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    <title><![CDATA[elDiario.es - Antonio Quero]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/antonio_quero/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Antonio Quero]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[¿Debe seguir en manos privadas la creación del dinero?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/alternativaseconomicas/debe-seguir-privadas-creacion-dinero_132_1825027.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b6bb5912-0ddd-48e9-a4f4-b51af7c1de96_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si el dinero es una creación política es de esperar que esté sometida a un proceso, unas reglas y unos actores que velen por el interés general</p><p class="subtitle">El dinero es poder, por lo que al delegar su creación al sector financiero no es de extrañar que el poder de los mercados sea superior al de los Estados</p><p class="subtitle">En un sistema de reserva integral o de dinero soberano el 100% de los depósitos bancarios está respaldado por reservas de dinero creado por el banco central, lo que elimina la necesidad de rescatar bancos</p><p class="subtitle">Los modelos de dinero soberano separan el dinero del crédito, confiando el primero a un poder público controlado democráticamente y dejando el segundo en manos de las entidades financieras</p></div><p class="article-text">
        La onda expansiva de la deflagraci&oacute;n financiera de 2008 ha provocado el endurecimiento de la regulaci&oacute;n sobre los bancos, exigi&eacute;ndoles mayor capital, fuentes de financiaci&oacute;n m&aacute;s estables y un colch&oacute;n de liquidez m&aacute;s s&oacute;lido. Pero el impacto s&iacute;smico de la crisis ha sido m&aacute;s profundo. Los pilares de un sistema bancario fraguado hace m&aacute;s de dos siglos se han tambaleado. La pretensi&oacute;n de que gracias a la desregulaci&oacute;n los mercados financieros corrigen ellos mismos los desequilibrios ha sido contundentemente desmentida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El proceso de creaci&oacute;n del dinero ha quedado al descubierto y el diagn&oacute;stico es inapelable: el sistema financiero actual es intr&iacute;nsecamente inestable, de ah&iacute; su tendencia c&iacute;clica a derrumbarse con consecuencias econ&oacute;micas y sociales dolorosas. Solo un cambio de modelo significar&iacute;a una soluci&oacute;n durable.
    </p><p class="article-text">
        Para comprender la verdadera naturaleza del dinero conviene recordar que desde el 15 de agosto de 1971, el d&iacute;a en que Richard Nixon suspendi&oacute; la convertibilidad del d&oacute;lar en oro, el dinero es &iacute;ntegramente fiduciario, es decir, el valor de una moneda se basa en la fe o confianza que inspiran tanto el Estado que la respalda como la econom&iacute;a que sustenta dicho Estado. Como ha escrito el historiador Adam Tooze, ese d&iacute;a &ldquo;el dinero fue reconocido abiertamente como una creaci&oacute;n pol&iacute;tica&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La moneda tiene un papel esencial en toda comunidad humana. Por tanto, si el dinero es una creaci&oacute;n pol&iacute;tica es de esperar que la creaci&oacute;n del mismo est&eacute; sometida a un proceso, unas reglas y unos actores que velen por el inter&eacute;s general. Es lo que a primera vista podr&iacute;amos pensar cuando asociamos la creaci&oacute;n de dinero al monopolio de los bancos centrales para imprimirlo, manifestaci&oacute;n actual del viejo privilegio del soberano de acu&ntilde;ar moneda.
    </p><p class="article-text">
        La realidad es bien diferente: m&aacute;s del 90% del dinero en circulaci&oacute;n lo crean los bancos comerciales al otorgar cr&eacute;ditos. Este &ldquo;descubrimiento&rdquo; ha desatado un intenso debate en la estela del choque pol&iacute;tico y econ&oacute;mico que ha supuesto la crisis financiera de 2008. En respuesta al escepticismo de muchos economistas importantes, el Banco de Inglaterra public&oacute; en 2014 un documento corroborando el hecho de que el cr&eacute;dito crea los dep&oacute;sitos y no al contrario, como intuitivamente pudiera parecer.
