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    <title><![CDATA[elDiario.es - José Ramón Esquiaga]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/jose_ramon_esquiaga/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - José Ramón Esquiaga]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Vanidad, naufragios y distancias lunares]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/vanidad-naufragios-distancias-lunares_132_3519672.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/492edff6-2a77-4c48-bcb1-92d99c6d6397_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Vanidad, naufragios y distancias lunares"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo sorprendente, o acaso no tanto, es que los hombres de ciencia pusieron todo el empeño en ningunear el valor de la invención de Harrison: la solución a un problema científico tenían que darla ellos, no un relojero.</p></div><p class="article-text">
        <a href="http://www.eldiario.es/norte/cantabria/primerapagina/navegacion-perros_6_622297799.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Dice Jes&uacute;s Ortiz</a> sobre &lsquo;Longitud&rsquo; que algunos de los libros que se venden por millones merecen claramente su &eacute;xito. En su condici&oacute;n de editor independiente &ndash;profesi&oacute;n heroica donde las haya&ndash; Jes&uacute;s no sabe mucho de vender libros por millones, pero su autoridad cuando habla de merecimientos es dif&iacute;cil de discutir, lo que me evita tener que a&ntilde;adir m&aacute;s elogios para volver sobre la obra de Dava Sobel. O quiz&aacute; solo uno m&aacute;s: como todos los libros que merecen la pena, este est&aacute; lleno de perchas de las que colgar algunas ideas casi propias con las que construir un art&iacute;culo como este. Porque lo que cuenta la escritora estadounidense es la carrera por encontrar un m&eacute;todo que permitiese a los navegantes saber en qu&eacute; meridiano se encontraban, pero el libro habla de muchas m&aacute;s cosas. De egos y prejuicios, por ejemplo.
    </p><p class="article-text">
        En realidad, y cuanto menos de una forma te&oacute;rica, la forma de determinar la longitud era perfectamente conocida a la altura de 1714, cuando los brit&aacute;nicos ofrecieron una recompensa a quien diera con un m&eacute;todo para hacerlo. Bastaba fijar el momento en que el sol pasaba por el meridiano del lugar &ndash;esto es, el mediod&iacute;a&ndash; y compararlo con la hora a la que se produc&iacute;a esa misma circunstancia en un lugar del que se conocieran sus coordenadas. El observatorio londinense de Greenwich, por poner el caso. Si el sol tarda 24 horas en recorrer los 360 grados de la circunferencia de la tierra, y aqu&iacute; el mediod&iacute;a se ha producido un cuarto de hora m&aacute;s tarde que en Londres, basta hacer una regla de tres para determinar cu&aacute;ntos grados al oeste de ese punto nos encontramos. Tan f&aacute;cil que hasta yo lo entiendo. El problema es que la falta de precisi&oacute;n de los relojes hac&iacute;a imposible saber qu&eacute; hora era en Londres, ni en ning&uacute;n otro lugar distinto al del propio barco, donde esa informaci&oacute;n pod&iacute;a confiarse a la irreprochable puntualidad del sol.
    </p><p class="article-text">
        En la carrera de la longitud se formaron entonces dos bandos distintos: en uno estaban los cient&iacute;ficos que buscaban la respuesta en J&uacute;piter o la distancia lunar, mediante complicados c&aacute;lculos y observaciones. En el otro, un relojero. Iba a escribir bandos irreconciliables, pero no ser&iacute;a justo porque entre los primeros hubo quienes apoyaron a Harrison &ndash;el relojero&ndash; y confiaron en su &eacute;xito tanto como en el propio. Fue el caso de Newton, o Halley, que no vivieron para ver c&oacute;mo se resolv&iacute;a el problema ni tampoco llegaron a saber de las mil trabas que sus colegas pusieron al fabricante de relojes en los a&ntilde;os posteriores. Newton y Halley. El nombre de los cient&iacute;f&iacute;cos que se dejaron vencer por sus egos y por sus prejuicios no les dir&aacute; nada &ndash;a no ser que sean ustedes personas versadas en f&iacute;sica o astronom&iacute;a&ndash; y ah&iacute; tenemos una primera lectura que hacer sobre este asunto.
    </p><p class="article-text">
        Explicaba antes lo sencillo que era el sistema de comparar mediod&iacute;as, y su imposible aplicaci&oacute;n pr&aacute;ctica. Para que el m&eacute;todo funcionase ser&iacute;a necesario llevar a bordo un reloj con la hora de Londres y que este no adelantara o atrasara m&aacute;s all&aacute; de unos pocos &ndash;poqu&iacute;simos&ndash; segundos cada d&iacute;a. Parece f&aacute;cil, pero cualquiera que tenga en su mu&ntilde;eca un reloj mec&aacute;nico, y eso incluye a los car&iacute;simos modelos suizos, puede hablar de lo complicado del empe&ntilde;o. S&uacute;menle que a bordo de un barco el mecanismo tiene que mantener inalterado su latir pese al continuo balanceo y los constantes cambios de presi&oacute;n y temperatura, y terminar&aacute;n por dar la raz&oacute;n a quienes en el siglo XVIII pensaron que intentar construir un ingenio con la precisi&oacute;n que requer&iacute;a el c&aacute;lculo de la longitud era, valga la expresi&oacute;n, una p&eacute;rdida de tiempo.
    </p><p class="article-text">
        El desenlace de todo esto puede leerse en el resumen que aparece en las solapas del libro de Sobel, as&iacute; que no descubro nada si digo que tanto los cient&iacute;ficos como Harrison dieron con una soluci&oacute;n al problema. Aquellos mediante complicad&iacute;simos c&aacute;lculos y observaciones, que obligaban al capit&aacute;n a encerrase en su camarote durante horas para dar con las coordenadas de su posici&oacute;n, y este construyendo un cron&oacute;metro de extraordinaria precisi&oacute;n, que hac&iacute;a posible realizar la sencilla regla de tres que permite determinar la longitud cada mediod&iacute;a. A nadie deber&iacute;a escap&aacute;rsele que, m&aacute;s all&aacute; de su valor te&oacute;rico y de toda la erudici&oacute;n que llevaba detr&aacute;s, el primer m&eacute;todo era inviable en la pr&aacute;ctica.
    </p><p class="article-text">
        Lo sorprendente, o acaso no tanto, es que los hombres de ciencia pusieron todo el empe&ntilde;o en ningunear el valor de la invenci&oacute;n de Harrison, poniendo mil obst&aacute;culos para impedir que este recibiera la recompensa prometida: la soluci&oacute;n a un problema cient&iacute;fico ten&iacute;an que darla ellos, no un relojero. Otra sorpresa que quiz&aacute; no lo sea tanto es que en su empecinamiento contaron con el apoyo de algunos marinos, que prefer&iacute;an medir distancias lunares y hacer complicados c&aacute;lculos &ndash;una tarea a la altura de su talento, y su vanidad&ndash; y recelaban de un m&eacute;todo al alcance de cualquiera. No eran marinos como Cook, o cualquier otro cuyo nombre recuerde la historia, porque esos vieron la utilidad del cron&oacute;metro desde los primeros prototipos. Muchos de los recelosos estaban cargados de t&iacute;tulos y no sal&iacute;an nunca de sus despachos, pero suya era la autoridad como suyo es ahora el olvido.
    </p><p class="article-text">
        Soberbia, vanidad, prejuicios. Tambi&eacute;n miedo a los cambios, y a que estos derriben las barreras que nos separan de nuestras inseguridades. Puede encontrarse el rastro de todo esto all&aacute; donde se mire: en muchas de las cosas que los viejos pol&iacute;ticos dicen de los nuevos, por ejemplo, o en el apocalipsis que se anuncia cada vez que lo que solo estaba al alcance de unos pocos pasa a estar m&aacute;s cerca de muchos. Tambi&eacute;n en el v&eacute;rtigo que sentimos los periodistas cuando, perdida para siempre la exclusividad del acceso a los lectores, nos encontramos con que solo nuestro trabajo puede hacernos diferentes. No digo que ante eso la lectura de &lsquo;Longitud&rsquo; evite que uno caiga en comportamientos tan poco edificantes como los de los cient&iacute;ficos frente a Harrison, pero si se da el caso y al igual que el cron&oacute;metro construido por este, permite al menos saber d&oacute;nde se ha producido exactamente el naufragio.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Ramón Esquiaga]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/vanidad-naufragios-distancias-lunares_132_3519672.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 Mar 2017 06:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Vanidad, naufragios y distancias lunares]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El paisaje y el decorado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/paisaje-decorado_132_3583117.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c2e5f4ab-c8f1-4412-94d4-81ef4944ffd7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Santander avanza hacia el mar con los nuevos jardines junto al Centro Botín"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hay algo del peor Santander de toda la vida en esto, como también en que el Club Marítimo –un edificio comparable en casi todo al Centro Botín, pero de disfrute privado privadísimo– haya renovado su concesión, o esté a punto de hacerlo, sin que un clamor de voces pida que se recupere para otros usos.</p></div><p class="article-text">
        Hasta hace unos pocos a&ntilde;os hubo aqu&iacute;, bajo mi ventana, una c&aacute;rcel desde la que podr&iacute;a verse el mar. Mantengo el condicional del verso de Jos&eacute; Hierro aunque estoy en condiciones de despejar cualquier duda: en efecto, se ve; tengo delante, aunque un poco a lo lejos, una porci&oacute;n de la bah&iacute;a. Ah&iacute; est&aacute;n los muelles de Raos, la entrada a la d&aacute;rsena del Barrio Pesquero, las luces intermitentes de las boyas que marcan el camino a los barcos, las naves y tinglados portuarios, las gr&uacute;as&hellip; En cambio no alcanzo a distinguir el Centro Bot&iacute;n, al que algunos quisieron buscar un lugar en este paisaje, que se construye en la zona noble de la ciudad en medio de una agitada controversia.
    </p><p class="article-text">
        Pensaba en todo esto, en las controversias y en lo que se ve o deja de verse, cuando le&iacute;a aqu&iacute; a Alejandro Sanz L&aacute;riz, en <a href="http://www.eldiario.es/norte/cantabria/primerapagina/remolques-mal-aparcados_6_609699035.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un art&iacute;culo en el que pon&iacute;a en cuesti&oacute;n los valores est&eacute;ticos del edificio dise&ntilde;ado por Renzo Piano</a>&nbsp;y lamentaba el impacto del mismo sobre unas vistas que forman parte de la memoria sentimental de los santanderinos. Esto del impacto es imposible de discutir, y en cuanto a lo de gustar m&aacute;s o menos, ya lo dec&iacute;a &eacute;l: sobre gustos no hay nada escrito. As&iacute; que dejemos de lado lo de la controversia y vayamos al otro asunto: aquello de lo que se ve, y lo que no.
