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    <title><![CDATA[elDiario.es - Dolors Comas d'Argemir]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/dolors_comas_d_argemir/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Dolors Comas d'Argemir]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La vejez hoy. Retos y cambios sociales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/vejez-hoy-retos-cambios-sociales_129_7956151.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d674d523-c197-4c45-94e1-e5fd94ad110f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La vejez hoy. Retos y cambios sociales"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El análisis de los cuidados en la etapa del final de la vida constituye un punto crítico para comprender cómo este incremento de la longevidad modela las experiencias y significados del cuidado, moviliza agentes y recursos para llevarlo a cabo y constituye un punto de interconexión entre la economía moral y la economía política</p></div><p class="article-text">
        Debemos dejar de ver la vejez como una cat&aacute;strofe, porque no lo es. El incremento de la longevidad es un triunfo hist&oacute;rico, conseguido gracias a unas mejores condiciones de vida y a unos sistemas sanitarios que protegen a la poblaci&oacute;n en caso de enfermedad y ha de ser percibido pues como un logro del progreso social y de la democratizaci&oacute;n de la supervivencia y no como una cat&aacute;strofe. Y desde este foco hay que afrontar un futuro no demasiado lejano (aunque el coronavirus ha impactado sobre estas previsiones) en que el n&uacute;mero de personas adultas y de personas mayores ser&aacute; mucho mayor que el n&uacute;mero de j&oacute;venes, algo que las migraciones o un incremento de la natalidad pueden mitigar, pero no frenar.
    </p><p class="article-text">
        Aunque la vejez sea percibida de forma negativa como fruto de un edadismo que resalta aspectos como el impacto en los costes sanitarios y sociales, las situaciones de soledad o el rechazo a la decrepitud de los cuerpos, hay que reconocer que en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas el proceso de envejecimiento se ha transformado de forma espectacular y ha contribuido a modificar aspectos esenciales de la vida social.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La etapa de la vejez se ha dilatado en el tiempo y supone una percepci&oacute;n nueva del curso vital. Actualmente, una mujer espa&ntilde;ola de 70 a&ntilde;os tiene la misma esperanza de vida que ten&iacute;a una mujer espa&ntilde;ola de 56 a&ntilde;os en 1960. Esto entra&ntilde;a cambios en la definici&oacute;n de qu&eacute; es una persona mayor, as&iacute; como en la representaci&oacute;n de las trayectorias biogr&aacute;ficas. La recientemente fallecida antrop&oacute;loga Mary Catherine Bateson consideraba que el aumento de la longevidad no ha contribuido a extender la etapa de la vejez, sino que ha creado una nueva etapa, que ella denomina &ldquo;segunda edad adulta&rdquo;.&nbsp; Y a la &ldquo;tercera edad&rdquo; se a&ntilde;ade una cuarta e, incluso, una quinta edad. La presencia simult&aacute;nea de cuatro generaciones en las familias constituye una verdadera revoluci&oacute;n en las din&aacute;micas sociales y familiares&nbsp; que han hecho nacer no solo unas relaciones intergeneracionales in&eacute;ditas, sino tambi&eacute;n una transformaci&oacute;n de los roles de g&eacute;nero, de las necesidades de cuidados y de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas dirigidas a las personas mayores.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todas estas transformaciones hacen que se pueda considerar que, en el contexto de las sociedades europeas contempor&aacute;neas, se han generado &ldquo;nuevos envejecimientos&rdquo;. Y es que esta &ldquo;segunda edad adulta&rdquo; se caracteriza por su gran vitalidad y elevada participaci&oacute;n social y pol&iacute;tica, lo que rompe con los estereotipos asociados a la vejez. Las personas mayores no representan las supervivencias de un pasado al cual se aferran, sino que son sujetos activos en la transformaci&oacute;n de las sociedades. No se pueden identificar solamente (ni principalmente) con personas que se encuentran en situaci&oacute;n de dependencia, sino como sujetos que crean un nuevo tipo de ciudadan&iacute;a activa que influye en las decisiones sociales y pol&iacute;ticas y que cada vez lo har&aacute; m&aacute;s como fruto de su mayor presencia en n&uacute;mero y en protagonismo.
    </p><p class="article-text">
        En el contexto familiar, por otra parte, se ha incrementado el rol social, simb&oacute;lico y pr&aacute;ctico de las personas mayores pues, como ocurre en el conjunto de la sociedad, tienen mayor presencia en unas familias extensas que, no solo no han desaparecido, sino que, por el contrario, se han consolidado. Actualmente, la estructura intergeneracional es m&aacute;s compleja. Hay m&aacute;s generaciones que pueden coexistir durante un periodo de tiempo m&aacute;s largo y cada individuo puede tener m&aacute;s de dos roles o posiciones generacionales en el curso de vida, incluso de forma simult&aacute;nea. As&iacute;, una persona puede ser a la vez abuela, madre e hija y, especialmente el estatus de hija o de hijo puede alargarse durante muchos a&ntilde;os. Por otro lado, las personas mayores tienen tambi&eacute;n un rol activo en las transformaciones familiares, pues en su trayecto vital pueden haber experimentado, ellas mismas o sus hijos/as, las evoluciones provocadas por el divorcio, la recomposici&oacute;n de las parejas, la pluriparentalidad o los v&iacute;nculos homosexuales.
    </p><p class="article-text">
        Evidentemente, el perfil de las personas mayores var&iacute;a mucho como efecto de las desigualdades sociales. El tan estimado envejecimiento activo es m&aacute;s f&aacute;cil de conseguir cuando se dispone de recursos econ&oacute;micos y culturales, as&iacute; como de un amplio abanico de redes familiares y sociales. Los sectores de poblaci&oacute;n m&aacute;s humildes envejecen en peores condiciones de salud, y la esperanza de vida es m&aacute;s baja que entre los sectores m&aacute;s adinerados. Por otra parte, no se envejece igual siendo hombre o siendo mujer. El ejercicio de los roles de g&eacute;nero a lo largo de la vida establece desigualdades que se reproducen y acrecientan en la vejez. Tambi&eacute;n las transformaciones de los cuerpos se perciben de forma diferente, de manera que para las mujeres es un imperativo tejer estrategias para disimular los signos del envejecimiento y evitar la invisibilidad social asociada a la vejez que, en el caso de los hombres, se expresa de forma bien distinta. Como se&ntilde;al&oacute; Susan Sontag hay un doble est&aacute;ndar para envejecer. Cabe mencionar, finalmente, las diferencias en la forma de envejecer entre las personas que no residen en sus pa&iacute;ses de origen y que tienen el dilema de mantenerse en ellos o de volver a su pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Pero hay otro tema importante que aparece tambi&eacute;n asociado a la vejez como es la necesidad de cuidados que requieren las personas mayores que han perdido su capacidad de autonom&iacute;a y han entrado en situaci&oacute;n de dependencia, lo que implica necesitar de terceras personas para realizar actividades b&aacute;sicas de la vida diaria. El an&aacute;lisis de los cuidados en la etapa del final de la vida constituye un punto cr&iacute;tico para comprender c&oacute;mo este incremento de la longevidad modela las experiencias y significados del cuidado, moviliza agentes y recursos para llevarlo a cabo y constituye un punto de interconexi&oacute;n entre la econom&iacute;a moral y la econom&iacute;a pol&iacute;tica. S&iacute;, es posible que necesitemos m&aacute;s cuidados en la etapa final de nuestras vidas. Pero recordemos que ser cuidado es un derecho, no un capricho. Cuidar y ser cuidado es la base del sustento de la vida y merece dar valor tambi&eacute;n acompa&ntilde;arnos para tener un final de vida digno.
    </p><p class="article-text">
        Hay pues un &ldquo;nuevo envejecimiento&rdquo; asociado al incremento de la longevidad, pero tambi&eacute;n a las nuevas formas de vivir y de reivindicarnos como personas. Y este es sin duda uno de los cambios m&aacute;s profundos de nuestra sociedad, puesto que modifica las experiencias de vida, transforma la relaci&oacute;n entre generaciones y afecta a las l&oacute;gicas econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas de los Estados. Hay que reivindicar la nueva vejez, en lugar de denigrarla. Mary Luz Esteban, antrop&oacute;loga y amiga, ha escrito el <em>Manifiesto de las mujeres viejas. </em>Una poes&iacute;a feminista que reivindica a estas mujeres viejas soberanas de s&iacute; mismas, que no podemos asociar a los estereotipos de pasividad, sumisi&oacute;n y receptoras de cuidados. Me siento felizmente representada.
