<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Ana Sofía Cardenal]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/ana_sofia_cardenal/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Ana Sofía Cardenal]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/511377/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Una jugada maestra de Puigdemont?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/jugada-maestra-puigdemont_129_6090322.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/df16a701-0df8-4ff1-b9bc-3acdaac2bce4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Una jugada maestra de Puigdemont?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una pequeña pérdida de votos respecto a las últimas elecciones al Parlament, en las que JxCat se impuso a ERC por la mínima, podría tener un gran impacto (y muy negativo) para el futuro electoral del nuevo partido</p></div><p class="article-text">
        Puigdemont finalmente ha dado un paso al frente. &Eacute;l y un nutrido grupo de seguidores fieles, entre los que se incluyen Jordi S&aacute;nchez y todos los presos del PdCat, han decidido romper la baraja de las negociaciones con el PdCat y constituir su propio partido. El nuevo partido tiene pocas diferencias con la marca electoral de JxCat que concurri&oacute; a las &uacute;ltimas elecciones catalanas, salvo que se establece de una forma mas clara como heredera del 1-O (rompiendo definitivamente con el pasado de CiU), tiene a su l&iacute;der indiscutible en Carles Puigdemont, y se autodefine como un partido de izquierdas (un giro ideol&oacute;gico cuyo impacto es dif&iacute;cil de predecir). La continuidad con la vieja f&oacute;rmula de JxCat es tanta que cabe preguntarse qu&eacute; hay detr&aacute;s de esta decisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La apuesta de Puigdemont y los suyos es conseguir que todo el espacio de JxCat se coordine alrededor del nuevo partido. Esto dejar&iacute;a las manos libres a Puigdemont para hacer un partido a la medida del l&iacute;der, le ahorrar&iacute;a tener que negociar listas y cargos con el PdCat, y, quiz&aacute; lo m&aacute;s importante, le dispensar&iacute;a de tener que ceder cuotas de poder a sectores que &eacute;l no controla. Si la jugada sale bien tendr&aacute; beneficios indudables para la figura de Puigdemont, que se convertir&aacute; en el todopoderoso e indiscutible l&iacute;der de este espacio. Pero, &iquest;es probable que salga bien? La impresi&oacute;n es que esta decisi&oacute;n se basa en unos supuestos poco realistas, y por lo tanto, se trata de una jugada altamente arriesgada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, presupone que todo el espacio de JxCat se coordinar&aacute; alrededor del nuevo partido. Pero para que esto sea un escenario posible, el PdCat tendr&iacute;a que decidir no presentarse a las elecciones, algo que, al menos por ahora, no parece probable. Adem&aacute;s, todos los cargos y votantes del PdCat deber&iacute;an votar en el futuro por el nuevo partido, lo que tambi&eacute;n es altamente improbable. Es probable que una parte importante de estos cargos y votantes se pasen al nuevo partido, pero basta con que unos pocos no lo hagan para complicar las cosas a la nueva formaci&oacute;n. Una peque&ntilde;a p&eacute;rdida de votos respecto a las &uacute;ltimas elecciones al Parlament, en las que JxCat se impuso a ERC por la m&iacute;nima, podr&iacute;a tener un gran impacto (y muy negativo) para el futuro electoral del nuevo partido.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo m&aacute;s realista, pues, es asumir que una parte de los votos de este espacio, aunque sea peque&ntilde;a, se quedar&aacute; en el PdCat. Pero si eso es as&iacute;, para asegurar como m&iacute;nimo el resultado de las &uacute;ltimas elecciones catalanas, el partido tendr&iacute;a que tener la capacidad de atraer a nuevos votantes, un supuesto (el segundo) tambi&eacute;n poco realista. Es indudable que el nuevo partido apuesta por ensanchar la base electoral y eso podr&iacute;a explicar el giro ideol&oacute;gico y su intento por atraer el voto de izquierda. Sin embargo, la estrategia de confrontaci&oacute;n por la que apuesta la nueva formaci&oacute;n es un poderoso l&iacute;mite a estas pretensiones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Entre el electorado potencial al que podr&iacute;a dirigirse el nuevo partido de Puigdemont (el independentista), una parte importante habr&iacute;a virado junto a ERC hacia posiciones m&aacute;s pragm&aacute;ticas, y otra parte, podr&iacute;a ver con cierto escepticismo una estrategia que en t&eacute;rminos pr&aacute;cticos ha dado muy pocos frutos en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Estos cambios en el electorado, adem&aacute;s, podr&iacute;an ahora verse acelerados por la crisis de la COVID-19, una situaci&oacute;n inesperada y radicalmente nueva que exige respuestas a problemas muy graves que amenazan seriamente el futuro de la sociedad catalana. Todo ello, pod&iacute;a contribuir a hacer muy poco atractiva la nueva oferta para el votante independentista, y ser letal para los intereses y expectativas de esta nueva formaci&oacute;n, y por supuesto de Puigdemont.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana Sofía Cardenal]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/jugada-maestra-puigdemont_129_6090322.