<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Leire Salazar]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/leire_salazar/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Leire Salazar]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/514143/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[La DANA de 2024 y la salud infantil: evidencia sobre el estrés durante el embarazo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/dana-2024-salud-infantil-evidencia-estres-durante-embarazo_132_13060668.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/31791b33-5151-40c7-a036-c6bbe6b853c0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La DANA de 2024 y la salud infantil: evidencia sobre el estrés durante el embarazo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los desastres naturales generan picos de estrés que pueden afectar al desarrollo y la salud fetal, como sugiere nuestro análisis del impacto de la DANA de 2024 en la prematuridad</p></div><p class="article-text">
        <strong>Desastres naturales cada vez m&aacute;s frecuentes y da&ntilde;inos</strong>
    </p><p class="article-text">
        Los desastres naturales &mdash;como inundaciones, olas de calor, sequ&iacute;as o incendios&mdash; son cada vez m&aacute;s frecuentes e intensos. Las generaciones actuales est&aacute;n expuestas a una mayor acumulaci&oacute;n de eventos extremos a lo largo de su vida, especialmente los grupos socioecon&oacute;micamente m&aacute;s vulnerables. Aunque Espa&ntilde;a no ha sido hist&oacute;ricamente un pa&iacute;s muy expuesto a fen&oacute;menos meteorol&oacute;gicos extremos, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os han aumentado de forma evidente las olas de calor continuadas, los incendios forestales con grandes superficies afectadas y las lluvias torrenciales. Un ejemplo reciente de especial relevancia por su virulencia fue la DANA del 29 de octubre de 2024, que provoc&oacute; graves inundaciones en el sureste del pa&iacute;s, con 238 v&iacute;ctimas mortales, a la espera del c&oacute;mputo y da&ntilde;os superiores a 17.000 millones de euros, seg&uacute;n&nbsp;<a href="https://www.ivie.es/wp-content/uploads/2025/01/Alcance_Impacto_Dana_Ivie_IvieLAB_ENERO25-1.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">algunas estimaciones</a>. La DANA y la inundaci&oacute;n a la que dio lugar fue, sin duda, uno de los desastres naturales m&aacute;s devastadores en Europa en el siglo XXI.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La DANA de Valencia (2024) permite analizar los efectos del estr&eacute;s durante el embarazo en la salud de los beb&eacute;s</strong>
    </p><p class="article-text">
        En una investigaci&oacute;n reciente consideramos este episodio como un&nbsp;<em>shock&nbsp;</em>ex&oacute;geno que afect&oacute; de forma generalizada a una zona relativamente peque&ntilde;a y homog&eacute;nea del pa&iacute;s desde el punto de vista sociodemogr&aacute;fico y que permite realizar un &ldquo;experimento natural&rdquo;. Gracias a la disponibilidad de microdatos que recogen todos los nacimientos en Espa&ntilde;a registrados cada a&ntilde;o, podemos analizar si los beb&eacute;s expuestos a la DANA nacieron con peor salud que el resto. La salud en el momento del nacimiento est&aacute; estrechamente relacionada con el desarrollo cognitivo y socioemocional, el logro educativo, la salud e incluso la posici&oacute;n socioecon&oacute;mica en etapas posteriores de la vida. Constituye un indicador crucial sobre la posici&oacute;n de partida de las personas y de las desigualdades tempranas entre ellas, pero tambi&eacute;n es una buena aproximaci&oacute;n, un buen atajo para predecir trayectorias vitales con mayores o menores ventajas.
    </p><p class="article-text">
        Para llevar a cabo el an&aacute;lisis, combinamos los microdatos administrativos relativos a la salud de todos los beb&eacute;s nacidos en 2023 y 2024 &mdash;disponibles en el INE&mdash; con datos objetivos sobre da&ntilde;os materiales causados por la DANA en el nivel municipal. Para evitar &ldquo;ruido&rdquo; relacionado con las diferentes caracter&iacute;sticas de la poblaci&oacute;n, de la econom&iacute;a, de las instituciones o de las respuestas de gesti&oacute;n proporcionadas, &uacute;nicamente analizamos los nacimientos registrados en la Comunidad Valenciana y no en otras Comunidades Aut&oacute;nomas tambi&eacute;n afectadas. Seleccionamos un &uacute;nico indicador de salud en el momento del nacimiento, el riesgo de prematuridad. La prematuridad es el correlato m&aacute;s evidente de la morbilidad y mortalidad neonatal y sabemos que el riesgo de nacer antes de t&eacute;rmino es especialmente sensible al est&eacute;s prenatal, tambi&eacute;n el inducido por cat&aacute;strofes naturales.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Municipios afectados e intensidad de los da&ntilde;os materiales&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        En el Gr&aacute;fico 1 se muestran, para toda la Comunidad Valenciana y en color azul, todos los municipios afectados por las inundaciones (en total, 75); en gris aparecen aquellos que, de acuerdo con las clasificaciones oficiales, no se vieron directamente afectados.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2284d490-f882-49c1-be38-93ddfe80bd7e_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2284d490-f882-49c1-be38-93ddfe80bd7e_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2284d490-f882-49c1-be38-93ddfe80bd7e_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2284d490-f882-49c1-be38-93ddfe80bd7e_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2284d490-f882-49c1-be38-93ddfe80bd7e_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2284d490-f882-49c1-be38-93ddfe80bd7e_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/2284d490-f882-49c1-be38-93ddfe80bd7e_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Gráfico 1. Municipios de la Comunidad Valenciana afectados y no afectados por la DANA del 29 de octubre de 2024. Elaboración propia a partir de datos del BOE 268, pp. 141163-141164, de 6 de noviembre de 2024."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Gráfico 1. Municipios de la Comunidad Valenciana afectados y no afectados por la DANA del 29 de octubre de 2024. Elaboración propia a partir de datos del BOE 268, pp. 141163-141164, de 6 de noviembre de 2024.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        En el Gr&aacute;fico 2 mostramos los diferentes niveles de da&ntilde;o material que se produjeron durante el episodio, de acuerdo con los datos oficiales recogidos por el Ministerio de Pol&iacute;tica Territorial y Memoria Democr&aacute;tica en su p&aacute;gina web. En concreto, seleccionamos los datos relativos al da&ntilde;o en infraestructuras afectadas (en euros), los ajustamos al tama&ntilde;o de la poblaci&oacute;n del municipio y los dividimos en tres categor&iacute;as: ning&uacute;n da&ntilde;o, da&ntilde;os moderados y da&ntilde;os elevados. Los resultados que mostraremos a lo largo de esta entrada son similares si se utilizan indicadores alternativos de da&ntilde;o material.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/de6231cf-c383-4238-a2a4-e28f5af40cf7_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/de6231cf-c383-4238-a2a4-e28f5af40cf7_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/de6231cf-c383-4238-a2a4-e28f5af40cf7_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/de6231cf-c383-4238-a2a4-e28f5af40cf7_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/de6231cf-c383-4238-a2a4-e28f5af40cf7_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/de6231cf-c383-4238-a2a4-e28f5af40cf7_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/de6231cf-c383-4238-a2a4-e28f5af40cf7_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Gráfico 2. Niveles de daño de las infraestructuras en el nivel municipal en la provincia de Valencia. Elaboración propia a partir de datos de la web del Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Gráfico 2. Niveles de daño de las infraestructuras en el nivel municipal en la provincia de Valencia. Elaboración propia a partir de datos de la web del Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>Los embarazos expuestos a la DANA experimentaron un riesgo mayor de prematuridad</strong>
    </p><p class="article-text">
        A partir de un dise&ntilde;o en el que comparamos embarazos expuestos y no expuestos a la DANA y analizamos su riesgo relativo de nacer prematuros, aportamos evidencia in&eacute;dita hasta la fecha de los efectos de la DANA sobre la salud infantil a nivel poblacional y del estr&eacute;s prenatal como posible mecanismo de explicaci&oacute;n del da&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Para identificar los embarazos expuestos a fecha 29 de octubre de 2024, seleccionamos todos los nacimientos de noviembre y diciembre de 2024 que tuvieron lugar en la Comunidad Valenciana. Dado que los datos de nacimientos registrados en el a&ntilde;o 2025 no est&aacute;n disponibles a&uacute;n, observamos &uacute;nicamente una ventana de exposici&oacute;n a la DANA en el &uacute;ltimo tramo de la gestaci&oacute;n, un tramo especialmente relevante de acuerdo con la literatura especializada por la alta susceptibilidad al estr&eacute;s materno. Dividimos despu&eacute;s estos nacimientos en dos grupos seg&uacute;n residiera la madre gestante en un municipio que result&oacute; afectado por la DANA o en uno que no.
    </p><p class="article-text">
        Comparamos la salud de estos dos grupos de beb&eacute;s post-DANA con otros dos grupos equiparables, nacidos justo un a&ntilde;o antes, en noviembre y diciembre de 2023, en los mismos municipios. Medimos espec&iacute;ficamente la probabilidad de nacer antes de t&eacute;rmino (es decir, prematuramente) de los beb&eacute;s directamente afectados por la DANA en comparaci&oacute;n con los no directamente expuestos. En el Panel A del Gr&aacute;fico 3 mostramos tal efecto: los beb&eacute;s afectados experimentaron un mayor riesgo de nacer prematuros.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/51aef117-e0b7-449c-969f-ff7d14205f21_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/51aef117-e0b7-449c-969f-ff7d14205f21_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/51aef117-e0b7-449c-969f-ff7d14205f21_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/51aef117-e0b7-449c-969f-ff7d14205f21_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/51aef117-e0b7-449c-969f-ff7d14205f21_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/51aef117-e0b7-449c-969f-ff7d14205f21_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/51aef117-e0b7-449c-969f-ff7d14205f21_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Gráfico 3. Riesgo de nacer prematuro como consecuencia de la exposición a la DANA. Efectos de estimaciones Difference-in-Differences (DiD) con efectos fijos en el nivel municipal y los controles habituales en el nivel individual."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Gráfico 3. Riesgo de nacer prematuro como consecuencia de la exposición a la DANA. Efectos de estimaciones Difference-in-Differences (DiD) con efectos fijos en el nivel municipal y los controles habituales en el nivel individual.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        A continuaci&oacute;n, analizamos si haber vivido los efectos de la DANA con una intensidad mayor redunda en un mayor da&ntilde;o en t&eacute;rminos de salud neonatal. Para ello comparamos los tres niveles de exposici&oacute;n directa a la DANA ya explicados &mdash;ninguno, moderado y elevado&mdash;, que aproximamos a trav&eacute;s del nivel de da&ntilde;os en infraestructuras registrados en el nivel municipal. En el Panel B del Gr&aacute;fico 3 mostramos que, en efecto, una mayor intensidad se traduce en un perjuicio superior: los beb&eacute;s residentes en municipios que sufrieron da&ntilde;os m&aacute;s elevados experimentaron m&aacute;s riesgo de prematuridad que el resto. Aunque peque&ntilde;os en magnitud, los dos efectos que mostramos son relevantes en t&eacute;rminos sustantivos. Si tomamos como referencia factores de riesgo de consenso en la literatura especializada, el incremento en el riesgo que encontramos es mayor que el de la edad avanzada de la madre, pero menor que el del tabaquismo durante la gestaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El embarazo es un periodo especialmente sensible. El estr&eacute;s que experimenta la gestante como consecuencia de acontecimientos extremos, como las lluvias torrenciales de octubre de 2024 y las inundaciones y otros da&ntilde;os que &eacute;stas generaron, puede afectar a procesos biol&oacute;gicos, tanto en la propia a la madre como en el desarrollo del feto. De manera general, el estr&eacute;s altera el funcionamiento del eje hipot&aacute;lamo-hip&oacute;fisis-adrenal, aumentando los niveles de cortisol que llegan al feto y causando alteraciones relevantes en su desarrollo neurol&oacute;gico, inmunol&oacute;gico y en la salud general del reci&eacute;n nacido. Los desastres naturales generan picos bruscos de estr&eacute;s (estr&eacute;s agudo) que intensifican estos mecanismos biol&oacute;gicos. Adem&aacute;s, pueden producir cambios epigen&eacute;ticos &mdash;como el acortamiento de los tel&oacute;meros, marcador de envejecimiento biol&oacute;gico&mdash; que alteran la expresi&oacute;n g&eacute;nica y pueden tener efectos duraderos en la salud y el metabolismo de los beb&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Diversos estudios sobre la exposici&oacute;n a estos picos de estr&eacute;s prenatal agudo provocados por cat&aacute;strofes naturales han corroborado cambios en la regulaci&oacute;n del estr&eacute;s, mayor riesgo metab&oacute;lico y otros efectos adversos relevantes para la salud a lo largo de todo el ciclo vital. Aunque en nuestros an&aacute;lisis no podemos medir de manera directa los niveles de estr&eacute;s que experimentaron las madres durante su embarazo, los resultados son coherentes con que es, de hecho, uno de los principales mecanismos que explican la peor salud de los reci&eacute;n nacidos afectados por la DANA. Es muy posible que, incluso en las zonas no directamente afectadas &mdash;no inundadas&mdash; las mujeres embarazadas tambi&eacute;n sufrieran estr&eacute;s, por lo que nuestros resultados ser&iacute;an una versi&oacute;n relativamente conservadora, en la parte inferior del rango posible de efectos. En futuras entradas explicaremos c&oacute;mo los efectos difieren para madres con niveles socioecon&oacute;micos diversos, lo que nos dar&aacute; pistas importantes sobre la interacci&oacute;n entre fuentes de estr&eacute;s agudo, como el que se observa durante un desastre natural, y fuentes de estr&eacute;s cr&oacute;nico, como el que supone contar con recursos limitados para mitigar los efectos da&ntilde;inos de la exposici&oacute;n a este tipo de amenaza ambiental.
    </p><p class="article-text">
        Nota: Esta entrada forma parte de los resultados de los proyectos&nbsp;PID2019-111564RB-I00/AEI/10.13039/501100011033, PRE2020-094473 y PID2023-151383OA-100.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Leire Salazar, Nerea Bello Iglesias]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/dana-2024-salud-infantil-evidencia-estres-durante-embarazo_132_13060668.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 12 Mar 2026 05:01:59 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/31791b33-5151-40c7-a036-c6bbe6b853c0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="2812079" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/31791b33-5151-40c7-a036-c6bbe6b853c0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2812079" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La DANA de 2024 y la salud infantil: evidencia sobre el estrés durante el embarazo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/31791b33-5151-40c7-a036-c6bbe6b853c0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Que la clase media utilice los servicios públicos beneficia a los pobres]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/clase-media-utilice-servicios-publicos-beneficia-pobres_132_12745165.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fb87d4a0-23b3-48b8-a34f-804b6711e138_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Que la clase media utilice los servicios públicos beneficia a los pobres"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El relativo abandono (o la expulsión) de las clases medias de los servicios públicos es un problema central que urge revertir.</p></div><p class="article-text">
        La actualidad, con las negligencias en los cribados en la sanidad p&uacute;blica andaluza y la asfixia financiera de la Universidad Complutense de Madrid, ha puesto en el centro del debate la preocupaci&oacute;n por la calidad y sostenibilidad de los servicios p&uacute;blicos. En esta entrada quiero argumentar que, independientemente de la necesidad de incentivar y reforzar la inversi&oacute;n p&uacute;blica y de regular adecuadamente la provisi&oacute;n privada, el relativo abandono (o la expulsi&oacute;n) de las clases medias de estos servicios es un problema central que urge revertir.
    </p><h2 class="article-text">La educaci&oacute;n y la sanidad privadas se expanden en Espa&ntilde;a</h2><p class="article-text">
        El importante peso del sector privado en la educaci&oacute;n no universitaria lleva mucho tiempo consolidado, aunque de manera desigual entre Comunidades Aut&oacute;nomas. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os hemos visto a las ense&ntilde;anzas terciarias contagiarse de estas tendencias privatizadoras, con una importante proliferaci&oacute;n de centros de formaci&oacute;n profesional y de universidades de titularidad privada. Si en los a&ntilde;os noventa el porcentaje de matriculados en universidades privadas estaba en torno al 3%, hoy llega a casi el 26%, de acuerdo con los datos recogidos en la &uacute;ltima edici&oacute;n del&nbsp;<a href="https://fundacionalternativas.org/wp-content/uploads/2025/10/IDE_2024_WEB.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Informe sobre la Democracia en Espa&ntilde;a</a>. En al &aacute;mbito de la sanidad, en Espa&ntilde;a inicialmente se comenz&oacute; a usar el seguro privado para procedimientos peque&ntilde;os o pruebas de diagn&oacute;stico rutinarias y se continuaba confiando en la asistencia p&uacute;blica para enfermedades m&aacute;s complejas, intervenciones quir&uacute;rgicas o tratamientos costosos.&nbsp;En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, el n&uacute;mero de personas que dispone de seguros de salud privados ha aumentado un 40% y el gasto privado en sanidad ya supone aproximadamente el 30% del gasto total sanitario en Espa&ntilde;a, seg&uacute;n&nbsp;<a href="https://www.ivie.es/es_ES/el-aumento-en-un-40-del-gasto-en-sanidad-privada-eleva-las-desigualdades-y-pone-en-riesgo-la-sostenibilidad-del-sistema-publico-de-salud/?utm_source=google&amp;utm_medium=organic" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">algunas investigaciones</a>.
    </p><h2 class="article-text">Por qu&eacute; se alejan las clases medias de lo p&uacute;blico</h2><p class="article-text">
        Aunque no hay datos que permitan esclarecer las causas con suficiente contundencia, hay varias hip&oacute;tesis que podr&iacute;an explicar este aumento progresivo del peso de lo privado en la educaci&oacute;n y en la sanidad &ndash;dejo al margen otros servicios important&iacute;simos, como por ejemplo la dependencia, que no han estado a&uacute;n suficientemente consolidados para que sean ahora abandonados.
    </p><p class="article-text">
        La primera posible raz&oacute;n por la que las clases medias acuden al sector privado (o son expulsadas del p&uacute;blico) es que los servicios p&uacute;blicos disponibles no satisfacen suficientemente sus demandas, bien porque la calidad objetivamente ha empeorado en algunos contextos de falta de inversi&oacute;n o bien porque ha habido una cierta inflaci&oacute;n aspiracional &ndash;la calidad demandada ha podido crecer m&aacute;s r&aacute;pido que inversi&oacute;n realizada. En el caso de la sanidad, las listas de espera, especialmente para acceder a especialidades, pruebas diagn&oacute;sticas e intervenciones quir&uacute;rgicas se han alargado sustancialmente, sobre todo en algunas Comunidades Aut&oacute;nomas, y han acabado expulsando a aquellos que pueden permitirse recurrir a la provisi&oacute;n privada.
    </p><p class="article-text">
        La segunda raz&oacute;n puede estar relacionada con el deseo de diferenciaci&oacute;n, que tal vez es m&aacute;s evidente en el caso de la educaci&oacute;n porque ha sido un mecanismo m&aacute;s claro de logro de estatus, especialmente en contextos de incertidumbre o de limitadas oportunidades de movilidad social. La diferenciaci&oacute;n en educaci&oacute;n tiene que ver en parte con la b&uacute;squeda de las clases medias y altas de encontrar opciones pedag&oacute;gicas e ideol&oacute;gicas que se ajusten mejor a sus preferencias o que puedan (supuestamente) maximizar las oportunidades vitales de sus hijos. Pero en parte procede tambi&eacute;n del inter&eacute;s en lograr un entorno social relativamente segregado para sus hijos (veremos en un momento por qu&eacute;).
    </p><p class="article-text">
        Una tercera raz&oacute;n puede responder a la informaci&oacute;n imperfecta que manejan los ciudadanos sobre lo que ofrecen los servicios privados en relaci&oacute;n con su coste. En t&eacute;rminos generales, el sector privado no consigue en Espa&ntilde;a resultados sustancialmente mejores cuando se controla por las caracter&iacute;sticas de sus usuarios u otros factores relevantes. Por ejemplo, en la educaci&oacute;n primaria y secundaria, la diferencia de resultados entre centros p&uacute;blicos y privados suele desaparecer cuando se controla por las caracter&iacute;sticas socioecon&oacute;micas del alumnado, que correlacionan con los resultados. Los mejores resultados que en ocasiones obtiene la educaci&oacute;n privada cuando se miran las cifras agregadas se deben a que esta cuenta con m&aacute;s estudiantes con altos recursos familiares que, de por s&iacute;, independientemente de la escuela a la que vayan, tienden a tener &eacute;xito educativo.
    </p><h2 class="article-text">No es un juego de suma cero</h2><p class="article-text">
        Que las clases altas (inicialmente) y las medias (despu&eacute;s) recurran fundamentalmente a los servicios privados podr&iacute;a a priori hacer pensar que &ldquo;liberan&rdquo; recursos p&uacute;blicos para el resto de la poblaci&oacute;n. No obstante, este razonamiento implica una visi&oacute;n de suma cero de lo p&uacute;blico que en mi opini&oacute;n no es adecuada porque ignora las din&aacute;micas sociales y pol&iacute;ticas que determinan la demanda de un determinado modelo de provisi&oacute;n de servicios p&uacute;blicos.
    </p><p class="article-text">
        Cuando el uso de los servicios p&uacute;blicos es transversal, aumenta la exigencia de calidad por parte de proporciones suficientemente amplias de ciudadanos y mejora la rendici&oacute;n de cuentas porque a los partidos les compensa electoralmente gestionar con mimo esos servicios. Aumenta adem&aacute;s la confianza y la legitimidad de lo p&uacute;blico en general, lo que puede revertir en una mayor actitud prosocial de los ciudadanos que se materialice en mayores apoyos a la redistribuci&oacute;n y en la formaci&oacute;n de consensos electorales amplios que permitan y propicien la sostenibilidad de la provisi&oacute;n social. Por el contrario, si se percibe que estos servicios son un &uacute;ltimo recurso, asistencialista, &ldquo;para pobres&rdquo;, y la falta de inversi&oacute;n acaba expulsando a las clases medias, es probable que se entre en una din&aacute;mica de profec&iacute;a autocumplida, como ejemplifica bien el caso de los Estados Unidos. El supuesto ahorro, por lo tanto, que implica un uso escaso de estos servicios por parte de las clases altas y medias no revierte en una mayor calidad precisamente porque los usuarios clave para garantizarla no est&aacute;n implicados.
    </p><p class="article-text">
        Cuando hablamos, por ejemplo, de prestaciones en met&aacute;lico la universalidad se propone para garantizar el acceso a las personas con menos recursos y con m&aacute;s dificultades para formar parte del sistema de protecci&oacute;n (m&aacute;s proclives a no solicitar la prestaci&oacute;n o a no saber navegar eficazmente por las complejidades administrativas); la prestaci&oacute;n se universaliza para asegurar que llega a todas las personas &ldquo;por abajo&rdquo;. Curiosamente, en el caso de la educaci&oacute;n y la sanidad nos encontramos ante una situaci&oacute;n de universalidad formal muy consolidada (y en general con buenos resultados) que ha ido erosion&aacute;ndose &ldquo;por arriba&rdquo; y debe preocuparnos m&aacute;s atraer e incorporar a los que tienen alternativas que lo contrario.
