Héctor Socas-Navarro: “El Telescopio Solar Europeo dejaría en La Palma 12 millones anuales durante 30 años”

7 de febrero de 2026 10:57 h

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Héctor Socas-Navarro. Crédito: IVÁN MILIC

JFA. - Usted nace en Tenerife y se forma como científico en Canarias, ¿qué peso cree que tienen los orígenes en la manera de mirar el mundo y hacer ciencia?

HSN. - Creo que cada persona llega a la ciencia por su propio camino, con sus motivaciones, sus aspiraciones y sus influencias, y las hay de muy diversa índole. La ciencia es muy inclusiva en este sentido, hay sitio para todos los perfiles posibles. Así que en cada caso será diferente. En mi caso particular, sí, creo que nacer y criarme en Canarias fue un factor fundamental en que terminara haciéndome astrofísico.

JFA. - Estudia Física y Astrofísica en la Universidad de La Laguna, ¿recuerda algún momento en el que pensó: “esto es a lo que quiero dedicarme”?

HSN. - Sí, pero fue mucho antes de la Universidad. Ya de pequeño me atraía mucho la astronomía. Leía todo lo que podía sobre el tema y me apasionaban los grandes divulgadores de la época. Probablemente si viviera en otro sitio, tarde o temprano se me habría pasado esa efervescencia infantil. Pero aquí en Canarias ya el IAC empezaba a tener relevancia social y eso también me influyó. Cuando tenía 13 años tuve la suerte de ser uno de los ganadores en un concurso cuyo premio era pasar una noche en el observatorio del Teide. Fue una noche inolvidable para mí, seguramente es lo más parecido que he vivido a ese momento por el que me preguntas.

JFA. - Durante varios años trabaja fuera de España, ¿qué le dio esa etapa internacional que quizá no habría encontrado quedándose en casa?

HSN. - Un sueldo (risas). La verdad es que fui muy feliz haciendo el doctorado en el IAC y no tenía ganas de marcharme. Pero en aquella época no había expectativas de conseguir una estabilidad laboral aquí. Entonces tuve la suerte de recibir una oferta de EEUU que me pareció irrechazable: un contrato indefinido con perspectivas a largo plazo para trabajar en mi tema de especialidad. Luego allí descubrí mucho más de lo que inicialmente había esperado. Me dieron muchas responsabilidades y oportunidades para crecer en mi carrera profesional. Aprendí mucho, por ejemplo, sobre la construcción de grandes telescopios solares, pero también de otras muchas cosas, y tuve la oportunidad de vivir experiencias muy enriquecedoras en lo personal. Estaré siempre muy agradecido a ese país por la acogida que me dio y el cariño que sentí durante mi tiempo allí como emigrante.

JFA. - ¿Qué le hace volver a Canarias y cómo se produce su incorporación al Instituto de Astrofísica de Canarias?

HSN. - Yo era perfectamente feliz en EEUU y me sentía muy integrado social y profesionalmente. Pero, como tantos emigrantes, también echaba de menos mis raíces y mi familia. Después de nueve años en EEUU había conseguido acumular suficiente experiencia y currículo como para poder optar a plazas de investigador senior en España. Tuve la suerte, además, de que por aquella época se abrieron varias plazas de científico titular en el IAC, como funcionario del Ministerio. En 2007 saqué mi plaza en una de estas convocatorias, lo que para mí era un sueño hecho realidad porque trabajar en el IAC siempre había sido mi máxima aspiración, casi que desde niño.

JFA. - A lo largo de su carrera el Sol se convierte en su gran objeto de estudio, ¿cuándo aparece por primera vez en su camino la idea del Telescopio Solar Europeo?

HSN. - Desde el principio del proyecto, allá por 2007. En aquella época se estaba empezando a gestar la idea de construir un gran telescopio solar europeo. Yo había participado en el diseño del telescopio estadounidense DKIST, así que fue natural que, a mi regreso al IAC, me involucrara en EST.

JFA. - ¿En qué momento pasa de ser investigador a asumir responsabilidades de liderazgo dentro del proyecto hasta llegar a dirigir la Fundación del Telescopio Solar Europeo?

HSN. - Ha sido un camino largo, desde 2008 que empecé a trabajar en EST. Durante diez años fui responsable científico del proyecto, en una época muy inicial en la que había que coordinar a toda la comunidad científica para definir los requisitos del telescopio. En 2018 me relevó en el puesto mi compañero Rolf Schlichenmeier, lo que aproveché para centrarme en una serie de trabajos de investigación que tenía en mente hacía tiempo. Cuando el proyecto creció lo suficiente, se creó la Fundación, que hoy en día representa a instituciones de ocho países, para que se pudiera gestionar con eficacia. En 2024 la Fundación sacó una convocatoria pública para ocupar el puesto de director, entre otros, y para mí era una buena oportunidad de reengancharme a la física solar de vanguardia, después de una etapa como director del Museo de la Ciencia y el Cosmos de Tenerife que me tuvo un poco retirado de la primera línea. Así que presenté mi candidatura y tuve la fortuna de que el Patronato de la Fundación decidió confiar en mí para este puesto. Es una responsabilidad grande y un reto difícil pero también emocionante y divertido.

