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    <title><![CDATA[elDiario.es - Clara Serra]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/clara_serra/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Clara Serra]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Rebelarnos contra la identidad: por un feminismo de las alianzas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/rebelarnos-identidad-feminismo-alianzas_129_7942420.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b434e979-15dc-4b40-bcc7-d95a979153a3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Rebelarnos contra la identidad: por un feminismo de las alianzas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Queremos construir una lucha feminista desde la suma, la confluencia y la fuerza colectiva no entre quienes somos iguales sino entre quienes somos muy distintas y creemos que la tarea es construir y multiplicar alianzas</p></div><p class="article-text">
        <em>Alianzas Rebeldes. Un feminismo m&aacute;s all&aacute; de la identidad</em> (Bellaterra) es un libro que apuesta decididamente por la pluralidad en el interior de los feminismos, que quiere hacer p&uacute;blicas otras miradas, otras opiniones, que pretende normalizar la diversidad, la diferencia y la cultura del disenso en el interior de nuestros propios movimientos. 
    </p><p class="article-text">
        Respetamos las distintas posiciones en el feminismo y no necesitamos expulsarlas -el famoso &ldquo;eso no es feminismo&rdquo;, tan a la orden del d&iacute;a- pero eso no implica que renunciemos a discutirlas. Las voces que escriben en este libro no eluden contrastar y debatir, no renuncian a tomar partido y a comprometerse. El resultado es un conjunto de textos que demuestra que la pluralidad es una fortaleza y que es justamente la homogeneidad impuesta &ndash;esa artificiosa unidad del feminismo que siempre ha tenido sus ganadoras y sus excluidas&ndash; la que m&aacute;s puede debilitar los objetivos feministas. 
    </p><p class="article-text">
        Demasiadas veces en nuestros propios entornos pol&iacute;ticos hemos o&iacute;do utilizar el feminismo para justificar que &ldquo;ahora no toca&rdquo;, que &ldquo;no es el momento&rdquo;, que &ldquo;hay que cerrar filas&rdquo;, que &ldquo;no nos viene bien&rdquo; plantear dudas o ser cr&iacute;ticas dentro de nuestros propios espacios y movimientos. Nada de eso nos har&aacute; m&aacute;s fuertes ni m&aacute;s capaces para abordar las desigualdades, sino todo lo contrario. El deseo de avanzar en los derechos, libertades y autonom&iacute;a de las mujeres y el empe&ntilde;o por combatir los abusos y discriminaciones nunca debe usarse como argumento para negar las diferencias, acallar las cr&iacute;ticas o estigmatizar los desacuerdos. Las discrepancias van a permanecer y los debates pueden enriquecer las ideas, complicar los an&aacute;lisis y afinar las acciones. Es en el marco de la acci&oacute;n pol&iacute;tica &ndash;que asume el conflicto y aborda los desacuerdos&ndash; y del debate p&uacute;blico (no de los linchamientos en Twitter) donde podremos encontrarnos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una de las grandes apuestas de este libro es la cr&iacute;tica al poder punitivo. Al comp&aacute;s de las reformas legales para enfrentar las violencias machistas, especialmente en el marco de los debates entorno a la violencia sexual, han crecido los discursos centrados en las soluciones penales y, en nombre de la protecci&oacute;n de las mujeres, se han defendido las respuestas punitivas. Ahora bien, si el feminismo quiere ser una alternativa a las formas tradicionales y autoritarias del poder y a las nuevas amenazas de la ultraderecha no podr&aacute; serlo si no es renunciando a las recetas reaccionarias. Este libro defiende la transformaci&oacute;n social como nuestra gran tarea. Lo hace desde la convicci&oacute;n de que para combatir las violencias que se ejercen sobre las personas en raz&oacute;n de su g&eacute;nero u orientaci&oacute;n sexual, hay que centrarse en la prevenci&oacute;n, la educaci&oacute;n, la lucha ideol&oacute;gica y el combate de las condiciones estructurales. Apostar por la transformaci&oacute;n social y la justicia, y no por la venganza y el castigo, supone hacerse cargo de algo que nos han ense&ntilde;ado los an&aacute;lisis feministas: las violencias tienen un origen social, cultural y estructural y no podr&aacute;n ser erradicadas a trav&eacute;s de un sistema penal que solo puede juzgar a los individuos y que es incapaz de enfrentar las estructuras que las reproducen.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La incorporaci&oacute;n de soluciones punitivas por parte de algunos discursos feministas no es la &uacute;nica inercia conservadora que existe en el feminismo hoy. Los &uacute;ltimos a&ntilde;os hemos visto con preocupaci&oacute;n c&oacute;mo se censuraban jornadas dedicadas a debatir sobre el trabajo sexual y hemos asistido a un recrudecido silenciamiento de las prostitutas, a las que se les sigue impidiendo aparecer en el espacio p&uacute;blico con su propia voz. Hemos visto c&oacute;mo se hac&iacute;an campa&ntilde;as para prohibir seminarios que analizaban la pornograf&iacute;a en la Universidad y c&oacute;mo se censuraban carteles e im&aacute;genes con desnudos femeninos por considerarlos denigrantes. De nuevo, si queremos que el feminismo transforme nuestra sociedad, en vez de ser el incauto colaborador de la reacci&oacute;n, la soluci&oacute;n no es la censura. Para combatir los viejos estereotipos patriarcales y ampliar la libertad sexual de las mujeres debemos reclamar educaci&oacute;n sexual y potenciar una cultura y un pensamiento cr&iacute;ticos, porque esa es la mejor forma de defender la dignidad de las personas y la libertad de sus pr&aacute;cticas sexuales, basadas siempre en la elecci&oacute;n, el acuerdo y el consentimiento. Precisamente porque nuestro objetivo es ampliar la libertad sexual de los sujetos, las autoras de este libro cuestionamos cr&iacute;ticamente la esencializaci&oacute;n del papel de v&iacute;ctimas pasivas de las mujeres y las pol&iacute;ticas centradas en exclusiva en la protecci&oacute;n para reivindicar que el sexo no es solo un escenario de peligros, violencias y da&ntilde;os. Frente a los moralismos y las purezas feministas que reaparecen en el campo de los discursos actuales, apostamos por un feminismo que habla de la sexualidad m&aacute;s en clave de placer y menos en clave de peligro y criticamos los discursos funcionales al p&aacute;nico moral y al terror sexual que siempre han servido como herramientas para restringir el campo del deseo y de la sexualidad de las mujeres.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En su conjunto, este libro quiere impugnar una perspectiva cada vez m&aacute;s dominante en las izquierdas en la actualidad: las luchas pol&iacute;ticas basadas en la identidad. A lo largo de estas p&aacute;ginas, de diversas maneras, se pone en cuesti&oacute;n esta indiscutida verdad de nuestros tiempos que considera que el feminismo es una lucha pol&iacute;tica que solamente les corresponde a las mujeres. Es esa premisa, una vez asumida, la que genera, inevitablemente, la b&uacute;squeda dogm&aacute;tica de la autenticidad, de la pureza y de las &ldquo;mujeres de verdad&rdquo;. El esencialismo identitario va de la mano de la exclusi&oacute;n y las din&aacute;micas excluyentes no ser&aacute;n abandonadas en los feminismos simplemente incluyendo a las mujeres trans. No si, acto seguido, restauramos de nuevo un sujeto identitario que seguir&aacute; dejando a muchos sujetos fuera; un sujeto cerrado alrededor de &ldquo;las mujeres&rdquo; seguir&aacute; alimentando la l&oacute;gica de la exclusi&oacute;n. El feminismo que se defiende en este libro tiene como objetivo el combate contra todas las injusticias y discriminaciones derivadas de la existencia de obligaciones y sanciones hacia hombres y hacia mujeres y entiende que son muchas las personas (no solamente las mujeres) que se ven afectadas por el patriarcado, sus mandatos y sus imposiciones. Pero es, adem&aacute;s, un feminismo que apuesta por reunir a todas y a todos los que, m&aacute;s all&aacute; de nuestras identidades, nuestros cuerpos y nuestros respectivos da&ntilde;os y agravios, queremos cambiar nuestra sociedad y sus desigualdades. Parece, sin duda, una rebeld&iacute;a aspirar a esas alianzas, pero este libro quiere trabajar por un feminismo amplio, plural y mestizo, un feminismo m&aacute;s all&aacute; de la identidad que nos re&uacute;na no por quienes somos -hombres, mujeres, maricas, lesbianas, trans, personas racializadas y tantas otras categor&iacute;as m&aacute;s- sino por el mundo que queremos construir en com&uacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, hay en estas p&aacute;ginas una apuesta por combatir las grandes desigualdades econ&oacute;micas y estructurales que nos atraviesan a todos y a todas, por defender sin tibiezas los derechos de las personas m&aacute;s golpeadas por la pobreza y la precariedad, as&iacute; como por las fronteras y el racismo institucional. Debe formar parte de los objetivos de un feminismo transformador responder a la situaci&oacute;n de discriminaci&oacute;n laboral, de explotaci&oacute;n y de pobreza a la que se ven sometidas tantas personas, especialmente tantas mujeres. Las trabajadoras de cuidados, sin derechos laborales garantizados, las mujeres migrantes, que se enfrentan a una ley de extranjer&iacute;a injusta, o las trabajadoras sexuales, estigmatizadas por una gran parte del feminismo y condenadas por nuestras instituciones a una completa invisibilidad institucional, son mujeres con vidas precarias. Por esas vidas y por esos derechos debe luchar el feminismo hoy.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, un feminismo que quiera poner a la cabeza de sus prioridades la falta de derechos de las m&aacute;s vulnerables ha de ser tambi&eacute;n un feminismo sin miedo a arriesgar su sujeto. Creemos que no podemos combatir las poderosas estructuras de poder que tenemos en frente si nuestra aspiraci&oacute;n pol&iacute;tica es solo reunirnos entre nosotras mismas. Aunque parezca una rebeld&iacute;a en tiempos de identidades fuertes, queremos construir una lucha feminista desde la suma, la confluencia y la fuerza colectiva no entre quienes somos iguales sino entre quienes somos muy distintas y creemos que la tarea m&aacute;s prometedora para el feminismo es construir y multiplicar las alianzas m&aacute;s all&aacute; de la identidad. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Clara Serra, Cristina Garaizabal, Paloma Uría, Miriam Solá]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/rebelarnos-identidad-feminismo-alianzas_129_7942420.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 May 2021 20:16:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Rebelarnos contra la identidad: por un feminismo de las alianzas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Feminismo,Transexualidad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Negar el consentimiento. A propósito de la Ley de libertades sexuales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/negar-consentimiento-proposito-ley-libertades-sexuales_129_7267469.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a743b569-1441-4fb2-81f5-bd7477fe0072_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Negar el consentimiento. A propósito de la Ley de libertades sexuales"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El contexto amenazador de aquel portal del caso de la Manada no es el mundo en el que vivimos y pensar desde ese escenario el conjunto de la sexualidad limita y restringe las posibilidades de ampliar nuestra libertad sexual</p></div><p class="article-text">
        En el contexto de diversos debates que atravesaban al feminismo franc&eacute;s en los a&ntilde;os dos mil, Judith Butler, <a href="https://vacarme.org/article392.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en una entrevista</a> en la que se le preguntaba su opini&oacute;n acerca de las controversias del momento, se remontaba a la escisi&oacute;n del feminismo norteamericano en los a&ntilde;os 80. Butler recordaba el debate abierto por Catherine MacKinnon sobre el acoso sexual, punto de inicio de un cisma dentro del movimiento feminista que ha llegado hasta hoy. En <em>The sexual harassment of working women (1979), </em>MacKinnon problematizaba la capacidad de las mujeres trabajadoras para decir &ldquo;no&rdquo; a las insinuaciones sexuales de hombres en posiciones de poder. La autora quer&iacute;a poner sobre la mesa el hecho de que en los contextos laborales las mujeres que rechazaban invitaciones sexuales por parte de sus jefes se expon&iacute;an a represalias y que, por lo tanto, su capacidad de consentir y expresar su voluntad quedaba en entredicho.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta llamada de atenci&oacute;n de MacKinnon sobre los espacios laborales -a los que Butler a&ntilde;ade los espacios universitarios y podr&iacute;amos a&ntilde;adir otros ejemplos en los que se da una gran concentraci&oacute;n de poder en puestos mayoritariamente ocupados por hombres (pensemos, por ejemplo, en el ej&eacute;rcito)- podr&iacute;a haber tenido como conclusi&oacute;n que hay que contextualizar la sexualidad. Cuando una persona tiene un gran poder sobre la vida de otra y tiene, en consecuencia, la posibilidad de abusar de ese poder, podr&iacute;amos ser puntualmente, y en algunas ocasiones debidamente justificadas, m&aacute;s exigentes con las pruebas o garant&iacute;as que necesitamos para dar por buena la capacidad de consentir de las personas en posiciones subalternas, generalmente las mujeres.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Del acoso sexual a la sexualidad como acoso</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, como dice Butler, &ldquo;Catherine MacKinnon tom&oacute; una direcci&oacute;n diferente. Pronto a&ntilde;adi&oacute; a su argumento inicial que los hombres tienen el poder y que las mujeres no lo tienen; y que el acoso sexual es un modelo, un paradigma que permite pensar las relaciones sexuales heterosexuales como tales. En alianza con Andrea Dworking, MacKinnon llega a describir a los hombres como si siempre estuvieran en la posici&oacute;n dominante, y como si la dominaci&oacute;n fuera su &uacute;nico objetivo, as&iacute; como su &uacute;nico objeto de deseo sexual. A mi parecer, <em>esta evoluci&oacute;n fue un error tr&aacute;gico</em>. En consecuencia, la estructura del acoso sexual dejaba de ser concebida como una contingencia determinada por un contexto institucional: se generaliz&oacute; hasta el punto de manifestar una estructura social en la que los hombres dominan y las mujeres son dominadas. Por tanto, las mujeres eran siempre v&iacute;ctimas de chantaje, se encontraban siempre en un ambiente hostil. Peor todav&iacute;a, el mundo mismo era un ambiente hostil y el chantaje era simplemente el modus operandi de la heterosexualidad&rdquo; (Butler, 2003). Esta extensi&oacute;n del acoso sexual, convertido en la l&oacute;gica misma de la sexualidad, llev&oacute; al feminismo abolicionista a considerar el sexo como un terreno inevitablemente peligroso para las mujeres, a convertir la pornograf&iacute;a en el s&iacute;mbolo y la representaci&oacute;n privilegiada de ese paradigma sexual, a demandar un fuerte papel protector del estado y a poner en marcha pol&iacute;ticas prohibicionistas y punitivas en nombre de nuestra seguridad. Bajo las premisas de un enorme sistema de abuso de poder generalizado, el feminismo generaliz&oacute; tambi&eacute;n, y de modo igualmente sistem&aacute;tico, la incapacidad que las mujeres tenemos de dar nuestro consentimiento. Y este feminismo no solamente puso en entredicho la capacidad de decir &ldquo;no&rdquo; que ten&iacute;an las mujeres en el terreno de la pornograf&iacute;a o de cualquier forma de trabajo sexual. Declar&oacute; antifeminista el sadomasoquismo y otras muchas formas supuestamente violentas o denigrantes de sexualidad ya que, aunque las mujeres las aceptaran -aunque dijeran explicitamente s&iacute;- no estaban en condiciones de consentirlas con libertad. As&iacute;, el abolicionismo americano infantiliz&oacute; a las mujeres y restaur&oacute; en nombre del feminismo un puritanismo sexual que encontr&oacute; felices alianzas con el moralismo conservador de la derecha americana de Reagan.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>De la Manada como caso a la Manada como modelo</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        Aquellos debates americanos, pertinentes para Butler para pensar las encrucijadas del feminismo franc&eacute;s de hace dos d&eacute;cadas, son igualmente iluminadores para comprender nuestro propio contexto de hoy. Los &uacute;ltimos a&ntilde;os los peri&oacute;dicos y las televisiones se han llenado de casos en los que la capacidad de las mujeres para consentir una relaci&oacute;n sexual -bien por ser menores de edad, por haber consumido drogas, por estar inconscientes- se ve&iacute;a completamente anulada o seriamente comprometida. Este tipo de ejemplos han cobrado una enorme presencia, sobre ellos hemos centrado nuestros an&aacute;lisis y nuestros imaginarios para pensar la libertad sexual. El caso de la Manada es probablemente el acontecimiento m&aacute;s relevante de un giro que, como el feminismo de MacKinnon, nos lleva a una mirada sobre la sexualidad que toma la parte por el todo. As&iacute; como las relaciones sexuales en contextos laborales nos obligaban a pensar el consentimiento en condiciones de especial desigualdad institucional, el caso de la Manada pon&iacute;a sobre la mesa que puede haber ocasiones en las que una importante desigualdad o un contexto altamente intimidatorio -por ejemplo cinco hombres en un portal- ponga especialmente en cuesti&oacute;n la libertad de una mujer para expresar su voluntad. En efecto, a veces no es posible decir &ldquo;no&rdquo; y es imprescindible que nuestras leyes tengan instrumentos para juzgar correctamente esos casos excepcionales, pero como dice Luc&iacute;a Gonz&aacute;lez Mendiondo, <a href="https://ctxt.es/es/20200115/Politica/30591/lucia-gonzalez-mendiondo-feminismo-de-genero-el-genero-y-los-sexos-puritanismo.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;no podemos actuar contra las agresiones sexuales tomando La Manada como modelo</a>&rdquo;. Una cosa es pedir que las leyes tengan herramientas para abordar correctamente los contextos particulares en los que el consentimiento est&aacute; comprometido, resulta particularmente problem&aacute;tico o est&aacute; directamente imposibilitado. Otra muy distinta es extender una visi&oacute;n de la sexualidad en la que las mujeres son, m&aacute;s all&aacute; de todo contexto, incapaces de decir siempre que no o expresar la voluntad. Pensar la sexualidad como si las mujeres estuvi&eacute;ramos siempre en condiciones de desigualdad insuperable, como si siempre estuvi&eacute;ramos en peligro, como si la intimidaci&oacute;n no se produjera en determinados contextos sino que el sexo fuera siempre intimidatorio, es altamente reaccionario. Consolida la tradicional imagen femenina de la fragilidad y la vulnerabilidad y acaba reproduciendo el lugar que el patriarcado siempre ha asignado a las mujeres y fortificando los l&iacute;mites de nuestra libertad sexual.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Del "no es no" al "s&oacute;lo s&iacute; es s&iacute;</strong></em><strong>&rdquo;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Este giro en la mirada sobre la sexualidad ha sido en parte potenciado por el uso que ha tenido el lema &ldquo;s&oacute;lo s&iacute; es s&iacute;&rdquo; en un contexto social sacudido por el caso de La Manada. El problema, justamente, es ese. El contexto amenazador de aquel portal oscuro no es el mundo en el que vivimos y pensar desde ese escenario el conjunto de la sexualidad limita y restringe las posibilidades de ampliar nuestra libertad al instaurar un escenario de peligro que acaba trayendo consigo la negaci&oacute;n de nuestra voluntad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si el lema &ldquo;no es no&rdquo; ha sido tan importante para expresar las demandas de libertad del feminismo es porque hace saber a la sociedad y a los hombres que en cualquier momento las mujeres pueden retirar su consentimiento en el marco de las relaciones sexuales y que esa negativa, una expresi&oacute;n expl&iacute;cita de la voluntad, debe ser absolutamente respetada. Ese mensaje es importante no s&oacute;lo hacia los hombres, es importante para todas las mujeres. Porque, en efecto, rompe con las demandas de disponibilidad y complacencia que una educaci&oacute;n patriarcal nos hace a todas nosotras y porque nos dice que esa ruptura es posible, que somos capaces de hacerla, porque nos anima a tomar la palabra, porque nos empuja y nos empodera. Todas sabemos lo que pesan los mandatos de g&eacute;nero patriarcales: decir que no requiere un aprendizaje, es una superaci&oacute;n y una conquista. Ayudarnos entre todas a aprenderlo es una tarea feminista y este lema expresa la voluntad de llevarla a cabo. Los hombres deben aprender a respetar la voluntad de las mujeres, las mujeres tenemos que aprender a expresarla. Y es esa confianza en que podemos ser capaces de decir que no -junto a la garant&iacute;a legal de que ese no ser&aacute; respetado- la que puede dar a las mujeres seguridad no s&oacute;lo en el Estado y su intermediaci&oacute;n, sino seguridad en nosotras mismas. Es esa seguridad la que puede empoderarnos para adentrarnos con confianza y libertad en un terreno sexual que solamente si deja de ser puro peligro, podr&aacute; ser tambi&eacute;n un lugar en el que nos esperan placeres. El sexo no es solo un campo de amenazas pero tampoco est&aacute; exento de zonas oscuras, de dudas y falta de certezas. Las mujeres seremos m&aacute;s libres si tenemos herramientas para asumir las incertidumbres de la sexualidad y salir ilesas de ellas, si no cambiamos los riesgos que acompa&ntilde;an a la libertad por proteccionismos securitarios.