    </p><p class="article-text">
        En econom&iacute;a pol&iacute;tica hay una larga tradici&oacute;n que propone una relaci&oacute;n simbi&oacute;tica entre la protecci&oacute;n social, la capacidad fiscal y la democracia. Esta relaci&oacute;n se basa en una cuesti&oacute;n clave: que la clase media tiene un peso econ&oacute;mico importante e influencia pol&iacute;tica suficiente para facilitar coaliciones estables que sustenten la inversi&oacute;n en lo p&uacute;blico y la redistribuci&oacute;n. Desde este punto de vista, que la clase media se implique en la provisi&oacute;n universal de servicios p&uacute;blicos es &ldquo;bueno para los pobres&rdquo;. En otros periodos hist&oacute;ricos, muchos de los logros colectivos que se han alcanzado en materia de mejora de las condiciones de vida y los derechos de la poblaci&oacute;n han contado con el apoyo, altruista o interesado, de las capas altas de la sociedad. Que el bienestar social est&eacute; repartido de manera transversal redunda en una sociedad m&aacute;s cohesionada, con menos conflictos y con m&aacute;s interacci&oacute;n entre clases sociales.
    </p><h2 class="article-text">Necesitamos mejores datos&nbsp;</h2><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a podr&iacute;a ser un excelente laboratorio para medir la calidad y el rendimiento de los servicios p&uacute;blicos porque hay suficiente variabilidad entre las Comunidades Aut&oacute;nomas que los proveen en muchas cuestiones implicadas: su nivel de riqueza, la composici&oacute;n demogr&aacute;fica de la poblaci&oacute;n, su distribuci&oacute;n de clases, el color del gobierno... Sin embargo, faltan buenos datos, y por lo tanto buena evidencia, sobre qu&eacute; quieren los ciudadanos, qu&eacute; les gusta y qu&eacute; no de la actual provisi&oacute;n, cu&aacute;nta informaci&oacute;n tienen sobre la financiaci&oacute;n, coste, calidad y rendimiento de los servicios p&uacute;blicos en comparaci&oacute;n con los privados o en qu&eacute; condiciones las clases medias y altas podr&iacute;an ser seducidas por lo p&uacute;blico. Tampoco disponemos de informaci&oacute;n suficiente para vincular estas actitudes al preocupante aumento de tendencias anti-impuestos.
    </p><p class="article-text">
        Sabemos que hay gran estabilidad en el apoyo ciudadano &ndash;gen&eacute;rico y m&aacute;s o menos difuso&ndash; al Estado de bienestar y al papel distributivo del Estado, pero necesitamos poder indagar sobre cuestiones m&aacute;s concretas, complejas y matizadas. Hace falta asimismo evidencia sobre los incentivos de los gobiernos auton&oacute;micos para invertir o no en estos servicios y sobre en qu&eacute; medida los ciudadanos premian o castigan la (des)inversi&oacute;n en ellos. Las estrategias para asfixiar a los servicios p&uacute;blicos pueden ser obstaculizadas si amplias mayor&iacute;as de la poblaci&oacute;n nos implicamos en su uso, financiaci&oacute;n y defensa.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Leire Salazar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/clase-media-utilice-servicios-publicos-beneficia-pobres_132_12745165.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Nov 2025 05:01:26 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/fb87d4a0-23b3-48b8-a34f-804b6711e138_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="240064" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/fb87d4a0-23b3-48b8-a34f-804b6711e138_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="240064" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Que la clase media utilice los servicios públicos beneficia a los pobres]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/fb87d4a0-23b3-48b8-a34f-804b6711e138_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Qué política social para los jóvenes?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/politica-social-jovenes_132_12337688.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fa213b1f-5340-4802-8893-d1a9bb713948_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Qué política social para los jóvenes?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A pesar de sus dificultades para acceder al bienestar económico del que disfrutaron sus padres, los jóvenes reciben pocas ayudas públicas para iniciar proyectos de vida autónomos</p></div><p class="article-text">
        <strong>Desigualdad entre generaciones: c&oacute;mo se reparte el pastel</strong>
    </p><p class="article-text">
        Si hasta hace unos a&ntilde;os la evidencia emp&iacute;rica no respaldaba la tesis de que los j&oacute;venes vivir&aacute;n peor que sus padres, hoy existen indicios claros de que ese escenario pesimista es bastante real, al menos en lo que respecta a su bienestar material y al acceso a la parte estrictamente econ&oacute;mica del pastel &ndash;en otras cuestiones muy relevantes como el acceso a la educaci&oacute;n terciaria o a estilos de vida enriquecedores las cohortes m&aacute;s recientes est&aacute;n bien situadas. Una parte muy importante de este empeoramiento en la dimensi&oacute;n material se manifiesta en el acceso a la riqueza. En los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os ha aumentado muy notablemente en Espa&ntilde;a la brecha de riqueza entre grupos de edad. Como muestra el Gr&aacute;fico 1, a principios del siglo XX la riqueza que estaba en manos de los mayores de 65 a&ntilde;os era m&aacute;s de dos veces la de los menores de 30 a&ntilde;os. En 2022 la distancia se hab&iacute;a disparado, con algunas oscilaciones por el camino, hasta 4,6 veces.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/cee5d01a-a93c-4e7a-ae4a-ea39add17bf3_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/cee5d01a-a93c-4e7a-ae4a-ea39add17bf3_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/cee5d01a-a93c-4e7a-ae4a-ea39add17bf3_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/cee5d01a-a93c-4e7a-ae4a-ea39add17bf3_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/cee5d01a-a93c-4e7a-ae4a-ea39add17bf3_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/cee5d01a-a93c-4e7a-ae4a-ea39add17bf3_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/cee5d01a-a93c-4e7a-ae4a-ea39add17bf3_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Gráfico 1. Comparación de la riqueza poseída por los mayores de 65 y los menores de 35 años."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Gráfico 1. Comparación de la riqueza poseída por los mayores de 65 y los menores de 35 años.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Sabemos adem&aacute;s que gran parte de esta riqueza en manos de la poblaci&oacute;n joven est&aacute; muy desigualmente distribuida y que hay una proporci&oacute;n sustancial de j&oacute;venes sin ning&uacute;n colch&oacute;n econ&oacute;mico a pesar de llevar a&ntilde;os insertos en el mercado laboral. Hay tambi&eacute;n flujos privados de los mayores a los j&oacute;venes, en forma de <a href="https://www.eldiario.es/economia/datos-senalan-economia-herederos-principios-siglo-xx_1_12144187.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">herencias</a> o de donaciones en vida, que recibe solamente una parte de la poblaci&oacute;n. Adem&aacute;s, el aumento de la esperanza de vida ha hecho que las herencias (que en Espa&ntilde;a est&aacute;n en buena medida formadas por viviendas) suelan materializarse en momentos en los que los receptores ya han abandonado la juventud y por lo tanto no son ya tan cruciales para iniciar proyectos vitales aut&oacute;nomos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Preferencias, intereses, merecimiento y pensamiento de suma cero</strong>
    </p><p class="article-text">
        Una pregunta que cabe hacerse es por qu&eacute;, a pesar de las evidentes dificultades que los j&oacute;venes tienen, en Espa&ntilde;a y en otros contextos, para acceder a su parte del pastel econ&oacute;mico, nuestro Estado de bienestar destina pocos recursos a los ni&ntilde;os y j&oacute;venes en comparaci&oacute;n con los que dedica a otros grupos de edad. 
    </p><p class="article-text">
        Parece haber evidencia de que el pensamiento de suma cero (&ldquo;lo que se asigna a unos lo pierden necesariamente otros&rdquo;) est&aacute; bastante extendido. Desde esta perspectiva, habr&iacute;a una clara tensi&oacute;n entre los grupos de edad y para aumentar las prestaciones a j&oacute;venes habr&iacute;a que reducir las que se dedican ya a los mayores. Quienes tienen esa percepci&oacute;n de suma cero tienden adem&aacute;s a priorizar, seg&uacute;n las encuestas, su propio inter&eacute;s y a ser menos solidarios con otros grupos. En un <a href="http://welfarepriorities.eu/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">proyecto</a> que compara las prioridades que los ciudadanos y las &eacute;lites pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas tienen respecto al Estado de bienestar en varios pa&iacute;ses europeos se han identificado algunas pautas interesantes. A mayor edad, m&aacute;s se considera prioritario financiar las pensiones y menos el gasto en educaci&oacute;n universitaria, pero no se han encontrado estos dilemas o conflictos entre grupos de edad en otros tipos de pol&iacute;ticas.
    </p><p class="article-text">
        En t&eacute;rminos generales, las preferencias, orientadas por nuestros valores o por los intereses propios o de grupo, no logran explicar, en la literatura especializada, estos bajos niveles de gasto/inversi&oacute;n y es necesario recurrir a factores de tipo cognitivo (qu&eacute; informaci&oacute;n o percepci&oacute;n tienen los ciudadanos). Para determinar qui&eacute;nes son merecedores de ayudas p&uacute;blicas, estos suelen utilizar, expl&iacute;cita o impl&iacute;citamente, criterios como el grado de necesidad, la reciprocidad (cu&aacute;nto pueden contribuir), el control que los potenciales usuarios tienen sobre las circunstancias que les llevan a la situaci&oacute;n de necesidad o para salir de ella, la actitud de los receptores (en el sentido de si est&aacute;n &ldquo;agradecidos&rdquo;) o la identidad (cercan&iacute;a o pertenencia al mismo grupo). Cuando se aplican estos criterios a distintos grupos de edad, los ciudadanos dan, en las encuestas, puntuaciones de merecimiento mucho m&aacute;s bajas a los j&oacute;venes. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>La igualdad a lo largo de la vida como norma o principio rector de las preferencias</strong>
    </p><p class="article-text">
        Para superar la visi&oacute;n de suma cero que abunda en el debate p&uacute;blico en torno a este tema, puede resultar &uacute;til superar el concepto de (des)igualdad entre grupos de edad o entre generaciones y recurrir en su lugar al concepto de igualdad <em>a lo largo de la vida</em>. Desde este punto de vista, afrontar&iacute;amos las preferencias sobre pol&iacute;tica social pensando en nuestro ciclo vital completo &ndash;en lugar de en nuestros intereses presentes&ndash; y responder&iacute;amos a la pregunta de c&oacute;mo ser&iacute;a m&aacute;s oportuno repartir el gasto p&uacute;blico total al que cada uno tiene te&oacute;ricamente derecho si pudi&eacute;ramos (o tuvi&eacute;ramos que) vivir de nuevo. Si adoptamos el enfoque de la igualdad a lo largo de la vida, el diagn&oacute;stico de inequidad hacia los j&oacute;venes es m&aacute;s evidente que en el enfoque puramente transversal. Los j&oacute;venes de hoy pueden resultar perdedores en varios sentidos: porque no reciben lo que la generaci&oacute;n anterior recibi&oacute; en su juventud y porque se gasta menos en ellos ahora de lo que se gasta en los que son mayores, pero tambi&eacute;n porque se prev&eacute; que cuando lleguen a ser mayores recibir&aacute;n menos de lo que las generaciones anteriores percibir&aacute;n en su vejez.
    </p><p class="article-text">
        Algunos fil&oacute;sofos pol&iacute;ticos consideran que, con este esquema de ciclo vital, hay razones para pensar que los individuos querr&iacute;an invertir sustancialmente m&aacute;s en las primeras etapas de la vida, en momentos en los que es crucial contar con recursos que permitan iniciar o planear iniciativas vitales de calado &ndash;y que precisan desembolsos econ&oacute;micos importantes&ndash; como acceder a una vivienda, tener hijos, emprender o seguir form&aacute;ndose.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Algunas propuestas para aumentar la justicia intergeneracional y promover oportunidades para los j&oacute;venes</strong> 
    </p><p class="article-text">
        Mientras que la l&oacute;gica de la compensaci&oacute;n (de ingresos) es la que rige en la asignaci&oacute;n de recursos para otros grupos de edad, para los j&oacute;venes ha tendido a imperar la l&oacute;gica de la inversi&oacute;n, en mayor o menor medida seg&uacute;n los pa&iacute;ses. As&iacute;, se entiende que la mayor parte del gasto p&uacute;blico para los j&oacute;venes tiene lugar a trav&eacute;s de recursos para su formaci&oacute;n, que despu&eacute;s revertir&aacute;n de alguna manera en el bien com&uacute;n a trav&eacute;s de su productividad en el mercado de trabajo o sus contribuciones a la seguridad social. Introducir de manera complementaria la l&oacute;gica de la compensaci&oacute;n o de la transferencia tambi&eacute;n en el grupo de los j&oacute;venes podr&iacute;a aumentar simult&aacute;neamente la justicia entre generaciones (y/o grupos de edad) y las oportunidades de los j&oacute;venes en un momento crucial para iniciar sus proyectos de vida.
    </p><p class="article-text">
        En el Gr&aacute;fico 2 se presenta, en las barras rojas, el gasto p&uacute;blico total actual (en prestaciones monetarias) en Espa&ntilde;a dedicado a distintos grupos de edad: los menores, las personas en edad laboral y los mayores de 66 a&ntilde;os. Las cantidades est&aacute;n expresadas en millones de euros y se basan en c&aacute;lculos realizados a partir de la ejecuci&oacute;n presupuestaria en varias prestaciones y deducciones fiscales declaradas en diversas fuentes oficiales. N&oacute;tese la gran diferencia de gasto entre los mayores y los menores, que no se explica solamente por el desigual tama&ntilde;o de ambos grupos. Cuando simulamos (con Euromod) el coste que tendr&iacute;a implantar una prestaci&oacute;n monetaria de 150 euros mensuales para todos los menores de edad (barra de color naranja), logramos m&aacute;s que duplicar el gasto y aun as&iacute; el monto total queda muy lejos del dedicado a los otros dos grupos, incluso sin haber sustituido alguna prestaci&oacute;n ya existente.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9f6a095d-772b-4e63-b866-fabb5c624af1_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9f6a095d-772b-4e63-b866-fabb5c624af1_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9f6a095d-772b-4e63-b866-fabb5c624af1_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9f6a095d-772b-4e63-b866-fabb5c624af1_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9f6a095d-772b-4e63-b866-fabb5c624af1_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9f6a095d-772b-4e63-b866-fabb5c624af1_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/9f6a095d-772b-4e63-b866-fabb5c624af1_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Gráfico 2. Gasto público destinado a distintos grupos de edad y coste de implementar una prestación por menores a cargo, en millones de euros."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Gráfico 2. Gasto público destinado a distintos grupos de edad y coste de implementar una prestación por menores a cargo, en millones de euros.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Con el doble objetivo de redistribuir la riqueza, en este caso entre grupos de edad, y reducir la desigualdad de oportunidades, en especial en el acceso a bienes en los que hace falta un capital inicial sustancial (vivienda, educaci&oacute;n, emprendimiento), la herencia universal plantea una alternativa interesante. La mayor parte de los j&oacute;venes no tiene acceso a este tipo de dotaci&oacute;n de capital econ&oacute;mico de manera privada (familia, mercados de cr&eacute;dito). La idea b&aacute;sica de la herencia es que haya una provisi&oacute;n m&iacute;nima para todos los j&oacute;venes, concretada en un pago &uacute;nico, igual para todos y p&uacute;blico que se concede por defecto al llegar a la edad adulta. El prop&oacute;sito es que ofrezca e iguale en cierta medida las oportunidades en un momento crucial para ganar en autonom&iacute;a e iniciar proyectos vitales relevantes.
    </p><p class="article-text">
        Como se ha demostrado en un <a href="https://journals.sagepub.com/doi/abs/10.1177/09589287241311147" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">art&iacute;culo reciente</a> en el que se simula qu&eacute; pasar&iacute;a con la distribuci&oacute;n de la riqueza si se implantara una herencia universal, &eacute;sta podr&iacute;a ser viable (en t&eacute;rminos de coste para el erario p&uacute;blico y carga fiscal para los grupos que lo financian) para algunas combinaciones concretas de cuant&iacute;as de la herencia y formas de financiaci&oacute;n. La desigualdad de oportunidades, no obstante, es visible desde la cuna y est&aacute; ya muy cristalizada cuando se llega a la mayor&iacute;a de edad, por lo que cualquier medida que aumente el acceso a capital econ&oacute;mico entre los j&oacute;venes debe verse complementada con intervenciones en la primera infancia (medidas como la educaci&oacute;n infantil p&uacute;blica de calidad o las prestaciones espec&iacute;ficas para los menores) incluso si sus beneficios s&oacute;lo son visibles a m&aacute;s largo plazo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Nota</strong>: Esta entrada sintetiza algunos de los argumentos que se presentaron en el ciclo &ldquo;&iquest;Qu&eacute; pol&iacute;tica social para los j&oacute;venes?&rdquo; auspiciado por la Fundaci&oacute;n &ldquo;la Caixa&rdquo; en Palau Macaya, coorganizado con el Observatorio Social. El ciclo tuvo lugar los d&iacute;as 1 y 8 de abril de 2025. Los v&iacute;deos completos de las jornadas est&aacute;n disponibles <a href="https://www.youtube.com/watch?v=AD57P__QaVE&amp;list=PLp5NbUWNrI9exC8Ivprp0DTRFhmb6oNoJ&amp;index=11" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a> (mesa redonda del 1 de abril) y <a href="https://www.youtube.com/watch?v=vweS0TKFaRY&amp;list=PLp5NbUWNrI9exC8Ivprp0DTRFhmb6oNoJ&amp;index=4" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a> (mesa redonda del 8 de abril).
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Leire Salazar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/politica-social-jovenes_132_12337688.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 29 May 2025 04:00:24 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/fa213b1f-5340-4802-8893-d1a9bb713948_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="6393744" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/fa213b1f-5340-4802-8893-d1a9bb713948_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="6393744" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[¿Qué política social para los jóvenes?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/fa213b1f-5340-4802-8893-d1a9bb713948_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Son los profesores los garantes del mérito escolar? Un experimento en veinte facultades de educación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/profesores-merito-escolar-experimento-veinte-facultades_132_11797043.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bcb18aa2-0aae-4599-aeff-30b8709e782a_16-9-discover-aspect-ratio_default_1096329.jpg" width="4000" height="2250" alt="¿Son los profesores los garantes del mérito escolar? Un experimento en veinte facultades de educación"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los profesores son los principales jueces del mérito educativo y condicionan de manera directa quién avanza y quién no en la carrera escolar. Explícitamente o no, envían continuas señales a los propios estudiantes y a sus familias que influyen en las decisiones que se toman, en ocasiones en forma de profecías autocumplidas</p></div><p class="article-text">
        Los profesores son los principales <em>guardianes</em> del m&eacute;rito escolar, por lo que sus evaluaciones son esenciales para garantizar la igualdad de oportunidades. Si los profesores se gu&iacute;an solamente por las competencias curriculares y el esfuerzo de sus estudiantes, o si consideran adem&aacute;s otros factores, como sus caracter&iacute;sticas sociodemogr&aacute;ficas, es una cuesti&oacute;n crucial para identificar potenciales sesgos y discriminaci&oacute;n en el sistema educativo.
    </p><p class="article-text">
        Debido a la deseabilidad social, detectar estos sesgos a partir de los datos de encuestas tradicionales no es posible; se precisan dise&ntilde;os experimentales, escasos hasta el momento en los an&aacute;lisis sobre el &aacute;mbito educativo espa&ntilde;ol. Normalmente, para estudiar los sesgos evaluadores se compara a estudiantes con similar rendimiento en pruebas estandarizadas (por ejemplo, PISA) para dilucidar si, a igualdad de competencias, cuentan con diferente nota o probabilidad de repetir curso seg&uacute;n su sexo, origen migrante o el nivel socioecon&oacute;mico de la familia.
    </p><p class="article-text">
        Esta entrada recoge los resultados de un experimento dise&ntilde;ado por nosotros mismos y que hemos publicado recientemente en <a href="https://sociologicalscience.com/articles-v11-27-743/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Sociological Science</em></a>. El experimento est&aacute; planteado espec&iacute;ficamente para identificar causalmente si, m&aacute;s all&aacute; del m&eacute;rito acad&eacute;mico, las caracter&iacute;sticas adscritas del alumnado (sexo, origen migrante, clase social) entran en la ecuaci&oacute;n de los profesores al asignar las notas y predecir las futuras trayectorias escolares de sus estudiantes.
    </p><p class="article-text">
        Para dise&ntilde;ar el experimento seleccionamos una muestra representativa de 20 facultades de educaci&oacute;n en todas las CCAA (no biling&uuml;es) espa&ntilde;olas, tanto p&uacute;blicas como privadas, y distribuimos entre sus matriculados un cuestionario <em>online</em>. Nos centramos en estudiantes de magisterio en lugar de maestros en activo porque nos interesaba evaluar si, ya incluso antes de entrar en el sistema educativo como profesionales, los j&oacute;venes reproducen los estereotipos grupales (pre)existentes en la sociedad y la propia escuela. Si as&iacute; fuera (<em>spoiler</em>: lo es), las intervenciones y <a href="https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/inconcebible-caso-educacion-sociologia_132_10027712.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">(re)dise&ntilde;os curriculares</a> sobre los procesos cognitivos e institucionales que generan la discriminaci&oacute;n podr&iacute;an ser particularmente efectivos durante el periodo de formaci&oacute;n docente.
