<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Enrique G. Llamas]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/enrique_g_llamas/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Enrique G. Llamas]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/513336/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[El curioso 'déjà vu' del Edificio España]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/politicas_culturales/caso-edificio-espana-deja-olor_1_2497832.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d428be45-dcd4-436a-9026-10a9fca1fc95_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="La fachada del Edificio España / Carlos Delgado"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El posible "desmontaje" del Edificio España trae a la memoria otras demoliciones perpetradas en Madrid, consideradas verdaderos crímenes contra el patrimonio arquitectónico</p><p class="subtitle">La pérdida del legado cultural hace olvidar parte de una ciudad que brilló por su modernidad durante épocas oscuras</p></div><p class="article-text">
        Antes de las noticias sobre la posible desaparici&oacute;n del Edificio Espa&ntilde;a lleg&oacute; la del complejo de Canalejas. Alentada y promovida por el anterior gobierno municipal, el PP rebaj&oacute; la protecci&oacute;n del lugar arquitect&oacute;nico para que afectara &uacute;nicamente a las fachadas. Pero antes hubo m&aacute;s: hubo construcciones emblem&aacute;ticas cuya desaparici&oacute;n contin&uacute;a lamentando el gremio de arquitectos. Es el caso del mercado de Olavide, el interior del cine Barcel&oacute; y de alg&uacute;n otro a&uacute;n m&aacute;s sangrante.
    </p><p class="article-text">
        Madrid parece no haber aprendido de su historia. Y la del <a href="http://www.eldiario.es/madrid/Ayuntamiento-Madrid-permitira-Edificio-Espana_0_428357471.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Edificio Espa&ntilde;a</a> parece repetirse, casi punto por punto, respecto a la de un edificio elevado a la categor&iacute;a de s&iacute;mbolo y mito por su destrucci&oacute;n, perpetrada tambi&eacute;n en nombre del progreso econ&oacute;mico. Fue en medio del hast&iacute;o veraniego de 1999 (gobernaba en la ciudad &Aacute;lvarez del Manzano) cuando la Comisi&oacute;n de Patrimonio consider&oacute; &ldquo;no conveniente&rdquo; el mantenimiento de la sede de los laboratorios de productos farmac&eacute;uticos Jorba, m&aacute;s conocido (y recordado) como la Pagoda de Fisac. El grupo Lar hab&iacute;a comprado la propiedad y solicitado al Ayuntamiento su demolici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El Colegio de Arquitectos lament&oacute; la desaparici&oacute;n del edificio y pidi&oacute; al Consistorio que se les consultara en adelante respecto a la destrucci&oacute;n de inmuebles que consideraban emblem&aacute;ticos. Ante la pol&eacute;mica causada por la desaparici&oacute;n de la Pagoda, el tercer teniente de alcalde y concejal de Urbanismo de entonces, Ignacio del R&iacute;o, ofreci&oacute; a Miguel Fisac (arquitecto responsable del inmueble) comprarle el proyecto del mismo. La respuesta fue un &ldquo;yo no me vendo&rdquo; que calificaba la operaci&oacute;n como una &ldquo;tomadura de pelo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No era para menos. El edificio, que hab&iacute;a sido construido en 1965 -levantando primero su estructura para despu&eacute;s construir su fachada de arriba a abajo-, era una isla en el conjunto de creaciones de Fisac por huir del racionalismo imperante en su obra. Aunque moderno, poco parec&iacute;a encajar en aquella Espa&ntilde;a en la que t&iacute;midamente se empezaban a levantar tambi&eacute;n otros proyectos quiz&aacute; menos vistosos pero igual de significativos, como el edificio Princesa (de Fernando Higueras), el gimnasio del colegio Maravillas (Alejandro de la Sota) o el diario Arriba (Francisco de As&iacute;s Cabrero).
