<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Alberto Carrio Sampedro]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/alberto_carrio_sampedro/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Alberto Carrio Sampedro]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/511875/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Las “esteladas” y la regla del fuera del juego: ¿por qué competir es incompatible con abusar?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/libertad-de-expresion-esteladas_132_4770091.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Todas las banderas son instrumentos peligrosos para la racionalidad colectiva, dado que se han creado para exaltar las pasiones que son, por definición, incompatibles con la razón.</p><p class="subtitle">En este sentido, todas las banderas son símbolos políticos.</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>La <a href="http://www.eldiario.es/politica/esteladas-Copa-Rey-Barcelona-Sevilla_0_517948815.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">decisi&oacute;n del Juzgado Contencioso-administrativo n&ordm; 11 de Madrid</a>&nbsp;en relaci&oacute;n con la prohibici&oacute;n de exhibir &ldquo;esteladas&rdquo; adoptada por la Delegaci&oacute;n del Gobierno era la &uacute;nica posible en t&eacute;rminos de legalidad.</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        El deporte siempre ha sido un campo propicio para la exhibici&oacute;n de simbolog&iacute;as que reclaman adhesi&oacute;n incondicional o, lo que es lo mismo, que exigen supeditar la cabeza al coraz&oacute;n. Pi&eacute;nsese, por ejemplo, en el desfile deportivo por excelencia: el ol&iacute;mpico. En &eacute;l los abanderados lucen las insignias de Estados, cuya legitimidad pol&iacute;tica tiene en no pocos casos dif&iacute;cil justificaci&oacute;n; y, desde luego, guarda escasa relaci&oacute;n con aquel ideal de Coubertain de convertir el deporte en un instrumento de transformaci&oacute;n social. Es decir, de una nueva sociedad en la que el m&eacute;rito fuera lo importante y no los privilegios y/o discriminaciones basadas en el color o ascendencia social.
    </p><p class="article-text">
        Prohibir la exhibici&oacute;n de s&iacute;mbolos pol&iacute;ticos en las competiciones deportivas, como ha hecho recientemente la UEFA, tan solo puede ser entendido como una decisi&oacute;n apresurada que a buen seguro no tardar&aacute; en ser corregida. No tanto porque la propia UEFA organice competiciones entre selecciones nacionales, que exhiben su simbolog&iacute;a con patrocinio oficial. Ocurre, m&aacute;s bien, que la prohibici&oacute;n que establece el art. 16 de su reglamento disciplinario, a saber, &ldquo;el uso de mensajes que no sean adecuados para un encuentro deportivo, y en especial los de car&aacute;cter pol&iacute;tico&rdquo;, es pol&iacute;ticamente insostenible. &iquest;Prohibir&iacute;a la UEFA la exhibici&oacute;n de mensajes contra el racismo, el machismo o la homofobia? La respuesta no puede ser m&aacute;s que negativa. A salvo, claro est&aacute;, de que la UEFA decidiera abdicar de los valores del olimpismo que se ha comprometido a respetar. Pero esto tan solo nos confirma que la prohibici&oacute;n de la UEFA es err&oacute;nea, pero legal. A fin de cuentas, la UEFA es una asociaci&oacute;n privada con plena capacidad para desarrollar su propia legalidad.
    </p><p class="article-text">
        Cuesti&oacute;n diferente es la prohibici&oacute;n de la bandera independentista catalana, &ldquo;la estelada&rdquo;, en la pr&oacute;xima final de la Copa del Rey que el Gobierno, a trav&eacute;s de su delegada en la Comunidad de Madrid, ha intentado sin &eacute;xito. La raz&oacute;n de la prohibici&oacute;n se encontraba, en este caso, en lo dispuesto en la Ley 19/2007 contra la violencia, el racismo, la xenofobia y la intolerancia en el deporte. Ciertamente, la vaguedad con la que se expresa este art&iacute;culo permite hacer casi cualquier interpretaci&oacute;n imaginable. Pero hay alguna que no se puede sostener por mera decencia institucional.