    </p><p class="article-text">
        En el cuestionario <em>online</em> distribuido a los futuros ense&ntilde;antes se presentaba una ficha (Figura 1) con los datos personales y acad&eacute;micos de un/a estudiante ficticio/a de 6&ordm; de primaria y, a continuaci&oacute;n, se les ped&iacute;a puntuar una redacci&oacute;n, escrita por &eacute;l/ella, y evaluar su futura trayectoria escolar. En la ficha, basada en expedientes reales, se proporcionaba informaci&oacute;n censal neutra, com&uacute;n a todos los perfiles (centro, domicilio familiar, nacionalidad, fecha de nacimiento) e informaci&oacute;n variable (apartados en color azul de la ficha en la Figura 1) sobre las caracter&iacute;sticas sociodemogr&aacute;ficas del alumno: sexo, origen migrante (padres espa&ntilde;oles o marroqu&iacute;es) y la profesi&oacute;n del padre, camuflada en los datos de contacto, como marcador de estatus socioecon&oacute;mico. As&iacute;, ten&iacute;amos fichas para Daniel Garc&iacute;a Gonz&aacute;lez, Luc&iacute;a Garc&iacute;a Gonz&aacute;lez, Youssef Salhi, Salma Salhi y los correos electr&oacute;nicos de contacto de sus padres eran, en los dos primeros casos <a href="mailto:David.Garcia@Pintores-Express.es" target="_blank" class="link">David.Garcia@Pintores-Express.es</a> o <a href="mailto:David.Garcia@Notarios-Garcia.es" target="_blank" class="link">David.Garcia@Notarios-Garcia.es</a> y, en los dos segundos, <a href="mailto:Mohamed.Salhi@Pintores.Express.es" target="_blank" class="link">Mohamed.Salhi@Pintores.Express.es</a> o <a href="mailto:Mohamed.Salhi@Notarios-Salhi.es" target="_blank" class="link">Mohamed.Salhi@Notarios-Salhi.es</a>. En la ficha tambi&eacute;n se aportaba informaci&oacute;n sobre el rendimiento escolar previo, el comportamiento en clase y el cumplimiento de las tareas y deberes del estudiante. Estos factores comportamentales son cruciales, ya que los profesores, expl&iacute;citamente o no, tambi&eacute;n los tienen en cuenta en sus evaluaciones.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d386a6b0-8630-493a-a69d-1dabf32afeb5_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d386a6b0-8630-493a-a69d-1dabf32afeb5_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d386a6b0-8630-493a-a69d-1dabf32afeb5_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d386a6b0-8630-493a-a69d-1dabf32afeb5_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d386a6b0-8630-493a-a69d-1dabf32afeb5_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d386a6b0-8630-493a-a69d-1dabf32afeb5_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/d386a6b0-8630-493a-a69d-1dabf32afeb5_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Figura 1"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Figura 1                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        A continuaci&oacute;n, se les presentaba a los encuestados una redacci&oacute;n breve que describ&iacute;a un paisaje y el paso de las estaciones. Esta redacci&oacute;n ten&iacute;a dos versiones seg&uacute;n su calidad objetiva basada en r&uacute;bricas oficiales de la asignatura de lengua para 6&ordm; de primaria (ortograf&iacute;a, vocabulario, sintaxis) y validada mediante un estudio piloto con 250 maestros andaluces: una versi&oacute;n buena (7 sobre 10) y otra versi&oacute;n de peor calidad (un 5 sobre 10). Adem&aacute;s, manipul&aacute;bamos otros dos factores --independientemente de la calidad de la redacci&oacute;n. Por una parte, incorpor&aacute;bamos una frase como se&ntilde;al para recordar inadvertidamente el estatus socioecon&oacute;mico del padre (notario o pintor en el sector de la construcci&oacute;n) y, por otra, desliz&aacute;bamos informaci&oacute;n sobre el capital cultural de la familia haciendo referencia a dos actividades de ocio directamente en el texto: ver el programa de televisi&oacute;n &ldquo;La isla de las tentaciones&rdquo; o los cuadros impresionistas de Monet en un museo. En la Figura 2 se presentan la versi&oacute;n buena y mala de la redacci&oacute;n y, en colores, las varias manipulaciones experimentales que se hicieron.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1fc508d9-1a31-490c-a2fc-dbaf47f58d12_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1fc508d9-1a31-490c-a2fc-dbaf47f58d12_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1fc508d9-1a31-490c-a2fc-dbaf47f58d12_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1fc508d9-1a31-490c-a2fc-dbaf47f58d12_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1fc508d9-1a31-490c-a2fc-dbaf47f58d12_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1fc508d9-1a31-490c-a2fc-dbaf47f58d12_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/1fc508d9-1a31-490c-a2fc-dbaf47f58d12_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Figura 2"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Figura 2                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Se les ped&iacute;a a los encuestados, entonces, evaluar la calidad de la redacci&oacute;n y, adem&aacute;s, valorar c&oacute;mo de probable es (a) que ese estudiante repita 6&ordm; de primaria y (b) que llegue al bachillerato. Dado que se ha asignado de forma totalmente aleatoria la redacci&oacute;n buena o mala, adem&aacute;s del comportamiento y rendimiento previo de la ficha, a los diferentes perfiles sociodemogr&aacute;ficos de estudiantes, podemos identificar causalmente el peso que los profesores atribuyen a la capacidad acad&eacute;mica objetiva o demostrada (es decir, la calidad de la redacci&oacute;n, el rendimiento previo y el esfuerzo) en comparaci&oacute;n con los factores adscritos, es decir, aquellos factores sociodemogr&aacute;ficos sobre los cuales el alumno no tiene ning&uacute;n control (el sexo biol&oacute;gico, la procedencia de sus padres o los recursos socioecon&oacute;micos y el capital cultural de su hogar).
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0e662404-5e90-451f-a04a-06e878302f25_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0e662404-5e90-451f-a04a-06e878302f25_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0e662404-5e90-451f-a04a-06e878302f25_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0e662404-5e90-451f-a04a-06e878302f25_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0e662404-5e90-451f-a04a-06e878302f25_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0e662404-5e90-451f-a04a-06e878302f25_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/0e662404-5e90-451f-a04a-06e878302f25_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Figura 3"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Figura 3                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Podemos destacar varios resultados principales del experimento, que ilustramos en la Figura 3. Primero las buenas noticias: la capacidad (sobre todo la calidad objetiva de la redacci&oacute;n y el comportamiento) es lo que m&aacute;s pesa en la nota que se obtiene en la tarea y tambi&eacute;n en las predicciones que los encuestados hacen sobre el &eacute;xito escolar futuro del alumno. Despu&eacute;s las malas: en todos los casos se cuelan factores adscritos que, en principio, a igualdad de m&eacute;rito acad&eacute;mico, no deber&iacute;an afectar a las notas ni a las expectativas sobre el futuro &eacute;xito escolar. Las chicas reciben notas algo mayores y se les atribuye m&aacute;s &eacute;xito futuro de lo que los factores relacionados con el m&eacute;rito predecir&iacute;an (hay varias explicaciones coherentes con esto, que se explican en el art&iacute;culo). Algo similar sucede con el estatus socioecon&oacute;mico: los hijos de notarios reciben mejores augurios sobre su futuro escolar que los hijos de pintores a igualdad de capacidad y esfuerzo. Adem&aacute;s, escribir en una redacci&oacute;n que se ve &ldquo;La isla de las tentaciones&rdquo; en lugar de los cuadros de Monet en un museo hace que la nota sea m&aacute;s baja, aunque ambas redacciones sean igual de buenas en lo que respecta a los criterios ling&uuml;&iacute;sticos objetivos evaluables. El caso de los ni&ntilde;os de origen marroqu&iacute; es algo menos intuitivo. Reciben m&aacute;s nota de la que merecen en la redacci&oacute;n. Esta forma de discriminiaci&oacute;n positiva puede ser debida a que los profesores tratan de compensar la dificultad a&ntilde;adida que implica una tarea relacionada con competencias ling&uuml;&iacute;sticas en alumnos que normalmente no hablan este idioma en casa. No obstante, despu&eacute;s se les atribuye menor probabilidad que a un estudiante de origen familiar espa&ntilde;ol de acceder al bachillerato, algo que coincide m&aacute;s con la tozuda realidad emp&iacute;rica.
    </p><p class="article-text">
        En el art&iacute;culo cient&iacute;fico discutimos profusamente las diversas explicaciones te&oacute;ricas que pueden estar detr&aacute;s de estos resultados (la discriminaci&oacute;n estad&iacute;stica, los sesgos impl&iacute;citos, los estereotipos de grupo); remitimos a los lectores interesados a &eacute;l. Nos gustar&iacute;a centrarnos aqu&iacute; en la conclusi&oacute;n sustantiva. De manera consciente o no, los profesores toman por m&eacute;rito algunas caracter&iacute;sticas que en realidad no est&aacute;n relacionadas con &eacute;l, como el sexo, la clase social o el pa&iacute;s de procedencia de la familia de los estudiantes. Cuando hablamos de las desigualdades educativas y de los factores que explican la reproducci&oacute;n intergeneracional de ventajas y desventajas educativas normalmente nos fijamos en el papel de las familias y de los estudiantes. No obstante, los profesores son los principales jueces del m&eacute;rito educativo y condicionan de manera directa qui&eacute;n avanza y qui&eacute;n no en la carrera escolar. Expl&iacute;citamente o no, env&iacute;an continuas se&ntilde;ales a los propios estudiantes y a sus familias que influyen en las decisiones que se toman, en ocasiones en forma de profec&iacute;as autocumplidas. En el estudio mostramos, con la evidencia m&aacute;s apropiada hasta el momento, que los profesores desempe&ntilde;an de hecho un papel fundamental como garantes de la igualdad de oportunidades. Aunque no es evidente qu&eacute; tipo de medidas podr&iacute;an tomarse para reforzar esta funci&oacute;n, establecer emp&iacute;ricamente la existencia de estos sesgos es un primer paso en esta direcci&oacute;n.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Gil, Irene Pañeda Fernández, Leire Salazar, Jonatan Castaño Muñoz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/profesores-merito-escolar-experimento-veinte-facultades_132_11797043.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 06 Nov 2024 19:13:29 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/bcb18aa2-0aae-4599-aeff-30b8709e782a_16-9-discover-aspect-ratio_default_1096329.jpg" length="3968583" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/bcb18aa2-0aae-4599-aeff-30b8709e782a_16-9-discover-aspect-ratio_default_1096329.jpg" type="image/jpeg" fileSize="3968583" width="4000" height="2250"/>
      <media:title><![CDATA[¿Son los profesores los garantes del mérito escolar? Un experimento en veinte facultades de educación]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/bcb18aa2-0aae-4599-aeff-30b8709e782a_16-9-discover-aspect-ratio_default_1096329.jpg" width="4000" height="2250"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No soy racista pero... Preferencias raciales en tiempos de Tinder]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/racista-preferencias-raciales-tinder_132_11444748.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/41bc4f1a-efb0-47da-bc4b-13e379decc4b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No soy racista pero... Preferencias raciales en tiempos de Tinder"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">
Los usuarios de Tinder de piel negra recibieron un 8% menos matches y un 5,5% menos invitaciones a conversar</p></div><p class="article-text">
        Que solemos emparejarnos con personas similares a nosotros es una regularidad emp&iacute;rica tozuda. Los miembros de las parejas se suelen parecer tanto en caracter&iacute;sticas adscritas &ndash;la raza, el nivel socioecon&oacute;mico de los padres&ndash; como en caracter&iacute;sticas m&aacute;s o menos adquiridas &ndash;el nivel educativo o el estatus ocupacional alcanzados, los estilos de vida, las preferencias pol&iacute;ticas. La ciencia social del emparejamiento ha hecho un buen trabajo describiendo c&oacute;mo de iguales son las parejas, pero ha encontrado m&aacute;s dificultades para determinar si esta homogamia se debe a una preferencia genuina por lo igual o a la simple disponibilidad en el entorno de m&aacute;s personas elegibles con las caracter&iacute;sticas que valoramos (lo que se conoce como los mercados matrimoniales o mercados del emparejamiento).
    </p><p class="article-text">
        Si preguntamos al p&uacute;blico por sus preferencias respecto a ciertas caracter&iacute;sticas en sus parejas sexuales o rom&aacute;nticas, es probable que no declaren toda la verdad. En toda la investigaci&oacute;n sobre opiniones y actitudes, pero mucho m&aacute;s en aquella que se interesa por cuestiones &iacute;ntimas, sensibles o controvertidas, los datos que recogemos tienen el riesgo de presentar sesgos de deseabilidad social. Las preferencias raciales son un caso evidente en el que simplemente preguntar a los ciudadanos puede dar lugar a conclusiones inv&aacute;lidas. Para superar este reto y captar las preferencias reales de los individuos de manera m&aacute;s precisa, en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas se recurre con creciente frecuencia a los dise&ntilde;os experimentales.
    </p><p class="article-text">
        La mayor parte del emparejamiento, sea casual o con intenci&oacute;n m&aacute;s estable, ya sucede hoy en d&iacute;a a trav&eacute;s del mundo digital. &Eacute;ste ha desplazado claramente a los tradicionales intermediarios para conocerse como el entorno laboral o educativo, la familia o el grupo de amigos. Las aplicaciones para ligar han proliferado extraordinariamente en los &uacute;ltimos a&ntilde;os y se han consolidado como herramientas de uso cotidiano y que cuentan con un p&uacute;blico cada vez m&aacute;s transversal. Tinder es la aplicaci&oacute;n para conocer parejas m&aacute;s utilizada en Espa&ntilde;a, con m&aacute;s de un mill&oacute;n y medio de usuarios &uacute;nicos seg&uacute;n datos de GfK. Ligar en el mundo digital ofrece oportunidades para acceder a un n&uacute;mero muy superior de personas y una mayor variedad de perfiles que nuestro habitual entorno anal&oacute;gico. Una persona que desee emparejarse fuera del propio grupo (por ejemplo, un blanco interesado en conocer y potencialmente establecer una relaci&oacute;n puntual o duradera con una persona negra) har&iacute;a bien en acceder a las aplicaciones para ligar porque en ellas el mercado matrimonial que permita la diversidad social es notablemente m&aacute;s amplio. Adem&aacute;s, como estas aplicaciones tienen incorporadas herramientas para filtrar muy f&aacute;cilmente a los candidatos seg&uacute;n las caracter&iacute;sticas que cada uno valore, tambi&eacute;n hacen que el proceso pueda ajustarse m&aacute;s a las preferencias &iacute;ntimas, reales e intr&iacute;nsecas que tan dif&iacute;cil es que se expresen libremente en las encuestas. Este mayor ajuste puede operar fomentando lo similar o lo diferente. Investigar el emparejamiento en el mundo digital ofrece, por lo tanto, una gran oportunidad para analizar las preferencias raciales reales, reveladas por las decisiones que toman los propios usuarios.
    </p><p class="article-text">
        En un art&iacute;culo recientemente publicado con <a href="https://research.vu.nl/en/persons/ainhoa-arranz-aldana" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ainhoa Arranz</a>, investigadora en formaci&oacute;n en la Universidad Libre de &Aacute;msterdam, abordamos esta cuesti&oacute;n usando un dise&ntilde;o experimental propio (el art&iacute;culo est&aacute; disponible en abierto <a href="https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/1081602X.2024.2352547?src=" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>). Previo visto bueno del comit&eacute; de &eacute;tica de la UNED, creamos en Tinder perfiles ficticios (pero cre&iacute;bles) de usuarios en los que solamente difer&iacute;a el sexo (2 categor&iacute;as: hombre o mujer), su color de piel (2 categor&iacute;as: negro o blanco) y los gustos sexuales (2 categor&iacute;as: heterosexuales u homosexuales), dando lugar as&iacute; a 8 perfiles hipot&eacute;ticos con todas las posibles combinaciones. Para maximizar la parsimonia del dise&ntilde;o y simplificar la interpretaci&oacute;n de los resultados se obviaron otras condiciones (por ejemplo, personas que se declaran no binarias, otros tonos de piel y otras preferencias sexuales). Adem&aacute;s, se mantuvo constante para todos los perfiles la edad, que se fij&oacute; en los 26 a&ntilde;os. Como lugar de residencia &ndash;y lugar de geolocalizaci&oacute;n de los perfiles creados&ndash; se seleccion&oacute; Madrid, la ciudad m&aacute;s grande de Espa&ntilde;a y un contexto con suficiente poblaci&oacute;n racialmente diversa (el 14% de sus habitantes ten&iacute;a nacionalidad extranjera cuando se hizo el campo) y con una escena homosexual bastante vibrante que hace que todos los perfiles sean realistas y que todos cuenten en principio con <em>pools </em>amplios de personas potencialmente interesadas.
    </p><p class="article-text">
        Se utilizaron fotos extra&iacute;das del <em>Face Research Lab London Set</em>. Todas ellas hab&iacute;an sido valoradas por miles de usuarios como de belleza media. Para mantener fijas (y relativamente neutras) las aficiones, se presentaba, para todos los perfiles, una fotograf&iacute;a adicional de espaldas en un entorno natural, extra&iacute;da de <em>Unsplash </em>y editada. Todos compart&iacute;an, adem&aacute;s, gustos en torno al cine y a la gastronom&iacute;a. Los nombres de las breves biograf&iacute;as que acompa&ntilde;an al perfil se seleccionaron usando los m&aacute;s comunes para hombres y mujeres nacidos en la d&eacute;cada de los noventa en Espa&ntilde;a, seg&uacute;n el INE. As&iacute;, en los perfiles de piel negra se us&oacute; Alejandro y Mar&iacute;a, para evitar se&ntilde;alizar un origen extranjero, y en los de piel blanca David y Marta.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/97e52990-48ae-40ea-ad3f-e2041c846e2e_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/97e52990-48ae-40ea-ad3f-e2041c846e2e_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/97e52990-48ae-40ea-ad3f-e2041c846e2e_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/97e52990-48ae-40ea-ad3f-e2041c846e2e_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/97e52990-48ae-40ea-ad3f-e2041c846e2e_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/97e52990-48ae-40ea-ad3f-e2041c846e2e_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/97e52990-48ae-40ea-ad3f-e2041c846e2e_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Figura 1. Las fotos de Alejandro, María, David y Marta en sus perfiles ficticios en Tinder"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Figura 1. Las fotos de Alejandro, María, David y Marta en sus perfiles ficticios en Tinder                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Nuestros 8 buscadores de pareja ficticios declararon inter&eacute;s en personas de entre 20 y 36 a&ntilde;os que estuvieran a menos de 160 kil&oacute;metros de distancia. La mitad buscaba personas del mismo sexo y el resto de distinto. Los perfiles estuvieron activos secuencialmente y todos los datos se recogieron entre abril y mayo de 2022. Se program&oacute; un algoritmo para que cada uno de nuestros ocho perfiles explorara 650 usuarios de Tinder con esas caracter&iacute;sticas (adem&aacute;s de la preferencia sexual correspondiente en cada caso, homosexual o heterosexual) y diera <em>like </em>aleatoriamente al 80% de ellos, siempre excluyendo los usuarios sin fotograf&iacute;a o que ofrecieran servicios comerciales. La aleatoriedad evitaba, por una parte, que la aplicaci&oacute;n identificara actividad no humana y arruinara el experimento, y adem&aacute;s hac&iacute;a que la selecci&oacute;n de potenciales <em>likes </em>y <em>matches </em>no estuviera sujeta a sesgos en los que pudi&eacute;ramos incurrir las investigadoras. Registramos el n&uacute;mero diario de <em>likes</em>, <em>matches </em>y mensajes (conversaciones) recibidos por cada perfil, anonimizando la identidad de los usuarios.
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a es, de acuerdo, con las encuestas de opini&oacute;n p&uacute;blica existentes, un pa&iacute;s relativamente tolerante con la diversidad en general, y la racial y &eacute;tnica en particular, y con una proporci&oacute;n peque&ntilde;a que declara expl&iacute;citamente actitudes xen&oacute;fobas o racistas. No obstante, nuestro an&aacute;lisis de las reacciones de los usuarios de Tinder desmiente rotundamente este lugar com&uacute;n. Como no es posible conocer el n&uacute;mero total de visionados de cada perfil, los resultados que nos interesan son el n&uacute;mero total de <em>likes</em>, pero sobre todo los porcentajes de <em>matches </em>y de conversaciones recibidos por cada uno, y la comparaci&oacute;n sistem&aacute;tica de estos resultados entre los candidatos blancos y los negros. Nuestros candidatos de piel negra obtuvieron, en media, un 8% menos <em>matches </em>y un 5,5% menos conversaciones. Marta (la candidata blanca, en la condici&oacute;n heterosexual) recibi&oacute; casi 7.500 <em>likes</em>, un 54% de <em>matches </em>y un 33% de conversaciones. Su contraparte Mar&iacute;a (la candidata negra, en la condici&oacute;n heterosexual) logr&oacute; casi 5.000 <em>likes</em>, un 44% de <em>matches </em>y solamente un 18% de conversaciones. Este mismo patr&oacute;n &ndash;m&aacute;s <em>likes </em>totales, m&aacute;s <em>matches </em>y m&aacute;s conversaciones para la persona de piel blanca&ndash;se repite para el resto de comparaciones: hombres blanco y negro heterosexuales, mujer blanca y negra homosexuales, hombre blanco y negro homosexuales. Adem&aacute;s, aunque esper&aacute;bamos que las personas homosexuales fueran menos proclives al prejuicio racial (por ejemplo porque, al contar con un <em>pool </em>m&aacute;s restringido, tuvieran m&aacute;s incentivos a cruzar la barrera racial), los resultados indican que, en este grupo, y en especial entre las mujeres, hay en realidad una preferencia mucho m&aacute;s intensa por parejas o encuentros sexuales con personas de piel blanca.
    </p><p class="article-text">
        Nuestros resultados son posiblemente estimaciones conservadoras de la verdadera magnitud de la preferencia por parejas blancas. Por una parte, porque nuestros perfiles hipot&eacute;ticos de piel negra se&ntilde;alizan a trav&eacute;s de sus nombres que son espa&ntilde;oles. Es probable que esos mismos perfiles hubieran recibido menos interacciones con nombres marcadamente africanos, si indicaran expl&iacute;citamente un pa&iacute;s de nacimiento distinto a Espa&ntilde;a o si presentaran otros marcadores distintivos de su pa&iacute;s de origen o cultura, como ropas en las fotograf&iacute;as o estilos de vida en la bio. Por otra parte, porque la aplicaci&oacute;n no se usa necesariamente para buscar relaciones estables. La literatura especializada indica que es m&aacute;s probable explorar relaciones interraciales si &eacute;stas se conciben como espor&aacute;dicas que si se pretende que sean duraderas.
