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    <title><![CDATA[elDiario.es - Ana Pérez Luna]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/ana_perez_luna/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Ana Pérez Luna]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Ni justa ni ejemplarizante]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/en-abierto/justa-ejemplarizante_132_2143823.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d79a07d5-d09a-4f08-b493-cacdb5e0873e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ni justa ni ejemplarizante"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Con la decisión judicial muchas sentimos que queríamos creer en la justicia como último eslabón al que engancharse cuando toda una cadena falla, y la justicia nos dejó tiradas"</p></div><p class="article-text">
        Ni justa, ni ejemplarizante, as&iacute; es la sentencia que se hizo p&uacute;blica la semana pasada sobre el caso de La Manada. Si podemos sacar una conclusi&oacute;n clara es que gana el machismo, al que le sale barato violar mientras a las mujeres nos sale muy caro el simple hecho de salir a la calle. El espacio p&uacute;blico les pertenece a ellos, y el privado, hasta el rinc&oacute;n m&aacute;s &iacute;ntimo de tu propio cuerpo, tambi&eacute;n: por las buenas o por las malas.
    </p><p class="article-text">
        Incluso esto &uacute;ltimo, si fue por las buenas o por las malas, lo han sentenciado ellos, han decidido que la mujer de 18 a&ntilde;os que denunci&oacute; una violaci&oacute;n durante los Sanfermines de 2016 por cinco depravados, seg&uacute;n el c&oacute;digo patriarcal, ni sinti&oacute; el dolor suficiente, ni se resisti&oacute; lo estipulado.
    </p><p class="article-text">
        La consecuencia no es solo que los agresores vean rebajada su pena, que ya es motivo m&aacute;s que suficiente para indignarse. Hay cuestiones mucho m&aacute;s graves y tienen que ver con el hecho de que una sociedad o una gran parte de ella (como el 50% que representamos las mujeres) deje de creer en las herramientas de las que se ha dotado para convivir y sobrevivir. Un elemento clave y premonitorio en situaciones de convulsi&oacute;n y conflicto social.
    </p><p class="article-text">
        La expectaci&oacute;n que ha generado este caso nada tiene que ver con el resultado de ninguna liga de f&uacute;tbol, ni de ning&uacute;n caso de corrupci&oacute;n pol&iacute;tica, tampoco con el resultado de una encuesta preelectoral. La expectaci&oacute;n est&aacute; directamente relacionada con la mezcla de miedo, asco y rebeld&iacute;a que sentimos la mujeres todos los d&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        El miedo. Miedo a que te violen al salir a la calle, al hacer deporte al aire libre o al bajarte del coche en un parking. Terror a coger un taxi sola de noche para volver a casa, a entrar en el portal o a cruzarte con un extra&ntilde;o en una calle solitaria. P&aacute;nico a compartir el ascensor sola con hombres o a abrir la puerta a un desconocido.
    </p><p class="article-text">
        El asco. Asco ante determinadas miradas y comentarios repugnantes por la calle y a plena luz del d&iacute;a. Asco de soportar el roce forzado de desconocidos en el transporte p&uacute;blico o en la cola de cualquier establecimiento. All&iacute; donde ellos decidan que no existe <em>zona de confort</em> que valga, pues es la suya la que impera y ellos deciden que &eacute;sta empieza donde acaba tu cuerpo.
    </p><p class="article-text">
        La rebeld&iacute;a. La rebeld&iacute;a de aguantar, de aguantar desde hoy mucho m&aacute;s. De soportar los peores salarios y las condiciones m&aacute;s precarias. De que el acoso tenga siempre cara de mujer. De ser un objeto sexual y no una profesional. La indignaci&oacute;n de sentir que no tienes los mismos derechos aunque lo recoja el papel m&aacute;s timbrado y oficial del mundo. Que la libertad real no existe para ti por muy independiente y aut&oacute;noma que te hayas cre&iacute;do en un determinado momento de tu vida. La impotencia de sentir que existe un veto pol&iacute;tico, social, profesional y hasta personal para ti por el simple hecho de ser mujer. La rabia de comprobar que el <em>NO es NO</em> no pasa de ser un slogan pol&iacute;tico. La indignaci&oacute;n de comprobar que la nueva pol&iacute;tica no iba con nosotras y que mientras ellos pelean por su espacio, el de &ldquo;el cambio&rdquo;, &ldquo;la democracia real ya&rdquo; o la &ldquo;horizontalidad&rdquo;, el lugar que queda para ti es un cartel degradado de fondo que dice &ldquo;nosotras&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Muchas ya and&aacute;bamos bastante descre&iacute;das, y no esper&aacute;bamos una sentencia justa, pero s&iacute;, al menos, ejemplarizante, disuasoria. Que aportase alguna esperanza para pensar que ese miedo, ese asco y esa rabia que sentimos a diario est&aacute;n camino de la extinci&oacute;n y la sociedad igualitaria por la que tanto hemos luchado aunque sea poco a poco, y con las correspondientes zancadillas, segu&iacute;a abri&eacute;ndose paso hacia delante. Pero la sentencia ha sido un mazazo.
    </p><p class="article-text">
        Desde la responsabilidad pol&iacute;tica se llama como en otras ocasiones al respeto por la justicia. Pero con la decisi&oacute;n judicial muchas sentimos que quer&iacute;amos creer en la justicia como &uacute;ltimo eslab&oacute;n al que engancharse cuando toda una cadena falla, y la justicia nos dej&oacute; tiradas marcando un antes y un despu&eacute;s, abriendo la veda para normalizar una sociedad con un machismo atroz que, como vemos, ya casi no entiende de l&iacute;mites.
    </p><p class="article-text">
        Hay un componente que nos resulta especialmente preocupante a quienes llevamos a&ntilde;os trabajando y apostando por el feminismo y la igualdad: el generacional. <em>La manada, </em>entre quienes se encuentran un militar y un guardia civil (aquello de &iquest;y al guarda qui&eacute;n lo guarda?) pertenece a una generaci&oacute;n que ha despreciado por completo todos los esfuerzos y recursos destinados a la educaci&oacute;n, la sensibilizaci&oacute;n y a implantar una sociedad justa donde mujeres y hombres compartamos el espacio y convivamos en paz. Han decidido convertirse en animales salvajes herederos de un patriarcado cuyo c&oacute;digo de conducta es el machismo violento e inhumano. Y la justicia casi les ha dado la raz&oacute;n<em>. </em>
    </p><p class="article-text">
        Ante esta situaci&oacute;n, a las mujeres solo nos queda tomar las calles juntas y hacerlas tambi&eacute;n nuestras, como ya ocurriera el pasado 8 de marzo, en 2014 durante el llamado <em>Tren de la libertad, </em>o en otras tantas batallas hist&oacute;ricas que llevamos ganadas. Adelante, siempre adelante.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&nbsp;</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana Pérez Luna]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/en-abierto/justa-ejemplarizante_132_2143823.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 30 Apr 2018 20:58:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ni justa ni ejemplarizante]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[La Manada]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La cuarta ola del movimiento feminista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/en-abierto/cuarta-ola-movimiento-feminista_132_2235121.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ea28bfce-1279-4f18-a16d-6820cdc84ff0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La cuarta ola del movimiento feminista"></p><p class="article-text">
        El 8 de marzo viene siendo, a&ntilde;o tras a&ntilde;o, &ldquo;el d&iacute;a de los datos&rdquo;. Tercos como ellos solos en lo que a desigualdad y violencia se refieren, se resisten a dar tregua.
    </p><p class="article-text">
        El machismo sigue presente, no importa si es en casa o en las calles, en lo privado o en lo p&uacute;blico, en el espacio de trabajo o en el del paro.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, 49 mujeres han sido asesinadas en 2017 (652 en los &uacute;ltimos diez a&ntilde;os); una encuesta publicada por Metroscopia estos d&iacute;as desvela que una de cada tres mujeres se ha sentido acosada alguna vez y que una de cada cuatro ha sufrido tocamientos o intentos de ello. Las cifras tambi&eacute;n evidencian que, a pesar de estar m&aacute;s formadas y obtener mejores calificaciones, nuestra incorporaci&oacute;n al mundo laboral ha sido tarde y mal: cobramos un 23% menos que nuestros compa&ntilde;eros, seg&uacute;n un informe del sindicato UGT basado en los datos del INE. Los datos de este mismo documento indican adem&aacute;s una mayor precariedad laboral en muchos otros aspectos como como el tipo de contrato, el techo de cristal, las pensiones, etc.
    </p><p class="article-text">
        La infrarrepresentaci&oacute;n de mujeres en los espacios donde se toman decisiones es tambi&eacute;n algo que clama al cielo y que, sin duda, prolonga las anteriores desigualdades. Si tomamos como ejemplo algunas cifras del mundo empresarial, pol&iacute;tico o cultural la cosa cambia poco: tan solo el 11,5% de los consejeros de empresas que cotizan en el Ibex-35 son mujeres; de los trece ministros del actual Gobiernonueve son hombres y en las Reales Academias un&iacute;nfimo porcentaje del 9,6 nos representa a nosotras.
    </p><p class="article-text">
        Pero lo m&aacute;s anecd&oacute;tico de muchos 8 de marzo, llegaba durante la puesta en escena pol&iacute;tica. M&aacute;s que de una realidad, parec&iacute;a tratarse de ciencia ficci&oacute;n. Y es que las mujeres hemos asistidoa una de esas paradojas insuperables: se&ntilde;ores represent&aacute;ndonos a nosotras (las infrarrepresentadas), denunciaban los datos de desigualdad (la nuestra), una cifra detr&aacute;s de otra. Todas ellas, empaquetadas en informes t&eacute;cnicos y adornadas por el lazo de lo pol&iacute;ticamente correcto. Es as&iacute; como durante a&ntilde;os, bajo el paraguas de esta marcada fecha de la agenda feminista, algunos hombres, sin despeinarse un pelo y como si con ellos no fuera la cosa, hasta denunciaban por nosotras.
