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    <title><![CDATA[elDiario.es - Tobias Jones]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/tobias_jones/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Tobias Jones]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[¡Liberad las playas! ¿Quién ganará la lucha contra la privatización de la costa de Italia?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/liberad-playas-ganara-lucha-privatizacion-costa-italia_1_13401742.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a837fc55-da61-40b3-bae2-a9afb7df2101_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¡Liberad las playas! ¿Quién ganará la lucha contra la privatización de la costa de Italia?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Buena parte de los 8.000 kilómetros de costa del país mediterráneo están explotados con fines comerciales. Ahora, los defensores de las “playas libres” plantan cara a la mafia, al Ejército y a quienes hacen negocio con las tumbonas, las sombrillas y los cócteles</p><p class="subtitle">La Fontana de Trevi pasa a ser de pago para gestionar el turismo y enfada a los visitantes: “Ya pagamos lanzando la moneda al agua”</p></div><p class="article-text">
        Recorrer las playas italianas es como pasear por un arco&iacute;ris. La arena se divide en franjas de color: durante unos 50 metros, sombrillas y tumbonas, perfectamente alineadas, son todas rojas; despu&eacute;s pasan a ser naranjas, luego amarillas, verdes y as&iacute; sucesivamente.  
    </p><p class="article-text">
        Se trata de los famosos <em>bagni</em>, conocidos oficialmente como <em>concessioni balneari</em> (concesiones balnearias). Son sencillos, pero cuidados. Al amanecer, la arena ya ha sido rastrillada. En el bar suena m&uacute;sica ambiente mientras sirven Negroni o calamares fritos. Es probable que haya una mesa de <em>ping-pong</em> o una pista de v&oacute;ley-playa. Algunos incluso cuentan con piscina.
    </p><p class="article-text">
        En estos arenales acotados, todo est&aacute; perfectamente organizado. El precio de las tumbonas se establece con la precisi&oacute;n de las entradas de un teatro y los puestos junto al agua suelen costar el doble que los situados junto al bar (este verano, en Milano Marittima, en la menos glamurosa costa adri&aacute;tica, una sombrilla y dos tumbonas cuestan 30 euros junto al bar, pero hasta 60 euros en primera l&iacute;nea de playa). Muchas familias alquilan el mismo espacio durante todo el verano, a&ntilde;o tras a&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        A veces hay que caminar dos o tres kil&oacute;metros antes de encontrar una playa libre de cotos privados donde los ba&ntilde;istas puedan extender la toalla sobre la arena y plantar su propia sombrilla. Estas &ldquo;playas libres&rdquo; se encuentran invariablemente en las zonas m&aacute;s apartadas y menos atractivas: junto a la desembocadura de un r&iacute;o, al lado de alg&uacute;n enclave poco agraciado o donde la arena da paso a las rocas. Con frecuencia hay basura en la arena: envoltorios de helados y otros residuos. En estas playas no hay socorristas ni aseos.
    </p><h2 class="article-text">&ldquo;Una locura&rdquo;</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Este sistema es una locura&rdquo;, se queja un turista holand&eacute;s en una playa libre cerca de N&aacute;poles. &ldquo;Intent&eacute; sentarme en esa playa y me echaron&rdquo;, dice, se&ntilde;alando los cercos privados. &ldquo;Y en esta no hay aseos, ni duchas, ni contenedores de basura&rdquo;, a&ntilde;ade encogi&eacute;ndose de hombros.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Las playas se han transformado en pequeños complejos turísticos; estos complejos pueden incluir piscinas, aparcamientos, gimnasios, restaurantes y tiendas de ropa</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Danilo Ruggiero</span>
                                        <span>—</span> Director de la campaña Mare Libero 
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, la pugna entre las playas privadas y las gratuitas, as&iacute; como la cuesti&oacute;n de c&oacute;mo gestionar los casi 8.000 kil&oacute;metros de litoral de Italia, se ha convertido en un tema pol&eacute;mico. El pa&iacute;s cuenta con unos 30.000 balnearios privatizados y <a href="https://www.legambiente.it/wp-content/uploads/2021/11/Rapporto-Spiagge-2022.pdf" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">un informe de 2022 de Legambiente</a> (una organizaci&oacute;n medioambiental italiana) calcula que alrededor del 43% de las costas arenosas de Italia son gestionadas por empresas privadas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Las playas se han transformado en peque&ntilde;os complejos tur&iacute;sticos; estos complejos pueden incluir piscinas, aparcamientos, gimnasios, restaurantes y tiendas de ropa&rdquo;, dice Danilo Ruggiero, director de la <a href="https://www.theguardian.com/world/2022/jul/01/protests-grow-in-effort-to-reclaim-italy-free-beaches" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">campa&ntilde;a Mare Libero (Mar Libre)</a>. Ruggiero vive en Ostia, al oeste de Roma, donde el 80% de la playa es lo que &eacute;l denomina &ldquo;los Estados Unidos de los <em>lidi</em>&rdquo;, tal y como se llaman estos establecimientos en italiano. &ldquo;Se han construido defensas alrededor de la zona &mdash;muros, puertas, vallas y setos&mdash; para impedir el acceso y bloquear las vistas. A menudo, a lo largo de varios kil&oacute;metros, ni siquiera se ve el mar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La Toscana y Roma&ntilde;a, en centro de Italia, son las regiones con mayor concentraci&oacute;n de playas privatizadas. En Forte dei Marmi, en la costa toscana mediterr&aacute;nea, el 94% del litoral del municipio est&aacute; gestionado por servicios privados. En las localidades vecinas de Pietrasanta y Camaiore, la proporci&oacute;n asciende al 98,8% y al 98,4%, respectivamente. Hasta hace poco, Gatteo a Mare, en la costa adri&aacute;tica, no ten&iacute;a ni una sola playa libre. Tras la indignaci&oacute;n ciudadana, ahora cuenta con un 1,4% de litoral libre: apenas 10 metros de un total de unos 700.
