<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - María Rodríguez]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/maria_rodriguez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - María Rodríguez]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/512384" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Abandonados en mitad del desierto: el método de Argelia para evitar que los migrantes lleguen a Europa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/abandonados-desierto-mali_1_1484065.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dda99666-e989-4d07-9376-2010c9d8fe68_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Abandonados en mitad del desierto: el método de Argelia para evitar que los migrantes lleguen a Europa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Migrantes que llevan años en Argelia son expulsados por vía terrestre a la frontera con Malí donde, debido al conflicto que vive el país, están expuestos a bandas armadas</p><p class="subtitle">A diferencia de las expulsiones que ejecuta este país en la frontera con Níger, la situación de inseguridad en Malí impide que las ONG y el Estado puedan rescatar a los migrantes</p><p class="subtitle">Moussa y Lacine, de Costa de Marfil, fueron detenidos y trasladados en camiones hasta la frontera maliense: "Es un negocio"</p></div><p class="article-text">
        Moussa se acuerda a&uacute;n de la fecha exacta: 15 de marzo de 2018. Aquel d&iacute;a la Polic&iacute;a fue hasta el lugar donde &eacute;l trabajaba en Gharda&iuml;a, en el centro de Argelia, y lo arrestaron junto a su hermano peque&ntilde;o, Lacine &ndash;de 19 a&ntilde;os&ndash;, y una quincena de personas m&aacute;s. Su delito: no tener papeles que regularizaran su situaci&oacute;n. Aunque Moussa, de 34 a&ntilde;os, dice que no solo fue &ldquo;por no tener los papeles&rdquo;, sino tambi&eacute;n &ldquo;por ser negro&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hubo muchos compa&ntilde;eros de trabajo, tambi&eacute;n de &Aacute;frica Subsahariana, que en cuanto vieron a la Polic&iacute;a salieron corriendo. Moussa y Lacine prefirieron no hacerlo porque, aseguran, &ldquo;la situaci&oacute;n no era muy c&oacute;moda en Argelia y pens&aacute;bamos que nos iban a repatriar en buenas condiciones&rdquo;. Pocas horas despu&eacute;s se dieron cuenta de su equivocaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Pasaron dos d&iacute;as en comisar&iacute;a en los que no les dejaron pasar por casa a recoger su dinero y propiedades. Luego, otro d&iacute;a en &ldquo;un centro donde meten a todos los negros&rdquo;, explican, &ldquo;eso no lo har&iacute;an con los blancos, pero con nosotros, saben que nuestro presidente no va a decir nada&rdquo;. Moussa y Lacine son de Costa de Marfil, pero el lugar al que los devolvieron las fuerzas de seguridad argelinas fue Mal&iacute;, concretamente a la frontera. Tras pasar por el centro fueron dos d&iacute;as en autob&uacute;s, estuvieron 23 horas en un cami&oacute;n hasta Reggane y de all&iacute; los metieron en otro cami&oacute;n a Bordj Moktar, a una veintena de kil&oacute;metros de la frontera de Argelia con Mal&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En el centro nos dieron pan con una lata de sardinas y provisiones para el viaje con lo mismo&rdquo;, explica Lacine. &ldquo;Cuando llegamos a Reggane nos ofrecieron arroz blanco, pero no estaba ni cocido, no era comestible, ninguna persona comi&oacute; aquello&rdquo;, dice Moussa. Cuando llegaron a Bordj Moktar los introdujeron en un &ldquo;gran cami&oacute;n&rdquo;. &ldquo;&Eacute;ramos m&aacute;s de 400 personas, est&aacute;bamos enlatados, no pod&iacute;amos ni sentarnos&rdquo;, se&ntilde;ala Moussa. Tras aquello la cosa no fue a mejor, los dejaron en mitad del desierto y les indicaron con la mano la direcci&oacute;n que ten&iacute;an que seguir para llegar al pueblo m&aacute;s cercano de Mal&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Por cada cuatro personas te daban una botella de un litro de agua &mdash;explica Lacine.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iexcl;Eh! &iexcl;Yo no tuve agua! &iexcl;Tuviste suerte! &mdash;le responde Moussa, dejando en evidencia que desconoc&iacute;a aquel importante detalle.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Si no lo ped&iacute;as no te lo daban &mdash;le responde Lacine.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;En ese momento estaba estresado, con la cabeza saturada, solo tiraba para adelante &mdash;responde.
    </p><p class="article-text">
        La zona en la que les abandonaron es una zona muy insegura, donde delincuentes, fundamentalistas y rebeldes se mueven libremente. Anduvieron durante unas tres horas hasta el pueblo llamado In Khali, el lugar al que fueron a parar la mayor&iacute;a de expulsados por v&iacute;a terrestre desde Argelia a Mal&iacute; a lo largo de 2018. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando llegaron al pueblo les dijeron que al d&iacute;a siguiente llegar&iacute;a la Cruz Roja para ayudarles. &ldquo;Pero no vino nadie&rdquo;, dice Moussa, &ldquo;Es un negocio. Nos dijeron que si nos qued&aacute;bamos m&aacute;s d&iacute;as, solo Dios sabr&iacute;a lo que pasar&iacute;a con nosotros. Despu&eacute;s nos pidieron 50.000 francos CFA (76 euros) por persona para llevarnos en cami&oacute;n hasta Gao, lo negociamos hasta 30.000 CFA (45 euros)&rdquo;. Gao es la ciudad en el norte de Mal&iacute; que est&aacute; m&aacute;s cerca de la frontera y en la que ya se puede contar con las estructuras del Estado, pero se encuentra a m&aacute;s de 600 kil&oacute;metros. Es una localidad por la que pasan tanto quienes est&aacute;n intentando llegar a Europa como quienes han sido expulsados de Argelia por Mal&iacute;, pero tambi&eacute;n por N&iacute;ger.
    </p><p class="article-text">
        En N&iacute;ger la Organizaci&oacute;n Internacional para las Migraciones (OIM) puede ayudar a quienes son expulsados en la frontera y puede contabilizar a quienes llegan de este modo y tener m&aacute;s informaci&oacute;n. El organismo anunci&oacute; a finales de junio que hab&iacute;a atendido a cerca de 20.000 migrantes subsaharianos abandonados en el desierto del S&aacute;hara desde el inicio de sus operaciones en 2016. La mayor parte hab&iacute;an sido abandonados por las mafias o expulsados de Argelia.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, debido a la inseguridad, en la frontera maliense no hay ninguna organizaci&oacute;n humanitaria o instituci&oacute;n del Estado trabajando para ayudar a estas personas que quedan abandonadas en el desierto. Por ello, no hay apenas informaci&oacute;n y se desconoce el n&uacute;mero de personas expulsadas y fallecidas intentado llegar a Gao. 
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n cuenta Eric Kamdem Alain, coordinador de la Casa de los migrantes (<em>Maison de Migrant</em>) de Gao, gestionada por C&aacute;ritas, &ldquo;en el caso de Mal&iacute; la frontera est&aacute; cerrada debido al conflicto&rdquo; que comenz&oacute; en 2012. &ldquo;Se permite cruzar a los camiones para abastecer al norte, pero no tienen derecho a expulsar a la gente as&iacute;&rdquo;, recalca. En el caso de N&iacute;ger, este pa&iacute;s tiene un acuerdo con Argelia de repatriaci&oacute;n de sus nacionales que data de 2014. Sin embargo, Argelia est&aacute; repatriando a territorio nigerino a cualquier ciudadano de origen subsahariano utilizando este acuerdo, sea de la nacionalidad que sea. 
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;A menudo no llevan ni zapatos&rdquo;</h3><p class="article-text">
        El trayecto desde la frontera hasta Gao no es sencillo. &ldquo;En cuanto los ves llegar ya sabes que es un expulsado porque a menudo no llevan ni zapatos, solo el pantal&oacute;n, han perdido todas sus pertenencias y no tienen ni un documento de identidad; alguien que viene voluntariamente no llega aqu&iacute; de ese modo&rdquo;, cuenta por tel&eacute;fono Ibrahima Boucar Ciss&eacute;, coordinador regional del programa migraci&oacute;n de la Cruz Roja maliense en Gao.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El problema es que cuando los expulsan en esa zona los migrantes est&aacute;n expuestos a las bandas armadas y extremistas antes de llegar a nosotros. Les quitan todo por el camino, incluso zapatos y ropa&rdquo;, asegura Kamdem Alain. &ldquo;Tambi&eacute;n llegan mujeres embarazadas de hasta seis meses a quienes han dejado abandonadas en el desierto&rdquo;, dice.
    </p><p class="article-text">
        Para Moussa y Lacine el trayecto fue una aut&eacute;ntica odisea de tres d&iacute;as. El primer d&iacute;a no pararon en ning&uacute;n momento porque era una zona muy peligrosa y el conductor no quer&iacute;a jug&aacute;rsela con los bandidos y rebeldes.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&Iacute;bamos todos en un cami&oacute;n y nos golpe&aacute;bamos entre nosotros de lo agobiados que &iacute;bamos &mdash;dice Lacine.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Como no hab&iacute;a espacio ten&iacute;amos que levantar un pie, as&iacute; &mdash;explica levantando una pierna y agarr&aacute;ndola con el brazo por detr&aacute;s&mdash; y luego el otro para ir descansando.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n explican ambos hermanos, las m&aacute;s de 400 personas que viajaban juntas pasaron por una decena de puestos rebeldes y en cada puesto les ped&iacute;an dinero. Cuentan que eran unos 15.000 CFA (22,86 euros) por persona y que, si no ten&iacute;an, alguien pagaba por ti. &ldquo;O alguien te ayuda o te quedas ah&iacute;, pagas con tu tel&eacute;fono o con algo que lleves encima&rdquo;, aseguran ambos, &ldquo;si dices que no tienes dinero te ejecutan delante de todo el mundo, te lo juro&rdquo;, se&ntilde;ala Moussa.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Pas&oacute; eso durante el viaje?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;No &mdash;responde Lacine&mdash; pero yo lo viv&iacute; cuando sub&iacute;a hacia Argelia &mdash;sentencia.
    </p><p class="article-text">
        Pasaron dos noches en el desierto y se encontraron con militares franceses que les pidieron cambiar de trayecto, de acuerdo con su relato. &ldquo;Cuando los vimos pensamos que est&aacute;bamos salvados y no hab&iacute;a nada que temer, pero indicaron al conductor el camino m&aacute;s peligroso, nos desviaron para que no vi&eacute;ramos lo que est&aacute;n haciendo all&iacute;&rdquo;, dice Lacine. El conductor intent&oacute; dos veces continuar el trayecto que sab&iacute;a que era seguro, pero a la tercera los franceses le amenazaron y dej&oacute; de insistir por esa ruta. 
    </p><p class="article-text">
        A las puertas de Gao la cosa no fue f&aacute;cil tampoco: los militares malienses les pidieron dinero para dejarles entrar. &ldquo;10.000 CFA (15,24 euros) por persona, pero los malienses que ven&iacute;an con nosotros se indignaron y algunos pagamos y otros no&rdquo;, explica Lacine. &ldquo;Yo pagu&eacute;&rdquo;, dice Moussa. &ldquo;Estaba tan agotado que ni me rebel&eacute;. Me preguntaron: '&iquest;De qu&eacute; nacionalidad eres?'. Respond&iacute; que era de Costa de Marfil y me dijeron: 'Tienes que pagar 5.000 CFA (10,67 euros)&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Es un juego&rdquo;</h3><p class="article-text">
        En el mes de marzo del a&ntilde;o pasado hubo un aumento de deportados desde Argelia a Mal&iacute;. Entre marzo y junio la cifra aument&oacute; hasta m&aacute;s de 3.000 migrantes, y decidieron organizarse para manifestarse en la embajada de Argelia en Bamako, la capital de Mal&iacute;. Fue tal la repercusi&oacute;n en los medios locales que seg&uacute;n varias fuentes este pudo ser el motivo por el que han podido disminuir. Este medio ha intentado preguntar acerca de este y otros asuntos a la Embajada de Argelia en Mal&iacute;, pero han considerado que para este tipo de cuestiones es mejor dirigirse a los responsables competentes en Argel, la capital del pa&iacute;s magreb&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La pr&aacute;ctica contin&uacute;a, pero no de manera masiva&rdquo;, asegura Ciss&eacute;. &ldquo;Ahora vienen a cuentagotas, en grupos aislados de entre 6 y 15 migrantes. Antes eran convoyes de entre 200 y 400 personas&rdquo;. Varias fuentes indican que las deportaciones ahora se pueden estar realizando en grupos de 40 y 50 personas para que no llamen tanto la atenci&oacute;n como las masivas de principios de 2018.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, las deportaciones por esta v&iacute;a terrestre no son una novedad. Seg&uacute;n el coordinador de la Casa de los Migrantes de Gao llevan ocurriendo desde finales de los a&ntilde;os 90. Pierre Yossa, responsable de comunicaci&oacute;n de la Asociaci&oacute;n de Expulsados de &Aacute;frica Central (ARACEM) basada en Bamako, intent&oacute; establecerse en Argelia para encontrar un trabajo. Cuenta que dej&oacute; de intentarlo porque fue expulsado tres veces en 2008. &ldquo;La Polic&iacute;a te dice cuando te deja en la frontera: 'Venga, ten&eacute;is que iros y ven&iacute;s ma&ntilde;ana, as&iacute; tendremos trabajo y financiaci&oacute;n para seguir persigui&eacute;ndoos'. Es un juego&rdquo;, rememora Yossa.
    </p><p class="article-text">
        Aunque fuentes gubernamentales de Mal&iacute; y de varias ONG no dudan en se&ntilde;alar, bajo el anonimato, que esta situaci&oacute;n es debida &ldquo;a la pol&iacute;tica europea de sobrepasar sus fronteras hacia &Aacute;frica subsahariana&rdquo;, se&ntilde;alando que &ldquo;es Europa a trav&eacute;s de Argelia quien expulsa a la gente&rdquo;, ninguna de las voces consultadas sabe responder a trav&eacute;s de qu&eacute; acuerdo con la Uni&oacute;n Europea Argelia practica este tipo de expulsiones.
    </p><p class="article-text">
        El pasado enero, los ministros de Exteriores del Grupo 5+5 &ndash;formado por Malta, Italia, Francia, Espa&ntilde;a, Portugal, Libia, T&uacute;nez, Marruecos, Mauritania y tambi&eacute;n Argelia&ndash; se reunieron en La Valeta, donde apostaron por aumentar &ldquo;la cooperaci&oacute;n&rdquo; en el Mediterr&aacute;neo para frenar la inmigraci&oacute;n hacia Europa. Se trata de uno de los pilares de las relaciones pol&iacute;ticas entre la UE y Argelia,<a href="https://eeas.europa.eu/headquarters/headquarters-homepage/9481/node/9481_en" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> seg&uacute;n explica la instituci&oacute;n comunitaria en su p&aacute;gina web,</a> que se rigen por<a href="http://ec.europa.eu/world/agreements/prepareCreateTreatiesWorkspace/treatiesGeneralData.do?step=0&amp;redirect=true&amp;treatyId=821" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> el Acuerdo de Asociaci&oacute;n</a> que entr&oacute; en vigor en 2005. En &eacute;l, sellan su compromiso para colaborar &ldquo;en materia de prevenci&oacute;n y control de la inmigraci&oacute;n ilegal&rdquo;, as&iacute; como en la readmisi&oacute;n de migrantes.
    </p><p class="article-text">
        Actualmente nadie tiene un proyecto humanitario en la zona, aunque la Cruz Roja si tuvo uno entre 2009 y 2010. Desde la organizaci&oacute;n humanitaria se&ntilde;alan que, si bien ellos est&aacute;n presentes en todas las regiones de Mal&iacute; e incluso tienen voluntarios cerca de las zonas donde los migrantes son deportados, no tienen financiaci&oacute;n suficiente para poner en marcha un proyecto para esta problem&aacute;tica espec&iacute;fica. Adem&aacute;s, indican que &ldquo;la Cruz Roja no tiene el rol de intervenir en la migraci&oacute;n&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; pues, el organismo que deber&iacute;a intervenir en la zona es la OIM, como ya lo hace en N&iacute;ger, pero la situaci&oacute;n de inseguridad les limita a poner en marcha un proyecto. Desde la Cruz Roja aseguran que se pusieron en contacto con ellos pero que a&uacute;n no han llegado a ning&uacute;n acuerdo de colaboraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La Cruz Roja tiene unos principios a respetar, entre ellos la imparcialidad y la neutralidad que hacen que no tomemos parte en los conflictos y eso es lo que nos da credibilidad. Tenemos que prestar atenci&oacute;n a cualquier alianza y analizar que no se pone en duda nuestra imparcialidad&rdquo;, explica Mamadou Traor&eacute;, secretario general de la Cruz Roja en Mal&iacute;, un pa&iacute;s en crisis en el que el sistema de Naciones Unidas ha entrado en el conflicto con la Misi&oacute;n de Naciones Unidas en Mal&iacute; (MINUSMA).
    </p><p class="article-text">
        Moussa y Lacine se encuentran ahora en Bamako, aunque la OIM les ayud&oacute; a pagar el transporte para llegar hasta su pa&iacute;s. Sin embargo, una vez llegaron all&iacute; no duraron m&aacute;s que un par de semanas. Decidieron regresar juntos a Mal&iacute; e intentar comerciar entre este pa&iacute;s y Costa de Marfil. Moussa, que estuvo siete a&ntilde;os trabajando en Argelia, quiere que esta idea funcione, porque tiene mujer y tres hijos y est&aacute; cansado de intentarlo. M&aacute;s joven y menos agotado, Lacine, que lleg&oacute; a Argelia en 2017 siguiendo a su hermano, dice con vitalidad y esperanza que sigue buscando el modo de llegar a Europa.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/abandonados-desierto-mali_1_1484065.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 11 Jul 2019 18:53:46 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/dda99666-e989-4d07-9376-2010c9d8fe68_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="158391" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/dda99666-e989-4d07-9376-2010c9d8fe68_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="158391" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Abandonados en mitad del desierto: el método de Argelia para evitar que los migrantes lleguen a Europa]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/dda99666-e989-4d07-9376-2010c9d8fe68_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Malí,Argelia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El matriarcado secreto de la migración: "El viaje a Europa es una alianza entre madre e hijo"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/migracion-proyecto-familiar-sociedad-poligama_1_1704656.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/22267982-cfa5-4a5d-a59b-7e91f88ef6fe_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El matriarcado secreto de la migración: &quot;El viaje a Europa es una alianza entre madre e hijo&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La socióloga senegalesa Fatou Sow Sarr estudia la influencia de las mujeres en los proyectos migratorios de sus hijos en una sociedad en la que los hombres suelen acaparar las decisiones</p><p class="subtitle">La experta explica que muchas emplean sus ahorros o se endeudan para que sus hijos migren a Europa y poder mejorar las condiciones de vida de la familia</p><p class="subtitle">"Ahora no es fácil conseguir un visado y la alternativa es el mar, pero yo nunca los enviaría a migrar así", dice la madre de tres migrantes que partieron de Malí</p></div><p class="article-text">
        En 2007, el entonces presidente de Senegal, Abdoulaye Wade, inst&oacute; en un discurso a que las mujeres senegalesas dejaran de &ldquo;alentar a sus hijos a buscar fortuna a Europa&rdquo; y lament&oacute; que &ldquo;no dudaran en empujar a sus propios hijos a emigrar porque el de la vecina construy&oacute; una hermosa casa despu&eacute;s de haber ido a Espa&ntilde;a&rdquo;. Fue en aquel momento&nbsp;cuando la soci&oacute;loga senegalesa Fatou Sow Sarr se pregunt&oacute; c&oacute;mo era posible que en una sociedad &ldquo;tan patriarcal&rdquo; pudiera haber tales planes entre madres e hijos sin que sus padres estuvieran al corriente.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Comprend&iacute; que se trataba de un proyecto familiar en una sociedad pol&iacute;gama&rdquo;, explica la soci&oacute;loga en una entrevista con eldiario.es. &ldquo;Un padre puede pagar para que uno de sus hijos viaje a Europa, pero no lo dir&aacute; porque el resto de sus mujeres tambi&eacute;n van a querer que sean sus hijos los que partan&rdquo;, se&ntilde;ala. En este sentido, sostiene que si uno de los hijos de las mujeres con un mismo marido logra llegar a Europa y su madre empieza a vivir mejor, vestirse mejor o construir una casa, el resto alentar&aacute; a uno de sus hijos a intentarlo&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/desalambre/Bendicion-maldicion-familias-quedan_0_830467805.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">para alcanzar tambi&eacute;n ese estatus social y mejorar las condiciones de vida</a> de la familia.
    </p><p class="article-text">
        Cada vez hay m&aacute;s mujeres que tambi&eacute;n deciden migrar. Sin embargo, la gran mayor&iacute;a siguen siendo hombres. Sow explica que el motivo es que &ldquo;las mujeres son quienes cuidan a la familia y el hombre es quien busca los recursos, algo que ocurre tambi&eacute;n en las migraciones del mundo rural a las ciudades&rdquo;.&nbsp;Por esta raz&oacute;n, dice,&nbsp;son principalmente los hombres quienes intentan llegar a Europa por la v&iacute;a irregular y son los hijos y maridos quienes se lanzan a&nbsp;la traves&iacute;a para mejorar las condiciones econ&oacute;micas de la familia que dejan atr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Pero, &iquest;c&oacute;mo logran las madres financiar los viajes de sus hijos siendo los hombres quienes traen los recursos a la familia? La soci&oacute;loga senegalesa contesta que muchas tratan de hacerlo vendiendo&nbsp;sus pertenencias. &ldquo;Es frecuente que las mujer&nbsp;tengan joyas en Senegal, es cultural. Ya sean compradas o heredadas. En una boda, todas las mujeres llevan oro; una mujer senegalesa que se respeta, lo lleva&rdquo;, apunta.
