vosotros sinti&oacute; la necesidad de ejercer de cabeza de familia? &iquest;O vuestra madre no os dej&oacute;?Diego M.:</strong>
    </p><p class="article-text">
         Vaya pregunta&hellip; La muerte de mi padre fue un <em>shock</em>, fue repentina, y quien sigui&oacute; ejerciendo de cabeza de familia fue mi madre, sin duda. Dani era m&aacute;s joven y, como yo siempre he sido muy responsable, mi madre se apoyaba en m&iacute; y protegi&oacute; m&aacute;s a Daniel. Mi padre ten&iacute;a una empresa peque&ntilde;a de pintura industrial, y mi abuelo, que hab&iacute;a fundado la empresa, esperaba que nosotros sigui&eacute;ramos con ella. Fue una buena decisi&oacute;n decirle que no, pues nos habr&iacute;a pasado como a mi padre: que habr&iacute;amos dedicado nuestra vida a algo que no nos satisfac&iacute;a especialmente. En cuanto a la relaci&oacute;n con mi hermano, no cambi&oacute; mucho. Siempre nos hemos llevado bien y creo que la muerte de nuestro padre no afect&oacute; a nuestra relaci&oacute;n (aunque s&iacute; veo que tenemos terrores comunes, tal vez debidos a esa muerte prematura), &iquest;no te parece, Dani?<strong>Daniel M.:</strong>
    </p><p class="article-text">
         Creo que nuestra relaci&oacute;n sigui&oacute; siendo igual&hellip; Distante y cercana al mismo tiempo&hellip;  rara de explicar con palabras en todo caso.  La relaci&oacute;n de nuestros padres era un tanto especial antes de que mi padre muriera y ello hac&iacute;a que mi hermano, desde mucho antes de que eso ocurriera, ya ejerciera no de padre pero s&iacute; de hijo muy responsable. Una responsabilidad propiciada por un lado por la separaci&oacute;n de nuestros padres cuando nosotros &eacute;ramos todav&iacute;a muy peque&ntilde;os, y que se vio un tanto acrecentada cuando mi padre muri&oacute;. De todas maneras mi madre siempre hizo de padre, madre y Esp&iacute;ritu Santo y no hubo que superponer muchos papeles ya que ella se los adjudicaba todos. &iexcl;Una gran MUJER!
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: &iquest;Cu&aacute;les son vuestras diferencias de car&aacute;cter?Diego M.:</strong>
    </p><p class="article-text">
         Seguramente tenemos m&aacute;s rasgos en com&uacute;n, en cuanto a car&aacute;cter se refiere, de los que nos creemos. Sin pretender hacer un an&aacute;lisis muy profundo, yo creo que soy m&aacute;s serio (en el sentido de que soy m&aacute;s aburrido) y responsable (a veces en exceso).<strong>Daniel M.:</strong>
    </p><p class="article-text">
         Creo que nuestras diferencias son grandes: mi hermano es una persona bastante racional y comedida para gran cantidad de cosas y yo m&aacute;s impaciente e impulsivo. Mi hermano siempre dio la sensaci&oacute;n de tener un car&aacute;cter y una personalidad fuerte y marcada y la m&iacute;a me parece que se ha ido moldeando m&aacute;s lentamente&hellip; Mi hermano, como ya he dicho, se hizo mayor antes. Yo he sido bastante m&aacute;s golfo y macarra que &eacute;l, que fue bastante hermanita de la caridad siempre. Por lo dem&aacute;s, ambos tenemos otras dimensiones de la personalidad que compartimos, seguramente por herencia familiar: somos personas bastante generosas, poco tendentes al enfado y la antipat&iacute;a y sobre todo muy entregadas. Seguramente el rasgo m&aacute;s inconsciente que nos une desde siempre es que ambos hemos sido un poco disl&eacute;xicos, jsjsjsjs.
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: </strong><em><strong>Nature or nurture? </strong></em><strong>&iquest;Cre&eacute;is en la herencia o en el ambiente? &iquest;Hab&eacute;is o&iacute;do hablar de esos hermanos gemelos separados al nacer, criados en distintas familias, y que luego se encontraron a los 37 a&ntilde;os y vieron que fumaban la misma marca de tabaco, iban de vacaciones a los mismos sitios y ten&iacute;an los dos un perro llamado Troy?Diego M.:</strong>
    </p><p class="article-text">
         Me cuesta creer que la herencia biol&oacute;gica marque nuestra vida, aunque f&iacute;sicamente s&iacute; puede ser determinante. Yo defiendo claramente que ha sido el ambiente, la educaci&oacute;n, lo que hemos visto en casa, lo que nos ha hecho compartir muchas cosas que ahora compartimos, y que hace a&ntilde;os parec&iacute;an imposibles: el gusto por los libros, el cine, la gastronom&iacute;a, y, sobre todo, las posiciones pol&iacute;ticas, aunque seguro que Dani dir&aacute; que en esto &uacute;ltimo no coincidimos tanto, je, je.<strong>Daniel M.:</strong>
    </p><p class="article-text">
         Para algunas cosas la herencia y para otras el ambiente; aunque estoy seguro de que si nos hubieran separado al nacer nunca habr&iacute;amos reconocido que &eacute;ramos hermanos. Tenemos en com&uacute;n muchas cosas que hemos mamado en la familia&hellip; gustos, situaciones c&oacute;micas, actitudes formales y materiales ante la vida, etc., pero luego la vida en sociedad de cada uno ha sido un mundo totalmente distinto. Se puede decir que la herencia nos une y el ambiente nos separa de alguna manera. En nuestra peque&ntilde;a familia hay una manera muy clara de medir el rollo de la herencia. Hay dos planos, el materno y el paterno, y cada uno de ellos condiciona que cada uno tenga que ser de una manera, al igual que en las hormigas o que en el hor&oacute;scopo (algo a lo que recurre nuestra madre de cuando en cuando y que le parece algo as&iacute; como la ley de la relatividad especial o la evoluci&oacute;n de las especies). Es decir, mi hermano ha salido a la familia de mi padre: gente con un humor m&aacute;s fino e ir&oacute;nico, serios y recios, gente responsable y decente. Y yo a la de mi madre (andaluces de Ja&eacute;n), altivos, golferas, simp&aacute;ticos y bastante vagos y perezosos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: Aparte de estudios gen&eacute;ticos, los hermanos han dado pie a muchos melodramas, empezando por Ca&iacute;n y Abel. Cuando no es la historia catastr&oacute;fica de los celos, del bueno y el malo, suele ser la de una espesa dependencia. &iquest;Os veis protagonizando alguna de estas historias? &iquest;O dais m&aacute;s para una comedia de lealtad y buenos sentimientos?Diego M.:</strong>
    </p><p class="article-text">
         Uf, y adem&aacute;s somos competencia&hellip; Mal rollo. Yo creo que, como nunca hemos sido de esos hermanos inseparables, es posible que tengamos m&aacute;s claras las cosas que nos unen. En muchas familias hemos visto hostias entre hermanos, y siempre nos decimos que esperamos que no nos toque a nosotros. Como en tantas otras cosas todo lo jode el dinero&hellip;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: El patrimonio, s&iacute;&hellip; &iexcl;Gran tema! En cuanto aparece una herencia, algunos hermanos se sacan los ojos, por miles de millones o por una chabola en un descampado, da igual. Antonia S. Byatt y Margaret Drabble no se hablan por un juego de t&eacute;.Daniel M.:</strong>
    </p><p class="article-text">
         Nuestra historia de hermandad da para poca literatura, sea escrita o en imagen. En todo caso, m&aacute;s all&aacute; de rivalidades at&aacute;vicas por una mujer o un trono, mucho menos por el destierro divino, podr&iacute;amos encajar en <em>Rocco y sus hermanos</em>. Evidentemente Rocco ser&iacute;a Diego, no por el tama&ntilde;o de su miembro sino por su lealtad familiar y responsabilidad social corporativa, y yo, su hermano que no deja de liarla. Luchar de maneras distintas por adaptarse a una sociedad impersonal es algo que nos pega. Veo bastante a mi hermano en el papel de alguien que renuncia, en este caso a una mujer, por mantener el orden establecido, para que luego, igualmente, todo salte por los aires.
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: &iquest;Cu&aacute;l es vuestra historia de hermanos favorita? La m&iacute;a, Los diez mandamientos.</strong><em>Los diez mandamientos</em><strong>Diego M.:</strong>
    </p><p class="article-text">
         Recurriendo a mi cat&aacute;logo, y as&iacute; hacemos promoci&oacute;n, je, je, <em>Los hermanos corsos</em>, de Alexandre Dumas. Dos hermanos que estaban unidos por el costado al nacer y que, aunque fueron separados y estuvieron a&ntilde;os sin encontrarse, viv&iacute;an y sent&iacute;an el dolor del otro como propio.<strong>Daniel M.:</strong>
    </p><p class="article-text">
         Creo que nuestra historia de hermanos es ese poema de Cort&aacute;zar que cantaba Pablo Milan&eacute;s, y que yo cantaba mucho y siempre mir&aacute;ndole a &eacute;l, como ech&aacute;ndole en cara que fuera un hermano tan co&ntilde;azo y a la vez que siempre estuviera ah&iacute; para lo que hiciera falta.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Yo tuve un hermano. / No nos vimos nunca pero no importaba. / Yo tuve un hermano / que iba por los montes / mientras yo dorm&iacute;a&rdquo;, etc.
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: Ya como editores, ten&eacute;is cada uno un cat&aacute;logo bien diferenciado. Diego empez&oacute; con el mundo n&oacute;rdico, que realmente fue distintivo, sigui&oacute; con literatura de otras latitudes y ahora es adem&aacute;s el pr&iacute;ncipe de los cl&aacute;sicos ilustrados y de las aplicaciones para Ipad. Daniel, aunque ha publicado bastantes obras de ficci&oacute;n, parece haberse especializado &ndash;o al menos ser mayoritariamente reconocido por ello&ndash; en un g&eacute;nero de ensayo pol&iacute;tico &ldquo;radical&rdquo; que Cristina Cifuentes debe de considerar que fomenta &ldquo;cierto tipo de delincuencia&rdquo;.Diego M.:</strong>
    </p><p class="article-text">
         Curiosamente los dos tenemos la misma formaci&oacute;n acad&eacute;mica. En aquellos a&ntilde;os en la facultad de Sociolog&iacute;a mis lecturas eran b&aacute;sicamente de no ficci&oacute;n. Disfrutaba much&iacute;simo con t&iacute;tulos como los que publica ahora Capit&aacute;n Swing. Pero lleg&oacute; un momento en que empec&eacute; a leer literatura (todo empez&oacute; con <em>Hambre</em>, de Knut Hamsun, que tanto he recomendado) y descubr&iacute; que la narrativa trata los mismos temas que el mejor ensayo, pero de una manera mucho m&aacute;s atractiva y, por supuesto, hermosa. Dani, sin embargo, sigui&oacute; fascinado con aquellas lecturas&hellip; que en estos tiempos son muy necesarias.<strong>Daniel M.:</strong>
    </p><p class="article-text">
         Evidentemente tenemos dos l&iacute;neas diferenciadas pero eso no significa que no compartamos cosas que cada uno hace. Hemos estudiado la misma carrera, y los dos nos decantamos por un tipo de ciencia social cr&iacute;tica. Adem&aacute;s cada uno en su momento ha militado pol&iacute;ticamente, con lo cual tambi&eacute;n nos une cierta mirada sobre la realidad. Aunque sean dos l&iacute;neas diferenciadas, creo que tenemos much&iacute;simo en com&uacute;n a la hora de elegir las narraciones que nos interesan.
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: &iquest;Qu&eacute; libro os gusta m&aacute;s a cada uno del cat&aacute;logo del otro? &iquest;Querr&iacute;ais haber publicado alguno de ellos en vuestro propio cat&aacute;logo?Diego M.:</strong>
    </p><p class="article-text">
         El cat&aacute;logo de Capit&aacute;n Swing est&aacute; lleno de joyas. Me gustan especialmente dos t&iacute;tulos de dos autores norteamericanos: <em>La jungla</em>, de Upton Sinclair, y <em>El financiero</em>, de Theodore Dreiser. Me encantar&iacute;a tener los dos en mi cat&aacute;logo. Dani y yo hablamos con frecuencia de los libros que vamos a publicar y compartimos sugerencias. Hasta es posible que en unos meses os encontr&eacute;is con una coedici&oacute;n (y hasta aqu&iacute; puedo leer&hellip;).<strong>Daniel M.:</strong>
    </p><p class="article-text">
         Hay algunos libros que encajar&iacute;an en mi cat&aacute;logo perfectamente, seguramente los de Sinclair Lewis. Pero no son &eacute;sos los que m&aacute;s me gustan. Me gust&oacute; mucho en su momento <em>La maravillosa historia de Peter Schlemhil</em>. Luego los primeros libros que public&oacute;, <em>Michael Kohlhaas</em> de Kleist o <em>Un h&eacute;roe de nuestro tiempo </em>de L&eacute;rmontov, me parecen libros cojonudos.<strong>L&amp;L: Libros, Daniel, previamente publicados todos ellos por otras editoriales y en ediciones vivas en ese momento. &iquest;Tu hermano te los descubri&oacute;?Daniel M.:</strong>
    </p><p class="article-text">
         Hombre no entend&iacute; la cuesti&oacute;n como si se tratara de un nuevo descubrimiento en la literatura, pero yo s&iacute; que los descubr&iacute; por &eacute;l, as&iacute; que tanto monta&hellip; Los editores de ahora tenemos que hacer mucha labor de arqueolog&iacute;a, ya que hay gran cantidad de obras buen&iacute;simas que se publicaron en un momento y casi nadie las conoce. Soy un gran defensor de rescatar libros&hellip; Mejor eso que sacar mierda por muy reciente que sea&hellip;
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: &iquest;Qu&eacute; piensas, Diego, de que tu hermano publicara uno de esos libros de art&iacute;culos sobre series de televisi&oacute;n, sobre </strong><em><strong>Mad Men</strong></em><strong> en concreto, que es una serie que s&eacute; que a ti, como a m&iacute;, no te gusta nada? &iquest;Y t&uacute;, Daniel, de que &eacute;l publicara una edici&oacute;n con dibujitos de</strong><strong> El manifiesto comunista?</strong><em> El manifiesto comunista</em><strong>Diego M.: </strong>
    </p><p class="article-text">
        Tanto como que no me guste nada<em> Mad Men</em>...<strong>L&amp;L: A m&iacute; nada de nada.Diego M.:</strong>
    </p><p class="article-text">
         Es cierto que nunca he entendido el enorme &eacute;xito de esa serie (que es muy buena, sin duda), pero yo anim&eacute; a Dani a que publicase ese libro, pues cre&iacute;a que era importante, no tanto para su cat&aacute;logo como para llegar a un p&uacute;blico m&aacute;s amplio. Adem&aacute;s, ese libro estudia una serie que es un fen&oacute;meno social y tiene mucho que ver con la sociolog&iacute;a, as&iacute; que no era nada disparatado.<strong>Daniel M.:</strong>
    </p><p class="article-text">
         Comercialmente me parece un gran acierto haber sacado <em>El manifiesto</em> en un momento convulso en el que la prensa se pod&iacute;a hacer eco del rescate del gran cl&aacute;sico de la narrativa emancipatoria. Adem&aacute;s, creo que mi hermano no tiene una l&iacute;nea editorial definida en lo pol&iacute;tico (aunque sea ficci&oacute;n lo que saque), por lo que no ha de pagar ning&uacute;n peaje por publicar algo extra&ntilde;o en su cat&aacute;logo. La imagen de marca (por desgracia) est&aacute; por encima de los contenidos, con lo que publicar <em>Blancanieves</em> y <em>El manifiesto</em> se miden por el mismo rasero&hellip; Personalmente no soy muy partidario de ilustrar cosas que no se concibieron para tal prop&oacute;sito, por muy pl&aacute;sticas que sean&hellip; pero creo que la edici&oacute;n de mi hermano no resta atractivo al texto, y puede contribuir (cosa necesaria) a que alguna gente que compra el libro para regalar o adornar su estanter&iacute;a se asome a &eacute;l por primera vez y vea aparecerse ese fantasma que todav&iacute;a recorre Europa&hellip;
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: Diego es uno de esos editores encantalibreros que se recorre, cual c&oacute;mico de la legua, los pueblos de Espa&ntilde;a haciendo presentaciones y actos. Daniel parece menos itinerante, m&aacute;s estoico. Aunque ninguno de lo dos tiene pinta de ser un editor sentimental, de esos que ahora tanto abundan y que escriben pr&oacute;logos diciendo cu&aacute;nto han llorado al editar un libro. &iquest;Ten&eacute;is una idea distinta de lo que es y lo que debe hacer un editor?Diego M.:</strong>
    </p><p class="article-text">
         Yo intento huir de la imagen rom&aacute;ntica del editor. Durante una temporada (cuando estaba en el m&aacute;ster de edici&oacute;n de Santillana) le&iacute; muchos libros del estilo de los que escrib&iacute;a Mario Muchnik. Es cierto que esa vida, rodeada de escritores y bebiendo Lagavulin, literariamente es muy atractiva, pero no se parece mucho a la vida de un editor, al menos no en una peque&ntilde;a editorial. Yo me reivindico como un artesano del libro. Me gusta maquetarlos y dise&ntilde;arlos, no perder el control sobre ning&uacute;n proceso. Y es cierto que no paro de viajar para visitar librer&iacute;as. Hay gente que dice que soy un pelota con los libreros, pero yo he descubierto que recorrer la librer&iacute;as y hablar con ellos (e incluso con los distribuidores, m&aacute;s peloteo) le da sentido a este trabajo. Hacer libros pensando que son cojonudos, enviarlos al distribuidor y olvidarte no va conmigo. Lo que realmente soy es un currante. Tambi&eacute;n me gustan las fiestas, que conste, sobre todo la de Contexto en cada Feria del Libro de Madrid.<strong>L&amp;L: Y dale con la autopromoci&oacute;n&hellip;Daniel M.:</strong>
    </p><p class="article-text">
         El prototipo de nuevo editor independiente es algo que m&aacute;s o menos mi hermano y su <em>troupe</em> han inventado, con lo que todos vamos un poco a la zaga de ellos, no porque creamos que es lo que se debe hacer sino porque es algo que ellos han medio instituido; adem&aacute;s, el que no lo hace parece que no est&aacute; siguiendo el manual del buen editor independiente. Yo la verdad es que no estoy muy de acuerdo con algunas de las cosas del manual. No creo que un editor de &ldquo;hazlo todo&rdquo; o <em>self-made man </em>sea lo mas adecuado empresarialmente, aunque parece que s&iacute; que puede rentar, aunque sea simb&oacute;licamente, ir por ah&iacute; con ojeras todo el d&iacute;a; seguimos en el paradigma del &ldquo;esfuerzo&rdquo; mal entendido. Hay gente a la que se le dan muy bien las relaciones p&uacute;blicas, otros tienen m&aacute;s olfato en sus lecturas o son m&aacute;s le&iacute;dos, otros saben mucho de cuentas o de <em>marketing</em>... En una editorial hay muchos palos que tocar y parece que, si no eres un editor que los toca todos como el bater&iacute;a de los Who, algo est&aacute;s haciendo MAL. Una cosa es hacer de la necesidad virtud, cosa que hicieron los Contexto (y es de alabar), y otra es lo contrario y hacer de tripas coraz&oacute;n. Tener una editorial en la que cada miembro del equipo se concentre en la capacidad m&aacute;s acorde a su potencial ser&iacute;a lo suyo, m&aacute;s que que haya siempre un editor para todo, para presentar una novela, ir a la radio, visitar librer&iacute;as, ver prensa, maquetar, dise&ntilde;ar, etc. Parece que el editor escribe los libros, &iexcl;CO&Ntilde;O! &Eacute;se es un modelo al que todos estamos abocados porque nuestros modelos empresariales no nos permiten asumirlo econ&oacute;micamente de otra manera. Ahora, de eso a que sea el modelo a seguir va un mundo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: &iquest;Alguna reflexi&oacute;n, fr&iacute;vola o sesuda, sobre el panorama de la edici&oacute;n en Espa&ntilde;a? &iquest;En especial sobre los &ldquo;peque&ntilde;os editores&rdquo;?Diego M.:</strong>
    </p><p class="article-text">
         Los peque&ntilde;os editores somos la hostia, je, je. Modestamente, creo que hemos cambiado el panorama y la manera de editar. No creo que publiquemos mejores libros, pero s&iacute; editamos mejor y prestamos m&aacute;s atenci&oacute;n a todo el proceso. Y, adem&aacute;s, nos llevamos bien&hellip; Escribo esto sinceramente, no s&eacute; si estar&eacute; en la luna. Adem&aacute;s, creo que tenemos mucho futuro. Las concentraciones de los grandes grupos dejan mucho terreno para la diversidad, pero necesitamos que los lectores sigan visitando las librer&iacute;as.<strong>Daniel M.: </strong>
    </p><p class="article-text">
        Pues somos muchos editores y mal avenidos, en el sentido de que, aunque no hay grandes antipat&iacute;as o piques, s&iacute; hay un gran vac&iacute;o a la hora de establecer sinergias que no pasen de lo puramente coyuntural. Creo que lo &uacute;nico que puede salvar a los peque&ntilde;os de la ruina, la nula visibilidad, o de la vida en la escasez permanente es que se unan al menos en lo m&aacute;s b&aacute;sico, es decir, en establecer relaciones de diversa &iacute;ndole tanto en Espa&ntilde;a como en Am&eacute;rica Latina. En nuestro pa&iacute;s no hay mercados paralelos al gran mercado, y los peque&ntilde;os nichos son compartidos por muchos. El consumidor de mi editorial o de otras peque&ntilde;as es el mismo de Tusquets o Anagrama. El oficio de la edici&oacute;n de libros se puede hacer de manera m&aacute;s artesanal pero no deja de implicar un tipo de l&oacute;gicas muy parecidas a las de una editorial de mayor rango estructural. As&iacute; que no queda otra que la cooperaci&oacute;n si lo que queremos es mantener nuestro tejido editorial. No digo que debamos convertirnos en un grupo grande de peque&ntilde;as pero s&iacute; saber juntarnos para defender nuestros intereses comunes. Por supuesto, tampoco me refiero a un tipo de uni&oacute;n m&aacute;s de cara a la galer&iacute;a, o golpe de imagen, a lo Contexto, ni a montar un chiringuito de m&aacute;steres en edici&oacute;n con poca fiabilidad profesional, cosas que nada tienen que ver con la edici&oacute;n de libros, sino a algo m&aacute;s de tipo cooperativo en cuestiones m&aacute;s profesionales, como compartir imprenta, montar puestos conjuntos en las ferias internacionales del libro y otras muchas buenas ideas que andan circulando en boca de algunos de nosotros pero que nunca terminan de materializarse. Hasta que los editores no dejemos de vernos como competencia y algunos aparquen su ego de editor-autor en casa vamos por mal camino.