    </p><p class="article-text">
        En el panorama que les describ&iacute;a m&aacute;s arriba, en ese espacio que abarco ahora con la mirada, se hacen sitio como a codazos algunas de las mayores construcciones que se levantan en Santander. Silos que doblan en altura al mayor de los edificios del vecino barrio de Castilla-Hermida, el largu&iacute;simo pantal&aacute;n de la antigua Calatrava, los dep&oacute;sitos qu&iacute;micos en la primera l&iacute;nea del muelle, el puente levadizo, la colorida terminal de graneles alimentarios y la de carb&oacute;n, de desmesurado, inabarcable volumen. Est&aacute;n tambi&eacute;n las campas del puerto, llenas de coches a punto de embarcar, o reci&eacute;n desembarcados, las d&aacute;rsenas y la siempre latente amenaza de nuevos rellenos que contin&uacute;en achicando la bah&iacute;a. Todo est&aacute; puesto ah&iacute; como buscando que nadie, por mucho que lo intente, pueda dejar de verlo, pero a veces tengo la sensaci&oacute;n de que todo eso es invisible. Buena parte se construy&oacute; hace bien poco, con escasa o nula pol&eacute;mica, en llamativo contraste con lo que sucede en el caso del edificio de Renzo Piano. No creo que el impacto visual de este sea mayor que el de esas otras construcciones, y tampoco que vaya a tener menor importancia como generador de actividad y riqueza, aunque no lo haga en forma de toneladas de mercanc&iacute;as ni, necesariamente, en euros.
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a que hubo quien defendi&oacute; que el Centro Bot&iacute;n se construyera m&aacute;s al sur, lejos del Paseo de Pereda y all&iacute; donde de verdad podr&iacute;a contribuir a recuperar zonas degradadas. O sea, aqu&iacute;. Es dificil negar lo bienintencionado de la idea, aunque siempre es sospechoso que se piense en mejorar la vida de los barrios a grandes zancadas, cuando habr&iacute;a tantos peque&ntilde;os pasos que dar antes. Me preocupa tambi&eacute;n que eso de la mejora sea solo una coartada para seguir haciendo lo de siempre: llevar al extrarradio aquello que no se quiere ver. Hay algo del peor Santander de toda la vida en esto, como tambi&eacute;n en que el Club Mar&iacute;timo &ndash;un edificio comparable en casi todo al Centro Bot&iacute;n, pero de disfrute privado privad&iacute;simo&ndash; <a href="http://boe.es/boe/dias/2017/01/20/pdfs/BOE-B-2017-2941.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">haya renovado su concesi&oacute;n, o est&eacute; a punto de hacerlo</a>, sin que un clamor de voces pida que se recupere para otros usos.
    </p><p class="article-text">
        Me gusta lo que veo desde mi ventana. Por el mar y porque puedo seguir el ir y venir de los barcos, claro, pero sobre todo porque ah&iacute; est&aacute;n el barrio donde habito y, al otro lado de las v&iacute;as, el barrio en el que crec&iacute;. Pese a todos esos peque&ntilde;os pasos que no se han dado, a los edificios que se dejan caer o a los vecinos con quien nadie cuenta, todav&iacute;a hay m&aacute;s vida en cualquiera de ellos que en ese p&aacute;ramo en el que se est&aacute; convirtiendo el centro de Santander y su fachada mar&iacute;tima, que apenas son ya m&aacute;s que el decorado de una funci&oacute;n en la que lo &uacute;nico importante es que nada cambie entre representaci&oacute;n y representaci&oacute;n. No conf&iacute;o en que el edificio de Renzo Piano alcance a transformar nada de esto, pero quiz&aacute; s&iacute; pueda conseguirlo lo que se haga en &eacute;l, la forma en que se integre en el tejido cultural de la ciudad y en la vida de sus vecinos. Aunque temo la decepci&oacute;n, espero que el Centro Bot&iacute;n abra pronto sus puertas para poner a prueba mi optimismo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Ramón Esquiaga]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/paisaje-decorado_132_3583117.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 13 Feb 2017 06:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[José Ramón Esquiaga,Santander,Centro Botín]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El vuelo del quiróptero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/vuelo-quiroptero_132_3792813.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dcfb0b91-27d8-4f66-bd93-e6c0d0b2001e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Murciélago orejudo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No recuerdo que ninguna trama corrupta haya utilizado como vehículo para el enriquecimiento a quienes cartografían murciélagos o buscan ruinas romanas, pero sí que en prácticamente todas ellas había por medio una obra de vital trascendencia económica</p></div><p class="article-text">
        Hace cosa de un mes el Gobierno de Cantabria autoriz&oacute; destinar cerca de 100.000 euros a elaborar un mapa de los quir&oacute;pteros de la regi&oacute;n. Los quir&oacute;pteros son lo que el com&uacute;n de los mortales conocemos como murci&eacute;lagos, y de esto me enter&eacute; a ra&iacute;z de la previsible pol&eacute;mica generada por el asunto: con la que est&aacute; cayendo, ven&iacute;a a ser la queja, ah&iacute; est&aacute;n los pol&iacute;ticos dej&aacute;ndose una pasta en contar ratones voladores. Despu&eacute;s de eso, hace apenas unos d&iacute;as, se ha sabido que el Ayuntamiento de Santander va a gastar 400.000 euros en un proyecto arqueol&oacute;gico, unas excavaciones en el entorno de la catedral que buscar&aacute;n vestigios de la ciudad romana: 400.000 euros para desenterrar piedras. &iquest;Saben cu&aacute;ntas camas de hospital pueden pagarse con 400.000 euros?
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a es un pa&iacute;s que utiliza los campos de f&uacute;tbol como medida de superficie y las camas de hospital como coartada, aunque esto &uacute;ltimo solo a veces. Porque tambi&eacute;n esta semana nos han dicho que el puerto de Santander ha salvado los &uacute;ltimos obst&aacute;culos legales y est&aacute; ya en disposici&oacute;n de invertir 30 millones de euros en la ampliaci&oacute;n de uno de sus muelles: 30 millones de euros que servir&aacute;n para aumentar el tr&aacute;fico de mercanc&iacute;as, incrementar&aacute;n la riqueza de la regi&oacute;n y traer&aacute;n felicidad para todos. No he le&iacute;do todav&iacute;a en cu&aacute;ntos campos de f&uacute;tbol aumentar&aacute;n las dimensiones del puerto, pero estoy seguro de que tarde o temprano alguien nos lo dir&aacute;. Tampoco s&eacute; calcular cu&aacute;ntos hospitales podr&iacute;an levantarse con el dinero que va a invertirse en el nuevo muelle, aunque temo que de esto &uacute;ltimo no voy a enterarme nunca.
    </p><p class="article-text">
        Hay inversiones que nacen con la condici&oacute;n de sospechosas, mientras otras vienen al mundo envueltas en bendiciones. La sospecha me parece una actitud muy sana cuando se trata de decidir en qu&eacute; usar el dinero de todos, pero me preocupa c&oacute;mo se reparten los recelos y los parabienes porque en esto me parece que no hemos aprendido nada. Pese a todo lo que hemos visto en estos a&ntilde;os, seguimos convencidos de que la prosperidad necesita autopistas, l&iacute;neas de AVE, puertos y aeropuertos, y que gastar en cultura o en conocimiento es un despilfarro que no podemos permitirnos.
    </p><p class="article-text">
        S&eacute; que todo es cuesti&oacute;n de prioridades, que la construcci&oacute;n genera empleo y que con el empleo se pagan impuestos, y que incluso no es descartable que todas esas infraestructuras que hagamos terminen por servir para algo. Pero convendr&iacute;a recordar que con una peque&ntilde;a parte de lo que se nos ha ido en sobrecostes, pago de comisiones, sobornos y financiaci&oacute;n irregular de partidos pol&iacute;ticos bastar&iacute;a para pagar cualquiera de los gastos sociales que nos han obligado a recortar. No recuerdo que ninguna de esas tramas corruptas haya utilizado como veh&iacute;culo para el enriquecimiento a quienes cartograf&iacute;an quir&oacute;pteros o buscan ruinas romanas, pero s&iacute; que en pr&aacute;cticamente todas ellas hab&iacute;a por medio una obra de vital trascendencia econ&oacute;mica.
    </p><p class="article-text">
        Ahora mismo, y con lo que conozco sobre el particular, no estoy en condiciones de cuestionar si el muelle portuario es o no una inversi&oacute;n adecuada, y el caso es que tampoco s&eacute; nada de murci&eacute;lagos. La cuesti&oacute;n es que, con toda esa ignorancia a cuestas, creo que tendr&iacute;a un notable &eacute;xito como tertuliano si me animara a defender lo primero &ndash;recuerden: 30 millones de euros&ndash; y a lanzar improperios contra los amigos de los mam&iacute;feros alados y lo caros que nos resultan. Y es ese presumible coro de aplausos lo que me inquieta, porque quiz&aacute; todo tenga algo que ver: que creamos que la cultura es un lujo y que contemos en campos de f&uacute;tbol, o que votemos a pol&iacute;ticos corruptos mientras despreciamos a quienes intentan saber m&aacute;s del mundo que nos rodea.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Ramón Esquiaga]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/vuelo-quiroptero_132_3792813.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 10 Oct 2016 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El vuelo del quiróptero]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Murciélagos,Corrupción,José Ramón Esquiaga]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Jerarquía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/jerarquia_132_4092098.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/eb298125-f359-4e1c-b796-46a7c6586bbd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Dos niñas mueren en el Egeo en el primer día del acuerdo UE-Turquía"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuesta creer que el obispo que advertía sobre el peligro de acoger a los refugiados sirios tenga ningún tipo de superioridad sobre sacerdotes como Alberto Pico, aunque esa superioridad sea de vuelo tan corto como la que establece una cadena de mando.</p></div><p class="article-text">
        Fue en Sevilla, en primavera. &Eacute;ramos unos cr&iacute;os en viaje de estudios y quer&iacute;amos entrar a conocer la catedral, pero alguien que apelaba a las normas del decoro nos lo imped&iacute;a. Una de nuestras compa&ntilde;eras vest&iacute;a pantal&oacute;n corto y ese era el motivo que esgrim&iacute;a la autoridad &ndash;en forma de portero&ndash; para no franquearnos el paso a un lugar que, nos recordaba, est&aacute; destinado al culto. Supongo que mucha gente ha vivido situaciones parecidas, ante las que no cabe m&aacute;s que resignarse y buscar otra alternativa para ocupar el ocio cultural. Pero el caso es que el profesor a cargo de nuestro grupo era precisamente el de religi&oacute;n, sacerdote para m&aacute;s se&ntilde;as, y all&iacute; se mont&oacute; la mundial.