    </p><p class="article-text">
        Estas joyas&nbsp;representan sus ahorros, es una inversi&oacute;n que las mujeres senegalesas utilizan cuando surge cualquier tipo de problema, cuando alg&uacute;n familiar se pone enfermo o cuando el marido se queda en el paro, aunque cada vez se invierte menos en oro y ahora muchas joyas son baratijas procedentes de China o India. Tambi&eacute;n, explica la experta, ya no se ve con tanta frecuencia que una mujer lleve oro. Si&nbsp;se lo pone en alguna celebraci&oacute;n, se coloca las joyas durante el evento y se las quita antes de salir a la calle, algo que se generaliz&oacute; en la capital en los a&ntilde;os 2000 debido a que fueron muchas las mujeres a las que agredieron o intentaron robar en las calles.
    </p><p class="article-text">
        En Mal&iacute;, pa&iacute;s vecino de Senegal, la situaci&oacute;n es similar a la que&nbsp;describe Sow. Doussou Traor&eacute;, mujer l&iacute;der en la regi&oacute;n de Kayes que ha trabajado sobre las cuestiones migratorias, se&ntilde;ala que, <a href="https://www.eldiario.es/desalambre/ascensor-migracion-dinero-valorado-socialmente_0_863363933.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en esta regi&oacute;n de Mal&iacute; donde la migraci&oacute;n es cultural</a>, en los a&ntilde;os 60 y 70 &ldquo;quien estaba en Francia ten&iacute;a a sus mujeres bien vestidas y con bonitas joyas, as&iacute; que la que no ten&iacute;a un hijo o marido fuera&rdquo; tambi&eacute;n quer&iacute;a alcanzar ese estatus. Por eso, dice, para tener a un hijo o un marido en Francia vend&iacute;a todo lo que ten&iacute;a. &ldquo;Cuando te casas, aqu&iacute; existe la costumbre de que a la mujer se le dan hasta 300 o 400 pa&ntilde;os de tela y joyas de oro. Si ella ve que el hijo de su coesposa se ha ido, tambi&eacute;n va a intentar que su hijo o marido lo intenten&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Siempre es un proyecto secreto&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Adem&aacute;s&nbsp;de la venta de joyas, tambi&eacute;n, se&ntilde;ala Traor&eacute;, &ldquo;hay mujeres que piden un cr&eacute;dito y se endeudan, pero nunca dir&aacute;n p&uacute;blicamente de d&oacute;nde han obtenido el dinero, es secreto&rdquo;. &ldquo;Puede que haya sido alguien de la familia o de las bancas que dan microcr&eacute;ditos a las mujeres. El cr&eacute;dito es entre otra persona y t&uacute;, no se dice normalmente que debes dinero. Y el acuerdo es entre el hijo y la madre, cuando &eacute;l comience a trabajar pagar&aacute; la deuda&rdquo;, prosigue.
    </p><p class="article-text">
        Esta alianza&nbsp;entre madre e hijo &ldquo;siempre es un proyecto secreto, porque en nuestra cultura se piensa que si se cuenta no va a salir adelante&rdquo;, explica Sow. Por eso y otros motivos culturales, una madre de Kayes que s&iacute;&nbsp;convenci&oacute; a sus hijos para partir a Europa prefiere quedar en el anonimato. Se&ntilde;ala que fue hace a&ntilde;os, cuando a&uacute;n se pod&iacute;a conseguir un visado. &ldquo;Yo no s&eacute; c&oacute;mo lo hac&iacute;an, pero le pagabas al pasador y los llevaba en avi&oacute;n con un visado de uno o dos meses a Francia&rdquo;, cuenta.
    </p><p class="article-text">
        Pag&oacute; dos millones de francos CFA &ndash;unos 3.040&nbsp;euros&ndash; por el primer hijo,&nbsp;dos&nbsp;millones y medio &ndash;3.800&nbsp;euros&ndash; por el segundo y otros dos millones y medio por el tercero. &ldquo;Ahora no es f&aacute;cil conseguir un visado y la alternativa es el desierto y el mar, pero yo nunca enviar&iacute;a a mis hijos a hacer la migraci&oacute;n de este modo&rdquo;, asegura.
    </p><p class="article-text">
        En Kayes, Fatoumata cuenta que ella no&nbsp;incit&oacute; a su hijo a irse a Europa, sino que parti&oacute; porque no quer&iacute;a estudiar. &ldquo;No por no ser inteligente, sino porque todos sus compa&ntilde;eros se marcharon a Europa&rdquo;,&nbsp;relata. Tanto ella como su marido le insistieron en que siguiera sus estudios, pero &eacute;l solo pensaba en marcharse.
    </p><p class="article-text">
        Como sus padres no aceptaron su decisi&oacute;n, se fue de casa, al pueblo, donde su abuela paterna le dio el permiso para marcharse a Europa. &ldquo;Mi hijo quer&iacute;a irse con la bendici&oacute;n de la familia y su abuela le dio permiso. Esta convenci&oacute; a su padre, que tuvo que aceptar la decisi&oacute;n de su madre, nuestra cultura es as&iacute;. Y si tu marido acepta, t&uacute; aceptas tambi&eacute;n, obligatoriamente&rdquo;, explica Fatoumata.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Yo no quer&iacute;a que se fuera. Como yo no fui a la escuela, quer&iacute;a que mis hijos lo hicieran para que sean alguien el d&iacute;a de ma&ntilde;ana&rdquo;, agrega. Sin embargo, una vez la madre de su marido acept&oacute; la partida de su hijo, Fatoumata tuvo que colaborar en la financiaci&oacute;n del viaje. Con sus ahorros y las actividades econ&oacute;micas con las que se gana la vida aport&oacute; 400.000 francos CFA, 608 euros. Aunque ya sabe que lleg&oacute; sano y salvo, &ldquo;desde que se puso en marcha no dorm&iacute; en un mes y cada vez que sonaba el tel&eacute;fono me despertaba esperando que fuera &eacute;l&rdquo;, asegura.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Antes no sab&iacute;an el riesgo, ahora no quieren&nbsp;perderlos&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Traor&eacute; se&ntilde;ala que en Kayes las madres siguen teniendo peso a la hora de que sus hijos y maridos migren. Sin embargo,&nbsp;Sow indica que en Senegal, a partir de 2006 aproximadamente, muchas madres dejaron de incitar a sus hijos&nbsp;a marcharse cuando se dieron cuenta de los riesgos que supon&iacute;a intentarlo por el mar.&nbsp;Esto ha ocasionado tambi&eacute;n que muchos partan sin avisar a sus familiares para que no les pidan que se queden.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Antes, las madres no sab&iacute;an el riesgo que hab&iacute;a, ve&iacute;an que otros llegaban, que dec&iacute;an que estaban bien&nbsp;u otros que volv&iacute;an exitosos. Ahora todo el mundo sabe que es atroz, quieren que migren y los ayudan a migrar, pero no quieren que lo hagan por v&iacute;as peligrosas porque no quieren perder a sus hijos&rdquo;. En este sentido, hay quienes se aprovechan y, cuenta Sow, &ldquo;enga&ntilde;an&rdquo; a las&nbsp;mujeres dici&eacute;ndoles que van a encontrar un visado para sus hijos, les piden el dinero y desaparecen.
    </p><p class="article-text">
        La soci&oacute;loga&nbsp;tambi&eacute;n se&ntilde;ala que &ldquo;muchas madres no conocen todo el trayecto&rdquo; y si les dicen que van a Marruecos &ldquo;no ven peligro&rdquo;. &ldquo;En un viaje a Italia me encontr&eacute; con un chico que no ten&iacute;a nada, que algunos d&iacute;as no com&iacute;a y lo poco que consegu&iacute;a lo mandaba a su madre. Este es un caso extremo, pero hay que entender que el migrante est&aacute; comprometido psicol&oacute;gicamente en ayudar a su familia y si no lo ha logrado, hace como si lo hubiera hecho. Hacen todo lo posible para enviar dinero y esto da esperanza a la familia&rdquo;, sentencia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/migracion-proyecto-familiar-sociedad-poligama_1_1704656.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 13 Feb 2019 20:37:18 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/22267982-cfa5-4a5d-a59b-7e91f88ef6fe_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="58181" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/22267982-cfa5-4a5d-a59b-7e91f88ef6fe_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="58181" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El matriarcado secreto de la migración: "El viaje a Europa es una alianza entre madre e hijo"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/22267982-cfa5-4a5d-a59b-7e91f88ef6fe_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Inmigración,Malí,África,Madres]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El 'ascensor social' de la migración: "Cuando alguien vuelve desde Europa, es tratado como una estrella"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/ascensor-migracion-dinero-valorado-socialmente_1_1723643.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/544f204a-7472-4d3e-93ca-bd33e013e8bf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El &#039;ascensor social&#039; de la migración: &quot;Cuando alguien vuelve desde Europa, es tratado como una estrella&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En Kayes, epicentro de la migración de Malí, desplazarse a Europa permite ascender socialmente y construir pozos, centros de salud y escuelas en la región</p><p class="subtitle">"Hay quien tiene más dinero y no ha migrado y está menos valorado en la sociedad que quien vuelve sin dinero", dice el sociólogo Fodié Tandjigora</p><p class="subtitle">El Gobierno maliense reconoce que la migración al extranjero es "un paliativo que ninguna otra actividad local sabría reemplazar ya que beneficia a familias enteras"</p></div><p class="article-text">
        En la regi&oacute;n de Kayes, al oeste de Mal&iacute;,&nbsp;viajar tiene un valor social muy importante, sobre todo entre la etnia sonink&eacute;. Para ellos, ancestralmente, &ldquo;el viaje era un acto ritual que permit&iacute;a salir al encuentro del otro y aprender de &eacute;l con el fin de construirse a s&iacute; mismo y contribuir al desarrollo de su comunidad&rdquo;, explica <a href="https://www.eldiario.es/desalambre/Usar-estrategia-motivaciones-empujan-fuertes_0_849715200.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Mamadou Diakit&eacute;, consultor de gesti&oacute;n migratoria en Mal&iacute;</a>.
    </p><p class="article-text">
        En la actualidad, este sentido del viaje se ha distorsionado y se liga a razones econ&oacute;micas.&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/desalambre/Entrevista-Joseph-Tonda-construcciones-migrantes_0_804220144.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Por una idealizaci&oacute;n de Europa</a> y por el r&aacute;pido ascenso social que ofrece, muchos j&oacute;venes de Kayes optan por la migraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Mientras a nivel te&oacute;rico se habla de &ldquo;la cultura de la migraci&oacute;n&rdquo;, en Kayes, quienes toman la decisi&oacute;n de migrar la argumentan con frases como &ldquo;aqu&iacute; no hay trabajo&rdquo;, &ldquo;apenas llueve&rdquo; o &ldquo;lo que tenemos es gracias a los migrantes&rdquo;. Kayes es la regi&oacute;n de la que procede la mayor&iacute;a de las personas que deciden migrar en Mal&iacute;, pero no se han publicado datos oficiales sobre el porcentaje que representan. Parad&oacute;jicamente, es la zona con mayor seguridad en este pa&iacute;s en el que el &uacute;ltimo conflicto, que estall&oacute; en 2012, se expande del norte al centro. Pero la gente ya migraba antes de aquel conflicto, mucho antes.
    </p><p class="article-text">
        La regi&oacute;n de Kayes es un enclave entre Mal&iacute;, Senegal y Mauritania y ha sido hist&oacute;ricamente una zona de migraciones en la que las personas que la habitan no entienden de fronteras. Harouna Samassa, ge&oacute;grafo sonink&eacute; que ha trabajado durante a&ntilde;os en diferentes aspectos de la regi&oacute;n de Kayes con la cooperaci&oacute;n francesa y espa&ntilde;ola, explica que, &ldquo;como ya no llueve&rdquo;, los peuls, una etnia dedicada al pastoreo que tambi&eacute;n habita la zona, &ldquo;prefieren llevar el ganado del lado de Mauritania por el tipo de tierra, que es mejor durante la &eacute;poca de lluvias&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Cuando un migrante&nbsp;regresa, est&aacute; mejor considerado&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Samassa hace alusi&oacute;n tambi&eacute;n a c&oacute;mo funcionaba la regi&oacute;n cuando se encontraba all&iacute; la administraci&oacute;n colonial francesa. A finales del siglo XIX, los franceses decidieron explotar el cultivo de los cacahuetes en Senegal. Para poder llevarlo a cabo, necesitaban mano de obra y fueron muchos los habitantes de esta regi&oacute;n de Mal&iacute; quienes trabajaron all&iacute;, primero como trabajo forzoso y m&aacute;s tarde ganando dinero. &ldquo;Entendieron que pasar los meses de lluvia &ndash;de mayo a septiembre&ndash; en Senegal les daba dinero, y esto gener&oacute; un inter&eacute;s en esas migraciones estacionales&rdquo;, explica el ge&oacute;grafo.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s, prosigue, en la Primera y la Segunda Guerra Mundial &ldquo;se utilizaron soldados africanos y luego Francia recurri&oacute; a las colonias para buscar mano de obra para la reconstrucci&oacute;n&rdquo;. &ldquo;Es Francia quien comenz&oacute; a reclutar a individuos y los llev&oacute; a trabajar a su territorio. Es una din&aacute;mica creada por la metr&oacute;poli para su propio inter&eacute;s. Entonces no se necesitaba ni billete ni pasaporte&rdquo;, explica Samassa.
    </p><p class="article-text">
        El flujo de personas fue una constante hasta que, en torno a los a&ntilde;os 50, dej&oacute; de ser gratuito ir a Francia. &ldquo;Pero interesaba a la gente, as&iacute; que el jefe de la familia organizaba la partida de su hijo mayor a Francia vendiendo el ganado, productos agr&iacute;colas, el oro heredado o cultivando cacahuetes en Senegal&rdquo;. As&iacute;, cuenta el ge&oacute;grafo, comenzaba en el seno de las familias &ldquo;una econom&iacute;a solidaria, un nuevo espacio econ&oacute;mico en el que quien se va env&iacute;a dinero, con el que&nbsp;vive la familia&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1447cb1c-7178-4512-a9fc-84b634c49490_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1447cb1c-7178-4512-a9fc-84b634c49490_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1447cb1c-7178-4512-a9fc-84b634c49490_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1447cb1c-7178-4512-a9fc-84b634c49490_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1447cb1c-7178-4512-a9fc-84b634c49490_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1447cb1c-7178-4512-a9fc-84b634c49490_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/1447cb1c-7178-4512-a9fc-84b634c49490_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Como consecuencia, la migraci&oacute;n se ha convertido tambi&eacute;n en un modo de ascender socialmente. &ldquo;Cuando migras a Francia o a Espa&ntilde;a tienes m&aacute;s medios para pagar los impuestos de tu familia y la comida y, cuando quieres casarte, tienes m&aacute;s posibilidad de conseguirlo que alguien que se ha quedado y no ha migrado&rdquo;, explica Fodi&eacute; Tandjigora, soci&oacute;logo, consultor y especialista en migraciones.
    </p><p class="article-text">
        El experto asegura que cuando un joven que ha migrado regresa &ldquo;est&aacute; mejor considerado&rdquo; que el resto. &ldquo;Hay j&oacute;venes que se van, pero no es necesariamente porque vivan en la miseria. Creo que muchos lo hacen porque quieren ser apreciados&rdquo;, apunta. &ldquo;En Kayes, cuando alguien vuelve de Francia se celebra y son tratados como una <em>star,</em> todo el mundo quiere ser una estrella. Hay quien tiene m&aacute;s dinero y no ha migrado y est&aacute; menos valorado en la sociedad que quien vuelve sin dinero&rdquo;, explica Tandjigora.
    </p><h3 class="article-text">La escuela&nbsp;ya no es un &eacute;xito</h3><p class="article-text">
        El soci&oacute;logo a&ntilde;ade un matiz: la escuela ya no simboliza el &eacute;xito porque, aunque la termines no hay trabajo. &ldquo;Desde la masificaci&oacute;n de la universidad a finales de los 90, la gente piensa que la migraci&oacute;n hacia Europa te permite una situaci&oacute;n social estable y que la escuela te lleva al paro&rdquo;, se&ntilde;ala.
    </p><p class="article-text">
        El perfil del migrante en Kayes es hombre y joven y, seg&uacute;n datos del Gobierno, &ldquo;el sue&ntilde;o de cualquier joven es irse&rdquo;. Asegura Diakit&eacute; que entre los sonink&eacute; &ldquo;aquel que no viaje no es un hombre&rdquo;. Lo mismo defiende Madiba Siby, exmigrante y miembro de la asociaci&oacute;n de migrantes retornados de Kayes, que asegura que en la regi&oacute;n &ldquo;viajar es mostrar que se ha tenido &eacute;xito en la vida&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Tal es la creencia que, seg&uacute;n ejemplifica un informe de 2016 del Gobierno de Mal&iacute; sobre desarrollo humano, al joven que no emigra en Y&eacute;liman&eacute;, al norte de la regi&oacute;n de Kayes, se le estigmatiza llam&aacute;ndole&nbsp;&ldquo;ten&egrave;s&rdquo;, compar&aacute;ndolo con un ni&ntilde;o que gatea, con una movilidad reducida, o &ldquo;t&eacute;nt&egrave;ten&egrave;s&rdquo;, refiri&eacute;ndose a un ni&ntilde;o que se mueve sobre sus nalgas con una movilidad casi nula. &ldquo;En una zona donde la cultura de la movilidad esta tan valorada, el 'ten&egrave;s' es mejor que el 't&eacute;nt&egrave;ten&egrave;s' porque el primero se mueve un poco, mientras que el segundo apenas se mueve&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        De este modo, la posibilidad de casarse es m&iacute;nima y &ldquo;con esta mentalidad&rdquo; es com&uacute;n que los alumnos &ldquo;abandonen la educaci&oacute;n b&aacute;sica para emigrar&rdquo;. Adem&aacute;s, se&ntilde;ala el mismo estudio, hay padres que fomentan este tipo de comportamiento bajo el pensamiento &ldquo;si env&iacute;o a mi hijo al extranjero, en tres a&ntilde;os aportar&aacute;&nbsp;100 veces m&aacute;s que lo que podr&iacute;a aportar tras 12 a&ntilde;os de estudios&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Construcci&oacute;n de pozos, centros de salud y escuelas</h3><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, la migraci&oacute;n en la regi&oacute;n de Kayes ha contribuido a la mejora de las condiciones de vida, permitiendo la construcci&oacute;n de pozos, centros de salud o escuelas. Para lograrlo, los migrantes que est&aacute;n en Europa se organizan en asociaciones y cooperativas por pueblos y cotizan para construir un pozo, un mercado, e incluso una mezquita. Estas asociaciones tambi&eacute;n ayudan a quienes est&aacute;n reci&eacute;n llegados a Europa antes de que encuentren un trabajo.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n indica un informe de la OCDE, los emigrados de la regi&oacute;n de Kayes son los primeros actores de desarrollo local a trav&eacute;s de las asociaciones. Se les atribuye el 60% de las infraestructuras de la regi&oacute;n. En este sentido, recoge el informe del Gobierno de Mal&iacute;, la emigraci&oacute;n al extranjero es &ldquo;un paliativo que ninguna otra actividad local sabr&iacute;a reemplazar en la medida en la que beneficia a familias enteras de ingresos superiores a las capacidades locales de producci&oacute;n&rdquo; de la regi&oacute;n de Kayes.
    </p><p class="article-text">
        Kayes es, sin embargo, la&nbsp;zona de Mali con m&aacute;s minas de oro, mineral que represent&oacute; en 2016 el 76,5% de las exportaciones del pa&iacute;s.&nbsp;Pero&nbsp;las poblaciones no se benefician de ello. &ldquo;Quienes explotan las minas son las compa&ntilde;&iacute;as extranjeras. El dinero que se da para las poblaciones se da al prefecto o subprefecto que representa al Estado en la localidad y es quien debe invertirlo en actividades de desarrollo comunitario, pero que no lo hace porque se pierde en las redes de corrupci&oacute;n&rdquo;, explica Tandjigora. &ldquo;Las compa&ntilde;&iacute;as extranjeras reclutan a gente local, pero es una minor&iacute;a. Si miras la proporci&oacute;n de gente que migra y a cu&aacute;nta se contrata ver&aacute;s que no pueden contratarlos a todos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Aunque en la regi&oacute;n de Kayes la mayor&iacute;a de las personas que migra se instala en otros pa&iacute;ses africanos, principalmente en la vecina Costa de Marfil, la imagen &ldquo;paradisiaca&rdquo; que se tiene de Europa hace que muchos piensen que en este continente &ldquo;est&aacute; la felicidad absoluta&rdquo;, dice el soci&oacute;logo, quien tambi&eacute;n explica que a principios de los 2000, &ldquo;cuando hab&iacute;a la prosperidad en Espa&ntilde;a&rdquo;, los j&oacute;venes de la regi&oacute;n de Kayes dec&iacute;an: 'Yo soy espa&ntilde;ol'. &ldquo;Era una manera de decir: 'Estoy aqu&iacute;, pero un d&iacute;a oir&aacute;s que he partido a Espa&ntilde;a, as&iacute; que tr&aacute;tame como espa&ntilde;ol desde ahora&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/ascensor-migracion-dinero-valorado-socialmente_1_1723643.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 06 Feb 2019 21:23:38 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/544f204a-7472-4d3e-93ca-bd33e013e8bf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="103917" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/544f204a-7472-4d3e-93ca-bd33e013e8bf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="103917" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El 'ascensor social' de la migración: "Cuando alguien vuelve desde Europa, es tratado como una estrella"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/544f204a-7472-4d3e-93ca-bd33e013e8bf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Malí,Inmigración,África]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una mochila, un par de mudas y un móvil para intentar llegar a Europa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/mochila-intentar-llegar-europa-irregular_1_1762584.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d03a201d-2396-4a20-a968-55e780d4cd04_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una mochila, un par de mudas y un móvil para intentar llegar a Europa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Por cada migrante que decide iniciar el viaje hay una historia personal y una manera diferente de afrontar la travesía</p><p class="subtitle">Mohamed Habib Dème es de Senegal tiene 34 años y una idea en la cabeza: intentar llegar a España</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Mi padre est&aacute; muy enfermo, si se entera se va a traumatizar. Mi madre tampoco debe enterarse porque me dir&aacute; que es muy peligroso y me va a pedir que no lo haga. Nadie en la familia lo sabe&rdquo;. Mohamed Habib D&egrave;me es de Senegal &ndash;s&eacute;ptima nacionalidad de personas que llegan por el Mediterr&aacute;neo a Espa&ntilde;a en 2018, seg&uacute;n ACNUR&ndash;, tiene 34 a&ntilde;os y una idea en la cabeza: intentar llegar a Espa&ntilde;a. Adem&aacute;s, est&aacute; casado y tiene dos hijos: Seydou de cuatro a&ntilde;os y Mohamed de siete meses. Mientras el padre relata por qu&eacute; ha decidido viajar y c&oacute;mo ha organizado el viaje, el m&aacute;s peque&ntilde;o de sus hijos est&aacute; sentado sobre sus piernas. &ldquo;En dos o cuatro d&iacute;as m&aacute;ximo me voy, si Dios quiere&rdquo;, confiesa.
