Adolescencias sin condescendencia
Cuando te vuelves un adolescente, te acostumbras rápidamente a varias cosas: a ignorar que estás pasando por un proceso meramente biológico, a escuchar decenas de mitos acerca de “la temible adolescencia”, o a encontrar a regañadientes algo de realidad en cada mito; y, a pesar de que la mayoría de nosotras estemos de acuerdo en esto, seguimos siendo individuos muy variopintos, y, según diversas fuentes, muy “difíciles de complacer”.
Por ello encontrarse con un 2º de Bachillerato callado y atento en “otra charla sobre adolescencia más” un viernes a última hora es poco menos que un hito, sobre todo porque, desde el momento en el que había sido anunciada, se había empezado a esparcir un ambiente de escepticismo por el aula. Las expectativas de la gran mayoría eran nulas o se movían entre el cero y el menos cien.
Félix González Lorenzo, el ponente, jefe de Psiquiatría en el Hospital universitario de La Palma —aunque no le gusta defender el honorífico, y prefiere ser “un compañero más”—, nos caló desde el principio al hablar sobre ellas: las expectativas. Fueron lo que condicionaron nuestro disfrute, tedio o, incluso, asistencia. Esperábamos que se nos tratara con condescendencia o paternalismo, y, sin embargo, nos encontramos con una conversación abierta por parte de un adulto en el que aún latía el frenesí de la adolescencia, convertida en entendimiento.
Muchas de nosotras salimos del salón de actos deseando que la charla hubiese abarcado las dos últimas horas. “Ojalá hubiese sido más larga”. Sobre todo, salimos habiéndonos chocado de bruces con nuestras propias expectativas, y con la noción de que, a los dieciocho, “la adolescencia te la amputan”, expresión de Nando López en su obra #malditos16.
Con los pies en la tierra —menos cuando nos ataca la ansiedad—, y con explicaciones sencillas y necesarias —en las que nos habría gustado profundizar—, podemos ofrecer el mismo tipo de entendimiento a nuestras versiones de catorce, quince y dieciséis años, y así, libres de “marcas de guerra”, afrontar esta “adultez de prueba” que la mayoría de nosotras inauguramos con la PAU.
Ante una sociedad que estigmatiza los trastornos de salud mental y la asistencia periódica al psicólogo, es de extrema importancia contar con profesionales como Félix, que rompan la barrera de la desconfianza y hagan llegar la información hasta el alumno más escéptico, el que más la necesita.
Para terminar, uno de los nombres que surgió en la charla fue el del filósofo José Antonio Marina. En su artículo ”En defensa de los adolescentes” sintetiza muy bien la motivación de la charla: “Todos ellos creen que debemos cambiar nuestro modo de interpretar la adolescencia. Los adolescentes son mucho más capaces de lo que pensamos".
*Dulce Selene Romero González es alumna de 2º de Bachillerato en la modalidad de Humanidades
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