    </p><p class="article-text">
        La sorpresa ciudadana al respecto est&aacute; en el origen del refer&eacute;ndum suizo del 10 de junio pasado sobre la propuesta de arrebatar a los bancos privados el poder de crear dinero y confiarlo a un poder p&uacute;blico. Se trataba de abolir el sistema bancario de reserva fraccionaria dominante desde el siglo XVIII. A pesar de su radicalidad, la propuesta fue aprobada por el 24% de los suizos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El debate no se ha cerrado con el refer&eacute;ndum suizo, antes al contrario. Como declar&oacute; Fran Boait, directora de Positive Money, la organizaci&oacute;n brit&aacute;nica referente en esta materia, &ldquo;este voto debe representar el principio de un debate global sobre si el control de la creaci&oacute;n de dinero debe estar en manos p&uacute;blicas o privadas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Un acelerador de este debate es la reflexi&oacute;n en curso en la mayor&iacute;a de los grandes bancos centrales sobre la emisi&oacute;n de moneda digital. El origen de esta reflexi&oacute;n es doble. Por un lado, est&aacute; la reacci&oacute;n defensiva de los bancos centrales al auge de las criptomonedas, como el bitcoin, un desarrollo tecnol&oacute;gico que podr&iacute;a privarles del monopolio del que han disfrutado desde hace m&aacute;s de un siglo. Por otro lado, est&aacute;n los l&iacute;mites de las pol&iacute;ticas monetarias no <em>convencionales</em> aplicadas tras la crisis, unos l&iacute;mites que podr&iacute;an dejar sin munici&oacute;n a los bancos centrales en la pr&oacute;xima crisis.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Entre dichas pol&iacute;ticas est&aacute; la aplicaci&oacute;n de un inter&eacute;s negativo, a&uacute;n vigente en la zona euro, Jap&oacute;n, Suiza o Suecia, al dinero que los bancos depositan en el banco central. El objetivo de los intereses negativos es empujar a los bancos a prestar dinero para reactivar la econom&iacute;a en vez de conservarlo en reserva. Pero cuando reina la incertidumbre, los bancos prefieren pagar un inter&eacute;s negativo sobre sus reservas a prestarlas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ante la eficacia limitada de los intereses negativos como est&iacute;mulo monetario, los bancos centrales han recurrido a otra pol&iacute;tica no convencional: la compra masiva de obligaciones (<em>quantitative easing</em> en ingl&eacute;s) con el fin de inyectar liquidez en el sistema. La experiencia est&aacute; demostrando, sin embargo, que la canalizaci&oacute;n del est&iacute;mulo a trav&eacute;s del sistema financiero no asegura que este llegue a su destino en la econom&iacute;a real.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La moneda digital abre nuevas perspectivas a los bancos centrales puesto que facilitar&iacute;a que ciudadanos y empresas dispongan de una cuenta en el banco central, algo reservado hoy en d&iacute;a en exclusiva a los bancos. De esta manera, la transmisi&oacute;n de los intereses negativos ser&iacute;a m&aacute;s directa. En &uacute;ltima instancia, el banco central podr&iacute;a transferir (crear) directamente dinero en nuestras cuentas para apoyar la econom&iacute;a. Es lo que Milton Friedman, premio Nobel de Econom&iacute;a en 1976, llamaba gr&aacute;ficamente <em>helicopter money</em>, compar&aacute;ndolo a la distribuci&oacute;n de dinero a la poblaci&oacute;n desde un helic&oacute;ptero.
    </p><p class="article-text">
        Solo que la moneda digital podr&iacute;a tener efectos colaterales revolucionarios. Como explica un estudio del Kiel Institute alem&aacute;n para el Parlamento Europeo en julio de este a&ntilde;o, &ldquo;la moneda digital emitida por un banco central podr&iacute;a ser disruptiva y desafiar el sistema de reserva fraccionaria. Dado que dicho sistema es m&aacute;s inestable, la introducci&oacute;n de la moneda digital no ser&iacute;a necesariamente un desarrollo negativo, sino que podr&iacute;a sentar las bases de un sistema financiero m&aacute;s estable&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Dos modelos</strong>
    </p><p class="article-text">
        El modelo alternativo al sistema de reserva fraccionaria es el de reserva integral, es decir, que el 100% de los dep&oacute;sitos bancarios est&eacute; respaldado por reservas de dinero creado por el banco central o una garant&iacute;a equivalente.
    </p><p class="article-text">
        Una ventaja inmediata de un sistema de reserva integral o de dinero soberano&nbsp;es la desaparici&oacute;n de la necesidad de rescatar bancos. Adem&aacute;s de disciplinar a los bancos, desaparece el coste pol&iacute;tico de asignar recursos p&uacute;blicos a los rescates bancarios, causante en gran parte de la indignaci&oacute;n ciudadana que ha propiciado fen&oacute;menos como Trump, el Brexit y el desencanto europeo.
