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    <title><![CDATA[elDiario.es - Alberto Arce]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/alberto_arce/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Alberto Arce]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[El regreso de los hijos de la guerra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/regreso-hijos-guerra_1_1144578.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/14b7aec7-f2f8-4643-b82c-a93e0a1e9c47_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Una niña camina junto a uno de los murales que recuerdan la guerra en Nueva Trinidad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La de Aníbal y Víctor es una historia poco contada: la de los campesinos sin tierra que están siempre a un error, un huracán o una plaga de perderlo todo</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Tercera entrega de la <a href="https://www.eldiario.es/desalambre/heridas-Torcido_0_956104689.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">serie de reportajes publicada en colaboraci&oacute;n con El Intercambio sobre quienes son deportados a Centroam&eacute;rica desde EEUU</a></li>
                            </ul>
            </div><h3 class="article-text">El bucle</h3><p class="article-text">
        Regresaron obligados a La Playa. Pero frente a la orilla, nunca hubo mar. Volvieron a sus casas, al sector junto a la rivera del r&iacute;o Gualsinga. Eran los hermanos mayores de dos familias vecinas. Nacidos durante la guerra de El Salvador, la paz les hab&iacute;a obligado a migrar.
    </p><p class="article-text">
        Ambos hab&iacute;an huido de la violencia de la pobreza. Y ambos, An&iacute;bal Mart&iacute;nez, de acuosos ojos azules, y V&iacute;ctor Galeas, de hier&aacute;tica mirada caf&eacute;, acabaron deportados. A principios de 2019, volvieron a ser vecinos de parcela con parcela. De nuevo en La Playa, un lugar monta&ntilde;oso lejos de cualquier oc&eacute;ano de posibilidades.
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        Nacidos durante una guerra civil, para An&iacute;bal y V&iacute;ctor, sobrevivirla no era el final del camino. La paz tom&oacute; para ellos una forma violenta, de condena c&iacute;clica: la de una pobreza de la que huyen y a la que les regresan. Un agricultor o alba&ntilde;il gana como m&aacute;ximo seis d&oacute;lares al d&iacute;a, cuando consigue trabajo. Es la realidad de muchos. Nueva Trinidad es tambi&eacute;n el municipio con la mayor tasa de retornados desde Estados Unidos en El Salvador, que es adem&aacute;s, el pa&iacute;s con la segunda tasa de homicidios m&aacute;s alta del mundo.
    </p><p class="article-text">
        Como Guatemala y Honduras, sus vecinos en el Tri&aacute;ngulo Norte de Centroam&eacute;rica, El Salvador se vac&iacute;a en desorden. Seg&uacute;n datos del gobierno salvadore&ntilde;o, un tercio de su poblaci&oacute;n vive fuera del pa&iacute;s. Un problema que comparte con el conjunto de una regi&oacute;n que adem&aacute;s se drena por el lado m&aacute;s joven y se queda sin futuro. Tan s&oacute;lo en 2014, m&aacute;s de 40.000 menores de edad centroamericanos trataron de llegar a EEUU.
    </p><p class="article-text">
        La dimensi&oacute;n de la crisis econ&oacute;mica y de seguridad que asola Centroam&eacute;rica y el n&uacute;mero de migrantes que recibe Estados Unidos fueron la justificaci&oacute;n del Gobierno de Barack Obama para impulsar ya en 2014 un plan de desarrollo econ&oacute;mico para la crisis que viv&iacute;a y a&uacute;n vive la regi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Bajo el pomposo nombre de Plan Alianza Para la Prosperidad del Tri&aacute;ngulo Norte de Centroam&eacute;rica (PAPTN) buscaba diferenciarse de los escasos resultados de planes anteriores como el Carsi o el Plan M&eacute;rida, m&aacute;s centrados en la seguridad ciudadana que en la econom&iacute;a. &Eacute;ste ser&iacute;a m&aacute;s amplio, incluso transversal, tratar&iacute;a de desarrollar el talento humano y las actividades productivas. Los tres gobiernos pondr&iacute;an dinero para el plan. Algo que nunca sucedi&oacute;.
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    </figure><p class="article-text">
        Entre 2016 y 2018, la Agencia Estadounidense para el Desarrollo (USAID) cumpli&oacute; su parte del compromiso y envi&oacute; a sus contratistas en El Salvador 204 millones de d&oacute;lares, seg&uacute;n cifras del Banco Interamericano para el Desarrollo (BID), para crear nuevos programas y dar continuidad a los que ya estaban en marcha.
    </p><p class="article-text">
        En paralelo, el gobierno de El Salvador seleccion&oacute; 44 municipios en los que deb&iacute;a aumentar la inversi&oacute;n. Como criterio para seleccionarlos, las estad&iacute;sticas de deportaci&oacute;n y la tasa de homicidios. La presidencia del Gobierno etiquet&oacute; 593 proyectos con las siglas del PAPTN en los presupuestos de esos a&ntilde;os. Y eso fue todo. El Salvador no aument&oacute; su inversi&oacute;n. Estados Unidos tir&oacute; la toalla en septiembre de 2019.
    </p><p class="article-text">
        Nueva Trinidad, el lugar donde viven An&iacute;bal y V&iacute;ctor tras su deportaci&oacute;n, no recibi&oacute; un s&oacute;lo d&oacute;lar de este plan que pueda evitar que ambos traten de huir de nuevo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        La de An&iacute;bal y V&iacute;ctor es una historia poco contada: la de los salvadore&ntilde;os que no salen en la foto de la sangre, pero tambi&eacute;n viven con el miedo a la muerte. A otra muerte. La de los campesinos sin tierra que est&aacute;n siempre a un error, un hurac&aacute;n o una plaga de perderlo todo en esos caser&iacute;os aislados y remotos donde las vidas, de no buscar salidas lejanas, se apagan en silencio.
    </p><p class="article-text">
        La Playa, el sector de la comunidad donde viven An&iacute;bal, de 41 a&ntilde;os, y V&iacute;ctor, de 37, est&aacute; en el sureste de Chalatenango, muy cerca de Honduras. Ambos son hijos de la guerra que pele&oacute; el pa&iacute;s en la d&eacute;cada de los 80. Ni&ntilde;os de los combates y los desplazamientos forzados de poblaci&oacute;n a lo m&aacute;s profundo de la monta&ntilde;a o al otro lado de la frontera. An&iacute;bal perdi&oacute; dos hermanos asesinados por el Ej&eacute;rcito. Blanca, la madre de V&iacute;ctor, sufri&oacute; dos abortos involuntarios mientras hu&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Ellos sobrevivieron. Solo para que los expulsara una batalla de posguerra. La de una carencia que so&ntilde;aron superar. Ten&iacute;an poco m&aacute;s de 20 a&ntilde;os cuando viajaron por separado a Estados Unidos. No cumplieron sus sue&ntilde;os. All&iacute; chocaron de nuevo con la misma violencia que se extend&iacute;a por El Salvador de posguerra.
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        An&iacute;bal lav&oacute; platos en Los &Aacute;ngeles durante tres a&ntilde;os antes de ser deportado. A finales de la d&eacute;cada, volvi&oacute; a irse a Denver. De nuevo en restaurantes. Siete a&ntilde;os aguant&oacute; tras su segundo viaje fracasado al norte. Cuenta que no tuvo la culpa. Que fueron sus compa&ntilde;eros de piso. Que estaban borrachos, rompieron cristales y uno se desangr&oacute;. Los vecinos llamaron a la Polic&iacute;a. Despu&eacute;s de esa deportaci&oacute;n, dice, se le quitaron las ganas de regresar.
    </p><p class="article-text">
        V&iacute;ctor fue ayudante de cocina durante doce a&ntilde;os en Arlington, Virginia. De entonces le queda una cicatriz vertical que cruza su est&oacute;mago. No puede hacer trabajos pesados. Es el resultado de una pu&ntilde;alada que le meti&oacute; un hombre en 2018. Dice que no lo conoc&iacute;a de nada. &ldquo;A vos te ando buscando&rdquo;, recuerda que le dijo, en espa&ntilde;ol. Su paso por el hospital, sospecha, alert&oacute; a Migraci&oacute;n. No ten&iacute;a documentos. Fue detenido mientras fumaba en la puerta del restaurante salvadore&ntilde;o donde trabajaba.
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        Ambos coinciden en algo m&aacute;s. El pueblo, dicen los dos, sigue igual. La novedad es que ahora, al menos, se puede llegar. De regreso en casa, notaron que los caminos de tierra se hab&iacute;an convertido en v&iacute;as asfaltadas. Por sus r&iacute;os, cascadas, cerros y por su patrimonio hist&oacute;rico. Nueva Trinidad forma parte de la oferta tur&iacute;stica de un pa&iacute;s que ejercita la memoria hist&oacute;rica. Que en vez de construir hoteles y restaurantes en los que emplear a las v&iacute;ctimas presentes, ha decidido tender carreteras para recordar a las pasadas.
    </p><p class="article-text">
        El Frente Farabundo Mart&iacute; para la Liberaci&oacute;n Nacional (FMLN), partido nacido de la guerrilla que gobierna desde hace treinta a&ntilde;os en este pueblo, ha apostado por recordar la guerra desde el trazo infantil que dibuja las masacres o la huida forzosa. Como si pudiera olvidar. Nueva Trinidad vive alrededor de un &aacute;rbol de copinol que recuerda la tragedia. La Guardia Nacional, dirigida por un sanguinario sargento Le&oacute;n, colgaba a la gente de sus ramas y a nadie se le ha ocurrido cortarlo.
    </p><p class="article-text">
        Ense&ntilde;a el &aacute;rbol Miguel &Aacute;ngel V&aacute;squez, p&aacute;rroco de Nueva Trinidad y Arcatao desde 1986, antes de entrar a la iglesia. Cruza la puerta con vitrales de la Virgen Mar&iacute;a y deja a un lado un mural de un Jesucristo encadenado, que observa a tres militares apuntar a dos prisioneros con vendas en los ojos. Se sienta en una banca, recuerda y explica. Cuenta que, a diferencia de otros sacerdotes, &eacute;l no se implic&oacute; con la guerrilla y que la repoblaci&oacute;n de posguerra en este municipio de siete dispersos y boscosos cantones no fue f&aacute;cil.
    </p><p class="article-text">
        La historia de la migraci&oacute;n contempor&aacute;nea a Estados Unidos no aparece retratada en las &eacute;picas pinturas de las paredes de Nueva Trinidad.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Cada cant&oacute;n funciona como un pueblo independiente. &ldquo;La gente [de Carasque] tendr&iacute;a muchas razones para odiar o recordar negativamente la lucha de la guerrilla, sin embargo ven de otro modo lo que pas&oacute;. La gente fue haciendo suya la lucha&rdquo;, dice el cura V&aacute;squez al recordar que los muertos en el cant&oacute;n donde viven V&iacute;ctor Galeas y An&iacute;bal Mart&iacute;nez, llegaron por los dos bandos.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;C&oacute;mo cambi&oacute; Carasque despu&eacute;s de la guerra?, le preguntamos a Blanca, la mam&aacute; de V&iacute;ctor.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Si esa guerra hubiera seguido, ya nos hubi&eacute;ramos muerto mil veces. Cambi&oacute; bastante, antes no hab&iacute;a productores, como ahora, que dan estudios a los ni&ntilde;os. Hubo muchas aflicciones. Pero hubo la ayuda [internacional], zapatos, cuadernos, uniformes. Agua no ten&iacute;amos y ahora s&iacute;, aunque se pague un recibito.
    </p><p class="article-text">
        Carasque cambi&oacute;. Los murales en el cant&oacute;n describen la fuerza de la comunidad, adquirida como m&eacute;todo de supervivencia. Los estudiantes reciben el mensaje de paz y civismo, el consenso contra la miner&iacute;a o la b&uacute;squeda de igualdad entre ni&ntilde;as y ni&ntilde;os. Los alumnos ahora s&iacute; llegan a bachillerato y son educados en su propia historia. Tienen m&aacute;s suerte y derechos que los hijos de la guerra, la generaci&oacute;n de los deportados, que no tuvo oportunidad alguna y sufri&oacute; lo que ahora se recuerda.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><h3 class="article-text">Los hombres de la familia</h3><p class="article-text">
        En el sector La Playa, un caminito de cemento lleva a la casa celeste y a la abarroter&iacute;a de An&iacute;bal Mart&iacute;nez, construida con vigas de &aacute;lamo, muy poco a poco, con las remesas. Sus quince fam&eacute;licas vacas pastan a un costado de la casa. A&ntilde;os atr&aacute;s derrib&oacute; la vivienda de su madre y se construy&oacute; una propia, con un cuarto para ella. Tiene alergia al jocote (fruto parecido a la ciruela). Tanta que la tos le dificulta hablar. No ten&iacute;a que haber comido la fruta, dice. Pero le gusta.
    </p><p class="article-text">
        Este hombre alto y rubio se sienta en su porche con su hija peque&ntilde;a sobre sus piernas. No deja de mover esas chanclas destruidas que calza. Se aferra a las pitas de pl&aacute;stico de la silla de playa para explicarse. Se siente inc&oacute;modo. Tanto que pide cambiar su identidad. Recordar el hambre de la infancia le hace llorar. No pas&oacute; de s&eacute;ptimo grado. Ten&iacute;a 14 a&ntilde;os cuando muri&oacute; su pap&aacute; y tuvo que convertirse en agricultor a tiempo completo para ayudar a su familia.
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        &mdash;&iquest;Qu&eacute; vida dejabas aqu&iacute;?, le preguntamos a An&iacute;bal.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Voy a decir la verdad, no me averg&uuml;enzo: yo me fui porque yo ten&iacute;a mi madre, mi hermanita, mi sobrino [...] Nam&aacute;s alcanzaba para darles de comer, pero yo solo no pod&iacute;a. Trabajaba de aclarando a oscureciendo, a veces de noche, me iba para el pueblo a buscar trabajo [...] No era solo yo. Yo dije: 'Pa' quitarme la vida aqu&iacute; trabajando, la aventuro, porque un d&iacute;a Dios me va a dar algo pa'comer'.
    </p><p class="article-text">
        En la parcela de al lado, un port&oacute;n met&aacute;lico lleva a la casa de la mam&aacute; de V&iacute;ctor Galeas. La vivienda es de adobe, piedra, pl&aacute;sticos y techo de l&aacute;mina. El gru&ntilde;ido de dos cerdos y el cacareo de muchos pollos ponen sonido ambiente. Son de la mam&aacute;. V&iacute;ctor carece de trabajo, tierras o animales. Desde que lleg&oacute;, hace tres meses, trabaja cuando puede en la construcci&oacute;n.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        En EEUU, V&iacute;ctor ganaba 500 d&oacute;lares semanales en el restaurante salvadore&ntilde;o de Arlington. Cada mes, mandaba 400 a Nueva Trinidad. 200 para &eacute;l y 200 para su madre. Ahora, gana entre seis y diez d&oacute;lares por jornada de trabajo al sol. V&iacute;ctor no se llama as&iacute;. Pide cambiar su nombre, igual que su vecino. Tiene un lunar a la altura del labio y una mirada congelada en un rostro redondo. Apenas gesticula y economiza al m&aacute;ximo sus respuestas.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Has pensado alguna vez qu&eacute; podr&iacute;as hacer aqu&iacute; para prosperar?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Pues 'nam&aacute;s' trabajar en la tierra.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Ni so&ntilde;ando piensas en comprar tierra?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Yo digo que no.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Cu&aacute;l era tu meta?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Hacer la casa y venirme.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Alguna vez mandaste dinero para tu casita?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;No, 'nom&aacute;s' mandaba, pero como todas las enfermedades que hubieron, no se pudo.
    </p><p class="article-text">
        Su madre, Blanca, le interrumpe muchas veces para hablar. De voz quejumbrosa y expresivos ojos caf&eacute;, dice que prefiere que est&eacute; con ella, en el pueblo. Pero siente culpa. Perdi&oacute; la movilidad de su mano derecha. Una pu&ntilde;alada de pandillero. V&iacute;ctor se qued&oacute; sin dinero por tres razones: por la pu&ntilde;alada de Blanca, por un c&aacute;ncer fulminante que acab&oacute; con la vida de su cu&ntilde;ada y por la pu&ntilde;alada que le metieron a &eacute;l.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        &mdash;&iquest;Dice que ahora ve a su hijo triste?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Mi hijo se decepcion&oacute;. Ten&iacute;a planes, ten&iacute;a una novia de all&aacute; que quiere darle la mitad del dinero [para que regrese a EEUU]. Pero para que vaya a la c&aacute;rcel, le digo que mejor no vaya.
    </p><p class="article-text">
        Mientras su madre prepara un pollo con arroz, V&iacute;ctor Galeas ni menciona a su novia. Solo habla de sus primos en Arlington, de su cuarto alquilado, del trabajo. Su madre dice que en la escuela solo lleg&oacute; a sexto. Antes de irse al norte, fue cobrador en un bus para apoyar a sus pap&aacute;s y a sus seis hermanos. Rehuye la mirada con facilidad. Dice que siempre fue una persona seria. Pero desprende un halo de soledad cuando se le ve sentado en el porche de la casa de su hermana, en la misma parcela de su mam&aacute;. Tiene la mirada instalada en la misma vida que dej&oacute; doce a&ntilde;os antes y a la que regres&oacute; con lo mismo que se llev&oacute;. Con nada.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Parte de su generaci&oacute;n estudi&oacute; en escuelas de alfabetizaci&oacute;n que la Iglesia cre&oacute; aqu&iacute;, en Chalatenango, durante la guerra. El salto fue may&uacute;sculo cuando cada vez m&aacute;s j&oacute;venes lograron llegar a noveno grado.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, mientras Galeas y Mart&iacute;nez estaban en EEUU, la Iglesia lanz&oacute; un programa de becas para la universidad. El padre V&aacute;squez est&aacute; muy orgulloso de los m&aacute;s de doscientos j&oacute;venes que ya pasaron por el programa y de las tres casas que tienen en San Salvador y que ocupan como residencia. Dice, convencido, que los muchachos con posibilidad de estudiar no migran.
    </p><p class="article-text">
        Juan Orellana, uno de los maestros de la escuela de Carasque, igual de orgulloso de sus alumnos y de la historia de su municipio, es m&aacute;s pesimista. Tras terminar su clase, los estudiantes salen a jugar al campo de f&uacute;tbol que mira a los cerros. Orellana se sienta en las gradas. Pone en perspectiva a la juventud y opina: &ldquo;Aunque terminen de estudiar, no encuentran trabajo. Migran muchos porque no ven opciones para quedarse&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">El sue&ntilde;o del consumismo</h3><p class="article-text">
        Al terminar la guerra, no hubo prosperidad econ&oacute;mica en Nueva Trinidad. Te&oacute;filo C&oacute;rdova, el alcalde del FMLN, acepta, casi treinta a&ntilde;os despu&eacute;s de los Acuerdos de Paz, que los vecinos de ese municipio de agricultores y ganaderos tienen pocas alternativas a la migraci&oacute;n. &ldquo;Ven, que la &uacute;nica manera de conseguir lo que necesitan es irse a Estados Unidos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La camisa morada del regidor hace juego con las paredes del sal&oacute;n de la alcald&iacute;a. C&oacute;rdova, de cuerpo estrecho y largas u&ntilde;as, calcula que el 75% de la econom&iacute;a local depende del gobierno central y municipal. Y el 25%, de la cooperaci&oacute;n internacional. &ldquo;Somos absolutamente dependientes&rdquo;, admite el alcalde de un lugar donde el dinero para la prosperidad nunca lleg&oacute;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        A veces, la alcald&iacute;a ofrece trabajo a los vecinos. Arreglo de carreteras o edificios. En &eacute;poca seca, despu&eacute;s de las cosechas, hay m&aacute;s demanda de empleo. Tienen programas para apoyar a la producci&oacute;n agr&iacute;cola, al medio ambiente, a las pol&iacute;ticas de g&eacute;nero. &ldquo;Buscamos participaci&oacute;n igualitaria, pero los materiales pesados los cargan hombres y las actividades m&aacute;s livianas, las mujeres&rdquo;, dice C&oacute;rdova.
    </p><p class="article-text">
        La idea de colectividad es fuerte en el municipio. Desde los Acuerdos de Paz, Nueva Trinidad tiene un plan estrat&eacute;gico participativo. &ldquo;Es el m&eacute;todo para que la gente se sienta parte&rdquo;, dice el regidor. En el centro, junto a la iglesia y la alcald&iacute;a, hay un comedor y una tienda comunitaria.
    </p><p class="article-text">
        En Los Pozos &ndash;el cant&oacute;n de donde es oriundo C&oacute;rdova&ndash; hay una piscifactor&iacute;a comunitaria, para producci&oacute;n de tilapia. En Carasque, uno de sus siete cantones, hay sastrer&iacute;a comunitaria, donde fabrican uniformes escolares.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        La tradicional resistencia a separarse de las familias &ndash;muy unidas, casi fusionales&ndash; heredada de los tiempos de la guerra, cuando la uni&oacute;n hac&iacute;a la fuerza, ya casi no existe. La idea de comunidad en Nueva Trinidad es s&oacute;lida, pero la realidad econ&oacute;mica se la est&aacute; llevando por delante. Frente a la urgencia y la carest&iacute;a, cuando se trata de migrar al norte, la necesidad del d&oacute;lar norteamericano no genera oposici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Mandarinas, palos de pepeto [fruta salvadore&ntilde;a], jocotes, mara&ntilde;ones [anacardo], naranjas, zapotes. Los recuerdos de infancia de V&iacute;ctor Galeas y An&iacute;bal Mart&iacute;nez son los de dos ni&ntilde;os agricultores que jugaban a agarrar frutas de los &aacute;rboles en un pueblo que siempre ha vivido del ma&iacute;z, del frijol, del maicillo, y del ganado. El de Nueva Trinidad era y es un modelo de desarrollo seco, primario, falto de inversi&oacute;n y formaci&oacute;n. Un sistema que no acaba de apostarle al giro hortifrut&iacute;cola para repensar su limitada econom&iacute;a local.
    </p><p class="article-text">
        An&iacute;bal Mart&iacute;nez tiene la columna vertebral da&ntilde;ada. Hablarlo vuelve a partirle. Fue en Denver, un d&iacute;a de 2012. Mientras abr&iacute;a el refrigerador, sinti&oacute; una descarga el&eacute;ctrica sobre la espalda y se resquebraj&oacute; por el suelo de su apartamento compartido. Reconoci&oacute; un dolor infantil, salvadore&ntilde;o. Regres&oacute; al instante en que se cay&oacute; de un &aacute;rbol de pepeto mientras jugaba.
    </p><p class="article-text">
        Cuando se golpe&oacute; la frente tan duro que crey&oacute; que se le hab&iacute;an salido los ojos de las cuencas. Casi veinte a&ntilde;os despu&eacute;s de aquel primer golpe, sinti&oacute; una pu&ntilde;alada. Era la memoria del cuerpo, los discos lesion&aacute;ndose. Pas&oacute; meses sin trabajar. Solo. El gasto m&eacute;dico lo enfoc&oacute; r&aacute;pido de vuelta al trabajo, los env&iacute;os de dinero, la casa y las primeras dos vacas que le compr&oacute; a su actual pareja, una hondure&ntilde;a que conoci&oacute; en Denver.
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        &mdash;&iquest;Qu&eacute; pas&oacute; tras la ca&iacute;da?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;No comprendes el da&ntilde;o que llevas por dentro hasta que el dolor se torna grave. Y yo creo que la mayor&iacute;a que va a Estados Unidos, regresa mal.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Por qu&eacute;?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Nos olvidamos de nosotros mismos para que a la familia no le falte nada.
    </p><h3 class="article-text">Excelent&iacute;sima presidenta</h3><p class="article-text">
        No todas las familias. Algunas se sacrifican juntas. Regresan juntas. Sea lo correcto o no.
    </p><p class="article-text">
        Flor Pineda es la primera presidenta de la historia de El Salvador. Camina segura y sonriente hacia un atril, entre un p&uacute;blico infantil. Es el D&iacute;a Internacional de la Ni&ntilde;a en 2018 y Pineda representa a la ONG Plan International. El ahora expresidente Salvador S&aacute;nchez Cer&eacute;n le cede simb&oacute;licamente el puesto por un d&iacute;a. Flor reclama un mundo m&aacute;s justo para las ni&ntilde;as, con m&uacute;sica heroica de fondo.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ratio ratio__16_9">
    
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    </figure><p class="article-text">
        Y la excelent&iacute;sima presidenta dice: &ldquo;Las ni&ntilde;as y adolescentes somos vulnerables por nuestra condici&oacute;n de g&eacute;nero a sufrir violencia sexual, uniones forzadas, embarazos tempranos y deserci&oacute;n escolar. Por eso, garantizar nuestros derechos como ni&ntilde;as tiene que ser una de las prioridades de todo gobierno&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Ahora es abril de 2019 en el sector Los Pinedas, en Carasque. Las ni&ntilde;as como ella caminan por todas partes en su aldea. Mientras muestra orgullosa el v&iacute;deo, oscurece en la casa de sus padres. Flor es estudiosa y le emociona ser una joven lideresa en su cant&oacute;n, dice mientras come paternas. Es el rostro de la campa&ntilde;a Ni&ntilde;as con igualdad.
    </p><p class="article-text">
        Flor naci&oacute; en EEUU, pero vive en Carasque hace siete a&ntilde;os. Desde que Sa&uacute;l, su pap&aacute;, fue deportado. Su mam&aacute;, Vilma, decidi&oacute; sacarla de la guarder&iacute;a para regresar con su marido.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Me dice a veces: 'Mami, por qu&eacute; nos vinimos'. Cuando empezaba la guarder&iacute;a, me dec&iacute;a: 'Por qu&eacute; nos vamos'. Ese es el riesgo: que me reclame en un futuro por qu&eacute; regresamos.
    </p><p class="article-text">
        Se nota el orgullo de sus padres. La miran con la esperanza de que su vida sea mejor. Porque Vilma Cruz, de 39 a&ntilde;os y Sa&uacute;l Pineda, de 41, son tambi&eacute;n hijos de la guerra, de familias desplazadas de sus pueblos por la guerra a las monta&ntilde;as y por la penuria a Estados Unidos. Se hicieron pareja en Denver. Ambos se deslomaron a trabajar. &Eacute;l, como camarero pluriempleado en dos restaurantes. Trabaj&oacute; tanto que se volvi&oacute; adicto a las bebidas energizantes. A veces se quedaba dormido en el ba&ntilde;o del trabajo. Ella, adem&aacute;s de la hosteler&iacute;a, sufri&oacute; en la limpieza y los cuidados. Acab&oacute; desempleada y se hizo deportar tras su marido: &ldquo;No hall&eacute; valor para quedarme sola&rdquo;.
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        Y los hijos de la guerra regresaron. Igual que hicieron sus vecinos V&iacute;ctor y An&iacute;bal, con quienes coincidieron en Denver.
    </p><p class="article-text">
        Sa&uacute;l, un hombre alto y flaco de nariz prominente y acento chicano, volvi&oacute; con un insomnio que le cost&oacute; curar. Vilma, una mujer oronda de ojos brillantes y peque&ntilde;a nariz, regres&oacute; con la gran duda de si deber&iacute;an de irse de nuevo: &ldquo;Me encontr&eacute; lo mismo, la misma gente, la misma pobreza, ning&uacute;n desarrollo, fue un impacto grande&rdquo;. Pero este matrimonio, a diferencia de muchos vecinos, prefiri&oacute; estar de vuelta en Nueva Trinidad con sus dos hijas estadounidenses. Sin dinero, pero con tiempo para ellas.
    </p><p class="article-text">
        Vilma cuida de sus vacas lecheras. Cuando a&uacute;n no hab&iacute;a migrado, tuvo que abandonar la carrera de Administraci&oacute;n de Empresas porque no pod&iacute;a pagarla. Trabaj&oacute; cuatro a&ntilde;os en la alcald&iacute;a, pero tampoco logr&oacute; mantenerse con eso. Sa&uacute;l trabaja como taxista. Gana poco. Es el presidente de la directiva comunitaria, un empleo comprometido que implica estar pendiente de las necesidades la comunidad de Carasque y por el que no recibe salario.
    </p><p class="article-text">
        Piensa mucho en EEUU: &ldquo;Cuesta mucho volver a trabajar bajo el sol y no ver nada y tener aquel vicio del cheque quincenal&rdquo;, dice risue&ntilde;o.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Hoy el afable Sa&uacute;l tuvo el d&iacute;a muy ocupado porque le toc&oacute; acompa&ntilde;ar al primer agach&oacute;n comunitario. En El Salvador, un agach&oacute;n es una venta de ropa de segunda mano. Agach&oacute;n por agacharse a seleccionar la ropa amontonada en pl&aacute;sticos en el suelo. Vilma cree que le dedica demasiado tiempo para ser un empleo <em>ad honorem</em>. Pero ella es la primera que le apoya, porque ante un Estado que tard&oacute; a&ntilde;os en estar presente, el trabajo comunitario fue definitivo en Nueva Trinidad. A su hija Flor, la ni&ntilde;a que fue presidenta por un d&iacute;a del pa&iacute;s que expuls&oacute; a sus pap&aacute;s, suele decirle: &ldquo;Tu futuro est&aacute; all&aacute; [EEUU] o ac&aacute;; ten&eacute;s que decidir d&oacute;nde quer&eacute;s estar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cuatro caballos pastan en la empedrada orilla del r&iacute;o Gualsinga. Los vecinos suelen acercarse a La Playa que ni es playa, ni tiene arena, horizonte ni mar. Buscan refrescarse de jornadas de calor irrespirable. Un d&iacute;a como tantos, An&iacute;bal Mart&iacute;nez regresa de ba&ntilde;arse. Entra en su casa mojado. Como de mojado se fue dos veces antes de construir esa casa.
    </p><p class="article-text">
        En Nueva Trinidad, el pasado y el presente de los vecinos se parecen demasiado. Le sucede a V&iacute;ctor. A An&iacute;bal. A Sa&uacute;l. A Vilma. Aunque la paz ya dure 28 a&ntilde;os, haya agua y electricidad, incluso opciones de educaci&oacute;n para las nuevas generaciones, el camino de los hijos de la guerra de Carasque solo tiene dos sentidos: emigrar a Estados Unidos o de regreso a La Playa que nunca fue, es, ni ser&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        La duda pende sobre el futuro de los nietos de la guerra. Los ni&ntilde;os que no vivieron las matanzas b&eacute;licas, pero crecen en un pa&iacute;s con un conflicto que no cesa: el de la violencia pandillera y el del hambre.
    </p><p class="article-text">
        La que fuera presidenta por un d&iacute;a de El Salvador, Flor Pineda, representa la paradoja. Esta pre adolescente nacida en Estados Unidos quiere una vida mejor para ni&ntilde;as como ella. A&uacute;n no piensa en irse. A&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <em>*Este reportaje forma parte del proyecto period&iacute;stico 'Retorno' elaborado por la productora El Intercambio y financiado por Seattle International Foundation. Para verlo completo puedes ingresar a www.elintercamb.io/retorno. Tambi&eacute;n puedes leer en eldiario.es la primera y la segunda entrega.</em><a href="https://www.eldiario.es/desalambre/heridas-Torcido_0_956104689.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">primera</a><a href="https://www.eldiario.es/desalambre/humillacion-Grisela-Domingo_0_984451751.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">segunda</a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ximena Villagrán, Elsa Cabria, Oliver de Ros, Alberto Arce]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/regreso-hijos-guerra_1_1144578.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 09 Feb 2020 19:36:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El regreso de los hijos de la guerra]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[El Salvador,Inmigración,Refugiados,Deportaciones]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La humillación de ser deportada tres veces de EEUU: "Te lo prometo, ya no voy a volver a este país"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/humillacion-grisela-domingo_1_1084746.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bd59fa3f-6d37-486a-82fd-27f0908c4715_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La humillación de ser deportada tres veces de EEUU: &quot;Te lo prometo, ya no voy a volver a este país&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Griselda Domingo, mujer indígena</p><p class="subtitle">de 22 años, enfrenta su tercera deportación a uno de los municipios de Guatemala con mayor número de retornados en 2017 y 2018</p><p class="subtitle">En San Juan Atitán, que ocupa el segundo lugar en desnutrición crónica del país, el regreso forzado de EEUU es motivo de burla</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Segunda entrega de&nbsp;la&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/desalambre/heridas-Torcido_0_956104689.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">serie de reportajes</a> publicada en colaboraci&oacute;n con&nbsp;El Intercambio sobre quienes son deportados a Centroam&eacute;rica desde EEUU</li>
                            </ul>
            </div><h3 class="article-text">Estados Unidos vs. Griselda Domingo-God&iacute;nez</h3><p class="article-text">
        El abogado argumenta sin mucho &eacute;xito que su defendida ya aprendi&oacute; la lecci&oacute;n. Esgrime que lleva detenida cuatro meses. Un castigo demasiado largo por cruzar sin permiso una frontera. El magistrado interrumpe al abogado y pregunta:
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Se&ntilde;orita Domingo, con respecto a este caso, &iquest;desea decir algo? 
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Me puedes hacer el favor de que me permitas regresar con mi familia y que mi familia est&aacute; sufriendo por m&iacute;, est&aacute; preocupado por m&iacute;. Te lo prometo, ya no voy a volver otra vez a este pa&iacute;s. &mdash;responde la acusada en espa&ntilde;ol, aunque su idioma materno es el ind&iacute;gena <em>mam</em>.
    </p><p class="article-text">
        Sirvi&oacute; de poco. La ley es clara. El 13 de noviembre, en El Paso, Texas, y tras un juicio que dur&oacute; dos minutos y 57 segundos, Griselda Domingo, una guatemalteca de 22 a&ntilde;os, fue condenada a ocho meses de prisi&oacute;n por reingreso ilegal en Estados Unidos. Cuando salga, ser&aacute; deportada a su pa&iacute;s. Por tercera vez.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        En Estados Unidos, donde vivieron su padre y su t&iacute;o y donde residen tres de sus seis hermanos, Griselda nunca ha vivido fuera de una prisi&oacute;n. Cuando la liberen, la enviar&aacute;n a Guatemala. Y es probable que una vez all&iacute;, haga lo mismo que la &uacute;ltima vez que la detuvieron y deportaron, en febrero de 2019. Llamar&aacute; a Juana, su madre, pedir&aacute; dinero prestado y se subir&aacute; a un bus que tras siete horas de ruta la dejar&aacute; en Huehuetenango, cabecera del departamento del mismo nombre. All&iacute; la recoger&aacute; Marcos Domingo, su padre y, ya juntos, viajar&aacute;n otra hora y media hasta su pueblo, San Juan Atit&aacute;n, uno de los municipios con la tasa de retornados m&aacute;s alta de Guatemala.
    </p><p class="article-text">
        Cuando un sanjuanero llega a Estados Unidos, la familia en el pueblo lo celebra con un almuerzo, sin el festejado presente. Cuando es deportado, nadie festeja nada. Cuando la persona deportada es mujer, joven, soltera y sin hijos y se trata, adem&aacute;s, de su tercera deportaci&oacute;n, un sistema entero comienza a resquebrajarse. Porque en San Juan Atit&aacute;n la migraci&oacute;n, el trabajo - la vida- es algo que deciden los hombres.
    </p><h3 class="article-text">Detr&aacute;s de la vocaci&oacute;n migratoria</h3><p class="article-text">
        San Juan Atit&aacute;n es sin&oacute;nimo de vocaci&oacute;n migratoria, seg&uacute;n el gobierno de Guatemala. Fue uno de los 51 municipios elegidos en 2017 para intentar evitar la huida de guatemaltecos a Estados Unidos. El esfuerzo formaba parte del pen&uacute;ltimo plan para frenar la llegada de centroamericanos al norte dise&ntilde;ado por el gobierno de Estados Unidos con el nombre Plan Alianza para la Prosperidad para el Tri&aacute;ngulo Norte (PAPTN). Fue un fracaso. No dio prosperidad a San Juan. El gobierno guatemalteco no aument&oacute; su inversi&oacute;n en el municipio. Y aunque logr&oacute; acertar en el diagn&oacute;stico, -la pobreza y la desnutrici&oacute;n cr&oacute;nica expulsan a la gente-, el Plan no hizo nada para cambiar la realidad de sus habitantes.
    </p><p class="article-text">
        A 2.500 metros de altura, San Juan Atit&aacute;n es un lugar de cuerpos fucsias y rojos, los colores de su traje tradicional. Y es un pueblo expulsor, sobre todo de hombres. Al calor de la ma&ntilde;ana, un grupo de cinco deportados pasa las horas en la plaza del pueblo. Bajo sus sombreros de paja, tejen bolsas de lana, sentados en una banca. Es parte de su trabajo sin remuneraci&oacute;n como guardabosques. Vigilan el pueblo y el bosque de pinos y encinos que abriga San Juan. Ante la presencia de mujeres se incomodan y callan.
    </p><p class="article-text">
        Pasan las horas y al atardecer el paisaje humano de la plaza de pueblo es a&uacute;n m&aacute;s masculino. En San Juan Atit&aacute;n, las mujeres, silenciosas, caminan directas de un punto a otro. Salvo en d&iacute;a de compras y mercado, no se detienen en las calles. El movimiento masculino, demasiadas veces lleva sello. Es f&aacute;cil ver a un hombre tambale&aacute;ndose, o tirado en la calle en las cuestas de San Juan. Existe una relaci&oacute;n causa-efecto entre desempleo, pobreza, migraci&oacute;n, deportaci&oacute;n y abuso de alcohol. &ldquo;El factor alcoholismo es muy fuerte en San Juan, los hombres no aceptan que tienen problemas&rdquo;, explica Olga Morales, directora del centro de salud del municipio.
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        Pero el alcoholismo no es el &uacute;nico problema al que se enfrenta la doctora Morales. La falta de empleo local provoca que familias completas viajen al menos cinco meses para recolectar en las grandes fincas. Ganan poco. Cinco d&oacute;lares por 100 kilos de caf&eacute; recogidos. Los ni&ntilde;os no comen bien en las fincas y se enferman. San Juan ocupa el segundo puesto a nivel nacional en desnutrici&oacute;n cr&oacute;nica infantil. Y esa es la gran preocupaci&oacute;n de la doctora Morales. Porque ni el dinero de las remesas hace que las familias mejoren su dieta. Y hay muchos ni&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        En un pueblo de 16.365 habitantes, se registra una media de 650 nacimientos anuales, una de cada 15 mujeres del pueblo da a luz cada a&ntilde;o. Aunque los m&eacute;todos anticonceptivos son gratuitos en el centro de salud, para planificar, las mujeres tienen que preguntar a sus esposos. Tambi&eacute;n para llevar a sus hijos al hospital de Huehuetenango, aunque sea una emergencia, tienen que localizar a sus parejas. Si ellos son inmigrantes en EEUU, los llaman por tel&eacute;fono.
    </p><p class="article-text">
        Es un pueblo de hombres comerciantes que venden en los mercados. De mujeres que son por tradici&oacute;n artesanas. Todas son costureras del traje tradicional sin salario, los cosen para sus padres o maridos. Hay poco empleo fijo: como maestro, en el banco, en la cooperativa de ahorro. Y en la Municipalidad, pero conseguirlo depende de la relaci&oacute;n con el alcalde de turno. La educaci&oacute;n formal brilla por su ausencia. La mayor&iacute;a no pasa de sexto de primaria y las mujeres no suelen estudiar por decisi&oacute;n de sus padres. Sin trabajo remunerado, sin estudios, con ni&ntilde;os a su cargo y parejas o padres deportados, cobra sentido que cada vez se vayan m&aacute;s mujeres al norte. No es posible calcular cu&aacute;ntas mujeres expulsa San Juan porque la mayor&iacute;a de la gente migra sin avisar y sin pasar por un puesto fronterizo. Pero cada vez son m&aacute;s. Entre 2017 y 2018, la cantidad de mujeres deportadas a Huehuetenango - el departamento de San Juan Atit&aacute;n - aument&oacute; un 49%.
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        Las mujeres se van. Como se fue tres veces Griselda Domingo. Entenderlo no es f&aacute;cil. El desconocimiento del idioma ind&iacute;gena <em>mam</em> es un impedimento para hablar con la gente. Sobre todo, con las mujeres del pueblo.
    </p><p class="article-text">
        En una estrecha oficina de la Municipalidad, 20 hombres conversan en su idioma. Representan a las aldeas y caser&iacute;os de San Juan Atit&aacute;n, son los alcaldes auxiliares. Discuten sobre qui&eacute;n hablar&aacute; con nosotros sobre las consecuencias de ser deportado. Tras una hora, la autoridad ind&iacute;gena designa a un hombre orondo, de ojos redondos y rojizos que se quita el sombrero y saluda amable. Se llama Marcos Domingo. Es el padre de Griselda, pero tardaremos unas horas en descubrir a su hija. El padre nos invita a su comunidad, Sacchilaj.
    </p><p class="article-text">
        En una ladera se asienta una peque&ntilde;a casa de concreto que Marcos Domingo jam&aacute;s pint&oacute;. La pag&oacute; con el dinero que reuni&oacute; en los cinco a&ntilde;os que logr&oacute; trabajar como jardinero en Estados Unidos antes de ser deportado. Tiene tres dormitorios, una cocina en la que no entra, y una peque&ntilde;a parcela para cultivar frijol. Debajo de la casa, est&aacute; su antigua vivienda de madera. El recuerdo de una vida a&uacute;n m&aacute;s pobre. M&aacute;s peque&ntilde;a. Llena de trastes. Cerrada. Siete de sus ocho hermanos viven en Estados Unidos.
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        Cuando viv&iacute;a en Estados Unidos, Marcos pag&oacute; el viaje a sus tres hijos mayores. Hoy est&aacute;n casados, con residencia legal y han construido grandes casas en su aldea por si deciden regresar. Las muestra orgulloso. Ninguna est&aacute; amueblada, pero revelan el poder&iacute;o que un trabajo en San Juan nunca les habr&iacute;a permitido.
    </p><p class="article-text">
        La de Rodrigo, su hijo mayor, marca el estilo de las dem&aacute;s. Tiene tres plantas, un lobo, una bandera estadounidense pintada en el exterior y una ba&ntilde;era. Rodrigo es, adem&aacute;s, el art&iacute;fice de los viajes de Griselda. Lleg&oacute; a los diez a&ntilde;os a Estados Unidos, trabaja como cocinero en un restaurante mexicano y Griselda lo considera su segundo padre. Los viajes de Griselda contaron tambi&eacute;n con el apoyo de un familiar cercano que es coyote y la llev&oacute; hasta M&eacute;xico. Y el dinero y el apoyo moral de su padre.
    </p><p class="article-text">
        La imprecisi&oacute;n de una pregunta cambia la respuesta. Cuando le preguntamos al pap&aacute; si tiene hijos deportados, responde que no. Es la risue&ntilde;a Eluvia, la hija menor de 19 a&ntilde;os, quien revela en la cocina que el matiz es el g&eacute;nero de la pregunta. Deportado es distinto que deportada. Un hijo var&oacute;n se dice <em>x&rsquo;in</em>. Una hija se dice <em>x&rsquo;uj</em>. Y en ese momento, entran por la puerta los ojos m&aacute;s tristes de la casa. Caf&eacute;s, grandes, de l&aacute;grima fronteriza. En el marco de la puerta de la casa, Griselda sonr&iacute;e un poco. Acaba de ser deportada por segunda vez. Apenas hace dos semanas. Tan reciente que su boca a&uacute;n mantiene &aacute;ngulo c&oacute;ncavo.
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    </figure><p class="article-text">
        Es Eluvia, la m&aacute;s peque&ntilde;a de los hijos de Marcos Domingo, quien explica lo m&aacute;s importante de esta historia. Supone un cambio de paradigma. Es la actitud de una mujer llamada Griselda que se empoder&oacute; con la sola voluntad de moverse. &ldquo;Ella lo decidi&oacute;, quer&iacute;a trabajar, no quer&iacute;a casarse, porque los hombres ac&aacute; son machistas, a ella no le gusta que alguien la enga&ntilde;e o la lastime, para que nadie le diga que es mantenida&rdquo;, dice la &uacute;nica persona de la familia con t&iacute;tulo de bachillerato.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Qu&eacute; te dijo tu mam&aacute; cuando regresaste ac&aacute; [a San Juan]?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Pues mi mam&aacute; me dijo: 'No llores'. Porque cuando yo llegu&eacute; aqu&iacute; estoy llorando y llorando y yo pienso para matarme. S&iacute;, porque bastante es mi deuda, porque muchas gentes se burlaron de m&iacute; cuando yo regreso otra vez aqu&iacute;, por eso pienso yo para matarme y mi mam&aacute; me dijo: 'No, no piense eso'.
    </p><p class="article-text">
        En el pueblo de los deportados, regresar es soportar la costumbre de la burla colectiva. Una humillaci&oacute;n extra&ntilde;a, vista desde fuera, porque en todas las familias hay migrantes y deportados. Tambi&eacute;n sucede en pueblos cercanos. Y, probablemente, en muchos pa&iacute;ses cuyos gobiernos defienden que sus ciudadanos tienen vocaci&oacute;n migrante. El &eacute;xito o el fracaso del viaje a Estados Unidos define c&oacute;mo ser&aacute;n tratados a su regreso. Griselda lo intent&oacute; dos veces en 2018 y una en 2019. Por la &uacute;ltima, est&aacute; presa. Para cuando cumpla su condena, la vida de Griselda Domingo en Guatemala ser&aacute; una deuda con su padre. Y &eacute;l tendr&aacute; otra deuda con un prestamista, por las tres veces que su hija no logr&oacute; su prop&oacute;sito de no depender de un hombre.
    </p><h3 class="article-text">La postal del hambre</h3><p class="article-text">
        El ni&ntilde;o de dos a&ntilde;os est&aacute; tan desnutrido que ni llora. Parece un beb&eacute; porque no camina. Su madre est&aacute; sentada en el suelo. Ante su casa de barro y madera, mira inc&oacute;moda a su alrededor. El padre, callado, observa a la defensiva. Tiene los ojos rojos. Como muchos hombres entrevistados. Los otros tres ni&ntilde;os se ponen a jugar. En esta casa todo el mundo est&aacute; tenso. La visita les resulta violenta. Viven en la aldea Tuispichon, a una hora por camino de tierra del centro de San Juan. Es un para&iacute;so natural y una postal del hambre.
    </p><p class="article-text">
        Los visita una comitiva encabezada por la doctora Morales, para contar el trabajo contra la desnutrici&oacute;n del gobierno. Todos de pie, menos la familia. Las preguntas est&aacute;n preparadas. Las respuestas de la madre en idioma <em>mam</em> son preocupantes. Pero solo la doctora y una trabajadora municipal lo manifiestan fuera de c&aacute;mara. Son tan pobres que ni frijol o ma&iacute;z comen, solo hierbas. La doctora atiende al ni&ntilde;o desde hace meses, pero no mejora.
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        La aguda desnutrici&oacute;n infantil de San Juan Atit&aacute;n fue otra de las razones por las que el pueblo result&oacute; seleccionado por el Programa Nacional de Competitividad (Pronacom) del Ministerio de Finanzas como uno de los municipios migrantes necesitados de pol&iacute;ticas e inversiones dentro del Plan Alianza para la Prosperidad del Tri&aacute;ngulo Norte, PAPTN.
    </p><p class="article-text">
        No es posible verificar si el gobierno estadounidense aument&oacute; fondos para sus muchos programas en la zona. Lo que es seguro es que aqu&iacute;, en el lugar elegido por el gobierno para lanzar en 2012 el Pacto Hambre Cero con apoyo del Departamento de Estado de EE.UU, se registra el segundo mayor &iacute;ndice de desnutrici&oacute;n del pa&iacute;s. 9 de cada 10 ni&ntilde;os est&aacute;n desnutridos. Tienen su futuro hipotecado sin remisi&oacute;n. Eso no signific&oacute; que su municipalidad recibiera fondos extra durante los tres a&ntilde;os que dur&oacute; el PAPTN. Aqu&iacute;, el mayor orgullo de los funcionarios locales es haber bajado del primer al segundo puesto en el hambre infantil.
    </p><p class="article-text">
        Las familias cultivan ma&iacute;z criollo y comen el grano importado que compran en la frontera con M&eacute;xico, porque la diferencia de precio les permite tener 3 d&oacute;lares en efectivo. Para reducir el hambre, las dos empleadas que trabajan en la oficina del Ministerio de Agricultura (Maga) muestran a algunas vecinas una cartulina arrugada llena de fotos de un hongo. Se llama hongo ostra. Les explican que solo tienen que meter las semillas en los olotes (el centro sobrante del ma&iacute;z) y que no necesitan tierra para hacerlo. Despu&eacute;s de cincuenta d&iacute;as de espera aparece el producto.
    </p><p class="article-text">
        El objetivo es que las familias tengan mayores ingresos y mejor alimentaci&oacute;n. Pero el proyecto del hongo no termina de cuajar. Han capacitado a 21 grupos, en su mayor&iacute;a de mujeres. Pero solo tres familias se han sumado al experimento. Ninguna de las dos funcionarias encargadas del proyecto es de San Juan. Dicen que las mujeres optan por quedarse calladas, pero no sienten que sea por machismo. Ellas lo niegan, pero el plan de desarrollo municipal, elaborado por el Concejo Municipal de Desarrollo y la Secretar&iacute;a de Planificaci&oacute;n de la Presidencia (Segeplan), incluye el &ldquo;dominio machista&rdquo; como parte de la identidad y cultura del lugar.
    </p><p class="article-text">
        En 2018, los maestros del pueblo llevaron por primera vez Incaparina, un suplemento alimenticio de harina de ma&iacute;z y soya, a las aulas, con respaldo de varios ministerios. Ese mismo a&ntilde;o, a mediados de noviembre lleg&oacute; hasta San Juan Atit&aacute;n Luis Arreaga, el embajador de Estados Unidos en Guatemala. Visit&oacute; al consejo ind&iacute;gena por ser un municipio parte del PAPTN. La visita la recuerda el alcalde, Lorenzo Mart&iacute;n, en su despacho de la alcald&iacute;a. Vestido con su traje ind&iacute;gena, dice que el embajador le pregunt&oacute; por la desnutrici&oacute;n y por la migraci&oacute;n. &Eacute;l le explic&oacute; que hay tierras inf&eacute;rtiles y que el agua no alcanza para la siembra. &ldquo;Dijeron que van a trabajar m&aacute;s con la artesan&iacute;a de las mujeres, en el mercado, para comercializar el traje t&iacute;pico&rdquo;, explica este regidor que, a diferencia de los tres concejales que le acompa&ntilde;an en la pl&aacute;tica, nunca migr&oacute;. Ni el PAPTN ni el desarrollo del sector textil llegaron. El plan del embajador de Estados Unidos en Guatemala fall&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        El laborioso trabajo de tejer los trajes de la comunidad es cosa de mujeres. Aunque el consejo ind&iacute;gena de alcaldes auxiliares no parece muy consciente del valor econ&oacute;mico de ese trabajo. Mujeres de otros pueblos ya est&aacute;n llegando a San Juan a venderles hilo a un precio mayor y algunas sanjuaneras empezaron a hacer prendas tradicionales para que las vendan otras peque&ntilde;as empresarias de Santiago Chimaltenango, un municipio vecino. Mientras, como hac&iacute;a Griselda Domingo cuando la conocimos en marzo de 2019, las mujeres de la familia Domingo contin&uacute;an con la tradici&oacute;n gratuita de tejerle el traje al padre.
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        En teor&iacute;a, Guatemala dise&ntilde;&oacute; su parte del PAPTN para contentar al gobierno de Barack Obama (y luego de Donald Trump). Y fue m&aacute;s espec&iacute;fico, sobre todo en comparaci&oacute;n con Honduras. Pronacom defini&oacute; un enfoque econ&oacute;mico para detener la migraci&oacute;n. Y organiz&oacute; reuniones con l&iacute;deres locales de los 51 municipios priorizados para entender las necesidades locales. Pero en la pr&aacute;ctica, la inversi&oacute;n fue nula.
    </p><p class="article-text">
        Gabriela P&eacute;rez, asesora del PAPTN para el Gobierno de Guatemala, confirm&oacute; que solo etiquetaron proyectos preexistentes en los presupuestos de gobierno, bajo las siglas del PAPTN. Al final de 2019, la idea de prosperidad qued&oacute; relegada, M&eacute;xico acept&oacute; convertirse en la frontera sur de EEUU y Guatemala pas&oacute; a ser pa&iacute;s receptor de solicitantes de asilo. A&uacute;n cuando casi la mitad del pa&iacute;s vive en pobreza y fue el pa&iacute;s m&aacute;s migrante del norte de Centroam&eacute;rica entre 2018 y 2019. Los a&ntilde;os en los que Griselda se fue tres veces de San Juan Atit&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Ahora hay un nuevo plan en dise&ntilde;o. Se llama 'Am&eacute;rica crece'. Otro plan m&aacute;s. Pero si algo crece en esta parte de Am&eacute;rica es la fijaci&oacute;n con irse, cueste lo que cueste. La gente se va de la regi&oacute;n porque no espera nada de sus gobiernos. Porque la poblaci&oacute;n es muy consciente de que el quetzal vale menos que el d&oacute;lar.
    </p><p class="article-text">
        La madre de Griselda se llama Juana. De ella hered&oacute; su sonrisa t&iacute;mida y su habilidad para tejer. Juana, la silenciosa mujer que vio partir a un marido y cuatro hijos en los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os, no habla espa&ntilde;ol. Aunque le pedimos que se siente con nosotros y su esposo a almorzar la comida que ella ha preparado, almuerza con sus hijas en la cocina. Pero para Griselda, Juana es una persona tan importante como lo es su hermano mayor, Rodrigo, el que vive en Estados Unidos.