    </p><p class="article-text">
        Dado que la gesti&oacute;n de una playa privada es un negocio muy lucrativo, en el que adem&aacute;s circula mucho dinero en efectivo, resulta especialmente atractiva para el crimen organizado. Por eso, la campa&ntilde;a a favor de m&aacute;s playas libres ha ido a menudo de la mano de la lucha contra la mafia. Pero el debate sobre las playas tambi&eacute;n plantea una cuesti&oacute;n que muchos italianos se hacen con creciente preocupaci&oacute;n: &iquest;c&oacute;mo frenar los excesos del turismo de masas sin convertir los espacios naturales en parques tem&aacute;ticos? &iquest;C&oacute;mo garantizar que todo el mundo pueda disfrutar de la costa cuando, sencillamente, no hay sitio para todos en la arena? 
    </p><h2 class="article-text">N&aacute;poles, un foco de privatizaci&oacute;n</h2><p class="article-text">
        Bacoli es una localidad situada en el extremo noroeste del golfo de N&aacute;poles. El paisaje es tan espectacular como inestable: la actividad de volcanes activos y extinguidos ha modelado un mosaico de lagos en cr&aacute;teres y pen&iacute;nsulas rocosas que se adentran en el mar. Toda la localidad se asienta sobre el magma que bulle bajo los Campos Fl&eacute;greos, las carreteras y los edificios se elevan y se hunden peri&oacute;dicamente por el bradisismo, el lento movimiento del terreno, que abre grietas y lo deforma.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Aqu&iacute; no viven sobre un volc&aacute;n, sino en su interior&rdquo;, explica Fabio Ciciliano, jefe nacional del departamento de Protecci&oacute;n Civil de Italia. &ldquo;Es como el juego de la oca&rdquo;, ironiza el alcalde de la localidad, Josi Gerardo Della Ragione, de 39 a&ntilde;os y melena larga, moviendo la mano arriba y abajo para indicar que, al igual que en el juego de la oca, su pueblo lucha para no caer en la casilla incorrecta.
    </p><p class="article-text">
        Della Ragione &mdash;o Josi, como le conoce todo el mundo&mdash; se ha hecho famoso en toda Italia por su lucha para liberar las playas de su municipio de los intereses privados. &ldquo;Hasta hace poco nuestras playas estaban repletas de casetas ilegales, alambre de espino, verjas e intercomunicadores&rdquo;, dice. El acceso a las distintas playas se realizaba a trav&eacute;s de uno u otro recinto. &ldquo;Ten&iacute;as que llamar al interfono y [contestaban]: 'Te abrir&eacute; la verja si te conozco'&rdquo;. El alcalde afirma que se trata de un sistema &ldquo;clientelista, de amigos de amigos&rdquo; que caracteriza la mentalidad local.
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n del acceso a las playas se vive con especial intensidad en N&aacute;poles, una ciudad que tiene el mar en el alma. Ning&uacute;n trovador napolitano que se precie deja de dedicar alguna canci&oacute;n a <em>'O mare</em>. La autoridad portuaria de N&aacute;poles es la encargada de adjudicar las concesiones y muchos consideran que el reparto entre el espacio p&uacute;blico y el privado est&aacute; claramente desequilibrado: en Campania &mdash;la regi&oacute;n que rodea N&aacute;poles&mdash; el 70% de la costa est&aacute; en manos de concesiones privadas; en la propia ciudad, la cifra alcanza el 95%.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="El alcalde de Bacoli, Josi Gerardo della Ragione, en una imagen de 2023."
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            <span class="title">
                El alcalde de Bacoli, Josi Gerardo della Ragione, en una imagen de 2023.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Della Ragione afirma que muchos <em>lidi</em> obtuvieron sus licencias pagando multas. &ldquo;[Primero] ocuparon un tramo de agua y un tramo de playa&rdquo;, explica. &ldquo;Al final del verano, la autoridad portuaria les impuso multas por ocupaci&oacute;n no autorizada&rdquo;, se&ntilde;ala. A trav&eacute;s de lo que el alcalde califica de &ldquo;ocupaci&oacute;n ilegal legalizada&rdquo;, las multas acabaron convirti&eacute;ndose en una forma de legitimar esas ocupaciones. Muchos de los establecimientos contra los que ahora act&uacute;a est&aacute;n catalogados jur&iacute;dicamente como <em>abusivi storici</em> (ocupantes ilegales hist&oacute;ricos).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Es obvio que los bienes p&uacute;blicos usurpados mediante la fuerza y la intimidaci&oacute;n ser&aacute;n defendidos con la misma fuerza e intimidaci&oacute;n&rdquo;, afirma Della Ragione. En una playa, Casevecchie, el alcalde despleg&oacute; maquinaria pesada para desmantelar construcciones ilegales en terrenos p&uacute;blicos. &ldquo;Tuvimos que traer excavadoras para demoler los almacenes&rdquo;, explica. &ldquo;En uno de ellos, nos encontramos con la persona que gestionaba el almac&eacute;n con una motosierra, apuntado a los trabajadores del Ayuntamiento. Ese es el tipo de delitos a los que nos enfrentamos&rdquo;, advierte.