    </p><p class="article-text">
        <em>Economistas sin Fronteras no se identifica necesariamente con la opini&oacute;n de la autora y esta no compromete a ninguna de las organizaciones con las que colabora</em>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Dolors Comas d'Argemir, Economistas Sin Fronteras]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/vejez-hoy-retos-cambios-sociales_129_7956151.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 01 Jun 2021 20:40:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La vejez hoy. Retos y cambios sociales]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Democratizar los cuidados]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/democratizar-cuidados_129_7956241.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5de59599-4f49-4903-9728-42bf2275e462_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Democratizar los cuidados"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A pesar de que han llegado cambios, el modelo de cuidados se sigue sustentando idealmente en la familia y en la figura de la mujer como pilar básico. Un modelo que ya no existe</p></div><p class="article-text">
        La familia es un agente esencial en la provisi&oacute;n de cuidados, y dentro de la familia son las mujeres las encargadas de realizarlos, como un mandato derivado de sus roles de g&eacute;nero y de parentesco. Es as&iacute; en la vida diaria, cotidiana, en que se practica el cuidado propio y el de las personas del entorno familiar inmediato. Pero el cuidado toma su visibilidad cuando se configuran necesidades especiales que derivan de las situaciones de crianza (cuidado de ni&ntilde;os y ni&ntilde;as) o del cuidado hacia personas mayores y dependientes. Es en este marco donde el cuidado desborda el marco familiar para pasar a ser una cuesti&oacute;n social y pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        La arquitectura del cuidado est&aacute; construida a partir de desigualdades de g&eacute;nero y de desigualdades sociales. La vida de las mujeres est&aacute; atravesada por el cuidado, lo que impacta en sus trayectorias laborales y sociales, constituyendo un elemento de discriminaci&oacute;n y desposesi&oacute;n. Por otro lado, las personas con pocos recursos envejecen peor, tienen m&aacute;s necesidades de cuidados y menos recursos materiales para resolverlas, lo que obliga mucho m&aacute;s a las mujeres de la familia. Donde las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas para atender los cuidados son d&eacute;biles, como sucede en Espa&ntilde;a, se hace m&aacute;s necesario este altruismo obligatorio que practican las mujeres y tambi&eacute;n la solidaridad intergeneracional. Esta insuficiencia en recursos p&uacute;blicos obliga a su vez a las familias a recurrir al trabajo de mujeres migrantes, con salarios precarios y p&eacute;simas condiciones laborales. Es esta otra expresi&oacute;n de como el cuidado est&aacute; configurado desde ejes de desigualdad. Por esto indicamos la necesidad de democratizar los cuidados. A ello nos referiremos m&aacute;s adelante.
    </p><p class="article-text">
        En la literatura acad&eacute;mica se ha acu&ntilde;ado la expresi&oacute;n de &ldquo;crisis de los cuidados&rdquo; para referirse a una situaci&oacute;n paradoxal y que est&aacute; llegando a una situaci&oacute;n l&iacute;mite, y es el hecho de que mientras se incrementan las necesidades de cuidados (especialmente los relacionados con la vejez), disminuyen las posibilidades de cuidar. Esta crisis de los cuidados se origina por la intersecci&oacute;n entre unos cambios demogr&aacute;ficos y unos cambios sociales y culturales de gran magnitud.
    </p><p class="article-text">
        Estamos a nivel mundial en un momento de transici&oacute;n demogr&aacute;fica: hemos pasado de un r&eacute;gimen que se caracterizaba por una alta mortalidad de tipo catastr&oacute;fico y por una elevada fecundidad, a otro en que se invierten las variables anteriores: reducci&oacute;n de la mortalidad y disminuci&oacute;n de la natalidad. Esta din&aacute;mica conforma el envejecimiento de nuestras sociedades: vivimos m&aacute;s a&ntilde;os y hacemos menos hijos/as. Resultado: nuestras sociedades envejecen. Dos son las razones m&aacute;s com&uacute;nmente atribuidas a este proceso:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, el descenso de la fecundidad se ha producido en pr&aacute;cticamente todos los pa&iacute;ses del mundo, de manera que a partir de la segunda mitad del siglo XX, las tasas de fecundidad se sit&uacute;an por debajo de las tasas de reemplazo de la poblaci&oacute;n. As&iacute; sucede en pa&iacute;ses tan diversos como Estados Unidos, Chile, Brasil, China, Jap&oacute;n, Alemania o Rusia. Espa&ntilde;a tiene una de las tasas de fecundidad m&aacute;s bajas del mundo (1,3 hijos por mujer). Solo los pa&iacute;ses africanos est&aacute;n experimentando actualmente un crecimiento demogr&aacute;fico.
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, se ha producido una dr&aacute;stica reducci&oacute;n de la mortalidad en todas las etapas de la vida, especialmente entre las personas de m&aacute;s de 55 a&ntilde;os, lo que comporta que progresivamente haya una mayor proporci&oacute;n de personas con m&aacute;s de 80 a&ntilde;os y un notable incremento de la esperanza de vida al nacer. Si nos situamos en el caso de Espa&ntilde;a, por ejemplo, en 1960 la esperanza de vida de las mujeres era de 71,7 a&ntilde;os, mientras que en 2020 era de 85,1. En el caso de los hombres era en 1960 de 66,7 a&ntilde;os, y en el 2020 de 79,7 (13,4 y 13 a&ntilde;os m&aacute;s, respectivamente).
    </p><p class="article-text">
        En paralelo a estos cambios demogr&aacute;ficos se han producido cambios sociales y familiares muy importantes. El m&aacute;s relevante es la participaci&oacute;n laboral de las mujeres de clase media (las de clase obrera siempre la han ejercido) y la consecuente generalizaci&oacute;n de las familias de doble salario, en que tanto los hombres como las mujeres aportan ingresos para el sustento familiar. Esto ha ido acompa&ntilde;ado en el caso de Espa&ntilde;a de un mayor acceso a la educaci&oacute;n por parte de la poblaci&oacute;n y de una movilidad social ascendente a trav&eacute;s de la educaci&oacute;n. En consecuencia, actualmente las mujeres tienen menos disponibilidad para cuidar y, frecuentemente, han sido sus propias madres quienes las han estimulado a estudiar, a tener una vida propia y no estar atadas a los cuidados. La figura del ama de casa, dedicada a cuidar de sus familiares, pr&aacute;cticamente ha desaparecido y queda reducida a las generaciones mayores. Tambi&eacute;n las familias han experimentado cambios sustanciales, a partir de la presencia de divorcios, familias recompuestas, familias monoparentales, y la diversidad de formas de convivencia. Unas familias a menudo fragmentadas por la l&oacute;gica de la vida urbana y tambi&eacute;n por las migraciones.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de estos cambios en la familia y en la vida de las mujeres, el modelo de cuidados se sigue sustentando idealmente en la familia y en la figura de la mujer como pilar b&aacute;sico. Un modelo que ya no existe. Los hombres, por su parte, han incrementado su participaci&oacute;n en las actividades de crianzas, pero apenas se implican en los cuidados de personas mayores y dependientes. Donde las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas son d&eacute;biles, como sucede en el caso de Espa&ntilde;a o de Italia, por ejemplo, la familia tiene que hacerse cargo de unos cuidados que cada vez son m&aacute;s dif&iacute;cil de resolver, ya que en el caso de la vejez aumenta el tiempo en que se requiere cuidados y estos, a su vez, son de mayor complejidad e intensidad. En estas condiciones, la crisis de los cuidados est&aacute; servida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es urgente democratizar los cuidados. Los cuidados est&aacute;n provistos desproporcionadamente por la familia y por las mujeres. Se requiere un mayor compromiso p&uacute;blico y comunitario.
