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    <title><![CDATA[elDiario.es - Chema Segovia]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/chema_segovia/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Chema Segovia]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Aprendiendo en el Gulliver]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/malalts-de-ciutat/chema-segovia-malalts-de-ciutat-gulliver_132_2146457.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7b694313-4a74-43d4-b643-553ee58c9802_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Niños jugando en el parque Gulliver, en Valencia."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Pocos espacios públicos en nuestras ciudades permiten que los niños se apropien de ellos de una manera tan intensa.</p><p class="subtitle">El Gulliver se reivindica como espacio “del que aprender” pero sobre todo “en el que aprender”.</p></div><p class="article-text">
        Desde mi primer encuentro con &eacute;l, y todav&iacute;a ahora en cada visita, el Parque Gulliver, en Valencia, me provoca un mont&oacute;n de reflexiones desordenadas. Lo observo y trato de imaginar la fuerza que debi&oacute; tener aquel proyecto en el inicio de los noventa, cuando la democracia se sent&iacute;a ya estabilizada y el af&aacute;n era comenzar a ser vistos como una sociedad moderna y europea. M&aacute;s tarde llegaron proyectos mastod&oacute;nticos que hoy lo empeque&ntilde;ecen, pero el Gulliver debi&oacute; ser un hito en su momento y me parece muy valiente que un gesto tan decidido tuviese como protagonista a la infancia.
    </p><p class="article-text">
        De ah&iacute; paso a pensar en el modo en que la gente de Val&egrave;ncia percibe hoy al Gulliver. Tras siete a&ntilde;os en la ciudad, yo tambi&eacute;n lo he asumido como una presencia cotidiana, pero me sigue resultando llamativa la naturalidad con la que se trata a una cosa tan singular y rompedora. Tengo la sensaci&oacute;n de que el Gulliver es visto con cari&ntilde;o aunque tambi&eacute;n como un elemento de nostalgia, porque todos sabemos que hoy d&iacute;a una cosa as&iacute; estar&iacute;a totalmente fuera de lugar en otro sitio que no fuese un parque de atracciones&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Mientras observo el Gulliver, voy enlazando reflexiones sobre su historia, su significado, su conveniencia, sobre la posibilidad de que exista un lugar as&iacute;&hellip; Pero en el momento en que los gritos de los ni&ntilde;os y las ni&ntilde;as que juegan en &eacute;l desv&iacute;an mi atenci&oacute;n, pienso que, desde mis ojos de urbanista, quiz&aacute; est&eacute; d&aacute;ndole vueltas a las cosas m&aacute;s intrascendentes. Mientras le hago preguntas al Gulliver de lo m&aacute;s enrevesadas, los ni&ntilde;os se lanzan de cabeza a &eacute;l de manera casi instintiva. Me doy cuenta entonces de que pocos espacios p&uacute;blicos en nuestras ciudades permiten que los peque&ntilde;os se apropien de ellos de una forma tan intensa, con tanto entusiasmo y entrega. Esto es as&iacute; porque el Gulliver es, por encima de cualquier otra consideraci&oacute;n, un lugar pensado y dise&ntilde;ado desde la empat&iacute;a con la infancia. Un espacio que no se impone a los ni&ntilde;os y las ni&ntilde;as, sino que se ofrece para que ellos lo hagan suyo.
    </p><p class="article-text">
        Visto desde esa perspectiva, el Gulliver no es un lugar interesante por lo que es, sino m&aacute;s bien por lo que en &eacute;l sucede (si acaso ambas cosas pudieran desligarse). El parque es en el fondo un escenario liberador e intensificador de la experiencia del juego, que es uno de los principales recursos que tiene la infancia para expresarse, relacionarse y aprender. Habitualmente, los espacios que los adultos cedemos a los ni&ntilde;os restringen y empobrecen las posibilidades del juego en lugar de potenciarlas. El Gulliver es un ejemplo de algo muy poco abundante en nuestras ciudades y en nuestra sociedad: un espacio que de verdad permite a la infancia explorar y expresar su identidad.
    </p><p class="article-text">
        A ra&iacute;z de esta idea, abandono mis divagaciones iniciales y trato de dejar de lado mi inquietud de adulto por dar respuestas a todo. Centro la atenci&oacute;n en observar a los ni&ntilde;os y las ni&ntilde;as que juegan y gritan, en aprender de lo que hacen, en intentar mirar el lugar desde su perspectiva.
    </p><p class="article-text">
        Desde los ojos de un ni&ntilde;o, encontrarse con Gulliver significa entrar en un mundo excepcional, de formas y colores que lo envuelven por completo. El parque se ofrece como una topograf&iacute;a m&aacute;gica en la que todo permite la posibilidad de jugar. Ni&ntilde;os y ni&ntilde;as juegan al escondite entre los pliegues, gatean las pendientes inclinadas como si escalasen monta&ntilde;as, recorren a la carrera las superficies ondulantes, se asoman hacia abajo desde las alturas&hellip; Encuentran una oportunidad para jugar incluso en rincones que no se manifiestan expl&iacute;citamente como elementos de juego (un ni&ntilde;o discute con su padre porque &eacute;ste le dice que un pliegue en el pantal&oacute;n del Gulliver no parece realmente un tobog&aacute;n, a lo que el ni&ntilde;o contesta con exasperaci&oacute;n hasta que llega otro chiquillo, se desliza por el pliegue delante de ellos y zanja el debate por la v&iacute;a de la evidencia). Un ni&ntilde;o es capaz de leer el espacio de manera diferente a la de un adulto, simplemente por tener otro tama&ntilde;o y otras habilidades, pero sobre todo por poseer una mayor capacidad de extra&ntilde;amiento, una imaginaci&oacute;n m&aacute;s encendida.
    </p><p class="article-text">
        El Gulliver establece m&uacute;ltiples complicidades con los peque&ntilde;os que en &eacute;l juegan porque es un espacio que los reta una y otra vez. El parque les permite escalar, deslizarse, saltar, hacer equilibrios, explorar&hellip; Pero lo hace con multitud de variantes y con diferentes grados de dificultad. Al mirar con atenci&oacute;n, se descubre que cada ni&ntilde;o sabe leer por s&iacute; solo esas situaciones, conoce sus l&iacute;mites, se enfrenta a las dificultades que el Gulliver le plantea buscando el modo de superarlas, progresa a medida que se va familiarizando con sus capacidades y con el lugar. Observo a una ni&ntilde;a que se esfuerza una y otra vez por subir un tobog&aacute;n desde abajo hacia arriba, hasta que logra conseguirlo, y se marcha a buscar un nuevo reto.
    </p><p class="article-text">
        El Gulliver posee una cualidad de la que carecen los parques infantiles que se hacen ahora, que es que genera conscientemente obst&aacute;culos y deja espacio al riesgo a la hora de encararlos. Los adultos hemos perdido de vista la importancia que tiene una cosa as&iacute;. Visito el parque en d&iacute;as diferentes y tengo la impresi&oacute;n de que el n&uacute;mero de padres y madres sobre el juguete aumenta exponencialmente en proporci&oacute;n a la cantidad de ni&ntilde;os que juegan. Cuanto mayor es el ajetreo, los mayores adoptan una actitud m&aacute;s preocupada, protegiendo a sus hijos e hijas de cualquier incidente posible, repiti&eacute;ndoles constantemente: &ldquo;Esp&eacute;rate ah&iacute;&rdquo;, &ldquo;No te tires hasta que yo te diga&rdquo;, &ldquo;Dame la mano y pasa con cuidado&rdquo;. En divertido contraste, veo a una ni&ntilde;a peque&ntilde;a decirle a su padre &ldquo;Ag&aacute;rrate bien, que t&uacute; no sabes&rdquo;. La expresi&oacute;n del padre, mirando a la escalera torcida por la que suben con los ojos bien abiertos y tropezando con torpeza de un lado a otro, indica que la ni&ntilde;a tiene toda la raz&oacute;n; hay cosas de las que ellos son capaces y de las que nosotros no tenemos ni la menor idea, aunque nos empe&ntilde;emos siempre en ense&ntilde;arles.
    </p><p class="article-text">
        En los momentos menos concurridos y de menos supervisi&oacute;n adulta, ni&ntilde;as y ni&ntilde;os tienden a relacionarse m&aacute;s entre s&iacute;, jugando incluso con otros peque&ntilde;os a los que no conocen. A diferencia de los parques de ahora, que buscan un uso ordenado y llegan a recomendar separar por franjas de edad, el Gulliver permite que una gran cantidad de criaturas muy diferentes se encuentren en un ambiente de libertad y de autonom&iacute;a. Un chiquillo de unos diez a&ntilde;os explic&aacute;ndole a una ni&ntilde;a que debe rondar los cinco c&oacute;mo escalar una cuerda (&ldquo;Pon este pie primero aqu&iacute; y luego el otro all&iacute;, no tengas miedo&rdquo;). Un grupo exclama &ldquo;Vamos donde los toboganes, que all&iacute; es donde se forma m&aacute;s barullo&rdquo;. En la multitud y el ajetreo no ven peligro sino diversi&oacute;n. Dos chicos tratan de recorrer haciendo equilibrios la espada tumbada en el suelo, juego al que se suman otros ni&ntilde;os hasta dar lugar a una competici&oacute;n por equipos&hellip; Todas estas situaciones se forman y se deshacen de manera desordenada, suceden con total desprejuicio.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Gulliver vingu&eacute; a Val&egrave;ncia a jugar amb els xiquets el 29 de desembre de 1990&rdquo;, dice la placa a la entrada personificando al parque. Efectivamente, el Gulliver es el m&aacute;s consciente del valor de las cosas que he descrito y de otras tantas que en &eacute;l suceden. Como dec&iacute;amos, es un espacio pensado con consciencia y sensibilidad, con la voluntad principal de que los ni&ntilde;os y las ni&ntilde;as lo hagan suyo.
    </p><p class="article-text">
        Ahora que el urbanismo y el dise&ntilde;o del espacio p&uacute;blico comienzan a construir una conciencia inclusiva, a preocuparse por que todo el mundo tenga de verdad hueco en la ciudad (mujeres, gente mayor, personas con discapacidad, migrantes&hellip;), el Gulliver se reivindica como espacio &ldquo;del que aprender&rdquo; pero sobre todo &ldquo;en el que aprender&rdquo;. Porque la inclusi&oacute;n de la diversidad debe partir de la observaci&oacute;n, de la empat&iacute;a y de la comprensi&oacute;n del &ldquo;otro&rdquo;, y por su condici&oacute;n de espacio de libertad para la infancia, el Gulliver significa una valiosa oportunidad para detenerse a mirar y aprender.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Chema Segovia]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/malalts-de-ciutat/chema-segovia-malalts-de-ciutat-gulliver_132_2146457.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Apr 2018 15:46:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Aprendiendo en el Gulliver]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Kirkeby perdido en el río]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/malalts-de-ciutat/kirkeby-perdido-rio_132_3465107.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d3857a59-7290-4f55-8a08-df17ec7f1680_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="El antiguo cauce del río Túria a su paso por Valencia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una escultura firmada por un artista de reconocido prestigio vive desde hace años el degradante trato del Jardín del Turia, pero el IVAM parece dispuesto a devolverle la honra merecida.</p></div><p class="article-text">
        Al lado del Pont de les Arts, existe una escultura que todos habr&eacute;is visto de reojo al pasear por el cauce del r&iacute;o, pero a la que apenas nadie ha prestado atenci&oacute;n desde hace a&ntilde;os. Se trata de una pieza firmada por Per Kirkeby, un artista de reconocido prestigio dentro de los circuitos legitimados (y legitimadores) del mundo de las artes pl&aacute;sticas. La obra es una construcci&oacute;n de ladrillo que, cuando se identifica como pieza art&iacute;stica, huele de lejos al tipo de esculturas que los primeros ayuntamientos progresistas sembraron profusamente por calles, plazas y jardines pasada la crisis con la que empez&oacute; nuestra democracia. Esas esculturas anunciaban que el progreso y la modernidad hab&iacute;an llegado por fin a Espa&ntilde;a. Para que nos hagamos una mejor idea, no falt&oacute; un Kirkeby en la Expo '92.
    </p><p class="article-text">
        Perdido en el paso del tiempo y sobre todo en el ritmo del parque en el que se ubic&oacute;, el Kirkeby nunca pudo imaginarse que quedar&iacute;a manchado por la compa&ntilde;&iacute;a de un transformador el&eacute;ctrico, un bombo de basura, unas vallas, varios grafitis y un par de d&eacute;cadas de orines. <a href="https://remembervalencia.wordpress.com/2015/11/03/eso-tan-raro-de-al-lado-del-rio/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Aunque eventualmente alg&uacute;n particular haya llamado la atenci&oacute;n sobre la indecorosa situaci&oacute;n de la pieza</a>, parece que el momento de devolverle la honra se acerca, pues el IVAM ha anunciado que est&aacute; interesado en rescatar la escultura del degradante trato que le da el Jard&iacute;n del Turia para ponerla a cobijo en su futuro <a href="http://valenciaplaza.com/llega-el-pati-obert-asi-sera-el-jardin-del-ivam" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Pati Obert</a>.
    </p><p class="article-text">
        La entrada en juego del arte y la excelencia, la entrada en juego del museo, encienden un foco sobre la profanaci&oacute;n del objeto y hacen que autom&aacute;ticamente se juzgue como un hecho indigno, sin circunloquios ni posibilidad de r&eacute;plica. Esta vez s&iacute;, se alzan voces que celebran que al fin se enmienden a&ntilde;os de ofensa y, muy metidas en el papel, aprovechan de paso para demandar <a href="http://www.lasprovincias.es/culturas/201704/04/pati-obert-ivam-empieza-20170403233244.html?ns_campaign=rrss&amp;ns_mchannel=boton&amp;ns_fee=0&amp;ns_source=tw&amp;ns_linkname=culturas" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una pedagog&iacute;a que eleve la altura cultural y con ella el civismo de la gente</a>.
    </p><p class="article-text">
        La escultura junto al Pont de les Arts, debidamente &ldquo;desinfectada&rdquo; de su contacto con la vida urbana, ser&aacute; trasladada a la trasera del IVAM. All&iacute; encontrar&aacute; un sitio apropiado para ella, un lugar en el que nadie podr&aacute; orinarle encima por vulgar desconocimiento, porque estar&aacute; cerrado por las noches, y porque en horario de apertura, el aura del museo dejar&aacute; claro y fuera de toda duda que esos ladrillos no son una cosa cualquiera, sino arte, un elemento de valor de nuestro patrimonio cultural (aunque nadie sepa muy bien qu&eacute; es eso exactamente).
    </p><p class="article-text">
        El Pati Obert del IVAM ser&aacute; un tipo de espacio bien distinto del Jard&iacute;n del Turia, porque el tipo de cosas que un espacio y el otro permiten y no permitir&aacute;n que sucedan ser&aacute;n bien distintas. Es f&aacute;cil de entender que el Pati Obert tendr&aacute; un poco de sala de exposiciones. Pero no intento poner en evidencia la decisi&oacute;n de hacer un jard&iacute;n de esculturas argumentando que aquello no ser&aacute; un espacio verdaderamente vivo. Aunque el debate exige mayor espacio, creo que tener un rinc&oacute;n tranquilo en El Carmen, donde las personas mayores puedan sentarse sin necesidad de pagar consumici&oacute;n y que sirva a los colegios para hacer aproximaciones al arte moderno a la luz del sol, est&aacute; mejor que bien. Tambi&eacute;n creo que hay que esperar a ver en qu&eacute; se materializa realmente el Pati Obert y que las pistas que se van dejando caer apuntan a veces en direcciones contradictorias.
    </p><p class="article-text">
        Lo que me interesa resaltar en este texto es la autoridad del museo como encargado de la &ldquo;conservaci&oacute;n&rdquo; del arte en el sentido m&aacute;s literal: poniendo su mirada sobre la escultura del Jard&iacute;n del Turia, extray&eacute;ndola del lugar para el que fue ingenuamente pensada, despoj&aacute;ndola del tiempo que le ha pasado por encima, alterando el relato que la envuelve, reubic&aacute;ndola en nuestro marco cultural e incluso en el social, ahora envuelta en &aacute;mbar.
    </p><p class="article-text">
        Kirkeby, perdido en el ritmo del r&iacute;o, delata una de las falacias en las que tradicionalmente se ha parapetado el museo como instituci&oacute;n, que es la supuesta autonom&iacute;a del arte. Esto es, el arte como cosa de individuos geniales, seleccionado y custodiado por &ldquo;gente culta&rdquo; capacitada para ello, expuesto con una cartela de lenguaje y relato parcialmente opacos al no familiarizado, presentado como espacio elevado que solicita la esforzada adhesi&oacute;n de quienes lo observan desde abajo.
    </p><p class="article-text">
        En cambio, Kirkeby, perdido en el ritmo del r&iacute;o y en compa&ntilde;&iacute;a del transformador el&eacute;ctrico con el que tan redondo di&aacute;logo entabla, nos cuenta muchas m&aacute;s cosas sobre el mundo en el que vivimos de las que probablemente nos cuente en el Pati Obert. La m&aacute;s potente de todas, la forma en la que grandes s&iacute;mbolos con los que los poderes quisieron marcar su presente a veces pierden su significado al estar inmersos en el avance de la historia cotidiana y la falta de dramatismo que hay en algo tan natural y al mismo tiempo tan subversivo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Chema Segovia]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/malalts-de-ciutat/kirkeby-perdido-rio_132_3465107.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 10 Apr 2017 17:07:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Kirkeby perdido en el río]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Valencia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cómo preparar un camino escolar paso a paso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/malalts-de-ciutat/preparar-camino-escolar-paso_132_3523706.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/205a1814-37fe-4ba4-9542-84550c68884f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="pas a pas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El pasado 6 de marzo, el proyecto Pas a Pas resultó ganador en la “I Edición de los Premios Vivienda, Movilidad y Urbanismo con Perspectiva de Género” de la Generalitat Valenciana</p><p class="subtitle">Este artículo recoge una serie de ideas que han ido dando forma a Pas a Pas a lo largo de los últimos tres años</p></div><p class="article-text">
        Desde el curso 2014-2015, formo parte del equipo coordinador del proyecto de caminos escolares&nbsp;<a href="http://www.pasapasxabia.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Pas a Pas</a> del Ayuntamiento de X&agrave;bia. El pasado 6 de marzo, la Conselleria de Vivienda, Obras P&uacute;blicas y Vertebraci&oacute;n del Territorio lo hizo ganador de la &ldquo;I Edici&oacute;n de los Premios Vivienda, Movilidad y Urbanismo con Perspectiva de G&eacute;nero&rdquo; de la Generalitat Valenciana, dentro de la categor&iacute;a de ciudades de m&aacute;s de 20.000 habitantes. El reconocimiento nos sirve de excusa para compartir una serie de ideas que han ido dando forma al proyecto a lo largo de los &uacute;ltimos tres a&ntilde;os. Creemos que pueden ser &uacute;tiles para los municipios que, de forma cada vez m&aacute;s habitual, se plantean poner en marcha una iniciativa de caminos escolares.