JFA. - Mirando atrás, ¿qué le ha resultado más difícil de este camino: ¿la ciencia, la gestión o coordinar voluntades de tantos países distintos?

HSN. - Posiblemente lo más difícil esté siendo la coordinación de los esfuerzos en diferentes países. Europa es un ecosistema muy complejo, en el que cada país tiene sus procedimientos, sus tiempos, sus plazos, sus ciclos electorales… Se hace complicado manejar todo eso mientras se trata de construir una instalación tan avanzada.

JFA. - Para situar al lector, ¿en qué punto se encuentra ahora mismo el European Solar Telescope?

HSN. - El proyecto se encuentra en una fase preparatoria para la construcción. Tenemos ya el diseño y la planificación muy maduros. Han sido validados en una serie de revisiones que tuvieron lugar en 2025 por paneles de expertos internacionales independientes. Ahora estamos dando todos los pasos preparatorios para que, en cuanto contemos con la financiación y la base legal, podamos sacar inmediatamente las licitaciones. Por ejemplo, estamos trabajando en la evaluación medioambiental, las licencias y la documentación técnica para los contratos de los elementos más importantes, como son el espejo primario, con todos sus mecanismos de óptica activa, o la estructura del telescopio. Actualmente, EST está en la hoja de ruta europea (ESFRI) de instalaciones científicas prioritarias para la Unión, y ha sido destacado como prioridad para la astronomía basada en tierra por Astronet, la red de agencias financiadoras de la astronomía en Europa.

Diseño del Telescopio Solar Europeo. Credito: EST

JFA. - ¿Está ya garantizada la financiación necesaria para empezar o aún quedan decisiones políticas y económicas importantes por cerrar?

HSN. - No está garantizada, y esta es la mayor dificultad que afrontamos en el proyecto. A día de hoy solo tenemos comprometido el 40% de la financiación necesaria. En la estrategia original se contaba con que España y Alemania coliderarían el proyecto y aportarían entre ambas la mitad de los fondos. Lamentablemente, aunque contamos con el apoyo pleno de la comunidad científica en ese país, el gobierno federal alemán decidió hace unos meses que EST no está en su hoja de ruta y no van a invertir en él. Esto nos obliga a tener que replantear toda la estrategia de la financiación.

JFA. - Se habla de cifras muy grandes, ¿qué presupuesto aproximado mueve el EST y qué parte de esa inversión puede quedarse en La Palma?

HSN. - La construcción en su conjunto costaría casi 300 millones de euros, con el plan actual. De esta cantidad, unos 55 millones irían La Palma. Este dinero se gastaría en conceptos como licencias, obra civil, el centro de datos, trabajos de diversa índole y sueldos del personal en La Palma. Una vez construido, estimamos que la operación dejaría en la isla unos 12 millones al año que, a lo largo de un tiempo de vida previsto de 30 años, acabaría resultando en 360 millones (todas estas cifras son euros de 2025).

JFA. - ¿Cuándo cree, de forma realista, que podrían empezar las obras en la isla, comenzando por la obra civil?

HSN. - En 2027 podríamos estar en condiciones de empezar a fabricar los elementos más críticos. La obra civil podría empezar en 2028 si no surgen obstáculos imprevistos.

JFA. - Si todo avanza bien, ¿en qué horizonte temporal podríamos ver el telescopio funcionando y produciendo ciencia?

HSN. - La construcción llevaría 7 años, lo que nos pondría en 2034 si se consigue toda la financiación. A partir de ahí se inicia un periodo llamado “comisionado” en el que hay que integrar, afinar y ajustar todos los instrumentos, la óptica y los sistemas de control. Este proceso es muy complejo y suele durar dos años. Durante el comisionado se obtendrán algunos resultados científicos importantes, pero realmente sería a partir de 2036 cuando la instalación estaría funcionando a pleno rendimiento y con todas sus capacidades. Es en ese momento cuando decimos que comienza la fase de operaciones científicas.

JFA. - Más allá del telescopio en el Observatorio del Roque de los Muchachos, ¿se prevé una presencia estable del EST en la isla con oficinas y personal permanente?