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 08 Jul 2020 20:35:34 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/df16a701-0df8-4ff1-b9bc-3acdaac2bce4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="669012" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/df16a701-0df8-4ff1-b9bc-3acdaac2bce4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="669012" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[¿Una jugada maestra de Puigdemont?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/df16a701-0df8-4ff1-b9bc-3acdaac2bce4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿El uso de internet aumenta las dudas sobre el voto?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/nueva_politica/uso-internet-aumenta-dudas-voto_1_4745901.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c8dd2d1d-130d-45d9-830c-57335d986018_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿El uso de internet aumenta las dudas sobre el voto?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No sabemos si informarse a través de Internet fomenta la incomunicación entre grupos  con opiniones distintas o  si promueve la deliberación a través de exponernos a opiniones  distintas y forzarnos a dialogar con ellas</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li><a href="http://www.eldiario.es/agendapublica/nueva-politica/Internet-cambia-consumo-informacion-politica_0_210329311.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia"><strong>Internet cambia el consumo de informaci&oacute;n pol&iacute;tica</strong></a></li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Estas elecciones europeas han dejado unas cuantas preguntas sobre la mesa. Tras el brutal batacazo sufrido por el bipartidismo y el poco previsible auge de Podemos, una de estas preguntas se refiere a la estabilidad del voto. En <a href="http://www.eldiario.es/agendapublica/nueva-politica/GRAFICO_0_268074037.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un post reciente</a>, <a href="http://www.eldiario.es/autores/juan_rodriguez_teruel/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Juan Rodr&iacute;guez Teruel</a> abordaba esta cuesti&oacute;n, y utilizaba para ello datos de encuestas pre-electorales del CIS. En su an&aacute;lisis, hallaba que la estabilidad del voto est&aacute; muy asociada a la edad (cuanto m&aacute;s joven, m&aacute;s propenso a cambiar el voto), que la volatilidad ha aumentado en la &uacute;ltima d&eacute;cada (cualquiera de nosotros est&aacute; hoy m&aacute;s predispuesto a cambiar el voto que hace diez a&ntilde;os) y que el voto de izquierda es m&aacute;s vol&aacute;til que el de derecha (nada dir&eacute; en este post sobre esto).
    </p><p class="article-text">
        El primer hallazgo no es muy sorprendente. Gracias al trabajo de Converse y sus colaboradores, sabemos que la edad es un poderoso determinante de la identificaci&oacute;n partidaria. Parece que con los a&ntilde;os y ayudados por la experiencia de votar en elecciones sucesivas nos vamos haciendo m&aacute;s fieles a un partido. En todo caso, es curioso constatar que esta relaci&oacute;n se mantiene a lo largo del tiempo y en diferentes pa&iacute;ses, lo que la convierte en una potente regularidad emp&iacute;rica.
    </p><p class="article-text">
        El segundo hallazgo, en cambio, nos invita a hacernos las siguientes preguntas: &iquest;qu&eacute; ha cambiado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os para que haya aumentado la volatilidad?, &iquest;tiene el aumento de informaci&oacute;n algo que ver con este fen&oacute;meno? Concretamente, en la medida en que Internet contribuye decisivamente al aumento en la oferta de informaci&oacute;n, &iquest;c&oacute;mo afecta su uso a la volatilidad?
    </p><p class="article-text">
        Para contestar a esta pregunta podemos hacer uso de dos relatos que surgen de la literatura acad&eacute;mica. El primero se basa en la idea de que un aumento en la oferta de informaci&oacute;n facilita lo que en la literatura se conoce como exposici&oacute;n selectiva, que es la exposici&oacute;n a contenidos que est&aacute;n l&iacute;nea con nuestras creencias, lo que contribuir&iacute;a a reforzar nuestras predisposiciones ideol&oacute;gicas y partidarias. El segundo pone el &eacute;nfasis en que Internet, adem&aacute;s del volumen, aumenta la diversidad de fuentes de informaci&oacute;n y de puntos de vista, lo que junto a otra de sus caracter&iacute;sticas -el hipertexto-, aumenta la probabilidad de exposici&oacute;n a contenidos que van en contra de nuestras creencias.
    </p><p class="article-text">
        Estas tesis llevan a predicciones diferentes sobre c&oacute;mo <a href="http://www.eldiario.es/agendapublica/nueva-politica/Internet-cambia-consumo-informacion-politica_0_210329311.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el consumo de informaci&oacute;n pol&iacute;tica a trav&eacute;s de Internet</a> afecta el voto. Por un lado, si Internet aumenta la exposici&oacute;n selectiva, podemos esperar que su uso refuerce las opiniones y aumente el voto partidista; por otro, si nos expone a contenidos que atentan contra nuestras creencias, podemos esperar que aumente la ambivalencia y reduzca el voto de partido.