    </p><p class="article-text">
        Lo que se define en el art 2 de la Ley 19/2007 son los actos o conductas violentos, racistas y xen&oacute;fobos. Y entre ellos, el apartado b) se&ntilde;ala como tales la exhibici&oacute;n de s&iacute;mbolos que inciten a la violencia, el terrorismo o que constituyan un desprecio a los participantes en el espect&aacute;culo deportivo. La redacci&oacute;n legal es desde luego muy criticable, pero tiene un cierto l&iacute;mite de maleabilidad.
    </p><p class="article-text">
        Sostener que &ldquo;la estelada&rdquo; incita a la comisi&oacute;n de los actos o conductas violentos es un insulto a cualquier interpretaci&oacute;n de la legalidad. La &ldquo;estelada&rdquo; goza de reconocimiento institucional desde 2014 (<a href="http://www.parlament.cat/document/nom/10b257.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Resoluci&oacute;n 497/X del Parlament de Catalunya</a> por la que se reconoce &ldquo;la estelada&rdquo; como s&iacute;mbolo de anhelo y reivindicaci&oacute;n democr&aacute;tica) y, como tal, de plena validez constitucional. Al menos mientras se siga sosteniendo que los actos de los parlamentos auton&oacute;micos tienen en principio validez constitucional.
    </p><p class="article-text">
        Cuesti&oacute;n diferente es la reacci&oacute;n que el reconocimiento de la &ldquo;estelada&rdquo; despierte en el banquillo de la otra hinchada nacional. Pero, sea cual sea esta, desde luego no habilita para hacer un uso torticero de la legalidad. La &ldquo;estelada&rdquo;, como la bandera espa&ntilde;ola, exalta sentimientos y promueve desde luego comportamientos irracionales. Pero una y otra lo hacen con igual intensidad, as&iacute; que por aqu&iacute; poco avanzamos. La soluci&oacute;n pasa por prohibir ambas o permitir las dos.
    </p><p class="article-text">
        La alternativa ingeniada por la Delegaci&oacute;n del Gobierno y alguno de sus ministros es autorizar &uacute;nicamente el uso de aquellas banderas que tengan reconocimiento constitucional. Pero este trayecto tiene poco recorrido: la presunci&oacute;n de validez de los actos de los Parlamentos Auton&oacute;micos y, con ella, la de la Resoluci&oacute;n 497/X del de Catalunya lo ataja por la mitad.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; las cosas, parece que la prohibici&oacute;n de &ldquo;las esteladas&rdquo; guarda m&aacute;s relaci&oacute;n con lo que propio art 2. pretende erradicar: &ldquo;las declaraciones o la transmisi&oacute;n de informaciones, con ocasi&oacute;n de la pr&oacute;xima celebraci&oacute;n de una competici&oacute;n o espect&aacute;culo deportivo, en cuya virtud se amenace o incite a la violencia o a la agresi&oacute;n a los participantes o asistentes a dichos encuentros, as&iacute; como la contribuci&oacute;n significativa mediante tales declaraciones a la creaci&oacute;n de un clima hostil, antideportivo o que promueva el enfrentamiento f&iacute;sico entre los participantes en encuentros o competiciones deportivas o entre asistentes a los mismos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ded&uacute;zcanse las conclusiones oportunas para quien deba juzgar qu&eacute; comportamiento es ilegal. No vaya a ser que las ganas de jugar nos hagan olvidar cu&aacute;les son las reglas y c&oacute;mo se han de aplicar. Desde luego, si el criterio es el de legalidad, las reglas son para todos las mismas. Como bien sabe todo aficionado al f&uacute;tbol, no es posible se&ntilde;alar un fuera de juego antes de comenzar a jugar. Eso no se llama competir, sino abusar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Carrio Sampedro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/libertad-de-expresion-esteladas_132_4770091.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 May 2016 18:14:36 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Las “esteladas” y la regla del fuera del juego: ¿por qué competir es incompatible con abusar?]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Libertad de expresión]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Europa, un negocio criminal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/europa-crisis-economica_132_4090024.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La realidad se ha empeñado en demostrar que el llamado ideal europeo se asentaba realmente en la volatilidad comercial, una clara demostración de nuestra genuina deflación moral.</p></div><p class="article-text">
