<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - José F. Arozena]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/jose_f_arozena/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - José F. Arozena]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/512205/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[El futuro será tan brillante que tendremos que usar gafas de sol]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/futuro-sera-brillante-tendremos-gafas-sol_132_13530750.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1a358c29-57ca-4299-9b06-e8c78f3ae290_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El futuro será tan brillante que tendremos que usar gafas de sol"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El mayor riesgo quizá no sea que lleguen las máquinas. El mayor riesgo puede ser que lleguen, transformen el mundo y nosotros nos encontremos todavía celebrando una mesa redonda sobre cómo proteger el mundo anterior</p></div><p class="article-text">
        Tengo la sensaci&oacute;n de que estamos discutiendo sobre el color de las cortinas mientras alguien est&aacute; cambiando el edificio entero. Nos preocupamos por si un alumno usa Chat GPT para hacer los deberes, por si una IA ha copiado demasiado a un ilustrador,&nbsp;o d&oacute;nde hay que colocar la etiqueta que diga &ldquo;contenido generado artificialmente&rdquo;. Todo asuntos respetables, important&iacute;simos, urgent&iacute;simos y probablemente, dentro de diez a&ntilde;os, bastante irrelevantes. Es entra&ntilde;able. Es como si en 1908 hubi&eacute;semos organizado un congreso internacional para decidir si los coches pod&iacute;an aparcar delante de las cuadras. No digo que todas esas discusiones sean in&uacute;tiles. Algunas son necesarias.
    </p><p class="article-text">
        No estamos ante una nueva aplicaci&oacute;n, ni ante otro tel&eacute;fono m&aacute;s listo, ni ante Internet 3.0. Estamos entrando en algo bastante m&aacute;s bestia: la posibilidad de fabricar inteligencia y, adem&aacute;s, meterla dentro de m&aacute;quinas capaces de actuar en el mundo f&iacute;sico. <strong>La Revoluci&oacute;n Industrial</strong> multiplic&oacute; nuestros m&uacute;sculos. Internet multiplic&oacute; nuestra capacidad de comunicarnos. La inteligencia artificial puede multiplicar nuestra capacidad de pensar, crear, decidir, investigar y producir. No s&eacute; ustedes, pero a m&iacute; eso me parece ligeramente m&aacute;s importante que el metaverso.
    </p><p class="article-text">
        HAL 9000 ya est&aacute; aqu&iacute;. Skynet est&aacute; a dos telediarios. Y antes de que alguien llame al departamento de <em>fact-checking:</em> no, no estoy diciendo que el martes aparezca Terminator desnudo en la plaza del pueblo preguntando por Sarah Connor. Estoy diciendo algo m&aacute;s prosaico y seguramente mucho m&aacute;s trascendente: las m&aacute;quinas empiezan a hacer cosas que hasta hace cinco minutos jur&aacute;bamos que eran exclusivamente humanas. Nos dijeron que una m&aacute;quina nunca escribir&iacute;a. Escribe. Que nunca crear&iacute;a im&aacute;genes. Las crea. Que nunca programar&iacute;a. Programa. Que no razonar&iacute;a. Razona, o hace algo suficientemente parecido como para que media humanidad se pase el d&iacute;a discutiendo si podemos llamarlo razonamiento. Y mientras mantenemos esa interesant&iacute;sima tertulia metaf&iacute;sica, los modelos siguen mejorando.
    </p><p class="article-text">
        Lo inquietante es que ni siquiera entendemos del todo c&oacute;mo aparecen algunas de sus capacidades. De los procesos de entrenamiento emergen comportamientos, estrategias y formas de resolver problemas que nadie ha escrito instrucci&oacute;n por instrucci&oacute;n. Esa capacidad emergente es justamente parte de su potencia y tambi&eacute;n parte del riesgo. Pero hay algo todav&iacute;a m&aacute;s divertido: llegan los robots.
    </p><p class="article-text">
        Durante a&ntilde;os los vimos bailar, saltar y hacer piruetas y pensamos: qu&eacute; monos. Un Tamagotchi de 80 kilos y tres millones de d&oacute;lares. Ahora empieza otra fase. El problema de algunos robots humanoides ya no es simplemente conseguir que levanten una caja. El problema empieza a ser si caben por el pasillo, d&oacute;nde se recargan, qu&eacute; certificaci&oacute;n necesitan, c&oacute;mo trabajan junto a humanos y si salen rentables. Es decir: el cuello de botella empieza a dejar de ser exclusivamente tecnol&oacute;gico para convertirse en industrial.
    </p><p class="article-text">
        Y ah&iacute; es donde la cosa se pone seria. Porque las revoluciones no empiezan cuando una m&aacute;quina hace una pirueta impresionante en YouTube. Empiezan cuando un director financiero abre un Excel y descubre que esa m&aacute;quina le ahorra dinero. El d&iacute;a que un robot humanoide se amortice en dieciocho meses no har&aacute; falta ninguna pel&iacute;cula de ciencia ficci&oacute;n. Bastar&aacute; un PowerPoint. Y cr&eacute;anme: un PowerPoint con un buen retorno de inversi&oacute;n ha destruido m&aacute;s empleos que Terminator.
    </p><p class="article-text">
        Lo curioso es que seguimos hablando del futuro como si fuese una propuesta legislativa que pudi&eacute;ramos aprobar o rechazar. Como si hubiera una ventanilla donde pudi&eacute;ramos decir: &ldquo;La inteligencia artificial, vuelva usted ma&ntilde;ana&rdquo;. No va a ocurrir. China no va a dejar de desarrollar robots porque en Europa estemos elaborando el reglamento definitivo sobre c&oacute;mo debe comportarse un algoritmo. Estados Unidos no va a apagar sus centros de datos hasta que terminemos de decidir qu&eacute; asignatura universitaria deber&iacute;a estudiar un prompt engineer. Y ninguna empresa va a renunciar a una tecnolog&iacute;a que duplica su productividad porque nosotros consideremos que las cosas iban estupendamente en 2007.
    </p><p class="article-text">
        Podemos regular el futuro. En determinados aspectos debemos hacerlo. Lo que no podemos es abolirlo. Hay una diferencia entre poner cinturones de seguridad en los coches y prohibir los coches para proteger a los fabricantes de carruajes. Y algunas veces tengo la sensaci&oacute;n de que buena parte del debate occidental consiste en reunir a los mejores expertos disponibles para estudiar c&oacute;mo salvar la industria del carruaje. Mientras tanto, los caballos ya han visto venir el problema.
    </p><p class="article-text">
        El verdadero terremoto no ser&aacute; que desaparezcan determinados empleos. Eso ha ocurrido en todas las revoluciones tecnol&oacute;gicas. Lo realmente nuevo es que estamos automatizando la capacidad de automatizar. Pi&eacute;nsenlo. Un trabajador humano aprende una profesi&oacute;n durante a&ntilde;os. Una inteligencia artificial puede adquirir una nueva capacidad y replicarse un mill&oacute;n de veces. Un abogado humano puede revisar cierto n&uacute;mero de documentos al d&iacute;a. Un sistema puede revisar miles. Un profesor puede atender a treinta alumnos. Un tutor de IA puede atender a treinta millones y explicar las fracciones utilizando f&uacute;tbol, Pok&eacute;mon o Rosal&iacute;a si con eso consigue que el ni&ntilde;o las entienda de una maldita vez. Un programador puede escribir una cantidad determinada de c&oacute;digo. Una empresa puede desplegar cientos de agentes trabajando simult&aacute;neamente. Un cient&iacute;fico dispone de veinticuatro horas al d&iacute;a y, salvo casos acad&eacute;micos especialmente preocupantes, necesita dormir. Una m&aacute;quina no.
    </p><p class="article-text">
        Cuando la inteligencia se abarata, todo aquello cuyo precio depende de la inteligencia empieza a cambiar. Y ah&iacute; est&aacute; la parte que olvidamos cuando nos ponemos apocal&iacute;pticos. Esto puede salir extraordinariamente bien. Podemos imaginar asistentes m&eacute;dicos capaces de ayudar a detectar enfermedades mucho antes, tutores personales para cualquier ni&ntilde;o, investigaci&oacute;n cient&iacute;fica acelerada, nuevos medicamentos, mejores materiales, energ&iacute;a m&aacute;s barata, empresas de diez personas produciendo lo que antes exig&iacute;a quinientas, traducci&oacute;n universal, burocracia automatizada&hellip; Bueno, esto &uacute;ltimo quiz&aacute; sea fantas&iacute;a cient&iacute;fica. Si una IA consigue alg&uacute;n d&iacute;a presentar correctamente a la primera una ayuda p&uacute;blica espa&ntilde;ola sin que falte el Anexo VII-B bis, entonces s&iacute;: habremos alcanzado la superinteligencia.
    </p><p class="article-text">
        Naturalmente habr&aacute; destrucci&oacute;n. Habr&aacute; empresas que desaparecer&aacute;n, trabajadores que sufrir&aacute;n, profesiones que se reducir&aacute;n y sectores enteros que pedir&aacute;n protecci&oacute;n. Habr&aacute; fraudes, estafas, basura digital, monopolios y cantidades industriales de idiotas utilizando una tecnolog&iacute;a brillant&iacute;sima para hacer estupideces a una velocidad nunca conocida. Somos humanos. Tampoco pidamos milagros. Y existen riesgos serios. Cuanto m&aacute;s capaces sean estas m&aacute;quinas, m&aacute;s importante ser&aacute; asegurarnos de que podemos controlarlas. No se trata de ponerse una camiseta de Silicon Valley y gritar &ldquo;&iexcl;disrupci&oacute;n!&rdquo; mientras entregamos alegremente las llaves del planeta.
    </p><p class="article-text">
        Pero tampoco podemos convertir el miedo en una pol&iacute;tica econ&oacute;mica. Porque el mayor riesgo quiz&aacute; no sea que lleguen las m&aacute;quinas. El mayor riesgo puede ser que lleguen, transformen el mundo y nosotros nos encontremos todav&iacute;a celebrando una mesa redonda sobre c&oacute;mo proteger el mundo anterior. Habr&aacute; pa&iacute;ses que utilicen la IA y la rob&oacute;tica para producir m&aacute;s, investigar m&aacute;s y crear nuevas industrias. Y habr&aacute; pa&iacute;ses especializados en impedir que cambie nada. Luego los segundos organizar&aacute;n una comisi&oacute;n para investigar por qu&eacute; se han hecho m&aacute;s pobres. Unos pa&iacute;ses pueden aprovechar estas tecnolog&iacute;as para crear producci&oacute;n, salarios e industrias nuevas; otros pueden intentar conservar durante demasiado tiempo una econom&iacute;a que ya est&aacute; cambiando.
    </p><p class="article-text">
        Por eso me aburren un poco las predicciones exactas. &iquest;Cinco a&ntilde;os? &iquest;Diez? &iquest;Quince? Ni idea. Cualquiera que d&eacute; una fecha exacta para estas cosas deber&iacute;a acompa&ntilde;arla de los n&uacute;meros de la loter&iacute;a del s&aacute;bado. Puede que los robots humanoides decepcionen. Puede que determinadas mejoras de la IA se ralenticen. Puede que aparezcan l&iacute;mites energ&eacute;ticos, t&eacute;cnicos o econ&oacute;micos. La historia de la tecnolog&iacute;a est&aacute; llena de futur&oacute;logos que prometieron coches voladores y acabaron d&aacute;ndonos patinetes el&eacute;ctricos tirados en la acera.
    </p><p class="article-text">
        Pero discutir la fecha no cambia la direcci&oacute;n. Esto ya est&aacute; ocurriendo. Y cuando una tecnolog&iacute;a mejora simult&aacute;neamente en capacidad, coste, autonom&iacute;a y facilidad de uso, la pregunta interesante deja de ser si llegar&aacute;. La pregunta es qu&eacute; estaremos haciendo nosotros cuando llegue.
    </p><p class="article-text">
        Seguimos preparando ni&ntilde;os para ex&aacute;menes que una m&aacute;quina puede resolver en segundos. Seguimos dise&ntilde;ando universidades como si el conocimiento escaso estuviera encerrado en una biblioteca. Seguimos legislando el trabajo como si el modelo laboral de 2035 fuese a parecerse necesariamente al de 1995. Seguimos hablando de productividad como si poner a una persona ocho horas delante de una pantalla fuese una ley de la naturaleza establecida por Mois&eacute;s en una tabla de piedra. Quiz&aacute; haya que empezar a cuestionar algunas cosas. Porque el mundo que viene no necesita que trabajemos m&aacute;s. Necesitar&aacute; que sepamos qu&eacute; hacer con m&aacute;quinas que trabajan much&iacute;simo.
    </p><p class="article-text">
        Y ah&iacute; soy optimista. Muy optimista. Todas las grandes tecnolog&iacute;as humanas empezaron provocando miedo porque todas destruyeron una parte del mundo conocido. El fuego tambi&eacute;n era peligros&iacute;simo. La electricidad mataba. Los coches atropellaban. Internet iba a acabar con media econom&iacute;a y, efectivamente, acab&oacute; con una parte para crear otra mucho mayor. La inteligencia artificial har&aacute; da&ntilde;os. Pero tambi&eacute;n puede multiplicar brutalmente nuestras capacidades.
    </p><p class="article-text">
        Por primera vez estamos construyendo herramientas que ayudan a construir herramientas, m&aacute;quinas que ayudan a descubrir y sistemas capaces de extender nuestra inteligencia. Eso puede ser aterrador. Tambi&eacute;n puede ser maravilloso. Quiz&aacute; dentro de veinte a&ntilde;os miremos 2026 como hoy miramos los primeros a&ntilde;os de Internet y nos preguntemos c&oacute;mo pudimos no verlo venir. Aunque no ser&aacute; verdad. Lo vimos venir perfectamente. El problema es que est&aacute;bamos demasiado ocupados discutiendo si los alumnos pod&iacute;an usar Chat GPT para hacer los deberes.
    </p><p class="article-text">
        El futuro no va a pedir permiso. No va a esperar a que terminemos el informe, publiquemos el reglamento y nombremos una comisi&oacute;n de seguimiento. Ya ha entrado. Est&aacute; sentado en el sal&oacute;n. Se ha conectado al WiFi. Y probablemente ya sabe la contrase&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que podemos dedicarnos a a&ntilde;orar el mundo que se va o podemos prepararnos para el que llega. Podemos intentar frenar cada cambio o procurar ser quienes mejor sepan aprovecharlo. Podemos mirar esta revoluci&oacute;n exclusivamente con miedo o entender que probablemente estamos ante la mayor ampliaci&oacute;n de capacidades humanas de nuestra historia.
    </p><p class="article-text">
        Yo tengo pocas dudas. Vienen a&ntilde;os salvajes. Inc&oacute;modos. Jodidos. Confusos. A veces peligrosos. Seguramente injustos en muchos momentos. Pero tambi&eacute;n extraordinarios. El futuro va a cambiar casi todo. Y sospecho que ser&aacute; tan brillante que, cuando por fin levantemos la cabeza para mirarlo de frente, vamos a necesitar unas buenas gafas de sol.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José F. Arozena]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/futuro-sera-brillante-tendremos-gafas-sol_132_13530750.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 23 Sep 2026 07:15:26 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/1a358c29-57ca-4299-9b06-e8c78f3ae290_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="48463" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/1a358c29-57ca-4299-9b06-e8c78f3ae290_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="48463" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El futuro será tan brillante que tendremos que usar gafas de sol]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/1a358c29-57ca-4299-9b06-e8c78f3ae290_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Geotermia: La Palma ante la hora de perforar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/sociedad/geotermia-palma-hora-perforar_1_13524330.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a33038e5-55c1-401a-9a8d-d24e3caf9715_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Geotermia: La Palma ante la hora de perforar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El avance de Vilaflor acerca los sondeos a Mazo. DISA quiere iniciar la campaña palmera en 2027, pero la tarifa geotérmica y una alianza con el Cabildo siguen siendo piezas decisivas</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a33038e5-55c1-401a-9a8d-d24e3caf9715_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a33038e5-55c1-401a-9a8d-d24e3caf9715_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a33038e5-55c1-401a-9a8d-d24e3caf9715_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a33038e5-55c1-401a-9a8d-d24e3caf9715_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a33038e5-55c1-401a-9a8d-d24e3caf9715_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a33038e5-55c1-401a-9a8d-d24e3caf9715_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/a33038e5-55c1-401a-9a8d-d24e3caf9715_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="El volcán Tajogaite en erupción. Foto: JOSÉ F. AROZENA"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                El volcán Tajogaite en erupción. Foto: JOSÉ F. AROZENA                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        La geotermia en Canarias acaba de entrar en una fase distinta. Durante a&ntilde;os fue, sobre todo, una promesa ligada al origen volc&aacute;nico de las islas. El sondeo de Vilaflor, en Tenerife, ha aportado ahora una primera se&ntilde;al relevante: a 3.000 metros de profundidad se han localizado agua caliente, presi&oacute;n y permeabilidad, tres condiciones necesarias para aprovechar el calor del subsuelo. El resultado no demuestra todav&iacute;a que exista una central viable, pero s&iacute; acerca el debate a una pregunta mucho m&aacute;s concreta: &iquest;puede repetirse ese paso en La Palma?
    </p><p class="article-text">
        La respuesta empezar&aacute; a buscarse en Villa de Mazo. La direcci&oacute;n de DISA prev&eacute; iniciar este oto&ntilde;o la obra civil del emplazamiento, trasladar maquinaria desde Tenerife a partir de enero y comenzar la perforaci&oacute;n antes de marzo de 2027. Es un calendario ambicioso. Mandos intermedios y t&eacute;cnicos de la propia compa&ntilde;&iacute;a expresan reservas sobre la posibilidad de cumplirlo, porque la operaci&oacute;n exige coordinar equipos complejos, transporte y personal especializado. La apuesta de la direcci&oacute;n se mantiene, aunque quienes deber&aacute;n ejecutarla advierten de las dificultades.
    </p><p class="article-text">
        El comisionado especial para la Reconstrucci&oacute;n de La Palma, H&eacute;ctor Izquierdo Triana, sit&uacute;a tambi&eacute;n en el primer trimestre de 2027 la posibilidad de trasladar a Mazo la experiencia de Vilaflor. Ha mantenido reuniones con DISA y vincula esta investigaci&oacute;n a un objetivo m&aacute;s amplio: avanzar hacia una isla capaz de cubrir una parte creciente de su demanda con energ&iacute;as renovables.
    </p><p class="article-text">
        El atractivo de la geotermia se entiende con facilidad. A diferencia de la energ&iacute;a solar o la e&oacute;lica, puede producir electricidad durante las veinticuatro horas si el recurso re&uacute;ne las condiciones adecuadas. Para un sistema insular, esa continuidad permitir&iacute;a reducir la dependencia de combustibles importados y aportar generaci&oacute;n renovable estable. Pero antes de hablar de centrales hay que perforar, medir y comprobar cu&aacute;nto recurso existe, con qu&eacute; temperatura, qu&eacute; caudal puede sostener y durante cu&aacute;nto tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Eso es precisamente lo que todav&iacute;a falta por saber en Tenerife. El 16 de septiembre, DISA, Reykjav&iacute;k Geothermal y el Cabildo presentaron en Vilaflor los resultados del sondeo profundo. El hallazgo respalda la investigaci&oacute;n, pero la capacidad productiva del pozo sigue pendiente de las pruebas. Los equipos deben observar c&oacute;mo evolucionan sus condiciones y determinar cu&aacute;nto podr&iacute;a aportar de forma sostenida. La aspiraci&oacute;n es desarrollar la primera central espa&ntilde;ola de generaci&oacute;n el&eacute;ctrica geot&eacute;rmica, aunque su viabilidad comercial a&uacute;n no est&aacute; demostrada. La campa&ntilde;a tinerfe&ntilde;a contempla otros dos sondeos.
    </p><p class="article-text">
        Vilaflor ofrece, adem&aacute;s, una referencia institucional. El proyecto combina la capacidad empresarial de DISA, la experiencia islandesa de Reykjav&iacute;k Geothermal y la participaci&oacute;n p&uacute;blica del Cabildo de Tenerife a trav&eacute;s de ITER e Involcan. Ha recibido 14,5 millones de euros de fondos europeos gestionados por el IDAE y es el m&aacute;s avanzado de los nueve proyectos canarios beneficiarios del programa de exploraci&oacute;n profunda. Esa combinaci&oacute;n de conocimiento t&eacute;cnico, capital privado y presencia p&uacute;blica es, por ahora, una de las principales diferencias con La Palma.
    </p><p class="article-text">
        En Mazo, el emplazamiento elegido se encuentra dentro del &aacute;mbito de investigaci&oacute;n de DISA. Las cuadr&iacute;culas mineras delimitan sobre el mapa los derechos de investigaci&oacute;n y explotaci&oacute;n que se proyectan hacia el subsuelo, pero disponer de ellas no equivale a haber demostrado un yacimiento ni, mucho menos, a contar con una central autorizada. 
    </p><p class="article-text">
        Conviene distinguir, adem&aacute;s, entre permiso y subvenci&oacute;n. El permiso habilita la investigaci&oacute;n; la ayuda p&uacute;blica reduce el coste de estudios y sondeos. Seg&uacute;n el departamento de H&eacute;ctor Izquierdo Triana, La Palma recibi&oacute; una asignaci&oacute;n de 48 millones de euros, con una inversi&oacute;n total prevista de 96 millones al incorporar la cofinanciaci&oacute;n. Los plazos iniciales se han desplazado hacia 2028 y las bases permiten, bajo determinadas condiciones, llegar hasta el 31 de diciembre de 2030 mediante eventuales pr&oacute;rrogas. Ese l&iacute;mite no implica una ampliaci&oacute;n autom&aacute;tica para todos los expedientes: la disponibilidad de maquinaria y el cumplimiento de los compromisos contin&uacute;an marcando el ritmo real.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, incluso si los sondeos confirman un recurso aprovechable, quedar&aacute; por resolver la cuesti&oacute;n econ&oacute;mica que puede decidir el salto de la exploraci&oacute;n a la producci&oacute;n: cu&aacute;nto cobrar&aacute; quien genere electricidad geot&eacute;rmica. Esa es la denominada tarifa geot&eacute;rmica. Las ayudas p&uacute;blicas reducen el riesgo de buscar el recurso, pero no garantizan los ingresos de una futura central. Sin una remuneraci&oacute;n previsible es dif&iacute;cil calcular el retorno de la inversi&oacute;n y, por tanto, atraer la financiaci&oacute;n necesaria para construirla y operarla.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; aparece un c&iacute;rculo que la regulaci&oacute;n tendr&aacute; que romper. Las empresas necesitan certezas para invertir; el Estado necesita conocer mejor el recurso para fijar esas certezas con criterio. La Administraci&oacute;n quiere saber cu&aacute;nto puede producirse, con qu&eacute; continuidad y a qu&eacute; coste antes de calibrar el apoyo. Una misma inversi&oacute;n no tiene el mismo sentido econ&oacute;mico si el pozo permite una producci&oacute;n abundante que si solo ofrece un rendimiento limitado. Tambi&eacute;n importa cu&aacute;ntas centrales podr&iacute;an desarrollarse, porque de ese n&uacute;mero depender&iacute;a el coste total del sistema retributivo.
    </p><p class="article-text">
        En Vilaflor, el secretario de Estado de Energ&iacute;a, Joan Groizard Payeras, se&ntilde;al&oacute; que los avances de los sondeos servir&aacute;n de base para la futura regulaci&oacute;n. Todav&iacute;a no existe una cuant&iacute;a concretada. Tampoco se ha establecido que sea imprescindible conocer todo el potencial geot&eacute;rmico de Canarias antes de fijarla. La definici&oacute;n de ese marco ser&aacute; determinante para que el &eacute;xito de una exploraci&oacute;n pueda convertirse en una decisi&oacute;n de inversi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La Palma tiene, adem&aacute;s, una segunda pieza pendiente: la relaci&oacute;n entre DISA y el Cabildo. El consejero insular de Industria y Energ&iacute;a, Fernando Gonz&aacute;lez Negr&iacute;n, ha defendido la necesidad de una tarifa regulada y mantiene abierta la posibilidad de alcanzar un acuerdo con la compa&ntilde;&iacute;a. Mientras tanto, Sodepal impulsa estudios para identificar los lugares con mejores condiciones para perforar, una labor que permite acumular conocimiento p&uacute;blico y reducir incertidumbre.
    </p><p class="article-text">
        Las conversaciones, sin embargo, no han desembocado por ahora en una estructura compartida comparable a la de Tenerife. Fuentes conocedoras de los contactos se&ntilde;alan que persisten diferencias sobre las condiciones de colaboraci&oacute;n y el reparto de responsabilidades, y que cada parte percibe poca flexibilidad en la otra. El calendario pol&iacute;tico de 2027 a&ntilde;ade un factor m&aacute;s al escenario, aunque no permite atribuir de antemano retrasos concretos al proceso.
    </p><p class="article-text">
        La l&oacute;gica de una colaboraci&oacute;n es clara. DISA dispone de experiencia operativa y acceso a equipos especializados. Encadenar campa&ntilde;as entre islas permite repartir costes de movilizaci&oacute;n, aprovechar maquinaria ya desplazada y aplicar el aprendizaje acumulado: econom&iacute;as de escala que pueden abaratar cada sondeo. La parte p&uacute;blica, por su parte, aporta investigaci&oacute;n propia y representaci&oacute;n del inter&eacute;s insular. Los permisos mineros corresponden al Gobierno de Canarias, de modo que el desarrollo de la geotermia exige coordinaci&oacute;n entre varios niveles institucionales.
    </p><p class="article-text">
        Las Azores ofrecen un precedente cercano. S&atilde;o Miguel produce electricidad geot&eacute;rmica desde 1980 y cuenta con las centrales de Pico Vermelho y Ribeira Grande. Su explotaci&oacute;n se integra en el grupo EDA, con mayor&iacute;a p&uacute;blica y participaci&oacute;n privada. No es un modelo trasladable de forma autom&aacute;tica a Canarias, pero s&iacute; demuestra que la inversi&oacute;n empresarial y la presencia institucional pueden convivir dentro de una misma estrategia energ&eacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        El beneficio de sustituir combustibles importados tampoco debe confundirse con una rebaja autom&aacute;tica de la factura el&eacute;ctrica local. En Portugal existe convergencia tarifaria, de modo que los menores costes de generaci&oacute;n de un territorio no se trasladan necesariamente de forma directa a sus consumidores. En La Palma, la cuesti&oacute;n inmediata es anterior: primero hay que demostrar el recurso y despu&eacute;s decidir c&oacute;mo explotarlo, qui&eacute;n participa y bajo qu&eacute; retribuci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Vilaflor ha dado a Canarias algo que hasta ahora faltaba: resultados de un sondeo profundo y una alianza operativa capaz de sostener la investigaci&oacute;n. La Palma a&uacute;n no tiene toda la financiaci&oacute;n, si tiene inter&eacute;s empresarial y p&uacute;blico y un emplazamiento previsto, y muy prometedor, en Mazo, pero todav&iacute;a debe convertir esos elementos en una campa&ntilde;a real y coordinada. El pr&oacute;ximo salto no se medir&aacute; en anuncios, sino en metros perforados, datos obtenidos y acuerdos cerrados. Ah&iacute; empezar&aacute; a saberse si la geotermia puede pasar, tambi&eacute;n en La Palma, de expectativa a recurso energ&eacute;tico. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José F. Arozena]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/sociedad/geotermia-palma-hora-perforar_1_13524330.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 20 Sep 2026 13:44:49 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/a33038e5-55c1-401a-9a8d-d24e3caf9715_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="78990" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/a33038e5-55c1-401a-9a8d-d24e3caf9715_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="78990" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Geotermia: La Palma ante la hora de perforar]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/a33038e5-55c1-401a-9a8d-d24e3caf9715_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El TMT cierra la puerta de La Palma tras una oferta de hasta 1.000 millones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/sociedad/tmt-cierra-puerta-palma-oferta-1-000-millones_1_13523031.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/93689e46-c4d1-443d-91f3-4ffa5801c540_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El TMT cierra la puerta de La Palma tras una oferta de hasta 1.000 millones"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El consorcio rechaza el marco español, pero tampoco anuncia que el telescopio vaya a construirse en Hawái. La decisión deja fuera a La Palma después de una década de permisos, estudios, negociaciones y expectativas</p></div><p class="article-text">
        La respuesta lleg&oacute; en una frase breve y de consecuencias largas. &ldquo;El TIO (Observatorio Internacional del Telescopio de Treinta Metros) no puede aceptar la propuesta de Espa&ntilde;a&rdquo;, comunic&oacute; Robert P. Kirshner, director ejecutivo del TIO en una carta dirigida a la ministra de Ciencia.
    </p><p class="article-text">
        El mensaje reconoce el esfuerzo espa&ntilde;ol y la calidad cient&iacute;fica del Roque de los Muchachos, pero descarta La Palma como sede del Thirty Meter Telescope (TMT). No significa, sin embargo, que el telescopio vaya a construirse de inmediato en Maunakea. Son dos cuestiones distintas: la alternativa palmera se cierra, mientras el futuro del proyecto contin&uacute;a sin resolverse.
    </p><p class="article-text">
        El TIO no ha renunciado p&uacute;blicamente al telescopio ni ha anunciado el inicio de las obras en Haw&aacute;i. Lo que ha rechazado es el marco presentado por Espa&ntilde;a. Tampoco ha explicado qu&eacute; condici&oacute;n concreta imped&iacute;a aceptarlo: financiaci&oacute;n, garant&iacute;as, gobernanza, deuda o las preferencias de alguno de sus socios. Esa ausencia de explicaciones ser&aacute; una de las principales cuestiones que deber&aacute;n aclararse.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Una oferta de hasta 1.000 millones</strong>
    </p><p class="article-text">
        El esquema promovido por Espa&ntilde;a alcanzaba hasta 1.000 millones de euros, aunque no se trataba de tres aportaciones ya concedidas y listas para desembolsar.
    </p><p class="article-text">
        El Ministerio de Ciencia ofrec&iacute;a 400 millones a trav&eacute;s del CDTI (Centro para el Desarrollo Tecnol&oacute;gico y la Innovaci&oacute;n). El Banco Europeo de Inversiones (BEI) y el Instituto de Cr&eacute;dito Oficial (ICO) estudiaban pr&eacute;stamos de hasta 300 millones cada uno. Estas operaciones depend&iacute;an de evaluaciones t&eacute;cnicas, financieras y jur&iacute;dicas, de la viabilidad del proyecto y de la aprobaci&oacute;n de los &oacute;rganos de gobierno correspondientes.
    </p><p class="article-text">
        La oferta era excepcional por su volumen y respaldo institucional, pero no puede describirse como un cheque sin condiciones ni como un cr&eacute;dito ya cerrado. Su objetivo era contribuir tanto a la construcci&oacute;n como a la explotaci&oacute;n del observatorio durante m&aacute;s de medio siglo.
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a aportaba adem&aacute;s algo dif&iacute;cil de valorar &uacute;nicamente en dinero: un emplazamiento astron&oacute;mico consolidado, infraestructura cient&iacute;fica, log&iacute;stica disponible y una tramitaci&oacute;n administrativa muy avanzada. El proyecto dispon&iacute;a de declaraci&oacute;n ambiental desde 2019 y licencia de obra desde 2023.
    </p><p class="article-text">
        Frente a esa situaci&oacute;n, Maunakea arrastra desde 2015 oposici&oacute;n ind&iacute;gena, protestas, litigios y una revisi&oacute;n de la gesti&oacute;n de la monta&ntilde;a. En 2026, la evaluaci&oacute;n ambiental federal continuaba abierta y las obras segu&iacute;an detenidas.
    </p><p class="article-text">
        Por eso la pregunta resulta inevitable: si La Palma ten&iacute;a permisos, respaldo institucional y una oferta capaz de cubrir aproximadamente un tercio del coste estimado, &iquest;qu&eacute; faltaba para que el consorcio aceptara?
    </p><p class="article-text">
        No existe documentaci&oacute;n que permita afirmar que la candidatura palmera fuera utilizada simplemente como instrumento de presi&oacute;n sobre Haw&aacute;i o sobre los financiadores estadounidenses. Pero despu&eacute;s de diez a&ntilde;os como emplazamiento alternativo, el rechazo obliga al TIO a explicar qu&eacute; papel desempe&ntilde;&oacute; realmente La Palma en sus planes.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Un consorcio internacional</strong>
    </p><p class="article-text">
        El TMT no es un proyecto exclusivamente estadounidense. En &eacute;l participan Caltech y la Universidad de California, el Observatorio Astron&oacute;mico Nacional de Jap&oacute;n, instituciones de Canad&aacute;, el Departamento de Ciencia y Tecnolog&iacute;a de India y entidades vinculadas a la Academia China de Ciencias.
    </p><p class="article-text">
        Cada socio aporta financiaci&oacute;n, tecnolog&iacute;a, instrumentos o capacidad industrial y mantiene sus propios intereses cient&iacute;ficos y estrat&eacute;gicos.
    </p><p class="article-text">
        Maunakea presenta ventajas atmosf&eacute;ricas frente a La Palma, como mayor altitud, menor vapor de agua y unas condiciones de <em>seeing </em>algo mejores. Jap&oacute;n, adem&aacute;s, ya opera all&iacute; el telescopio Subaru y dispone de una infraestructura t&eacute;cnica consolidada.
    </p><p class="article-text">
        Pero tampoco puede afirmarse que Jap&oacute;n rechazara desde el principio la opci&oacute;n canaria. En diciembre de 2025, el Observatorio Astron&oacute;mico Nacional de Jap&oacute;n asegur&oacute; que estudiaba cuidadosamente el posible traslado y que el TMT continuaba siendo una prioridad para su comunidad cient&iacute;fica con independencia de su ubicaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Canad&aacute;, por su parte, ha comenzado a estudiar alternativas. Sus principales organizaciones astron&oacute;micas recomendaron iniciar conversaciones para una eventual entrada en el Observatorio Europeo Austral, lo que permitir&iacute;a acceder al ELT  (Telescopio Europeo Extremadamente Grande) de 39 metros que se construye en Chile. No supone todav&iacute;a una salida del TMT, pero introduce una v&iacute;a distinta para una comunidad cient&iacute;fica que lleva a&ntilde;os esperando una gran infraestructura que no termina de construirse.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El problema de la financiaci&oacute;n</strong>
    </p><p class="article-text">
        El principal agujero contin&uacute;a estando en Estados Unidos.
    </p><p class="article-text">
        La petici&oacute;n presupuestaria de la National Science Foundation para 2026 propuso avanzar con el  Telescopio Gigante de Magallanes, que se construye en Chile, sin comprometer financiaci&oacute;n adicional para el TMT.
    </p><p class="article-text">
        Eso no significa que exista una cancelaci&oacute;n definitiva. El Congreso ha mantenido abierta la posibilidad de que ambos proyectos lleguen a una revisi&oacute;n final. Pero el TMT sigue sin disponer del compromiso federal de unos 1.600 millones de d&oacute;lares considerado necesario para completar su financiaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La propuesta espa&ntilde;ola pretend&iacute;a cubrir una parte importante de ese vac&iacute;o. Su rechazo devuelve al consorcio al mismo problema: necesitar&aacute; mayores aportaciones de sus actuales socios, nuevos miembros, un cambio en la pol&iacute;tica presupuestaria estadounidense o una estructura financiera diferente.
    </p><p class="article-text">
        El coste aproximado manejado por el BEI ronda los 3.015 millones de euros.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, el proyecto ha avanzado en fabricaci&oacute;n e ingenier&iacute;a. El espejo principal necesita 492 segmentos y 82 repuestos y se ha producido una parte relevante de las piezas necesarias. Ese patrimonio tecnol&oacute;gico existe, pero fabricar componentes no equivale a tener garantizada la construcci&oacute;n del observatorio.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La cancelaci&oacute;n ya no es una hip&oacute;tesis lejana</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ni el TIO ni sus socios han anunciado el cierre del proyecto, por lo que ser&iacute;a incorrecto dar por muerto al TMT.
    </p><p class="article-text">
        Pero tambi&eacute;n resulta dif&iacute;cil presentarlo como una infraestructura que simplemente espera una fecha de inicio. Despu&eacute;s de m&aacute;s de dos d&eacute;cadas de desarrollo, no existe una obra activa, la financiaci&oacute;n federal estadounidense sigue sin cerrarse y el consorcio acaba de rechazar la alternativa que dispon&iacute;a de permisos, respaldo institucional y una oferta de hasta 1.000 millones de euros.
    </p><p class="article-text">
        El riesgo de que el proyecto contin&uacute;e acumulando retrasos o termine siendo cancelado es, por tanto, evidente.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La factura que queda en La Palma</strong>
    </p><p class="article-text">
        Para La Palma, sin embargo, la cuesti&oacute;n ya no es &uacute;nicamente qu&eacute; ocurrir&aacute; con el TMT.
