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    <title><![CDATA[elDiario.es - Martin Kettle]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/martin_kettle/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Martin Kettle]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[La muerte de Isabel II es una prueba de fuego para un Reino Unido dividido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/muerte-isabel-ii-prueba-fuego-reino-unido-dividido_129_9301659.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0d6e7c93-fe85-415e-89ec-9120a845db58_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La muerte de Isabel II es una prueba de fuego para un Reino Unido dividido"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La pérdida de la gran fuerza unificadora de la reina tendrá repercusiones políticas y constitucionales en los años venideros</p><p class="subtitle">OBITUARIO - Isabel II, la mujer que reinó siete décadas</p></div><p class="article-text">
        La muerte de un monarca es un acontecimiento que est&aacute; previsto y tiene un protocolo, con las solemnes formalidades que se han ido incorporando a los rituales de la sucesi&oacute;n din&aacute;stica. Sin embargo, tambi&eacute;n es un acontecimiento que resulta dif&iacute;cil, en parte por la simple raz&oacute;n de buena educaci&oacute;n, anticipar con exactitud en un momento determinado.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/internacional/isabel-ii-mujer-reino-siete-decadas_129_8631207.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La muerte en Balmoral de la reina Isabel II</a> deja un pa&iacute;s que estaba preparado, pero que, a pesar de ello, est&aacute; conmocionado por la noticia. Es importante que la agitada vida pol&iacute;tica y la herida sociedad civil en Reino Unido lo afronten con la mayor calma y sensatez posibles, porque este evento tendr&aacute; repercusiones pol&iacute;ticas y constitucionales en los a&ntilde;os venideros.
    </p><p class="article-text">
        La reina Isabel II estuvo tantos a&ntilde;os en el trono que, sin culpa alguna, dificult&oacute; este proceso. Rein&oacute; m&aacute;s tiempo que cualquier otro monarca en la historia brit&aacute;nica, y por un margen considerable. Es la &uacute;nica que ha reinado durante m&aacute;s de 70 a&ntilde;os; algo que probablemente no se repetir&aacute; en un futuro pr&oacute;ximo. Hasta este jueves, era la &uacute;nica monarca que la gran mayor&iacute;a de los brit&aacute;nicos hab&iacute;a conocido: hay que tener al menos 75 a&ntilde;os para recordar el reinado de Jorge VI. Este es un momento hist&oacute;rico para el Reino Unido.
    </p><p class="article-text">
        Encabez&oacute; una manera de hacer monarqu&iacute;a que en cierto modo parec&iacute;a atemporal, pero que en realidad era adaptable y distintiva. Su poder de permanencia y su habilidad para mantener las distancias han legado un modelo de monarqu&iacute;a que no ser&aacute; f&aacute;cil de replicar para Carlos III, especialmente si, como es muy posible, no consigue ganarse la amplia estima de la que gozaba Isabel II.
    </p><p class="article-text">
        Las se&ntilde;ales fueron este jueves repentinamente ominosas. Es inusual que el Palacio de Buckingham, normalmente tan herm&eacute;tico y poco comunicativo en estos asuntos, ofrezca el tipo de declaraci&oacute;n franca sobre los problemas de salud de la monarca que emiti&oacute;. Es a&uacute;n m&aacute;s inusual que los miembros de la familia real, dispersos y a veces enfrentados, acudan en masa a la cama de la reina en Balmoral.
    </p><p class="article-text">
        Este es el momento, sin embargo, para el que el nuevo monarca se ha preparado durante mucho tiempo, y estar&aacute; marcado por el cambio tanto como por la continuidad. No obstante, es un proceso de cambio en el que las numerosas instituciones de la sociedad brit&aacute;nica, y no s&oacute;lo el palacio, tienen derecho a opinar.
    </p><h3 class="article-text">La evoluci&oacute;n de la monarqu&iacute;a</h3><p class="article-text">
        Incluso la monarqu&iacute;a evoluciona, aunque sea lentamente. Evolucion&oacute; con Isabel II, al igual que con Jorge VI. Seguramente evolucionar&aacute; a&uacute;n m&aacute;s con Carlos III, que est&aacute; decidido a reducir el n&uacute;mero de miembros de la realeza en activo y que seguramente tambi&eacute;n dejar&aacute; de ser jefe de Estado de muchos pa&iacute;ses de la Commonwealth. Sin embargo, fuera de los muros de palacio, parece haber surgido un tab&uacute; colectivo a la hora de hablar del futuro de la vida brit&aacute;nica sin la reina Isabel.
    </p><p class="article-text">
        En enero se produjo un ejemplo atroz pero revelador de este h&aacute;bito. Durante los momentos m&aacute;s tensos de la pol&eacute;mica causada por las fiestas celebradas por Boris Johnson durante el confinamiento, el l&iacute;der de la oposici&oacute;n, el laborista Keir Starmer, se levant&oacute; en la C&aacute;mara de los Comunes y traz&oacute; un contraste entre la laxa atenci&oacute;n a las normas para frenar la pandemia en el Downing Street de Boris Johnson y el escrupuloso y conmovedor respeto de esas normas por parte de la reina viuda en el funeral de su marido, el pr&iacute;ncipe Felipe, en abril de 2021, durante la pandemia.