    </p><p class="article-text">
        En primer y m&aacute;s importante lugar, contrariamente a lo que suele pensarse, el objetivo principal de un proyecto de caminos escolares no es la seguridad sino la autonom&iacute;a. Que ni&ntilde;os y ni&ntilde;as puedan disfrutar de la ciudad por s&iacute; mismos. En las primeras fases de Pas a Pas, vimos que las propuestas para mejorar el espacio p&uacute;blico se centraban en la protecci&oacute;n frente al coche (instalaci&oacute;n de badenes, bolardos, vallas frente a las puertas de los colegios, se&ntilde;alizaci&oacute;n vertical...). En aquel momento decidimos dejar de usar la expresi&oacute;n &ldquo;rutas seguras&rdquo; y el proyecto dio con un punto de inflexi&oacute;n fundamental. Al hablar de &ldquo;rutas infantiles seguras&rdquo;, de alg&uacute;n modo legitim&aacute;bamos que el resto de la ciudad pudiese permitirse no ser segura para los m&aacute;s peque&ntilde;os. Trazando itinerarios adecuados para ellos, les asign&aacute;bamos un espacio espec&iacute;fico y, por extensi&oacute;n, la ciudad m&aacute;s all&aacute; de esa l&iacute;nea les pertenec&iacute;a un poco menos. &Eacute;sa era la trampa de la seguridad.
    </p><p class="article-text">
        En relaci&oacute;n directa con lo anterior, los caminos escolares no deben ser simples proyectos de movilidad casa-colegio, sino espacios de reflexi&oacute;n sobre <a href="http://www.eldiario.es/cv/malalts/espacio-infancia-ciudad_6_568403164.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el papel de la infancia en nuestras ciudades</a>. En alguna ocasi&oacute;n hemos discutido de si eliminar el &ldquo;caminos escolares&rdquo; de la descripci&oacute;n de Pas a Pas. Si no lo hemos hecho ha sido porque la etiqueta ayuda a presentar el proyecto y porque la alusi&oacute;n a los colegios que incluye nos parece valiosa. Los colegios son las principales referencias de los ni&ntilde;os en la ciudad y su principal espacio de socializaci&oacute;n. Adem&aacute;s de eso, los colegios tienen un potencial enorme desde el punto de vista de la pol&iacute;tica urbana y la participaci&oacute;n. Otra cosa que intentamos hacer desde Pas a Pas es volverlos m&aacute;s permeables y activos de cara a lo que ocurre a su alrededor. Alrededor de los colegios se organiza una valiosa comunidad de actores: madres y padres, las AMPA, el profesorado, la polic&iacute;a local, el comercio cercano... Fomentar su implicaci&oacute;n y la acci&oacute;n conjunta es otra tarea que los proyectos de caminos escolares deber&iacute;an asumir.
    </p><p class="article-text">
        La articulaci&oacute;n de esa red de actores ocup&oacute; el primer curso de Pas a Pas casi por completo. Estando todos reunidos alrededor de una misma mesa, ca&iacute;mos en la cuenta de que hab&iacute;amos olvidado la pieza m&aacute;s importante. &iexcl;&iquest;D&oacute;nde estaban los ni&ntilde;os y las ni&ntilde;as?! A partir ah&iacute;, decidimos ceder el protagonismo activo a los peque&ntilde;os. Dejamos de hablar de &ldquo;la ciudadan&iacute;a del futuro&rdquo; para reivindicar la condici&oacute;n presente de la infancia, reconoci&eacute;ndola como una parte de la comunidad en pleno derecho y no como un colectivo pasivo a expensas de lo que decidamos los adultos. A partir de ese momento, el proyecto se llen&oacute; de vitalidad.
    </p><p class="article-text">
        Hacer participaci&oacute;n con ni&ntilde;os y ni&ntilde;as es tremendamente dif&iacute;cil, exige una enorme cantidad de reflexi&oacute;n, experimentaci&oacute;n y empat&iacute;a. En Pas a Pas continuamos d&aacute;ndole vueltas a esta tarea, pero por nuestra experiencia, una recomendaci&oacute;n muy b&aacute;sica que podr&iacute;amos dar es tratar de entender esa participaci&oacute;n como un ejercicio de rebeld&iacute;a. Como dec&iacute;a <a href="http://www.full-stop.net/2012/10/17/reviews/michael-fisher/growing-up-absurd-paul-goodman/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Paul Goodman</a>, la rebeld&iacute;a es una actitud que la infancia puede incorporar a nuestro mundo adulto. Frecuentemente, la participaci&oacute;n que proponemos a la infancia se enfoca en la educaci&oacute;n y en el civismo, que son conceptos que los adultos introducimos en su mundo. Dar a la infancia un papel activo, reivindicar su autonom&iacute;a, significa dejarla hacer por ella misma y eso pasa por adoptar una actitud m&aacute;s titubeante como adultos, por estar dispuestos a observar y aprender de ellos.
    </p><p class="article-text">
        Todo lo anterior conduce a una advertencia en la que&nbsp;<a href="http://www.eldiario.es/andalucia/Francesco-Tonucci-exito-escolar-relacion_0_103940046.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Francesco Tonucci</a> insiste constantemente. Un proyecto de caminos escolares no es una cosa inofensiva y sencilla de llevar a cabo. No es entretener un poco a las criaturas, agradar a sus padres y madres y lograr una atenci&oacute;n medi&aacute;tica que dif&iacute;cilmente encontrar&aacute; reproche. Los proyectos de caminos escolares, como cualquier otra pol&iacute;tica urbana centrada en la infancia, exigen un fuerte compromiso, pues son iniciativas que cuestionan de ra&iacute;z nuestro actual modelo de ciudad, el dominado por el mandato del coche, de las prisas por llegar al trabajo, del fin de semana en el centro comercial, de los permisos a las terrazas acompa&ntilde;ados del prohibido jugar a la pelota y de los <a href="http://www.eldiario.es/cv/malalts/Parques-infantiles-disenados-catalogo_6_612498757.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">parques dise&ntilde;ados por cat&aacute;logo. </a>Sobre &eacute;sos y otros temas debe incidir un proyecto de caminos escolares de forma efectiva. Recordemos: no se trata de arreglar un itinerario para que las criaturas caminen sin desviarse de &eacute;l, sino de repensar la ciudad en profundidad desde la perspectiva de las ni&ntilde;as y los ni&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        A partir de este compromiso, un proyecto de caminos escolares puede desbordar su &uacute;ltima frontera y descubrir que su campo de acci&oacute;n no es exclusivamente la infancia. &Eacute;sta puede servir de espacio aglutinador y de puente para llegar a otros colectivos generalmente excluidos del debate urbano, como son la juventud, las personas mayores, las de origen extranjero o las mujeres (<a href="http://www.pasapasxabia.com/blog/2017/3/12/caminar-en-compaa-tiene-premio" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">por el v&iacute;nculo que Pas a Pas ha encontrado con &eacute;stas &uacute;ltimas se le otorg&oacute; el premio que mencionamos al inicio</a>). Desde las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas debe tomarse conciencia de que todos &eacute;stos no son &ldquo;grupos especiales&rdquo; con &ldquo;necesidades especiales&rdquo;, a los que por tanto se atiende de manera sectorializada y asistencialista; sino que forman un conjunto diverso pero interrelacionado, que adem&aacute;s aspira a posicionarse como un espacio clave para repensar nuestra ciudad y sus horizontes.
    </p><p class="article-text">
        Como dice Tonucci, una ciudad buena para los ni&ntilde;os (para cualquiera de los grupos antes citados) es una ciudad buena para la mayor&iacute;a de las personas. Pero a eso cabr&iacute;a a&ntilde;adir que una ciudad buena para la mayor&iacute;a no es necesariamente una ciudad buena para quienes viven en situaci&oacute;n de desventaja por motivos de renta, edad, g&eacute;nero o procedencia. De esta forma se descubre que la ambici&oacute;n &uacute;ltima que debe inspirar a un proyecto de caminos escolares es contribuir a que nuestras ciudades sean m&aacute;s humanas, inclusivas y justas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Chema Segovia]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/malalts-de-ciutat/preparar-camino-escolar-paso_132_3523706.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 14 Mar 2017 16:58:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cómo preparar un camino escolar paso a paso]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Parcs infantils dissenyats per catàleg]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/malalts-de-ciutat/parcs-infantils-valencia-malalts-de-ciutat_132_3576721.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5a6d7060-ebd1-47f6-bd84-c058e63cda50_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Un parque infantil en el antiguo cauce del Túria, en Valencia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Donar prioritat única de la seguretat ha fet que els nostres espais de joc perden de vista valors primordials com l'aprenentatge en el maneig del risc</p><p class="subtitle">El parc infantil actual se sosté en un còmode sistema mitjançant el qual els adults esquivem la complexitat de la infància</p></div><p class="article-text">
        Encara que generalment els parem poca atenci&oacute; i ens pot sorprendre saber-ho, els parcs infantils han sigut tradicionalment un vibrant camp de treball i estudi. Artistes, arquitectes, soci&ograve;legs, educadors, urbanistes, activistes i una infinitat de perfils m&eacute;s, s'han dedicat fascinats al disseny d'espais de joc, conscients que es tracta d'una tasca ben seriosa. En enfrontar-la han reflexionat sobre <a href="http://www.eldiario.es/cv/malalts/espacio-infancia-ciudad_6_568403164.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el paper que assignem a la inf&agrave;ncia en la nostra societat</a>. Aquest exercici no &eacute;s gens senzill ni admet respostes &uacute;niques. Per aix&ograve;, la dels parcs infantils ha sigut una hist&ograve;ria oberta a diferents plantejaments, constru&iuml;da per multitud d'experi&egrave;ncies fins i tot divergents.
    </p><p class="article-text">
        L'evoluci&oacute; dels espais de joc ha acostumat a moure's pendularment en la tensi&oacute; de dos pols contraris: l'alliberament absolut que adquiria la inf&agrave;ncia en aqueix espai que li era entregat i la contenci&oacute; de la seua activitat que imposava al mateix temps aqueix recinte m&agrave;gic. En l'actualitat, la balan&ccedil;a s'inclina per complet del costat del control i ho fa en nom de la seguretat. &Eacute;s aix&iacute; des dels anys vuitanta, moment en qu&egrave; la reflexi&oacute; al voltant de les &agrave;rees de joc pareixia que s'estancava.
    </p><p class="article-text">
        Ara b&eacute;, el que ha passat realment &eacute;s que a la falta d'alternatives s'hi ha afegit un problema m&eacute;s preocupant, que &eacute;s el blindatge aparentment irrompible de qu&egrave; s'ha envoltat el model actual. Aqueix blindatge apareix en el canvi de segle, amb l'arribada de les normatives de seguretat per a parcs infantils.
    </p><p class="article-text">
        Vaja per davant que en absolut em prenc a la lleugera la necessitat d'evitar que els espais de joc siguen perillosos. De fet, cal destacar que aquesta preocupaci&oacute; ha sigut constant, a m&eacute;s d'intensa, en l'evoluci&oacute; dels parcs infantils. El que resulta problem&agrave;tic &eacute;s que s'ha convertit en una q&uuml;esti&oacute;, no ja t&egrave;cnica, sin&oacute; &ldquo;tecnificada&rdquo;, on complexos m&egrave;todes de c&agrave;lcul, criteris de dimensionament i supervisi&oacute; especialitzada han vingut a copar espais que abans eren coberts per la cura, l'observaci&oacute; i el sentit com&uacute;.
    </p><p class="article-text">
        La normativa referida als parcs infantils es concentra en la prioritzaci&oacute; total de la seguretat en perjudici d'altres valors primordials dels espais de joc, com s&oacute;n l'educaci&oacute;, l'aprenentatge, l'exercici f&iacute;sic, la socialitzaci&oacute; o el maneig del risc. En aqueixa transposici&oacute;, s'introdueixen decisions aparentment cient&iacute;fiques, per&ograve; que haurien de romandre obertes al debat, com el suposat benefici de dissenyar parcs segregats per franges d'edat, l'obligatorietat d'envoltar-los amb una tanca o la prohibici&oacute; que hi accedisquen animals.
    </p><p class="article-text">
        A trav&eacute;s de les certificacions vinculades a la normativa, la seguretat queda convertida en mat&egrave;ria de treball especialitzat, garantida per la fabricaci&oacute; rigorosa sobre la base d'unes directrius normalitzades. D'ac&iacute; deriva la creen&ccedil;a que l'element de joc estandarditzat i produ&iuml;t en f&agrave;brica &eacute;s l'&uacute;nic que garanteix una seguretat total (objectiu impossible, dit siga de passada). Aquesta idea &eacute;s explotada per les empreses que llueixen en els seus cat&agrave;legs els galons de les entitats certificadores, que, de forma reveladora, anuncien els seus avals com un instrument per a poder &ldquo;<a href="https://www.aenor.es/aenor/certificacion/calidad/calidad_9001.asp#.WKLOzoWcGUm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">competir en igualtat de possibilitats en l'agressiu mercat actual</a>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A Espanya &eacute;s dif&iacute;cil trobar dades sobre els accidents infantils que es produeixen en &agrave;rees de joc (<a href="http://www.msc.es/biblioPublic/publicaciones/recursos_propios/resp/revista_cdrom/VOL69/69_1_097.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un estudi els xifrava en un 3% dels accidents totals</a>), per&ograve; a Estats Units el nombre d'atencions m&egrave;diques relacionades, no solament no ha minvat despr&eacute;s de l'aparici&oacute; de les normatives, <a href="https://www.theatlantic.com/magazine/archive/2014/04/hey-parents-leave-those-kids-alone/358631/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">sin&oacute; que ha augmentat</a>. L'explicaci&oacute; a la qual s'apunta &eacute;s la major sensibilitat entre pares i mares de cara als accidents en els espais de joc. Aqueixa sensibilitat se situa en l'&ograve;rbita de la creixent sobreprotecci&oacute; que imposem als menuts i est&agrave; al seu torn relacionada amb la por que ens provoca un entorn que ha deixat de semblar-nos apropiat perqu&egrave; els nostres fills hi cresquen.
    </p><p class="article-text">
        La situaci&oacute; es torna encara m&eacute;s enrevessada quan la normativa existent (UNE-EN 1176 i UNE-EN 1177) no &eacute;s de compliment obligat a Espanya (nom&eacute;s Gal&iacute;cia i Andalusia tenen una normativa espec&iacute;fica). En la indefinici&oacute; actuen les pressions dels fabricants, les tergiversacions interessades, l'alarmisme dels mitjans de comunicaci&oacute;... Com a resultat de tant de soroll, la normativa esdev&eacute; obligat&ograve;ria de facto. Per a protegir-se de qualsevol responsabilitat que se'ls puga reclamar (encara que aquesta siga imprecisa), els ajuntaments s'inclinen per comprar parcs certificats, sin&ograve;nim quasi exclusiu d'estandarditzats i justificaci&oacute; tamb&eacute; d'uns preus molt m&eacute;s elevats.
    </p><p class="article-text">
        El colof&oacute; &eacute;s que res del que hem dit &eacute;s realment un problema. El sistema que genera &eacute;s infinitament c&ograve;mode per a totes les parts implicades. Els parcs es componen passant p&agrave;gines d'un cat&agrave;leg estil Toys R Us, com si s'estiguera cercant un regal d'aniversari per a un xiquet que ni tan sols &eacute;s nostre. Es tria, es contracta i s'instal&middot;la. Pot haver-hi una cosa m&eacute;s senzilla?
    </p><p class="article-text">
        La imatge final d'aquest senyor que fulleja el cat&agrave;leg funciona com a ep&iacute;leg d'aquest article. Ens explica per qu&egrave; els parcs d'ara no s&oacute;n vertaders espais de joc, sin&oacute; simples joguets. El balanc&iacute; amb forma de baleneta i el vaixell pirata reflecteixen la manera en qu&egrave; els adults, tot decidint molt organitzadament des del nostre m&oacute;n adult, som incapa&ccedil;os de comprendre la inf&agrave;ncia si no &eacute;s per mitj&agrave; de la infantilitzaci&oacute;, que no &eacute;s m&eacute;s que un esquema ultra-simplificat amb el qual esquivem la dificultat de recon&egrave;ixer la complexitat de la infantesa; una preocupaci&oacute; que, com d&egrave;iem a l'inici, sempre estigu&eacute; en l'arrel del disseny de les &agrave;rees de joc. Fins que les certificacions i els cat&agrave;legs van acudir a alliberar-nos-en.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Chema Segovia]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/malalts-de-ciutat/parcs-infantils-valencia-malalts-de-ciutat_132_3576721.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 14 Feb 2017 10:17:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Parcs infantils dissenyats per catàleg]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Valencia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Parques infantiles diseñados por catálogo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/malalts-de-ciutat/parques-infantiles-disenados-catalogo_132_3576733.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5a6d7060-ebd1-47f6-bd84-c058e63cda50_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Un parque infantil en el antiguo cauce del Túria, en Valencia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La priorización única de la seguridad ha hecho que nuestros espacios de juego pierdan de vista valores primordiales como el aprendizaje del manejo del riesgo</p><p class="subtitle">El parque infantil actual se sostiene en un cómodo sistema mediante el cual los adultos esquivamos la complejidad de la infancia</p></div><p class="article-text">
        Aunque generalmente les prestemos poca atenci&oacute;n y nos pueda sorprender saberlo, los parques infantiles han sido tradicionalmente un vibrante campo de trabajo y estudio. Artistas, arquitectos, soci&oacute;logos, educadores, urbanistas, activistas y un sinf&iacute;n de perfiles m&aacute;s, se entregaron fascinados al dise&ntilde;o de espacios de juego, conscientes de que se trataba de una tarea bien seria. Al enfrentarla reflexionaban sobre <a href="http://www.eldiario.es/cv/malalts/espacio-infancia-ciudad_6_568403164.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el papel que asignamos a la infancia en nuestra sociedad</a>. Este ejercicio no es nada sencillo ni admite respuestas &uacute;nicas. Por eso, la de los parques infantiles ha sido una historia abierta a diferentes planteamientos, construida por multitud de experiencias incluso divergentes.
    </p><p class="article-text">
        La evoluci&oacute;n de los espacios de juego ha acostumbrado a moverse pendularmente en la tensi&oacute;n de dos polos contrarios: la liberaci&oacute;n absoluta que adquir&iacute;a la infancia en ese espacio que le era entregado y la contenci&oacute;n de su actividad que impon&iacute;a al mismo tiempo ese recinto m&aacute;gico. En la actualidad, la balanza se inclina por completo del lado del control y lo hace en nombre de la seguridad. Ocurre as&iacute; desde los a&ntilde;os ochenta, momento en que la reflexi&oacute;n alrededor de las &aacute;reas de juego pareci&oacute; estancarse.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, lo que recientemente ha ocurrido es que a la falta de alternativas se ha unido un problema m&aacute;s preocupante, que es el blindaje aparentemente irrompible del que se ha rodeado el modelo actual. Ese blindaje aparece en el cambio de siglo, con la llegada de las normativas de seguridad para parques infantiles.