    </p><p class="article-text">
        Ha pasado casi un a&ntilde;o desde que empez&oacute; a plantearse la idea de migrar de forma clandestina a Espa&ntilde;a ante la falta de posibilidades de hacerlo por la v&iacute;a regular.  Desde entonces, comenz&oacute; a guardar una parte de lo que ganaba cuando trabajaba. &ldquo;Hostia&rdquo;, &ldquo;me cago en Dios&rdquo; y &ldquo;puta madre&rdquo; son las &uacute;nicas palabras en espa&ntilde;ol que conoce Mohameh porque, cuenta, ha trabajado en los atuneros espa&ntilde;oles que faenan en aguas senegalesas.
    </p><p class="article-text">
        Dice que son 12 horas diarias y un sueldo mensual de 70.000 francos CFA (106 &euro;). &ldquo;&iquest;C&oacute;mo puedo mantener a mi familia con eso?&rdquo;, se justifica, &ldquo;es muy duro y lo que ganas no es suficiente. No tengo nada que ofrecer a mis hijos. Si no trabajo no puedo construir una casa para la familia, no puedo llevarlos a la escuela y eso con el paso del tiempo es una responsabilidad, as&iacute; que lo mejor es ir a Espa&ntilde;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Para llegar a Espa&ntilde;a ha reservado un billete a Marruecos en una agencia de viajes por unos 250.000 francos CFA (380&euro;). Debido a que los senegaleses no necesitan visado para ir a Marruecos, y viceversa, es la opci&oacute;n menos arriesgada. Luego tomar&aacute; un autob&uacute;s desde Casablanca hasta T&aacute;nger para cruzar a Espa&ntilde;a. &ldquo;Si Dios me ayuda a llegar a las costas espa&ntilde;olas, el momento en que los barcos espa&ntilde;oles me vengan a socorrer ser&aacute; uno de los d&iacute;as m&aacute;s bellos desde que nac&iacute;&rdquo;, dice.
    </p><h3 class="article-text">Sin equipaje, sin ahorros... y sin pasado</h3><p class="article-text">
        Al preguntarle qu&eacute; se llevar&aacute; para hacer el viaje s&oacute;lo hace alusi&oacute;n a un sobre amarillo donde guarda su pasaporte y un carn&eacute; de identidad especial de la marina que se&ntilde;ala que sabe navegar. No descarta usarlo, si puede, para encontrar un trabajo en Espa&ntilde;a, pero su utilidad transcendental, en principio, ser&aacute; demostrar en Marruecos que puede conducir la balsa con la que cruzar&aacute;n a Espa&ntilde;a y de este modo no le costar&aacute; nada atravesar el Mediterr&aacute;neo.
    </p><p class="article-text">
        Por cada persona que decide migrar a Europa hay una explicaci&oacute;n sobre la organizaci&oacute;n del viaje. Sin embargo, en los &uacute;ltimos informes de perfiles migratorios de la Organizaci&oacute;n Internacional para las Migraciones (OIM) se puede constatar que adem&aacute;s de preguntar a los migrantes de retorno y/o en tr&aacute;nsito c&oacute;mo y por qu&eacute; decidieron migrar, tambi&eacute;n se busca obtener informaci&oacute;n m&aacute;s clara sobre el viaje, las informaciones que ten&iacute;an antes de salir y de d&oacute;nde obtuvieron la financiaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En este sentido, seg&uacute;n un informe de 2017 focalizado en los testimonios de los migrantes asistidos por la agencia de Naciones Unidas en sus centros de tr&aacute;nsito en N&iacute;ger, el 92% de las personas lo organizaron ellas mismas al iniciarlo, el 6% fueron asistidas por otras personas y un 1% declar&oacute; haber viajado bajo la supervisi&oacute;n/coerci&oacute;n de otra persona, &ldquo;lo que a menudo es un indicador para las v&iacute;ctimas de trata de personas&rdquo;, indica el informe.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, cerca del 62% indic&oacute; que se hab&iacute;an financiado el viaje de manera independiente trabajando durante el trayecto. Hay que tener en cuenta que aquellas personas que deciden pasar por N&iacute;ger para cruzar a Argelia o Libia deben pasar por varios pa&iacute;ses antes de llegar y el viaje tiende a alargarse, sobre todo si necesitan conseguir el dinero durante el trayecto. No obstante, el 16% habr&iacute;a recurrido a sus propios ahorros realizados antes de salir de viaje y el 11% al pr&eacute;stamo de familiares o amigos.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Si &eacute;l lo consigui&oacute;, &iquest;por qu&eacute; yo no?&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Este fue el caso de Oumar Ke&iuml;ta, ahora encargado de la comunicaci&oacute;n de la Asociaci&oacute;n Retorno Trabajo Dignidad (ARTD) en Bamako, la capital de Mal&iacute; &ndash;tercera nacionalidad de las personas que llegan por el Mediterr&aacute;neo a Espa&ntilde;a en 2018, seg&uacute;n ACNUR&ndash;. Tras pens&aacute;rselo durante m&aacute;s de un a&ntilde;o, con tan s&oacute;lo 22 primaveras decidi&oacute; emprender el viaje a Europa desde Bamako. Trabajaba con su hermano mayor en un taller de reparaci&oacute;n de coches y ganaba unos 60.000 francos CFA al mes (91&euro;), as&iacute; que pens&oacute; que yendo a Europa ganar&iacute;a mucho m&aacute;s y tendr&iacute;a una vida mejor.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Una persona que conoc&iacute;a lo consigui&oacute; y pens&eacute;, &iquest;por qu&eacute; yo no? As&iacute; que estudi&eacute; la estrategia y ahorr&eacute;. Tambi&eacute;n tuve que convencer a otras personas de la familia para que me ayudaran financieramente pero mi padre estaba en contra porque cada d&iacute;a escuchaba por los medios internacionales que un n&uacute;mero de migrantes hab&iacute;a muerto en el mar. &lsquo;Esa ruta no es buena&rsquo;, me dec&iacute;a, as&iacute; que le dej&eacute; de contar sobre mi viaje. Mi madre entonces ya hab&iacute;a fallecido, as&iacute; que quien me ayud&oacute; fueron mi hermano y mi hermana, ambos mayores que yo&rdquo;, narra.
    </p><p class="article-text">
        Tard&oacute; un mes y medio en prepararse, conocer el itinerario, c&oacute;mo funcionaban las redes de pasadores y cu&aacute;nto dinero necesitaba para cada etapa del viaje. Con la cartilla internacional de vacunaci&oacute;n, el pasaporte y una mochila con un par de mudas, cepillo de dientes y tel&eacute;fono m&oacute;vil &ndash;&ldquo;lo m&aacute;s importante de todo&rdquo;, subraya&ndash; se puso en marcha el 5 de agosto de 2005 y cruz&oacute; Mali y Mauritania en autob&uacute;s para llegar a Marruecos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El d&iacute;a que &iacute;bamos a salir al mar los gendarmes, la polic&iacute;a marroqu&iacute; y el Frontex nos impidieron atravesar&rdquo;, cuenta. D&iacute;as despu&eacute;s, la noche del 29 de septiembre tuvo lugar un salto multitudinario a las vallas de Ceuta y Melilla y las fuerzas de seguridad dispararon con balas reales. Oumar fue una de las personas que intentaron cruzar.
    </p><p class="article-text">
        Su compa&ntilde;ero de viaje desde el principio y quien se convirti&oacute; en su amigo, Mamadou Traor&eacute;, muri&oacute; aquel d&iacute;a por un disparo en el vientre. &ldquo;Su cuerpo se qued&oacute; all&iacute;, yo decid&iacute; volver a casa&rdquo;, cuenta. &ldquo;Perd&iacute; como un mill&oacute;n y medio de francos CFA (2.280&euro;) en dos meses&rdquo;. En diciembre de ese mismo a&ntilde;o decidi&oacute; crear la asociaci&oacute;n ARTD, enfocada a cuestiones migratorias, junto a varios camaradas malienses que tambi&eacute;n regresaron al pa&iacute;s tras aquel incidente.
    </p><h3 class="article-text">Aceptan cualquier trabajo con tal de escapar</h3><p class="article-text">
        En un informe de 2018 de la OIM sobre el perfil del migrante de Costa de Marfil &ndash;cuarta nacionalidad de llegadas por el Mediterr&aacute;neo a Espa&ntilde;a en 2018, seg&uacute;n ACNUR&ndash; se analiza el proceso de toma de decisi&oacute;n de salida. Seg&uacute;n este estudio, el 55% indica haber preparado su viaje durante menos de seis meses y el 11% tom&oacute; la decisi&oacute;n en menos de una semana, &ldquo;un tiempo extremadamente corto para una decisi&oacute;n que puede tener unas consecuencias muy serias en t&eacute;rminos de riesgos incurridos. Esto sugiere que, en estos casos de salidas muy espont&aacute;neas, el individuo no se tom&oacute; el tiempo de informarse sobre la ruta y todos los riesgos y costos que conlleva&rdquo;, indica el informe.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, el 50% de las personas entrevistadas para la realizaci&oacute;n de este informe se&ntilde;ala que gast&oacute; m&aacute;s de un mill&oacute;n de francos CFA (1.520&euro;) en el total del viaje, el 31% gast&oacute; menos de 500.000 CFA (760&euro;), el 20% entre 500.000 (760&euro;) y un mill&oacute;n de CFA (1.520&euro;) y otro 20% entre un mill&oacute;n (1.520&euro;) y un mill&oacute;n y medio (2.280&euro;).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;S&eacute; muy bien que no es f&aacute;cil&rdquo;, dice Mohameh. &ldquo;S&eacute; que no hablo espa&ntilde;ol, as&iacute; que cuando cruce me quedar&eacute; un tiempo con amigos que me ayudar&aacute;n a encontrar el modo de trabajar en cualquier cosa, siempre que sea algo aceptable en Espa&ntilde;a, claro&rdquo;, explica. &ldquo;Cualquier trabajo me sirve, a los senegaleses nos gusta trabajar&rdquo;, argumenta.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Tengo un amigo que entr&oacute; en Espa&ntilde;a hace tres meses y me ha dicho que incluso si haces peque&ntilde;os trabajos consigues algo de dinero y que es mejor que Senegal&rdquo;. D&iacute;as m&aacute;s tarde, cuando preguntamos si Mohameh ya s&eacute; hab&iacute;a marchado, nos dijeron que poco despu&eacute;s de encontrarnos con &eacute;l no lo hab&iacute;an vuelto a ver. No se despidi&oacute; porque nadie de su familia sab&iacute;a que se marchaba, a excepci&oacute;n de su hijo de siete meses, presente en sus brazos durante toda la entrevista, pero que no dir&aacute; nada.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/mochila-intentar-llegar-europa-irregular_1_1762584.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 07 Jan 2019 19:37:24 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/d03a201d-2396-4a20-a968-55e780d4cd04_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="57670" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/d03a201d-2396-4a20-a968-55e780d4cd04_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="57670" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Una mochila, un par de mudas y un móvil para intentar llegar a Europa]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/d03a201d-2396-4a20-a968-55e780d4cd04_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[España,África,Derechos Humanos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Usar el miedo y decir a los migrantes que morirán en el mar no es una buena estrategia: sus motivos son más fuertes"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/usar-estrategia-motivaciones-empujan-fuertes_128_1772831.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5292e45a-1281-4429-b74b-0432efe7c4b3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Usar el miedo y decir a los migrantes que morirán en el mar no es una buena estrategia: sus motivos son más fuertes&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Entrevista a Mamadou Diakité, consultor de gestión migratoria para organismos internacionales en Mali, país de origen y tránsito de muchas personas que intentan llegar a Europa</p><p class="subtitle">Fue uno de los primeros en trabajar en la sensibilización sobre la inmigración en este país y ha apoyado la creación de varias asociaciones de migrantes</p><p class="subtitle">"Es insuficiente hablar con los migrantes si no tenemos respuestas a sus problemas. Los jóvenes nos dicen: 'Sí, os hemos entendido, pero ¿qué nos proponéis?", dice</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Hay gente que se va y que no quiere irse, que quiere ser escuchada, ayudada y apoyada&rdquo;, repite Mamadou Diakit&eacute;. Es consultor de gesti&oacute;n migratoria desde 2004 para organismos internacionales en Mali, pa&iacute;s de origen y de tr&aacute;nsito de muchas personas que deciden intentar llegar a Europa.
    </p><p class="article-text">
        Diakit&eacute; fue una de las primeras personas en trabajar en la sensibilizaci&oacute;n sobre la inmigraci&oacute;n clandestina en este pa&iacute;s de &Aacute;frica occidental y ha colaborado en la creaci&oacute;n de varias asociaciones de migrantes. En esta experiencia se apoya para reflexionar sobre la complejidad de la realidad de los flujos migratorios desde el continente africano y los puntos a tener en cuenta para poder gestionarlos de una manera eficaz.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los riesgos en el mar y el desierto son ciertos, pero cuidado con esta estrategia del miedo porque no es la buena. Incluso si son conscientes, las motivaciones que empujan a la gente son m&aacute;s fuertes que lo que les est&aacute;s contando&rdquo;, defiende durante una conversaci&oacute;n con eldiario.es. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Como consultor de organizaciones no gubernamentales europeas y africanas sobre migraci&oacute;n, &iquest;qu&eacute; cuestiones suelen plantearle?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Suelen ser para proyectos de migraci&oacute;n sobre la sensibilizaci&oacute;n de las poblaciones candidatas a migrar o sobre proyectos que conciernen a migrantes de retorno, especialmente desde el &aacute;ngulo de la inserci&oacute;n socioprofesional. Me preguntan por qu&eacute; parten y c&oacute;mo hacer. Conozco la sensibilizaci&oacute;n y sus limitaciones, s&eacute; c&oacute;mo acercarse a la gente, pero tambi&eacute;n s&eacute; que es insuficiente hablarles si no tenemos respuestas a sus problemas. Los j&oacute;venes nos dicen: &ldquo;S&iacute;, os hemos entendido, pero &iquest;qu&eacute; nos propon&eacute;is?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cu&aacute;ndo le preguntan 'c&oacute;mo hacer' se refieren a c&oacute;mo regular los flujos migratorios o c&oacute;mo evitar que lleguen a Europa?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Se refieren a c&oacute;mo hacer frente a los riesgos. La gente se marcha porque busca respuestas a su situaci&oacute;n y a sus problemas o por inseguridad, pero la mayor parte lo hace por la ruta transahariana y ah&iacute; surge otra problem&aacute;tica que no es la migraci&oacute;n como tal: las condiciones de viajar por el S&aacute;hara son en s&iacute; mismas un problema. A eso hay que a&ntilde;adirle la inseguridad de los bandidos y las pol&iacute;ticas de los pa&iacute;ses del Magreb que hacen de gendarme de la Uni&oacute;n Europea.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qui&eacute;n es el responsable de todos estos riesgos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Son una consecuencia de las pol&iacute;ticas de Europa, del cierre de fronteras. Pero no basta con decir esto, ser&iacute;a injusto. Son tambi&eacute;n consecuencia de la mala gobernanza en los pa&iacute;ses africanos. &iquest;Por qu&eacute; la gente se va de sus pa&iacute;ses? La gente que se arriesga a morir es porque no se encuentra en buenas condiciones. Nadie quiere irse de su pa&iacute;s, eso es una realidad que no se dice. Dejar a su madre, a su mujer, no es f&aacute;cil.
    </p><p class="article-text">
        Metemos todo eso en el paquete de la pobreza, pero no, no y no. Est&aacute; la pobreza, quiz&aacute;s, pero tambi&eacute;n, mucho m&aacute;s, la mala gobernanza, la corrupci&oacute;n, la delincuencia financiera... &Aacute;frica est&aacute; mal gestionada, muy mal gestionada. &iquest;Cu&aacute;ndo vamos a tomar conciencia de que m&aacute;s del 60% de la poblaci&oacute;n son j&oacute;venes? Es necesario que seamos independientes de Europa. Tenemos el deber y la obligaci&oacute;n de mejorar las condiciones de vida aqu&iacute;. Aunque tengamos pocos medios, si se gestionan bien se puede hacer. Aqu&iacute; somos pobres, la pobreza no nos da miedo, es la miseria la que nos da miedo. Es la mala gobernanza la que nos ha transformado de pobres en miserables. Y eso es culpa de los hombres, del reparto no equitativo de las riquezas, y se puede cambiar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Y aqu&iacute; tambi&eacute;n entran Europa, China o Estados Unidos...</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, pero a quien nosotros elegimos y ponemos en su sitio es a nuestros dirigentes. El problema en primer lugar se encuentra a este nivel. Luego, nuestros gobernantes tienen sus problemas como responsables de sus pa&iacute;ses y sus relaciones con Europa y el resto del mundo, porque las pol&iacute;ticas econ&oacute;micas del mundo est&aacute;n mal forjadas y los intercambios entre Europa y &Aacute;frica son desequilibrados. Los africanos producen pr&aacute;cticamente todo, pero ni siquiera definen el precio de eso que venden.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Entonces en este contexto, &iquest;pueden cambiar algo los proyectos para intentar disminuir los riesgos y los flujos migratorios realizados por ONG u organismos como la UE o la ONU? &iquest;O estamos en un c&iacute;rculo vicioso en el que se contornean los problemas de base y estos proyectos no cambian las cosas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Estamos en un c&iacute;rculo vicioso, pero podemos salir de &eacute;l. Siempre he cre&iacute;do que es una cuesti&oacute;n de voluntad pol&iacute;tica y clarividencia. Europa va a decir que pone centenares de millones de euros para resolver algo, pero no va a cambiar nada. &iquest;Ha reflexionado bien? &iquest;lo hace con las poblaciones a las que concierne? Da centenares de millones a nuestros gobernantes, pero esos proyectos no tienen ning&uacute;n impacto en la poblaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Dicho esto, los ciudadanos tenemos que saber que tambi&eacute;n tenemos el derecho de pedir rendici&oacute;n de cuentas a nuestros gobernantes, a los ayuntamientos. Por ejemplo, &iquest;ad&oacute;nde va el dinero de las minas de oro? Las multinacionales explotan los recursos de la poblaci&oacute;n y existe la obligaci&oacute;n de rendir cuentas con esa poblaci&oacute;n. Las empresas dicen que pagan las tasas de explotaci&oacute;n. Entonces, si las dan, &iquest;a qui&eacute;n? &iquest;ad&oacute;nde va ese dinero que la gente no ve? Se queda en las manos de dos o cuatro personas que se lo reparten. Esto no va a cambiar hasta que la poblaci&oacute;n tome conciencia, hay que ayudarles a tomar conciencia.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hay quienes plantean que la poblaci&oacute;n est&aacute; acostumbrada a que quien les ayude no sea el gobierno sino las ONG, y que esto hace que los movimientos ciudadanos no surjan porque esas poblaciones resisten con esos peque&ntilde;os proyectos que act&uacute;an como &ldquo;parches&rdquo; y evitan una revuelta social.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Esto es cierto y voy a ponerte otro caso. En Mali, hemos visto como la clase pol&iacute;tica no hace m&aacute;s que corromper a la sociedad civil. Una vez que la clase pol&iacute;tica corrompe a la sociedad civil y la mete en su juego, la din&aacute;mica se quiebra. La sociedad civil ya no juega su juego sino el del poder.
    </p><p class="article-text">
        Hemos esperado mucho de la sociedad civil en &Aacute;frica, pero hay una buena parte de esos grandes l&iacute;deres sociales que han sido &ldquo;recuperados&rdquo; por los dirigentes. Es decir, los colocan en puestos del Estado o en situaciones en las que no hacen m&aacute;s que hablar, pero no pueden reaccionar en contra. La sociedad civil de &Aacute;frica del oeste, concretamente de Mali, que estaba en cierta ventaja en un momento dado, ha llegado a un punto en el que ha dejado de ser cre&iacute;ble a ojos de la poblaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cree que el modo de enfocar los proyectos que vienen de fuera est&aacute; adaptado a las realidades africanas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Desde mi experiencia personal en el terreno de la migraci&oacute;n te digo que no. El primer proyecto que gestion&eacute; sobre migraci&oacute;n en 2004 ten&iacute;a dos vertientes: una de informaci&oacute;n y sensibilizaci&oacute;n, y la otra de retorno y reintegraci&oacute;n de migrantes subsaharianos en el Magreb. Al principio, africanos y europeos no ten&iacute;amos la misma visi&oacute;n y tuve todos los problemas del mundo para hacerles entender que lo que quer&iacute;an hacer no iba a funcionar porque no era el buen enfoque.