    </p><p class="article-text">
        Fue un contraste que millones de personas ya hab&iacute;an percibido, pero que provoc&oacute; una inmediata reprimenda del presidente de los Comunes, Lindsay Hoyle, que le dijo a Starmer: &ldquo;Normalmente no mencionar&iacute;amos, y con raz&oacute;n, a la familia real. No entramos en discusiones sobre la familia real&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esta es una postura infantil para un parlamentario de alto nivel. Puede que el Parlamento no deba entrar en discusiones sobre la familia real, pero todos los dem&aacute;s en el pa&iacute;s lo hacen. Tambi&eacute;n, por supuesto, los medios de comunicaci&oacute;n, que saben que la realeza -ya sea en forma de los ejemplares duques de Cambridge, a los m&aacute;s pol&eacute;micos duques de Sussex, el deshonrado pr&iacute;ncipe Andr&eacute;s o el legado del encanto de Diana de Gales- vende. No se puede creer que el Parlamento tenga una ordenanza tan in&uacute;til sobre el sistema de monarqu&iacute;a constitucional en el que se basa su propia supremac&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        La idea de que la forma brit&aacute;nica de hacer monarqu&iacute;a es el &uacute;nico modelo posible es un disparate. La brit&aacute;nica es la &uacute;nica monarqu&iacute;a europea que es tambi&eacute;n la cabeza de una iglesia establecida. En parte por esa raz&oacute;n, la brit&aacute;nica es la &uacute;nica que tiene una elaborada ceremonia de coronaci&oacute;n para marcar un nuevo reinado. Si Liz Truss, la primera ministra brit&aacute;nica, hubiera sido una l&iacute;der pol&iacute;tica sueca, habr&iacute;a viajado a ver al presidente de su Parlamento esta semana para ser nombrada primera ministra; no habr&iacute;a ido a ver a la reina. El rey de Suecia tampoco tiene ning&uacute;n papel en la convocatoria o disoluci&oacute;n del Parlamento, y no da el visto bueno real a la legislaci&oacute;n.
    </p><h3 class="article-text">Un debate necesario</h3><p class="article-text">
        Estos son algunos de los muchos t&eacute;rminos y condiciones de la monarqu&iacute;a constitucional que un pa&iacute;s adulto podr&iacute;a discutir razonablemente, especialmente al final de un largo reinado como el de la reina Isabel II. La lista incluir&iacute;a, sin duda, las numerosas formas de prerrogativas reales que ejerce la figura de primer ministro brit&aacute;nico, pero que la &eacute;poca de Boris Johnson contribuy&oacute; a convertir en pol&eacute;micas.
    </p><p class="article-text">
        No hay que subestimar la agitaci&oacute;n en la vida brit&aacute;nica que desencadenar&aacute; este cambio din&aacute;stico. Durante 70 a&ntilde;os, la reina Isabel II ha sido una fuerza unificadora discreta pero extremadamente eficaz en un pa&iacute;s que claramente se est&aacute; fragmentando.
    </p><p class="article-text">
        Su muerte acaba con esa fuerza; una fuerza que sus herederos no pueden dar por descontado que podr&aacute;n reproducir. A su manera, esta sucesi&oacute;n ser&aacute; una de las mayores pruebas a las que se enfrentar&aacute; el Reino Unido moderno. La pol&iacute;tica debe participar en este proceso.
    </p><p class="article-text">
        Martin Kettle es columnista de The Guardian
    </p><p class="article-text">
        Traducci&oacute;n de Emma Reverter
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Martin Kettle]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/muerte-isabel-ii-prueba-fuego-reino-unido-dividido_129_9301659.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 Sep 2022 21:15:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Isabel II,Reino Unido,Carlos III,Monarquía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Boris Johnson, atrapado en las crisis que pueden acabar con su liderazgo y con el Gobierno conservador]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/boris-johnson-atrapado-crisis-acabar-liderazgo-gobierno-conservador_129_8607386.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/03241e75-4b53-4935-97d0-2925340d7aa0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Boris Johnson, atrapado en las crisis que pueden acabar con su liderazgo y con el Gobierno conservador"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El primer ministro es rehén de los diputados de su partido y parte de sus ministros, que le impiden tomar decisiones para luchar contra la pandemia mientras los escándalos erosionan su liderazgo</p><p class="subtitle">Los escándalos que persiguen al Gobierno de Boris Johnson</p></div><p class="article-text">
        Los libros de historia contar&aacute;n que el Gobierno de Boris Johnson fue azotado por dos humillaciones en diciembre de 2021, dos a&ntilde;os despu&eacute;s de haber sido elegido. La primera ha sido <a href="https://www.eldiario.es/internacional/boris-johnson-sufre-mayor-rebelion-interna-mandato-pasaportes-covid_1_8579571.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la rebeli&oacute;n sin precedentes de 101 diputados conservadores</a> contra la normativa del pasaporte sanitario. La segunda, dos d&iacute;as despu&eacute;s, <a href="https://www.eldiario.es/internacional/conservadores-pierden-escano-clave-reves-johnson_1_8587751.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la derrota en las elecciones parciales de North Shropshire</a> a manos de los dem&oacute;cratas liberales.
    </p><p class="article-text">
        Pero, mientras nos acercamos al comienzo de 2022, las consecuencias combinadas de esos reveses hoy importan m&aacute;s que los acontecimientos en s&iacute;. En conjunto, ambas derrotas han reescrito el guion para lo que queda del mandato de su Gobierno.