    </p><p class="article-text">
        El giro hacia el lema &ldquo;solo s&iacute; es s&iacute;&rdquo;, vinculado a los casos judiciales en los que expresar una voluntad clara no es posible -ni por tanto exigible hacia las mujeres-, nos lleva m&aacute;s bien a un escenario en el que, en ausencia de un s&iacute; expl&iacute;cito, hay que presumir la negativa sistem&aacute;tica de las mujeres. Todo lo que no sea un clar&iacute;simo s&iacute; ha de ser entendido como un clar&iacute;simo no. A pesar de que pueda parecer un lema afirmativo, supone una extensi&oacute;n del campo del no y comunica a toda la sociedad que, por defecto, las mujeres no desean sexo. &iquest;Es esta una imagen empoderadora? &iquest;Rompe con los estereotipos patriarcales? &iquest;O acaso los consolida y los refuerza?&nbsp; Este lema, de nuevo, no manda solo un mensaje a la sociedad, lo manda tambi&eacute;n a las mujeres. Asume la ausencia generalizada de las condiciones para decir que no, renuncia a trabajar para hacernos m&aacute;s capaces de expresarlo y, dada por perdida esa posibilidad, otorga al Estado protector el deber de decirlo por todas nosotras.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>De la libertad a la seguridad</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        Algunos de los discursos que han sido hegem&oacute;nicos estos a&ntilde;os han comprado por completo, como el feminismo americano abolicionista,&nbsp; la idea de que el gran obst&aacute;culo para la libertad sexual de las mujeres es la sexualidad depredadora de los hombres. Olvidan que ese no es ning&uacute;n relato que no haya explotado ya el propio patriarcado, que lleva siglos advirtiendo a todas las caperucitas del peligro que suponen los lobos. Lo realmente peligroso para nuestro orden social es el placer sexual de las mujeres y la principal manera de restringirlo ha sido asociar el sexo al peligro y fomentar nuestro miedo. Ese miedo existe, es real y las mujeres lo conocemos. &iquest;Pero cu&aacute;les son los discursos feministas que necesitamos para afrontarlo? Es importante preguntarnos si la explotaci&oacute;n medi&aacute;tica y pol&iacute;tica que los &uacute;ltimos a&ntilde;os se ha hecho de determinados imaginarios no ha contribuido en parte a una extensi&oacute;n del acoso no como caso particular sino como modelo, como paradigma, como l&oacute;gica generalizada de las relaciones sexuales. Y si esta hipertrofia del poder de los hombres y de la vulnerabilidad de las mujeres no puede devenir paralizante para nuestro deseo. Debemos preguntarnos si determinados discursos no han servido en parte para fortalecer los roles pasivos que el patriarcado asigna a las mujeres, si ciertos marcos que estamos asentando no invisibilizan y niegan justamente las desobediencias femeninas. Cuando las mujeres toman la iniciativa, cuando se arriesgan a explorar lo que desean, cuando se lanzan sin tener todo asegurado, cuando asumen las incertidumbres que implica ser parte activa en la negociaci&oacute;n de sus deseos, cuando exploran los deseos propios y ajenos -sin tener, por cierto, un s&iacute; expl&iacute;cito por el otro lado-, lo hacen justamente desoyendo los mandatos patriarcales. &iquest;No es eso justamente ganar libertad sexual para las mujeres? &iquest;No hay que avanzar por ese camino? &iquest;No hay que ensanchar esas posibilidades? &iquest;Por qu&eacute; pensamos que regular ese juego solo restringe la iniciativa de los hombres? &iquest;No restringe tambi&eacute;n la libertad sexual de las mujeres?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
         <a href="https://www.elsaltodiario.com/feminismos/rita-segato-hay-que-demostrar-hombres-expresar-potencia-violencia-senal-debilidad" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;Hay un error muy grande que est&aacute; ocurriendo en algunos feminismos -dice Rita Segato-: una presi&oacute;n para entregar a una instancia ajena (el Estado) la negociaci&oacute;n de nuestro deseo.&rdquo;</a> La promesa securitaria de un sexo sin ambig&uuml;edades ni oscuridades, de un sexo explicitado, previamente pactado y garantizado por un Estado que vela por su transparencia supone asumir que en una sexualidad m&aacute;s espont&aacute;nea y menos regulada solo ganan los hombres. Supone, por tanto, olvidar que si el control y la vigilancia sexual ha tenido unas perjudicadas estas han sido fundamentalmente las mujeres.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Negar el consentimiento en nombre del consentimiento</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; pasa cuando, en lugar de contextualizar la sexualidad, convertimos el abuso sexual&nbsp; en un paradigma? &iquest;Cu&aacute;les son las consecuencias de considerar que todas somos demasiado peque&ntilde;as para la magnitud de los peligros, que todas estamos ante un jefe acosador, que todas somos estudiantes ante el poder de un profesor, que todas somos ni&ntilde;as entre lobos, que todas estamos en un portal oscuro, que todas somos menores de edad, que todas tenemos nuestra voluntad anulada? &iquest;C&oacute;mo har&iacute;amos si tuvi&eacute;ramos que proteger a las mujeres no de ciertos contextos hostiles sino de un mundo mismo que se ha vuelto hostil? Ese error tr&aacute;gico al que hac&iacute;a referencia Butler es el que separa dos feminismo muy distintos. Uno dedicado a legislar para hacer posible que las mujeres puedan decir &ldquo;no&rdquo;, porque es eso justamente lo que ampl&iacute;a la posibilidad de poder explorar sus deseos sin miedo. Un feminismo comprometido, por tanto, con poner en marcha en el mundo las condiciones -a veces jur&iacute;dicas pero sobre todo econ&oacute;micas, educativas, culturales, etc- de nuestra independencia y nuestra libertad. El otro feminismo posible es el que nos aboca a resignarnos en nuestra indefensi&oacute;n, que asume que siempre seremos v&iacute;ctimas, que no podremos decir que &ldquo;no&rdquo; y que aspira, a lo sumo, a mitigar el dolor y penalizar los da&ntilde;os.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Actualmente est&aacute; en debate en nuestro pa&iacute;s una propuesta de <em>Ley de libertades sexuales </em>que incorpora entre sus art&iacute;culos algunas propuestas positivas pero que, en conjunto, supone la consolidaci&oacute;n de un giro conservador en la manera de abordar la sexualidad. Partiendo de la premisa de que las mujeres tienen m&aacute;s necesidad de seguridad y protecci&oacute;n que de libertad, esta reforma legislativa est&aacute; centrada en la protecci&oacute;n de la violencia y no en la ampliaci&oacute;n del campo del placer, implica una apuesta securitaria por la regulaci&oacute;n de nuestro deseo y por el arbitraje estatal sobre la sexualidad. Es decir, ampl&iacute;a el papel del Estado en las negociaciones sexuales porque asume que decir &ldquo;no&rdquo; por parte de las mujeres no es dif&iacute;cil a veces, es dif&iacute;cil siempre. Implica, por consiguiente, una extensi&oacute;n del punitivismo. Propone la creaci&oacute;n de nuevos delitos, entre ellos un nuevo delito de acoso sexual que pretende combatir el machismo y los comportamientos sexistas leves mediante el c&oacute;digo penal. &iquest;De verdad cuando el feminismo tiene tanta hegemon&iacute;a hemos de combatir los comportamiento sexistas que nos incomodan con multas y penas y no a trav&eacute;s de la cultura, la educaci&oacute;n y las batallas ideol&oacute;gicas que estamos en condiciones de librar?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y, por &uacute;ltimo, supone una limitaci&oacute;n de nuestro consentimiento y una negaci&oacute;n de nuestra voluntad, incorporando a nuestro ordenamiento jur&iacute;dico delitos de explotaci&oacute;n sexual que quedan fijados &ldquo;a&uacute;n con el consentimiento de la persona&rdquo;. Ahora bien, esa indiferencia ante el consentimiento de las trabajadoras del sexo que forma parte del pensamiento abolicionista no es solo un cuestionamiento hacia la capacidad de consentir de las prostitutas, es la consecuencia inevitable de un feminismo que ya ha puesto en duda y de modo generalizado la capacidad de consentir de todas las mujeres. Y es que, en efecto, como demuestra la evoluci&oacute;n del feminismo radical americano, el abolicionismo no es solo una posici&oacute;n concreta limitada al asunto de la prostituci&oacute;n, es una filosof&iacute;a y una manera de pensar la sexualidad. La alerta de Judith Butler tiene plena vigencia hoy: se empieza poniendo en cuesti&oacute;n la capacidad de las mujeres para decir que &ldquo;no&rdquo; m&aacute;s all&aacute; de ciertos contextos cuidadosamente limitados y se acaba cuestionando a las mujeres tambi&eacute;n cuando dicen que s&iacute;. Por eso esta reforma, defendida en nombre de la centralidad del consentimiento, incorpora lo que siempre ha incorporado el feminismo conservador y securitario, una negaci&oacute;n de nuestro consentimiento. En otras palabras:&nbsp; una desconfianza en nuestra libertad.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Clara Serra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/negar-consentimiento-proposito-ley-libertades-sexuales_129_7267469.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Mar 2021 21:19:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Negar el consentimiento. A propósito de la Ley de libertades sexuales]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una larga anormalidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/larga-anormalidad_129_5956415.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/84db1b40-3c75-4790-9269-8ccdd8938043_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una larga anormalidad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El año que tenemos por delante está lleno de incertidumbres y tendremos que abordarlas sin la tentación de negarlas o encomendarnos a quien nos prometa que van a desaparecer</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;La nueva normalidad tras el coronavirus llegar&aacute; con el verano&rdquo;, &ldquo;&iquest;C&oacute;mo ser&aacute; ir a un restaurante en la nueva normalidad?&rdquo;, &ldquo;As&iacute; ser&aacute; ir al cine durante la nueva normalidad&rdquo;. La expresi&oacute;n se ha instalado con rapidez y, por supuesto, las cr&iacute;ticas furibundas de las derechas y sus voceros, embarcados hace tiempo en un obsceno espect&aacute;culo de acoso y derribo al Gobierno, no se han hecho esperar. Lo cierto es que el tono orwelliano y dist&oacute;pico del concepto es evidente para cualquiera. Tan cierto como que no es un invento de S&aacute;nchez, y que, aunque nuestro presidente y el Gobierno se han empleado a fondo en ponerlo en circulaci&oacute;n, el invento lo ha patentado la OMS. La &ldquo;nueva normalidad&rdquo; ha llegado, como el virus, para todos y a la vez; est&aacute; siendo usada por los gobiernos (de derechas o de izquierdas) de muchos pa&iacute;ses y criticada por oposiciones (de derechas o de izquierdas) de muchos pa&iacute;ses.
    </p><p class="article-text">
        Conspiranoias aparte, la cr&iacute;tica es muy necesaria. La (tramposa) ventaja de un ox&iacute;moron como este es que nos sirve para una cosa y su contraria; nos sirve para hablar de algo que puede ser nuevo (anormal), viejo (normal), normal (viejo) y no-normal (nuevo). Pero para lo que no nos sirve es para separar lo nuevo y la normalidad. Y eso es imprescindible para preguntarnos si queremos que todas las novedades de estos meses se conviertan en nuestra forma de vida normal. Entre las pr&oacute;ximas novedades vamos a tener, menos abrazarnos, mas aislamiento social, institutos con clases a distancia o el teletrabajo como &uacute;nica opci&oacute;n. Pero no porque hayamos elegido que eso venga para quedarse. Muchas de esas cosas ser&aacute;n por necesidad.
    </p><p class="article-text">
        En tiempos como los que vivimos, el lenguaje es altamente performativo y constituyente y delimita los m&aacute;rgenes y posibilidades del mundo que vendr&aacute; despu&eacute;s. Uno de los riesgos es que lo que venga sea la vieja normalidad y que, una vez la amenaza del virus se aleje, no haya cambiado nada. Otro de los riesgos es que el mundo cambie, pero cambie a peor, que se normalicen cosas como el aislamiento social o la libertad condicional pero nuestra normalidad no incorpore cosas como una forma de vida m&aacute;s ecol&oacute;gica, una sanidad p&uacute;blica blindada ante los recortes, un reconocimiento efectivo de los cuidados o una fortalecida institucionalidad internacional.
    </p><p class="article-text">
        El primer tipo de cosas las tenemos encima ya, el segundo tipo de cosas no podemos fecharlas en el calendario de junio. El primer tipo de cosas han llegado bajo la forma de prescripciones de cient&iacute;ficos y recomendaciones de la OMS, el segundo tipo de cosas solo podremos conquistarlas con un debate pol&iacute;tico. El problema de este nuevo concepto es que confunde, de manera peligrosa, las novedades que nos van a venir impuestas por necesidad con la forma de vida futura que debemos debatir y decidir en com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        No se trata solo de un par de palabras, la expresi&oacute;n es el s&iacute;ntoma de un riesgo de fondo: la confusi&oacute;n entre la tecnocracia y la democracia, entre la ciencia y la pol&iacute;tica, entre lo que tienen que decir los m&eacute;dicos y lo que tiene que decir la ciudadan&iacute;a. Los gobiernos, examinados electoralmente por una poblaci&oacute;n asustada que quiere dejar el miedo y la incertidumbre atr&aacute;s, tratar&aacute;n de dar cuanto antes la sensaci&oacute;n de vuelta a la normalidad. Pero conviene que nuestros deseos y nuestros miedos no se al&iacute;en con los gestores al mando o los expertos en demoscopia de los partidos si eso juega en contra de nuestra libertad. O, peor, con los que justifiquen m&aacute;s control autoritario a cambio de una cient&iacute;fica seguridad total. A la izquierda especialmente nos conviene no normalizar en exceso lo que vamos a vivir durante un tiempo no solo porque no tendremos vacuna sino porque vamos a ser embestidos por una crisis econ&oacute;mica que promete ser descomunal.
    </p><p class="article-text">
        El a&ntilde;o que tenemos por delante est&aacute; lleno de incertidumbres y tendremos que abordarlas sin la tentaci&oacute;n de negarlas o encomendarnos a quien nos prometa que van a desaparecer. Vamos a tener que atravesar tiempos excepcionales imaginando, esperando y exigiendo que muchas de las novedades pertenezcan m&aacute;s que a una nueva normalidad a una larga anormalidad. La nueva forma de vida que surgir&aacute; de esta crisis mundial puede ser m&aacute;s el resultado de nuestra entrega a soluciones m&aacute;gicas -r&aacute;pidas y autoritarias- o puede ser el resultado de un proceso m&aacute;s democr&aacute;tico en el que no renunciemos a debatir y decidir colectivamente nuestro futuro. De nuestra resistencia a dar por normales algunas de las medidas que nos van a tener que acompa&ntilde;ar un largo rato y de nuestra capacidad para atravesar esa incertidumbre sin rendirnos antes de tiempo dependen nuestras posibilidades de construir, el d&iacute;a de ma&ntilde;ana, una normalidad m&aacute;s ambiciosa, m&aacute;s exigente con nuestros derechos y menos dispuesta a recortar nuestras libertades. Para que la normalidad que venga sea, adem&aacute;s de nueva, una normalidad mejor, tiene que ser decidida por nosotros y nosotras mismas, pertenece a esas cosas que no puede ni prescribir, ni recetar, ni calendarizar, ni inventar la OMS.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Clara Serra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/larga-anormalidad_129_5956415.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 04 May 2020 19:18:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una larga anormalidad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Coronavirus]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las trabajadoras sexuales en estado de alarma]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/trabajadoras-sexuales-alarma_129_1210953.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7f296637-6b4a-4adc-9282-13a6a718a238_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las trabajadoras sexuales en estado de alarma"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las prostitutas no tienen paro ni baja por enfermedad y no cotizan para sus pensiones; son mujeres invisibles para las instituciones y que están abandonadas por ellas</p></div><p class="article-text">
        La crisis del coronavirus ha sacado a la luz las desigualdades, las ha espoleado y, si no ponemos en marcha pol&iacute;ticas m&aacute;s contundentes para impedirlo, las har&aacute; mucho m&aacute;s profundas. En medio de la incertidumbre que ha tra&iacute;do esta pandemia hay algunas cosas que se ven muy claras: qui&eacute;nes ten&iacute;an antes de ella derechos precarios y qui&eacute;nes, incluso, simplemente no los ten&iacute;an. Como de costumbre, vamos a tener que hablar de mujeres. Las trabajadoras del hogar han denunciado estos d&iacute;as la paradoja de que, habiendo sido declarado el suyo un trabajo esencial, sigan sin tener sus derechos laborales garantizados. Muchas de las cuidadoras que en nuestro pa&iacute;s no tienen contrato han seguido trabajando y exponi&eacute;ndose estos d&iacute;as. Todas ellas, invisibles para las instituciones, se pueden quedar de un d&iacute;a para el otro literalmente sin nada. Pero sin duda, las otras grandes olvidadas por nuestras leyes son las trabajadoras sexuales.
    </p><p class="article-text">
        Un macroburdel de la Junquera, perfectamente reconocido por las instituciones que permiten su negocio, se ha acogido a la posibilidad habilitada por el Gobierno para hacer un ERTE a sus trabajadores. Son sesenta y nueve empleados que recibir&aacute;n durante estos meses un subsidio del Estado. Entre ellos, ninguna mujer. Resulta parad&oacute;jico: mientras el due&ntilde;o s&iacute; es un &ldquo;empresario&rdquo; para la administraci&oacute;n, noventa prostitutas, que no son &ldquo;trabajadoras&rdquo;, se han quedado en la calle sin absolutamente nada. Muchas de ellas son migrantes, pensaban pasar solo unos meses trabajando para volver a su pa&iacute;s, ahora no pueden viajar y no tienen aqu&iacute; amigos o redes familiares. No es solo que no tengan posibilidad de acogerse a un subsidio en un momento excepcional como el actual, es todo lo que implica no tener derechos antes del estado de alarma. Las prostitutas no tienen paro ni baja por enfermedad y no cotizan para sus pensiones. Si no pueden demostrar que trabajan e ingresan, tampoco es f&aacute;cil conseguir alquilar una vivienda y para algunas es imposible empadronarse, lo cual es una v&iacute;a de entrada para acceder a las ayudas m&aacute;s b&aacute;sicas y tener acceso a los recursos sociales. Son mujeres invisibles para las instituciones y que est&aacute;n abandonadas por ellas.
    </p><p class="article-text">
        La crisis del COVID-19 ha puesto tambi&eacute;n una lupa sobre ellas. Estos casos nos muestran muy claramente que tenemos un problema y tenemos que abordarlo. Durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os la manera que han tenido los gobiernos de &ldquo;abordar&rdquo; el problema ha sido desastrosa para las mujeres. Algunas abolicionistas lo llaman penalizar a los clientes, otros incluso pueden reconocer que se trata de expulsar a las prostitutas de los espacios p&uacute;blicos respetables. No importa c&oacute;mo nos lo contemos, los efectos de las ordenanzas municipales y de la Ley Mordaza han sido los mismos: volver la actividad de estas mujeres m&aacute;s insegura, m&aacute;s clandestina, con negociaciones r&aacute;pidas en las que ellas salen perdiendo y con una polic&iacute;a convertida &ndash;m&aacute;s a&uacute;n si cabe&ndash; en una amenaza en vez de en una posible ayuda. En definitiva, una pol&iacute;tica contra los clientes que ha acabado criminalizaNdo y acosando a las prostitutas independientes y que ha conseguido &ndash;vaya paradoja&ndash; que para algunas sea m&aacute;s seguro estar en un club como el de la Junquera que estar solas en la calle. Los efectos contraproducentes de las pol&iacute;ticas abolicionistas son siempre m&aacute;s pobreza y m&aacute;s inseguridad para las mujeres. Un informe de M&eacute;dicos del Mundo denuncia c&oacute;mo, desde la aprobaci&oacute;n en 2016 de la penalizaci&oacute;n de los clientes en Francia, las prostitutas se han desplazado a zonas boscosas m&aacute;s peligrosas y han aumentado los asesinatos de mujeres.
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;amos esperar que el feminismo se hubiera puesto de acuerdo para defender a estas mujeres. Defenderlas de los que quieren explotarlas. Y a la vez, defenderlas de una sociedad que lleva siglos estigmatiz&aacute;ndolas y de unas leyes que llevan siglos olvid&aacute;ndolas cuando no poni&eacute;ndoles a&uacute;n m&aacute;s obst&aacute;culos. Es precisamente la estigmatizaci&oacute;n social y la falta de derechos lo que permite al patriarcado campar a sus anchas, lo que hace a los empresarios del sexo y a los proxenetas m&aacute;s poderosos, lo que deja a las mujeres m&aacute;s desarmadas frente a la polic&iacute;a, m&aacute;s vulnerables antes las leyes de extranjer&iacute;a, lo que limita la autonom&iacute;a y el poder de las mujeres frente a clientes y terceros y lo que impide combatir eficazmente la trata. La alegalidad en la que viven las prostitutas es la permisividad ante un estado de naturaleza en el que se imponen los fuertes.
    </p><p class="article-text">
        Cabr&iacute;a esperar que esta situaci&oacute;n en la que se encuentran muchas mujeres en nuestro pa&iacute;s nos convocara a todas las feministas para reunirnos, escuchar, dar voz a las prostitutas organizadas y buscar juntas soluciones urgentes. Sin embargo, una parte del feminismo espa&ntilde;ol lleva a&ntilde;os en una cruzada moral autoritaria y dogm&aacute;tica que hace rato que se les ha ido de las manos. Censura de debates, censura de jornadas, censura de cursos de teor&iacute;a del porno, censura de organizaciones de trabajadoras sexuales y campa&ntilde;as de acoso y derribo a cualquiera que discrepe con sus posturas, especialmente violentas en las redes sociales.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; del matonismo pandillero que vemos cada d&iacute;a practicar en las redes, las prostitutas se han organizado. Las organizaciones AFEMTRAS, el Colectivo de Prostitutas de Sevilla, Putas Libertarias del Raval, Putas Indignadas, Sindicato OTRAS, APROSEX, (N)OMADAS y la secci&oacute;n sindical de trabajadoras sexuals de la IAC abrieron hace menos de un mes un Fondo de Emergencia para Trabajadoras Sexuales que recaud&oacute; unos catorce mil euros para repartirlos entre todas y hacer frente a las dificultades juntas llegando a 100 mujeres. Ante esta iniciativa, ninguna de las voces del abolicionismo de la prostituci&oacute;n las ha ayudado aunque ese apoyo sea clave para que puedan subsistir estos meses siendo m&aacute;s independientes y aut&oacute;nomas. Es decir que aquellas que en vez de &ldquo;trabajadoras&rdquo; las llaman &ldquo;esclavas&rdquo;  terminan por dejarlas m&aacute;s expuestas frente a la voluntad de otros y m&aacute;s esclavas ante los enormes poderes que tienen en contra.
    </p><p class="article-text">
        La buena noticia es que much&iacute;sima gente an&oacute;nima se ha volcado en hacer donativos, en pocas horas llegaron al objetivo de la campa&ntilde;a. Es m&aacute;s, se han abierto nuevas campa&ntilde;as de donaciones para seguir ayudando. Y sin duda, eso refuerza la idea de que m&aacute;s all&aacute; de la beligerancia que en nombre del feminismo hacen algunas contra estas mujeres, much&iacute;sima gente com&uacute;n est&aacute; por la labor de echar una mano y de aportar lo que se pueda. Hay tambi&eacute;n muchas feministas dispuestas a escuchar y a dialogar, entre ellas compa&ntilde;eras que defienden que es necesario acabar con la prostituci&oacute;n pero que entienden que la falta de derechos de las mujeres no es el camino. Si algo ha desvelado esta crisis es que aquellas que carec&iacute;an de derechos antes est&aacute;n m&aacute;s expuestas ahora. Ojal&aacute; cuando volvamos a la calle nos tomemos con mayor urgencia la flagrante necesidad de derechos de las trabajadoras sexuales.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Clara Serra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/trabajadoras-sexuales-alarma_129_1210953.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 05 Apr 2020 19:02:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las trabajadoras sexuales en estado de alarma]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Trabajadoras sexuales,Feminismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Capitalismo como desastre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/capitalismo-desastre_129_1001290.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ff9fedad-bc00-413b-8d1c-c4ad1a21d9a9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Capitalismo como desastre"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Esta crisis, que sin duda querrá ser utilizada como una ocasión más para hacer negocios por parte de las élites, es también una ocasión para ver las costuras de las políticas macroeconómicas hegemónicas y poner en duda los mantras repetidos durante décadas</p><p class="subtitle">Esto es lo que pasa cuando el coronavirus ataca tu cuerpo</p></div><p class="article-text">
        En 2007, antes de la ca&iacute;da de Lehman Brothers y la crisis de 2008, Naomi Klein publicaba<em> La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre</em>. Se trata de un libro en el que la autora defiende que la doctrina econ&oacute;mica defendida por el premio nobel de econom&iacute;a Milton Friedman y su Escuela de Chicago, ampliamente implantada en diversos pa&iacute;ses a partir de los a&ntilde;os 80, es un recetario econ&oacute;mico que no es elegido democr&aacute;ticamente por la gente en situaciones de normalidad pol&iacute;tica y social.
    </p><p class="article-text">
        Las recetas neoliberales m&aacute;s agresivas han sido impuestas en situaciones excepcionales, justo cuando la poblaci&oacute;n est&aacute; en estado de shock tras un desastre imprevisto. Se trata de utilizar las crisis a gran escala para poner en marcha pol&iacute;ticas econ&oacute;micas desreguladoras; tanto la Guerra de Irak como el desastre del Katrina fueron oportunidades para ello. En ambos casos se aprovech&oacute; el shock para poner en marcha pol&iacute;ticas que privatizaron los beneficios y socializaron las p&eacute;rdidas, que enriquecieron a las &eacute;lites y acrecentaron la desigualdad.
    </p><p class="article-text">
        La crisis de 2008 fue una ocasi&oacute;n para poner en marcha estas recetas: dar a los bancos un cheque en blanco e hipotecar durante a&ntilde;os a unas mayor&iacute;as sociales que han tenido que pagar la crisis a trav&eacute;s de sucesivos ajustes, reformas laborales regresivas en derechos y recortes de servicios p&uacute;blicos. Entre los efectos de esos recortes est&aacute; la privatizaci&oacute;n de la sanidad, una pol&iacute;tica de austeridad que ha tenido en la Comunidad de Madrid, foco principal del coronavirus en Espa&ntilde;a, uno de sus principales laboratorios pol&iacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        Hoy algunos de nuestros hospitales pertenecen a fondos buitre y este desmantelamiento de nuestra sanidad p&uacute;blica que han practicado religiosamente los gobiernos 'populares' tiene hoy como consecuencia la precarizaci&oacute;n de las condiciones laborales de nuestro personal sanitario, la existencia de grandes plantas de hospitales vac&iacute;as que nunca llegaron a funcionar, la ausencia de camas con una de las tasas m&aacute;s bajas de Europa o la falta de m&eacute;dicos y profesionales que descendieron durante la crisis y que nunca volvimos a recuperar.
    </p><p class="article-text">
        Una crisis es una oportunidad. Lo saben bien los ide&oacute;logos del capitalismo del desastre, cuyas teor&iacute;as se construyeron en oposici&oacute;n a las pol&iacute;ticas keynesianas del New Deal para prevenirlas en el futuro y cuyas recetas se implantaron aprovechando estados de shock de la poblaci&oacute;n justamente para evitar la inversi&oacute;n p&uacute;blica y protecci&oacute;n de derechos sociales.