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: No dudo, Diego Moreno, de que seas la hostia, je, je, pero habr&aacute; que volver a decirlo. En un </strong><a href="http://www.eldiario.es/Kafka/verbos-comodin_0_88891211.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">L&amp;L anterior</a><strong> alud&iacute;a a la inflaci&oacute;n de &ldquo;peque&ntilde;os editores&rdquo; y t&uacute; sabes tan bien como yo (porque a ti te est&aacute;n copiando) que algunos de los libros m&aacute;s feos, rancios, cursis y peor editados (bueno, directamente sin editor) que hoy se pueden encontrar en las librer&iacute;as son responsabilidad suya, y que nada tienen que envidiar en eso a los </strong><em><strong>modos</strong></em><strong> de algunas grandes editoriales. La consigna artesanal de &ldquo;editamos mejor&rdquo; &ndash;que en la edici&oacute;n espa&ntilde;ola se remonta al menos a los primeros libros de Siruela de los a&ntilde;os 80, con un toque de erudici&oacute;n extravagante, adem&aacute;s, que ahora falta&ndash; no parece que les preocupe a todos; en algunos impera m&aacute;s bien la de &ldquo;copiemos como podamos&rdquo; y &ldquo;a ver qu&eacute; hacemos para sacar dinero, salir en los papeles y poder decir que somos editores&rdquo;. Y, como dice Daniel, algunos de esos editores que no son editores dan hasta m&aacute;steres de edici&oacute;n&hellip;Diego M.: </strong>
    </p><p class="article-text">
        Completamente de acuerdo, Luis. No podemos generalizar, ya que ni todos los grandes grupos trabajan igual ni todas las peque&ntilde;as editoriales aportan algo. Lo que pretend&iacute;a se&ntilde;alar con esa frase tan vehemente es que un grupo amplio de peque&ntilde;as editoriales han cambiado el panorama, han sido un soplo de aire fresco y, en algunos aspectos, han contribuido a mejorar el panorama editorial. Por ejemplo, el dise&ntilde;o de los libros, la importancia del libro como objeto y el respeto a los traductores (es una queja generalizada de ese colectivo las tarifas rid&iacute;culas que pagan algunas importantes corporaciones) son algunas de las caracter&iacute;sticas que observo, en t&eacute;rminos generales, en muchas peque&ntilde;as editoriales, y, por supuesto, en las medianas que nos han precedido (y que han guiado y gu&iacute;an nuestro trabajo).<strong>Daniel M.:</strong>
    </p><p class="article-text">
         Lo importante es que cada uno haga lo que mejor sepa hacer, de manera lo m&aacute;s profesional que pueda, con las herramientas y recursos de que disponga; hemos de saber que somos unos mindundis en esto, que acabamos de empezar, y hay que ser honesto, que no somos Anagrama o Alba, &iexcl;m&aacute;s quisi&eacute;ramos! Todos somos un poco intrusos y un poco copiotas, pero hay que llevarlo con elegancia y discreci&oacute;n. Los que no lo hagan estar&aacute;n abocados a que folloneros-justicieros como Magriny&agrave; los destapen. Enterrar la etiqueta de editores &ldquo;independientes&rdquo; como s&iacute;mbolo de hacer mejor el trabajo, como si fu&eacute;ramos la &eacute;lite de yo qu&eacute; s&eacute;, es el mejor inicio, que &iexcl;ya sois todos muy MAYORES, jo&eacute;! <strong>L&amp;L: Jsjsjsjsjsjs.</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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      <dc:creator><![CDATA[Luis Magrinyà]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/hermanos_1_5597212.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 28 Feb 2013 14:06:20 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Dos hermanos]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Religión]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El club de los verbos finos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/club-verbos-finos_1_5591221.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Con muy buena intenci&oacute;n nos han ense&ntilde;ado que est&aacute; feo repetir. Sea en una novela, en una carta, en una ponencia, en una entrevista, en un correo electr&oacute;nico o en un <em>post</em> de Internet, tenemos conciencia de que es conveniente un poco de formalidad. Es cierto que la repetici&oacute;n, cuando no tiene una funci&oacute;n ret&oacute;rica y adquiere alg&uacute;n costoso nombre griego como an&aacute;fora o polipote o epanadiplosis, deriva en un estilo pobre, ruidoso y cansino. No se pueden repetir todo el tiempo las mismas palabras. Para eso est&aacute;n los sin&oacute;nimos, nos han dicho.
    </p><p class="article-text">
        Esta loable consigna ha sido la causa, sin embargo, de variados estropicios. Para empezar, repetir no es un concepto tan f&aacute;cil de identificar como puede parecer. Ya hemos visto que algunas repeticiones son figuras literarias. Por otro lado, hay fen&oacute;menos de lo que podr&iacute;amos llamar psicolog&iacute;a de la lectura que son relativos y var&iacute;an de un idioma a otro: en ingl&eacute;s, por ejemplo, la continua repetici&oacute;n de <em>said </em>(&ldquo;dijo&rdquo;) en las acotaciones de los di&aacute;logos no parece perturbar a nadie; en espa&ntilde;ol, si no altern&aacute;ramos de vez en cuando los <em>dijo</em> con los <em>afirm&oacute;, observ&oacute;, asegur&oacute;</em>, etc., se nos echar&iacute;a encima, con raz&oacute;n, la polic&iacute;a estil&iacute;stica. Y luego est&aacute; el l&eacute;xico que, en una lengua, es de mayor frecuencia de uso y que, nos pongamos como nos pongamos, es el de mayor frecuencia de uso. Afino la tautolog&iacute;a: en todas las lenguas hay palabras que se repiten porque se usan much&iacute;simo, a veces porque designan realidades e ideas muy comunes en nuestra vida, a veces porque tienen un significado muy amplio que vale para muchas cosas, o a veces, al contrario, porque su significado es tan escaso o escurridizo que la palabra necesita continuamente &ndash;y de ah&iacute; sus m&uacute;ltiples apariciones&ndash; aliarse con otras para crear significados.
    </p><p class="article-text">
        El l&eacute;xico de mayor frecuencia de uso no es, por tanto, ni una plaga ni una maldici&oacute;n, sino un miembro sol&iacute;cito de un cuerpo funcional y sano. Pero, como se manifiesta tanto, es el primer candidato a ser reemplazado cuando recordamos la consigna de &ldquo;no repetir&rdquo; que nos han inculcado a quienes aspiramos a tener un &ldquo;buen estilo&rdquo;. As&iacute;, en lugar de decir tantas veces <em>ser</em>, sustituimos alguno por <em>constituir</em> o <em>suponer;</em> <em>estar</em> o <em>quedarse</em>, por <em>permanecer;</em> <em>haber</em>, por <em>existir;</em> <em>dar</em>, por <em>proporcionar </em>o<em> suministrar;</em> <em>ir</em>, por <em>acudir</em>; <em>volver</em>, por <em>regresar</em>; <em>pasar</em>, por <em>ocurrir</em> o <em>suceder;</em> <em>empezar</em>, por <em>comenzar</em> o <em>iniciar;</em> <em>entrar</em>, por <em>penetrar</em>; etc. Es un proceder muy decoroso, sin duda. Pero tomo prestado aqu&iacute; un documento de <a href="https://www.facebook.com/pages/Los-fil%C3%B3logos-somos-necesarios-Que-parece-que-no-pero-s%C3%AD/276844875066" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Los fil&oacute;logos somos necesarios</a> para que empecemos a familiarizarnos con sus peligros:
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        No se trata &uacute;nicamente de chistosos malentendidos. Algo empieza a chirriar tambi&eacute;n cuando o&iacute;mos a alguien decir que <em>acude</em> (en vez de <em>ir</em>) <em>al cine</em>, o que <em>proporciona</em> (en vez de <em>dar</em>) <em>una respuesta a una pregunta</em>. &iquest;Qui&eacute;n habla as&iacute;?, nos preguntamos. &iquest;No ser&aacute; un cursi redomado? De pronto vemos que la buena voluntad de acceder a un registro elevado nos empuja parad&oacute;jicamente al nivel vulgar, al nivel de la metedura de pata, que no est&aacute; para nada re&ntilde;ido con el de la afectaci&oacute;n. Son una extra&ntilde;a clase de vulgarismos, qu&eacute; duda cabe, los que resultan de este proceso, pero lo son. Vuelve a ocurrir: a veces el remedio es peor que la enfermedad.
    </p><p class="article-text">
        Las palabras de mayor frecuencia de uso han llegado a ser v&iacute;ctimas de una fobia l&eacute;xica que parece requerir medicaci&oacute;n urgente. Y la medicaci&oacute;n no son los presuntos sin&oacute;nimos. Las lenguas est&aacute;n llenas de expresiones fijas que no se pueden tocar, y ah&iacute; no hay sin&oacute;nimo que valga. A nadie se le ocurre decir <em>la danza de san Vito </em>en vez de <em>el baile de san Vito</em>, ni <em>A bondadosas horas llegas</em> en vez de <em>A buenas horas llegas</em>. Pero est&aacute; claro tambi&eacute;n que, con vistas al &ldquo;buen estilo&rdquo;, en ocasiones nos cuesta identificar lo que es fijo y lo que no lo es, lo que es intercambiable y lo que no. Los sin&oacute;nimos pueden tener entre s&iacute; una correspondencia exacta (o casi) de significado, pero no siempre (de hecho, muy pocas veces) se corresponden en el plano l&eacute;xico, es decir, en el plano material de la expresi&oacute;n, de las palabras. <em>Orinar</em> y <em>hacer pip&iacute;</em> significan exactamente lo mismo (plano sem&aacute;ntico), pero nadie se hace unos <em>an&aacute;lisis de pip&iacute;</em> y solo un ni&ntilde;o muy redicho tendr&aacute; <em>ganas de orinar</em> (plano l&eacute;xico).
    </p><p class="article-text">
        Las confusiones entre lo sem&aacute;ntico y lo l&eacute;xico tienen hilarantes consecuencias estil&iacute;sticas, por lo que ha llegado el momento de dejar la teor&iacute;a y presentar las pruebas. Nos centraremos en los verbos, y de la larga lista de los de mayor frecuencia (que incluye, por cierto, <em>mirar</em> y <em>decir</em>, sobre los que probablemente volvamos otro d&iacute;a), elegiremos dos de los m&aacute;s famosos: <em>tener</em> y <em>hacer</em>.
    </p><p class="article-text">
        Estos dos verbos son tan ubicuos y polivalentes que definir su significado parece ocioso, si no imposible. &iquest;Qu&eacute; significa <em>tener</em>? &iquest;Qu&eacute; significa <em>hacer</em>? Pensemos tan solo que el <em>DRAE </em>registra<em> </em>24 acepciones del primero y 58 del segundo, adem&aacute;s de por lo menos 30 y 43 locuciones respectivamente, y seguro que se queda corto. Imaginemos la cantidad de locuciones fijas a que pueden dar pie estos verbos tan cojos y a la vez tan solicitados y la cantidad de solidaridades l&eacute;xicas que pueden establecer con otras palabras. Y veamos ahora en ellos una ilustraci&oacute;n de cu&aacute;nto cuesta, al parecer, como dec&iacute;amos, reconocer estas relaciones inmutables.
    </p><p class="article-text">
        He aqu&iacute; la enternecedora confesi&oacute;n que hac&iacute;a Carlos Mateo en <a href="http://m.forocoches.com/foro//showthread.php?t=2783596" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Foro Coches</a> el 7 de junio de 2007:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Por temporadas <strong>poseo</strong> algo de <strong>caspa</strong>, y he probado varios champus [sic]&hellip; pero siempre vuelve la caspa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        O el consejo pedag&oacute;gico que nos da <a href="http://daniel.1.over-blog.es/article-panales-ropa-interior-88010627.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Daniel.1</a> en su blog:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Mientras [el ni&ntilde;o] permanece sentado [en el orinal] expl&iacute;cale de forma sencilla que ese es el lugar donde debe <strong>realizar</strong> <strong>pipi</strong> y <strong>popo</strong> [sic]&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        O esta en&eacute;rgica recomendaci&oacute;n vital del blog <a href="http://citasdeldia.blogspot.com.es/2013/02/vivir-es-un-asunto-urgente.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Citas del D&iacute;a</a> del 3 de febrero de 2013:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ni se te ocurra <strong>poseer</strong> <strong>miedo</strong> a fracasar con lo que dices, s&eacute; natural&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Parece que los autores de estas construcciones no son conscientes de que <em>tener caspa</em>, <em>hacer pip&iacute; </em>o<em> pop&oacute; (caca </em>mejor, &iquest;no?), o <em>tener miedo</em>, por vulgares que les parezcan, no son intercambiables, ni mucho menos &ldquo;elevables&rdquo;, con presuntos sin&oacute;nimos m&aacute;s finos.
    </p><p class="article-text">
        Pero, ah, dir&aacute;n algunos, &eacute;stos son ejemplos de foros y de blogs, donde se re&uacute;ne y se expresa la gente m&aacute;s indocumentada. Pues no. <em>Realizar</em> y <em>poseer</em> tienen fans en todos lados. Demos un paseo por la prensa, por los libros de texto, por las novelas, por los ensayos, por la literatura, en fin, ese territorio de la gente realmente culta. Aqu&iacute; tenemos unos cuantos <em>realizar</em>:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Lo que deben hacer [los padres] es cumplir con su trabajo, traer limpios a los ni&ntilde;os al centro y obligarles a<strong> realizar los deberes&rdquo;</strong><em> </em>(Mois&eacute;s Cayetano, <em>Autonom&iacute;a, ocio, educaci&oacute;n y cultura</em>, Zero, Madrid, 1980, p. 55)
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ni la publicaron ni <strong>realizaron</strong> <strong>comentario</strong> alguno sobre ella&rdquo; (Juan Bonilla, <em>El que apaga la luz</em>, Pre-textos, Valencia, 1995, p. 15).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Daba &oacute;rdenes precisas para<strong> realizar </strong>interminables <strong>limpiezas</strong> a fondo&rdquo; (&Aacute;ngeles Caso, <em>El peso de las sombras</em>, Planeta, Barcelona, 1996, p. 164).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Da muestras de agilidad y acrobacia inauditas,<strong> realizando pasos </strong>y<strong> posturas</strong> absurdas y rid&iacute;culas&rdquo; (Gasc&oacute;n Soublette, <em>Mensajes secretos del cine</em>, Andr&eacute;s Bello, Santiago de Chile, 2001, p. 196).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Su madre <strong>realiz&oacute;</strong> la primera <strong>incursi&oacute;n</strong> en el di&aacute;logo: Era un hombre muy valioso, inspectora&rdquo; (Alicia Gim&eacute;nez Barlett, <em>Serpientes en el Para&iacute;so</em>, Planeta, Barcelona, 2002, p. 80).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No se permite <strong>realizar</strong> <strong>cosquillas</strong>&rdquo; (Jos&eacute; Manuel P&eacute;rez Feito et al., <em>Educaci&oacute;n f&iacute;sica. Sesiones 3r ciclo de Primaria</em>, Pila Tele&ntilde;a, Alpedrete, 2011, p. 79).
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Qu&eacute; man&iacute;a le tienen estos autores al pobre <em>hacer</em>, que tan bien habr&iacute;a quedado en esos contextos! Tambi&eacute;n habr&iacute;amos podido buscar ejemplos de <em>efectuar</em> y <em>llevar a cabo</em>, otros sustitutos muy concurridos, si no criminales, pero esto ya lo hacen ustedes, si <em>poseen</em> ganas:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Basta [para componer y grabar un tema musical] con <strong>poseer</strong> <strong>ganas</strong>, creatividad, algo que contar al mundo, y un ordenador&rdquo; <em>(El Faro de Vigo</em>, <a href="http://www.farodevigo.es/portada-arousa/2011/02/12/creacion-musical/517788.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">12 de febrero de 2011</a>).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Debo decir que ninguno de los mentados [&hellip;] <strong>posey&oacute;</strong> un <strong>inter&eacute;s</strong> suficiente para que mi atenci&oacute;n discurseadora se detenga hoy en &eacute;l&rdquo; (Manuel M&uacute;jica L&aacute;inez, <em>El escarabajo</em>, Plaza y Jan&eacute;s, Barcelona, 1993 (1982), p. 208).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los castillos y torreones <strong>pose&iacute;an</strong> <strong>ventanas</strong> peque&ntilde;as y estrechas&rdquo; (Jos&eacute; Aguilar Peris, <em>Energ&iacute;a solar. Pasado y presente</em>, RACEFN, Madrid, 1986, p. 14).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Y Hernando <strong>poseer&aacute;</strong> puntual <strong>informaci&oacute;n</strong> de cu&aacute;ntas veces me miro al espejo&rdquo; (Juan Luis Cebri&aacute;n, <em>La rusa</em>, C&iacute;rculo de Lectores, Barcelona, 1986, pp. 174-175).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Tambi&eacute;n las generaciones pasadas <strong>poseen</strong> <strong>el derecho</strong> a ser o&iacute;das&rdquo; (Luis Mar&iacute;a Anson, <em>Don Juan</em>, Plaza y Jan&eacute;s, Barcelona, 1996, p. 533).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Las naciones [&hellip;] son unidades que <strong>poseen</strong> <strong>conciencia</strong> de s&iacute; mismas&rdquo; (Domingo Yndur&aacute;in<em>, Del clasicismo al 98</em>, Biblioteca Nueva, Madrid, 2000, p. 95).