    </p><p class="article-text">
        Della Ragione lleva mucho tiempo librando esta batalla. Hace 17 a&ntilde;os cofund&oacute; una campa&ntilde;a en redes sociales contra la ocupaci&oacute;n ilegal de la costa. Compaginaba ese activismo con su trabajo como periodista deportivo, una profesi&oacute;n que le ense&ntilde;&oacute; a escuchar. Sus denuncias constantes de las irregularidades en el Ayuntamiento tuvieron un alto coste: la charcuter&iacute;a de su familia fue incendiada en un ataque provocado. En 2015, con apenas 28 a&ntilde;os, fue elegido alcalde con casi el 65% de los votos. Aunque perdi&oacute; el cargo apenas un a&ntilde;o despu&eacute;s, regres&oacute; al frente del consistorio en 2019. Desde entonces, acumula ya siete a&ntilde;os como alcalde de Bacoli.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Es obvio que los bienes públicos usurpados mediante la fuerza y la intimidación serán defendidos con la misma fuerza e intimidación</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Josi Gerardo Della Ragione</span>
                                        <span>—</span> Alcalde de una localidad del golfo de Nápoles
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Lo que hace de Bacoli un caso singular es que el Ayuntamiento es propietario de m&aacute;s de una cuarta parte de sus 13 kil&oacute;metros cuadrados de superficie, de los cuales el 60% corresponde al litoral. Sin embargo, muchos de sus enclaves m&aacute;s valiosos acabaron en manos de la organizaci&oacute;n mafiosa Camorra. Villa Ferretti es una mansi&oacute;n del siglo XIX levantada junto a unas ruinas romanas que a&uacute;n pueden verse bajo las aguas cristalinas de la bah&iacute;a de Pozzuoli. A la derecha de la villa se extiende una peque&ntilde;a playa p&uacute;blica, de apenas un centenar de metros. La propiedad perteneci&oacute; originalmente a una acaudalada familia genovesa, pero termin&oacute; en manos del clan Pariante, uno de los m&aacute;s notorios de la Camorra, que cerr&oacute; el acceso p&uacute;blico a la playa.
    </p><p class="article-text">
        En 1995, la Divisi&oacute;n de Investigaci&oacute;n Antimafia recuper&oacute; la playa y en 2003 la transfiri&oacute; al municipio de Bacoli. En 2016, el Ayuntamiento de la localidad transform&oacute; la playa y el jard&iacute;n en un parque p&uacute;blico y cre&oacute; un teatro al aire libre, restableciendo as&iacute; el acceso p&uacute;blico a la playa y cediendo la villa a la Universidad de N&aacute;poles Federico II.
    </p><p class="article-text">
        En muchos aspectos, el posicionamiento de Della Ragione respecto a las playas no difiere de su visi&oacute;n pol&iacute;tica general. &ldquo;Lo que hemos intentado hacer es devolver la ciudad a sus vecinos, partiendo de la idea de que la administraci&oacute;n p&uacute;blica no reparte favores ni practica el clientelismo&rdquo;, dice. Es una visi&oacute;n de la pol&iacute;tica que a veces tiene dificultades para echar ra&iacute;ces en el sur de Italia, donde, seg&uacute;n Della Ragione, los bienes p&uacute;blicos se consideran &ldquo;un pastel que hay que repartir entre amigos, votantes y familiares&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">La &ldquo;competencia&rdquo; de las playas militares</h2><p class="article-text">
        La playa de Miseno es otro de los puntos m&aacute;s conflictivos de Bacoli. Se trata de una lengua de arena curvada de apenas 800 metros de longitud. Sin embargo, no se puede acceder a ella desde la moderna carretera que lleva el nombre de Plinio el Viejo. A lo largo del paseo se suceden arcos de entrada que conducen a establecimientos de playa privados y aparcamientos gratuitos para sus clientes. Pero, a menos que sepas d&oacute;nde se esconden los estrechos pasillos entre esos complejos, te costar&aacute; incluso ver la arena, y mucho menos poner un pie en ella.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Son todas playas militares&rdquo;, afirma Della Ragione. &ldquo;La Armada tiene un complejo, la Fuerza A&eacute;rea otro, el Ej&eacute;rcito [de tierra] italiano dos y la Guardia Costera uno&rdquo;. Si se incluye el cercano complejo de la Guardia de Finanzas, eso supone unos 100.000 metros cuadrados de arena de Miseno destinados a uso exclusivo.
    </p><p class="article-text">
        Pero cuando por fin encuentras una vereda entre las instalaciones militares, merece la pena. El agua es fresca y cristalina, y las famosas islas de N&aacute;poles &mdash;Procida, Ischia y Capri&mdash; parecen tan cercanas que casi se podr&iacute;a nadar hasta ellas. A la izquierda hay una docena de cuevas, que en su d&iacute;a utilizaba la Armada romana como almacenes.
    </p><p class="article-text">
        Hace 2.000 a&ntilde;os, estos lagos de agua salada y estas bah&iacute;as acogedoras convirtieron a Bacoli en el puerto elegido para la flota de &eacute;lite de Roma, la Classis Misenensis. Los acueductos subterr&aacute;neos llevaban agua dulce directamente a los marineros desde un embalse &mdash;la Piscina Mirabilis&mdash; cuyo techo ten&iacute;a claraboyas circulares que proyectaban rayos de luz oblicuos sobre el agua.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; pues, esta ha sido siempre una zona militarizada. Pero, en la playa de Miseno, la presencia del Ej&eacute;rcito ya no tiene que ver con maniobras ni ejercicios militares, sino con algo mucho m&aacute;s prosaico: las tumbonas y el negocio de la playa. En los establecimientos militares, un <em>pezzo</em> &mdash;una tumbona o una sombrilla&mdash; cuesta apenas tres euros e incluye aparcamiento gratuito. En los establecimientos privados, el mismo lugar cuesta siete euros en temporada baja y 10 en temporada alta, sin derecho a aparcamiento. &ldquo;Nos est&aacute;n haciendo la competencia&rdquo;, se lamenta el camarero de uno de esos establecimientos privados, que denuncia una situaci&oacute;n de competencia desleal.
    </p><p class="article-text">
        Los gerentes de los complejos militares no llevan uniforme. Son chicos de la zona que no tienen ninguna relaci&oacute;n con el Ej&eacute;rcito: ofrecen caf&eacute; a 60 c&eacute;ntimos &mdash;la mitad de lo que cuesta en otros sitios&mdash; y dicen que cualquiera es bienvenido a comer en sus restaurantes subvencionados. Est&aacute;n tan acostumbrados a esa ventaja desleal que ni siquiera parecen darse cuenta de ella.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Son todas playas militares: la Armada tiene un complejo, la Fuerza Aérea otro, el Ejército [de tierra] italiano dos y la Guardia Costera uno</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Josi Gerardo Della Ragione</span>
                                        <span>—</span> Alcalde de una localidad del golfo de Nápoles
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Al final, se llega al cascar&oacute;n de un edificio, cerrado con cadenas, pero lleno de grafitis. Esta es la &ldquo;playa libre&rdquo;. Da la impresi&oacute;n de estar sucia a prop&oacute;sito, con toallitas h&uacute;medas y pajitas en la arena. El problema de la basura es un argumento al que suelen recurrir los operadores privados: seg&uacute;n ellos, es inevitable que las playas p&uacute;blicas est&eacute;n sucias. Pero el ambiente es diferente. En lugar de asientos dispuestos en fila, hay varios grupos sentados alrededor de un altavoz inal&aacute;mbrico.