    </p><p class="article-text">
        Vaya por delante que en absoluto me tomo a la ligera la necesidad de evitar que los espacios de juego sean peligrosos. De hecho, cabe destacar que esta preocupaci&oacute;n ha sido constante adem&aacute;s de intensa en la evoluci&oacute;n de los parques infantiles. Lo problem&aacute;tico es que el asunto se ha convertido en una cuesti&oacute;n, no ya t&eacute;cnica, sino &ldquo;tecnificada&rdquo;; donde complejos m&eacute;todos de c&aacute;lculo, criterios de dimensionado y supervisi&oacute;n especializada han venido a copar espacios que antes eran cubiertos por el cuidado, la observaci&oacute;n y el sentido com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La normativa referida a los parques infantiles se concentra en la priorizaci&oacute;n total de la seguridad en soslayo de otros valores primordiales de los espacios de juego, como son la educaci&oacute;n, el aprendizaje, el ejercicio f&iacute;sico, la socializaci&oacute;n o el manejo del riesgo. En esa transposici&oacute;n, se introducen decisiones aparentemente cient&iacute;ficas, pero que deber&iacute;an permanecer abiertas al debate, como el supuesto beneficio de dise&ntilde;ar parques segregados por franjas de edad, la obligatoriedad de cercarlos con una valla o la prohibici&oacute;n de que a ellos accedan animales.
    </p><p class="article-text">
        A trav&eacute;s de las certificaciones vinculadas a la normativa, la seguridad queda convertida en materia de trabajo especializado, garantizada por la fabricaci&oacute;n rigurosa en base a unas directrices normalizadas. De ah&iacute; deriva la creencia de que el elemento de juego estandarizado y producido en f&aacute;brica es el &uacute;nico que garantiza una seguridad total (objetivo imposible, dicho sea de paso). Esta idea es explotada por las empresas que lucen en sus cat&aacute;logos los galones de las entidades certificadoras, que, de forma reveladora, anuncian sus avales como un instrumento para poder <a href="https://www.aenor.es/aenor/certificacion/calidad/calidad_9001.asp#.WKGsXhA8dcB" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;competir en igualdad de posibilidades en el agresivo mercado actual&rdquo;</a>.
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a es dif&iacute;cil encontrar datos sobre los accidentes infantiles que se producen en &aacute;reas de juego (<a href="http://www.msc.es/biblioPublic/publicaciones/recursos_propios/resp/revista_cdrom/VOL69/69_1_097.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un estudio los cifraba en un 3% de los accidentes totales</a>), pero en Estados Unidos el n&uacute;mero de atenciones m&eacute;dicas relacionadas, no s&oacute;lo no ha descendido despu&eacute;s de la aparici&oacute;n de las normativas, <a href="https://www.theatlantic.com/magazine/archive/2014/04/hey-parents-leave-those-kids-alone/358631/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">sino que ha aumentado</a>. La explicaci&oacute;n a la que se apunta es la mayor sensibilidad entre padres y madres de cara a los accidentes en los espacios de juego. Esa sensibilidad se sit&uacute;a en la &oacute;rbita de la creciente sobreprotecci&oacute;n que imponemos a los peque&ntilde;os y est&aacute; a su vez relacionada con el temor que nos provoca un entorno que ha dejado de parecernos apropiado para que nuestros hijos crezcan en &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        La situaci&oacute;n se vuelve a&uacute;n m&aacute;s enrevesada cuando la normativa existente (UNE-EN 1176 y UNE-EN 1177) no es de obligado cumplimiento en Espa&ntilde;a (s&oacute;lo Galicia y Andaluc&iacute;a cuentan con normativa espec&iacute;fica). En la indefinici&oacute;n act&uacute;an las presiones de los fabricantes, las tergiversaciones interesadas, el alarmismo de los medios de comunicaci&oacute;n... Como resultado de tanto ruido, la normativa se vuelve obligatoria de facto. Para cubrirse de cualquier responsabilidad que se les pueda requerir (aunque &eacute;sta sea imprecisa), los ayuntamientos se inclinan por comprar parques certificados, sin&oacute;nimo casi exclusivo de estandarizados y justificaci&oacute;n tambi&eacute;n de unos precios mucho m&aacute;s elevados.
    </p><p class="article-text">
        El colof&oacute;n es que nada de lo anterior es realmente un problema. El sistema que genera es infinitamente c&oacute;modo para todas las partes implicadas. Los parques se componen pasando p&aacute;ginas de un cat&aacute;logo estilo Toys R Us, como si se estuviese buscando un regalo de cumplea&ntilde;os para un ni&ntilde;o que ni siquiera es nuestro. Se elige, se contrata y se instala. &iquest;Puede haber algo m&aacute;s sencillo?
    </p><p class="article-text">
        La imagen final de este se&ntilde;or que hojea el cat&aacute;logo funciona como ep&iacute;logo de este art&iacute;culo. Nos explica por qu&eacute; los parques de ahora no son verdaderos espacios de juego, sino simples juguetes. El balanc&iacute;n con forma de ballenita y el barco pirata reflejan el modo en que los adultos, decidiendo muy organizadamente desde nuestro mundo adulto, somos incapaces de comprender la infancia si no es por medio de la infantilizaci&oacute;n, que no es m&aacute;s que un esquema ultra-simplificado con el que esquivamos la dificultad de reconocer la complejidad de la ni&ntilde;ez; una preocupaci&oacute;n que, como dec&iacute;amos al inicio, siempre estuvo en la ra&iacute;z del dise&ntilde;o de las &aacute;reas de juego. Hasta que las certificaciones y los cat&aacute;logos acudieron a librarnos de ella.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Chema Segovia]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/malalts-de-ciutat/parques-infantiles-disenados-catalogo_132_3576733.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 14 Feb 2017 09:34:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Parques infantiles diseñados por catálogo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Valencia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[L’espai de la infantesa a la ciutat]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/malalts-de-ciutat/lespai-infantesa-ciutat_132_3788176.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ca103194-562c-49c2-a8e1-dbf6db7c8cb8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Unos juegos infantiles ubicados en el antiguo cauce del río Turia, en Valencia / mobiliariosurbanos.com"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Els llocs tan escassos que reservem als xiquets a les nostres ciutats són espais confinats. Per oposició al proteccionisme contraproduent contra el paisatge urbà, la ciutat es reivindica com un ambient educatiu per excel·lència</p></div><p class="article-text">
        La ciutat &eacute;s un reflex de la civilitzaci&oacute; que la construeix i l&rsquo;habita. Ens representa, evidencia la manera com funcionem com a societat. Si partim d&rsquo;aquesta premissa, una cosa que em preocupa &eacute;s la imatge tan pobra que les nostres ciutats projecten de la infantesa. La que &eacute;s una de les poques experi&egrave;ncies pr&ograve;ximes a la universalitat gaireb&eacute; ha desaparegut del paisatge urb&agrave;.
    </p><p class="article-text">
        Actualment, els llocs tan escassos que reservem als xiquets a les nostres ciutats s&oacute;n espais confinats i especialitzats. Quan en parlem, l&rsquo;exemple t&iacute;pic &eacute;s el parc infantil, cada dia m&eacute;s i m&eacute;s a prop &ndash;conceptualment i f&iacute;sicament&ndash; de les zones reservades per a pixar els gossos. Hi portem els xiquets perqu&egrave; es desfoguen una estona, perqu&egrave; els toque l&rsquo;aire una miqueta i, despr&eacute;s, tornem a casa. El segon exemple seria l&rsquo;escola, menys oberta del que f&oacute;ra bo al que passa al seu voltant. Hi hagu&eacute; urbanistes que van suggerir amb optimisme que els nostres barris es podien organitzar al voltant dels centres d&rsquo;ensenyament, per&ograve; hui en dia el tret pel qual s&rsquo;identifica qualsevol escola &eacute;s la t&agrave;pia amb qu&egrave; mira al carrer.
    </p><p class="article-text">
        Seguint amb les escoles, &uacute;ltimament he trobat uns quants articles que parlaven de m&egrave;todes pedag&ograve;gics moderns, basats, per exemple, a aprendre a tocar el viol&iacute; per a refor&ccedil;ar les matem&agrave;tiques o d&rsquo;interiors sofisticats dissenyats per a estimular al m&agrave;xim els sentits del xiquet i ajudar-lo a desenvolupar la percepci&oacute;. Pecar&eacute; d&rsquo;esc&egrave;ptic, per&ograve; aquesta mena d&rsquo;experi&egrave;ncies em semblen terriblement simplificadores. El proc&eacute;s educatiu t&eacute; lloc en una aula que, malgrat que proclame fugir d&rsquo;all&ograve; reglat, es torna encara m&eacute;s especialitzada, una mena de laboratori en qu&egrave; es mira de modelar el xiquet. Pense tamb&eacute; que aquest aprenentatge a porta tancada amaga la idea que el xiquet o la xiqueta no estan preparats per a enfrontar-se a la complexitat de la vida exterior, que fins i tot se&rsquo;ls ha de protegir d&rsquo;aquest exterior i armar-los amb els recursos que la dura vida urbana &ndash;presumptament&ndash; ha extirpat del creixement (la sensibilitat art&iacute;stica, la curiositat i l&rsquo;atenci&oacute;, la capacitat per a organitzar el seu temps&hellip;).
    </p><p class="article-text">
        Si tanquem l&rsquo;educaci&oacute; a les escoles i el joc en parcs convenientment tancats &eacute;s perqu&egrave; hem comen&ccedil;at a entendre la infantesa com una etapa pr&egrave;via a l&rsquo;ingr&eacute;s del xiquet en la societat. Mentre es forma, el xiquet encara no n&rsquo;&eacute;s part reconeguda i simplement per aix&ograve; la seua imatge no est&agrave; integrada a la ciutat. Neguem a la infantesa el dret al temps present. Els xiquets s&oacute;n &ldquo;els ciutadans del futur&rdquo;, per&ograve; no de l&rsquo;ara. &ldquo;Ja sabr&agrave;s com &eacute;s la vida quan cresques&rdquo;, els advertim desp&ograve;ticament. Mentre esperen a eixir al camp de batalla, els recloem en parcs i escoles, perqu&egrave; en algun lloc se&rsquo;ls ha de col&middot;locar.
    </p><p class="article-text">
        El paisatge urb&agrave; &eacute;s tamb&eacute; un espai carregat de significats que tenen una influ&egrave;ncia clau en la manera com constru&iuml;m explicacions del m&oacute;n que ens envolta. No sols fem la ciutat, sin&oacute; que la ciutat ens fa a nosaltres tamb&eacute;. Intentem preservar el xiquet del carrer, espai perill&oacute;s, negatiu fins i tot per a la seua educaci&oacute;, per&ograve; quin tipus de ciutat veu a trav&eacute;s de la finestra del cotxe quan va cap a escola? Quin sentit comen&ccedil;a a donar a una realitat que veu nom&eacute;s de passada sense que se li permeta tocar-la? Per oposici&oacute; al proteccionisme tan contraproduent del xiquet davant del paisatge urb&agrave;, n&rsquo;hi ha que han defensat la ciutat com a ambient educatiu per excel&middot;l&egrave;ncia. Divers, complex, plural, ric en est&iacute;muls, contradictori, arriscat fins i tot&hellip; Sobretot viu i pr&ograve;xim.
    </p><p class="article-text">
        El soci&ograve;leg Paul Goodman ha estat un altre dels defensors de traure els xiquets a la ciutat. Per a Goodman, aix&ograve; no sols beneficiaria els menuts, sin&oacute; tamb&eacute; la societat mateixa. Segons deia, hi ha dues coses que un xiquet hauria d&rsquo;aprendre: &ldquo;capacitat i sabotatge&rdquo;. La capacitat s&rsquo;orientaria a donar continu&iuml;tat i millorar el que les generacions precedents han constru&iuml;t, mentre que el sabotatge serviria per a fer saltar per l&rsquo;aire aquest ordre previ quan les coses es tornen burocr&agrave;tiques, herm&egrave;tiques i pesants. Explicat d&rsquo;aquesta manera pot semblar un desficaci, per&ograve; Francesco Tonucci proposa aix&ograve; mateix quan diu que la infantesa &eacute;s un bon actor per a rebel&middot;lar-se contra les injust&iacute;cies de la ciutat perqu&egrave; no est&agrave; corrompuda per aquestes injust&iacute;cies ni acostumada a donar-les per fet.
    </p><p class="article-text">
        Probablement, els murs de les escoles i les tanques dels parcs siguen nom&eacute;s una manifestaci&oacute; palpable de la contenci&oacute; que imposem a aquesta possibilitat de rebel&middot;lia. A l&rsquo;altra banda de la t&agrave;pia se senten rialles i crits, i un es pregunta per qu&egrave; no s&rsquo;obrin de bat a bat les portes de les escoles, s&rsquo;allibera tota aquesta energia i es deixa que impregne la ciutat sencera. En compte de pensar en els xiquets com a p&agrave;gines en blanc en qu&egrave; els adults anem escrivint continguts, haur&iacute;em de tornar a mirar les coses a trav&eacute;s dels ulls de la infantesa. Gr&agrave;cies a aquesta mirada nova i no viciada podr&iacute;em veure el m&oacute;n que constru&iuml;m des de noves perspectives.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Chema Segovia]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/malalts-de-ciutat/lespai-infantesa-ciutat_132_3788176.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 11 Oct 2016 11:59:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[L’espai de la infantesa a la ciutat]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El espacio de la infancia en la ciudad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/malalts-de-ciutat/espacio-infancia-ciudad_132_3788253.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ca103194-562c-49c2-a8e1-dbf6db7c8cb8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Unos juegos infantiles ubicados en el antiguo cauce del río Turia, en Valencia / mobiliariosurbanos.com"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los escasos lugares que reservamos a los niños en nuestras ciudades son espacios confinados. En oposición al contraproducente proteccionismo frente a lo urbano, la ciudad se reivindica como ambiente educativo por excelencia.</p></div><p class="article-text">
        La ciudad es reflejo de la civilizaci&oacute;n que la construye y habita. Nos representa, evidencia el modo en que funcionamos como sociedad. Partiendo de esta premisa, algo que me preocupa es la pobre imagen que nuestras ciudades proyectan de la infancia. La que es una de las pocas experiencias cercanas a lo universal est&aacute; casi desaparecida del paisaje urbano.
    </p><p class="article-text">
        Actualmente, los escasos lugares que reservamos a los ni&ntilde;os en nuestras ciudades son espacios confinados y especializados. Ejemplo t&iacute;pico al hablar de esto es el parque infantil, cada d&iacute;a m&aacute;s y m&aacute;s cerca -conceptual y f&iacute;sicamente- del pipic&aacute;n. Llevamos all&iacute; a nuestros ni&ntilde;os a que desfoguen un rato, a que les d&eacute; un poco el aire, luego de vuelta a casa. El segundo ejemplo ser&iacute;a el colegio, menos abiertos de lo deseable a lo que ocurre a su alrededor. Hubo urbanistas que con optimismo sugirieron que nuestros barrios pod&iacute;an organizarse alrededor de los centros de ense&ntilde;anza, pero hoy en d&iacute;a el rasgo por el que se identifica cualquier escuela es la tapia con la que mira a la calle.
    </p><p class="article-text">
        Siguiendo con los colegios, &uacute;ltimamente me han salido al paso varios art&iacute;culos que hablaban de modernos m&eacute;todos pedag&oacute;gicos, basados por ejemplo en aprender a tocar el viol&iacute;n para reforzar las matem&aacute;ticas, o de sofisticados interiores dise&ntilde;ados para estimular al m&aacute;ximo los sentidos del ni&ntilde;o y ayudarlo a desarrollar la percepci&oacute;n. Pecar&eacute; de esc&eacute;ptico, pero las experiencias de este tipo me parecen terriblemente simplificadoras. El proceso educativo sucede en un aula que, aunque proclame huir de lo reglado, se vuelve a&uacute;n m&aacute;s especializada, una suerte de laboratorio en el que se intenta moldear al ni&ntilde;o. Creo tambi&eacute;n que ese aprendizaje a puerta cerrada esconde la idea de que el ni&ntilde;o o la ni&ntilde;a no est&aacute;n preparados para enfrentarse a la complejidad de la vida exterior, que hay incluso que protegerlos de ese afuera y armarlos con los recursos que la dura vida urbana -supuestamente- ha extirpado del crecimiento (la sensibilidad art&iacute;stica, la curiosidad y la atenci&oacute;n, la capacidad para organizar su tiempo&hellip;).
    </p><p class="article-text">
        Si encerramos la educaci&oacute;n en las escuelas y el juego en parques convenientemente vallados es porque hemos empezado a entender la infancia como una etapa previa al ingreso del ni&ntilde;o en la sociedad. Mientras se forma, el ni&ntilde;o no es todav&iacute;a parte reconocida y simplemente por eso su imagen no aparece integrada en la ciudad. Negamos a la infancia el derecho al tiempo presente. Los ni&ntilde;os son &ldquo;los ciudadanos del futuro&rdquo; pero no del ahora. &ldquo;Ya te enterar&aacute;s de c&oacute;mo es la vida cuando crezcas&rdquo;, les advertimos desp&oacute;ticamente. Mientras esperan a salir al campo de batalla, los recluimos en parques y colegios, porque en alg&uacute;n sitio habr&aacute; que ponerlos.
    </p><p class="article-text">
        El paisaje urbano es tambi&eacute;n un espacio cargado de significados que tienen una influencia clave en la manera en la que construimos explicaciones del mundo que nos rodea. No s&oacute;lo hacemos la ciudad, sino que la ciudad nos hace a nosotros tambi&eacute;n. Intentamos preservar al ni&ntilde;o de la calle, espacio peligroso, negativo incluso para su educaci&oacute;n, &iquest;pero qu&eacute; tipo de ciudad ve a trav&eacute;s de la ventana del coche camino al colegio? &iquest;Qu&eacute; sentido empieza a dar a una realidad que ve s&oacute;lo de pasada sin que se le permita tocarla? En oposici&oacute;n al contraproducente proteccionismo del ni&ntilde;o frente a lo urbano, hay quienes han defendido la ciudad como ambiente educativo por excelencia. Diverso, complejo, plural, rico en est&iacute;mulos, contradictorio, arriesgado incluso&hellip; Sobre todo vivo y cercano.
    </p><p class="article-text">
        El soci&oacute;logo Paul Goodman fue otro de esos defensores de sacar a los ni&ntilde;os a la ciudad. Para Goodman, esto no s&oacute;lo beneficiar&iacute;a a los peque&ntilde;os, sino a la sociedad misma. Seg&uacute;n dec&iacute;a, hay dos cosas que un ni&ntilde;o deber&iacute;a aprender: &ldquo;capacidad y sabotaje&rdquo;. La capacidad se orientar&iacute;a a dar continuidad y mejorar lo que las generaciones precedentes construyeron, mientras que el sabotaje servir&iacute;a para hacer saltar por los aires ese orden previo cuando las cosas se volviesen burocr&aacute;ticas, herm&eacute;ticas y pesadas. As&iacute; explicado puede sonar a desvar&iacute;o, pero Francesco Tonucci propone eso mismo cuando dice que la infancia es un buen actor para rebelarse contra las injusticias de la ciudad porque no est&aacute; corrompida por ellas ni acostumbrada a darlas por sentado.