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Realmente las ganas, el inter&eacute;s, las ventanas, las informaciones, los derechos, la conciencia se <em>poseen</em>? Est&aacute; visto que s&iacute;. Parece que la &iacute;ntima y pac&iacute;fica convivencia de estos sustantivos con <em>tener</em> merece ser abandonada. Influye aqu&iacute;, en alg&uacute;n caso, el recuerdo de una locuci&oacute;n fija como <em>estar en posesi&oacute;n de (un derecho</em>, por ejemplo)<em>, </em>que da alas a los escritores a reformularla, porque tampoco esa locuci&oacute;n les basta, o se les hace larga.
    </p><p class="article-text">
        <em>Poseer</em> es muy tentador para un estilista. Por su parte, el <em>DRAE </em>nos sorprende con una enigm&aacute;tica acepci&oacute;n 2: &ldquo;Saber suficientemente algo, como una doctrina, un idioma, etc.&rdquo;. Como no pone ejemplos, tendremos que imagin&aacute;rnoslos: <em>&iquest;Poseo platonismo?</em> (&iquest;o ser&aacute; con art&iacute;culo, <em>el platonismo</em>?) <em>&iquest;Posees sueco?</em> (&iquest;o ser&aacute; <em>el sueco</em>?) <em>&iquest;Poseemos etc.?</em> &iexcl;No demos ideas! El <em>DRAE</em> no lo se&ntilde;ala &ndash;y quiz&aacute; debiera hacerlo por deferencia a los estilistas&ndash;, pero de lo que s&iacute; tenemos pruebas es de que <em>poseer</em> hace ya tiempo que se est&aacute; especializando en virtudes y vicios:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Anastasia <strong>pose&iacute;a </strong>esa megaloman&iacute;a instintiva de la humanidad&rdquo;  (Vlady Kociancich, <em>La octava maravilla</em>, Alianza, Madrid, 1982, p. 111).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;He observado tambi&eacute;n &ndash;a&ntilde;adi&oacute; ella&ndash; que <strong>posee </strong>usted una cualidad especial en un esgrimista&rdquo; (Arturo P&eacute;rez Reverte, <em>El maestro de esgrima</em>, Alfaguara, Madrid, 1995 (1988), p. 88).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&Aacute;lvaro de Campos es el &uacute;nico, de todo el gent&iacute;o heteron&iacute;mico, que <strong>posee</strong> el vicio del humo&rdquo; (Antonio Tabucchi, <em>Un ba&uacute;l lleno de gente</em>, Huerga y Fierro, Madrid, 1997, trad. de P. L. Ladr&oacute;n de Guevara Mellado, pp. 94-95).
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;Posee</strong> la gallard&iacute;a y el aplomo de quien podr&iacute;a desenvolverse a solas en la vida&rdquo; (Antonio Mu&ntilde;oz Molina, <em>Sefarad</em>, Alfaguara, Madrid, 2001, pp. 322-323).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Usted [&hellip;] sabe llegar a nuestros muchachos con esa gracia que no <strong>poseen</strong> otros escritores&rdquo; (Elvira Lindo, <em>Tinto de verano</em>, Aguilar, Madrid, 2001, p. 67).
    </p><p class="article-text">
        E incluso progresa en la especializaci&oacute;n en peque&ntilde;as propiedades:
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;Pose&iacute;a</strong> un peque&ntilde;o pene tonto y encogido&rdquo;<em> </em>(Almudena Grandes, <em>Las edades de Lul&uacute;</em>, Tusquets, Barcelona, 1989 (1995), p. 75).
    </p><p class="article-text">
        &iquest;De veras?
    </p><p class="article-text">
        Y todo por no decir <em>tener</em>. Con este &uacute;ltimo ejemplo, tan elocuente, y sin el menor atisbo de iron&iacute;a, creo que nos despedimos por hoy.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Magrinyà]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/club-verbos-finos_1_5591221.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 Feb 2013 17:40:43 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El club de los verbos finos]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No todo puede terminar en Auschwitz]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/puede-terminar-auschwitz_1_5584787.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de <a href="http://www.eldiario.es/Kafka/obsolescencia_programada/Ahora-arreglare-cosas_0_91340981.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Sukkwan Island</a> he le&iacute;do <em>Una comedia en tono menor</em> de Hans Keilson (Min&uacute;scula, Barcelona, 2011, trad. de Carles Andreu) porque sab&iacute;a que tambi&eacute;n era un novela con cad&aacute;ver. Sin embargo, como suele ocurrir cuando uno busca algo, temas favoritos por ejemplo, lo que he encontrado al leerla ha sido otra cosa. Hay un cad&aacute;ver, s&iacute;, y muy inoportuno, y a lo largo de quince p&aacute;ginas est&aacute; muy presente, con su pijama blanco prestado y una amable joven holandesa que, para envolverlo, tiene que saltar por encima de &eacute;l para ir a buscar una manta oscura y unos imperdibles. Pero la novela no va de eso realmente. Va de otra cosa que tambi&eacute;n me gusta mucho: de la gratitud, de la hospitalidad.
    </p><p class="article-text">
         El <em>tono menor</em> del t&iacute;tulo es un tecnicismo musical: se refiere a esa tonalidad que tradicionalmente se ha atribuido a lo triste y sombr&iacute;o y que <a href="http://blogs.scientificamerican.com/observations/2010/06/17/music-and-speech-share-a-code-for-c-2010-06-17/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">algunos investigadores</a> han asociado a cierta entonaci&oacute;n del habla cuando se expresan emociones chungas. Lo de <em>comedia</em> parece un contrasentido, teniendo en cuenta que la novela gira en torno a la muerte de un viajante de perfumes jud&iacute;o que una joven pareja holandesa oculta en su casa en plena ocupaci&oacute;n nazi. En la p&aacute;gina 114 se explica: &ldquo;Como en una comedia en la que todos esperan que el h&eacute;roe salvador haga su entrada por la derecha, y de pronto aparece por la izquierda&rdquo;. Es una cuesti&oacute;n de expectativas: la muerte deb&iacute;a entrar &ldquo;por la derecha&rdquo; (por la puerta de los nazis) y, contra todo pron&oacute;stico, entra &ldquo;por la izquierda&rdquo; (por la puerta de las causas naturales). &ldquo;No todo puede terminar en Auschwitz&rdquo;, <a href="http://www.believermag.com/issues/201009/?read=article_searls" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">le dijo el autor</a> a los cien a&ntilde;os (muri&oacute; en 2011 a los ciento dos) a su traductor al ingl&eacute;s, Damion Searls. No es un efecto c&oacute;mico, sin duda; pero s&iacute; es un efecto conflictivo, que saca a relucir, como en las comedias, vanidades inadecuadas y designios poco hist&oacute;ricos. Marie, la joven protectora del difunto hombre oculto, ya se ve&iacute;a saliendo orgullosa con &eacute;l a la calle el d&iacute;a de la liberaci&oacute;n&hellip; y siente &ldquo;la peque&ntilde;a decepci&oacute;n humana&rdquo; de ver estropeados sus planes, porque &ldquo;la posibilidad de salvar a otra persona no se presenta todos los d&iacute;as&rdquo; (p. 114).
    </p><p class="article-text">
        Hans Keilson, nacido en Alemania, emigr&oacute; a Holanda en 1936 y vivi&oacute; oculto en una casa de Delft durante la ocupaci&oacute;n nazi: a la pareja que lo escondi&oacute; (&ldquo;Leo y Suus&rdquo;) est&aacute; dedicada su novela, publicada en 1947 por la editorial de &Aacute;msterdam Querido, cuyo fundador, que hab&iacute;a acogido a muchos escritores alemanes emigrados en los a&ntilde;os 30, acabar&iacute;a asesinado en el campo de exterminio de Sobibor en 1943. Tambi&eacute;n ser&iacute;an asesinados los padres del autor, en Auschwitz. En sus a&ntilde;os de ocultamiento, a Keilson un miembro de la polic&iacute;a holandesa le procur&oacute; un documento de identidad falso y &eacute;l pudo viajar por todo el pa&iacute;s buscando escondites para ni&ntilde;os jud&iacute;os a quienes tambi&eacute;n prestaba ayuda psicol&oacute;gica. <em>Una comedia en tono menor</em> recrea muy probablemente su experiencia de refugiado dom&eacute;stico, como el c&eacute;lebre <em>Diario</em> de Anne Frank, publicado el mismo a&ntilde;o, y que tan distinta fortuna, por cierto, correr&iacute;a (la novela de Keilson no ser&iacute;a recuperada hasta que Fischer, su antigua editorial alemana, sac&oacute; una edici&oacute;n de sus <em>Obras completas</em> en 2005). La diferencia &ndash;y el efecto&ndash; es palpable: el <em>Diario</em> es, como corresponde a su g&eacute;nero, una narraci&oacute;n, aun en circunstancias extremas, del desarrollo de un yo; el de Keilson es, en cambio, en las mismas circunstancias extremas, un libro volcado en los dem&aacute;s, un gesto de gratitud &ndash;ante todo&ndash; a los &ldquo;buenos patriotas&rdquo; holandeses que le salvaron la vida, a &eacute;l y a otros tantos. Que el siglo XX favoreciera a uno y no a otro da que pensar sobre lo que la posteridad ha le&iacute;do en la Shoah.
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        Aparte de una vecina que ni siquiera sale y a la que un joven lechero califica de &ldquo;cobarde&rdquo;, la novela est&aacute; llena, en efecto, de &ldquo;buenos patriotas&rdquo;. La imagen que de Holanda se nos ofrece est&aacute; tan indudable como sinceramente idealizada. La pareja que recibe, sin conocerlo, al &ldquo;prototipo sefard&iacute;&rdquo; y se siente orgullosa de este acto de &ldquo;desobediencia civil&rdquo; tiene, como veremos (ya que &ldquo;viviremos&rdquo; en su casa), sus m&aacute;s y sus menos. Los dem&aacute;s no tienen tacha. El m&eacute;dico que cuida al refugiado en su agon&iacute;a atiende no solo enfermedades y muertes sino tambi&eacute;n partos secretos (mucho m&aacute;s peligrosos, porque los ni&ntilde;os jud&iacute;os lloran al nacer &ldquo;como todos los ni&ntilde;os&rdquo;, p. 24). La cu&ntilde;ada de Marie, a quien la pareja no quer&iacute;a hacer part&iacute;cipe de su secreto, resulta luego toda una experta en encontrar casas a perseguidos y conoce al dedillo la psicolog&iacute;a del encierro. La mujer de la limpieza que un d&iacute;a lo descubre le sonr&iacute;e y no lo delata; un joven lechero intuye algo y tampoco lo delata, y adem&aacute;s siente &ldquo;menosprecio&rdquo; por quienes no se atreven a desobedecer. Hay tambi&eacute;n un polic&iacute;a an&oacute;nimo que encuentra el cad&aacute;ver debajo de un banco en un parque y elimina enseguida cualquier prueba que pueda conducir hasta quienes lo acogieron.
    </p><p class="article-text">
        Por una metedura de pata precisamente a la hora de deshacerse del cad&aacute;ver (el pijama que llevaba tiene bordadas las iniciales de su due&ntilde;o, y adem&aacute;s una etiqueta de la lavander&iacute;a), la pareja que lo ocult&oacute; se ve en peligro y &ndash;peque&ntilde;as iron&iacute;as de la vida&ndash; tiene que ocultarse a su vez. Pero enseguida es alojada por una ben&eacute;vola anciana, due&ntilde;a de una pensi&oacute;n, que los presenta como sus sobrinos&hellip; De hecho, la pareja puede salir hasta a pasear en pleno d&iacute;a y no tarda en volver a su vida normal y a su casa de siempre. All&iacute;, sin embargo, al pasar por la habitaci&oacute;n de su difunto hu&eacute;sped, ambos tienen &ldquo;la impresi&oacute;n de que la puerta nunca hab&iacute;a estado cerrada de aquella forma&rdquo; (p. 145).
    </p><p class="article-text">
        En la novela, cuidadosa, muy ordenada, muy de interior parco y honrado, no faltan imprecisiones como esa puerta cerrada &ldquo;de aquella forma&rdquo;. Se tratan en ella temas secretos, dif&iacute;ciles de desvelar. Marie descubre, cuando ya ha muerto, que su hu&eacute;sped escond&iacute;a en su habitaci&oacute;n un paquete de Lucky Star y que se hab&iacute;a ido fumando solo los cigarrillos, sin compartirlos con nadie. &ldquo;Menuda atrocidad &ndash;piensa en un primer momento&ndash;, ocultarles un secreto a ellos, que a su vez lo ocultaban&rdquo; (p. 104). &iexcl;Con lo que habr&iacute;a disfrutado su marido con ese codiciado tabaco norteamericano! Luego se lo piensa mejor. Se da cuenta de que cada uno es cada uno, de que por qu&eacute; no iba el oculto a tener tambi&eacute;n sus secretos, sus peque&ntilde;os ego&iacute;smos. Se pregunta, adem&aacute;s, por qu&eacute; iba ella a exigirle que se los revelara, qu&eacute; clase de derechos &ndash;o de superioridad&ndash; ha interiorizado por el mero hecho de ser una &ldquo;buena patriota&rdquo;. Significativamente, todo esto no acaba de decirse claro, se expresa en met&aacute;foras, como si se hubiera entrado en terreno espinoso, y aparece entonces &ldquo;la chispa que ard&iacute;a&rdquo;, &ldquo;la porcion del gran fuego que incendiaba el mundo y que recib&iacute;a el nombre de vida, secreta, solitaria&rdquo; (p. 104). Se abre, por &uacute;nica vez (o casi) en el libro, la puerta quemada de las grandes im&aacute;genes, que siempre chirr&iacute;a en las comedias. Pero es una salida, aunque inevitable (apenas dos a&ntilde;os despu&eacute;s del fin de la guerra), moment&aacute;nea. No tardamos en volver a los hechos: Marie decide finalmente callarse, quemar los cigarillos, no decir nada a nadie, proteger la memoria del muerto.
    </p><p class="article-text">
        La &ldquo;chispa&rdquo; salta en otras ocasiones. La hospitalidad no deja de tener sus equ&iacute;vocos y el jud&iacute;o no deja de ser un hu&eacute;sped forzado. Hay horas &ldquo;en que los odiaba, a ellos y al jarr&oacute;n que ten&iacute;an en la sala&rdquo; (p. 69). Es un jarr&oacute;n chino que su anfitri&oacute;n compr&oacute; en una subasta y del que est&aacute; muy orgulloso. A lo largo de cinco p&aacute;ginas asistimos a la explosi&oacute;n de inquina que se ha incubado contra ese s&iacute;mbolo de una vida familiar protegida, confortable y, sobre todo, posible. La hospitalidad de los due&ntilde;os del jarr&oacute;n significa para el hu&eacute;sped &ldquo;su aniquilaci&oacute;n, su aniquilaci&oacute;n humana, por mucho que (tal vez) le estuvieran salvando tambi&eacute;n la vida&rdquo; (p. 72). Est&aacute; agradecido, sin duda, pero &ldquo;qu&eacute; encarcelado, abandonado y miserable&rdquo; se llega a sentir: &eacute;l, &ldquo;que nunca hab&iacute;a sido un tipo casero, ahora se ve&iacute;a obligado a serlo&rdquo; (pp. 72-73). En otro giro conciso &ndash;y espl&eacute;ndido&ndash; de comedia, las cinco p&aacute;ginas de &ldquo;ciega desesperaci&oacute;n&rdquo; concluyen cuando el hu&eacute;sped indignado se acerca al jarr&oacute;n &ldquo;y, con gesto pensativo, alis&oacute; una peque&ntilde;a arruga del tapete de puntillas sobre el que descansaba&rdquo; (p. 74). &iexcl;El tapete!
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Son estas horas de odio y privaci&oacute;n apenas una muestra circunstancial de autocompasi&oacute;n? &iquest;O podr&iacute;an ser una salida moralista al sentimiento de culpa del hombre oculto y, a fin de cuentas, salvado? La culpabilidad del superviviente &ndash;ese tema terrible de la literatura de la Shoah&ndash; asoma entre l&iacute;neas en este relato que bien puede ser le&iacute;do como una fantas&iacute;a de muerte de alguien que, como el autor, ha sobrevivido a una persecuci&oacute;n que le ha costado la vida a la mayor&iacute;a de sus cong&eacute;neres. El jud&iacute;o salvado comparte cierta falta de destino hist&oacute;rico con ese hombre muerto por causas &ldquo;menores&rdquo; y abandonado, con el pijama de otro, debajo de un banco, y de cuyo cad&aacute;ver ni siquiera sabremos qu&eacute; ha sido&hellip; Quienes fueron enterrados en las fosas de los campos tal vez fueran una masa inhumanizada e irreconocible, pero entrar&iacute;an en la historia. Los &ldquo;buenos patriotas&rdquo; holandeses se metieron honrosamente en un l&iacute;o peligroso y, a su manera, no fueron solo supervivientes sino salvadores. Quien se salv&oacute; del exterminio contin&uacute;a, en cambio, pregunt&aacute;ndose algo a lo que la historia no da cabida: es un superviviente, s&iacute;, pero&hellip; &iquest;de qu&eacute;?
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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      <dc:creator><![CDATA[Luis Magrinyà]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/puede-terminar-auschwitz_1_5584787.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 14 Feb 2013 13:49:27 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[No todo puede terminar en Auschwitz]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Dime qué significa que esa habitación se ponía azul]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/conspiracion/dime-significa-habitacion-ponia-azul_1_5580187.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Hoy L&amp;L habla con el fil&oacute;logo y acad&eacute;mico Jos&eacute; Antonio Pascual (Salamanca, 1942), quien acaba de publicar <em>No es lo mismo ostentoso que ostent&oacute;reo: la azarosa vida de las palabras</em> (Espasa, Madrid, 2013). De 1972 a 1979 colabor&oacute;, de nueve de la ma&ntilde;ana a nueve de la noche, seis meses al a&ntilde;o, con Joan Corominas en el <em>Diccionario cr&iacute;tico etimol&oacute;gico castellano e hisp&aacute;nico</em>: &ldquo;A pesar de que entonces yo era doctor, catedr&aacute;tico de Instituto y profesor adjunto de la Universidad, all&iacute; me encontraba como un simple aprendiz que no entend&iacute;a casi nada&rdquo;, ha declarado. Acab&oacute;, sin embargo, firmando la obra como coautor. Concibi&oacute;, junto con Juan Guti&eacute;rrez Cuadrado, el proyecto del <em>Diccionario Salamanca de la Lengua Espa&ntilde;ola</em> (1996) y hoy, adem&aacute;s de ser vicedirector de la Real Academia Espa&ntilde;ola, dirige el <em>Nuevo Diccionario Hist&oacute;rico</em>. Dice estar rodeado de gente que se distrae con el <em>scrabble on line</em>. &Eacute;l prefiere, sin duda (lo cita veinte veces en su libro), a Vikram Chandra.