    </p><p class="article-text">
        Quienes conocieron a Alberto Pico saben que no era f&aacute;cil hacerlo enfadar, y yo de hecho no recuerdo haberlo visto en tal disposici&oacute;n de &aacute;nimo en ninguna otra ocasi&oacute;n. El cura del Barrio Pesquero intent&oacute; hacer ver a aquel hombre que el pantal&oacute;n corto de una ni&ntilde;a en nada ofende el sentimiento religioso de nadie, y que la iglesia que quer&iacute;amos visitar era un bien cultural y art&iacute;stico de inter&eacute;s para cualquiera con un m&iacute;nimo de sensibilidad humana, profesase el credo que profesase o incluso si no profesase ninguno en absoluto. El tono fue subiendo cuando el portero, sordo a cualquier argumentaci&oacute;n, se remit&iacute;a a las normas del obispado para mantenerse en sus trece. A partir de ah&iacute; no recuerdo exactamente los t&eacute;rminos de la conversaci&oacute;n &ndash;llam&eacute;mosla as&iacute;&ndash; pero, con unas u otras palabras, Alberto vino a reclamar la presencia de quien escribi&oacute; esa norma para poder pedirle cuentas de por qu&eacute; le preocupaba tanto la vestimenta de una chica y, al mismo tiempo, permit&iacute;a que en esa misma iglesia se vendieran entradas para subir a la Giralda, postales y toda la parafernalia tur&iacute;stico-religiosa de rigor. Si recuerdan aquello de Jes&uacute;s y los mercaderes en el templo pueden hacerse una idea de la escena.
    </p><p class="article-text">
        Nunca entramos en la catedral de Sevilla, pero la buena noticia es que tampoco terminamos en comisar&iacute;a. En honor a la verdad, hay que decir que la irritaci&oacute;n de Alberto apenas dur&oacute; un suspiro y que r&aacute;pidamente se disculp&oacute; ante un hombre que ciertamente no ten&iacute;a culpa de nada. Que lamentara sinceramente el mal rato que le hizo pasar al portero &ndash;se pas&oacute; el resto del viaje d&aacute;ndole vueltas a aquello&ndash; no significa que diera ni un paso atr&aacute;s en unos argumentos que no hac&iacute;an sino reflejar una visi&oacute;n de la religi&oacute;n, de la iglesia y del mundo perfectamente coherente con lo que nos transmit&iacute;a a nosotros en cada una de sus clases, y al resto de las personas en todo momento.
    </p><p class="article-text">
        Siempre sorprende constatar el abismo que hay entre la jerarqu&iacute;a eclesi&aacute;stica y los sacerdotes, o quiz&aacute; deber&iacute;a decir entre determinada jerarqu&iacute;a eclesi&aacute;stica y determinados sacerdotes. No soy una persona religiosa, as&iacute; que esta es una cuesti&oacute;n que no deber&iacute;a preocuparme en exceso, pero lo traigo a colaci&oacute;n porque esta misma semana he le&iacute;do que la Iglesia destina tanto dinero a C&aacute;ritas como a financiar la cadena 13TV, y eso es algo que sufrimos todos. Cuesta creer que quien toma una decisi&oacute;n como esa, o el obispo que advert&iacute;a sobre los peligros de acoger refugiados sirios, tenga ning&uacute;n tipo de superioridad sobre sacerdotes como Alberto Pico, aunque esa superioridad sea de vuelo tan corto como la que establece una cadena de mando.
    </p><p class="article-text">
        Cualquiera, incluso los que solo hayan conocido de o&iacute;das al cura del Pesquero fallecido hace ya casi dos a&ntilde;os, puede saber qu&eacute; hubiera opinado &eacute;l de las ideas del obispo sobre los refugiados y sobre la forma en que Europa est&aacute; haciendo frente a esta crisis. Ese abismo del que les hablaba es tambi&eacute;n el que hay hoy entre el com&uacute;n de la ciudadan&iacute;a europea y el de los pol&iacute;ticos que nos mandan. Por alguna raz&oacute;n que debe tener que ver con esa religiosidad que yo no tengo, los cristianos de base no dejan de serlo por alejados que se sientan de las altas jerarqu&iacute;as, pero nadie nos puede pedir a los europeos que hagamos lo mismo con nuestros l&iacute;deres, o con la propia UE. Porque si Europa era esto, quiz&aacute; haya que ir pensando en darle la espalda.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Ramón Esquiaga]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/jerarquia_132_4092098.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 21 Mar 2016 06:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Jerarquía]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[José Ramón Esquiaga]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Contradicciones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/contradicciones_132_4118163.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b001ce98-6995-4946-ba9c-a916383e4b70_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Una imagen de la afición durante un partido del equipo verdiblanco en El Sardinero. | RACING"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un patrocinio de un millón de euros por temporada durante diez años, a un equipo que hoy milita en la tercera categoría del fútbol español, está tan fuera de mercado que tiene muy pocas posibilidades de convencer a un tribunal de que no es lo que parece: una ayuda encubierta.</p></div><p class="article-text">
        Uno nunca termina de conocerse. Se tiene por un tipo racional y luego se encuentra defendiendo causas argumentalmente imposibles. No s&eacute; si a Rub&eacute;n G&oacute;mez, portavoz de Ciudadanos en el Parlamento de Cantabria, le ha pasado un poco al contrario cuando se ha apresurado a oponerse al convenio de patrocinio del Racing, antes incluso de que este se presentara para su debate. En su comparecencia ante la prensa mostr&oacute; sus carnets de abonado y esgrimi&oacute; su condici&oacute;n de accionista del club para explicar que, aunque el coraz&oacute;n dicte otra cosa, hay decisiones que es conveniente tomar con la cabeza. Y pienso que algo de raz&oacute;n tiene, pero no termino de estar de acuerdo de &eacute;l. Un l&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        El problema, en eso seguro que estaremos todos de acuerdo, no es menor. Tras dos d&eacute;cadas largas de trayectoria como sociedad an&oacute;nima deportiva, tenemos al centenario club en el listado de morosos de Hacienda, con 8,9 millones de euros a las espaldas de todos nosotros. No es, ni de lejos, uno de los equipos de f&uacute;tbol m&aacute;s incumplidores, pero otros, con deudas de hasta tres d&iacute;gitos, est&aacute;n formalmente al d&iacute;a en los pagos porque van salvando los plazos acordados para ponerse al d&iacute;a con las arcas p&uacute;blicas. Que en el caso del Racing no haya sido posible llegar a un acuerdo para hacer lo mismo es uno de los grandes misterios de este asunto, y lo que ha llevado a que se articule la soluci&oacute;n a la que con tanta presteza se ha opuesto Ciudadanos.
    </p><p class="article-text">
        Que el rechazo de Ciudadanos haya sido demasiado prematuro no resta peso a los argumentos expuestos por el partido naranja para explicarse. Porque si las cosas son como se est&aacute;n diciendo, el remedio no solo es cuestionable, sino que tiene muy complicado eludir las leyes que proh&iacute;ben las ayudas p&uacute;blicas a los clubes de f&uacute;tbol. Un patrocinio de un mill&oacute;n de euros por temporada durante diez a&ntilde;os, a un equipo que hoy milita en la tercera categor&iacute;a del f&uacute;tbol espa&ntilde;ol, est&aacute; tan fuera de mercado que tiene muy pocas posibilidades de convencer a un tribunal de que no es lo que parece: una ayuda encubierta. 
    </p><p class="article-text">
        Aunque una buena redacci&oacute;n del convenio pudiera eludir esa amenaza, m&aacute;s dif&iacute;cil es que pueda salvar el absurdo que rodea a todo este asunto. Lo que est&aacute; sobre la mesa es un plan que compromete diez millones de euros de dinero p&uacute;blico, en otros tantos a&ntilde;os, para contratar un cr&eacute;dito que permita pagar nueve millones de deuda, quedando el mill&oacute;n restante para hacer frente a los intereses de ese pr&eacute;stamo. O lo que es lo mismo, una administraci&oacute;n del Estado &ndash;la auton&oacute;mica de Cantabria&ndash; abona unas cantidades que servir&aacute;n para que el beneficiario salde su deuda con otra administraci&oacute;n del Estado, la central. El juego de competencias y el enrevesado sistema de financiaci&oacute;n auton&oacute;mica pueden llevar a pensar otra cosa, pero visto desde la &oacute;ptica del contribuyente ese ir y venir de dinero no es otra cosa que una condonaci&oacute;n de deuda, y adem&aacute;s cargando con los gastos.
    </p><p class="article-text">
        Otra muestra del absurdo y de la incoherencia de todo esto es que hemos llegado a este punto porque hay una imposibilidad legal de alcanzar soluciones menos discutibles. Ya sabemos que no son posibles las ayudas, pero es que adem&aacute;s la situaci&oacute;n financiera del propio Gobierno de Cantabria le impide conceder avales o pr&eacute;stamos, una alternativa que implicar&iacute;a un riesgo, pero no un gasto. Aunque la incongruencia m&aacute;s evidente es la de Hacienda, que no puede acordar un plan de pagos con el Racing porque los anteriores propietarios del club &ndash;que nada tienen que ver con los actuales&ndash; incumplieron acuerdos similares en el pasado. Todos los acreedores privados han aceptado quitas y aplazamientos pero Hacienda, que ya no s&eacute; si somos todos, prefiere el impago seguro que resultar&iacute;a de la desaparici&oacute;n del club antes que torcer la mano, pactar un calendario y cobrar hasta el &uacute;ltimo euro. Cuesta creer que sea m&aacute;s f&aacute;cil dise&ntilde;ar un costos&iacute;simo plan de patrocinio que convencer a Hacienda para que articule una soluci&oacute;n que no costar&iacute;a un euro a las arcas p&uacute;blicas. Cuesta creerlo pero, si es as&iacute;, ah&iacute; tendr&aacute;n un argumento inmejorable quienes piensan que el actual modelo de organizaci&oacute;n del Estado es caro e ineficaz.
    </p><p class="article-text">
        Como Rub&eacute;n G&oacute;mez, yo tambi&eacute;n podr&iacute;a ense&ntilde;ar carnets de abonado y esgrimir mi condici&oacute;n de accionista pero, a diferencia de &eacute;l y llegado el caso, no sabr&iacute;a qu&eacute; sentido dar a mi voto. En realidad, si cumplido el tr&aacute;mite parlamentario, discutidas todas las opciones y explorados todos los caminos, si despu&eacute;s de todo eso, digo, resulta que la chapucera soluci&oacute;n del patrocinio es la &uacute;nica posible, sospecho que votar&iacute;a a favor. Ya ven, uno nunca termina de conocerse.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Ramón Esquiaga]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/contradicciones_132_4118163.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 07 Mar 2016 07:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Contradicciones]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Racing de Santander,Rubén Gómez,Cs - Ciudadanos,Patrocinio]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Desmemorias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/desmemorias_132_4177928.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Con esa querencia de Santander a devorarse a sí misma, es fácil entender que el incendio de 1941 elevase lo que ya era un completo desastre –la desaparición del centro histórico de una ciudad con raíces milenarias– hasta niveles de auténtica hecatombe.</p></div><p class="article-text">
        El barrio levantado entre las calles Castilla y Marqu&eacute;s de la Hermida es probablemente el menos afortunado de Santander, pero est&aacute; construido sobre un tesoro. Si tenemos en cuenta que se levant&oacute; sobre el laberinto de islas y regatos que dibujaban las mareas entre los arenales, hay quien podr&iacute;a pensar en piratas y cofres enterrados. La realidad es, desgraciadamente, algo menos novelesca, por m&aacute;s que algo tenga que ver con expolios y repartos del bot&iacute;n. Es verdad que hay tambi&eacute;n fuego y destrucci&oacute;n, como cuando los bucaneros tomaban Maracaibo, pero no es justo llevar m&aacute;s all&aacute; la comparaci&oacute;n: hablamos, claro, del incendio del que ahora se cumplen 75 a&ntilde;os, y no hubo all&iacute; m&aacute;s asalto que el del viento sur.