    </p><p class="article-text">
        Otra beneficio directo, m&aacute;s abstracto a primera vista pero probablemente de mayor impacto estructural, es la simplificaci&oacute;n dr&aacute;stica de la extraordinaria complejidad del sistema financiero internacional y de su regulaci&oacute;n. Su complejidad es fruto en gran parte de la tensi&oacute;n permanente por la liquidez inherente al modelo de reserva fraccionaria y, a la vez, causante de la opacidad del sistema financiero, lo cual dificulta su supervisi&oacute;n as&iacute; como la verificaci&oacute;n de su contribuci&oacute;n al inter&eacute;s general a trav&eacute;s de instrumentos normativos o fiscales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las propuestas de dinero soberano separan el dinero del cr&eacute;dito, confiando el primero a un poder p&uacute;blico controlado democr&aacute;ticamente y dejando el segundo en manos de los bancos, ya sean p&uacute;blicos, privados, cooperativistas o mutualistas. Los bancos obtendr&iacute;an el dinero acudiendo a los ahorradores y a los mercados de capitales como ya lo hacen actualmente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La pregunta clave no es pues si habr&iacute;a suficiente cr&eacute;dito sino cu&aacute;l es la cantidad de dinero necesaria en cada momento para permitir el buen funcionamiento de la econom&iacute;a, es decir, generar suficiente empleo sin poner en peligro la estabilidad, ya sea financiera o de precios. La teor&iacute;a econ&oacute;mica dominante del equilibrio general y de agentes racionales es incapaz de responder a esta pregunta, puesto que hasta la crisis ha pretendido que el dinero era un factor neutral y, por tanto, el sistema financiero y las condiciones del cr&eacute;dito no desempe&ntilde;aban un papel relevante en los modelos. Ahora empieza a reconocer el error, pero no dispone de modelos alternativos todav&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        El dinero soberano es un continente desconocido para la mayor&iacute;a de economistas, pol&iacute;ticos, periodistas o ciudadanos. Hace falta un armaz&oacute;n conceptual nuevo para cartografiarlo y navegar por &eacute;l de manera segura. El ritmo de publicaciones sobre el mismo no deja de crecer y la v&iacute;a pr&aacute;ctica para la transici&oacute;n desde el sistema actual va tomando forma con la reflexi&oacute;n sobre la moneda digital.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La pregunta ya no es solo cu&aacute;l es la cantidad de dinero &oacute;ptima para crecer sin inflaci&oacute;n, sino tambi&eacute;n cu&aacute;ndo, en qu&eacute; condiciones y hasta qu&eacute; punto se puede o se debe respaldar la financiaci&oacute;n de bienes comunes, como las infraestructuras y el conocimiento, y de objetivos de inter&eacute;s general, como la transici&oacute;n ecol&oacute;gica y la lucha contra la pobreza, con dinero creado por una autoridad p&uacute;blica, ya sea el banco central, el tesoro o un comit&eacute; monetario.
    </p><p class="article-text">
        En otras palabras, se trata de c&oacute;mo financiar el inter&eacute;s general sin recurrir necesariamente al endeudamiento. No se parte de cero; a lo largo del siglo XX numerosos economistas consideraron esta cuesti&oacute;n, entre ellos Maurice Allais, premio Nobel de Econom&iacute;a en 1988, que defend&iacute;a la financiaci&oacute;n de la inversi&oacute;n productiva p&uacute;blica con dinero creado por el banco central. La vivienda y la deuda hipotecaria, por ejemplo, suscitan actualmente una atenci&oacute;n particular por su papel significativo y recurrente en casi todas las crisis bancarias. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tan importante como la reflexi&oacute;n econ&oacute;mica es la reflexi&oacute;n pol&iacute;tica y democr&aacute;tica sobre el ejercicio del poder de crear dinero. Si en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas se ha arrebatado este poder a los Gobiernos no es tanto por razones de teor&iacute;a econ&oacute;mica como por la incapacidad de estos de gestionar la pol&iacute;tica monetaria sin ceder a las presiones electorales cortoplacistas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La separaci&oacute;n del poder fiscal y presupuestario, que decide el destino del dinero p&uacute;blico, del poder monetario que lo crea es seguramente una precauci&oacute;n constitucional sabia. El primero recae en los gobiernos elegidos peri&oacute;dicamente por los ciudadanos, mientras que el segundo debe pertenecer a una autoridad con un mandato constitucional que organice, a la vez, su blindaje frente a presiones de intereses particulares, ya sea el gran capital o pulsiones populistas, y su control democr&aacute;tico, en el sentido del t&eacute;rmino ingl&eacute;s de <em>accountability</em>. Tambi&eacute;n es importante asegurar la pluralidad de pensamiento en el seno de la autoridad monetaria.
