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    <title><![CDATA[elDiario.es - Imanol Zubero]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/imanol_zubero/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Imanol Zubero]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Puertas cerradas, no abiertas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/puertas-cerradas-no-abiertas_132_13118034.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9009f94a-5d9d-482a-a944-e5796ea31fb9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Puertas cerradas, no abiertas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Es cierto que los datos policiales pueden mostrar una sobrerrepresentación de personas extranjeras en determinados delitos. Pero interpretar esos datos sin atender al contexto social es irresponsable. La criminología lleva décadas señalando que los factores determinantes de la delincuencia no son el origen o la nacionalidad, sino variables como la exclusión social, la precariedad económica o la falta de redes de apoyo"</p></div><p class="article-text">
        El PP de Vitoria-Gasteiz vuelve a insistir en una idea tan recurrente como problem&aacute;tica: que el aumento de la delincuencia est&aacute; directamente relacionado con una supuesta pol&iacute;tica de &ldquo;puertas abiertas&rdquo; a la inmigraci&oacute;n. A partir de datos policiales, su portavoz y futuro candidato a la Alcald&iacute;a, I&ntilde;aki Garc&iacute;a Calvo, construye un relato que, aunque pueda resultar intuitivo para muchas personas, simplifica una realidad compleja y, lo que es m&aacute;s grave, contribuye a estigmatizar a una parte muy vulnerable de la poblaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Porque el problema no son las &ldquo;puertas abiertas&rdquo;, sino las muchas puertas cerradas con las que chocan las personas migrantes que llegan a Espa&ntilde;a buscando una vida m&aacute;s libre y segura. Espa&ntilde;a, como el conjunto de Europa, dista mucho de ser un territorio de libre acceso para quienes buscan una vida mejor. Las v&iacute;as legales y seguras para migrar son escasas, lentas y, en muchos casos, inaccesibles para quienes huyen de contextos de pobreza, violencia o falta de oportunidades. 
    </p><p class="article-text">
        Lejos de un modelo permisivo, lo que existe es un entramado burocr&aacute;tico y legal que empuja a miles de personas a la irregularidad desde el primer momento en que pisan suelo europeo. Y esa irregularidad no es una elecci&oacute;n libre, es una consecuencia. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>La irregularidad como producto del sistema</strong>
    </p><p class="article-text">
        Decir que la irregularidad administrativa es una elecci&oacute;n implica asumir que las personas migrantes disponen de alternativas reales para hacer las cosas &ldquo;bien&rdquo; desde el inicio. Pero esa premisa no se sostiene en la pr&aacute;ctica. Para la mayor&iacute;a de quienes llegan a Espa&ntilde;a, no existe una v&iacute;a accesible, r&aacute;pida y segura que les permita entrar, residir y trabajar de forma regular desde el primer momento. Los visados est&aacute;n limitados, condicionados a requisitos dif&iacute;ciles de cumplir, como contar previamente con un contrato de trabajo, y muchas veces desconectados de la realidad de quienes migran.
    </p><p class="article-text">
        A esto se suma un hecho determinante: el propio sistema legal genera irregularidad sobrevenida. Personas que entraron legalmente con un visado pueden perder su situaci&oacute;n regular al no poder renovarlo a tiempo, al quedarse sin empleo o al no cumplir condiciones administrativas extremadamente r&iacute;gidas. No hablamos, por tanto, &uacute;nicamente de quienes cruzan fronteras sin autorizaci&oacute;n, sino tambi&eacute;n de quienes, aun habiendo seguido las reglas, acaban fuera del sistema por la imposibilidad material de sostener su estatus.
    </p><p class="article-text">
        El resultado es un callej&oacute;n sin salida: para acceder a un permiso de residencia se exige un contrato de trabajo, pero para conseguir ese contrato es necesario tener ya el permiso. Este tipo de requisitos no solo no ordenan la migraci&oacute;n, sino que empujan a muchas personas hacia la econom&iacute;a informal, donde la precariedad y la desprotecci&oacute;n son la norma.
    </p><p class="article-text">
        En ese contexto, la irregularidad deja de ser una decisi&oacute;n individual para convertirse en el producto de un dise&ntilde;o institucional que excluye. No es que las personas elijan estar al margen de la ley, sino que la ley, tal y como est&aacute; configurada, las sit&uacute;a en ese margen. Y una vez ah&iacute;, salir no es sencillo: los procesos de regularizaci&oacute;n son largos, inciertos y, en muchos casos, inaccesibles.
    </p><p class="article-text">
        El actual proceso de regularizaci&oacute;n extraordinaria es, en s&iacute; mismo, una evidencia de las disfunciones del sistema. Si hoy se plantea la necesidad de regularizar a decenas de miles de personas es precisamente porque durante a&ntilde;os se ha permitido, cuando no provocado, que vivan y trabajen en la irregularidad. No se trata de una anomal&iacute;a puntual, sino de un fen&oacute;meno estructural: personas que ya forman parte de nuestras ciudades, que sostienen sectores enteros de la econom&iacute;a en condiciones de enorme precariedad, pero a las que se les niega durante largos periodos el reconocimiento legal m&aacute;s b&aacute;sico. En lugar de facilitar itinerarios de incorporaci&oacute;n progresiva a la ciudadan&iacute;a, el Estado acumula situaciones de exclusi&oacute;n que despu&eacute;s intenta resolver de manera extraordinaria y tard&iacute;a. Y, sin embargo, esas personas llevan tiempo demostrando, con su trabajo y su arraigo, su voluntad de ser una m&aacute;s y uno m&aacute;s entre nosotras. La paradoja es evidente: se exige integraci&oacute;n mientras se bloquean los mecanismos que la hacen posible.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, cuando se habla de &ldquo;inmigraci&oacute;n ilegal&rdquo; como si fuera una categor&iacute;a moral o una opci&oacute;n deliberada, se est&aacute; ignorando que nuestras propias pol&iacute;ticas migratorias producen la irregularidad que luego se denuncia. En ese contexto, hablar de &ldquo;puertas abiertas&rdquo; resulta una exageraci&oacute;n interesada.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Seguridad, estigmatizaci&oacute;n y convivencia</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es cierto que los datos policiales pueden mostrar una sobrerrepresentaci&oacute;n de personas extranjeras en determinados delitos. Pero interpretar esos datos sin atender al contexto social es irresponsable. La criminolog&iacute;a lleva d&eacute;cadas se&ntilde;alando que los factores determinantes de la delincuencia no son el origen o la nacionalidad, sino variables como la exclusi&oacute;n social, la precariedad econ&oacute;mica o la falta de redes de apoyo. Dicho de otro modo: no delinque alguien por ser extranjero, sino por encontrarse en situaciones de vulnerabilidad que, no casualmente, afectan con mayor intensidad a quienes han sido empujados a los m&aacute;rgenes del sistema.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, conviene recordar que los propios datos pueden estar sesgados. Las personas migrantes, especialmente aquellas en situaci&oacute;n irregular, est&aacute;n m&aacute;s expuestas a la vigilancia policial y tienen menos capacidad para defender sus derechos, lo que incrementa la probabilidad de detenciones y registros. No es solo una cuesti&oacute;n de qui&eacute;n delinque, sino tambi&eacute;n de qui&eacute;n es controlado. En este sentido, resulta indignante que responsables p&uacute;blicos utilicen cifras parciales para reforzar un discurso que asocia inmigraci&oacute;n y delincuencia. No solo porque es una simplificaci&oacute;n enga&ntilde;osa, sino porque alimenta el miedo y la desconfianza, erosionando la convivencia.
    </p><p class="article-text">
        Frente a ese enfoque, conviene reivindicar algo que el portavoz del PP rechaza como &ldquo;buenismo&rdquo;: la idea de que ning&uacute;n ser humano es ilegal. No se trata de negar la existencia de leyes ni de ignorar los retos que plantea la gesti&oacute;n migratoria, sino de recordar que detr&aacute;s de cada expediente hay una persona con derechos, dignidad y una historia que merece ser escuchada. Defender esto no es ingenuidad; es, de hecho, una posici&oacute;n profundamente realista. La seguridad no se construye levantando muros ni cerrando puertas, sino ampliando oportunidades, garantizando derechos y facilitando la integraci&oacute;n. Regularizar, incluir, acompa&ntilde;ar, respetar: esas son las verdaderas pol&iacute;ticas eficaces.
    </p><p class="article-text">
        Lo contrario -mantener a miles de personas en un limbo legal, sin acceso pleno a derechos ni posibilidades reales de integraci&oacute;n- no reduce la inseguridad, la alimenta. Por eso, la cuesti&oacute;n no deber&iacute;a ser cu&aacute;ntas &ldquo;puertas abiertas&rdquo; hay, sino cu&aacute;ntas seguimos manteniendo cerradas. Si de lo que se trata es de abrir una conversaci&oacute;n seria, claro; otra cosa es que las declaraciones del portavoz del PP no vayan de eso.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Imanol Zubero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/puertas-cerradas-no-abiertas_132_13118034.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Apr 2026 19:46:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Puertas cerradas, no abiertas]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Si vis pacem, para pacem]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/si-vis-pacem-pacem_132_13088071.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/323eb9fe-b54e-4a4a-98e7-065a37c1af9f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Si vis pacem, para pacem"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Cuestionar la supuesta bondad o inevitabilidad de la defensa militar no es negar los conflictos ni idealizar la paz. Es reconocer que el modelo dominante de seguridad ha fracasado, especialmente para quienes más sufren"</p></div><p class="article-text">
        El debate sobre la seguridad y el rearme ha vuelto con fuerza al centro de la pol&iacute;tica europea. La invasi&oacute;n rusa de Ucrania, la incertidumbre sobre el papel futuro de Estados Unidos en la OTAN y la creciente tensi&oacute;n geopol&iacute;tica han alimentado la idea de que Europa debe reforzar urgentemente su capacidad militar. En ese contexto &iquest;sigue teniendo sentido hoy una posici&oacute;n pacifista en Europa?&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">El rearme como nuevo sentido com&uacute;n europeo</h2><p class="article-text">
        En nuestras sociedades la defensa militar se ha convertido en un supuesto incuestionado. Se da por hecho que la seguridad depende de disponer de ej&eacute;rcitos capaces de disuadir mediante la amenaza de la fuerza. Este planteamiento suele presentarse como realismo pol&iacute;tico, como una respuesta t&eacute;cnica a un mundo peligroso. Sin embargo, en realidad es una opci&oacute;n hist&oacute;rica y cultural muy concreta, profundamente ideol&oacute;gica, que rara vez se somete a discusi&oacute;n &eacute;tica o pol&iacute;tica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando se debate sobre defensa nunca se cuestiona ese supuesto b&aacute;sico. Las discusiones se limitan a aspectos secundarios: cu&aacute;nto gastar en defensa, qu&eacute; alianzas mantener o d&oacute;nde desplegar tropas. Pero la premisa de fondo (que la seguridad solo puede garantizarse mediante la capacidad de infligir violencia) permanece intacta. Bajo ese marco, imaginar formas alternativas de seguridad se considera ingenuo o irresponsable.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El contexto geopol&iacute;tico reciente ha reforzado esta l&oacute;gica. En la Uni&oacute;n Europea se ha abierto paso un nuevo consenso: la idea de que Europa debe convertirse en una potencia militar m&aacute;s aut&oacute;noma. La Comisi&oacute;n Europea impulsa instrumentos financieros para fortalecer la industria de defensa y fomentar la compra conjunta de armamento, mientras Emmanuel Macron, defiende una Europa capaz de ejercer plenamente su poder militar, incluida la dimensi&oacute;n nuclear.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a el debate ha adoptado un tono aparentemente pragm&aacute;tico y el Gobierno sostiene que es posible aumentar el gasto militar sin sacrificar el Estado del bienestar. Seg&uacute;n esta l&oacute;gica, si el presupuesto de defensa puede ampliarse sin recortes en sanidad, educaci&oacute;n o pol&iacute;ticas sociales, el dilema entre &ldquo;ca&ntilde;ones o mantequilla&rdquo; quedar&iacute;a resuelto. Pero ese razonamiento evita la pregunta fundamental: incluso si podemos pagarlo, &iquest;es realmente la v&iacute;a adecuada para garantizar nuestra seguridad?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El gasto en defensa no es neutral. No se limita a cubrir una necesidad t&eacute;cnica, sino que orienta la econom&iacute;a, fortalece determinadas industrias, condiciona la pol&iacute;tica exterior y, sobre todo, formatea las mentalidades, configurando una aut&eacute;ntica econom&iacute;a pol&iacute;tica de la seguridad armada. Por eso el debate democr&aacute;tico no deber&iacute;a limitarse a la aritm&eacute;tica presupuestaria, sino abordar cuestiones m&aacute;s profundas: qu&eacute; amenazas consideramos prioritarias, qu&eacute; tipo de defensa queremos y qu&eacute; papel debe tener la fuerza militar dentro de una concepci&oacute;n m&aacute;s amplia de seguridad humana, social y ecol&oacute;gica.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El gasto en defensa no es neutral. No se limita a cubrir una necesidad técnica, sino que orienta la economía, fortalece determinadas industrias, condiciona la política exterior y, sobre todo, formatea las mentalidades, configurando una auténtica economía política de la seguridad armada</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Esa reflexi&oacute;n exige tambi&eacute;n preguntarse qu&eacute; significa exactamente &ldquo;defender nuestro modo de vida&rdquo;. Con frecuencia esta expresi&oacute;n funciona como un eslogan que agrupa prosperidad, libertades pol&iacute;ticas y estabilidad institucional. Sin embargo, rara vez se reconoce que el modelo de vida europeo se ha construido hist&oacute;ricamente sobre relaciones econ&oacute;micas coloniales y patrones de consumo que dependen de la explotaci&oacute;n de recursos y trabajo en otras partes del mundo. Es lo que Nancy Fraser ha llamado &ldquo;capitalismo can&iacute;bal&rdquo;. Defender ese modo de vida sin cuestionarlo significa, en realidad, proteger militarmente una posici&oacute;n privilegiada en la jerarqu&iacute;a global.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">La defensa que destruye lo que dice proteger</h2><p class="article-text">
        Por otro lado, la forma en que se libran las guerras contempor&aacute;neas obliga a revisar seriamente la supuesta capacidad protectora de la defensa militar. Hoy los conflictos se desarrollan principalmente en ciudades densamente pobladas y en estos escenarios el uso de artiller&iacute;a pesada, misiles o bombardeos a&eacute;reos tiene consecuencias devastadoras para la poblaci&oacute;n civil. Seg&uacute;n informes de Naciones Unidas, hasta el 90 % de las v&iacute;ctimas en zonas urbanas son civiles.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, el coste humano de la guerra va mucho m&aacute;s all&aacute; de las muertes directas en combate. La antrop&oacute;loga Stephanie Savell muestra que las guerras posteriores al 11 de septiembre de 2001 han tenido un impacto humano mucho mayor del que suele reconocerse. En las guerras de Afganist&aacute;n, Irak, Pakist&aacute;n, Siria, Yemen y regiones relacionadas, se estima que el total de muertes asociadas a los conflictos podr&iacute;a situarse entre 4,5 y 4,7 millones de personas, de las que 3,6 millones corresponden a muertes indirectas, es decir, personas que no murieron por violencia directa en el campo de batalla, sino por las consecuencias estructurales de la guerra: colapso de servicios de salud, malnutrici&oacute;n, enfermedades prevenibles, falta de agua potable y desplazamientos forzados.&nbsp;Casos actuales como Ucrania, Gaza o Ir&aacute;n muestran con crudeza que la guerra contempor&aacute;nea convierte a la sociedad civil en su principal v&iacute;ctima.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En este contexto resulta imposible sostener la idea de que la guerra sirve para proteger la vida. La defensa armada se legitima como respuesta frente a una amenaza absoluta, pero los datos muestran que su funcionamiento real implica la destrucci&oacute;n masiva de vidas e infraestructuras civiles. Como ha se&ntilde;alado Judith Butler, las guerras tambi&eacute;n se libran en el terreno simb&oacute;lico: determinan qu&eacute; vidas son reconocidas como valiosas y cu&aacute;les pueden ser reducidas a cifras estad&iacute;sticas o da&ntilde;os colaterales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Existe adem&aacute;s una ilusi&oacute;n persistente sobre la guerra que tambi&eacute;n hay que cuestionar: la creencia de que en ella se dirimen valores como la justicia o la libertad. En la pr&aacute;ctica, sin embargo, las guerras las ganan quienes disponen de mayor capacidad destructiva y m&aacute;s recursos materiales. La guerra premia la superioridad de la fuerza, no la legitimidad moral. Y esa acumulaci&oacute;n de poder militar nunca es neutral: tiende a reproducir y ampliar las desigualdades existentes entre pa&iacute;ses y dentro de las propias sociedades.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; resulta especialmente pertinente recordar la advertencia de Audre Lorde cuando afirma que &ldquo;las herramientas del amo nunca desmantelar&aacute;n la casa del amo&rdquo;. La violencia, las armas, los ej&eacute;rcitos son precisamente esas herramientas. Pretender construir un mundo m&aacute;s justo, m&aacute;s seguro o m&aacute;s humano mediante una intensificaci&oacute;n de la fuerza armada equivale a reforzar el mismo principio que genera la opresi&oacute;n: la imposici&oacute;n del m&aacute;s fuerte sobre el m&aacute;s d&eacute;bil<strong>.</strong>
    </p><p class="article-text">
        La gravedad del momento hist&oacute;rico tambi&eacute;n queda reflejada en un s&iacute;mbolo conocido: el Reloj del Juicio Final (Doomsday Clock) del Bulletin of the Atomic Scientists. Este indicador, creado tras la Segunda Guerra Mundial por cient&iacute;ficos vinculados al Proyecto Manhattan, utiliza la met&aacute;fora de un reloj para representar la proximidad de la humanidad a una cat&aacute;strofe global. En la actualidad el reloj marca apenas 85 segundos antes de la medianoche, una advertencia que refleja el aumento simult&aacute;neo de riesgos nucleares, crisis clim&aacute;tica y tensiones tecnol&oacute;gicas. El mensaje es claro: el rumbo actual del sistema internacional es profundamente inestable y exige respuestas cooperativas a escala global.
    </p><p class="article-text">
        Reconocer estos l&iacute;mites no implica negar la existencia de agresiones reales ni ignorar situaciones en las que la resistencia armada ha sido comprensible. La derrota del nazismo durante la Segunda Guerra Mundial es el ejemplo m&aacute;s claro. Sin embargo, incluso esa victoria no elimin&oacute; la l&oacute;gica de la fuerza en el sistema internacional; al contrario, inaugur&oacute; un orden basado en la disuasi&oacute;n nuclear y la amenaza permanente de destrucci&oacute;n mutua. Se trata de una din&aacute;mica estructural del sistema internacional conocida como el &ldquo;dilema de la defensa&rdquo;. Cuando los Estados se arman para protegerse generan inseguridad en otros, que responden arm&aacute;ndose tambi&eacute;n. De este modo se desencadenan carreras armament&iacute;sticas que refuerzan la percepci&oacute;n de amenaza. Este proceso se ve intensificado por el peso econ&oacute;mico del complejo militar-industrial, que convierte la producci&oacute;n de armamento en un sector con poderosos incentivos para su expansi&oacute;n.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Si para ser m&aacute;s fuerte que el amo tengo que convertirme en amo&hellip;</h2><p class="article-text">
        La pregunta de si &ldquo;merece la pena&rdquo; defenderse violentamente cuando eso exige volverse m&aacute;s fuerte e incluso m&aacute;s despiadado que el agresor nos sit&uacute;a ante uno de los dilemas m&aacute;s antiguos y perturbadores de la pol&iacute;tica: &iquest;en qu&eacute; estamos dispuestos a convertirnos para sobrevivir? La cuesti&oacute;n no es simplemente estrat&eacute;gica, es moral. No se trata solo de ganar una guerra, sino de preguntarse qu&eacute; tipo de sociedad y qu&eacute; futuro emergen de esa victoria.
    </p><p class="article-text">
        Cuando una comunidad decide defenderse, el objetivo declarado es preservar su forma de vida frente a una amenaza. Sin embargo, en el curso de esa defensa se introducen como &ldquo;medidas excepcionales&rdquo; pr&aacute;cticas que erosionan precisamente aquello que pretende proteger: limitaci&oacute;n de libertades, concentraci&oacute;n de poder, normalizaci&oacute;n de la mentira como herramienta pol&iacute;tica, deshumanizaci&oacute;n del adversario y, por extensi&oacute;n, del disidente interno. La historia muestra que las excepciones tienden a volverse permanentes y que la guerra, que comienza como reacci&oacute;n a una agresi&oacute;n externa, terminaa transformando el r&eacute;gimen desde dentro.
    </p><p class="article-text">
        Si para derrotar a un r&eacute;gimen autoritario hubiera que adoptar sus m&eacute;todos (represi&oacute;n sistem&aacute;tica, propaganda omnipresente, desprecio por el derecho internacional) la victoria ser&iacute;a m&aacute;s que ambigua: podr&iacute;a lograrse una superioridad militar, pero al precio de vaciar el proyecto pol&iacute;tico original. De forma an&aacute;loga, si una democracia respondiera a un entorno internacional crecientemente iliberal imit&aacute;ndolo, &ldquo;trumpiz&aacute;ndose&rdquo; o endureciendo sus propias reglas hasta diluir los contrapesos institucionales, podr&iacute;a obtener fortaleza a corto plazo, pero a largo plazo estar&iacute;a debilitando su legitimidad y su estabilidad.