    </p><p class="article-text">
        Durante una d&eacute;cada, administraciones, organismos cient&iacute;ficos y equipos t&eacute;cnicos trabajaron para convertir el Roque de los Muchachos en una alternativa real a Maunakea. Se tramitaron permisos, estudios ambientales y t&eacute;cnicos, modificaciones de planificaci&oacute;n, proyectos de ingenier&iacute;a y negociaciones financieras e institucionales.
    </p><p class="article-text">
        Y esa cuenta importa.
    </p><p class="article-text">
        Pero la ausencia de una obligaci&oacute;n conocida no hace desaparecer la factura.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de diez a&ntilde;os, La Palma queda fuera del TMT, pero no vuelve exactamente al punto de partida. Quedan los permisos tramitados, la experiencia acumulada, el conocimiento t&eacute;cnico y administrativo y, sobre todo, la certeza de que la isla es capaz de preparar en serio la llegada de una infraestructura cient&iacute;fica de esta magnitud. Si ma&ntilde;ana aparece otro gran telescopio buscando emplazamiento, ya no habr&aacute; que aprender desde cero.
    </p><p class="article-text">
        Ese puede ser, parad&oacute;jicamente, uno de los pocos beneficios de esta larga historia. Durante m&aacute;s de una d&eacute;cada, el TIO mantuvo al Roque de los Muchachos como su alternativa a Maunakea y trabaj&oacute; con las instituciones espa&ntilde;olas para desarrollar esa posibilidad. Ahora que esa puerta se cierra cuando la candidatura dispon&iacute;a de permisos, respaldo institucional y una propuesta financiera extraordinaria, ser&iacute;a razonable conocer con detalle qu&eacute; cambi&oacute; por el camino y hasta qu&eacute; punto La Palma fue realmente una alternativa con posibilidades de convertirse en la sede definitiva.
    </p><p class="article-text">
        No hace falta sacar conclusiones que los documentos no permiten demostrar. El resultado, por s&iacute; solo, ya deja suficientes preguntas. Tambi&eacute;n deja una factura en tiempo, recursos, trabajo y dinero p&uacute;blico cuyo importe completo todav&iacute;a no conocemos. Y esa cuenta merece ser explicada, igual que merece explicarse por qu&eacute; una opci&oacute;n cultivada durante diez a&ntilde;os termin&oacute; descart&aacute;ndose precisamente cuando parec&iacute;a estar m&aacute;s preparada que nunca.
    </p><p class="article-text">
        La buena noticia es que todo ese esfuerzo no tiene por qu&eacute; acabar en un caj&oacute;n. La Palma queda mucho mejor preparada para levantar la mano cuando aparezca el pr&oacute;ximo gran proyecto astron&oacute;mico. Despu&eacute;s de esta experiencia, pocos lugares podr&aacute;n decir que conocen tan bien el procedimiento completo: desde ofrecer uno de los mejores cielos del planeta hasta descubrir, casi en la &uacute;ltima p&aacute;gina, que el telescopio finalmente no viene.
    </p><p class="article-text">
        Y queda todav&iacute;a otra inc&oacute;gnita: qu&eacute; hacer con los segmentos del espejo del TMT que ya se han fabricado. Si al final el telescopio sigue sin encontrar techo, siempre se les puede buscar una segunda vida. Con el nuevo sal&oacute;n de baile que se construye en la Casa Blanca, quiz&aacute; haya pared suficiente para unos cuantos. No servir&iacute;an para mirar las estrellas, pero al menos permitir&iacute;an que m&aacute;s de uno se mirase al espejo y reflexionara sobre c&oacute;mo se puede tardar d&eacute;cadas en decidir d&oacute;nde colocar un telescopio.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José F. Arozena]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/sociedad/tmt-cierra-puerta-palma-oferta-1-000-millones_1_13523031.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 19 Sep 2026 11:35:24 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/93689e46-c4d1-443d-91f3-4ffa5801c540_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="128374" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/93689e46-c4d1-443d-91f3-4ffa5801c540_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="128374" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El TMT cierra la puerta de La Palma tras una oferta de hasta 1.000 millones]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/93689e46-c4d1-443d-91f3-4ffa5801c540_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Palma quiere convertir la luz de las estrellas en futuro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/sociedad/palma-quiere-convertir-luz-estrellas-futuro_1_13506699.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ebf15fda-9855-497c-a844-8ddb016ed51b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x555y290.jpg" width="1200" height="675" alt="La Palma quiere convertir la luz de las estrellas en futuro"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El proyecto  Interferómetro Cuántico de La Palma (LPQI) pretende conectar varios telescopios del Roque de los Muchachos para mirar el universo con una precisión inédita. La apuesta va más allá de la astronomía: busca dejar empleo, tecnología y empresas en una isla que todavía reconstruye su horizonte</p></div><p class="article-text">
        En La Palma, mirar al cielo nunca ha sido una forma de escapar de la realidad. El cielo es paisaje, ciencia y tambi&eacute;n econom&iacute;a. En torno a los telescopios del Roque de los Muchachos trabajan astr&oacute;nomos, ingenieros, inform&aacute;ticos, t&eacute;cnicos de mantenimiento y empresas que fabrican piezas que no se encuentran en cualquier ferreter&iacute;a. En La Palma Quantum Interferometer (Interfer&oacute;metro cu&aacute;ntico de La Palma), conocido como LPQI, quiere dar un paso m&aacute;s: conectar varios de esos telescopios para que observen como una sola red y lograr una precisi&oacute;n hoy fuera del alcance de cualquier instalaci&oacute;n &oacute;ptica individual.
    </p><p class="article-text">
        El proyecto tiene algo de paradoja. Para estudiar regiones diminutas alrededor de estrellas o agujeros negros necesita una isla entera. Tambi&eacute;n requiere laboratorios, fibra &oacute;ptica, electr&oacute;nica ultrarr&aacute;pida, financiaci&oacute;n y profesionales capaces de convertir una idea cient&iacute;fica en una m&aacute;quina que funcione de madrugada, con fr&iacute;o y sin aceptar excusas.
    </p><p class="article-text">
        Paco Prada, investigador del Instituto de Astrof&iacute;sica de Andaluc&iacute;a, perteneciente al CSIC, y vinculado al Instituto de Astrof&iacute;sica de Canarias, es el investigador principal y el gran impulsor del LPQI. Durante el encuentro celebrado del 8 al 10 de septiembre en IACTEC, en La Laguna, defendi&oacute; una idea sencilla de explicar y bastante dif&iacute;cil de ejecutar: aprovechar instalaciones que ya existen en el Roque de los Muchachos y ense&ntilde;arles a mirar juntas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Una red en lugar de un telescopio nuevo</strong>
    </p><p class="article-text">
        La primera fase, el LPQI Pathfinder, conectar&aacute; el Telescopio &Oacute;ptico N&oacute;rdico  (NOT por sus siglas en ingl&eacute;s) y el Telescopio Nazionale Galileo (TNG), separados por unos 550 metros. M&aacute;s adelante podr&iacute;an incorporarse el Gran Telescopio Canarias, el William Herschel y el Isaac Newton, hasta formar una red con distancias de 1,55 kil&oacute;metros. No se trata de pegar cinco fotograf&iacute;as. Cada telescopio detectar&aacute; la llegada de fotones, las part&iacute;culas elementales de la luz, y los ordenadores comparar&aacute;n las peque&ntilde;as coincidencias entre unas se&ntilde;ales y otras.
    </p><p class="article-text">
        Una comparaci&oacute;n dom&eacute;stica ayuda. Si varias personas escuchan el mismo concierto desde distintos puntos de una plaza y luego sincronizan sus grabaciones con enorme exactitud, pueden reconstruir detalles que una sola no percibi&oacute;. El LPQI har&aacute; algo parecido con la luz, aunque su plaza sea una monta&ntilde;a y su metr&oacute;nomo deba medir fracciones diminutas de segundo. El objetivo es alcanzar una resoluci&oacute;n aproximada de 50 microsegundos de arco, hasta mil veces superior a la del Hubble o el James Webb para determinados estudios.
    </p><p class="article-text">
        Esa capacidad permitir&iacute;a medir estrellas que ahora vemos como simples puntos, estudiar supernovas y observar las regiones cercanas a objetos compactos. La palabra cu&aacute;ntico puede imponer respeto, pero aqu&iacute; describe una tarea concreta: detectar fotones individuales, registrar cu&aacute;ndo llegan y comparar cantidades enormes de datos. El universo env&iacute;a la se&ntilde;al. Despu&eacute;s empieza la ingenier&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La ciencia que se queda en la isla</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; est&aacute; la parte del proyecto que m&aacute;s interesa a La Palma. El LPQI no se plantea como una instalaci&oacute;n que aterriza, observa y se marcha. Su apuesta es crear capacidad estable en la isla. Ya cuenta con una sede en el puerto de Tazacorte, con oficina y laboratorio, para acercar el desarrollo tecnol&oacute;gico al territorio y no limitar toda la actividad a las cumbres. La intenci&oacute;n es formar profesionales, atraer empresas y conseguir que una parte mayor de los componentes, programas y servicios se dise&ntilde;e o se gestione desde Canarias.
    </p><p class="article-text">
        El ejemplo m&aacute;s claro es el desarrollo en Espa&ntilde;a de un sensor SPAD, un microchip capaz de detectar fotones uno a uno con gran precisi&oacute;n temporal. La inversi&oacute;n prevista asciende a 14,5 millones de euros, con participaci&oacute;n del CDTI y fondos europeos, supervisi&oacute;n cient&iacute;fica del Instituto de Astrof&iacute;sica de Andaluc&iacute;a y validaci&oacute;n en el Gran Telescopio Canarias. El sensor servir&aacute; al LPQI, pero la tecnolog&iacute;a tambi&eacute;n puede encontrar aplicaciones en medicina, comunicaciones cu&aacute;nticas o navegaci&oacute;n espacial. Una pieza creada para estudiar estrellas podr&iacute;a terminar resolviendo problemas mucho m&aacute;s cerca del suelo.
    </p><p class="article-text">
        Eso es transferencia tecnol&oacute;gica sin necesidad de adornarla demasiado. Un reto cient&iacute;fico obliga a desarrollar detectores, programas y sistemas &oacute;pticos. Las empresas aprenden a fabricarlos y ese conocimiento queda disponible para otros sectores. La ciencia no funciona como una m&aacute;quina de caf&eacute;. Pero, cuando se construye un ecosistema alrededor de ella, el efecto dura m&aacute;s que una obra y genera empleos dif&iacute;ciles de deslocalizar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Un congreso con m&aacute;s preguntas que diapositivas</strong>
    </p><p class="article-text">
        El workshop de La Laguna quiso juntar las piezas que suelen reunirse por separado. Hubo cient&iacute;ficos e ingenieros, pero tambi&eacute;n empresas, organismos de financiaci&oacute;n y personal t&eacute;cnico de las administraciones. Valent&iacute;n Mart&iacute;nez Pillet, director del IAC, Javier Franco Hormiga, director de la Agencia Canaria de Investigaci&oacute;n, Innovaci&oacute;n y Sociedad de la Informaci&oacute;n, y H&eacute;ctor Izquierdo, comisionado para la Reconstrucci&oacute;n de La Palma, participaron en la apertura.
    </p><p class="article-text">
        La mesa redonda moderada por Jos&eacute; Fern&aacute;ndez puso en la misma conversaci&oacute;n ciencia, financiaci&oacute;n y territorio. All&iacute; se habl&oacute; de telescopios, pero tambi&eacute;n de contrataci&oacute;n, formaci&oacute;n, empresas locales y retorno econ&oacute;mico. Es una combinaci&oacute;n poco habitual y muy necesaria. Un descubrimiento puede comenzar con una buena pregunta, pero para sostener un gran instrumento hacen falta presupuestos, plazos, talleres y personas que sepan arreglar lo que deja de funcionar.
    </p><p class="article-text">
        Las sesiones t&eacute;cnicas mostraron avances en c&aacute;maras, electr&oacute;nica, sincronizaci&oacute;n y programas capaces de coordinar telescopios diferentes. Adriano Ghedina aport&oacute; la experiencia del TNG y Jacob Clasen la del NOT. Guillermo Gonz&aacute;lez de Rivera abord&oacute; el desarrollo electr&oacute;nico y el Real Instituto y Observatorio de la Armada, la medida precisa del tiempo. El reto se resume bien: lograr que instalaciones distintas compartan la misma observaci&oacute;n y el mismo reloj.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Una econom&iacute;a que tambi&eacute;n mira arriba</strong>
    </p><p class="article-text">
        Durante el encuentro se manej&oacute; la estimaci&oacute;n de que la actividad cient&iacute;fica y astrof&iacute;sica representa alrededor del 4 % del producto interior bruto de La Palma. La aspiraci&oacute;n es acercarse al 10 % durante los pr&oacute;ximos a&ntilde;os con proyectos como el LPQI, el Telescopio Solar Europeo y el futuro observatorio de rayos gamma CTAO. Son previsiones que depender&aacute;n de la financiaci&oacute;n, los calendarios y la capacidad de convertir las inversiones en tejido productivo local. No basta con que el telescopio est&eacute; en la isla si casi todo se compra, se dise&ntilde;a y se decide fuera.
    </p><p class="article-text">
        Por eso el verdadero examen no ser&aacute; solo cient&iacute;fico. Habr&aacute; que medir cu&aacute;ntos j&oacute;venes pueden formarse y trabajar sin abandonar La Palma, cu&aacute;ntas empresas canarias acceden a contratos tecnol&oacute;gicos y cu&aacute;nto conocimiento permanece cuando termina cada fase. La posible llegada del TMT (Telescopio de Treinta Metros) ser&iacute;a un impulso adicional, pero la estrategia no puede depender de una &uacute;nica decisi&oacute;n internacional. El LPQI ofrece un camino propio porque aprovecha telescopios ya instalados y construye cooperaci&oacute;n alrededor de ellos.
    </p><p class="article-text">
        El LPQI quiere abrir una nueva ventana al universo. La expresi&oacute;n es habitual en astronom&iacute;a, pero en este caso la ventana tiene dos direcciones. Hacia fuera permitir&aacute; observar detalles que hoy permanecen escondidos en puntos de luz. Hacia dentro puede ayudar a una isla golpeada por el volc&aacute;n a diversificar su econom&iacute;a con investigaci&oacute;n, tecnolog&iacute;a y empleo cualificado. El cielo seguir&aacute; estando lejos. Sus efectos, si la apuesta se cumple, podr&aacute;n notarse bastante m&aacute;s cerca.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José F. Arozena]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/sociedad/palma-quiere-convertir-luz-estrellas-futuro_1_13506699.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 13 Sep 2026 14:47:42 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/ebf15fda-9855-497c-a844-8ddb016ed51b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x555y290.jpg" length="57736" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/ebf15fda-9855-497c-a844-8ddb016ed51b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x555y290.jpg" type="image/jpeg" fileSize="57736" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La Palma quiere convertir la luz de las estrellas en futuro]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/ebf15fda-9855-497c-a844-8ddb016ed51b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x555y290.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘PyroScan’ gana El Talentón con un proyecto para anticiparse a los incendios forestales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/sociedad/pyroscan-gana-talenton-proyecto-anticiparse-incendios-forestales_1_13506463.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9cb67bf9-bc83-4db4-ba2c-fecf38be8f98_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘PyroScan’ gana El Talentón con un proyecto para anticiparse a los incendios forestales"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La final autonómica de El Talentón reunió este sábado en el Teatro Circo de Marte, en Santa Cruz de La Palma, a nueve proyectos seleccionados en las ocho islas. PyroScan, una plataforma destinada a mejorar la prevención y la respuesta temprana ante los incendios forestales, se impuso tras una jornada en la que los participantes tuvieron que defender sus propuestas ante un jurado formado por 12 profesionales de todo el archipiélago</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9cb67bf9-bc83-4db4-ba2c-fecf38be8f98_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9cb67bf9-bc83-4db4-ba2c-fecf38be8f98_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9cb67bf9-bc83-4db4-ba2c-fecf38be8f98_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9cb67bf9-bc83-4db4-ba2c-fecf38be8f98_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9cb67bf9-bc83-4db4-ba2c-fecf38be8f98_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9cb67bf9-bc83-4db4-ba2c-fecf38be8f98_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/9cb67bf9-bc83-4db4-ba2c-fecf38be8f98_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Equipo ganador de &#039;El Talentón. JOSÉ F. AROZENA"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Equipo ganador de &#039;El Talentón. JOSÉ F. AROZENA                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        El Talent&oacute;n es una competici&oacute;n de emprendimiento que recorre las ocho islas en busca de j&oacute;venes con ideas capaces de convertirse en proyectos reales. Cada isla celebra su propia fase y los equipos seleccionados avanzan hasta una final auton&oacute;mica que este a&ntilde;o tuvo como escenario el Teatro Circo de Marte de Santa Cruz de La Palma. All&iacute; llegaron nueve proyectos con una dificultad a&ntilde;adida: meses de trabajo deb&iacute;an caber en unos pocos minutos sobre un escenario.
    </p><p class="article-text">
        Cada equipo dispuso de tres minutos para explicar su propuesta y de otros tres para responder a las preguntas del jurado. Seis minutos para resumir un problema, defender una soluci&oacute;n, demostrar que existe un posible mercado y convencer de que aquella idea pod&iacute;a sobrevivir m&aacute;s all&aacute; de una presentaci&oacute;n. Al final de la jornada, una destac&oacute; sobre las dem&aacute;s: <strong>PyroScan</strong>, un sistema que pretende utilizar datos y tecnolog&iacute;a para detectar antes situaciones de riesgo y mejorar la capacidad de reacci&oacute;n frente a los incendios forestales.
    </p><p class="article-text">
        La escena resum&iacute;a bastante bien la filosof&iacute;a de El Talent&oacute;n. Aqu&iacute; las ideas importan, pero no basta con tenerlas. Hay que ponerlas a prueba, explicarlas, corregirlas y, en lo posible, convertirlas en algo que pueda funcionar en el mundo real. El programa ha celebrado este a&ntilde;o su tercera edici&oacute;n mediante encuentros y <em>hackathones</em> en los que los participantes trabajan en equipo para desarrollar soluciones vinculadas a problemas concretos de Canarias.
    </p><p class="article-text">
        La mentor&iacute;a constituye una de las piezas centrales del programa. Los participantes no se limitan a competir entre ellos. Reciben formaci&oacute;n, contrastan sus primeras intuiciones con profesionales y aprenden a transformar una idea inicial en una propuesta viable. Los equipos que alcanzaron la final dispusieron adem&aacute;s de 1.500 euros para desarrollar un producto m&iacute;nimo viable y contaron con acompa&ntilde;amiento en &aacute;reas como emprendimiento, tecnolog&iacute;a, comunicaci&oacute;n, innovaci&oacute;n, marketing o financiaci&oacute;n. El prop&oacute;sito es sencillo de formular y bastante m&aacute;s dif&iacute;cil de conseguir: evitar que una buena idea termine olvidada en una libreta.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1e8f877f-1244-488e-acb5-708bb45ec2e0_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1e8f877f-1244-488e-acb5-708bb45ec2e0_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1e8f877f-1244-488e-acb5-708bb45ec2e0_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1e8f877f-1244-488e-acb5-708bb45ec2e0_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1e8f877f-1244-488e-acb5-708bb45ec2e0_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1e8f877f-1244-488e-acb5-708bb45ec2e0_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/1e8f877f-1244-488e-acb5-708bb45ec2e0_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Participantes en &#039;El Talentón&#039;. JOSÉ F. AROZENA"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Participantes en &#039;El Talentón&#039;. JOSÉ F. AROZENA                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Detr&aacute;s de la iniciativa est&aacute;n <strong>Estefan&iacute;a Castro y Juan Vera</strong>, matrimonio, socios y cofundadores de El Talent&oacute;n. Su trayectoria profesional est&aacute; ligada a la consultor&iacute;a, la formaci&oacute;n y la mentor&iacute;a de emprendedores. El proyecto parte de la idea de que emprender no consiste &uacute;nicamente en conseguir financiaci&oacute;n o preparar un plan de empresa. Tambi&eacute;n implica aprender a tomar decisiones, trabajar en equipo, explicar con claridad una propuesta y someterla a la cr&iacute;tica antes de llevarla al mercado.
    </p><p class="article-text">
        El despliegue de una competici&oacute;n de estas caracter&iacute;sticas por las ocho islas requiere, adem&aacute;s, una amplia red institucional. Ha contado con el respaldo del Gobierno de Canarias, a trav&eacute;s de distintos departamentos y organismos, as&iacute; como con la colaboraci&oacute;n de las universidades canarias, cabildos, ayuntamientos, c&aacute;maras de comercio y entidades vinculadas al desarrollo empresarial y tecnol&oacute;gico. Esa combinaci&oacute;n permite que el programa tenga una dimensi&oacute;n verdaderamente auton&oacute;mica y no quede limitado a los grandes n&uacute;cleos urbanos de las islas capitalinas.
    </p><p class="article-text">
        La final de La Palma mostr&oacute; tambi&eacute;n la variedad de asuntos que preocupan a una nueva generaci&oacute;n de emprendedores canarios. <strong>AlisioMed</strong>, por ejemplo, propone una red de drones el&eacute;ctricos para transportar medicamentos y suministros sanitarios hasta lugares de dif&iacute;cil acceso. <strong>Octava Modular</strong> plantea comunidades habitacionales temporales capaces de desplegarse con rapidez despu&eacute;s de una emergencia. <strong>La Graciosa Viva</strong> trabaja con informaci&oacute;n sobre ocupaci&oacute;n de playas y senderos para repartir mejor la presi&oacute;n tur&iacute;stica, mientras que <strong>Mi Campo</strong> busca generar nuevas oportunidades econ&oacute;micas alrededor del sector primario.
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;a tambi&eacute;n proyectos centrados en algunas de las dificultades estructurales de las islas. <strong>Alisios</strong> aborda la orientaci&oacute;n vocacional y la posibilidad de que los j&oacute;venes que salen de las islas menores para estudiar o trabajar puedan regresar con oportunidades profesionales. <strong>Islas Infinitas</strong> plantea una relaci&oacute;n diferente entre turismo, territorio y recursos locales. <strong>Ruta Sonora</strong> propone acompa&ntilde;ar a m&uacute;sicos emergentes desde la producci&oacute;n de un EP hasta su participaci&oacute;n en un festival. Y <strong>Latidos</strong> convierte los paseos por los barrios en incentivos y descuentos para consumir en el peque&ntilde;o comercio.
    </p><p class="article-text">
        Son propuestas muy diferentes, pero tienen algo en com&uacute;n: parten de problemas reconocibles en Canarias. Movilidad, despoblaci&oacute;n, emergencias, turismo, cultura, comercio, sector primario o acceso a determinados servicios. El emprendimiento funciona aqu&iacute; menos como una abstracci&oacute;n econ&oacute;mica que como una manera de preguntarse qu&eacute; cosas no funcionan y qu&eacute; se puede hacer para mejorarlas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/06cb7977-6f3a-4c23-b366-73968113bf27_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/06cb7977-6f3a-4c23-b366-73968113bf27_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/06cb7977-6f3a-4c23-b366-73968113bf27_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/06cb7977-6f3a-4c23-b366-73968113bf27_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/06cb7977-6f3a-4c23-b366-73968113bf27_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/06cb7977-6f3a-4c23-b366-73968113bf27_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/06cb7977-6f3a-4c23-b366-73968113bf27_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Grupo ganador de &#039;El Talentón&#039;. JOSÉ F. AROZENA"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Grupo ganador de &#039;El Talentón&#039;. JOSÉ F. AROZENA                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        En ese contexto apareci&oacute; <strong>PyroScan</strong>.
    </p><p class="article-text">
        El proyecto se ocupa de uno de los riesgos m&aacute;s graves a los que se enfrenta el archipi&eacute;lago: los grandes incendios forestales. Su punto de partida es que hoy existe una enorme cantidad de informaci&oacute;n potencialmente &uacute;til, datos meteorol&oacute;gicos, c&aacute;maras, sensores, avisos ciudadanos, informaci&oacute;n de administraciones y otras fuentes, pero esa informaci&oacute;n se encuentra a menudo dispersa. La propuesta consiste en reunirla, analizarla y convertirla en una herramienta que permita anticipar riesgos y acelerar la toma de decisiones.
    </p><p class="article-text">
        El equipo ganador est&aacute; formado por tres j&oacute;venes palmeros y una joven de Gran Canaria, <strong>Sebasti&aacute;n Fern&aacute;ndez Garc&iacute;a, Santiago Concepci&oacute;n Est&eacute;vez, Ylenia Ortega Rodr&iacute;guez y Adriano Caceres</strong>. Los cuatro han dise&ntilde;ado una plataforma que pretende conectar ciudadan&iacute;a, administraciones y empresas aprovechando, en la medida de lo posible, infraestructuras y datos que ya existen. El modelo contempla servicios dirigidos a las administraciones p&uacute;blicas, informaci&oacute;n de riesgo para determinadas empresas y un canal ciudadano de alertas.
    </p><p class="article-text">
        La clave est&aacute; en el tiempo. En un incendio forestal, detectar antes una incidencia, reunir los datos relevantes y hacer llegar la informaci&oacute;n adecuada a quien debe tomar una decisi&oacute;n puede ser determinante. PyroScan intenta intervenir precisamente en ese espacio que existe entre la primera se&ntilde;al y la respuesta.
    </p><p class="article-text">
        Pero en el escenario del Circo de Marte todo ese desarrollo deb&iacute;a explicarse en tres minutos.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s llegaban las preguntas.
    </p><p class="article-text">
        Los nueve equipos se enfrentaron al mismo formato: tres minutos de exposici&oacute;n y otros tres ante un jurado integrado por <strong>12 personas procedentes de las distintas islas</strong>. No hab&iacute;a demasiado espacio para rodeos. Era necesario explicar qu&eacute; problema se quer&iacute;a resolver, qu&eacute; ten&iacute;a de diferente la propuesta, qui&eacute;n podr&iacute;a utilizarla, c&oacute;mo se financiar&iacute;a y hasta d&oacute;nde pod&iacute;a crecer.
    </p><p class="article-text">
        El ejercicio tiene algo de despiadado, pero tambi&eacute;n de &uacute;til. Una buena idea empresarial necesita muchas cosas, tecnolog&iacute;a, financiaci&oacute;n, trabajo, mercado, pero antes debe superar una prueba bastante elemental: ser comprensible. Quien no consigue explicar qu&eacute; hace dif&iacute;cilmente lograr&aacute; que alguien quiera comprarlo, financiarlo o apoyarlo.
    </p><p class="article-text">
        La decisi&oacute;n final combin&oacute; el voto del p&uacute;blico con la valoraci&oacute;n del jurado. Este &uacute;ltimo examin&oacute; aspectos como la innovaci&oacute;n, la viabilidad, el impacto de cada propuesta y la defensa realizada en el escenario. Despu&eacute;s de escuchar los nueve proyectos y deliberar, <strong>PyroScan fue elegido ganador de El Talent&oacute;n</strong> <strong>2026.</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bb9f00b4-c81b-450d-b85e-de89219f29c4_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bb9f00b4-c81b-450d-b85e-de89219f29c4_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bb9f00b4-c81b-450d-b85e-de89219f29c4_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bb9f00b4-c81b-450d-b85e-de89219f29c4_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bb9f00b4-c81b-450d-b85e-de89219f29c4_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bb9f00b4-c81b-450d-b85e-de89219f29c4_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/bb9f00b4-c81b-450d-b85e-de89219f29c4_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Participantes en &#039;El Talentón&#039;. JOSÉ F. AROZENA"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Participantes en &#039;El Talentón&#039;. JOSÉ F. AROZENA                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        El premio llevar&aacute; ahora a sus cuatro integrantes bastante m&aacute;s lejos del archipi&eacute;lago. <strong>El equipo ganador viajar&aacute; en noviembre a China,</strong> con un recorrido por varios de sus grandes centros empresariales y tecnol&oacute;gicos. All&iacute; podr&aacute; conocer empresas, f&aacute;bricas y ecosistemas de innovaci&oacute;n, adem&aacute;s de participar en encuentros relacionados con emprendimiento, tecnolog&iacute;a y negociaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El viaje es el premio. Pero posiblemente no sea lo m&aacute;s importante.
    </p><p class="article-text">
        El verdadero recorrido de cualquiera de estos proyectos comienza despu&eacute;s de que se apaguen las luces del teatro. Cuando ya no existe un jurado al que convencer en tres minutos, sino clientes, administraciones, inversores o usuarios a los que demostrar que aquello realmente funciona.
    </p><p class="article-text">
        PyroScan gan&oacute; en La Palma porque consigui&oacute; convertir un problema enorme en una propuesta comprensible. Su tecnolog&iacute;a puede ser compleja; la idea que hay detr&aacute;s no lo es. En una tierra que conoce bien el da&ntilde;o que puede provocar un incendio forestal, pretende utilizar mejor la informaci&oacute;n disponible para detectar antes el peligro y reaccionar m&aacute;s r&aacute;pido.
    </p><p class="article-text">
        A veces, innovar consiste precisamente en eso: conseguir unos minutos de ventaja frente al fuego.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José F. Arozena]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/sociedad/pyroscan-gana-talenton-proyecto-anticiparse-incendios-forestales_1_13506463.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 13 Sep 2026 11:20:24 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/9cb67bf9-bc83-4db4-ba2c-fecf38be8f98_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="2648655" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/9cb67bf9-bc83-4db4-ba2c-fecf38be8f98_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2648655" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[‘PyroScan’ gana El Talentón con un proyecto para anticiparse a los incendios forestales]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/9cb67bf9-bc83-4db4-ba2c-fecf38be8f98_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El gran triunfo de la IA será desaparecer]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/gran-triunfo-ia-sera-desaparecer_132_13493282.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6bd80ffa-58e9-4f39-8022-1d21691e7981_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El gran triunfo de la IA será desaparecer"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un día estaremos usando inteligencia artificial cincuenta veces antes de desayunar y no habremos pensado en ella ni una sola vez. Y entonces habrá ocurrido. La tecnología más comentada de nuestra época habrá conseguido finalmente su mayor éxito. Que nos callemos nosotros. Y que se calle ella
</p></div><p class="article-text">
        El fusible del cuadro el&eacute;ctrico de tu casa lleva d&eacute;cadas trabajando sin conceder una sola entrevista. Nunca ha salido en una portada. No tiene perfil en LinkedIn. No publica hilos sobre el futuro de la energ&iacute;a. Nadie lo ha invitado a una conferencia para explicar c&oacute;mo est&aacute; cambiando el mundo.
    </p><p class="article-text">
        Y, sin embargo, ah&iacute; est&aacute;. Sosteniendo la nevera, el router, la lavadora, el horno, el cargador del m&oacute;vil y buena parte de eso que llamamos civilizaci&oacute;n. <strong>El fusible ha alcanzado el sue&ntilde;o de cualquier tecnolog&iacute;a: que nadie hable de &eacute;l</strong>. A nadie se le ocurrir&iacute;a vender hoy una tostadora anunciando en la caja: &ldquo;Nuevo. Con Electricidad&rdquo;. Ser&iacute;a preocupante.
    </p><p class="article-text">
        Pero eso es exactamente lo que estamos haciendo con la inteligencia artificial. Todo lleva IA. El tel&eacute;fono lleva IA. El coche lleva IA. La televisi&oacute;n lleva IA. El reloj lleva IA. La b&aacute;scula lleva IA. La maquinilla de afeitar lleva IA. El cepillo de dientes lleva IA.
    </p><p class="article-text">
        Dentro de poco el escobillero del v&aacute;ter llevar&aacute; inteligencia artificial y probablemente requerir&aacute; crear una cuenta, aceptar diecisiete p&aacute;ginas de condiciones de uso y descargar una actualizaci&oacute;n de firmware antes de poder estrenarlo. 
    </p><p class="article-text">
        Estamos en esa fase. La adolescencia de la inteligencia artificial. La etapa en la que necesita contarlo todo. &ldquo;Con IA&rdquo;. &ldquo;Potenciado por IA&rdquo;. &ldquo;AI powered&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Es como ese amigo que empieza a correr y tres d&iacute;as despu&eacute;s ya no puede decir simplemente que ha salido a correr. No. Ahora hace una sesi&oacute;n de zona dos con zapatillas de placa de carbono, monitorizaci&oacute;n de lactato y recuperaci&oacute;n activa. T&uacute; le preguntas si viene a tomar una cerveza. &Eacute;l consulta el Garmin.
    </p><p class="article-text">
        A la inteligencia artificial le pasa algo parecido. Todav&iacute;a necesita que sepamos que est&aacute; ah&iacute;. Y por eso aparecen objetos extraordinarios. La maquinilla que analiza el &aacute;ngulo del pelo con precisi&oacute;n casi aeroespacial y despu&eacute;s te hace exactamente el mismo corte en la barbilla que la de dos euros. La b&aacute;scula inteligente que ya no tiene la delicadeza de limitarse a decirte cu&aacute;nto pesas. Eso era antes. Ahora te informa de tu porcentaje de grasa, masa muscular, hidrataci&oacute;n, grasa visceral y edad metab&oacute;lica. Son las siete menos cuarto de la ma&ntilde;ana. T&uacute; solo quer&iacute;as comprobar si las croquetas del s&aacute;bado hab&iacute;an tenido consecuencias. Y de pronto un aparato situado junto al bid&eacute; te informa de que est&aacute;s envejeciendo por dentro. Gracias. Estupenda forma de empezar el lunes.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n tenemos el arenero inteligente para gatos. Sensores. Estad&iacute;sticas. Frecuencia de uso. Duraci&oacute;n de las visitas. Peso del animal. Informes. Tu gato tiene ya m&aacute;s anal&iacute;tica de datos que muchas peque&ntilde;as empresas. &Eacute;l, mientras tanto, sigue intentando meterse dentro de una caja de Amazon que es claramente demasiado peque&ntilde;a para su cuerpo. Pero tiene dashboard.
    </p><p class="article-text">
        Y est&aacute;n las almohadas que detectan los ronquidos. Lo cual representa un enorme avance para la humanidad porque hasta ahora solo dispon&iacute;amos de un rudimentario sistema anal&oacute;gico llamado pareja. La diferencia es importante.
    </p><p class="article-text">
        Antes tu pareja dec&iacute;a:
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Has roncado toda la noche.
    </p><p class="article-text">
        Y t&uacute; pod&iacute;as defenderte.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Yo no he o&iacute;do nada.
    </p><p class="article-text">
        Ahora no. Ahora existen registros. Gr&aacute;ficas. Hora de inicio. Duraci&oacute;n. Intensidad. Decibelios. Pruebas periciales. El matrimonio ha entrado en la era del big data.
    </p><p class="article-text">
        Y luego est&aacute; el cepillo de dientes inteligente. C&aacute;mara. Sensores. Seguimiento de movimiento. Detecci&oacute;n de zonas olvidadas. Aplicaci&oacute;n m&oacute;vil. Un misil tierra-placa. Quinientos euros de tecnolog&iacute;a para localizar un trozo de espinaca.
    </p><p class="article-text">
        Todo esto puede parecer absurdo, y en parte lo es. Pero tambi&eacute;n es normal. Cada gran tecnolog&iacute;a atraviesa una &eacute;poca en la que necesita exhibirse.
    </p><p class="article-text">
        La electricidad la tuvo. A finales del siglo XIX se organizaban exposiciones donde la gente acud&iacute;a a contemplar bombillas encendidas. Una bombilla. Encendida. Y la gente iba a verla.
    </p><p class="article-text">
        No debemos re&iacute;rnos demasiado. Nosotros pagamos entradas para ver a personas presentar tel&eacute;fonos que son pr&aacute;cticamente iguales al que llevamos en el bolsillo.
    </p><p class="article-text">
        Cada &eacute;poca tiene sus propios ind&iacute;genas mirando el barco llegar. La diferencia es que hoy nadie entra en una habitaci&oacute;n, pulsa un interruptor y exclama:
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iexcl;Dios m&iacute;o! &iexcl;Electricidad!
    </p><p class="article-text">
        No llamamos a nuestros amigos. No hacemos una foto. No subimos un v&iacute;deo. No preguntamos qu&eacute; modelo de corriente est&aacute; utilizando la l&aacute;mpara. Apretamos. Se enciende. Fin.
    </p><p class="article-text">
        La tecnolog&iacute;a ha ganado cuando desaparece. Cuando deja de ser tecnolog&iacute;a y se convierte en paisaje. Eso, creo, es lo que va a ocurrir con la inteligencia artificial.