    </p><p class="article-text">
        Pudimos verlo en el impacto duradero de lo que Johnson hizo el lunes. El primer ministro sali&oacute; de una reuni&oacute;n de emergencia con su gabinete sobre la ola de &oacute;micron para despu&eacute;s anunciar&hellip; nada. <a href="https://www.eldiario.es/internacional/haciendo-gobiernos-europeos-omicron-cerrar-ocio-nocturno-limitar-contactos-teletrabajo-terceras-dosis_1_8602071.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Mientras otros gobiernos en toda Europa</a> se apresuraban a salvar sus sistemas sanitarios de la saturaci&oacute;n, el de Boris Johnson decidi&oacute; que no iba a tomar m&aacute;s medidas antes de Navidad. Sin embargo, <a href="https://www.bbc.co.uk/news/uk-59733893" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Johnson insisti&oacute;</a> en que, si las cosas cambian, &ldquo;no dudaremos en tomar medidas&rdquo; (se espera en que anuncie m&aacute;s medidas en los pr&oacute;ximos d&iacute;as en Inglaterra como han hecho Gales, Escocia e Irlanda del Norte). 
    </p><p class="article-text">
        El desenlace del lunes fue la encarnaci&oacute;n de la vacilaci&oacute;n, por la decisi&oacute;n de no tomar la clase de medidas que se esperaba que fueran aprobadas en la reuni&oacute;n de emergencia del gabinete. No fue el fruto de un consenso meditado. Result&oacute; ser que el gabinete estaba dividido por la mitad, y todav&iacute;a lo est&aacute;. Hoy en d&iacute;a, Reino Unido tiene un Gobierno incapaz de gobernar.
    </p><p class="article-text">
        Este es el resultado directo de que Johnson sea en la actualidad reh&eacute;n de parte de los diputados tories y de sus ministros en el gabinete, que a su vez est&aacute;n envalentonados por el veredicto de los votantes en Shropshire. Por lo tanto, tambi&eacute;n es importante ver lo que ha ocurrido esta semana como un presagio de la nueva y potencialmente terminal fase del Gobierno de Johnson si no es capaz de tomar las decisiones necesarias.
    </p><h3 class="article-text">Sin marcha atr&aacute;s</h3><p class="article-text">
        Todos los gobiernos que fracasan terminan llegando a un punto similar, tras el cual todo va cuesta abajo. Hoy la pol&iacute;tica brit&aacute;nica se pregunta si el Gobierno de Johnson ha llegado a ese punto. Las pruebas sugieren que, a su manera, lo ha hecho y que, en consecuencia, los votantes brit&aacute;nicos est&aacute;n abiertos a algo nuevo.
    </p><p class="article-text">
        Hace m&aacute;s de 40 a&ntilde;os, durante las elecciones de 1979 que llevaron al poder a Margaret Thatcher, el primer ministro laborista, Jim Callaghan, hizo una c&eacute;lebre observaci&oacute;n sobre este tipo de momentos. &ldquo;Hay momentos&rdquo;, dijo Callaghan a sus asesores, &ldquo;quiz&aacute;s una vez cada 30 a&ntilde;os, en los que se produce un cambio radical en la pol&iacute;tica. Entonces no importa lo que digas o lo que hagas. Hay un cambio en lo que el p&uacute;blico quiere y en lo que aprueba. Sospecho que ahora se est&aacute; produciendo ese cambio radical y que es para la se&ntilde;ora Thatcher&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La opini&oacute;n de Callaghan puede discutirse en algunos aspectos importantes. No cabe duda de que despu&eacute;s de 1979 hubo un gran cambio en la econom&iacute;a pol&iacute;tica, que contrast&oacute; con el mundo posterior a 1945 en el que Callaghan lleg&oacute; al poder. Pero el p&uacute;blico nunca recibi&oacute; el thatcherismo con el grado de entusiasmo que la racha de &eacute;xitos electorales de Thatcher durante la d&eacute;cada de 1980 puede haber sugerido.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, ten&iacute;a raz&oacute;n en que los gobiernos laboristas de la d&eacute;cada de 1970 hab&iacute;an perdido la confianza del p&uacute;blico en aspectos importantes, y que Thatcher era la favorita a ganar en 1979. Y ten&iacute;a raz&oacute;n en que, una vez que un Gobierno llega a tal punto, tiene relativamente pocas posibilidades de recobrar la antigua ventaja.
    </p><h3 class="article-text">El punto de inflexi&oacute;n</h3><p class="article-text">
        No est&aacute; claro qu&eacute; puede pasar. Las circunstancias difieren mucho. El Gobierno de Theresa May empez&oacute; a fracasar desde el principio, cuando desperdici&oacute; su mayor&iacute;a en las elecciones de 2017. El Gobierno de David Cameron, por el contrario, se vio condenado solo al final, cuando Cameron perdi&oacute; la votaci&oacute;n del Brexit. Si hubiese ganado, Cameron quiz&aacute; seguir&iacute;a siendo primer ministro.
    </p><p class="article-text">
        Con otros gobiernos, el punto de inflexi&oacute;n fue m&aacute;s gradual. Incluso el de John Major, que en retrospectiva parece haberse acabado tras el mi&eacute;rcoles negro de la bolsa en 1992, podr&iacute;a haber sobrevivido si no hubiera sido por el empe&ntilde;o laborista. Ahora parece m&aacute;s obvio que entonces que <a href="https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/tony-blair-pregunta-salido-politica_129_3716771.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la autoridad de Tony Blair</a> fue destruida por Irak: despu&eacute;s de todo, volvi&oacute; a ganar las elecciones.