    </p><p class="article-text">
        Hablo con un hombre llamado Marco y le pregunto por el aspecto descuidado de la playa. &ldquo;Tenemos que librar una batalla cultural&rdquo;, dice. &ldquo;Porque cuando voy a ciertas playas libres no hay papeleras y la gente tira colillas y tapones de botellas a la arena. Se necesita un poco de educaci&oacute;n, un poco de cultura&hellip;&rdquo;, esgrime.
    </p><h2 class="article-text">Movilizaciones</h2><p class="article-text">
        Durante a&ntilde;os, los activistas de Mare Libero han organizado movilizaciones, convocadas a trav&eacute;s de las redes sociales, para denunciar la privatizaci&oacute;n de la costa y ocupaciones simb&oacute;licas de playas en los puntos m&aacute;s conflictivos, en aquellos lugares donde el acceso se restringe sistem&aacute;ticamente. La playa de Donn&rsquo;Anna, al oeste de N&aacute;poles, llevaba cerrada con una verja desde 1999. Los ciudadanos solo pod&iacute;an acceder a ella a discreci&oacute;n del guardi&aacute;n de la llave, el gerente de un <em>lido</em> llamado Bagno Elena. Incluso cuando se consegu&iacute;a entrar, encontrar un espacio libre en pleno verano era casi imposible: de los 4.490 metros cuadrados de playa, solo 290 se consideraban de acceso p&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        La secci&oacute;n de N&aacute;poles de Mare Libero llev&oacute; a cabo una campa&ntilde;a para &ldquo;liberar&rdquo; la playa, organizando sentadas y argumentando ante los tribunales que poner una verja cerrada contraven&iacute;a los derechos de acceso. La autoridad portuaria de N&aacute;poles recurri&oacute; la retirada de la verja, pero perdi&oacute; el caso. En febrero de 2026, el Tribunal Administrativo Regional dio la raz&oacute;n a Mare Libero y la playa de Donn&rsquo;Anna es por fin de libre acceso, una victoria que la asociaci&oacute;n espera replicar a lo largo de la pen&iacute;nsula.
    </p><p class="article-text">
        En medio de estos espacios de conflicto, Della Ragione defiende una suerte de optimismo socialista: su batalla por el acceso a las playas forma parte de un proyecto m&aacute;s amplio para devolver al uso com&uacute;n todos los terrenos de titularidad municipal. &ldquo;La suma de todos los intereses individuales vale menos que el bien com&uacute;n&rdquo;, afirma.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Queremos ajustar cuentas con la realidad: se trata de clubes privados que van en contra de la idea de que la playa es para todos. En 2026, esto es absolutamente inadmisible</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Josi Gerardo Della Ragione</span>
                                        <span>—</span> Alcalde de una localidad del golfo de Nápoles
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Della Ragione cuenta con un conjunto de habilidades poco habitual. Combina las dotes comunicativas de un <em>influencer </em>&mdash;siempre citado y fotografiado con su banda tricolor, que comparte su n&uacute;mero de tel&eacute;fono personal en Internet para casos de emergencia&mdash; con las habilidades burocr&aacute;ticas de un abogado veterano. Su forma de comunicarse resulta a la vez natural y calculada. &ldquo;En esta era de la comunicaci&oacute;n, si no dices que has hecho algo, es como si no lo hubieras hecho. Hay que hacerlo y hay que <em>decir </em>que lo has hecho&rdquo;, indica. Pero su gran visibilidad tambi&eacute;n es un seguro: lo que hace es peligroso (ha recibido amenazas de muerte) y su notoriedad a nivel nacional le proporciona cierta protecci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Aunque el alcalde tiene fama de revolucionario, tambi&eacute;n es un estricto defensor de las formas. Se niega a recibir a nadie en pantal&oacute;n corto y los vecinos cuentan historias &mdash;quiz&aacute; ap&oacute;crifas&mdash; de grupos de visitantes que, antes de entrar en el Ayuntamiento, se turnan un &uacute;nico par de pantalones largos para poder ser recibidos. Cuando entro en una tienda del pueblo y explico por qu&eacute; necesito comprar unos, el dependiente rompe a re&iacute;r. &ldquo;Pasa continuamente&rdquo;, me dice.
    </p><p class="article-text">
        Mientras paseo por la ciudad con Della Ragione, la gente se le acerca constantemente para darle la mano. Otros saludan con la mano y gritan: &ldquo;<em>&iexcl;Sindaco!</em>&rdquo; (alcalde). La adulaci&oacute;n es constante. Y si hablas con cualquiera de la ciudad &mdash;comerciantes, ba&ntilde;istas, amigos&mdash;, todos expresan un aut&eacute;ntico cari&ntilde;o por Josi. &ldquo;<em>Fa bene</em>&rdquo;, dice todo el mundo (&ldquo;Lo hace bien&rdquo;).