    </p><p class="article-text">
        Ahora estamos obsesionados con ella porque podemos verla. Hablamos de modelos. De agentes. De asistentes. De algoritmos. De m&aacute;quinas que escriben, hablan, programan, dibujan y contestan preguntas. Pero dentro de unos a&ntilde;os probablemente muchas de esas palabras sonar&aacute;n tan extra&ntilde;as como hablar hoy de una &ldquo;lavadora el&eacute;ctrica&rdquo;. La IA estar&aacute; dentro de las cosas. Sin hacer ruido. El frigor&iacute;fico sabr&aacute; que falta leche. El termostato aprender&aacute; cu&aacute;ndo llegas a casa. La maceta decidir&aacute; que necesita agua. El coche detectar&aacute; que est&aacute;s cansado. El banco encontrar&aacute; un movimiento extra&ntilde;o antes que t&uacute;. El paraguas quiz&aacute; consulte la previsi&oacute;n meteorol&oacute;gica y te sugiera que no lo olvides. Y el cubo de basura sabr&aacute; cu&aacute;ndo est&aacute; lleno.
    </p><p class="article-text">
        Lo importante es que nadie organizar&aacute; una keynote para presentarlo. No habr&aacute; un se&ntilde;or vestido de negro caminando lentamente por un escenario mientras detr&aacute;s aparece una fotograf&iacute;a gigantesca del cubo. &ldquo;Today, we are reinventing trash.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; sabremos que hemos llegado. Cuando deje de anunci&aacute;rsenos. Porque el verdadero destino de una tecnolog&iacute;a importante no es convertirse en protagonista. Es convertirse en verbo. Google dej&oacute; de ser solo una empresa cuando empezamos a googlear. WhatsApp dej&oacute; de ser solo una aplicaci&oacute;n cuando empezamos a whatsappear. Y la inteligencia artificial alcanzar&aacute; la madurez cuando dejemos incluso de pronunciar su nombre. Haremos cosas con ella sin pensar que las estamos haciendo con ella. Como encendemos una l&aacute;mpara sin reflexionar sobre Faraday.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien. Que podamos meter inteligencia artificial dentro de cualquier objeto no significa que debamos hacerlo. Este peque&ntilde;o detalle parece haberse perdido durante alguna reuni&oacute;n de marketing.
    </p><p class="article-text">
        Hay una vieja obsesi&oacute;n tecnol&oacute;gica consistente en solucionar problemas que nadie hab&iacute;a comunicado previamente que tuviera. Durante miles de a&ntilde;os hemos abierto las persianas con la mano. Fue duro. Murieron generaciones. Pero sobrevivimos.
    </p><p class="article-text">
        Ahora la persiana inteligente puede detectar la intensidad solar, consultar la temperatura exterior, aprender tus h&aacute;bitos y subir autom&aacute;ticamente a las 7.42. Fant&aacute;stico. Hasta el d&iacute;a en que pierde la conexi&oacute;n wifi y tienes que llamar a un ingeniero inform&aacute;tico para ver amanecer.
    </p><p class="article-text">
        Esa ser&aacute; tambi&eacute;n parte de nuestra relaci&oacute;n con la IA. Nos ayudar&aacute; much&iacute;simo. Y nos molestar&aacute; much&iacute;simo. Ambas cosas pueden ser verdad a la vez. Nos ahorrar&aacute; horas de trabajo y despu&eacute;s perderemos veinte minutos intentando convencer al horno de que solo queremos calentarlo a 180 grados.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;He detectado que est&aacute; preparando lasa&ntilde;a. &iquest;Desea activar el modo italiano?
    </p><p class="article-text">
        No.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Quiere escuchar una playlist italiana?
    </p><p class="article-text">
        No.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Desea valorar su experiencia?
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;QUIERO CALOR!
    </p><p class="article-text">
        La inteligencia artificial no convertir&aacute; necesariamente nuestra vida en una pel&iacute;cula de ciencia ficci&oacute;n. Probablemente la convertir&aacute; en algo m&aacute;s interesante: nuestra misma vida, pero con un n&uacute;mero creciente de objetos tomando peque&ntilde;as decisiones que antes tom&aacute;bamos nosotros. Unas ser&aacute;n extraordinariamente &uacute;tiles. Otras ser&aacute;n completamente innecesarias. Y otras ser&aacute;n &uacute;tiles hasta que dejen de funcionar. Exactamente como la electricidad, el wifi y las impresoras. Sobre todo las impresoras.
    </p><p class="article-text">
        Hay otra pista de c&oacute;mo ser&aacute; ese futuro en los ascensores. Desde hace a&ntilde;os una voz nos informa: &ldquo;Las puertas se est&aacute;n cerrando&rdquo;. Gracias. Las estamos viendo. Son dos puertas enormes movi&eacute;ndose una hacia la otra. Nuestro cerebro, incluso despu&eacute;s de varias d&eacute;cadas de redes sociales, conserva capacidad suficiente para interpretar la escena.
    </p><p class="article-text">
        Dos pisos despu&eacute;s: &ldquo;Las puertas se est&aacute;n abriendo&rdquo;. Tambi&eacute;n lo vemos. Pero nadie protesta. Nadie se pregunta ya por qu&eacute; habla el ascensor. Forma parte del ascensor. Y ah&iacute; est&aacute; probablemente la verdadera victoria de la inteligencia artificial. No que sea imprescindible. Algo mucho m&aacute;s poderoso. Que sea normal.
    </p><p class="article-text">
        Dejaremos de preguntarnos si realmente necesitamos IA en esto o en aquello porque estar&aacute; integrada en la vida cotidiana igual que tantas otras tecnolog&iacute;as que un d&iacute;a parecieron extraordinarias. Har&aacute; cosas brillantes. Har&aacute; cosas absurdas. Corregir&aacute; errores. Traducir&aacute; conversaciones. Organizar&aacute; agendas. Detectar&aacute; enfermedades. Pedir&aacute; leche. Regar&aacute; plantas. Vigilar&aacute; al gato. Y seguramente seguir&aacute; inform&aacute;ndonos de que las puertas se est&aacute;n cerrando.
    </p><p class="article-text">
        La gran revoluci&oacute;n tecnol&oacute;gica, por tanto, quiz&aacute; no llegue como nos la est&aacute;n vendiendo. No habr&aacute; un momento exacto. No sonar&aacute; m&uacute;sica. No aparecer&aacute; una cuenta atr&aacute;s. Nadie podr&aacute; se&ntilde;alar un martes por la tarde y decir:
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Aqu&iacute; empez&oacute; el futuro.
    </p><p class="article-text">
        Ser&aacute; bastante menos cinematogr&aacute;fico. Un d&iacute;a estaremos usando inteligencia artificial cincuenta veces antes de desayunar y no habremos pensado en ella ni una sola vez. Y entonces habr&aacute; ocurrido. La tecnolog&iacute;a m&aacute;s comentada de nuestra &eacute;poca habr&aacute; conseguido finalmente su mayor &eacute;xito. Que nos callemos nosotros. Y que se calle ella.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José F. Arozena]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/gran-triunfo-ia-sera-desaparecer_132_13493282.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 07 Sep 2026 16:40:08 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/6bd80ffa-58e9-4f39-8022-1d21691e7981_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="52456" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/6bd80ffa-58e9-4f39-8022-1d21691e7981_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="52456" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El gran triunfo de la IA será desaparecer]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/6bd80ffa-58e9-4f39-8022-1d21691e7981_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La carta de alguien que se bajó del ‘scroll’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/carta-alguien-scroll_132_13470613.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/af612247-f084-421e-a73b-e88faee4c9e9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La carta de alguien que se bajó del ‘scroll’"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ya no corremos, hacemos ‘running’. No desayunamos tarde, hacemos ‘brunch’. No trabajamos juntos, hacemos ‘coworking’. No te dejan tirado sin explicación, te hacen ‘ghosting’. Y si un día conseguimos dormir ocho horas seguidas seguramente lo llamaremos ‘sleeping’ y habrá un gurú vendiendo un curso</p></div><p class="article-text">
        Durante bastante tiempo pens&eacute; que el problema era yo. Que me estaba haciendo viejo. Que ya no ten&iacute;a paciencia. Que me hab&iacute;a convertido en uno de esos se&ntilde;ores que empiezan diciendo &laquo;en mis tiempos&raquo; y terminan guardando bolsas dentro de otras bolsas. Pero no. O, al menos, no era solo eso.
    </p><p class="article-text">
        Las redes sociales me estaban dejando frito. Y no hablo de aburrimiento. Hablo de cansancio. De mirar el m&oacute;vil un rato y acabar con la cabeza como si hubiera tenido una reuni&oacute;n de cuatro horas con gente que usa la palabra <em>sinergia</em>.
    </p><p class="article-text">
        Lo peor era el tiempo. Cog&iacute;a el tel&eacute;fono para mirar una cosa. Luego otra. Despu&eacute;s un v&iacute;deo. Luego otro. Y de pronto levantaba la cabeza y hab&iacute;a pasado una hora. A veces m&aacute;s. Una hora de mi vida. Desaparecida. Evaporada. Secuestrada por un se&ntilde;or haciendo una barbacoa en Texas, una influencer que no conozco, una discusi&oacute;n pol&iacute;tica entre desconocidos y un v&iacute;deo de un perro que aparentemente sabe conducir un tractor.
    </p><p class="article-text">
        Y aqu&iacute; viene lo preocupante: no recordaba casi nada. Nada. El cerebro vac&iacute;o, pero cansado. Que tiene m&eacute;rito. Era como salir de un restaurante despu&eacute;s de pagar una fortuna y seguir teniendo hambre.
    </p><p class="article-text">
        Algo no cuadraba, porque internet no siempre fue esto. Al principio era una maravilla. T&uacute; entrabas buscando c&oacute;mo arreglar una cisterna y terminabas leyendo sobre el Imperio romano. Perd&iacute;as tres horas, s&iacute;. Pero al menos sal&iacute;as sabiendo qui&eacute;n era <strong>Trajano</strong>. Ahora pierdes tres horas y sales sabiendo que una pareja de Wisconsin que no conoces se ha divorciado. No hemos ganado mucho.
    </p><p class="article-text">
        Las primeras redes tambi&eacute;n ten&iacute;an su gracia. Encontrabas compa&ntilde;eros del colegio, familiares perdidos, amigos que llevabas veinte a&ntilde;os sin ver. Personas que dabas pr&aacute;cticamente por desaparecidas y de pronto aparec&iacute;an en Facebook comi&eacute;ndose una paella en <strong>Benidorm</strong>. Aquello parec&iacute;a &uacute;til. Humano. Hasta bonito.
    </p><p class="article-text">
        Luego algo cambi&oacute;. No s&eacute; cu&aacute;ndo exactamente, pero cambi&oacute;. Las redes dejaron de ense&ntilde;arme a la gente que yo quer&iacute;a ver y empezaron a ense&ntilde;arme a la gente que ellas quer&iacute;an que yo viera. Y ese peque&ntilde;o detalle lo cambi&oacute; todo.
    </p><p class="article-text">
        Ya no entrabas en una red social. Entrabas en una especie de casino. Solo que la tragaperras estaba en tu mano. Tiras hacia abajo. Premio. Otra vez. Nada. Otra vez. V&iacute;deo. Otra vez. Indignaci&oacute;n. Otra vez. Una chica bailando. Otra vez. Una guerra. Otra vez. Un anuncio de colchones. Y vuelta a empezar.
    </p><p class="article-text">
        Aquello ya no era informaci&oacute;n. Era pienso. Y nosotros, con el dedo.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que hice algo peligros&iacute;simo. Algo radical. Algo que hoy probablemente te puede convertir en sospechoso ante tus propios amigos: borr&eacute; las redes del m&oacute;vil. Todas. Bueno, WhatsApp sigue ah&iacute;. No soy Gandhi.
    </p><p class="article-text">
        Y ocurri&oacute; una cosa incre&iacute;ble. No muri&oacute; nadie. No cay&oacute; la Bolsa. No vino la Guardia Civil. El planeta sigui&oacute; girando. Y yo empec&eacute; a recuperar algo que hab&iacute;a desaparecido sin que me diera cuenta: tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Tiempo para leer. Tiempo para hacer deporte. Tiempo para hablar. Tiempo para aburrirme. Incluso tiempo para mirar por una ventana. S&iacute;. Una ventana. Eso que hab&iacute;a antes de las pantallas.
    </p><p class="article-text">
        Y apareci&oacute; tambi&eacute;n otra cosa: silencio. Un silencio mental que yo ya ni recordaba.
    </p><p class="article-text">
        Entonces descubr&iacute; que mi gran hallazgo tampoco era un gran hallazgo. Le pasa a mucha gente. Tanta, que ya le han puesto nombre. En ingl&eacute;s, por supuesto, porque si no est&aacute; en ingl&eacute;s parece que no existe.
    </p><p class="article-text">
        Ya no corremos, hacemos <em>running</em>. No desayunamos tarde, hacemos <em>brunch</em>. No trabajamos juntos, hacemos <em>coworking</em>. No te dejan tirado sin explicaci&oacute;n, te hacen <em>ghosting</em>. Y si un d&iacute;a conseguimos dormir ocho horas seguidas seguramente lo llamaremos <em>sleeping</em> y habr&aacute; un gur&uacute; vendiendo un curso.
    </p><p class="article-text">
        Pues esto se llama JOMO. <em>Joy Of Missing Out</em>. La alegr&iacute;a de perderse cosas.
    </p><p class="article-text">
        Y qu&eacute; maravilla.
    </p><p class="article-text">
        El placer de no verlo todo. De no saberlo todo. De no comentar todo. De aceptar una idea revolucionaria: el mundo puede seguir funcionando, aunque t&uacute; no sepas qu&eacute; ha desayunado un actor, qu&eacute; ha dicho un pol&iacute;tico hace siete minutos o por qu&eacute; dos desconocidos se est&aacute;n insultando debajo de un v&iacute;deo.
    </p><p class="article-text">
        Y entonces, justo cuando uno piensa que quiz&aacute; est&aacute; exagerando, llega la realidad y te da un cogotazo. Meta, la empresa de Facebook e Instagram, acaba de alcanzar en Estados Unidos un acuerdo multimillonario para cerrar un juicio en el que varios estados la acusaban, entre otras cosas, de haber dise&ntilde;ado sus plataformas para fomentar un uso adictivo entre menores. Meta niega haber actuado mal.
    </p><p class="article-text">
        Y yo pens&eacute;: mira t&uacute;. Igual no era yo.
    </p><p class="article-text">
        Igual no era falta de voluntad. Igual hab&iacute;a mucha gente muy lista, muy bien pagada y con muchos ordenadores trabajando precisamente para que yo no soltara el tel&eacute;fono.
    </p><p class="article-text">
        Reconforta saberlo. Y preocupa bastante.
    </p><p class="article-text">
        Porque llevamos a&ntilde;os culp&aacute;ndonos a nosotros mismos. &laquo;Tengo que controlar m&aacute;s el m&oacute;vil&raquo;. &laquo;Pierdo demasiado tiempo&raquo;. &laquo;No tengo fuerza de voluntad&raquo;. Claro. Y el que entra en un casino solo tiene que proponerse mirar las l&aacute;mparas.
    </p><p class="article-text">
        El problema es que detr&aacute;s de muchas aplicaciones hay equipos enteros estudiando una pregunta muy sencilla: &iquest;c&oacute;mo conseguimos que este se&ntilde;or no se vaya?
    </p><p class="article-text">
        Y el se&ntilde;or era yo.
    </p><p class="article-text">
        Y probablemente tambi&eacute;n eras t&uacute;.
    </p><p class="article-text">
        Por eso ahora disfruto perdi&eacute;ndome cosas. Much&iacute;simas. El noventa y nueve por ciento de lo que ocurre en redes no me lo estoy perdiendo. Me lo estoy ahorrando. Esa es la diferencia.
    </p><p class="article-text">
        No necesito saberlo todo. No necesito estar siempre disponible. No necesito llenar cada minuto muerto con un dedo bajando por una pantalla. Un minuto muerto tambi&eacute;n puede quedarse muerto. No pasa nada. Hasta tiene su encanto.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, si alguien quiere saber de m&iacute;, tampoco hace falta montar una expedici&oacute;n. Me puede llamar por tel&eacute;fono. S&iacute;, llamar. Esa antigua funci&oacute;n del m&oacute;vil que todav&iacute;a existe, aunque casi nadie se acuerde.
    </p><p class="article-text">
        Y si quiere verme, todav&iacute;a mejor. Puede venir a casa. Hay caf&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        No hace falta escribirme una carta con papel de alto gramaje ni mandar una paloma mensajera. Tampoco nos volvamos locos.
    </p><p class="article-text">
        Yo seguir&eacute; entrando alguna vez en las redes desde el ordenador. Mirar&eacute; cuatro cosas. Cerrar&eacute;. Y procurar&eacute; marcharme antes de que el algoritmo vuelva a descubrir que sigo vivo.
    </p><p class="article-text">
        Porque al final de todo esto he recuperado algo bastante sencillo.
    </p><p class="article-text">
        He vuelto a levantar la cabeza.
    </p><p class="article-text">
        Y resulta que fuera de la pantalla todav&iacute;a estaban pasando cosas.
    </p><p class="article-text">
        Las m&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Y, adem&aacute;s, hay caf&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        Un abrazo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José F. Arozena]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/carta-alguien-scroll_132_13470613.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 27 Aug 2026 12:46:55 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/af612247-f084-421e-a73b-e88faee4c9e9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="54029" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/af612247-f084-421e-a73b-e88faee4c9e9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="54029" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La carta de alguien que se bajó del ‘scroll’]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/af612247-f084-421e-a73b-e88faee4c9e9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La IA, los tulipanes, los trenes y el dólar que no para de dar vueltas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/ia-tulipanes-trenes-dolar-no-dar-vueltas_132_13460388.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b7bf77bb-ffe3-4a34-930c-8c8c8db8f210_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La IA, los tulipanes, los trenes y el dólar que no para de dar vueltas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una mirada a las burbujas, la infraestructura y el dinero circular en la era de la inteligencia artificial
</p></div><p class="article-text">
        La econom&iacute;a de la inteligencia artificial empieza a parecer una de esas historias en las que, cuando por fin entiendes qui&eacute;n paga a qui&eacute;n, necesitas volver al principio porque el dinero ya ha regresado al punto de partida. Hay inversiones cruzadas, contratos gigantescos de computaci&oacute;n, fabricantes de chips financiando infraestructura y empresas tecnol&oacute;gicas que, de una manera u otra, terminan compr&aacute;ndose servicios unas a otras. A primera vista parece magia. A segunda vista parece contabilidad. Y a la tercera empieza a recordar a varios episodios hist&oacute;ricos bastante conocidos: <strong>la fiebre de los tulipanes</strong>, <strong>el auge de los ferrocarriles y las grandes compa&ntilde;&iacute;as comerciales</strong> que aprendieron a reunir cantidades enormes de capital para proyectos que una sola persona jam&aacute;s habr&iacute;a podido financiar.
    </p><p class="article-text">
        Pensemos en un ejemplo simplificado. Una gran empresa tecnol&oacute;gica invierte miles de millones en una compa&ntilde;&iacute;a de inteligencia artificial. La compa&ntilde;&iacute;a de IA recibe el dinero y lo utiliza, entre otras cosas, para pagar servidores, centros de datos y capacidad de computaci&oacute;n. &iquest;A qui&eacute;n compra parte de esa capacidad? A la misma empresa tecnol&oacute;gica que acaba de invertir en ella. El di&aacute;logo imaginario ser&iacute;a algo as&iacute;: &ldquo;Aqu&iacute; tienes varios miles de millones para crecer&rdquo;. &ldquo;Muchas gracias&rdquo;. &ldquo;&iquest;Y qu&eacute; vas a hacer con ellos?&rdquo;. &ldquo;Pagarte por usar tus servidores&rdquo;. &ldquo;Excelente. Esto de la inteligencia artificial tiene un futuro extraordinario&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No hay necesariamente nada fraudulento en ese circuito. La empresa de IA recibe algo real: potencia de c&aacute;lculo, electricidad, chips, almacenamiento y acceso a centros de datos. El proveedor, por su parte, tiene costes enormes para construir y mantener esa infraestructura. Pero el esquema plantea una pregunta interesante: &iquest;cu&aacute;nto del crecimiento que observamos procede de clientes independientes y cu&aacute;nto est&aacute; impulsado por compa&ntilde;&iacute;as que financian a sus propios grandes compradores? Es una diferencia importante, porque una cosa es tener demanda y otra financiar al cliente para que pueda comprarte.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; aparecen los tulipanes. La famosa tulipoman&iacute;a holandesa se ha convertido en el s&iacute;mbolo universal de las burbujas: alguien compra algo porque cree que ma&ntilde;ana otra persona pagar&aacute; m&aacute;s. Esa otra persona hace exactamente lo mismo, y durante un tiempo todos parecen genios. El problema llega cuando aparece el &uacute;ltimo comprador y descubre que detr&aacute;s de &eacute;l ya no queda nadie. El modelo financiero podr&iacute;a resumirse con una frase poco acad&eacute;mica: &ldquo;No importa que est&eacute; car&iacute;simo; ya encontraremos a otro que pague m&aacute;s&rdquo;. El precio de los bulbos de tulip&aacute;n subi&oacute; tanto que un solo bulbo lleg&oacute; a valer m&aacute;s que una casa, antes de que el mercado colapsara en 1637.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, comparar la inteligencia artificial &uacute;nicamente con los tulipanes es demasiado f&aacute;cil. Si una burbuja de tulipanes explota, al final quedan tulipanes. Si una burbuja de inteligencia artificial explotara despu&eacute;s de varios a&ntilde;os de inversi&oacute;n, quedar&iacute;an centros de datos, redes el&eacute;ctricas reforzadas, millones de chips, software, modelos, herramientas, conocimientos t&eacute;cnicos y una enorme infraestructura inform&aacute;tica. Puede que algunas empresas desaparezcan y algunos inversores pierdan fortunas, pero los activos f&iacute;sicos y tecnol&oacute;gicos no se evaporan. Por eso existe una comparaci&oacute;n hist&oacute;rica bastante mejor: los ferrocarriles.
    </p><p class="article-text">
        Durante el siglo XIX, construir ferrocarriles parec&iacute;a la oportunidad econ&oacute;mica definitiva. El tren iba a transformar el comercio, las ciudades y el transporte, y efectivamente lo hizo. El entusiasmo, sin embargo, atrajo tanto capital y tanta deuda que termin&oacute; construy&eacute;ndose a una velocidad dif&iacute;cil de sostener. Hab&iacute;a proyectos magn&iacute;ficos y otros que parec&iacute;an dise&ntilde;ados para conectar dos lugares donde apenas viv&iacute;an catorce personas, tres cabras y un se&ntilde;or que no ten&iacute;a intenci&oacute;n de viajar. Cuando lleg&oacute; la crisis de 1873, numerosas empresas y entidades financieras quebraron.
    </p><p class="article-text">
        Pero las v&iacute;as siguieron all&iacute;. Ese detalle lo cambia todo. Los inversores pod&iacute;an arruinarse y, al mismo tiempo, el ferrocarril pod&iacute;a convertirse en una infraestructura esencial para la econom&iacute;a durante d&eacute;cadas. No existe ninguna contradicci&oacute;n. Una tecnolog&iacute;a puede ser revolucionaria y estar rodeada de una burbuja financiera al mismo tiempo. Internet volvi&oacute; a demostrarlo un siglo despu&eacute;s: muchas empresas puntocom desaparecieron, pero la fibra &oacute;ptica, los servidores, los protocolos y el h&aacute;bito de conectarnos a la red permanecieron. El exceso financiero no convirti&oacute; Internet en una mala idea; simplemente convirti&oacute; muchas inversiones concretas en p&eacute;simas inversiones.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La Compa&ntilde;&iacute;a Neerlandesa de las Indias Orientales</strong> aporta otra pieza al rompecabezas. Su importancia no est&aacute; en que fuera una antepasada de una empresa de inteligencia artificial, sino en la innovaci&oacute;n financiera que represent&oacute;: reunir el dinero de muchos inversores para afrontar proyectos demasiado grandes y arriesgados para una sola fortuna. Esa capacidad de concentrar capital permiti&oacute; financiar barcos y expediciones comerciales. M&aacute;s tarde se utiliz&oacute; para canales, ferrocarriles, electricidad, telecomunicaciones e Internet. Hoy se utiliza para construir complejos de centros de datos que cuestan decenas de miles de millones.
    </p><p class="article-text">
        La historia cambia de decorado, pero el mecanismo se repite. Primero encontramos una tecnolog&iacute;a capaz de transformar una industria. Despu&eacute;s aparece una narrativa irresistible: &ldquo;esto va a cambiarlo todo&rdquo;. A continuaci&oacute;n, llega el capital. Much&iacute;simo capital. Finalmente, como somos seres humanos y tenemos una admirable incapacidad para hacer las cosas con moderaci&oacute;n, descubrimos la posibilidad de invertir todav&iacute;a m&aacute;s. En alg&uacute;n momento alguien pregunta si realmente hac&iacute;an falta tantos barcos, tantas v&iacute;as, tanta fibra &oacute;ptica o tantos centros de datos. Normalmente esa pregunta llega despu&eacute;s de haberlos construido.
    </p><p class="article-text">
        En la inteligencia artificial hay adem&aacute;s una caracter&iacute;stica especialmente llamativa: algunos de los grandes fabricantes y proveedores de infraestructura tienen incentivos para ayudar a financiar el ecosistema que compra sus propios productos. Microsoft ha invertido en OpenAI y al mismo tiempo le vende servicios de computaci&oacute;n. Amazon ha invertido en Anthropic y Anthropic utiliza AWS. Nvidia vende los chips indispensables para gran parte de esta infraestructura y participa tambi&eacute;n en acuerdos destinados a facilitar nuevas construcciones. El d&oacute;lar, visto desde lejos, parece hacer turismo: sale de una empresa, visita otra y finalmente vuelve a casa con una factura bajo el brazo.
    </p><p class="article-text">
        Eso no significa que el mismo d&oacute;lar se contabilice infinitamente como beneficio. Inversi&oacute;n, ingresos, beneficio, valoraci&oacute;n y flujo de caja son cosas distintas, aunque en las conversaciones de Internet suelen meterse todas en la misma batidora. Si una empresa invierte cien euros en otra y la segunda utiliza esos cien euros para comprarle un servicio, han ocurrido varias transacciones reales. Pero no han aparecido m&aacute;gicamente doscientos euros de riqueza. Hay activos, obligaciones, costes y servicios intercambiados. La contabilidad puede ser compleja; la multiplicaci&oacute;n de los panes y los peces sigue perteneciendo a otro departamento.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta decisiva es mucho m&aacute;s sencilla: &iquest;qui&eacute;n paga al final? Porque un ecosistema de empresas puede financiarse entre s&iacute; durante bastante tiempo, pero tarde o temprano necesita dinero procedente de fuera del c&iacute;rculo. Empresas que paguen por automatizar procesos. Programadores que produzcan m&aacute;s. Hospitales que ahorren tiempo. Bancos, gobiernos, investigadores, anunciantes y consumidores que encuentren suficiente valor para pagar por estas herramientas. Si esos clientes externos generan ingresos suficientes, la infraestructura de IA podr&iacute;a convertirse en algo parecido al ferrocarril, la electricidad o Internet.
    </p><p class="article-text">
        Si no ocurre, el circuito se vuelve m&aacute;s problem&aacute;tico. Una empresa financia a otra; la segunda compra servicios a la primera; la primera anuncia que sus ingresos relacionados con IA est&aacute;n creciendo; los inversores celebran ese crecimiento y aportan m&aacute;s capital; y el ciclo comienza otra vez. Puede funcionar durante un tiempo. Incluso puede producir tecnolog&iacute;a extraordinaria. Pero no puede sustituir para siempre a la demanda econ&oacute;mica real. En alg&uacute;n momento alguien que no participa en el carrusel tiene que pagar la entrada.
    </p><p class="article-text">
        Por eso la discusi&oacute;n sobre si la IA es &ldquo;una burbuja&rdquo; suele estar mal planteada. Una burbuja no implica necesariamente que la tecnolog&iacute;a sea in&uacute;til. Los ferrocarriles fueron revolucionarios y hubo una enorme especulaci&oacute;n ferroviaria. Internet cambi&oacute; el planeta y la burbuja puntocom fue real. Las dos cosas pueden convivir perfectamente. Incluso podr&iacute;amos descubrir dentro de unos a&ntilde;os que la inteligencia artificial transform&oacute; sectores enteros y, simult&aacute;neamente, que una buena cantidad de las inversiones realizadas durante esta d&eacute;cada fueron desastrosas.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez esa sea la comparaci&oacute;n hist&oacute;rica m&aacute;s &uacute;til. Los tulipanes nos recuerdan el peligro de comprar porque todos esperan que el precio siga subiendo. La Compa&ntilde;&iacute;a de las Indias Orientales nos recuerda el poder de reunir enormes cantidades de capital. Los ferrocarriles nos ense&ntilde;an que una infraestructura &uacute;til puede sobrevivir a los inversores que financiaron su exceso. Y la inteligencia artificial parece estar tomando un poco de cada historia.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que, cuando alguien asegure que la IA no puede estar en una burbuja porque &ldquo;es una tecnolog&iacute;a incre&iacute;ble&rdquo;, conviene recordar que esas dos afirmaciones no se excluyen. Puede ser una tecnolog&iacute;a extraordinaria. Puede cambiar el mundo. Puede justificar inversiones gigantescas. Y tambi&eacute;n podemos pasarnos de entusiasmo, construir demasiado deprisa y descubrir despu&eacute;s que algunas valoraciones ten&iacute;an m&aacute;s imaginaci&oacute;n que los propios modelos de IA.
    </p><p class="article-text">
        Si al final todo sale bien, habremos construido una nueva infraestructura econ&oacute;mica mundial. Si sale mal, al menos nos quedar&aacute;n centros de datos, chips y probablemente una cantidad hist&oacute;rica de art&iacute;culos explicando por qu&eacute; nadie pudo verlo venir. Y si la historia sirve de gu&iacute;a, dentro de veinte a&ntilde;os alguien escribir&aacute; que era evident&iacute;simo desde el principio. Ese es, probablemente, el &uacute;nico negocio que nunca entra en burbuja: explicar las burbujas despu&eacute;s de que hayan explotado.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José F. Arozena]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/ia-tulipanes-trenes-dolar-no-dar-vueltas_132_13460388.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Aug 2026 13:53:36 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/b7bf77bb-ffe3-4a34-930c-8c8c8db8f210_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="52350" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/b7bf77bb-ffe3-4a34-930c-8c8c8db8f210_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="52350" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La IA, los tulipanes, los trenes y el dólar que no para de dar vueltas]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/b7bf77bb-ffe3-4a34-930c-8c8c8db8f210_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Inteligencia artificial,Holanda]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La manera de ganar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/manera-ganar_132_13400637.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cedd9313-aa50-4a5f-a3a5-af67cfbb219a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La manera de ganar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">De lo que hice yo se acuerdan mejor en casa que yo mismo. Sé que grité. Sé que se me fue la voz en el grito y que al día siguiente hablaba como una puerta vieja. Y sé que los míos se rieron de mí un segundo antes de abrazarme, que es exactamente el orden correcto</p></div><p class="article-text">
        Ya han pasado algunos d&iacute;as desde que somos campeones del mundo y todav&iacute;a me sorprende escribirlo. <strong>Campeones del mundo</strong>. Lo he dicho en voz alta varias veces, a solas, a ver si de tanto repetirlo me lo cre&iacute;a. Ganar. Hasta la palabra me suena rara: en este pa&iacute;s aprendimos a pronunciarla bajito, no fuera a o&iacute;rnos la mala suerte.
    </p><p class="article-text">
        Y, sin embargo, lo importante no es que hayamos ganado. Es c&oacute;mo.
    </p><p class="article-text">
        De eso quer&iacute;a escribir. No del resultado, que se lo saben de memoria hasta las piedras, sino de la manera. Del modo en que ganan estos chicos, que no se parece a ninguno de los que yo conoc&iacute;a. Y del hombre que los dirige, que en esto tiene mucho que ver.
    </p><p class="article-text">
        En el minuto 119, los m&iacute;os, mis hijos, me agarraron del brazo. No dijeron nada.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Messi</strong> hab&iacute;a levantado la cabeza en la banda derecha y en aquel segundo volvieron todos los fantasmas que ellos no conocen: esa costumbre nuestra de presentir la desgracia un minuto antes de que ocurra. El centro entr&oacute; en el &aacute;rea. <strong>Cubars&iacute;</strong>, diecinueve a&ntilde;os, lo mand&oacute; a c&oacute;rner sin despeinarse, como quien retira un plato de la mesa.
    </p><p class="article-text">
        Los m&iacute;os me soltaron el brazo.
    </p><p class="article-text">
        Yo tard&eacute; bastante m&aacute;s en volver.
    </p><p class="article-text">
        Cuarenta d&iacute;as antes yo no le hab&iacute;a dado la raz&oacute;n a <strong>Luis de la Fuente</strong>. Espa&ntilde;a tiene cuarenta y nueve millones de seleccionadores y yo, aquel d&iacute;a, era uno m&aacute;s: discut&iacute; una lista, un once y un cambio con la autoridad moral de quien no ha entrenado en su vida ni al equipo del patio del colegio. Unos d&iacute;as despu&eacute;s se la di. El domingo se la di del todo, y sin que me doliera, que es lo raro.
    </p><p class="article-text">
        Perd&oacute;name, Luis. Prometo no volver a hacerlo.
    </p><p class="article-text">
        Los dos sabemos que miento.
    </p><p class="article-text">
        De la Fuente es un tipo tranquilo. Habla bajo y no necesita levantar la voz para que se le note el car&aacute;cter, que lo tiene y mucho. Toma decisiones dif&iacute;ciles y las sostiene aunque medio pa&iacute;s est&eacute; convencido de que se equivoca. Y luego resulta que no. Y encima no te lo restriega, que es una forma de elegancia bastante poco espa&ntilde;ola y, desde el domingo, completamente espa&ntilde;ola.
    </p><p class="article-text">
        He pensado mucho en &eacute;l estos d&iacute;as. En que un equipo termina pareci&eacute;ndose a quien lo dirige. Estos chicos ganan como &eacute;l gana: sin ruido, fi&aacute;ndose de lo trabajado, sin humillar a nadie y sin pedir perd&oacute;n por hacerlo bien. La manera de ganar del entrenador se les ha metido en las piernas.
    </p><p class="article-text">
        Porque yo aprend&iacute; a desconfiar. Crec&iacute;, en los ochenta y los noventa, viendo a la selecci&oacute;n salir a los Mundiales pidiendo perd&oacute;n por adelantado, con el complejo puesto como una camiseta interior que no te quitabas ni en agosto: a ver si no hacemos el rid&iacute;culo, a ver si pasamos de cuartos, a ver si al menos competimos.
    </p><p class="article-text">
        Y cuando llegaba la derrota, el consuelo: nos han robado.
    </p><p class="article-text">
        Perder as&iacute; tiene una comodidad enorme, porque si te roban no hace falta que mejores. Es la coartada perfecta. Uno se va a la cama ofendido, que duele menos que irse a la cama siendo peor.
    </p><p class="article-text">
        Durante el Mundial le preguntaron a uno de estos chicos si de verdad se ve&iacute;an capaces de ganarlo. Contest&oacute;:
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Y por qu&eacute; no?
    </p><p class="article-text">
        A m&iacute;, que vengo de donde vengo, me pareci&oacute; una temeridad. Ahora empiezo a pensar que era, simplemente, fe. Otra cosa que yo hab&iacute;a desaprendido.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Ciento seis minutos</strong></h2><p class="article-text">
        Vi la final en casa, con el Atl&aacute;ntico entero de por medio, mientras a nueve mil kil&oacute;metros el <strong>MetLife</strong> se llenaba de gente y de banderas. Empez&oacute; con luz y termin&oacute; de noche cerrada. La pas&eacute; de pie casi entera. Mi familia ya ni pregunta: aparta los muebles y me deja sitio.
    </p><p class="article-text">
        En julio, con las ventanas abiertas, aqu&iacute; uno no ve el partido: lo oye. Sabes lo que ha ocurrido por el grito del vecino antes de que la imagen llegue a tu televisor. Es un sistema de alerta temprana bastante fiable y mal&iacute;simo para el coraz&oacute;n. El domingo, la isla entera funcion&oacute; como una sola grada mal sincronizada.
    </p><p class="article-text">
        Pasaron ciento seis minutos hasta que ocurri&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Ciento seis.
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a hab&iacute;a rematado unas veinte veces a puerta y Argentina ninguna, y aun as&iacute; all&iacute; no entraba nada, y lo que hab&iacute;a entrado lo hab&iacute;an anulado, porque <strong>Emiliano Mart&iacute;nez</strong> estuvo inexpugnable e insoportable hasta que dej&oacute; de ser lo primero. <strong>Rodri</strong> sosten&iacute;a el partido desde el centro con esa cara de contable que le sale cuando la cosa se pone fea. Acabaron eligi&eacute;ndolo mejor jugador del torneo, que es la manera elegante de reconocer que el hombre m&aacute;s importante del campo juega en el lugar donde casi nadie mira.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Dani Olmo</strong> insist&iacute;a. <strong>Lamine Yamal</strong> volv&iacute;a a intentarlo. <strong>Porro</strong> segu&iacute;a recorriendo la banda como si todav&iacute;a le quedaran piernas, que no le quedaban. Y en casa ya nadie hablaba.