    </p><p class="article-text">
        Los resultados no son nada concluyentes. En la tabla se muestran los resultados de algunos estudios que han examinado esta cuesti&oacute;n.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b9dd2d21-bc54-4606-9bd3-d68e9778d407_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b9dd2d21-bc54-4606-9bd3-d68e9778d407_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b9dd2d21-bc54-4606-9bd3-d68e9778d407_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b9dd2d21-bc54-4606-9bd3-d68e9778d407_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b9dd2d21-bc54-4606-9bd3-d68e9778d407_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b9dd2d21-bc54-4606-9bd3-d68e9778d407_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/b9dd2d21-bc54-4606-9bd3-d68e9778d407_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Como podemos observar, todos los estudios encuentran que hay un efecto del consumo de informaci&oacute;n a trav&eacute;s de Internet en la opini&oacute;n y/o el voto de partido, aunque difieren en la direcci&oacute;n de este efecto. El principal contraste est&aacute; entre los resultados que Markus Prior encuentra para Estados Unidos y los que el resto de los estudios encuentran para el &aacute;mbito de los pa&iacute;ses europeos, concretamente, para Espa&ntilde;a e Irlanda. Mientras que Prior encuentra que en Estados Unidos el consumo de informaci&oacute;n pol&iacute;tica, principalmente a trav&eacute;s de la televisi&oacute;n por cable, <a href="http://books.google.es/books?id=o37mHuY7OWkC&amp;printsec=frontcover&amp;hl=es&amp;source=gbs_ge_summary_r&amp;cad=0#v=onepage&amp;q&amp;f=false" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">refuerza las opiniones previas y aumenta el voto de partido</a>, los estudios centrados en los pa&iacute;ses europeos encuentran que el consumo de informaci&oacute;n pol&iacute;tica a trav&eacute;s de Internet <a href="http://ipp.oii.ox.ac.uk/sites/ipp.oii.ox.ac.uk/files/documents/IPP2010_Padro-Solanet_Paper.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aumenta la abstenci&oacute;n</a>, <a href="http://journals.cambridge.org/action/displayAbstract?aid=9172727" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la incertidumbre sobre el voto</a>, y <a href="http://www.reis.cis.es/REIS/PDF/REIS_141_011358268562576.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el voto a partidos minoritarios</a>.  
    </p><p class="article-text">
        Estos estudios tienen algunas pegas. La primera es que s&oacute;lo demuestran que existe una asociaci&oacute;n entre el uso de Internet y el voto partidista, no que la relaci&oacute;n sea causal. Por el tipo de datos y el dise&ntilde;o no podemos saber si el uso de Internet es lo que aumenta las dudas sobre la opci&oacute;n de voto, o son las dudas las que empujan al individuo a buscar en Internet. Tampoco podemos descartar que haya alg&uacute;n tercer factor que explique ambas cosas a la vez &ndash; la propensi&oacute;n a dudar y a buscar informaci&oacute;n a trav&eacute;s de Internet. Para abordar este problema, <a href="http://journals.cambridge.org/action/displayAbstract?aid=9172727" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Sudulich et al. (2014)</a> hacen uso de un experimento natural: utilizan el hecho azaroso de que en Irlanda la banda ancha no llega a todos los distritos electorales para estimar el efecto del uso de Internet en el voto. Descubren que los individuos que viven en los distritos con banda ancha, como promedio, dudan m&aacute;s sobre su opci&oacute;n de voto que los que viven en distritos <em>no conectados</em>. 