    </p><p class="article-text">
        El t&eacute;rmino democratizaci&oacute;n de los cuidados es potente y evocador. Supone plantear una organizaci&oacute;n social del cuidado basada en valores democr&aacute;ticos tanto para las personas que los reciben como para quienes los proporcionan. Surge de una propuesta de Sandra Ezquerra y Elba Mansilla que asume el Ayuntamiento de Barcelona como gu&iacute;a de la intervenci&oacute;n social en este tema y que hemos empezado a utilizar en el marco acad&eacute;mico como referencia y propuesta pol&iacute;tica. La democratizaci&oacute;n de los cuidados pasa por los siguientes ejes:
    </p><p class="article-text">
        1) Promover el reconocimiento del cuidado y de su centralidad.
    </p><p class="article-text">
        2) Socializar las responsabilidades del cuidado.
    </p><p class="article-text">
        3) Repartir el cuidado entre hombres y mujeres, para eliminar la (mal)divisi&oacute;n sexual del trabajo.
    </p><p class="article-text">
        4) Tener en cuenta los derechos y las demandas de las personas receptoras de cuidados, en funci&oacute;n de su ciudadan&iacute;a y no solo como consumidores.
    </p><p class="article-text">
        Cada una de estas dimensiones es un paso positivo hacia la democratizaci&oacute;n de los cuidados, pero el avance de solo una de ellas constituye una democratizaci&oacute;n parcial o incluso un retroceso. Por ejemplo, si no se dan de forma simult&aacute;nea una socializaci&oacute;n del cuidado y un reconocimiento social de este, esta socializaci&oacute;n podr&iacute;a darse en una direcci&oacute;n mercantilizadora y perjudicar el derecho al cuidado de los colectivos pobres. Por esto las cuatro dimensiones est&aacute;n interrelacionadas.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n hay la necesidad de avanzar hacia una sociedad cuidadora, enfocada desde esta perspectiva del cuidado como organizaci&oacute;n social. Esto implica reconocer la vulnerabilidad de los seres humanos, potenciar la solidaridad generacional y de clase, y dar prioridad a los valores asociados al cuidado: pensar en las necesidades de los dem&aacute;s frente al individualismo. Es avanzar en el modelo de la &ldquo;paridad en el cuidado&rdquo;, que defiende Nancy Fraser, potenciar las iniciativas comunitarias y fortalecer el Estado para proveer servicios p&uacute;blicos y protecci&oacute;n social. Supone dar valor al v&iacute;nculo social. Este es un buen punto de partida para superar el modelo de la hegemon&iacute;a mercantil, adoptar la l&oacute;gica del antiutilitarismo y de la sostenibilidad de la vida como prioridad. En este sentido, el cuidado se sit&uacute;a como un elemento de profunda transformaci&oacute;n social al subvertir las relaciones dominantes a nivel econ&oacute;mico y pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Esta urgencia no es nueva. Hasta hace poco m&aacute;s de un a&ntilde;o est&aacute;bamos muy lejos de conocer que una pandemia tan terrible como el coronavirus nos cambiar&iacute;a nuestro mundo de forma tan dr&aacute;stica y repentina. Lo que entonces nos parec&iacute;a pertinente, urgente, imprescindible de tratar (como es el cuidado a mayores y dependientes), hoy se ha convertido en plena actualidad. La pandemia ha revelado la fragilidad del sistema de cuidados tal como est&aacute; organizado actualmente. Y ha revelado tambi&eacute;n que se trata de una cuesti&oacute;n social y pol&iacute;tica, no una mera cuesti&oacute;n individual o encerrada en las familias.
    </p><p class="article-text">
        <em>Economistas sin Fronteras no se identifica necesariamente con la opini&oacute;n de la autora y esta no compromete a ninguna de las organizaciones con las que colabora</em>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Dolors Comas d'Argemir, Economistas Sin Fronteras]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/democratizar-cuidados_129_7956241.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 23 May 2021 20:03:50 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[El trabajo, los trabajos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/impacto_social/trabajo-trabajos_1_4906360.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4cbde4a5-9173-4653-8b68-cd6e7f791879_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El trabajo, los trabajos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">[if gte mso 9]><xml> <w:WordDocument> <w:View>Normal</w:View> <w:Zoom>0</w:Zoom> <w:TrackMoves /> <w:TrackFormatting /> <w:HyphenationZone>21</w:HyphenationZone> <w:PunctuationKerning /> <w:ValidateAgainstSchemas /> <w:SaveIfXMLInvalid>false</w:SaveIfXMLInvalid> <w:IgnoreMixedContent>false</w:IgnoreMixedContent> <w:AlwaysShowPlaceholderText>false</w:AlwaysShowPlaceholderText> <w:DoNotPromoteQF /> <w:LidThemeOther>ES</w:LidThemeOther> <w:LidThemeAsian>X-NONE</w:LidThemeAsian> <w:LidThemeComplexScript>X-NONE</w:LidThemeComplexScript> <w:Compatibility> <w:BreakWrappedTables /> <w:SnapToGridInCell /> <w:WrapTextWithPunct /> <w:UseAsianBreakRules /> <w:DontGrowAutofit /> <w:SplitPgBreakAndParaMark /> <w:EnableOpenTypeKerning /> 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        Hoy poder trabajar, en un momento en que el paro afecta a un 26% de la poblaci&oacute;n activa en Espa&ntilde;a, es primordial, es un objetivo b&aacute;sico e imprescindible y se convierte en la prinicipal y leg&iacute;tima reivindicaci&oacute;n de este primer de Mayo de 2014 en Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n vale la pena recordar que despu&eacute;s de la jornada de trabajo en los hogares se hacen trabajos que son, tambi&eacute;n, necesarios para el mantenimiento de la vida y la reproducci&oacute;n social. Marx recordaba que no hay producci&oacute;n sin reproducci&oacute;n y, efectivamente, las tareas relacionadas con la alimentaci&oacute;n, la limpieza, el vestido, el cuidado de los hijos, el cuidado de enfermos y personas dependientes ocupa tiempo y requiere capacidades para realizarlo.
    </p><p class="article-text">
        Las <a href="http://www.ige.eu/estatico/pdfs/s2/folleto_CSPD_2010_es.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Cuentas Sat&eacute;lites de la Producci&oacute;n Dom&eacute;stica</a> permitieron sacar a la luz y asignar valor al tiempo dedicado a actividades no remuneradas que son esenciales para el bienestar colectivo y que no se tienen en cuenta en las contabilidades nacionales. Se efectuaron en la Comunidad de Madrid, <a href="http://www.eustat.es/elementos/ele0006100/ti_El_trabajo_domestico_no_remunerado_de_la_CA_de_Euskadi_equivaldria_al_287_del_PIB_en_2008/not0006165_c.html#axzz30N0Mh1Re" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en Euskadi</a>, en Galicia y en Catalunya, y revelaron que la producci&oacute;n dom&eacute;stica se sit&uacute;a entre el 32,8 y el 54,7% del PIB, mientras que para el conjunto de Espa&ntilde;a equivale a un 27,4%. Estas magnitudes ponen en cuesti&oacute;n que la actividad que se efect&uacute;a en los hogares sea marginal y sin importancia.
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        La producci&oacute;n dom&eacute;stica ha sido especialmente invisible por tres razones b&aacute;sicas.
