<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Kerman Calvo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/kerman_calvo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Kerman Calvo]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/510215/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Nueva política pero viejos perdedores? 15-M, Podemos y las mujeres]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/nueva_politica/nueva-politica-perdedores-podemos-mujeres_1_4348858.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/034d241c-c683-4614-9b50-7fc095965c15_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Nueva política pero viejos perdedores? 15-M, Podemos y las mujeres"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Quizás el déficit de atención a la cuestión feminista explique la masculinización del apoyo a Podemos: en un país donde el género nunca tiene consecuencias electorales, no deja de sorprender el carácter masculino de los votantes potenciales a este partido</p></div><p class="article-text">
        Tanto el movimiento 15-M como Podemos, la indignaci&oacute;n pol&iacute;tica en definitiva, est&aacute;n teniendo dificultades para encajar las demandas &lsquo;particulares&rsquo; de mujeres feministas, &nbsp;personas LGTB o inmigrantes. La indignaci&oacute;n, en un discurso orgullosamente construido en la verticalidad, difumina las identidades pre-existentes para dibujar un relato sencillo de empoderamiento masivo y cambio sist&eacute;mico general. Es el relato del &lsquo;nosotros&rsquo;, la gente corriente, los que no tenemos privilegios, que estamos abajo, frente a &lsquo;ellos&rsquo; (la &ldquo;casta&rdquo; en el l&eacute;xico de Podemos), que est&aacute; por encima.
    </p><p class="article-text">
        Las dificultades comienzan ante problemas que tienen que ver con personas que est&aacute;n, por as&iacute; decirlo, al mismo nivel. &iquest;C&oacute;mo entender el problema, por ejemplo, de la homofobia, del racismo, o de la violencia contra las mujeres? &iquest;No es cierto que la gente corriente puede ser violenta, puede abusar, puede discriminar? &iquest;No se puede ser malo sin ser &lsquo;casta&rsquo;? Para evitar malentendidos: la indignaci&oacute;n no es machista, u hom&oacute;fona, en el sentido que lo pudieran ser, por ejemplo, muchos votantes del Partido Popular. Tanto Podemos como el 15-M se han dotado de estructuras feministas <em>ad hoc</em> que han tenido un importante &eacute;xito en labores de visibilizaci&oacute;n y concienciaci&oacute;n internas. Gracias a ellas, el movimiento 15-M, por ejemplo, evolucion&oacute; hacia posturas cada vez m&aacute;s inclusivas de las mujeres, tanto en t&eacute;rminos de funcionamiento de las Asambleas y comisiones como en temas de resoluciones y propuestas. Podemos ha sido exquisito con la paridad de g&eacute;nero en la composici&oacute;n de su Consejo Ciudadano.
    </p><p class="article-text">
        Pero las propuestas en materia feminista (o LGTB, por poner otro ejemplo), son d&eacute;biles. El &ldquo;Manifiesto de Madrid&rdquo;, documento que incorporaba por vez primera las demandas feministas al relato pol&iacute;tico del 15-M, relegaba el respeto a la diversidad al &uacute;ltimo puesto de una lista de 11 puntos; &uacute;nicamente un reducido n&uacute;mero de Asambleas 15-M tomaron postura expl&iacute;cita por la cuesti&oacute;n de la igualdad de g&eacute;nero. Se vot&oacute; una &lsquo;resoluci&oacute;n feminista&rsquo; en la Asamblea Constituyente de Podemos que, sin embargo, obtuvo un apoyo escueto de 2889 votos (7,01%), no superando el puesto 16. La resoluci&oacute;n no hac&iacute;a menci&oacute;n a los derechos sexuales y reproductivos: estos fueron objeto de una segunda propuesta que a&uacute;n obtuvo un apoyo muy inferior. El espacio deliberativo en Vista Alegre reservado a las pol&iacute;ticas de igualdad, o a las necesidades de los colectivos LGTBQ fue muy escaso. Y el n&uacute;cleo duro de Podemos es masculino.