    </p><h3 class="article-text">Vuelta al principio</h3><p class="article-text">
        La Pagoda constaba de dos partes bien diferenciadas: un alargado pabell&oacute;n exento de columnas y una torre de pisos cuadrados girados, uno sobre otro, en un &aacute;ngulo de 45 grados, lo que le otorgaba su peculiar aspecto asi&aacute;tico. Fue la &uacute;nica obra espa&ntilde;ola seleccionada en 1979 por el MoMA para su exposici&oacute;n <em>Transformations in modern architecture</em>.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a86f11cf-1b65-4be9-9572-731b62d6827f_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a86f11cf-1b65-4be9-9572-731b62d6827f_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a86f11cf-1b65-4be9-9572-731b62d6827f_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a86f11cf-1b65-4be9-9572-731b62d6827f_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a86f11cf-1b65-4be9-9572-731b62d6827f_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a86f11cf-1b65-4be9-9572-731b62d6827f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/a86f11cf-1b65-4be9-9572-731b62d6827f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Poco parec&iacute;a haber aprendido Madrid hasta hace unos d&iacute;as. Los niveles de protecci&oacute;n de los inmuebles se rebajan como si la calidad de sus materiales mermara de la noche a la ma&ntilde;ana: as&iacute; fue con el complejo Canalejas, mientras que el edificio Espa&ntilde;a fue rebajado por el anterior Consistorio del nivel 3 al 2, que permite la demolici&oacute;n parcial del inmueble. La Pagoda tambi&eacute;n hab&iacute;a sido incluida en 1993 en una ignorada lista de edificios protegidos.
    </p><p class="article-text">
        En las &uacute;ltimas noticias, el <a href="http://www.eldiario.es/madrid/Ayuntamiento-Madrid-reconstruccion-Edificio-Espana_0_426957914.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">grupo Wanda</a> -nuevo propietario del Edificio Espa&ntilde;a, planeado por Juli&aacute;n y Jos&eacute; Mar&iacute;a Otamendi en 1948- anuncia lo poco conveniente de no desmontar la fachada para reconstruirla despu&eacute;s, mientras que el Ayuntamiento de Madrid, por boca de Jos&eacute; Manuel Calvo, concejal de Urbanismo, anuncia la viabilidad econ&oacute;mica y t&eacute;cnica de apuntalar las zonas a&uacute;n protegidas para evitar su derrumbe.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; algo, no lo suficiente, haya cambiado. Lo cierto es que en todos estos casos de destrucci&oacute;n de patrimonio cultural los motivos econ&oacute;micos se han impuesto a los hist&oacute;ricos y culturales, y nada parece importar el car&aacute;cter arquitect&oacute;nico de una ciudad a la que el <em>boom</em> del ladrillo le quiere quitar la modernidad que, en ocasiones, ha brillado en los edificios de un Madrid que vino y que no debe irse.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique G. Llamas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/politicas_culturales/caso-edificio-espana-deja-olor_1_2497832.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 08 Sep 2015 18:18:45 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/d428be45-dcd4-436a-9026-10a9fca1fc95_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="3148982" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/d428be45-dcd4-436a-9026-10a9fca1fc95_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="3148982" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[El curioso 'déjà vu' del Edificio España]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/d428be45-dcd4-436a-9026-10a9fca1fc95_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Edificios]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Martín Gaite y la libertad, 15 años después]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/martin-gaite-anos-volando-libre_1_2561256.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f05b0d03-20a8-47e1-af28-7966ae3e8730_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="La escritora salmantina Carmen Martín Gaite"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Carmen Martín Gaite nació en Salamanca en 1925 y murió en Madrid un día como hoy del año 2000</p><p class="subtitle">Como diría "Calila" o "Carmiña" –así la llamaban sus allegados– el artículo "no pretende imponerse forzosamente como verosímil. Que sólo lo crea el que lo tenga a bien"</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Y en eso andamos, Carmen, en la cat&aacute;strofe, porque se nos perdi&oacute; el secreto, y est&aacute;n siendo duros estos d&iacute;as, por falta de honestidad y de valor y tambi&eacute;n, s&iacute;, 'por falta de secreto'&rdquo;. <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Bel%C3%A9n_Gopegui" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Bel&eacute;n Gopegui</a>&nbsp;se dirig&iacute;a as&iacute; a su amiga en la clausura del congreso <em>Un lugar llamado Carmen Mart&iacute;n Gaite</em>, en la primavera de 2013. S&oacute;lo hemos visto pasar otras dos &ndash;las hemos visto pasar entre correos electr&oacute;nicos fugaces, entre mensajes breves y perentorios de WhatsApp que tambi&eacute;n han hecho que se nos pierda el secreto&ndash; y tenemos ya un pie en la barrera que nos indicar&aacute;, a los que la conocieron y a los que no, que llevamos quince a&ntilde;os faltos de Mart&iacute;n Gaite.
