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    <title><![CDATA[elDiario.es - Marta Molina]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/marta_molina/]]></link>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Cementerio norte, frontera sur]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/cementerio-norte_1_5808191.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e9de775f-89f8-48e9-ad82-5a2163bcb706_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cementerio norte, frontera sur"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las fuerzas de seguridad marroquíes y  españolas han  provocado la  muerte de 23 inmigrantes en 2013, 15 en  los últimos tres  meses, según  datos de las organizaciones humanitarias  en la zona</p><p class="subtitle">La  crisis en España no  asusta a los que llevan la suya propia cosida al  cordón umbilical. 100 inmigrantes lograron entrar en Melilla este martes en un salto coordinado a la valla y otros tantos alcanzaron el continente por mar</p></div><p class="article-text">
        Decenas de zapatos desparejados riegan las pendientes de ascenso al Gurug&uacute;. La estampa desprende olor a quemado. El monte, colindante con Melilla y refugio de los m&aacute;s pobres -saltar la valla es gratis; al menos, en dinero-, tiene su propio lenguaje, aseguran los locales. Cuando expulsa humo, advierte de una masacre. &ldquo;A los Ali se les fue la mano&rdquo;, asegura resuelto Sigam, guineano de 22 a&ntilde;os. Los &ldquo;Ali&rdquo;, las fuerzas auxiliares marroqu&iacute;es, abandonan el bosque a las 19.00 horas, puntuales como cada d&iacute;a del mes de Ramad&aacute;n en que unos y otros olvidan la contienda para consagrarse a Al&aacute;. Minutos antes, 300 agentes de la &eacute;lite militar marroqu&iacute; se emplean a fondo en limpiar la zona. Balas expansivas, barras met&aacute;licas a falta de porras, piedras que vuelan veloces y cerillas que prenden r&aacute;pido. Campamentos arrasados, cinco muertos, siete ni&ntilde;os separados de sus madres y un beb&eacute; de ocho meses con quemaduras en un brazo.  &ldquo;Fue como una pel&iacute;cula&rdquo;, describe el padre Esteb&aacute;n Vel&aacute;zquez, responsable de la Delegaci&oacute;n de Migraciones en Nador, finalizado ya el ataque del 24 de julio pasado.
    </p><p class="article-text">
        Cuatrocientas personas expulsadas al desierto -40 gravemente heridas-, al menos ocho muertos &ndash;uno de ellos con residencia legal en Marruecos- y una menor violada, seis ojos fuera de &oacute;rbita, hernias sangrantes, mand&iacute;bulas destrozadas, piernas rotas, brazos dislocados, dientes sin propietario, dos incendios forestales, documentaci&oacute;n convertida en cenizas, tarjetas de refugiado y solicitudes de asilo incluidas. &ldquo;El Apocalipsis&rdquo;, resume aleg&oacute;rico Yayu Bagayoko, maliense de 17 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Este es el balance provisional &ndash; de acuerdo a ONG e inmigrantes- de las redadas efectuadas en la semana del 22 de julio pasado, la m&aacute;s violenta del a&ntilde;o en la frontera hispanomarroqu&iacute;, un campo de batalla donde se libra una guerra desigual entre las fuerzas de seguridad que la custodian a uno y otro lado y los miles de subsaharianos y subsaharianas que pueblan los bosques y ciudades del norte de Marruecos a la espera de una oportunidad para entrar en Europa, bien como demandantes de asilo bien de manera irregular.