    </p><p class="article-text">
        Hoy puedo decir que la estrategia que elegimos para informar y sensibilizar era vergonzosa. Se les dec&iacute;a: &ldquo;Vas a morir, el mar va a matarte&rdquo;. S&iacute;, es verdad, los riesgos en el mar y el desierto son ciertos, pero cuidado con esta estrategia del miedo porque no es la buena. Incluso si son conscientes, las motivaciones que empujan a la gente son m&aacute;s fuertes que lo que les est&aacute;s contando y, adem&aacute;s, no les est&aacute;s dando soluciones a sus problemas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y c&oacute;mo lo har&iacute;a usted?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Se trata de hacerles tomar conciencia. No tenemos derecho a impedirles que partan. Hay que reconocerles el derecho fundamental de migrar y explicarles que es el modo de partir lo que genera problemas y complicaciones en el trayecto y en los pa&iacute;ses a los que van. Hay que decirles que los Estados tienen el derecho de elegir a quien quieren y a quien no en su territorio.
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, se aborda el problema, se les dice que tienen derecho a migrar y las cosas ocurren as&iacute;. Pero antes de ir, &iquest;cu&aacute;les son las causas de vuestra salida? Nadie les hace la pregunta. Sus motivos son m&uacute;ltiples y no son todos debido a la miseria. No dejo de decirlo, hay migrantes que se van y que no quieren irse que, al contrario, quieren ser escuchados, ayudados y apoyados para tener un trabajo. Hay que escucharlos, pero esto no est&aacute; en el programa de las grandes ONG, ni de quienes financian los proyectos. Es un trabajo a fondo y un problema muy serio como para llegar y en cinco minutos poner en marcha el programa e irse. En realidad, no se hace el trabajo, solo se justifican los gastos de los proyectos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Sin embargo, en programas como los del Fondo Fiduciario de la Uni&oacute;n Europa o los de la Organizaci&oacute;n Internacional para la Migraciones (OIM) no dejamos de escuchar las palabras &ldquo;sensibilizaci&oacute;n&rdquo; y &ldquo;reinserci&oacute;n&rdquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pero, &iquest;qu&eacute; reinserci&oacute;n? &iquest;c&oacute;mo est&aacute; concebida? Hace poco un migrante que conozco volvi&oacute; a su pa&iacute;s con el programa de retorno voluntario de la OIM y le dieron 1.000 euros para su reinserci&oacute;n. Con 1.000 euros a ese hombre en dos o tres meses lo volvemos a ver en Bamako y en cuatro meses en la ruta migratoria otra vez. Le dije a la OIM: &ldquo;No vais a hacer lo que os voy a decir porque est&aacute;is en la misma l&oacute;gica y error que yo en 2004, pero no tendr&eacute;is resultados&rdquo;. No les hizo gracia. &ldquo;Es dinero perdido, pero como ten&eacute;is dinero, pues nada, h&aacute;ganlo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo se concilia la elecci&oacute;n del joven que decide migrar y que tiene un contexto que lo justifica y la de las autoridades de pa&iacute;ses europeos que tienen sus motivaciones para limitar la llegada de migrantes?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Entiendo a los ciudadanos y dirigentes europeos, pero estoy totalmente de acuerdo tambi&eacute;n con el joven africano que va a buscar en otro lugar una soluci&oacute;n a su problema en &Aacute;frica. Sin embargo, se pueden conciliar ambos, no es dif&iacute;cil, solo que todo el mundo hace como que no sabe c&oacute;mo. Esto no se discute en una mesa cuadrada sino en una mesa redonda, como las del rey y sus caballeros en Francia, en la que todo el mundo tiene el mismo peso y se discute de igual a igual.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cree entonces que hay una falta de di&aacute;logo entre las personas migrantes y las autoridades europeas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hay una falta de di&aacute;logo a todos los niveles: entre las autoridades europeas y africanas, entre los migrantes y los organismos que pretenden gestionarlos, entre los migrantes y los pa&iacute;ses de acogida. Los ciudadanos europeos tienen miedo de ser invadidos por migrantes, es comprensible y humano, pero quienes llegan est&aacute;n empujados por el hambre, la desesperanza, la inseguridad y no saben ad&oacute;nde ir, as&iacute; que si quieren irse no podemos retenerles. Sin embargo, hay quienes se quedan y no se mueren. Hay una gran incomprensi&oacute;n. Es necesario abrir un gran debate a todos los niveles sobre la migraci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/usar-estrategia-motivaciones-empujan-fuertes_128_1772831.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 25 Dec 2018 20:05:02 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/5292e45a-1281-4429-b74b-0432efe7c4b3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="333911" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/5292e45a-1281-4429-b74b-0432efe7c4b3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="333911" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA["Usar el miedo y decir a los migrantes que morirán en el mar no es una buena estrategia: sus motivos son más fuertes"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/5292e45a-1281-4429-b74b-0432efe7c4b3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Inmigración,Malí,Muertes fronterizas,África]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Explotación pesquera en Senegal: "Si ya no puedo usar mi cayuco, lo haré para ir adonde se llevan los peces"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/migrar-europa-utilizar-cayuco-pescar_1_1784256.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3dcb138f-af56-489f-83d8-6c044391173c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Explotación pesquera en Senegal: &quot;Si ya no puedo usar mi cayuco, lo haré para ir adonde se llevan los peces&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La sobrepesca en Senegal, un país tradicionalmente muy rico en pescado y donde operan barcos extranjeros, ha puesto en peligro el medio de vida de muchas personas</p><p class="subtitle">Los pescadores locales explican que se sienten obligados a correr más riesgos o buscar otros medios para sobrevivir, entre ellos la migración irregular</p><p class="subtitle">"Los barcos de la UE vienen aquí a coger nuestro pescado, es como si África alimentara a Europa", dice Moustapha Diouf, pescador y presidente de una organización de repatriados</p></div><p class="article-text">
        En Thiaroye-sur-mer, una comuna situada a la periferia de Dakar, la capital de Senegal, diez pescadores est&aacute;n reunidos a pie de playa tomando t&eacute; y cacahuetes. A su alrededor, decenas de peque&ntilde;as piraguas utilizadas desde la antig&uuml;edad para la pesca tradicional. En el suelo, algunas redes que cubren la arena blanca y fina de esta playa, llena de trapos, pl&aacute;sticos y otros objetos.
    </p><p class="article-text">
        Varios hablan un poco de espa&ntilde;ol. Trabajan en o con los barcos espa&ntilde;oles que, desde hace decenas de a&ntilde;os, navegan en aguas senegalesas en busca de pescado, principalmente at&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Entre t&eacute; y t&eacute;, aseguran que, antes de que llegaran las embarcaciones extranjeras, se pescaba mucho m&aacute;s que ahora. Y que mucha gente decidi&oacute; y decide migrar a Europa por la v&iacute;a clandestina por este motivo. En los a&ntilde;os 2000, las islas que ve&iacute;an a lo lejos desde sus piraguas, las Canarias, se convirtieron en una posible soluci&oacute;n a sus problemas. Uno de ellos cuenta que intent&oacute; llegar dos veces, sin &eacute;xito.
    </p><p class="article-text">
        Senegal, al igual que sus pa&iacute;ses vecinos, es un pa&iacute;s muy rico en pescado. Sus costas han sido tradicionalmente un para&iacute;so para los pescadores y se dice que el nombre del pa&iacute;s procede de las palabras 'sunu gaal'&nbsp;que en wolof significa 'nuestra canoa'. Pero en los &uacute;ltimos decenios, la canoa se est&aacute; vaciando. La sobrepesca ha puesto en peligro el ecosistema y el medio de vida de muchas personas. Seg&uacute;n datos de Greenpeace, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os la explotaci&oacute;n y regulaci&oacute;n inapropiadas en aguas de &Aacute;frica occidental, donde se encuentra Senegal, han ocasionado la sobreexplotaci&oacute;n de m&aacute;s del 50% del stock, una de las tasas m&aacute;s elevadas del mundo.
    </p><p class="article-text">
        Desde hace unas dos d&eacute;cadas, los j&oacute;venes de las zonas costeras de Senegal y candidatos a migrar a Europa aseguran que estos problemas relacionados con la pesca les empujan a marcharse.&nbsp;El mensaje que acaba calando, dicen quienes han visto a decenas de j&oacute;venes migrar, se resume en dos frases escuchadas en repetidas ocasiones: &ldquo;Si ya no puedo utilizar mi cayuco para pescar, lo usar&eacute; para ir a donde se llevan los peces&rdquo;;&nbsp;&ldquo;si ya no hay suficiente pescado, ganar&eacute; m&aacute;s dinero llenando mi piragua de gente que quiera ir a las Islas Canarias&rdquo;,&nbsp; 
    </p><p class="article-text">
        La vigilancia que hay en las costas senegalesas por parte de la Agencia europea de fronteras (Frontex), la marina senegalesa y la Guardia Civil espa&ntilde;ola, han disminuido considerablemente las salidas en cayuco desde Senegal y en la actualidad son pocos los que logran esquivar tantos controles. Los pescadores aseguran que, si hoy alguien preparara una piragua para salir a Canarias y tuvieran el dinero para pagarla, lo intentar&iacute;an.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ya no hay pescado en nuestro oc&eacute;ano, los europeos han venido, han hablado con el Estado y han firmado contratos con ellos. Han vendido todo nuestro producto&rdquo;, se lamenta el expescador Matar Samb. &ldquo;Si hubiera mucho pescado en Senegal, con todo el material de pesca que tenemos, los j&oacute;venes no coger&iacute;an las piraguas para irse a Espa&ntilde;a. Es la pobreza lo que los ha llevado a esa migraci&oacute;n clandestina, han perdido la esperanza en su pa&iacute;s, se van por la fuerza&rdquo;, asegura.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, la ruta habitual desde Senegal es tomar un avi&oacute;n hasta Marruecos y desde all&iacute; cruzar por T&aacute;nger a Espa&ntilde;a. Quienes viven en zonas del interior del pa&iacute;s toman la ruta terrestre que cruza el desierto del S&aacute;hara y llega hasta Libia y Argelia.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Es como si &Aacute;frica alimentara a Europa&rdquo;</h3><p class="article-text">
        El primer acuerdo de pesca entre Senegal y la Uni&oacute;n Europea data de 1979. Se trata de unos acuerdos que autorizan a arrastreros y atuneros espa&ntilde;oles, portugueses, franceses, italianos y griegos a operar regularmente en sus aguas territoriales. &ldquo;Las peque&ntilde;as piraguas senegalesas y los grandes barcos europeos no pueden rivalizar. Pero las aguas son nuestras&rdquo;, dice Moustapha Diouf. Es pescador y presidente de la Asociaci&oacute;n de J&oacute;venes Repatriados de Thiaroye-sur-mer. En 2006 lleg&oacute; a las Islas Canarias y fue tra&iacute;do de vuelta a Senegal en un vuelo de deportaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los barcos de la UE vienen aqu&iacute; a coger nuestro pescado, es como si &Aacute;frica alimentara a Europa. Esto no es normal&rdquo;, agrega Diouf. Este tipo de acuerdos de la UE con terceros pa&iacute;ses, seg&uacute;n explican expertos a eldiario.es, estuvieron pensados para abastecer el consumo interno. Aunque los pescadores hacen especial alusi&oacute;n a los barcos espa&ntilde;oles y los acuerdos con la Uni&oacute;n Europea, tambi&eacute;n&nbsp;pescan en&nbsp;sus aguas naves de otros pa&iacute;ses como Francia, China y Corea del Sur y, en el resto de &Aacute;frica occidental,&nbsp;de Rusia y Jap&oacute;n.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c78af874-51b3-482d-8b7d-aff55b2936a9_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c78af874-51b3-482d-8b7d-aff55b2936a9_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c78af874-51b3-482d-8b7d-aff55b2936a9_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c78af874-51b3-482d-8b7d-aff55b2936a9_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c78af874-51b3-482d-8b7d-aff55b2936a9_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c78af874-51b3-482d-8b7d-aff55b2936a9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/c78af874-51b3-482d-8b7d-aff55b2936a9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Ibrahima Ciss&eacute;, responsable de la campa&ntilde;a oc&eacute;anos de Greenpeace en Senegal, asegura que la relaci&oacute;n entre la migraci&oacute;n y la &ldquo;disminuci&oacute;n&rdquo; de la pesca est&aacute; &ldquo;muy clara cuando los grandes barcos pescan en zonas ilegales, se comete fraude de toneladas o se conceden licencias a los barcos industriales en detrimento de los pescadores artesanales&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando la seguridad alimentaria no es una prioridad para el Gobierno, los recursos dejan de estar disponibles para las poblaciones m&aacute;s pobres&rdquo;, prosigue.&nbsp;Adem&aacute;s de afectar a pescadores, esta disminuci&oacute;n de los recursos pesqueros impacta en&nbsp;toda la cadena de valor del pescado &ndash;producci&oacute;n, transformaci&oacute;n y comercializaci&oacute;n&ndash;, que es un sector clave de la econom&iacute;a senegalesa y emplea a un 17% de la poblaci&oacute;n activa, unos 600.000 empleos.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n Greenpeace, mientras la venta de derechos de pesca a extranjeros aporta 400 millones de d&oacute;lares en los pa&iacute;ses costeros de &Aacute;frica occidental, invertir en la explotaci&oacute;n pesquera local podr&iacute;a generar 3.300 millones de d&oacute;lares. Adem&aacute;s, estiman que si se controlara la pesca ilegal se podr&iacute;an crear 300.000 empleos.
    </p><h3 class="article-text">M&aacute;s riesgos y dificultades para sobrevivir</h3><p class="article-text">
        La sobreexplotaci&oacute;n pesquera ha ocasionado que los pescadores tengan que adentrarse m&aacute;s en el mar para lograr pescar, lo que tambi&eacute;n les supone m&aacute;s riesgo. Badou Ndoye, presidente del Colectivo Nacional de Pescadores Artesanales de Senegal recuerda que anta&ntilde;o se pod&iacute;a llenar la piragua de pescado a pocos kil&oacute;metros de la costa y en un d&iacute;a. Ahora, dice, hay que irse 15 d&iacute;as a alta mar e incluso salir de Senegal, rumbo a aguas de pa&iacute;ses vecinos como Guinea-Bissau o Mauritania. Este cambio ha supuesto que al menos 226 personas&nbsp;hayan perdido la vida&nbsp;en los &uacute;ltimos a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Ciss&eacute; explica que, debido a que los pescadores no tienen acceso al pescado, se sienten obligados a buscar otros medios para sobrevivir y entre las alternativas se encuentra la migraci&oacute;n irregular. Pero tambi&eacute;n existe otra posibilidad menos arriesgada y que, aunque salva la econom&iacute;a de las familias de pescadores a corto plazo, est&aacute; contribuyendo a esa sobreexplotaci&oacute;n. Para sobrevivir, muchos pescadores colaboran con los barcos industriales europeos. Algunos son contratados dentro de los atuneros, pero otros, seg&uacute;n explican, colaboran capturando  peces peque&ntilde;os con sus cayucos que usan para pescar at&uacute;n con ca&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Por una piragua llena de pescado les suelen pagar&nbsp;unos 250.000 CFA, es decir, 380 euros, que se reparten entre quienes van en la peque&ntilde;a embarcaci&oacute;n. En esta actividad no se vigila si estos peces son tallas peque&ntilde;as, por lo que este &ldquo;descontrol&rdquo;, como se&ntilde;ala Ciss&eacute;, &ldquo;impacta en los recursos pesqueros e impide que se reproduzcan afectando al ecosistema&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los barcos industriales saben que lo que hacen no es normal, que las piraguas les van a traer todo lo que puedan encontrar. Y luego la Uni&oacute;n Europea viene a darnos lecciones, pero son ellos los mismos que est&aacute;n promoviendo esta situaci&oacute;n. No es sostenible&rdquo;, remarca.&nbsp;En su web, la Comisi&oacute;n Europea publicita estos acuerdos como &ldquo;de asociaci&oacute;n sostenible&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Estamos obligados a hacerlo, no es la culpa de los pescadores, es la culpa del Estado&rdquo;, opina Samb. &ldquo;El Estado sabe muy bien lo que pasa. Los europeos no han hecho nada, han venido a trabajar, es nuestro Estado el que es d&eacute;bil, no conoce nada sobre la pesca y no hablan con quienes est&aacute;n en la base. El ministerio de&nbsp;Pesca no conoce nada sobre la pesca, el ministro es del interior del pa&iacute;s, no de la costa, no sabe ni nadar. Hemos discutido sobre muchas cosas, pero el Gobierno no escucha a nadie&rdquo;, agrega.
    </p><p class="article-text">
        Diouf s&iacute; apunta a la Uni&oacute;n Europea. &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n se comprometer&aacute; a parar esto? &iquest;El Estado de Senegal? No. &iquest;La UE? No. Es sobre todo la Uni&oacute;n Europea quien nos empuja a migrar. Si la UE quiere que dejemos de migrar tiene que dejar de firmar este tipo de acuerdos que interesan al Estado de Senegal pero no a la poblaci&oacute;n&rdquo;, sentencia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/migrar-europa-utilizar-cayuco-pescar_1_1784256.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Dec 2018 20:12:23 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/3dcb138f-af56-489f-83d8-6c044391173c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="135463" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/3dcb138f-af56-489f-83d8-6c044391173c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="135463" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Explotación pesquera en Senegal: "Si ya no puedo usar mi cayuco, lo haré para ir adonde se llevan los peces"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/3dcb138f-af56-489f-83d8-6c044391173c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Inmigración,Senegal,África,Pesca,UE - Unión Europea]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una vida mejor o el dolor por la pérdida: el 'cara o cruz' de las familias que se quedan detrás de cada patera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/bendicion-maldicion-familias-quedan_1_1864400.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5593b4ef-eb58-4b42-9bad-bc97c1e999db_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una vida mejor o el dolor por la pérdida: el &#039;cara o cruz&#039; de las familias que se quedan detrás de cada patera"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando los migrantes empiezan su viaje a Europa, dejan detrás a una familia que desea con todas sus fuerzas que la odisea los lleve a buen puerto, por el alivio económico que supone para ellas y por el miedo a perder a su familiar</p><p class="subtitle">"Se fue para ayudar a la familia, como todo el mundo hace", dice el padre de Babacar, fallecido en su intento de llegar a España cuando tenía 18 años</p><p class="subtitle">Al menos 18 personas han muerto y una decena ha desaparecido en el naufragio de tres pateras en las costas de Cádiz y Málaga este lunes</p></div><p class="article-text">
        Mariama D&egrave;me tiene 57 a&ntilde;os y ocho hijos. Este a&ntilde;o, en mayo, el primer d&iacute;a de Ramad&aacute;n, su segundo hijo, de 36, tom&oacute; un vuelo desde Dakar a Casablanca, capital econ&oacute;mica de Marruecos. Se gast&oacute; 370.000 francos CFA (562 euros) en un billete de ida y vuelta. Todo el mundo sab&iacute;a que solo coger&iacute;a un avi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Su plan: el mismo que el de tantos. Aprovechar la exenci&oacute;n de visado de los senegaleses para tomar un avi&oacute;n a Casablanca, montarse en un autob&uacute;s hasta T&aacute;nger y aguardar el mejor momento para subirse en una patera rumbo a las costas espa&ntilde;olas. Mariama recuerda las llamadas de su hijo durante su espera y, sobre todo, ese mensaje Whatsapp recibido en el m&oacute;vil de uno de sus hermanos peque&ntilde;os para decirles que lo hab&iacute;a conseguido. Que estaba en Espa&ntilde;a sano y salvo.
    </p><p class="article-text">
        Los nervios de Mariama desaparecieron, aunque no tardar&iacute;an en brotar de nuevo. A finales de agosto, el d&iacute;a de la fiesta musulmana del cordero, su tercer hijo, de 28 a&ntilde;os, imit&oacute; los pasos de su hermano. Quer&iacute;an haber viajado juntos, pero no lograron recopilar el dinero para financiar al mismo tiempo dos billetes de avi&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Pero las cosas hab&iacute;an cambiado en Marruecos en agosto. Tras el aumento de la llegada de pateras a las costas andaluzas, las autoridades marroqu&iacute;es reforzaron los controles migratorios tras nuevas promesas de financiaci&oacute;n europea. El tercer hijo de Mariama contin&uacute;a en T&aacute;nger en su intento de ser uno m&aacute;s de los 53.114 migrantes que han alcanzado Espa&ntilde;a de forma irregular en 2018. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando hablan, Mariama insiste: &ldquo;Ten cuidado&rdquo;. &ldquo;Si es muy peligroso busca trabajo en Marruecos y qu&eacute;date all&iacute;&rdquo;, repite su madre, con el temor en su espalda de que su hijo se convierta en otra de las cifras que engrosan la otra lista. La de quienes se fueron y se quedaron en las aguas del Mediterr&aacute;neo. En lo que va de a&ntilde;o, al menos 567 personas han muerto en el intento de llegar a las costas espa&ntilde;olas.<a href="https://www.eldiario.es/desalambre/Ascienden-migrantes-fallecidos-Canos-Meca_0_832567505.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> 18 de ellas han fallecido y m&aacute;s de una decena ha desaparecido este lunes tras el naufragio de tres pateras.</a> Seg&uacute;n la ONG Caminando Fronteras, 85 personas han perdido la vida en aguas fronterizas en la &uacute;ltima semana.
    </p><p class="article-text">
        La situaci&oacute;n de la familia de Mariama es complicada. Su marido est&aacute; jubilado y percibe 45 euros cada tres meses. Ella vende verduras en la puerta de casa para salir adelante. Tener hijos en Europa, con sus consiguientes remesas, supone una enorme ayuda econ&oacute;mica. 
    </p><p class="article-text">
        Moustapha enviaba cada mes entre 250 y 300 euros a su familia. &ldquo;Tienes que ayudar porque aqu&iacute; tenemos esa costumbre&rdquo;, explica en su lugar de origen. Despu&eacute;s de trabajar varios a&ntilde;os en Espa&ntilde;a como alba&ntilde;il, cre&oacute; su propio negocio de venta de piezas de coche y ruedas en Senegal procedentes de los desguaces espa&ntilde;oles. 