    </p><p class="article-text">
        Las aplicaciones para encontrar pareja permiten en principio aumentar las probabilidades de acceder a un <em>pool </em>de candidatos m&aacute;s amplio y diverso que el entorno f&iacute;sico y superar as&iacute; la escasez de personas con caracter&iacute;sticas distintas a las propias de nuestros c&iacute;rculos, en los que prevalece la endogamia. A la vista de los resultados de nuestro experimento, en el que los sujetos pueden expresar y materializar, de manera privada y libre del juicio ajeno, sus preferencias reales, parece m&aacute;s bien que el entorno digital da cobertura, o al menos no impide, el prejuicio racial. Si bien podemos afirmar que las preferencias por parejas sexuales o rom&aacute;nticas blancas son dominantes, no podemos ir m&aacute;s all&aacute; y determinar a qu&eacute; se deben. En todo caso, los resultados est&aacute;n en sinton&iacute;a con conclusiones similares en &aacute;mbitos de investigaci&oacute;n distintos al del emparejamiento &ndash;la investigaci&oacute;n experimental para determinar prejuicio y discriminaci&oacute;n racial se ha centrado sobre todo en el mercado laboral. Los resultados aportan informaci&oacute;n relevante sobre el grado en que vivimos en sociedades cerradas o abiertas, endog&aacute;micas o no, y sobre los posibles obst&aacute;culos a la aceptaci&oacute;n genuina de la diversidad que caracteriza a las sociedades contempor&aacute;neas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Leire Salazar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/racista-preferencias-raciales-tinder_132_11444748.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 12 Jun 2024 20:18:03 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/41bc4f1a-efb0-47da-bc4b-13e379decc4b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="159686" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/41bc4f1a-efb0-47da-bc4b-13e379decc4b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="159686" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[No soy racista pero... Preferencias raciales en tiempos de Tinder]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/41bc4f1a-efb0-47da-bc4b-13e379decc4b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Contaminados antes de la cuna]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/contaminados-cuna_132_11229170.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5e62fecb-4162-4af8-bda7-436348de80e3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Contaminados antes de la cuna"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En la ciudad de Madrid, un bebé nacido en 2019 estuvo expuesto a niveles peligrosos de contaminación ambiental un 65% del embarazo</p></div><p class="article-text">
        <strong>La contaminaci&oacute;n del aire: una amenaza global</strong>
    </p><p class="article-text">
        La contaminaci&oacute;n ambiental es uno de los factores m&aacute;s claros asociados a la mortalidad y morbilidad en todo el mundo. Seg&uacute;n algunas estimaciones, casi el 99% de la poblaci&oacute;n mundial est&aacute; expuesta a niveles de contaminaci&oacute;n que ponen en peligro su salud, al aumentar el riesgo de sufrir diversas enfermedades. En los pa&iacute;ses de altos ingresos, las principales fuentes de contaminaci&oacute;n ambiental son el tr&aacute;fico y las centrales el&eacute;ctricas y, en menor medida, la actividad industrial y la climatizaci&oacute;n dom&eacute;stica. Estas fuentes emiten una combinaci&oacute;n compleja de contaminantes del aire, entre los que destacan las part&iacute;culas en suspensi&oacute;n (PM<sub>2.5 </sub>y PM<sub>10</sub>), el di&oacute;xido de nitr&oacute;geno (NO<sub>2</sub>), el di&oacute;xido de azufre (SO<sub>2</sub>) y el mon&oacute;xido de carbono (CO). Los potenciales efectos adversos para la salud de estas sustancias incluyen las afecciones cardiovasculares y respiratorias, el s&iacute;ndrome metab&oacute;lico o el c&aacute;ncer de pulm&oacute;n. En esta entrada nos centramos exclusivamente en el di&oacute;xido de nitr&oacute;geno, NO<sub>2</sub>, una sustancia que refleja bien la contaminaci&oacute;n en entornos urbanos no industriales de pa&iacute;ses ricos. Madrid es una de las ciudades europeas en las que el tr&aacute;fico genera mayores niveles de NO<sub>2</sub>, muy por encima de los <a href="https://www.who.int/publications/i/item/9789240034228" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">niveles establecidos por la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud (OMS)</a> e incluso a menudo de los recomendados por la UE, que son sustancialmente m&aacute;s laxos. Madrid es de hecho la ciudad europea que presenta la <a href="https://www.thelancet.com/journals/lanplh/article/PIIS2542-5196(20)30272-2/fulltext" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">mayor mortalidad atribuible al NO</a><a href="https://www.thelancet.com/journals/lanplh/article/PIIS2542-5196(20)30272-2/fulltext" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">2</a>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La exposici&oacute;n a contaminaci&oacute;n durante el embarazo y la salud neonatal</strong>
    </p><p class="article-text">
        En esta entrada analizamos c&oacute;mo afecta la exposici&oacute;n a la contaminaci&oacute;n del aire (en concreto, al NO<sub>2</sub>) a la salud de los reci&eacute;n nacidos de Madrid. Para responder a esta pregunta combinamos datos de todos los nacimientos que tienen lugar en la ciudad de Madrid, para los que disponemos de informaci&oacute;n sobre el distrito de residencia, con los niveles de contaminaci&oacute;n que se registran cada hora en los medidores oficiales distribuidos por los 21 distritos de la ciudad.
    </p><p class="article-text">
        Nos centramos en dos indicadores, el bajo peso al nacer (que se define como aquel por debajo de los 2 kilos y medio) y la prematuridad (el nacimiento que tiene lugar antes de t&eacute;rmino, por debajo de las 37 semanas). Estas dos medidas se utilizan recurrentemente como aproximaciones fiables de la salud del reci&eacute;n nacido. Nacer con bajo peso o antes de que la gestaci&oacute;n est&eacute; completa tiene consecuencias importantes y duraderas. Por una parte, el bajo peso y la prematuridad son los causantes m&aacute;s evidentes de morbilidad y mortalidad neonatal (<a href="https://academic.oup.com/aje/article/179/5/550/144413?login=false" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>). Por otra, correlacionan de manera clara con una peor salud a lo largo de toda la vida (<a href="https://publications.aap.org/pediatrics/article-abstract/142/1/e20173625/37468/Preterm-Birth-Low-Birth-Weight-and-Markers" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>) y con limitaciones en el desarrollo cognitivo &ndash;que pueden tener consecuencias adversas, por ejemplo, en el logro educativo (<a href="https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1046/j.1365-2214.2001.00203.x" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>).
    </p><p class="article-text">
        Durante la gestaci&oacute;n, la placenta es un &oacute;rgano crucial para el desarrollo fetal. El NO<sub>2</sub> puede causar estr&eacute;s oxidativo e inflamaci&oacute;n y activar v&iacute;as de da&ntilde;o celular y molecular que tienen consecuencias negativas para la salud de los reci&eacute;n nacidos. Puede incluso provocar una mayor susceptibilidad a desarrollar enfermedades, respiratorias y de otro tipo, en etapas posteriores de la vida.
    </p><p class="article-text">
        Mostramos la influencia de la exposici&oacute;n a NO<sub>2</sub> durante el embarazo solamente para los nacimientos del a&ntilde;o 2019, el &uacute;ltimo disponible no afectado por la pandemia. Queremos as&iacute; evitar las exposiciones posteriores, en las que cayeron dr&aacute;sticamente los niveles de contaminaci&oacute;n ambiental como consecuencia de la parada de la actividad econ&oacute;mica. Tambi&eacute;n pudieron cambiar las condiciones socioecon&oacute;micas de las madres, as&iacute; como su estado general de salud.
    </p><p class="article-text">
        El Gr&aacute;fico 1 muestra los niveles de NO<sub>2</sub> en cuatro medidores ubicados en distintas zonas de la ciudad de Madrid, en la ventana completa de exposici&oacute;n de los beb&eacute;s nacidos en 2019, es decir, entre mayo de 2018 y diciembre de 2019. La l&iacute;nea discontinua horizontal refleja los niveles medios de NO<sub>2</sub> recomendados por la OMS, que se sit&uacute;an en 25&mu;g/m<sup>3</sup>. Aunque con cierta estacionalidad (hay m&aacute;s concentraci&oacute;n de NO<sub>2</sub> en invierno), se observa que lo m&aacute;s habitual es que los niveles sobrepasen, por mucho, en casi todas las zonas los valores permitidos. De hecho, si atendemos a la media de d&iacute;as en los que se excedieron los niveles aconsejados por la OMS en ese periodo, un beb&eacute; medio nacido en 2019 hab&iacute;a estado expuesto a niveles peligrosos de contaminaci&oacute;n ambiental durante dos tercios del embarazo.
    </p><p class="article-text">
        Niveles de NO<sub>2</sub> en cuatro distritos de Madrid, mayo de 2018 a diciembre de 2
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/46c9d399-bbd1-42a9-ba07-95c90e0dca1f_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/46c9d399-bbd1-42a9-ba07-95c90e0dca1f_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/46c9d399-bbd1-42a9-ba07-95c90e0dca1f_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/46c9d399-bbd1-42a9-ba07-95c90e0dca1f_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/46c9d399-bbd1-42a9-ba07-95c90e0dca1f_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/46c9d399-bbd1-42a9-ba07-95c90e0dca1f_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/46c9d399-bbd1-42a9-ba07-95c90e0dca1f_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Gráfico 1. Niveles de NO2 en cuatro distritos de Madrid, mayo de 2018 a diciembre de 2019"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Gráfico 1. Niveles de NO2 en cuatro distritos de Madrid, mayo de 2018 a diciembre de 2019                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        En el Gr&aacute;fico 2 se presenta la probabilidad de nacer con bajo peso y antes de lo previsto, respectivamente, cuando se ha estado expuesto durante el tercer trimestre del embarazo a niveles crecientes de NO<sub>2</sub> y neutralizando la influencia de otros factores relevantes para la salud neonatal. Los valores situados m&aacute;s a la derecha en el eje horizontal implican una exposici&oacute;n m&aacute;s intensa &ndash;la l&iacute;nea discontinua vertical se&ntilde;ala los niveles m&aacute;ximos permitidos por la OMS. En ambos casos, una exposici&oacute;n mayor en la fase final de la gestaci&oacute;n implica un mayor riesgo de experimentar mala salud neonatal.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0f5aee43-3b76-4e00-b50a-721292f5db56_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0f5aee43-3b76-4e00-b50a-721292f5db56_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0f5aee43-3b76-4e00-b50a-721292f5db56_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0f5aee43-3b76-4e00-b50a-721292f5db56_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0f5aee43-3b76-4e00-b50a-721292f5db56_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0f5aee43-3b76-4e00-b50a-721292f5db56_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/0f5aee43-3b76-4e00-b50a-721292f5db56_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Gráfico 2. Probabilidad de nacer con bajo peso y antes de término, según niveles de exposición a NO2 durante el tercer trimestre de embarazo. Bebés nacidos en Madrid en 2019"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Gráfico 2. Probabilidad de nacer con bajo peso y antes de término, según niveles de exposición a NO2 durante el tercer trimestre de embarazo. Bebés nacidos en Madrid en 2019                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>Madrid es una ciudad segregada socialmente: &iquest;a qui&eacute;n afecta m&aacute;s negativamente la exposici&oacute;n a la contaminaci&oacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Los niveles medios de NO<sub>2</sub> se reparten, obviamente, de manera desigual por la ciudad. Los distritos del sur y los situados a lo largo de la M-30 son los que sufren niveles m&aacute;s altos. Pero, a diferencia de lo que ocurre en otras ciudades con elevada segregaci&oacute;n socio-espacial, en Madrid no hay una correspondencia perfecta entre el nivel socioecon&oacute;mico de los residentes y los niveles de poluci&oacute;n a los que se exponen. Esto implica que una gran parte de las mujeres con m&aacute;s recursos de la ciudad est&aacute;n expuestas durante su gestaci&oacute;n a niveles peligrosamente altos de contaminaci&oacute;n. El Gr&aacute;fico 3 muestra el mapa de la ciudad de Madrid, por distritos, con dos indicadores: a la izquierda, los niveles medios de NO<sub>2 </sub>a los que se vieron expuestas las mujeres que dieron a luz durante 2019; a la derecha, el porcentaje de madres de beb&eacute;s nacidos ese mismo a&ntilde;o con estudios universitarios.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b1bdc12d-89bb-4250-84d3-394461af808d_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b1bdc12d-89bb-4250-84d3-394461af808d_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b1bdc12d-89bb-4250-84d3-394461af808d_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b1bdc12d-89bb-4250-84d3-394461af808d_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b1bdc12d-89bb-4250-84d3-394461af808d_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b1bdc12d-89bb-4250-84d3-394461af808d_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/b1bdc12d-89bb-4250-84d3-394461af808d_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Gráfico 3. Contaminación (NO2) media y porcentaje de madres de bebés nacidos en 2019 con título universitario en los 21 distritos de Madrid"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Gráfico 3. Contaminación (NO2) media y porcentaje de madres de bebés nacidos en 2019 con título universitario en los 21 distritos de Madrid                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, en el Gr&aacute;fico 4 representamos de nuevo la probabilidad de nacer con bajo peso y antes de t&eacute;rmino para niveles diversos grados de exposici&oacute;n a NO<sub>2</sub>. Pero esta vez comprobamos si el efecto adverso de la contaminaci&oacute;n es o no similar para mujeres con distintos niveles socioecon&oacute;micos &ndash;en este caso usamos el nivel educativo y una vez m&aacute;s controlamos por la influencia de otros fen&oacute;menos relevantes. Los resultados indican claramente que no. En ambos casos, el riesgo al que induce la contaminaci&oacute;n es m&aacute;s elevado para las mujeres con menor nivel educativo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/852ee88b-0d9f-4a5c-b3a9-e1465cb81fc3_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/852ee88b-0d9f-4a5c-b3a9-e1465cb81fc3_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/852ee88b-0d9f-4a5c-b3a9-e1465cb81fc3_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/852ee88b-0d9f-4a5c-b3a9-e1465cb81fc3_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/852ee88b-0d9f-4a5c-b3a9-e1465cb81fc3_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/852ee88b-0d9f-4a5c-b3a9-e1465cb81fc3_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/852ee88b-0d9f-4a5c-b3a9-e1465cb81fc3_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Gráfico 4. Probabilidad de nacer con bajo peso y antes de término, según niveles de exposición a NO2 durante el tercer trimestre de embarazo, para mujeres con y sin título universitario. Bebés nacidos en Madrid en 2019"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Gráfico 4. Probabilidad de nacer con bajo peso y antes de término, según niveles de exposición a NO2 durante el tercer trimestre de embarazo, para mujeres con y sin título universitario. Bebés nacidos en Madrid en 2019                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Para todos los niveles de exposici&oacute;n a NO<sub>2</sub> durante la gestaci&oacute;n, &eacute;stas tienen m&aacute;s probabilidad de que sus beb&eacute;s nazcan con mala salud. Para la prematuridad (a la derecha), la brecha es menos marcada para los niveles m&aacute;s bajos de poluci&oacute;n, pero va aumentando a medida que nos movemos a exposiciones m&aacute;s altas. En el caso del bajo peso (a la izquierda), por el contrario, en los niveles m&aacute;s extremos de NO<sub>2</sub> el riesgo de ambos grupos converge. Estos resultados sugieren dos implicaciones para las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas. Primera, que las limitaciones actuales son claramente insuficientes para proteger a los grupos m&aacute;s desfavorecidos de la poblaci&oacute;n, que no casualmente son aquellos que se beneficiar&iacute;an m&aacute;s de una aplicaci&oacute;n m&aacute;s estricta. Segunda, que, a partir de ciertos niveles &ndash;que en la ciudad de Madrid se exceden con mucha frecuencia&ndash;, los recursos de las madres no son capaces de mitigar las consecuencias adversas para la salud que implica la contaminaci&oacute;n. Puedes correr, pero no esconderte.
    </p><p class="article-text">
        Nota: Esta entrada forma parte de los resultados del proyecto de investigaci&oacute;n PERIFACT: Desigualdades sociales en salud perinatal: factores y consecuencias (PID2019-111564RB-I00 / AEI / 10.13039/501100011033).
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Leire Salazar, Nerea Bello Iglesias]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/contaminados-cuna_132_11229170.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 Mar 2024 05:00:35 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/5e62fecb-4162-4af8-bda7-436348de80e3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="44026" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/5e62fecb-4162-4af8-bda7-436348de80e3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="44026" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Contaminados antes de la cuna]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/5e62fecb-4162-4af8-bda7-436348de80e3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los chicos (y sobre todo las chicas) no están bien]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/chicos-chicas-no_132_10668350.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La evidencia empírica sobre la relación entre redes sociales y salud mental, a examen</p></div><p class="article-text">
        Estos d&iacute;as se multiplican las iniciativas de madres y padres en distintos lugares de Espa&ntilde;a que tratan de organizarse para retrasar, de manera colegiada, la edad a la que entregan el tel&eacute;fono m&oacute;vil a sus hijos en sus comunidades inmediatas (escuela, barrio, municipio). Seg&uacute;n <a href="https://www.ine.es/dynt3/inebase/index.htm?padre=8320&amp;capsel=8320" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">datos del INE de 2021</a>, el 86% de los y las adolescentes de 13 a&ntilde;os dispon&iacute;a ya de un tel&eacute;fono m&oacute;vil propio y esta cifra superaba el 96% entre quienes ten&iacute;an 15 a&ntilde;os. El uso m&aacute;s frecuente que se hace de los dispositivos en estas edades tempranas incluye publicar o reaccionar a contenidos en las redes sociales &ndash;a pesar de que muchas de las m&aacute;s frecuentes, como WhatsApp o TikTok no est&aacute;n en principio permitidas en la UE a menores de 16.
    </p><p class="article-text">
        El aumento de la proporci&oacute;n de adolescentes y j&oacute;venes con acceso a redes sociales en sus dispositivos personales a edades cada vez m&aacute;s tempranas ha ido en paralelo a un preocupante incremento de los problemas de salud mental como la ansiedad o la depresi&oacute;n en esta misma franja de edad. De acuerdo con los <a href="https://www.cdc.gov/healthyyouth/data/yrbs/pdf/YRBS_Data-Summary-Trends_Report2023_508.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">datos oficiales de las instituciones sanitarias</a>, en Estados Unidos la proporci&oacute;n de adolescentes que declara presentar sentimientos de tristeza y desesperanza ha aumentado dr&aacute;sticamente en la &uacute;ltima d&eacute;cada, sobre todo entre las chicas. Esta tendencia al alza, as&iacute; como la diferencia entre chicos y chicas, es muy similar cuando se examinan otros indicadores, entre los que tal vez sean especialmente alarmantes los relativos a las ideaciones suicidas y los intentos de suicidio. En nuestro pa&iacute;s no hay datos oficiales con el mismo grado de detalle en lo que respecta a los indicadores considerados, a la desagregaci&oacute;n por edad y a la evoluci&oacute;n temporal. No obstante, las principales conclusiones de los <a href="https://www.centroreinasofia.org/publicacion/barometro-salud-2023/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">datos disponibles</a> para Espa&ntilde;a est&aacute;n inequ&iacute;vocamente alineadas y muestran con mucha contundencia un claro aumento de los problemas de salud mental en los adolescentes y j&oacute;venes y una evidente peor situaci&oacute;n de las chicas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1eb81caf-e039-475e-8ad0-27a251849edf_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1eb81caf-e039-475e-8ad0-27a251849edf_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1eb81caf-e039-475e-8ad0-27a251849edf_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1eb81caf-e039-475e-8ad0-27a251849edf_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1eb81caf-e039-475e-8ad0-27a251849edf_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1eb81caf-e039-475e-8ad0-27a251849edf_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/1eb81caf-e039-475e-8ad0-27a251849edf_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Gráfico 1. Cambios en diversos indicadores de salud mental en estudiantes de secundaria en EEUU, 2011-2021"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Gráfico 1. Cambios en diversos indicadores de salud mental en estudiantes de secundaria en EEUU, 2011-2021                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        En Estados Unidos (sobre todo, pero no s&oacute;lo) ha proliferado una l&iacute;nea de investigaci&oacute;n en torno a la posible relaci&oacute;n entre la exposici&oacute;n a redes sociales y los problemas de salud mental. Estas contribuciones emp&iacute;ricas y los debates metodol&oacute;gicos y sustantivos que han suscitado son muy interesantes porque ponen de manifiesto problemas generalizados de la investigaci&oacute;n en ciencias sociales, que abordan fen&oacute;menos complejos y en los que no es sencillo aislar las causas &uacute;ltimas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Correlaci&oacute;n no implica causalidad: descartando explicaciones alternativas</strong>
    </p><p class="article-text">
        Intuitivamente, la relaci&oacute;n entre redes y mala salud mental parece plausible, pero sabemos bien que en ciencias sociales el hecho de que dos fen&oacute;menos se muevan conjuntamente no implica que uno sea el causante del otro &ndash;correlaci&oacute;n no implica causalidad. Para empezar, los datos (y dise&ntilde;os) que se requieren para establecer inequ&iacute;vocamente que una mayor exposici&oacute;n a las redes es la causa (o una causa) que explica el aumento de las afecciones mentales en adolescentes y j&oacute;venes son dif&iacute;ciles de generar y los an&aacute;lisis que se requieren son asimismo muy complejos. Examinemos a continuaci&oacute;n varios motivos concretos, al margen de la existencia o no de datos, que complican esta atribuci&oacute;n de causalidad.
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, es muy posible que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os se declaren m&aacute;s (y en consecuencia se diagnostiquen en mayor medida o con m&aacute;s precisi&oacute;n) los problemas de salud mental. Seg&uacute;n este razonamiento, no existir&iacute;a un aumento real que explicar (no habr&iacute;a m&aacute;s casos sino solamente m&aacute;s casos declarados) y en consecuencia no tendr&iacute;a sentido buscar una pistola humeante a la que atribuir la responsabilidad del cambio. Contra este argumento se pueden ofrecer los cambios en las cifras de ingresos hospitalarios por autolesiones e intentos de suicidio &ndash;que en muchos contextos han aumentado sustancialmente&ndash; y las del incremento de las muertes por suicidio &ndash;en algunos tramos de edad el suicido es ya la primera causa de muerte incluso en <a href="https://www.ucm.es/suicidio-primera-causa-de-muerte-en-jovenes" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Espa&ntilde;a</a>. S&iacute; hay, por lo tanto, un fen&oacute;meno nuevo por explicar.
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, podr&iacute;a suceder que quienes acceden antes, con m&aacute;s intensidad o est&aacute;n expuestos a contenidos con m&aacute;s riesgo en las redes sean adolescentes y j&oacute;venes con peor salud mental de partida o m&aacute;s susceptibles de padecerla. Algunos estudios (por ejemplo, <a href="https://royalsocietypublishing.org/doi/10.1098/rsif.2021.0350" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&eacute;ste</a> para poblaci&oacute;n general en Francia) han mostrado que un bajo nivel educativo y de renta se relaciona con un uso de internet m&aacute;s centrado en las redes sociales, los servicios de <em>streaming</em> o los contenidos para adultos y menos en el acceso a informaci&oacute;n. Por otra parte, tambi&eacute;n sabemos que hay una brecha evidente en salud f&iacute;sica y mental en todos los tramos de edad que se debe a los recursos socioecon&oacute;micos de los individuos.