HSN. - Sí, y muy importante. El EST-ERIC es el órgano máximo del proyecto, encargado de gestionar tanto la construcción como luego la operación de EST, y tendrá su sede en La Palma. Ahí estarán las oficinas de EST. Además, habrá un centro de datos, que puede estar o no en la misma ubicación física que las oficinas, donde habrá también personal de EST.

JFA. - ¿Se contempla que parte de esa infraestructura pueda ubicarse a nivel de costa, como ocurre con otras instituciones científicas en La Palma?

HSN. - Así es. La filosofía es que en el observatorio solo debe estar lo que sea esencial para producir las observaciones. Todo lo demás debe estar abajo. Por supuesto, cuando decimos a nivel de costa, no significa realmente que tenga que estar en la costa, sino que puede estar en cualquier lugar que no sea el observatorio. Estamos hablando de oficinas, talleres y un centro de datos.

Observatorio del Roque de Los Muchachos, en las cumbres de la Villa de Garafía, al atardecer. Crédito: José F. Arozena

JFA. - ¿Cómo encaja el EST con los observatorios y centros que ya trabajan en el Roque y en la isla desde hace años?

HSN. - EST se gestó fundamentalmente en el IAC y ha crecido dentro del ecosistema de proyectos científicos y tecnológicos de nuestros observatorios. A día de hoy la sede de la Fundación EST se encuentra en el edificio de IACTec, donde compartimos oficinas, talleres y cafetería con proyectos como CTAO, IAC Espacio, LIOM/ELF, NRT, etc. Desde el principio estamos en coordinación con todos ellos y bajo el paraguas del IAC. Esta coordinación es beneficiosa para todos porque nos permite aprovechar recursos comunes y no tener que reinventar la rueda cada vez.

JFA. - Desde el punto de vista humano, ¿cuántos puestos de trabajo puede generar un proyecto como este y de qué perfiles hablamos?

HSN. - La Oficina de Proyecto, en el EST-ERIC que mencionaba antes, tendrá unas 50 personas. Serán fundamentalmente perfiles como científicos, ingenieros, administrativos e informáticos. Además, el centro de datos requerirá unas cuatro o cinco personas del ámbito de la ingeniería informática. Por supuesto a esto habría que añadir los empleos generados en empresas contratadas, primero para la construcción y luego para la operación, además de los servicios regulares de las oficinas (limpieza, mantenimiento, cafetería, etc.).

JFA. - En una isla que sufre despoblación, ¿cree que el EST puede ser una herramienta real para fijar población y atraer talento joven?

HSN. - Estoy convencido de ello. Este tipo de proyectos son lo que necesitamos para avanzar hacia una economía del conocimiento, a traer o retener en la isla a personas de alta cualificación, generar riqueza y acercarnos a una sociedad del bienestar. Nuestros abuelos lograron que las generaciones siguientes pudiéramos disfrutar de una educación pública universal, que ha resultado en la generación más formada de la historia de nuestro país. Ahora, el reto es que los jóvenes puedan trabajar aquí sin verse obligados a emigrar, como hicimos muchos, para aprovechar esa formación. Proyectos como EST son una gran oportunidad para desarrollar el tejido científico-tecnológico en las islas.

JFA. - ¿Puede ayudar a que jóvenes palmeros que se han formado fuera vean viable regresar y desarrollar aquí su carrera científica o técnica?

HSN. - Sin duda. EST va a generar oferta precisamente de ese tipo de puestos de trabajo que demandan los jóvenes que tuvieron que salir en busca de formación especializada.

JFA. - Para terminar, además de científico y gestor, usted es divulgador y fue director del Museo de la Ciencia y el Cosmos; ¿siente una responsabilidad especial a la hora de explicar a la sociedad por qué este telescopio puede ser tan importante para La Palma?

HSN. - La divulgación es esencial para que la sociedad pueda beneficiarse realmente del avance científico. Siempre insisto en que no se reduce a aplicaciones prácticas; también está el valor, casi íntimo, del conocimiento y del descubrimiento en sí. Sin divulgación, la ciencia sería como la música sin discos ni conciertos. Como si Queen compusiera canciones porque disfruta haciéndolo, pero nunca las compartiera con el público. ¿Qué sentido tendría? En el caso de La Palma hay, además, un paso adicional. Aquí hablamos de un pueblo que nos presta su casa, sus cumbres, para construir los instrumentos con los que observamos el cielo. Eso implica una responsabilidad especial, casi una deuda. Y, al mismo tiempo, no partimos de cero. La Palma es una isla con una profunda cultura astronómica, una sociedad que vive muy conectada con su cielo y con su observatorio.

JFA. - Muchas gracias por su tiempo y esperamos verle pronto en el Roque observando el sol desde el telescopio solar europeo.

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