    </p><p class="article-text">
        Esta alergia a las demandas espec&iacute;ficas, particulares, puede explicarse de dos maneras diferentes. La primera es de naturaleza estrat&eacute;gica: la indignaci&oacute;n teme que la defensa de identidades pre-existentes (&lsquo;izquierda&rsquo;, &lsquo;gay&rsquo;, &lsquo;feminista&rsquo;, &lsquo;ecologista&rsquo;) haga descarrilar su discurso transformador. Es la estrategia de &ldquo;definirse lo justo, para hacer concurrir fuerzas de izquierda, centro y derecha en torno a cuestiones que preocupan a todos&rdquo;. La segunda explicaci&oacute;n sugiere un conflicto substantivo entre la indignaci&oacute;n y las identidades espec&iacute;ficas, que podr&iacute;a incluso incluir dosis latentes de sexismo y homofobia. No faltan voces que detectan, por ejemplo, una hipermasculinizaci&oacute;n en la (muy h&aacute;bil por otra parte) estrategia de comunicaci&oacute;n pol&iacute;tica de Podemos, basada en la polarizaci&oacute;n, el combate cuerpo a cuerpo o la emotividad agresiva. Sea esto verdad o no, s&iacute; parece cierto que la experiencia real de muchas mujeres feministas en el movimiento 15-M, y en Podemos, ha sido, y est&aacute; siendo, ambivalente, y en muchos casos insatisfactoria. Muchos testimonios convergen en lamentar el rechazo inicial hacia el feminismo en el seno del movimiento 15-M. Se han comentado denuncias de agresiones machistas, de diferente tipo e intensidad que, sin embargo, fueron mal resueltas por los responsables de las Asambleas. Cierto que algunas de estas Asambleas acabaron adoptando un lenguaje inclusivo y un mayor respeto al equilibrio de g&eacute;nero en los turnos de palabras; pero esto ocurri&oacute; tras superar importantes resistencias. Como ha ocurrido siempre, las estructuras feministas se han tenido que volcar en la pedagog&iacute;a y en la justificaci&oacute;n de la presencia, desarrollando forzadamente formas de trabajo propias de partidos y sindicatos para conseguir poco m&aacute;s que la visibilidad de sus propuestas. En realidad, la propia existencia de estructuras de movilizaci&oacute;n y participaci&oacute;n &lsquo;para mujeres&rsquo; es contradictoria con el proyecto transversal de la indignaci&oacute;n. Ni los &lsquo;C&iacute;rculos Feministas&rsquo; ni las &lsquo;Asambleas Feministas&rsquo; deber&iacute;an existir en un movimiento social que aboga por superar las formas de identificaci&oacute;n pol&iacute;tica identitarias.
    </p><p class="article-text">
        Que la indignaci&oacute;n preste insuficiente atenci&oacute;n a los particularismos puede tener importantes consecuencias. En el corto plazo, quiz&aacute;s el d&eacute;ficit de atenci&oacute;n a la cuesti&oacute;n feminista explique la masculinizaci&oacute;n del apoyo a Podemos: en un pa&iacute;s donde el g&eacute;nero nunca tiene consecuencias electorales, no deja de sorprender el car&aacute;cter masculino de los votantes potenciales a este partido pol&iacute;tico. Seg&uacute;n los datos de intenci&oacute;n directa del voto de Octubre 2014 (Cis), el 20% de los hombres ten&iacute;a decidido votar a Podemos, frente a un 15% por parte de las mujeres. Ning&uacute;n otro partido presentaba diferencias tan abultadas. Pero nos preocupan m&aacute;s las consecuencias al largo plazo: en la simplificaci&oacute;n vertical del debate, se recuperan marcos discursivos que vuelven a distinguir entre temas que aparentemente son &lsquo;en verdad&rsquo; importantes, y otros que al parecer no lo son. Se descuida la visibilidad y la presencia, y al hacerlo se contribuye, est&aacute; por ver si voluntaria o involuntariamente, al desmantelamiento de un paradigma, institucionalizado en pol&iacute;ticas de igualdad bien conocidas, que permit&iacute;a a las minor&iacute;as pol&iacute;ticas y a otros grupos con demandas particulares un manera eficiente para la articulaci&oacute;n de sus demandas. Un paradigma que nos permite criticar a <em>Syriza</em> por su paup&eacute;rrimo tratamiento inicial a la cuesti&oacute;n de la paridad; y que nos permite, tambi&eacute;n, confiar en que Carolina Bescansa, la &uacute;nica mujer en el n&uacute;cleo duro de Podemos, haya dejado de pensar que el aborto &ldquo;no constituye potencial pol&iacute;tico de transformaci&oacute;n y por lo tanto no es prioritario&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Kerman Calvo, Iago Álvarez López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/nueva_politica/nueva-politica-perdedores-podemos-mujeres_1_4348858.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 01 Mar 2015 21:05:44 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/034d241c-c683-4614-9b50-7fc095965c15_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="8820" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/034d241c-c683-4614-9b50-7fc095965c15_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="8820" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[¿Nueva política pero viejos perdedores? 15-M, Podemos y las mujeres]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/034d241c-c683-4614-9b50-7fc095965c15_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Podemos,Feminismo,15M]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Francia ¿La República heterosexual?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/oposicion-matrimonio-igualitario-francia_132_5756380.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Francia ha sido el d&eacute;cimo cuarto pa&iacute;s en legalizar el matrimonio  entre personas del mismo sexo. Interesa este caso, entre otras cosas,  por ser el pa&iacute;s m&aacute;s poblado que ha aprobado, hasta la fecha, una ley de  este tipo. No obstante, lo verdaderamente llamativo del proceso  legislativo franc&eacute;s no ha sido la aprobaci&oacute;n de la conocida como &lsquo;Ley  Taubira&rsquo;, sino la continuada, masiva y, en ocasiones muy violenta  oposici&oacute;n a esta reforma. Los opositores, espoleados por la derecha y la  extrema derecha, la Iglesia cat&oacute;lica, por personalidades imposibles  como la c&oacute;mica &lsquo;<em>Frigide Barjot&rsquo;</em>, as&iacute; como por algunos  activistas lesbianas y gays, se han movilizado repetidamente en la  calle, y se han obstinado en atraer la atenci&oacute;n de los medios de  comunicaci&oacute;n con iniciativas particularmente resonantes e imaginativas  (invito al lector, por ejemplo, a que busque im&aacute;genes de las llamativas &lsquo;<em>Mariannes</em>&rsquo; republicanas en la cabeza de la &lsquo;<em>manif pour tous</em>&rsquo; de marzo de 2013).