    </p><p class="article-text">
        La escritora salmantina se fue m&aacute;s o menos r&aacute;pido, pronto, de forma parecida a como los personajes comparsa de sus novelas se esfumaban tras dejarnos entrever que quiz&aacute; ellos podr&iacute;an haber sido los protagonistas. Se fue y, como Gopegui dice, qued&oacute; desperdigada en sus novelas, sus versos y sus ensayos, pero tambi&eacute;n en sus amigos y en sus relaciones con ellos, que perviven a&uacute;n hoy en forma de cartas, de conferencias.
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, queda en la imagen de los dos ordenadores que regal&oacute; a Marcos Giralt Torrente cuando &eacute;ste empezaba a escribir; en los interlocutores que se pierden y reflotan, como un Juan Benet que ya s&oacute;lo habita en la regi&oacute;n de la memoria de Mart&iacute;n Gaite, en los bares donde ella se mezclaba con j&oacute;venes para leer poes&iacute;a. Quiz&aacute; eso tambi&eacute;n se ha perdido en gran medida: el mezcle, el cabello blanco, las conferencias donde no se deja de mencionar a los pasos de minu&eacute;, los bares de la plaza del Dos de mayo, donde todo se ve como en blanco y negro, las jovencitas que en la plaza mayor de Salamanca calculaban el momento en el que se cruzar&iacute;an con el enamorado para levantar la mirada.
    </p><p class="article-text">
        Vista desde ahora, cuando todo es fugaz y contingente, su vida puede parecer ir siempre en borrador. Como si a ella no le hubiera dado tiempo &ndash;por mucho que viviera no lo hubiera hecho&ndash; a pasarla a limpio: sus <em>Cuadernos de todo</em>, donde se entrev&eacute;n las semillas de sus novelas, buena prueba son de ello. De entre los sucesos vitales que jalonan el tiempo de su vida encontramos mezclas un tanto desbaratadas: unas fiebres que rozaron lo mortal, las cantigas galaicoportuguesas, una estancia en Lisboa, la terrible p&eacute;rdida de su hija Marta o el hotel Blackstone en el helado lago Michigan. Aunque, claro est&aacute;, la puerta giratoria de ese hotel, que ella referencia en alguno de sus escritos,nada tiene que ver con aquellas a las que tan acostumbrados estamos hoy en d&iacute;a. De todo esto era ella puro azogue: hu&iacute;a a la biblioteca del Ateneo para dejar de reflejarse:era esa &eacute;poca en la que se dejaban los n&uacute;meros de las bibliotecas apuntados en casa por si alguien quer&iacute;a localizarte.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/187a4aa3-fbdc-4c1b-9776-8447825ab3e4_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/187a4aa3-fbdc-4c1b-9776-8447825ab3e4_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/187a4aa3-fbdc-4c1b-9776-8447825ab3e4_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/187a4aa3-fbdc-4c1b-9776-8447825ab3e4_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/187a4aa3-fbdc-4c1b-9776-8447825ab3e4_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/187a4aa3-fbdc-4c1b-9776-8447825ab3e4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/187a4aa3-fbdc-4c1b-9776-8447825ab3e4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Nos quedan algunas de las papeler&iacute;as que tanto le gustaban, sus libros poblando las estanter&iacute;as de no todas las librer&iacute;as: su comienzo con <em>El balneario</em> donde realidad, alucinaci&oacute;n y sue&ntilde;o se confunden (mucho antes de que hiciera lo propio Luis Mart&iacute;n Santos con <em>Tiempo de silencio</em>), su gran infravalorada <em>Ritmo lento</em> (para muchos su obra maestra, para ella una novela que nunca obtuvo el reconocimiento necesario). Tambi&eacute;n su relanzamiento en los noventa de la mano del hoy ya casi combustionado Jorge Herralde gracias a <em>La reina de las nieves</em>, novela de una estructura tan bien hilada como complicado y azaroso fue su proceso de escritura, en el que distintos avatares y ficciones se entremezclaron postergando d&eacute;cadas la llegada de la novela resultante.
