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    <title><![CDATA[elDiario.es - Ángel Calle Collado]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/angel_calle_collado/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Ángel Calle Collado]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Cultivar sociedad y conciencia de especie]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/cultivar-sociedad-conciencia-especie_132_5950902.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ccf316ce-7d9c-41ac-a206-ae71c8dda728_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cultivar sociedad y conciencia de especie"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El contagio cooperativo en todas las escalas sí puede construir potencialidades que ahora no se ven. Y más si este viene desde abajo, se articula y obliga a hablar otros lenguajes más sustentables en el sistema-mundo.</p></div><p class="article-text">
        La salida neoliberal nos ofrece deteriorar nuestro bienestar, incrementar las posibilidades de pandemia y encerrarnos a&uacute;n m&aacute;s en el perverso c&iacute;rculo de la deuda. &iquest;Es posible cuestionar este modelo o por el contrario saldr&aacute; reforzado bajo la tormenta planetaria del coronavirus?
    </p><p class="article-text">
        <strong>Dinero al alza, biodiversidad a la baja</strong>
    </p><p class="article-text">
        El dinero no trae la felicidad y Estados Unidos es un buen ejemplo. Los trabajos del soci&oacute;logo Richard Sennett nos advierten de la inseguridad que crea no tener referencias (laborales, afectivas) para responder adecuadamente a la pregunta de &ldquo;&iquest;a qui&eacute;n le importo?&rdquo;. La precariedad, la contaminaci&oacute;n, los malos h&aacute;bitos alimentarios o las crecientes adicciones a drogas y estupefacientes hacen que la esperanza de vida, sin ser baja, no se encuentre entre los primeros 30 pa&iacute;ses del mundo. La vida no fluye pero el dinero en forma de cr&eacute;dito, s&iacute;. La deuda p&uacute;blica per c&aacute;pita ronda los 56.000 euros. La presencia militar del pa&iacute;s en el mundo, el crecimiento del PIB en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas y el papel del d&oacute;lar como moneda preferente de transacciones parecen asegurar un modelo de &ldquo;&eacute;xito&rdquo; a base de capital que no existe. Sin embargo, el endeudamiento tiene una cara hostil para el americano medio que acumula un &ldquo;debe&rdquo; en sus tarjetas de cr&eacute;dito de 4.000 euros y puede acabar pagando con la c&aacute;rcel sus impagos. Lo mismo para los 44 millones de estudiantes envueltos en una deuda personal de 37.000 euros adquirida en su paso por universidades privadas. El bienestar no acaba de llegar, antes al contrario. El n&uacute;mero de ciudadanos pobres se ha duplicado en los &uacute;ltimos 50 a&ntilde;os, mientras s&oacute;lo un 1% de ciudadanos acumula el 40% de la riqueza.
    </p><p class="article-text">
        Pero el drama estadounidense no es s&oacute;lo social ni tampoco afecta s&oacute;lo a este pa&iacute;s. El &ldquo;&eacute;xito&rdquo; de su doctrina ha significado el consumo m&aacute;s all&aacute; de lo razonable de la biodiversidad planetaria, hoy profundamente erosionada. Una deuda no contabilizada y que todos estamos pagando. &Eacute;sta es una de las conclusiones del estudio &ldquo;<a href="https://conbio.onlinelibrary.wiley.com/doi/epdf/10.1111/conl.12713" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La pol&iacute;tica de biodiversidad m&aacute;s all&aacute; del crecimiento econ&oacute;mico</a>&rdquo;&nbsp;firmado por una veintena de cient&iacute;ficos de 12 pa&iacute;ses. El aumento del cambio clim&aacute;tico, la erosi&oacute;n de nuestros suelos y al desarrollo de especies (y de virus) invasores est&aacute; directamente relacionado con la necesidad de revalorizar un capital monetario que desvaloriza nuestras condiciones de vida. Biodiversidad amenazada y que se expone como una de las razones detr&aacute;s de la proliferaci&oacute;n de gripes en los &uacute;ltimos tiempos: aviar, porcina y ahora la enfermedad denominada COVID-19. Los monocultivos intensivos, la deforestaci&oacute;n y, sobre todo, <a href="https://amp.theguardian.com/commentisfree/2020/apr/20/factory-farms-pandemic-risk-covid-animal-human-health?__twitter_impression=true" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la irrupci&oacute;n de las macrogranjas estar&iacute;an detr&aacute;s de la irrupci&oacute;n de nuevas formas v&iacute;ricas que afectan a nuestra especie</a>, algunas de las cuales se transforman en pandemias mundiales.
    </p><p class="article-text">
        El mencionado equipo internacional de cient&iacute;ficos concluye que demandar m&aacute;s materiales, m&aacute;s energ&iacute;a y m&aacute;s sobretrabajo y precariedad humana va en contra de nuestra conciencia de especie. Propone repolitizar el debate de nuestra sustentabilidad y levantar barreras pol&iacute;ticas y legales: restringir la actividad de industrias extractivas, disminuir la expansi&oacute;n de grandes infraestructuras, reducir y repartir el trabajo, adem&aacute;s de fomentar el desarrollo agroecol&oacute;gico como forma de manejar nuestros recursos o bienes naturales. Y una medida nada balad&iacute;: ir m&aacute;s all&aacute; del crecimiento econ&oacute;mico y plantear otros indicadores de bienestar.
    </p><p class="article-text">
        Nada nuevo bajo el sol, pero nunca antes se hab&iacute;a cernido la sombra del encierro masivo de gran parte de la poblaci&oacute;n mundial. La investigaci&oacute;n anterior (una m&aacute;s) puede leerse como una actualizaci&oacute;n de las miradas decrecentistas que apuestan por escindir o disasociar las ideas de &ldquo;crecimiento monetario&rdquo; y &ldquo;desarrollo humano&rdquo;. Nos devuelve a la primera l&iacute;nea de los informes de los a&ntilde;os 70 y 80 del pasado siglo: reconocer los &ldquo;l&iacute;mites del crecimiento&rdquo; (informe del Club de Roma de 1972), retomar la pr&aacute;ctica de una sustentabilidad fuerte (el ecodesarrollo que adelantara Ignacy Sachs), construir un desarrollo a escala humana (estudio amparad o por las organizaciones CEPAUR y la Fundaci&oacute;n Dag Hammarskjold y que popularizar&iacute;an Max-Neef, Elizalde Hopenhayn en 1986), para recuperar as&iacute; &ldquo;nuestro futuro com&uacute;n&rdquo; (Informe Brundtland de 1987).
    </p><p class="article-text">
        <strong>La espiral de la deuda: morir matando</strong>
    </p><p class="article-text">
        Todo apunta a que la receta neoliberal insistir&aacute; en el &ldquo;morir matando&rdquo;. Espa&ntilde;a se espera que llegue al 130% de su deuda como consecuencia de las recetas frente al coronavirus, lo que colocar&aacute; este pa&iacute;s al borde la bancarrota o a merced de m&aacute;s ajustes neoliberales, como ocurriera hace poco tiempo en la vecina Grecia. La apuesta neoliberal impuls&oacute; la reforma de la constituci&oacute;n (una propuesta realizada en pleno agosto de 2011) para modificar el art&iacute;culo 135, de manera que el pago de la misma &ldquo;gozar&aacute; de prioridad absoluta&rdquo; sobre otras inversiones como sanidad o educaci&oacute;n. En el balance de cuentas estatales la situaci&oacute;n es tambi&eacute;n conocida. La deuda p&uacute;blica que ven&iacute;a de niveles inferiores al 50% del Producto Interior Bruto (PIB) pasaba en pocos a&ntilde;os a superar el 100%. El del cr&eacute;dito es un cuento que no puede tener final feliz y que puede justificar futuros autoritarismos.
    </p><p class="article-text">
        Hay voces planteando otras salidas. Eric Toussaint lleva denunciando las funestas consecuencias de la pol&iacute;tica crediticia que pavimentar&aacute; el camino a los ajustes estructurales en los pa&iacute;ses empobrecidos y, ahora ya, en los pa&iacute;ses m&aacute;s industrializados del sur de Europa: devaluaciones monetarias, privatizaciones y orientaci&oacute;n de la econom&iacute;a del pa&iacute;s a la exportaci&oacute;n y al pago de la deuda. As&iacute; fue gest&aacute;ndose el hardware de la llamada &ldquo;globalizaci&oacute;n&rdquo;, mientras corrientes de pensamiento acad&eacute;mico, como los llamados &ldquo;Chicago boys&rdquo;, iban elaborando el software necesario (modelos, legitimaci&oacute;n) del que har&iacute;a uso gobiernos de una nueva derecha que acced&iacute;a al poder mediante elecciones (Thatcher, Reagan) o trav&eacute;s de golpes de Estado (Pinochet).
    </p><p class="article-text">
        En los a&ntilde;os 80 los pa&iacute;ses perif&eacute;ricos consumaron un endeudamiento may&uacute;sculo ante la llegada de los petrod&oacute;lares (tras el alza del precio del barril de crudo decidido por los pa&iacute;ses &aacute;rabes frente a la ocupaci&oacute;n israel&iacute;) que pasaban a depositarse en los bancos del norte y de ah&iacute;, favoreciendo todo tipo de tropel&iacute;as y dictaduras, a los pa&iacute;ses empobrecidos. La deuda era una grasa necesaria en tiempos de guerra fr&iacute;a para hacer oscilar la balanza hacia la &oacute;rbita del Banco Mundial. Se aseguraba adem&aacute;s el flujo creciente de materiales, energ&iacute;a y capitales hacia las econom&iacute;as centrales (Estados Unidos y la Comunidad Econ&oacute;mica Europea, junto con Jap&oacute;n y Canad&aacute; por aquellos a&ntilde;os). El dinero lleg&oacute;, pero aquella d&eacute;cada ochentera se conoce como la &ldquo;d&eacute;cada perdida&rdquo; para el bienestar de Am&eacute;rica Latina o &Aacute;frica. Esta experiencia fallida de la espiral insustentable de la deuda lleva al CADTM del que forma parte Toussaint (Comit&eacute; por la Abolici&oacute;n de la Deuda en el Tercer Mundo) a trasladar el foco de los pa&iacute;ses considerados empobrecidos al planeta en general. La crisis desatada tras la propagaci&oacute;n del coronavirus (la pandemia y el par&oacute;n econ&oacute;mico) justificar&iacute;an la abolici&oacute;n de toda o parte de la deuda de un pa&iacute;s (aparentemente soberano) apelando a un, reconocido internacionalmente, &ldquo;estado de necesidad&rdquo;: &ldquo;<a href="https://www.elsaltodiario.com/coronavirus/eric-toussaint-combatir-covid-19-por-que-como-suspender-el-pago-deuda-externa" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un Estado puede renunciar a proseguir con el pago de la deuda porque la situaci&oacute;n objetiva (de la que no es responsable) amenaza gravemente a su pueblo</a>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Podr&iacute;a ser este un paso hacia la reconstrucci&oacute;n del derecho a tener derechos, a escapar del consenso carcelario de la deuda? El escenario pol&iacute;tico precisar&iacute;a, antes de nada, sentir el empuje de un nuevo escenario social. La conciencia de opresi&oacute;n es un proceso a construir desde diferentes abajo que comienzan a hablar conjuntamente de supervivencia y de radicalidad democr&aacute;tica, nos recordaba el investigador E. P. Thompson, de lo que se considera y se vive como leg&iacute;timo y lo que no. Aunque permita apuntalar algunos pilares de la casa, realizar desde arriba transformaciones que confronten el neoliberalismo se antoja poco plausible. Las cartas est&aacute;n marcadas.
    </p><p class="article-text">
        Los diferentes partidos est&aacute;n de acuerdo, en el mejor de los casos, en ofrecer compensaciones (rentas m&iacute;nimas para las personas m&aacute;s desfavorecidas) a cambio de que el grueso del edificio especulativo no se toque. El ala de la derecha institucional exige cobrarse a&uacute;n m&aacute;s peajes bajo la doctrina del shock. El grueso del rescate (m&aacute;s de 700.000 de euros en el caso de Trump) est&aacute; dirigido a mantener a flote las bolsas y socorrer a fondos de inversi&oacute;n en apuros. De paso, se insistir&aacute; en la erosi&oacute;n de la biodiversidad, gran problema para quien no esperase la reproducci&oacute;n de pandemias. La estadounidense Agencia de Protecci&oacute;n Ambiental (EPA)<a href="https://www.publico.es/sociedad/covid-19-medio-ambiente-capitalismo-aprovecha-desastre-coronavirus-desregular-proteccion-ambiental.html?utm_source=twitter&amp;utm_medium=social&amp;utm_campaign=web" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> suprimir&aacute; leyes relacionadas con el impacto ambiental mientras dure el impacto de esta crisis</a>. El parlamento andaluz, inspirado por un neoliberalismo ultranacionalista, ya lo ha hecho a posteridad. La derecha del parlamento europeo pide tomar los fondos de la lucha contra el cambio clim&aacute;tico para invertir en las consecuencias desatadas por el coronavirus.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; hacer?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Necesitamos un cuestionamiento moral y cotidiano de la salida neoliberal, en lo econ&oacute;mico, en lo ambiental y en la estrategia de acumular adhesiones a trav&eacute;s de la ilusi&oacute;n del consumo. Sin embargo, crear una nueva econom&iacute;a moral (que ha de basarse en la experiencia de econom&iacute;as que nos socialicen en otros valores, usos y costumbres) no va a pasar por el c&iacute;rculo de los partidos en el poder pol&iacute;tico o con aspiraciones a ello. Incluso el llamado New Green Deal (El nuevo pacto verde) suscrito por partidos alineados en la izquierda en Am&eacute;rica y Europa pretende ralentizar las emisiones, promover nuevas econom&iacute;as, pero el giro se antoja insuficiente en el medio plazo.
    </p><p class="article-text">
        La v&iacute;a socialdem&oacute;crata m&aacute;s verde para salir del atolladero planetario puede pasar de parchear el desastre a acabar consolidando, por la puerta de atr&aacute;s, la centralidad de un modelo industrial insostenible (coches el&eacute;ctricos y sustituci&oacute;n de energ&iacute;as pero no replantear movilidades) y del dinero como &uacute;nico flujo vital (en este caso mortal) para mantener una arquitectura social fundada en econom&iacute;as inviables y no esenciales. Por otra parte, las experiencias de arraigo localista, que en este pa&iacute;s podr&iacute;an relacionarse con las iniciativas municipalistas (pol&iacute;ticas y sociales) para una econom&iacute;a social-solidaria, nos ofrecen laboratorios exitosos aunque fr&aacute;giles. Se precisa base social y de experiencias. En general, las instituciones liberales pueden crear paraguas puntuales que acompa&ntilde;en o detengan parcelas de la barbarie (algo absolutamente necesario) pero no fabricar un descontento que abandone el apoyo a la econom&iacute;a especulativa-consumista y comience a explorar la defensa de otras &ldquo;econom&iacute;as esenciales&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No queda otra, a mi entender, que construir y relocalizar econom&iacute;as, articular la defensa de un imaginario en torno a una &ldquo;econom&iacute;a esencial&rdquo; que no hipoteque nuestras vidas; proponer desde ah&iacute; agendas p&uacute;blicas capaces de ser sostenidas en su mayor parte desde la cogesti&oacute;n y el protagonismo social; y hacer lo posible por alinearse de forma concreta con la multitud variada de descontentos (y &eacute;ste, aunque no lo parezca, puede ser el gran reto psicol&oacute;gico y social) para parar la barbarie. No expreso aqu&iacute; la agregaci&oacute;n de buenas intenciones para confluir, como el &ldquo;marchar separados y golpear juntos&rdquo;. La tradici&oacute;n hist&oacute;rica m&aacute;s materialista y vertical siempre presupon&iacute;a la sustituci&oacute;n de la autonom&iacute;a social por alguna orquesta bien pertrechada tras un indiscutido director. Hablo aqu&iacute; de cultivar sociedad como condici&oacute;n necesaria, aunque no suficiente per se, para habilitar cambios socioecon&oacute;micos de gran calado que nos eviten alguna que otra pandemia venidera.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Dif&iacute;cil? No, sencillamente ya est&aacute; en marcha. Puede que no sea visible esa emergencia. Pero este camino del empuje social es el que puede experimentar, proponer y legitimar un cambio de calado civilizatorio. El neoliberalismo no es ni siquiera ut&oacute;pico, pues no plantea una salida en clave de bienestar, pero s&iacute; es definitivamente irreal, ya que no es posible seguir navegando por encima de las leyes de la termodin&aacute;mica, del creciente vuelco clim&aacute;tico o de la irrupci&oacute;n m&aacute;s agresiva de pandemias como consecuencia de la expansi&oacute;n de un sistema deforestador, minero y un creciente monocultivo industrial. Su salida puede ser una alianza militar-monetaria entre clases ricas y pudientes (poder cultural, institucional o religioso) que pueden escudarse bien en clases populares que se resisten a pagar las facturas del desaguisado. El ascenso de la ultraderecha est&aacute; ah&iacute;. La entrada militar en la pol&iacute;tica, en Brasil o en estos d&iacute;as de &ldquo;disciplinamiento social&rdquo; en Espa&ntilde;a, son tambi&eacute;n avisos serios. Tambi&eacute;n la irrupci&oacute;n de movimientos que jalean esa vuelta fuerte a la naci&oacute;n manteniendo una jerarquizaci&oacute;n al interior a cambio de privilegios para unos pocos, pues pocos ser&aacute;n los afortunados. Una suerte de revisi&oacute;n que, caso de tomar ciertos tintes &ldquo;verdes&rdquo;, s&iacute; nos podr&iacute;a llevar a hablar de ecofascismos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Cultivar sociedad y conciencia de especie</strong>
    </p><p class="article-text">
        La construcci&oacute;n social requiere, insisto, en retomar la idea de que el saber y el poder emancipador (recordando a Foucault) proviene de los m&aacute;rgenes, no del coraz&oacute;n o del cerebro de la bestia. Camino lento, significa repolitizarnos en clave de &ldquo;somos territorios&rdquo;, &ldquo;somos lazos sociales&rdquo; y &ldquo;somos especie&rdquo;. Y para ello no necesitamos precisamente banderas puntiagudas. Somos mam&iacute;feros que requieren un h&aacute;bitat que nos acompa&ntilde;e para satisfacer necesidades b&aacute;sicas sin violentar el planeta: la salud, la nutrici&oacute;n adecuada, la cultura que nos aporta autonom&iacute;a, la potencialidad para construir lazos sociales y el deseo apartado del consumo e imbuido de afectos y sexualidades sanas.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y c&oacute;mo? Cultivar sociedad pasa por construir nuevas econom&iacute;as y darle forma a esa econom&iacute;a moral (saludable, alimentaria) que sirva de freno a los atropellos de las &eacute;lites o de las bases populares de la ultraderecha. Por ejemplo, de manera minoritaria a&uacute;n, fr&aacute;gil y a veces poco articulada, la agroecolog&iacute;a puede ser un ejemplo claro de vertebraci&oacute;n de una nueva econom&iacute;a, real y moral, como apuntaban las conclusiones de la investigaci&oacute;n citada al principio. Se trata de reconciliarnos con un manejo sustentable de nuestros bienes naturales, desde la biodiversidad a los ciclos del agua, pasando por la fertilidad de la tierra y la consolidaci&oacute;n de sistemas agroalimentarios territorializados. Ya se ofrece como respuesta, aunque permanezca distante de los medios de comunicaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En los pr&oacute;ximos meses podremos ver algunas realidades que est&aacute;n apuntando, por ejemplo, a la problematizaci&oacute;n de la comida basura y del control (neoliberal y oligop&oacute;lico) que ejercen las grandes cadenas de distribuci&oacute;n. Veremos un repunte en la b&uacute;squeda de alimentos de proximidad, frescos o ecol&oacute;gicos. Comprobaremos la fuerza real de articulaciones que est&aacute;n demandando con fuerza virtual (adhesiones y comercializaciones v&iacute;a internet) la vuelta de mercados locales y la implementaci&oacute;n de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas frente al coronavirus que incorporen medidas de transici&oacute;n energ&eacute;tica o de relocalizaci&oacute;n econ&oacute;mica. Y el hecho de lo que palpemos no quiere decir que sea la din&aacute;mica que vaya a presidir la salida a esta crisis. Ni siquiera que vaya a ser el tim&oacute;n de las protestas que albergan <a href="https://www.soberaniaalimentaria.info/numeros-publicados/71-numero-36/694-sobre-agroecologia-y-extrema-derecha-en-el-mundo-rural" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">las manifestaciones d</a><a href="https://www.soberaniaalimentaria.info/numeros-publicados/71-numero-36/694-sobre-agroecologia-y-extrema-derecha-en-el-mundo-rural" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">e los chalecos turbulentos</a>: personas descontentas de referencias ideol&oacute;gicas diversas que se unen para protestar por la subida del precio de la gasolina o por los bajos precios que se pagan a quien produce alimentos.
    </p><p class="article-text">
        Pero, frente al abismo neoliberal, una puerta se abre. Porque &ldquo;<a href="https://ctxt.es/es/20200401/Firmas/31854/coronavirus-europa-holanda-cooperacion-citoquinas-eugenia-palop.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el Estado no puede ser la respuesta frente a la mundializaci&oacute;n del riesgo</a>&rdquo;, tal y como nos advierte Mar&iacute;a Eugenia Rodr&iacute;guez Palop. Modelos tan distantes como China o Estados Unidos coinciden sin embargo en apostar por la contaminaci&oacute;n creciente de sus territorios, la insustentabilidad de retomar el camino moment&aacute;neo de las energ&iacute;as f&oacute;siles (fracking, carb&oacute;n, construcci&oacute;n de nuevos ductos) o el control y persecuci&oacute;n de la protesta social. El contagio cooperativo en todas las escalas s&iacute; puede construir potencialidades que ahora no se ven. Y m&aacute;s si &eacute;ste viene desde abajo, se articula y obliga a hablar otros lenguajes m&aacute;s sustentables en el sistema-mundo. Descontentos y reclamos van a sucederse en los pr&oacute;ximos meses: el derecho a la salud auspiciado desde lo p&uacute;blico, el golpe de la exclusi&oacute;n ante el par&oacute;n econ&oacute;mico, las salidas suicidas y patriarcales desde una militarizaci&oacute;n social de calles e imaginarios (el problema es &ldquo;vencer&rdquo;, no resituar la vida en el centro de nuestras econom&iacute;as), junto con la activaci&oacute;n de din&aacute;micas agroecol&oacute;gicas. Tejer desde la intersecci&oacute;n de esos campos puede que sea una opci&oacute;n, acaso la &uacute;nica ventana realmente abierta.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Calle Collado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/cultivar-sociedad-conciencia-especie_132_5950902.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 29 Apr 2020 21:01:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cultivar sociedad y conciencia de especie]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Coronavirus]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Alimentación y pandemias: ¿hacia una nueva economía moral?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/alimentacion-pandemias-nueva-economia-moral_132_2259916.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/00bf9f63-f3a4-4dde-8a2d-a4120aa69170_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Alimentación y pandemias: ¿hacia una nueva economía moral?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si la pandemia de la COVID-19 es un "examen sorpresa" frente a previsibles colapsos sanitarios y alimentarios estamos a tiempo de introducir cierta racionalidad en los debates sobre el futuro de nuestra alimentación</p></div><p class="article-text">
        Hoy sabemos que los est&oacute;magos de la humanidad est&aacute;n sentados encima de un sistema agroalimentario suicida y multi-est&uacute;pido. Suicida porque, en medio de un vuelco clim&aacute;tico y una masificaci&oacute;n en grandes urbes, elabora pandemias como resultado de la intensificaci&oacute;n productiva ganadera (hacinamiento, depresi&oacute;n inmunol&oacute;gica, fortalecimiento de virus) y agroforestal (deforestaci&oacute;n y monocultivos que llevan a una p&eacute;rdida de equilibrios que manten&iacute;an ciertas bacterias a raya). Est&uacute;pido energ&eacute;ticamente porque en este sistema industrializado se invierten muchas kilocalor&iacute;as (petroleras) en obtener casi las mismas kilocalor&iacute;as (alimentarias), mientras los cultivos tradicionales diversificados ofrec&iacute;an entre 10 y 20 veces mejores rendimientos. Irracionalmente est&uacute;pido porque desechamos unos 179 kg de alimentos por persona y a&ntilde;o, seg&uacute;n la Uni&oacute;n Europea, por razones de dietas, falta de tiempo y omnipresencia de estanter&iacute;as con comida que caduca con rapidez. Insosteniblemente est&uacute;pido porque, a m&aacute;s t&oacute;xicos en la producci&oacute;n agroganadera, menos polinizadores, y con ello menos flores que llegar&aacute;n a ser frutos, en un mundo donde los animales a&uacute;n no hemos aprendido a hacer la fotos&iacute;ntesis.
    </p><p class="article-text">
        Los sistemas agroalimentarios globalizados siguen generando hambrunas y malnutrici&oacute;n, incluso en pa&iacute;ses antes considerados bien alimentados. Pero los motines alimentarios no se dan cuando hay hambre. Los cambios sociales no son cuesti&oacute;n de &ldquo;cuanto peor, mejor&rdquo;, mucho menos se derivan de reacciones estomacales. Se precisan referencias para proponer alternativas y caldos de cultivo para hilar el descontento. El historiador ing&eacute;s Edward Thompson nos recordaba que: &ldquo;el hambre de verdad (es decir, cuando realmente no hay existencias de alimentos) no suele ir acompa&ntilde;ada de motines, ya que hay pocos objetivos racionales para los amotinados&rdquo;. Si interpretamos que la pandemia de la COVID-19 es una suerte de &ldquo;examen sorpresa&rdquo; frente a previsibles colapsos sanitarios y alimentarios, como vienen advirtiendo los informes del Panel Internacional del Cambio Clim&aacute;tico (IPCC en ingl&eacute;s), entonces estar&iacute;amos a tiempo de poder introducir cierta racionalidad en los debates sobre el futuro de nuestra alimentaci&oacute;n como especie.
    </p><p class="article-text">
        El hambre est&aacute; instalada en nuestro planeta, ya que es el reverso del negocio globalizado de la comida. Vuelve a resurgir tras cada gran crisis econ&oacute;mica, pues al final el acceso a la nutrici&oacute;n adecuada es una cuesti&oacute;n de clases. Y de un conjunto de exclusiones: el mundo alimentario est&aacute; (des)ordenado y jerarquizado con arreglo a ejes de dominaci&oacute;n Norte-Sur, econom&iacute;as perif&eacute;ricas conectadas a metr&oacute;polis centrales y tambi&eacute;n relativos a desigualdades de g&eacute;nero. &iquest;Puede ser el coronavirus una forma de resucitar una cultura popular donde la alimentaci&oacute;n sea sin&oacute;nimo de cuidar territorios y personas? &iquest;Podremos desafiar el hardware de la gran distribuci&oacute;n y la gran industria agrot&oacute;xica para proponer una relocalizaci&oacute;n de canales agroalimentarios de acuerdo a estrategias cooperativas entre producci&oacute;n, comercio de proximidad y defensa del derecho a la nutrici&oacute;n sana a trav&eacute;s de leyes y compras p&uacute;blicas?
