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    <title><![CDATA[elDiario.es - Antonio Rivera]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/antonio_rivera/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Antonio Rivera]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[¿Hubo alguna vez un soviet vitoriano?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/hubo-vez-soviet-vitoriano_129_13020504.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b79dce22-60c5-4447-8ccd-0f6986743201_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Hubo alguna vez un soviet vitoriano?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Se recuerda un proceso muy radical en sus formas, trágico en su resolución, antagónico del relato transicional. Pero lo hace en una construcción memorial donde, además de aparecer un nacionalismo vasco ajeno a aquello, se actualiza sobre la base de que aquel radicalismo persistió en el tiempo, cosa discutible"</p><p class="subtitle">Especial informativo - Toda la cobertura sobre el quincuagésimo aniversario del 3 de marzo de 1976</p></div><p class="article-text">
        En uno de sus libros de memorias ('En busca del tiempo servido') as&iacute; lo recordaba <a href="https://www.eldiario.es/euskadi/gks-reivindica-ataque-busto-fraga-tacha-responsable-crimenes-3-marzo-1976_1_13011484.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Manuel Fraga</a> y no es inhabitual escuchar algo similar de algunos de los que estuvieron en ese conflicto que acab&oacute; dram&aacute;tica y violentamente aquel 3 de marzo de 1976. Estos d&iacute;as, un grup&uacute;sculo comunista invita a asistir a una charla titulada '50 a&ntilde;os del soviet de Vitoria'. &iquest;Existi&oacute; eso alguna vez?
    </p><p class="article-text">
        Un soviet es, en principio, una manera de organizarse los trabajadores desde la base, de manera aut&oacute;noma y mediante la democracia directa. En ese sentido, lo de Vitoria fue lo m&aacute;s parecido a un soviet. Los huelguistas se organizaron mediante asambleas, voto a mano alzada y comisiones representativas negociadoras. Lo hicieron porque, desde un principio, prescindieron del Sindicato Vertical, tanto por verlo ineficaz y contrario a sus intereses, como por presionar en esa l&iacute;nea sus dirigentes, entre los que eran minor&iacute;a los partidarios del entrismo en ese organismo (el PCE y sus Comisiones Obreras afines). A partir de ah&iacute;, no tuvieron otra que acudir a los mecanismos primarios de reuni&oacute;n, debate, toma de acuerdos y traslado y negociaci&oacute;n de estos: la democracia directa. No eran convencidos de las tesis consejistas de Rosa Luxemburg o de Anton Pannekoek, sino que acudieron a esa f&oacute;rmula de manera instintiva. Y de ah&iacute; salieron sus dos dirigentes principales, Tom&aacute;s Echave y Jes&uacute;s Fern&aacute;ndez Naves, representando respectivamente esas dos l&iacute;neas autonomistas: la vanguardista marxista y la autoorganizativa m&aacute;s libertaria. Naves, de hecho, reconoci&oacute; que la primera vez que ley&oacute; a Pannekoek fue estando ya en la c&aacute;rcel, despu&eacute;s de marzo.
    </p><p class="article-text">
        Las ocho semanas de huelga vitoriana a comienzos de 1976 fueron un ejemplo de autoorganizaci&oacute;n obrera, desarrollando un sistema muy sofisticado, a la vez que simple, para sus m&aacute;s de seis mil huelguistas, sus familias y el resto de la ciudad. El organigrama de asambleas diversas; el delicado papel de sus representantes, a caballo entre el impulso vanguardista y la simple representaci&oacute;n; las cajas de resistencia y el reparto establecido de ayudas seg&uacute;n las diferentes situaciones familiares; el protagonismo de las mujeres de los trabajadores en la difusi&oacute;n y denuncia en la calle del conflicto; la conexi&oacute;n con la disposici&oacute;n de los no huelguistas que les apoyaban; la capacidad para resistir juntos y no declinar ante procesos localizados de negociaci&oacute;n en algunas empresas; o la manera de convertir un conflicto laboral en otro popular que alcanzase a buena parte de la ciudadan&iacute;a local son expresiones de esa alta calidad organizativa que lograron. Adem&aacute;s, a cargo de una clase obrera que se estaba constituyendo en ese momento a partir de la experiencia que viv&iacute;a, y de unos dirigentes que tampoco ven&iacute;an bregados por situaciones anteriores. No extra&ntilde;a que uno de los puntos de tensi&oacute;n entre la direcci&oacute;n de la huelga fuera por la mayor o menor confianza en la capacidad de aprendizaje de la clase obrera en su experiencia de conflicto. Los resultados pr&aacute;cticos respaldaban a los m&aacute;s partidarios de la autoorganizaci&oacute;n, en perjuicio de los vanguardistas.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Las ocho semanas de huelga vitoriana a comienzos de 1976 fueron un ejemplo de autoorganización obrera, desarrollando un sistema muy sofisticado, a la vez que simple, para sus más de seis mil huelguistas, sus familias y el resto de la ciudad</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Pero, adem&aacute;s de ser una forma de organizarse en un conflicto, un soviet es un instrumento de intervenci&oacute;n pol&iacute;tica revolucionaria. As&iacute; fue en la historia. En este punto es m&aacute;s complicado asignarle la denominaci&oacute;n. El conflicto vitoriano fue laboral 'sensu stricto' y su politizaci&oacute;n fue posterior a &eacute;l. Durante el franquismo, cualquier demanda social tornaba en pol&iacute;tica por la propia incapacidad e indisposici&oacute;n del r&eacute;gimen. Se ped&iacute;a un paso de peatones, la polic&iacute;a disolv&iacute;a la manifestaci&oacute;n vecinal, deten&iacute;a a alg&uacute;n portavoz y la cosa deven&iacute;a en una impugnaci&oacute;n de la dictadura. As&iacute; se politizaron tambi&eacute;n los obreros vitorianos, pero las demandas durante el conflicto no se salieron del marco laboral. No hay constancia de otras m&aacute;s pol&iacute;ticas. Estas aparecen meses despu&eacute;s, cuando la Transici&oacute;n arranca de verdad, cuando la calle se agita todav&iacute;a m&aacute;s y cuando las vanguardias partidarias se manifiestan en su lenguaje sin limitaciones, cosa que s&iacute; respetaron durante la huelga para mantener la unidad.
    </p><p class="article-text">
        En ese sentido, la radicalidad organizativa no tiene su correspondiente pol&iacute;tica porque no aspir&oacute; a transformar nada m&aacute;s all&aacute; que sus condiciones de trabajo, y las vanguardias tuvieron un tiempo limitado para incidir en esa experiencia. Fue despu&eacute;s cuando esto comenz&oacute;. Los huelguistas impugnaron el Vertical e impusieron la l&oacute;gica de la negociaci&oacute;n directa. As&iacute; fue despu&eacute;s de marzo, cuando se acord&oacute; empresa a empresa la tabla reivindicativa que llevaban. Pero no hubo ninguna propuesta revolucionaria y ni siquiera pol&iacute;tica, como, por otra parte, fue la t&oacute;nica de la mayor&iacute;a de los conflictos laborales de ese instante y en ese lugar. Despu&eacute;s, se insiste, se a&ntilde;adieron otros ingredientes, y en otros lugares, como las provincias vascas del norte, ya aparec&iacute;an con antelaci&oacute;n estos en sus demandas, pero aqu&iacute; y entonces no fue as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, este tema lo reflexionan los libros de memorias pol&iacute;ticas de protagonistas de la huelga (Echave, Val del Olmo) y lo comentaron otros en entrevistas o charlas (Naves, Olabarr&iacute;a). Los de partidos trotskistas o mao&iacute;stas tambi&eacute;n le dieron vueltas (I&ntilde;aki Mart&iacute;n, Juanjo San Sebasti&aacute;n, Alberto Mart&iacute;nez de Lahidalga, los hermanos Ruiz, Subi&eacute;s). Los del PCE (Lecuona, Otaegui) se vieron en minor&iacute;a y se apartaron de ese debate, sin ni siquiera entablar o insistir en otro alternativo. En general, con la evidente excepci&oacute;n de los asamblearios estrictos y antipartido, se lamentaron de no haber dirigido m&aacute;s el conflicto, de no haberlo derivado a una mayor confrontaci&oacute;n, y se reservaron la experiencia para traducirla pol&iacute;ticamente en favor de sus demandas durante la Transici&oacute;n. Ah&iacute; se politiza fuertemente la situaci&oacute;n vitoriana y el recuerdo de marzo, todav&iacute;a en los t&eacute;rminos del radicalismo sindical, que no de la nacionalizaci&oacute;n del mismo, muy posterior y con otros agentes casi por completo ausentes en su origen.
    </p><p class="article-text">
        La historia y la memoria del Tres de Marzo son por eso complejas de conciliar. Se recuerda un proceso muy radical en sus formas, tr&aacute;gico en su resoluci&oacute;n, antag&oacute;nico del relato transicional. Pero lo hace en una construcci&oacute;n memorial donde, adem&aacute;s de aparecer un nacionalismo vasco ajeno a aquello, se actualiza sobre la base de que aquel radicalismo persisti&oacute; en el tiempo, cosa discutible. La experiencia vitoriana radicaliz&oacute; y extrem&oacute; despu&eacute;s las relaciones laborales locales, pero no solo por ella, sino por el lugar donde se desarrollaban. Ah&iacute;, por ejemplo, ejerci&oacute; m&aacute;s influencia el entorno de violencia terrorista y de violencia social mantenido en la segunda mitad de los a&ntilde;os setenta y en los ochenta. O deriv&oacute; en esa segunda d&eacute;cada el protagonismo de una lucha sindical radicalizada a los trabajadores de Michelin, cuando estos no hab&iacute;an participado directamente de la experiencia de Marzo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ahora, al cabo de cincuenta a&ntilde;os, se plantea qu&eacute; recordar de aquello: si solo ese radicalismo y el de quienes se atrincheraron en &eacute;l despu&eacute;s para impugnar ese tr&aacute;nsito a una democracia, con sus a&ntilde;adidos terroristas en la pr&aacute;ctica y ultranacionalistas en el objetivo final, o si cabe incorporar la memoria de quienes lo tienen como una tragedia en el marco de esa transici&oacute;n de un r&eacute;gimen de dictadura a otro de democracia que defienden. La primera f&oacute;rmula puede ser m&aacute;s ajustada a lo sucedido &mdash;aunque solo en parte, porque sobran los a&ntilde;adidos ex&oacute;ticos posteriores&mdash; y la segunda es m&aacute;s integradora y coherente con el tipo de sociedad en que todos vivimos (incluidos los resistentes).
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Rivera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/hubo-vez-soviet-vitoriano_129_13020504.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Feb 2026 20:13:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Hubo alguna vez un soviet vitoriano?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[3 de marzo de 1976,Álava,Vitoria,Vitoria-Gasteiz,PCE - Partido Comunista de España,CCOO - Comisiones Obreras,Sindicatos,Transición,Transición española,Manuel Fraga]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La opción federal: una razón necesaria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/opcion-federal-razon-necesaria_132_10321613.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/069628ca-499d-4f43-bbbc-360f07474063_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La opción federal: una razón necesaria"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El federalismo vuelve a aparecer como un intermedio razonable, capaz de disgustar a un tiempo a los separatistas y a los unitaristas a la fuerza</p></div><p class="article-text">
        El federalismo vasco celebra este s&aacute;bado en Vitoria un acto recordatorio de aquella reuni&oacute;n de Eibar de 1869 donde se encontraron otros federales vascos y navarros cuando una oportunidad democr&aacute;tica se abr&iacute;a paso en Espa&ntilde;a. Las expectativas que se generaron entonces respond&iacute;an a la necesidad de dar soluci&oacute;n al problema de la organizaci&oacute;n territorial del Estado. Este se hab&iacute;a conformado unas d&eacute;cadas atr&aacute;s &ldquo;a la francesa&rdquo;, siguiendo un modelo unitario y centralista, que en este caso no respond&iacute;a al af&aacute;n jacobino por igualar a todos ante la Administraci&oacute;n, sino a la de dominar esta desde un centro de poder, al margen de si ese Estado era capaz o no -que no lo fue durante muchos decenios- de proveer de atenci&oacute;n, derechos y servicios a sus ciudadanos. Por eso nuestros ancestros reivindicaban &ldquo;La Federal&rdquo; como mito emocional donde conflu&iacute;a su deseo de otra organizaci&oacute;n descentralizada y aut&oacute;noma de las localidades y regiones que conformaban la Espa&ntilde;a de entonces con otro de igualdad aut&eacute;ntica de derechos, sobre todo sociales y pol&iacute;ticos, para quienes la poblaban.
    </p><p class="article-text">
        El federalismo, entonces, ha nacido de la necesidad de reparar males mayores, por m&aacute;s que beba como tantas otras ideas grandes de un cuerpo filos&oacute;fico y doctrinal. Hoy mismo, en pleno siglo XXI, esto se observa con nitidez. Se dice que la organizaci&oacute;n territorial del Estado espa&ntilde;ol responde a un modelo federalizante, que no todav&iacute;a federal. Es as&iacute;. Nuestra f&oacute;rmula auton&oacute;mica abri&oacute; espacios para el autogobierno sin una hoja de ruta previa. Resultado de ello ha sido un modelo que se ha ido construyendo sobre la marcha y que ha ido cre&aacute;ndose partidarios y contrarios en su propio evolucionar.
    </p><p class="article-text">
        Al cabo de casi medio siglo de ello, diferentes y contradictorias taras y descalificaciones se proyectan sobre &eacute;l. B&aacute;sicamente son tres. De un lado, el nacionalismo denominado perif&eacute;rico (catal&aacute;n, vasco, &hellip;) ha mostrado sus reticencias parciales o extremas en tanto que la f&oacute;rmula no destaca su singularidad respecto de regiones sin su querencia diferencial o porque esta no da cauce legal a sus recurrentes demandas soberanistas. El autonomismo espa&ntilde;ol, ciertamente, es un traje flexible, pero &uacute;nico, que a unas regiones les queda ancho y a otras estrecho. As&iacute;, algunas voces reclaman de nuevo la devoluci&oacute;n al Estado de ciertas competencias y otras se aplican a hacer desaparecer a este del escenario f&iacute;sico y simb&oacute;lico de sus territorios, pasando por encima de la identificaci&oacute;n nacional de parte de su ciudadan&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        La segunda cr&iacute;tica importante, que viene ganando enteros en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, es aquella que ve agazapados el separatismo y la divisi&oacute;n territorial detr&aacute;s de los Estatutos de Autonom&iacute;a y de la propia gesti&oacute;n del autogobierno regional. Los males de la patria ya no estar&iacute;an centrados en el mal uso de ese autogobierno o en la exacerbaci&oacute;n constante que hacen los nacionalistas de &eacute;l, sino en la propia idea de descentralizar el pa&iacute;s, que llevar&iacute;a indefectiblemente a todos sus administradores a las tesis del particularismo pol&iacute;tico (secesionista o no, ese es otro asunto). En uno u otro caso, con una u otra cr&iacute;tica al modelo auton&oacute;mico, este corre peligro, sobre todo si el inestable equilibrio pol&iacute;tico actual se rompe en beneficio de las tesis recentralizadoras que constituir&iacute;an el mejor aliento a sus complementarias separatistas.
    </p><p class="article-text">
        La tercera cr&iacute;tica es la que venimos haciendo los federalistas, los vascos y los de todo el pa&iacute;s. Remite precisamente a la indefinici&oacute;n del modelo y a sus limitaciones por esa v&iacute;a. Alternativamente, propone una f&oacute;rmula federal que precisar&iacute;a las jurisdicciones y competencias de cada cual, del Estado Federal (o central) y de las diferentes Federaciones (regiones). Se es consciente de que una precisi&oacute;n normativa o una identificaci&oacute;n m&aacute;s precisa del modelo no obran como b&aacute;lsamo de Fierabr&aacute;s capaz de resolver de por s&iacute; todos los problemas; los estados federales discuten igual que nosotros sus problemas de relaci&oacute;n entre el centro y las partes (aunque, a diferencia de nosotros, lo hacen mancomunadamente entre el centro y las partes). Pero no cabe duda de que ese modelo m&aacute;s preciso servir&iacute;a hoy para poner alg&uacute;n freno a la convergente tendencia centr&iacute;fuga y querencia recentralizadora que se advierte. El antimodelo &ldquo;confederal&rdquo; de relaci&oacute;n directa con la Administraci&oacute;n central &ndash;la unilateralidad tan reclamada- es un ejemplo de desigualdad territorial y de discrecionalidad de los poderes, empezando por el del propio Estado, siempre tentado a favorecer a los de su color y entorpecer a los contrarios. La indefinici&oacute;n actual es el caldo de cultivo de pr&aacute;cticas pol&iacute;ticas, como la de &ldquo;sacar de Madrid&rdquo; &ndash;o ser interlocutor all&iacute;-, que, aunque apreciadas por la ciudadan&iacute;a presente, son lo m&aacute;s parecido al funcionamiento del caciquismo de la Espa&ntilde;a decimon&oacute;nica.
    </p><p class="article-text">
        Como a ese se podr&iacute;a acudir a otro tipo de argumentos. La todav&iacute;a reciente pandemia nos ense&ntilde;&oacute; c&oacute;mo las querencias localistas no resuelven los problemas reales de hoy. Ni siquiera el marco de los actuales Estados es suficientemente grande y fuerte como para responder a los mismos, a los importantes (vg. las grandes migraciones, los movimientos incontrolados de capital, el poder creciente de las entidades privadas o la cuesti&oacute;n medioambiental). Parte de la crisis del modelo del Estado-naci&oacute;n actual tiene que ver con la inadecuaci&oacute;n de su tama&ntilde;o, que s&iacute; que importa: muy peque&ntilde;o para lo importante y demasiado grande para las ubicuas y constantes pulsiones identitarias. Incluso el gran invento de la Uni&oacute;n Europea no soluciona todas nuestras dificultades y constituye, por el contrario, un motivo de alarma y denuncia para esos nost&aacute;lgicos de soberan&iacute;a que alimentan los nuevos populismos.
    </p><p class="article-text">
        El federalismo es hijo de la Ilustraci&oacute;n, de la raz&oacute;n ilustrada, pero suficientemente razonable como para apreciar que la emoci&oacute;n mueve tambi&eacute;n monta&ntilde;as, y que no atender a ese argumento te invalida para la comprensi&oacute;n y la acci&oacute;n de la pol&iacute;tica pr&aacute;ctica. Hay creyentes de la naci&oacute;n originaria que viven con nosotros y a los que debemos tambi&eacute;n una respuesta. Pero esta no puede ser contradictoria para quienes demandan su cosa en oposici&oacute;n a la de los otros, su naci&oacute;n en oposici&oacute;n a la de los dem&aacute;s. Por eso el federalismo, consciente de que eso existe y mueve pasiones, se sit&uacute;a voluntariamente m&aacute;s all&aacute; de ese espacio y pretende una as&eacute;ptica organizaci&oacute;n de los territorios, casi en t&eacute;rminos de mero administrativismo, por m&aacute;s que en ello vaya incluido el reconocimiento activo de que estos y sus respectivos ciudadanos contienen diferencias y atributos propios y distintivos que es necesario respetar y tambi&eacute;n propiciar como valor.
    </p><p class="article-text">
        La urgencia hoy del federalismo en la Espa&ntilde;a del siglo XXI no procede del empe&ntilde;o de sus partidarios, como si se tratara de una colecci&oacute;n de diletantes o de adeptos a la &uacute;ltima novedad. Nada m&aacute;s lejos de ello. En el federalismo se encuentra hoy m&aacute;s que nunca el engarce posible entre quienes cuestionan nuestra convivencia territorial por causas contradictorias. En esa intenci&oacute;n posibilista, en su renuncia a proclamar una nueva doctrina sacrosanta, exageradamente ambiciosa y ortodoxa, el federalismo vuelve a aparecer como un intermedio razonable, capaz de disgustar a un tiempo a los separatistas y a los unitaristas a la fuerza. Y quiz&aacute;s en ello radique, no su atractivo, sino su virtualidad, su capacidad para hacer lo m&aacute;s felices posible a la mayor cantidad de personas, vista la perniciosa eficacia y la capacidad de ruptura social que tienen las doctrinas, nuevas o viejas, diferentes de la suya; la de quienes pretenden ciudadanos sumisos y acordes con su modelo patrio, la de quienes se pierden en los laberintos del ser y desatienden la realidad cotidiana del estar. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Rivera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/opcion-federal-razon-necesaria_132_10321613.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Jun 2023 19:32:12 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Bilbao, las personas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/cultura/bilbao-personas_1_6106769.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/83c3ef28-40c8-43b0-9136-acfdfde39337_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Bilbao, las personas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"El libro, entonces, es un recorrido de gran amplitud a lo largo de cuarenta años de ciudadanía activa, narrando en primera persona, desde la voz de sus protagonistas, experiencias temáticas diversas"</p></div><p class="article-text">
        Escribe Josefo de la Sota, echando mano de Max Aub, que &ldquo;la ciudad es un libro que se lee con los pies&rdquo;. Cierto, pero los libros, en general, se leen primero con las manos. Antes se miran que se leen. Primero son un objeto y luego un contenido. Y este es el caso. Bilbao, la gente, el libro que ha parido otra vez Mikel Toral, con el concurso fotogr&aacute;fico perenne de Mikel Alonso, es de primeras un objeto notablemente bello, inusual, sorprendente, a cargo del dise&ntilde;ador y maquetador Javi Mart&iacute;n. Para dar forma al c&uacute;mulo de experiencias narradas de un sinf&iacute;n de personas ha tenido la habilidad de fabricar un ladrillo sin lomo &ndash;o con lomo a la vista-, que remite a la idea de acumulaci&oacute;n y que incluso la distingue crom&aacute;ticamente en las tres grandes secciones en que se ha distribuido el libro: participaci&oacute;n ciudadana, derecho a la ciudad y derecho a la cultura. Brillante. Por si fuera poco, el invento permite abrir la obra en toda su extensi&oacute;n, en sus dos planas, sin que se descuajeringue con el uso. Y cierra una maqueta y una graf&iacute;a limpias, que invitan a leer, adem&aacute;s de fotograf&iacute;as de archivo y de la factor&iacute;a Alonso, salpicadas con retratos personales y an&oacute;nimos de los que han tenido que ver en esta formidable aventura ciudadana. Un ladrillo del que te haces con una sola mano, casi como una agenda, preparado para sufrir el manoseo y dispuesto a la vez para embellecer una estanter&iacute;a repleta o un solitario monumento a un libro bien pensado, dise&ntilde;ado, facturado y parido.