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por  qu&eacute; ha sido notablemente m&aacute;s sencillo legalizar el matrimonio  igualitario en Espa&ntilde;a que en Francia, teniendo en cuenta los diferentes  momentos temporales de ambos procesos legislativos y, tambi&eacute;n, las  diferentes tradiciones hist&oacute;ricas y pol&iacute;ticas de ambos pa&iacute;ses? Es  necesario recordar que, en Espa&ntilde;a, la oposici&oacute;n a la legalizaci&oacute;n del  matrimonio homosexual fue relativamente d&eacute;bil, centrada casi  exclusivamente en el (fracasado) recurso al Tribunal Constitucional  interpuesto por el PP. &iquest;No tendr&iacute;a que haber sido al rev&eacute;s? &iquest;No tendr&iacute;a  Francia que haber sido el espejo en donde nosotros querr&iacute;amos  reflejarnos?
    </p><p class="article-text">
        Vaya por delante mi negativa a aceptar las explicaciones cortoplacistas del tipo &ldquo;la oposici&oacute;n al &lsquo;<em>mariage por tous&rsquo;</em> no es una expresi&oacute;n del desprecio a los derechos de las minor&iacute;as  sexuales, sino una &lsquo;excusa&rsquo; para castigar al Presidente Hollande por su  pol&iacute;tica econ&oacute;mica&rdquo;. Creo que la cosa es un poco m&aacute;s complicada. Aunque  las explicaciones no se agotan del todo en lo que prosigue, me gustar&iacute;a  discutir, al menos, tres circunstancias que se dan en Francia, pero que  no est&aacute;n presentes en el caso espa&ntilde;ol, y que pueden ayudar a entender  por qu&eacute; el mismo bocado ha causado una enorme indigesti&oacute;n en Francia  cuando a nosotros nos sent&oacute; tan ricamente.
    </p><p class="article-text">
        Empezando por lo  aparentemente m&aacute;s evidente. La existencia, en Francia, de una activa e  institucionalmente reconocida extrema derecha ofrece puntos de acceso a  la agenda pol&iacute;tica a los argumentos que desaf&iacute;an convencionalismos  basados en la correcci&oacute;n pol&iacute;tica; m&aacute;s a&uacute;n, la legitimaci&oacute;n  parlamentaria proporciona incentivos para la movilizaci&oacute;n en la calle de  votantes y simpatizantes de extrema-derecha (m&aacute;s de 6 millones de  votantes en la primera ronda de las elecciones presidenciales de 2012),  cuya proclividad hacia las estrategias de confrontaci&oacute;n est&aacute; m&aacute;s que  demostrada. As&iacute;, mientras que en Espa&ntilde;a ning&uacute;n mimbro del PP osar&iacute;a  cuestionar, en p&uacute;blico, la legitimidad moral de las decisiones  familiares de las personas o parejas homosexuales, en Francia existe  espacio p&uacute;blico para representaciones publicas de la diferencia sexual  en t&eacute;rminos moralmente muy negativos.  Famoso se ha hecho el pol&iacute;tico  conservador Christian Vanneste , por ejemplo, el afirmar que la  homosexualidad es una &lsquo;aberraci&oacute;n antropol&oacute;gica&rsquo;.
    </p><p class="article-text">
        La colonizaci&oacute;n  absoluta de la derecha por parte del PP ha tenido un efecto  sorprendentemente positivo para los derechos sexuales en Espa&ntilde;a; la  necesidad de contentar al centro ideol&oacute;gico ha impedido al PP discutir  la asociaci&oacute;n entre derechos sexuales y derechos humanos. Este partido,  as&iacute;, se ha visto arrastrado hacia posturas discursivamente favorables a  la extensi&oacute;n del principio constitucional de la igualdad, con muy poco  margen de maniobra para presentar una oposici&oacute;n basada en principios.  Esta asociaci&oacute;n, en cambio, s&iacute; ha sido brutalmente discutida en los  Estados Unidos, y lo es tambi&eacute;n desde la extrema derecha europea,  incluyendo la francesa. En Espa&ntilde;a, las objeciones morales a la  homosexualidad no tienen espacio en lo p&uacute;blico; en Francia si. Este tipo  de fracturas en la representaci&oacute;n p&uacute;blica de los problemas genera  incentivos para la movilizaci&oacute;n y la oposici&oacute;n activa a los avances en  territorio de pol&iacute;ticas morales, que dificultan el acuerdo y promueven  las conocidas como &lsquo;guerras culturales&rsquo;.