    </p><p class="article-text">
        No hay que perder de vista que lo que est&aacute; en juego es el futuro de la democracia entendida como la capacidad efectiva, no solo formal, de autogobierno de una comunidad. El dinero es poder, por lo que al delegar su creaci&oacute;n al sector financiero no es de extra&ntilde;ar que el poder de los mercados sea superior al de los Estados. La reforma del dinero soberano no solo revierte esta relaci&oacute;n, sino que devuelve a los Estados una capacidad de acci&oacute;n cuya p&eacute;rdida en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas ha alimentado el desencanto de la pol&iacute;tica y la aparici&oacute;n de sirenas populistas.
    </p><p class="article-text">
        Veamos a continuaci&oacute;n c&oacute;mo funcionan los dos modelos de crear dinero.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El sistema bancario de reserva fraccionaria</strong>
    </p><p class="article-text">
        En el modelo actual, cuando depositamos dinero en el banco ese dinero pasa a disposici&oacute;n de la entidad, ya no nos pertenece. Lo que poseemos es un &ldquo;dep&oacute;sito&rdquo; que, legalmente es una deuda del banco hacia nosotros. Es la promesa de que, en cualquier momento, podemos retirar el dinero. Como en general, los clientes no retiran su dinero al mismo tiempo, la ley permite a los bancos prestar m&aacute;s dinero del que disponen, exigi&eacute;ndoles una reserva en el banco central de tan solo una fracci&oacute;n de sus dep&oacute;sitos (1% en la zona euro).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El sistema de reserva fraccionaria permite a los bancos crear dinero. Supongamos que el banco A, creado con un capital de 10 euros, tiene un solo cliente que ha depositado 100 euros. El banco dispone de 110 euros. Supongamos que concede un cr&eacute;dito de 50 euros a un segundo cliente, inscribiendose en su cuenta. Con su saldo de 100 y 50 euros respectivamente, los clientes del banco A pueden comprar bienes por valor de 150 euros en total, a pesar de que inicialmente s&oacute;lo hab&iacute;a 110 euros. El&nbsp; banco A ha creado 40 euros.
    </p><p class="article-text">
        Esta creaci&oacute;n de dinero es posible porque los dep&oacute;sitos&nbsp; son considerados como dinero, al igual que un billete de banco. Ambos sirven para ejecutar pagos. El billete de banco es dinero creado por el banco central que lo imprime. El dep&oacute;sito bancario es dinero creado por el banco e inscrito en la cuenta del cliente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando el segundo cliente devuelva al banco A su cr&eacute;dito de 50 euros, los 40 euros creados por el banco A desaparecer&aacute;n, volviendo a la situaci&oacute;n inicial de 110 euros. Pero hasta que suceda, los dos clientes del banco A pueden comprar bienes de vendedores cuyas cuentas est&eacute;n, por ejemplo,&nbsp; en el banco B. El banco A deber&aacute; transferir 150 euros al banco B, el cual podr&aacute; proseguir el mismo procedimiento de creaci&oacute;n de dinero. Con este sistema resulta que m&aacute;s del 90% del dinero en circulaci&oacute;n es creado por los bancos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La reserva integral o el dinero soberano</strong>
    </p><p class="article-text">
        El sistema de reserva integral y el de dinero soberano son t&eacute;cnicamente distintos pero comparten una misma finalidad, que la creaci&oacute;n de dinero sea responsabilidad de una autoridad p&uacute;blica. En el primero sigue existiendo el dinero bancario, originado por los bancos al conceder cr&eacute;dito e inscribirlo como dep&oacute;sito, solo que su creaci&oacute;n est&aacute; limitada por la obligaci&oacute;n de poseer dinero emitido por el banco central o una garant&iacute;a equivalente (por ejemplo, una obligaci&oacute;n del Estado) que lo respalde. En el modelo de dinero soberano desaparece el dinero bancario y solo el banco central puede crear dinero.