    </p><p class="article-text">
        La trayectoria de Gordon Brown parec&iacute;a m&aacute;s predecible cuando, poco despu&eacute;s de haber llegado a Downing Street, coquete&oacute; humillantemente con convocar a elecciones anticipadas. En 2009, me encontraba en una cena junto al gran abogado Tom Bingham, que se gir&oacute; y dijo: &ldquo;Creo que el pa&iacute;s decidi&oacute; hace dos a&ntilde;os que necesitar&aacute; un nuevo Gobierno cuando llegue el momento&rdquo;. En eso, como en tantas otras cosas, ten&iacute;a raz&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Diciembre de 2021 parece ser un momento as&iacute; para Johnson. Es dif&iacute;cil recuperarse de las historias que destrozan la reputaci&oacute;n &mdash;y pueden llegar m&aacute;s&mdash; y desencadenaron en North Shropshire. Que los <a href="https://www.indy100.com/sport/leeds-united-boris-johnson-chant-b1979271" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aficionados al f&uacute;tbol</a> y a los dardos se burlen de un primer ministro no es una buena se&ntilde;al. Si hay malos resultados en las elecciones locales del a&ntilde;o que viene, se volver&aacute; a cuestionar su liderazgo dentro del partido. 
    </p><p class="article-text">
        Tal vez lo que dec&iacute;a el abogado Bingham se aplique tambi&eacute;n hoy, como sucedi&oacute; despu&eacute;s de 2007. El pa&iacute;s tiene la sensaci&oacute;n de que necesitar&aacute; un nuevo Gobierno cuando llegue el momento. Si es as&iacute;, puede que no importe demasiado qui&eacute;n lidere el partido tory en las pr&oacute;ximas elecciones. La cuesti&oacute;n crucial ser&aacute; si el pa&iacute;s tendr&aacute; suficiente confianza en la alternativa laborista.
    </p><p class="article-text">
        Traducci&oacute;n de Juli&aacute;n Cnochaert.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Martin Kettle]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/boris-johnson-atrapado-crisis-acabar-liderazgo-gobierno-conservador_129_8607386.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Dec 2021 20:18:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Boris Johnson, atrapado en las crisis que pueden acabar con su liderazgo y con el Gobierno conservador]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Boris Johnson,Reino Unido,Partido Conservador]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Casi nadie lo esperaba pero no nos puede sorprender: EEUU es un país partido en dos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/elecciones-eeuu-2020/nadie-esperaba-no-sorprender-eeuu-pais-partido_129_6388032.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/00389e35-cc4a-4f66-a062-4bbdd119ab8f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Casi nadie lo esperaba pero no nos puede sorprender: EEUU es un país partido en dos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La queja visceral del que se siente dejado atrás, excluido, ignorado o despreciado como alguien desechable estuvo todo el tiempo ahí, profunda y definitoria. Trump supo responder a esa queja de formas que Biden no supo, aunque en algunos aspectos lo hizo mejor que Hillary Clinton</p></div><p class="article-text">
        Pocos se imaginaban que <a href="https://www.eldiario.es/internacional/elecciones-eeuu-2020/elecciones-eeuu-jornada-electoral-directo_6_6383205_1055701.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estas elecciones estadounidenses estar&iacute;an tan re&ntilde;idas</a>. Pero nadie puede decir que no est&aacute;bamos advertidos. En t&eacute;rminos generales, se parecen mucho a las que hace cuatro a&ntilde;os tomaron a tanta gente por sorpresa. Creer que las de 2020 iban a ser radicalmente diferentes a las de 2016 es una muy humana (y muy ingenua) victoria de la esperanza sobre la experiencia. En pol&iacute;tica, como ahora se nos recuerda, no se obtiene el poder con esperanzas.
    </p><p class="article-text">
        Las encuestas de opini&oacute;n de hace cuatro a&ntilde;os apuntaban continuamente en una direcci&oacute;n, igual que ahora. En aquel momento, como en este, esa confianza se vio frustrada cuando se empezaron a conocer los resultados. No hay duda de que la culpa, en parte, es de las encuestas. Pero las encuestas nunca se equivocan a prop&oacute;sito. Est&aacute; en su propio inter&eacute;s hacerlo bien, igual que en el de los medios que las encargan. El problema que las empresas de sondeos no logran resolver es c&oacute;mo llegar a la gente adecuada, c&oacute;mo detectar si sus encuestados mienten o c&oacute;mo interpretar cuando sencillamente se quedan callados. &iquest;Qui&eacute;n puede saberlo?
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; fue en 2016 y as&iacute; ha ocurrido de nuevo en 2020. Y lo que eso significa, incluso en el escenario de una victoria de Joe Biden, es que los dem&oacute;cratas se han equivocado de campa&ntilde;a. Biden era un buen candidato, pero hizo campa&ntilde;a como si el tema principal fuera la pandemia de la COVID-19. Millones de progresistas estaban de acuerdo con &eacute;l, pero los votantes blancos de clase trabajadora en el 'cintur&oacute;n del &oacute;xido' y en los estados del Medio Oeste que en 2016 dieron la victoria a Trump no hab&iacute;an cambiado de opini&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En 2016 eligieron a Trump por toda una serie de razones muy serias que pronto se convirtieron en la explicaci&oacute;n de consenso: se sent&iacute;an ignorados; sus trabajos y sus comunidades hab&iacute;an desaparecido; y pensaban que otros estaban siendo favorecidos, incluidos los extranjeros. Quer&iacute;an que alguien hablara por ellos y <a href="https://www.eldiario.es/internacional/elecciones-eeuu-2020/nancy-isenberg-historiadora-division-clases-eeuu-extrema-no-democracia-real_128_6328255.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los dem&oacute;cratas parec&iacute;an haber dejado de ser el partido que los representaba</a>.