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: Las lenguas, como bien dices, son instrumentos de comunicaci&oacute;n &ldquo;muy refinados&rdquo;, pero los poetas, los m&iacute;sticos y los psicod&eacute;licos siempre se han quejado de que no alcanzan a expresar &ldquo;lo inexpresable&rdquo;. &iquest;Realmente hay algo que una lengua no pueda decir? En tu libro se&ntilde;alas que la inexistencia de una palabra para designar una cosa en concreto no significa que esa cosa no pueda designarse combinando unas palabras con otras, y que el culto a &ldquo;la&rdquo; palabra es un poco absurdo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JAP:</strong> S&iacute;, ciertamente, hay realidades que no se pueden expresar, precisamente porque no las logramos entender; si algo es <em>inefable</em>, es decir, si no sabemos explicarlo por medio de las palabras, es porque no lo entendemos. Cuando Juan de Yepes dice: <em>entreme por donde no supe y quedeme no sabiendo, toda ciencia trascendiendo,</em> simplemente nos muestra que no puede explicar una realidad que no entiende.
    </p><p class="article-text">
        Eso no significa, por lo tanto, que unas lenguas puedan decir lo que otras no pueden. Como no implica que un escritor no intente ir m&aacute;s all&aacute; de lo comprensible, llevando a sus lectores a hacerles buscar un plus de significado en lo que dice, como hace Gide, cuando escribe: &ldquo;Lanzaba con su voz fresca un <em>permesso</em> que pon&iacute;a azul toda la habitaci&oacute;n&rdquo;. Dime qu&eacute; significa que esa habitaci&oacute;n se pon&iacute;a azul...
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: Pues no tengo ni idea&hellip; Yo soy bastante esc&eacute;ptico con la idea de lo &ldquo;inexpresable&rdquo;. T&uacute; observas en tu libro que no pasa nada por que el espa&ntilde;ol no tenga palabras distintas para sue&ntilde;o (&lsquo;acto de so&ntilde;ar&rsquo;) y sue&ntilde;o (&lsquo;acto de dormir&rsquo;), y que una lengua que s&iacute; las tenga no es por eso m&aacute;s &ldquo;rica&rdquo;. Tenemos muchas herramientas ling&uuml;&iacute;sticas para suplir esas presuntas &ldquo;faltas&rdquo;. De igual modo, creo que hay mecanismos suficientes &mdash;aproximativos, si no del todo explicativos&mdash; que nos permiten representar con palabras lo ininteligible, lo irracional&hellip;</strong><em>sue&ntilde;o</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JAP:</strong> Pues tienes toda la raz&oacute;n: insisto en que todo lo que no podemos expresar es porque no lo entendemos, como esa euforia m&iacute;stica, ese estado de iluminaci&oacute;n, que Freud denominaba &ldquo;sensaci&oacute;n oce&aacute;nica&rdquo;, que un d&iacute;a le asalt&oacute; a Arthur Koestler en una colina de Buda mientras le penetraba en el cerebro la paradoja del infinito espacial. No tengo ninguna seguridad en los complejos caminos que puede recorrer la intuici&oacute;n, pues lo que me preocupa son aquellos trabajos cient&iacute;ficos que resultan ser imposturas de autores que han cogido la m&uacute;sica del m&eacute;todo, sin entenderlo del todo, pero desconocen la letra del libreto: esos trabajos que se escudan en la oscuridad como si esta fuera una condici&oacute;n de la ciencia. Y te vuelvo a dar la raz&oacute;n: si sabemos qu&eacute; queremos decir, cualquier lengua dispone de los mecanismos adecuados para que logremos hacerlo. Las palabras son solo ladrillos que, combinados los unos con los otros de mil formas, multiplican hasta el infinito los significados posibles. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: Tu libro est&aacute; presidido por un loable y conciliador mensaje de &ldquo;no perder los estribos&rdquo; ni rasgarse las vestiduras por las contaminaciones, pr&eacute;stamos y &ldquo;gozosas equivocaciones&rdquo; en general a que se halla sometida la lengua, dado que &eacute;sta es, por su propia condici&oacute;n, cambiante y metepatas, y con un mecanismo muy &aacute;gil de asimilaci&oacute;n y descarte. En cuestiones de l&eacute;xico, te veo con una manga bastante ancha, si puedo decirlo as&iacute;: por ejemplo, no pareces muy alterado con la neutralizaci&oacute;n que se da hoy en muchas partes entre &ldquo;o&iacute;r&rdquo; y &ldquo;escuchar&rdquo;, ni muy contrario a que una construcci&oacute;n como &ldquo;tachar de&rdquo;, siempre asociada a cualidades negativas, se vaya aplicando hoy a cualidades positivas (&ldquo;El ministro tach&oacute; de honesto a&hellip;&rdquo;), o a que un verbo como &ldquo;atesorar&rdquo;, siempre asociado a bienes, hoy se utilice con males (&ldquo;El c&uacute;mulo de desgracias que atesora este a&ntilde;o el Barcelona&rdquo;)&hellip; Pero no eres tan tolerante con los abusos en el terreno morfol&oacute;gico. Citas algunos ejemplos muy ingeniosos de sufijaci&oacute;n (monclovita, culturoso, simbolorio), pero alertas contra el peligro de jugar demasiado con &ldquo;el deseo de ser expresivo&rdquo;.</strong><em>monclovita, culturoso, simbolorio</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JAP:</strong> Tras quitarte el acento que le pones a <em>&eacute;sta,</em> si me lo permites (como prueba de intolerancia), a&ntilde;ado que<em> </em>no se trata de tolerancia, sino de realismo: cualquier norma prestigiada en un grupo es una construcci&oacute;n, no una consecuencia de la naturaleza en forma del uso. Eso explica que cuando a uno le ense&ntilde;aron en la escuela que <em>deber </em>es distinto de <em>deber de </em>o que la <em>v </em>de <em>novel</em> suena de forma distinta a la <em>b </em>de <em>nobel</em> cueste mucho aceptar que esto no proceda de la naturaleza ni tenga nada que ver con la l&oacute;gica. &iquest;Por qu&eacute; va a ser m&aacute;s aceptable el uso que me ense&ntilde;aron en la escuela, referente a una palabra, que el de Mario Vargas Llosa y el de otros muchos escritores? &iquest;Crees, por otra parte, que pertenece a la l&oacute;gica que la gente <em>oiga misa</em> en lugar de <em>escucharla?</em> A la l&oacute;gica nuestra no, pero s&iacute; a la de la historia, pues cuando la misa era en lat&iacute;n casi lo &uacute;nico que pod&iacute;a hacer la mayor parte de los fieles era o&iacute;rla. No todo adem&aacute;s es n&iacute;tido y claro en la comunicaci&oacute;n y en el pensamiento: cuando alguien mira a trav&eacute;s de la ventana y ve la nieve que ha ca&iacute;do, quiz&aacute; est&eacute; vi&eacute;ndola simplemente o quiz&aacute; este mir&aacute;ndola. &iquest;Por qu&eacute; vamos a obligar a los hablantes que nos muestren la atenci&oacute;n con que oyen o miran algo? Y &iquest;por qu&eacute; los fil&oacute;logos hemos de imponer con contundencia nuestra idea de la norma, incumpliendo la recomendaci&oacute;n de Luz&aacute;n de que para indagar la verdad de las cosas hay que huir de &ldquo;la ciega pasi&oacute;n, del amor propio, la groser&iacute;a, la mordacidad&rdquo;? &Eacute;l animaba a &ldquo;la prudencia, la urbanidad, la moderaci&oacute;n y el juicio&rdquo;. Es lo que he pretendido hacer en el libro y voy a hacerlo aqu&iacute; de nuevo dici&eacute;ndote que si quieres poner el acento a <em>&eacute;sta</em> no dudes en hacerlo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: Bueno, por esta vez&hellip; dejaremos esta sin tilde. Pero, volviendo a la morfolog&iacute;a y a la derivaci&oacute;n, &iquest;qu&eacute; sientes cuando est&aacute;s en un avi&oacute;n y oyes la grabaci&oacute;n que dice: &ldquo;Les recordamos que este (uhm, ya iba a poner &eacute;ste) es un vuelo no fumador&rdquo;? A m&iacute; me entra la risa.</strong><em>esta</em><em>&eacute;ste</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JAP:</strong> Me gustar&iacute;a decirte, si no lo tomas a pitorreo, que me alegra que me hagas esta pregunta, porque me llevas a algo muy importante: cada elecci&oacute;n en materia de lengua es muchas veces una negociaci&oacute;n. El ejemplo que me propones me parece horrible y, en cambio, no me ocurre lo mismo con un hermos&iacute;simo verso de la <em>Eneida</em> en que el procedimiento es el mismo: &ldquo;Iban oscuros aquellos bajo la noche sola a trav&eacute;s de la sombra&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: Has dejado a Espa&ntilde;a entera de piedra al descubrir que &ldquo;ostent&oacute;reo&rdquo; no era una creaci&oacute;n de Jes&uacute;s Gil sino de&hellip; Juan Benet.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JAP:</strong> He de reconocer que pens&eacute; en presentar los hechos as&iacute;: &ldquo;Quien crea que Gil y Gil no era una persona culta, es porque no sabe que lo de <em>ostent&oacute;reo</em> fue algo que aprendi&oacute; leyendo a Juan Benet. El suyo fue un homenaje al novelista y el hecho de que hoy pensemos que fue un error suyo se debe a su conocida humildad&rdquo;; pero mi hija, que ley&oacute; esto, me recomend&oacute; que no me pasara de bromista y dejase las cosas como fueron: que don Juan y don Jes&uacute;s fueron cada uno por su lado: el primero mezclando a prop&oacute;sito los adjetivos <em>ostentoso</em> y <em>estent&oacute;reo</em>: &ldquo;Don Tertuliano, con su ostent&oacute;rea presencia...&rdquo; en <em>Herrumbrosas lanzas</em>; el segundo tropez&aacute;ndose con ambos. Es la diferencia que separa los juegos de palabras de Quevedo y las equivocaciones que comete Sancho Panza sin quererlo.
    </p><p class="article-text">
        Soy yo ahora quien te pregunta: &iquest;esa voz <em>ostent&oacute;reo</em> no te hubieras atrevido a adoptarla de hab&eacute;rtela encontrado en un escritor apreciado? Porque supongo que no la has hecho tuya al o&iacute;rsela a Gil y Gil. Y de tu respuesta depende admitir que el valor de las palabras procede de muchas otras condiciones distintas a su forma o a su significado.
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: No s&eacute; qu&eacute; decir&hellip; La verdad es que a m&iacute; me gusta mucho el l&eacute;xico m&aacute;s convencional y est&aacute;ndar&hellip; jajaja. Confieso, adem&aacute;s, que yo siempre hab&iacute;a cre&iacute;do que ostent&oacute;reo era un cruce de ostentoso y estert&oacute;reo, no de estent&oacute;reo, que es una palabra que desconoc&iacute;a&hellip;</strong><em>ostent&oacute;reo</em><em>ostentoso</em><em>estert&oacute;reo</em><em>estent&oacute;reo</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JAP:</strong> Fernando Sorrentino nos cuenta un caso de un texto en que su editor convirti&oacute; un <em>estent&oacute;reo</em> en <em>estert&oacute;reo</em>. Junto a la patolog&iacute;a sint&aacute;ctica a que te refieres en un art&iacute;culo tuyo existe una patolog&iacute;a de otra &iacute;ndole: la de aquellas palabras que est&aacute;n arrinconadas en el diccionario y que la gente no sabe con qu&eacute; otras voces relacionar, como es el caso de este <em>estent&oacute;reo</em> que no me extra&ntilde;a que desconocieras.
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: Son hilarantes las p&aacute;ginas que dedicas al &ldquo;aire de formaci&oacute;n culta&rdquo; de las creaciones, tan de moda, terminadas en -alia (Nautalia, agencia de viajes; Vinalia, vinoteca) e inventos parecidos (Depilaria, sal&oacute;n de belleza). Y brutal el caso de Bankia, que el presidente de Caja Segovia se entretuvo en explicar letra por letra para concluir: &ldquo;Bankia, adem&aacute;s, nombre de mujer&rdquo;.</strong><em>-alia (Nautalia</em><em>; Vinalia, </em><em>Depilaria</em><em>Bankia</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JAP:</strong> De todos los disparates, los peores son aquellos en que se combinan la cursiler&iacute;a con la petulancia, como ocurre con lo rancio de un piropo. Merec&iacute;a la pena hacer un an&aacute;lisis cuidados&iacute;simo del texto, lleno de disparates. Basta con leerlo: &ldquo;La &lsquo;B&rsquo; inicial representa &lsquo;un coraz&oacute;n&rsquo; que est&aacute; llamado a convertirse en el distintivo de la nueva firma. La &lsquo;i&rsquo; alude tanto a la integraci&oacute;n de las siete entidades como la integraci&oacute;n de banca y ahorro. La &lsquo;fusi&oacute;n&rsquo; de la &lsquo;n&rsquo; y la &lsquo;k&rsquo; tambi&eacute;n refuerza la idea de &lsquo;integraci&oacute;n&rsquo;. La &lsquo;a&rsquo; final representa &lsquo;apertura&rsquo;, frente a la &lsquo;o&rsquo; cerrada de banco. Y &lsquo;Bankia&rsquo;, adem&aacute;s, nombre de mujer. &iquest;Qu&eacute; m&aacute;s se puede pedir?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: Los casos en -alia apelan a un hablante que quiere sentirse m&aacute;s exquisito, los en -ing (consulting, sponsoring, dumping) a uno que quiere sentirse m&aacute;s moderno y profesionalizado&hellip; Con la lengua uno puede crearse la ilusi&oacute;n de estar accediendo a una comunidad exclusiva y arcana. Ocurre tambi&eacute;n con la lengua de la delincuencia y de la juventud, llena de secretos y privilegios: si no hablas como yo &mdash;parecen decir&mdash;, no eres de los m&iacute;os&hellip; y adem&aacute;s te lo voy a poner dif&iacute;cil.</strong><em>-alia</em><em>-ing</em><em>consulting, sponsoring, dumping</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JAP:</strong> Hay al hablar un proceder mim&eacute;tico: sentirnos seguros acerc&aacute;ndonos a la manera de hablar de un grupo, sea de delincuentes, de horteras o de sabios. Pero ello tiene la contrapartida de que a la vez nos separamos de otros grupos. Claro que por la ma&ntilde;ana podemos hablar como profesores y por la noche buscar el aplauso de los delincuentes. El acto m&aacute;s personal, en el que uno quiere separarse de todos y tiene poco asidero gregario, es el del escritor que se enfrenta a solas con su obra y escribe buscando su estilo, no seguir el de otros o separarse de ellos. En todo ello buscamos adem&aacute;s algo que no se suele tener en cuenta cuando se habla de las lenguas: pretendemos con los cambios que les infligimos (espero no haberme equivocado de verbo) no aburrir a la gente, pues, como ha dicho Jorge Wagensberg, &ldquo;el mayor enemigo del cerebro es el aburrimiento y el del aburrimiento la ausencia de cambio&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: Una cosa que me ha encantado de tu libro es que, a la hora de poner ejemplos, citas traducciones (de Huxley, Bowles, Proust, Pavese&hellip; y, claro, Vikram Chandra). Esto es extraordinario: en la base de datos l&eacute;xica de la RAE no hay textos procedentes de traducciones, de lo que puede deducirse que para la RAE las traducciones no son espa&ntilde;ol. Y sin embargo es de suponer que muchas de las primeras documentaciones de ciertos pr&eacute;stamos y neologismos se encuentren en las traducciones. Ahora ha entrado por fin en la Academia un traductor no helenista, Miguel S&aacute;enz&hellip; &iquest;Es signo de algo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JAP:</strong> Realmente donde empieza la creaci&oacute;n de la terminolog&iacute;a cient&iacute;fica y t&eacute;cnica es en las traducciones. En ellas encontramos muchas de las primeras documentaciones de una palabra en nuestra lengua. El esfuerzo del traductor, tanto si acierta como si no (entre par&eacute;ntesis, &iquest;qu&eacute; es acertar?), es decisivo para la implantaci&oacute;n de una palabra. En el caso del traductor literario su esfuerzo no es muy distinto del del creador. Y, es m&aacute;s, podemos ver la lengua literaria como una especie de traducci&oacute;n de la lengua coloquial.
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: Insistes en tu libro en que los diccionarios &ldquo;no encierran la realidad del mundo&rdquo;, pero la posici&oacute;n del DRAE siempre ha sido algo ligerita en este asunto. Por un lado, cuando alguien protesta y pide que se retire de &eacute;l una frase como &ldquo;trabajar como un negro&rdquo; por racista, se nos recuerda que el Diccionario es un registro de usos, al parecer imparcial; pero a m&iacute; no me extra&ntilde;a que alguien plantee esas peticiones, porque est&aacute; claro que mucha gente no ve el Diccionario como un registro, sino como una especie de Biblia o Cor&aacute;n, un libro sagrado que, adem&aacute;s de &ldquo;encerrar&rdquo; el mundo, recomienda y legitima, m&aacute;s que describe, palabras y expresiones. Y a la RAE, confes&eacute;moslo, la auctoritas le pone mucho; muchas de sus iniciativas no obedecen a una mera pol&iacute;tica de registro.</strong><em>DRAE</em><em>Diccionario</em><em>auctoritas</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JAP:</strong> Si no arrojamos fuera del diccionario usos que no nos gustan es porque de ese modo, cuando una persona los oiga (y no digamos nada si los escucha) y no los entienda, ha de tener un lugar al que acudir. Ciertamente si se mantienen voces inconvenientes en el diccionario, alguien puede pensar que esto es un aval para su empleo, sobre todo si nos descuidamos y no caracterizamos esos usos como anticuados (cuando lo sean) o incluso impropios (cuando nos lo parezcan). En cualquier caso, a diferencia de las biblias, los diccionarios pueden suprimir y a&ntilde;adir palabras y acepciones. Hay ciertamente ling&uuml;istas que tratan por todos los medios de quitar las esquinas de las palabras para tratar de cambiar la realidad, y personas demasiado confiadas en que los usos, regulares, malos, vulgares, insultantes o injustos habr&iacute;a que erradicarlos del diccionario. &iquest;Llegar&iacute;amos para ello a despojarlos de palabras como <em>sumiso, d&oacute;cil</em> o <em>s&uacute;bdito</em> que molestaban a Eduardo Haro o borrar de ellos <em>indignaci&oacute;n</em> o <em>intolerable</em>, como pretend&iacute;a Unamuno? El diccionario es, quer&aacute;moslo o no, un mensajero. Lo importante es que lo que no nos gusta y aparece, sin embargo, en &eacute;l, para que termine desapareciendo un d&iacute;a, marcado como inexistente, ha de desaparecer previamente del uso.
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: Adem&aacute;s, me parece a m&iacute;, un diccionario no es responsable del uso que hagan de sus &ldquo;inquilinos&rdquo; (como llamas a las palabras que registra) los hablantes. Es el hablante quien elige lo que dice y c&oacute;mo lo dice. Teniendo a su disposici&oacute;n otros modos de decir, que se sirva de uno en concreto es responsabilidad suya.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JAP:</strong> Exactamente. En este ordenancista mundo nuestro no hay que regularlo todo, sino dejar a la gente que elija. En esto soy radicalmente liberal.