    </p><p class="article-text">
        A Juana le conf&iacute;a c&oacute;mo se siente, qu&eacute; le preocupa. Deuda, as&iacute; se llama la obsesi&oacute;n actual de Griselda Domingo. Una fijaci&oacute;n l&oacute;gica si un banco jam&aacute;s le va a prestar dinero para migrar. Si su padre empe&ntilde;&oacute; tierras que compr&oacute; con su trabajo en Estados Unidos, y debe dinero a un prestamista. La mujer que nunca gan&oacute; m&aacute;s de cuatro d&oacute;lares diarios por cortar caf&eacute; en fincas, arruga el rostro redondo que hered&oacute; de su padre Marcos, mientras repite la palabra deuda dieciocho veces a lo largo de la conversaci&oacute;n.
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        &mdash;&iquest;Tu mam&aacute; prefiere que te quedes ac&aacute; con ella?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Mi mam&aacute; [rompe en llanto] est&aacute; llorando y llorando cuando yo llegu&eacute; aqu&iacute;. 'Ya no vas a intentar otra vez', me dijo. S&iacute; voy a intentar otra vez, le dije, que bastante es mi deuda. Y me dice mi mam&aacute;: 'Est&aacute; bueno' [se le corta la voz] para pagar mi deuda.
    </p><p class="article-text">
        Griselda habla de cien mil quetzales, de miles y miles, no concreta. Se agobia, se frustra. Tiene una deuda con su padre. Pero esta es la segunda vez. Se vuelve a ir un mes despu&eacute;s. Para cuando regrese deportada la tercera, la ansiedad de Griselda ser&aacute; may&uacute;scula. Aunque le cambiemos el tema de la conversaci&oacute;n, le cuesta un mundo responder.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Qu&eacute; te gusta hacer para que el tiempo ac&aacute; sea m&aacute;s agradable?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Pues no s&eacute;&hellip; No s&eacute; porque aqu&iacute; no hay un d&iacute;a siempre feliz, aqu&iacute; no. Siempre estoy triste triste y, cada d&iacute;a, siempre estoy triste y triste. A veces, mi mam&aacute; est&aacute; platicando, est&aacute; escribiendo, pero yo no puedo re&iacute;r. Siempre estoy triste triste, s&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Griselda siempre est&aacute; triste. Y la microeconom&iacute;a de San Juan explica por qu&eacute;. Adem&aacute;s del comercio y la artesan&iacute;a incipiente de ropa, hay dos profesiones comunes que ilustran la imposibilidad de quedarse sin padecer necesidades: la de prestamista y la de coyote.
    </p><p class="article-text">
        No logramos conocer a una persona que preste dinero. Pero un coyote, familiar de los Domingo nos habla. No admite su profesi&oacute;n, dice que es agricultor deportado y que su reloj de oro es un regalo. Pero afuera de su casa tiene una camioneta roja nueva y deslumbrante, toda la familia nos confirma a qu&eacute; se dedica, tiene un collar con una AK-47 y admite que ayud&oacute; a Griselda a llegar al norte de M&eacute;xico. Solo elude la palabra expl&iacute;cita. Aunque en Guatemala existe una ley que criminaliza a los coyotes, esa profesi&oacute;n en San Juan es vista como un trabajo con buena intenci&oacute;n, porque al final ayuda a mucha gente a llegar a Estados Unidos. Aunque sea por dinero.
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        No hay muchas alternativas <a href="https://www.eldiario.es/desalambre/pandillas-machismo-hondurenas-caravana-migrante_0_838866900.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">para la independencia econ&oacute;mica de las mujeres</a> de San Juan Atit&aacute;n. Pero en la calle principal, trabaja la personificaci&oacute;n de la autonom&iacute;a. Zoyla Marina Mart&iacute; es la due&ntilde;a de uno de los comedores y de una sonrisa reluciente. Junto a su nuera, que atiende el otro comedor, es una de las escasas empresarias locales.
    </p><p class="article-text">
        Zoyla es serena, de frases cortas, viuda. Vive hace 18 a&ntilde;os en el pueblo, pero es oriunda de Santiago Chimaltenango, a 40 minutos de distancia. Los kil&oacute;metros suficientes para que su traje y peinado sean distintos a los de las sanjuaneras. Zoyla no habla espa&ntilde;ol, pero traduce Carmen, su hija menor, que es biling&uuml;e porque estudi&oacute; en Ciudad de Guatemala. Para llegar a tener su negocio, la madre consigui&oacute; trabajo como cocinera en el comedor de un sobrino y luego pidi&oacute; un pr&eacute;stamo a un familiar. &ldquo;[Montar un negocio], no se le dificult&oacute; por ser mujer, porque ella siempre se dio su lugar&rdquo;, dice Carmen tras escuchar a su mam&aacute;. En el comedor, este d&iacute;a de principios de marzo, solo hay hombres. El color rojo de la trenza de Zoyla luce entre la paredes rosas del silencioso local. 
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        Carmen es muy parecida a su madre, pero con gafas. En la capital, gracias a que unas monjas la acogieron, pudo graduarse como maestra. Regres&oacute; a su pueblo hace un a&ntilde;o, con su marido, para poner una tienda y ayudar a Zoyla. &ldquo;Hay hombres que vienen [al comedor] y nos empiezan a molestar. Y nos dicen: si no quieres que te moleste, &iquest;por qu&eacute; est&aacute;s trabajando de esto?&rdquo;. Pero ambas advierten: no es solo San Juan. Dicen que en Santiago Chimaltenango, el pueblo vecino, se reproducen patrones: el del machismo, el del festejo para los que llegan a Estados Unidos y el de la burla a los deportados.
    </p><h3 class="article-text">El juego de la verdad</h3><p class="article-text">
        Les proponemos un juego. Tienen que levantar la mano cada vez que su respuesta a nuestra pregunta sea s&iacute;. Es f&aacute;cil. Los 28 alumnos de tercero b&aacute;sico de la escuela de San Juan Atit&aacute;n se sientan en sus pupitres y escuchan atentos. Antes hemos hecho el mismo ejercicio en las otras dos clases de esta escuela rural, dividida en dos m&oacute;dulos, cuya vista desde lo alto del pueblo hacia la Sierra de los Cuchumatanes es privilegiada.
    </p><p class="article-text">
        13 tienen a un familiar en EEUU. Diez tienen a su pap&aacute; deportado. Cuatro tienen padres que, tras su deportaci&oacute;n, volvieron a intentarlo. 14 tienen un hermano en EEUU. Ninguno tiene a su madre en EEUU. 16 creen que conseguir&aacute;n trabajo en San Juan. 12 quieren irse a EEUU.
    </p><p class="article-text">
        El 31 de diciembre de 2018, un alumno de segundo b&aacute;sico le dijo al director de la escuela: Ah&iacute; nos vemos. El director le pidi&oacute; que terminara tercero b&aacute;sico al menos. No puedo, respondi&oacute; el estudiante. Su padre estaba endeudado. Iba a irse con &eacute;l porque -<a href="https://www.eldiario.es/desalambre/Gobierno-Trump-migrantes-deportaciones-rapidas_0_923557824.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">hasta el endurecimiento de la pol&iacute;tica migratoria de Trump</a>- pasar con un menor de edad era m&aacute;s sencillo.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cada persona busca d&oacute;nde sentirse mejor. Yo, por ejemplo, me siento mejor ac&aacute;&rdquo;, dice Francisco Carrillo, director y profesor de la escuela. &Eacute;l, como el actual alcalde, nunca intent&oacute; irse a EEUU, nunca quiso irse. Cuando los alumnos terminan tercero es cuando se nota el nivel de abandono escolar. &ldquo;Qu&eacute; quieren ser&rdquo;, dice que les pregunta a los escolares. &ldquo;Quieren ser m&eacute;dicos, abogados, profesores, pero en Guatemala no hay fuente de trabajo&rdquo;, se responde sentado en un aula de c&oacute;mputo cuyas computadoras, cubiertas por una tela t&iacute;pica, fueron una donaci&oacute;n.
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        &mdash;Griselda, no pasaste de sexto de primaria, &iquest;por qu&eacute; no te gustaba estudiar?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Pues no s&eacute;, porque mi pap&aacute; no ten&iacute;a mucho dinero para pagar estudio y por eso yo pienso para ir con mi hermano a los Estados. Y por eso yo fui con &eacute;l la primera vez y despu&eacute;s no me pase y despu&eacute;s fui a intentar otra vez, la segunda vez, y no pase.
    </p><p class="article-text">
        Griselda no piensa volver a estudiar. Fue deportada por segunda vez en febrero de 2019 y volvi&oacute; a irse a mediados de mayo. Los dos meses que pas&oacute; en San Juan fueron un comp&aacute;s de espera, en la urgencia silenciosa de la deuda. La deuda que ser&aacute; m&aacute;s grande cuando regrese. Esta es la historia de una reconstrucci&oacute;n a lo largo de 2019, un a&ntilde;o de la vida de una mujer que no logr&oacute; cumplir su aspiraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Es marzo y hoy acompa&ntilde;a a su vecina Carmen Mendoza, de 29 a&ntilde;os, a Huehuetenango. Salen a las seis de la ma&ntilde;ana de su aldea Sacchilaj y llegan dos horas despu&eacute;s a la cabecera del departamento. En lo que los guatemaltecos -y muchos latinoamericanos- llaman el interior del pa&iacute;s (todo lo que no es la capital), no es f&aacute;cil moverse. Va con ella al banco. La acompa&ntilde;a por dos razones: Carmen no habla espa&ntilde;ol y nunca antes recibi&oacute; una remesa. Su marido se fue en diciembre con su hijo de 14 a&ntilde;os y los 25 d&oacute;lares en moneda local que lleva Carmen en su bolso son el primer env&iacute;o que le hace desde Atlantis, Florida. Para que compre az&uacute;car, sal y ma&iacute;z.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Toman un chocolate caliente y una porci&oacute;n de pastel en una cafeter&iacute;a del centro. Griselda traduce y revela que el presente-futuro de Carmen es el de muchas mujeres de San Juan; tras trabajar de octubre a diciembre en la cosecha del caf&eacute;, se despidi&oacute; de su marido.
    </p><p class="article-text">
        Si su marido logra recaudar los 7.000 d&oacute;lares (6.270 euros) que pidi&oacute; prestados para el viaje que hizo con su hijo, ella espera estar en Florida en un a&ntilde;o. Hace un mes empez&oacute; a comprar hilos para vender huipiles (blusas tradicionales) a una mujer de Colotenango, el pueblo vecino en el que algunas mujeres ya no s&oacute;lo tejen para sus maridos. Carmen no gana m&aacute;s de 30 d&oacute;lares al mes por tejer un huipil. Pero el valor de su nuevo trabajo no est&aacute; en el dinero sino en la autonom&iacute;a que vislumbra. Es su primer salario como artesana.
    </p><p class="article-text">
        Con el dinero de su primera remesa, Carmen camina entre los carros que transitan por el mercado callejero de Huehuetenango. Busca y encuentra pl&aacute;tanos m&aacute;s baratos que en la aldea Sacchilaj. Griselda solo se detiene cuando ve un puesto de fundas de m&oacute;viles en una esquina del parque central. Compra una funda rosa con el dinero que le da su pap&aacute;. Le gusta el rosa en la ropa, aunque su casa so&ntilde;ada en Estados Unidos, la que estar&iacute;a cerca de casa de su hermano Rodrigo, ser&iacute;a amarilla y anaranjada.
    </p><p class="article-text">
        A Griselda, la mujer que a&uacute;n no sabe que pasar&aacute; casi todo 2019 presa en una c&aacute;rcel de El Paso, le gusta tomarse infinidad de fotos. No parece vanidad. Parece una <em>millennial</em> pendiente de su imagen. Aunque todo vaya en contra, quiere proyectar que sonr&iacute;e todo el tiempo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Las tres veces que Griselda se fue a Estados Unidos le dej&oacute; su m&oacute;vil a Eluvia, su parlanchina hermana peque&ntilde;a, la &uacute;nica que pudo estudiar bachillerato y que tampoco tiene empleo. El 9 de diciembre de 2019, Eluvia se puso como foto de perfil una imagen de una c&aacute;rcel con un emoticono que llora. Se lee: &ldquo;Recuerden, no todos est&aacute;n en casa hoy, pero s&iacute; en el coraz&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Durante los meses que Griselda est&aacute; presa, es su hermano mayor, Rodrigo, el que la llama. Triste, es lo m&aacute;s que alcanza a explicar Eluvia sobre c&oacute;mo est&aacute; su hermana, durante los meses que le escribimos tras caer de nuevo presa. Es la peque&ntilde;a de la familia, con voz secretosa, la que advierte que la humillaci&oacute;n a la que teme Griselda Domingo por regresar deportada va a cobrarse un precio que su hermana no tiene c&oacute;mo pagar.
    </p><p class="article-text">
        <em>*Este reportaje forma parte del proyecto period&iacute;stico 'Retorno' elaborado por la productora El Intercambio y financiado por Seattle International Foundation. Para verlo completo puedes ingresar a www.elintercamb.io/retorno. Tambi&eacute;n puedes leer en eldiario.es la primera entrega: Las tres heridas del Torcido: desplazado por la violencia, migrante en EEUU y deportado a Honduras</em><a href="https://www.elintercamb.io/retorno/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">www.elintercamb.io/retorno</a><a href="https://www.eldiario.es/desalambre/heridas-Torcido_0_956104689.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Las tres heridas del Torcido: desplazado por la violencia, migrante en EEUU y deportado a Honduras</a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elsa Cabria, Ximena Villagrán, Oliver de Ros, Alberto Arce]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/humillacion-grisela-domingo_1_1084746.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 15 Jan 2020 20:39:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La humillación de ser deportada tres veces de EEUU: "Te lo prometo, ya no voy a volver a este país"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Guatemala,Estados Unidos,Deportaciones]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las tres heridas del Torcido: desplazado por la violencia, migrante en EEUU y deportado a Honduras]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/heridas-torcido_1_1296849.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La Esperanza (Honduras) es el municipio que registra la tasa de recepción de deportados más alta del país desde 2015</p><p class="subtitle">Con 23 años, Torcido ha sido desplazado interno por la violencia, inmigrante en Estados Unidos y deportado a Honduras</p><p class="subtitle">Arrancamos junto a el Intercambio una serie de reportajes de largo recorrido sobre quienes son deportados a Centroamérica desde EEUU</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><h3 class="article-text">El amor</h3><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Torcido?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Torcido.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Estoy trabajando cuando de repente veo los tombos [polic&iacute;as] ah&iacute; adentro. '&iexcl;Diablo!, pero &iquest;ahora qu&eacute; pas&oacute;?', digo yo. Y ya me empiezan a hacer preguntas y me piden mi tel&eacute;fono. '&iquest;Y para qu&eacute; les voy a dar mi tel&eacute;fono yo? Acaso que ustedes me lo compraron', les dije. Lo primerito que me quedaron viendo fue esto: los tatuajes, los tatuajes&hellip; Me quitaron el tel&eacute;fono. Entonces me pidieron clave, se la tuve que dar. No ten&iacute;a nada que esconder. Nada m&aacute;s que es caro. Entonces, se llevaron el tel&eacute;fono. Se fueron. Y luego regresaron, me dijeron que ya no me quer&iacute;an ver en ese sitio. Las once del d&iacute;a eran&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La vida de Torcido es como un poema de Miguel Hern&aacute;ndez: Las tres heridas: la del amor, la de la muerte y la de la vida. Lo cuenta&nbsp;en marzo de 2019. Cuando ya pas&oacute; m&aacute;s de un a&ntilde;o desde que se quedara sin aquel tel&eacute;fono. Este hondure&ntilde;o de 23 a&ntilde;os, atl&eacute;tico y de mirada desafiante, recuerda la &uacute;ltima vez que tuvo que rodar de nuevo cuesta abajo arrastrado por su piedra, como S&iacute;sifo en el eterno retorno. Porque sus violentas heridas de amor le quebraron hasta llevarle de regreso desde el pa&iacute;s en el que no fue capaz de quedarse al pa&iacute;s que odia. Una infidelidad deriv&oacute; en su deportaci&oacute;n de Estados Unidos. No supo dejarse ayudar por una ex novia devota que incluso le pagaba el abogado. Y su madre, ausente como testigo en su juicio de deportaci&oacute;n, insert&oacute; el &uacute;ltimo clavo en su f&eacute;retro mental.
    </p><p class="article-text">
        Pero eso lo contar&aacute; luego. Ahora est&aacute; sentado sobre la moto de su t&iacute;o, frente a la casa de sus abuelos en La Esperanza&nbsp;(Intibuc&aacute;, Honduras). Habla como si fuera a encender el motor e irse. Muy lejos. De regreso a Lawrence, Kansas, donde vivi&oacute; seis a&ntilde;os. A 4.023 kil&oacute;metros de distancia en moto. Si es que pudiera irse en moto. Que no puede. Torcido vive ahora en una entre un pu&ntilde;ado de casas de una planta rodeadas de amarillos campos de pasto para vacas. Su barrio difiere mucho de la colorida postal tur&iacute;stica del casco antiguo que ofrece como reclamo una iglesia enclavada en una monta&ntilde;a, dejando para las afueras la paleta del gris.
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        El departamento de Intibuc&aacute; est&aacute; entre los cinco menos homicidas del pa&iacute;s: 65 asesinatos en 2018. Uno cada&nbsp;seis d&iacute;as. Eso, en Honduras, significa paz. Pura enso&ntilde;aci&oacute;n enclavada en un pa&iacute;s ultra violento. En el mismo centro del pueblo, algunas pintas en las paredes recuerdan que ac&aacute; fue asesinada la activista ambiental Berta C&aacute;ceres. Y para sorpresa de las autoridades locales y muchos vecinos, es un lugar cuyo perfil sociol&oacute;gico est&aacute; sometido a una transformaci&oacute;n profunda: es el municipio hondure&ntilde;o que m&aacute;s deportados recibi&oacute; desde Estados Unidos en los &uacute;ltimos cuatro a&ntilde;os. Torcido es uno de esos deportados que habita La Esperanza.
    </p><p class="article-text">
        Para cortar el ciclo migraci&oacute;n-deportaci&oacute;n-migraci&oacute;n y as&iacute; evitar que centroamericanos, como Torcido, trataran de llegar a Estados Unidos, el gobierno de Barack Obama ide&oacute; en 2015 un plan de inversi&oacute;n econ&oacute;mica que fracas&oacute;. Lo denomin&oacute; Plan Alianza para la Prosperidad del Tri&aacute;ngulo Norte (PAPTN). El gasto fluy&oacute; a trav&eacute;s de agencias y contratistas estadounidenses. Pero los gobiernos de la regi&oacute;n nunca se implicaron. Hubo un compromiso de Honduras, Guatemala y El Salvador de invertir 5.400 millones de d&oacute;lares. Pero no trajo consigo un aumento presupuestario, s&oacute;lo cambios en los nombres de los programas.
    </p><p class="article-text">
        El PAPTN fue cancelado en 2019 por el gobierno de Donald Trump. Ni redujo la migraci&oacute;n ni mejor&oacute; las condiciones de vida de los centroamericanos. En la Esperanza, Intibuc&aacute;, el plan no propici&oacute; cambios sociales.&nbsp;
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    </figure><p class="article-text">
        Es una sociedad que muta. Las autoridades no tienen en cuenta que en numerosas colonias de las afueras de la Esperanza viven cada vez m&aacute;s personas huidas a lo largo de los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os de otras zonas del pa&iacute;s: del sur del departamento de Intibuc&aacute; y del norte de Honduras. Los del paup&eacute;rrimo sur se mudaron a la cabecera gracias a las remesas enviadas por sus familiares migrantes en Estados Unidos, que les han permitido comprar parcelas.
    </p><p class="article-text">
        Al tiempo tambi&eacute;n llegaron vecinos del norte del pa&iacute;s. Torcido &mdash;al que apodamos as&iacute; por su seguridad&mdash; no es oriundo del pueblo. Como no lo son tampoco las 'tres l&aacute;grimas negras' tatuadas que bordean su p&oacute;mulo derecho. Como tampoco lo es el resto de la familia. Dejaron el norte&ntilde;o Yoro buscando refugio en una tranquila cabecera departamental donde en marzo el viento corre fr&iacute;o y el sol aplasta. Desplazados internos por la violencia estructural, &eacute;l sali&oacute; rumbo a Estados Unidos, ellos, recalaron directamente en La Esperanza. La familia que el destino separ&oacute; vuelve a estar unida.
    </p><p class="article-text">
        A Torcido le irrita revivir el momento en que la polic&iacute;a irrumpi&oacute; en su puesto de trabajo y le quit&oacute; el celular y lo llev&oacute; a la comisar&iacute;a. El momento que marca el comienzo de su viaje de regreso forzado a Honduras. Sentado sobre la moto, no mira apenas a los ojos, clava la vista en el infinito y la cabeza sobre sus codos. Habla con desconcertada rabia.
    </p><p class="article-text">
        Recuerda que ese d&iacute;a se fue a casa sin trabajo, sin celular y sin entender nada. Al entrar al apartamento no quiso besar a su novia, como hac&iacute;a cada d&iacute;a al regresar del empleo temporal en la construcci&oacute;n que tuviera. Se meti&oacute;, bravo, en su cuarto. Su pareja le pidi&oacute; que le explicara. Le dijo que regresara a por el tel&eacute;fono a la comisar&iacute;a. &ldquo;Por el maldito tel&eacute;fono&rdquo;. El celular escond&iacute;a algo sobre ella. &ldquo;Ten&iacute;a v&iacute;deos est&uacute;pidos&rdquo;. Sexuales.
    </p><p class="article-text">
        Regres&oacute; y en ese regreso cay&oacute; preso. En la corte federal, uno de los polic&iacute;as dijo que Torcido ten&iacute;a relaciones virtuales con una menor estadounidense de 17 a&ntilde;os. Se hab&iacute;an conocido por Facebook. Si hubieran tenido relaciones sexuales, hubiera sido violaci&oacute;n. &Eacute;l no piensa en esas cosas. Admite la relaci&oacute;n, pero est&aacute; enojado con c&oacute;mo fue todo a partir de ese d&iacute;a. Hasta llegar donde est&aacute;. Era un hondure&ntilde;o sin permiso de residencia en Estados Unidos.
    </p><p class="article-text">
        Sus heridas se hab&iacute;an abierto mucho antes.
    </p><p class="article-text">
        En 2012, se fue a EEUU. Ten&iacute;a 16 a&ntilde;os y una buena raz&oacute;n para que su mam&aacute; &mdash;que viv&iacute;a en New Jersey&mdash; le pagase un coyote de emergencia. De la raz&oacute;n hablar&aacute; despu&eacute;s. Pero le enoja recordar a esa mujer que lo dej&oacute; con su abuela cuando &eacute;l ten&iacute;a&nbsp;siete a&ntilde;os. Al llegar a EEUU, convivi&oacute; con su mam&aacute; menos de seis meses. Sent&iacute;a que le trataba mal. El desencadenante para dejar de hablarle, cuando le pidi&oacute; que testificara en su juicio de deportaci&oacute;n. New Jersey y Lawrence est&aacute;n a 46 kil&oacute;metros. Pero a ella le dio miedo ir a un tribunal por si tambi&eacute;n acababa deportada. As&iacute; que no fue.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Yo esperaba a mi mam&aacute; [...]. Se lo he dicho a mi viejita [abuela]: 'por esa mujer [su madre] el d&iacute;a que se muera, pues que se muera. No botar&eacute; [derramar&eacute;] ni una l&aacute;grima, por ella yo no la boto. Por usted s&iacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        To&ntilde;a, la abuela, no entiende tanto coraje hac&iacute;a la mujer que lo mantuvo en la distancia. Sentada en su oscura cocina de rojas paredes, serena, como si no acabara de preparar pollo con arroz para diez personas, no comprende a su nieto.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Todo el tiempo yo les dec&iacute;a: su mam&aacute; se fue para salir adelante con ustedes [ con &eacute;l y a su hermano]. Desde el momento en que ella los mand&oacute; a traer [pagar su viaje&nbsp;clandestino a EEUU],&nbsp; era para darle un futuro. Les dio todo. Ella en ropa, en comida, nunca se ha quedado atr&aacute;s [...] Pero &eacute;l no quiere entender, no s&eacute; qu&eacute; es lo que le pasa a este ni&ntilde;o&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Torcido dice que su mam&aacute; le golpeaba a &eacute;l y a sus tres hermanos, que no supo quererlos. Por eso, llama mam&aacute; a su abuela. Aunque su abuela y su abuelo tambi&eacute;n le pegaban. &ldquo;No les voy a mentir, a m&iacute; me gustaba agarrar lo ajeno cuando yo estaba chamaquito [peque&ntilde;o], pero se daban cuenta en la casa. Me met&iacute;an las manos al fuego y despu&eacute;s me daban pija con una vara de tamarindo y el tamarindo es fino y &iexcl;puta madre!, cuando me sacaban los brazos del fuego, todos quemados&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hay violencias aceptadas. Tan similares a las que se rechazan que al violentado le resultan distintas. Para algunos, la vida consiste s&oacute;lo en elegir el infierno en el que arder.
    </p><p class="article-text">
        Torcido es un ni&ntilde;o infeliz. Desde la moto amenaza a su sobrino de tres a&ntilde;os con golpearle con una hierba seca que ha recogido del piso. Lo hace todo el tiempo. O cuando se aburre, que es muchas veces. &ldquo;S&aacute;quese la pija [v&aacute;yase] de ac&aacute;&rdquo;, le dice para que deje de rondarle. Luego se r&iacute;e. El ni&ntilde;o llora. Ambos buscan atenci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Recuerda sus &uacute;ltimos meses en EEUU y el apoyo de su novia, que era la due&ntilde;a del apartamento donde viv&iacute;a. Ella resisti&oacute; la relaci&oacute;n t&oacute;xica y le pag&oacute; un abogado aunque sab&iacute;a que le era infiel. &Eacute;l no es consciente del machismo que descargan muchas de sus palabras sobre la &uacute;nica persona que le visit&oacute; en la c&aacute;rcel.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Yo nunca en mi puta vida hab&iacute;a llorado por una mujer, pero yo estaba enamorado de esa mujer, yo solo la miraba y se me hac&iacute;a un nudo que ni hablar pod&iacute;a&hellip; [...] Todos los d&iacute;as le pon&iacute;a visita. Ya despu&eacute;s me cans&eacute;, cog&iacute;a mucho estr&eacute;s, botaba [se me ca&iacute;a] hasta el pelo en la c&aacute;rcel del estr&eacute;s. Cuando uno se levanta de ese pedazo de metal que le dan a uno ah&iacute;, la cama esa, un colch&oacute;n&hellip; &iquest;Como as&iacute;?, &iexcl;no, hombre!, ni dormir puede uno. Ya despu&eacute;s dej&eacute; de ponerle tanta visita, porque eso me estaba matando, me met&iacute;a mucha mierda en la cabeza, a veces con ganas de matarme ah&iacute; adentro...&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;l ya no le habla. M&aacute;s soledad.
    </p><p class="article-text">
        Es ansioso, pero se ha quedado clavado en un momento de su vida del que no logra salir. Y esa energ&iacute;a que no consume, lo consume a &eacute;l. En casi tres horas no se baja de la moto. Saluda vigilante, levantando la mirada bajo su gorra plana a los adolescentes que pasan por la calle de tierra donde est&aacute; la casa de sus abuelos. Ha integrado las supuestas reglas de lo que significa ser hombre. Y aqu&iacute;, en Honduras, eso pasa por estar siempre vigilante.
    </p><p class="article-text">
        Se hace el interesante para contar algunas cosas. Dice que est&aacute; vi&eacute;ndose con una vecina casada de 38 a&ntilde;os. &ldquo;Es que las mujeres mayores son m&aacute;s macizas, m&aacute;s tuanis, lo atienden bien a uno, lo cuidan a uno [...] Hay mucha gente que piensa que es para que lo mantengan a uno, pero no&hellip;&rdquo;. En los &uacute;ltimos meses, tambi&eacute;n estuvo vi&eacute;ndose con una de 12, pero la madre le amenaz&oacute; con denunciarlo. Torcido, dice su abuela To&ntilde;a, necesitar&iacute;a un psic&oacute;logo.
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        Antes de ser detenido en Lawrence&nbsp;(Kansas, EEUU), Torcido y la adolescente estadounidense de 17 a&ntilde;os llevaban tres d&iacute;as mand&aacute;ndose fotos por Facebook Messenger y llam&aacute;ndose. La madre de la joven lo hab&iacute;a descubierto. Y lo hab&iacute;a denunciado. &ldquo;Uno es tan hijo de la gran puta, tan est&uacute;pido, despu&eacute;s de estar bien... &iexcl;Imag&iacute;nese ahora como estoy! [...] Ten&iacute;a diecisiete a&ntilde;os, pero all&aacute; usted sabe que las mujeres desarrollan de volada, la g&uuml;irra [ni&ntilde;a] parec&iacute;a que ten&iacute;a como veinte a&ntilde;os. Por eso, se miraba tremenda yegua y teniendo mujer yo...&rdquo;.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">La muerte</h3><p class="article-text">
        &mdash;Quisiera que la calaca [muerte] me llevara; estar vivo vale pija [poco], mejor estar abajo.
    </p><p class="article-text">
        Torcido prefiere estar abajo. Enterrado con 23 a&ntilde;os. Desaf&iacute;a en cada acto la posibilidad del amor. Y esa soledad que siente le hace hablar como un anciano harto de todo. Cuando fue deportado, en marzo de 2018, su abuela lo recogi&oacute; entre l&aacute;grimas en el aeropuerto de San Pedro Sula y lo llev&oacute; a un lugar que no exist&iacute;a para &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Torcido lleg&oacute; a La Esperanza, pero antes de huir a New Jersey y luego a Lawrence, ya hab&iacute;a vivido en San Pedro Sula, en Yoro y en El Progreso, en el norte de Honduras. En cu&aacute;l de todos los lugares por los que pas&oacute; se perdi&oacute;, no lo sabe ni &eacute;l. Por eso est&aacute; desubicado en este pueblo de interior.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Primero tenemos que visitar la Unidad Municipal de Atenci&oacute;n Al Retornado (Umar) de La Esperanza, abierta en 2018 con fondos de la Organizaci&oacute;n Internacional de las Migraciones (OIM), y gestionada por el gobierno de Honduras. La Umar se resume en una mujer encargada, en una mesa, en una oficina compartida, en la Casa de Cultura. Ella tiene acceso a la Ficha Integral del Migrante Retornado que llenan los hondure&ntilde;os deportados una vez que atraviesan una de las fronteras y aeropuertos que los encierran de nuevo en su pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        En 2018, la edad media de esos deportados, en La Esperanza, era de 21 a&ntilde;os. Revisando las fichas de los retornados de esa edad aparece Torcido, en el barrio con m&aacute;s deportados de La Esperanza y hab&iacute;a puesto el tel&eacute;fono de su t&iacute;a en el formulario. Explicarle c&oacute;mo dimos con &eacute;l, nos devuelve su mirada m&aacute;s confusa. No entiende porqu&eacute; su historia es importante.
    </p><p class="article-text">
        Accede a platicar cuando le preguntamos si alguna vez ha hablado sobre c&oacute;mo se siente. Asiente y nos mira. Torcido es desconfiado. Sobre todo se siente solo. Dos fotos en su casa ahondan en esa soledad. Una es de su de t&iacute;o Selvin. La otra de su t&iacute;o Juanito. Ambos eran pandilleros de la Mara Salvatrucha (MS13) en San Pedro. Fueron asesinados: Selvin por pretender salirse de la pandilla y Juanito, con quien convivi&oacute; toda su preadolescencia, por hurtar a espaldas de la pandilla.&nbsp;
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    </figure><p class="article-text">
        Con Juanito pasaba el tiempo robando. Delinquieron muchas veces. Presenci&oacute;, sentado a su lado, su muerte. Solo le qued&oacute; huir, escondi&eacute;ndose durante semanas hasta salir de Honduras. La herida de esta muerte es transversal al desarraigo en el que vive. Torcido quisiera estar muerto tambi&eacute;n. Pero recuerda lo que le dice su abuela: el que desea la muerte, nunca se muere. &ldquo;Mejor no desearla para morirse r&aacute;pido&rdquo;, le suele responder &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Aunque su familia es de Yoro, el departamento m&aacute;s homicida del pa&iacute;s en 2018, &eacute;l vivi&oacute; mucho tiempo en San Pedro Sula, la ciudad m&aacute;s violenta del mundo en 2015. La abuela &mdash;la viejita, le dice el nieto rebelde&mdash; le cri&oacute; hasta la adolescencia y ahora, simb&oacute;licamente, vuelve a criarlo.
    </p><p class="article-text">
        Torcido no era pandillero. De ni&ntilde;o, con Juanito como referente, le encantaba el ambiente, la ropa, los tatuajes. Sobre todo los tatuajes de l&aacute;grimas, que pueden significar haber matado o tener familiares muertos. &ldquo;A m&iacute; siempre me han gustado, siempre he alucinado con estas l&aacute;grimas y tambi&eacute;n alucino con los ojos, de repente me los tat&uacute;o. Mire, yo hice muchas estupideces aqu&iacute;, s&iacute; que anduve [con la pandilla], pero solo con el chamaco [Juanito] que era pandillero, nunca me llamaba la atenci&oacute;n de <em>brincarme</em> aqu&iacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Brincarse a la MS13 significa recibir una paliza de 13 segundos para incorporarse a sus filas. La misma pandilla que admiraba, que mat&oacute; a sus t&iacute;os y le oblig&oacute; a dejar su pa&iacute;s para no ser asesinado, le convenci&oacute; de brincarse al cruzar la frontera. Fue en New Jersey, &mdash;no en Honduras&mdash;, donde se uni&oacute; a la MS13.
    </p><p class="article-text">
        Al preguntarle con insistencia por qu&eacute; se uni&oacute; a quienes quer&iacute;an matarlo, revela c&oacute;mo la violencia sustituye su idea deforme del amor: &ldquo;El diablo en vivo es ah&iacute;, es que eso es bueno. Mire, es mejor tener a la familia de pandilleros que tener a familia as&iacute;; los pandilleros, eso si es familia para uno, que dan la vida por uno&rdquo;, dice sentado en el bosque de pinos que queda encima de la famosa Gruta, una iglesia enclavada en una roca.
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        Por pobreza, hambre o muerte, tres tragedias que son una, cientos de miles de centroamericanos como Torcido huyen a EEUU, un pa&iacute;s que s&oacute;lo el &uacute;ltimo a&ntilde;o ha detenido a casi un mill&oacute;n de personas, muchas de ellas centroamericanas, tratando de cruzar ilegalmente su frontera.&nbsp; El problema dista de ser nuevo. Desde los sesenta, con Kennedy, ha habido muchos planes para el progreso de Centroam&eacute;rica. El PAPTN era el en&eacute;simo. El pen&uacute;ltimo de una larga lista que continuar&aacute; creciendo.
    </p><p class="article-text">
        La palabra Prosperidad es un eufemismo por no admitir que el objetivo siempre ha sido evitar que los migrantes huyan a Estados Unidos. El plan fue suspendido por Gobierno de Donald Trump en 2019. El dinero estadounidense no lleg&oacute; a los gobiernos centroamericanos. Los tres pa&iacute;ses se comprometieron a gastar dinero de sus presupuestos. Pero solo cambiaron el nombre a programas ya existentes para hacerlos parte del acuerdo.
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        En 2017, la Secretar&iacute;a de Finanzas de Honduras, eligi&oacute; ocho departamentos para ejecutar el primer presupuesto del PAPTN. S&oacute;lo valor&oacute; que tuvieran una tasa de homicidios m&aacute;s alta de la media, que estuvieran cerca de una carretera principal o zona franca y menor empleabilidad que el promedio nacional. Torcido no cab&iacute;a en ninguna de las categor&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        En 2018, el plan lleg&oacute; al departamento de Intibuc&aacute;, del que es cabecera el pueblo donde vive Torcido ahora. El foco se puso en las Secretar&iacute;as departamentales de Educaci&oacute;n y Salud. Pero solo sobre el papel. El presupuesto no aument&oacute;. Se puso una etiqueta del PAPTN en gastos que ya exist&iacute;an en anteriores presupuestos. Lo confirman en una entrevista los secretarios de ambas instituciones y los presupuestos detallados de los &uacute;ltimos dos a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Pero entonces, Estados Unidos convirti&oacute; a M&eacute;xico en su frontera sur. Externaliz&oacute; la contenci&oacute;n del flujo migratorio centroamericano y abandon&oacute; un PAPTN fracasado. El siguiente plan a&uacute;n no tiene nombre. S&oacute;lo se ha anunciado que, el foco pasa de lo regional a lo bilateral. M&eacute;xico, que contiene y gestiona, ser&aacute; quien reciba dinero ahora. Diferente frontera, mismo muro.
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        El Gobierno de Trump no cambi&oacute; la realidad de Torcido ni sus ganas de regresar a Estados Unidos. Torcido no vio nada, no oy&oacute; de ning&uacute;n plan. S&oacute;lo vive obsesionado con que la piedra que carga, le caiga encima. Es un S&iacute;sifo suicida.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Despu&eacute;s de todo esto, &iquest;c&oacute;mo te sientes?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;C&oacute;mo me siento yo? Con ganas de morirme, esa es la respuesta que les doy yo. Pero, pues, de tanto que deseo la muerte, la calaca [muerte] se me aleja m&aacute;s bien. Yo sufr&iacute; mucho y si yo me metiera a pedos [problemas] y en contarles toda mi <em>fucking</em>&nbsp;[jodida] historia y... &iquest;Me entienden? ... No terminamos hoy... &iquest;ya?
    </p><h3 class="article-text">La vida</h3><p class="article-text">
        &mdash;Y ahora mil quinientos pesos que le debes a la jura [polic&iacute;a] para recuperar tu moto.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Mil quinientos, vale pija.
    </p><p class="article-text">
        Torcido est&aacute; en un billar del centro hist&oacute;rico de La Esperanza, pero no juega. Suele pasar el tiempo en este lugar amplio y maloliente. Se sienta. Bebe cerveza, fuma. Nos presenta a un amigo que reci&eacute;n conoci&oacute;. Es de San Pedro Sula y huy&oacute; a La Esperanza cuando lo empezaron a extorsionar. Cuenta que &eacute;l extorsionaba tambi&eacute;n, que era colaborador de la pandilla Barrio 18, la enemiga de la MS13. Sus relaciones sociales, parece, se limitan a problemas. Torcido no habla con &eacute;l, prefiere platicarnos a nosotras. No tiene casi amigos en La Esperanza. Pasa dos horas sentado, con su letan&iacute;a de la muerte. La herida que no cierra es la de su vida inerte. A las 8 de la noche nos vamos, &eacute;l se queda solo, en medio de una hilera de sillas contra la pared, con la compa&ntilde;&iacute;a de su quinta cerveza. Nos vemos ma&ntilde;ana para almorzar en su casa, nos recuerda.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hola. Me kitaron la moto&rdquo;. Es un mensaje de la una de la madrugada. Luego dos llamadas perdidas. Cuando le llamamos por la ma&ntilde;ana, tiene el celular apagado. Probamos con su joven t&iacute;a: Torcido no lleg&oacute; a dormir. No ten&iacute;a casi gasolina para la moto, pero no quiso irse del billar. Llega cerca de las dos de la tarde a casa, con cara de sue&ntilde;o. Parece que iba borracho, la polic&iacute;a le detuvo y le quit&oacute; la moto. Se qued&oacute; sin trabajo esta noche. Ya no vende tambos de gas y debe 1,500 lempiras (US$60) a la due&ntilde;a del negocio, que pag&oacute; la multa de la polic&iacute;a. No dice d&oacute;nde durmi&oacute;. Torcido no da explicaciones.
    </p><p class="article-text">
        No hay prosperidad para Torcido. Entre muchas razones, porque el modelo del Gobierno hondure&ntilde;o cuando hablaba de aquella Prosperidad en may&uacute;sculas, la de su impulso al capital humano, incluy&oacute; la creaci&oacute;n de la Unidad de Atenci&oacute;n al Retornado (Umar), una instituci&oacute;n vac&iacute;a. En La Esperanza tuvo que ser un organismo externo, internacional, la Organizaci&oacute;n Internacional de las Migraciones, la que detectara el aumento de deportados y la que pagara una oficina local para que el Gobierno delegue en una sola persona la responsabilidad de buscar soluciones de futuro para los que retornan.
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        Eso explica en parte que la instituci&oacute;n sea una desconocida en el municipio. En 2014, La Esperanza recibi&oacute; 307 deportados: dos de cada 100 personas de La Esperanza estaban en Estados Unidos o en tr&aacute;nsito hacia all&aacute;.&nbsp; Que esas 307 personas sean deportadas significa que dejan de enviar remesas desde Estados Unidos o tienen deudas que pagar por el viaje que no completaron para llegar al Norte. Pero a Torcido ninguna cifra le importa.
    </p><p class="article-text">
        A ninguna tragedia con nombre propio le importa ser parte de un indicador may&uacute;sculo. La Esperanza tiene casi catorce mil habitantes,169 de ellos fueron deportados en 2018. El hombre de las tres l&aacute;grimas es uno de esos 169. La cifra no suena impactante si Honduras, ese a&ntilde;o, recibi&oacute; 21,993 deportados. En relaci&oacute;n con su n&uacute;mero de habitantes, La Esperanza es quien se lleva la peor parte.
    </p><p class="article-text">
        Torcido se sacude la grama de la ropa y se levanta a observar la panor&aacute;mica de La Esperanza desde encima de la Gruta. El d&iacute;a es fresco y azul. Mira con perspectiva el pueblo donde no quiere estar. A Torcido la Unidad de Atenci&oacute;n no le suena de nada. No le importa que hace un a&ntilde;o el gobierno abriera la oficina de la Umar como parte del PAPTN. La responsable de la Umar carece de fondos para poder ayudar a los 17 de cada 1,000 habitantes del lugar que han sido deportados desde Estados Unidos. Apenas ha podido apoyar a una docena, dice, gracias a empresarios locales que necesitaban contratar gente.
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        Torcido, ni sabiendo de la existencia de una oficina piensa ir a pedir ayuda para conseguir trabajo o para que la encargada le informe de si existe alg&uacute;n programa para retirar tatuajes, ahora que dice que no es pandillero. Como si &eacute;l pudiera decidir por s&iacute; solo. Como si no resultara mortalmente complicado salir de una pandilla. Para no parecer lo que es, le gustar&iacute;a quitarse las tres l&aacute;grimas de la cara. Pero, como si fuera su castigo, es la marca eterna de este S&iacute;sifo centroamericano.
    </p><p class="article-text">
        Dice que solo se atrever&iacute;a a viajar a buscar un centro para quitarse el tatuaje si es con su abuela, porque cree que lo matar&iacute;an en el camino. Pero en Honduras, no existen centros gratuitos para eliminar tatuajes, espacios que s&iacute; hab&iacute;a hace a&ntilde;os, cuando el antepen&uacute;ltimo plan&nbsp; financi&oacute; a un contratista que dispon&iacute;a de la m&aacute;quina y ten&iacute;a fondos para pagar al empleado que sab&iacute;a usarla. En alguno de los informes de alguno de los programas y alguna reformulaci&oacute;n de planes se elimin&oacute; el borrado de tatuajes. Eso s&iacute;, la prensa internacional la film&oacute; al menos tantas veces como tatuajes pudo borrar.
    </p><p class="article-text">
        Torcido miente a veces. Pero avisa cuando lo hace. Tras decirnos que sus tres l&aacute;grimas son por la muerte de tres familiares, le preguntamos que qui&eacute;n es el tercero, despu&eacute;s de sus t&iacute;os Selvin y Juanito. &ldquo;No, la verdad les voy a decir una cosa, no es de familiares, son cosas de la vieja escuela&rdquo;. No aclara si son asesinatos cometidos por &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Se queja de vivir en La Esperanza. Pero no tiene donde ir y lo sabe. Quiere regresar a Estados Unidos, el pa&iacute;s que no lo quiere a &eacute;l. Qu&eacute; hace en este tranquilo municipio, se pregunta, vestido con la ropa fancy de pandillero que compr&oacute; en Estados Unidos. Todos los d&iacute;as tiene que madrugar, obligado por el ritmo familiar. Muy a su disgusto, se levanta en la misma habitaci&oacute;n que sus dos sobrinos peque&ntilde;os, para luego desayunar tortillas, huevos y frijoles. Todas las semanas, ayuda a su abuelo campesino a pasear a sus quince vacas. Ya nada de marihuana o alcohol bueno, comida r&aacute;pida, ropa cara, o lentes de contacto azules, como antes. Torcido no se adapta. Pero dif&iacute;cilmente ser&aacute; por esta lista de carencias materiales.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Una &uacute;ltima pregunta y es una en concreto.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Me cago en el diablo, &iexcl;co&ntilde;o!
    </p><p class="article-text">
        El presente equivale al vac&iacute;o. No hay Estado para Torcido. Este deportado de 23 a&ntilde;os dice que ya no quiere pelear. Pero su familia lo ha maltratado y &eacute;l act&uacute;a con los mismos c&oacute;digos. Torcido se violenta a s&iacute; mismo. Nadie le va a ayudar a buscar un psic&oacute;logo, aunque en teor&iacute;a la Unidad de Atenci&oacute;n al Retornado deber&iacute;a brindarle ese servicio. Al menos ese. Le pedimos que se imagine un futuro. Elije la idea de una descendencia que le redima de sus tres heridas: la del amor, la de la muerte, la de la vida. Quiz&aacute;, piensa, pueda volver a empezar.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        &ldquo;Yo lo que quiero es buscarme una mujer y aunque sea pegarle un hijo, para que el d&iacute;a de ma&ntilde;ana cuando muera que quede la pinta ah&iacute;, porque, imag&iacute;nese, se muere uno y sin tener hijos. Ando sobre dos mujeres yo, una tiene 31 y la otra, 32. Los maridos est&aacute;n en Estados Unidos. Una tiene dos hijos y la otra tiene tres. Pero me vale pija [no importa]. Como dice el dicho: qui&eacute;n quiere la gallina, tambi&eacute;n tiene que querer los pollitos &iquest;no?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>*Este reportaje forma parte del proyecto period&iacute;stico 'Retorno' elaborado por la productora El Intercambio&nbsp;y financiado por Seattle International Foundation. Para verlo completo puedes ingresar a&nbsp;www.elintercamb.io/retorno</em><a href="https://elintercamb.io/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El Intercambio</a><a href="https://seaif.org/es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Seattle International Foundation</a><a href="http://www.elintercamb.io/retorno" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">www.elintercamb.io/retorno</a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elsa Cabria, Ximena Villagrán, Alberto Arce, Oliver de Ros, Gerardo del Valle]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/heridas-torcido_1_1296849.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 26 Oct 2019 20:24:15 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Las tres heridas del Torcido: desplazado por la violencia, migrante en EEUU y deportado a Honduras]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Honduras,Estados Unidos,Centroamérica,Deportaciones]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Esposadas a la Mara Salvatrucha]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/guatemala_1_1722870.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La historia de una presunta colaboradora de la pandilla más poderosa del mundo, la Mara Salvatrucha, es un ejemplo de cómo el sistema judicial acusa con mayor facilidad a las mujeres porque son el eslabón más débil de la estructura criminal</p><p class="subtitle">Las mujeres desempeñan tareas de base como el cobro de extorsiones, abrir cuentas bancarias o lavar el dinero pero no tienen ninguna autoridad en la cima de la pandilla</p><p class="subtitle">El número de mujeres presas en Guatemala se ha cuadruplicado en los últimos cinco años</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Agarrada a la reja, con sus u&ntilde;as de brillantina por delante, Hera esquiva a las mujeres que est&aacute;n en el&nbsp;suelo de la celda. Se acerca a decir que su hijo est&aacute; en casa con su esposo. Est&aacute; acusada de colaborar con pandilleros y, asegura, es inocente. Dice que no es m&aacute;s que una buena vecina que saluda a todo el mundo en su colonia y por eso la han detenido.
    </p><p class="article-text">
        Hera miente. Pero hacen falta siete d&iacute;as para descubrir el enga&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Esta mujer de 24 a&ntilde;os, piel suave, pelo lacio hasta los hombros y embarazo de seis meses es vecina de Canalitos, una colonia de callejones de tierra, casas de l&aacute;mina de metal y madera al otro lado del barranco de una zona de clase media alta de Ciudad de Guatemala. Canalitos es una zona roja. Roja por la sangre de los asesinatos.
    </p><p class="article-text">
        Hoy espera dentro de una celda estrecha que huele a pis en la tremenda oscuridad de un s&oacute;tano frente a los&nbsp;coches de los jueces que trabajan en la Torre de Tribunales de Ciudad de Guatemala. A su alrededor, unas&nbsp;30 presas aguantan hacinadas cerca de un inodoro rebalsado.
    </p><p class="article-text">
        Hera no se llama as&iacute;. Motivos de seguridad. Hera, en la mitolog&iacute;a griega, es la esposa de Zeus, el rey del Olimpo, un personaje con el que la mujer embarazada de las u&ntilde;as pintadas tiene m&aacute;s que ver de lo que ella pretende. La Fiscal&iacute;a la acusa de tres delitos de colaboraci&oacute;n con la Mara Salvatrucha (MS-13), la pandilla m&aacute;s poderosa del mundo.
    </p><p class="article-text">
        Son delitos vinculados a la extorsi&oacute;n, una infracci&oacute;n extendida en Centroam&eacute;rica que implica pedir dinero bajo amenazas de muerte. Un delito muy utilizado por el Ministerio P&uacute;blico para acusar a pandilleros. Un delito que en otros lugares ni siquiera se comprende.
    </p><p class="article-text">
        Hera sale de la celda y espera frente al ascensor, esposada a otra mujer. Espera porque la&nbsp;barriga le pesa demasiado para subir&nbsp;15 pisos a pie. Sube apretujada, encerrada con otros detenidos y varios polic&iacute;as, en un aparato que no mide m&aacute;s de cuatro metros cuadrados. Va encadenada porque el sistema penitenciario intenta asegurarse de que no se escape. Con gesto soberbio, mantiene la frente en alto. Cuando entra en la sala de audiencias, ve las panor&aacute;micas monta&ntilde;as de fondo. Se acomoda en el banco de los acusados y mira hacia una silla vac&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        El n&uacute;mero de mujeres presas en Guatemala, sobre todo por delitos relacionados con la extorsi&oacute;n, creci&oacute; en los &uacute;ltimos cinco a&ntilde;os de manera exponencial. La cifra se cuadruplic&oacute; al pasar de 36 a 144. &ldquo;Cada vez hay m&aacute;s mujeres procesadas&rdquo;, confirmar&aacute; resignado un d&iacute;a despu&eacute;s de la sentencia, en el sill&oacute;n de su oficina, el juez Mynor Moto, el hombre que a&uacute;n no se sienta frente a Hera.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <div class="flourish-embed" data-src="visualisation/192793"></div><script src="https://public.flourish.studio/resources/embed.js"></script>
    </figure><p class="article-text">
        Cuando el juez llega, Hera pide un chequeo m&eacute;dico de su embarazo a trav&eacute;s de su abogada gratuita asignada por el Instituto de Defensa P&uacute;blica Penal. El juez dice que s&iacute;, que el &uacute;nico derecho que se le ha limitado es la libertad. Lo dice en serio. Neutro y por momentos paternal, no pretende bromear, o&nbsp;hablar con iron&iacute;a ni sarcasmo: es el mismo tono con el que acusa.&nbsp;Hay cortes de luz en el edificio y faltan algunos abogados de las 11 personas acusadas en su caso.
    </p><p class="article-text">
        Una semana despu&eacute;s, Hera llega de nuevo al juzgado desde la c&aacute;rcel de mujeres Santa Teresa. Ahora est&aacute; atada a s&iacute; misma, en la misma posici&oacute;n, ante el mismo juez, en otra sala de la misma planta &ndash;donde se juzgan los delitos m&aacute;s graves&ndash;, con distinto abogado de la defensa p&uacute;blica. Esta vez, la altaner&iacute;a ha desaparecido. Parece ser que el marido de Hera est&aacute; en casa con su otro hijo, cuid&aacute;ndolo. Por eso, dice, &eacute;l no llega al juzgado para darle&nbsp;comida&nbsp;antes de entrar, como suelen hacer los familiares de los acusados. En la sala de audiencias, acompa&ntilde;ando a las mujeres, no hay novios ni esposos. Solo madres, padres o t&iacute;as. A varios de los hombres acusados s&iacute; les acompa&ntilde;an sus parejas.
    </p><p class="article-text">
        Ese marido libre del que habla no existe. El &uacute;ltimo esposo que tuvo antes de caer detenida est&aacute; preso. Al menos eso puso ella misma en el registro del m&aacute;s de centenar de visitas que hizo a un hombre llamado Julio C&eacute;sar Mej&iacute;a Garc&iacute;a, del que sabremos m&aacute;s adelante. Nunca de la boca de Hera. Mej&iacute;a Garc&iacute;a cumple condena en una c&aacute;rcel al sureste del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        El poder de las pandillas lo tienen hombres encarcelados. El tri&aacute;ngulo del poder en la MS-13 tiene una punta: el Consejo de los Nueve, una especie de mesa&nbsp;redonda que da &oacute;rdenes que despu&eacute;s bajan en esa pir&aacute;mide del poder.