    </p><p class="article-text">
        Su trabajo le permite pasar unas temporadas en Espa&ntilde;a y otras en su pa&iacute;s, donde tiene a su familia, su mujer y sus hijos. Moustapha es un ejemplo de &ldquo;migrante de &eacute;xito&rdquo; en su barrio, donde ha construido una casa para su familia.  
    </p><p class="article-text">
        Todos sus hijos &ndash;tres ni&ntilde;as y un ni&ntilde;o&ndash; van a la escuela, al instituto o hacen formaci&oacute;n profesional. &ldquo;Los dem&aacute;s ven que tengo una casa, cayucos y un coche, &iquest;y qu&eacute; piensan? Voy a irme yo tambi&eacute;n para tener lo mismo que &eacute;l&rdquo;, confiesa. Para la familia de Moustapha ha sido una bendici&oacute;n que su hijo intentara y consiguiera llegar a Espa&ntilde;a hace 18 a&ntilde;os.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Se fue para ayudarnos, pero su barco se hundi&oacute;&rdquo;</h3><p class="article-text">
        No siempre es as&iacute;. Son muchas las familias que recuerdan con impotencia el d&iacute;a en el que sus hijos iniciaron su viaje. Issobho Thioub, de 57 a&ntilde;os, obrero y padre de cuatro hijos, perdi&oacute; en 2007 a Babacar, su primog&eacute;nito. Ten&iacute;a 18 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Sali&oacute; el mismo d&iacute;a que mi cu&ntilde;ado Abdoulaye (22 a&ntilde;os). Fueron a St. Louis &ndash;norte de Senegal&ndash; para desembarcar en Mauritania y continuar hasta Marruecos, a T&aacute;nger. Nos comunic&aacute;bamos todo el rato, pero cuando llegaron a Marruecos no volvimos a saber nada de ellos&rdquo;, relata Issobho en Dakar. &ldquo;M&aacute;s gente del barrio viajaba junto a ellos. Los vieron en Marruecos los d&iacute;as previos a cruzar. Luego nadie los volvi&oacute; a ver. Entonces supimos lo que hab&iacute;a pasado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Se fue para ayudar a la familia, como todo el mundo hace, pero su barco se hundi&oacute; en el mar&rdquo;, contin&uacute;a el padre de Babacar.
    </p><p class="article-text">
        El dolor le impidi&oacute; dormir bien durante un a&ntilde;o. El mismo dolor con el que convivir&aacute;n, desde esta semana, las familias de los &uacute;ltimos que murieron en el intento de pisar suelo espa&ntilde;ol. Su mujer lloraba cada d&iacute;a. Issobho detalla que fue ella quien reuni&oacute; los fondos para que su hijo viajara a Europa. &Eacute;l, a&ntilde;ade, no sab&iacute;a que estaban organizando ese viaje. &ldquo;No me enfad&eacute; con ella, era algo que ten&iacute;a que pasar. Hay gente que se va y vuelve con fortuna&rdquo;. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/bendicion-maldicion-familias-quedan_1_1864400.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 06 Nov 2018 19:10:46 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/5593b4ef-eb58-4b42-9bad-bc97c1e999db_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="39684" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/5593b4ef-eb58-4b42-9bad-bc97c1e999db_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="39684" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Una vida mejor o el dolor por la pérdida: el 'cara o cruz' de las familias que se quedan detrás de cada patera]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/5593b4ef-eb58-4b42-9bad-bc97c1e999db_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Senegal,Inmigración,Desaparecidos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La impotencia por querer llegar a Europa sin jugarse la vida en una patera: "Aquí los visados son para ricos"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/dificultad-conseguir-jovenes-arriesgando-desierto_1_1868484.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c78af874-51b3-482d-8b7d-aff55b2936a9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La impotencia por querer llegar a Europa sin jugarse la vida en una patera: &quot;Aquí los visados son para ricos&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Pedir un visado es el modo de llegar a Europa de forma regular, pero conseguirlo se ve como una lotería entre muchos jóvenes subsaharianos que desean migrar</p><p class="subtitle">eldiario.es habla con quienes lo intentan en Senegal: "Si no tienes un contacto en la embajada, no logras el visado", dice Mor</p><p class="subtitle">La mayoría de los países de África occidental y el Sahel tienen las tasas más altas de rechazos de visados del mundo en el espacio Schengen, según Frontex</p></div><p class="article-text">
        El a&ntilde;o pasado, Mamadou Saliou Diallo &ndash;55 a&ntilde;os, casado y con cuatro hijos&ndash; pidi&oacute; dos veces un visado en la embajada de Alemania en Dakar, Senegal. Cuenta que quer&iacute;a viajar all&iacute; por dos motivos: visitar a su prima que vive en&nbsp;el pa&iacute;s europeo&nbsp;y cuyo marido, portugu&eacute;s residente en Alemania, est&aacute; en coma en el hospital, e intentar comprar dos o tres camiones para ampliar la flota del negocio que tiene en Senegal.
    </p><p class="article-text">
        Su prima le envi&oacute; una carta de invitaci&oacute;n oficial expedida por las autoridades alemanas, adjunt&oacute; un documento del hospital donde est&aacute; ingresado el marido de su hermana, el certificado de matrimonio, dos seguros m&eacute;dicos &ndash;uno en Alemania y otro en Senegal&ndash;, fotocopias de sus dos tarjetas Visa y la reserva del billete con fecha de retorno tres semanas despu&eacute;s, entre otros papeles&nbsp;que le ped&iacute;an.
    </p><p class="article-text">
        No se lo concedieron. Una semana despu&eacute;s, le&nbsp;enviaron un documento escrito en alem&aacute;n donde se se&ntilde;alaba entre los motivos de denegaci&oacute;n que podr&iacute;a ser &ldquo;un peligro para el orden p&uacute;blico&rdquo; y que&nbsp; la documentaci&oacute;n entregada era falsa.&nbsp;La embajada no se cre&iacute;a las razones por las que Mamadou solicitaba viajar&nbsp;a Europa, seg&uacute;n el escrito. Tampoco confiaba en su&nbsp;palabra de regresar a Senegal llegada la fecha de expiraci&oacute;n de su visado.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Todos estos son los argumentos habituales de las embajadas para rechazar visados. Si llego a saber entonces que consideran que soy un peligro para el orden p&uacute;blico hubiera ido a la Justicia por tal acusaci&oacute;n&rdquo;, se&ntilde;ala Diallo, indignado tras escuchar la traducci&oacute;n de lo que indica el documento. No lo hizo en su momento porque, dice, &ldquo;estaba muy desanimado, cre&iacute;a haber dado todos los argumentos necesarios para un s&iacute;&rdquo;. A pesar de ello, escribi&oacute; una carta al c&oacute;nsul alem&aacute;n, sin lograr su objetivo.
    </p><p class="article-text">
        El caso de Diallo es un ejemplo de la realidad que viven los ciudadanos de &Aacute;frica occidental que tratan de viajar al extranjero a trav&eacute;s de&nbsp;los consulados. Pedir un visado es el modo de llegar a Europa de manera regular, pero conseguir su concesi&oacute;n se percibe como una loter&iacute;a. Seg&uacute;n un informe de 2015 de la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas (Frontex), la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses de &Aacute;frica occidental y el Sahel tiene las tasas m&aacute;s altas de rechazos de visas en comparaci&oacute;n con otras regiones del mundo. Pa&iacute;ses como Guinea, Mal&iacute;, Senegal, Nigeria, Camer&uacute;n o Ghana tienen unas tasas de rechazo de entre el 30 y el 40% de las solicitudes para el espacio Schengen.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el caso concreto de Senegal,&nbsp;el a&ntilde;o pasado fue&nbsp;rechazado un 64% de los visados solicitados, seg&uacute;n las cifras m&aacute;s recientes de la Comisi&oacute;n Europea. De acuerdo con datos de la Agencia de la ONU para los refugiados (Acnur), las personas de origen senegal&eacute;s est&aacute;n entre las principales nacionalidades de los migrantes que han atravesado este a&ntilde;o las rutas del Mediterr&aacute;neo occidental &ndash;la s&eacute;ptima&ndash;&nbsp;y central&nbsp;&ndash;la duod&eacute;cima&ndash;para llegar a suelo europeo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Son muchos los j&oacute;venes que piden un visado intentando evitar la v&iacute;a irregular para&nbsp;llegar a Europa&nbsp;a trav&eacute;s de la ruta terrestre que cruza el desierto hasta llegar a Libia o Argelia con Italia como destino final. O bien, embarc&aacute;ndose en&nbsp;una patera desde Marruecos, o saltando la valla de Ceuta o Melilla. Pero otros muchos ni intentan&nbsp;conseguir el&nbsp;permiso porque est&aacute;n convencidos de que ser&aacute; rechazado. En este sentido, Frontex se&ntilde;ala que &ldquo;el perfil predominante de los solicitantes de visados rechazados corresponde con el perfil de migrantes que llegan a la UE a trav&eacute;s de canales irregulares&rdquo;, es decir, hombres j&oacute;venes.
    </p><p class="article-text">
        Es lo que le ocurri&oacute; a Halifa. Tiene 32 a&ntilde;os y perdi&oacute; a su hermano mayor en 2006 cuando este intentaba llegar a Espa&ntilde;a en una patera. Halifa tambi&eacute;n quer&iacute;a tratar de alcanzar las costas espa&ntilde;olas de este modo para buscar trabajo, pero solicit&oacute; el visado a petici&oacute;n de su madre, que no quer&iacute;a perder a otro hijo. Fue rechazado. El caso de Mor es similar. Tiene 35 a&ntilde;os y dice que so&ntilde;aba con Europa desde que era peque&ntilde;o y escuchaba a Julio Iglesias, Elton John o Charles Aznavour. En 2007, pidi&oacute; el visado para ir a Francia y Portugal. En 2008, lo intent&oacute; con Turqu&iacute;a. Ning&uacute;n pa&iacute;s lo acept&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Todos me dec&iacute;an lo mismo, que el expediente&nbsp;no estaba completo&rdquo;, explica. Decidi&oacute; entonces, en 2008, intentar llegar a Espa&ntilde;a desde Marruecos, pero la patera nunca sali&oacute; porque les pill&oacute; la Marina marroqu&iacute;. Regres&oacute; a su casa y en 2012 volvi&oacute; a intentarlo comprando un visado portugu&eacute;s por 1,5 mill&oacute;n de francos CFA, es decir, 2.280 euros. Aterriz&oacute; en Lisboa, pero la polic&iacute;a en el aeropuerto descubri&oacute; que el visado era falso. &ldquo;&iexcl;No! &iexcl;He llegado al para&iacute;so y me env&iacute;an el mismo d&iacute;a al infierno!&rdquo;, pens&oacute; en aquel momento.
    </p><h3 class="article-text">Espa&ntilde;a deneg&oacute; el 45% de los visados a senegaleses</h3><p class="article-text">
        Desde el consulado de Espa&ntilde;a en Dakar&nbsp;argumentan&nbsp;que hay un &ldquo;exceso de demanda&rdquo; de visados para el escaso personal que hay para gestionarlos. Adem&aacute;s, indican que en los pa&iacute;ses emergentes hay una &ldquo;enorme demanda&rdquo; para viajar a Occidente que es &ldquo;mucho mayor&rdquo; que lo que un consulado y un pa&iacute;s pueden resolver. Seg&uacute;n datos de la Comisi&oacute;n Europea, de los 7.170 visados solicitados en 2017 en el consulado espa&ntilde;ol en Dakar, 3.230 fueron denegados, un 45%.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Rodrigo Aguirre de C&aacute;rcer, c&oacute;nsul general de Espa&ntilde;a en Senegal,&nbsp;sostiene que &ldquo;en el imaginario colectivo de la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n de los pa&iacute;ses en desarrollo en &Aacute;frica y otros continentes, Occidente, y m&aacute;s concretamente Europa, es como El Dorado, donde creen que sin dificultad van a tener autom&oacute;vil, trabajo remunerado, colegios, casa, sanidad gratuita, agua corriente...&rdquo;. &ldquo;Se tiene una imagen irreal y excesivamente positiva de Europa y por eso hay un comprensible anhelo y obsesi&oacute;n por lograr entrar a ese para&iacute;so&rdquo;,&nbsp;reitera en declaraciones a este medio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aguirre de C&aacute;rcer&nbsp;defiende que a pesar de &ldquo;comprender el deseo de venir al consulado e intentar colarnos lo que sea, los consulados reciben una tasa muy alta de documentos falsos&rdquo; y que, como c&oacute;nsul, dice, tiene que asegurarse de que el visado se solicita &ldquo;por motivos genuinos &ndash;trabajo, estudios...&ndash; y sobre todo de que van a regresar a su pa&iacute;s&rdquo;, recalca. &ldquo;El riesgo de que no vuelvan es alt&iacute;simo y es l&oacute;gico, porque una vez que entran a Europa intentan quedarse todo el tiempo posible&rdquo;, subraya.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En esta l&iacute;nea,&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/desalambre/Gobierno-Espana-eminencia-cirujano-Ghana_0_397211251.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">han sido controvertidos los rechazos que </a>ha sufrido el personal local que trabaja con ONG espa&ntilde;olas, invitado a Espa&ntilde;a para participar en coloquios y conferencias. Cumplen los&nbsp;requisitos exigidos, pero el fantasma de la duda se extiende m&aacute;s&nbsp;sobre&nbsp;quienes proceden de &Aacute;frica subsahariana.
    </p><p class="article-text">
        Un caso sonado en Senegal fue el de Bousso Dram&eacute;, que en 2013 gan&oacute; un concurso en el Instituto Franc&eacute;s de Dakar y el premio era una formaci&oacute;n en la capital gala. Tras considerar que el trato que recib&iacute;a en la embajada francesa para tramitar el visado era vejatorio, decidi&oacute; renunciar a la beca. eldiario.es se ha puesto en contacto&nbsp;con la embajada de Francia en Senegal, que declin&oacute;&nbsp;conceder una entrevista&nbsp;a este medio.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Sin contactos no logras el visado&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Por su parte, Diallo&nbsp;considera que &ldquo;el sistema no funciona bien porque invitan a migrar de manera forzosa&rdquo; por el mar o cruzando el desierto. &ldquo;Hay que facilitar el visado&nbsp;para la gente que tiene los documentos y el dinero&rdquo;, se&ntilde;ala, aludiendo a que volver&aacute; a solicitarlo. Las&nbsp;organizaciones especializadas han reclamado en numerosas ocasiones a los Gobiernos que faciliten mecanismos legales y seguros para que estas personas no se vean empujadas a poner su vida en riesgo en el mar o a recurrir a&nbsp;redes de traficantes para poder pisar suelo europeo.
    </p><p class="article-text">
        La v&iacute;a m&aacute;s segura para llegar a Europa es siempre el avi&oacute;n y de la mano de un visado. Por esta raz&oacute;n, se ha generado un mercado clandestino de&nbsp;visados. Seg&uacute;n varias personas entrevistadas, se pueden conseguir por cantidades que van desde&nbsp;uno&nbsp;a cuatro millones de francos CFA (1.520 a 6.080 euros) e incluso&nbsp;cinco millones (7.600 euros).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mor se pregunta por qu&eacute; los europeos pueden venir a su pa&iacute;s &ldquo;tan f&aacute;cilmente&rdquo; y por qu&eacute; ellos no pueden hacerlo de ese modo a Europa. Cuestiona tambi&eacute;n que las autoridades europeas env&iacute;en dinero a su gobierno para&nbsp;llevar a cabo proyectos con los j&oacute;venes y darles empleo. &ldquo;El Gobierno se lo guarda en el bolsillo y se compran coches caros&rdquo;,&nbsp;critica.
    </p><p class="article-text">
        Repite una frase que est&aacute; en boca de muchos j&oacute;venes que quieren intentar llegar a Europa: &ldquo;Si no tienes un contacto en la embajada, o eres amigo o familia de alguien que trabaje en el Gobierno no logras conseguir un visado. Aqu&iacute; son para los ricos, los pol&iacute;ticos y los artistas&rdquo;. En cuanto logre reunir el dinero necesario, Mor lo intentar&aacute; por la v&iacute;a irregular, jug&aacute;ndose la vida, una vez m&aacute;s.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/dificultad-conseguir-jovenes-arriesgando-desierto_1_1868484.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 30 Oct 2018 20:00:22 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/c78af874-51b3-482d-8b7d-aff55b2936a9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="2332495" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/c78af874-51b3-482d-8b7d-aff55b2936a9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2332495" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La impotencia por querer llegar a Europa sin jugarse la vida en una patera: "Aquí los visados son para ricos"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/c78af874-51b3-482d-8b7d-aff55b2936a9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Visados]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Las máquinas del capitalismo difunden una Europa utópica que empuja a muchos africanos a arriesgar su vida en el mar"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/entrevista-joseph-tonda-construcciones-migrantes_128_1977363.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1344fafb-9e63-4988-ba76-3b9bdc33395b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Las máquinas del capitalismo difunden una Europa utópica que empuja a muchos africanos a arriesgar su vida en el mar&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Este experto analiza las ideas difundidas por los móviles, que acaban arraigadas en la mente de quienes tratan de llegar a Europa</p><p class="subtitle">"Hay valores de valentía, resistencia y humanidad que hacen de la emigración a Europa una tradición moderna, un nuevo rito de paso a la vida adulta", explica el experto</p></div><p class="article-text">
        Detr&aacute;s de la decisi&oacute;n de migrar desde &Aacute;frica a Europa, no solo est&aacute; el impulso de una vida mejor, tambi&eacute;n una serie de ideas arraigadas en la mente de muchas personas. Joseph Tonda, soci&oacute;logo y antrop&oacute;logo de origen congole&ntilde;o y gabon&eacute;s, trata de diseccionar algunas de ellas, tambi&eacute;n para entender el fen&oacute;meno migratorio a Europa. 
    </p><p class="article-text">
        Tonda es profesor en la Universidad Omar-Bongo en Libreville, la capital de Gab&oacute;n, y autor de varios libros. En el &uacute;ltimo, <em>El imperialismo poscolonial. Cr&iacute;tica de la sociedad de los deslumbramientos</em>, analiza &ldquo;la colonizaci&oacute;n del imaginario&rdquo; de los africanos, pero tambi&eacute;n de los occidentales, a trav&eacute;s de las im&aacute;genes.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La utop&iacute;a de Europa que difunden los m&oacute;viles tiene el poder de que quienes escapan del hambre arriesguen su vida en el mar&rdquo;, sostiene en una entrevista con eldiario.es. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cu&aacute;l es la idea que los negros tienen de los blancos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La colonizaci&oacute;n no se apoyaba sobre un principio de igualdad entre negros y blancos. La superioridad t&eacute;cnica, el deslumbramiento ante las mercanc&iacute;as, las palabras de los misioneros sobre la animalidad de los paganos, la violencia f&iacute;sica y las humillaciones hacia los negros, as&iacute; como otros s&iacute;mbolos de superioridad blanca, generaban la creencia de los blancos como seres superiores cuyo mundo de origen, es decir, Europa, era propiamente una utop&iacute;a accesible a raros elegidos.
    </p><p class="article-text">
        En la creaci&oacute;n de esta utop&iacute;a particip&oacute; tambi&eacute;n la percepci&oacute;n de los blancos como fantasmas que viv&iacute;an m&aacute;s all&aacute; de los oc&eacute;anos. El encuentro entre blancos y negros no era por lo tanto entre seres humanos, sino entre seres humanos y fantasmas o esp&iacute;ritus encarnados. Es caricatural, pero fue as&iacute; como las cosas se presentaron en el comportamiento de unos y otros, especialmente despu&eacute;s de las derrotas militares sufridas por los negros que se resistieron en&eacute;rgicamente contra la invasi&oacute;n blanca.
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto, esto ha cambiado, los negros fueron a occidente y vieron a los blancos en su condici&oacute;n humana de simples mortales. Los vieron morir en los campos de batalla, los socorrieron, tuvieron relaciones &iacute;ntimas con mujeres blancas, hijos con ellas; en las universidades de los blancos, los negros destacaban&hellip; El hecho es que en el inconsciente de muchos negros todav&iacute;a est&aacute; presente la utop&iacute;a de un mundo blanco como un mundo de poder casi divino.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y los blancos de los negros?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Para saber qu&eacute; imagen del negro coloniza el inconsciente de los blancos basta con acordarse de las recientes im&aacute;genes que han circulado en las redes sociales y que presentan a las personas de origen africano que compon&iacute;an gran parte el equipo franc&eacute;s de los 'Blues' como monos. En el imaginario cristiano el mono es un demonio degenerado y Lutero, al parecer, as&iacute; lo cre&iacute;a. La imagen del negro que coloniza el subconsciente de los blancos es, por lo tanto, animal y diab&oacute;lica.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Ver a un ser humano como un mono no es tan obvio! Tienes que tener la imaginaci&oacute;n desenfrenada con estas obsesiones para que este tipo de percepci&oacute;n sea posible. Todas las representaciones de los negros como fuerza bruta, personas astutas en lugar en inteligentes, o como gente irracional, tonta, pero al mismo tiempo dotadas de una potencia sexual fascinante, etc., son producto de esta colonizaci&oacute;n de la psique blanca por la imagen cristiana y capitalista sobre el negro. Tambi&eacute;n existe la idea de que el negro es un ni&ntilde;o grande y creo que lo humanitario y la noci&oacute;n de &ldquo;ayuda&rdquo; funcionan tambi&eacute;n bajo este patr&oacute;n de pensamiento subconsciente que se origin&oacute; en la colonizaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>La prensa espa&ntilde;ola y las ONG dicen que muchos africanos migran porque huyen de la pobreza, el hambre, la guerra o la persecuci&oacute;n. Pero tambi&eacute;n se hace por tradici&oacute;n, por cultura, como rito de iniciaci&oacute;n y con una idea ut&oacute;pica de lo que es Europa. &iquest;Pesa m&aacute;s el hambre o esta utop&iacute;a?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La idea de tradici&oacute;n, cultura y rito de iniciaci&oacute;n es fundamental, porque la inmigraci&oacute;n sostenida por el hambre y la utop&iacute;a han terminado por constituir una nueva cultura, una nueva tradici&oacute;n y un nuevo rito de iniciaci&oacute;n para los j&oacute;venes que deciden hoy poner en peligro sus vidas en el desierto y el mar. Digamos que el peso del hambre y la muerte es considerable porque alimentan la utop&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Ya sabe, el capitalismo es verdaderamente antisocial y c&iacute;nico, un monstruo indiferente a la condici&oacute;n humana. La utop&iacute;a que difunden sus m&aacute;quinas con pantalla, como la televisi&oacute;n y los tel&eacute;fonos m&oacute;viles, y que presentan a Occidente como un para&iacute;so, es una forma poderosa para orientar la voluntad de aquellos que quieren escapar del hambre y la muerte hacia este para&iacute;so, arriesgando su vida en el desierto y el Mediterr&aacute;neo.