    </p><p class="article-text">
        Y no se trata de ahondar en el manido argumento que esgrime todo machista que se precie sobre esa supuesta guerra que las mujeres hemos iniciado contra ellos. Porque efectivamente, algunos responsables pol&iacute;ticos varones han implementado verdaderos cambios y medidas en la lucha contra la discriminaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Se trata simplemente de una realidad: la igualdad se antoja dif&iacute;cil sin mujeres en los espacios donde se decide y se gestiona. Queremos estar ah&iacute;. No deber&iacute;a existir ninguna duda sobre el hecho de que hasta ahora quienes han ejercido el poder han sido ellos, y lo han hecho porque han disfrutado de una posici&oacute;n privilegiada a todos los niveles. Queremos que eso cambie. Hoy, el panorama pol&iacute;tico sigue masculinizado: los partidos tradicionales est&aacute;n liderados por hombres y los partidos del cambio, en esto, valga la redundancia, han cambiado poco. Parad&oacute;jicamente, ni siquiera los del &ldquo;no nos representan&rdquo; se han aplicado el cuento en lo que a la representaci&oacute;n de mujeres significa.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, y a pesar de que las cifras se empe&ntilde;an en aferrarse cual varones pol&iacute;ticos a sus cargos, en la actualidad las mujeres estamos reivindicando con mucha fuerza ser protagonistas de nuestra propia historia, denunciar y combatir nosotras mismas esas cifras de la discriminaci&oacute;n. Por supuesto, acompa&ntilde;adas de todos esos hombres que creen en la igualdad, pero sin que estos ocupen nuestro lugar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Como si de una revoluci&oacute;n se tratase, algo est&aacute; cambiando y muy r&aacute;pido.</strong> En t&eacute;rminos de visibilidad, que no es poco, el movimiento #MeToo, el Time&acute;s Up, o estos d&iacute;as, la huelga convocada para el 8 de marzo en 170 pa&iacute;ses y a la que se han sumado tantos colectivos de mujeres bajo el lema #NosotrasParamos son un clamor.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s profundamente, tambi&eacute;n algo se transforma: mujeres an&oacute;nimas que no cre&iacute;an en la causa feminista o que incluso manifestaban abiertamente no haberse sentido nunca discriminadas o infravaloradas est&aacute;n cambiado de opini&oacute;n; prescriptores de opini&oacute;n han incorporado el feminismo a su discurso, los medios de comunicaci&oacute;n ya incluyen numerosos art&iacute;culos de opini&oacute;n e incluso secciones espec&iacute;ficas sobre igualdad. En pol&iacute;tica, el techo de cristal empieza a resquebrajarse por algunas zonas. El caso andaluz es claro ejemplo: la comunidad aut&oacute;noma est&aacute; presidida por una mujer, el principal partido de izquierdas en la oposici&oacute;n tambi&eacute;n y dos de los interlocutores sociales m&aacute;s representativos, los sindicatos, han roto su techo de cristal.
    </p><p class="article-text">
        Todo parece indicar que las mujeres de hoy estamos asistiendo a la que ser&aacute; la cuarta ola del movimiento feminista. Esto, que es un privilegio, tambi&eacute;n deber&iacute;a convertirse en una responsabilidad. Para empezar, no deber&iacute;amos olvidar que, si es cierto que se trata de la cuarta ola de este movimiento, antes se impulsaron otras tres y, por tanto, estamos obligadas a contribuir hacia el futuro con generosidad, y a mirar hacia el pasado con reconocimiento.
    </p><p class="article-text">
        Estar&iacute;amos cometiendo un grave error si nos otorg&aacute;semos el &eacute;xito del actual movimiento &iacute;ntegramente a nosotras mismas. O a&uacute;n peor, si lo achac&aacute;ramos a la inercia de los tiempos, porque en nuestro caso la inercia s&oacute;lo nos hubiera llevado a retroceder ante un machismo tan arraigado socialmente.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La situaci&oacute;n actual</strong>, en la que abiertamente podemos reivindicar cambios pol&iacute;ticos y sociales, manifestarnos o hacer huelga (ojo, que entre nosotras hay muchas que a&uacute;n no pueden permit&iacute;rselo) <strong>se la debemos a otras mujeres.</strong> En su caso incomprendidas, denostadas, violentadas, invisibilizadas y vetadas del m&aacute;s m&iacute;nimo protagonismo p&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        Mujeres que, empe&ntilde;adas en rebelarse contra la injusticia de ser tratadas de manera distinta por el hecho de serlo,  han dedicado sus vidas a una causa que hoy es la nuestra. Gracias a ellas hoy disfrutamos de grandes conquistas en el terreno de la igualdad jur&iacute;dica, de la libertad sexual y reproductiva o del derecho a elegir nuestra representaci&oacute;n pol&iacute;tica con nuestro propio voto. Un legado nada desde&ntilde;able al que, a juzgar por los datos, habr&aacute; que seguir sumando conquistas.
    </p><p class="article-text">
        Ma&ntilde;ana, 8 de marzo, nos vemos de nuevo en las calles.
    </p><p class="article-text">
        <strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong> </strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana Pérez Luna]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/en-abierto/cuarta-ola-movimiento-feminista_132_2235121.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 06 Mar 2018 22:26:08 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La cuarta ola del movimiento feminista]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Feminismo,8M]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una brecha insostenible]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/en-abierto/brecha-insostenible_132_2856508.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5cb9c863-e2f4-4968-9fc1-634cbcfbe7a7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una brecha insostenible"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Para el feminismo, el trabajo de las mujeres sindicalistas es tan imprescindible como para ellas mismas lo es contar con el apoyo de este movimiento</p><p class="subtitle">Montamos una fiesta para celebrar la aprobación de leyes en Islandia y Alemania que</p><p class="subtitle">"ilegalizan la brecha salarial",</p><p class="subtitle">obviando que</p><p class="subtitle">la discriminación salarial ya es ilegal en España</p></div><p class="article-text">
        Poco se ha hecho esperar la <em>contrarreacci&oacute;n</em> al famoso movimiento #MeToo. En esta ocasi&oacute;n, el rechazo proced&iacute;a de un grupo de mujeres francesas con gran relevancia p&uacute;blica. Manifiesto en mano y sin pudor alguno, no dudaron en tachar a sus colegas, las actrices norteamericanas, de puritanas, y en ponerse al frente de una especie de causa llamada <em>seducci&oacute;n</em>, ah&iacute; es nada.
    </p><p class="article-text">
        No es la primera vez que lo que debiera ser un f&eacute;rreo pacto de g&eacute;nero tristemente hace aguas por alg&uacute;n rinc&oacute;n, bien por un motivo, bien por otro. Tambi&eacute;n en nuestro pa&iacute;s asistimos a casos similares, aunque de menor impacto medi&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Sin ir m&aacute;s lejos,desde hace unos d&iacute;as se viene anunciando la convocatoria de una huelga de mujeres con motivo del 8 de marzo y parece que, en determinados foros de la organizaci&oacute;n, no est&aacute;n saliendo bien paradas las mujeres sindicalistas. Sobre ellas siempre han sobrevolado dudas acerca del nivel y la intensidad de su feminismo. Algo parecido a lo que hoy ocurre con el gran debate de la izquierda de nuestro pa&iacute;s: averiguar qui&eacute;n esm&aacute;s rojo mientras la derecha se consolida en el poder. 
    </p><p class="article-text">
        En este sentido,<strong> es de justicia romper una lanza a favor de las mujeres sindicalistas,</strong> quienes, por cierto, ya en alg&uacute;n momento, con mayor o menor dificultad, impulsaron alguna huelga de mujeres, sin exclusiones e intentando contar con aliadas representativas de los distintos espacios.
    </p><p class="article-text">
        No es sencillo su contexto y, aunque el trabajo sindical en su conjunto tiene un importante impacto en nuestras vidas, es altamente invisible. Su complejidad tampoco ayuda a superar esta barrera: toda una labor que va desde el an&aacute;lisis de estructuras salariales, sistemas de clasificaci&oacute;n profesional, cotizaciones, denuncias y reclamaciones por v&iacute;a judicial o administrativa que llegan a prolongarse durante a&ntilde;os,y as&iacute; hasta un largo etc&eacute;tera.
    </p><p class="article-text">
        La ya complicada labor sindical se convierte casi en misi&oacute;n imposible cuando a&ntilde;adimos la dificultad -que lo es- de ser mujer en un entorno masculinizado como el de las relaciones laborales, y de asumir la ardua tarea de incorporar a este la igualdad. Con todo, estas mujeres que pasan largas horas y d&iacute;as de sus vidas en tensas y crispadas mesas de negociaci&oacute;n, llevan a sus espaldas las conquistas de un trabajo tan encomiable como poco reconocido.
    </p><p class="article-text">
        Un ejemplo muy claro de su invisibilidad lo vemos estos d&iacute;as con el asunto de la brecha salarial. Algo de lo que todos opinamos, pero poco inter&eacute;s mostramos por conocer la opini&oacute;n de estas mujeres m&aacute;s que especializadas en el asunto.
    </p><p class="article-text">
        Si bien es cierto que se han publicado art&iacute;culos rigurosos en sus contenidos y sostenidos en an&aacute;lisis de expertas en la materia, generalmente acad&eacute;micas o juristas, lo contrario tambi&eacute;n ha abundado mucho.
    </p><p class="article-text">
        Ironizando, casi se termina montando una fiesta por todo lo alto para celebrar la aprobaci&oacute;n de leyes en Islandia y Alemania que <em>&ldquo;ilegalizan la brecha salarial&rdquo;,</em> obviando en muchos casos, y desconociendo por completo en otros, que <strong>la discriminaci&oacute;n salarial ya es ilegal en Espa&ntilde;a</strong>. Con la particularidad de que &eacute;sta se camufla y serpentea por las rendijas de un sistema laboral enrevesado y perverso. Ellas, las sindicalistas, conocen bien esta realidad.
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto que normativas de pa&iacute;ses como Islandia han de ser un referente para avanzar. Pero el discurso simplista de importar tales leyes a modo de <em>copia, pega y asunto resuelto</em> s&oacute;lo se sostiene en titulares. Dejar al margen el an&aacute;lisis profundo de las diferencias sociales y laborales entre pa&iacute;ses que se encuentran a a&ntilde;os luz podr&iacute;a suponer un error. A la hora de dar con f&oacute;rmulas eficaces, aunque se persigan los mismos objetivos, ser&aacute; necesario contemplar variaciones que se ajusten a la realidad de nuestro mundo laboral.
    </p><p class="article-text">
        El debate sobre la aplaudida medida de publicar los sueldos de toda la plantilla de una empresa, por ejemplo, deber&iacute;a tambi&eacute;n valorar otras cuestiones. Probablemente ayudar&iacute;a a una mayor transparencia, pero, de por s&iacute;, no ser&iacute;a la panacea. Muchos parecen desconocer que algo parecido ya se practica aqu&iacute;: la representaci&oacute;n legal de los trabajadores,de manera previa a un periodo de negociaci&oacute;n (o cuando lo consideren oportuno) tiene acceso a esta informaci&oacute;n, no sin las tradicionales resistencias por parte del empresariado a aportarla. Los sindicatos trabajan con ella para detectar los desequilibrios, elaborar sus propuestas y preparar su estrategia negociadora. Adem&aacute;s, es una herramienta clave para la implantaci&oacute;n de planes de igualdad o medidas de acci&oacute;n positiva.
    </p><p class="article-text">
        En la desigualdad retributiva no todo se reduce a dos personas de una misma categor&iacute;a profesional que por pertenecer a distintos sexos cobran un salario diferente. Hoy en nuestro pa&iacute;s este hecho tiene f&aacute;cil soluci&oacute;n con una simple visita a la Inspecci&oacute;n de Trabajo. La brecha salarial se esconde en categor&iacute;as que, bajo distinta nomenclatura, contemplan tareas de similar responsabilidad pero distinto salario. Tambi&eacute;n se oculta tras complementos salariales que premian, entre otros, el esfuerzo f&iacute;sico o la estabilidad laboral (requisitos que suelen tener nombre de var&oacute;n). O se embosca en un mercado laboral segregado horizontalmente donde los sectores feminizados est&aacute;n infravalorados, y segregado verticalmente (lo que conocemos como techo de cristal) donde los mayores salarios se destinan a altos cargos, ocupados en su inmensa mayor&iacute;a por hombres.