    </p><p class="article-text">
        Y es f&aacute;cil percibir la ciudad que todos juntos est&aacute;n tratando de construir. Al atardecer, los adolescentes juegan al kayak-polo en el lago salado de Miseno. En la arena recuperada de Casevecchie se ha construido una nueva pista de v&oacute;ley-playa, iluminada por focos alimentados con energ&iacute;a solar. Ya pasada la medianoche, los m&aacute;s peque&ntilde;os desplazan enormes piezas de ajedrez, que les llegan hasta la cintura, mientras sus padres juegan con un helado en la mano. &ldquo;Es la peque&ntilde;a historia positiva de una regeneraci&oacute;n lenta y extendida&rdquo;, escribi&oacute; Klarissa Pica, investigadora de la Universidad IUAV de Venecia, en su tesis doctoral <em>Territorio Mare</em> (El mar como territorio).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No queremos ninguna guerra con las fuerzas del orden&rdquo;, dice Della Ragione, ri&eacute;ndose ante lo absurdo de la idea. &ldquo;Pero s&iacute; queremos ajustar cuentas con la realidad: se trata de clubes privados que van en contra de la idea de que la playa es para todos. En 2026, esto es absolutamente inadmisible&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Grandes beneficios</h2><p class="article-text">
        La evoluci&oacute;n de los <em>lidi</em>, desde peque&ntilde;as casetas hasta megacomplejos tur&iacute;sticos, ha llevado casi un siglo. A principios del siglo XX, el Estado italiano comenz&oacute; a alquilar parcelas rectangulares de arena (que formaban parte del dominio p&uacute;blico) a empresas que vend&iacute;an caf&eacute; y licores y alquilaban tumbonas. No era un lugar al que acudieran los ricos: ellos prefer&iacute;an tomar algo en los grandes caf&eacute;s de la plaza principal o en sus propios barcos.
    </p><p class="article-text">
        Incluso despu&eacute;s de 1945, las largas playas de Italia no eran glamurosas. Se asociaban con la guerra &mdash;estaban llenas de metralla y material militar abandonado&mdash; o con la naturaleza salvaje. Eran espacios azotados por el viento donde abundaban la madera arrastrada por la deriva, los solitarios, los enamorados y los delincuentes.
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            <span class="title">
                Un grupo de gente sigue las indicaciones de acceso a una &quot;playa libre&quot; en Torre San Giovanni, en el sur de Italia.                            </span>
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        Pero lo que hab&iacute;a comenzado como peque&ntilde;os quioscos creci&oacute; a medida que el turismo experimentaba un auge a partir de la d&eacute;cada de los 60. Los<em> bagni </em>comenzaron a construir zonas de descanso, a levantar edificios anexos, a instalar duchas y aseos, a excavar piscinas y a vallar zonas deportivas y restaurantes. En los pinares situados detr&aacute;s de la arena, muchos crearon plazas de aparcamiento y acampada. Algunas de estas instalaciones eran legales; otras, no.
    </p><p class="article-text">
        Los contratos de alquiler de estos espacios siempre se renovaban autom&aacute;ticamente, sin necesidad de hacer gestiones cuando venc&iacute;a el plazo. Hasta 2020, el alquiler anual m&iacute;nimo de un complejo de playa era de unos m&iacute;seros 364 euros y, seg&uacute;n el informe del Tribunal de Cuentas de Italia correspondiente al periodo 2016-2020, el Estado solo recib&iacute;a 101,7 millones de euros al a&ntilde;o de estos negocios, una suma min&uacute;scula para un sector que se estima que genera entre 7.000 y 8.000 millones.
    </p><p class="article-text">
        El problema es que a los <em>lidi</em> se les considera beneficiarios de privilegios hist&oacute;ricos que han convertido la gesti&oacute;n de un <em>bagno</em> en un negocio extraordinariamente rentable. Muchos complejos acogen bodas, cumplea&ntilde;os, bautizos y graduaciones, y ha quedado al descubierto que algunos llegan a ingresar en una sola noche m&aacute;s de lo que pagan por el alquiler de todo un a&ntilde;o. Se calcula que el beneficio medio anual de un complejo de playa sigue siendo la nada desde&ntilde;able cifra de 260.000 euros.
    </p><h2 class="article-text">Esquivando la legislaci&oacute;n europea</h2><p class="article-text">
        Se supon&iacute;a que todo esto iba a terminar en 2006, cuando la Directiva Bolkestein de la UE oblig&oacute; a los pa&iacute;ses miembros a adjudicar las concesiones costeras por una &ldquo;duraci&oacute;n limitada y mediante un procedimiento de selecci&oacute;n p&uacute;blico y abierto, basado en criterios no discriminatorios, transparentes y objetivos&rdquo;. La directiva europea ten&iacute;a por objetivo acabar con las pr&aacute;cticas proteccionistas y abrir las playas a la competencia interna.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, los sucesivos gobiernos italianos han eludido la aplicaci&oacute;n de la normativa mediante la concesi&oacute;n de pr&oacute;rrogas para retrasar cualquier proceso de licitaci&oacute;n. Primero hubo una pr&oacute;rroga hasta 2012, luego hasta 2015, y posteriormente se aplaz&oacute; hasta 2020. En 2018, el Gobierno amarillo-verde (la coalici&oacute;n entre la xen&oacute;foba Liga y el populista Movimiento de las Cinco Estrellas) aprob&oacute; una ley que prorrogaba el <em>statu quo</em> hasta 2033.
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, el Estado italiano ha tratado de corregir algunos de los desequilibrios del sistema. En un primer momento aument&oacute; el alquiler m&iacute;nimo anual de una concesi&oacute;n de playa hasta los 2.500 euros y, posteriormente, hasta los 3.225. Los balnearios pagan adem&aacute;s el IVA general del 22%, en lugar del tipo reducido del 10% que se aplica al resto de operadores tur&iacute;sticos. Los <em>lidi</em> tambi&eacute;n abonan el IMU, el impuesto italiano sobre bienes inmuebles, que normalmente solo pagan los propietarios. Pero esa medida ha tenido un efecto inesperado. &ldquo;Quienes gestionan las concesiones de playa acaban crey&eacute;ndose, de alg&uacute;n modo, propietarios. Y cuando un propietario te ve entrar en su espacio, te percibe como un intruso en su propia casa&rdquo;, dice Ruggiero.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Quienes gestionan las concesiones de playa acaban creyéndose, de algún modo, propietarios. Y cuando un propietario te ve entrar en su espacio, te percibe como un intruso en su propia casa</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Danilo Ruggiero</span>
                                        <span>—</span> Director de la campaña Mare Libero
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El debate pol&iacute;tico sobre las playas tiende a desarrollarse siguiendo l&iacute;neas claras de posicionamientos de izquierdas y de derechas. Para la izquierda, es un ejemplo evidente de propiedad y acceso p&uacute;blicos. La gran mayor&iacute;a de los socialistas y comunistas hist&oacute;ricos afirma que la perversidad del capitalismo se pone de manifiesto incluso en la comercializaci&oacute;n de la sombra. Para los activistas de Mare Libero, liberar las playas no es una campa&ntilde;a fr&iacute;vola, sino una lucha por los derechos civiles basada en la ecolog&iacute;a y la inclusi&oacute;n. Pica cree que la recuperaci&oacute;n de las playas es una cuesti&oacute;n de justicia espacial, adem&aacute;s de social. Ve en estas luchas un eco del concepto del derecho romano seg&uacute;n el cual<em> res communis omnium</em> (los bienes comunes a todos) debe considerarse <em>res extra commercium</em> (bienes ajenos al comercio).