    </p><div class="list">
                    <ol>
                                    <li>Porque se lleva a cabo en los hogares de forma gratuita, y s&oacute;lo adquiere visibilidad cuando se efect&uacute;a en el mercado o en servicios p&uacute;blicos;</li>
                                    <li>porque son actividades impregnadas de afectos y obligaci&oacute;n moral, y, finalmente,</li>
                                    <li>Porque son ejecutadas b&aacute;sicamente por mujeres y se considera que se hacen de forma instintiva y forman parte de su naturaleza                                                                                                         </li>
                            </ol>
            </div><p class="article-text">
        Estos factores dificultan poder percibir su valor econ&oacute;mico as&iacute; como su car&aacute;cter crucial para la reproducci&oacute;n social. El hecho de que las mujeres sean todav&iacute;a hoy las principales responsables del trabajo de cuidados y de la producci&oacute;n dom&eacute;stica tiene importantes consecuencias en sus trayectorias laborales y sociales, pues limita sus oportunidades. Y el reconocimiento social de este tipo de actividad s&oacute;lo se ha hecho cuando se ha tratado de justificar que la mujer se quede en casa desde una l&oacute;gica patriarcal y subordinada, en la que no caben ni huelgas ni negociaci&oacute;n alguna.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Dolors Comas d'Argemir]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/impacto_social/trabajo-trabajos_1_4906360.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 30 Apr 2014 18:40:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Impacto social]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La crisis de los cuidados: ¿la “otra” crisis?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/impacto_social/crisis-cuidados_1_4943544.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fbfadc45-c29d-4a9d-b280-f55cf83024e2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La crisis de los cuidados: ¿la “otra” crisis?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El cuidado es un gran devorador de tiempo pero no le damos importancia e ignoramos su valor</p></div><p class="article-text">
        El cuidado es esencial para el mantenimiento de la vida y la reproducci&oacute;n social y, por tanto, no es nada marginal. No hay sistema productivo ni sociedad alguna que pueda existir sin que se reproduzca la vida y se sostenga. Las personas enferman, envejecen, se lesionan, mueren y, antes, han de nacer. Todo ello requiere de la satisfacci&oacute;n de las necesidades diarias, como alimento, ropa, cobijo, asistencia en caso de enfermedad o dependencia, y tambi&eacute;n requiere el reemplazo: la procreaci&oacute;n. Las actividades de cuidado se efect&uacute;an mayoritariamente en la familia, se hacen por afecto o por obligaci&oacute;n moral, o por las dos cosas a la vez. Forman parte de la &ldquo;econom&iacute;a del afecto&rdquo;, y utilizo este t&eacute;rmino en un doble sentido: porque tienen valor econ&oacute;mico (lo que queda de manifiesto cuando las realiza el mercado o el Estado) y tambi&eacute;n porque economizan gasto p&uacute;blico cuando es la familia quien las hace.
    </p><p class="article-text">
        Las mujeres son quienes cuidan mayoritariamente. A sus propios hijos y a los de otra gente y a familiares enfermos o dependientes. Y ellas son las cuidadoras principales contratadas en empresas privadas, en servicios p&uacute;blicos y en hogares.
    </p><p class="article-text">
        Como <a href="http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/11/30/actualidad/1354294107_813645.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ya se&ntilde;al&oacute; hace a&ntilde;os Mar&iacute;a &Aacute;ngeles Dur&aacute;n</a>, el cuidado es un gran devorador de tiempo y, sin embargo, no le damos importancia e ignoramos su valor. Las <a href="http://tilastokeskus.fi/tup/kantilinpito/hhsa_final_report_web2003-0409.vol.3.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Cuentas Sat&eacute;lites</a> han permitido sacar a la luz y asignar valor al tiempo dedicado a actividades no remuneradas que son esenciales para el bienestar colectivo y que no se tienen en cuenta en las contabilidades nacionales. Pero como se&ntilde;ala <a href="http://www.eldiario.es/autores/mariam_martinez-bascunan/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">M&aacute;riam Mart&iacute;nez-Bascu&ntilde;an</a> en este mismo espacio, el tiempo dedicado al cuidado por parte de las mujeres limita sus oportunidades y hace que sean despose&iacute;das de &eacute;stas. Y el gr&aacute;fico elaborado por <a href="http://www.eldiario.es/agendapublica/impacto_social/GRAFICO-Cuidado-queda-nombre-mujer_0_231327075.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Berta Baquer</a> resulta muy ilustrativo al respecto: el cuidado se queda en casa y tiene nombre de mujer.
    </p><p class="article-text">
        El grado de implicaci&oacute;n de los Estados en la provisi&oacute;n de cuidados y de bienestar repercute muy especialmente en las mujeres. En el caso de Espa&ntilde;a las pol&iacute;ticas sociales han tenido escaso desarrollo en comparaci&oacute;n con otros pa&iacute;ses europeos y las pol&iacute;ticas m&aacute;s relacionadas con los cuidados se han asentado en el familismo y en el trabajo de las mujeres y no han modificado los patrones de g&eacute;nero. Esto es especialmente visible con el <a href="http://www.eldiario.es/agendapublica/impacto_social/contrareforma-Ley-Dependencia-ano-despues_0_159584487.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">desmantelamiento de la Ley de Dependencia</a>, que supone una reprivatizaci&oacute;n del cuidado en los hogares, una precarizaci&oacute;n de las cuidadoras familiares y una nueva carga para las familias y las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        La crisis de los cuidados se produce por la transformaci&oacute;n de las estructuras tradicionales en que se basaban los cuidados asentadas en el papel atribuido a las mujeres en el hogar. Estalla y se hace visible cuando convergen la presencia masiva de mujeres en el mercado de trabajo y el incremento de las situaciones de dependencia vinculadas a la vejez y a la discapacidad. La respuesta de los hogares a las tensiones generadas por la presi&oacute;n de cuidar ha sido la externalizaci&oacute;n de los cuidados, que pasan a inscribirse en los circuitos de la globalizaci&oacute;n debido a la contrataci&oacute;n generalizada de cuidadoras extranjeras.
    </p><p class="article-text">
        La baja natalidad es una expresi&oacute;n de la crisis de los cuidados pues no s&oacute;lo se debe a cambios culturales, sino tambi&eacute;n a la dificultad de las mujeres de hacer compatibles su maternidad con las actividades laborales, sociales y pol&iacute;ticas. Pero as&iacute; como las t&eacute;cnicas de control de la natalidad permiten aplazar la maternidad y restringir el n&uacute;mero de hijos, la necesidad de cuidados de larga duraci&oacute;n no es programable y resulta siempre sobrevenida en las familias. Hay que tener en cuenta que las situaciones de dependencia vinculadas a la edad o a la discapacidad han aumentado mucho en Espa&ntilde;a por las propias tendencias demogr&aacute;ficas. La poblaci&oacute;n mayor de 80 a&ntilde;os, que en 1991 era de 1.147.868 personas, asciende en el 2011 a 2.456.906, m&aacute;s del doble en s&oacute;lo veinte a&ntilde;os. Con este &ldquo;envejecimiento del envejecimiento&rdquo; aumenta la probabilidad de situaciones de dependencia y el cuidado de las mismas deviene un problema de primera magnitud.
    </p><p class="article-text">
        La crisis de los cuidados exacerba las desigualdades sociales. Genera lo que <a href="http://www.sociologyencyclopedia.com/public/tocnode?id=g9781405124331_yr2011_chunk_g978140512433125_ss1-280" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Shellee Colen llam&oacute; una &lsquo;reproducci&oacute;n estratificada&rsquo;</a>. Las tareas de reproducci&oacute;n f&iacute;sica y social se asientan en jerarqu&iacute;as de clase, raza, etnicidad y g&eacute;nero, y se sit&uacute;an en una econom&iacute;a global y en contextos migratorios. La mercantilizaci&oacute;n del trabajo reproductivo se traduce en que las mujeres de clase media y alta contratan cuidadoras para sus hijos o ancianos, aunque a veces recurran tambi&eacute;n al apoyo familiar, como es el caso de los abuelos y abuelas que se ocupan de sus nietos. Y lo hacen porque no pueden asumir directamente el cuidado, ante la pr&aacute;ctica ausencia del apoyo del estado, falta de compromiso de los hombres y altos precios de los servicios ofrecidos por empresas.
    </p><p class="article-text">
        La reproducci&oacute;n estratificada produce ella misma estratificaci&oacute;n, al intensificar las desigualdades en que se basa. Los sectores m&aacute;s vulnerables experimentan una doble crisis de cuidados, pues las situaciones de dependencia se concentran especialmente en los hogares con rentas m&aacute;s bajas y &eacute;stas, ante la escasez de servicios p&uacute;blicos, han de resolver los cuidados con el propio trabajo familiar. Esta inequidad social se traduce tambi&eacute;n en los costes de oportunidad de las cuidadoras: incompatibilidad laboral, probabilidad de perder el empleo, efectos sobre la propia salud y efectos sobre la vida afectiva y relacional. Las mujeres inmigradas, adem&aacute;s, se ven forzadas a dejar a sus hijos al cuidado de familiares en su pa&iacute;s mientras ellas cuidan a otros. Las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas han influido en esta desigualdad, tanto a trav&eacute;s de las regulaciones de extranjer&iacute;a como por el tipo de r&eacute;gimen laboral de las empleadas dom&eacute;sticas, que es muy precario, y propicia que este sector se ocupe con inmigrados.