    </p><p class="article-text">
        Asimismo, el poder adquisitivo de las mujeres se va al garete cuando se ven obligadas a solicitar una reducci&oacute;n de jornada o una excedencia para hacerse cargo, por ejemplo, de las tareas de cuidado familiar. Un tema vinculado directamente a la realidad de cada pa&iacute;s, pues los m&aacute;s avanzados cuentan con un sistema de protecci&oacute;n social y asistencia gubernamentales que liberan en gran medida a la mujer de estas tareas. Ni que decir tiene que las mayores tasas de paro, la temporalidad o los contratos precarios recaen tambi&eacute;n en nosotras, con la dram&aacute;tica consecuencia de prolongar la brecha hasta el final de nuestras vidas con pensiones paup&eacute;rrimas.
    </p><p class="article-text">
        Es importante reconocer el papel que desempe&ntilde;an quienes tienen competencias en ese complejo mundo, las sindicalistas, y alejar cualquier atisbo de comportamiento excluyente de una carrera de fondo donde los obst&aacute;culos ya son demasiados. Para el feminismo, el trabajo de estas mujeres es tan imprescindible como para ellas mismas lo es contar con el apoyo de este movimiento.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana Pérez Luna]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/en-abierto/brecha-insostenible_132_2856508.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 20 Jan 2018 18:01:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una brecha insostenible]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Feminismo,Brecha salarial,Sindicatos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Se precisa celebrity para funciones políticas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/en-abierto/precisa-celebrity-funciones-politicas_132_2999972.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a8ebdeb8-0a51-4b58-b644-202ecdeba07b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Se precisa celebrity para funciones políticas"></p><p class="article-text">
        Hace justo un mes, el pasado d&iacute;a 12 de noviembre, la presidenta de la Junta de Andaluc&iacute;a agradec&iacute;a en un tweet a la periodista <strong>Mabel Lozano</strong> su trabajo y compromiso contra la trata de mujeres, con motivo de la publicaci&oacute;n de su libro <em>El proxeneta</em>. Tres d&iacute;as despu&eacute;s, Susana D&iacute;az anunciaba en el Debate del Estado de la Comunidad el impulso de medidas para impedir que ning&uacute;n medio de comunicaci&oacute;n que publique anuncios de contactos sexuales o prostituci&oacute;n cubierta o encubierta reciba ni un euro de arcas p&uacute;blicas mediante contrataci&oacute;n, subvenciones o publicidad.
    </p><p class="article-text">
        En realidad, la igualdad y la denuncia contra la violencia de g&eacute;nero se prodigan bastante en el discurso p&uacute;blico de la dirigente andaluza. Tampoco es extra&ntilde;o que se pronuncie sobre temas cuya controversia lleva a muchos otros responsables pol&iacute;ticos a permanecer en silencio. As&iacute; lo hizo con el reciente caso de Juana Rivas y volvi&oacute; a hacerlo durante la intervenci&oacute;n final del citado Debate, en una clara alusi&oacute;n al caso de &ldquo;la manada&rdquo;, cuya instrucci&oacute;n ha conmocionado a gran parte de la sociedad. Sin embargo, esto no parece ser suficiente para merecer la atenci&oacute;n de la opini&oacute;n p&uacute;blica que parece m&aacute;s centrada en otras cuestiones como la crisis territorial.
    </p><p class="article-text">
        Siendo cierto que la pol&iacute;tica va m&aacute;s all&aacute; del golpe de tweet y del discurso p&uacute;blico -y que es en las entretelas de los &oacute;rganos institucionales donde &eacute;sta se desenvuelve y donde los responsables pol&iacute;ticos debaten, acuerdan, legislan y ejecutan decisiones fundamentales para nuestras vidas- cuando estos esfuerzos se dirigen a los graves problemas que sufrimos las mujeres, tampoco parece lucir demasiado.
    </p><p class="article-text">
        En el pasado Debate sobre el Estado de Comunidad la igualdad se elev&oacute; al primer nivel de la pol&iacute;tica andaluza y tuvo un protagonismo inusual en un &aacute;mbito pol&iacute;tico tan relevante como este. Se anticiparon medidas como el citado veto a los medios que incluyan anuncios de prostituci&oacute;n, tambi&eacute;n las modificaciones de leyes como la de&nbsp;Protecci&oacute;n contra la Violencia de G&eacute;nero y la de Promoci&oacute;n de la Igualdad de G&eacute;nero, y el desarrollo de la Estrategia contra la Violencia de G&eacute;nero. Es m&aacute;s, desde la tribuna del Parlamento se lleg&oacute; a utilizar la palabra <em>feminicidio</em> para referirse a la violencia de g&eacute;nero. Toda una novedad, pues es un t&eacute;rmino muy restringido al argot feminista y, por tanto, muy vetado en el pol&iacute;tico, por m&aacute;s que la cifra de mujeres asesinadas en nuestro pa&iacute;s s&oacute;lo este a&ntilde;o ya roce el medio centenar.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, la respuesta de la mayor&iacute;a del arco parlamentario, m&aacute;s preocupado por la inminente agenda pol&iacute;tica nacional o por el panorama catal&aacute;n, fue escasa por no decir nula. La igualdad, una vez m&aacute;s, se dej&oacute; escapar por el sumidero. Tampoco el resultado de los titulares y an&aacute;lisis posteriores al Debate fueron m&aacute;s all&aacute; de tachar estas medidas, especialmente la referida a los anuncios en medios, de ut&oacute;picas o extempor&aacute;neas.
    </p><p class="article-text">
        Esta misma semana, el Consejo de Gobierno ha aprobado la reforma de la ley de violencia de g&eacute;nero andaluza, incorporando como v&iacute;ctimas a hijos, dependientes, mayores y personas con discapacidad que est&eacute;n a cargo de estas mujeres. Tambi&eacute;n se consideran violencia de g&eacute;nero, entre otros, el acoso sexual, la ciberdelincuencia, la mutilaci&oacute;n genital o la trata. Y, aunque este asunto parece que ha tenido mejor acogida informativa, la realidad es que siempre parece haber algo m&aacute;s importante. Desde luego, con Catalu&ntilde;a no hay quien compita.
    </p><p class="article-text">
        Incluso la igualdad (o desigualdad) de g&eacute;nero catalana queda tambi&eacute;n relegada por la propia Catalu&ntilde;a y su conflicto. Un claro ejemplo de ello fue el cara a cara en un famoso programa televisivo entre In&eacute;s Arrimadas y Marta Rovira. Ninguna de las dos supo dar la cifra exacta de mujeres v&iacute;ctimas de la violencia machista en su comunidad, pero los comentarios y an&aacute;lisis posteriores del resto de medios de comunicaci&oacute;n se centraron en otro desatino: el dato del desempleo, que tampoco conoc&iacute;an.
    </p><p class="article-text">
        Ha pasado un mes desde que el Debate del Estado de la Comunidad tuviese lugar y los asuntos de g&eacute;nero abordados pasaron sin pena ni gloria. Tambi&eacute;n lleva un mes en el mercado la publicaci&oacute;n &ldquo;El proxeneta&rdquo;. El &eacute;xito de esta historia tan cruel como real es rotundo y absoluto. Tambi&eacute;n lo es el trabajo de denuncia contra la trata y a favor de los derechos humanos que su autora, Mabel Lozano, viene haciendo desde hace a&ntilde;os a trav&eacute;s del cine social.
    </p><p class="article-text">
        Otro de los &eacute;xitos contundentes de denuncia p&uacute;blica y notoria que estos d&iacute;as las mujeres podemos apuntarnos en nuestro haber son las denuncias de acoso sexual que comenzaron por la industria del cine en Hollywood y que est&aacute;n teniendo un importante efecto domin&oacute; en otros sectores. La propia revista Time ha llevado el #MeToo a su portada y ha nombrado personaje del a&ntilde;o a las mujeres que rompieron el silencio.
    </p><p class="article-text">
        Parece que nuestros raseros se inclinan por valorar de manera m&aacute;s favorable la visibilizaci&oacute;n y la denuncia p&uacute;blica que el tratamiento pol&iacute;tico que la desigualdad reciba. No cabe, desde luego, la m&aacute;s m&iacute;nima duda de que el trabajo y la valent&iacute;a de estas mujeres estadounidense resulta imprescindible para combatir la discriminaci&oacute;n y la violencia. Pero tampoco debe olvidarse que la reivindicaci&oacute;n ha de ir acompa&ntilde;ada de herramientas para prevenir y solucionar el problema y que quienes deben proporcionarlas son los responsables pol&iacute;ticos. Por tanto, tan imprescindible son las denuncias p&uacute;blicas como el trabajo pol&iacute;tico y legislativo.
    </p><p class="article-text">
        Ni debemos esperar que la soluci&oacute;n a la desigualdad y a la violencia machista venga de la mano de personajes famosos, ni debemos permitir que la pol&iacute;tica se quede en una mera denuncia, por m&aacute;s impacto medi&aacute;tico que esta provoque. De lo contrario terminaremos precisando del compromiso de alguna <em>celebrity</em> que denuncie este asunto en los &oacute;rganos pol&iacute;ticos para suscitar la atenci&oacute;n y el an&aacute;lisis de la opini&oacute;n p&uacute;blica y de los medios de comunicaci&oacute;n. Al tiempo&hellip;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana Pérez Luna]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/en-abierto/precisa-celebrity-funciones-politicas_132_2999972.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 20 Dec 2017 10:44:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Se precisa celebrity para funciones políticas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Feminismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando la igualdad no es para todas igual]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/en-abierto/igualdad-todas-igual_132_3181494.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e7bcb2ba-7904-4be2-9f0a-f5697a3c103e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuando la igualdad no es para todas igual"></p><p class="article-text">
        La capacidad del ser humano para arruinar cualquier causa justa con actitudes excluyentes es algo que no deja de asombrar. Lo estamos viendo a diario en pol&iacute;tica: nada hay que genere m&aacute;s reproches hacia una persona de izquierdas que otra persona de &ldquo;otra&rdquo; izquierda. Y a medida que el debate sobre qui&eacute;n es m&aacute;s de izquierdas va alcanzando cotas insospechadas, en una especie de vor&aacute;gine autodestructiva, la derecha avanza consolidando su poder.
    </p><p class="article-text">
        Algo parecido sucede con la variante de g&eacute;nero. Las mujeres, que nos enfrentamos al fen&oacute;meno m&aacute;s pionero de la globalizaci&oacute;n, el machismo, tambi&eacute;n padecemos el mal de la autoexclusi&oacute;n. Tenemos claro que nuestra presencia en puestos de responsabilidad pol&iacute;tica, empresarial o de cualquier otro &aacute;mbito sigue siendo irrisoria y que estas y otras muchas reivindicaciones deben ser un objetivo prioritario de la sociedad en su conjunto, pero sobre todo nuestro, de las mujeres que somos quienes sufrimos la discriminaci&oacute;n en primera persona.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, cuando algunas mujeres alcanzan cierta relevancia p&uacute;blica y son v&iacute;ctimas de ataques sexistas, la defensa de su dignidad queda relegada ante otros intereses, ya sean pol&iacute;ticos o ideol&oacute;gicos.
    </p><p class="article-text">
        Parece existir una relaci&oacute;n inversa entre el nivel de poder que alcanza una mujer y su buena acogida p&uacute;blica, incluso entre nosotras. Salvo contadas excepciones, cuanto mayor es la cuota de poder que una mujer alcanza, mayor es la reticencia a posicionarnos de su lado y defenderla ante ataques por raz&oacute;n de sexo.