    </p><p class="article-text">
        En 2020 eso no ha cambiado demasiado, o no tanto como muchos dem&oacute;cratas hab&iacute;an querido creer (muchos medios de comunicaci&oacute;n tambi&eacute;n lo quisieron creer). Hubo demasiados reportajes en los que no se tomaba lo suficientemente en serio a Trump y a sus votantes. Pero esa queja visceral del que se siente dejado atr&aacute;s, excluido, ignorado o despreciado como alguien desechable estuvo todo el tiempo ah&iacute;, profunda y definitoria.
    </p><p class="article-text">
        Trump supo responder a esa queja de formas que Biden no supo, aunque en algunos aspectos lo hizo mejor que Hillary Clinton. <a href="https://www.eldiario.es/internacional/trump-vuelve-desmentir-expertos-encuestas-demostracion-fuerza-electoral-plena-pandemia_1_6385547.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El resultado de Trump en esos estados, mucho mejor de lo previsto</a>, nos dice que la experiencia determinante de estas elecciones no fueron la COVID-19 ni la muerte de George Floyd. Fue la econom&iacute;a y, detr&aacute;s de ella, las desigualdades y el trauma a&uacute;n vivo del colapso financiero de 2008.
    </p><p class="article-text">
        Eso no significa que la COVID-19 haya sido irrelevante. La imprudencia y negligencia de Trump con la pandemia claramente ayud&oacute; a Biden, sobre todo entre los ciudadanos que de todos modos iban a votar por &eacute;l. Pero Trump tambi&eacute;n ha logrado transformar a la COVID-19 en una ventaja. Su breve contagio en octubre le ayud&oacute; en las &uacute;ltimas semanas de campa&ntilde;a. En t&eacute;rminos de salud p&uacute;blica, lo que hizo fue un esc&aacute;ndalo por su imprudencia y su irresponsabilidad. Pero en t&eacute;rminos pol&iacute;ticos, fue asombrosamente brillante. Con su actuaci&oacute;n, era como si diera a millones de personas la esperanza de que pod&iacute;an volver a la vida normal y pasar del virus. Muchos de los medios de comunicaci&oacute;n no se dieron cuenta. Tal vez, porque se resist&iacute;an a creerlo.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco quiere decir que <a href="https://www.google.com/url?sa=t&amp;rct=j&amp;q=&amp;esrc=s&amp;source=web&amp;cd=&amp;cad=rja&amp;uact=8&amp;ved=2ahUKEwjfw8rQ4ensAhV9ShUIHd6NDUYQFjAAegQIBhAC&amp;url=https%3A%2F%2Fwww.eldiario.es%2Finternacional%2Fminutos-segundos-imagenes-george-floyd_1_6039911.html&amp;usg=AOvVaw0YBjQDJH55YvD1sBVdymvg" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la muerte de Floyd </a>no haya cambiado nada. Si Biden lo logra, ser&aacute; en parte gracias a los votos de los afroamericanos. Pero los estadounidenses blancos, que siguen representando a la mayor&iacute;a del electorado, se han vuelto a unir detr&aacute;s de Trump de forma espectacular, especialmente en el caso de los hombres blancos.
    </p><p class="article-text">
        Los votantes hispanos, igual que otros votantes racializados, han preferido a Biden. Pero a Trump le ha ido mejor con ellos que hace cuatro a&ntilde;os. Esta elecci&oacute;n no ha superado la hist&oacute;rica divisi&oacute;n racial que hace a Estados Unidos diferente de Europa en muchos sentidos. La ha mantenido y la ha profundizado.
    </p><p class="article-text">
        Cualquiera que sea el resultado final, hay algo que esta elecci&oacute;n claramente no ha sido: no ha sido el momento decisivo que anhelaba la mayor&iacute;a del resto del mundo y la mitad de Estados Unidos. No ha sido la seductora idea que en verano pareci&oacute; posible de una catarsis de rechazo a Trump.
    </p><p class="article-text">
        En vez de eso, ha sido otra elecci&oacute;n peleada. Ya es otro semillero t&oacute;xico de retos, litigios, investigaciones, mentiras y teor&iacute;as de la conspiraci&oacute;n para el futuro. Yo pensaba que Biden estaba llevando bien su campa&ntilde;a por muchos factores: confiaba en su experiencia y decencia; jugaba una partida de m&aacute;s largo alcance; evitaba las distracciones; manten&iacute;a el foco sobre Trump; y trataba de construir y mantener unida a una coalici&oacute;n mayoritaria. Pero ahora se ve que esa campa&ntilde;a no dar&aacute; una victoria decisiva. Parece probable que el Senado permanecer&aacute; bajo control republicano y no ha habido un gran impulso dem&oacute;crata en la C&aacute;mara de Representantes ni en los gobiernos estatales.
    </p><p class="article-text">
        El resultado de estas elecciones tendr&aacute; consecuencias duraderas para los dos partidos. Si Biden gana, habr&aacute; algunas modificaciones en la pol&iacute;tica dentro de Estados Unidos y en el mundo, pero dentro del partido no habr&aacute; demasiados cambios. Resurgir&aacute;n todas las viejas cr&iacute;ticas sobre la edad de Biden y sobre su pol&iacute;tica de partido escoba con la que intenta atraer a todo el mundo; y el ala socialista dir&aacute; que a un candidato m&aacute;s radical le habr&iacute;a ido mejor. Estar&aacute;n equivocados, pero el argumento estar&aacute; presente durante a&ntilde;os y dar&aacute; forma a las elecciones de 2024, para las que las maniobras comienzan ahora.