    </p><p class="article-text">
        Si as&iacute; ocurriese estar&iacute;amos cerca de lo que denomino una Agreocolog&iacute;a en 3C: producir alimentos para cuidar solidariamente de nuestros ecosistemas y de nuestros cuerpos; cerrar circuitos materiales, energ&eacute;ticos y mercantiles como &uacute;nica estrategia para recuperar soberan&iacute;as alimentarias y fertilidad de nuestros suelos; extender una cooperaci&oacute;n social entre quien produce, quien come y quien facilita un derecho real a la alimentaci&oacute;n, con objeto de repopularizar la cuesti&oacute;n alimentaria y no dejarla al albur de Estados poco interesados y escasamente eficientes en contestar afirmativamente a las anteriores preguntas. Quien quiera situar hist&oacute;ricamente esta &ldquo;ineficiencia&rdquo; puede darse un paseo por los recientes trabajos de Vandana Shiva, el mencionado Thompson o el estudioso del panorama agrario internacional Jan Douwe van der Ploeg.
    </p><p class="article-text">
        No creo que podamos cabalgar en el corto plazo a lomos de una nueva &ldquo;moralidad alimentaria&rdquo; que exija producir y alimentarse sosteniblemente. Una pol&iacute;tica que arranque del campo para plantear, no ya precios justos ni defensa del acceso a una tierra vista como producto en el que acumular N-P-K (el suelo entendido sin vida ni estructura y como mera adici&oacute;n de nitr&oacute;geno, f&oacute;sforo y potasio), sino territorios que nos dan la vida. Tierra madre que hay que cuidar y desde ah&iacute; alentar una econom&iacute;a viable para quienes la trabajan. No estamos, por ahora, en la antesala de una multitud arm&aacute;ndose de razones silenciosas para decirle a las &eacute;lites que &ldquo;por ah&iacute; no&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero hay un run-run, una irrupci&oacute;n de &ldquo;discursos ocultos&rdquo; que, como documentara el antrop&oacute;logo James Scott, son clave para entender como se revela y se rebela la gente desde abajo. Son conversaciones frente a tiendas y supermercados donde se habla de la importancia del campo y de asegurar distribuciones alimentarias. Hay tambi&eacute;n una colecci&oacute;n de manifiestos locales e internacionales demandando una recampesinizaci&oacute;n frente a la barbarie alimentaria. Se abren las agendas pol&iacute;ticas a considerar medidas para asegurar producciones y seguridades alimentarias, donde incluso la Uni&oacute;n Europea ha reclamado cierta &ldquo;conciencia europea&rdquo; para que la fruta del Mediterr&aacute;neo pueda subir a los mercados centrales, Holanda y Alemania incluidas. No existe esa multitud que niegue a Mercadona o a Carrefour como camino hacia la destrucci&oacute;n de la vida en el planeta. Se precisar&iacute;a de una cultura cr&iacute;tica y unas &ldquo;costumbres en com&uacute;n&rdquo; pero es dif&iacute;cil entretejer respuestas y nuevas moralidades en un contexto de aislamiento. La pandemia asusta, y la inseguridad alimentaria puede ser un motivo de recuperar motines que sustituyan a las indignaciones virtuales en las que nos empotra el reino de Zuckerberg. El hambre o la inseguridad alimentaria puede colocar nuestro orden social en el &ldquo;potro del tormento&rdquo;, nos dec&iacute;a tambi&eacute;n Thompson en Costumbres en com&uacute;n, y con &eacute;l a los gobernantes en funci&oacute;n de que sus reacciones inspiren seguridad y preocupaci&oacute;n sincera, o todo lo contrario.
    </p><p class="article-text">
        Pero no bastar&aacute; colocar el hambre como amenaza. Ni tampoco la amenaza ser&aacute; suficiente para reaccionar con cierta racionalidad: reconstruir sistemas productivos requiere grupos importantes de personas agricultoras y ganaderas volcando hacia all&iacute; sus demandas, personas consumidoras acogiendo esas demandas como propias y, s&oacute;lo en &uacute;ltimo t&eacute;rmino, agendas p&uacute;blicas aceptando levantar la soga sobre el cuello de la producci&oacute;n de proximidad, diversificada, saludable (eliminaci&oacute;n de t&oacute;xicos y productos que ocasionen residuos insalubres) y capaz de abastecimientos directos y diarios.
    </p><p class="article-text">
        La Agroecolog&iacute;a en 3C plantea avanzar en esas direcciones. Significa escalar en primer lugar hacia los lados: hacia la relocalizaci&oacute;n f&iacute;sica de sistemas agroalimentarios; y tambi&eacute;n hacia la articulaci&oacute;n social con iniciativas que hablen el lenguaje las econom&iacute;as de los cuidados (atenci&oacute;n primordial a las cuestiones de la vida como sanidad, alimentaci&oacute;n y mediaci&oacute;n social frente a crisis) y de los nuevos comunes (cogesti&oacute;n p&uacute;blico-comunitaria, autonom&iacute;a social). Para desde ah&iacute;, desde esa pol&iacute;tica-p&uacute;blica hecha de lo pol&iacute;tico-cotidiano poder escalar hacia arriba demandas de la poblaci&oacute;n, protestas visibles desde la producci&oacute;n y consumo y reconfiguraci&oacute;n de leyes que se basen en el di&aacute;logo con la sociedad afectada y con quienes promueven derechos y avanzan alternativas &ldquo;radicales&rdquo;: aquellas que abordan la inseguridad alimentaria de ra&iacute;z y con ra&iacute;ces en la tierra viva.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Calle Collado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/alimentacion-pandemias-nueva-economia-moral_132_2259916.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 14 Apr 2020 21:30:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Alimentación y pandemias: ¿hacia una nueva economía moral?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Coronavirus,Alimentación]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El coronavirus y nuestra inseguridad alimentaria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/coronavirus-inseguridad-alimentaria_132_1001598.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/23449298-fc52-41ec-aec1-9a86dd465a63_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El coronavirus y nuestra inseguridad alimentaria"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Dándole vueltas a la reacción compulsiva en el acaparamiento de conservas, precocinados, leche o papel higiénico: ¿en qué hábitos alimentarios andamos metidos?</p></div><p class="article-text">
        La pandemia del coronavirus amenaza nuestra vida en muchos frentes. Y tambi&eacute;n pone al descubierto conflictos y debates b&aacute;sicos que como sociedad no podemos dejar de atender: el papel de lo p&uacute;blico en nuestras econom&iacute;as, el derecho a la asistencia sanitaria o al empleo, los peajes que impone la llamada &ldquo;globalizaci&oacute;n&rdquo;, entre otros. Tambi&eacute;n somos interpelados como ciudadan&iacute;a. La existencia (o no) de respuestas m&aacute;s all&aacute; del Gobierno determinar&aacute;n si somos actores solidarios o m&aacute;s bien marionetas para el consumo. Y d&aacute;ndole vueltas a la reacci&oacute;n nerviosa y compulsiva con respecto al acaparamiento de productos como conservas, productos precocinados, leche o papel higi&eacute;nico: &iquest;en qu&eacute; h&aacute;bitos alimentarios andamos metidos? &iquest;podemos hablar de una creciente inseguridad alimentaria en pa&iacute;ses que se supone &ldquo;desarrollados&rdquo;? La respuesta a esta &uacute;ltima pregunta es un rotundo s&iacute;, y lo justificar&eacute; seguidamente.
    </p><p class="article-text">
        FAO es el organismo de Naciones Unidas centrado en temas de alimentaci&oacute;n y agricultura. Considera que existe seguridad alimentaria cuando las personas &ldquo;tienen acceso f&iacute;sico y econ&oacute;mico a suficiente alimento, seguro y nutritivo, para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias&rdquo;.&iquest;Qu&eacute; estamos constatando estos d&iacute;as con respecto a la accesibilidad? Ciertamente nada parece apuntar a un desabastecimiento en la pr&aacute;ctica, pero s&iacute; existe una percepci&oacute;n ciudadana de inseguridad alimentaria que se manifiesta en aglomeraciones y acaparamientos frente a siete grandes cadenas de distribuci&oacute;n alimentaria. La concentraci&oacute;n de las redes alimentarias est&aacute; excluyendo a la peque&ntilde;a producci&oacute;n, de ah&iacute; las quejas en torno a los injustos precios que se pagan al personal agricultor y ganadero. Es un embudo que, por la parte de la distribuci&oacute;n, desata miedos frente a una inseguridad en la adquisici&oacute;n de comidas. &iquest;Miedos todos infundados? Recordemos lo que ocurri&oacute; en el 2008. Una huelga de transportistas dej&oacute; las estanter&iacute;as de estas grandes cadenas desabastecidas en tres d&iacute;as. El ej&eacute;rcito fue obligado a intervenir. Primera conclusi&oacute;n: miedos y embudos podr&iacute;an superarse a trav&eacute;s de sistemas agroalimentarios m&aacute;s territorializados.
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, la accesibilidad no es una mera cuesti&oacute;n log&iacute;stica. Es ante todo una cuesti&oacute;n de desigualdades sociales.Tanto en cantidades como, sobre todo, en calidades. En este pa&iacute;s un 22% de la poblaci&oacute;n se considera bajo el umbral de la pobreza, lo que ocasiona que parte o toda su alimentaci&oacute;n provenga de ayudas sociales, en particular de los bancos alimentarios que gestionan mayoritariamente entidades religiosas y voluntariados varios. El coronavirus, aunque partiera m&aacute;s de las salas de espera de los aeropuertos, va a acabar afectando m&aacute;s a las clases m&aacute;s populares, las que viajan menos. Por la v&iacute;a del par&oacute;n econ&oacute;mico ante todo y la adopci&oacute;n de medidas &ldquo;sociales&rdquo; como la presentada por la Comunidad de Madrid: una conocida franquicia de pizzas ser&aacute; el comedor al que Sanidad dirigir&aacute; a buena parte de los ni&ntilde;os considerados &ldquo;desfavorecidos&rdquo; en esta regi&oacute;n. <a href="https://www.ciudadesagroecologicas.eu/wp-content/uploads/2018/12/InformeSalud_Definitivo_Web.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Inseguridades todas</a><a href="https://www.ciudadesagroecologicas.eu/wp-content/uploads/2018/12/InformeSalud_Definitivo_Web.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> </a><a href="https://www.ciudadesagroecologicas.eu/wp-content/uploads/2018/12/InformeSalud_Definitivo_Web.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">que </a><a href="https://www.ciudadesagroecologicas.eu/wp-content/uploads/2018/12/InformeSalud_Definitivo_Web.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">se ve</a><a href="https://www.ciudadesagroecologicas.eu/wp-content/uploads/2018/12/InformeSalud_Definitivo_Web.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> amplificada </a><a href="https://www.ciudadesagroecologicas.eu/wp-content/uploads/2018/12/InformeSalud_Definitivo_Web.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">como indica Isabel &Aacute;lvarez</a><a href="https://www.ciudadesagroecologicas.eu/wp-content/uploads/2018/12/InformeSalud_Definitivo_Web.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">, debido a la patologizaci&oacute;n de ciertas enfermedades y a su mayor responsabilidad en tareas relacionadas con la alimentaci&oacute;n en nuestros hogares: un 90% de los trastornos alimentarios son padecidos por mujeres. </a>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Viaje al centro de la alimentaci&oacute;n que nos enferma&rdquo; de la ONG Justicia Alimentaria que como consecuencia de nuestro consumo cercano al 70% de alimentos procesados se est&aacute;n disparando diabetes, obesidades, alergias e incluso tumores. Son datos en la l&iacute;nea de lo que la comunidad m&eacute;dica viene relacionando con la disminuci&oacute;n de una dieta variada y m&aacute;s rica en alimentos alejados de una agricultura intensiva, en particular desde los a&ntilde;os 50. Frente a otras pr&aacute;cticas agr&iacute;colas y ganaderas que ayudaban a producir alimentos de forma m&aacute;s sosegada y m&aacute;s libre de productos qu&iacute;micos, nuestra dieta es hoy hipocal&oacute;rica y poco rica en macronutrientes. Incluso para verduras o frutas frescas, pues sus forzados y r&aacute;pidos crecimientos hacen que <a href="https://www.semanticscholar.org/paper/The-Mineral-Depletion-of-Foods-Available-to-US-as-A-Thomas/bafc9426b6dd1ef5cf26afa7e148378b50de8abc" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los alimentos llegan a nuestras mesas con menores dosis menores de vitaminas, anti-oxidantes o minerales como el cobre o el hierro</a> que son necesarios para evitar enfermedades y defendernos mejor de enemigos externos. Las medidas adoptadas frente al coronavirus y dada la observada posici&oacute;n central y privilegiada de grandes superficies (en ellas se centra el foco medi&aacute;tico y tambi&eacute;n inversiones p&uacute;blicas y facilidades par infraestructuras de los mercados alimentarios) har&aacute;n que crezca la circulaci&oacute;n de la comida chatarra (que no alimento) ante la dificultad de movimientos para la comercializaci&oacute;n de productos frescos.
    </p><p class="article-text">
        Cuarta cuesti&oacute;n: la implantaci&oacute;n de cadenas &ldquo;globalizadas&rdquo; como referencia de un abastacemiento va a acrecentar inseguridades alimentarias en el futuro m&aacute;s inmediato. El Brexit afectar&aacute; de lleno al sector agroexportador. Cobra fuerza la amenaza interesadamente proteccionista en el campo agrario de Trump o de cualquier otro presidente de naciones que nos abastecen. Es incomprensible el apoyo a la inseguridad alimentaria de la Uni&oacute;n Europea al firmar tratados con Turqu&iacute;a, Sud&aacute;frica o Vietnam para beneficio de grandes distribuidoras mundiales (algunas &ldquo;marca Espa&ntilde;a&rdquo;) y para descontento del abandonado sector primario de este pa&iacute;s y de los peque&ntilde;os agricultores de estos pa&iacute;ses. Parad&oacute;jicamente, vivimos en un pa&iacute;s que ya apenas produce legumbres (vienen de Estados Unidos, M&eacute;xico) o piensos para animales (la soja de Brasil, que a su vez es motor de la deforestaci&oacute;n de la Amazon&iacute;a). &iquest;Qu&eacute; ocurrir&aacute; cuando la econom&iacute;a burs&aacute;til recupere su necesidad de crecer en masa monetaria? El oro negro volver&aacute; a ser demandado. En uno o dos lustros llegaremos a ver la gasolina con un precio que oscila entre los 5 y los 10 euros el litro.&iquest;Estamos prepar&aacute;ndonos para esta inseguridad alimentaria que conf&iacute;a en productos ultraprocesados y que viajan varios miles kil&oacute;metros?
    </p><p class="article-text">
        Quinta dimensi&oacute;n de la inseguridad alimentaria: el vuelco clim&aacute;tico. El coronavirus comparte genealog&iacute;a con &ldquo;gripes globalizadas&rdquo; como fuese la gripe aviar o la porcina hace unos a&ntilde;os. Son hijos predilectos de una globalizaci&oacute;n que internacionaliza corredores comerciales y nos calienta el planeta. muy dependientes, poco amigos de la biodiversidad cultivada y, por todo ello, no preparados para relocalizarse o crear compartimentos estancos frente a amenazas globales.
    </p><p class="article-text">
        El coronavirus, confiamos, pasar&aacute;. Vamos a tener que aprender s&iacute; o s&iacute;. Ser&aacute; por anticipaci&oacute;n o ser&aacute; a golpe de shock, mucho m&aacute;s ingrato y perjudicial para toda transici&oacute;n deseable de nuestros sistemas sanitarios y alimentarios. Har&iacute;amos bien en relocalizar, en evitar la creciente &ldquo;uberizaci&oacute;n&rdquo; de la cadena alimentaria, alentando la peque&ntilde;a producci&oacute;n agroganadera y pesquera, mucho m&aacute;s sostenible. Esto es lo que clama el mundo rural que vela por evitar el despoblamiento. La globalizaci&oacute;n es un nefasto dispositivo que, sin embargo, insiste en actualizar nuestras dietas haci&eacute;ndolas menos recomendables y menos accesibles para los sectores que primero pagan las facturas frente a cualquier crisis.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Calle Collado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/coronavirus-inseguridad-alimentaria_132_1001598.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 23 Mar 2020 22:57:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El coronavirus y nuestra inseguridad alimentaria]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Coronavirus]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cartografía ecosocial de las protestas rurales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/cartografia-ecosocial-protestas-rurales_132_1002261.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0d7c7baa-d9d0-4c29-ae97-27f7bdc2c3a1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cartografía ecosocial de las protestas rurales"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En menos de un año hemos pasado de la llamada "España vaciada" a un mundo rural lleno de protestas</p></div><p class="article-text">
        En menos de un a&ntilde;o hemos pasado de la llamada &ldquo;Espa&ntilde;a vaciada&rdquo; a un mundo rural lleno de protestas. Hace un a&ntilde;o, el 31 de marzo concretamente, se paseaba por Madrid &ldquo;La Revuelta de la Espa&ntilde;a Vaciada&rdquo;, una manifestaci&oacute;n que llegaba a las 100.000 personas. Era un exponente de varias decenas de minirrevueltas que ya ven&iacute;an zarandeando el conformismo del campo. La Uni&oacute;n de Uniones ha sido una red sindical agraria especialmente combativa en los &uacute;ltimos tiempos con respecto a los bajos precios y los recortes en las atenciones al sector agroganadero, y en 2018 realizaba diversas concentraciones y lanzaba frente al Ministerio de Agricultura la campa&ntilde;a #DemocraciaEnElCampoYA. As&iacute; como sectores de la COAG se han visibilizado a favor de propuestas de la organizaci&oacute;n internacional Via Campesina por la soberan&iacute;a alimentaria y por un mundo rural vivo.
    </p><p class="article-text">
        El cabreo del mundo rural tienen que ver principalmente con dos embudos, el socioecon&oacute;mico y el pol&iacute;tico. Hace d&eacute;cadas que nuestros sistemas agroalimentarios est&aacute;n gobernados por una gran distribuci&oacute;n y una globalizaci&oacute;n neoliberal (tratados internacionales, la comida como mercanc&iacute;a, la PAC al servicio de las grandes explotaciones) que no recompensan a quienes producen nuestros alimentos. El segundo de los embudos se refiere a la cr&iacute;tica de las formas de representaci&oacute;n en lo que respecta a mesas de negociaci&oacute;n, desigualdades de g&eacute;nero o a la b&uacute;squeda de reemplazos generacionales y de modelos productivos. Por ahora el sindicalismo de mayor visibilidad ahonda en posiciones conservadoras, particularmente ASAJA como gran patronal del campo inserta en la CEOE.
    </p><p class="article-text">
        Est&aacute; por ver qu&eacute; caminos de transformaci&oacute;n real de los anteriores embudos emprenden organizaciones cr&iacute;ticas como COAG y UPA, &eacute;sta &uacute;ltima vinculada a sectores rurales de la UGT. El mundo rural ha alzado su voz merced a los huecos abiertos en la agenda social, pol&iacute;tica y hasta art&iacute;stica. Abandona el fatalismo y se vuelve protest&oacute;n ante los diversos embudos. Est&aacute; por ver si las demandas iniciadas al calor de la sucesi&oacute;n de convocatorias #AgricultoresAlL&iacute;mite y la reclamaci&oacute;n de precios justos son un paraguas que dinamice cambios estructurales.
    </p><p class="article-text">
        La respuesta del Gobierno ha sido el decreto lanzado el martes 24 de febrero: prohibir la venta a p&eacute;rdidas, fomentar contrataciones indefinidas y reducir de 35 a 20 las peonadas necesarias para acceder al desempleo agrario. Sin duda, se plasman aqu&iacute; reivindicaciones que invitan a visibilizar y cuestionar nuestro insostenible e injusto sistema agroalimentario. Algo muy positivo. Pero parecen medidas para contentar a una gran distribuidora hortofurt&iacute;cola y menos a una peque&ntilde;a producci&oacute;n. Las peonadas o las contrataciones de largo plazo no constituyen un apoyo directo hacia la subsistencia de los &uacute;ltimos eslabones de la cadena agroalimentaria (la producci&oacute;n rural) ni para la innovaci&oacute;n hacia sistemas agroalimentarios m&aacute;s locales y diversificados.
    </p><p class="article-text">
        En esta situaci&oacute;n conflictiva y de embudos no resueltos, han emergido tambi&eacute;n nuevas plataformas rurales o nuevas v&iacute;as para la reinvenci&oacute;n de un sindicalismo agrario transformador. Por ejemplo, destaca en los &uacute;ltimos a&ntilde;os el papel cada vez m&aacute;s relevante de organizaciones de mujeres en el seno del gran sindicalismo. Iniciativas como Ganaderas en Red han contribuido a poner sobre la mesa los embudos en torno a las desigualdades de g&eacute;nero en el mundo rural. No ha faltado la irrupci&oacute;n de posiciones m&aacute;s conservadoras y algunas de extrema derecha (en defensa de las &ldquo;esencias&rdquo; del campo, nula referencia a la gran distribuci&oacute;n, &eacute;nfasis en precios, puesta en escena a favor de la &ldquo;marca Espa&ntilde;a&rdquo;), las cuales han encontrado eco en organizaciones como la Asociaci&oacute;n Nacional del Sector Primario o la reci&eacute;n creada <strong>Uni&oacute;n de Agricultores Independientes </strong><strong> (ambas con base en la Almer&iacute;a agroexportadora)</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Los conflictos del campo ir&aacute;n a m&aacute;s. Aparte de no resolverse la problem&aacute;tica de los embudos mencionados, se produce una resonancia social de protestas en otros pa&iacute;ses, como los chalecos amarillos en Francia. O irrumpen nuevos imaginarios literarios en este pa&iacute;s, una ola de &ldquo;neorruralismo&rdquo;: novelas llevadas al cine como &ldquo;Intemperie&rdquo;, de Jes&uacute;s Carrasco Jaramillo; po&eacute;ticas ecofeministas como la de Mar&iacute;a S&aacute;nchez; la cr&iacute;tica del desarrollismo que erosiona tramas de vida rurales como hace Rafael Navarro en &ldquo;La tierra desnuda&rdquo;; o ensayos bastante criticados por su perfil urbanita, caso de Sergio del Molino y su obra La Espa&ntilde;a vac&iacute;a&ldquo;. Est&aacute;n emergiendo gritos compartidos. Pero tambi&eacute;n protestas encontradas en su seno. Por ejemplo, la subida del Salario M&iacute;nimo Interprofesional (SMI) es una buena piedra de toque para un an&aacute;lisis de dimensiones de clase social o del derecho a tener derechos.
    </p><p class="article-text">
        La patronal ASAJA y las nuevas plataformas rurales pr&oacute;ximas a la extrema derecha se muestran cr&iacute;tic a s con dicha subida, atrayendo a sectores de UPA y COAG. Entre estos &uacute;ltimos, sin embargo, emergen respuestas defensoras de dicho SMI y con propuestas que tratan de desbordar la globalizaci&oacute;n neoliberal (derechos del campesinado, circuitos cortos, necesidad de una transici&oacute;n hacia otros modelos productivos), caso del Sindicato Labrego Galego y otros espacios afines a la V&iacute;a Campesina. Son distintos polos que atienden a diferentes conciencias de &ldquo;clase rural&rdquo; y de relaci&oacute;n concreta con los embudos econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos que siguen alentando la apuesta suicida de un &ldquo;desarrollismo global&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En estas circunstancias, el ecologismo y el feminismo, o la sencilla reclamaci&oacute;n de una producci&oacute;n sustentable y de igualdades de g&eacute;nero, dif&iacute;cilmente encuentran un espacio de incidencia. La extrema derecha ha impulsado un caladero de votos rurales muy distante de estos polos, a trav&eacute;s de su particular reinterpretaci&oacute;n de algunos dramas del medio rural con tan s&oacute;lo azuzar banderas como la caza o la defensa de &ldquo;tradiciones&rdquo; frente al ataque de los/as &ldquo;animalistas urbanos&rdquo;. De caciques globales o regionales no hablan mucho, es m&aacute;s, se corre el peligro de que se sit&uacute;en al frente del descontento rural, como muestra el af&aacute;n movilizador de la patronal ASAJA frente al actual gobierno.
    </p><p class="article-text">
        En paralelo, desde el campo se percibe tambi&eacute;n una escasez de propuestas (comunicados, perspectivas, organizaciones, af&aacute;n por tejer lazos con estas protestas) que trabajen temas de sustentabilidad o de cr&iacute;tica de los embudos sociales, econ&oacute;micos y patriarcales partiendo del propio medio rural. Del lado eco, observo que la palabra &ldquo;sostenibilidad&rdquo; y la conciencia por los impactos del vuelco clim&aacute;tico est&aacute;n ya en gran parte de la agenda social y sindical. Para mucha gente la cuesti&oacute;n es com&uacute;n a cualquier tema de decrecimiento con justicia: &iquest;qui&eacute;n va a pagar las facturas?, &iquest;qu&eacute; nuevos modelos de transici&oacute;n se van a apoyar?, &iquest;qui&eacute;n se har&aacute; cargo de los costes (econ&oacute;micos, electorales si no son bien enfocados) derivados de un alza del precio del petr&oacute;leo, una pol&iacute;tica de &ldquo;residuos cero&rdquo; en los tratamientos fitosanitarios o una relocalizaci&oacute;n de las cadenas agroalimentarias?
