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Las inversiones disparadas y la falta de retornos activan la cuenta atrás de la burbuja de la IA

Fotografía de archivo de trabajadores en la Bolsa de Nueva York.

Carlos del Castillo

6 de febrero de 2026 22:05 h

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Microsoft, Alphabet, Meta y Amazon han presentado sus cuentas de 2025 con resultados récord. Sus respectivos negocios funcionan como máquinas bien engrasadas. Sin embargo, Microsoft y Meta, que presentaron sus cuentas la pasada semana, acumulan caídas de un 10% en el valor de sus acciones desde entonces. Google, que lo hizo este miércoles, logró remontar durante la siguiente jornada el 8% de depreciación con la que la castigó Wall Street. Amazon, por su parte, cae un 9% tras haber presentado un aumento del beneficio neto del 31% respecto al año anterior, muy en línea con el resto del grupo.

El motivo de las caídas son las cifras masivas de inversión en IA e infraestructuras de computación que los cuatro gigantes de los centros de datos han anunciado para este 2026. Amazon llegará a los 200.000 millones de dólares, Google ha presupuestado hasta 185.000 millones, mientras que Meta podría llegar a los 135.000 millones. Microsoft no ha comunicado cifra, pero si mantiene el ritmo de los dos últimos trimestres, llegará a los 150.000 millones de dólares.

Son, en total, más de 500.000 millones de euros que las mayores empresas del mundo volcarán en su negocio de la IA. El problema es que no tienen demasiado claro por dónde los recuperarán, lo que ha agotado la paciencia de los inversores. “La reacción del mercado no es contra la IA, es contra la falta de visibilidad de la rentabilidad”, aclara Javier Molina, analista de Mercados de eToro, a elDiario.es.

“En 2026 el mercado deja atrás el storytelling [la narrativa] y entra en el 'muéstrame el dinero'. Alphabet [matriz de Google] y Microsoft caen no por ingresos, sino porque el inversor ya no premia el gasto, quiere ejecución”, continúa. ¿Estamos, entonces, en un punto de inflexión? “Sí, hay un cambio claro de actitud, pues se pasa del entusiasmo indiscriminado al análisis quirúrgico del retorno de las inversiones”.

Una tecnología muy cara sin modelo de negocio claro

Esos 500.000 millones de euros son seis veces más de lo que estas compañías invertían al año en gastos operativos en 2020. Sin embargo, sus vías de ingreso no han cambiado demasiado desde entonces. Los modelos de IA generativa como ChatGPT o Gemini tienen cientos de millones de usuarios, pero la mayoría no paga por ellos. Sus servicios de IA para empresas crecen de manera muy contenida, pero aún representan una pequeña fracción de los ingresos totales de estas compañías.

Entre las cuatro empresas, la IA solo ha sumado unos 50.000 millones de euros a sus cuentas este 2025. Diez veces menos de lo que comprometerán para desarrollarla en un solo año, a lo que hay que sumar una cifra similar entre los dos ejercicios anteriores. OpenAI, que no cotiza en bolsa, está en una posición similar, con un billón de euros comprometidos en computación hasta 2033 y apenas 15.000 millones de ingresos al año.

Desde un punto de vista estratégico, el gasto está justificado, pues no invertir es quedarse fuera del sistema

Javier Molina analista de Mercados de eToro

Se trata de un sprint en el que no se ve la meta, pero cada empresa debe esforzarse al máximo para seguir en el pelotón por si esta aparece. “Desde un punto de vista estratégico, el gasto está justificado, pues no invertir es quedarse fuera del sistema. Pero el mercado empieza a dudar del timing del retorno, no de la dirección. La diferencia es clave, ya que la inversión es defensiva y estructural, pero el inversor quiere saber cuándo se convierte en márgenes y caja, no solo en capacidad”, dice Molina.

Apple, mientras tanto, supone la otra cara de la moneda. Habiendo aceptado que ha quedado rezagada en la carrera de la IA, ha decidido subcontratar a Google la tecnología que potenciará a la nueva Siri y sus otras herramientas basadas en esta tecnología. Pagará unos 1.000 millones al año y le dejará la carrera a la competencia. Sus acciones han subido un 8% desde que presentó sus cuentas anuales la semana pasada.

La cuenta atrás ha empezado

La pregunta que martillea a los inversores es simple: ¿quién pagará por todo esto? Si el modelo de negocio de la IA no aparece y las inversiones no obtienen retornos, la respuesta es que habrán sido ellos como propietarios de las compañías.

Por eso las caídas de esta semana se extienden también por compañías como Nvidia u otras fabricantes de chips como AMD (-13% en la última semana). La preocupación se extiende incluso por los máximos dirigentes de las empresas protagonistas. En la presentación de resultados ante los analistas, Sundar Pichai, CEO de Google, reconoció que hay una pregunta que le “mantiene despierto” por las noches: “¿Cómo podemos aumentar la capacidad para satisfacer esta demanda extraordinaria, acertar con nuestras inversiones a largo plazo y hacerlo todo de una manera que impulse la eficiencia?”.

Tanto Pichai como el resto de los emperadores tecnológicos se quedan sin tiempo para responder. La “fatiga” de los inversores ante la falta de retorno ha activado la cuenta atrás de la burbuja de la IA. “2026 es el año en el que el mercado deja de conceder crédito a la promesa de la IA y empieza a exigir resultados”, avisa Javier Molina.

Estamos en una burbuja y mucha gente va a perder mucho dinero

Bret Taylor presidente de OpenAI

“En la primera mitad del año se tolerará la volatilidad mientras el uso siga creciendo, pero en la segunda ya se pedirá estabilidad de márgenes y señales claras de eficiencia. Si a finales de 2026 no hay una inflexión visible en el flujo de caja libre, el castigo podría ser estructural, es decir, potencial ajuste permanente de múltiplos y fin de la narrativa de futuro. La IA tiene este año para demostrar que puede convertir inversión en beneficios reales... después, ya no habrá margen para esperar”, concluye.

La duda es qué forma tomará ese castigo. Una encuesta de Bank of America a gestores de fondos realizada en octubre de 2025 mostró que el 54% considera que las acciones de IA están en una burbuja, un récord histórico en ese tipo de sondeos. Incluso ejecutivos del sector tecnológico han admitido el riesgo: Bret Taylor, presidente de la junta de OpenAI, fue claro al declarar que “estamos en una burbuja y mucha gente va a perder mucho dinero”.

El escenario recuerda a la burbuja puntocom de 2000, cuando empresas tecnológicas con valoraciones astronómicas se desplomaron al no materializar beneficios. Entonces, compañías con ingresos mínimos cotizaban como si ya dominaran el mercado. Ahora la situación es diametralmente opuesta en los protagonistas, pero comparten un rasgo: inversiones masivas en una tecnología cuyo modelo de negocio aún está por definir.

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