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, en  Francia el movimiento de lesbianas y gays no se ha mostrado tan  solidamente unido en la defensa de la necesidad del matrimonio como  ocurri&oacute;, y sigue ocurriendo, en Espa&ntilde;a. La plataforma &lsquo;<a href="http://www.homovox.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">homovox</a>&rsquo;,  una iniciativa marginal pero muy publicitada, en la que (pocos) hombres  y mujeres lesbianas y gays defend&iacute;an su postura contraria al matrimonio  igualitario, ha dado enorme espacio para los argumentos contrarios a la  extensi&oacute;n del matrimonio civil a las parejas del mismo sexo. La clave,  de nuevo, radica en encontrar fracturas en la definici&oacute;n p&uacute;blica de los  problemas, que alteren los c&aacute;lculos de costes y beneficios de los  opositores radicales a las reformas en el terreno moral. Y es que no nos  deber&iacute;a sorprender tanto que haya gente que piense lo siguiente: si hay  hasta gays en contra del matrimonio entre gays, muy bueno no ser&aacute;, &iquest;no?
    </p><p class="article-text">
        Y,  finalmente, est&aacute; la cuesti&oacute;n menos evidente, pero, a mi juicio, m&aacute;s  importante. En Espa&ntilde;a el debate nacional no es un debate sobre qu&eacute; tipo  de naci&oacute;n queremos ser, sino sobre si determinadas partes que,  aparentemente, constituyen el todo nacional han de seguir si&eacute;ndolo. En  Francia, sin embargo, el debate nacional es un debate cultural, sobre  qu&eacute; comunidad se quiere crear y, tambi&eacute;n, hacia donde se ha de dirigir.  Algunos de los an&aacute;lisis m&aacute;s prometedores del conflicto franc&eacute;s con el  matrimonio igualitario apuntan en esta direcci&oacute;n:<a href="//#_ftn1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">[1]</a> el debate ha puesto de manifiesto la contraposici&oacute;n entre dos visiones  de la rep&uacute;blica, una din&aacute;mica que inserta los principios de igualdad y  justicia en un mundo cosmopolita y cambiante, y una est&aacute;tica que quiere  aislar a la rep&uacute;blica del tornado de cambios culturales, pol&iacute;ticos y  econ&oacute;micos que definen el mundo globalizado de hoy en d&iacute;a. Una es una  Francia plural, abierta a la diferencia sexual, a la inmigraci&oacute;n, a las  nuevas ideas; la otra es una Francia cerrada, celosa de su identidad,  temerosa de lo que pueda venir.
    </p><p class="article-text">
        No es cosa de elegir entre quien  es peor enemigo, si los Obispos o los matones del Frente Nacional  franc&eacute;s. Pero s&iacute; es importante reconocer que la peculiar configuraci&oacute;n  de nuestro sistema de partidos, la enorme habilidad estrat&eacute;gica del  movimiento de lesbianas y gays espa&ntilde;ol, as&iacute; como las din&aacute;micas propias a  un conflicto territorial de corte tradicional han reducido enormemente  los incentivos, en Espa&ntilde;a, para la oposici&oacute;n al matrimonio igualitario  como algo antiespa&ntilde;ol o antidemocr&aacute;tico. En Francia, sin embargo, la  radical transformaci&oacute;n del matrimonio civil &ndash; recu&eacute;rdese que en este  pa&iacute;s el matrimonio civil es obligatorio en todo caso, y no puede  suplirse por una ceremonia religiosa &ndash; despierta el debate eterno sobre  la identidad de lo franc&eacute;s, sobre los confines de la rep&uacute;blica, y sobre  la capacidad real de cualquier comunidad pol&iacute;tica para asumir que las  diferencias entre las personas no han de tener ninguna expresi&oacute;n en el  &aacute;mbito de lo p&uacute;blico y lo pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        <a href="//#_ftnref1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">[1]</a> Me gustar&iacute;a mencionar aqu&iacute; en particular a la historiadora Camille Robcis, Cornell University (<a href="http://history.arts.cornell.edu/faculty-department-robcis.php" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">http://history.arts.cornell.edu/faculty-department-Robcis.php</a>).