    </p><p class="article-text">
        Hay quien sostiene que Santander es una ciudad con tendencias autodestructivas. En un relato que era un puro lamento, el historiador Jos&eacute; Luis Casado Soto recordaba varios momentos que pod&iacute;an servir de ejemplo de ello: el derribo del castillo del Rey, de los edificios que albergaron las primeras estaciones ferroviarias con que cont&oacute; la ciudad, de la iglesia del convento de San Francisco, del Teatro Pereda, de la vieja lonja&hellip; Todos destruidos ante la indiferencia, cuando no el aplauso, de quienes compartieron con ellos el espacio urbano. Con esa querencia a devorarse a s&iacute; misma, es f&aacute;cil entender que el incendio de 1941 elevase lo que ya era un completo desastre &ndash;la desaparici&oacute;n del centro hist&oacute;rico de una ciudad con ra&iacute;ces milenarias&ndash; hasta niveles de aut&eacute;ntica hecatombe. Algo as&iacute; como partir de la nada para alcanzar las m&aacute;s altas cotas de la desgracia.
    </p><p class="article-text">
        Porque quienes dibujaron la nueva ciudad tuvieron, en efecto, la oportunidad de partir de la nada. El centro urbano era un solar y todas las posibilidades estaban abiertas. Pasar&eacute; aqu&iacute; por alto &ndash;que ya es pasar&ndash; las conscuencias sociales que se derivaron de las decisiones all&aacute; tomadas, porque de lo que estamos hablando es de aquel asunto del tesoro. La zona cero del incendio se concentr&oacute; en torno a la catedral, sobre ese cerro de Somorrostro que el mismo Casado Soto consideraba la acr&oacute;polis santanderina. Adem&aacute;s de haber sido el centro sobre el que gir&oacute; durante siglos la vida de la ciudad, esa colina que se mete como una cu&ntilde;a en la bah&iacute;a era, tambi&eacute;n, un obst&aacute;culo que dificultaba la comunicaci&oacute;n entre el nuevo centro urbano que hab&iacute;a crecido a sus pies y la zona destinada al ensanche m&aacute;s modesto de la ciudad, en la vecindad portuaria. El pasaje de Pe&ntilde;a fue la soluci&oacute;n dise&ntilde;ada antes de que las llamas abrieran camino a soluciones m&aacute;s dr&aacute;sticas: dar un tajo a la monta&ntilde;a para colar por &eacute;l las calles de Lealtad e Isabel II.
    </p><p class="article-text">
        El extra&ntilde;o escorzo que hace la calle Ruamayor ya nos da una pista, pero la cicatriz se aprecia con m&aacute;s claridad cuando, desde las escaleras que salvan el desnivel con Isabel II, se mira hacia las que hacen lo mismo entre Lealtad y la catedral: ese espacio es el trozo hurtado al viejo cerro y tambi&eacute;n a la historia de Santander. Porque precisamente ah&iacute; es donde se asentaron los primeros pobladores y donde empez&oacute; a tomar forma lo que con el paso de los siglos se convertir&iacute;a en puerto romano, villa medieval y ciudad m&aacute;s o menos ilustrada. Los barrenos y las excavadoras acabaron con los vestigios de todo aquello, transform&aacute;ndolo en una ingente masa de escombros utilizada despu&eacute;s como relleno para desecar las marismas sobre las que creci&oacute; Castilla-Hermida.
    </p><p class="article-text">
        Ya ven, no es una historia de piratas. Si acaso tiene m&aacute;s parecido con esas en las que los criminales ocultan los cad&aacute;veres en los cimientos de alg&uacute;n edificio, como forma definitiva de borrar las huellas de sus tropel&iacute;as. Todo un caudal arqueol&oacute;gico de incalculable valor utilizado como material de construcci&oacute;n. Quiz&aacute; crean ustedes que exagero, pero recuerden que adem&aacute;s de tener tendencias autodestructivas, esta es tambi&eacute;n una ciudad desmemoriada, que suspira por tener algo parecido a una sede del m&aacute;s moderno de los museos madrile&ntilde;os, pero para la que su propio museo de prehistoria supone un engorro, con una colecci&oacute;n tan extensa y valiosa que nadie sabe d&oacute;nde meter. El caso es que yo tambi&eacute;n preferir&iacute;a creer que todo esto es un poco exagerado porque ante esa duda, y con nuestros antecedentes, alguien pod&iacute;a pensar que los rellenos y los tesoros enterrados son una buena opci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Ramón Esquiaga]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/desmemorias_132_4177928.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 Feb 2016 19:04:43 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Desmemorias]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Incendios]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Santander, la marinera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/santander-marinera_132_4210941.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/04eab591-7b2d-4476-9e56-8354ecfc6752_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Santander, la marinera"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando cedieron ante el soplete y la cizalla, el 'Puente Viesgo' y el 'Puente Nansa' mantenían en sus amuras la matrícula santanderina, por más que hiciera ya muchos años que esta no era su casa.</p></div><p class="article-text">
        Entre los &uacute;ltimos meses de 1982 y los primeros del a&ntilde;o siguiente, en un desguace canario muy alejado de sus primeros mares, rindieron su &uacute;ltimo viaje el 'Puente Nansa' y el 'Puente Viesgo'. Los dos barcos ten&iacute;an en sus bodegas el rastro de casi cuarenta a&ntilde;os de buenas y malas mareas, de riesgo y de leyenda, nada demasiado diferente de lo que podr&iacute;a decirse de cualquier otro pesquero si no fuera porque eso &uacute;ltimo, la leyenda, ten&iacute;a en su caso ecos literarios: en estos dos arrastreros santanderinos se embarc&oacute; Ignacio Aldecoa para, transmutados en 'Uro' y 'Aril', componer con ellos 'Gran Sol', la mejor novela que se haya escrito nunca sobre los pescadores del Cant&aacute;brico.
    </p><p class="article-text">
        Cuando cedieron ante el soplete y la cizalla, el 'Puente Viesgo' y el 'Puente Nansa' manten&iacute;an en sus amuras la matr&iacute;cula santanderina, por m&aacute;s que hiciera ya muchos a&ntilde;os que esta no era su casa. S&iacute; que ten&iacute;an aqu&iacute; su puerto cuando, en el verano de 1956, se enrol&oacute; en ellos el novelista vitoriano, que se sum&oacute; a una tripulaci&oacute;n compuesta por vascos, gallegos y una mayor&iacute;a de monta&ntilde;eses. Buenos marineros los monta&ntilde;eses para la bajura, pero malos para la carrera de los grandes bancos de pesca, por su car&aacute;cter independiente y orgulloso, que les inclina a la indisciplina y a ser poco amigos de atender ense&ntilde;anzas ajenas.
    </p><p class="article-text">
        Escuchar las conversaciones a bordo es uno de los grandes placeres del libro. Esa sobre los monta&ntilde;eses, o aquella otra en la que se discute sobre qui&eacute;n manda m&aacute;s entre los dos patrones que viajan en el barco &ndash;si el de costa, si el de pesca&ndash; zanjada por el cocinero, Macario Mart&iacute;n 'El Matao', con un argumento incontestable: &ldquo;&iquest;Entonces a qu&eacute; vamos a Gran Sol, a dar un paseo o a sacar peces?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        'El Matao' es el gran personaje de la novela. Viejo y golfo, malhablado y embustero, honrado y ladr&oacute;n a rachas, pendenciero y holgaz&aacute;n. Pero no hay a bordo nadie m&aacute;s valiente, piensa su patr&oacute;n &ndash;el de pesca, el que manda de verdad&ndash; Sim&oacute;n Orozco, siempre temiendo el d&iacute;a que tendr&aacute; que dejarle en tierra por su indisciplina. 'El Matao' es una de las grandes creaciones de la literatura espa&ntilde;ola del siglo XX, un entra&ntilde;able canalla de la estirpe de John Silver. Pero tambi&eacute;n era un tipo bien real, muy conocido en el Barrio Pesquero de Santander y con una biograf&iacute;a y un cat&aacute;logo de virtudes y defectos calcados &ndash;a decir de quienes le recuerdan&ndash; a los que describe Aldecoa. Un pescador santanderino como tantos.
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a que las conversaciones a bordo eran uno de los grandes motivos para leer el libro. Otro es conocer a unas gentes y un oficio de los que cada vez sabemos menos. Ya casi no amarran barcos en la d&aacute;rsena pesquera de Santander, quiz&aacute; porque los tiempos son otros, porque no quedan peces en el mar y porque, como el 'Puente Viesgo' y el 'Puente Nansa', hay trabajadores destinados al desguace. Puede ser. Pero eso no explica que los pesqueros que quedan tengan que descargar sus capturas a escondidas, venciendo mil dificultades y en un rinc&oacute;n separado de la ciudad por cien barreras, no todas f&iacute;sicas.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco explica que se derribara la vieja lonja y las bodegas donde se guardaban las artes de pesca, poniendo todo el empe&ntilde;o en borrar las huellas de las vidas que all&iacute; se vivieron, como si hubiera algo vergonzante en ellas. Ahora leo que hay quien pide que 'Santander, la marinera' sea el himno de la ciudad. Y qu&eacute; quieren que les diga, no creo que la ciudad lo merezca.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Ramón Esquiaga]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/santander-marinera_132_4210941.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 01 Feb 2016 06:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Santander, la marinera]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[José Ramón Esquiaga]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pactos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/pactos_132_4236117.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a2fd2538-704d-450f-816b-30a48d96a3c3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pactos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Como esas demostraciones de fuerza que hacen los contendientes antes de sentarse a negociar la paz, pienso que el abanico de declaraciones, líneas rojas e inquebrantables principios exhibidos estas últimas semanas por los principales partidos tienen más de estrategia que de compromiso</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; es, en pol&iacute;tica, una an&eacute;cdota? No creo que la respuesta sea sencilla. Podemos pensar, por ejemplo, que tiene esa condici&oacute;n todo el debate que ha provocado el asunto de las cabalgatas de Reyes pero &iquest;lo es tambi&eacute;n la presencia del beb&eacute; de Carolina Bescansa en el Congreso, o las frases con las que unos u otros han acompa&ntilde;ado su juramento como diputados? No me parece que esta sea una cuesti&oacute;n sencilla, aunque probablemente todos estemos de acuerdo en que el debate generado en torno a estos gestos ha sido excesivo. Supongo que todo ello, el recurso a la an&eacute;cdota y la atenci&oacute;n que se le presta, es un s&iacute;ntoma de lo complejo de la situaci&oacute;n que atravesamos, con un incierto horizonte por delante y hu&eacute;rfanos de referencias a las que remitirnos. Ante esto, cualquier situaci&oacute;n que favorezca tomas de postura rotundas, claramente definidas y, a la postre, poco comprometidas, es recibida con entusiasmo.