    </p><p class="article-text">
        Entonces lleg&oacute; el gol.
    </p><p class="article-text">
        No fue la genialidad solitaria de nadie, y quiz&aacute; por eso se parece tanto a la Espa&ntilde;a que me gusta.
    </p><p class="article-text">
        Yamal vio un hueco donde yo solo ve&iacute;a piernas y no quiso rematar: la dej&oacute; corta. Porro cruz&oacute; el bal&oacute;n al otro lado del &aacute;rea despu&eacute;s de llevar cien minutos subiendo y bajando esa banda. <strong>Nico</strong> lleg&oacute; antes que el portero y tampoco quiso terminar la jugada: la baj&oacute; de cabeza. Y <strong>Ferran Torres</strong>, el discutido, el que este pa&iacute;s llevaba meses debatiendo en todas las barras de bar de aqu&iacute; a Fuerteventura, hizo lo m&aacute;s dif&iacute;cil y lo m&aacute;s sencillo: fiarse del trabajo de los otros y pegarle de primeras.
    </p><p class="article-text">
        Sin pensarlo, porque si lo piensa no entra.
    </p><p class="article-text">
        Minuto ciento seis.
    </p><p class="article-text">
        Ninguno de los cuatro habr&iacute;a podido marcar aquel gol solo. Los cuatro juntos lo hicieron inevitable. As&iacute; es como ganaron: no marc&oacute; el mejor, marc&oacute; el &uacute;ltimo de una cadena en la que cada uno se hab&iacute;a fiado del anterior y conf&iacute;aba en el siguiente.
    </p><p class="article-text">
        De lo que hice yo se acuerdan mejor en casa que yo mismo. S&eacute; que grit&eacute;. S&eacute; que se me fue la voz en el grito y que al d&iacute;a siguiente hablaba como una puerta vieja. Y s&eacute; que los m&iacute;os se rieron de m&iacute; un segundo antes de abrazarme, que es exactamente el orden correcto.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Nadie mir&oacute; al &aacute;rbitro</strong></h2><p class="article-text">
        Hay un detalle de aquella noche que me ha dado m&aacute;s vueltas en la cabeza que el propio gol.
    </p><p class="article-text">
        A Espa&ntilde;a le anularon dos tantos en la final. Uno en el tiempo reglamentario y otro en el minuto 113, cuando Ferran ya lo estaba celebrando. Dos goles anulados en una final del mundo. En el pa&iacute;s donde yo me crie, eso habr&iacute;a dado para tres semanas de tertulia, dos conspiraciones y un agravio hist&oacute;rico con derecho a monumento.
    </p><p class="article-text">
        Y no pas&oacute; nada.
    </p><p class="article-text">
        Ni brazos en alto, ni corrillo alrededor del colegiado, ni caras de m&aacute;rtir. Sacaron y siguieron jugando, como si aquello tambi&eacute;n formara parte del oficio.
    </p><p class="article-text">
        Fue entonces cuando lo entend&iacute;. No es que estos chicos sean mejores que nosotros. Es que aprendieron otra manera de estar. No juegan contra el &aacute;rbitro, ni contra la historia, ni contra todos los fantasmas que yo ten&iacute;a sentados en el sof&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        Juegan contra el rival.
    </p><p class="article-text">
        Que resulta ser, ahora que lo pienso, lo que hab&iacute;a que hacer desde el principio.
    </p><p class="article-text">
        Y ganan por ah&iacute;. No por tener m&aacute;s suerte ni menos enemigos, sino por gastar toda la energ&iacute;a en lo &uacute;nico que depende de ellos: el bal&oacute;n, el compa&ntilde;ero, el minuto siguiente.
    </p><p class="article-text">
        Cuando termin&oacute; el partido, los jugadores espa&ntilde;oles hicieron pasillo a los subcampeones y los aplaudieron mientras recog&iacute;an sus medallas. Ganar bien es tambi&eacute;n eso, lo que no aparece en ning&uacute;n marcador: c&oacute;mo tratas al que acaba de perder.
    </p><p class="article-text">
        Al otro lado se eligi&oacute; otra manera de estar en aquel escenario. No la voy a contar con detalle. Lo dejo ah&iacute;. Este art&iacute;culo va de una sola cosa, y esa cosa es la manera.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Lo que no entienden los m&iacute;os</strong></h2><p class="article-text">
        Despu&eacute;s, ya de madrugada, intent&eacute; explicarles a los m&iacute;os por qu&eacute; hab&iacute;a sufrido de aquel modo. Les habl&eacute; de los cuartos de final, de las derrotas que convert&iacute;amos en agravios, de la costumbre de mirar al &aacute;rbitro antes que a nosotros mismos, de aquella Espa&ntilde;a que sal&iacute;a a competir pidiendo perd&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Me escucharon con esa paciencia que se reserva a los padres cuando cuentan cosas de un pa&iacute;s que ya no existe del todo.
    </p><p class="article-text">
        Y entonces ca&iacute; en la cuenta de que la mejor noticia de la noche no era que Espa&ntilde;a hubiera ganado un Mundial.
    </p><p class="article-text">
        Era que ellos no entend&iacute;an por qu&eacute; a m&iacute; me hab&iacute;a parecido tan improbable.
    </p><p class="article-text">
        En aquel campo hab&iacute;a chicos de diecinueve, de veintitr&eacute;s, de veinticinco a&ntilde;os. Hab&iacute;an llegado desde lugares distintos, con acentos distintos, familias distintas y maneras distintas de entender el mundo. Algunos se arrodillaron sobre el c&eacute;sped para dar las gracias y despu&eacute;s hablaron de su fe sin bajar la voz, con la naturalidad de quien nunca ha pensado que eso pudiera ser un problema. Otros no hicieron nada de aquello, y a nadie le pareci&oacute; extra&ntilde;a ninguna de las dos cosas.
    </p><p class="article-text">
        A ninguno le pidieron que dejara de ser quien era para jugar con los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Solo que corriera por el de al lado. Que aceptara el golpe sin instalarse en la queja. Que confiara en que otro terminar&iacute;a la jugada. Y que, cuando llegara el momento, no tuviera miedo.
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; estaba, ahora que lo veo escrito, casi todo lo que quiero de un pa&iacute;s: equipo, trabajo, alegr&iacute;a y fe. Correr por el de al lado. Fiarse del de al lado. Celebrarlo con el de al lado. Y creer, contra todo pron&oacute;stico, que se puede.
    </p><p class="article-text">
        A fuerza de o&iacute;r todos los d&iacute;as que aqu&iacute; no sabemos estar juntos, uno termina confundiendo el ruido con el pa&iacute;s. Yo llevaba tiempo confundi&eacute;ndolos.
    </p><p class="article-text">
        El domingo, durante ciento veinte minutos, vi otra cosa: gente distinta por dentro, segura sin ser arrogante, competitiva sin vivir del agravio, capaz de fiarse del talento ajeno y de ganar sin necesidad de que nadie perdiera la dignidad.
    </p><p class="article-text">
        Ganar as&iacute;, resulta, no era una temeridad. Era, todo el tiempo, una manera.
    </p><p class="article-text">
        No es una definici&oacute;n. Es apenas el pa&iacute;s que quiero. La que me alegra, la que deseo, aquella en la que me gusta vivir y criar a los m&iacute;os. Y ni siquiera s&eacute; si dura m&aacute;s que un verano.
    </p><p class="article-text">
        Pero aquella noche, con las ventanas abiertas, los m&iacute;os todav&iacute;a agarrados a mi brazo y la isla entera gritando a destiempo, esa Espa&ntilde;a estuvo jugando.
    </p><p class="article-text">
        Y gan&oacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José F. Arozena]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/manera-ganar_132_13400637.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 23 Jul 2026 07:20:11 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/cedd9313-aa50-4a5f-a3a5-af67cfbb219a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="47398" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/cedd9313-aa50-4a5f-a3a5-af67cfbb219a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="47398" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La manera de ganar]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/cedd9313-aa50-4a5f-a3a5-af67cfbb219a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Palma afronta la renovación de su sistema eléctrico tras décadas de dependencia del petróleo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/palma-afronta-renovacion-sistema-electrico-decadas-dependencia-petroleo_129_13388473.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/41d914c8-843a-463a-8576-196a3a96b300_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Palma afronta la renovación de su sistema eléctrico tras décadas de dependencia del petróleo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - La sustitución de los grupos más antiguos de Los Guinchos, la incorporación de una batería y la instalación de una reactancia buscan reforzar una red marcada por la antigüedad de sus equipos y el riesgo de apagones
</p></div><p class="article-text">
        La Palma se prepara para afrontar una de las principales renovaciones de su sistema el&eacute;ctrico de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. La isla, cuya generaci&oacute;n depende mayoritariamente de los combustibles derivados del petr&oacute;leo, podr&aacute; incorporar nuevos grupos de producci&oacute;n para sustituir parte de los equipos m&aacute;s antiguos de la central t&eacute;rmica de Los Guinchos.
    </p><p class="article-text">
        La actuaci&oacute;n responde a un problema acumulado durante a&ntilde;os. Buena parte de la electricidad que consumen los hogares, empresas y servicios p&uacute;blicos palmeros se produce en esta central mediante motores di&eacute;sel. Algunos de esos grupos generadores superan los 50 a&ntilde;os de antig&uuml;edad y contin&uacute;an desempe&ntilde;ando un papel esencial en el suministro insular.
    </p><p class="article-text">
        El mantenimiento ha permitido prolongar su funcionamiento, pero la edad de los equipos aumenta el riesgo de aver&iacute;as y reduce la capacidad de respuesta del sistema. En una red peque&ntilde;a y aislada como la de La Palma, la parada repentina de uno de los principales generadores puede provocar desequilibrios y extender la incidencia al resto de la isla.
    </p><p class="article-text">
        A diferencia de los sistemas el&eacute;ctricos conectados a grandes redes continentales, La Palma debe producir dentro de su territorio toda la energ&iacute;a que consume. Cuando falla una unidad de generaci&oacute;n, no puede recibir de forma inmediata electricidad de otra isla para compensar esa p&eacute;rdida.
    </p><p class="article-text">
        Esta situaci&oacute;n ha convertido la renovaci&oacute;n de Los Guinchos en una demanda planteada durante a&ntilde;os por instituciones, sectores econ&oacute;micos y responsables del sistema el&eacute;ctrico. La autorizaci&oacute;n de nuevos procedimientos para incorporar potencia firme abre ahora la posibilidad de reemplazar los grupos obsoletos y aumentar el margen de seguridad.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Nuevos grupos para garantizar el suministro</strong>
    </p><p class="article-text">
        El Ministerio para la Transici&oacute;n Ecol&oacute;gica ha previsto para La Palma la incorporaci&oacute;n de 52 megavatios de potencia firme con el horizonte de 2031.
    </p><p class="article-text">
        La potencia firme es aquella que puede activarse cuando el sistema la necesita, con independencia de que haya viento o radiaci&oacute;n solar. En el caso de La Palma, permitir&aacute; disponer de generaci&oacute;n de respaldo cuando aumente el consumo, se produzca una aver&iacute;a o disminuya la producci&oacute;n de otras fuentes.
    </p><p class="article-text">
        El procedimiento contempla la instalaci&oacute;n de nuevos equipos, la modernizaci&oacute;n de instalaciones existentes y otras actuaciones destinadas a garantizar el suministro en los sistemas el&eacute;ctricos no peninsulares.
    </p><p class="article-text">
        La renovaci&oacute;n permitir&aacute; sustituir motores con varias d&eacute;cadas de servicio por unidades de mayor eficiencia y fiabilidad. Los nuevos equipos necesitar&aacute;n menos combustible para producir la misma cantidad de electricidad y ofrecer&aacute;n una respuesta m&aacute;s r&aacute;pida ante las necesidades de la red.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, durante los pr&oacute;ximos a&ntilde;os una parte importante de esta potencia seguir&aacute; dependiendo previsiblemente de combustibles f&oacute;siles. La renovaci&oacute;n resolver&aacute; el problema inmediato de la antig&uuml;edad de los motores, aunque no eliminar&aacute; la dependencia energ&eacute;tica exterior de la isla.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Una bater&iacute;a para responder en segundos</strong>
    </p><p class="article-text">
        Otra de las actuaciones previstas es la incorporaci&oacute;n de una bater&iacute;a de emergencia vinculada al sistema el&eacute;ctrico de La Palma.
    </p><p class="article-text">
        Este tipo de instalaci&oacute;n puede entregar energ&iacute;a a la red casi de forma instant&aacute;nea cuando se produce la desconexi&oacute;n de un grupo generador. Su funci&oacute;n principal ser&aacute; sostener el sistema durante el tiempo necesario para activar otros equipos y evitar que una incidencia puntual termine provocando un apag&oacute;n general.
    </p><p class="article-text">
        La bater&iacute;a tambi&eacute;n permitir&aacute; almacenar parte de la electricidad producida en momentos de menor consumo o de mayor generaci&oacute;n renovable. Esa energ&iacute;a podr&aacute; utilizarse posteriormente, por ejemplo, durante la noche o en situaciones de mayor demanda.
    </p><p class="article-text">
        No sustituir&aacute; a la central t&eacute;rmica ni podr&aacute; mantener por s&iacute; sola el suministro de toda la isla durante periodos prolongados. Su importancia reside principalmente en su velocidad de respuesta y en su capacidad para estabilizar la red durante los primeros momentos de una aver&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        La ubicaci&oacute;n prevista en el entorno de Los Guinchos facilitar&aacute; su integraci&oacute;n con la principal instalaci&oacute;n de generaci&oacute;n de la isla, aunque el proyecto deber&aacute; completar los correspondientes procesos administrativos, t&eacute;cnicos y de ejecuci&oacute;n antes de entrar en servicio.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Una reactancia para controlar la tensi&oacute;n</strong>
    </p><p class="article-text">
        La mejora del sistema incluir&aacute; tambi&eacute;n la instalaci&oacute;n de una reactancia en la red el&eacute;ctrica insular.
    </p><p class="article-text">
        Aunque se trata de un equipo menos conocido que una bater&iacute;a o un generador, su funci&oacute;n es relevante para mantener la estabilidad. La reactancia permite controlar la tensi&oacute;n y absorber determinados excesos que pueden aparecer en las l&iacute;neas el&eacute;ctricas.
    </p><p class="article-text">
        En una red insular, donde las distancias, el tama&ntilde;o del sistema y la distribuci&oacute;n de la demanda condicionan el funcionamiento, las variaciones de tensi&oacute;n pueden afectar a la calidad del suministro. Este dispositivo ayudar&aacute; a mantener los valores dentro de los l&iacute;mites necesarios para el funcionamiento seguro de la red.
    </p><p class="article-text">
        La bater&iacute;a y la reactancia cumplir&aacute;n funciones diferentes. La primera aportar&aacute; energ&iacute;a y capacidad de respuesta r&aacute;pida, mientras que la segunda actuar&aacute; sobre la tensi&oacute;n y el equilibrio el&eacute;ctrico. Ambas instalaciones se sumar&aacute;n a la renovaci&oacute;n de los grupos generadores y a las posibles mejoras de subestaciones y l&iacute;neas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Una red m&aacute;s preparada frente a los apagones</strong>
    </p><p class="article-text">
        La combinaci&oacute;n de nuevos grupos, almacenamiento y equipos de regulaci&oacute;n deber&iacute;a aumentar la resistencia del sistema el&eacute;ctrico palmero durante los pr&oacute;ximos a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Cuando un generador antiguo se aver&iacute;a, la red dispone actualmente de un margen limitado para compensar la p&eacute;rdida. Con nuevos motores y una bater&iacute;a, la respuesta podr&aacute; producirse con mayor rapidez. La reactancia contribuir&aacute;, por su parte, a mantener estable la tensi&oacute;n durante el funcionamiento normal y ante determinadas incidencias.
    </p><p class="article-text">
        Estas actuaciones no garantizan que nunca se produzcan cortes de suministro. Los apagones tambi&eacute;n pueden originarse por aver&iacute;as en l&iacute;neas, subestaciones, sistemas de control u otros elementos de la red. No obstante, la renovaci&oacute;n reducir&aacute; uno de los principales factores de riesgo: la dependencia de equipos que llevan m&aacute;s de medio siglo en funcionamiento.
    </p><p class="article-text">
        La entrada en servicio de las nuevas instalaciones depender&aacute; de que los proyectos anunciados completen su tramitaci&oacute;n y se ejecuten dentro de los plazos previstos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El reto de sustituir progresivamente los combustibles f&oacute;siles</strong>
    </p><p class="article-text">
        La renovaci&oacute;n de la central coincide con el debate sobre el futuro modelo energ&eacute;tico de La Palma.
    </p><p class="article-text">
        La isla necesita mantener suficiente potencia gestionable para garantizar el suministro, pero tambi&eacute;n debe aumentar la producci&oacute;n de origen renovable. La energ&iacute;a solar y la e&oacute;lica pueden reducir el consumo de combustibles f&oacute;siles, aunque su producci&oacute;n var&iacute;a en funci&oacute;n de las condiciones meteorol&oacute;gicas.
    </p><p class="article-text">
        Por este motivo, el desarrollo renovable deber&aacute; estar acompa&ntilde;ado por sistemas de almacenamiento, mejoras en la red y tecnolog&iacute;as capaces de proporcionar electricidad cuando no haya sol o viento.
    </p><p class="article-text">
        Entre las alternativas que se estudian se encuentra la geotermia. Esta tecnolog&iacute;a aprovecha el calor del subsuelo y, en caso de confirmarse la existencia de un recurso viable, podr&iacute;a producir electricidad de manera continua.
    </p><p class="article-text">
        La geotermia presenta una diferencia importante respecto a otras fuentes renovables: no depende de la radiaci&oacute;n solar ni de las condiciones del viento. Por ello, podr&iacute;a aportar generaci&oacute;n renovable gestionable y reducir parte del funcionamiento de los motores t&eacute;rmicos.
    </p><p class="article-text">
        Su posible desarrollo se encuentra todav&iacute;a en una fase de investigaci&oacute;n. Ser&aacute; necesario determinar la disponibilidad del recurso, su viabilidad econ&oacute;mica y sus efectos ambientales antes de plantear una explotaci&oacute;n comercial.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Sustituir generaci&oacute;n, no solo a&ntilde;adir potencia</strong>
    </p><p class="article-text">
        Los nuevos grupos de Los Guinchos garantizar&aacute;n el suministro mientras avanza la incorporaci&oacute;n de energ&iacute;as renovables. La planificaci&oacute;n energ&eacute;tica deber&aacute; determinar durante cu&aacute;nto tiempo continuar&aacute;n funcionando y qu&eacute; parte de su producci&oacute;n podr&aacute; ser sustituida por otras fuentes.
    </p><p class="article-text">
        El objetivo t&eacute;cnico es que la energ&iacute;a solar, la e&oacute;lica, el almacenamiento y, en su caso, la geotermia reduzcan progresivamente las horas de funcionamiento de los motores que utilizan combustibles f&oacute;siles.
    </p><p class="article-text">
        La incorporaci&oacute;n de renovables sin una reducci&oacute;n equivalente de la generaci&oacute;n t&eacute;rmica aumentar&iacute;a la potencia total disponible, pero mantendr&iacute;a la dependencia del petr&oacute;leo. Por ese motivo, la evoluci&oacute;n del sistema no se medir&aacute; &uacute;nicamente por el n&uacute;mero de nuevas instalaciones, sino tambi&eacute;n por la disminuci&oacute;n del combustible utilizado para producir electricidad.
    </p><p class="article-text">
        La Palma afronta as&iacute; dos procesos simult&aacute;neos. El primero es inmediato: sustituir equipos obsoletos y reforzar la red para reducir el riesgo de apagones. El segundo se desarrollar&aacute; a m&aacute;s largo plazo: transformar un sistema basado casi por completo en combustibles f&oacute;siles en otro con una mayor participaci&oacute;n de fuentes renovables.
    </p><p class="article-text">
        La ejecuci&oacute;n de los proyectos previstos durante los pr&oacute;ximos a&ntilde;os determinar&aacute; el ritmo de esa transformaci&oacute;n y la capacidad de la isla para disponer de un suministro m&aacute;s seguro y menos dependiente del petr&oacute;leo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José F. Arozena]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/palma-afronta-renovacion-sistema-electrico-decadas-dependencia-petroleo_129_13388473.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Jul 2026 12:41:46 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/41d914c8-843a-463a-8576-196a3a96b300_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="378365" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/41d914c8-843a-463a-8576-196a3a96b300_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="378365" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La Palma afronta la renovación de su sistema eléctrico tras décadas de dependencia del petróleo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/41d914c8-843a-463a-8576-196a3a96b300_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El idioma que heredamos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/idioma-heredamos_132_13382335.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1e75bff5-3412-4902-800e-1befe3bed10c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El idioma que heredamos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Yo aprendí a ver a la selección con el freno de mano puesto. Nunca celebraba un gol inmediatamente. Primero miraba al árbitro. Después, al juez de línea. Luego, al marcador. Y, si todo parecía correcto, esperaba unos segundos por si aparecía alguna autoridad internacional para comunicarnos que habíamos sido eliminados por defecto administrativo</p></div><p class="article-text">
        Mira, chaval: t&uacute; ves a <strong>Espa&ntilde;a en una final del Mundial </strong>y probablemente piensas que esto es normal, que ven&iacute;a instalado de f&aacute;brica, como el wifi o la c&aacute;mara del m&oacute;vil. Pero no.
    </p><p class="article-text">
        Durante muchos a&ntilde;os, la selecci&oacute;n espa&ntilde;ola llegaba a los cuartos de final con la misma tranquilidad con la que uno entra en la consulta del dentista: sabiendo que aquello iba a doler y que, adem&aacute;s, alguien acabar&iacute;a diciendo &ldquo;abre un poco m&aacute;s&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Antes de 2010, Espa&ntilde;a hab&iacute;a disputado cuatro eliminatorias de cuartos en un Mundial (1934, 1986, 1994 y 2002) y hab&iacute;a perdido las cuatro. Cuatro de cuatro. Una eficacia extraordinaria, aunque aplicada exactamente a lo que no conven&iacute;a. La &uacute;nica excepci&oacute;n hist&oacute;rica era el cuarto puesto de 1950, pero aquel Mundial se decidi&oacute; mediante una liguilla final, porque hasta los formatos conspiraban para impedirnos presumir de semifinal.
    </p><p class="article-text">
        Yo aprend&iacute; a ver a la selecci&oacute;n con el freno de mano puesto. Nunca celebraba un gol inmediatamente. Primero miraba al &aacute;rbitro. Despu&eacute;s, al juez de l&iacute;nea. Luego, al marcador. Y, si todo parec&iacute;a correcto, esperaba unos segundos por si aparec&iacute;a alguna autoridad internacional para comunicarnos que hab&iacute;amos sido eliminados por defecto administrativo.
    </p><p class="article-text">
        Crec&iacute; escuchando historias de desgracias futbol&iacute;sticas como otros escuchaban cuentos de miedo. Algunas incluso me las contaron porque no hab&iacute;a nacido o era demasiado peque&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, <strong>el fallo de Julio Carde&ntilde;osa contra Brasil en 1978</strong>. El portero estaba batido, la porter&iacute;a parec&iacute;a tan vac&iacute;a que se pod&iacute;a alquilar como apartamento tur&iacute;stico y, aun as&iacute;, el defensa Amaral termin&oacute; sacando el bal&oacute;n. Espa&ntilde;a empat&oacute; 0-0 y qued&oacute; eliminada en la primera fase. 
    </p><p class="article-text">
        Yo no la vi en directo, pero la hered&eacute;. En Espa&ntilde;a, las frustraciones futbol&iacute;sticas pasaban de padres a hijos junto con los apellidos, la vajilla buena y la frase &ldquo;apaga la luz, que parece que somos ricos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En M&eacute;xico 1986 lleg&oacute; <strong>el gol de M&iacute;chel contra Brasil</strong>. El bal&oacute;n golpe&oacute; en el larguero, bot&oacute; dentro y sali&oacute;. Entr&oacute; unos veinte cent&iacute;metros, pero el &aacute;rbitro y el juez de l&iacute;nea deb&iacute;an de estar mirando una nube especialmente interesante. Espa&ntilde;a perdi&oacute; 1-0. No fue un gol fantasma: el gol existi&oacute;; los fantasmas eran los que decid&iacute;an. 
    </p><p class="article-text">
        Aquel equipo se levant&oacute;, destroz&oacute; 5-1 a Dinamarca con cuatro goles de Butrague&ntilde;o y nos hizo pensar que, esta vez s&iacute;, hab&iacute;amos enga&ntilde;ado al destino. Craso error. Al destino espa&ntilde;ol de entonces no se le enga&ntilde;aba: llevaba gabardina, una carpeta llena de desgracias y siempre encontraba nuestra direcci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En cuartos apareci&oacute; B&eacute;lgica. Empatamos 1-1 y llegamos a los penaltis. <strong>Eloy Olaya lanz&oacute; el segundo de Espa&ntilde;a</strong>, le peg&oacute; mal y Jean-Marie Pfaff lo detuvo. Fue el &uacute;nico fallo de toda la tanda; B&eacute;lgica gan&oacute; 5-4. Eloy ten&iacute;a 22 a&ntilde;os y se pas&oacute; d&eacute;cadas viendo repetida aquella patada, una condena que hoy habr&iacute;a incluido, adem&aacute;s, tres millones de memes antes de llegar al vestuario. 
    </p><p class="article-text">
        En Estados Unidos 1994 nos esperaba Italia. Perdimos 2-1 en cuartos y nos qued&oacute; para siempre <strong>la imagen de Luis Enrique sangrando</strong> despu&eacute;s de que Mauro Tassotti le rompiera la nariz de un codazo dentro del &aacute;rea. El &aacute;rbitro, S&aacute;ndor Puhl, no se&ntilde;al&oacute; penalti. No hab&iacute;a VAR, ni revisi&oacute;n, ni c&aacute;mara superlenta, ni un se&ntilde;or explic&aacute;ndolo con flechas de colores. Hab&iacute;a sangre, indignaci&oacute;n y un vuelo de regreso.
    </p><p class="article-text">
        Y despu&eacute;s lleg&oacute; Corea del Sur en 2002. Gamal Al-Ghandour qued&oacute; para siempre como el rostro de aquella pesadilla, aunque conviene ser precisos: buena parte de los errores m&aacute;s graves fueron de sus asistentes. Dos goles anulados, fueras de juego imaginarios y aquel centro de Joaqu&iacute;n que supuestamente hab&iacute;a salido <strong>antes de que Morientes marcara</strong>. La pelota no hab&iacute;a salido, pero nosotros s&iacute;: 0-0 y derrota por 5-3 en los penaltis. As&iacute; era nuestra relaci&oacute;n con los Mundiales. Nos eliminaba un delantero, un portero, un &aacute;rbitro, un linier, un poste o una interpretaci&oacute;n creativa de las leyes de la f&iacute;sica. El m&eacute;todo cambiaba; el avi&oacute;n de vuelta era el mismo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hasta que lleg&oacute; Luis Aragon&eacute;s</strong>. El Sabio de Hortaleza no se limit&oacute; a cambiar futbolistas o a dibujar un sistema en una pizarra. Nos cambi&oacute; la cabeza. Convenci&oacute; a sus jugadores, y termin&oacute; convenci&eacute;ndonos tambi&eacute;n a nosotros, de que Espa&ntilde;a no ten&iacute;a que pedir permiso para ser campeona. Luis resum&iacute;a el f&uacute;tbol con una frase que parec&iacute;a sencilla, pero que para nosotros era casi una revoluci&oacute;n: &ldquo;Ganar y ganar y ganar y volver a ganar. Eso es el f&uacute;tbol&rdquo;. Y eso hizo su selecci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En la Eurocopa de 2008 eliminamos a Italia por penaltis en cuartos. Precisamente a Italia. Precisamente por penaltis. Precisamente en cuartos. No fue solamente una victoria. Fue una puerta abri&eacute;ndose. Fue el momento en que dejamos de pensar que la desgracia era una obligaci&oacute;n reglamentaria. El Sabio nos ense&ntilde;&oacute; a ganar; Vicente del Bosque recogi&oacute; aquella herencia y la llev&oacute; hasta el lugar que durante d&eacute;cadas hab&iacute;a parecido imposible. 
    </p><p class="article-text">
        Sud&aacute;frica. Matem&aacute;ticamente,<strong> la maldici&oacute;n muri&oacute; cuando Villa marc&oacute; contra Paraguay </strong>en los cuartos del Mundial de 2010. Emocionalmente, la enterr&oacute; Andr&eacute;s Iniesta. Fue el 11 de julio, en Johannesburgo, contra Pa&iacute;ses Bajos. Minuto 116 de la pr&oacute;rroga. Cesc encontr&oacute; a Iniesta, Iniesta control&oacute; y, durante un instante, el pa&iacute;s entero dej&oacute; de respirar. Yo tambi&eacute;n. Despu&eacute;s remat&oacute;. El bal&oacute;n entr&oacute; y salieron de nosotros d&eacute;cadas enteras de frustraci&oacute;n. Salieron Carde&ntilde;osa, Eloy, Tassotti, el gol de M&iacute;chel, las banderas de Corea y todos aquellos cuartos de final que nos hab&iacute;an ense&ntilde;ado a esperar siempre la desgracia.
    </p><p class="article-text">
        Aquel gol no entr&oacute; solamente en la porter&iacute;a de Stekelenburg. Entr&oacute; en nuestras casas, en nuestra memoria y en una parte muy profunda de nosotros mismos. Yo grit&eacute; como si hubiera empujado el bal&oacute;n desde el sal&oacute;n. Creo que todos sentimos que hab&iacute;amos puesto un poco de nuestra fuerza en aquel remate. Por eso aquel gol signific&oacute; tanto para mi generaci&oacute;n y para las anteriores. No era solamente ganar una copa. Era descubrir que el desastre no era inevitable. Era comprender que nosotros tambi&eacute;n pod&iacute;amos llegar hasta el final. Que tambi&eacute;n pod&iacute;amos levantar la cabeza, mirar al mundo a los ojos y decirle que hab&iacute;amos venido para quedarnos.
    </p><p class="article-text">
        Tus generaciones han crecido de otra manera. Hab&eacute;is visto ganar <strong>Eurocopas</strong>, hab&eacute;is visto <strong>a Nadal conquistar Roland Garros</strong> tantas veces que parec&iacute;a tener all&iacute; el domicilio fiscal y hab&eacute;is visto a los pilotos espa&ntilde;oles <strong>dominar las motos</strong> como si las carreteras del mundo fueran una prolongaci&oacute;n de Jerez. Para vosotros, ganar no es una aparici&oacute;n paranormal. Es una notificaci&oacute;n en el m&oacute;vil.
    </p><p class="article-text">
        Pero el f&uacute;tbol es algo m&aacute;s. De verdad que lo es. Con muchos j&oacute;venes me cuesta encontrar un primer tema de conversaci&oacute;n. Ellos hablan con palabras que yo finjo comprender y yo cuento historias que para ellos sucedieron aproximadamente durante el Imperio romano. Son muchos a&ntilde;os de distancia. No siempre es f&aacute;cil que ellos me entiendan o que yo los entienda a ellos. Sin embargo, basta con decir &ldquo;&iexcl;qu&eacute; barbaridad Cucurella!&rdquo;, &ldquo;&iexcl;c&oacute;mo juega Lamine Yamal!&rdquo; o &ldquo;&iexcl;qu&eacute; clase tiene Pedri!&rdquo; y aparece un idioma com&uacute;n. Rodri, Oyarzabal, Dani Olmo, Porro&hellip; Son nombres, s&iacute;, pero tambi&eacute;n son un c&oacute;digo compartido. Durante noventa minutos desaparecen los a&ntilde;os que nos separan. El f&uacute;tbol nos permite encontrarnos en un lugar donde todos tenemos la misma edad.
    </p><p class="article-text">
        Y ayer volvi&oacute; a ocurrir. Espa&ntilde;a jug&oacute; su mejor partido de este Mundial contra una Francia gigantesca. Una selecci&oacute;n con Mbapp&eacute;, Demb&eacute;l&eacute;, Olise y compa&ntilde;&iacute;a: una alineaci&oacute;n que, le&iacute;da en voz alta, pod&iacute;a subirte la tensi&oacute;n, que da miedo.
    </p><p class="article-text">
        Pero Espa&ntilde;a le dio un ba&ntilde;o de f&uacute;tbol, de inteligencia y de personalidad. Oyarzabal abri&oacute; el marcador de penalti en el minuto 22, despu&eacute;s de que Lamine se anticipara a Digne. Pedro Porro hizo el 2-0 en el 58 tras combinar con Dani Olmo. Unai Sim&oacute;n estuvo seguro; Cubars&iacute; y Laporte parec&iacute;an llevar una orden judicial que imped&iacute;a acercarse al &aacute;rea; Cucurella convirti&oacute; su banda en propiedad privada; y Rodri, Fabi&aacute;n y Olmo administraron el centro del campo como si Francia necesitara cita previa.
    </p><p class="article-text">
        Mbapp&eacute; y Demb&eacute;l&eacute; buscaron su sitio durante todo el partido. Sospecho que todav&iacute;a est&aacute;n rellenando el formulario. Francia solamente consigui&oacute; dos disparos a puerta. Espa&ntilde;a no gan&oacute; escondi&eacute;ndose, resistiendo o pidiendo la hora. Gan&oacute; jugando, mandando y creyendo. Gan&oacute; como ganan los equipos que saben qui&eacute;nes son.
    </p><p class="article-text">
        Diecis&eacute;is a&ntilde;os despu&eacute;s, volvemos a una final. Mientras cuento esto todav&iacute;a no s&eacute; si el rival ser&aacute; Argentina o Inglaterra. Tampoco s&eacute; si ganaremos. Bueno, saberlo no lo s&eacute;. Pero decir que vamos a ganar, lo digo desde ya. No porque pueda conocer el futuro, sino porque despu&eacute;s de tantos a&ntilde;os esperando la desgracia, el optimismo tambi&eacute;n es una forma de justicia.
    </p><p class="article-text">
        T&uacute; quiz&aacute; veas solamente otro gran partido. Yo ver&eacute; tambi&eacute;n a Carde&ntilde;osa delante de aquella porter&iacute;a, a M&iacute;chel contemplando un gol que entr&oacute; y no existi&oacute;, a Eloy caminando despu&eacute;s de su penalti, a Luis Enrique con el rostro ensangrentado y a Iniesta esperando que el bal&oacute;n bajara. Ver&eacute; al Sabio de Hortaleza record&aacute;ndonos que esto consiste en ganar, ganar y volver a ganar. Ver&eacute; a quienes lo intentaron, a quienes se fueron sin verlo y a quienes nos ense&ntilde;aron a levantarnos despu&eacute;s de cada derrota. 
    </p><p class="article-text">
        Y despu&eacute;s te mirar&eacute; a ti. Porque alg&uacute;n d&iacute;a ser&aacute;s t&uacute; quien le cuente esta historia a otro joven. Le hablar&aacute;s de Lamine, de Cucurella, de Pedri, de Rodri, de Olmo, de Oyarzabal y de Porro. Le contar&aacute;s d&oacute;nde estabas y con qui&eacute;n abrazaste aquella noche. As&iacute; funciona el f&uacute;tbol.
    </p><p class="article-text">
        La memoria pasa de una generaci&oacute;n a la siguiente hasta que deja de pertenecer a alguien y empieza a pertenecernos a todos. El domingo no saldr&aacute;n al campo solamente once futbolistas. Con ellos saldr&aacute;n nuestros padres, nuestros hijos y todos los que alguna vez cre&iacute;mos cuando parec&iacute;a absurdo creer. Saldr&aacute; la generaci&oacute;n que sufri&oacute;, la que aprendi&oacute; a ganar y la que ahora se atreve a mirar de frente a la historia. Detr&aacute;s llevaremos casi un siglo de memoria. Delante tendremos un rival. Y sobre el pecho, una estrella que nos recuerda que los imposibles tambi&eacute;n pueden ser derrotados.