    </p><p class="article-text">
        En tercer lugar, ser&iacute;a sensato pensar que hay otras caracter&iacute;sticas individuales o acontecimientos sociales que explican ambos fen&oacute;menos. Por ejemplo, se ha argumentado que la pandemia pudo, por una parte, hacer que aumentara el uso de dispositivos electr&oacute;nicos (y de aplicaciones de redes sociales en ellos) por encima de un umbral &ldquo;razonable&rdquo; como consecuencia de las limitaciones para la interacci&oacute;n social en persona que se establecieron y, por otra, pudo haber empeorado de manera independiente la salud mental de los j&oacute;venes al intensificar su ansiedad, su preocupaci&oacute;n o su estr&eacute;s por la situaci&oacute;n personal, familiar o social derivada de la propia crisis. Hay razones que cuestionan esta idea. Una de ellas es que el consumo digital ya era muy intenso &ndash;y creciente&ndash; entre adolescentes y j&oacute;venes antes de la pandemia. Seg&uacute;n el <a href="https://www.injuve.es/sites/default/files/adjuntos/2021/03/informe_juventud_espana_2020.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Informe de la juventud en Espa&ntilde;a 2020</a> (que se basa en datos de encuesta de 2019), el 60% de los adolescentes entre 14 y 19 a&ntilde;os pasaban ya en ese a&ntilde;o m&aacute;s de tres horas al d&iacute;a conectados a internet y su consumo digital se concentraba en dos actividades principales: la conexi&oacute;n a redes sociales (m&aacute;s frecuente en las chicas) y a plataformas de contenidos audiovisuales.
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, se ha argumentado en ocasiones que la evidencia emp&iacute;rica no respalda una relaci&oacute;n fuerte entre dosis (cu&aacute;nto de expuesto a las redes est&aacute; un usuario) y respuesta (cu&aacute;nto empeora su salud mental), como ser&iacute;a esperable si la relaci&oacute;n fuera causal. Seg&uacute;n algunos expertos en el tema (por ejemplo, <a href="https://jonathanhaidt.substack.com/p/social-media-mental-illness-epidemic?utm_medium=email" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>), lo importante en este caso es cu&aacute;ntas personas de la propia red est&aacute;n expuestas. En un contexto (como hace al menos una d&eacute;cada) en el que pocos adolescentes y j&oacute;venes ten&iacute;an un dispositivo propio, existe una clara relaci&oacute;n entre exposici&oacute;n y salud mental (m&aacute;s horas de exposici&oacute;n de un usuario implican peor salud) pero no se producen efectos adversos en la salud mental de sus pares. En un contexto como el actual en el que la mayor parte de los adolescentes y j&oacute;venes disponen de tel&eacute;fono propio y acceso a alguna red social, retirar el acceso a un usuario puede no s&oacute;lo no mejorar su propia salud mental sino empeorarla, al aislarle de la interacci&oacute;n que sus pares siguen manteniendo en l&iacute;nea o de planes en persona que surgen de esa interacci&oacute;n. Como en el <a href="https://journals.sagepub.com/doi/full/10.1177/0956797616678438" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cuento de Ricitos de Oro</a>, la virtud estar&iacute;a en un t&eacute;rmino medio de uso que garantice la integraci&oacute;n con sus pares pero impida que se desplacen actividades importantes o que se deterioren procesos cognitivos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Hay mecanismos explicativos plausibles para relacionar el uso de redes y la salud mental?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hay explicaciones razonables tanto para pensar que la relaci&oacute;n causal puede de hecho existir como para explicar por qu&eacute; el efecto negativo puede ser mayor entre las chicas que entre los chicos. Los epidemi&oacute;logos Richard Wilkinson y Kate Pickett, por ejemplo, han se&ntilde;alado en <a href="https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1002/ejsp.2275" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">este art&iacute;culo</a> c&oacute;mo las sociedades en las que las diferencias de estatus son muy marcadas y hay competici&oacute;n por la posici&oacute;n individual se enfrentan a un mayor sentimiento colectivo de amenaza derivado de la evaluaci&oacute;n social. Las respuestas individuales a esta amenaza que supone el juicio externo incluyen dos extremos: uno, dejarse llevar por los sentimientos de inferioridad, baja autoestima, incompetencia y depresi&oacute;n; otro, embarcarse en diversas formas de narcisismo y exhibicionismo. Las redes sociales, especialmente aquellas cuyos contenidos principales &ndash;o aquellos que los algoritmos priorizan&ndash; son im&aacute;genes o v&iacute;deos que enfatizan el aspecto f&iacute;sico, el triunfo o que muestran como ejemplo estilos de vida y actividades de ocio basadas en el estatus pueden fomentar sentimientos de baja autoestima, insatisfacci&oacute;n o aislamiento que se relacionan con las afecciones de salud mental que m&aacute;s est&aacute;n creciendo entre adolescentes y j&oacute;venes.
    </p><p class="article-text">
        Regular el acceso a los dispositivos de uso personal, a las redes sociales y los contenidos a los que se accede &ndash;o que las propias aplicaciones priman&ndash; <a href="https://www.eldiario.es/catalunya/familias-unen-pactan-no-dar-movil-hijos-16-anos-evitamos-presion-social_1_10651858.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">supone un reto para muchas familias</a> y plantea problemas de acci&oacute;n colectiva evidentes para las comunidades en las que &eacute;stas se insertan. Dar prioridad a este tema en la agenda p&uacute;blica y fomentar que sea la investigaci&oacute;n rigurosa centrada en mejorar la salud p&uacute;blica &ndash;por encima de los intereses comerciales de las empresas que ofrecen los servicios&ndash; la que gu&iacute;e la acci&oacute;n pol&iacute;tica es fundamental para atajar el deterioro emocional de las generaciones j&oacute;venes.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Leire Salazar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/chicos-chicas-no_132_10668350.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 09 Nov 2023 05:01:20 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Los chicos (y sobre todo las chicas) no están bien]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El "caso Obregón" y la ciencia social]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/caso-obregon-ciencia-social_132_10114446.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ad1c2bfe-753b-4ab5-9c16-2e16c9b0f7e1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El &quot;caso Obregón&quot; y la ciencia social"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El caso de Ana Obregón nos ofrece la oportunidad de plantear algunos debates científicos relativos a la reproducción asistida</p></div><p class="article-text">
        El caso de Ana Obreg&oacute;n ha vuelto a poner el foco del debate p&uacute;blico en la reproducci&oacute;n asistida. Aunque su ejemplo particular no deja de reflejar un extremo por el contexto personal y familiar en el que se produce o la cantidad de dinero movilizada, hay varios asuntos en torno a &eacute;l que nos permiten reflexionar sobre debates relativos al uso de las t&eacute;cnicas de reproducci&oacute;n asistida que ya se est&aacute;n abordando en la literatura acad&eacute;mica especializada. Repasamos a continuaci&oacute;n algunos de los m&aacute;s evidentes y resumimos qu&eacute; aporta la ciencia social a ellos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>1. &iquest;Qui&eacute;n es familia? Lo biol&oacute;gico y lo social</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hace ya d&eacute;cadas que, incluso en los pa&iacute;ses de tradici&oacute;n cat&oacute;lica, las familias se han hecho m&aacute;s heterog&eacute;neas y diversas. Adem&aacute;s de las tradicionales adopciones y de las situaciones de acogimiento, hoy d&iacute;a encontramos familias reconstituidas, en las que es com&uacute;n que hijos e hijas (biol&oacute;gicos/as o no) pasen tiempo con las parejas de sus padres y madres, compartiendo en muchos casos crianza con hijos/as de dichas parejas o medio hermanos. La familia claramente va en la actualidad m&aacute;s all&aacute; de personas con v&iacute;nculos biol&oacute;gicos, incluso en los casos en los que no media la reproducci&oacute;n asistida.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, en el caso de familias formadas mediante reproducci&oacute;n asistida, como en el que da t&iacute;tulo a este texto, la biolog&iacute;a hace una reaparici&oacute;n estelar cuando se intentan establecer los roles y los v&iacute;nculos entre las personas implicadas en el complejo proceso. Mientras que en algunos casos s&oacute;lo se utiliza el material gen&eacute;tico de los futuros padres y es la futura madre la que gesta al beb&eacute;, en buena parte de las intervenciones se recurre a material gen&eacute;tico de terceras personas, en ocasiones de m&aacute;s de una. Los expertos est&aacute;n comenzando a plantear una redefinici&oacute;n de los roles en el proceso completo, con cuestiones tan interesantes como qu&eacute; derechos asisten a las personas que aportan sus gametos o que gestan un beb&eacute; para terceros &ndash;&iquest;pueden elegir las condiciones de la gestaci&oacute;n, conocer el destino de su material gen&eacute;tico, elegir qu&eacute; usos darle y qu&eacute; otros evitar?&ndash; o qu&eacute; informaci&oacute;n deben tener en el futuro los individuos nacidos a partir de estos procesos sobre las personas que contribuyeron a su concepci&oacute;n y gestaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>2. &iquest;Es la regulaci&oacute;n de la reproducci&oacute;n asistida muy restrictiva en Espa&ntilde;a?</strong>
    </p><p class="article-text">
        El escrutinio de la regulaci&oacute;n vigente desde una perspectiva comparada desmiente esta percepci&oacute;n que se ha difundido en las &uacute;ltimas semanas tras conocerse el caso Obreg&oacute;n. En el contexto europeo, en t&eacute;rminos generales las parejas heterosexuales tienen acceso a un abanico m&aacute;s amplio de tratamientos, seguidas de las mujeres sin pareja y de las parejas de mujeres. La inseminaci&oacute;n artificial y la fecundaci&oacute;n <em>in vitro</em> (sin o con microinyecci&oacute;n intracitoplasm&aacute;tica y esperma donado) son ya tratamientos comunes en gran parte de los pa&iacute;ses europeos, mientras que el uso de &oacute;vulos donados o de t&eacute;cnicas de diagn&oacute;stico gen&eacute;tico preimplantacional est&aacute; mucho m&aacute;s limitado.
    </p><p class="article-text">
        En este contexto, en realidad Espa&ntilde;a es un pa&iacute;s notablemente &ldquo;liberal&rdquo;, tanto en lo que respecta a las condiciones de acceso &ndash;qui&eacute;n puede someterse a un tratamiento&ndash; como en lo que se refiere al n&uacute;mero de ciclos cubiertos y a los tipos de tratamientos que se ofrecen, incluso en el sistema p&uacute;blico de salud. El caso de la oferta privada es a&uacute;n m&aacute;s espectacular por el volumen de tratamientos provistos, que adem&aacute;s atiende a una fuerte demanda por parte de pacientes de otros pa&iacute;ses. Esto &uacute;ltimo se debe a la laxitud respecto al tipo de caracter&iacute;sticas que se admiten en las pacientes &ndash;con casos, por ejemplo, de mujeres que acceden a la maternidad con ovocitos donados a edades muy pr&oacute;ximas a la de la menopausia natural&ndash;, al amplio cat&aacute;logo de servicios que se ofrecen y al ingente mercado de material gen&eacute;tico al que estas circunstancias dan lugar. De hecho, los pa&iacute;ses europeos con m&aacute;s tratamientos realizados &ndash;entre los que se encuentra Espa&ntilde;a&ndash; son aquellos que cuentan con una legislaci&oacute;n m&aacute;s permisiva y que logran atraer a numerosas pacientes de otros contextos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>3. &iquest;Qu&eacute; papel desempe&ntilde;a el dinero en todo esto?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Los tratamientos de reproducci&oacute;n asistida son costosos en dinero, tiempo y salud f&iacute;sica y mental. Incluso en los pa&iacute;ses en los que la provisi&oacute;n p&uacute;blica es amplia &ndash;por ejemplo, los que ofrecen tratamiento a mujeres de edad reproductiva avanzada, con hijos anteriores o sin emparejar&ndash; y generosa &ndash;por ejemplo, cubren varios ciclos y/o los tratamientos m&aacute;s complejos&ndash;, en realidad tanto el acceso como el uso efectivo est&aacute;n muy condicionados por los recursos de los que disponen quienes optan a ellos. Los recursos &ndash;especialmente los econ&oacute;micos&ndash; son, seg&uacute;n la literatura especializada, una barrera m&aacute;s potente que las restricciones normativas; entre otros motivos porque existe bastante movimiento entre pa&iacute;ses para acceder a determinados tratamientos, como en el caso que inspira este texto.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, existe un gradiente socioecon&oacute;mico evidente que se manifiesta en todas las fases relevantes del proceso. Las mujeres con m&aacute;s recursos buscan m&aacute;s atenci&oacute;n m&eacute;dica y m&aacute;s r&aacute;pido cuando identifican un problema de infertilidad, acceden en mayor medida a las t&eacute;cnicas de reproducci&oacute;n asistida, ya sea en el sistema p&uacute;blico o en el privado, y est&aacute;n, con mucho, m&aacute;s representadas entre quienes conciben beb&eacute;s por esta v&iacute;a. As&iacute;, las mujeres con niveles educativos m&aacute;s altos y en estratos socioecon&oacute;micos m&aacute;s acomodados, a pesar de ser las m&aacute;s propensas a posponer la maternidad, tienen una mayor capacidad de recuperar el tiempo perdido y de aproximarse a su fecundidad deseada.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, las mujeres que proporcionan su material gen&eacute;tico o que gestan para otras personas tienen mayoritariamente recursos econ&oacute;micos m&aacute;s limitados y/o proceden de pa&iacute;ses de renta baja, siendo su motivaci&oacute;n para participar en este tipo de procesos primordialmente econ&oacute;mica.
    </p><p class="article-text">
        <strong>4. &iquest;Se debe hacer todo lo que se puede hacer?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La r&aacute;pida aceleraci&oacute;n de la capacidad t&eacute;cnica para intervenir en procesos reproductivos y el rol creciente de entidades privadas en este negocio cada vez m&aacute;s lucrativo plantean nuevos retos, que se abordan en una investigaci&oacute;n cient&iacute;fica en constante desarrollo. Entre las dimensiones en discusi&oacute;n se encuentran la escasa informaci&oacute;n entre la poblaci&oacute;n sobre los potenciales riesgos y beneficios del recurso a t&eacute;cnicas de reproducci&oacute;n asistida, sobre sus implicaciones para la salud materna, fetal e infantil, y sobre las limitaciones que estas t&eacute;cnicas presentan a la hora de poder compensar el retraso de la maternidad. Otras cuestiones que est&aacute;n adquiriendo creciente preponderancia en la investigaci&oacute;n e incluso en el debate p&uacute;blico son la mercantilizaci&oacute;n del material gen&eacute;tico &ndash;incluyendo no s&oacute;lo gametos sino tambi&eacute;n embriones&ndash; y, en sentido m&aacute;s amplio, la <em>comodificaci&oacute;n</em> de la reproducci&oacute;n, de sus productos, y de la intervenci&oacute;n en cuerpos de terceras personas con fines reproductivos. En estas din&aacute;micas, el proceso reproductivo se ve en no pocas ocasiones <em>deconstruido</em> en fases y componentes separados que agudizan los dilemas &eacute;ticos y dificultan la atribuci&oacute;n de derechos y responsabilidades. En vista de que estas fases y componentes no responden solamente a necesidades m&eacute;dicas y sociales cambiantes, sino tambi&eacute;n a las demandas de los mercados construidos en torno a las mismas, se requerir&aacute; una discusi&oacute;n amplia y profunda, que no quede restringida al &aacute;mbito biom&eacute;dico, sobre c&oacute;mo legislar sobre los avances tecnol&oacute;gicos en este campo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Nota</strong>: Esta entrada resume algunos de los argumentos recogidos en este trabajo de Marta Seiz, Tatiana Eremenko y Leire Salazar: [ <a href="https://joint-research-centre.ec.europa.eu/publications/socioeconomic-differences-access-and-use-medically-assisted-reproduction-mar-context-increasing_en" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">enlace</a> ]
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Leire Salazar, Marta Seiz, Tatiana Eremenko]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/caso-obregon-ciencia-social_132_10114446.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 12 Apr 2023 21:35:58 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/ad1c2bfe-753b-4ab5-9c16-2e16c9b0f7e1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="3874360" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/ad1c2bfe-753b-4ab5-9c16-2e16c9b0f7e1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="3874360" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El "caso Obregón" y la ciencia social]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/ad1c2bfe-753b-4ab5-9c16-2e16c9b0f7e1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Políticas para ofrecer segundas oportunidades]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/politicas-ofrecer-segundas-oportunidades_132_9761670.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/944a75ce-3d4f-45e4-a878-e92274cda925_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Políticas para ofrecer segundas oportunidades"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Aunque en la España de las últimas décadas han predominado la expansión educativa y el ascenso social, persiste el efecto del origen socioeconómico sobre el logro educativo en todos los niveles</p></div><h3 class="article-text"><strong>La educaci&oacute;n en Espa&ntilde;a ya no es elitista y las mujeres se han beneficiado muy claramente de la expansi&oacute;n del sistema</strong></h3><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a ha experimentado, con especial claridad durante la segunda mitad del siglo XX, una aut&eacute;ntica revoluci&oacute;n educativa cuyo resultado ha sido una mejora considerable y casi continua del nivel educativo medio del pa&iacute;s y el acercamiento a los niveles educativos de los pa&iacute;ses europeos. En este sentido, y sin entrar en el delicado debate sobre la calidad de la formaci&oacute;n, es cierto que las generaciones m&aacute;s j&oacute;venes son las m&aacute;s formadas de nuestra historia. Una caracter&iacute;stica destacada de este cambio secular es que se han revertido las desigualdades educativas de g&eacute;nero hasta situar a las ni&ntilde;as y chicas en posici&oacute;n de ventaja en pr&aacute;cticamente todos los indicadores posibles, tanto del nivel educativo alcanzado como de las competencias adquiridas.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de este evidente logro social de facilitar el acceso a la formaci&oacute;n de proporciones cada vez mayores de ciudadanos, cuando se analiza la desigualdad de oportunidades educativas, es decir, en qu&eacute; medida el origen social de los alumnos condiciona su logro y rendimiento educativo, los datos ofrecen resultados menos optimistas. En los siguientes p&aacute;rrafos mostrar&eacute; solamente tres evidencias que ilustran esta persistencia en distintas etapas formativas y en diversos indicadores. Todos los datos se refieren al a&ntilde;o 2019.
    </p><p class="article-text">
        <strong>1. En la primera etapa de educaci&oacute;n infantil (0-3), ya son manifiestas las desigualdades sociales en el acceso</strong>
    </p><p class="article-text">
        De manera muy evidente, los hogares con m&aacute;s recursos culturales (educaci&oacute;n de los padres) o econ&oacute;micos (renta) escolarizan m&aacute;s a los ni&ntilde;os de menores de 3 a&ntilde;os. Los hijos de los hogares de alto nivel educativo est&aacute;n hasta un 28% m&aacute;s escolarizados en esta etapa que los de los hogares de bajo nivel.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fb3450f6-7aa4-4acd-88f9-6eb74ca343dd_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fb3450f6-7aa4-4acd-88f9-6eb74ca343dd_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fb3450f6-7aa4-4acd-88f9-6eb74ca343dd_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fb3450f6-7aa4-4acd-88f9-6eb74ca343dd_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fb3450f6-7aa4-4acd-88f9-6eb74ca343dd_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fb3450f6-7aa4-4acd-88f9-6eb74ca343dd_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/fb3450f6-7aa4-4acd-88f9-6eb74ca343dd_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Gráfico 1"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Gráfico 1                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>2. Es hasta 11 veces m&aacute;s probable abandonar prematuramente la educaci&oacute;n cuando la madre tiene solamente estudios b&aacute;sicos</strong>
    </p><p class="article-text">
        El abandono educativo temprano se produce cuando una persona de entre 18 y 24 a&ntilde;os no ha finalizado los niveles posteriores a la ESO y no cursa otra formaci&oacute;n reglada. Espa&ntilde;a lideraba en 2019 el <em>ranking</em> de este indicador en la Uni&oacute;n Europea, especialmente entre los chicos. No obstante, el abandono no se distribuye por igual entre todos los or&iacute;genes sociales. Los hijos de madres con nivel educativo bajo tienen casi 11 veces m&aacute;s probabilidades de haber abandonado prematuramente la educaci&oacute;n que aquellos con madres universitarias. Asimismo, los hijos de hogares situados en el tercil (tercio) inferior de la distribuci&oacute;n de la renta abandonan tempranamente los estudios con una probabilidad 6 veces mayor.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3bd209bb-ff8a-4fac-ba5c-a2359b58fe02_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3bd209bb-ff8a-4fac-ba5c-a2359b58fe02_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3bd209bb-ff8a-4fac-ba5c-a2359b58fe02_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3bd209bb-ff8a-4fac-ba5c-a2359b58fe02_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3bd209bb-ff8a-4fac-ba5c-a2359b58fe02_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3bd209bb-ff8a-4fac-ba5c-a2359b58fe02_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/3bd209bb-ff8a-4fac-ba5c-a2359b58fe02_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Gráfico 2"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Gráfico 2                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>3. En 2019, una persona procedente de un hogar con ingresos altos ten&iacute;a el doble de probabilidades de cursar educaci&oacute;n terciaria que otra de un hogar con ingresos bajos</strong>
    </p><p class="article-text">
        Incluso en educaci&oacute;n terciaria, cuando ya ha tenido lugar buena parte de la selecci&oacute;n y muchos estudiantes con or&iacute;genes sociales m&aacute;s bajos ya han quedado fuera del sistema, el peso de los recursos culturales y econ&oacute;micos de los padres contin&uacute;a siendo evidente. Nuevamente, cuanto mejor es el estatus socioecon&oacute;mico de los padres, mayor es el acceso de sus hijos e hijas a la ense&ntilde;anza terciaria. En 2019, una persona procedente de un hogar con ingresos altos ten&iacute;a el doble de probabilidades de cursar educaci&oacute;n terciaria que otra de un hogar con ingresos bajos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d02a1b21-122b-4b7d-b521-9840d2a4604d_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d02a1b21-122b-4b7d-b521-9840d2a4604d_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d02a1b21-122b-4b7d-b521-9840d2a4604d_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d02a1b21-122b-4b7d-b521-9840d2a4604d_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d02a1b21-122b-4b7d-b521-9840d2a4604d_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d02a1b21-122b-4b7d-b521-9840d2a4604d_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/d02a1b21-122b-4b7d-b521-9840d2a4604d_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Gráfico 3"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Gráfico 3                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Como apreciamos en los tres gr&aacute;ficos, la notable expansi&oacute;n del sistema educativo espa&ntilde;ol en todos los niveles de ense&ntilde;anza no se ha traducido en una desaparici&oacute;n de las desigualdades en el acceso y en la permanencia en ellos. Aunque en la Espa&ntilde;a de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas ha predominado el ascenso social (hay m&aacute;s j&oacute;venes que logran un nivel educativo m&aacute;s alto que el de sus padres que lo contrario), el suelo al que se enfrentan en la actualidad los hijos de familias con menos recursos sigue siendo bastante pegajoso. Los j&oacute;venes cuyos padres tienen niveles bajos de estudios ascienden socialmente en menor medida que sus pares con padres universitarios.