    </p><p class="article-text">
        En medio quedan labores muy alejadas del conocimiento popular:&nbsp;<em>El proceso de Macanaz</em> (m&aacute;s que una biograf&iacute;a, una cr&oacute;nica pol&iacute;tica de los reinados de Felipe V y Fernando VI) o el gui&oacute;n para la serie de TVE sobre Teresa de Jes&uacute;s, donde la salmantina desterr&oacute; a la antip&aacute;tica santa de &Aacute;vila para convertirla en &ldquo;m&aacute;s escritora&rdquo;, seg&uacute;n palabras de Ana Garriga Espino, de la Universidad Aut&oacute;noma de Madrid, estudiosa de la m&iacute;stica renacentista por excelencia.
    </p><p class="article-text">
        Y as&iacute;, juntando escritos como los fragmentos de un espejo que nunca llegan a reflejarnos por completo, Mart&iacute;n Gaite nos ha ido ense&ntilde;ando a muchos que los lobos pueden ser rubios, que da mala espina que tantas pel&iacute;culas acaben con el &ldquo;S&iacute;, quiero&rdquo; y no se nos diga qu&eacute; viene detr&aacute;s, qu&eacute; es el <a href="http://www.casadellibro.com/libro-lo-raro-es-vivir/9788433966315/651517" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>entrerrock</em></a>, que lo m&aacute;s ingenioso para escapar del infierno es utilizar las escaleras que nos da el propio diablo, que la mentira y el deterioro se suelen colar a trav&eacute;s de los adverbios de tiempo y que vivir y morir vienen a ser como la cara y la cruz de la misma moneda echada al aire.
    </p><p class="article-text">
        Pero, sobre todo, su literatura sigue d&aacute;ndonos lecciones sobre la libertad: &ldquo;Quien pierde la libertad por una pasi&oacute;n es que no conoce la pasi&oacute;n por la libertad en s&iacute; misma&rdquo;. Esa libertad que, mirada de cerca, da miedo. La que, como a su personaje Sara Allen, da susto cuando nos quedamos solos en el Metro: el metro, que son las tuber&iacute;as de nuestra vida, y en la vida-ya se sabe- todo es cuesti&oacute;n de tuber&iacute;as. La libertad que a veces perdemos y que recuperamos observando las formas variables de la nubosidad en el cielo. Tambi&eacute;n leyendo a Carmen Mart&iacute;n Gaite.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique G. Llamas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/martin-gaite-anos-volando-libre_1_2561256.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 22 Jul 2015 19:16:12 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/f05b0d03-20a8-47e1-af28-7966ae3e8730_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="24690" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/f05b0d03-20a8-47e1-af28-7966ae3e8730_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="24690" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Martín Gaite y la libertad, 15 años después]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/f05b0d03-20a8-47e1-af28-7966ae3e8730_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
    </item>
  </channel>
</rss>