    </p><p class="article-text">
        Por dentro habla de las personas y de las experiencias de las personas en los &uacute;ltimos cuarenta a&ntilde;os hasta dar por acumulaci&oacute;n con el Bilbao que ellas mismas (y otras que no salen aqu&iacute;) tienen y viven. Reivindica un sujeto social impreciso &ndash;la gente-, alternativo a lo institucional. Es un tema viejo, de cuando el Estado era visto solo como enemigo, que sigue actual y ahora cobra tambi&eacute;n una sem&aacute;ntica m&uacute;ltiple. El libro habla de la acci&oacute;n de las personas an&oacute;nimas organizadas habitualmente y dispuestas a actuar, ya sea por una intenci&oacute;n pensada o por una reacci&oacute;n no tan meditada. Las dos iniciativas confluyen en el tiempo. Reivindica la autogesti&oacute;n, el &ldquo;h&aacute;gaselo usted mismo&rdquo; de los a&ntilde;os sesenta para aqu&iacute;, el vivir al margen del presupuesto cuando no hab&iacute;a otra o hacerlo cuando este estaba disponible para recuperar lo hecho por nosotros mismos. Las instituciones han sido siempre un protagonista complejo. En un tiempo lejano solo quitaban y no daban nada, adem&aacute;s de actuar al margen y muchas veces en contra de la gente. Cuando se democratizan no pierden ese car&aacute;cter ajeno, dispuesto a hacer por el pueblo sin el pueblo, peligrosas sobre todo cuando aciertan en tanto que desactivan por innecesario el potencial creador de la multitud. Luego recuerdan de nuevo qui&eacute;n tiene el poder (y su legitimidad, ahora democr&aacute;tica) y est&aacute;n en disposici&oacute;n de volver a pasar de todos. Una historia vieja.
    </p><p class="article-text">
        Las instituciones parecen no tener personas detr&aacute;s. Es su fortaleza, su misterio y su debe. Es mejor que sea as&iacute;, que el poder sea abstracto y no personalizado y dependiente de uno o unos sujetos. Es lo que distingue el poder en su versi&oacute;n moderna, la nuestra, diferente del patrimonial del tiempo de los nobles y los reyes. Las instituciones permanecen y las personas que pasan por ellas solo pasan. Cuando un testimonio del libro recuerda que hubo un tiempo en que el Gobierno Vasco trat&oacute; bien la cultura en su nicho bilba&iacute;no de Zorrozaurre, respetando sus iniciativas aut&oacute;nomas y ayud&aacute;ndolas con el erario p&uacute;blico, nadie supone que detr&aacute;s hab&iacute;a unas u otras personas, y que eso determina la diferencia. Solo se adivinan gestores grises y an&oacute;nimos, ejecutores de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, un d&iacute;a afortunadas y provechosas, otro destructivas o paralizantes. Ah&iacute; se resume todo, lo bueno y lo malo de ellas.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Comparada con Vitoria o San Sebastián, Bilbao es una ciudad vieja, o mejor, madura, con cuerpos sociales, arriba y abajo, curtidos en la acción y en el enfrentar problemas aparentemente insalvables</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En una dimensi&oacute;n bien distinta est&aacute; la acci&oacute;n de los ciudadanos. Esta es personal, discontinua y fr&aacute;gil. No es la gente, sino las personas concretas, lo que construye desde esta posici&oacute;n una ciudad o una realidad precisa. El libro lo dice as&iacute;, contraviniendo su t&iacute;tulo: son personas con nombre y apellidos las que hicieron tal cosa, y no la gen&eacute;rica multitud. De hecho, los testimonios hablan normalmente de ellas mismas, de su experiencia. Mucho m&aacute;s: cuando alguna desaparece, su acci&oacute;n se resiente y, si no ha sido capaz de transmitirla a otros, simplemente acaba a la vez que ella y se pierde en el recuerdo, aqu&iacute; desvelado o renovado. La red ciudadana &ndash;y la cultura mucho m&aacute;s, por depender del genio personal, de la iniciativa particular, no colectiva- es tremendamente fr&aacute;gil por eso. Cuando un editor o un librero muere sin &ldquo;descendencia&rdquo;, sin relevo, se van con &eacute;l todas las iniciativas que gener&oacute; en vida y tambi&eacute;n las que pod&iacute;an haberse reproducido despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Por eso el apellido &ldquo;la gente&rdquo; me resulta un tanto esquivo. Aunque se entiende su sentido &ndash;confrontarlo a todos los efectos a la acci&oacute;n institucional, presentar una realidad alternativa, ni siquiera necesariamente enfrentada-, proclama la singularidad del magma an&oacute;nimo de manera poco precisa. Mucho peor: el gentismo refiere en algunos pa&iacute;ses, como Italia, una variante del populismo acantonada en el enfrentamiento contra la instituci&oacute;n desde la reivindicaci&oacute;n de un &ldquo;sentido com&uacute;n&rdquo; de la gente de compleja gesti&oacute;n. La vieja &ldquo;voluntad general&rdquo; de Rousseau, madre de tantos desastres en los dos &uacute;ltimos siglos, reaparece con insistencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero, como digo, la intenci&oacute;n de Mikel Toral es simplemente dejar constancia de que, a la vez de una acci&oacute;n institucional y pol&iacute;tica que siempre se lleva las mieles del &eacute;xito (el Guggenheim, el metro o la recuperaci&oacute;n de la R&iacute;a), hay una sociedad organizada intermitentemente (a veces tambi&eacute;n permanentemente) que gener&oacute; iniciativas pr&aacute;cticas, articul&oacute; resistencias contra el error, mantuvo en soledad redes de soporte ante realidades novedosas y contribuy&oacute; como nadie y por acumulaci&oacute;n a que, en este caso Bilbao, sea lo bueno o lo malo que es hoy. Aqu&iacute;, obviamente, se habla de lo primero.
    </p><p class="article-text">
        El libro, entonces, es un recorrido de gran amplitud a lo largo de cuarenta a&ntilde;os de ciudadan&iacute;a activa, narrando en primera persona, desde la voz de sus protagonistas, experiencias tem&aacute;ticas diversas. Se puede leer en el tiempo, diacr&oacute;nicamente, como relato de una sucesi&oacute;n de problemas que ten&iacute;an respuesta en la acci&oacute;n ciudadana: de los urban&iacute;sticos de los sesenta a los que surgieron con la inmigraci&oacute;n desde comienzos del actual siglo, de la causa de las mujeres juzgadas por abortos ilegales en la Transici&oacute;n a la problem&aacute;tica del g&eacute;nero en nuestros d&iacute;as. Y se puede leer tem&aacute;ticamente, en una sucesi&oacute;n de cuestiones que van apareciendo y desapareciendo y renov&aacute;ndose en su sustituci&oacute;n conforme va mudando la realidad social.
    </p><p class="article-text">
        Al final es Bilbao. El lugar se puede ver tambi&eacute;n desde un sitio diferente del Pagasarri. A sesenta kil&oacute;metros de distancia, desde una ciudad tan nueva como Vitoria, Bilbao sorprende por el sentido hist&oacute;rico que tiene una parte destacada de su ciudadan&iacute;a. No solo me refiero a una &eacute;lite muy consciente de su funci&oacute;n; hablo tambi&eacute;n de una poblaci&oacute;n educada en la gimnasia social y en la percepci&oacute;n de sus resultados (el movimiento de pensionistas es un ejemplo palmario). Y lo digo en t&eacute;rminos hist&oacute;ricos, en una proyecci&oacute;n en el tiempo que supera con mucho los cuarenta a&ntilde;os que aqu&iacute; se narran. Porque Bilbao se ha rescatado a s&iacute; misma varias veces en los &uacute;ltimos siglos, se reinventa al menos una vez cada centuria. Lo hizo cuando abord&oacute; su industrializaci&oacute;n tras la &uacute;ltima carlistada, tambi&eacute;n cuando super&oacute; las confrontaciones sociales de comienzos del siglo XX, qu&eacute; decir del inicio del franquismo o tambi&eacute;n de su final, como aqu&iacute; se cuenta, o del reseteo tras aquellas inundaciones el d&iacute;a de mi cumplea&ntilde;os de 1983 que pusieron tambi&eacute;n fecha a una transformaci&oacute;n general en medio de una superlativa crisis hasta dar con la ciudad postindustrial que hoy es. Eso lo hicieron las instituciones, cierto, pero tambi&eacute;n las personas y sus organismos, proponiendo, redirigiendo y resistiendo. Ese balance tiene muchos nombres y apellidos, y por eso el libro cuenta con un &iacute;ndice que suma hasta setenta de ellos, todos diferentes, pero todos importantes.
    </p><p class="article-text">
        Bilbao, y las personas que lo conforman hoy, tiene sentido hist&oacute;rico porque se reclama en todas ellas, empezando por las que ya no est&aacute;n, pero consciente de que, como gusta repetir Toral, la realidad social es la suma de la acci&oacute;n y la inacci&oacute;n, adem&aacute;s de los aciertos y errores, de quienes la protagonizan. La met&aacute;fora real de aquella compra del Pagasarri que propuso y logr&oacute; el entra&ntilde;able y desaparecido Rafa Toral es un ejercicio pr&aacute;ctico de acci&oacute;n ciudadana. &iquest;Por qu&eacute; tenemos que hacer los ciudadanos si ya est&aacute;n las instituciones democr&aacute;ticas para ello? Y lo explica, y se entiende que estas &uacute;ltimas funcionan mejor si tienen a la par una ciudadan&iacute;a activa. El invento ciudadano de unas fiestas para la ciudad en el inicio mismo de la Transici&oacute;n es otro ejemplo feliz. No todo Rousseau resulta peligroso: su idea imposible de una ciudadan&iacute;a hiperactiva sopl&aacute;ndole la nuca al gestor p&uacute;blico, atenta a sus movimientos, tiene mucho de positivo. La responsabilidad de cada uno es lo que salva a la democracia representativa de despe&ntilde;arse por el abismo de la anomia o del desinter&eacute;s, de la distancia insalvable entre representantes y representados. Cuando ese instante fatal llega, viene con &eacute;l ese gentismo, esa multitud achuchando y no para bien, porque lo com&uacute;n se confunde entonces con una abigarrada e ingobernable suma de &ldquo;qu&eacute; hay de lo m&iacute;o&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Comparada con Vitoria o San Sebasti&aacute;n, Bilbao es una ciudad vieja, o mejor, madura, con cuerpos sociales, arriba y abajo, curtidos en la acci&oacute;n y en el enfrentar problemas aparentemente insalvables. Sus hermanas vascongadas son de historia m&aacute;s reciente y m&aacute;s providencialistas: una industrializaci&oacute;n que les vino a ver y una Concha que era imposible no explotar (aunque hubo propuestas para no hacerlo). Quiz&aacute;s por eso estas discuten si son galgos o podencos hasta que pasa la ocasi&oacute;n. En Bilbao no, all&iacute; compran todo lo que se pone a tiro &ndash;incluyendo perros de flores de artistas fr&iacute;volos-; luego lo ubican en su escenario, lo hacen propio y lo explotan. Y se les ve contentos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Rivera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/cultura/bilbao-personas_1_6106769.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 15 Jul 2020 15:27:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Bilbao, las personas]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Contra sus medios y contra sus fines]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/medios-fines_132_2136075.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ac6b1dfa-4b57-4007-b449-e5c6648455f3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Contra sus medios y contra sus fines"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es de prever que algunos nacionalistas no partidarios ayer del crimen político le hagan mañana el caldo gordo apuntándose a sus estrategias para conseguir un país puro, uniforme, homogeneizado, descontaminado de diversidad</p></div><p class="article-text">
        Prescindiendo de comentarios de texto y evocaciones personales varias, el adi&oacute;s definitivo de ETA da solo para volver sobre su originalidad y sobre el argumento que le ha dado vida a lo largo de casi seis d&eacute;cadas. Me refiero a su proyecto pol&iacute;tico. Lo formularon en t&eacute;rminos de una &ldquo;Euskadi socialista, reunificada (sic) y euskald&uacute;n&rdquo;. Podr&iacute;a haber sido un proyecto pol&iacute;tico m&aacute;s si no hubiese venido sostenido por el terror. Eso ya le aparta del territorio de las posibilidades c&iacute;vicas. La pol&iacute;tica moderna es una competici&oacute;n abierta de propuestas que se trasladan pac&iacute;ficamente a los ciudadanos para que estos opten por alguna de ellas. Si se tiene que apoyar en la violencia y en la eliminaci&oacute;n de sus contrarios pol&iacute;ticos deja de interesar la raz&oacute;n de su objetivo. Los malos medios contaminan los fines hasta desvirtuarlos completamente. Adem&aacute;s, siempre hubo alg&uacute;n otro en paralelo que defendi&oacute; lo mismo que ellos sin pistolas ni goma dos, lo que desbarataba m&aacute;s si cabe su argumento.
    </p><p class="article-text">
        Pero todo no acaba en sus procedimientos. El mismo objetivo pol&iacute;tico era completamente perverso. No hablo de la enso&ntilde;aci&oacute;n nacionalista e incluso de la socialista; ni siquiera de su amenazadora s&iacute;ntesis (nacional y socialista). Me refiero a su proyecto en los t&eacute;rminos en que se ha formulado hist&oacute;ricamente: una propuesta de pa&iacute;s exclusiva y excluyente, un pa&iacute;s solo para los nacionalistas (e incluso para los nacionalistas de una determinada especie, para los abertzales). Los viejos jeltzales como Irujo o Ajuriaguerra lo vieron pronto: era un problema de medios y fines el que les separaba del PNV. Ardanza lo lleg&oacute; a ver en jornadas hist&oacute;ricas: la firma del Pacto de Ajuria Enea, el comunicado tras el asesinato de Miguel &Aacute;ngel Blanco, aquella conferencia en Sabin Etxea un 16 de diciembre de 1992 que nadie quiere recordar (disponible en mi &ldquo;Antolog&iacute;a del discurso pol&iacute;tico&rdquo;, p&aacute;ginas 375-377): &ldquo;El conflicto que est&aacute; en la base de la violencia no consiste en un contencioso no resuelto entre el pueblo vasco y el Estado espa&ntilde;ol, sino en que una minor&iacute;a de vascos se niega a aceptar la voluntad de la mayor&iacute;a y emplea para imponer la suya el instrumento de la &lsquo;lucha armada&rsquo;&rdquo;. Luego lleg&oacute; Estella y el planazo de Ibarretxe y tanta condura y convicci&oacute;n democr&aacute;tica saltaron por los aires.
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;a y hay un proyecto pol&iacute;tico abertzale consistente en conformar un Pa&iacute;s Vasco donde solo quepan los que son como ellos. Un proyecto totalitario, no tanto ni solo por las formas con que pretendi&oacute; alcanzarlo, sino porque se formula como una sociedad que expulsa a muchos vascos, como los expuls&oacute; con su terrorismo. Una sociedad donde o solo hay sitio para ellos o, habi&eacute;ndolo para los dem&aacute;s, deberemos resignarnos (todav&iacute;a m&aacute;s) a ser ciudadanos de segunda, porque los par&aacute;metros de ciudadan&iacute;a que ellos establecen nos privan de tenerla plena. Un proyecto abiertamente enfrentado a la pluralidad de la sociedad vasca, solo corregible mediante la coacci&oacute;n extrema y la desaparici&oacute;n f&iacute;sica o pol&iacute;tica de los que no respondemos a su modelo, seamos estos mayor&iacute;a o minor&iacute;a, lo mismo da. Una idea de nacionalidad cerrada y totalitaria por definici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Pues bien, ese era el asunto principal antes &ndash;por m&aacute;s que los efectos de la violencia pusieran l&oacute;gicamente por delante lo urgente y lo sangrante, antes de lo importante- y ese sigue siendo el asunto principal hoy (y ma&ntilde;ana y pasado). ETA ha dejado claro que quienes le van a seguir representando en su objetivo final, la izquierda abertzale, van a persistir en el empe&ntilde;o. Y es de prever que algunos nacionalistas no partidarios ayer del crimen pol&iacute;tico le hagan ma&ntilde;ana el caldo gordo apunt&aacute;ndose a sus estrategias para conseguir un pa&iacute;s puro, uniforme, homogeneizado, descontaminado de diversidad (ideol&oacute;gica o de cualquier otro g&eacute;nero). Y as&iacute; pasaremos de un proyecto totalitario sostenido en la violencia terrorista al mismo proyecto totalitario sostenido en la &ldquo;acumulaci&oacute;n de fuerzas&rdquo;, en el establecimiento, si pueden, de una mayor&iacute;a que lo empuje. Y pensaremos entonces, por los medios, que ese proyecto totalitario pasa a ser democr&aacute;tico. Y lo llamar&aacute;n proyecto nacional (o nacionalista, que no es lo mismo, pero da igual) y tratar&aacute;n de que lo sostengan multitudes alegres, generosas y desarmadas.
    </p><p class="article-text">
        El resultado ser&aacute; el mismo, aunque sin tanta sangre. De prosperar, la consecuencia ser&aacute; el abandono del pa&iacute;s, o bien f&iacute;sicamente, aprendiendo a vivir en los costados del territorio o marchando lejos de una vez, o bien pol&iacute;ticamente, desapareciendo del espacio, renunciando a disputar frente a otros con nuestra opini&oacute;n o con nuestra persona para ocupar un trabajo, un puesto de representaci&oacute;n o cualquier cosa que nos saque de nuestra silente mismidad. A eso ya nos entrenamos cuando hab&iacute;a tiros; ahora sin ellos podr&iacute;amos incluso, err&oacute;neamente, vernos desprovistos de la raz&oacute;n moral que anta&ntilde;o nos asist&iacute;a, en tanto que posibles v&iacute;ctimas.
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; est&aacute; el asunto: en el proyecto social que pretendi&oacute; ETA y que ahora formalmente deja a sus herederos. Y no se trata de descalificar sin m&aacute;s un proyecto pol&iacute;tico nacionalista. No vamos a decir ahora que lo que antes no se pudo lograr con las pistolas ahora no se vaya a poder formular sin ellas. No, se puede formular y se formula. E incluso pueden ganar y establecer esa espantosa distop&iacute;a. Pero en el derecho y deber de quienes combatimos a ETA tambi&eacute;n por los objetivos (y no solo por los terribles efectos de sus medios) est&aacute; el ir dejando clara la posici&oacute;n. Nos van a seguir teniendo enfrente porque no queremos vivir en la sociedad que nos proponen. Porque preferimos una sociedad plural a otra uniforme. Y por eso nos aplicaremos a aquello de que &ldquo;cuando no es necesario cambiar es necesario no cambiar&rdquo;, que dijo una vez un vizconde de Falkland. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Rivera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/medios-fines_132_2136075.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 05 May 2018 15:43:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Contra sus medios y contra sus fines]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Del miedo a la resistencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/miedo-resistencia_132_2856549.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f9f66a24-734b-473f-948b-4ee993e74428_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La sociedad vasca siempre rechazó la sangre, seguro que por ética, por estética o por un punto de humanismo que todos tenemos. No reparó tanto en el desvanecimiento de la libertad civil que sufría</p></div><p class="article-text">
        Arranca estos d&iacute;as en Bilbao una exposici&oacute;n (&ldquo;Censuras&rdquo;) que recuerda la doble persecuci&oacute;n que sufri&oacute; el artista vasco Agust&iacute;n Ibarrola, primero por la dictadura franquista y m&aacute;s tarde por el terrorismo de ETA. Pareciera que alguna gente se empe&ntilde;ara en estar siempre en el lado donde se reciben los palos de los siniestros poderosos. Pero m&aacute;s que de una pertinaz mala elecci&oacute;n se trata de una inquebrantable defensa de la libertad, de la reivindicaci&oacute;n de una vida decente y justa. En los d&iacute;as en que cambiaban el siglo anterior y el presente tambi&eacute;n cambi&oacute; la mirada sobre las v&iacute;ctimas y los victimarios. Al br&iacute;o de aquel &ldquo;esp&iacute;ritu de Ermua&rdquo; algunos como Mario Onaindia &ndash;que de ese estar en el lado salvaje tambi&eacute;n sab&iacute;a- pasaron a reivindicar la libertad frente a la anterior demanda vasca de paz. Nos advert&iacute;an de lo obvio: la ausencia de paz que forzaba el terrorismo no era sino el instrumento y la consecuencia de su objetivo pol&iacute;tico totalitario. La negaci&oacute;n de la libertad era el origen; la sangre corriendo era su consecuencia.