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: &iquest;Qu&eacute; tal va el Nuevo Diccionario Hist&oacute;rico que diriges? Un diccionario hist&oacute;rico es un diccionario que registra las palabras desde su primera documentaci&oacute;n y desde ah&iacute;, por orden cronol&oacute;gico y con ejemplos de uso, va se&ntilde;alando los cambios de significado que han experimentado hasta la actualidad. &iquest;Es consciente ya la Academia de que es el aut&eacute;ntico diccionario que nos falta, cuando otras lenguas como el ingl&eacute;s, el franc&eacute;s, el italiano, el catal&aacute;n, etc. lo tienen desde hace casi un siglo, si no m&aacute;s?</strong><em>Nuevo Diccionario Hist&oacute;rico</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JAP:</strong> En cierto modo en este ostentoso libro m&iacute;o que nos ha tra&iacute;do aqu&iacute; a hablar de todas estas cosas se explica la necesidad del diccionario hist&oacute;rico. De momento est&aacute;n en el portal de la Academia los materiales que se emplean para hacer este diccionario. Tales materiales han cambiado de ra&iacute;z la forma de trabajar en filolog&iacute;a: hace veinte a&ntilde;os un editor de un texto antiguo, ante una palabra problem&aacute;tica, ten&iacute;a poqu&iacute;simos apoyos para aceptarla o rechazarla y hoy ya tiene elementos importantes de comparaci&oacute;n. Un diccionario hist&oacute;rico facilitar&iacute;a ostensiblemente &mdash;no ostent&oacute;reamente&mdash; la redacci&oacute;n de un diccionario del uso actual y les explicar&iacute;a a los hablantes las razones de usos que no comprenden.
    </p><p class="article-text">
        No sabes c&oacute;mo te agradezco que te parezca que el diccionario hist&oacute;rico es imprescindible para nuestra lengua, algo de lo que no todo el mundo est&aacute; convencido.
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: Para terminar, y si no es abusar, &iquest;nos cuentas brevemente alguna de esas fant&aacute;sticas historias de evoluci&oacute;n del significado y uso de una palabra que no hayas podido incluir en tu libro?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JAP:</strong> Te voy a se&ntilde;alar una que ha adquirido un significado en el diccionario: leemos, en la 2&ordf; acepci&oacute;n de <em>albogue</em> del diccionario acad&eacute;mico, que se trata de &ldquo;Cada uno de los dos platillos peque&ntilde;os de lat&oacute;n que se usan para indicar el ritmo en las canciones y bailes populares&rdquo;. Es dif&iacute;cil entender c&oacute;mo esa flauta de dos ca&ntilde;os que es el <em>albogue</em> se ha convertido en un instrumento de percusi&oacute;n. Todo se debe a una mala interpretaci&oacute;n de un pasaje del <em>Quijote</em>, que dice as&iacute;: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; son <em>albogues</em> &mdash;pregunt&oacute; Sancho&mdash;, que ni los he o&iacute;do nombrar ni los he visto en toda mi vida? &mdash;<em>Albogues </em>son &mdash;respondi&oacute; don Quijote&mdash; unas chapas a modo de candeleros de az&oacute;far, que <em>dando</em> una con otra <em>por</em> lo vac&iacute;o y hueco hace un son, que, si no muy agradable ni arm&oacute;nico, no descontenta y viene bien con la rusticidad de la gaita y del tambor&iacute;n&rdquo;. La equivocaci&oacute;n se debe a haber tomado ese <em>dando una con otra</em> como &lsquo;chocando&rsquo;, cuando significa aqu&iacute; &lsquo;estando la una junto a la otra&rsquo; y luego <em>por lo vac&iacute;o... </em>como &lsquo;a causa de lo vac&iacute;o&rsquo;, cuando significa &lsquo;a trav&eacute;s del hueco&rsquo;. De esa forma se trata sencillamente de la flauta en que los dos ca&ntilde;os est&aacute;n pegados y pasa a trav&eacute;s de ellos el aire... Fue una de esas ocasiones en que Homero dormitaba<em>.</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong> </strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Magrinyà]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/conspiracion/dime-significa-habitacion-ponia-azul_1_5580187.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 07 Feb 2013 11:18:39 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Dime qué significa que esa habitación se ponía azul]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un verbo que no existe]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/padres_e_hijos/verbo-existe_1_5575657.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Hoy vamos a <em>tamborilear</em> un poco (banda sonora <a href="http://www.youtube.com/watch?v=W2J6i6nUsRc" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>). Como &eacute;ste es un verbo que sale mucho en las novelas, nos intriga su abundancia, y mucho m&aacute;s su construcci&oacute;n. El <em>Diccionario de la Real Academia Espa&ntilde;ola</em>, en su acepci&oacute;n 2, que es la que nos interesa, dice: &ldquo;intr. Hacer son con los dedos imitando el ruido del tambor&rdquo;. Vamos a olvidarnos de este &ldquo;hacer son&rdquo; y de la definici&oacute;n en general. Lo que nos preocupa es el &ldquo;intr.&rdquo;: seg&uacute;n el <em>DRAE</em>, <em>tamborilear</em> es un verbo intransitivo, es decir, un verbo que no tiene complemento directo y que, adem&aacute;s, no puede tenerlo (el <em>DRAE</em> no da la opci&oacute;n, como en otros verbos, de un uso transitivo).
    </p><p class="article-text">
        No es que el <em>DRAE</em> no se haga a veces un l&iacute;o con lo transitivo y lo intransitivo, por supuesto. Pero una de las primeras documentaciones que hemos encontrado de <em>tamborilear</em> en la base de datos l&eacute;xica de la RAE respalda lealmente la construcci&oacute;n se&ntilde;alada en su <em>Diccionario</em>:
    </p><p class="article-text">
        <em>Amooor, pronunciaba el sabio obeso, [&hellip;] tamborileando sobre su potente abdomen con los dedos &aacute;giles y regordetes</em><strong>tamborileando</strong> (Rub&eacute;n Dar&iacute;o, <em>El caso de la se&ntilde;orita Amelia</em>, 1894; FCE, M&eacute;xico, 1950, p. 228).
    </p><p class="article-text">
        En un principio la cosa era as&iacute;: alguien daba golpecitos r&iacute;tmicos o <em>tamborileaba con</em> los dedos <em>sobre </em>o<em> en</em> alguna superficie: un abdomen, una puerta, una mesa, los cristales de una ventana, etc. Y se quedaba tan contento con ese ruidito y con c&oacute;mo lo hac&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Pero he aqu&iacute; que en 1949 aparece don Alejandro Casona y nos da una sorpresa. En una acotaci&oacute;n de su obra <em>Los &aacute;rboles mueren de pie</em>, especifica:
    </p><p class="article-text">
        <em>&Eacute;l se enjuga la frente con el pa&ntilde;uelo; ella tamborilea los dedos, nerviosa</em><strong>tamborilea</strong> (Espasa-Calpe, Madrid, 1996, p.113).
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Vaya! Aqu&iacute; ya no se <em>tamborilea</em> <em>con</em> los dedos, sino que se <em>tamborilean</em> los dedos mismos. El verbo ha pasado a ser transitivo y su objeto son los dedos tamborileadores.
    </p><p class="article-text">
        Ah, pero en 1961 llega Max Aub con <em>La calle de Valverde</em> y nos cambia el objeto:
    </p><p class="article-text">
        <em>Clementina tamborilea el embozo de la s&aacute;bana bordada</em><strong>tamborilea</strong> (C&aacute;tedra, Madrid, 1985, p. 170).
    </p><p class="article-text">
        En este uso transitivo, lo que se <em>tamborilea</em> ya no son los dedos, sino la superficie (el embozo de la s&aacute;bana) que tocan los dedos. S&iacute;, eso mismo que antes se constru&iacute;a con <em>sobre</em> o con <em>en</em>.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Entonces &iquest;qu&eacute; demonios se tamborilea? &iquest;Los dedos o la superficie <em>tamborileada</em>? Se extiende la confusi&oacute;n. Los autores ya no saben a qu&eacute; atenerse. Cunde el caos en las literaturas hisp&aacute;nicas. Arturo P&eacute;rez Reverte, en 1988, en <em>El maestro de esgrima</em> (Alfaguara, 1995, p. 31), dec&iacute;a que &ldquo;Don Lucas Rioseco <em>tamborileaba</em> <em>con</em> los dedos sobre la mesa&rdquo;; en cambio, catorce a&ntilde;os despu&eacute;s, en <em>La Reina del Sur</em> (Alfaguara, Madrid, 2002, p. 70), escribe: &ldquo;Segu&iacute;a <em>tamborileando</em> los dedos en la agenda&rdquo;. &iquest;En qu&eacute; quedamos? &iquest;Con <em>con</em> o sin <em>con</em>? M&aacute;s chocante es el caso de Carlos Fuentes, que en una misma novela, <em>La muerte de Artemio Cruz </em>(1962), dice en la p&aacute;gina 35: &ldquo;&Eacute;l <em>tamborileaba</em> los dedos sobre el vidrio de la mesa&rdquo;; y luego en las 285-286: &ldquo;y <em>tamborileaba con </em>los dedos sobre la cacerola negra&rdquo; (Anaya-Muchnik, Madrid, 1994).
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Qu&eacute; jaleo!
    </p><p class="article-text">
        Pero, tranquilos, la fiesta no ha terminado. Hay tiempo para una nueva mutaci&oacute;n. Un d&iacute;a, el objeto de ese <em>tamborilear</em> transitivo deja de ser los dedos o las superficies y se transforma en ese mismo &ldquo;son&rdquo; que el <em>DRAE</em> nombraba en su definici&oacute;n. As&iacute;, en alguna parte &ldquo;golpean la puerta, pero como si alguien se entretuviera en <em>tamborilear</em> <em>una canci&oacute;n</em>&rdquo; (David W. Foster, <em>Espacio esc&eacute;nico y lenguaje</em>, Galerna, Buenos Aires, 1998, p. 104, no consta traductor); en otra, la &ldquo;mano derecha de Mandamus <em>tamborile&oacute; un ritmo controlado</em> sobre el brazo de su butaca&rdquo; (Isaac Asimov, <em>Robots e Imperio</em>, Debolsillo, Barcelona, 2007, p. 296, trad. de Rosa S. de Naveira); y cierto &ldquo;se&ntilde;or Obscenidad <em>tamborile&oacute; una melod&iacute;a</em> indescifrable sobre el vientre de ella, con las yemas de los dedos&rdquo; (Susan Sontag, <em>Yo etc&eacute;tera</em>, Debolsillo, Barcelona, 2008, no consta p&aacute;gina en <a href="http://books.google.es/books?id=LZbr2mHn5XIC&amp;pg=PT64&amp;lpg=PT64&amp;dq=El+se%C3%B1or+Obscenidad+tamborile%C3%B3+una+melod%C3%ADa+indescifrable+sobre+el+vientre+de+ella&amp;source=bl&amp;ots=aPFSI9lvmH&amp;sig=CFMLtyaPSaQBO0tyU9td1TjjbMk&amp;hl=es&amp;sa=X&amp;ei=30IAUdDzOcO40QXR_4HYDA&amp;sqi=2&amp;ved=0CC0Q6AEwAA" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Google Books</a>, trad. de Eduardo Goligorsky). &iexcl;Ahora <em>tamborileamos</em> tambi&eacute;n canciones, ritmos, melod&iacute;as!
    </p><p class="article-text">
        Como en el objeto, no han faltado tampoco mutaciones en el sujeto, aunque esta vez m&aacute;s previsibles. En un principio, era una persona quien <em>tamborileaba</em>. Lo ten&iacute;amos claro: yo <em>tamborileo</em>, t&uacute; <em>tamborileas</em>, etc. Pero, por el secular gusto por la sin&eacute;cdoque, no hemos tardado &mdash;ya nos lo avisaba la mano derecha de Mandamus&mdash; en trocearnos: ya no <em>tamborileamos</em> nosotros sino nuestras partes. Esos benditos dedos no solo son el instrumento y el objeto de <em>tamborilear</em>: tambi&eacute;n pueden ser su sujeto. Y, ya que estamos, las manos, el pulso, el coraz&oacute;n y hasta los ojos y la cabeza. Sin olvidar la lluvia:
    </p><p class="article-text">
        <em>Los pies taconean el piso, los dedos tamborilean contra la mesa </em><strong>tamborilean </strong>(Santiago Esmeralda, <em>El sue&ntilde;o de Am&eacute;rica</em>, Mondadori, Barcelona, 1996, p.277). 
    </p><p class="article-text">
        <em>Una de sus manos </em><strong>tamborileaba</strong><em> en la mesa mugrienta</em> (Mario Vargas Llosa, La ciudad y los perros, 1962; Seix Barral, Barcelona, 1997, p. 389).
    </p><p class="article-text">
        <em>Y tu pulso tamborileaba en mis sienes y mu&ntilde;ecas / como diminutas patas de ciempi&eacute;s</em><strong>tamborileaba</strong> (Maga, <em>Diecinueve</em>, disco de 2002).
    </p><p class="article-text">
        <em>Con el coraz&oacute;n desbocado y mis ojos tamborileando en sus cuencas</em><strong>tamborileando</strong> (Kasumy, <a href="http://foros.pokemonsafari.net/showpost.php?p=1271158&amp;postcount=4" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Foros Pokemon Safari</a>, 1994).
    </p><p class="article-text">
        <em>Su coraz&oacute;n tamborilea y quiere salirse de su pecho</em><strong>tamborilea</strong> (Valle Vaquero Serrano, El dulce fruto de la primavera: Garcilaso y Guiomar, Entrel&iacute;neas, Madrid, p. 252).
    </p><p class="article-text">
        <em>Oigo la lluvia tamborilear afuera</em><strong>tamborilear</strong> (Ana Cristina Rossi, Mar&iacute;a la noche, Lumen, Barcelona, 1985, p. 100).
    </p><p class="article-text">
        Y mi favorita, que combina varias modalidades:
    </p><p class="article-text">
        <em>Mientras corr&iacute;a notaba como su cabeza tamborileaba un fren&eacute;tico golpeteo que le estaba empezando a molestar, aparte de la gran presi&oacute;n que sent&iacute;a sobre la misma</em><strong>tamborileaba</strong> (Andrea Vilas, blog <a href="http://andreavilasgaudiosolamagia.blogspot.com.es/2011/04/corazon.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La magia de las historias</a>).
    </p><p class="article-text">
        En fin&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Ahora, si les propusiera que hicieran una frase cualquiera con el verbo <em>tamborilear</em>, &iquest;qu&eacute; me dir&iacute;an? &iquest;<em>Tamborilear&iacute;an</em> ustedes, o sus manos, o su cabeza? &iquest;<em>Tamborilear&iacute;an</em> con los dedos, o sin ellos? &iquest;<em>Tamborilear&iacute;an</em> esos dedos, o una mesa, una agenda, una melod&iacute;a, un &ldquo;golpeteo&rdquo;? &iquest;O todo junto? Asegurar&iacute;a que no tendr&iacute;an ni idea.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Y eso es lo que les pasa a nuestros escritores y traductores: como ustedes o como yo, no tienen ni idea de c&oacute;mo se construye este verbo&hellip; as&iacute; que lo construyen como les da la gana. O m&aacute;s bien como les pilla: no es versatilidad, es incertidumbre; no es energ&iacute;a multiforme, es patolog&iacute;a sint&aacute;ctica. Resulta por tanto curioso, dado el car&aacute;cter m&oacute;rbido del verbo, que los novelistas no lo eviten prudentemente, sino que sigan, al contrario, <em>tamborileando</em> como posesos. A m&iacute; me da la impresi&oacute;n de que, pese a los denodados testimonios de vida, <em>tamborilear</em> es hoy &mdash;bueno, desde hace ya bastante tiempo&mdash; un verbo que no existe. &iquest;C&oacute;mo puede existir un verbo que nadie sabe c&oacute;mo se usa? Pues sencillamente porque, contra todas las pruebas a su favor, no se usa. Si se usara, sabr&iacute;amos c&oacute;mo usarlo.
    </p><p class="article-text">
        No hace mucho, en <a href="http://www.eldiario.es/Kafka/Sacudir-cabeza_0_78392320.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">otro L&amp;L</a> habl&aacute;bamos de la carpinter&iacute;a de los di&aacute;logos y de los esfuerzos tremebundos de los novelistas para que sus personajes hagan algo: sacudir la cabeza, fruncir el ce&ntilde;o, encogerse de hombros, arquear una ceja, rezongar, mirar fijamente, etc. <em>Tamborilear</em> es uno de esos algos. Y la misma vacilaci&oacute;n, la misma falsedad de su construcci&oacute;n revela a las claras la falsedad de la acci&oacute;n que pretenede representar. <em>Tamborilear</em> no existe porque es solo un t&oacute;pico de novela sin la menor correspondencia con un estado real de lengua. Los novelistas no saben construir el verbo porque son los &uacute;nicos que piensan en &eacute;l. No pueden consultar al hablante que tengan m&aacute;s a mano porque ning&uacute;n hablante, a no ser que sea otro cursi que solo lea novelas, dice que <em>tamborilea</em>, y por eso deben recurrir a otros novelistas que se encuentran en la misma situaci&oacute;n que ellos. Hay, desde luego, t&eacute;rminos que son privativos del lenguaje literario, pero un estudio de los textos deber&iacute;a proporcionarnos claves razonables para su uso&hellip; cosa que, por cierto, no siempre sucede. Y, desde luego, no es el caso de <em>tamborilear</em>. El estudio de sus usos, como hemos visto aqu&iacute;, no lleva a ninguna parte. <em>Tamborilear</em> es un pegote que solo sirve para tapar &mdash;muy torpemente, acaso con alg&uacute;n dudoso &ldquo;efecto&rdquo;&mdash; lagunas de novelista.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Magrinyà]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/padres_e_hijos/verbo-existe_1_5575657.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 31 Jan 2013 17:08:30 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Un verbo que no existe]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Padres]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mal de amores: letra y música]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/menstruacion/mal-amores-letra-musica_1_5570283.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hoy L&amp;L habla con Manu Ber&aacute;stegui (Bilbao, 1952) a prop&oacute;sito de su libro <em>101 canciones para cortarse las venas</em> (T&amp;B Editores, Madrid, 2012). El autor estuvo interno en un colegio de El Escorial. Ha dise&ntilde;ado figurines y escenograf&iacute;as para Norma Duval y Mario Gas, entre otros, ha dirigido teatro independiente y tuvo una compa&ntilde;&iacute;a propia, Air&oacute;n. Habla de libros y m&uacute;sica los fines de semana en la radio en <em>A vivir que son dos d&iacute;as</em> y ha hecho muchas traducciones. Cuando sale en la tele, es tan popular que los borrachos de los <em>afters, </em>al verle pasar, le gritan: &ldquo;&iexcl;Periodista!&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Se recomienda leer esta conversaci&oacute;n con su correspondiente banda sonora, pinchando en los enlaces correspondientes.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        <strong>L&amp;L: En el libro confiesas haber padecido &ldquo;una incontrolable tendencia a la melancol&iacute;a desde muy temprana edad&rdquo; y que las canciones que eliges, a modo de medicina para el mal de amores, todas con su prospecto farmac&eacute;utico, est&aacute;n &ldquo;sobradamente probadas&rdquo; en ti mismo. &iquest;Realmente funciona eso de que te abandonen e irte a tu casa a escuchar canciones sobre el abandono? &iquest;Fomenta el narcisismo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        MB: En primer lugar, yo nunca he recomendado &ldquo;irte a tu casa&rdquo;. La soledad es solo una posibilidad. Hay quien prefiere hacer de su desamor una <em>performance</em> y se lanza a la calle a exhibir el dolor sin el menor pudor. Muchas de estas canciones tienen un efecto doble si se consumen en lugares p&uacute;blicos, b&aacute;sicamente garitos infectos, mientras mezclas el peor de los alcoholes con tus propios mocos y l&aacute;grimas. Tambi&eacute;n da buen resultado compartirlas con los amigos, teniendo siempre presente que &eacute;stos pueden acabar de ti hasta el bonete.