    </p><p class="article-text">
        En la dimensi&oacute;n de g&eacute;nero, si bien la protesta medi&aacute;tica ha presentado un rostro fuertemente masculino, diversas concentraciones y hasta cortes de carretera han sido protagonizados por mujeres. Hay un reconocimiento entre ellas de que resta mucho camino para que puedan superarse desigualdades de siempre en torno al acceso a tierras y titularidad, paridad en las organizaciones y formas de acci&oacute;n participativas, valorizaci&oacute;n de trabajos del campo ahora invisibilizados y desarrollados por mujeres. Pero se avanza. Organizaciones como el Sindicato Labrego Galego marcan aqu&iacute; la pauta seguir. Al mismo tiempo, la necesidad de la ruralizar ciertas propuestas est&aacute; ah&iacute;: &iquest;c&oacute;mo se va a avanzar hacia un ecofeminismo amplio, si sus corrientes principales de pensamiento y de propuestas no est&aacute;n conectando con determinadas inquietudes rurales, las cuales tienen una particular lectura de temas comunitarios, familiares o de su relaci&oacute;n con montes y ganader&iacute;a? Vivimos tiempos de chalecos turbulentos. Quiz&aacute;s el campo est&eacute; ofreciendo chalecos problem&aacute;ticos y de colores diversos (algunos marrones como la sociedad del carb&oacute;n). Pero est&aacute; hablando ya de implementar otros mundos y otras econom&iacute;as. Ser&iacute;a conveniente articular encuentros, pedagog&iacute;as y formas de impulsar otras relaciones campo-ciudad sin renunciar a voces y a obligaciones decrecentistas que son propias de cada territorio.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Calle Collado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/cartografia-ecosocial-protestas-rurales_132_1002261.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 03 Mar 2020 22:42:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cartografía ecosocial de las protestas rurales]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[España vaciada]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Chalecos rurales y verdes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/chalecos-rurales-verdes_132_1622117.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/09718ec9-660a-474d-9834-46452915c6f3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Chalecos rurales y verdes"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El mundo rural puede estar saliendo de un forzado ostracismo y constituir un acicate nada despreciable para transformaciones más globales, complejas y, sobre todo, que insistan en cuidar personas y territorios.</p><p class="subtitle">De orientación verde y rural han sido los cerca de 100.000 "chalecos" que han desfilado el pasado domingo por Madrid, al clamor de "La Revuleta de la España Vaciada"</p></div><p class="article-text">
        El siglo que atravesamos va a ser una sucesi&oacute;n de chalecos de distinto color manifest&aacute;ndose en las calles y, en el futuro, auto-organizando distintas formas de vida. El progresivo fin de una civilizaci&oacute;n petrolera ir&aacute; poniendo sobre la mesa la cuesti&oacute;n de c&oacute;mo vamos a comer y qui&eacute;n va a pagar los platos rotos. El creciente endeudamiento de los Estados har&aacute; m&aacute;s dif&iacute;cil sostener servicios p&uacute;blicos y pol&iacute;ticas orientadas a la satisfacci&oacute;n de necesidades b&aacute;sicas. Sobre todo porque la ultraderecha productivista se ha apuntado al carro neoliberal y la socialdemocracia no viene precisamente de poner freno a la merma de derechos sociales y al aumento de una mercantilizaci&oacute;n globalizadora. Habr&aacute; chalecos amarillos, como en Francia, para decir que el mundo rural y las clases precarias no tienen por qu&eacute; hacer frente a las subidas de impuestos y del precio de la gasolina. Surgir&aacute;n tambi&eacute;n chalecos verdes al calor de de los a&uacute;n j&oacute;venes &ldquo;Fridays for Future&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        De orientaci&oacute;n verde y rural han sido los cerca de 100.000 &ldquo;chalecos&rdquo; que han desfilado el pasado domingo por Madrid, <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/Arranca-Madrid-multitudinaria-Espana-Vaciada_0_883661801.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">al clamor de &ldquo;La Revuleta de la Espa&ntilde;a Vaciada&rdquo;</a>. Cada vez son m&aacute;s palpables las dificultades de la peque&ntilde;a ganader&iacute;a y de la agricultura para competir con granjas intensivas y monocultivos, las facilidades administrativas para que la gran distribuci&oacute;n se adue&ntilde;e y arruine con sus bajos precios a estos peque&ntilde;os productores, la renuencia de las administraciones p&uacute;blicas a mantener servicios b&aacute;sicos cuando la despoblaci&oacute;n avanza (como el transporte o una escuela), la emigraci&oacute;n y el distanciamiento juvenil de los proyectos que ya vienen empaquetados por el llamado &ldquo;desarrollo rural&rdquo; e impiden construir con autonom&iacute;a local, entre otras cuestiones. Frente a las pol&iacute;ticas que perpet&uacute;an &ldquo;la Espa&ntilde;a vaciada&rdquo; se han convocado plataformas, algunas muy cr&iacute;ticas con el desarrollismo y sus consecuencias, como Milana Bonita (Extremadura), &ldquo;Teruel Existe&rdquo;, la Asociaci&oacute;n Espa&ntilde;ola contra la Despoblaci&oacute;n o la Federaci&oacute;n Espa&ntilde;ola de Entidades Locales Menores.
    </p><p class="article-text">
        En el medio rural existen tambi&eacute;n otros chalecos pugnando por encontrar razones y horizontes para continuar viviendo en estas zonas. Chalecos marrones son aquellos que proclaman la necesidad de continuar sosteniendo lo insostenible: una econom&iacute;a catapultada por una energ&iacute;a f&oacute;sil, unas pol&iacute;ticas que hagan caso omiso del ocaso en la disponibilidad de materiales esenciales para una industria globalizada, la ilusi&oacute;n de que a&uacute;n tenemos margen para olvidarnos del vuelco clim&aacute;tico y de las consecuencias del avance de la desertificaci&oacute;n. El jueves 24 de enero se manifestaban en la localidad cacere&ntilde;a de Navalmoral de la Mata m&aacute;s de 4.000 personas. <a href="https://www.hoy.es/prov-caceres/concentracion-navalmoral-mata-20190124184524-nt.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ped&iacute;an la continuidad de la central nuclear de Almaraz, un motor de ingresos para la comarca</a>. Su paraguas organizativo era la Plataforma Ciudadana Vida y entre sus lemas pod&iacute;amos leer &ldquo;Almaraz S&iacute; &ndash; Vida s&iacute;&rdquo;. Econom&iacute;as insostenibles reclamadas con argumentos de &ldquo;vida&rdquo;. Aunque distanci&aacute;ndose, a la vez, de un debate sobre el impostergable cierre de las centrales nucleares. Se trata de reacciones fruto de un estado de shock y de un futuro altamente incierto en el medio rural.
    </p><p class="article-text">
        A estos chalecos marrones han venido a sumarse chalecos m&aacute;s oscuros y m&aacute;s pr&oacute;ximos a las camisas negras de la vieja y totalitaria Europa. Menos multitudinaria que la manifestaci&oacute;n del pasado domingo, Vox y el Partido Popular se acercaron hace unas semanas a la capital para <a href="https://www.eldiario.es/zonacritica/Ultraderechistas-cazadores-taurinos-apropian-mundo_6_876372371.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">protagonizar una manifestaci&oacute;n &ldquo;por la defensa del medio rural&rdquo;</a>. M&aacute;s bien por la defensa de lo que los sectores m&aacute;s ultraconservadores consideran esencias del medio: tradiciones y econom&iacute;as ligadas a la caza, a la tauromaquia. Pero tambi&eacute;n acudieron peque&ntilde;os agricultores asustados por la crisis de precios y afectados por legislaciones que se mueven m&aacute;s en el tutelaje que en la implicaci&oacute;n participativa. Es f&aacute;cil ver c&oacute;mo la gente pasa del marr&oacute;n al negro en las actuales condiciones donde lo local se siente invisibilizado (en los medios, en el gasto por habitante), se considera irrelevante (en la promoci&oacute;n de empleo, de mercados propios) o bajo el yugo de leyes presupuestarias como la Ley de Racionalidad del gasto p&uacute;blico. Y donde adem&aacute;s un municipalismo rural, biorregional o comarcal est&aacute;n a&uacute;n por construir.
    </p><p class="article-text">
        Hay protestas en ciernes, chalecos por venir, yo dir&iacute;a que por construir. Vivo actualmente en el Valle del Jerte. Comarca, como otras aleda&ntilde;as, que reci&eacute;n ha recibido el manto blanco como referencia absoluta de sus paisajes. Son los cerezos en flor. <a href="https://www.elsaltodiario.com/saltamos-extremadura/10-medidas-frente-crisis-monocultivo-cereza-extremadura" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Un monocultivo en crisis, como tantas otras especializaciones</a>. Un producto que se paga ya en ocasiones por debajo de costes. Que, como la naranja en Valencia o en otros valles de Andaluc&iacute;a, acaba qued&aacute;ndose en el &aacute;rbol. No compensan 50 euros para pagar un jornal de 12 horas, adem&aacute;s de requerir un apoyo familiar para transportar y seleccionar, m&aacute;s todas las horas invertidas en dar de comer a estos arbolitos, m&aacute;s los productos, m&aacute;s caros cuanto m&aacute;s cancer&iacute;genos. La gran distribuci&oacute;n manda y arruina. Muestra tambi&eacute;n diferentes caminos para los futuros chalecos: desafiar los mercados globales o sumirse a un disciplinamiento que acabar&aacute; por agrandar &ldquo;la Espa&ntilde;a vaciada&rdquo;. Me comentaba un amigo que ya empieza a ser obvio para toda la comarca que &ldquo;algo estaremos haciendo mal&rdquo;. En un reciente documental, <a href="https://vimeo.com/lapieldeljerte" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La Piel del Jerte</a>, hemos reflejado estas angustias, estos malestares latentes que ya apuntan a una necesidad de cambios. El vuelco clim&aacute;tico tiene mucho que ver en estos manejos negligentes y amenazadores, cierto. Pero tambi&eacute;n hay poco apoyo por parte de administraciones, menos a&uacute;n por parte de la gran distribuci&oacute;n, que sigue comprando a c&eacute;ntimos los kilos de fruta y vendi&eacute;ndolos a euros.
    </p><p class="article-text">
        Ante esta situaci&oacute;n naciendo otros chalecos rurales con potencial de llevar un color cr&iacute;tico y en ocasiones verde a las protestas del campo. El a&ntilde;o pasado se cre&oacute; en el Norte de Extremadura la <a href="https://www.facebook.com/pg/Asociaci%C3%B3n-Valle-del-Jerte-y-comarcas-vecinas-1997475303660411/posts/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">A</a><a href="https://www.facebook.com/pg/Asociaci%C3%B3n-Valle-del-Jerte-y-comarcas-vecinas-1997475303660411/posts/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">sociaci&oacute;n</a><a href="https://www.facebook.com/pg/Asociaci%C3%B3n-Valle-del-Jerte-y-comarcas-vecinas-1997475303660411/posts/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> Valle del Jerte y Comarcas Vecinas</a>. Exigen precios dignos, seguros asequibles. Han organizado varias manifestaciones para llamar la atenci&oacute;n de la pol&iacute;tica extreme&ntilde;a, con poco &eacute;xito. Comienzan a mirar con l&oacute;gica desconfianza a los oligopolios que les imponen bajos precios en origen. En febrero se constitu&iacute;a en Ciudad Real ANSEPRIM, <a href="https://agriculturavivaenaccion.com/anseprim-nueva-asociacion-nacional-del-sector-primario/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la Asociaci&oacute;n Nacional del Sector </a><a href="https://agriculturavivaenaccion.com/anseprim-nueva-asociacion-nacional-del-sector-primario/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Primario</a>. Quiere dar cuenta de las dificultades por las que atraviesa el sector productivo en el campo espa&ntilde;ol y dar visibilidad a otras reclamaciones del mundo rural. &iquest;Se trata de un nuevo sindicalismo rural dispuesto a enfrentar cara a cara el papel dictatorial de la gran distribuci&oacute;n, el rol sumiso de las administraciones locales para con la defensa de la peque&ntilde;a producci&oacute;n y las inevitables consecuencias en los manejos productivos que traer&aacute;n el vuelco clim&aacute;tico y el fin del petr&oacute;leo accesible y barato? &iquest;Est&aacute; el medio rural construyendo sus propias respuestas frente al vuelco clim&aacute;tico y la asfixia de los mercados globales? Y, &iquest;d&oacute;nde quedan cuestiones como los trabajos invisibilizados y el papel de las mujeres en el medio rural -<a href="#" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">nos preguntan hermanas de la tierra tras un nuevo 8M</a>-? &iquest;Y d&oacute;nde est&aacute; el apoyo (urbano preferentemente) a una ganader&iacute;a extensiva, necesaria para la especie humana y a la vez preocupada por el bienestar animal?
    </p><p class="article-text">
        Est&aacute; por ver, pero los diferentes chalecos rurales ya han empezado a andar. El mundo rural puede estar saliendo de un forzado ostracismo y constituir un acicate nada despreciable para transformaciones m&aacute;s globales, complejas y, sobre todo, que insistan en cuidar personas y territorios.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Calle Collado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/chalecos-rurales-verdes_132_1622117.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 01 Apr 2019 19:52:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Chalecos rurales y verdes]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La ultraderecha: el voto productivista contra el mundo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/ultraderecha-voto-productivista-mundo_132_1801419.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/775c2b54-bb6b-4531-a2f8-d1dfd649d302_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La ultraderecha: el voto productivista contra el mundo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hacer política que huya del fascismo social es cultivar otras sociedades, no “ilusiones” refritas en viejos y verticales modos de hacer.</p><p class="subtitle">¿Nos ponemos a cultivar otra sociedad y otra política que atienda a las necesidades sociales y a nuestros límites ambientales desde una radicalización de la democracia?</p></div><p class="article-text">
        Me resisto a presentar el ascenso electoral de la ultraderecha como un s&iacute;ntoma o como una coyuntura. La irrupci&oacute;n de Vox, la elecci&oacute;n de Bolsonaro o de Trump, el &iacute;mpetu racista de Salvini o de Orb&aacute;n son m&aacute;s bien un oleaje producto de un mar de fondo. Una marea inh&oacute;spita que viene cobrando fuerza en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. La ultraderecha es un producto medi&aacute;ticamente refinado por sectores neoliberales (empresariales, financieros, medi&aacute;ticos) que han alzado su vuelo con alas muy conservadoras, comprometidas con la defensa de un orden y de unos privilegios.
    </p><p class="article-text">
        Bolsonaro es hijo del grupo parlamentario de la BBB, como dicen por Brasil: bala, buey y biblia, correspondiendo a tres bancadas parlamentarias que se identifican con quienes medran a la sombra de la militarizaci&oacute;n del pa&iacute;s, la defensora del agronegocio y la proveniente del sector evang&eacute;lico. Vienen siendo mayor&iacute;a en el Congreso brasile&ntilde;o. No dudaron en apoyar el golpe de Estado frente a Dilma Rousseff. En Brasil, como en otros lugares del mundo, esta ultraderecha se benefici&oacute; de las promesas no cumplidas y las corruptelas no se&ntilde;aladas por una izquierda c&oacute;moda en la cogesti&oacute;n de grandes parcelas del neoliberalismo. Pero sobre todo adquirieron aire con los poderosos grupos medi&aacute;ticos evangelistas y sus ac&oacute;litos (Iglesia Universal del Reino de Dios, televisiones como Record TV, peri&oacute;dicos, canales en youtube) a los que bombardearon con su subpol&iacute;tica de los memes: aquella que s&oacute;lo caricaturiza y promueve el odio como fundamento pol&iacute;tico, siguiendo la doctrina Bannon.
    </p><p class="article-text">
        De la misma manera, para entender a Trump hay que hablar de &eacute;lites y de una cultura derechizante reconocida como la Alt-Right: publicaciones en internet como Breitbart, youtubers y canales volcados con la magnificaci&oacute;n de sucesos de inseguridad y la propaganda racista, televisiones como Fox, etc. Compa&ntilde;&iacute;as el&eacute;ctricas, petroleras y automovil&iacute;sticas vieron en Trump un camino contrario a Obama y directo para frenar directivas contra el cambio clim&aacute;tico, otras que impidieran el control de emisiones t&oacute;xicas de sus centrales y prospecciones o que pusiera fin a los sobornos en pa&iacute;ses que dan el visto bueno a sus negativos impactos ambientales.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y Vox? Crece alrededor de discursos racistas, denuncias contra la &ldquo;ideolog&iacute;a de g&eacute;nero&rdquo; o promesas de bajadas de impuestos para empresarios y grandes fortunas. Militancia que, como la de Ciudadanos, proviene de participantes y simpatizantes del ala dura del Partido Popular. Y del ala afortunada de este pa&iacute;s, pues seg&uacute;n encuesta realizada en Octubre pasado, s&oacute;lo uno de cada ocho posibles votantes percib&iacute;a m&aacute;s de 800 euros, mientras que los pueblos y barrios de renta m&aacute;s alta han sido caladero de votos para esta formaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Abundan c&iacute;rculos de empresarios comprometidos con la &ldquo;reconquista de Espa&ntilde;a&rdquo;, subalternos algunos a la l&oacute;gica de la globalizaci&oacute;n que reclama mayor extracci&oacute;n y m&aacute;s deprisa de los recursos naturales, a la par que propone limitar m&aacute;s los derechos sociales. La pujanza en Almer&iacute;a de Vox debe mucho a ese mantra de la necesidad, seg&uacute;n sus apuestas, de que siga fluyendo el dinero derivado de la producci&oacute;n intensiva bajo pl&aacute;stico y de las canteras de m&aacute;rmol, a la vez que se demanda superar el olvido hist&oacute;rico que los &ldquo;pol&iacute;ticos de Sevilla&rdquo; han manifestado para con esta zona alejada de la capital andaluza. Si Ciudadanos se nutr&iacute;a de parabienes y pr&eacute;stamos del Ibex35, Vox representa un ala menos liberal pero igual de comprometida con un productivismo que no atiende a l&iacute;mites ambientales (ausente cualquier menci&oacute;n al tema en sus medidas concretas), tampoco a criterios de justicia sociales.
    </p><p class="article-text">
        Se trata de una marea que arrastra y seduce a un electorado descontento y que busca protestar, situarse en una tribu en la que reconocerse, dispuesta a comprar un ideario que someta a otros y otras para beneficio de los mismos. La llamada ultraderecha navega a escala planetaria con tres votos prestados: 1) Protesta contra un orden que nos &ldquo;roba&rdquo; certezas, esencias, las cosas como &ldquo;tienen que ser&rdquo;; 2) Tribu y hooliganismo de masculinidades fuertes, el parado o precario por encima de 40 o quien define su vida a partir de jerarqu&iacute;as diarias y constantes; 3) Voto Cool pues algo hay de novedad en sus memes y sus discursos. Navega desde un descontento real, gente perdida en el m&oacute;vil y pendiente de empleos muy precarios. Sectores alejados de una &eacute;lite o de una clase con aspiraciones de &ldquo;clase media&rdquo; que mira a los no tan afortunados o a los sure&ntilde;os (en Estados Unidos, en Espa&ntilde;a o en el Este andaluz) como bastante &ldquo;paletos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sigue ese rumbo porque, despu&eacute;s de protestas como el 15M en 2011 o el SaoPaulazo de 2013 en Brasil, las maquinarias encuadrables en la denominada &ldquo;izquierda&rdquo; insisten en pautas verticales, cl&aacute;sicas, poco movilizadoras desde problemas concretos y escasamente propensas a una radicalizaci&oacute;n de la democracia, a una reinvenci&oacute;n de la pol&iacute;tica (lo global, lo p&uacute;blico) a trav&eacute;s de lo pol&iacute;tico (lo cotidiano, pr&oacute;ximo). No cultivan sociedades, se ajustan al juego del m&aacute;rketing pol&iacute;tico seg&uacute;n sus opciones de ampliar la maquinaria organizativa que controlen.
    </p><p class="article-text">
        Cierto: las maquinarias whatsapp (made in Bannon) acent&uacute;an la &ldquo;guerra de memes&rdquo; por encima de realidades y luchas sociales. Sin articulaci&oacute;n social s&oacute;lo hay entonces agregaci&oacute;n virtual. Y hacer pol&iacute;tica que huya del fascismo social es cultivar otras sociedades, no &ldquo;ilusiones&rdquo; refritas en viejos y verticales modos de hacer. Para eso, y para ir en contra del orden que considera que les expulsa, determinada gente muy descontenta ya tienen una derecha capaz de convencerles de las &ldquo;bondades&rdquo; de un fascismo social: retornar a ciertas esencias, mano dura con cuestiones de libertades o de igualdad de g&eacute;nero y avanzar de forma impetuosa por el despe&ntilde;adero neoliberal.
    </p><p class="article-text">
        Pero esos tres perfiles de voto (protesta contra el establishment refinado, tribu que exige sus privilegios y guerra social de &ldquo;buen rollito&rdquo;) no pueden comprenderse sin las velas y la fuerza con las que sopla el Gran voto productivista: el voto real con el que grandes grupos empresariales descafe&iacute;nan la democracia liberal. Un voto productivista que no duda en mostrarse c&iacute;nico con las evidencias del vuelco clim&aacute;tico con tal de elevar un poquito m&aacute;s sus cuentas bancarias.
    </p><p class="article-text">
        Los ricos de Vox quieren menos impuestos (sociedades que puedan tributar al 15%, fin del impuesto de sucesiones) y que nadie controle sus actividades productivistas asociadas a una globalizaci&oacute;n insostenible y bajas en emisiones a favor de derechos humanos. Los grandes terratenientes de Brasil quieren la Amazon&iacute;a para plantar m&aacute;s soja, para patentar biodiversidad y controlar territorios. Los habitantes del &ldquo;cintur&oacute;n b&iacute;blico&rdquo; en Estados Unidos quieren que &ldquo;sus&rdquo; empresas de coches se queden en la zona y generen empleo, aunque sea hambre y desolaci&oacute;n ambiental para un ma&ntilde;ana no tan lejana.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, tanto desprop&oacute;sito no convence a todo el mundo. Dos tercios de la poblaci&oacute;n (mujeres, j&oacute;venes menores de 30 a&ntilde;os, migrantes, ind&iacute;genas) sienten poca simpat&iacute;a o rechazo por sus causas. Pero se puede gobernar c&oacute;modamente con el 20% de los votos en tiempos de democracias descafeinadas. Y la cuesti&oacute;n propia de las sociedades l&iacute;quidas (&iquest;qui&eacute;n me puede ayudar?), a la que a&ntilde;adir&iacute;a dos asociadas a nuestra interdependencia (&iquest;d&oacute;nde est&aacute;n mis lazos? y &iquest;qui&eacute;n cuidar&aacute; de mi casa, de mi planeta?), siguen sin encontrar respuesta para mucha gente. En muchos casos, las personas descontentas no encuentran en las proximidades sociedad, luchas sociales, sindicatos o partidos inclusivos que les acompa&ntilde;en a salir del bache o del aislamiento. El gran padre televisado y autoritario reaparece entonces como una &ldquo;soluci&oacute;n&rdquo; cortoplacista: fascismo social m&aacute;s suave, pero certero como los aguijones espoleadores de sus memes.
    </p><p class="article-text">
        Insisto: &iquest;nos ponemos a cultivar otra sociedad y otra pol&iacute;tica que atienda a las necesidades sociales y a nuestros l&iacute;mites ambientales desde una radicalizaci&oacute;n de la democracia?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Calle Collado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/ultraderecha-voto-productivista-mundo_132_1801419.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 13 Dec 2018 20:21:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La ultraderecha: el voto productivista contra el mundo]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Biosindicalismo alimentario]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/biosindicalismo-alimentario_132_2078298.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5c800d81-370d-4973-b9ed-23ed73beccc6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Biosindicalismo alimentario"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El reciente Congreso Internacional de Agroecología celebrado en Córdoba, en el que se encontraron cerca de 500 personas de 12 países distintos</p></div><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo tendr&iacute;amos que organizarnos para alimentarnos de otra forma? El reciente Congreso Internacional de Agroecolog&iacute;a celebrado en C&oacute;rdoba, en el que se encontraron cerca de 500 personas de 12 pa&iacute;ses distintos, <a href="http://www.osala-agroecologia.org/vii-congreso-internacional-de-agroecologia/manifiesto-y-agradecimientos/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">nos propuso (re)politizar nuestros sistemas agroalimentarios</a>. Asumir la alimentaci&oacute;n como un hecho social del que depende la reproducci&oacute;n de nuestras vidas, nuestra cultura, nuestros territorios. No es, por tanto, reducible a un nuevo nicho de consumo, a una producci&oacute;n crecientemente industrializada o a una b&uacute;squeda reducida a facilitar (cada vez para menos gente y en condiciones menos saludables) una ingesti&oacute;n diaria de dos mil y pico calor&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        La falta de (re)politizaci&oacute;n alimentaria impone varios cercamientos a los habitantes del Sur global y crea una situaci&oacute;n de crisis al conjunto de la humanidad. Son cercamientos f&iacute;sicos los monopolios de campos para alimentar la dieta hiperc&aacute;rnica de una minor&iacute;a. Son cercamientos pol&iacute;ticos la intensificaci&oacute;n productiva con apoyos p&uacute;blicos; o la &ldquo;ayuda&rdquo; alimentaria que propicia un control social de quienes son situados m&aacute;s abajo en nuestras sociedades duales. Tambi&eacute;n sabemos de cercamientos econ&oacute;micos: tendr&aacute;s que beber de paquetes tecnol&oacute;gicos cada vez m&aacute;s costosos, ajenos e &ldquo;inteligentes&rdquo; y vender&aacute;s a la gran distribuci&oacute;n como &uacute;nica salida. No faltan los cercamientos transversales: fundamentalmente mujeres y mayoritariamente las campesinas y campesinos lejanos a las grandes urbes habr&aacute;n de sostener las cadenas que van de la siembra a la mesa para que los cuerpos y sus lazos sigan sosteni&eacute;ndose. Y quienes habitamos alg&uacute;n Norte, alg&uacute;n espacio social con ciertas condiciones para la elecci&oacute;n y el acceso regular a comida, tambi&eacute;n recibiremos nuestra parte de la plaga: nutrici&oacute;n no adecuada, participaci&oacute;n en un consumo que no para de retroalimentar el cambio clim&aacute;tico; desinformaci&oacute;n medi&aacute;tica y publicitaria que nos impide destejer el negocio de la comida, alej&aacute;ndonos del derecho a una alimentaci&oacute;n saludable, a un medio rural que nos sostenga, y a <a href="https://www.eldiario.es/ultima-llamada/agricultura_ecologica_6_764033612.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">tecnolog&iacute;as </a><a href="https://www.eldiario.es/ultima-llamada/agricultura_ecologica_6_764033612.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">no </a><a href="https://www.eldiario.es/ultima-llamada/agricultura_ecologica_6_764033612.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">basadas en </a><a href="https://www.eldiario.es/ultima-llamada/agricultura_ecologica_6_764033612.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los</a><a href="https://www.eldiario.es/ultima-llamada/agricultura_ecologica_6_764033612.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> intereses </a><a href="https://www.eldiario.es/ultima-llamada/agricultura_ecologica_6_764033612.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">exclusivos</a><a href="https://www.eldiario.es/ultima-llamada/agricultura_ecologica_6_764033612.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> de &eacute;lites y pseudociencia</a>.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; hacer? Hemos sabido en este y otros encuentros sobre agroecolog&iacute;a que a&uacute;n en condiciones adversas la producci&oacute;n y no s&oacute;lo la alimentaci&oacute;n ecol&oacute;gicas est&aacute;n encontrando resuellos en nuevas iniciativas, en nuevos perfiles de simpatizantes y consumidoras que se acercan por problemas de salud o sensibilidad ambiental. Somos conscientes de que necesitamos disputar esferas de legitimaci&oacute;n, investigaci&oacute;n y apoyo del r&eacute;gimen organizado de malnutrici&oacute;n del planeta. Tenemos que frenar los epistemicidios que borran saberes fundamentales para la nutrici&oacute;n: sobre biodiversidad, en la cultura gastron&oacute;mica, en el conocimiento y valoraci&oacute;n de nuestros medios rurales y sus formas diversas y espec&iacute;ficas de producir de forma sana. Nos han impresionado los testimonios de organizaci&oacute;n desde abajo de miles de agricultores y agricultoras de La Via Campesina, la visibilizaci&oacute;n de redes de mujeres a trav&eacute;s de proyectos como Ganaderas en Red, saber de renovadoras escuelas agroecol&oacute;gicas que siguen a Paulo Freire o a Ivan Illich por toda Europa y Am&eacute;rica Latina, entender que la escala no es un problema cuando se cuentan con mimbres de comunalidades (lazos y comunidades) que construyen cooperativismo como la Tozepan en M&eacute;xico para m&aacute;s de 30.000 familias, junto con otras iniciativas que trabajan la intercooperaci&oacute;n y la defensa de nuestra casa com&uacute;n, como son los mercados sociales-solidarios, las agriculturas (peri)urbanas o las plataformas en defensa del territorio y en apoyo de manejos agroecol&oacute;gicos, propias en este pa&iacute;s de una <a href="https://www.eldiario.es/ultima-llamada/Mercados-agroecologicos-Pacto-Milan-comunes_6_648895108.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Agroecolog&iacute;a en 3 C: </a><a href="https://www.eldiario.es/ultima-llamada/Mercados-agroecologicos-Pacto-Milan-comunes_6_648895108.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aquella centrada en </a><a href="https://www.eldiario.es/ultima-llamada/Mercados-agroecologicos-Pacto-Milan-comunes_6_648895108.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">circuitos cortos, cooperaci&oacute;n local, cuidados de la casa y de los lazos sociales</a>.