    </p><p class="article-text">
        La sociedad vasca siempre rechaz&oacute; la sangre, seguro que por &eacute;tica, por est&eacute;tica o por un punto de humanismo que todos tenemos. No repar&oacute; tanto en el desvanecimiento de la libertad civil que sufr&iacute;a. Las bases de una sociedad vivible, decente y justa fueron demolidas por el terrorismo. Aceptamos como normales acertijos imposibles e infames. La televisi&oacute;n p&uacute;blica vasca estuvo a punto de debatir si era adecuado o no que un empresario secuestrado pagara su rescate. En los &ldquo;a&ntilde;os de plomo&rdquo; un l&iacute;der sindical no nacionalista y dem&oacute;crata reprochaba al empresario Olarra preferir gastar en escoltas antes que pagar el llamado &ldquo;impuesto revolucionario&rdquo;. As&iacute;, como si tal cosa. En ese mundo vivimos todos, lo sostuvimos entre todos.
    </p><p class="article-text">
        La naturalizaci&oacute;n de la violencia pol&iacute;tica ven&iacute;a de cuando se sentaban en las mismas mesas contra el franquismo organizaciones pac&iacute;ficas y violentas, cuando se aceptaba que, siendo tal el calibre represor del de enfrente, cada cual estaba legitimado para elegir el procedimiento para combatirlo. As&iacute; que no ve&iacute;amos aquellas v&iacute;ctimas del terrorismo; de haberlas, eran los propios terroristas o todo ese gran contingente de afectados colaterales que gener&oacute; de manera suicida la dictadura al engancharse al anzuelo de la estrategia acci&oacute;n-represi&oacute;n-acci&oacute;n. Tantos cientos y miles de vascos (y espa&ntilde;oles) detenidos, maltratados y torturados en aquella persecuci&oacute;n ciega. Tanta gente castigada y sin tener nada que ver en ello.
    </p><p class="article-text">
        De manera que las v&iacute;ctimas de enfrente, polic&iacute;as, militares, colaboradores y pol&iacute;ticos del franquismo, entraban en la l&oacute;gica de aquel combate. Menos l&oacute;gico era que despu&eacute;s de 1977, de la amnist&iacute;a y del inicio de la Transici&oacute;n, se siguiera matando a pol&iacute;ticos de las derechas, pero aquel estribillo de Clausewitz de que la guerra y la pol&iacute;tica se intercambiaban al ser solo &ldquo;cuesti&oacute;n de medios&rdquo; &ndash;as&iacute;, como si tal cosa- result&oacute;, por su nueva naturalizaci&oacute;n, letal.
    </p><p class="article-text">
        Algunos, desde las izquierdas, empezaron pronto a reparar en ese desvar&iacute;o. Lo hicieron m&aacute;s cuando empezaron a verse, ellos mismos, como posibles v&iacute;ctimas. Al principio, cuando los hubo, cuando cayeron los primeros con carn&eacute; socialista, el &ldquo;por algo ser&aacute;&rdquo; lo tap&oacute; todo; tap&oacute; hasta la estupefacci&oacute;n. Cuando mataron a Enrique Casas en el 84 la cosa empez&oacute; a pintar de otra manera. Estaba claro que esas izquierdas espa&ntilde;olas eran tambi&eacute;n el enemigo de ese aranismo revolucionario armado. Se extendieron en los siguientes a&ntilde;os las persecuciones con diferentes estrategias: la llamada socializaci&oacute;n del sufrimiento, la consecuencia de un Pacto de Estella que invitaba a borrar del escenario p&uacute;blico a &ldquo;los partidos que tienen como objetivo la destrucci&oacute;n de Euskal Herria y la construcci&oacute;n de Espa&ntilde;a (PP y PSOE)&rdquo; -esto &uacute;ltimo, por si no quedaba claro-, la violencia de persecuci&oacute;n o la caza como conejos del &uacute;ltimo concejal de pueblo. La sangre, todav&iacute;a con m&aacute;s claridad, tapaba la evidencia de que se trataba de un intento de homogeneizar por la fuerza el espacio p&uacute;blico, haciendo desaparecer a los diferentes. La construcci&oacute;n nacional llevada a cabo sin miramientos.
    </p><p class="article-text">
        Para quienes ven&iacute;an de la cultura del antifranquismo aquel intercambio carnavalesco resultaba incomprensible. Sus colegas de unidad de acci&oacute;n los persegu&iacute;an hasta matarlos y la vieja polic&iacute;a y guardia civil estaban ah&iacute; para defenderlos. El viejo anhelo y la lucha por una sociedad democr&aacute;tica se desvanec&iacute;an por completo cuando el terror y la violencia hac&iacute;an imposible la libre competencia de opciones pol&iacute;ticas. Y como resultado de ello, la sangre, lo &uacute;nico visible. El dedo del sabio, la luna y la mirada del necio.
    </p><p class="article-text">
        La historiadora y polit&oacute;loga Sara Hidalgo acaba de presentar el libro &ldquo;Los resistentes. Relato socialista sobre la violencia de ETA (1984-2011)&rdquo; (La Catarata de los Libros). Aplica una de las &uacute;ltimas modas historiogr&aacute;ficas, la historia de las emociones, para explicar aquel sindi&oacute;s. Y no es mal procedimiento. De haber actuado l&oacute;gicamente, aquellos tipos se hubieran ido corriendo a sus casas o se hubieran echado tambi&eacute;n al monte contra sus asesinos. Pero no hicieron ni lo uno ni lo otro. A&uacute;n m&aacute;s, reactivamente articularon una cultura pol&iacute;tica soportada m&aacute;s en la democracia y el derecho que en sus propias convicciones partidarias. (Quiz&aacute;s en ello repose en parte algo de su actual decadencia). De manera que mejor aplicar una mirada desde lo intangible que desde lo material o desde los inmediatos intereses.
    </p><p class="article-text">
        Y resulta que, visto as&iacute;, Sara Hidalgo, despu&eacute;s de decenas de entrevistas con afectados, descubre de nuevo &ndash;ya se hizo aqu&iacute; con aquella comunidad de la derrota tras la guerra civil (Gurrutxaga, P&eacute;rez Agote)- que el miedo com&uacute;n acaba generando unas emociones compartidas capaces de articular una comunidad de resistentes. De esa manera y cada uno a su manera, desde altos dirigentes hasta afiliados de base o simpatizantes y entornos sin carn&eacute;, todos fueron capaces de crearse un relato que les animaba a persistir cada d&iacute;a y a representar en sus personas esa sociedad vasca diversa y plural que los terroristas no quer&iacute;an ver y quer&iacute;an eliminar. Esa insensata pasi&oacute;n, esa emoci&oacute;n resistente, resulta que salv&oacute; nuestra sociedad democr&aacute;tica del acoso del terror y de la tentaci&oacute;n de poner fin a este d&aacute;ndoles la pesetica de que solo estuvieran ellos en el escenario. Vamos, asumiendo que hab&iacute;a ganado su proyecto totalitario. Un libro interesante, ciertamente.    
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Rivera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/miedo-resistencia_132_2856549.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 20 Jan 2018 16:35:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Del miedo a la resistencia]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[155: Más el cómo que el qué]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/catalunya-nacionalismo-articulo-155-puigdemont-rajoy-secesionismo_132_3111422.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5b953627-9cab-4414-82b2-257d6024ea0b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Puigdemont llama al Parlament a decidir sobre el intento de &quot;liquidar&quot; el autogobierno"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El recurso a la ilegalidad y a la fuerza del secesionismo catalán no debe hacernos perder de vista que abarca un número muy importante de catalanes que aspiran a otra situación y que deben tener opción para defender eso con garantías y poder constatar si son mayoría suficiente o no.</p></div><p class="article-text">
        Parece claro a estas horas que el nacionalismo secesionista catal&aacute;n no tiene m&aacute;s recurso que tratar de insistir en la batalla de im&aacute;genes a costa de posibles errores o excesos del gobierno espa&ntilde;ol. La partida europea se ha saldado con un absoluto fracaso: nadie les compra el producto porque eso ser&iacute;a liquidar el empe&ntilde;o de la Uni&oacute;n. El ba&ntilde;o de realidad de las consecuencias de una separaci&oacute;n de este tenor
    </p><p class="article-text">
        se est&aacute; viendo en la salida masiva de empresas catalanas de su lugar de origen. Habr&aacute; otros encontronazos m&aacute;s con esas consecuencias. Esto no era una fiesta de pijamas por muchos r&eacute;ditos que les estuviera dando semejante experimento de revoluci&oacute;n posmoderna. Al final solo les queda persistir en el error, llevar la fuerza de la voluntad del trozo de sociedad catalana que alienta ese objetivo hasta sus &uacute;ltimas posibilidades. Y lograr nuevas im&aacute;genes de fuerza del contrario para hacerlas valer en la sociedad del espect&aacute;culo internacional y as&iacute; dar la vuelta en lo posible al actual estado de cosas.
    </p><p class="article-text">
        La aplicaci&oacute;n del 155 puede proporcionarlas. De ah&iacute; que no se haya manifestado ninguna intenci&oacute;n de buscar un camino alternativo para evitarlo (vg. la convocatoria de elecciones desde el propio Govern). Se trata de convertir esos seis meses de excepcionalidad, no en una pr&oacute;rroga, sino en un sufrimiento. El cuanto peor mejor es la evidente estrategia de esa parte. De manera que se impone una aplicaci&oacute;n inteligente del 155. No es f&aacute;cil describir qu&eacute; ser&aacute; eso, porque no se pueden prever las situaciones de confrontaci&oacute;n que se producir&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El Estado de las autonom&iacute;as se soportaba y soporta en una lealtad entre partes que no elimine por completo las tensiones y disputas, pero que s&iacute; pueda confiar en que nadie est&aacute; trabajando para reducir a la nada al otro. La desaparici&oacute;n muy avanzada del Estado en muchas regiones, como consecuencia l&oacute;gica y deseada de la descentralizaci&oacute;n de competencias y recursos, se acompa&ntilde;a en las comunidades nacionalistas de la invisibilizaci&oacute;n forzada de la ciudadan&iacute;a partidaria de la doble identidad o lealtad (a su comunidad y al conjunto del pa&iacute;s). Remontar ese gap obliga en situaciones de crisis como la actual a dos cosas: hacer presente en el escenario al trozo de sociedad que ha estado anulada en este proceso y dirigir la pol&iacute;tica auton&oacute;mica hacia un objetivo contrario a la separaci&oacute;n. Uno y otro objeto resultan de muy dif&iacute;cil logro y dar&aacute;n lugar a fuertes tensiones: unas provocadas por su propia acci&oacute;n y las otras por la respuesta a las provocaciones para desestabilizar ese intento de normalizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El trozo de sociedad espa&ntilde;ola que m&aacute;s imploraba por la aplicaci&oacute;n del 155 hace una lectura en t&eacute;rminos de reconquista nacional. Eso es un error may&uacute;sculo. Un nacionalista necesita otro enfrente; si no lo encuentra, o lo inventa o se desvanece su ardor. La pugna entre nacionalismos no solucionar&aacute; nada y convertir&aacute; la crisis en algo irresoluble. El Estado est&aacute; obligado a parar un envite que obvia a la mayor&iacute;a de la sociedad y a devolver en lo posible la situaci&oacute;n a la legalidad. Sin embargo, el gobierno y todas las fuerzas pol&iacute;ticas deben abrir paso inmediatamente a un terreno donde se pueda dialogar y buscar una soluci&oacute;n. El recurso a la ilegalidad y a la fuerza del secesionismo catal&aacute;n no debe hacernos perder de vista que abarca un n&uacute;mero muy importante de catalanes que aspiran a otra situaci&oacute;n y que deben tener opci&oacute;n para defender eso con garant&iacute;as y poder constatar si son mayor&iacute;a suficiente o no.
    </p><p class="article-text">
        Pero para llegar a ese dif&iacute;cil terreno de negociaci&oacute;n, la aplicaci&oacute;n del 155 tiene que evitar crear m&aacute;s dificultades que con las que ya nace. Actuaciones de fuerza envilecer&aacute;n todav&iacute;a m&aacute;s el escenario e imposibilitar&aacute;n ninguna relaci&oacute;n o pacto. En ese sentido es mejor el defecto que el exceso y no perder de vista que la sociedad del espect&aacute;culo lo es para todos, que una aplicaci&oacute;n razonada de la Constituci&oacute;n en Catalu&ntilde;a &ndash;el 155 no es otra cosa- ganar&aacute; adeptos para los que no pretenden la ruptura. El momento no es f&aacute;cil y solucionar esto en un pisp&aacute;s tampoco lo es. Se trata de no hacer m&aacute;s estropicio del que ya hay y rezar para que no haya m&aacute;s choque de trenes ni confrontaci&oacute;n de legitimidades.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Rivera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/catalunya-nacionalismo-articulo-155-puigdemont-rajoy-secesionismo_132_3111422.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 22 Oct 2017 19:25:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[155: Más el cómo que el qué]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cataluña,Nacionalismo,Artículo 155,Carles Puigdemont,Mariano Rajoy]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“Un lugar para el ciudadano”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/lugar-ciudadano_132_3562649.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8b1c49aa-9d0a-4158-aba4-19d807e0ff87_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cada ciudadano debe preguntarse qué va a transmitir cuando indefectiblemente le pregunten sus hijos qué pasó entonces, que les va a contar que hizo él</p></div><p class="article-text">
        No resulta f&aacute;cil asignar un papel a la sociedad cuando la situaci&oacute;n extraordinaria ha terminado. Las sociedades cabales y bien organizadas reservan a los ciudadanos una funci&oacute;n, no pasiva, sino de disfrute de su estado. Las sociedades se organizan para proporcionar una base de garant&iacute;as a los individuos a partir de las cuales ellos puedan construir libremente su existencia. Realmente, el ciudadano no tendr&iacute;a por qu&eacute; ser un activista de su propia sociedad, sino m&aacute;s bien un controlador de que sus gestores son honrados y sensatos, y un agente decisor en los momentos convenidos. Al contrario, las situaciones extraordinarias los convierten en activistas, militantes, h&eacute;roes, que se juegan la persona y hasta la vida por devolver las cosas a un m&iacute;nimo estado de civilidad. Cuando eso felizmente ha ocurrido sus instituciones funcionan y lo hacen sin obst&aacute;culos insuperables o coactivos. Entonces pueden volver a aplicarse a lo suyo, a su vida. La invitaci&oacute;n que se les hace, l&oacute;gicamente, es la de tantas veces: &ldquo;&iexcl;Vuelvan a sus casas! Todo est&aacute; controlado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En este escenario nuestro todos hemos vuelto a nuestras casas. Solo quedan en reserva activa dos tipos de ciudadanos: el entorno de las v&iacute;ctimas y el de los victimarios. Unos y otros pretenden sobre todo y contradictoriamente que la cosa acabe de forma definitiva. Unos aspiran a ver reconocido y compensado el dolor sufrido; otros a terminar con la parte de sufrimiento que han producido en sus propias personas (c&aacute;rcel, exilio, alejamiento). Todos, unos y otros, pretenden de nuevo contradictoriamente un relato a transmitir a la sociedad que d&eacute; cuenta de lo ocurrido desde su posici&oacute;n. A unos les servir&aacute; para explicarse lo ocurrido y para evitar su repetici&oacute;n; a otros para justificar tanto da&ntilde;o cometido argumentando alguna sublime causa (o reacci&oacute;n a un da&ntilde;o insuperable).
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Deber&iacute;a volver el ciudadano com&uacute;n a su casa sin m&aacute;s y dejar que los que por desgracia tuvieron que ver con aquello liquiden sus &uacute;ltimas cuitas, como si no fueran tambi&eacute;n las nuestras? S&iacute;, si aquello hubiera sido una disputa privada. Pero no lo fue. Recordaba hace unas semanas el escritor Ram&oacute;n Saizarbitoria, echando mano de Woody Allen, que lo importante, llegados a este punto, es que al menos a nadie se le pase por la imaginaci&oacute;n que fue Polonia la que invadi&oacute; Alemania. Parece que hay mucho trabajo por delante para despejar en Euskadi una confusi&oacute;n similar. Hay mucha gente a&uacute;n que cree que fue culpa de los polacos, hist&oacute;ricamente agresores, o que unos y otros se aplicaron a una pelea mutua. No se recuerda tanto el tiempo en que a los concejales desvalidos se les cazaba &ldquo;como a conejos&rdquo;, como a polacos.
    </p><p class="article-text">
        Solo por eso merecer&iacute;a que el ciudadano regresara un tanto a su dimensi&oacute;n social, al &aacute;gora p&uacute;blica. Tiene derecho y se merece vivir su vida sin la extorsi&oacute;n de una banda empe&ntilde;ada en hacer extraordinario su contexto. Hace bien. Pero aquella banda actu&oacute; contra esos pocos, esas v&iacute;ctimas, para doblegar la voluntad de todos, de todos y cada uno de los ciudadanos vascos. Y puede que en el empe&ntilde;o privado final, de unos pocos y otros pocos, todo acabe en un equilibrio de polacos y alemanes enfrentados. Y eso no fue as&iacute;. Y si dejamos que se piense que fue as&iacute; siempre podr&aacute; volver a haber alg&uacute;n alem&aacute;n que se piense con el derecho o con el designio irrefrenable de tener que volver a invadir nuevamente Polonia. Y tanto dolor y tanta experiencia nefasta no nos habr&aacute;n servido para nada.
    </p><p class="article-text">
        No se trata de volverse a agitar ni de reproducir esos malditos d&iacute;as extraordinarios. La calle es bonita para disfrutarla, m&aacute;s que para pelearla. Pero cada ciudadano en lo particular, quiz&aacute;s sin necesidad de ning&uacute;n requerimiento grupal, debe preguntarse qu&eacute; va a quedar en su recuerdo de aquello, qu&eacute; va a transmitir cuando indefectiblemente le pregunten sus hijos qu&eacute; pas&oacute; entonces, que les va a contar que hizo &eacute;l. Puede que sea un requerimiento m&aacute;s privado que p&uacute;blico; por lo menos, en absoluto colectivo. Pero la cuesti&oacute;n sigue abierta y el concurso de todos y cada uno de los ciudadanos vascos es imprescindible para que aquella mort&iacute;fera mentira muera definitivamente, sea incapaz de reproducirse gracias a un relato tortuoso que por pereza o ignorancia seguimos repiti&eacute;ndolo particularmente, sin someterlo a revisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Esa min&uacute;scula introspecci&oacute;n, que puede derivar en una no mayor acci&oacute;n p&uacute;blica, es lo que viene a demandar este a&ntilde;o el acto de recuerdo por el asesinato de Fernando Buesa y Jorge D&iacute;ez; tambi&eacute;n el homenaje a Jos&eacute; Ram&oacute;n Recalde del pr&oacute;ximo s&aacute;bado. Que ya que no podemos devolver a la vida a tantos a los que se la arrebataron ignominiosamente, por lo menos que el recuerdo que nos quede de aquel crimen sit&uacute;e a cada cual en su sitio: a un lado los que mataron, a otro los muertos; a un lado los que se creyeron con el derecho a ejercer una violencia para lograr ventajas grupales, a otro los que sufrieron su criminal ofuscaci&oacute;n y los que se opusieron a ella. Por eso se reclama la participaci&oacute;n de la sociedad. Nada m&aacute;s que para eso. En las v&iacute;ctimas de aquello debe seguir vi&eacute;ndose a s&iacute; misma nuestra ciudadan&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Antonio Rivera </strong><em>es Patrono de la Fundacion Fernando Buesa Blanco</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Rivera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/lugar-ciudadano_132_3562649.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 21 Feb 2017 18:22:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[“Un lugar para el ciudadano”]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El hecho biológico]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/hecho-biologico-paz-eta_132_3774830.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Tengo muy claro que, una vez que ha acampado entre nosotros la paz, esa normalidad mediocre y querida que caracteriza a las sociedades comunes, se trata de defender la democracia con uñas y dientes para que lo ocurrido sea recuerdo conocido y presente</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Fue la del 20-N de 1975 una fecha fundacional, constituyente, de nuestro tiempo democr&aacute;tico? Entiendo que no. Es un hito relevante, ineludible, pero no establece a partir de &eacute;l un antes y un despu&eacute;s. Ese Rubic&oacute;n no tiene que ver con algo que ocurri&oacute; por s&iacute; mismo, como &ldquo;hecho biol&oacute;gico&rdquo; &ndash;la muerte inevitable y en la cama de un viejo dictador-, sino con el protagonismo social, con una actitud proactiva de la sociedad espa&ntilde;ola. Como su nombre indica, seguro que la fecha fundacional, constituyente, del nuevo tiempo democr&aacute;tico coincide con la de la Constituci&oacute;n del 78 y todo lo que lleva consigo (Estatutos, nuevo r&eacute;gimen jur&iacute;dico, nueva cultura pol&iacute;tica&hellip;).