    </p><p class="article-text">
        Doscientos de ellos alcanzaron Espa&ntilde;a en la madrugada del lunes: <a href="http://www.eldiario.es/desalambre/Cerca-inmigrantes-logran-entrar-Melilla_0_176382483.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cien lograron entrar en Melilla</a> en un salto coordinado a la valla y otros tantos pusieron pie en distintas costas (Lanzarote, Almer&iacute;a, Granada, C&aacute;diz y Ceuta) despu&eacute;s de una traves&iacute;a que muchos hubieron de hacer a nado en su parte final. La de ayer fue una de las jornadas m&aacute;s dram&aacute;ticas del a&ntilde;o para quienes intentan cruzar el Estrecho, con un muerto y al menos doce desaparecidos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Las fronteras cerradas matan&rdquo;, asegura la Asociaci&oacute;n Pro Derechos Humanos de Andaluc&iacute;a (APDHA), y &eacute;sta ha segado la vida de 23 subsaharianos en 2013, 15 en los &uacute;ltimos tres meses, seg&uacute;n datos de las organizaciones humanitarias que trabajan en la zona (AMDH, Gadem, Alecma, APDH Melilla y Prodein). Un recuento a la baja, advierten, por las dificultades para investigar la suerte de quienes desaparecen en este pozo violento cuyo ecuador es una doble alambrada de seis metros de altura y 12 kil&oacute;metros de longitud &ndash;cortante en sus extremos, retr&aacute;ctil en su parte final-, uno de los 14 muros del mundo. Para &Aacute;frica, un cementerio en el norte; para Europa, una de sus fronteras a proteger.
    </p><p class="article-text">
        Cuatro inmigrantes perecieron frente a la valla los 24 y 25 de julio pasado. Tres cayeron en el lado marroqu&iacute; de la barrera y, aunque las fuerzas del orden de aquel pa&iacute;s solo reconocen dos, ONG e inmigrantes hablan de un tercer muerto. El cuarto falleci&oacute; en territorio espa&ntilde;ol por &ldquo;parada cardiorrespiratoria&rdquo;, seg&uacute;n los resultados de la necrosia. La versi&oacute;n de la Delegaci&oacute;n del Gobierno en Melilla no convence a las asociaciones Pro Derechos de la Infancia (Prodein) y Pro Derechos Humanos de Melilla (APDHM), que se han personado en la causa.
    </p><p class="article-text">
        Al menos 225 personas perdieron la vida en 2012 al intentar alcanzar El Dorado europeo a trav&eacute;s de su frontera sur, 156 de ellas en el reverso marroqu&iacute;. &ldquo;Y se trata solo de los datos que hemos podido contrastar&rdquo;, matiza la APDHA, la &uacute;nica organizaci&oacute;n que elabora un registro de inmigrantes muertos en esta zona, en su <em>Balance Migratorio 2012</em>.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Marruecos utiliza el control de fronteras para presionar a Espa&ntilde;a y a Europa en la negociaci&oacute;n de sus intereses econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos&rdquo;, afirma Fran&ccedil;ois Papet-Perin, polit&oacute;logo franc&eacute;s afincado en Melilla y especialista en relaciones hispanomarroqu&iacute;es. Opini&oacute;n que respalda Bernab&eacute; L&oacute;pez, experto en relaciones euromediterr&aacute;neas. &ldquo;Cuando Marruecos act&uacute;a con dureza contra la inmigraci&oacute;n lo hace para mostrarse buena defensora de la fortaleza europea y &lsquo;agradar a Europa&rsquo;, que hace la vista gorda&rdquo;, denuncia. &ldquo;No veo relaci&oacute;n entre la visita del Rey Juan Carlos iniciada el 14 de julio y el aumento de la violencia contra los subsaharianos, s&iacute; quiz&aacute; en lo que respecta al acuerdo pesquero entre la Uni&oacute;n Europea y Marruecos&rdquo;, de un coste de 40 millones de euros y firmado el 24 de julio pasado, que permitir&aacute; faenar a 126 barcos, 100 de ellos espa&ntilde;oles, durante los pr&oacute;ximos cuatro a&ntilde;os.