    </p><p class="article-text">
        La MS-13 es m&aacute;s estrat&eacute;gica y menos sanguinaria que su enemigo, el Barrio 18. Despu&eacute;s de advertir a un extorsionado que si no paga encontrar&aacute; la muerte, ejecuta la amenaza, a diferencia de la pandilla rival, que mata sin advertencia previa. Por eso, y porque la Fiscal&iacute;a guatemalteca tiene notables limitaciones en sus posibilidades de investigaci&oacute;n, tambi&eacute;n es m&aacute;s dif&iacute;cil seguir la pista de esta pandilla, sofisticada en la organizaci&oacute;n, la violencia y hasta la tecnolog&iacute;a que usa para comunicarse.
    </p><p class="article-text">
        En Guatemala, quedan poqu&iacute;simas mujeres pandilleras [todas presas] porque, desde mediados de los 2000, tienen prohibido entrar a la MS-13. Lo mismo sucede en el Barrio 18. Las mujeres que quer&iacute;an ingresar ten&iacute;an que recibir una paliza de 13 segundos. Hoy son pocas las sicarias que quedan vivas o libres.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, las mujeres del entorno de la pandilla desempe&ntilde;an tareas como abrir cuentas bancarias, mover y lavar el dinero, dar la cara y el nombre, ofrecerse, estar en la base. Si son detenidas, entran a los tribunales esposadas a delitos de presunta pertenencia a la MS-13. Pero son reemplazables. Tras entrar en la c&aacute;rcel en nombre de la pandilla, no pasa demasiado tiempo hasta que otras ocupan su lugar.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        El fiscal, con una maleta de ruedas en la mano, llega en el mismo ascensor que Hera. En esos papeles que ahora lee con voz r&aacute;pida y por momentos ininteligible dice que Hera est&aacute; acusada, junto a otras diez personas, de exigir dinero a&nbsp;conductores de transporte p&uacute;blico a cambio de no ser asesinados. Ella solo mira al juez, no se mueve demasiado. A su derecha, un acusado sin esposas. A la izquierda, una acusada de los mismos delitos que ella. Una mujer que, se nota, conoce desde antes. Hablan poco y en voz baja.
    </p><p class="article-text">
        Hasta 2009 los investigadores en Guatemala no ten&iacute;an claro c&oacute;mo luchar contra las pandillas aunque las dos principales, la Mara Salvatrucha y el Barrio 18, operaban en el pa&iacute;s desde finales de los noventa. La creaci&oacute;n de dos grupos &eacute;lite, uno en la Polic&iacute;a y otro en la Fiscal&iacute;a, sirvi&oacute; para localizar e identificar qui&eacute;nes eran, d&oacute;nde operaban, c&oacute;mo hac&iacute;an dinero y c&oacute;mo mataban. A partir de 2011, esas dos unidades especializadas dieron un giro a la forma de presentar los casos a los jueces: pasaron de muchas e infructuosas investigaciones individuales a preparar&nbsp;pocos megacasos contra centenares de supuestos pandilleros. El secreto del triunfo acusador fueron las escuchas telef&oacute;nicas y pandilleros traidores que se convirtieron en informantes. Tuvieron cierto &eacute;xito. Tocaron a la jerarqu&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Entre 2016 y 2017, Guatemala lanz&oacute; cinco megaoperativos contra las pandillas. Si las estructuras estaban identificadas y sus l&iacute;deres &ndash;siempre hombres&ndash; estaban presos, tocaba derribar la base. All&iacute; estaban personas como Hera, que no formaba parte del grupo criminal, pero que trabajaba &ndash;sobre todo mediante cobro de extorsiones y prestando sus cuentas bancarias&ndash; para la pandilla. En la mayor&iacute;a de casos, a cambio de dinero. Las detenciones de mujeres en los megaoperativos comenzaron a destacar. Hab&iacute;a much&iacute;simas colaboradoras. Las mujeres se hicieron visibles alrededor de las pandillas.
    </p><p class="article-text">
        Ya no eran operativos contra una clica &ndash;c&eacute;lula local&ndash; de una pandilla sino acciones masivas contra las dos principales pandillas que pod&iacute;an darse al mismo tiempo en distintos municipios. As&iacute; sucedi&oacute; con el operativo Rescate del sur en 2016 en el que la Fiscal&iacute;a demostr&oacute; c&oacute;mo las pandillas crec&iacute;an al sur del &aacute;rea metropolitana de la capital y que gener&oacute; m&aacute;s de 120 detenciones en cuatro departamentos del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Al detener y procesar a su mano de obra, pensaron los funcionarios, dejar&iacute;an mancas a las pandillas. Pero esos operarios de base, esas mujeres colaboradoras, gente que en general no siente identificaci&oacute;n con los grupos criminales porque lo hacen por dinero, son f&aacute;cilmente sustituibles. Tan prescindibles que, por no ser de la pandilla, ni siquiera tienen un abogado pagado por el grupo criminal. A finales de 2017, la operaci&oacute;n Escudo Regional, que se desarroll&oacute; en tres operativos a lo largo de dos a&ntilde;os, golpe&oacute; a las dos principales pandillas en Honduras, El Salvador y Guatemala, con cerca de&nbsp;200 detenciones, de las que la mitad fueron mujeres. Hera fue arrestada el 18 de abril de 2018.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Las mujeres tienen responsabilidad en la base y ninguna autoridad en la cima de la pandilla. Reciben y ejecutan &oacute;rdenes sin pertenecer, sin decidir estrategias. La Fiscal&iacute;a Antiextorsi&oacute;n investiga siguiendo la l&oacute;gica&nbsp;de que la pandilla las protege menos que a los hombres<strong>,</strong> pero tambi&eacute;n de que ellas pertenecen a la organizaci&oacute;n criminal. Lo dif&iacute;cil es investigar a la MS-13 como estructura y lo f&aacute;cil es llegar a las colaboradoras. Es m&aacute;s sencillo capturar a quien lleva el tel&eacute;fono o a quien recoge el dinero que a quien da las &oacute;rdenes a distancia y se queda, finalmente, con los mayores beneficios de la actividad.
    </p><p class="article-text">
        El Ministerio P&uacute;blico acusa a Hera de exigir dinero de manera regular e intimidante a los&nbsp;conductores de transporte p&uacute;blico. La amenaza no tiene matices: es una renta a cambio de vivir. Para cometer estos dos delitos es necesario ser parte de un grupo criminal.
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        Supuestamente, Hera apoyaba a la clica Pewees Locos Salvatruchas, que tiene desde 2010 su principal centro de operaciones en Canalitos, ese barrio pobre y violento de la zona 24 de la capital. Desde entonces, los Pewees est&aacute;n se&ntilde;alados de amenazar, extorsionar y atentar contra&nbsp;conductores de moto taxis que circulan por esa zona y contra comerciantes que aceptan pagar por no morir. Tambi&eacute;n est&aacute;n acusados de asesinar a integrantes de la clica que se quedan con el dinero de las extorsiones.
    </p><p class="article-text">
        La investigaci&oacute;n contra Hera y las personas detenidas junto a ella se basa en tres testigos: el due&ntilde;o de un moto taxi, el propietario de un negocio y una mujer excolaboradora de la pandilla. Tres testigos que no dicen las horas, los lugares ni las formas que estas&nbsp;11 personas usaban para extorsionar para la MS-13, esa pandilla declarada por Donald Trump enemiga p&uacute;blica y amenaza a la seguridad de Estados Unidos. Ninguno de los testigos describe a Hera: ni su rostro, ni sus movimientos, ni datos concretos. Nada. La se&ntilde;alan. Pero sin presentar pruebas.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Una semana despu&eacute;s de la primera audiencia suspendida, se repite la escena ante el juez. En esta ocasi&oacute;n, el mismo abogado defiende a Hera y a las otras dos mujeres del grupo. La camisa blanca del hombre intenta contener un cuerpo grueso y torpe. Es la primera vez que ve a sus defendidas. Pide beneficios de embarazo para una acusada que no lo est&aacute;. Se quiere referir a Hera pero no sabe qui&eacute;n es qui&eacute;n. Ellas lo miran, abren los ojos intentando decirle algo. No lo logran. El hombre casi no tiene argumentos.
    </p><p class="article-text">
        El fiscal trabaja para una unidad jur&iacute;dica creada en 2005 para defender mujeres y financiada por organismos internacionales. Se supone que son personas especializadas en distinguir sesgos de g&eacute;nero en las causas con herramientas para defender a las mujeres acusadas. Est&aacute; en el Instituto de la Defensa P&uacute;blica Penal (IDPP) y en su lista de tareas se amontonan 1.400 expedientes relacionados con mujeres solo de la capital del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Edith Ochoa, una mujer repleta de anillos brillantes y larga melena negra, dirige la unidad en la que trabajan 30 abogados. Explica que no puede atender el 90% de los casos que les llegan porque las acusadas no les hablan. Por miedo. O simplemente porque no quieren.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Qu&eacute; resultados tienen?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Ninguno, [las mujeres] son sentenciadas &mdash;dice Ochoa sin inmutarse.
    </p><p class="article-text">
        Luego matiza. El equipo de Ochoa ha logrado &ldquo;tres o cuatro&rdquo; sentencias absolutorias para sus defendidas en&nbsp;13 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        El IDPP est&aacute; en un antiguo banco en el casco hist&oacute;rico de la capital, con techos alt&iacute;simos y escaleras de madera que conservan esa sensaci&oacute;n de que otro tiempo pasado fue mejor. En una oscura oficina en la segunda planta, la coordinadora condiciona y limita la defensa de las colaboradoras de pandillas &ldquo;hasta que no bajen los contextos de peligrosidad&rdquo;. Seg&uacute;n las cifras oficiales, eso ya ha sucedido. De 49 homicidios por cada 100.000 habitantes en 2009, Guatemala pas&oacute; a 24 en 2018. Pero la presunci&oacute;n de inocencia en todo lo relacionado con las pandillas y el esfuerzo del Estado por hacer algo por las mujeres de Guatemala siguen brillando por su ausencia.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        El tipo de colaboraci&oacute;n que Hera aportaba a la pandilla se conoce en Guatemala como chequeo activo. Implica estar en per&iacute;odo de prueba, peque&ntilde;os encargos para ingresar en la estructura criminal. Al menos eso cree la Fiscal&iacute;a. La situaci&oacute;n es parad&oacute;jica: su entrada est&aacute; vetada por ser mujer, pero tambi&eacute;n&nbsp;es acusada de ser administradora de extorsi&oacute;n. Esto significa que, de confirmarse, ella es la que junta el dinero y, con &oacute;rdenes de los l&iacute;deres de la clica, organiza cu&aacute;nto va para cada qui&eacute;n en cantidades que disminuyen a medida que se desciende en la pir&aacute;mide del poder.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        En la audiencia, el abogado de Hera&nbsp;&ndash;que no sabe nada de su vida, nunca ha hablado con ella, no sabe qu&eacute; piensa, qu&eacute; siente o qu&eacute; puede aportar en su defensa&ndash; no ve sesgo de g&eacute;nero. No cree que la hayan obligado a nada, ni que la hayan presionado a trav&eacute;s de su familia para que trabaje para la pandilla aprovech&aacute;ndose de su vulnerabilidad o de su pobreza. Utiliza como &uacute;nica estrategia de defensa acogerse al derecho a no declarar.
    </p><p class="article-text">
        En realidad, quien deber&iacute;a defenderla, quien sabe del caso, es otra abogada que no ha llegado a las audiencias. Los tres &ndash;la abogada oficial, la que estuvo en la audiencia anterior y el hombre de esta audiencia&ndash; trabajan bajo el mando de Edith Ochoa, la mujer de los anillos brillantes que no espera ganar casos.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        El Flaco y El Voltio son los pandilleros que dirigen desde prisi&oacute;n la clica de nombre Pewees Locos Salvatruchas.&nbsp;Ellos deciden las acciones para extorsionar, intimidar, vender droga, reclutar pandilleros y asesinar. El Flaco se llama Nixon Bantes Gonz&aacute;lez. El Voltio, que es el n&uacute;mero&nbsp;dos de la clica, es Julio C&eacute;sar Mej&iacute;a Garc&iacute;a, a quien Hera iba a visitar a la c&aacute;rcel de El Boquer&oacute;n registr&aacute;ndose a veces como su esposa. De los Pewees, de su forma de operar y de los integrantes de la Pewees&nbsp;es conocedora desde 2012 la Comisi&oacute;n Internacional contra la Impunidad en Guatemala (Cicig), una instituci&oacute;n especial financiada por Naciones Unidas y que trabaja junto al Ministerio P&uacute;blico. Ese informe est&aacute; en manos del juez que juzga a Hera y del fiscal que la acusa.
    </p><p class="article-text">
        En 2017, el juez Pablo Xitumul, magistrado titular del Tribunal C de Mayor Riesgo, encargado de casos de gran impacto, conden&oacute; a El Voltio: 150 a&ntilde;os de c&aacute;rcel por cinco delitos, entre ellos asesinato y violaci&oacute;n. Sumada una causa anterior, El Voltio podr&iacute;a salir en libertad cuando cumpla 213 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Un a&ntilde;o despu&eacute;s, Xitumul llega a su despacho, en la planta 12 de la Torre de Tribunales, se sienta en una silla junto a su sof&aacute; de visitas y comienza a hablar. &ldquo;Detectamos que los patojos [j&oacute;venes] arrastran a las mujeres&rdquo;. Cree tambi&eacute;n que la justicia &ldquo;revictimiza&rdquo; a las mujeres vinculadas a pandillas en un pa&iacute;s particularmente desigual. &Eacute;l explica que &ldquo;se siente sensible&rdquo; con las mujeres de su pa&iacute;s&nbsp;y por eso siempre aplica la pena m&iacute;nima a las acusadas de extorsi&oacute;n: de 6 a 8 a&ntilde;os. Es la pena m&iacute;nima, subraya como un acto de empat&iacute;a. No es medida sustitutiva. Tampoco es absoluci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Ni El Flaco ni El Voltio est&aacute;n presentes en las audiencias de Hera. Pero lo parece. Su presencia planea sobre la sala. Se supone que los 11 acusados trabajaban a sus &oacute;rdenes. De ellos habla primero el fiscal, que maneja miles de p&aacute;ginas de expediente que saca de la maleta con ruedas. Con su voz r&aacute;pida y a veces inentendible, se refiere a ellos para explicar el <em>modus operandi</em> de la clica. Muestran fotos de dos de las mujeres. Hera no aparece en&nbsp;ellas.
    </p><p class="article-text">
        Argumenta historias, datos, fechas, listas, sucesos, cr&iacute;menes. El turno de Hera llega cuando el fiscal calla y el juez regresa a El Voltio y a El Flaco varias veces m&aacute;s cuando lee el listado de visitas que reciben en la c&aacute;rcel. Esa es la clave, la evidencia de la que Hera tendr&aacute; muy complicado defenderse.&nbsp;Han pasado&nbsp;12 horas de audiencia, el aire acondicionado enfri&oacute; tanto la sala que la mujer se abriga con sus propios brazos y se le pone la piel de gallina. En esta vista judicial, el &uacute;nico que no habla de los l&iacute;deres de la clica es el abogado defensor de Hera. Habla poco porque sabe poco.
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        Seg&uacute;n la informaci&oacute;n en manos del juez y el fiscal, la primera vez que Hera fue a la c&aacute;rcel a ver a Julio C&eacute;sar Mej&iacute;a Garc&iacute;a, ese hombre con poder, ese tal El Voltio, fue en marzo de 2015.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;les son los acusados que no han visitado a nadie en la c&aacute;rcel? Eso es un misterio. Es una informaci&oacute;n sin registrar en el expediente del caso. &ldquo;Las visitas carcelarias por s&iacute; solas no se pueden tomar como prueba&rdquo;, insistir&aacute; el juez Mynor Moto unos d&iacute;as despu&eacute;s de la audiencia.
    </p><p class="article-text">
        Las visitas carcelarias no cuentan como pruebas, pero s&iacute; como razones por las cuales los jueces, como Xitumul o Moto, deniegan la posibilidad de que las personas est&eacute;n libres mientras esperan que se celebre su juicio.
    </p><p class="article-text">
        El Ministerio P&uacute;blico no prueba nada de las funciones de Hera para la Mara Salvatrucha. La investigaci&oacute;n es deficiente, dice el juez Mynor Moto, desplegado en el sill&oacute;n de su oficina de la Torre de Tribunales, mientras revisa el expediente. Algunas partes son un copia y pega de los informes policiales, insiste. Ninguno de los tres testigos est&aacute; identificado, remarca. Todos los informes policiales, en los que se basa la Fiscal&iacute;a, los firma el mismo polic&iacute;a, apunta. Un superpolic&iacute;a, dice &ndash;con iron&iacute;a&ndash; el juez, mientras pasa las hojas,&nbsp;un poco resignado, en la tranquilidad de un juzgado a punto de terminar la jornada. Sabe que las investigaciones son pobres, que los recursos son pocos y la voluntad peque&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, elimin&oacute; para la mayor&iacute;a de los acusados los delitos de obstrucci&oacute;n extorsiva de tr&aacute;nsito y exacciones intimidatorias. Hera fue una de las beneficiadas. Un beneficio parcial, pues seguir&aacute; en prisi&oacute;n preventiva por asociaci&oacute;n il&iacute;cita, algo que le ser&aacute; muy dif&iacute;cil quitarse de encima.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Durante dos a&ntilde;os, Hera entr&oacute; registr&aacute;ndose como la novia de El Voltio. Los primeros cuatro meses de 2017, lo hizo como su esposa. Despu&eacute;s, volvi&oacute; a ser la novia y as&iacute; lo hizo hasta el &uacute;ltimo d&iacute;a de visita registrada, en marzo de 2018. En esa fecha, adem&aacute;s, ya estaba embarazada. Hera fue a verle a prisi&oacute;n 102 veces. Ciento dos veces. Cada d&iacute;a, hora y tiempo juntos quedaron marcados en una larga lista de registros que ahora se vuelven en su contra.
    </p><p class="article-text">
        La presencia de El Voltio ya no planea sobre la sala, ahora la aplasta. Termina con cualquier posibilidad de salir absuelta. Pese a su relaci&oacute;n con un l&iacute;der pandillero, una relaci&oacute;n de esta intensidad, no es suficiente para que la pandilla le pague un abogado que la defienda.
    </p><p class="article-text">
        Antes de las nueve de la ma&ntilde;ana del 20 de marzo de 2018, Hera entr&oacute; por &uacute;ltima vez a ver a El Voltio. Pasaron casi ocho horas juntos. Fue la visita n&uacute;mero 102. Fue un mes antes de ser detenida. Ella, acusada de ser la administradora de la extorsi&oacute;n en la clica de una pandilla enemiga de Estados Unidos,&nbsp;fue atendida por un defensor oficial que ni siquiera se aprendi&oacute; su nombre.
    </p><p class="article-text">
        <em>--</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Este reportaje forma parte de la serie 'Las colaboradoras', un proyecto period&iacute;stico sobre el papel actual de las mujeres en las pandillas de Centroam&eacute;rica. Una iniciativa de&nbsp;El Intercambio&nbsp;financiada por&nbsp;Internews.</em><a href="http://elintercamb.io/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El Intercambio&nbsp;</a><a href="https://internews.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Internews</a>
    </p><p class="article-text">
        Texto: Rosario Marina, Elsa Cabria&nbsp;y Ximena Villagr&aacute;n /&nbsp;<em>El Intercambio</em>
    </p><p class="article-text">
        Fotograf&iacute;as: Oliver de Ros /&nbsp;<em>El Intercambio</em>
    </p><p class="article-text">
        Edici&oacute;n: Alberto Arce
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rosario Marina, Elsa Cabria, Ximena Villagrán, Alberto Arce]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/guatemala_1_1722870.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 30 Jan 2019 21:18:38 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Esposadas a la Mara Salvatrucha]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Guatemala,Pandillas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Incriminada por su novio pandillero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/novia-testigo-sale-libre_1_1727577.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Hebe, una joven de 18 años, fue acusada por su novio de homicidio y de colaborar con la pandilla Barrio 18 Sureños, y absuelta después por la Justicia</p><p class="subtitle">La Fiscalía de El Salvador ha multiplicado por 15 el uso de la figura del testigo protegido en los últimos 11 años</p><p class="subtitle">Casos como el de la joven ilustran el uso desmedido de testimonios cuestionables como única prueba contra estas organizaciones criminales</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        El asesino dijo que el muerto, antes de muerto, estaba muy borracho.
    </p><p class="article-text">
        El d&iacute;a de Navidad de 2014, una mujer de&nbsp;70 a&ntilde;os fue a la Polic&iacute;a de su municipio a denunciar la desaparici&oacute;n de su hijo, de 40. Declar&oacute; que el hombre hab&iacute;a salido de su casa alrededor de las&nbsp;10 de la ma&ntilde;ana para ir a trabajar al centro de San Salvador, la capital de El Salvador. Alto, trigue&ntilde;o y de ojos caf&eacute;, llevaba camisa y pantal&oacute;n azules y una mochila negra. La anciana supo por vecinos que el d&iacute;a de la desaparici&oacute;n lo hab&iacute;an visto en la calle principal de su colonia y que hab&iacute;a sido amenazado por un pandillero del Barrio 18. No era la primera vez que le suced&iacute;a. Su otro hijo ya hab&iacute;a desaparecido en 2012. Desaparecido significa asesinado. La madre tem&iacute;a, con raz&oacute;n, que los pandilleros hubieran matado a ambos.
    </p><p class="article-text">
        Dos a&ntilde;os despu&eacute;s de la &uacute;ltima desaparici&oacute;n, la pareja de aquel desaparecido supo por la televisi&oacute;n que la Polic&iacute;a hab&iacute;a encontrado unas osamentas al fondo de un barranco de la colonia. Era el 24 de mayo de 2016. Junto a los huesos, hab&iacute;a una mochila negra, la misma que el hombre llevaba el d&iacute;a de su desaparici&oacute;n. La mujer fue a Medicina Legal, la instituci&oacute;n forense de El Salvador. El muerto de la tele era su muerto.
    </p><p class="article-text">
        Cuando la Fiscal&iacute;a entrevist&oacute; a la ya viuda del hombre, ella se&ntilde;al&oacute; a la posible culpable: la pandilla Barrio 18 Sure&ntilde;os, una escisi&oacute;n salvadore&ntilde;a del Barrio 18, una de las pandillas m&aacute;s grandes de Centroam&eacute;rica. El Gobierno decidi&oacute; aislar a los l&iacute;deres de las pandillas Barrio 18 y Mara Salvatrucha (MS) en las c&aacute;rceles para dificultar su organizaci&oacute;n. Lo logr&oacute;. La ruptura dentro de la 18 fue irreversible. A partir de 2006, nacieron dos facciones enemigas: Sure&ntilde;os, los que segu&iacute;an las normas de su pandilla en California, bajo &oacute;rdenes de veteranos deportados presos; y Revolucionarios, que buscaban tener una personalidad m&aacute;s local, sin &oacute;rdenes for&aacute;neas, cuyos l&iacute;deres estaban fuera de las c&aacute;rceles de El Salvador.
    </p><p class="article-text">
        Para 2016, aquel hijo desaparecido llevaba dos a&ntilde;os enterrado al fondo del barranco v&iacute;ctima de esa guerra intestina entre pandillas. La Fiscal&iacute;a ya lo sab&iacute;a, se lo hab&iacute;a dicho El testigo. Por eso la Polic&iacute;a fue a buscar los huesos. Ese testigo era miembro de la pandilla, fue uno de los tres asesinos y, en ese mismo caso, donde admiti&oacute; el asesinato, tambi&eacute;n acus&oacute; a 76 personas del Barrio 18 Sure&ntilde;os de participar en&nbsp;20 homicidios similares.
    </p><p class="article-text">
        Este tipo de testigo, el que delata, se llama criteriado en El Salvador. En los &uacute;ltimos 11 a&ntilde;os, 663 personas en ese pa&iacute;s obtuvieron una reducci&oacute;n de la pena y una residencia temporal a cambio de dar informaci&oacute;n, seg&uacute;n el tipo de negociaci&oacute;n mantenida con la Fiscal&iacute;a General de El Salvador. Su utilizaci&oacute;n es recurrente en los casos de pandillas: el testimonio de una sola persona es suficiente para que la Fiscal&iacute;a acuse a decenas de personas. El uso del testigo protegido se multiplic&oacute; por 15 en los &uacute;ltimos&nbsp;11 a&ntilde;os sin mucho &eacute;xito. El 54% de los informantes se ha retirado del programa.
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;El declarante recibi&oacute; una llamada de Z donde le dec&iacute;a que en el pasaje el hermano de B andaba bien bolo [borracho], por lo que [el declarante] sali&oacute; de donde estaba con Hebe, dici&eacute;ndole que moviera [llevara] al hermano de B y que, cuando lo tuviera en una casa, le avisara. A los quince minutos le habl&oacute; que ya lo ten&iacute;a, estaba bien bolo, tanto as&iacute; que no se levantaba, siendo que Hebe se retira del lugar&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Informe de la Fiscal&iacute;a sobre la declaraci&oacute;n del testigo.</em>
    </p><p class="article-text">
        Hebe se llama de otra forma, pero por su seguridad, este ser&aacute; su alias y su nombre, el de la diosa griega de la juventud y la belleza eterna. Seg&uacute;n El testigo, despu&eacute;s de que Hebe se marchara, otros dos pandilleros llegaron a la casa. Entre los tres ahorcaron al hijo de la anciana,&nbsp;con las manos y con un cincho [cintur&oacute;n] hasta matarlo. Esperaron a que se hiciera de noche para sacarlo de la casa y lo lanzaron por el barranco que queda al final del pasaje [callej&oacute;n] donde estaban. Bajaron al fondo, cavaron un hoyo y lo enterraron.
    </p><p class="article-text">
        El 28 de mayo de 2016, el m&eacute;dico forense encontr&oacute; la cabeza del hombre por un lado y el esqueleto por el otro. La camisa estaba rota, llevaba pantal&oacute;n vaquero, ten&iacute;a la mand&iacute;bula rota y solo una zapatilla de deporte,&nbsp;la izquierda. En la bolsa peque&ntilde;a de la mochila negra hab&iacute;a una cartera con unas tarjetas de presentaci&oacute;n que no lograron identificar. Hac&iacute;a seis meses que estaba convirti&eacute;ndose en esqueleto.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        El 16 de agosto de 2018, Hebe se puso de pie frente al juez con sus pantalones celestes, sus tenis, su camisa negra de manga larga y sus 19 a&ntilde;os. Estaba acusada de agrupaciones il&iacute;citas, lo que significa que se junt&oacute; con, al menos, dos personas para delinquir de manera temporal o permanente. Se juega ir a juicio y ser condenada a un m&iacute;nimo de tres a&ntilde;os de c&aacute;rcel.
    </p><p class="article-text">
        En la sala hay otras cinco amigas de su colonia. Viaj&oacute; con ellas porque tambi&eacute;n estaban acusadas. Su abogado particular pide al juez que ella pregunte al testigo. Los oscuros ojos con rimel de Hebe miran al testigo protegido, cubierto de pies a cabeza con una tela oscura, como el verdugo que le corta la cabeza.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Sabes qui&eacute;n te habla?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;No, no s&eacute; quien sos.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Fuimos pareja, &iquest;s&iacute; o no?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;No.
    </p><p class="article-text">
        No lo dir&aacute; en la audiencia, pero Hebe dice antes y despu&eacute;s que El testigo, el criteriado, era su novio. El presunto novio la incrimin&oacute; y la acus&oacute; de participar en el homicidio del hijo de aquella anciana y la Fiscal&iacute;a, adem&aacute;s, la acus&oacute; de agrupaciones il&iacute;citas. Por eso pas&oacute; mes y medio en los calabozos&nbsp;de la Polic&iacute;a, tres meses en prisi&oacute;n preventiva y ocho meses m&aacute;s con obligaci&oacute;n de ir a firmar al juzgado cada 15 d&iacute;as hasta que sali&oacute; absuelta.
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;En cuanto al delito de agrupaciones il&iacute;citas [...] es opini&oacute;n de la suscrita juez que tanto la existencia legal del delito como la participaci&oacute;n delincuencial de los procesados ha quedado demostrado por medio del dicho del testigo&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Resoluci&oacute;n de audiencia preliminar.</em>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <div class="flourish-embed" data-src="visualisation/126009"></div><script src="https://public.flourish.studio/resources/embed.js"></script>
    </figure><h3 class="article-text">El enamoramiento</h3><p class="article-text">
        &mdash;Muchacha, &iquest;no ha visto a los polic&iacute;as ah&iacute; arriba?
    </p><p class="article-text">
        La muchacha, que caminaba por su colonia, se gir&oacute;, lo mir&oacute;, lo reconoci&oacute;. &Eacute;l a ella, no.
    </p><p class="article-text">
        En un caf&eacute; de la zona de hoteles de San Salvador, en julio de 2018, la muchacha recuerda con sonrisa p&iacute;cara ese cruce de miradas de enero de 2016. Hebe dice que se conoc&iacute;an de ni&ntilde;os, pero que llevaban a&ntilde;os sin verse. A los meses de esas miradas, hubo una solicitud de amistad en Facebook aceptada. Y <em>likes</em> a muchas de las fotos de Hebe. Pero ella, que se esforzaba por &ldquo;ser buena&rdquo;, no quer&iacute;a nada con un pandillero. Lo dice ella.
    </p><p class="article-text">
        La muy cristiana evang&eacute;lica madre de Hebe y de otros dos varones, uno mayor que ella, otro mucho menor, puso una venta de pupusas, el plato t&iacute;pico de El Salvador, en su manzana. En una ocasi&oacute;n, el pandillero lleg&oacute; y le grit&oacute;. &ldquo;&iexcl;Suegra!&rdquo;. La mujer se qued&oacute; mir&aacute;ndole&nbsp;y le espet&oacute; muy seriamente: &ldquo;&iexcl;C&oacute;mo que suegra!&rdquo;. Esa vez y otras tantas entre enero y octubre, el pandillero pas&oacute; grit&aacute;ndole a Hebe ante la circunspecta mirada de la madre: &ldquo;Hebe, te amo&rdquo;. La noche del 12 de octubre de 2016, delante de la casa de ella, &eacute;l le pregunt&oacute; si quer&iacute;a&nbsp;salir con &eacute;l. &ldquo;Y yo me qued&eacute;: &iquest;Ah? Y le dije: 'S&iacute;, voy a andar con vos, as&iacute; de repente&rdquo;, recuerda Hebe con inocente iron&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;El testigo identifica en su entrevista &uacute;nicamente con el al&iacute;as Hebe [a la persona], a quien describe de la siguiente manera: color de piel blanca, color de cabello negro y estilo largo, complexi&oacute;n delgada, estatura un metro cincuenta aproximadamente, 18 a&ntilde;os. La conoce desde el a&ntilde;o 2008, y desde el 2014 colabora con la pandilla hasta ahora. Las funciones que realiza, le postea [vigila] al hermano que es civil activo de la pandilla, porque como el hermano es civil y ya ha matado, y est&aacute; a punto de brincarse [entrar en la pandilla], le mueve [esconde] las armas de fuego al hermano&hellip;&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Informe sobre la declaraci&oacute;n del testigo.</em>
    </p><p class="article-text">
        Hebe es como la describe El testigo en su relato a la Fiscal&iacute;a. De esas personas delgadas que tienen cara redonda, granulosa sin granos, de labios finos, p&aacute;lida. Sin ser consciente de que tres personas la observan, se apoya en el mostrador de una oficina del centro judicial Isidro Men&eacute;ndez, en San Salvador, un bochornoso d&iacute;a de finales de julio. El aire acondicionado est&aacute; alt&iacute;simo. Dice su nombre al funcionario. Su&nbsp;camiseta blanca de corazones rosas transparenta un&nbsp;sujetador&nbsp;azul claro. El pantal&oacute;n de lona se ajusta a su cuerpo adolescente.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Las tres personas la reconocemos porque estamos sentadas detr&aacute;s revisando las tres cajas de archivadores que acumulan su expediente. En los archivos, aparece su foto, igual que la de muchos de los otros 76 acusados en 20 homicidios a los que El testigo inculp&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        El encuentro es fortuito, pero Hebe reaccion&oacute; con normalidad cuando le explicamos por qu&eacute; quer&iacute;amos hablar con ella. Estaba en esa oficina porque desde diciembre de 2017, cuando la jueza le concedi&oacute; la libertad provisional, cada 15 d&iacute;as va en bus con su mam&aacute; al juzgado a firmar.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        El mismo a&ntilde;o en que entr&oacute; en funcionamiento el programa de protecci&oacute;n de testigos, las pandillas prohibieron que las mujeres en El Salvador fueran pandilleras. Hasta ese a&ntilde;o, 2006, hab&iacute;a mujeres con poder de mando en las reuniones de toma de decisi&oacute;n y coordinaci&oacute;n en ambas pandillas. Pero fueron expulsadas por falta de confianza.
    </p><p class="article-text">
        La sospecha vino porque algunas eran informantes de la Polic&iacute;a y de la Fiscal&iacute;a. &ldquo;Cuando hab&iacute;a rupturas [sentimentales con pandilleros], eran m&aacute;s vulnerables a dar informaci&oacute;n, sabiendo que hab&iacute;an cometido delitos, prefer&iacute;an colaborar con la Justicia, pensaban m&aacute;s en sus hijos&rdquo;, dice Guadalupe Echeverr&iacute;a, jefa de la Unidad Especializada Antipandillas.
    </p><p class="article-text">
        Las mujeres se convirtieron en testigos criteriados. Ante lo que se consideraba una falta de lealtad, hubo castigos: algunas violadas, algunas asesinadas. Sin embargo, la l&oacute;gica pandillera contrasta con la realidad: el 65% de los testigos del programa de protecci&oacute;n hasta diciembre de 2017 han sido hombres.
    </p><p class="article-text">
        En 2006, una l&iacute;der del Barrio 18 se convirti&oacute; en alias Joker, testigo criteriada de la Fiscal&iacute;a. Su pandilla mat&oacute; a unos familiares suyos y ella decidi&oacute; colaborar. Durante tres a&ntilde;os, apoy&oacute; en la desarticulaci&oacute;n y condena de cuatro c&eacute;lulas locales de San Salvador. Su caso fue el detonante del fin de la mujer pandillera. As&iacute; lo sostiene Echeverr&iacute;a, quien con voz suave y tono acad&eacute;mico, es experta en violencia pandillera.
    </p><p class="article-text">
        Mientras la Fiscal&iacute;a investigaba a la quinta c&eacute;lula, alias Joker fue asesinada. En 2009, la pandilla le hizo &ldquo;el pase del amigo&rdquo;: una amiga la convenci&oacute; para salir un rato de la casa refugio donde viv&iacute;a oculta para juntarse con alguien en el municipio de Santa Ana y la mataron.
    </p><p class="article-text">
        Desde que El Salvador instaur&oacute; el uso de testigos criteriados en 2006, en ning&uacute;n a&ntilde;o las mujeres han sido m&aacute;s del 35% de los testigos, pero son las que perdieron la confianza de arriba.
    </p><p class="article-text">
        Ellas pasaron a ocupar un nuevo rol, puramente log&iacute;stico, en el nivel m&aacute;s bajo de la pandilla, como colaboradoras. No tienen acceso a reuniones o coordinaciones ni dan &oacute;rdenes. Las colaboradoras cobran y llevan dinero, guardan y mueven armas. Prestan cuentas, ejercen de testaferros para recibir y enviar remesas internacionales. Roban. Matan. Igual que los hombres colaboradores. Pero est&aacute;n lejos de los l&iacute;deres.
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    </figure><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de firmar en el juzgado, apretujada en una mesa de un restaurante de comida r&aacute;pida al que accede ir junto a su mam&aacute; a petici&oacute;n de las periodistas, Hebe se muestra callada. Habla m&aacute;s&nbsp;la&nbsp;madre. Habla m&aacute;s, aunque ella sonr&iacute;e cuando la mam&aacute; evang&eacute;lica&nbsp;charla sobre El testigo. &ldquo;Era el asesino de la colonia&rdquo;, dice la mujer&nbsp;sin miramientos. Y Hebe se ruboriza silenciosa.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Por qu&eacute; te fijaste en un pandillero?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Ni yo s&eacute;, quiz&aacute; a las ni&ntilde;as fresas [pijas] les gustan los malos. Yo dec&iacute;a: 'Uy, no, yo no voy a andar con uno de esos jam&aacute;s, &iquest;va?' Pero los jamases llegan &mdash;dijo cuatro d&iacute;as despu&eacute;s, ri&eacute;ndose, cuando su mam&aacute; no la est&aacute; escuchando.
    </p><h3 class="article-text">La detenci&oacute;n</h3><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Observando detenidamente las fotograf&iacute;as del pliego, el testigo se&ntilde;ala que la fotograf&iacute;a n&uacute;mero 1, la cual corresponde a la se&ntilde;ora Hebe, manifestando que la conoce por el al&iacute;as, es colaboradora de la pandilla 18, y particip&oacute; en el homicidio del hermano de B&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Informe de la Fiscal&iacute;a sobre la declaraci&oacute;n del testigo.</em>
    </p><p class="article-text">
        A las 2:35 de la madrugada de un d&iacute;a de finales de julio de 2017, cuatro polic&iacute;as subieron las tres escaleras de la entrada y tocaron a una puerta pintada de celeste, bajo un balc&oacute;n blanco, en una casa tambi&eacute;n celeste, con techo de l&aacute;mina.
    </p><p class="article-text">
        Abri&oacute; el padre de Hebe. Llegaron para detener a su hija, acusada de homicidio y agrupaciones il&iacute;citas. Cuando le pidieron que los acompa&ntilde;ara para hacer el registro de la casa, accedi&oacute;. Dentro estaban Hebe y su madre. No encontraron ning&uacute;n objeto il&iacute;cito. As&iacute; lo escribi&oacute; un polic&iacute;a en su informe. Hebe pidi&oacute; tiempo para cambiarse porque estaba con pantalones cortos y un top y dice, un a&ntilde;o despu&eacute;s, que los polic&iacute;as aceptaron a rega&ntilde;adientes.
    </p><p class="article-text">
        El pap&aacute; es un hombre al que no vamos a conocer. Muy presente en las palabras de Hebe pero ausente en el tiempo que ella pas&oacute; en prisi&oacute;n y en sus visitas al juzgado porque tiene que trabajar. Primero evang&eacute;lico, luego alcoh&oacute;lico, luego evang&eacute;lico de nuevo. Es el hombre que le pidi&oacute; a su &uacute;nica hija que no tuviera malas&nbsp;compa&ntilde;&iacute;as, el que sac&oacute; a su familia un a&ntilde;o y medio de su colonia para huir de la violencia, el mismo que golpe&oacute; a sus hijos durante esos a&ntilde;os.
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        Durante la detenci&oacute;n, un polic&iacute;a advirti&oacute; a Hebe que se preparara, que all&aacute; iba a hacer fr&iacute;o. All&aacute; era la c&aacute;rcel. &ldquo;Ta' <em>g&uuml;eno</em>&rdquo;, le respondi&oacute; antes de ir a su cuarto a ponerse unas mallas, una camisa de manga larga, unos&nbsp;vaqueros y calcetines. En su habitaci&oacute;n, se dio cuenta de que su hermano peque&ntilde;o, cuya presencia los polic&iacute;as no atisbaron, la observaba.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Qu&eacute; te pasa? Dormite.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Para d&oacute;nde vas? &iquest;Por qu&eacute; te est&aacute;s cambiando?
    </p><p class="article-text">
        Hebe abre la puerta y le se&ntilde;ala al polic&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Qu&eacute; hace ese hombre ah&iacute;, vos?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Ya voy a venir.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Para d&oacute;nde vas?.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Ya voy a venir.
    </p><p class="article-text">
        Hebe no volvi&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Hebe pas&oacute; fr&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        Cuatro a&ntilde;os antes de pasar fr&iacute;o, cuando ten&iacute;a 14, Hebe y su hermano mayor, &ndash;acusado por El testigo de otro asesinato y agrupaciones il&iacute;citas, pero absuelto&ndash;, tuvieron que abandonar la escuela p&uacute;blica donde estudiaban, porque estaba en la parte alta de su colonia, territorio de la Mara Salvatrucha. Como consecuencia, su padre se llev&oacute; un a&ntilde;o y medio a la familia a vivir a otro lugar. El barrio en el que la familia ha vivido casi toda su vida es parte de uno de los municipios hist&oacute;ricamente m&aacute;s peligrosos del &aacute;rea metropolitana de El Salvador.
    </p><p class="article-text">
        En El Salvador es complicado entrar en centenares de barrios. El lema 'Ver, o&iacute;r y callar' se respeta en los barrios y se rompe fuera de ellos. Hebe cambia tres veces el punto donde la vamos a recoger para la entrevista, cerca de su colonia. Desde que la conocimos, el pacto fue hablar fuera de su municipio, no quiere que entremos en su colonia. No quiere que la vean con desconocidos.
    </p><p class="article-text">
        La localidad donde vive fue parte del grupo de 18 municipios que, en 2013, cuando el Gobierno pact&oacute; una tregua de fin a la sangre con las pandillas, fue declarado libre de violencia. Un eufemismo para decir que las pandillas no se iban a agredir ni entre s&iacute; ni a nadie en ese territorio.
    </p><p class="article-text">
        Seis meses dur&oacute; la espectacular bajada de homicidios&nbsp;&ndash;que redujo a menos de la mitad la cantidad de asesinatos en El Salvador, que estaba entre los tres pa&iacute;ses m&aacute;s violentos del mundo&ndash;, hasta que un gobierno acorralado por haber ocultado su papel principal en la negociaci&oacute;n y un creciente n&uacute;mero asesinados de las dos pandillas debilitaron la tregua. Aunque se sumaron instituciones internacionales y otras pandillas de menor peso a las reuniones, de poco sirvi&oacute;. El gobierno siguiente enterr&oacute; la tregua. Desde entonces, es el pa&iacute;s m&aacute;s homicida del mundo.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Qu&eacute; cambi&oacute; en la colonia para que despu&eacute;s pudieran regresar?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;No cambi&oacute; nada &mdash;dice.
    </p><p class="article-text">
        Hebe regres&oacute; a su colonia porque, dice, no ten&iacute;a sentido que pagaran un alquiler cuando ten&iacute;an una casa en propiedad. Ella tuvo que terminar los estudios b&aacute;sicos y parte de bachillerato en un colegio privado, en la parte baja de la colonia, creado por maestros que antes trabajaban en el colegio de arriba, donde su hermano peque&ntilde;o s&iacute; pudo seguir estudiando. Dice que pandilleros de la Mara Salvatrucha llamaron a su pap&aacute; para que ella no volviera a subir. Menos a&uacute;n cuando los contrarios, como ella dice, se enteraron de que su novio era 18.
    </p><p class="article-text">
        Un 28 de diciembre de 2016, dos a&ntilde;os despu&eacute;s de regresar a la colonia, dos meses despu&eacute;s de empezar a salir con El testigo, tras la pelea con su pap&aacute;, termin&oacute; con Hebe mud&aacute;ndose a casa de su novio, El testigo. Sus pap&aacute;s dejaron de hablarle los dos primeros meses de 2017. No quer&iacute;an que estuviera con &eacute;l, pero continuaron pagando sus estudios. Despu&eacute;s, cuando El testigo se reun&iacute;a en su casa con sus pandilleros, ella dice que sol&iacute;a irse a la casa familiar. Sus padres cedieron ante la relaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Ella pas&oacute; mucho tiempo sola en la casa de su marido, que es como se refiere a su novio. El testigo compraba la comida y, ella aprendi&oacute; a cocinar para dos, nunca para los pandilleros visitantes. &ldquo;No era la chacha [empleada dom&eacute;stica] de nadie, solo de &eacute;l y m&iacute;a&rdquo;, dice Hebe dos a&ntilde;os despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Dice que no hizo favores ni trabajos para el Barrio 18 Sure&ntilde;os, pero El testigo le daba unos 30 d&oacute;lares diarios para comprarse lo que ella quisiera. El dinero lo guardaba su mam&aacute;. Al mes eran 750 d&oacute;lares, m&aacute;s del doble del salario m&iacute;nimo de El Salvador. Su hermano mayor llegaba a visitar y a fumar marihuana con El testigo. A cambio, posteaba &ndash;avisar si llega la Polic&iacute;a&ndash;.
    </p><p class="article-text">
        La novia acept&oacute; dinero de la pandilla para vivir, la madre guard&oacute; el dinero de su hija que proven&iacute;a de la pandilla, el hermano hizo favores a la pandilla, el padre toler&oacute; la relaci&oacute;n de su hija con un miembro de la pandilla. En una sociedad violenta, la pandilla es una cosa y la gente es otra. En esta familia, todos se sienten ajenos al Barrio 18 Sure&ntilde;os, pero la relaci&oacute;n existe porque los l&iacute;mites no est&aacute;n definidos.
    </p><h3 class="article-text">El tatuaje</h3><p class="article-text">
        El testigo ten&iacute;a una memoria privilegiada, aparentemente. Cont&oacute; c&oacute;mo entr&oacute; en 2007 a la pandilla y c&oacute;mo fue creciendo su clica &ndash;c&eacute;lula local pandillera&ndash;. En su declaraci&oacute;n, recordaba en qu&eacute; a&ntilde;o conoci&oacute; a cada uno de los pandilleros y colaboradores, como Hebe. Describi&oacute; altura, peso, marcas, tatuajes y raz&oacute;n por la que los conoc&iacute;a, desde qu&eacute; a&ntilde;o estaban con la pandilla y cu&aacute;l era su funci&oacute;n. De cada uno de los 76 acusados por la Fiscal&iacute;a. Una memoria infalible, pero de casi todos, solo dijo saber sus apodos.
    </p><p class="article-text">
        Diez a&ntilde;os despu&eacute;s de convertirse en 18 sure&ntilde;o, El testigo vendi&oacute; a toda su clica y a presuntos colaboradores acus&aacute;ndolos de asesinato. Tambi&eacute;n vendi&oacute; a su novia por presuntamente ayudar a asesinar al hombre de la mochila negra, en 2014. Pero a lo largo de tres gruesos&nbsp;archivadores,&nbsp;El testigo nunca dijo que Hebe fue su novia. Es ella quien dice hoy que &ldquo;anduvo acompa&ntilde;ada&rdquo; por &eacute;l.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Para entender el funcionamiento, la jerarqu&iacute;a, y el territorio que controla una estructura pandillera, El testigo criteriado tiene que haber estado dentro de la organizaci&oacute;n criminal. Por eso, la Fiscal&iacute;a salvadore&ntilde;a lleva m&aacute;s de una d&eacute;cada apoy&aacute;ndose en este tipo de informantes.
    </p><p class="article-text">
        El problema es que en decenas de casos, como sucede en el de Hebe, El testigo interesado en obtener reducci&oacute;n de condena y beneficios especiales, es la &uacute;nica fuente de informaci&oacute;n. La instituci&oacute;n no contrasta los datos que obtiene y muchos casos se caen antes de llegar a juicio por falta de pruebas. Como ocurri&oacute; con Hebe, absuelta por un juez.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hay muchos casos en los que no se verifica la informaci&oacute;n&rdquo;, admite la fiscal Echeverr&iacute;a, experta en pandillas. Pero exime de culpas a su unidad y responsabiliza a la instituci&oacute;n que les nutre de pruebas. &ldquo;El problema es la investigaci&oacute;n de la Polic&iacute;a Nacional Civil; muchas veces en aras de sacar de circulaci&oacute;n [de las calles] a cualquiera, ha creado perfiles delincuenciales de personas que no pertenec&iacute;an a pandillas. Ya hemos tenido casos delicados, se ha procesado a personas inocentes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Se interroga al testigo en el sentido de que describa a la persona, manifestando que es de estatura 160, color de piel blanca, color de ojos no recuerda, cabello color negro, de textura algo acolochado [rizado], de complexi&oacute;n f&iacute;sica algo delgada, agregando que no conoce el nombre, pero conoce el al&iacute;as, Hebe. As&iacute; mismo se formulan las siguientes preguntas: &iquest;Posee marcas? No, &iquest;Posee tatuajes? No, &iquest;Posee lentes? No&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;Reconocimiento en rueda del testigo a Hebe</em>
    </p><p class="article-text">
        El 12 de diciembre de 2017, Hebe y su hermano lograron la libertad provisional. Para ese momento, por un fallo de la Fiscal&iacute;a, en su expediente solo constaba el delito de agrupaciones il&iacute;citas, ya no el de homicidio. Las mujeres representan el 10% de todos los capturados en El Salvador en los &uacute;ltimos seis a&ntilde;os. Aunque no es un delito estrictamente vinculado al fen&oacute;meno pandillero, agrupaciones il&iacute;citas es el segundo delito m&aacute;s cometido de todos los detenidos entre 2012 y 2017, los a&ntilde;os m&aacute;s sanguinarios de las pandillas.
    </p><p class="article-text">
        Entre los documentos que sirvieron para evidenciar que no iba a huir del pa&iacute;s, el abogado de Habe present&oacute; su cuaderno de ciencias naturales de bachillerato y un diploma de participaci&oacute;n y constancia de buena conducta emitido por el centro de estudios de la iglesia evang&eacute;lica a la que asiste.
    </p><p class="article-text">
        A la hora del almuerzo de un d&iacute;a de julio de 2018, Hebe no come nada. No aparenta nervios, solo no quiere comer en el restaurante al que la llevamos para conversar. No suelta el&nbsp;m&oacute;vil&nbsp;aunque no va a hablar por tel&eacute;fono. La hija de la madre seria y evang&eacute;lica aparenta la misma seriedad en versi&oacute;n juvenil. Pero es apariencia. Con su dulzura posadolescente, Hebe habla mucho cuando tiene ganas de charlar.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Qu&eacute; crees que buscabas en el malo?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Como la rebeld&iacute;a que quer&iacute;a, porque iba enojada con mi pap&aacute;. Quiz&aacute; despu&eacute;s de acompa&ntilde;arme [por mi novio] fue... no s&eacute;&hellip; Siento en m&iacute; que me pod&iacute;a defender sola, me met&iacute; en problemas en la colonia y jam&aacute;s le dije nada.
    </p><p class="article-text">
        Hebe habla dulcemente de las tres veces que se meti&oacute; en problemas por &eacute;l. Fue por celos, dice, porque &eacute;l estaba con ella. Y con otras tres. No callaban la relaci&oacute;n con El testigo. Le hablaban para advertirle de que cada una de ellas era la novia real.
    </p><p class="article-text">
        Hebe estrell&oacute; el&nbsp;tel&eacute;fono del novio contra la pared tras encontrar fotos con otra.
    </p><p class="article-text">
        Agarr&oacute; a una mujer del pelo y le dio una paliza delante de &eacute;l. Empuj&oacute; a otra m&aacute;s por las gradas de una cancha de f&uacute;tbol.
    </p><p class="article-text">
        P&iacute;cara, dice que dej&oacute; dos veces a su novio. D&iacute;as antes de la definitiva, poco antes de ser detenida, El testigo llam&oacute; a Hebe. Ella sali&oacute; de casa de su mam&aacute; y fue a la casa de &eacute;l. Eran las dos de la tarde, estaban solos. &ldquo;Te tengo una pregunta&rdquo;, le dijo &eacute;l antes de echarse a re&iacute;r. &ldquo;&iquest;No me ten&eacute;s miedo?&rdquo;, le&nbsp;pregunt&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No, no te tengo miedo&rdquo;, recuerda hoy que le respondi&oacute;, muy extra&ntilde;ada. No entiende por qu&eacute; le hizo esa pregunta. &ldquo;Porque pa' fuera, &eacute;l lo sab&iacute;a todo, un machito y as&iacute;, pero conmigo en la casa por cualquier cosa lloraba, bien chill&oacute;n, bien fres&oacute;n&rdquo;. Por qu&eacute; le iba a tener miedo, se pregunta en voz alta mientras manosea su celular.
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        Cuando en junio de 2017, Hebe fue detenida, la Polic&iacute;a le pregunt&oacute; si conoc&iacute;a al asesinado, al due&ntilde;o de la mochila negra, enterrado en un barranco en 2014. Dice que no ten&iacute;a idea de qui&eacute;n era ni uno ni otro. Le preguntaron si &ldquo;hizo favor&rdquo; a los tres asesinos para que lo mataran. Dijo que no. Fue su pap&aacute;, cuando ella estaba en las celdas policiales, quien le dijo por tel&eacute;fono qui&eacute;n era el muerto.
    </p><p class="article-text">
        Esta historia de muerte y amores muestra vidas paralelas, no convergentes. Al cruzar el expediente del caso y el relato de Hebe, El testigo es y no es novio. Solo existe un detalle en el que est&aacute;n de acuerdo: el por qu&eacute; del asesinato en el que la involucr&oacute;. &ldquo;Lo mataron porque andaba bolo y empez&oacute; a gritarle a todos los bichos [j&oacute;venes] de ah&iacute;&rdquo;, dice Hebe que le contaron en la colonia.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        El 16 de agosto de 2018, Hebe se levanta a las cinco de la ma&ntilde;ana sin saber que va a enfrentarse al hombre vestido de verdugo, El testigo. El abogado le insiste en que pregunte al testigo. No quiere, est&aacute; indecisa, pero pens&aacute;ndolo bien, ella sabe c&oacute;mo probar, con una sola pregunta, que El testigo miente:
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Ten&eacute;s un 18 en el pecho?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Volveme a repetir la pregunta.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Ten&eacute;s un 18 en el pecho?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;S&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Gracias, eso es todo.