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, para los africanos con t&iacute;tulos de educaci&oacute;n superior pero limitados a trabajar en Francia en oficios que no requieren de cualificaci&oacute;n particular es dif&iacute;cil distinguir entre el peso del hambre y el de la utop&iacute;a: tener un trabajo en Francia. Francia es la verdadera utop&iacute;a de miles de africanos, donde pueden adquirir los bienes materiales que son los s&iacute;mbolos del &eacute;xito de los ejecutivos de la Administraci&oacute;n en sus pa&iacute;ses de origen; donde tienen el prestigio o el privilegio de vivir en esta utop&iacute;a, de comer cuando tienen hambre, de educar a sus hijos, de tener acceso a la sanidad. La utop&iacute;a aqu&iacute; se hace realidad a cambio de la devaluaci&oacute;n de los t&iacute;tulos universitarios, pero se preserva lo esencial: la vida en la utop&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Si un blanco viaja a un pa&iacute;s africano, en la mayor&iacute;a de los casos dir&aacute; que, efectivamente, los africanos viven en la pobreza y pasan hambre.</strong>
    </p><p class="article-text">
        No todos los africanos viven en la pobreza ni todos tienen hambre. Hay grupos o clases en las sociedades africanas que no son pobres. Tambi&eacute;n en los entornos populares hay posibilidades de alimentarse con un poco de esfuerzo y de imaginaci&oacute;n. No hay cuerpos raqu&iacute;ticos y fam&eacute;licos de gaboneses y congole&ntilde;os que frecuentan las calles de las ciudades y agonizan al sol en los pueblos.
    </p><p class="article-text">
        Pero esto no quiere decir que las personas coman bien o que no est&eacute;n desnutridas. En Gab&oacute;n, ni siquiera me parece que sea la necesidad de comer bien la que aliente a emigrar a Occidente. En los dos Congos, muchos j&oacute;venes pueden vivir duramente en Europa, siempre que tengan suficiente para brillar en su regreso a casa: ropa bonita, zapatos bonitos, etc.
    </p><p class="article-text">
        Dicho esto, las condiciones de la vivienda son absolutamente desastrosas para grandes masas de la poblaci&oacute;n, muchos tienen dificultades para acceder a la sanidad y en todas partes de las capitales africanas, la insalubridad que se ve refleja lo que com&uacute;nmente se llama &ldquo;pobreza&rdquo;. Digo pobreza entre comillas porque est&aacute; correlacionada en muchos casos con una inmensa riqueza de suelo y subsuelo, cuya explotaci&oacute;n asegura la felicidad de una minor&iacute;a que, como es el caso en &Aacute;frica central, se cree el due&ntilde;o del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Si muchos pa&iacute;ses africanos tienen los &Iacute;ndices de Desarrollo Humano m&aacute;s bajos del planeta y muchas personas viven en malas viviendas o la insalubridad, &iquest;no es mejor vivir en Europa que en &Aacute;frica?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No creo que las condiciones insalubres de la vivienda sean una raz&oacute;n decisiva para la partida hacia la utop&iacute;a euroamericana. Ciertamente, algunos que se embarcan en esta aventura terminan enviando dinero al pa&iacute;s para la compra de tierras, la construcci&oacute;n de una casa y, por lo tanto, la mejora de sus condiciones de vida en &Aacute;frica. Muchas de estas personas que hacen esto no est&aacute;n so&ntilde;ando, al irse de &Aacute;frica, en instalarse y vivir definitivamente en Occidente. &Aacute;frica es el lugar de sus sue&ntilde;os. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Un muchacho migrante que lleg&oacute; a Espa&ntilde;a hace poco me dijo que Europa no era lo que pensaba, que no era f&aacute;cil, pero que en &Aacute;frica dir&aacute; que Europa es la &ldquo;belle vie&rdquo; (vida bella), porque si no pensar&iacute;an que es tonto. &iquest;C&oacute;mo se explica esto? </strong>
    </p><p class="article-text">
        Seguir manteniendo una idea que no es cierta por parte de estos j&oacute;venes migrantes es negarse a devaluar los valores de valent&iacute;a, resistencia, virilidad y humanidad que hacen de la emigraci&oacute;n a Europa una tradici&oacute;n moderna, un nuevo rito de paso a la vida adulta o una nueva cultura.
    </p><p class="article-text">
        Decir la verdad es como traicionar el secreto de la iniciaci&oacute;n. Se sabe que quienes lo hacen, incurren en la muerte. Es por eso por lo que estos j&oacute;venes preferir&aacute;n decir que Europa es la &ldquo;belle vie&rdquo;. E incluso si dijeran la verdad, nadie les creer&iacute;a. Dir&aacute;n que esa persona miente para que otros no puedan acceder a la felicidad como ella. La utop&iacute;a produce la voluntad de creer.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Cuando el Aquarius lleg&oacute; a Espa&ntilde;a con 630 personas rescatadas, hubo ciudadanos espa&ntilde;oles que se indignaron al ver que los migrantes ten&iacute;an m&oacute;viles. La imagen romp&iacute;a su idea del migrante pobre. Usted dice que las pantallas, justamente, transmiten la idea de Occidente como El Dorado.</strong>
    </p><p class="article-text">
        La caracter&iacute;stica fundamental del imperialismo poscolonial es ser un imperialismo de las pantallas. Hay una relaci&oacute;n muy densa de sumisi&oacute;n de aquellos que est&aacute;n expuestos a estas, porque las pantallas seducen, fascinan, embrujan es decir, deslumbran. El secreto de estas m&aacute;quinas consiste en hacer creer que solo son humanos y superiores quienes tienen estas m&aacute;quinas con pantallas. Por lo tanto, es escandaloso que quienes han escapado a la muerte y del hambre puedan tenerlas.
    </p><p class="article-text">
        Las pantallas deslumbran para mostrar el mundo de forma diferente de lo que es, en este caso para hacer creer que solo son capaces de poseer m&aacute;quinas de pantalla aquellos que est&aacute;n en Occidente, a pesar de que estas m&aacute;quinas se extienden por todo el mundo y que los migrantes las han adquirido desde su hogar, donde el capitalismo chino, por ejemplo, las pone al alcance de todos.
    </p><p class="article-text">
        Se olvida que, tanto en Occidente como en &Aacute;frica, el valor de los sujetos se define por la posesi&oacute;n de estas m&aacute;quinas, que tambi&eacute;n son &uacute;tiles para la supervivencia en la vida cotidiana. El problema es que las pantallas mentales, que no son visibles pero son tan reales como las pantallas materiales, dan forma al modo de ver el mundo de los migrantes o refugiados como un mundo fuera del sistema capitalista.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/entrevista-joseph-tonda-construcciones-migrantes_128_1977363.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Aug 2018 17:43:23 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/1344fafb-9e63-4988-ba76-3b9bdc33395b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="412854" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/1344fafb-9e63-4988-ba76-3b9bdc33395b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="412854" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA["Las máquinas del capitalismo difunden una Europa utópica que empuja a muchos africanos a arriesgar su vida en el mar"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/1344fafb-9e63-4988-ba76-3b9bdc33395b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Inmigración,África]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Si educas a una chica, educas a toda la comunidad"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/africa-universidad-prioridad-familia-comunidad_1_3229929.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/efef772d-8cf2-440d-b716-fe13c4daf37a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Si educas a una chica, educas a toda la comunidad&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hablamos con tres jóvenes kenianas recién licenciadas en la universidad que han recibido el apoyo de la ONG española The South Face</p><p class="subtitle">Las mujeres representan un 41% de los universitarios en Kenia, según la ONU, y sobre ellas descansa la economía informal del país africano</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Si me das una vaca, trabajar&eacute; con el Gobierno, ganar&eacute; mucho dinero y podr&eacute; devolverte la vaca y comprarte muchas m&aacute;s&rdquo;. Lilian Naserian pronunci&oacute; estas palabras cuando ten&iacute;a 20 a&ntilde;os. Se las dijo a su t&iacute;o, un pastor masai, la etnia a la que pertenece. Su t&iacute;o acept&oacute; la proposici&oacute;n, sin duda era una inversi&oacute;n de futuro. Lilian se fue al mercado a vender la vaca para pagar el primer semestre de su primer a&ntilde;o de carrera y poder hacer realidad su sue&ntilde;o: estudiar Magisterio.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En &Aacute;frica enviar a una mujer a la universidad no es una prioridad ni para la familia ni para la comunidad&rdquo;, explica la joven en una conversaci&oacute;n con eldiario.es. Sin embargo, ella estaba convencida de la importancia de estudiar para tener un futuro mejor, poder ayudar a su familia e incluso mejorar la situaci&oacute;n de su comunidad.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Para mi madre tambi&eacute;n era importante que yo fuera a la escuela y a la universidad, pero cuando lleg&oacute; el momento no ten&iacute;a para pagar los gastos&rdquo;, relata. &ldquo;La mayor parte de los africanos cree que la mujer debe quedarse en casa y cuidar de los ni&ntilde;os, as&iacute; que no tienen trabajo y, en consecuencia, no tienen dinero&rdquo;, apunta.
    </p><p class="article-text">
        Sylvia Jemutai est&aacute; enamorada de la naturaleza desde que era una ni&ntilde;a. Recuerda que cuando era peque&ntilde;a plant&oacute; diez &aacute;rboles, aportando as&iacute; su granito de arena en un entorno que sufr&iacute;a. &ldquo;Mi pueblo est&aacute; cerca del bosque&rdquo;, cuenta Sylvia, &ldquo;y me molesta much&iacute;simo ver la degradaci&oacute;n que est&aacute; ocasionando el uso descontrolado que hace de &eacute;l la poblaci&oacute;n&rdquo;. As&iacute; que, en 2011, con el objetivo de conseguir los conocimientos necesarios para ser m&aacute;s &uacute;til, comenz&oacute; el grado de Conservaci&oacute;n Medioambiental en la universidad de Nairobi, la capital de Kenia, con la ayuda de su hermana mayor.
    </p><p class="article-text">
        Para Faith Mumbua tambi&eacute;n era muy importante poder estudiar. &ldquo;Mi padre no quer&iacute;a que fuera al colegio, pero mi madre insisti&oacute;&rdquo;, dice. M&aacute;s adelante, para ir a la universidad, tambi&eacute;n tuvo que insistir y finalmente logr&oacute; que fuera su padre quien invirtiera una parte de sus humildes ahorros en pagarle los gastos del primer curso de Conservaci&oacute;n Medioambiental, tambi&eacute;n en la universidad de Nairobi.
    </p><p class="article-text">
        Lilian, Sylvia y Faith tienen varias cosas en com&uacute;n. Son todas kenianas, procedentes de zonas rurales y familias empobrecidas, pero han ido a la universidad, han terminado sus estudios en los &uacute;ltimos dos a&ntilde;os y ahora est&aacute;n trabajando. Todas creen en la educaci&oacute;n como medio para salir de la pobreza y mejorar sus vidas, las de sus familias y las de sus comunidades.
    </p><p class="article-text">
        Y, finalmente, todas han sido becadas desde su segundo a&ntilde;o de carrera por la ONG espa&ntilde;ola <a href="http://www.thesouthface.org.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">The South Face</a> (TSF) que trabaja en Kenia y Somalia facilitando a estudiantes con pocos recursos, pero buenas notas, el acceso y la permanencia en la universidad &ldquo;para que puedan desarrollar sus capacidades y convertirse en agentes productivos para su pa&iacute;s y su comunidad. Queremos que sean l&iacute;deres del cambio social&rdquo;, explica la organizaci&oacute;n en su p&aacute;gina web.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/cb2dc1ea-ca2f-422b-a634-25b14723ba38_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/cb2dc1ea-ca2f-422b-a634-25b14723ba38_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/cb2dc1ea-ca2f-422b-a634-25b14723ba38_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/cb2dc1ea-ca2f-422b-a634-25b14723ba38_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/cb2dc1ea-ca2f-422b-a634-25b14723ba38_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/cb2dc1ea-ca2f-422b-a634-25b14723ba38_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/cb2dc1ea-ca2f-422b-a634-25b14723ba38_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Para m&iacute;, estudiar es una oportunidad de ayudar a mi familia&rdquo;, comenta Sylvia Jemutai. Pero es algo que tambi&eacute;n ha afectado a su entorno. &ldquo;Muchas amigas me dicen que me admiran y envidian por mi modo de vivir y gente del pueblo me llama para decirme que les gustar&iacute;a hacer lo mismo que yo&rdquo;, asegura la joven.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Yo les digo que no es f&aacute;cil. Ya est&aacute;n casadas y con hijos, pero les animo a llevar a sus ni&ntilde;os a la escuela y quiz&aacute;s, en el futuro, podr&eacute; ayudarlos a que vayan a la universidad&rdquo;, prosigue. &ldquo;Tambi&eacute;n les digo que se quiten de su cabeza el 'soy pobre' o el 'no puedo conseguir nada'&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><p class="article-text">
        Tras terminar sus estudios, Faith Mumbua piensa lo mismo. &ldquo;Que alguien sea pobre no significa que no pueda hacer algo en la vida. Pero se necesita determinaci&oacute;n y confianza. Yo me rijo por la creencia de que cuando realmente quieres algo lo har&aacute;s, solo es cuesti&oacute;n de tiempo&rdquo;, opina la joven.
    </p><p class="article-text">
        El crecimiento econ&oacute;mico de un pa&iacute;s depende, a juicio de The South Face, de que las generaciones que lleven a cabo esta tarea est&eacute;n cualificadas. Para ello, se debe democratizar el acceso a la educaci&oacute;n con un principio clave: que &Aacute;frica eduque a &Aacute;frica, es decir, que las j&oacute;venes estudien en su pa&iacute;s de origen para que conozcan de primera mano las problem&aacute;ticas que hay que erradicar.
    </p><h3 class="article-text">La comunidad cree que &ldquo;no es rentable&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Las mujeres est&aacute;n en desventaja frente a los hombres, tambi&eacute;n en el acceso a la educaci&oacute;n. Seg&uacute;n los &uacute;ltimos datos recopilados por Naciones Unidas, en Kenia el 41% de los estudiantes que acceden a estudios superiores son mujeres, esto es, 70 mujeres por cada 100 hombres. Sin embargo, suelen trabajar sobre todo en el sector informal y constituyen solo el 35,7% de los trabajadores asalariados no agr&iacute;colas.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, las mujeres apenas representan un 19,7% de los esca&ntilde;os en el Parlamento, en el que ocupan 69 asientos de 350. Por estos motivos, la ONG ha becado ya a una treintena de mujeres en Kenia y Somalia, uno de los pa&iacute;ses marcados en rojo en el mapa mundial de los derechos de las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; del rol tradicional asignado a la mujer, por el cual debe quedarse en casa y al cuidado de los hijos, Faith explica por qu&eacute;, a su juicio, hay un mayor n&uacute;mero de mujeres analfabetas que de hombres. &ldquo;La comunidad considera que invertir en la educaci&oacute;n de una mujer no es rentable porque, por tradici&oacute;n, cuando se casan se van a vivir al pueblo del marido y no hay beneficios&rdquo;, sostiene.
    </p><p class="article-text">
        Pero ella no est&aacute; de acuerdo. Tampoco Sylvia y Lilian. &ldquo;Si educas a una chica, educas a toda la comunidad, todo el mundo obtiene beneficio&rdquo;, asegura esta ultima. &ldquo;Si educas a una chica ayudas a la comunidad incluso si ella se casa, no va a olvidar a su familia, siempre va a ayudarla&rdquo;, recalca Faith.
    </p><p class="article-text">
        Pero que una mujer logre estudiar no solo le favorece a ella, a la comunidad y a la familia a la que pertenece, tambi&eacute;n contribuye al progreso del pa&iacute;s. Sylvia Jemutai est&aacute; actualmente haciendo pr&aacute;cticas con una empresa de consultor&iacute;a medioambiental. Su firme compromiso con la naturaleza y los bosques apunta a que seguir&aacute; batallando en la defensa del medio ambiente.
    </p><p class="article-text">
        A Faith Mumbua le obsesionan los efectos del cambio clim&aacute;tico y desde el a&ntilde;o pasado trabaja para el Gobierno keniano, coordinando la puesta en marcha de los proyectos para mitigar su impacto en su distrito, donde en los &uacute;ltimos 15 a&ntilde;os ha cambiado el clima y cada vez hay menos agua.
    </p><p class="article-text">
        Lilian Naserian es hoy profesora en la mejor escuela de su regi&oacute;n y ha creado una organizaci&oacute;n para trabajar por el empoderamiento de las mujeres en su comunidad. Le preocupan el matrimonio forzoso y la mutilaci&oacute;n genital femenina, problemas que no solo trata con las mujeres y hombres de su pueblo, sino de los que tambi&eacute;n intenta sensibilizar a sus alumnos. Adem&aacute;s, ya ha devuelto la vaca a su t&iacute;o, y espera conseguirle muchas m&aacute;s.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/africa-universidad-prioridad-familia-comunidad_1_3229929.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 22 Aug 2017 16:49:01 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/efef772d-8cf2-440d-b716-fe13c4daf37a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="69442" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/efef772d-8cf2-440d-b716-fe13c4daf37a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="69442" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA["Si educas a una chica, educas a toda la comunidad"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/efef772d-8cf2-440d-b716-fe13c4daf37a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[África,Kenia,Educación]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las cenicientas de Bamako: el horror de ser empleada del hogar en África occidental]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/cenicientas-bamako-empleada-africa-occidental_1_3329768.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c4e58f87-b684-4591-bb4f-3e912d88ed31_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las cenicientas de Bamako: el horror de ser empleada del hogar en África occidental"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las llaman 'bonnes': son niñas y jóvenes de entre nueve y 20 años que trabajan con horario ilimitado, todos los días de la semana por unos 6 y 15 euros al mes</p><p class="subtitle">Reciben castigos severos e incluso son golpeadas hasta sangrar y violadas sexualmente por algún miembro de la familia</p><p class="subtitle">Nueve de cada diez hogares en la capital maliense tiene una o dos empleadas domésticas que vienen de las zonas rurales</p></div><p class="article-text">
        En Bamako, la capital de Mal&iacute;, as&iacute; como en las ciudades de la regi&oacute;n de &Aacute;frica occidental, hay miles de cenicientas. Son ni&ntilde;as de entre nueve y 20 a&ntilde;os que trabajan como servicio dom&eacute;stico en las familias. Se instalan en los hogares, pero duermen en los pasillos, las cocinas o en la terraza. Trabajan durante todo el d&iacute;a, todos los d&iacute;as de la semana, y si las requieren por la noche, las despiertan. Comen las sobras de sus patrones, ganan entre seis y 15 euros al mes. Es frecuente que reciban golpes, insultos, gritos, castigos severos e incluso que sean violadas.
    </p><p class="article-text">
        Les llaman las 'bonnes'. Proceden de las zonas rurales donde las oportunidades de prosperar quedan muy reducidas, por lo que deciden trasladarse a las ciudades. Algunas lo hacen obligadas por la familia para que les ayude en los ingresos, teniendo adem&aacute;s una boca menos que alimentar. Otras, por decisi&oacute;n propia, huyendo de los matrimonios forzados o, por el contrario, para preparar el ajuar.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n explica Massa Kon&eacute;, secretario general de la Asociaci&oacute;n de Defensa de los Derechos del Servicio Dom&eacute;stico (ADDAD), se trata de un fen&oacute;meno que surge tras la descolonizaci&oacute;n del continente y los programas de ajuste estructural (PAE) que se pusieron en marcha en &Aacute;frica en los a&ntilde;os 80. Estos proyectos dirigieron el desarrollo hac&iacute;a las ciudades, al concentrar en ellas todas las infraestructuras y servicios p&uacute;blicos, dejando a su suerte las zonas rurales.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Esa falta de infraestructuras, el bajo nivel de escolarizaci&oacute;n, el hambre, la pobreza y la fuerza del sistema patriarcal en el que las mujeres no tienen derechos y es el hombre quien decide, son algunos de los motivos que impulsan a las ni&ntilde;as y adolescentes a venir a la ciudad. Creen que les mejorar&aacute; la vida, pero lo que les espera es el infierno&rdquo;, explica Kon&eacute;.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Son objetos a utilizar&rdquo;</h3><p class="article-text">
        &ldquo;Las chicas que trabajan en el servicio dom&eacute;stico son consideradas objetos a utilizar&rdquo;, cuenta Sitan Fofana, presidenta de la asociaci&oacute;n. Lo sabe de primera mano. Fofana, que actualmente tiene 25 a&ntilde;os, fue tambi&eacute;n una 'bonne' que vino del pueblo a la ciudad en busca de una oportunidad. 
    </p><p class="article-text">
        Fofana muestra una cicatriz que tiene en la mano. &ldquo;Ocurri&oacute; cuando trabajaba para una familia. Se cay&oacute; un vaso al suelo y cuando fui a recogerlo me rasgu&eacute; un trozo de carne. Empec&eacute; a sangrar much&iacute;simo. &iquest;Sabes lo que me dijo mi patr&oacute;n? 'No es mi problema'&rdquo;, rememora.