    </p><p class="article-text">
        El problema no es solo moral; es tambi&eacute;n pr&aacute;ctico. La crueldad tiende a producir efectos secundarios estrat&eacute;gicamente costosos. Alimenta ciclos de represalia, dificulta la construcci&oacute;n de alianzas, erosiona el apoyo internacional y fractura la cohesi&oacute;n interna. Una sociedad que adopta m&eacute;todos despiadados necesita reforzar el control interno para sostenerlos. Y ese refuerzo (m&aacute;s vigilancia, menos transparencia, menor pluralismo) transforma la naturaleza misma del r&eacute;gimen: no hay m&aacute;s que mirar a los Estados Unidos de Trump y a la Rusia de Putin.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Pensar la seguridad m&aacute;s all&aacute; de las armas</h2><p class="article-text">
        Frente a este paradigma, deber&iacute;amos explorar seriamente la defensa civil noviolenta. Este enfoque parte de una premisa sencilla: ning&uacute;n r&eacute;gimen puede sostenerse &uacute;nicamente mediante la coerci&oacute;n. Incluso los poderes m&aacute;s represivos dependen de la cooperaci&oacute;n cotidiana de la poblaci&oacute;n. Si esa cooperaci&oacute;n se retira mediante huelgas, boicots, desobediencia civil o creaci&oacute;n de instituciones alternativas, el poder puede quedar paralizado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La historia ofrece m&uacute;ltiples ejemplos de resistencia civil, de no cooperaci&oacute;n, de retirada de legitimidad, de desobediencia organizada que hna erosionado reg&iacute;menes violentos sin recurrir a la guerra. No son caminos f&aacute;ciles ni exentos de costes, pero tampoco lo es la militarizaci&oacute;n permanente del mundo. La diferencia crucial es que la defensa civil noviolenta no convierte la violencia en principio, ni hace de la muerte del otro una condici&oacute;n de posibilidad para la propia supervivencia. Como proclam&oacute; Manuel Sacrist&aacute;n, &ldquo;el pacifismo no consiste en no querer morir, sino en no querer matar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cuestionar la supuesta bondad o inevitabilidad de la defensa militar no es negar los conflictos ni idealizar la paz. Es reconocer que el modelo dominante de seguridad ha fracasado, especialmente para quienes m&aacute;s sufren, y que insistir en &eacute;l solo profundiza las din&aacute;micas que nos han tra&iacute;do hasta aqu&iacute;. Reivindicar la defensa civil noviolenta es apostar por una noci&oacute;n de seguridad que no se mida por la capacidad de matar, sino por la capacidad de cuidar, resistir y transformar sin renunciar a la dignidad humana.
    </p><p class="article-text">
        El poder no reside en las armas, sino en la obediencia cotidiana. Cuando esa obediencia se retira de forma sostenida y colectiva, incluso los reg&iacute;menes m&aacute;s violentos se ven debilitados, porque pierden la capacidad pr&aacute;ctica de gobernar. La resistencia civil noviolenta no derrota al adversario destruy&eacute;ndolo, sino dej&aacute;ndolo sin suelo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este enfoque permite, adem&aacute;s, introducir una reflexi&oacute;n crucial sobre qui&eacute;n puede resistir<strong>.</strong> La violencia armada es radicalmente excluyente<strong>.</strong> Se trata de una herramienta profundamente machista<strong>,</strong> pero tambi&eacute;n edadista y capacitista. Su uso &ldquo;eficiente&rdquo; est&aacute; pensado para cuerpos muy concretos: varones j&oacute;venes, en excelentes condiciones f&iacute;sicas, entrenados para soportar dolor, miedo extremo y estr&eacute;s prolongado. Todo lo dem&aacute;s (mujeres, personas mayores, personas con diversidad funcional, cuerpos no normativos) queda relegado al papel de v&iacute;ctimas pasivas o de da&ntilde;os colaterales.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s a&uacute;n: la violencia no solo exige unas condiciones f&iacute;sicas espec&iacute;ficas, sino tambi&eacute;n unas disposiciones morales muy particulares. Acechar, enga&ntilde;ar, herir, mutilar o matar de forma sistem&aacute;tica requiere suspender, al menos temporalmente, rasgos &eacute;ticos b&aacute;sicos como la empat&iacute;a, el cuidado de la otra y el otro o el reconocimiento de la dignidad ajena. No es casual que los ej&eacute;rcitos inviertan enormes recursos en procesos de deshumanizaci&oacute;n del enemigo: sin ellos, la mayor&iacute;a de las personas no podr&iacute;a matar. La violencia organizada se apoya en disposiciones psicol&oacute;gicas m&aacute;s cercanas a la sociopat&iacute;a funcional que a una &eacute;tica compartida de la vida.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, y esto es importante subrayarlo, la violencia es una herramienta al alcance de una minor&iacute;a<strong>.</strong> No porque el resto de la poblaci&oacute;n sea cobarde o incapaz, sino porque, afortunadamente, la mayor&iacute;a de los seres humanos no est&aacute; hecha para matar<strong>.</strong> El militarismo convierte esa limitaci&oacute;n &eacute;tica en un defecto; la defensa civil noviolenta, en cambio, la reconoce como fortaleza.
    </p><p class="article-text">
        El problema es que estas alternativas suelen plantearse cuando la guerra ya ha comenzado, cuando la l&oacute;gica militar domina la opini&oacute;n p&uacute;blica y las decisiones pol&iacute;ticas. Por eso la defensa civil noviolenta solo puede convertirse en una opci&oacute;n cre&iacute;ble si se construye con antelaci&oacute;n, como una pol&iacute;tica p&uacute;blica organizada en tiempos de paz.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La vieja m&aacute;xima romana afirmaba: 'si vis pacem, para bellum', si quieres la paz, prep&aacute;rate para la guerra. Ha llegado el momento de invertir esa l&oacute;gica. Si queremos realmente la paz, debemos comprometernos firmemente desde ahora en prepararla.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Imanol Zubero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/si-vis-pacem-pacem_132_13088071.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 22 Mar 2026 20:40:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Si vis pacem, para pacem]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Guerras,Irán,Estados Unidos,Israel,Donald Trump,Otan,Ucrania,Gaza]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lombroso revisitado: cuerpo, poder y estética del autoritarismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/lombroso-revisitado-cuerpo-estetica-autoritarismo_132_12940333.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a4154081-d4d2-4c52-8c41-0eecf1c4d430_16-9-discover-aspect-ratio_default_1120687.jpg" width="5080" height="2858" alt="Lombroso revisitado: cuerpo, poder y estética del autoritarismo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"No hay rasgos físicos que revelen una esencia moral, y cualquier intento de leer el carácter a partir del cuerpo abre la puerta al racismo, al clasismo y a la violencia simbólica"</p></div><p class="article-text">
        Veo las im&aacute;genes de Gregory Bovino, jefe de sector (Chief Patrol Agent) de la Patrulla Fronteriza (CBP), y algo se dispara en mi mente antes incluso de escuchar sus declaraciones. No es s&oacute;lo el uniforme ni la escenograf&iacute;a de orden marcial que parece calcada de la est&eacute;tica nazi; es la manera en que el cuerpo se ofrece como mensaje, la rigidez del gesto, la elecci&oacute;n deliberada de una escenograf&iacute;a que no busca proteger sino imponer. De ah&iacute; nace una pregunta: &iquest;hay algo en la apariencia que nos permita asomarnos al alma de las personas? Y, con ella, el eco de un nombre inc&oacute;modo: Cesare Lombroso.
    </p><p class="article-text">
        Lombroso, m&eacute;dico y crimin&oacute;logo del siglo XIX, crey&oacute; haber descubierto una clave definitiva para comprender el crimen. Seg&uacute;n su teor&iacute;a, ciertos rasgos f&iacute;sicos &mdash;formas del cr&aacute;neo, mand&iacute;bulas prominentes, asimetr&iacute;as&mdash; delataban una predisposici&oacute;n innata a la delincuencia. El criminal ser&iacute;a un &ldquo;atavismo&rdquo;, un resto evolutivo reconocible a simple vista. Su propuesta pretend&iacute;a ser cient&iacute;fica, pero no lo era: carec&iacute;a de m&eacute;todo, confund&iacute;a correlaci&oacute;n con causalidad y, sobre todo, legitim&oacute; prejuicios sociales de enorme da&ntilde;o. Lombroso se equivoc&oacute; de ra&iacute;z cuando proyect&oacute; su mirada sobre las personas pobres, las migrantes, los cuerpos ya marcados por la exclusi&oacute;n. Su teor&iacute;a sirvi&oacute; para justificar desigualdades sociales preexistentes bajo una p&aacute;tina de neutralidad biol&oacute;gica.
    </p><p class="article-text">
        Criticar a Lombroso es imprescindible. No hay rasgos f&iacute;sicos que revelen una esencia moral, y cualquier intento de leer el car&aacute;cter a partir del cuerpo abre la puerta al racismo, al clasismo y a la violencia simb&oacute;lica. La ciencia social contempor&aacute;nea es clara: el comportamiento humano emerge de estructuras sociales de dominaci&oacute;n y privilegio, no de mand&iacute;bulas ni de arcos superciliares. Hasta aqu&iacute;, el veredicto es inequ&iacute;voco.
    </p><h2 class="article-text">El error de Lombroso y su intuici&oacute;n persistente</h2><p class="article-text">
        Y, sin embargo, la intuici&oacute;n que late bajo el error lombrosiano no se disuelve del todo si&nbsp;la desplazamos en el terreno de lo social. No se trata de biolog&iacute;a, sino de pol&iacute;tica; no de cr&aacute;neos, sino de signos. La apariencia no como destino, sino como lenguaje. En las sociedades modernas, el poder no s&oacute;lo act&uacute;a: se representa. Y esa representaci&oacute;n -uniformes, gestos, coreograf&iacute;as de autoridad- comunica valores, prioridades y desprecios.
    </p><p class="article-text">
        Esa representaci&oacute;n corporeizada del poder dominador, brutal y ostensiblemente viril - no es un detalle menor que siempre sean hombres- no es nueva. La hemos visto antes, la hemos aprendido a leer, aunque a veces finjamos sorpresa cuando reaparece. El poder autoritario no s&oacute;lo gobierna: posa y se exhibe.
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; est&aacute; Benito Mussolini, con el pecho inflado y la mand&iacute;bula alzada, el cr&aacute;neo rasurado como negaci&oacute;n de cualquier fragilidad. El cuerpo convertido en ariete simb&oacute;lico, en una geometr&iacute;a simple destinada a transmitir una idea elemental: fuerza, decisi&oacute;n, verticalidad. No hay duda, no hay fisura, no hay iron&iacute;a. El cuerpo dice &ldquo;mando&rdquo; antes de que la boca se abra.
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; est&aacute; tambi&eacute;n Adolf Hitler, cuya peque&ntilde;ez f&iacute;sica fue compensada (y ocultada) mediante una escenograf&iacute;a desmesurada. Multitudes coreografiadas, &aacute;ngulos bajos, columnas humanas y arquitect&oacute;nicas que lo engrandec&iacute;an artificialmente. La c&aacute;mara, en manos de Leni Riefenstahl, no registraba la realidad, la fabricaba. El mensaje era claro y profundamente moderno: el l&iacute;der no necesita ser grande, basta con que todo a su alrededor lo haga parecerlo. El cuerpo individual del l&iacute;der se disuelve en una est&eacute;tica hipermusculada del conjunto, de la masa enardecida.
    </p><h2 class="article-text">El cuerpo del poder como puesta en escena autoritaria</h2><p class="article-text">
        Ese patr&oacute;n expresivo no se ha perdido en nuestro tiempo. Ha cambiado de vestuario, ha afinado sus c&oacute;digos, pero sigue hablando el mismo idioma visual. Vladimir Putin cabalgando por la taiga con el torso desnudo es una imagen casi did&aacute;ctica: el l&iacute;der como macho primordial, fundido con la naturaleza, ajeno a la debilidad urbana, al di&aacute;logo, a la duda. No gobierna desde el pacto, sino desde la resistencia f&iacute;sica y la supuesta autenticidad del cuerpo endurecido. El mensaje no es pol&iacute;tico: es antropol&oacute;gico.
    </p><p class="article-text">
        Y luego est&aacute; Donald Trump, un caso fascinante porque su lenguaje corporal es a la vez repulsivo y caricaturizable. Trump no encarna la fuerza cl&aacute;sica del guerrero, sino la del mat&oacute;n televisivo: el gesto ofensivo, la invasi&oacute;n del espacio ajeno, el dedo acusador, la mueca de desprecio. Su cuerpo habla antes que sus frases, pero dice lo mismo: dominaci&oacute;n, burla, aplastamiento del adversario. No necesita disciplina corporal, le basta la teatralidad del exceso.
    </p><p class="article-text">
        Lo que une a estas figuras no es la ideolog&iacute;a concreta ni la &eacute;poca, sino una intuici&oacute;n compartida: el poder necesita encarnarse, y cuando ese poder es autoritario, esa encarnaci&oacute;n adopta formas perfectamente reconocibles. El cuerpo se vuelve mensaje pol&iacute;tico condensado y la virilidad exagerada funciona como atajo simb&oacute;lico: promete orden, decisi&oacute;n y seguridad a cambio de obediencia. Es una gram&aacute;tica visual pensada para tiempos de miedo.
    </p><p class="article-text">
        Que siempre sean hombres no es casual. El autoritarismo se apoya en una idea perversamente empobrecida de lo masculino: dureza sin cuidado, fuerza sin l&iacute;mite, mando sin escucha. El cuerpo del l&iacute;der se convierte en modelo, y cualquier desviaci&oacute;n de ese modelo es presentada como debilidad, traici&oacute;n o decadencia.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; es donde la sombra de Lombroso reaparece, no como ciencia, sino como advertencia. No porque el cuerpo revele una esencia moral, sino porque el poder elige conscientemente qu&eacute; cuerpo mostrar. No leemos almas, leemos puestas en escena, y esas puestas en escena rara vez son inocentes. El error de Lombroso fue confundir cuerpo y esencia. El nuestro ser&iacute;a ignorar que, en manos del poder, el cuerpo es propaganda. Y que esa propaganda, cuando adopta determinadas formas, suele anunciar siempre el mismo horizonte.
    </p><p class="article-text">
        Por eso estas im&aacute;genes no deber&iacute;an analizarse como an&eacute;cdotas ni como simple folclore pol&iacute;tico. Son se&ntilde;ales, no de un destino biol&oacute;gico, sino de un proyecto de poder. El cuerpo erguido, el gesto r&iacute;gido, la escenograf&iacute;a grandilocuente no nos dicen qui&eacute;n es realmente el l&iacute;der en su intimidad -eso no lo sabremos nunca-, pero s&iacute; nos dicen c&oacute;mo quiere gobernar y qu&eacute; tipo de v&iacute;nculo propone con los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta, entonces, cambia de registro. No es si el rostro &ldquo;revela el alma&rdquo;, sino qu&eacute; dice la est&eacute;tica del poder sobre quienes la encarnan. Quien elige mostrarse con una iconograf&iacute;a de dureza extrema, quien enfatiza la verticalidad, la intimidaci&oacute;n y la distancia, no est&aacute; siendo neutro. Est&aacute; narrando una relaci&oacute;n con los otros. El cuerpo se vuelve discurso, programa pol&iacute;tico, modelo de sociedad
    </p><p class="article-text">
        En este sentido, Lombroso &ldquo;acierta&rdquo; cuando dejamos atr&aacute;s su biologicismo y miramos hacia arriba, no hacia abajo. Se equivoc&oacute; gravemente al examinar a las personas pobres como si su miseria fuera una tara natural; pero la lectura resulta m&aacute;s fecunda cuando se aplica a las &eacute;lites y a los agentes del Estado que deciden c&oacute;mo aparecer ante la ciudadan&iacute;a. El poder tiene rostro, y ese rostro se construye. No es un espejo del alma, pero s&iacute; una puesta en escena de intenciones.
    </p><p class="article-text">
        Al observar a Bovino, lo relevante no es su fisonom&iacute;a sino la suma de elecciones visibles: el atuendo que remite a una tradici&oacute;n autoritaria, la presencia corporal que privilegia el choque sobre la mediaci&oacute;n, la pose que convierte la ley en espect&aacute;culo. Nada de esto es prueba una maldad esencial, pero s&iacute; revela una concepci&oacute;n del orden social en la que la fuerza desplaza al cuidado y la amenaza suplanta al di&aacute;logo. No estamos ante un diagn&oacute;stico biologicista, sino ante una lectura semi&oacute;tica del poder.
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto, leer signos no equivale a dictar sentencias morales autom&aacute;ticas. La apariencia muchas veces enga&ntilde;a, y el juicio precipitado es una forma de injusticia. Pero renunciar por completo a interpretar im&aacute;genes y gestos ser&iacute;a una ingenuidad. Vivimos en una &eacute;poca saturada de visualidad, donde los l&iacute;deres saben que cada encuadre importa. Ignorar esa dimensi&oacute;n es dejar nuestro an&aacute;lisis pol&iacute;tico incompleto.
    </p><p class="article-text">
        Como cient&iacute;fico, Lombroso fue un error hist&oacute;rico, pero nos ha legado una advertencia inquietante. No porque tuviera raz&oacute;n en sus conclusiones, sino porque nos recuerda una verdad indiscutible: que los cuerpos hablan, tal vez no de lo que somos &ldquo;por naturaleza&rdquo;, pero s&iacute; de lo que queremos ser en p&uacute;blico. Cuando miramos al poder y a quienes lo encarnan, esa escucha atenta de los signos puede ayudarnos a comprender mejor qu&eacute; proyecto se nos est&aacute; queriendo imponer y bajo qu&eacute; est&eacute;tica pretenden hacerlo pasar por inevitable.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Imanol Zubero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/lombroso-revisitado-cuerpo-estetica-autoritarismo_132_12940333.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 27 Jan 2026 20:45:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Lombroso revisitado: cuerpo, poder y estética del autoritarismo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Racismo,Estados Unidos,Fascismo,Adolf Hitler,Benito Mussolini,Vladímir Putin]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La democracia como práctica moral y conversación cívica]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/democracia-practica-moral-conversacion-civica_132_12913986.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f7eb0775-de8c-4387-a121-f2d2389b3011_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La democracia como práctica moral y conversación cívica"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"La hemos reducido al momento electoral, al recuento periódico de votos, a la competencia entre élites políticas cada vez más desconectadas de la sociedad a la que dicen representar"</p></div><p class="article-text">
        Llevamos demasiado tiempo aceptando una idea empobrecida de la democracia. La hemos reducido al momento electoral, al recuento peri&oacute;dico de votos, a la competencia entre &eacute;lites pol&iacute;ticas cada vez m&aacute;s desconectadas de la sociedad a la que dicen representar. Pero una democracia que se limita a eso no solo se vac&iacute;a por dentro: se vuelve objetivamente antidemocr&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Porque la democracia no se sostiene sobre procedimientos, por m&aacute;s relevantes que estos sean. Depende de la existencia de una minor&iacute;a suficiente de dem&oacute;cratas activas y responsables; no una &eacute;lite ilustrada ni un grupo de notables, sino un n&uacute;mero m&iacute;nimo de ciudadanas y ciudadanos comprometidas con lo p&uacute;blico, dispuestas a participar, a deliberar, a hacerse cargo de las decisiones colectivas. Sin esa base cultural y pr&aacute;ctica, las instituciones democr&aacute;ticas se convierten en una carcasa formal, vulnerable a cualquier deriva autoritaria. Hoy asistimos precisamente a ese riesgo.
    </p><p class="article-text">
        La reducci&oacute;n de la democracia a un procedimiento electoral ha ido de la mano de una transformaci&oacute;n profunda de los partidos pol&iacute;ticos: si en su origen fueron herramientas de organizaci&oacute;n, movilizaci&oacute;n y socializaci&oacute;n democr&aacute;tica, hoy se han convertido en grupos privados de poder, escasamente democr&aacute;ticos en su funcionamiento interno, separados de sus bases sociales y progresivamente identificados con las propias instituciones representativas, de las que se han adue&ntilde;ado.
    </p><p class="article-text">
        Cuando los partidos dejan de ser mediadores entre sociedad e instituciones y pasan a ocuparlas literalmente, la participaci&oacute;n ciudadana se empobrece, la deliberaci&oacute;n desaparece y la pol&iacute;tica se convierte en un espect&aacute;culo de adhesiones y rechazos inmediatos. En ese terreno f&eacute;rtil crecen los liderazgos autoritarios que dicen hablar &ldquo;en nombre del pueblo&rdquo; mientras vac&iacute;an de contenido los controles, las garant&iacute;as y los derechos.
    </p><p class="article-text">
        No es casualidad que en este contexto emerjan figuras como Viktor Orb&aacute;n o Donald Trump, ni que prosperen pol&iacute;ticas que, bajo un lenguaje de libertad y eficiencia, desmantelan servicios p&uacute;blicos y derechos sociales, como ocurre con la mercantilizaci&oacute;n de la sanidad o la educaci&oacute;n impulsada por Isabel D&iacute;az Ayuso. No se trata de anomal&iacute;as: son s&iacute;ntomas de una democracia reducida a mercado pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Participar no es consumir pol&iacute;tica</strong>
    </p><p class="article-text">
        Frente a esta deriva, conviene recordar una idea elemental: la participaci&oacute;n no es un adorno de la democracia, es su fundamento. No solo porque sea un derecho -que debe ser reconocido y protegido-, sino porque es fuente de derechos. Es mediante la participaci&oacute;n como se incorporan nuevos problemas a la agenda p&uacute;blica, como se construyen mayor&iacute;as sociales, como se defienden y ampl&iacute;an conquistas democr&aacute;ticas.