    </p><p class="article-text">
        Precisamos reinventar las formas de alimentarnos y las formas de relacionarnos. Innovar no puede significar adaptarse a las tecnolog&iacute;as y concentraciones que impone el actual r&eacute;gimen alimentario, sostenido por instituciones p&uacute;blicas. Son tiempos para un Biosindicalismo Alimentario: organizarse y organizar la producci&oacute;n alimentaria desde el derecho a la alimentaci&oacute;n y a la nutrici&oacute;n saludables y adecuadas; fomentar la relocalizaci&oacute;n de producciones y mercados ante un previsible colapso (energ&eacute;tico, econ&oacute;mico y social) de nuestros reg&iacute;menes agroalimentarios; as&iacute; como impulsar nuestras econom&iacute;as vivas, aquellas enraizadas conjuntamente en econom&iacute;as sociales, solidarias, ecol&oacute;gicas, feministas. En definitiva, la alimentaci&oacute;n como eje de lucha frente a las vidas que se arrebatan, se invisibilizan, se malnutren, se desemplean, se agonizan en pos de unos beneficios monetarios que no se pueden comer y que nos suicidan ambientalmente.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y por qui&eacute;nes y para qui&eacute;nes? La producci&oacute;n agroecol&oacute;gica que plantea una vinculaci&oacute;n sostenible con nuestros territorios, los mundos rurales que luchan por seguir vivos y las excluidas alimentarias de cualquier Sur global, as&iacute; como las personas afectadas por las consecuencias ambientales y nutricionales del actual negocio de la comida, deber&iacute;an ser las cuatro patas principales de una articulaci&oacute;n que se ancla en territorios pero que quiere disputar conjuntamente reg&iacute;menes agroalimentarios. Hablo de sindicalismo para recordar las bases de producci&oacute;n, circulaci&oacute;n y consumo que tienen los alimentos en el marco de econom&iacute;as capitalistas. Se trata de organizar cadenas de otra forma: biorregiones en lugar de log&iacute;sticas definidas por mercados centralizadores; circuitos cortos y directos como base para sembrar otras relaciones entre producci&oacute;n y consumo. En definitiva, un nuevo <em>hardware</em>. Para lo que necesitamos as&iacute; mismo un nuevo <em>software</em> alimentario: unas ciudades que reclaman el derecho a la alimentaci&oacute;n, demandando equipamientos esenciales donde asentar esos derechos, asumiendo que deben ceder privilegios en su ingesti&oacute;n de materia y energ&iacute;a hacia territorios m&aacute;s aut&oacute;nomos; un mundo rural que tendr&iacute;a que custodiar dichos territorios para que sigan siendo bienes comunes, nutriendo ciclos que aumentan la fertilidad y no la disminuyen. Lo Bio, por &uacute;ltimo, no s&oacute;lo como expresi&oacute;n de cierre de ciclos y producci&oacute;n ecol&oacute;gica, tambi&eacute;n como esferas de contrapoder que van de la mano de luchas por la justicia ambiental o por la co-gesti&oacute;n solidaria de territorios. Bio que es planetario, articulador entre econom&iacute;as centrales y perif&eacute;ricas donde sucumbe el Sur global, ya muy instalado en los propios pa&iacute;ses europeos. Bio que niega y contesta las etiquetas de lo &ldquo;ecol&oacute;gico&rdquo; entendidas como un certificado, como un nuevo c&oacute;digo de barras. Bio que articula el campo alimentario desde demandas de salud, de justicia ambiental, de radicalizaci&oacute;n de la democracia y de reproducciones centradas en la vida.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Calle Collado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/biosindicalismo-alimentario_132_2078298.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 13 Jun 2018 19:50:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Biosindicalismo alimentario]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Alimentación, poder y pseudociencias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/agricultura-ecologica_132_2155864.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2ad72e70-0d65-4fa8-b1d5-7d60eae9898b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Alimentación, poder y pseudociencias"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La ciencia es poder y las pseudociencias son creencias. Cierto. Y en ocasiones intereses de las élites, publicidad engañosa y argumentos “científicos” también caminan de la mano</p><p class="subtitle">Entre 1998–2013 la biotecnología habría pasado a copar la investigación en la agricultura, pasando de un 20% a un 70%. Por el contrario, la agricultura ecológica declinaba en los últimos periodos analizados y nunca había superado el 12%</p></div><p class="article-text">
        La ciencia es poder y las pseudociencias son creencias. Cierto. Y en ocasiones intereses de las &eacute;lites, publicidad enga&ntilde;osa y argumentos &ldquo;cient&iacute;ficos&rdquo; tambi&eacute;n caminan de la mano. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os se suceden una extensa publicaci&oacute;n de dossieres, blogs, encuentros y libros sobre algo fundamental que ya no podremos hacer de la misma manera que antes: alimentarnos con los actuales sistemas de producci&oacute;n y distribuci&oacute;n. En eso coincidimos muchas personas preocupadas por esta situaci&oacute;n. Discrepamos abiertamente en que la respuesta sea apelar, como afirmara A. Einstein, a las mismas herramientas que ocasionaron los problemas: insistir en mercados altamente globalizados, orientados por la biotecnolog&iacute;a y poco centrados en la creaci&oacute;n de circuitos alimentarios m&aacute;s localizados.
    </p><p class="article-text">
        En el debate actual sobre la alimentaci&oacute;n &ldquo;del futuro&rdquo; se est&aacute;n colando algunos mitos. Revisemos la que suele ser la primera y com&uacute;n creencia justificadora impulsada por la FAO en la reuni&oacute;n celebrada en octubre de 2009 en Roma, bajo el t&iacute;tulo <a href="http://www.fao.org/fileadmin/templates/wsfs/docs/Issues_papers/Issues_papers_SP/La_agricultura_mundial.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;C&oacute;mo alimentar </a><a href="http://www.fao.org/fileadmin/templates/wsfs/docs/Issues_papers/Issues_papers_SP/La_agricultura_mundial.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el mundo en 2050&rdquo;</a>: &ldquo;el mundo necesita aumentar su producci&oacute;n de alimentos en un 70% para 2050 con el fin de atender a una poblaci&oacute;n mundial de nueve mil millones de personas&rdquo;. Leyendo el informe original se comprueba que se reclama el incremento no porque vayamos a alimentar a la poblaci&oacute;n si no porque vamos a impulsar la extensi&oacute;n el actual modelo agroalimentario, que es bien distinto: aumentar&aacute;n en 200 millones de toneladas la producci&oacute;n de carne para propiciar incrementos de entre un 25% y un 50% el consumo per c&aacute;pita, seg&uacute;n pa&iacute;ses. Lo cual implicar&aacute; una necesidad de cereales de hasta 3 mil millones. O sea, prescindiendo de limitaciones ambientales y superficie agraria disponible, vamos a devastar m&aacute;s bosques, emitir m&aacute;s metano y continuar con un modelo ineficiente de producci&oacute;n de calor&iacute;as para sostener una dieta excesiva, problem&aacute;tica desde el punto de vista de salud e innecesariamente rica en prote&iacute;nas de origen ganadero. Recordemos que la dieta c&aacute;rnica contempor&aacute;nea reclama un tercio de las tierras de cultivo y casi la mitad de los cereales (destinados a la producci&oacute;n de piensos) que se producen en el mundo. Este publicitado informe termina, como consecuencia de su enso&ntilde;aci&oacute;n mod&eacute;lica, reclamando m&aacute;s energ&iacute;a (&iquest;no saben que caminamos hacia un mundo de menores disponibilidades energ&eacute;ticas?) y m&aacute;s puertos para el comercio internacional que faciliten un sector agr&iacute;cola &ldquo;din&aacute;mico&rdquo; y que aumenten las &ldquo;inversiones del sector privado&rdquo; (&iquest;d&oacute;nde se seguir&aacute; muriendo la gente de hambre por no abordar el acaparamiento de tierras y de alimentos por mor de un mercado especulativo?). Pero el mantra de un 70% de producci&oacute;n ah&iacute; ha quedado: objetivo cumplido para las &eacute;lites de las corporaciones agroalimentarias.
    </p><p class="article-text">
        Continuemos con el mito que recurrentemente obvia la realidad hist&oacute;rica de la agricultura ecol&oacute;gica y la presenta como un &ldquo;<a href="http://www.eldiario.es/ciencia/comida-tortilla-grillos-solomillo-cocodrilo_0_727577486.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ejercicio rom&aacute;ntico&rdquo;</a><a href="http://www.eldiario.es/ciencia/comida-tortilla-grillos-solomillo-cocodrilo_0_727577486.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">.</a> Existen referencias muy contrastadas que llevaron en 2010 a Olivier de Schutter, como relator especial de la ONU sobre el derecho a la alimentaci&oacute;n, a escribir un informe donde se unen necesariamente al <a href="http://www.srfood.org/images/stories/pdf/officialreports/20110308_a-hrc-16-49_agroecology_es.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">derecho a la alimentaci&oacute;n y la potenciaci&oacute;n de sistemas agroalimentarios locales y ecol&oacute;gicos</a>. Trabajo que ha continuado la actual relatora Hilal Elver, concluyendo en su discurso de 2017 que la agroecologia se presenta como una alternativa al uso extensivo de plaguicidas, promoviendo pr&aacute;cticas agr&iacute;colas adaptadas a los entornos locales, que estimulen las interacciones biol&oacute;gicas beneficiosas entre distintas plantas y especies, para lograr un suelo sano y fertilidad a largo plazo. La producci&oacute;n ecol&oacute;gica, m&aacute;s all&aacute; de los nichos de mercado basados en certificaciones, es una realidad y es un futuro posible para sostener vidas, territorios y el planeta, en su globalidad, tal y como reflejan los <a href="http://www.ipes-food.org/images/Reports/UniformityToDiversity_ExecSummary.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">informes del IPES</a> (International Panel of Experts on Sustainable Food Systems) o las <a href="http://www.unesco.org/fileadmin/MULTIMEDIA/HQ/SC/pdf/Global_SDM_050508_Spanish.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">recomendaciones derivadas </a><a href="http://www.unesco.org/fileadmin/MULTIMEDIA/HQ/SC/pdf/Global_SDM_050508_Spanish.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">del comit&eacute; que impulsa la UNESCO</a> para la Evaluaci&oacute;n Internacional del papel del Conocimiento, la Ciencia y la Tecnolog&iacute;a en el Desarrollo Agr&iacute;cola (IAASTD por sus siglas en ingl&eacute;s).
    </p><p class="article-text">
        Recientemente un art&iacute;culo de un &ldquo;divulgador cient&iacute;fico&rdquo; afirma que la manipulaci&oacute;n gen&eacute;tica es <a href="https://www.eldiario.es/ciencia/comida-tortilla-grillos-solomillo-cocodrilo_0_727577486.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;inevitable&hellip; porque </a><a href="https://www.eldiario.es/ciencia/comida-tortilla-grillos-solomillo-cocodrilo_0_727577486.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la humanidad ya lleva diez milenios haci&eacute;ndolo&rdquo;</a>. La humanidad lo que viene haciendo hist&oacute;ricamente es la selecci&oacute;n masal, pero no la manipulaci&oacute;n gen&eacute;tica. Contribuyendo a la confusi&oacute;n, seguramente por un gran desconocimiento de c&oacute;mo funcionan las t&eacute;cnicas de hibridaci&oacute;n, menciona que la producci&oacute;n de variedades tradicionales y locales se basa en t&eacute;cnicas poco eficientes como la de un &ldquo;cereal h&iacute;brido conseguido con un injerto&rdquo; (sic), para justificar que nuestra comida &ldquo;ser&aacute; mutante&rdquo;. Esto se afirma en el marco de una publicaci&oacute;n que lleva el t&iacute;tulo de &ldquo;cient&iacute;fica&rdquo; y que persigue &ldquo;El reto de imaginar el futuro&rdquo;. Argumentos suficientes para tildar la agricultura ecol&oacute;gica de &ldquo;rom&aacute;ntica&rdquo; y defender &ldquo;cient&iacute;ficamente&rdquo; que &ldquo;la respuesta es m&aacute;s tecnolog&iacute;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Aclaremos tanto sesgo &ldquo;divulgador&rdquo;. La agricultura ecol&oacute;gica no &ldquo;ha venido&rdquo; en el siglo XX. Es una realidad hist&oacute;rica de miles de a&ntilde;os y de culturas que, cuando por fin estamos constatando que el planeta impone sus l&iacute;mites, vuelve a poner en su sitio determinados avances tildados de &ldquo;cient&iacute;fico-tecnol&oacute;gicos&rdquo;. La (re)localizaci&oacute;n de sistemas agroalimentarios se volver&aacute; a imponer como consecuencia de la creciente erosi&oacute;n de suelos, no aptos tras ser esquilmados por la agricultura intensiva (como ocurre en Argentina, en Almer&iacute;a o en la deforestada selva amaz&oacute;nica), la menor disponibilidad de petr&oacute;leo y de agua, as&iacute; como las crisis alimentarias por venir que desencadenar&aacute;n descontentos y protestas como viene siendo habitual en los &uacute;ltimos decenios, las llamadas Food wars.
    </p><p class="article-text">
        La propia FAO (en ocasiones contradictoria), apelando a la propia experiencia del Banco Mundial, confirma la necesidad urgente de invertir en agricultura a peque&ntilde;a escala para paliar el hambre y promover una seguridad alimentaria. Reconoce un decrecimiento paulatino de las tasas productivas de la intensificaci&oacute;n derivada de la llamada revoluci&oacute;n verde. Y hace unas semanas en el marco del II Simposio Internacional de Agroecolog&iacute;a en Roma (3 al 5 de abril) concluye que <a href="http://www.fao.org/about/meetings/second-international-agroecology-symposium/es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;la agroecolog&iacute;a puede ser fundamental para alcanzar un amplio conjunto de metas pol&iacute;ticas, ambientales y de seguridad alimentaria, desde objetivos relacionados con la sostenibilidad a la erradicaci&oacute;n de la pobreza rural&rdquo;.</a>
    </p><p class="article-text">
        Como resume el <a href="https://www.nature.com/articles/s41467-017-01410-w" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">an&aacute;lisis del instituto suizo FiBL</a> publicado en Nature Communications (2016) no es necesario aumentar la superficie agr&iacute;cola, incluso en un escenario de 9 mil millones de personas en 2050 (otro supuesto que se revisar&aacute; probablemente a la baja en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os), si apostamos por una producci&oacute;n ecol&oacute;gica, ponemos las alarmas sobre el 33% del desperdicio alimentario, frenamos el acaparamiento de tierras y facilitamos el acceso de peque&ntilde;os propietarios, a la vez que potenciamos un menor consumo de productos de origen animal que conlleve una progresiva disminuci&oacute;n de la demanda de piensos concentrados. &ldquo;Se producen alimentos suficientes para dar de comer hasta 12 mil millones de personas, seg&uacute;n datos de la FAO&rdquo;, <a href="http://www.un.org/apps/news/story.asp?NewsID=24434" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">afirmaba Jean Ziegler</a>, relator especial de las Naciones Unidas para el derecho a la alimentaci&oacute;n entre los a&ntilde;os 2000 y 2008.
    </p><p class="article-text">
        Pero no, el lobby que se vale de las instituciones cient&iacute;ficas insiste en aclamar la biotecnolog&iacute;a y el acaparamiento de tierras subsiguiente como la soluci&oacute;n. Para ello reacomoda hechos y enfoques &ldquo;cient&iacute;ficos&rdquo; que invisibilizan realidades: bien, seleccionando y malinterpretando datos para decir que <a href="http://jmmulet.naukas.com/2017/01/18/la-agricultura-ecologica-no-salvara-el-planeta/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la agricultura ecol&oacute;gica </a><a href="http://jmmulet.naukas.com/2017/01/18/la-agricultura-ecologica-no-salvara-el-planeta/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">(certificada) </a><a href="http://jmmulet.naukas.com/2017/01/18/la-agricultura-ecologica-no-salvara-el-planeta/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">es un problema para el planeta</a>; bien jugando a la confusi&oacute;n al <a href="http://www.agrobio.org/ambiente/la-agricultura-ecologica-deberia-usar-transgenicos/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">establecer nexos entre dos territorios irreconciliables, como son la agricultura ecol&oacute;gica y los transg&eacute;nicos</a>; bien apoyando campa&ntilde;as sostenidas por grandes medios que insisten regularmente en sostener que <a href="https://elpais.com/elpais/2016/12/15/buenavida/1481801597_706486.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la agricultura ecol&oacute;gica es una amenaza para el planeta y para nuestros cuerpos</a>.
    </p><p class="article-text">
        La Ciencia (como aparato institucional) es hoy un poder con gran capacidad para legitimar lo insustentable. Un reciente estudio ha evaluado la disparidad de apoyos que suscita el tipo de agricultura en los planes de impulso a la Ciencia en la propia Uni&oacute;n Europea. As&iacute;, entre 1998&ndash;2013 la biotecnolog&iacute;a habr&iacute;a pasado a copar la investigaci&oacute;n en la agricultura, pasando de un 20% a un 70%. Por el contrario, la agricultura ecol&oacute;gica declinaba en los &uacute;ltimos periodos analizados y nunca hab&iacute;a superado el 12%. Si analizamos la investigaci&oacute;n que se realiza adem&aacute;s por corporaciones privadas, apoyadas por planes estatales, la relaci&oacute;n ser&iacute;a de 1 a 9 a favor la agricultura intensiva en qu&iacute;micos y favorable al sector de la biotecnolog&iacute;a transg&eacute;nica. Como afirmara en los a&ntilde;os 60 Thomas Khun en su libro sobre <em>La estructura de las revoluciones cient&iacute;ficas</em>, los &ldquo;consensos&rdquo; cient&iacute;ficos surgen como consecuencia de estudios, s&iacute;; pero tambi&eacute;n por presiones externas que tienen que ver con intereses de las &eacute;lites.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Seguiremos imponiendo modelos de laboratorio por encima de realidades y necesidades de las personas? No s&oacute;lo hay presi&oacute;n, medios de vida que se defienden al apoyar a las &eacute;lites, tambi&eacute;n hay h&aacute;bitos de investigaci&oacute;n y comunidades cerradas a ver lo que no est&eacute; ya demostrado de ante mano, como argumentara el fil&oacute;sofo de la ciencia Bruno Latour. &iquest;Qu&eacute; es entonces la pseudociencia? Lo que se afirma apelando a criterios &ldquo;cient&iacute;ficos&rdquo; pero que no ha seguido un m&eacute;todo de construcci&oacute;n y comprobaci&oacute;n cient&iacute;fica. Es aplicable manifiestamente a quienes puedan invocar la ciencia para decir que el c&aacute;ncer puede curarse con meditaci&oacute;n, por mucho que sepamos, seg&uacute;n informa la OMC, que nuestra quebrada salud mental es fuente de m&uacute;ltiples enfermedades, sobre todo en los pa&iacute;ses m&aacute;s ricos. Pero tambi&eacute;n las posiciones de quienes insisten en repetir argumentos, m&aacute;s bien mantras no cuestionados desde el 2009, como la necesidad de llegar a hacer circular un 70% m&aacute;s de productos en el actual sistema alimentario. O el abordaje de temas de alimentaci&oacute;n sin considerar c&oacute;mo los pesticidas, la transformaci&oacute;n industrial actual y el empaquetamiento que llegan a nuestras mesas son hoy causas directas de disrupciones endocrinas, sobrepesos, malnutriciones. O tambi&eacute;n el juego de la confusi&oacute;n y la reiterada omisi&oacute;n de los estudios que emp&iacute;ricamente contrastan las potencialidades de sistemas agroalimentarios ecol&oacute;gicos relocalizados frente a imposiciones mercantiles globalizadas con una apuesta ciega por tecnolog&iacute;as que est&aacute;n en manos de 3 compa&ntilde;&iacute;as: Bayer-Monsanto, ChemChina-Syngenta, Du Pont-Dow Chemical.
    </p><p class="article-text">
        La ciencia viene desarroll&aacute;ndose desde el estudio sistem&aacute;tico de las regularidades con las que convivimos y de las que somos en gran parte (en su lado pol&iacute;tico y socioambiental) responsables. El af&aacute;n de sistematizaci&oacute;n y evaluaci&oacute;n nos ha llevado al grupo de investigaci&oacute;n del Instituto de Sociolog&iacute;a y Estudios Campesinos a acompa&ntilde;ar m&aacute;s de 100 tesis doctorales en diferentes pa&iacute;ses sobre la relevancia y la pertinencia del enfoque agroecol&oacute;gico, como puede verificarse en los archivos p&uacute;blicos de la Universidad de C&oacute;rdoba. Insistimos: la construcci&oacute;n de sistemas agroalimentarios viables y que atiendan las necesidades humanas no es patrimonio de la comunidad cient&iacute;fica volcada en la agroecolog&iacute;a. Pero s&iacute; venimos desarmando mitos, construyendo evidencias y contribuyendo a poner en pie iniciativas como las emergentes cooperativas agroecol&oacute;gicos o el Pacto de Mil&aacute;n sobre alimentaci&oacute;n local y ecol&oacute;gica en las ciudades de este pa&iacute;s. Por todo ello, y para discutir inclusive el enfoque de este art&iacute;culo, estamos organizando un <a href="http://www.osala-agroecologia.org/vii-congreso-internacional-de-agroecologia/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Congreso Internacional de Agroecolog&iacute;a en C&oacute;rdoba, del 30 de mayo al 1 de junio</a>. Est&aacute;is invitados e invitadas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Calle Collado, Dolores Raigón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/agricultura-ecologica_132_2155864.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 30 Apr 2018 18:44:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Alimentación, poder y pseudociencias]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cultivos sociales: cuando el dilema va mucho más allá de calles o instituciones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/cultivos-sociales-dilema-calles-instituciones_132_2226146.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6139c6f0-a3de-40ac-a1c6-fddc4fb12a45_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cultivos sociales: cuando el dilema va mucho más allá de calles o instituciones"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La condición necesaria para una transformación radical frente a propuestas ecofascistas vendrá de la construcción de realidades contestatarias que aúnen voluntad de protesta y capacidad para generar otros mundos</p></div><p class="article-text">
        Un enfoque recurrente entre sectores vinculados a la izquierda m&aacute;s institucionalizada suele partir de una elecci&oacute;n dicot&oacute;mica entre reforma o revoluci&oacute;n, accionarnos para modificar el arriba u organizarnos para construir desde abajo, hacerlo pensando en mayor&iacute;as sociales o desde nuevos laboratorios de la pol&iacute;tica, impulsando la protesta o centr&aacute;ndose en una concreci&oacute;n de propuestas. Termino de leer el libro del l&iacute;der de Izquierda Unida Alberto Garz&oacute;n, <em>Por qu&eacute; soy comunista. Una reflexi&oacute;n sobre los nuevos retos de la izquierda</em> (Pen&iacute;nsula, 2017), y ante la crisis que nos atraviesa la vida nos invita a analizar &ldquo;el famoso debate entre calles o instituciones&rdquo;. El libro, en l&iacute;nea con otras manifestaciones de intelectuales de izquierda en los &uacute;ltimos tiempos, recupera la dial&eacute;ctica marxista anclada en la explotaci&oacute;n capitalista pero incorporando algunas cuestiones sobre el pico del petr&oacute;leo, el cambio clim&aacute;tico, la depredaci&oacute;n social asociada a la demanda de recursos por parte de las econom&iacute;as centrales o la relevancia de otras formas de desigualdad m&aacute;s all&aacute; de la visi&oacute;n de &ldquo;clase&rdquo; por razones de g&eacute;nero, cultura o acceso a educaci&oacute;n. La construcci&oacute;n de una conciencia de clase que impulse una conquista del poder colectivo a trav&eacute;s del Estado se recupera como propuesta esencial, urgente.
    </p><p class="article-text">
        Con la que se nos viene encima, ll&aacute;mese colapso civilizatorio o cuarta guerra mundial entre las de arriba y las de abajo, ciertamente har&iacute;amos bien en preocuparnos por tener a nuestro favor todas las herramientas (iniciativas, organizaciones pol&iacute;ticas, instituciones) que nos permitan recuperar cierta conciencia de especie desde premisas de sostenibilidad intergeneracional, igualdad y solidaridad. Pero, &iquest;es suficiente?, &iquest;todos los an&aacute;lisis, por el hecho de tener una hemeroteca hist&oacute;rica detr&aacute;s, nos valen para enfrentar un presente incierto e insostenible? Si el cambio clim&aacute;tico &ldquo;lo cambia todo&rdquo;, como afirma Naomi Klein, &iquest;no deber&iacute;an tambi&eacute;n cambiar nuestras preguntas, algunos de nuestros debates?