    </p><p class="article-text">
        Yafoula Lougu&eacute; tiene 16 a&ntilde;os, pero seg&uacute;n su documento de identidad cuanta con 23. Su edad real se desconoce, como ocurre con muchas personas que nacen en determinados pa&iacute;ses de &Aacute;frica y no tienen partida de nacimiento. 
    </p><p class="article-text">
        Sea cual sea, su apariencia es joven, aunque su vida le haya hecho madurar m&aacute;s deprisa de lo necesario. Seg&uacute;n relata, Lougu&eacute; trabaj&oacute; desde muy joven limpiando las casas de familias malienses. Cuando dej&oacute; su pueblo, vivi&oacute; en dos ciudades del centro de Mal&iacute;, limpiando, hasta que termin&oacute; en Bamako, para ejercer la misma profesi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Trabaj&oacute; durante todo su embarazo, relata, y,  cuando naci&oacute; el beb&eacute;, la patrona le dijo que todo el dinero que hab&iacute;a ganado aquellos meses hab&iacute;a ido a parar al parto, que tuvo que realizarse por ces&aacute;rea. Sin haber descansado tras dar a luz, describe, la oblig&oacute; a trabajar de inmediato. La gente que se dio cuenta de la situaci&oacute;n, avis&oacute; a la asociaci&oacute;n ADDAD y fueron a buscarla.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La encontramos muy enferma, delgada&hellip; el beb&eacute; s&oacute;lo ten&iacute;a una semana&rdquo;. Lougu&eacute; fue acogida en la sede de la asociaci&oacute;n, donde trabaja actualmente ayudando a otras chicas que se encuentran en apuros y buscan refugio y tantear soluciones.
    </p><h3 class="article-text">Abusos sexuales y el repudio de la familia</h3><p class="article-text">
        Cuando llega la &eacute;poca de lluvias, que tiene lugar entre junio y septiembre, es el momento en el que m&aacute;s chicas suelen acoger. Es entonces cuando vuelven a sus pueblos para ayudar a las familias con los cultivos y tambi&eacute;n cuando muchas de ellas reciben su sueldo, explican desde la asociaci&oacute;n. Sin embargo, es com&uacute;n que, cuando piden el dinero de todo el tiempo trabajado, sus empleadores se niegan a pag&aacute;rselo. &ldquo;Les dicen que el dinero se fue en curarles alguna enfermedad, les descuentan haber roto la vajilla o un robo que no cometieron&hellip; Inventan cosas para no pagarles nada&rdquo;, explica Fofana. Y no pueden volver a casa.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n ADDAD, son frecuentes los casos de violaciones sexuales ya sea por un miembro de la familia para la que trabaja o alguna persona ajena, denuncian. Cuando estas se quedan embarazadas, acaban siendo rechazadas por la familia para la que trabajan y por su familia del pueblo, encontr&aacute;ndose en una situaci&oacute;n de aislamiento y vulnerabilidad.
    </p><p class="article-text">
        Es por ello que adem&aacute;s de acogerlas y realizar reuniones semanales con ellas para conocer sus problemas, ADDAD tambi&eacute;n viaja a los diferentes pueblos para sensibilizar a las familias de que no env&iacute;en en esas condiciones a sus hijas a Bamako.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nosotras tambi&eacute;n tenemos derechos&rdquo;, reza el eslogan de esta asociaci&oacute;n, que surgi&oacute; en Bamako en 2011 y que, al ser una problem&aacute;tica de toda la regi&oacute;n, ya se ha expandido a otros pa&iacute;ses como Togo, Burkina Faso, Ben&iacute;n y Costa de Marfil. Seg&uacute;n un decreto maliense de junio de 1996, el servicio dom&eacute;stico tiene derecho a ser declarado por su empleador, que su salario mensual no sea inferior a 33 euros, que trabaje m&aacute;ximo 10 horas al d&iacute;a y que descanse al menos dos medias jornadas en la semana. Unos derechos m&iacute;nimos que tampoco se respetan.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Todos los funcionarios pelean para subir sus salarios, pero esos mismos funcionarios tienen una 'bonne' en su casa que duerme en el balc&oacute;n o la cocina&rdquo;, critica Kon&eacute;. Desde la asociaci&oacute;n buscan que el servicio dom&eacute;stico sea contractual, un salario m&iacute;nimo de 30 euros al mes, una jornada laboral de un m&aacute;ximo de 12, y la ratificaci&oacute;n de Mal&iacute; de la Convenci&oacute;n 189 de la Organizaci&oacute;n Internacional del Trabajo, que s&oacute;lo ha sido ratificada en el continente africano por Sud&aacute;frica, Islas Mauricio y Guinea-Conakry.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, &ldquo;nuestra soluci&oacute;n es un problema para otros&rdquo;, explica Fofana. &ldquo;A los que tienen el poder no les interesa. La v&iacute;ctima no tiene derechos cuando hay dinero de por medio. Si ellas denuncian, ellos pueden comprar al juez, enviarlas a prisi&oacute;n o las amenazan de muerte. Conozco chicas que han sido violadas, ha pasado el tiempo y, a d&iacute;a de hoy, a&uacute;n no quieren decir qui&eacute;n es el padre del ni&ntilde;o&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Se desconoce el n&uacute;mero de chicas que trabajan como empleadas dom&eacute;sticas en Bamako. En esta ciudad se estima que la cifra girar&iacute;a en torno a 150.000, indican desde la asociaci&oacute;n. Pero lo cierto es que el dato no est&aacute; actualizado ni se ha obtenido a trav&eacute;s de un estudio con todos los par&aacute;metros necesarios. As&iacute; pues, seg&uacute;n Fofana, nueve de cada diez familias cuenta con una o dos empleadas dom&eacute;sticas. &ldquo;La ciudad se ha organizado para hacerlas venir y explotarlas. La gente se aprovecha de su inocencia. Es la esclavitud moderna&rdquo;, sentencia Kon&eacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/cenicientas-bamako-empleada-africa-occidental_1_3329768.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 21 Jun 2017 18:16:20 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/c4e58f87-b684-4591-bb4f-3e912d88ed31_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="3789910" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/c4e58f87-b684-4591-bb4f-3e912d88ed31_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="3789910" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Las cenicientas de Bamako: el horror de ser empleada del hogar en África occidental]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/c4e58f87-b684-4591-bb4f-3e912d88ed31_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Malí,Explotación laboral,Explotación sexual,Empleadas domésticas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tres historias del hambre que golpea al país más pobre del mundo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/atrapados-hambre_1_2650552.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7607de02-7f77-4bc0-a17b-570e8d028a4d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Marliya, junto a su abuela en el Hospital de Madaoua (Niger) tras cinco días ingresada. Los dos primeros días sólo dormía./ María Rodríguez."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los pequeños Marliya, Abdoul y Rachida sufren malnutrición en Níger, donde la tradición aumenta las complicaciones a la hora de combatir el hambre</p><p class="subtitle">En la temporada de lluvias, cuando hay más mosquitos y los casos de malaria ascienden, "los malnutridos son los más afectados porque no tienen defensas", dicen en MSF</p><p class="subtitle">Según los últimos datos de los Objetivos del Desarrollo del Milenio de Naciones Unidas, en Níger el 11,3% de la población está desnutrida</p></div><p class="article-text">
        Marliya lleva cinco d&iacute;as hospitalizada. Tiene la mirada perdida en cualquier lugar de la habitaci&oacute;n. El m&eacute;dico que la trata dice que est&aacute; totalmente ap&aacute;tica, que es indiferente a su entorno. Sufre un cuadro de edemas generalizado por todo su cuerpo de no m&aacute;s de cuatro a&ntilde;os. En los pies, en sus peque&ntilde;as piernas e incluso en la cara. La piel se le desgarra y le causa lesiones cut&aacute;neas. Pero ella no se queja, no dice ni p&iacute;o. Marliya sufre malnutrici&oacute;n aunque su cuerpo rechoncho &ndash;por los edemas&ndash; haga pensar lo contrario. Tras su ingreso en el hospital los ex&aacute;menes m&eacute;dicos demostraron que, adem&aacute;s, sufre malaria. Esto empeora las cosas.
    </p><p class="article-text">
        Marliya sufre el tipo de malnutrici&oacute;n al que llaman <em>kwashiorkor</em> y ella presenta todos los s&iacute;ntomas. En el hospital la acompa&ntilde;a su abuela quien cuenta que los edemas est&aacute;n en su cuerpo desde hace un mes. &ldquo;Pens&aacute;bamos que se iban a ir espont&aacute;neamente, ha sido as&iacute; otras veces, por eso hemos tardado tanto en traerla al hospital&rdquo;, explica. No es la primera vez que esto le ocurre a Marliya, ya estuvo hospitalizada el a&ntilde;o pasado por la misma raz&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En la habitaci&oacute;n contigua se escucha el llanto de un beb&eacute;. Se trata de Abdoul Razak que, en brazos de su madre, se enfada con los doctores que le obligan a comer a trav&eacute;s de una sonda que traspasa su peque&ntilde;o organismo. Diminuto. Abdoul Razak aparenta la edad de seis meses pero en realidad tiene quince. Pesa 3,6 kilos cuando para su edad deber&iacute;a estar entre los 7 y 10 kilos. Sufre de diarrea desde hace tiempo, deshidrataci&oacute;n, y tiene c&aacute;ndidas en la boca por la ausencia de defensas.
    </p><p class="article-text">
        Abdoul Razak tambi&eacute;n sufre malnutrici&oacute;n pero, en su caso, donde la delgadez es tan extrema que pueden distinguirse todos los huesos de su min&uacute;sculo esqueleto, no es <em>kwashiorkor</em> sino <em>marasmo</em>. Estos son los tipos de malnutrici&oacute;n que trata M&eacute;dicos Sin Fronteras Espa&ntilde;a (MSF) en la regi&oacute;n de Madaoua, una de las zonas de N&iacute;ger m&aacute;s afectadas por este desequilibrio.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5e524802-2269-443e-923d-5805e3491ddd_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5e524802-2269-443e-923d-5805e3491ddd_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5e524802-2269-443e-923d-5805e3491ddd_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5e524802-2269-443e-923d-5805e3491ddd_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5e524802-2269-443e-923d-5805e3491ddd_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5e524802-2269-443e-923d-5805e3491ddd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/5e524802-2269-443e-923d-5805e3491ddd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        N&iacute;ger es el pa&iacute;s m&aacute;s pobre del mundo seg&uacute;n el &Iacute;ndice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas a pesar de ser el cuarto productor mundial de uranio. Se encuentra en el &Aacute;frica occidental, en la zona clim&aacute;tica llamada Sahel, tambi&eacute;n conocida como 'el cintur&oacute;n del hambre'. All&iacute; se depende de la lluvia para obtener la cosecha que dar&aacute; de comer durante todo un a&ntilde;o a las familias. Pero las sequ&iacute;as son recurrentes y hacen de las hambrunas una constante. 
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n los &uacute;ltimos datos de los Objetivos del Desarrollo del Milenio de Naciones Unidas, en N&iacute;ger el 11,3% de la poblaci&oacute;n est&aacute; desnutrida y un 36,4% de los ni&ntilde;os menores de cinco a&ntilde;os sufren insuficiencia ponderal moderada o severa, es decir, est&aacute;n por debajo del peso que se considera saludable. Adem&aacute;s, el 43,6% de la poblaci&oacute;n vive con menos de 1,25 d&oacute;lares al d&iacute;a impidiendo el acceso a la leche, el az&uacute;car y otros alimentos b&aacute;sicos para los m&aacute;s peque&ntilde;os y que en la regi&oacute;n son demasiado caros.
    </p><p class="article-text">
        M&eacute;dicos Sin Fronteras lleg&oacute; a Madaoua en el a&ntilde;o 2005 tras la llamada del gobierno nigerino a las organizaciones para paliar los efectos de una grave crisis alimentaria. Pero, tras estudiar la situaci&oacute;n, decidieron quedarse para seguir tratando de manera gratuita a los menores de cinco a&ntilde;os en el distrito de salud de Madaoua.
    </p><p class="article-text">
        De 2006 a 2014, MSF ha tratado a 21.002 ni&ntilde;os severamente malnutridos y con complicaciones, como el caso de Marliya con la malaria y Abdoul Razak con la diarrea; y a 103.683 ni&ntilde;os con malnutrici&oacute;n sin complicaciones. Adem&aacute;s de 924.524 consultas y 35.558 ni&ntilde;os con otros problemas en la pediatr&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        MSF trabaja dentro de la estructura de salud de N&iacute;ger. En el Hospital de Madaoua se encuentra el CRENI (Centro de Recuperaci&oacute;n Nutricional Intensivo) donde tratan los casos graves de malnutrici&oacute;n. Adem&aacute;s, para poder supervisar a todos los ni&ntilde;os de los pueblos de la zona, esta organizaci&oacute;n act&uacute;a tambi&eacute;n en seis centros de salud durante todo el a&ntilde;o y en todos los del distrito de Madaoua cuando los casos aumentan. Desde enero hasta mayo el CRENI trata entre 40 y 150 casos mensuales de malnutrici&oacute;n severa, seg&uacute;n explica Ali Ke&iuml;ta, enfermero supervisor de MSF en el hospital, mientras que de junio a diciembre la situaci&oacute;n se complica y pueden llegar a alcanzar los 300 ingresos al mes.
    </p><p class="article-text">
        A esa &eacute;poca donde los casos aumentan la llaman 'el pic'. Coincide con la temporada de lluvias cuando hay m&aacute;s mosquitos y los casos de malaria aumentan. &ldquo;Los malnutridos son los m&aacute;s afectados porque no tienen defensas&rdquo;, explica Hubert Kashama, jefe del equipo m&eacute;dico del proyecto de MSF de Madaoua, &ldquo;y la malaria complica la malnutrici&oacute;n&rdquo;. Pero no es s&oacute;lo la mayor probabilidad de enfermar de malaria lo que produce el aumento de casos de malnutrici&oacute;n de junio a diciembre. &ldquo;El per&iacute;odo de cultivo es una vez al a&ntilde;o, entre julio y septiembre, nadie quiere dejar escapar este momento porque esa cosecha alimentar&aacute; a la familia durante todo el a&ntilde;o. Pero las madres no se hacen cargo de los ni&ntilde;os correctamente porque se dedica m&aacute;s tiempo a las actividades del campo&rdquo;, explica Boulama El Hadji, coordinador del proyecto.
    </p><h3 class="article-text">Malnutrici&oacute;n: m&aacute;s all&aacute; de la sequ&iacute;a y la pobreza</h3><p class="article-text">
        A 71 kil&oacute;metros de Madaoua se encuentra el centro de salud m&aacute;s alejado del hospital. Muchas mujeres acuden al ambulatorio de Ourno con sus ni&ntilde;os enfermos por malnutrici&oacute;n pero ellas no lo saben. La peque&ntilde;a Rachida est&aacute; sentada en una esterilla con su madre tras pasar las diferentes pruebas para saber cu&aacute;nto pesa, cu&aacute;nto mide, comprobar el di&aacute;metro de su brazo y verificar si sufre o no de malaria. Sentada en la esterilla sostiene una bolsita de <em>Plumpy&rsquo;Nut</em>, un concentrado a base de cacahuete muy nutritivo y que se utiliza para tratar la malnutrici&oacute;n. La enfermera la vigila junto a otros ni&ntilde;os. Es la prueba del apetito para saber si es necesario enviarla al hospital de Madaoua o si se puede hacer su seguimiento desde el ambulatorio.
    </p><p class="article-text">
        Pero Rachida no ha venido al centro de salud porque su madre la encuentre malnutrida sino porque desde hace varios d&iacute;as tiene diarrea, como Abdoul Razak. &ldquo;La malnutrici&oacute;n no est&aacute; considerada como una enfermedad&rdquo;, explica El Hadji, &ldquo;se piensa que es la brujer&iacute;a. Por ejemplo, como el hombre tiene varias esposas una de ellas por odio hacia la otra ha ido a un hechicero para que el ni&ntilde;o est&eacute; as&iacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A nivel estructural la pobreza, la falta de acceso a ciertos alimentos, las sequ&iacute;as y las pocas pol&iacute;ticas y presupuesto del gobierno para solucionar estos problemas no ayudan a superar la malnutrici&oacute;n. Sin embargo, en el d&iacute;a a d&iacute;a, esta se complica si se tienen en cuenta las tradiciones y costumbres que tienen mucha relevancia en un pa&iacute;s donde el 81,78% de la poblaci&oacute;n vive en zonas rurales, seg&uacute;n datos del Banco Mundial, y el 76,5% de las personas entre 15 y 24 a&ntilde;os es analfabeto.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/356e6e58-0d20-4df1-857a-a27529bd2639_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/356e6e58-0d20-4df1-857a-a27529bd2639_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/356e6e58-0d20-4df1-857a-a27529bd2639_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/356e6e58-0d20-4df1-857a-a27529bd2639_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/356e6e58-0d20-4df1-857a-a27529bd2639_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/356e6e58-0d20-4df1-857a-a27529bd2639_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/356e6e58-0d20-4df1-857a-a27529bd2639_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Hay etnias en las que la madre que acaba de tener a su primer ni&ntilde;o necesita el permiso de un familiar de su marido para empezar a amamantarlo. Pero para ir a concebir al peque&ntilde;o la madre acude a su pueblo natal. Tiene que esperar a que esa persona llegue del pueblo del marido y d&eacute; el consentimiento. Es entonces cuando se crea un problema para el reci&eacute;n nacido&rdquo;, explica Kondo Boubacar, jefe del proyecto de nutrici&oacute;n de Acci&oacute;n Contra el Hambre Espa&ntilde;a que lleva a cabo la sensibilizaci&oacute;n en los pueblos para combatir este tipo de conductas.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n existen diferentes test de la leche, &ldquo;introducir en un vaso de leche materna una termita. Si esta muere es que la leche no es buena y no deben de amamantar al beb&eacute; con ella&rdquo;, cuenta Boubacar. &ldquo;La termina se va a ahogar&rdquo;. Adem&aacute;s, las madres piensan que como hace mucho calor el ni&ntilde;o necesita agua cuando lo recomendable es dar s&oacute;lo la leche materna los primeros seis meses. Tambi&eacute;n evitan darle el calostro que otorga muchos nutrientes al reci&eacute;n nacido o la madre no come bien y no tiene suficiente leche. De este modo, &ldquo;la enfermedad los atrapa desde su nacimiento&rdquo;, comenta Abdou Amadou, responsable para la promoci&oacute;n de la salud de MSF en Madaoua.
    </p><p class="article-text">
        La enfermera que vigila a Rachida ha decidido que debe ir al hospital de Madaoua pero su madre se niega. Dice que ya estuvo all&iacute; a principios de abril y que no vio ning&uacute;n cambio en la ni&ntilde;a. &ldquo;Los ni&ntilde;os se recuperan en el centro pero luego no se hace bien el seguimiento&rdquo;, cuenta Aminatou Be&iuml;dou, enfermera de MSF en el ambulatorio de Ourno, &ldquo;les damos el plumpynut pero, o lo venden, o lo reparten entre los ni&ntilde;os del hogar en lugar de darlo s&oacute;lo al ni&ntilde;o enfermo&rdquo;. La madre de Rachida explica adem&aacute;s que no va a partir a Madaoua porque tiene un tratamiento m&eacute;dico con un curandero tradicional. Ese es otro problema, &ldquo;la gente recurre primero a las pr&aacute;cticas ancestrales y cuando el ni&ntilde;o se encuentra en el peor estado esperan que el centro de salud haga el milagro&rdquo;, cuenta Amadou. Es el &uacute;ltimo recurso.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/05169da3-606c-4736-ab94-e1174c27ab6a_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/05169da3-606c-4736-ab94-e1174c27ab6a_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/05169da3-606c-4736-ab94-e1174c27ab6a_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/05169da3-606c-4736-ab94-e1174c27ab6a_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/05169da3-606c-4736-ab94-e1174c27ab6a_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/05169da3-606c-4736-ab94-e1174c27ab6a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/05169da3-606c-4736-ab94-e1174c27ab6a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        A punto ha estado el coche de arrancar y perder la oportunidad pero, tras la presi&oacute;n del personal del hospital y las dem&aacute;s madres presentes, la mam&aacute; de Rachida decide partir al hospital de Madaoua en el coche de MSF. Los resultados de este proyecto son muy positivos. En el hospital donde se trata la malnutrici&oacute;n severa la tasa de mortalidad era de un 73% en el a&ntilde;o 2006 y se ha ido reduciendo hasta un 5% en 2014. El tratamiento para la prevenci&oacute;n de la malaria tambi&eacute;n ha sido efectivo, reduciendo los casos de 47.822 entre julio y octubre de 2013 a 20.624 en 2014 en ese mismo per&iacute;odo.