    </p><p class="article-text">
        Pero participar no es simplemente opinar, ni reaccionar en tiempo real, ni elegir entre opciones cerradas. Una democracia entendida como mera agregaci&oacute;n de preferencias individuales -el modelo liberal-procedimental dominante- parte de una concepci&oacute;n empobrecida del ser humano: individuos aislados, ego&iacute;stas racionales, cuyas preferencias se consideran dadas e inmutables.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El resultado es una ciudadan&iacute;a desmovilizada, que percibe la participaci&oacute;n como una carga y delega lo esencial en profesionales de la pol&iacute;tica. Una ciudadan&iacute;a que se limita a votar y a consumir mensajes pol&iacute;ticos como quien consume productos.
    </p><p class="article-text">
        Existe otra tradici&oacute;n democr&aacute;tica, hoy arrinconada pero m&aacute;s necesaria que nunca: la tradici&oacute;n republicana y deliberativa. Desde esta perspectiva, la democracia no se limita a producir decisiones leg&iacute;timas; aspira a producir mejores ciudadanas y ciudadanos. Su virtud reside en su capacidad para transformar preferencias privadas en preferencias p&uacute;blicas, para convertir intereses ego&iacute;stas en juicios orientados al bien com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La democracia, en este sentido, es una conversaci&oacute;n colectiva. Un proceso lento, exigente, a veces conflictivo, mediante el cual las personas revisan sus posiciones, escuchan razones ajenas, modifican sus puntos de vista y construyen acuerdos. En este modelo la raz&oacute;n de ser del Estado democr&aacute;tico no es solo proteger derechos individuales, sino salvaguardar un proceso inclusivo de formaci&oacute;n de la opini&oacute;n y de la voluntad com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Votar no desaparece en este modelo. Pero el voto deja de ser el principio y el final de la democracia para convertirse en la culminaci&oacute;n de un proceso deliberativo. Cuando la votaci&oacute;n sustituye al debate, cuando la rapidez sustituye a la reflexi&oacute;n, cuando la pol&iacute;tica se rige por la l&oacute;gica del impacto inmediato, la democracia se degrada.
    </p><p class="article-text">
        Ese vaciamiento moral de la democracia no se ha producido de forma abrupta ni por una s&uacute;bita desafecci&oacute;n ciudadana. Es el resultado de un proceso largo y persistente que ha ido erosionando las condiciones sociales, materiales y simb&oacute;licas que hacen posible una ciudadan&iacute;a activa. Cuando amplios sectores de la poblaci&oacute;n experimentan que su participaci&oacute;n no cambia nada sustantivo, que las decisiones relevantes se toman lejos y sin ellas, o que la pol&iacute;tica se limita a gestionar lo inevitable, la democracia deja de percibirse como un espacio propio y compartido. No es que la ciudadan&iacute;a &ldquo;abandone&rdquo; la democracia republicana: es que esta se va retirando de su vida cotidiana.
    </p><p class="article-text">
        A ello se suma una transformaci&oacute;n profunda de las condiciones de vida. La precarizaci&oacute;n del trabajo, la inseguridad residencial, la mercantilizaci&oacute;n del tiempo y la intensificaci&oacute;n de las exigencias vitales reducen dr&aacute;sticamente la disponibilidad (material y emocional) para participar, deliberar y comprometerse. La democracia republicana exige tiempo, atenci&oacute;n y confianza mutua; pero vivimos en sociedades que producen cansancio, competencia y aislamiento. En ese contexto, la participaci&oacute;n aparece como un lujo, la deliberaci&oacute;n como una p&eacute;rdida de tiempo y el compromiso c&iacute;vico como una carga m&aacute;s. El resultado no es apat&iacute;a pura, sino una retirada defensiva hacia lo privado, que deja el espacio p&uacute;blico cada vez m&aacute;s expuesto a su colonizaci&oacute;n por actores con m&aacute;s recursos, m&aacute;s voz y menos escr&uacute;pulos democr&aacute;ticos.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Recuperar el tiempo y el espacio de la democracia</strong></h2><p class="article-text">
        La democracia exige tiempo. Tiempo para hablar, para escuchar, para disentir, para cambiar de opini&oacute;n. La obsesi&oacute;n contempor&aacute;nea por la velocidad -alimentada por medios, redes y sondeos permanentes- produce una ilusi&oacute;n de participaci&oacute;n que en realidad elimina la reflexi&oacute;n. Se opina sobre opiniones, se reacciona antes de comprender, se confunde ruido con deliberaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Esta &ldquo;democracia en tiempo real&rdquo; es el caldo de cultivo perfecto para nuevas formas de autoritarismo: no ya el Estado fuerte y represivo, sino la desinstitucionalizaci&oacute;n, la apelaci&oacute;n directa y emocional a un &ldquo;pueblo&rdquo; homog&eacute;neo, la eliminaci&oacute;n de mediaciones, controles y garant&iacute;as. Un autoritarismo que habla el lenguaje de la democracia radical mientras vac&iacute;a su contenido pluralista.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La democracia exige tiempo. Tiempo para hablar, para escuchar, para disentir, para cambiar de opinión</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Este vaciamiento moral de la democracia va acompa&ntilde;ado de otro proceso igual de corrosivo: la separaci&oacute;n entre libertad e igualdad. La libertad entendida solo como ausencia de interferencia (la libertad negativa) resulta perfectamente compatible con sociedades profundamente desiguales. Se puede ser &ldquo;libre&rdquo; para dormir bajo un puente y estar condenado a hacerlo.
    </p><p class="article-text">
        La libertad democr&aacute;tica real es libertad positiva: la capacidad efectiva de decidir y llevar adelante un proyecto de vida digno. Y esa libertad requiere condiciones materiales: educaci&oacute;n, salud, vivienda, trabajo, seguridad econ&oacute;mica. No hay participaci&oacute;n democr&aacute;tica posible cuando amplios sectores de la poblaci&oacute;n viven en la precariedad, la dependencia o la exclusi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Por eso la privatizaci&oacute;n, la desregulaci&oacute;n y la mercantilizaci&oacute;n de los servicios esenciales no son solo pol&iacute;ticas econ&oacute;micas: son ataques directos a la democracia. Socavan la igualdad, erosionan la autonom&iacute;a y reducen la ciudadan&iacute;a a un estatus formal vac&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        Recuperar la democracia hoy exige algo m&aacute;s que defender procedimientos. Exige recuperar su dimensi&oacute;n moral: la idea de que gobernarnos juntas implica responsabilidad, cuidado de lo com&uacute;n, disposici&oacute;n a la cr&iacute;tica y a la autocr&iacute;tica. Exige reconstruir espacios de participaci&oacute;n real, fortalecer instituciones deliberativas y asumir que sin igualdad material no hay libertad pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        No partimos de cero, ni estamos condenadas a esta sombra de democracia. Basta con levantar la vista y mirar a nuestro alrededor para comprobar que, lejos de haberse extinguido, la democracia como pr&aacute;ctica moral sigue viva en m&uacute;ltiples iniciativas sociales, pol&iacute;ticas y sindicales que atraviesan nuestra vida cotidiana. En los barrios, en los centros educativos, en los lugares de trabajo, en asociaciones vecinales, plataformas ciudadanas, colectivos feministas, ecologistas, culturales o de apoyo mutuo, se sigue deliberando, organizando y cuidando lo com&uacute;n. Ah&iacute;, donde no hay focos ni titulares, la democracia recupera su sentido m&aacute;s profundo: el de una conversaci&oacute;n sostenida entre iguales para transformar problemas compartidos en respuestas colectivas.
    </p><p class="article-text">
        Reconstruir la democracia no pasa solo por reformar leyes o perfeccionar procedimientos, aunque tambi&eacute;n, sino por volver a vincularnos. Por reconocernos como parte de tramas sociales vivas y asumir la responsabilidad de habitarlas. Una democracia con pies de barro, fr&aacute;gil y expuesta a cualquier embate autoritario, solo puede reconstruirse apostando decididamente por una democracia con pies de barrio: arraigada, pr&oacute;xima, plural, lenta cuando hace falta y conflictiva cuando es necesario. Una democracia que no se limita a ser votada, sino que se practica cada d&iacute;a. Porque solo as&iacute; la democracia dejar&aacute; de ser una f&oacute;rmula abstracta y volver&aacute; a convertirse en una experiencia compartida.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Imanol Zubero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/democracia-practica-moral-conversacion-civica_132_12913986.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 17 Jan 2026 08:11:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La democracia como práctica moral y conversación cívica]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Democracia,Viktor Orbán,Donald Trump,Elecciones,Isabel Díaz Ayuso]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Valores en venta: el Athletic y la farsa ética del fútbol global]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/valores-venta-athletic-farsa-etica-futbol-global_132_12886783.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/691c76bb-06d6-4e66-8738-c300b424f32c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Valores en venta: el Athletic y la farsa ética del fútbol global"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"No se puede denunciar un genocidio —con razón— y, al mismo tiempo, participar sin protesta en un espectáculo organizado en un país que reprime, encarcela, ejecuta y censura, y que utiliza el deporte como coartada internacional"</p></div><p class="article-text">
        La disputa de la Supercopa de Espa&ntilde;a en Arabia Saud&iacute; no es un simple detalle organizativo ni una an&eacute;cdota log&iacute;stica: es un hecho pol&iacute;tico de primer orden. Y cuando un club como el Athletic Club, que se presenta a s&iacute; mismo &mdash;y es percibido por buena parte de su afici&oacute;n&mdash; como una instituci&oacute;n ligada a valores &eacute;ticos, comunitarios y pol&iacute;ticos, acepta participar sin fisuras en este modelo, esos valores quedan profundamente deslegitimados.
    </p><p class="article-text">
        La competici&oacute;n se celebra en Arabia Saud&iacute; como resultado de un acuerdo econ&oacute;mico impulsado por la Real Federaci&oacute;n Espa&ntilde;ola de F&uacute;tbol, en el marco de una estrategia descarada de 'sportswashing<em>' </em>promovida por el Estado saud&iacute;. No se trata de una acusaci&oacute;n ret&oacute;rica: Arabia Saud&iacute; utiliza sistem&aacute;ticamente el deporte internacional para lavar su imagen exterior, ocultando bajo grandes eventos una realidad marcada por la represi&oacute;n pol&iacute;tica, la persecuci&oacute;n de la disidencia, la negaci&oacute;n de derechos fundamentales y la violencia estructural ejercida por el propio Estado.
    </p><p class="article-text">
        Aceptar jugar all&iacute; no es neutral ni irrelevante. Significa integrarse conscientemente en un dispositivo propagand&iacute;stico dise&ntilde;ado para proyectar normalidad, modernidad y prestigio internacional a un r&eacute;gimen autoritario. Y hacerlo, adem&aacute;s, sabiendo que ese r&eacute;gimen es aliado activo de din&aacute;micas regionales de violencia, silencio diplom&aacute;tico y vulneraci&oacute;n masiva de derechos humanos.
    </p><p class="article-text">
        El Athletic ha realizado gestos p&uacute;blicos de posicionamiento pol&iacute;tico, especialmente en relaci&oacute;n con Palestina, denunciando la violencia ejercida por Israel en Gaza y mostrando solidaridad con el pueblo palestino. Esos gestos han sido celebrados como prueba de un club &ldquo;con valores&rdquo;, coherente con una identidad hist&oacute;rica asociada al arraigo, a la comunidad y a una cierta &eacute;tica pol&iacute;tica. Pero los valores no son consignas ocasionales ni comunicados selectivos. Son principios que obligan precisamente cuando hay costes materiales y simb&oacute;licos. No se puede denunciar un genocidio &mdash;con raz&oacute;n&mdash; y, al mismo tiempo, participar sin protesta en un espect&aacute;culo organizado en un pa&iacute;s que reprime, encarcela, ejecuta y censura, y que utiliza el deporte como coartada internacional. No se puede reclamar coherencia &eacute;tica en unos escenarios y suspenderla cuando el contrato es rentable o cuando la decisi&oacute;n &ldquo;viene dada&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El argumento habitual &mdash;&ldquo;la decisi&oacute;n no es del club&rdquo;, &ldquo;es una competici&oacute;n oficial&rdquo;, &ldquo;si no vamos nosotros ir&aacute; otro&rdquo;&mdash; no resiste un an&aacute;lisis m&iacute;nimamente riguroso. Las instituciones siempre eligen, tambi&eacute;n cuando deciden no confrontar. La obediencia no exime de responsabilidad pol&iacute;tica; al contrario, la consolida. La historia est&aacute; llena de ejemplos de actores que se refugiaron en la inevitabilidad del sistema para justificar su colaboraci&oacute;n con estructuras injustas.
    </p><p class="article-text">
        La participaci&oacute;n del Athletic en la Supercopa saud&iacute; es la integraci&oacute;n plena en la l&oacute;gica mercantil y profundamente politizada del f&uacute;tbol global, donde los valores solo se exhiben cuando no incomodan al poder econ&oacute;mico ni a los socios estrat&eacute;gicos. Y eso vac&iacute;a de contenido cualquier gesto previo. Porque los valores que no se sostienen frente al dinero, la visibilidad medi&aacute;tica y la presi&oacute;n institucional no son valores, son branding, y demostraci&oacute;n de que ni siquiera los clubes que se reclaman &ldquo;distintos&rdquo; logran escapar a la l&oacute;gica extractiva, mercantil y c&iacute;nica del f&uacute;tbol contempor&aacute;neo.
    </p><p class="article-text">
        Si todo es negociable, si todo es compatible, si no existe ning&uacute;n punto en el que se diga &ldquo;no&rdquo;, entonces el discurso &eacute;tico se convierte en un recurso est&eacute;tico, utilizable cuando conviene y descartable cuando estorba. Y en ese escenario, las declaraciones de apoyo a causas justas no solo pierden fuerza: se vuelven hip&oacute;critas.
    </p><p class="article-text">
        El f&uacute;tbol no puede cambiar el mundo, pero los equipos y las aficiones s&iacute; pueden decidir de qu&eacute; lado se colocan. Jugar en Arabia Saud&iacute; no es estar &ldquo;fuera de la pol&iacute;tica&rdquo;, es tomar partido. Y cuando ese partido se toma contra los propios principios proclamados, lo que se derrumba no es solo un discurso, es la credibilidad moral de la instituci&oacute;n que los enarbola.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Imanol Zubero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/valores-venta-athletic-farsa-etica-futbol-global_132_12886783.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 05 Jan 2026 20:46:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Valores en venta: el Athletic y la farsa ética del fútbol global]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Menús de 60 euros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/menus-60-euros_132_12878096.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/910db97a-e22b-4e17-ba85-c6304c5e1959_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Menús de 60 euros"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"El problema no es el redondeo. Ni siquiera la cifra concreta. El problema es que nadie haya visto ahí nada extraño. Que ese sea el punto de partida, el suelo moral desde el que se mide el exceso"</p></div><p class="article-text">
        Hay cifras que no son grandes por su cuant&iacute;a, sino por lo que expresan; o, mejor dicho, por el mundo que revelan. En la reciente auditor&iacute;a externa de las cuentas del PSOE, uno de los criterios utilizados para detectar posibles gastos &ldquo;suntuarios o excesivos&rdquo; merece una atenci&oacute;n que va m&aacute;s all&aacute; de la mera an&eacute;cdota contable.
    </p><p class="article-text">
        Para establecer qu&eacute; se considera un gasto razonable en comidas, los autores del informe han tomado como referencia la dieta de manutenci&oacute;n fijada en un real decreto de 2002 sobre indemnizaciones por raz&oacute;n del servicio, en concreto, la correspondiente al llamado Grupo 1, en el que se encuadran altos cargos, magistrados del Tribunal Supremo o embajadores. Esa dieta asciende a 53,34 euros. Pero como la norma no se actualiza desde 2005, los auditores han decidido redondear la cifra: 60 euros por comensal.
    </p><p class="article-text">
        Ese es, seg&uacute;n el criterio empleado, el umbral de lo &ldquo;normal&rdquo;, de lo no excesivo, de lo que no merece reproche alguno. A partir de ah&iacute; empieza el lujo. Por debajo, la correcci&oacute;n. Que este sea el est&aacute;ndar elegido no es un detalle menor ni una simple cuesti&oacute;n t&eacute;cnica. Es una ventana abierta a un universo mental muy concreto: el de una pol&iacute;tica que ha normalizado como corriente lo que para la inmensa mayor&iacute;a de la ciudadan&iacute;a es sencillamente inalcanzable en su vida cotidiana.
    </p><p class="article-text">
        Es cierto que en el contexto de un caso de corrupci&oacute;n en el que se hablaba con desparpajo de &ldquo;chistorras&rdquo; (billetes de 500 euros) y &ldquo;lechugas&rdquo; (billetes de 100) discutir sobre el precio aceptable de un men&uacute; puede parecer el chocolate del loro. Pero no lo es. Precisamente porque no hablamos de sobres, comisiones ni mordidas, sino de lo que se considera razonable, aceptable, incluso discreto. De la escala de valores que opera cuando nadie cree estar haciendo nada malo.
    </p><p class="article-text">
        Para la mayor&iacute;a de personas, 60 euros es la compra de varios d&iacute;as, una factura de gas o electricidad, un peque&ntilde;o desahogo que hay que pensar dos veces. Para quienes auditan, gestionan y se mueven en los entornos del poder, es el precio est&aacute;ndar de un men&uacute; que no merece ni comentario. Dos mundos que apenas se rozan.
    </p><p class="article-text">
        El problema no es el redondeo. Ni siquiera la cifra concreta. El problema es que nadie haya visto ah&iacute; nada extra&ntilde;o. Que ese sea el punto de partida, el suelo moral desde el que se mide el exceso. Porque la pol&iacute;tica, cuando se encierra en sus propias referencias, deja de representar y empieza simplemente a administrarse a s&iacute; misma.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Para la mayoría de personas, 60 euros es la compra de varios días, una factura de gas o electricidad, un pequeño desahogo que hay que pensar dos veces</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Y as&iacute;, entre dietas, decretos desfasados y men&uacute;s de 60 euros, se va construyendo un ecosistema autorreferencial, cada vez m&aacute;s alejado de la vida real. No es una an&eacute;cdota. Es una se&ntilde;al. Y las se&ntilde;ales, cuando se ignoran, acaban convirti&eacute;ndose en abismos pol&iacute;ticos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Imanol Zubero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/menus-60-euros_132_12878096.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 30 Dec 2025 20:45:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Menús de 60 euros]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[PSOE,José Luis Ábalos,Dietas,Tribunal Supremo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La construcción discursiva de la sospecha y sus efectos en la percepción de la violencia machista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/construccion-discursiva-sospecha-efectos-percepcion-violencia-machista_132_12841764.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a450e6e5-f3fd-458d-9546-3f22b304d2bf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La construcción discursiva de la sospecha y sus efectos en la percepción de la violencia machista"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Este marco no es neutral: desplaza el problema de la violencia hacia el terreno del malestar masculino y transforma el feminismo en un objeto de sospecha antes que en una herramienta de protección"</p></div><p class="article-text">
        En 'Esto no existe', Juan Soto Ivars se aproxima a las denuncias por violencia machista reclamando para s&iacute; la posici&oacute;n del observador esc&eacute;ptico, ajeno a las &ldquo;narrativas oficiales&rdquo; y guiado por un rigor casi forense. Sin embargo, resulta significativo que el autor deba reiterar una y otra vez que no niega la violencia machista, hasta el punto de que esa aclaraci&oacute;n se convierte en un estribillo ret&oacute;rico. Ese subrayado constante, m&aacute;s que un gesto de honestidad intelectual parece una estrategia defensiva frente a una sombra que sobrevuela el texto: la de que su argumentaci&oacute;n, por m&aacute;s que se vista de neutralidad, funciona como un cuestionamiento estructural de la credibilidad de las mujeres y, por extensi&oacute;n, de la magnitud del problema de la violencia de g&eacute;nero.
    </p><p class="article-text">
        Cuando un ensayo necesita reafirmar insistentemente su compromiso con la realidad de la violencia machista, puede ser por una de estas dos razones: porque anticipa una lectura intencionadamente hostil, o porque<strong> </strong>su planteamiento contribuye objetivamente a desplazar el foco desde la violencia hacia las supuestas distorsiones que genera la denuncia, ofreciendo as&iacute; un marco interpretativo que, sin negar el fen&oacute;meno, lo reduce, lo relativiza o lo pone en suspenso. Este es el caso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El planteamiento de Soto Ivars produce un efecto objetivo de relativizaci&oacute;n de un problema que es grav&iacute;simo, contribuyendo a instalar la idea de que las denuncias, el marco jur&iacute;dico y el relato feminista constituyen un campo hipertrofiado, sobreactuado, peligrosamente ideologizado. El resultado es un tipo de narrativa que no necesita impugnar la violencia machista para contribuir a su minimizaci&oacute;n: basta con saturar el discurso de excepcionalidades anecd&oacute;ticas, dudas metodol&oacute;gicas o advertencias sobre los supuestos excesos del feminismo institucional para que la sombra de la sospecha se extienda sobre un problema cuya dimensi&oacute;n est&aacute; m&aacute;s que sobradamente documentada. Un movimiento discursivo cl&aacute;sico que convierte la violencia real, masiva y sistem&aacute;tica en un tel&oacute;n de fondo casi accesorio, mientras el protagonismo recae sobre las incomodidades o temores de quienes nunca fueron sus principales v&iacute;ctimas.