    </p><p class="article-text">
        Probablemente, los muros de los colegios y las vallas de los parques sean s&oacute;lo una manifestaci&oacute;n palpable de la contenci&oacute;n que imponemos a esa posibilidad de rebeld&iacute;a. Al otro lado de la tapia se oyen risas y gritos, y uno se pregunta por qu&eacute; no se abren de par en par las puertas de las escuelas, se libera toda esta energ&iacute;a y se deja que impregne la ciudad entera. En lugar de pensar en los ni&ntilde;os como p&aacute;ginas en blanco en las que los adultos vamos escribiendo contenidos, deber&iacute;amos volver a mirar las cosas a trav&eacute;s de los ojos de la infancia. Gracias a esa mirada nueva y no viciada podr&iacute;amos ver el mundo que construimos desde nuevas perspectivas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Chema Segovia]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/malalts-de-ciutat/espacio-infancia-ciudad_132_3788253.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 11 Oct 2016 11:10:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El espacio de la infancia en la ciudad]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Valencia, de la circulación a la movilidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/la-ciutat-construida/valencia-circulacion-movilidad_132_2465087.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4f981b84-825a-49b8-bb92-06c19a40a3fd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Valencia, de la circulación a la movilidad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La ciudad tiene unas condiciones de partida imbatibles para ser un modelo en términos de movilidad sostenible</p><p class="subtitle">La nueva Concejalía de Movilidad Sostenible y Espacio Público debe articular una estrategia de trabajo ordenada y decidida</p></div><p class="article-text">
        Comienzo con una an&eacute;cdota a la que recurro con frecuencia y que me parece bastante reveladora. Al llegar a Valencia, un desconocido nos cit&oacute; a mi pareja y a m&iacute; en la Plaza del Ayuntamiento para visitar un piso de alquiler. D&aacute;ndole la espalda a la puerta de la casa consistorial, Rosario y yo mir&aacute;bamos alternativamente nuestro mapa y el torrente de coches que nos pasaba por delante, y yo con ofuscaci&oacute;n le dec&iacute;a a ella: &ldquo;Que no, &iexcl;que &eacute;ste no puede ser el sitio!&rdquo;. Se&ntilde;al&eacute; con la barbilla por encima del edificio de Correos: &ldquo;La plaza debe quedar por ah&iacute; atr&aacute;s, hazme caso&rdquo;. Pero no, la Plaza del Ayuntamiento era aquello. O mejor dicho, aquello hab&iacute;a sido la plaza del Ayuntamiento. Porque la Plaza -como otras muchas plazas- dej&oacute; de ser una plaza para convertirse, nadie sabe cu&aacute;ndo, en una rotonda.
    </p><p class="article-text">
        Viv&iacute; situaciones parecidas al conocer la Alameda, la Plaza del Mercado, de San Agust&iacute;n, la de Espa&ntilde;a o los m&aacute;rgenes del Jard&iacute;n del Turia. Sienta mal que uno de fuera venga a se&ntilde;alarte tus defectos, pero tengo que decir que cada vez que alguien me pregunta qu&eacute; tal Valencia, me veo obligado a enturbiar mis comentarios positivos con un &ldquo;pero tiene demasiado coche&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El exceso de tr&aacute;fico a motor no es un problema que &uacute;nicamente tenga esta ciudad sino que es algo generalizado. A lo largo de la segunda mitad del siglo XX, exacerbamos la importancia del veh&iacute;culo privado en nuestras vidas, y por ende, en nuestras ciudades. Por el camino, construimos una inmensa cantidad de&nbsp;<a href="http://www.laciudadviva.org/blogs/?author=114" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">mitos, prejuicios y medias verdades</a> alrededor de las virtudes del autom&oacute;vil, y entendimos como una se&ntilde;al de progreso que la trama urbana comenzase a desgajarse y que nuestras calles se convirtiesen en carreteras. Que no suene derrotista, pero hemos entregado nuestro mundo al coche, y eso es algo insostenible nos pongamos como nos pongamos.
    </p><p class="article-text">
        Nadie se ha salvado y hay ciudades que est&aacute;n infinitamente peor que Valencia. Sin embargo, le reprocho a esta ciudad tener demasiado tr&aacute;fico antes que a ninguna otra por una raz&oacute;n muy simple: por tama&ntilde;o, densidad, orograf&iacute;a y clima, Valencia tiene unas condiciones de partida imbatibles para ser un modelo de en t&eacute;rminos de movilidad sostenible. Es un crimen que Valencia est&eacute; como est&aacute;, estamos desaprovechando un potencial gigantesco.
    </p><p class="article-text">
        Quien desconf&iacute;e de que Valencia pueda funcionar sin avenidas de cinco carriles y plazas convertidas en rotondas, quien crea que su negocio perder&aacute; clientes si se fomenta la movilidad de proximidad antes que los centros comerciales, quienes vean que es pr&aacute;cticamente lo mismo llevar a los peque&ntilde;os en coche al colegio que hacerlo a pie, quienes piensen que las bicis y los buses son un incordio para circular en coche y no los 80.000 coches que tienen alrededor mientras conducen; todos ellos pensar&aacute;n: &iquest;Un potencial gigantesco para qu&eacute;? Pues para todo y m&aacute;s, porque superada la noci&oacute;n secamente ingenieril de &ldquo;la circulaci&oacute;n&rdquo;, &ldquo;la movilidad&rdquo; se descubre como un &aacute;mbito de incidencia medioambiental, econ&oacute;mica, social y cultural.
    </p><p class="article-text">
        A modo de ejemplo del abanico de beneficios que genera una ciudad m&aacute;s humana, extraigo algunos datos a vuela pluma del <a href="http://www.nyc.gov/html/dot/html/pedestrians/broadway.shtml" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">informe sobre la mejora de la accesibilidad peatonal de Times Square (Nueva York)</a>, uno de los proyectos urban&iacute;sticos m&aacute;s elogiados de los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Tras reducir el espacio de calzada y d&aacute;rselo a las aceras, la afluencia de peatones se increment&oacute; un 11%, la velocidad del tr&aacute;fico se redujo ligeramente pero los tiempos de los trayectos tambi&eacute;n disminuyeron un 17%, los accidentes sobre viandantes cayeron un 35% y la actividad econ&oacute;mica del distrito se dispar&oacute; un 22%. Y estamos hablando de Times Square en Nueva York, uno de los lugares con m&aacute;s tr&aacute;fico de una ciudad pensada para el coche.
    </p><p class="article-text">
        El camino de Valencia para recuperar la Plaza es mucho m&aacute;s corto. La del Ayuntamiento, la de la Reina, la del Mercado. Tambi&eacute;n la de todos los barrios, esas centralidades cotidianas a reivindicar. Sigamos con la Alameda, las Grandes V&iacute;as, la Avenida del Puerto, la Ronda Interior&hellip; Valencia entera puede ser la Plaza: una ciudad paseable, saludable, din&aacute;mica, social, atractiva y, en definitiva, m&aacute;s humana. El potencial est&aacute; ah&iacute; esperando a ser usado. Tama&ntilde;o, densidad, orograf&iacute;a y clima, recuerden. Y miren a Sevilla si Nueva York les pilla demasiado lejos&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        Pasados los primeros meses de nuevo gobierno y finalizada la&nbsp;<a href="http://www.setmanamobilitat.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Semana Europea de la Movilidad</a> -campa&ntilde;a de la que hemos sido colaboradores-, mientras alg&uacute;n medio de comunicaci&oacute;n habla de &ldquo;persecuci&oacute;n al coche&rdquo;, se bajan las motos de las aceras y se suben los aparcabicis, esperamos a que la gente se acostumbre a aflojar el pie al pasar por Ciutat Vella y discutimos sobre si es descabellado o no aspirar a que el per&iacute;metro de la ciudad hist&oacute;rica no se convierta al caer la noche en una hilera de cinco kil&oacute;metros de coches; la nueva &ldquo;Concejal&iacute;a de Movilidad Sostenible y Espacio P&uacute;blico&rdquo; (que por fin ya no &ldquo;de Circulaci&oacute;n y Transporte&rdquo;) tiene la tarea de articular una estrategia de trabajo ordenada y decidida, que acompase la disuasi&oacute;n con el incentivo, que se explique de manera clara a la ciudadan&iacute;a y no d&eacute; la impresi&oacute;n de moverse a ritmo de antojos, que tenga en cuenta a todos los actores implicados y reconozca el trabajo hecho por la sociedad civil.
    </p><p class="article-text">
        El reto est&aacute; sobre la mesa y es el momento de ponerse manos a la obra. Valencia debe trazar el camino de la circulaci&oacute;n a la movilidad, que es el camino que la llevar&aacute; a recuperar la Plaza y con ella su alma mediterr&aacute;nea.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Chema Segovia]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/la-ciutat-construida/valencia-circulacion-movilidad_132_2465087.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 Sep 2015 08:19:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Valencia, de la circulación a la movilidad]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Algunas notas sobre la gentrificación de Russafa (I)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/la-ciutat-construida/notas-gentrificacion-russafa_132_2614932.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/35caab28-9c41-423b-b938-684b87626fb6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Algunas notas sobre la gentrificación de Russafa (I)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cruce de puntos de vista alrededor de los antecedentes y perspectivas del barrio</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Ma&ntilde;ana <a href="http://www.eldiario.es/cv/laciudadconstruida/Algunes-notes-gentrificacio-Russafa-II_6_400069992.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">la opini&oacute;n de Llu&iacute;s Benlloch</a>, soci&oacute;logo y parte del estudio La Dula</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        De todo lo que gira alrededor de Russafa, nos llaman la atenci&oacute;n tres factores:
    </p><p class="article-text">
        <strong>Uno</strong>. La discusi&oacute;n sobre la gentrificaci&oacute;n, acapar&aacute;ndolo todo cuando se habla de Russafa, est&aacute; ya tan manoseada que la necesaria llamada de atenci&oacute;n empieza a ahuecarse, a poblarse de t&oacute;picos, a blindarse y, en &uacute;ltimo t&eacute;rmino, a volverse interesada. La gentrificaci&oacute;n de Russafa se explica desde la teor&iacute;a, que ya no es ni siquiera teor&iacute;a, sino puro lugar com&uacute;n. Se habla desde lo que se presupone del barrio antes de lo que realmente sucede en &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Frente al retrato plano que muy a la ligera parte de que <a href="http://blogs.elpais.com/seres-urbanos/2015/02/russafa-o-la-muerte-de-la-ciudad-popular.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;Russafa era, hasta no hace mucho, un barrio popular&rdquo;</a>, hacen falta estudios con mayor perspectiva hist&oacute;rica y una base de an&aacute;lisis m&aacute;s rigurosa (<a href="http://www.paisajetransversal.org/2014/02/cronica-de-una-gentrificacion-anunciada.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el acercamiento que aqu&iacute; plantea V&iacute;ctor Moreno es un buen punto de partida</a>). Los procesos de gentrificaci&oacute;n son complejos y dif&iacute;ciles de acotar, pero hay que poner mayor esfuerzo a la hora de identificar causas, consecuencias y caracterizar actores. &iquest;Qu&eacute; poblaci&oacute;n abandona el barrio y por qu&eacute; motivos? &iquest;C&oacute;mo se estructura la propiedad? &iquest;Qu&eacute; nivel adquisitivo tienen los nuevos residentes (aburre o&iacute;r hablar a brocha gorda de <em>hipsters</em> y <em>snobs</em>)? &iquest;Qu&eacute; grupos y colectivos no est&aacute;n representados en la discusi&oacute;n y cu&aacute;les, por contra, la dirigen? &iquest;Cu&aacute;l es el mapa de la inversi&oacute;n privada? &iquest;Cu&aacute;l el de la inversi&oacute;n p&uacute;blica?&hellip; Y algo que nos interesa especialmente, &iquest;cu&aacute;les han sido las relaciones entre las pol&iacute;ticas urbanas y lo que sucede en Russafa?
    </p><p class="article-text">
        <strong>Dos.</strong> Una de las inclinaciones recurrentes de los discursos anti-gentrificaci&oacute;n es dar por sentado que detr&aacute;s de cualquier proceso as&iacute; llamado se encuentra la administraci&oacute;n &ldquo;neoliberal&rdquo; actuando en connivencia con peque&ntilde;os grupos de poder. El antiguo gobierno municipal no escatim&oacute; lo m&aacute;s m&iacute;nimo en favores particulares de tapadillo, pero cabe recordar que el inter&eacute;s de la inversi&oacute;n se puso en la expansi&oacute;n urbana a costa de dejar de lado la ciudad consolidada. Es m&aacute;s, en los barrios hist&oacute;ricos se tendieron alfombras rojas a la presi&oacute;n inmobiliaria como punta de lanza de estos procesos &ldquo;de recuperaci&oacute;n&rdquo;, pero &eacute;sta no respondi&oacute; porque era infinitamente m&aacute;s rentable macizar las afueras y las grandes zonas &ldquo;de oportunidad&rdquo; hacia el este. Sin liberar a nadie de responsabilidades, m&aacute;s bien lo contrario, podr&iacute;a decirse que el inter&eacute;s del gobierno popular por la ciudad construida ha sido anecd&oacute;tico (salvo cuando estorbaba al desarrollo de grandes proyectos, ya sabemos).
    </p><p class="article-text">
        Vistos desde las pol&iacute;ticas urbanas desarrolladas, los excesos que se dan en Russafa parecen m&aacute;s accidentes o improvisaciones que planes maestros oscuramente trazados. La torpeza a la hora de limitar la carga y descarga, como soluci&oacute;n fallida a la escasez de aparcamientos, y el impulso del pol&iacute;gono de Manises provocaron que los mayoristas chinos se marchasen dejando atr&aacute;s un gran n&uacute;mero de locales vac&iacute;os en los que nadie se detuvo a pensar; la delimitaci&oacute;n del Carmen como &ldquo;Zona Ac&uacute;sticamente Saturada&rdquo; no resolvi&oacute; las molestias del ocio nocturno, s&oacute;lo las desplaz&oacute;; y los planteamientos parciales, meramente formales, de los planes de rehabilitaci&oacute;n descuidaron temas fundamentales, como la gesti&oacute;n del espacio p&uacute;blico, a los que se termin&oacute; respondiendo con inercias (el incremento de las terrazas que sigui&oacute; a la mejora de las aceras es el ejemplo m&aacute;s claro).
    </p><p class="article-text">
        En lugar de montarnos paranoicas zonas de sombra o exagerar la intencionalidad de ciertas actuaciones, el caso de Russafa da para reflexionar sobre el modo en que decisiones aparentemente lejanas terminan condicion&aacute;ndose, sobre las contrapartidas y contraefectos de toda pol&iacute;tica p&uacute;blica, sobre la existencia de ganadores y perdedores incluso cuando se trata de elecciones aparentemente sencillas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tres.</strong> El urbanismo practicado en Russafa bajo la denominaci&oacute;n de &ldquo;conjunto hist&oacute;rico&rdquo;, aquellos planes que aspiraron a vertebrar &ldquo;la regeneraci&oacute;n&rdquo;, pecaron de atender &uacute;nicamente a la f&aacute;brica urbana y no a c&oacute;mo &eacute;sta se usa y se vive. Ha ocurrido tambi&eacute;n en Ciutat Vella y con peores consecuencias. Se fall&oacute; en lo b&aacute;sico: preservar un conjunto hist&oacute;rico pasa necesariamente por preservar su contenido social y cultural. El exceso de burocratizaci&oacute;n termin&oacute; de desacompasar del todo el urbanismo de las din&aacute;micas sociales que se produc&iacute;an en el barrio (las respuestas a las demandas ciudadanas, como el colegio de la calle Puerto Rico, han llegado a base de insistencia y tirones).
    </p><p class="article-text">
        Es necesario poner el ojo en ese desfase, ver qu&eacute; ha ocurrido en ese espacio en blanco. En Russafa se han producido excesos y problemas al margen de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas. Tambi&eacute;n han surgido valores y cosas buenas. No creo, por ejemplo, que V&iacute;ctor Moreno poetice se&ntilde;alando a la emergencia de festivales de cultura autogestionados o de grupos de convivencia intercultural como una prolongaci&oacute;n del car&aacute;cter hist&oacute;rico del barrio; en cualquier caso, no m&aacute;s que quienes criminalizan la llegada de j&oacute;venes creativos o exageran la p&eacute;rdida de los valores tradicionales.
    </p><p class="article-text">
        La correcci&oacute;n de los desequilibrios y la potenciaci&oacute;n de las din&aacute;micas de intercambio y transformaci&oacute;n positivas est&aacute;n en manos de un urbanismo p&uacute;blico potente. Porque, citando a Jordi Borja, &ldquo;el urbanismo, sea o no sea consciente de sus efectos, interviene en el proceso de acumulaci&oacute;n de capital, generaci&oacute;n de plusval&iacute;as privadas y explotaci&oacute;n de las clases trabajadoras. Pero tambi&eacute;n puede ser un instrumento de redistribuci&oacute;n social, reducci&oacute;n de las desigualdades sociales y de hacer de la ciudadan&iacute;a un actor pol&iacute;tico&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Chema Segovia]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/la-ciutat-construida/notas-gentrificacion-russafa_132_2614932.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 17 Jun 2015 08:40:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Algunas notas sobre la gentrificación de Russafa (I)]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[València, de moment]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/la-ciutat-construida/valencia-moment_132_2677297.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0459a155-d258-4e76-b53f-79e409969f5a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="València, de moment"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Conclusions d’una jornada professional d’intercanvi en pràctiques urbanes per afrontar el més urgent, més propi, més quotidià i més immediat</p></div><p class="article-text">
        Un n&uacute;mero creixent d&rsquo;equips, empreses i col&middot;lectius de l&rsquo;urbanisme en el sentit m&eacute;s ampli afrontem la nostra dedicaci&oacute; professional a peu de carrer i de manera transdisciplin&agrave;ria. Malgrat aix&ograve;, no disposem pr&agrave;cticament d&rsquo;espais formals d&rsquo;intercanvi.
    </p><p class="article-text">
        Per aix&ograve;, des de <a href="http://laciudadconstruida.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La Ciutat Constru&iuml;da</a> vam plantejar una jornada de treball a <a href="http://www.lasnaves.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Las Naves, Espai d&rsquo;Innovaci&oacute; i Creaci&oacute;</a> per mirar-nos a la cara i analitzar de manera cr&iacute;tica la nostra tasca professional en l&rsquo;entorn que treballem, habitem i transformem: la ciutat de Val&egrave;ncia.
    </p><p class="article-text">
        Analitz&agrave;rem conjuntament les din&agrave;miques m&eacute;s rellevants en la Val&egrave;ncia del present, identificant l&iacute;mits i desafiaments en l&rsquo;urbanisme.
    </p><p class="article-text">
        Superant plans i estrat&egrave;gies a llarg termini que no acaben d&rsquo;arribar mai, ens fix&agrave;rem en all&ograve; m&eacute;s urgent, m&eacute;s propi, m&eacute;s quotidi&agrave; i m&eacute;s immediat.