    </p><p class="article-text">
        Todo el tiempo pasado desde la &uacute;ltima convocatoria electoral ha sido pr&oacute;digo en ese tipo de actuaciones. Como esas demostraciones de fuerza que hacen los contendientes antes de sentarse a negociar la paz, pienso que el abanico de declaraciones, l&iacute;neas rojas e inquebrantables principios exhibidos estas &uacute;ltimas semanas por los principales partidos tienen m&aacute;s de estrategia que de compromiso. Quiero decir que, al contrario de lo que podr&iacute;a llevar a pensar todo lo sucedido desde entonces, no creo que estemos ahora m&aacute;s lejos de la posiblidad de un pacto de lo que est&aacute;bamos cuando termin&oacute; el recuento de las papeletas.
    </p><p class="article-text">
        Soy de los que suscribe aquello de que es mejor un mal acuerdo que un buen pleito o, si prefieren, un tambaleante pacto que unas nuevas elecciones, por m&aacute;s que de estas saliese un reparto de esca&ntilde;os con una aritm&eacute;tica menos enrevesada. Ha bastado intuir las primeras dificultades para que algunos empiecen a a&ntilde;orar las mayor&iacute;as absolutas, o aquellas en las que bastaba el apoyo de los nacionalistas catalanes para formar Gobierno, con todo lo que se dec&iacute;a entonces sobre lo injusto de que estos condicionaran la pol&iacute;tica del Estado. No es mi caso: sigo pensando que un panorama en el que son muchos quienes ceden un poco es preferible a otro en el que ganadores y perdedores quedan separados por el trazo grueso de las imposiciones de los primeros sobre los segundos.
    </p><p class="article-text">
        Es lugar com&uacute;n entre los candidatos decir que, de cara a hipot&eacute;ticos pactos, lo importante son los programas y no las personas. Una vez elegidos, no se ha hablado todav&iacute;a nada de esto, pero conf&iacute;o en que sea lo que se haga a partir de este momento. Si alguna ventaja tiene una situaci&oacute;n como la que estamos, en la que se abren caminos por los que nadie ha transitado todav&iacute;a &ndash;o al menos no en Espa&ntilde;a&ndash; es que todo puede ponerse sobre la mesa. Podemos pensar, por ejemplo, en una legislatura corta con un presidente que no sea ninguno de los que encabezaron las listas presentadas a los comicios, y que gobernara en virtud de algunos compromisos pactados con la oposici&oacute;n. Aqu&iacute; ya no caben las posturas rotundas, claramente definidas y, a la postre, poco comprometidas. No va a ser f&aacute;cil, pero ah&iacute; tienen los pol&iacute;ticos una inmejorable oportunidad para sacar a su profesi&oacute;n del desprestigio al que ha sido llevada.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Ramón Esquiaga]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/pactos_132_4236117.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 18 Jan 2016 06:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Pactos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[José Ramón Esquiaga,Pactos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Buenos deseos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/buenos-deseos_132_4255668.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0c5d86ab-14c8-4cb2-9a64-12ec83118c8f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Quesos de la Denominación de Origen Picón Bejes-Tresviso. | ODECA"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Confieso que no tengo una respuesta clara, aunque tiendo a dar la razón a quienes prefieren que todo vaya un poco más despacio.</p></div><p class="article-text">
        La historia la contaba un consejero de Ganader&iacute;a hace ya unos cuantos a&ntilde;os. Casi en cada feria alimentaria a la que acud&iacute;a para presentar los productos que se hac&iacute;an en Cantabria se encontraba con que la demanda del queso que se elaboraba en Tresviso superaba con mucho la capacidad que ten&iacute;an todos los productores de la zona para darle respuesta. Para solucionarlo, su departamento se plante&oacute; comprar un reba&ntilde;o de cabras con el que garantizar una mayor disponibilidad de materia prima, cediendo los animales gratuitamente a los ganaderos productores del queso de Tresviso. La respuesta por parte de estos, contaba el pol&iacute;tico a quien quisiera escucharle, no fue la que esperaba: &ldquo;Preg&uacute;ntenle al consejero si va a subir &eacute;l a orde&ntilde;arlas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La an&eacute;cdota es probablemente ap&oacute;crifa, pero me parece muy significativa en relaci&oacute;n con cuestiones de cierto calado. El pol&iacute;tico la contaba para explicar los obst&aacute;culos a los que se enfrentaban todas sus buenas intenciones, como un &ldquo;as&iacute; no hay quien pueda y qu&eacute; le vamos a hacer&rdquo;, pero esta me parece una visi&oacute;n demasiado simple de un asunto que presenta derivadas muy interesantes. Ah&iacute; tenemos, por ejemplo, una muestra del enorme trecho que separa lo urbano de lo rural, y de la incongruencia que supone que las decisiones que afectan a la vida en los pueblos se tomen a varios mundos de distancia. Pero tambi&eacute;n de las limitaciones que el desarrollo econ&oacute;mico tiene como medida del progreso y el bienestar, y de lo complejo que es todo.
    </p><p class="article-text">
        En la visi&oacute;n del consejero, un Tresviso con m&aacute;s cabras significaba m&aacute;s producci&oacute;n de queso, con m&aacute;s ganaderos y con m&aacute;s vecinos trabajando. El pueblo se repoblar&iacute;a, se abrir&iacute;an nuevas queser&iacute;as, crecer&iacute;a la renta disponible y con ella nuevas oportunidades para todos, en un c&iacute;rculo virtuoso sin fin. Basta echar un vistazo alrededor para ver que ese cuento de la lechera que es el capitalismo deja por el camino un mont&oacute;n de c&aacute;ntaras rotas, pero es verdad que no hay progreso econ&oacute;mico posible sin ese juego de expectativas. Frente a eso, la respuesta de la renuncia puede verse como simple conformismo o como un gesto revolucionario.
    </p><p class="article-text">
        Si la historia se dio tal y como la contaba el consejero, ah&iacute; tenemos un ejemplo de lo que ha venido en llamarse movimiento 'slow', o una medida de ese &iacute;ndice de felicidad nacional bruta que algunos proponen como alternativa al producto interior bruto. Porque no es seguro que todo ese para&iacute;so econ&oacute;mico que alimentar&iacute;an las ubres de un pu&ntilde;ado de cabras a&ntilde;adir&iacute;a ni un &aacute;pice de bienestar a los habitantes del pueblo, o que har&iacute;a de este un lugar verdaderamente m&aacute;s afortunado, si vemos todo eso como una forma de equilibrio entre el entorno y quienes lo habitan. El progreso, tal y como lo entienden estas filosof&iacute;as alternativas, tiene que ver con la salud, con los lazos que se establecen dentro de la comunidad, con la cultura, la educaci&oacute;n o el medio ambiente. &iquest;Algo de esto mejorar&iacute;a si se fabrican unos cuantos miles de kilos de queso m&aacute;s?
    </p><p class="article-text">
        Confieso que no tengo una respuesta clara, aunque tiendo a dar la raz&oacute;n a quienes prefieren que todo vaya un poco m&aacute;s despacio. Pensaba en todo esto con motivo de la entrada del nuevo a&ntilde;o, con sus buenos prop&oacute;sitos y las apelaciones a la felicidad que te llegan de todos lados. En una de ellas me deseaba un amigo un 2016 cargado de trabajo. Y yo pensaba que s&iacute;, claro, pero que tampoco se pase.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Ramón Esquiaga]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/buenos-deseos_132_4255668.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 04 Jan 2016 06:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Buenos deseos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[José Ramón Esquiaga]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Repartos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/repartos_132_2280068.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Si alguna virtud tiene un resultado como el de ayer es que el concepto de gran partido ha quedado bastante desdibujado, aunque no sé si lo bastante como para que avance una reforma del sistema electoral.</p></div><p class="article-text">
        Nunca he entendido muy bien por qu&eacute; hay que alegrarse cuando el premio de la loter&iacute;a est&aacute; muy repartido. La l&oacute;gica del juego, si es que tiene alguna, es precisamente la contraria: conseguir que mucha gente aporte un pu&ntilde;ado de euros para que unos pocos afortunados se lleven un mont&oacute;n de miles. La remot&iacute;sima posibilidad de contarse entre estos &uacute;ltimos es lo que mueve la rueda y da sentido a todo el tinglado. En todo caso el dinero nunca estuvo m&aacute;s y mejor distribuido que antes de comprar el d&eacute;cimo.
    </p><p class="article-text">
        Ma&ntilde;ana tocar&aacute; vivir de nuevo las escenas del champ&aacute;n, pero hoy lo que corresponde es ver c&oacute;mo los pol&iacute;ticos hacen lecturas m&aacute;s o menos triunfalistas de los resultados electorales. Ambas cosas son igual de predecibles, incluso en una ocasi&oacute;n como esta en la que la incertidumbre en relaci&oacute;n con las urnas era solo un poco menor que la referida a los bombos. Lo que ofrece m&aacute;s dudas es que todos se feliciten hoy &ndash;o al menos que lo hagan con sinceridad&ndash; porque el premio est&eacute; muy repartido.
    </p><p class="article-text">
        Porque, m&aacute;s all&aacute; de los discursos, las mayor&iacute;as absolutas solo disgustan si las consigue otro. Es cierto que todo el mundo menciona las virtudes del acuerdo cuando no queda otra que alcanzarlo, pero todav&iacute;a no ha habido ning&uacute;n partido que lamente haber conseguido un resultado holgado y decida ceder alguno de sus esca&ntilde;os para obligarse a alcanzar alg&uacute;n tipo de consenso con sus adversarios. Dicho as&iacute;, el asunto parece lo suficientemente absurdo como para que a ninguno se nos ocurra plantearlo, pero no es algo muy distinto lo que hacemos cuando pedimos a los grandes partidos una reforma del sistema electoral: cualquier cambio en aras de la proporcionalidad les supone perder representaci&oacute;n y ver alejarse la posibilidad de alcanzar mayor&iacute;as absolutas.