    </p><p class="article-text">
        Por eso esta crisis, que sin duda querr&aacute; ser utilizada como una ocasi&oacute;n m&aacute;s para hacer negocios por parte de las &eacute;lites (Mike Pence, que presidi&oacute; el grupo de expertos encargado de buscar soluciones mercantiles a la crisis de Katrina es hoy vicepresidente de EEUU y est&aacute; a cargo de la crisis del Coronavirus) es tambi&eacute;n una ocasi&oacute;n para ver las costuras de las pol&iacute;ticas macroecon&oacute;micas que han sido hegem&oacute;nicas y poner en duda los mantras que se han repetido durante d&eacute;cadas. Las grandes mentiras del neoliberalismo hoy se muestran m&aacute;s desnudas que nunca y todos esos recortes que se hicieron en nombre de la eficiencia revelan ser un absoluto peligro para la salud y el bienestar de la poblaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        A&uacute;n con toda la dificultad que implica atravesar una crisis que nos da miedo y que genera un enorme sentimiento de incertidumbre, ojal&aacute; seamos capaces de hacernos preguntas de fondo y nos atrevamos a replantear nuestro sistema a ra&iacute;z de todo esto. Porque esta crisis saca a la luz muchas cosas que no deber&iacute;amos volver a tapar volviendo a la normalidad. La mayor de todas las locuras es vivir atrapados por un sistema econ&oacute;mico que, aunque la humanidad pare, no se puede permitir parar y que nos cobrar&aacute; inflexiblemente cada minuto que hemos restado a la econom&iacute;a para invertirlo en nuestra salud. Ya sabemos que despu&eacute;s de ser atacados por el COVID-19 seremos atacados por nuestro propio sistema econ&oacute;mico mundial, la diferencia es que el segundo lo hemos creado nosotros mismos.
    </p><p class="article-text">
        Una de las grandes cuestiones de fondo que tras esta crisis deber&iacute;amos ser capaces de plantear es que la econom&iacute;a no es un hurac&aacute;n o un virus, es una producci&oacute;n humana y no un desastre natural. Los virus, como los huracanes -que si seguimos esquilmando nuestro planeta ser&aacute;n m&aacute;s frecuentes y m&aacute;s letales- no van a dejar de existir. La econom&iacute;a, que fue creada por la humanidad para garantizar nuestro sustento, nuestra reproducci&oacute;n y nuestra protecci&oacute;n frente a la intemperie de ah&iacute; fuera s&iacute; depende de nosotros y nosotras.
    </p><p class="article-text">
        Si algo consigui&oacute; asentar en nuestras cabezas la hegemon&iacute;a neoliberal de los Chicago boys es que el capitalismo es una fuerza inexorable de la naturaleza y es esa creencia suicida la que ha dejado campar a sus anchas a los poderes salvajes que nos han hecho hoy sociedades m&aacute;s individualistas, m&aacute;s aisladas, m&aacute;s desiguales y tambi&eacute;n m&aacute;s d&eacute;biles y m&aacute;s vulnerables para abordar esta enfermedad.
    </p><p class="article-text">
        Una crisis es una oportunidad porque tambi&eacute;n, en los momentos m&aacute;s duros, se demuestran muchas cosas que los te&oacute;ricos del mercado, de la racionalidad instrumental y del inter&eacute;s privado no pueden explicar. Vecinos organiz&aacute;ndose en sus edificios para ayudar a las personas m&aacute;s mayores de su comunidad, voluntarios y voluntarias para cuidar a los ni&ntilde;os que muchas madres no pueden cuidar, m&eacute;dicos y m&eacute;dicas jubilados que han pedido volver a trabajar, personal sanitario que se juega todos los d&iacute;as la vida, polic&iacute;as cantando para alegrar a los vecinos desde la calle y miles y miles de personas que salimos cada noche a los balcones a aplaudir.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s, aunque sea solo quiz&aacute;s, la sociedad que elegir&iacute;amos se parece m&aacute;s a esta que a esa que algunos han impuesto en los momentos de miedo y de shock. Si hay un momento para replantearnos muchas cosas es este. Ojal&aacute;, a pesar del miedo, del dolor y de la ansiedad que sentimos, sepamos aprovechar esta oportunidad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Clara Serra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/capitalismo-desastre_129_1001290.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 22 Mar 2020 20:09:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Capitalismo como desastre]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Coronavirus]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Esos a los que aplaudimos cada noche]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/aplaudimos-noche_129_1001705.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4c45492b-6df4-4d80-828f-1391617351c0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Esos a los que aplaudimos cada noche"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hemos salido a aplaudir juntos y juntas porque nos damos cuenta del inmenso valor que tiene el trabajo que siguen haciendo en hospitales y centros de salud; la historia de mi amiga enfermera es un poco la historia de todos ellos</p></div><p class="article-text">
        Tengo una amiga que, despu&eacute;s de estudiar filosof&iacute;a conmigo, decidi&oacute; ser enfermera y se sac&oacute; el t&iacute;tulo en el a&ntilde;o 2015. Cada vez que me cuenta las situaciones que vive d&iacute;a a d&iacute;a en el trabajo me parecen relatos incre&iacute;bles, una especie de exageraci&oacute;n surrealista de la incertidumbre y la precariedad vital y laboral de nuestro siglo. Voy a contar algunas de sus historias hoy aqu&iacute; porque son las historias y la experiencias de una enfermera o un enfermero cualquiera. Estos d&iacute;as, que salimos a aplaudir el trabajo que mi amiga, junto a miles de enfermeros, m&eacute;dicos y auxiliares siguen haciendo en nuestros hospitales, quiz&aacute;s son d&iacute;as para conocer un poco m&aacute;s de cerca la situaci&oacute;n laboral que llevan viviendo tantos a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Mi amiga, como la gran mayor&iacute;a de enfermeras y enfermeros que trabajan en nuestros hospitales p&uacute;blicos, no tiene una plaza fija. El mismo a&ntilde;o que se licenciaba se hac&iacute;an unos ex&aacute;menes de oposiciones a los que no llegaba a presentarse, unas oposiciones celebradas en 2015 que hab&iacute;an sido convocadas en 2007 y que no se resolvieron hasta 2018, lo cual da buena cuenta del nivel de oferta p&uacute;blica de empleo que hay al alcance de las y los enfermeros que se licencian en nuestro pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Como casi todos y todas ellas, mi amiga se apunt&oacute; al acabar la carrera en listas de contrataci&oacute;n, en su caso en una lista para todos los servicios de atenci&oacute;n primaria y otras dos correspondientes a los dos hospitales p&uacute;blicos de su provincia. Lleva cuatro a&ntilde;os y medio trabajando y ha pasado por distintos ambulatorios y por los dos hospitales, haciendo urgencias, UVI, quir&oacute;fano, radiodiagn&oacute;stico, hospitalizaci&oacute;n, maternidad, medicina interna, cardiolog&iacute;a, oncolog&iacute;a y muchos otros servicios m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        En menos de cinco a&ntilde;os ha firmado m&aacute;s de 120 contratos. Tiene que estar siempre disponible y pendiente del tel&eacute;fono porque en cualquier momento le pueden llamar y ofrecer un contrato. Si tiene suerte puede ser un contrato de cinco o seis meses para cubrir una baja, aunque la mayor&iacute;a de contratos que ha firmado han sido de un mes aproximadamente. Muchas otras veces son contratos de varios d&iacute;as y, a veces, solo de un d&iacute;a. Puede recibir una llamada a las 14:00 de la tarde para empezar a trabajar esa misma tarde y solo en este caso en el que el trabajo ser&iacute;a para el mismo d&iacute;a, podr&iacute;a rechazar la oferta laboral sin ser penalizada. Si le ofrecen un contrato de un d&iacute;a para el otro y no tiene una justificaci&oacute;n suficiente para no poder aceptarlo mi amiga corre el riesgo de ser expulsada de la lista.
    </p><p class="article-text">
        La eventualidad del personal m&eacute;dico y de enfermer&iacute;a supone unos niveles de precariedad laboral y vital escandalosos y tiene como consecuencia que profesionales de la salud que nos atienden todos los d&iacute;as no tengan asegurado su derecho a vacaciones o a bajas por enfermedad. Una vez mi amiga, que acababa de terminar un contrato un viernes, recibi&oacute; una llamada para empezar el lunes en otro sitio con un nuevo contrato. Se puso mala en fin de semana y llam&oacute; para pedir la baja para el lunes pero la respuesta fue que no hab&iacute;a baja ninguna porque no estaba contratada as&iacute; que pod&iacute;a, simplemente, justificar su ausencia el lunes y no firmar el contrato.
    </p><p class="article-text">
        En otra ocasi&oacute;n, un jueves que acababa de terminar un contrato, tuvo un accidente en moto. Le hab&iacute;an llamado para empezar un nuevo servicio el viernes y, dado que el contrato del jueves ya hab&iacute;a terminado y no ten&iacute;a derecho a curarse del accidente con una baja cubierta, ten&iacute;a que ir el viernes a firmar el contrato para poder ir despu&eacute;s al m&eacute;dico. Ese viernes, sin embargo, le dijeron que ese contrato duraba solo ese mismo d&iacute;a y que pod&iacute;a empezar con uno nuevo el lunes siguiente. El problema, por tanto, era el mismo; si no se presentaba el lunes perder&iacute;a el nuevo contrato y no podr&iacute;a tener una baja laboral cubierta as&iacute; que fue por segundo d&iacute;a a trabajar con un esguince en un pie. Cuando el lunes le dijeron que el martes hab&iacute;a un nuevo contrato decidi&oacute; asumir que esos d&iacute;as ser&iacute;an d&iacute;as sin cobrar, rechazarlo e irse a su casa a curarse.
    </p><p class="article-text">
        Como tantos otros y otras, mi amiga ha estado durante cuatro a&ntilde;os trabajando pero sin derecho a disfrutar de sus vacaciones. Solo a partir de los contratos de seis meses es posible disfrutarlas as&iacute; que, durante todo el tiempo en el que se encadenen contratos m&aacute;s peque&ntilde;os, los enfermeros y las enfermeras cobran sus vacaciones proporcionales pero -obligados como est&aacute;n a no rechazar las ofertas que les llegan si no quieren caer de las listas de empleo- no tienen derecho a coger sus vacaciones y disfrutarlas.
    </p><p class="article-text">
        El car&aacute;cter eventual del trabajo de nuestros profesionales de la salud no es una excepci&oacute;n: a finales de 2019, los contratos eventuales en los hospitales y centros de salud espa&ntilde;oles representaban un 42,2% del total en el sector. El Sindicato de enfermer&iacute;a (Satse) considera que nos falta un 34% m&aacute;s de enfermeras y enfermeros en Espa&ntilde;a y lleva a&ntilde;os denunciando que en nuestro pa&iacute;s tengamos 5,3 enfermeros por cada mil habitantes cuando la media europea est&aacute; en una ratio de 8,8.
    </p><p class="article-text">
        Estos d&iacute;as, en plena crisis de coronavirus, cientos de miles de personas estamos aisl&aacute;ndonos en nuestras casas mientras, parad&oacute;jicamente, sentimos m&aacute;s que nunca que estamos viviendo algo en com&uacute;n. Tenemos miedos, incertidumbres y miles de preguntas compartidas y tenemos, tambi&eacute;n, un mismo sentimiento de gratitud hacia algunas personas que no dejan de trabajar para sacarnos de esta. Hemos salido por la noche a aplaudir juntos y juntas a la misma hora porque nos damos cuenta del inmenso valor que tiene el trabajo que enfermeros, m&eacute;dicas, auxiliares, celadores, administrativos, t&eacute;cnicos de rayos, personal de limpieza o conductores de ambulancias siguen haciendo en hospitales y centros de salud. La historia de mi amiga enfermera es un poco la historia de todos ellos.
    </p><p class="article-text">
        Estos d&iacute;as podemos ver a defensores del <em>laissez faire</em> exigir la intervenci&oacute;n y el control estatal y podemos ver a pol&iacute;ticos que han estado d&eacute;cadas recortando y privatizando nuestra sanidad p&uacute;blica sacar pecho de la calidad de nuestro sistema de salud. Pero lo cierto es que las pol&iacute;ticas de privatizaci&oacute;n de la &uacute;ltima d&eacute;cada, ensayadas ya en los laboratorios neoliberales en los que el Partido Popular convirti&oacute; Madrid y Valencia, han hecho un da&ntilde;o profundo a nuestro sistema sanitario.
    </p><p class="article-text">
        Convertir nuestra sanidad en un negocio ha reportado grandes beneficios a los gestores privados pero la falta de inversi&oacute;n p&uacute;blica ha supuesto precariedad, sobrecarga y falta de derechos laborales para quienes tienen que cuidarnos. Son los recortes y las privatizaciones que se hicieron en nombre de la austeridad y con la excusa de la crisis los que siguen teniendo efectos lesivos para todas y todos nosotros. De esta aventura com&uacute;n deber&iacute;amos salir decididos y decididas a defender nuestra sanidad p&uacute;blica junto a esas y esos a los que aplaudimos cada noche.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Clara Serra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/aplaudimos-noche_129_1001705.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 15 Mar 2020 21:14:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Esos a los que aplaudimos cada noche]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sin miedo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/miedo_129_1002029.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a980ea1f-c593-4b7b-b5b0-ebe2acf19b25_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Marcha contra el feminicidio en México."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las mujeres saben mucho del miedo, porque es la verdadera marca del maltrato; miedo a desaparecer, a no valer para nada, a no ser nadie; la cara más perversa de la violencia machista es su cara amable y simpática</p><p class="subtitle">El 8M mantiene el pulso: de parar el mundo a mostrar cómo moverlo</p></div><p class="article-text">
        De lo que es el feminismo se han dado muchas definiciones preciosas entre las que es dif&iacute;cil elegir la mejor. Pero seguramente alguna sabia debi&oacute; de decir alguna vez que el feminismo es la lucha contra el miedo. Vuelvo de Ciudad de M&eacute;xico despu&eacute;s de pasar unos d&iacute;as. En M&eacute;xico son asesinadas diez mujeres al d&iacute;a. Es un pa&iacute;s que tiene 129 millones de habitantes frente a los 46 millones del nuestro. Pero aunque M&eacute;xico tiene 2,8 veces m&aacute;s poblaci&oacute;n que el estado espa&ntilde;ol, hay 85 veces m&aacute;s feminicidios. S&oacute;lo en 2019 han asesinado a m&aacute;s de 3.800 mujeres. El miedo de ser mujer en M&eacute;xico se siente muy fuerte al salir a la calle, se respira en el aire. A pesar del miedo, desde hace un a&ntilde;o las mexicanas han roto el silencio, se levantan cada vez con m&aacute;s fuerza y han tomado las calles. Dicen que quieren enfrentar la violencia, pero que no quieren que el miedo m&aacute;s urgente lo ocupe todo y paralice otras demandas importantes; quieren tambi&eacute;n abordar la precariedad, el empleo y los cuidados. Hablo con Yesenia, madre de una hija asesinada por dos hombres a los que nadie ha detenido a&uacute;n. Se la llevaron en coche, la agredieron en una habitaci&oacute;n y la tiraron por la ventana. Uno de ellos sigue dando clases como profesor desde su intocable puesto de trabajo. Yesenia me dice que lleva a&ntilde;os luchando sin descanso contra la impunidad y que lo va a seguir haciendo, pero me habla con esperanza, con alegr&iacute;a e incluso con humor de lo peleonas y guerreras que&nbsp;han sido este 8 de marzo. Y yo pienso &iquest;C&oacute;mo no va a ganar un movimiento que es capaz de enfrentar el terror m&aacute;s destructivo con alegr&iacute;a, esperanza y lucha colectiva?
    </p><p class="article-text">
        Las mujeres saben mucho del miedo, porque es la verdadera marca del maltrato. Miedo a desaparecer, a no valer para nada, a no ser nadie. La cara m&aacute;s perversa de la violencia machista es su cara amable y simp&aacute;tica. Lo m&aacute;s dif&iacute;cil de todo es enfrentarse a una violencia que pasa desapercibida all&iacute; afuera, pero que se instala y alimenta un terror destructivo en lo m&aacute;s hondo del cuerpo. &iquest;C&oacute;mo escapar de un maltratador que es un buen tipo para todo el mundo? &iquest;C&oacute;mo creer m&aacute;s en ti misma que en tu entorno? &iquest;C&oacute;mo no invisibilizar, naturalizar y acabar conviviendo con tu propio miedo, sino verlo, aislarlo, apartarlo y vencerlo? El feminismo nos ha ense&ntilde;ado a analizar el miedo y a ponerle palabras. Pero la verdadera fuerza del feminismo no est&aacute; en constatar el miedo, sino en constatar que, hasta en las condiciones m&aacute;s adversas, podemos superarlo. No solo somos v&iacute;ctimas. Somos, sobre todo, supervivientes.
    </p><p class="article-text">
        Y quienes le han tenido que plantar cara al miedo tienen mucho que decir de los tiempos que vienen para todos. Hace poco, mi compa&ntilde;era Laura Macaya analizaba en unas jornadas una pintada en una pared con un lema feminista que dec&iacute;a: &ldquo;El miedo va a cambiar de bando&rdquo;. Con una argumentaci&oacute;n muy acertada, dijo que no deber&iacute;amos querer que el miedo cambie de bando. Nosotras no debemos querer miedo. Me parece clave en tiempos de incertidumbre social y pol&iacute;tica en los que una ultraderecha punitiva y populista agita las peores pasiones y redirige el miedo &ndash;el miedo a la precariedad, al desempleo, a la falta de certezas&ndash; contra los m&aacute;s d&eacute;biles y vulnerables.
    </p><p class="article-text">
        Me parece que una de las lecturas clave de nuestro presente ha de ser que los hombres, esos a los que se les ha ense&ntilde;ado a demostrar su masculinidad y esconder las fragilidades, esos hombres tienen tambi&eacute;n mucho miedo. Quiz&aacute;s a perder privilegios, pero tambi&eacute;n a no poder cumplir con su papel tradicional de padre sustentador, proveedor de seguridad para su familia y de prosperidad para sus hijos. Vox est&aacute; tratando de canalizar eso contra las mujeres, los migrantes y las personas que viven su identidad de g&eacute;nero y su sexualidad de modo amenazante para la masculinidad tradicional. Justamente porque los hombres tienen tambi&eacute;n miedo, creo que las feministas debemos ser capaces de entenderlo en parte &ndash;lo cual nunca fue justificar&ndash;&nbsp;para saber c&oacute;mo desactivarlo. El miedo de los hombres no va a traer nada bueno para las mujeres y nuestra victoria, frente a quienes quieren agitar esos miedos y volverlos contra las mujeres, los extranjeros y las personas LGTB, es derrotarlo entre todos. Tenemos que combatir la precariedad, la desigualdad, la pobreza, la imposibilidad de tener garantizado el derecho a la vivienda, el reparto de los cuidados y las actuales leyes de extranjer&iacute;a. Abordar todas esas cosas es una batalla contra el miedo y el fascismo que vive de &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Y tenemos que hacerlo con toda la modestia que, frente a los grandes relatos heroicos patriarcales, puede aportar el feminismo. Nosotras no estamos vacunadas contra la violencia, ni exentas de cometer errores. Nuestra actitud cr&iacute;tica consiste precisamente en saber que nosotras no estamos a salvo de reproducir exclusiones o volver nuestros miedos contra otras. Estos &uacute;ltimos meses, muchas feministas han se&ntilde;alado a uno de los colectivos de mujeres m&aacute;s vulnerables, las mujeres trans, y han agitado absurdos e irracionales miedos contra ellas. Puede que estas feministas, algunas de las cuales son hist&oacute;ricas militantes feministas a las que debemos grandes cosas, tengan miedo a perder su lugar en la Academia, sus puestos institucionales, su voz y su discurso.
    </p><p class="article-text">
        Creo, sinceramente, que nada de eso justifica las absurdas fobias que hemos le&iacute;do en tantos medios. El hecho de que existan personas trans y que haya quienes no se identifican con el g&eacute;nero que se les asign&oacute; al nacer plantea, es cierto, un enorme reto te&oacute;rico y pol&iacute;tico al feminismo. Pero deber&iacute;amos abordarlo con confianza y sin miedo. En el mundo patriarcal que habitamos, las que nacemos con vagina, es cierto, tenemos un destino asignado. Sufrimos una violencia estructural que sexualiza, agrede y mutila nuestros cuerpos. Pero no es menos cierto que ese mismo orden patriarcal desata toda su violencia contra las mujeres que no tienen vagina, a las que agrede por poner en duda las normas y los repartos de roles asignados. Esa violencia es tambi&eacute;n una violencia machista y patriarcal y nos compete a las feministas abordarla. Como, por cierto, nos compete pensar por qu&eacute; los hombres con pluma que encarnan una feminidad indebida son tambi&eacute;n carne de la exclusi&oacute;n e incluso de la violencia sexual. &iquest;Por qu&eacute; no podemos abordar todas esas cuestiones? &iquest;A qu&eacute; tenemos miedo?
    </p><p class="article-text">
        Este 8 de marzo ser&aacute; una victoria si demostramos, una vez m&aacute;s, que el amor vence al odio y que la esperanza vence al miedo. &ldquo;Yo no soy una v&iacute;ctima&rdquo; dice Yesenia. Prefiere ser, como muchas otras, una luchadora. Sale este d&iacute;a, junto a muchas mujeres mexicanas, argentinas, chilenas, espa&ntilde;olas, inglesas o italianas a combatir el miedo.&nbsp;Si las madres luchadoras contra el feminicidio en M&eacute;xico son capaces de salir con alegr&iacute;a y esperanza a las calles, si llenamos esas calles junto a las mujeres trans, verdaderas supervivientes de la violencia y el miedo, si lo hacemos incluso junto a hombres que pueden reconocer que ellos tambi&eacute;n tienen miedos y quieren abordarlos con nosotras y no contra nosotras, &iquest;c&oacute;mo no vamos a ganar?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Clara Serra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/miedo_129_1002029.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 08 Mar 2020 19:57:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sin miedo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Feminismo,8M]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Polarización]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/polarizacion_129_1002560.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3b9629db-504a-4017-8579-41b406f6db46_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Polarización"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La política se caracteriza fundamentalmente por haber asumido el compromiso de que los conflictos sociales y la pluralidad –de identidades, ideologías o demandas– van a ser abordados sin usar la fuerza para asegurar la desaparición del otro</p></div><p class="article-text">
        La guerra es el escenario en el que se asume expl&iacute;cita y claramente que el objetivo es la eliminaci&oacute;n del otro. Puede &ndash;y suele ser&ndash; una aniquilaci&oacute;n f&iacute;sica, pero no siempre. Lo importante es que la desaparici&oacute;n del enemigo &ndash; su eliminaci&oacute;n social y pol&iacute;tica&ndash; pasa a ser un objetivo prioritario que justifica el uso de la fuerza. A veces eliminar al otro puede conseguirse a trav&eacute;s de su rendici&oacute;n, por ejemplo cuando el enemigo acepta dejar de reclamar una identidad, un territorio o una nacionalidad, cuando acepta los t&eacute;rminos, las fronteras o el poder leg&iacute;timo del vencedor y desaparece del mapa. Lo fundamental de la cuesti&oacute;n es que el fin de una guerra &ndash;y, por tanto, la condici&oacute;n para que las guerra acaben&ndash; es que el enemigo desaparezca como tal, que deje de decir lo que dice, que deje de reclamar lo que reclama, que deje de defender lo que defiende, as&iacute; todo eso pase por que deje de existir f&iacute;sicamente.
    </p><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica, aunque comparte muchas cosas con la guerra, debe servir para evitar las guerras. Es cierto que es un escenario donde hay &ldquo;batallas&rdquo;, &ldquo;victorias&rdquo;, &ldquo;derrotas&rdquo;, &ldquo;ganadores&rdquo; y &ldquo;perdedores&rdquo;, pero la pol&iacute;tica se caracteriza fundamentalmente por haber asumido el compromiso de que los conflictos sociales y la pluralidad &ndash;de identidades, ideolog&iacute;as o demandas&ndash; van a ser abordados sin usar la fuerza para asegurar la desaparici&oacute;n del otro. E insisto, no solo es un compromiso con no hacer desaparecer f&iacute;sicamente al adversario, sino con no hacerlo desaparecer social y pol&iacute;ticamente, con no privarlo de su derecho a seguir diciendo lo que dice, defendiendo lo que defiende y reclamando lo que reclama. Acordamos que no vamos a matarnos, y como no vamos a matarnos, vamos a tener que pelear civilizadamente: vamos a discutir y confrontar pero vamos a convivir sin exigir que los otros dejen de existir.