    </p><p class="article-text">
        La diferencia entre el dinero del banco central o <em>soberano</em> y los dep&oacute;sitos o dinero bancario es que el primero est&aacute; respaldado por el banco central, es totalmente seguro, mientras que el segundo es m&aacute;s arriesgado, pues consiste en una deuda respaldada solo por el banco que desaparece si este quiebra.
    </p><p class="article-text">
        La principal propuesta de sistema de reserva integral fue el Plan Chicago trasladado al presidente Roosevelt en 1933 por un grupo de universitarios de dicha ciudad como respuesta a la Gran Depresi&oacute;n. Dicho plan fue defendido por Irving Fischer en su libro <em>100% Money</em> de 1936. Tras la crisis de 2008 ha resurgido el inter&eacute;s por estas propuestas pero ya en forma de dinero soberano principalmente. Destacan los trabajos del economista alem&aacute;n Joseph Huber y de dos antiguos economistas del FMI, Michael Kumhof y Jaromir Benes. La organizaci&oacute;n brit&aacute;nica Positive Money, representada en Espa&ntilde;a por Dinero Positivo, es la m&aacute;s activa en la promoci&oacute;n del dinero soberano. El refer&eacute;ndum suizo del 10 de junio fue promovido por la organizaci&oacute;n Vollgeld.
    </p><p class="article-text">
        Un amplio plantel de economistas han sido duramente cr&iacute;ticos con el sistema de reserva fraccionaria, desde David Ricardo hasta Milton Friedman o James Tobin. Antiguos gobernadores de bancos centrales o de autoridades financieras de regulaci&oacute;n, como los btrit&aacute;nicos Mervyn King y Adair Turner o los espa&ntilde;oles Miguel &Aacute;ngel Fern&aacute;ndez Ord&oacute;&ntilde;ez y Carlos Arenillas, columnistas de prestigio del <em>Financial Times</em>, como Martin Wolf o John Kay, entre otros muchos expertos, defienden reformas como la del dinero soberano. El autor de estas l&iacute;neas propone desde 2012 un Banco Ciudadano de Dep&oacute;sitos como instrumento para poder aplicar en un pa&iacute;s de la zona euro un sistema de dinero soberano sin necesidad de modificar los tratados de la UE, lo cual requiere unanimidad de sus Estados miembros.
    </p><p class="article-text">
        [Este art&iacute;culo ha sido publicado en el n&uacute;mero 63 de la revista <a href="http://alternativaseconomicas.coop/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Alternativas Econ&oacute;micas.</a> Ay&uacute;danos a sostener este proyecto de periodismo independiente con<a href="http://alternativaseconomicas.coop/suscripciones" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> una suscripci&oacute;n</a>]
    </p><p class="article-text">
        <a href="http://alternativaseconomicas.coop/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> </a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Quero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/alternativaseconomicas/debe-seguir-privadas-creacion-dinero_132_1825027.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 22 Nov 2018 20:57:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Política monetaria,Crisis financiera,Créditos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Capital en el siglo XXI]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/capitalismo-desigualdad-siglo-xxi_132_5045464.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Reseña del importante libro de Thomas Piketty, quien augura para este siglo un regreso del capitalismo patrimonial: un futuro con crecimiento lento y desigualdades cada vez mayores, que solo podrían mitigarse mediante impuestos mundiales sobre el capital.</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
         &iquest;Han sido los &uacute;ltimos treinta a&ntilde;os una pesadilla neoliberal de la que la crisis nos ha despertado y, en cuanto la socialdemocracia recupere la iniciativa pol&iacute;tica, volveremos a la &eacute;poca dorada de crecimiento y reducci&oacute;n de las desigualdades del Estado social de mediados del siglo XX? Thomas Piketty responde negativamente. No es pesimismo o una conjetura sobre la impotencia de la socialdemocracia, es el resultado de un an&aacute;lisis pormenorizado sobre la evoluci&oacute;n de la riqueza y las desigualdades en los principales pa&iacute;ses desarrollados en los &uacute;ltimos doscientos a&ntilde;os. 