    </p><p class="article-text">
        Si alguna virtud tiene un resultado como el de ayer es que el concepto de gran partido ha quedado bastante desdibujado, aunque no s&eacute; si lo bastante como para que avance una reforma del sistema. Los que hasta ahora hemos llamado partidos emergentes llevan en sus programas algunas iniciativas en este sentido, pero para cambiar la Ley Electoral hace falta tocar la Constituci&oacute;n, y Ciudadanos y Podemos quedan lejos de sumar las tres quintas partes de votos parlamentarios que har&iacute;an falta para hacerlo, por muchos apoyos que sumasen de otras formaciones peque&ntilde;as. A vista de c&oacute;mo han quedado las cosas, cuesta un poco considerar partido grande al PSOE, pero apuesten a que seguir&aacute; comport&aacute;ndose como tal si alguien pide sus votos para reformar la ley electoral.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s f&aacute;cil es que pudiera llegarse a alg&uacute;n arreglo de ese tipo con cualquiera de los grandes &ndash;sigamos llam&aacute;ndoles as&iacute;&ndash; como condici&oacute;n para apoyar una investidura, pero no s&eacute; si esta vaya a ser una reivindicaci&oacute;n central en las negociaciones. Con PP y PSOE perdiendo apoyos al ritmo que lo hacen, la posibilidad de sustituirlos en la posici&oacute;n hegem&oacute;nica que han ocupado durante los &uacute;ltimos treinta a&ntilde;os puede convertirse en una tentaci&oacute;n de doble filo: una nueva ley repartir&iacute;a mejor los esca&ntilde;os, pero alejar&iacute;a la posibilidad de disfrutar de unas mayor&iacute;as a las que ahora tambi&eacute;n aspiran Ciudadanos y Podemos. Aqu&iacute; tendremos una pista de si los partidos emergentes siguen vi&eacute;ndose como tales o empiezan a sentirse otra cosa. Si me apuran, les dir&eacute; que tengo m&aacute;s curiosidad sobre este asunto que por conocer el nombre del pr&oacute;ximo inquilino de la Moncloa.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Ramón Esquiaga]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/repartos_132_2280068.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 21 Dec 2015 00:35:12 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Repartos]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[José Ramón Esquiaga]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cristal en los bolsillos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/cristal-bolsillos_132_2308581.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/88fa6321-1672-468e-bd09-7ab34a7fe831_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cristal en los bolsillos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Muchos llevan décadas en cargos con remuneraciones muy por encima de los salarios medios. Que después de eso apenas cuenten con unos pocos miles de euros en el banco y arrastren pesadas hipotecas solo puede significar dos cosas: o son unos manirrotos o mienten cuando hacen esas declaraciones de patrimonio.</p></div><p class="article-text">
        Hay un relato de Isaac Asimov que me viene a la cabeza cada vez que toca enfrentarse  a una nueva campa&ntilde;a electoral. La historia tiene lugar, claro, en el futuro, durante una elecci&oacute;n presidencial norteamericana que es muy distinta a como la conocemos hoy: las proyecciones demosc&oacute;picas se han afinado tanto que son capaces de concentrar en una &uacute;nica persona todas las inabarcables caracter&iacute;sticas que definan al conjunto del censo. Para decidir la elecci&oacute;n, por tanto, ya no es necesario convocar a todo el mundo a las urnas, basta localizar a ese &uacute;nico elector y plantearle unas preguntas en apariencia intrascendentes pero que, interpretadas las respuestas por Multivac &ndash;el ingenio inform&aacute;tico responsable de encontrar a la persona que representa al conjunto del pa&iacute;s&ndash; dan como resultado la elecci&oacute;n de uno u otro entre los aspirantes a la presidencia.
    </p><p class="article-text">
        No me negar&aacute;n que la f&oacute;rmula presenta algunas ventajas, aunque no la traigo a colaci&oacute;n aqu&iacute; por eso. El caso es que la demoscopia ha avanzado una barbaridad, pero no hemos llegado a d&oacute;nde dec&iacute;a Asimov, por m&aacute;s que el objetivo s&iacute; que es comparable al que da lugar al futuro que describe: identificar al votante m&aacute;s representativo, aquel al que debes convencer si quieres alzarte con la mayor&iacute;a de los votos. Los partidos pol&iacute;ticos destinan ingentes recursos humanos y econ&oacute;micos para dar con ese personaje y elaborar un mensaje y unas propuestas a su gusto. Hay un mont&oacute;n de cosas de ese votante espa&ntilde;ol &ndash;esto es, de nosotros mismos&ndash; que conocemos los ciudadanos de a pie, porque nos lo recuerdan constantemente los soci&oacute;logos. Sabemos que es alguien m&aacute;s o menos centrado, poco amigo de los sobresaltos y preocupado por el paro y la corrupci&oacute;n. Bien, pero demasiado gen&eacute;rico.
    </p><p class="article-text">
        Podemos completar ese perfil si nos fijamos en la imagen que se esfuerzan en transmitir los pol&iacute;ticos. Quiero decir que si el presidente del Gobierno decide que es mejor comentar un partido de f&uacute;tbol que acudir a un debate o responder las preguntas de los periodistas, esto dice m&aacute;s de nosotros que de &eacute;l, y que ah&iacute; tenemos un indicio de c&oacute;mo es ese elector que nos representa a todos. La campa&ntilde;a electoral est&aacute; llena de pistas como esa, pero tambi&eacute;n de excesos que dibujan un retrato demasiado caricaturesco. Hay otros mensajes que pueden ser m&aacute;s significativos para llegar a hacernos una idea de c&oacute;mo somos.
    </p><p class="article-text">
        Ninguno me lo parece tanto como ese ejercicio de transparencia que algunos llaman bolsillos de cristal. Ya saben, los cargos p&uacute;blicos hacen una declaraci&oacute;n de cu&aacute;l es su patrimonio justo tras ser elegidos. Sabemos as&iacute; que personas con largas carreras profesionales, dentro o fuera de la pol&iacute;tica, cuentan con un modest&iacute;simo caudal de bienes, y que lucen su precaria condici&oacute;n econ&oacute;mica con orgullo. Muchos llevan d&eacute;cadas en cargos por los que reciben remuneraciones que conocemos perfectamente, por ser p&uacute;blicas, y que est&aacute;n muy por encima de los salarios medios. Que despu&eacute;s de eso apenas cuenten con unos pocos miles de euros en el banco y arrastren pesadas hipotecas solo puede significar dos cosas: o son unos manirrotos o mienten cuando hacen esas declaraciones de patrimonio.
    </p><p class="article-text">
        Norman Muller, el votante del relato de Asimov, es un modesto dependiente de almac&eacute;n de Bloomington, en Indiana. Aunque abrumado por cargar sobre sus espaldas con la responsabilidad de la elecci&oacute;n del presidente, pronto empieza a entender que convertirse en una celebridad presenta enormes ventajas y abre interesantes perspectivas econ&oacute;micas. Nada le distingue en esto de la actitud que tendr&iacute;a nuestro elector tipo, lo curioso es que en el espa&ntilde;ol ese inter&eacute;s por el enriquecimiento r&aacute;pido convive con una enorme desconfianza en el &eacute;xito econ&oacute;mico de los dem&aacute;s. Los pol&iacute;ticos que ocultan una parte de lo que tienen &ndash;y a m&iacute; no me cabe duda de que lo hacen&ndash; intentan acomodarse a esa circunstancia, y ello con independencia de que hayan ganado honradamente hasta el &uacute;ltimo de sus euros. Eso no dice nada bueno de ellos, pero menos a&uacute;n de nosotros y de nuestras posibilidades de salir con bien del enredo en el que nos encontramos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Ramón Esquiaga]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/cristal-bolsillos_132_2308581.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 07 Dec 2015 06:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cristal en los bolsillos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Elecciones Generales 2015,José Ramón Esquiaga]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Humanidades]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/humanidades_132_2360874.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/21c16d75-d0a3-4747-b0ff-df91e7449a56_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Humanidades"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Me preocupa la insistencia con los idiomas, convertidos en simple coartada para defender una forma de entender la enseñanza que, entre formar personas y formar trabajadores, opta decididamente por lo segundo.</p></div><p class="article-text">
        Tengo un dominio m&aacute;s bien pobre &ndash;y estoy siendo muy generoso conmigo mismo&ndash; del idioma ingl&eacute;s. A diferencia de lo que suele sucederme cada noche electoral, aqu&iacute; al menos veo que estoy con la mayor&iacute;a: seg&uacute;n el CIS, apenas un 25% de los espa&ntilde;oles dice poder hablar y escribir en la lengua de Shakespeare. Teniendo en cuenta lo mucho que mentimos sobre esta cuesti&oacute;n en el curr&iacute;culum, es probable que incluso sea alguno menos. La lectura que se hace del dato suele adquirir tintes apocal&iacute;pticos, sobre todo cuando se compara nuestro escaso don de lenguas con la destreza que demuestran los naturales del norte de Europa. Las siete plagas se ciernen sobre nosotros, condenan a las empresas y nos conducen a la irrelevancia laboral. No ser&eacute; yo quien lo discuta, pero sospecho que a veces el &aacute;rbol de los idiomas no nos deja ver el bosque de nuestro desconocimiento.
    </p><p class="article-text">
        D&eacute;jenme que les cuente mi caso. En algo m&aacute;s de veinte a&ntilde;os de &ndash;vuelvo a ser generoso conmigo mismo&ndash; carrera profesional, ha habido un par de ocasiones en las que hubiera salido mejor librado de haber podido expresarme en ingl&eacute;s con alguna soltura. En cambio, casi cada d&iacute;a lamento no tener una mayor destreza en el manejo del castellano: me bloqueo frente al teclado, doy mil vueltas a una frase buscando la forma mejor de decir las cosas, despejando adjetivos o persiguiendo sin&oacute;nimos.
    </p><p class="article-text">
        No quieran saber cu&aacute;nto tiempo he empleado en llegar hasta aqu&iacute;, que temo que va a ser bastante menos de lo que me costar&aacute; llevar este art&iacute;culo hasta su final. Pensar&aacute;n ustedes que mi oficio me obliga a conocer mi idioma antes que los ajenos, y tendr&aacute;n raz&oacute;n. Pero si me lo dicen, y les animo a ello, creo que ser&iacute;an los primeros en hacerlo. Sin embargo, llevo una vida escuchando que lo m&aacute;s importante para un periodista es saber ingl&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Y no se trata solo del castellano. Mi trabajo es un puzzle que se forma con piezas tomadas de aqu&iacute; y de all&aacute;, de lecturas, de referencias a algo que alguien dijo alguna vez, de ideas que puedan ayudarme a echar un vistazo al mundo, y a contar lo que se ve. Lo que quiero decir es que no me parece sencillo establecer qu&eacute; conocimientos tienen una mejor aplicaci&oacute;n pr&aacute;ctica, y que esta es una cuesti&oacute;n que suele resolverse con demasiada ligereza. Todo eso de lo que hablaba m&aacute;s arriba tiene que ver con las humanidades, tan maltratadas cada vez que el Gobierno de turno decide cambiar algo en el sistema educativo. Es significativo que esa sea la &uacute;nica coincidencia en un campo tan poco dado a los consensos como ese. De ah&iacute; que me preocupe la insistencia con los idiomas, convertidos en simple coartada para defender una forma de entender la ense&ntilde;anza que, entre formar personas y formar trabajadores, opta decididamente por lo segundo. Ya sabemos con qu&eacute; resultado: Espa&ntilde;a es uno de los pa&iacute;ses con m&aacute;s parados del mundo. Y nadie sabe ingl&eacute;s.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Ramón Esquiaga]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/humanidades_132_2360874.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 23 Nov 2015 06:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Humanidades]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[José Ramón Esquiaga]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Leyendas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/leyendas_132_2388785.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo peor de la destitución de Jan Abascal no es que no se hayan tenido en cuenta los éxitos en la competición, sino que la propia existencia de la escuela ha sido siempre vista con recelo por los que ahora han tomado la decisión de cesar a quien ha sido su máximo defensor</p></div><p class="article-text">
        Bernard Moitessier pudo haber sido el primer ser humano en dar la vuelta al mundo en solitario y sin escalas a bordo de un barco de vela, pero prefiri&oacute; su alma. Seguramente ya conocen la historia, pero creo que merece la pena recordarla. A la altura de 1967 ya se hab&iacute;an conquistado los polos y pisado la cumbre del Everest, pero nadie hab&iacute;a circunnavegado el globo con la &uacute;nica ayuda del viento, sin compa&ntilde;&iacute;a y sin tocar m&aacute;s puerto que el de salida y llegada.