    </p><p class="article-text">
        Con el 20-O de 2011 pasa algo parecido. Lleg&oacute; porque ten&iacute;a que llegar, porque el final de ETA estaba m&aacute;s que amortizado desde hac&iacute;a a&ntilde;os. No sac&oacute; a la gente a las calles y ni siquiera desat&oacute; el champ&aacute;n como dicen que pas&oacute; con el &oacute;bito del dictador. Nadie entendi&oacute; aquello como un antes y un despu&eacute;s. Entre otras cosas porque <strong>era una cuesti&oacute;n de tiempo su final &ndash;otro &ldquo;hecho biol&oacute;gico&rdquo;-</strong> y porque la sociedad vasca era consciente de que, en el ranking de causas de ese final, su oposici&oacute;n al terrorismo no aparec&iacute;a a la cabeza de las mismas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Mejor olvidar.</strong> La gente cambi&oacute; de registro porque el mundo cambi&oacute; de registro. Eso tambi&eacute;n acab&oacute; con ETA, le quit&oacute; el protagonismo que ten&iacute;a. Y, sin protagonismo, el tigre de papel que es el terrorismo &ndash;amenaza violenta concreta y amenaza propagand&iacute;stica generalizada- deja de dar miedo. Lleg&oacute; la crisis econ&oacute;mica mundial, apareci&oacute; el terrorismo internacional, cambi&oacute; el escenario de la pol&iacute;tica general y local, cundi&oacute; el cansancio con tanta violencia, se desvaneci&oacute; lo poco que quedaba de justificaci&oacute;n ideol&oacute;gica &ndash;el t&oacute;tem de El Conflicto- y todo acab&oacute;. Sin m&aacute;s. <strong>Con el mismo patetismo: un tr&iacute;o de encapuchados con boina</strong>, un dictador entubado hasta las trancas. Hechos biol&oacute;gicos en los que algo tuvimos que ver, pero no tanto como quisi&eacute;ramos o presumimos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Es normal olvidar.</strong> Todos los hacemos, individual y colectivamente. Es la manera de sobrevivir a nuestras desgracias, traumas y problemas. Ahora que est&aacute; tan de moda la memoria habr&iacute;a que ensalzar a la par el olvido. Como dec&iacute;a Ernest Renan, las naciones son un colectivo humano que decide olvidar algunas cosas juntos. Como dice David Rieff, solo el olvido consigue superar los mitos que nos permitieron matar. Pero el olvido, el pasar p&aacute;gina, el resignarnos a asumir que, efectivamente, la paz era esto porque no pod&iacute;a ser otra cosa, genera entre algunos una impresi&oacute;n de injusticia. En concreto, las v&iacute;ctimas se sienten cada vez m&aacute;s olvidadas &ndash;la saturaci&oacute;n conmemorativa que vivimos no es el remedio para ello-, el conocimiento y recuerdo de lo que pas&oacute; trata de ser disuelto en una com&uacute;n sensaci&oacute;n victimista &ndash;eso de que todos hemos sufrido- , y el pueblo soberano vasco no hace justicia con su voto a las actitudes pol&iacute;ticas de cada cual en el tiempo pasado: la &eacute;pica del antiterrorismo ya no reporta beneficios y el sostenimiento anterior de la violencia no genera castigo (tampoco lo contrario: Otegi es parte de la vieja pol&iacute;tica).
    </p><p class="article-text">
        Cosas parecidas, y mucho peores, han ocurrido en otras sociedades al salir de un trauma colectivo. Todas las sociedades olvidan, pero eso puede ser causa de tres consecuencias muy peligrosas. <strong>Primero,</strong> el olvido no repara en sus diferentes derechos a las v&iacute;ctimas. Estas y su recuerdo se convierten en fantasmas que vagan y que, sin duda, un d&iacute;a regresar&aacute;n con m&aacute;s fuerza y contundencia y, sobre todo, fuera de un tiempo que las haga comprensibles. Su olvido de hoy es un problema futuro. Lo ocurrido con las v&iacute;ctimas mal enterradas de la guerra civil del 36 es el mejor ejemplo. Por tanto, conocimiento riguroso de lo ocurrido y reparaci&oacute;n estricta de sus derechos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En segundo lugar,</strong> el olvido sanador y comprensible de este instante debilita nuestro proyecto colectivo futuro. Todas las sociedades se soportan en una cultura com&uacute;n m&aacute;s o menos formalizada, un verse a s&iacute; mismos como una misma cosa. &iquest;Qu&eacute; coincidencia se establece sobre el drama del &uacute;ltimo medio siglo? Si cada cual tiene derecho a tener su impresi&oacute;n y recuerdo &ndash;y nadie lo discute como derecho-, &iquest;qu&eacute; nos une de cara al futuro?, &iquest;cu&aacute;les son nuestros valores comunes?, &iquest;hemos reflexionado algo al respecto?, &iquest;es la paz un valor com&uacute;n de futuro o podemos aspirar a que lo sea la democracia, con todo lo que ello exige?, &iquest;tienen ah&iacute; alguna obligaci&oacute;n superior nuestras instituciones o basta con seguir en este parnasillo?
    </p><p class="article-text">
        <strong>Por &uacute;ltimo</strong> y como consecuencia de lo anterior: &iquest;fue y es la actitud de la sociedad vasca el mejor ant&iacute;doto para que lo que hemos sufrido en el tiempo pasado no vuelva a ocurrir? Lo acaba de afirmar as&iacute; el lehendakari Urkullu y esa es la doctrina oficial de su gobierno. Por cierto, una doctrina muy popular y, sin duda, hegem&oacute;nica hoy. Pero, visto lo visto, &iquest;podemos creer en eso? Posiblemente haga falta mucho m&aacute;s. Posiblemente sea necesario <strong>saltar del valor de la paz al de la democracia, de la pasividad a la acci&oacute;n</strong>. Ah&iacute; el compromiso y responsabilidad es de nuestras instituciones. En una democracia no se tiene que forzar al ciudadano a ser ni virtuoso ni h&eacute;roe, pero las instituciones tienen la obligaci&oacute;n de contribuir tambi&eacute;n a ese bien com&uacute;n. Hay muchas cosas que hacer y hay muchas cosas que se est&aacute;n haciendo, pero es obligado reflexionar acerca de cu&aacute;l es el criterio que ha de guiar la acci&oacute;n. Yo tengo muy claro que, una vez que ha acampado entre nosotros la paz, esa normalidad mediocre y querida que caracteriza a las sociedades comunes, se trata de defender la democracia con u&ntilde;as y dientes para que lo ocurrido sea recuerdo conocido y presente, sus v&iacute;ctimas seres reconocidos como parte de nosotros y de nuestras contradicciones como colectivo, y el futuro una posibilidad en la que no cabe asesinar a alguien por pensar (o incluso por hacerlo de manera diferente).
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Rivera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/hecho-biologico-paz-eta_132_3774830.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 23 Oct 2016 16:22:30 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El hecho biológico]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Biología,Euskadi,ETA]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[María no era portuguesa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/maria-portuguesa_132_3888228.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0072c9d5-ab97-462f-9e59-4ef528241ac6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><p class="article-text">
        Resulta que la protagonista de la copla de Carlos Cano no era portuguesa y ni siquiera se llamaba Mar&iacute;a. Tama&ntilde;o descubrimiento ha servido para desvelar otra historia paralela que, siendo m&aacute;s veraz, no es menos interesante que la que ten&iacute;amos equivocadamente por original. La delicada frontera entre realidad y ficci&oacute;n &ndash;un cl&aacute;sico tanto de la literatura como de la existencia humana- ha cobrado en estos tiempos postmodernos naturaleza can&oacute;nica: lo distintivo de nuestra contemporaneidad es que no existe tal linde, no se tiene en cuenta, se trasgrede de manera inmisericorde, como si fuera lo mismo la realidad y la ficci&oacute;n, lo que sabemos que ha ocurrido y lo que sabemos que es un cuento. Quiz&aacute;s la realidad es tan desasosegante y tan poco estimulante que, aun a sabiendas, preferimos, como los ni&ntilde;os, creer en falsedades probadas. Ya lo dijo el sabio de El Roto: &ldquo;&iexcl;Ya basta de realidades. Queremos promesas!&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Si no fuera porque el cinismo ha calado hasta lo m&aacute;s profundo de nuestras sociedades, la vida ser&iacute;a invivible. Los alemanes orientales ten&iacute;an muchos chistes para sobrevivir, del estilo de aquel de &ldquo;ellos hacen como que nos pagan y nosotros como que trabajamos&rdquo; o ese de que &ldquo;en el capitalismo el hombre est&aacute; explotado por el hombre, pero en el socialismo es al rev&eacute;s&rdquo;. Nosotros no hacemos ni chistes porque, a diferencia de aquellos germanos, comunistas a la fuerza, no percibimos el neoliberalismo imperante como dictadura, como imposici&oacute;n a la que reaccionar, sino solo como ambiente, como escenario natural. Indiscutiblemente, han conquistado la hegemon&iacute;a&hellip; por el momento.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, el cinismo, m&aacute;s que la indiferencia, es lo que nos permite sobrevivir. El cinismo interpretado como capacidad para interpretar el absurdo y para saber distinguir lo cierto de lo infame, pero aparentar a la vez un desd&eacute;n por la diferencia casi de gentleman ingl&eacute;s. Tomemos el caso de Vueling y su pen&uacute;ltimo desprop&oacute;sito. Se presenta como un ejemplo de mala suerte, adversidad y algo de mala planificaci&oacute;n heredada de la anterior directiva. Todos sabemos que eso es una mentira de principio a fin. Vueling vende m&aacute;s asientos de avi&oacute;n que aviones disponibles tiene. Para que le cuadren las cuentas no espera que se le mueran o lleguen tarde los pasajeros sobrantes. Eso ser&iacute;a una previsi&oacute;n natural. Solo espera que entiendan que no tienen sitio, que se han visto afectados por el &ldquo;overbooking&rdquo;. &ldquo;Overbooking&rdquo; no significa mal tiempo o accidente o cualquier imprevisi&oacute;n achacable a la naturaleza o al destino. No. &ldquo;Overbooking&rdquo; significa estafa: ofrecer y poner a la venta lo que no se tiene disponible para ello, vender humo. Eso es un delito, aqu&iacute; y en cualquier sitio. Pero el civilizado ciudadano resignado a vivir el para&iacute;so neoliberal prefiere interpretar &ldquo;overbooking&rdquo; como sin&oacute;nimo de mala suerte, fatalidad, y no como lo que es: enga&ntilde;o, farsa y caos.
    </p><p class="article-text">
        La realidad se construye ahora sobre el caos, pero de manera voluntaria, a sabiendas de que en el mismo prosperan quienes lo pueden explotar de alguna forma porque los explotados se van a resignar a tomarlo como natural. Lo de Vueling es solo un ejemplo de los que tenemos cada d&iacute;a. Nuestro trabajo es un caos que nos exige m&aacute;s esfuerzo y nos depara menos satisfacciones que nunca, a pesar de los avances tecnol&oacute;gicos y la mayor inteligencia de la mayor&iacute;a. Se han desmontado a sabiendas todos los mecanismos que anta&ntilde;o nos ofrec&iacute;an alg&uacute;n est&iacute;mulo: solo porque ese factor era precisamente el que nos permit&iacute;a controlar nuestra parte del proceso productivo, algo contradictorio con cualquier idea de explotaci&oacute;n intensiva y unilateral. Pues igual que ocurre en el trabajo ocurre en el resto de la econom&iacute;a y de lo social: se sustrae la parte de autonom&iacute;a de los sujetos, su posibilidad de controlar algo de su vida, tambi&eacute;n cualquier atisbo de l&oacute;gica y colaboraci&oacute;n en los procesos, y se envuelve todo en una explicaci&oacute;n reiterada que confunde a sabiendas la verdad y la mentira.
    </p><p class="article-text">
        El resultado previsible, como dec&iacute;a arriba, es que nos revolvi&eacute;ramos contra ello &ndash;no volviendo a montar en Vueling si alguna vez recobran &ldquo;la normalidad&rdquo;- o que presion&aacute;ramos para el cambio. Pero eso no ocurre as&iacute;: simplemente nos adaptamos al caos y la mentira adoptando una personalidad c&iacute;nica. Incluso, peor, se reelabora intelectualmente esa renuncia y se trata de convertir en conquista. La filosof&iacute;a del tiempo pretende hacernos colar lo indistinguible de la verdad y la mentira como un avance, como una posibilidad para hacer la realidad diferente de como es. Las recreaciones hist&oacute;ricas de acontecimientos o la literatura de ficci&oacute;n se permiten alterar el resultado probado de los hechos, colocando a los tenidos por buenos en el pedestal de la victoria, aunque todos sepamos que perdieron. La historia, en esa excursi&oacute;n posmoderna, se identifica como un relato m&aacute;s, pero &ndash;y esto es lo dif&iacute;cilmente aceptable- del mismo nivel de veracidad que cualquier cuentito de viejas. La &ldquo;memoria colectiva&rdquo; se coloca imp&uacute;dicamente por encima del rigor de la disciplina hist&oacute;rica y los recuerdos deformados por el tiempo y la conveniencia se priorizan frente a lo mucho o poco que fehacientemente sabemos de lo que ocurri&oacute;. As&iacute; nos luce el pelo.
    </p><p class="article-text">
        Lo no cierto puede ser m&aacute;s estimulante que la verdad. La ficci&oacute;n puede resucitar el aroma de un tiempo con m&aacute;s capacidad que la literatura hist&oacute;rica. Todo se puede cuestionar despu&eacute;s de comprobar que el conocimiento de lo que ocurre nunca es completo, ni acabado ni veraz. Pero, siendo as&iacute;, es m&aacute;s cierto que lo que se sabe que es mentira o ficci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Por ese camino feliz de ocultar la realidad inc&oacute;moda llegamos a la comodidad c&iacute;nica para soportar lo que ocurre. Son dos caras de una misma moneda: una resignada; la otra aparentemente emancipadora. El resultado final es que nos acomoda m&aacute;s lo no cierto y que por esa v&iacute;a ni La Portuguesa es tal ni Vueling nos roba: solo es cuesti&oacute;n del t&eacute;rmino que se utilice.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Rivera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/maria-portuguesa_132_3888228.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 24 Jul 2016 18:12:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[María no era portuguesa]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El precio del poder]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/hegemonia-conservador-pnv-eurocomunismo-cupo_132_4022479.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hace casi un siglo un pensador italiano, de nuevo de moda, Antonio Gramsci, identific&oacute; el pensamiento hegem&oacute;nico como esa visi&oacute;n de la realidad que espont&aacute;neamente hace suya la mayor&iacute;a social. Un siglo antes, en 1801, un autor hoy menos popular, Antoine Destutt de Tracy, hab&iacute;a dejado escrito que las ideas dominantes de una &eacute;poca son las de la clase hegem&oacute;nica, que consigue con ellas hacer pasar por ordinarias e indiscutibles, l&oacute;gicas y naturales, las relaciones de subordinaci&oacute;n de unos individuos respecto de otros. En los dos casos, adem&aacute;s de advertirse sagazmente la trastienda de la realidad, se formulaba una propuesta de acceso al poder que no pasara inevitablemente por la v&iacute;a revolucionaria sino por la capacidad paciente y h&aacute;bil para imponer las ideas propias a la mayor&iacute;a social, hasta hacer que esta confundiera lo que es normal con lo que le ha vendido esa corriente pol&iacute;tica. Alguno de los nuevos grupos pol&iacute;ticos ha devuelto a la peana intelectual a Gramsci, a pesar de que no result&oacute; muy eficaz cuando en los a&ntilde;os setenta los padres de los de ahora echaron mano de &eacute;l para dar vida a experimentos como el eurocomunismo.
    </p><p class="article-text">
        La reedici&oacute;n de ese empe&ntilde;o &ndash;alcanzar los cielos sin romper la vajilla- resulta si cabe m&aacute;s problem&aacute;tica en Euskadi. Cuando casi todo lo que era s&oacute;lido se ha esfumado, solo queda en pie lo m&aacute;s viejo y rancio del lugar: el nacionalismo vasco m&aacute;s burgu&eacute;s, cl&aacute;sico y atemperado. Pero ninguno como &eacute;l resume el pensamiento mayoritario de la sociedad vasca. Un pensamiento hegem&oacute;nico de verdad, no se pierda de vista, construido por una clase igualmente hegem&oacute;nica que &ndash;volvemos a Gramsci- ha podido articular sus intereses e ideas con los de otros grupos&hellip; poniendo a estos bajo su control.
    </p><p class="article-text">
        La transici&oacute;n a la democracia, con toda su complejidad, fue el instante en que el nacionalismo vasco fue capaz de llevar a cabo esa suma de fuerzas y esa conversi&oacute;n mayoritaria de la sociedad vasca a una serie de creencias que, finalmente, se tomaron como quintaesencia del pa&iacute;s. Aunque no sea de consumo cotidiano &ndash;es un asunto muy t&eacute;cnico y los cat&oacute;licos no hablamos de dinero-, el Concierto Econ&oacute;mico (y el Cupo) representa a las mil maravillas esa manera mayoritaria de vernos a nosotros mismos y con respecto a los dem&aacute;s. Y tambi&eacute;n, esa condici&oacute;n irrenunciable cuyo cuestionamiento supondr&iacute;a en paralelo el de todos nuestros compromisos con el resto de espa&ntilde;oles. El privilegio convertido comunitariamente en dogma, en derecho, en esencia, en &ldquo;volkgeist&rdquo; (en esp&iacute;ritu popular colectivo). La fotograf&iacute;a de los cinco o seis l&iacute;deres de los principales partidos vascos, viejos y nuevos (con alguna excepci&oacute;n), cerrando filas a favor del Concierto Econ&oacute;mico en la portada del peri&oacute;dico del &ldquo;establishment&rdquo; es la imagen &uacute;ltima de esa victoria nacionalista.
    </p><p class="article-text">
        Pero no hay que ser muy perspicaz para identificar otras muchas: la primac&iacute;a del conocimiento del euskera en t&eacute;rminos de titulaci&oacute;n (que no de uso) a la hora de acceder a empleos p&uacute;blicos o de prosperar en la vida p&uacute;blica (un ejemplo de libro de alienaci&oacute;n aceptada por la mayor&iacute;a social); la autopercepci&oacute;n favorable respecto al resto de espa&ntilde;oles (sin excepci&oacute;n); la presencia constante de lo comunitario tradicional (a pesar de nuestra objetiva condici&oacute;n de sociedad postmoderna); nuestra convicci&oacute;n de constituir un pa&iacute;s solidario y progresista en lo social y pol&iacute;tico; nuestras mentiras aceptadas para explicarnos nuestra historia e incluso la autocomplacencia a la hora de ver nuestro pasado de terrorismo m&aacute;s inmediato solo (o b&aacute;sicamente) como un error; y muchos etc&eacute;teras m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Podr&aacute; la nueva pol&iacute;tica &ndash;y sus nuevos grupos- contravenir esos lugares comunes, ponerlos en cuesti&oacute;n? Lamentablemente, por las muestras, por su confirmada popularidad electoral y por sus tomas de postura, creo que no. Creo que est&aacute;n m&aacute;s en la pomada de lo com&uacute;n, en las &ldquo;mentiras de nuestros padres&rdquo; que soportan la colectividad, que en los criterios innovadores que se interrogan sobre lo existente, sobre lo que ha sostenido d&eacute;cadas de vieja pol&iacute;tica y, con ella, a esos &ldquo;Inoxidables de Euskadi&rdquo; que son el nacionalismo y el conjunto de grupos pol&iacute;ticos que durante a&ntilde;os no le han disputado a aquel un gramo de su hegemon&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        En 1906 los socialistas, todav&iacute;a marginales en la pol&iacute;tica vasca, revolucionarios, llevaron a cabo una campa&ntilde;a denunciando c&oacute;mo el manejo del autogobierno fiscal por parte de las oligarqu&iacute;as que dominaban las diputaciones vascongadas hac&iacute;a recaer sobre el pueblo las cargas fiscales y maniataba la autonom&iacute;a de los municipios, &uacute;nicas instituciones a las que poco a poco llegaba la democracia verdadera (sin fraudes) y, con ella, sus representantes. Su campa&ntilde;a la presidi&oacute; el rotundo lema de &ldquo;Autonom&iacute;a para todos o abajo el Concierto Econ&oacute;mico&rdquo;. Por supuesto, la casi totalidad de fuerzas pol&iacute;ticas de entonces los desautoriz&oacute; como contrarios a los intereses del pa&iacute;s, por pedir la revisi&oacute;n de un procedimiento que no favorec&iacute;a a este en su conjunto y que contraven&iacute;a los criterios de libertad y justicia de aquel partido.
    </p><p class="article-text">
        En 1923, uno de los portavoces socialistas de entonces hab&iacute;a llegado ya a la alcald&iacute;a de Bilbao &ndash;Rufino Laiseca, el &uacute;nico de la historia- y, con su partido ya integrado en el grupo hegem&oacute;nico del pa&iacute;s (quiz&aacute;s solo as&iacute; se puede acabar siendo alcalde), afirmaba convencido que el Concierto no era un privilegio sino una manera de ser de los vascos. Para entonces ya formaban parte del pensamiento com&uacute;n, el que te da la llave de acceso para compartir el poder en un lugar y para no poner nunca en peligro las bases en que se soporta&hellip; aunque sean contradictorias con lo que t&uacute; proclamas.