    </p><p class="article-text">
        A nadie con dedos de frente se le ocurrir&iacute;a, por ejemplo, socorrer una patera a la deriva si, y s&oacute;lo si, los inmigrantes que la ocupan han tenido una vida ejemplar. Se les socorre y punto, porque por encima de todo est&aacute; el valor de la vida. Tampoco a un sindicalista se le ocurrir&iacute;a salir o no en defensa de un trabajador que ve vulnerados sus derechos en funci&oacute;n de la ideolog&iacute;a de &eacute;ste o del partido al que vote. Por eso, llama la atenci&oacute;n que, cuando nos topamos con la defensa de la mujer y su derecho a la igualdad, la cosa cambie.
    </p><p class="article-text">
        Un caso recientefue el de Hilary Clinton. Mucha gente consideraba que el hecho de que por primera vez en la historia una mujer accediera a la Presidencia de pa&iacute;s m&aacute;s poderoso del mundo pod&iacute;a ser, en s&iacute; mismo, un paso importante en la lucha por la igualdad de derechos entre sexos. Pero hubo quien no debi&oacute; considerar este aspecto lo suficientemente importante y la candidata del Partido Dem&oacute;crata no s&oacute;lo tuvo que hacer frente a las machadas soeces del actual presidente y de toda su cohorte, sino tambi&eacute;n al ataque de otras mujeres, como la prestigiosa actriz Susan Sarandon, que explicaba su rechazo a Clinton a trav&eacute;s de su famosa declaraci&oacute;n &ldquo;no voto con mi vagina&rdquo;. Quiz&aacute;s le resultaba m&aacute;s molesto votar a la mujer que se presentaba a la presidencia de su pa&iacute;s, que terminar -valga la met&aacute;fora- gobernada por un falo.
    </p><p class="article-text">
        En un contexto mucho m&aacute;s cercano, tambi&eacute;n presenciamos actitudes similares. &iquest;Qui&eacute;n recuerda ya no s&oacute;lo la proyecci&oacute;n p&uacute;blica y medi&aacute;tica, sino la proyecci&oacute;n pol&iacute;tica que apuntaba la carrera de Tania S&aacute;nchez? Poca defensa desde la perspectiva de g&eacute;nero se hizo de su paso a la m&aacute;s absoluta irrelevancia pol&iacute;tica. Mejor suerte han corrido, por ahora, otras mujeres que s&iacute; han sido defendidas con bastante contundencia: la andaluza Teresa Rodr&iacute;guez o, recientemente, In&eacute;s Arrimadas, atacada por una mujer que, no coincidiendo con su ideolog&iacute;a pol&iacute;tica, le deseaba, ni m&aacute;s ni menos, que una violaci&oacute;n m&uacute;ltiple.
    </p><p class="article-text">
        El caso de Susana D&iacute;az es especialmente llamativo. Desde que se estren&oacute; en San Telmo como &ldquo;la chica de Presidencia&rdquo;, ha ido acumulando ataques sin control. Lleva tiempo siendo blanco de dardos envenenados de machismo puro, ante la m&aacute;s absoluta pasividad de la opini&oacute;n p&uacute;blica. A la presidenta andaluza, se le ha criticado absolutamente todo: desde el marido hasta el traje de flamenca. Se la ha tachado de mujer ambiciosa, con mano dura y con aspiraciones personales. Se trata, hay que se&ntilde;alarlo, de una cr&iacute;tica sexista de libro, pues la contrapone con la figura del var&oacute;n,en quien estos mismos &ldquo;defectos&rdquo; suelen por el contrario destacarse como valores asociados al liderazgo, la valent&iacute;a y la capacidad de sacrificio para resolver los problemas de la ciudadan&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Independientemente de las decisiones acertadas o err&oacute;neas que haya tomado la dirigente socialista, la perspectiva de g&eacute;nero queda relegada a la m&aacute;s absoluta invisibilidad. Como si no tuviera valor el hecho de que se trata de una mujer que, por s&iacute; misma, ha alcanzado una gran proyecci&oacute;n nacional, que ejerce el poder sin que nadie se lo haya regalado y que, adem&aacute;s, a diferencia de otras mujeres que en pol&iacute;tica evitan la confrontaci&oacute;n con sus compa&ntilde;eros y se conforman con el lugar que se les otorga, ella decidi&oacute; dar un paso adelante. Es decir, ha actuado como probablemente habr&iacute;a hecho cualquier var&oacute;n en semejantes circunstancias. S&oacute;lo que a ellos se lo apuntamos en el haber y a ella, en el debe.
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto que las mujeres tambi&eacute;n est&aacute;n sometidas a la cr&iacute;tica pol&iacute;tica, pero creo que determinados excesos como los que acabo de se&ntilde;alar implican un trato discriminatorio de trasfondo claramente machista. Cuesta, desde luego, leer alg&uacute;n art&iacute;culo de opini&oacute;n a favor de la presidenta de la Junta de Andaluc&iacute;a, lo que podr&iacute;a denotar un cierto desequilibrio en el an&aacute;lisis. Ni siquiera medidas de tan buena acogida como la pr&aacute;ctica gratuidad de las matr&iacute;culas universitarias aparecen vinculadas a su persona.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s las mujeres debi&eacute;ramos romper una lanza a nuestro favor y marcar prioridades en nuestra propia agenda.&iquest;Queremos romper el techo de cristal y acceder a los espacios de poder al m&aacute;s alto nivel con absoluta normalidad? &iquest;O queremos que s&oacute;lo las mujeres que defienden determinada ideolog&iacute;a y, por as&iacute; decirlo, nos caen bien, alcancen esas cuotas de responsabilidad? &iquest;No estaremos cayendo en la misma trampa patriarcal de autoexigirnos m&aacute;s como mujeres que a nuestros compa&ntilde;eros varones?
    </p><p class="article-text">
        Si no entendemos que el pacto de g&eacute;nero debe estar por encima de otras cuestiones, tambi&eacute;n las pol&iacute;ticas, estaremos postergando la ineludible y urgente necesidad de que las mujeres alcancemos el lugar que nos corresponde en cualquier sociedad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana Pérez Luna]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/en-abierto/igualdad-todas-igual_132_3181494.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 18 Sep 2017 08:58:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuando la igualdad no es para todas igual]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Feminismo,Susana Díaz]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No voto con la vagina pero me termina gobernando un falo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/voto-vagina-termina-gobernando-falo_132_3623720.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/87debf28-79b6-4afe-b3c7-d96217c4d55b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No voto con la vagina pero me termina gobernando un falo"></p><p class="article-text">
        Fue el pasado noviembre, al final de la campa&ntilde;a para las presidenciales de EE.UU., cuando Susan Sarandon hizo unas declaraciones de lo m&aacute;s desafortunadas. &ldquo;No voto con mi vagina&rdquo; manifestaba la prestigiosa actriz dejando claro as&iacute; su rechazo a la que pudiera haber sido la primera mujer Presidenta de los EE.UU.
    </p><p class="article-text">
        Tan contundentes fueron sus manifestaciones que terminaron difuminando la figura de Donald Trump y poniendo con sus palabras en el centro de la diana a Hillary Clinton. Su no apoyo a Trump no fue noticia; por contra, su rechazo a Clinton retumb&oacute; hasta el &uacute;ltimo de los rincones tras hacerse eco medios de comunicaci&oacute;n de todo el mundo.
    </p><p class="article-text">
        Admito mi indignaci&oacute;n desde que o&iacute; las declaraciones por considerarlas un error descomunal. Otra vez una mujer contra otra y en un contexto tan delicado y necesitado de presencia femenina como el pol&iacute;tico. Resulta evidente que las declaraciones de la influyente cineasta no han sido las que han llevado a este individuo a la presidencia de los Estados Unidos. Pero desde luego no han ayudado a evitarlo. Es m&aacute;s, aunque s&oacute;lo hubiera sido en una m&iacute;nima proporci&oacute;n, ayudaba a incrementar el rechazo a la candidata del partido dem&oacute;crata... que por lo visto era muy establishment. Ojal&aacute; no se d&eacute; el caso, pero quiz&aacute;s pronto sepamos cu&aacute;n establishment nos gustar&iacute;a que fuese Donald Trump.
    </p><p class="article-text">
        Y no podemos hablar del elemento sorpresa, pues lo que es y lo que representa el Presidente de los EEUU no era en absoluto algo inesperado. Muy al contrario, este desmedido y estridente personaje no escondi&oacute; durante su campa&ntilde;a ni una sola de sus filias ni de sus fobias. La misoginia, la xenofobia, la intolerancia y la ostentaci&oacute;n han estado presentes en &eacute;l y en su discurso en todo momento. Quiz&aacute;s por eso se hace a&uacute;n m&aacute;s necesaria la reflexi&oacute;n &iquest;Eran necesarias de verdad opiniones como las de Susan Sarandon desde sectores, digamos progresistas, conociendo perfectamente lo que estaba en juego y c&oacute;mo se las gasta el l&iacute;der republicano? &iquest;O perjudicaban m&aacute;s que ayudaban?
    </p><p class="article-text">
        Por suerte, el movimiento feminista nunca decepciona y aunque por momentos pueda parecer que dormita, nada m&aacute;s lejos de la realidad, permanece tan al pie del ca&ntilde;&oacute;n que es capaz de dar una&nbsp;<a href="http://www.eldiario.es/internacional/Cientos-miles-mujeres-marchan-Trump_0_604039983.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">respuesta tan contundente y ejemplar como la que acaba de dar la Women's March.</a> A tan solo 24 horas de su investidura, Donald Trump se encontr&oacute; con un terremoto de m&aacute;s de 500.000 mujeres tomando las calles de Washington y una r&eacute;plica en 700 ciudades que sobrepasaba en grados la escala Richter de la tensi&oacute;n pol&iacute;tica.
    </p><h4 class="article-text">La buena salud del movimiento feminista</h4><p class="article-text">
        Las im&aacute;genes de &ldquo;La marcha de las mujeres&rdquo; dan fe de que el movimiento feminista sigue gozando de la misma buena salud de siempre. Son muchas las conquistas que el feminismo tiene a sus espaldas tras tres hist&oacute;ricas &ldquo;olas&rdquo; desde sus inicios hasta nuestros d&iacute;as, y cada nueva movilizaci&oacute;n es una inyecci&oacute;n de adrenalina para quienes creemos y nos consideramos parte de &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Hace tan s&oacute;lo tres a&ntilde;os, se produjo en nuestro pa&iacute;s, a menor escala, aunque tambi&eacute;n con el apoyo y la solidaridad de otras ciudades del mundo, un movimiento similar al que estos d&iacute;as presenciamos. En aquella ocasi&oacute;n fue contra el gobierno del PP (tan legitimado en urnas como Donald Trump) y las pretensiones &nbsp;del ministro Gallard&oacute;n con respecto al aborto. El conocido&nbsp;<a href="http://www.eldiario.es/temas/tren_de_la_libertad/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Tren de la Libertad</a> se puso en marcha en cuesti&oacute;n de d&iacute;as, y fuimos miles de mujeres las que nos organizamos para subirnos a &eacute;l y manifestarnos en masa contra un anteproyecto de ley que supon&iacute;a un tremendo retroceso con respecto a libertad sexual y reproductiva de las espa&ntilde;olas.
