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    <title><![CDATA[elDiario.es - Eduardo Granados]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/eduardo_granados/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Eduardo Granados]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA["¿Crees que después de todo cambiaré de opinión?"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/crees-despues-cambiare-opinion-pasado_1_3768087.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2dd7a107-f0e7-4c93-9999-fc8869f3a534_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;¿Crees que después de todo cambiaré de opinión?&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Así se produjo el desalojo de La Jungla, el mayor campamento de refugiados de Europa</p><p class="subtitle">"Mi objetivo es llegar a Reino Unido pero al menos por fin se nos está tratando como seres humanos", dice Izcra</p><p class="subtitle">Saif admite que no dejará de intentar ir a Reino Unido después de haber intentado cruzar la frontera 21 veces</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;La Jungla ha acabado, La Jungla ha acabado&rdquo;, grita Ibrahim sonriendo mientras graba con su tel&eacute;fono m&oacute;vil <a href="http://www.eldiario.es/desalambre/refugiados-comienzan-abandonar-Calais-demolicion_0_572892745.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">las &uacute;ltimas horas de vida de este asentamiento bautizado desde hace a&ntilde;os con ese nombre</a>. Apenas ha amanecido y los gritos de este joven sudan&eacute;s despiertan a quienes a&uacute;n duermen en las tiendas todav&iacute;a mojadas por la lluvia del d&iacute;a anterior.
    </p><p class="article-text">
        El resto, la mayor&iacute;a, espera a las afueras del campo, donde se ha establecido un puesto de control para identificar a los refugiados que, voluntariamente, quieran pasar este invierno en los Centros de Acogida y Orientaci&oacute;n construidos en toda Francia.
    </p><p class="article-text">
        El ambiente es fren&eacute;tico, como si se tratase de una terminal de aeropuerto. J&oacute;venes que vienen y van. Hay quienes quieren ir a estos centros porque se niegan a pasar m&aacute;s meses a la intemperie. Es el caso de Izra, quien conoce lo que significa un invierno en Calais. &ldquo;Mi objetivo es llegar a Reino Unido y as&iacute; ha sido desde que sal&iacute; de mi pa&iacute;s hace dos a&ntilde;os&rdquo;, confiesa en el camino hacia la salida de autobuses mientras arrastra su maleta. &ldquo;Pero esto es una oportunidad &uacute;nica para nosotros. Por fin se nos trata como seres humanos. All&iacute; tendremos tiempo para pensar sobre nuestro futuro&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Como Izra, muchas son las personas que piensan que esta operaci&oacute;n llega tarde. &ldquo;Demasiado tarde, dir&iacute;a yo&rdquo;. Habla, rodeado de micr&oacute;fonos, Jean-Claude Lenoir, presidente de la asociaci&oacute;n Salam, una de las primeras en llegar a este campo hace m&aacute;s de una d&eacute;cada. &ldquo;En este lugar ha habido personas que han muerto intentando cruzar la frontera porque no se han establecido unas v&iacute;as seguras para ello&rdquo;, afirma en referencia al ni&ntilde;o afgano atropellado este verano por un cami&oacute;n. &ldquo;Se podr&iacute;a haber ahorrado mucho sufrimiento&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Tanto Salam, como otras grandes asociaciones, respaldan la evacuaci&oacute;n del campamento, aunque se quejan de la rapidez y la falta de informaci&oacute;n previa a la ejecuci&oacute;n.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><h3 class="article-text">&ldquo;Reino Unido es Reino Unido&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n hay quienes se niegan a marcharse de aqu&iacute;. Saif (nombre falso), un joven paquistan&iacute; de 25 a&ntilde;os, es consciente de las escasas posibilidades que tiene de recibir asilo en Francia, por lo que seguir&aacute; intentando llegar a Reino Unido, a pesar de que el asentamiento vaya a ser destruido esta semana.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Sal&iacute; de mi pa&iacute;s hace tres a&ntilde;os porque all&iacute; no ten&iacute;a trabajo. He estado en Italia, all&iacute; trabaj&eacute; durante un a&ntilde;o, pero en condiciones muy malas. Intent&eacute; viajar desde Portugal a Irlanda, pero no fue posible. Me devolvieron en el aeropuerto de Dubl&iacute;n&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        De los 30 d&iacute;as que lleva en <em>La Jungla</em> ha intentado cruzar la frontera 21 noches y pas&oacute; cinco d&iacute;as en la c&aacute;rcel. Ahora se pregunta con incredulidad: &ldquo;&iquest;Crees que despu&eacute;s de todo esto cambiar&eacute; de opini&oacute;n? Ya he pasado por lo peor&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La respuesta a quienes no quieran marcharse de Calais ser&aacute; firme. Un centro de retenci&oacute;n gestionado por el Ministerio del Interior, como podr&iacute;a ser un Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) en Espa&ntilde;a, ser&aacute; su destino. Un lugar donde los derechos humanos no est&aacute;n garantizados y en los que existe el riesgo de que sean deportados a sus respectivos pa&iacute;ses.