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Kerman Calvo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/oposicion-matrimonio-igualitario-francia_132_5756380.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 29 Jul 2013 21:05:15 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Francia ¿La República heterosexual?]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Matrimonio igualitario,Francia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Por qué son las mujeres españolas indiferentes a las políticas públicas por la igualdad?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/espanolas-indiferentes-politicas-publicas-igualdad_132_5601573.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Las mujeres españolas se resisten a cambiar de opción electoral por  mucho que un determinado partido político haya cuidado de sus intereses</p><p class="subtitle">Es la ideología, y no el género, lo que determina la satisfacción o la insatisfacción con las políticas</p><p class="subtitle">Los ciudadanos, da igual su género, valoran la igualdad de género como algo importante pero no urgente</p></div><p class="article-text">
        A tenor de los datos de opini&oacute;n p&uacute;blica, los Gobiernos de Rodr&iacute;guez Zapatero no hicieron las cosas del todo mal en el terreno de la igualdad de g&eacute;nero. Preguntados (y preguntadas) en noviembre de 2011, escasamente el 20% de los encuestados opinaban que las cosas se hab&iacute;an hecho mal, o muy mal, en este campo; ante cualquier otro tipo de decisiones, este porcentaje castigador superaba con facilidad el 50%. De manera m&aacute;s general, todos los datos de encuesta confirman que el PSOE es visto como el partido pol&iacute;tico que mejor defiende la igualdad entre hombres y mujeres. Siendo as&iacute; las cosas, uno cabr&iacute;a esperar de las mujeres espa&ntilde;olas cierta &lsquo;gratitud&rsquo; para con el PSOE; &iquest;o no? 
    </p><p class="article-text">
        La preocupaci&oacute;n por el impacto electoral de las pol&iacute;ticas de igualdad animaba <a href="http://www.academia.edu/218758/Ungrateful_citizens_Womens_Rights_Policies_in_Zapateros_Spain" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el estudio que Irene Mart&iacute;n (UAM, Madrid) y yo escribimos para South European Society and Politics en 2010</a>.<a href="//#_ftn1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">[1]</a> Defend&iacute;amos all&iacute; que, s&iacute;, las mujeres son, y ya me preparo para la tormenta, unas ingratas: las mujeres espa&ntilde;olas se resisten a cambiar de opci&oacute;n electoral por mucho que un determinado partido pol&iacute;tico haya cuidado de sus intereses. Ni lo hicieron en 2008, ni mucho menos lo han hecho en 2011.
    </p><p class="article-text">
        Las condiciones para que las mujeres pudieran perfilarse como un grupo de apoyo firme a las pol&iacute;ticas del gobierno socialista eran desde luego mucho mejores en 2008 (elecciones consideradas en aquel art&iacute;culo). Tanto la ley integral contra la violencia de g&eacute;nero como la ley de igualdad acababan de ver la luz; y la crisis econ&oacute;mica a&uacute;n vest&iacute;a trajes de &lsquo;desaceleraci&oacute;n transitoria&rsquo; de la econom&iacute;a. A&uacute;n en ese contexto, las pol&iacute;ticas de igualdad ofrecieron escas&iacute;simos frutos (electorales). Estas pol&iacute;ticas ciertamente fortalec&iacute;an la decisi&oacute;n de las mujeres votantes socialistas ya convencidas; las medidas en favor de la igualdad, sin embargo, no atra&iacute;an hacia el PSOE a las mujeres votantes de IU -con la excepci&oacute;n del sector m&aacute;s joven de este electorado-  ni mucho menos a las mujeres votantes del PP.
    </p><p class="article-text">
        Nadie se sorprender&aacute;, por lo tanto, al leer que el efecto de la valoraci&oacute;n de las pol&iacute;ticas de igualdad para las m&aacute;s recientes elecciones generales de 2011 parece ser a&uacute;n menor. En realidad, el g&eacute;nero no tuvo ninguna relevancia en esos comicios, con hombres y mujeres que se comportaron pr&aacute;cticamente de id&eacute;ntica manera. &iquest;De d&oacute;nde proviene, entonces, esta &lsquo;ingratitud&rsquo;? Si a Obama le salvaron las mujeres, &iquest;Por qu&eacute; a Rubalcaba no? La literatura especializada hablar&iacute;a de dos tipos de explicaciones, una basada en la oferta y otra en la demanda. En virtud de la primera, el quid de la cuesti&oacute;n estribar&iacute;a tanto en los problemas de implementaci&oacute;n de las pol&iacute;ticas existentes, como en el &lsquo;equivocado&rsquo; perfil de las mujeres que est&aacute;n adquiriendo puestos de responsabilidad pol&iacute;tica. Es decir, las mujeres no se alinean con el PSOE porque, por un lado, ni las medidas adoptadas realmente cambian su experiencia diaria ni, por el otro, porque ellas no encuentran reflejo en las