    </p><p class="article-text">
        El resultado fue tal que mientras otras leyes impulsadas por el mismo Gobierno, por ejemplo la reforma laboral, siguieron su curso, y a&uacute;n hoy suscitan debates sin mayor &eacute;xito en torno a su derogaci&oacute;n, la reforma de la ley del aborto no lleg&oacute; a ver la luz y el propio presidente del Gobierno se vio obligado a renunciar a ella y al ministro.
    </p><p class="article-text">
        Confieso haberme sorprendido estos d&iacute;as pregunt&aacute;ndome si, qui&eacute;n sabe, quiz&aacute;s no terminar&aacute; siendo este nuevo y &aacute;ureo mandatario con ese estilo imposible entre barroco y el m&aacute;s puro kitsch el responsable indirecto de <strong>la cuarta ola en la historia del feminismo internacional.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Dada la fortaleza de este movimiento y los retos que tiene en un horizonte nada lejano, quiz&aacute;s se encuentre en un momento de lo m&aacute;s oportuno para plantearse cuestiones que pudieran suponer un avance cuantitativo. La capacidad de reacci&oacute;n es, sin lugar a dudas, uno de los fuertes del movimiento de las mujeres. Sin embargo, no parece serlo tanto una cierta pol&iacute;tica de previsi&oacute;n y planificaci&oacute;n, una verdadera estrategia, que como hemos visto en EEUU brilla por su ausencia.
    </p><p class="article-text">
        Desde luego que Trump dirija la mayor potencia mundial merece una reflexi&oacute;n, pero lo merece mucho m&aacute;s que esto no se haya podido evitar. Dicen que es mejor prevenir que curar, y en este sentido ser&iacute;a quiz&aacute;s m&aacute;s eficaz que las mujeres en lugar de &ldquo;no votar con la vagina&rdquo;, fu&eacute;semos capaces de ponernos de acuerdo y evitar que en la gran &nbsp;mayor&iacute;a de los casos nos termine gobernando un falo. M&aacute;s all&aacute; de la masiva reacci&oacute;n, tan necesaria ante agresiones intolerables como las de Trump, quiz&aacute;s la conquista de otros derechos a&uacute;n pendientes en el &aacute;mbito de la igualdad pase por una elaborada estrategia pol&iacute;tica.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana Pérez Luna]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/voto-vagina-termina-gobernando-falo_132_3623720.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 23 Jan 2017 18:56:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[No voto con la vagina pero me termina gobernando un falo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Donald Trump,Feminismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La insoportable levedad de la igualdad en las empresas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/en-abierto/convergencia-iu-podemos-andalucia_132_3725148.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a2e85dc8-8f56-485a-9f0d-28b066d28fa3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La insoportable levedad de la igualdad en las empresas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Tiene que ocurrir que los casos se conviertan en noticia para que nos rasguemos las vestiduras, nos convirtamos por unos días todos en las Simone de Beauvoir del 2017 y hagamos gala del más absoluto rechazo? ¿O deberíamos analizar con mayor profundidad los comportamientos colectivos y los tics individuales que de manera cotidiana reproducimos?</p></div><p class="article-text">
        Al hilo de la sentencia hecha p&uacute;blica esta misma semana que condena a 7 a&ntilde;os de c&aacute;rcel al catedr&aacute;tico de la Universidad de Sevilla Santiago Romero, por abusar sexualmente de tres profesoras, caben muchas reflexiones. Quiz&aacute;s y aunque no sea lo habitual, estas debieran centrarse en el &aacute;mbito laboral, un espacio especialmente invisible.
    </p><p class="article-text">
        Una de las conclusiones a las que, de una vez por todas, debi&eacute;ramos llegar es que la violencia de g&eacute;nero se extiende por todos y cada uno de los rincones de esta sociedad. Va mucho m&aacute;s all&aacute; de las tremendas cifras que se acumulan a&ntilde;o tras a&ntilde;o y que superan ya las 800 mujeres asesinadas en los &uacute;ltimos doce a&ntilde;os. Detr&aacute;s de esa violencia que mata hay otra que no deja vivir, permanente y cotidiana. Es m&aacute;s, en realidad son una sola, una misma violencia vestida con distinto disfraz. Son las insoportables miradas lascivas que te desnudan en el transporte p&uacute;blico, o mientras haces deporte, son los comentarios soeces que sexualizan a la mujeres como si no hubiese valor alguno m&aacute;s all&aacute; de nuestros cuerpos, son esos intolerables chistes mis&oacute;ginos que nos infravaloran y nos estereotipan... Son, lamentablemente, nuestro d&iacute;a a d&iacute;a en una sociedad enferma de machismo.
    </p><p class="article-text">
        Casos como el de las tres profesoras universitarias o el ocurrido tambi&eacute;n recientemente a la pol&iacute;tica andaluza Teresa Rodr&iacute;guez en su visita a la C&aacute;mara de Comercio saltan a la opini&oacute;n p&uacute;blica y nos sensibilizan mucho m&aacute;s. Pero s&oacute;lo son el reflejo de lo que ocurre en muchos otros centros de trabajo en toda la geograf&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        El mundo de la empresa es un mundo muy jerarquizado donde el poder de decisi&oacute;n y de gesti&oacute;n sigue acumul&aacute;ndose en manos masculinas. Las mujeres nos hemos incorporado al mercado laboral tarde y, a juzgar por los datos, mal. No es de extra&ntilde;ar que en estas circunstancias, las empresas terminen convirti&eacute;ndose en lugares minados de desigualdad y como consecuencia, en perfectos caldos de cultivo para una m&aacute;s o menos sutil violencia hacia la mujer.
    </p><p class="article-text">
        La violencia de g&eacute;nero en el trabajo, principalmente en forma de acoso sexual, es una situaci&oacute;n muy traum&aacute;tica, no s&oacute;lo por la agresi&oacute;n que supone en s&iacute;, sino por las distintas circunstancias que a menudo la rodean
    </p><p class="article-text">
        Por un lado, la incomprensi&oacute;n de otras trabajadoras, que a&uacute;n a d&iacute;a de hoy, son capaces de negar que esto sea un aut&eacute;ntico problema, no s&oacute;lo con respecto a la violencia, tambi&eacute;n con respecto a la discriminaci&oacute;n laboral (tan generalizada que existen cifras y estad&iacute;sticas sobre ello). No es extra&ntilde;o encontrarse con mujeres que abiertamente manifiestan sentirse tan valoradas profesionalmente como sus compa&ntilde;eros varones, llegando a cuestionar incluso que la discriminaci&oacute;n de otras mujeres est&eacute; motivada por la desigualdad, sino m&aacute;s bien justificada por su escasa val&iacute;a o capacidad.
    </p><p class="article-text">
        A la incomprensi&oacute;n se suma el miedo, o la cobard&iacute;a, como queramos verlo. Pero la realidad es que la grand&iacute;sima mayor&iacute;a de estos casos no llegan a denunciarse por las propias dificultades que supone afrontar un proceso judicial de este tipo. A menudo, es dif&iacute;cil encontrar testigos entre los compa&ntilde;eros que quieran arriesgar sus propios puestos de trabajo para ponerse del lado de las denunciantes, sabiendo adem&aacute;s que son escasas las sentencias favorables que se dictan. En el reciente caso de la Universidad de Sevilla, los hechos probados son escandalosos. Pero no lo es menos que ocho de los diez testigos declararan a favor del catedr&aacute;tico condenado.
    </p><p class="article-text">
        Las dificultades probatorias de estos casos hacen m&aacute;s necesarias aun la adopci&oacute;n de medidas preventivas, eficaces y disuasorias a la vez, capaces de  reaccionar ante la m&aacute;s m&iacute;nima se&ntilde;al de alarma.
    </p><p class="article-text">
        Estas herramientas existen, aunque ocupen un lugar en las empresas similar al que las mujeres ocupamos los consejos de administraci&oacute;n: se trata de los planes de igualdad y los protocolos de acoso sexual.
    </p><p class="article-text">
        Estas medidas fueron impulsadas y llevadas al coraz&oacute;n de la normativa laboral en marzo de 2007 por el Gobierno del Presidente Zapatero. Con independencia de la opini&oacute;n que se tenga sobre &eacute;l, lo cierto es que Zapatero es de los pocos pol&iacute;ticos que se ha preocupado por estos asuntos y adoptado medidas. La conocida como &lsquo;Ley de Igualdad&rsquo;, tan denostada y maltratada como las propias ministras del gobierno que la impuls&oacute; (recordemos el trato recibido por Bibiana Aido, Leire Paj&iacute;n, o la propia Vicepresidenta Fern&aacute;ndez de la Vega), ya cont&oacute; por aquel entonces con el rechazo del Partido Popular, entonces en la oposici&oacute;n, y con toda probabilidad, portavoz de los empresarios en el Congreso. 
    </p><p class="article-text">
        Los planes de igualdad fueron elevados al rango de negociaci&oacute;n colectiva, poniendo sobre la mesa y obligando a los representantes de los agentes sociales (empresarios y sindicatos) a abordar, entre otros, temas como el techo de cristal, la brecha de salarial o el propio acoso sexual.  Sin embargo, &iquest;qu&eacute; ha ocurrido para que esta herramienta no haya dado los resultados para los que se concibi&oacute;? El &eacute;xito o fracaso de los planes de igualdad o de los protocolos de acoso no pueden achacarse s&oacute;lo a las propias lagunas que la ley evidenciaba ya desde su nacimiento. Las reflexiones son algo m&aacute;s complejas y afectan a distintos &aacute;mbitos..
    </p><p class="article-text">
        Por un lado, resultaba harto complejo que los negociadores de las condiciones laborales en las empresas, hombres en su inmensa mayor&iacute;a y pertenecientes a instituciones muy masculinizadas (empresariales y sindicales), contasen con preparaci&oacute;n y sensibilidad suficiente para abordar este tipo de acuerdos. Aunque pueda resultarnos kafkiano imaginarnos a Manuel Mu&ntilde;oz o Santiago Romero negociando un plan de igualdad o un protocolo de acoso, lo cierto es que personas con este perfil son los encargados de abordar asuntos tan delicados.
    </p><p class="article-text">
        A estas dificultades hay que a&ntilde;adir la propia actitud de muchos trabajadores y trabajadoras, cuya prioridad pasaba y pasa por una subida salarial antes que por mejorar la igualdad en las empresas o evitar el acoso sexual. Para mucha gente, puede resultar perfectamente comprensible que se prefiera ganar m&aacute;s dinero en vez de proteger a una parte de la plantilla de eventuales situaciones de acoso. Pues bien, que se lo pregunten a las tres profesoras que tuvieron que abandonar la Universidad acosadas por un superior acad&eacute;mico.
    </p><p class="article-text">
        En todo caso, la citada Ley de Igualdad, aun representando un avance, evidenciaba serias carencias dado que obligaba a negociar pero no a acordar, lo que en una relaci&oacute;n de desequilibrio de fuerzas como ocurre en las relaciones laborales, abocaba en la mayor&iacute;a de los casos a un fracaso anunciado para una de las partes, la m&aacute;s d&eacute;bil, los trabajadores. En el caso de no alcanzar acuerdo la propia empresa pod&iacute;a poner en marcha su propio plan de igualdad previa mediaci&oacute;n de la Inspecci&oacute;n de Trabajo.