    </p><p class="article-text">
        Els equips participants en aquesta primera jornada oberta foren: <a href="http://www.carpevia.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Carpe Via</a>, <a href="http://crearqcio.blogspot.com.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Crearqci&oacute;</a>, <a href="http://elfabricantedeespheras.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El Fabricante de Espheras</a>, <a href="http://www.fentestudi.com/nosaltres" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Fent Estudi</a>, <a href="http://www.ga-valencia.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">GA-Valencia</a>, <a href="https://twitter.com/gsociograma" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Grup Sociograma</a>, <a href="https://letrasalvajeediciones.wordpress.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Letra Salvaje</a>, <a href="https://somoslamezcla.wordpress.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Mezcla</a>, <a href="http://www.mixuro.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Mixuro</a>, <a href="http://www.weareplaces.com/valencia/es" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">WAP Val&egrave;ncia</a>, <a href="http://www.efgarquitectura.es/Hithere/PAM_PIHE_VLC.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">PAM</a> i d&rsquo;altres professionals a t&iacute;tol individual.
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        Este es un v&iacute;deo-resum de la jornada:
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    </figure><p class="article-text">
        <a href="https://vimeo.com/126788024" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Val&egrave;ncia, de moment</a> from <a href="https://vimeo.com/laciudadconstruida" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">LCC</a> on <a href="https://vimeo.com" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Vimeo</a>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ramon Marrades, Chema Segovia, David Estal]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/la-ciutat-construida/valencia-moment_132_2677297.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 13 May 2015 04:13:14 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[¿Un plan para qué?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/la-ciutat-construida/plan_132_4354741.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4e897dfa-c603-49ef-a111-2a0f28844429_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Un plan para qué?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Dejemos de pensar en el modelo de ciudad que queremos para poner el ojo en el modelo de urbanismo que tenemos</p></div><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de un tiempo de revisi&oacute;n tan dilatado que ya nadie le echaba cuentas (m&aacute;s de una d&eacute;cada), la tramitaci&oacute;n del que probablemente ser&aacute; el cuarto PGOU de Valencia ha llegado de sopet&oacute;n, a pocos meses de las elecciones municipales que podr&iacute;an poner fin al gobierno municipal del PP, a&ntilde;adiendo un poco m&aacute;s de inquietud a un a&ntilde;o marcado por la imprecisa sensaci&oacute;n de &ldquo;ahora o nunca&rdquo; extendida a todo.
    </p><p class="article-text">
        La discusi&oacute;n suscitada alrededor del nuevo PGOU se ha visto adem&aacute;s apretada al periodo de exposici&oacute;n p&uacute;blica (el plazo para presentar alegaciones termina hoy martes 24) y espoleada por el tiovivo de noticias de los medios de comunicaci&oacute;n. En este ambiente de urgencia, aunque personalmente estoy de acuerdo con casi todas ellas, las cr&iacute;ticas al plan se han vuelto atropelladas y se han desdibujado algunos puntos clave. Si esto ocurre es porque se tiende a discutir el plan desde el plan mismo.
    </p><p class="article-text">
        Es dif&iacute;cil no entrar al trapo del plan, est&aacute; todo dispuesto para que as&iacute; sea y es goloso hacerlo. Pero en su propio terreno, el plan tiene todas las de ganar. Si nos paramos en el detalle de la necesidad o no de un nuevo tramo de viario, el plan responder&aacute; que un estudio de flujos lo justifica como fundamental; si discutimos sus previsiones de crecimiento demogr&aacute;fico, se escudar&aacute; en su propio c&aacute;lculo estad&iacute;stico; si nos esforzamos en acumular un gran n&uacute;mero de alegaciones por plantilla, las despachar&aacute; de un plumazo como si fuesen una sola; y si aprovechamos el ajetreo para lanzar nuestras propuestas, har&aacute; o&iacute;dos sordos diciendo que no es el momento de hablar de ellas. Las cr&iacute;ticas y reivindicaciones pueden ir cargadas de raz&oacute;n, pero la burocracia del plan (aquellos que la manejan) se encargar&aacute; de volverlas inocuas.
    </p><p class="article-text">
        Para salir del terreno del plan es necesario ampliar el campo de visi&oacute;n reflexionando primero sobre qu&eacute; funci&oacute;n tiene la planificaci&oacute;n hoy en d&iacute;a. Dejemos de pensar por un momento en el modelo de ciudad que queremos para poner el ojo en el modelo de urbanismo que tenemos. Recapitular un poco deber&iacute;a ayudarnos a ver en qu&eacute; punto nos encontramos.
    </p><p class="article-text">
        La planificaci&oacute;n urban&iacute;stica nace en el arranque del siglo XX con la ciudad industrial. A lo largo del tiempo, la planificaci&oacute;n ha vivido muchos momentos de crisis y se ha mantenido en constante revisi&oacute;n. Se le ha discutido su visi&oacute;n sist&eacute;mica y la negaci&oacute;n que se hace del conflicto en pro de la funcionalidad (los primeros Castells o Sennett, entre otros), se le ha demandado una mayor atenci&oacute;n al entorno construido (urbanismo de la austeridad), se le ha reprochado el blindaje t&eacute;cnico como cortafuegos ante las problem&aacute;ticas sociales (advocacy planning), se ha intentado resolver su rigidez y salvar su distancia a la gesti&oacute;n (planificaci&oacute;n estrat&eacute;gica) y se ha buscado incorporar factores medioambientales que rompan la dualidad entre lo urbano y lo natural (planificaci&oacute;n del paisaje).
    </p><p class="article-text">
        Estas revisiones y otras tantas, algunas lanzadas a contracorriente y otras desde dentro de la disciplina, han calado m&aacute;s o menos en el planeamiento vigente. Unas mejoraron exitosamente los procedimientos, otras se asumieron y luego acabaron quedando obsoletas, otras est&aacute;n en v&iacute;as de consolidaci&oacute;n y otras son asignaturas pendientes. Pero despu&eacute;s de este periplo, la experiencia viene a indicar que la planificaci&oacute;n &ldquo;ortodoxa&rdquo; -aquella en la que pensamos cuando o&iacute;mos hablar de un plan general- queda relegada cada vez m&aacute;s al apartado normativo y a la fiscalizaci&oacute;n de la actividad urban&iacute;stica, deriv&aacute;ndose la gesti&oacute;n de la ciudad y el proyecto hacia otros instrumentos.
    </p><p class="article-text">
        Ante todo, el plan es el punto de encuentro entre el inter&eacute;s p&uacute;blico y el inter&eacute;s privado en materia de urbanismo. La regulaci&oacute;n de la actividad urban&iacute;stica en un pa&iacute;s en el que la mayor parte del suelo es de propiedad privada no es ninguna tonter&iacute;a. En un complicado ejercicio de equilibrio, el plan es un instrumento fundamental concebido para proteger el inter&eacute;s p&uacute;blico canalizando las omnipresentes expectativas particulares. Conviene tener esto en cuenta para separar discusiones, dado que el discurso alrededor de la obsolescencia del planeamiento suele confundir medios y fines generando confusiones.
    </p><p class="article-text">
        Cuando la aprobaci&oacute;n del nuevo PGOU parece imparable, antes de liarnos a discutir sobre la conveniencia o no de sus propuestas, deber&iacute;amos desentramar sus motivaciones. De todo lo que se mueve alrededor del PGOU, lo m&aacute;s preocupante es la unilateralidad con la que se ha impuesto, lo inoportuno del momento, la falta de consideraci&oacute;n hacia las demandas vecinales (la participaci&oacute;n encauzada a las alegaciones viene a significar &ldquo;tienes el derecho a expresarte, que yo el poder de decidir&rdquo;) y, muy especialmente, la opacidad y la falta de explicaciones sobre la oportunidad del plan, <a href="https://directa.cat/lultima-punyalada-de-rita-barbera" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">habiendo quien apunta a los favores al privado como una de las principales razones de esta aprobaci&oacute;n deprisa y corriendo</a>.
    </p><p class="article-text">
        Esta arrogancia no en una inclinaci&oacute;n &uacute;nica del Ayuntamiento de Valencia, sino que ha caracterizado in crescendo al grueso del urbanismo espa&ntilde;ol, t&aacute;chese de neoliberal o ll&aacute;mese a s&iacute; mismo socialista. Ocurre ahora y ha ocurrido cientos de veces por la absoluta dependencia que tenemos de la plusval&iacute;a, que exige tapar un urbanismo en el que el plato est&aacute; inclinado siempre a favor de quienes ponen las pesas en la balanza (pol&iacute;ticos y promotores, por si hay dudas).
    </p><p class="article-text">
        Mientras se nos ocurren formas alternativas de hacer ciudad m&aacute;s all&aacute; de poner un ladrillo sobre el otro, construir instrumentos m&aacute;s transparentes, con los que los beneficiados de cada decisi&oacute;n p&uacute;blica se identifiquen con siglas y apellidos, ser&iacute;a una buena manera de evitar expolios y empezar a poner en pie un urbanismo m&aacute;s social.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Chema Segovia]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/la-ciutat-construida/plan_132_4354741.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 24 Feb 2015 08:12:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Un plan para qué?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Urbanismo,Valencia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Desajustes urbanísticos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/la-ciutat-construida/desajustes-urbanisticos_132_4394907.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/59f7fc03-dd7d-479f-8fdd-ddeeb3cb7d4c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Desajustes urbanísticos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Somos presos de una disciplina tan obcecada en su aparente lógica que es incapaz de reconocer sus propios absurdos</p></div><p class="article-text">
        En su &uacute;ltimo tramo, el r&iacute;o Guadalmina hace de frontera entre los municipios malague&ntilde;os de Marbella y Estepona. Seg&uacute;n los correspondientes planes generales, el lado esteponero es suelo protegido; el marbell&iacute;, un golf resort. A trav&eacute;s de la intervenci&oacute;n administrativa, casi de forma art&iacute;stica, como una obra de <em>land art</em> <em>encontrada</em>, el cauce ha dejado de ser un elemento natural para convertirse en un desacuerdo pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Tengo esbozado un comienzo de archivo de este tipo de irracionalidades, he elegido la anterior para comenzar porque es de las m&aacute;s gr&aacute;ficas. La Comunidad Valenciana ofrece un pu&ntilde;ado de ejemplos. El reparto apretado de la huerta (&ldquo;la multitud de lugares forma una vistosa confusi&oacute;n, creyendo el observador que mira a una ciudad de cuatro leguas de di&aacute;metro&rdquo;, dijo Cavanilles en 1795), el desgobierno territorial consentido desde la Generalitat (&ldquo;consecuencia de una posici&oacute;n ideol&oacute;gica ultraliberal&rdquo; seg&uacute;n Eugenio Burriel) y un descocado chauvinismo municipal (gobiernos a golpe de proyecto y pol&iacute;tica de grandes eventos) chocan de frente en m&uacute;ltiples ocasiones con la delimitaci&oacute;n de t&eacute;rminos municipales, el reparto de competencias y la coordinaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En este art&iacute;culo esbozar&eacute; varios tipos de incongruencias frecuentes:
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&iacute;mites artificiales:</strong> Con la democracia cambi&oacute; la estructura administrativa y consecuentemente la del gobierno del territorio. A partir del Plan General de 1988, el planeamiento de Valencia ciudad dej&oacute; de tener marco comarcal para ce&ntilde;irse estrictamente al t&eacute;rmino municipal y, asumida la plena competencia urban&iacute;stica de los dem&aacute;s municipios, se delimit&oacute; el &Aacute;rea Metropolitana de Valencia. El AMV es una l&iacute;nea bastante borrosa en la actualidad dados los cambios en las din&aacute;micas urbanas, que no ha ido nunca mucho m&aacute;s all&aacute; del dibujo sobre plano y la ret&oacute;rica administrativa.
    </p><p class="article-text">
        A d&iacute;a de hoy, por ejemplo, la separaci&oacute;n entre Valencia y Burjassot ser&aacute; imperceptible al paseante a menos que &eacute;ste vaya en bici p&uacute;blica. Los 12 municipios del &aacute;rea metropolitana que ofrecen pr&eacute;stamo de bicicletas comparten tres gestores diferentes sin permitir intercambios entre ellos. Ese paseante deber&aacute; pedalear atento a la l&iacute;nea invisible que separa ambos municipios para bajarse de la bicicleta de JCDecaux y pasarse a una de Movus.
    </p><p class="article-text">
        Tiene algo de c&oacute;mico que los planes municipales, con sus discursos seguros, en&eacute;rgicos y de grandes ambiciones, comiencen siempre disculp&aacute;ndose por su incapacidad para responder a las exigencias metropolitanas. &ldquo;La anterior presunci&oacute;n tropieza con una dificultad instrumental: la dispersi&oacute;n actual de los mecanismos de poder (&hellip;) con &aacute;mbitos, competencias y orientaciones a menudo discordantes, cuando no abiertamente enfrentadas&rdquo;, dec&iacute;a el Ayuntamiento de Valencia cuando se aprobaba el PGOU de 1988. &ldquo;Es un hecho constatado que una buena parte de los problemas urban&iacute;sticos de la ciudad requieren un enfoque metropolitano. (&hellip;) Esta coordinaci&oacute;n tiene que partir de la definici&oacute;n del papel de cada municipio en el &aacute;rea y &eacute;sta probablemente sea la mayor dificultad&rdquo;, dice 25 a&ntilde;os despu&eacute;s la Revisi&oacute;n del Plan General. Es decir, la divisi&oacute;n administrativa del territorio es una precondici&oacute;n y no una respuesta a las necesidades. &ldquo;La mayor dificultad&rdquo; es liberarnos de un cors&eacute; que reconocidamente no tiene sentido.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Cruce de competencias:</strong> A lo largo del siglo XX, la ordenaci&oacute;n territorial se orient&oacute; hacia un modelo jerarquizado &ldquo;en cascada&rdquo;. El rigor t&eacute;cnico de la planificaci&oacute;n plantea una actuaci&oacute;n ordenada desde las escalas superiores a las inferiores. La realidad es que ese trabajo &ldquo;de arriba hacia abajo&rdquo; s&oacute;lo funciona te&oacute;ricamente. El urbanismo se hace de manera simult&aacute;nea desde escalas aparentemente lejanas pero interconectadas. Lo peque&ntilde;o tiene incidencia en lo grande y viceversa, provocando efectos en direcciones contrarias que de nuevo tropiezan con el obst&aacute;culo de una compartimentaci&oacute;n de decisiones estanca.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; por ejemplo, dado que el n&uacute;mero de coches que diariamente llegan a Valencia desde los municipios cercanos es excesivo para la infraestructura de la ciudad, el Plan de Movilidad Urbana Sostenible (PMUS), pensando desde la oferta, recomienda rebajar la entrada de veh&iacute;culos privados a la ciudad y hacer competitivo el transporte p&uacute;blico intermunicipal; y mientras tanto, el Ministerio de Fomento, atendiendo a la demanda, aumenta el n&uacute;mero de carriles de las principales v&iacute;as de acceso para que todos lleguemos con holgura.
    </p><p class="article-text">
        El cruce de competencias no s&oacute;lo da pie a actuaciones discordantes, sino tambi&eacute;n a la inacci&oacute;n. Esto ocurre con la huerta. Se est&aacute; criticando estos d&iacute;as la decisi&oacute;n del nuevo plan general de transformar otras 415 hect&aacute;reas de suelo agr&iacute;cola en suelo urbanizable. En realidad, la falta de miras del PGOU no es el problema, sino una de tantas consecuencias. La preservaci&oacute;n de la huerta lleva d&eacute;cadas transitando un camino de no retorno debido antes que nada al cacao administrativo al que est&aacute; expuesta. Enumeremos agentes: 44 ayuntamientos, Diputaci&oacute;n Provincial, 5 conseller&iacute;as, la Cuenca Hidr&aacute;ulica del J&uacute;car, 2 ministerios inversores, no s&eacute; cu&aacute;ntas comunidades regantes, el extinto Consell Metropolit&agrave; de L&rsquo;Horta y seguro que me dejo a alguno. Ese enjambre de departamentos sirve para pasarse la bola unos a otros, excusarse de la incompetencia individual y consentir mientras tanto la destrucci&oacute;n de un patrimonio natural irremplazable. Para colmo, en alg&uacute;n caj&oacute;n amarillea el Plan de la Huerta, publicado a bombo y platillo en 2008 pero nunca aprobado
    </p><p class="article-text">
        <strong>Modificaciones a antojo:</strong> Si un plan, aprobado o no, fuese garant&iacute;a de algo&hellip; El PGOU de 1988 se explayaba en hablar de la ciudad como un todo abstracto funcional y coherente. Se propon&iacute;a corregir desequilibrios, activar nuevas &aacute;reas de oportunidad, articular el conjunto urbano, completar bordes&hellip; Siempre preservando la rica identidad de los distritos (que no se diga). Poco despu&eacute;s, 700.000 m2 de suelo protegido pasaron de forma m&aacute;s que discutible a ser suelo urbanizable y la pedan&iacute;a de La Punta se cambi&oacute; por el descampado de la ZAL. Las modificaciones del Plan General no han sido ni una ni dos. Con la aprobaci&oacute;n de la Ley de Actividades Urban&iacute;sticas (1992) y la alfombra roja a los promotores que fueron los PAI, el parcheado fue cosa de diario. Entre 1994 y 2002 se tramitaron en Valencia m&aacute;s de 100 PAI. Esto dio lugar a un crecimiento atropellado por yuxtaposici&oacute;n de intervenciones, guiado por los intereses del mercado.
    </p><p class="article-text">
        La planificaci&oacute;n ha sido en la pr&aacute;ctica pura mantequilla e improvisaci&oacute;n. Y de alguna manera est&aacute; bien que sea as&iacute;, ninguna ley est&aacute; esculpida en roca. Lo que conviene es que lo reconozcamos abiertamente y nos dejemos de reescrituras a conveniencia y de tapadillo
    </p><p class="article-text">
        <strong>Disciplina anulando el debate: </strong>Departamentos, oficinas, estrategias, proyectos, planes aprobados, planes por aprobar, planes caducos, planes por revisar, planes por redactar, planes por tramitar, planes por inventar&hellip; La madeja est&aacute; tan enredada que no sabe ya uno d&oacute;nde est&aacute; la punta de la hebra que ayude a desliar. &iquest;Por d&oacute;nde empezar cuando la situaci&oacute;n est&aacute; tan viciada? En lugar de intentar pasar p&aacute;gina, se insiste en volver a escribir en la misma hoja, emborron&aacute;ndola a&uacute;n m&aacute;s. Los a&ntilde;adidos se pierden en el texto anterior, vi&eacute;ndose reducidos a parcheados.
    </p><p class="article-text">
        Da esa impresi&oacute;n el PMUS de Valencia, que incomprensiblemente est&aacute; desvinculado del planeamiento urbano. El PMUS es un plan aprobado, pero no de obligado cumplimiento. La Revisi&oacute;n del PGOU nos tranquiliza agradeciendo en su memoria &ldquo;el exhaustivo diagn&oacute;stico del PMUS y sus propuestas&rdquo;, poco m&aacute;s que una inspiraci&oacute;n para las actuaciones dictadas por el documento planificador. Siendo ben&eacute;volos, &iquest;no se est&aacute; haciendo la misma cosa dos veces? &iquest;Por qu&eacute; un documento espec&iacute;fico para la movilidad sostenible y no urbanismo sostenible de la cabeza a los pies?