    </p><p class="article-text">
        Aunque la salida se focaliza en las afueras, en el interior del campamento a&uacute;n hay vida. Grupos de migrantes se re&uacute;nen alrededor de fogatas para calentarse del fr&iacute;o y la noche que empieza a caer. Muchos no han podido subir a los buses hoy debido a la masiva afluencia; otros, han preferido esperar a ma&ntilde;ana. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Habr&aacute; menores gente y tambi&eacute;n necesito tiempo para pensarlo. Es una decisi&oacute;n complicada. No he venido hasta aqu&iacute; para nada, para quedarme a unos kil&oacute;metros (una veintena) de Reino Unido&rdquo;, confiesa Adel mientras comparte una taza de t&eacute; con sus compa&ntilde;eros. Para este exiliado pol&iacute;tico procedente de Barentu, al oeste de Eritrea, pedir asilo en Francia supondr&iacute;a renunciar definitivamente a su sue&ntilde;o de Inglaterra. &ldquo;Si me voy es porque no hay otra opci&oacute;n&rdquo;, admite. No descarta la posibilidad de volver a Calais despu&eacute;s del invierno. 
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                </figure><h3 class="article-text">Incertidumbre respecto al futuro</h3><p class="article-text">
        El futuro no es tan claro para los 1.300 menores censados por France Terre D&rsquo;Asile. La semana pasada fueron acogidos cerca de 200 por el gobierno brit&aacute;nico, pero su colaboraci&oacute;n no parece ir m&aacute;s all&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ahora estos j&oacute;venes se encuentran en un limbo. Tienen el derecho de reubicarse en Reino Unido con sus familias, pero no son aceptados. Por otro lado, en Francia, no se han preparado centros espec&iacute;ficos para ellos. Es una locura&rdquo;, explica Liam, un voluntario de la asociaci&oacute;n Youth Refugee Service.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Les intentamos informar de lo poco que sabemos. Hasta ahora hemos recogido en una lista sus datos personales para garantizar su seguridad, pero su futuro es el m&aacute;s incierto de las personas que est&aacute;n aqu&iacute;&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><h3 class="article-text">Las inc&oacute;gnitas sin responder</h3><p class="article-text">
        A pesar de la milimetrada operaci&oacute;n, que ha contado con fuerte dispositivo policial (con cerca de 3.000 gendarmes), muchas son las preguntas sobre lo que pasar&aacute; en los pr&oacute;ximos d&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Por un lado, se desconocen las condiciones de los centros donde se alojar&aacute;n los refugiados y hay miedo de que estos no sean bien recibidos por los ciudadanos. Por otro, tal y como informaba este lunes L&rsquo;Auberge de Migrants en un comunicado, en menos de dos meses se han inscrito 1.700 voluntarios que acompa&ntilde;ar&aacute;n a los refugiados en el proceso de establecimiento en los centros repartidos en el pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        La operaci&oacute;n se ha desarrollado sin mayores incidentes. Tan solo un enfrentamiento en la cola de espera a la entrada de la nave industrial donde se contin&uacute;a realizando el proceso de identificaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        All&iacute; las autoridades francesas repiten su protocolo desde primera hora de la ma&ntilde;ana: muestran a los refugiados un mapa de Francia con las diferentes regiones donde pueden ir y ellos deciden su destino para los pr&oacute;ximos meses. 