    </p><h3 class="article-text">Infierno sobre la tierra</h3><p class="article-text">
        La valla que separa Melilla del pa&iacute;s vecino roza del lado marroqu&iacute; con el monte Gurug&uacute;, un enclave al que sus residentes en tr&aacute;nsito denominan &ldquo;infierno sobre la tierra&rdquo; y desde cuyas prominencias se divisa, pavone&aacute;ndose en sus lomas, &ldquo;Babylon&rdquo;. Con este sobrenombre se conoce a la ciudad aut&oacute;noma en el argot de &ldquo;la aventura&rdquo;. Babylon, Melilla, una luci&eacute;rnaga al alcance de un brazo extendido, &ldquo;el para&iacute;so&rdquo;, Espa&ntilde;a, Europa, el continente de los derechos humanos, la tierra sin &ldquo;Ali&rdquo;, la tierra de la &ldquo;Gard&iacute;iiia Civil&rdquo;. A las malas, la menos mala.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los militares matan; la Gard&iacute;iiia Civil pega con esas porras que se hacen dobles, dispara con balas blancas [pelotas de goma] que te sacan los ojos y nos devuelve a los Ali por alguna de las peque&ntilde;as puertas de la barrera, a veces la Gard&iacute;iiiia Civil tambi&eacute;n entrega un sobre blanco a los Ali&rdquo;, cuenta Erani&ccedil;os Kone, camerun&eacute;s de 28 a&ntilde;os, las dos r&oacute;tulas dislocadas y tres a&ntilde;os de residencia en el monte.
    </p><p class="article-text">
        Cae a plomo en Nador a finales de julio. Para la mayor&iacute;a de los habitantes de esta ciudad costera del norte de Marruecos, las energ&iacute;as comienzan a fallar al mediod&iacute;a por los rigores del final del Ramad&aacute;n. Para las fuerzas auxiliares marroqu&iacute;es, el mes santo no se hace notar hasta el momento ritual de romper el ayuno y hacer una pausa en la cacer&iacute;a de inmigrantes a la que se consagran tres veces al d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Dos furgones policiales, cuatro de las fuerzas auxiliares y tres autobuses a capacidad completa ascienden al Gurug&uacute; siguiendo la carretera de Farhana. Los militares se adentran en &eacute;l por la desviaci&oacute;n previa al Caf&eacute; Balc&oacute;n.  Es la segunda redada del d&iacute;a. La tercera la realizar&aacute;n sobre las 17 horas. &ldquo;Hola, todo genial, estamos escondidos, tenemos a los militares justo al lado&rdquo;, saluda jovial pero hecho un susurro <em>Deuxmildix </em>(2010), nombre en clave de Abubakar, un chadiano de 28 a&ntilde;os, que ha grabado en su <em>nickname</em> la fecha de su llegada al Gurug&uacute;. &ldquo;Hacemos guardias diurnas y nocturnas, empezamos a correr monte arriba, monte abajo a las 4 de la madrugada&rdquo;, explica Adil Hamid, camerun&eacute;s de 25 a&ntilde;os dotado para &ldquo;la m&uacute;sica y el f&uacute;tbol&rdquo; que se dice &ldquo;habituado a este infierno&rdquo;, puntualiza con verbo adulto y, sin embargo, vestido con un jabador de ni&ntilde;o que no alcanza a taparle las pantorrillas. &ldquo;&iexcl;B&aacute;mbola, b&aacute;mbola!&rdquo;, gritan. O lo que es lo mismo: &ldquo;&iexcl;Que vienen los Ali!&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">'Number 9'</h3><p class="article-text">
        Bloqueados en Marruecos sin dinero y sin papeles, los subsaharianos que intentan alcanzar Europa a trav&eacute;s de su conf&iacute;n sur sufren la represi&oacute;n violenta de las fuerzas de seguridad marroqu&iacute;es y espa&ntilde;olas, seg&uacute;n denuncian las ONG en la zona, acusaci&oacute;n que sin embargo desmienten los gobiernos de uno y otro lado de la frontera. &ldquo;La aventura&rdquo;, como los africanos bautizan este viaje, ha ahogado en el mar a 20.000 personas en los &uacute;ltimos diez a&ntilde;os, seg&uacute;n cifras aproximativas de la Organizaci&oacute;n Internacional de las Migraciones (OIM) en las que no se contabilizan los invisibles, aquellos que desaparecen sin dejar rastro. Ninguna entidad conoce el total de muertos por el fen&oacute;meno migratorio hacia Europa, mucho menos siendo el desierto del Sahara un tragadero con una gran interrogante por todo dato.