    </p><p class="article-text">
        Esta din&aacute;mica no es nueva. Coincide de manera inquietante con el fen&oacute;meno que Susan Faludi describi&oacute; en los a&ntilde;os ochenta bajo el nombre de 'backlash': una reacci&oacute;n cultural y medi&aacute;tica frente a los avances feministas que no opera negando frontalmente la desigualdad, sino afirmando que el feminismo ha ido demasiado lejos, que exagera, que distorsiona la realidad o que genera problemas m&aacute;s graves que los que pretende resolver. Faludi mostr&oacute; c&oacute;mo este tipo de reacci&oacute;n fue impulsada, en buena medida, por intelectuales varones -como Allan Bloom o Christopher Lasch- que interpretaban los avances feministas como una amenaza a su estatus simb&oacute;lico y cultural. Merece la pena citar en extenso a la propia Susan Faludi:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los expertos que difundieron la reacci&oacute;n entre la opini&oacute;n p&uacute;blica formaban un grupo muy diverso y hab&iacute;a poca cohesi&oacute;n entre sus miembros, de modo que resultaba imposible hacer generalizaciones acerca de ellos desde los puntos de vista pol&iacute;tico o social, pero es evidente que no habr&iacute;an obrado de aquel modo de no tener alg&uacute;n motivo. Es posible que su inter&eacute;s por la situaci&oacute;n social de la mujer fuera sincero, y que tuvieran una gran curiosidad intelectual. Pero tambi&eacute;n obraban impulsados por &iacute;ntimos anhelos y animosidades y vanidades que a veces ni ellos mismos eran capaces de reconocer o comprender del todo. [&hellip;] Y, como al parecer sucede inevitablemente en los periodos de pugna entre los dos sexos, las ansiedades personales y los intereses intelectuales terminaban fundi&eacute;ndose con el paso del tiempo hasta hacer de las mujeres un 'problema' que exig&iacute;a un estudio microsc&oacute;pico y febril, una 'imperfecci&oacute;n' en el paisaje nacional que justificaba que pontificaran interminablemente mientras se mesaban la barba&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No es casual que muchos de los textos contempor&aacute;neos que cuestionan la credibilidad del feminismo est&eacute;n firmados por hombres que escriben desde posiciones de agravio, resentimiento o p&eacute;rdida de centralidad. A este tipo de figuras cabr&iacute;a denominarlas, no sin iron&iacute;a, 'incelectuales': una amalgama de 'incel' e 'intelectual' que da cuenta de una producci&oacute;n cultural atravesada por el despecho masculino y revestida de falsa lucidez cr&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        El 'backlash' se sostiene en discursos que adoptan la forma de la racionalidad cr&iacute;tica mientras erosionan, insidiosamente, el consenso social sobre la importancia de la violencia contra las mujeres<strong>.</strong> El mecanismo es claro: conceder en abstracto la existencia del problema para, acto seguido, subordinarlo narrativamente a una supuesta &ldquo;exageraci&oacute;n&rdquo; o &ldquo;distorsi&oacute;n&rdquo; generada por sus denunciantes, por las activistas o por las instituciones.
    </p><p class="article-text">
        Estas estrategias discursivas de minimizaci&oacute;n son enormemente preocupantes. Estudios sobre percepciones sociales de la violencia contra las mujeres en Espa&ntilde;a muestran que los discursos que cuestionan la fiabilidad del sistema de denuncias tienen efectos medibles en la disminuci&oacute;n del reconocimiento social del problema. La investigaci&oacute;n seria (consulten la <a href="https://violenciagenero.igualdad.gob.es/violenciaencifras/macroencuesta-de-violencia-contra-la-mujer-2024/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Macroencuesta de Violencia contra la Mujer 2024</a>) demuestra que la violencia contra las mujeres es un fen&oacute;meno masivo y profundamente infradenunciado, mientras que las denuncias falsas representan una fracci&oacute;n &iacute;nfima del total. Seg&uacute;n datos del Consejo General del Poder Judicial, entre 2009 y 2023 el porcentaje medio de denuncias falsas por violencia de g&eacute;nero se sit&uacute;a en el 0,0084 %. Es cierto que esta cifra no refleja el total de denuncias que pudieran ser falsas, sino &uacute;nicamente los casos en los que hombres denunciados por violencia de g&eacute;nero iniciaron posteriormente acciones judiciales por falsedad contra sus parejas o exparejas y obtuvieron una sentencia favorable. Pero esta limitaci&oacute;n estad&iacute;stica no parece significativa y afecta de manera an&aacute;loga y mucho m&aacute;s intensa a la violencia de g&eacute;nero en su conjunto, ya que una parte muy significativa de las mujeres que la sufren no denuncia y, por tanto, queda fuera de cualquier registro oficial. Sirva un dato para dimensionar esta infradenuncia: en 2023, solo una de cada cuatro mujeres asesinadas por violencia machista (el 25,9 %) hab&iacute;a presentado previamente una denuncia contra su agresor.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, la percepci&oacute;n social no refleja esta realidad y una parte de la poblaci&oacute;n cree que el problema est&aacute; exagerado o que las denuncias no siempre son fiables. Esta distancia entre los hechos y su reconocimiento social no surge de manera espont&aacute;nea; est&aacute; alimentada por discursos culturales y medi&aacute;ticos que, aun sin negar abiertamente la violencia, desplazan el foco hacia la sospecha, la duda y la excepcionalidad. Los discursos centrados en la manipulaci&oacute;n del sistema de denuncias funcionan como verdaderos &ldquo;mitos culturales&rdquo; que erosionan la percepci&oacute;n de gravedad del problema. Cuanto mayor es el espacio que ocupan esas dudas en el debate p&uacute;blico, menor es la disposici&oacute;n social a reconocer la violencia como estructural y a respaldar pol&iacute;ticas espec&iacute;ficas para combatirla. Este efecto es especialmente intenso entre la poblaci&oacute;n m&aacute;s joven, donde el cuestionamiento de la credibilidad de las v&iacute;ctimas se asocia a una banalizaci&oacute;n creciente de la violencia y a una mayor tolerancia hacia conductas de control, dominaci&oacute;n o agresi&oacute;n. La sospecha no solo distorsiona la comprensi&oacute;n de la realidad, contribuye activamente a producir subjetividades menos sensibles al da&ntilde;o y m&aacute;s receptivas a narrativas antifeministas.
    </p><p class="article-text">
        En este contexto, resulta significativo que se conceda tanta atenci&oacute;n a ensayos que siembran dudas abstractas, mientras se ignora sistem&aacute;ticamente el conocimiento situado que producen las organizaciones de mujeres v&iacute;ctimas y supervivientes de violencia machista. Colectivos como <a href="https://asociacionbizituelkartea.wordpress.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Bizitu Elkartea</a>, entre otros, aportan una experiencia contrastada imprescindible para comprender la violencia en su dimensi&oacute;n cotidiana, institucional y relacional. Escuchar y acompa&ntilde;ar a estas organizaciones es una exigencia democr&aacute;tica b&aacute;sica. Prestar m&aacute;s atenci&oacute;n a libelos que cuestionan la credibilidad de las v&iacute;ctimas que a quienes sostienen procesos de acompa&ntilde;amiento, reparaci&oacute;n y denuncia revela una jerarqu&iacute;a de saberes profundamente sesgada.
    </p><p class="article-text">
        'Esto no existe' no es un producto intelectual aislado. Se inscribe en una corriente m&aacute;s amplia de ensayos, columnas y debates p&uacute;blicos que, desde mediados de la d&eacute;cada de 2010, construyen una narrativa de &ldquo;saturaci&oacute;n feminista&rdquo;. Este marco no es neutral: desplaza el problema de la violencia hacia el terreno del malestar masculino y transforma el feminismo en un objeto de sospecha antes que en una herramienta de protecci&oacute;n. En un contexto donde cada avance pol&iacute;tico del feminismo va acompa&ntilde;ado de una contrarreacci&oacute;n visceral, obras como 'Esto no existe' deben leerse no como productos intelectuales aislados, sino como piezas que forman parte de un movimiento ideol&oacute;gico m&aacute;s amplio. Y es esa inserci&oacute;n en el clima de 'backlash' lo que hace que su impacto social sea profundamente problem&aacute;tico. No es un libro aislado: forma parte de una corriente de ensayos, columnas y debates p&uacute;blicos que, desde mediados de la d&eacute;cada de 2010, construyen una narrativa de &ldquo;saturaci&oacute;n feminista&rdquo; que es, en s&iacute; misma, un mecanismo reaccionario<strong>,</strong> porque desplaza el problema de la violencia hacia el terreno del malestar masculino y transforma el feminismo en un objeto de sospecha antes que en una herramienta de protecci&oacute;n. Sus efectos culturales son claros: contribuyen a reforzar percepciones err&oacute;neas, alimentan la desconfianza hacia las v&iacute;ctimas y desplazan el debate desde la violencia comprobada hacia la sospecha hipot&eacute;tica, provocando un ruido sistem&aacute;tico destinado a socavar la legitimidad del movimiento feminista.
    </p><p class="article-text">
        Este tipo de planteamientos, por mucho que se cubran con la capa de la moderaci&oacute;n, construyen el terreno cultural ideal para el avance del negacionismo, porque generan un ambiente donde el &eacute;nfasis deja de estar en la urgencia de proteger a las v&iacute;ctimas y pasa a centrarse en la necesidad de &ldquo;equilibrar&rdquo; el debate, un eufemismo que en la pr&aacute;ctica significa relativizar la gravedad del problema. Aunque el libro no niegue la violencia machista, su marco discursivo s&iacute; contribuye a debilitar la percepci&oacute;n social de esa violencia. Al insistir en la necesidad de revisar el relato feminista dominante, sin explicar la dimensi&oacute;n estructural, hist&oacute;rica y estad&iacute;stica de la violencia machista, el libro participa del clima de sospecha que permite que el negacionismo prospere.
    </p><p class="article-text">
        En sociedades donde la violencia contra las mujeres es estructural, donde la infradenuncia es masiva y las denuncias falsas constituyen una excepci&oacute;n estad&iacute;stica, cualquier discurso que insista en la idea del abuso del sistema legal contribuye a erosionar el reconocimiento social del problema y a debilitar los marcos de protecci&oacute;n de las v&iacute;ctimas. Este es precisamente el mecanismo central de la reacci&oacute;n antifeminista contempor&aacute;nea: desplazar el foco desde la violencia real hacia la sospecha hipot&eacute;tica, generando un clima cultural en el que la duda pesa m&aacute;s que la evidencia y en el que la credibilidad de las mujeres vuelve a ponerse en cuesti&oacute;n. Y esto es inaceptable.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Imanol Zubero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/construccion-discursiva-sospecha-efectos-percepcion-violencia-machista_132_12841764.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 14 Dec 2025 20:46:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La construcción discursiva de la sospecha y sus efectos en la percepción de la violencia machista]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Feminismo,Machismo,Violencia machista,Denuncias falsas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La banalidad moral de una cierta izquierda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/banalidad-moral-izquierda_132_12610643.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a13cd643-fe22-4a3a-a97e-e410c643e7ba_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La banalidad moral de una cierta izquierda"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Quienes intentamos reducir nuestra colaboración con el sufrimiento en este mundo sabemos que nunca lo haremos de manera plena, pues habitamos un orden estructurado por estructuras de poder intersecadas como el patriarcado, el antropocentrismo, el colonialismo y el capitalismo"</p></div><p class="article-text">
        El art&iacute;culo de Alejandro Cencerrado <a href="https://elpais.com/salud-y-bienestar/2025-08-30/la-superioridad-moral-de-la-izquierda-y-otros-conflictos-de-pareja.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">'La superioridad moral de la izquierda y otros conflictos de pareja'</a> ('El Pa&iacute;s', 30 de agosto) parte de un dilema aparentemente cotidiano: &iquest;qu&eacute; es preferible, comprar en una gran superficie como Mercadona o en la carnicer&iacute;a del barrio donde el empleador maltrata a su trabajador inmigrante? A partir de ah&iacute;, el autor despliega una reflexi&oacute;n sobre la imposibilidad de la coherencia absoluta y sobre la supuesta superioridad moral de la izquierda. Pero lo que presenta como una reflexi&oacute;n compleja sobre nuestras contradicciones es, en realidad, una trivializaci&oacute;n de los dilemas &eacute;ticos y un modo de exonerarse de la tarea siempre dif&iacute;cil de cambiar la propia vida.
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, no cualquiera puede hablar con autoridad de f&iacute;sica, tampoco de sociolog&iacute;a, ni menos a&uacute;n de &eacute;tica pol&iacute;tica. Para tomar en serio un dilema moral hay que reconocer que no todas las opciones son equivalentes. La disyuntiva entre Mercadona y la carnicer&iacute;a del explotador xen&oacute;fobo es una falsa dicotom&iacute;a, un atajo ret&oacute;rico. Siempre hay alternativas: desde cooperativas de consumo hasta mercados locales, desde el peque&ntilde;o comercio gestionado de forma decente hasta la compra colectiva organizada. El supuesto dilema revela m&aacute;s pereza moral que complejidad. No en vano est&aacute; publicado en la secci&oacute;n 'Salud y bienestar'.
    </p><p class="article-text">
        Quienes intentamos reducir nuestra colaboraci&oacute;n con el sufrimiento en este mundo sabemos que nunca lo haremos de manera plena, pues habitamos un orden estructurado por estructuras de poder intersecadas como el patriarcado, el antropocentrismo, el colonialismo y el capitalismo. Pero, precisamente por eso, la tarea es ineludible: se trata de avanzar, paso a paso, en una lucha contra nosotras mismas. Cada gesto importa: el sufrimiento de los animales explotados y la deforestaci&oacute;n masiva que sostiene la dieta carn&iacute;vora global; la explotaci&oacute;n de mujeres migrantes que limpian habitaciones de hoteles y apartamentos tur&iacute;sticos; la destrucci&oacute;n de territorios ind&iacute;genas para extraer litio y sostener nuestra dependencia tecnol&oacute;gica; las cadenas de trabajo esclavo en la industria textil de 'moda r&aacute;pida' que abastece nuestros armarios; los residuos electr&oacute;nicos arrojados en pa&iacute;ses empobrecidos para sostener nuestro consumo digital. No son dilemas banales: son la urdimbre real de nuestra vida cotidiana.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, quien se toma en serio la coherencia no pierde el tiempo en se&ntilde;alar incoherencias ajenas como un 'cu&ntilde;ado', sino que libra, antes que nada, la batalla consigo misma. El esfuerzo consiste en sostener tensiones, reconocer ambig&uuml;edades y aun as&iacute; elegir caminos menos da&ntilde;inos. Eso es muy distinto de la postura que Cencerrado defiende: un empate tramposo que banaliza toda contradicci&oacute;n. Su l&oacute;gica es la del &ldquo;como t&uacute; compras en Mercadona y yo viajo en avi&oacute;n de vacaciones a Costa Rica, empate a incoherencias&rdquo;. Pero ah&iacute; no hay pedagog&iacute;a respetuosa ni di&aacute;logo cr&iacute;tico, sino una licencia moral para la autocomplacencia: como todas tenemos alguna contradicci&oacute;n, todas est&aacute;n justificadas.
    </p><p class="article-text">
        Esa es, precisamente, la banalidad moral de cierta izquierda: la conversi&oacute;n de la cr&iacute;tica &eacute;tica en un relativismo c&oacute;modo que legitima no hacer nada. Lo que se renuncia a asumir es la capacidad, siempre parcial pero nunca irrelevante, que cada persona tiene de cambiar su vida y de acumular con ello fuerza colectiva para transformar el mundo. El problema no es el rigorismo moral, sino su caricatura.
    </p><p class="article-text">
        A esta banalizaci&oacute;n se suma otra confusi&oacute;n grave: la mezcla indiscriminada entre din&aacute;micas de pareja y din&aacute;micas pol&iacute;ticas o sociales. Lo que en la vida privada puede analizarse como desencuentro, falta de escucha o desprecio mutuo no puede extrapolarse sin m&aacute;s a las relaciones sociales y pol&iacute;ticas, donde intervienen estructuras de poder, desigualdades hist&oacute;ricas y jerarqu&iacute;as materiales. En su uso de John Gottman, Cencerrado habla de &ldquo;los cuatro jinetes&rdquo; de la ruptura afectiva como si el conflicto social pudiera explicarse con las mismas categor&iacute;as que un desencuentro conyugal. Pero en los conflictos pol&iacute;ticos no basta con &ldquo;saber hablarse&rdquo; o &ldquo;aprender a convivir con las diferencias&rdquo;: hay estructuras de explotaci&oacute;n, desigualdades de clase, violencias coloniales y patriarcales que no se resuelven en la mesa de terapia de pareja.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, incluso en el an&aacute;lisis de pareja que propone falta perspectiva de g&eacute;nero: no es lo mismo discutir desde una posici&oacute;n sim&eacute;trica que desde relaciones atravesadas por desigualdad, dependencia econ&oacute;mica o violencia. Cuando se igualan las posiciones -como si ambas partes de la pareja fueran libres y equivalentes- se borra la dimensi&oacute;n estructural de las relaciones &iacute;ntimas, lo mismo que al trasladar ese esquema a la pol&iacute;tica se borran las asimetr&iacute;as reales de poder que moldean nuestras vidas colectivas.
    </p><p class="article-text">
        Frente a lo que Cencerrado presenta como superioridad moral, lo que necesitamos es un rigor moral que no se confunda con punitivismo ni con purismo. Rigor es reconocer que no todo da igual, que no todas las contradicciones pesan lo mismo, que algunas son evitables y otras no. Rigor es sostener que cambiar exige renuncias, y que esas renuncias no son un castigo sino el germen de otra vida posible. Raffaele Simone hablaba del combate contra el &ldquo;Monstruo Amable&rdquo; que es el capitalismo: esa normalidad c&oacute;moda que nos arrulla y nos disuade de cualquier renuncia. Para enfrentarlo hace falta una disposici&oacute;n casi penitencial: no como mortificaci&oacute;n gratuita, sino como resistencia activa contra los impulsos 'naturales' fabricados por el capitalismo.
    </p><p class="article-text">
        La izquierda no se hunde por exceso de exigencia &eacute;tica, sino por su banalizaci&oacute;n: por rebajar las luchas morales a la altura de las excusas de un bohemio burgu&eacute;s. No necesitamos una izquierda boba y autocomplaciente que juegue a empatarnos en contradicciones, sino una izquierda que sea capaz de asumir que la coherencia nunca ser&aacute; absoluta, pero siempre es ineludible como horizonte y como pr&aacute;ctica.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Amaia González Llama, Imanol Zubero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/banalidad-moral-izquierda_132_12610643.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 17 Sep 2025 19:15:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La banalidad moral de una cierta izquierda]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Todo muy extraño, como es normal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/extrano-normal_132_6101875.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dcb8a382-1643-4781-9626-57e3cc35068a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Todo indica que para que el PNV siga siendo hegemónico en el futuro no le va a hacer falta el apoyo de EH Bildu, más bien al contrario: cuanto más PNV de Urkullu/Esteban sea y más se aleje del incierto y agónico procesismo mejor le irá</p></div><p class="article-text">
        Algunas notas, a vuelapluma, tras las elecciones de ayer. Tiempo habr&aacute; (a ver si tambi&eacute;n hay ganas) para profundizar en cuestiones como las transferencias de voto, la direcci&oacute;n del voto nuevo o la forma en que la abstenci&oacute;n ha podido afectar a cada partido.
    </p><p class="article-text">
        [1] Casi la mitad del electorado potencial, que ascend&iacute;a a 1.718.318 personas, se ha abstenido: siete puntos m&aacute;s que en 2016. Una parte de esta abstenci&oacute;n se explica, seguro, por el miedo a los repuntes de la COVID-19, y es probable que haya afectado especialmente la poblaci&oacute;n de m&aacute;s edad que vota PNV y PSE. Otra, con la decepci&oacute;n del electorado de izquierda no nacionalista, particularmente de edades medias. En todo caso, sobre el tel&oacute;n de fondo de esta enorme abstenci&oacute;n, la representatividad de los partidos ganadores sufre un feroz mordisco, que no afecta para nada a su legitimidad formal pero s&iacute; deber&iacute;a obligar a un ejercicio de aut&eacute;ntica humildad: el PNV representa a solo el 20 % del total del electorado vasco, y EH Bildu al 14 %. De hecho, con casi 49.000 votos menos que en 2016 el PNV ha obtenido tres esca&ntilde;os m&aacute;s que entonces.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        [2] Tenemos un Parlamento de izquierda (EH Bildu, PSE y Elkarrekin Podemos suman 38 esca&ntilde;os, mayor&iacute;a absoluta) que va a elegir un gobierno cuya promesa es la estabilidad: que todo siga igual para que nada cambie. La ficci&oacute;n del tripartito de izquierdas ha sido desde el principio eso, nada m&aacute;s que una ficci&oacute;n sin otra base que la aritm&eacute;tica. Pero la aritm&eacute;tica y la pol&iacute;tica no son lo mismo, en muchas ocasiones hasta van en direcciones distintas. Ya estoy escuchando la explicaci&oacute;n f&aacute;cil de esta situaci&oacute;n: que, en realidad, el PSE no es un partido de izquierdas. Me parece una explicaci&oacute;n perezosa, que nos impide entrar en el fondo de la cuesti&oacute;n: qu&eacute; significa hoy la etiqueta pol&iacute;tica de la izquierda y c&oacute;mo se construye y se organiza ese espacio ideol&oacute;gico, especialmente en sociedades ricas, pero desiguales y con identidad nacional compleja.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">EH Bildu está recogiendo parte del voto que en 2015 y 2016 fue a Podemos, pero lo está recibiendo después de que esa fuerza lo hubo digerido. Se trata de un voto que es más de izquierda que abertzale</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        [3] Elkarrekin Podemos ha obtenido 85.575 votos menos que en 2016. Todo indica que el grueso de esos votos perdidos se ha quedado en casa. Aunque la noche electoral no es el momento para hacer grandes an&aacute;lisis, esta hemorragia electoral no se soluciona con la promesa de cuatro a&ntilde;os de ilusi&oacute;n y trabajo duro, como ha hecho su candidata. Parece innegable que la sustituci&oacute;n de la direcci&oacute;n encabezada por Lander Mart&iacute;nez (realizada con los modos en que los leones se hacen con el control de una nueva manada, acabando con la descendencia del antiguo l&iacute;der) explica en parte el fracaso de una fuerza pol&iacute;tica que lleg&oacute; a ganar al PNV incluso en Bilbao. Pero el cainismo con el que resuelven sus disputas internas no es la &uacute;nica ni la fundamental explicaci&oacute;n de su debacle. Me remito a lo dicho en el punto anterior.