    </p><p class="article-text">
        No iremos a Nueva York, bueno, a Nueva Jersey, pero no estropeemos ahora el momento con la geograf&iacute;a, solo para disputar una final. Iremos con la ilusi&oacute;n de ganarla y con la lecci&oacute;n del Sabio bien aprendida: creer, competir y volver a intentarlo. <strong>Esta Espa&ntilde;a ya no juega pendiente de la desgracia</strong>, sino confiada en lo que sabe hacer. Sea quien sea el rival, saldr&aacute; a buscar la segunda estrella con la memoria de quienes abrieron el camino y la alegr&iacute;a de quienes hoy pueden vivirlo sin miedo. <strong>Nos vemos en Nueva York</strong>. A ganar, s&iacute;, pero tambi&eacute;n a compartir otra de esas noches que, con los a&ntilde;os, terminan convirti&eacute;ndose en una historia que alguien vuelve a contar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José F. Arozena]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/idioma-heredamos_132_13382335.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 15 Jul 2026 11:55:38 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/1e75bff5-3412-4902-800e-1befe3bed10c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="55404" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/1e75bff5-3412-4902-800e-1befe3bed10c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="55404" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El idioma que heredamos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/1e75bff5-3412-4902-800e-1befe3bed10c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Palma se pone las pilas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/palma-pone-pilas_129_13365357.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/968414f3-e0bf-4efd-8639-703168b35c35_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Palma se pone las pilas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - El nuevo marco estatal permitirá instalar baterías de emergencia en la red eléctrica insular, una medida que puede reducir el riesgo de apagones, aunque no sustituye la renovación de los viejos grupos ni el avance de las renovables</p></div><p class="article-text">
        La Palma podr&aacute; contar con bater&iacute;as de emergencia conectadas a la red el&eacute;ctrica para responder con rapidez ante fallos de generaci&oacute;n y reducir el riesgo de nuevos ceros energ&eacute;ticos. La isla, dicho con prudencia y algo de literalidad, se pone las pilas.
    </p><p class="article-text">
        El cambio llega con el Real Decreto-ley 18/2026, en vigor desde el 1 de julio, que abre por primera vez una v&iacute;a espec&iacute;fica para instalar bater&iacute;as como medida de emergencia en los sistemas el&eacute;ctricos no peninsulares. La clave est&aacute; en la llamada reserva rodante: la capacidad que necesita una red para reaccionar cuando una central se cae, una turbina dispara o la demanda cambia de golpe. En una isla aislada, esos segundos pueden separar un incidente t&eacute;cnico de un apag&oacute;n general.
    </p><p class="article-text">
        Hasta ahora, el marco legal permit&iacute;a medidas extraordinarias para garantizar el suministro, pero estaba pensado sobre todo para grupos de generaci&oacute;n convencional. Las bater&iacute;as, aunque &uacute;tiles, no encajaban bien en la arquitectura administrativa. No eran una central al uso, no produc&iacute;an energ&iacute;a primaria y su valor principal no estaba en vender electricidad, sino en estar disponibles cuando el sistema se tambalea. En Espa&ntilde;a, como se sabe, una tecnolog&iacute;a puede estar madura y aun as&iacute; esperar a&ntilde;os a que alguien le encuentre casilla en el formulario.
    </p><p class="article-text">
        La nueva norma corrige ese vac&iacute;o. Si el operador del sistema acredita falta de reserva en una isla y advierte de riesgo para el suministro, la comunidad aut&oacute;noma podr&aacute; solicitar al Ministerio para la Transici&oacute;n Ecol&oacute;gica el reconocimiento parcial de los costes de instalaci&oacute;n. El Estado podr&aacute; cubrir hasta el 25% de la inversi&oacute;n. El 75% restante deber&aacute; asumirlo la comunidad aut&oacute;noma, con fondos propios o europeos.
    </p><p class="article-text">
        El Gobierno de Canarias ya ha anunciado que trabaja en una convocatoria para La Palma, con una estimaci&oacute;n inicial de 16 megavatios y dos horas de almacenamiento. No es una cifra menor para un sistema insular peque&ntilde;o, pero tampoco debe confundirse con una soluci&oacute;n total. Las bater&iacute;as no generan energ&iacute;a: la almacenan y la entregan en el momento cr&iacute;tico. Su fuerza est&aacute; en la velocidad, no en sustituir al conjunto del sistema.
    </p><p class="article-text">
        La urgencia no es te&oacute;rica. El apag&oacute;n total del 10 de junio de 2025 dej&oacute; sin suministro a m&aacute;s de 50.000 puntos en la isla tras el fallo de una turbina. El episodio volvi&oacute; a mostrar la fragilidad de una red peque&ntilde;a, aislada y con poco margen de maniobra. En la Pen&iacute;nsula, una aver&iacute;a puede compensarse con otras centrales y l&iacute;neas de apoyo. En La Palma, cuando falta generaci&oacute;n suficiente, no hay una gran red detr&aacute;s que venga al rescate.
    </p><p class="article-text">
        Por eso las bater&iacute;as pueden mejorar mucho la seguridad del suministro. Pueden aportar respuesta inmediata, estabilizar la frecuencia, evitar cortes en cascada y dar tiempo a que entren otros recursos. No har&aacute;n milagros, pero en electricidad un margen de segundos puede valer m&aacute;s que muchas promesas a largo plazo.
    </p><p class="article-text">
        El problema de fondo, sin embargo, seguir&aacute; ah&iacute;. La Palma necesita renovar o sustituir grupos de generaci&oacute;n envejecidos, reforzar la red, aumentar el peso de la solar y la e&oacute;lica, desplegar almacenamiento ordinario y planificar con seriedad el posible papel futuro de la geotermia. Las bater&iacute;as de emergencia son un colch&oacute;n, no un colch&oacute;n y la cama entera.
    </p><p class="article-text">
        Durante a&ntilde;os, el bloqueo ha sido menos tecnol&oacute;gico que legal y econ&oacute;mico. Las bater&iacute;as existen, funcionan y cada vez son m&aacute;s competitivas. Lo que faltaba era decidir c&oacute;mo se pagaba un servicio que se nota sobre todo cuando evita un desastre. Es el viejo problema del seguro: parece caro hasta que hace falta. El nuevo decreto no elimina el coste, pero establece una v&iacute;a clara para justificarlo, financiarlo y ponerlo en marcha.
    </p><p class="article-text">
        La medida tambi&eacute;n revela una cuesti&oacute;n m&aacute;s amplia sobre la transici&oacute;n energ&eacute;tica en Canarias. No basta con instalar renovables. En sistemas insulares, la energ&iacute;a limpia necesita flexibilidad, almacenamiento y respaldo. M&aacute;s placas y molinos ayudan a reducir combustibles f&oacute;siles; m&aacute;s almacenamiento permite que esa electricidad sea, adem&aacute;s, m&aacute;s estable y aprovechable.
    </p><p class="article-text">
        La Palma no va a resolver sus apagones solo con bater&iacute;as, pero s&iacute; puede reducir su vulnerabilidad. Si se instalan bien, se conectan donde toca y se coordinan con el operador del sistema, dar&aacute;n a la isla una defensa r&aacute;pida frente a incidentes que hasta ahora pod&iacute;an terminar en oscuridad general.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de a&ntilde;os de expedientes, aver&iacute;as y discusiones sobre competencias, el avance no es menor. Las bater&iacute;as dejan de ser una buena idea sin encaje legal y pasan a ser una herramienta reconocida para proteger el suministro. No es el final del problema el&eacute;ctrico de La Palma. Pero s&iacute; puede ser el principio de una red con m&aacute;s reflejos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José F. Arozena]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/palma-pone-pilas_129_13365357.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 08 Jul 2026 11:56:05 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/968414f3-e0bf-4efd-8639-703168b35c35_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="321239" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/968414f3-e0bf-4efd-8639-703168b35c35_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="321239" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La Palma se pone las pilas]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/968414f3-e0bf-4efd-8639-703168b35c35_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Centro Nacional de Vulcanología: cinco millones, doce sillas y un consorcio que no termina de arrancar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/centro-nacional-vulcanologia-cinco-millones-doce-sillas-consorcio-no-termina-arrancar_129_13357312.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3b420f04-448d-4068-9d24-8df1e3fdf509_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El Centro Nacional de Vulcanología: cinco millones, doce sillas y un consorcio que no termina de arrancar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">ANÁLISIS - El convenio para poner en marcha el consorcio sigue sin firma. La partida presupuestaria continúa disponible, pero el proceso se ha atascado por el reparto de representación en Canarias, por las resistencias a trasladar a las islas parte del peso técnico que hoy conserva el Estado y, en los últimos días, por la disputa sobre si la financiación prometida se ha reducido</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3b420f04-448d-4068-9d24-8df1e3fdf509_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3b420f04-448d-4068-9d24-8df1e3fdf509_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3b420f04-448d-4068-9d24-8df1e3fdf509_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3b420f04-448d-4068-9d24-8df1e3fdf509_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3b420f04-448d-4068-9d24-8df1e3fdf509_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3b420f04-448d-4068-9d24-8df1e3fdf509_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/3b420f04-448d-4068-9d24-8df1e3fdf509_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Cono del volcán Tajogaite. JOSÉ F. AROZENA"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Cono del volcán Tajogaite. JOSÉ F. AROZENA                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        El futuro Centro Nacional de Vulcanolog&iacute;a (CNV), con sede principal en La Palma y apoyo cient&iacute;fico en Tenerife, no est&aacute; detenido porque falte dinero. Eso, al menos, no es hoy el principal problema: la partida de cinco millones de euros vinculada al proyecto figura en el marco presupuestario heredado de las cuentas del Estado de 2023 y, seg&uacute;n el Ministerio de Ciencia, Innovaci&oacute;n y Universidades, el compromiso econ&oacute;mico se mantiene. Lo que falta no es tanto el dinero como la f&oacute;rmula para gastarlo sin que el expediente siga dando vueltas de despacho en despacho.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s de un a&ntilde;o despu&eacute;s de que el Consejo de Ministros designara a La Palma sede f&iacute;sica del futuro consorcio, dentro de una candidatura conjunta con Tenerife, el convenio que debe constituirlo formalmente sigue sin firma. El bloqueo tiene tres focos: el remanente presupuestario, el reparto de puestos en el consejo rector y el papel del Instituto Geogr&aacute;fico Nacional (IGN). A ellos se ha sumado, en los primeros d&iacute;as de julio, una disputa p&uacute;blica sobre si la financiaci&oacute;n prometida se ha reducido en la pr&aacute;ctica.
    </p><p class="article-text">
        El proyecto prev&eacute; instalar su sede en una zona empresarial del municipio de El Paso, pr&oacute;xima a la colada del Tajogaite, con una segunda ubicaci&oacute;n en la Casa Massieu, en el Valle de Aridane. La candidatura, impulsada conjuntamente por los cabildos de La Palma y Tenerife y respaldada por el Gobierno de Canarias, fue la &uacute;nica presentada y fue avalada por la comisi&oacute;n consultiva correspondiente. Tenerife acoger&aacute; una subsede de apoyo cient&iacute;fico, apoyada en instituciones como el Instituto Volcanol&oacute;gico de Canarias (Involcan), el Instituto Tecnol&oacute;gico y de Energ&iacute;as Renovables (ITER), el supercomputador Teide, el CSIC y la Universidad de La Laguna.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La partida presupuestaria</strong>
    </p><p class="article-text">
        La parte econ&oacute;mica tiene menos misterio del que aparenta, aunque tampoco conviene despistarse. La partida est&aacute;, no se ha gastado, y eso la convierte en una pieza que entra en la revisi&oacute;n de cr&eacute;ditos no ejecutados de los ministerios. Cada verano, los departamentos revisan qu&eacute; partidas no han usado, calculan el margen disponible y, hacia septiembre, valoran propuestas para reasignar remanentes a otros fines antes de que acabe el ejercicio.
    </p><p class="article-text">
        Que una partida no ejecutada pueda ser revisada no significa que sea pol&iacute;ticamente sencillo tocarla. Mover esos cinco millones a otro destino resultar&iacute;a legalmente discutible seg&uacute;n el tr&aacute;mite, administrativamente inc&oacute;modo y pol&iacute;ticamente costoso: la creaci&oacute;n del CNV est&aacute; asociada directamente a La Palma, a la reconstrucci&oacute;n posterior al Tajogaite y a una promesa institucional repetida por el Estado y por Canarias. Fuentes conocedoras de la negociaci&oacute;n consideran que la partida es dif&iacute;cilmente desviable, no porque el dinero est&eacute; especialmente protegido, sino porque el coste pol&iacute;tico de reasignarlo ser&iacute;a alto. El Cabildo de La Palma ha denunciado retrasos y recortes, y el Gobierno de Canarias ha advertido de que el acuerdo debe quedar formalizado antes de final de a&ntilde;o para evitar riesgos sobre los fondos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El consejo rector y el reparto de puestos</strong>
    </p><p class="article-text">
        El segundo nudo est&aacute; en la gobernanza. El consejo rector del futuro consorcio se plantea con doce miembros: seis por la parte estatal y seis por la parte canaria. En el lado del Estado, el reparto est&aacute; m&aacute;s encarrilado: la representaci&oacute;n quedar&iacute;a distribuida entre el Ministerio de Ciencia y organismos cient&iacute;ficos y t&eacute;cnicos que ya participan o tienen funciones relacionadas con la vigilancia, la investigaci&oacute;n o la gesti&oacute;n de riesgos, como el IGN, la AEMET, el CSIC y sus institutos especializados, el IGME o el IEO, adem&aacute;s de la representaci&oacute;n ministerial correspondiente.
    </p><p class="article-text">
        El problema est&aacute; en la otra mitad de la mesa. Canarias cuenta con seis puestos y m&aacute;s aspirantes que sillas: el Gobierno auton&oacute;mico debe ordenar la presencia del Cabildo de La Palma, el Cabildo de Tenerife, la Universidad de La Laguna, la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, el sector cient&iacute;fico canario, la consejer&iacute;a competente en ciencia y las reclamaciones de Involcan, que lleva a&ntilde;os defendiendo su papel en la vigilancia y la investigaci&oacute;n volc&aacute;nica en las islas.
    </p><p class="article-text">
        La Palma reclama centralidad porque sufri&oacute; la erupci&oacute;n y porque la sede principal se le asign&oacute; formalmente. Tenerife defiende el peso de su ecosistema cient&iacute;fico, con universidades, institutos y capacidades t&eacute;cnicas acumuladas durante a&ntilde;os. Las universidades p&uacute;blicas reclaman presencia, los cabildos tambi&eacute;n, y la comunidad cient&iacute;fica no quiere quedar al margen. Involcan considera necesaria una presencia clara de quienes llevan d&eacute;cadas trabajando sobre el terreno. El resultado es una negociaci&oacute;n en la que ning&uacute;n actor sobra, pero no todos caben en el reglamento del consejo rector.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El papel del Instituto Geogr&aacute;fico Nacional</strong>
    </p><p class="article-text">
        El tercer bloqueo es m&aacute;s profundo y afecta al modelo del centro. El IGN, organismo adscrito al Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible, mantiene hoy un papel central en la vigilancia volc&aacute;nica, s&iacute;smica y geod&eacute;sica: en virtud del Real Decreto 253/2024, de 12 de marzo, tiene atribuidas las competencias estatales en materia de vigilancia s&iacute;smica, volc&aacute;nica y geod&eacute;sica, que ejerce en el conjunto del territorio nacional, y su Plan Nacional de Vigilancia S&iacute;smica, Volc&aacute;nica y de otros Fen&oacute;menos Geof&iacute;sicos fue aprobado por el Consejo de Ministros el 4 de marzo de 2025 a propuesta de ese departamento. La direcci&oacute;n y coordinaci&oacute;n de estos servicios corresponde a la Direcci&oacute;n General del Instituto Geogr&aacute;fico Nacional, con sede en Madrid.
    </p><p class="article-text">
        La expectativa pol&iacute;tica en La Palma y en sectores del Gobierno canario era que el nuevo CNV no fuese solo una marca, sino una verdadera descentralizaci&oacute;n de capacidades hacia Canarias: que las decisiones y el trabajo t&eacute;cnico sobre volcanes se hicieran desde el territorio volc&aacute;nico activo del pa&iacute;s, y no a distancia. Ah&iacute; aparece la resistencia: el IGN no parece dispuesto a trasladar de forma significativa personal y funciones desde Madrid a La Palma o Tenerife.
    </p><p class="article-text">
        Esa fricci&oacute;n se ha plasmado ya en el propio texto del convenio. Seg&uacute;n ha explicado el Ministerio de Ciencia, el 20 de marzo de 2026 remiti&oacute; al Gobierno de Canarias un borrador que retiraba de los objetivos del consorcio la funci&oacute;n denominada &ldquo;gesti&oacute;n integral del fen&oacute;meno volc&aacute;nico&rdquo;, por entender que esa expresi&oacute;n pod&iacute;a generar ambig&uuml;edad competencial y solaparse con funciones que la ley ya atribuye al IGN y a otros organismos estatales. El Gobierno canario no respondi&oacute; hasta el 30 de junio, m&aacute;s de tres meses despu&eacute;s, con una propuesta que insist&iacute;a en mantener esa funci&oacute;n dentro del futuro consorcio. Fuentes del Ministerio sostienen que la controversia responde a una cuesti&oacute;n de seguridad jur&iacute;dica, ya que ning&uacute;n convenio puede alterar competencias fijadas por ley, y no a una falta de voluntad pol&iacute;tica. En Canarias la lectura es distinta: el Cabildo de La Palma plantea la posici&oacute;n contraria, que sea el organismo que legalmente tiene atribuida la vigilancia volc&aacute;nica el que se integre en la estructura canaria, de forma que la competencia se ejerza desde el propio territorio activo y no desde Madrid. El Cabildo de Tenerife se ha sumado a esa posici&oacute;n y ha calificado de preocupante cualquier intento de recentralizar la direcci&oacute;n cient&iacute;fica del proyecto.
    </p><p class="article-text">
        La preocupaci&oacute;n de fondo es que el futuro consorcio nazca con sede f&iacute;sica en Canarias pero con las palancas principales fuera. Nadie discute que el IGN cuente con experiencia, redes y personal cualificado; la cuesti&oacute;n es si el nuevo centro debe reforzar la presencia t&eacute;cnica en las islas o limitarse a coordinar desde all&iacute; lo que se decide en otro lugar.
    </p><p class="article-text">
        Para evitar un choque frontal con la Relaci&oacute;n de Puestos de Trabajo y con funcionarios que no desean trasladarse, se estudia una v&iacute;a progresiva: vincular a La Palma y Tenerife las plazas nuevas que se vayan generando en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os a medida que se extingan puestos por jubilaciones o vacantes en el IGN. Nadie tendr&iacute;a que mudarse por la fuerza, pero las nuevas incorporaciones podr&iacute;an nacer ya con destino en Canarias. Es una soluci&oacute;n m&aacute;s lenta y menos vistosa que una mudanza masiva, pero se considera m&aacute;s viable.
    </p><p class="article-text">
        El precedente de la Agencia Espacial Espa&ntilde;ola en Sevilla pesa en la conversaci&oacute;n. All&iacute;, el traslado de funciones y personal desde Madrid se encontr&oacute; con resistencias, plazas no cubiertas y la necesidad posterior de convocar nuevos puestos. La experiencia sugiere que descentralizar organismos p&uacute;blicos no se resuelve solo cambiando la direcci&oacute;n postal en el BOE: exige mover talento, carreras profesionales, incentivos y estructuras, un proceso que, si no se hace bien, la sede llega antes que la plantilla, y eso es como inaugurar un observatorio sin telescopio: queda bonito, pero observa poco.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Una semana de reproches cruzados</strong>
    </p><p class="article-text">
        El choque entre administraciones se ha intensificado en los primeros d&iacute;as de julio. El 1 de julio, el Cabildo de La Palma acus&oacute; al Gobierno de Espa&ntilde;a de dilatar deliberadamente la firma del convenio y de reducir la sede canaria a una funci&oacute;n administrativa sin capacidad real de decisi&oacute;n. Al d&iacute;a siguiente, el Ministerio de Ciencia respondi&oacute; rechazando esa lectura y sosteniendo que es el Gobierno canario quien, al insistir en modificar el reparto de competencias, retrasa innecesariamente el acuerdo. Ese mismo d&iacute;a, fuentes parlamentarias de Coalici&oacute;n Canaria en el Congreso registraron una pregunta escrita al Ministerio de Ciencia, una proposici&oacute;n no de ley y una solicitud de comparecencia de la titular del departamento para que informe sobre el calendario de puesta en marcha del centro. Desde esa formaci&oacute;n se ha recordado, adem&aacute;s, que la actividad s&iacute;smica registrada en Tenerife durante 2026, sin implicar una erupci&oacute;n inminente, confirma que Canarias es un territorio volc&aacute;nicamente activo que no puede permitirse m&aacute;s demoras en este &aacute;mbito.
    </p><p class="article-text">
        Al d&iacute;a siguiente, el Ministerio de Pol&iacute;tica Territorial y Memoria Democr&aacute;tica calific&oacute; la disputa de &ldquo;artificial&rdquo; y record&oacute; que fue el propio Gobierno de Espa&ntilde;a quien decidi&oacute; ubicar el centro en Canarias, a petici&oacute;n del Gobierno auton&oacute;mico durante la erupci&oacute;n del Tajogaite. Ese mismo d&iacute;a, la Presidencia del Gobierno de Canarias confirm&oacute; que contin&uacute;an los intercambios de borradores entre las administraciones y que el Ministerio de Pol&iacute;tica Territorial se comprometi&oacute; a revisar un informe t&eacute;cnico remitido esa semana por el Gobierno auton&oacute;mico.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Qu&eacute; queda por resolver</strong>
    </p><p class="article-text">
        Est&aacute; prevista para los pr&oacute;ximos d&iacute;as una reuni&oacute;n, presencial o telem&aacute;tica, entre representantes del Gobierno de Canarias, los cabildos de La Palma y Tenerife y los ministerios implicados. El objetivo declarado por el Gobierno de Canarias es formalizar el convenio antes de que finalice el a&ntilde;o, tanto para evitar el riesgo de que los fondos comprometidos queden sin ejecutar como para resolver el reparto de sillas canarias y la transici&oacute;n de competencias con el IGN. 
    </p><p class="article-text">
        La salida pasa por ordenar las sillas canarias, asegurar que la partida presupuestaria no se toca y pactar con el IGN una transici&oacute;n realista pero efectiva hacia las islas. Sin imposiciones imposibles, pero tambi&eacute;n sin convertir la descentralizaci&oacute;n en una palabra decorativa. Canarias no pide un souvenir volc&aacute;nico. Pide que el centro que se prometi&oacute; tras el Tajogaite tenga contenido, personal, capacidad cient&iacute;fica y arraigo territorial.
    </p><p class="article-text">
        Porque si el &uacute;nico territorio espa&ntilde;ol con vulcanismo activo no puede albergar de verdad el centro nacional que estudia los volcanes, habr&aacute; que reconocer que el problema no est&aacute; bajo tierra. Est&aacute; bastante m&aacute;s arriba, en los despachos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José F. Arozena]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/centro-nacional-vulcanologia-cinco-millones-doce-sillas-consorcio-no-termina-arrancar_129_13357312.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 05 Jul 2026 08:28:32 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/3b420f04-448d-4068-9d24-8df1e3fdf509_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="4696700" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/3b420f04-448d-4068-9d24-8df1e3fdf509_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="4696700" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El Centro Nacional de Vulcanología: cinco millones, doce sillas y un consorcio que no termina de arrancar]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/3b420f04-448d-4068-9d24-8df1e3fdf509_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Palma instala su primer 'amortiguador' eléctrico en Las Breñas por dos millones de euros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/sociedad/palma-instala-primer-amortiguador-electrico-brenas-millones-euros_1_13338778.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4ca61dd7-c17b-4663-af5c-f48f29935a2c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Palma instala su primer &#039;amortiguador&#039; eléctrico en Las Breñas por dos millones de euros"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Red Eléctrica ha sometido esta semana a información pública el proyecto de una reactancia en la subestación de Breña Alta, una pieza clave para estabilizar una red que lleva años acusando el peso de la transición energética</p></div><p class="article-text">
        El Bolet&iacute;n Oficial del Estado public&oacute; el pasado 22 de junio un anuncio que pasar&aacute; desapercibido para la mayor&iacute;a de los palmeros, pero que encierra una de las intervenciones m&aacute;s relevantes en la infraestructura el&eacute;ctrica de la isla en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. La Direcci&oacute;n General de Energ&iacute;a del Gobierno de Canarias ha abierto un per&iacute;odo de informaci&oacute;n p&uacute;blica, treinta d&iacute;as h&aacute;biles a partir del 23 de junio, para la instalaci&oacute;n denominada &ldquo;Ampliaci&oacute;n subestaci&oacute;n Las Bre&ntilde;as 66 kV Nueva Reactancia 1&rdquo;, una actuaci&oacute;n promovida por Red El&eacute;ctrica de Espa&ntilde;a con un presupuesto de 2.002.345 euros y emplazada en el t&eacute;rmino municipal de Bre&ntilde;a Alta.
    </p><p class="article-text">
        El proyecto (expediente AT26/008) fue visado por el Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Santa Cruz de Tenerife el 6 de mayo de 2026 y la solicitud formal de autorizaci&oacute;n se present&oacute; ante el Gobierno de Canarias al d&iacute;a siguiente. A partir de ah&iacute;, el tr&aacute;mite habitual: informaci&oacute;n p&uacute;blica, alegaciones, evaluaci&oacute;n de impacto ambiental ordinaria, a la que este proyecto est&aacute; expresamente sometido, resoluci&oacute;n de autorizaci&oacute;n, declaraci&oacute;n de utilidad p&uacute;blica y, en su caso, expropiaci&oacute;n. En este &uacute;ltimo punto, el anuncio del BOE ya identifica una parcela afectada de 133 metros cuadrados en Bre&ntilde;a Alta, perteneciente a la mercantil Gesti&oacute;n de Promoci&oacute;n La Grama, Sociedad Limitada.
    </p><p class="article-text">
        Pero vayamos a lo que importa: &iquest;qu&eacute; es exactamente una reactancia y para qu&eacute; sirve en una isla?
    </p><p class="article-text">
        <strong>Un &ldquo;tranquilizante&rdquo; para la red</strong>
    </p><p class="article-text">
        Una reactancia es, en t&eacute;rminos sencillos, un componente el&eacute;ctrico que no genera ni consume energ&iacute;a de forma &uacute;til, sino que la absorbe y la devuelve al sistema para regular la tensi&oacute;n. Si la red el&eacute;ctrica fuera una autopista, la reactancia ser&iacute;a los quitamiedos: no lleva a ning&uacute;n sitio por s&iacute; sola, pero evita que los coches, en este caso, la electricidad, salgan disparados fuera de la calzada cuando hay una curva brusca.
    </p><p class="article-text">
        En un sistema aislado como el de La Palma, sin conexi&oacute;n por cable al resto del archipi&eacute;lago ni a la Pen&iacute;nsula, esta funci&oacute;n es especialmente cr&iacute;tica. Cuando la demanda sube o baja de golpe, un gran consumidor que arranca maquinaria, una nube que tapa de repente una instalaci&oacute;n fotovoltaica, un fallo parcial en la central, la tensi&oacute;n de la red puede oscilar de forma peligrosa. Esas oscilaciones da&ntilde;an electrodom&eacute;sticos, motores industriales y, en los casos m&aacute;s graves, pueden provocar cortes en cadena.
    </p><p class="article-text">
        La reactancia proyectada en Las Bre&ntilde;as operar&aacute; a 66 kilovoltios, que es el nivel de tensi&oacute;n de la red de transporte de la isla, la &ldquo;autopista&rdquo; el&eacute;ctrica que distribuye la energ&iacute;a antes de que llegue a los transformadores de los barrios. Su funci&oacute;n espec&iacute;fica ser&aacute; absorber la llamada energ&iacute;a reactiva, un concepto t&eacute;cnico que hace referencia a la energ&iacute;a que circula por la red sin hacer trabajo &uacute;til pero que, si se acumula en exceso, eleva la tensi&oacute;n por encima de los l&iacute;mites seguros.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Por qu&eacute; ahora</strong>
    </p><p class="article-text">
        La Palma ha cambiado el&eacute;ctricamente en la &uacute;ltima d&eacute;cada. La proliferaci&oacute;n de instalaciones de autoconsumo fotovoltaico, impulsadas, entre otros factores, por las ayudas europeas vinculadas a la reconstrucci&oacute;n tras la erupci&oacute;n del volc&aacute;n Tajogaite en 2021, ha modificado el comportamiento del sistema. Una red dise&ntilde;ada para fluir siempre en una sola direcci&oacute;n, de la central al consumidor, tiene que adaptarse ahora a un modelo en el que los propios consumidores inyectan energ&iacute;a en determinados momentos del d&iacute;a. Ese cambio, beneficioso desde el punto de vista medioambiental, introduce nuevas tensiones, en el sentido literal del t&eacute;rmino, que hay que gestionar.
    </p><p class="article-text">
        La reactancia no es una respuesta aislada a este problema. Es una pieza de un rompecabezas mucho mayor. En mayo de 2024 se publicaron en el BOE los proyectos de la nueva subestaci&oacute;n de Las Bre&ntilde;as, con un presupuesto de 5,1 millones de euros y doce posiciones de interruptor de alta tecnolog&iacute;a tipo GIS, y de las nuevas l&iacute;neas subterr&aacute;neas y a&eacute;reas de 66 kilovoltios que conectar&aacute;n esa subestaci&oacute;n con la central de Los Guinchos. En marzo de ese mismo a&ntilde;o ya se hab&iacute;a autorizado y declarado de utilidad p&uacute;blica la ampliaci&oacute;n de la propia subestaci&oacute;n de Guinchos. Y ahora llega la reactancia. Son piezas del mismo tablero.
    </p><p class="article-text">
        Todos estos proyectos est&aacute;n recogidos en el Plan de Desarrollo de la Red de Transporte de Energ&iacute;a El&eacute;ctrica 2021-2026, aprobado por el Consejo de Ministros en marzo de 2022. En julio de 2025, ese mismo Consejo de Ministros aprob&oacute; modificaciones adicionales al plan que incorporan diez reactancias en el conjunto del sistema espa&ntilde;ol, dos de ellas en Canarias, reconociendo expresamente que la estabilizaci&oacute;n de la tensi&oacute;n se ha convertido en uno de los grandes retos de la transici&oacute;n energ&eacute;tica en sistemas insulares.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Lo que esta instalaci&oacute;n no hace</strong>
    </p><p class="article-text">
        Conviene ser precisos. Una reactancia no genera electricidad. Si los motores de la central t&eacute;rmica de Los Guinchos fallan, o si hay un corte en alguna de las l&iacute;neas principales, la reactancia no puede suplir esa carencia. No sirve para acabar con los apagones derivados de la falta de capacidad de generaci&oacute;n o de aver&iacute;as en los grupos generadores. Su misi&oacute;n es m&aacute;s sutil: hacer que la red sea m&aacute;s robusta, que soporte mejor los cambios bruscos de demanda y que la tensi&oacute;n se mantenga dentro de los m&aacute;rgenes legales y t&eacute;cnicos que exige el suministro moderno.
    </p><p class="article-text">
        En ese sentido, los ingenieros del sector el&eacute;ctrico distinguen siempre entre dos tipos de problemas: los de generaci&oacute;n, no hay suficiente energ&iacute;a para todos, y los de calidad de red, hay energ&iacute;a, pero llega mal, con tensi&oacute;n inestable o con perturbaciones. La reactancia de Las Bre&ntilde;as act&uacute;a sobre el segundo tipo, que es precisamente el que ha ido ganando protagonismo en La Palma a medida que se moderniza su parque generador y se incorporan fuentes renovables.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El largo camino administrativo</strong>
    </p><p class="article-text">
        El anuncio del BOE abre un plazo de treinta d&iacute;as h&aacute;biles para que cualquier ciudadano o entidad presente alegaciones. El expediente puede consultarse, previa cita, en las oficinas de la Consejer&iacute;a de Transici&oacute;n Ecol&oacute;gica en la Avenida Francisco La Roche, n&uacute;mero 35, planta s&eacute;ptima, en Santa Cruz de Tenerife, o bien descargarse en la sede electr&oacute;nica del Gobierno de Canarias mediante los enlaces incluidos en el propio anuncio oficial.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s vendr&aacute;n la evaluaci&oacute;n de impacto ambiental, obligatoria en este caso por mandato expreso de la ley, la resoluci&oacute;n de autorizaci&oacute;n, la expropiaci&oacute;n de los terrenos necesarios, la licitaci&oacute;n de las obras y, por fin, la construcci&oacute;n. Un proceso que, en el mejor de los escenarios, rara vez se completa en menos de uno o dos a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Dos millones de euros para hacer que la electricidad llegue de forma m&aacute;s estable a los hogares y empresas de La Palma. Un plazo de treinta d&iacute;as para que alguien presente una alegaci&oacute;n. Y, a partir de ah&iacute;, la maquinaria administrativa canaria en pleno funcionamiento. 
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; es la cosa, en La Palma como en cualquier parte.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José F. Arozena]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/sociedad/palma-instala-primer-amortiguador-electrico-brenas-millones-euros_1_13338778.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 27 Jun 2026 13:31:11 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/4ca61dd7-c17b-4663-af5c-f48f29935a2c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="136232" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/4ca61dd7-c17b-4663-af5c-f48f29935a2c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="136232" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La Palma instala su primer 'amortiguador' eléctrico en Las Breñas por dos millones de euros]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/4ca61dd7-c17b-4663-af5c-f48f29935a2c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La ciencia abre una vía bajo Puerto Naos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/ciencia-abre-via-puerto-naos_129_13300738.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fa9c153d-74b7-415b-b9dc-e1cbf7b10083_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La ciencia abre una vía bajo Puerto Naos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - El Instituto Eduardo Torroja del CSIC prueba en La Palma una técnica de despresurización del terreno que no solo reduce el CO₂ en un edificio piloto, sino también en su entorno. La actuación, liderada por Borja Frutos Vázquez, convierte un problema invisible en una infraestructura medible, escalable y esperanzadora</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fa9c153d-74b7-415b-b9dc-e1cbf7b10083_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fa9c153d-74b7-415b-b9dc-e1cbf7b10083_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fa9c153d-74b7-415b-b9dc-e1cbf7b10083_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fa9c153d-74b7-415b-b9dc-e1cbf7b10083_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fa9c153d-74b7-415b-b9dc-e1cbf7b10083_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fa9c153d-74b7-415b-b9dc-e1cbf7b10083_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/fa9c153d-74b7-415b-b9dc-e1cbf7b10083_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Tubería para evacuar gases en edificios de Puerto Naos. BORJA FRUTOS VÁZQUEZ/CSIC"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Tubería para evacuar gases en edificios de Puerto Naos. BORJA FRUTOS VÁZQUEZ/CSIC                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Durante a&ntilde;os, Puerto Naos ha vivido pendiente de un enemigo que no se ve. No tiene color, no hace ruido, no deja una marca directa en las fachadas. Pero condiciona cada puerta cerrada, cada local sin abrir, cada vivienda a la que se vuelve con prudencia o a la que todav&iacute;a no se puede volver. El di&oacute;xido de carbono de origen volc&aacute;nico ha sido, desde la erupci&oacute;n del Tajogaite, una de las heridas m&aacute;s persistentes de La Palma: una amenaza silenciosa que no destruy&oacute; las casas, pero s&iacute; suspendi&oacute; su uso.
    </p><p class="article-text">
        La novedad es que, por primera vez, el relato empieza a cambiar de verbo. Durante mucho tiempo, la palabra principal fue medir. Medir concentraciones. Medir ox&iacute;geno. Medir riesgos. Medir, en definitiva, para decidir si una zona pod&iacute;a abrirse o deb&iacute;a seguir cerrada. Ahora aparece otra palabra: extraer. No esperar a que el gas desaparezca, sino intervenir sobre el camino que sigue desde el subsuelo hasta los edificios.
    </p><p class="article-text">
        Eso es lo que ha ensayado el Instituto de Ciencias de la Construcci&oacute;n Eduardo Torroja, del CSIC, en un edificio piloto de la calle Guzm&aacute;n P&eacute;rez P&eacute;rez, n&uacute;mero 3, en Puerto Naos. La idea parece sencilla cuando se cuenta, pero no lo es: crear una depresi&oacute;n controlada bajo el edificio para que el gas deje de entrar por donde no debe y salga por donde se le ordena. En vez de permitir que el CO&#8322; encuentre fisuras, c&aacute;maras, garajes o plantas bajas, se le ofrece una v&iacute;a preferente, captada mediante arquetas de succi&oacute;n y conducida al exterior hacia una zona no habitada.
    </p><p class="article-text">
        La t&eacute;cnica no nace de la improvisaci&oacute;n. Procede de la experiencia acumulada en la mitigaci&oacute;n del rad&oacute;n, otro gas del terreno que plantea problemas de salubridad en edificios. El salto de La Palma consiste en aplicar esa l&oacute;gica constructiva, ya contrastada en otro &aacute;mbito, a un escenario volc&aacute;nico singular: no un gas radiactivo que se infiltra de forma difusa en una vivienda, sino un flujo de CO&#8322; post-eruptivo, persistente, irregular y condicionado por un subsuelo que mezcla coladas, rellenos, excavaciones y fracturas.
