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    <title><![CDATA[elDiario.es - Rubén Martínez Moreno]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/ruben_martinez_moreno/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Rubén Martínez Moreno]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La DANA no es una catástrofe natural]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/dana-no-catastrofe-natural_129_11793541.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e611178e-f9c7-456f-a101-070acf0f168b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La DANA no es una catástrofe natural"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No es culpa de la naturaleza. Es producto de un modelo económico basado en la especulación inmobiliaria y el turismo, que ha cubierto de cemento cauces, barrancos, llanuras inundables y áreas litorales, además de construir infraestructuras que bloquean el curso natural del agua. A esto se suma el progresivo aumento de la temperatura del Mediterráneo</p></div><p class="article-text">
        La esperanza de vida ha aumentado dr&aacute;sticamente en los &uacute;ltimos siglos, pasando de un promedio de 35 a&ntilde;os en el siglo XVIII a duplicarse en la actualidad. Aunque este avance a veces se atribuye al desarrollo econ&oacute;mico, el verdadero motor de cambio ha sido la inversi&oacute;n en servicios p&uacute;blicos, como la sanidad, la educaci&oacute;n y el saneamiento.
    </p><p class="article-text">
        Hoy en d&iacute;a, nadie interpreta una baja esperanza de vida como una &ldquo;cat&aacute;strofe natural&rdquo; sino que se buscan explicaciones pol&iacute;ticas, culturales y econ&oacute;micas. Lejos queda el oscurantismo medieval, cuando la mortalidad temprana se atribu&iacute;a a castigos divinos o&nbsp; fuerzas sobrenaturales. Sin embargo, parece que esa mentalidad no ha desaparecido del todo, pues resurge al describir la DANA como una cat&aacute;strofe natural inevitable.
    </p><p class="article-text">
        Valencia ha sido golpeada por un fen&oacute;meno meteorol&oacute;gico que ha provocado lluvias torrenciales, cientos de muertes y un dolor incalculable. No obstante, su origen y sus consecuencias no son culpa de la naturaleza. Por un lado, este desastre es producto de un modelo econ&oacute;mico basado en la especulaci&oacute;n inmobiliaria y el turismo, que ha cubierto de cemento cauces, barrancos, llanuras inundables y &aacute;reas litorales, adem&aacute;s de construir infraestructuras que bloquean el curso natural del agua. A esto se suma el progresivo aumento de la temperatura del mar Mediterr&aacute;neo debido al cambio clim&aacute;tico, que intensifica la energ&iacute;a y humedad necesarias para formar DANA cada vez m&aacute;s severas. Pelotazos inmobiliarios, toneladas de cemento, caos clim&aacute;tico y lluvias torrenciales est&aacute;n &iacute;ntimamente relacionados. <a href="https://www.datadista.com/playa-burbuja/tres-de-cada-diez-viviendas-afectadas-por-la-dana-en-valencia-se-construyeron-durante-la-burbuja-inmobiliaria-2/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Tres de cada diez viviendas afectadas</a> por la DANA en Valencia se construyeron en zona inundable durante la burbuja.
    </p><p class="article-text">
        Lo inquietante es que estas causas y sus terribles consecuencias llevan siendo denunciadas desde hace tiempo por la econom&iacute;a ecol&oacute;gica. En 2011, el economista Jos&eacute; Manuel Naredo publicaba &ldquo;El modelo inmobiliario espa&ntilde;ol y su culminaci&oacute;n en el caso valenciano&rdquo;. En ese libro, Naredo explica que la expansi&oacute;n desmedida de &aacute;reas urbanizadas altera ecosistemas, destruye biodiversidad y conduce adem&aacute;s a una grave sobreexplotaci&oacute;n de recursos naturales, particularmente de suelo y agua. En Valencia, como en tantas otras comarcas del Estado espa&ntilde;ol, se han impulsado ciclos de crecimiento especulativo que, adem&aacute;s de provocar un alza de los precios del suelo y la vivienda, han llevado a la privatizaci&oacute;n de espacios comunes, afectando tanto al medio ambiente como a la cohesi&oacute;n social. De nuevo, nada que ver con un fen&oacute;meno meteorol&oacute;gico. Es interminable el listado de normativas urban&iacute;sticas flexibles y de recalificaciones de terrenos r&uacute;sticos para fomentar el crecimiento econ&oacute;mico por la v&iacute;a m&aacute;s r&aacute;pida sin tener en cuenta ninguna consecuencia. No solo se ha comprometido la calidad ambiental de la regi&oacute;n, sino que se ha hipotecado su futuro, debilitando sus capacidades ecol&oacute;gicas y de adaptaci&oacute;n frente a la crisis clim&aacute;tica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s de una d&eacute;cada despu&eacute;s de estas advertencias, apenas hace una semana, Carlos Maz&oacute;n negociaba el regreso de la Copa Am&eacute;rica de vela a Valencia y presentaba una reforma de la Ley Urban&iacute;stica para ampliar la construcci&oacute;n en la costa y flexibilizar el uso del suelo no urbanizable.