    </p><p class="article-text">
        Pienso que s&iacute;. Me cuesta imaginar otro mundo si ese mundo ha de pasar necesariamente por la toma de alg&uacute;n palacio financiero o electoral y no por la construcci&oacute;n de otras econom&iacute;as, de otras formas de entender la pol&iacute;tica y la manera que tenemos de cuidar la T(t)ierra que nos alimenta (Jorge Riechmann dixit). Afirma la ecofeminista Mery Mellor que para hablar de socialismo &ldquo;no es posible disociar el cuidado mutuo del cuidado del mundo&rdquo;. De la misma manera creo que no es posible hoy hablar de hacer pol&iacute;tica (decidir sobre lo p&uacute;blico) sin cultivar socialmente otros modos de estar en lo pol&iacute;tico (tejer otros cotidianos). No busquemos una palanca o unos dicot&oacute;micos debates, apostemos por explorar otras formas de vida que reclamen otras organizaciones pol&iacute;ticas. 
    </p><p class="article-text">
        De esta manera, si pensamos en qui&eacute;nes est&aacute;n ah&iacute; sosteniendo agendas que contrarresten el gran desplazamiento de la vida como raz&oacute;n de ser de la pol&iacute;tica, nos encontramos con grupos que insisten en cultivar otros lazos sociales, partiendo de lo experimentable, lo inclusivo y cotidiano, lo solidarizable desde abajo. Me estoy refiriendo en estos &uacute;ltimos a&ntilde;os a la capacidad de parar pa&iacute;ses y din&aacute;micas autoritarias, al menos intentarlo, por parte de redes de mujeres capaces de plantear, como no son capaces otros movimientos sociales, una huelga feminista y mundial, de convocar y convocarse frente a Donald Trump en los Estados Unidos o contra el golpe patriarcal de Tremer en Brasil, como ellas afirman. La pervivencia del zapatismo se fundamenta en un municipalismo arraigado en territorios y en una radicalizaci&oacute;n de la democracia: asambleas comunitarias se entralazan a mayor escala con cooperativas econ&oacute;micas bajo las llamadas Juntas de Buen Gobierno. Pienso sobre todo en la persistencia secular del movimiento ind&iacute;gena. O en las formas campesinas que se vinculan en movimientos por una reforma agraria integral. Observo c&oacute;mo sus formas de vida tienen expresi&oacute;n y autonom&iacute;a social dentro de marcos pol&iacute;ticos de mayor escala, incluso internacionales: coordinadoras como el Consejo Ind&iacute;gena de Centroam&eacute;rica (CICA), la Red de Mujeres Ind&iacute;genas por la Biodiversidad, la V&iacute;a Campesina. La coordinaci&oacute;n a gran escala de peque&ntilde;os mundos, es m&aacute;s que un &ldquo;marchar separados y golpear juntos&rdquo;. Sit&uacute;o aqu&iacute; din&aacute;micas de afinidad entre iniciativas de econom&iacute;as sociales y solidarias y el ciclo de protesta que despeg&oacute; en los 90 bajo las redes &ldquo;antiglobalizaci&oacute;n&rdquo;. Esta perspectiva de otra pol&iacute;tica a trav&eacute;s de otras econom&iacute;as y redes de alta sociabilidad ha marcado tambi&eacute;n, por ejemplo, la lucha contra los desahucios en este pa&iacute;s. Si lleg&oacute; a irrumpir social y medi&aacute;ticamente en nuestra cotidianidad, si tuvo potencialidad para ser palanca de partidos pol&iacute;ticos de naturaleza municipalista, lo fue sin duda por su capacidad para tejer otras sociedades, lo que llamaron Grupos de afinidad y apoyo mutuo (GAYAM) en medio de un mar hostil y revuelto que nos precipita hacia la exclusi&oacute;n. Es lo que he definido en otro lugar (Democracia Radical, Icaria, 2011) como cultivos sociales: iniciativas de autonom&iacute;a social destinadas a (auto)gestionarse necesidades humanas b&aacute;sicas: materiales, afectivas, de solidaridad, de relaci&oacute;n con el medio. Mujeres, ind&iacute;genas, campesinados y nuevos comunes comparten esos mimbres: parten de lazos sociales que promueven lazos sociales, hacen del bienestar socioemocional una variable importante para contrarrestar el desquicio enfermo de este planeta. Democratizan d&oacute;nde y c&oacute;mo se decide pol&iacute;ticamente, democratizan tambi&eacute;n nuestras econom&iacute;as, proponen otras formas de vida frente a unas &eacute;lites que insisten en depredar la vida. Enfrente, los fascismos incluso de tintes &ldquo;verdes&rdquo;, buscan desalentar la autonom&iacute;a de lo social, la auto-organizaci&oacute;n desde abajo, nos retrotraen a la bandera y al hombre-masa, al hombre-fuerte, a la necesidad del padre. Los actuales partidos de izquierda, por otro lado, se alejan mucho de estar enraizados en estos cultivos sociales. Les estorban. No est&aacute;n en sus c&iacute;rculos de legitimaci&oacute;n, en sus programas, en sus mentes. En particular, el ecofeminismo como apuesta que hace de la vida la g&eacute;nesis de la nueva pol&iacute;tica, y el reconocimiento de autonom&iacute;as desde abajo que ello supone, les asustan, no cuadran en sus juegos de tronos y de votos.
    </p><p class="article-text">
        No nos olvidemos. El dilema no es calles o instituci&oacute;n. La condici&oacute;n necesaria para una transformaci&oacute;n radical frente a propuestas ecofascistas vendr&aacute; de la construcci&oacute;n de realidades contestatarias que a&uacute;nen voluntad de protesta y capacidad para generar otros mundos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Calle Collado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/cultivos-sociales-dilema-calles-instituciones_132_2226146.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 12 Mar 2018 19:51:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cultivos sociales: cuando el dilema va mucho más allá de calles o instituciones]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Soberanías y decrecimientos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/soberanias-decrecimientos_132_3181520.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7fdb13a9-7d2a-4c1d-a7bc-37e4dea7ee62_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Soberanías y decrecimientos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿En qué condiciones el juego parlamentario (aprisionado en la globalización) es sobre todo aire para los caciques locales del neoliberalismo, o por el contrario supone una senda para otras rupturas que aviven unas economías más próximas, más justas, más sostenibles?</p></div><p class="article-text">
        La vida es una mara&ntilde;a de procesos en continua evoluci&oacute;n. As&iacute; de entrelazada y cambiante es Gaia/ Gea: la Tierra que vemos y la tierra que no vemos, como nos se&ntilde;alaba la bi&oacute;loga Lynn Margulis. La vida democr&aacute;tica es tambi&eacute;n (&iexcl;c&oacute;mo no!) cuesti&oacute;n de procesos, no de &oacute;rdenes prefijados, nos argumentar&iacute;a el fil&oacute;sofo Cornelius Castoriadis. Sin embargo, nuestras vidas pol&iacute;ticas no parecen entender hoy ni de autodeterminaciones, ni de respuestas frente al cambio clim&aacute;tico. &ldquo;Bochornoso&rdquo; era el adjetivo que empleaba sint&eacute;ticamente la portavoz del gobierno del Partido popular para referirse a la iniciativa soberanista que se est&aacute; desarrollando en Catalunya. Podr&iacute;a haber empleado ese adjetivo para hablar de la creciente desertificaci&oacute;n y de los incrementos de las altas temperaturas en este pa&iacute;s, de las <a href="http://www.eldiario.es/internacional/verano-creimos-calentamiento-global_0_683832418.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">muertes no contabilizadas por estos calores o por sequ&iacute;as y huracanes de dimensiones nunca vistas hasta ahora</a>. Tambi&eacute;n bochornosas fueron actuaciones poco democr&aacute;ticas como la utilizaci&oacute;n de reformas constitucionales expr&eacute;s y leyes mordaza para evitarse una salud democr&aacute;tica. Pa&iacute;s bochornoso, dicen, pero identific&aacute;ndolo siempre con todo aquello que pueda amenazar sus posiciones en el actual statu quo.
    </p><p class="article-text">
        El pasado 6 de septiembre el parlamento catal&aacute;n aprobaba por mayor&iacute;a una ley de refer&eacute;ndum con los votos de Junts pel S&iacute; y la CUP. La coalici&oacute;n nacionalista en el gobierno (Junts pel S&iacute;) que a&uacute;na la tradici&oacute;n conservadora catalana (PdeCAT, proveniente de CiU) y una neoliberalizada socialdemocracia (ERC) ha encontrado apoyo en las CUP (cuyas mimbres est&aacute;n en un municipalismo anticapitalista) para andar este camino hacia la autodeterminaci&oacute;n de Catalunya. Todo un calentamiento global del panorama pol&iacute;tico espa&ntilde;ol, cuyos entramados jur&iacute;dicos, medi&aacute;ticos y pol&iacute;ticos hegem&oacute;nicos han publicitado que se trata de un hurac&aacute;n contra la democracia. Calentamiento que ha pasado por alto, sin embargo, algunas de las intenciones y de los matices que van m&aacute;s all&aacute; del derecho a decidir como senda institucional a partir de una idea de pueblo o comunidad. En el discurso pronunciado en la tribuna del Parlament la tarde del 5 de septiembre, Anna Gabriel Sabat&eacute; (diputada de las CUP) afirmaba que las instituciones estatales surgidas tras la muerte del dictador Franco &ldquo;son un l&iacute;mite, son un muro, son un impedimento para plantear la recuperaci&oacute;n de soberan&iacute;as, todas: la nacional, alimentaria, la econ&oacute;mica, cultural, residencial&rdquo;. En esa misma semana, un equipo de la formaci&oacute;n municipalista manifestaba su intenci&oacute;n de interpelar al gobierno sobre lo que, a su juicio, deber&iacute;a ser una ley catalana por el decrecimiento. &ldquo;El decrecimiento es una v&iacute;a imprescindible para conseguir esas soberan&iacute;as&rdquo;, aquellas de las que hablaba la diputada Sabat&eacute;, afirmaba su compa&ntilde;ero Sergi Saladi&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        En c&iacute;rculos catalanes suele hablarse de dos ejes de polarizaci&oacute;n y a la vez de cohesi&oacute;n que se suceden en Catalunya: el nacional y el social. &ldquo;La austeridad nos har&aacute; m&aacute;s fuertes&rdquo; dijo una vez Artur Mas, antecesor del actual presidente catal&aacute;n Carles Puigdemont. Y a ello se consagraron con reducciones, desde 2008 para ac&aacute;, de un 17% del gasto en educaci&oacute;n, un 14% en sanidad, aparte de privatizaciones directas o encubiertas. Ello motiv&oacute; que el eje social tomara fuerza: las manifestaciones Prou Retallades! (basta de recortes), resonando junto al 15M, desde el 2011. Con el objetivo de relegitimarse, y azotada por la corrupci&oacute;n y los malos resultados electorales, CiU pas&oacute; a colocarse medi&aacute;tica e institucionalmente como la cabeza m&aacute;s visible del movimiento catalanista.
    </p><p class="article-text">
        Eje nacional, eje social&hellip; &iquest;podr&iacute;amos pensar (acaso so&ntilde;ar) que estuviera inici&aacute;ndose un eje ecol&oacute;gico? A finales de julio el parlamento catal&aacute;n aprobaba toda una Ley de Cambio Clim&aacute;tico, pionera en nuestras econom&iacute;as centrales. Ahora acude la interpelaci&oacute;n de la CUP sobre el decrecimiento, en plena iniciativa soberanista, la cual habla de insuflar aires, entre varias medidas, a la relocalizaci&oacute;n cooperativista de la econom&iacute;a, al municipalismo, a las soberan&iacute;as energ&eacute;ticas y alimentarias con el objetivo de tumbar &ldquo;la in&egrave;rcia del mode de vida capitalista-consumista i els interessos dels grups privilegiats&rdquo;. Esto s&iacute; que ser&iacute;a algo m&aacute;s que una ley pionera. M&aacute;s bien una revoluci&oacute;n. Sin embargo, viendo la tradici&oacute;n austericida y los presupuestos conservadores de 2016, que la CUP se neg&oacute; a apoyar, parece dif&iacute;cil que el gobierno Junts pel S&iacute; entre en esa l&iacute;nea de revoluci&oacute;n democr&aacute;tica por la sostenibilidad de la vida.
    </p><p class="article-text">
        <a href="http://www.eldiario.es/sociedad/Malnutricion-comedores_0_268073800.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Existe un creciente arriba y un empobrecido abajo</a> (un sesgo de clase cruzado con sesgos de g&eacute;nero y procedencia) en esto de acceder a materiales, energ&iacute;a, renta o alimentos. Existe tambi&eacute;n un sesgo territorial, donde <a href="http://www.ecologistasenaccion.org/article31518.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un tri&aacute;ngulo se sit&uacute;a en el centro (Catalunya-Valencia como nodo mediterr&aacute;neo, junto a Pa&iacute;s Vasco y Madrid) para absorber energ&iacute;as y materiales de otros territorios</a>. El decrecimiento con justicia, ya sea una ley o una iniciativa, &iquest;no deber&iacute;an tambi&eacute;n hablar de qui&eacute;nes ganan y qui&eacute;nes pierden en nuestros territorios? Si las empresas est&aacute;n proponiendo un &ldquo;decrecimiento de mercado&rdquo; (pobreza energ&eacute;tica, desahucios, insuficiencias alimentarias y exclusi&oacute;n para m&aacute;s de un 30% de la poblaci&oacute;n espa&ntilde;ola), &iquest;c&oacute;mo saber cu&aacute;ndo trabajamos por un decrecimiento con justicia y cu&aacute;ndo por un decrecimiento elitista? En cuanto a la necesaria salud democr&aacute;tica que expresa el derecho de autodeterminaci&oacute;n de pueblos y comunidades, &iquest;en qu&eacute; condiciones el juego parlamentario (aprisionado en la globalizaci&oacute;n) es sobre todo aire para los caciques locales del neoliberalismo, o por el contrario supone una senda para otras rupturas que aviven unas econom&iacute;as m&aacute;s pr&oacute;ximas, m&aacute;s justas, m&aacute;s sostenibles? En el caso de la CUP la respuesta se viene dando desde sus pr&aacute;cticas municipalistas en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Como en las alcald&iacute;as por el cambio, que tienen en la econom&iacute;a social y solidaria o en la agroecolog&iacute;a o en la revalorizaci&oacute;n de los cuidados pol&iacute;ticas emblem&aacute;ticas de su gobierno.
    </p><p class="article-text">
        En mi opini&oacute;n, toda propuesta de reconfiguraci&oacute;n territorial de autodeterminaci&oacute;n (institucional, en el aprovechamiento de recursos) deber&iacute;a dar cuenta, de forma compleja y desde el primer momento, de una interrelaci&oacute;n positiva de tres direcciones clave para un decrecimiento con justicia. En primer lugar, la pol&iacute;tica. Frente a un decrecimiento elitista (nichos de mercado, polarizaci&oacute;n territorial, nuevos colonialismos para facilitar el consumo de unos pocos), plantear un decrecimiento que se asiente y legitime en expresiones de radicalizaci&oacute;n democr&aacute;tica: decidir sobre el agua cerca de los cuencas de las aguas, sobre el territorio y las agendas cerca de un municipalismo, sobre producci&oacute;n y comercializaci&oacute;n cerca de donde est&aacute; el consumo, etc. Pero todo ello conjugando un hacer local con unos derechos establecidos. El primer derecho es, inexcusablemente, el derecho a tener una casa, un planeta. Y despu&eacute;s el derecho a tener derechos. La Ley del refer&eacute;ndum, entendiendo que se aporta en un contexto de acci&oacute;n pol&iacute;tica muy concreto, nos explica, sin embargo, que el primer derecho de los seres humanos es el derecho de autodeterminaci&oacute;n de los pueblos.
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, toda econom&iacute;a debe plantearse su relocalizaci&oacute;n, su orientaci&oacute;n hacia necesidades humanas y el cuidado de la vida, y no a las especulativas. Debe perfilar tambi&eacute;n sus estrategias de solidaridad, dentro y fuera de sus &aacute;mbitos directos de decisi&oacute;n. Soberan&iacute;a pol&iacute;tica no significa ni autonom&iacute;a econ&oacute;mica ni alteraci&oacute;n de un metabolismo insustentable: Barcelona, Madrid o Murcia extraen gran parte de la energ&iacute;a que consumen de su vecindario. Soberan&iacute;a econ&oacute;mica significa, entre otras cosas, que no sea el mercado de la deuda y el MEDE (Mecanismo Europeo de Estabilidad) el que controle territorios y decida cu&aacute;nto m&aacute;s hay que depredar para pagar lo que se sabe que es injusto e impagable.
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, la dimensi&oacute;n ecosist&eacute;mica. Vivimos en un pa&iacute;s donde los grandes n&uacute;cleos financieros y de consumo (Barcelona y Madrid especialmente) est&aacute;n ocasionando una gran rematerializaci&oacute;n de la econom&iacute;a, como apunta <a href="http://www.fuhem.es/ecosocial/noticias.aspx?v=9753&amp;n=0" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el trabajo sobre metabolismo coordinado por el investigador &Oacute;scar Carpintero</a>. La crisis no ha frenado, por ejemplo, que Barcelona siga creciendo como nudo globalizador del mercadeo alimentario en el Mediterr&aacute;neo, a trav&eacute;s de MercaBarna; que el cemento siga fluyendo hacia Madrid a ritmo de 7,5 tonelada por hect&aacute;rea y a&ntilde;o; o que cada vez haya m&aacute;s pol&iacute;tica de reciclajes (testimoniales a&uacute;n) a la par que demandamos productos m&aacute;s demandantes de agua, petr&oacute;leo o minerales que haremos escasos en unos a&ntilde;os. Los procesos de soberan&iacute;a territorial deber&iacute;an conducirnos desde y hacia una reflexi&oacute;n sobre esta situaci&oacute;n injusta e insostenible din&aacute;mica.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; hacer entonces? &iquest;C&oacute;mo no partir del hecho, en esta coyuntura soberanista de Catalunya, de que la autodeterminaci&oacute;n pol&iacute;tica es un derecho colectivo, como deber&iacute;an serlo otros, aunque a&uacute;n no lo sean? &iquest;C&oacute;mo no entender que toda apuesta por relocalizar decisiones pol&iacute;ticas puede abrir ventanas para un relocalizaci&oacute;n de tintes m&aacute;s solidarios y menos abrupta? &iquest;C&oacute;mo no considerar que lo que no es cre&iacute;ble ni razonable es esperar que las &eacute;lites nos reorganicen un pa&iacute;s m&aacute;s sostenible desde y para una mayor salud democr&aacute;tica? Y sin embargo, hay cosas que no se mueven. El tintero de los grandes medios de comunicaci&oacute;n est&aacute; enmarcado en una dramaturgia de guardiaciviles persiguiendo papeletas, independentistas haciendo malabares jur&iacute;dicos y apelaciones a esencias que nos han llevado a l&oacute;gicas muy alejadas del cuidado y la interculturalidad. De decrecimiento, casi nada. De laboratorios para una pol&iacute;tica nutrida y anclada en un empuje social desde abajo (m&aacute;s all&aacute; de la organizaci&oacute;n de manifestaciones), tambi&eacute;n poco. De impedir la renovaci&oacute;n de unas &eacute;lites neoliberales que se proclaman ahora defensoras del bienestar social de un territorio, cero patatero. Es l&oacute;gico, por tanto, que surjan dudas. Pero tambi&eacute;n que veamos este pa&iacute;s como bochornosamente conflictivo, necesitado por tanto de procesos enfocados hacia la sostenibilidad y hacia la democratizaci&oacute;n radical de nuestras sociedades. Ojal&aacute; en estos conflictos podamos parar barbaries en lugar de potenciarlas, y a la vez aprendamos a c&oacute;mo remodelar de manera justa y sostenible nuestras casas: la hogare&ntilde;a, la pol&iacute;tica y la que nos ata a Gaia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Calle Collado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/soberanias-decrecimientos_132_3181520.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 18 Sep 2017 18:32:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Soberanías y decrecimientos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Nacionalismo,Economía,Capitalismo,Referéndum 1-O]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mercados agroecológicos, Pacto de Milán y nuevos comunes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/mercados-agroecologicos-pacto-milan-comunes_132_3369829.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/554473e3-17a9-43bc-b9f5-d9574a750711_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mercados agroecológicos, Pacto de Milán y nuevos comunes"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los mercados agroecológicos, bajo diferentes tipologías y operando a distintas escalas, son una realidad en el presente. Son "economías vivas" renovadoras y a la vez fuertemente conectadas a manejos históricos, a costumbres de cuidar la tierra a la vez que cuidamos de nuestro alimento y de nuestros lazos sociales</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Octubre nos aguarda en Valencia con una nueva cita del <a href="http://valenciacapitalsostenible.org/es/content/el-pacto-de-mil%C3%A1n" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Pacto de Pol&iacute;tica Alimentaria Urbana de Mil&aacute;n</a>, el llamado Pacto de Mil&aacute;n</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Octubre nos aguarda en Valencia con una nueva cita del <a href="http://valenciacapitalsostenible.org/es/content/el-pacto-de-mil%C3%A1n" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Pacto de Pol&iacute;tica Alimentaria Urbana de Mil&aacute;n</a>, el llamado Pacto de Mil&aacute;n. De Banjul (Gambia) a Belo Horizonte (Brasil), m&aacute;s de un centenar de ciudades han declarado su compromiso con sistemas agroalimentarios sostenibles e inclusivos. Las ciudades son un voraz depredador de recursos alimentarios y energ&eacute;ticos. &iquest;Cabr&iacute;a pensar que en ellas podemos encontrar las soluciones para reconstruir sistemas agroalimentarios localizados? Ciertamente no, el mantenimiento de la biodiversidad, la reducci&oacute;n de la huella ecol&oacute;gica o las pol&iacute;ticas frente al avance del cambio clim&aacute;tico nos obligan a tener planteamientos territoriales m&aacute;s amplios, m&aacute;s complejos, m&aacute;s extensos.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, el Pacto de Mil&aacute;n puede ayudar y mucho a reclamar un derecho a la alimentaci&oacute;n y a revitalizar una producci&oacute;n m&aacute;s acorde con las potencialidades de un territorio (recursos disponibles, comercializaci&oacute;n directa, variedades y productos de temporada, mundo rural vivo) en el af&aacute;n de crear cuencas alimentarias &ldquo;resilientes&rdquo;, como se&ntilde;ala el propio Pacto. Puede ser un aldabonazo que contribuya a expandir din&aacute;micas m&aacute;s descentralizadas y que dote de m&aacute;s autonom&iacute;a a los habitantes de un territorio para construir sus mercados, sus sistemas econ&oacute;micos, sus formas de cuidar la vida.
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, puede ayudar a desarrollar redes de producci&oacute;n y consumo basadas en el Derecho a la Alimentaci&oacute;n y no en la capacidad de los mercados globalizados para apropiarse de las cadenas alimentarias. Pero ese poder, para ser un poder real y sostenido en el tiempo, ha de descansar en el empuje social que ya viene ofreciendo alternativas a los mercados convencionales. S&oacute;lo as&iacute; se ganar&aacute; en autonom&iacute;a territorial real que pueda animar la construcci&oacute;n de econom&iacute;as inclusivas, pegadas al territorio.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;D&oacute;nde encontrar ese empuje social? &iquest;Qu&eacute; otros mercados agroalimentarios est&aacute;n siendo construidos? Los mercados agroecol&oacute;gicos, bajo diferentes tipolog&iacute;as y operando a distintas escalas, son una realidad en el presente. Son &ldquo;econom&iacute;as vivas&rdquo; renovadoras y a la vez fuertemente conectadas a manejos hist&oacute;ricos, a costumbres de cuidar la tierra a la vez que cuidamos de nuestro alimento y de nuestros lazos sociales.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, por poner un ejemplo, en los pa&iacute;ses centrales los rescoldos de la cr&iacute;tica a una modernidad devoradora se refugiaron en manejos campesinos, presentes en valles y serran&iacute;as alejadas de las grandes urbes; en la voluntad cooperativa de las econom&iacute;as de cuidados (aupadas sobre hombros de mujeres, pero tambi&eacute;n en din&aacute;micas locales de apoyo mutuo); o en proyectos sociales y pol&iacute;ticos que animaban la (auto)gesti&oacute;n local, en clave de autonom&iacute;a comunitaria o de mimbres libertarias.
    </p><p class="article-text">
        En otras latitudes, la existencia de una tradici&oacute;n de mingas (minkas), ejidos o comunidades ind&iacute;genas da pie de forma ancestral a la pervivencia (actualizada en algunos casos) de los mercados de proximidad que cumplen una funci&oacute;n de cohesionar sociedades, equilibrar dietas o garantizar unos m&iacute;nimos alimentarios. Son la red de Tianguis en M&eacute;xico, los mercados campesinos en Colombia o en &Aacute;frica Subsahariana. Y a pesar de que las grandes distribuidoras y acaparadoras de tierra luchan contra la reproducci&oacute;n de estos (nuevos) comunes, <a href="https://www.grain.org/es/article/entries/4956-hambrientos-de-tierra-los-pueblos-indigenas-y-campesinos-alimentan-al-mundo-con-menos-de-un-cuarto-de-la-tierra-agricola-mundial" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estas peque&ntilde;as-grandes iniciativas son las que nos alimentan el mundo</a>. Representan la tradici&oacute;n universal de las econom&iacute;as de alta sociabilidad, no necesariamente circunscritas a lo local pero s&iacute; aupadas desde ah&iacute;, de las que daba cuenta la exploraci&oacute;n de mercados que elaborara Karl Polanyi, las econom&iacute;as vivas a las que se refiere Vandana Shiva, el gobierno de los comunes para beneficio de las comunidades afectadas que sistematizara Elionor Ostrom.