    </p><p class="article-text">
        El responsable cient&iacute;fico que est&aacute; dando forma a esta soluci&oacute;n es Borja Frutos V&aacute;zquez, doctor arquitecto por la Universidad Polit&eacute;cnica de Madrid, especialista en habitabilidad, salubridad y protecci&oacute;n frente al rad&oacute;n en la edificaci&oacute;n. Frutos pertenece al Instituto Eduardo Torroja, dentro del grupo de Sistemas Constructivos y Habitabilidad en la Edificaci&oacute;n, y su perfil explica bien por qu&eacute; esta actuaci&oacute;n es distinta. No se trata solo de volcanolog&iacute;a, ni solo de emergencias, ni solo de arquitectura. Est&aacute; justo en la intersecci&oacute;n: c&oacute;mo se comporta un gas en el terreno, c&oacute;mo entra en una construcci&oacute;n y c&oacute;mo puede modificarse el edificio para que deje de ser una trampa.
    </p><p class="article-text">
        El sistema instalado en Puerto Naos tiene una escala casi dom&eacute;stica si se compara con la magnitud del problema. Cuatro arquetas de succi&oacute;n bajo la losa del garaje. Dos extractores de 80 vatios. Una tuber&iacute;a exterior que, de forma provisional, evacua el gas hacia Playa Chica, en un punto no habitado. Nada en esa descripci&oacute;n suena grandilocuente. Y, sin embargo, ah&iacute; est&aacute; precisamente la fuerza del ensayo: con una intervenci&oacute;n relativamente contenida, dise&ntilde;ada tras ensayos de conectividad y permeabilidad del terreno, se ha conseguido alterar el comportamiento del gas no solo dentro del edificio tratado, sino tambi&eacute;n en el entorno.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/021c229e-7f55-4d01-8b0a-bfce1c2b5945_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/021c229e-7f55-4d01-8b0a-bfce1c2b5945_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/021c229e-7f55-4d01-8b0a-bfce1c2b5945_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/021c229e-7f55-4d01-8b0a-bfce1c2b5945_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/021c229e-7f55-4d01-8b0a-bfce1c2b5945_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/021c229e-7f55-4d01-8b0a-bfce1c2b5945_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/021c229e-7f55-4d01-8b0a-bfce1c2b5945_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Tubería para evacuar gases en edificios de Puerto Naos. BORJA FRUTOS VÁZQUEZ/CSIC"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Tubería para evacuar gases en edificios de Puerto Naos. BORJA FRUTOS VÁZQUEZ/CSIC                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Los resultados conocidos son relevantes. La reducci&oacute;n de CO&#8322; en el edificio piloto y en inmuebles colindantes se sit&uacute;a entre el 80% y el 90%. En edificios situados hasta unos 50 metros, los descensos rondan el 40% o el 50%. La cifra importa por dos razones. La primera es obvia: bajar esas concentraciones acerca la posibilidad de recuperar espacios. La segunda es m&aacute;s interesante: el sistema estaba pensado para actuar sobre un edificio, no sobre una peque&ntilde;a porci&oacute;n urbana. Que su efecto se extienda decenas de metros sugiere que el subsuelo de Puerto Naos no se comporta como una suma de parcelas aisladas, sino como una red de caminos preferentes.
    </p><p class="article-text">
        Esa conclusi&oacute;n obliga a una lectura prudente, pero optimista. Prudente, porque el terreno volc&aacute;nico no es homog&eacute;neo. Donde hay una colada, un relleno, una excavaci&oacute;n antigua o una discontinuidad, el gas puede circular de manera distinta. Un mismo sistema puede funcionar de forma excelente en un punto y de manera m&aacute;s limitada en otro. Optimista, porque por primera vez hay una herramienta que no se limita a convivir con el problema, sino que lo modifica.
    </p><p class="article-text">
        La actuaci&oacute;n tiene adem&aacute;s un valor pol&iacute;tico y social que conviene no esconder. Puerto Naos y La Bombilla no son solo dos lugares afectados por un fen&oacute;meno f&iacute;sico. Son comunidades interrumpidas. Detr&aacute;s de cada sensor hay una familia, un negocio, una comunidad de propietarios, un garaje, una farmacia, un restaurante, una persiana que quiz&aacute; pueda volver a levantarse. La ciencia, en este caso, no opera en un laboratorio abstracto. Opera bajo el suelo de una calle concreta, en una isla concreta, con vecinos que llevan a&ntilde;os aprendiendo una palabra, ppm, que nunca debieron necesitar.
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; entra tambi&eacute;n la coordinaci&oacute;n institucional. El proyecto cuenta con la financiaci&oacute;n del Instituto Geogr&aacute;fico Nacional y del Cabildo de La Palma, y se desarrolla en un marco de cooperaci&oacute;n con el Comisionado Especial para la Reconstrucci&oacute;n de La Palma, encabezado por H&eacute;ctor Izquierdo Triana. Lo importante no es solo que participen varias administraciones, sino que cada una aporte una pieza diferente: vigilancia cient&iacute;fica, emergencia, ingenier&iacute;a, conocimiento constructivo, financiaci&oacute;n y capacidad de convertir un piloto en una actuaci&oacute;n replicable.
    </p><p class="article-text">
        El Comisionado ha insistido en una idea que merece atenci&oacute;n: La Palma puede convertirse en un referente internacional en la gesti&oacute;n de emergencias volc&aacute;nicas si logra transformar una crisis prolongada en conocimiento &uacute;til. La frase podr&iacute;a sonar solemne si no hubiera detr&aacute;s datos, sensores, tuber&iacute;as y vecinos esperando. Pero los hay. La isla ya dispone de una red densa de vigilancia de gases, con sensores interiores y exteriores, protocolos de respuesta y seguimiento continuo. El paso que ahora se ensaya es el siguiente: de la vigilancia a la mitigaci&oacute;n activa.
    </p><p class="article-text">
        Ese cambio es decisivo. Monitorizar sirve para saber d&oacute;nde estamos. Mitigar sirve para movernos. Durante a&ntilde;os, el gran avance consisti&oacute; en saber con m&aacute;s precisi&oacute;n qu&eacute; viviendas pod&iacute;an usarse y cu&aacute;les no. Ahora la pregunta cambia: qu&eacute; se puede hacer para que una vivienda deje de estar afectada. Es una diferencia peque&ntilde;a en apariencia y enorme en la pr&aacute;ctica. La primera pregunta clasifica el da&ntilde;o. La segunda intenta repararlo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/68285714-ee04-4dec-95e8-9d212c15c996_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/68285714-ee04-4dec-95e8-9d212c15c996_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/68285714-ee04-4dec-95e8-9d212c15c996_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/68285714-ee04-4dec-95e8-9d212c15c996_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/68285714-ee04-4dec-95e8-9d212c15c996_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/68285714-ee04-4dec-95e8-9d212c15c996_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/68285714-ee04-4dec-95e8-9d212c15c996_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Tubería para evacuar gases en edificios de Puerto Naos. BORJA FRUTOS VÁZQUEZ/CSIC"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Tubería para evacuar gases en edificios de Puerto Naos. BORJA FRUTOS VÁZQUEZ/CSIC                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        La soluci&oacute;n global, sin embargo, no ser&aacute; tan simple como multiplicar por cien el sistema piloto. El propio dise&ntilde;o t&eacute;cnico apunta a una estrategia m&aacute;s compleja: analizar cada edificio, adaptar la soluci&oacute;n a su cimentaci&oacute;n y a su contacto con el terreno, crear una red exterior de colectores y conducir el gas hacia zonas no habitadas. Despu&eacute;s vendr&aacute; otra cuesti&oacute;n, todav&iacute;a m&aacute;s ambiciosa: qu&eacute; hacer con ese CO&#8322;. Las opciones van desde la diluci&oacute;n controlada hasta posibles usos industriales o sistemas de purificaci&oacute;n. La imagen final se parece menos a un remedio provisional y m&aacute;s a una infraestructura urbana subterr&aacute;nea, pensada para convivir con una desgasificaci&oacute;n que puede durar a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        La licitaci&oacute;n de una nueva intervenci&oacute;n de succi&oacute;n en Playa Chica, una de las zonas de mayor afecci&oacute;n, ser&aacute; una prueba importante. Si confirma los resultados, Puerto Naos pasar&aacute; de tener un &eacute;xito localizado a disponer de un modelo t&eacute;cnico. Y un modelo t&eacute;cnico, cuando funciona, permite planificar: d&oacute;nde perforar, cu&aacute;nto extraer, c&oacute;mo canalizar, qu&eacute; zonas priorizar, qu&eacute; edificios recuperar antes y con qu&eacute; garant&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Conviene, aun as&iacute;, evitar dos errores. El primero ser&iacute;a presentar esta actuaci&oacute;n como una varita m&aacute;gica. No lo es. Los gases volc&aacute;nicos siguen ah&iacute;, el origen profundo del CO&#8322; no desaparece porque se instale un extractor, y la seguridad debe seguir dependiendo de datos continuos y criterios de salud p&uacute;blica. El segundo error ser&iacute;a minimizar el avance. Porque en una crisis larga, donde cada demora desgasta la confianza, demostrar que una intervenci&oacute;n f&iacute;sica reduce el problema es mucho m&aacute;s que un buen resultado t&eacute;cnico. Es una se&ntilde;al de direcci&oacute;n.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/60a1fce1-1956-4e15-86ac-fa82cf64fd1a_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/60a1fce1-1956-4e15-86ac-fa82cf64fd1a_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/60a1fce1-1956-4e15-86ac-fa82cf64fd1a_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/60a1fce1-1956-4e15-86ac-fa82cf64fd1a_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/60a1fce1-1956-4e15-86ac-fa82cf64fd1a_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/60a1fce1-1956-4e15-86ac-fa82cf64fd1a_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/60a1fce1-1956-4e15-86ac-fa82cf64fd1a_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Tubería para evacuar gases en edificios de Puerto Naos. BORJA FRUTOS VÁZQUEZ/CSIC"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Tubería para evacuar gases en edificios de Puerto Naos. BORJA FRUTOS VÁZQUEZ/CSIC                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        La ciencia p&uacute;blica suele ser menos vistosa que la cat&aacute;strofe. No tiene la fuerza visual de una colada avanzando ni la &eacute;pica inmediata de una evacuaci&oacute;n. Trabaja despu&eacute;s, cuando las c&aacute;maras se han ido y quedan los problemas dif&iacute;ciles: los que no se resuelven con una obra r&aacute;pida ni con una declaraci&oacute;n optimista. En Puerto Naos, el Instituto Eduardo Torroja est&aacute; haciendo precisamente eso: convertir conocimiento acumulado en una soluci&oacute;n concreta para un lugar concreto.
    </p><p class="article-text">
        La Palma no necesitaba otra promesa. Necesitaba una t&eacute;cnica que pudiera medirse. Y eso es lo que empieza a tener. Cuatro arquetas, dos extractores, una tuber&iacute;a y una idea poderosa: si no podemos impedir que el volc&aacute;n respire bajo tierra, al menos podemos aprender a conducir ese aliento lejos de las casas. A veces, la reconstrucci&oacute;n no empieza levantando muros, sino cambiando la presi&oacute;n del aire bajo nuestros pies.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José F. Arozena]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/ciencia-abre-via-puerto-naos_129_13300738.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 14 Jun 2026 11:01:54 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/fa9c153d-74b7-415b-b9dc-e1cbf7b10083_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="258987" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/fa9c153d-74b7-415b-b9dc-e1cbf7b10083_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="258987" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La ciencia abre una vía bajo Puerto Naos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/fa9c153d-74b7-415b-b9dc-e1cbf7b10083_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El calor que La Palma lleva debajo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/sociedad/calor-palma-lleva-debajo_1_13263416.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ba87f5e2-12a2-4541-b68b-8314a1b0d51f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El calor que La Palma lleva debajo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tenerife ya perfora en busca de energía geotérmica y La Palma aspira a ser la siguiente isla en intentarlo. La oportunidad es real. También lo son los riesgos, las dudas sobre el modelo de explotación y la pregunta de si el beneficio quedará en la isla o solo pasará por ella</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ba87f5e2-12a2-4541-b68b-8314a1b0d51f_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ba87f5e2-12a2-4541-b68b-8314a1b0d51f_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ba87f5e2-12a2-4541-b68b-8314a1b0d51f_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ba87f5e2-12a2-4541-b68b-8314a1b0d51f_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ba87f5e2-12a2-4541-b68b-8314a1b0d51f_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ba87f5e2-12a2-4541-b68b-8314a1b0d51f_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ba87f5e2-12a2-4541-b68b-8314a1b0d51f_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Volcán Tajogaite. JOSÉ F. AROZENA"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Volcán Tajogaite. JOSÉ F. AROZENA                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        En Santa Cruz de La Palma, durante dos d&iacute;as de mayo, el vocabulario habitual de la energ&iacute;a cambi&oacute; de registro. Nada de placas solares, molinos, facturas o apagones. Las jornadas sobre geotermia celebradas en el Espacio Cultural CajaCanarias pusieron en el centro una palabra antigua y casi volc&aacute;nica: calor. No el del verano ni el de una caldera, sino el calor profundo de la isla: ese que no se ve, no hace ruido y, si se encuentra en las condiciones adecuadas, puede convertirse en electricidad estable a cualquier hora del d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        La imagen m&aacute;s eficaz no fue una diapositiva. Fue una idea: Canarias puede dejar de mirar al petr&oacute;leo que llega en barco y empezar a mirar al suelo que pisa. Pero conviene no confundir esperanza con propaganda. La geotermia no es magia; es ciencia, ingenier&iacute;a, dinero, permisos, riesgo geol&oacute;gico y paciencia administrativa. Es, en t&eacute;rminos m&aacute;s sencillos, intentar acertar d&oacute;nde late una vena caliente a dos o tres kil&oacute;metros bajo una monta&ntilde;a. Si se acierta, la isla gana una fuente de energ&iacute;a firme. Si se falla, el agujero cuesta millones y no produce nada.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Una postal limpia con motor de gasoil</strong>
    </p><p class="article-text">
        Canarias lleva d&eacute;cadas viviendo una contradicci&oacute;n dif&iacute;cil de explicar. Tiene sol, viento, volcanes y una conciencia ambiental creciente, pero su sistema energ&eacute;tico sigue atado a combustibles f&oacute;siles importados. Joaqu&iacute;n Gurriar&aacute;n, director de DISA Renovables, puso sobre la mesa el n&uacute;mero que resume el problema: el archipi&eacute;lago depende todav&iacute;a en torno a un 80% de energ&iacute;a f&oacute;sil. En 1990 las islas emit&iacute;an aproximadamente nueve millones de toneladas de CO&#8322;; hoy rondan los 13 millones. El discurso habla de transici&oacute;n; la realidad f&iacute;sica sigue llegando al muelle en forma de combustible.
    </p><p class="article-text">
        En electricidad algo se ha avanzado, pero la distancia con la Pen&iacute;nsula sigue siendo enorme. Red El&eacute;ctrica situ&oacute; la cuota renovable canaria en 2025 en el 22,7%, frente al 55,5% del conjunto de Espa&ntilde;a. La diferencia no es un matiz estad&iacute;stico: es la distancia entre un sistema que puede apoyarse en una red continental y otro formado por islas el&eacute;ctricas peque&ntilde;as, fr&aacute;giles y caras de gestionar. La Palma, adem&aacute;s, fue en 2024 una de las islas con menor proporci&oacute;n de generaci&oacute;n renovable del archipi&eacute;lago.
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; aparece la geotermia como pieza de otro tipo. Una placa solar trabaja cuando hay sol; un aerogenerador, cuando hay viento. La geotermia, si el yacimiento responde, puede trabajar las veinticuatro horas. No viene a sustituir a la fotovoltaica ni a la e&oacute;lica; viene a darles estabilidad y completar una arquitectura energ&eacute;tica que hoy sigue siendo reh&eacute;n del barco de combustible.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El primer pinchazo: Vilaflor</strong>
    </p><p class="article-text">
        La intervenci&oacute;n m&aacute;s esperada fue la de Gurriar&aacute;n, y su valor no estuvo solo en lo que cont&oacute; sino en el momento: por primera vez Canarias no hablaba de geotermia profunda como posibilidad futura, sino como obra en marcha. En Vilaflor, Tenerife, la perforaci&oacute;n ya est&aacute; en curso con el objetivo de alcanzar unos tres kil&oacute;metros de profundidad para comprobar si existe agua y temperatura suficientes para producir electricidad. La meta t&eacute;cnica m&iacute;nima se sit&uacute;a por encima de 150 grados, aunque la rentabilidad mejora notablemente cuando el recurso se acerca a los 250.
    </p><p class="article-text">
        Los n&uacute;meros dan una idea del tama&ntilde;o de la apuesta. Cada sondeo puede rondar los diez millones de euros, y la movilizaci&oacute;n inicial de maquinaria puede superar los dos millones. Cuando la perforadora est&aacute; en obra, el coste operativo se aproxima a los 100.000 euros diarios. Una parada por un permiso que no llega o una pieza retenida en la aduana no es una molestia burocr&aacute;tica; es una factura capaz de comerse en una semana lo que un ayuntamiento peque&ntilde;o invierte en varios proyectos. En esa dimensi&oacute;n se entiende por qu&eacute; la geotermia profunda no despega solo con buenas intenciones.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/befae49a-0335-4c8a-b89e-b3a19572ea3a_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/befae49a-0335-4c8a-b89e-b3a19572ea3a_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/befae49a-0335-4c8a-b89e-b3a19572ea3a_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/befae49a-0335-4c8a-b89e-b3a19572ea3a_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/befae49a-0335-4c8a-b89e-b3a19572ea3a_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/befae49a-0335-4c8a-b89e-b3a19572ea3a_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/befae49a-0335-4c8a-b89e-b3a19572ea3a_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="En la imagen, los técnicos de Sodepal hacen medidas de geotermia."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                En la imagen, los técnicos de Sodepal hacen medidas de geotermia.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        El programa p&uacute;blico de ayudas ha sido decisivo. El IDAE asign&oacute; a Canarias 106 millones de euros para impulsar los primeros sondeos de geotermia profunda en Espa&ntilde;a. El ecosistema t&eacute;cnico del proyecto es internacional: empresas saud&iacute;es, brit&aacute;nicas, supervisores de Nueva Zelanda, equipos islandeses. En la charla se habl&oacute; de m&aacute;s de veinte nacionalidades operando alrededor de una misma perforaci&oacute;n. La geotermia, vista desde fuera, parece un agujero en el suelo. Vista desde dentro, se parece m&aacute;s a una torre de control.
    </p><p class="article-text">
        La t&eacute;cnica que lo hace posible es tan exigente como discreta. La broca tric&oacute;nica no corta la roca como un cuchillo corta pan: la machaca y la desgasta mientras el sistema evac&uacute;a los materiales hacia la superficie. El sondeo de Vilaflor, seg&uacute;n explic&oacute; Gurriar&aacute;n, rondaba los 403 metros en el momento de las jornadas. La idea es bajar en vertical, proteger los acu&iacute;feros mediante encamisado y cementaci&oacute;n hasta aproximadamente 1.100 metros, y despu&eacute;s dirigir el pozo en diagonal hasta un kil&oacute;metro horizontal. No se trata de clavar una pajita recta en un vaso, sino de introducir una sonda que se desv&iacute;a para buscar el punto exacto sin da&ntilde;ar lo que atraviesa.
    </p><p class="article-text">
        La protecci&oacute;n del agua fue uno de los asuntos m&aacute;s delicados de las jornadas. Cada sondeo puede necesitar hasta 40.000 metros c&uacute;bicos de agua para refrigerar y estabilizar el pozo. En una isla con estr&eacute;s h&iacute;drico, esa cifra suena alarmante. DISA respondi&oacute; que el sistema recupera y reutiliza buena parte del agua, e incluso afirm&oacute; devolver al sistema m&aacute;s de la consumida. Esa afirmaci&oacute;n merece seguimiento y datos p&uacute;blicos. La direcci&oacute;n es correcta, pero no basta con decirlo: habr&aacute; que medirlo y publicarlo. An&eacute;cdotas contadas durante la charla ilustran la dificultad de la operaci&oacute;n: una broca rota en los primeros 260 metros por la dureza del terreno; una pieza de diez kilos averiada que oblig&oacute; a enviar a alguien a Italia a buscarla. En una obra que cuesta 100.000 euros diarios, una caja extraviada deja de ser una caja.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La Palma mira a 2027</strong>
    </p><p class="article-text">
        Lo m&aacute;s importante para La Palma lleg&oacute; casi como una fecha escrita en l&aacute;piz: si las previsiones se cumplen, DISA quiere empezar el primer sondeo en la isla durante el primer trimestre de 2027. Antes presentar&aacute; los resultados de Tenerife. Despu&eacute;s vendr&iacute;a La Palma, con el objetivo de tener datos suficientes para cumplir el calendario de las ayudas y presentar resultados en 2028.
    </p><p class="article-text">
        Conviene decirlo con claridad para no fabricar frustraci&oacute;n: esa fecha no significa que vaya a levantarse una central. Una cosa es perforar y otra muy distinta es explotar. Primero hay que demostrar que existen temperatura, agua, presi&oacute;n, permeabilidad y caudal suficientes. Luego viene tramitar, financiar, dise&ntilde;ar, conectar a red y fijar un r&eacute;gimen econ&oacute;mico. El inter&eacute;s de La Palma, sin embargo, es evidente. Tras la erupci&oacute;n del Tajogaite, la isla conoce mejor que nadie la fuerza del subsuelo. La paradoja es casi literaria: lo que destruy&oacute; casas y fincas tambi&eacute;n record&oacute; que bajo la isla hay energ&iacute;a. La geotermia no compensa una tragedia, pero puede convertir una herida geol&oacute;gica en una pol&iacute;tica de futuro.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Sodepal y el estetoscopio del subsuelo</strong>
    </p><p class="article-text">
        El segundo protagonista de las jornadas fue Sodepal, la empresa p&uacute;blica del Cabildo de La Palma, que introduce una variable clave en el debate: el control p&uacute;blico del conocimiento. Sodepal obtuvo derechos sobre 33 cuadr&iacute;culas en zonas de alto inter&eacute;s cient&iacute;fico, en los &aacute;mbitos de Mazo y Punta Sur, entre Villa de Mazo y Fuencaliente. En los &uacute;ltimos meses ha impulsado trabajos de exploraci&oacute;n superficial para decidir d&oacute;nde conviene arriesgar el sondeo.
    </p><p class="article-text">
        La visita de campo del d&iacute;a 29 mostr&oacute; una de esas estaciones magnetotel&uacute;ricas en el Refugio de El Pilar. Para quien no est&eacute; familiarizado con el t&eacute;rmino: es como ponerle un estetoscopio el&eacute;ctrico a la monta&ntilde;a. Los equipos miden variaciones naturales de los campos el&eacute;ctrico y magn&eacute;tico de la Tierra; con esos datos, los t&eacute;cnicos construyen modelos de resistividad del subsuelo. Las zonas alteradas por fluidos calientes se comportan de manera distinta a la roca seca. No es una radiograf&iacute;a perfecta, pero reduce el margen de error. Y en geotermia reducir el riesgo equivale a ahorrar millones.
    </p><p class="article-text">
        La escena ten&iacute;a m&aacute;s importancia pol&iacute;tica de la que parec&iacute;a: cables extendidos sobre el terreno, sensores colocados con paciencia, t&eacute;cnicos pendientes de se&ntilde;ales que el ojo humano nunca ver&iacute;a. Un equipo local form&aacute;ndose, midiendo y acumulando datos evita que La Palma dependa solo de informes ajenos. Si el conocimiento lo producen otros, la isla negocia peor. Si lo produce tambi&eacute;n la isla, negocia mejor. Sodepal no est&aacute; solo buscando calor; est&aacute; construyendo capacidad p&uacute;blica.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9ced4be4-a43a-4cff-9798-bda7d408fc0a_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9ced4be4-a43a-4cff-9798-bda7d408fc0a_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9ced4be4-a43a-4cff-9798-bda7d408fc0a_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9ced4be4-a43a-4cff-9798-bda7d408fc0a_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9ced4be4-a43a-4cff-9798-bda7d408fc0a_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9ced4be4-a43a-4cff-9798-bda7d408fc0a_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/9ced4be4-a43a-4cff-9798-bda7d408fc0a_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Joaquín Gurriarán, director de DISA Renovables, durante su intervención en las jornadas sobre geotermia."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Joaquín Gurriarán, director de DISA Renovables, durante su intervención en las jornadas sobre geotermia.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>El modelo: qui&eacute;n gana si hay &eacute;xito</strong>
    </p><p class="article-text">
        En las jornadas, y especialmente en conversaciones de pasillo, algunos asistentes plantearon dudas sobre el modelo privado de explotaci&oacute;n y sobre determinados socios internacionales. Es una cr&iacute;tica que debe formularse con precisi&oacute;n. Que una empresa sea islandesa, brit&aacute;nica, saud&iacute; o canaria no la hace mejor ni peor por origen. Lo relevante es su experiencia t&eacute;cnica, su transparencia y las garant&iacute;as que ofrece a un territorio peque&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Reykjav&iacute;k Geothermal, presente en el ecosistema del proyecto tinerfe&ntilde;o, tiene alianzas con TAQA, compa&ntilde;&iacute;a saud&iacute; vinculada al fondo soberano de Arabia Saud&iacute;. Ese dato no invalida un proyecto, pero s&iacute; obliga a hacer preguntas adultas: qui&eacute;n decide, qui&eacute;n financia, qui&eacute;n asume p&eacute;rdidas, qui&eacute;n gana si hay &eacute;xito y qu&eacute; informaci&oacute;n ser&aacute; p&uacute;blica. El sector privado aporta algo que el p&uacute;blico muchas veces no tiene: velocidad, m&uacute;sculo financiero y capacidad de asumir riesgo. El sector p&uacute;blico aporta algo que el privado no debe sustituir: legitimidad democr&aacute;tica y defensa del inter&eacute;s general. La geotermia necesita a los dos. Pero si el equilibrio se rompe, el resultado puede ser el habitual en estas latitudes: los riesgos se socializan y los beneficios se privatizan. En una isla peque&ntilde;a, eso se nota antes.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d3f162fd-27c1-4683-bcf9-ee2c12f97d53_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d3f162fd-27c1-4683-bcf9-ee2c12f97d53_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d3f162fd-27c1-4683-bcf9-ee2c12f97d53_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d3f162fd-27c1-4683-bcf9-ee2c12f97d53_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d3f162fd-27c1-4683-bcf9-ee2c12f97d53_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d3f162fd-27c1-4683-bcf9-ee2c12f97d53_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/d3f162fd-27c1-4683-bcf9-ee2c12f97d53_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Volcán Tajogaite. JOSÉ F. AROZENA"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Volcán Tajogaite. JOSÉ F. AROZENA                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        El espejo m&aacute;s &uacute;til quiz&aacute; sea S&atilde;o Miguel, en Azores. All&iacute; la geotermia lleva d&eacute;cadas funcionando con centrales relativamente peque&ntilde;as, integradas en el territorio y ligadas a una empresa p&uacute;blica regional. La energ&iacute;a geot&eacute;rmica cubre ya cerca de un tercio de la electricidad de la isla, y las ampliaciones aspiran a la mitad. La lecci&oacute;n es triple: no hace falta una macrocentral para cambiar el sistema de una isla; una planta geot&eacute;rmica no tiene por qu&eacute; parecer una refiner&iacute;a; y si el recurso se gestiona con una entidad p&uacute;blica fuerte, el beneficio puede notarse en la factura de los hogares. El calor del subsuelo no lo fabric&oacute; nadie, no lo import&oacute; ninguna compa&ntilde;&iacute;a. Est&aacute; ah&iacute; porque la isla es la isla. Parece razonable, entonces, que, si un d&iacute;a produce electricidad, su valor revierta de forma directa en la ciudadan&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El agujero no est&aacute; en el suelo</strong>
    </p><p class="article-text">
        El gran vac&iacute;o regulatorio no est&aacute; bajo tierra, sino en el BOE. Las empresas que investigan geotermia en Canarias a&uacute;n no saben con claridad c&oacute;mo se retribuir&aacute; la electricidad si los sondeos tienen &eacute;xito. Sin un r&eacute;gimen econ&oacute;mico espec&iacute;fico, el inversor no puede calcular el retorno de una inversi&oacute;n que puede superar decenas de millones de euros antes de vender un solo kilovatio. Esta incertidumbre no es un capricho empresarial; es una condici&oacute;n b&aacute;sica de cualquier infraestructura energ&eacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        El otro enemigo es la tramitaci&oacute;n lenta. Canarias ha demostrado muchas veces una capacidad sorprendente para convertir una oportunidad en un expediente interminable. En geotermia, perder tiempo no es neutro: puede hacer caer ayudas, encarecer equipos y romper calendarios. Si el Gobierno de Canarias quiere que esto salga bien, debe acompa&ntilde;ar con agilidad y ventanillas claras. Agilidad no significa barra libre; significa que cada administraci&oacute;n sepa qu&eacute; tiene que pedir, cu&aacute;ndo y para qu&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        Existe, adem&aacute;s, un asunto que no deber&iacute;a quedar sepultado bajo la &eacute;pica de los tres kil&oacute;metros: la geotermia de baja temperatura. Para producir electricidad se buscan recursos de alta entalp&iacute;a, normalmente por encima de 150 grados. Pero para calentar agua no hace falta tanto. Un recurso a unos 80 grados puede tener usos directos muy valiosos: agua caliente sanitaria, piscinas, instalaciones tur&iacute;sticas, invernaderos. Todo kilovatio t&eacute;rmico obtenido del subsuelo es electricidad que se deja de consumir. La baja entalp&iacute;a suele ser m&aacute;s sencilla, m&aacute;s barata y menos arriesgada. No dar&aacute; titulares tan grandes, pero puede dar resultados antes. A veces la revoluci&oacute;n energ&eacute;tica no empieza con una turbina, sino con una ducha caliente que no depende de una resistencia el&eacute;ctrica.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d7f5f268-d2ec-47b2-bc79-7e67c01de1ef_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d7f5f268-d2ec-47b2-bc79-7e67c01de1ef_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d7f5f268-d2ec-47b2-bc79-7e67c01de1ef_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d7f5f268-d2ec-47b2-bc79-7e67c01de1ef_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d7f5f268-d2ec-47b2-bc79-7e67c01de1ef_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d7f5f268-d2ec-47b2-bc79-7e67c01de1ef_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/d7f5f268-d2ec-47b2-bc79-7e67c01de1ef_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Volcán Tajogaite. "
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Volcán Tajogaite.                             </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>El comienzo de una prueba</strong>
    </p><p class="article-text">
        Las jornadas de CajaCanarias dejaron una sensaci&oacute;n rara y valiosa: por primera vez en mucho tiempo, La Palma no estaba hablando solo de reparar da&ntilde;os, sino de dise&ntilde;ar futuro. En el Refugio de El Pilar, unos cables extendidos sobre la tierra parec&iacute;an poca cosa. Pero quiz&aacute; estaban escuchando una pregunta enorme: si debajo de la isla hay calor suficiente para cambiar su destino energ&eacute;tico, &iquest;seremos capaces de convertirlo en soberan&iacute;a y no solo en negocio?
    </p><p class="article-text">
        El primer pinchazo, si llega en 2027, no ser&aacute; el final de nada. Ser&aacute; el comienzo de una prueba. La prueba t&eacute;cnica de si hay recurso. La prueba administrativa de si Canarias sabe tramitar sin desesperar. La prueba pol&iacute;tica de si La Palma quiere ser espectadora o protagonista. Y la prueba moral de si una energ&iacute;a nacida bajo sus pies puede acabar aliviando la factura de quienes viven sobre ellos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José F. Arozena]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/sociedad/calor-palma-lleva-debajo_1_13263416.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 31 May 2026 09:23:57 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/ba87f5e2-12a2-4541-b68b-8314a1b0d51f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="360984" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/ba87f5e2-12a2-4541-b68b-8314a1b0d51f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="360984" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El calor que La Palma lleva debajo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/ba87f5e2-12a2-4541-b68b-8314a1b0d51f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Magnifica Humanitas’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/magnifica-humanitas_132_13252512.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8332dc0c-3863-4c0d-9a48-22926bcdaf77_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Magnifica Humanitas’"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La IA ya no es solo una herramienta que usamos. Es una infraestructura de poder. Decide qué vemos, qué leemos, qué se automatiza, qué empleos se vuelven prescindibles, qué verdades circulan y qué mentiras se vuelven verosímiles
</p></div><p class="article-text">
        El Papa <strong>Le&oacute;n XIV</strong> ha presentado su primera enc&iacute;clica, <em>Magnifica Humanitas</em>, junto a <strong>Chris Olah</strong>, cofundador de Anthropic. Y el detalle no es menor. No estaba al lado del CEO, ni del se&ntilde;or de la corbata que habla de rondas de inversi&oacute;n, crecimiento exponencial y futuro inevitable con la tranquilidad de quien no va a pagar nunca las consecuencias. Estaba Chris Olah.
    </p><p class="article-text">
        Olah no representa tanto el negocio de la inteligencia artificial como su misterio. No es el hombre que vende la m&aacute;quina. Es el que intenta entender qu&eacute; pasa dentro. El que se asoma a los modelos como quien abre una puerta en una casa vieja y nota que all&iacute; hay algo funcionando, aunque todav&iacute;a no sepamos ponerle nombre sin ponernos solemnes o rid&iacute;culos.
    </p><p class="article-text">
        Y esa elecci&oacute;n, claro, no parece casual.
    </p><p class="article-text">
        La Iglesia sabe perfectamente lo que hace cuando coloca a alguien en una foto. Lleva dos mil a&ntilde;os administrando s&iacute;mbolos, gestos, silencios, incienso y escenograf&iacute;a. Si hubiera querido una imagen empresarial, habr&iacute;a sentado al lado del Papa a un consejero delegado con sonrisa de folleto y una frase preparada sobre &ldquo;poner la tecnolog&iacute;a al servicio de la humanidad&rdquo;. Pero no. Ha llamado a un investigador que trabaja precisamente en abrir la caja negra. A alguien que se pregunta qu&eacute; representan estos modelos, c&oacute;mo organizan la informaci&oacute;n, qu&eacute; aprenden realmente y qu&eacute; parte de su funcionamiento seguimos fingiendo que entendemos para poder dormir tranquilos.
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; empieza lo interesante. Porque nos han vendido la inteligencia artificial como una herramienta m&aacute;s. Una especie de calculadora con &iacute;nfulas, un becario digital que escribe correos, resume documentos, hace presentaciones y, de paso, nos deja sin la &uacute;ltima excusa que nos quedaba para entregar tarde un informe. Pero esa explicaci&oacute;n empieza a quedarse corta. Muy corta.
    </p><p class="article-text">
        La IA ya no es solo una herramienta que usamos. Es una infraestructura de poder. Decide qu&eacute; vemos, qu&eacute; leemos, qu&eacute; se automatiza, qu&eacute; empleos se vuelven prescindibles, qu&eacute; verdades circulan y qu&eacute; mentiras se vuelven veros&iacute;miles. Y lo m&aacute;s inquietante no es que sea inteligente. Lo m&aacute;s inquietante es que se est&aacute; metiendo en la vida humana con una velocidad que no deja tiempo ni para entenderla ni para discutirla bien. Como pasa tantas veces, primero se instala el sistema y despu&eacute;s ya veremos la &eacute;tica. Muy nuestro, por cierto. Primero la obra, despu&eacute;s el informe t&eacute;cnico, y si hay problemas ya se crea una comisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Por eso tiene importancia que el Papa hable de la inteligencia artificial no desde la fascinaci&oacute;n tecnol&oacute;gica, sino desde la pregunta moral. Qu&eacute; estamos creando. Para qui&eacute;n. En manos de qui&eacute;n queda. Con qu&eacute; l&iacute;mites. A qui&eacute;n beneficia. A qui&eacute;n deja fuera. Qu&eacute; parte de lo humano estamos dispuestos a entregar por comodidad, por eficiencia o por miedo a quedarnos atr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Y aqu&iacute; viene la parte pol&eacute;mica. A Silicon Valley le encanta hablar de salvar el mundo, pero suele hacerlo desde empresas valoradas en miles de millones, con servidores que consumen cantidades brutales de energ&iacute;a y modelos que necesitan datos, atenci&oacute;n, dependencia y mercado. Nos prometen liberaci&oacute;n, pero muchas veces lo que construyen es otra forma de obediencia. M&aacute;s amable, m&aacute;s limpia, con mejor dise&ntilde;o. Una obediencia con interfaz bonita.
    </p><p class="article-text">
        El Vaticano, por su parte, tampoco llega a esta conversaci&oacute;n con las manos puras de un ni&ntilde;o de catequesis. La Iglesia ha llegado tarde a muchas revoluciones, ha bendecido poderes que no deb&iacute;a y ha aprendido, a veces despu&eacute;s de demasiado da&ntilde;o, que la autoridad moral no se declara, se gana. Pero precisamente por eso este gesto pesa. Porque no viene de una instituci&oacute;n ingenua, sino de una instituci&oacute;n que sabe lo que es el poder, lo que es equivocarse con el poder y lo que cuesta corregir una &eacute;poca cuando ya se ha torcido.