    </p><p class="article-text">
        Cinco cad&aacute;veres se enfr&iacute;an en la morgue de los hospitales Hassani, de Nador,  y El Farabi, de Oujda. La suerte est&aacute; decidida para los dos N.N. y los cuerpos de Cl&eacute;ment &ndash;su apellido se protege-, Tour&eacute; Vilent y de Toussaint-Alex Mianzoukouta: fosa com&uacute;n. &ldquo;Dif&iacute;cilmente ser&aacute;n repatriados&rdquo;, deduce Hassane Ammari. Los dos primeros &ldquo;fueron asesinados por desconocidos&rdquo;, seg&uacute;n el atestado de la Gendarmer&iacute;a marroqu&iacute;; el tercero y profesor de franc&eacute;s en Rabat &ldquo;cay&oacute; de un furg&oacute;n en marcha&rdquo; cuando lo trasladaban a la frontera con Argelia para expulsarlo. &ldquo;No le dieron oportunidad de mostrar su permiso de residencia y trabajo&rdquo;, se duele este funcionario p&uacute;blico y delegado de la Asociaci&oacute;n Marroqu&iacute; de Derechos Humanos (AMDH). 
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        Pero Cl&eacute;ment era <em>Number 9</em>, su apodo en el Gurug&uacute; y antet&iacute;tulo de la campa&ntilde;a <a href="https://secure.avaaz.org/en/petition/Campagne_Numero_9_Stop_aux_violences_aux_frontieres/?copy" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Basta de violencia en las fronteras</a> que cuatro ONG marroqu&iacute;es (Alecma, Gadem, FAM y AMDH) impulsaron &ldquo;contra la violaci&oacute;n de los derechos humanos y la represi&oacute;n sistem&aacute;tica de las fuerzas de seguridad marroqu&iacute;es y espa&ntilde;olas&rdquo; en junio. La cineasta italiana Sara Creta, voluntaria del Foro Alternativas de Marruecos, grab&oacute; con su c&aacute;mara la <a href="http://www.youtube.com/watch?v=SfeWqY017Ns" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">agon&iacute;a y muerte</a> de Cl&eacute;ment el 16 de marzo pasado. Cinco d&iacute;as antes, <em>Number 9</em>, sobrenombre que hace referencia a su posici&oacute;n en el campo de f&uacute;tbol, intent&oacute; saltar la valla junto a 200 inmigrantes m&aacute;s. Fracas&oacute;. Devuelto a Marruecos y apaleado hasta morir- tanto por la Guardia Civil como por los agentes marroqu&iacute;es a quienes fue entregado, seg&uacute;n los testimonios recogidos en el documental-, falleci&oacute; en el monte &ldquo;y no en el hospital Hassani como figura en su certificado de defunci&oacute;n&rdquo;, denuncia la AMDH.
    </p><p class="article-text">
        La Asociaci&oacute;n Unificada de la Guardia Civil de Melilla reclam&oacute; en mayo pasado un protocolo para las entradas irregulares de inmigrantes, que le fue negado. Insisti&oacute; y solicit&oacute; al fiscal general del Estado que se pronunciara sobre la legalidad de las devoluciones en caliente, &ldquo;una pr&aacute;ctica amparada por la Delegaci&oacute;n del Gobierno, pero contraria a la Ley de Extranjer&iacute;a que exime de identificar al inmigrante en comisar&iacute;a&rdquo;, explica un portavoz de la AUGC, sindicato que pide conocer los detalles del acuerdo de readmisi&oacute;n firmado por Espa&ntilde;a y Marruecos en 1992 y ratificado por el pa&iacute;s vecino en octubre pasado, 20 a&ntilde;os despu&eacute;s de la negociaci&oacute;n. La Delegaci&oacute;n del Gobierno en Melilla lo desmiente: &ldquo;Las devoluciones que se realizan son siempre bajo el estricto cumplimiento de la legislaci&oacute;n y los acuerdos vigentes y publicados en su momento&rdquo;.   