    </p><p class="article-text">
        Si gana Trump, no se andar&aacute; con rodeos. Se sentir&aacute; obligado a extender y completar la comercializaci&oacute;n de la presidencia 'marca Trump' incluso m&aacute;s de lo que hizo hasta ahora. Otros republicanos se definir&aacute;n por su lealtad a Trump a&uacute;n m&aacute;s que antes.
    </p><p class="article-text">
        Pero el 'trumpismo' habr&aacute; ganado incluso si Trump pierde. En el mejor de los casos, presentar&aacute;n la derrota como por muy poco margen. En el peor, como ilegal. Dentro del Partido Republicano no habr&aacute; ninguna pausa para la reflexi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto de estas elecciones es que Estados Unidos ha demostrado ser, una vez m&aacute;s, una naci&oacute;n 50%-50%. La mitad de los estadounidenses apoy&oacute; a Trump. La otra mitad, no. En este sentido, la pol&iacute;tica electoral estadounidense s&iacute; tiene analog&iacute;as con la de otros pa&iacute;ses, especialmente el Reino Unido. En estos pa&iacute;ses, la alternativa es entre vencedores que tratan de profundizar esa divisi&oacute;n o vencedores que tratan de sanarla. Entre un gobierno que act&uacute;a como si la otra mitad no existiera y un gobierno que reconoce que la otra mitad tambi&eacute;n existe. Una vez m&aacute;s, la esperanza apunta hacia una direcci&oacute;n y la experiencia hacia otra.
    </p><p class="article-text">
        No se debe ignorar lo que esta sombr&iacute;a conclusi&oacute;n implica para el futuro. Las elecciones de noviembre de 2020 demuestran que Estados Unidos no se ha curado de lo que hizo en 2016. No ha dado la espalda al negacionismo de Trump con el cambio clim&aacute;tico, no ha rechazado su racismo, no ha refutado su aislacionismo, no lo ha castigado por apresurarse en ocupar los cargos del Tribunal Supremo, y no le ha exigido responsabilidades por su corrupci&oacute;n y su comportamiento. Esta es la pura verdad. En 2016 los estadounidenses hicieron algo muy malo para ellos mismos y para el mundo. Sea cual sea el resultado una vez que el polvo se asiente, en 2020 los estadounidenses lo han vuelto a hacer.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Martin Kettle]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/elecciones-eeuu-2020/nadie-esperaba-no-sorprender-eeuu-pais-partido_129_6388032.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 04 Nov 2020 21:21:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Casi nadie lo esperaba pero no nos puede sorprender: EEUU es un país partido en dos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Elecciones EE.UU. 2020,Donald Trump]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Antonin Scalia: el juez conservador que marcó una era en Estados Unidos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/antonin-scalia-conservador-definio-unidos_1_4171961.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c304bc9e-7d28-4328-9dc8-e423d9aa588b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="El juez Antonin Scalia fallece a los 79 años de un ataque al corazón"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La muerte del magistrado nombrado por Reagan en 1986 deja un gran vacío en la derecha republicana y su visión de la ley</p><p class="subtitle">El juez de la Corte Suprema promovió sentencias conservadoras sobre el aborto, la igualdad homosexual, la segregación racial o la pena de muerte</p></div><p class="article-text">
        Muy pocos jueces brit&aacute;nicos son considerados grandes figuras p&uacute;blicas en el sentido m&aacute;s amplio de la palabra. Y algunos as&iacute; lo prefieren. En cambio, los jueces norteamericanos se han caracterizado siempre por lo contrario. No solo porque la separaci&oacute;n constitucional de poderes favorece su prestigio, sino porque su proceso de elecci&oacute;n depende&nbsp;abiertamente de&nbsp;la pol&iacute;tica. El presidente del Gobierno nombra a los nuevos magistrados del Tribunal Supremo, siempre&nbsp;que&nbsp;el Senado ratifique&nbsp;su decisi&oacute;n. Esto explica en cierta&nbsp;manera por qu&eacute; la muerte del juez Antonin Scalia este fin de semana representa&nbsp;un acontecimiento&nbsp;de inter&eacute;s p&uacute;blico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Scalia deja una vacante en los nueve puestos&nbsp;del Tribunal Supremo que se han&nbsp;dividido entre cinco conservadores y cuatro progresistas&nbsp;durante&nbsp;los &uacute;ltimos a&ntilde;os, algo crucial incluso en el caso&nbsp;<a href="http://archivo.estepais.com/inicio/historicos/120/6_Ensayo4_Cuestiones_Cossio.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Bush vs Gore</em></a><em>&nbsp;</em>en el a&ntilde;o 2000, que&nbsp;<a href="http://www.pagina12.com.ar/2000/00-12/00-12-13/pag23.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">zanj&oacute; el escrutinio de las elecciones</a>.&nbsp;Barack Obama cuenta ahora con una oportunidad de oro, y una gran responsabilidad, para&nbsp;presentar a un candidato m&aacute;s progresista. Pero los republicanos no se quedar&aacute;n de brazos cruzados. Apenas unas horas despu&eacute;s del fallecimiento del juez, ya defend&iacute;an que el nuevo nombramiento deber&iacute;a aplazarse hasta las elecciones presidenciales&nbsp;de&nbsp;noviembre, y&nbsp;probablemente conseguir&aacute;n lo que quieren.