    </p><h3 class="article-text"><strong>&iquest;Qu&eacute; hacer? Entre otras medidas, pol&iacute;ticas que ofrezcan segundas oportunidades</strong></h3><p class="article-text">
        Estos resultados nos recuerdan que existe todav&iacute;a margen para dise&ntilde;ar pol&iacute;ticas p&uacute;blicas que profundicen en la igualdad de oportunidades educativas, dado que estas siguen constituyendo la mejor v&iacute;a para acceder a otros recursos socialmente deseables (por ejemplo, salud, trabajo y renta). Para dise&ntilde;ar las medidas, conviene identificar los factores que intervienen en la persistencia de estas desigualdades. Entre ellas, hoy me interesa hacer referencia a una: la posibilidad que tienen las familias con m&aacute;s recursos de ofrecer segundas oportunidades a sus hijos.
    </p><p class="article-text">
        Ante un acontecimiento adverso que afecte al rendimiento educativo (una mala racha, una enfermedad, un problema familiar o con los amigos, una materia que se atraganta), las familias con recursos pueden recurrir c&oacute;modamente a estrategias de todo tipo, incluyendo las actividades extraescolares, profesores particulares o academias de refuerzo, detecci&oacute;n de problemas de salud o de desarrollo y acceso a tratamientos efectivos, o incluso un cambio de escuela. Cuando llega el momento de la inserci&oacute;n laboral, estas familias pueden asimismo ofrecer a sus hijos un colch&oacute;n para esperar a una oferta de trabajo aceptable o preparar oposiciones, pueden prestarles un peque&ntilde;o capital para iniciar un negocio o para buscar trabajo en el extranjero, pueden facilitar acceso a informaci&oacute;n o a contactos relevantes que puedan ayudar en el proceso.
    </p><p class="article-text">
        Para las familias con recursos limitados no es tan sencillo desplegar estrategias para hacer frente a estas eventualidades. Para los ni&ntilde;os y j&oacute;venes con escasos medios, en muchas ocasiones no existen las segundas oportunidades. Sabemos que las ventajas y desventajas, las heredadas y las que se reciben de manera aut&oacute;noma, se van acumulando a lo largo del ciclo vital de los individuos y que una desventaja en un &aacute;mbito, por ejemplo, el educativo, puede tener una influencia adversa en otro, por ejemplo, la salud o la inserci&oacute;n laboral. Existe margen para avanzar en el dise&ntilde;o de un amplio abanico de medidas que ofrezcan segundas oportunidades a los estudiantes con menos recursos, de modo que sus tropiezos no dejen cicatrices duraderas. 
    </p><p class="article-text">
        *NOTA: Esta entrada est&aacute; basada en mi intervenci&oacute;n en el F&oacute;rum 360 del Observatorio Social de &ldquo;la Caixa&rdquo; en el que se present&oacute; el libro <em>Desigualdad y pacto social</em>. Los gr&aacute;ficos que se muestran proceden del cap&iacute;tulo sobre desigualdades educativas, en coautor&iacute;a con Miguel Requena. El libro completo se puede descargar <a href="https://elobservatoriosocial.fundacionlacaixa.org/-/desigualdad-y-pacto-social" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Leire Salazar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/politicas-ofrecer-segundas-oportunidades_132_9761670.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 01 Dec 2022 21:41:26 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/944a75ce-3d4f-45e4-a878-e92274cda925_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="62820" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/944a75ce-3d4f-45e4-a878-e92274cda925_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="62820" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Políticas para ofrecer segundas oportunidades]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/944a75ce-3d4f-45e4-a878-e92274cda925_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Descuidar la sanidad pública es un mal negocio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/descuidar-sanidad-publica-mal-negocio_132_9129644.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/81af056b-f562-4ce4-9de8-c918cf101486_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Descuidar la sanidad pública es un mal negocio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Medir con rigor cómo afectan los cambios en la inversión en sanidad pública a la salud de los ciudadanos resulta muy complicado. Mostramos evidencia indirecta de que restringir el acceso a la cobertura sanitaria tiene consecuencias negativas</p></div><p class="article-text">
        Durante d&eacute;cadas se ha presumido en Espa&ntilde;a de la sanidad p&uacute;blica, gratuita y universal, como un logro social extraordinario, un modelo de &eacute;xito evidente y la joya de la corona del Estado de bienestar. Las tendencias hacia la privatizaci&oacute;n de la atenci&oacute;n sanitaria y las fuertes tensiones a las que se ha visto sometido el sistema p&uacute;blico de salud durante la pandemia de COVID-19 han mostrado las a veces fr&aacute;giles costuras de &eacute;ste. En este contexto, surge la pregunta de qu&eacute; efectos tiene la calidad del sistema sanitario p&uacute;blico &ndash;condiciones de acceso, infraestructuras y equipamientos, magnitud de la inversi&oacute;n, condiciones laborales de los profesionales&ndash; en la salud de los ciudadanos y qu&eacute; ocurre cuando alguno de estos par&aacute;metros cambia. Responder a esta pregunta de manera sistem&aacute;tica, exhaustiva y rigurosa resulta muy complicado y en ocasiones es necesario recurrir a estrategias creativas para hacerlo. En esta entrada ofrecemos los resultados de un ejercicio emp&iacute;rico que ofrece una respuesta indirecta a la pregunta.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Nuestra estrategia: &ldquo;aprovechar&rdquo; un cambio normativo que introduc&iacute;a restricciones de acceso a la atenci&oacute;n sanitaria</strong>
    </p><p class="article-text">
        Identificamos un contexto en el que hay un cambio ex&oacute;geno en alguno de estos elementos. En concreto, partimos de un acontecimiento cuasi experimental ocurrido en 2012 &ndash;la introducci&oacute;n del Real Decreto-ley 20 de abril 2012 (RDL 16/2012)&ndash; mediante el que se limit&oacute; la cobertura sanitaria, con algunas excepciones, a personas inmigrantes sin documentaci&oacute;n. La medida se aplic&oacute; de manera muy desigual en las distintas Comunidades Aut&oacute;nomas (en su orientaci&oacute;n general y en el tratamiento de las excepciones contempladas); no en vano las competencias sobre la sanidad est&aacute;n descentralizadas. Estas variaciones en la aplicaci&oacute;n de la norma jur&iacute;dica nos permiten observar en la pr&aacute;ctica distintos grados de restricciones en las condiciones de acceso a la atenci&oacute;n sanitaria, siguiendo el trabajo de Cimas y sus coautores (<a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/26948703/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>). Su clasificaci&oacute;n da lugar a tres grupos de Comunidades Aut&oacute;nomas: las que adoptaron ninguna o muy pocas restricciones de facto, las que impusieron algunas restricciones y las que aplicaron en la pr&aacute;ctica muchas restricciones, es decir, una implementaci&oacute;n m&aacute;s &ldquo;fiel&rdquo; de la nueva ley. Aunque &eacute;sta afecta potencialmente a distintos indicadores de salud (por ejemplo, a la mortalidad, como se ha mostrado convincentemente <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0014292120302385" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>), en este caso nos centramos en la salud de los reci&eacute;n nacidos y en concreto seleccionamos el bajo peso al nacer como nuestro indicador relevante, ya que existe un gran consenso sobre la influencia adversa que tiene nacer con bajo peso en multitud de resultados de salud a lo largo de la vida.
    </p><p class="article-text">
        En el trabajo analizamos, por tanto, si residir en Comunidades Aut&oacute;nomas con m&aacute;s restricciones para acceder a la sanidad p&uacute;blica conlleva un mayor riesgo de que nazcan beb&eacute;s con dificultades y si, adem&aacute;s, esta influencia adversa de las limitaciones es m&aacute;s acentuada para los grupos potencialmente m&aacute;s expuestos o vulnerables. Con este fin, clasificamos todas las nacionalidades de las madres de beb&eacute;s nacidos en Espa&ntilde;a unos a&ntilde;os antes de la reforma y unos a&ntilde;os despu&eacute;s &ndash;entre 2009 y 2016&ndash; seg&uacute;n el porcentaje de personas en ese grupo con residencia legal en el pa&iacute;s. Para ello utilizamos datos oficiales tanto de los permisos v&aacute;lidos como de las solicitudes de asilo en tr&aacute;mite. A partir de estos datos, construimos tres grupos de nacionalidades: con una proporci&oacute;n muy baja de irregularidad (&amp;lt;5%), una proporci&oacute;n media (5-19%) y una proporci&oacute;n alta (&amp;gt;19%).
    </p><p class="article-text">
        <strong>Las instituciones importan: a mayores restricciones, peor salud de los beb&eacute;s</strong>
    </p><p class="article-text">
        Los an&aacute;lisis confirman algunos resultados relevantes; en esta entrada destacamos dos, que se extraen de los gr&aacute;ficos que mostramos a continuaci&oacute;n. En ambos se presenta, en el eje horizontal, el a&ntilde;o de nacimiento de los beb&eacute;s. La l&iacute;nea roja vertical marca el momento en el que se introduce el RDL 16/2012. Las tres l&iacute;neas presentan la prevalencia de bajo peso al nacer para los tres grupos de Comunidades Aut&oacute;nomas: sin restricciones o con muy pocas, con algunas restricciones y con muchas restricciones (la l&iacute;nea naranja). La figura de la izquierda ilustra la prevalencia de bajo peso para el grupo de nacionalidades (de la madre) con una proporci&oacute;n alta de irregularidad; la de la derecha lo hace para el grupo de nacionalidades con una proporci&oacute;n baja. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Prevalencia del bajo peso al nacer para distintas combinaciones de estatus legal de las madres y de condiciones de acceso a la sanidad p&uacute;blica en la Comunidad Aut&oacute;noma</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e3b907cc-e2eb-40a3-83a3-255bf76632fc_source-aspect-ratio_50p_1051193.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e3b907cc-e2eb-40a3-83a3-255bf76632fc_source-aspect-ratio_50p_1051193.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e3b907cc-e2eb-40a3-83a3-255bf76632fc_source-aspect-ratio_75p_1051193.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e3b907cc-e2eb-40a3-83a3-255bf76632fc_source-aspect-ratio_75p_1051193.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e3b907cc-e2eb-40a3-83a3-255bf76632fc_source-aspect-ratio_default_1051193.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e3b907cc-e2eb-40a3-83a3-255bf76632fc_source-aspect-ratio_default_1051193.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/e3b907cc-e2eb-40a3-83a3-255bf76632fc_source-aspect-ratio_default_1051193.jpg"
                    alt="Nota: Los resultados proceden de estimaciones de modelos LPM aplicados a los datos del Boletín Estadístico de Parto del INE para varios años. En todos los análisis se descuenta la posible influencia de otras características de las madres, padres y bebés, así como de otras características de las Comunidades Autónomas que correlacionan con el peso al nacer."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Nota: Los resultados proceden de estimaciones de modelos LPM aplicados a los datos del Boletín Estadístico de Parto del INE para varios años. En todos los análisis se descuenta la posible influencia de otras características de las madres, padres y bebés, así como de otras características de las Comunidades Autónomas que correlacionan con el peso al nacer.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        El primer resultado relevante resulta de comparar la prevalencia de bajo peso para los beb&eacute;s cuyas madres eran m&aacute;s vulnerables al cambio legislativo &ndash;aquellas con nacionalidades para las que la situaci&oacute;n de irregularidad era frecuente, en el panel de la izquierda&ndash; con las que en principio podr&iacute;an haber eludido con m&aacute;s facilidad la aplicaci&oacute;n de la ley, en el de la derecha. El estatus legal de las madres, de hecho, afecta a la salud de los beb&eacute;s: los ni&ntilde;os de madres m&aacute;s expuestas al cambio legislativo muestran resultados consistentemente peores. El segundo resultado procede de comparar la salud de los beb&eacute;s en contextos con aplicaciones m&aacute;s y menos f&eacute;rreas de la ley restrictiva, cotejando las l&iacute;neas dentro de cada figura. Como cab&iacute;a esperar, en las Comunidades Aut&oacute;nomas en las que se implement&oacute; de manera m&aacute;s literal y restrictiva el Real Decreto-ley, la salud de los beb&eacute;s empeor&oacute; de manera sustancial.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Algunas implicaciones</strong>
    </p><p class="article-text">
        En este ejercicio hemos considerado el escenario en teor&iacute;a menos propicio para detectar una influencia del cambio legislativo, dado que la atenci&oacute;n al embarazo y al parto en principio segu&iacute;an cubri&eacute;ndose en la sanidad p&uacute;blica, aunque en la pr&aacute;ctica en algunas Comunidades Aut&oacute;nomas hab&iacute;a evidentes dificultades al respecto. Incluso en este contexto, los resultados demuestran que restringir el acceso a la sanidad p&uacute;blica empeor&oacute; la salud de los reci&eacute;n nacidos, especialmente entre los grupos de inmigrantes m&aacute;s vulnerables. Sabemos que los beb&eacute;s que al nacer presentan peores resultados perinatales son m&aacute;s propensos a tener mala salud a lo largo de la infancia y la vida adulta, por lo que, desde el punto de vista de la equidad y la igualdad de oportunidades, esta pol&iacute;tica result&oacute; sin duda desacertada. Incluso desde el punto de vista de la eficiencia, estos resultados sugieren que descuidar la inversi&oacute;n en sanidad p&uacute;blica universal parece un muy mal negocio. Las consecuencias adversas para la salud y el bienestar de la poblaci&oacute;n que se deben a cambios en las condiciones de acceso y en la calidad del servicio &ndash;sean estos cambios expl&iacute;citos o velados&ndash; no tardan en hacerse notar.
    </p><p class="article-text">
        _________________
    </p><p class="article-text">
        Nota: Esta entrada forma parte de los resultados del proyecto de investigaci&oacute;n PERIFACT: Desigualdades sociales en salud perinatal: factores y consecuencias (PID2019-111564RB-I00 / AEI / 10.13039/501100011033). La investigaci&oacute;n en la que se basa cuenta tambi&eacute;n con financiaci&oacute;n del Ministerio de Ciencia, Innovaci&oacute;n y Universidades (IJC2018-038444-I).
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Leire Salazar, Marta Seiz, Tatiana Eremenko, Marco Cozzani]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/descuidar-sanidad-publica-mal-negocio_132_9129644.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 30 Jun 2022 04:00:59 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/81af056b-f562-4ce4-9de8-c918cf101486_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="253813" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/81af056b-f562-4ce4-9de8-c918cf101486_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="253813" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Descuidar la sanidad pública es un mal negocio]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/81af056b-f562-4ce4-9de8-c918cf101486_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuatro motivos por los que muchas personas no ven la pobreza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/pobreza-espana-homofilia-negacionismo_132_8856053.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ffa71d73-7f78-47e4-9c3c-68708dd6b448_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuatro motivos por los que muchas personas no ven la pobreza"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La negación de la magnitud de la pobreza o de su relevancia supone una novedad preocupante para la calidad y el tono del debate público. Abordamos cuatro posibles razones por las que se esté minimizando la importancia de este tema</p></div><p class="article-text">
        El negacionismo de las inequidades econ&oacute;micas tradicionalmente se hab&iacute;a centrado en cuestionar la oportunidad de mitigar la desigualdad, no en negar la existencia de pobreza y la necesidad de hacerle frente. La negaci&oacute;n de la magnitud de la pobreza o de su relevancia supone una novedad preocupante para la calidad y el tono del debate p&uacute;blico. En esta entrada hablar&eacute; de cuatro razones (la lista no es exhaustiva) por las que puede que se est&eacute; minimizando la importancia de este tema recientemente.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Raz&oacute;n 1: Pensar que no puede ser pobre quien tiene trabajo remunerado</strong>
    </p><p class="article-text">
        En contra de lo que nuestra primera intuici&oacute;n pueda llevarnos a pensar, en nuestro pa&iacute;s tener trabajo no siempre garantiza un m&iacute;nimo de bienestar material. Espa&ntilde;a tiene una proporci&oacute;n extraordinaria de trabajadores pobres: el 11,8% de las personas con trabajo ten&iacute;a, en 2020, el &uacute;ltimo a&ntilde;o para el que disponemos de datos consolidados, ingresos disponibles por debajo del umbral que convencionalmente se establece para delimitar el riesgo de pobreza. Esta cifra no responde a la situaci&oacute;n excepcional que se vivi&oacute; con el inicio de la pandemia; en los a&ntilde;os anteriores los porcentajes eran similares, incluso algo superiores. Por supuesto que en este grupo abundar&aacute;n otras caracter&iacute;sticas que correlacionan de manera independiente con el riesgo de pobreza (como la estructura del hogar, el n&uacute;mero de horas trabajadas o el tipo de trabajo que se desempe&ntilde;a), pero incluso en ese caso no deja de ser llamativa la magnitud del fen&oacute;meno. La evidencia disponible apunta a que se han diversificado en Espa&ntilde;a los correlatos del riesgo de pobreza y que los factores tradicionalmente protectores (tener un nivel educativo alto, contar con dos salarios en el hogar, estar empleado) no funcionan como se esperar&iacute;a (un resumen sobre esta cuesti&oacute;n puede encontrarse en mi <a href="https://global.oup.com/academic/product/the-oxford-handbook-of-spanish-politics-9780198826934?cc=es&amp;lang=en&amp;" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cap&iacute;tulo sobre desigualdad social</a> en el <em>Oxford Handbook of Spanish Politics</em>). Mientras en otros contextos los debates acad&eacute;micos y pol&iacute;ticos empiezan a plantear si ser&iacute;a posible ir transitando hacia sociedades que trabajen menos horas, en Espa&ntilde;a, si no se plantean soluciones eficaces para mitigar la pobreza laboral con medidas predistributivas o redistributivas, esta aspiraci&oacute;n parece ser a&uacute;n bastante lejana.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Raz&oacute;n 2: No llamar a las cosas por su nombre </strong>
    </p><p class="article-text">
        El debate sobre desigualdad econ&oacute;mica y pobreza se apoya en un corpus te&oacute;rico y t&eacute;cnico relativamente complejo y da la impresi&oacute;n de que los matices que se manejan en la literatura especializada no siempre encuentran un buen reflejo en el debate p&uacute;blico. Si bien en el lenguaje popular parece evidente que el t&eacute;rmino pobreza remite simplemente a la escasez de recursos, el debate acad&eacute;mico es mucho m&aacute;s rico en conceptos, indicadores y metodolog&iacute;as. No son lo mismo pobreza, privaci&oacute;n y exclusi&oacute;n social; no es lo mismo la pobreza absoluta (la imposibilidad de cubrir necesidades b&aacute;sicas), que no suele ser objeto frecuente de an&aacute;lisis en las sociedades ricas, que la pobreza relativa, que incorpora una referencia a la sociedad concreta en la que tiene lugar (con un umbral que, por lo tanto, no es fijo y que depende de c&oacute;mo se distribuyen en la poblaci&oacute;n los recursos econ&oacute;micos que se est&eacute;n analizando). La privaci&oacute;n, material y no material, es otro indicador con entidad propia que en ocasiones se confunde con la pobreza. Aunque l&oacute;gicamente existan relaciones entre todos los conceptos, es crucial mantener el rigor en su uso y en la especificaci&oacute;n de sus posibles implicaciones. Algunas medidas identificar&aacute;n m&aacute;s personas o colectivos con dificultades que otras y no siempre se ofrece el sustrato t&eacute;cnico suficiente, digerido para un p&uacute;blico no experto, para ponerlas en contexto con otras que tal vez den lugar a conclusiones algo o muy diferentes. El uso transparente de varias medidas complementarias y sus posibles implicaciones minimiza el riesgo de que se entienda que se elige la que m&aacute;s conviene al argumento &ndash;tenga &eacute;ste como objetivo enfatizar la importancia de la pobreza o por el contrario minimizar su importancia en nuestra sociedad. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Raz&oacute;n 3: Homofilia y cohesi&oacute;n social</strong>
    </p><p class="article-text">
        La homofilia es la propensi&oacute;n a relacionarse, en mayor medida de la que corresponder&iacute;a si las interacciones tuvieran lugar de manera aleatoria, con personas muy similares a uno mismo en caracter&iacute;sticas como la edad, el nivel educativo, las preferencias ideol&oacute;gicas o el origen social. Incluso en las sociedades crecientemente diversas en las que vivimos, tendemos a rodearnos de y relacionamos con gente muy similar a nosotros. Estas preferencias individuales, muchas veces impl&iacute;citas, propiciadas por m&uacute;ltiples obst&aacute;culos estructurales que dificultan la mezcla, dan lugar, en el nivel agregado, a pautas bien conocidas en el an&aacute;lisis sociol&oacute;gico como la segregaci&oacute;n residencial, la segregaci&oacute;n escolar, la desafecci&oacute;n de las clases medias de los servicios p&uacute;blico o la aparici&oacute;n de c&aacute;maras de eco en las redes sociales. Por ejemplo, en un interesante <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0047272721001134" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio</a> C&aacute;ceres Delpiano y coautores aprovechan la asignaci&oacute;n aleatoria a zonas distintas de Espa&ntilde;a que ten&iacute;a lugar cuando la mayor&iacute;a de j&oacute;venes realizaba el servicio militar para analizar los cambios en la identidad nacional; en el art&iacute;culo se se&ntilde;ala la importancia del contacto entre diferentes, aunque hay m&uacute;ltiples an&aacute;lisis que apuntan a similares conclusiones en otros &aacute;mbitos. Cuando se tienen pocas oportunidades para interactuar en el d&iacute;a a d&iacute;a con personas distintas a nosotros, la empat&iacute;a y la cohesi&oacute;n social se resienten.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Raz&oacute;n 4: Una percepci&oacute;n err&oacute;nea sobre la propia posici&oacute;n social</strong>
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a una proporci&oacute;n sustancial de los ciudadanos no es capaz de (auto)ubicarse correctamente en la distribuci&oacute;n de la renta, es decir, desconoce c&oacute;mo de altos o bajos son sus propios ingresos en comparaci&oacute;n con los del resto de la poblaci&oacute;n. Las personas que ocupan los tramos m&aacute;s bajos de la distribuci&oacute;n de la renta suelen situarse, cuando se les pregunta (incluso en entornos experimentales), m&aacute;s arriba de donde realmente est&aacute;n, mientras los ricos se ubican mucho m&aacute;s abajo de lo que en realidad les corresponder&iacute;a. Esta tendencia la hemos documentado Jos&eacute; Antonio Noguera, Luis Miller y yo en un estudio sobre preferencias sobre fiscalidad que se basa en un dise&ntilde;o experimental y cuyos resultados se publicar&aacute;n muy pronto (&iexcl;seguiremos informando!). Tenemos, pues, indudables dificultades para situarnos en los extremos de la distribuci&oacute;n. Cuando analizamos la clase social subjetiva, la percibida, muchos ciudadanos tambi&eacute;n parecen evitar los extremos; tanto la clase trabajadora como la clase alta tienen cierta tendencia a pensarse desproporcionadamente como clase media y hay dificultades a&ntilde;adidas para valorar las posibilidades de ascender socialmente (por ejemplo, en este <a href="https://www.cambridge.org/core/journals/journal-of-social-policy/article/abs/beliefs-about-social-fluidity-and-preferences-for-social-policies/CD04AE77846F0B13DA65F21B770B62F6" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio</a> de Antonio Jaime e Ildefonso Marqu&eacute;s). Ser&iacute;a importante conocer de d&oacute;nde proceden estos sesgos &ndash;hay quien ve relaci&oacute;n con la homogeneizaci&oacute;n de los estilos de vida en las sociedades de consumo o con la progresiva extensi&oacute;n de la educaci&oacute;n obligatoria, pero por supuesto hay hip&oacute;tesis alternativas. En cualquier caso, las consecuencias adversas de esta percepci&oacute;n err&oacute;nea son evidentes. Este error de c&aacute;lculo puede hacer que las personas con pocos recursos perciban de manera poco realista, subestimen, su necesidad de protecci&oacute;n social. Entre las personas con una posici&oacute;n socioecon&oacute;mica holgada, puede debilitarse el compromiso redistributivo y verse comprometida la aceptaci&oacute;n de obligaciones fiscales ya que se percibe que hay hueco &ldquo;por arriba&rdquo; para asumir una mayor presi&oacute;n fiscal.