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s tarde, trabajadores del Auntamiento de Calais comprueban uno a uno que tienen una pulsera distintiva en su mu&ntilde;eca y, acto seguido, se suben al autob&uacute;s. Eso s&iacute;, esta vez lo hacen sin esconderse, sin rajar ninguna tela de un cami&oacute;n ni reventar un candado. Esta vez no se juegan la vida. Esta vez, sin otra opci&oacute;n, viajan en direcci&oacute;n contraria a donde a&uacute;n quieren llegar: Reino Unido. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Granados]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/crees-despues-cambiare-opinion-pasado_1_3768087.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 24 Oct 2016 18:40:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["¿Crees que después de todo cambiaré de opinión?"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Refugiados,Calais,Francia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El campo de refugiados de Calais, Francia: estado de excepción constante]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/calais-francia-excepcion-constante_1_2372410.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9af2fda0-a30c-4c96-a06d-b1e919f66eb4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El campo de refugiados de Calais, Francia: estado de excepción constante"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">eldiario.es visita el campo de refugiados de Calais. Mientras el resto de ciudades francesas continúa en alerta, la vida cotidiana no cambia: condiciones indignas y férrea presencia policial</p><p class="subtitle">Los refugiados del campamento se solidarizan con las víctimas de París: “No somos terroristas, sino las primeras víctimas del terrorismo”</p><p class="subtitle">Marine Le Pen es la principal candidata a ganar las elecciones de diciembre en esta región, Nord-Pas de Calais</p></div><p class="article-text">
        Era medianoche y la polic&iacute;a francesa interven&iacute;a en la sala Bataclan cuando las miradas se dirigieron a Calais: un incendio se hab&iacute;a desatado en el campo de refugiados. Las llamas comenzaron por el derrame de una vela y se extendieron a lo largo del sector sudan&eacute;s dejando arrasadas cerca de 60 tiendas. Lo que en un principio parec&iacute;a una reacci&oacute;n a los atentados que unas horas antes incendiaron Par&iacute;s se qued&oacute; en un susto, apenas unos heridos leves y ninguna v&iacute;ctima que sumar a la fat&iacute;dica noche francesa. 
    </p><p class="article-text">
        Unos d&iacute;as despu&eacute;s, mientras en el resto de ciudades francesas contin&uacute;an en estado de alerta, la vida en el campo de refugiados de Calais, conocido vulgarmente como <em>La Jungla</em>, no ha cambiado. La lluvia y el fuerte viento no impiden un ritmo fren&eacute;tico de j&oacute;venes procedentes de diferentes lugares del mundo, restos de conflictos ignorados por la comunidad internacional, signifique lo que signifique eso.
    </p><p class="article-text">
        Muchos esperan su oportunidad para llegar a Reino Unido a trav&eacute;s del Eurot&uacute;nel, escondidos en camiones o trenes. Mientras tanto sobreviven en un limbo legal y pol&iacute;tico del que ni Francia ni Inglaterra quieren responsabilizarse. Calais es otra cosa. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><h3 class="article-text">&ldquo;Tratados como animales&rdquo;</h3><p class="article-text">
        &ldquo;Lo llamamos <em>La Jungla</em> porque las personas que llegan aqu&iacute; son tratadas como animales&rdquo;, explica Tom mientras se&ntilde;ala con el dedo los 20 kil&oacute;metros de doble valla met&aacute;lica con concertina que rodea parte del puerto y el campo de refugiados. &ldquo;Ahora habr&aacute; cerca de 5.000 personas&rdquo;, calcula.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Despu&eacute;s de este verano, con la llegada masiva de personas procedentes de la ruta de los Balcanes, nos hemos visto <a href="http://www.eldiario.es/desalambre/claves-entender-crisis-humanitaria_0_426958185.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">desbordados</a>. Las zonas de aseo y atenci&oacute;n m&eacute;dica escasean, mientras que la basura se acumula. Lo &uacute;nico que no falta es comida&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Este voluntario, nacido en Calais, tiene miedo de que, a ra&iacute;z de los atentados de Par&iacute;s, la vida en el campo empeore a&uacute;n m&aacute;s. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        &ldquo;El incendio del viernes podr&iacute;a haber pasado la semana pasada, o hace un mes. Las condiciones de vida en las que vivimos no son normales y as&iacute; es muy probable que pasen estas cosas. No ser&iacute;a la primera vez&rdquo;, dice indignado Fabrice, un joven sudan&eacute;s que vive en el campo desde primavera y a quien afect&oacute; el fuego.