    </p><p class="article-text">
        Pero ni siquiera&nbsp;esta pol&eacute;mica consecuencia ha afectado a la extraordinaria reputaci&oacute;n de Scalia, pues&nbsp;no ha existido en medio siglo una figura m&aacute;s influyente en el &aacute;mbito judicial del pa&iacute;s. Aunque nunca lo presidi&oacute;, el tribunal al que lleg&oacute; en 1986, tras su nombramiento por Ronald Reagan, termin&oacute; siendo en todos los sentidos &ldquo;el tribunal de Scalia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, su muerte ha supuesto un acontecimiento tanto intelectual como pol&iacute;tico. No es exagerado afirmar que sin comprender a Scalia no se puede entender la pol&iacute;tica constitucional de las &uacute;ltimas tres d&eacute;cadas en&nbsp;Estados Unidos.
    </p><p class="article-text">
        Scalia enarbolaba una ideolog&iacute;a social conservadora a muchos niveles. Dict&oacute; sentencias con una&nbsp;notable&nbsp;tendencia&nbsp;derechista en asuntos como el aborto, la igualdad de derechos para homosexuales, la segregaci&oacute;n racial o la pena de muerte. Sin embargo, destac&oacute; en especial su habilidad constante para promulgar, con un lenguaje mordaz, una doctrina radical&nbsp;sobre la Constituci&oacute;n de Estados Unidos. Unos principios que han servido de gu&iacute;a judicial y pol&iacute;tica para los conservadores norteamericanos de toda una generaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el punto de vista de Scalia, la Constituci&oacute;n deb&iacute;a ser interpretada de la forma m&aacute;s&nbsp;fiel posible a&nbsp;la descrita por sus fundadores. Este enfoque llamado &ldquo;originalista&rdquo; se opon&iacute;a&nbsp;frontal y&nbsp;apasionadamente&nbsp;al ideal&nbsp;liberal, que define la Constituci&oacute;n como una serie de normas que se pueden adaptar&nbsp;con el paso del tiempo a&nbsp;los valores vigentes. El magistrado consideraba&nbsp;la Constituci&oacute;n casi como una escritura sagrada. Su creencia&nbsp;en la verdad de la Constituci&oacute;n estadounidense era mayor que la de cualquier fan&aacute;tico en un libro religioso. Su fundamentalismo le proporcion&oacute; un estatus entre el ala conservadora que en ocasiones rivalizaba con el de Reagan.
    </p><p class="article-text">
        Todo esto convirti&oacute; a Scalia en el ap&oacute;stol judicial m&aacute;s reputado y elocuente de la era moderna con su defensa del principio de no intervenci&oacute;n, los poderes de cada Estado, la necesidad de un Gobierno federal peque&ntilde;o y una&nbsp;presidencia d&eacute;bil. Sin lugar a dudas, desde su puesto&nbsp;form&oacute; la opini&oacute;n de muchos abogados y pol&iacute;ticos j&oacute;venes que&nbsp;garantizan la continuidad de su influencia despu&eacute;s de su muerte.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Scalia tambi&eacute;n era un s&oacute;lido valedor de la exclusividad de la Constituci&oacute;n, manteniendo que no solo es el punto de referencia original para los jueces, sino el &uacute;nico. Cualquiera que lea un veredicto del Tribunal Supremo del Reino Unido encontrar&aacute; referencias a leyes&nbsp;y juicios de otros tribunales, tanto europeos como estadounidenses. Pero Scalia no quiso saber nada de ese car&aacute;cter internacional. Su jurisprudencia era &iacute;ntegramente americana; defend&iacute;a que solo las sentencias de Estados Unidos pod&iacute;an ser tomadas en cuenta. Era el mejor portavoz del excepcionalismo, al que dio un gran impulso con inmensas consecuencias que van m&aacute;s all&aacute; de los tribunales.
    </p><p class="article-text">
        Pocos de los que asistieron&nbsp;a sus sesiones en la Corte no&nbsp;apreciaron su mordacidad y el poder de su fama judicial, incluso cuando aplicaba&nbsp;la&nbsp;ideolog&iacute;a y jurisprudencia err&oacute;neas&nbsp;en casi todos sus casos.
    </p><p class="article-text">
        La relevancia del juez y el absoluto&nbsp;valor de sus acciones no pueden ser&nbsp;exageradas. Scalia encarn&oacute; la certeza de que EEUU&nbsp;es, y siempre ser&aacute;, diferente al Reino Unido en incontables aspectos.
    </p><p class="article-text">
        Traducido por: <a href="http://www.eldiario.es/autores/monica_zas_marcos" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">M&oacute;nica Zas</a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Martin Kettle]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/antonin-scalia-conservador-definio-unidos_1_4171961.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 15 Feb 2016 20:44:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Antonin Scalia: el juez conservador que marcó una era en Estados Unidos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Tribunal Supremo,Estados Unidos,Casa Blanca]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo de los abucheos se nos ha ido de las manos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/abucheos-escapado-control_129_4252988.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5e15ced2-c073-41f2-ba56-c3450e130c2a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lo de los abucheos se nos ha ido de las manos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Muchos artistas que se enfrentan a diario a su pánico escénico son abucheados por la audiencia sin ningún motivo</p></div><p class="article-text">
        En los ochenta escrib&iacute; un art&iacute;culo en <em>The Guardian</em> que empezaba as&iacute;: &iquest;qu&eacute; tienen de malo los abucheos en la &oacute;pera, por el amor de Dios? Por aquel entonces pensaba que los abucheos eran desagradables pero mostraban el inter&eacute;s del p&uacute;blico. &iquest;Por qu&eacute; el p&uacute;blico brit&aacute;nico deber&iacute;a soportar d&oacute;cilmente y aplaudir cualquier espect&aacute;culo que le presenten? No estaba obligado a&nbsp;consentir lo que no le gustara. Y mi art&iacute;culo terminaba con la siguiente afirmaci&oacute;n: no necesitamos menos abucheos en Gran Breta&ntilde;a; necesitamos m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Treinta a&ntilde;os m&aacute;s tarde mi deseo se ha hecho realidad, no solo en la &oacute;pera, y hasta un extremo que era dif&iacute;cil de prever cuando lo formul&eacute;. Ahora tenemos muchos m&aacute;s abucheos en Gran Breta&ntilde;a. De hecho, abuchear es pr&aacute;cticamente un gesto rutinario. Sin embargo, esto no es lo &uacute;nico que ha cambiado: he convertido mi deseo en realidad, solo que ahora esta realidad no me gusta.