    </p><p class="article-text">
        La separaci&oacute;n de tareas y lo sobredimensionado del planeamiento consienten e invitan a este tipo de remiendos parciales, sin dejar que se llegue a la ra&iacute;z del problema. La Revisi&oacute;n del Plan General llega armada de nuevos documentos: plan de participaci&oacute;n p&uacute;blica, memoria de evaluaci&oacute;n ambiental, estudio del paisaje&hellip; El trabajo es exhaustivo, no se deja nada fuera. &ldquo;&iexcl;Est&aacute; todo, mira!&rdquo;, parece decir. Pero la sensaci&oacute;n al mismo tiempo es que no hay nada. Que a pesar del espesor t&eacute;cnico, esa amplitud de campo es s&oacute;lo aparente y proclamativa. La memoria de la Revisi&oacute;n dice en su p&aacute;gina 1 que pretende &ldquo;poner en valor todos aquellos aspectos que hacen de Valencia una ciudad diferente y &uacute;nica, en particular (&hellip;) la Huerta&rdquo;. 415 hect&aacute;reas, lo dicho. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>&hellip; </strong>
    </p><p class="article-text">
        Los apartados que he planteado son incompletos y se solapan unos con otros, pero no hace falta ser exhaustivos para llegar a una conclusi&oacute;n: somos presos de un sistema sobretecnificado, tan obcecado en controlarlo todo que es incapaz de mirar de frente a la realidad construida y reconocer sus propios absurdos.
    </p><p class="article-text">
        La vida urbana se ha transformado en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas: La poblaci&oacute;n es cada vez m&aacute;s diversa, las relaciones sociales se multiplican, las identidades colectivas se reconfiguran, dan un paso adelante nuevos actores activos mientras que el papel del gobierno se debilita&hellip; La sociedad nunca ha sido una realidad est&aacute;tica, pero vivimos en un contexto especialmente burbujeante, agitado adem&aacute;s por la crisis.
    </p><p class="article-text">
        La ciudad ha empezado ahora a reivindicarse a pie de calle, desvelando la desconexi&oacute;n entre la ciudad planificada y la ciudad vivida. El trabajo que hacemos con La Ciudad Construida apunta a ese hueco abierto. Es especialmente importante trabajar en la construcci&oacute;n de canales, ampliar los espacios de participaci&oacute;n, profundizar en las nuevas formas de gobernanza, anteponer las necesidades sociales al aparato t&eacute;cnico. Es necesario que el urbanismo baje la mirada y toque suelo, porque la puntilla a todo lo anterior es que la ciudad ocurre &ldquo;a pesar de&rdquo;, siempre a ras de suelo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Chema Segovia]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/la-ciutat-construida/desajustes-urbanisticos_132_4394907.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 02 Feb 2015 06:21:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Desajustes urbanísticos]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El proyecto cultural]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/la-ciutat-construida/proyecto-cultural_132_4506103.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a6527aca-7a1e-400f-ad8a-efe6ab596b60_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El proyecto cultural"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los nuevos museos aspiran a convertirse en motores de desarrollo urbano</p></div><p class="article-text">
        Aunque jam&aacute;s ha estado quieta, la forma en la que la cultura es producida y consumida ha experimentado cambios particularmente importantes en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Sin perderme en explicaciones [1], me centrar&eacute; en el &aacute;mbito institucional y directamente llamar&eacute; la atenci&oacute;n hacia el inabarcable abanico de calificativos con los que se envuelven los centros culturales de apertura m&aacute;s reciente. F&aacute;brica de creaci&oacute;n, espacio de innovaci&oacute;n, laboratorio creativo, centro de producci&oacute;n e investigaci&oacute;n, centro de arte y tecnolog&iacute;a&hellip; Introduciendo t&eacute;rminos que remiten a lo industrial o incluso a la ciencia, la multitud de nuevas etiquetas &ndash;algo c&oacute;mica incluso- abre brecha con el museo tradicional. Donde aqu&eacute;l presentaba la cultura de un modo est&aacute;tico y distanciado, los nuevos centros culturales congenian m&aacute;s con el car&aacute;cter din&aacute;mico de la creatividad y la innovaci&oacute;n. El centro cultural contempor&aacute;neo no es s&oacute;lo un espacio as&eacute;ptico donde el p&uacute;blico pasea en silencio deleit&aacute;ndose con obras de arte expuestas en vitrinas, el centro cultural contempor&aacute;neo es productivo en nuevos t&eacute;rminos, el centro cultural contempor&aacute;neo &ldquo;sirve para algo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El panorama que exploran este tipo de centros es bastante interesante y se vincula a una serie de tendencias emergentes necesarias de atender. Sin embargo, la aparente especializaci&oacute;n que transmite la retah&iacute;la de apellidos de la que antes hablaba es algo enga&ntilde;osa. Como experiencias pioneras, el car&aacute;cter de la mayor&iacute;a de estos espacios es todav&iacute;a algo difuso, lo que no es malo. Sin embargo, si no queremos que acaben siendo espacios confusos, conviene hacer varias reflexiones. Me ce&ntilde;ir&eacute; ahora a lo que tiene que ver con la ciudad, el escenario que rodea a estos centros.
    </p><p class="article-text">
        Aunque s&oacute;lo lo conozco desde la distancia, hay un centro de cultura contempor&aacute;nea que me fascina que es el de Tabakalera en Donostia. La historia de Tabakalera est&aacute; pegada a la arquitectura, al urbanismo y a la ciudad. En primer lugar, Tabakalera &ndash;por ahora- no se acoge del todo al calificativo de &ldquo;centro&rdquo;, sino que pone sobre la mesa la idea de &ldquo;proyecto cultural&rdquo;. La gran peculiaridad de Tabakalera es que, cansada de los dilatados plazos de ejecuci&oacute;n que impone la construcci&oacute;n de cualquier infraestructura, comenz&oacute; a andar antes de que su sede principal estuviese lista. Durante las obras y sus retrasos, se entendi&oacute; que lo importante no es tanto el contenedor como los contenidos generados. El mientras tanto hasta la apertura de puertas dej&oacute; as&iacute; de entenderse como un tiempo no operativo y el proyecto cultural vio en el hecho de no tener paredes una oportunidad para presentarse a su entorno y trabajar los v&iacute;nculos son su contexto. Tabakalera act&uacute;a desde sedes provisionales, aprovechando espacios infrautilizados de la ciudad, o directamente a pie de calle. El no comenzar dentro de un edificio cerrado ha hecho que su actividad se derrame por la ciudad, haciendo de la cultura un elemento de transformaci&oacute;n urbana con incidencia en el espacio habitado. Al salir a la calle, Tabakalera se encontr&oacute; adem&aacute;s con las personas: talleres fotogr&aacute;ficos en los que los vecinos retratan su entorno cercano, paseos guiados por los espacios de oportunidad de la ciudad, acciones de dinamizaci&oacute;n del espacio p&uacute;blico, mapeos colectivos, debates a cielo abierto. El proyecto cultural de Tabakalera es un motor de desarrollo urbano para Donostia en contacto con la ciudadan&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        El ejemplo deber&iacute;a servir de inspiraci&oacute;n a otros centros culturales que trabajan con la cultura como recurso y no s&oacute;lo como sujeto; tambi&eacute;n a otras instituciones, como pueden ser las universidades, los equipamientos deportivos o las oficinas de atenci&oacute;n al ciudadano.
    </p><p class="article-text">
        En el caso de Valencia, y siguiendo con los equipamientos culturales, deber&iacute;amos preguntarnos si Las Naves no ser&iacute;an capaces de dar respuestas a la vida del Mar&iacute;timo o al descampado del PAI del Grao que tienen a la espalda; si La Rambleta no podr&iacute;a acercar Sant Marcel&middot;l&iacute; al centro y el centro a Sant Marcel&middot;l&iacute;; si el nuevo IVAM no puede revertir su hermetismo vincul&aacute;ndose al dinamismo cultural de base que inunda el barrio del Carmen; si la pr&oacute;xima reconversi&oacute;n de Bombas Gens en centro cultural no deber&iacute;a proponerse perfilar el desconocido y muy valioso patrimonio social de los barrios de Valencia Norte.
    </p><p class="article-text">
        Ligar la actividad de estos elementos con el territorio de forma directa act&uacute;a como refuerzo mutuo y genera adem&aacute;s grandes externalidades positivas. En un mundo en el que la econom&iacute;a de los intangibles comienza a presentarse como alternativa al desarrollo obcecado con los retornos de capital y el urbanismo necesita encontrar din&aacute;micas de trabajo m&aacute;s transversales, los centros culturales son focos de oportunidad para el ensayo de nuevas formas de hacer ciudad que trabajen la identidad urbana, la cohesi&oacute;n social o la participaci&oacute;n ciudadana desde la econom&iacute;a de la cultura. La ciudad construida pide a los nuevos museos proyectos culturales que la tengan en cuenta y trabajen con y para ella.
    </p><p class="article-text">
        [1] Estos temas son tratados en profundidad en la publicaci&oacute;n &ldquo;ESPACIOS para la innovaci&oacute;n, la creatividad y la cultura&rdquo;; un proyecto del equipo de investigaci&oacute;n Econcult (Universidad de Valencia) que ver&aacute; la luz a principios del pr&oacute;ximo a&ntilde;o.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Chema Segovia]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/la-ciutat-construida/proyecto-cultural_132_4506103.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 20 Nov 2014 10:40:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El proyecto cultural]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De la inhumanidad del bolardo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/la-ciutat-construida/inhumanidad-bolardo_132_4601847.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/79f4694a-e73d-4820-a7b6-902998b66a16_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De la inhumanidad del bolardo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Desde dónde se piensan los atributos que afectan al diseño urbano?</p></div><p class="article-text">
        Hace un par de semanas iba por Calle Baja charlando con Ramon. &Eacute;l caminaba por el interior de la l&iacute;nea de escasa anchura que marcan los bolardos con respecto a la fachada y yo iba del otro lado. En &eacute;sas, una moto que ven&iacute;a de frente a nosotros en la calle vac&iacute;a se desvi&oacute; de su trayectoria ajustando su paso todo lo que pudo a mi cuerpo. El motorista par&oacute; ocho metros a nuestra espalda, se gir&oacute; y alz&oacute; la voz diciendo: <em>&ldquo;Qu&iacute;tate de la carretera, &iquest;no ves que est&aacute;s en medio?&rdquo;. </em>Yo, que reconozco ser bastante ingenuo, le respond&iacute; con una sonrisa y alzando la mano a modo de despedida mientras &eacute;l volv&iacute;a a poner en marcha su moto y se alejaba. Pens&eacute; que el tipo era un amigo de Ramon, que nos acaba de gastar una broma a modo de saludo. Pero result&oacute; que no. Por lo visto, aquel absurdo iba en serio.
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Qu&iacute;tate de la carretera&rdquo;</em>. A ver&hellip; Una carretera es un camino dispuesto al tr&aacute;nsito de veh&iacute;culos a motor. La Calle Baja, como cualquier otra calle en cualquier centro hist&oacute;rico, para lo &uacute;ltimo para lo que fue dispuesta es para que pasasen coches. Ni siquiera tiene calzada, est&aacute; adoquinada de principio a fin sin diferenciar niveles. &iquest;C&oacute;mo puede ser entonces entendida por algunos como una carretera? El secreto es sencillo: Los bolardos.
    </p><p class="article-text">
        Esos &lsquo;cachirulos&rsquo;, &lsquo;pirindolos&rsquo;, &lsquo;pilones&rsquo;, &lsquo;pivotes&rsquo; o &lsquo;palotes&rsquo; son sin lugar a dudas el elemento de mobiliario urbano que aparece en mayor n&uacute;mero en nuestras ciudades. Nos hemos acostumbrado a la soluci&oacute;n tipo del palitroque de acero que impide que el coche aparque sobre la acera, y por el camino, nos hemos olvidado de una peculiaridad fundamental: El dise&ntilde;o del elemento est&aacute; pensado exclusivamente desde el coche. Consecuentemente, al implantarlo en un lugar cual sea, est&aacute;s introduciendo en ese lugar atributos relacionados con el coche. Es decir, est&aacute;s convirtiendo una calle de un centro hist&oacute;rico en una carretera. Los bolardos son otro de los yugos que en la ciudad nos echa al cuello el veh&iacute;culo privado.
    </p><p class="article-text">
        D&iacute;as antes del Corpus, se me aceler&oacute; el coraz&oacute;n cuando paseando por las calles Avellanes y Serranos vi que hab&iacute;an desaparecido los bolardos. Aquello era un regalo a la vida. La calle parec&iacute;a otra, el doble de ancha, m&aacute;s despejada, m&aacute;s bonita, m&aacute;s limpia, m&aacute;s luminosa y m&aacute;s todo. Hasta la gente que paseaba por all&iacute; parec&iacute;a m&aacute;s guapa, lo digo en serio. &iexcl;Y hab&iacute;a sido tan f&aacute;cil! &iexcl;Los hab&iacute;an quitado y se acab&oacute;! En aquella ocasi&oacute;n, paseaba con Rosario. A mi alegre efusividad, ella respondi&oacute;: <em>&ldquo;Cu&iacute;date, que todav&iacute;a los vuelven a poner&rdquo;</em>. Yo me tap&eacute; los o&iacute;dos, fui tajante en que aquella vuelta atr&aacute;s era imposible, insist&iacute; en que esa conquista no nos la quitaba nadie, apoy&eacute; rodilla en tierra y toqu&eacute; con mis dedos los tornillos cortados se&ntilde;alando las marcas de una batalla ganada <em>(&ldquo;&iquest;Lo ves, Rosario?&rdquo;)</em>. Pero no. De la noche a la ma&ntilde;ana, los bolardos fueron replantados en n&uacute;mero exacto, volviendo con la misma facilidad con la que se fueron, record&aacute;ndome una vez m&aacute;s lo ingenuo que soy a la hora de valorar la sensatez universal. Nuestro s&iacute;ndrome de Estocolmo con el coche parece irreversible.
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Si el bolardo evita que el coche se suba a la acera, bienvenido sea como mal menor&rdquo;,</em> <a href="https://www.facebook.com/lambaixada/photos/a.298446860173704.76239.219374154747642/838809769470741/?type=1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">nos dec&iacute;an hace poco al hilo del debate</a>. Cierto, acepto esa base. A fuerza de desenga&ntilde;os he dejado de creer en la sensatez universal, a partir de ahora ya no ser&eacute; un ingenuo. No voy a pedir que los conductores inc&iacute;vicos monten el coche donde les salga del pilote sin pensar en los dem&aacute;s. Ahora, propongo una revoluci&oacute;n: Repensemos el bolardo.
    </p><p class="article-text">
        Es muy sencillo, ver&eacute;is. El problema est&aacute; en los atributos del dise&ntilde;o, en eso de ser un elemento pensado desde el coche. Pensemos los bolardos &ndash;y de paso el resto de trastos que pueblan el espacio p&uacute;blico- desde las personas. Lo que digo suena marciano, pero hay ejemplos que ya lo han hecho. <a href="http://i.imgur.com/FoLqKAH.jpg" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Nuestros bolardos favoritos son los de la Plaza de la Alameda en Sevilla</a>, que permiten que las personas se sienten sobre ellos. Detalles as&iacute; y que la pavimentaci&oacute;n no haga diferencias pase o no pase el veh&iacute;culo a motor, hacen que se asuma la prioridad de las personas en todo el espacio. La plaza y los elementos que en ella se disponen est&aacute;n pensados desde las personas, y por lo tanto, el lugar es, antes que nada, para las personas. Los coches no tienen nada que hacer frente a esto, aqu&iacute; s&iacute; que no hay mus.
    </p><p class="article-text">
        Recordando los bolardos &ldquo;humanizados&rdquo; de la Alameda &ndash;hasta se merecen un nombre m&aacute;s digno-, me viene a la memoria un conductor que tras la reforma de la plaza sevillana advert&iacute;a con mucha preocupaci&oacute;n de que eso de que la gente se sentase en los bolardos provocar&iacute;a atropellos y accidentes, que aquello era un peligro. Un conductor concienciado con la seguridad peatonal, como el motorista del principio, aqu&eacute;l que se tom&oacute; la molestia de parar para recomendarme que caminase sin sobrepasar la l&iacute;nea de seguridad. Seguro que ellos estar&iacute;an a favor de sustituir los bolardos directamente por quitamiedos. Desde aqu&iacute;, les damos las gracias.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, <a href="http://www.eldiario.es/cv/laciudadconstruida/conquista-espacio_6_267083297.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">como ya hemos se&ntilde;alado otras veces</a>, la convivencia en el espacio p&uacute;blico, el orden compartido y la gesti&oacute;n de los conflictos en el uso de la ciudad son formas de conseguir que la ciudadan&iacute;a &ndash;de la que tambi&eacute;n forman parte los conductores- tome conciencia de que la calle es el espacio de contacto social por excelencia. Que no suene maniqueo, pero los contextos gu&iacute;an los comportamientos. Pensemos el espacio p&uacute;blico a escala humana y conseguiremos que los coches se comporten humanamente con nosotros.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Chema Segovia]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/la-ciutat-construida/inhumanidad-bolardo_132_4601847.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 06 Oct 2014 06:28:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De la inhumanidad del bolardo]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Del plan al proceso. El valor del trayecto.]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/la-ciutat-construida/plan-proceso-valor-trayecto_132_4796038.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/75c028cb-1136-40d9-84ce-bf8fd44d8c72_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Del plan al proceso. El valor del trayecto."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Del urbanismo unidireccional dirigido al futuro a las acciones compartidas en tiempo presente.</p></div><p class="article-text">
        El planeamiento, como instrumento vigente a la hora de hacer ciudad, nos ha acostumbrado a formular lo urbano en tiempo futuro. So&ntilde;ando con el ideal imposible de una ciudad terminada y est&aacute;tica, el Plan dibuja un punto final en el que todo cuadra y todo funciona. Los planos de ordenaci&oacute;n colocan meticulosamente cada cosa en su debido lugar, la maqueta nos permite observar desde lo alto la cuidada proporci&oacute;n de la intervenci&oacute;n, los renders recrean virtualmente el atractivo de la ciudad por llegar. A medida que el camino que lleva hacia ese punto final se hace m&aacute;s dif&iacute;cil de transitar (escasez de recursos, desacuerdos ciudadanos, errores de c&aacute;lculo y previsi&oacute;n, etc.), el plan necesita cerrar los ojos a esos obst&aacute;culos e imprevistos naturales a los que es incapaz de dar respuesta.
    </p><p class="article-text">
        El escenario urbano actual contrapone a este modelo el de la Ciudad Construida. Ahora que el desfase temporal entre los planes y su ejecuci&oacute;n efectiva se eterniza hasta hacerlos obsoletos, es hora de buscar respuestas &aacute;giles y r&aacute;pidas a las necesidades de nuestras ciudades. En contraste con aquella ciudad del planeamiento concentrada en crecer ordenadamente seg&uacute;n lo pautado, la ciudad de hoy exige ser pensada desde su realidad construida como escenario de la vida ciudadana.