    </p><p class="article-text">
        La pobreza es uno de los muchos temas en los que no se ha conseguido a&uacute;n salvar totalmente la distancia entre el conocimiento experto y la praxis pol&iacute;tica. Los datos son los que son, aunque su comprensi&oacute;n mejorar&iacute;a si se ofrecieran todos los matices que permite el conocimiento experto. Ignorar estos datos solamente contribuye a reforzar las c&aacute;maras de resonancia en las que partidos pol&iacute;ticos, gestores de lo p&uacute;blico, analistas y ciudadanos ya habitan, y por lo tanto no hacen sino polarizar a&uacute;n m&aacute;s los discursos y dificultar la b&uacute;squeda de consensos para afrontar este reto y otros de similar gravedad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Leire Salazar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/pobreza-espana-homofilia-negacionismo_132_8856053.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 23 Mar 2022 21:31:28 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/ffa71d73-7f78-47e4-9c3c-68708dd6b448_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="16371201" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/ffa71d73-7f78-47e4-9c3c-68708dd6b448_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="16371201" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Cuatro motivos por los que muchas personas no ven la pobreza]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/ffa71d73-7f78-47e4-9c3c-68708dd6b448_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La lotería genética y la desigualdad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/loteria-genetica-desigualdad_132_8600886.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/183234bb-bda0-40a2-bcad-91a475ef47eb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La lotería genética y la desigualdad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A estas alturas, nadie niega que nacer en una familia con más o menos recursos es el resultado de una lotería. Los genes con los que nacemos tienen la misma naturaleza azarosa y similares implicaciones para la desigualdad social</p></div><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Por qu&eacute; una loter&iacute;a?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Porque cada combinaci&oacute;n de un padre y una madre podr&iacute;a llegar a producir m&aacute;s de 70 billones de beb&eacute;s gen&eacute;ticamente &uacute;nicos. Nuestro genotipo, nuestra secuencia completa de ADN, es el resultado de una loter&iacute;a gen&eacute;tica, es fruto del azar, de la misma manera que es azaroso, y por lo tanto est&aacute; fuera de nuestro control, haber nacido en una granja del sur de Francia, en una familia de ingenieros de <em>Silicon Valley</em>, o en una favela brasile&ntilde;a. Somos fruto de dos loter&iacute;as, la gen&eacute;tica y la social que, sin embargo, lejos de ser deterministas son probabil&iacute;sticas y por lo tanto complejas y llenas de matices. Los genes, como la familia en la que se nace, no marcan a hierro nuestro destino, pero s&iacute; lo condicionan.
    </p><p class="article-text">
        En el estudio de la influencia de los factores sociales en un fen&oacute;meno, un enfoque basado en un &uacute;nico factor &ndash;pongamos el an&aacute;lisis del riesgo individual de experimentar pobreza basado &uacute;nicamente en el nivel educativo&ndash; ser&iacute;a considerado extremadamente ingenuo. De similar manera, la influencia de los genes en la mayor&iacute;a de fen&oacute;menos que nos interesan tampoco se puede explicar por un solo gen. No existe un &uacute;nico gen para explicar el rendimiento escolar, las enfermedades mentales o la longevidad; se trata de fen&oacute;menos &ldquo;polig&eacute;nicos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cu&aacute;l es el premio?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Se juega a la loter&iacute;a para ganar, sea dinero o algo que compartir con amigos. En la loter&iacute;a gen&eacute;tica, hay genes que predisponen a ciertos fenotipos (los ojos de un determinado color, una cierta estatura, mayores puntuaciones en pruebas estandarizadas, m&aacute;s persistencia en las tareas, m&aacute;s riego de padecer una enfermedad&hellip;). En la loter&iacute;a social, hay familias que predisponen a obtener m&aacute;s cantidades de ciertos tipos de recursos. No obstante, no todas las diferencias entre individuos en la suerte gen&eacute;tica y social son igualmente relevantes. Los fenotipos o recursos que se valoran en una sociedad concreta est&aacute;n construidos socialmente. Por fortuna, las recompensas sociales no se reparten, al menos expl&iacute;citamente, seg&uacute;n la suerte experimentada en el reparto de ciertos fenotipos como el color del cabello, aunque claramente la propensi&oacute;n &ndash;gen&eacute;tica o inducida por los recursos familiares&ndash; a presentar genotipos que correlacionan con la salud mental o el &eacute;xito escolar pueden otorgar ventajas considerables en las sociedades actuales.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Son independientes la loter&iacute;a gen&eacute;tica y la social?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No, la suerte que se tiene en cada uno de los dos sorteos no es, en realidad, independiente: hay una clara interacci&oacute;n entre ambos. En numerosos estudios se ha demostrado que las personas con genes &ldquo;m&aacute;s afortunados&rdquo; para explicar resultados escolares son tambi&eacute;n las que crecen en entornos (familiares) m&aacute;s conducentes a tener &eacute;xito educativo. Por ejemplo, los ni&ntilde;os que a los dos a&ntilde;os de edad son capaces de repetir m&aacute;s sonidos (una ventaja claramente gen&eacute;tica) reciben m&aacute;s estimulaci&oacute;n por parte de sus padres (una ventaja claramente social), lo que aumenta a&uacute;n m&aacute;s sus probabilidades de puntuar alto en pruebas relevantes en la escuela.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Por qu&eacute; se suelen usar argumentos gen&eacute;ticos para justificar el racismo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Porque se hace un uso err&oacute;neo de los estudios basados en datos gen&eacute;ticos. El an&aacute;lisis gen&eacute;tico puede informar sobre diferencias dentro de los grupos, pero no sobre diferencias entre grupos. La mayor&iacute;a de estudios gen&eacute;ticos est&aacute;n realizados a partir de muestras de personas blancas con ancestro del norte de Europa y la portabilidad de los resultados a otros ancestros es muy cuestionable. En sociedades &eacute;tnicamente diversas como las contempor&aacute;neas, los resultados de estos estudios no pueden ni deben aplicarse de manera fr&iacute;vola o directamente torticera. Adem&aacute;s, el valor social que atribuimos a un determinado fenotipo (por ejemplo, a lograr estudios universitarios) depende de factores hist&oacute;ricos y culturales y no es necesariamente constante. De ah&iacute; que las conclusiones de los estudios gen&eacute;ticos para tratar de explicar diferencias entre grupos (razas, por ejemplo) sean err&oacute;neas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; pesa m&aacute;s, los genes o el ambiente?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Por fin disponemos de estimaciones fiables que cuantifican el peso relativo de los factores gen&eacute;ticos y de los sociales en fen&oacute;menos complejos como por ejemplo obtener un t&iacute;tulo universitario (en los EEUU en 2018). Las brechas en ambas loter&iacute;as son sorprendentemente similares. Si comparamos individuos cuyas familias estaban en el cuartil(cuarto) de poblaci&oacute;n m&aacute;s pobre y m&aacute;s rica (en t&eacute;rminos de renta familiar), los hijos de las familias ricas ten&iacute;an tasas al menos cuatro veces m&aacute;s altas de graduaci&oacute;n en la universidad que los hijos de familias pobres. Cuando se comparan, de forma an&aacute;loga, las tasas de graduaci&oacute;n de individuos que nacieron en el cuartil(cuarto) de la poblaci&oacute;n con genes menos &ldquo;favorables&rdquo; a la educaci&oacute;n y a aquellos en la parte alta de la distribuci&oacute;n, las diferencias tambi&eacute;n son de uno a cuatro. Pesan lo mismo, pues, un kilo de hierro y un kilo de plumas.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, aunque se ha avanzado sustancialmente en el estudio de los genes que correlacionan con ciertos fenotipos complejos, como el &eacute;xito escolar, y se ha podido incluso cuantificar su peso, las explicaciones sobre mecanismos siguen siendo una asignatura pendiente en ese campo. Igual que en las ciencias sociales nos enfrentamos a&uacute;n a cajas negras por abrir, en los estudios gen&eacute;ticos hay tambi&eacute;n mucho margen para entender por qu&eacute; ciertos genes se asocian con ciertos fenotipos. Aun as&iacute;, se puede afirmar con bastante confianza que las diferencias gen&eacute;ticas entre individuos, al igual que las diferencias en los recursos familiares entre individuos, causan diferente acceso a recursos valorados socialmente, dando lugar a desigualdades sociales.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Se deben corregir los resultados desiguales de la loter&iacute;a gen&eacute;tica?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;. Igual que ocurre con la loter&iacute;a social, en la que entendemos que se debe atender a las inequidades que se deben a la distinta suerte que se tiene (nacer en una familia acomodada o en otra con riesgo de pobreza, por ejemplo), las que surgen de la loter&iacute;a gen&eacute;tica nos deber&iacute;an resultar igualmente inc&oacute;modas. Las inequidades que se generan como consecuencia de la desigual suerte en la loter&iacute;a gen&eacute;tica pueden, por supuesto, tener soluciones ambientales. Si a nadie le sorprende que la miop&iacute;a, venga &eacute;sta de factores gen&eacute;ticos o del entorno, se corrija con unas gafas &ndash;una intervenci&oacute;n ambiental universalmente efectiva, barata, sencilla y escalable&ndash; no se comprende que se muestre m&aacute;s remilgo a la hora de plantear intervenciones sociales para mitigar otros tipos de fen&oacute;menos causados (en el sentido laxo del t&eacute;rmino) por la loter&iacute;a gen&eacute;tica. La ciencia interesada en las desigualdades sociales y la pol&iacute;tica social deber&iacute;an evitar el fatalismo que considera las diferencias gen&eacute;ticas inevitables y sus consecuencias no abordables.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Una conclusi&oacute;n optimista</strong>
    </p><p class="article-text">
        El improductivo manique&iacute;smo que ha polarizado durante d&eacute;cadas el debate <em>nature-nurture</em>, genes y entorno, ha hecho que la gen&eacute;tica del comportamiento y las ciencias sociales hayan avanzado con anteojeras todo este tiempo, tratando de medir, de maneras crecientemente sofisticadas pero separadas, el peso de las dos loter&iacute;as, la gen&eacute;tica y la social, en fen&oacute;menos de inter&eacute;s com&uacute;n. Para las ciencias sociales, el estudio gen&eacute;tico estaba fuera de alcance &ndash;por su coste econ&oacute;mico, la hiper-especializaci&oacute;n t&eacute;cnica que requiere, los prejuicios ideol&oacute;gicos y la falta de tradici&oacute;n de trabajo interdisciplinar. Con el abaratamiento de la recogida, custodia y procesamiento de datos gen&eacute;ticos y la aparici&oacute;n de proyectos compartidos, se sabe ya que gran parte de los esfuerzos de las ciencias sociales para identificar intervenciones que mitiguen las desigualdades &ndash;por ejemplo, las que se heredan de padres a hijos, como el logro educativo&ndash; est&aacute;n erradas porque no tienen en cuenta la transmisi&oacute;n de ventajas y desventajas que tiene lugar por la v&iacute;a gen&eacute;tica. 
    </p><p class="article-text">
        Nota: Estas ideas son un reflejo directo de las expuestas por <a href="https://www.kpharden.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Kathryn Paige Harden</a> en su reciente libro <em>The Genetic Lottery. Why DNA Matters for Social Equality</em>. La autora ha participado recientemente en la serie de seminarios de #DIGCLASS. Su intervenci&oacute;n &iacute;ntegra puede encontrase <a href="https://ec.europa.eu/jrc/en/event/webinar/digclass-seminar-series-3rd-session-genotyping-technologies-and-social-inequality" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Leire Salazar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/loteria-genetica-desigualdad_132_8600886.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 21 Dec 2021 21:08:23 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/183234bb-bda0-40a2-bcad-91a475ef47eb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="176886" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/183234bb-bda0-40a2-bcad-91a475ef47eb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="176886" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La lotería genética y la desigualdad]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/183234bb-bda0-40a2-bcad-91a475ef47eb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mortalidad infantil estancada: ¿cambio de tendencia?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/mortalidad-infantil-tendencia_132_6487568.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3ec82b93-7a19-4a4f-aeb1-248ef98c961c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mortalidad infantil estancada: ¿cambio de tendencia?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las caídas históricas en la mortalidad infantil en España parecen haber desembocado en un estancamiento. En las zonas con mayor riesgo de pobreza y desempleo, las tasas de mortalidad infantil son claramente superiores.</p></div><p class="article-text">
        El descenso secular de la mortalidad infantil (seg&uacute;n el INE, es el total de defunciones de menores de un a&ntilde;o de vida, pertenecientes a un determinado &aacute;mbito, por cada 1.000 nacidos vivos en ese &aacute;mbito) es uno de los fen&oacute;menos demogr&aacute;ficos m&aacute;s evidentes y mejor documentados. Este descenso ha sucedido como consecuencia de las mejoras a lo largo de la historia en las condiciones de vida de la poblaci&oacute;n, la higiene &ndash; especialmente del agua &ndash;, el desarrollo de vacunas y antibi&oacute;ticos y la expansi&oacute;n del acceso a tratamientos m&eacute;dicos, entre otros, la atenci&oacute;n profesional del parto. De hecho, la mortalidad infantil es una medida que habitualmente se utiliza como un buen indicador resumen del progreso econ&oacute;mico y social de un pa&iacute;s. Estos avances han ido teniendo lugar en momentos diferentes y con distintos ritmos en distintas regiones del mundo, y los pa&iacute;ses ricos han logrado, en general, reducir la mortalidad infantil hasta niveles sustancialmente bajos.
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a es un ejemplo clar&iacute;simo de este fen&oacute;meno. Seg&uacute;n los datos del INE, en el a&ntilde;o 1900 mor&iacute;an en Espa&ntilde;a 204 menores de un a&ntilde;o por cada 1.000 nacidos; en 1920, 156 por cada 1.000. Para el a&ntilde;o 1950, la mortalidad infantil hab&iacute;a descendido ya a 57 de cada 1.000 y esta r&aacute;pida ca&iacute;da continu&oacute; progresivamente, si bien con algunas oscilaciones, hasta las cifras actuales, 2,89 menores de un a&ntilde;o fallecidos por cada 1.000 nacidos en 2019, entre las tasas m&aacute;s bajas del mundo. Este descenso coincide en nuestro pa&iacute;s con una ca&iacute;da, asimismo muy marcada, de la natalidad, con lo que el &eacute;xito reproductivo, entendido como los beb&eacute;s que sobreviven respecto a los que nacen, ha experimentado un incremento espectacular en Espa&ntilde;a en el &uacute;ltimo siglo largo. En el gr&aacute;fico 1 se ilustra esta ca&iacute;da en la mortalidad infantil desde 1975 para ni&ntilde;os y ni&ntilde;as por separado.
    </p><p class="article-text">
        Un dato llamativo es que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os la ca&iacute;da parece haberse estancado. Cuando tratamos fen&oacute;menos que ya han alcanzado niveles muy bajos y que pueden considerarse, afortunadamente, acontecimientos &ldquo;raros&rdquo;, deben interpretarse con cautela las oscilaciones anuales. No obstante, si observamos los datos de 2019, la tasa de mortalidad para los ni&ntilde;os no hab&iacute;a sido tan alta desde 2012 y la de las ni&ntilde;as no lo hab&iacute;a sido desde 2014. Por otra parte, es bien sabido que la mortalidad infantil no se distribuye por igual entre los sexos, siendo este un fen&oacute;meno habitual en sociedades muy diversas. En el caso de Espa&ntilde;a, cuando se observan las defunciones de menores de un a&ntilde;o por cada 1.000 nacidos vivos, la desventaja, como en otros indicadores de mortalidad, es evidente para los ni&ntilde;os: en 1975 mor&iacute;an 20,87 ni&ntilde;os por 16,78 ni&ntilde;as. Con todo, la brecha ha ido cerr&aacute;ndose en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas y desde 1997 se sit&uacute;a de manera sistem&aacute;tica por debajo de 1.
    </p><p class="article-text">
        Las tasas nacionales esconden, no obstante, importantes diferencias geogr&aacute;ficas. En 2019, mor&iacute;a en Cantabria antes de cumplir el a&ntilde;o de vida solamente 1,13 por cada 1.000 nacidos vivos; en Melilla 6,42 (una cifra similar al total nacional en 1993). En el gr&aacute;fico 2 presentamos correlaciones entre algunos indicadores de bienestar material en distintas zonas de Espa&ntilde;a y la tasa total de mortalidad infantil. En concreto, en el panel de la izquierda se ilustra la relaci&oacute;n entre la tasa de riesgo de pobreza en las distintas Comunidades y Ciudades Aut&oacute;nomas en 2019 y la tasa de mortalidad infantil en el mismo a&ntilde;o. En el panel de la derecha, presentamos la tasa de paro en el primer trimestre de 2019 en el nivel provincial y la tasa de mortalidad infantil en el mismo a&ntilde;o. En ambos casos, aparece una pauta clara: a mayores niveles de privaci&oacute;n econ&oacute;mica en el nivel agregado, mayores tasas de mortalidad infantil.
    </p><p class="article-text">
        Con la cautela necesaria dado que nos movemos en unas tasas de mortalidad infantil que solamente pueden calificarse como muy exitosas, existe a&uacute;n margen de mejora para reducirlas en varias provincias espa&ntilde;olas. Ser&aacute; conveniente, asimismo, observar las tendencias cuando dispongamos de datos que recojan los efectos de la crisis sanitaria de 2020 y el impacto econ&oacute;mico de la pandemia.
    </p><p class="article-text">
        <em>Nota: Esta entrada forma parte de los resultados del proyecto de investigaci&oacute;n PERIFACT: Desigualdades sociales en salud perinatal: factores y consecuencias (PID2019-111564RB-I00 / AEI / 10.13039/501100011033).</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Leire Salazar, Marta Seiz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/mortalidad-infantil-tendencia_132_6487568.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 07 Dec 2020 21:14:43 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/3ec82b93-7a19-4a4f-aeb1-248ef98c961c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="84863" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/3ec82b93-7a19-4a4f-aeb1-248ef98c961c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="84863" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Mortalidad infantil estancada: ¿cambio de tendencia?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/3ec82b93-7a19-4a4f-aeb1-248ef98c961c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Glosario científico para una pandemia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/glosario-ciencia-pandemia-covid-19_132_5956224.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/44d1215b-8e9a-409f-aa93-a1b96cb62cb5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Glosario científico para una pandemia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La autora explica 12 conceptos científicos que han irrumpido con la crisis del COVID-19</p></div><p class="article-text">
        La pandemia del coronavirus ha puesto en circulaci&oacute;n numerosos t&eacute;rminos relacionados con el dise&ntilde;o de las investigaciones cient&iacute;ficas que no siempre resultan evidentes. En esta entrada se explican y se ofrecen ejemplos relacionados con esta emergencia sanitaria:
    </p><p class="article-text">
        <strong>1. Muestra</strong>: Es una reproducci&oacute;n en miniatura de la poblaci&oacute;n objeto de estudio sobre la que se desean extraer conclusiones. Que la muestra sea representativa significa que mantiene las caracter&iacute;sticas importantes que nos interesan de esa poblaci&oacute;n. El macroestudio de seroprevalencia del coronavirus en la poblaci&oacute;n espa&ntilde;ola es representativo en el nivel de la provincia, pero los hogares dentro de ellas han sido seleccionados al azar, es decir, no parecen haber sido captados para mantener ciertas caracter&iacute;sticas de los hogares que pueden ser relevantes para entender los correlatos del virus (por ejemplo, los recursos econ&oacute;micos) o los procesos de contagio dentro de los hogares (por ejemplo, la estructura de edad de los hogares). Adem&aacute;s, la participaci&oacute;n en el estudio es voluntaria, lo que puede inhibir a ciertos tipos de personas e incentivar desproporcionadamente a otros. Al ser una encuesta a hogares, excluye, adem&aacute;s a la poblaci&oacute;n espa&ntilde;ola que vive en instituciones (por ejemplo, en residencias, que sabemos que son uno de los principales focos). En <a href="https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/Kit-ayuda-emergencias-demoscopicas_6_828777144.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">esta entrada colectiva</a> de hace un tiempo describ&iacute;amos con m&aacute;s detalle cuestiones relacionadas con las caracter&iacute;sticas de las muestras y los m&eacute;todos de muestreo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>2. Sesgo de selecci&oacute;n</strong>: Tiene lugar cuando la selecci&oacute;n de la muestra se hace de acuerdo con alguna caracter&iacute;stica que est&aacute; relacionada con el fen&oacute;meno que deseamos estudiar. Del reciente<a href="https://www.medrxiv.org/content/10.1101/2020.04.14.20062463v2.full.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> estudio </a>de John Ioannidis y sus colaboradores para conocer la prevalencia de COVID-19 en el condado de Santa Clara (California) se ha criticado, entre otras cuestiones, la captaci&oacute;n de sujetos a trav&eacute;s de un anuncio en Facebook. Esta decisi&oacute;n puede inducir sesgos en la muestra (relacionados con la edad, los recursos socioecon&oacute;micos, con la inclusi&oacute;n desproporcionada de personas especialmente deseosas de someterse a pruebas, por ejemplo si presentaban s&iacute;ntomas compatibles&hellip;) que est&eacute;n dando lugar a un resultado distinto al de la poblaci&oacute;n objeto de estudio, si esas caracter&iacute;sticas correlacionan con la exposici&oacute;n al virus o con la propensi&oacute;n a contraerlo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>3. Tratamiento</strong>: En el dise&ntilde;o de un experimento se suele probar un tratamiento (por ejemplo, un medicamento) y comparar su efectividad con un placebo, es decir, una intervenci&oacute;n similar en todo lo dem&aacute;s (forma, color, presentaci&oacute;n,&hellip;), pero sin el principio activo. O se puede comprobar la efectividad de un tratamiento, frente a la efectividad de otros (por ejemplo, distintas vacunas), manteniendo todo lo dem&aacute;s constante. En este <a href="https://elpais.com/elpais/2020/04/27/opinion/1587999974_261116.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">art&iacute;culo</a>, V&iacute;ctor Lapuente planteaba la necesidad de probar estrategias alternativas de desescalada en contextos similares en Espa&ntilde;a precisamente para poder dise&ntilde;ar un escenario semi-experimental y comprobar as&iacute; la eficacia relativa de distintas opciones (tratamientos relacionados con el ritmo de apertura).