    </p><p class="article-text">
        Los hechos son inapelables: el rendimiento del capital (r) ha sido sorprendentemente estable hist&oacute;ricamente, en torno al 5 %, mientras que la tasa de crecimiento (g) ha oscilado entre el 1 y el 1,5 %. El crecimiento entre el 3 y el 5 % de las tres d&eacute;cadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial es una excepci&oacute;n. En estas condiciones, donde r&amp;gt;g, los patrimonios tienden a acumularse a un ritmo mayor del efecto redistributivo del crecimiento por el aumento de la producci&oacute;n y los salarios, gener&aacute;ndose desigualdades crecientes que, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, han superado el pico de desigualdad que se produjo justo antes de la Primera Guerra Mundial, cuando el <em>stock</em> de capital equival&iacute;a a entre seis y ocho a&ntilde;os de la renta nacional total. Hicieron falta dos guerras mundiales y &ldquo;el suicidio de los rentistas&rdquo; entre las dos guerras (es decir, vivieron por encima de sus posibilidades en el sentido de que el gasto anual que les generaba su ritmo de vida era mayor que la renta que percib&iacute;an de su patrimonio) para redistribuir las cartas y empezar casi de cero. 
    </p><p class="article-text">
        Tras la Segunda Guerra Mundial, precedida por la Gran Depresi&oacute;n y las pol&iacute;ticas redistributivas que inspir&oacute;, el fuerte crecimiento de las econom&iacute;as en reconstrucci&oacute;n y expansi&oacute;n y la agresiva fiscalidad progresiva, con tipos marginales superiores de alrededor del 60-70 % en Europa y del 80-90 % en Estados Unidos, as&iacute; como el acceso generalizado a la educaci&oacute;n y los seguros por enfermedad, desempleo o vejez, aseguraron el acceso de las masas trabajadoras a un peque&ntilde;o patrimonio, convirti&eacute;ndolas en clases medias. Si en 1913 un 10 % de la poblaci&oacute;n acumulaba la pr&aacute;ctica totalidad de la riqueza nacional, en la actualidad ese 10 % sigue poseyendo la mayor parte, pero ahora hay un 40 % que disfruta de un peque&ntilde;o patrimonio, mientras que el 50 % restante cobra un sueldo o una prestaci&oacute;n pero no acumula patrimonio y no deja casi nada a sus herederos. Esa emergencia de una &ldquo;clase media patrimonial&rdquo; es para Piketty la mayor transformaci&oacute;n estructural del reparto de la riqueza en los pa&iacute;ses desarrollados. Con la ralentizaci&oacute;n del crecimiento y las rebajas fiscales de la revoluci&oacute;n conservadora de los a&ntilde;os 1980, la clase alta patrimonial vuelve a emerger: el patrimonio del 10 % m&aacute;s rico crece exponencialmente mientras que el del 1 % m&aacute;s rico lo hace estratosf&eacute;ricamente.
    </p><p class="article-text">
        La perspectiva para el siglo XXI, una vez que las econom&iacute;as emergentes hayan alcanzado la madurez y la poblaci&oacute;n mundial se estabilice, es una tasa de crecimiento del orden del 1 &oacute; 1,5 %, mientras que el rendimiento del capital seguir&aacute; en torno al 5 %. La implicaci&oacute;n evidente es que el reparto de la riqueza acentuar&iacute;a su senda divergente hasta alcanzar cotas social y democr&aacute;ticamente inaceptables.
    </p><p class="article-text">
        Esta radiograf&iacute;a completa del capitalismo patrimonial se encuentra en el imponente &uacute;ltimo libro de ThomasPiketty<a href="//#_ftn1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">[1]</a>, <em>Le capital au XXIe si&egrave;cle</em>. Sin haber sido todav&iacute;a traducido a ning&uacute;n otro idioma, esta obra de Piketty de casi mil p&aacute;ginas se haconvertido inmediatamente en una referencia de las ciencias sociales<a href="//#_ftn2" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">[2]</a>. Ya antes de su publicaci&oacute;n, Thomas Piketty, un brillante economista franc&eacute;s de 41 a&ntilde;os, era unreferente mundial en el estudio de las desigualdades de renta. Junto con Emmanuel Saez, de la Universidad de Berkeley, y Anthony Atkinson, de la Universidad de Oxford, han construido una base de datos monumental sobre las rentas altas, la <a href="http://topincomes.g-mond.parisschoolofeconomics.eu/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">WorldTop Incomes Database</a>, en la que tambi&eacute;n ha colaborado el joven economista argentino Facundo Alvaredo. 