    </p><p class="article-text">
        Cuando en las sociedades gestionamos la pluralidad y el conflicto entendiendo que con el otro ya no hay nada que hablar y que ninguna discusi&oacute;n tiene sentido, cuando lo &uacute;nico que aceptamos es la rendici&oacute;n del adversario y pretendemos su desaparici&oacute;n social y pol&iacute;tica, entonces los adversarios empiezan a ser enemigos de guerra. En nuestro pa&iacute;s conocemos las consecuencias del conflicto vasco y todav&iacute;a hace falta defender, frente a una derecha que ha vivido pol&iacute;ticamente de los r&eacute;ditos de esa guerra, que la vuelta a la paz es lo contrario de darle la espalda a Bildu en el Congreso. La paz implica el di&aacute;logo y el reconocimiento de los derechos pol&iacute;ticos de todos los independentistas vascos que tienen el derecho a existir social y pol&iacute;ticamente, que tienen que poder seguir diciendo lo que dicen, reclamando lo que reclaman y defendiendo lo que defienden en el marco de la pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Hoy vivimos un clima de creciente polarizaci&oacute;n social y pol&iacute;tica. Lo evidencia la llegada de una ultraderecha agresiva, que criminaliza a determinados sujetos sociales &ndash;como los migrantes o los menores no acompa&ntilde;ados&ndash; y que defiende a las claras la ilegalizaci&oacute;n de partidos pol&iacute;ticos a los que no considera adversarios pol&iacute;ticos sino enemigos. Pero no solo lo evidencia Vox. La polarizaci&oacute;n y la confrontaci&oacute;n total es una l&oacute;gica cada vez m&aacute;s extendida dentro de la propia izquierda, tanto en la manera de afrontar la batalla con la derecha como en sus propias disputas internas. Se castiga y se critica que pol&iacute;ticos que son adversarios evidencien que, en los pasillos del Congreso, pueden llevarse bien o tener tratos cordiales.
    </p><p class="article-text">
        Se asume con facilidad que es leg&iacute;timo recurrir al uso de la fuerza &ndash;con presiones, censuras o denuncias penales&ndash; para combatir las opiniones contrarias. Se premian los tuits o las declaraciones que acusan al otro de tener posturas tan inaceptables que no merecen ser escuchadas y que es leg&iacute;timo eliminar. Se celebra a quienes defienden con vehemencia que no deben ni quieren entenderse con quienes tiene enfrente. Se jalea la l&oacute;gica de la guerra y, como pasa en las guerras, se cultiva la demonizaci&oacute;n del otro y la suposici&oacute;n de que su pertenencia al bando enemigo se debe a su car&aacute;cter irremediablemente malvado y abyecto. Porque a la guerra le caracteriza tambi&eacute;n el uso fan&aacute;tico del mal: no hay nada que entender del otro, no puedo ponerme en su lugar, es esencialmente distinto a m&iacute; porque es malo y, por lo tanto, solo puedo aspirar a su desaparici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Hoy es cada d&iacute;a m&aacute;s pol&iacute;ticamente incorrecto defender que tenemos que querer entender a los votantes de Vox, que tenemos que querer dialogar con ellos y que debemos aspirar a recuperarlos. Y para cualquier partido pol&iacute;tico que crezca en un clima de polarizaci&oacute;n social, es m&aacute;s rentable agrandar la brecha que separa los bandos en combate porque se&ntilde;alar a quienes forman parte del campo del enemigo es una manera de cohesionar y fortalecer nuestro ej&eacute;rcito. Quienes damos clase a adolescentes sabemos que dar por perdidos a unos alumnos es la manera m&aacute;s segura de perderlos definitivamente, como sabemos que muchos de nuestros j&oacute;venes tontean con votar a Vox. Es una buena perspectiva desde la que cuestionar si no hay nada que entender ah&iacute; o si de verdad queremos sostener que entre las filas de la ultraderecha no hay nadie a quien interpelar y recuperar. &iquest;A qui&eacute;n beneficia fortificar los bandos, la polarizaci&oacute;n y la l&oacute;gica del conmigo o contra m&iacute;?
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de las grandes guerras que hemos vivido en el siglo pasado, han venido las reflexiones sobre los fracasos que las hicieron posibles y la necesidad de que la humanidad aprenda de ellos. Puede que hoy d&iacute;a no sea popular tratar de entender lo que tenemos en com&uacute;n con los votantes de Vox en vez de establecer un abismo moral radical. Pero Hannah Arendt hizo, justo tras la Segunda Guerra Mundial y el nazismo, una reflexi&oacute;n mucho m&aacute;s arriesgada e impopular. Cuando Eichmann, uno de los principales responsables de Holocausto, estaba siendo juzgado en Jerusal&eacute;n y en medio de un juicio medi&aacute;tico que agitaba todos los dolores colectivos, Arendt escribi&oacute; para decir algo que chocaba frontalmente con el tratamiento que la prensa y la sociedad jud&iacute;a hizo del personaje. Frente a la tendencia de los medios de describir a Eichmann como un pozo de maldad, un enfermo y un monstruo, Arendt le describi&oacute; como un sujeto que cumpl&iacute;a &oacute;rdenes, no se recreaba en la crueldad y se dedicaba a hacer su trabajo con eficiencia.
    </p><p class="article-text">
        Lo realmente necesario para pensar la banalidad del mal, reflexionar sobre el nazismo y evitar que se vuelva a repetir &ndash;la historia posterior del Estado de Israel es una buena prueba de ello&ndash; es acortar la distancia antropol&oacute;gica (no, por supuesto, la distancia jur&iacute;dica) entre las v&iacute;ctimas y los verdugos y entender que el mal nunca es un rasgo esencial del enemigo sino, en todo caso, algo de lo que nadie estamos vacunados y que todos podemos cometer. Y si tras una Guerra Mundial es necesario no olvidar que todos somos igualmente capaces de las mismas cosas, es tambi&eacute;n muy urgente recordar esta verdad inc&oacute;moda cuando cada d&iacute;a es m&aacute;s creciente y violenta la polarizaci&oacute;n social. Pensar que el mal &ndash;o la intolerancia, la violencia, la censura&ndash; siempre est&aacute; del otro lado y pensar que el enemigo es irrecuperable y con &eacute;l, por tanto, solo cabe chocar, son buenos indicadores de que estamos cruzando, quiz&aacute;s sin saberlo, la frontera que distingue la pol&iacute;tica de algo que se parece demasiado a la guerra. Que esta frontera no solo la estemos cruzando con la ultraderecha sino que la demonizaci&oacute;n del otro y la agresividad sean tan habituales en las discusiones de la propia izquierda es quiz&aacute;s otro importante indicador que nos deber&iacute;a preocupar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Clara Serra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/polarizacion_129_1002560.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 23 Feb 2020 20:24:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Polarización]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Contra el punitivismo y la censura, memoria e imaginación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/punitivismo-censura-memoria-imaginacion_129_1002842.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2df223e1-daf4-4c35-ab36-cc55f66ce49a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo que nos dejamos por el camino cuando recurrimos a las recetas fáciles del Código Penal son todas las políticas de memoria más eficaces para transformar nuestro sentido común y fortalecer la democracia</p></div><p class="article-text">
        Esta semana, hemos conocido la intenci&oacute;n del Gobierno de&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/politica/PSOE-apologia-franquismo-Codigo-Penal_0_994250692.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">incluir en el C&oacute;digo Penal la apolog&iacute;a del franquismo</a> y, ante ello, algunos y algunas hemos mostrado nuestra preocupaci&oacute;n. No porque no queramos acabar con la cultura franquista de nuestro pa&iacute;s, sino, justamente, porque queremos hacerlo. El peligro de la irrupci&oacute;n de la ultraderecha en nuestro escenario pol&iacute;tico no es solamente polarizar y radicalizar a la derecha, cosa que es evidente que se ha producido; el verdadero peligro es derechizar al conjunto de la sociedad. Y esa es la gran amenaza que un Gobierno progresista tiene que enfrentar en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os: su tarea es construir un sentido com&uacute;n vacunado contra el racismo, el punitivismo, el machismo o la censura de la ultraderecha.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo hacer que cuando los y las espa&ntilde;olas vuelvan a decidir qu&eacute; proyecto de pa&iacute;s quieren &ndash;sea en dos a&ntilde;os, en cuatro o en ocho&ndash; seamos una sociedad que valora sus derechos pol&iacute;ticos y defiende sus libertades de opini&oacute;n frente a quienes quieren recortarlas? &iquest;C&oacute;mo hacer que seamos un pueblo que rechaza la cadena perpetua en vez de una sociedad que se ha acostumbrado a las respuestas punitivas y las ha normalizado? Y, la pregunta que siempre vuelve: &iquest;acaso podremos construir un ant&iacute;doto contra Vox usando algunas de sus herramientas? Engordar el C&oacute;digo Penal con delitos de opini&oacute;n es una peligrosa senda iniciada por Aznar, una senda que ha desembocado en la ley Mordaza y en penas de c&aacute;rcel para raperos y tuiteros y que este Gobierno no debe proseguir, sino desandar. Copiar las recetas de la ultraderecha implica ampliar su campo de batalla y allanar el camino en su conquista del sentido com&uacute;n. No se me ocurre una mayor victoria de Vox que la que consiste en usar sus propuestas hasta cuando tratamos de derrotarles.
    </p><p class="article-text">
        Puede que haya quien piense que estas cr&iacute;ticas pecan de ingenuidad y buenismo y que quienes defendemos las libertades de expresi&oacute;n estamos casados con bellos principios abstractos, pero dejamos de lado el pragmatismo. Nada m&aacute;s lejos de la realidad. Los principios democr&aacute;ticos siempre fueron la ley del m&aacute;s d&eacute;bil. Los ricos y los poderosos ya tienen siempre, por ejemplo, altavoces para hacerse o&iacute;r. Por eso, las libertades de expresi&oacute;n y la ampliaci&oacute;n de los m&aacute;rgenes de nuestros debates p&uacute;blicos nunca son un lujo, un pasatiempo o una cosa de gente ociosa. Son compromisos con los que menos altavoces tienen y m&aacute;s expuestos est&aacute;n al poder de los que mandan y a sus discursos dominantes.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Quiere esto decir que no tenemos nada que hacer contra la cultura franquista? En absoluto. Porque, justamente, lo que nos dejamos por el camino cuando recurrimos a las recetas f&aacute;ciles del C&oacute;digo Penal son todas las pol&iacute;ticas de memoria m&aacute;s eficaces para transformar nuestro sentido com&uacute;n y fortalecer la democracia. Tienen m&aacute;s que ver con sacar a los muertos de nuestras cunetas y ense&ntilde;ar la Guerra Civil en nuestras escuelas que con ampliar delitos. El objetivo, como dec&iacute;a mi amigo Santiago Alba&nbsp;<a href="https://www.ara.cat/es/opinion/Santiago-Alba-Rico-Apologia-franquismo_0_2397960385.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en un estupendo art&iacute;culo reciente</a>, no es habilitar a los jueces para castigar la apolog&iacute;a del franquismo, sino construir una sociedad en la que no haga falta tipificar ese delito porque est&eacute; &ldquo;penalizado social y culturalmente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Este debate es, en esencia, el mismo que estamos teniendo tambi&eacute;n en el feminismo. Algunas feministas hemos defendido mucho recientemente la necesidad de hacer un feminismo no punitivo y de escapar de un abordaje de la violencia machista que ponga todas las soluciones en el C&oacute;digo Penal. No deja de ser preocupante que penas de c&aacute;rcel de 38 a&ntilde;os hayan recibido algunas celebraciones totales en un contexto pol&iacute;tico en el que tenemos que combatir la normalizaci&oacute;n de la cadena perpetua que defiende Vox. Laura Macaya explica muy bien <a href="https://ctxt.es/es/20200115/Firmas/30692/caso-arandina-punitivismo-feminismo-violencia-machista-laura-macaya.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en este texto</a>&nbsp;por qu&eacute;, de nuevo, no se trata de elegir principios o pragmatismo: abordar las violencias machistas poniendo el &eacute;nfasis en el castigo acaba volvi&eacute;ndose contra las propias mujeres y su libertad sexual.
    </p><p class="article-text">
        Es una muy buena noticia que, seg&uacute;n hemos podido leer esta semana, la nueva ley de libertad sexual del Gobierno prevea rebajar las penas por agresiones. Supondr&iacute;a que, adem&aacute;s de tipificar correctamente los delitos de violaci&oacute;n, se corregir&iacute;an los posibles efectos multiplicadores de la duraci&oacute;n de las penas. Pero el borrador de esa ley, al menos en la propuesta inicial de Podemos, incluye tambi&eacute;n la creaci&oacute;n de nuevos delitos para penalizar el acoso sexual callejero y esto, de nuevo, plantea much&iacute;simas dudas. &iquest;De verdad es necesario engrosar el C&oacute;digo Penal para abordar las &ldquo;proposiciones, comportamientos o presiones de car&aacute;cter sexual o sexista que supongan una situaci&oacute;n intimidatoria&rdquo;? &iquest;Hace falta crear nuevos delitos para combatir el machismo callejero? &iquest;Es el castigo la manera de cambiar nuestros comportamientos?
    </p><p class="article-text">
        Una perspectiva no punitivista es aquella que concibe el derecho penal como la &uacute;ltima de las &ldquo;soluciones&rdquo;, como una respuesta que, de hecho, supone el fracaso de todo cuanto deber&iacute;amos haber puesto en marcha con anterioridad. El sentido com&uacute;n no se cambia con multas ni sentencias y querer abordar as&iacute; la transformaci&oacute;n de nuestras conductas revela una falta de imaginaci&oacute;n pol&iacute;tica total. Hay much&iacute;simas pol&iacute;ticas p&uacute;blicas feministas que hacer desde las instituciones para cambiar el sexismo que las mujeres sufrimos todos los d&iacute;as en la calle pero pasan m&aacute;s por campa&ntilde;as bien hechas, pol&iacute;ticas educativas y propuestas culturales que por nuevos tipos penales. Y, desde luego, si hay un momento en el que hacer todo eso posible es cuando se tiene un Gobierno y un Ministerio de Igualdad.
    </p><p class="article-text">
        Si el objetivo de un Gobierno antifranquista es construir un sentido com&uacute;n en el que la apolog&iacute;a del franquismo est&eacute; socialmente penalizada, el objetivo de un Gobierno feminista es trabajar por una sensibilidad colectiva en la que el machismo callejero est&eacute; colectivamente censurado. No es la receta m&aacute;s f&aacute;cil, pero es la m&aacute;s transformadora, la m&aacute;s eficaz y la m&aacute;s duradera, porque implica cambiar nuestro sentido com&uacute;n. Solo eso puede parar a Vox, en vez de alimentarlo. Lo dem&aacute;s ser&aacute; pan para hoy y hambre para ma&ntilde;ana, porque las medidas punitivas y penales permitir&aacute;n a los machistas el discurso del victimismo, como permitir&aacute;n a los franquistas enarbolar la libertad de expresi&oacute;n. Contra&nbsp;la judicializaci&oacute;n de la pol&iacute;tica, tenemos que aprovechar las posiciones institucionales para llenar las calles y los colegios de memoria hist&oacute;rica y para hacer feminismo desde el deseo y la imaginaci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Clara Serra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/punitivismo-censura-memoria-imaginacion_129_1002842.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 16 Feb 2020 19:38:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Contra el punitivismo y la censura, memoria e imaginación]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Código Penal,Franquismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tenemos que cambiar la ley del aborto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/cambiar-ley-aborto_129_1002983.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c84fb5cc-7498-4ad2-b0f6-37454d74dec9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si las mujeres somos mayores para ser madres, también somos mayores para decidir si queremos serlo</p></div><p class="article-text">
        La reciente aprobaci&oacute;n del pin parental en Murcia por parte de las derechas ha puesto sobre la mesa el debate acerca del derecho (o del poder) de los padres sobre sus hijos. &iquest;C&oacute;mo y hasta d&oacute;nde pueden los padres tomar decisiones por sus hijos? Pablo Casado defendi&oacute; el veto parental afirmando &ldquo;mis hijos son m&iacute;os&rdquo;, pero frente a esta antigua y patriarcal concepci&oacute;n de la &ldquo;patria potestad&rdquo;,&nbsp;mucha gente ha salido a recordar &ndash;incluyendo para ello hasta citas del Papa&ndash; que los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as son sujetos de derecho y no propiedad de sus padres. Este pretendido derecho irrestricto de los padres para decidir sobre la vida de sus hijos produc&iacute;a hasta hace bien poco algunos efectos escandalosos que hemos conseguido corregir.
    </p><p class="article-text">
        Muchos ni&ntilde;os y ni&ntilde;as afectados por la violencia machista que viv&iacute;an en casa <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/Pedir-permiso-maltratador-requisito-Gobierno_0_799320352.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">no pod&iacute;an ser atendidos psicol&oacute;gicamente porque necesitaban la firma de sus dos tutores legales</a>, incluyendo el consentimiento de un progenitor inmerso en una causa penal por malos tratos o abuso sexual o incluso condenado por ello. Expertas en la atenci&oacute;n directa de mujeres v&iacute;ctimas de violencia y que prestan tratamiento psicol&oacute;gico &ndash;muchas de ellas denunciadas por progenitores por atender a sus hijos&ndash; reclamaron una modificaci&oacute;n del C&oacute;digo Civil y en 2018, en el marco del Pacto de Estado contra la violencia de g&eacute;nero, el Gobierno aprob&oacute; una reforma para que la atenci&oacute;n y asistencia psicol&oacute;gica dejara de estar entre los actos que requieren incondicionalmente el consentimiento paterno mientras se mantenga la patria potestad.
    </p><p class="article-text">
        Esta concepci&oacute;n acerca de la incondicionalidad del poder de los padres sobre sus hijos llev&oacute; tambi&eacute;n al PP a cambiar la ley del aborto en el a&ntilde;o 2015. Alberto Ruiz-Gallard&oacute;n aspiraba a una reforma muy restrictiva que el movimiento feminista consigui&oacute; detener y que acab&oacute; con su propia dimisi&oacute;n pero, a pesar del fracaso, el Partido Popular ten&iacute;a que contentar con algo a sus votantes m&aacute;s reaccionarios y cambi&oacute; lo que parec&iacute;a m&aacute;s asumible cambiar: recuperar el poder de los progenitores para consentir o impedir el aborto de las mujeres de diecis&eacute;is y diecisiete a&ntilde;os. Desde 2010, estas menores, si quer&iacute;an interrumpir su embarazo, ten&iacute;an el deber de informar a sus tutores, pero pod&iacute;an acogerse excepcionalmente a la posibilidad de no comunicarlo a sus padres si justificaban que eso podr&iacute;a suponer poner en riesgo su decisi&oacute;n. En 2015 eso cambi&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        La mayor&iacute;a de las comunidades aut&oacute;nomas ped&iacute;an a las chicas venir acompa&ntilde;adas por, al menos, uno de sus padres y algunos gobiernos regionales, como es el caso de Madrid, exig&iacute;an el consentimiento de ambos progenitores siempre que mantuvieran la patria potestad, produciendo verdaderos efectos rocambolescos. En Madrid, las funcionarias de la Consejer&iacute;a de Sanidad han estado pidiendo a algunas madres acompa&ntilde;antes que vinieran acompa&ntilde;adas tambi&eacute;n del padre, as&iacute; estuviera imputado en una causa por violencia de g&eacute;nero, tuviera una orden de alejamiento o no compartiera la custodia. Se ha retrasado o impedido el aborto de menores cuyos padres viv&iacute;an en el extranjero y con los que no hab&iacute;a ninguna relaci&oacute;n y se lleg&oacute; a dar el caso de una chica que conoci&oacute; por primera vez a uno de sus progenitores, con el que nunca convivi&oacute;, en una cl&iacute;nica de aborto madrile&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Estas derivas surrealistas de la aplicaci&oacute;n madrile&ntilde;a de la ley del PP, que son posibles porque el texto de la ley vigente es ciertamente ambiguo en su redacci&oacute;n, son el ejemplo m&aacute;s extremo de una concepci&oacute;n sobre la potestad de los padres profundamente equivocada y lesiva para los hijos e hijas. Durante los a&ntilde;os en los que las menores han podido acogerse a la excepci&oacute;n de no informar a sus familias, solo las que realmente lo necesitaban se acogieron a esta opci&oacute;n. Seg&uacute;n todos los datos que tenemos, como por ejemplo los de ACAI (Asociaci&oacute;n de Cl&iacute;nicas Acreditadas para la Interrupci&oacute;n del embarazo), el 90% de las chicas j&oacute;venes informaban a sus padres y eran acompa&ntilde;adas por ellos durante el proceso. Solo un 10% de mujeres j&oacute;venes no quer&iacute;a informar a sus familias, entre las que se encontraban menores en familias desestructuradas y en situaciones de semi-abandono o menores en familias con violencia machista o que han sufrido incluso violencia sexual en el entorno familiar. La reforma del PP ha supuesto dejar a su suerte, desatendidas y abandonadas, justamente a las menores m&aacute;s vulnerables y que m&aacute;s necesitan el amparo de las instituciones frente al desamparo de sus familias.
    </p><p class="article-text">
        Hace poco conocimos un caso dram&aacute;tico que no ha ocurrido en un lejano pa&iacute;s teocr&aacute;tico anclado en el subdesarrollo, ha ocurrido en nuestro pa&iacute;s, concretamente en Catalu&ntilde;a. Una pareja de chicos j&oacute;venes ocultaron un embarazo, se escondieron en un motel para que nadie se enterara del parto y el chaval acab&oacute; arrojando al r&iacute;o Bes&ograve;s al beb&eacute; reci&eacute;n nacido mientras la chica volv&iacute;a a casa con sus padres pensando que su novio lo dejar&iacute;a en un recurso de acogida. Esa menor fue a pedir ayuda para abortar pero&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/sociedad/arrojado-Besos-PP-vulnerables-callejon_0_983052008.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">le dijeron que estaba obligada a contar con el consentimiento paterno</a> para ello. Lo que debemos preguntarnos &ndash;y lo que daba sentido a la ley del aborto aprobada en 2010&ndash; es qu&eacute; tipo de entorno familiar tiene una chica de diecis&eacute;is a&ntilde;os que, antes de informar a sus padres, se oculta de su familia durante nueve meses y se ve embarcada no ya en un aborto de riesgo, sino incluso en un embarazo de riesgo y un parto de riesgo.
    </p><p class="article-text">
        Tenemos un nuevo Gobierno y uno de sus retos es dejar atr&aacute;s esa concepci&oacute;n patriarcal de la patria potestad, tan propia de las derechas, por la cual los hijos, <a href="https://www.eldiario.es/politica/MINUTO-POLITICO-CGPJ-nombramiento-Delgado_13_985981393_37786.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">como dice Pablo Casado</a>, son de sus padres. Patriarcal hacia los hijos y patriarcal hacia las mujeres. Porque m&aacute;s all&aacute; de que la actual legislaci&oacute;n del aborto est&eacute; dejando abandonadas a muchas menores vulnerables supone, como siempre, una inaceptable infantilizaci&oacute;n de las mujeres. En Espa&ntilde;a hay muchas chicas de diecis&eacute;is y diecisiete a&ntilde;os que no viven con sus progenitores o con adultos que las mantengan, menores que trabajan y se han emancipado o mujeres migrantes que viven solas. Y es que en nuestro pa&iacute;s las mujeres a partir de los diecis&eacute;is a&ntilde;os son consideradas legalmente adultas para trabajar, casarse o tener hijos y cuidarlos. Dec&iacute;a Olympe de Gouges que si las mujeres &eacute;ramos responsables para subir al cadalso, ten&iacute;amos que serlo para poder subir a la tribuna. Hoy nos toca decir que si las mujeres somos mayores para ser madres, tambi&eacute;n somos mayores para decidir si queremos serlo. Los hijos no son propiedad de sus padres y las mujeres llevamos ya mucho sufriendo los estragos de una derecha que considera a las mujeres ante todo hijas y eternamente hijas. Tenemos que cambiar la ley del aborto.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Clara Serra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/cambiar-ley-aborto_129_1002983.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 09 Feb 2020 19:38:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Tenemos que cambiar la ley del aborto]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Aborto,Leyes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Despellejarnos (con sororidad)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/despellejarnos-sororidad_129_1061027.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ee5e16a0-b438-4bc4-b1ab-11b345a2e5fb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Despellejarnos (con sororidad)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Por muchas veces que escribamos en Twitter la palabra "sororidad", maltratarnos en redes sociales en nombre de nuestros principios no es feminismo, sigue siendo matonismo</p><p class="subtitle">¿Podrá la izquierda no caer en el ataque mutuo generalizado y en la autocensura? ¿Sabremos las feministas construir una cultura de internet que no normalice el maltrato? ¿Podremos demostrar que es posible discrepar con cuidado?</p></div><p class="article-text">
        Una de las cosas que la gente de izquierdas solemos decir, a veces para explicar nuestras debilidades electorales frente al bloque de la derecha, es aquello de &ldquo;es que la gente de izquierdas somos muy cr&iacute;ticos y discrepamos entre nosotros, en la derecha van todos a una&rdquo;. Supuestamente, el esp&iacute;ritu cr&iacute;tico de la izquierda explicar&iacute;a la pluralidad de nuestro espacio ideol&oacute;gico; una superioridad moral que, sin embargo, seg&uacute;n a veces explicamos, puede derivar en alg&uacute;n que otro traspi&eacute;s electoral. Esto es lo que, a menudo, nos contamos a nosotros mismos. Eso y que en la derecha hay pensamiento &uacute;nico, que son menos dados a pensar, debatir y discrepar y que por eso ellos ni se pelean, ni se fragmentan ni se escinden. &iquest;Cu&aacute;nto tiene de verdad este amable relato sobre nosotros mismos?