    </p><p class="article-text">
        Para la derecha, sin embargo, estas concesiones son un pilar vital y patri&oacute;tico de una de las industrias m&aacute;s importantes de Italia: el turismo. Seg&uacute;n un <a href="https://www.istat.it/en/press-release/tourism-satellite-account-for-italy-year-2023/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio de 2023 del Instituto Nacional de Estad&iacute;stica de Italia</a>, el sector representa el 9,6% del PIB del pa&iacute;s. De los casi 477 millones de turistas del pa&iacute;s (tanto nacionales como extranjeros), el 39,2% pasa tiempo en la costa, y ning&uacute;n pol&iacute;tico patriota quiere meterse con una industria tan pr&oacute;spera.
    </p><p class="article-text">
        Ni Giorgia Meloni (la primera ministra), ni Matteo Salvini (el l&iacute;der de La Liga, en coalici&oacute;n con Meloni), ni <a href="https://www.eldiario.es/internacional/roberto-vannacci-exgeneral-ultra-presiona-derecha-radical-gobierno-meloni-italia_1_12987839.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Roberto Vannacci</a> (un general del ej&eacute;rcito retirado que es una estrella en ascenso de la extrema derecha y que no forma parte del Gobierno) critican jam&aacute;s a los <em>bagni</em>. Algunos incluso han invertido en ellos: Daniela Santanch&egrave;, exministra de Turismo salpicada por los esc&aacute;ndalos, era accionista del Twiga de Flavio Briatore (un <em>lido </em>de lujo en Forte dei Marmi); y Massimo Casanova &mdash;exdiputado europeo de La Liga&mdash; es propietario del Papeete (otro complejo de lujo en Milano Marittima), al que suele ir Salvini.
    </p><h2 class="article-text">Control de los excesos del turismo</h2><p class="article-text">
        Los responsables afirman que los <em>bagni </em>desempe&ntilde;an un papel clave:<em> </em>velar por la seguridad en las playas. &ldquo;En Italia tenemos la suerte de que se producen la mitad de ahogamientos que en Francia&rdquo;, afirma Antonio Capacchione, presidente de la SIB, la patronal italiana de estos establecimientos. Seg&uacute;n Capacchione, esto se debe en gran medida a que los <em>lidi </em>tienen la obligaci&oacute;n humanitaria de prestar servicios de socorrismo y se enfrentar&iacute;an a cargos por homicidio involuntario si incumplieran las normas de seguridad.
    </p><p class="article-text">
        Los defensores del sistema de <em>lidi</em> sostienen tambi&eacute;n que, en una &eacute;poca marcada por el turismo masivo, desempe&ntilde;an un papel en la protecci&oacute;n del litoral. La explosi&oacute;n de los viajes tras la pandemia ha transformado hasta hacer irreconocibles algunas ciudades y pueblos italianos. En Venecia, el n&uacute;mero de camas destinadas a turistas super&oacute; recientemente al de los propios residentes. Y en Roma, incluso la Fontana de Trevi ha tenido que implantar un sistema de reservas y una entrada de dos euros.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">De junio a septiembre, los jubilados tienen su sombrilla en la misma playa, con el mismo operador, rodeados de los amigos que han hecho allí durante años</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Klarissa Pica</span>
                                        <span>—</span> Investigadora de la Universidad IUAV de Venecia
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Lo mismo ocurre en las playas. Punta es una de las playas m&aacute;s preciadas de Cerde&ntilde;a: su peque&ntilde;o tama&ntilde;o &mdash;apenas un pu&ntilde;ado de arena entre afloramientos rocosos y un mar cristalino&mdash; es lo que la hace tan atractiva. Y es innegable que necesita protecci&oacute;n frente a los miles de visitantes que acuden con drones, tiendas de campa&ntilde;a, p&iacute;cnics y barbacoas (el a&ntilde;o pasado, un incendio calcin&oacute; decenas de coches). Por ello, en junio, el Ayuntamiento de Villasimius anunci&oacute; que cobrar&iacute;a a los visitantes 10 euros y limitar&iacute;a el aforo a 150 personas y 70 coches. Una medida controvertida fue <a href="https://www.theguardian.com/world/2026/jun/10/sardinian-beach-bans-umbrellas-peopl" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la prohibici&oacute;n de llevar sombrillas a la playa</a>, salvo que en el grupo hubiera una persona mayor de 65 a&ntilde;os o menor de 10.
    </p><p class="article-text">
        Tras la indignaci&oacute;n nacional &mdash;y muchas bromas sobre que esa era la &uacute;nica raz&oacute;n v&aacute;lida para llevarse a los ni&ntilde;os o a los abuelos de vacaciones&mdash;, el Ayuntamiento de Villasimius aument&oacute; las cifras a 190 personas y 90 coches. Pero la indignaci&oacute;n puso de relieve el n&uacute;cleo del debate sobre c&oacute;mo proteger un litoral fr&aacute;gil para que no se vea desbordado por veh&iacute;culos y personas. Tambi&eacute;n es, obviamente, una cuesti&oacute;n ecol&oacute;gica. Con el aumento del nivel del mar, la intensificaci&oacute;n de los fen&oacute;menos meteorol&oacute;gicos extremos y las temperaturas cada vez m&aacute;s abrasadoras, el litoral italiano es especialmente vulnerable a la erosi&oacute;n, la contaminaci&oacute;n, la sequ&iacute;a y los incendios forestales.