    </p><p class="article-text">
        Aunque dicen las encuestas que puede cambiar algo la pr&oacute;xima fotograf&iacute;a electoral vasca, no tengo similar convicci&oacute;n de que veremos cambiar la hegemon&iacute;a y los lugares comunes de Euskadi gracias a los que vienen, disciplinados y obedientes para estas horas con todo lo que reclama la intangible y presente esencia del 'paisito'. Mucha gente descree para estas horas de parte de los hombres y mujeres de la &ldquo;vieja pol&iacute;tica&rdquo;, y desea renovar las caras de sus representantes, e incluso sus liturgias y est&eacute;tica. Esas encuestas y los &uacute;ltimos votos as&iacute; lo certifican. Pero no creo que, m&aacute;s all&aacute; de esas invocaciones gen&eacute;ricas a la justicia social y a los evidentes culpables de la crisis, su aspiraci&oacute;n sea hacer pol&iacute;tica sobre creencias diferentes de las que han primado aqu&iacute; durante los &uacute;ltimos cuarenta a&ntilde;os. Sus manifestaciones en ese sentido son tan palmarias como sus buenos resultados electorales. Y es que, posiblemente, hasta ah&iacute; quiere la gente que lleguen y hasta ah&iacute; van a querer (y poder) llegar ellos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Rivera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/hegemonia-conservador-pnv-eurocomunismo-cupo_132_4022479.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 27 Apr 2016 22:44:46 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El precio del poder]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Concierto económico]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El control de la agenda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/control-agenda_132_2404917.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">En Euskadi el control de la agenda ha estado en manos del nacionalismo vasco desde que se resolviera la Transición</p></div><p class="article-text">
        El control de la agenda p&uacute;blica es la mitad del poder en pol&iacute;tica. Conseguir influir en qu&eacute; se discute hasta determinar si es l&oacute;gico y l&iacute;cito hablar de determinada cosa y no de otra. Formar&iacute;a parte de aquello de Gramsci de ganar la hegemon&iacute;a: controlar de lo que se habla, de lo que se puede hablar. De paso, enviar al ostracismo a quien osa hablar de lo que no se debe, de lo que no puede ni plantearse la comunidad. Anta&ntilde;o se habr&iacute;a llamado el control de las conciencias; en sociedades abiertas se tratar&iacute;a del control de la agenda.
    </p><p class="article-text">
        En Euskadi el control de la agenda ha estado en manos del nacionalismo vasco desde que se resolviera la Transici&oacute;n. No ha habido gobierno espa&ntilde;ol, desde Su&aacute;rez hasta Rajoy, con entusiasmo pragm&aacute;tico o a rega&ntilde;adientes, que no haya considerado que el nacionalismo, o mejor, el PNV, era la representaci&oacute;n genuina de todos los vascos, que era lo apropiado negociar sobre todo con &eacute;l antes que con cualquier otro (incluidos o empezando por los suyos).
    </p><p class="article-text">
        Consecuencia de ello ha sido que el PNV &ndash;y el nacionalismo vasco por extensi&oacute;n- ha tenido siempre en sus manos el mando a distancia del pa&iacute;s. Decid&iacute;a de qu&eacute; se hablaba y de qu&eacute; no, de qu&eacute; se pod&iacute;a hablar y de qu&eacute; no, establec&iacute;a las iniciativas y modulaba el ritmo de estas. Si hacemos un repaso a los &uacute;ltimos casi cuarenta a&ntilde;os hemos ido hablando de lo que quer&iacute;a el nacionalismo: el institucional con su control de la agenda p&uacute;blica y el terrorista con las consecuencias (y objeto) de sus acciones.
    </p><p class="article-text">
        Ahora los nacionalistas catalanes han puesto de rebote de actualidad la excepci&oacute;n vasca, el Concierto. Ahora hubieran querido para s&iacute; lo que desde&ntilde;aron durante la Transici&oacute;n: ser tambi&eacute;n excepcionales, disponer de hacienda y autogobierno fiscal. Mal momento para el cambio. Una excepci&oacute;n aplicada al seis u ocho por ciento de la poblaci&oacute;n o del PIB lo es; si se aplica al veinte por ciento deja de serlo para convertirse en un sindi&oacute;s. Por eso nuestros nacionalistas est&aacute;n de perfil esperando a ver c&oacute;mo se resuelve todo.
    </p><p class="article-text">
        Pero entre medias, alg&uacute;n atrevido levanta el dedo y repara en la peque&ntilde;a, en el porqu&eacute; unos pocos tienen que disfrutar de la excepci&oacute;n y, por tanto, del privilegio. Consecuencia de ello es preguntarse por el conjunto. Los menos informados disparan contra el Concierto; los m&aacute;s distinguen entre este -privilegio que al menos conlleva el riesgo de la responsabilidad fiscal y que no es garant&iacute;a perpetua de ventaja- y la cuenta del cupo, lo que pagamos por los gastos comunes espa&ntilde;oles de los que no nos ocupamos. Una cuenta, efectivamente, mal hecha desde su origen. Yo dir&iacute;a que desde 1878 y, desde luego, no menos desde la recuperaci&oacute;n del autogobierno fiscal con la democracia. Todo lo que rodea al Concierto (y al cupo) ha venido hist&oacute;ricamente velado por la opacidad y el chalaneo. El procedimiento de lectura &uacute;nica es su expresi&oacute;n jur&iacute;dica y tambi&eacute;n pol&iacute;tica. La secuencia de controladores de la agenda p&uacute;blica a trav&eacute;s del mecanismo del Concierto nos ilustra acerca de la naturaleza de nuestros se&ntilde;ores desde hace siglo y medio: emergentes capitanes de empresa durante la Restauraci&oacute;n canovista, cuerpo foral franquista en la dictadura y defensores del <em>statu quo</em> de la ventaja durante la presente democracia (con el nacionalismo empresarial al frente, el vasquista y el espa&ntilde;olista).
    </p><p class="article-text">
        Ha bastado que otro catal&aacute;n proponga cuestionarse la excepci&oacute;n para que toda la clase pol&iacute;tica, todos los medios de comunicaci&oacute;n y todo el que abre la boca en este pa&iacute;s proclame aquello de que la ventaja, la excepci&oacute;n, no se toca. A&uacute;n m&aacute;s: que quien lo dice no pertenece a la comunidad pol&iacute;tica, que se ubica fuera de ella de partida, aunque no haya hablado a&uacute;n el pueblo soberano. Todos los <em>outsiders</em> de la pol&iacute;tica vasca en la historia &ndash;de los socialistas a Podemos- han aprendido r&aacute;pido que para entrar en sociedad, para ser aceptados por los amos, para compartir el espacio hegem&oacute;nico, tienen que proclamarse grandes defensores del privilegio, del Concierto (y de la cuenta del cupo).
    </p><p class="article-text">
        Luego de nuestra relaci&oacute;n con el exterior, ni hablamos. &iquest;Y qu&eacute; pasa de nuestras relaciones interiores? Estas no son menos complejas para la comprensi&oacute;n del gran p&uacute;blico y tienen la dificultad de no poderse condensar todav&iacute;a en una frase que condene a quien osa plantear ah&iacute; alg&uacute;n cambio. Por lo tanto, igual hay que dejarlo correr. Se pretende hablar de una reforma de nuestra arquitectura institucional interior y el asunto tiene dif&iacute;cil recibo porque es cierto que cualquier ciudadano aprecia a simple vista que esta es un galimat&iacute;as&hellip; que por cierto empieza con la consecuencia de la excepci&oacute;n de que hablaba hace un momento: somos el &uacute;nico lugar de Europa donde el que recauda (diputaciones) no es el que gasta (gobierno). Los problemas a partir de ah&iacute; son todos: unos pueden tener la pasta y otros la visi&oacute;n conjunta del pa&iacute;s, unos colaborar al conjunto desde su <em>txoko</em> exclusivo y otros tener ideas a aplicar a una colectividad tan abultada y masiva como &iexcl;dos millones de ciudadanos! Adem&aacute;s de esto, duplicidades, gastos innecesarios, cargos superfluos, planificaciones imposibles, torpedeos internos y dem&aacute;s morralla.
    </p><p class="article-text">
        Deber&iacute;a poder hablarse de la dichosa LTH y de los problemas que ha causado al pa&iacute;s desde 1983. Hay que hacerlo y hacerlo con decisi&oacute;n. Hay que meterlo en la agenda p&uacute;blica. El mal no procede del exterior; habita entre nosotros, somos tambi&eacute;n generadores y culpables de &eacute;l. Y lo podemos evitar. Pero para eso es necesario hablar. Y hacerlo sin la coartada o la coacci&oacute;n de ligar el debate de las relaciones interiores a las exteriores. Porque si se hace as&iacute; volvemos al control de la agenda por los de siempre.
    </p><p class="article-text">
        Es un asunto poco popular, porque el tema tiene una importante dimensi&oacute;n t&eacute;cnica, apreciada sobre todo por los que viven dentro de las administraciones. Pero es un asunto de importancia. No todo lo que se resuelve en un eslogan lo es; este asunto, que todav&iacute;a no encaja en ninguno, ni a favor ni en contra, es de primera divisi&oacute;n. Y, a semejanza de lo que pasa con la espita del cupo, no hay por qu&eacute; pensar que la consecuencia o conclusiones del debate est&eacute;n prefijadas o inevitablemente tengan que ir en determinada direcci&oacute;n. &iquest;O s&iacute;?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Rivera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/control-agenda_132_2404917.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 31 Oct 2015 17:58:04 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El control de la agenda]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Inoxidables de Euskadi]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/inoxidables-euskadi_132_2654815.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Las municipales son las elecciones m&aacute;s agradecidas que hay. Son como la loter&iacute;a de Navidad: a todo el mundo le toca algo y todo el mundo encuentra un consuelo. Con algunos votos menos que antes puedes tener m&aacute;s concejales y poder, o viceversa. All&iacute; pierdes algo y aqu&iacute; lo ganas. Y si no, siempre cabe la coda de que estos comicios no son extrapolables a los anteriores o a los que vengan, ni tampoco comparables exactamente en sus resultados con ellos. De manera que el an&aacute;lisis siempre cuadra y no es f&aacute;cil fallar. El problema es decir algo novedoso o de inter&eacute;s. Veamos.
    </p><p class="article-text">
        La principal pregunta para la ocasi&oacute;n es si en Euskadi se ha producido el mismo terremoto que en el resto de Espa&ntilde;a, si los partidos tradicionales han sufrido igual ante el avance de los emergentes. Aqu&iacute;, los del 'R&eacute;gimen del 78', recu&eacute;rdese, son cuatro y no dos. Y uno mira a vista de p&aacute;jaro o con microscopio y concluye que algo, pero poco, que todav&iacute;a no han alterado demasiado ese cuadro. El incremento ha sido reducido en n&uacute;mero de concejales (un 3%) y el volumen de los ajenos a la tetrarqu&iacute;a municipal del paisito sigue en un exiguo 15%. Otra cosa es que los mordiscos hayan podido desequilibrar la posici&oacute;n anterior de algunos (Bildu y los socialistas, sobre todo) en algunos municipios y en la visi&oacute;n de conjunto. Pero la irrupci&oacute;n incontrolada de las candidaturas populares o directamente de Podemos o Ciudadanos deber&aacute; quedar aqu&iacute; para mejor ocasi&oacute;n. Nada demasiado importante depender&aacute; a&uacute;n de ellos porque han hecho gala de un exceso de improvisaci&oacute;n, inconsistencia y &uacute;ltima hora, e incluso de divisi&oacute;n. Aunque en otros sitios no han tenido m&aacute;s tiempo ni m&aacute;s destreza y les ha ido mejor.
    </p><p class="article-text">
        Se confirma, por tanto, la mayor solidez del sistema vasco de partidos. No porque sea m&aacute;s lozano, din&aacute;mico, joven o saludable, en absoluto, sino simplemente porque en f&iacute;sica cuatro patas sostienen mejor que dos. Cuatro formaciones ocupan m&aacute;s espacio de oferta para satisfacer las demandas en lo pol&iacute;tico de los ciudadanos. Y la f&iacute;sica vuelve a explicar que hay m&aacute;s tensi&oacute;n reactiva entre cuatro que entre dos. Lo que no es &oacute;bice para que estas patas se hubieran seguido astillando, como ha ocurrido, por ejemplo, en Catalu&ntilde;a. Pero no ha pasado aqu&iacute;, de lo que se concluye que nuestra fidelidad sigue siendo m&aacute;s constante &ldquo;que en el Estado&rdquo;: seguimos siendo m&aacute;s constantes en lo de votar en contra de.
    </p><p class="article-text">
        Cuesti&oacute;n distinta es que, manteni&eacute;ndose el &aacute;rbol en pie, haya llovido por igual para todas sus ramas. Y aqu&iacute; hay que concluir que solo ha habido un ganador: el PNV. Incrementando &ldquo;solo&rdquo; un 10% sus votos se volver&aacute; a hacer con las tres diputaciones y posiblemente con cinco de las ocho localidades m&aacute;s pobladas. Y surge la pregunta: &iquest;c&oacute;mo resiste un partido tan viejo como el PNV ante el vendaval de 'novismo' a que asistimos? Lo tendr&aacute; que estudiar alguna ciencia dura, porque si hay un partido antiguo y envejecido es el PNV: d&eacute;cadas manejando poder de todas las maneras posibles, estructura partidaria cl&aacute;sica, discurso ideol&oacute;gico tradicionalista, formas demod&eacute;s incluso cuando trata de aparentar modernidad est&eacute;tica, corruptelas y chanchullos totalmente legales. Se podr&iacute;a seguir. Y ah&iacute; sigue, incombustible e inoxidable, y tan alejado de la novedad que no le amenaza nadie por ah&iacute;, a diferencia de lo que les pasa a sus competidores. Tan centrado en su inmovilismo gubernamental que ha vuelto a servir de clavo ardiendo para quienes en una legislatura se han hastiado del doctrinarismo de la izquierda <em>abertzale</em>. Lo de Guip&uacute;zcoa as&iacute; lo dice. Solo le ha fallado la plaza vitoriana, donde tan aparentemente f&aacute;cil era ocupar ese espacio entre el extremismo de Maroto y la amenaza paracaidista de Bildu. No todo puede salir bien. Los de la izquierda <em>abertzale</em> no han conseguido atrincherarse en el poder a base de pol&iacute;tica sectaria, gobernando solo para los suyos, y el PNV ha aparecido m&aacute;s &ldquo;nacional&rdquo;, abierto, que ellos. Parece cosa f&aacute;cil, pero no lo es tanto convencer de la bondad de pol&iacute;ticas no sectarias en Euskadi.
    </p><p class="article-text">
        Pero el duelo sigue atrincherado en la casa de los todav&iacute;a dos grandes partidos espa&ntilde;oles, la quintaesencia del 'R&eacute;gimen del 78'. Lo de los populares empieza a ser serio. La plaza de Vitoria y su consiguiente buen guarismo alav&eacute;s no pueden ocultar su desaparici&oacute;n f&iacute;sica del territorio municipal. Y ahora sin pistolas de por medio; una reflexi&oacute;n a tener en cuenta. Tampoco que no hayan tenido competidor alguno en su campo. Vamos, que se han borrado ellos solos. El desequilibrio interno de representaci&oacute;n p&uacute;blica, totalmente basculada hacia &Aacute;lava, acabar&aacute; estallando en cuanto pase la <em>Pax Mariana</em>, justo despu&eacute;s de las elecciones de oto&ntilde;o. Entonces el hoy ministro Alonso dejar&aacute; claro a sus correligionarios del norte cu&aacute;les son sus poderes, los &uacute;nicos que puede exhibir el PP vasco.
    </p><p class="article-text">
        Y lo de los socialistas vuelve a ser otra gran oportunidad, salvo que salvar los muebles, recuperar alguna plaza o volver a la pol&iacute;tica de &ldquo;Uni&oacute;n Sagrada&rdquo; de los 80-90 y servir de muleta al poder del PNV para preservar docena y media de puestos para los suyos les nuble otra vez m&aacute;s la visi&oacute;n. De derrota en derrota hasta la derrota final, dando tiempo a los emergentes a que a la siguiente lo consigan. Deber&iacute;an estudiar por qu&eacute; coinciden en diversos lugares fracasos estrepitosos con resultados medianos. Las municipales y forales, por aquello de la cercan&iacute;a, suelen tener que ver con la capacidad de penetraci&oacute;n y presencia en las comunidades locales, con el prestigio o no de tus representantes, con la labor realizada con anterioridad y con un conocimiento ciudadano bastante m&aacute;s profundo de lo que parece. Idoia Mendia, igual que Pedro S&aacute;nchez, ha salvado la posici&oacute;n en la primera prueba, pero m&aacute;s le valdr&iacute;a evitarse los previsibles sustos en la que viene: por ejemplo, puede conseguir por vez primera que una provincia en Espa&ntilde;a no mande representaci&oacute;n socialista a las Cortes. Para evitarlo tendr&aacute; que hacer pol&iacute;tica y tendr&aacute; que tomar decisiones.
    </p><p class="article-text">
        Por delante, entonces, una legislatura municipal y foral que augura mayores emociones e incertidumbre que alegr&iacute;as y satisfacciones por la prosperidad del bien com&uacute;n. La, a pesar de todo, mayor fragmentaci&oacute;n del mapa pol&iacute;tico y la dificultad para conformar mayor&iacute;as estables, as&iacute; como la ausencia de perfiles pol&iacute;ticos atractivos y con talla de dirigentes en estos momentos, conducir&aacute; a decisiones de corto y medio plazo, siempre marcadas por la desconfianza en el socio, las cambiantes distancias respecto de los competidores y lo limitado de los recursos p&uacute;blicos. Porque anta&ntilde;o, cuando hubo dinero, esto no fue problema: se pod&iacute;a hacer una pol&iacute;tica y la contraria, y ser complaciente no costaba demasiado, no hab&iacute;a que elegir; casi ni que hacer pol&iacute;tica. Ahora todo es distinto y los emergentes, por fortuna, van a contar con m&aacute;s tiempo, m&aacute;s experiencia, m&aacute;s visibilidad, m&aacute;s ambici&oacute;n y m&aacute;s recursos. Porque si todo lo que es s&oacute;lido se acaba desvaneciendo en el aire, esto le pasa sobre todo a lo que ya est&aacute; oxidado.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Rivera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/inoxidables-euskadi_132_2654815.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 25 May 2015 17:44:45 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Inoxidables de Euskadi]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Elecciones Municipales,Euskadi]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Y el propósito de la enmienda?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/proposito-enmienda_132_4360111.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        En 1977, cincuenta a&ntilde;os despu&eacute;s de su ejecuci&oacute;n, el gobernador por Massachusetts, Michael Dukakis, rehabilit&oacute; a los anarquistas <a href="https://www.google.es/url?sa=t&amp;rct=j&amp;q=&amp;esrc=s&amp;source=web&amp;cd=1&amp;cad=rja&amp;uact=8&amp;ved=0CCEQFjAA&amp;url=http%3A%2F%2Fes.wikipedia.org%2Fwiki%2FMuerte_de_Sacco_y_Vanzetti&amp;ei=cE3rVO-GDsXkaJSxgYAK&amp;usg=AFQjCNHGWgo1WTy0tEb9WF1HvtVvVHgSyQ&amp;bvm=bv.86475890,d.ZWU" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Sacco y Vanzetti</a>, condenados en ausencia de un juicio con garant&iacute;as. En 2013, casi sesenta a&ntilde;os despu&eacute;s de su suicidio, el gobierno de la reina Isabel II exoner&oacute; de sus cargos al matem&aacute;tico y homosexual <a href="https://www.google.es/url?sa=t&amp;rct=j&amp;q=&amp;esrc=s&amp;source=web&amp;cd=1&amp;cad=rja&amp;uact=8&amp;sqi=2&amp;ved=0CCEQFjAA&amp;url=http%3A%2F%2Fes.wikipedia.org%2Fwiki%2FAlan_Turing&amp;ei=iU3rVJqWBJHeavzCgOAO&amp;usg=AFQjCNEorEYNq5rOZft43BRd_DqrrzLKAA&amp;bvm=bv.86475890,d.ZWU" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Alan Turing</a>, a quien hemos recordado recientemente en la pel&iacute;cula 'The imitation game'. Quince a&ntilde;os despu&eacute;s de su asesinato, el Gobierno vasco ha expresado oficialmente su reconocimiento a Fernando Buesa y a su escolta, el ertzaina Jorge D&iacute;ez, al igual que al consejero Jos&eacute; Ram&oacute;n Recalde, gravemente herido en otro atentado.