    </p><p class="article-text">
        Dejando por un momento de lado a la derecha, que adem&aacute;s no est&aacute; ahora unificada sino electoralmente dividida, la pregunta es qu&eacute; tal est&aacute; eso de la diversidad, el disenso y el debate dentro de la propia izquierda. Y para cualquiera que observe el clima de las redes sociales, la cosa no pinta precisamente bien. Es cierto que Twitter es una peque&ntilde;a burbuja dentro del mundo real pero tambi&eacute;n es cierto que precisamente la ciudadan&iacute;a politizada de izquierdas es la que suele informarse y &ldquo;debatir&rdquo; ah&iacute;. A pesar de que las redes sociales han desplazado a otros medios y formatos y son en nuestro presente una herramienta fundamental de intercambio de opiniones, lo cierto es que muchas de las actitudes que se han generalizado en esos espacios me parecen incompatibles con cualquier forma de discusi&oacute;n o de algo a lo que pudi&eacute;ramos llamar deliberaci&oacute;n en com&uacute;n. No son solo los ataques de los trols del PP o Vox, sino los insultos y las faltas de respeto que hay entre la gente que comparte las mismas luchas y defiende juntas muchas ideas. &iquest;Por qu&eacute; si estamos de acuerdo con alguien en el 90% de las cosas sentimos la necesidad de se&ntilde;alarle y condenarle por el 10% en el que disentimos? Soledad Gallego plante&oacute; esta pregunta en unas jornadas feministas y creo que daba en el clavo con ello.
    </p><p class="article-text">
        En la cultura de Twitter est&aacute; permitido e incluso premiado &ndash;con miles de likes y retuits&ndash; interpelar sin educaci&oacute;n, sin respeto y sin cuidado a personas concretas ante la mirada de los dem&aacute;s. Esta forma de relacionarnos no la reproducimos en otras esferas de la vida social y probablemente se deba a esa distancia infinita que separa a las personas cuando est&aacute;n detr&aacute;s de una pantalla, cuando no se miran a los ojos, cuando no comparten un mismo espacio f&iacute;sico, cuando no se tienen que saludar. Comentaba hace poco con una amiga cu&aacute;nto recuerda esto a lo que ocurre cuando los conductores de coche se sienten amparados detr&aacute;s de sus cristales y dan rienda suelta a su testosterona para insultarse y amenazarse sabiendo que no bajar&aacute;n de sus coches. All&iacute;, dentro del coche, como detr&aacute;s de un usuario de Twitter o incluso del anonimato virtual, parece como si se se suspendieran las reglas con las que hemos decidido hablarnos y tratarnos, las normas b&aacute;sicas e imprescindibles para convivir en la vida civil.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; nos comportamos as&iacute; en las redes sociales? &iquest;A qu&eacute; pasiones damos rienda suelta? &iquest;Qu&eacute; monstruo escondido dentro de nosotros mismos es el que satisfacemos trat&aacute;ndonos as&iacute; de mal? Me parece clave pensar estas cuestiones desde el psicoan&aacute;lisis &ndash;porque esto tiene mucho de problema de div&aacute;n&ndash; pero tambi&eacute;n desde el feminismo. Angela Nagle es una escritora norteamericana que ha publicado<em> Muerte a los Normies</em> (Orciny Press, 2017) para analizar c&oacute;mo las guerras culturales en internet han contribuido al ascenso de la alt-right y a la victoria electoral de Trump. Ella recorre las subculturas de internet &ndash;los foros, youtube, la cultura de los memes en Facebook y Twitter&ndash; y encuentra en esos espacios una cultura masculina de la transgresi&oacute;n que hace alarde de su falta de empat&iacute;a e incluso de su crueldad.
    </p><p class="article-text">
        Las redes sociales han sido el escenario de verdaderos linchamientos p&uacute;blicos organizados contra personas, amenazas de muerte, mofas macabras hacia familias a las que se les ha muerto un ser querido, difusi&oacute;n de im&aacute;genes &iacute;ntimas (reales o falsas) de mujeres desnudas o publicaci&oacute;n de sus direcciones y n&uacute;meros de tel&eacute;fono llamando a dirigir contra ellas un acoso masivo. Todas estas cosas han ocurrido los &uacute;ltimos a&ntilde;os en el escenario de las redes sociales y las proximidades de la ultraderecha americana y por el camino han dejado v&iacute;ctimas con nombres y apellidos. Nagle traza un hilo de continuidad entre esta cultura cruel de las redes sociales y una cierta filosof&iacute;a de la transgresi&oacute;n moral que va desde el marqu&eacute;s de Sade hasta Maurice Blanchot, pasando por Nietzsche y Bataille. Hay una cultura mis&oacute;gina que convierte al transgresor moral en un h&eacute;roe, una contracultura que es capaz de referenciarse en la familia Manson, que encuentra en <em>El club de la lucha </em>o <em>American Psycho</em> obras de culto y que habita en las subculturas del videojuego o los foros de internet.
    </p><p class="article-text">
        Pero a esa cultura del sadismo y la falta completa de piedad algo le ha permitido aparecer. Lo interesante del an&aacute;lisis de Nagle es que se pregunta por la responsabilidad de la propia izquierda en esta emergencia de una cultura de internet que es psic&oacute;pata y cruel y que, al mismo tiempo, se rebela contra la correcci&oacute;n pol&iacute;tica y cala entre la poblaci&oacute;n joven por ser outsider y revolucionaria. La izquierda norteamericana lleva d&eacute;cadas sumida en unas pol&iacute;ticas de la identidad que han calado por ejemplo con mucha fuerza en los campus universitarios y que en nombre siempre de la inclusi&oacute;n de las minor&iacute;as raciales o la diversidad de g&eacute;nero ha restringido la libertad de expresi&oacute;n y se ha metido de lleno en una encarnizada guerra can&iacute;bal que cuenta con una larga lista de personas acusadas, expulsadas y vetadas dentro de la propia izquierda. Para Nagle, las constantes &ldquo;condenas hist&eacute;ricas procedentes de entornos progresistas produjeron el caldo de cultivo adecuado para un contragolpe de mofa irreverente enfrentado a la correcci&oacute;n pol&iacute;tica&rdquo;. Una revancha que ha tenido entre sus efectos la victoria de Donald Trump.
    </p><p class="article-text">
        Es muy importante c&oacute;mo nos tratamos en la propia izquierda y qu&eacute; tipo de cultura ponemos en pr&aacute;ctica en las redes sociales y en internet. Y lo cierto es que Twitter no es un escenario de debate donde impere una cultura de la pluralidad y del disenso sino m&aacute;s bien un constante cruce de acusaciones personales y, en ocasiones, un escenario donde asistimos a linchamientos colectivos crueles en nombre de ideas preciosas. Todo es blanco o negro, todo es conmigo o contra m&iacute;. Desaparecen los grises y los matices y se estrecha, hasta desaparecer, el espacio intermedio que deber&iacute;a haber entre estar al 100% de acuerdo con alguien o condenarlo al ostracismo y pedir que le denuncien por defender cr&iacute;menes contra la humanidad. Los actuales debates del feminismo no parecen escapar a esta l&oacute;gica de polarizaci&oacute;n: hay medios feministas (como <a href="https://www.pikaramagazine.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Pikara</a>) que se han visto obligados recientemente a cerrar foros de debate por los insultos y los niveles de agresividad y las redes est&aacute;n llenas de feministas que se&ntilde;alan, acusan e insultan a otras feministas. Nos llenamos la boca con palabras como <em>sororidad</em> y <em>cuidado</em> pero cada vez somos menos capaces de tolerar la discrepancia entre nosotras y cada vez tenemos la mecha m&aacute;s corta para acusar a las dem&aacute;s de estar defendiendo cosas grav&iacute;simas y horribles que justifican cualquier tipo de escarnio p&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        Hay una cosa que las feministas que hemos militado en partidos pol&iacute;ticos tenemos grabado a fuego: un partido pol&iacute;tico no es feminista solo por decir que lo es, sino por asumir todos los compromisos que implica ponerlo en pr&aacute;ctica. La sororidad no es solo un lema y los cuidados no son solo una frase de campa&ntilde;a: deben implicarnos en compromisos pr&aacute;cticos concretos, en reglamentos para garantizar la paridad, en horarios para conciliar, en protocolos para tratarnos bien y, tambi&eacute;n, por qu&eacute; no, en maneras de utilizar las redes sociales. Si el feminismo no implica pr&aacute;cticas caemos en la banalizaci&oacute;n de las palabras, que empiezan a servir para todo y a no significar nada. Por muchas veces que escribamos en Twitter la palabra &ldquo;sororidad&rdquo;, maltratarnos en redes sociales en nombre de nuestros principios no es feminismo, sigue siendo matonismo.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; no ha ganado Trump pero tenemos a las puertas un enemigo igual de peligroso que crece tambi&eacute;n en ese caldo de cultivo de una masculinidad agresiva que le habla a la juventud en las redes sociales e internet. &iquest;Podr&aacute; la izquierda no caer en el ataque mutuo generalizado y en la autocensura? &iquest;Podremos ser un contraejemplo en la pr&aacute;ctica a las formas crueles de usar las redes sociales de la ultraderecha? &iquest;Sabremos las feministas construir una cultura de internet que no normalice el maltrato? &iquest;Podremos demostrar que es posible discrepar con cuidado? &iquest;Seguiremos habilitando en la izquierda la posibilidad de disentir con libertad? &iquest;Seremos capaces de generar un sentido com&uacute;n que no tolere el bullying y fomente la empat&iacute;a y la piedad? &iquest;Seremos una barrera de contenci&oacute;n frente a esa cultura s&aacute;dica que crece en las redes sociales? Me pregunto si vamos a poder ser una alternativa al matonismo del que se alimenta Vox o si fracasaremos y le daremos una buena noticia a Abascal. A veces, cuando echo un vistazo a nuestro debate del d&iacute;a de Twitter, me lo imagino con una apacible sonrisa mientras contempla c&oacute;mo nos contamos todas esas bellezas sobre nuestra superioridad moral y nos seguimos despellejando (con sororidad).
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Clara Serra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/despellejarnos-sororidad_129_1061027.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 26 Jan 2020 19:49:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Despellejarnos (con sororidad)]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sororidad,Feminismo,Twitter]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mi hijo es mío y su libertad también]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/hijo-libertad_129_1072791.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dc54efc5-7ae2-462c-8003-31e241b3d714_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mi hijo es mío y su libertad también"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las derechas han patrimonializado el significante libertad y, así, han podido abanderar la libertad de expresión o la libertad religiosa para combatir las políticas de igualdad e inclusión</p><p class="subtitle">Sólo conociendo que no solamente existen las tradiciones familiares y las creencias paternas, pueden los alumnos y las alumnas empezar a explorar su libertad</p><p class="subtitle">Abrir la puerta al veto parental en nuestra educación implica dar validez absoluta a las ideologías paternas en un lugar que sirve justamente para que los alumnos puedan cuestionarlas e implica una privatización de la escuela y un recorte de los derechos</p></div><p class="article-text">
        La polit&oacute;loga y fil&oacute;sofa feminista Wendy Brown dec&iacute;a recientemente en una entrevista que una de las mayores debilidades de la izquierda en la actualidad es haberle cedido la libertad a la derecha. Brown sostiene que las derechas han patrimonializado el significante libertad y, as&iacute;, han podido abanderar la libertad de expresi&oacute;n o la libertad religiosa para combatir las pol&iacute;ticas de igualdad e inclusi&oacute;n. Estos d&iacute;as vemos este mismo fen&oacute;meno en relaci&oacute;n a la pol&eacute;mica acerca del pin parental que Vox, Partido Popular y Ciudadanos han sacado adelante en Murcia.
    </p><p class="article-text">
        La introducci&oacute;n del pin parental supone poner en jaque la escuela p&uacute;blica y estigmatizar la entrada en los centros escolares de la diversidad sexual y tenemos muchos motivos para defender ambas cosas. La educaci&oacute;n p&uacute;blica fue en su momento una conquista obrera y los se&ntilde;oritos siempre supieron muy bien que si algo combat&iacute;a sus privilegios heredados e imped&iacute;a la reproducci&oacute;n de las desigualdades de clase era el acceso universal a la educaci&oacute;n. Estas estrategias de la ultraderecha vierten sospechas sobre la educaci&oacute;n p&uacute;blica, tratan de dibujarla como un espacio inseguro y pretenden que estalle dentro de ella la polarizaci&oacute;n y el conflicto.
    </p><p class="article-text">
        A su vez, la llegada de la educaci&oacute;n sexual y la diversidad a los centros escolares ha sido desde hace tiempo una de las demandas principales del movimiento feminista y el movimiento LGTB. Sabemos que entre la poblaci&oacute;n adolescente se dan relaciones t&oacute;xicas de maltrato y que el bullying hace que un 75% del alumnado LGTB tenga miedo en el contexto escolar. Sin embargo, y aunque estos ataques pongan especialmente en juego la igualdad de oportunidades y la inclusi&oacute;n, no deber&iacute;amos dejar de se&ntilde;alar que esto supone, ante todo, un ataque a la libertad. Y no solamente la libertad de los alumnos LGBT sino la de todos los alumnos, empezando por la libertad de los hijos de padres de Vox o del PP que piensan poner en pr&aacute;ctica este veto parental.
    </p><p class="article-text">
        Los padres tienen todo el derecho a ense&ntilde;arle a sus hijos sus valores pero a lo que no tienen derecho es a que sus hijos conozcan solamente sus valores. La escuela p&uacute;blica es, en este sentido, un evidente l&iacute;mite al poder de los padres sobre sus hijos, para empezar porque, seg&uacute;n nuestra Constituci&oacute;n, ir a la escuela es obligatorio. Eso quiere decir que, por mucho que unos padres consideraran que pueden ense&ntilde;arle sus hijos sus propios conocimientos estar&iacute;an cometiendo un delito si no llevaran a sus hijos a la escuela.
    </p><p class="article-text">
        Alguien podr&iacute;a decir que obligar a unos padres a escolarizar a sus hijos supone recortar la libertad de los padres para decidir la educaci&oacute;n de sus hijos y, en efecto, ser&iacute;a verdad. Pero es que la libertad fundamental que est&aacute; en juego en el terreno de la educaci&oacute;n no es la de los padres, sino la de sus hijos. La libertad de los y las alumnas pasa justamente por tener la oportunidad de someter a cr&iacute;tica y poner en duda las ense&ntilde;anzas que recibieron de unos poderes y autoridades que, al hacerse mayores, deben poder aprender a cuestionar.
    </p><p class="article-text">
        Hay padres ateos y padres musulmanes, madres independentistas y madres que votan a Vox, hay familias hom&oacute;fobas y familias LGTB y ninguna de esas familias tienen el derecho de limitar la libertad de sus hijos e hijas para elegir por s&iacute; mismos lo que ellos quieren ser y defender. Como expliqu&eacute; recientemente <a href="https://www.eldiario.es/zonacritica/miedo-batas-rosas-educar-libertad_6_978912107.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en este art&iacute;culo</a> la escuela no es una instituci&oacute;n donde los padres imponen su voluntad sino un lugar donde se dan cita alumnos muy diversos, padres muy distintos, razas, clases sociales o procedencias diferentes y una gran pluralidad de visiones del mundo.
    </p><p class="article-text">
        La escuela es una instituci&oacute;n comprometida con no dar por buena ninguna visi&oacute;n parcial del mundo y, justamente por eso, acercar a los alumnos y alumnas a la mayor pluralidad posible de visiones. La casa es un lugar donde la verdad es una, la escuela es un lugar donde las verdades son muchas. Que la educaci&oacute;n sea obligatoria supone que nadie puede privar a los ni&ntilde;os y las ni&ntilde;as de pasar un tiempo en un lugar en el que podr&aacute;n comenzar a dudar, preguntar, cuestionar, criticar y buscar. S&oacute;lo conociendo que no solamente existen las tradiciones familiares y las creencias paternas, pueden los alumnos y las alumnas empezar a explorar su libertad.
    </p><p class="article-text">
        El supuesto derecho de los padres a decidir o, m&aacute;s bien, controlar y vetar lo que aprenden sus hijos choca de lleno con el sentido de nuestros centros educativos. En ellos los alumnos, con independencia de las ideolog&iacute;as de sus padres, aprenden la historia de Espa&ntilde;a, el nazismo o la segunda guerra mundial y ning&uacute;n padre tiene el derecho de limitar ese aprendizaje apelando a su incomodidad, les guste m&aacute;s o menos que sus hijos estudien a Heidegger o a Marx. Lo mejor que pueden hacer los padres por el bienestar y la libertad de sus hijos es otorgar reconocimiento a sus profesores, respetar su criterio y dejarles trabajar. Y si algo ha empeorado la educaci&oacute;n las &uacute;ltimas d&eacute;cadas ha sido socavar la autoridad del profesorado hasta hacer su trabajo imposible por la v&iacute;a de entender los colegios como dispensadores de servicios plegados a las demandas de padres que se comportan como clientes.
    </p><p class="article-text">
        Si los centros escolares no pueden hacer saber a los alumnos y a las alumnas que hay muchas maneras de amar y desear, que la heterosexualidad no es la &uacute;nica orientaci&oacute;n posible y que existen personas trans, ser&aacute; m&aacute;s dif&iacute;cil deshacer y dejar atr&aacute;s la homofobia y el bulling escolar y dejaremos a los chicos y chicas LGBTI que tengan padres de Vox especialmente desamparados ante la ideolog&iacute;a paterna. Pero dejaremos tambi&eacute;n desarmados a todos esos chicos heterosexuales que tiene derecho a elegir otras ideolog&iacute;as y otras visiones de aquellas que sus padres tienen acerca el mundo. Este es el intento de seguir excluyendo a algunos pero es, antes de eso, un atentado contra la libertad de todos.
    </p><p class="article-text">
        La tarea de la educaci&oacute;n es formar a futuros ciudadanos libres, capaces de pensar, de hablar y de votar por si mismos y ese es el objetivo fundamental que el estado tiene el deber de garantizar. Abrir la puerta al veto parental en nuestra educaci&oacute;n implica dar validez absoluta a las ideolog&iacute;as paternas en un lugar que sirve justamente para que los alumnos puedan cuestionarlas, implica, por eso, una privatizaci&oacute;n de la escuela y un recorte de los derechos de los alumnos y de su libertad.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, hoy las tres derechas est&aacute;n aprobando medidas para defender el adoctrinamiento bajo el discurso de que combaten el adoctrinamiento y est&aacute;n recortando la libertad de los alumnos en nombre de la libertad educativa. Si pueden hacer esa operaci&oacute;n simb&oacute;lica es en parte porque la izquierda, a menudo m&aacute;s centrada en el lenguaje de la desigualdad, la inclusi&oacute;n y los derechos sociales, ha dejado relativamente desatendidas algunas apropiaciones il&iacute;citas de significantes clave por los que ten&iacute;amos que pelear. Una de las batallas culturales m&aacute;s urgentes que tenemos por delante estos a&ntilde;os es disputar y reconquistar la idea de libertad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Clara Serra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/hijo-libertad_129_1072791.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 Jan 2020 19:53:58 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Defender la democracia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/defender-democracia_129_1083716.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/357f8fd6-28a7-4364-91ad-ba925c808737_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Defender la democracia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La oposición va a impugnar la validez del diálogo, la política y la democracia y eso sitúa a este Gobierno progresista ante uno de los principales retos para los próximos años</p><p class="subtitle">Este Gobierno tiene el inmenso reto de defender la democracia y acostumbrarnos a defender sus reglas para todos, incluso para aquellos que solo entienden el país para ellos</p></div><p class="article-text">
        La investidura de S&aacute;nchez ha puesto de manifiesto hasta qu&eacute; punto la derecha entiende las instituciones p&uacute;blicas como su propio patrimonio. Tras d&eacute;cadas de gobiernos que han profundizado la identificaci&oacute;n del Partido Popular con el Estado y un precario periodo de ingobernabilidad, se acaba de confirmar que el ejecutivo de S&aacute;nchez ya no es interino y que las derechas pierden definitivamente el acceso a unas instituciones que viven como propias. De todas las im&aacute;genes que nos dej&oacute; el reciente debate de investidura,&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/politica/MINUTO-POLITICO-Segunda-jornada-investidura_13_981781813_37250.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el gesto de Su&aacute;rez Illana dando la espalda a Bildu</a> es una especialmente significativa: demuestra la falta de cultura democr&aacute;tica de unas derechas furiosas que no soportan perder y que est&aacute;n ahora mismo por detr&aacute;s del esp&iacute;ritu de di&aacute;logo y respeto democr&aacute;tico de las derechas de la transici&oacute;n. Estas derechas radicalizadas y enfurecidas que vimos en la investidura, capaces de llamar golpe de Estado a un procedimiento democr&aacute;tico, capaces de abanderar las injerencias de la Junta Electoral y capaces de amenazar a un Gobierno leg&iacute;timo con el uso de todos los medios posibles contra &eacute;l, ponen sobre la mesa un hecho preocupante. En Espa&ntilde;a tenemos una derecha preliberal.
    </p><p class="article-text">
        El fracaso de Ciudadanos es una constataci&oacute;n de lo mismo. La decisi&oacute;n de ser la muleta del Partido Popular sin exigencias ni l&iacute;neas rojas fue una mala decisi&oacute;n y la de no abanderar una alianza democr&aacute;tica frente a Vox como s&iacute; han hecho sus socios europeos, una decisi&oacute;n a&uacute;n peor. No sabemos si habr&aacute; una refundaci&oacute;n o si Arrimadas ser&aacute; capaz de reinventar la raz&oacute;n de ser de su partido, pero ahora mismo Ciudadanos no tiene ninguna entidad y se ha sumido en la total irrelevancia pol&iacute;tica al estar tan a expensas de la ultraderecha como lo puede estar el Partido Popular.
    </p><p class="article-text">
        Esto dibuja un panorama complicado para el gobierno de coalici&oacute;n; la oposici&oacute;n va a ser dur&iacute;sima y est&aacute; decidida a respetar muy poco las reglas de juego democr&aacute;tico. Agitar&aacute;n los fantasmas del comunismo, Venezuela, resucitar&aacute;n a ETA y demonizar&aacute;n cualquier di&aacute;logo con el independentismo catal&aacute;n. Van, en definitiva, a impugnar la validez del di&aacute;logo, la pol&iacute;tica y la democracia y eso sit&uacute;a a este Gobierno progresista ante uno de los principales retos para los pr&oacute;ximos a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Se ha dicho mucho acerca de la enorme responsabilidad de este Gobierno y es que, en efecto, si no lo hace bien, podr&iacute;amos tener derecha para d&eacute;cadas. El PSOE y Unidas Podemos deben, en primer lugar, conseguir encarnar la estabilidad despu&eacute;s de a&ntilde;os de caos pol&iacute;tico y paralizaci&oacute;n institucional. Para eso deben gobernar de forma medianamente cohesionada y evitar guerras internas que ser&iacute;an duramente penalizadas por un electorado ya desencantado con los partidos y sus intereses partidistas. El Gobierno de coalici&oacute;n debe, por otra parte, combatir a la ultraderecha con pol&iacute;ticas sociales y aprobar cuanto antes reformas que, sean m&aacute;s ambiciosas o m&aacute;s modestas, ser&aacute;n peque&ntilde;as conquistas contra la desafecci&oacute;n y el des&aacute;nimo de la gente hacia sus representantes.
    </p><p class="article-text">
        Las pol&iacute;ticas de vivienda, la ampliaci&oacute;n de derechos laborales, las pensiones dignas, la ayuda a las peque&ntilde;as empresas y los aut&oacute;nomos o el fortalecimiento del sistema de cuidados son ant&iacute;dotos contra la reacci&oacute;n conservadora en un pa&iacute;s a&uacute;n muy dolorido por la &uacute;ltima crisis econ&oacute;mica. Pero m&aacute;s all&aacute; de esas reformas, que ser&aacute;n cruciales para demostrar la utilidad de la pol&iacute;tica para cambiar tangiblemente la vida de la gente, est&aacute; claro que va a hacer falta tambi&eacute;n defender la democracia. Si Vox capitanea a los tres partidos principales de la oposici&oacute;n y todo lo que tiene este gobierno &ldquo;al otro lado&rdquo; es una derecha preliberal, vamos en estos pr&oacute;ximos a&ntilde;os hacia una batalla cultural contra fuerzas que van a poner en duda -quiz&aacute;s m&aacute;s de lo que les hemos visto hacer nunca- el Estado de Derecho, la democracia, sus principios y sus reglas de juego.