    </p><p class="article-text">
        Frente a sucesos como la DANA, toda acci&oacute;n preventiva es urgente y fundamental. Sin embargo, continuar con medidas paliativas en lugar de transformar el modelo, lejos de resolver el problema, lo intensifica a un ritmo descontrolado. Si frente a hechos tan evidentes los representantes p&uacute;blicos se resguardan en las &ldquo;cat&aacute;strofes naturales&rdquo;, o bien ignoran las evidencias cient&iacute;ficas o bien buscan priorizar los intereses de los propietarios del capital frente al bienestar de la mayor&iacute;a. Lo hemos vivido con la pandemia de la COVID-19: un brote de enfermedades zoon&oacute;ticas<a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/necesaria-reorientacion-economia-espanola_129_7191456.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> originado por la expansi&oacute;n y explotaci&oacute;n</a> capitalista de la naturaleza que hoy queda en la memoria como otro episodio de desastres inevitables.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un virus responde a una l&oacute;gica biol&oacute;gica de la misma manera que la DANA responde a factores meteorol&oacute;gicos, pero ambos pueden ser generados e intensificados por din&aacute;micas econ&oacute;micas. En gran medida, eso es la crisis ecol&oacute;gica. No estamos frente a casos aislados, sino que forman parte de un patr&oacute;n sist&eacute;mico que una y otra vez <a href="https://www.theguardian.com/world/2024/nov/02/spain-apocalyptic-floods-climate-crisis-worse-big-oil-cop29" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ha sido se&ntilde;alado por la comunidad cient&iacute;fica</a>. Una de las consecuencias del cambio clim&aacute;tico es que los <a href="https://adaptecca.es/sites/default/files/documentos/riesgo-inundacion-espana.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">episodios extremos se van a repetir</a> con mayor frecuencia e intensidad, con lluvias torrenciales seguidas por inundaciones severas y con periodos de sequ&iacute;a y escasez cada vez m&aacute;s largos. Vamos a tener que adaptarnos a un <a href="https://www.elsaltodiario.com/valencia/hacer-proximas-danas" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">clima plagado de constantes excepcionalidades</a>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay que elegir entre dos posibles caminos. Aparte de renovar los sistemas de previsi&oacute;n y los protocolos de prevenci&oacute;n que permitan responder de forma m&aacute;s efectiva en el corto plazo a los desastres por venir, un camino es empujar la planificaci&oacute;n sostenible y socialmente responsable de la econom&iacute;a y el territorio. Se trata de construir infraestructuras orientadas al bienestar social y ecol&oacute;gico, gestionadas bajo control p&uacute;blico y comunitario, mientras se van desmantelando aquellas infraestructuras f&oacute;siles y p&uacute;blico-privadas que nos encierran en una espiral de deterioro. El otro camino nos lleva hacia el abismo, perseverando en la especulaci&oacute;n, la incompetencia pol&iacute;tica y el oscurantismo de &eacute;pocas pasadas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rubén Martínez Moreno]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/dana-no-catastrofe-natural_129_11793541.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 07 Nov 2024 22:12:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La DANA no es una catástrofe natural]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los efectos de la cultura como recurso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/efectos-cultura-recurso_129_4446069.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">"Las políticas culturales oficiales han promocionado todo aquello adaptable a la oferta de una ciudad-marca, en detrimento de las formas de cultura disonantes", afirman los autores</p></div><p class="article-text">
        Los dos Planes Estrat&eacute;gicos de Cultura de Barcelona, lanzados respectivamente en los a&ntilde;os 1999 y 2006, enmarcan simb&oacute;licamente un ciclo hist&oacute;rico en la ciudad. Se trata de casi dos d&eacute;cadas durante las cuales las pol&iacute;ticas oficiales han otorgado a la cultura un papel relevante como motor econ&oacute;mico y herramienta de integraci&oacute;n ciudanana. Al leer hoy el Plan del 2006, nos damos cuenta sobre todo de la incapacidad de las &eacute;lites pol&iacute;ticas de la ciudad para focalizar de manera global la doble crisis econ&oacute;mica y de r&eacute;gimen pol&iacute;tico en la que estamos sumidos. Una crisis a la que no es ajena la propia pr&aacute;ctica de la gesti&oacute;n p&uacute;blica ejercida por esas mismas &eacute;lites a lo largo del tiempo.