        El dinero europeo ha perdido todo su inter&eacute;s. As&iacute; de rotundo lo anunci&oacute; Mario Draghi hace apenas un par de semanas. Si la situaci&oacute;n no fuera tan pat&eacute;tica, ser&iacute;a de agradecer el esfuerzo po&eacute;tico con el que Draghi describe el profundo descr&eacute;dito en el que se sume Europa. La crisis migratoria que las instituciones europeas se han negado continua e irresponsablemente a afrontar es mucho m&aacute;s sostenida y terrible que la econ&oacute;mica. Pero las carencias de la econom&iacute;a dom&eacute;stica, aunque matan menos, asustan m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Bien lo sabe Draghi, que sin rubor aparente nos invita, una vez m&aacute;s, a ser convidados de piedra en el esperp&eacute;ntico banquete de la liquidez total. Dinero gratis para los bancos a cambio de que sigan insuflando valor a esta crisis estructural. A fin de cuentas, no es m&aacute;s que la confirmaci&oacute;n de lo que siempre intuimos pero nos empe&ntilde;amos en ignorar: el valor del dinero cotiza &uacute;nicamente al alza en el mercado de la estabilidad social. Pensemos primero en nosotros y veamos despu&eacute;s si queda algo que repartir entre los dem&aacute;s. Esta m&aacute;xima, que hoy recorre Europa por las v&iacute;as de la alta velocidad, es la demostraci&oacute;n palmaria de nuestra genuina deflaci&oacute;n moral. Bien est&aacute; ser interesados y competir de igual a igual. El problema se encuentra en habernos desentendido de quien se encuentra en desventaja debido a la miseria que hemos contribuido a generar.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; radica la parte m&aacute;s oscura del &eacute;xito de la integraci&oacute;n europea. De otra forma hubiera resultado imposible mantenerse unidos ante tama&ntilde;a iniquidad. El asentimiento paciente de la ciudadan&iacute;a se ha hecho descansar en un c&aacute;lculo de utilidad. Un c&aacute;lculo por definici&oacute;n errado si se desconoce el valor de cambio de la lealtad institucional.
    </p><p class="article-text">
        Hubo, claro est&aacute;, razones poderosas para la sospecha: la org&iacute;a financiera de los mercados, el acoso y derribo de la escasa resistencia estatal a una pol&iacute;tica vergonzosa de austeridad econ&oacute;mica, el delirio del denominado Tratado de Libre Comercio cuya negociaci&oacute;n es confidencial o, en fin, las numerosas haza&ntilde;as b&eacute;licas en las que Europa nunca perdi&oacute; la ocasi&oacute;n de participar. Pero todas estas razones apuntaban en una misma direcci&oacute;n: la confianza en que, mal que bien, las cosas ten&iacute;an una finalidad justificada, o si se prefiere moral.
    </p><p class="article-text">
        Los millones de personas que claman hoy desesperadas a las puertas de Europa nos sit&uacute;an ante la confirmaci&oacute;n m&aacute;s terrible de la sospecha. Pero como ciudadanos prudentes nos protegemos de los rigores del invierno poniendo la raz&oacute;n a hibernar. Nada hicimos, poco m&aacute;s hacemos que asistir impert&eacute;rritos a la desidia que se acumula en el patio trasero de nuestra confortable pasividad. Asusta pensar que tenemos sus vidas en nuestras manos y las dejamos escapar. No puede negarse que hay razones poderosas que deben ser consideradas a la hora de abordar una crisis humanitaria como la actual. Pero no vaya a ser que de tanto pesar razones se nos olvide que el fiel de la balanza debe situarse precisamente en el respeto de la dignidad de los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Las palabras de Draghi no hacen m&aacute;s que confirmar la renuncia definitiva de Europa a su compromiso moral. Aquel que se puso por escrito en solemnes Tratados que dotaban de sentido a una Uni&oacute;n que aspiraba a ser mucho m&aacute;s que comercial. La crisis que ahoga Europa ha obligado a poner en venta el solar en el que enraizaban aquellos ideales que aspiraban a borrar fronteras exportando solidaridad. La realidad se ha empe&ntilde;ado en demostrar que lo mejor de Europa se asentaba sobre los cimientos de la volatilidad comercial. Es normal que unas bases tan endebles se hundan hoy en el mismo fango en el que se arrastran miles de personas hacinadas entre la desesperanza y la crueldad. Seres humanos sumidos en una pesadilla dantesca de la que despiertan aterrorizados ante una Europa que externaliza la desidia al tiempo que leva el ancla de la legitimidad.