    </p><p class="article-text">
        Pero, volviendo a tu pregunta, yo no creo (como dice uno de los personajes de <em>Maridos y mujeres</em> de Woody Allen) que sea mejor ignorar el problema. Creo que es m&aacute;s sano enfrentarse a &eacute;l con todas las consecuencias. Una terapia de inmersi&oacute;n es lo que ofrecen estas canciones. Y s&iacute;, creo que funciona. &iquest;Fomenta el narcisismo? Posiblemente s&iacute;. Y el exhibicionismo, y la autocomplacencia, y el masoquismo, y todas esas cosas que, en su justa medida, son <em>taaaaaaaaan</em> divertidas. Claro que hay que saber parar a tiempo. Siempre hay que saber parar a tiempo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: Lo dec&iacute;a porque yo nunca he seguido esa pr&aacute;ctica. Las canciones con mensajes de supervivencia comprendo que puedan dar &aacute;nimos y las que incluyen declaraciones o insinuaciones siempre pueden colarse a la hora de ligar. Cuando a&uacute;n ten&iacute;a vida nocturna, recuerdo que antes de salir me pon&iacute;a cosas como I Love the Nightlife y luego sal&iacute;a con mucho entusiasmo. &iquest;No har&iacute;as un libro con ese tipo de canciones?</strong><a href="http://www.youtube.com/watch?v=vT306cZL0pM" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>I Love the Nightlife</em></a>
    </p><p class="article-text">
        MB: Te entiendo perfectamente, pero me das la raz&oacute;n. Te pon&iacute;as la m&uacute;sica que te ped&iacute;a tu estado de &aacute;nimo. Y que ayudaba a potenciarlo. Pero no me negar&aacute;s que dejarse llevar por ese estado es tan arriesgado como por el otro, si no m&aacute;s. El subid&oacute;n es muy traicionero porque te anima a bajar la guardia ante los peligros que nos rodean. Y s&iacute;, me encantar&iacute;a hacer un libro sobre estas canciones de subid&oacute;n y sus trampas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: Ahora que lo dices, nunca me hab&iacute;a fijado pero I Love the Nightlife es una canci&oacute;n de despecho total.</strong><em>I Love the Nightlife</em>
    </p><p class="article-text">
        MB: Efectivamente. De despecho que se ahoga en la b&uacute;squeda del placer moment&aacute;neo, algo muy de la &eacute;poca.
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: Yo es que solo me fijaba en el Aaaaction y en el I&rsquo;ve got to boogie&hellip; El amor, los sentimientos, la vida en pareja&hellip; &iquest;no est&aacute;n sobrevalorados? &iquest;No se puede vivir solo tan ricamente?</strong><em>Aaaaction</em><em>I&rsquo;ve got to boogie</em>
    </p><p class="article-text">
        MB: Mira, sobrevalorada est&aacute; la gastronom&iacute;a, que se ha empe&ntilde;ado en convertir en un arte exclusivo lo que toda la vida se ha hecho en las cocinas de las casas para sobrevivir. Y la comida ya sabemos en lo que acaba. Pero, claro, &iquest;qui&eacute;n quiere pasarse el resto de su vida comiendo acelgas hervidas? Se puede sobrevivir con lo m&iacute;nimo, como se puede vivir muy tranquilo solo. Pero te pierdes un mont&oacute;n de bocados exquisitos, &uacute;nicos, algunos amargos, otros &aacute;cidos y muchos sosos, pero que, dentro del men&uacute; total, merecen la pena. (&iquest;Me ha quedado un poco Antonio Gala o es impresi&oacute;n m&iacute;a?)
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        <strong>L&amp;L: Entre las canciones que seleccionas, hay algunas precisamente (Baby, Won&rsquo;t You Please Come Home) en las que, en las &ldquo;contraindicaciones&rdquo;, recomiendas: &ldquo;No debe utilizarse sin haberlo pensado bien antes. &iquest;De verdad quieres que vuelva?&rdquo;.</strong><a href="http://www.youtube.com/watch?v=kPtlTaoUWOI" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Baby, Won&rsquo;t You Please Come Home</em></a>
    </p><p class="article-text">
        MB: Ah, &eacute;sta es un situaci&oacute;n muy frecuente. Ante el abandono, y en determinados tipos de persona, lo que m&aacute;s sufre es el ego, el orgullo. Entonces la primera reacci&oacute;n es intentar por todos los medios recuperar al amante saliente para demostrarse que &ldquo;a m&iacute; no me deja nadie&rdquo;. Normalmente, y despu&eacute;s de haber probado su ausencia, acaba con la triste revelaci&oacute;n de que se estaba mejor sin esa persona. Pero la opci&oacute;n no es la soledad, sino la alternancia. A rey muerto, rey puesto.
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: &iquest;Cu&aacute;l es el argumento m&aacute;s siniestro para cortar una relaci&oacute;n? A m&iacute; me encanta el de &ldquo;No quiero hacerte da&ntilde;o&rdquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        MB: &Eacute;se es uno de los m&aacute;s mezquinos, un subterfugio para no admitir que ya no sientes nada por tu pareja. Est&aacute; en el mismo caj&oacute;n que &ldquo;No estoy preparado para tener una relaci&oacute;n&rdquo; o &ldquo;En este momento de mi vida quiero dedicarme solo a mi trabajo&rdquo;. Los m&aacute;s contundentes son los que admiten abiertamente el desgaste y la ausencia del amor o del deseo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: &ldquo;No quiero hacerte da&ntilde;o&rdquo; tambi&eacute;n se dice para cortar los avances de alguien que te ronda. Y ah&iacute; s&iacute; que es pretencioso.</strong>
    </p><p class="article-text">
        MB: A no ser que se lo digas en una mazmorra a alguien sujeto con grilletes a la pared y pertrechado de correajes de cuero. En ese caso deja de ser pretencioso para convertirse en sencilla y parad&oacute;jicamente cruel.
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: En tu repaso a la canci&oacute;n italiana, noto una intensa presencia de cantama&ntilde;anas: &ldquo;Come prima, pi&ugrave; di prima t&rsquo;amer&ograve;&rdquo;; &ldquo;A ti no te compr&eacute;, por eso no te vendo&rdquo; (De amor ya no se muere); y en Parole parole, esos versos (&ldquo;T&uacute; eres como el viento que lleva los violines y las rosas&rdquo;) admirablemente contestados (&ldquo;&iquest;Violines y rosas? Esta noche se lo dices a otra&rdquo;)&hellip; Por cierto, la versi&oacute;n de Carmen Sevilla y Francisco Rabal, con esa voz del busc&oacute;n don Pablos, es inenarrable. &iquest;Cu&aacute;l ser&iacute;a hoy tu elecci&oacute;n ideal para este d&uacute;o?</strong><em>De amor ya no se muere</em><em>Parole parole</em><a href="http://www.youtube.com/watch?v=rTTruddvSqU" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Carmen Sevilla y Francisco Rabal</a>
    </p><p class="article-text">
        MB: Por favor, te ruego que muestres un poco de respeto por los cantama&ntilde;anas, especie canora en peligro.
    </p><p class="article-text">
        Yo veo como firmes candidatas a protagonizar este tema a algunas valkirias del PP. No me cuesta nada imaginar a Andrea Fabra contestando &laquo;&iexcl;Los violines y las rosas te los metes por el culo!&raquo; a un cantama&ntilde;anas de media melenita ondulada algo untuoso.
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: Los franceses son tambi&eacute;n bastante cantama&ntilde;anas pero tienen la gracia de convertir la problem&aacute;tica de drama queen en un tendre drama, como dice Aznavour en esa impresionante Comme ils disent (&iexcl;lean la letra!). T&uacute;</strong><em>drama queen</em><em>tendre drama</em><a href="http://www.youtube.com/watch?v=Ba3Pk36ie0Y" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Comme ils disent</em></a><em>. </em> <strong>recomiendas &ldquo;a aquellas personas que est&eacute;n pensando en salir del armario&rdquo; que la pongan &ldquo;en Nochebuena, con toda la familia reunida en torno a la mesa&rdquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        MB: (Voy a obviar el segundo comentario sobre los cantama&ntilde;anas por no ponerme pesado, pero me parece fatal.) La salida del armario suele necesitar de cierto aparataje de apoyo (en algunos casos, que hay quien sale sin mirar y atropellando porque ya ni cabe con todos los atributos plumeriles). Esta canci&oacute;n permite ir haciendo comentarios seudointelectuales para tantear las reacciones de los familiares allegados y saber por d&oacute;nde tirar. La Nochebuena es una ocasi&oacute;n propicia por tener a la familia ya reunida, sin necesidad de una convocatoria extraordinaria, y tener cierta resistencia probada a los dramones familiares.
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: La verdad es que eres un gran cr&iacute;tico musical. De la versi&oacute;n de Caetano Veloso de Ay, amor dices: &ldquo;la ha cantado con estilo y buen gusto, pero una subida de tono algo extra&ntilde;a en la segunda estrofa saca un poco al oyente del estado de arrobamiento en que le ha situado la primera&rdquo;. De la de Bravo de Celia Cruz: &ldquo;le da un ritmito que le quita hierro a la cosa y remata el verso &lsquo;perm&iacute;teme aplaudir&rsquo; con tres palmadas secas que sobresaltan&rdquo;. Yo me he llevado un sobresalto may&uacute;sculo.</strong><a href="http://www.youtube.com/watch?v=3ni-NppgjIQ" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Ay, amor</em></a><em> Bravo</em><a href="#" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Bravo</a>
    </p><p class="article-text">
        MB: Te creo. Yo la primera vez que la o&iacute; pegu&eacute; un brinco. Suenan como bofetadas que te espabilan y te preparan para lo que viene despu&eacute;s. Ese estribillo que empieza &ldquo;Te odio tanto&hellip;&rdquo; no tiene desperdicio.
    </p><p class="article-text">
        La versi&oacute;n de <em>Ay, amor</em> de Caetano Veloso comienza en un tono grave, c&aacute;lido, muy sensual, que te atrapa y, de repente, como si acabara de caer en la cuenta de que nunca llegar&aacute; a las notas bajas que ese tono le exige, hace un <em>portamento</em> raro para situarse en un falsete que no ayuda al esp&iacute;ritu de la canci&oacute;n. En realidad es como otra bofetada para que te quites la tonter&iacute;a.
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        <strong>L&amp;L: No dejas fuera ni November Rain de Guns&rsquo;n&rsquo;Roses. Como bien dices: &ldquo;Si no te gusta el heavy no lo intentes. Ni siquiera entender&aacute;s la letra&rdquo;. Desde luego, es todo tan prolijo&hellip;</strong><a href="http://www.youtube.com/watch?v=8SbUC-UaAxE" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>November Rain</em></a><em>heavy</em>
    </p><p class="article-text">
        MB: Desgraciadamente he dejado fuera muchas canciones que me habr&iacute;a encantado incluir, pero era una cuesti&oacute;n de extensi&oacute;n y de no aburrir al lector. En la selecci&oacute;n me parec&iacute;a esencial incluir un ejemplo de la balada <em>heavy</em>. O <em>metal</em>, como quieras. Es un g&eacute;nero con caracter&iacute;sticas propias, basadas en que tiene que trasmitir un mensaje contradictorio de doble direcci&oacute;n: soy duro pero tengo sentimientos. Y lo contrario: tengo sentimientos pero soy duro; ojito, no te vayas a pasar. Esta paradoja marca mucho la balada <em>metal</em> y por eso suelen ser algo complicadas. En este caso es la canci&oacute;n m&aacute;s larga de las recogidas en el libro y la que menos versiones ha tenido. Por algo ser&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: &iquest;Con cu&aacute;l de las 101 canciones de todos los g&eacute;neros que describes en tu libro te quedar&iacute;as si de verdad fueras a cortarte las venas</strong>?
    </p><p class="article-text">
        MB: No creo que nunca llegue a cortarme las venas de verdad. Un terapeuta, a los que soy casi tan aficionado como a los martinis, me dijo una cosa muy sabia que intento tener siempre presente: no te vayas de la fiesta voluntariamente, sigue pillando bollos hasta que te echen. Y quien dice bollos dice&hellip; lo que sea que haya en la fiesta. Por eso me cuesta imaginar la situaci&oacute;n que me planteas.
    </p><p class="article-text">
        Si lo que quieres es que elija mi canci&oacute;n favorita entre las del libro, me parece una encerrona del tipo &ldquo;&iquest;A qui&eacute;n quieres m&aacute;s?&rdquo;... Pero, mira, te voy a decir la que m&aacute;s me ha hecho llorar. O la que ha acompa&ntilde;ado a m&aacute;s llantinas. Sin duda <a href="http://www.youtube.com/watch?v=lDTLIwhF4XE" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Vete de m&iacute;</em></a>, en la versi&oacute;n de Bola de Nieve.
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: A m&iacute; me gusta la de Lolita, con ese t&uacute;-t&uacute;-t&uacute;&hellip;</strong><a href="http://www.youtube.com/watch?v=-h3Dv-8Jivs" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Lolita</a><em>t&uacute;-t&uacute;-t&uacute;</em>
    </p><p class="article-text">
        MB: S&iacute;, esas repeticiones de tres en tres son algo inquietantes. En la siguiente estrofa canta <em>yo-yo-yo. </em>Y hasta triplica un <em>ay-ay-ay</em> en la siguiente, para rematar la canci&oacute;n con un <em>no-no-no</em>. Me pregunto si no estar&aacute; haciendo una referencia sutil a una relaci&oacute;n triangular.
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: &iquest;Es verdad que el d&iacute;a que fuiste a ver Sonrisas y l&aacute;grimas en el teatro Coliseum de la Gran V&iacute;a las paredes temblaban? Y el d&iacute;a que fuiste a ver El rey L&eacute;on, &iquest;tembl&oacute; algo?</strong><em>Sonrisas y l&aacute;grimas</em><em>El rey L&eacute;on</em>
    </p><p class="article-text">
        MB: S&iacute;, s&iacute;. Fue desconcertante asistir a aquella producci&oacute;n supuestamente realista de una historia tan familiar y edulcorada como esa y ver que el tel&oacute;n de fondo que representaba a los Alpes ten&iacute;a un corte que no encajaba, con lo cual se ve&iacute;a un salto en el cielo y las monta&ntilde;as, dando al montaje un aire cubista. O caligarista. Y luego, en el palacete de la familia Von Trapp, tan representativo de la solidez de la familia convencional, las paredes se tambaleaban como si quisieran gritar a los cuatro vientos la falacia de tal solidez. En fin, Rogers y Hammerstein con pinceladas expresionistas y simbolistas involuntarias. Toda una experiencia.
    </p><p class="article-text">
        No recuerdo que nada temblara cuando fui a ver <em>El rey Le&oacute;n</em>, salvo yo mismo. Eso me pasa siempre que voy a ver un musical. Asistir a un gran espect&aacute;culo me sigue llenando de emoci&oacute;n anticipada. Que a veces se ve defraudada con los resultados finales, pero &eacute;sa es otra historia.
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&amp;L: Dentro de nada ser&aacute; Carnaval. &iquest;Alguna canci&oacute;n para estas fechas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        MB: Tengo especial debilidad por Augusto Alguer&oacute; y Antonio Guijarro, lo que seguramente tiene algo que ver con una infancia desperdiciada en cines de sesi&oacute;n continua. Marisol cantaba en <em>La nueva cenicienta</em> una canci&oacute;n titulada <a href="http://www.youtube.com/watch?v=ccmkbk2Q-yw" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Ponte la m&aacute;scara</em></a> que para m&iacute; siempre ha representado la esencia del disfraz y de la ocultaci&oacute;n necesaria para sobrevivir en sociedad. S&eacute; que es una elecci&oacute;n ingenua y bastante <em>kitsch</em>, pero si quieres una respuesta ingeniosa y profunda&hellip; &iexcl;entrevista a S&aacute;nchez Drag&oacute; o a Garci!
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Magrinyà]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/menstruacion/mal-amores-letra-musica_1_5570283.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 24 Jan 2013 20:56:31 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Mal de amores: letra y música]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Menstruación]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ahora arreglaré las cosas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/obsolescencia_programada/ahora-arreglare-cosas_1_5565863.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        He rele&iacute;do estas navidades la novela de David Vann <em>Sukkwan Island,</em> publicada por primera vez en 2008 (Alfabia, Barcelona, 2010, 4&ordf; ed., trad. de Daniel Gasc&oacute;n; sobre la defectuosa edici&oacute;n v&eacute;ase <a href="http://www.eldiario.es/Kafka/verbos-comodin_0_88891211.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el L&amp;L de la semana pasada</a>); ya me hab&iacute;a gustado en su d&iacute;a y me ha vuelto a gustar. En su planteamiento hay dos cosas que me encantan: su tema es la relaci&oacute;n entre un padre y un hijo, y es adem&aacute;s una historia abruptamente cortada en dos partes. Las dos cosas me afectan y me fascinan, la primera por mi experiencia, la segunda seguramente por mi hor&oacute;scopo.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de esta exposici&oacute;n cient&iacute;fica de mis motivos personales, debo advertir tambi&eacute;n, a quien le moleste que le destripen las tramas y los finales de las novelas, de que lo que viene a continuaci&oacute;n es puro Jack el Destripador.
    </p><p class="article-text">
        <em>Sukkwan Island</em> cuenta la historia de un dentista en horas bajas (muy bajas) que se lleva a su hijo de trece a&ntilde;os, al que hace tiempo que no ve, a una isla de Alaska, boscosa y sin caminos, para pasar &ldquo;un a&ntilde;o de educaci&oacute;n&rdquo;. Los vecinos m&aacute;s cercanos est&aacute;n a 30 km., &ldquo;en otra isla, y ahora no me acuerdo de cu&aacute;l es&rdquo; (p. 22). De hecho, no solo de eso no se acuerda el dentista: no se acuerda de llevar &ldquo;las herramientas adecuadas&rdquo; (p.35) para cortar madera, ni una escalera para subir la antena de radio al tejado de la caba&ntilde;a, ni semillas para &ldquo;plantar algo&rdquo; (p. 38), ni comida de sobra antes de que puedan cazar y pescar en serio&hellip; y al tercer d&iacute;a ya entra un oso en la caba&ntilde;a y lo destroza todo. Al hijo le parece que &ldquo;su padre descubr&iacute;a cosas sobre la marcha&rdquo; (p. 24), pero para el padre toda esta improvisaci&oacute;n sirve a un prop&oacute;sito mayor: &ldquo;no me siento parte de ning&uacute;n lugar [&hellip;]. Me faltaba algo, pero tengo la sensaci&oacute;n de que estar aqu&iacute;, contigo, va a arreglar todo eso&rdquo; (p. 28). El hijo, pues, se pone al servicio de la reconstrucci&oacute;n del padre, elegido para suplir sus carencias. El padre a eso lo llama &ldquo;educaci&oacute;n&rdquo;. Tambi&eacute;n se parece a una explotaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Esta novela es la cr&oacute;nica del fracaso de dos fantas&iacute;as burguesas modernas: la fantas&iacute;a del viaje de aventura (hoy al alcance de varios bolsillos v&iacute;a agencias de turismo e incluso <em>reality shows</em>) y la fantas&iacute;a de la paternidad responsable (hoy tambi&eacute;n al alcance de varios bolsillos v&iacute;a psic&oacute;logos y libros de <em>parenting</em> y autoayuda). Ambas fantas&iacute;as se combinan aqu&iacute; para inscribir la condici&oacute;n de padre responsable en el &aacute;mbito de la naturaleza... M&aacute;s que naturaleza, obviamente, se trata de un parque nacional, donde &ldquo;sobrevivir&rdquo; es producto de la previsi&oacute;n y el entrenamiento, cosas que la naturaleza por s&iacute; misma no considera. Aun as&iacute;, el hombre solo que &ldquo;sobrevive&rdquo; en un parque nacional, y m&aacute;s con un hijo, y m&aacute;s sin &ldquo;acordarse&rdquo;, parece que se &ldquo;naturaliza&rdquo; y encuentra el secreto de la vida. Este deseo de enfrentarse al caos (aunque sea parque nacional) y dominarlo est&aacute; por supuesto ligado a una sarta de tonter&iacute;as masculinas: &ldquo;Hay que ser un hombre para aguantar esto&rdquo; (p. 92); y si el hijo pone alguna pega: &ldquo;No hagas pucheros. &Eacute;ste no es lugar para cr&iacute;os&rdquo; (p. 67), o: &ldquo;Solo sabes discutir como una mujer&rdquo; (p.119).