    </p><p class="article-text">
        La concepci&oacute;n del papel de la cultura que destilan estos Planes oscila entre un idealismo reformulado por los intereses institucionales y un tecnocratismo indisimulado. Como explic&aacute;bamos en un <a href="http://www.eldiario.es/zonacritica/cultura-cuenta_6_338476157.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">art&iacute;culo anterior</a>, la cultura ha servido ejemplarmente en la ciudad de Barcelona como un &ldquo;recurso&rdquo;, deposit&aacute;ndose en las pol&iacute;ticas culturales la funci&oacute;n de operar como un ejercicio de &ldquo;excelencia&rdquo; creativa individual, como una &ldquo;industria&rdquo; activadora de la matriz productiva y como una pr&aacute;ctica &ldquo;cohesionadora&rdquo; del tejido social. Pero debemos a fecha de hoy someter a un severo diagn&oacute;stico las tendencias generales que dichos Planes han producido, empezando por c&oacute;mo la cultura ha sido utilizada como una forma de gobierno urbano que homogeneiza la ciudad a la que se dice querer promover en su diversidad.
    </p><p class="article-text">
        Apelar a la integraci&oacute;n de las diferencias mediante la cultura ha servido en muchos casos para desplazar conflictos sociales en beneficio de un imaginario urbano &ldquo;multicultural&rdquo;. Bajo esa visi&oacute;n, las pol&iacute;ticas culturales oficiales han promocionado todo aquello adaptable a la oferta de una ciudad-marca, en detrimento de las formas de cultura disonantes. El resultado ha sido una gobernanza que ha camuflado nuestra compleja y a veces problem&aacute;tica realidad urbana, intentando determinarla o sofocarla mediante cada vez m&aacute;s pobres estrategias de marketing, oscilantes entre la &ldquo;participaci&oacute;n&rdquo; teatralizada de la ciudadan&iacute;a hecha impotente y la aplicaci&oacute;n creciente de una regulaci&oacute;n autoritaria sobre el espacio p&uacute;blico urbano.
    </p><p class="article-text">
        Esta forma de gobernar (mediante) la cultura ha acabado favoreciendo crecientemente a aquellas &eacute;lites urbanas capaces de controlar los mecanismos de capitalizaci&oacute;n de aquello que hoy definimos de manera general como &ldquo;marca Barcelona&rdquo;. Tanto el capital simb&oacute;lico como los beneficios econ&oacute;micos producidos mediante el recurso a la cultura han beneficiado cada vez m&aacute;s a los grandes intereses empresariales e inversionistas que extraen su renta tambi&eacute;n del tejido &ldquo;creativo&rdquo; local. Barcelona se ha convertido as&iacute; en un escenario abierto a los lobbies tur&iacute;sticos e inmobiliarios y a las grandes corporaciones que orientan o directamente se encuentran detr&aacute;s de estrategias como el intento reciente de convertir Barcelona en una &ldquo;smart city&rdquo;. Con los a&ntilde;os, unas pol&iacute;ticas de la cultura que pretend&iacute;an protagonizar una nueva modernizaci&oacute;n hist&oacute;rica de la ciudad, se han ido pervirtiendo hasta convertirse en estrategias institucionales cada vez m&aacute;s decadentes desde el punto de vista de la calidad democr&aacute;tica. Por sintetizarlo en una imagen provocadora, se puede decir que a lo largo de estas d&eacute;cadas se ha ido estableciendo una conexi&oacute;n no siempre evidente entre las pol&iacute;ticas culturales oficiales y la venta de parcelas de territorio a las &eacute;lites financieras. La conexi&oacute;n entre el recurso a la cultura y la gentrificaci&oacute;n de las ciudades se remonta internacionalmente a la d&eacute;cada de 1980, y ha cobrado impulso en la ciudad de Barcelona en cada uno de los ambivalentes grandes eventos institucionales o en la construcci&oacute;n de grandes equipamientos culturales.
    </p><p class="article-text">
        La centralidad de la cultura en las pol&iacute;ticas de modernizaci&oacute;n o de remodelaci&oacute;n urbana de Barcelona ha provocado parad&oacute;jicamente una degradaci&oacute;n cada vez mayor de la ciudad. Barcelona como ciudad-marca ha capturado continuamente todas las cualidades de su entorno (territoriales, culturales, sociales...) para crear un &ldquo;valor diferencial&rdquo;. Ese valor es justamente el que ha buscado hacer destacar la marca-ciudad en el competitivo mercado de la globalizaci&oacute;n econ&oacute;mica, donde las grandes metr&oacute;polis internacionales compiten agresivamente por atraer turistas e inversores. La marca-ciudad ha ido convirti&eacute;ndose cada vez m&aacute;s en una mera representaci&oacute;n institucional que har&iacute;a apetecible Barcelona a la inversi&oacute;n especulativa o al consumo. Es dif&iacute;cil considerar Barcelona actualmente una ciudad democr&aacute;tica construida ampliamente por una ciudadan&iacute;a libre que produce una cultura rica, heterog&eacute;nea y din&aacute;mica. En sus dimensiones m&aacute;s visibles al mercado global, Barcelona se vive interiormente como una ciudad sobredise&ntilde;ada, con un tejido &ldquo;creativo&rdquo; precarizado que es explotado para producir un recurso cultural institucionalmente banalizado y puesto fundamentalmente al servicio de la frialdad comercial.