    </p><p class="article-text">
        Una de las grandes exigencias ante las que se enfrenta el urbanismo contempor&aacute;neo es la necesidad de anteponer el tiempo presente a la promesa de futuro. Al cambio de enfoque que planteamos lo venimos llamando &lsquo;del plan al proceso&rsquo; y podr&iacute;a estar contenido en el siguiente listado de dualidades:<strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>A. Futuro - Presente:</strong> <em>Los tempos han cambiado</em>. Ante la eternizaci&oacute;n del gap entre proyecto y ejecuci&oacute;n, el urbanismo necesita ganar agilidad de respuesta. No se trata de caer en cortoplacismos, sino de comprometerse con el presente de la ciudad buscando nuevas formas de acci&oacute;n m&aacute;s inmediatas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>B. Hegem&oacute;nico - Compartido:</strong> <em>&ldquo;El Ayuntamiento de la ciudad desvelar&aacute; hoy el dise&ntilde;o de la nueva plaza&rdquo;, </em>rezaba un titular. El urbanismo necesita huir de la falsa generosidad y el paternalismo pol&iacute;ticos. La ciudad la hacemos las personas al vivirla d&iacute;a a d&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>C. Decidir - Acordar:</strong> Para la ciudad no existe una soluci&oacute;n &uacute;nica capaz de responder de manera total y uniforme a la mara&ntilde;a de exigencias que en ella se plantean. Por eso, dar con una de las muchas soluciones posibles es m&aacute;s enga&ntilde;osamente sencillo y menos meritorio que lograr acotar un problema existente. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>D. Vertical - Horizontal:</strong> Frente a la monograf&iacute;a de autor y el aval del reconocido prestigio, creemos que el t&eacute;cnico debe actuar como mediador o facilitador. Nuestro trabajo pide desdibujar ciertas jerarqu&iacute;as y necesita posibilitar una comunicaci&oacute;n m&aacute;s directa. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>E. Nowhere - Aqu&iacute;:</strong> El fracaso de los modelos descontextualizados de posicionamiento global ha evidenciado que no hay mejor fuente de competitividad que descubrir lo que nos hace &uacute;nicos. La manera m&aacute;s inteligente de diferenciarse es ser uno mismo, sin vestirnos de seda.
    </p><p class="article-text">
        <strong>F. Uniforme - Diverso:</strong> La voluntad de orden y coherencia de la planificaci&oacute;n acaba cayendo en parcialidades e imponiendo homogeneidad. La ciudad se construye en base a c&oacute;mo es imaginada. &iquest;En qu&eacute; ciudad pensamos cuando hablamos de nuestra ciudad? &iquest;Qu&eacute; conciencia tenemos de su diversidad? 
    </p><p class="article-text">
        <strong>G. Consulta - Implicaci&oacute;n: </strong>Frente a soluciones individualizadas por los t&eacute;cnicos y presentadas a la ciudadan&iacute;a ya cerradas, el trabajo compartido nos parece m&aacute;s fiable y mejor. La participaci&oacute;n ciudadana no es un tr&aacute;mite ni un peaje, sino que genera un alto valor a&ntilde;adido. Dicho esto, cabe pensar y mucho en c&oacute;mo debe construirse el espacio de participaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>H. Soluci&oacute;n - Aproximaci&oacute;n:</strong> Para el plan existen dos momentos fundamentales: cuando nada hab&iacute;a y el acto de inauguraci&oacute;n, cuando las obras al fin est&aacute;n terminadas. El proceso en cambio se plantea c&oacute;mo aprovechar el tiempo del trayecto. El durante puede servir para ensayar soluciones, evaluar medidas y reorientarlas, comunicar a la ciudadan&iacute;a e implicarla, generar costumbre y fomentar el cambio de h&aacute;bitos. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>I. Mientras tanto - Ahora:</strong> Frente a situaciones permanentemente transitorias, proponemos estrategias de activaci&oacute;n inmediata. Edificios infrautilizados, infraestructura obsoleta, obras inacabadas, descampados y solares&hellip; Lo que para el plan son problemas, para el proceso son espacios de oportunidad. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>J. Dise&ntilde;o - Uso:</strong> El dise&ntilde;o debe ponerse al servicio del uso. El uso da sentido al dise&ntilde;o. Admiramos aquellos ejemplos en los que la econom&iacute;a de gestos resuelve un espacio. El enorme desaf&iacute;o de dar con la medida exacta. Lograr que las personas lleguen incluso a hacer desaparecer el escenario como &eacute;xito definitivo. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>K. Cerrado - Abierto:</strong> No estar&iacute;a mal vencer un poco nuestra aversi&oacute;n al error y abrirnos al ensayo. La ciudad, como construcci&oacute;n derivativa, se siente m&aacute;s c&oacute;moda en la tranquilidad del replanteo y el optimismo de la mejora continua. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>L. Permanencia - Temporalidad:</strong> Los ritmos de la ciudad nunca son fijos. La ciudad tiene sus propios horarios, apetitos y estaciones. Frente a la ciudad est&aacute;tica del plan, el proceso trabaja con una ciudad cambiante, capaz de adaptarse a la variabilidad de la vida que en ella se desarrolla. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>M. Hardware - Software:</strong> Del error de anteponer la importancia del dise&ntilde;o a la del uso viene el ensimismamiento en la arquitectura y la ciudad formal, cayendo en entenderlas de forma aislada de las relaciones sociales que se construyen alrededor de ellas. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>N. L&iacute;mites - &Aacute;mbito:</strong> Del plan tambi&eacute;n es propia la inclinaci&oacute;n hacia la intervenci&oacute;n acotada. El per&iacute;metro de intervenci&oacute;n cerrado es una garant&iacute;a de control. En cambio, a la definici&oacute;n de un &aacute;mbito se hace m&aacute;s apropiada la l&iacute;nea discontinua. El &aacute;rea de acci&oacute;n se hace permeable a lo que ocurre en su entorno, permitiendo el refuerzo mutuo entre el dentro y el fuera. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>O. A&eacute;reo - Pedestre:</strong> El modo en que nos relacionamos con la ciudad es la base de c&oacute;mo luego trabajamos para ella. El plan mira la tierra desde el cielo, dibujando sobre un plano general una ciudad ordenada con la seguridad que da la gran escala. En su lugar, la mirada a ras de suelo del proceso se sit&uacute;a m&aacute;s cerca del acto de habitar y usar la ciudad. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>P. Institucional - Espont&aacute;neo:</strong> <a href="http://www.eldiario.es/cv/laciudadconstruida/gobierno-sumergido-participacion-buenista_6_269183117.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Habl&aacute;bamos de esto en uno de nuestros &uacute;ltimos art&iacute;culos</a>. &iquest;C&oacute;mo canalizar acciones de desarrollo urbano espont&aacute;neas, contagiando a las pol&iacute;ticas urbanas de su vitalidad, e incentivarlas sin caer en desactivarlas? 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Q. Ritualizado - Desprejuiciado:</strong> Liber&eacute;monos de la fingida solemnidad con la que el relato oficial envuelve la historia de la ciudad. Como obra colectiva, en la ciudad se agolpan infinidad de modos de entender lo urbano, aciertos y errores. Entender la ciudad como campo de posibilidades es una invitaci&oacute;n a discutirla y a pensarla, a sentirnos sus protagonistas y a disfrutar de ella con desinhibici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <em>Este art&iacute;culo resume la presentaci&oacute;n de la Ciudad Construida dentro del workshop de URBEGO &lsquo;Youth Engagement Index&rsquo;, celebrado en Valencia entre el 28 de febrero y el 2 de marzo de 2014 (Enlace a diapositivas). Adem&aacute;s, sirve de avance al #demos6, &lsquo;Del pla urban&iacute;stic al proc&eacute;s ciutad&agrave;&rsquo; (D. Estal, R. Marrades y Ch. Segovia, 2014), de pr&oacute;xima publicaci&oacute;n en Fundaci&oacute; Nexe.</em><a href="https://drive.google.com/file/d/0B6uST4Egqr2GOHpuajMyU25TVjQ/edit?usp=sharing" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">(Enlace a diapositivas)</a><a href="http://www.verkami.com/projects/8313-la-ciutat-construida-del-pla-urbanistic-al-proces-ciutada-demos6" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&lsquo;Del pla urban&iacute;stic al proc&eacute;s ciutad&agrave;&rsquo;</a><a href="http://www.fundacionexe.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Fundaci&oacute; Nexe</a> 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Chema Segovia]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/la-ciutat-construida/plan-proceso-valor-trayecto_132_4796038.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 25 Jun 2014 07:47:08 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Del plan al proceso. El valor del trayecto.]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La conquista del espacio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/la-ciutat-construida/conquista-espacio_132_4840193.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7cb74d23-6650-485a-913f-e663ebad5081_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La conquista del espacio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tres episodios en los que las personas le discuten el espacio de la calle al coche</p></div><p class="article-text">
        <strong>El pasado 1 de junio,</strong> a lo largo de toda la ma&ntilde;ana del domingo, la Trobada de la Escola Valenciana cerr&oacute; al tr&aacute;fico el tramo de Guillem de Castro que va desde las Torres de Quart hasta el Centro Cultural de la Beneficencia. La acci&oacute;n tuvo un gran inter&eacute;s. Poder estar tranquilamente sobre la calzada, entre personas que se encontraban, charlaban y paseaban curioseando aqu&iacute; y all&aacute;, invitaba a prestar atenci&oacute;n a la frondosa cobertura que dan los &aacute;rboles de ese tramo, a apreciar la generosa anchura de un espacio que estamos acostumbrados a usar caminando por sus estrechas aceras, a percibir su agradable longitud a pie &ndash;muy diferente de su longitud si vas en coche- cuando caminas sin sem&aacute;foros que te detengan y experimentas el espacio de manera continua. Todo era tan sensato que no tardaba uno un segundo en olvidarse de que alguna vez all&iacute; hubo coches. Cortar el tr&aacute;fico temporalmente y entregar la calzada a los viandantes es una acci&oacute;n extremadamente sencilla &ndash;y mucho menos traum&aacute;tica de lo que habitualmente se cree- capaz de producir una radical transformaci&oacute;n de la ciudad. Discuti&eacute;ndole el espacio al tr&aacute;fico a motor, el cierre temporal de Guillem de Castro permiti&oacute; que durante un instante dej&aacute;semos de ver ese tramo de la ronda interior como una infraestructura para descubrir sus posibilidades como lugar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El espacio p&uacute;blico</strong> como lugar y no como infraestructura&hellip; Cuando era estudiante, un profesor me hizo hacer un ejercicio que consisti&oacute; en recorrer la distancia entre dos puntos de la ciudad fotografiando los elementos que pautaban la calle y condicionaban mis movimientos al andar. Todos fueron de lo m&aacute;s habituales, pero como ocurre con todo aquello a lo que estamos acostumbrados, mirarlos con atenci&oacute;n hac&iacute;a reflexionar. Sem&aacute;foros, pasos de peatones, se&ntilde;ales de tr&aacute;fico, paneles publicitarios, cruces, isletas y la misma acera. Estos elementos y otros tantos conforman un c&oacute;digo de uso que en origen pertenece al tr&aacute;fico rodado, pi&eacute;nsenlo. Al imponernos este c&oacute;digo, las personas acabamos movi&eacute;ndonos como coches, con el achaque de ser enormemente m&aacute;s fr&aacute;giles que los coches, claro. El tr&aacute;fico a motor gana autoridad en la ciudad, el coche nos gana la mano. Una pr&aacute;ctica que cuestiona el estatus quo del tr&aacute;fico a motor en la ciudad y trata de establecer un uso m&aacute;s equilibrado del espacio p&uacute;blico entre las distintas formas de movilidad es el llamado <em>shared space</em>. Esta pr&aacute;ctica consiste en eliminar de las calles toda la se&ntilde;alizaci&oacute;n posible, en enrasar aceras y calzadas, en eliminar la l&iacute;nea de separaci&oacute;n entre carriles; dicho con profundidad: en liberarnos del c&oacute;digo de uso que nos impone el coche, en pagarle con su misma moneda y hacerle aprender de la naturalidad con la que nos movemos las personas, sin necesidad de un pu&ntilde;ado de flechas y l&iacute;neas que nos digan que tenemos que ir por aqu&iacute; y no por all&aacute;. Si el peat&oacute;n impone al coche su manera de usar el espacio p&uacute;blico, mucho m&aacute;s indeterminada y menos abusiva, el coche se ve obligado a ser m&aacute;s atento y respetuoso con el peat&oacute;n. Hay que educar al coche, un ni&ntilde;o consentido al que hemos mimado en exceso.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El mercado dominical</strong> de Sant Antoni es de los proyectos m&aacute;s sencillos y sugerentes que haya visto en mucho tiempo. Cada domingo, en la calle Conde de Urgell de Barcelona, se corta el tr&aacute;fico entre dos manzanas del ensanche para montar un mercado de libros usados. Que el comercio ocupe temporalmente la calle es algo que vemos a diario en cualquiera de nuestras ciudades, pero Sant Antoni tiene algo que lo hace especial. El espacio que ocupa el mercado queda recogido bajo una estructura met&aacute;lica que se apoya en las aceras y cubre la calzada. Esta estructura es permanente. Durante la semana, los coches pasan bajo la gran cubierta, en la que, con rotundas letras amarillas, se lee &lsquo;Sant Antoni Dominical&rsquo;. A decir verdad, el espacio fuera de los domingos tampoco es que tenga mucha gracia, lo que me parece atrevido es que la cubierta preserve la posici&oacute;n del mercado a lo largo de toda la semana. El proyecto me gusta porque se rebela frente a la categorizaci&oacute;n del espacio p&uacute;blico y desliza una ambig&uuml;edad sensible a los ritmos de la ciudad. Al cruzar Conde Urgell velozmente en coche, la presencia de la cubierta del Dominical nos recuerda: &lsquo;esta calle es un mercado, sea o no sea domingo&rsquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Chema Segovia]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/la-ciutat-construida/conquista-espacio_132_4840193.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 03 Jun 2014 08:53:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La conquista del espacio]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Do you pop-up? Yes, I low cost]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/la-ciutat-construida/do-pop-up-yes-low-cost_132_4906410.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e4cd5f48-97df-4548-b854-db351b2ad806_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Do you pop-up? Yes, I low cost"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una reflexión en profundidad en defensa de varios conceptos de interés en riesgo de convertirse en un lugar común</p></div><p class="article-text">
        El pasado 20 de Marzo fuimos invitados a participar en <a href="http://zaragozaprensa.com/2014/03/19/jornada-monografica-de-estudio-debate-e-intercambio-de-experiencias-sobre-el-proyecto-comercial-del-entorno-de-la-estacion-del-norte/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&lsquo;Pop-Up F&oacute;rum 2014&rsquo;</a>, una jornada organizada por el Ayuntamiento de Zaragoza -que puede presumir de haber impulsado pol&iacute;ticas p&uacute;blicas como <a href="https://estonoesunsolar.wordpress.com/2009/09/17/100-utilizados/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estonoesunsolar</a> o <a href="https://www.zaragoza.es/ciudad/sectores/activa/somos.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Zaragoza Activa</a>- en la que se presentaron una decena de iniciativas relacionadas por plantear nuevas formas de entender el espacio comercial y la actividad que en &eacute;l se desarrolla. El t&iacute;tulo del encuentro y varios momentos del debate incitaron una reflexi&oacute;n...
    </p><p class="article-text">
        De entre el incuantificable l&eacute;xico que &uacute;ltimamente produce el urbanismo (la crisis de la disciplina queda tambi&eacute;n reflejada en la excesiva preocupaci&oacute;n por renovar su vocabulario), el t&eacute;rmino <em>&lsquo;pop-up&rsquo; </em>ha sido trasvasado casi del todo del discurso general para utilizarse particularmente al hablar de comercio (el evento ef&iacute;mero y excepcional se ofrece a ser presentado como campa&ntilde;a de marketing y experiencia de consumo). Esto no es negativo de partida, el comercio es una de las piezas fundamentales en el &aacute;mbito de la ciudad y como tal hace bien en jugar de sus teor&iacute;as. S&iacute; es oportuno tener presente la ra&iacute;z de estas ideas, que tienen m&aacute;s de medio que de fin, para saber sobre qu&eacute; necesidades se plantean, ser conscientes del alcance de lo que se est&aacute; trabajando y as&iacute; salvar el riesgo de acabar reduciendo experiencias de valor a simples tendencias.
    </p><p class="article-text">
        El <em>pop-up </em>viene a sumarse a un repertorio de conceptos inaugurado quiz&aacute; por la <a href="http://albertillo91.files.wordpress.com/2013/02/instant-city-archigram1.jpg" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Instant City</a> de Archigram, una utop&iacute;a futurista que en los 60 se desentend&iacute;a de la fijaci&oacute;n de la arquitectura por lo s&oacute;lido y lo permanente planteando una ciudad flexible, que cambia de forma en funci&oacute;n del momento, ofreci&eacute;ndose por entero a la vibrante actividad que en ella se desarrolla, pudiendo incluso llegar a desaparecer si esta actividad se desplazase a otro lugar. Lo ef&iacute;mero, lo transitorio, lo eventual, lo port&aacute;til, lo desmontable&hellip; todos estos conceptos nos hacen ver que lo importante no es tanto el escenario sino lo que en &eacute;l sucede. Mientras que el primero se relaciona con lo construido, lo segundo atiende principalmente al uso. Uno hace importante al edificio, consumiendo recursos que a d&iacute;a de hoy se saben escasos; el otro es un material de trabajo de disponibilidad inmediata que adem&aacute;s da protagonismo al usuario, es decir, a las personas.
    </p><p class="article-text">
        Otro concepto que durante la sesi&oacute;n se asoci&oacute; recurrentemente al de &lsquo;<em>pop-up&rsquo; </em>y otro lugar com&uacute;n que ha perdido buena parte de lo que podr&iacute;a contener es el de <em>&lsquo;low cost&rsquo;</em> (que conste que no comulgo con este vocabulario). Aqu&iacute; podemos se&ntilde;alar como posibles pioneros a los huertos urbanos de <a href="http://www.terra.org/categorias/articulos/green-guerilla" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Green Guerrillas</a> en Nueva York o tirar de referentes m&aacute;s cercanos en el tiempo y la geograf&iacute;a como las <a href="http://www.recetasurbanas.net/v3/index.php/es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Recetas Urbanas</a> autoconstruibles del sevillano Santiago Cirugeda. Que en estos casos se trabaje en solares, con andamios, con <em>palets</em> o plantando verduras son aspectos meramente coyunturales: simplemente se hace uso de los recursos de los que se dispone de la mejor manera posible. De hecho, la gran mayor&iacute;a de soluciones <em>low cost</em>, llanas y resolutivas, sin alardes t&eacute;cnicos, extra&iacute;das de los manuales no escritos de la arquitectura sin arquitectos, nacen como respuesta no institucional a las carencias de la administraci&oacute;n. El <em>low cost</em> no debe ser entendido como &lsquo;la modernez de la escasez&rsquo;, sino como la inteligencia del gasto exacto. M&aacute;s que en su radical est&eacute;tica, deber&iacute;amos poner el ojo en el amplio retorno que muchas acciones <em>low cost</em> son capaces de provocar con pocos medios. Su secreto se sostiene por lo general en la implicaci&oacute;n colectiva.