    </p><p class="article-text">
        El d&iacute;a en el que todos los acusados salieron libres es el mismo en el que Hebe se convirti&oacute; p&uacute;blicamente en la novia negada del pandillero que vendi&oacute; a los suyos.
    </p><p class="article-text">
        --
    </p><p class="article-text">
        <em>Este reportaje forma parte de la serie 'Las colaboradoras', un proyecto period&iacute;stico sobre el papel actual de las mujeres en las pandillas de Centroam&eacute;rica. Una iniciativa de&nbsp;El Intercambio&nbsp;financiada por&nbsp;Internews.</em><a href="http://elintercamb.io/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El Intercambio&nbsp;</a><a href="https://internews.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Internews</a>
    </p><p class="article-text">
        Texto: Elsa Cabria, Ximena Villagr&aacute;n y Rosario Marina / <em>El Intercambio</em>
    </p><p class="article-text">
        Fotograf&iacute;as: Oliver de Ros / <em>El Intercambio</em>
    </p><p class="article-text">
        Edici&oacute;n: Alberto Arce
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elsa Cabria, Ximena Villagrán, Rosario Marina, Alberto Arce]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/novia-testigo-sale-libre_1_1727577.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 29 Jan 2019 20:25:53 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Incriminada por su novio pandillero]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[El Salvador,Pandillas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ellas quieren ser Mortal: la sumisión de las niñas pandilleras]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/quieren-mortal_1_1727785.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/37358203-a8c8-4cc5-b0d5-073bc4244a9e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=" La mayor parte de las casas de Cerrito Lindo son de bloques de cemento y madera con techo de lámina y cortinas como puertas; el aire del ventilador corre por los pasillos mientras fuera, para combatir el calor, se toma café recién hervido."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En un barrio marginal de Honduras, a los 15 años eres mujer, pandillera del Barrio 18, tienes hijos, vas a la cárcel, te reprime la policía y no crees que el futuro pueda ser diferente</p><p class="subtitle">Honduras es el último país de Centroamérica en el que las mujeres pueden ser pandilleras</p><p class="subtitle">La colaboración de las mujeres en la pandilla Barrio 18 implica casi las mismas funciones de los hombres pero sin privilegios ni beneficios especiales</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Dos ni&ntilde;as miran una piscina sin gente. Est&aacute;n en una parte de la ciudad que no conocen. Impacientes, sueltan las bolsas de pl&aacute;stico que contienen su ropa seca sobre una hamaca de rayas amarillas y blancas. Acaloradas por el abusivo sol de las dos de la tarde en San Pedro Sula, saltan sobre el&nbsp;suelo ardiente.
    </p><p class="article-text">
        No tienen ba&ntilde;ador. Se meten en el agua vestidas con sus&nbsp;camisetas y sus pantalones cortos. At&eacute;, blanca, de pelo liso y labios gruesos, con el cuerpo de mujer a medio hacer, agarra r&aacute;pido el salvavidas. Asteria, morena, de pelo rizado y ojos y nariz peque&ntilde;os,&nbsp;da tres largas brazadas para llegar cuanto antes al borde. Su margen de acci&oacute;n es peque&ntilde;o. Piden aprender a flotar.
    </p><p class="article-text">
        At&eacute; mira al cielo. Acostada. Solo tiene que dejar que el peso de su cuerpo haga caso a la gravedad para mantenerse a flote pero nadie le ha explicado que eso sea posible. Asteria tampoco lo logra. Tercas y sonrientes, lo intentan varias veces. En dos horas, apenas salen del agua para comer pizza. Al menos por una tarde, en esta piscina privada, protegidas de las miradas, parecen felices de tanto fallar.
    </p><p class="article-text">
        La profundidad de Honduras siempre es relativa. Para quienes no pasan de metro y medio y no saben nadar. Para ni&ntilde;as obligadas a dejar de serlo antes incluso de salir de sus propias casas. Para j&oacute;venes atrapadas en remedos de familia y en el pu&ntilde;ado de calles que limitan sus vidas. Para todas ellas hay muchos lugares en los que parece imposible tocar fondo. Este estanque trasero de hotel colonial en zona pudiente es solo uno m&aacute;s. Pero aqu&iacute;, hoy, equivocarse, para su sorpresa, no tiene consecuencias.
    </p><p class="article-text">
        La situaci&oacute;n es improbable, completamente artificial. Durante unas horas, la posibilidad de dar una versi&oacute;n de su propia historia es su pasaporte a la palabra. A la posibilidad de expresarse sin la presencia, constante, de una violencia que fermenta bajo el calor agobiante de las casas de techo de l&aacute;mina donde viven ancladas en una pobreza abyecta, sometidas a la presi&oacute;n de balas que vuelan a diario, de un barrio lleno de fronteras mortales.
    </p><p class="article-text">
        El pozo de donde At&eacute; y Asteria salieron durante un d&iacute;a se llama Cerrito Lindo. El due&ntilde;o del lugar es un tipo flaco y larguirucho de 19 a&ntilde;os que lleva el pantal&oacute;n amarrado por un cintur&oacute;n, una&nbsp;camiseta blanca de tirantes que le queda enorme y kilos de joyer&iacute;a: aretes, anillos y cadenas doradas con&nbsp;colgantes. Es su forma de mostrar autoridad. At&eacute; y Asteria, como todo lo que las rodea, le pertenecen a ese due&ntilde;o. Se llama Mortal. Es el&nbsp;palabrero, o l&iacute;der local de la c&eacute;lula del Barrio 18, la segunda pandilla m&aacute;s violenta de Latinoam&eacute;rica, solo superada por la monumental Mara Salvatrucha.
    </p><p class="article-text">
        De su boca, con dientecitos muy deshechos, salen pocas palabras. Se muestra tan amable como cauto. Mortal no cree que las mujeres, lo que tengan que decir, importe demasiado. Y gracias a esa minusvaloraci&oacute;n del hombre hacia la mujer, hacia sus opiniones y sus vidas, ellas pueden expresarse &ndash;al menos hoy&ndash; y nosotras podemos entender qu&eacute; papel juegan estas ni&ntilde;as, ya mujeres forzadas, en la pandilla.
    </p><p class="article-text">
        A diferencia de El Salvador y Guatemala donde, desde principios de los 2000, las mujeres solo pueden trabajar sin posibilidades de ascenso dentro de la estructura criminal, Honduras es el &uacute;ltimo pa&iacute;s de Centroam&eacute;rica en el que las mujeres a&uacute;n pueden ser pandilleras. Incluso jefas.
    </p><p class="article-text">
        En Honduras la opci&oacute;n de ser lideresa es real.
    </p><p class="article-text">
        At&eacute; y Asteria hoy son civiles &ndash;sin v&iacute;nculo te&oacute;rico con la pandilla&ndash;, pero colaboraron desde los&nbsp;10 a&ntilde;os con el Barrio 18. Tienen 15. Una colaboradora, o <em>paisa</em> &ndash;como solo las llaman en Honduras&ndash;, comienza vigilando las esquinas, pide y cobra extorsi&oacute;n a negocios, reparte comida a los&nbsp;<em>homies &ndash;</em>que es como se conoce a los hombres en la pandilla&ndash; cuida a los enfermos o baleados. Convertirse en lideresa llega mucho m&aacute;s tarde.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Asteria y At&eacute; pensaron en ser pandilleras, pero no pasaron de colaborar. Hace m&aacute;s de un a&ntilde;o que ambas decidieron salirse del Barrio 18, una pandilla en la que formalmente nunca entraron, a la que en la pr&aacute;ctica siguen totalmente vinculadas.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Alguna vez les toc&oacute; matar a alguien?
    </p><p class="article-text">
        Dos segundos de silencio.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Eso no se dice, es algo muy &iacute;ntimo, eso no se cuenta &mdash;dice Asteria en nombre de las dos.
    </p><p class="article-text">
        El resto, matar o convertirse en lideresas, llega mucho m&aacute;s tarde. Quiz&aacute;s por eliminaci&oacute;n. Si la familia fuese una pandilla, el rol de las <em>paisas</em> ser&iacute;a el de madres o esposas. Una etapa liminal, dicen los antrop&oacute;logos. Un escal&oacute;n intermedio entre no ser nadie y ser parte de la pandilla. Esa es la etapa que At&eacute; y Asteria viven bajo las indicaciones de Mortal.
    </p><p class="article-text">
        El Gobierno hondure&ntilde;o sabe poco sobre pandillas y poqu&iacute;simo sobre mujeres pandilleras. En general, solo&nbsp;conoce qu&eacute; grupos operan en el pa&iacute;s. Y en particular sabe que en el Barrio 18 hay mujeres cobradoras de extorsi&oacute;n. La Polic&iacute;a persigue a ni&ntilde;as como At&eacute; y Asteria. La autoridad policial necesita de&nbsp;etiquetas fijas para posicionarlas: cobradora de extorsi&oacute;n, informante de la pandilla, mujer de pandillero. Nadie menciona la posibilidad de liderazgo. El desconocimiento simplifica.
    </p><h3 class="article-text">Las calles de las pandilleras</h3><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Es com&uacute;n que las mujeres se metan&nbsp;en la pandilla?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;S&iacute;&nbsp;&mdash;responde Mortal.
    </p><p class="article-text">
        Cerrito Lindo est&aacute; en el inmenso sector Rivera Hern&aacute;ndez, uno de los barrios m&aacute;s grandes de San Pedro Sula, la ciudad m&aacute;s homicida del mundo hasta 2015 y ahora en el tercer puesto en la lista. Dentro del sector Rivera Hern&aacute;ndez hay m&aacute;s de&nbsp;100 colonias y asentamientos como este. Lugares bravos que evitan los sampedranos que s&iacute; pueden permit&iacute;rselo.
    </p><p class="article-text">
        Igual que la efectividad de las autoridades en la lucha contra el crimen organizado es m&iacute;nima, su perspectiva sobre lo que sucede en su propia ciudad es muy limitada. En 2015, seis pandillas se disputaban el sector. Tres a&ntilde;os despu&eacute;s, los vecinos dicen que ya son ocho. No es solo un polvoriento desorden de calles planas y casas de adobe, de peque&ntilde;as tiendas, de pulper&iacute;as [establecimientos de alimentaci&oacute;n]. Es un territorio en guerra.
    </p><p class="article-text">
        Cerrito lindo es uno de los bastiones de la pandilla Barrio 18. Todos ac&aacute; se saben bajo el dominio de Los n&uacute;meros y, de alguna forma, en contra de la Mara Salvatrucha 13, MS o Las letras. Sus habitantes tambi&eacute;n temen a los Vatos Locos, &ndash;esa pandilla formada a ra&iacute;z de la pel&iacute;cula Blood In Blood Out, de Taylor Hackford&ndash;, a la banda de los Olanchanos, a la peque&ntilde;a pandilla de sicarios Los Tercere&ntilde;os, a los reci&eacute;n fundados Terrace&ntilde;os y a otro pu&ntilde;ado de bandas y pandillas que se entienden entre s&iacute; con el lenguaje de los bandidos: los tiros.
    </p><p class="article-text">
        Cerrito Lindo, el barrio de Asteria, At&eacute; y Mortal, debe su nombre a un suceso anodino. Ac&aacute; hubo un cerro. Uno peque&ntilde;o. La gente que invadi&oacute; este territorio hace m&aacute;s de&nbsp;40 a&ntilde;os destruy&oacute; el peque&ntilde;o mont&iacute;culo y en su lugar construyeron casas con lo que encontraron: pl&aacute;stico, bamb&uacute;, barro. Con los a&ntilde;os, a&ntilde;adieron ladrillos y cemento comprados en su mayor parte con remesas provenientes de Estados Unidos. Por el extinto mont&iacute;culo, lo llamaron Cerrito Lindo.
    </p><p class="article-text">
        Este barrio tiene&nbsp;0,08 kil&oacute;metros cuadrados, casi el mismo espacio que ocupa el estadio del Real Madrid. En ese lugar hubo 58 homicidios entre 2013 y 2017, seg&uacute;n datos de la Secretar&iacute;a de Seguridad de Honduras. Casi uno al mes. En el lugar conocido como Rivera Hern&aacute;ndez, del que forma parte Cerrito Lindo, se registraron 224 homicidios en ese mismo periodo.
    </p><p class="article-text">
        **
    </p><p class="article-text">
        Para llegar a Asteria y At&eacute;, tuvimos que hablar con su due&ntilde;o. Eso significa llegar a Mortal. En Cerrito Lindo, todos le rinden pleites&iacute;a. Vecinos y pandilleros. Mortal determina con precisi&oacute;n en qu&eacute; lugares podemos tomar fotos y en qu&eacute; calles caminar. Todo es suyo. Se lo ha ganado a fuerza de sangrar y hacer sangrar.
    </p><p class="article-text">
        Para que Mortal llegara a ser Mortal, primero mandaron Luchador, El Virus y El Malvado en la comunidad. En ese singular orden de nombres, pasaron los &uacute;ltimos cuatro l&iacute;deres de la c&eacute;lula local del Barrio 18.
    </p><p class="article-text">
        Mortal, que entr&oacute; en la pandilla cuando apenas ten&iacute;a diez a&ntilde;os, cay&oacute; preso dos veces. Una fue pocos meses antes de que lo conoci&eacute;ramos, pero logr&oacute; escaparse del centro de menores en el que estaba. Estuvimos con &eacute;l en julio de 2018 y, en septiembre, volvi&oacute; a la c&aacute;rcel. Ahora un tipo con apodo de signo del zodiaco manda en Cerrito Lindo. Se llama Escorpi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Las labores de jefe de clica, que es como llaman a su c&eacute;lula, la unidad m&aacute;s peque&ntilde;a de una pandilla, no siempre son tan trepidantes como uno imagina. Pueden incluso ser aburridas, de una burocracia tan b&aacute;sica como repetitiva. El grupo de Mortal mata el tedio con cerveza, marihuana y coca&iacute;na frente al port&oacute;n negro de una casa. Algunos est&aacute;n tan borrachos que les cuesta tenerse en pie. A Mortal no. &Eacute;l no toma, no fuma, no se droga. Su vicio es ejercer el poder absoluto sobre este pedazo de tierra olvidada.
    </p><p class="article-text">
        Sentados en el porche de un vecino al atardecer, le preguntamos sobre un tema extra&ntilde;o para &eacute;l: las mujeres en su pandilla. No tiene el discurso preparado. Responde que son como los hombres. La diferencia son las razones de ingreso. &ldquo;Ellas [se meten], a veces, por problemas en la familia, o por seguir a un <em>homeboy</em> [pandillero]&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Las alusiones, demasiado obvias. Las mujeres, dice, &ldquo;son traicioneras&rdquo;. Los amigos celebran sus bromas y encienden, locuaces y entretenidos, sus cigarrillos. Hasta que irrumpen dos adolescentes confianzudas, con&nbsp;camisetas&nbsp;cortas, el pelo recogido, los labios rosas y los ojos delineados. En medio de la oscuridad de las seis de la&nbsp;madrugada, se hace el silencio hasta que cruzan el port&oacute;n y se acercan al porche de la casa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; es como conocemos a la Asteria&nbsp;de pelo rizado y&nbsp;ojos encendidos. A la At&eacute;, de pelo lacio y mirada apagada, pero p&iacute;cara. Proponemos poner dos sillas m&aacute;s para hablar todos juntos. Pero los pandilleros nos dicen que entremos con ellas a la casa. No tienen inter&eacute;s en lo que hablemos con las ni&ntilde;as. Los hombres, fuera. Ellas, dentro. Mortal les cede el uso de la palabra.
    </p><p class="article-text">
        Asteria y At&eacute; no son sus nombres. Es un artificio para ocultar su identidad. Sustituir sus nombres por unos convencionales es un riesgo porque podr&iacute;an coincidir con los de otras j&oacute;venes de similares caracter&iacute;sticas. Hay muchas mujeres con historias parecidas en este barrio. Cada una arrastra su propia mitolog&iacute;a. La de su propia supervivencia.
    </p><p class="article-text">
        At&eacute; es la personificaci&oacute;n griega del arrojo y la irreflexi&oacute;n y Asteria es la hija de una guerrera perseguida por Zeus. Ambas son quienes avanzan sin pensarlo demasiado, en el combate y huyendo del resto de pandillas, de la Polic&iacute;a, siempre de alguien.
    </p><p class="article-text">
        Si esa huida no se trunca, Asteria y At&eacute;, por haber nacido en San Pedro Sula, en un lugar controlado por las pandillas, llegar&aacute;n a ser Artemis.
    </p><p class="article-text">
        Artemis es una mujer flaca, brava y de piel oscura&nbsp;que roza los 40. Dirige un embri&oacute;n de pandilla, que a&uacute;n no tiene nombre, en una zona rival a solo unos kil&oacute;metros de donde Mortal impone su palabra.
    </p><p class="article-text">
        Esta lideresa de un grupo de j&oacute;venes que intentan ser pandilleros no se llama Artemis, pero ocultaremos su nombre con el de otra diosa griega. Una madre protectora de sus criaturas salvajes. De sus muchachos, de su propia pandilla.
    </p><p class="article-text">
        Artemis, una mujer a la que&nbsp;la pobreza&nbsp;le ha deteriorado el rostro, no ser&iacute;a lideresa si su vida no hubiera comenzado como las de At&eacute; y Asteria. Artemis, de cabello deste&ntilde;ido, manos maltratadas de tanto lavar con detergente y pies callosos de tanto caminar sin zapatos, tambi&eacute;n se parece a Mortal. Artemis y Mortal son versiones diferentes del mismo problema. Son, adem&aacute;s, los espejos en los que At&eacute; y Asteria se ven a s&iacute; mismas.
    </p><p class="article-text">
        Las dos ni&ntilde;as fuman marihuana, beben, se meten coca&iacute;na y son parte del Barrio 18 desde los 10 a&ntilde;os. At&eacute; y Asteria se conocieron en la calle, donde pasan el tiempo. Si algo se le parece a una familia en sus vidas es la pandilla. Asteria se lleva mal con su pap&aacute;, vive extra&ntilde;ando a su mam&aacute;, que muri&oacute; cuando ten&iacute;a 10 a&ntilde;os, y tiene un hermano en la pandilla.
    </p><p class="article-text">
        At&eacute; tambi&eacute;n tuvo familia pandillera. Su padre fue miembro de una de las primeras pandillas de San Pedro Sula: el Barrio Pobre 16, un n&uacute;mero neutro entre las dos pandillas m&aacute;s fuertes de Centroam&eacute;rica, el Barrio 18 y la MS-13. El 16, n&uacute;mero del que desciende At&eacute;, la vincula a trav&eacute;s de l&iacute;neas paralelas a Artemis, la protectora de las criaturas salvajes de varias&nbsp;manzanas&nbsp;m&aacute;s all&aacute;. Ella tambi&eacute;n perteneci&oacute; a esa pandilla.
    </p><p class="article-text">
        A At&eacute; su madre la abandon&oacute; cuando era una beb&eacute;. Su padre, el pandillero del Barrio Pobre 16, fue asesinado cuando ella ten&iacute;a tres meses. Se cri&oacute; con sus t&iacute;as y su abuela. A los 14 a&ntilde;os, At&eacute; qued&oacute; embarazada de un pandillero que no era su pareja en ese momento y tampoco lo es ahora. Not&oacute; su embarazo a los tres meses, cuando la barriga comienza a llevarse mal con los cierres de los pantalones.
    </p><p class="article-text">
        Hablar de su hijo le incomoda mucho. Con las piernas cruzadas delante de la puerta, responde con silencio cuando insistimos en hablar sobre su maternidad. Solo admite con desconfianza que el beb&eacute; fue la raz&oacute;n para que dejara de ser <em>paisa</em>.
    </p><p class="article-text">
        Para Asteria, salirse de la pandilla fue como una revelaci&oacute;n. Cuando estuvo presa, por su presunta participaci&oacute;n en el asesinato de un hombre, no pod&iacute;a dormir por las noches. Ten&iacute;a miedo de estar sola, a&ntilde;oraba a una madre fallecida cuatro a&ntilde;os antes como si acabara de morir. Dos meses despu&eacute;s de entrar en la c&aacute;rcel, un pastor evang&eacute;lico le dijo que no iba a perder ese miedo a dormir sola mientras no se apartara del Barrio. &ldquo;Yo dec&iacute;a: 'Nunca me voy a salir del Barrio, voy a morir por el Barrio&rdquo;, explica Asteria. Pero se puso de pie&nbsp;hasta las&nbsp;12 de la noche en la puerta de su celda, pensando en las palabras del&nbsp;pastor. &ldquo;Y no me dio miedo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Con esto de que no te sent&iacute;s mam&aacute;, cuando lo ves, &iquest;qu&eacute; pens&aacute;s?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Le pega en la boca. De puro gusto le pega. Qu&eacute; madre m&aacute;s desmadrada &mdash;dice ri&eacute;ndose Asteria ante el silencio p&iacute;caro de At&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        Mientras Asteria charla&nbsp;sobre c&oacute;mo es su amiga cuando hace de madre, pasa un gato y At&eacute; lo golpea, aplast&aacute;ndolo bruta, permitiendo su huida. At&eacute; pretende certificar las palabras de su amiga, haci&eacute;ndose la dura, insinuando que es justo as&iacute;, como a un animal ajeno,&nbsp;como ella trata a su beb&eacute;. Se r&iacute;en como locas.
    </p><h3 class="article-text">Los problemas de la pandilla</h3><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Cu&aacute;les son los problemas m&aacute;s frecuentes que tienen, ustedes los l&iacute;deres, con las mujeres?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Es que ellas son m&aacute;s sentimentales, as&iacute; que ellas por amor pueden traicionar la pandilla &mdash; dice Mortal.
    </p><p class="article-text">
        En Cerrito Lindo, la&nbsp;Polic&iacute;a pide la partida de nacimiento &ndash;el &uacute;nico documento de identificaci&oacute;n para menores de edad en Honduras&ndash; a muchas ni&ntilde;as que, como At&eacute; y Asteria, no la tienen. De forma recurrente, los agentes buscan un argumento para detenerlas e interrogarlas sobre la pandilla con la que se mueven, el Barrio 18. Por eso, dicen ellas, es mejor que la Polic&iacute;a no sepa qui&eacute;nes son.
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        En los &uacute;ltimos cinco a&ntilde;os, los tres delitos por los que la Polic&iacute;a ha detenido a m&aacute;s mujeres son lesiones, posesi&oacute;n de droga y extorsi&oacute;n. El rumbo de las detenciones policiales de mujeres cambi&oacute; en 2015, el a&ntilde;o en que la extorsi&oacute;n se convirti&oacute; en centro del trabajo policial. La Polic&iacute;a detiene cada vez a m&aacute;s mujeres colaboradoras por asociarse con los criminales.
    </p><p class="article-text">
        La Fuerza Nacional Anti Maras y Pandillas (FNA-MP) &ndash;integrada por la Polic&iacute;a, el Ej&eacute;rcito y la Fiscal&iacute;a de Honduras&ndash; opera desde 2013 y es com&uacute;n que sus polic&iacute;as entren para hacer allanamientos en el sector Rivera Hern&aacute;ndez, donde vive At&eacute;, y donde Asteria fue detenida a principios del a&ntilde;o pasado y, seg&uacute;n relatar&aacute; despu&eacute;s, golpeada.
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos cinco a&ntilde;os, la instituci&oacute;n fue denunciada 60 veces ante el Comisionado Nacional de los Derechos Humanos;&nbsp;cinco de ellas en Cortes, el departamento en el que est&aacute; el sector Rivera Hern&aacute;ndez, sobre todo por abuso de autoridad a la hora de detener presuntos pandilleros.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Si los polic&iacute;as llegan, uno se les tiene que esconder, uno tiene que correr &mdash;dice At&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Pero te van a hacer algo?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;S&iacute;. A veces ellos abusan.
    </p><p class="article-text">
        A principios de 2017, un d&iacute;a despu&eacute;s del asesinato de un hombre en el que se implic&oacute; a Asteria, la FNA-MP derrib&oacute; los dos portones de la casa de Cerrito Lindo en la que ella estaba con un grupo de <em>homies</em>. Asteria dice que los agentes de la FNA la pusieron contra la pared y la golpearon en las manos y las nalgas con una rama de &aacute;rbol. &ldquo;Empiecen a rezarle a Dios porque se van a morir&rdquo;, dice que les dijeron.
    </p><p class="article-text">
        A Sa&uacute;l Morales, portavoz&nbsp;de la FNA-MP, no le coinciden las denuncias registradas con las que cree tener. &ldquo;Muchas, much&iacute;simas, como 300 denuncias. Yo he recibido tantas que no las puedo contar&rdquo;, dice este joven agente de pelo cortado a cepillo, que pide no ser fotografiado. Cuando se le pregunta por el caso de Asteria, no se muestra sorprendido. &ldquo;A&nbsp;veces se nos ha ido la mano&rdquo;, admite, como si fuera lo m&aacute;s normal, al hablar de la brutalidad policial. &ldquo;Si ha sucedido, nos hemos dejado llevar por el momento&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">La piscina del hotel</h3><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Podemos llevar a las ni&ntilde;as ma&ntilde;ana a la piscina?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;S&iacute;, no hay rollo [problema]. Delen&nbsp;&mdash;contesta Mortal.
    </p><p class="article-text">
        Las ni&ntilde;as del barrio tienen pocas opciones para divertirse, menos a&uacute;n si son pandilleras. Jugar al f&uacute;tbol es uno de los pocos entretenimientos de la zona, pero las competiciones est&aacute;n restringidas a los sectores que cada pandilla domine. Si un joven es de una zona dominada por el Barrio 18, solo puede jugar en otro barrio de dieciochos. Y si es mujer, su diversi&oacute;n se complica m&aacute;s: para las que viven en zonas de la 18, solo existen cuatro equipos con los que jugar.
    </p><p class="article-text">
        At&eacute; y Asteria no tienen dinero para comprarse zapatos de f&uacute;tbol y tampoco tienen su acta de nacimiento a mano. Ambas cosas son necesarias para inscribirse en el torneo. Por burocracia, por dinero y por muchas y desiguales razones, buena parte de la diversi&oacute;n de At&eacute; y Asteria se llama violencia.
    </p><p class="article-text">
        Para ser pandillero, hay que recibir una paliza. Se llama brinco. El brinco lo&nbsp;dan los futuros compa&ntilde;eros del golpeado. Si es para ingresar a las filas del Barrio 18, son 18 segundos. As&iacute; consiguen un apodo, que se llama taca, y tiene mucho que ver con la personalidad de cada quien. Si us&aacute;ramos la met&aacute;fora del brinco como un nacimiento &ndash;simb&oacute;licamente lo es&ndash; la adjudicaci&oacute;n de la taca ser&iacute;a un bautizo. Ah&iacute; la explicaci&oacute;n de por qu&eacute; Mortal es Mortal.
    </p><p class="article-text">
        En Honduras, si son hombres, ser&aacute;n golpeados por tres hombres. Si son mujeres, ser&aacute;n dos mujeres y un hombre los que las golpeen. Este ritual de paso implica, en sus c&oacute;digos, un gran honor &ndash;no hay pandillero que olvide su fecha y sus padrinos, el d&iacute;a que adquirieron su poder y su estatus&ndash;. Mortal dice que no hay diferencia entre las funciones o el rango al que pueden aspirar pandilleros y pandilleras.
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                </figure><p class="article-text">
        Si Asteria y At&eacute; se hubieran brincado, en teor&iacute;a habr&iacute;an podido aspirar a un puesto como el de Mortal, aunque en su zona no hay ninguna mujer liderando una pandilla oficial. Porque lo que lidera Artemis, aunque se parece, todav&iacute;a no es una pandilla. Pese a que hace un a&ntilde;o que estas ni&ntilde;as dicen haberse apartado del Barrio 18, cada noche los buscan, les hablan, r&iacute;en con ellos, les piden cosas y se dejan pedir.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Porque ante los ojos de Dios y del Barrio todos somos iguales &mdash;dice Asteria.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Ni uno se mira m&aacute;s, ni una se mira menos &mdash;responde At&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Porque todos la rifamos igual &mdash;exclama Asteria.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;La rif&aacute;bamos &mdash;puntualiza At&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;La rifamos todav&iacute;a &mdash;r&iacute;e Asteria. &mdash;Damos la vida por el Barrio &mdash;confirma.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Qu&eacute; implica para ustedes ya no estar en el grupo?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Estamos cagadas [con miedo] &mdash;responde con seriedad At&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        La extorsi&oacute;n es un delito vinculado a las pandillas: extorsionan para sobrevivir, malvivir y comprar armas. Un delito por el que los pandilleros son acusados tambi&eacute;n de terrorismo. En Honduras, el aumento de presos por este delito entre 2016 y 2017 fue muy alto: pas&oacute; de 350 personas a 1.103. En el caso de las mujeres, en cinco a&ntilde;os hubo un aumento del 47%, pasando de 219 a 321 presas.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <div class="flourish-embed" data-src="visualisation/118402"></div><script src="https://public.flourish.studio/resources/embed.js"></script>
    </figure><p class="article-text">
        Durante los &uacute;ltimos tres a&ntilde;os, las dos ni&ntilde;as se dedicaron a extorsionar para el Barrio 18. Un d&iacute;a por semana, visitaban pulper&iacute;as, ped&iacute;an entre&nbsp;100 (4 d&oacute;lares) y&nbsp;500 lempiras (20), seg&uacute;n el tama&ntilde;o del negocio. Algunos propietarios cerraban para evitar pagar lo que se llama impuesto de guerra. El costo de cerrar o no pagar puede ser muy grande: el asesinato. Ellas ten&iacute;an que dar la recaudaci&oacute;n completa del d&iacute;a a la pandilla. Si faltaba una lempira, iban a ser &ldquo;corregidas&rdquo;. La correcci&oacute;n significa recibir una golpiza. Lo m&aacute;s parecido al brinco que iban a experimentar.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <div class="flourish-embed" data-src="visualisation/118376"></div><script src="https://public.flourish.studio/resources/embed.js"></script>
    </figure><p class="article-text">
        Las ni&ntilde;as dicen que ya no trabajan para la pandilla, pero le hacen favores. Un favor puede ser cualquier cosa. Un favor puede ser hacer gratis exactamente lo que hac&iacute;an antes por un salario variable de 20 d&oacute;lares semanales. Ellas se reivindican como independientes. Dicen que odian que cualquiera, en general, les mande, sobre todo Asteria. Pero est&aacute;n dispuestas a hacer muchas cosas por el Barrio 18. Porque quieren. Estar cerca, dentro o fuera parece casi lo mismo.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Qu&eacute; es hacer un favor cuando ya no est&aacute;s obligada?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Si uno quiere, me dice: &ldquo;Mir&aacute;, and&aacute; a traer tal cosa&rdquo;. Si yo quiero, voy a ir. Si no, no voy &mdash;dice Asteria con vehemencia.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Pero usted sabe que si una puede hacer un favor, siempre lo va a seguir haciendo &mdash;matiza At&eacute; un minuto despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Y&nbsp;cuanto m&aacute;s va haciendo uno, m&aacute;s se va involucrando.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Por qu&eacute; creen que si ya no son <em>paisas</em> conf&iacute;an en ustedes?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Cuando yo me sal&iacute;, les dije: &ldquo;Cuando yo pueda, les puedo tirar esquina [vigilar], mover esto o comprar esto&rdquo; &mdash;dice At&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Siempre hay una parte activa hacia la pandilla, solo que no somos nada. Si caemos en la c&aacute;rcel por algo del Barrio, somos tiraesquinas&nbsp;[vigilantes]<strong>&nbsp;</strong>nada m&aacute;s, no tenemos derecho a nada del Barrio.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Pero hacerles favores sin el salario de antes?
    </p><p class="article-text">
        &mdash; &iexcl;Ah! Pero nosotras los extorsionamos &mdash;a&ntilde;ade At&eacute;, a carcajadas.
    </p><p class="article-text">
        Extorsionar como sin&oacute;nimo de pedir. Unos lempiras, un porro, coca&iacute;na, una cerveza, algo de comer, un lugar donde dormir. Seguir formando parte de algo, de una familia, de una ruta, de una senda directa hacia la nada, hacia un futuro que, de llegar, ser&aacute; parecido al de Artemis.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <div class="flourish-embed" data-src="visualisation/118464"></div><script src="https://public.flourish.studio/resources/embed.js"></script>
    </figure><h3 class="article-text">La enemiga del Barrio 18</h3><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Las mujeres pueden ser l&iacute;deres, como ustedes?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;S&iacute;, s&iacute; ha habido. Ahorita no, est&aacute;n presas, pero si ha habido locas que han sido pesadas. Congras [l&iacute;deres mujeres], pues &mdash;defiende&nbsp;Mortal.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el mismo sector de San Pedro Sula, en el sector Rivera Hern&aacute;ndez, a&nbsp;10 minutos de Cerrito Lindo, est&aacute; el lugar donde Artemis trata de proteger a su grupo de criaturas salvajes a medio cocer entre la pandilla y el grupo revoltoso de amigos violentos. Es su matriarca. Les ense&ntilde;a el deber ser del pandillero. Los instruye para la guerra, guarda sus armas y les corrige cuando fallan. Pero tambi&eacute;n los cuida. Los alimenta y les cura las heridas. Si logra convertirlos en pandilla se protege a s&iacute; misma. Le est&aacute; costando.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        La vida empuj&oacute; a Asteria y At&eacute; a la pandilla desde la familia, ausente y disfuncional. Para Artemis todo empez&oacute; en alg&uacute;n lugar similar, buscando compa&ntilde;&iacute;a y protecci&oacute;n. En sus m&uacute;ltiples amores con pandilleros de todas las castas y pelajes. La historia para ellas es una serie de repeticiones con nada de farsa y mucha tragedia.
    </p><p class="article-text">
        Antes de estar al frente de este grupo de ni&ntilde;os armados, Artemis fue como Asteria y como At&eacute;. Una chica flacucha y avispada, con una familia muy pobre para la que supon&iacute;a una carga. Sali&oacute; embarazada a los 17 a&ntilde;os de un miembro respetado de los Vatos Locos, esa pandilla inspirada por Hollywood. Y desde entonces ha tenido un azaroso v&iacute;a crucis por varias pandillas del Rivera Hern&aacute;ndez.
    </p><p class="article-text">
        Una vez destruida y disuelta su pandilla original, la Barrio Pobre 16, la que comparti&oacute; con el padre de Ate, tambi&eacute;n colabor&oacute; con el Barrio 18. Camin&oacute; con ellos, les ayud&oacute;, llev&oacute; recados, les dej&oacute; entrar en su casa y en su cuerpo. Pero a los suyos los mataron. Termin&oacute; el Barrio Pobre 16 y el Barrio 18 fue exterminado de esta colonia. Ella se salv&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Cuando las dem&aacute;s pandillas empezaron a acercarse a reclamar el territorio, Artemis, en lugar de huir o morir, aprendi&oacute; a sobrevivir. Su opci&oacute;n fue ayudar a un grupo de ni&ntilde;os y adolescentes a organizarse en lo que ella conoc&iacute;a tan bien: la pandilla. Desde hace dos a&ntilde;os, bajo su direcci&oacute;n, protecci&oacute;n, experiencia, una desarrapada&nbsp;mezcla de jovencitos pelea contra el Barrio 18, la Mara Salvatrucha 13, los Vatos Locos y&nbsp;toda pandilla o autoridad que asome las narices por las pocas calles y callejones que ellos controlan.
    </p><p class="article-text">
        La lucha por el territorio tambi&eacute;n incluye a la Polic&iacute;a, para ellos, un agresor m&aacute;s. Cuando Artemis habla de la Polic&iacute;a, cuenta c&oacute;mo en varias ocasiones han entrado a sus casas disparando y amenazando. C&oacute;mo los polic&iacute;as corruptos se llevan objetos de dentro de las casas porque, supuestamente, son robados. Para muchos, no son tan diferentes a los criminales. Pero lo que m&aacute;s le preocupa de los polic&iacute;as no es el robo. Es que cuando los agentes capturan a sus muchachos, dice, siempre los torturan.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        De Artemis depender&aacute; si se vuelven un grupo m&aacute;s en el panorama salvaje de la ciudad o si se disolver&aacute; y cada quien huir&aacute; por su lado. Por el momento se contentan con vender peque&ntilde;as porciones de coca&iacute;na de mala calidad y dispararse casi a diario con miembros de la MS13, que tambi&eacute;n quieren gobernar el peque&ntilde;o territorio.
    </p><p class="article-text">
        Tres mujeres. Un mismo rumbo. At&eacute; y Asteria chapotean en la cola, tratan de salir a flote en un barrio que es un lodazal violento. Artemis sobrevive por eliminaci&oacute;n, a modo de cabeza visible de una hidra en guerra, que cualquier d&iacute;a puede ser cortada, sacrificada, eliminada por los hombres de Mortal, en otro barrio violento.
    </p><p class="article-text">
        --
    </p><p class="article-text">
        <em>Este reportaje forma parte de la serie 'Las colaboradoras', un proyecto period&iacute;stico sobre el papel actual de las mujeres en las pandillas de Centroam&eacute;rica. Una iniciativa de El Intercambio financiada por Internews, en alianza con el antrop&oacute;logo salvadore&ntilde;o experto en pandillas Juan Mart&iacute;nez D&rsquo;aubuisson.</em><a href="http://elintercamb.io/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El Intercambio </a><a href="https://internews.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Internews</a>
    </p><p class="article-text">
        Texto: Elsa Cabria, Juan Mart&iacute;nez D&rsquo;aubuisson y Ximena Villagr&aacute;n / <em>El Intercambio</em>
    </p><p class="article-text">
        Fotograf&iacute;as: Oliver de Ros / <em>El Intercambio</em>
    </p><p class="article-text">
        Edici&oacute;n: Alberto Arce / <em>El Intercambio</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elsa Cabria, Juan Martínez D’aubuisson, Ximena Villagrán, Alberto Arce]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/quieren-mortal_1_1727785.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 28 Jan 2019 20:09:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ellas quieren ser Mortal: la sumisión de las niñas pandilleras]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Honduras,Pandillas,Caravana de migrantes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Toda Nicaragua es una inmensa casa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/nicaragua_1_1770800.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">En la historia de esta familia nicaragüense se resume el catálogo de crímenes de lesa humanidad por los que el gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo puede acabar sentado ante la justicia internacional.</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li><a href="https://www.eldiario.es/internacional/Managua-silencio-miedo-rencor_0_847965249.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Nicaragua: dos pa&iacute;ses que no se tocan mas que cuando no se miran </a>| <a href="https://www.eldiario.es/temas/nicaragua" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">M&aacute;s informaci&oacute;n</a></li>
                            </ul>
            </div><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2"><em>“Ya ves, viajero, está su puerta abierta, todo el país es una inmensa casa. No, no te equivocaste de aeropuerto: entra nomás, estás en Nicaragua.”</em><br/><br/><em>Julio Cortázar, 1980. </em><br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        En casa de la familia Valle hay una silla vac&iacute;a desde el 14 de julio. Y no siempre es la misma. La casa de la familia Valle en Managua es una c&aacute;rcel en la que una madre, sus dos hijas y su hijo esperan a que un d&iacute;a la polic&iacute;a eche la puerta abajo y los lleve como ya ha llevado a cientos. No quieren huir. No pueden. No mientras el padre siga encerrado en el penal del Chipotle. Alguien tiene que llevarle la comida y recordarle los martes, aunque solo sea durante media hora, que no est&aacute; solo. Que siguen all&iacute;. Juntos en la lucha contra la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
    </p><p class="article-text">
        Rebeca Montenegro, la madre, siempre se levanta la primera. Apenas termina de lavarse y tomar caf&eacute;, pone carb&oacute;n en una estufa. El sol de la ma&ntilde;ana irrumpe en el patio. El humo es lo &uacute;nico libre en esta casa. La luz marca su ruta de huida mientras asciende entre las l&aacute;minas del tejado y un palo de mango. La carne de res se hace a fuego lento hasta ponerse negra, un poco dura. Rebeca la cocina para su marido, Carlos Valle, que cumple m&aacute;s de 100 d&iacute;as preso sin que se hayan presentado cargos en su contra.
    </p><p class="article-text">
        Para el almuerzo, alista esa carne, el arroz con chismol, los frijoles y las tajadas y una botella de agua congelada a la que Carlos a&ntilde;adir&aacute; algo de cebada para prepararse un refresco. Las dos bandejas de durapax en las que coloca la comida antes de cerrarlas con cinta, a reventar. Escribe el nombre de su esposo con un marcador negro.
    </p><p class="article-text">
        Bajo el nombre, tres letras, T.Q.M.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Rebeca est&aacute; lista para su peregrinaci&oacute;n diaria al penal de memoria m&aacute;s oscura del pa&iacute;s. A sus 44 a&ntilde;os derrocha presencia. Es alta y fuerte. De pelo en mo&ntilde;o y cara limpia, elegante en el gesto, no desfallece. Derrocha actitud. Se despide de su hijo David, de 22, remol&oacute;n y lento, colocho y barbudo. De sus hijas. La recia Elsa, de 19 a&ntilde;os, piel mate y pelo largo y muy cuidado. Rebeca, una adolescente de 16, vestida de negro y sin palabras. No puede llegar tarde. La polic&iacute;a deja de recibir la comida con una puntualidad que forma parte del castigo. No ser&iacute;a la primera vez que su marido se quedase sin comer por un retraso. La casa, modesta pero bien organizada, destila firmeza y determinaci&oacute;n pero tambi&eacute;n tristeza, agotamiento, tensi&oacute;n ensimismada y consumo compulsivo de series en el sof&aacute;. Van por el d&eacute;cimo cap&iacute;tulo de la quinta temporada de Vikingos.
    </p><p class="article-text">
        El taxi, a mano alzada y colectivo, que sale m&aacute;s barato. Durante el trayecto no abre a boca. Todos saben. Al meter la cabeza por la ventanilla y pedir precio ha dicho d&oacute;nde va.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El Chipote.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Para subir al Chipote hay que agarrar aire y moral. La c&aacute;rcel de cuanta dictadura ha sido en Nicaragua proyecta su sombra sobre el pa&iacute;s anclada desde hace casi 90 a&ntilde;os en la Loma de Tiscapa, centro de Managua. Est&aacute; al final de una cuesta pronunciada. Regada por un chorro de calor.
    </p><p class="article-text">
        Prologada por dos escenas en blanco y negro.
    </p><p class="article-text">
        En la primera vemos a una mujer joven que reparte bolsas de comida. Viene de la iglesia cat&oacute;lica. Algunas de las esposas, madres y hermanas de los presos y presas en la c&aacute;rcel no tienen suficiente -dinero ni tiempo- para llevar dos tiempos de alimentos al d&iacute;a. La joven apunta el nombre en una libreta de anillas y entrega la bolsa. Escueta, nerviosa, inc&oacute;moda, ocupada, se&ntilde;ala hacia arriba con la mirada y una leve inclinaci&oacute;n de la cabeza. &ldquo;Nos molestan mucho. A veces llegan y nos quitan las bolsas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La segunda escena muestra a quienes entorpecen sus vidas. Una docena de hombres sentados sobre un peque&ntilde;o muro. En las manos, bastones de madera y metal. Cuando Rebeca pasa delante de ellos, cargada y sofocada, los golpean contra el suelo. Toc, toc, toc. Clavan la mirada, perseguidora. Ella no se la devuelve. &ldquo;Antes era peor, agred&iacute;an, empujaban, insultaban&rdquo;, explica ignor&aacute;ndolos. Son la turba. La fuerza de choque del gobierno. Aqu&iacute; no manda la polic&iacute;a. Mandan ellos, su estado de &aacute;nimo, las &oacute;rdenes que hayan recibido. Pueden hacer lo que quieran con los familiares de los presos.
    </p><p class="article-text">
        El &uacute;ltimo tramo de la subida recorre el pasillo formado por toldos del Frente Sandinista de Liberaci&oacute;n Nacional decorados con mensajes alusivos a su paz, la de los francotiradores, entre las fotograf&iacute;as y nombres de dos docenas de polic&iacute;as. Seg&uacute;n la propaganda del gobierno esos son los agentes asesinados por los manifestantes de las protestas contra el gobierno de los &uacute;ltimos meses. Seg&uacute;n esa misma versi&oacute;n falsaria de la historia, esa turba no es turba. Son los familiares de esos agentes. Rebeca se r&iacute;e. &ldquo;Ya nos conocemos. Son tan familiares de polic&iacute;as como yo. Muertos de hambre es lo que son, que nos agreden por un saco de frijol&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Frente al port&oacute;n, silencio e incomodidad. Durante la espera, una a una,se acercan las mujeres, agarradas a bolsas y carpetas llenas de papeles. Sin dejar de mirar hacia la verja y los polic&iacute;as, como si no estuvi&eacute;semos hablando, mascullan el nombre de su familiar y el tiempo que lleva detenido. Un mes, tres meses, siete meses. Quienes est&aacute;n encerrados aqu&iacute;, en el hoyo de la detenci&oacute;n arbitraria, no saben de que se los acusa. No hay cargos contra ellos, dicen, ni han sido, en muchos casos, presentados ante el juez. La polic&iacute;a abre la puerta. Sin cruzar una palabra, casi sin mirarse, Rebeca da el nombre del preso, Carlos Valle, deja las bolsas, entrega su c&eacute;dula, firma y tiene que irse. Como todas las dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Del interior sale una picop abierta quemando llanta. Tres polic&iacute;as encapuchados y bien agarrados a sus armas se llevan a un hombre esposado. Una de las mujeres reconoce a su mam&aacute; en la cabina. Se emociona. Llora. Dice &ldquo;&iexcl;Mam&aacute;! &iquest;Ad&oacute;nde la llevar&aacute;n?&rdquo; Las otras responden. &ldquo;Corr&eacute;, corr&eacute;, and&aacute;, ped&iacute; taxi, and&aacute; al juzgado, seguro que la pod&eacute;s ver&rdquo;. Corre cuesta abajo, sola. Las dem&aacute;s se despiden. Volver&aacute;n a verse al d&iacute;a siguiente. Y al siguiente. Y al siguiente. Y al siguiente. M&aacute;s adelante sabremos que ir a ver a una presa al juzgado puede provocar que la visita termine con la familia en el Chipote. 
    </p><p class="article-text">
        De regreso en casa la madre convoca a sus tres hijos alrededor de una mesa cubierta por un mantel de pl&aacute;stico. David, de 22, visiblemente enfadado con la vida, inc&oacute;modo. Elsa, de 19, muy seria. Rebeca, de 16, t&iacute;mida. Ausente. Ya sea por imposici&oacute;n militante, orden materna o voluntad sincera de aportar su testimonio, todos participan. Cada uno imprime su estilo y momento. Las heridas abiertas por sus experiencias coreograf&iacute;an el modo de procesarlas ante el extra&ntilde;o. Rotan por las sillas, hablan, vienen y van, se levantan de la mesa al cuarto, caminan por el patio o se tiran en el sof&aacute;. Regresan a la mesa para apostillar o solo escuchar.
    </p><p class="article-text">
        Los cuatro lo est&aacute;n pasando mal. El padre lleva detenido 100 d&iacute;as. Rebeca, la madre, madre, abogada y notaria p&uacute;blica ha sido golpeada y despedida de su empleo en la administraci&oacute;n despu&eacute;s de 16 a&ntilde;os trabajando en el &aacute;rea de la formaci&oacute;n t&eacute;cnica de estudiantes. David, el hijo mayor ha sido golpeado, amenazado, detenido y espera que cualquier d&iacute;a vengan a llev&aacute;rselo de nuevo. Solo sale de casa para trabajar en un <em>call center</em> &ndash;de amigos que nos apoyan, matiza- o para ver su hijo de a&ntilde;o y medio con el que no vive por motivos de seguridad. A la mediana, Elsa, la tuvieron 75 d&iacute;as presa. Sufri&oacute; un aborto en la c&aacute;rcel. Asesinaron al padre del beb&eacute;. No sale de casa. A Rebeca-hija la golpearon, detuvieron y mantienen acosada en la escuela. Mientras dura el receso de invierno tampoco sale de casa.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        La familia Valle paga as&iacute; su cuota de sufrimiento por participar en el levantamiento azul y blanco contra el r&eacute;gimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Desde que comenz&oacute; la rebeli&oacute;n, el 18 de abril, quedan en la memoria m&aacute;s de 300 muertos y m&aacute;s de 600 presos pol&iacute;ticos; Miles de personas han huido exiliadas al extranjero o languidecen escondidas en casas de seguridad por todo el pa&iacute;s; Un diario, Confidencial y dos canales de televisi&oacute;n, Esta Semana y 100% noticias han sido confiscados mientras el resto de los medios cr&iacute;ticos y sus periodistas est&aacute;n listos para seguir el mismo camino de la c&aacute;rcel o el exilio; casi todas las organizaciones no gubernamentales nicarag&uuml;enses que peleaban han sido clausuradas y los organismos internacionales de derechos humanos que han denunciado lo que sucede en Nicaragua han sido expulsados del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        La familia Valle al completo es v&iacute;ctima de lo que el Grupo de Expertos Independientes nombrado por la Organizaci&oacute;n de Estados Americanos ha calificado en su informe sobre lo sucedido en Nicaragua como &ldquo;cr&iacute;menes de lesa humanidad&rdquo; perpetrados por el gobierno. Han sido asesinados, perseguidos, detenidos de manera arbitraria, acusados, golpeados, de alg&uacute;n modo torturados, sometidos a tratos vejatorios, amenazados y represaliados laboralmente por su compromiso pol&iacute;tico. Son los perdedores de una ofensiva contra la oposici&oacute;n pol&iacute;tica lanzada por la polic&iacute;a y fuerzas paramilitares coordinada desde las instancias m&aacute;s altas del estado. La familia Valle, unida, es recordatorio y testigo de que alg&uacute;n d&iacute;a los responsables de la represi&oacute;n en Nicaragua podr&iacute;an acabar sentados ante la justicia internacional.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La detenci&oacute;n de Carlos Valle.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Como casi todas las historias nicarag&uuml;enses, la historia pol&iacute;tica de Carlos Valle es un c&iacute;rculo de lucha contra la dictadura que se cierra sobre s&iacute; mismo. Comienza durante la dictadura de Anastasio Somoza en la d&eacute;cada de los 70 y sigue durante la de Daniel Ortega y Rosario Murillo, casi medio siglo despu&eacute;s. La c&aacute;rcel del Chipote, el hilo que une Nicaragua a lo largo de sus dictaduras. Pasa el tiempo y la represi&oacute;n se repite. Hay m&aacute;s presos pol&iacute;ticos en Nicaragua hoy que al final de la dictadura somocista. 
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n cuenta Rebeca la vida de su esposo Carlos y la pol&iacute;tica son una desde que tuvo uso de raz&oacute;n. A los 16 escap&oacute; de casa. Fue miembro de la guerrilla sandinista. Su &uacute;ltimo combate de entonces fue en Managua. A&uacute;n tiene el brazo derecho lleno de charneles (metralla). Tras el triunfo de la revoluci&oacute;n trabaj&oacute; en el &aacute;rea de granos b&aacute;sicos y distribuci&oacute;n de alimentos. Se desencant&oacute;, explica, por la diferencia entre el socialismo de palabra y el real. En alg&uacute;n momento cay&oacute; preso &ndash;no abunda- vivi&oacute; un primer exilio y regres&oacute; a Nicaragua como miembro del Partido Liberal Constitucionalista, del que fue concejal en Managua entre 2001 y 2007. De ah&iacute; pas&oacute; a rebuscarse la vida como cronista de b&eacute;isbol para la emisora radial Corporaci&oacute;n e incluso tuvo un taxi. Hablaremos del taxi despu&eacute;s, su esqueleto yace en el patio de la casa. Su familia ha recorrido Nicaragua de punta a punta y de mitin en mitin. Nunca dej&oacute; el activismo. Aunque lo esperase -quiz&aacute;s lo deseara- no sab&iacute;a que sus hijos tomaban nota de lo que ve&iacute;an y acabar&iacute;an asumiendo el testigo de su lucha. Es m&aacute;s, si hoy est&aacute; detenido fue por manifestarse pidiendo la libertad de su hija, apresada incluso antes que &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Dice David. &ldquo;Mi pap&aacute; siempre nos ense&ntilde;&oacute; a luchar por lo que uno cree. Es la educaci&oacute;n de la casa y eso marca. Ese sentimiento nos lanz&oacute; a la protesta con una determinaci&oacute;n clara. No quita el miedo pero amarra a la lucha&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A Carlos Valle lo detuvieron en la calle el d&iacute;a 15 de septiembre de este a&ntilde;o. Regresaba a casa tras una marcha de protesta junto a su esposa, su hija peque&ntilde;a y su hijo. Cargaban una pancarta. Ped&iacute;an la libertad de Elsa, de 19 a&ntilde;os, la hija mediana, que llevaba presa desde el 14 de julio. Existe una grabaci&oacute;n de tel&eacute;fono del arresto. A la altura del mercado Huembes se les acerc&oacute; un hombre en moto. Llevaba una ni&ntilde;a detr&aacute;s. Entre la ni&ntilde;a y &eacute;l, un saco de grano. La versi&oacute;n de Rebeca-madre dice que a ese hombre lo envi&oacute; la polic&iacute;a para provocar y que el grano lo demuestra. El saco, asume, es en pago por el servicio prestado. &ldquo;Que diera gracias a dios que su hija no estaba engusanada o violada en un cauce&rdquo;, recuerda que dijo el hombre de la moto. &ldquo;A los nicarag&uuml;enses nos corre sangre por las venas y no gelatina&rdquo;, justifica Rebeca, as&iacute; que Carlos le solt&oacute; un pu&ntilde;etazo en el casco. Se lastim&oacute; la mano. Hab&iacute;a ca&iacute;do en la trampa.