    </p><p class="article-text">
        Puedes llamarlo alianza estrat&eacute;gica. Puedes llamarlo lavado de imagen compartido. Puedes decir que Anthropic gana respetabilidad moral y que el Vaticano gana centralidad en el debate tecnol&oacute;gico. Y seguramente hay algo de todo eso. No somos nuevos.
    </p><p class="article-text">
        Pero lo que ya no se puede decir es que la inteligencia artificial sea solo un asunto de ingenieros.
    </p><p class="article-text">
        La enc&iacute;clica tiene adem&aacute;s un momento inesperado, casi hermoso, cuando el Papa recurre a <em>El Se&ntilde;or de los Anillos</em> y recuerda aquella idea de Gandalf: &ldquo;No nos toca a nosotros dominar todas las mareas del mundo, sino hacer lo que est&aacute; en nuestras manos&rdquo;. La frase funciona porque no suena a adorno cultural. Suena a advertencia. No somos due&ntilde;os absolutos de las fuerzas que despertamos. No podemos controlar todas las mareas. Pero s&iacute; somos responsables de lo que hacemos cuando la marea empieza a subir.
    </p><p class="article-text">
        Y esa es la cuesti&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La inteligencia artificial nos coloca ante una tentaci&oacute;n muy vieja con ropa nueva: la tentaci&oacute;n de dominarlo todo. Predecirlo todo. Medirlo todo. Automatizarlo todo. Convertir la vida humana en datos manejables, la conciencia en c&aacute;lculo, la educaci&oacute;n en productividad, el trabajo en optimizaci&oacute;n y la pol&iacute;tica en gesti&oacute;n algor&iacute;tmica de emociones. Todo muy eficiente. Todo muy moderno. Todo muy peligroso.
    </p><p class="article-text">
        La Iglesia, con todos sus pecados y contradicciones, viene a decir algo que conviene escuchar incluso aunque uno no sea creyente: no todo lo t&eacute;cnicamente posible es humanamente aceptable. No todo avance es progreso. No toda inteligencia produce sabidur&iacute;a. Y no toda m&aacute;quina que responde merece que el ser humano deje de hacerse preguntas.
    </p><p class="article-text">
        Eso es lo que cambia con esta enc&iacute;clica. La IA sale del laboratorio, del consejo de administraci&oacute;n y del entusiasmo de los gur&uacute;s, y entra de lleno en el terreno moral. Ya no hablamos solo de algoritmos. Hablamos de dignidad, de l&iacute;mites, de poder, de conciencia, de desigualdad y de esa palabra tan gastada y tan necesaria que es responsabilidad.
    </p><p class="article-text">
        La foto del Papa con Chris Olah no resuelve nada. Pero se&ntilde;ala algo. Y a veces los s&iacute;mbolos sirven precisamente para eso: para decirnos que una &eacute;poca ha cambiado antes de que sepamos explicarla del todo.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta ya no es si la inteligencia artificial puede hacer cosas incre&iacute;bles. Eso ya est&aacute; respondido.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta es qui&eacute;n la controla, qui&eacute;n la entiende, qui&eacute;n se beneficia, qui&eacute;n paga el precio y qu&eacute; queda de nosotros cuando hayamos delegado en una m&aacute;quina casi todo lo que antes exig&iacute;a juicio, paciencia, memoria y conciencia.
    </p><p class="article-text">
        Y eso, mi ni&ntilde;o, no se arregla aceptando las cookies.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José F. Arozena]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/magnifica-humanitas_132_13252512.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 26 May 2026 20:12:55 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/8332dc0c-3863-4c0d-9a48-22926bcdaf77_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="44146" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/8332dc0c-3863-4c0d-9a48-22926bcdaf77_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="44146" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[‘Magnifica Humanitas’]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/8332dc0c-3863-4c0d-9a48-22926bcdaf77_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Javier Herrera Llorente: “La convivencia entre ciencia y visitantes en El Roque es posible, pero necesitamos ordenarla”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/sociedad/javier-herrera-llorente-convivencia-ciencia-visitantes-roque-posible-necesitamos-ordenarla_1_13246230.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/579bf953-fb7e-46a4-9697-a1cc3b353567_16-9-discover-aspect-ratio_default_1143708.jpg" width="3796" height="2135" alt="Javier Herrera Llorente: “La convivencia entre ciencia y visitantes en El Roque es posible, pero necesitamos ordenarla”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">ENTREVISTA - El responsable de Infraestructuras y Servicios Comunes del Observatorio del Roque de los Muchachos habla de su llegada a La Palma, de los telescopios Chernekov, del Telescopio de Treinta Metros, del Telescopio Solar Europeo, de la carretera y del reto de acercar más el Observatorio a la sociedad palmera</p></div><p class="article-text">
        Javier Herrera Llorente no llega al Observatorio del Roque de los Muchachos (ORM) como un gestor ajeno a la monta&ntilde;a. Antes de asumir la responsabilidad actual sobre las infraestructuras y servicios comunes del ORM, pas&oacute; por los telescopios Cherenkov MAGIC, por los LST, y por una parte de la vida diaria de una instalaci&oacute;n cient&iacute;fica que, vista desde fuera, parece una colecci&oacute;n de c&uacute;pulas y espejos, pero que por dentro funciona como una peque&ntilde;a ciudad t&eacute;cnica a 2.400 metros de altitud: carreteras, permisos, fibra &oacute;ptica, agua, energ&iacute;a, seguridad, obras, visitantes, nieve, viento, astr&oacute;nomos y administraciones que no siempre avanzan al mismo ritmo.
    </p><p class="article-text">
        Nacido en Tenerife, formado en ingenier&iacute;a de telecomunicaci&oacute;n y ciencias f&iacute;sicas, doctorado en Valencia y con una etapa previa en fot&oacute;nica y comunicaciones &oacute;pticas, Herrera habla con la calma de quien ha subido muchas veces al Roque como para no idealizarlo, pero conserva a&uacute;n la capacidad de asombro. La conversaci&oacute;n avanza desde su biograf&iacute;a hasta la nueva silueta del CTAO (<em>Cherenkov Telescope Array Observatory),</em> desde la carretera que cruza el coraz&oacute;n del Observatorio hasta el GTC y el futuro Telescopio Solar Europeo, y acaba en una idea que atraviesa toda la entrevista: La Palma debe sentir el Roque como algo propio y el Observatorio debe aprender a contarse mejor en la isla.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Jos&eacute; F. Arozena (JFA). </strong>Para empezar por el principio, antes de hablar del cargo y de la monta&ntilde;a, &iquest;qui&eacute;n es Javier Herrera Llorente, de d&oacute;nde viene y c&oacute;mo acaba un ingeniero de telecomunicaci&oacute;n ligado a una de las grandes infraestructuras cient&iacute;ficas de Europa?
    </p><p class="article-text">
        <strong>Javier Herrera Llorente (JH). </strong>Soy de Tenerife. Despu&eacute;s viv&iacute; mucho tiempo en Valencia, donde hice la ingenier&iacute;a y el doctorado en la universidad polit&eacute;cnica. Mi campo inicial fue la fot&oacute;nica y las comunicaciones &oacute;pticas. Tambi&eacute;n estuve fuera, en Pa&iacute;ses Bajos, con una etapa de posdoctorado, y luego volv&iacute; a Valencia. Ese fue mi primer mundo profesional: tecnolog&iacute;a, laboratorio, sistemas &oacute;pticos, comunicaciones y proyectos de investigaci&oacute;n con mucha carga t&eacute;cnica.
    </p><p class="article-text">
        La f&iacute;sica y las matem&aacute;ticas me gustaban desde muy joven. Cuando ten&iacute;a 16 o 17 a&ntilde;os era lo que me atra&iacute;a, pero acab&eacute; estudiando ingenier&iacute;a porque parec&iacute;a que ten&iacute;a m&aacute;s salida. Esa vocaci&oacute;n qued&oacute; ah&iacute;. Con el tiempo retom&eacute; F&iacute;sica. La fui haciendo poco a poco en la UNED, primero desde Valencia, y la termin&eacute; ya estando vinculado a La Palma y a MAGIC. El &uacute;ltimo examen lo hice en esa etapa. Al final mi trayectoria mezcla ingenier&iacute;a, ciencia, tecnolog&iacute;a y gesti&oacute;n de proyectos complejos. No vengo de una carrera de astrof&iacute;sica cl&aacute;sica, sino de la parte t&eacute;cnica que permite que la ciencia se pueda hacer.
    </p><p class="article-text">
        <strong>JFA. </strong>Esa primera vida profesional en fot&oacute;nica y comunicaciones &oacute;pticas puede parecer lejos de una cumbre llena de telescopios, pero cuando uno mira el Observatorio por dentro quiz&aacute; no haya tanta distancia. &iquest;Qu&eacute; le dio esa formaci&oacute;n para entender hoy el Roque?
    </p><p class="article-text">
        <strong>JH. </strong>No est&aacute; tan lejos. Un observatorio moderno es una infraestructura tecnol&oacute;gica de mucho nivel. No son solo telescopios con espejos mirando al cielo. Hay comunicaciones, electr&oacute;nica, control, seguridad, sistemas &oacute;pticos, datos, redes, energ&iacute;a, mantenimiento y log&iacute;stica. Mi etapa anterior me dio una forma de pensar orientada a proyectos: c&oacute;mo se integra todo, c&oacute;mo se coordina a mucha gente, c&oacute;mo se pasa de un dise&ntilde;o a una instalaci&oacute;n real que tiene que funcionar todos los d&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Eso ayuda mucho en un lugar como el Roque, porque cualquier proyecto cient&iacute;fico necesita luego una traducci&oacute;n muy concreta: permisos, obra civil, accesos, energ&iacute;a, comunicaciones, seguridad, relaci&oacute;n con instituciones y con empresas. Un telescopio puede nacer en un dise&ntilde;o internacional, pero al final hay que ponerlo en una monta&ntilde;a concreta, con una carretera concreta, con viento, con nieve, con turnos de trabajo, con suministros y con normas ambientales. Ese es el lado menos visible del Observatorio, pero sin ese lado no hay ciencia.
    </p><p class="article-text">
        <strong>JFA. </strong>De esa mirada t&eacute;cnica llega luego La Palma. Usted entra por MAGIC y por los primeros pasos del CTAO en la isla. &iquest;Cu&aacute;ndo empieza esa relaci&oacute;n con el Observatorio del Roque de los Muchachos y qu&eacute; aprende aqu&iacute; que no se aprende desde un despacho?
    </p><p class="article-text">
        <strong>JH. </strong>Llego a La Palma para trabajar como personal t&eacute;cnico en los telescopios MAGIC y en la construcci&oacute;n del primer LST (Telescopio de Gran Tama&ntilde;o&nbsp;de la Red Cherenkov). Estuve vinculado a MAGIC y LST entre 2013 y 2018, y luego el IAC me contrat&oacute; para gestionar la construcci&oacute;n de los LST 2, 3 y 4. Esa etapa fue, sobre todo, del proyecto CTAO, de telescopios Cherenkov y de obra en el Observatorio. Fueron a&ntilde;os de aprender c&oacute;mo se gestiona una instalaci&oacute;n internacional, con equipos de muchos pa&iacute;ses, pero tambi&eacute;n con empresas locales, permisos, obra diaria y problemas muy pegados al terreno.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s adelante obtuve la plaza de jefe de departamento del Observatorio, ya con una funci&oacute;n m&aacute;s amplia sobre infraestructuras y servicios comunes. Antes estaba muy centrado en MAGIC y en los LST. Ahora, por el cargo, he tenido que abrir mucho m&aacute;s la mirada y conocer el conjunto del Observatorio: sus instalaciones, sus necesidades, sus problemas y sus opciones de futuro. Desde un despacho se entiende el proyecto; desde el Roque se entiende lo que cuesta que el proyecto funcione cada d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        <strong>JFA. </strong>En La Palma se sigue diciendo &ldquo;el administrador del Observatorio&rdquo; para referirse a su actual puesto, como se dijo durante d&eacute;cadas, aunque la estructura del IAC ya usa otros nombres. &iquest;Qu&eacute; puesto ocupa usted en esa organizaci&oacute;n y qu&eacute; significa en la pr&aacute;ctica?
    </p><p class="article-text">
        <strong>JH. </strong>Durante muchos a&ntilde;os se conoci&oacute; la figura del administrador del Observatorio. Todo el mundo en La Palma entiende esa expresi&oacute;n porque es la que se ha usado siempre. Pero el organigrama del IAC ha cambiado. Ahora hay una estructura m&aacute;s com&uacute;n para los dos observatorios, el del Teide y el del Roque de los Muchachos, y existen departamentos vinculados a infraestructuras, servicios comunes y otras unidades.
    </p><p class="article-text">
        En la pr&aacute;ctica, mi trabajo se parece bastante a lo que la gente entiende por administrador del ORM: relaci&oacute;n institucional, coordinaci&oacute;n con las instituciones usuarias, infraestructuras, servicios comunes, permisos, obras, seguridad y emergencias. Dicho de una forma m&aacute;s clara: hay que hablar con mucha gente dentro y fuera del IAC, encajar intereses distintos y conseguir que el Observatorio funcione. A veces eso significa trabajar con una instituci&oacute;n cient&iacute;fica; otras, con una administraci&oacute;n p&uacute;blica; otras, con una empresa que tiene que subir material, o con personal que necesita resolver un problema b&aacute;sico en la cumbre.
    </p><p class="article-text">
        <strong>JFA. </strong>Al venir de MAGIC y de los LST, uno puede pensar que tiene una querencia natural por la zona de los telescopios Cherenkov. &iquest;Le dicen que tiene favoritos dentro del Observatorio?
    </p><p class="article-text">
        <strong>JH. </strong>Es normal que tenga un cari&ntilde;o especial por MAGIC y por los LST. Son muchos a&ntilde;os de trabajo y los he vivido desde dentro. He visto crecer esa zona del Observatorio, he visto llegar piezas, montar estructuras, resolver problemas y pasar de una idea sobre plano a telescopios reales. Eso deja huella.
    </p><p class="article-text">
        Pero mi funci&oacute;n ahora no es cuidar de un telescopio concreto, sino del conjunto del Observatorio. Eso implica mirar al GTC, al TNG, al ING, a los telescopios solares, a los telescopios rob&oacute;ticos, a la residencia, a las carreteras, a los servicios comunes y a todo lo que permite que las instituciones usuarias puedan trabajar. El Roque es una comunidad cient&iacute;fica muy variada y la administraci&oacute;n del Observatorio tiene que servir a todo ese conjunto.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d54a5e47-97cb-47cc-b17e-3167f9ec33c9_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d54a5e47-97cb-47cc-b17e-3167f9ec33c9_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d54a5e47-97cb-47cc-b17e-3167f9ec33c9_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d54a5e47-97cb-47cc-b17e-3167f9ec33c9_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d54a5e47-97cb-47cc-b17e-3167f9ec33c9_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d54a5e47-97cb-47cc-b17e-3167f9ec33c9_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/d54a5e47-97cb-47cc-b17e-3167f9ec33c9_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Los cuatro telescopios de gran tamaño  (LST por su sigla en inglés) de la Red Cherenkov en el Observatorio del Roque de Los Muchachos."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Los cuatro telescopios de gran tamaño  (LST por su sigla en inglés) de la Red Cherenkov en el Observatorio del Roque de Los Muchachos.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>JFA. </strong>Hablando del CTAO, la imagen del Roque ya ha cambiado. Los cuatro grandes LST est&aacute;n ah&iacute;, se ven desde lejos y han pasado a formar parte del perfil de la cumbre. &iquest;En qu&eacute; punto est&aacute; ese proyecto?
    </p><p class="article-text">
        <strong>JH. </strong>Los cuatro LST ya est&aacute;n montados. Son los grandes telescopios Cherenkov que se ven ahora en la zona baja del Observatorio. Todav&iacute;a quedan trabajos de ajuste, puesta a punto, retirada de elementos auxiliares de obra y restauraci&oacute;n ambiental del entorno, pero la estructura principal est&aacute; ah&iacute; y ya forma parte del paisaje del Roque. Cuando uno compara la imagen de esa zona antes y ahora, el cambio es enorme.
    </p><p class="article-text">
        El proyecto contempla tambi&eacute;n telescopios de tama&ntilde;o medio (MST). Ahora mismo hay financiaci&oacute;n para cinco MST. Los cient&iacute;ficos querr&iacute;an m&aacute;s. En fases anteriores se habl&oacute; de nueve e incluso de n&uacute;meros mayores, pero la realidad presupuestaria marcar&aacute; lo que se pueda hacer en cada momento. Tenemos permiso para construir el primero de esos telescopios medianos y se est&aacute; trabajando en las licitaciones. La idea es empezar por ese primer MST, ver que la ejecuci&oacute;n sale bien y despu&eacute;s avanzar con los otros cuatro financiados. Si se consigue m&aacute;s financiaci&oacute;n, podr&iacute;an venir m&aacute;s. Hoy lo real es hablar de cinco.
    </p><p class="article-text">
        <strong>JFA. </strong>En el caso de los cuatro LST, hablamos ya de una obra enorme en el Roque. Despu&eacute;s del verano se prepara una inauguraci&oacute;n oficial de ese conjunto. &iquest;Qu&eacute; supone cerrar esta etapa para el Observatorio y para La Palma?
    </p><p class="article-text">
        <strong>JH. </strong>Supone cerrar una fase de muchos a&ntilde;os. Empezamos la construcci&oacute;n del primer telescopio en 2016 y llegamos a 2026 con los cuatro LST. Son diez a&ntilde;os solo de construcci&oacute;n, sin contar todo el trabajo anterior de dise&ntilde;o, preparaci&oacute;n, acuerdos y prototipos, ni lo que queda de comisionado cient&iacute;fico y t&eacute;cnico. En un proyecto as&iacute;, la foto final de los telescopios montados no cuenta todo lo que hay detr&aacute;s: contratos, transporte, turnos, ingenier&iacute;a, coordinaci&oacute;n internacional y mucha gente resolviendo problemas d&iacute;a a d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        La idea es que despu&eacute;s del verano haya una inauguraci&oacute;n oficial de los cuatro grandes LST del CTAO. Ser&aacute; una forma de celebrar el trabajo hecho y de mostrar que el proyecto ya est&aacute; aqu&iacute;. En La Palma se habla mucho del TMT, pero el CTAO no es una promesa lejana. Es una infraestructura real, visible y estrat&eacute;gica que ya ha cambiado el Observatorio. Tambi&eacute;n es una oportunidad para que la isla entienda mejor que en el Roque ya se est&aacute; jugando una parte del futuro de la astrof&iacute;sica de muy altas energ&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        <strong>JFA. </strong>En esa historia del CTAO aparece un liderazgo internacional muy fuerte, con Jap&oacute;n y Espa&ntilde;a como piezas claves. &iquest;Qu&eacute; peso ha tenido esa colaboraci&oacute;n japonesa y qu&eacute; papel ha tenido Masahiro Teshima?
    </p><p class="article-text">
        <strong>JH. </strong>Ha tenido mucho peso. La colaboraci&oacute;n de los LST ha contado con un impulso muy fuerte desde Jap&oacute;n y desde Espa&ntilde;a, adem&aacute;s de Alemania, Italia, Francia y otros pa&iacute;ses. El Profesor Teshima ha sido una de las figuras claves del proyecto LST desde el lado japon&eacute;s, vinculado al Instituto de Investigaci&oacute;n de Rayos C&oacute;smicos de la Universidad de Tokio y al Instituto Max Planck de F&iacute;sica de Munich. Ha sido uno de los motores de esta parte del CTAO.
    </p><p class="article-text">
        Esa dimensi&oacute;n internacional es una de las se&ntilde;as del Roque. En una isla peque&ntilde;a hay proyectos en los que trabajan instituciones de muchos pa&iacute;ses. El CTAO muestra eso muy bien: ciencia global, obra civil local, tecnolog&iacute;a de alta complejidad y una monta&ntilde;a que acaba entrando en redes de investigaci&oacute;n de primer nivel. Para La Palma eso tiene un valor enorme, aunque no siempre se perciba desde fuera de la comunidad cient&iacute;fica.
    </p><p class="article-text">
        <strong>JFA. </strong>Todo eso exige que el Observatorio funcione como infraestructura. Y ah&iacute; aparece la carretera, que es la queja que m&aacute;s se repite entre trabajadores, visitantes, cient&iacute;ficos y tambi&eacute;n vecinos. &iquest;Es hoy una de las grandes urgencias del Roque?
    </p><p class="article-text">
        <strong>JH. </strong>La carretera tiene varios problemas. El primero es claro: algunos tramos han estado en muy mal estado, sobre todo dentro del Observatorio. Ha sufrido por el paso del tiempo, las obras de saneamiento, fibra &oacute;ptica y otras actuaciones. El Cabildo tiene un contrato en marcha que contempla el asfaltado integral desde la entrada del Observatorio hasta la zona del mirador del Roque. Ya se actu&oacute; en un tramo que estaba muy mal y la previsi&oacute;n es seguir para dejar renovada la carretera interior.
    </p><p class="article-text">
        Luego est&aacute; la LP-4, con problemas de desprendimientos, vegetaci&oacute;n, taludes y seguridad. Ah&iacute; tambi&eacute;n se han hecho actuaciones y esperamos que sigan. Entiendo que es un asunto complejo por financiaci&oacute;n y por dificultad t&eacute;cnica, pero un observatorio internacional de primer nivel necesita accesos en condiciones. No se puede aspirar a atraer grandes proyectos cient&iacute;ficos y tener a la vez una carretera que transmite inseguridad o una imagen pobre. Adem&aacute;s, quienes trabajan arriba lo viven en su d&iacute;a a d&iacute;a: subir y bajar tantas veces por una v&iacute;a as&iacute; acaba pasando factura.
    </p><p class="article-text">
        <strong>JFA. </strong>El asfalto es una parte del problema, pero hay otra m&aacute;s delicada: la carretera pasa por una zona sensible del Observatorio y cruza cerca de los LST. &iquest;Ese trazado se puede mantener tal como est&aacute;?
    </p><p class="article-text">
        <strong>JH. </strong>Ese es el segundo problema. La carretera pasa por el medio de una zona muy sensible, en torno a los LST, y por la noche puede suponer molestias para la operaci&oacute;n cient&iacute;fica. Adem&aacute;s, durante el d&iacute;a soporta un tr&aacute;fico a&ntilde;adido muy alto por la presi&oacute;n tur&iacute;stica hacia el mirador. Se nota la saturaci&oacute;n del aparcamiento del Roque de los Muchachos y de los puntos de visita en ciertas horas. No es solo una molestia para los telescopios; tambi&eacute;n es una cuesti&oacute;n de seguridad y de orden en un espacio que tiene muchos usos a la vez.
    </p><p class="article-text">
        Hace a&ntilde;os que se habla de una alternativa para que el tr&aacute;fico no atraviese el coraz&oacute;n de algunas instalaciones. Nosotros hemos desarrollado un proyecto t&eacute;cnico para un acceso alternativo que conectar&iacute;a con la LP-4 y llegar&iacute;a hacia la zona de los telescopios ingleses. Se solicit&oacute; financiaci&oacute;n al Ministerio de Transportes y esa actuaci&oacute;n lleg&oacute; a estar contemplada en borradores presupuestarios. En todo caso, la ejecuci&oacute;n corresponder&iacute;a al Cabildo, porque conecta con la carretera insular.
    </p><p class="article-text">
        <strong>JFA. </strong>Si se mira el Roque como lugar cient&iacute;fico, pero tambi&eacute;n como icono tur&iacute;stico de La Palma, surge una pregunta dif&iacute;cil: &iquest;hay que desviar el tr&aacute;fico, regularlo o hacer las dos cosas?
    </p><p class="article-text">
        <strong>JH. </strong>Quiz&aacute; las dos cosas. Un acceso alternativo ayudar&iacute;a mucho, porque permitir&iacute;a llegar al Roque sin atravesar zonas sensibles del Observatorio. Tambi&eacute;n ayudar&iacute;a a gestionar el efecto del tr&aacute;fico por la noche. Pero tambi&eacute;n hay que estudiar si en ciertas horas punta se debe ordenar el tr&aacute;fico hacia el mirador. No se trata de cerrar el Roque ni de impedir que la gente suba. El Roque es un lugar ic&oacute;nico de La Palma y todo el mundo deber&iacute;a poder visitarlo. Pero hay que evitar situaciones de saturaci&oacute;n<strong> </strong>que son malas para la ciencia, para la seguridad y para la propia experiencia tur&iacute;stica.
    </p><p class="article-text">
        El ejemplo de La Cumbrecita es interesante. Cuando aquello se colapsaba, se implant&oacute; un sistema de reserva y control de acceso. Algo as&iacute; tendr&iacute;a que estudiarse con prudencia, con consenso social y con todas las administraciones implicadas. Aqu&iacute; intervienen el Cabildo, que gestiona las carreteras; el Ayuntamiento, por el mirador; el IAC; el Parque Nacional; y la sociedad palmera. Tambi&eacute;n hay asuntos de seguridad ligados a la Caldera: coches que quedan arriba, senderistas que entran al parque, dudas sobre si alguien ha regresado o no. La convivencia entre la ciencia y el disfrute del sitio es posible, pero hay que ordenarla.
    </p><p class="article-text">
        <strong>JFA. </strong>En ese posible ordenamiento, el Centro de Visitantes parec&iacute;a llamado a jugar un papel clave. &iquest;Ha resuelto el problema o solo ha ayudado a entender su tama&ntilde;o?
    </p><p class="article-text">
        <strong>JH. </strong>Ha ayudado, pero no lo resuelve todo. El Centro de Visitantes tiene limitaciones de aparcamiento y su propia capacidad no absorbe toda la demanda. Adem&aacute;s, hay momentos en los que su funcionamiento no permite descargar de verdad la presi&oacute;n que acaba llegando hasta el mirador. En el planeamiento municipal se hab&iacute;a previsto una bolsa de suelo adicional para aparcamiento que podr&iacute;a facilitar una soluci&oacute;n m&aacute;s ordenada: dejar los veh&iacute;culos all&iacute; y subir con un sistema de tickets, lanzaderas, miniguaguas o alg&uacute;n sistema similar. Eso permitir&iacute;a reducir presi&oacute;n arriba y ordenar mejor el acceso.
    </p><p class="article-text">
        En Tenerife es m&aacute;s sencillo porque el Observatorio del Teide no tiene una carretera p&uacute;blica atraves&aacute;ndolo como ocurre en el Roque. Aqu&iacute; hay que hablar con m&aacute;s administraciones y explicar bien que ordenar el acceso no va contra nadie. Va a favor de la seguridad, del parque, de los visitantes y de la ciencia. Y debe hacerse con cuidado, porque el Roque forma parte de la vida y de la imagen de La Palma. Cualquier cambio necesita pedagog&iacute;a y acuerdo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>JFA. </strong>Del CTAO, que ya est&aacute; en la monta&ntilde;a, pasamos al TMT, que sigue siendo el gran proyecto pendiente. La visita del Banco Europeo de Inversiones volvi&oacute; a ponerlo en el centro del debate. &iquest;Qu&eacute; posibilidades reales ve?
    </p><p class="article-text">
        <strong>JH. </strong>La gesti&oacute;n del TMT la lleva directamente la Direcci&oacute;n y la Subdirecci&oacute;n del IAC. Yo no soy quien toma esas decisiones. Pero, por lo que se nos traslada, se convertir&iacute;a en el buque insignia del Observatorio durante los pr&oacute;ximos 60 a&ntilde;os. Tambi&eacute;n es una operaci&oacute;n complicada. Para que el proyecto salga adelante, La Palma tiene que ser la opci&oacute;n, pero la decisi&oacute;n depende del consorcio internacional, de su consejo de gobierno, y de la financiaci&oacute;n. No basta con que el emplazamiento sea bueno o con que la isla est&eacute; preparada. Tiene que cuadrar una decisi&oacute;n internacional de gran tama&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        El Banco Europeo de Inversiones vino a conocer el emplazamiento. Los llevamos al sitio donde se instalar&iacute;a el TMT, en una loma detr&aacute;s del Gran Telescopio Canarias, en Puntagorda. No es el lugar de las torres meteorol&oacute;gicas que se ven desde el GTC, sino otro emplazamiento. El tr&aacute;mite del sitio ha pasado por los tramites de autorizaciones y de evaluaci&oacute;n ambiental, y cuenta con resoluciones judiciales favorables. Seg&uacute;n la situaci&oacute;n actual, el emplazamiento tiene sus permisos y su licencia. Si el proyecto decidiera venir a La Palma y resolviera la financiaci&oacute;n, la instalaci&oacute;n podr&iacute;a empezar. El paso siguiente est&aacute; ahora en la decisi&oacute;n del propio TMT y en el esquema financiero.
    </p><p class="article-text">
        <strong>JFA. </strong>Espa&ntilde;a ha puesto sobre la mesa hasta 400 millones de euros. Aun as&iacute;, usted insiste en que no basta con que Espa&ntilde;a quiera. &iquest;Qu&eacute; falta para que el TMT se mueva de verdad hacia La Palma?
    </p><p class="article-text">
        <strong>JH. </strong>Espa&ntilde;a ha hecho un compromiso muy importante. Pero el TMT no depende solo de Espa&ntilde;a. Est&aacute;n las universidades de California, Canad&aacute;, India, Jap&oacute;n y otros socios. Cada uno tendr&iacute;a que aportar su parte y, adem&aacute;s, el consejo del TMT tiene que decidir. A veces se simplifica mucho y se dice &ldquo;el TMT viene&rdquo; o &ldquo;el TMT no viene&rdquo;. La realidad es m&aacute;s compleja. Hay un lugar preparado, hay un inter&eacute;s claro y hay un apoyo espa&ntilde;ol fuerte, pero el proyecto tiene su propia gobernanza.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n se ha generado alguna confusi&oacute;n p&uacute;blica con China. Hasta donde yo conozco, China no forma parte del TMT. Otra cosa es que pueda haber inter&eacute;s chino en colaborar con instrumentos o en desarrollar otros proyectos en el Observatorio. Pero el TMT, como tal, depende de su consorcio y de su propia decisi&oacute;n. Por eso conviene hablar de &eacute;l con ambici&oacute;n, pero tambi&eacute;n con prudencia.
    </p><p class="article-text">
        <strong>JFA. </strong>Mientras el TMT espera esa decisi&oacute;n, el Telescopio Solar Europeo (EST) parece avanzar por otro carril, con pasos de sitio y estudios previos. &iquest;Est&aacute; cerca el EST?
    </p><p class="article-text">
        <strong>JH. </strong>El TMT ser&iacute;a extraordinario, pero el Telescopio Solar Europeo es un proyecto que ahora avanza con pasos claros en la fase t&eacute;cnica del sitio. El EST tiene su ubicaci&oacute;n prevista en la zona del Telescopio Abierto Holand&eacute;s, el DOT, cerca de la Torre Solar Sueca. Ahora lo primero es hacer estudios geot&eacute;cnicos, porque un telescopio solar de ese tipo tiene requisitos muy exigentes: altura, cimentaci&oacute;n, estabilidad y conocimiento preciso del terreno.
    </p><p class="article-text">
        Antes de desarrollar el proyecto t&eacute;cnico definitivo hay que conocer muy bien el lugar. Estamos pendientes de los tr&aacute;mites necesarios con Medio Ambiente del Cabildo y el Patronato de la Caldera para esos sondeos. La idea es que esa primera actuaci&oacute;n se haga en breve. Despu&eacute;s se podr&aacute; ajustar el emplazamiento y coordinarlo con otras decisiones, como qu&eacute; se hace con el DOT. En un observatorio con espacio limitado, cada nueva instalaci&oacute;n obliga a pensar en el conjunto.
    </p><p class="article-text">
        <strong>JFA. </strong>Esa pregunta por el DOT abre otro asunto que casi nunca aparece en titulares: el Observatorio empieza a tener patrimonio cient&iacute;fico que retirar, guardar o explicar. &iquest;Qu&eacute; se hace con telescopios que han sido importantes y ya no operan?
    </p><p class="article-text">
        <strong>JH. </strong>Es un tema muy interesante y delicado. Tenemos varios casos. El KVA, un telescopio de 60 cent&iacute;metros muy ligado a la historia del Observatorio, est&aacute; desmontado y almacenado a la espera de su traslado al futuro Museo de Astronom&iacute;a de Garaf&iacute;a. Tambi&eacute;n est&aacute; el C&iacute;rculo Meridiano, que ya no opera. Y est&aacute; el DOT, cuyo futuro hay que coordinar con el proyecto del EST.
    </p><p class="article-text">
        Lo deseable es aprovechar sitios ya utilizados para nuevas instalaciones y, a la vez, preservar la memoria cient&iacute;fica del Observatorio. Pero mover estos instrumentos no es sencillo. Hay que desmontarlos bien, almacenarlos bien, buscar financiaci&oacute;n, preparar espacios muse&iacute;sticos adecuados y coordinar administraciones. Adem&aacute;s, hay una parte emocional: para muchas personas esos telescopios no son chatarra, sino piezas de una historia cient&iacute;fica y tambi&eacute;n palmera. En el caso del KVA, hasta donde s&eacute;, el proyecto del museo en Garaf&iacute;a sigue avanzando, aunque con sus tiempos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>JFA. </strong>Volvamos a la isla. A pie de calle a&uacute;n hay quien ve el Observatorio como algo lejano, extranjero, casi cerrado sobre s&iacute; mismo. &iquest;Le preocupa esa percepci&oacute;n?
    </p><p class="article-text">
        <strong>JH. </strong>S&iacute;, y creo que hay que trabajarla m&aacute;s. Existe una comunicaci&oacute;n fluida con el Gobierno de Canarias, el Cabildo, Garaf&iacute;a, Puntagorda, el Parque Nacional y otras administraciones. Pero falta llegar mejor a la ciudadan&iacute;a. Me gustar&iacute;a que hubiera en La Palma una presencia comunicativa m&aacute;s fuerte del IAC, alguien permanente dedicado a contar de forma continua qu&eacute; es el Observatorio, qu&eacute; hace y qu&eacute; devuelve a la isla. Lo hemos hablado dentro, aunque siempre aparecen las limitaciones de presupuesto y de personal.
    </p><p class="article-text">
        La percepci&oacute;n de que arriba solo hay extranjeros no se corresponde con la realidad. Mucho personal del Observatorio es local, sobre todo personal t&eacute;cnico de ingenier&iacute;a y de formaci&oacute;n profesional. No s&eacute; si el porcentaje llega al 80 por ciento, como a veces se comenta, pero s&iacute; hay una apuesta fuerte por personal de La Palma. El problema es que no se cuenta lo suficiente. Y si no se cuenta, la gente no lo percibe. Hay que explicar que el Observatorio no es solo un lugar para investigadores de fuera; tambi&eacute;n es trabajo t&eacute;cnico, mantenimiento, log&iacute;stica, seguridad, administraci&oacute;n, formaci&oacute;n y oportunidades para gente de la isla.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2f34dc10-95e7-4122-82cd-6170be2b51fb_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2f34dc10-95e7-4122-82cd-6170be2b51fb_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2f34dc10-95e7-4122-82cd-6170be2b51fb_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2f34dc10-95e7-4122-82cd-6170be2b51fb_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2f34dc10-95e7-4122-82cd-6170be2b51fb_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2f34dc10-95e7-4122-82cd-6170be2b51fb_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/2f34dc10-95e7-4122-82cd-6170be2b51fb_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Uno de los telescopios LST de la Red Cherenkov en el Observatorio del Roque de Los Muchachos."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Uno de los telescopios LST de la Red Cherenkov en el Observatorio del Roque de Los Muchachos.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>JFA. </strong>La Palma ha dado al Observatorio territorio, cielo, paisaje, paciencia y generaciones de trabajadores. A cambio, &iquest;qu&eacute; deber&iacute;a devolver el Roque a la isla?
    </p><p class="article-text">
        <strong>JH. </strong>Debe devolver empleo, conocimiento, oportunidades, prestigio e infraestructuras. A veces se olvida que muchas cosas que hoy usa la isla se impulsaron por el Observatorio o por sus grandes proyectos. La carretera al Roque se hizo para el Observatorio, pero hoy la usa cualquier palmero que quiera subir. La fibra &oacute;ptica y ciertas mejoras de suministro el&eacute;ctrico en el norte de la isla se han visto empujadas por las necesidades del Observatorio y del GTC. Hay retornos visibles y otros menos visibles.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n est&aacute; el turismo. No tengo ahora las cifras exactas de cu&aacute;nta gente sube al Roque o visita el Centro de Visitantes, pero es claro que son much&iacute;simas personas. Cualquier crucero, cualquier turista que aterriza en La Palma, acaba teniendo el Roque como uno de sus lugares de referencia. El Observatorio no es solo ciencia. Tambi&eacute;n es un polo de atracci&oacute;n tur&iacute;stica. Pero todo eso hay que explicarlo mejor, sin triunfalismo y sin dar por hecho que la sociedad lo sabe. Si la isla ha hecho un esfuerzo durante d&eacute;cadas, tiene derecho a conocer mejor qu&eacute; recibe a cambio.