    </p><p class="article-text">
        El enemigo que espera a las puertas, el que se har&aacute; m&aacute;s grande si este Gobierno fracasa, es una ultraderecha que defiende la cadena perpetua y la ilegalizaci&oacute;n de partidos, es decir, una ultraderecha dispuesta a recortar la libertad de expresi&oacute;n, reducir la pluralidad pol&iacute;tica y engrosar el c&oacute;digo penal. Cada vez que queremos combatir las opiniones de Vox con el c&oacute;digo penal en la mano y denunciando delitos allanamos m&aacute;s el camino a unas fuerzas que quieren recortar derechos pol&iacute;ticos y libertades de expresi&oacute;n. Cada vez que creemos menos en la reinserci&oacute;n y m&aacute;s en las soluciones penales se lo ponemos un poco m&aacute;s f&aacute;cil a los que quieren cambiar el sentido com&uacute;n de nuestro pa&iacute;s y normalizar la cadena perpetua. Cada vez que defendemos la prohibici&oacute;n de Vox hacemos un poco menos escandalosos los discursos que defienden sin titubeos recortar la pluralidad pol&iacute;tica e ilegalizar partidos.
    </p><p class="article-text">
        Las derechas que han patrimonializado las instituciones tantos a&ntilde;os ya han demostrado que cuando gobiernan el Estado no tienen ning&uacute;n reparo en utilizarlo para combatir la pluralidad pol&iacute;tica con mordazas, para obstaculizar la democracia cuando no le gusta el resultado y para manchar a los adversarios con cloacas. El reto de este Gobierno, si quiere reconquistar la credibilidad de las instituciones y fortalecer el sentido com&uacute;n democr&aacute;tico de nuestro pa&iacute;s, es demostrar que se puede hacer lo contrario: que se puede gobernar para todos, devolver a las instituciones su car&aacute;cter p&uacute;blico, defender el derecho a hablar de los adversarios, incluso de los m&aacute;s intolerantes, respetar la existencia de todos los partidos, defender la pol&iacute;tica como un combate de ideas contrarias que no deben ser judicializadas.
    </p><p class="article-text">
        Este Gobierno progresista tiene el inmenso reto de defender la democracia y acostumbrarnos a defender sus reglas para todos, incluso para aquellos que solo entienden el pa&iacute;s para ellos. Porque es esta la manera de ganarles. Ese ejemplo de dignidad institucional, di&aacute;logo, respeto, tolerancia, educaci&oacute;n y, como dijo Iglesias, &ldquo;firmeza democr&aacute;tica&rdquo; es una vacuna contra la derecha furiosa y preliberal que vimos emerger tan claramente en la pasada investidura y que librar&aacute; su batalla cultural por todos los medios. Una vacuna que necesitaremos para el d&iacute;a de ma&ntilde;ana, quiz&aacute;s justamente para el d&iacute;a en el que este Gobierno ya no est&eacute; y el enemigo a las puertas vuelva a tener su oportunidad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Clara Serra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/defender-democracia_129_1083716.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 12 Jan 2020 20:42:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Defender la democracia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Gobierno,Democracia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El miedo a las batas rosas o cómo educar contra la libertad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/miedo-batas-rosas-educar-libertad_129_1170083.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/112e9037-d6dd-4f77-b119-6f6fe826e8b4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Niños en un colegio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es gravísimo que se pida a las instituciones poner en marcha una cacería de acoso a quienes han suplido las carencias de nuestro sistema educativo, pero si es posible denunciar a una profesora por usar una bata rosa es que ya casi todo es posible</p><p class="subtitle">Es cierto que una madre homófoba tiene el derecho de transmitir a sus hijos su visión del mundo; pero a lo que esa madre no tiene derecho es a impedir que su hijo reciba, también, otras muchas visiones del mundo diferentes</p><p class="subtitle">Quienes ven amenazadas sus doctrinas por la existencia de la diversidad sexual y de género o por el color de una bata, quienes quieren que sus hijos vayan a colegios solo de chicos o de chicas, son padres enemigos de la libertad de sus hijos</p><p class="subtitle">Una madre denuncia a una profesora en Pamplona por poner a su hijo una bata rosa en el comedor</p></div><p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as le&iacute;mos la noticia de que una madre hab&iacute;a denunciado en una comisar&iacute;a a una profesora <a href="https://www.eldiario.es/navarra/sociedad/madre-denuncia-profesora-Pamplona-comedor_0_977802344.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">por ponerle a su hijo una bata rosa</a>. Lo consideraba &ldquo;un delito de trato degradante&rdquo; y la Polic&iacute;a hab&iacute;a llegado a tomarle declaraci&oacute;n a la profesora como investigada. La educadora se defendi&oacute; diciendo que la bata era verde y que se la hab&iacute;an puesto al alumno cuando ya llevaba tres d&iacute;as sin traer su propia bata. &iquest;Y qu&eacute; si era rosa? &iquest;Y qu&eacute; si se la pusieran todos los d&iacute;as? Lo primero que viene a la mente, sobre todo a quienes somos profesores, es c&oacute;mo proteger a educadores de padres reaccionarios que creen que est&aacute;n protegiendo a sus hijos del peligros&iacute;simo color rosa, pero la verdadera cuesti&oacute;n pol&iacute;tica de fondo es c&oacute;mo proteger a esos hijos e hijas de padres as&iacute;. &iquest;Tienen los padres derecho a educar a sus hijos en la homofobia y el sexismo?
    </p><p class="article-text">
        A punto de acabar 2019 y haciendo un balance de los retrocesos m&aacute;s significativos que ha implicado la llegada de la ultraderecha a nuestras instituciones, podr&iacute;amos decir que esta es una de las cuestiones sensibles. En las cenas de Nochevieja de dentro de dos d&iacute;as es probable que entre los <em>revivals</em> que Vox ha vuelto a hacer actuales est&eacute; &ndash;aparte de las famosas denuncias falsas o el porqu&eacute; de las leyes de violencia machista&ndash; el derecho de los padres a educar a sus hijos. En nombre de ese derecho, la formaci&oacute;n de Abascal ha pedido, tanto en Andaluc&iacute;a como en Madrid, el listado de los colectivos y activistas LGTBI que durante a&ntilde;os han impartido charlas de diversidad sexual y de g&eacute;nero en los centros p&uacute;blicos y concertados. Es grav&iacute;simo que se pida a las instituciones poner en marcha una cacer&iacute;a de acoso a quienes han suplido las carencias de nuestro propio sistema educativo, pero si es posible denunciar a una profesora por usar una bata rosa, es que ya casi todo es posible.
    </p><p class="article-text">
        Nuestra Constituci&oacute;n, en sus art&iacute;culos referidos a la educaci&oacute;n, refleja un endeble pacto entre las diferentes sensibilidades pol&iacute;ticas que tuvieron que llegar a un consenso. Fueron de los art&iacute;culos m&aacute;s discutidos en su momento y la soluci&oacute;n es solo precaria, prueba de lo cual es la cantidad de veces que se ha tenido que pronunciar el Tribunal Constitucional sobre el conflicto de derechos que puede haber &ndash;por ejemplo, en relaci&oacute;n a la educaci&oacute;n concertada&ndash; entre un derecho a la educaci&oacute;n p&uacute;blica y gratuita y el derecho de los padres a educar a sus hijos de acuerdo con sus propias convicciones&ldquo; (art&iacute;culo 27.3).
    </p><p class="article-text">
        El primer l&iacute;mite que pone nuestra Constituci&oacute;n al poder de los padres para decidir la ense&ntilde;anza de sus hijos es que la educaci&oacute;n tiene que estar comprometida con el &ldquo;respeto a los principios democr&aacute;ticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales&rdquo; (art&iacute;culo 27.2). Eso, no obstante, no va a suponer ning&uacute;n l&iacute;mite real para que esa madre navarra eduque a su hijo en la homofobia y le ense&ntilde;e que es humillante llevar una bata rosa. Que los padres y madres de Vox pueden educar a sus hijos e hijas en sus convicciones y creencias es nada m&aacute;s que reconocer un hecho evidente. Pueden hacerlo y lo hacen. Y nadie les va a retirar la custodia por haber llevado a sus hijos a manifestaciones contra el matrimonio igualitario, a reuniones de Hazte O&iacute;r o a las concentraciones frente a las cl&iacute;nicas de aborto. Los padres, los de Vox y todos los dem&aacute;s, tienen un enorme margen de acci&oacute;n y radio de influencia sobre sus hijos y suelen llevarles a los actos de sus partidos, a las reuniones de sus asociaciones o a las ceremonias de sus iglesias.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, justamente porque esa educaci&oacute;n de los padres ya est&aacute; asegurada y porque transmitir los valores y creencias familiares en casa es enteramente inevitable, por eso justamente ha de existir la escuela p&uacute;blica. Si la educaci&oacute;n tiene una funci&oacute;n principal es la de garantizar que los alumnos y las alumnas aprendan a pensar por s&iacute; mismos, incluso si eso les lleva a pensar m&aacute;s all&aacute; de las ense&ntilde;anzas de sus padres o, incluso, en contra de estas. Es cierto que una madre hom&oacute;foba tiene el derecho de transmitir a sus hijos su visi&oacute;n del mundo; ha ocurrido toda la vida y nadie hoy va a venir a impedirlo. Pero a lo que esa madre no tiene derecho es a impedir que su hijo reciba, tambi&eacute;n, otras muchas visiones del mundo diferentes. La escuela p&uacute;blica y su sentido suponen, inevitablemente, una limitaci&oacute;n al poder de los padres para controlar por entero la educaci&oacute;n de sus hijos, porque si la escuela est&aacute; al servicio de alguna libertad m&aacute;s que de otra, es la de los alumnos y no la de sus padres.
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo un d&iacute;a que yo estaba cuidando a unos ni&ntilde;os de educaci&oacute;n infantil y un alumno les ense&ntilde;aba a los dem&aacute;s c&oacute;mo se ataban los zapatos. Su padre le hab&iacute;a ense&ntilde;ado la t&eacute;cnica y estaba orgulloso de d&aacute;rsela a conocer a sus amigos. Recuerdo c&oacute;mo otro ni&ntilde;o interrumpi&oacute; la escena para decir que as&iacute; no se ataban los zapatos, que su padre los ataba de otra manera y que adem&aacute;s era m&aacute;s r&aacute;pida. Recuerdo c&oacute;mo violent&oacute; eso al primer ni&ntilde;o, que se qued&oacute; descolocado, perplejo y, m&aacute;s tarde, pensativo y callado.
    </p><p class="article-text">
        La escuela est&aacute; llena de experiencias como esta, en las que los ni&ntilde;os ven confrontada la palabra de su padre, en la que creen ciegamente, con el hecho inc&oacute;modo y problem&aacute;tico de que existen muchos padres y muchas palabras, muchas maneras de atarse los zapatos, de entender una bata rosa o de mirar el mundo. La escuela es un sistema que saca a los ni&ntilde;os de un hogar donde solo hay una manera de pensar y arroja a los ni&ntilde;os a la pluralidad. Y es su car&aacute;cter p&uacute;blico el que garantiza que los ni&ntilde;os ricos se encontrar&aacute;n con los ni&ntilde;os pobres, que los ni&ntilde;os blancos se encontrar&aacute;n con los ni&ntilde;os negros, que los ni&ntilde;os compartir&aacute;n clase con las ni&ntilde;as y que los hijos de madres hom&oacute;fobas de Vox conocer&aacute;n a ni&ntilde;os de madres lesbianas.
    </p><p class="article-text">
        Probablemente quienes hayan sido alcanzados por el discurso de Vox y lleven a las cenas de Navidad el argumento de que los padres tienen el derecho de decidir qu&eacute; aprenden sus hijos solo sean receptivos si al ejemplo le damos la vuelta. Si creen que las feministas adoctrinamos a nuestros hijos en esa supuesta ideolog&iacute;a de g&eacute;nero a la que tanto temen, estar&aacute;n de acuerdo en que nuestros hijos puedan tener un espacio m&aacute;s all&aacute; de nuestras propias doctrinas y creencias en el que aprender a poner en duda lo que les hemos ense&ntilde;ado. Si tanto temen a una izquierda que adoctrina a sus hijos en el comunismo o en el lesbianismo radical, que defiendan el derecho de nuestros hijos de juntarse con los suyos, conocer su miedo a las batas rosas y poder poner en duda nuestra autoridad.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;A qu&eacute; viene tanto miedo a la diversidad? Lo &uacute;nico que deshace el adoctrinamiento acr&iacute;tico es la pluralidad. Porque cuando ya no existe una &uacute;nica manera de atarse los zapatos o una &uacute;nica manera de entender la sexualidad, los ni&ntilde;os est&aacute;n irremediablemente obligados a comparar versiones, cuestionar creencias, argumentar posiciones y escoger cu&aacute;l es su propia manera de ser y de pensar. La escuela sirve para hacernos mayores y eso pasa, inevitablemente, por poner en duda la autoridad paterna y aprender a pensar.
    </p><p class="article-text">
        Si las charlas LGTBI tienen sentido en las escuelas es justamente porque dan a conocer a los alumnos y alumnas una pluralidad y una diversidad. En ellas, los hijos de las madres hom&oacute;fobas de Vox aprender&aacute;n que hay hombres que llevan el rosa con orgullo y que ser gay o trans es tambi&eacute;n una posibilidad. Quienes ven amenazadas sus doctrinas por la existencia de la diversidad sexual y de g&eacute;nero o por el color de una bata, quienes quieren que sus hijos vayan a colegios solo con chicos o con chicas o quieren que solo conozcan a compa&ntilde;eros de su misma raza, su misma condici&oacute;n econ&oacute;mica o su misma nacionalidad, no son los defensores de la libertad de ense&ntilde;anza, son padres enemigos de la libertad de sus hijos. Recordemos esto en tiempos en los que hace falta cuidar a quienes siempre lucharon por la libertad y la diversidad sexual, mimar nuestras escuelas p&uacute;blicas y a nuestra profesoras y profesores. Record&eacute;moslo en tiempos en los que se puede denunciar a una profesora por el color de una bata. Ning&uacute;n recorte de la diversidad y la pluralidad en nuestra educaci&oacute;n puede ser defendido en nombre de la libertad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Clara Serra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/miedo-batas-rosas-educar-libertad_129_1170083.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Dec 2019 19:30:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El miedo a las batas rosas o cómo educar contra la libertad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Educación,Educación pública]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Qué feminismo (contra la ultraderecha)?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/feminismo-ultraderecha_129_1176993.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/77f2d9b2-3c84-4e50-b451-2ad1ab5ea52c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Concentración feminista el 8 de marzo en Bilbao"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hoy más que nunca hace falta que tengan voz esos feminismos que siempre defendieron que hay que hablar de la sexualidad de las mujeres más en clave de placer y menos en clave de peligro</p><p class="subtitle">Frente al populismo punitivo de Vox y su defensa de la cadena perpetua es crucial que ahora más que nunca demostremos que el feminismo es otra cosa completamente distinta. No queremos venganza sino justicia</p></div><p class="article-text">
        Muchas feministas hemos tenido que lidiar durante a&ntilde;os con compa&ntilde;eros de partido a los que hab&iacute;a que convencer de que el feminismo no era un bello florero para sus partidos, sino una apuesta estrat&eacute;gica clave. Llevamos tiempo defendiendo que el feminismo es un proyecto pol&iacute;tico para el 99%. Es decir, que no es un lobby para defender los intereses de una parte &ndash;las mujeres&ndash; frente a los intereses de la otra mitad &ndash;los hombres&ndash; sino una apuesta enormemente transformadora que puede construir una sociedad mejor para todos. Hemos defendido, ante los nost&aacute;lgicos del obrerismo, que el feminismo no es un proyecto pol&iacute;tico que haya abandonado las desigualdades de clase y que la politizaci&oacute;n de los cuidados es una manera especialmente eficaz hoy en d&iacute;a para revelar los estragos del neoliberalismo. Algunas feministas llevamos incluso unos a&ntilde;os diciendo que el muro de contenci&oacute;n frente a las ultraderechas y sus recetas reaccionarias es el feminismo. Esto quiere decir que el feminismo debe &ndash;porque puede&ndash; hacerse cargo del conjunto de derechos y libertades que est&aacute;n en juego en esta encrucijada, que est&aacute; en condiciones de mirar la foto global de todo lo que est&aacute; en peligro. Y la posibilidad de que el feminismo demuestre hoy que tiene un proyecto pol&iacute;tico coherente y alternativo a esos peligrosos populismos se juega en su manera de abordar algunas cuestiones pol&iacute;ticas especialmente significativas.
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, la ultraderecha siempre ha defendido el recorte de nuestros derechos pol&iacute;ticos y nuestras libertades p&uacute;blicas y por eso es clave que las feministas seamos ejemplo de pluralidad y disensos tranquilos, que demostremos, frente a sus vociferantes gritos, que podemos debatir y discrepar con respeto. Tenemos la tarea de poner un cortafuegos a sus intentos de censura y a su &ldquo;judicializaci&oacute;n de la pol&iacute;tica&rdquo;. Pedir a los medios la retirada de art&iacute;culos o tratar de prohibirlos a trav&eacute;s de denuncias por delitos de odio est&aacute; cada d&iacute;a m&aacute;s a la orden del d&iacute;a, pero son recetas envenenadas. Porque estrechar el campo de lo publicable y lo debatible siempre acaba volvi&eacute;ndose contra los m&aacute;s vulnerables.
    </p><p class="article-text">
        Hay otro frente que nos pone ante una encrucijada. El conservadurismo de Vox amaga con recortar nuestros derechos sexuales y, mientras, se&ntilde;ala a la poblaci&oacute;n migrante como amenaza para la seguridad de las mujeres. Hoy m&aacute;s que nunca hace falta que tengan voz esos feminismos que siempre defendieron que hay que hablar de la sexualidad de las mujeres m&aacute;s en clave de placer y menos en clave de peligro. El puritanismo siempre fue una amenaza para las mujeres. Nuestro reto es combatir la violencia sexual sin entrar en la l&oacute;gica del p&aacute;nico social por la inseguridad, sin dar ni un cent&iacute;metro de aire a los discursos racistas y sin estrechar ni un cent&iacute;metro nuestras propias libertades.
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n de los hombres es otro de los frentes sensibles. El marco funcional de Vox es el de una supuesta guerra de sexos en la que las feministas han decretado la desaparici&oacute;n de los varones. Por eso, m&aacute;s que nunca hace falta un feminismo dispuesto a ampliar los m&aacute;rgenes del sujeto del feminismo m&aacute;s all&aacute; de las mujeres. Es preocupante la obcecaci&oacute;n con la que algunas feministas est&aacute;n restringiendo el derecho de acceso. Necesitamos, frente a la ultraderecha reaccionaria, un feminismo en estrecha alianza con el movimiento LGTBI. El debate trasnochado sobre la presencia de las mujeres trans en el feminismo debe ser ya superado por algo m&aacute;s ambicioso: la presencia de los hombres, sean trans, gays o heterosexuales. Si algo puede combatir las quejas victimistas de Vox ante el feminismo es la demostraci&oacute;n de que esta lucha no es una cuesti&oacute;n identitaria ni una defensa de intereses parciales, sino un proyecto para todos en el que cabemos todos.
    </p><p class="article-text">
        Y, por &uacute;ltimo, la cuesti&oacute;n del punitivismo. Estos &uacute;ltimos d&iacute;as, asistimos a las reacciones que el &uacute;ltimo juicio por violaci&oacute;n m&uacute;ltiple a los exjugadores de la Arandina est&aacute; generando en una sociedad cada vez m&aacute;s polarizada por casos como este. Para las feministas, que salimos a denunciar la injusticia de la primera sentencia de 'la Manada', es un avance que vayamos dejando atr&aacute;s la exigencia a las v&iacute;ctimas de que demuestren su falta de consentimiento ante jueces conservadores que tienden a ver &ldquo;jolgorios&rdquo;, que no aprecian la intimidaci&oacute;n o que nos preguntan si cerramos bien las piernas. Es necesario reformar el C&oacute;digo Penal para que la definici&oacute;n de consentimiento est&eacute; m&aacute;s clara porque, si bien los jueces siempre tienen que interpretar las leyes, las leyes est&aacute;n bien hechas cuando su interpretaci&oacute;n es lo m&aacute;s clara y un&iacute;voca posible. Si reducimos la ambig&uuml;edad, habr&aacute; menos margen para la interpretaci&oacute;n discrecional de los jueces (la gran mayor&iacute;a de ellos muy conservadores) y m&aacute;s seguridad jur&iacute;dica para todos. Ahora bien, esta sentencia ha sido muy alta y ha condenado a 38 a&ntilde;os a unos acusados que, seg&uacute;n otras interpretaciones posibles, podr&iacute;an haber ido a la c&aacute;rcel menos de la mitad de ese tiempo. Es urgente regular con claridad y proporcionalidad las penas de las agresiones sexuales m&uacute;ltiples.
    </p><p class="article-text">
        Cometer&iacute;amos un error si defendi&eacute;ramos el car&aacute;cter ejemplarizante de condenas as&iacute; de altas. El miedo a la c&aacute;rcel no transforma las conductas y el castigo no es lo que va a acabar con el machismo. Frente al populismo punitivo de Vox y su defensa de la cadena perpetua es crucial que ahora m&aacute;s que nunca demostremos que el feminismo es otra cosa completamente distinta. No queremos venganza sino justicia y estamos en condiciones de ser un ejemplo de ello si, al mismo tiempo que pedimos una reforma del C&oacute;digo Penal, defendemos la proporcionalidad y la reinserci&oacute;n. &iquest;Qu&eacute; otro actor social puede ahora darle una lecci&oacute;n a Vox de que se puede querer justicia sin caer en la revancha y el castigo?