    </p><h2 class="article-text">El futuro</h2><p class="article-text">
        A pesar de la intensidad del debate, todas las partes coinciden en una cosa: esa sencilla playa de arena ocupa un lugar privilegiado en la memoria y la identidad de los italianos. Para millones de personas &mdash;mi familia entre ellas&mdash;, las largas vacaciones escolares han transcurrido entre tumbonas y sombrillas. &ldquo;De junio a septiembre los jubilados tienen su sombrilla en la misma playa, con el mismo operador, rodeados de los amigos que han hecho all&iacute; durante a&ntilde;os. Para ellos, eso es disfrutar del mar&rdquo;, explica Pica.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Llevo viniendo aqu&iacute; 30 a&ntilde;os&rdquo;, dice una ba&ntilde;ista con la que hablo en un <em>lido </em>de Cuma, justo al norte de Bacoli. Es una mujer jubilada que cuida de sus dos nietos. &ldquo;Conozco a todos mis vecinos &mdash;se&ntilde;ala las tumbonas que la rodean&mdash; desde hace d&eacute;cadas&rdquo;, cuenta. Est&aacute; claro que los italianos, en general, esperan que su experiencia en la playa est&eacute; bien organizada, sea predecible y est&eacute; ordenada.
    </p><p class="article-text">
        No est&aacute; claro qu&eacute; suceder&aacute; pr&oacute;ximamente en el pulso entre la UE e Italia. Seg&uacute;n Capacchione, todo proceso de licitaci&oacute;n deber&iacute;a incluir cl&aacute;usulas que contemplen una indemnizaci&oacute;n por las inversiones en infraestructuras, as&iacute; como una estipulaci&oacute;n que otorgue un trato preferencial a los licitadores con experiencia consolidada en el sector.
    </p><p class="article-text">
        A Ruggiero, eso le suena a trampa. &ldquo;En cuanto a la indemnizaci&oacute;n: la concesi&oacute;n es de duraci&oacute;n determinada, as&iacute; que una vez que haya expirado &mdash;y la hayas aprovechado al m&aacute;ximo hasta el final&mdash;, &iquest;por qu&eacute; deber&iacute;a indemnizarte? Es como si alguien dijera: 'Alquilo una casa y luego reclamo una indemnizaci&oacute;n'&hellip; &iquest;Indemnizaci&oacute;n, a santo de qu&eacute;?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por otra parte, la llamada &ldquo;cl&aacute;usula de experiencia&rdquo; le resulta a&uacute;n m&aacute;s problem&aacute;tica. &ldquo;Dado que el mercado ha estado en manos de los mismos concesionarios, &iquest;qui&eacute;n m&aacute;s puede afirmar que tiene experiencia en la gesti&oacute;n de negocios en la playa, aparte de quienes los han gestionado hasta ahora?&rdquo;. Resume la postura del Gobierno actual: &ldquo;No puedo concederte una pr&oacute;rroga, pero me asegurar&eacute; de que ganes las licitaciones&rdquo;. Es, seg&uacute;n &eacute;l, una soluci&oacute;n muy italiana al problema.
    </p><p class="article-text">
        Investigaci&oacute;n adicional de Bruno Abate. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Traducci&oacute;n de Emma Reverter</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tobias Jones]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/liberad-playas-ganara-lucha-privatizacion-costa-italia_1_13401742.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 26 Jul 2026 21:01:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¡Liberad las playas! ¿Quién ganará la lucha contra la privatización de la costa de Italia?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Italia,Playas,Privatizaciones,Giorgia Meloni,Ejército,Turismo,Mafia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El pacto con el diablo del turismo necesita un repaso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/pacto-turismo-diablo-necesita-repaso_1_4143408.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4eac8969-fad8-4752-ba2b-876995b0184b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Cinque Terre, Italia/ Flickr"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Italia ha impuesto límites de visitantes en sus puntos de interés turístico más valiosos para protegerlos del impacto humano</p><p class="subtitle">Estas iniciativas nacen de un intento de contener el único interés comercial del intercambio cultural que se da en la actualidad</p></div><p class="article-text">
        Italia es el destino tur&iacute;stico por antonomasia, un museo al aire libre para peregrinos, habituales del <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Grand_Tour" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Grand Tour</em></a>, amantes de la gastronom&iacute;a, perezosos de playa y cazadores de iglesias. El pa&iacute;s -el quinto m&aacute;s visitado del mundo, con casi 47 millones de turistas que generan unos 32.000 millones de euros al a&ntilde;o- es diligente a la hora de promocionar el turismo. Se necesita ser valiente para cerrar un grifo como este. Pero en algunas zonas desbordadas del pa&iacute;s est&aacute; ocurriendo.
    </p><p class="article-text">
        Las autoridades italianas han declarado esta semana que van a limitar el n&uacute;mero de visitantes al <em>Cinque Terre</em>, un territorio compuesto por cinco pueblos de pescadores en Liguria. La cantidad de turistas va a ser reducida a un mill&oacute;n y medio (un mill&oacute;n menos que el pasado a&ntilde;o) porque estas diminutas localidades son incapaces de asumir la afluencia. El anuncio llega despu&eacute;s de que el a&ntilde;o pasado se prohibiera a un enorme crucero acceder a la Laguna de Venecia. 
    </p><p class="article-text">
        Este movimiento va contra la tendencia habitual, ya que la mayor&iacute;a de destinos tur&iacute;sticos persigue conseguir todos los visitantes que les sea posible. Y esto convierte al turismo en agente de un pacto con el diablo: cuantos m&aacute;s visitantes atraes, m&aacute;s dinero produces, pero pierdes el toque inocente, tradicional, aut&eacute;ntico y virgen que alimenta la imaginaci&oacute;n del turista. 