mujeres que acceden al poder en Espa&ntilde;a. Empleando palabras de una destacada l&iacute;der socialista, se estar&iacute;an pagando las consecuencias de apostar por &lsquo;liderazgos femeninos&rsquo; en vez de por &lsquo;l&iacute;deres feministas&rsquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los problemas de demanda se centran en las mujeres espa&ntilde;olas, y, en particular, en c&oacute;mo se ven as&iacute; mismas como sujetos pol&iacute;ticos diferentes, o no, a los hombres. Pienso que existen muchas razones para pensar que la explicaci&oacute;n a la ingratitud de las mujeres espa&ntilde;olas se encuentra aqu&iacute;, y no en la oferta (por muy imperfecta que esta sea). La siguiente tabla muestra de manera sencilla qu&eacute; es lo que est&aacute; realmente detr&aacute;s del apoyo, o el rechazo, a las pol&iacute;ticas de igualdad. La tabla, que informa sobre la ideolog&iacute;a media para hombres y mujeres seg&uacute;n su valoraci&oacute;n de las pol&iacute;ticas socialistas para la igualdad, sugiere que es la ideolog&iacute;a, y no el g&eacute;nero, lo que determina la satisfacci&oacute;n o la insatisfacci&oacute;n con las pol&iacute;ticas. Las personas m&aacute;s conservadoras, sean hombres o mujeres, son mucho m&aacute;s proclives a pensar que las pol&iacute;ticas por la igualdad han sido muy malas; por el contrario, el PSOE encontrar&aacute; a los votantes m&aacute;s satisfechos con la lucha por la igualdad entre las personas m&aacute;s escoradas a la izquierda. Sean estos hombres o mujeres. Tiene hasta su gracia que las mujeres contrarias a las pol&iacute;ticas de igualdad puedan ser a&uacute;n m&aacute;s conservadoras que los hombres.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5b2a7bb6-0c63-40a7-90fa-044fad87f8a1_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5b2a7bb6-0c63-40a7-90fa-044fad87f8a1_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5b2a7bb6-0c63-40a7-90fa-044fad87f8a1_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5b2a7bb6-0c63-40a7-90fa-044fad87f8a1_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5b2a7bb6-0c63-40a7-90fa-044fad87f8a1_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5b2a7bb6-0c63-40a7-90fa-044fad87f8a1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/5b2a7bb6-0c63-40a7-90fa-044fad87f8a1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Siendo as&iacute; las cosas, es complicado esperar una especia de trueque de &lsquo;votos por pol&iacute;ticas&rsquo; cuando las mujeres espa&ntilde;olas ven con intranquilidad su representaci&oacute;n p&uacute;blica en tanto que &lsquo;diferentes de los hombres&rsquo;. Que las mujeres espa&ntilde;olas desprecien la etiqueta de &lsquo;feminista&rsquo; (seg&uacute;n las encuestas, menos del 3 % se definir&iacute;an pol&iacute;ticamente as&iacute;) es indicativo de una cultura pol&iacute;tica que no ha permitido a las mujeres definir una percepci&oacute;n colectiva y propia de <em>sus </em>intereses en cuanto mujeres; esta cultura, adem&aacute;s, ha penalizado la formaci&oacute;n de conciencias pol&iacute;ticas individuales que reivindiquen las particulares y peculiares necesidades de las mujeres. Es particularmente lamentable en este sentido, tal y como se vio en <a href="http://www.eldiario.es/agendapublica/saben-ciudadanos-politica-hombres-mujeres_6_97700239.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un post reciente de Marta Fraile en este mismo blog</a>, comprobar que las mujeres espa&ntilde;olas consuman menos informaci&oacute;n pol&iacute;tica que los hombres, que est&eacute;n menos interesadas por la pol&iacute;tica o que encuentren m&aacute;s dificultades en definir su ideolog&iacute;a. La informaci&oacute;n y el debate son el nutriente fundamental para cualquier proceso de identificaci&oacute;n colectiva, proceso que, en mi opini&oacute;n, deber&iacute;a llevar a las mujeres espa&ntilde;olas a reconocerse como poseedoras de (algunas) necesidades espec&iacute;ficas, que invitan a la formulaci&oacute;n de pol&iacute;ticas tambi&eacute;n especificas.
    </p><p class="article-text">
        Promover la igualdad entre hombres y mujeres es un objetivo loable y necesario. No obstante, la igualdad no vende electoralmente en Espa&ntilde;a; los ciudadanos, da igual su g&eacute;nero, valoran la igualdad de g&eacute;nero como algo importante, pero no urgente, y menos a&uacute;n en contextos de dificultades econ&oacute;micas. Y las mujeres se enfrentan a una constelaci&oacute;n de est&iacute;mulos y mensajes que les lleva a no insistir en su peculiaridad en tanto que diferentes al hombre. En realidad, el propio Zapatero, el l&iacute;der feminista por excelencia, debi&oacute; de pensar algo parecido, al poner la cabeza de la Ministra Aido en la picota en cuanto su famosa &lsquo;desaceleraci&oacute;n&rsquo; se convirti&oacute; en un desastre general de dimensiones a&uacute;n por conocer.