    </p><p class="article-text">
        Varias cuadras despu&eacute;s apareci&oacute; una patrulla. De ella se bajaron media docena de polic&iacute;as y un par de hombres de civil. Carlos se deshizo del tel&eacute;fono y la cartera y trat&oacute; de huir. No lo logr&oacute;. La familia entera reaccion&oacute;. En medio de la confusi&oacute;n, a sus 16 a&ntilde;os, con la experiencia que dan meses de marchas de protesta, Rebeca-hija salt&oacute;. &ldquo;Me puse a meterle golpes a los polic&iacute;as y ellos sin piedad me golpeaban en la cara y me apartaban&rdquo;, cuenta. No ten&iacute;a ninguna posibilidad. Se qued&oacute; sola en la calle. Llorando. Perdida. En estado de shock. Acababan de llevarse a su madre y a su madre. Hab&iacute;a perdido a su hermano. Logr&oacute; que alguien la llevara a casa de su abuela. &ldquo;Sent&iacute; rabia y dolor. M&aacute;s rabia que dolor&rdquo;.
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            </figure><p class="article-text">
        Rebeca-madre recuerda dos frases de los civiles a Carlos: Un &ldquo;por fin te agarramos, pel&oacute;n maldito golpista&rdquo; y un &ldquo;ya sab&eacute;s lo que te espera, tiro y a un cauce&rdquo;. Decidi&oacute; pelear por su esposo. A Carlos lo tiraron a la parte de atr&aacute;s de la camioneta. &ldquo;Me mancuern&eacute; con los polic&iacute;as hasta que no pude m&aacute;s. Me sub&iacute;. Aceleraba y frenaba para que me cayera. Un polic&iacute;a que iba sobre &eacute;l monta el AK y le apunta. &rdquo;Disparale le digo, que te voy a perseguir hasta la vida eterna&ldquo;. Al llegar a la estaci&oacute;n n&uacute;mero cinco a Rebeca le dieron dos culatazos y la sacaron a aventones del lugar. &rdquo;Mi esposo tra&iacute;a la boca llena de sangre&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        Desde la puerta vio como tambi&eacute;n met&iacute;an dentro a su hijo. Durante el arresto, David se qued&oacute; con un n&uacute;mero escrito en el veh&iacute;culo que se llevaba a sus padres: Distrito cinco. All&aacute; se fue. Cuando estaba cerca, se meti&oacute; en una fruter&iacute;a para cambiarse de camiseta -no somos delincuentes, somos estudiantes- antes de entrar a preguntar por &eacute;l. Un sapo (chivato), los sapos siempre, lo denunci&oacute; a la polic&iacute;a. Entr&oacute; a la comisar&iacute;a, s&iacute;. Pero detenido. A golpe de culatazo. En una celda, recibiendo golpes, se comunicaron con gestos. Nadie deb&iacute;a reconocer que eran familia. Pero no contaban con el enlace pol&iacute;tico. Como en las c&aacute;rceles, en las comisar&iacute;as tampoco manda la polic&iacute;a. Un l&iacute;der sandinista, un civil encapuchado, lleg&oacute; a ver a los detenidos. Su trabajo, sacar fotos, recoger nombres y c&eacute;dulas, circularlas por sus grupos para el se&ntilde;alamiento. Marc&oacute; a padre e hijo. Dio orden de enviarlos al Chipote. A los dos los enchacharon y los llevaron tirados en el suelo de una camioneta. &ldquo;Nadie levante la cabeza que le doy con la culata&rdquo;, repetido una y otra vez. Una vez all&iacute;, ocho horas sentados en el suelo. Ocho horas de interrogatorio colectivo. Piden nombres, insultan. &ldquo;Ustedes perros van a morir&rdquo; o &ldquo;los tenemos en videos disparando a la polic&iacute;a&rdquo;. Mienten para forzar confesiones. Decidieron que no ten&iacute;an nada de qu&eacute; acusar a David. No pueden quedarse con todo el mundo, no hay espacio. Lo pasaron a una oficina, de civiles de nuevo, para recibir un discurso moralizante. Esa misma noche lo soltaron. Desde que sali&oacute;, no par&oacute; de vomitar hasta el d&iacute;a siguiente. Pudo reunirse con su madre y su hermana peque&ntilde;a para regresar a su encierro en casa. Su padre, Carlos, se qued&oacute; en el Chipote.
    </p><p class="article-text">
        Desde aquel 14 de julio, s&oacute;lo su esposa Rebeca puede visitar a Carlos Valle en prisi&oacute;n. Los martes, en una sala donde los guardias colocan dos hileras de sillas en paralelo, una para los presos, otra para los familiares, sin ninguna privacidad y con prisas. A los hijos de Carlos Valle no les est&aacute; permitido visitarlo. Por una regla no escrita pero s&iacute; explicada. Nadie que haya estado preso en el Chipotle puede visitar a un preso en el Chipotle. Y los tres hijos de Carlos Valle son veteranos del Chipote.
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        <strong>Elsa y David. Su batalla. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Elsa y David discuten para recordar cu&aacute;l de los dos se sum&oacute; primero a la lucha.
    </p><p class="article-text">
        Fue &eacute;l. Ella cede. Apenas un par de d&iacute;as de diferencia. 19 y 21 de abril. David se fue con su novia a la UNAN (Universidad Nacional Aut&oacute;noma de Nicaragua). Dejaron a su hija de a&ntilde;o y medio con la abuela, con Rebeca. Dejaron tambi&eacute;n sus trabajos en un call center, pidieron sus liquidaciones y con ese dinero compraron suministros para encerrarse en la universidad.
    </p><p class="article-text">
        La &uacute;ltima fase de calentamiento para la rebeli&oacute;n llevaba tiempo incub&aacute;ndose. El incendio de la Reserva de Indio Ma&iacute;z y la desidia gubernamental en su extinci&oacute;n, los golpes, la represi&oacute;n. Los viejitos, la protesta por el recorte a la seguridad social, m&aacute;s golpes, la represi&oacute;n de nuevo. Los &uacute;ltimos diez a&ntilde;os de sandinismo <em>new age</em>, cristiano socialista y solidario, el r&eacute;gimen de los saporotes -sapos y cerotes corruptos vigilando y delatando a sus vecinos por cuatro sacos de comida y una mochila de material escolar o un sueldo del estado- estallaron en lo que tardaron en correr decenas de cadenas de mensajes por whatsapp que llamaban a la protesta estudiantil. A ocupar la universidades. 
    </p><p class="article-text">
        Elsa estudiaba periodismo en la Uhispam (Universidad Hispanoamericana). Un grupo de amigos de Elsa lanz&oacute; la ocupaci&oacute;n de la UPOLI (Universidad Polit&eacute;cnica). Ped&iacute;an medicamentos, comida y gente dispuesta a proteger la universidad del ataque de la polic&iacute;a y turbas del gobierno. Agarr&oacute; un bus y fue al trabajo de su madre.
    </p><p class="article-text">
        - Disculpame mami, pero me voy a meter en esto. Ya tom&eacute; la decisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Sinti&oacute; el apoyo. Sab&iacute;a lo que hac&iacute;a. No iban de fiesta. Su primera parada fue en las oficinas de la Cruz Roja para hacerse con insumos m&eacute;dicos. Tambi&eacute;n cargaba una mochila llena de comida. Al llegar a la universidad ya hab&iacute;a comenzado el baile de gases lacrim&oacute;genos y balas de goma. Iban en grupo. Tuvieron que meterse por un cauce y colarse un agujero en la verja. El primer d&iacute;a ya quebr&oacute; sus lentes y aprendi&oacute; que el mejor lugar para respirar cuando llov&iacute;a el gas era bajo las regaderas de agua fr&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Los primeros d&iacute;as fueron duros. Tuve miedo. &ldquo;Llamaba a mi pap&aacute;. &Eacute;l me apoy&oacute;. Vos sos valiente, no sos cobarde, no te voy a ir a traer, uno no se puede arrepentir, si llegaste con tus amigos, te qued&aacute;s con tus amigos&rdquo;. No tuvieron tiempo de pensar. Los tiros no se hicieron de rogar. &ldquo;El primer d&iacute;a que yo mir&eacute; un muerto eran las dos o tres de la ma&ntilde;ana y un muchacho ven&iacute;a baleado por el pasillo&rdquo;. Se&ntilde;ala el cuello con el &iacute;ndice y lo hace resbalar. Recuerda exactamente donde estaba el agujero del que manaba sangre como si fuera un grifo. &ldquo;Cuando o&iacute; que lo hab&iacute;an perdido. Colaps&eacute;&rdquo;.  Se acostumbr&oacute; r&aacute;pido. El segundo, el tercero, el cuarto se convirtieron en motivos para quedarse. &ldquo;Una asume que o se gana o se muere&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La nombraron encargada de la alimentaci&oacute;n. Primero preparaban unas bolsitas de frijol con arroz que se com&iacute;an a chupada. Al final, pasaron d&iacute;as enteros comiendo spaghetti con spaghetti. Noches con sus d&iacute;as y semanas de insomnio, largas como a&ntilde;os. Enfrentamientos con la polic&iacute;a y paramilitares del gobierno y entre ellos. Brutalidad, infiltrados, asambleas, m&aacute;s muertos, m&aacute;s tiros, m&aacute;s hambre. Machismo. &ldquo;Al principio dec&iacute;an que las mujeres no ten&iacute;amos que estar expuestas a las balas&rdquo;, recuerda. &ldquo;Yo pensaba: el que tenga huevos que est&eacute; ah&iacute;, sea hombre o mujer. Hab&iacute;a mujeres a las que no les importaba lo que los chavalos dijeran. Hab&iacute;a mujeres al mando, mujeres tirando morteros. El machismo solo toma poder si la mujer lo permite. Cuando la mujer pone car&aacute;cter, no la manda nadie. Hemos madurado a la fuerza&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En cuesti&oacute;n de semanas, aprendieron todo lo que se aprende en una guerra. Lo malo y lo peor. Los detalles son escabrosos. Algunos de traiciones imperdonables demasiado recientes a&uacute;n como para verbalizarlos. Otros, ultraviolentos, imposibles de verificar. Tan presentes en su memoria como para utilizar ya la palabra venganza.
    </p><p class="article-text">
        Conoci&oacute; a un chico. Tambi&eacute;n hubo tiempo para eso. Siempre lo hay. Elsa se qued&oacute; embarazada de Tony Merlo. A&uacute;n lo llama su novio. &ldquo;Su novio novio&rdquo;, enfatiza. Tony Merlo muri&oacute; asesinado en uno de los tranques. Tres meses despu&eacute;s, el beb&eacute; que esperaba cay&oacute; como bola coagulada tras horas de sangrado sentada sobre un agujero en la c&aacute;rcel. Todav&iacute;a no lo ha procesado.
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        Elsa tambi&eacute;n llevaba comida al frente. A las barricadas, a los tranques. Un d&iacute;a, en la UNAN se encontr&oacute; con su hermano, parte de la fuerza de choque que se enfrentaba a la polic&iacute;a y paramilitares con lo que ten&iacute;a a mano. No quiso ni saludarla. Solo la ech&oacute; de all&iacute;. &ldquo;Para protegerla&rdquo;, se defiende David que aprovecha para irrumpir con su cuota de dolor, sin mirar a los ojos, rasc&aacute;ndose la barba. &ldquo;La primera vez que un muchacho nos pidi&oacute; permiso para ir a ver a su mam&aacute;, analizamos la situaci&oacute;n. Estaba muy estresado, no dorm&iacute;a. Ten&iacute;a semanas de no verla. Le dimos para el taxi. Estudiaba medicina, cuarto a&ntilde;o. Apareci&oacute; quemado la ma&ntilde;ana siguiente. De aqu&iacute; no sale nadie m&aacute;s, decidimos&rdquo;. Repite dos ideas que comparte con su hermana. &ldquo;Haber visto los muertos, haberlos cargado, haberse manchado con su sangre es algo que no se olvida nunca. Por eso vamos a seguir&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pese a la determinaci&oacute;n, ambos perdieron sus batallas relativamente r&aacute;pido. A finales de mayo, un mes despu&eacute;s de entrar en las ocupaciones de las universidades, hubo que buscar salidas. Sobrevivir. &ldquo;Pasamos de ser unos cientos a solo 30 sin darnos cuenta&rdquo; recuerda Elsa. La derrota nunca deja indiferente. &ldquo;Cuando yo vi que entraban las armas me asust&eacute;, claro. Pero hubo que usar las armas para limpiar aquello de elementos malos&rdquo;, explica escueta a sus 19 a&ntilde;os. Perdimos el control. La gente se iba. Qued&aacute;bamos diez. &Iacute;bamos a morir. Decidimos entregar la universidad. El profesor que nos la recibi&oacute;, un buen hombre, est&aacute; en la c&aacute;rcel acusado de terrorismo. Lo &uacute;nico que hizo fue intentar evitar el saqueo&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        Abandonada la universidad, Tony, que entonces a&uacute;n estaba vivo llev&oacute; a Elsa y a otra pareja a una casa de seguridad. Ellas se quedaban dentro, ellos sal&iacute;an a las barricadas. El 23 de junio lleg&oacute; un mensaje de voz por Whatsapp. Hab&iacute;an herido a Tony en una barricada y se lo hab&iacute;an llevado con los intestinos fuera. Al tercer hospital que llam&oacute; le confirmaron que hab&iacute;a muerto. No hubo l&aacute;grimas ni gritos. Ella y su amiga salieron en ese mismo momento de la casa de seguridad para ir al velorio. &ldquo;Nos reunimos todos los que hab&iacute;amos estado en la ocupaci&oacute;n de la UPOLI, que ya nos hab&iacute;amos dispersado por casas de seguridad y nos reagrupamos de nuevo en las marchas&rdquo;. Fue el regreso a la militancia directa tras unos d&iacute;as escondidas. &ldquo;Con la camisa de &eacute;l, la pancarta y la bandera de Nicaragua volvieron a marchar. A los quince d&iacute;as, en una de las marchas, muere otro amigo del grupo. Volvimos a replegarnos&rdquo;.
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        <strong>La ca&iacute;da de Elsa.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Elsa cay&oacute; el 14 de julio. Estaba almorzando en casa de una amiga. &ldquo;La polic&iacute;a abri&oacute; el port&oacute;n a la fuerza. Nos denunciaron los sapos del barrio que nos hab&iacute;an visto entrar&rdquo;. Lo &uacute;nico que encontraron fue una pancarta, una bandera de Nicaragua y una mochila con insumos m&eacute;dicos que yo llevaba encima. Se las llevaron en una patrulla. Pocas cuadras despu&eacute;s se detuvieron para encontrarse con otra patrulla en la que vieron a un chavalo enchachado y bien golpeado. Junto a &eacute;l, una bolsa negra con armas. Pusieron la pancarta con las armas y empezaron a insultar. &ldquo;Ahora vais a conocer lo que es bueno, ahora os vamos a llevar al Chipote&rdquo;, recuerda que les dec&iacute;an. &ldquo;Comenc&eacute; a llorar. Me vine abajo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Una vez en el penal, las llevaron a un patio lleno de camionetas. &ldquo;All&iacute; hab&iacute;a hombres de civil, armados y encapuchados en fila. Pasamos delante de ellos. Nos dec&iacute;an que nos lo iban a hacer pasar bien. Uno detr&aacute;s de otro. Nos dejaron al sol ,viendo a la pared y enchachadas. Si volteaba a ver, galletazo. Solo lloraba. Tiran una manta, agarran la bolsa negra y se escuchan fierros. Bastantes armas, AK, pistolas, morteros, chibolas tiradoras&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Eleg&iacute; las tuyas&rdquo;, me dice uno.
    </p><p class="article-text">
        - &ldquo;No&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        - &ldquo;No te hag&aacute;s la est&uacute;pida, eleg&iacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        - &ldquo;Abr&iacute; la pancarta con el nombre y la foto de Tony&rdquo;, dice Elsa.
    </p><p class="article-text">
        - &ldquo;Est&aacute; bueno que est&eacute; muerto, por delincuente, as&iacute; deber&iacute;an estar todos, muertos&rdquo;, le dijeron.
    </p><p class="article-text">
        Cuando entr&oacute; en el Chipote Elsa ya se hab&iacute;a hecho tres pruebas de embarazo de las de farmacia barata. Hab&iacute;an dado positivo las tres. No quer&iacute;a creerlo porque era de Tony y Tony estaba muerto.
    </p><p class="article-text">
        Una mujer polic&iacute;a la meti&oacute; al &aacute;rea de interrogatorios, delante de un gran espejo.
    </p><p class="article-text">
        - &ldquo;Quitate la ropa&rdquo;, le dijo.
    </p><p class="article-text">
         Se la quit&oacute; lentamente, y se qued&oacute; en ropa interior.
    </p><p class="article-text">
        - &ldquo;Me crees est&uacute;pida, quitate todo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Con mucho miedo se lo quit&oacute; todo. Le hab&iacute;an dicho que la iban a violar. Sab&iacute;a que estaba embarazada. La puso a hacer sentadillas hasta que no pudo m&aacute;s. A empujones la llevaron a la celda 37. Estaba oscura. Hab&iacute;a otra muchacha llorando dentro. &ldquo;Tranquila, no te vamos a hacer da&ntilde;o. Yo tambi&eacute;n soy presa pol&iacute;tica&rdquo;, le dijo. Se tranquiliz&oacute;. Los interrogatorios duraron tres noches. Eran siempre de madrugada. &ldquo;Nos llevaban a rastras y nos preguntaban por los dirigentes. Siempre dec&iacute;a que no conoc&iacute;a a nadie&rdquo;, recuerda.
    </p><p class="article-text">
         - &ldquo;Te tengo una propuesta. Si colabor&aacute;s con nosotros, pod&eacute;s salir ahorita mismo. Simplemente ten&eacute;s que decir que viste a este y aquel dando armas a los chavalos en la universidad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Elsa no cedi&oacute;. &ldquo;Si yo vend&iacute;a a esos muchachos, &iquest;c&oacute;mo iba a quedar delante del pa&iacute;s? Tiene que pasar lo que tiene que pasar. Una se mete en esto y despu&eacute;s de todo lo que pas&oacute;, todos los muertos, hay que asumir lo que una hace&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los interrogatorios pasaron a otra fase. Ten&iacute;an todos los datos de su familia. Le dijeron que iban a quemar la casa, arrestar a sus hermanos y a su padre. Que iban a despedir a su madre del trabajo. Lo cumplieron. A su madre la despidieron el 30 de agosto, a su padre lo arrestaron el 15 de septiembre.
    </p><p class="article-text">
        El 20 de julio, tras la primera audiencia ante un juez, la pasaron a la c&aacute;rcel de mujeres de La Esperanza. &ldquo;Yo siempre segu&iacute; diciendo que estaba embarazada, ya no aguantaba los dolores. Dorm&iacute;a, vomitaba, ten&iacute;a mucha hambre. La comida estaba choca. Era basura. Pero en vez de mandarme a un ginec&oacute;logo me mandaron a un psiquiatra, dec&iacute;an que me lo inventaba para salir&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Entr&oacute; a una celda en la que viv&iacute;an hacinadas 96 mujeres. Dos detalles. El primero, que en las paredes, estaban dibujados los &ldquo;&aacute;rboles de la vida&rdquo;, coloridas estructuras met&aacute;licas de varios metros de altura que pueblan las rotondas de Managua dise&ntilde;ados por Rosario Murillo y convertidos en emblema del nuevo sandinismo. El segundo, que las obligaban a escuchar por la radio los discursos de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Es tenebroso&rdquo;, explica con mueca de asco. 
    </p><p class="article-text">
        Al principio solo eran cuatro presas pol&iacute;ticas. Para protegerse incluso orinaban juntas. Ya estaba embarazada de dos meses. Cada vez que com&iacute;a, vomitaba. A los 8 d&iacute;as le sacaron sangre. Le dijeron que no estaba embaraza. Era mentira pero lo crey&oacute;. Entr&oacute; otro grupo de presas pol&iacute;ticas. Las trasladaron a todas juntas. Las hicieron cargar sus camas. Le sent&oacute; fatal. Tardaron 15 d&iacute;as en sacarlas al patio. &ldquo;Empec&eacute; a correr al sol y a estirarme. Y me dobl&eacute; el tobillo. En poco tiempo, se convirti&oacute; en una gran pelota hinchada, por andar chinvaroneando (hacer cosas de varones) te pasa eso, me dijo la doctora&rdquo;. Le dol&iacute;a tanto que acab&oacute; convulsionando. Solo la atendieron despu&eacute;s de una noche entera de protesta de todas las pol&iacute;ticas. Y a cambio de silencio. &ldquo;Mordiendo la almohada hasta callarme para que me dieran la pastilla del dolor&rdquo;. Volvieron a trasladarla. Volvi&oacute; a cargar su cama. Volvi&oacute; a sentarle fatal. Obligarla a realizar esfuerzos f&iacute;sicos era parte del castigo. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ah&iacute; ya ten&iacute;a tres meses de no reglar y comenz&oacute; la hemorragia. &rdquo;Entonces me paso el d&iacute;a sentada en el ba&ntilde;o escuchando las gotas de sangre que ca&iacute;an. Eso no era normal. Estaba doblada todo el d&iacute;a. Me daba miedo desangrarme y me dec&iacute;an las funcionarias que estaba loca. Al tercer d&iacute;a, doblada, sentada, escuche un golpe seco caer contra el agua. Pens&eacute; que era una pelota de sangre. Supe que hab&iacute;a abortado y me comenzaron las calenturas, la ansiedad, las sudadas, los lloros. Me picaban los ovarios. Quer&iacute;a meterme un bistur&iacute; y rascarme por dentro de lo que me ard&iacute;a. Estaba infectada&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        El 22 de septiembre la llevaron a juicio. La fiscal no estaba preparada. No ten&iacute;a la informaci&oacute;n ni los testigos. Se le zaf&oacute; el caso. El 27 de septiembre la llamaron de nuevo.
    </p><p class="article-text">
        - &ldquo;Alisten sus cosas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        - &ldquo;&iquest;Donde vamos?&rdquo;, respondi&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        - &ldquo;Que alist&eacute;s tus cosas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        - &ldquo;No hasta que no me diga donde vamos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        - &ldquo;Van libres&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Eran tres. &ldquo;Comenzamos a llorar y a abrazarnos. Sal&iacute; gritando que iban a salir todas libres. Me taparon la boca y mord&iacute; a la funcionaria. Luego me llevaron a un despacho para convencerme de no s&eacute; qu&eacute;. Ni caso les hice. Tuvimos que firmar que hab&iacute;amos estado bien. Estaba muy mareada, iba sin comer, cojeando, con el dolor del pie y mi mam&aacute; me llev&oacute; directo al ginec&oacute;logo. Me meti&oacute; a hacer un ultrasonido y ah&iacute; estaba. Me mir&oacute; con tristeza y me lo dijo.
    </p><p class="article-text">
        - &ldquo;&iquest;Est&aacute;s preparada? Ten&eacute;s una fuerte infecci&oacute;n debido a que tuviste un aborto&rdquo;.          
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;He ido super&aacute;ndolo. Los primeros d&iacute;as fueron los peores. Ellos se dieron cuenta de que estaba embarazada y permitieron que lo perdiera. Lo hubiera tenido&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s, la casa. Ya no ha salido m&aacute;s que a dar algunas entrevistas. Cuando quedaban canales y medios a los que dar entrevistas. O por una falsa alarma en la que cay&oacute; junto a Rebeca, su hermana de 16 a&ntilde;os. Por la que ambas acabaron golpeadas y detenidas, si bien solo por unas horas, en el Chipote.
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        <strong>Rebeca</strong>
    </p><p class="article-text">
        Fue el 13 de noviembre. Las hermanas cometieron el error de creer un rumor. Alguien les dijo que iban a llevar a su padre a los juzgados. No dudaron un segundo. All&iacute; se plantaron las dos. Solas. Con un cartel. Dieron varias entrevistas mientras esperaban que llegara el veh&iacute;culo que traer&iacute;a a su padre. Nunca lleg&oacute;. Lo hicieron en su lugar dos patrullas  con una docena de agentes a bordo. Los periodistas se separaron.
    </p><p class="article-text">
        - &ldquo;Si ustedes vuelven a dar entrevistas&rdquo;, dijo el que mandaba, &ldquo;las agarramos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        - &ldquo;No estamos cometiendo ning&uacute;n delito&rdquo;, respondi&oacute; Rebeca.
    </p><p class="article-text">
        - &ldquo;No me est&eacute;s faltando al respeto. Ag&aacute;rrenla&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No me dej&eacute;&rdquo;, sigue Rebeca. &ldquo;Comenc&eacute; a jalonear para que no me llevaran. Ellos me agarran de piernas y brazos y me llevan a la tina del hilux. Se montaron los polic&iacute;as y me pon&iacute;an las botas encima de la cabeza. Duele. Iba prensada contra el suelo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        - &ldquo;Tanto que se tiraba de huevoncita, mir&aacute; como la tenemos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Las llevaron al Chipote a las dos. Las interrogaron. Poco pod&iacute;an decir. Las metieron en la celda preventiva durante unas horas y les dijeron:
    </p><p class="article-text">
         - &ldquo;No anden diciendo nada, que esto tiene que quedar entre nosotros. Si quieren que todo esto se termine pronto, les recomendamos que callen y dejen de hablar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A Rebeca la arrestan por dar una entrevista. Por eso da entrevistas. &ldquo;No tengo miedo. Tengo rabia. Aunque me arresten mil veces, aunque me golpeen, aunque me metan en el Chipote, yo voy a luchar contra ellos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A diferencia de los estudiantes universitarios, tras su propio arresto, despu&eacute;s del de su padre, su hermana y su hermano, Rebeca nunca dej&oacute; de ir al colegio. No ha perdido el curso acad&eacute;mico. Adem&aacute;s de lo vivido en casa y en las calles, se curte tambi&eacute;n en las aulas. Cada d&iacute;a, cerca de la puerta del colegio, dice, hay polic&iacute;as. Sus amigos la acompa&ntilde;an para que no pase sola cerca de ellos. Explica, sin quejas, que la directora y las supervisoras, el pelo recogido con lazos rojinegros &ndash;incide en el detalle- se r&iacute;en de ella y le piden que deje de hablar de pol&iacute;tica. Que si sabe que un ni&ntilde;o es sandinista, hijo de alguna de las profesoras sandinistas -aqu&iacute; la filiaci&oacute;n pol&iacute;tica se hereda- deja de hablarle. Que, claro, algunas profesoras muestran su apoyo en privado pero con miedo a que las despidan. Habla de su profesor de matem&aacute;ticas. Con tristeza. Cuenta una an&eacute;cdota. &ldquo;Hab&iacute;a una silla rota en la clase y dijo que era peligroso que estuviese ah&iacute;, cerca de m&iacute;, porque de los tubos de la silla sal&iacute;a un mortero para hacer terrorismo&rdquo;. Ha crecido. Su reacci&oacute;n es propia de quien madura a golpes y no cae en provocaciones esperando que llegue su momento. &ldquo;Yo lo miro y quedo callada para no hacer pleito. Un se&ntilde;or de la tercera edad insultando a una alumna de 16 a&ntilde;os. Son tristes ellos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Rebeca y su comentario invitan al resto de la familia al an&aacute;lisis de sobremesa de la sociedad en la que se ha convertido Nicaragua hoy. El c&oacute;mo vivir, el qu&eacute; hacer. Todos tercian. David se explica a s&iacute; mismo lo sucedido. &ldquo;Jam&aacute;s hab&iacute;a tocado un mortero, cargado un arma, preparado una molotov, todo fue improvisado&rdquo;. Tiene miedo a la detenci&oacute;n pero cree que irse al exilio ser&iacute;a mucho m&aacute;s duro a&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Elsa tambi&eacute;n pens&oacute; en salir del pa&iacute;s. Miles han huido a Costa Rica. Casi todos sus compa&ntilde;eros de la ocupaci&oacute;n de la UPOLI est&aacute;n all&iacute;. Lo intent&oacute; una vez. Le dio miedo pasar la frontera de mojada. Pens&oacute; que si la deten&iacute;an regresaba a la c&aacute;rcel. Prefiere la casa, aunque sea tambi&eacute;n, de alg&uacute;n modo, c&aacute;rcel. Siguen en contacto. &ldquo;Hablamos por whatsapp&rdquo;, y muestra el tel&eacute;fono. &ldquo;No la est&aacute;n pasando bien. La vida del exilio, me dicen, es dif&iacute;cil. Uno en una tienda vendiendo zapatos, otro tocando en los parques, otros pidiendo limosna&rdquo;.&ldquo;
    </p><p class="article-text">
        David est&aacute; de acuerdo. &ldquo;Uno muere con las botas puestas pero tampoco hay que exponerse. Es mejor esperar. Ellos tienen las armas. Ahora no podemos hacer nada. Hay que esperar que la comunidad internacional sancione al pa&iacute;s, que comiencen a apretar las cuerdas, que esto afecte al dinero que maneja el gobierno. En el estado, los empleados p&uacute;blicos dicen que est&aacute; con ellos por miedo a perder el trabajo, por presiones y amenazas, pero cualquier d&iacute;a se les voltea todo. A&uacute;n tienen recursos para pagar pero eso no va a durar mucho. Cuando falten, no los apoya nadie&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En lo que se refiere al barrio, el futuro, el mensaje de los hermanos es claro: Quiebre social. &ldquo;Todos tenemos identificados a los sapos. M&aacute;s bien se esconden ya. Hacen su rol pero saben que su tiempo se acaba, miran desde dentro de las casas y apuntan lo que uno hace pero cada vez m&aacute;s escondidos, m&aacute;s avergonzados. Cuando se re&uacute;nen apagan las luces para que el resto no veamos quienes est&aacute;n en esas reuniones. Saben que todo el mundo los conoce&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        - &ldquo;Yo estoy dispuesta a todo. Si hay que agarrar las armas, lo hago&rdquo;, dice la madre.
    </p><p class="article-text">
        - &ldquo;No. Hemos logrado tanto en tan poco tiempo que con armas no vamos a avanzar m&aacute;s. Hay que mantenerse firmes y esperar&rdquo;, discrepa David jugueteando con su celular, protegido por una funda en la que hay una pistola dibujada. 
    </p><p class="article-text">
        - &ldquo;Si tuvi&eacute;ramos armas, este gobierno no dura ni quince d&iacute;as&rdquo;, insiste la madre, que aporta un dato del que David no se siente especialmente orgulloso. El taxi del patio. El taxi destrozado. Fue David. A martillazos. La tensi&oacute;n del encierro. La memoria de los compa&ntilde;eros muertos. El rencor. El estr&eacute;s. La violencia viva y a flor de piel se acumula sobre la latente, dando forma a un monstruo que cada uno doma y maneja como puede. 
    </p><p class="article-text">
        Elsa ya est&aacute; en el sof&aacute;. Le ha dado al <em>play</em>. D&eacute;cimo cap&iacute;tulo. Quinta temporada. Vikingos.
    </p><p class="article-text">
        Toda Nicaragua es una enorme casa, una enorme c&aacute;rcel. Su tama&ntilde;o, el del dolor acumulado por miles de familias como esta. Que ya solo esperan el momento de lanzar el asalto final que les devuelva la libertad.
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      <dc:creator><![CDATA[Alberto Arce]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/nicaragua_1_1770800.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 27 Dec 2018 19:21:23 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Toda Nicaragua es una inmensa casa]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Nicaragua,Daniel Ortega]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nicaragua vive en un estado de excepción que nadie ha declarado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/sostiene-vilma-nunez-siente-impotente_1_1784707.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3e4744bd-dad1-447c-98f1-c0cac268e9ff_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Nicaragua vive en un estado de excepción que nadie ha declarado"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sostiene Vilma Núñez que se siente impotente. La suya es una organización de derechos humanos que se ha quedado sin permiso de funcionamiento, sin oficina, sin archivos.</p></div><p class="article-text">
        Estos d&iacute;as son confusos, vertiginosos y frustrantes. De portazos y patadas a la esperanza del pu&ntilde;ado, ya muy reducido, de opositores que contin&uacute;a tratando de trabajar en Managua. Uno hace una entrevista en la ma&ntilde;ana y a media tarde, antes de que caiga el sol, el gobierno ha respondido a lo que planteaba la entrevistada. Como si hubiera estado escuchando las preguntas al aire de sus opositores, el gui&oacute;n estuviera escrito con tinta de plomo y solo se tratase de ir leyendo l&iacute;neas para responder.
    </p><p class="article-text">
        Vilma N&uacute;&ntilde;ez llega dos horas tarde a la reuni&oacute;n que ella misma ha convocado para media ma&ntilde;ana. Sofocada, &aacute;gil y l&uacute;cida, cargando con m&aacute;s de medio siglo de militancia en la defensa de los derechos humanos a las espaldas, la directora del Centro Nicarag&uuml;ense de Derechos Humanos, recientemente cerrado por Decreto Legislativo y acusado, entre otros delitos, de terrorismo y odio, circula por Managua con prisas, acompa&ntilde;ada de una asistente, reuni&eacute;ndose en oficinas prestadas y dando fe de dos derrotas: la suya, en tanto defensora de la ley y la de Nicaragua, que no es Estado de Derecho.
    </p><p class="article-text">
        Sostiene Vilma N&uacute;&ntilde;ez que el gobierno de Daniel Ortega sigue a rajatabla la siguiente estrategia: el pa&iacute;s es su propiedad y va a tratar de acabar con todo lo que se interponga en su camino. Para eso necesita silenciar las voces que han sobrevivido a la represi&oacute;n de las protestas masivas de los meses pasados. Cree tambi&eacute;n, optimista, que eso sucede, en su opini&oacute;n, porque el fin est&aacute; pr&oacute;ximo. Lo compara con la &uacute;ltima mejor&iacute;a, breve y falsa, del enfermo terminal. Qu&eacute; va a decir. Resulta parad&oacute;jico que lo crea cuando la realidad no muestra m&aacute;s que el control f&eacute;rreo de la institucionalidad sandinista, que navega sin perder el rumbo por entre calles pacificadas.
    </p><p class="article-text">
        Sostiene Vilma N&uacute;&ntilde;ez que se siente impotente. Que el golpe emocional es serio. M&aacute;s que serio, demoledor. La suya es una organizaci&oacute;n de derechos humanos que se ha quedado sin permiso de funcionamiento, sin oficina, sin archivos. Que no puede llegar a la puerta de un juzgado ni a la de una c&aacute;rcel. Mucho menos entrar. Que, apegada a la legalidad, solo recibe fuerza bruta en respuesta. Apela a que el tiempo demostrar&aacute; quien ten&iacute;a la raz&oacute;n. Porque hoy, en el presente, ante los hechos consumados, resulta irrelevante quien tenga la raz&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Su lucidez radica, al menos, en lanzar una advertencia. Nicaragua no puede ceder ante el chantaje de la familia presidencial. La sensaci&oacute;n de derrota puede llevar a tomar decisiones improvisadas. Ortega, cree Vilma N&uacute;&ntilde;ez, sabe ganar guerras. No hay que caer en la provocaci&oacute;n. Se dirige a los miles que lo han perdido ya casi todo. Si Ortega maneja un lenguaje militar, pide, no hay que entrar en su campo ni seguir sus reglas porque el camino que abren es m&aacute;s oscuro a&uacute;n que la sensaci&oacute;n de vivir perdidos en el bosque que invade a tantos. Hay que buscar, todav&iacute;a, como rescatar la institucionalidad en lugar de aceptar que ha desaparecido para siempre.
    </p><p class="article-text">
        Vilma N&uacute;&ntilde;ez espera no ser detenida. Pero tambi&eacute;n afirma estar preparada en caso de que suceda. La venganza es consustancial a la psicolog&iacute;a de Ortega y su esposa Rosario Murillo. N&uacute;&ntilde;ez fue sandinista. Eso no se perdona. Ante la pregunta m&aacute;s b&aacute;sica, la obligatoria, la &uacute;ltima, la que inquiere sobre la hoja de ruta, una salida que pasa por esperar ayuda. Se despidi&oacute; apelando a la legalidad internacional. No hab&iacute;a llegado la hora de comer.
    </p><p class="article-text">
        Lo que vino despu&eacute;s fue peor.
    </p><p class="article-text">
        La de Vilma N&uacute;&ntilde;ez no fue la &uacute;nica derrota de un mi&eacute;rcoles negro para Nicaragua.
    </p><p class="article-text">
        Apenas unos minutos despu&eacute;s de la entrevista con N&uacute;&ntilde;ez, a pocas cuadras, Carlos Fernando Chamorro, Director de Confidencial, peri&oacute;dico cuyas instalaciones van a cumplir una semana clausuradas y ocupadas por la polic&iacute;a sin orden judicial ni acusaci&oacute;n o documento alguno, presentaba una denuncia por el robo de los equipos de producci&oacute;n de su empresa por parte de la Polic&iacute;a Nacional. Lo hac&iacute;a apenas 48 horas despu&eacute;s de presentar un recurso de amparo contra esa misma confiscaci&oacute;n del medio de comunicaci&oacute;n independiente m&aacute;s respetado del pa&iacute;s. Que sigue funcionando, s&iacute;, en semiclandestinidad. Rodeado de mucha menos expectaci&oacute;n, periodistas y polic&iacute;as que en la ocasi&oacute;n anterior.
    </p><p class="article-text">
        Frente al horror, la nada. El silencio. La espera. La incertidumbre. &iquest;C&oacute;mo se defiende alguien si no sabe de qu&eacute; se le acusa? &iquest;C&oacute;mo se recurre una orden que nadie ha visto? &iquest;Ante quien reclama quien no sabe de d&oacute;nde sali&oacute; una orden? &iquest;C&oacute;mo se define un estado de excepci&oacute;n que nadie ha declarado pero en el que todas las garant&iacute;as del derecho han sido suspendidas?
    </p><p class="article-text">
        Del mismo modo que se cierra un medio, se expulsa a los testigos inc&oacute;modos. A la hora de la sobremesa, el Canciller Denis Moncada sent&oacute; en su despacho a los responsables de la Comisi&oacute;n Interamericana de Derechos Humanos en Nicaragua. Tambi&eacute;n invit&oacute; al encuentro a los miembros del Grupo de Expertos Independientes que la Organizaci&oacute;n de Estados Americanos hab&iacute;a convocado para redactar un informe sobre lo sucedido en el pa&iacute;s estos &uacute;ltimos. meses Faltaban pocas horas para que lo hicieran p&uacute;blico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y los expuls&oacute; de Nicaragua.
    </p><p class="article-text">
        Del largo documento que justifica la expulsi&oacute;n podemos quedarnos con dos palabras-mantra que sirven estos d&iacute;as a todos para todo. &ldquo;Noticias falsas&rdquo;. De eso acusa el gobierno de Nicaragua a la misi&oacute;n internacional.
    </p><p class="article-text">
        El Canciller Denis Moncada, en cuesti&oacute;n de horas hab&iacute;a dado una respuesta a lo planteado por la defensora de los derechos humanos m&aacute;s respetada del pa&iacute;s. Las instituciones internacionales de derechos humanos no son bienvenidas en Nicaragua. Sus informes no ser&aacute;n siquiera presentados en el pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Apele, pareciera decir Moncada, apele Se&ntilde;ora N&uacute;&ntilde;ez a la justicia internacional. Ya ve lo que nos importa.
    </p><p class="article-text">
        Nadie sabe cu&aacute;l ser&aacute; el siguiente golpe de la pareja presidencial y sus cuerpos de choque. Pero pocos dudan ya de que clausuradas las organizaciones, cerrados y ocupados los edificios, lo &uacute;nico que queda por anular son las personas que un d&iacute;a los trabajaron. Si mataron, detuvieron y lanzaron al exilio exterior e interior -en agujeros y casas de seguridad- a los l&iacute;deres estudiantiles y campesinos &iquest;Por qu&eacute; dejar&iacute;an seguir movi&eacute;ndose y hablando a personas como Vilma N&uacute;&ntilde;ez o Carlos Fernando Chamorro que, a medida que pasan los d&iacute;as, mutan de meros directores de organizaciones de derechos humanos o medios de comunicaci&oacute;n a personalidades de talla hist&oacute;rica?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Arce]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/sostiene-vilma-nunez-siente-impotente_1_1784707.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 20 Dec 2018 14:31:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Nicaragua vive en un estado de excepción que nadie ha declarado]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Nicaragua]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nicaragua: dos países que no se tocan mas que cuando se matan]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/managua-silencio-miedo-rencor_1_1785080.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/308e9f9d-9484-47b8-a1f4-6c918b33adbf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Nicaragua: dos países que no se tocan mas que cuando se matan"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Estos no quieren dejar el poder. Los otros quieren el poder. Hasta que se venga la matazón estos no paran. Deje que pase la Navidad, ya verá como algo pasa porque hablar, no van a hablar entre ellos", nos dicen en la calle</p></div><p class="article-text">
        Managua es una ciudad dolida. Atravesada por el resentimiento, el rencor y el miedo. Una ciudad de polic&iacute;as vigilantes en rotondas y esquinas y manifestantes progubernamentales, prepotentes y felices, anclados a sus banderas sandinistas y a los sem&aacute;foros. Es tambi&eacute;n una sociedad silenciada, <a href="https://www.eldiario.es/internacional/Confidencial-requisado-Nicaragua-semiclandestinidad-habitacion_0_847265278.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">con medios de comunicaci&oacute;n clausurados</a> y rodeados por una polic&iacute;a y una milicia civil omnipresente &ndash;los motorizados- que tratan de imponer bocas cerradas a base de una presencia que no puede ser sino amenazadora, oscura, dictatorial.
    </p><p class="article-text">
        Ese resentimiento, rencor, miedo y silencio grises, sucios y cargados que sobrevuelan Managua al terminar el a&ntilde;o de las protestas m&aacute;s intensas y dram&aacute;ticas que ha vivido el pa&iacute;s desde la guerra revolucionaria y su continuaci&oacute;n anti-imperialista se sienta a la mesa en la actitud de &Aacute;ngel G, un joven de 26 a&ntilde;os que camina por el mercado cargado con un mazo de tarjetas de recargas de celular. No ha participado nunca en una marcha ni en un tranque. Tampoco se ha metido en pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Periodistas extranjeros?&rdquo;, pregunta. &ldquo;S&iacute;, claro, quiero hablar con ustedes&rdquo;. Se quita la camiseta de la empresa, pide una cerveza y se sienta para compartir charla. No lo logra. No es capaz. Demasiada gente alrededor. Le tiene miedo a la camarera. &ldquo;No me paguen la cerveza, sospechar&iacute;an&rdquo;. Peor a&uacute;n. Le tiene miedo a los ni&ntilde;os que venden cigarros sueltos. Le tiene miedo a la palabra. Le tiene miedo a la idea de que un &ldquo;sapo&rdquo; -un informante- &ldquo;aqu&iacute; todos nos conocemos&rdquo; le reporte. A que informe a la jerarqu&iacute;a &ndash;un simple vecino- de que ha estado hablando de pol&iacute;tica con alguien.
    </p><p class="article-text">
        El caso de &Aacute;ngel se corresponde con la etapa de la represi&oacute;n que vive el pa&iacute;s una vez apagadas las protestas en la calles y levantados los tranques de v&iacute;as. Tras el uso de la fuerza bruta masiva y la eliminaci&oacute;n selectiva de opositores, la fase m&aacute;s represiva, bien a trav&eacute;s de asesinatos, bien a trav&eacute;s de acusaciones de terrorismo que comienzan a traducirse en penas de c&aacute;rcel de hasta medio siglo de duraci&oacute;n, el gobierno pas&oacute; a una fase de represalias burocr&aacute;ticas. A los m&aacute;s de trescientos cad&aacute;veres sobre la piedra y los m&aacute;s de seiscientos cuerpos encerrados le siguieron los despidos y se&ntilde;alamientos. Quien habl&oacute; y se signific&oacute; ha perdido su trabajo, su carrera universitaria, su proyecci&oacute;n, su vida. El n&uacute;mero de exiliados, incierto, podr&iacute;a ascender solo en Costa Rica a decenas de miles de personas. El n&uacute;mero de, sobre todo, j&oacute;venes estudiantes que llevan semanas, meses, encerrados, asustados, en sus casas se cuenta tambi&eacute;n por miles. No contento con eso, el gobierno mantiene a quienes se quedaron bajo un manto de terror psicol&oacute;gico hormigonado. El de las miradas a los lados. El de la desconfianza del vecino, de cualquiera que pueda o&iacute;r hablar, se&ntilde;alar.
    </p><p class="article-text">
        En ese contexto &Aacute;ngel saca fuerzas y arranca. Su versi&oacute;n de los hechos es simple. &ldquo;Crecimos a&ntilde;o tras a&ntilde;o celebrando la revoluci&oacute;n sandinista porque derroc&oacute; a un dictador. Nuestros padres vivieron la guerra y nosotros no, fuimos felices por eso. Siempre simpatic&eacute; con las victorias de Daniel &rdquo;. Hasta un d&iacute;a. Dice que fue una sola imagen la que le impuls&oacute; a cambiar de opini&oacute;n. &ldquo;Golpearon a los viejitos que protestaban porque se iba a recortar su jubilaci&oacute;n. Y los polic&iacute;as que golpeaban eran tan pobres como los viejitos y tan pobres como yo. Eso me destroz&oacute; el coraz&oacute;n. Qu&eacute; digo, eso me dio asco&rdquo;. Hilar ese pensamiento le ha costado callar en seco varias veces. Las que alguien se ha acercado a la mesa a ofrecer algo, un cigarro, una artesan&iacute;a, un ramo de flores de pl&aacute;stico, invocando al miedo.
    </p><p class="article-text">
        &Aacute;ngel no puede simpatizar m&aacute;s con un gobierno que ha reprimido como lo ha hecho. &ldquo;La gente sali&oacute; a protestar leg&iacute;timamente y el gobierno mand&oacute; a militares y polic&iacute;as encapuchados a disparar a la cabeza de los chavalos&rdquo;. Silencios y m&aacute;s silencios. Frases entrecortadas e inflexiones de voz que lo llevan a lo inaudible. &ldquo;Yo nunca voy a participar en una marcha de protesta. Mi vida es el trabajo. Pero eso no significa que no tenga sentimientos. Este gobierno ha convertido Nicaragua en una dictadura, en el terror. El que habla pierde el trabajo. El que habla se va. Estamos rodeados de sapos lamebotas. &iquest;Sabe lo que es un lamebotas? El que por un peso va corriendo a la polic&iacute;a a denunciar a su vecino&rdquo;. &Aacute;ngel, que no odiaba, hoy odia. A la polic&iacute;a, al gobierno, a Daniel Ortega, a su esposa, al partido, a sus partidarios.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Esto no va a acabar as&iacute;&rdquo;, sentencia antes de seguir hablando, ya de f&uacute;tbol.
    </p><p class="article-text">
        El taxista que recorre el mercado oriental de la capital en todas direcciones, tambi&eacute;n se queja. Da su nombre. Mario Garc&iacute;a. Siete a&ntilde;os en el ej&eacute;rcito. &ldquo;Suficiente di ya de joven como para que nadie me venga exigir nada a m&iacute;&rdquo;, se presenta. &ldquo;Malo, malo, malo esto est&aacute; malo&rdquo;, repite las veces que haga falta, enfadado, preocupado. &ldquo;Tres meses en casa sin trabajar porque miedo daba salir a la calle. &iquest;Y quien iba a agarrarle carreras a uno con todos los tiros que hab&iacute;a?&rdquo;, protesta. Dice que hasta el &uacute;ltimo C&oacute;rdoba de los ahorros se le fueron ah&iacute;. Hoy no sabe lo que es llenar un dep&oacute;sito. &ldquo;Lo que entra es lo que sale para la gasolina y poco m&aacute;s. La comida y ah&iacute; se acab&oacute; todo&rdquo;. A ojo dice que ha perdido un 30 por ciento de los clientes. &ldquo;Falta el trabajo. Muchos despidos, muchas gente en la casa que tiene que mirar lo que gasta. Lo que no sea para comer ya no se toca&rdquo; y, contin&uacute;a, &ldquo;a las cinco esto muere aqu&iacute; no se mueve nadie porque lo agarran a uno y no sabe uno donde aparece o si aparece&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Es pesimista. &ldquo;La mataz&oacute;n que se va a venir. Estos no quieren dejar el poder. Los otros quieren el poder. Hasta que se venga la mataz&oacute;n estos no paran. Deje que pase la navidad, ya ver&aacute; como algo pasa porque hablar, no van a hablar entre ellos. Como no se voltee el ej&eacute;rcito, esto va a seguir&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s dentro del mercado, aparecen los partidarios. De los de bandera del Frente Sandinista de Liberaci&oacute;n en la manga del polo de la empresa de distribuci&oacute;n de pollo. El discurso de Juan Caldera, de 43 a&ntilde;os, empresario de posibles y fiel seguidor del gobierno, es conciliador. Dice. &ldquo;Tiene que darse una salida dialogada a la situaci&oacute;n&rdquo;. Qu&eacute; va a decir. Pero. &ldquo;Ahora, el que se vaya a hacer algo como lo que hicieron tiene que pensarlo dos veces porque ya sabe que la ley se va a cumplir&rdquo;. Los muertos son m&aacute;s de 300. &ldquo;S&iacute;&rdquo;, dice. &ldquo;Hicieron cosas dantescas&rdquo;. &iquest;Los polic&iacute;as? &ldquo;No. Los terroristas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A dos puestos de distancia, Denis Quezada, un joven vendedor de huevos, se declara sandinista tambi&eacute;n. Sus argumentos, pura enumeraci&oacute;n de mochilas, clavos, chapas, l&aacute;minas, bolsas, granos b&aacute;sicos o la bolsa de frijol en los que basa su fidelidad a una idea. La de la gratitud del que recibe. &ldquo;Si echan a Daniel, se arma guerra. La peleo yo. Porque somos los pobres contra los ricos. Yo me lanzo a la guerra por Daniel&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cae la noche sobre Managua. En la librer&iacute;a Hispamer, una editorial invita a un vino y a la presentaci&oacute;n del &uacute;ltimo libro de Gioconda Belli. Dice el presentador que se trata de un acto de resistencia libertaria que forma parte de la explosi&oacute;n de los &uacute;ltimos meses. Puro contraste acr&iacute;tico con el aparcamiento, cat&aacute;logo de SUV con ch&oacute;feres. La pl&aacute;tica, de dictadura fluida a dictadura fluida, sobre Luis Felipe de Orleans (del que explican que abdic&oacute; para no matar a m&aacute;s gente mientras jalean pagados por la referencia), bisabuelos conectados de Matagalpa a Jinotega o la diferencia entre Conde y Duque durante aquella cierta idea, curiosa, contextual, de igualdad francesa decimon&oacute;nica. Las alusiones a la actualidad, continuas. Un aplauso del p&uacute;blico puesto en pie a Vilma N&uacute;&ntilde;ez, la defensora de los derechos humanos cuya organizaci&oacute;n lleva una semana clausurada por decreto legislativo, poder omn&iacute;modo y prepotencia vengativa. Otro aplauso a la afirmaci&oacute;n &ldquo;Si nos caen aqu&iacute; agarran a toda la intelectualidad nicarag&uuml;ense&rdquo; espetada, que es como decir pronunciada a boca llena, por el historiador local Eddy K&uuml;hl.
    </p><p class="article-text">
        Y entonces, dos pa&iacute;ses. Que no se tocan mas que cuando se matan.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Arce]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/managua-silencio-miedo-rencor_1_1785080.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 19 Dec 2018 16:28:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Nicaragua: dos países que no se tocan mas que cuando se matan]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Nicaragua]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Llamamos al pueblo de Nicaragua a que no se autocensure"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/carlos-fernando-chamorro-confidencial-convicciones_1_1785282.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bb04cd92-9ed7-4a22-bebd-986e6c1fa2d2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Llamamos al pueblo de Nicaragua a que no se autocensure&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Carlos Fernando Chamorro, Director de Confidencial, un medio de comunicación nicaragüense cuya redacción lleva días ocupada por la policía, ha tenido que presentar un recurso de amparo para saber, al menos, de qué delito se lo acusa y quién ha dado la orden de intervenirlo</p></div><p class="article-text">
        La tarde del lunes, abri&eacute;ndose paso entre el ruido ensordecedor de la Panamericana norte, un enjambre de <a href="https://www.facebook.com/confidencial.com.ni/videos/1166075203547698/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">periscopes</a> transmitiendo en vivo y una unidad de antimotines preparada para irrumpir a golpes en cuanto recibiera la orden, una pareja cogida de la mano enfrent&oacute; su miedo, mir&oacute; hacia delante sin titubear y avanz&oacute; hasta la puerta de los juzgados centrales de Managua. En apenas unos metros, rodeados de la docena de periodistas independientes que siguen trabajando en la capital de Nicaragua, su entereza los transform&oacute; en espejo.
    </p><p class="article-text">
        Con palabras firmes y voz templada, transmitiendo un ejemplo de compromiso con el pa&iacute;s y el estado de derecho, le rebotaron al r&eacute;gimen del Comandante Daniel Ortega y su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo, una imagen distorsionada y grotesca. La de una revoluci&oacute;n sandinista convertida en remedo mediocre de la dictadura a la que derroc&oacute;. En reino de la arbitrariedad de una familia que pisotea las mismas leyes de las que dota a un pa&iacute;s convertido ya en su finca.