    </p><p class="article-text">
        Seamos claros, la l&oacute;gica de la eficiencia no entiende de dignidad personal. Si el dinero no vale nada, mejor emplearlo en pagar a otros que quiten de nuestra vista lo que nos negamos a mirar. Expertas en gestionar de forma &oacute;ptima las crisis de identidad, las mafias siempre han tenido muy claro que el valor de la mercanc&iacute;a se encuentra en funci&oacute;n de la demanda social. El uniforme oficial que visten los gestores de este sustancioso negocio no debe hacernos perder de vista su naturaleza criminal.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Carrio Sampedro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/europa-crisis-economica_132_4090024.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 31 Mar 2016 18:49:15 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Europa, un negocio criminal]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Europa,Crisis económica]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Arriba las manos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/derecho-a-decidir-monarquia-referendum_132_4812970.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">El debate sobre la forma de Estado, al igual que sobre la situación de Cataluña, tienen que ver con una exigencia de mayor participación en los asuntos públicos.</p><p class="subtitle">Tras la abdicación, lo lógico, en términos democráticos, sería consultar a la ciudadanía a través del referéndum previsto en la propia Constitución.</p></div><p class="article-text">
        El anuncio de la abdicaci&oacute;n del rey Juan Carlos I ha reabierto el debate, latente desde la transici&oacute;n, sobre la forma pol&iacute;tica del Estado. Como es sobradamente conocido el anuncio viene precedido, y no cabe descartar que al menos motivado en parte, por la reclamaci&oacute;n de la sociedad catalana del derecho a decidir su futuro pol&iacute;tico. La reclamaci&oacute;n se extiende de este modo al conjunto de la sociedad espa&ntilde;ola y la negativa a celebrar una consulta popular consiste en apelar a la vigencia de la legalidad constitucional. Como quiera que esta es una  aspiraci&oacute;n genuinamente democr&aacute;tica, lejos de ser motivo de preocupaci&oacute;n, deber&iacute;a ser recibida como un claro s&iacute;ntoma de normalidad pol&iacute;tica y, como acertadamente se&ntilde;al&oacute; el presidente Rajoy en el reciente debate sobre la ley de abdicaci&oacute;n, requiere ser abordada con seriedad.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de que la aspiraci&oacute;n soberanista y la republicana no caminan necesariamente en paralelo, tienen en com&uacute;n dos aspectos b&aacute;sicos: i) la exigencia de mayor participaci&oacute;n democr&aacute;tica en los asuntos p&uacute;blicos y, ii) la tajante oposici&oacute;n de quienes abogan por el mantenimiento del <em>statu</em> <em>quo</em> ampar&aacute;ndose en la vigencia del sistema de reglas consensuado en la Constituci&oacute;n. No resulta ocioso por tanto traer a colaci&oacute;n aqu&iacute; algunas consideraciones b&aacute;sicas al respecto. La finalidad no es otra que comprobar cu&aacute;l es la soluci&oacute;n m&aacute;s plausible a una cuesti&oacute;n de indudable trascendencia para nuestro futuro pol&iacute;tico, que ha sido absurdamente banalizada en el espect&aacute;culo medi&aacute;tico representado en la C&aacute;mara baja.
    </p><p class="article-text">
        Dado que la vigencia de la Constituci&oacute;n queda fuera de toda duda, conviene recordar que, por id&eacute;ntica raz&oacute;n, goza tambi&eacute;n de plena vigencia el principio democr&aacute;tico que en ella se consagra. Obviamente, este principio se refiere a un procedimiento de decisi&oacute;n que trae consecuencia de una consideraci&oacute;n moral m&aacute;s b&aacute;sica, a saber, la igual dignidad y capacidad para decidir sobre los asuntos p&uacute;blicos de todos los individuos que componen la sociedad pol&iacute;tica. En esto consiste la soberan&iacute;a popular de la que emanan los poderes del Estado.  No es dif&iacute;cil colegir de todo ello que la legitimidad de la que goza este procedimiento de decisi&oacute;n radica precisamente en que todas las opiniones cuentan por igual y es, en consecuencia, incompatible con cualquier tipo de privilegio.