    </p><p class="article-text">
        El siglo XXI bien podr&aacute; traernos, aparte de una extrema derecha que apele al retorno del padre que nos gu&iacute;e y nos controle, la aparici&oacute;n de pr&aacute;cticas que caminen hacia nuevos comunes: econom&iacute;as cooperativistas con acento en la autogesti&oacute;n y en la cogesti&oacute;n para construir nuevos mercados. Nuevos comunes que rechazan el ilusionismo horizontal que se vende bajo el desarrollo de nuevas plataformas comunicativas en internet. Nuevos lazos sociales que trascienden el &ldquo;s&aacute;lvese quien pueda&rdquo; que aparece impl&iacute;cito en conceptos como &ldquo;nichos de mercado&rdquo;. Tecnolog&iacute;as con sentido com&uacute;n y territorial <a href="http://www.ecologistasenaccion.org/article30742.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">por encima de las apelaciones de las &eacute;lites a embarcarse en una &ldquo;agricultura inteligente&rdquo;</a> que favorezca a&uacute;n m&aacute;s el mercado alimentario que controlan las grandes corporaciones. A la exploraci&oacute;n de dichas pr&aacute;cticas le hemos dado el t&iacute;tulo de <a href="https://www.ecologistasenaccion.org/tienda/home/1792-libro-rebeldias-en-comun.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Rebeld&iacute;as en com&uacute;n </a><a href="https://www.ecologistasenaccion.org/tienda/home/1792-libro-rebeldias-en-comun.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">(Libros en Acci&oacute;n, 2017)</a>.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, a partir de apuestas municipalistas como el Pacto de Mil&aacute;n toman estabilidad pr&aacute;cticas que ven&iacute;an ya experiment&aacute;ndose, como los Ecomercados que aterrizan semanal o mensualmente en calles de grandes ciudades. Desde finales de los 90 somos testigos del <em>boom</em> de mercados sociales y grupos de consumo que re&uacute;nen a consumidoras y consumidores &aacute;vidos de recuperar una noci&oacute;n que supedite la idea de mercado al bien social. <a href="https://www.ecologistasenaccion.org/tienda/home/1791-e-book-compartiendo-la-cosecha.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Agricultura soportada o apoyada por la comunidad</a>, pero al mismo tiempo, posibilidad de lazos sociales que se recuperan, en medio del naufragio de las sociedades l&iacute;quidas, a trav&eacute;s de un mayor protagonismo colectivo sobre c&oacute;mo nos alimentamos. Mercados sociales que coexisten con la satisfacci&oacute;n de otras necesidades (servicios, contactos, cultura) como nos ilustra La Tejedora en C&oacute;rdoba. Comunidades que se (re)construyen y pasan a concretar acciones de gran escala desde premisas que potencian los llamados circuitos cortos: pr&oacute;ximos en kil&oacute;metros, escasos en intermediarios, largos en poder cooperativo. La cooperativa BioAlai en Vitoria o Landare en Pamplona son buenos y actuales ejemplos.
    </p><p class="article-text">
        Ante un sindicalismo agrario que se especializa en cogestionar la cat&aacute;strofe y el suicidio colectivo que suponen los mercados globalizados y las &ldquo;ayudas&rdquo; de la Uni&oacute;n Europea, aparecen tambi&eacute;n iniciativas de grupos sindicales o de organizaciones m&aacute;s innovadoras dirigidas a enlazarse al territorio. Pienso en los mercados que auspicia COAG en algunas localidades de Andaluc&iacute;a; en la iniciativa Nekasarea de EHNE-Bizkaia que une baserritarras y ciudadan&iacute;a; en proyectos de productoras que incorporan a consumidoras como es el caso de Subb&eacute;tica Ecol&oacute;gica; o en la propuesta de Punt de Sabor que viene fortaleciendo en Valencia la Uni&oacute; de Llauradors i Ramaders a trav&eacute;s de servicio directo y ecol&oacute;gico a supermercados y comedores junto con puntos de distribuci&oacute;n local.
    </p><p class="article-text">
        Esta coordinaci&oacute;n territorial entre personas productoras tiene sus antecedentes en el cooperativismo agrario no vinculado a la integraci&oacute;n vertical, aquel cooperativismo con pr&aacute;cticas cooperativas en su base y que evita convertirse en ap&eacute;ndice subordinado de Mercadona o de Eroski. Ejemplos de ello son iniciativas como la Xarxeta en Catalunya (Xarxa de Pagesos Agroecol&ograve;gics), la FACPE en Andaluc&iacute;a (Federaci&oacute;n Andaluza de Consumidores y Productores Ecol&oacute;gicos). Desde ah&iacute; surgen las propuestas para construir sellos de calidad y lazos de confianza que sirvan para cuidar territorios y evitar los sellos &ldquo;ecol&oacute;gicos&rdquo; que parecen destinados a satisfacer a la exportaci&oacute;n o mercados centrales de grandes empresas que concentran la tierra.
    </p><p class="article-text">
        Territorio y mercado: dos lugares que hab&iacute;an sido obligados a divorciarse como idea y como espacios entrelazados, particularmente en las partes del mundo m&aacute;s pr&oacute;ximas a las entra&ntilde;as del monstruo capitalista. Mercado y creaci&oacute;n de lazos para cuidar(nos): dos acciones que buscan desafiar la mercantilizaci&oacute;n propuesta por las grandes superficies y los grandes fondos de inversi&oacute;n que hacen cotizar parte de nuestra alimentaci&oacute;n en las bolsas internacionales. Territorio-mercado-cuidados como <a href="https://www.diagonalperiodico.net/la-plaza/28310-democratizar-construyendo-sostenibilidad-alimentaria.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">exponente </a><a href="https://www.diagonalperiodico.net/la-plaza/28310-democratizar-construyendo-sostenibilidad-alimentaria.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">de </a><a href="https://www.diagonalperiodico.net/la-plaza/28310-democratizar-construyendo-sostenibilidad-alimentaria.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una Agroecolog&iacute;a en 3C</a>: circuitos cortos, cooperativismo, cuidados de territorios y personas.
    </p><p class="article-text">
        Pero soy, que dijera el poeta, un optimista informado. Y les informo tambi&eacute;n que los mercados agroecol&oacute;gicos est&aacute;n en disputa: como lugar, como acci&oacute;n social y como concepto mismo. Como lugar porque se vende humo relocalizado que enmascara mercados para una riqueza global y nuevamente abstracta. Las l&iacute;neas de supermercados en ecol&oacute;gico apoyan (parcialmente) la producci&oacute;n eco y local, pero tambi&eacute;n nos meten en el embudo distribuidor y eso significa dependencia y control sobre las espaldas de las productoras. Las llamadas econom&iacute;as colaborativas ofrecen el espejismo de &ldquo;comunicaci&oacute;n directa&rdquo; por internet, cuando en muchos casos es comercio que no propicia encuentros cooperativos, territorializados capaces de empoderar a peque&ntilde;os productores. &Eacute;se es el defecto de proyectos como La Colmena que dice s&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        La propia Uni&oacute;n Europea intenta colocar sus mercados en el centro de un hacer que se vende como &ldquo;m&aacute;s sostenible&rdquo;. A escala continental potenciando la llamada &ldquo;econom&iacute;a circular&rdquo;: mismos mercados pero ampliando al tema de reciclaje. Y aupando las soluciones locales de mercado que plantea, de manera intencionadamente confusa, la llamada &ldquo;econom&iacute;a del bien com&uacute;n&rdquo; de Christian Felber: responsabilidad social corporativa para empresas bajo una &ldquo;libertad condicional&rdquo; del mercado y los precios.
    </p><p class="article-text">
        Todo ello crea nichos de mercado, pero no desbarata las estrategias monopol&iacute;sticas de la gran distribuci&oacute;n, el control de los mercados de abastos por una oligarqu&iacute;a mundial (<a href="http://www.soberaniaalimentaria.info/publicados/numero-19/169-alimentar-ciudades" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el </a><a href="http://www.soberaniaalimentaria.info/publicados/numero-19/169-alimentar-ciudades" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">hub</a><a href="http://www.soberaniaalimentaria.info/publicados/numero-19/169-alimentar-ciudades" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> alimentario de MercaBarna</a>) o m&aacute;s local (mercados de abastos en manos de familias &ldquo;aut&oacute;ctonas&rdquo; y sin atenci&oacute;n al derecho ciudadano a la alimentaci&oacute;n y la producci&oacute;n periurbana). Tampoco apunta a promover una dieta adaptada al territorio cercano, con menos presencia de carnes, pesticidas, grasas saturadas y emisiones de CO2.
    </p><p class="article-text">
        En lo conceptual, la palabra agroecolog&iacute;a aparece crecientemente reducida a una condici&oacute;n t&eacute;cnico-capitalista, como sin&oacute;nimo de sustituci&oacute;n de insumos, mercados &ldquo;verdes&rdquo;, certificaci&oacute;n que no se basa en la reducci&oacute;n de huella ecol&oacute;gica y en la defensa de la biodiversidad, o contemplada como un proceso de ingenier&iacute;a cient&iacute;fica de reducci&oacute;n de impactos o de producci&oacute;n de modelos de metabolismo generales donde la gente y la peque&ntilde;a producci&oacute;n no aparecen por ning&uacute;n lado a la hora de construir diagn&oacute;sticos y alternativas.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, las personas productoras no siempre son due&ntilde;as de su acci&oacute;n. La presi&oacute;n sobre la obtenci&oacute;n de renta a corto plazo, el acceso a insumos &ldquo;baratos&rdquo; y la necesidad de colocar producto los sit&uacute;a m&aacute;s en la innovaci&oacute;n urgente que en la transici&oacute;n hacia otras gram&aacute;ticas econ&oacute;micas, permeadas por esos lazos que van construyendo una Agroecolog&iacute;a en 3C. Si tuviera que enumerar 5 principios para tener un primer an&aacute;lisis de qu&eacute; es un mercado agroecol&oacute;gico dir&iacute;a que plantea: econom&iacute;as viables para la gente que produce y desde econom&iacute;as donde el petr&oacute;leo ser&aacute; una reliquia; territorios habitables que se viven a trav&eacute;s de cuidados de bienes comunes y tecnolog&iacute;as de vida larga, adaptadas y f&aacute;cilmente reparables; mercados que evolucionan como lazos sociales que reproducen bienes cooperativos en la producci&oacute;n, la distribuci&oacute;n y con las personas consumidoras; sistemas agroalimentarios localizados que democratizan saberes, log&iacute;sticas y accesos alimentarios sin desigualdades de clase socioecon&oacute;mica o de g&eacute;nero; y, por supuesto, mercados que contribuyen a una diversidad de sabores, paisajes y formas saludables de avanzar en una soberan&iacute;a alimentaria.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Calle Collado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/mercados-agroecologicos-pacto-milan-comunes_132_3369829.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 29 May 2017 18:45:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Mercados agroecológicos, Pacto de Milán y nuevos comunes]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ferraz se escribe con I de Insostenibilidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/psoe-sostenibilidad_132_3998933.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ce3aebdc-e291-4287-92f5-bbfefd9ed7db_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ferraz se escribe con I de Insostenibilidad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El marco de la rebaja ideológica y la creación de una esfera de competición a base de política cínica, apoyada en liderazgos mediáticos fuertes, no deja margen para proyectos sostenibles de emancipación</p><p class="subtitle">Lo que es claro es que la s de sotenibilidad reclama organizaciones políticas más pendientes de los participación deliberativa (gusto por la diversidad) y capaces de apostar por programas de mayor soberanía energética y alimentaria (gusto por la biodiversidad y la diversificación de economías en el territorio)</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Estos son mis principios. Si no le gustan tenemos otros&rdquo;. Podr&iacute;amos a&ntilde;adir y remedar la frase de Groucho Marx para describir la filosof&iacute;a hoy reinante en la c&uacute;pula del PSOE. &ldquo;Este es nuestro secretario general, pero si no vota lo que el Ibex 35 cree que hay que votar, tenemos otros&rdquo;. O yendo m&aacute;s all&aacute;: &ldquo;Estos han sido nuestros partidos. Si no le gustan tendremos que tener otros&rdquo;. Y de todo esto viene el proyecto pol&iacute;tico de Ciudadanos o la facilidad de confluencia entre este partido y PSOE (pacto de diciembre para proponer gobierno, alianza estable en Andaluc&iacute;a), como nos recuerda <a href="http://www.eldiario.es/zonacritica/Ciudadanos-transgenico-marca-Ibex_6_382921750.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">M. Eugenia Rodr&iacute;guez Palop en diversos art&iacute;culos</a> en este diario.
    </p><p class="article-text">
        Se&ntilde;alemos que ya en 1975 un informe de la Comisi&oacute;n Trilateral (think tank en el que se reconoc&iacute;an Jap&oacute;n, la Comunidad Econ&oacute;mica Europea y Estados Unidos) llamaba a limitar las democracias, centralizar en l&iacute;deres la acci&oacute;n de los partidos y vaciar a &eacute;stos de contenidos que pudieran dar rienda suelta a las expectativas populares. La constataci&oacute;n de esta din&aacute;mica de partidos convertidos en aparatos serviles viene de antes. Serviles en el sentido literal de hegemon&iacute;as internas hechas a base de sillones prestados a grupos afines y de servilismo externo hacia las &eacute;lites.
    </p><p class="article-text">
        Otto  Kirchheimer primero, y Claus Offe posteriormente, ya nos plantearon que la sostenibilidad (organizativa) de estas maquinarias, en principio nacidas para la mediaci&oacute;n social entre gobernados y gobernantes, fueron forzadas al poco de terminar la segunda guerra mundial a introducir &ldquo;rebajas ideol&oacute;gicas&rdquo;. La conversi&oacute;n de la pol&iacute;tica institucional en una competencia de mensajes de marketing y l&iacute;deres cautivadores favorecer&iacute;a mejor las pol&iacute;ticas del capital internacional. Los grandes bipartidismos europeos o estadounidense han sido caldo de cultivo, sobre todo a partir de los 70 y 80 tras la consolidaci&oacute;n del golpe de Pinochet o la derrota de la propuesta de socialdemocracia de Miterrand frente al poder de los mercados, de hacer valer como intereses colectivos lo que eran prebendas elitistas y metabolismos no sostenibles.
    </p><p class="article-text">
        Ferraz, la sede oficial del PSOE, otrora partido socialista y obrero, es hoy testigo de ello. El saldo de la guerra interna est&aacute; ah&iacute;: una conspiraci&oacute;n de barones territoriales impulsada por Susana D&iacute;az, la presidenta andaluza, que fuerza la dimisi&oacute;n de Pedro S&aacute;nchez; un nuevo comandante que &ldquo;anhela poder abstenerse&rdquo; seg&uacute;n manifiesta Javier Fern&aacute;ndez, presidente de Asturias y cabeza visible de la actual gestora; una agenda neoliberal que se ve allanada, en todo caso, en unas hipot&eacute;ticas terceras elecciones, merced al reforzamiento de la misma a trav&eacute;s de tres de los cuatro grandes partidos.
    </p><p class="article-text">
        Las rebajas ideol&oacute;gicas del PSOE vienen siendo elocuentes desde mediados de los 90, cuando la perspectiva de instalar un sistema de bienestar al estilo de centroeuropa se abandona y no se incorporan medidas ante los ya conocidos l&iacute;mites al crecimiento del consumo. Lo constata el gusto neoliberal compartido por el exministro Solbes, alabado en ocasiones por el Partido Popular. O la consolidaci&oacute;n de una econom&iacute;a globalizada donde diversas compa&ntilde;&iacute;as privatizadas pasan a jugar en la liga de campeones de la insostenibilidad internacional como Repsol o Telef&oacute;nica. O el inicio el pasado septiembre de la explotaci&oacute;n del parque natural de Do&ntilde;ana por parte de Gas Natural, en cuyo consejo se sienta el expresidente Felipe Gonz&aacute;lez, firme defensor en la actualidad de facilitar el gobierno al Partido Popular.
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a Marx que la historia se repite primero como farsa, luego como tragedia. Yo dir&iacute;a que en estos tiempos de sociedades y memorias l&iacute;quidas, y de triunfo de una pol&iacute;tica c&iacute;nica propia de la extrema derecha que ofrece discursos de emancipaci&oacute;n mientras derrama vidas a su paso, terceras y cuartas farsas son posibles. Por un tiempo, claro. Porque la presi&oacute;n por la supervivencia de los de abajo (la econom&iacute;a moral de las clases oprimidas que se&ntilde;alaba E. Thompson, la infrapol&iacute;tica en la sombra que les otorgaba J. Scott o la sororidad expandible que se&ntilde;ala actualmente el feminismo), junto con los l&iacute;mites planetarios a la expansi&oacute;n del binomio depredador Mercado-Estado centralista ir&aacute;n mostrando progresivamente la necesidad de de otros horizontes.
    </p><p class="article-text">
        Por el momento, y por razones de autoritarismo exuberante y de escasa atenci&oacute;n al descontento de la poblaci&oacute;n con la agenda neoliberal, el PSOE est&aacute; noqueado. Nada nuevo. Otro exsecretario algo d&iacute;scolo con los barones del partido como Josep Borrell, tambi&eacute;n cay&oacute; de la manera que ha ca&iacute;do ahora Pedro S&aacute;nchez: para allanar el camino al gobierno popular (de Aznar por entonces) que obtuvo una feliz mayor&iacute;a frente al candidato sustituto (Almunia en aquel tiempo).
    </p><p class="article-text">
        El marco de la rebaja ideol&oacute;gica y la creaci&oacute;n de una esfera de competici&oacute;n a base de pol&iacute;tica c&iacute;nica, apoyada en liderazgos medi&aacute;ticos fuertes, no deja margen para proyectos sostenibles de emancipaci&oacute;n. S&iacute; puede apuntalar proyectos de fascismo ecol&oacute;gico, como indica Jorge Riechmann, de juegos del hambre hechos realidad. Es decir, quien decida moverse en ese terreno de juego, dif&iacute;cilmente podr&aacute; hablar de transformar el sistema energ&eacute;tico o de proponer medidas reales contra el cambio clim&aacute;tico a base de construir econom&iacute;as end&oacute;genas, pegadas al territorio. No podr&aacute;n, sencillamente, porque en los consejos empresariales de estas grandes transnacionales se sienta la crema impulsora del bipartidismo. No podr&aacute;n, porque desafiar econom&iacute;as globales supone enfrentarse al tema de la deuda impagable que demanda m&aacute;s y m&aacute;s crecimiento y circulaci&oacute;n de monedas y materiales. No podr&aacute;n porque cualquier organizaci&oacute;n resiliente, social y ambientalmente hablando, que quisiera trabajar por una justicia ambiental, tendr&iacute;a que basarse en sistemas emergentes, y eso requiere una inteligencia ecol&oacute;gica y colectiva hoy ausente (<a href="http://www.eldiario.es/ultima-llamada/ecologia_botanica_6_559654058.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">J. Luis Casadevente </a><a href="http://www.eldiario.es/ultima-llamada/ecologia_botanica_6_559654058.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">dixit</a>) capaces de fomentar procesos de participaci&oacute;n y co-gesti&oacute;n en los territorios. Es decir, seguir m&aacute;s los principios, adaptados al presente, de las econom&iacute;as m&aacute;s comunitarias o de alta sociabilidad, que dir&iacute;a el antrop&oacute;logo boliviano N&uacute;&ntilde;ez del Prado. Y eso requiere descentralizar y dar poder a los de abajo. Para decidir sobre energ&iacute;as, alimentaci&oacute;n, salud, planes urban&iacute;sticos y, por supuesto, tratados internacionales altamente depredadores como el TTIP. Todo ello es incompatible con un ascenso de partidos conservadores o con partidos del socialismo como farsa.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y no podr&iacute;a haber un nuevo Ferraz sostenible? Pues probablemente no. Primeramente, en el sentido organizativo los propios dirigentes del &ldquo;renovado&rdquo; PSOE ya han declarado que cuentan con nuevas sangr&iacute;as de votos en futuras elecciones. Se seguir&aacute;n sucediendo m&iacute;nimos hist&oacute;ricos como los observados en las &uacute;ltimas elecciones generales o en las auton&oacute;micas de Galicia y Pa&iacute;s Vasco. Y, en segundo lugar, el control del aparato por parte del sector m&aacute;s benevolente con Ciudadanos y con el propio Partido Popular, hace m&aacute;s factible que contin&uacute;en aprob&aacute;ndose agendas a favor de m&aacute;s cambio clim&aacute;tico, m&aacute;s explotaci&oacute;n de recursos naturales, m&aacute;s expansi&oacute;n de grandes cadenas de supermercados, m&aacute;s apuesta por los negocios privados en el transporte o en la energ&iacute;a, m&aacute;s turismo globalizado para ocio de unos pocos y desgracia de muchos.
    </p><p class="article-text">
        Pero entonces, &iquest;mejor sin partidos? &iquest;para qu&eacute; estar en las instituciones representativas liberales si &eacute;stas son conducidas hacia la barbarie desde instituciones crecientemente feudalizadas? Se trata de una pregunta para el medio plazo. Me inclino a pensar m&aacute;s en la transici&oacute;n inmediata hacia esos sistemas emergentes que leen la vida y las econom&iacute;as &ldquo;desde abajo&rdquo;. En general, los (nuevos) partidos asociados a la &ldquo;izquierda&rdquo; o a la &ldquo;democratizaci&oacute;n radical&rdquo; de la pol&iacute;tica son ilustrativos de formas de funcionamiento m&aacute;s sostenibles; tanto para la ampliaci&oacute;n de necesarias transiciones desde un creciente protagonismo social; como para poner en marcha iniciativas que cierren circuitos desde abajo: circuitos pol&iacute;ticos, energ&eacute;ticos, econ&oacute;micos y culturales. Este ser&iacute;a el caso de muchas candidaturas o propuestas municipalistas (en Italia de la mano de 5 Estrellas, el confederalismo democr&aacute;tico en el Kurdist&aacute;n o las iniciativas de las alcald&iacute;as por el cambio del Estado espa&ntilde;ol).
    </p><p class="article-text">
        Con todo, a pesar de las declaraciones, los nuevos grandes partidos (Unidos Podemos) no son precisamente una caja de resonancia de debates y protagonismo social. Ni tampoco, <a href="http://www.eldiario.es/ultima-llamada/municipalismo-Barcelona-sostenibilidad_6_514508563.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">salvo casos muy particulares</a>, las nuevas alcald&iacute;as por el cambio han conseguido asentar un tejido productivo y legislativo que trabaje por una rebeld&iacute;a en materia de consumo o de promoci&oacute;n de una econom&iacute;a social y solidaria. En muchos casos se reproducen esquemas insostenibles hacia dentro y hacia afuera. Excepciones y perspectivas de que la cosa puede cambiar, como las meigas, existen. Ah&iacute; tenemos <a href="http://tratarde.org/wp-content/uploads/2016/09/MANIFIESTO-FINAL-III-Encuentros-Ecosocialistas-Bilbao-sept.-2016.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la reciente declaraci&oacute;n </a><a href="http://tratarde.org/wp-content/uploads/2016/09/MANIFIESTO-FINAL-III-Encuentros-Ecosocialistas-Bilbao-sept.-2016.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">de Bilbao</a><a href="http://tratarde.org/wp-content/uploads/2016/09/MANIFIESTO-FINAL-III-Encuentros-Ecosocialistas-Bilbao-sept.-2016.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> a favor de programas ecosocialistas</a> promovidos por candidaturas, organizaciones ecologistas y sindicatos alternativos.
    </p><p class="article-text">
        Lo que es claro es que la s de sotenibilidad reclama organizaciones pol&iacute;ticas m&aacute;s pendientes de los participaci&oacute;n deliberativa (gusto por la diversidad) y capaces de apostar por programas de mayor soberan&iacute;a energ&eacute;tica y alimentaria (gusto por la biodiversidad y la diversificaci&oacute;n de econom&iacute;as en el territorio). Lo otro, lo viejo y conservador, no son partidos &ldquo;atrapatodo&rdquo; como se suele llamar a las grandes maquinarias del marketing del voto. Son hoy partidos &ldquo;rompemundos&rdquo; que destruyen los v&iacute;nculos sociales y las concepciones de democracia de base m&aacute;s elementales. En la reconstrucci&oacute;n de esos v&iacute;nculos, con pol&iacute;ticas y econom&iacute;as pegadas al territorio, m&aacute;s all&aacute; del actual r&eacute;gimen de gobernanza, encontraremos algunas respuestas institucionales para una transici&oacute;n inaplazable, algo m&aacute;s sostenible y democratizadora.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Calle Collado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/psoe-sostenibilidad_132_3998933.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 03 Oct 2016 18:25:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ferraz se escribe con I de Insostenibilidad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[PSOE]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Brasil: otro golpe político contra la sostenibilidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/brasil-golpe-sostenibilidad_132_3979574.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d264490b-d5f0-442e-b9e7-980ae841d1cf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Brasil: otro golpe político contra la sostenibilidad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Precisamos urgentemente desarrollar economías que cuiden de las personas y de sus territorios. Y precisamos también parar los golpes políticos en cualquier parte del mundo, se disfracen de</p><p class="subtitle">impeachment</p><p class="subtitle">parlamentario o de TTIP</p></div><p class="article-text">
        &Uacute;ltima llamada para quienes a&uacute;n conf&iacute;en en que las &eacute;lites econ&oacute;micas est&aacute;n preocupadas por la democracia y por la sostenibilidad en este planeta. El escondido romance del TTIP entre los Estados Unidos y la Uni&oacute;n Europea ha puesto de manifiesto que, en este interesado amor de las &eacute;lites, poco importa el apoyo de sus pueblos o el respeto a unos m&iacute;nimos ambientales que aboguen por la precauci&oacute;n frente a un planeta en estado de shock. Entre capitalismo del shock y capitalismo contra el cambio clim&aacute;tico anda el mundo, seg&uacute;n nos documenta la ensayista Naomi Klein. Y Brasil no es m&aacute;s que un eslab&oacute;n en esta cadena.
    </p><p class="article-text">
        El 18 de abril de este a&ntilde;o, menos de un mes antes del golpe pol&iacute;tico en Brasil, el coordinador del programa econ&oacute;mico del partido que ha accedido al poder (PMDB, centro-derecha), Roberto Brant, que ya hab&iacute;a sido ministro con Fernando Henrique Cardoso (PSDB, socialdemocracia neoliberal), <a href="http://politica.estadao.com.br/noticias/geral,vai-ser-preciso-dar-um-tranco-no-congresso--diz-ex-ministro-de-fhc,10000026727" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">afirmaba lo siguiente sobre su propuesta econ&oacute;mica</a>: &ldquo;la propuesta no fue hecha para enfrentarse al voto de la poblaci&oacute;n. Con un programa as&iacute; no se acude a una elecci&oacute;n [&hellip;] Todo lo que all&iacute; se dice precisa ser realizado. El tama&ntilde;o del desastre que vive hoy Brasil es in&eacute;dito en nuestra historia&rdquo;. El desastre de Brasil existe, ciertamente, y se llama desigualdad social, s&oacute;lo comparable con Sud&aacute;frica, seg&uacute;n <a href="http://www.elmundo.es/america/2012/01/19/brasil/1326987526.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">datos de Oxfam</a>. El desastre ambiental de Brasil se refleja en el avance de la deforestaci&oacute;n amaz&oacute;nica, que oscila entre 10.000 y 25.000 km2 por a&ntilde;o, siendo la presi&oacute;n combinada de mercados que buscan carne y grano para alimentarlo, y &eacute;lites dispuestas a obtener beneficios r&aacute;pidos, la causa de ello.
