La alfombra debajo de nuestras narices
Ay, siempre alguien tira de la alfombra debajo de nuestras narices, saca la sonrisa y esconde lo que deberíamos ver. Pero no nos desviemos del tema. Sólo pretendía referirme al terror vulcanológico que aflora como lava reincidente de vez en cuando con la buena intención seguramente de que sepamos sobre qué falla estamos montados lo palmeros y no nos coja de sopetón ningún desastre de serie catastrofista noruega. No tranquiliza ni invita al optimismo platanero ni turístico cualquier información que nos recuerde una y otra vez el desplazamiento de nuestro subsuelo por particularmente milimétrico que sea, estudios que me imagino además que pagamos con nuestros impuestos, presuntamente, claro, no sea que. Como metáfora de la coyuntura actual geopolítica del archipiélago de mis amores pareciera que alguien tira de esa alfombra subterránea hacia África con movimiento constante, lento pero seguro, primero llegarán a la orilla la islas orientales y poco a poco las demás, La Palma, al estar más lejos, tardaría más y tendríamos tiempo para construir con tecnología digital china una especie de fueraborda ultrapotente y la ayudita de un alisio residual para poner rumbo adonde nos dé la gana y liberarnos de la falla, que para fallas ya están las de Valencia y para alfombras la de Aladino. Mientras tanto sigamos disfrutando de estos estudios científicos empeñados en demostrarnos lo que ya sabemos en un planeta que gira a una velocidad de 107.283 kilómetros por hora alrededor del Sol que a su vez se desplaza por la galaxia a una velocidad de 240 kilómetros por segundo y que a su vez etc. etc. Visto lo visto y visto el Tajogaite y los sucesivos informes vulcanológicos puedo afirmar que estamos curados de espantos. ¿Para cuándo la próxima serie catastrofista? Entre la vulcanología, la Aemet, los submarinos fantasmas rusos y las ansias canarófilas de los de al lado no salimos de una para entrar en otra. Por favor.
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