    </p><p class="article-text">
        Carlos Fernando Chamorro y Desir&eacute;e Elizondo presentaron un recurso de amparo ante la justicia nicarag&uuml;ense para saber, al menos, de qu&eacute; se los acusa, qu&eacute; supuesto delito han cometido y por qu&eacute; la polic&iacute;a ha allanado, saqueado, confiscado y ocupado desde hace d&iacute;as el edificio de su propiedad en el que se encuentran las redacciones del diario <a href="https://confidencial.com.ni/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Confidencial</em></a> y el programa de televisi&oacute;n <a href="https://www.youtube.com/user/ConfidencialNica/playlists" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Esta Semana</a>. Pese al cierre <em>de facto</em> de ambos medios, los dos siguen publicando y emitiendo desde un estudio de televisi&oacute;n prestado y desde una redacci&oacute;n en una localizaci&oacute;n secreta.
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        &ldquo;El amparo es un derecho constitucional para reclamar por el derecho a la libertad de prensa y de expresi&oacute;n que est&aacute;n siendo aplastados al ocupar la polic&iacute;a la redacci&oacute;n&rdquo;, explic&oacute; Carlos Fernando Chamorro ante la atenta mirada de periodistas y polic&iacute;as, levantando como pod&iacute;a la voz y adapt&aacute;ndola a la brutalidad del tr&aacute;nsito de camiones que lo aturd&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Solicitamos que se admita el amparo y se ordene la suspensi&oacute;n del acto, la incautaci&oacute;n y ocupaci&oacute;n de la redacci&oacute;n y se devuelvan los bienes incautados porque los derechos constitucionales en Nicaragua no han sido suspendidos por ning&uacute;n estado de emergencia, siguen en vigor y deben ser respetados&rdquo;, a&ntilde;adi&oacute; Chamorro que fue, tambi&eacute;n, esc&eacute;ptico. &ldquo;Este poder judicial no ha mostrado autonom&iacute;a ni independencia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Las horas previas a la presentaci&oacute;n del recurso de amparo en defensa de <em>Confidencial</em> y Esta Semana, estuvieron contaminadas por el laberinto de rumores propios de una ciudad controlada por una polic&iacute;a desbocada y de comportamiento insondable y err&aacute;tico &ndash;aunque no por ello menos represiva&ndash; que act&uacute;a en coordinaci&oacute;n con bandas de civiles motorizados al servicio del gobierno. Los periodistas que cubrieron el acto caminaron en grupo ante los civiles que los monitoreaban y la propia polic&iacute;a, que no cesaba de fotografiarlos. Se retiraron todos juntos una vez Chamorro abandon&oacute; el lugar.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        El propio Chamorro no neg&oacute; el miedo que flota en el ambiente. Cuando se le pregunt&oacute; si esperaba ser detenido en alg&uacute;n momento respondi&oacute; que &ldquo;todos los nicarag&uuml;enses estamos expuestos a que se nos fabriquen cargos por leyes que ellos [el gobierno] han fabricado para eso&rdquo; y se refiri&oacute; en concreto a &ldquo;la ley de terrorismo, que est&aacute;n utilizando para encerrar a 565 presos pol&iacute;ticos. Dentro de los planes del r&eacute;gimen podr&iacute;a haber muchos m&aacute;s, entre ellos un servidor y todos los que estamos aqu&iacute;. Todos estamos expuestos a ser detenidos y convertirnos en presos pol&iacute;ticos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Chamorro, que calific&oacute; la situaci&oacute;n a la que la polic&iacute;a lo somete como un &ldquo;asedio&rdquo;, apel&oacute;, no obstante, al ejemplo de la historia. &ldquo;Yo vengo aqu&iacute; blindado por la moral de mis padres, de Pedro Joaqu&iacute;n Chamorro (director del diario <em>La Prensa</em>, asesinado por la Dictadura Somocista en 1978) y Violeta Chamorro (presidenta de Nicaragua entre 1990 y 1997). &rdquo;Cuando le preguntaron a mi padre si ten&iacute;a miedo respondi&oacute; lo que todos los nicarag&uuml;enses debemos responder hoy&ldquo;, continu&oacute; Chamorro. &rdquo;S&iacute;, tengo miedo, pero cada quien es due&ntilde;o de su propio miedo. Tenemos que aprender a administrar el miedo y a vencerlo y demostrar que las ideas no se pueden matar y no se pueden matar matando periodistas&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n llam&oacute; a no cejar en el empe&ntilde;o. &ldquo;Fuimos asaltados y hemos seguido haciendo periodismo independiente y denunciando que este es un ataque triple: a la libertad de prensa y expresi&oacute;n y a la libre empresa. Llamamos al pueblo de Nicaragua a que no se autocensure&rdquo;. En relaci&oacute;n con su propio diario que, pese a estar confiscado sigue publicando desde un lugar no identificado, concluy&oacute; explicando que lo estaban reorganizando y que &ldquo;el lugar f&iacute;sico no es lo m&aacute;s importante porque <em>Confidencial</em> est&aacute; en el alma y las convicciones de cada uno de nuestros periodistas&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Arce]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/carlos-fernando-chamorro-confidencial-convicciones_1_1785282.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 18 Dec 2018 07:21:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["Llamamos al pueblo de Nicaragua a que no se autocensure"]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Confidencial, el diario requisado y ocupado por la policía de Nicaragua que sobrevive en la semiclandestinidad de una habitación de hotel]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/confidencial-requisado-nicaragua-semiclandestinidad-habitacion_1_1786210.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d5428ec9-3f13-41f0-b042-d4771fc95820_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Confidencial, el diario requisado y ocupado por la policía de Nicaragua que sobrevive en la semiclandestinidad de una habitación de hotel"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Periodismo es no claudicar", afirma Wilfredo Miranda, que si de algo se lamenta es de no poder salir a reportear a las calles</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Dos veintea&ntilde;eros mantienen vivo desde un hotel de Managua el diario&nbsp;<a href="https://confidencial.com.ni/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Confidencial</a> mientras esperan que la polic&iacute;a del Gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo los detenga en cualquier momento</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Wilfredo Miranda, de 25 a&ntilde;os y N&eacute;stor Arce, de 26, no pierden la lucidez ni la capacidad de trabajo pese a lo complejo de su situaci&oacute;n. Tampoco aceptan la palabra miedo. Bromean, responden llamadas o transcriben una entrevista que su director, Carlos Fernando Chamorro, le ha hecho al escritor Sergio Ram&iacute;rez mientras anotan reacciones, eligen citas o suben fotos del encuentro a sus redes sociales. Escriben desde la habitaci&oacute;n que comparten en un hotel con las dos computadoras y varias mochilas que han logrado salvar de la redacci&oacute;n de&nbsp;<a href="https://confidencial.com.ni/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Confidencial</a>, violentada, saqueada, clausurada y ocupada por las fuerzas especiales del Gobierno de Daniel Ortega desde la madrugada del viernes.
    </p><p class="article-text">
        El ambiente es tenso.
    </p><p class="article-text">
        - &ldquo;Que no llam&eacute;s al tel&eacute;fono de la empresa&rdquo;, responde Wilfredo con voz firme a alguien que quiere hablar con &eacute;l. La polic&iacute;a se ha llevado junto a los equipos el registro de todos sus n&uacute;meros y son conscientes de lo f&aacute;cil que resulta monitorearlos.
    </p><p class="article-text">
        - &ldquo;&iquest;Mir&aacute; vos, y por qu&eacute; no te vas del pa&iacute;s?&rdquo;, le dice a N&eacute;stor una amiga por tel&eacute;fono. 
    </p><p class="article-text">
        - &ldquo;Que no me quiero ir&hellip;&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        - &ldquo;Vos lo que quer&eacute;s es ser h&eacute;roe&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        - &ldquo;No, tengo que seguir haciendo mi trabajo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y as&iacute; pasan la tarde del domingo. Con la presi&oacute;n del exilio o la detenci&oacute;n en la nuca, conectados a los servidores del peri&oacute;dico, alojados fuera de Nicaragua,&nbsp; respondiendo no solo al tel&eacute;fono sino al zumbido constante de sus redes sociales, que no los abandona ni para darles muestras de apoyo ni para recibir amenazas e insultos. Est&aacute;n aislados, medio escondidos, asustados y cansados. Pero no titubean un segundo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ya se han ido varios colegas que han renunciado por miedo a las presiones contra ellos y sus familias&rdquo; explica Wilfredo, responsable de investigaciones como <a href="https://confidencial.com.ni/42701-2disparaban-con-precision-a-matar/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;Disparaban a matar&rdquo;</a>, una denuncia del uso de francotiradores contra civiles, sin tiempo para levantar la vista del teclado. &ldquo;Yo decido quedarme porque tengo un compromiso period&iacute;stico y tambi&eacute;n con Nicaragua. Hemos andado en las calles capeando balas, hemos visto caer a muchos. Yo no lo puedo dejar. Esta es la historia de una revoluci&oacute;n pac&iacute;fica aplastada a bala por un r&eacute;gimen familiar dispuesto a cualquier cosa por mantenerse en el poder&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras decenas de miles de nicarag&uuml;enses han optado por salir del pa&iacute;s desde que comenzaron las protestas contra el Gobierno a principios de a&ntilde;o, Wilfredo y N&eacute;stor han abandonado sus hogares en direcci&oacute;n al exilio interior y la semiclandestinidad desde la que redactan el peri&oacute;dico para el que trabajan. Sus familias no cesan de recibir llamadas intimidantes, visitas de la polic&iacute;a o ataques a pedradas. Incluso la pareja de Wilfredo, que ha venido al hotel a traerle ropa limpia, ha dejado su casa por seguridad. Han renunciado a sus coches y se mueven poco, con discreci&oacute;n y ciertas medidas de seguridad. Saben que los siguen. Hay partidarios del Gobierno que los reconocen e insultan, les sacan fotos, informan de sus actividades. La ca&iacute;da puede llegar en cualquier momento.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Pero eso no derrota a N&eacute;stor por un segundo. &ldquo;Este&nbsp;el momento para ser testigo y periodista de la transici&oacute;n a la democracia que tantos ciudadanos de este pa&iacute;s esperan. Yo doy clase de periodismo en la UCA (Universidad Centroamericana) y no quiero tener que decirles dentro de 10 a&ntilde;os a mis alumnos que me fui en este momento de nuestra historia a&uacute;n sabiendo que esto me acarrea intimidaci&oacute;n amenazas, c&aacute;rcel o incluso muerte&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Tras meses de represi&oacute;n que han dejado m&aacute;s de 300 muertos y cientos de presos pol&iacute;ticos, la situaci&oacute;n en Nicaragua ha desembocado en una aparente victoria del Gobierno. La calma,&nbsp;falsa, de terrazas repletas, avenidas decoradas de motivos navide&ntilde;os y relativa normalidad esconde una dictadura de nuevo cu&ntilde;o: el Gobierno, apagada a sangre y tiros la protesta callejera y desarmados los tranques en las carreteras a base de m&aacute;s sangre y m&aacute;s tiros, encarcelamientos o una huida masiva de j&oacute;venes activistas a la vecina Costa Rica, se ha enfocado ahora en la persecuci&oacute;n selectiva &ndash;v&iacute;a decretos que instauran el estado de excepci&oacute;n&ndash; de las &uacute;ltimas voces disidentes que quedan en Nicaragua.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La hoja de ruta es clara: si primero fue disparar, ahora toca se&ntilde;alar, amenazar, asustar y forzar al exilio a quienes se quedaron. Si eso no funciona, clausurar organizaciones y medios, requisar equipos y oficinas y detener a periodistas y activistas. Los dos reporteros de Confidencial lo entienden y est&aacute;n listos para asumir lo que suceda. Wilfredo saca su celular y muestra los memes que circulan por las redes.
    </p><p class="article-text">
        El &uacute;ltimo, de esta misma ma&ntilde;ana, muestra su foto y dice: &ldquo;Se busca&rdquo;. Lo acusa de terrorista medi&aacute;tico, y pide que &ldquo;donde lo vean favor reportarlo o capturarlo&rdquo;. Circula desde una p&aacute;gina de Facebook llamada 100% Verdad, uno de tantos boots&nbsp;propagandistas del Gobierno. Otro, m&aacute;s trabajado y de hace unos d&iacute;as, que tambi&eacute;n lleva amenazas y viene firmado por la Tropa Digital Pablo &Uacute;beda muestra la foto de una cena con su pareja en un restaurante. El mensaje es claro: all&aacute; donde vayas, te estamos mirando. En el caso de otro de los redactores de su peri&oacute;dico, Carlos Salinas, han apostado hombres en la puerta de su casa que lo siguen. A otros los han golpeado. La represi&oacute;n no se ha volcado solo contra ellos. &Aacute;ngel Gahona, un periodista de Bluefields, fue asesinado durante las protestas contra el gobierno. A Miguel Mora, director y propietario de 100% noticias, lo han detenido en seis ocasiones durante el &uacute;ltimo mes.
    </p><h3 class="article-text">El asalto al diario</h3><p class="article-text">
        La &uacute;ltima ola represiva de la pareja presidencial se ha desencadenado sin esperarlo, dice N&eacute;stor. Despu&eacute;s de tantos meses de protestas, asesinatos, detenciones y exilios en Confidencial hab&iacute;an empezado a acostumbrarse a seguir trabajando sin esperar el cierre pese a las intimidaciones. Todo cambi&oacute; el 12 de diciembre cuando el gobierno aprob&oacute; un decreto en el que privaba de personalidad jur&iacute;dica y confiscaba sus bienes y oficinas a nueve organizaciones no gubernamentales de derechos humanos y desarrollo a las que acusa de haber participado en un intento fallido de golpe de estado, promover el terrorismo y los cr&iacute;menes de odio. Una de esas organizaciones, <a href="https://cinco.org.ni/es/news/500-a-la-opinion-publica-nacional-e-internacional" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">CINCO</a>, una peque&ntilde;a consultora de comunicaci&oacute;n que en el pasado &ndash;hace m&aacute;s de diez a&ntilde;os- estuvo vinculada a Confidencial es el v&iacute;nculo al que imaginan -porque nadie ha dado a&uacute;n una raz&oacute;n- que el gobierno se ha agarrado para clausurar el diario y confiscar sus bienes e instalaciones&nbsp;por la v&iacute;a de la patada, literal, en la puerta sin mostrar un documento, una firma o un responsable al que apelar o reclamar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        N&eacute;stor explica que el jueves por la noche lleg&oacute; a la redacci&oacute;n de Confidencial un veh&iacute;culo con civiles. &ldquo;Le dijeron al guardia de seguridad que se hab&iacute;a reportado un robo. A la media hora se les sumaron varias patrullas y un microb&uacute;s. Rompen el port&oacute;n, retienen al guardia, le quitan el celular para incomunicarlo, quiebran las c&aacute;maras de seguridad, entran uno por uno a todos los despachos forzando las puertas y se lo llevan casi todo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A eso de las tres de la madrugada una de las empleadas, que tiene acceso al sistema de seguridad a trav&eacute;s de su tel&eacute;fono, se despert&oacute; y descubri&oacute; que hab&iacute;an dejado de funcionar. En un par de horas pudieron confirmar la noticia que tem&iacute;an. Cuando se hizo de d&iacute;a y llegaron a las oficinas se las encontraron rodeadas por una cinta roja que dec&iacute;a &ldquo;Polic&iacute;a Nacional de Nicaragua&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La lista de lo requisado es larga, treinta computadoras, equipo de edici&oacute;n, c&aacute;maras, radios, documentos contables y de administraci&oacute;n. Se tomaron el tiempo de cortar los cables del estudio de televisi&oacute;n desde el que se emiten programas como la entrevista de Carlos Fernando Chamorro a Sergio Ram&iacute;rez que redactan esta tarde escondidos en el hotel. N&eacute;stor y Wilfredo lograron recuperar las dos computadoras con las que ahora trabajan antes de que la polic&iacute;a regresara. &ldquo;Pensaron que eran solo pantallas por eso no se las llevaron&rdquo;, explica N&eacute;stor.
    </p><p class="article-text">
        Al d&iacute;a siguiente, el viernes, el director de Confidencial, Carlos Fernando Chamorro, acompa&ntilde;ado de su esposa y varios periodistas, trat&oacute; de ingresar a las instalaciones del peri&oacute;dico. No lo logr&oacute;. Como tampoco consigui&oacute; que los polic&iacute;as que ya lo ocupaban le mostraran ning&uacute;n documento que justificase su presencia, en calidad de invasores armados, en un edificio que es propiedad de una empresa privada.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote data-lang="es">Nuestro director <a href="https://twitter.com/cefeche?ref_src=twsrc%5Etfw">@cefeche</a> increpa a los policías que han confiscado nuestra redacción <a href="https://twitter.com/hashtag/SOSNicaragua?src=hash&amp;ref_src=twsrc%5Etfw">#SOSNicaragua</a>. <a href="https://t.co/4wIbLe8Rjx">pic.twitter.com/4wIbLe8Rjx</a><br/><br/>— Wilfredo Miranda (@PiruloAr) <a href="https://twitter.com/PiruloAr/status/1073976361340014592?ref_src=twsrc%5Etfw">15 de diciembre de 2018</a></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        No cej&oacute; en el intento y la ma&ntilde;ana del s&aacute;bado, acompa&ntilde;ado de varios de sus periodistas se dirigi&oacute; a la sede la polic&iacute;a a pedir explicaciones por lo sucedido. A fin de cuentas, resulta dif&iacute;cil de aceptar que un gobierno pueda cerrar un diario y confiscar sus instalaciones sin un solo documento ni explicaci&oacute;n. La respuesta fue a&uacute;n m&aacute;s contundente. Los portones negros del recinto se abrieron y de ellos salieron enardecidos, cual toros bravos en San Ferm&iacute;n, un grupo de polic&iacute;as antimotines a golpear en tromba.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote data-lang="es">🔴 urgente | La policia nacional nos acaba de golpear. Rt por fa <a href="https://t.co/1kek995ase">pic.twitter.com/1kek995ase</a><br/><br/>— Wilfredo Miranda (@PiruloAr) <a href="https://twitter.com/PiruloAr/status/1073985408780918786?ref_src=twsrc%5Etfw">15 de diciembre de 2018</a></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Todo lo hacen por sus pistolas y porras&rdquo; dice Wilfredo. N&eacute;stor se r&iacute;e. Se levanta la camiseta. A&uacute;n tiene la marca de un porrazo, roja, recta, intensa, sobre el om&oacute;plato derecho. &ldquo;En el hotel no podemos quedarnos muchos d&iacute;as. Se va a instalar una redacci&oacute;n en un lugar alterno y seguro para todo el equipo. Lo estamos buscando&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Arce]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/confidencial-requisado-nicaragua-semiclandestinidad-habitacion_1_1786210.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 17 Dec 2018 10:07:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Confidencial, el diario requisado y ocupado por la policía de Nicaragua que sobrevive en la semiclandestinidad de una habitación de hotel]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Latinoamérica,Nicaragua,Daniel Ortega]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nuevo Acuerdo Verde: el programa con el que la izquierda estadounidense quiere recuperar la iniciativa política]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/nuevo-acuerdo-verde-habla-unidos_1_1802560.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ffb45880-1f96-49eb-bbdb-c6fcfffab43d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Nuevo Acuerdo Verde: el programa con el que la izquierda estadounidense quiere recuperar la iniciativa política"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Frente al</p><p class="subtitle">Make America Great Again</p><p class="subtitle">del presidente Donald Trump, el 'Green New Deal' de Alexandria Ocasio-Cortez.</p><p class="subtitle">¿Puede apoyarse el Partido Demócrata en una plataforma de izquierdas movilizada en torno a la mitigación del cambio climático para ejercer una oposición efectiva a Donald Trump?</p></div><p class="article-text">
        No hab&iacute;a pasado una semana desde las elecciones de mitad de mandato, las que lanzaron a la primera l&iacute;nea pol&iacute;tica a una nueva generaci&oacute;n de <a href="https://www.eldiario.es/politica/mujeres-asaltan-elecciones-legislativas-Unidos_0_822768815.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">mujeres j&oacute;venes</a> y de perfiles no tradicionales y ya comenzaban a asomar algunos brotes verdes entre la densa niebla que cubre Washington desde la elecci&oacute;n del presidente Donald Trump. 
    </p><p class="article-text">
        Primero vimos a una congresista dem&oacute;crata reci&eacute;n electa, Alexandria Ocasio-Cortez, subida <a href="https://twitter.com/sunrisemvmt/status/1062142241823735809" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">sobre una mesa</a> en una iglesia, micr&oacute;fono en mano y dirigi&eacute;ndose a un grupo de activistas movilizados en torno a la crisis clim&aacute;tica, el <a href="https://www.sunrisemovement.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Sunrise Movement</a>. Despu&eacute;s, a esos mismos activistas marchando en paz hasta el despacho de la tambi&eacute;n dem&oacute;crata Nancy Pelosi, lideresa de la C&aacute;mara de Representantes, y sentados frente a ella. Poca novedad. Carteles. Cantos. Manifiesto. Algunos arrestos. Previsible. 
    </p><p class="article-text">
        El giro pol&iacute;tico novedoso, que en esa protesta participaba la misma congresista que el d&iacute;a anterior hablaba con los activistas subida a una mesa. Convertida en dinamizadora de una nueva izquierda obrerista, feminista, activista, socialista &ndash;con lo que ello implica en este pa&iacute;s&ndash; que confluye ahora en defensa de un paquete legislativo claro, con nombre, apellidos, fecha de nacimiento y mayor&iacute;a de edad casi inmediata: <a href="https://ocasio2018.com/green-new-deal" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El Green New Deal. Un Nuevo Acuerdo Verde</a><a href="https://ocasio2018.com/green-new-deal" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">. </a>
    </p><p class="article-text">
        Alexandria Ocasio-Cortez ha decidido presentarse, orgullosa y sin complejos, como una mujer joven trabajadora, latina, que vive en un apartamento de una habitaci&oacute;n en el Bronx y que no ten&iacute;a dinero suficiente para mantenerse en Washington hasta cobrar su primer salario. Que firma su primer seguro m&eacute;dico como congresista denunciando que paga por &eacute;l la mitad de lo que pagaba como camarera. Que anuncia que pagar&aacute; al menos el salario m&iacute;nimo a sus becarios en el Congreso, a diferencia de lo que hacen hoy el 90% de los congresistas. Que, ante la elecci&oacute;n de su distrito como futura sede de Amazon, no aplaude sin disenso la versi&oacute;n monol&iacute;tica de los puestos de trabajo a crear. Que, en cambio, pregunta por los riesgos de gentrificaci&oacute;n que se abalanzan sobre sus votantes al tiempo que cuestiona que el estado otorgue beneficios fiscales a las empresas en lugar de aprobar ayudas e inversi&oacute;n centradas en los ciudadanos.
    </p><p class="article-text">
        Ninguno de esos planteamientos deber&iacute;a sorprender de alguien que ante el despacho de Nancy Pelosi en el Congreso record&oacute; <a href="https://www.youtube.com/watch?v=puvQlVvhh2Y" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los inicios de su militancia</a> pol&iacute;tica en la movilizaci&oacute;n, larga, dura, de base, en Standing Rock, Dakota. Miles de personas en torno a la protesta nativa contra un oleoducto del que parten muchas de las disidencias actuales, sobre todo las medioambientales, de la pol&iacute;tica norteamericana.
    </p><p class="article-text">
        Ocasio-Cortez lo llama la &ldquo;poes&iacute;a de la historia&rdquo; y, ya congresista, defiende que no hay contradicci&oacute;n alguna entre las identidades m&uacute;ltiples de una activista, el salto institucional y la coherencia impl&iacute;cita en seguir persiguiendo la agenda que anunci&oacute; en campa&ntilde;a cuando ya recorre los pasillos de Washington empujando a su partido a cada paso que da. 
    </p><p class="article-text">
        La presencia de Ocasio-Cortez en aquella protesta de despacho respond&iacute;a a la siguiente estrategia: Si Pelosi quiere renovar su puesto al frente de la C&aacute;mara de Representantes, no es suficiente con apelar a una lealtad de partido autom&aacute;tica. Ser mujer, joven o latina tampoco va a definir el sentido del voto ni el de la coalici&oacute;n que, de manera informal, Ocasio-Cortez comienza a liderar en la estela de Bernie Sanders, para quien trabaj&oacute; en los inicios de su corta carrera. Quien quiera contar con su apoyo y el de su plataforma, tiene que apoyar el Nuevo Acuerdo Verde. Tiene que mover el partido a la izquierda. Las etiquetas, lo simb&oacute;lico y lo declarativo, no sirven de nada si no van acompa&ntilde;adas, seg&uacute;n Ocasio, de pol&iacute;ticas concretas. Ambiciosas, sin duda. 
    </p><h3 class="article-text">La pol&iacute;tica verde </h3><p class="article-text">
        El &ldquo;movimiento de derechos civiles de nuestra generaci&oacute;n&rdquo;. As&iacute; define su apuesta Ocasio-Cortez. La versi&oacute;n corta: convertir un problema, el cambio clim&aacute;tico y la necesidad urgente de plantear una <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/emisiones-mundiales-CO2-alcanzaran-combustible_0_843066014.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">econom&iacute;a del carbono alternativa a la actual</a> y orientada hacia energ&iacute;as renovables, en un ambicioso proyecto de transformaci&oacute;n econ&oacute;mica y pol&iacute;tica del pa&iacute;s. Abarcando tambi&eacute;n la regulaci&oacute;n del sistema financiero internacional, los sistemas impositivos, la responsabilidad de las compa&ntilde;&iacute;as transnacionales o el papel del Estado en la creaci&oacute;n de incentivos y empleo a trav&eacute;s del gasto p&uacute;blico para un crecimiento m&aacute;s inclusivo.
    </p><p class="article-text">
        Ocasio-Cortez se apoya en lo que el fil&oacute;sofo franc&eacute;s Bruno Latour ha formulado as&iacute;: a la desregulaci&oacute;n globalizadora, que genera desigualdad, s&oacute;lo se puede responder desde la pol&iacute;tica del clima en sentido amplio: la regulaci&oacute;n de la relaci&oacute;n entre los seres humanos y las condiciones materiales de la existencia desde un enfoque planetario y de futuro.
    </p><p class="article-text">
        En cuesti&oacute;n de semanas, la propuesta ya ha conseguido el apoyo de 31 congresistas (el 15% de los dem&oacute;cratas electos y cuando ni siquiera ha comenzado el per&iacute;odo de sesiones) y del  senador Bernie Sanders, padre pol&iacute;tico de la generaci&oacute;n de representantes de la nueva izquierda que, con el nombre de <a href="https://www.dsausa.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Socialistas Democr&aacute;ticos </a>o <a href="https://www.justicedemocrats.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Dem&oacute;cratas por la Justicia</a>, ha irrumpido con fuerza en la escena pol&iacute;tica estadounidense. 
    </p><p class="article-text">
        El Comit&eacute; para el Nuevo Acuerdo Verde, de salir adelante, estar&iacute;a formado por 15 miembros y dise&ntilde;ar&iacute;a un plan de movilizaci&oacute;n del Gobierno federal que, impulsando el gasto p&uacute;blico desde un banco verde, aprobar&iacute;a a comienzos de 2020 un paquete de leyes necesarias para la transici&oacute;n r&aacute;pida, en una d&eacute;cada, a una econom&iacute;a neutral en carbono. Que reduzca las emisiones al mismo tiempo que recaptura parte del ya existente tanto en la atm&oacute;sfera como en el oc&eacute;ano. Y que, persiguiendo esa agenda, cree empleo verde, sin huella de carbono, desde un enfoque de igualdad y justicia econ&oacute;mica y medioambiental. Principios que la propuesta define como vinculados a la cohesi&oacute;n social, racial, regional y de g&eacute;nero del pa&iacute;s.
    </p><h3 class="article-text">La campa&ntilde;a electoral para 2020 ha comenzado</h3><p class="article-text">
        Durante una reciente intervenci&oacute;n televisada desde Washington, Ocasio-Cortez lo explicaba as&iacute;: &ldquo;Vamos a generar empleo y potenciar la industria, levantar escuelas, reconstruir carreteras, inventar tecnolog&iacute;a con la ambici&oacute;n y el impulso con el que Franklin D. Roosevelt lo hizo en un momento complejo de la historia con el que comenzamos a encontrar paralelismos&rdquo;. Hasta aqu&iacute; un plan de desarrollo econ&oacute;mico keynesiano tradicional. Al que Ocasio a&ntilde;ade la interseccionalidad: &ldquo;Con pol&iacute;ticas que no dejen a nadie atr&aacute;s&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No podemos avanzar al futuro hasta que todos los americanos formen parte de &eacute;l. Dejar grupos atr&aacute;s crea una grieta social. La pol&iacute;tica tiene que servir a todos y no s&oacute;lo a una &eacute;lite&rdquo;, defiende. Para ella, no se trata solo de una soluci&oacute;n econ&oacute;mica o medioambiental, sino de crear un mecanismo que devuelva la justicia a las comunidades que no han sido tratadas correctamente. &ldquo;Hay ni&ntilde;os que beben agua sucia en Flint, hay ni&ntilde;os que respiran aire sucio en California, hay ni&ntilde;os en Puerto Rico que viven entre el barro. Y muchas de esas comunidades m&aacute;s pobres y peor tratadas son nativas y oscuras. Reparar la <a href="https://www.eldiario.es/theguardian/agua-toxica-Flint-huele-Michigan_0_475252997.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">conducci&oacute;n de agua en Flint </a>es justicia, da empleo e integra a la sociedad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, que la inversi&oacute;n necesaria para mitigar el clima, impacte positivamente en los grupos que se est&aacute;n quedando atr&aacute;s y se convierta en plataforma de movilizaci&oacute;n y programa para su partido. La econom&iacute;a verde genera empleo. Es un hecho. Seg&uacute;n <a href="https://www.bls.gov/ooh/fastest-growing.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">datos del</a> <a href="https://www.bls.gov/ooh/fastest-growing.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Gobierno federal</a> los puestos de trabajo que m&aacute;s crecen en Estados Unidos son los de t&eacute;cnico de energ&iacute;a solar y e&oacute;lica.
    </p><p class="article-text">
        Para Ocasio-Cortez, Sanders y los representantes del ala izquierdista del Partido Dem&oacute;crata, la intenci&oacute;n no es s&oacute;lo cient&iacute;fica y medioambiental. Han lanzando la carrera de las primarias dem&oacute;cratas de cara a las elecciones de 2020. Marcando agenda y liderando discurso, poniendo a los sectores m&aacute;s tradicionales del partido ante una disyuntiva: seguir el curso de acci&oacute;n tradicional, con los resultados ya conocidos o apostar por las bases dem&oacute;cratas m&aacute;s movilizadas, j&oacute;venes, mujeres y ciudadanos que representan adem&aacute;s la diversidad &eacute;tnica, ideol&oacute;gica y de clase de Estados Unidos.
    </p><p class="article-text">
        Una plataforma que, adem&aacute;s, propone, al ubicar el centro de su agenda pol&iacute;tica en lo verde, cambiar el propio modelo de financiaci&oacute;n del partido y sus campa&ntilde;as, rechazando cualquier contribuci&oacute;n de empresas implicadas en la producci&oacute;n de combustibles f&oacute;siles. Algo que modificar&aacute; la estructura organizativa, agencia de representaci&oacute;n y programa pol&iacute;tico del propio Partido Dem&oacute;crata.
    </p><p class="article-text">
        Cuando el Presidente Donald Trump marc&oacute; la l&iacute;nea roja al retirar a Estados Unidos del Acuerdo de Par&iacute;s en 2017 pese a que todo indica que el cambio clim&aacute;tico se agrava e importa cada vez m&aacute;s a los votantes, estaba lanzando un guante que un grupo de congresistas ha sabido recoger. Marcaba las l&iacute;neas del terreno de juego y sus reglas. Comenz&oacute; a dise&ntilde;ar, por oposici&oacute;n, la plataforma pol&iacute;tica a la que &eacute;l y su partido tendr&aacute;n que enfrentarse en un futuro cada vez m&aacute;s cercano.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Arce]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/nuevo-acuerdo-verde-habla-unidos_1_1802560.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 11 Dec 2018 19:16:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Nuevo Acuerdo Verde: el programa con el que la izquierda estadounidense quiere recuperar la iniciativa política]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Estados Unidos,Alexandria Ocasio-Cortez]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La nueva estrategia de los científicos climáticos: "Es la economía, es ahora y somos todos"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/cientificos-climaticos-estadounidenses-decidido-ofensiva_1_1821376.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/12926cec-55e2-4bcc-9d19-0a737b72b40b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La nueva estrategia de los científicos climáticos: &quot;Es la economía, es ahora y somos todos&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si algo llama la atención hoy es el giro narrativo adoptado por los más vocales de entre los científicos, que han pasado a una nueva fase en su acción comunicativa</p><p class="subtitle">Hasta ahora se trataba de entender. Superada esa fase, es hora de que además, nos importe</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Es la econom&iacute;a, es ahora y somos todos&rdquo;. Katherine Hayhoe, Directora del Centro para la Ciencia del Clima de la Universidad Texas Tech, es una de las acad&eacute;micas m&aacute;s conscientes de la importancia de la comunicaci&oacute;n de los impactos del cambio clim&aacute;tico. Y lleva d&iacute;as repitiendo ese nuevo lema all&aacute; donde habla.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La semana pasada particip&oacute; de un encuentro con periodistas en el que comparti&oacute; sus puntos de vista sobre los argumentos m&aacute;s efectivos a la hora de cambiar conciencias e impulsar pol&iacute;ticas p&uacute;blicas. El esp&iacute;ritu, un cl&aacute;sico: Los cient&iacute;ficos ya han entendido lo que sucede y ahora, adem&aacute;s, quieren hacer algo para, al menos, mitigarlo.
    </p><p class="article-text">
        Hayhoe, responsable del dise&ntilde;o de los escenarios para el futuro recogidos en&nbsp;el informe clim&aacute;tico m&aacute;s importante realizado nunca en Estados Unidos, <a href="https://www.eldiario.es/ballenablanca/economia/informe-cientifico-cambio-climatico-Trump_0_839216380.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">publicado </a>en noviembre, ha reflexionado mucho sobre los motivos por los que el p&uacute;blico no acaba de movilizarse en consonancia con los riesgos que afrontamos.
    </p><p class="article-text">
        A diferencia de muchos, no cree que un supuesto desacuerdo respecto a los hechos sea lo que impide la toma de m&aacute;s medidas mitigadoras del impacto del cambio clim&aacute;tico. &ldquo;El problema no es con la ciencia, la mayor parte de los americanos (sic) creen que el clima cambia y los humanos son responsables&rdquo;, se&ntilde;ala optimista. (Optimista es creer que ya&nbsp;solo el 14 por ciento de los estadounidenses, presidente Trump incluido, niega que el cambio clim&aacute;tico sucede y ya&nbsp;solo el 32 por ciento niega que sea debido al comportamiento humano seg&uacute;n muestran <a href="http://climatecommunication.yale.edu/visualizations-data/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">datos de la Universidad de Yale</a>).
    </p><p class="article-text">
        El problema es transversal. Mucho m&aacute;s profundo. &ldquo;Hay algo m&aacute;s peligroso que casi todo el mundo comparte: que el calentamiento global no nos afecta a cada uno de nosotros hoy.&nbsp; Afecta, s&iacute;, pero a las plantas, al hielo, a las generaciones futuras, a los pa&iacute;ses en desarrollo o al oso polar en el &Aacute;rtico, un animal que casi nadie ha visto ni ver&aacute; en su vida&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esa distancia, seg&uacute;n ella, es el mito a combatir. Porque en realidad &ldquo;nos est&aacute; afectando a todos y cada uno de nosotros vivamos donde vivamos y hagamos lo que hagamos. Ese impacto aumentar&aacute; a medida que el cambio clim&aacute;tico avance y eso es lo que debemos explicar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hayhoe, responsable de&nbsp;<a href="https://www.youtube.com/channel/UCi6RkdaEqgRVKi3AzidF4ow" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Global Weirding</a>, uno de los&nbsp;mejores canales a los que recurrir para entender la ciencia del clima, plantea que &ldquo;hay que hablar de impactos: todas y cada una de las regiones de Estados Unidos, (por extensi&oacute;n del mundo) todos los sectores de la econom&iacute;a, agua, infraestructura, transportes, nutrici&oacute;n, salud, pesca, agricultura -lo que se busque- est&aacute;n cambiando ya&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Porque, a&ntilde;ade, en el &uacute;nico momento serio -casi l&uacute;gubre- en una intervenci&oacute;n colonizada por la sonrisa del creyente, esos cambios cuestan mucho dinero y &ldquo;la ventana de tiempo para evitar impactos masivos y muy costosos se est&aacute; estrechando&rdquo;. De hecho, la situaci&oacute;n, sin el impulso pol&iacute;tico necesario,&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/sociedad/emisiones-mundiales-CO2-alcanzaran-combustible_0_843066014.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">sigue empeorando</a> y las emisiones de carbono a la atm&oacute;sfera siguen aumentando. Este a&ntilde;o incluso m&aacute;s r&aacute;pido que los anteriores.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para Hayhoe, formada en la f&iacute;sica atmosf&eacute;rica primero y en pol&iacute;ticas p&uacute;blicas despu&eacute;s, &ldquo;la mejor analog&iacute;a para comprender nuestro comportamiento es como si carg&aacute;semos los dados contra nosotros mismos a sabiendas y sigui&eacute;ramos tir&aacute;ndolos. Siempre podemos conseguir un seis doble. Lo que vemos es que cada vez conseguimos m&aacute;s dobles seises y dobles sietes&rdquo;. Le gusta, tambi&eacute;n, la historia&nbsp;del fumador. &ldquo;Si alguien fuma un paquete al d&iacute;a, no sabemos si va a desarrollar c&aacute;ncer, pero sabemos que cuanto antes lo deje, menos posibilidades tiene de que le suceda&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        O lo que es lo mismo: &ldquo;&iquest;Cu&aacute;ntos d&iacute;as por encima de los 40 grados puede vivir el estado de Arizona?&rdquo; se pregunta. &ldquo;&iquest;100, 200, 300? &iquest;Y Chicago? &iquest;100? &iquest;200? &iquest;Cu&aacute;ntas personas sufrir&iacute;an por eso? &iquest;Cu&aacute;nto le costar&aacute; eso a nuestro sistema de salud? &iquest;Cu&aacute;nto nos va a costar en infraestructura portuaria y de transportes la subida del nivel del mar? &iquest;el desplazamiento de comunidades nativas de sus lugares milenarios? &iquest;las p&eacute;rdidas agr&iacute;colas? &iquest;La escasez de agua? &iquest;los incendios? &iquest;los eventos clim&aacute;ticos extremos? &iquest;esperamos o seguimos sumando costes?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El informe en cuya participaci&oacute;n Hayhoe ha participado cifra las p&eacute;rdidas para la econom&iacute;a en cientos de miles de millones de d&oacute;lares. Hasta un 10 por ciento del Producto Nacional Bruto de Estados Unidos para el a&ntilde;o 2100.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo positivo, explica, porque tratan de reforzar lo positivo frente a los catastr&oacute;fico, es que aunque normalmente los cient&iacute;ficos no hablan de pol&iacute;tica, la ciencia, hoy, permite conocer y estimar las medidas para conseguir un determinado resultado. &ldquo;Si no queremos superar un calentamiento global de 2 grados, el presupuesto de carbono con el que debemos trabajar es X. Ese es un c&aacute;lculo que hoy podemos hacer&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Saben lo que hay que hacer y calcular cu&aacute;nto cuesta hacerlo. Sus n&uacute;meros, simplificados, son estos. El precio a pagar en Estados Unidos por cumplir el Acuerdo de Par&iacute;s y limitar el calentamiento global a menos de 2 grados este siglo, si es que a&uacute;n se est&aacute; tiempo, asciende a m&aacute;s o menos un 20 por ciento del Producto Nacional Bruto de Estados Unidos en un a&ntilde;o. Si, seg&uacute;n ella, se dise&ntilde;a una pol&iacute;tica a veinte a&ntilde;os vista, ese coste es asumible. Habla de un 1 por ciento cada a&ntilde;o. Un dinero, adem&aacute;s, a gastar en la creaci&oacute;n de nuevos empleos, en energ&iacute;as a potenciar.&nbsp;&ldquo;Seg&uacute;n <a href="https://www.bls.gov/ooh/fastest-growing.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los datos del propio gobierno federal</a>, los puestos de trabajo que m&aacute;s crecen en la econom&iacute;a son los de t&eacute;cnico de energ&iacute;a solar y e&oacute;lica&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Para Hayhoe, pelear por ese uno por ciento de la econom&iacute;a dirigido a la creaci&oacute;n de empleo y la mitigaci&oacute;n del cambio clim&aacute;tico es la batalla a dar. &ldquo;Cualquier an&aacute;lisis econ&oacute;mico objetivo dice que a 20 a&ntilde;os vista, el Acuerdo de Par&iacute;s, la limitaci&oacute;n de las emisiones a la atm&oacute;sfera modificando la econom&iacute;a de la energ&iacute;a, tiene sentido para Estados Unidos y para el mundo. Esos deber&iacute;an ser los titulares con los que referirse al Cambio Clim&aacute;tico ahora&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Arce]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/cientificos-climaticos-estadounidenses-decidido-ofensiva_1_1821376.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Dec 2018 05:30:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La nueva estrategia de los científicos climáticos: "Es la economía, es ahora y somos todos"]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Honduras es un poema narcopolítico]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/hace-falta-declarar-honduras-narcoestado_1_1812419.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/43c1facd-dc3a-46b2-b220-dffdfa25f558_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Honduras es un poema narcopolítico"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A Fabio Lobo, hijo del exPresidente Porfirio Lobo, ya encarcelado en Estados Unidos por narcotraficante, se le acaba de sumar Tony Hernández, hermano del actual Presidente Juan Orlando Hernández.</p></div><p class="article-text">
        La pr&oacute;xima temporada de Narcos, quiz&aacute;s la de Fari&ntilde;a tambi&eacute;n, podr&iacute;a rodarse en Honduras. Tendr&iacute;a mar, coca&iacute;na, ajustes de cuentas y pol&iacute;tica, mucha pol&iacute;tica. Surcar&iacute;a las playas del Caribe, los despachos de esa peque&ntilde;a Casa Presidencial mal encajada entre las colinas de Tegucigalpa o el del General al mando de la Polic&iacute;a y se dormir&iacute;a una reconfortante siesta entre amigos, ni lo duden, en los pasillos del Congreso de la Rep&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        Los detalles del gui&oacute;n son p&uacute;blicos y los secuencia, paso a paso, una fiscal&iacute;a de distrito en Nueva York. 
    </p><p class="article-text">
        La sinopsis corta es la siguiente: Entre 2004 y 2016, llegaron a Honduras toneladas de coca&iacute;na. En avioneta, lanchas r&aacute;pidas e incluso, en al menos una ocasi&oacute;n, en un submarino. Desde all&iacute;, un supuesto ganadero, hortera, de los de zoo de animales ex&oacute;ticos en medio de la nada, Leonel Rivera Madariaga, jefe del c&aacute;rtel de Los Cachiros, la reenviaba rumbo a M&eacute;xico, al C&aacute;rtel de Sinaloa (s&iacute;, el del &ldquo;Chapo&rdquo; Guzm&aacute;n) por tierra. Llegaba (sigue llegando) a Estados Unidos. Los responsables de su recepci&oacute;n, procesado en laboratorios locales, transporte, seguridad de la carga &ndash;en convoyes protegidos por armas de guerra y con paso libre garantizado por el territorio&ndash; eran importantes pol&iacute;ticos y polic&iacute;as hondure&ntilde;os. Familiares en primer grado de los presidentes. 
    </p><p class="article-text">
        El pen&uacute;ltimo giro de esta trama, viva y de final siempre abierto, de estos d&iacute;as, avanza a partir de ah&iacute;. 
    </p><h3 class="article-text">El hermano del presidente</h3><p class="article-text">
        Seg&uacute;n la Fiscal&iacute;a de Nueva York, que acaba de detenerlo y hacer p&uacute;blicos <a href="https://www.justice.gov/usao-sdny/press-release/file/1113821/download" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los cargos</a>, una cantidad indeterminada de esa coca&iacute;na &ldquo;muchas toneladas&rdquo;, llevaban firma. Dos letras grabadas en los ladrillos. &ldquo;TH&rdquo;. Las iniciales pertenecen a Tony Hern&aacute;ndez, el hermano peque&ntilde;o del actual presidente de Honduras, Juan Orlando Hern&aacute;ndez. Fue, adem&aacute;s, diputado del Partido Nacional en el Congreso entre 2010 y 2014, mientras su hermano presidi&oacute; la instituci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        El documento de la Fiscal&iacute;a describe que tuvo acceso al menos a una grabaci&oacute;n de v&iacute;deo en la que Tony Hern&aacute;ndez recibe 50.000 d&oacute;lares en efectivo de Rivera Madariaga para sobornar funcionarios a trav&eacute;s de empresas pantalla que blanqueaban beneficios y pagos. El ventilador de acusaciones y pruebas es el propio Rivera Madariaga, preso en Estados Unidos desde 2015, que negoci&oacute; durante a&ntilde;os antes de entregarse voluntariamente en las Bahamas, no sin llevarse material con &eacute;l para rendir las cuentas que tocaran. 
    </p><p class="article-text">
        El giro narrativo que abre inc&oacute;gnitas y permite lanzar la historia hacia delante es el de una sensaci&oacute;n de impunidad generalizada que, si no queda hecha a&ntilde;icos, al menos se agrieta un tantito.
    </p><p class="article-text">
        De entre todos los cargos, grav&iacute;simos, el que probablemente ofenda m&aacute;s a las autoridades estadounidenses es el menor. La mentira de rostro marm&oacute;leo. En octubre de 2016, despu&eacute;s de que se filtraran las primeras acusaciones contra &eacute;l, Tony Hern&aacute;ndez vol&oacute; a Miami en un jet privado &ndash;mecanismo habitual de transporte de exdiputados sin empleo conocido&ndash; para testificar voluntariamente y defender su inocencia. Si de algo le sirvi&oacute; la mentira es para sumarle cinco a&ntilde;os de c&aacute;rcel como propina moralizante a las tres cadenas perpetuas a las que se enfrenta.
    </p><p class="article-text">
        A su hermano, el presidente, le pareci&oacute; entonces un <a href="https://www.youtube.com/watch?v=7VUDeZ8q5uo" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">gesto de confianza</a> que su hermano testificara y sugiri&oacute; que se trataba de un movimiento contra &eacute;l mismo y su supuesta cruzada legalista. &ldquo;Los p&aacute;jaros le tiran a las escopetas&rdquo;, dijo. 
    </p><p class="article-text">
        Tony Hern&aacute;ndez y su hermano, el presidente Juan Orlando Hern&aacute;ndez, no previeron entonces que las autoridades de Estados Unidos seguir&iacute;an adelante con el caso. Se equivocaron. No son los primeros poderosos que ven c&oacute;mo su reino se tambalea. Debieron contemplar que pod&iacute;a suceder. Ten&iacute;an motivos. Hab&iacute;a un antecedente similar: El de Fabio Lobo, hijo del presidente anterior, Porfirio Lobo.
    </p><h3 class="article-text">Flashback: de la Casa Presidencial a Hait&iacute;</h3><p class="article-text">
        Lobo hijo, que lleg&oacute; a tener despacho abierto en la Casa Presidencial que dirigi&oacute; su padre entre 2009 y 2014 ya fue c<a href="https://www.justice.gov/usao-sdny/pr/son-former-president-honduras-sentenced-24-years-prison-conspiring-import-cocaine" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ondenado a 24 a&ntilde;os de c&aacute;rcel</a> por usar sus conexiones pol&iacute;ticas con el Congreso, el Ej&eacute;rcito y el sistema de aduanas para gestionar la misma log&iacute;stica de transporte para el mismo narcotraficante.
    </p><p class="article-text">
        Lobo no era un abogado conseguidor y comisionista como Hern&aacute;ndez. A &eacute;l le iba la marcha. Qued&oacute; demostrado que viajaba en los convoyes armados para garantizar, control a control y tel&eacute;fono en mano, que nadie los deten&iacute;a. Por uno de esos viajes lleg&oacute; a cobrar 70.000 d&oacute;lares, una camioneta blindada y un fusil R-15. (&iquest;Qui&eacute;n cobra en veh&iacute;culos blindados y armas?).
    </p><p class="article-text">
        La escena protagonizada por Lobo y detallada por un agente de la Agencia Antidrogas de Estados Unidos infiltrado en la red lo ubica adem&aacute;s ante un mapa de Honduras dando detalles, rutas, carreteras, controles, polic&iacute;as a cargo de cada departamento y, siempre, al final usando su palabra y conexiones, la amenaza, el usted no sabe con qui&eacute;n est&aacute; hablando, para resolver cualquier problema. Allende los mares. A Lobo lo detuvieron en Hait&iacute;, in fraganti, moviendo un cargamento. 
    </p><p class="article-text">
        La sentencia de su condena explica c&oacute;mo, junto a <a href="https://www.docketbird.com/court-documents/USA-v-MONTOYA-Fredy-Renan-Najera-Montoya/S-1-INDICTMENT-FILED-as-to-Sealed-Defendant-1-1-count-s-1-2-3/nysd-1:2015-cr-00378-00002" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Freddy N&aacute;jera</a> diputado del Partido Liberal, (ning&uacute;n partido se salva, en Honduras, de v&iacute;nculos con el narcotr&aacute;fico) Lobo hijo gestion&oacute; desde las instalaciones de Puerto Cort&eacute;s un env&iacute;o de coca&iacute;na dirigido al C&aacute;rtel de Sinaloa en M&eacute;xico. N&aacute;jera era, seg&uacute;n la Fiscal&iacute;a de Nueva York, quien esperaba en las densas noches de la selva oriental del pa&iacute;s, junto a decenas de hombres armados, el aterrizaje en pistas clandestinas de las avionetas que llegaban de la frontera entre Colombia y Venezuela. 
    </p><h3 class="article-text">No hay narco que se precie sin un buen banco detr&aacute;s</h3><p class="article-text">
        El narco Rivera Madariaga est&aacute; cantando de lo lindo en todas las direcciones y salpica partidos, gobiernos y negocios. Los buenos empresarios, y los narcos suelen serlo, saben diversificar y aqu&iacute; se abren posibles cap&iacute;tulos &ndash;que dar&iacute;an para series enteras&ndash; con nuevos personajes y tramas de car&aacute;cter econ&oacute;mico. No hay fajos ni maletas cargadas de billetes sin bancos que los procesen. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        En diciembre de 2017, Yani Rosenthal, que hab&iacute;a sido Ministro de la Presidencia del presidente Manuel Zelaya, del Partido Liberal, fue condenado a tres a&ntilde;os de c&aacute;rcel en Miami por lavado de activos procedentes de c&aacute;rtel de Los Cachiros. Junto a &eacute;l, por el mismo delito y v&iacute;nculo, su primo Yankel Rosenthal, que fue Ministro de Inversiones del gobierno del Presidente Juan Orlando Hern&aacute;ndez. El dinero no entiende de cambios de administraci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Las empresas de los Rosenthal, incluido el Banco Continental, primer banco clausurado por ser lavadora de narcos en aplicaci&oacute;n de las leyes de Estados Unidos, fueron confiscadas y liquidadas <a href="https://www.treasury.gov/press-center/press-releases/Pages/jl0200.aspx" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">por su vinculaci&oacute;n con</a> Los Cachiros. El patriarca de la familia, Jaime Rosenthal, que, sorpresa, fue vicepresidente de Honduras en los 90, se salv&oacute;, por ahora, de la extradici&oacute;n a Estados Unidos debido a las causas pendientes en Honduras pese a ser se&ntilde;alado por el Departamento del Tesoro como cabeza de la trama profundizada durante d&eacute;cadas. Los Rosenthal, banqueros, les compraban vacas a Los Cachiros, reconocidos ganaderos, dijeron en su defensa.Salieron caras esas vacas. 
    </p><p class="article-text">
        Para la siguiente temporada, que la habr&aacute;, el Gobierno de Estados Unidos, sus guionistas, se reservan una gran inc&oacute;gnita. El salpic&oacute;n puede atragantarse m&aacute;s a&uacute;n. Otro funcionario sobre el que existe grabaci&oacute;n en la Fiscal&iacute;a estadounidense, si bien exculpatoria &ndash;por el momento&ndash; es el todopoderoso general Juli&aacute;n Pacheco, ministro de Seguridad y responsable de la inteligencia hondure&ntilde;a desde 2014.
    </p><p class="article-text">
        Lobo hijo llev&oacute; al narco Madariaga a su despacho. La reuni&oacute;n dur&oacute; poco, aparentemente el Ministro los ech&oacute; con cajas destempladas. Pero. Puntos suspensivos. Lobo hijo, el hijo del expresidente y posteriormente Tony Hern&aacute;ndez, hermano del presidente actual, siguieron trabajando para 'Los Cachiros'. Y quien es Ministro de Seguridad desde 2014 lo sab&iacute;a a despacho caliente y en persona, por ponerlo de alg&uacute;n modo. 