    </p><p class="article-text">
        El reto lo lanz&oacute; el 'Sunday Times', que convoc&oacute; a navegantes de todo el mundo a una regata de reglas muy sencillas: los participantes podr&iacute;an partir de cualquier puerto brit&aacute;nico en un plazo de tres meses, con el barco que prefiriesen, y volver al punto de partida tras cortar todos los meridianos y doblar los cabos de Buena Esperanza y Hornos. Habr&iacute;a un premio para quien acabar&aacute; primero el viaje, y otro para quien lo hiciera en menos tiempo, lo que pod&iacute;a no coincidir dado que no todos los participantes tomar&iacute;an la salida a la vez.
    </p><p class="article-text">
        Moitessier era ya por entonces una leyenda entre los aficionados a la vela, aunque jam&aacute;s hab&iacute;a tomado parte en ninguna regata. Con barcos contruidos por &eacute;l mismo hab&iacute;a navegado &ndash;y naufragado&ndash; en todos los oc&eacute;anos. El franc&eacute;s nacido en Indochina, que hab&iacute;a aprendido a navegar y a vivir en los mares del sur, se lanz&oacute; a la nueva aventura como hab&iacute;a hecho con cualquiera de las anteriores: nunca entendi&oacute; que participaba en una competici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Cuando remontaba el Atl&aacute;ntico casi con la meta a la vista e inalcanzable para sus perseguidores, decidi&oacute; abandonar. &ldquo;Mi intenci&oacute;n es seguir viaje, sin parar, hacia las islas del Pac&iacute;fico, donde el sol luce radiante y hay m&aacute;s paz que en Europa. Por favor, no piensen que estoy intentando establecer un r&eacute;cord. R&eacute;cord es una palabra muy est&uacute;pida en el mar. Contin&uacute;o sin parar porque me siento feliz en el mar, y quiz&aacute; para salvar mi alma&rdquo;. Ech&oacute; el ancla en Polinesia tras dar vuelta y media al globo. La victoria en la regata, los premios y la gloria deportiva, fueron para Robert Knox-Johnston. Bernard Moitessier gan&oacute; otra cosa.
    </p><p class="article-text">
        Cuento todo esto porque no se me ocurre mejor manera de explicar todos los mundos que caben en un barco impulsado por el viento, y que la competici&oacute;n solo es uno m&aacute;s entre ellos. En una de las paredes del CEAR de vela de Santander aparece la relaci&oacute;n de medallistas espa&ntilde;oles en este deporte. Jan Abascal, recientemente destituido como director del centro, aporta la primera medalla de oro a un listado que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os ha sumado los nombres de varios regatistas que alcanzaron el &eacute;xito tras pasar por las instalaciones de Gamazo. Con ser notable, no creo que este sea el mayor logro de Abascal al frente del CEAR. Acerqu&eacute;nse por all&iacute; cualquier fin de semana, en verano o en invierno, y echen un vistazo a los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as de la escuela de vela, o vean el documental 'De donde viene el viento' y entender&aacute;n de qu&eacute; les hablo.
    </p><p class="article-text">
        Lo peor de la destituci&oacute;n de Jan Abascal no es que no se hayan tenido en cuenta los &eacute;xitos en la competici&oacute;n, sino que la propia existencia de la escuela &ndash;empe&ntilde;ada en sacar la vela de los estrechos m&aacute;rgenes que marcan las &eacute;lites, deportivas y de las otras&ndash; ha sido siempre vista con recelo por los que ahora han tomado la decisi&oacute;n de cesar a quien ha sido su m&aacute;ximo defensor. Es dif&iacute;cil no pensar que una cosa tiene que ver con la otra. Por mi parte, creo que nos podemos permitir un par de medallas menos en los pr&oacute;ximos juegos ol&iacute;mpicos, pero que si los chavales dejan de perseguirse con sus barcos, recorriendo los siete mares de la bah&iacute;a, perderemos algo m&aacute;s preciado que el mar. Me temo que no estamos lejos de eso.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Ramón Esquiaga]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/leyendas_132_2388785.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 09 Nov 2015 06:00:00 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Leyendas]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[José Ramón Esquiaga]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Luz, más luz]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/luz-luz_132_2411895.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f1c65401-0923-4891-ba4e-84b704591616_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Luz, más luz"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El problema es que en una materia tan sensible como la energética hay demasiadas cosas que solo son comprensibles para los expertos. Ahí están las facturas indescifrables, los impuestos al sol, el precio por hora o las lecturas estimadas de consumo, por no hablar del déficit de tarifa.</p></div><p class="article-text">
        La ley de Godwin viene a decir que cuando una discusi&oacute;n se alarga de forma indefinida, puede darse por seguro que uno de los litigantes acabe poniendo sobre la mesa el nombre de Hitler. A partir de ah&iacute;, concluye el axioma, el debate puede darse por agotado. Hace mucho tiempo que alcanzamos ese punto en lo que tiene que ver con el cambio de hora, aunque este es un asunto dif&iacute;cil de calificar como debate. Escribo esto con cierta antelaci&oacute;n, as&iacute; que solo puedo suponer que alguien nos habr&aacute; recordado otra vez que compartimos horario con Berl&iacute;n no por cuestiones geogr&aacute;ficas, sino por las afinidades que Franco ten&iacute;a con la Alemania nazi. Que en oto&ntilde;o tengamos que atrasar los relojes, y en primavera volver a adelantarlos, no est&aacute; directamente relacionado con esto, pero es tambi&eacute;n resultado de una decisi&oacute;n pol&iacute;tica, por m&aacute;s que responda a razones menos claras que las que motivaron al dictador.
    </p><p class="article-text">
        El adelanto de este &uacute;ltimo domingo nos permitir&aacute; encender las luces una hora m&aacute;s tarde por las ma&ntilde;anas, a costa de adelantar ese mismo tiempo su encendido por las tardes. Supongo que hay que ser un verdadero experto para entender que esto suponga un ahorro millonario. Por mi parte, confieso que no lo pillo. Me pasa lo mismo con los argumentos a favor de volver a la hora de Greenwich, que aseguran que eso nos ayudar&aacute; a conciliar la vida familiar y laboral, e incluso a rendir m&aacute;s en el trabajo. Uno tiende a pensar que eso depender&aacute; de a qu&eacute; hora se entre y salga de la oficina, o de lo que se haga en ella, y no de lo alto o bajo que est&eacute; el sol en cada momento, pero seguramente hay algo que se me escapa.
    </p><p class="article-text">
        Vaya por delante que a m&iacute; me gusta ese ir y venir del tiempo &ndash;tan estacional, tan previsible&ndash; y que me siento c&oacute;modo en el horario de Franco, muy adecuado para remolonear en la cama las ma&ntilde;anas de verano. El problema es que en una materia tan sensible como la energ&eacute;tica hay demasiadas cosas que solo son comprensibles para los expertos. Ah&iacute; est&aacute;n las facturas indescifrables, los impuestos al sol, el precio por hora o las lecturas estimadas de consumo, por no hablar del d&eacute;ficit de tarifa. Posiblemente no hemos puesto la suficiente atenci&oacute;n cuando nos han explicado todas estas cuestiones, pero es que est&aacute;bamos vigilando la cartera. El caso es que tampoco eso lo hemos hecho bien: esta semana hemos sabido que el precio de la electricidad subi&oacute; en Espa&ntilde;a el doble que en conjunto de la UE desde el comienzo de la crisis econ&oacute;mica.
    </p><p class="article-text">
        No creo en el lado oscuro, ni en las grandes conspiraciones, pero es inevitable pensar que ambas cosas &ndash;la confusi&oacute;n y la subida de precios&ndash; est&aacute;n relacionadas. A diferencia de lo que sucede con el cambio de hora, aqu&iacute; s&iacute; que tenemos un debate interesante, aunque no s&eacute; si conduce a alg&uacute;n lado. Cuando en una conversaci&oacute;n cualquiera sale a colaci&oacute;n el recibo de la luz, el intercambio racional de ideas queda proscrito y es sustituido por una catarata de improperios. A partir de ah&iacute;, y como en la ley de Godwin, el debate puede darse por caducado. M&aacute;s all&aacute; del desahogo, no veo de qu&eacute; forma esto puede acercarnos a una soluci&oacute;n que, para alegr&iacute;a de algunos, ya hemos dado por imposible.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Ramón Esquiaga]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/luz-luz_132_2411895.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 26 Oct 2015 06:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Luz, más luz]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cambio horario,Impuestos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Intermediarios]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/intermediarios_132_2437833.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/92cde971-4689-4031-95ce-9a1fa99d864b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Un ganadero durante el ordeño de una vaca frisona de forma tradicional. | JOAQUÍN GÓMEZ SASTRE"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cada vez hay menos ganaderos, agricultores o pescadores y, los que quedan, cada vez tienen más difícil vivir de un trabajo que sigue siendo lo bastante duro y sacrificado como para abarcar todo el campo semántico de la palabra faena.</p></div><p class="article-text">
        Esto que estoy haciendo ahora no es, en realidad, trabajar. Me lo dijo el abuelo Marino hace ya unos a&ntilde;os, cuando supo a qu&eacute; me dedicaba. Agricultor jubilado, no ve&iacute;a c&oacute;mo pod&iacute;a darse el mismo nombre a aquello que &eacute;l hab&iacute;a hecho toda su vida y a lo que yo le estaba contando: eso no es trabajar.
    </p><p class="article-text">
        Sin reproches, la simple constataci&oacute;n de una evidencia y un asombro. Te pagan por eso. Marino no era, en realidad, mi abuelo, pero si este hubiera tenido conmigo esa misma conversaci&oacute;n con toda seguridad hubiera llegado a id&eacute;ntica conclusi&oacute;n. Marino, ya est&aacute; dicho, era agricultor; Eugenio, mi abuelo, pescador.
    </p><p class="article-text">
        Cada vez hay menos ganaderos, agricultores o pescadores y, los que quedan, cada vez tienen m&aacute;s dif&iacute;cil vivir de un trabajo que, por m&aacute;s que ya no lo sea tanto como antes, sigue siendo lo bastante duro y sacrificado como para abarcar todo el campo sem&aacute;ntico de la palabra faena.
    </p><p class="article-text">
        Que una labor no deje apenas lugar para el tiempo libre, o que sea f&iacute;sicamente exigente, hasta el punto de comprometer la salud o la propia vida, nunca ha sido algo que mereciera demasiadas recompensas econ&oacute;micas, pero no creo que nunca antes se hayan alcanzado cotas de racaner&iacute;a como las actuales.
    </p><p class="article-text">
        Miren el precio que pagamos por los alimentos en el s&uacute;per y comp&aacute;renlo con lo que se abona por esos mismos productos en origen. La diferencia entre uno y otro es el valor que los consumidores damos a quienes almacenan, procesan, acarrean, publicitan y comercializan lo que luego compramos. Alguna de estas tareas puede rivalizar en penosidad con cualquier otra, pero es dif&iacute;cil no pensar que el desequilibrio es exagerado e injusto.