    </p><p class="article-text">
        Su historia es el perfil de la mayor&iacute;a de los refugiados que sobreviven en este poblado: huir del terror. Fabrice abandon&oacute; Sud&aacute;n del Sur junto a su hermano en 2013, coincidiendo con el inicio de<a href="http://victimasolvidadas.eldiario.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> la guerra civil.</a> Ambos intentaron cruzar el mar Mediterr&aacute;neo, pero solo Fabrice lleg&oacute; a Lampedusa, donde permaneci&oacute; unos meses antes de llegar aqu&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Mohammad comparte una historia similar: sirio de 30 a&ntilde;os, tuvo que dejar atr&aacute;s su ciudad natal, Deir ez Zor, al este del pa&iacute;s, cuando las tropas del Daesh conquistaron el territorio. Despu&eacute;s de atravesar Turqu&iacute;a, cruz&oacute; el Mediterr&aacute;neo con 50 sirios en una barca de pl&aacute;stico con capacidad para 20 personas hasta llegar a Grecia, y m&aacute;s tarde Macedonia, Serbia, Hungr&iacute;a, Austria, Italia y Calais, donde, asegura, ha visto las peores condiciones de vida.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><h3 class="article-text">La ciudad de Calais</h3><p class="article-text">
        A unos tres kil&oacute;metros del poblado de chabolas, se encuentra la ciudad portuaria de Calais. All&iacute; el ritmo es otro. Muchos establecimientos a&uacute;n se encuentran cerrados, apenas hay personas en la calle y se ven m&aacute;s coches de polic&iacute;a que habitualmente. No se encuentran banderas palestinas ni somal&iacute;es, sino francesas y, hoy, a media asta.
    </p><p class="article-text">
        La presencia de refugiados es inexistente, pero el tema de conversaci&oacute;n en tiendas y bares gira en torno a ellos, m&aacute;s a&uacute;n despu&eacute;s de los atentados. &ldquo;No es un tema tab&uacute;&rdquo;, asegura un vecino. &ldquo;Aqu&iacute; cada uno tenemos nuestra opini&oacute;n; y las hay muy radicales&rdquo;. &iquest;La suya? &ldquo;Me dan igual&rdquo;.
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        Seg&uacute;n Pierre, profesor de espa&ntilde;ol en un instituto de las afueras, el rechazo a los inmigrantes en la ciudad de Calais se debe a la escasa cultura migratoria en comparaci&oacute;n con otras zonas de Francia. Eso, junto a los altos &iacute;ndices de desempleo con motivo de la desindustrializaci&oacute;n de la zona, ha generado un caldo de cultivo que lleva el nombre de Marine Le Pen, principal candidata a ganar las elecciones de diciembre en esta regi&oacute;n, Nord-Pas de Calais, feudo del Frente Nacional.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Aunque la gran mayor&iacute;a de los habitantes de Calais no son racistas, s&iacute; existen movimientos xen&oacute;fobos contrarios a la acogida de refugiados&rdquo;, aclara Pierre, destacando la manifestaci&oacute;n convocada por el movimiento Sauvons Calais (Salvemos Calais) y Pegida la semana pasada. 
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                </figure><h3 class="article-text">Reacciones a los atentados de Par&iacute;s</h3><p class="article-text">
        A pesar de estos actos racistas, la reacci&oacute;n de los refugiados a los atentados de Par&iacute;s ha sido inmediata. El s&aacute;bado y el domingo se realizaron vigilias y se guardaron minutos de silencio entre los refugiados en solidaridad con los 130 muertos en la capital francesa.
    </p><p class="article-text">
        Y esta semana, un grupo de familias del Kurdist&aacute;n iraqu&iacute;, presentes en el campo desde septiembre, intentaron realizar una manifestaci&oacute;n en la ciudad apoyando a los familiares de las v&iacute;ctimas de Par&iacute;s y pidiendo una mejora de las condiciones de vida en el campamento. 
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, una veintena de furgones y un fuerte cord&oacute;n policial se lo impidieron. &ldquo;Queremos ir a la ciudad para que la gente conozca nuestras condiciones de vida, pero tambi&eacute;n para que sepan que lo que ocurri&oacute; el viernes pasado es exactamente lo mismo que me ha tra&iacute;do aqu&iacute; con mi mujer y mis hijos&rdquo;, aclaraba entre gritos Ahmed, de 40 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de unos minutos de protesta pac&iacute;fica, la gendarmer&iacute;a francesa oblig&oacute; a retroceder a las familias hasta que un grupo de j&oacute;venes tiraron piedras. La polic&iacute;a intervino con empujones y gases lacrim&oacute;genos que llegaron a los ojos de mujeres y ni&ntilde;os all&iacute; presentes. Un incidente m&aacute;s para comprobar que Calais vive en un estado de excepci&oacute;n constante. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Granados]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/calais-francia-excepcion-constante_1_2372410.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 18 Nov 2015 20:38:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El campo de refugiados de Calais, Francia: estado de excepción constante]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Paris,Francia,Refugiados,Calais]]></media:keywords>
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