    </p><p class="article-text">
        La &uacute;ltima vez que fui a un partido de f&uacute;tbol, la multitud abuche&oacute; al equipo local porque perdi&oacute; por primera vez desde hac&iacute;a d&eacute;cadas. Y la &uacute;ltima vez que fui a la &oacute;pera, el p&uacute;blico abuche&oacute; el espect&aacute;culo a pesar de que hab&iacute;a comprado las entradas con pleno conocimiento de lo que iba a ver. En algunos partidos de cricket que se han jugado en Inglaterra recientemente, los abucheos contra algunos de los mejores jugadores de Australia han sido una constante. Cuando el bailar&iacute;n y ahora juez televisivo Len Goodman afirm&oacute; que no le gustaba c&oacute;mo bailaba la rumba uno de los participantes del concurso <em>Strictly Come Dancing</em>, la audiencia lo abuche&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        En el estreno de la pel&iacute;cula <em>El despertar de la fuerza</em>, la &uacute;ltima entrega de <em>La guerra de las galaxias</em>, el ministro&nbsp;de Hacienda del Reino Unido, George Osborne, fue abucheado a su llegada. En el torneo de&nbsp;Wimbledon celebrado el verano pasado, la tenista Serena Williams fue abucheada. Y ahora incluso ha recibido abucheos el tr&aacute;iler de <em>Dad's Army</em>, una comedia brit&aacute;nica que se estrenar&aacute; en 2016. Hemos llegado a un punto en que abuchear ya no tiene ning&uacute;n valor.
    </p><p class="article-text">
        Unos 2000 a&ntilde;os atr&aacute;s, Cicer&oacute;n, probablemente el orador m&aacute;s famoso de todos los tiempos, escribi&oacute;: &ldquo;Palidezco al principio de cada discurso y empiezo a temblar como una hoja&rdquo;. Como &eacute;l, Gandhi tambi&eacute;n ten&iacute;a dificultades para hablar en p&uacute;blico. El que fue primer ministro brit&aacute;nico, Harold Macmillan, que domin&oacute; la C&aacute;mara de los Comunes con su oratoria, lleg&oacute; a comparar sus intervenciones p&uacute;blicas en el Parlamento con las experiencias vividas durante la Primera Guerra Mundial, donde tuvo que atreverse a salir de las trincheras y recuperar posiciones. Macmillan sol&iacute;a caer enfermo antes de un discurso. De hecho, los nervios sufridos antes de su famoso discurso sobre el presupuesto de 1956 le impidieron comer durante d&iacute;as. El pol&iacute;tico cre&iacute;a que los nervios antes de una alocuci&oacute;n aumentaban con la edad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La cantante Adele padece la misma dolencia. Lo describi&oacute; as&iacute;: &ldquo;En realidad, est&aacute; empeorando; o tal vez no est&aacute; mejorando y tengo la sensaci&oacute;n de que va de mal en peor&rdquo;. Una amiga de Barbra Streisand dijo que el principal talento de esta artista es su capacidad para ocultar el p&aacute;nico.
    </p><p class="article-text">
        Stephen Fry, uno de los muchos actores que sufren p&aacute;nico esc&eacute;nico, entre los que incluso se incluye a Laurence Olivier, cuenta la historia de su primer compromiso profesional en una producci&oacute;n del West End londinense. La primera noche ech&oacute; un vistazo a trav&eacute;s del tel&oacute;n para observar al p&uacute;blico y al instante fue reprendido por el tambi&eacute;n actor Paul Eddington con las palabras &ldquo;nunca mires al enemigo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los periodistas no se enfrentan a sus seguidores de una forma tan frontal como un actor, un pianista, un futbolista o un pol&iacute;tico. Sin embargo, el periodista recibe el benepl&aacute;cito o el rechazo del p&uacute;blico. Los insultos y el acoso que puede sufrir en Internet son parecidos a los abucheos.
    </p><p class="article-text">
        A fin de cuentas, la mayor&iacute;a de nosotros &ndash;el futbolista, el cantante de &oacute;pera, Goodman, Adele y el periodista, incluso Osborne&ndash; somos como Pr&oacute;spero, el personaje de <em>La tempestad</em> de Shakespeare cuyo objetivo era agradar a los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Los abucheos dicen m&aacute;s de los autores de estos gestos que de los receptores, y no dicen nada bueno. No necesitamos m&aacute;s abucheos; necesitamos menos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Martin Kettle]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/abucheos-escapado-control_129_4252988.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 13 Jan 2016 09:28:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Lo de los abucheos se nos ha ido de las manos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Teatro,The Guardian]]></media:keywords>
    </item>
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