    </p><p class="article-text">
        Mediante este muy conciso diagn&oacute;stico queremos expresar la idea de que la crisis del modelo de pol&iacute;ticas culturales locales es indisociable de una doble crisis m&aacute;s general del modelo econ&oacute;mico y del r&eacute;gimen pol&iacute;tico que surge de la Transici&oacute;n, lo que en la revoluci&oacute;n democr&aacute;tica ciudadana denominamos sint&eacute;ticamente &ldquo;r&eacute;gimen del 78&rdquo;. Pero todo diagn&oacute;stico cr&iacute;tico severo ha de contemplar importantes matices para no provocar un bloqueo de la capacidad de leer qu&eacute; se&ntilde;ales positivas surgen en la crisis de este modelo. Es imprescindible saber reconocer los indicios de c&oacute;mo se podr&iacute;a devolver a la cultura una nueva centralidad, ahora al servicio de la revoluci&oacute;n democr&aacute;tica. Por ello, no somos muy amigos de los enfoques cr&iacute;ticos que plantean la &ldquo;marca Barcelona&rdquo; como un proyecto totalizador plenamente exitoso, sin tener en cuenta cu&aacute;les han sido a pesar de todo las ambivalencias que este modelo ha desplegado en sus momentos menos autodegradados. Para empezar por lo m&aacute;s obvio, la centralidad que el recurso a la cultura ha adoptado en las pol&iacute;ticas de gobierno de la ciudad, hacen que Barcelona sea actualmente una ciudad ampliamente dotada de equipamientos. La gran dotaci&oacute;n que Barcelona a pesar de todo disfruta en lo que se refiere a infraestructuras culturales de diferente escala, resulta un punto de partida que es inevitable tener en cuenta para una nueva planificaci&oacute;n cultural democr&aacute;tica y de iniciativa ciudadana.
    </p><p class="article-text">
        Interrelacionado de muy diversas formas con las infraestructuras culturales de la ciudad, el tejido cultural &ldquo;creativo&rdquo; fomentado por las pol&iacute;ticas oficiales como un caldo de cultivo del que extraer rentabilidad institucional y empresarial, ha crecido de una manera diferente a como preve&iacute;a la visi&oacute;n influida por el modelo de las &ldquo;industrias creativas&rdquo;. Este tejido &ldquo;creativo&rdquo; es ahora en la crisis una constelaci&oacute;n desregulada y precarizada que no obstante produce, difunde y distribuye cooperativamente la cultura, incrustada en el propio tejido metropolitano. Y de la misma forma, la funci&oacute;n otorgada en las d&eacute;cadas pasadas a la cultura como un mecanismo de cohesi&oacute;n social (de acuerdo a unos intereses de gobierno cada vez m&aacute;s homogeneizadores, restrictivos y autoritarios) no ha destruido sino que ha llevado a transformarse la riqueza de las formas de &ldquo;cultura popular&rdquo; de la ciudad. Unas &ldquo;culturas populares&rdquo; que han de ser arrancadas de su conceptualizaci&oacute;n m&aacute;s idealista, para comprender c&oacute;mo han constituido hist&oacute;ricamente verdaderas pr&aacute;cticas de articulaci&oacute;n pol&iacute;tica de las clases subalternas.