    </p><p class="article-text">
        Otra pega de estos estudios es que ni refutan ni validan las hip&oacute;tesis apuntadas porque (con la excepci&oacute;n del de Prior) no informan sobre c&oacute;mo el uso de Internet afecta la opini&oacute;n. Las diferencias entre Estados Unidos y Europa se podr&iacute;an explicar por las variaciones en el sistema de partidos, y no por las hip&oacute;tesis planteadas. Por ejemplo, consumir informaci&oacute;n pol&iacute;tica a trav&eacute;s de Internet podr&iacute;a tener siempre el efecto de reforzar la opini&oacute;n, pero debido a las diferencias en el sistema de partidos, tendr&iacute;a consecuencias distintas en el voto. En un sistema de dos partidos, como el americano, donde la correlaci&oacute;n entre ideolog&iacute;a y voto de partido es casi perfecta, un refuerzo de la opini&oacute;n se observar&iacute;a en un aumento del voto partidista. En cambio, en un sistema multipartidista, donde la correlaci&oacute;n entre ideolog&iacute;a y voto de partido es m&aacute;s d&eacute;bil (sencillamente porque m&aacute;s de un partido compite en un mismo espacio ideol&oacute;gico), un refuerzo de la opini&oacute;n no tendr&iacute;a por qu&eacute; observarse en un aumento del voto partidista. Es m&aacute;s, en sistemas multipartidistas, la contribuci&oacute;n de Internet a la volatilidad o a la fragmentaci&oacute;n del voto podr&iacute;a estar en que hace m&aacute;s visible la oferta pol&iacute;tica existente, y no en que aumenta la ambivalencia o debilita la opini&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Resumiendo, a&uacute;n sabemos muy poco sobre c&oacute;mo el consumo de informaci&oacute;n pol&iacute;tica a trav&eacute;s de Internet afecta el voto. Una propuesta para avanzar es investigando el efecto de la exposici&oacute;n a Internet en la formaci&oacute;n de opini&oacute;n. No sabemos si el uso de Internet fomenta la incomunicaci&oacute;n entre grupos con opiniones distintas a trav&eacute;s de facilitar la exposici&oacute;n selectiva, o si promueve la deliberaci&oacute;n a trav&eacute;s de exponernos a opiniones distintas y forzarnos a dialogar con ellas. Estas cuestiones necesitan respuesta y no s&oacute;lo porque es previsible que afecten el voto sino tambi&eacute;n muchos otros aspectos del funcionamiento de nuestras democracias.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana Sofía Cardenal]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/nueva_politica/uso-internet-aumenta-dudas-voto_1_4745901.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 22 Jul 2014 18:11:02 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/c8dd2d1d-130d-45d9-830c-57335d986018_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="314396" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/c8dd2d1d-130d-45d9-830c-57335d986018_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="314396" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[¿El uso de internet aumenta las dudas sobre el voto?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/c8dd2d1d-130d-45d9-830c-57335d986018_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Nueva Política]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las leyes de transparencia tienen poco o ningún impacto sobre la calidad democrática]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/nueva_politica/democracias-calidad-peores-leyes-transparencia_1_4857290.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1a74e6e8-3764-4688-9265-b7d6d3f4db8d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las leyes de transparencia tienen poco o ningún impacto sobre la calidad democrática"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Estas leyes no empeoran la calidad de la democracia, aunque los datos indican que tampoco la mejoran.</p></div><p class="article-text">
        Las leyes de transparencia est&aacute;n de moda en nuestro pa&iacute;s. Hace s&oacute;lo unos meses el gobierno espa&ntilde;ol aprob&oacute; <a href="http://www.leydetransparencia.gob.es/index.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una de estas leyes</a> y, en Catalu&ntilde;a, el Parlament tramita otra. Con estas leyes, nuestros pol&iacute;ticos responden a la mayor crisis de confianza en las instituciones que se ha vivido en nuestro pa&iacute;s desde el inicio de la democracia. La pregunta es si estas leyes servir&aacute;n para conseguir los objetivos que dicen perseguir: &ldquo;restaurar la confianza en las instituciones y mejorar la calidad de la democracia&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Es decir, &iquest;podemos esperar que estas leyes sean un instrumento efectivo de control democr&aacute;tico y que contribuyan por ende a mejorar la calidad de nuestra democracia? Mi hip&oacute;tesis es que no y la raz&oacute;n es simple: estas leyes conf&iacute;an el control de los pol&iacute;ticos a los propios pol&iacute;ticos, lo que no parece la mejor manera de controlarlos. Por ejemplo, aunque la ley obliga a hacer p&uacute;blica la informaci&oacute;n considerada de inter&eacute;s p&uacute;blico, la decisi&oacute;n sobre qu&eacute; informaci&oacute;n facilitar depende de los funcionarios, y aunque la ley habilita un consejo de transparencia o una comisi&oacute;n de resoluci&oacute;n encargada de velar por su cumplimiento, estos &oacute;rganos dependen del gobierno, concretamente, en el caso de Espa&ntilde;a, del Ministerio de Hacienda. Es decir, todo queda en casa.
    </p><p class="article-text">
        Pero veamos qu&eacute; dicen los datos. Si utilizamos como indicador de calidad de la democracia <a href="http://www.systemicpeace.org/polity/polity4.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el &iacute;ndice Polity IV</a>, muy utilizado en los estudios emp&iacute;ricos sobre democracia, no se aprecia que la calidad de las leyes de transparencia (medida a trav&eacute;s del &iacute;ndice que proporciona el <a href="http://www.rti-rating.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Global Right to Information Rating</a>) tenga alg&uacute;n efecto en la calidad de la democracia. Como se observa en la gr&aacute;fica de la izquierda, una mayor calidad de las leyes de transparencia (valores altos en el eje de coordenadas) no aumenta el nivel de democracia o tiene un efecto que es imperceptible (los valores esperados de nivel de democracia para valores bajos y altos de calidad en las leyes de transparencia pr&aacute;cticamente no cambian).