    </p><p class="article-text">
        <a href="//#_ftnref1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">[1]</a> Esta cuesti&oacute;n la he tratado tambi&eacute;n en colaboraci&oacute;n con Alvaro Mart&iacute;nez en el siguiente estudio para la Fundaci&oacute;n Alternativas: <a href="http://www.falternativas.org/estudios-de-progreso/documentos/documentos-de-trabajo/un-analisis-del-efecto-de-la-ley-de-igualdad-en-la-representacion-electoral-parlamentaria-y-en-el-comportamiento-electoral-de-las-mujeres-en-las-elecciones-generales-de-2008" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Un an&aacute;lisis del efecto de la Ley de igualdad en  la representaci&oacute;n electoral, parlamentaria y en el comportamiento  electoral de las mujeres en las elecciones generales de 2008</a>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Kerman Calvo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/espanolas-indiferentes-politicas-publicas-igualdad_132_5601573.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 06 Mar 2013 05:00:00 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[¿Por qué son las mujeres españolas indiferentes a las políticas públicas por la igualdad?]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Impacto social]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Voto Indignado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/voto-indignado_132_5525011.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Existe un ‘voto indignado’ que no encuentra expresión en ninguna opción  electoral existente en España hasta la fecha</p><p class="subtitle">Únicamente el 13% de los participantes había apoyado a un partido  mayoritario y más del 40% había votado en blanco en las elecciones  municipales de 2011</p><p class="subtitle">La fragmentación del apoyo electoral de los participantes es también  evidente: por ejemplo, el 10% de los participantes declaró haber votado a  UPyD, y un 6% optaron por la opción, más esperable, de Compromis Equo</p></div><p class="article-text">
        Una posible interpretaci&oacute;n del reciente &eacute;xito de <em>Candidatura d&rsquo;Unitat Popular </em>(CUP) en las elecciones auton&oacute;micas catalanas puede ser esta: existe un &lsquo;voto indignado&rsquo; que no encuentra expresi&oacute;n en ninguna opci&oacute;n electoral existente  en Espa&ntilde;a hasta la fecha, grande o peque&ntilde;a. El movimiento 15-M aglutina a personas dispuestas a olvidar, al menos temporalmente, sus identidades pol&iacute;ticas particulares (socialista, ecologista, nacionalista, comunista) para perseguir un objetivo m&aacute;s general. En este proceso de generalizaci&oacute;n, aparece la necesidad de un partido pol&iacute;tico igualmente transversal y vinculado con el sentimiento de indignaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Podemos rastrear las preferencias pol&iacute;ticas de los participantes en el actual ciclo de protesta, por la mejora democr&aacute;tica y contra la austeridad, siguiendo dos caminos. El primero consiste en repasar los estudios sobre participantes en las asambleas del movimiento 15-M (existen estudios sobre Salamanca, Madrid y Bilbao). El segundo camino nos lleva al estudio postelectoral del Centro de Investigaciones Sociol&oacute;gicos, de Noviembre-Diciembre de 2011 (que incluye una pregunta sobre participaci&oacute;n en &lsquo;alguna de las manifestaciones, acampadas, marchas o protestas&rsquo; del Movimiento 15-M;  el 9,8% del total de la muestra afirma haber participado).
    </p><p class="article-text">
        Lo que nos dicen los estudios centrados en las acampadas: que el movimiento 15-M est&aacute; formado por personas j&oacute;venes, que no adolescentes, con un alto nivel educativo; en torno a un 70% de las personas que participan en el movimiento 15-M tiene educaci&oacute;n universitaria. Los &lsquo;indignados&rsquo; son personas desvinculadas de las organizaciones pol&iacute;ticas tradicionales, pero que, no obstante, demuestran una alta implicaci&oacute;n con la pol&iacute;tica. No defienden la abstenci&oacute;n como estrategia. Son personas ideol&oacute;gicamente de izquierdas, pero que rechazan apoyar a los grandes partidos de &aacute;mbito estatal. Los participantes del movimiento 15-M tienen conciencia, conocimiento e inter&eacute;s por la pol&iacute;tica. Y votan. Pero no lo hacen de manera cohesionada.
    </p><p class="article-text">
        Los datos de encuesta confirman estas conclusiones. En primer lugar, es cierto que los participantes votan en la misma proporci&oacute;n que los no participantes. Seg&uacute;n los datos de la encuesta CIS, el porcentaje de personas que no quisieron ir a votar es casi id&eacute;ntico entre participantes y no participantes: en torno al 9%. No obstante, sus decisiones electorales son diferentes a las del resto de la poblaci&oacute;n. Por un lado, optan por el voto blanco o nulo en mayor medida que los no participantes: se ha detectado, por ejemplo, un aumento en los votos blancos y nulos en aquellos lugares con mayores protestas relacionadas con el 15-M (1).