    </p><p class="article-text">
        Manda el mercado, la ley de la oferta y la demanda y todo eso. Quiz&aacute;. Tambi&eacute;n hay cada vez hay menos periodistas que puedan vivir de lo que hacen y sospecho que, si hay alguna l&oacute;gica en lo que pasa con agricultores, ganaderos y pescadores, esta no es muy distinta en nuestro caso o en el de &ndash;perd&oacute;n por la inmodestia en la comparaci&oacute;n&ndash; otros creadores: quienes elaboran los contenidos se ven relegados no ya por quienes los almacenan y empaquetan, sino sobre todo por quienes los transportan y los sirven.
    </p><p class="article-text">
        Seguro que llevar una conexi&oacute;n de Internet hasta el &uacute;ltimo rinc&oacute;n entra&ntilde;a enormes dificultades t&eacute;cnicas y requiere inversiones millonarias, pero que este sea el &uacute;nico eslab&oacute;n de la cadena adecuadamente remunerado supone de nuevo un desequilibrio exagerado e injusto.
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; d&oacute;nde parar&aacute; todo esto, pero tendr&aacute; que ser antes del final del trayecto porque all&iacute; solo veo perdedores. Intuimos ya a d&oacute;nde puede llevarnos que los &uacute;nicos que ganan dinero con la informaci&oacute;n &ndash;y por tanto los &uacute;nicos en disposici&oacute;n de controlarla&ndash; sean quienes la distribuyen, pero quiz&aacute; no seamos todav&iacute;a conscientes de lo que significa un campo sin cultivar, un prado sin vacas o unos puertos sin barcos.
    </p><p class="article-text">
        Los periodistas tendemos a creer que lo nuestro es un trabajo y que la informaci&oacute;n interesada una tragedia, pero ya me dir&aacute;n entonces c&oacute;mo vamos a llamar a la p&eacute;rdida de todo control sobre lo que comemos. Pregunten a los abuelos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Ramón Esquiaga]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/intermediarios_132_2437833.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 12 Oct 2015 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Intermediarios]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[José Ramón Esquiaga]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Callejero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/callejero_132_2462002.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">El Ayuntamiento ha demostrado una escasa sensibilidad a la hora de elegir la que le corresponderá a Ballesteros, alguien con sobrados merecimientos para tener presencia destacada no solo en los planos, sino también en el imaginario toponímico de los santanderinos.</p></div><p class="article-text">
        En Santander, la avenida de <a href="http://www.eldiario.es/norte/cantabria/cantabria/Severiano-Ballesteros-reemplaza-Carrero-Blanco_0_433607418.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Carrero Blanco va a pasar a llamarse Severiano Ballesteros</a>. No creo que sea una buena noticia para quienes pensamos que el golfista de Pedre&ntilde;a merece los m&aacute;ximos reconocimientos: dudo que nadie conozca esa v&iacute;a con el nombre que figuraba en el callejero y me temo que nadie tampoco vaya a referirse ahora a ella con la nueva denominaci&oacute;n. En este asunto pasa un poco lo que dec&iacute;a el protagonista de 'El Camino', la novela de Delibes ambientada en un pueblecito c&aacute;ntabro. Se preguntaba Daniel 'el Mochuelo' &ndash;recordemos, compa&ntilde;ero de andanzas de Mo&ntilde;igo y Ti&ntilde;oso&ndash; que a qu&eacute; tanta preocupaci&oacute;n por ponerle nombre al ni&ntilde;o, si en cuanto crezca alguien le adjudicar&aacute; un apodo con el que ser&aacute; conocido para los restos.
    </p><p class="article-text">
        La comparaci&oacute;n es tramposa, lo s&eacute;, porque en este caso pasa m&aacute;s o menos al rev&eacute;s: como en muchas otras r&uacute;as de hist&oacute;rica raigambre santanderina, a la calle se la conoce por el nombre que tuvo antes de que la autoridad decidiera rebautizarla con otro. En lo que respecta a la avenida Carrero Blanco, la duplicidad entre el apelativo oficial y el popular ha venido resolvi&eacute;ndose de forma ins&oacute;lita, porque ni siquiera los organismos p&uacute;blicos que tienen all&iacute; su domicilio utilizan el que corresponder&iacute;a, lo que viene a ser equivalente a que los progenitores se dirijan al hijo con el mote que le ha puesto la pandilla. El Instituto Espa&ntilde;ol de Oceanograf&iacute;a dice estar en el Promontorio San Mart&iacute;n y otro tanto hace la Escuela N&aacute;utico Pesquera mientras, vecino de ambos, el Museo Mar&iacute;timo del Cant&aacute;brico opta por San Mart&iacute;n de Bajamar. Bien por todos ellos, y mal por Severiano.
    </p><p class="article-text">
        Con todav&iacute;a un mont&oacute;n de calles pendientes de cambiar su denominaci&oacute;n en cumplimiento de la Ley de Memoria Hist&oacute;rica, el Ayuntamiento ha demostrado una escasa sensibilidad a la hora de elegir la que le corresponder&aacute; a Ballesteros, alguien con sobrados merecimientos para tener presencia destacada no solo en los planos, sino tambi&eacute;n en el imaginario topon&iacute;mico de los santanderinos. Porque en cuesti&oacute;n de nombres, ya me dir&aacute;n ustedes c&oacute;mo competir con San Mart&iacute;n de Bajamar.
    </p><p class="article-text">
        En el mismo pleno que arroj&oacute; definitivamente al almirante a los arrabales de la historia, <a href="http://www.eldiario.es/norte/cantabria/municipios/PP-PRC-Ciudadanos-Amparo-Santander_0_434307673.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el Ayuntamiento rechaz&oacute; llamar Amparo P&eacute;rez al vial</a> construido donde estuvo la casa expropiada de la anciana, convertida probablemente a su pesar en un s&iacute;mbolo de resistencia contra la imparable maquinaria de la administraci&oacute;n. No s&eacute; si dejarse la vida en la defensa de tus cuatro paredes es m&eacute;rito suficiente para figurar en el callejero, pero s&iacute; que la &uacute;ltima palabra en este pleito no la tendr&aacute;n el alcalde y los concejales: la carretera se conocer&aacute; con el nombre que los santanderinos le den, y esa es una batalla que <a href="http://www.eldiario.es/norte/cantabria/cantabria/Amparo-Perez-vida-terrible_0_352065134.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Amparo P&eacute;rez</a> todav&iacute;a puede ganar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Ramón Esquiaga]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/callejero_132_2462002.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 28 Sep 2015 05:00:00 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Callejero]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[José Ramón Esquiaga]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Días no tan libres]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/dias-libres_132_2486429.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2a534b48-8c64-4b45-aa7f-0b438ed2f441_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Días no tan libres"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Por más escéptico que uno sea sobre los efectos que esto pueda tener sobre la productividad –y yo lo soy mucho– lo de racionalizar el reparto entre el tiempo de asueto y el de trabajo parece una buena idea, aunque solo sea porque nos evitaría la discusión de cada año sobre si es mejor dedicar un día a las instituciones o al apostol Santiago”.</p></div><p class="article-text">
        La pol&eacute;mica que genera cada a&ntilde;o la publicaci&oacute;n del calendario laboral es tan previsible, puntual y aburrida como alguno de los festivos que fija el controvertido documento. La cosa tiene su l&oacute;gica si pensamos en el inter&eacute;s que esa cuesti&oacute;n despierta entre los ciudadanos y en lo c&oacute;modos que se encuentran los pol&iacute;ticos con las discusiones inofensivas: se junta el hambre con las ganas de comer.
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que el asunto, ya digo, es previsible, puntual y aburrido y, por todo ello, con escasa capacidad para cambiar el sentido del voto de nadie &ndash;esto es, inofensivo en t&eacute;rminos pol&iacute;ticos&ndash; pero no irrelevante. Si me lo parecen, en cambio, los t&eacute;rminos en que suele plantearse. Olvid&eacute;monos por un momento de si tal o cual celebraci&oacute;n tiene arraigo popular, justificaci&oacute;n hist&oacute;rica o arrastra devociones sin n&uacute;mero, saquemos todo eso de la ecuaci&oacute;n y volvamos a echarle un vistazo. &iquest;Qu&eacute; nos queda? Si hablamos de la discusi&oacute;n de cada a&ntilde;o, no mucho. Pero si separamos lo trascendente de lo importante, queda todo.
    </p><p class="article-text">
        Queda, por ejemplo, la promesa electoral del PP de racionalizar el calendario de festivos, y quedan tambi&eacute;n las razones por las que no se ha cumplido. La propuesta era sencilla: trasladar todos los festivos al lunes m&aacute;s pr&oacute;ximo, evitando de esta manera que las celebraciones entre semana rompan ritmos de trabajo o animen a construir puentes presuntamente improductivos. Da que pensar que en cuatro a&ntilde;os no hayan sido capaces de sacar adelante tan poca cosa.
    </p><p class="article-text">
        Modificar las fechas de los festivos requiere cambiar el Real Decreto que fija el d&iacute;a y mes de cada uno de ellos. Aunque permite algunas variaciones, es un men&uacute; cerrado, en el que los platos los han elegido los pol&iacute;ticos, los sindicatos, la patronal y los obispos. Empezamos a entender que todo sea tan complicado: del mismo modo que resolver algo tan sencillo y consensuado como la sucesi&oacute;n a la corona se convierte en imposible por el temor a un cambio constitucional &ndash;un mel&oacute;n que nadie quiere abrir&ndash; acabar con el absurdo de que en diciembre haya dos fiestas con tres d&iacute;as de diferencia obliga a poner sobre la mesa el concordato con la Santa Sede de 1979. Ya no estamos hablando de cuestiones pol&iacute;ticamente inofensivas.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; por eso nunca se realizaron los prometidos estudios que cuantificaran la ganancia o el derroche que implica mantener la cosas como est&aacute;n, o cambiarlas. Pero por m&aacute;s esc&eacute;ptico que uno sea sobre los efectos que esto pueda tener sobre la productividad &ndash;y yo lo soy mucho&ndash; lo de racionalizar el reparto entre el tiempo de asueto y el de trabajo parece una buena idea, aunque solo sea porque nos evitar&iacute;a la discusi&oacute;n de cada a&ntilde;o sobre si es mejor dedicar un d&iacute;a a las instituciones o al apostol Santiago. De hecho yo llevar&iacute;a un poco m&aacute;s lejos la olvidada propuesta del PP: los 14 d&iacute;as libres de cada a&ntilde;o podr&iacute;an colocarse en el primer lunes de cada mes, y todav&iacute;a sobrar&iacute;an dos para que pol&iacute;ticos, sindicalistas, patronos y obispos hicieran con ellos lo que quisieran. Ese s&iacute; que iba a ser un debate divertido.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Ramón Esquiaga]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/dias-libres_132_2486429.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 14 Sep 2015 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Días no tan libres]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Fiestas,Calendario laboral]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