    </p><p class="article-text">
        Esas constelaciones de pr&aacute;cticas de muy diversa cualidad tienen que ser hoy d&iacute;a adecuadamente identificadas. Arraigadas hist&oacute;ricamente en la ciudad o sobrevenidas por el advenimiento de nuevas culturas urbanas globales, protagonizadas por sujetos territorializados o por sujetos n&oacute;madas, articuladas bajo formas administrativas o empresariales reconocibles o difuminadas en din&aacute;micas cooperativas informales, por completo ajenas o en relaci&oacute;n intermitente con las instituciones culturales oficiales... constituyen potencialmente el cuerpo de una ciudadan&iacute;a nueva. Este cuerpo ahora desatendido o desdibujado debe cobrar una nueva vida civil vigorosa, mediante unas pol&iacute;ticas culturales adecuadas a la revoluci&oacute;n democr&aacute;tica.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcelo Expósito, Rubén Martínez Moreno]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/efectos-cultura-recurso_129_4446069.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 27 Dec 2014 17:43:03 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Los efectos de la cultura como recurso]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Barcelona,Guanyem,Cultura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La cultura cuenta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/cultura-cuenta_129_4446145.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">"La crisis de las políticas culturales institucionales vigentes durante las décadas pasadas es inseparable de la crisis general económica y de régimen a la que actualmente la ciudadanía nos enfrentamos", defienden los autores</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;La cultura cuenta&rdquo;. As&iacute; lo afirmaba James D. Wolfensohn en 1999 cuando, siendo presidente del Banco Mundial, impuls&oacute; una concepci&oacute;n de las pol&iacute;ticas culturales como recurso para el desarrollo econ&oacute;mico. Desde entonces hasta ahora, hemos asistido a la creciente aplicaci&oacute;n internacional de par&aacute;metros econ&oacute;micos neoliberales a la producci&oacute;n, distribuci&oacute;n y consumo de bienes y servicios culturales. Pero antes del cambio de siglo, la cultura ven&iacute;a cumpliendo tambi&eacute;n una funci&oacute;n dinamizadora en ciertos modelos neoliberales de desarrollo urbano y regional. En suma, hace varias d&eacute;cadas que la cultura ha venido sirviendo como instrumento para gobernar nuestras sociedades y para mercantilizar nuestras ciudades. No escasean los ejemplos cercanos. Ah&iacute; tenemos las diversas pol&iacute;ticas culturales que despu&eacute;s de la Transici&oacute;n Democr&aacute;tica sirvieron en Espa&ntilde;a para construir un imaginario de modernizaci&oacute;n socialdem&oacute;crata, en Catalu&ntilde;a para reforzar un esencialismo identitario nacionalista y en Barcelona para rehacer la ciudad y hacer de ella una marca.
    </p><p class="article-text">
        Barcelona ha sido reconocida internacionalmente como un laboratorio de la cultura en tanto que recurso para la remodelaci&oacute;n urbana y para vender una identidad propia en el mercado competitivo de las ciudades globales. Exactamente el mismo a&ntilde;o de las declaraciones arriba citadas sobre la nueva funci&oacute;n de la cultura en las pol&iacute;ticas del Banco Mundial, el Ajuntament de Barcelona aprobaba su primer Plan Estrat&eacute;gico de la Cultura, inmediatamente posterior a la creaci&oacute;n del Institut de Cultura de Barcelona (ICUB) en 1996. El plan buscaba fomentar que toda una serie de recursos culturales tuviera un papel central en la construcci&oacute;n de Barcelona como una capital global. Este Plan supon&iacute;a una adaptaci&oacute;n de la visi&oacute;n que entonces era hegem&oacute;nica sobre las &ldquo;industrias creativas&rdquo; como estrategia pol&iacute;tica y de mercado, de acuerdo con el modelo anglosaj&oacute;n que instauraba ese documento ya hist&oacute;rico que fue el <em>Creative Industries Task Force</em> emitido en 1998 por el primer Gobierno brit&aacute;nico de Tony Blair. Dicho informe ejecutaba una reversi&oacute;n crucial: transformaba el concepto de &ldquo;industria cultural&rdquo; (un enfoque cr&iacute;tico sobre la funci&oacute;n de la cultura en la manipulaci&oacute;n de masas, propuesto en la d&eacute;cada de 1940 por los fil&oacute;sofos marxistas alemanes Adorno y Horkheimer durante su exilio en Estados Unidos), convirti&eacute;ndolo en las &ldquo;industrias creativas&rdquo;. No se trataba de un cambio conceptual meramente especulativo: las industrias creativas ven&iacute;an en auxilio de la incertidumbre econ&oacute;mica, el desempleo masivo y la tensi&oacute;n social que provocaban las oleadas de desindustrializaci&oacute;n requeridas por la mutaci&oacute;n del modelo de producci&oacute;n capitalista a escala global.