    </p><p class="article-text">
        <strong>Gr&aacute;fico 1. Leyes de transparencia y calidad de la democracia medida a trav&eacute;s de Polity IV</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f574b503-6ba7-4671-b99b-8ea18a11d6cb_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f574b503-6ba7-4671-b99b-8ea18a11d6cb_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f574b503-6ba7-4671-b99b-8ea18a11d6cb_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f574b503-6ba7-4671-b99b-8ea18a11d6cb_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f574b503-6ba7-4671-b99b-8ea18a11d6cb_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f574b503-6ba7-4671-b99b-8ea18a11d6cb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/f574b503-6ba7-4671-b99b-8ea18a11d6cb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>Gr&aacute;fico 2. Leyes de transparencia y la escala de libertades de Freedom House</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/506f1dfd-f7bb-47c3-b8f1-f9e1b4d45438_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/506f1dfd-f7bb-47c3-b8f1-f9e1b4d45438_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/506f1dfd-f7bb-47c3-b8f1-f9e1b4d45438_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/506f1dfd-f7bb-47c3-b8f1-f9e1b4d45438_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/506f1dfd-f7bb-47c3-b8f1-f9e1b4d45438_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/506f1dfd-f7bb-47c3-b8f1-f9e1b4d45438_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/506f1dfd-f7bb-47c3-b8f1-f9e1b4d45438_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        En cambio, si utilizamos como indicador de calidad de la democracia el &iacute;ndice de Freedom House, concretamente la escala de libertades civiles, apreciamos algo sorprendente, que la relaci&oacute;n entre la calidad de las leyes de transparencia y la calidad de la democracia no s&oacute;lo no es la esperada sino que se invierte: a mejores leyes de transparencia menor grado de libertades (el &iacute;ndice de Freedom House se lee al rev&eacute;s: 1 es el valor m&aacute;ximo, y 7, el valor m&iacute;nimo, en la escala de libertades) o peor calidad de la democracia.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Debemos deducir de esto que las leyes de transparencia no s&oacute;lo no mejoran el control democr&aacute;tico sino que &ndash; &iexcl;oh horror! -- lo empeoran? La respuesta es no. Estas leyes no empeoran la calidad de la democracia, aunque probablemente tampoco la mejoran. Seguramente, lo que ocurre es que estas leyes tienen poco o ning&uacute;n impacto sobre la calidad de la democracia, pero los pa&iacute;ses de baja calidad democr&aacute;tica necesitan aprobar leyes de transparencia para responder a la falta de confianza de sus ciudadanos en las instituciones. 
    </p><p class="article-text">
        El gr&aacute;fico 3 muestra de una manera mucho clara que los pa&iacute;ses que tienen las mejores leyes de transparencia son las democracias de baja calidad (los pa&iacute;ses que punt&uacute;an 2, 3 y 4 en la escala de libertades de Freedom House) y no, como se podr&iacute;a esperar, las democracias de alta calidad (los que punt&uacute;an 1 en la escala). La relaci&oacute;n no lineal entre leyes de transparencia y calidad de la democracia que muestra esta gr&aacute;fica (y que se aprecia tambi&eacute;n en las anteriores si nos fijamos bien) se podr&iacute;a explicar de la siguiente manera: por un lado, los pa&iacute;ses de alta calidad democr&aacute;tica no necesitan aprobar leyes de transparencia porque sus ciudadanos ya conf&iacute;an en las instituciones y &eacute;stas ya practican la transparencia; por otro, los pa&iacute;ses no democr&aacute;ticos tampoco necesitan aprobar leyes de transparencia porque de ellos no se espera que respondan a las demandas de los ciudadanos. Las democracias de baja calidad, en cambio, tienen muchos incentivos para aprobar estas leyes: de ellas se espera que respondan a las demandas de los ciudadanos y sus ciudadanos tienen poca confianza en las instituciones.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Gr&aacute;fico 3. Libertades civiles y calidad de las leyes de transparencia</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e22cff70-f8b7-4c7b-85a2-989d100f478c_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e22cff70-f8b7-4c7b-85a2-989d100f478c_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e22cff70-f8b7-4c7b-85a2-989d100f478c_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e22cff70-f8b7-4c7b-85a2-989d100f478c_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e22cff70-f8b7-4c7b-85a2-989d100f478c_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e22cff70-f8b7-4c7b-85a2-989d100f478c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/e22cff70-f8b7-4c7b-85a2-989d100f478c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Pero, adem&aacute;s, hay otra raz&oacute;n que podr&iacute;a explicar que las democracias de baja calidad aprueben mejores leyes de transparencia: los pa&iacute;ses menos predispuestos a cumplir la ley son los que pueden permitirse hacer mejores