    </p><p class="article-text">
        El fuerte impacto del libro de Piketty se explica por varias razones. La primera es el car&aacute;cter in&eacute;dito y exhaustivo de un estudio del capital, tanto de las rentas como del patrimonio, en los pa&iacute;ses desarrollados en la mayor escala temporal que permiten los archivos, es decir, pr&aacute;cticamente, desde la Revoluci&oacute;n Francesa que instaur&oacute; en Francia un censo patrimonial, la Revoluci&oacute;n Industrial en Reino Unido y la independencia en Estados Unidos. Sobre otros pa&iacute;ses, como Alemania, Jap&oacute;n, Canad&aacute; o Suecia, las estad&iacute;sticas fiables disponibles empiezan a finales del siglo XIX. Todos estos datos se pueden consultar en un <a href="http://piketty.pse.ens.fr/capital21c" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">anexo t&eacute;cnico</a> en internet que constituye una aut&eacute;ntica mina documental. La segunda raz&oacute;n son las conclusiones emp&iacute;ricas que se extraen de este estudio y que contradicen, como veremos a continuaci&oacute;n, axiomas de la teor&iacute;a econ&oacute;mica hasta ahora inamovibles. La tercera son las nuevas leyes del capitalismo que se deducen del an&aacute;lisis de los datos. Por &uacute;ltimo, Piketty, que pertenece a la estirpe de los intelectuales franceses preocupados por el devenir pol&iacute;tico del mundo en el que viven, ofrece una perspectiva inquietante sobre la evoluci&oacute;n previsible del capitalismo patrimonial en el siglo XXI y se moja proponiendo soluciones.
    </p><p class="article-text">
        El primer axioma que se derrumba a la luz de los datos es el de los rendimientos decrecientes de Ricardo, que servir&iacute;a a Marx, aplic&aacute;ndolo al capital, para predecir la crisis del capitalismo por la ca&iacute;da de los rendimientos del capital a medida que &eacute;ste se acumula. Ciento treinta a&ntilde;os despu&eacute;s de la muerte de Marx, el capital acumulado ha superado cualquier previsi&oacute;n imaginable en la &eacute;poca del ide&oacute;logo del socialismo, pero su rendimiento sigue siendo sorprendentemente estable en torno al 5 %. El progreso tecnol&oacute;gico, el crecimiento de la poblaci&oacute;n, el acceso a la educaci&oacute;n y, recientemente, la globalizaci&oacute;n y la sofisticaci&oacute;n de los mercados financieros, han permitido al capital encontrar constantemente nuevas oportunidades de fructificar. Piketty no demuestra te&oacute;ricamente de d&oacute;nde procede esta sorprendente estabilidad del rendimiento del capital, pero su lectura de lo que nos ense&ntilde;a la historia econ&oacute;mica deja poco lugar para la duda.
    </p><p class="article-text">
        Otro mito que se derrumba es la visi&oacute;n optimista de Kuznets de una reducci&oacute;n de las desigualdades amedida que el desarrollo econ&oacute;mico y humano avanza. Kuznets bas&oacute; su predicci&oacute;n en una serie temporal de datos relativamente corta, entre 1920 y 1950. El paso a la escala del muy largo plazo operado por Piketty demuestra precisamente lo contrario, puesto que la relaci&oacute;n r&amp;gt;g se muestra constante en la historia, y que la excepci&oacute;n es el breve periodo entre 1950 y 1970. En este sentido, los datos tambi&eacute;n hacen tambalearse otro supuesto b&aacute;sico de la econom&iacute;a neocl&aacute;sica, que implicar&iacute;a una tendencia hacia la igualaci&oacute;n entre las rentas del capital (r) y el crecimiento econ&oacute;mico (g).