    </p><p class="article-text">
        En el caso de Barcelona, estos planes no se dibujaban en el aire. Pon&iacute;an en valor institucional y econ&oacute;mico el rico humus de una ciudad donde las contraculturas y las experimentaciones vanguardistas, as&iacute; como unas estructuras incipientes de empresarialidad cultural, hab&iacute;an proliferado notablemente desde la d&eacute;cada de 1960. Dicho de otra manera, el modelo global de las industrias creativas, tanto como la planificaci&oacute;n estrat&eacute;gica barcelonesa, buscaban instaurar procesos que fomentasen de manera controlada tejidos metropolitanos &ldquo;creativos&rdquo;, donde las elaboraciones cr&iacute;ticas o vanguardistas de la cultura se pon&iacute;an al servicio de la construcci&oacute;n de una ciudad-empresa y una ciudad-marca competitiva en el nuevo mercado de la globalizaci&oacute;n. El primer Plan Estrat&eacute;gico de Barcelona declaraba as&iacute; la estrecha relaci&oacute;n entre cultura y sector tur&iacute;stico, programando la funci&oacute;n que los grandes eventos culturales tendr&iacute;an para impulsar la imagen exterior de Barcelona. Ello se concret&oacute; en el a&ntilde;o Gaud&iacute; (2002) o el a&ntilde;o del Dise&ntilde;o (2003), en un arco temporal de grandes acontecimentos que se podr&iacute;a considerar que tiene su primer prototipo en los Juegos Ol&iacute;mpicos de 1992 y culmina en el F&oacute;rum Universal de la Culturas de 2004. Un ciclo hist&oacute;rico en esta ciudad cuyo declive actual va de la mano del colapso de un modelo de gobernanza urbana centrada en una promoci&oacute;n ambigua de la &ldquo;participaci&oacute;n&rdquo;, entendida &eacute;sta como un mecanismo que buscaba implicar al conjunto de la ciudad en la producci&oacute;n de un imaginario de progreso te&ntilde;ido de &ldquo;cultura&rdquo;, cada vez m&aacute;s guiado por el vector de los intereses empresariales y financieros.
    </p><p class="article-text">
        En 2006 se lanz&oacute; un segundo Plan Estrat&eacute;gico de la Cultura en Barcelona (Nuevos acentos 2006). M&aacute;s amable en su formulaci&oacute;n que el anterior, este segundo plan mostraba una tensi&oacute;n contradictoria entre la apelaci&oacute;n a la cultura como &ldquo;excelencia&rdquo;, el fomento de la &ldquo;industria&rdquo; cultural y su funci&oacute;n &ldquo;social&rdquo; integradora. Pero este documento se mostraba significativamente ciego ante la complejidad de la situaci&oacute;n hist&oacute;rica general a la que buscaba in&uacute;tilmente responder: la crisis econ&oacute;mica y de r&eacute;gimen pol&iacute;tico que ahora vivimos, que el documento es negligente a la hora de identificar. Esta crisis sella el cierre de ese ciclo donde la cultura ha jugado un papel ambivalente. Ha supuesto un instrumento para el desarrollo econ&oacute;mico, la modernizaci&oacute;n urbana y la integraci&oacute;n social, pero tambi&eacute;n, de manera indisociable, para la experimentaci&oacute;n con unas formas de gobierno donde la &ldquo;participaci&oacute;n&rdquo; y la &ldquo;creatividad&rdquo; controladas de la ciudadan&iacute;a han desactivado el protagonismo de &eacute;sta, para acabar cediendo casi por completo el gobierno de la metr&oacute;polis a poderes no democr&aacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        En resumen, la constelaci&oacute;n compleja que actualmente engloba el concepto &ldquo;cultura&rdquo; est&aacute; lejos de la funci&oacute;n elitista a la que se redujo en otros momentos hist&oacute;ricos. Ha asumido durante las &uacute;ltimas d&eacute;cadas un papel destacado en los procesos sociales, m&aacute;s determinante de lo que suele reconoc&eacute;rsele desde las visiones cr&iacute;ticas de la pol&iacute;tica o por parte de los movimientos protagonistas del cambio social. La crisis de las pol&iacute;ticas culturales institucionales vigentes durante las d&eacute;cadas pasadas es inseparable de la crisis general econ&oacute;mica y de r&eacute;gimen a la que actualmente la ciudadan&iacute;a nos enfrentamos. Tener todo ello en cuenta resulta vital a la hora de pensar cu&aacute;l ha de ser la &ldquo;nueva pol&iacute;tica&rdquo; de la cultura en la actual revoluci&oacute;n democr&aacute;tica que impulsamos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcelo Expósito, Rubén Martínez Moreno]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/cultura-cuenta_129_4446145.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Dec 2014 19:08:43 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La cultura cuenta]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Barcelona,Guanyem,Cultura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Dejadnos hacer política con la cultura"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/politicas_culturales/dejadnos-hacer-politica-cultura_1_4566933.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/57e6537e-5aaf-4e5a-980b-bec1e97f77ec_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sobre por qué nombrar a dedo al director de una de las instituciones culturales con mayor presupuesto y prestigio de Barcelona no es sólo antidemocrático, sino también antiproductivo y estructuralmente dañino</p></div><p class="article-text">
        En 2008, un peque&ntilde;o grupo de personas del sector cultural se manifest&oacute; delante del Teatre Kursaal de Manresa (Barcelona) durante la entrega de los Premis Nacionals de la Cultura de Catalunya. El entonces consejero de Cultura de la Generalitat, Joan Manuel Tresserras, hizo un gesto que dej&oacute; boquiabierto a todo el mundo. Acabada la ceremonia, baj&oacute; a hablar cara a cara con quienes le increpaban por elegir a dedo al director del Centro de Arte Santa M&oacute;nica, espacio ubicado al final de Las Ramblas de Barcelona.