    </p><p class="article-text">
        Una vez que se tienen en cuenta estas consideraciones b&aacute;sicas, no parece dif&iacute;cil dar respuesta a ciertas objeciones que aluden a cuestiones instrumentales como la legalidad, la oportunidad  o el riesgo de inestabilidad que una consulta popular sobre el cambio de r&eacute;gimen podr&iacute;a conllevar en una situaci&oacute;n de grave crisis econ&oacute;mica e institucional como la actual.
    </p><p class="article-text">
        En relaci&oacute;n con lo primero, es evidente que la abdicaci&oacute;n no supone m&aacute;s novedad que la sucesi&oacute;n en el trono, y que &eacute;sta se encuentra perfectamente prevista en la Constituci&oacute;n. Ahora bien, no es menos cierto que la Constituci&oacute;n proh&iacute;be expresamente las leyes particulares, como a la que se ha dado luz verde en el Congreso, y prev&eacute; adem&aacute;s la consulta ciudadana para las decisiones pol&iacute;ticas de especial trascendencia. As&iacute; las cosas, la objeci&oacute;n de la idoneidad temporal de la consulta no ofrece ning&uacute;n contrapeso al argumento moral con el que reequilibrar el fiel de la balanza democr&aacute;tica, como vergonzosamente se ha defendido por algunos portavoces parlamentarios.  Por otra parte, si de lo que se trata es de esgrimir razones prudenciales y defender lo que la Constituci&oacute;n permite, quiz&aacute; haya llegado la hora de someter a consideraci&oacute;n de la ciudadan&iacute;a la conveniencia de dar o no continuidad a un r&eacute;gimen cuya mayor haza&ntilde;a parece consistir en haberse autoproclamado garante de un proceso transicional que lleva camino de consolidarse como inacabado.  A fin de cuentas, si algo resulta evidente, es que el fundamento moral del principio democr&aacute;tico se pronuncia claramente en contra de cualquier pulsi&oacute;n de paternalismo injustificado. Parece que va siendo hora por tanto de que nuestra sociedad pol&iacute;tica se haga responsable de su llegada a la mayor&iacute;a de edad y asuma el coste que conlleva liberarse de las ataduras de los muertos.
    </p><p class="article-text">
        Es cierto que en este tipo de procedimientos no cabe presuponer fidelidades electorales ni divisiones preestablecidas, por lo que no es f&aacute;cil acertar con los pron&oacute;sticos. Pero si algo ha quedado palmariamente claro en el debate sobre la ley de abdicaci&oacute;n es que la vocaci&oacute;n democr&aacute;tica ata&ntilde;e por igual a quienes abogan por la continuidad del r&eacute;gimen mon&aacute;rquico y a los que aspiran a recuperar la forma de Estado republicana. Si esto es verdad, la soluci&oacute;n m&aacute;s adecuada pasa por consultar a la ciudadan&iacute;a a trav&eacute;s del refer&eacute;ndum previsto en la propia Constituci&oacute;n. El procedimiento no puede ser m&aacute;s sencillo, consiste en levantar las manos y proceder al recuento. Las reglas que importan en este caso son las de la aritm&eacute;tica. Y como son pol&iacute;ticamente neutras, el resultado que arrojen tan s&oacute;lo puede fortalecer el principio democr&aacute;tico que todos estamos de acuerdo en defender. Lo contrario, adem&aacute;s de ser una clara contradicci&oacute;n pragm&aacute;tica por parte de los conservadores del <em>statu</em> <em>quo</em>, constituir&iacute;a un nuevo hurto al derecho ciudadano a decidir sobre los asuntos p&uacute;blicos que m&aacute;s directamente nos ata&ntilde;en.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Carrio Sampedro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/derecho-a-decidir-monarquia-referendum_132_4812970.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 16 Jun 2014 18:32:37 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Arriba las manos]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Derecho a decidir,Monarquía,Referéndum]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