    </p><p class="article-text">
        <strong>JFA. </strong>Esa explicaci&oacute;n deber&iacute;a empezar por los j&oacute;venes. En una isla que pierde poblaci&oacute;n y oportunidades, &iquest;c&oacute;mo se consigue que un estudiante palmero vea el Observatorio no como algo ajeno, sino como un lugar donde podr&iacute;a trabajar?
    </p><p class="article-text">
        <strong>JH. </strong>Con contacto real. El programa Nuestros Alumnos de visitas de estudiantes de cuarto de ESO al Observatorio es muy bueno. Permite que alumnado de toda la isla conozca el Roque y especialmente, el Gran Telescopio Canarias, que es lo que m&aacute;s llama la atenci&oacute;n. Este a&ntilde;o ha habido problemas por la obra de mejora de la carretera y algunos centros han tenido que retrasar la visita, sobre todo los que suben desde ciertas zonas de la isla, pero la intenci&oacute;n es continuarlo y que pase el mayor n&uacute;mero de alumnos que se pueda.
    </p><p class="article-text">
        A un alumno no se le convence con un discurso institucional. Se le convence cuando sube, ve un telescopio enorme, habla con un t&eacute;cnico, con una ingeniera, con una astrof&iacute;sica de Garaf&iacute;a, con una persona de La Palma que trabaja all&iacute; y entiende que aquello no es una cosa ajena. Que puede ser una opci&oacute;n de futuro. Y ah&iacute; no hablamos solo de cient&iacute;ficos. Hay perfiles de ingenier&iacute;a, inform&aacute;tica, mec&aacute;nica, electricidad, electr&oacute;nica, administraci&oacute;n, mantenimiento, seguridad y servicios. El Observatorio necesita talento de muchos tipos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>JFA. </strong>Adem&aacute;s de los institutos, est&aacute;n las jornadas de puertas abiertas, muy ligadas desde hace d&eacute;cadas a Garaf&iacute;a. &iquest;Se puede abrir m&aacute;s el Observatorio sin romper esa relaci&oacute;n especial con el municipio que lo acoge?
    </p><p class="article-text">
        <strong>JH. </strong>Las jornadas de puertas abiertas tienen una relaci&oacute;n especial con Garaf&iacute;a, y creo que debe mantenerse. Garaf&iacute;a ha dado el terreno, el sitio, el cielo y una relaci&oacute;n hist&oacute;rica con el Observatorio. Esa singularidad hay que respetarla. Es justo que el municipio que acoge el Observatorio tenga una relaci&oacute;n propia con &eacute;l y que esa relaci&oacute;n no se diluya.
    </p><p class="article-text">
        Pero tambi&eacute;n estamos pensando en abrir de alguna manera el Observatorio al resto de la isla, sin romper esa relaci&oacute;n especial con Garaf&iacute;a. No es sencillo por capacidad, seguridad y log&iacute;stica. Hoy no es como hace 30 o 40 a&ntilde;os. Ahora hay mucho turismo. Cualquier apertura se llena enseguida y hay que organizarla muy bien. Pero la idea de acercar m&aacute;s el Observatorio a la sociedad est&aacute; ah&iacute;. Hay que buscar f&oacute;rmulas que sean &uacute;tiles, seguras y asumibles para quienes trabajan arriba.
    </p><p class="article-text">
        <strong>JFA. </strong>Usted lleva m&aacute;s de una d&eacute;cada subiendo al Roque. Hay quien dice que las primeras mil puestas de sol son las mejores, pero que luego uno se acostumbra. &iquest;Le sigue sorprendiendo la monta&ntilde;a?
    </p><p class="article-text">
        <strong>JH. </strong>Me sigue gustando mucho. Cuando empec&eacute; en MAGIC sub&iacute;a casi todos los d&iacute;as, cuatro veces a la semana o m&aacute;s. Esa carretera, tantas horas de subida y bajada, pasa factura y ahora intento limitar los d&iacute;as que subo. Pero el lugar me sigue pareciendo maravilloso. Con el nuevo cargo, adem&aacute;s, lo miro de otra manera: ya no solo como la zona de MAGIC o de los LST, sino como un conjunto de instalaciones, problemas y paisajes que hay que entender entero.
    </p><p class="article-text">
        A veces me quedo a dormir arriba y es un privilegio poder salir de noche y ver ese cielo. S&eacute; de astrof&iacute;sica, pero no soy el t&iacute;pico experto en astronom&iacute;a posicional que te identifica todas las estrellas y constelaciones de memoria. Aun as&iacute;, salir de la residencia, mirar hacia arriba y ver ese cielo sigue impresionando. Durante el d&iacute;a ocurre lo mismo con el paisaje, sobre todo en primavera, con tajinastes, codesos y retamones. Es una combinaci&oacute;n &uacute;nica: el Roque, la Caldera, los miradores, los senderos, los telescopios, la flora y las aves.
    </p><p class="article-text">
        <strong>JFA. </strong>Esa belleza tambi&eacute;n trae presi&oacute;n. En primavera, con los tajinastes, o en fechas como las Perseidas, el Roque se llena. &iquest;C&oacute;mo se cuida un lugar que es a la vez observatorio, paisaje, parque, mirador y reclamo tur&iacute;stico?
    </p><p class="article-text">
        <strong>JH. </strong>Esa es una de las claves. En la floraci&oacute;n de los tajinastes o en las Perseidas se puede generar una presi&oacute;n enorme. El Roque no es solo un observatorio. Es tambi&eacute;n un espacio natural muy valioso. La flora end&eacute;mica de Canarias es espectacular y hay que protegerla. Todos los canarios deber&iacute;amos tener claro que ese patrimonio hay que cuidarlo.
    </p><p class="article-text">
        Ordenar el acceso no es solo por los telescopios. Tambi&eacute;n es por el paisaje, por la seguridad y por la conservaci&oacute;n. La ciencia necesita buenas condiciones, pero la isla tambi&eacute;n necesita que el Roque siga siendo un lugar vivo, visitable y protegido. Si se deja que cada hora punta se convierta en un colapso, pierden todos: los visitantes, el parque, el Observatorio y la propia imagen de La Palma.
    </p><p class="article-text">
        <strong>JFA. </strong>Si dentro de cinco a&ntilde;os tuviera que mirar atr&aacute;s y decir que esta etapa ha valido la pena, &iquest;qu&eacute; tendr&iacute;a que haber cambiado en el Observatorio del Roque de los Muchachos?
    </p><p class="article-text">
        <strong>JH. </strong>Me gustar&iacute;a ver el Observatorio con la carretera interior renovada, con una soluci&oacute;n encaminada para el acceso y para la regulaci&oacute;n del tr&aacute;fico, con los LST integrados en operaci&oacute;n, con los MST avanzando, con el Telescopio Solar Europeo en marcha y con una relaci&oacute;n m&aacute;s fluida con la sociedad palmera. Y, por supuesto, si el TMT acaba decidi&eacute;ndose por La Palma, ser&iacute;a una noticia extraordinaria.
    </p><p class="article-text">
        Pero incluso sin esperar a ese gran titular, hay mucho trabajo que hacer. El CTAO ya es una realidad. El EST avanza. El Observatorio tiene muchas instalaciones y una comunidad internacional enorme. La Palma no debe ver el Roque como algo que est&aacute; arriba y lejos, sino como una parte de su presente y de su futuro. Ese es quiz&aacute; el gran reto: que la isla sienta el Observatorio como algo propio y que el Observatorio sepa estar m&aacute;s presente en la isla.
    </p><p class="article-text">
        <strong>JFA.</strong> Gracias, Javier, por dedicarnos parte de tu tiempo. Mucha suerte en este nuevo puesto y en esta nueva etapa que comienzas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José F. Arozena]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/sociedad/javier-herrera-llorente-convivencia-ciencia-visitantes-roque-posible-necesitamos-ordenarla_1_13246230.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 24 May 2026 11:26:55 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/579bf953-fb7e-46a4-9697-a1cc3b353567_16-9-discover-aspect-ratio_default_1143708.jpg" length="2596335" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/579bf953-fb7e-46a4-9697-a1cc3b353567_16-9-discover-aspect-ratio_default_1143708.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2596335" width="3796" height="2135"/>
      <media:title><![CDATA[Javier Herrera Llorente: “La convivencia entre ciencia y visitantes en El Roque es posible, pero necesitamos ordenarla”]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/579bf953-fb7e-46a4-9697-a1cc3b353567_16-9-discover-aspect-ratio_default_1143708.jpg" width="3796" height="2135"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El ‘Hondius’ no trae otro 2020, pero tampoco un resfriado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/hondius-no-trae-resfriado_129_13204556.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d3c38caf-3b22-48ab-9c06-5bc84142c335_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El ‘Hondius’ no trae otro 2020, pero tampoco un resfriado"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - El virus confirmado es Andes, un hantavirus grave y raro: el riesgo para la población general parece bajo, pero el barco exige aislamiento, vigilancia y una desratización seria si hay roedores a bordo</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d3c38caf-3b22-48ab-9c06-5bc84142c335_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d3c38caf-3b22-48ab-9c06-5bc84142c335_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d3c38caf-3b22-48ab-9c06-5bc84142c335_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d3c38caf-3b22-48ab-9c06-5bc84142c335_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d3c38caf-3b22-48ab-9c06-5bc84142c335_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d3c38caf-3b22-48ab-9c06-5bc84142c335_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/d3c38caf-3b22-48ab-9c06-5bc84142c335_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="El crucero holandés MV Hondius (atrás), anclado frente a la costa de la ciudad de Praia, en la isla de Santiago (Cabo Verde). En esta embarcación se ha detectado un posible brote de hantavirus. EFE/Elton Monteiro"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                El crucero holandés MV Hondius (atrás), anclado frente a la costa de la ciudad de Praia, en la isla de Santiago (Cabo Verde). En esta embarcación se ha detectado un posible brote de hantavirus. EFE/Elton Monteiro                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Empec&eacute; a escribir en prensa durante el Covid, esas cosas que pasan: uno intenta ordenar lo que ocurre y acaba metido hasta el cuello en curvas, contagios, aerosoles, ruedas de prensa y expertos que, por lo general, duermen menos de lo recomendable. Mientras escrib&iacute;a sobre la pandemia, hice tambi&eacute;n un estudio acelerado de posgrado sobre epidemiolog&iacute;a. No me convirti&oacute; en epidemi&oacute;logo, conviene decirlo antes de que alguien pida mi ingreso inmediato en un comit&eacute; cient&iacute;fico, pero s&iacute; me ense&ntilde;&oacute; una cosa &uacute;til: cuando aparece una enfermedad infecciosa, lo primero no es gritar. Lo primero es mirar bien los datos.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, lo del <strong>MV Hondius</strong> no me coge del todo de nuevo. Despu&eacute;s de leer, escuchar a quienes saben y seguir durante estos d&iacute;as la informaci&oacute;n disponible, estas son algunas de las cosas que, a d&iacute;a de hoy, creo que conviene tener claras. Ni estamos ante una nueva covid, ni ante una simple an&eacute;cdota sanitaria que se pueda despachar con un &ldquo;no pasa nada&rdquo;. Entre el p&aacute;nico y la frivolidad hay un territorio bastante serio: el de la prudencia bien informada.
    </p><p class="article-text">
        Lo primero: el virus implicado en el barco ha sido identificado como <strong>virus Andes</strong>, una variante de hantavirus presente en zonas de Argentina y Chile. El instituto neerland&eacute;s RIVM afirma que el virus detectado a bordo del Hondius es la variante Andes y que est&aacute; confirmado por pruebas de laboratorio; los hospitales universitarios de Ginebra tambi&eacute;n comunicaron la identificaci&oacute;n de la cepa en una muestra positiva de una persona que hab&iacute;a estado en el buque.
    </p><p class="article-text">
        Esto importa mucho. No todos los hantavirus son iguales. La mayor&iacute;a se transmiten de roedores a humanos, sobre todo al inhalar part&iacute;culas contaminadas con orina, heces o saliva de animales infectados. El problema del virus Andes es que, adem&aacute;s, <strong>s&iacute; tiene documentada transmisi&oacute;n entre personas</strong>, algo excepcional dentro de esta familia de virus. Ahora bien, y aqu&iacute; est&aacute; la diferencia entre explicar y asustar: esa transmisi&oacute;n persona a persona no parece f&aacute;cil ni eficiente. El ECDC se&ntilde;ala que se ha documentado tras contactos estrechos y prolongados, y que no se espera una transmisi&oacute;n comunitaria amplia si se aplican medidas de prevenci&oacute;n y control.
    </p><p class="article-text">
        Ese es el punto central. El virus Andes puede transmitirse entre humanos, pero no se comporta, con lo que sabemos hoy, como un virus respiratorio pand&eacute;mico. No basta con infectar a humanos para convertirse en una amenaza global. Para dar un salto de ese tipo tendr&iacute;a que salir de los humanos de forma eficaz, temprana y por v&iacute;as compatibles con los contactos cotidianos. Dicho de otro modo: tendr&iacute;a que parecerse mucho m&aacute;s a un virus respiratorio de v&iacute;a a&eacute;rea superior, capaz de circular con facilidad antes de que el enfermo est&eacute; grave. Y eso, por ahora, no se ha demostrado.
    </p><p class="article-text">
        Los datos conocidos del brote son graves, pero a&uacute;n incompletos. El ECDC inform&oacute; el 6 de mayo de 2026 de siete casos vinculados al crucero: tres fallecidos, una persona en estado cr&iacute;tico, dos sintom&aacute;ticas y una con estado desconocido. Tambi&eacute;n indic&oacute; que hab&iacute;a 149 personas a bordo, de 23 nacionalidades, y que al menos algunas muestras hab&iacute;an dado positivo para hantavirus y para virus Andes. La investigaci&oacute;n sigue abierta.
    </p><p class="article-text">
        La palabra &ldquo;abierta&rdquo; es importante. En un brote as&iacute; no se sabe todo desde el primer d&iacute;a. Se reconstruyen viajes, contactos, camarotes, actividades, s&iacute;ntomas, vuelos, desembarcos y pruebas. Se cruzan calendarios. Se buscan exposiciones comunes. Se estudia si los primeros casos pudieron infectarse antes de embarcar, quiz&aacute; durante actividades en zonas end&eacute;micas de Argentina, y si despu&eacute;s hubo contagios entre pasajeros en el entorno cerrado del barco. Esa es, ahora mismo, una hip&oacute;tesis razonable. No una sentencia.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; entra una pieza fundamental: <strong>qu&eacute; entendemos por contacto estrecho</strong>. En una enfermedad conocida, como la covid, acabamos manejando criterios bastante operativos: tiempo, distancia, espacio cerrado, mascarilla, ventilaci&oacute;n, convivencia. Con el virus Andes la definici&oacute;n es menos clara. Contacto estrecho puede ser compartir camarote, cuidar a una persona enferma, manipular su ropa o sus s&aacute;banas, atenderla durante una evacuaci&oacute;n, acompa&ntilde;arla durante horas o convivir en espacios cerrados cuando ya est&aacute; en fase sintom&aacute;tica. El problema es que en un barco el concepto puede ensancharse: no porque el virus haya cambiado necesariamente, sino porque el entorno favorece contactos repetidos, cercanos y dif&iacute;ciles de reconstruir.
    </p><p class="article-text">
        Un camarote no es una plaza abierta. Un pasillo estrecho no es una avenida. Un comedor compartido durante d&iacute;as no es un encuentro casual de diez segundos. Por eso, cuando se habla de &ldquo;contactos estrechos y prolongados&rdquo;, en un crucero hay que pensar con m&aacute;s cuidado. Puede que algunas exposiciones hayan sido muy claras, convivientes, parejas, asistencia directa, pero otras pueden quedar en zona gris. La epidemiolog&iacute;a vive mucho en esa zona: no donde todo est&aacute; confirmado, sino donde hay que decidir antes de tener una pel&iacute;cula completa.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n hay que distinguir entre tres cosas que en redes sociales suelen mezclarse con alegr&iacute;a de licuadora: que el virus sea grave, que se transmita entre personas y que tenga potencial pand&eacute;mico. Lo primero parece claro: el s&iacute;ndrome cardiopulmonar por hantavirus puede ser muy severo. Lo segundo es posible y est&aacute; documentado para Andes. Lo tercero no est&aacute; demostrado en este caso.
    </p><p class="article-text">
        Para entenderlo conviene hablar del famoso <strong>R0</strong>, que no es un conjuro matem&aacute;tico, sino una idea sencilla: cu&aacute;ntas personas contagia, de media, un infectado en una poblaci&oacute;n susceptible y sin medidas de control. Si ese n&uacute;mero est&aacute; por debajo de 1, la cadena tiende a extinguirse. Si est&aacute; por encima de 1, puede crecer. Pero en brotes reales suele interesar m&aacute;s el <strong>R efectivo</strong>, es decir, cu&aacute;ntas personas contagia cada caso en las condiciones concretas del momento: con aislamientos, mascarillas, cuarentenas, contactos rastreados o pasajeros confinados en camarotes.
    </p><p class="article-text">
        En el brote argentino de 2018-2019, publicado en <em>The New England Journal of Medicine</em>, se describieron <strong>34 infecciones confirmadas y 11 muertes</strong>, con transmisi&oacute;n persona a persona y episodios compatibles con superdiseminaci&oacute;n. Ese antecedente no significa que el Hondius est&eacute; repitiendo exactamente la misma historia, pero s&iacute; obliga a tomar en serio una posibilidad: podr&iacute;amos estar ante uno o varios casos que hayan funcionado como <strong>superdiseminadores</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Un superdiseminador no es un villano epidemiol&oacute;gico. Es una persona que, por su momento de enfermedad, su carga viral, su comportamiento, sus s&iacute;ntomas, su entorno o simple mala suerte, contagia a muchas m&aacute;s personas que la media. En un barco, esa posibilidad pesa m&aacute;s. Si alguien enfermo, con alta carga viral y s&iacute;ntomas avanzados, comparte camarote, recibe asistencia, participa en actividades o entra en contacto cercano con varias personas, puede generar una cadena que parezca desproporcionada para un virus que, de media, no se transmite con facilidad. Esa es precisamente la trampa de los promedios: la media tranquiliza, pero los brotes los hacen personas concretas en lugares concretos.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Hay una nueva cepa m&aacute;s transmisible? A d&iacute;a de hoy, no hay evidencia suficiente para afirmarlo. Para sostenerlo har&iacute;an falta genomas completos, comparaci&oacute;n con linajes conocidos de Andes, reconstrucci&oacute;n fina de las cadenas de transmisi&oacute;n y, si se quiere ir m&aacute;s lejos, datos funcionales que indiquen cambios reales en el comportamiento del virus. El ECDC habla de investigaciones en curso y de incertidumbres significativas. La OMS tambi&eacute;n sit&uacute;a el episodio dentro de una investigaci&oacute;n epidemiol&oacute;gica internacional a&uacute;n no cerrada.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; la <strong>secuenciaci&oacute;n gen&eacute;tica</strong> tiene un papel decisivo, pero tampoco hace magia. Secuenciar el virus permite leer su &ldquo;DNI&rdquo;: saber si es Andes, compararlo con virus conocidos de Argentina o Chile, buscar mutaciones, reconstruir posibles relaciones entre casos y comprobar si los genomas de distintos pacientes son casi id&eacute;nticos o muestran diferencias relevantes. Pero la secuencia por s&iacute; sola no siempre dice si un virus transmite m&aacute;s. Puede dar pistas. La respuesta completa sale de combinar laboratorio y trabajo de campo: genomas, fechas de s&iacute;ntomas, contactos, camarotes, pruebas, traslados y evoluci&oacute;n cl&iacute;nica.
    </p><p class="article-text">
        Dicho de forma sencilla: la secuenciaci&oacute;n puede ayudar a saber si todos los casos proceden de una fuente com&uacute;n, si hubo transmisi&oacute;n entre pasajeros o si aparecen cambios moleculares que merezcan vigilancia. Pero para afirmar que estamos ante una variante con mayor transmisibilidad humano-humano har&iacute;a falta bastante m&aacute;s que una muestra positiva. Har&iacute;an falta patrones consistentes: m&aacute;s contagios en contactos no &iacute;ntimos, positividad temprana en saliva o nasofaringe, cadenas m&aacute;s largas y cambios gen&eacute;ticos compartidos que encajen con una ventaja biol&oacute;gica. Eso, por ahora, no se ha visto.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Puede evolucionar un virus? Claro. Los virus de ARN mutan. Adem&aacute;s, los hantavirus tienen un genoma segmentado, lo que permite, al menos en teor&iacute;a, fen&oacute;menos como el <strong>reasortment</strong>, una especie de intercambio de segmentos gen&eacute;ticos si dos virus compatibles coinfectan un mismo hu&eacute;sped. Pero que algo sea biol&oacute;gicamente concebible no significa que est&eacute; ocurriendo ahora. Esta diferencia parece peque&ntilde;a, pero es la frontera entre la ciencia y el tr&aacute;iler de Netflix.
    </p><p class="article-text">
        Para que un virus Andes se volviera mucho m&aacute;s preocupante desde el punto de vista pand&eacute;mico tendr&iacute;a que mejorar varios rasgos a la vez: replicarse mejor en mucosa respiratoria u oral, eliminarse con m&aacute;s facilidad en saliva o secreciones nasofar&iacute;ngeas, transmitirse antes de la fase grave, resistir mejor en el ambiente y mantener su ciclo natural en roedores. No es imposible en abstracto. Pero tampoco basta con poner la palabra &ldquo;mutaci&oacute;n&rdquo; en may&uacute;sculas para que ocurra.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; entra otro concepto importante: la diana celular. El virus Andes utiliza, entre otras, una prote&iacute;na llamada <strong>PCDH1</strong>, protocadherina-1, relacionada con la adhesi&oacute;n celular y con la barrera epitelial. Esto ayuda a entender su capacidad para afectar al pulm&oacute;n y al endotelio, es decir, a los tejidos que recubren vasos y participan en ese cuadro tan grave de fuga vascular, dificultad respiratoria y shock. Pero entrar bien en c&eacute;lulas pulmonares profundas no es lo mismo que comportarse como un virus que se transmite c&oacute;modamente por conversaciones, saludos o contactos casuales.
    </p><p class="article-text">
        Por eso el riesgo realista hoy no es &ldquo;otro 2020&rdquo;. El riesgo realista son <strong>brotes focales graves</strong>: pocos casos, pero potencialmente muy severos; transmisi&oacute;n posible entre contactos estrechos; mucha importancia del aislamiento, las cuarentenas, el rastreo y la protecci&oacute;n del personal expuesto. No es un escenario para dormirnos, pero tampoco para apagar la luz y declarar el fin de la civilizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El barco, eso s&iacute;, cambia las condiciones. Un crucero es un lugar complicado para cualquier brote: espacios cerrados, convivencia prolongada, camarotes, comedores, pasillos, asistencia m&eacute;dica limitada y pasajeros que despu&eacute;s pueden viajar a muchos pa&iacute;ses. Por eso tiene sentido actuar con un principio de m&aacute;xima precauci&oacute;n. No porque Canarias est&eacute; en peligro inminente, sino porque un fallo operativo en un entorno as&iacute; puede multiplicar problemas que, bien gestionados, deber&iacute;an quedar contenidos.
    </p><p class="article-text">
        Y aqu&iacute; aparece un asunto que no debe tratarse como broma: <strong>si hay ratones o ratas en el barco, eso puede ser un problema serio</strong>. No porque un roedor bajando por la pasarela vaya a conquistar Tenerife, sino porque el mecanismo cl&aacute;sico de transmisi&oacute;n de los hantavirus est&aacute; ligado precisamente a la exposici&oacute;n a orina, heces, saliva o nidos de roedores infectados. El CDC recuerda que evitar el contacto con roedores y sus excrementos es la principal forma de prevenci&oacute;n, y que al limpiar zonas contaminadas hay que evitar remover polvo, usar desinfectante y aplicar procedimientos seguros.
    </p><p class="article-text">
        Por eso est&aacute; bien que el barco fondee y no se integre alegremente en la vida portuaria como si viniera de una excursi&oacute;n escolar. Fondear permite ganar control: limitar contactos, organizar desembarcos, proteger a los equipos, inspeccionar el buque y evitar que una posible contaminaci&oacute;n ambiental se convierta en un problema log&iacute;stico. Si se confirma presencia de roedores a bordo, deber&iacute;a hacerse una <strong>desratizaci&oacute;n fuerte, profesional y documentada</strong>, acompa&ntilde;ada de limpieza t&eacute;cnica, toma de muestras si procede y eliminaci&oacute;n segura de cualquier material contaminado. No se trata de echar veneno sin m&aacute;s ni de mandar a alguien con una escoba. Con hantavirus, barrer mal puede ser peor que no barrer.
    </p><p class="article-text">
        El ECDC a&ntilde;ade un matiz tranquilizador: el reservorio natural del virus Andes no est&aacute; presente en Europa, por lo que no se espera una introducci&oacute;n en poblaciones de roedores europeas ni transmisi&oacute;n roedor-humano en Europa a partir de este episodio. Pero eso no elimina la obligaci&oacute;n de controlar el barco. Una cosa es que no se espere que el virus se instale en la fauna local; otra, muy distinta, es permitir que un buque potencialmente contaminado se gestione con mentalidad de &ldquo;ya se ver&aacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n conviene hablar de los <strong>s&iacute;ntomas</strong>, porque ah&iacute; se juega buena parte de la vigilancia. El inicio puede confundirse con muchas enfermedades m&aacute;s comunes: fiebre, dolor de cabeza, dolores musculares, n&aacute;useas, cansancio y malestar general. El CDC advierte de que esos s&iacute;ntomas tempranos pueden parecerse a una gripe, y que el diagn&oacute;stico en fases muy iniciales puede ser dif&iacute;cil. En el brote del Hondius, el ECDC describe fiebre, s&iacute;ntomas respiratorios y gastrointestinales, con progresi&oacute;n r&aacute;pida en algunos casos hacia neumon&iacute;a, dificultad respiratoria aguda y shock.
    </p><p class="article-text">
        La se&ntilde;al de alarma no es solo tener fiebre. La se&ntilde;al de alarma es tener fiebre o malestar <strong>con antecedente epidemiol&oacute;gico</strong>: haber estado en el barco, haber compartido espacio estrecho con un caso, haber atendido a un enfermo, haber manipulado ropa o material potencialmente contaminado, o haber participado en el operativo sin protecci&oacute;n suficiente. Si adem&aacute;s aparece dificultad para respirar, sensaci&oacute;n de falta de aire, empeoramiento r&aacute;pido o s&iacute;ntomas compatibles con neumon&iacute;a, la respuesta debe ser inmediata. Aqu&iacute; no se trata de que media poblaci&oacute;n acuda a urgencias por cualquier catarro, sino de que las personas expuestas est&eacute;n muy bien identificadas y monitorizadas.
    </p><p class="article-text">
        Las autoridades deber&iacute;an hacer tres cosas bien. La primera, sanitaria: aislamiento de casos, seguimiento de contactos, pruebas cuando correspondan, cuarentenas y protecci&oacute;n estricta de personal sanitario, portuario y de transporte. La segunda, log&iacute;stica: desembarcos controlados, traslados espec&iacute;ficos, nada de improvisar mezclas innecesarias con poblaci&oacute;n general. La tercera, comunicativa: explicar lo que se sabe, lo que no se sabe y lo que puede cambiar.
    </p><p class="article-text">
        Esto &uacute;ltimo parece obvio, pero no lo es. Durante el Covid aprendimos que la mala comunicaci&oacute;n tambi&eacute;n contagia. Contagia miedo, desconfianza y teor&iacute;as raras. Decir &ldquo;riesgo bajo para la poblaci&oacute;n general&rdquo; puede ser cierto, pero hay que explicar por qu&eacute;. El riesgo es bajo si los contactos est&aacute;n identificados, si los sintom&aacute;ticos se a&iacute;slan, si los traslados se hacen bien, si se protege al personal y si el barco se controla. El &ldquo;si&rdquo; no es un detalle gramatical: es la arquitectura entera de la respuesta.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n conviene evitar el otro extremo. No tiene sentido convertir a los pasajeros en sospechosos morales ni tratar al barco como si fuera una bomba biol&oacute;gica. La mayor&iacute;a de las personas a bordo son, sencillamente, personas expuestas a una situaci&oacute;n dif&iacute;cil. Algunas estar&aacute;n asustadas. Otras estar&aacute;n enfermas. Otras querr&aacute;n volver a casa. La salud p&uacute;blica no consiste en se&ntilde;alar culpables, sino en cortar cadenas de transmisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Nos deber&iacute;amos quedar con una idea sencilla: <strong>el virus Andes es grave, pero no se transmite f&aacute;cilmente en condiciones normales</strong>. El riesgo principal est&aacute; en contactos estrechos, convivencia prolongada, atenci&oacute;n a enfermos, limpieza de espacios contaminados y gesti&oacute;n del buque. Para quien no ha estado en el barco, no ha atendido a personas expuestas y no ha tenido contacto con casos sospechosos, el riesgo parece muy bajo.
    </p><p class="article-text">
        El l&iacute;mite entre prudencia y alarmismo est&aacute; justo ah&iacute;. Prudencia es fondear el barco, revisar a las personas, proteger a los equipos, hacer seguimiento, vigilar s&iacute;ntomas, estudiar la secuencia gen&eacute;tica y desratizar si hay roedores. Alarmismo es insinuar que Canarias est&aacute; al borde de una pandemia sin datos que lo sostengan. Prudencia es exigir transparencia. Alarmismo es rellenar cada hueco con una teor&iacute;a. Prudencia es entender que un brote peque&ntilde;o puede ser grave. Alarmismo es confundir gravedad con apocalipsis.
    </p><p class="article-text">
        Con los datos disponibles, el Hondius no parece traer otro 2020. Pero s&iacute; trae una advertencia bastante seria: los virus raros existen, los barcos son malos lugares para improvisar y la salud p&uacute;blica se mide en los detalles. En Espa&ntilde;a, aunque a veces la pol&iacute;tica se empe&ntilde;e en parecer una parodia de s&iacute; misma, hay cient&iacute;ficos, sanitarios, epidemi&oacute;logos, t&eacute;cnicos de laboratorio, equipos de emergencias y personal de salud p&uacute;blica muy preparados. Lo importante ahora es dejarles trabajar con protocolos, medios y una comunicaci&oacute;n a la altura.
    </p><p class="article-text">
        Porque los virus no leen comunicados oficiales. Y los ratones, si los hay, tampoco.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José F. Arozena]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/hondius-no-trae-resfriado_129_13204556.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 07 May 2026 18:42:56 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/d3c38caf-3b22-48ab-9c06-5bc84142c335_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="232458" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/d3c38caf-3b22-48ab-9c06-5bc84142c335_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="232458" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El ‘Hondius’ no trae otro 2020, pero tampoco un resfriado]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/d3c38caf-3b22-48ab-9c06-5bc84142c335_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El barco, el ratón y la próxima comisión parlamentaria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/barco-raton-proxima-comision-parlamentaria_129_13199402.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8d710ba6-1441-4b59-bf15-d52a726aab34_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El barco, el ratón y la próxima comisión parlamentaria"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Sobre hantavirus, supercontagiadores y nuestra manía de subestimar lo que no vemos venir</p></div><p class="article-text">
        Hay un barco en Cabo Verde con casos sospechosos de hantavirus. Va en direcci&oacute;n a Canarias. Y aunque esto no es el argumento de una pel&iacute;cula de cat&aacute;strofes, al menos de momento, s&iacute; es una buena excusa para hablar de algo que la ciencia lleva a&ntilde;os intentando explicar y que muy poca gente quiere escuchar: los virus no se comportan como nosotros esperamos que se comporten.
    </p><p class="article-text">
        No avanzan en fila india. No avisan. Y, sobre todo, no respetan tus deseos.
    </p><p class="article-text">
        Lo que dijo el estudio que nadie ley&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        En 2019, The New England Journal of Medicine public&oacute; el an&aacute;lisis de un brote de hantavirus Andes en Argentina. Treinta y cuatro contagios confirmados. Once muertos. Cifras que, en otro contexto, habr&iacute;an ocupado portadas. Lo llamativo, sin embargo, no fue la magnitud del brote, sino su geometr&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        La mayor parte de los infectados pr&aacute;cticamente no transmitieron el virus. Poca gente, poco contagio, historia conocida. Pero tres personas, solo tres, generaron la mayor parte del desastre. Y lo hicieron, ojo, acudiendo enfermas a reuniones sociales. Uno de los primeros eventos de transmisi&oacute;n masiva ocurri&oacute; en un encuentro con m&aacute;s de cien asistentes.
    </p><p class="article-text">
        Traducci&oacute;n para uso dom&eacute;stico: no hace falta una invasi&oacute;n. A veces basta una reuni&oacute;n de vecinos, una boda, un cumplea&ntilde;os con buffet libre y alguien que &ldquo;seguro que no es nada, que tengo un poco de fiebre&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El supercontagiador, ese viejo conocido</strong>
    </p><p class="article-text">
        El estudio describi&oacute; algo que, pocos a&ntilde;os despu&eacute;s, millones de personas aprender&iacute;an con la COVID: el fen&oacute;meno del supercontagiador. Pacientes con alta carga viral, con s&iacute;ntomas iniciales perfectamente normales, o que se pod&iacute;an confundir con una gripe de temporada, capaces de transmitir el virus de forma masiva antes de que nadie, incluidos ellos mismos, supiera lo que estaba pasando.
    </p><p class="article-text">
        Este mecanismo tiene un nombre t&eacute;cnico: transmisi&oacute;n sobredispersa. No todos los individuos infectados tienen la misma capacidad de contagio. En muchos brotes, una minor&iacute;a de casos explica la mayor&iacute;a de las transmisiones. Es el principio de Pareto aplicado a la epidemiolog&iacute;a, y tiene consecuencias pr&aacute;cticas muy concretas: los protocolos de rastreo, aislamiento y control sanitario no son burocracia. Son exactamente la diferencia entre un brote contenido y uno que se va de las manos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Canarias no es el apocalipsis. Pero tampoco es un territorio exento</strong>
    </p><p class="article-text">
        Que haya un barco con casos sospechosos en la ruta hacia las islas no significa que vayamos a vivir ning&uacute;n escenario catastr&oacute;fico. El hantavirus Andes, adem&aacute;s, no se transmite igual que el hantavirus cl&aacute;sico: este s&iacute; tiene transmisi&oacute;n persona a persona, lo que lo hace especialmente relevante desde el punto de vista epidemiol&oacute;gico, pero eso tambi&eacute;n significa que los mecanismos de control son conocidos y aplicables.
    </p><p class="article-text">
        Lo que s&iacute; significa es que la vigilancia sanitaria, el seguimiento de contactos y la transparencia informativa son instrumentos que deben estar listos antes de que se necesiten. No mientras se necesitan. No despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Porque los virus tienen una costumbre irritante: aparecen justo cuando alguien acaba de decir &ldquo;bah, si eso est&aacute; muy exagerado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El problema no es el rat&oacute;n. Es la decisi&oacute;n</strong>
    </p><p class="article-text">
        El hantavirus lo transmiten los roedores. Pero los brotes los construyen las personas, con sus reuniones, sus viajes, sus subestimaciones y, a veces, sus protocolos mal ejecutados. La historia reciente de las pandemias, desde el SARS hasta la COVID, pasando por el &Eacute;bola, podr&iacute;a contarse con una secuencia bastante repetida: un animal, un salto de especie, una ventana de tiempo en la que alguien mir&oacute; para otro lado, y despu&eacute;s una investigaci&oacute;n parlamentaria preguntando qu&eacute; fall&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        No hay que ser alarmista. Hay que ser met&oacute;dico.
    </p><p class="article-text">
        Que es, casualmente, lo m&aacute;s dif&iacute;cil de vender en tiempos en que todo compite por la atenci&oacute;n y lo urgente siempre le gana la partida a lo importante.
    </p><p class="article-text">
        El barco est&aacute; en Cabo Verde. Las islas est&aacute;n mirando. Esperemos que las autoridades sanitarias tambi&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Este art&iacute;culo toma como base el estudio &lsquo;Person-to-Person Transmission of Andes Virus in Hantavirus Pulmonary Syndrome&rsquo; publicado en The New England Journal of Medicine (2020).
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José F. Arozena]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/barco-raton-proxima-comision-parlamentaria_129_13199402.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 06 May 2026 10:59:52 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/8d710ba6-1441-4b59-bf15-d52a726aab34_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="281485" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/8d710ba6-1441-4b59-bf15-d52a726aab34_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="281485" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El barco, el ratón y la próxima comisión parlamentaria]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/8d710ba6-1441-4b59-bf15-d52a726aab34_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
  </channel>
</rss>