    </p><p class="article-text">
        En el momento de reaccionar, en boca cerrada no entran moscas y yo no he visto nada. Ambos presidentes han sido escuetos. Que se cumpla la ley, han dicho. Honduras es peque&ntilde;o, en espacio y canales de informaci&oacute;n. Ellos, muy ocupados siempre, nunca supieron a qu&eacute; se dedicaban su hijo y su hermano. Fabio Lobo y Tony Hern&aacute;ndez ten&iacute;an sobornados a docenas de pol&iacute;ticos, funcionarios, polic&iacute;as y militares del pa&iacute;s y transitaban por sus carreteras en convoyes fuertemente armados sin que, por supuesto, los presidentes, a cargo, entre otras cosas, de la inteligencia del Estado, lo supieran. 
    </p><h3 class="article-text">La historia viene de largo</h3><p class="article-text">
        Honduras es, desde hace a&ntilde;os, sobre todo desde que el golpe de Estado que derroc&oacute; a Manuel Zelaya en 2009, pista abierta, parada log&iacute;stica de la coca&iacute;na que sale de Colombia y Venezuela rumbo a Estados Unidos. La droga vuela o navega atravesando el Caribe. Desembarca en la costa de la Mosquitia, remota, inaccesible y mal vigilada para seguir rumbo a los c&aacute;rteles mexicanos que la introducen en Estados Unidos. Esa maldici&oacute;n geogr&aacute;fica, inevitable, junto a un Estado d&eacute;bil y cooptado, ha convertido al pa&iacute;s en una distop&iacute;a, un lugar carcomido por el crimen donde el narcotr&aacute;fico lleva a las pandillas, la violencia, la corrupci&oacute;n, el hambre. Al desastre. A un pa&iacute;s de donde huye quien puede. Con cientos de miles de desplazados internos y externos. Algunos miles de ellos empujando fuerte en una fila en Tijuana para ser reconocidos como refugiados. 
    </p><p class="article-text">
        La lista de frases sobre el narcotr&aacute;fico de los pol&iacute;ticos hondure&ntilde;os es digna de las mejores mentes. Para enmarcar. Del conocido &ldquo;si las narcoavionetas no aterrizan en el centro de San Pedro Sula s&oacute;lo porque los &aacute;rboles se lo impiden&rdquo; de un ministro de Defensa a &ldquo;los controles de polic&iacute;a no son m&aacute;s que un lugar en el que ser extorsionado&rdquo;, del presidente de la Comisi&oacute;n de Seguridad del Congreso. Nadie en Honduras se atreve a negar lo que sucede. Mientras pueda echar balones fuera. Siempre que permita el &ldquo;casi&rdquo;. Incluso el Presidente Juan Orlando Hern&aacute;ndez ha dicho en numerosas ocasiones que el pa&iacute;s ha estado a punto de convertirse en un Estado fallido. Como si no estuviera implicado en lo que sucede. 
    </p><p class="article-text">
        Un solo ejemplo. Hern&aacute;ndez y su predecesor, Lobo, son responsables de una medida pol&iacute;tica perversa relacionada con el narco. Alrededor de 2012 la Fuerza A&eacute;rea hondure&ntilde;a comenz&oacute; a derribar narcoavionetas en vuelo. Alegaba defensa de la soberan&iacute;a nacional. Eso es ilegal. Estados Unidos, que manejaba el radar que informaba de esas avionetas, no pod&iacute;a seguir colaborando con esa pol&iacute;tica y avis&oacute;. Y avis&oacute;. Y avis&oacute;. Y acab&oacute; por cortar el &uacute;nico radar que hab&iacute;a en Honduras para detectar narcoavionetas. Algo que, por supuesto, no beneficiaba directamente a nadie. Puntos suspensivos. 
    </p><p class="article-text">
        Hay m&aacute;s. En 2016 <a href="https://www.nytimes.com/es/2016/04/15/tres-generales-y-un-cartel-violencia-policial-e-impunidad-en-honduras/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">se hizo p&uacute;blica</a> una estructura colegiada dentro la Polic&iacute;a Nacional de Honduras que ten&iacute;a como cometido desembarazarse de aquellos elementos de la pol&iacute;tica, la polic&iacute;a y el Ej&eacute;rcito que no colaborasen con el narcotr&aacute;fico. Si una determinada unidad policial estaba encargada de transporte de coca&iacute;na y otra unidad, en este caso militar, se interpon&iacute;a, no hab&iacute;a mayor problema en ordenar matar a un general del Ej&eacute;rcito. O al diputado que lo investigara.
    </p><p class="article-text">
        Desde 2012, uno tras otro, los generales Directores de la Polic&iacute;a fueron cayendo uno tras otro (abandonando el cargo, ascendidos a veces, a cargos diplom&aacute;ticos o pol&iacute;ticos, que Honduras eso nunca significa juzgados por los hechos en su hoja de dem&eacute;ritos). Escuadrones de la muerte, narcotr&aacute;fico, corrupci&oacute;n. La lista es amplia y lo toca todo. Lo hicieron incluso acus&aacute;ndose los unos a los otros de matarse familiares en represalia. 
    </p><p class="article-text">
        Honduras es el pa&iacute;s del golpe de estado, la plataforma del narcotr&aacute;fico, una depuraci&oacute;n policial tan continua como fracasada, la impunidad como forma de supervivencia o marchas sosteniendo antorchas para pedir una comisi&oacute;n internacional que interviniera el sistema de justicia, fallido. El lugar donde hasta el fracaso sabe a poco. Un pa&iacute;s, tambi&eacute;n, donde un esquema de corrupci&oacute;n en el sistema sanitario se llev&oacute; por delante, tan s&oacute;lo durante la administraci&oacute;n del Presidente Lobo, casi el 10% del presupuesto nacional. Suma y sigue.
    </p><p class="article-text">
        Honduras es, y ha sido, al menos desde el golpe de Estado de 2009, un fiel aliado de Estados Unidos en la zona. Entre 2009 y 2016 los gobiernos del Partido Nacional recibieron casi 100 millones de d&oacute;lares en ayuda a los sistemas de seguridad del pa&iacute;s de la administraci&oacute;n de Barack Obama. Donald Trump ha amenazado con reducir el dinero que env&iacute;a a Honduras. 
    </p><p class="article-text">
        De suceder, si es que sucede, est&aacute; por ver cu&aacute;l ser&aacute; el impacto. Muchos creen que el apoyo estadounidense a un gobierno, polic&iacute;a y ej&eacute;rcito corruptos ha empeorado las cosas, reforzando el narcopoder. Otros, que ha evitado que los desmanes fueran a&uacute;n peores. 
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, la rep&uacute;blica bananera acaba rayada, esnifada, mareada y resacosa, cayendo en barrena a un pozo sin fondo. Convertida en un poema narcopol&iacute;tico que espera, cada vez m&aacute;s dolorido, los giros del siguiente cap&iacute;tulo de la versi&oacute;n catracha de &ldquo;Narcos&rdquo;. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Arce]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/hace-falta-declarar-honduras-narcoestado_1_1812419.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 02 Dec 2018 05:30:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Honduras,Narcotráfico,Cocaína]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando descargarse un informe sobre el clima se convierte en acto político]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/zona-cero-cambio-climatico_1_1835029.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d4376724-f62c-4756-997c-9780deff5b6d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuando descargarse un informe sobre el clima se convierte en acto político"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La academia y la política rebosan de informes, estudios y planes de acción destinados a sumergirse en los archivos hasta el día que alguien decida escribir la historia del desastre</p></div><p class="article-text">
        Hay noticias que, de tan discretas, no lo parecen. Que caminan de lado. Por la periferia y en silencio. Hu&eacute;rfanas de notas de prensa, declaraciones, discursos grandilocuentes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Encuentros que podr&iacute;an ocupar las portadas bajo titulares como 'Diplomacia cient&iacute;fica entre los dos pa&iacute;ses responsables de la mayor parte de las emisiones de gases invernadero del planeta'<em>.</em>&nbsp;Iniciativas que podr&iacute;an divulgarse tras un 'Alaska, zona cero del cambio clim&aacute;tico, presenta su plan de acci&oacute;n para adaptarse al acuerdo de&nbsp;Par&iacute;s&nbsp;pese al negacionismo del Gobierno federal'. Proyectos sumergidos en los archivos hasta el d&iacute;a en que alguien decida escribir la historia del desastre, las omisiones que nos arrastraron a una situaci&oacute;n que nadie sabe definir con exactitud pero sobre la que todos coinciden en algo: ser&aacute; peor que la actual. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los &uacute;ltimos d&iacute;as de septiembre, bajo un sol radiante y rodeados de los &uacute;ltimos colores del oto&ntilde;o, muy poco antes de que el Panel de Expertos sobre el Cambio Clim&aacute;tico anunciara que la reducci&oacute;n de emisiones a la&nbsp;atm&oacute;sfera&nbsp;debe ser r&aacute;pida y radical para evitar consecuencias irreversibles, profundas y potencialmente catastr&oacute;ficas para el futuro, se celebr&oacute; una reuni&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Dos docenas de cient&iacute;ficos y estudiosos del hielo, el mar, la nieve, el permafrost y la sostenibilidad trabajaron varios d&iacute;as<a href="https://uaf-iarc.org/event/chinese-academy-of-science-workshop/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&nbsp;en el Instituto de Estudios &Aacute;rticos de la Universidad de Alaska</a>, en Fairbanks.
    </p><p class="article-text">
        Los encuentros cient&iacute;ficos no son noticia a menos que vayan acompa&ntilde;ados de importantes descubrimientos o anuncios catastr&oacute;ficos. Menos a&uacute;n si solo se trata de sesiones de trabajo para la elaboraci&oacute;n de una agenda de investigaci&oacute;n conjunta, como en este caso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero &iquest;Y si resulta que los participantes en esa conferencia son algunos de los cient&iacute;ficos punteros en el estudio del cambio clim&aacute;tico de Estados Unidos y de la Academia de Ciencias de China, los dos pa&iacute;ses responsables de la mayor parte de las emisiones de gases invernadero a la&nbsp;atm&oacute;sfera?
    </p><p class="article-text">
        No cambia nada.
    </p><p class="article-text">
        Planes de investigaci&oacute;n, localizaci&oacute;n de las estaciones de medici&oacute;n, v&iacute;nculos entre el &Aacute;rtico y el tercer polo &ndash;situado en la planicie del T&iacute;bet&ndash; o la velocidad comparada a la que se descongela el permafrost del norte de Am&eacute;rica y el de Asia Central que avanzan entre la nada.
    </p><p class="article-text">
        Cientos de&nbsp;p&aacute;ginas y conclusiones sepultadas en lo abstruso de la jerga para iniciados que solo demasiado tarde &ndash;o quiz&aacute; nunca&ndash; llegar&aacute;n al &aacute;mbito de la divulgaci&oacute;n. Mucho menos a la incidencia pol&iacute;tica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La prueba, apenas un par de meses despu&eacute;s y a pocos kil&oacute;metros de aquella reuni&oacute;n entre cient&iacute;ficos chinos y estadounidenses, a las afueras de la misma ciudad. Ya sin sol y pese a una tormenta de nieve que duraba m&aacute;s de dos d&iacute;as, despu&eacute;s de unas elecciones que le han devuelto Alaska al Partido Republicano, que no quiere ni o&iacute;r hablar de estos temas. En medio de la oscuridad, la pol&iacute;tica de los avisos no atendidos se sube al escenario de un teatro repleto y act&uacute;a ante un p&uacute;blico&nbsp;lleno de ciudadanos que no por convencidos tienen mayor capacidad de acci&oacute;n.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Sobre la tarima, el vicerrector de investigaci&oacute;n de la Universidad de Alaska, Larry Hinzman, con m&aacute;s de 30&nbsp;a&ntilde;os&nbsp;de trabajo sobre la climatolog&iacute;a polar en la cabeza. A su derecha, Luke Hopkins, que fue alcalde de Fairbanks y lidera el grupo de acci&oacute;n estatal sobre el cambio clim&aacute;tico. Junto a ambos, Nikoosh Carlo, una mujer joven, ind&iacute;gena Athabascan, apoyada por la triple legitimidad de su doctorado en ciencias, su pertenencia nativa al &aacute;rtico y su puesto como asesora principal del gobernador de Alaska para el cambio clim&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        El discurso lo es de despedida. Sentado sobre una advertencia. Presentaban el <a href="http://climatechange.gov.alaska.gov/wp-content/uploads/sites/11/2018/09/Ak_Climate_Action_Plan_brochure_final_web.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">plan de acci&oacute;n</a>&nbsp;que proponen aplicar en la zona cero del cambio clim&aacute;tico. Un trabajo conjunto de cientos de personas durante meses, la compilaci&oacute;n del conocimiento acumulado durante&nbsp;a&ntilde;os, una propuesta de&nbsp;pol&iacute;ticas p&uacute;blicas.
    </p><p class="article-text">
        Un informe y un aviso: no lo dejen morir.
    </p><p class="article-text">
        Piden que la audiencia se descargue el informe antes de que&nbsp;el nuevo gobernador, el republicano Mike Dunleavy, negacionista del cambio clim&aacute;tico, asuma el cargo a principios de diciembre. Lo m&aacute;s probable es que, como ya ha sucedido en el pasado, esa&nbsp;web desaparezca. Como si borrar informes del repositorio digital sirviese para algo m&aacute;s all&aacute; de lanzar un mensaje pol&iacute;tico de o&iacute;dos cerrados a la ciencia. Como si detuviera el avance del cambio clim&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        En ese centenar de p&aacute;ginas que se sumar&aacute;n&nbsp;a la pila a radiografiar cuando en el futuro se deduzcan responsabilidades &ndash;si se deducen&ndash;, muchos diagn&oacute;sticos y medidas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Primero el&nbsp;diagn&oacute;stico. Recurrente, casi apocal&iacute;ptico, <a href="/content/edit/EDINWS20181116_1151" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">medido hasta la saciedad</a>&nbsp;por todo tipo de iniciativas. Carlo, la asesora ind&iacute;gena del gobernador repite una y otra vez la expresi&oacute;n &ldquo;Zona Cero&rdquo;. Debido a la localizaci&oacute;n geogr&aacute;fica de Alaska, estamos en la &ldquo;Zona Cero&rdquo; del Cambio Clim&aacute;tico y ofrece detalles: aumento de las temperaturas a mayor velocidad que en el resto del planeta, tormentas, humedad, falta y retraso de hielo, erosi&oacute;n en las costas, descenso de la pesca debido a la acidificaci&oacute;n del mar, p&eacute;rdida de nieve y albedo -su efecto reflectante-, 31 comunidades a desplazar antes de&nbsp;verse&nbsp;ahogadas por el mar, la desaparici&oacute;n de modos de vida milenarios y el efecto cascada que nace del &Aacute;rtico afectando&nbsp;a todo el planeta.
    </p><p class="article-text">
        Las im&aacute;genes, que &ndash;pasada la mitad de noviembre&ndash; siguen mostrando el Estrecho de Bering sin hielo, deber&iacute;an convertirse en emblema, mensaje, sirena de alarma, portadas de apertura de noticieros, dice. No sucede. Nadie atiende. Demasiado lejos, demasiado complejo. En vez de lamentarse de la falta de atenci&oacute;n del mundo, su optimismo man&iacute;aco transforma el desastre en oportunidad. La oportunidad de que se asuma la realidad y eso impulse medidas.
    </p><p class="article-text">
        Las medidas, casi un tab&uacute; en un estado cuya econom&iacute;a depende de la extracci&oacute;n de petr&oacute;leo.
    </p><p class="article-text">
        Hopkins, el pol&iacute;tico de larga data, a semanas de la retirada, esto es, sin pelos en la lengua, marca la ruta del&nbsp;qu&eacute;&nbsp;hacer.&nbsp;Propone fomentar principios: educar en la ciencia, seguir investigando hacia dos palabras: energ&iacute;a limpia. &iquest;C&oacute;mo avanzar en esa direcci&oacute;n? Hay que disminuir la emisi&oacute;n de gases invernadero hasta un 30% en la pr&oacute;xima d&eacute;cada. Eso significa sacar el petr&oacute;leo de la econom&iacute;a y apoyar una transici&oacute;n lo m&aacute;s r&aacute;pida posible hacia la energ&iacute;a geot&eacute;rmica, solar, e&oacute;lica, oce&aacute;nica. Para lograrlo proponen establecer un <em>banco verde</em> estatal que lo financie.
    </p><p class="article-text">
        Ese era el plan dise&ntilde;ado por encargo de una administraci&oacute;n dem&oacute;crata derrotada en las urnas. Que, pese a su derrota en Alaska, comparte las l&iacute;neas maestras de lo que un grupo de congresistas de izquierda comienza a defender en Washington con el nombre de &ldquo;Green New Deal&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El turno de intervenciones del p&uacute;blico&nbsp;fue largo, Hinzman, el investigador, agotado de repetir y repetir y repetir, se hizo una pregunta a s&iacute; mismo y se la respondi&oacute;. Ten&iacute;a que ver con los plazos, con el paso del tiempo.
    </p><p class="article-text">
        &mdash; &iquest;Cu&aacute;ntos grados de temperatura ha ganado la tierra desde la &uacute;ltima glaciaci&oacute;n?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&nbsp; Ahora estamos a unos cuatro grados m&aacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash; &iquest;Cu&aacute;l es el aumento de temperatura que asumimos como algo que ya ser&aacute; muy dif&iacute;cil detener, que parece incluso avanzar sin freno?
    </p><p class="article-text">
        &mdash; Dos grados.
    </p><p class="article-text">
        &mdash; El planeta es un lugar termalmente muy estable. Cuatro grados menos y nos vamos a la era del hielo, cuatro grados m&aacute;s y &iquest;d&oacute;nde nos vamos?
    </p><p class="article-text">
        Hinzman se despidi&oacute; con una petici&oacute;n. No se olviden de descargar el <a href="http://climatechange.gov.alaska.gov/wp-content/uploads/sites/11/2018/09/Ak_Climate_Action_Plan_brochure_final_web.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">plan de acci&oacute;n</a>.&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Arce]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/zona-cero-cambio-climatico_1_1835029.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 24 Nov 2018 17:36:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuando descargarse un informe sobre el clima se convierte en acto político]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Alaska,Cambio climático]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Alaska, esa aldea gala donde 45 años de mandato republicano ininterrumpido sobreviven al exceso y la prepotencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/congresista-republicano-mandatos-consecutivos-aplastando_1_1858475.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fddb5e58-7974-4e03-9caf-b9ee22e91944_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Alaska, esa aldea gala donde 45 años de mandato republicano ininterrumpido sobreviven al exceso y la prepotencia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Don Young, el congresista republicano de 85 años y 24 mandatos consecutivos, resiste incólume incluso aplastando manos</p><p class="subtitle">Alyse Galvin, mujer y demócrata, no lo logró. No pudo vencer al hombre anciano y aparentemente eterno que el martes logró renovar su escaño como único representante por Alaska en el Congreso por vigesimocuarta vez</p><p class="subtitle">MÁS INFORMACIÓN | Trump pierde el control de la Cámara de Representantes</p></div><p class="article-text">
        Si las elecciones intermedias en Estados Unidos pudieran reducirse a una imagen que represente los dos pa&iacute;ses que conviven &minus;cada vez m&aacute;s polarizados&minus; bajo la misma bandera, ser&iacute;a la de un apret&oacute;n de manos.
    </p><p class="article-text">
        En Anchorage, la capital econ&oacute;mica de Alaska, a mediados de octubre y tras debatir durante algo m&aacute;s de una hora sobre los problemas del estado, Alyse Galvin, del Partido Dem&oacute;crata, una mujer de 53 a&ntilde;os, reconocida por su activismo en defensa de la educaci&oacute;n p&uacute;blica y sin carrera pol&iacute;tica previa, cerr&oacute; su carpeta de notas y le tendi&oacute; la mano a su rival, el impetuoso e incombustible Don Young, un republicano de 85 a&ntilde;os que ocupa el &uacute;nico esca&ntilde;o por Alaska en el Congreso desde 1973.
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, desde hace 45 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Con una sonrisa, Young se la estrech&oacute;. A su manera. &ldquo;No me aprietes la mano as&iacute;&rdquo;, dijo ella inmediatamente. &Eacute;l no hizo caso. Ella levant&oacute; la voz. &ldquo;Duele&rdquo;. Lo repiti&oacute;. &ldquo;Duele&rdquo;. Galvin se solt&oacute;, se levant&oacute; y se fue, protestando y explicando con un gesto de evidente incomodidad. &Eacute;l, sorprendido, pidi&oacute; perd&oacute;n y ri&oacute; -aqu&iacute; no ha pasado nada-.
    </p><p class="article-text">
        No era la primera vez que Young forzaba la mano de alguien m&aacute;s all&aacute; de lo razonable. Lo ha hecho antes en reuniones escolares o los pasillos del Congreso, siempre rodeado de pol&eacute;mica, blandiendo un pene de morsa frente a un rival, calificando los vertidos de petr&oacute;leo de cat&aacute;strofes naturales, amenazando con morder a otro congresista o culpando a los compa&ntilde;eros de un estudiante que se suicid&oacute; de no haberlo apoyado lo suficiente. Es y ha sido su estilo, mimetizado con un momento y un pa&iacute;s marcados por las continuas salidas de tono y la conflictiva relaci&oacute;n con la verdad del presidente Donald Trump, de quien Young &minus;quien lo dudara&minus; es firme partidario. Una forma de entender la pol&iacute;tica ruda, recia, directa, sin diplomacia alguna, incluso amenazadora, que huye de cualquier posibilidad no ya de b&uacute;squeda de consenso sino de establecimiento del di&aacute;logo necesario para una democracia.
    </p><p class="article-text">
        Lo que Young no proces&oacute; aquella ma&ntilde;ana en Anchorage ante el concurrido auditorio del Congreso anual de la Federaci&oacute;n de Nativos de Alaska es que, por primera vez y tras casi medio siglo de victorias aplastantes, una mujer, dem&oacute;crata para m&aacute;s se&ntilde;as, se atrev&iacute;a a marcarle los l&iacute;mites en p&uacute;blico. Con naturalidad. Desde otra forma de entender la pol&iacute;tica. Como si en ese gesto, en ese &iexcl;basta ya! quisiera recalcar no solo la diferencia de proyectos que los separa a ambos sino comenzar a sanar la fractura que aleja al pa&iacute;s de s&iacute; mismo.
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                </figure><h3 class="article-text">Un debate </h3><p class="article-text">
        <strong>Un debate </strong>En apenas media hora de debate electoral, la que precedi&oacute; a ese simb&oacute;lico apret&oacute;n de manos, ambos candidatos pasearon pr&aacute;cticamente por todos los temas, tonos y l&iacute;neas divisorias que han dirimido unas elecciones intermedias, consideradas por muchos plebiscitarias, en torno a continuidad o cambio y en las que se defin&iacute;a la elecci&oacute;n de congresistas y senadores que sean capaces de ejercer de contrapeso al modelo pol&iacute;tico que el Partido Republicano est&aacute; permitiendo seguir al presidente Trump.
    </p><p class="article-text">
        Alaska es un estado conservador. Muy conservador. El Partido Republicano ha ganado todas las elecciones celebradas aqu&iacute; desde 1968. Y este estado donde cabr&iacute;a Espa&ntilde;a tres veces -pero que no llega al mill&oacute;n de habitantes - es el predio particular de Young, decano de los congresistas, ep&iacute;tome de ese republicanismo de estado m&iacute;nimo y libertades individuales que salta a la vista en la propaganda electoral que los voluntarios de campa&ntilde;a sostienen impert&eacute;rritos junto a los sem&aacute;foros pese al fr&iacute;o polar. Bajo el azul met&aacute;lico y el naranja apagado de una puesta de sol &aacute;rtica -demasiado temprana ya en noviembre- no hay cartel republicano que no lleve sobre la cara del candidato una pegatina, certificaci&oacute;n de calidad necesaria para el &eacute;xito: <em>Apoyado por la Asociaci&oacute;n Nacional del Rifle.</em>
    </p><p class="article-text">
        Si en Estados Unidos se utilizara la palabra cacique, Young ser&iacute;a el jefe de jefes de la tribu. Lleg&oacute; a Alaska para cazar, buscar oro y vivir al norte del C&iacute;rculo Polar. Su entrada en la pol&iacute;tica fue extra&ntilde;a. Necr&oacute;fila si acaso. Perdi&oacute; la elecci&oacute;n al Congreso de 1972 a&uacute;n cuando su rival, el ganador, hab&iacute;a muerto en un accidente de avi&oacute;n tres semanas antes de las elecciones. Perdi&oacute; para quedarse. Firmemente apuntalado. No se conoce localidad en Alaska donde no llegue su rastro, donde no haya inaugurado un pozo, un arreglo de la pista de aterrizaje o un contrato vinculado al oleoducto. Es un repartidor. Cuando habla de s&iacute; mismo, Young se presenta como el hombre de los n&uacute;meros. Durante 45 a&ntilde;os de mandato, ha recibido a miles de ciudadanos en su despacho, ha visitado cientos de veces las localidades del interior. &ldquo;Soy uno de vosotros&rdquo;, repite cada vez que puede. Tantas como niega cualquier planteamiento de ideas. &ldquo;Soy el hombre pr&aacute;ctico. Sin prioridades, porque las prioridades son las que en cada momento marque su gente&rdquo;. La expresi&oacute;n &ldquo;<em>pork barrel</em>&rdquo; (gasto clientelar) que muchos aqu&iacute; traducen en un &ldquo;conseguir dinero para construir puentes hacia la nada&rdquo;, tiene propietario. Es Young, el hombre que pacta su voto a cambio de ese dinero, para lo que sea, luego modifica su uso y as&iacute;, una a una, teje voluntades.  
    </p><p class="article-text">
        Galvin, por su parte, desciende una familia establecida en Alaska desde hace varias generaciones que ha tenido relativo &eacute;xito en el sector tur&iacute;stico y ha dedicado los &uacute;ltimos a&ntilde;os a hacerse un hueco en la defensa de las escuelas p&uacute;blicas. A construir organizaci&oacute;n. Aula a aula. Reuni&oacute;n a reuni&oacute;n. Con un discurso pol&iacute;tico m&aacute;s claro, progresista y, sobre todo, un talante suave. Tanto que la voz le tiembla, inexperta, en demasiadas ocasiones. Sin ocultarlo. Porque quiz&aacute;s de eso trataba su campa&ntilde;a. De abrir espacios menos categ&oacute;ricos a la discusi&oacute;n de la esfera p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        Young, la edad, el poder establecido, comenz&oacute; aquel debate en el que aplastar&iacute;a la mano de su rival se&ntilde;alando sus dos propuestas centrales. La defensa de la segunda enmienda, la que permite la portaci&oacute;n de armas frente a cualquier regulaci&oacute;n, y el acceso a las tierras de propiedad federal para el desarrollo econ&oacute;mico, eufemismo con el que en Alaska se habla del esfuerzo persistente por terminar con la protecci&oacute;n medioambiental que proh&iacute;be el acceso a los combustibles f&oacute;siles de las costas y tierras pr&oacute;ximas al &Aacute;rtico. Para &eacute;l, si hay dinero de por medio, no hay salm&oacute;n, agua ni caribou que merezcan defensa.
    </p><p class="article-text">
        Sentada a su lado, Galvin, la progresista, reenfoc&oacute; el debate para pelearlo desde lo social. Eligi&oacute; abrir denunciando que el 16% de poblaci&oacute;n de Alaska no tiene cobertura sanitaria, que quienes la tienen pagan la salud per c&aacute;pita m&aacute;s cara del mundo, con una tasa de desempleo que en algunos condados dobla la media nacional y que su prioridad ser&iacute;a la lucha contra fuertes problemas sociales como la violencia dom&eacute;stica o la adicci&oacute;n a los opi&aacute;ceos, que registran tasas muy superiores en Alaska a las del resto de pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        En esa mesa, igual que en las urnas de Alaska, dos cosmovisiones. Mientras Young defend&iacute;a que las respuestas a los problemas de consumo de alcohol y drogas en el estado est&aacute;n en la biblia y la moralidad individual, la negaci&oacute;n misma de la pol&iacute;tica desde un jactancioso: &ldquo;Yo no puedo resolverlo, t&uacute; tampoco vas a poder&rdquo;, Galvin fintaba y corr&iacute;a hacia la salud p&uacute;blica, lo complejo y el matiz, donde se siente m&aacute;s c&oacute;moda. Es una batalla perdida para ella. A m&aacute;s pol&iacute;ticas sociales, las acusaciones cl&aacute;sicas sobre qui&eacute;n va a pagarlas. Y entonces, el barro. Porque si hay alg&uacute;n consenso es este: Ninguno de los candidatos, en ning&uacute;n caso, est&aacute; dispuesto a mencionar una subida de impuestos ni un aumento del rol del Estado en la vida de los ciudadanos. No en p&uacute;blico.  
    </p><p class="article-text">
        Ese es el elefante en la habitaci&oacute;n. Aquello de lo que no se habla pero que permea todo lo dem&aacute;s. El estado de Alaska no cobra impuestos a los ingresos personales. Se financia, casi exclusivamente, gracias al petr&oacute;leo. Y el d&eacute;ficit crece. Los dem&oacute;cratas quieren aprobar el impuesto sobre la renta. Los republicanos no. Se abre el silencio. Los ciudadanos saben. Los candidatos omiten el tema. Patean su debate hacia arriba. La ret&oacute;rica inflamada de Washington, indignarse frente a ella o azuzarla, les protege de s&iacute; mismos, a ambos, a sus contradicciones.
    </p><p class="article-text">
        Young es un defensor firme del presidente Donald Trump y sus planteamientos. Mientras ella no descartaba, de ser elegida congresista, que en el futuro pudiera tener lugar un proceso de destituci&oacute;n del presidente, &eacute;l no cree que eso pueda ni deba suceder. Y ya que Trump irrump&iacute;a en el debate, qu&eacute; mejor momento ese para posicionarse ante la pol&iacute;tica migratoria, tema nacional que ha colonizado hasta la &uacute;ltima opini&oacute;n del pa&iacute;s estas semanas. Young cree que hay que levantar el muro con M&eacute;xico y la caravana de centroamericanos es una invasi&oacute;n a Am&eacute;rica (sic) que debe ser detenida con todos los medios al alcance del gobierno. Galvin, como era de esperar, se mostraba partidaria de defender el legado de Estados Unidos como naci&oacute;n de inmigrantes, aplicar la ley existente y estudiar los casos de solicitantes de asilo que se presenten en la frontera sur del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Sobre ese esp&iacute;ritu, la sonrisa, Galvin se anim&oacute; de nuevo: &ldquo;El congresista Young usa el t&eacute;rmino wetback (espalda mojada un t&eacute;rmino denigratorio que se refiere a los migrantes que cruzan el r&iacute;o) y eso no es correcto. Tenemos que ser inclusivos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El diccionario no marca la pol&iacute;tica&rdquo;, respondi&oacute; Young sin pesta&ntilde;ear. Corto y cambio.
    </p><p class="article-text">
        De la migraci&oacute;n, sin mayores transiciones, al futuro de la tierra. Hace tiempo que la Universidad de Alaska repite all&aacute; donde publique un informe que el &Aacute;rtico est&aacute; calent&aacute;ndose al doble de velocidad que el resto del planeta. Que las consecuencias del cambio clim&aacute;tico para Alaska en transportes, econom&iacute;a o par&aacute;metros medioambientales son, si cabe, m&aacute;s apremiantes a&uacute;n que en el resto del planeta. Pero, en una tendencia negacionista marcada por el propio presidente Trump, el congresista Young romp&iacute;a cualquier posibilidad de di&aacute;logo racional para anclarse en la posverdad, esa mentira emotiva tan propia, tambi&eacute;n, del discurso conservador de esta &eacute;poca.
    </p><p class="article-text">
        Nueva oportunidad para Galvin: &ldquo;El cambio clim&aacute;tico es uno de los principales problemas de seguridad del pa&iacute;s y del mundo en este momento&rdquo;, que es como pon&eacute;rselo f&aacute;cil a Young, sus tablas y experiencia. Al anciano le cost&oacute; un giro de suficiencia anular cualquier racionalidad con un &ldquo;no creo que el ser humano sea responsable del cambio clim&aacute;tico. Eso se dice para asustar. Conozco la ciencia. Los cient&iacute;ficos, muchos de ellos, amigos, dicen que no es as&iacute;. Es un fraude. Una conspiraci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Galvin volvi&oacute; a equivocarse. Sinti&oacute; que esa era la suya y contraatac&oacute;. &ldquo;El 99% de los cient&iacute;ficos dicen que s&iacute; est&aacute; pasando&rdquo;, espet&oacute;, pagada de s&iacute; misma y su fuente. Young se la merend&oacute;, siguiendo las ense&ntilde;anzas de su l&iacute;der: &ldquo;Pres&eacute;ntamelos, dame una lista de nombres&rdquo; antes de cerrar con la apuesta segura, el dinero, los impuestos. &ldquo;Estoy contra cualquier impuesto a las emisiones de carbono y eso es de lo que nos hablan cuando nos hablan de cambio clim&aacute;tico, de cobrarnos m&aacute;s impuestos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Montados ya sobre un carril acelerado por la inercia de esa demagogia que tan bien maneja Young, la discusi&oacute;n sobre lo sanitario, qu&eacute; sorpresa, termin&oacute; r&aacute;pido. Galvin, aparentemente radical e innovadora, defendi&oacute; comprar medicamentos en Canad&aacute; o Europa para ahorrar costes, abrir el mercado a la competencia y terminar as&iacute; con la cautividad a la que condenan los precios de los medicamentos m&aacute;s altos del mundo. Young, sin inmutarse, acus&oacute; a la administraci&oacute;n dem&oacute;crata anterior, argumento de victoria asegurada entre los suyos, de todo lo que pueda ir mal hoy y ma&ntilde;ana. Nadie defiende que la sanidad est&eacute; funcionando. Nadie. Porque no lo est&aacute;. Pero, sorpresa, &ldquo;la culpa de que no haya un programa de salud adecuado es del presidente Obama&rdquo;. La complejidad de siglas y programas en las que se encharca el tema lastran de nuevo el debate hacia un barro en el que no gana nadie. 
    </p><p class="article-text">
        Dos pa&iacute;ses, dos estilos. Galvin ha basado la financiaci&oacute;n de su campa&ntilde;a, que ha costado poco m&aacute;s de 300.000 euros, en peque&ntilde;as donaciones individuales y no ha dudado en se&ntilde;alar las grandes empresas que financiaron la de su rival, desde petroleras a farmac&eacute;uticas. El gasto del candidato permanente no ha sido muy superior. De hecho, casi no ha hecho campa&ntilde;a. Cree que la diferencia entre ambos es tan de fondo, profunda e inmutable que ni la necesita. Ha ganado siempre y seguir&aacute; haci&eacute;ndolo, como ha repetido en incontables ocasiones, porque todos lo conocen y &ldquo;pese a mi edad, solo estoy empezando mi carrera&rdquo;. A tal certeza, &iquest;qu&eacute; podr&iacute;a arreglarse con publicidad o un debate p&uacute;blico? El esp&iacute;ritu del momento, se acepte o no, parece alejarse de cualquier racionalidad discursiva y sobrevivir exclusivamente en el plano de lo simb&oacute;lico y lo identitario, bien encogido dentro de la combinaci&oacute;n de matrioskas en la que se fracturan el estado y el pa&iacute;s. Cada candidato conoce al grupo al que apela y a ese grupo, y solo a ese, se refiere en cada gesto. La victoria depender&aacute; casi solamente de cuantos de los tuyos, por identidad y definici&oacute;n, decidan moverse. Young lo sabe y apuntala. Como su jefe. 
    </p><p class="article-text">
        De muestra, el &uacute;ltimo ejemplo. Mientras Galvin habla, para su p&uacute;blico, de la diferencia de salarios entre mujeres y hombres o de c&oacute;mo las cifras de violencia dom&eacute;stica en el estado multiplican por diez la media del pa&iacute;s, Young se luce ante el suyo. Aplica siempre esa l&oacute;gica tan pr&aacute;ctica propia del <em>yo no soy racista porque tengo un amigo negro</em> y tan &uacute;til ante su corte, para explicar que las mujeres de sus oficinas cobran lo mismo que los hombres y matizar que, en general, el movimiento feminista est&aacute; volcando la carga de la prueba en los hombres, inocentes hasta que se demuestre de lo contrario, de cualquier acusaci&oacute;n. Y desde esas islas rodeadas por la apelaci&oacute;n continua al est&oacute;mago de la pertenencia, no hay vencedor en el debate. Young y Galvin, dos pa&iacute;ses, dos estilos, dos p&uacute;blicos, dos compartimentos estancos. Cada vez m&aacute;s impermeables. Un di&aacute;logo de besugos, una mano que aplasta otra en funci&oacute;n de la fuerza que aplique, de cuantos de los suyos sea capaz de levantar de la comodidad un martes de noviembre g&eacute;lido en Alaska.
    </p><h3 class="article-text">Martes electoral</h3><p class="article-text">
        <strong>Martes electoral</strong>Fairbanks, una ciudad boreal en la planicie interior del estado, la entrada a la tundra &aacute;rtica, es m&aacute;s republicana, si cabe, que el resto de Alaska. Mientras en el estado, Donald Trump gan&oacute; a Hillary Clinton por 15 puntos en 2016, en el condado de Fairbanks, Trump multiplic&oacute; el n&uacute;mero de votos de su rival por cinco. Pero ninguna ciudad en Estados Unidos es un bloque monol&iacute;tico. Y si hay un lugar seguro para quienes piensan diferente, para quienes rechazan a candidatos republicanos como Don Young o el presidente Donald Trump, son las universidades.
    </p><p class="article-text">
        En la peque&ntilde;a Universidad de Alaska, como en tantas otras a lo largo del pa&iacute;s, estudiantes y profesores se acercaban a votar -aqu&iacute; todo sucede en silencio- antes de asistir a clase, en la pausa para la comida, en un hueco entre tareas. Trasunto de la cotidianeidad m&aacute;s habitual, se formaban colas apretadas, con poco espacio para la ambig&uuml;edad. La pol&eacute;mica por el apret&oacute;n de manos entre Young y Galvin se zanja r&aacute;pidamente. Nadie cree que fuera inocente. Sarah Stanley, de 37 a&ntilde;os, profesora del Departamento de Ingl&eacute;s lo despacha con iron&iacute;a. &ldquo;No se ganan 23 elecciones seguidas sin haber aprendido a estrechar una mano&rdquo;. Cree que ese gesto no es m&aacute;s que un s&iacute;mbolo de que el ambiente no es seguro &minus;duda entre inseguro y peligroso y elige inseguro&minus; para la libertad de expresi&oacute;n, para la diferencia, para el ejercicio de la oposici&oacute;n.
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                </figure><p class="article-text">
        Cesal Hanes tiene 20 a&ntilde;os, estudia matem&aacute;ticas y ha elegido un jersey de la pel&iacute;cula <em>Pesadilla antes de navidad</em> para este martes. Si le preguntan por la casualidad, r&iacute;e. Vivaracho, abierto, consciente, politizado, habla sin reparos frente a la peque&ntilde;a cola para votar. Est&aacute; por el cambio y va mucho m&aacute;s all&aacute; que la profesora. &ldquo;Ya no creo que ser ciudadano de este pa&iacute;s sea lo que fue en el pasado. Este presidente es responsable de establecer diferentes categor&iacute;as de ciudadanos. No representa los Estados Unidos de hoy. Por eso elijo definirme como hispano y como gay antes que como ciudadano de Estados Unidos. Cualquiera que no encaja en su patr&oacute;n inventado de lo que es un americano siente la posibilidad de que le ataquen por ser quien es. El presidente Trump est&aacute; tratando de instaurar el pa&iacute;s de la supremac&iacute;a blanca y no es correcto&rdquo;. Respecto a Young, su posici&oacute;n es evidente. &ldquo;Yo defino qui&eacute;n soy y vivo aqu&iacute; y no soy como &eacute;l quiere que sea&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En Fairbanks, los hispanos como Hanes no llegan al 5% de la poblaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Patrick S. Woolery estudia contabilidad, tiene 18 a&ntilde;os y es la primera vez que vota. Mucho m&aacute;s seco que Hanes &minus;a&uacute;n dormido o recuper&aacute;ndose de los 22 grados bajo cero que acaba de dejar tras la puerta&minus; aporta que el clima pol&iacute;tico es cada vez m&aacute;s extra&ntilde;o. Y que a la hora de votar por Young o Galvin, no quiere dejarse influir por lo que sucede en el resto del pa&iacute;s sino pensar en el futuro de Alaska. Al tiempo que reconoce que &ldquo;es muy dif&iacute;cil aislarse de lo que sucede fuera&rdquo;, le suma que el hecho de que Young se presente, a su edad, despu&eacute;s de tantas elecciones seguidas le resulta cuando menos &ldquo;extra&ntilde;o&rdquo; para finalmente a&ntilde;adir un sutil y escueto &ldquo;es probable que no sea la persona m&aacute;s representativa de c&oacute;mo es esta comunidad hoy&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Al sur de la ciudad, en el distrito de North Pole -Polo Norte, s&iacute;, el lugar donde se reciben las cartas a Santa Claus de los Estados Unidos y parte del planeta- se encuentra el grupo de votantes m&aacute;s conservador del estado, que adem&aacute;s habitan el distrito m&aacute;s pobre, un lugar cuya renta per c&aacute;pita media est&aacute; 30% por debajo de la nacional.
    </p><p class="article-text">
        En una rotonda, peleando contra el fr&iacute;o, acompa&ntilde;ando a una amiga que sostiene una pancarta a favor de una proposici&oacute;n sobre el Salm&oacute;n, Lauren Hatty, una dise&ntilde;adora gr&aacute;fica de 34 a&ntilde;os, aguanta sin guantes, con optimismo y motivaci&oacute;n. &ldquo;Alaska es extra&ntilde;a&rdquo;, comienza. &ldquo;Funciona a su manera. Una se siente tan lejos de los Estados Unidos y tan cerca del vecino, por necesidad, que acaba comprendi&eacute;ndose que es un lugar aparte, diferente&rdquo;. Cree que el clima pol&iacute;tico es &ldquo;inquietante&rdquo;. Y no sabe si para bien o para mal. &ldquo;Se rompen amistades, relaciones, y eso es malo, pero la gente se informa m&aacute;s sobre la pol&iacute;tica y la participaci&oacute;n aumenta. Y eso es bueno&rdquo;. Duda. &ldquo;Hay m&aacute;s debate, pero es m&aacute;s vitri&oacute;lico. Es malo a corto plazo, quiz&aacute;s bueno a largo plazo. La gente se toma en serio la pol&iacute;tica. Dej&eacute;moslo ah&iacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ya dentro del Centro Comercial &minus;lugar extra&ntilde;o, el pasillo entre el supermercado y la jugueter&iacute;a para votar&minus; la cola, larga, nutrida, se retuerce para no entorpecer el tr&aacute;fico de la compra semanal. North Pole alberga dos bases de la Fuerza A&eacute;rea. Los soldados votan en orden, de uniforme. Al igual que los polic&iacute;as, pistola al cinto. Las familias, numerosas. Los estereotipos, alistados uno a uno. Las barbas, largas, los prejuicios contra la prensa, a flor de piel. Las opiniones, previsibles. &ldquo;La pol&iacute;tica local es lo que importa&rdquo;, dice Lawrence Chapin, de 45 a&ntilde;os, mec&aacute;nico de mantenimiento civil de la base. &ldquo;Aqu&iacute; no votamos por el partido, lo hacemos por la persona, por la propuesta concreta. Muchos, por culpa de los medios, que no hacen su bien su trabajo, muy tendenciosos, votan impregnados por un esp&iacute;ritu de enfado contra el presidente. No se est&aacute; informando bien de la realidad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En pocos minutos, esa ser&iacute;a la opini&oacute;n recurrente a constatar, cual contagiada de uno a otro votante entre prisas, recelo y un cierto enfado. &ldquo;El clima pol&iacute;tico es de locos, la televisi&oacute;n no hace su trabajo, s&oacute;lo empeora la situaci&oacute;n, ha desaparecido la verdad&rdquo; explica un hombre que se dice republicano, parece miembro de honor de la banda de apoyo a las giras de ZZtop, calza botas y parka de tama&ntilde;o desproporcionado y no quiere dar su nombre tras lanzar un mon&oacute;logo monocorde y falton.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Young?, S&iacute;, lleva demasiado tiempo&rdquo;, dice casi despidi&eacute;ndose. &ldquo;Deber&iacute;a dejarlo. pero es el &uacute;nico candidato&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y Galvin?, pregunto.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n es Galvin? Young es el &uacute;nico candidato&rdquo; me dice antes de estrecharme la mano como si quisiera cascar las patas de un cangrejo.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        No lo logr&oacute;. Galvin no pudo. No alcanz&oacute; a vencer al hombre, anciano, republicano y aparentemente eterno que el martes logr&oacute; renovar su como &uacute;nico representante por Alaska en el Congreso de Estados Unidos por vigesimocuarta vez consecutiva. Que, si nada lo impide, seguir&aacute; en el cargo hasta cumplir los 87. Esto es, ejerciendo durante 47 a&ntilde;os consecutivos el puesto. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Arce]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/congresista-republicano-mandatos-consecutivos-aplastando_1_1858475.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 07 Nov 2018 08:35:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Alaska, esa aldea gala donde 45 años de mandato republicano ininterrumpido sobreviven al exceso y la prepotencia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Estados Unidos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Podemos reinterpretar el derecho de asilo para proteger a las personas que huyen de Centroamérica?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/podemos-reinterpretar-proteger-personas-centroamerica_129_1868405.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Y si resulta que nos encontramos ante una manifestación local, diferente a todas las anteriores, de la disidencia política, de un colectivo perseguido?</p><p class="subtitle">La intersección entre</p><p class="subtitle">opinión política</p><p class="subtitle">grupo social diferenciado</p><p class="subtitle">abre un espacio para profundizar en la voluntad de proteger a las personas centroamericanas que huyen rumbo a Estados Unidos.</p></div><p class="article-text">
        En Centroam&eacute;rica, M&eacute;xico y Estados Unidos hay decenas de miles de desplazados y refugiados que huyen de las pandillas centroamericanas. De sus polic&iacute;as y ej&eacute;rcitos. De un enfrentamiento entre estados y sociedades -empobrecidas y abandonadas a su suerte- que arroja &iacute;ndices de homicidios, desapariciones, extorsiones, violaciones, pobreza, hambre, desempleo y corrupci&oacute;n equivalentes a los de pa&iacute;ses en guerra abierta. Lo dice cada a&ntilde;o el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados.
    </p><p class="article-text">
        Pero olvidemos la guerra como argumento. Pocos, desde la pol&iacute;tica, quieren aceptar esa guerra m&aacute;s all&aacute; de ocasionales declaraciones estridentes. &ldquo;Estamos en guerra&rdquo;, dicen algunos. Contra el narcotr&aacute;fico, contra el crimen organizado, contra las pandillas, o contra todos a la vez. Para pedir dinero a la comunidad internacional. Dinero con el que financiar fuerzas de seguridad que, por su comportamiento, muy cuestionado, no est&aacute;n sirviendo para mucho mas que ahondar y retroalimentar el conflicto.
    </p><p class="article-text">
        En todo caso, discutir sobre la palabra guerra nos separa de la soluci&oacute;n. Huir de un pa&iacute;s en guerra no convierte a una persona en refugiado. Si en Centroam&eacute;rica, M&eacute;xico y Estados Unidos hay decenas de miles de refugiados no es por una guerra que nadie quiere definir como tal.
    </p><p class="article-text">
        Si hay miles de personas refugiadas -reconocidas como tales o no- es, como dice la definici&oacute;n de refugiado, porque hay miles de personas que se ven obligadas a abandonar sus hogares, atravesando fronteras debido a que tienen un temor fundado a ser perseguidas por una serie de motivos discriminatorios en sus lugares de origen y sus estados no los protegen.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;El debate correcto debe girar -si lo que pretendemos es contribuir a que se reconozca como refugiados a quienes ya lo son- en torno a definir los motivos por los que esas decenas de miles de personas huyen del tri&aacute;ngulo norte centroamericano, especialmente Honduras y El Salvador. Hacerlo en relaci&oacute;n con los que la comunidad internacional acept&oacute; para el reconocimiento de la condici&oacute;n de refugiado, los que permiten que los estados vecinos -sobre todo M&eacute;xico y Estados Unidos, en mucha menor medida Canad&aacute;, Nicaragua (que tambi&eacute;n expulsa a los suyos) y Costa Rica o incluso Espa&ntilde;a act&uacute;en en su protecci&oacute;n
    </p><p class="article-text">
        Cuando la comunidad internacional defini&oacute; la condici&oacute;n de persona refugiada reconoci&oacute; cinco motivos: Raza, religi&oacute;n, nacionalidad, pertenencia a un grupo social y opini&oacute;n pol&iacute;tica. Junto a los motivos, dos elementos: debe existir un temor fundado al regreso, porque el estado del que sali&oacute; no la protege y por tanto, en caso de regresar, corre peligro. Adem&aacute;s de una circunstancia f&iacute;sica: Debe estar fuera de su pa&iacute;s para poder solicitarlo.
    </p><p class="article-text">
        Son dos,&nbsp;<em>opini&oacute;n pol&iacute;tica</em>&nbsp;y&nbsp;<em>pertenencia a un determinado grupo social</em>&nbsp;los que generan mayor debate, controversia y posibilidades en los casos de los centroamericanos que piden que se reconozca su condici&oacute;n de persona refugiada. En la intersecci&oacute;n entre ambos se abre un espacio que permite aumentar la comprensi&oacute;n del fen&oacute;meno del desplazamiento forzado y elaborar pol&iacute;ticas m&aacute;s precisas para intervenir en ayuda de quienes necesitan protecci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; es una opini&oacute;n pol&iacute;tica? No existe una definici&oacute;n cerrada. En su origen&nbsp;<em>opini&oacute;n pol&iacute;tica</em>&nbsp;se entendi&oacute; en casos de asilo para aquellos casos en los que se viera implicado el estado y su maquinaria. Esa interpretaci&oacute;n sigue ah&iacute; en lo relativo a los partidos, la disidencia o la oposici&oacute;n. Pero no solo. Siempre ha convivido con un intento de ampliar su &aacute;mbito de aplicaci&oacute;n para adaptarse a contextos cambiantes, ser m&aacute;s &uacute;til, servir m&aacute;s a la intenci&oacute;n de proteger. Por eso, la interpretaci&oacute;n de&nbsp;<em>opini&oacute;n pol&iacute;tica</em>&nbsp;como una manifestaci&oacute;n m&aacute;s amplia que la mera adscripci&oacute;n partidaria o ideol&oacute;gica en relaci&oacute;n con el estado es hoy generalizada.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;No se cuestiona que&nbsp;<em>opini&oacute;n pol&iacute;tica</em>&nbsp;abarca todo aquello que tiene que ver con el comportamiento y la actividad de un individuo en la sociedad. En relaci&oacute;n con quien ejerza el poder, formal o informal, sea un actor estatal o no estatal y las pol&iacute;ticas, acciones o ideolog&iacute;a dominantes en el lugar y momento determinados en que ese poder espera que una persona act&uacute;e de un modo y no de otro. Por supuesto cuando, de no opinar o actuar de una manera determinada, se derive una persecuci&oacute;n que el estado no puede impedir. &nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el Tri&aacute;ngulo Norte de Centroam&eacute;rica es habitual que quien ejerce el poder frente al cual existe una determinada opini&oacute;n pol&iacute;tica divergente sea un actor armado no estatal. Una pandilla. Y es habitual tambi&eacute;n que el estado no pueda garantizar la protecci&oacute;n del ciudadano frente a las acciones de aquellos que provocan la situaci&oacute;n de riesgo.
    </p><p class="article-text">
        Son de las pandillas las calles, los cuerpos, las mentes, en sociedades marcadas por el o&iacute;r, ver y callar. En pa&iacute;ses como El Salvador, Guatemala y Honduras las pandillas ejercen un amplio control territorial, de car&aacute;cter casi totalitario, especialmente en zonas urbanas. Ese control territorial es la base de su existencia, desde la cual desarrollan sus actividades criminales, especialmente extorsi&oacute;n, narcomenudeo y control de la zona frente al posible ingreso de grupos rivales.
    </p><p class="article-text">
        La pandilla controla f&iacute;sicamente el movimiento, la entrada y salida de la zona que controla. Esas zonas var&iacute;an y pueden cambiar con relativa velocidad. No existen mapas que puedan definir de manera estable las fronteras entre territorios de control, maleables a veces semana a semana. Vivir en una zona controlada por una pandilla y trabajar en una zona controlada por otra pandilla, mantener relaciones con personas de un barrio rival o acudir a un centro educativo en otra parte de la ciudad puede conllevar una amenaza o represalia reales por parte de la pandilla.
    </p><p class="article-text">
        La poblaci&oacute;n que vive en la zona controlada por la pandilla queda bajo control de la organizaci&oacute;n en el sentido m&aacute;s estricto. Para desarrollar las actividades a las que se dedica la pandilla es vital el reclutamiento, muchas veces forzado, de miembros, habitualmente hombres j&oacute;venes, muchas veces desde que son ni&ntilde;os. Y la connivencia obligada de gran parte de los habitantes del lugar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La pandilla es una organizaci&oacute;n armada permanente con una estructura vertical. Se agrupa en clicas, que son grupos de afinidad de tama&ntilde;o variable con un l&iacute;der reconocido y se definen en funci&oacute;n del territorio. Las clicas se relacionan entre s&iacute; y se coordinan m&aacute;s all&aacute; de la unidad territorial m&aacute;s peque&ntilde;a que controlan, que puede partir de varias calles de un barrio determinado y en funci&oacute;n del tama&ntilde;o del barrio y la clica uno o varios barrios. Una misma pandilla se relaciona y coordina entre barrios y ciudades de un mismo pa&iacute;s. Hay lugares donde se enfrentan hasta seis, siete, ocho grupos entre s&iacute; y con las fuerzas de seguridad.