    </p><p class="article-text">
        Los manifestantes esgrim&iacute;an que esos modos de hacer eran una forma de secuestrar el debate sobre la funci&oacute;n p&uacute;blica de la cultura en la ciudad. El conseller aguant&oacute; estoicamente todas las interpelaciones y contest&oacute; una por una a todas las preguntas.
    </p><p class="article-text">
        Dejando a un lado esa actitud sorprendente en un pol&iacute;tico, dispuesto a dar explicaciones de primera mano, lo relevante fue uno de sus argumentos clave. Para justificar su decisi&oacute;n, Tresserras fue directo a la rebaja de las pol&iacute;ticas culturales. &ldquo;Dejadnos hacer pol&iacute;tica&rdquo;, dijo. O lo que es lo mismo, &iquest;acaso no es leg&iacute;timo que el conseller de Cultura haga pol&iacute;tica con la cultura? Se supone que alguien designado para pensar e implementar pol&iacute;ticas de lo considerado &ldquo;cultural&rdquo; deber&iacute;a poder hacer justo eso.
    </p><p class="article-text">
        A su vez, el conseller reprochaba que no se ejerciera el mismo control sobre otros departamentos con competencias en el &aacute;mbito cultural de la ciudad. &ldquo;A ellos s&iacute; les dej&aacute;is hacer pol&iacute;tica&rdquo;. El argumento no era del todo malo: esos departamentos pod&iacute;an decidir qui&eacute;n dirig&iacute;a un centro u otro sin que el sector cultural intercediera. A esos otros departamentos &ndash;cre&iacute;a Treserras&ndash; s&iacute; se les dejaba hacer pol&iacute;tica con la cultura.
    </p><h3 class="article-text">La llamada &ldquo;pol&iacute;tica cultural&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Un consejero de Cultura puede elegir a dedo al director de un centro cultural ya que es uno de sus instrumentos para materializar su idea de qu&eacute; es la cultura. Ese era el mensaje. Se descartaba la posibilidad de convocar un concurso p&uacute;blico para nombrar al nuevo director &ndash;una exigencia que el sector cultural cre&iacute;a haber conquistado&ndash; bajo el convencimiento de que la persona elegida era &ldquo;la m&aacute;s indicada para liderar el proyecto&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esa es una de las bases de la pol&iacute;tica cultural: una persona autorizada tiene unos convencimientos de qu&eacute; es y c&oacute;mo se hace la cultura y act&uacute;a en consecuencia. Eso pensaba Joan Manuel Treserras. Eso mismo pensaba el ilustrado Andr&eacute; Malraux hace medio siglo. Ambos creyeron que son necesarias personas como ellos para se&ntilde;alar qu&eacute; cultura quiere la ciudadan&iacute;a. Malraux dej&oacute; sus cargos tras el Mayo del 68, movimiento del que, por cierto, no fue especialmente simpatizante. Hoy, y en plena revoluci&oacute;n democr&aacute;tica, la cultura institucional sigue pens&aacute;ndose como un recurso que debe ofrecer r&eacute;ditos pol&iacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        Un d&iacute;a despu&eacute;s de la dimisi&oacute;n de Mar&ccedil;al Sintes, el escritor y periodista Vicen&ccedil; Villatoro ha sido nombrado nuevo director del Centro de Cultura Contempor&aacute;nea de Barcelona. Villatoro fue diputado de CiU en el Parlament de Catalunya entre 1999 y 2002. Director general de Promoci&oacute;n Cultural de la Generalitat entre 1997 y 2000. Y el Consell General del Consorci del CCCB, &oacute;rgano presidido por la Diputaci&oacute; de Barcelona, ha elegido a Villatoro como el m&aacute;s indicado para prescribir la cultura de la ciudad. 
    </p><p class="article-text">
        Estas formas de entender la gesti&oacute;n de los equipamientos culturales se han sedimentando en las arquitecturas institucionales, incapaces de estar a la altura del momento que vivimos. Como se&ntilde;ala Bani Brusadin, director del festival <a href="http://theinfluencers.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">The Influencers</a> y colaborador del CCCB, &ldquo;la elecci&oacute;n a dedo del director de una de las instituciones culturales con mayor presupuesto y legitimidad cultural de la ciudad es un esc&aacute;ndalo. Pero lo escandaloso es tambi&eacute;n que esta elecci&oacute;n no sea el capricho de un gobernante sino que forme parte de los estatutos legales de la instituci&oacute;n y que en m&aacute;s de 20 a&ntilde;os nadie haya dicho nada ni planteado alternativas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Una vez m&aacute;s, el tema no es si el dedo elige bien o mal, esto es poco menos que una consecuencia. El verdadero problema es no poder debatir sobre la funci&oacute;n p&uacute;blica de la cultura o, como m&iacute;nimo, revisar el car&aacute;cter democr&aacute;tico de sus instituciones. El problema es que no podemos tener un debate pol&iacute;tico abierto sobre la funci&oacute;n p&uacute;blica de la cultura institucional.