    </p><p class="article-text">
        Siempre se ha defendido que el turismo &ldquo;abre la mente&rdquo;. Creemos que relacionarnos con comunidades ex&oacute;ticas en lugares poco comunes nos desproveer&aacute; de cualquier resquicio provinciano. Pero en una &eacute;poca de turismo en masa, la interacci&oacute;n con esas comunidades y lugares ha perdido su raz&oacute;n de ser. Nuestro intercambio se ha convertido en un acto meramente comercial.
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo c&oacute;mo hace a&ntilde;os ped&iacute;a indicaciones en un viaje organizado por Jamaica. Un se&ntilde;or me se&ntilde;al&oacute; la direcci&oacute;n correcta y, justo cuando pensaba que hab&iacute;amos roto alg&uacute;n tipo de barrera cultural o racial, me pidi&oacute; un d&oacute;lar en un gesto ligeramente amenazador. El turismo se ha convertido en el equivalente al sexo de una noche, con cada una de las partes cogiendo lo que quieren: los turistas consiguen su <em>selfie</em> frente a alg&uacute;n edificio emblem&aacute;tico y los locales vac&iacute;an los bolsillos de los extranjeros todo lo que puedan.
    </p><p class="article-text">
        El espectador, por supuesto, siempre causa un efecto en lo que observa, y nuestros viajes pueden destrozar los sitios a los que vamos. La atracci&oacute;n tur&iacute;stica m&aacute;s cercana a donde vivo es Gastonbury Tor en Somerset. Una encantadora y peque&ntilde;a colina con vistas que se extienden sobre el condado m&aacute;s hermoso de Inglaterra. Sin embargo, tanta gente caminaba por ella que ahora el camino es de hormig&oacute;n y un cartel colgado de la valla nos advierte que no podemos desviarnos. No es exactamente un paseo por la naturaleza.
    </p><p class="article-text">
        Es por eso que muchos destinos tur&iacute;sticos se muestran displicentes con aquellos que los visitan. Cada pa&iacute;s tiene un t&eacute;rmino parecido al <em>grockle</em> del West Country (el suroeste ingl&eacute;s) o el <em>guiri</em> espa&ntilde;ol para referirse con desprecio a esos fastidiosos y torpes turistas. El ejemplo reciente m&aacute;s sangrante lo protagoniza la enrevesada historia de la pareja que fue a las Maldivas para renovar sus votos matrimoniales. El hotel les cobr&oacute; 1.050 euros por una ceremonia oficiada por el personal del hotel en la que les insultaban con maldad en dhivehi, el idioma local. Esta terrible historia simboliza un extra&ntilde;o mundo de occidentales anhelando tierras paradis&iacute;acas y virginales; y locales que les estafan y desprecian.
    </p><p class="article-text">
        Algunos pa&iacute;ses se han enfrentado al dilema con la innovaci&oacute;n. Bhutan no limita su n&uacute;mero de turistas, pero les fuerza por medio de viajes organizados a gastarse 220 euros por una noche en temporada alta (180 como m&iacute;nimo), que aparentemente van destinados a la educaci&oacute;n, sanidad y dem&aacute;s. Otros lugares, como Venecia, tienen enormes diferencias en los precios de las atracciones tur&iacute;sticas dependiendo de si eres residente o no. Pero estas medidas solo sirven para destacar que las relaciones contigo son, ante todo, comerciales. Otros destinos (como Costa Rica o las Gal&aacute;pagos) animan a los turistas a contribuir como fil&aacute;ntropos ecol&oacute;gicos o testigos de las sostenibilidad. Pero el ecoturismo es una descarada contradicci&oacute;n en s&iacute; mismo.
    </p><p class="article-text">
        Una parte del problema reside en que nuestro escapismo a menudo subraya la inmensa desigualdad de nuestro planeta. Es totalmente comprensible (en especial si eres del norte de Europa) que persigas el sol y las playas de arena. Pero despu&eacute;s tenemos que ver esas desgarradoras im&aacute;genes de refugiados ahog&aacute;ndose en las orillas de Lampedusa mientras los europeos se ponen crema solar. Nosotros representamos a esos europeos privilegiados, tanto si aparecemos en la foto como si no.
    </p><p class="article-text">
        Vamos a continuar viajando como locos porque somos n&oacute;madas por instinto. La curiosidad es una buena virtud, y abre tanto las mentes y el coraz&oacute;n como la cartera. Nadie quiere que se acabe. Si la industria tur&iacute;stica desapareciese ma&ntilde;ana, la econom&iacute;a sufrir&iacute;a las consecuencias a escala global. No en vano, el turismo representa casi la tercera parte del sector servicios del mundo.
    </p><p class="article-text">
        Pero quiz&aacute; deber&iacute;amos observar el asunto desde la otra perspectiva. Si queremos tener el derecho a ir a cualquier parte, debemos permitir que otras personas cuenten con ese derecho tambi&eacute;n. No puede ser que solo permitamos a los ricos viajar, comprar propiedades y echar ra&iacute;ces. Si invertimos nuestro dinero en sus pa&iacute;ses, nuestro deber es permitir a su vez que los extranjeros se ganen la vida en el nuestro. Porque hasta que no haya un sentimiento de igualdad hacia este movimiento humano alrededor del globo, hasta que el turismo no imprima una sensaci&oacute;n de convivencia con otras culturas, continuar&aacute; siendo como el sexo de una noche.
    </p><p class="article-text">
        Traducci&oacute;n de <a href="http://www.eldiario.es/autores/monica_zas_marcos/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">M&oacute;nica Zas</a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tobias Jones]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/pacto-turismo-diablo-necesita-repaso_1_4143408.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 21 Feb 2016 18:36:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El pacto con el diablo del turismo necesita un repaso]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Turismo,Globalización,Italia,Economía]]></media:keywords>
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