    </p><p class="article-text">
        No es preciso extenderse m&aacute;s sobre el asunto. Hay que ser un hombre y hacer de tu hijo un hombre tambi&eacute;n. Debemos admitir que este programa de formaci&oacute;n es demasiado sangrante para lo que ense&ntilde;a el <em>parenting</em>, siempre tan comprensivo y corresponsable. (Es inquietante ver c&oacute;mo la madre, totalmente <em>parentizada</em>, inculca sentido de la responsabilidad en su hijo de trece a&ntilde;os, que duda y realmente no quiere emprender ese viaje: &ldquo;quiero que est&eacute;s seguro de que es la mejor decisi&oacute;n que puedes tomar en este momento&rdquo;, p. 115.) Pero la utilidad del hijo para que los padres est&eacute;n contentos de s&iacute; mismos es una de las caracter&iacute;sticas de este tipo de gu&iacute;as, que sirven a los padres para sentirse bien, buenos padres arreglacosas, gracias a un hijo que de alg&uacute;n modo siempre es como un actor secundario, el pie para los mon&oacute;logos e intervenciones del actor principal, el garante de su moral &ldquo;responsable&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En <em>Sukkwan Island</em> lo dram&aacute;tico es que tanto el padre como el hijo est&aacute;n al tanto, calladamente, de este reparto de papeles. El padre, aparte de llorar por la noche, se cae &mdash;o se tira&mdash; por un barranco, y no tarda en reconocer sus flaquezas e irresponsabilidades y decir cosas horribles como &ldquo;Tienes que darme otra oportunidad&rdquo; (p. 79) o &ldquo;Y no voy a dejar que vuelva a pasar algo as&iacute;, te lo prometo&rdquo; (p. 81). Y el hijo, que de hecho hab&iacute;a accedido a acompa&ntilde;ar a su padre en esta aventura porque lo ve&iacute;a enajenado y al borde del suicidio, y que hab&iacute;a comprendido que su tarea era garantizar la integridad de ese hombre incompetente y tarado, a mitad de novela no puede m&aacute;s, ve que solo de una forma evitar&aacute; que se mate, y se pega un tiro.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Qu&eacute; fuerte!
    </p><p class="article-text">
        La novela habr&iacute;a podido terminar aqu&iacute;, con este suicidio tan descabellado como la situaci&oacute;n misma, con este corte de respiraci&oacute;n que cerraba muy bien la historia de falseamiento y corrupci&oacute;n de la naturaleza. Pero en este libro hay un narrador que toma decisiones de narrador y sigue adelante, precisamente con un trozo de naturaleza corrupta, un cad&aacute;ver. Hasta entonces toda la acci&oacute;n hab&iacute;a estado supeditada al punto de vista del hijo, y el padre no ten&iacute;a ni nombre. Ahora el padre de repente se llama Jim y tiene que cargar con la segunda parte.
    </p><p class="article-text">
        Una de las cosas que m&aacute;s me gustan de esos relatos en dos partes, con protagonistas eliminados o desaparecidos en la mitad, como en <em>Psicosis</em> (1960), <em>Carretera perdida</em> (1997) o m&aacute;s recientemente <em>El padre de mis hijos</em> (2009), es la p&eacute;rdida de estatus que infligen al h&eacute;roe. De pronto nadie es centro de nada y la historia de uno se revela incompleta porque es siempre tambi&eacute;n la historia de otros, y porque cuando se nos cuenta algo siempre se nos est&aacute; contando adem&aacute;s otra cosa. Intuimos que el mismo hecho de que una historia tenga un protagonista es una enga&ntilde;ifa. <em>Sukkwan Island</em> tiene adem&aacute;s la originalidad de matar la conciencia del protagonista, pero no su cuerpo, que sigue arrastrando casi cien p&aacute;ginas m&aacute;s. La muerte del hijo puede que sea un sacrificio, pero la segunda parte est&aacute; destinada a mostrar que los cuerpos sacrificados no son aleg&oacute;ricos: se pudren.
    </p><p class="article-text">
        Hay m&aacute;s cosas originales: si la presencia de un cad&aacute;ver tra&iacute;do y llevado suele ser en una ficci&oacute;n motivo de risa, por esa tantas veces ingeniosa falta de respeto que parad&oacute;jicamente es inherente al culto de la muerte, aqu&iacute; tenemos todo lo contrario a una comedia con cad&aacute;ver. Aqu&iacute; hay sangre, malos olores, moscas y mosquitos. Hay un entierro y a la ma&ntilde;ana siguiente una exhumaci&oacute;n. Jim envuelve a su hijo en un saco de dormir, se lo lleva en un bote, le quita el saco para dormir &eacute;l y no morirse de fr&iacute;o, y por la ma&ntilde;ana las gaviotas est&aacute;n ya mordisqueando el cad&aacute;ver. Vuelve a ponerlo en el saco de dormir, encuentra una caba&ntilde;a en otra isla, rompe una ventana: cuando mete el cuerpo de su hijo por ella los cristales rotos rasgan la tela del saco. Lo sienta en una silla de la cocina pero, como no se sostiene, lo cuelga de un gancho, y as&iacute; puede comer en compa&ntilde;&iacute;a. Habla con &eacute;l (&ldquo;Ahora arreglar&eacute; las cosas&rdquo;, p. 153) y, cuando por fin, semanas despu&eacute;s, la putrefacci&oacute;n es insoportable, se resigna a enterrarlo de nuevo, no sin que antes &ldquo;parte de Roy [se salga] por los agujeros del saco&rdquo; (p. 163). Sigue hablando con &eacute;l en su tumba.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Nada de esto resulta c&oacute;mico (incluyo el <em>gore</em> en lo c&oacute;mico), ni siquiera pat&eacute;tico. Jim, en una de sus peripecias con el cad&aacute;ver, se dice a s&iacute; mismo con sarcasmo: &ldquo;Eres un padre genial y tambi&eacute;n un c&oacute;mico&rdquo; (p. 142). Pero el estilo<em> matter-of-fact </em>de la tradici&oacute;n norteamericana no visionaria acompa&ntilde;a las improvisaciones de este hombre irremediable sin forzar nada. El autor no es demasiado bueno en lo introspectivo (&ldquo;estaba sollozando de nuevo, de forma incontrolable, como si otra fuerza desgarrara su cuerpo por dentro&rdquo;, p. 134) ni en la humanizaci&oacute;n de la naturaleza (&ldquo;Los &aacute;rboles ten&iacute;an un aspecto fantasmal&rdquo;, p. 129), pero tampoco presume de conocer el lenguaje del dolor y es muy cauto en eso. En cambio, es buen&iacute;simo en los saberes t&eacute;cnicos, tantas veces errados: en cortar le&ntilde;a, en pescar, en serrar tablillas que nunca salen del mismo tama&ntilde;o, en construir con detalle ahumadores y cobertizos con goteras, en cavar en la tierra un dep&oacute;sito para provisiones que se hunde una y otra vez, en amontonar nieve para hacer una cueva y no conseguirlo. Tambi&eacute;n es bueno en no nombrar &mdash;marca de la casa del minimalismo&mdash; las emociones que expresan peque&ntilde;as acciones, como preparar cereales fr&iacute;os con leche en polvo o patear radios rotas. La tragedia se construye a base de actos, torpezas, idas y venidas, no de s&iacute;mbolos ni de destinos. Todo lo que se describe y narra parece observado, documentado, practicado por el autor. Tiene esa credibilidad &mdash;esa relaci&oacute;n genuina entre el autor y lo que ha elegido contar&mdash; que tanto echamos de menos en muchas novelas.
    </p><p class="article-text">
        Al final el padre es rescatado y conducido a la civilizaci&oacute;n, donde su relato no se lo cree nadie. Lo acusan de asesinato, los abogados piden dinero y los jueces una fianza. La madre y la hermana de Roy van a verlo a un hotelucho de Ketchikan, pero la cosa no sale bien. Entonces decide huir a M&eacute;xico y contrata por 20.000 d&oacute;lares a dos marinos patibularios que tienen &laquo;una mierda de barco&raquo; (p. 200). Dos noches despu&eacute;s, decide volver y declarar que mat&oacute; a su hijo. Los dos siniestros lo atan y lo arrojan al agua.
    </p><p class="article-text">
        A m&iacute; me habr&iacute;a gustado m&aacute;s que esta segunda parte, como la primera, tampoco cerrara la historia, y que el autor hubiera urdido un final algo menos rotundo, y m&aacute;s innoble, que la muerte. O que al menos el padre fuera tambi&eacute;n cad&aacute;ver y que, en su hundimiento, lo contemplaran y toquetearan un banco de peces y un tibur&oacute;n, como en <em>G&uacute;siev</em> de Ch&eacute;jov: as&iacute; habr&iacute;amos aclarado al fin en qu&eacute; consiste esa cosa nefasta e indiferente, la naturaleza. Pero esto es cosa m&iacute;a y comprendo que no puedo pedir a la carta<em>. </em>El desenlace formal de<em> Sukkwan Island</em> recuerda m&aacute;s bien al de <em>Martin Eden</em>, porque, al fin y al cabo, es una novela cl&aacute;sica norteamericana.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Magrinyà]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/obsolescencia_programada/ahora-arreglare-cosas_1_5565863.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 17 Jan 2013 12:15:36 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Ahora arreglaré las cosas]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Obsolescencia programada]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Dos verbos comodín]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/verbos-comodin_1_5560072.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="ni-figure">
        
                                            






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        No son los &uacute;nicos, pero estos dos son tremendos: <em>provocar</em> y <em>usar</em>. Hace ya tiempo que nos los encontramos por todas partes; no solo son unos pesados, sino unos aut&eacute;nticos delincuentes. Los verbos <em>provocar</em> (en el sentido de &lsquo;causar&rsquo;, no en el original de &lsquo;incitar&rsquo;) y <em>usar</em> (en el sentido de&hellip; &iexcl;todo!) parecen decididos a acabar con el nutrido equipo de colegas que, seg&uacute;n el contexto, podr&iacute;an ocupar su lugar en espa&ntilde;ol. Como ambos tienen, en &uacute;ltima instancia, pedigr&iacute; latino, y el primero certificaci&oacute;n acad&eacute;mica desde 1992, andan muy orgullosos por nuestro patrimonio. Un an&aacute;lisis m&aacute;s atento nos revelar&iacute;a, sin embargo, que, en una gran parte de los sentidos con que hoy se aplican, son un calco del ingl&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Muchas veces olvidamos que el ingl&eacute;s tiene un mont&oacute;n de t&eacute;rminos rom&aacute;nicos, pero no por ello dejan de ser ingl&eacute;s. El ingl&eacute;s siempre ha tomado del lat&iacute;n lo que le ha dado la gana y tiene incluso algunos latinismos que nosotros no tenemos, como <em>procrastination</em> (&lsquo;postergaci&oacute;n, aplazamiento&rsquo;). Uy, pero &iquest;qu&eacute; digo? &iexcl;S&iacute; que lo tenemos! &iexcl;Tenemos en las librer&iacute;as <em>Hazlo ahora: supera la procrastinaci&oacute;n y saca provecho de tu tiempo libre</em>, de Neil Fiore, y <em>Procrastinaci&oacute;n: por qu&eacute; dejamos para ma&ntilde;ana lo que podemos hacer hoy</em>, del doctor Piers Steel! &iexcl;Hasta el <em>Diccionario de la Real Academia Espa&ntilde;ola</em> incluy&oacute; el t&eacute;rmino en su edici&oacute;n de 1992, afirmando que viene del lat&iacute;n <a href="http://lema.rae.es/drae/?val=procrastinaci%C3%B3n" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>procrastinatio</em></a>! Tal vez se amparase en tres m&iacute;seras citas de fray Bartolom&eacute; de las Casas que son las &uacute;nicas que uno puede encontrar en su base de datos l&eacute;xica. Sin embargo&hellip; &iquest;citas del siglo XVI para argumentar la entrada de <em>procrastinar</em> y <em>procrastinaci&oacute;n</em>&hellip; en 1992? Repito: &iquest;en 1992? &iquest;Hasta entonces no se hab&iacute;an dado cuenta? &iquest;O es que nadie lo hab&iacute;a vuelto a decir hasta que los maestros de la autoayuda lo aprendieron del ingl&eacute;s?
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                </figure><p class="article-text">
        Pero eso no debiera extra&ntilde;arnos. Recordemos que el <em>DRAE</em> ofrece de la palabra <em>televisi&oacute;n</em> la siguiente <a href="http://lema.rae.es/drae/?val=televisi%C3%B3n" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">etimolog&iacute;a</a>: &ldquo;De <em>tele-</em> y <em>visi&oacute;n</em>&rdquo;. Lo cual sugiere que no solo la palabra sino el propio aparato lo inventamos nosotros, patri&oacute;ticos l&iacute;deres en tecnolog&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        No hay ninguna necesidad de falsear los or&iacute;genes para quitarnos los complejos. Las palabras describen sinuosos trayectos en el espacio y en el tiempo, y que tengan una formaci&oacute;n rom&aacute;nica no supone necesariamente que hayan llegado a nosotros, a trav&eacute;s de un camino despejado, directamente del lat&iacute;n y el griego. Los conductos intermedios son igual de relevantes, si no m&aacute;s. <em>Provocar</em> y <em>usar</em> vienen ambos del lat&iacute;n, son antiqu&iacute;simos en espa&ntilde;ol, y la acepci&oacute;n de <em>provocar</em> en el sentido de &lsquo;causar&rsquo; ya hemos dicho que fue admitida en el <em>DRAE</em> en 1992; pero su presencia abusiva y su funci&oacute;n de comod&iacute;n se deben sin duda a la influencia del ingl&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Por otra parte, la influencia del ingl&eacute;s es casi lo de menos. Lo importante es el cometido asesino de estos comodines, su condici&oacute;n de usurpadores. Veamos algunos ejemplos de <em>provocar</em> (ponemos entre par&eacute;ntesis algunos de los verbos o locuciones verbales que <em>provocar</em> ha despachado con tal de imponer su presencia):
    </p><p class="article-text">
        <em>		No quer&iacute;a provocar sospechas</em><strong>provocar</strong> (despertar, levantar, suscitar).
    </p><p class="article-text">
        <em>		Me provoca repugnancia</em><strong>provoca</strong> (inspira, produce, da).
    </p><p class="article-text">
        <em>		El descontento popular provoc&oacute; una revoluci&oacute;n</em><strong>provoc&oacute;</strong> (dio pie a).
    </p><p class="article-text">
        <em>		La nevada provoc&oacute; muchos accidentes</em><strong>provoc&oacute;</strong> (ocasion&oacute;).
    </p><p class="article-text">
        <em>		Su manera de ser le provoc&oacute; muchos disgustos </em><strong>provoc&oacute;</strong>(acarre&oacute;).
    </p><p class="article-text">
        <em>		Sus palabras siempre provocan la pol&eacute;mica</em><strong>provocan</strong> (desatan).
    </p><p class="article-text">
        <em>		No provoca efectos secundarios</em><strong>provoca</strong> (produce, tiene).
    </p><p class="article-text">
        <em>		Es un tipo de conducta que provoca el suicidio</em><strong>provoca</strong> (induce a, conduce a).
    </p><p class="article-text">
        <em>		El terremoto provoc&oacute; m&aacute;s de 300 muertes</em><strong>provoc&oacute;</strong> (caus&oacute;).
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Qu&eacute; diferencia con el <em>provocar</em> genuino de aquel <a href="https://www.youtube.com/watch?v=i3XADgVv8W0" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">magn&iacute;fico bolero</a>!:
    </p><p class="article-text">
        <em>		Si algo me provoca</em><strong>provoca</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>		o me seduce,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>		yo lo pruebo.</em>
    </p><p class="article-text">
        Ahora pens&eacute;moslo un poco. &iquest;Qu&eacute; tienen los verbos (&eacute;stos u otros posibles) que hemos puesto entre par&eacute;ntesis para que se les niegue la entrada en estas frases? &iquest;Son acaso verbos raros, arcaicos, hipercultos, demasiado t&eacute;cnicos, o demasiado castizos para que d&eacute; verg&uuml;enza decirlos? Pues no. De hecho, nadie notar&iacute;a nada extra&ntilde;o si, en vez de <em>provocar</em>, hubieran aparecido ellos. Pero el caso es que no aparecen.
    </p><p class="article-text">
        Lo mismo pasa con <em>usar</em>. Hay que ver la de cosas que <em>usamos</em> hoy en d&iacute;a y la de verbos que sacrificamos para <em>usarlas</em>. Ya casi ni las <em>utilizamos</em>, un verbo que, a pesar de ser su sin&oacute;nimo en las ocasiones oportunas, parece haber perdido prestigio, y curiosamente, cuando a uno le parece que est&aacute; abusando de <em>usar</em>, no lo reemplaza por &eacute;l sino por <em>emplear</em>, que da lugar a frases tremendas como <em>Emplea bien tu tiempo libre</em> o <em>&iquest;Puedo emplear la tarjeta de cr&eacute;dito?</em> Cierto es que <em>utilizar</em> no es tan antiguo en espa&ntilde;ol como <em>usar</em>, y esa terminaci&oacute;n en <em>-izar</em> siempre huele un poco a franc&eacute;s, pero no parece que sea &eacute;sta la causa de su desplazamiento, ni siquiera que sea &mdash;siempre hay que tener en cuenta la pereza&mdash; una palabra m&aacute;s larga. M&aacute;s bien la causa es de orden militar: <em>usar</em> &ldquo;se parece&rdquo; m&aacute;s al ingl&eacute;s <em>use</em> y, aprovechando la analog&iacute;a, ha procedido a la invasi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <em>		&iquest;Puedo usar el tel&eacute;fono?</em><strong>usar</strong> (llamar por)
    </p><p class="article-text">
        <em>		&iquest;Puedo usar el lavabo?</em><strong>usar</strong> (ir al)
    </p><p class="article-text">
        <em>		&iquest;Y vas a usar ese sombrero/tanto maquillaje?</em><strong>usar</strong> (llevar, ponerte)
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>		Ha usado</strong></em><em> muchas drogas</em> (ha tomado, ha consumido; se ha  metido).
    </p><p class="article-text">
        <em>		Estas tijeras est&aacute;n viejas pero a&uacute;n se pueden usar </em><strong>usar</strong>(pueden  servir).