    </p><p class="article-text">
        El an&aacute;lisis fr&iacute;o y objetivo de los datos, as&iacute; como de las din&aacute;micas en juego que los arrojan, ofrece una perspectiva para el siglo XXI poco alentadora, con una econom&iacute;a mundial instalada, desde hace treinta a&ntilde;os, en una senda firme de acumulaci&oacute;n cada vez mayor de riqueza en lo alto de la pir&aacute;mide. La ley de hierro de r&amp;gt;g conduce a la victoria del rentismo sobre la meritocracia, en la que &ldquo;el pasado devora al futuro&rdquo;. El capitalismo patrimonial ya conoci&oacute; una evoluci&oacute;n similar en el siglo XIX que desemboc&oacute; en 1913 en niveles de desigualdad sin precedentes. Nadie puede desear un nuevo conflicto mundial devastador para deshacer esa desigualdad, por lo que Piketty se adentra al final con valent&iacute;a en el terreno de las propuestas para atenuar o corregir dicha evoluci&oacute;n. La principal de ellas es la instauraci&oacute;n de un impuesto mundial progresivo sobre el capital, tanto de los activos inmobiliarios como mobiliarios y neto de deudas. 
    </p><p class="article-text">
        Piketty no se hace ilusiones sobre la viabilidad pol&iacute;tica de su propuesta, aunque argumenta convincentemente sobre su viabilidad en el seno de la Uni&oacute;n Europea si existiera la suficiente voluntad pol&iacute;tica (Piketty no esconde su optimismo relativo acerca de la deliberaci&oacute;n democr&aacute;tica en base a los datos y las conclusiones a las que nos llevar&aacute; la acumulaci&oacute;n de riqueza m&aacute;s all&aacute; de lo socialmente soportable). Pero la considera una &ldquo;utop&iacute;a &uacute;til&rdquo; en el sentido de que obliga a cualquier otra soluci&oacute;n a medirse con respecto al ideal te&oacute;rico que constituye dicho impuesto mundial progresivo sobre el capital. Tambi&eacute;n demuestra los beneficios que comportar&iacute;a, m&aacute;s all&aacute; de la recaudaci&oacute;n, la cooperaci&oacute;n fiscal internacional necesaria para su implantaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        No hay espacio aqu&iacute; para mencionar otras cuestiones apasionantes tratadas por Piketty con una claridad pedag&oacute;gica al alcance de cualquier ciudadano formado, desde la distribuci&oacute;n de la renta hasta la historia de los sistemas impositivos, pasando por la causalidad entre el desmantelamiento de los tipos marginales superiores &ldquo;confiscatorios&rdquo; y la explosi&oacute;n de los sueldos de los altos ejecutivos. Tampoco cabe una cr&iacute;tica m&aacute;s detallada del hecho de que el an&aacute;lisis y las tesis de Piketty reposen sobre el estudio pormenorizado de las estad&iacute;sticas pero no sobre una investigaci&oacute;n de las fuentes y fuerzas capitalistas de creaci&oacute;n de riqueza. A&uacute;n as&iacute;, <em>Le capital au XXIesi&egrave;cle</em> constituye una obra mayor no s&oacute;lo por el ampl&iacute;simo objeto de estudioque abarca y los m&uacute;ltiples frutos que otros investigadores podr&aacute;n recoger del espectacular compendio de datos y an&aacute;lisis, sino por la lucidez y humildad con la que Piketty reconoce la pertenencia de la econom&iacute;a a las ciencias sociales y su deber de contribuir, desde la honradez intelectual, a enriquecer el debate democr&aacute;tico en aras de descubrir las pol&iacute;ticas que producir&aacute;n los resultados m&aacute;s acordes con los objetivos morales y sociales de una comunidad.
    </p><p class="article-text">
        <span id="ftn1"></span><a href="//#_ftnref1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">[1]</a> <em>Le Capital au XXIe si&egrave;cle, </em>Editions duSeuil, Par&iacute;s, 2013, 972 p&aacute;ginas, 25 &euro;. 
    </p><p class="article-text">
        <span id="ftn2"></span><a href="//#_ftnref2" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">[2]</a> Sepuede encontrar un resumen en ingl&eacute;s en <a href="http://mpra.ub.uni-muenchen.de/52384/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>The return of &ldquo;patrimonialcapitalism": review of Thomas Piketty&rsquo;s Capital in the 21st century</em></a>,de Branko Milanovic. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Firma invitada, Antonio Quero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/capitalismo-desigualdad-siglo-xxi_132_5045464.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 02 Feb 2014 19:48:35 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El Capital en el siglo XXI]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Thomas Piketty,Economía]]></media:keywords>
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