    </p><h3 class="article-text">La cultura como derecho vs. la cultura como recurso</h3><p class="article-text">
        Como tantas otras instituciones culturales, el CCCB ilustra las complejas relaciones entre cultura y pol&iacute;tica. Por un lado hay un equipamiento que, cuando fue construido, no solo quer&iacute;a abrirse a las nuevas formas de entender la cultura popular, sino que a su vez se enmarcaba en un proyecto urban&iacute;stico para remodelar el Barrio del Raval. La cultura como derecho se topaba con la cultura como recurso. Es decir, la garant&iacute;a de acceso universal a la producci&oacute;n cultural deb&iacute;a articularse con la construcci&oacute;n de un equipamiento que se usaba como pretexto para culminar fines pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos en un territorio.
    </p><p class="article-text">
        Esto produce infinitas paradojas, puesto que &ndash;recalca de nuevo Bani Brusadin&ndash; &ldquo;se hacen grandes esfuerzos en una instituci&oacute;n como el CCCB para defender el acceso a la cultura a trav&eacute;s de programas educativos, de centros de documentaci&oacute;n y de ampliaci&oacute;n de los temas tratados&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero, a su vez, como se&ntilde;ala Gala Pin, activista e impulsora de Guanyem Barcelona, &ldquo;la cultura no puede estar enclaustrada en un museo que, adem&aacute;s, nace de un proceso urban&iacute;stico que supone la expulsi&oacute;n de muchos vecinos de la zona. Hoy en d&iacute;a, el CCCB como instituci&oacute;n es una muestra, en relaci&oacute;n a su entorno, de la ciudad dual&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cristina Riera, gestora cultural que colabora con el CCCB, resume esta situaci&oacute;n de manera n&iacute;tida: &ldquo;Creo que hemos sufrido a&ntilde;os de defensa de la cultura m&aacute;s como recurso que como derecho, m&aacute;s como estrategia de desarrollo econ&oacute;mico y territorial que centrado en facilitar espacios de desarrollo humano y social&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No en vano, Barcelona ha sido todo un laboratorio a la hora de usar la cultura como instrumento para remodelar la ciudad y vender una identidad propia diferenciada en el mercado global. La centralidad de la cultura en las pol&iacute;ticas de remodelaci&oacute;n de la ciudad ha provocado &ndash;contradictoriamente&ndash; la degradaci&oacute;n de la ciudad como espacio de producci&oacute;n cultural.
    </p><p class="article-text">
        Paralelamente, la defensa de la cultura como derecho se ha ido reinventando en otros espacios. Gala Pin, que tambi&eacute;n ha participado activamente en el movimiento por la cultura libre, comenta que &ldquo;ha habido una defensa y grandes movilizaciones por la cultura, ahora bien, &eacute;stas se han producido en relaci&oacute;n a los nuevos modelos que nos permite Internet, y no en relaci&oacute;n a la cultura institucional&rdquo;. Tambi&eacute;n, en equipamientos que fueron conquistados por el cuerpo vecinal y que arraigan su programaci&oacute;n al territorio, como el <a href="http://www.ateneu9b.net/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ateneu Nou Barris</a>, espacio municipal de gesti&oacute;n ciudadana. En estas pr&aacute;cticas se materializan las v&iacute;as que pueden servir de inspiraci&oacute;n para otra manera de pensar y dise&ntilde;ar la gesti&oacute;n p&uacute;blica de la cultura.
    </p><p class="article-text">
        La cultura siempre fue pol&iacute;tica. Pero cuando las pol&iacute;ticas culturales empezaron a dise&ntilde;arse para tener efectos directos en procesos pol&iacute;ticos, urbanos y econ&oacute;micos, la cultura se convirti&oacute; en una esfera de alto voltaje pol&iacute;tico. El debate sobre la funci&oacute;n p&uacute;blica de la cultura es irrenunciable porque, de hecho, ya est&aacute; sobre la mesa, sobre el territorio y sobre los dedos de quienes se&ntilde;alan o deciden. El argumento para dejar de pensar que hay una manera neutra o normalizada de gestionar p&uacute;blicamente la cultura es el mismo que dio en su momento el conseller de Cultura Treserras pero, esta vez, formulado bajo la hegemon&iacute;a cultural de este nuevo ciclo: dejadnos democratizar la cultura.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rubén Martínez Moreno]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/politicas_culturales/dejadnos-hacer-politica-cultura_1_4566933.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Oct 2014 18:59:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Democracia,Políticas culturales]]></media:keywords>
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