    </p><p class="article-text">
        En efecto el feminismo puede ser un proyecto de mayor&iacute;as capaz de construir una sociedad mejor para todos. Pero feminismos hay muchos y distanciarnos de algunos de ellos parece m&aacute;s urgente que nunca para combatir a la ultraderecha. Si queremos ganar a Vox tenemos que ser de verdad su alternativa. Frente a sus recetas reaccionarias necesitamos un feminismo abanderado de la libertad de expresi&oacute;n y el debate p&uacute;blico, comprometido con ampliar la libertad sexual frente al puritanismo, capaz de interpelar a los hombres, m&aacute;s aliado que nunca con los movimientos&nbsp;LGTBI y decidido a defender la prevenci&oacute;n, la reinserci&oacute;n, la proporcionalidad y la justicia frente al punitivismo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Clara Serra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/feminismo-ultraderecha_129_1176993.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Dec 2019 19:57:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Qué feminismo (contra la ultraderecha)?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Feminismo,Vox,Ultraderecha]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Del alivio de un gobierno progresista a la reconstrucción del espacio del cambio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/alivio-gobierno-progresista-reconstruccion-espacio_129_1199102.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/99e87f54-d6b4-40b7-a88f-70e5ad097878_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Pedro Sánchez y Pablo Iglesias firman su acuerdo de Gobierno"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Quizás la tarea más delicada y decisiva de este gobierno es la gestión de los tiempos. Su inédita alianza gubernamental y su fragilidad parlamentaria no le permiten de entrada ni contar con ese horizonte compartido, ni durar</p><p class="subtitle">Podemos no puede conformarse con subordinarse a la manera tradicional de ordenar el tablero político, desplazando un poco "a la izquierda" las posiciones del gobierno</p></div><p class="article-text">
        Durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os, la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola se ha caracterizado por la incertidumbre y la novedad hist&oacute;rica, pero nos hemos encontrado desde 2015 con un dilema constante para el PSOE. &Eacute;ste ha tenido que elegir entre llegar a alguna clase de entendimiento con el PP y/o Cs para apuntalar el viejo bipartidismo, o pactar con UP y buscar el apoyo de una mayor&iacute;a parlamentaria plurinacional. Esa tensi&oacute;n, que ha recorrido al conjunto del r&eacute;gimen, es fundamental para comprender la sucesi&oacute;n aparentemente ca&oacute;tica de acontecimientos y la camale&oacute;nica figura de Pedro S&aacute;nchez. Solo unas &eacute;lites cerradas en banda ante la posibilidad de que UP llegase al Gobierno, posibilitaron que S&aacute;nchez pasase de ser defensor de la experiencia portuguesa al pacto del abrazo con Cs. Solo esa obsesi&oacute;n, que justific&oacute; la expulsi&oacute;n de S&aacute;nchez de Ferraz, le permiti&oacute; volver de la mano del malestar impugnatorio de sus bases. De hecho, la imposibilidad de la alianza progresista y plurinacional tras el verano de 2016, permiti&oacute; el raqu&iacute;tico triunfo de Rajoy, que dur&oacute; tanto como aquella alternativa tard&oacute; en articularse en la moci&oacute;n de censura. Del mismo modo, la &uacute;ltima repetici&oacute;n electoral fue un fracaso de S&aacute;nchez en su intento de superar plebiscitariamente esta tensi&oacute;n, un fracaso que ha acabado en el pacto con UP.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, Podemos estableci&oacute; desde su nacimiento que llegar al Gobierno del Estado era un medio para transformar un r&eacute;gimen del 78 en profunda crisis. En un comienzo, al calor del ascenso demosc&oacute;pico, aquella entrada se imaginaba plet&oacute;rica. El reto era llegar sin ocupar posiciones subalternas, pero tras comprobar la resistencia social del PSOE y el &eacute;xito de la maquinaria pol&iacute;tica y medi&aacute;tica que trabajaba en su contra, vino el golpe de realidad. Y vinieron los errores, las pulsiones identitarias al interior de los aparatos del bloque del cambio y la constituci&oacute;n de una cultura pol&iacute;tica de resistencia &ndash;muy vieja ya, por otra parte&ndash; ante un nuevo mundo hostil.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, tras los resultados de noviembre, lo que parec&iacute;a imposible en abril se vislumbr&oacute; en 48 horas. Se repet&iacute;a la alianza central de la moci&oacute;n de censura, pero como acuerdo de gobierno. Ahora, en su momento de m&aacute;xima debilidad, UP tiene su gran oportunidad y la ciudadan&iacute;a progresista ha recibido la noticia mayoritariamente con alivio e incredulidad. &iquest;Por qu&eacute; ahora? Una correlaci&oacute;n entre la estricta necesidad de unos y la debilidad de los otros. La oportunidad para UP no es un regalo ca&iacute;do del cielo, sino, en parte, consecuencia de su debilidad. El mejor pegamento ha sido parad&oacute;jicamente el clima de desconfianza general hacia la pol&iacute;tica, que incluye a sus propios partidos, y los cincuenta diputados de Vox.
    </p><p class="article-text">
        Es pronto para pronunciarse con rotundidad ante el posible gobierno de coalici&oacute;n del que se desconoce pr&aacute;cticamente todo. Pero las reacciones revelan a sus poderosos enemigos: desde Felipe Gonz&aacute;lez y Jos&eacute; Mar&iacute;a Aznar, pasando por las grandes empresas del IBEX 35 y la CEOE, la Casa Real y la c&uacute;pula eclesi&aacute;stica espa&ntilde;ola, hasta las tres furibundas derechas de PP, Vox y Ciudadanos. Adem&aacute;s en estado de alarma por la necesidad vital de este gobierno de explorar en profundidad las posibilidades del di&aacute;logo con Catalu&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Algunas voces imprescindibles, como la de Teresa Rodr&iacute;guez, han criticado la opci&oacute;n del Gobierno desde la izquierda, dado que la correlaci&oacute;n de fuerzas no permitir&aacute; abordar grandes transformaciones y dejar&aacute; libre el campo de impugnaci&oacute;n a Vox. Su cr&iacute;tica es pertinente y responde a una posici&oacute;n coherente que han defendido siempre. Su miedo es leg&iacute;timo porque, en efecto, el &eacute;xito no est&aacute; asegurado. En esta segunda d&eacute;cada del siglo XXI, el reto de las fuerzas democr&aacute;ticas europeas no es menor; pasa por una reinvenci&oacute;n del pacto de posguerra, que dio lugar al Estado de bienestar, en un contexto adverso de estancamiento capitalista, crisis clim&aacute;tica catastr&oacute;fica y revancha patriarcal. Sin duda, ese ambicioso horizonte no es el de este gobierno, que, aunque ha sido comparado con el Gobierno republicano frentepopulista del 36, tiene m&aacute;s afinidad con el&nbsp;Gobierno franc&eacute;s de Mitterrand y los comunistas en 1981. Pero, en cualquier caso, esta oportunidad s&iacute; debe servir para demostrar que nuestras sociedades democr&aacute;ticas pueden comenzar a avanzar a un ritmo razonable, a pesar de la falta de voluntad de las &eacute;lites europeas por las reformas y las limitaciones presupuestarias y financieras de Bruselas.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s la tarea m&aacute;s delicada y decisiva de este gobierno es la gesti&oacute;n de los tiempos. Su in&eacute;dita alianza gubernamental y su fragilidad parlamentaria no le permiten de entrada ni contar con ese horizonte compartido, ni durar. Para ser exitoso tendr&aacute; que ir tejiendo y retejiendo esos acuerdos, a la vez que pone en marcha un programa m&iacute;nimo de reformas que implique peque&ntilde;as conquistas cotidianas para el grueso de su base social. Se necesita recuperar autoestima frente al clima de apat&iacute;a y cinismo, que profundiza la degradaci&oacute;n democr&aacute;tica. Si el Gobierno se duerme en los laureles y queda atrapado en una mera guerra de s&iacute;mbolos, tiene todas las de perder. En lugar de eso, debe conseguir avanzar en la recuperaci&oacute;n de derechos: derogar los aspectos m&aacute;s lesivos de la &uacute;ltima contrarreforma laboral del PP, subir el salario m&iacute;nimo interprofesional, regular directa e indirectamente el mercado de la vivienda, poner en marcha una transici&oacute;n verde de la econom&iacute;a o reformar la fiscalidad en clave progresiva.
    </p><p class="article-text">
        En todo caso, la entrada de UP en un gobierno con el PSOE &ndash;especialmente en condiciones de inferioridad n&uacute;merica&ndash; vuelve a hacer necesario un debate que tambi&eacute;n ha recorrido la breve pero convulsa intrahistoria del espacio del cambio. Podemos no puede conformarse con subordinarse a la manera tradicional de ordenar el tablero pol&iacute;tico, desplazando un poco &ldquo;a la izquierda&rdquo; las posiciones del Gobierno. No se trata de defender de forma m&aacute;s coherente y m&aacute;s valiente las mismas pol&iacute;ticas que el PSOE o de ir unos pasos m&aacute;s all&aacute; en las mismas direcciones, sino de abrir nuevas direcciones y marcar horizontes m&aacute;s all&aacute; de este gobierno. Se trata de reordenar las posiciones en favor de la hegemon&iacute;a del espacio del cambio. As&iacute;, si tomamos el feminismo como un campo paradigm&aacute;tico de esa disputa pol&iacute;tica, se tratar&iacute;a, por ejemplo, de salir de los discursos sobre la violencia sexual que ponen el &eacute;nfasis en las soluciones penales y punitivas y apostar por pol&iacute;ticas p&uacute;blicas de prevenci&oacute;n y pol&iacute;ticas destinadas a los hombres. Se tratar&iacute;a de encarnar una alternativa a un partido socialista que en 2015 propon&iacute;a hacer p&uacute;blicas las listas de los maltratadores y que puede resultar sin&eacute;rgico con el intento de Vox de alimentar una guerra de sexos e instrumentalizar la violencia sexual para defender la cadena perpetua y el endurecimiento del C&oacute;digo Penal. Se tratar&iacute;a de escapar de posiciones defensivas y de reordenar los bandos para construir una nueva hegemon&iacute;a, que incluya a muchos m&aacute;s hombres y mujeres, frente a la reacci&oacute;n. Si Podemos no da muestras de tener un feminismo diferente y alternativo al del PSOE &ndash;y m&aacute;s capaz de ganarle la batalla pol&iacute;tica y cultural a las derechas&ndash; su paso por el gobierno podr&iacute;a seguir dejando el d&iacute;a de ma&ntilde;ana la hegemon&iacute;a de las pol&iacute;ticas de g&eacute;nero intacta, es decir, en manos del PSOE.
    </p><p class="article-text">
        En una reciente carta a la militancia de Podemos, Pablo Iglesias agradec&iacute;a el esfuerzo an&oacute;nimo realizado, y advert&iacute;a de los l&iacute;mites y las contradicciones de un Ejecutivo compartido con el PSOE, poniendo &eacute;nfasis en las cesiones que vendr&aacute;n. Desde nuestro punto de vista, cabe invertir los t&eacute;rminos de la cuesti&oacute;n: &iquest;qu&eacute; podemos hacer m&aacute;s all&aacute; del Gobierno &ndash;y m&aacute;s ac&aacute; de Podemos&ndash; para ampliar los l&iacute;mites de lo posible?
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de los poderosos enemigos de UP y los posibles errores personales de este o aquel l&iacute;der, cabe detenerse en un fallo estructural que ha recorrido distintas organizaciones de este ciclo y que podr&iacute;amos llamar Vistalegre I: hiperliderazgo, una preponderancia inflacionaria de la dimensi&oacute;n medi&aacute;tica sobre otras &ndash;como la implantaci&oacute;n territorial o la relaci&oacute;n con la sociedad civil&ndash; y una cultura extraordinariamente cerrada. No se trata de un capricho, sino una necesidad urgente, porque esta oportunidad del Gobierno de coalici&oacute;n progresista llega despu&eacute;s de que el espacio del cambio retrocediera de forma muy significativa en las &uacute;ltimas elecciones municipales y auton&oacute;micas. Se han perdido ciudades clave como Madrid o Zaragoza y se han quedado por el camino alrededor de dos millones de votos, a lo que hay que a&ntilde;adir escisiones tan importantes como M&aacute;s Pa&iacute;s o la ruptura de Equo o En Marea en Galicia. Claramente hay cosas que no hemos sabido hacer bien. En la l&oacute;gica interna, instalada firmemente en las organizaciones del espacio del cambio, los relatos exculpatorios se multiplican y los an&aacute;lisis honestos no tienden a abundar. En ese sentido, hay que asumir la autocr&iacute;tica en primera persona, porque fuimos muchos quienes defendimos un determinado modelo de partido y, tambi&eacute;n, quienes se han servido m&aacute;s tarde de &eacute;l tras haberlo criticado. Entender Vistalegre II como el momento en el que cifrar todos los errores de Podemos es parte de una trampa. En un congreso m&aacute;s fragmentado &ndash;Vistalegre II&ndash; siempre es m&aacute;s f&aacute;cil diluir responsabilidades, pero la pregunta que nunca se ha planteado con honestidad en la discusi&oacute;n p&uacute;blica es en qu&eacute; nos equivocamos juntos. Una autocr&iacute;tica, que no sea simple prop&oacute;sito de enmienda, debe servir para plantearnos c&oacute;mo ampliar los l&iacute;mites de lo posible hoy. Porque, sin lugar a dudas, las guerras internas han sido uno de las causas centrales en la p&eacute;rdida de credibilidad del proyecto.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los errores m&aacute;s graves de la m&aacute;quina guerra electoral es establecer un exterior y un interior del partido, que funcionar&iacute;an como compartimentos estancos, y sacrificar la pluralidad, el debate y la posibilidad de imaginar nuevas formas de relaciones humanas e institucionales con objetivo de maximizar los resultados electorales. Esta concepci&oacute;n llevada al absurdo se imagina un partido exitoso electoralmente con una vida interna devastada. Parad&oacute;jicamente, un partido, que quiere generar v&iacute;nculos comunitarios a nivel social, no solo no lo hace a nivel interno, sino que lleva al extremo las peores tendencias sociales existentes &ndash;autoritarismo, homogeneidad, desconfianza. La &uacute;nica manera de revertir la l&oacute;gica resistencialista del momento pol&iacute;tico actual es revertir esa din&aacute;mica de culturas pol&iacute;ticas cerradas sobre s&iacute; mismas, que buscan enemigos internos para justificarse y que presentan el exterior en exclusiva como un lugar fr&iacute;o y deshumanizado, mientras renuncian en el interior a imaginar nuevas formas de relacionarse fraternalmente y de organizarse institucionalmente. La reconstrucci&oacute;n del espacio del cambio es imprescindible ya que podr&aacute; impulsar la acci&oacute;n del gobierno de coalici&oacute;n progresista en la mejor de las direcciones.
    </p><p class="article-text">
        Para que este gobierno se construya sobre apoyos firmes es importante que se avance por parte de todos y todas en la recomposici&oacute;n de una pluralidad del espacio del cambio ahora dividida y fragmentada. Podemos tendr&aacute; que asumir que habr&aacute; cr&iacute;ticas y presiones a las concesiones que imponga un Ejecutivo compartido con el PSOE, pero que est&aacute; en su mano que aquellas sean lo m&aacute;s ocasionales y constructivas y que, en ocasiones, sean tambi&eacute;n una palanca de refuerzo en su tensi&oacute;n con el PSOE. A quienes formamos parte de un espacio del cambio que va m&aacute;s all&aacute; de los partidos y las siglas, nos tocar&aacute; arrimar el hombro con generosidad y apoyar a un gobierno de cuya suerte depende la de todos y todas. Pero, mientras, tendremos que trabajar para dejar atr&aacute;s las m&aacute;quinas de guerra y tomarnos en serio que aquello de feminizar la pol&iacute;tica implica la construcci&oacute;n de organizaciones, relaciones territoriales y alianzas con cuidado. Necesitamos un aut&eacute;ntico frente del cambio, que haga de la confederaci&oacute;n democr&aacute;tica de sensibilidades pol&iacute;ticas, organizativas, culturales, intelectuales y territoriales su arma m&aacute;s poderosa. Si hay un momento para aprender de los errores y poner ese aprendizaje al servicio de las oportunidades que tenemos delante hoy, ese momento es ahora.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Clara Serra, Rodrigo Amírola]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/alivio-gobierno-progresista-reconstruccion-espacio_129_1199102.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Dec 2019 20:11:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Del alivio de un gobierno progresista a la reconstrucción del espacio del cambio]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Gobierno de coalición,PSOE,Unidas Podemos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Son culpables las mujeres por no denunciar?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/culpables-mujeres-denunciar_129_1482711.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9efed5e9-df06-479a-9720-e107cddc079f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Manifestación feminista contra la sentencia de &#039;la Manada&#039; en Santander. | JOAQUÍN GÓMEZ SASTRE"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Creer que no nos hace falta conocer los motivos que llevan a las mujeres a preferir racionalmente no poner una denuncia en vez de ponerla es infantilizarlas</p><p class="subtitle">El derecho penal no va solucionar este problema y las mujeres no queremos solamente respuestas punitivas, queremos vivir libres y de forma digna</p></div><p class="article-text">
        El proceso judicial m&aacute;s medi&aacute;tico de los &uacute;ltimos tiempos en nuestro pa&iacute;s, el juicio a la Manada, ha venido acompa&ntilde;ado por masivas manifestaciones feministas en nuestra calles porque ha vuelto a demostrar que poner una denuncia puede ser la v&iacute;a de entrada en un proceso en el que las v&iacute;ctimas pueden ser juzgadas y cuestionadas y en el que las mujeres pueden sentirse solas y desamparadas. Si han hecho falta miles de voces diciendo &ldquo;yo s&iacute; te creo&rdquo; es porque la justicia, una instituci&oacute;n en la que es necesario que puedan confiar justamente los y las m&aacute;s vulnerables, muy a menudo est&aacute; por detr&aacute;s de las demandas de igualdad de nuestra sociedad. A pocos d&iacute;as del fallo del Tribunal Supremo, conocemos el informe del observatorio contra la violencia de g&eacute;nero del Poder Judicial y muchos de los medios que se hacen eco de los datos llaman la atenci&oacute;n sobre uno: de las mil mujeres asesinadas por violencia machista desde 2003 la mayor&iacute;a, hasta un ochenta por ciento, no hab&iacute;a puesto una denuncia.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de que parece que gran parte de la opini&oacute;n p&uacute;blica comprendi&oacute; el malestar que un caso como el de la Manada generaba para las mujeres, a pesar de que parte de nuestra sociedad entendi&oacute; que, si la justicia desconf&iacute;a de las mujeres, las mujeres est&aacute;n abocadas a no poder confiar en la justicia, la lectura de la falta de denuncias viene seguida de un autom&aacute;tico mensaje dirigido hacia las mujeres, un mensaje que hace descansar en ellas la soluci&oacute;n. &ldquo;El silencio de la v&iacute;ctima es un factor de riesgo para la vida de las mujeres&rdquo;, &ldquo;el Poder Judicial hace un llamamiento a las mujeres para que denuncien&rdquo; porque esta es &ldquo;la &uacute;nica llave que abre la puerta de la esperanza&rdquo;. Mientras la presidenta del observatorio afirma que las mujeres &ldquo;tienen que saber que hay much&iacute;simas personas que est&aacute;n ah&iacute; para que puedan salir de ese c&iacute;rculo de la violencia&rdquo;, Susana Griso manda este mismo mensaje en la campa&ntilde;a de Antena 3: &ldquo;la denuncia te ayuda a escapar de tu maltratador&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Quince a&ntilde;os despu&eacute;s de que est&eacute; en vigor la ley contra la violencia de g&eacute;nero del 2004 sabemos cu&aacute;nto hemos avanzado y lo necesario que es que exista una justicia especializada y una v&iacute;a judicial para las mujeres. Ahora bien, quince a&ntilde;os despu&eacute;s de la existencia de una ley, tambi&eacute;n nos toca pensar cu&aacute;les han sido sus fallos y sus insuficiencias y cu&aacute;ntas cosas no han funcionado y toca replantear. Resulta cuanto menos sorprendente que ante el dato de que el ochenta por ciento de las mujeres no ponga una denuncia contra su agresor nos dediquemos &uacute;nica y exclusivamente a contarles que tienen que poner una denuncia y a informarles de que existe esa posibilidad. (&iquest;Tras quince a&ntilde;os no lo saben?) en vez de parar un momento, mirarnos y preguntarnos &iquest;por qu&eacute; las mujeres no denuncian?
    </p><p class="article-text">
        Entre los muchos prejuicios que tiene que combatir el feminismo est&aacute; el paternalismo con el que a menudo la sociedad y las instituciones tratan a las mujeres. Creer que no nos hace falta conocer los motivos que llevan a las mujeres a preferir racionalmente no poner una denuncia en vez de ponerla es infantilizarlas. Y el caso es que hacemos eso una y otra vez, seguimos dirigiendo siempre a ellas el mensaje y la responsabilidad de salir de una situaci&oacute;n de la que -les decimos que- salir es tan f&aacute;cil como poner una denuncia. &iquest;Pero es la denuncia la soluci&oacute;n &uacute;til para todas ellas? &iquest;Van a encontrar ayuda una vez tomen una decisi&oacute;n irreversible? &iquest;Les estamos prometiendo algo que estamos en disposici&oacute;n de cumplir?
    </p><p class="article-text">
        Las respuestas a estas preguntas son las que permiten entender qu&eacute; tareas pol&iacute;ticas tenemos por delante para poder atender las m&uacute;ltiples situaciones que invisibilizamos cada vez que repetimos que la soluci&oacute;n descansa en concienciarlas a ellas. En Madrid, por ejemplo, tras d&eacute;cadas de recortes llevados a cabo por los gobiernos del Partido Popular, los jueces no cuentan con informes expertos llevados a cabo por personal multidisciplinar cualificado que les ayude a medir las situaciones de riesgo en las que se encuentran las mujeres. El resultado es que una de cada dos mujeres que va a pedir una orden de protecci&oacute;n, se vuelva a casa sin ella. Es decir, que muchas mujeres quedan m&aacute;s expuestas aun al riesgo sobre su vida cuando ya han dado el paso irreversible de denunciar a su maltratador. Todas esas voces que animan a la denuncia, &iquest;se han planteado en qu&eacute; situaci&oacute;n se quedan las mujeres tras denunciar?
    </p><p class="article-text">
        Podemos hablar de otros casos. Seg&uacute;n la Federaci&oacute;n de Mujeres en el &aacute;mbito rural, AMFAR, si tomamos en cuenta que en las zonas rurales vive el 20% de la poblaci&oacute;n espa&ntilde;ola, la incidencia de la violencia machista es hasta cuatro veces superior que la que se registra en en entornos urbanos. Todas esas mujeres tienen menor acceso a los escasos recursos de asistencia y protecci&oacute;n, teniendo que desplazarse muchos kil&oacute;metros para, simplemente, recibir un asesoramiento que debe ser de cercan&iacute;a y proximidad porque debe ser confidencial para no ponerlas en riesgo. Esas mujeres, son v&iacute;ctimas no ya s&oacute;lo de su maltratador, sino de un contexto y presi&oacute;n social que les dificulta salir de ciclos de violencia. &iquest;Por qu&eacute;, en vez de repetirles que denuncien no pensamos como podemos ofrecerles un sistema adecuado de protecci&oacute;n para ellas?
    </p><p class="article-text">
        Los datos que da a conocer el poder judicial se&ntilde;alan que la mayor&iacute;a de las asesinadas eran madres. Y quiz&aacute;s, solo quiz&aacute;s, no tener garantizada una vivienda o el miedo a que la violencia se siga produciendo con sus hijos e hijas a trav&eacute;s de las visitas o que el estado entienda que con 426 euros de la renta activa de inserci&oacute;n es suficiente para mantener una familia sea un freno para las mujeres a la hora de interponer denuncia. Desde el 2015 los menores son considerados v&iacute;ctimas directas de la violencia, pero lo cierto es que los recursos y ayudas para los ni&ntilde;os y las ni&ntilde;as no llegan, las pensiones de alimentos no se pagan, los servicios de atenci&oacute;n psicol&oacute;gica a menores y puntos de encuentro familiar y equipos psicosociales de los juzgados est&aacute;n desbordados. &iquest;Por qu&eacute;, en lugar de decirles que existe la v&iacute;a judicial no nos preguntamos si las mujeres con hijos e hijas a cargo tienen garantizada condiciones de vida digna tras interponer una denuncia?
    </p><p class="article-text">
        La violencia machista debe ser denunciada, la violencia no puede quedar impune. Ahora bien, el derecho penal no va solucionar este problema y las mujeres no queremos solamente respuestas punitivas, queremos vivir libres y de forma digna. Es un mensaje muy complaciente para nosotros como sociedad pensar que ya hicimos nuestra parte, que hemos puesto en manos de las mujeres la llave para escapar a la violencia y que depende solo de ellas abrir las puertas. Pero no es cierto. Acabar con la violencia sigue siendo un camino lleno de obst&aacute;culos y pensar c&oacute;mo sortearlos es una pregunta de primera importancia pol&iacute;tica que tenemos que hacernos quince a&ntilde;os despu&eacute;s de nuestras primeras leyes y a la luz de los datos que estos d&iacute;as conocemos. Una pregunta que nos interpela a todos y todas y no solo las mujeres.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Clara Serra, Paula Baeza]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/culpables-mujeres-denunciar_129_1482711.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 26 Jun 2019 19:36:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Son culpables las mujeres por no denunciar?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Violencia machista,La Manada]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En defensa de las mujeres malas y las lideresas inesperadas: 'Juego de Tronos' y feminismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/lideresas-inesperadas-juego-tronos-feminismo_129_1521485.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Quizás no habría que esperar tanto del líder más esperado, porque la escucha y la modestia suelen ser cualidades que descansan en las más inesperadas</p><p class="subtitle">Las virtudes no solo van a ser puestas en práctica por un hombre tullido, sino también por Sansa, que además de una mujer es, como la mayoría de las lideresas femeninas, una buena dirigente</p></div><p class="article-text">
        <em>Juego de Tronos</em> ha terminado, y lo ha hecho con pol&eacute;mica (feminista), como pol&eacute;micas han sido algunas de sus aportaciones durante todos estos a&ntilde;os a la hora de tratar cuestiones pol&iacute;ticas de primer orden. M&aacute;s all&aacute; del final concreto de la serie y de las conclusiones que de &eacute;l se puedan sacar -el triunfo de la reforma del r&eacute;gimen pol&iacute;tico de Poniente, y la transici&oacute;n hacia una monarqu&iacute;a electiva, frente a la revoluci&oacute;n-, y m&aacute;s all&aacute; de la presencia de elementos en las &uacute;ltimas temporadas que hac&iacute;an de la serie algo menos &ldquo;pol&iacute;tica&rdquo;, <em>Juego de Tronos</em> ha sido casi un manual de instrucciones sobre el poder, que ha mostrado de manera maravillosa esos grises en los que se mueve la pol&iacute;tica. En las &uacute;ltimas temporadas ha ido ganando espacio la amenaza m&aacute;gica civilizatoria de los Caminantes Blancos e introducir el elemento sobrenatural ayuda a suspender el juego de la pol&iacute;tica &ldquo;puramente&rdquo; humano. As&iacute; mismo, el espect&aacute;culo b&eacute;lico ha cobrado protagonismo en detrimento de un mejor desarrollo de la vida interna de los personajes. Aun con eso la serie ha mantenido constante una mirada cruda y realista, desnuda, sobre la pol&iacute;tica o, mejor dicho, sobre lo pol&iacute;tico, situando el conflicto y el juego de poder como piedra de toque de todo pretendido orden social.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Juego de Tronos</em> ha sabido hablarnos del poder y de sus diferentes facetas, como la coacci&oacute;n y la fuerza. &ldquo;El poder es poder&rdquo; le dice Cersei rodeada de sus guardias a Petyr Baelish, ante sus amenazas veladas de destapar la relaci&oacute;n incestuosa que mantiene con su hermano. Y es que &ldquo;el poder es poder&rdquo; gana a &ldquo;la informaci&oacute;n es poder&rdquo;, por mucho que les pese a quienes se ven forzados a hacer pol&iacute;tica de manera subrepticia. &iquest;Pero no es acaso eso una invitaci&oacute;n a utilizar todas las posibilidades a nuestro alcance, aunque sean algo &ldquo;her&eacute;ticas&rdquo;, para compensar las desigualdades de las que partimos?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n nos ha ense&ntilde;ado que el poder es una sombra, es decir, nos ha contado la importancia de la legitimidad en pol&iacute;tica. &iquest;Por qu&eacute; es el Rey el que decide qui&eacute;n vive y qui&eacute;n muere y no el mercenario de baja cuna que blande la espada y ejecuta en su nombre? &ldquo;El poder reside donde los hombres creen que reside. Es un truco, una sombra en la pared&rdquo;. Y, por tanto, una relaci&oacute;n y no una esencia, le falt&oacute; decir a Lord Varys, en aquella memorable conversaci&oacute;n con Tyrion Lannister.