    </p><p class="article-text">
        Un ejemplo m&aacute;s del que aprender, a&uacute;n m&aacute;s cerca. En Valencia, el <a href="http://www.mercadodetapineria.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Mercado de Tapiner&iacute;a</a> se ha consolidado en menos de un a&ntilde;o como una de las iniciativas de comercio <em>pop-up</em> m&aacute;s exitosas del pa&iacute;s. Su enorme m&eacute;rito reside en su capacidad para generar actividad -y contagiarla a su entorno- en un espacio construido que de otra manera estar&iacute;a a&ntilde;os con el cartel de &lsquo;se alquila&rsquo; colgado a la espera de habitantes. Tapiner&iacute;a sali&oacute; a buscarlos bas&aacute;ndose en un marco de gesti&oacute;n particular que facilita el acceso a un espacio de venta a comerciantes con necesidades no tradicionales. Es secundario que sus paredes no est&eacute;n enlucidas y las instalaciones a la vista, que lo que se venda sea caro o barato, que all&iacute; se respire un aire <em>cool </em>en el que muchos no nos sentimos c&oacute;modos, que todo parezca una puesta en escena calculada para vender. El Mercado de Tapiner&iacute;a debe ser mirado como referente por buscar f&oacute;rmulas para activar la ciudad cuando durante d&eacute;cadas se ha pensado simplemente en construirla.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Chema Segovia]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/la-ciutat-construida/do-pop-up-yes-low-cost_132_4906410.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 29 Apr 2014 08:18:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Do you pop-up? Yes, I low cost]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Valencia Norte, la libertad de los fragmentos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/la-ciutat-construida/valencia-norte-libertad-fragmentos_132_4971249.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5396f3cc-a97d-4f84-a1e6-a60ed72f4985_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Valencia Norte, la libertad de los fragmentos"></p><p class="article-text">
        El pasado 22 de febrero, hicimos de gu&iacute;as invitados en el primer Open Tour convocado por <a href="http://www.ga-valencia.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">GA Valencia</a> en lo que va de a&ntilde;o. El paseo que propusimos, cuya intenci&oacute;n explicar&eacute; m&aacute;s adelante, hizo de respuesta a otro planteado por David Estal en diciembre de 2012. En aqu&eacute;l, titulado <a href="http://www.flickr.com/photos/ga-valencia/sets/72157632295779500/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&lsquo;De Sant Vicent a San Vicente&rsquo;</a>, se camin&oacute; la calle San Vicente M&aacute;rtir de extremo a extremo, partiendo de la Plaza de la Virgen hasta llegar a la Cruz del Camino de X&agrave;tiva. Desde el centro mismo de Ciutat Vella hasta casi salir de la ciudad, avanzando en l&iacute;nea recta, la calle San Vicente sirvi&oacute; de hilo de lectura y comprensi&oacute;n del crecimiento de la ciudad en su alejarse del antiguo cauce del Turia hacia el sur. La ciudad hist&oacute;rica, la reforma interior, las rondas, el ensanche, los pol&iacute;gonos de viviendas, el suelo industrial enquistado en el crecimiento urbano, la periferia contempor&aacute;nea: A lo largo de San Vicente, Valencia se lee como una concatenaci&oacute;n de tiempos a los que la historia da sentido l&oacute;gico conc&eacute;ntrico.
    </p><p class="article-text">
        Cuando a finales del s. XIX - comienzos del XX la ciudad empez&oacute; a plantearse seguir creciendo al otro lado del Turia, Francisco Mora Berenguer dibuj&oacute; un futuro para Valencia <a href="http://i.imgur.com/pXSZwRZ.jpg" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">(1907)</a> en el que se segu&iacute;a adelante con aquel ensanche que por entonces ya hab&iacute;a empezado a bordear el sur de la ciudad hist&oacute;rica. En aquella propuesta, con la misma seguridad racionalista con la que se daba continuidad a la ret&iacute;cula ya existente, la ciudad en cuadr&iacute;cula saltaba el r&iacute;o extendi&eacute;ndose por la huerta hasta ce&ntilde;irse al antiguo Camino de Tr&aacute;nsitos, una ronda de rotundo trazado poligonal que, discurriendo en su origen poco menos que campo a trav&eacute;s, aspiraba a anticiparse al crecimiento de la ciudad y a contenerlo hacia el norte.
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, la p&eacute;rdida de referencia con respecto a Ciutat Vella provocada por el salto del Turia &ndash;estructural y de &eacute;poca- hizo que de aquel sue&ntilde;o de continuar con la ciudad ordenadamente hacia el norte quede apenas un esbozo en los alrededores de Pont de Fusta y las cercan&iacute;as de los Jardines de Monforte. Casi por el placer de llevarle la contraria a quienes lo imaginaron como un ensanche, el crecimiento de la Valencia Norte fue <a href="http://i.imgur.com/WjhSRxF.jpg" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">fragmentado y desordenado</a>, dando lugar a barrios y distritos de rasgos marcados pero complicada delimitaci&oacute;n m&aacute;s all&aacute; de la divisi&oacute;n administrativa. Incluso el tan ingenieril Camino de Tr&aacute;nsitos qued&oacute; desdibujado en este desarrollo vagamente org&aacute;nico al que se antoja buscarle explicaci&oacute;n en la huerta y en el modo de entender el suelo que de ella deriva.
    </p><p class="article-text">
        En <a href="https://www.flickr.com/photos/ga-valencia/sets/72157642350915313/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&lsquo;Los sue&ntilde;os de la ciudad que cruz&oacute; el r&iacute;o&rsquo;</a>, t&iacute;tulo que dimos al Open Tour del pasado mes de febrero, quisimos reflexionar sobre la construcci&oacute;n de Valencia Norte del mismo modo en que al recorrer San Vicente lo hicimos sobre la Ciudad Sur, encontrando como primera certeza que ambas mitades de la ciudad exig&iacute;an m&eacute;todos de lectura totalmente diferentes el uno del otro. Si en el Sur la linealidad del tiempo y la centralidad de la historia serv&iacute;an como directrices, el Norte se entend&iacute;a mejor como una superposici&oacute;n de momentos depositados sobre la irregularidad del territorio. As&iacute;, partimos del arranque de la Avenida Blasco Ib&aacute;&ntilde;ez recapitulando sobre los modos en los que la ciudad entendi&oacute; su vinculaci&oacute;n con el mar, nos desviamos en la Avenida de Catalu&ntilde;a, acceso y salida donde se concentran las relaciones de la ciudad y lo que le est&aacute; lejos, y acabamos tomando la Ronda Norte, poniendo la atenci&oacute;n sobre la respuesta que el borde urbano da a su entorno (el cerca) para acabar mirando la ciudad desde la Horta Nord, lanz&aacute;ndole una pregunta desde el territorio mismo. Si para Valencia Sur nos hab&iacute;a servido una l&iacute;nea, el recorrido por Valencia Norte traz&oacute; una espiral irregular que se curvaba y se cerraba sobre s&iacute; misma.
    </p><p class="article-text">
        Valencia es descrita con recurrencia como &lsquo;la ciudad de los contrastes&rsquo;, idea que considero no del todo acertada. Siendo m&aacute;s precisos, puede decirse que esta ciudad acoge identidades hist&oacute;ricamente diferenciadas, pero que toman sentido unitario en el marco de la tradici&oacute;n que conforman la huerta, la monta&ntilde;a y el mar. Como si la ciudad se comportase como un gran minifundio urbano, las partes que componen Valencia -y de manera acentuada en su Norte- se debaten entre la autonom&iacute;a y el sentido de conjunto. Las divisiones existen, pero son fr&aacute;giles, siendo dif&iacute;cil dibujar fronteras. Los encajes entre &aacute;reas que se tocan parecen no ser nunca definitivos, esas &aacute;reas se resisten a unirse entre s&iacute;. Y en esa tendencia a huir de la homogeneidad, a preferir lo irregular a lo uniforme, podr&iacute;a residir uno de los rasgos m&aacute;s identificativos de esta ciudad.
    </p><p class="article-text">
        Valencia parece tener especial facilidad para debatirse entre el ser y el no ser. Es posible que esa facilidad resida en la tranquilidad que da existir sobre una trama ya construida, en saber que la ciudad siempre estar&aacute; ah&iacute;. Como digo, la idea de la existencia de esa trama guarda relaci&oacute;n con la huerta y el territorio, pero va m&aacute;s all&aacute; de aspectos de forma del tipo parcelario, caminos agr&iacute;colas o n&uacute;cleos hist&oacute;ricos. En Valencia, la variedad de respuestas surgidas del di&aacute;logo entre lo urbano y lo territorial hablan de una ciudad con capacidad de improvisar y de pensarse a s&iacute; misma de m&uacute;ltiples maneras, pudiendo incluso dejarse llevar sin miedo a que el resultado no fuese caracter&iacute;sticamente valenciano.
    </p><p class="article-text">
        Esta manera de mirar Valencia &ndash;como forma hist&oacute;rica y tambi&eacute;n actual y gerundia- podr&iacute;a servir para inspirar un modo de pensar que aspire a acoger las diferentes sensibilidades que se dan en una ciudad haci&eacute;ndolas convivir de manera que se compenetren y refuercen unas con otras. Un urbanismo que trabaje con la diferencia acogiendo la diversidad en lugar de imponiendo orden y uniformando. Un planteamiento que comience por entender lo particular para dirigirse a lo com&uacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Chema Segovia]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/la-ciutat-construida/valencia-norte-libertad-fragmentos_132_4971249.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Mar 2014 08:38:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Valencia Norte, la libertad de los fragmentos]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Oda al domingo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/la-ciutat-construida/oda-domingo_132_5024845.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3dac5876-8fda-4463-8629-e8f9332dbb45_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Oda al domingo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una reivindicación de la figura del dominguero por el disfrute intenso del espacio urbano</p></div><p class="article-text">
        A la hora de llamar la atenci&oacute;n sobre la variabilidad de los ritmos de la ciudad, es un gusto deleitarse en el aire de los domingos. Un d&iacute;a en el que la vida urbana se frena con suavidad, tomando aliento de cara a la nueva semana que a la ma&ntilde;ana siguiente dar&aacute; comienzo.
    </p><p class="article-text">
        Debido al cierre de los comercios, en domingo la ciudad abandona los h&aacute;bitos de consumo para abrirse al disfrute m&aacute;s distendido, nos invita a experimentarla de una manera m&aacute;s laxa llam&aacute;ndonos a descubrir posibilidades ocultas por el ajetreo del resto de la semana. Las calles se liberan entonces de un buen pu&ntilde;ado de coches, el paso de las personas se hace m&aacute;s relajado y, de haber buen tiempo, las mayores aglomeraciones de gente las encontraremos al sol en los parques. En la excepcionalidad del domingo, la ciudad se vuelve m&aacute;s l&oacute;gica.
    </p><p class="article-text">
        El domingo nos permite quedarnos en casa en pijama con el mismo placer con que nos invita a salir a la calle en ch&aacute;ndal a pasear por pasear, dirigi&eacute;ndonos un poco a boleo hacia una parte de la ciudad que no hab&iacute;amos visitado antes, por la que nuestro d&iacute;a a d&iacute;a habitual no transcurre. El domingo se presta a la evasi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &hellip; Y tambi&eacute;n al protocolo. Pero sin apuros ni ansiedades, por favor. Porque hasta el que no la ejerce debe sentir admiraci&oacute;n hacia aquella lozana costumbre de &lsquo;vestirse de domingo&rsquo;, que empieza con la excusa del tener que ir a misa y acaba sirviendo para presumir de ni&ntilde;os guapos y padres felices. Ahora se me viene a la cabeza, hablando antes de tiendas cerradas, que el &uacute;nico establecimiento abierto en domingo al que le encontraba sentido en mi infancia era la terraza del bar desde la que mis padres, charlando con una pareja de amigos y tomando una cerveza, me echaban un ojo mientras yo corr&iacute;a por el parque, precisamente porque era domingo.
    </p><p class="article-text">
        El domingo es un d&iacute;a en el que el pautado urbano se hace m&aacute;s flexible, regal&aacute;ndonos escenas como la del padre que ense&ntilde;a a su hijo a montar en bici en el aparcamiento vac&iacute;o de un supermercado, la de la pandilla de adolescentes que saltan la valla del colegio porque por una vez tienen la pista del patio entera para ellos solos o la del grupo de personas que encuentra en un descampado lleno de matojos y malas hierbas el lugar ideal para preparar una barbacoa y tender una red de volley en la que entretenerse mientras se hace la carne. Tambi&eacute;n pertenecen a este imaginario del domingo las romer&iacute;as de moteros que atraviesas las carreteras nacionales menos transitadas s&oacute;lo por disfrutar de sus suaves curvas y la muy valenciana cita semanal en los alrededores de la Plaza Redonda para el intercambio de cromos y sellos. El &aacute;lbum bajo el brazo, el mazo de las repetidas en la mano y en el bolsillo el papel donde uno lleva la lista de las estampas que le faltan.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, el verdadero amante de los domingos no se dejar&aacute; enga&ntilde;ar por aquellos que intentan sustraerle de la esencia del d&iacute;a <em>&lsquo;del Se&ntilde;or&rsquo;</em>. Esperando el autob&uacute;s en una parada vac&iacute;a, un domingo cualquiera, encontrar&aacute; una marquesina que le anuncia:<em> &lsquo;Los domingos con amigos, pero en el Centro Comercial&rsquo;</em>. Y el dominguero, avispado, responder&aacute; a esa invitaci&oacute;n con una sonrisa sobrada con la que expresar&aacute; un <em>&lsquo;ya os vale&rsquo;</em>, para luego tomar el bus hacia un nuevo barrio por descubrir, sin dejar que le den nunca gato por liebre.
    </p><p class="article-text">
        Y es que, esta figura del dominguero aut&eacute;ntico, aquel que pr&aacute;ctica con emoci&oacute;n la libertad del domingo y no con la obligaci&oacute;n del que en verano va a la playa cada fin de semana porque no sabe qu&eacute; otra cosa hacer, m&aacute;s que con una costumbre tiene que ver con una actitud: aquella caracterizada por la voluntad de usar el espacio urbano m&aacute;s intensamente y de gozar la ciudad en profundidad.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; pues, ciudadanos: &iexcl;Viva el domingueo, caiga o no caiga en domingo!
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Chema Segovia]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/la-ciutat-construida/oda-domingo_132_5024845.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 14 Feb 2014 08:53:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Oda al domingo]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Oda al domingo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/oda-dominguero_132_5024853.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3dac5876-8fda-4463-8629-e8f9332dbb45_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Oda al domingo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una reivindicación de la figura del dominguero por el disfrute intenso del espacio urbano</p></div><p class="article-text">
        A la hora de llamar la atenci&oacute;n sobre la variabilidad de los ritmos de la ciudad, es un gusto deleitarse en el aire de los domingos. Un d&iacute;a en el que la vida urbana se frena con suavidad, tomando aliento de cara a la nueva semana que a la ma&ntilde;ana siguiente dar&aacute; comienzo.
    </p><p class="article-text">
        Debido al cierre de los comercios, en domingo la ciudad abandona los h&aacute;bitos de consumo para abrirse al disfrute m&aacute;s distendido, nos invita a experimentarla de una manera m&aacute;s laxa llam&aacute;ndonos a descubrir posibilidades ocultas por el ajetreo del resto de la semana. Las calles se liberan entonces de un buen pu&ntilde;ado de coches, el paso de las personas se hace m&aacute;s relajado y, de haber buen tiempo, las mayores aglomeraciones de gente las encontraremos al sol en los parques. En la excepcionalidad del domingo, la ciudad se vuelve m&aacute;s l&oacute;gica.
    </p><p class="article-text">
        El domingo nos permite quedarnos en casa en pijama con el mismo placer con que nos invita a salir a la calle en ch&aacute;ndal a pasear por pasear, dirigi&eacute;ndonos un poco a boleo hacia una parte de la ciudad que no hab&iacute;amos visitado antes, por la que nuestro d&iacute;a a d&iacute;a habitual no transcurre. El domingo se presta a la evasi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &hellip; Y tambi&eacute;n al protocolo. Pero sin apuros ni ansiedades, por favor. Porque hasta el que no la ejerce debe sentir admiraci&oacute;n hacia aquella lozana costumbre de &lsquo;vestirse de domingo&rsquo;, que empieza con la excusa del tener que ir a misa y acaba sirviendo para presumir de ni&ntilde;os guapos y padres felices. Ahora se me viene a la cabeza, hablando antes de tiendas cerradas, que el &uacute;nico establecimiento abierto en domingo al que le encontraba sentido en mi infancia era la terraza del bar desde la que mis padres, charlando con una pareja de amigos y tomando una cerveza, me echaban un ojo mientras yo corr&iacute;a por el parque, precisamente porque era domingo.
    </p><p class="article-text">
        El domingo es un d&iacute;a en el que el pautado urbano se hace m&aacute;s flexible, regal&aacute;ndonos escenas como la del padre que ense&ntilde;a a su hijo a montar en bici en el aparcamiento vac&iacute;o de un supermercado, la de la pandilla de adolescentes que saltan la valla del colegio porque por una vez tienen la pista del patio entera para ellos solos o la del grupo de personas que encuentra en un descampado lleno de matojos y malas hierbas el lugar ideal para preparar una barbacoa y tender una red de volley en la que entretenerse mientras se hace la carne. Tambi&eacute;n pertenecen a este imaginario del domingo las romer&iacute;as de moteros que atraviesas las carreteras nacionales menos transitadas s&oacute;lo por disfrutar de sus suaves curvas y la muy valenciana cita semanal en los alrededores de la Plaza Redonda para el intercambio de cromos y sellos. El &aacute;lbum bajo el brazo, el mazo de las repetidas en la mano y en el bolsillo el papel donde uno lleva la lista de las estampas que le faltan.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, el verdadero amante de los domingos no se dejar&aacute; enga&ntilde;ar por aquellos que intentan sustraerle de la esencia del d&iacute;a <em>&lsquo;del Se&ntilde;or&rsquo;</em>. Esperando el autob&uacute;s en una parada vac&iacute;a, un domingo cualquiera, encontrar&aacute; una marquesina que le anuncia:<em> &lsquo;Los domingos con amigos, pero en el Centro Comercial&rsquo;</em>. Y el dominguero, avispado, responder&aacute; a esa invitaci&oacute;n con una sonrisa sobrada con la que expresar&aacute; un <em>&lsquo;ya os vale&rsquo;</em>, para luego tomar el bus hacia un nuevo barrio por descubrir, sin dejar que le den nunca gato por liebre.
    </p><p class="article-text">
        Y es que, esta figura del dominguero aut&eacute;ntico, aquel que pr&aacute;ctica con emoci&oacute;n la libertad del domingo y no con la obligaci&oacute;n del que en verano va a la playa cada fin de semana porque no sabe qu&eacute; otra cosa hacer, m&aacute;s que con una costumbre tiene que ver con una actitud: aquella caracterizada por la voluntad de usar el espacio urbano m&aacute;s intensamente y de gozar la ciudad en profundidad.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; pues, ciudadanos: &iexcl;Viva el domingueo, caiga o no caiga en domingo!
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Chema Segovia]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 14 Feb 2014 07:49:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Oda al domingo]]></media:title>
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