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Maltratan ustedes a los inmigrantes que logran saltar la valla? &ldquo;Respondo con una pregunta&rdquo;, contesta el portavoz de la AUGC, &ldquo;&iquest;Qu&eacute; hay de las agresiones a los guardias civiles? Un agente est&aacute; muy grave&rdquo;. &iquest;Hospitalizado? &ldquo;No, pero muy malito&rdquo;. &iquest;Cu&aacute;l es su pron&oacute;stico? &ldquo;No lo s&eacute;, pero seguro que tiene para largo y es que vienen como locos porque este es el primer mundo, seguridad social y sanidad gratis, porque tienen hasta sarna&rdquo;, explica. Esta &ldquo;presi&oacute;n migratoria&rdquo;, en lenguaje de las administraciones p&uacute;blicas, responde a un aumento de las redadas en el norte de Marruecos que, seg&uacute;n las ONG en la zona, &ldquo;empuja a los inmigrantes a poner en riesgo su vida para escapar de la violencia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pese a que la impunidad sella ata&uacute;des en este lado del mundo, el camerun&eacute;s <a href="http://www.dailymotion.com/video/x7l3pa_choque-de-civilizaciones_news" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Joseph Abunaw</a> habl&oacute; m&aacute;s all&aacute; del suyo en un juzgado de Melilla el 30 de marzo de 2007, 20 meses despu&eacute;s de perder la vida por el impacto de una pelota de goma. El cuerpo de <em>Ypo Joe</em>, as&iacute; apodado por su baja estatura, fue encontrado en Marruecos y no en Espa&ntilde;a. Hab&iacute;a sido golpeado por agentes espa&ntilde;oles y entregado a los marroqu&iacute;es. Seg&uacute;n el sumario: los testimonios de otros subsaharianos, que Prodein recogi&oacute; en v&iacute;deo, fueron la principal prueba para reabrir el caso.  &ldquo;Espa&ntilde;a  y Marruecos son la polic&iacute;a de Europa&rdquo;, denuncian a coro Jos&eacute; Palaz&oacute;n y Jos&eacute; Alonso, presidentes de Prodein y APDHM, respectivamente, recordando al <em>peque&ntilde;o Joe</em>.
    </p><h3 class="article-text">Oujda, campamento de lisiados</h3><p class="article-text">
        La frontera entre Argelia y Marruecos est&aacute; te&oacute;ricamente cerrada desde el atentado de 1994 contra el Hotel Atlas de Marrakech, atribuido a la inteligencia argelina. Hassane Ammari toma un bol&iacute;grafo y cartograf&iacute;a: &ldquo;Or&aacute;n, Tlemcen, Maghnia y Oujda; la distancia entre estas dos &uacute;ltimas es de 20 kil&oacute;metros, pero los autobuses militares los abandonan clandestinamente y en masa ocho kil&oacute;metros antes y siempre a partir de las 23 horas, en una zona minada y tierra de nadie&rdquo; que centrifuga miles de expulsiones al mes, ilegales en los casos de mujeres, ni&ntilde;os y heridos. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Enero de 2013: 1.035 expulsados, entre ellos 45 heridos, siete de consideraci&oacute;n grave, dos eran mujeres. Febrero de 2013: 1.526 expulsados, 42 heridos, 11 graves y tres mujeres entre ellos. Marzo de 2013: 1.307 expulsados, 57 heridos, 14 graves y cinco mujeres. Solo el 21 de abril de 2013: 759 expulsados, 29 heridos, nueve muy graves y cinco mujeres entre ellos. Del 22 al 30 de mayo: 1.322 expulsados, seis heridos y tres mujeres embarazadas. Entre el 1 el 13 de junio: 322 expulsados, 12 heridos. Los 26, 27 y 29 de julio y del 1 al 4 de julio: 135 expulsados, 14 heridos y cuatro mujeres&rdquo;. En total y seg&uacute;n los registros de la AMDH: 6.406 expulsiones a las que hay que sumar al menos las 400 de la semana del 28 de julio pasado. Expulsiones, que no personas expulsadas, ya que el tr&aacute;nsito es un ida y vuelta perpetuo: expulsi&oacute;n-caminata de unas cinco horas hasta Oujda-viaje a otras ciudades del norte-expulsi&oacute;n y vuelta a empezar. &ldquo;Ping-pong&rdquo;, describe sonoro Hassane.