    </p><p class="article-text">
        [4] Tenemos un parlamento abertzale (PNV y EH Bildu suman 53 esca&ntilde;os) que va a impulsar un gobierno transversal PNV-PSE en cuya hoja de ruta la reforma del Estatuto de Gernika va a pasar a un segundo plano, como si de un 'desacuerdo pactado' se tratara. La co-gobernanza, f&oacute;rmula m&aacute;s o menos vac&iacute;a acu&ntilde;ada durante la pandemia (Jos&eacute; A. Est&eacute;vez public&oacute; en la revista <em>Mientras tanto</em> un recomendable art&iacute;culo titulado <a href="http://www.pensamientocritico.org/josest0510.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;Que no te den gobernanza por democracia&rdquo;</a>), sustituir&aacute; por un tiempo a la co-soberan&iacute;a. La cara de palo de Joseba Egibar en tercera fila tras unos exultantes Andoni Ortuzar e I&ntilde;igo Urkullu (bueno, exultante a su manera) lo dec&iacute;a todo: un parlamento claramente soberanista (PNV y EH Bildu suman el 71 % de los esca&ntilde;os) consagrado durante los pr&oacute;ximos cuatro a&ntilde;os al autonomismo.
    </p><p class="article-text">
        [5] EH Bildu ha obtenido unos resultados que ninguna encuesta preelectoral hab&iacute;a pronosticado: 23.516 votos m&aacute;s que en 2016 le han reportado cuatro esca&ntilde;os m&aacute;s, a poco m&aacute;s de 4.000 votos el esca&ntilde;o. Ahora bien: &iquest;qu&eacute; EH Bildu es el que ha triunfado? Har&iacute;a falta un tratado de sociolog&iacute;a pol&iacute;tica con varios anexos de neurobiolog&iacute;a para entender algo que ahora nos parece de lo m&aacute;s normal: ver a una izquierda abertzale c&oacute;modamente instalada en el que anta&ntilde;o fuera el &ldquo;parlamento vascongado&rdquo; y apoyando la gobernabilidad en Madrid. Recordemos al carism&aacute;tico pero predecible Jon Idigoras tronando desde la tribuna del Congreso de los Diputados y compar&eacute;moslo con la actitud que mantienen Oskar Matute o Mertxe Aizpurua. Las famosas dos almas del PNV se quedan en nada si las comparamos con las que hoy conviven en EH Bildu. 
    </p><p class="article-text">
        EH Bildu est&aacute; recogiendo parte del voto que en 2015 y 2016 fue a Podemos, pero lo est&aacute; recibiendo despu&eacute;s de que esa fuerza lo hubo digerido. Se trata de un voto que es m&aacute;s de izquierda que abertzale, un voto que busca identificarse con opciones que reivindiquen la libre determinaci&oacute;n de las sociedades, s&iacute;, pero sobre todo la agenda feminista, ecologista, solidaria, antifascista&hellip; Ya veremos c&oacute;mo gestiona EH Bildu est&aacute; tensi&oacute;n. Como primera fuerza de la oposici&oacute;n en el Parlamento Vasco, &iquest;qui&eacute;n va a ser su adversario principal en el Gobierno, el PNV nacionalista conservador o el PSE social, pero espa&ntilde;olista?
    </p><p class="article-text">
        En una <a href="http://www.arnaldotegi.eus/?p=2507&amp;lang=es" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">entrevista</a> publicada el 15 de marzo de 2017 Arnaldo Otegi advert&iacute;a: &ldquo;Tengo la impresi&oacute;n de que &uacute;ltimamente ha habido un cierto despiste: el motor del proceso de liberaci&oacute;n de este pa&iacute;s es la cuesti&oacute;n nacional. Otra cosa diferente es que, desde el punto de vista social, queramos construir un estado y que este sea un estado socialista, pero no podemos perder el punto de vista esencial que es el motor de lo que ha sido la lucha de este pa&iacute;s, que es la cuesti&oacute;n nacional. Si perdemos el pulso ah&iacute;, nos vamos a perder en el camino&rdquo;. Y con el fin de animar al PNV a emprender el camino del <em>proc&eacute;s</em> catal&aacute;n hac&iacute;a una sorprendente declaraci&oacute;n: &ldquo;Si conquist&aacute;ramos un estado independiente, a nosotros nos dar&iacute;a igual que el hegem&oacute;nico fuera el PNV durante los siguientes veinte a&ntilde;os&rdquo;. Todo indica que para que el PNV siga siendo hegem&oacute;nico en el futuro no le va a hacer falta el apoyo de EH Bildu, m&aacute;s bien al contrario: cuanto m&aacute;s PNV de Urkullu/Esteban sea y m&aacute;s se aleje del incierto y ag&oacute;nico procesismo mejor le ir&aacute;. Y todo indica, tambi&eacute;n, que si la cuesti&oacute;n nacional se pone por delante de la cuesti&oacute;n social, EH Bildu tendr&aacute; muchas dificultades para recoger votos en un caladero sociol&oacute;gico radicalmente transformado desde 2011.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        [6] Lo dicho: tiempo habr&aacute; para seguir analizando los resultados y el escenario pol&iacute;tico que dibujan. Tiempo habr&aacute;, incluso, para equivocarnos en nuestro an&aacute;lisis.
    </p><p class="article-text">
        <strong>*Imanol Zubero es soci&oacute;logo</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Imanol Zubero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/extrano-normal_132_6101875.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 13 Jul 2020 20:05:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Todo muy extraño, como es normal]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La nueva vieja normalidad electoral]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/zubero-nueva-normalidad_132_6081753.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/58d6f86c-c4db-4152-b03d-2ac1338e5217_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Iñigo Urkullu en un acto de campaña"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La ausencia de esa política de calle, incluso cuando en parte se reduzca a mera estrategia electoral, supone una amenaza a la política democrática</p></div><p class="article-text">
        En un breve pero interesante ensayo sobre la realidad que puede estar configur&aacute;ndose tras la pandemia del coronavirus (<em>&iquest;Ya es ma&ntilde;ana? C&oacute;mo la pandemia cambiar&aacute; el mundo</em>, Debate 2020), el polit&oacute;logo b&uacute;lgaro Ivan Krastev considera que &ldquo;el verdadero peligro para las democracias liberales europeas es la posibilidad de que la COVID-19 nos mantenga fuera de las calles no solo durante varios meses, sino durante varios a&ntilde;os&rdquo;. Lo cierto es que las condiciones en las que viene desarroll&aacute;ndose la vida pol&iacute;tica en Espa&ntilde;a y en Euskadi desde marzo y, en particular, la forma en que est&aacute; teniendo lugar la actual campa&ntilde;a electoral, transmite una impresi&oacute;n poco tranquilizadora.
    </p><p class="article-text">
        Y ello no tanto por la ausencia de grandes m&iacute;tines, de fotos de grupos numerosos, de apretones de manos y de repartos de abrazos, caramelos, bol&iacute;grafos y otros cachivaches. Ninguna de estas ausencias me parece demasiado relevante, m&aacute;s all&aacute; de su efecto medi&aacute;tico. Que las y los candidatos no nos besen, no nos estrechen la mano, no nos convoquen a reunirnos, no se nos acerquen por la calle&hellip;; al fin y al cabo, seg&uacute;n los c&oacute;digos con los que funciona la pol&iacute;tica en la actualidad, lo normal es que no lo hagan, que en el d&iacute;a a d&iacute;a se mantenga un distanciamiento casi total entre electores y elegidos, por lo que podemos pasar perfectamente, creo, sin ese tipo de efusiones electoralistas sobreactuadas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero s&iacute; es cierto que la ausencia de esa pol&iacute;tica de calle, incluso cuando en parte se reduzca a mera estrategia electoral, supone una amenaza a la pol&iacute;tica democr&aacute;tica. &ldquo;Los m&iacute;tines electorales y las manifestaciones masivas dan a los ciudadanos un sentido de la pertenencia que la participaci&oacute;n en las elecciones no proporciona&rdquo;, afirma Krastev. Tiene raz&oacute;n, sobre todo por lo que se refiere a la segunda de las acciones, las manifestaciones y movilizaciones ciudadanas, fundamento de la vida democr&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Lo describe maravillosamente Javier P&eacute;rez And&uacute;jar en <em>Paseos con mi madre</em> (Tusquets 2011): &ldquo;La democracia la fueron conquistando estos hombres y mujeres calle por calle, &aacute;rbol por &aacute;rbol. [&hellip;] esa es la democracia que hicieron realidad estas gentes encerr&aacute;ndose en los locales de sus asociaciones de vecinos, encaden&aacute;ndose a verjas, cortando el tr&aacute;fico, protestando en la calle, luchando. La democracia es algo que se ve y se toca, y donde no se percibe es que no la hay&rdquo;. Y lo comprob&oacute; el acad&eacute;mico de Harvard Michael Ignatieff cuando en 2004 acept&oacute; presentarse como candidato del partido Liberal a las elecciones presidenciales canadienses: &ldquo;Tan pronto como la democracia pierda su vinculaci&oacute;n con lo f&iacute;sico, tan pronto como el lugar de la pol&iacute;tica no sea el sal&oacute;n de actos, la sala de estar, el restaurante o el bar local y resida &uacute;nicamente en la pantalla de televisi&oacute;n y en una p&aacute;gina web, tendremos problemas, porque estaremos totalmente en las manos de los asesores de imagen y de las fantas&iacute;as que inventan&rdquo; (<em>Fuego y cenizas</em>, Taurus 2014). Y estos d&iacute;as, ciertamente, cuesta percibir la democracia: no ha habido jam&aacute;s una campa&ntilde;a electoral tan poco f&iacute;sica, tan poco callejera, tan confinada, tan socialmente distanciada.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, no parece que este distanciamiento higi&eacute;nico vaya a aumentar el distanciamiento afectivo (desafecci&oacute;n) del electorado, sobre el que tanto se ha escrito y discutido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Al menos en Euskadi.
    </p><p class="article-text">
        El Gabinete de Prospecci&oacute;n Sociol&oacute;gica del Gobierno Vasco ha realizado dos encuestas preelectorales, una en marzo, antes de la declaraci&oacute;n del estado de alarma, y otra en junio. Las estimaciones de abstenci&oacute;n eran del 35% en marzo, y aunque han aumentado hasta el 41% en junio, nada hace pensar que vaya a dispararse hasta los niveles de las municipales francesas. De hecho, el fuerte incremento del voto por correo (un 270%) indica que el miedo a acudir a las mesas electorales no se transformar&aacute; en abstenci&oacute;n masiva. Recordemos, en este sentido, que en las elecciones auton&oacute;micas de 2016 la abstenci&oacute;n fue del 39,98%. Participaremos m&aacute;s o menos igual.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Todo indica, también, que el hecho de celebrar estas elecciones tras estos meses de pandemia, con sus gravísimas secuelas sanitarias y económicas, no va a pasar factura a los partidos del gobierno</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Todo indica, tambi&eacute;n, que el hecho de celebrar estas elecciones tras estos meses de pandemia, con sus grav&iacute;simas secuelas sanitarias y econ&oacute;micas, no va a pasar factura a los partidos del gobierno. &iquest;Por qu&eacute; deber&iacute;a hacerlo, podemos preguntar? Y en el caso de Euskadi con m&aacute;s raz&oacute;n, ya que ni siquiera la crisis de 2008 afect&oacute; sensiblemente a la posici&oacute;n dominante del PNV. Tampoco ahora.
    </p><p class="article-text">
        Las proyecciones del Gabinete de Prospecci&oacute;n Sociol&oacute;gica apuntan a un notable incremento en el n&uacute;mero de esca&ntilde;os para el PNV, un aumento algo menor para el PSE, una estabilizaci&oacute;n al alza en el caso de EHBildu y un claro descenso para Elkarrekin Podemos y la coalici&oacute;n PP-Cs.
    </p><p class="article-text">
        Otras encuestas, como el bar&oacute;metro de junio del CIS, del 24 de junio, ampl&iacute;an incluso las posibilidades de reeditar la coalici&oacute;n PNV-PSE, dando a los nacionalistas una horquilla de entre 31 y 34 esca&ntilde;os y a los socialistas de 11-13.
    </p><p class="article-text">
        En su citado ensayo, Krastev considera que a medida que vayamos superando lo peor de la pos-pandemia las sociedades europeas ir&aacute;n volviendo a la vieja normalidad pol&iacute;tica, con su ret&oacute;rica cr&iacute;tica hacia los gobiernos de turno, pero por ahora lo que el electorado parece buscar es un Gobierno &ldquo;competente&rdquo;, signifique esto lo que signifique para cada cual. En Euskadi parece que la &ldquo;nueva&rdquo; normalidad electoral se va a parecer much&iacute;simo a la vieja.
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                Idoia Mendia, en un mitin                            </span>
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        El PNV ha salido de estos meses sin que su imagen de competencia se haya visto debilitada, m&aacute;s bien al contrario: asuntos que antes de la pandemia agitaban el escenario pol&iacute;tico vasco (el caso De Miguel, las irregularidades en las OPE de Osakidetza y, sobre todo, el tr&aacute;gico derrumbe del vertedero de Zaldibar) han quedado eclipsados por el coronavirus. Ese partido ha transitado por la pandemia gobernando Euskadi con un perfil bajo, sosteniendo las pol&iacute;ticas definidas y lideradas por el Gobierno espa&ntilde;ol con una combinaci&oacute;n variable de responsabilidad y c&aacute;lculo. Su acci&oacute;n pol&iacute;tica se ha dejado notar m&aacute;s en Madrid que en Gasteiz; Aitor Esteban se ha destacado mucho m&aacute;s que I&ntilde;igo Urkullu.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, el PSE ha estado muy c&oacute;modo co-gobernando Euskadi con el PNV, y el liderazgo de Pedro S&aacute;nchez, sobredimensionado durante el estado de alarma, contribuye a impulsar el voto socialista en Euskadi.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y la oposici&oacute;n? EHBildu parece estar aprendiendo a adaptarse a su nuevo papel de partido institucional, pero el hecho de haber empezado a mostrar esta asombrosa identidad apoyando al Gobierno espa&ntilde;ol desde la moci&oacute;n contra Rajoy y continuando con la gesti&oacute;n de la pandemia no parece que le reporta ganancias entre un electorado que debe estar un tanto desconcertado. Elkarrekin Podemos navega a la deriva, insistiendo en el objetivo de un tripartito de izquierda cuyas posibilidades no dan ni para un p&eacute;simo spot con supertrionics y urkutrones. El PP conf&iacute;a tan poco en mantener su electorado tradicional que su candidato pide el voto a los votantes de Vox. Y EQUO Berdeak conf&iacute;a en recoger el voto de la marea ecologista que a tantas personas, sobre todo j&oacute;venes, moviliz&oacute; en 2019 y que en las recientes elecciones locales francesas ha llevado al partido Europa Ecolog&iacute;a Los Verdes a las puertas de gobernar ciudades como Lyon, Marsella, Burdeos o Estrasburgo; pero una campa&ntilde;a electoral, m&aacute;s una campa&ntilde;a tan extra&ntilde;a como esta, no es una pista de despegue suficiente.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que, si queremos encontrar alg&uacute;n tipo de buena tensi&oacute;n electoral, tendremos que mirar hacia las presidenciales estadounidenses, donde todas las encuestas apuntan a la posibilidad de que Trump tenga que abandonar la Casa Blanca sin degustar las mieles de un segundo mandato.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Imanol Zubero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/zubero-nueva-normalidad_132_6081753.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Jul 2020 19:17:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La nueva vieja normalidad electoral]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Diez días que estremecieron España (y cinco años que lo explican)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/dias-estremecieron-espana-anos-explican_132_2023486.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando</p><p class="subtitle">eldiario.es</p><p class="subtitle">apareció en septiembre de 2012, lo hizo en un contexto sumamente incierto y convulso en lo social, lo político, lo económico y, también, en lo estrictamente profesional</p></div><p class="article-text">
        El mi&eacute;rcoles 23 de mayo, con el apoyo &ldquo;por responsabilidad&rdquo; del PNV, el Pleno del Congreso aprobaba los Presupuestos Generales del Estado de 2018, ofreciendo al Gobierno de Mariano Rajoy un respiro esencial para afrontar con tranquilidad lo que quedaba de legislatura. Diez d&iacute;as despu&eacute;s, el 1 de junio, tras el fallo del caso G&uuml;rtel, una improbable moci&oacute;n de censura que el PNV apoy&oacute; &ldquo;por &eacute;tica y por responsabilidad&rdquo; trituraba las ilusiones del PP y de Rajoy y abr&iacute;a las puertas de La Moncloa a Pedro S&aacute;nchez. Han sido diez d&iacute;as que sacudieron Espa&ntilde;a (abusando del t&iacute;tulo de la m&aacute;s famosa obra del periodista John Reed). Pero, seguramente, lo ocurrido durante estos diez d&iacute;as fren&eacute;ticos  no puede entenderse si no es en el marco m&aacute;s amplio del &uacute;ltimo lustro de historia de este pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Cuando <em>eldiario.es </em>apareci&oacute; en septiembre de 2012, lo hizo en un contexto sumamente incierto y convulso en lo social, lo pol&iacute;tico, lo econ&oacute;mico y, tambi&eacute;n, en lo estrictamente profesional. Empezando por esto &uacute;ltimo, aunque los medios de comunicaci&oacute;n, especialmente la televisi&oacute;n generalista, ven&iacute;an experimentando desde finales del siglo XX una crisis de adaptaci&oacute;n a un nuevo entorno tecnol&oacute;gico (cable, Internet), la crisis financiera de 2008 y su impacto inmediato sobre el sector de la publicidad, principal soporte econ&oacute;mico de los medios tradicionales, va a suponer el cierre traum&aacute;tico de centenares de diarios, revistas, televisiones, radios y agencias de prensa, la p&eacute;rdida de miles de empleos y la precarizaci&oacute;n de muchos otros.