    </p><p class="article-text">
        En este caso no se trata de rehabilitar o exonerar a ning&uacute;n reo injustamente tratado, sino de realizar una reflexi&oacute;n autocr&iacute;tica por parte del Gobierno &ldquo;<em>sobre lo que no se ha hecho, o se ha hecho de una manera silente o se ha hecho tarde; o sobre lo que nos ha dividido frente a lo que nos une del modo m&aacute;s real y aut&eacute;ntico: el rechazo a la violencia y la solidaridad con las v&iacute;ctimas</em>&rdquo;. Sin citarlo expresamente, se recuerdan aquellos d&iacute;as del Gobierno de Ibarretxe, g&eacute;lidos con las v&iacute;ctimas, ajenos a la profunda significaci&oacute;n del crimen pol&iacute;tico, del magnicidio que supon&iacute;an estos casos &ndash;Buesa hab&iacute;a sido vicepresidente del Gobierno vasco y diputado general de &Aacute;lava-, y pragm&aacute;ticos hasta la n&aacute;usea: se volv&iacute;a al acuerdo con el brazo civil de los asesinos en cuanto se hab&iacute;a despejado la polvareda de la conmoci&oacute;n. Como bien <a href="http://www.eldiario.es/politica/familia-Buesa-Gobierno-Vasco-altura_0_358714974.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ha respondido la Fundaci&oacute;n Fernando Buesa en una nota</a>, han pasado quince largos a&ntilde;os, pero es de buen recibo el reconocimiento. Nunca es tarde si la dicha es buena.
    </p><p class="article-text">
        La nota gubernamental tiene algunos p&aacute;rrafos esperanzadores, ahora que se discute acerca de c&oacute;mo se recordar&aacute; la historia del terrorismo en Euskadi. Se recordar&aacute;, supongo, a partir de un diagn&oacute;stico acerca de qu&eacute; fue lo determinante para que este comenzara y se mantuviera en el tiempo. He ah&iacute; la cuesti&oacute;n. Y en la breve nota hay contundencia y tino. Dice que se ha tratado de &ldquo;<em>cr&iacute;menes amparados en una estructura perversa que considera que matar a un semejante que piensa diferente es un medio leg&iacute;timo de obtener fines pol&iacute;ticos</em>&rdquo;. Dice que ocurri&oacute; &ldquo;<em>porque grupos y personas consideraron que la defensa de una convicci&oacute;n ten&iacute;a m&aacute;s valor que la dignidad humana</em>&rdquo;. Y remata diciendo que &ldquo;<em>ninguna certeza debe situarse, como si fuera un valor absoluto, por encima del valor de los derechos humanos</em>&rdquo;. Inmanuel Kant parece haber redactado la nota a partir de su imperativo categ&oacute;rico: piensa en el ser humano como un fin, no como un medio.
    </p><p class="article-text">
        Hay un problema: esto ya lo hemos vivido m&aacute;s veces. Recordar&eacute; solo tres, entre otras m&aacute;s. El largo documento del Acuerdo de Ajuria Enea (1988) se&ntilde;alaba que la opci&oacute;n de la violencia ten&iacute;a por objeto &ldquo;<em>imponer modelos pol&iacute;ticos alternativos</em>&rdquo;. Es decir, que se entend&iacute;a que no era una reacci&oacute;n ante unas garant&iacute;as pol&iacute;ticas inexistentes o limitadas, sino una opci&oacute;n de parte, una elecci&oacute;n estrat&eacute;gica para hacer prevalecer una propuesta pol&iacute;tica al margen de los mecanismos de competici&oacute;n democr&aacute;tica y c&iacute;vica. Todav&iacute;a lo reiter&oacute; con m&aacute;s claridad el lehendakari Ardanza en una conferencia suya en la Fundaci&oacute;n Sabino Arana, terminando 1992: &ldquo;<em>El conflicto que est&aacute; en la base de la violencia no consiste en un contencioso no resuelto entre el Pueblo vasco y el Estado espa&ntilde;ol, sino en que una minor&iacute;a de vascos se niega a aceptar la voluntad de la mayor&iacute;a y emplea para imponer la suya el instrumento de la &lsquo;lucha armada&rsquo;</em>&rdquo;. Y qu&eacute; decir del punto tercero de la declaraci&oacute;n de la Mesa de Ajuria Enea tras el asesinato de Miguel &Aacute;ngel Blanco (1997): &ldquo;<em>[El pueblo] no puede creer que est&eacute; conviviendo con tanta gente a la que este vil asesinato no le provoque una palabra de protesta, un gesto de compasi&oacute;n, un grito de condena</em>&rdquo;. En consecuencia, todos los partidos abajo firmantes se negaban a actuar &ldquo;<em>en la defensa de ninguna causa, por leg&iacute;tima que en s&iacute; sea, con quienes con su palabra de apoyo o con su silencio cobarde se han hecho c&oacute;mplices de tan abominable asesinato</em>&rdquo;. La historia ha ido impugnando una tras otra tan contundentes declaraciones. El pragmatismo de la pol&iacute;tica se ha impuesto siempre.
    </p><p class="article-text">
        Ahora volvemos al hoy. &ldquo;<em>El error no estaba en las imperfecciones del sistema democr&aacute;tico, el error estaba en la pretendida &lsquo;pureza&rsquo; del dogmatismo que ampar&oacute; y promovi&oacute; el recurso sistem&aacute;tico al terrorismo</em>&rdquo;. Eso afirma el documento del gobierno vasco del pasado viernes 20 de febrero. A la cabeza de las causas por las que algunos optaron por continuar con el terrorismo como estrategia pol&iacute;tica estaba una elecci&oacute;n hecha por su parte, no otra cosa. Pues bien, &iquest;por qu&eacute; no trasladan la rotundidad de esa declaraci&oacute;n a la filosof&iacute;a de su Plan de Paz y Convivencia? &iquest;C&oacute;mo contestar al exrector Pello Salaburu el otro d&iacute;a cuando les espet&oacute; que de nada val&iacute;a tal plan si en el mismo no aparec&iacute;an las palabras asesinato, extorsi&oacute;n o secuestro? &iquest;En qu&eacute; ha consistido entonces esto del terrorismo? Y no es cuesti&oacute;n de palabras, por supuesto, sino de las acciones y estrategias que se desprenden de ellas.
    </p><p class="article-text">
        El problema de la declaraci&oacute;n gubernamental del otro d&iacute;a no es que llegue quince a&ntilde;os tarde. Lo peor es que no es consecuente con lo que el Gobierno hace en ese asunto. No tiene ni un &aacute;pice de rotundidad su plan a la hora de dejar claro que este fue un combate entre el totalitarismo absolutista y la democracia relativista, y no entre vascos que opinaban de maneras diferentes, o de 'vascos equivocados' contra los dem&aacute;s. Ni tampoco que las circunstancias del entorno justificaran o empujaran a la acci&oacute;n violenta. Mientras esas rotundidades sean solo discursivas, para las ocasiones en que la urgencia social o el incomodo de la historia te soplan la nuca, habr&aacute; que pensar que la convicci&oacute;n no es mucha, que el pragmatismo instrumental, utilitarista, sigue mandando aqu&iacute;. O que seguimos gobernados por democristianos afectos a una lectura equivocada de ese rengl&oacute;n de la Biblia que dice que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda. Un gobierno donde en una puerta de Lehendakaritza est&aacute; el redactor de esa declaraci&oacute;n y en la de al lado el responsable del dichoso plan.
    </p><p class="article-text">
        El sacramento cat&oacute;lico de la penitencia tiene cinco pasos. Uno de ellos es el prop&oacute;sito de la enmienda, la voluntad de corregir en la pr&aacute;ctica una mala acci&oacute;n anterior. &iquest;Puede explicar el lehendakari Urkullu en qu&eacute; va a consistir ese prop&oacute;sito y c&oacute;mo afecta ello a la filosof&iacute;a de su esquivo plan?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Rivera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/proposito-enmienda_132_4360111.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 23 Feb 2015 18:41:04 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[¿Y el propósito de la enmienda?]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Plan de Paz y Convivencia,Fernando Buesa]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los pobres no leen]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/pobres-leen_132_4425626.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Espa&ntilde;a se encuentra en el grupo de pa&iacute;ses para los que el analfabetismo no es un problema: casi el 98% de la poblaci&oacute;n sabe leer. Pero algo m&aacute;s de un tercio de esos ciudadanos no ejerce cotidianamente esa habilidad. No lee ni libros ni peri&oacute;dicos, y suponemos que limitar&aacute; su capacidad a distinguir por el r&oacute;tulo una panader&iacute;a de una tienda de muebles o a comunicarse de aquella manera (y lengua) con los diferentes artilugios de la sociedad digital, que de eso nadie se priva. Esos ajenos a la lectura argumentan por mitades que no tienen tiempo (sic) o que semejante ejercicio no les interesa o no les gusta. Vamos, que no se les ha perdido nada en este tipo de letras, algo que resulta imposible de entender para los que pertenecemos y participamos de la vieja cultura libresca.
    </p><p class="article-text">
        Esto de arriba lo dec&iacute;a el CIS en su &uacute;ltima encuesta. Coincidiendo con esta noticia me he entretenido con una investigaci&oacute;n que analiza la lectura voluntaria entre los estudiantes espa&ntilde;oles de diez a dieciocho a&ntilde;os, por territorios, g&eacute;neros y &ldquo;caracter&iacute;sticas asociadas&rdquo;. Es un art&iacute;culo de un grupo de estudiosos andaluces encabezado por Ram&oacute;n Mendoza y reci&eacute;n publicado en la revista &ldquo;Erebea&rdquo;. Ya saben, los chavales bromean con este di&aacute;logo: &ldquo;&iquest;Cu&aacute;l es el &uacute;ltimo libro que le&iacute;ste voluntariamente? &lsquo;Teo va a la escuela&rsquo;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sint&eacute;ticamente, el estudio concluye que una cuarta parte de esos estudiantes nunca ha le&iacute;do por voluntad propia. Entre estos son el doble los chicos que las chicas y, cuanto m&aacute;s crecen, peor. Los alumnos de secundaria y bachillerato del Norte de la pen&iacute;nsula y los de Madrid leen m&aacute;s que los de las zonas mediterr&aacute;nea y meridional del pa&iacute;s. Catalu&ntilde;a y la zona centro quedan en un intermedio. La fotograf&iacute;a regional coincide con el mapa del analfabetismo en la Espa&ntilde;a&hellip; de hace ciento cincuenta a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        El estudio se introduce en los h&aacute;bitos de los alumnos voluntariamente ignorantes: est&aacute;n insatisfechos de su experiencia escolar, no escriben nunca, mal hacen los deberes (sobre todo ellos), tienen mala opini&oacute;n de s&iacute; mismos como estudiantes, han repetido y tienen previsto ponerse a trabajar en cuanto sea posible, pero desde luego no quieren seguir en las aulas. Sigo: padres sin estudios (que no pueden ayudar a los chavales), no colaboraci&oacute;n en las tareas del hogar (esto los muchachos), ausencia de actividades familiares conjuntas en el fin de semana. Sobre su estilo de vida: no llevan casco en la moto, se acuestan tarde a diario y se levantan tarde los s&aacute;bados y domingos, sedentarios, bebedores y fumadores, irrespetuosos con las normas c&iacute;vicas e incluso con los h&aacute;bitos de higiene personal, ven mucha televisi&oacute;n (pero la programada, no v&iacute;deos o similar). Termino: ellos tienden a buscar sensaciones de riesgo y ellas a no dejarse ver por las instalaciones deportivas; tampoco se aplicaron mucho respondiendo a todos los &iacute;tems de la encuesta. Le dan la vuelta a todo lo dicho y encuentran el clich&eacute; de comportamientos de las chicas y chicos lectores.
    </p><p class="article-text">
        Es cierto que hay verdades, mentiras y encuestas (o estad&iacute;sticas), y que todo no ser&aacute; tan previsible y dicot&oacute;mico como presenta el estudio. Pero sin tener que haberlo le&iacute;do, como he hecho yo, cualquier lector podr&iacute;a improvisar lo que se supone acaba siendo un muchacho o una muchacha interesada por la lectura voluntaria y cotidiana, y los que no. Del mismo modo, otras fuentes confirman aspectos de lo dicho: por ejemplo, los informes PISA destacan la mayor capacidad de las chicas, que se va agrandando conforme pasan los a&ntilde;os. O es de sentido com&uacute;n que el pensamiento reflexivo que estimula la lectura insta tambi&eacute;n a elegir conductas de protecci&oacute;n y no de riesgo. Se podr&iacute;a seguir.
    </p><p class="article-text">
        Mi abuela muri&oacute; muy mayor, sin saber leer ni escribir. No fue una elecci&oacute;n voluntaria, quiz&aacute;s porque en su tiempo y en su clase social nada respond&iacute;a a esa condici&oacute;n. Recordaba que su segundo marido intent&oacute; ense&ntilde;arla, pero era ya tarde y de nuevo la viudez y la numerosa prole le recluyeron en la ignorancia, preocupada como ten&iacute;a que estar por otros menesteres m&aacute;s inmediatos. Personalmente me preocupa la incapacidad de las sociedades que se dicen abiertas para serlo realmente: por su culpa, estructural, y por culpa de sus miembros, los ciudadanos. Sociedades abiertas como la nuestra &ndash;y abstraig&aacute;monos en lo posible de la larga coyuntura de crisis presente- repiten casi mec&aacute;nicamente los porcentajes de reproducci&oacute;n de clase entre sus integrantes. La mayor&iacute;a de las clases altas y medias consiguen que sus hijos se ubiquen en esos rangos sociales, y la mayor&iacute;a de la clase obrera se reproduce a trav&eacute;s de los suyos. La movilidad social, la capacidad de los individuos para desclasarse, hacia arriba o hacia abajo, gracias a los recursos que les proporciona su sociedad, se muestra escasa en nuestro pa&iacute;s. Aunque en cifras alcance el 67% -porcentaje de individuos de una clase social distinta a la de sus progenitores-, los movimientos se producen solo entre los &ldquo;grupos lim&iacute;trofes&rdquo;. En realidad, la movilidad se paraliz&oacute; incluso antes de que comenzara esta &uacute;ltima gran crisis y ya manifestaba una distancia respecto del potente &ldquo;ascensor social&rdquo; con que cuentan pa&iacute;ses como Gran Breta&ntilde;a o, no digamos, los escandinavos.
    </p><p class="article-text">
        En todo caso, sea como sea, la educaci&oacute;n es el primer y principal mecanismo que se se&ntilde;ala para permitir a los individuos llegar a ser m&aacute;s o menos lo que ten&iacute;an previsto y lo que dan de s&iacute; sus capacidades. Hay que seguir apretando para rescatar y mejorar la educaci&oacute;n universal de calidad que permita a la gente ser m&aacute;s o menos lo que quiere ser. Y hay que insistir por todas partes en que la renuncia a saber, a conocer &ndash;lo que se hace con la lectura-, es la garant&iacute;a segura de pobreza. Que algunos pobres, seguro que muchos, s&iacute; que leen; pero que no leer es el camino m&aacute;s seguro para seguir si&eacute;ndolo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Rivera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/pobres-leen_132_4425626.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 12 Jan 2015 18:22:19 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Los pobres no leen]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Encuesta,CIS - Centro de Investigaciones Sociológicas,Lectura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pesimismo ilustrado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/pesimismo-ilustrado_132_4470308.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        &iexcl;Hola chaval!
    </p><p class="article-text">
        Cierto que, como dir&iacute;a tu hermano, la una y media de la ma&ntilde;ana &ldquo;no son horas&rdquo; para wasapear. Me dec&iacute;as que estuviste en la reuni&oacute;n del C&iacute;rculo de Podemos en la universidad y que el Monedero no te hab&iacute;a convencido. Muy gen&eacute;rico, nada concreto. Pues de eso habl&aacute;bamos. Te mando los textos de Santos Juli&aacute;, Ruiz Soroa y &Aacute;lvarez Junco sobre el populismo y sus vicisitudes o sobre lo que va dando de s&iacute; gente parecida a esta gente, y me dices que te gustan, pero que al final todo te suena a pesimismo ilustrado. Buena definici&oacute;n por tu parte. No vale lo anterior y por eso surgen estos, pero tampoco valen estos porque lo que cuentan ya lo tenemos o&iacute;do y donde se ha puesto en pr&aacute;ctica ha dado poco (bueno) de s&iacute;. Esa es la cuesti&oacute;n: que no les falta raz&oacute;n para aparecer, pero que no nos da el cuerpo &ndash;donde en la cabeza anidan el pensamiento, la cr&iacute;tica y la experiencia- para saludar su novedad como algo tan positivo. Que valen como expresi&oacute;n de hartazgo y como muestra de que los hay dispuestos a reaccionar, pero que el contenido de su discurso no nos llena. No hay m&aacute;s. Y cada sesudo art&iacute;culo explicando con razones esto no les quita un &aacute;pice de argumento, sino que se lo presta. Porque el asunto y el sentido de su existencia es otro bien distinto.
    </p><p class="article-text">
        Claro, la pregunta es si acaso no ten&eacute;is derecho como generaci&oacute;n a cometer algunos de los errores que ya cometi&oacute; la nuestra. Supongo que es una pregunta eterna, pero tambi&eacute;n obligada si no queremos ser unos irresponsables. Es el riesgo de la generaci&oacute;n anterior: puede optar por dejar a su suerte a la que le sigue, como si de nada valiera su magisterio y experiencia, como si solo hubiera que pensar en el derecho a la libertad, en el derecho a equivocarse, o puede advertir de los problemas que se pueden derivar de poner en pr&aacute;ctica iniciativas comprobadamente erradas. Es otra vez el eterno tema de la educaci&oacute;n de los hijos o del adanismo &ndash;palabra de moda &uacute;ltimamente- que exhibe cada nueva generaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En el fondo, tenemos atadas las manos. No estamos convencidos de que tengamos legitimidad para deciros algo, pero a la vez pensamos que personalmente no lo hemos hecho tan mal como para evitarnos el consejo en estas horas tan inciertas como hist&oacute;ricas. No es que lo hayamos hecho mal como generaci&oacute;n (o generaciones; un par de ellas): le le&iacute;a el otro d&iacute;a a Joaqu&iacute;n Estefan&iacute;a decir que culpar a la Transici&oacute;n de &ldquo;la que est&aacute; cayendo&rdquo; es una muestra de pereza intelectual grave. Y estoy de acuerdo. Es que se nos han ido finalmente al traste demasiadas canicas que ten&iacute;amos bien posadas sobre la mesa. Ahora vemos que la herencia que os dejamos es una situaci&oacute;n que si se pretende arreglar en un sentido revienta por el contrario y al rev&eacute;s. &ldquo;Los viejos sue&ntilde;os no se han cumplido, pero me alegro de haberlos tenido&rdquo;. Es la frase decadente que he colocado en mi perfil del whatsapp. &iexcl;C&oacute;mo os vamos a decir qu&eacute; ten&eacute;is que hacer si precisamente surg&iacute;s a la escena p&uacute;blica en reacci&oacute;n al cisco que os dejamos! Pero en el viaje de la relativa derrota de los sue&ntilde;os hemos aprendido muchas cosas que pretendemos que os sirvan y hemos visto alborear algunos mundos imaginados que menos mal que se abortaron y que no queremos que os quemen a vosotros como nos quemaron a nosotros. Es cierto, como dices, que todas las teor&iacute;as pol&iacute;ticas se han puesto a prueba y que ninguna ha dado con la tecla. Bueno, menos el capitalismo que estamos sufriendo, que de tanto acertar se lo va a llevar todo por delante. Un chico de segundo de Pol&iacute;ticas como t&uacute; ya sabe que en el siglo XX han pesado tanto la ilusi&oacute;n por las utop&iacute;as como la constataci&oacute;n de sus horrores. Es cosa de ser prudentes. Pero no s&eacute; si es l&iacute;cito pedir la prudencia paralizante de un viejo con conocimiento a un joven de diecinueve con iniciativa: no te muevas, porque s&eacute; que por ah&iacute; no se va, pero no dejes de moverte, porque si no lo haces s&eacute; tambi&eacute;n que mueres para la vida. Otro acertijo eterno.
    </p><p class="article-text">
        Porque no te creas que mi generaci&oacute;n (y la anterior a la m&iacute;a, que sigue bien viva) es ajena a lo que est&aacute; pasando. Lo percibe y hasta lo sufre igual (a su manera y con sus situaciones distintas). Somos conscientes del chandr&iacute;o actual y no es cierto lo que dices que de tanto criticar las alternativas que se ponen a tiro acabemos certificando que es imposible cambiar nada. Y mucho menos que a trav&eacute;s de esa cr&iacute;tica diletante llegamos a la misma posici&oacute;n pol&iacute;tica del 'establishment', de los que no quieren cambiar. Como te dec&iacute;a, no nos gusta lo que tenemos, abominamos de lo que se ha hecho, pero no nos creemos racionalmente muchas cosas &ndash;algunas s&iacute;- que aparecen ahora para el recambio. Podr&iacute;amos elegir entre la forzada ignorancia, la forzada ilusi&oacute;n, el forzado silencio o el amable cinismo; preferimos debatirnos en el acertijo de buscar el mal menor para no quedar paralizados finalmente por tanta duda. &iexcl;Pero despu&eacute;s de medio siglo a cuestas no puedo decir que est&aacute; bien lo que no creo que est&eacute; bien! Por lo menos me agarro con desesperaci&oacute;n a esa seguridad, para de ah&iacute; poder saltar a alguna convicci&oacute;n m&aacute;s s&oacute;lida que todav&iacute;a no aprecio en el horizonte. Si dijera otra cosa &ndash;y hay quien alegremente lo dice con mi edad- posiblemente no fuera m&aacute;s que un resentido, un oportunista o un tonto. En todo caso, actitudes m&aacute;s peligrosas a&uacute;n que la m&iacute;a. Cuando no se puede mejorar algo, la mejor aportaci&oacute;n es el silencio. Es muy conservador, cierto, pero lo contrario es probar a ver. Y estamos aqu&iacute; en parte por tanta prueba banal.