    </p><p class="article-text">
        El avance de las pol&iacute;ticas neoliberales comporta una reconfiguraci&oacute;n de las relaciones entre producci&oacute;n y reproducci&oacute;n. Por un lado, se est&aacute;n aplicando medidas de austeridad como una forma de paliar la crisis econ&oacute;mica y financiera, pero tambi&eacute;n como una forma de controlar la acumulaci&oacute;n de capital. Y, por otro lado, se reordena la reproducci&oacute;n social, reduciendo los servicios aportados por el estado y transfiri&eacute;ndolos a la familia.  En Espa&ntilde;a esto se refleja no s&oacute;lo en los recortes del gasto p&uacute;blico sino tambi&eacute;n en la naturaleza de unas pol&iacute;ticas que optan por la expansi&oacute;n del mercado frente a la responsabilidad p&uacute;blica. En resumen, en un momento en que el empleo es menos estable y m&aacute;s precario y en que las familias son m&aacute;s variadas se generan nuevas contradicciones, m&aacute;s presi&oacute;n sobre las mujeres y nuevas formas de expresi&oacute;n de la crisis de los cuidados. 
    </p><p class="article-text">
        Frente a la hegemon&iacute;a que se otorga al mercado, reconocer la importancia del cuidado y de la reproducci&oacute;n social no s&oacute;lo tiene una dimensi&oacute;n acad&eacute;mica, sino tambi&eacute;n pol&iacute;tica. Una redistribuci&oacute;n m&aacute;s justa del cuidado implica romper la amistad peligrosa con el mercado, establecer una nueva alianza con la protecci&oacute;n social, fortalecer las redes de apoyo comunitarias y conseguir una participaci&oacute;n equitativa de mujeres y hombres en el cuidado.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Dolors Comas d'Argemir]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/impacto_social/crisis-cuidados_1_4943544.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 09 Apr 2014 18:16:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La crisis de los cuidados: ¿la “otra” crisis?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Impacto social]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los medios de comunicación en la lucha contra la violencia de género]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/impacto_social/medios-comunicacion-lucha-violencia-genero_1_5149468.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/750bcf00-bf5c-445d-8561-5550dd913306_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los medios de comunicación en la lucha contra la violencia de género"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Dolors Comas d'Argemir analiza el papel de los medios de comunicación en la lucha contra la violencia de género. Según la autora, los informativos han hecho una importante contribución en su tratamiento de estas noticias pero aún hay camino por recorrer respecto a determinados programas de entretenimiento y la imagen de las mujeres que presentan.</p></div><p class="article-text">
        El movimiento feminista y las actuaciones pol&iacute;ticas han sido fundamentales en la lucha contra la violencia de g&eacute;nero. Pero los ciudadanos no conocen el problema a trav&eacute;s de activistas o de pol&iacute;ticos, sino a trav&eacute;s de los medios de comunicaci&oacute;n. As&iacute; lo constata <a href="http://www.unav.es/fcom/comunicacionysociedad/es/resena.php?art_id=325" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una encuesta que se realiz&oacute; en el a&ntilde;o 2010</a> a 1200 ciudadanos por iniciativa del Centro Reina Sof&iacute;a (clausurado por el Partido Popular). La mayor&iacute;a de encuestados conocen el tema a trav&eacute;s de la televisi&oacute;n (un 69,7%) y un 37,3% a trav&eacute;s de la prensa escrita. Un 87,9% cree que la violencia de g&eacute;nero est&aacute; muy extendida y un 90,6% considera que es totalmente inaceptable.
    </p><p class="article-text">
        El compromiso de los medios de comunicaci&oacute;n en la lucha contra la violencia de g&eacute;nero ha sido una caracter&iacute;stica espec&iacute;fica de Espa&ntilde;a, que puede explicar el elevado conocimiento del tema por parte de la ciudadan&iacute;a, lo que ha legitimado las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas que se han llevado a cabo. Esta actitud proactiva ya se constata en la d&eacute;cada de los a&ntilde;os ochenta y noventa, cuando eran los medios quienes contaban el n&uacute;mero de mujeres asesinadas y denunciaban la existencia de maltrato en el hogar. Contribuyeron a dar visibilidad a lo que inicialmente se denomin&oacute; 'violencia dom&eacute;stica' y que pasar&iacute;a a denominarse &lsquo;violencia de g&eacute;nero&rsquo; a partir de la aprobaci&oacute;n de la Ley Org&aacute;nica de Medidas de Protecci&oacute;n Integral contra la Violencia de G&eacute;nero en el 2004.
    </p><p class="article-text">
        El asesinato de Ana Orantes en diciembre de 1997 marc&oacute; un antes y un despu&eacute;s en este compromiso de los medios. Recordemos que intervino en un programa de Canal Sur explicando los malos tratos que hab&iacute;a sufrido por parte de su marido y que tuvo que aguantar debido a su dependencia econ&oacute;mica y a los once hijos que hab&iacute;an nacido de su matrimonio. Pocos d&iacute;as despu&eacute;s, Jos&eacute; Parejo, su exmarido, la apale&oacute; y la quem&oacute; viva. Por decisi&oacute;n judicial, compart&iacute;an la misma casa despu&eacute;s de la separaci&oacute;n legal: ella viv&iacute;a en una planta y su exmarido en la otra, por lo que estaba en riesgo permanente. La necesidad de cambios legales y de protecci&oacute;n a las v&iacute;ctimas fue un clamor. La imagen de Ana Orantes, una mujer normal y corriente, se difundi&oacute; por todo el pa&iacute;s. Era un ser humano y no s&oacute;lo una cifra estad&iacute;stica. La brutalidad del caso conmocion&oacute; a la opini&oacute;n p&uacute;blica, cre&oacute;  un intenso debate social, pol&iacute;tico y acad&eacute;mico, e interpel&oacute; a los propios medios sobre su papel y responsabilidad social.
    </p><p class="article-text">
        A partir de este momento se introducen cambios en la manera de informar sobre la violencia de g&eacute;nero, de manera que las noticias van m&aacute;s all&aacute; de ser una cr&oacute;nica de sucesos, y pasan a enfocarse como un problema social. Los informes de seguimiento que anualmente  lleva a cabo la Associaci&oacute; de Dones Periodistes de Catalunya muestran una mejora sensible en el tratamiento del tema por parte de la prensa escrita respecto a a&ntilde;os atr&aacute;s. En el caso de la televisi&oacute;n, tambi&eacute;n los programas informativos cumplen este papel de informaci&oacute;n y sensibilizaci&oacute;n ciudadana. Un informe del <a href="http://www.cac.cat/pfw_files/cma/actuacions/Continguts/Informe_Viol_ncia_masclista.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Consejo del Audiovisual de Catalunya</a> del a&ntilde;o 2010 muestra que en las televisiones analizadas no hay ninguna noticia que justifique impl&iacute;citamente la violencia: ni se culpabiliza a las v&iacute;ctimas ni se atribuye a patolog&iacute;as del agresor. Tampoco aparecen estereotipos o t&oacute;picos que banalicen la violencia contra las mujeres. Y las noticias no se centran s&oacute;lo en las agresiones, sino tambi&eacute;n en las actuaciones policiales y judiciales (que muestran que no hay impunidad para el agresor), introducen declaraciones de pol&iacute;ticos y de activistas sociales, y muestran el rechazo de la ciudadan&iacute;a en forma de concentraciones o manifestaciones. Los medios tambi&eacute;n introducen noticias tem&aacute;ticas, con estad&iacute;sticas sobre violencia de g&eacute;nero, encuestas, programas espec&iacute;ficos para su erradicaci&oacute;n, etc.