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    </figure><p class="article-text">
        <em> </em>La Universidad de Oujda, su Fac, es conocida como el campamento de los lisiados. Por cuestiones humanitarias, sus estudiantes cedieron este espacio a los heridos en 2008. El poblado ha ido ganando terreno y, aunque el rector prohibi&oacute; la entrada a la polic&iacute;a, hay redadas ocasionales, guardias que custodian las salidas y una red de mafias que trafica con miseria y sexo. &ldquo;Las migrantes son controladas durante toda la ruta, con el objeto final de entreg&aacute;rselas a <em>madames </em>europeas, pero mientras cruzan son explotadas sexualmente, obligadas a acostarse con m&aacute;s de 20 hombres por noche en Oujda, con m&aacute;s de 30 en Maghnia&rdquo;, explica Javier Valdezate, autor del documental <em>Europe&rsquo;s good </em>y fundador de <a href="http://www.lemigrant.net/w0/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">L&rsquo;emigrant.net</a>, una web que ayuda a los africanos a emigrar con dignidad proporcionando informaci&oacute;n en ingl&eacute;s, franc&eacute;s y espa&ntilde;ol. &ldquo;It&rsquo;s our business [Es nuestro negocio]&rdquo;, repite una cooperante extranjera parafraseando a Peter, un nigeriano que controla el negocio desde Rabat y que &ldquo;ni por asomo&rdquo; tiene intenci&oacute;n de entrar en Europa. &ldquo;&iquest;Para qu&eacute;? Aqu&iacute; me gano bien la vida&rdquo;, recuerda que le justific&oacute; sin aprecio.
    </p><p class="article-text">
        Marie Mariohn, una camerunesa de 31 a&ntilde;os aquejada de polio y con un hijo de diez a&ntilde;os, Fabrice, queda al margen del mercado. Tiene suerte: un compatriota se ha hecho cargo de ella protegi&eacute;ndola de la prostituci&oacute;n. Tambi&eacute;n los ni&ntilde;os y los hombres, pero sobre todo las mujeres son v&iacute;ctimas de violencia sexual durante una traves&iacute;a en la que el agresor viste cualquier traje: militares, mafias, camaradas... &ldquo;Mira a mi peque&ntilde;o&rdquo;,  requiere Philom&egrave;ne sosteniendo un beb&eacute; de un mes en los brazos. &ldquo;No tiene padre&rdquo;, se lamenta esta guineana de 30 a&ntilde;os. &ldquo;Fui violada por un nigeriano cerca de Maghnia, una de las veces que me expulsaron&rdquo;, despacha.
    </p><p class="article-text">
        Marie arrastr&oacute; su silla de ruedas para atravesar el desierto, punto intermedio de la aventura que emprendi&oacute; en 2011. Comparti&oacute; apartamento en T&aacute;nger durante una semana pero las redadas de finales de julio la trajeron de vuelta a Oujda, apaleada, sin documentaci&oacute;n ni dinero. &ldquo;Me robaron incluso las fotograf&iacute;as de mi peque&ntilde;&iacute;n&rdquo;, relata con la cabeza gacha. Frente a su tienda, el panorama es dantesco. Dos perros flacuchos se hacen fuertes entre kilos de basura, mantas extendidas en lo que pareci&oacute; ser una cancha de baloncesto sugieren un dormitorio, quienes han tenido suerte mendigando en el sem&aacute;foro preparan una cena caliente a base de harina, tomate y cebolla mientras que los heridos mastican el tiempo a la espera de que la eventual solidaridad de un compatriota les mueva el gaznate.
    </p><p class="article-text">
        Hablan poco. Oujda est&aacute; sembrada de desconfianza. Las mafias y las fuerzas de seguridad han hecho un trabajo concienzudo sobre la salud mental de los migrantes, seg&uacute;n <a href="https://www.msf.es/sites/default/files/adjuntos/InformeMarruecos2013_CAST.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">denunci&oacute;</a> M&eacute;dicos Sin Fronteras al abandonar la zona en marzo pasado como protesta por el recrudecimiento de la violencia y la pasividad de Madrid y Rabat. En 2012, los equipos sanitarios de esta ONG asistieron a m&aacute;s de 500 personas con heridas por violencia y, de ellas, una cuarta parte necesitaron asistencia urgente.