    </p><p class="article-text">
        Pero, como hemos se&ntilde;alado, esta crisis empresarial y profesional se inscribe en una crisis m&aacute;s amplia, general, de la pol&iacute;tica y la sociedad espa&ntilde;olas. Nos referimos, claro est&aacute;, a todo lo que gira en derredor del &ldquo;acontecimiento 15M&rdquo;. Por encima de cualquier otra cosa, lo que este acontecimiento ha provocado es un cambio profundo y generalizado en la conciencia social sobre lo aceptable y lo inaceptable de los comportamientos pol&iacute;ticos. El 15M fue, sobre todo, un acontecimiento que se inscribe en el espacio de la &ldquo;econom&iacute;a moral de la multitud&rdquo;, tal como la defini&oacute; el historiador brit&aacute;nico E. P. Thompson: como una afirmaci&oacute;n de los l&iacute;mites que ninguna pr&aacute;ctica pol&iacute;tica o econ&oacute;mica deber&iacute;a superar, y cuya transgresi&oacute;n es vivida por la gente como un atropello intolerable frente al que s&oacute;lo cabe actuar con contundencia.<strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        Se ha escrito que la crisis financiera internacional de 2008 provoc&oacute; una crisis generalizada de identidad del periodismo espa&ntilde;ol, conformada por una cu&aacute;druple crisis: de financiaci&oacute;n, de pluralidad, de dependencia y de &eacute;tica (M. &Aacute;lvarez, &ldquo;La crisis estructural del periodismo en Espa&ntilde;a&rdquo;, <em>El Viejo Topo</em>, n&ordm; 322, 2014). Tambi&eacute;n los medios de comunicaci&oacute;n se vieron interpelados por esta redefinici&oacute;n de la econom&iacute;a moral en la sociedad espa&ntilde;ola. Y algunos, como <em>eldiario.es</em>, supieron entender estos cambios y transformar la crisis en oportunidad. En su anuncio de estreno  se presentaba as&iacute;: &ldquo;Durante el verano hemos estado trabajando para dar forma y fondo a un medio &aacute;gil, moderno, abierto y riguroso. Con valores sociales, pero sin trincheras. Con intenci&oacute;n: hacer periodismo de servicio p&uacute;blico y acompa&ntilde;ar a los ciudadanos en ese proceso, cada vez m&aacute;s colectivo y complejo, que es comprender la actualidad [&hellip;] eldiario.es integra en su logo el s&iacute;mbolo de la regeneraci&oacute;n social, de la actualizaci&oacute;n informativa y tecnol&oacute;gica, de la sostenibilidad econ&oacute;mica, del volver a empezar para hacer las cosas bien, aprendiendo de los errores y conservando lo conseguido&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Cinco a&ntilde;os despu&eacute;s, el discurso machac&oacute;n sobre el fracaso del 15M, sobre el acelerado envejecimiento de la nueva pol&iacute;tica, sobre la resistencia numantina de lo viejo (la vieja pol&iacute;tica, los viejos medios, las viejas y malas costumbres), la sociedad espa&ntilde;ola, una parte esencial de la misma, vive ya en este nuevo mundo de econom&iacute;a moral: m&aacute;s exigente, m&aacute;s vigilante. La exigencia ciudadana de ejemplaridad, de transparencia, de verdad, no ha dejado de crecer a lo largo de este lustro. Y con ella, la necesidad de unos medios de comunicaci&oacute;n a su altura.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Imanol Zubero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/dias-estremecieron-espana-anos-explican_132_2023486.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Jul 2018 17:32:59 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Diez días que estremecieron España (y cinco años que lo explican)]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Premeditación, disposición, reiteración]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/think-bask/premeditacion-disposicion-reiteracion_132_2059497.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/46b21219-476c-4e7a-a061-5a97b491f634_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Por favor, no me contéis más veces lo de la presunción de inocencia y lo de que es normal aplicar la libertad provisional cuando una sentencia está recurrida</p></div><p class="article-text">
        <strong>Premeditaci&oacute;n</strong>. &ldquo;Quillo, en verdad follarnos a una buena gorda entre los cinco en San Ferm&iacute;n ser&iacute;a apote&oacute;sico. Prefiero follarnos a una gorda entre cinco que a un pepino de t&iacute;a ya solo&rdquo;. Iban a lo que iban. No fue un calent&oacute;n, ni un de repente, ni una 'provocaci&oacute;n'. No se buscaba seducir, compartir. Se trataba de follar, no de ser follado; de hacerlo de la manera m&aacute;s cutre, en el lugar m&aacute;s inh&oacute;spito. Igual se pod&iacute;an haber hecho unas pajillas, como propone Torrente (&iexcl;cu&aacute;nto se le parecen!), pero no era una cuesti&oacute;n de satisfacci&oacute;n sexual, sino de violaci&oacute;n. De violaci&oacute;n (&ldquo;tener acceso carnal con alguien en contra de su voluntad&rdquo;), s&iacute;, aunque no dijeran esa palabra. Se trataba de violentar la voluntad de una mujer cualquiera. Para exhibirse. Para compartir (la manada son muchos m&aacute;s que los cinco depredadores, tambi&eacute;n hay carro&ntilde;eros que obtienen satisfacci&oacute;n de la exposici&oacute;n de su presa). Tras consumar la agresi&oacute;n la abandonaron desnuda, la despojaron de su m&oacute;vil. Y luego, a disfrutarlo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Disposici&oacute;n</strong>. &ldquo;Cuando est&aacute; as&iacute; con una t&iacute;a o algo que &eacute;l ve que tiene posibilidades de follar, se pone s&uacute;per salido &iquest;eh? Y s&uacute;per asqueroso el cabr&oacute;n. Es como un enfermo. Se le cambia hasta la cara, los ojos as&iacute; todos abiertos. Parece que est&aacute; viendo un expositor de pollos asados&rdquo;. &iquest;Y los dem&aacute;s? &iquest;Y los que le acompa&ntilde;aban? S&uacute;per salidos, s&uacute;per asquerosos, como enfermos&hellip; Todos ellos en perfecto estado de revista cuando de follar se trata. Al fin y al cabo, dos son militares, y saben de lo importante que es el entrenamiento, la preparaci&oacute;n, la disposici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Reiteraci&oacute;n.</strong> Me cuesta creer que fuera la primera vez: algo apuntaban sus colegas: &ldquo;Cuando est&aacute; as&iacute; con una t&iacute;a&hellip;&rdquo;. Si fue la primera vez, no iba a ser la &uacute;ltima: premeditaci&oacute;n y disposici&oacute;n m&aacute;s que demostradas, si la agresi&oacute;n les hubiera salido 'bien', &iquest;por qu&eacute; no volver a repetirla? M&aacute;xime si tenemos en cuenta que la v&iacute;ctima no ten&iacute;a nombre y apellidos, ni rasgos f&iacute;sicos particulares. Era s&oacute;lo &ldquo;una buena gorda&rdquo;. Cualquiera. Y las hay a miles. En los ya pr&oacute;ximos sanfermines o en cualquier pueblo que celebre sus fiestas de verano. Por favor, no me cont&eacute;is m&aacute;s veces lo de la presunci&oacute;n de inocencia y lo de que es normal aplicar la libertad provisional cuando una sentencia est&aacute; recurrida.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Imanol Zubero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/think-bask/premeditacion-disposicion-reiteracion_132_2059497.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Jun 2018 19:34:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Premeditación, disposición, reiteración]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Naciomonismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/think-bask/naciomonismo_132_2078377.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/27e22556-0238-48e7-bc9a-b83a0c0f2a20_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Al igual que un nacionalista con Estado, como Albert Rivera, cuando mira a su sociedad sólo ve 'españoles', el nacionalista sin Estado sólo ve, cuando mira a su sociedad, nacionales comprometidos con la construcción nacional</p></div><p class="article-text">
        En su m&aacute;s c&eacute;lebre ensayo, el titulado 'Dos conceptos de libertad' (1958), Isaiah Berlin  denomina monismo a la creencia &ldquo;de que en alguna parte, en el pasado o en el futuro, en la revelaci&oacute;n divina o en la mente del pensador, en los pronunciamientos de la historia o de la ciencia o en el coraz&oacute;n simple de un buen hombre no corrompido, hay una soluci&oacute;n definitiva&rdquo;. &iquest;Una soluci&oacute;n definitiva a qu&eacute;? A los conflictos de valores y de intereses, a los ideales confrontados, a las contradicciones sociales, a los antagonismos  pol&iacute;ticos. En definitiva, el monismo aspira a encontrar &ldquo;una f&oacute;rmula &uacute;nica mediante la cual se pueden realizar de forma arm&oacute;nica todos los fines de los hombres&rdquo;. Pero los fines a los que aspiramos los seres humanos son m&uacute;ltiples, en parte inconmensurables, y es por ello que est&aacute;n en permanente conflicto. La cuesti&oacute;n es, entonces, aprender a sobrellevar esta situaci&oacute;n estructural de conflicto mediante una cultura y unas instituciones pluralistas.
    </p><p class="article-text">
        El nacionalismo es un ejemplo perfecto de monismo. Monismo que se atempera o camufla cuando se considera asegurado: puede entonces travestirse de patriotismo o de nacionalismo c&iacute;vico. Pero cuando se siente amenazada, la patria se despoja de su piel de cordero y saca a la luz el lobo nacionalista que lleva dentro. &ldquo;Patria es -escribi&oacute; Imre Kert&eacute;sz- una palabra en la que realmente vale la pena detenerse un rato. Yo, por ejemplo, le tengo miedo&rdquo;. El nacionalismo es siempre un ejercicio de simplificaci&oacute;n, de reduccionismo.
    </p><p class="article-text">
        Y as&iacute;, al igual que un nacionalista con Estado, como Albert Rivera, cuando mira a su sociedad s&oacute;lo ve 'espa&ntilde;oles', el nacionalista sin Estado s&oacute;lo ve, cuando mira a su sociedad, nacionales comprometidos con la construcci&oacute;n nacional.
    </p><p class="article-text">
        Es lo que ha vuelto a ocurrir este pasado 10 de junio en torno a la movilizaci&oacute;n a favor del derecho a decidir convocada por Gure Esku Dago. Una movilizaci&oacute;n c&iacute;vica y festiva, convocada por y para nacionalistas. Un efectista ejercicio de <a href="https://www.eldiario.es/norte/thinkbask/Nacionalista-solo-convivir-contigo_6_776282388.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">nacionalismo banal</a>.  Decenas de miles de personas movilizadas, lo que es muy meritorio, pero que no constituyen ni una naci&oacute;n ni un pueblo. Una parte (peque&ntilde;a) de la sociedad vasca que, sin embargo, no tiene m&aacute;s remedio que hablar como si de un todo se tratara. Eso es monismo.
    </p><p class="article-text">
        Y conste que lo comprendo. No es lo mismo que Bakartxo Tejeria, presidenta del Parlamento vasco, declare que esta iniciativa &ldquo;demuestra que existe un pueblo activo que quiere decidir libre y democr&aacute;ticamente su futuro&rdquo; (lo que suena rotundo y &eacute;pico, es decir, monista) a que declare que la cadena de GED &ldquo;demuestra que existe una parte del pueblo activo que quiere decidir libre y democr&aacute;ticamente su futuro, junto a otra parte que tambi&eacute;n es activa, pero que igual no quiere, o no as&iacute;, o considera que ya lo ha hecho, adem&aacute;s de otras partes del pueblo que no se sabe lo que quieren, pero que no por ello deja de ser activo&hellip;&rdquo;. Esta segunda ser&iacute;a una aproximaci&oacute;n a la realidad social vasca en clave pluralista: mucho m&aacute;s adecuada que la reducci&oacute;n monista, pero, claro, carente de toda &eacute;pica.
    </p><p class="article-text">
        Lo mismo ocurre con la declaraci&oacute;n de Gorka Urtaran, alcalde de Vitoria-Gasteiz: decir &ldquo;Euskadi, como pueblo, tiene derecho a decidir&rdquo; resuelve de un plumazo todos los problemas derivados de gestionar una sociedad, la vasca, en la que no existe unanimidad respecto a la cuesti&oacute;n del derecho a decidir. Me parece lamentable que haya que record&aacute;rselo a un edil que accedi&oacute; a su cargo precisamente cuando Javier Maroto, que hab&iacute;a ganado las elecciones, fue descabalgado al arrogarse la pretensi&oacute;n de decidir sobre <a href="https://www.eldiario.es/norte/thinkbask/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">lo indecidible</a>.
    </p><p class="article-text">
        En fin, vuelve el naciomonismo. Y con &eacute;l, el riesgo de reproducir la barbarie de Procusto, es decir, &ldquo;la vivisecci&oacute;n de las sociedades humanas existentes de acuerdo con un modelo inalterable dictado por nuestra comprensi&oacute;n falible de un pasado en buena medida imaginario o de un futuro totalmente imaginado&rdquo; (Berlin).
    </p><p class="article-text">
        Por cierto: se han dedicado ciertas partes del recorrido a apoyar a los j&oacute;venes condenados por agredir a dos guardias civiles y sus parejas en Alsasua, a las y los pensionistas, al movimiento feminista (me parece muy bien) y a las y los pol&iacute;ticos catalanes presos y huidos. Me llama la atenci&oacute;n que, a lo largo de todos esos 201,9 kil&oacute;metros enlazados, no hayan  considerado oportuno recordar a las v&iacute;ctimas del terrorismo. Estoy casi seguro de que han tenido que pasar por alguno de los muchos lugares <a href="https://allidonde.wordpress.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">donde ETA asesin&oacute;</a>. Para la pr&oacute;xima vez.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Imanol Zubero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/think-bask/naciomonismo_132_2078377.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 10 Jun 2018 18:29:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Naciomonismo]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nacionalista eres tú, yo sólo tengo que convivir contigo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/think-bask/nacionalista-solo-convivir-contigo_132_2096500.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dcef8ef2-9be9-43d8-a379-5a8af34bc02c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Se puede defender el derecho a decidir sin ser nacionalista? Se puede y, cuando esta reivindicación es abiertamente planteada en una sociedad democrática, también se debe defender el derecho a decidir aún sin ser nacionalista</p></div><p class="article-text">
        Las palabras esenciales del &ldquo;nacionalismo banal&rdquo;, recuerda Michael Billig, suelen ser las m&aacute;s peque&ntilde;as: &ldquo;nosotros&rdquo;, &ldquo;esto&rdquo; y &ldquo;aqu&iacute;&rdquo;. A estas podr&iacute;amos a&ntilde;adir otras como &ldquo;lo nuestro&rdquo;, &ldquo;lo propio&rdquo;, &ldquo;lo de aqu&iacute;&rdquo;&hellip; Palabras peque&ntilde;as y cercanas, familiares, c&aacute;lidas, c&oacute;modas: autoevidentes. Palabras prosaicas y autom&aacute;ticas que dan por sentada la existencia de las naciones y, sobre todo, de esta naci&oacute;n: la nuestra, la de aqu&iacute;. Palabras-masaje, palabras-b&aacute;lsamo, que naturalizan realidades pol&iacute;ticas &ldquo;en realidad&rdquo; imaginadas, construidas, artificiales. &ldquo;Permanencias inventadas&rdquo;, como las denomina Billig (Nacionalismo banal, Capit&aacute;n Swing, 2014).
    </p><p class="article-text">
        PNV y EH Bildu han acordado un texto que sirva como pre&aacute;mbulo de un posible futuro 'Estatus Pol&iacute;tico' que actualice el autogobierno de Euskadi. Es un texto lleno de palabras peque&ntilde;as, prosaicas, cotidianas pero, por lo mismo, cargadas de sentido com&uacute;n, irrechazables, autoevidentes: somos un pueblo, tenemos derecho, sentimos la necesidad, queremos decidir&hellip;  Es un texto escrito desde y para el nacionalismo vasco. No lo digo como reproche, sino como constataci&oacute;n. Un texto escrito por nacionalistas, para nacionalistas, con el fin de hacer m&aacute;s banal (m&aacute;s natural, m&aacute;s irreflexiva) la construcci&oacute;n nacional vasca. Insisto: nada que reprochar, es lo que se espera del nacionalismo, de cualquier nacionalismo.
    </p><p class="article-text">
        PNV y EH Bildu apoyan tambi&eacute;n la movilizaci&oacute;n convocada para el 10 de junio por Gure esku dago a favor del derecho a decidir. &ldquo;A nadie tiene que extra&ntilde;ar que el PNV se manifieste por el derecho a decidir&rdquo;, advierte en una entrevista en El Correo Itxaso Atutxa, presidenta del PNV bizkaino. Pues no, claro que no. Es l&oacute;gico (banalmente l&oacute;gico) que los nacionalistas apoyen una movilizaci&oacute;n nacionalista, que pretende sumar (y contar) apoyos para el proyecto pol&iacute;tico del nacionalismo vasco.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Se puede defender el derecho a decidir sin ser nacionalista? S&iacute;. Pero no porque se trate de un derecho puramente (banalmente) democr&aacute;tico, como se dice desde el nacionalismo. Tampoco porque sea lo &uacute;nico que puede hacer una persona que quiera actuar democr&aacute;ticamente. Resulta descorazonador tener que recordarlo, pero hay derechos a decidir seg&uacute;n qu&eacute; cosas que s&oacute;lo pueden ser combatidos social y pol&iacute;ticamente.
    </p><p class="article-text">
        El derecho de autodeterminaci&oacute;n no es un mero instrumento neutral, sin contenido, poco m&aacute;s que un procedimiento democr&aacute;tico de decisi&oacute;n. La estrategia de normalizaci&oacute;n -de banalizaci&oacute;n- de este derecho, en la que juega un papel importante su traducci&oacute;n como derecho a decidir, me parece un peligroso error &ndash;si es fruto de la irreflexi&oacute;n- o un inaceptable enga&ntilde;o &ndash;si responde a una estrategia-. &ldquo;&iquest;Qu&eacute; hay m&aacute;s democr&aacute;tico que decidir?&rdquo;, se dice, como si de una evidencia (banal) se tratara. Pues seg&uacute;n&hellip; El derecho de autodeterminaci&oacute;n es, antes que nada, la definici&oacute;n de un demos, de un sujeto pol&iacute;tico soberano, que posteriormente decidir&aacute; sobre su estatuto pol&iacute;tico. De ah&iacute; que el derecho de autodefinici&oacute;n, es decir, el derecho a definir &ldquo;qui&eacute;nes son los miembros que integran en realidad ese pueblo&rdquo;, sea el paso esencial en cualquier proceso soberanista. Y aqu&iacute; me remito a Luigi Ferrajoli y a su exigente reflexi&oacute;n sobre la que denomina &ldquo;esfera de lo indecidible&rdquo;: en democracia hay principios que deben estar sustra&iacute;dos a la decisi&oacute;n de la mayor&iacute;a. Y a mi modo de ver, la modificaci&oacute;n de la condici&oacute;n de ciudadan&iacute;a, cuando esta modificaci&oacute;n puede entra&ntilde;ar riesgos de debilitamiento, limitaci&oacute;n o exclusi&oacute;n de esta condici&oacute;n, entrar&iacute;a plenamente en esta esfera de lo indecidible.
    </p><p class="article-text">
        Como se&ntilde;alara el polit&oacute;logo estadounidense Walker Connor en los a&ntilde;os Setenta, la aspiraci&oacute;n m&aacute;s caracter&iacute;stica de los movimientos nacionalistas minoritarios en el seno de un Estado naci&oacute;n es a la &ldquo;etnocracia&rdquo;, es decir, al gobierno de &ldquo;los suyos&rdquo;; el autogobierno al que aspira el nacionalismo es, siempre, &ldquo;etnogobierno&rdquo;, el gobierno de &ldquo;los nuestros&rdquo;, de &ldquo;los de aqu&iacute;&rdquo;. Nada m&aacute;s banal, &iquest;no es cierto? &iquest;Qui&eacute;n puede estar en contra de que &ldquo;lo nuestro&rdquo; lo decidamos &ldquo;los de aqu&iacute;&rdquo;? Connor se&ntilde;alaba que esta aspiraci&oacute;n etnocr&aacute;tica pod&iacute;a ser perfectamente compatible con distintas institucionalizaciones pol&iacute;ticas, desde la autonom&iacute;a hasta la independencia; y personalmente consideraba que &ldquo;el ciudadano t&iacute;pico de una minor&iacute;a nacional en un estado democr&aacute;tico moderno desea la etnocracia, pero no la independencia&rdquo;. Es esta una idea muy repetida por estos lares, donde la influencia de Connor ha sido m&aacute;s que notable en el entorno acad&eacute;mico. Idea que yo no comparto: la aspiraci&oacute;n etnocr&aacute;tica del nacionalismo s&oacute;lo puede conocer una moderaci&oacute;n t&aacute;ctica o instrumental de su programa pol&iacute;tico m&aacute;ximo, en realidad &uacute;nico, y que no es otro que la constituci&oacute;n de un Estado propio. Algo tan simple, banal y natural como esto. Lo explica as&iacute; Joseba Sarrionandia en &iquest;Somos como moros en la niebla?: &ldquo;Los vascos no reclaman nada original. Es como si un carib&uacute; de grandes cuernos considerara absolutamente infundado, improcedente e incluso malicioso que a otro carib&uacute; le crecieran las astas. Los vascos, con exiguos medios y una pasmosa falta de imaginaci&oacute;n, no plantean, ni siquiera los m&aacute;s radicales, sino una cosa tan com&uacute;n que ya la tienen espa&ntilde;oles y franceses: una mera naci&oacute;n-estado propia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Volvemos, entonces, a la cuesti&oacute;n planteada m&aacute;s arriba: &iquest;se puede defender el derecho a decidir sin ser nacionalista? Se puede y, cuando esta reivindicaci&oacute;n es abiertamente planteada en una sociedad democr&aacute;tica, tambi&eacute;n se debe defender el derecho a decidir a&uacute;n sin ser nacionalista; o mejor: se debe aceptar la legitimidad de esta reivindicaci&oacute;n, y se deben buscar cauces legales para su deliberaci&oacute;n y, en su caso, para decidir democr&aacute;ticamente sobre la misma. Y en este sentido, me sigue pareciendo esencial el ejemplo canadiense, expresado as&iacute; en palabras de St&eacute;phane Dion: &ldquo;Si en Canad&aacute; aceptamos la secesi&oacute;n como una posibilidad, no es porque  nos empuje a ello el derecho internacional. En realidad, la secesi&oacute;n no es un derecho en democracia. S&oacute;lo lo es para los pueblos en situaci&oacute;n colonial o en caso de violaci&oacute;n extrema de los derechos de la persona. [&hellip;] Si aceptamos la secesi&oacute;n como una posibilidad es porque sabemos que nuestro pa&iacute;s no ser&iacute;a el mismo si no se fundase en la adhesi&oacute;n voluntaria de todos sus componentes. No conozco un solo partido pol&iacute;tico importante de Quebec ni de otros lugares de Canad&aacute; que quiera retenernos contra nuestra voluntad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En los pr&oacute;ximos meses la reivindicaci&oacute;n nacionalista vasca va a experimentar un importante aceler&oacute;n. El final del terrorismo no es ajeno a esta circunstancia. No pasa nada: es normal. Y habr&aacute; que tener la inteligencia, la generosidad y la honradez de buscar la manera de garantizar que tal reivindicaci&oacute;n pueda no s&oacute;lo discutirse sino, en su caso, realizarse. Pero ser&iacute;a muy conveniente que la ciudadan&iacute;a vasca no nacionalista no nos dejemos capturar por el nacionalismo banal. El nacionalista eres t&uacute;, yo s&oacute;lo tengo que convivir contigo. Y porque tengo que hacerlo, no me queda otra que aprestarme a constituir contigo un &aacute;mbito de deliberaci&oacute;n que, desde el respeto y la honestidad, nos permita encontrar una soluci&oacute;n convivencial que no est&aacute; prefijada, pero que podr&iacute;a incluso llegar hasta la secesi&oacute;n. Cuando t&uacute;, nacionalista, tengas clara tu propuesta, debes saber que contar&aacute;s con mi mejor disposici&oacute;n para discutirla. Pero eres t&uacute; quien debe construirla.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Imanol Zubero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/think-bask/nacionalista-solo-convivir-contigo_132_2096500.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 28 May 2018 16:12:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Nacionalista eres tú, yo sólo tengo que convivir contigo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Nacionalismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los mediadores y otros amigos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/mediadores-amigos_132_2136085.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/25b6cda0-1442-4cfd-b3dc-9462a701795d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los mediadores y otros amigos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los buenos vascos, los vascos que coinciden milimétricamente con la teorización de los mediadores, ya se han puesto manos a la obra: unos pintan en las paredes su agradecimiento a ETA; otros recuerdan, como indios bien aplicados, la existencia de “un conflicto político anterior a ETA"</p></div><p class="article-text">
        [1] Vine Deloria Jr. (1933-2005), escritor y activista de origen sioux, es autor de uno de los libros m&aacute;s interesantes para comprender la realidad de los Indios Americanos y su tr&aacute;gica historia: <em>El General Custer muri&oacute; por vuestros pecados</em>. En uno de sus cap&iacute;tulos, titulado &ldquo;Los antrop&oacute;logos y otros amigos&rdquo;, Deloria ironiza sobre la fijaci&oacute;n de la antropolog&iacute;a acad&eacute;mica con las comunidades nativas y sus consecuencias para estas mismas comunidades. &ldquo;Los indios han sido los m&aacute;s malditos de todos en la historia. Los indios tienen antrop&oacute;logos&rdquo;, lamenta. Aterrizando durante unas semanas en las reservas, cuando regresan a sus facultades los antrop&oacute;logos se dedican a producir escritos que explican el &ldquo;problema indio&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lo que ocurre es que, la mayor&iacute;a de las veces, &ldquo;ni tan siquiera los indios pueden ver la relaci&oacute;n que hay entre ellos y el tipo de criatura que, seg&uacute;n los antrop&oacute;logos, es el indio &laquo;real&raquo;&rdquo;. &iquest;De verdad somos as&iacute;?, se preguntan al principio con incomodidad. Pues ser&aacute; que somos as&iacute;, acaban pensando a medida que las &ldquo;evidencias&rdquo; se acumulan. De esta manera, &ldquo;la gente india empieza a sentir que son meras sombras de un super-indio mitol&oacute;gico&rdquo;.&nbsp; Surge entonces un &ldquo;sentimiento de inadecuaci&oacute;n&rdquo;: aunque no se reconozcan en las caracterizaciones que hacen de ellas, las comunidades indias acaban por pensarse a s&iacute; mismas desde el imaginario que difunden los analistas.