    </p><p class="article-text">
        Lo destacable de este proceso, y m&aacute;s all&aacute; de problemas concretos que pueden persistir en el tratamiento informativo de la violencia de g&eacute;nero, es que se produce un cambio en el enfoque de las noticias, entendidas como un problema social y no s&oacute;lo como algo que pertenece al &aacute;mbito privado. Los medios de comunicaci&oacute;n hacen as&iacute; una contribuci&oacute;n importante a la lucha contra la violencia de g&eacute;nero. Pero podr&iacute;an hacer m&aacute;s. Y quiero referirme espec&iacute;ficamente a la televisi&oacute;n, por el fuerte impacto que tiene en la opini&oacute;n p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        En el caso de la televisi&oacute;n, el problema no est&aacute; tanto en los programas informativos, sino en algunos programas de entretenimiento emitidos por televisiones privadas, en los que la imagen de las mujeres se presenta plagada de estereotipos y prejuicios,  que valoran el cuerpo de las mujeres y no tanto sus capacidades, y alimentan la idea de desigualdad, que es el sustrato profundo por el que se reproducen y naturalizan esquemas inconscientes patriarcales. Programas como &iquest;<em>Qui&eacute;n quiere casarse con mi hijo?</em> (emitido por Cuatro) o <em>S&aacute;lvame</em>, de Telecinco, son un ejemplo. Y en algunos programas incluso se ha hecho de la violencia de g&eacute;nero un espect&aacute;culo directamente.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; sucedi&oacute; en el programa <em>El diario de Patricia</em>, de Atena3. Se invit&oacute; a la expareja de Svetlana Orlova, un hombre maltratador a quien ella hab&iacute;a denunciado, y que ante las c&aacute;maras insisti&oacute; en casarse nuevamente con ella. Svetlana se neg&oacute; y pocos d&iacute;as despu&eacute;s Ricardo Antonio Navarro la asesinaba. La direcci&oacute;n del programa esgrimi&oacute; que no conoc&iacute;a la situaci&oacute;n de esta pareja, pero en todo caso no pod&iacute;a justificar el incumplimiento del &ldquo;Acuerdo para el fomento de la autoregulaci&oacute;n sobre contenidos televisivos e infancia&rdquo; firmado en el a&ntilde;o 2004 entre el gobierno espa&ntilde;ol y las grandes cadenas televisivas. El acuerdo se renov&oacute; en el 2007, despu&eacute;s de este terrible suceso, con el objetivo de poner l&iacute;mites a la &ldquo;telebasura&rdquo;, al menos en horario de protecci&oacute;n infantil. Tampoco este acuerdo fue respetado y el programa en cuesti&oacute;n sigui&oacute; invitando a hombres con antecedentes de malos tratos para intentar una reconciliaci&oacute;n ante las c&aacute;maras con su expareja maltratada. Seg&uacute;n la Comisi&oacute;n Mixta de Seguimiento del C&oacute;digo de Autorregulaci&oacute;n, <em>El diario de Patricia</em> fue uno de los programas que m&aacute;s denuncias recibi&oacute; por vulnerar dicho C&oacute;digo. Desde agosto de 2011 se dej&oacute; de emitir. Quiero creer que como efecto de estas denuncias.
    </p><p class="article-text">
        El programa que s&iacute; dej&oacute; de emitirse como fruto del rechazo social fue <em>La Noria</em>, de Telecinco, a ra&iacute;z de la entrevista con Rosal&iacute;a Garc&iacute;a, madre de <em>el Cuco</em>, uno de los acusados del asesinato de Marta del Castillo, a la que se retribuy&oacute; con 9000 euros. Esto fue en octubre del 2011, y el programa tuvo aquel d&iacute;a una importante cuota de pantalla, un 15,1%. Pero las redes sociales se movilizaron en su contra, y todos los anunciantes retiraron la publicidad. Despu&eacute;s de ser relegado a horario nocturno, el programa fue definitivamente cancelado en abril del 2012.
    </p><p class="article-text">
        En los dos casos se&ntilde;alados fue la ciudadan&iacute;a quien influy&oacute; en el declive de los programas, y esto es esperanzador. Pero no lo es para nada que las grandes cadenas privadas, en su disputa por la audiencia, recurran al uso del cuerpo de la mujer y a la violencia como espect&aacute;culo. Como tampoco lo es la debilidad de los gobiernos ante el poder de los medios. Ni la autorregulaci&oacute;n por s&iacute; sola ni la regulaci&oacute;n aisladamente pueden conseguir que se avance hacia una mejor calidad en los contenidos y programas. La combinaci&oacute;n de ambas puede ser como una lluvia fina que vaya impregnando el  quehacer cotidiano de los medios. Pero sobre todo, y esto es b&aacute;sico, necesitamos una sociedad exigente respecto a los contenidos de los medios y, para lo que estamos tratando, esto implica el rechazo de la violencia de g&eacute;nero y el que las aportaciones de las mujeres tengan visibilidad. Porque, finalmente, se trata de combatir todo tipo de violencia contra la mujeres y de avanzar en la igualdad de derechos y oportunidades.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Dolors Comas d'Argemir]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/impacto_social/medios-comunicacion-lucha-violencia-genero_1_5149468.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 24 Nov 2013 18:37:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los medios de comunicación en la lucha contra la violencia de género]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Impacto social]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La representación de las mujeres en los medios de comunicación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/impacto_social/representacion-mujeres-medios-comunicacion_1_5182031.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Un 46,4% de los médicos que ejercen su profesión en España son mujeres, pero el porcentaje se reduce a un 26,7% cuando aparecen en televisión</p><p class="subtitle">A partir de los datos del último informe del Consejo Audiovisual de Catalunya (CAC), Dolors Comas muestra cómo la presencia de mujeres en los medios de comunicación no sólo es menor en número respecto a la de los hombres, sino que además estaría influenciada por las concepciones de género presentes en la sociedad.</p></div><p class="article-text">
        A pesar de los profundos cambios que ha habido en Espa&ntilde;a en los patrones de vida y participaci&oacute;n de las mujeres en la sociedad, la representaci&oacute;n p&uacute;blica de hombres y mujeres en los medios de comunicaci&oacute;n sigue siendo diferenciada y asim&eacute;trica. 
    </p><p class="article-text">
        Esto no es algo intencionado, sino fruto de unas rutinas en las que influyen concepciones de g&eacute;nero presentes en la sociedad. Las asimetr&iacute;as disminuyen cuando de forma consciente se hace un tratamiento m&aacute;s equilibrado de hombres y mujeres (como sucede en algunas series televisivas, por ejemplo). Y aumentan, en cambio, dram&aacute;ticamente cuando se utiliza el cuerpo de las mujeres como reclamo, en la publicidad o en determinados programas de entretenimiento.
    </p><p class="article-text">
        Las desigualdades entre hombres y mujeres se expresan en la pol&iacute;tica de representaciones de los medios, que tienen el poder de destacar y clasificar, poder simb&oacute;lico y poder para excluir. El diagn&oacute;stico de esta desigualdad se puede resumir evaluando cuatro dimensiones: 
    </p><p class="article-text">
        <strong>1.</strong>- El protagonismo y el reconocimiento de autoridad. Frecuentemente las mujeres son invisibilizadas o silenciadas. No s&oacute;lo tienen menor presencia que los hombres, sino que a veces no se les da voz, aunque est&eacute;n. O la tienen desde posiciones de menor prestigio y poder. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>2.</strong>- La igualdad en el trato con independencia del sexo. Los medios suelen destacar de las mujeres dimensiones de tipo personal vinculadas a su rol familiar, forma de vestir, aspecto f&iacute;sico, etc., que tienen poca importancia en el caso de los hombres. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>3.</strong>- Valoraci&oacute;n equivalente de las aportaciones de hombres y mujeres. A menudo los medios destacan el hecho de ser mujer (una candidata-mujer, una presidenta-mujer, una cient&iacute;fica-mujer) por encima de sus m&eacute;ritos o consecuciones, lo cual es una desvalorizaci&oacute;n impl&iacute;cita. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>4.</strong>- Consideraci&oacute;n de la desventaja de partida de las mujeres para comprender las situaciones de discriminaci&oacute;n. En lugar de ello, frecuentemente se toma a los hombres como modelos de referencia. Se tolera, defiende, critica o alaba a las mujeres que irrumpen en &aacute;mbitos que se consideran de hombres. Son &ldquo;ellas&rdquo; frente a un &ldquo;nosotros&rdquo;. Y esta dicotom&iacute;a constituye el marco que expresa las relaciones de poder y las desigualdades.