    </p><p class="article-text">
        En fin, que no te he arreglado nada. &iexcl;Faltar&iacute;a m&aacute;s que lo hiciera! Tampoco la pasi&oacute;n juvenil act&uacute;a a su albedr&iacute;o. Hasta el joven m&aacute;s alocado, que no es tu caso, tiene su punto de contacto con la realidad, si esta es lo posible dentro de lo que se sue&ntilde;a. Pero es bueno echar una pensada y no hacerse uno mismo m&aacute;s trampas de las debidas. La pol&iacute;tica no la mueve solo la raz&oacute;n; m&aacute;s la mueve el sentimiento y la pasi&oacute;n. Yo mismo, despu&eacute;s de abrumarte a razones, mantengo creencias que no tienen m&aacute;s poso y pies que los a&ntilde;os que llevan conmigo (o yo con ellas). Y son creencias pol&iacute;ticas, incompatibles ya con lo que han dado de s&iacute; mis reflexiones y mis experiencias vitales, particulares y colectivas. Como en tantas cosas, hay que manejarse con dos contradictorias fuerzas y mantener las riendas con tanta firmeza como ductilidad, atendiendo al objetivo buscado y a las posibilidades y resistencias que proporciona el camino. Tambi&eacute;n a las contradictorias pasi&oacute;n y raz&oacute;n. Y no hay m&aacute;s. A la hora de resolver el acertijo, en las mismas se ve el necio que el sabio, pero este &uacute;ltimo piensa y, si acaso, luego embiste.
    </p><p class="article-text">
        De momento, no se me ocurre m&aacute;s que decirte. Seguimos. T&uacute; mismo. &iexcl;Haz lo que debas!
    </p><p class="article-text">
        Un beso. Pap&aacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Rivera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/pesimismo-ilustrado_132_4470308.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 10 Dec 2014 18:50:49 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Pesimismo ilustrado]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Podemos,Política,Transición]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Instituto-Memorial de Víctimas y de la Democracia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/instituto-memorial-victimas-democracia_132_4511194.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Empezar&eacute; por el final: quiz&aacute;s el Gobierno Vasco &ndash;su flamante Secretar&iacute;a General para la Paz y la Convivencia- cuente ya sin saberlo con un documento adecuado para desarrollar pol&iacute;ticas p&uacute;blicas en la delicada cuesti&oacute;n del terrorismo y de sus v&iacute;ctimas. Le basta con fotocopiar el que present&oacute; hace unas pocas semanas bajo el t&iacute;tulo de 'Programa base de prioridades 2015-1016 en materia de memoria hist&oacute;rica' y sustituir franquismo por terrorismo, y v&iacute;ctimas del franquismo por v&iacute;ctimas del terrorismo. Si lo hace as&iacute;, tendr&aacute; dos buenos documentos para encarar sendos asuntos. No en vano, siempre he sostenido que el tema de la guerra civil y el franquismo y sus v&iacute;ctimas, y el del terrorismo y las suyas, deber&iacute;an acabar teniendo al final exactamente el mismo tratamiento, y que solo la diferencia de tiempo &ndash;el terrorismo es a&uacute;n &ldquo;memoria viva&rdquo;; m&aacute;s si cabe que el franquismo- los distinguen hoy en cuanto a terapias. Pero, al final, todo viene a ser una misma cosa, todo viene a tener una similar historia.
    </p><p class="article-text">
        Y lo cuenta bien el documento gubernamental. El franquismo &ndash;insisto, c&aacute;mbiese en esta paralela versi&oacute;n por terrorismo- surgi&oacute; de la voluntad de unos alzados que eligieron la violencia para imponer su proyecto pol&iacute;tico totalitario a toda la sociedad. Esta fue v&iacute;ctima doble de los resultados del provisional &eacute;xito de los victimarios: generaron v&iacute;ctimas de todo tipo por aplicaci&oacute;n de su violencia y anularon importantes parcelas de libertad ciudadana. Asimismo, por diferentes medios minoraron &ndash;en algunos casos hasta anularlo o demorarlo largamente en el tiempo- el reconocimiento y recuerdo social de las v&iacute;ctimas que produjeron. La restituci&oacute;n de esos perjuicios producidos pasar&iacute;a de nuevo tambi&eacute;n por ese reconocimiento a posteriori que se impidi&oacute; antes, por la visibilizaci&oacute;n social de las v&iacute;ctimas y por su protagonismo en labores de pedagog&iacute;a democr&aacute;tica que hagan hincapi&eacute;, precisamente, en aquello que los violentos arrebataron en todo o en parte: la vida y la libertad.
    </p><p class="article-text">
        En esa l&iacute;nea, la Administraci&oacute;n est&aacute; para acompa&ntilde;ar y estimular las iniciativas sociales ciudadanas, evitando un abstencionismo que en los dos casos presentes resultar&iacute;a c&oacute;mplice de la injusticia. La memoria, en ese sentido, resulta esencial porque sin memoria no hay v&iacute;ctimas y, sin v&iacute;ctimas, &iquest;de qu&eacute; estamos hablando? La historia, quiz&aacute;s &ndash;un t&eacute;rmino que no aparece ni una sola vez en un documento de 34 p&aacute;ginas; s&iacute;, por supuesto, el acertijo &ldquo;memoria hist&oacute;rica&rdquo;-, es lo &uacute;nico que se echa en falta, pues son los historiadores los llamados a proporcionar conocimiento verificado o plausible, conforme lo permitan las fuentes, de lo ocurrido en ese tiempo pasado. No se cita la disciplina ni tampoco a sus practicantes, pero se habla de investigaci&oacute;n y de archivos y de una comisi&oacute;n para redactar un informe de lo ocurrido a&ntilde;os atr&aacute;s, y quiz&aacute;s algo tengan que ver profesionales como ellos que no se dedican a otra cosa que a esa; o mejor, que son los &uacute;nicos que mediante el desempe&ntilde;o de su profesi&oacute;n pueden llegar al conocimiento de los arcanos que el documento se&ntilde;ala. Hay que pensar, sin duda, que se trata de un olvido. Seguro.
    </p><p class="article-text">
        Interesan los principios que gu&iacute;an el documento: &eacute;ticos, pol&iacute;ticos y democr&aacute;ticos. En este caso, otra vez, han acertado de lleno. Se acab&oacute; aquello de quedarse en las consideraciones de orden moral: teniendo su importancia extraordinaria (por primarias, b&aacute;sicas, indiscutibles), las razones &eacute;ticas obligan inmediatamente a abordar la cuesti&oacute;n desde el prisma de la reparaci&oacute;n de las bases pol&iacute;ticas y democr&aacute;ticas que la violencia de intenciones pol&iacute;ticas quebr&oacute;. Y el compromiso de la Administraci&oacute;n que se afirma en este punto, a favor de la democracia, los derechos humanos, el Estado de derecho y finalmente la convivencia resulta esperanzador: aplicado tambi&eacute;n al terrorismo y sus v&iacute;ctimas, igual que al franquismo y las suyas, es un camino reconocible y acertado.
    </p><p class="article-text">
        Se l&iacute;a el documento un tanto en lo referido a la misi&oacute;n, algo esencial. Dice que el objeto es &ldquo;impulsar y reforzar la conciliaci&oacute;n de la convivencia&rdquo;, algo que resulta sem&aacute;nticamente cacof&oacute;nico, por reiterado. Pero interesa m&aacute;s otra cuesti&oacute;n: aplicado al terrorismo, como propongo, no tiene falla porque la reconciliaci&oacute;n social y una plaza p&uacute;blica en la que quepamos todos, en tanto que espacio democr&aacute;tico y tolerante, resultan objetivos estimulantes. Y es as&iacute; porque ha habido dos sociedades (o dos trozos de sociedad: una, minoritaria, que lo alent&oacute;, y otra que lo sufri&oacute;).
    </p><p class="article-text">
        El problema lo tiene el documento en la versi&oacute;n original referida solo a la guerra civil, el franquismo y sus v&iacute;ctimas, toda vez que al haber obviado en 34 p&aacute;ginas que hubo una sociedad vasca que alent&oacute; desde lo civil el golpe militar de julio de 1936, que contribuy&oacute; a ella con miles de voluntarios y que luego sostuvo con su participaci&oacute;n inequ&iacute;voca cuarenta a&ntilde;os de dictadura, desde las alturas de los ministerios hasta las alcald&iacute;as de aldea, no se sabe muy bien con qui&eacute;n tiene que &ldquo;conciliar la convivencia&rdquo; la ciudadan&iacute;a vasca que nunca se movi&oacute; de los criterios de democracia y de respeto al poder leg&iacute;timo, el de la Rep&uacute;blica Espa&ntilde;ola. Esa parte se tiene que enmendar en el documento inicial, que vamos a llamar Documento 1 (para la guerra civil, el franquismo y sus v&iacute;ctimas).
    </p><p class="article-text">
        Y al final, los objetivos: las v&iacute;ctimas y la memoria. Perfecto. Y las prioridades: el derecho a que se conozca la verdad de lo ocurrido en todos los episodios de violencia que se han sufrido aqu&iacute; desde el 18 de julio de 1936 hasta el 20 de octubre de 2011; el derecho a la justicia que tienen las v&iacute;ctimas (y la sociedad, indirectamente), y ante el que no parar&aacute; en mientes la Administraci&oacute;n; la reparaci&oacute;n, mediante din&aacute;micas pol&iacute;ticas p&uacute;blicas de memoria; y, finalmente, muy importante, la garant&iacute;a de no repetici&oacute;n, mediante una pol&iacute;tica de conocimiento, de reconocimiento de los valores democr&aacute;ticos que representaban las v&iacute;ctimas cuando la violencia las convirti&oacute; en tales y de defensa del Estado de derecho como principal garant&iacute;a de que lo ocurrido no vuelva a pasar. Y de c&oacute;mo la pedagog&iacute;a y el desarrollo de una memoria cr&iacute;tica y democr&aacute;tica son los mejores instrumentos para que la ciudadan&iacute;a impida con su acci&oacute;n una hipot&eacute;tica y futura repetici&oacute;n del mal. Lo dice as&iacute;&hellip; por fin.
    </p><p class="article-text">
        El Gobierno Vasco &ndash;su flamante Secretar&iacute;a General para la Paz y la Convivencia- ha encontrado la mejor definici&oacute;n de objetivos y de hoja de ruta para desarrollar en el Memorial de V&iacute;ctimas del Terrorismo. No deber&iacute;a ser ego&iacute;sta y quedarse con el documento solo para su aplicaci&oacute;n en el Instituto de la Memoria y la Convivencia. Cuando uno ha encontrado la piedra filosofal, ha de ser generoso.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Rivera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/instituto-memorial-victimas-democracia_132_4511194.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 18 Nov 2014 09:49:59 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Instituto-Memorial de Víctimas y de la Democracia]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Terrorismo,Franquismo,Euskadi]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El tamaño importa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/tamano-importa_132_4551408.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hay una tabla que cruza el PIB de los estados del mundo con el volumen de ventas de las m&aacute;s importantes empresas internacionales. Pone a todos en orden con arreglo al volumen de millones de d&oacute;lares que mueven al a&ntilde;o. En la lista de los 100 primeros, 51 son corporaciones empresariales y 49 pa&iacute;ses. Antes del puesto 25 ya se cuelan unas pocas de esas que llamamos transnacionales. Desde el 50, duplican en n&uacute;mero a los estados. Los datos son de 2000 (de Sarah Anderson y John Cavanag, del Institute for Policy Studies), pero hay que pensar que 14 a&ntilde;os despu&eacute;s las cosas no han cambiado demasiado.
    </p><p class="article-text">
        Contemplamos el artefacto Estado-naci&oacute;n como si todav&iacute;a fu&eacute;semos rom&aacute;nticos y estuvi&eacute;semos obnubilados por sus posibilidades m&aacute;s que por sus amenazas. Hablamos de &eacute;l &uacute;ltimamente como la panacea que permite a los individuos ser lo que son, hacer realidad el viejo sue&ntilde;o de los nacionalismos: a cada supuesto nacional un hecho estatal. Aparece con la funci&oacute;n b&aacute;sica de proporcionar satisfacci&oacute;n a los problemas ontol&oacute;gicos de los nacionalistas, deseosos de disponer de un instrumento para convencer al &uacute;ltimo de sus conciudadanos de las bondades de esa presumida coherencia, de ese destino. As&iacute;, lo importante es alcanzar un asiento en el listado de pa&iacute;ses reconocidos por Naciones Unidas, no importa que luego en ese otro no salgamos ni entre los 100 ni entre los 200 primeros. Hablan de otra cosa.
    </p><p class="article-text">
        Conteniendo un inevitable e hist&oacute;rico componente pasional, identitario, rom&aacute;ntico, solidario y fraterno de individuos a los que nunca conoceremos, el Estado-naci&oacute;n naci&oacute; y se justifica sobre todo por la primera parte del binomio que lo denomina. Desde que los imperios europeos cl&aacute;sicos colapsaron en el siglo XVII y se desat&oacute; la competici&oacute;n por los cada vez m&aacute;s amplios mercados internacionales, el Estado-naci&oacute;n se fue perfilando como el instrumento m&aacute;s eficaz para participar en esa partida. As&iacute; lo recuerda Christopher A. Bayly, echando mano de una reflexi&oacute;n anterior de Karl Polanyi que ve&iacute;a a los estados como un simple subproducto de la creaci&oacute;n de los mercados. Suena un tanto brutal, pero es as&iacute;. Lo que explica en parte esa querencia que se ha tenido a diestra e izquierda de la tradici&oacute;n pol&iacute;tica por considerar que los estados ten&iacute;an que tener una cierta masa cr&iacute;tica (demogr&aacute;fica, de recursos, territorial, de organizaci&oacute;n) para ser aceptados como tales, para poder sentarse a la mesa donde se juega el reparto del pastel mundial. Luego, las sucesivas fases de colapso de otros tantos imperios (1814, 1918, 1945, 1989) dieron lugar a la multiplicaci&oacute;n del n&uacute;mero de estados, lleg&aacute;ndonos a convencer as&iacute; de que lo l&oacute;gico y progresivo era la abundancia de los mismos y no su limitada cantidad anterior.
    </p><p class="article-text">
        El Estado sirvi&oacute; inicialmente para favorecer los intereses particulares, de las compa&ntilde;&iacute;as, en la partida por la tarta mundial; luego las circunstancias hist&oacute;ricas lo embridaron un tanto y pas&oacute; a formar parte de la expectativa de vida de buena parte de los ciudadanos. Fue el tiempo del 'Estado del bienestar'. Despu&eacute;s de los a&ntilde;os hemos vuelto a los or&iacute;genes y los estados est&aacute;n cada vez m&aacute;s subordinados a las empresas privadas y a sus objetivos nacionales (paz social interior) e internacionales (mercados abiertos y din&aacute;micamente protegidos). Vuelven a ser instrumentos de estas para competir mejor en el escenario mundial. Traduzcan lo que significa la 'marca Espa&ntilde;a' &ndash;y es solo un ejemplo extensible a otros lugares- y lo ver&aacute;n claro: la ense&ntilde;a patria es hoy el listado de &ldquo;nuestras&rdquo; transnacionales y la salud de sus negocios.
    </p><p class="article-text">
        Si pudieran elegir &ndash;y pueden hacerlo; lo hacen-, las compa&ntilde;&iacute;as privadas se dividir&iacute;an en dos bandos. Unas, las m&aacute;s potentes, apuestan por estados s&oacute;lidos que les sigan asegurando su papel de instrumento para la competici&oacute;n, haciendo y gastando en lo que ellas no pueden/deben hacer. Las menos potentes, pero no menos ambiciosas, prefieren muchos, peque&ntilde;os y debilitados estados, ante los que presentarse en paridad de capacidades cuando acuden a proponerles un negocio. Si recuerdan c&oacute;mo el binguero de Las Vegas Sands Corporation, Sheldon Adelson, se relacion&oacute; con los gobiernos regionales madrile&ntilde;o y catal&aacute;n se entender&aacute; esto que decimos. Y as&iacute; todo.
    </p><p class="article-text">
        Siempre cabr&iacute;a el recurso de jugar en otra liga, no competitiva, reservada a las actividades opacas del capital, pero esas especializaciones ya est&aacute;n cubiertas por miniestados como Suiza o Luxemburgo, u otros de rango singular como las Seychelles, la Isla de Mann, el principado de M&oacute;naco o sofisticaciones por el estilo. Parece que a corto plazo no se est&aacute; por incrementar su n&oacute;mina. O siempre se podr&aacute; argumentar que, efectivamente, parcelar lo existente mengua tu capacidad, pero que esta ser&aacute; mayor ante el mundo toda vez que el estado del que te vas te viene anulando en tu proyecci&oacute;n internacional. Ese es un supuesto v&aacute;lido, aunque hay que demostrarlo fehacientemente. La &uacute;ltima raz&oacute;n es la primera: la de mi santo capricho y la de la imperiosa necesidad de ser &ldquo;nosotros mismos&rdquo;&hellip; y luego ya deparar&aacute; el destino. No es mala. Y adem&aacute;s se apoya en la ventaja de que nadie eval&uacute;a al cabo de los a&ntilde;os qu&eacute; fue de ellos. Nadie sabe muy bien si Eslovaquia, Macedonia, Estonia, Moldavia o Sud&aacute;n del Sur est&aacute;n mejor ahora que cuando eran regiones de algo m&aacute;s amplio. &iquest;O s&iacute;? En algunos casos, los peores, s&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        El tama&ntilde;o es argumento en esto de las casitas estatales. El orgullo de sentarse en la reuni&oacute;n de naciones unidas no siempre compensa los sinsabores del d&iacute;a a d&iacute;a, de la p&eacute;rdida de presencia, capacidad y poder de representaci&oacute;n de tus ciudadanos. Para eso sirven tambi&eacute;n los estados. Los intereses privados del capitalismo aventurero de hoy los prefieren menguantes, ensimismados, ansiosos por sustituir con sus negocios los que se dejaron escapar con tanta preocupaci&oacute;n ontol&oacute;gica anterior. Es cosa seria y a considerar. Pero el peso de la naci&oacute;n, las voces ancestrales &ndash;tambi&eacute;n el hartazgo con lo que tienes, cierto, la hu&iacute;da hacia adelante- e intangibles similares son los que marcan el paso de los patriotas. Y eso, tambi&eacute;n, es lo que vale.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Rivera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/tamano-importa_132_4551408.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 28 Oct 2014 12:18:35 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El tamaño importa]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Estado,Empresas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El tedio catalán]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/tedio-catalan_132_4596618.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        En los a&ntilde;os de la primera contienda mundial, algunos ciudadanos de mi lugar se fabricaron unas peque&ntilde;as chapas que colgaban de la pechera de sus chaquetas y que dec&iacute;an: &ldquo;No me hable usted de la guerra&rdquo;. Cualquier asunto de la actualidad, arrastrado durante semanas y meses por los medios de comunicaci&oacute;n, acaba generando una sensaci&oacute;n infinita de hast&iacute;o. Si adem&aacute;s se alambica de manera recurrente sin encontrar soluci&oacute;n alguna &ndash;incluso sin parecer que esta sea posible en alg&uacute;n punto del horizonte- y si adem&aacute;s no depositas en ella, cualquiera que sea, la m&aacute;s m&iacute;nima confianza de que algo vaya a cambiar a mejor, el tedio te invade por completo.