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, los participantes optan mayoritariamente por partidos de izquierda. Lo vemos en la tabla 1, que dibuja el perfil ideol&oacute;gico tanto de los tanto de los entrevistados en la encuesta del Cis (primera y segunda columnas), como la de los participantes en las asambleas del movimiento 15-M en Salamanca (tercera columna). Se aprecia con claridad la concentraci&oacute;n de entrevistados en las puntuaciones m&aacute;s escoradas hacia la izquierda. Las medias de ideolog&iacute;a, para el estudio CIS, son: 3,56 para los participantes y 5,03 para los no participantes. Interesa tambi&eacute;n destacar que los participantes tienen muchas menos dificultades en encontrar su lugar en la escala, lo que tiende a significar mayor inter&eacute;s en la pol&iacute;tica.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6ec819c1-99bb-42fc-b2f3-d77fba4bb1cc_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6ec819c1-99bb-42fc-b2f3-d77fba4bb1cc_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6ec819c1-99bb-42fc-b2f3-d77fba4bb1cc_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6ec819c1-99bb-42fc-b2f3-d77fba4bb1cc_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6ec819c1-99bb-42fc-b2f3-d77fba4bb1cc_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6ec819c1-99bb-42fc-b2f3-d77fba4bb1cc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/6ec819c1-99bb-42fc-b2f3-d77fba4bb1cc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        La tercera caracter&iacute;stica definitoria de los participantes en el actual ciclo de protesta es la pluralidad de sus opciones electorales. Los indignados no rechazan completamente, como a menudo se afirma,  a los grandes partidos nacionales de izquierda. Como se ve en la tabla 2 (no se incluyen todas las opciones), el PSOE es la opci&oacute;n mayoritaria entre los participantes, seguido a muy corta distancia de IU/ICV. Al mismo tiempo, sin embargo, la fragmentaci&oacute;n del apoyo electoral de los participantes es tambi&eacute;n evidente: por ejemplo, el 10% de los participantes declar&oacute; haber votado a UPyD, y un 6% optaron por la opci&oacute;n, m&aacute;s esperable, de Compromis Equo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/67a31b7c-5296-4483-96d0-5d935ca59733_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/67a31b7c-5296-4483-96d0-5d935ca59733_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/67a31b7c-5296-4483-96d0-5d935ca59733_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/67a31b7c-5296-4483-96d0-5d935ca59733_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/67a31b7c-5296-4483-96d0-5d935ca59733_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/67a31b7c-5296-4483-96d0-5d935ca59733_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/67a31b7c-5296-4483-96d0-5d935ca59733_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Pero hay indignados, e indignados. Esta distribuci&oacute;n de preferencias no es indiferente a la intensidad de la participaci&oacute;n. Cuanto m&aacute;s se participa (se ha dormido en acampadas, se es activo en las redes sociales, se acude a eventos de protesta) m&aacute;s lejana parece la posibilidad de compaginar indignaci&oacute;n con el voto a partidos grandes (de izquierda). La encuesta del CIS no nos permite comprobar esta idea, dado que no indaga sobre tipos de participaci&oacute;n. Pero las investigaciones sobre las asambleas pueden ayudar. El estudio de la acampada en Salamanca, que se centr&oacute; en personas que asist&iacute;an regularmente a acampadas, (y que, por lo tanto, descartaba a personas con formas de participaci&oacute;n m&aacute;s laxas), revel&oacute; algo interesante: &uacute;nicamente el 13% de los participantes hab&iacute;a apoyado a un partido mayoritario y m&aacute;s del 40% hab&iacute;a votado en blanco en las elecciones municipales de 2011.
    </p><p class="article-text">
        Est&aacute; claro, para concluir, que existe un grupo de votantes muy concienciados, muy de izquierdas, y posiblemente bastante alejados del PSOE y de IU/ICV, que han estado navegando entre opciones electorales inciertas y seguramente poco satisfactorias para ellos. Partidos como CUP, por lo tanto, impulsados sin duda por activistas con trayectorias m&aacute;s antiguas que el propio movimiento 15-M, pueden triunfar en la canalizaci&oacute;n y visualizaci&oacute;n de una bolsa de descontento e indignaci&oacute;n que no encuentra f&aacute;cil acomodo en la compa&ntilde;&iacute;a de opciones pol&iacute;ticas, grandes o peque&ntilde;as, m&aacute;s consolidadas.
    </p><p class="article-text">
        <em>(1) La Fundaci&oacute;n Alternativas ha publicado estudios sobre el 15-M en su colecci&oacute;n Zoom Pol&iacute;tico, que incluyen el estudio sobre las acampadas de Madrid (Likki) y Salamanca (Calvo et al), as&iacute; como el trabajo de Manuel Jim&eacute;nez sobre el impacto electoral.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Departamento de Sociología y Comunicación; Universidad de Salamanca), Kerman Calvo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/voto-indignado_132_5525011.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 13 Dec 2012 08:18:51 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El Voto Indignado]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Nueva Política,15M]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