    </p><p class="article-text">
        Analistas que, por cierto, funcionan m&aacute;s por deducci&oacute;n que por inducci&oacute;n: &ldquo;Puede que sint&aacute;is curiosidad por saber por qu&eacute; el antrop&oacute;logo nunca tiene un instrumento con que escribir. No toma notas porque YA SABE lo que encontrar&aacute;. No necesita apuntar m&aacute;s que los gastos diarios para el contable, pues el antrop&oacute;logo ya encontr&oacute; la respuesta el invierno pasado en los libros que ley&oacute;. No, el antrop&oacute;logo s&oacute;lo se encuentra en las reservas para VERIFICAR lo que sospecha desde hace tiempo: que los indios son una gente extra&ntilde;a que aguantan que les observen&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        De ah&iacute; la amarga conclusi&oacute;n a la que llega Deloria: &ldquo;Si las tribus hubieran podido escoger el enemigo contra quien luchar, la caballer&iacute;a o los antrop&oacute;logos, poca duda cabe de a quien hubieran escogido. En toda situaci&oacute;n de crisis, los hombres siempre atacan la mayor amenaza a su existencia. Un guerrero muerto en la batalla siempre puede irse a los Felices Parques de Caza. En cambio &iquest;d&oacute;nde va un indio tumbado por un antrop&oacute;logo? &iquest;A la biblioteca?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        [2] &iquest;D&oacute;nde va un vasco pacificado por un mediador internacional? Hace ya varios a&ntilde;os que, a partir de esta pregunta, comenc&eacute; a escribir estas l&iacute;neas. Concretamente, desde que en 2011 le&iacute; el art&iacute;culo &ldquo;Elegir la paz en el Pa&iacute;s Vasco&rdquo;, publicado por Brian Currin en <a href="http://www.eldiplo.org/notas-web/elegir-la-paz-en-el-pais-vasco/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Le Monde Diplomatique</a>. Fue entonces cuando record&eacute; el libro de Vine Deloria. Ah&iacute; estaba nuestro particular antrop&oacute;logo sudafricano, al frente de un autodenominado Grupo Internacional de Contacto que se presentaban como &ldquo;los nuevos interlocutores en este conflicto&rdquo;; unos interlocutores supuestamente &ldquo;imparciales, [que] s&oacute;lo tienen como objetivo la paz y la normalizaci&oacute;n pol&iacute;tica&rdquo;. Convencidos de esta imparcialidad, Currin se mostraba sorprendido por &ldquo;la hostilidad que su participaci&oacute;n suscita en el proceso entre numerosos constitucionalistas espa&ntilde;oles&rdquo;. Pero, en lugar de reflexionar sobre las posibles limitaciones de su supuesta imparcialidad, el mediador se mostraba convencido de que &ldquo;la &uacute;nica explicaci&oacute;n posible es el temor a una democracia global en el Pa&iacute;s Vasco, en la cual participar&iacute;a el conjunto de los nacionalistas favorables a la autodeterminaci&oacute;n&rdquo;. Como el antrop&oacute;logo en las reservas indias, el mediador ven&iacute;a a Euskadi a VERIFICAR lo que ya sab&iacute;a: que &ldquo;lo que estructura el conflicto pol&iacute;tico vasco&rdquo; es la oposici&oacute;n entre autodeterministas y constitucionalistas, &ldquo;y &nbsp;no la violencia de la ETA&rdquo;. Y quienes peor lo estaban haciendo eran&hellip; los constitucionalistas.
    </p><p class="article-text">
        Siete a&ntilde;os despu&eacute;s, en su &uacute;ltimo aterrizaje en la reserva vasca, los mediadores han confirmado todas sus ideas sobre el problema vasco. Pero ahora, adem&aacute;s, nos dejan tarea para el futuro: &ldquo;Por encima de todo, lo que tenemos por delante es un proceso de reconciliaci&oacute;n&rdquo;, dice la Declaraci&oacute;n de Arnaga; porque no lo estamos, seg&uacute;n parece. Y para alcanzar ese estado de reconciliaci&oacute;n &ldquo;todas las partes [habr&aacute;n de ser] honestas sobre el pasado&rdquo;; porque no lo hemos sido, nos ha faltado honestidad. &ldquo;Y har&aacute; falta un esp&iacute;ritu de generosidad para curar las heridas y reconstruir una comunidad compartida&rdquo;: &iquest;porque no hemos sido suficientemente generosos? &nbsp;&ldquo;A&uacute;n queda mucho por realizar por todas las partes&rdquo;, concluyen. Porque, tal y como declararon en Aiete en 2011 (&iexcl;pero qu&eacute; listos son estos antrop&oacute;logos, perd&oacute;n, mediadores!), &ldquo;la paz no es un juego de suma cero, sino un asunto de voluntad pol&iacute;tica, donde ambas partes se ponen de acuerdo para alcanzar sus objetivos de forma pac&iacute;fica, a trav&eacute;s de medios pol&iacute;ticos y democr&aacute;ticos&rdquo;. O sea que&hellip; &iquest;a&uacute;n tenemos que construir la paz?
    </p><p class="article-text">
        Los mediadores se han ido. Y este pobre nativo no es capaz de ver la relaci&oacute;n que existe entre su propia experiencia y la explicaci&oacute;n del &ldquo;problema vasco&rdquo; que el Grupo Internacional de Contacto ha querido convertir en relato can&oacute;nico. No acaba de ver cu&aacute;les han sido sus d&eacute;ficits de generosidad, sus faltas de honestidad, su carencia de voluntad reconciliadora. Ser&aacute; que la sombra del &ldquo;super-vasco mitol&oacute;gico&rdquo; es muy espesa.&nbsp; Ser&aacute; que nunca he estado a la altura de lo que se esperaba de un vasco: no he sido generoso, ni honesto, ni he hecho lo suficiente para reconstruir una comunidad compartida.
    </p><p class="article-text">
        Vine Deloria lamentaba que &ldquo;muchas de las ideas que pasan por el pensamiento indio son en realidad teor&iacute;as presentadas originalmente por los antrop&oacute;logos y que los indios han repetido como un eco en un intento de expresar la situaci&oacute;n real&rdquo;. &iquest;No ser&aacute; que Deloria era, al igual que yo, un mal indio? Los buenos vascos, los vascos que coinciden milim&eacute;tricamente con la teorizaci&oacute;n de los mediadores, ya se han puesto manos a la obra: unos pintan en las paredes su agradecimiento a ETA; otros recuerdan, como indios bien aplicados, la existencia de &ldquo;un conflicto pol&iacute;tico anterior a ETA y a Iparretarrak,&nbsp;que se va a mantener despu&eacute;s del acto de hoy&rdquo;. Una futura generaci&oacute;n, representada en Cambo-les-Bains por una imparcial Irati Agorria&nbsp;Cuevas, se prepara para un futuro luminoso. Pero, &iquest;a d&oacute;nde iremos las vascas y los vascos tumbadas por los mediadores?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Imanol Zubero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/mediadores-amigos_132_2136085.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 05 May 2018 15:38:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los mediadores y otros amigos]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fallo de sistema]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/think-bask/identidades-cataluna-independentismo-president-elecciones_132_2983885.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e984bc1c-77ef-4690-ad58-83a441192b22_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Rajoy avanza el inmediato inicio de las negociaciones para los presupuestos de 2018"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La cuestión políticamente relevante es cómo plantear un autogobierno suficiente y eficiente, satisfactorio y solidario, en el marco de este Estado español (también en situación de fallo de sistema)</p></div><p class="article-text">
        No pod&iacute;a resultar otra cosa. No me refiero a los detalles: dos esca&ntilde;os arriba o abajo, el aumento en la participaci&oacute;n, o la quiebra entre la Catalu&ntilde;a interior, aplastantemente soberanista, y la costa urbanizada. Si de lo que se trata es de diagnosticar la realidad,&nbsp;<a href="http://www.eldiario.es/norte/thinkbask/Cataluna-Espana-proces-independencia-referendum-banderas_6_684241583.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estas elecciones no han hecho sino confirmar lo que ya sab&iacute;amos.</a>
    </p><p class="article-text">
        Si el unionismo sin matices ni cautelas (&iexcl;Todo por la patria!) es la esencia del&nbsp; nacionalismo, tras las elecciones resulta m&aacute;s que evidente la falacia de los dos bloques enfrentados. Bloque no hay m&aacute;s que uno, el que agrupa bajo la estelada desde 'anticapis' a burgueses pata negra. Si Segu&iacute; o Pesta&ntilde;a levantaran la cabeza. El resto, el mal llamado &ldquo;bloque del 155&rdquo;, no suma; pero no ya aritm&eacute;ticamente (que tampoco), sino pol&iacute;ticamente. Y esto, que es una desgracia a la hora de gobernar, es una bendici&oacute;n desde la perspectiva de la pluralidad constitutiva de una sociedad compleja como es la catalana.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; y todo, los partidos abiertamente independentistas han obtenido apenas 175.000 votos m&aacute;s que los que defienden expresamente el mantenimiento de Catalu&ntilde;a en Espa&ntilde;a. Una cifra &iacute;nfima, que a&uacute;n se reduce m&aacute;s si tenemos en cuenta los 10.000 sufragios obtenidos por Recortes Cero, que durante la campa&ntilde;a se ha mostrado abiertamente contraria al proceso soberanista. No s&eacute; lo que al respecto planteaba el PACMA (38.500). Pero rascando votos de aqu&iacute; y de all&aacute;, siempre con la inc&oacute;gnita ya insostenible de los Comunes, llegar&iacute;amos a donde est&aacute;bamos: al empate entre identidades y proyectos de futuro. Donde ya est&aacute;bamos, insisto. Y donde vamos a seguir estando. Si acaso, lo que estas elecciones han certificado es que Catalu&ntilde;a es un (proyecto de) Estado fallido. Un pa&iacute;s en el que una de cada cuatro personas de las que han votado lo han hecho por una fuerza tachada de extranjera, anticatalana o directamente fascista&hellip;, pues ya me dir&aacute;n. Una cosa es pensar que en una Catalu&ntilde;a independiente tan s&oacute;lo habr&iacute;a que considerar la posible secesi&oacute;n en cadena del hermoso pero diminuto Valle de Ar&aacute;n, y otra muy distinta es comprobar la desafecci&oacute;n 'procesista' de Barcelona, Tarragona, Lleida, L&rsquo;Hospitalet, Badalona, Matar&oacute;&hellip; Esto se empieza a parecer sospechosamente a una carlistada.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        &iquest;Cabe deducir algo positivo de esta constataci&oacute;n de la imposibilidad sociohist&oacute;rica de la construcci&oacute;n de un Estado naci&oacute;n catal&aacute;n? Bueno, mejor tomar conciencia de ello en fase de proyecto que una vez metidos en el l&iacute;o de intentar realizarlo. A partir de aqu&iacute;, la cuesti&oacute;n pol&iacute;ticamente relevante es c&oacute;mo plantear un autogobierno suficiente y eficiente, satisfactorio y solidario, en el marco de este Estado espa&ntilde;ol (tambi&eacute;n en situaci&oacute;n de fallo de sistema, como luego diremos). Pero aqu&iacute; es donde las cosas se tuercen, o no se enderezan, que torcidas ya estaban.
    </p><p class="article-text">
        Desde Bruselas, Puigdemont se empe&ntilde;a en seguir proclamando sandeces como esta de que &ldquo;La rep&uacute;blica catalana ha ganado a la monarqu&iacute;a del 155&rdquo;. Ni hay rep&uacute;blica catalana, ni hay monarqu&iacute;a del 155. Lo que &uacute;nico que ha ganado es el personal&iacute;simo proyecto de Puigdemont frente a la apuesta de Junqueras por liderar el campo soberanista. El 'turilio' (mezcla de turismo y exilio) ha derrotado a la prisi&oacute;n. La sombra de Tarradellas -&ldquo;Ciutadans de Catalunya:&nbsp;Ja s&oacute;c aqu&iacute;&rdquo;- es muy alargada.
    </p><p class="article-text">
        Convertido en president de opereta (&iexcl;qu&eacute; personaje si lo pillara Herg&eacute; para una de sus historias!), un cada vez m&aacute;s par&oacute;dico Puigdemont se ha soltado definitivamente el pelo y, convencido de que &ldquo;La independencia gana de manera rotunda&rdquo;, considera que &ldquo;Rajoy, el Ibex, el entorno medi&aacute;tico y Europa deben tomar nota&rdquo; y emplaza al presidente del Gobierno a reunirse fuera de Espa&ntilde;a. Recuerdo otra vez eso que escribe S&aacute;nchez Ferlosio en Campo de retamas: &ldquo;El fascismo consiste sobre todo en no limitarse a hacer pol&iacute;tica y pretender hacer historia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero si Catalu&ntilde;a es un (proyecto de) Estado fallido, Espa&ntilde;a es un Estado naci&oacute;n que
    </p><p class="article-text">
        est&aacute; fallando gravemente a la hora de afrontar su realidad plurinacional. El PP de Albiol se ve reducido a su m&iacute;nima expresi&oacute;n en Catalu&ntilde;a (mira, esta s&iacute; es una consecuencia muy positiva del proc&eacute;s), pero son los dos grandes partidos estatales los que experimentan cada vez m&aacute;s dificultades para ubicarse electoral y pol&iacute;ticamente en Euskadi y en Catalu&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;La salida?</strong> Tendr&aacute; que ser un refer&eacute;ndum pactado. Pero no de entrada, planteado en el horizonte de unos pocos meses, sino como salida de un proceso de deliberaci&oacute;n, de una conversaci&oacute;n profunda que ya deb&iacute;a haberse iniciado hace mucho tiempo. Conversaci&oacute;n que s&oacute;lo podr&aacute; plantearse si, como se indica en el pre&aacute;mbulo de la <strong>Clarity Act del Tribunal Supremo de Canad&aacute;</strong> a prop&oacute;sito de la secesi&oacute;n de Qu&eacute;bec:
    </p><p class="article-text">
        <strong>a)</strong>&nbsp;Los partidarios de la secesi&oacute;n reconocen y aceptan que &ldquo;no existe el derecho de efectuar una secesi&oacute;n unilateral por parte de la Asamblea Nacional o el Gobierno de Quebec, ni bajo el derecho internacional ni la Constituci&oacute;n de Canad&aacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>b)</strong>&nbsp;Los defensores de la integridad del Estado reconocen y aceptan que &ldquo;el gobierno de cualquier provincia de Canad&aacute; tiene derecho a consultar a su poblaci&oacute;n mediante referendo sobre cualquier asunto, y puede elegir la formulaci&oacute;n de la pregunta&rdquo;, y que si el resultado de la consulta es claro &ldquo;tanto en t&eacute;rminos de la pregunta empleada como del apoyo que recibe [&hellip;] tal resultado ha de ser tenido en cuenta como expresi&oacute;n de la voluntad democr&aacute;tica que conllevar&iacute;a la obligaci&oacute;n de entrar en negociaciones que podr&iacute;an conducir a la secesi&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El momento para iniciar en serio esa conversaci&oacute;n es ahora. Es verdad que los procesos judiciales en marcha no ayudan. Pero tampoco son el principal inconveniente.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Imanol Zubero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/think-bask/identidades-cataluna-independentismo-president-elecciones_132_2983885.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 Dec 2017 21:36:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Fallo de sistema]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Carles Puigdemont,Cataluña,Independentismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las elecciones y la elección]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/elecciones-eleccion_132_3086755.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4db67969-1e40-4659-8662-ca553438977a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las elecciones y la elección"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las elecciones, planteadas como desempate y solución aritmética, van a impedir que abordemos  la elección de la que realmente depende nuestro futuro: la elección entre complejidad y homogeneidad.</p></div><p class="article-text">
        Hay quienes creen que las elecciones del 21 de diciembre lo cambian todo: en concreto, se piensa que el simple hecho de su celebraci&oacute;n trasladar&aacute; el marco interpretativo actual del enfrentamiento entre una Catalu&ntilde;a insumisa y un Estado opresor a la realidad de una sociedad catalana diversa en sus opciones de futuro, que ha de aclarar internamente sus aspiraciones de autogobierno y la manera de conseguirlas. En otras palabras,  se conf&iacute;a en que las elecciones movilicen a una supuesta sociedad &ldquo;silenciada&rdquo;, contraria al soberanismo unilateralista, a la vez que desanimen al soberanismo m&aacute;s radical (participar en las elecciones es aceptar el 155 y traicionar el mandato del 1-O), dividan al soberanismo m&aacute;s pragm&aacute;tico o astuto (Santi Vila versus Oriol Junqueras) y acobarden al catalanismo burgu&eacute;s alarmado por el &ldquo;voto de los mercados&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Una encuesta de NC Report, realizada el 23 de octubre, permit&iacute;a a alg&uacute;n analista confiar en la soluci&oacute;n aritm&eacute;tica al problema catal&aacute;n: si los partidos constitucionalistas lograran 300.000 votos m&aacute;s de los que lograron en las anteriores elecciones de 2015 podr&iacute;an alcanzar la mayor&iacute;a absoluta de 68 esca&ntilde;os en el Parlament. Otro sondeo de Sigma Dos, realizado en las mismas fechas,  tambi&eacute;n apunta a la p&eacute;rdida de mayor&iacute;a absoluta del independentismo. Pudiera ser as&iacute;, pero lo cierto es que no resulta f&aacute;cil pensar en movilizar a mucha m&aacute;s gente de la que vot&oacute; en las elecciones de 2015, con un record de participaci&oacute;n del 77%. Por otra parte, una encuesta de Metroscopia sigue reflejando una divisi&oacute;n casi a partes iguales entre constitucionalistas e independentistas, si bien la posici&oacute;n de los segundos var&iacute;a en funci&oacute;n del escenario que se plantea tras la independencia. Y otro estudio del Centro de Estudios de Opini&oacute;n (CEO) se&ntilde;ala que el s&iacute; a la independencia obtendr&iacute;a un apoyo del 48,7% de los catalanes (del mayor porcentaje favorable a la separaci&oacute;n desde 2014, cuando se comenz&oacute; a formular la pregunta), frente al 43,6% que se opondr&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        En el fondo, lo que se espera es que las elecciones del 21-D sean las del desempate: que la aritm&eacute;tica electoral resuelva lo que la pol&iacute;tica no s&oacute;lo no ha solucionado, sino que ni tan siquiera ha afrontado. &iquest;Qu&eacute; va a hacer el Gobierno espa&ntilde;ol cuando el d&iacute;a 22 compruebe que los independentistas seguimos siendo tantos, si no m&aacute;s, como antes?, inquiere un Puigdemont no s&eacute; si asilado en Bruselas, pero s&iacute; aislado de la realidad de Catalu&ntilde;a.  &ldquo;Tenemos que ganar al secesionismo en las urnas. &iquest;No quer&iacute;an votar?, pues que voten, hay que trabajar por ganarles en las urnas&rdquo;, proclamaba una de las intervinientes en la manifestaci&oacute;n del 29 de octubre de Societat Civil Catalana. Pero, &iquest;no es tambi&eacute;n el secesionismo parte constitutiva de esa misma sociedad civil?