    </p><p class="article-text">
        Es la sensaci&oacute;n que me provoca la cosa de Catalu&ntilde;a. Soy consciente de todo: de que es un asunto hist&oacute;rico de incierta, si no imposible, soluci&oacute;n perfecta &ndash;un problema para vivir con &eacute;l, no para resolverlo, que dec&iacute;a Aza&ntilde;a-; de que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os la sucesi&oacute;n de entusiasmo est&eacute;ril de ZP y de apat&iacute;a tacticista y ontol&oacute;gica de Rajoy lo han estropeado a&uacute;n m&aacute;s; de que es una huida hacia delante de la clase pol&iacute;tica catalana ante la enormidad de su mal hacer; de que lo es tambi&eacute;n de la sociedad catalana, aplicada a esta suerte de neomedievalismo que nos asalta a todos (salir de recinto y dibujar otro pensando que as&iacute; se arregla todo); de que hay un sentido nihilista tan extendido all&iacute; como plenamente consciente de que lo &uacute;nico que van a resolver es una satisfacci&oacute;n menor, esa que se contiene en el rimbombante y vac&iacute;o &ldquo;ser nosotros mismos&rdquo;&hellip; Soy consciente de todo eso y de m&aacute;s cosas, pero estoy de Mas, de Junqueras, de Mariano, de la ANC y &Ograve;mnium (ya no tan Cultural, como supon&iacute;amos), del Constitucional y de los n&uacute;meros de la guardia urbana barcelonina hasta el mo&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Y vivo a quinientos kil&oacute;metros del ojo del hurac&aacute;n! Solo me afecta el ruido de los medios, que puedo aplacar &ndash;de hecho lo hago- simplemente cambiando de dial, de canal o de tema. &iquest;Qu&eacute; ser&aacute; vivir all&iacute; dentro? Parece, de lejos, ese tipo de escenarios horrendos, gobernados por la &ldquo;pasmosa unanimidad&rdquo;. Es decir, esos sitios donde todo el mundo parece pensar lo mismo mediante el procedimiento de que solo hablan los que piensan lo mismo que hay que pensar. En ese mismo hablar coincide toda la tramoya del poder y el comentario af&iacute;n del &uacute;ltimo menesteroso. &iexcl;Todo por la patria! Entre medio queda un incierto n&uacute;mero de sujetos aturdidos, confiados en que esto acabe pasando ello solo, resignados a acabar en cualquier sitio&hellip; En todo caso, dimitidos de su condici&oacute;n ciudadana y dispuestos a construir su futuro solo desde el territorio de lo particular, de lo privado. Al fin y al cabo, conocida la progresiva capacidad totalizadora del Estado desde que este arranc&oacute; en su versi&oacute;n contempor&aacute;nea hace poco m&aacute;s de dos siglos, la vida de mucha gente ha sido c&oacute;mo sobrevivir al mismo, c&oacute;mo construir su vida evitando las obligaciones que este establece para ser la autoridad que es. Pero trat&aacute;ndose de que esto es una democracia, supone un vano consuelo.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco se sabe a cu&aacute;nto llega la unanimidad si uno rasca. Es lo que pretenden medir los del &ldquo;derecho a decidir&rdquo;, ahora que se ven henchidos de fortaleza. Y dan ganas de decirles que s&iacute;, que se apliquen a ello; o mejor, que ni siquiera, que si tienen dudas lo mejor es que vayan saliendo, que (aunque lo crean) no nos pasan a los dem&aacute;s ciudadanos de este pa&iacute;s una renta vitalicia por tenerlos a ellos de forzados compatriotas.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n pensar&iacute;an as&iacute; el resto de espa&ntilde;oles de nosotros los vascos, cuando no d&aacute;bamos m&aacute;s que la matraca, y adem&aacute;s, en nuestro caso, rociada con sangre, que es otra cosa. Cu&aacute;ntos espa&ntilde;oles no habr&aacute;n dicho alguna vez eso mismo: &ldquo;&iexcl;Que se vayan de una vez!&rdquo;. Pero no es eso. No lo era en nuestro caso porque hubiera sido dar el espaldarazo a una pandilla de criminales con af&aacute;n totalitario y a sus eventuales compa&ntilde;eros de viaje dispuestos a recoger las conocidas nueces. Hubiera sido como certificar el suicidio de la democracia en alg&uacute;n lugar del pa&iacute;s. Son cosas que hace habitualmente la &ldquo;realpolitik&rdquo;, pero nosotros, por razones varias, nos salvamos de ello. Lo de los catalanes es sustancialmente diferente; nadie lo duda. Ni hay sangre &ndash;hay triqui&ntilde;uelas y uso del poder, pero en un marco de respeto democr&aacute;tico-, ni hay impugnaci&oacute;n del derecho. Pero eso no nos tiene que llevar inevitablemente a ser solidarios de su ataque de decisionismo. Habr&aacute; que resolver el asunto de alguna manera (y a Mariano no se le ve ocurrente; Mas est&aacute; con la cuenta atr&aacute;s, que incluye desde la retirada a tiempo hasta el suicidio pol&iacute;tico, heroico y patri&oacute;tico). La soluci&oacute;n en s&iacute; misma no es echarlo a votos, porque acabaremos empezando en el mismo lugar: partidarios de otra relaci&oacute;n con Espa&ntilde;a, s&iacute;, pero, &iquest;cu&aacute;l? Incluso si sale el &ldquo;ah&iacute; os qued&aacute;is&rdquo;, volvemos a la casilla de inicio: &ldquo;y vosotros, &iquest;c&oacute;mo?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esto es, que si vamos a acabar hablando de pol&iacute;tica, mejor haber empezado con ella hace tiempo. El pulso de legalidad/legitimidad da de s&iacute; lo que da de s&iacute;; acabar&aacute; aburriendo (si no lo ha hecho ya). Los &ldquo;s&iacute;-s&iacute;&rdquo;, &ldquo;s&iacute;-no&rdquo;, &ldquo;no-s&iacute;&rdquo; o similar nos colocar&aacute;n de nuevo al principio del debate sobre las formas futuras de relaci&oacute;n con Espa&ntilde;a, con Europa y con el universo mundo. Mientras, la penosa crisis y la brecha social siguen acentu&aacute;ndose, y Catalu&ntilde;a y Espa&ntilde;a asisten a la misma abrazadas y hundi&eacute;ndose en una similar inacci&oacute;n: el espantajo de las patrias nos evita otros debates. El personal, catal&aacute;n y espa&ntilde;ol, est&aacute; esperando que alguien aparezca con una propuesta pol&iacute;tica que desatasque este bloqueo que a cada paso se hace m&aacute;s y m&aacute;s irretornable. Si la pol&iacute;tica llega demasiado tarde, la distancia entre los territorios y la parte de sus ciudadanos que se hace copart&iacute;cipe de las respectivas &ldquo;pasmosas unanimidades&rdquo; se har&aacute; mayor, irreparable. La naci&oacute;n &ndash;lo dijo hace tiempo Benedict Anderson- es una comunidad imaginada (e imaginaria) que nos hace sentir iguales y de la misma necesidad de alguien que vive a cientos de kil&oacute;metros de nosotros y que no veremos nunca (incluso porque ha muerto hace siglos). T&uacute; empiezas a inquirir sobre la l&oacute;gica de esa solidaridad y acabar&aacute;s inevitablemente solo. O, si acaso, en satisfecha y onanista compa&ntilde;&iacute;a de tus m&aacute;s inmediatos vecinos, esos que hablan tu lengua, tienen tus rasgos, comparten tu clima, tu car&aacute;cter, tus costumbres, tus dioses&hellip;
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Qu&eacute; tedio! &iexcl;Qu&eacute; horror!
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Rivera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/tedio-catalan_132_4596618.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 07 Oct 2014 08:45:47 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El tedio catalán]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Cataluña,Referéndum,España]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una república con semántica]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/navarra/contrapunto/republica-semantica_132_4812888.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        En 2001 asist&iacute; en Kiev a un rapapolvo cuando un amigo se refiri&oacute; en un despacho oficial a la &ldquo;Rep&uacute;blica de Ucrania&rdquo;. La funcionaria bram&oacute; contra aquella denominaci&oacute;n que devolv&iacute;a a su pa&iacute;s a los tiempos en que como rep&uacute;blica sovi&eacute;tica se hab&iacute;a encontrado sojuzgado. Ucrania era solo Ucrania, y entend&iacute; de sopet&oacute;n que s&iacute; hay m&aacute;s posibilidades que ser una monarqu&iacute;a o una rep&uacute;blica, que se puede en este punto estar &ldquo;medio embarazado&rdquo;. Si lo pienso, la Espa&ntilde;a de Franco hab&iacute;a vivido tambi&eacute;n en ese incierto estatus, pues hab&iacute;a surgido contra la rep&uacute;blica, pero ten&iacute;a una forma de reino sin rey&hellip; hasta nueva orden. Rep&uacute;blica o monarqu&iacute;a no son solo formas de estado, de manera que si no se es una cosa se tendr&aacute; que ser necesariamente la contraria. Rep&uacute;blica o monarqu&iacute;a son identificaciones hist&oacute;ricas, im&aacute;genes sociales de tiempos vividos con felicidad o con desdicha. Rep&uacute;blica y monarqu&iacute;a tienen sem&aacute;nticas precisas y cambiantes; por eso no son solo estatus administrativos.
    </p><p class="article-text">
        El instante de la sucesi&oacute;n de coronas pilla al pa&iacute;s m&aacute;s republicano que nunca. Espa&ntilde;a es mal sitio para establecer una tipolog&iacute;a cient&iacute;fica sobre la cuesti&oacute;n. En su contemporaneidad m&aacute;s reciente han dominado las dictaduras de militares que obviaban esta discusi&oacute;n (al menos al pronto). Las monarqu&iacute;as han encontrado preclaros defensores entre quienes teniendo el coraz&oacute;n m&aacute;s cerca de la rep&uacute;blica eran capaces de preferir coronas constitucionales en tiempos de modernidad democr&aacute;tica a la incertidumbre de su f&oacute;rmula alternativa auspiciada por agitadores poco fiables. Al rev&eacute;s, las rep&uacute;blicas han llegado aqu&iacute; en sendas ocasiones en que los monarcas o han salido corriendo o se han pegado un tiro en la pierna de su respetabilidad. La rep&uacute;blica ha alumbrado en el pa&iacute;s de nacimiento natural y sin ces&aacute;rea, y se ha proclamado con entusiasmo y sin dar una voz m&aacute;s alta que la anterior. Pero tampoco ha tenido republicanos ardientes, conscientes de lo que tra&iacute;a consigo la &ldquo;ni&ntilde;a bonita&rdquo;. De manera que cuando han dejado de estar de moda por la fuerza, han perdido todo su encanto para el medio siglo posterior.
    </p><p class="article-text">
        Ahora vemos que se repite de nuevo la confusa sensaci&oacute;n. Yo hablar&iacute;a de dos republicanismos, contradictorios en esencia aunque ahora puedan coincidir en circunstancia. En un lado tenemos a los partidarios de La Tercera. Es la dimensi&oacute;n pol&iacute;tica y de partido del republicanismo. Se nutre de la enso&ntilde;aci&oacute;n falseada de La Segunda, como ejemplo hist&oacute;rico e in&eacute;dito de democracia en Espa&ntilde;a o incluso de poder popular. Es una tergiversaci&oacute;n tosca que prescinde de la inclinaci&oacute;n tumultuosa y poco estable de nuestra anterior experiencia republicana, de un nivel de crisis cotidiana &ndash;propia y com&uacute;n a los a&ntilde;os treinta- que convierte la de nuestra actualidad en una balsa de aceite. Pero, peor, que supone que fue aquello el gobierno de las izquierdas, olvidando que hubo gobiernos de derechas y que hab&iacute;a una parte importante del republicanismo (el de Lerroux y otros) que se reclutaba en una posici&oacute;n pol&iacute;tica claramente conservadora (cuando no finalmente reaccionaria).
    </p><p class="article-text">
        La sem&aacute;ntica de esta invitaci&oacute;n republicana es antigua, casposa y falsa, escasamente civilista y dudosamente democr&aacute;tica. Por muy en crisis que pille a la instituci&oacute;n mon&aacute;rquica espa&ntilde;ola, con esos argumentos no gana un refer&eacute;ndum: tiene poco que ofrecer, m&aacute;s all&aacute; de la invocaci&oacute;n inconsciente al cambio por el cambio. Por el contrario, el otro republicanismo ha prendido entre sectores de poblaci&oacute;n hasta ahora &ldquo;accidentalistas&rdquo;, ajenos a la cuesti&oacute;n de monarqu&iacute;a o rep&uacute;blica. Es el republicanismo del ciudadano corriente, alejado de la pol&iacute;tica y pegado a su televisor. Su sem&aacute;ntica es reactiva, pero m&aacute;s moderna que la de los pol&iacute;ticos republicanistas. Piensa que bastante la han liado el rey y su corte, y sin motivo alguno m&aacute;s all&aacute; de la codicia imperdonable o de la irresponsabilidad senil. Piensa que eso debe costar caro y que ya vale de pagar para lo que acaba resultando. Que es mejor elegir que resignarse a conocer c&oacute;mo sale el mel&oacute;n de la heredad. Que es m&aacute;s moderno, indiscutiblemente, decidir qui&eacute;n representa testimonialmente a mi pa&iacute;s que dejar que lo resuelva la providencia.
    </p><p class="article-text">
        Son argumentos no precisamente de polit&oacute;logo, pero destilan m&aacute;s modernidad y mirada al futuro que las de los proclamadores de La Tercera. Rep&uacute;blica remite en estos a una experiencia en sepia que ni sus mejores restauradores de la historiograf&iacute;a pueden hacer pasar por m&aacute;s saludable y envidiable que nuestra actual democracia de calidad discutida. Rep&uacute;blica remite a una expectativa pol&iacute;tica de cambio que parece asegurar el &eacute;xito de las opciones avanzadas y de progreso solo con su invocaci&oacute;n, cuando ya sabemos que tal promesa no se sostiene absolutamente en nada cabal. No hay mejor ant&iacute;doto que imaginar unos bigotitos sonriendo maliciosamente debajo de la capa de armi&ntilde;o republicano para despertar del sue&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Es tiempo de rep&uacute;blica. Insistir en la providencia mon&aacute;rquica es una antigualla de primera. Pero la rep&uacute;blica casposa de unos y la rep&uacute;blica naif de otros no animan a sumarse al carro, y nos devuelven otra vez al accidentalismo preventivo. Es ocasi&oacute;n para cebar de sem&aacute;ntica civil, democr&aacute;tica, moderna, liberal (en el sentido noble del t&eacute;rmino) la palabra rep&uacute;blica, para que se nos aparezca a todo color y sin condicionantes ni esperanzas tan falsas como temibles viniendo de donde a veces vienen sus auspicios. Una rep&uacute;blica de ciudadanos, como en la mejor tradici&oacute;n democr&aacute;tica. Si no se vende as&iacute;, igual se aplica a ese encargo Felipe VI y los de La Tercera en la rep&uacute;blica tienen que esperar m&aacute;s que los de La Segunda en el f&uacute;tbol. Al tiempo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Rivera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/navarra/contrapunto/republica-semantica_132_4812888.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 16 Jun 2014 16:58:26 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Una república con semántica]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Felipe VI]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una república con semántica]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/think-bask/republica-semantica_132_4812899.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        En 2001 asist&iacute; en Kiev a un rapapolvo cuando un amigo se refiri&oacute; en un despacho oficial a la &ldquo;Rep&uacute;blica de Ucrania&rdquo;. La funcionaria bram&oacute; contra aquella denominaci&oacute;n que devolv&iacute;a a su pa&iacute;s a los tiempos en que como rep&uacute;blica sovi&eacute;tica se hab&iacute;a encontrado sojuzgado. Ucrania era solo Ucrania, y entend&iacute; de sopet&oacute;n que s&iacute; hay m&aacute;s posibilidades que ser una monarqu&iacute;a o una rep&uacute;blica, que se puede en este punto estar &ldquo;medio embarazado&rdquo;. Si lo pienso, la Espa&ntilde;a de Franco hab&iacute;a vivido tambi&eacute;n en ese incierto estatus, pues hab&iacute;a surgido contra la rep&uacute;blica, pero ten&iacute;a una forma de reino sin rey&hellip; hasta nueva orden. Rep&uacute;blica o monarqu&iacute;a no son solo formas de estado, de manera que si no se es una cosa se tendr&aacute; que ser necesariamente la contraria. Rep&uacute;blica o monarqu&iacute;a son identificaciones hist&oacute;ricas, im&aacute;genes sociales de tiempos vividos con felicidad o con desdicha. Rep&uacute;blica y monarqu&iacute;a tienen sem&aacute;nticas precisas y cambiantes; por eso no son solo estatus administrativos.
    </p><p class="article-text">
        El instante de la sucesi&oacute;n de coronas pilla al pa&iacute;s m&aacute;s republicano que nunca. Espa&ntilde;a es mal sitio para establecer una tipolog&iacute;a cient&iacute;fica sobre la cuesti&oacute;n. En su contemporaneidad m&aacute;s reciente han dominado las dictaduras de militares que obviaban esta discusi&oacute;n (al menos al pronto). Las monarqu&iacute;as han encontrado preclaros defensores entre quienes teniendo el coraz&oacute;n m&aacute;s cerca de la rep&uacute;blica eran capaces de preferir coronas constitucionales en tiempos de modernidad democr&aacute;tica a la incertidumbre de su f&oacute;rmula alternativa auspiciada por agitadores poco fiables. Al rev&eacute;s, las rep&uacute;blicas han llegado aqu&iacute; en sendas ocasiones en que los monarcas o han salido corriendo o se han pegado un tiro en la pierna de su respetabilidad. La rep&uacute;blica ha alumbrado en el pa&iacute;s de nacimiento natural y sin ces&aacute;rea, y se ha proclamado con entusiasmo y sin dar una voz m&aacute;s alta que la anterior. Pero tampoco ha tenido republicanos ardientes, conscientes de lo que tra&iacute;a consigo la &ldquo;ni&ntilde;a bonita&rdquo;. De manera que cuando han dejado de estar de moda por la fuerza, han perdido todo su encanto para el medio siglo posterior.
    </p><p class="article-text">
        Ahora vemos que se repite de nuevo la confusa sensaci&oacute;n. Yo hablar&iacute;a de dos republicanismos, contradictorios en esencia aunque ahora puedan coincidir en circunstancia. En un lado tenemos a los partidarios de La Tercera. Es la dimensi&oacute;n pol&iacute;tica y de partido del republicanismo. Se nutre de la enso&ntilde;aci&oacute;n falseada de La Segunda, como ejemplo hist&oacute;rico e in&eacute;dito de democracia en Espa&ntilde;a o incluso de poder popular. Es una tergiversaci&oacute;n tosca que prescinde de la inclinaci&oacute;n tumultuosa y poco estable de nuestra anterior experiencia republicana, de un nivel de crisis cotidiana &ndash;propia y com&uacute;n a los a&ntilde;os treinta- que convierte la de nuestra actualidad en una balsa de aceite. Pero, peor, que supone que fue aquello el gobierno de las izquierdas, olvidando que hubo gobiernos de derechas y que hab&iacute;a una parte importante del republicanismo (el de Lerroux y otros) que se reclutaba en una posici&oacute;n pol&iacute;tica claramente conservadora (cuando no finalmente reaccionaria).
    </p><p class="article-text">
        La sem&aacute;ntica de esta invitaci&oacute;n republicana es antigua, casposa y falsa, escasamente civilista y dudosamente democr&aacute;tica. Por muy en crisis que pille a la instituci&oacute;n mon&aacute;rquica espa&ntilde;ola, con esos argumentos no gana un refer&eacute;ndum: tiene poco que ofrecer, m&aacute;s all&aacute; de la invocaci&oacute;n inconsciente al cambio por el cambio. Por el contrario, el otro republicanismo ha prendido entre sectores de poblaci&oacute;n hasta ahora &ldquo;accidentalistas&rdquo;, ajenos a la cuesti&oacute;n de monarqu&iacute;a o rep&uacute;blica. Es el republicanismo del ciudadano corriente, alejado de la pol&iacute;tica y pegado a su televisor. Su sem&aacute;ntica es reactiva, pero m&aacute;s moderna que la de los pol&iacute;ticos republicanistas. Piensa que bastante la han liado el rey y su corte, y sin motivo alguno m&aacute;s all&aacute; de la codicia imperdonable o de la irresponsabilidad senil. Piensa que eso debe costar caro y que ya vale de pagar para lo que acaba resultando. Que es mejor elegir que resignarse a conocer c&oacute;mo sale el mel&oacute;n de la heredad. Que es m&aacute;s moderno, indiscutiblemente, decidir qui&eacute;n representa testimonialmente a mi pa&iacute;s que dejar que lo resuelva la providencia.
    </p><p class="article-text">
        Son argumentos no precisamente de polit&oacute;logo, pero destilan m&aacute;s modernidad y mirada al futuro que las de los proclamadores de La Tercera. Rep&uacute;blica remite en estos a una experiencia en sepia que ni sus mejores restauradores de la historiograf&iacute;a pueden hacer pasar por m&aacute;s saludable y envidiable que nuestra actual democracia de calidad discutida. Rep&uacute;blica remite a una expectativa pol&iacute;tica de cambio que parece asegurar el &eacute;xito de las opciones avanzadas y de progreso solo con su invocaci&oacute;n, cuando ya sabemos que tal promesa no se sostiene absolutamente en nada cabal. No hay mejor ant&iacute;doto que imaginar unos bigotitos sonriendo maliciosamente debajo de la capa de armi&ntilde;o republicano para despertar del sue&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Es tiempo de rep&uacute;blica. Insistir en la providencia mon&aacute;rquica es una antigualla de primera. Pero la rep&uacute;blica casposa de unos y la rep&uacute;blica naif de otros no animan a sumarse al carro, y nos devuelven otra vez al accidentalismo preventivo. Es ocasi&oacute;n para cebar de sem&aacute;ntica civil, democr&aacute;tica, moderna, liberal (en el sentido noble del t&eacute;rmino) la palabra rep&uacute;blica, para que se nos aparezca a todo color y sin condicionantes ni esperanzas tan falsas como temibles viniendo de donde a veces vienen sus auspicios. Una rep&uacute;blica de ciudadanos, como en la mejor tradici&oacute;n democr&aacute;tica. Si no se vende as&iacute;, igual se aplica a ese encargo Felipe VI y los de La Tercera en la rep&uacute;blica tienen que esperar m&aacute;s que los de La Segunda en el f&uacute;tbol. Al tiempo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Rivera]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 16 Jun 2014 16:50:50 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Una república con semántica]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Felipe VI]]></media:keywords>
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