    </p><p class="article-text">
        En todo caso, las empresas obligadas a negociar planes de igualdad eran las que contaban con m&aacute;s de 250 personas en plantilla, lo cual, dado el tama&ntilde;o de las empresas en Espa&ntilde;a, exclu&iacute;a de esta obligaci&oacute;n a la inmensa mayor&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        A pesar de las dificultades, los esfuerzos por avanzar fueron importantes, con campa&ntilde;as de sensibilizaci&oacute;n, equipos t&eacute;cnicos y agentes de igualdad que asesoraban directamente en las negociaciones, modelos de protocolo facilitados por el propio Instituto de la Mujer, pol&iacute;ticas de motivaci&oacute;n para que empresas sin obligaci&oacute;n, dentro de su responsabilidad social corporativa contemplaran medidas de igualdad. Toda una ardua e ingente tarea que se vio truncada, principalmente por un cambio radical en las prioridades pol&iacute;ticas del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Con la llegada del PP, de inmediato se impuso una devastadora reforma laboral que supuso un verdadero torpedo directo sobre la l&iacute;nea de flotaci&oacute;n de las relaciones laborales. Por un lado, acababa en la pr&aacute;ctica con la negociaci&oacute;n colectiva (principal marco para el desarrollo de estos planes) y terminaba de desestructurar el tejido empresarial, atomiz&aacute;ndolo y abriendo paso a una legi&oacute;n de trabajadores, los aut&oacute;nomos, carentes de los m&aacute;s elementales derechos sindicales. Como resultado, los pocos y limitados planes de igualdad quedaron sin firmar en un caj&oacute;n o resultaban ineficaces.
    </p><p class="article-text">
        Ante este panorama, incapaz de evitar casos como los que han saltado estos d&iacute;as a la opini&oacute;n p&uacute;blica, est&aacute; claro que la denuncia y la difusi&oacute;n en medios de comunicaci&oacute;n es una de las m&aacute;s eficaces herramientas con que contamos. Pero cabe preguntarse &iquest;tiene que ocurrir esto, que estos casos se conviertan en noticia para que nos rasguemos las vestiduras, nos convirtamos por unos d&iacute;as todos en las Simone de Beauvoir del 2017 y hagamos gala del m&aacute;s absoluto rechazo? &iquest;O deber&iacute;amos analizar con mayor profundidad los comportamientos colectivos y los tics individuales que de manera cotidiana reproducimos? Quiz&aacute;s esta sea tambi&eacute;n una eficaz forma de combatir este drama m&aacute;s all&aacute; de los ef&iacute;meros titulares y de los 140 caracteres.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana Pérez Luna]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/en-abierto/convergencia-iu-podemos-andalucia_132_3725148.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Jan 2017 17:38:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La insoportable levedad de la igualdad en las empresas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Andalucía,Podemos,IU - Izquierda Unida]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sharon Ferris-Choat, la presencia femenina que quiere abrir camino a la mujer en el mundo de la vela]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/mitad-mar_1_3766683.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8d2ab8a8-ad00-4b4c-bb22-a05e0267636a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sharon Ferris-Choat, la presencia femenina que quiere abrir camino a la mujer en el mundo de la vela"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una deportista, enérgica y competitiva que, lejos de ser un espejismo como el caso de las legendarias sirenas, refleja el hecho firme y sin retorno de los tiempos que atravesamos donde el espacio tradicionalmente reservado para ellos ha de compartirse</p></div><p class="article-text">
        Al pensar en la relaci&oacute;n que hist&oacute;ricamente se ha establecido entre la mujer y el mar, resulta casi inevitable la recurrente figura de la sirena. Esos m&iacute;ticos seres encarnados  en voluptuosos y seductores cuerpos femeninos, envueltos  a su vez en estereotipados rasgos de dulzura y belleza. Todo un perfecto aderezo que, de manera previsible, termina conduciendo al fatal desenlace: que hasta el m&aacute;s recio de los Ulises acabe perdiendo el norte en pleno oc&eacute;ano.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, y aunque no gocen de tan buena reputaci&oacute;n, el mar ha contado con una presencia femenina bien distinta, mujeres poderosas que tambi&eacute;n se hicieron a la mar. Unas, disfrazadas de var&oacute;n, como es el caso de Jeanne Baret, la primera mujer que, inmersa en una aventura cient&iacute;fica, dio la vuelta al mundo embarcada. Otras, a las bravas y  armadas con sable y pistola, como las piratas Anne Bonny o Artemisa de Halicarnaso, pon&iacute;an cuota de g&eacute;nero al sangriento mundo de corsarios y bucaneros.
    </p><p class="article-text">
        De un pasado a caballo entre la historia y la leyenda a una realidad contundente, la del siglo XXI. Un siglo en el que las mujeres, que han luchado por su espacio, reclaman su presencia en todos los &aacute;mbitos, desde el social hasta el profesional, pasando por el pol&iacute;tico, el institucional, el cultural&hellip;
    </p><p class="article-text">
        En la actualidad el binomio mujer y mar est&aacute; inevitablemente vinculado al deporte, entre otros, la vela. En &eacute;l, aunque de manera muy minoritaria a&uacute;n, la presencia femenina se va abriendo camino. Y en esta realidad en la que el reconocimiento profesional y social sigue siendo un importante reto nos encontramos con mujeres como Sharon Ferris-Choat. Una deportista, en&eacute;rgica y competitiva que, lejos de ser un espejismo como el caso de las legendarias sirenas, refleja el hecho firme y sin retorno de los tiempos  que atravesamos donde el espacio tradicionalmente reservado para ellos ha de compartirse.
    </p><h4 class="article-text">El sexismo en el deporte</h4><p class="article-text">
        Ferris-Choat, de 42 a&ntilde;os, nacida en Toronto y residente en Nueva Zelanda, atracaba hace unos d&iacute;as en el Puerto de Sotogrande con motivo de la celebraci&oacute;n de la cuarta etapa GC32 Racing Tour. Se trata de una modalidad de regata, conocida como la 'F&oacute;rmula 1 de la vela', muy novedosa y espectacular en la que las embarcaciones son capaces de &ldquo;volar&rdquo; sobre el agua gracias a unos distintivos &ldquo;foils&rdquo; colocados bajo sus cascos.
    </p><p class="article-text">
        A Sharon que, lleva casi un a&ntilde;o navegando con el GC32, le &ldquo;encanta&rdquo; el barco y &ldquo;la incre&iacute;ble sensaci&oacute;n de volar a trav&eacute;s del agua&rdquo;. Para ella formar parte del Thalassa Magenta Racing ha sido determinante para acceder a esta experiencia.
    </p><p class="article-text">
        El Thalassa Magenta Racing es una iniciativa de colaboraci&oacute;n con el Proyecto Magenta orientada a promover a las mujeres dentro del mundo de la vela. Est&aacute; inspirado en  el  &eacute;xito a nivel mundial del Equipo SCA, la primera tripulaci&oacute;n 100% femenina inscrita en la reconocida Volvo Ocean Race. Un proyecto que abre las puertas a mujeres regatistas profesionales para que puedan competir al m&aacute;s alto nivel. Sin duda se trata de una gran oportunidad y as&iacute; lo considera Ferris: &ldquo;S&iacute;, el Thalassa Magenta Racing es un modelo a seguir, algo grande en lo que colaborar y un espacio donde todo el mundo es bienvenido&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sharon sabe bien que el sexismo en el deporte no es un t&oacute;pico sino un hecho claro. Perteneciente a una familia vinculada al mar y a la navegaci&oacute;n, asisti&oacute; a una escuela donde la vela era una asignatura tan importante como cualquier otra, puede decirse que su ni&ntilde;ez y su aprendizaje han estado en permanente contacto con el mar. Sin embargo, esto no la ha librado del peso de los roles y estereotipos de g&eacute;nero tan arraigados en cualquier sociedad. Sharon apunta las diferencias que se producen sin ir m&aacute;s lejos en el seno familiar. A modo de an&eacute;cdota refiere que siempre le preguntan a su marido c&oacute;mo puede dejar que su mujer se vaya a competir mientras &eacute;l se queda con los ni&ntilde;os, cuesti&oacute;n esta que jam&aacute;s le plantean, por ejemplo, a la pareja de su hermano, tambi&eacute;n reconocido competidor de vela.
    </p><h4 class="article-text">&ldquo;Cuando alcanzas tu meta merece la pena&rdquo;</h4><p class="article-text">
        &ldquo;Las mujeres suelen apoyar a los hombres en el deporte, pero en el caso contrario se necesita una pareja comprensiva, aunque esta realidad est&aacute; cambiando&rdquo;. En este sentido la deportista ol&iacute;mpica se siente &ldquo;afortunada por contar con un hombre as&iacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esta  regatista, positiva y din&aacute;mica, para la que la igualdad de g&eacute;nero es &ldquo;una cuesti&oacute;n de tiempo y de reivindicaci&oacute;n&rdquo;, se enfrenta pr&oacute;ximamente a un emocionante horizonte que podr&iacute;a suponer una puerta profesional, competir con el equipo del Thalassa Magenta Racing en la exigente competici&oacute;n ESS (Extreme Sailing Series).
    </p><p class="article-text">
        Sharon Ferris deja un consejo para otras mujeres que se inician en el mundo de la vela: &ldquo;Navegar con los mejores regatistas para aprender lo m&aacute;ximo y m&aacute;s r&aacute;pido posible. Hay que disfrutarlo, porque aunque a veces no sea f&aacute;cil con tant&iacute;simo y tan duro trabajo, cuando alcanzas tu meta merece la pena&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana Pérez Luna]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/mitad-mar_1_3766683.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 29 Oct 2016 18:54:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sharon Ferris-Choat, la presencia femenina que quiere abrir camino a la mujer en el mundo de la vela]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Deportes,Sexismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No son los pluses... es el machismo, estúpido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/en-abierto/pluses-machismo-estupido_132_4135965.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/15bb35a2-2c08-4df0-ad14-bea0945cdaf5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No son los pluses... es el machismo, estúpido"></p><p class="article-text">
        Acabamos de celebrar el D&iacute;a Europeo por la Igualdad Salarial y los informes en torno a esta fecha nos dicen cosas como que una mujer ha de trabajar casi 3 meses m&aacute;s al a&ntilde;o que un hombre para percibir su mismo salario. Ni m&aacute;s ni menos.
    </p><p class="article-text">
        Unos datos que deber&iacute;an avergonzarnos, aunque pasen casi desapercibidos en el d&iacute;a a d&iacute;a, cuando nadie parece reparar en estos detalles que dificultan la vida de muchas mujeres.
    </p><p class="article-text">
        Esta es la verdad. Los sectores y categor&iacute;as profesionales peor pagadas y m&aacute;s precarias est&aacute;n plagados de mujeres. Quienes entienden de esto lo llaman <strong>segregaci&oacute;n ocupacional.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Los contratos a tiempo parcial recaen mayoritariamente en nosotras (el 75 %).
    </p><p class="article-text">
        Las intermitencias en la vida profesional las asumen ellas, saliendo y entrando del mercado laboral para conciliar. Tambi&eacute;n eso lo desvelan los datos.
    </p><p class="article-text">
        Cuando las empresas deciden premiar el trabajo suelen hacerlo por medio de pluses vinculados, por ejemplo, al esfuerzo f&iacute;sico o a una mayor antig&uuml;edad, valores estos que suelen reunir nuestros compa&ntilde;eros varones. Las n&oacute;minas dan fe de ello.