    </p><p class="article-text">
        El fil&oacute;sofo vasco Patxi Lanceros ha escrito un libro, <em>El robo del futuro</em> (Los libros de la catarata, 2017),  que deber&iacute;a ser de lectura obligatoria para cuantas personas aspiren a gestionar la realidad pol&iacute;tica, o a interpretarla. &ldquo;La sociedad &ndash;recuerda Patxi Lanceros-  es irrepresentable como unidad porque carece de ella. O s&oacute;lo se presenta como unidad cuando se vuelcan sobre ella los criterios, que en principio le son ajenos, del pueblo o de la naci&oacute;n. [&hellip;] la sociedad desborda cualquier l&iacute;mite. Hoy la sociedad, relaci&oacute;n y comunicaci&oacute;n, salta cualquier barrera. Y es esa sociedad ind&oacute;cil, fascinante y conflictiva lo que hay que representar. Sin poder esperar, cabalmente, &eacute;xito en la empresa&rdquo;. De ah&iacute; su conclusi&oacute;n: &ldquo;El reto (y el riesgo) de las instituciones democr&aacute;ticas, que han de adaptar cada vez m&aacute;s y cada vez de forma m&aacute;s acelerada a una sociedad crecientemente compleja, consiste en, precisamente, representar lo irrepresentable. Es decir, reciclar y procesar las ficciones de (la) unidad, las nostalgias de (la) homogeneidad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Me temo que de aqu&iacute; a las elecciones la aspiraci&oacute;n a superar de una vez por todas ese &ldquo;empate infinito&rdquo; que tan poco gusta a nacionalunanimistas de todo pelaje, tanto de all&aacute; como de ac&aacute;, va a marcar no s&oacute;lo el tempo preelectoral, sino tambi&eacute;n el desarrollo tras las mismas. Las elecciones, planteadas como desempate y soluci&oacute;n aritm&eacute;tica, van a impedir que abordemos  la elecci&oacute;n de la que realmente depende nuestro futuro: la elecci&oacute;n entre complejidad y homogeneidad. Y que, reconoci&eacute;ndonos en la complejidad irrepresentable como unidad, abramos una conversaci&oacute;n sosegada sobre la mejor manera de organizar esta complejidad, que s&oacute;lo podr&aacute; ser federal: &ldquo;Del lat.  <em>foedus, -&#277;ris</em>, pacto, alianza&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Imanol Zubero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/elecciones-eleccion_132_3086755.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Nov 2017 16:45:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las elecciones y la elección]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Peor que nada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/think-bask/catalunya-proces-govern-declaracion-de-independencia-gobierno-central_132_3133389.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/17056fc9-7366-4822-b794-42ba556a3877_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo ideal sería que el Gobierno de Rajoy se hiciera el despistado y actuara como si, en efecto, no hubiera pasado nada. No chutar el balón, no tocarlo, no mirarlo siquiera</p></div><p class="article-text">
        Primero pens&eacute; en no escribir nada, pues nada parec&iacute;a haber pasado, m&aacute;s all&aacute; de lo estrictamente declarativo. Luego pens&eacute; en escribir algo a partir de una idea simplona, pero no por ello carente de potencial explicativo: la DUI se hab&iacute;a transformado en DIU, y lo que iba a nacer hab&iacute;a quedado en&hellip; pues eso, en nada. Pero nada de lo anterior es cierto. No es verdad que lo ocurrido el 10 de octubre en el Parlament sea &ldquo;nada&rdquo;. Y si lo fuera, si con tal t&eacute;rmino pudi&eacute;ramos definirla, ser&iacute;a esa nada de <em>La historia interminable</em> que se va expandiendo como una enfermedad incontrolable, haciendo desaparecer personas y lugares, la imaginaci&oacute;n y la belleza, dejando tras de s&iacute;&hellip; pues eso, la nada.
    </p><p class="article-text">
        Lo visto en el Parlament fue un nuevo episodio de astucia carente de inteligencia: una forma de ganar tiempo, una patada que vuelva a plantar el bal&oacute;n en el campo del Estado, un intento de proteger la tensionada unidad en el soberanismo, un golpe bajo contra un PSOE resquebrajado entre diazlambanistas e icetistas, una provocaci&oacute;n que busca ser respondida con un aumento de la represi&oacute;n&hellip; Elijan lo que prefieran, incorporen nuevas posibilidades o planteen, incluso, la hip&oacute;tesis del paso atr&aacute;s que busca abrir espacios de di&aacute;logo. Hip&oacute;tesis que yo no contemplo.
    </p><p class="article-text">
        La declaraci&oacute;n que firmaron los diputados de&nbsp;Junts pel S&iacute;&nbsp;y la&nbsp;CUP&nbsp;en dependencias del Parlament tiene su correlato perfecto en el acto de toma de posesi&oacute;n de sus cargos de presidente, ministras y ministros del Gobierno de Espa&ntilde;a, presidentas y presidentes de comunidades aut&oacute;nomas, etc. Todas y todos, con solemnidad (o con la solemnidad que permiten las circunstancias, que en el caso del Parlament fue relativa) se han comprometido a defender sus respectivas ideas de pa&iacute;s, de pueblo, de derecho, de justicia, de legitimidad, ideas que, y aqu&iacute; es donde la hip&oacute;tesis del di&aacute;logo hace aguas, hoy por hoy son radicalmente incompatibles. Porque, &iquest;qu&eacute; di&aacute;logo cabe plantear entre dos compromisos solemnes cuyo cumplimiento respectivo exige el incumplimiento del otro?
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; pues, estamos donde est&aacute;bamos, s&oacute;lo que un poquito (espero que solo sea un poquito) peor. Dos totalidades enfrentadas y excluyentes, un juego de suma cero. Lo ideal ser&iacute;a que el Gobierno de Rajoy se hiciera el despistado y actuara como si, en efecto, no hubiera pasado nada. No chutar el bal&oacute;n, no tocarlo, no mirarlo siquiera. Que salga del campo y se pierda por la banda. Pero, &iexcl;ay!, el compromiso solemne y p&uacute;blico con la ley, la patria, el pueblo&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Me temo que el PP le entrar&aacute; al bal&oacute;n. Los hooligans con disfraz de ciudadanos van creando ambiente. Tampoco ayuda, aunque parezca lo contrario, la contemporizadora lectura que de lo ocurrido hace Podemos, pues con ella el bal&oacute;n pasa a estar en posesi&oacute;n, exclusivamente, del Gobierno espa&ntilde;ol. Y el PSOE sigue en el banquillo, rezando para no tener que saltar al campo: aunque tendr&aacute; que hacerlo.
    </p><p class="article-text">
        Y en esas estamos. Tal vez si las espectadoras y los espectadores salt&aacute;ramos al campo, pero cada cual para animar al contrario, no al propio. Tal vez si el juego se trasladara a otro escenario, como el del di&aacute;logo abierto entre comunidades aut&oacute;nomas. O tal vez, simplemente, la nada de ayer sea, en efecto, nada de nada, porque las empresas patrocinadoras decidan, definitivamente, apoyar otros equipos y otros deportes.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Imanol Zubero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/think-bask/catalunya-proces-govern-declaracion-de-independencia-gobierno-central_132_3133389.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 12 Oct 2017 18:33:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Peor que nada]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cataluña,Procés,Govern,Gobierno,Mariano Rajoy,Carles Puigdemont,Independencia de Catalunya]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El día después]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/think-bask/referendum-govern-porrazos-heridos-pp-espana-cataluna_132_3154518.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Barcelona no es Tiananmén. Pero la imagen de porras enarboladas frente a personas que esperaban a votar es la que va a quedar para siempre: la imagen de policías llevándose las urnas, la de los empujones, las caídas y las cabezas sangrantes.</p></div><p class="article-text">
        Lo dijo a las claras un infame Turull: &ldquo;Si sacan los tanques a la calle es que ya hemos ganado&rdquo;. Y lo m&aacute;s parecido a los tanques que hay en una democracia, los antidisturbios policiales, han salido a la calle. Lo m&aacute;s parecido, con todo lo distintos que son: Barcelona no es Tiananm&eacute;n. Pero la imagen de porras enarboladas frente a personas que esperaban a votar es la que va a quedar para siempre: la imagen de polic&iacute;as llev&aacute;ndose las urnas, la de los empujones, las ca&iacute;das y las cabezas sangrantes.
    </p><p class="article-text">
        Turull estar&aacute; contento. Por cierto, &eacute;l no est&aacute; entre las personas heridas; incluso ha votado sin problemas, buscando en coche oficial, como han hecho sus superiores, el colegio m&aacute;s tranquilo para practicar su heroico desborde constitucional. Con foto en su twitter incluida, claro.
    </p><p class="article-text">
        De un plumazo &ndash;de un porrazo- el relato m&aacute;s antip&aacute;tico, m&aacute;s inc&oacute;modo, m&aacute;s rechazable, ha conquistado nuestro imaginario. Qu&eacute; distinto ser&iacute;a todo (hoy, pero sobre todo a partir de ma&ntilde;ana) si la foto que reflejara el conflicto en Catalu&ntilde;a fuera la de aquel Parlament demediado y trilero que el 6 de septiembre mal aprob&oacute; la Ley de Transitoriedad Jur&iacute;dica, y de Joan Coscubiela advirtiendo frente a su deriva. &iexcl;Qu&eacute; distinto ser&iacute;a todo!
    </p><p class="article-text">
        Pero el PP se ha mostrado como un partido radicalmente irresponsable; no por
    </p><p class="article-text">
        ignorancia, lo que ya ser&iacute;a malo, sino por c&aacute;lculo. No dir&eacute; que me sorprenda:
    </p><p class="article-text">
        recordemos la gesti&oacute;n del 11M y al mentiroso Acebes, las manifestaciones contra la
    </p><p class="article-text">
        pol&iacute;tica antiterrorista de Zapatero, la utilizaci&oacute;n pol&iacute;tica de las v&iacute;ctimas, la recogida de firmas contra el Estatut&hellip; Y ha desencadenado a los dragones.
    </p><p class="article-text">
        El refer&eacute;ndum ya estaba herido en su legitimidad tras la tramposa actuaci&oacute;n del
    </p><p class="article-text">
        Parlament, la desobediencia civil de la oposici&oacute;n al soberanismo; el refer&eacute;ndum ya
    </p><p class="article-text">
        estaba anulado en su pr&aacute;ctica tras las decisiones judiciales que lo privaban de
    </p><p class="article-text">
        cualquier apariencia de legalidad. Nada de lo que hoy, domingo 1 de octubre, ha ocurrido en las calles de Catalu&ntilde;a, era necesario.
    </p><p class="article-text">
        Pero la represi&oacute;n de una ciudadan&iacute;a festivamente movilizada lo ha ocupado todo, desplazando cualquier matiz. Desplazando incluso el recuerdo de aquella Ciutat Morta que fue Barcelona el 4 de febrero de 2006, el recuerdo de un presidente Mas accediendo en 2011 al Parlament en helic&oacute;ptero, el recuerdo de la ciudadana que perdi&oacute; un ojo durante la huelga del 14 de noviembre de 2012 por el disparo de una pelota de goma&hellip; Espa&ntilde;a contra Catalu&ntilde;a: una Espa&ntilde;a caricaturizada frente a una Catalu&ntilde;a idealizada. Pero es en esa Espa&ntilde;a-caricatura, de charanga y pandereta, de 'hooliganismo' patriotero, donde el PP consigue ese pu&ntilde;ado de votos fieles que marca la diferencia electoral.
    </p><p class="article-text">
        El PP y el PSOE, los dos grandes partidos estatales, han fracasado en la gesti&oacute;n de la diversidad constitutiva del Estado espa&ntilde;ol moderno. La prueba de su fracaso es su creciente marginalidad en Catalu&ntilde;a y en Euskadi. Puede ser cierto que ni Puigdemont ni Junqueras sirven como interlocutores para el futuro. &iquest;Sirven Rajoy y S&aacute;nchez?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Imanol Zubero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/think-bask/referendum-govern-porrazos-heridos-pp-espana-cataluna_132_3154518.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 01 Oct 2017 19:05:01 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El día después]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Referéndum,Govern,Heridos,PP - Partido Popular,España,Cataluña]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Where have all the federalists gone?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/think-bask/where-have-all-federalists-gone_132_3175208.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ae883586-137b-4660-8ca1-6ce5399fc361_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Where have all the federalists gone?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El discurso federal se queda sin espacio, perdido en una tierra de nadie machacada por la inmisericorde contundencia de quien se siente representante de la totalidad social</p></div><p class="article-text">
        [1] Releo <em>Homenaje a Catalu&ntilde;a</em>, de George Orwell, obra en la que el escritor brit&aacute;nico relata sus experiencias como periodista y combatiente enrolado en las milicias del Partido Obrero de Unificaci&oacute;n Marxista (POUM). Desde hace d&iacute;as no puedo evitar relacionar -&iexcl;salvando todas las distancias, que son infinitas!- algunos de sus contenidos con la situaci&oacute;n que actualmente se vive en Catalu&ntilde;a. No me refiero, evidentemente, a los aspectos m&aacute;s dram&aacute;ticos y violentos de la historia, como cuando Orwell advierte que &ldquo;la ciudad [de Barcelona] respiraba el clima inconfundible de la rivalidad y el odio pol&iacute;ticos&rdquo;, clima que se manifestaba en el hecho de que &ldquo;miembros de la CNT y la UGT ven&iacute;an mat&aacute;ndose unos a otros desde hac&iacute;a alg&uacute;n tiempo&rdquo;. No. Pero no hago m&aacute;s que pensar en el paralelismo que cabe establecer entre uno de los efectos m&aacute;s dolorosamente llamativos de aquella situaci&oacute;n y algo que tambi&eacute;n ocurre ahora. Me refiero a la desaparici&oacute;n en el espacio cultural y pol&iacute;tico catal&aacute;n de cualquier discurso de inspiraci&oacute;n federalista.
    </p><p class="article-text">
        Catalu&ntilde;a ha sido el &uacute;nico de los territorios de Espa&ntilde;a en el que se ha desarrollado una cultura y una pr&aacute;ctica pol&iacute;ticas genuinamente federalistas. Con la excepci&oacute;n destacada del andaluz Fernando Garrido (1821-1883), autor de <em>La Rep&uacute;blica Democr&aacute;tica Federal y Universal</em>, pensar en federalismo nos lleva necesariamente a evocar a personajes como Francesc Pi i Margall (1824-1901), Valent&iacute; Almirall (1841-1904) o Josep Mar&iacute;a Vall&eacute;s i Ribot (1849-1911). Saltando en el tiempo, en ellos han buscado inspiraci&oacute;n instituciones como la Fundaci&oacute; Rafael Campalans, que en 2010 impuls&oacute; la revista <em>En construcci&oacute;n,</em> &ldquo;revista sobre la cultura federal y la Espa&ntilde;a plural&rdquo; como rezaba su subt&iacute;tulo (desgraciadamente, s&oacute;lo se publicaron 3 n&uacute;meros), y que en 2013 public&oacute; un documento de trabajo titulado <em>Por una reforma constitucional federal</em>; o como la Fundaci&oacute; Catalunya Segle XXI, creada en 1999 por iniciativa de Pasqual Maragall, que en 2005 public&oacute; el libro colectivo titulado <em>Hacia una Espa&ntilde;a plural, social y federal</em>, en el que tuve ocasi&oacute;n de participar. M&aacute;s all&aacute; de Catalu&ntilde;a, como lamentaba Jacint Jordana en un art&iacute;culo en EL DIARIO, el federalismo nunca ha interesado en Espa&ntilde;a. Desgraciadamente.
    </p><p class="article-text">
        [2] Escribe Steven Pinker en <em>Los &aacute;ngeles que llevamos dentro</em>: &ldquo;Uno de los peligros de la &laquo;autodeterminaci&oacute;n&raquo; es que, en realidad, no existe tal cosa como una &laquo;naci&oacute;n&raquo; en el sentido de grupo &eacute;tnico y cultural que coincida con un trozo de propiedad inmobiliaria. A diferencia de las caracter&iacute;sticas de un paisaje de &aacute;rboles y monta&ntilde;as, las personas tienen pies. Se desplazan a sitios donde hay m&aacute;s oportunidades y pronto invitan a sus amigos y parientes a que se les unan. Esta mezcla demogr&aacute;fica  transforma el paisaje en un fractal, con minor&iacute;as dentro de minor&iacute;as dentro de minor&iacute;as&rdquo;.  Y sobre fractales y fronteras, sobre fracturas y fractalidades, giraba el texto con el que contribu&iacute; al referido libro editado por la Fundaci&oacute; Catalunya Segle XXI.
    </p><p class="article-text">
        Los fractales son formas autosemejantes, figuras con un motivo fundamental que se propaga a escalas progresivamente reducidas o (es otra manera de verlo) con partes que, al ser ampliadas, se asemejan al todo (Wagensberg). Con otras palabras, un fractal es un objeto que presenta la misma estructura fundamental aunque cambiemos indefinidamente la escala de observaci&oacute;n; un objeto caracterizado por la recursividad, o autosimilitud, a cualquier escala. En otras palabras, si enfocamos una porci&oacute;n cualquiera de un objeto fractal notaremos que tal secci&oacute;n resulta ser una r&eacute;plica a menor escala de la figura principal. A grandes rasgos, las formas fractales est&aacute;n hechas de copias a una escala menor de s&iacute; mismas, y sus partes son fundamentalmente similares al todo.
    </p><p class="article-text">
        Las realidades fractales son realidades ininterrumpidas, sin fronteras (al menos cuando hablamos de la geometr&iacute;a fractal de Mandelbrot, evidentemente no en el caso de las formas naturales o sociales). La &uacute;nica diferencia que podemos establecer es de tama&ntilde;o, de escala, pero no de esencia. &iquest;Podemos utilizar el modelo fractal como analog&iacute;a para repensar las realidades pol&iacute;ticas? En particular, aquellas institucionalizaciones (el Estado-naci&oacute;n, la identidad nacional) basadas, precisamente, en la construcci&oacute;n de discontinuidades, de fronteras pol&iacute;ticas y &eacute;ticas que pretenden delinear con trazo grueso segmentaciones no s&oacute;lo territoriales, sino identitarias y morales?
    </p><p class="article-text">
        Recurriendo a la conocida reflexi&oacute;n de Kymlicka, todos los grupos nacionales son extremadamente partidarios de reivindicar y, siempre que sea posible, construir un sistema de <em>protecciones externas</em> (de las que la m&aacute;s desarrollada es el Estado-naci&oacute;n) que garantice su existencia y su identidad espec&iacute;fica frente a las posibles influencias debilitadoras de la misma procedentes de las sociedades con las que se relacionan o en las que est&aacute;n necesariamente englobadas. Sin embargo, estos mismos grupos nacionales no suelen ser tan sensibles ante la existencia en su seno de pertenencias o identidades distintas de la nacional hegem&oacute;nica, pero igualmente necesitadas de reconocimiento. Frente a la demanda de protecciones externas que estos subgrupos realizan, la respuesta del grupo nacional dominante suele ser la imposici&oacute;n de <em>restricciones internas</em> en nombre de la solidaridad grupal.
    </p><p class="article-text">
        Aplicado a las realidades nacionales (estatalizadas o no), el principio de fractalidad deber&iacute;a cumplir la misma funci&oacute;n que la regla de oro kantiana: no quieras para los dem&aacute;s lo que no deseas para ti.
    </p><p class="article-text">
        [3] &iquest;Y la relaci&oacute;n de todo esto con la peripecia de Orwell? En <em>Homenaje a Catalu&ntilde;a</em> Orwell relata c&oacute;mo, a su vuelta desde el frente de Arag&oacute;n tras resultar herido en el cuello, se encontr&oacute; con que la mayor&iacute;a de los militantes del POUM a los que hab&iacute;a conocido se encontraban encarcelados o desparecidos, v&iacute;ctimas de las purgas estalinistas, ejecutadas en Barcelona por el PSUC. Y yo, al igual que el gran Pete Seeger se preguntaba &ldquo;&iquest;A d&oacute;nde se han ido todas las flores?&rdquo;, me pregunto: &iquest;a d&oacute;nde se han ido todos los federalistas?
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto, cuando de una trinchera a otra silban las proclamas nacionalistas, el discurso federal se queda sin espacio, perdida en una tierra de nadie machacada por la inmisericorde contundencia de quien se siente representante de la totalidad social. Pero despu&eacute;s del 1 de octubre ser&aacute; imprescindible recuperar la hoy desaparecida propuesta federalista. A ver si esta vez va en serio.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Imanol Zubero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/think-bask/where-have-all-federalists-gone_132_3175208.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 Sep 2017 18:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Where have all the federalists gone?]]></media:title>
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