    </p><p class="article-text">
        <a href="http://www.cac.cat/pfw_files/cma/actuacions/Continguts/i29_2013_INFORME_DIVERSITAT_I_DONES.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El &uacute;ltimo informe</a> del Consejo del Audiovisual de Catalunya (CAC) sobre la representaci&oacute;n de las mujeres en la televisi&oacute;n proporciona datos valiosos y suficientemente amplios para mostrar de forma emp&iacute;rica estas dimensiones. Analiza los informativos, los debates y entrevistas, y los programas de ficci&oacute;n (de producci&oacute;n propia) emitidos durante el primer semestre del a&ntilde;o 2012 por cuatro televisiones: TV3 (p&uacute;blica auton&oacute;mica), TVE en Catalu&ntilde;a (desconexiones de la cadena estatal), 8tv (privada auton&oacute;mica) y BTV (p&uacute;blica local de Barcelona). Esto ha implicado analizar 4.431 unidades de noticias, 2.690 intervenciones en debates o entrevistas y 357 personajes de ficci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El an&aacute;lisis de estos datos muestra el contraste entre los programas de no ficci&oacute;n (informativos y debates) frente a los programas de ficci&oacute;n (pel&iacute;culas y series para televisi&oacute;n). En los programas de no-ficci&oacute;n, se muestra un primer desequilibrio significativo. Las las mujeres aparecen menos que los hombres (un 29% en los informativos y un 30,7% en debates y entrevistas). 
    </p><p class="article-text">
        En los programas de ficci&oacute;n, en cambio, la presencia de mujeres y hombres est&aacute; m&aacute;s equilibrada, pues los personajes femeninos aumentan a un 44,5% y, adem&aacute;s, hay m&aacute;s mujeres que hombres con un papel principal, tanto en t&eacute;rminos relativos (un 20,1% de las mujeres frente a un 13,1% de los hombres) como absolutos (32 mujeres y 26 hombres). 
    </p><p class="article-text">
        Esto se puede deber a que en las pel&iacute;culas y series, la direcci&oacute;n de los medios puede introducir criterios para promover determinados valores. Pero aqu&iacute; se acaban las diferencias entre unos programas y otros, porque cuando se trata de ver c&oacute;mo estas mujeres son representadas, entonces los desequilibrios emergen.
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        Se puede pensar de forma razonable que la menor presencia de mujeres en los programas informativos refleja de hecho diferencias en participaci&oacute;n social existentes en la sociedad. Pero no es as&iacute;. Entre los m&eacute;dicos que ejercen su profesi&oacute;n en Espa&ntilde;a, un 46,4% son mujeres, y el porcentaje se reduce a un 26,7% cuando aparecen en televisi&oacute;n.Lo mismo sucede con las profesoras universitarias: un 37,5% son mujeres, pero en televisi&oacute;n se reducen a un 12,7%. 
    </p><p class="article-text">
        Justamente la sanidad y la educaci&oacute;n tienen una elevada presencia de mujeres, pero resulta que en televisi&oacute;n las mujeres aparecen m&aacute;s como usuarias de los servicios sanitarios que como profesionales, y m&aacute;s como estudiantes que como profesoras. Las mujeres se asocian as&iacute; a roles de menos prestigio, o que implican pasividad, m&aacute;s como receptoras de servicios que como sus ejecutoras.
    </p><p class="article-text">
        Un elemento que se relaciona con la importancia otorgada a la intervenci&oacute;n de una persona es su identificaci&oacute;n. En los programas informativos, la proporci&oacute;n de mujeres sin identificar (un 23,1%) es m&aacute;s del doble que la de los hombres sin identificar (10,5%). Se advierte tambi&eacute;n una relaci&oacute;n entre edad y sexo: la presencia de las mujeres en la pantalla disminuye con la edad. Y las mujeres se asocian de forma m&aacute;s intensa que los hombres a los roles que se ejercen en la esfera privada (un 43,3% frente a un 20,7%). Los hombres, en cambio, aparecen mayoritariamente ejerciendo roles relacionados con la esfera p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        En el &aacute;mbito pol&iacute;tico, las mujeres tienen una escasa presencia como miembros de Gobiernos (un 16,6%) en tanto que el porcentaje aumenta a un 26% cuando se trata de representantes de partidos. En el &aacute;mbito social las mujeres tienen una presencia superior a la media (un 34,5%), pero asociadas sobre todo a la esfera personal, tambi&eacute;n a la cultura y al mundo econ&oacute;mico. Los hombres se asocian mayoritariamente a la econom&iacute;a y al trabajo, y tambi&eacute;n a la cr&oacute;nica pol&iacute;tica, reproduciendo as&iacute; uno de los estereotipos m&aacute;s arraigados respecto a la participaci&oacute;n social y laboral de hombres y mujeres.
    </p><p class="article-text">
        El &aacute;mbito deportivo es exageradamente asim&eacute;trico. Fue objeto de un informe espec&iacute;fico por parte del CAC en el a&ntilde;o 2010 y mostraba la muy baja presencia del deporte femenino en TV3 (1,2%), TVE en Catalu&ntilde;a (1,8%), 8tv (0%) y BTV (3%). Hay que se&ntilde;alar que en este mismo a&ntilde;o las mujeres ten&iacute;an un 20,7% de las licencias deportivas y que entre los deportistas de alto nivel un 45% eran mujeres.
    </p><p class="article-text">
        Los personajes de las series y pel&iacute;culas de televisi&oacute;n presentan unas caracter&iacute;sticas divergentes seg&uacute;n se trate de hombres o de mujeres que siguen los ejes de desigualdad. Las mujeres tienen menos nivel de poder, se asocian m&aacute;s a la esfera privada y sus actividades laborales son menos cualificadas que las de los hombres, Adem&aacute;s, las mujeres aparecen m&aacute;s a menudo haciendo tareas del hogar (un 77,8% frente a un 56,3%) o cuidando a alguien (un 22,2% frente a ning&uacute;n hombre).
    </p><p class="article-text">
        Para concluir, los desequilibrios que aparecen en la representaci&oacute;n de las mujeres en los programas de televisi&oacute;n proceden de dos factores de naturaleza muy distinta. Uno es de car&aacute;cter cultural, derivado de la menor visibilidad e importancia que se otorga a actividades que realizan las mujeres. El otro factor se relaciona con factores sociales y de poder, pues los medios reflejan en buena medida lo que existe en los partidos, en la actividad institucional, en la representaci&oacute;n profesional o en el liderazgo asociativo. M&aacute;s presencia de mujeres con cargos relevantes en estos &aacute;mbitos deber&iacute;a traducirse tambi&eacute;n en un mayor equilibrio en la representaci&oacute;n de hombres y mujeres en los medios de comunicaci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Dolors Comas d'Argemir]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/impacto_social/representacion-mujeres-medios-comunicacion_1_5182031.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 06 Nov 2013 19:08:29 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La representación de las mujeres en los medios de comunicación]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Impacto social]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La contrarreforma de la Ley de Dependencia, un año después]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/impacto_social/contrareforma-ley-dependencia-ano-despues_1_5761971.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La reforma es una  expresión de unos determinados intereses de clase y  da por supuesto que  las mujeres harán igualmente de cuidadoras sin  tener que ser  remuneradas</p><p class="subtitle">En julio del 2012 había en España  179.829 cuidadoras familiares dadas  de alta a la Seguridad Social y en  junio de 2013 hay sólo 19.054</p></div><p class="article-text">
        La  Ley de Dependencia, aprobada en 2006, supuso construir en Espa&ntilde;a un  nuevo &aacute;mbito de las pol&iacute;ticas sociales para resolver las necesidades de  cuidados de larga duraci&oacute;n. Tambi&eacute;n responde a las demandas de las  mujeres, que no pueden asumir los cuidados como lo hac&iacute;a la familia  tradicional y que apenas encuentran apoyo por parte de los hombres. La  ley marca una clara prioridad en la creaci&oacute;n de servicios (de  prevenci&oacute;n, teleasistencia, ayuda a domicilio, centros de d&iacute;a y de noche  y centros residenciales) y en cambio, considera que las prestaciones  econ&oacute;micas han de ser algo excepcional, reservadas para quienes no  puedan acceder a ning&uacute;n servicio p&uacute;blico. Prev&eacute; una aplicaci&oacute;n  progresiva (del 2007 al 2015), establece el copago de las personas  usuarias y garantiza que nadie quede excluido del sistema por falta de  recursos.