leyes, mientras que los que tienen intenci&oacute;n de someterse al imperio de la ley hacen las leyes que pueden cumplir. Esto explicar&iacute;a que pa&iacute;ses con &iacute;ndices bajos de gobierno de la ley como Azerbaiy&aacute;n, M&eacute;xico, El Salvador, Liberia y Sierra Leona est&eacute;n entre los diez mejores pa&iacute;ses en calidad de las leyes de transparencia, mientras que pa&iacute;ses con niveles altos de gobierno de la ley como Alemania, Austria y B&eacute;lgica est&eacute;n entre los diez peores en calidad de las leyes de transparencia. Para comprobar est&aacute; hip&oacute;tesis utilizamos uno de los sub-componentes del &iacute;ndice de FH que mide espec&iacute;ficamente el gobierno de la ley (o <em>rule of law</em>). El gr&aacute;fico 4 muestra que existe una relaci&oacute;n negativa entre el gobierno de la ley y la calidad de las leyes de transparencia: a menor gobierno de la ley (valores bajos en el eje de coordenadas) mejor calidad de las leyes y a mayor imperio de la ley (valores altos en el eje de coordenadas) peor calidad de las leyes de transparencia.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Gr&aacute;fico 4. Gobierno de la ley y leyes de transparencia</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/864c8994-a86f-4bab-85ac-4d2b87254747_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/864c8994-a86f-4bab-85ac-4d2b87254747_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/864c8994-a86f-4bab-85ac-4d2b87254747_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/864c8994-a86f-4bab-85ac-4d2b87254747_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/864c8994-a86f-4bab-85ac-4d2b87254747_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/864c8994-a86f-4bab-85ac-4d2b87254747_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/864c8994-a86f-4bab-85ac-4d2b87254747_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Desde este punto de vista tal vez no sea una mala noticia que la ley de transparencia aprobada por el gobierno espa&ntilde;ol <a href="http://contencioso.es/2013/12/10/publicada-la-ley-de-transparencia-15-decepciones/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">no est&eacute; a la altura de las expectativas</a> o que la ley que tramita el Parlament de Catalu&ntilde;a no tenga el alcance que ser&iacute;a deseable (deja fuera por ejemplo a los partidos pol&iacute;ticos). Estas limitaciones podr&iacute;an indicar que nuestros pol&iacute;ticos aunque igualmente incontrolables al menos hacen leyes que pueden cumplir.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana Sofía Cardenal]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/nueva_politica/democracias-calidad-peores-leyes-transparencia_1_4857290.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 27 May 2014 19:07:50 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/1a74e6e8-3764-4688-9265-b7d6d3f4db8d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="56780" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/1a74e6e8-3764-4688-9265-b7d6d3f4db8d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="56780" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Las leyes de transparencia tienen poco o ningún impacto sobre la calidad democrática]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/1a74e6e8-3764-4688-9265-b7d6d3f4db8d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Nueva Política]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Una consulta para otra consulta?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/reforma_constitucional/consulta_1_5007636.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7cbd5b00-d8e2-4905-9cff-18c49849e017_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Una consulta para otra consulta?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A través de un sencillo experimento</p><p class="subtitle">Ana Sofía Cardenal</p><p class="subtitle">nos muestra la posibilidad de que el resultado del referéndum en Catalunya no cierre de una vez por todas la negociación sobre este tema.</p></div><p class="article-text">
        Suponiendo que el tema catal&aacute;n se acabe resolviendo a trav&eacute;s del voto, es dif&iacute;cil saber c&oacute;mo acabar&aacute;. <a href="http://www.eldiario.es/piedrasdepapel/consulta-sistema-electoral_6_206889318.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Jos&eacute; Fern&aacute;ndez-Albertos</a> nos ilustraba sobre el desprop&oacute;sito de haber anunciado la pregunta del refer&eacute;ndum sin tener un sistema de elecci&oacute;n definido. Como muestra Fern&aacute;ndez-Albertos, no haber definido c&oacute;mo se agregar&aacute;n las preferencias para producir un resultado colectivo permite todas las posibilidades: dado un mismo perfil de preferencias podr&iacute;an darse m&uacute;ltiples posibles ganadores. El sistema de elecci&oacute;n es esencial porque define al ganador. Aqu&iacute;, sin embargo, quisiera centrarme en otro problema: la posibilidad de que el sistema de elecci&oacute;n produzca un resultado estable, es decir, un resultado que permita zanjar de una vez por todas la negociaci&oacute;n sobre este tema.