    </p><p class="article-text">
        Pero adem&aacute;s,<em> Juego de Tronos</em> es una serie que nos ha puesto un espejo pol&iacute;tico a nosotros y nosotras mismas, a quienes nos interesa la pol&iacute;tica y a quienes hacemos pol&iacute;tica y ponemos en juego nuestras identidades para ello. La octava temporada ha tenido un alto contenido de debate feminista como consecuencia de diferentes razones. Dos mujeres poderosas se disputaban el Trono de Hierro y tanto Cersei como Daenerys han acabado siendo ejemplos de quienes no deben gobernar mientras un hombre ha terminado ocupando ese lugar. El giro del personaje de Daenerys en la &uacute;ltima temporada ha sido especialmente criticado: hab&iacute;a depositadas en ella muchas esperanzas de que una mujer poderosa encarnara el papel de reina que gobierna con justicia para todos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, conviene rescatar algunas razones importantes para defender una lectura feminista de <em>Juego de Tronos</em>. En primer lugar, describe, y describe bien, un mundo en el que el poder est&aacute; desigualmente repartido. Algunos, los hombres, detentan el poder o aspiran a &eacute;l por cauces leg&iacute;timos preestablecidos; lo heredan o hacen la guerra para conquistarlo. Otros sujetos -los bastardos, los enanos, los eunucos y las mujeres- lo tienen m&aacute;s dif&iacute;cil en una partida en la que salen a jugar con graves desventajas. <em>Juego de Tronos</em> describe bien la desigualdad de g&eacute;nero, es decir, no se olvida de ella.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, y una vez que los personajes est&aacute;n colocados en diferentes casillas en funci&oacute;n de sus privilegios desiguales, todos ellos tratan de sobrevivir con las herramientas de las que disponen. Algunos tienen t&iacute;tulos, ej&eacute;rcitos a sus &oacute;rdenes o l&iacute;neas geneal&oacute;gicas a su favor. Otras tienen que esforzarse el triple, para ser caballero como Brienne de Tarth o para aspirar al trono como Yara Greyjoy. Algunas pelean sin descanso para ganarse el derecho de no ser una dama, como Arya, pero otras, como Margaery, como Cersei o como la propia Sansa, aprenden a usar las herramientas que tienen al alcance las damas. Este punto es importante en la serie: quienes han sido excluidos de los canales normales por los que circula el poder tratan de conseguirlo a trav&eacute;s de canales alternativos, indirectos y a veces secretos. Las estrategias de seducci&oacute;n de algunas mujeres forman parte de esos m&eacute;todos de supervivencia que tan r&aacute;pidamente tendemos a juzgar en aras de m&eacute;todos m&aacute;s nobles que, sin embargo, est&aacute;n al alcance de los hombres. Una serie como <em>Juego de Tronos</em>, que no solo convierte a princesitas en guerreras como Arya, sino tambi&eacute;n en damas astutas y empoderadas, juzga poco a las mujeres o, digamos, no es c&oacute;mplice de una estigmatizaci&oacute;n de la seducci&oacute;n y el enga&ntilde;o femeninos que siempre le es funcional a un orden en el que son los hombres quienes menos necesitan utilizarlos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En tercer lugar y, en relaci&oacute;n con lo anterior, <em>Juego de Tronos</em> no es una serie entregada solamente a los personajes buenos y es, tambi&eacute;n, como no, una serie en la que hay muchas mujeres malas. Pero es que las mujeres, y &eacute;ste es en parte el problema de la figura de Daenerys, no pueden ser un refugio moral para la pol&iacute;tica. Es la pol&iacute;tica que hagan virtuosamente las mujeres la que puede resultar una br&uacute;jula para orientarnos, pero nunca una premisa de la que partir. El fundamento de la necesidad de la igualdad no es la bondad innata de las mujeres, es la igualdad en s&iacute; misma, con todas sus consecuencias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Frente a las exigencias de que las mujeres demuestren siempre su virtud y su bondad para ganarse as&iacute; el derecho de entrar en la pol&iacute;tica a&uacute;n hace falta defender el derecho al mal de las mujeres. Que las mujeres hagan pol&iacute;tica y la hagan mal tambi&eacute;n tiene consecuencias para la igualdad, porque cambia el escenario mismo en el que se hace pol&iacute;tica. Daenerys, al final, ha demostrado ser igual de mala gobernante que sus predecesores hombres. Ha sido tan mala gobernante como su padre, el Rey Loco, como Robert Baratheon, que confundi&oacute; vencer con gobernar, o como Joffrey, el personaje m&aacute;s cruel y despiadado de la serie. Porque las mujeres pueden gobernar igual de bien y de mal que los hombres y eso es una defensa profunda de la igualdad y un punto de partida para una pol&iacute;tica feminista posible que ponga en marcha escenarios emancipadores. Ese es el orden y no al rev&eacute;s. Porque las mujeres hacen pol&iacute;tica existe la posibilidad de una pol&iacute;tica feminista, y no porque existe una pol&iacute;tica feminista hacen pol&iacute;tica las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        <em>Feminizar la pol&iacute;tica</em> requiere de una llegada a la misma de las mujeres. Pero tambi&eacute;n requiere de una transformaci&oacute;n de la pol&iacute;tica que, si bien pueden a veces encarnar las mujeres, no puede hacerse descansar mesi&aacute;nicamente solo en ellas. La mes&iacute;as -y Daenerys lo ha sido desde el principio- quiz&aacute;s no era la mejor para feminizar la pol&iacute;tica en este mundo salvaje y masculino donde impera la ley del m&aacute;s fuerte. Porque <em>Juego de Tronos</em> tambi&eacute;n nos ha hecho reflexionar sobre qu&eacute; es un buen gobernante, y parece que nos ha sugerido que no lo es aquel que se piensa esencialmente destinado a ello. &iquest;Puede un individuo, bajo la noci&oacute;n de una idea trascendente como es la de una misi&oacute;n hist&oacute;rica o el destino, ser capaz de diferenciar sus deseos personales de sus decisiones pol&iacute;ticas? &iquest;Puede aqu&eacute;l que se considera a s&iacute; mismo investido de una legitimidad esencial gobernar con justicia? &iquest;No es el mejor gobernante aquel que realmente no quiere ni ha esperado nunca serlo? Estas preguntas tienen consecuencias feministas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar porque quienes nunca esperan ser diputadas, portavoces o presidentas son m&aacute;s ellas que ellos. En segundo lugar, porque traen a colaci&oacute;n una reflexi&oacute;n que sigue siendo muy necesaria: las lealtades y los hiperliderazgos en pol&iacute;tica, como acabar&iacute;a descubriendo Tyrion esta &uacute;ltima temporada, pueden jugar muy malas pasadas. Es normal que a cualquiera que entra en el fuego con tres huevos y sale con tres dragones se le suba un poquito a la cabeza. Quiz&aacute; la clave sea si hab&iacute;a contrapesos suficientes para contrarrestar que se le subiera. Este final de <em>Juego de Tronos</em> nos ha ense&ntilde;ado qu&eacute; es un mal gobernante describiendo a una Daenerys que no sabe escuchar y que ya no se deja aconsejar. Nos muestra, en definitiva, que el poder no deber&iacute;a depender exclusivamente de la voluntad de alguien.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y s&iacute;, es cierto que ha sido una mujer a la que todos esper&aacute;bamos la que ha acabado encarnando algunos de los peores errores, pero qued&eacute;monos tambi&eacute;n con una cosa. Quiz&aacute;s no habr&iacute;a que esperar tanto del l&iacute;der m&aacute;s esperado, porque la escucha y la modestia suelen ser cualidades que descansan en las m&aacute;s inesperadas. Es cierto que los vicios los ha concentrado Daenerys, pero tambi&eacute;n lo es que, aparentemente, las virtudes no solo van a ser puestas en pr&aacute;ctica por un hombre tullido -y no por el esperable Jon Snow-, sino tambi&eacute;n por Sansa, que adem&aacute;s de una mujer es, como la mayor&iacute;a de las lideresas femeninas, una buena dirigente a la que nadie -ni siquiera ella misma- esperaba.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Clara Serra, Luis Jiménez Isac, Alba Pez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/lideresas-inesperadas-juego-tronos-feminismo_129_1521485.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 03 Jun 2019 19:15:10 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[En defensa de las mujeres malas y las lideresas inesperadas: 'Juego de Tronos' y feminismo]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Más feminismo, más futuro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/feminismo-futuro_129_2231082.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7205c7d5-cc12-49ce-9d46-574db5374347_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Más feminismo, más futuro"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nada tiene más sentido que el hecho de que las mujeres, todas las mujeres, vengan de donde vengan, se sumen a defender sus derechos</p></div><p class="article-text">
        Dec&iacute;a Bertolt Brecht que de la ignorancia pol&iacute;tica, del analfabeto pol&iacute;tico, nace el menor abandonado, el asaltante y el peor de los bandidos, que es el pol&iacute;tico corrupto y el lacayo de las empresas multinacionales. Un d&iacute;a despu&eacute;s de vivir una de las fechas m&aacute;s significativas del panorama social y pol&iacute;tico contempor&aacute;neo, este 8 de marzo de 2018, podemos afirmar sin dudas que de la ignorancia pol&iacute;tica nace la desigualdad, la brecha salarial, los techos de cristal, el acoso sexual y por supuesto, la falta de medios para combatir todos ellos.
    </p><p class="article-text">
        El feminismo no es solamente una cuesti&oacute;n de justicia hacia las mujeres, sino una manera de pensar c&oacute;mo queremos vivir todos, c&oacute;mo construir una sociedad m&aacute;s sostenible y con m&aacute;s futuro por delante. Tratar la discriminaci&oacute;n salarial, la brecha de las pensiones o la desatenci&oacute;n de nuestros mayores y dependientes como un acontecimiento natural en el que &ldquo;no hay que meterse&rdquo; es, simplemente, dejar de invertir en el ma&ntilde;ana e hipotecar el futuro de nuestra sociedad. Dec&iacute;an algunas portavoces de Ciudadanos que este 8 de marzo &ldquo;escond&iacute;a cuestiones ideol&oacute;gicas&rdquo; y que ellas, que son feministas pero no comunistas, no iban a ir a la huelga por eso. Nosotras, ante todo, damos la bienvenida al feminismo a todas las mujeres que hace a&ntilde;os lo denostaban o pon&iacute;an en duda la gravedad penal de la violencia machista. Nada tiene m&aacute;s sentido que el hecho de que las mujeres, todas las mujeres, vengan de donde vengan, se sumen a defender sus derechos, porque el feminismo es inclusivo, c&oacute;mplice y transversal. Pero les recordamos a esas mujeres pol&iacute;ticas que siguen yendo varios pasos por detr&aacute;s, que lo que este 8 de marzo pedimos millones de mujeres, parando durante el d&iacute;a y desbordando las calles de las ciudades horas despu&eacute;s, no es ideolog&iacute;a, es sentido com&uacute;n, es democracia, pero sobre todo, es futuro.
    </p><p class="article-text">
        Para sumarse al feminismo y al futuro hay que defender que la atenci&oacute;n y cuidado de nuestras personas enfermas, nuestros mayores y nuestros dependientes no acabe descansando, en &uacute;ltima instancia, en nosotras las mujeres. Es decir, los servicios p&uacute;blicos necesitan menos recortes y m&aacute;s inversi&oacute;n presupuestaria. De no ser as&iacute;, mientras se siga dejando a las personas a su suerte, seremos nosotras quienes, renunciando a nuestras carreras, cuidemos de otros en la invisibilidad del hogar y perdiendo por el camino nuestra independencia econ&oacute;mica y nuestros derechos.
    </p><p class="article-text">
        Sumarse al feminismo pasa tambi&eacute;n por que las escuelas infantiles sean accesibles para todas las familias. Porque mientras su precio sea tan elevado que a las mujeres nos salen las cuentas recortando nuestra jornada laboral o dejando de trabajar, estaremos obligando a muchas a elegir entre carrera profesional o maternidad. El feminismo, que quiere que cuidar y trabajar sea compatible para todos y todas, es una apuesta de futuro absolutamente necesaria en una sociedad con un envejecimiento de la poblaci&oacute;n cada vez mayor.
    </p><p class="article-text">
        Sumarse al feminismo es defender que haya permisos iguales e intransferibles, porque si hombres y mujeres no cuidamos en igualdad no accederemos al empleo en igualdad. Tienen que ser intransferibles, como son intransferibles las vacaciones, porque sabemos lo que ocurre si no lo son: las mujeres, que ya tienen menores perspectivas de promoci&oacute;n profesional por ser madres, son quienes los acumulan y de ese modo, se refuerzan sus desventajas, su discriminaci&oacute;n y su desigualdad salarial. Mientras a las mujeres se nos siga preguntando en una entrevista de trabajo si pensamos tener hijos, seguiremos cavando la brecha salarial. &iquest;Tiene futuro un pa&iacute;s en el que la maternidad est&aacute; penalizada y ser madre soltera conlleva un alto riesgo de pobreza?
    </p><p class="article-text">
        Este 8 de marzo una marea feminista ha pedido parar. Que pare el abuso sexual de quienes nos han acosado durante a&ntilde;os amparados en la impunidad, que paren las violencias machistas que sufrimos todos los d&iacute;as dentro y fuera del hogar y que paren las ruedas de la l&oacute;gica cortoplacista, de las pol&iacute;ticas que venden nuestros servicios p&uacute;blicos a precio de saldo y esquilman nuestros recursos del ma&ntilde;ana. Necesitamos m&aacute;s pol&iacute;tica y menos ignorancia pol&iacute;tica. Y ya hemos visto a d&oacute;nde nos conducen las pol&iacute;ticas de destrucci&oacute;n de nuestros servicios p&uacute;blicos, de privatizaci&oacute;n de la sanidad, de desmantelamiento programado de la educaci&oacute;n y de precarizaci&oacute;n laboral. Las recetas del Partido Popular, pensadas para el corto plazo y los beneficios de algunos, no ofrecen ning&uacute;n futuro para nuestro pa&iacute;s, y los miles de pensionistas en las calles demuestran hasta qu&eacute; punto esas pol&iacute;ticas son migajas para hoy y hambre para ma&ntilde;ana. Lo que quiere el feminismo es parar, pensar qu&eacute; pa&iacute;s queremos y construir futuro. La pregunta es si las mujeres de Ciudadanos, ahora que quieren sumarse al feminismo, querr&aacute;n sumarse, junto a nosotras, al futuro.
    </p><p class="article-text">
        El jueves&nbsp;llenamos las calles de reivindicaciones y denuncias de todo aquello que queremos parar, pero tambi&eacute;n inundamos las ciudades de celebraci&oacute;n y alegr&iacute;a. Porque Espa&ntilde;a fue una referencia mundial y lider&oacute; la defensa de la igualdad. Y porque a partir de&nbsp;ahora&nbsp;ya nadie puede dudar de que nuestro pa&iacute;s no cabe en los cors&eacute;s viejos y estrechos de esa idea de Espa&ntilde;a de quienes nos han gobernado durante a&ntilde;os. Hay un pueblo que quiere igualdad y el futuro de nuestro pa&iacute;s, el de todas y todos, pasa por el feminismo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mónica García, Clara Serra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/feminismo-futuro_129_2231082.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 Mar 2018 20:06:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Más feminismo, más futuro]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Huelga feminista,8M]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Solas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/solas_129_2793202.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/57941333-a18a-4a5f-ae32-faf1c8d21bfb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Solas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La Declaración Universal de los Derechos Humanos reconoce el derecho de todos los hombres y mujeres a tener una familia. Si miramos a nuestro país y nos preguntamos cómo de garantizado está ese derecho en España, el panorama es desolador. Y La peor parte se la llevan, como siempre, las mujeres, penalizadas laboral y profesionalmente cuando deciden ser madres o cuando están en una edad en la que podrían serlo</p></div><p class="article-text">
        Este a&ntilde;o estamos en el setenta aniversario de la Declaraci&oacute;n Universal de los Derechos Humanos, un texto que reconoce el derecho de todos los hombres y mujeres a tener una familia. Si miramos a nuestro pa&iacute;s y nos preguntamos c&oacute;mo de garantizado est&aacute; ese derecho en Espa&ntilde;a, el panorama es desolador. Al trasfondo ideol&oacute;gico que subyace a las pol&iacute;ticas familiares llevadas a cabo durante d&eacute;cadas por el partido que nos gobierna hay que sumar lo que el Partido Popular ha hecho contra las familias en nombre de la austeridad.
    </p><p class="article-text">
        La crisis ha llevado a una verdadera situaci&oacute;n de desatenci&oacute;n de nuestros mayores y de las personas dependientes, abocados los primeros al cuidado insuficiente que reciben en unas residencias precarias gestionadas privadamente y desatendidos los segundos por la inexistencia de una ley de dependencia dotada de recursos reales. Muchos de nuestros j&oacute;venes han abandonado forzosamente su pa&iacute;s y sus familias y, los que buscan su futuro aqu&iacute;, se enfrentan a un mercado laboral basura que no ofrece oportunidades para la generaci&oacute;n m&aacute;s preparada de la historia. &iquest;Puede la mayor&iacute;a de las personas de treinta a&ntilde;os decidirse hoy a tener hijos y formar una familia? La sensaci&oacute;n generalizada es el miedo, la incertidumbre y la falta de garant&iacute;as para unos j&oacute;venes que nacimos en un estado de bienestar pero que hoy d&iacute;a solo tiene ante s&iacute; riesgo y ausencia de certezas.
    </p><p class="article-text">
        La peor parte se la llevan, como siempre, las mujeres, penalizadas laboral y profesionalmente cuando deciden ser madres o cuando est&aacute;n en una edad en la que podr&iacute;an serlo. A muchas mujeres de nuestro pa&iacute;s les salen las cuentas dejando de trabajar o pasando a media jornada antes que pagar lo que cuestan las escuelas infantiles. Es decir, muchas tienen que poner a un lado o renunciar a sus carreras y sus aspiraciones si quieren ser madres y muchas otras, por no estar dispuestas a esos costes, dejan de plantearse tener hijos aunque desear&iacute;an poder hacerlo.
    </p><p class="article-text">
        De todos estos riesgos el mayor es el que implica ser madre soltera, es decir, ser mujer, ser madre y estar sola. Y es que estar solas parece ser una especie de castigo para aquellas mujeres que eligen libremente la maternidad apostando por un modelo diferente de familia. El Partido Popular ya ha demostrado sus predilecciones ideol&oacute;gicas y su negaci&oacute;n de la diversidad familiar: en 2015 el gobierno de Rajoy excluy&oacute; del acceso a la reproducci&oacute;n asistida a las mujeres solas y a las mujeres lesbianas, una curiosa manera de defender la maternidad y la familia en un pa&iacute;s donde nos dicen que el envejecimiento de la poblaci&oacute;n hace ya insostenibles las pensiones.
    </p><p class="article-text">
        Si las mujeres que encabezan familias monoparentales est&aacute;n solas no es por no contar con otro progenitor, algo que en muchas ocasiones es fruto de su elecci&oacute;n, sino porque la administraci&oacute;n y las leyes las abandonan a su suerte. La falta de reconocimiento y protecci&oacute;n hacia estas familias est&aacute; dando lugar a claras situaciones de discriminaci&oacute;n con respecto a otros modelos familiares. Mientras una mujer viuda que tiene dos hijos es equiparada en cuesti&oacute;n de ayudas y recursos a una familia numerosa, las mujeres que tienen dos hijos como resultado de su propia elecci&oacute;n est&aacute;n fuera de esas ayudas. Mientras las familias numerosas son protegidas con independencia del nivel de renta, las familias monoparentales, uno de los tipos de familia m&aacute;s expuestos a la pobreza, siguen sin estar reconocidas legalmente. Nos encontramos con dos problemas fundamentales: las familias monoparentales parecen invisibles para las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas y, por lo tanto, las instituciones que deber&iacute;an garantizar ese derecho humano a la familia, las han abandonado.
    </p><p class="article-text">
        Los hogares monoparentales multiplican por cuatro el n&uacute;mero de hogares con familias numerosas. Siguen aumentando y podemos hablar de casi dos millones en todo el pa&iacute;s, un n&uacute;mero significativo para ser considerado dentro de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas. Sus principales rasgos son dos: la mayor&iacute;a de estos hogares, en torno a un 80%, est&aacute; encabezado por mujeres; en segundo lugar, es habitual que cualquier an&aacute;lisis sobre las condiciones de vida de la poblaci&oacute;n en Espa&ntilde;a identifique que uno de los grupos m&aacute;s vulnerables es el de las familias monoparentales.
    </p><p class="article-text">
        Estos diagn&oacute;sticos se&ntilde;alan sus dificultades generalizadas para llegar a fin de mes (tres de cada cuatro familias tienen problemas a este nivel, seg&uacute;n Save the Children) y se&ntilde;alan c&oacute;mo estos hogares duplican el porcentaje de mujeres que o est&aacute;n en desempleo o trabajan en la econom&iacute;a sumergida. El paro de larga duraci&oacute;n se est&aacute; convirtiendo en la norma biogr&aacute;fica de muchas de estas mujeres, junto con los efectos de la discriminaci&oacute;n laboral al ser mujeres y madres solas y muchas de ellas o han agotado o no tienen derecho a prestaciones sociales.
    </p><p class="article-text">
        Ya hace a&ntilde;os que las familias monoparentales decidieron enfrentar esta invisibilidad, este olvido, y lo hicieron, precisamente, dejando de estar solas. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os hemos conocido nuevas asociaciones o plataformas de defensa de derechos de las familias monoparentales o informes de diferentes entidades que han puesto negro sobre blanco las condiciones de estas familias. La labor de estos colectivos ha sido fundamental para lograr que pol&iacute;ticos y pol&iacute;ticas tengan que sentarse a reconocer que es imprescindible ensanchar el concepto de familia, porque, de lo contrario, una parte important&iacute;sima de la poblaci&oacute;n se queda desprotegida. Porque estamos comprometidos con los derechos humanos, estamos comprometidos no con un &uacute;nico modelo de familia, sino con todas las familias. Y por eso presentamos una ley de reconocimiento de la familias monoparentales esta semana en la Asamblea de Madrid. Porque tenemos un compromiso con ellas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Clara Serra, Alfredo Ramos]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/solas_129_2793202.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 13 Feb 2018 19:38:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Solas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Crisis,Feminismo,PP - Partido Popular,Estado del Bienestar]]></media:keywords>
    </item>
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