    </p><p class="article-text">
        Rachida sali&oacute; del hospital cuatro d&iacute;as despu&eacute;s de ser ingresada. El peque&ntilde;o Abdoul Razak tambi&eacute;n fue dado de alta, al igual que Marliya que continuar&aacute; su seguimiento en el centro de salud m&aacute;s cercano a casa. &ldquo;Antes de su salida incluso jugaban con el personal m&eacute;dico&rdquo; cuenta Ke&iuml;ta. &ldquo;En la mayor&iacute;a de los casos la malnutrici&oacute;n es cr&oacute;nica&rdquo;, explica Ke&iuml;ta. Por eso, tanto Rachida como Marliya es la segunda vez que pasan por el CRENI. Ahora lo importante es que las madres entiendan la importancia del seguimiento y se tomen el tratamiento en serio &ldquo;para que en el futuro no vuelvan&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/atrapados-hambre_1_2650552.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 31 May 2015 16:41:41 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/7607de02-7f77-4bc0-a17b-570e8d028a4d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="353802" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/7607de02-7f77-4bc0-a17b-570e8d028a4d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="353802" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Tres historias del hambre que golpea al país más pobre del mundo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/7607de02-7f77-4bc0-a17b-570e8d028a4d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Hambre,Níger]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Transición en Burkina Faso: "Haremos todo lo posible para que no hayan muerto por nada"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/transicion-burkina-faso-haremos-posible_1_4495784.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/859bb929-a920-4c43-9055-72b6ac6b5ce2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Transición en Burkina Faso: &quot;Haremos todo lo posible para que no hayan muerto por nada&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A casi un mes de la revolución en Burkina Faso, la población se divide entre los que piden reformas consistentes y los que se contentan con haber derrocado al presidente, que llevaba 27 años en el poder</p><p class="subtitle">"Los militares nos han robado la revolución", decían las pancartas en la manifestación del 2 de noviembre.</p><p class="subtitle">Hablamos con burkineses participantes en la revolución sobre cómo ven el futuro de su país en este momento de transición</p></div><p class="article-text">
        Se llamaba Gaston. Ten&iacute;a 35 a&ntilde;os y una larga carrera profesional como economista en Burkina Faso. Hab&iacute;a ocupado diversos puestos en la empresa privada y organizaciones no gubernamentales como gestor de finanzas y, hace un a&ntilde;o, se march&oacute; a trabajar para la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) a Rep&uacute;blica Democr&aacute;tica del Congo dejando a su mujer y a su peque&ntilde;o de cinco a&ntilde;os en Uagadug&uacute;, la capital de Burkina Faso. 
    </p><p class="article-text">
        Volvi&oacute; al pa&iacute;s durante dos semanas, cuenta un miembro de su familia. Hab&iacute;a pedido vacaciones para estar con su familia y la revoluci&oacute;n burkinesa le pill&oacute; por sorpresa. Sus causas: la lucha por la libertad y la justicia. Y por sus ideales no dud&oacute; en salir a las calles de Uagadug&uacute; el 30 de octubre. Aquel d&iacute;a falleci&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Una veintena de personas murieron en la capital y en Ouahigouya, una ciudad del norte de Burkina Faso, y alrededor de 625 personas resultaron heridas en todo el pa&iacute;s, seg&uacute;n el Comit&eacute; sobre Violaciones de Derechos Humanos burkin&eacute;s. El 30 de octubre fue la jornada m&aacute;s intensa de las manifestaciones que consiguieron la dimisi&oacute;n de Blaise Compaor&eacute;, el presidente que llevaba 27 a&ntilde;os en el poder, desde que diera un golpe de Estado contra su amigo y compa&ntilde;ero de armas, Thomas Sankara. Miles de personas salieron a las calles de Uagadug&uacute; en contra de la revisi&oacute;n de la Constituci&oacute;n que permitir&iacute;a a Blaise Compaor&eacute; mantenerse en la presidencia por m&aacute;s tiempo.
    </p><p class="article-text">
        El pueblo burkin&eacute;s lo ten&iacute;a claro. Blaise Compaor&eacute; deb&iacute;a partir. Y muchos de ellos tomaron esta lucha con todas las consecuencias. Aquellos d&iacute;as y hasta hoy dos discursos estaban en el aire: &ldquo;Poco importa qui&eacute;n sea la persona que lo sustituya, pero que no sea &eacute;l, Blaise Compaor&eacute;&rdquo;, es uno de ellos, como se&ntilde;ala Zinaba Rasman&eacute;, miembro de Balai Citoyen (escoba ciudadana), el movimiento ciudadano m&aacute;s popular en Burkina. El otro discurso defiende que se deber&iacute;a aprovechar la ocasi&oacute;n para hacer reformas y conseguir una verdadera democracia.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de la dimisi&oacute;n de Blaise Compaor&eacute;, el teniente coronel Isaac Yacouba Zida se autonombr&oacute; presidente de la transici&oacute;n. Muchos burkineses vieron esta acci&oacute;n como un rapto de su revoluci&oacute;n por los militares. &ldquo;Los militares nos han robado la revoluci&oacute;n&rdquo;, dec&iacute;an las pancartas en la manifestaci&oacute;n del 2 de noviembre.
    </p><p class="article-text">
        Entonces la comunidad internacional pidi&oacute; a Burkina Faso que el Gobierno de transici&oacute;n fuera presidido por un civil y la Uni&oacute;n Africana les dio dos semanas para gestionarlo. Dentro de plazo, el consejo de designaci&oacute;n del presidente de la transici&oacute;n, compuesto por miembros de los partidos pol&iacute;ticos, la sociedad civil, l&iacute;deres religiosos y tradicionales y las fuerzas de defensa anunci&oacute; que Michel Kafando &ndash;ministro de Exteriores en los a&ntilde;os 80&ndash; ser&iacute;a el nuevo presidente civil de la transici&oacute;n durante un a&ntilde;o. Pocos d&iacute;as despu&eacute;s, Michel Kafando nombr&oacute; primer ministro a Isaac Yacouba Zida. &ldquo;Es un sistema de yo te doy, t&uacute; me das&rdquo;, se&ntilde;ala Yabr&eacute; Idrissa, un ciudadano burkin&eacute;s.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/18eaaeb6-dda2-4be6-b129-bb4dba0727db_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/18eaaeb6-dda2-4be6-b129-bb4dba0727db_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/18eaaeb6-dda2-4be6-b129-bb4dba0727db_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/18eaaeb6-dda2-4be6-b129-bb4dba0727db_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/18eaaeb6-dda2-4be6-b129-bb4dba0727db_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/18eaaeb6-dda2-4be6-b129-bb4dba0727db_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/18eaaeb6-dda2-4be6-b129-bb4dba0727db_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><h3 class="article-text">Dos discursos en las calles de Burkina</h3><p class="article-text">
        Yabr&eacute; Idrissa, como muchos otros burkineses, es esc&eacute;ptico sobre c&oacute;mo se est&aacute; gestionando el cambio pol&iacute;tico. &ldquo;No est&aacute; claro y es bastante raro c&oacute;mo se ha elegido a los tres candidatos para la presidencia. Dos de ellos, Michel Kafando y Jos&eacute;phine Ouedraogo, eran candidatos de los militares y finalmente es Kafando quien ha sido elegido&rdquo;, explica Yabr&eacute; Idrissa, a quien adem&aacute;s el teniente coronel Zida tampoco le convence. &ldquo;No creo en la buena fe de Zida. No se ha hecho alusi&oacute;n a los militares que han disparado. Si tuviera buena fe, mandar&iacute;a buscar a aquellos que dispararon a la gente&rdquo;, explica. Adem&aacute;s, cree que si fueran los manifestantes los que hubieran tenido que elegir al primer ministro, no habr&iacute;a sido a Zida.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, no todos opinan igual. Una parte de la poblaci&oacute;n, orgullosa de lo ocurrido, considera que lo importante era echar a Blaise Compaor&eacute; de la presidencia. Samy (nombre ficticio), ciudadano burkin&eacute;s, es de los que comparte esta opini&oacute;n. &ldquo;Michel Kafando ha sido llamado a servir por su experiencia en lo nacional y lo internacional&rdquo;. En cuando a la continuaci&oacute;n de los militares en el gobierno, para Samy es una cuesti&oacute;n de metas, &ldquo;gracias a que ellos han estado ah&iacute; la situaci&oacute;n no se ha convertido en caos y pillaje. Si los militares est&aacute;n en el gobierno ahora es con un objetivo. El pueblo burkin&eacute;s tiene los ojos bien abiertos, si los militares no cumplen, tendr&aacute;n que rendir cuentas&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Visitas a las familias de las v&iacute;ctimas</h3><p class="article-text">
        Desde que tuvieron lugar los acontecimientos una delegaci&oacute;n del movimiento Balai Citoyen se puso en marcha para visitar a las familias de los fallecidos y heridos. &ldquo;Debemos apoyar a las familias de los camaradas que hemos perdido, mostrarles nuestras condolencias, prestarles asistencia y comprometernos a que vamos a hacer todo lo posible para que no hayan muerto por nada. Queremos que se reconozca lo que han hecho porque han fallecido en el terreno de lucha&rdquo;, explica Zinaba Rasman&eacute;, uno de los miembros de Balai Citoyen que visita a las familias.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n se visita a los heridos y se les ofrece asistencia m&eacute;dica. Este movimiento ciudadano hizo una llamada internacional para conseguir fondos que permitan llevar estas acciones a cabo. La di&aacute;spora burkinesa ha respondido desde Alemania, Estados Unidos, B&eacute;lgica e Italia, entre otros lugares. Tambi&eacute;n desde Francia, donde la mayor parte de las donaciones proced&iacute;an, sin embargo, de franceses. Algunos particulares, amigos de Burkina Faso que no son burkineses pero simpatizan con esta revoluci&oacute;n, tambi&eacute;n han realizado su aportaci&oacute;n en esta causa.
    </p><p class="article-text">
        Este viernes, en la ceremonia de traspaso de cargos del teniente coronel Isaac Yacouba Zida a Michel Kafando, el nuevo presidente de la transici&oacute;n comenz&oacute; su discurso haciendo alusi&oacute;n a las v&iacute;ctimas. &ldquo;Me inclino muy respetuosamente ante nuestros muertos, los m&aacute;rtires de la revoluci&oacute;n. Ellos entrar&aacute;n a formar parte de la Historia por la gran puerta del hero&iacute;smo. La patria les estar&aacute; agradecidos. A los heridos, el gobierno destinar&aacute; las compensaciones necesarias&rdquo;. Por otro lado, el monumento que hasta entonces se llamaba 'Mausoleo de los h&eacute;roes nacionales' cambiar&aacute; su nombre por 'Pante&oacute;n de los m&aacute;rtires de la revoluci&oacute;n'. El d&iacute;a 30 de noviembre tendr&aacute; lugar una ceremonia para conmemorarlos.
    </p><p class="article-text">
        En este tiempo de transici&oacute;n la poblaci&oacute;n espera ver cambios. Estar&aacute;n vigilantes de que el gobierno cumpla con las reivindicaciones del pueblo. &ldquo;Si no las realizan, estaremos obligados a volver a las calles&rdquo;, asegura Zinaba Rasman&eacute;. S&oacute;lo as&iacute;, aseguran, personas como Gaston no habr&aacute;n muerto en balde.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/transicion-burkina-faso-haremos-posible_1_4495784.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 25 Nov 2014 20:27:11 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/859bb929-a920-4c43-9055-72b6ac6b5ce2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="67186" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/859bb929-a920-4c43-9055-72b6ac6b5ce2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="67186" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Transición en Burkina Faso: "Haremos todo lo posible para que no hayan muerto por nada"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/859bb929-a920-4c43-9055-72b6ac6b5ce2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Movimientos sociales,Protestas,África]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Claves para entender las protestas que han derrocado al presidente de Burkina Faso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/claves-derrocado-presidente-burkina-faso_1_4542755.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/905ef892-1785-4aba-a0e3-1610f68574a9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Claves para entender las protestas que han derrocado al presidente de Burkina Faso"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El pueblo, sobre todo los jóvenes, quiere que cambien las caras de los políticos que gobiernan desde que tienen memoria</p><p class="subtitle">El hasta ahora presidente, Blaise Compaoré, llevaba 27 años en el poder a pesar de que, según la ley, los mandatos pueden durar como máximo 10</p><p class="subtitle">Burkina Faso es uno de los países más pobres del mundo, ocupa el puesto 181 de 187 en el Índice de Desarrollo Humano de la ONU</p></div><p class="article-text">
        En la tierra de los hombres &iacute;ntegros, significado de las palabras Burkina Faso en dos de sus lenguas locales mayoritarias, han rezumado esta semana las voces de muchos burkineses. &ldquo;Blaise l&aacute;rgate&rdquo;, &ldquo;Art&iacute;culo 37 intocable&rdquo;, &ldquo;Blaise Compaor&eacute; es nuestro peor &eacute;bola&rdquo;, gritaban con determinaci&oacute;n en las calles de la capital. Exig&iacute;an la dimisi&oacute;n de su presidente, perpetuado en el poder desde 1987. Trataba de modificar la ley para quedarse, y fracas&oacute;. El 31 de octubre las calles celebraban con j&uacute;bilo su triunfo: Blaise Compaor&eacute; anunciaba su dimisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Desde que el pasado 21 de octubre el Consejo de ministros, en una reuni&oacute;n extraordinaria, tomara la decisi&oacute;n de que se votar&iacute;a en el parlamento burkin&eacute;s un proyecto de ley para modificar la Constituci&oacute;n y, de este modo, el presidente pudiera mantenerse en el poder, los burkineses comenzaron a salir a las calles de Uagadug&uacute;, la capital. Primero fueron manifestaciones aisladas y peque&ntilde;as barricadas que cortaban las carreteras. El descontento estaba en el aire. El 28 de octubre miles de burkineses salieron, invitados por la oposici&oacute;n, a una jornada de protesta y desobediencia civil.
    </p><h3 class="article-text">Perpetuaci&oacute;n en el poder: &iquest;c&oacute;mo lo hizo?</h3><p class="article-text">
        Seg&uacute;n dicta el art&iacute;culo 37 de la Constituci&oacute;n, &ldquo;el presidente de Faso es elegido para cinco a&ntilde;os por sufragio universal directo, igual y secreto. Es reelegido una vez&rdquo;. Seg&uacute;n este art&iacute;culo, Compaor&eacute; s&oacute;lo deber&iacute;a haber permanecido en el poder diez a&ntilde;os, pero consigui&oacute; persistir durante 27 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo lo hizo? Desde que Blaise Compaor&eacute; obtuviera el poder por la fuerza en 1987 y hasta 1991, dirigi&oacute; el pa&iacute;s a trav&eacute;s de un r&eacute;gimen militar. El 2 de junio de 1991 se adopt&oacute; por refer&eacute;ndum la Constituci&oacute;n que hasta el pasado 31 de octubre -cuando fue disuelta por el ej&eacute;rcito- ha sido la ley fundamental de los burkineses. La norma constituy&oacute; una rep&uacute;blica presidencial multipartidista, cuyo presidente podr&iacute;a mantenerse en el poder durante dos mandatos de siete a&ntilde;os cada uno. El 1 de diciembre de aquel a&ntilde;o se celebraron elecciones, pero la oposici&oacute;n boicote&oacute; los comicios. No particip&oacute;. Blaise Compaor&eacute; obtuvo el 100% de los votos. La poblaci&oacute;n burkinesa, a su manera, mostr&oacute; su rechazo por estos comicios: solo particip&oacute; el 27,3%.
    </p><p class="article-text">
        Las pr&oacute;ximas elecciones tendr&iacute;an lugar siete a&ntilde;os m&aacute;s tarde, en 1998. Compaor&eacute; vencer&iacute;a con el 87,52% de los votos. Esos deber&iacute;an haber sido los &uacute;ltimos comicios a los que podr&iacute;a haberse presentado Compaor&eacute;, pero tampoco lo fueron.
    </p><h3 class="article-text">Paro, pobreza, y cr&iacute;menes impunes</h3><p class="article-text">
        El pueblo, sobre todo los j&oacute;venes, quiere que cambien las caras de los pol&iacute;ticos que los gobiernan desde que tienen memoria. La mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n de Burkina Faso tiene menos de 30 a&ntilde;os y el paro es muy elevado. Es tambi&eacute;n uno de los pa&iacute;ses m&aacute;s pobres del mundo, ocupa el puesto 181 de 187 en el &Iacute;ndice de Desarrollo Humano (IDH), un indicador social estad&iacute;stico que tiene en cuenta vida larga y saludable, educaci&oacute;n y nivel de vida digno.
    </p><p class="article-text">
        A ello se suman los cr&iacute;menes impunes. Los m&aacute;s conocidos: el periodista Norbert Zongo, asesinado en diciembre de 1998 mientras investigaba la muerte del ch&oacute;fer de Fran&ccedil;ois Compaor&eacute;, el hermano del presidente; y la muerte del 'Che Guevara africano', Thomas Sankara, asesinado durante el golpe de estado del hasta ahora presidente. A d&iacute;a de hoy su muerte sigue sin esclarecerse y las investigaciones solicitadas por su familia son paralizadas.
    </p><p class="article-text">
        El anuncio de llevar a cabo un proyecto de ley para revisar la Constituci&oacute;n fue la gota que colm&oacute; la paciencia del pueblo burkin&eacute;s. Un nuevo tiempo de cambios comienza para este pa&iacute;s.
    </p><h3 class="article-text">El fin de una era</h3><p class="article-text">
        Y lleg&oacute; el d&iacute;a de la votaci&oacute;n de la reforma constitucional. Ning&uacute;n diputado fiel a Compaor&eacute; pod&iacute;a faltar. Dos noches antes, quienes se hospedaban o bien tomaban un tentempi&eacute; en el Hotel Azala&iuml; Independance, el m&aacute;s pr&oacute;ximo al hemiciclo, pudieron ser testigos de c&oacute;mo algunos de los diputados de la mayor&iacute;a presidencial decidieron alojarse all&iacute;. La cita era obligatoria. Sin embargo, la votaci&oacute;n del proyecto de ley nunca tuvo lugar.
    </p><p class="article-text">
        30 de octubre. Ocho de la ma&ntilde;ana. En torno a la Asamblea Nacional se dibuja un cord&oacute;n policial y militar para impedir el paso a los manifestantes que ya se aglomeran en los puntos de acceso. Las fuerzas de seguridad los dispersa con gases lacrim&oacute;genos. Todo parece estar bajo control pero, una hora m&aacute;s tarde, la situaci&oacute;n cambia.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/18eaaeb6-dda2-4be6-b129-bb4dba0727db_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/18eaaeb6-dda2-4be6-b129-bb4dba0727db_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/18eaaeb6-dda2-4be6-b129-bb4dba0727db_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/18eaaeb6-dda2-4be6-b129-bb4dba0727db_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/18eaaeb6-dda2-4be6-b129-bb4dba0727db_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/18eaaeb6-dda2-4be6-b129-bb4dba0727db_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/18eaaeb6-dda2-4be6-b129-bb4dba0727db_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Las fuerzas del orden comienzan a retirarse y permiten la acci&oacute;n de los manifestantes. Es entonces cuando quien rodea el parlamento no es la polic&iacute;a sino los burkineses contrarios a la votaci&oacute;n que perpetuar&iacute;a a Compaor&eacute; en el poder. Poco despu&eacute;s vuelan piedras contra el parlamento. Minutos m&aacute;s tarde, una gran humareda surge del edificio. El hemiciclo hab&iacute;a sido incendiado. A lo largo de estos d&iacute;as, los disturbios causaron m&aacute;s de cien heridos y alrededor de 30 muertos. 
    </p><h3 class="article-text">Compaor&eacute;, mediador de la regi&oacute;n</h3><p class="article-text">
        Compaor&eacute; tiene sus partidarios, aquellos que le atribuyen la estabilidad de la regi&oacute;n en la que se encuentra este pa&iacute;s. Consideran que su persona es necesaria para mantenerla. El dictador ha ido obteniendo un creciente peso como mediador en diferentes conflictos aunque no ha gozado de imparcialidad. En la crisis de Costa de Marfil de 2010 colabor&oacute; con Francia y la comunidad internacional en el ascenso al poder de Alassane Ouattara, actual presidente de Costa de Marfil, adonde ha hu&iacute;do el hasta ahora presidente de Burkina Faso.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, desde 2013, Uagadug&uacute; ha acogido las negociaciones entre los rebeldes tuareg del norte de Mal&iacute;, los grupos yihadistas y el Gobierno maliense, para tratar de resolver la &uacute;ltima crisis que sufri&oacute; este pa&iacute;s en 2012. Pero, a pesar de tener partidarios, las calles de Uagadug&uacute; se llenaron de manifestantes en contra de la revisi&oacute;n del art&iacute;culo 37 de la Constituci&oacute;n Burkinesa.
    </p><h3 class="article-text">Sankara, m&aacute;s vivo que nunca</h3><p class="article-text">
        Blaise Compaor&eacute; llevaba 27 a&ntilde;os de poder a sus espaldas. Empez&oacute; a sumar el 15 de octubre de 1987. Fue entonces cuando dio un golpe de estado, con ayuda de Francia, para derrocar a su amigo y compa&ntilde;ero Thomas Sankara, quien muri&oacute; aquel d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        El capit&aacute;n Sankara lleg&oacute; al poder a trav&eacute;s de un pronunciamiento militar anterior, en 1983, con la colaboraci&oacute;n de Compaor&eacute;. A partir de entonces pondr&iacute;a en marcha una revoluci&oacute;n que no dej&oacute; indiferente a nadie. No s&oacute;lo destacaba por su personalidad carism&aacute;tica sino por sus principales objetivos: no pagar la deuda externa, combatir la corrupci&oacute;n, mejorar la educaci&oacute;n, la lucha por los derechos de las mujeres, reformas para la agricultura o la nacionalizaci&oacute;n de las tierras, entre otros. Antes de su muerte, ya hab&iacute;a comenzado a trabajar hacia la consecuci&oacute;n de estas metas. El discurso antimperialista y panafricanista del capit&aacute;n Sankara generaba esperanza no s&oacute;lo en los j&oacute;venes burkineses sino tambi&eacute;n en todo el continente.
    </p><p class="article-text">
        Aquel 15 de octubre de 1987, la revoluci&oacute;n del conocido como Che Guevara africano muri&oacute; con &eacute;l. Su figura como presidente qued&oacute; en la memoria colectiva. Pero, a lo largo de los &uacute;ltimos acontecimientos ocurridos en Burkina Faso, Sankara ha estado m&aacute;s vivo que nunca.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/claves-derrocado-presidente-burkina-faso_1_4542755.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 02 Nov 2014 19:09:51 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/905ef892-1785-4aba-a0e3-1610f68574a9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="117330" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/905ef892-1785-4aba-a0e3-1610f68574a9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="117330" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Claves para entender las protestas que han derrocado al presidente de Burkina Faso]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/905ef892-1785-4aba-a0e3-1610f68574a9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[África,Protestas]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