    </p><p class="article-text">
        Gracias a la literatura de la elecci&oacute;n social, sabemos que en ausencia de instituciones las situaciones en las que dadas unas preferencias no existe un ganador son mucho m&aacute;s frecuentes de lo que ser&iacute;a deseable. Estas situaciones, que en la literatura se conocen como ciclos, se dan cuando no hay ninguna alternativa que en un enfrentamiento por pares gana a todas las dem&aacute;s. Por ejemplo, en una comunidad de 3 individuos con las preferencias sobre los posibles resultados del proceso catal&aacute;n (Independencia, Federalismo, Statu quo) que muestra la tabla 1, ninguna alternativa se impondr&iacute;a a las otras. En esta comunidad, la independencia es preferida por los individuos 1 y 2 al SQ, el SQ es preferido por los individuos 1 y 3 al federalismo pero el federalismo es preferido por una mayor&iacute;a (por los individuos 2 y 3) a la independencia. De esta manera, aplicando el m&eacute;todo de enfrentar por pares todas las alternativas (tambi&eacute;n llamado de Condorcet) el resultado ser&iacute;a un ciclo, donde I&amp;gt;SQ&amp;gt;F&amp;gt;I.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ada2f8bf-0f7a-4ca7-b87a-7e5c552ad3f1_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ada2f8bf-0f7a-4ca7-b87a-7e5c552ad3f1_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ada2f8bf-0f7a-4ca7-b87a-7e5c552ad3f1_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ada2f8bf-0f7a-4ca7-b87a-7e5c552ad3f1_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ada2f8bf-0f7a-4ca7-b87a-7e5c552ad3f1_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ada2f8bf-0f7a-4ca7-b87a-7e5c552ad3f1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ada2f8bf-0f7a-4ca7-b87a-7e5c552ad3f1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Los ciclos tienen varias consecuencias indeseables; entre ellas, producen resultados arbitrarios (cualquier alternativa puede ser seleccionada, aunque tenga una relaci&oacute;n remota con los gustos y preferencias de los ciudadanos) y nos dejan terriblemente expuestos a la manipulaci&oacute;n de los pol&iacute;ticos. Pero la existencia de ciclos no es lo &uacute;nico que complica las posibilidades de producir una buena decisi&oacute;n. Tambi&eacute;n ocurre con bastante frecuencia que, existiendo un ganador (una alternativa que en un enfrentamiento por pares gana a todas las dem&aacute;s), &eacute;ste no es seleccionado por el sistema de elecci&oacute;n. El post de <a href="http://www.eldiario.es/agendapublica/reforma-constitucional/Volem-votar-visca-paradoja-Condorcet_0_180232117.html%20" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Pau Mari Klose</a> nos ofrece buenos ejemplos de ambas situaciones.
    </p><p class="article-text">
        Tanto si existe un ciclo como si existe una alternativa ganadora que no es seleccionada, alguien tendr&aacute; incentivos para reabrir la negociaci&oacute;n sobre el tema y la soluci&oacute;n no ser&aacute; estable (<a href="http://www.cerclegerrymandering.cat/arrow-referendum-equilibri-impossible/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en este texto</a> puede verse una discusi&oacute;n reciente sobre este tema de <a href="https://twitter.com/bpberta" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Berta Barbet</a>). Teniendo en cuenta que negociar un tema eternamente tiene costes sociales, ser&iacute;a deseable saber cu&aacute;ndo podremos esperar la presencia de un ciclo, y cu&aacute;ndo podremos esperar que exista una alternativa ganadora, es decir, una soluci&oacute;n estable, en el caso catal&aacute;n. Aunque no haya ninguna garant&iacute;a de que existiendo una soluci&oacute;n estable &eacute;sta vaya a ser seleccionada, conocer las condiciones bajo las que existir&aacute; esta soluci&oacute;n y saber cu&aacute;l ser&aacute; esta soluci&oacute;n nos permitir&aacute; valorar la idoneidad del procedimiento (el dise&ntilde;o de la pregunta y el sistema de elecci&oacute;n).
    </p><p class="article-text">
        Para responder a esta pregunta podemos realizar un sencillo ejercicio. Imaginemos por ejemplo que Catalu&ntilde;a se compone de una poblaci&oacute;n de tres grupos de votantes con preferencias sobre los tres resultados posibles del proceso (Independencia, Federalismo y Statu quo).  Estos tres grupos de votantes se definen por sus primeras preferencias que conocemos gracias a las encuestas. Por ejemplo, con algunas -- y a veces importantes -- variaciones, las encuestas nos dicen que los independentistas son aproximadamente el 45%; los federalistas el 20%; y los partidarios del statu quo el 30%. Con esta distribuci&oacute;n, no hay ninguna alternativa que gane por mayor&iacute;a simple y por lo tanto el resultado depender&aacute; de las segundas y terceras preferencias. Como desconocemos las segundas y terceras preferencias de nuestros tres grupos de votantes, podemos simularlas.