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>		Usaron</strong></em><em> el ingl&eacute;s como lengua de trabajo</em> (hablaron en,  recurrieron al).
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>		Usen</strong></em><em> la puerta de atr&aacute;s</em> (salgan por).
    </p><p class="article-text">
        <em>		En la Academia de Plat&oacute;n se us&oacute; el m&eacute;todo socr&aacute;tico</em><strong>se us&oacute;</strong> (se aplic&oacute;).
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>		Usemos</strong></em><em> los recursos que a&uacute;n nos quedan </em>(aprovechemos).
    </p><p class="article-text">
        <em>		Me dorm&iacute; en la misma butaca que t&uacute; usaste anoche</em><strong>usaste</strong> (en que t&uacute; te  dormiste, te sentaste&hellip; o 		simplemente: en la misma butaca que t&uacute;  anoche).
    </p><p class="article-text">
        <em>		Salimos exactamente de la misma forma que hab&iacute;amos usado para entrar</em><strong>hab&iacute;amos usado</strong> (me declaro incapaz).
    </p><p class="article-text">
        		&hellip; <em>las calles que conoc&iacute;a tan bien y que tanto hab&iacute;a usado en los  &uacute;ltimos a&ntilde;os para sacudirse de encima 		a la polic&iacute;a </em><strong>hab&iacute;a usado </strong>(m&aacute;s incapaz  a&uacute;n).
    </p><p class="article-text">
        Tengo, adem&aacute;s, dos favoritas con escopetas:<em><strong> </strong></em>
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>		Us&oacute;</strong></em><em> una escopeta para destrozar el enorme ventanal</em>.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>		Hab&iacute;a usado</strong></em><em> la escopeta con su marido.</em>
    </p><p class="article-text">
        Esta &uacute;ltima frase yo no s&eacute; si se entiende bien. No significa que marido y mujer cogieran o dispararan juntos la escopeta: significa, o quiere significar m&aacute;s bien, en su contexto, que la mujer se carg&oacute; al marido de un escopetazo.
    </p><p class="article-text">
        La del ventanal tiene una f&aacute;cil soluci&oacute;n en la que no necesitar&iacute;amos sustituir el verbo; bastar&iacute;a con eliminarlo: <em>destroz&oacute; el enorme ventanal de un escopetazo </em>o<em> de un tiro de escopeta</em>. La frase original, como la de las calles <em>usadas</em> citada m&aacute;s arriba, procede de una de las ediciones m&aacute;s negligentes que he le&iacute;do en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, la de <em>Honrar&aacute;s a tu padre</em> de Gay Talese (Alfaguara, 2011, pp. 453 y 371). La de la escopeta <em>usada con </em>el marido es de <em>Sukkwan Island</em> de David Vann (Alfabia, 2010, 4&ordf; ed., p. 117). Pongo hoy la referencia bibliogr&aacute;fica no para afear la labor de ciertos traductores, sino la de ciertas editoriales, y porque me da pie a terminar con una extra&ntilde;a asimilaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Resulta sintom&aacute;tico que una gran editorial y una peque&ntilde;a editorial coincidan en ese descuido o indiferencia a la hora de revisar las escopetas. La traducci&oacute;n de <em>Sukkwan Island</em> tiene un nivel medio aceptable y no es, ni por asomo, tan mala como la de <em>Honrar&aacute;s a tu padre</em>; pero a uno le queda la impresi&oacute;n de que, si lo hubiera sido, habr&iacute;a sido publicada igual. Algunas personas que tienen una editorial parecen demasiado distra&iacute;das en otras cosas, por ejemplo, yo qu&eacute; s&eacute;, en escribir en las revistas, en una prosa digna de Tico Medina, <a href="http://edicionesalfabia.com/noticias/2010/Alfabia_101008_Vogue-Lou_Reed.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">prematuras eleg&iacute;as a Lou Reed</a>. En la cadena editorial los traductores no pueden ser los responsables de todo: se supone (se supone, digo) que hay gente preparada, o al menos entusiasta, que ejerce un control de calidad sobre la edici&oacute;n. Ese control de calidad a veces puede fallar, de acuerdo; pero una cosa es que falle y otra que no exista. Antes los editores cre&iacute;an que ten&iacute;an tambi&eacute;n una responsabilidad en la creaci&oacute;n de lengua y en su difusi&oacute;n. Hoy muchos no tienen siquiera idea de qu&eacute; es eso y se impone el moderno fen&oacute;meno llamado &ldquo;la edici&oacute;n sin editores&rdquo;, que es menos cualificado y sobre todo m&aacute;s barato; y, si a uno, aunque se lo reproche, no le sorprende que ese fen&oacute;meno caracterice a algunas grandes editoriales, no espera tanto que se reproduzca en las peque&ntilde;as, que suelen presentarse bulliciosamente como alternativas, apasionadas, artesanales y <em>vanityfairs.</em>
    </p><p class="article-text">
        El peque&ntilde;o <em>boom</em> de los peque&ntilde;os editores ha dado buenos ejemplos pero tambi&eacute;n ha propiciado que se cuelen entre sus filas, aprovechando el camino hecho y el buen nombre de quienes se lo han ganado, un bonito n&uacute;mero de peque&ntilde;os oportunistas, copiones sin criterio, ociosos y cursis aficionados que parecen jugar a las casitas, cuando no aprendices de magnate. Y sus ediciones entrometidas son ediciones sin editor. A m&iacute; me parece que hay demasiadas cosas comprometidas en un libro para seguir haciendo con &eacute;l lo que est&aacute;n haciendo el abaratamiento, la desprofesionalizaci&oacute;n, el refritismo y el todo por las ventas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Magrinyà]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/verbos-comodin_1_5560072.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 10 Jan 2013 19:41:03 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Dos verbos comodín]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sacudir la cabeza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/sacudir-cabeza_1_5524222.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8a14c66c-7022-4cda-bd4c-c5269beffb32_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sacudir la cabeza"></p><p class="article-text">
        Pronto <strong> sacudi&oacute; la cabeza</strong>, hizo chasquear la lengua y grit&oacute;:
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Eh, Javier, basta ya de arrobamientos. &iquest;No te dije que ten&iacute;a una sorpresa para ti?
    </p><p class="article-text">
        Eduardo Mendoza, <em> La verdad sobre el caso Savolta</em>, Seix Barral, 1994 (1975), p. 331.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Me han dicho que es un buen parador a corta distancia...
    </p><p class="article-text">
        Montespan <strong> sacudi&oacute; la cabeza</strong>.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Pamplinas. 
    </p><p class="article-text">
        Arturo P&eacute;rez Reverte, <em> El maestro de esgrima</em>, Alfaguara, 1995 (1988), p. 68.
    </p><p class="article-text">
        Lo comprendo &ndash;el profesor <strong> sacud&iacute;a la cabeza</strong>, como si estuviese realmente apesadumbrado&ndash;. 
    </p><p class="article-text">
        Jorge Volpi, <em> En busca de Klingsor</em>, Seix Barral, 1999, p. 75.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Nunca deb&iacute; regresar a Barcelona &ndash;murmur&oacute;, <strong> sacudiendo la cabeza</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Carlos Ruiz Zaf&oacute;n, <em> La sombra del viento</em>, Planeta, 2003 (2001), p. 490.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Cielo santo. Sigue pensando en m&iacute; &ndash;<strong> sacud&iacute; la cabeza</strong>, angustiado.
    </p><p class="article-text">
        Maruja Torres, <em> Hombres de lluvia</em>, Planeta, 2004, p. 260.
    </p><p class="article-text">
        Ya lo ven. Los personajes de nuestras mejores plumas no se cortan a la hora de <em> sacudir la cabeza</em>. Uno habr&iacute;a dicho que eso era un calco autom&aacute;tico del ingl&eacute;s <em> shake one&rsquo;s head</em>, parece que no, que ya est&aacute; interiorizado en espa&ntilde;ol.  Tenemos ejemplos bastante claros al menos desde 1880 (&ldquo;El interrogado <strong> sacudi&oacute; la cabeza</strong> negativamente&rdquo;, Antonio Barreras, <em> El espadach&iacute;n</em>). Por otro lado, el &ldquo;problema&rdquo; que queremos plantear aqu&iacute; lo tienen tanto en ingl&eacute;s como lo tenemos en espa&ntilde;ol.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; se quiere decir cuando se dice de alguien que <em> sacude la cabeza</em>?  Pues generalmente que, con un movimiento moderado hacia los dos lados  de esa particular parte del cuerpo, alguien niega o reprueba algo, o  como m&iacute;nimo muestra incredulidad, escepticismo o decepci&oacute;n. Claro est&aacute;,  como se demuestra en este <a href="http://www.youtube.com/watch?v=hpBdsJUAqd8" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> educativo v&iacute;deo casero</a>, que <em> sacudir</em>, como <em> shake</em> en ingl&eacute;s, es un verbo de significado mucho m&aacute;s amplio, pero que, en combinaci&oacute;n con <em> la cabeza</em>,  parece haberse especializado como convenci&oacute;n narrativa muy utilizada en  las acotaciones de los di&aacute;logos. Es la construcci&oacute;n ant&oacute;nima de <em> asentir</em> (<em>nod</em>) cuando &eacute;ste se aplica como verbo gestual.
    </p><p class="article-text">
        Y, sin embargo, las convenciones narrativas a veces como que no acaban  de funcionar. Para que una convenci&oacute;n narrativa funcione tenemos que  estar insensibilizados a su origen, que no haya nada que nos lo  recuerde, y algunas dan la impresi&oacute;n de tener un defecto de f&aacute;brica: por  mucho que se repitan y repitan (o tal vez a causa de ello), no  consiguen insensibilizarnos del todo ni mucho menos hacerse invisibles.  Uno las lee y como que les ve el plumero. Como en muchas pel&iacute;culas,  cuando los amantes despiertan y se ponen la ropa interior (de espaldas)  para salir de la cama: se nota demasiado que lo hacen solo para que no  se les vean las partes, o solo el culito. Sabemos que es una convenci&oacute;n,  pero algo chirr&iacute;a y no acabamos de aceptarlo.
    </p><p class="article-text">
        Teniendo en cuenta que, cuando un perro sale del agua y empieza a  agitarse y a salpicarnos y a ponerlo todo perdido, tambi&eacute;n decimos que <em> sacude la cabeza</em>, o que, cuando bailamos desenfrenados o tenemos convulsiones, tambi&eacute;n <em> sacudimos la cabeza</em>,  resulta que, cuando queremos referirnos a un movimiento m&aacute;s calmadito,  tenemos que hacer un esfuerzo para identificar la convenci&oacute;n  olvid&aacute;ndonos de todo lo dem&aacute;s que <em> sacudir la cabeza</em> puede significar.
    </p><p class="article-text">
        Hemos le&iacute;do &ndash;lo juramos&ndash; a plumas aut&oacute;ctonas que desde antiguo <em> menean la cabeza</em>, como si fueran las caderas, o la <em> agitan</em>,  como si fuera... &iquest;una coctelera? Como es habitual, han sido los  traductores quienes han detectado mayoritariamente el peligro y ensayado  otras soluciones: as&iacute;, en vez de <em> sacudir la cabeza</em>, los personajes <em> dicen que no con la cabeza, niegan con la cabeza, hacen un gesto negativo con la cabeza</em>, etc. (A veces vemos que <em> asentir</em>, que &ndash;a diferencia de <em> nod</em>&ndash; puede referirse a una acci&oacute;n puramente verbal, parece necesitar tambi&eacute;n estos apoyos: <em> asinti&oacute; con la cabeza.</em>) Suena un poco prolijo, pero tal vez sea preferible a tanta sacudida. Otras veces, simplemente la <em> mueven</em>, esperando que el lector sepa a qu&eacute; movimiento en concreto aluden: desde luego la f&oacute;rmula es tan inexacta como <em> sacudir</em>, pero al menos no tiene esa violencia desproporcionada, digna de mejor causa.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; en general ninguna de estas soluciones nos convence? Porque  nos tememos que el fen&oacute;meno, como ya insinu&aacute;bamos, no es un &ldquo;problema&rdquo;  ling&uuml;&iacute;stico sino estil&iacute;stico, y hasta dir&iacute;amos que va m&aacute;s all&aacute;. Esta  carpinter&iacute;a de los di&aacute;logos, que no solo incluye gestos como <em> sacudir la cabeza, asentir, encogerse de hombros, fruncir el ce&ntilde;o, chasquear la lengua, </em>etc. sino todo un surtido cansino de verbos de mirar (<em> mirar fijamente, levantar </em>o<em> bajar la vista </em>o<em> los ojos </em>o<em> la mirada</em>, con <em> hacia</em> o sin <em> hacia</em>, <em> escrutar</em>, <em> escudri&ntilde;ar,</em><em> lanzar</em> o <em> echar </em>o<em> dirigir </em>o<em> clavar </em>o<em> fijar una mirada</em>,  etc.), es un &iacute;ndice harto significativo de lo que entienden muchos  narradores por narraci&oacute;n. Para ellos entre una l&iacute;nea de di&aacute;logo y la  siguiente, o entre partes de la misma alocuci&oacute;n, parece que hay como un  abismo espantoso. Abrumados, y a la vez envalentonados, por el <em> horror vacui</em>,  se apresuran a llenarlo, uno dir&iacute;a que la mayor&iacute;a de las veces con los  ojos cerrados. Porque qu&eacute; curioso, &iquest;no?, que siempre lo llenen con lo  mismo.
    </p><p class="article-text">
        Hoy &iacute;bamos a hablar de lengua y hemos acabado  hablando de literatura. Parece que es el di&aacute;logo como recurso el que  tiene alg&uacute;n problemilla.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Magrinyà]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/sacudir-cabeza_1_5524222.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 13 Dec 2012 17:15:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sacudir la cabeza]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[La Burbuja Literaria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ni de pie ni sentados]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/pie-sentados_1_5519229.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;ntas veces habremos le&iacute;do, sobre todo en traducciones, pero no solo en ellas, una frase como la siguiente?:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Abr&iacute; la puerta y ah&iacute; estaba ella, de pie, en el umbral&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;O alguna otra as&iacute;?:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Est&aacute;bamos sentados estudiando en la biblioteca cuando<em>&hellip;</em>&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Respecto al primer caso, y como bien se demuestra en este educativo <a href="http://www.youtube.com/watch?v=JpAK6GaxGVs" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">v&iacute;deo</a> casero, lo esperable es que, cuando abrimos una puerta, nos encontremos a una persona de pie (lo de <em>ah&iacute; estaba ella</em> tambi&eacute;n tiene lo suyo, por cierto). Otra cosa ser&iacute;a que nos la encontr&aacute;ramos sentada, tumbada, o haciendo el pino: &eacute;stas ser&iacute;an posturas realmente inesperadas y, por tanto, dignas de menci&oacute;n. Sin embargo, no es raro encontrar en las novelas y otros escritos especificaciones del todo inauditas:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Entr&eacute; en la cocina y lo vi de pie fregando los platos&rdquo; (bueno, as&iacute; es como generalmente se friegan los platos, &iquest;no?).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Lo encontr&eacute; de pie en el jard&iacute;n&rdquo; (tal vez esper&aacute;bamos encontrarlo&hellip; &iquest;c&oacute;mo?).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;De pie junto a la ventana, contemplaba el paisaje&rdquo; (&iquest;estaba muy baja la ventana? &iquest;Hab&iacute;a que sentarse o tumbarse para mirar por ella?).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Est&aacute;bamos de pie en la calle cuando o&iacute;mos un ruido muy fuerte&rdquo;<em> </em>(&iquest;solemos estar de otro modo en la calle?).
    </p><p class="article-text">
        Vamos ahora con lo de estar sentados. Por las mismas, encontramos en muchos textos enf&aacute;ticas indicaciones de esta posici&oacute;n cuando realmente no sabemos qu&eacute; precioso dato aportan. Hay cosas que se sobrentiende que hacemos sentados, y otras que da exactamente igual si las hacemos sentados o no.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Y ah&iacute; estaba &eacute;l, sentado en un sill&oacute;n&rdquo; (para eso sirve un sill&oacute;n, &iquest;no? &iquest;Y el <em>ah&iacute; estaba, </em>que parece un organismo simbi&oacute;tico de los <em>de pie </em>y los<em> sentados?</em>)&hellip;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Me hicieron pasar a una sala donde estuve sentado hasta que me llam&oacute; una enfermera&rdquo; (&iquest;realmente le interesa a alguien que te sentaras?).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Despu&eacute;s de comer, seguimos sentados en una larga tertulia de sobremesa&rdquo; (comer, tertulia, sobremesa&hellip; &iquest;para qu&eacute; queremos m&aacute;s?).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Sub&iacute; por la escalera principal hasta salir a donde ella estaba sentada&rdquo; (sin comentarios).
    </p><p class="article-text">
        Esta man&iacute;a por las posturas tiene sin duda su origen en una absurda falta de confianza en el verbo <em>estar</em>, debida a una ingenua traducci&oacute;n (o a una traducci&oacute;n &ldquo;de diccionario&rdquo;) de los verbos utilizados en otras lenguas que no disponen de nuesto estupendo doblete <em>ser/estar</em>. No solo el ingl&eacute;s adolece de tal carencia, pero es al ingl&eacute;s sobre todo a quien debemos esta obsesi&oacute;n hisp&aacute;nica. Como el ingl&eacute;s no tiene verbo espec&iacute;fico para <em>estar</em>, utiliza <em>stand</em> y <em>sit</em> para expresar aquello que en espa&ntilde;ol expresamos con <em>estar</em>. Pero resulta que <em>stand</em> tiene un rasgo de significado incorporado (&lsquo;de pie&rsquo;), as&iacute; como <em>sit</em> (&lsquo;sentado&rsquo;), y de este modo los ingleses recurren a uno u otro verbo seg&uacute;n la ocasi&oacute;n lo requiera. Pero lo que en ingl&eacute;s es obligado en espa&ntilde;ol es simplemente un par&aacute;sito. Nuestro <em>estar</em> cubre de sobra, en la inmensa mayor&iacute;a de los casos, el significado que pretendemos abarcar.
    </p><p class="article-text">
        Hay muchos traductores que han entendido desde hace tiempo este parasitismo sem&aacute;ntico, hacen buen uso del verbo <em>estar</em> y nos ahorran oportunamente extra&ntilde;as informaciones sobre posturas. Algunos han entendido adem&aacute;s que a veces la mejor traducci&oacute;n de <em>sit</em> &ndash;y tambi&eacute;n de <em>stand</em>&ndash; no es ni siquiera <em>estar</em>, sino <em>esperar</em> (algo que, por cierto, acostumbra a hacerse de pie o sentado). &ldquo;Me hicieron pasar a una sala donde estuve sentado hasta que me llam&oacute; una enfermera&rdquo; tiene una mejor soluci&oacute;n en &ldquo;Me hicieron pasar a una sala donde esper&eacute; (o estuve esperando) hasta que me llam&oacute; una enfermera&rdquo;<em>. </em>Y a lo mejor ese &ldquo;Lo encontr&eacute; de pie en el jard&iacute;n&rdquo; es en realidad &ldquo;Lo encontr&eacute; esperando en el jard&iacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ser&iacute;a, en fin, conveniente, antes de decir de alguien que est&aacute; de pie o sentado, pararse un momento a pensar si es realmente necesario. Lo sobrentendido y lo superfluo est&aacute;n mejor en sus madrigueras, da igual si de pie o sentados; no hay ninguna necesidad de sacarlos de ellas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Magrinyà, Luis Magrinyà]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/pie-sentados_1_5519229.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 06 Dec 2012 17:42:31 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Ni de pie ni sentados]]></media:title>
    </item>
  </channel>
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