    </p><p class="article-text">
        Todo esto sumado, nos dificulta sobremanera promocionar y conquistar el imposible techo de cristal. Y para rematar el asunto, llegamos al final de nuestra vida laboral y de nuestro ciclo vital con unas pensiones paup&eacute;rrimas, m&aacute;s a&uacute;n que las de nuestros compa&ntilde;eros.
    </p><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica podr&iacute;a cambiar algo, podr&iacute;a introducir elementos normativos que corrigiesen en alguna medida este panorama. Pero las &uacute;ltimas medidas que los &ldquo;representantes del pueblo&rdquo; tomaron, imponer la reforma laboral y recortar servicios p&uacute;blicos, han agravado a&uacute;n m&aacute;s la situaci&oacute;n de la empleabilidad femenina, como era previsible.
    </p><p class="article-text">
        Denunciar la brecha salarial deber&iacute;a ser algo m&aacute;s que elaborar informes. Es reconocer que existe una <strong>irregular redistribuci&oacute;n de la riqueza</strong>, m&aacute;s all&aacute; de clases sociales, m&aacute;s all&aacute; de ricos y pobres. Hay un desigual reparto dependiendo de si eres hombre o mujer. Y eso parece que cuesta m&aacute;s verlo.
    </p><p class="article-text">
        Hace mucho que tenemos el diagn&oacute;stico elaborado y hemos identificado d&oacute;nde y c&oacute;mo se producen las discriminaciones. A&ntilde;o tras a&ntilde;o se actualizan los datos y todo sigue igual o peor.
    </p><p class="article-text">
        No hace falta ser muy lumbreras para atisbar que el problema sigue siendo el mismo y su ra&iacute;z est&aacute; en quienes hacen el reparto. Son ellos. Ellos, los varones, quienes reparten la riqueza del planeta y tambi&eacute;n, a menor escala, quienes mayoritariamente se sientan a negociar y a distribuir la masa salarial en las empresas.
    </p><p class="article-text">
        Los grandes agentes sociales del pa&iacute;s, sindicatos y empresas, est&aacute;n dirigidos por hombres. Y no dista mucho esta situaci&oacute;n de la pol&iacute;tica nacional, donde si algo sobra es testosterona. Desde el Jefe del Estado hasta el Presidente del Gobierno en funciones, pasando por el presidente del Congreso de los Diputados, por Pedro, por Pablo, por Albert y por Alberto...
    </p><p class="article-text">
        Que en este pa&iacute;s no haya una sola mujer en la primera l&iacute;nea de la pol&iacute;tica nacional es para hac&eacute;rselo mirar. Algo ocurre para que las cosas sean como son: la ra&iacute;ces de esa clamorosa ausencia femenina en los &aacute;mbitos donde realmente se toman las decisiones son las mismas que la de la insoportable brecha salarial entre mujeres y hombres.
    </p><p class="article-text">
        Y no, no son los pluses, ni es la segregaci&oacute;n ocupacional, es simplemente el machismo. S&iacute;, ya s&eacute; que suena mal, pero a las mujeres nos sienta a&uacute;n peor.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana Pérez Luna]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/en-abierto/pluses-machismo-estupido_132_4135965.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 24 Feb 2016 11:30:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[No son los pluses... es el machismo, estúpido]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Igualdad salarial,Machismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“Abengoa, ¿quién salva su culo?”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/en-abierto/abengoa-salva-culo_132_2278029.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a5e7bdf2-c6b7-4bd0-87bb-3930aa8ff46f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“Abengoa, ¿quién salva su culo?”"></p><p class="article-text">
        Hace apenas unos d&iacute;as, en este mismo diario, un empleado de Abengoa, an&oacute;nimamente, lamentaba la amarga situaci&oacute;n en la que se encuentran los trabajadores de esta empresa, sumida en una profunda crisis que amenaza a miles de puestos de trabajo. Y encontraba algunos de los culpables: los pol&iacute;ticos, que &ldquo;s&oacute;lo miran por su culo&rdquo; y los sindicatos, a los que acusaba de haber estado desaparecidos de la empresa y aparecer ahora &ldquo;para captar dinero&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Es perfectamente comprensible la angustia de los trabajadores de Abengoa, que de golpe y porrazo se encuentran ante el mismo drama que han vivido y viven millones de trabajadores en toda Espa&ntilde;a, un pa&iacute;s cada d&iacute;a m&aacute;s injusto donde las cien grandes fortunas han crecido casi un 10% el pasado a&ntilde;o, mientras trece millones de personas malviven bajo el umbral de la pobreza.
    </p><p class="article-text">
        Y tambi&eacute;n es cierto que en el centro sevillano de Abengoa, donde trabajan casi 2.000 de personas, se produc&iacute;a durante a&ntilde;os una anomal&iacute;a llamativa: la ausencia de un comit&eacute; de empresa que articulara el di&aacute;logo con la empresa y defendiera de forma coherente los derechos e intereses de los trabajadores.
    </p><p class="article-text">
        En el mismo art&iacute;culo, el propio trabajador que lamenta sus cuitas explica que no hay comit&eacute; de empresa en Abengoa &ldquo;porque al que lo intentaba, lo echaban&rdquo;. Lo que no parece preguntarse es por qu&eacute; en una empresa tan fuerte y con trabajadores de alta cualificaci&oacute;n, no hab&iacute;a ni siquiera un pu&ntilde;ado dispuesto a afrontar los costes que, en empresas mucho m&aacute;s modestas y con trabajadores mucho peor posicionados en el mercado laboral, siempre supone desafiar a la direcci&oacute;n. Porque ya sabemos que para las empresas es mucho m&aacute;s c&oacute;modo que no haya un comit&eacute; que represente a la parte social. Pero adem&aacute;s sucede que en Abengoa, y no es el &uacute;nico caso, los trabajadores lo aceptaron.
    </p><p class="article-text">
        Es m&aacute;s, lo que sucedi&oacute; es que, en su momento, los trabajadores de Abengoa declinaron la invitaci&oacute;n de los sindicatos para organizarse en torno a un comit&eacute; de empresa. Se puede decir que<strong> optaron por representarse cada cual a s&iacute; mismo</strong>. De esta decisi&oacute;n s&oacute;lo puede responsabilizarse a los trabajadores. No tienen representaci&oacute;n porque as&iacute; lo decidieron. Y s&oacute;lo hubiese faltado, para ser portada nacional, que alguno de los sindicatos hubiese impuesto en esa empresa un proceso electoral a la fuerza.
    </p><p class="article-text">
        Ahora que se encuentran ante una gran desprotecci&oacute;n, culpan a los sindicatos de no haber aparecido por all&iacute;. No es cierto, acudieron y fueron rechazados. Y algo m&aacute;s: muchos parecen olvidar que, en una empresa, el sindicato no es un ente abstracto, sino personas con cara, nombre y apellidos que deciden dar un paso adelante para defender los intereses colectivos. Esa ingrata tarea que, lejos de lo que muchos piensan, tiene bastantes sinsabores, entre ellos el acoso (y derribo, s&iacute;, pues tambi&eacute;n se producen despidos ante la m&aacute;s m&iacute;nima sospecha de que se est&eacute; conformando un comit&eacute;) por parte del empresario y la incomprensi&oacute;n y cr&iacute;tica de los propios compa&ntilde;eros, esos mismos que se quedaron un paso atr&aacute;s para no poner nada en riesgo.
    </p><p class="article-text">
        Me asaltan muchas dudas &iquest;D&oacute;nde habr&aacute;n estado los trabajadores de Abengoa, y los de muchas otras empresas en la misma situaci&oacute;n, durante, por ejemplo, las distintas huelgas generales? &iquest;A qu&eacute; partido habr&aacute;n votado durante las distintas elecciones, a los que recortan derechos sociales y laborales o a los que hacen lo imposible por mantener el estado de bienestar que un d&iacute;a construyeron? &iquest;Se hubieran sumado a apoyar conflictos laborales de otras empresas si se les hubiese pedido? &iquest;Por qu&eacute; &ldquo;culo&rdquo; miraban estos trabajadores en esos momentos? Pues lamentablemente la respuesta es que s&oacute;lo por el suyo, exactamente de lo mismo que acusan ahora a quienes trataron de hacerles ver la importancia de la utilizaci&oacute;n de instrumentos de defensa sindical &ndash;sindicatos, comit&eacute;s de empresa&mdash; en defensa de los trabajadores.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Deber&iacute;an estar estos trabajadores en la agenda de asuntos prioritarios de los pol&iacute;ticos? &iquest;Deber&iacute;an los sindicatos tender la mano a estos trabajadores aunque ellos mismos la rechacen?
    </p><p class="article-text">
        Los pol&iacute;ticos, a quienes entre todos hemos elegido democr&aacute;ticamente, y los sindicatos, cuya labor como agentes sociales est&aacute; directamente relacionada con procesos electorales en miles empresas donde afortunadamente los trabajadores s&iacute; han constituido sus comit&eacute;s, llevan semanas faj&aacute;ndose para resolver el problema y minimizar el impacto de lo que parece haber sido una nefasta gesti&oacute;n empresarial. 
    </p><p class="article-text">
        Que las instituciones y organizaciones de este pa&iacute;s, entre las que se encuentran partidos pol&iacute;ticos y sindicatos, sufren una crisis tremenda y que necesitan repensarse y avanzar hacia otro modelo m&aacute;s &uacute;til y m&aacute;s adecuado a nuevas necesidades, creo que no cabe la menor duda. Pero desconocer la responsabilidad individual de cada uno, la aceptaci&oacute;n de valores individualistas (m&aacute;s bien directamente ego&iacute;stas) es desconocer buena parte del problema. Un problema que ahora en Abengoa aflora con toda su crudeza.
    </p><p class="article-text">
        En todo esto hay alguien que se est&aacute; haciendo trampas al solitario y que no est&aacute; siendo sincero consigo mismo. Y ya no caben como excusa el miedo, la soledad y la desinformaci&oacute;n. Es hora de que cada persona, cada ciudadano asuma su parte de responsabilidad sobre lo que ocurre en esta nuestra sociedad. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana Pérez Luna]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/en-abierto/abengoa-salva-culo_132_2278029.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 22 Dec 2015 22:54:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[“Abengoa, ¿quién salva su culo?”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Andalucía,Abengoa,Sindicatos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vidas estacionadas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/en-abierto/vidas-estacionadas_132_2431501.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/941a60f9-ad0a-47fa-a428-cb8a790365ca_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Vidas estacionadas"></p><p class="article-text">
        Como sucede tras cada puente festivo o periodo vacacional, tras este puente del Pilar, nos hemos encontrado con los brillantes datos del sector tur&iacute;stico (en torno al 90% de ocupaci&oacute;n) a los que siguen las exultantes valoraciones de Administraci&oacute;n y empresarios del sector. La voz de los trabajadores, sin embargo, rara vez la o&iacute;mos. Las quejas de los sindicatos sobre la situaci&oacute;n de estos trabajadores, apenas ocupan un insignificante espacio en t&eacute;rminos de opini&oacute;n p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        Sin duda, es motivo de celebraci&oacute;n que la tierra a la que uno pertenece o se siente vinculada, en la que ha emprendido, en la que presta servicios, o a la que dedica su trabajo y sus esfuerzos pol&iacute;ticos, sea tan atractiva como para acoger millones de visitas y todo lo que ello conlleva.