    </p><p class="article-text">
        El desastre pol&iacute;tico de Brasil que, en gran parte, ha alentado esta llegada &aacute;vida del neoliberalismo al poder se llama <a href="https://pt.wikipedia.org/wiki/Bancada_ruralista" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;bancada ruralista&rdquo;</a>: cerca de un tercio de diputados que en el congreso son afines o controlados por grandes terratenientes y que mantienen una oposici&oacute;n sistem&aacute;tica a introducir avances en el reparto de tierra, la ayuda al peque&ntilde;o agricultor o el respeto de los derechos humanos en el campo. No en vano, todo legado del PT en t&eacute;rminos de apoyo a una agricultura familiar y propuestas en clave de producci&oacute;n ecol&oacute;gica, por m&iacute;nimo que haya sido, ha sido borrado en estos d&iacute;as. De un plumazo ha desaparecido el Ministerio de Desarrollo Agrario, donde la l&oacute;gica era de apoyo a estos peque&ntilde;os productores, responsables del 70% de los alimentos que consume el pa&iacute;s, y cuyos programas se considera que son la causa que ha permitido a la FAO retirar a Brasil de sus <a href="http://www.fao.org/hunger/es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">mapas del hambre</a>.
    </p><p class="article-text">
        La consumaci&oacute;n del impeachment en Brasil llev&oacute; a Michel Temer (presidente del PMDB, centro-derecha) al poder, en contra de los deseos de la poblaci&oacute;n. D&iacute;as antes de la salida de Rousseff, una encuesta de Datafolha reflejaba que Temer s&oacute;lo recababa el apoyo del 2% de la poblaci&oacute;n. Y un 60% de las personas encuestadas ped&iacute;an su renuncia por estar pendiente de juicios que s&iacute; le relacionar&iacute;an directamente con el entramado de corrupci&oacute;n de Brasil. El avance de la agenda neoliberal y a favor del cambio clim&aacute;tico es ya un hecho. Valgan como ejemplo las justificaciones de <a href="http://portalamazonia.com/noticias-detalhe/economia/ajustes-prometidos-por-temer-agradam-liderancas-da-economia-no-amazonas/?cHash=5391d7205961371fe30f750c21c151cb" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ismael Bicharra, presidente de la Asociaci&oacute;n Comercial del Amazonas</a>, que impulsa la zona franca de Manaos: &ldquo;est&aacute;bamos sin un plan para impulsar la econom&iacute;a brasile&ntilde;a&rdquo;. El ministro de educaci&oacute;n exige pago, inmediato, de tasas universitarias. Se suprime el Ministerio de Cultura. Ninguna mujer entrar&aacute; en el gabinete. Fin de la secretar&iacute;a de Igualdad Racial. Posibilidad de revisar de convenios laborales en las diferentes empresas. El nuevo gobierno, como ha afirmado el <a href="http://www1.folha.uol.com.br/cotidiano/2016/05/1771901-tamanho-do-sus-precisa-ser-revisto-diz-novo-ministro-da-saude.shtml" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ministro golpista de Salud, Ricardo Barros</a>, no est&aacute; para &ldquo;sostener el nivel de derechos que la Constituci&oacute;n determina&rdquo;. Blanco y en botella: hay que reducir el Estado, los derechos y los programas de sostenibilidad por el bien de las &eacute;lites que frecuentan los mercados globalizados.
    </p><p class="article-text">
        La nueva pol&iacute;tica se ven&iacute;a gestando meses antes y pasar&aacute; por &ldquo;concretar una acci&oacute;n de colaboraci&oacute;n estatal y privada verdaderamente agresiva con respecto a los mercados de exportaci&oacute;n&rdquo;, como <a href="http://economia.estadao.com.br/noticias/geral,a-economia-agropecuaria-brasileira-o-que-fazer,10000051278" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">llegaba a afirmar el actual Secretario de Agricultura de Sao Paulo y otros c&iacute;rculos afines al agronegocio</a> dentro de instituciones estatales como Embrapa. Nada m&aacute;s ocurrir el llamado impeachment, el pasado 12 de mayo, <a href="http://cartamaior.com.br/?/Editoria/Meio-Ambiente/Em-defesa-da-agricultura-familiar-e-da-agroecologia/3/36068" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ONGs, sindicatos ruales y Consejos nacionales relacionados con desarrollo rural</a>, advert&iacute;an de los peligros que supondr&iacute;a para la sostenibilidad social y ambiental del Brasil si se avanzaba por el camino de desmontar pol&iacute;ticas y estructuras que han impulsado avances en temas de seguridad alimentaria, agroecolog&iacute;a o en la defensa de los territorios ind&iacute;genas y de comunidades tradicionales. La advertencia no ha surtido efecto. Dilma Rousseff no est&aacute; siquiera acusada de corrupci&oacute;n ni de participar en la trama de mordidas alrededor de la Petrobr&aacute;s (el proceso &ldquo;Lava Jato&rdquo;) algo que no pueden exhibir quienes han impulsado el impeachment. Est&aacute; por ver si es responsable de mover dineros entre bancos y otras cuentas del Estado. Y si dicha responsabilidad fiscal puede justificar el apartamiento definitivo de la presidenta electa de Brasil.
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que el golpe pol&iacute;tico sigue, qui&eacute;n sabe su futuro. S&iacute; conocemos su pasado y su presente. En Brasil y en Am&eacute;rica Latina en general. Las &eacute;lites est&aacute;n sedientas de beneficios, tras tres a&ntilde;os de encogimiento del PIB en Brasil, fruto de una <a href="http://www.bbc.com/mundo/noticias/2016/01/151223_economia_america_latina_2016_mj" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">crisis econ&oacute;mica internacional que reduce ganancias en la exportaci&oacute;n de materias primas</a> y que adem&aacute;s se enfrenta a una subida paulatina de los tipos de inter&eacute;s en Estados Unidos. Otra vez el fantasma de la d&eacute;cada perdida, all&aacute; en los 80, por una ileg&iacute;tima deuda externa. Otra vez a olvidar lecciones aprendidas: que los gobiernos m&aacute;s democr&aacute;ticos y m&aacute;s sociales en esta parte del mundo sacaron a mucha gente de la pobreza y concedieron derechos donde a&uacute;n se respiraba esclavitud. Otra vez las &eacute;lites enfrente y doblegando voluntades populares. Como cuando los golpes militares eran la respuesta de las &eacute;lites a los intentos de realizar reformas agrarias y dar de comer a los pueblos: Arbenz (Guatemala) en los 50, Goulart (Brasil) e invasi&oacute;n de Rep&uacute;blica Dominicana en los 60... Y un largo etc&eacute;tera que hoy se actualiza en golpes pol&iacute;ticos que han desalojado del poder a inc&oacute;modos gobernantes con estas &eacute;lites agroexportadoras, caso de Zelaya (Honduras) en 2009 o Lugo (Paraguay) en 2012. Se trata de asonadas jur&iacute;dico-parlamentarias, donde los tanques son sustituidos por un &ldquo;maquiavelismo&rdquo; de palacio, que sirve para desmontar procesos incipientes, lentos y graduales de democratizaci&oacute;n en muchos de estos pa&iacute;ses.
    </p><p class="article-text">
        Y Brasil no pod&iacute;a ser menos. No en vano, tiene una soberan&iacute;a (mermada en los &uacute;ltimos a&ntilde;os) sobre la compa&ntilde;&iacute;a Petrobr&aacute;s. Toda una joya que en el 2006 se topaba con unas reservas petrol&iacute;feras que podr&iacute;an llegar a suponer 300.000 millones de barriles de crudo: recursos bajo el mar Atl&aacute;ntico, el conocido Presal. Y, casualidades de la vida, las filtraciones de Wikileaks serv&iacute;an para conocer que el senador <a href="http://www.esglobal.org/brasil-es-el-petroleo-la-verdadera-razon-de-la-lucha-por-el-poder/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Jos&eacute; Serra (hombre fuerte del PSDB) ya hab&iacute;a pactado con Chevron</a> que se modificar&iacute;a la ley que proh&iacute;be a Petrobr&aacute;s tener una participaci&oacute;n estatal inferior al 30% en el Presal. Ley ya impulsada y que aguarda una segunda votaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Efectivamente, Brasil no es hoy, como buena parte del mundo, un pa&iacute;s para viejos que busquen algo de bienestar para ellos y para futuras generaciones. Menos a&uacute;n para esos j&oacute;venes que en junio del 2013 alzaron su voz en numerosas calles brasile&ntilde;as reclamando derechos sociales en un pa&iacute;s, como el resto de Am&eacute;rica Latina, presa de la agenda agroexportadora como &uacute;nico e insostenible paradigma de &ldquo;desarrollo&rdquo;. Precisamos urgentemente desarrollar econom&iacute;as que cuiden de las personas y de sus territorios. Y precisamos tambi&eacute;n parar los golpes pol&iacute;ticos en cualquier parte del mundo, se disfracen de impeachment parlamentario o de TTIP.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Calle Collado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/brasil-golpe-sostenibilidad_132_3979574.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 31 May 2016 18:45:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Brasil: otro golpe político contra la sostenibilidad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Brasil,TTIP - Tratado Transatlántico de Comercio e Inversión]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tu casa no es un contenedor: La experiencia de los municipalismos vivos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/municipalismo-barcelona-sostenibilidad_132_4002922.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">El municipalismo nos dota de la posibilidad de repensar la política, de acercarla y de crear sinergias sobre herramientas por encima de siglas y de élites televisadas.</p><p class="subtitle">El poder transnacional sostiene una normatividad agresiva para con los manejos comunales, la gestión local y la democracia.</p></div><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Os damos, concedemos y asignamos a perpetuidad, as&iacute; a vosotros como a vuestros sucesores los reyes de Castilla y Le&oacute;n, todas y cada una de las tierras e islas sobredichas, antes desconocidas&rdquo;, </em>Bula <em>Inter Cetera</em>, emitida por el papa Alejandro VI el 4 de mayo de 1493
    </p><p class="article-text">
        Lejos de ver territorios llenos y conformados por personas, memorias, biodiversidad y otras formas de entender el bienestar social, la colonizaci&oacute;n dibuj&oacute; <em>continentes vac&iacute;os</em>, como argumenta Eduardo Subirats: eran apenas superficies para ofrecer a los imperios en expansi&oacute;n. Sostiene Subirats que el &ldquo;ideario de conversi&oacute;n&rdquo; era en realidad una &ldquo;empresa de ocupaci&oacute;n y explotaci&oacute;n territoriales como cruzada a lo ancho de un continente vac&iacute;o&rdquo;, siendo el ind&iacute;gena americano un cristiano potencial: &ldquo;<em>tabula rasa</em> susceptible de sujeci&oacute;n y subjetivaci&oacute;n&rdquo;. Continente visto como <em>contenedor</em> del que extraer recursos, conciencias planas dispuestas a ser <em>alfombradas</em> por la nueva religi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La modernidad ha cambiado, pero conserva a&uacute;n muchos de sus pecados originales. Los territorios no son percibidos como lugares donde los seres humanos entrelazamos ecosistemas (territorio ambiental), infraestructuras y organizaciones sociales (territorio material) e imaginarios sobre desarrollo y manejo de recursos (territorio inmaterial). Cuando en clase pregunto (a estudiantes de medioambiente o de agronom&iacute;a), por primera vez, qu&eacute; entienden por territorio, lo usual es que contesten en clave de &ldquo;superficie&rdquo;, &ldquo;&aacute;rea&rdquo; o &ldquo;terreno&rdquo;. A trav&eacute;s de sistemas educativos y de la construcci&oacute;n de una civilizaci&oacute;n consumista y que apenas entiende de l&iacute;mites ambientales, hemos heredado la tradici&oacute;n colonialista de percibir los territorios (propios y ajenos) como contenedores de recursos y alfombras humanas sobre las que instaurar proyectos y procesos de depredaci&oacute;n. Edward Said, Arturo Escobar, Vandana Shiva o Tzvetan Todorov han escrito en profundidad sobre este hecho. Los territorios, los lugares donde cimentamos modos de vida y formas de circulaci&oacute;n de recursos, bienes y mercanc&iacute;as, se edifican a partir de proximidades: una ciudad o pueblo, una comarca, una cuenca hidrogr&aacute;fica, un paisaje. Cierto que la llamada &ldquo;globalizaci&oacute;n&rdquo; ha desprovisto de sentido y de autonom&iacute;a a estos territorios de proximidad. Desplazamos y nos desplazamos mucho. M&aacute;s del 40% de la biomasa planetaria es movida y apropiada por el agente geol&oacute;gico ser-humano: hemos entrado en el Antropoceno.
    </p><p class="article-text">
        Por ello, precisamente, los territorios son clave para legitimar y proponer formas de organizaci&oacute;n social o de repensar estrategias de desarrollo desde una perspectiva end&oacute;gena. Y adem&aacute;s es urgente: buena parte de las ciudades espa&ntilde;olas, por ejemplo, consumen recursos y energ&iacute;a que multiplican por 100 el &aacute;rea que ocupan. Una huella ecol&oacute;gica insostenible: el planeta anda cada vez m&aacute;s escaso de energ&iacute;a f&oacute;sil y materiales considerados como b&aacute;sicos para la producci&oacute;n consumista (cobre, aluminio, hierro o m&aacute;s de 60 elementos presentes en nuestros m&oacute;viles). Y est&aacute; lleno y saturado con nuestros residuos, nuestras formas de producci&oacute;n industrial y con el car&aacute;cter especulativo (sobre materias primas y energ&iacute;a) de una econom&iacute;a caracterizada por una &ldquo;exuberancia irracional&rdquo;, que dijera el hoy expresidente de la Reserva Federal estadounidense Alan <em>Greenspan.</em>
    </p><p class="article-text">
        La visi&oacute;n del territorio como cruce de (nuevas) memorias, infraestructuras, organizaciones sociales y maneras de entender nuestro bienestar, nos lleva a interrogarnos por apuestas pol&iacute;ticas que puedan conducir a ello. El municipalismo se entiende, desde una perspectiva occidental, como la doble estrategia de abrir instituciones locales y de permitir o apoyar la consolidaci&oacute;n de una autonom&iacute;a social creciente para satisfacer nuestras necesidades humanas (que son materiales, pero tambi&eacute;n afectivas, expresivas y de relaci&oacute;n amigable con el medio natural). Democracia participativa (de proximidad) y radicalizaci&oacute;n de la democracia (deliberativa, directa) como un impulso necesario para transitar hacia sistemas econ&oacute;micos y sociales m&aacute;s sostenibles, como apuntan los trabajos de Federico Aguilera Klink.
    </p><p class="article-text">
        Cuando ciertos actores se refieren a pol&iacute;ticas municipalistas, mi pregunta es: &iquest;se trata de avanzar en un protagonismo social para la gesti&oacute;n de un territorio con perspectivas de sostenibilidad de la vida en los mismos? &iquest;O por el contrario se est&aacute; retomando &ldquo;de facto&rdquo;, la pol&iacute;tica de los contenedores territoriales y de las alfombras humanas? Llamar&eacute; <em>municipalismos vivos</em> al primer caso; y <em>municipalismos muertos</em> a aquellas pr&aacute;cticas que se presentan como &ldquo;municipalizadoras&rdquo; pero que no enfrentan la pol&iacute;tica de los contenedores y de las alfombras.
    </p><p class="article-text">
        Los municipalismos vivos se conforman hoy a contracorriente. El poder transnacional (corporaciones, Estados y acuerdos internacionales) sostiene una normatividad agresiva para con los manejos comunales, la gesti&oacute;n local y la democracia que apunta a un genuino protagonismo social. Son ejemplos de estos ataques: la llamada Ley Montoro en este pa&iacute;s, que arrebata y &ldquo;empresariza&rdquo; el gobierno de los municipios peque&ntilde;os; en pa&iacute;ses como M&eacute;xico, la lesi&oacute;n de derechos comunitarios e ind&iacute;genas, la erosi&oacute;n de las gestiones colectivas como los Ejidos, as&iacute; como la destrucci&oacute;n y confiscaci&oacute;n de tierras que son fuente de biodiversidad, tal y como denuncia el Centro Mexicano de Derecho Ambiental; y en el conjunto de Latinoam&eacute;rica, el aterrizaje de modelos de &ldquo;desarrollo rural&rdquo; importados desde la Uni&oacute;n Europea y centrados en &ldquo;poner en valor&rdquo; recursos locales para el turismo o la diversificaci&oacute;n productiva hacia mercados globales.
    </p><p class="article-text">
        Sin duda, en este pa&iacute;s, la idea de <em>T</em><em>erritorios en democracia</em> se cimenta en un ciclo reciente de movilizaciones locales y en una serie de apuestas pol&iacute;ticas en clave municipalistas. Estos municipalismos vivos ofrecen ya sus primeros apuntes de un ciclo social y pol&iacute;tico que ha venido para quedarse como consecuencia de la crisis civilizatoria que atravesamos. Frente a los 4.000 kil&oacute;metros de media que viajan los alimentos para llegar a nuestras mesas, hoy vemos en pie y con fuerza iniciativas sociales, antes impensables, como Madrid Agroecol&oacute;gico, mercados ecol&oacute;gicos y sociales como De l'horta a la pla&ccedil;a en Valencia, iniciativas de accesos a tierras y defensas del territorio (Terra franca, parques agrarios, redes por la soberan&iacute;a alimentaria y la defensa de los territorios), etc. En la econom&iacute;a, el reconocimiento del sector social y solidario como fuente de empleo y sostenibilidad territorial en territorios perif&eacute;ricos como Andaluc&iacute;a. Y tambi&eacute;n la revisi&oacute;n de nociones de trabajo y de creaci&oacute;n de &ldquo;riqueza&rdquo;: programas para la &ldquo;colectivizaci&oacute;n de los cuidados&rdquo; pueden encontrarse hoy apoyados por el ayuntamiento de Barcelona.
    </p><p class="article-text">
        El municipalismo trata de convertir los contenedores en territorios municipalistas. &iquest;Sucede lo mismo con la participaci&oacute;n? El municipalismo nos dota de la posibilidad de repensar la pol&iacute;tica, de acercarla y de crear sinergias sobre herramientas por encima de siglas y de &eacute;lites televisadas. Las candidaturas emergentes son muestra de ello, por contraposici&oacute;n al escenario estatal de contiendas electorales. A&uacute;n as&iacute;, las prisas y ganas de ofrecer resultados hacen que muchos proyectos de participaci&oacute;n (obras, presupuestos &ldquo;participativos&rdquo;, gesti&oacute;n de recursos) se vuelquen hacia &ldquo;la democracia del click&rdquo;: gestor propone agendas y elector elige. La participaci&oacute;n tiene que ver con procesos sociales (es de medio plazo al menos) que invitan a construir las preguntas y a encontrar escenarios, pol&iacute;ticas y planes de acci&oacute;n comunes para la (re)construcci&oacute;n com&uacute;n de nuestros territorios. La tentaci&oacute;n de alfombrar digitalmente la participaci&oacute;n est&aacute; ah&iacute;. Como tambi&eacute;n la de proponer que un cooperativismo institucional: como f&oacute;rmula jur&iacute;dica, pero no asentado en pr&aacute;cticas cooperativistas de trabajadores/as y ciudadan&iacute;a. Un requisito previo ser&aacute;, en grandes ciudades como Barcelona, la &ldquo;descentralizaci&oacute;n administrativa hacia abajo, hacia los distritos y los barrios&rdquo;, seg&uacute;n apunta Ada Colau, alcaldesa de esta ciudad. Creando, en paralelo, sinergias con una visi&oacute;n m&aacute;s comunitaria (al menos de sociedades con v&iacute;nculos m&aacute;s fuertes y pr&oacute;ximos) como hace el programa de salud en dicha ciudad, que se enfoca a barrios y econom&iacute;as sociales, y que coordina Gemma Tarafa.
    </p><p class="article-text">
        Muncipalismos vivos toman cuerpo en lugares tan dispares como Bristol (Reino Unido) o Villa el Salvador (Per&uacute;). Est&aacute;n plante&aacute;ndonos conjuntamente una <em>&uacute;ltima llamada</em>: los municipalismos se est&aacute;n revolviendo entre la vida y la muerte. Por favor, apuesten por la salud de nuestros territorios y de las personas que vivimos en ellos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Calle Collado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/municipalismo-barcelona-sostenibilidad_132_4002922.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 10 May 2016 18:05:53 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Tu casa no es un contenedor: La experiencia de los municipalismos vivos]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La batalla cultural frente a los transgénicos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/transgenicos-monsanto-mexico_132_4069531.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La maquinaria política transgénica sabe bien que tiene que sustituir el mundo bio y demodiverso por tecnología esclavizante y por el dictado individualizador de un puñado de transnacionales</p></div><p class="article-text">
        Aunque el capitalismo amenaza las bases de la vida, no le resulta tan f&aacute;cil ni tan leg&iacute;timo apropiarse&nbsp; de nuestras conciencias, tampoco de las culturas que trabajan para que dicha vida siga reproduci&eacute;ndose. La reciente sentencia dictada por el magistrado federal de M&eacute;xico, Benjam&iacute;n Soto, ha cerrado las puertas (por el momento) a la liberaci&oacute;n o siembra de ma&iacute;z transg&eacute;nico en dicho pa&iacute;s. M&eacute;xico, tan cerca de monstruos transnacionales como Monsanto o Syngenta y tan lejos de los dioses que crearon a los hombres de ma&iacute;z como reza el libro comunitario maya del Popol Vuh, se ha reconocido como pa&iacute;s donde la preservaci&oacute;n de su alimentaci&oacute;n es un hecho justiciable. La demanda fue presentada concretamente por 53 personas: campesinos y campesinas, artistas, personas investigadoras y activistas de derechos humanos. Pero obedece a una larga disputa jur&iacute;dica, territorial e identitaria contra los citados monstruos como indica este colectivo: &ldquo;M&eacute;xico es la cuna donde naci&oacute; el ma&iacute;z, planta que herman&oacute; en su territorio a decenas de culturas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hace unas semanas, uno de los impulsores de dicho proceso colectivo, Narciso Barrera Bassols, me reafirmaba esa disputa que ha unido territorios, manejos sostenibles de recursos y tradiciones actualizadas: &ldquo;ganamos, porque venimos ganando la batalla cultural&rdquo;.&nbsp; Y me citaba la presentaci&oacute;n de exposiciones nacionales como <em>Milpa</em>:<em> ritual imprescindible</em>, la campa&ntilde;a Sin Ma&iacute;z no hay Pa&iacute;s o el trabajo local en pos de asentar derechos y sabores propios de los distintos territorios que componen M&eacute;xico. La milpa (esa asociaci&oacute;n de ma&iacute;z, frijo y calabaza) tan mexicana se ha impuesto culturalmente. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; podemos aprender de este proceso para continuar nuestra batalla por un mundo habitable, libre de transg&eacute;nicos? El capitalismo precisa introducir rupturas en nuestros v&iacute;nculos con los territorios, y en particular con la alimentaci&oacute;n, para nutrir su sociedad de consumo, aquella que no entiende de contextos sociales ni de proximidades, si no de laboratorios y de mercados globalizados. El TTIP es una clara muestra. Y aqu&iacute; nos jugamos mucho en la batalla frente a los transg&eacute;nicos en la Uni&oacute;n Europea. La resistencia mexicana se ha fundamentado en ir bastante m&aacute;s all&aacute; de la denuncia del control de la alimentaci&oacute;n. No se han limitado a enfrentar manejos o formas de producir alimentos. En M&eacute;xico se ha planteado que el ma&iacute;z representa otra forma de estar en el mundo y de sentirlo. Todo cambio social implica una adaptaci&oacute;n o una incorporaci&oacute;n de nuevas visiones del mundo. En esta Transici&oacute;n inaplazable (pol&iacute;tica y vitalmente) esperamos no caer en un &ldquo;aprendizaje por shock&rdquo; como nos apunta Ernest Garc&iacute;a, si no en innovar en pr&aacute;cticas y en deseos hacia otras sociedades.
    </p><p class="article-text">
        El plano jur&iacute;dico, me continuaba relatando Narciso Barrera, nos ha permitido trabajar desde las comunidades ind&iacute;genas y campesinas, en connivencia con el ecologismo pol&iacute;tico, para hacer pedagog&iacute;a de por qu&eacute; rechazar estos transg&eacute;nicos, de por qu&eacute; la alimentaci&oacute;n forma parte de nuestro ser como pa&iacute;s. A lo largo de los dos &uacute;ltimos a&ntilde;os, se han superado m&aacute;s de 90 impugnaciones y 22 amparos judiciales, manteniendo as&iacute; la suspensi&oacute;n temporal de los transg&eacute;nicos. Y en paralelo a dichos procesos judiciales se han ido avivando la recuperaci&oacute;n de memorias bioculturales, aquellas que ligan manejos sostenibles y territorios. Es decir, se ha trascendido el plano del sistema agroalimentario, como estructura de producci&oacute;n y consumo, para ir m&aacute;s all&aacute;. En palabras del compa&ntilde;ero Miguel &Aacute;ngel Escalona (profesor de agroecolog&iacute;a en la Universidad Veracruzana), estamos promoviendo una &ldquo;cocina sana y culturalmente significativa que vaya m&aacute;s all&aacute; de los circuitos cortos&rdquo;. Miguel &Aacute;ngel Escalona impulsa iniciativas como el Consejo Gastron&oacute;mico Veracruzano o la red de Tianguis (mercados sociales) en su localidad. Y, al mismo tiempo, esta reconciliaci&oacute;n de cultura alimentaria, territorios y manejos sostenibles ha facilitado la r&aacute;pida politizaci&oacute;n del derecho a la alimentaci&oacute;n. Bajo el paraguas de la campa&ntilde;a Sin Ma&iacute;z no hay Pa&iacute;s, iniciada en el 2007 por 300 colectivos sociales y campesinos, se lograba que el Derecho a la Alimentaci&oacute;n alcanzara rango constitucional en M&eacute;xico el 13 de Octubre de 2011.