    </p><p class="article-text">
        La forma de la&nbsp;<em>opini&oacute;n pol&iacute;tica</em>&nbsp;var&iacute;a de sociedad en sociedad y en funci&oacute;n del momento. En Am&eacute;rica Central, frente a una pandilla, la&nbsp;<em>opini&oacute;n pol&iacute;tica</em>&nbsp;puede y debe derivarse de una opini&oacute;n entendida por la pandilla como contraria.
    </p><p class="article-text">
        Una persona no es favorable a la utilizaci&oacute;n del territorio en el que vive para el desarrollo de actividades delictivas. No est&aacute; dispuesta a participar en ellas formando parte de la organizaci&oacute;n que las desarrolla o colaborando con ellas en ninguna modalidad. No acepta el reclutamiento, que puede ser una petici&oacute;n formal y concreta en el tiempo o un proceso de acercamiento gradual. Se niega a la participaci&oacute;n o apoyo espor&aacute;dico en actividades desarrolladas por quienes han sido reclutados. A ejercer de vigilante o informador, a transportar cosas o personas, a mentir para proteger o encubrir actividades. A pagar el dinero que se le reclama a trav&eacute;s de la extorsi&oacute;n porque no concuerda con la existencia de ese impuesto ni con su legitimidad ni con el uso que se le da a ese dinero en manos de la pandilla. Si es mujer, se niega a mantener relaciones con miembros de la pandilla porque se niega a perder el control sobre su cuerpo.
    </p><p class="article-text">
        En su manifestaci&oacute;n m&aacute;s evidente, una persona puede llegar a oponerse a esas actividades e incluso colabora con quienes se enfrentan desde el estado o alguna organizaci&oacute;n de la sociedad civil, como una iglesia, a las actividades de la pandilla. La opini&oacute;n, entendida como acci&oacute;n, puede ser expl&iacute;cita, manifestada: &ldquo;No quiero participar de esta actividad&rdquo;. &ldquo;No quiero actuar de esta manera&rdquo;. O impl&iacute;cita. Silenciosa. Evasiva. Una persona puede llegar a encerrarse en su casa para no tener que cruzarse con quien le pedir&aacute; que haga algo que no quiere hacer. El que se encierra y desaparece es un disidente. Tanto como el que se niega abiertamente a actuar de un modo determinado.
    </p><p class="article-text">
        Una opini&oacute;n pol&iacute;tica puede tener consecuencias aunque el curso de acci&oacute;n no sea p&uacute;blico y manifiesto. Existe aunque no se haya explicitado de manera proactiva. La inacci&oacute;n, el silencio, es tambi&eacute;n un curso de acci&oacute;n. Una opini&oacute;n pol&iacute;tica no manifestada es pol&iacute;tica, porque puede generar consecuencias en el &aacute;mbito de lo p&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo? La opini&oacute;n pol&iacute;tica puede ser imputada, colocada sobre alguien por la pandilla, la haya hecho p&uacute;blica esa persona o no. Haya actuado o no. A veces una persona emite a trav&eacute;s de alg&uacute;n tipo de resistencia pasiva una opini&oacute;n pol&iacute;tica. Que puede ser entendida como contraria a los intereses de la pandilla, que a su vez puede tomar represalias contra quienes mantienen esa opini&oacute;n, esa acci&oacute;n, ya sea p&uacute;blica o privada, manifiesta o discreta. Evitar el reclutamiento, el posicionamiento, la colaboraci&oacute;n, la actuaci&oacute;n, a trav&eacute;s de evasivas, excusas, maniobras dilatorias, es tan evidente como expresar que no se quiere hacer algo. No pagar una extorsi&oacute;n. Y por eso, en Honduras, se mata.
    </p><p class="article-text">
        Al mismo tiempo, la identificaci&oacute;n en tanto habitante de un territorio controlado por una organizaci&oacute;n criminal puede tener consecuencias en los ojos del estado y de otras organizaciones criminales que controlen territorios adyacentes, en rivalidad o disputa. Precisamente por el silencio. Por una acci&oacute;n que no puede ser explicitada. Porque el individuo, para protegerse, no puede explicitar que, viviendo en un lugar determinado, se opone a quienes controlan el lugar en el que vive. Si lo hace se convierte en enemigo quienes controlan el lugar donde vive. Si no lo hace, para sus rivales. Aqu&iacute; se da la primera intersecci&oacute;n con el concepto de&nbsp;<em>pertenencia a grupo social</em>: Quienes viven en un lugar determinado. Todos ellos y ellas.
    </p><p class="article-text">
        Que un joven de una calle concreta de Tegucigalpa o San Pedro Sula decida no detenerse a saludar y hablar con los pandilleros que se re&uacute;nen en una esquina puede deberse a su timidez o a su negativa a mantener relaciones con ning&uacute;n miembro de una pandilla. Pero si la pandilla decide interpretar esa timidez como una opini&oacute;n pol&iacute;tica contraria de alguien que vive en su zona y comienzan las amenazas, ese joven est&aacute; siendo perseguido por un motivo que puede equipararse a una&nbsp;<em>opini&oacute;n pol&iacute;tica imputada y por su pertenencia a un grupo social.</em>
    </p><p class="article-text">
        Cuando una pandilla entra a tomar posesi&oacute;n de una serie de calles. Todos los habitantes de esas determinadas calles se convierten en un&nbsp;<em>grupo social diferenciado</em>. Personas que viven dentro de la zona de control de una determinada unidad de un grupo armado irregular. El estado se disuelve. Deja de llegar. No puede, aunque quisiera, blindar las calles de manera permanente ni a sus habitantes en cada desplazamiento. Los habitantes de las calles, pongamos 1, 2, 3 y 4 se diferencian de los habitantes de las calles 5, 6, 7 y 8 en funci&oacute;n del grupo armado que las subyuga. Son un&nbsp;<em>grupo social</em>&nbsp;no reconocido como tal hoy en d&iacute;a. Y en ese espacio de sumisi&oacute;n a la dictadura totalitaria de la pandilla se definen a s&iacute; mismos como sujetos de protecci&oacute;n. Sean hombres, mujeres, ni&ntilde;os, ancianos o miembros de la comunidad LGTBI. Son habitantes de un lugar. La mitad del tejido urbano de Honduras y El Salvador, siguiendo esta l&oacute;gica, expulsa refugiados como lo hace Aleppo.
    </p><p class="article-text">
        Son personas que tienen en com&uacute;n vivir en un lugar controlado por una organizaci&oacute;n violenta. Y personas que no desean formar parte del modo de organizaci&oacute;n que caracteriza a las zonas controladas por pandillas. Por el miedo y la miseria que conlleva. Porque quieren vivir una vida digna que no tienen. Para lograrlo, como es su derecho, salen, huyen, agarran una mochila y se van para no regresar m&aacute;s. Para vivir, para trabajar, para recibir tratamiento m&eacute;dico. Para reunirse con su familia, que logr&oacute; huir o migrar antes. Para lo que sea. Son un grupo social disidente que huye y busca alg&uacute;n tipo protecci&oacute;n y garant&iacute;a de que no va a regresar de manera forzada a ese lugar del que sali&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        De aceptar esa l&oacute;gica, la madre de San Pedro Sula que avanza por M&eacute;xico con sus hijos menores de edad rumbo a Estados Unidos y dice buscar mejores oportunidades o huir del hambre cuando una c&aacute;mara la entrevista, es tan refugiada como la familia siria que sal&iacute;a de Aleppo y ve&iacute;amos caminando a trav&eacute;s de Serbia. Porque huye de la zona en la que viv&iacute;a, controlada por una pandilla. Porque, de regresar, es razonable que piense que puede morir y nadie va a protegerla. Donde, adem&aacute;s, sufr&iacute;a consecuencias que no necesariamente aparecen a primera vista como derivadas de la violencia. Pero que no por eso lo son menos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los casos se resuelven de manera individual, pero una cierta descripci&oacute;n del lugar, causas y condiciones de partida -comunes a todas las personas refugiadas centroamericanas- puede tener consecuencias colectivas.&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Arce]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/podemos-reinterpretar-proteger-personas-centroamerica_129_1868405.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 27 Oct 2018 19:09:08 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[¿Podemos reinterpretar el derecho de asilo para proteger a las personas que huyen de Centroamérica?]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No es una caravana migrante. Es una caravana refugiada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/caravana-migrante-refugiada_129_1878499.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b7059e44-3587-4c94-ac85-94049791ce4d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No es una caravana migrante. Es una caravana refugiada"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Algunos dirán que refugiado es el que huye de una guerra.  A lo que podemos responder: "Defíname guerra".</p></div><p class="article-text">
        La caravana de centroamericanos, sobre todo hondure&ntilde;os y hondure&ntilde;as, ancianos, familias, ni&ntilde;os, que circula entre Guatemala y M&eacute;xico en direcci&oacute;n a Estados Unidos no es una caravana migrante.
    </p><p class="article-text">
        Es una caravana refugiada. 
    </p><p class="article-text">
        Esta caravana toma forma f&iacute;sica hoy. Pero camina desde hace a&ntilde;os. Es un problema diagnosticado correctamente por las instituciones internacionales y maltratado en su explicaci&oacute;n. Lo que mal se explica, a&uacute;n conociendo el diagn&oacute;stico realizado por los expertos, dif&iacute;cilmente puede abordarse de manera correcta. De ser bien titulado y explicado el problema, los ciudadanos tendr&iacute;an m&aacute;s elementos para decidir cu&aacute;l es su nivel de implicaci&oacute;n y su voluntad de presi&oacute;n sobre quienes deben tomar decisiones, que se sentir&iacute;an m&aacute;s autorizados a intervenir con determinaci&oacute;n si la narrativa avanzase. No se abordan las crisis migratorias del mismo modo que las crisis de refugiados. Los refugiados deben recibir protecci&oacute;n. A los migrantes se les aplican leyes migratorias. El matiz es importante. 
    </p><p class="article-text">
        Algunos dir&aacute;n que refugiado es el que huye de una guerra.  
    </p><p class="article-text">
        A lo que podemos responder &ldquo;Def&iacute;name guerra&rdquo;. Los &iacute;ndices de violencia homicida en Honduras y El Salvador son incluso superiores a algunos pa&iacute;ses en guerra declarada y reconocida. En el caso de Am&eacute;rica Central, sus presidentes no han dudado nunca a la hora utilizar palabra guerra cuando se trata de hablar de la guerra contra las pandillas o la guerra contra el narcotr&aacute;fico. Para pedir ayuda militar y de seguridad o llenar sus calles de tanquetas. Solo para eso. 
    </p><p class="article-text">
        Otros a&ntilde;adir&aacute;n que una persona refugiada lo es una vez ha abandonado su pa&iacute;s por un temor razonable a perder la vida, siendo parte de un determinado grupo social y ante la incapacidad de su estado de protegerla. Tambi&eacute;n que la condici&oacute;n de refugiado es independiente de que se haya reconocido o no. Desde que las marchas de sirios, iraqu&iacute;es y afganos comenzaron a atravesar Grecia, los Balcanes y Europa Central hace dos a&ntilde;os, la palabra refugiados ocup&oacute; los titulares sin mayor cuestionamiento.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; est&aacute; pasando con los miles de centroamericanos, casi todos hondure&ntilde;os en esta ocasi&oacute;n, que comienzan a agolparse en el r&iacute;o Suchiate, frontera entre Guatemala y M&eacute;xico?  
    </p><p class="article-text">
        Contexto.
    </p><p class="article-text">
        El primer informe sistem&aacute;tico sobre los motivos de la huida de los menores centroamericanos en direcci&oacute;n a Estados Unidos y M&eacute;xico, <a href="http://www.acnur.org/fileadmin/Documentos/Publicaciones/2014/9568.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;Ni&ntilde;os en fuga&rdquo;</a>, fue publicado por el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los refugiados en marzo de 2014. A partir de cientos de entrevistas con menores se hab&iacute;a llegado a la conclusi&oacute;n de que la mayor&iacute;a de ellos abandonaban sus pa&iacute;ses por motivos relacionados con la violencia. Datos duros, fr&iacute;os. El incremento de solicitudes de asilo de menores centroamericanos en los pa&iacute;ses vecinos entre 2008 y 2014 era del 1.185 por cien. Una cifra que ya romp&iacute;a hace cuatro a&ntilde;os el espacio de las gr&aacute;ficas de visualizaci&oacute;n de datos.
    </p><p class="article-text">
        Poco despu&eacute;s, el verano de 2014, delegados del Alto Comisionado de Naciones para los Refugiados se reunieron en una conferencia en Managua. En los titulares de la prensa mundial ya hab&iacute;a estallado una crisis de familias y menores centroamericanos que llegaban a la frontera sur de Estados Unidos huyendo de Honduras, El Salvador y Guatemala y que a&uacute;n hoy sigue manteniendo a miles de personas en el limbo jur&iacute;dico de la amenaza de deportaci&oacute;n y la resoluci&oacute;n de sus solicitudes de asilo. Una crisis que se defin&iacute;a como crisis migratoria pese a la evidencia aportada meses antes por Naciones Unidas de que el problema era de naturaleza diferente. De aquella reuni&oacute;n, otro intento, m&aacute;s titulares, una declaraci&oacute;n, una recomendaci&oacute;n que correg&iacute;a el enfoque: <a href="http://www.acnur.org/fileadmin/Documentos/BDL/2014/9762.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Son personas desplazadas por un conflicto armado interno. Deben ser tratadas como refugiadas</a>.
    </p><p class="article-text">
        El primer <a href="https://academic.oup.com/rsq/article/33/3/34/2797909" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">trabajo acad&eacute;mico</a> sobre la relaci&oacute;n entre crimen organizado y desplazamiento forzado de poblaci&oacute;n en Honduras lo firm&oacute; David Cantor, Director de la Iniciativa para el Derecho de los Refugiados de la Universidad de Londres, ese mismo a&ntilde;o tras recorrer varias colonias de Tegucigalpa donde ya en 2013 pod&iacute;an verse calles enteras devastadas. Abandonadas ante la presi&oacute;n ejercida por las pandillas que cobraban extorsiones a sus habitantes por el mero hecho de vivir en ellas. Cantor ofrec&iacute;a el marco te&oacute;rico para comprender la complejidad del problema hace ya un lustro. 
    </p><p class="article-text">
        Pero esa transici&oacute;n conceptual nunca ha calado m&aacute;s all&aacute; de las organizaciones especializadas y la academia. El enfoque con el que se narraba y se narra el problema -se define, porque narrar es definir- segu&iacute;a girando en torno a lo migratorio. Crisis migratoria, se titulaba y tiula, y no crisis de refugiados. No se habla de protecci&oacute;n de v&iacute;ctimas de violaciones de derechos humanos sino de un flujo de personas a las que gestionar. 
    </p><p class="article-text">
        Naciones Unidas no cej&oacute; en el intento.
    </p><p class="article-text">
        En 2015, la relatora de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Chaloca Beyani, <a href="https://www.ohchr.org/EN/NewsEvents/Pages/DisplayNews.aspx?NewsID=16773&amp;LangID=E" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">viaj&oacute; a Honduras</a> para estudiar el desplazamiento interno de poblaci&oacute;n debido a la violencia. Detallaba un clima de amenazas, intimidaciones, asesinatos, extorsi&oacute;n y violaciones de mujeres y ni&ntilde;os, reclutamientos forzados por parte de las pandillas en las escuelas y el ambiente de miedo e inseguridad que alimentaba un c&iacute;rculo perverso de hundimiento hacia la nada. Dej&oacute; claro que, si bien el conflicto que vive el pa&iacute;s es diferente a los de Oriente Medio o &Aacute;frica, el impacto en las vidas de sus ciudadanos no es menos catastr&oacute;fico. Su informe indicaba que las ciudades, ya entonces, hace a&ntilde;os, estaban bajo control de las pandillas, que operan en un contexto de impunidad total y ante un sistema de seguridad fallido. &ldquo;La &uacute;nica opci&oacute;n para escapar de la influencia de las pandillas y la criminalidad es dejar sus hogares&rdquo;, describi&oacute; Beyani. Poco cambi&oacute; a la hora de afrontar el problema.
    </p><p class="article-text">
        Como si quisiera tomarlo donde lo dejaba Naciones Unidas, en 2016, El Secretario general de Amnist&iacute;a Internacional, Shalil Shetty, explicaba en una entrevista en Tegucigalpa que &ldquo;quienes huyen de la violencia en Am&eacute;rica Central califican como refugiados&rdquo; y a&ntilde;ad&iacute;a &ldquo;Que no huyan de la guerra no significa que no huyan de condiciones similares a las de la guerra&rdquo;. Aportaba datos y <a href="https://www.amnesty.org/es/documents/amr01/4865/2016/es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un nuevo informe</a>.
    </p><p class="article-text">
        Las cifras nunca han mejorado. Lo que sucede en Honduras, El Salvador y Guatemala emerge de vez en cuando a la prensa, ya sea la &uacute;ltima masacre o la &uacute;ltima estad&iacute;stica escalofriante sobre homicidios o desnutrici&oacute;n infantil. El foco de cada cobertura no debe tapar el bosque. El problema de esos pa&iacute;ses es estructural y siempre tiene la violencia y la impunidad, la corrupci&oacute;n y la ausencia de estados efectivos como principal fuerza de desplazamiento de poblaci&oacute;n. Se escribe, se habla, se debate, ya sea por la separaci&oacute;n de menores de sus familias en Estados Unidos o por los explosivos exabruptos de su presidente. Y lo que pasa hoy, pareciera, se debe a lo que sucedi&oacute; la semana pasada. A un exdiputado que organiza, a una elecci&oacute;n interna que se avecina o a un Presidente cuestionado. A lo epis&oacute;dico, que tal y como emerge se abandona a la semana siguiente. Para volver a empezar en el mismo punto un a&ntilde;o m&aacute;s tarde, cuando vuelve a estallar el problema. Am&eacute;rica Central no ocupa un espacio propio, de reflexi&oacute;n aut&oacute;noma, de narrativa definida. A cada estallido, pareciera que olvidamos cualquier curva de aprendizaje de las crisis anteriores, el contexto, los informes de los expertos, lo que sucede cada d&iacute;a en las colonias de San Pedro Sula. Las crisis se dejan narrar, llevar y manejar por una ola inmediata a la que subirse con la prisa de lo urgente. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Que miles de personas caminan por un pa&iacute;s? Pongamos migrantes, pura inercia. &iquest;Que Trump vomita amenazas y Presidentes cautivos por el dinero que reciben de Estados Unidos tratan de actuar al dictado de lo que manda Washington bajo amenaza de represalias y militarizaci&oacute;n? Pongamos crisis diplom&aacute;tica. Sumemos elecciones de noviembre y el problema pol&iacute;tico interno de Honduras, con un Presidente de legitimidad muy contestada, y ya nos hemos olvidado de las decenas de miles de centroamericanos que viven en la guerra de todos contra todos impulsada por pandillas, extorsiones y el tr&aacute;fico de drogas a Estados Unidos que, por larga y hondure&ntilde;a, deja de ser noticia.
    </p><p class="article-text">
        Espetarle un micr&oacute;fono en la cara a una madre migrante que huye de San Pedro Sula no sirve para que cuente lo que pasa en su colonia con las pandillas. Eso no lo cuentan as&iacute; como as&iacute;. No podemos comenzar de cero cada vez. Eso hay que saberlo de antes, comprenderlo, contextualizarlo. Para eso el trabajo de acad&eacute;micos y organizaciones internacionales que ofrecen los marcos, la investigaci&oacute;n sistem&aacute;tica y de fondo para informar el reporteo. Saber preguntarlo. Y donde esa madre dice que huye por hambre, con tres preguntas enfocadas y sin c&aacute;maras, emerger&aacute; que adem&aacute;s del hambre, consecuencia, est&aacute; el resto, las causas. Est&aacute; la Honduras de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Un pa&iacute;s que, junto a El Salvador, se ha convertido en un inmenso charco de sangre y extorsi&oacute;n violenta que, claro, tienen como consecuencia hambre y desempleo. 
    </p><p class="article-text">
        El n&uacute;mero de solicitudes de asilo de centroamericanos sigue multiplic&aacute;ndose por factores de cien en cien. Sobre todo en M&eacute;xico, que asume gran parte de la resoluci&oacute;n del problema desde que acept&oacute; convertirse de manera oficial, a trav&eacute;s del plan &ldquo;Frontera Sur&rdquo; en la frontera externalizada de Estados Unidos. El problema, hoy, est&aacute; en M&eacute;xico, ese gran deportador de centroamericanos, muchos m&aacute;s de los que deporta Estados Unidos, que debe decidir si da paso seguro en direcci&oacute;n a Estados Unidos, cierra su frontera o asume la deportaci&oacute;n de miles de desplazados, como lleva haciendo en silencio desde hace a&ntilde;os. 
    </p><p class="article-text">
        Naciones Unidas, Amnist&iacute;a Internacional, cuanta organizaci&oacute;n internacional ha sido, dice que son refugiados, desplazados por la violencia interna. V&iacute;ctimas de vulneraciones graves de los derechos humanos. Que, por tanto, necesitan protecci&oacute;n. En M&eacute;xico y por parte de quienes gestionan las crisis de refugiados en el mundo. Por los profesionales de la ayuda y la protecci&oacute;n, no por los del exabrupto, la amenaza y el uso manipulativo de las personas como monedas de cambio para la diplomacia. 
    </p><p class="article-text">
        Que permitan intervenir a Naciones Unidas, le den dinero y autoridad.
    </p><p class="article-text">
        Lo que Am&eacute;rica Central necesita no son visas, fronteras cerradas ni militarizadas.
    </p><p class="article-text">
        Es, lamentablemente, como ya sucedi&oacute; en el pasado, un gran campo de refugiados.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Arce]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/caravana-migrante-refugiada_129_1878499.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 20 Oct 2018 09:14:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[No es una caravana migrante. Es una caravana refugiada]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Honduras,México]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La ciudad más contaminada de Estados Unidos ha decidido seguir siéndolo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/contaminacion-aire-limpio-frio-madera-democracia_1_1894204.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/adb72ad1-4d03-4908-8fdf-6af692df0d07_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La ciudad más contaminada de Estados Unidos ha decidido seguir siéndolo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los habitantes de Fairbanks, Alaska, han votado en referéndum eliminar toda regulación sobre la calidad del aire que respiran.</p><p class="subtitle">¿Hay alternativas? ¿Quien las paga?</p></div><p class="article-text">
        Un s&aacute;bado lluvioso de septiembre, un hombre solo quemaba madera frente a la puerta de un hotel en Fairbanks, Alaska. No lo hac&iacute;a<strong> </strong>para calentarse. Esperaba a su p&uacute;blico, que participaba en una reuni&oacute;n organizada por la alcald&iacute;a sobre la contaminaci&oacute;n del aire en la ciudad m&aacute;s contaminada de Estados Unidos.
    </p><p class="article-text">
        Cuando lleg&oacute; la hora de la pausa caf&eacute; un grupo de personas sali&oacute; a observar la demostraci&oacute;n. Bajo un toldo que las proteg&iacute;a de la lluvia, el hombre hab&iacute;a instalado dos estufas. Una con madera seca, r&aacute;pida, efectiva y sin apenas humo. La otra, con madera h&uacute;meda, lenta y coronada por una llamativa columna de humo blanco. Varios vecinos asent&iacute;an en la distancia con ese rigor de car&aacute;cter tan propio de los habitantes de Alaska. Nadie dudaba de la explicaci&oacute;n. Sus caras, impasibles ante lo que ya sab&iacute;an. La madera seca, la que no contamina, cortada hace un par de a&ntilde;os y curtida por el clima, puede triplicar el precio de la fresca que, sin secar, sale gratis. Uno sale al bosque, la corta y se la lleva. La quema y se calienta. Pero contamina mucho.
    </p><p class="article-text">
        Fairbanks es fr&iacute;o y seco. La temperatura alcanza los 40 grados bajo cero. Calentarse o morir de fr&iacute;o, aqu&iacute;, no es ninguna figura ret&oacute;rica y viene con trampa. Al encender las estufas, el calor y la contaminaci&oacute;n que provocan se quedan dentro de una campana de la que nada escapa. En Fairbanks tiene lugar un proceso f&iacute;sico conocido como inversi&oacute;n. Las columnas de humo que expulsamos los habitantes de la ciudad se quedan atrapadas debido al fr&iacute;o y regresan al suelo en forma de contaminaci&oacute;n y mayor temperatura. A ras de suelo se registran una media de dos grados m&aacute;s que a unos kil&oacute;metros, en las colinas que rodean la ciudad. Si subi&eacute;semos 100 metros en vertical desde el centro, esa diferencia ser&iacute;a de hasta cinco grados. El humo de cualquier coche o estufa sube en l&iacute;nea recta hasta un punto, identificable a simple vista, se detiene y desde all&iacute; regresa inmediatamente sobre los pulmones de quienes lo han expulsado. O sobre los de cualquiera que pase por all&iacute;. La contaminaci&oacute;n en Fairbanks es intensa. Se respira. Se siente. Mancha la nieve. Se ve.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, adem&aacute;s del m&aacute;s fr&iacute;o, Fairbanks es <a href="https://www.lung.org/our-initiatives/healthy-air/sota/city-rankings/most-polluted-cities.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el condado m&aacute;s contaminado de Estados Unidos</a>. En Fairbanks se respiran m&aacute;s part&iacute;culas min&uacute;sculas (PM 2,5) que en Los &Aacute;ngeles, el para&iacute;so del autom&oacute;vil tapando autopistas. Y seg&uacute;n muestran los estudios realizados por la Universidad de Alaska, el gobierno federal y la Asociaci&oacute;n Americana de M&eacute;dicos Pulmonares, no son ni el autom&oacute;vil ni una central t&eacute;rmica los emisores de contaminaci&oacute;n que marcan la diferencia. La palma contaminante la aporta el agregado de decisiones individuales de los ciudadanos en sus viviendas, <a href="http://www.aaqr.org/article/detail/AAQR-11-11-OA-0208" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los combustibles usados en las estufas</a>. El peor, con diferencia, la madera, y la madera fresca, lo peor de lo peor. Responsable de hasta el 80 por ciento de la sobredosis de part&iacute;culas min&uacute;sculas que penetran la cavidad pulmonar antes de fluir por la sangre hasta cada &oacute;rgano de nuestro cuerpo.
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        De regreso en el interior del hotel tras el experimento de las estufas bajo la lluvia, dos docenas de miembros preocupados de la comunidad se reun&iacute;an con un enviado de la administraci&oacute;n medioambiental federal para hablar de todo esto. En el ambiente, un eco, una amenaza que, no por repetida y racional, pierde valor o deja de resonarnos a todos al mismo tiempo que, est&eacute;ril, apocal&iacute;ptica se disuelve en la nebulosa de nuestras m&uacute;ltiples urgencias diarias. En Fairbanks y m&aacute;s all&aacute;. &ldquo;Se les acaba el tiempo&rdquo;. Eso dec&iacute;a Dan Brown, el funcionario federal enviado para la reprimenda.
    </p><p class="article-text">
        El gobierno federal le dijo al condado de Fairbanks en 2006, hace doce a&ntilde;os, que la situaci&oacute;n era insostenible. Que hab&iacute;a que tomar cartas en el asunto. Doce a&ntilde;os despu&eacute;s aquellas cartas, ya papel tan mojado como la madera que se quema en la ciudad, no solo no han mejorado la situaci&oacute;n. Ha empeorado. Al mismo aire sucio de hace doce a&ntilde;os ahora se le suma un problema pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        El pasado 3 de octubre, los habitantes de Fairbanks votaron y aprobaron en refer&eacute;ndum una proposici&oacute;n que dice: <em>Los ciudadanos se reservan el derecho de calentar el lugar que habitan de la manera m&aacute;s econ&oacute;mica posible y cualquier cuesti&oacute;n relacionada con la calidad del aire est&aacute; subordinada a la necesidad de calor.</em>
    </p><p class="article-text">
        Decidieron eliminar cualquier posibilidad de que el condado regule lo que se quema en sus estufas. Inauguraron un embrollo burocr&aacute;tico de informes, medidas y nuevos plazos para hundirse en la inacci&oacute;n mientras respira el peor de los aires posibles. Como titulaba el peri&oacute;dico local horas antes de que se abrieran las urnas, se trataba de elegir entre libertad individual y salud p&uacute;blica. Ante la imposibilidad de acuerdos, eligieron la libertad individual. Para seguir respirando la mayor concentraci&oacute;n de part&iacute;culas peque&ntilde;as del pa&iacute;s. Producto de la quema masiva de combustibles f&oacute;siles, los m&aacute;s baratos y m&aacute;s contaminantes, en las estufas del invierno m&aacute;s duro del mundo.
    </p><p class="article-text">
        En el caj&oacute;n de las met&aacute;foras, una imagen, la que nos devuelve un espejo de tiro largo que nace en Alaska y proyecta una alargada sombra global: Una que trata de vincular los combustibles que consumimos y la calidad del medioambiente en el que sobrevivimos con las medidas a poner en marcha para no deteriorarlo m&aacute;s. En el contexto de la responsabilidad y libertad individuales, de su relaci&oacute;n con el papel del estado y su voluntad de invertir en infraestructuras y pol&iacute;ticas que mitiguen el da&ntilde;o que provocamos a la atm&oacute;sfera. Todo, espetado sobre las espaldas de una ciudadan&iacute;a que conoce las alternativas menos contaminantes. Pero no esta dispuesta a aceptarlas. Con matiz. Grande: O no puede pagarlas.
    </p><p class="article-text">
        Frente al funcionario Brown, su ciencia y su ley, aquella ma&ntilde;ana de septiembre, la comunidad que vota para seguir quemando contra el aire que respira. Representada, por ejemplo, por el hier&aacute;tico Jesse Shadley, un joven barbudo, veterano de Irak, con las preceptivas botas y camisa de le&ntilde;ador y una sola l&aacute;mina, mal dise&ntilde;ada, confusa, de colores mal combinados y apenas ilegibles. Clara como la primera nieve para su audiencia. Shadley hablaba en nombre de los ciudadanos para quienes el tiempo se mide en la cantidad de noches fr&iacute;gidas de invierno en las que hay que poner la alarma cada tres horas para salir de la cama a rellenar la estufa con el combustible que se tenga a mano a cambio de no pasar fr&iacute;o a 40 grados bajo cero. A cambio de no morir. Shadley representaba a la comunidad que se llama a s&iacute; misma, los &ldquo;quemadores de madera&rdquo; y hablaba con lucidez del &uacute;nico motivo, la &uacute;nica racionalidad, que mueve al ciudadano, al votante de esta ciudad, del mundo: El dinero. Los precios de las alternativas menos contaminantes, todas malas aqu&iacute; desde el punto de vista medioambiental, son impagables. No est&aacute;n al alcance de la mayor parte de los ciudadanos. Al menos para quien se presentaba con esta frase: &ldquo;Soy padre. Necesitamos un compromiso entre el aire que respiran nuestros hijos y su necesidad de estar calientes en invierno. La elecci&oacute;n entre calentarnos o respirar implica ver c&oacute;mo huye por la chimenea el presupuesto&rdquo;. Prioridades son prioridades. Es un ciudadano concernido y limitado. Por las opciones que no tiene. 
    </p><p class="article-text">
        Su presentaci&oacute;n, simple. Num&eacute;rica. Factual.
    </p><p class="article-text">
        En Alaska no se han instalado energ&iacute;as renovables. No se usa el gas para las calefacciones individuales porque -la decisi&oacute;n es pol&iacute;tica- no existe, hoy, la infraestructura necesaria para su uso aunque sea el menos contaminante de los combustibles f&oacute;siles. Una empresa privada va a traer en varios a&ntilde;os algo de gas natural para quienes quieran pagar la inversi&oacute;n. No ser&aacute; barato. No ser&aacute; alternativa. No va a ser soluci&oacute;n a medio plazo. Las opciones disponibles hoy son las que son aqu&iacute; y ahora. Shadley ha situado un embudo en el centro de la l&aacute;mina que expone, y lo ha ampliado en una pantalla gigante. Ese embudo es una especie de agujero negro que absorbe los presupuestos familiares. La electricidad, primero, que triplica el precio de cualquiera de sus alternativas. Una familia de 4 miembros paga, de media, un recibo de m&aacute;s de 1000 d&oacute;lares al mes durante el invierno. El gasoil es el siguiente combustible m&aacute;s caro de los disponibles. Cuesta unos 600 d&oacute;lares al mes. Despu&eacute;s, a mitad de precio, viene la madera seca (hay que cortarla con antelaci&oacute;n, uno o dos inviernos, y secarla, lo que implica espacio, planificaci&oacute;n y tiempo) a un precio que ronda los 300 d&oacute;lares al mes. Por &uacute;ltimo, lo m&aacute;s barato, y lo m&aacute;s contaminante tambi&eacute;n, madera h&uacute;meda y basura de todo tipo. Al precio que se consiga. Cort&aacute;ndola en el bosque uno mismo. Las chimeneas de esas estufas emiten sus part&iacute;culas contaminantes al aire. A menor precio, m&aacute;s part&iacute;culas. A menor precio, mayor n&uacute;mero de consumidores. Y mayor cantidad de todo lo que expulsan. La cartera manda a la hora de tomar decisiones sobre que se quema y todo confluye en una campana com&uacute;n de la que (casi) nadie puede huir en Fairbanks.
    </p><p class="article-text">
        La situaci&oacute;n econ&oacute;mica general de la ciudad no es buena. Y cae. El distrito sureste de la ciudad -North Pole- es la zona urbana m&aacute;s pobre de toda Alaska. Un lugar donde el salario medio est&aacute; un 5 por ciento por debajo del salario medio del pa&iacute;s y el coste de la vida, seg&uacute;n la administraci&oacute;n federal es un 30 por ciento m&aacute;s caro que en el resto de Estados Unidos.
    </p><p class="article-text">
        Shadley plantea preguntas. &iquest;Calentarse? S&iacute;, &iquest;pero a qu&eacute; precio? &iquest;No morir de fr&iacute;o este invierno para sufrir en el futuro por problemas respiratorios? &iquest;Qui&eacute;nes pueden permitirse elegir en esa perversa disyuntiva? &iquest;Qui&eacute;n define las disyuntivas? &iquest;Cu&aacute;l es el rol del estado en el debate energ&eacute;tico y sanitario local? &iquest;Solo sancionar? &iquest;Debe proponer alternativas? &iquest;Lo hace?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Se parece el debate local en Fairbanks al que sucede en el &aacute;mbito global con las emisiones de gases de efecto invernadero a la atm&oacute;sfera?
    </p><p class="article-text">
        Aquella ma&ntilde;ana de septiembre, la gravedad flotaba en el ambiente. Si los habitantes de la ciudad decid&iacute;an seguir sin cumplir con las regulaciones sobre emisiones contaminantes a la atm&oacute;sfera marcadas desde Washington, las consecuencias saldr&iacute;an caras, explicaba Brown. Habr&iacute;a sanciones. &ldquo;Me est&aacute;n empujando contra una esquina en la que no quiero estar&rdquo;, insist&iacute;a. &ldquo;Aunque no quisi&eacute;ramos sancionarlos, alguien nos demandar&iacute;a ante la justicia por no cumplir la ley y un juez nos obligar&iacute;a a hacer lo que no queremos hacer&rdquo;. Que va a ser, por ejemplo, cortar el dinero para reparar las autopistas en el pr&oacute;ximo ejercicio fiscal.
    </p><p class="article-text">
        Silencio. Indiferencia. Las cartas est&aacute;n echadas. El invierno se acerca y hay que calentarse. Cada casa tiene que hacerlo y pagarlo. Las autopistas -de todos- y el a&ntilde;o que viene -por llegar- quedan demasiado lejos de las decisiones de los votantes.
    </p><p class="article-text">
        Esa elegancia de los salones de conferencias de los hoteles de autopista de Estados Unidos, desmedida, impostada y distante, vac&iacute;a e impersonal por m&aacute;s cordialidad con la que la vistan, impone una suerte de separaci&oacute;n respecto de los que temas de los que se habla. Ni el programa de presentaci&oacute;n de datos m&aacute;s  avanzados ni la charla TED m&aacute;s emocional y cargada de razones o la amenaza del peso de la ley, por no mencionar el optimismo man&iacute;aco con el que celebra hasta la m&aacute;s irresponsable de las aportaciones conspiracionistas, son capaces de implicar a la desconfiada audiencia en la racionalidad cient&iacute;fica. Si un vecino es capaz de encararse en p&uacute;blico<strong> </strong>con una doctora para explicarle -&eacute;l a la doctora- que los problemas en los pulmones de los ni&ntilde;os no se deben a la contaminaci&oacute;n sino al fr&iacute;o y su intervenci&oacute;n es aceptada e incluso aplaudida, poco se puede hacer. 
    </p><p class="article-text">
        El debate es largo, dura dos d&iacute;as. Vecinos, funcionarios, m&eacute;dicas, ingenieros. Sin capacidad de avanzar hacia soluci&oacute;n alguna.
    </p><p class="article-text">
        Es la historia de un gran fracaso. Estos diez a&ntilde;os se han aplicado programas que categorizan las estufas que tienen las casas. Se ha aprobado un sistema que marca en qu&eacute; nivel de alerta por contaminaci&oacute;n se puede quemar seg&uacute;n qu&eacute; material. Se han adoptado medidas para fomentar la compra de aparatos m&aacute;s eficientes. Se apoya la compra de madera seca. En forma de descuentos fiscales al final de a&ntilde;o. Se ha educado a la poblaci&oacute;n. Se ha hablado, investigado, debatido. Se han creado grupos de implicados. Se han aprobado sanciones, simb&oacute;licas, no ejecutadas, y excepciones a la capacidad de sancionar aplicables quienes demuestren que pasan por dificultades econ&oacute;micas. Existe una patrulla del aire. Que no sanciona. Que solo avisa, educa, explica. 
    </p><p class="article-text">
        Se ha intentado de todo.
    </p><p class="article-text">
        De todo menos ofrecer una alternativa. Menos entregar otro combustible y construir una infraestructura que permita utilizar otro tipo de combustibles en las estufas. Habr&iacute;a que pagarlo. Y para pagarlo, usar los impuestos. Quiz&aacute;s aumentarlos. Decidir modificaciones al gasto. Cuesti&oacute;n de prioridades. Tampoco se ha adoptado una ley contundente respecto a las emisiones ni se ha sancionado con firmeza a quien no la cumpla. Eso no se ha hecho. La libertad de elegir cuando no hay alternativas entre las que elegir y la libertad para cumplir voluntariamente una ley sobre la quema eficiente de combustibles sin que se sancione su incumplimiento es valor supremo entre los habitantes de Fairbanks.
    </p><p class="article-text">
        Wendy Mannan, madre de cinco hijos con un solo salario y tradici&oacute;n militar -as&iacute; elige presentarse- ejerce de portavoz de la comunidad de quemadores de madera junto a Shadley y quiere explicar pol&iacute;tica y culturalmente, por qu&eacute; han fallado los intentos de la administraci&oacute;n. &ldquo;No se entiende a la comunidad&rdquo;, protesta. &ldquo;Para recibir ayuda hay que demostrar una situaci&oacute;n de dificultad econ&oacute;mica&rdquo;. Se refiere a la posibilidad de beneficiarse de una deducci&oacute;n de impuestos u otro tipo de ayuda para comprar madera seca o una estufa m&aacute;s eficiente. &ldquo;La gente quema madera porque es barato. Y si no se nos permite hacerlo porque tenemos que demostrar que somos pobres, se violan nuestros derechos. Nuestra situaci&oacute;n financiera no es el problema de nadie. Nadie deber&iacute;a tener el derecho de preguntarnos por nuestra situaci&oacute;n para recibir una ayuda. Hay que registrar la estufa, probarla, demostrar que se sabe usar y que se hace con las menores emisiones. No nos registramos porque no queremos ser el objetivo de una prohibici&oacute;n o una multa si llega una situaci&oacute;n en la que tenemos que hacer algo que pueda estar prohibido, como quemar cualquier cosa a nuestro alcance una noche de invierno a 40 bajo cero&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ese ser&iacute;a el &uacute;nico momento de los largos d&iacute;as de debate en que tendr&iacute;a lugar una confrontaci&oacute;n clara y p&uacute;blica de argumentos. Cuando a lo num&eacute;rico se le suma lo pol&iacute;tico. Cuando entran en juego los significados en disputa de lo privado y lo colectivo. La responsabilidad sobre lo com&uacute;n. Jennifer Glissen interviene, en pie, azorada, con la autoridad de quien ha trabajado como enfermera en Fairbanks durante 40 a&ntilde;os y, triste, derrotada ante la cat&aacute;strofe de salud p&uacute;blica que se abate sobre su ciudad cada invierno, ha optado por dejar Alaska esos meses en que el aire es irrespirable. Es la &uacute;nica persona que se atreve a alzar la voz con firmeza, sin opciones, en minor&iacute;a, frente a los quemadores de madera. Su intervenci&oacute;n en el debate ser&aacute; la &uacute;nica directa y sin ambig&uuml;edad. &ldquo;No pueden usar el argumento de que lo hacen porque es lo m&aacute;s barato, y luego negarse a dar informaci&oacute;n para recibir ayuda. No son coherentes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Glissen puede elegir, argumentan quienes queman madera. Huye de la contaminaci&oacute;n. Como hacen quienes pueden permitirse comprar una casa en las colinas, los barrios altos, por encima de la campana de humo que tapa a quienes viven en los barrios baratos, las m&aacute;s bajos. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando empezaba lo interesante, fin del debate. En este pa&iacute;s hay un cierto miedo al conflicto, a la contraposici&oacute;n frontal de ideas opuestas e incompatibles que deben batirse. A costa de que el precio a pagar sea la inacci&oacute;n colectiva. Nick Czarnecki es el responsable del programa de mejora de la calidad del aire del condado y la imagen viva de esa par&aacute;lisis. Su puesto es pol&iacute;tico. Se lo juega. Aunque asiente y comparte la opini&oacute;n de Glissen -se ve, se siente- no puede avanzar tanto como ella. Respira, frena. Habla sin pasi&oacute;n, contenido, sin inflexi&oacute;n en el tono de voz. Repite, concluye, hace diez a&ntilde;os que repiten, que concluyen, frustrados, incapaces de dar pasos, &ldquo;Necesitamos una reducci&oacute;n de las emisiones de un 80 por ciento. No hay muchas medidas de control aplicables que sirvan para llegar al objetivo&rdquo;. Explica que viaj&oacute; a Zurich. Con suavidad, eufemismos, cuidado, mucho cuidado para no chapotear en un pantano, muy profundo, el de las comparaciones con Europa, y menciona que en el mundo hay otras opciones. Que se aprueba una norma y si no se cumple la norma, se sanciona. &ldquo;En Europa se han llevado las medidas de control industrial a las viviendas particulares&rdquo;. Concluye reconociendo su propia excepcionalidad. Este es un pa&iacute;s libre. &ldquo;Si no est&aacute;n dispuestos a aceptar que actuemos con regulaci&oacute;n, estamos atados de manos&rdquo;. Omite que junto a la regulaci&oacute;n, se pide inversi&oacute;n. Alternativas. 
    </p><p class="article-text">
        Cierra su carpeta. Apaga la computadora y la pantalla de las presentaciones.
    </p><p class="article-text">
        Concluye la reuni&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        A la puerta del hotel, el funcionario del condado, recoge sus estufas solo, bajo la lluvia, y las mete en su camioneta. Resultaba innecesario detenerse ante la pantalla de un ordenador, conectada a dos sensores, que comparaban las emisiones de ambos aparatos, la estufa de madera seca y la fresca, separadas por l&iacute;neas de colores, cifras, por un universo de bronquitis, infartos y asmas. Era algo que ya sab&iacute;an. El problema no estaba ah&iacute;. No estaba en la comunicaci&oacute;n de un experimento de primaria para extender la informaci&oacute;n entre la ciudadan&iacute;a. Tampoco en la evidencia cient&iacute;fica, mil veces repetida y explicada, tan real y sentida para los habitantes de esta ciudad como el aire que respiran trece veces por minuto.
    </p><p class="article-text">
        Sino en cu&aacute;nto est&aacute;n dispuestos a pagar por su futuro, por el de sus hijos. En si pueden pagarlo. En qui&eacute;n puede pagarlo. En qui&eacute;n deber&iacute;a pagarlo. 
    </p><p class="article-text">
        Las mismas preguntas en Fairbanks que en el resto del planeta.  
    </p><p class="article-text">
        <em>*Alberto Arce es Snedden Chair de periodismo en la Universidad de Alaska-Fairbanks. </em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Arce]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/contaminacion-aire-limpio-frio-madera-democracia_1_1894204.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 Oct 2018 18:25:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La ciudad más contaminada de Estados Unidos ha decidido seguir siéndolo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cambio climático]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Permafrost: el suelo que baila y suda gases de efecto invernadero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/permafrost-tierra-descongela-acelera-calentamiento_1_1909596.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/48e61c67-89d8-4d54-9206-f8a520a25523_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Permafrost: el suelo que baila y suda gases de efecto invernadero"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se nos mueve el suelo.</p><p class="subtitle">Y no es ninguna metáfora.</p></div><p class="article-text">
        Circular en coche por Fairbanks, Alaska, es desplazarse sobre una alfombra arrugada. Subirse a un carrusel. Sentir v&eacute;rtigo al volar sobre el desnivel que irrumpe en la recta. Agarrarse al volante para mantener el equilibro y no perder el control del veh&iacute;culo.
    </p><p class="article-text">
        Las carreteras, rodeadas de &aacute;rboles borrachos. Ca&iacute;dos. Con las ra&iacute;ces intactas, pero muertos. El mismo gigante que azota la tela de asfalto los succion&oacute; y coloc&oacute; junto a postes de luz torcidos e inseguros. A punto de caerse. Entre lagos ya congelados a comienzos de octubre y moteados por burbujas de metano.
    </p><p class="article-text">
        Aquejados todos de la misma dolencia.
    </p><p class="article-text">
        Esas carreteras y &aacute;rboles, el gas en el hielo de los lagos, son algunas de las consecuencias de un cambio clim&aacute;tico veloz, irreversible, tangible, visible y comprensible.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute;, ahora.
    </p><p class="article-text">
        Bailan sobre permafrost y el permafrost se derrite.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; deber&iacute;a importarnos el permafrost?
    </p><p class="article-text">
        Si abri&eacute;semos un agujero en Fairbanks en direcci&oacute;n al centro de la tierra nos encontrar&iacute;amos con m&aacute;s de un kil&oacute;metro de tierra congelada hace miles de a&ntilde;os. Cualquier pedazo de tierra congelada m&aacute;s de dos a&ntilde;os es permafrost. Aqu&iacute;, en el campus, en Alaska, en Siberia o en la planicie tibetana flotamos sobre millones de kil&oacute;metros cuadrados de tierra congelada. El <a href="https://www.eldiario.es/internacional/temperatura-cambio_climatico-calentamiento_global-Artico-Alaska-Hielo-Octubre_0_818569370.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">calentamiento global</a> convierte ese hielo que agarra la tierra en agua. Esa tierra que se descongela gradualmente ocupa el 24% de la superficie del hemisferio norte, el casquete &Aacute;rtico. Forma parte de la Criosfera que regula en cascada gran parte de la din&aacute;mica de los cambios de la temperatura del planeta y se calienta al doble de velocidad que el resto del globo.
    </p><p class="article-text">
        Esa tierra, ese agua, almacenan ingentes cantidades de gases invernadero. Carbono y metano. El metano tiene entre 20 y 30 veces la potencia del carbono. Y al quemarse no se va. Se convierte en carbono y sigue calentando. Una vez liberados del hielo que los retiene en la tierra esos gases se filtran a la superficie, donde pasan a formar parte de la vegetaci&oacute;n, de la dieta de los microbios, de los lagos. Terminan en la atm&oacute;sfera y contribuyen a gran velocidad al calentamiento global. Que a su vez descongela permafrost y vuelta a empezar. Cada vez m&aacute;s r&aacute;pido. 
    </p><p class="article-text">
        Podemos verlo. A principios de septiembre dos hombres jugaban al golf a las afueras de la ciudad. Pisaron una burbuja que flotaba bajo el c&eacute;sped. Se rieron. Ya sab&iacute;an de que se trataba. Aqu&iacute; todos los saben. <a href="http://www.newsminer.com/north-star-golf-methane/video_69e96358-b6be-11e8-8949-57a1d4a639da.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ten&iacute;an un viral para subir a Facebook</a>. La agujerearon, aplicaron la llama de un encendedor y le prendieron fuego. El metano dibuj&oacute; una llama azul, vertical, r&aacute;pida, divertida. Para ellos. Para sus seguidores en Facebook. Para la publicidad del promotor de un campo del golf que se vende con un &ldquo;Juega al golf al campo mas al norte de Am&eacute;rica&rdquo;. Que con tanta facilidad podr&iacute;amos traducir en un &ldquo;Ven a jugar al golf sobre el cambio clim&aacute;tico&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La situaci&oacute;n es tan desesperanzada como la imagen que nos devuelve el campo de golf. Es peor a&uacute;n. Sobre todo en los lagos. Apunta a cruzar umbrales de los que no permiten la marcha atr&aacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n un estudio publicado el mes de agosto en <a href="https://www.nature.com/articles/s41467-018-05738-9" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Nature</a> por Katey Walter Anthony, investigadora de la Universidad de Alaska, las consecuencias sobre el calentamiento global del metano que emerge en los lagos creados por el permafrost descongelado ser&aacute;n fatales. Por ese poder concentrado que guarda el metano. La investigaci&oacute;n de Walter Anthony estima que podemos encontrarnos, solo en el caso del &Aacute;rtico y en un pu&ntilde;ado de a&ntilde;os, con el doble de las emisiones actuales de metano a la atm&oacute;sfera. El seis por ciento de la superficie, los lagos, puede duplicar las emisiones del total del &Aacute;rtico. Sumarle dos Alemanias consumiendo y emitiendo gas al ritmo de calentamiento actual, que ya avanza cuesta abajo sin frenos. En su conjunto, el metano de las siguientes tres d&eacute;cadas, de cumplirse la proyecci&oacute;n, igualar&aacute; a la agricultura, segunda fuente de emisi&oacute;n humana de gases invernadero tras la actividad industrial. Adem&aacute;s, no es reversible. Una vez iniciado el proceso, ni reduciendo el resto de emisiones podr&iacute;amos detener la transformaci&oacute;n del permafrost y su liberaci&oacute;n de gas, que sucede con un cierto retardo. 
    </p><p class="article-text">
        Una condena.
    </p><p class="article-text">
        La limitaci&oacute;n de las emisiones de di&oacute;xido de carbono derivadas de los combustibles f&oacute;siles que, al final, pudiera acordar y poner en marcha el ser humano -de hacerlo, si lo hiciera- se encontrar&aacute; con las emisiones provenientes de la naturaleza, imposibles de detener, que han sido a su vez impulsadas por la presi&oacute;n y el calentamiento provocados por la actividad humana. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        El del permafrost es un problema digno de la inmensa capacidad de la tecnolog&iacute;a para imponerse sobre la naturaleza desde que se escribe la historia. Tambi&eacute;n de su ambivalencia.
    </p><p class="article-text">
        Para el campo de golf hay una soluci&oacute;n t&eacute;cnica tan inmediata como superficial y ef&iacute;mera: una alfombra de c&eacute;sped que filtre los gases a la atm&oacute;sfera sin crear burbujas. Pura cosm&eacute;tica. Para las carreteras, los oleoductos, algunos de los edificios e infraestructuras, tambi&eacute;n la hay: Un sistema de refrigeraci&oacute;n que evite que se descongele el pedazo de suelo sobre el que se levantan. Si se mantiene la temperatura sobre la que reposan, no se derrite el suelo. Al menos ese pedazo.
    </p><p class="article-text">
        Se gana tiempo. Solo eso. 
    </p><p class="article-text">
        Porque cuando nos detenemos a reflexionar sobre la tierra que sujeta los oleoductos, esa soluci&oacute;n t&eacute;cnica, en marcha a lo largo de todo el estado de Alaska, nos devuelve una imagen, parad&oacute;jica, cuando menos, para la &eacute;tica. La soluci&oacute;n, mero parche, alimenta el c&iacute;rculo perverso del calentamiento. Son las empresas que extraen el petr&oacute;leo y el gas que quemamos y con el que calentamos la atm&oacute;sfera, las que impulsan gran parte de la econom&iacute;a, el estado que administra sus impuestos, quienes necesitan enfriar -y enfr&iacute;an- el suelo que contribuyen a derretir con su actividad econ&oacute;mica para seguir extrayendo. Y calentando. Y derritiendo. Y reparando. Para extraer. Para consumir. Y calentar m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Un modelo que se encierra sobre s&iacute; mismo. Sobre el que circulamos cada d&iacute;a. Sobre el cual algunos se atreven, incluso, a jugar al golf. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Arce, Alberto Arce]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/permafrost-tierra-descongela-acelera-calentamiento_1_1909596.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Oct 2018 19:11:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Cambio climático,Calentamiento global]]></media:keywords>
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