    </p><p class="article-text">
        Que Andaluc&iacute;a es un referente tur&iacute;stico a nivel mundial es algo incuestionable. Basta con pasear las calles de sus ciudades, cualquier d&iacute;a y a cualquier hora. Personas que llevan las distintas procedencias en sus rasgos y su lengua. Orientales, latinoamericanos, centroeuropeos... todos vienen a disfrutar de una experiencia &uacute;nica que engloba desde lo cultural o gastron&oacute;mico hasta lo climatol&oacute;gico. Todo suma.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, hay un reto que no terminamos de alcanzar y que, desde hace a&ntilde;os, se suele identificar con dos conceptos, repetidos cual mantras milagrosos: &ldquo;la desestacionalizaci&oacute;n del sector tur&iacute;stico&rdquo; y la &ldquo;diversificaci&oacute;n de la oferta&rdquo;. Sin duda que estos objetivos, que en definitiva suponen aprovechar durante todo el a&ntilde;o (y no s&oacute;lo durante los largos o cortos periodos vacacionales), las enormes potencialidades de nuestra tierra para atraer turistas, merecen todo el esfuerzo. Muchos se est&aacute;n haciendo, y no s&oacute;lo econ&oacute;micos, por parte de las instituciones p&uacute;blicas comprometidas con el sector. Y, con m&aacute;s lentitud de la deseada, se van viendo los frutos acreditados con cifras: visitas, pernoctaciones, niveles de ocupaci&oacute;n, etc... Pero hay otras cifras que, pese a su importancia, apenas alcanzan notoriedad, y que reflejan la enorme precariedad de los empleados en este sector.
    </p><h3 class="article-text">Realidad sonrojante</h3><p class="article-text">
        Al hablar de precariedad no s&oacute;lo nos referimos a la inestabilidad en el empleo, sino tambi&eacute;n a una realidad a&uacute;n m&aacute;s cruda. Y es que<strong> muchos trabajadores de este pujante sector viven por debajo de los umbrales de pobreza y no pueden sacar a sus familias adelante</strong>. Esta es la verdad, trabajan muchas horas en cortos periodos de tiempo, cotizan muy por debajo de lo que efectivamente trabajan (con los efectos que eso tiene para su futuro y para los ingresos actuales de la Seguridad Social) y, durante muchos meses al a&ntilde;o, se encuentran en el paro. S&oacute;lo una parte de ellos, los que han tenido la suerte de al menos trabajar seis meses, tienen derecho a prestaci&oacute;n por desempleo.
    </p><p class="article-text">
        Estamos ante una realidad sonrojante. Los empresarios del sector, que sacan pecho ante los medios cuando se conocen los datos de ocupaci&oacute;n, no parecen tener otra respuesta que &ldquo;la actividad es la que es, y da para lo que da&rdquo; cuando se trata de abordar las condiciones de sus trabajadores.
    </p><p class="article-text">
        No es cierto. Y no tiene ninguna l&oacute;gica econ&oacute;mica que la actividad m&aacute;s importante de la econom&iacute;a andaluza y espa&ntilde;ola (en torno a un 13% del PIB), tenga que soportarse sobre unas p&eacute;simas condiciones laborales. Es incompatible que un servicio de excelencia, como el que se aspira a ofrecer en el sector tur&iacute;stico, lo presten empleados sometidos a estas penosas condiciones y que, en buena parte, con la llegada del oto&ntilde;o, se ven obligados a dejar sus vidas estacionadas.
    </p><p class="article-text">
        Encadenados, con suerte, a un contrato fijo discontinuo, como si la necesidad de sobrevivir d&iacute;a a d&iacute;a, pudiese pararse en el tiempo, como si la necesidad de comer o las letras del banco pudiesen hibernar... En muchos de los casos, ni siquiera eso. La temporalidad en forma de relaci&oacute;n laboral, es la &uacute;nica respuesta a aquello que el empresariado llama &ldquo;necesidades puntuales&rdquo; o &ldquo;picos de afluencia&rdquo; y se traducen en una absoluta &ldquo;flexibilidad horaria&rdquo;, soportada principalmente por la parte d&eacute;bil, el trabajador: vente ma&ntilde;ana, qu&eacute;date una hora m&aacute;s, ya puedes irte hoy... Esa es la realidad de las personas que acogen a los turistas, que prestan los servicios y que son la cara de nuestra tierra. Esa es su propia experiencia, la inestabilidad, mal llamada &ldquo;flexibilidad&rdquo; y agravada por una cruel reforma laboral. La precariedad como forma de vida.
    </p><p class="article-text">
        Los pol&iacute;ticos no pueden verse deslumbrados ante los datos de un sector que, es verdad, genera riqueza y empleo. Pero no es menos cierto que la riqueza ha de ser razonablemente distribuida, y el empleo, necesariamente digno. Este es el reto de aquellos en quienes depositamos nuestra confianza en las urnas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana Pérez Luna]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/en-abierto/vidas-estacionadas_132_2431501.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 14 Oct 2015 07:48:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Vidas estacionadas]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los sindicatos ante su espejo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/en-abierto/sindicatos-espejo_132_2467342.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a3af3563-1f09-4af8-ac9e-7e6105dbd379_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los sindicatos ante su espejo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los sindicatos fueron los grandes ausentes en la campaña electoral andaluza, y tampoco han terminado de cobrar mayor relevancia en los primeros meses de esta legislatura.</p></div><p class="article-text">
        Estos d&iacute;as, con el inicio del nuevo curso pol&iacute;tico andaluz, parece haber llegado tambi&eacute;n una t&iacute;mida reaparici&oacute;n de los sindicatos, me refiero a los sindicatos de clase. Porque los otros, al menos algunos de los otros, ya sabemos que prefieren la &eacute;poca estival y la escasez de noticias para sus apariciones estelares.
    </p><p class="article-text">
        La vuelta a la escena p&uacute;blica de estos agentes sociales, mal que a algunos les pese, es motivo de celebraci&oacute;n. No creo que a estas alturas queden demasiadas dudas sobre que una sociedad sin sindicatos, igual que una sociedad sin pol&iacute;tica, es una sociedad m&aacute;s desigual. La cuesti&oacute;n no es sindicatos s&iacute; o sindicatos no. La cuesti&oacute;n es qu&eacute; tipo de sindicatos, qu&eacute; modelo sindical es necesario para contrarrestar ese nuevo patr&oacute;n de relaciones laborales salvaje y descarnado que ya se ha impuesto y que amenaza con consolidarse por los siglos de los siglos...
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n es si, para recobrar un mayor protagonismo, los sindicatos no han dejado pasar demasiado tiempo y demasiadas cosas importantes. Desde luego han ocurrido acontecimientos tan relevantes como unas elecciones auton&oacute;micas y todo lo que conllevan: elaboraci&oacute;n de propuestas, programas, campa&ntilde;as electorales, etc.. sin que los dirigentes sindicales se mojen. Porque no es indiferente para los trabajadores cu&aacute;l sea el marco legal y las pol&iacute;ticas que resulten de esas elecciones.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, <strong>los sindicatos fueron los grandes ausentes en la campa&ntilde;a electoral andaluza</strong>, y tampoco han terminado de cobrar mayor relevancia en los primeros meses de esta legislatura. Es cierto que CCOO hizo una apuesta m&aacute;s bien t&iacute;mida, que result&oacute; ser &ldquo;a caballo perdedor&rdquo;, por IU, la formaci&oacute;n con menor peso e influencia de las que conforman la c&aacute;mara andaluza. UGT ni siquiera lleg&oacute; a posicionarse, como si a los trabajadores les resultar&aacute; indiferente qui&eacute;n forme Gobierno. A nadie le pasa por alto que esta inacci&oacute;n tiene que ver con la situaci&oacute;n de debilidad en esta &uacute;ltima etapa de estas entidades. Lo cierto es que estas organizaciones, que forman parte de la columna vertebral de nuestro sistema pol&iacute;tico, como recoge la propia Constituci&oacute;n (algo que en su momento, con raz&oacute;n, se consider&oacute; un gran avance) parecen avergonzarse y se sienten indefensas ante las acusaciones de &ldquo;politizaci&oacute;n&rdquo;. <strong>Naturalmente que los sindicatos tienen que hacer pol&iacute;tica con may&uacute;sculas</strong>, adem&aacute;s de defender a los trabajadores en las empresas.
    </p><p class="article-text">
        Esta debilidad, lamentablemente, es especialmente acusada en UGT, un sindicato centenario que deber&iacute;a sentirse m&aacute;s que orgulloso de la permanente defensa de los trabajadores a lo largo de la historia y de su tradici&oacute;n socialista. Los esc&aacute;ndalos que la han sacudido no son ni m&aacute;s graves ni m&aacute;s importantes que los que han afectado a formaciones pol&iacute;ticas como el PSOE en su momento, o en la actualidad al Partido Popular (basta con echar un vistazo a los titulares de prensa).
    </p><p class="article-text">
        La sociedad se ha escandalizado de lo que parece, sin duda, una mala gesti&oacute;n de los recursos destinados a la formaci&oacute;n, obviando que dichas malas pr&aacute;cticas parecen estar extendidas a otras muchas organizaciones, incluidas las empresariales, como ha recogido el propio Tribunal de Cuentas de Espa&ntilde;a. Entretanto, lo que de verdad pasa por alto es que con unos sindicatos mermados se ha impuesto un reformazo laboral que ahora a ver qui&eacute;n se lo quita de encima al eslab&oacute;n m&aacute;s d&eacute;bil de la relaciones laborales: los trabajadores.
    </p><p class="article-text">
        Al descr&eacute;dito de los sindicatos de clase han contribuido, y no poco, las formaciones pol&iacute;ticas emergentes. Desde posiciones aparentemente distantes, tanto Ciudadanos como Podemos han presentado a las organizaciones de defensa de los trabajadores como instrumentos obsoletos y propios de la &ldquo;vieja pol&iacute;tica&rdquo;. Parad&oacute;jicamente, alguna de estas organizaciones pol&iacute;ticas, como Podemos Andaluc&iacute;a, est&aacute;n dirigidas por liberados sindicales como Teresa Rodr&iacute;guez o el actual alcalde de C&aacute;diz, que para m&aacute;s inri, no tienen empacho en presentar como grandes promesas del cambio pol&iacute;tico a dirigentes que se perpet&uacute;an a s&iacute; mismos... l&eacute;ase Diego Ca&ntilde;amero.
    </p><p class="article-text">
        Ineludiblemente, el gran reto al que se enfrentan los sindicatos de clase pasa por una asignatura pendiente durante demasiado tiempo ya: un proceso de aut&eacute;ntica transformaci&oacute;n interna, que debe estar presidido por la apertura y por un funcionamiento m&aacute;s democr&aacute;tico y transparente. S&oacute;lo de los sindicatos, y no de sus enemigos, podr&aacute;n salir las respuestas que necesitan los trabajadores.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana Pérez Luna]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/en-abierto/sindicatos-espejo_132_2467342.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 24 Sep 2015 16:46:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los sindicatos ante su espejo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Andalucía,Sindicatos,UGT - Unión General de Trabajadores,CCOO - Comisiones Obreras]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
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