    </p><p class="article-text">
        Cyrille Kababou pide permiso a su jefe de comunidad. &ldquo;Sin fotos&rdquo;, advierte un tipo enfrascado en un <em>dashiki </em>y tocado con un sombrero tipo fedora al mejor estilo<em> hipster</em>. El camerun&eacute;s retira una venda corrompida y muestra sus heridas. &ldquo;Me lo hice en mi s&eacute;ptima tentativa, fue en la barrera electrificada&rdquo;, explica. Como no hay electrificaci&oacute;n en la frontera pese a que el Ministerio del Interior estudia reforzarla con una instalaci&oacute;n de baja tensi&oacute;n, Cyrille debe referirse a la sirga tridimensional que media entre las dos vallas, &ldquo;una construcci&oacute;n que la Uni&oacute;n Europea prohibir&iacute;a para la caza de animales pero que permite en la de seres humanos&rdquo;, denuncia Jos&eacute; Palaz&oacute;n, por todos conocido como el Quijote melillense, gracias a su determinaci&oacute;n en la defensa de los derechos de los inmigrantes desde hace casi dos d&eacute;cadas.<strong> </strong>
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                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Esto fue por una pelota de goma de la Guardia Civil&rdquo;, explica John Camara con el dedo &iacute;ndice en direcci&oacute;n a la frente de Nasy, un guineano de 14 a&ntilde;os, tan aturdido a&uacute;n que pareciera tener las pupilas escayoladas. &ldquo;Hay cinco muertos, decenas de desaparecidos y seis hermanos que han perdido el ojo&rdquo;, confirma este chaval de 16 a&ntilde;os que sali&oacute; de Sierra Leona ocho meses atr&aacute;s por una disputa de tierras que enterr&oacute; a toda su familia. &ldquo;Los guardias est&aacute;n por todas partes, del lado espa&ntilde;ol pero tambi&eacute;n entre las dos vallas&rdquo;, cuenta. &ldquo;Si te pillan, vas directo al Toyota, te muelen a palos y vuelta a Marruecos&rdquo;, advierte. &ldquo;No les importa donde pegan y t&uacute;, arrodillado en el suelo, solo puedes protegerte la cabeza entre los brazos&rdquo;, prosigue. &ldquo;Nos rodean entre cuatro o m&aacute;s, golpean con porras, dan patadas, pu&ntilde;etazos tambi&eacute;n y nos esposan con una cuerda a la espalda antes de entregarnos a los Ali; es su turno, los marroqu&iacute;es masacran con brutalidad, nos tratan como animales&rdquo;, denuncia.
    </p><p class="article-text">
        La Delegaci&oacute;n del Gobierno en Melilla asegura que el empleo de la fuerza es &ldquo;la necesaria y comedida para conseguir el objetivo de vigilancia y custodia de nuestras fronteras&rdquo; y devuelve la acusaci&oacute;n a los inmigrantes a quienes atribuye una conducta violenta, &ldquo;manifest&aacute;ndose en unas ocasiones en forma de aut&eacute;nticas agresiones hacia los guardias mediante el uso de piedras, palos y otros elementos, todo ello probablemente provocado por la desesperaci&oacute;n en la que se encuentran y por la presi&oacute;n ejercida sobre ellos por las mafias que los utilizan en sus estrategias&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La decepci&oacute;n tumba a aquellos que logran pasar y son devueltos en caliente. En su imaginario se dibuja el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes de Melilla (CETI), donde muchos de sus camaradas disfrutan de cama y tres comidas al d&iacute;a. &ldquo;Mucho mejor que el Gurug&uacute;&rdquo;, se sonr&iacute;e Houssein Idsa, maliense de 24 a&ntilde;os. El tiempo de residencia es, sin embargo, arbitrario. &ldquo;&iexcl;Tengo un problema!&rdquo;, se alarma Bachirou Mamadou, de 35 a&ntilde;os. &ldquo;Me inscribieron como camerun&eacute;s&rdquo;, explica. &ldquo;Lo soy, pero primero me identifiqu&eacute; como maliense y ahora me comentan que los de mi pa&iacute;s estamos tardando mucho en salir&rdquo;, confiesa.