    </p><p class="article-text">
        Comunidades  Aut&oacute;nomas y ayuntamientos, que son los que han de aplicar la ley, se  ven inmediatamente desbordados. Se producen retrasos y dificultades,  pero progresivamente nuevos usuarios se van incorporando al sistema. Las  prestaciones otorgadas en Espa&ntilde;a a finales del a&ntilde;o 2008 fueron 449.415;  en el 2010 aumentan hasta 800.009, y en junio del 2012 se elevan a  959.903. Pero pronto aparecen problemas de financiaci&oacute;n, en parte  estructurales y en parte derivados de la crisis econ&oacute;mica y de las  pol&iacute;ticas de austeridad.  Veamos c&oacute;mo se ha aplicado la ley en estos  a&ntilde;os, pues proporciona algunas claves respecto a la situaci&oacute;n actual.
    </p><p class="article-text">
        1. El  	principio de que Estado y Comunidades Aut&oacute;nomas deber&iacute;an hacer 	 aportaciones equivalentes se trunca en perjuicio de las &uacute;ltimas, 	porque  la mitad que aporta el Estado resulta ser inferior a la mitad 	de lo  que realmente cuestan las prestaciones, y porque las 	Comunidades  Aut&oacute;nomas, adem&aacute;s, han de incrementar necesariamente 	su carga  presupuestaria a medida que entran nuevos usuarios en el 	sistema sin  que la financiaci&oacute;n b&aacute;sica del Estado aumente.
    </p><p class="article-text">
        2. Las  	Comunidades Aut&oacute;nomas no se implican por igual. Si se relaciona las 	 personas beneficiarias de prestaciones con el total de la poblaci&oacute;n, 	 las tasas m&aacute;s elevadas (junio del 2013) son las de Cantabria 	(2,51),  Castilla y Le&oacute;n (2,44), La Rioja (2,16) y Andaluc&iacute;a 	(2,10). Las menos  comprometidas en aplicar la ley son la Comunidad 	de Madrid (1,22),  Illes Balears (0,88), Comunidad Valenciana (0,78) 	y Canarias (0,55),  todas ellas gobernadas por el Partido Popular.
    </p><p class="article-text">
        3. Se  	conceden m&aacute;s prestaciones econ&oacute;micas que servicios, pues son menos 	 costosas tanto monetariamente como en gesti&oacute;n y m&aacute;s r&aacute;pidas de 	 solucionar. Lo que la Ley de Dependencia contemplaba como una 	excepci&oacute;n  se convierte en mayoritario. En 	Catalu&ntilde;a, por ejemplo, se  destinan en el 2009, 45 millones de euros 	a servicios y 76,8 millones a  prestaciones econ&oacute;micas: por cada 	euro que se destina a servicios, se  destina 1,7 a prestaciones (ver 	cuadro n&uacute;m. 1). Esto  	repercute l&oacute;gicamente, en la escasez de servicios, que la 	 Administraci&oacute;n intenta cubrir compr&aacute;ndolos al mercado. Y entre las 	 prestaciones econ&oacute;micas, una abrumadora mayor&iacute;a (el 90%) se 	destina al  pago de cuidadores en el entorno familiar.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        4. Se  	produce una remercantilizaci&oacute;n del cuidado. Aunque parezca 	 parad&oacute;jico, la mayor implicaci&oacute;n p&uacute;blica en los cuidados no ha 	supuesto  un retroceso del mercado, sino todo lo contrario, lo ha 	potenciado,  pues una parte de los servicios proporcionados por 	empresas privadas  reciben dinero p&uacute;blico. En 1996, por ejemplo, un 	79,70% de las plazas  residenciales para personas mayores en Catalu&ntilde;a 	eran privadas, y en  2011 la proporci&oacute;n se eleva hasta un 83,65%: 	una tercera parte recibe  dinero p&uacute;blico (ver cuadro n&uacute;m. 2)
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        5. La  	contrataci&oacute;n de cuidadoras ha sido y sigue siendo un recurso muy 	 utilizado, pues permite comprar servicios a bajo coste, 	frecuentemente  suministrados por personas inmigradas. Adem&aacute;s, evita 	las tensiones de  reestructurar o cuestionar los roles de g&eacute;nero en 	el hogar. El tipo de  r&eacute;gimen laboral existente en Espa&ntilde;a para las 	empleadas del hogar, con  escasos derechos laborales y baja 	remuneraci&oacute;n, ha propiciado que este  sector haya sido ocupado por 	migrantes, mayoritariamente mujeres. Las  desigualdades de clase, de 	g&eacute;nero y &eacute;tnicas encuentran aqu&iacute; una clara  expresi&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        En  13 de julio de 2012 el gobierno reforma la Ley de Dependencia con  medidas de gran calado: el retraso del calendario de aplicaci&oacute;n, la  revisi&oacute;n de las cuant&iacute;as y condiciones de los cuidadores no  profesionales, el incremento de las aportaciones de los usuarios (el  copago) y la potenciaci&oacute;n del sector privado. Algunas de las reformas tienen  un mero componente t&eacute;cnico, pero otras, en cambio, suponen una fuerte  afectaci&oacute;n al sistema, que repercute en las personas con dependencia,  refamiliariza las actividades de cuidado y resta responsabilidad al  sector p&uacute;blico en favor de los intereses del mercado. La reforma es una  expresi&oacute;n de unos determinados intereses de clase y da por supuesto que  las mujeres har&aacute;n igualmente de cuidadoras sin tener que ser  remuneradas.
    </p><p class="article-text">
        La  contrarreforma supone ya de entrada una disminuci&oacute;n de personas  beneficiarias del sistema de atenci&oacute;n a la dependencia, que en junio de  2013 se reducen a 939.642 (20.251 menos que un a&ntilde;o antes). Y el hecho de  aplazar hasta 2015 la incorporaci&oacute;n nuevos usuarios deja sin ayuda a  m&aacute;s de 150.000 dependientes leves, y esto afecta especialmente a los  sectores de bajos ingresos, que es donde se concentran especialmente las  situaciones de dependencia. Si a ello se suman los recortes  presupuestarios resulta dif&iacute;cil augurar la continuidad del sistema.
    </p><p class="article-text">
        Quiero  detenerme en los denominados cuidadores no profesionales. Datos del  2010 en Catalu&ntilde;a muestran que son mayoritariamente mujeres (un 76%), de  edad avanzada (un 30% supera los 65 a&ntilde;os; y el 56% tiene entre 46 y 64  a&ntilde;os), y abundan los hijos e hijas (un 51%). Estas cuidadoras no  profesionales reciben una asignaci&oacute;n econ&oacute;mica cuyo importe se gradua de  acuerdo con el grado de dependencia de la persona beneficiaria. Era una  asignaci&oacute;n baja y la reforma la reduce m&aacute;s, un 15% (hoy oscila entre  los 442,59 euros para la gran dependencia y los 153 euros para la  menor).  Adem&aacute;s, el Estado deja de pagar su cotizaci&oacute;n a la Seguridad  Social y se restringen las prestaciones a quienes ya estuvieran  conviviendo con la persona afectada por dependencia un a&ntilde;o antes de  solicitar la prestaci&oacute;n. El resultado de esta medida ha sido la  expulsi&oacute;n del sistema de la Seguridad Social de la mayor parte de  cuidadoras que se hab&iacute;an acogido a &eacute;l. En julio del 2012 hab&iacute;a en Espa&ntilde;a  179.829 cuidadoras familiares dadas de alta a la Seguridad Social y en  junio de 2013 hay s&oacute;lo 19.054. La disminuci&oacute;n es dr&aacute;stica. La reducci&oacute;n  de costes para el Estado se hace a costa de que las mujeres ocupen el  lugar de las pol&iacute;ticas sociales, porque las personas que ten&iacute;an  necesidad de ser atendidas no han dejado de tener esta necesidad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Dolors Comas d'Argemir]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/impacto_social/contrareforma-ley-dependencia-ano-despues_1_5761971.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 31 Jul 2013 18:23:02 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La contrarreforma de la Ley de Dependencia, un año después]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Impacto social]]></media:keywords>
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