    </p><p class="article-text">
        El ejercicio pues consiste en simular distintos perfiles posibles de preferencias y los resultados que esperar&iacute;amos para cada perfil de preferencias. Para simplificar el problema partimos de un supuesto fuerte y muy poco realista: asumimos que las preferencias de los tres grupos de votantes son homog&eacute;neas; es decir, asumimos que Catalu&ntilde;a se reduce a una comunidad de tres grupos de individuos como en la tabla 2. Esta tabla muestra los ocho perfiles de preferencias que se obtienen de combinar las segundas y terceras preferencias para una poblaci&oacute;n de tres grupos de individuos. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/931eefc0-84d9-4adf-8b48-4035dadbe856_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/931eefc0-84d9-4adf-8b48-4035dadbe856_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/931eefc0-84d9-4adf-8b48-4035dadbe856_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/931eefc0-84d9-4adf-8b48-4035dadbe856_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/931eefc0-84d9-4adf-8b48-4035dadbe856_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/931eefc0-84d9-4adf-8b48-4035dadbe856_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/931eefc0-84d9-4adf-8b48-4035dadbe856_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        A partir de estos perfiles de preferencias que suponemos igualmente probables y aplicando el m&eacute;todo Condorcet (el enfrentamiento por pares de todas las alternativas) para obtener al ganador en cada estado del mundo, obtenemos los siguientes resultados:
    </p><div class="list">
                    <ol>
                                    <li>Una de cada cuatro veces no existir&aacute; un ganador y estaremos en presencia de un ciclo. Los ciclos s&oacute;lo se producen cuando uno de los dos grupos de votantes situados en los extremos (partidarios de la independencia o del statu quo) tiene preferencias muy intensas a favor de su primera alternativa. Es decir, cuando los partidarios de la independencia prefieren en segundo lugar el Statu quo al Federalismo o bien los partidarios del statu quo prefieren la Independencia al Federalismo en segundo lugar*.</li>
                                    <li>Una de cada cuatro veces existir&aacute; un ganador y &eacute;ste ser&aacute; la alternativa preferida por el votante mediano, que es un partidario del federalismo. Esta situaci&oacute;n s&oacute;lo se producir&aacute; si los dos grupos de votantes situados en los extremos tienen preferencias moderadas; es decir, si los partidarios de la independencia prefieren el Federalismo al Statu quo y los partidarios del statu quo prefieren el Federalismo a la Independencia.</li>
                                    <li>La mitad de las dos veces existir&aacute; un ganador y &eacute;ste lo decidir&aacute; el votante mediano, es decir, un partidario del federalismo. Esto ocurrir&aacute; cuando uno o los dos grupos de votantes en los extremos tenga preferencias muy intensas a favor de su primera alternativa. En este caso, aunque los federalistas deciden el resultado, la alternativa ganadora no es la preferida por los federalistas sino su segunda preferencia; es decir, el Statu quo o la Independencia.</li>
                            </ol>
            </div><p class="article-text">
        Este sencillo ejercicio de simulaci&oacute;n nos permite saber cuando existir&aacute; un resultado estable y qu&eacute; resultado esperar en funci&oacute;n de distintos perfiles de preferencias. Si investigamos qu&eacute; perfil de preferencias se ajusta mejor a las preferencias de los catalanes podremos saber cuan pr&oacute;ximo estar&iacute;a el resultado en un hipot&eacute;tico refer&eacute;ndum del que cabr&iacute;a esperar por el perfil de preferencias de los ciudadanos. Dicho de otro modo, podremos calibrar el efecto del dise&ntilde;o de la pregunta y del sistema de elecci&oacute;n en el resultado, y tambi&eacute;n saber si el resultado ser&aacute; estable.
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, si investigando las segundas preferencias descubrimos que una mayor&iacute;a de independentistas o de partidarios del statu quo tiene preferencias muy intensas a favor de su primera alternativa y el resultado del refer&eacute;ndum es el Federalismo, sabremos que el resultado ha sido inducido por la pregunta*. No s&oacute;lo eso sino que, puesto que cuando alguno de los grupos en los extremos tiene preferencias muy intensas a favor de su primera alternativa los &uacute;nicos resultados estables posibles son el Statu quo o la Independencia, sabremos que el Federalismo no es un resultado estable y que m&aacute;s tarde o m&aacute;s temprano alguien propondr&aacute; volver a votar.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Nota</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        <em>* el s&iacute;mbolo &gt; denota una relaci&oacute;n de preferencia y x &gt; y significa que x es preferida a y.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>*Las preferencias de este tipo, que en la literatura se conocen como preferencias de dos picos, se pueden interpretar como preferencias muy intensas a favor de una alternativa. Cuando esto ocurre, el individuo es muy poco sensible a los cambios que se producen lejos de su primera alternativa. Esta caracter&iacute;stica tambi&eacute;n permite hablar de preferencias convexas.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>*La doble pregunta induce a los partidarios de la independencia a votar Si/Si y esto asume que los independentistas prefieren un estado aunque no sea independiente al Statu quo.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana Sofía Cardenal]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/reforma_constitucional/consulta_1_5007636.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 24 Feb 2014 20:10:32 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/7cbd5b00-d8e2-4905-9cff-18c49849e017_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="61328" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/7cbd5b00-d8e2-4905-9cff-18c49849e017_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="61328" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[¿Una consulta para otra consulta?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/7cbd5b00-d8e2-4905-9cff-18c49849e017_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Reforma constitucional,Cataluña]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