    </p><h3 class="article-text">Extraterrestres que hacen su trabajo</h3><p class="article-text">
        &ldquo;Los europeos sois extraterrestres, maltrat&aacute;is y permit&iacute;s el maltrato&rdquo;,  recrimina Joel Sthetic. &ldquo;Tengo solo 16 a&ntilde;os, deber&iacute;a estar en casa con mi madre, estudiando&rdquo;, se duele este congole&ntilde;o de Goma. &ldquo;Sois criminales porque comet&eacute;is cr&iacute;menes&rdquo;, acusa. Joel reside en un campamento instalado temporalmente en las proximidades de Selouan, a 12 kil&oacute;metros de Nador, junto a 12 refugiados m&aacute;s de la Rep&uacute;blica Democr&aacute;tica del Congo, a los que se han unido otros subsaharianos desplazados por las redadas que a finales de julio se extendieron m&aacute;s all&aacute; del Gurug&uacute;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hacen su trabajo, somos clandestinos, no respetamos la ley&rdquo;, suaviza Bari Alpha. Despu&eacute;s de 23 meses en el monte, este guineano de 22 a&ntilde;os sigue obsesionado con entrar en Melilla. Lo ha intentado m&aacute;s de 30 veces. &ldquo;Todos mis amigos est&aacute;n all&iacute;&rdquo;, se justifica mientras acomoda la muleta bajo una chumbera, solo media hora despu&eacute;s de recibir el alta m&eacute;dica y a la espera de que alg&uacute;n camarada le ayude a subir de nuevo.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de esta higuera, existe un tercer mundo con esperanzas de pertenecer al primero: el Gurug&uacute;, principio y final de todo este &ldquo;ping-pong&rdquo; que describ&iacute;a sonoro Hassane Ammari. Aqu&iacute; viven los m&aacute;s pobres, tambi&eacute;n los m&aacute;s fuertes y los m&aacute;s desesperados, empujados a la valla por la violencia de la que son v&iacute;ctimas, seg&uacute;n el an&aacute;lisis de ONG como Prodein, Caminando Fronteras, Andaluc&iacute;a Acoge y la Asociaci&oacute;n Pro Derechos Humanos de Andaluc&iacute;a entre otras, que tambi&eacute;n atribuyen el repunte de pateras, m&aacute;s de 300 personas llegaron a las costas espa&ntilde;olas en la segunda semana de agosto, a la represi&oacute;n de las fuerzas de seguridad marroqu&iacute;es.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ten&iacute;amos una mezquita justo aqu&iacute;&rdquo; y Adil Hamid pone el dedo &iacute;ndice mirando al suelo pero un ruido sordo dificulta la conversaci&oacute;n. &ldquo;&iexcl;M&iacute;ralo!&rdquo;, requiere. &ldquo;Viene todas las noches a iluminarnos y guiar a los Alil&rdquo;, cuenta. &ldquo;&iquest;Lo ves?&rdquo;, pregunta. Un helic&oacute;ptero de la Guardia Civil se aproxima al Gurug&uacute;.
    </p><p class="article-text">
        <em>* Para elaborar este reportaje, se intent&oacute; recabar sin &eacute;xito, v&iacute;a telef&oacute;nica y correo electr&oacute;nico, la versi&oacute;n del Gobierno marroqu&iacute;. La Delegaci&oacute;n del Gobierno en Melilla contest&oacute; a un cuestionario, cuyas respuestas se encuentran introducidas en el texto.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Molina]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/cementerio-norte_1_5808191.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 17 Sep 2013 17:56:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cementerio norte, frontera sur]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Melilla,Inmigrantes,Pobreza,Inmigración]]></media:keywords>
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