    </p><p class="article-text">
        Territorios. Territorios de saberes, de sabores y de formas de sentir. Comunalidades que se tejen entre personas rompiendo as&iacute; los fragmentos en los que nos convierten las sociedades l&iacute;quidas, donde los lazos no tienen memoria, ni lugares donde asentarse, ni por supuesto salen anunciados por televisi&oacute;n. La maquinaria pol&iacute;tica transg&eacute;nica sabe bien que tiene que ahondar en la tecnofilia y en la antropofobia. Sustituir el mundo bio y demodiverso por tecnolog&iacute;a esclavizante y por el dictado individualizador de un pu&ntilde;ado de transnacionales.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y qu&eacute; estamos haciendo en esta parte del mundo inserta en una avergonzante Uni&oacute;n Europea? Mucho, &eacute;sa es la verdad, a pesar del acoso de las &eacute;lites encantadas con la transgenia mercantil. Espa&ntilde;a contin&uacute;a siendo el reservorio de los transg&eacute;nicos en este lado de Europa, junto con otros cuatro pa&iacute;ses, capitaneando la producci&oacute;n de ma&iacute;z transg&eacute;nico MON810 de Monsanto. Recientemente, la Uni&oacute;n Europea abr&iacute;a la puerta a la prohibici&oacute;n o apertura discrecional al cultivo de&nbsp; transg&eacute;nicos. Pero la batalla cultural, territorial y de promoci&oacute;n agroecol&oacute;gica est&aacute; en marcha y ha frenado la invasi&oacute;n que ahora avanza v&iacute;a TTIP. Isabel Bermejo, una de las voces m&aacute;s escuchadas en los &uacute;ltimos tiempos frente a los transg&eacute;nicos, me se&ntilde;alaba el valor de la cultura alimentaria en este pa&iacute;s: &ldquo;precisamente no han empezado por tomates porque, primero no es el gran negocio, y segundo, podr&iacute;a esperarse un mayor rechazo ciudadano&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Este rechazo se ve favorecido y reforzado por multitud de campa&ntilde;as estatales e internacionales. Desde que en 1998 se lanzara el grito de &ldquo;Monsanto sal de la India&rdquo;, la reclamaci&oacute;n de zonas libres de transg&eacute;nicos ha servido como foco local de estas presiones. Recientemente, regiones enteras como Escocia, Irlanda del Norte, Gales o Valonia as&iacute; se han declarado. Aqu&iacute; los municipios han tenido m&aacute;s bien un papel simb&oacute;lico, aunque muy efectivo. Las recientes prohibiciones del uso de glifosato en Extremadura o en municipios como Madrid o Barcelona han tenido su eco medi&aacute;tico, apelando a nuestra salud, frente a los adalides de la segunda revoluci&oacute;n verde. Por su parte, el mensaje combinado del &ldquo;queremos decidir&rdquo; y del &ldquo;somos lo que comemos&rdquo; ha calado m&aacute;s a trav&eacute;s de las diferentes plataformas por la soberan&iacute;a alimentaria. Han nutrido la recuperaci&oacute;n de una biodiversidad cultivada, agricultura y mercados de proximidad, y por ende, la relaci&oacute;n de los territorios con una gastronom&iacute;a propia. Justamente cuando la cacareada dieta mediterr&aacute;nea nos est&aacute; abandonando. La cultura alimentaria no es un campo de batalla m&aacute;s frente a la mercantilizaci&oacute;n de la comida. La excepcionalidad francesa y su persistente rechazo a los transg&eacute;nicos es prueba de ello. Producir s&iacute;, pero siempre pensando en un mundo rural vivo, como aqu&iacute; tambi&eacute;n indica Plataforma Rural.
    </p><p class="article-text">
        El enganche a la tecnofilia y a la noci&oacute;n moderna (y falseada) de progreso tiene que compensarse con el deseo de existir en otros (y tradicionales) sabores, en otros (y sostenibles) territorios. La batalla alimentaria por un mundo habitable comienza en nuestras mesas. Y por reivindicar colectiva, cultural y localmente el derecho a una deliciosa y humanizante biodiversidad.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Calle Collado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/transgenicos-monsanto-mexico_132_4069531.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 05 Apr 2016 17:37:08 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La batalla cultural frente a los transgénicos]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Transgénicos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fumiga, que algo queda: Zika, la Revolución Verde y Monsanto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/zika-monsanto-agroecologia-soberania-alimentaria_132_4116671.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Llueven tóxicos sobre territorios ya empapados de químicos. El caso es no tocar el sistema económico ni el de salud, e insistir en una modernización venenosa y autoritaria que beneficia solo a unas cuantas compañías como Monsanto.</p><p class="subtitle">Las comunidades fumigadas padecerán más contaminación de sus aguas y de sus territorios. Y por tanto, más riesgo de morir por acumulación de venenos en sus vidas.</p><p class="subtitle">En contra de los intereses de Monsanto, algunos relatores de Naciones Unidas por el Derecho a la Alimentación y asociaciones de médicos y campesinos, reclaman otro manejo de recursos, en clave de agroecología y soberanía alimentaria, para introducir salud en nuestros cuerpos y en nuestros territorios.</p></div><p class="article-text">
        Las noticias repiten las im&aacute;genes de t&eacute;cnicos pertrechados en uniformes de seguridad fumigando a diestro y siniestro. As&iacute; entraba el virus del Zika en nuestros imaginarios: asaltos a casas de apariencia muy humilde en busca de un enemigo que parece invisible. Margaret Chan, directora general de la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud (OMS) hablaba de una expansi&oacute;n &ldquo;explosiva&rdquo; de una enfermedad v&iacute;rica, con riesgo de alcanzar 6 millones de casos. Seg&uacute;n algunos titulares se trata de otra &ldquo;enfermedad viajera&rdquo; m&aacute;s. Para corroborar la amenaza de un &ldquo;nuevo peligro global&rdquo;, se mencionaban algunos antecedentes de epidemias internacionalizadas en el &uacute;ltimo a&ntilde;o, como los brotes de chikungu&ntilde;a o el dengue, tambi&eacute;n transmitidas por el mosquito Aedes y tambi&eacute;n focalizadas en pa&iacute;ses empobrecidos. Acto seguido, el pasado 1 de febrero, acontec&iacute;a la declaraci&oacute;n de emergencia internacional por parte de la OMS.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y qu&eacute; se proponen hacer las autoridades sanitarias nacionales e internacionales? La mayor parte de las informaciones insiste y reitera que el problema ha de focalizarse en un vector (el mosquito) controlable a base de qu&iacute;micos.&nbsp; La OMS aconsejaba el uso de piriproxifeno que produce Sumimoto Chemical. Sumimoto tambi&eacute;n se dedica a recomendar la fumigaci&oacute;n con herbicida de nuestros campos para erradicar &ldquo;amenazantes&rdquo; malezas como la verdolaga. Esta empresa es, en la pr&aacute;ctica, una franquicia japonesa de la compa&ntilde;&iacute;a Monsanto, que prefiere considerarla <a href="http://news.monsanto.com/news/facts-about-monsanto-zika-virus-and-microcephaly" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un &ldquo;socio activo&rdquo; </a>en negocios e investigaciones con venenos. Monsanto controla el mercado mundial de semillas transg&eacute;nicas y va camino de adue&ntilde;arse del mercado de pesticidas. La&nbsp;verdolaga, uno de los &ldquo;enemigos&rdquo; de Monsanto que sirve de excusa para hacer negocios qu&iacute;micos, es una planta conocida en muchas culturas (mediterr&aacute;neas y asi&aacute;ticas) como alimento y como medicina por sus aportes de vitaminas, amino&aacute;cidos y antioxidantes.
    </p><p class="article-text">
        Conclusi&oacute;n provisional: <em>business as usual</em>: i) hay que matar mosquitos a ca&ntilde;onazos, porque si no estos pobres nos van a inundar de enfermedades; ii) ya hay ca&ntilde;ones qu&iacute;micos fabricados y disponibles para su venta en Occidente; iii) se ruega a las autoridades (como la OMS) que no difundan en exceso sus dudas sobre lo in&uacute;til que puede revelarse en el medio plazo el tratamiento a trav&eacute;s de plaguicidas (<a href="http://apps.who.int/iris/handle/10665/41768#sthash.YCoLfwZE.dpuf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">informe 15 del Comit&eacute; de Expertos de la OMS en Biolog&iacute;a de los Vectores</a>); iv) desoigan a los profesionales de la salud que vienen trabajando sobre estas epidemias y en estas zonas, como la <a href="https://www.abrasco.org.br/site/sobreaabrasco/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Asociaci&oacute;n Brasile&ntilde;a de Salud Colectiva</a>, que consideran que son &ldquo;las condiciones de vida en esos suburbios, el saneamiento b&aacute;sico inadecuado [...] el descuido con la higiene de espacios p&uacute;blicos y particulares, los principales responsables de este desastre&rdquo;; y v) pongan en su lugar audiovisuales que nos hagan internalizar la sensaci&oacute;n de p&aacute;nico, como cuando Cuarto Milenio emit&iacute;a el reportaje: &ldquo;Zika, el nuevo nombre del miedo&rdquo;. Y, por supuesto, sigan regando estos pa&iacute;ses con t&oacute;xicos. Hoy en Brasil cada habitante es &ldquo;obsequiado&rdquo; con &iexcl;7 litros de pesticidas al a&ntilde;o! para atender <em>plagas en grandes monocultivos o como respuesta a enfermedades como el Zika.</em>
    </p><p class="article-text">
        Llueven t&oacute;xicos sobre mojado, m&aacute;s bien sobre territorios ya empapados de qu&iacute;micos. El caso es no tocar el sistema econ&oacute;mico ni el de salud, e insistir en una modernizaci&oacute;n venenosa y autoritaria. Como ocurriera tambi&eacute;n para epidemias como la gripe aviar. Llueve para mal de unos afectados que pueden llegar a encontrar la muerte, si bien en ocasiones hay mucho de alarma forzada por la presi&oacute;n medi&aacute;tica. Por ejemplo, hablamos de 600.000 casos en Colombia, pero s&oacute;lo 1.000 casos de la enfermedad asociada Guillain-Barr&eacute;, la cual, a su vez, tiene una mortalidad significativa del 4%. Es m&aacute;s, parte de la comunidad cient&iacute;fica establece (&iquest;parad&oacute;jicamente?) <a href="http://elpais.com/elpais/2016/02/03/ciencia/1454527545_594253.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">conexiones entre la aplicaci&oacute;n de piriproxifeno y el desarrollo de microcefalias en reci&eacute;n nacidos </a>(uno de los efectos del Zika) a partir de estudios realizados en Brasil: incendios tratados con m&aacute;s fuego.
    </p><p class="article-text">
        Pero, lamentablemente, llueve para bien de unas pocas compa&ntilde;&iacute;as y para una forma de entender la naturaleza como un gran laboratorio que hay que reajustar de vez en cuando a base de qu&iacute;micos t&oacute;xicos. &ldquo;T&uacute; fumiga que algo nos queda&rdquo;, parecen atronar al un&iacute;sono medios de comunicaci&oacute;n, fabricantes de herbicidas y autoridades internacionales que prefieren crear &ldquo;alarmas&rdquo; antes que ser acusadas de intervenir de forma &ldquo;tard&iacute;a&rdquo;, como ocurriera en la propagaci&oacute;n del &Eacute;bola. Pero no es &ldquo;tan poco&rdquo; ni &ldquo;tan irrelevante&rdquo; lo que queda. Porque las comunidades fumigadas padecer&aacute;n m&aacute;s contaminaci&oacute;n de sus aguas y de sus territorios. Y por tanto, m&aacute;s riesgo de morir por acumulaci&oacute;n de venenos en sus vidas. Porque son minoritarios los diagn&oacute;sticos que abiertamente relacionan esta epidemia con consecuencias derivadas de la pobreza extrema, <a href="https://www.opendemocracy.net/democraciaabierta/nadia-pontes/el-cambio-clim-tico-aumenta-el-riesgo-del-virus-zika" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">del calentamiento global o de la falta de democracia en nuestros sistemas institucionales </a>(todo ello en aumento).
    </p><p class="article-text">
        En fin, el tratamiento medi&aacute;tico, pol&iacute;tico y sanitario propuesto para el Zika revela muchas semejanzas con el abordaje de otras cuestiones en las que nos va la vida. Me refiero aqu&iacute; concretamente a la llamada Revoluci&oacute;n Verde y al desarrollo de un sistema agroalimentario cada vez m&aacute;s globalizado y cada vez m&aacute;s condenado a repetir crisis alimentarias: recuerden la crisis del 2008, o las revueltas que ocasiona la subida de alimentos tras cada ajuste estructural del FMI. Fumiga que as&iacute; habr&aacute; menos plagas y mejores cosechas, y por tanto menos hambre en el mundo (nos dicen). Pero tras 60 a&ntilde;os de fumigaci&oacute;n y de mejoras gen&eacute;ticas nos encontramos con recurrentes hambrunas, junto con campesinos y campesinas expulsados de sus tierras, que son acaparadas por grandes potencias o declaradas como no rentables para insertarse en sus mercados globales.
    </p><p class="article-text">
        Existen alternativas, pero son deso&iacute;das y las grandes empresas se esfuerzan por presentarlas como inapropiadas. La ciencia convencional funciona as&iacute;: potenciando la investigaci&oacute;n en laboratorio e invisibilizando respuestas que se construyan desde el propio contexto y que contemplen un desaf&iacute;o a los sistemas socioecon&oacute;micos vigentes. Lo han argumentado muy bien autores como Boaventura de Sousa Santos o Bruno Latour. En Latinoam&eacute;rica existen voces muy respetadas que insisten en la aproximaci&oacute;n socioecon&oacute;mica y ambiental de muchos de los problemas de salud. Jaime Breilh es un referente en temas de <a href="http://ije.oxfordjournals.org/content/37/4/745.full" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">epidemiolog&iacute;a (social) cr&iacute;tica</a>. Viene demostrando a trav&eacute;s de sus investigaciones aplicadas que, por ejemplo, el dengue se cura a base de una buena salud comunitaria: favoreciendo el protagonismo de pueblos y barrios en temas de prevenci&oacute;n pero, ante todo, generando salud mediante ciudades habitables y econom&iacute;as que atiendan las necesidades humanas. Es decir, propone lo que &eacute;l llama las 4S esenciales para la vida: que sea sustentable, soberana, solidaria y saludable (individual, social y ambientalmente hablando).
    </p><p class="article-text">
        Por estas tierras tambi&eacute;n comienzan a emerger referencias del enfoque salubrista. Sabemos que es nuestro c&oacute;digo postal, no nuestro c&oacute;digo gen&eacute;tico, lo que determina que haya barrios en Madrid o en C&oacute;rdoba con <a href="http://www.eldiario.es/andalucia/salud-mide-codigo-postal_0_392310936.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una diferencia de esperanza de vida de m&aacute;s de 10 a&ntilde;os</a>. De esto hablan las compa&ntilde;eras y compa&ntilde;eros de <a href="http://medicocritico.blogspot.com.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">M&eacute;dico Cr&iacute;tico</a>. De c&oacute;mo la avidez mercantil de las farmac&eacute;uticas y las industrias qu&iacute;micas prima sobre las pol&iacute;ticas de construcci&oacute;n de derechos y de sociedades m&aacute;s igualitarias que garanticen a las personas el acceso a una vida digna.
    </p><p class="article-text">
        En contra de los intereses de Monsanto, tanto Jaime Breilh como algunos relatores de Naciones Unidas por el Derecho a la Alimentaci&oacute;n y asociaciones de m&eacute;dicos o de campesinos, reclaman otro manejo de recursos, en clave de <a href="http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=73115246007" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">agroecolog&iacute;a y soberan&iacute;a alimentaria</a>, para introducir salud en nuestros cuerpos y en nuestros territorios. La fumigaci&oacute;n qu&iacute;mica no es la soluci&oacute;n a nuestras enfermedades ni a nuestras deficiencias alimentarias. La relocalizaci&oacute;n de muchos de nuestros satisfactores para crear entornos m&aacute;s saludables y democr&aacute;ticos, s&iacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Calle Collado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/zika-monsanto-agroecologia-soberania-alimentaria_132_4116671.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 07 Mar 2016 19:43:55 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Fumiga, que algo queda: Zika, la Revolución Verde y Monsanto]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Alimentación]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mercados rebeldes ¿o 'turbocapitalismo'?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/mercados-rebeldes-turbocapitalismo_132_2372165.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Actualmente, el número de personas organizadas en grupos de consumo directo y ecológico ascendería a unas 80.000 en este país.</p><p class="subtitle">Evaluemos la rebeldía de los (nuevos) mercados de acuerdo a una sencilla gramática, la de las 3 Cs: Cooperación desde abajo, Cuidados frente a nuestras vulnerabilidades y Circuitos cortos alimentarios y energéticos.</p></div><p class="article-text">
        Son tiempos de revoluciones cercanas. Una civilizaci&oacute;n petrolera que toca a su fin nos convoca a buscar alternativas. Al igual que una sociedad consumista poco viable y muy insatisfactoria como destino humano. En el otro lado de la balanza (re)surgen lo pr&oacute;ximo, el cuidado del territorio o el protagonismo ciudadano como referentes de nuevos cambios sociales. Se levantan laboratorios al margen de recetas prefabricadas. Ojal&aacute; se confirmen los malos tiempos para el bipartidismo, las croquetas congeladas y los tomates sin sabor.
    </p><p class="article-text">
        Son tambi&eacute;n otras revoluciones. Lo aventuraron aquellos zapatistas que se levantaron en 1994: mejor hablar de procesos de rebeld&iacute;a que de revoluciones invernales. Es decir: m&aacute;s procesos horizontales que autoritarismos proyectados; m&aacute;s sociedad con autonom&iacute;a (democracia radical) mientras se presiona para la apertura de las instituciones modernas (democracias participativas); y construir caminos que experimenten desde hoy din&aacute;micas de emancipaci&oacute;n, ya sea c&oacute;mo nos organizamos para ejercer la pol&iacute;tica o para comer.
    </p><p class="article-text">
        Por ello no es de extra&ntilde;ar que revisitemos nociones como el &ldquo;mercado&rdquo;, para politizarlo, para hacerlo menos autoritario, m&aacute;s incluyente y sostenible. Los mercados alimentarios son un claro ejemplo. Frente al gran <em>Negocio de la comida</em> (Esther Vivas) buscamos cercan&iacute;as territoriales y personales, de forma colectiva y cooperativa, para <em>Producir alimentos y Reproducir comunidad</em> (Daniel L&oacute;pez). Los mercados globalizados, por el contrario, nos proponen concentrar las decisiones en 7 u 8 cadenas de distribuci&oacute;n. Democratizando, eso s&iacute;, los riesgos de una alimentaci&oacute;n que llenan nuestra sangre de un centenar de sustancias que envenenan a muchas personas en el medio plazo.
    </p><p class="article-text">
        Estamos actualizando de forma pr&aacute;ctica las contribuciones hist&oacute;ricas de Karl Polanyi. En <em>El Sustento del Hombre</em> nos ilustraba c&oacute;mo la instituci&oacute;n &ldquo;mercado&rdquo; es vieja y muy plural, aunque ahora parezca un monopolio del capitalismo. Siguiendo la estela del ciclo de movilizaciones m&aacute;s reciente (protestas &ldquo;antiglobalizaci&oacute;n&rdquo;, foros sociales, diferentes marchas contra la exclusi&oacute;n, 15M, etc.), se abren nuevos &ldquo;mercados&rdquo;, precisamente en clave de protagonismo social. Actualmente, el n&uacute;mero de personas organizadas en grupos de consumo directo y ecol&oacute;gico ascender&iacute;a a unas 80.000 en este pa&iacute;s. Nuevos &ldquo;mercados sociales&rdquo; (que incluyen alimentaci&oacute;n y servicios) son construidos de la mano de la Econom&iacute;a Social y Solidaria para unir, de manera sostenible, <a href="http://www.eldiario.es/inspira/Nace-primera-asociacion-mercados-sociales_6_249935022.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">territorio y consumo</a>. Cooperativismo de cercan&iacute;a que, a decir de Jordi Via, bien pudiera servir para iniciar un <em>Adi&oacute;s capitalismo; </em>planes que podr&iacute;an, en una ciudad como Barcelona, reclamar inmediatamente 30.000 nuevas ocupaciones laborales.
    </p><p class="article-text">
        Pero el camino no es f&aacute;cil. Las viejas pr&aacute;cticas se esfuerzan en &ldquo;adaptarse&rdquo; a estas revoluciones cercanas. Son ejemplos notorios las inversiones medi&aacute;ticas que realizan las grandes cadenas de distribuci&oacute;n para presentarse como defensoras de productos locales, mientras sus estanter&iacute;as acumulan alimentos que recorrieron 4.000 kil&oacute;metros de media. Pero, adem&aacute;s, producci&oacute;n local no equivale a sostenibilidad. No son sostenibles las relaciones que imponen precios, condiciones asfixiantes a productores locales y hacen desaparecer alternativas de comercializaci&oacute;n (mercado tradicional, peque&ntilde;o comercio, productores artesanales). No crean empleo (neto): desertifican las econom&iacute;as locales. En la misma l&iacute;nea, la apuesta por &ldquo;mercados tur&iacute;sticos&rdquo; o &ldquo;mercados gourmet&rdquo; (San Miguel en Madrid, la amenaza sobre La Boquer&iacute;a en Barcelona o La Corredera en C&oacute;rdoba) son ejemplos de adaptaci&oacute;n lampedusiana para que la m&aacute;quina tur&iacute;stica e inmobiliaria siga funcionando a su favor. Exigiendo previamente ingentes cantidades de dinero p&uacute;blico para su posterior explotaci&oacute;n privada, claro est&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        Estamos de rebeli&oacute;n frente a los mercados, s&iacute;, pero, &iquest;en qu&eacute; medida estas iniciativas suponen un avance en la construcci&oacute;n de circuitos cortos de comercializaci&oacute;n, m&aacute;s sostenibles social y ambientalmente hablando? Propongo que evaluemos la rebeld&iacute;a de los (nuevos) mercados de acuerdo a una sencilla gram&aacute;tica, la de las 3 Cs: Cooperaci&oacute;n desde abajo (democratizaci&oacute;n), Cuidados frente a nuestras vulnerabilidades (ecosistemas, necesidades humanas) y que trabajen para la creaci&oacute;n de Circuitos cortos alimentarios y energ&eacute;ticos (relocalizaci&oacute;n). 3C que ser&iacute;an sin&oacute;nimo de una agroecolog&iacute;a (pol&iacute;tica) en pos de una soberan&iacute;a alimentaria.
    </p><p class="article-text">
        Es evidente que Mercadona, por poner un ejemplo, suspende en cada una de las Cs propuestas. Por contraposici&oacute;n, a escala mundial se extienden los mercados de certificaci&oacute;n directa y participativa, donde personas productoras, consumidoras y agentes que quieren acompa&ntilde;ar este proceso trabajan para co-responsabilizrse sobre c&oacute;mo producir, <a href="http://www.ifoam.bio" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en qu&eacute; condiciones y a qu&eacute; precios</a>.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; en la pen&iacute;nsula ya son notorios el empuje de ecomercados en ciudades y pueblos. O la valorizaci&oacute;n de la producci&oacute;n local en zonas en v&iacute;as de extinci&oacute;n especulativa (el caso de la horta valenciana frente a los desmanes del PP es un claro ejemplo). Instituciones locales se ven empujadas a abordar el tema, hasta ahora tab&uacute; en este pa&iacute;s, de las leyes de producci&oacute;n artesanal ante la presi&oacute;n de grupos m&aacute;s organizados de producci&oacute;n m&aacute;s tradicional o ecol&oacute;gica.
    </p><p class="article-text">
        Es tambi&eacute;n tiempo de grises. Por ejemplo, aparecen estructuras que facilitan la creaci&oacute;n de circuitos m&aacute;s cortos, pero cuyos criterios de decisi&oacute;n son externos, m&aacute;s verticales y que suponen una ganancia para quienes est&aacute;n m&aacute;s arriba de la pir&aacute;mide. Ser&iacute;a el caso m&aacute;s reciente de la extensi&oacute;n de iniciativas m&aacute;s verticalizadas como La Colmena dice s&iacute;; o la conformaci&oacute;n y extensi&oacute;n de nichos de consumo ecol&oacute;gicos de la mano de la peque&ntilde;a distribuci&oacute;n, donde productores cercanos y ecol&oacute;gicos comienzan a tener acceso. En ambos casos: &iquest;con qu&eacute; capacidad de decisi&oacute;n?, &iquest;introducen pr&aacute;cticas m&aacute;s sostenibles en nuestra alimentaci&oacute;n o es un marketing controlado por unas pocas manos?, &iquest;realmente transforman las estructuras de producci&oacute;n y distribuci&oacute;n provocando una emergencia de iniciativas en 3C?
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, existe un potencial pr&aacute;ctico en la conexi&oacute;n del renovado municipalismo con econom&iacute;as end&oacute;genas, como apunt&aacute;bamos en el libro Territorios en Democracia (Icaria, 2015). Un papel log&iacute;stico de los mercados centrales m&aacute;s volcado hacia lo eco y lo local avivar&iacute;a la construcci&oacute;n de sistemas agroalimentarios m&aacute;s sostenibles. Junto a la creaci&oacute;n de parques agrarios y de econom&iacute;a social y solidaria en las zonas periurbanas. El consumo social organizado por instituciones (ayuntamientos, escuelas, hospitales), por la propia ciudadan&iacute;a (experiencias de compras colectivas en centros de trabajo o en los mercados sociales) o por tiendas amparadas en redes de productores ecol&oacute;gicos (FACPE en Andaluc&iacute;a) son iniciativas que, entre otras cosas, contribuir&iacute;an a frenar la exportaci&oacute;n de productos ecol&oacute;gicos (un 40% en este pa&iacute;s).
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, las propias iniciativas tendr&iacute;an que prosperar m&aacute;s all&aacute; del creciente virus de &ldquo;islitas agroecol&oacute;gicas&rdquo; que recorre el pa&iacute;s. Habr&aacute;n de articularse, respetando din&aacute;micas territoriales, para construir mercados con autonom&iacute;a con respecto a poderes institucionales y financieros. Evitando tambi&eacute;n las formas &ldquo;cooperativas&rdquo; que, situando el crecimiento econ&oacute;mico como una fin de su actividad, acaban asimilando los patrones insostenibles de la sociedad de consumo (Eroski es un ejemplo). Enredar islas, pero sin transformarse en herramientas turbocapitalistas o en meras econom&iacute;as paliativas frente a la gran crisis. No perdamos, pues, las 3 Cs de vista en las construcciones de mercados (rebeldes) que est&aacute;n por venir. Nos va la vida en ello.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Calle Collado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/mercados-rebeldes-turbocapitalismo_132_2372165.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 17 Nov 2015 20:57:25 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Mercados rebeldes ¿o 'turbocapitalismo'?]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Agroecología,Alimentación]]></media:keywords>
    </item>
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