    </p><p class="article-text">
        <strong>4. Ceteris paribus</strong><em> Ceteris paribus</em>: Expresi&oacute;n que procede del lat&iacute;n y se puede traducir como &ldquo;manteniendo lo dem&aacute;s constante&rdquo;. Para poder estudiar la influencia de un fen&oacute;meno X sobre otro, Y, debemos asegurarnos de que lo hacemos neutralizando el posible efecto de otras variables intervinientes relevantes. Si no se garantiza esta condici&oacute;n, es f&aacute;cil atribuir err&oacute;neamente efectos que, en realidad, no existen o que son insignificantes, o bien negarlos cuando s&iacute; est&aacute;n presentes en la poblaci&oacute;n objeto de estudio. Durante estas &uacute;ltimas semanas hemos visto a los medios especular con la idea de que las mujeres l&iacute;deres han demostrado una mayor capacidad de hacer frente a la crisis de la COVID. El problema para hacer esta atribuci&oacute;n es que los pa&iacute;ses que cuentan con mujeres como primeras ministras o presidentas del gobierno no suelen ser comparables al resto de pa&iacute;ses. Es probable que en ese pu&ntilde;ado de contextos haya instituciones ya de por s&iacute; m&aacute;s eficientes en la selecci&oacute;n de l&iacute;deres altamente capaces, independientemente de su g&eacute;nero.
    </p><p class="article-text">
        <strong>5. Significatividad estad&iacute;stica y significatividad sustantiva</strong>: Que un efecto exista desde un punto de vista estad&iacute;stico no implica necesariamente que sea socialmente relevante por su magnitud o su &ldquo;sentido&rdquo;. Y a la inversa, hay relaciones entre fen&oacute;menos que no superan las convenciones de la significatividad estad&iacute;stica, pero tienen importancia sustantiva. Recientemente, se ha se&ntilde;alado el f&aacute;rmaco antiviral <em>remdesivir</em> como un posible tratamiento efectivo contra la COVID; y varios pa&iacute;ses han permitido su uso ante la inexistencia de vacunas que hayan culminado el proceso de pruebas en seres humanos o de tratamientos alternativos cuya eficacia se haya consensuado. En este <a href="https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(20)31022-9/fulltext" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio</a> publicado en <em>The Lancet</em>, sin embargo, no se pudo demostrar que el f&aacute;rmaco diera lugar, en pacientes con grados de gravedad similares de la COVID, a mejoras cl&iacute;nicas desde un punto de vista estad&iacute;stico, tal vez por el reducido tama&ntilde;o de la muestra.
    </p><p class="article-text">
        <strong>6. Cherry picking</strong><em> Cherry picking</em>: En ciencia, especialmente si se trata de un fen&oacute;meno nuevo, raramente existe consenso sobre c&oacute;mo es el objeto de estudio y, menos a&uacute;n, sobre sus causas o consecuencias. Adem&aacute;s, los trabajos, a menudo, se basan en datos y t&eacute;cnicas de an&aacute;lisis diferentes que complican su comparabilidad. Aunque existen meta-an&aacute;lisis que nos permiten valorar la calidad y el rigor cient&iacute;fico de m&uacute;ltiples contribuciones a la vez, &eacute;stas solamente existen para ciertos temas. Cuando se seleccionan de manera sesgada las fuentes y se priman, se da m&aacute;s credibilidad o se recuerdan en mayor medida las fuentes y los resultados que confirman nuestras creencias previas, se dice que se est&aacute; haciendo <em>cherry picking</em>. Este fen&oacute;meno est&aacute; muy relacionado con uno de los sesgos cognitivos m&aacute;s mencionados durante esta crisis, el sesgo de confirmaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>7. Supuestos de una investigaci&oacute;n</strong>: Todos los an&aacute;lisis emp&iacute;ricos se basan en o est&aacute;n condicionados por los supuestos que hacen los investigadores. Estos supuestos tienen una importancia crucial, sobre todo cuando se trata de hacer predicciones o proyecciones. En una de las <a href="https://www.imperial.ac.uk/media/imperial-college/medicine/mrc-gida/2020-03-16-COVID19-Report-9.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pre-publicaciones iniciales</a>, a mediados de marzo, relacionadas con los efectos de la pandemia en el Reino Unido, por ejemplo, el <em>Imperial College </em>trabaj&oacute; con diversos escenarios de contagios y capacidad de las UCIs bajo diferentes supuestos de distancia y confinamiento, dando lugar a resultados en t&eacute;rminos de muertes enormemente discrepantes y que apuntaban a medidas pol&iacute;ticas muy diversas. Los supuestos que se hacen, da igual c&oacute;mo de realistas sean o de bien fundamentados parezcan, siempre tienen consecuencias sobre los resultados. Sospechen de quienes no hacen expl&iacute;citos sus supuestos en sus investigaciones.
    </p><p class="article-text">
        <strong>8. Falso positivo y falso negativo</strong>: Cuando una prueba diagn&oacute;stica da lugar a un positivo sin que en realidad exista enfermedad hablamos de un falso positivo. Cuando, por el contrario, la prueba da lugar a un negativo pero, en realidad, el paciente est&aacute; afectado por la enfermedad, tenemos un falso negativo. En Corea del Sur se ha confirmado que, casos de aparente reinfecci&oacute;n, en realidad eran falsos positivos anteriores que se contagiaban por primera vez. Y los falsos negativos se han relacionado con cargas v&iacute;ricas a&uacute;n peque&ntilde;as en las fases iniciales de la enfermedad. Esto nos remite al concepto de fiabilidad en estad&iacute;stica, as&iacute; como al de incertidumbre.
    </p><p class="article-text">
        <strong>9. Relaci&oacute;n espuria</strong>: Asociaciones aparentes entre dos variables no siempre son reales. En ocasiones hay un tercer elemento que no estamos teniendo en cuenta y que explica esa relaci&oacute;n (es decir, no se cumple la condici&oacute;n <em>ceteris paribus)</em>. La posible relaci&oacute;n entre la toma de ibuprofeno y el agravamiento del estado de salud de pacientes afectados por coronavirus, que tanto revuelo caus&oacute; en los momentos iniciales de la crisis, pod&iacute;a deberse a que la toma en dosis altas de ibuprofeno fuera mucho m&aacute;s frecuente en pacientes con patolog&iacute;as previas que correlacionaran con la gravedad del virus. En este caso, el ibuprofeno no ser&iacute;a una causa del agravamiento de la enfermedad, simplemente podr&iacute;a ser un indicador relacionado con la verdadera causa, la enfermedad previa.
    </p><p class="article-text">
        <strong>10. Efectos de segundo orden</strong>: En muchas ocasiones, sobre todo fuera de las condiciones experimentales, una intervenci&oacute;n puede tener efectos no previstos inicialmente o efectos en &aacute;mbitos distintos a aquellos sobre los que se interviene. El confinamiento estricto, sin duda, ha tenido un efecto enormemente positivo en la reducci&oacute;n de los contagios y las defunciones con COVID-19, pero parece claro que puede estar teniendo efectos no deseados. Por ejemplo, est&aacute;n aumentando claramente las desigualdades educativas, al desaparecer el elemento igualador de la escuela, o est&aacute;n apareciendo afecciones de otro tipo agravadas por no haber sido tratadas a tiempo. Pero el confinamiento tambi&eacute;n ha tenido efectos imprevistos positivos, como el descenso de los niveles de contaminaci&oacute;n en las grandes ciudades. Estos d&iacute;as debatimos c&oacute;mo distintas estrategias de desconfinamiento pueden permitir al mismo tiempo minimizar el nivel de ingresos en UCIs y maximizar la recuperaci&oacute;n de la actividad econ&oacute;mica.
    </p><p class="article-text">
        <strong>11. Revisi&oacute;n por pares</strong>: El proceso de producci&oacute;n y publicaci&oacute;n de un art&iacute;culo cient&iacute;fico suele ser largo y proceloso. Desde que se obtienen los primeros resultados, a&uacute;n tentativos, hasta que &eacute;stos ven la luz en una revista cient&iacute;fica, los investigadores presentan sus trabajos en congresos cient&iacute;ficos y seminarios varias veces, lo que suele inducir a nuevas pruebas que, en muchas ocasiones, modifican las conclusiones del trabajo. Despu&eacute;s reciben cr&iacute;ticas y sugerencias por parte de evaluadores expertos en el tema, quienes normalmente no conocen a los autores, ni son conocidos por los autores y editores de las revistas a las que se env&iacute;an los manuscritos. Los juicios de los pares ejercen de contrapeso y suelen servir de aval al rigor cient&iacute;fico y a la sensatez de los resultados. La pandemia ha hecho saltar por los aires estos controles por las l&oacute;gicas presiones para producir evidencias r&aacute;pidas que informen la toma de decisiones y que avancen en los tratamientos y las vacunas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>12. Replicabilidad</strong>: La buena ciencia se debe desnudar (debe ser expl&iacute;cita y honesta al contar sus supuestos, sus decisiones anal&iacute;ticas o sus t&eacute;cnicas de an&aacute;lisis) para que otros investigadores puedan reproducir los an&aacute;lisis en otros contextos, con otros supuestos o con ciertas modificaciones metodol&oacute;gicas. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os se ha hablado de la crisis de la replicabilidad, precisamente, para hacer referencia a la imposibilidad de reproducir gran parte de los experimentos o estudios publicados; en ocasiones, ni siquiera estudios cl&aacute;sicos que generaban suficiente consenso en ciertas disciplinas. Cuando se replican, buena parte de los estudios no permiten apoyar las conclusiones iniciales. La medicina y las ciencias sociales son algunas de las &aacute;reas donde el problema es m&aacute;s evidente.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Leire Salazar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/glosario-ciencia-pandemia-covid-19_132_5956224.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 12 May 2020 20:19:06 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/44d1215b-8e9a-409f-aa93-a1b96cb62cb5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="42302" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/44d1215b-8e9a-409f-aa93-a1b96cb62cb5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="42302" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Glosario científico para una pandemia]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/44d1215b-8e9a-409f-aa93-a1b96cb62cb5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Coronavirus]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Participación laboral y brecha salarial]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/participacion-laboral-brechas-salariales_132_1190325.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La brecha salarial de género sin ajustar en España está en una posición intermedia en el contexto europeo</p><p class="subtitle">Cuando se neutraliza la influencia de factores que correlacionan con el nivel salarial, las diferencias se estrechan sustancialmente</p><p class="subtitle">Hay una tensión entre participación laboral y brecha salarial difícilmente resoluble mientras persista la desigual dedicación de hombres y mujeres a tareas no remuneradas relacionadas con los cuidados</p></div><p class="article-text">
        Al analizar las diferencias en los resultados en el mercado de trabajo entre mujeres y hombres, uno de los indicadores m&aacute;s utilizados es la brecha salarial, que hace referencia a las diferencias en los salarios &ndash;anuales, mensuales o por hora&ndash; que perciben los hombres y las mujeres. Los datos m&aacute;s recientes de Eurostat disponibles, correspondientes a 2017 y a&uacute;n provisionales, sit&uacute;an a Espa&ntilde;a en una posici&oacute;n intermedia en el contexto europeo. El dato de la brecha salarial sin ajustar para Espa&ntilde;a, del 15,1%, es llamativo si lo comparamos con las limitadas diferencias de pa&iacute;ses como Ruman&iacute;a, Italia o Luxemburgo &ndash;todos por debajo del 5%, todos muy diferentes entre s&iacute; en una buena cantidad de caracter&iacute;sticas socioecon&oacute;micas e institucionales&ndash; pero est&aacute; lejos de las brechas m&aacute;s altas, en torno al 20% o superiores, de pa&iacute;ses, tambi&eacute;n muy diversos, como, en orden ascendente, Eslovaquia, Austria, el Reino Unido, Alemania, la Rep&uacute;blica Checa y Estonia.
    </p><p class="article-text">
        Cuando se inspeccionan series m&aacute;s o menos largas de esta brecha, es evidente que hay una tendencia relativamente generalizada hacia cierta reducci&oacute;n en las diferencias; Espa&ntilde;a no es un caso an&oacute;malo en esta pauta, aunque desde 2007 hay fluctuaciones que previsiblemente est&aacute;n relacionadas con los efectos de la crisis. La excepci&oacute;n se encuentra en un reducido n&uacute;mero de pa&iacute;ses en los que tiene lugar una desconcertante estabilidad en el tiempo. Hay contextos en los que la brecha salarial es sorprendentemente baja, como Italia (5% en 2017), y otros, en el extremo opuesto, con brechas persistentemente altas, entre los que pueden resultar llamativos Alemania (21%) y el Reino Unido (20,8%).
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; no conviene sobre-interpretar, sin embargo, la magnitud de las diferencias salariales medias? Simplemente porque estas cifras est&aacute;n enormemente afectadas por la desigual presencia de mujeres y hombres en la actividad laboral, en distintos sectores, ocupaciones, y tipos de empresas, por la diferente composici&oacute;n del grupo de trabajadoras y trabajadores en t&eacute;rminos de edad, n&uacute;mero de horas trabajadas, o antig&uuml;edad en el puesto, y por la distinta tendencia de unas y otros a interrumpir sus carreras profesionales, entre otras cuestiones. Cuando se neutraliza la influencia de todos estos factores para estimar el nivel salarial en el nivel individual, la brecha salarial neta es claramente menor.
    </p><p class="article-text">
        En el siguiente gr&aacute;fico se pone en relaci&oacute;n la tasa de empleo de las mujeres con edades comprendidas entre los 20 y los 64 a&ntilde;os &ndash;en el eje horizontal&ndash; con la magnitud de la brecha salarial &ndash;en el eje vertical&ndash; en dos a&ntilde;os seleccionados, 2008 y 2016, para un grupo de pa&iacute;ses europeos. La pauta que emerge es clara: en contextos en los que la participaci&oacute;n de las mujeres en el mercado laboral est&aacute; m&aacute;s extendida, la brecha salarial es, en t&eacute;rminos generales, tambi&eacute;n mayor.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/cd29c2d7-bf8c-4891-9c1a-fe0a3ebf4347_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/cd29c2d7-bf8c-4891-9c1a-fe0a3ebf4347_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/cd29c2d7-bf8c-4891-9c1a-fe0a3ebf4347_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/cd29c2d7-bf8c-4891-9c1a-fe0a3ebf4347_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/cd29c2d7-bf8c-4891-9c1a-fe0a3ebf4347_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/cd29c2d7-bf8c-4891-9c1a-fe0a3ebf4347_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/cd29c2d7-bf8c-4891-9c1a-fe0a3ebf4347_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Estos resultados en el nivel agregado recomiendan prestar m&aacute;s atenci&oacute;n a los procesos de entrada al mercado laboral y de permanencia en &eacute;l. Simplificando mucho un fen&oacute;meno ciertamente muy complejo, cuando solamente acceden al empleo mujeres muy seleccionadas en ciertas caracter&iacute;sticas (nivel educativo, preferencias por la carrera profesional versus la vida familiar&hellip;), la brecha salarial es peque&ntilde;a porque los hombres y las mujeres que efectivamente trabajan son muy similares &ndash;son &ldquo;intercambiables&rdquo; en ciertos atributos que correlacionan con el nivel salarial. Cuando, por el contrario, la participaci&oacute;n laboral es relativamente generalizada y por tanto la fuerza de trabajo est&aacute; compuesta de mujeres muy heterog&eacute;neas entre s&iacute; &ndash;y suponiendo que el grupo de hombres suele ser m&aacute;s homog&eacute;neo&ndash;, la brecha salarial tiende a ser mayor.
    </p><p class="article-text">
        En realidad, en Espa&ntilde;a, como en otros contextos, no hay pr&aacute;cticamente diferencia en los salarios medios de hombres y mujeres en las primeras etapas de la vida laboral, pero la brecha empieza a acrecentarse con la edad a medida que la dedicaci&oacute;n de unos y otras a la familia diverge en el periodo habitual de reproducci&oacute;n. Un indicador muy evidente de esta desigual dedicaci&oacute;n se encuentra en el an&aacute;lisis de los motivos que los hombres y las mujeres declaran para pasar a la inactividad: mientras que ellos entran en esta situaci&oacute;n para dedicarse a la formaci&oacute;n o como consecuencia de una enfermedad o incapacidad propia, ellas son sustancialmente m&aacute;s propensas, en todos los rangos de edad, a estar inactivas para cuidar de sus hijos o de otros miembros de la familia. De hecho, las interrupciones laborales son uno de los principales frenos a la progresi&oacute;n salarial en general, y en particular a la de las mujeres (<a href="https://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/13545701.2015.1008534?journalCode=rfec20" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>). Si se adopta un enfoque longitudinal, las diferencias salariales a partir de la maternidad comienzan a ser tan evidentes que no parece exagerado afirmar que el nacimiento del primer hijo es el principal amplificador de las desigualdades de g&eacute;nero en el mercado laboral (<a href="https://www.fundacionalternativas.org/public/storage/publicaciones_archivos/7bf74f1063903096d6b8d1b84302da1a.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>).
    </p><p class="article-text">
        Esta simple (simplificada) ilustraci&oacute;n de la relaci&oacute;n entre participaci&oacute;n laboral y brecha salarial sugiere que, mientras persistan diferencias tan marcadas en la dedicaci&oacute;n a las tareas de cuidado entre hombres y mujeres, seguir&aacute; existiendo en Espa&ntilde;a un dilema entre empleo e igualdad.
    </p><p class="article-text">
        ---
    </p><p class="article-text">
        *Esta entrada recoge en parte argumentos desarrollados en mi cap&iacute;tulo sobre desigualdades de g&eacute;nero en el III Informe sobre la Desigualdad en Espa&ntilde;a, que se puede descargar de manera gratuita en este <a href="https://www.fundacionalternativas.org/laboratorio/libros-e-informes/informes/3er-informe-sobre-la-desigualdad-en-espana-2018" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">enlace</a>, y en mi cap&iacute;tulo sobre desigualdades sociales en el Oxford Handbook of Spanish Politics, cuya publicaci&oacute;n tendr&aacute; lugar a principios de 2020. Pueden consultarse los detalles sobre los contenidos completos del libro <a href="https://global.oup.com/academic/product/the-oxford-handbook-of-spanish-politics-9780198826934?cc=es&amp;lang=en&amp;" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Leire Salazar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/participacion-laboral-brechas-salariales_132_1190325.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 12 Dec 2019 21:02:20 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Participación laboral y brecha salarial]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Brecha salarial]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[(No hay) café para todos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/cafe_132_1492697.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e7a86613-8ad8-49a9-955c-c56a24e0c382_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="(No hay) café para todos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En España, el 15% de los estudiantes de 15 años no desayuna antes de ir al colegio. El porcentaje es sustancialmente más bajo que para la media de países de la OCDE</p><p class="subtitle">No desayunar es más frecuente entre las chicas, los estudiantes de hogares con menos recursos y los de origen inmigrantes. Se replica así la pauta de desigualdad social que se observa en otros indicadores de salud</p></div><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a presenta una de las tasas de obesidad en adultos y en ni&ntilde;os m&aacute;s altas de Europa. En general, el sobrepeso y la obesidad se relacionan con una ingesta de alimentos excesiva, poco equilibrada o de mala calidad. La preocupaci&oacute;n m&eacute;dica y pol&iacute;tica por este problema ha aumentado considerablemente en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Recientemente, por ejemplo, el Ministerio de Sanidad ha aprobado nuevas medidas para mitigar este problema al firmar acuerdos con empresas del sector alimentario para mejorar la calidad de los alimentos y bebidas reduciendo el contenido de az&uacute;car, sal y grasas. Al tiempo, sobrepeso y obesidad se asocian con un excesivo sedentarismo. En Espa&ntilde;a hay una proporci&oacute;n sustancial de personas sedentarias en todos los grupos de edad, especialmente en las mujeres. Nuestro pa&iacute;s es, adem&aacute;s, seg&uacute;n datos del estudio PISA, el cuarto por la cola en el porcentaje de alumnos que tienen educaci&oacute;n f&iacute;sica en la escuela con la regularidad recomendada (al menos tres veces a la semana).
    </p><p class="article-text">
        En esta entrada el inter&eacute;s se centra en otro indicador, tal vez menos conocido, que hace referencia a los h&aacute;bitos alimentarios: saltarse el desayuno antes del colegio. Los datos proceden del estudio PISA en su &uacute;ltima edici&oacute;n, la correspondiente a 2015, en la que se recoge informaci&oacute;n sobre muestras representativas de chicos y chicas de 15 a&ntilde;os en los pa&iacute;ses de la OCDE y en otras naciones participantes en el estudio.
    </p><p class="article-text">
        En el conjunto de pa&iacute;ses de la OCDE, el 22% de los/as estudiantes no suele desayunar antes de ir al colegio. Buenas noticias: este porcentaje es sustancialmente menor en Espa&ntilde;a, un 14,9%. Los datos suponen en realidad un l&iacute;mite superior, porque es posible que algunas personas que declaran no desayunar antes de entrar al colegio puedan ingerir alg&uacute;n alimento despu&eacute;s, por ejemplo, en la pausa de media ma&ntilde;ana. No disponemos, sin embargo, de esta informaci&oacute;n en los datos de PISA. A pesar del relativamente buen dato en el caso espa&ntilde;ol, cuando se analizan diferencias seg&uacute;n algunas caracter&iacute;sticas de los adolescentes emergen regularidades relevantes que replican patrones de desigualdad en salud ya conocidos para otros indicadores.
    </p><p class="article-text">
        Primera, las chicas se saltan el desayuno en mucha mayor medida que los chicos en todos los pa&iacute;ses que cubre el estudio, excepto en China, Hong Kong y Jap&oacute;n. Si para la media de la OCDE algo m&aacute;s del 18% de los chicos y casi el 26% de las chicas no desayuna, en Espa&ntilde;a las cifras son el 11% para los chicos y casi el 19% para las chicas. Las tasas de ayuno son, por lo tanto, menores en Espa&ntilde;a para los dos grupos, en torno a 7 puntos porcentuales menos que la media de los pa&iacute;ses ricos, pero la brecha entre chicos y chicas es de id&eacute;ntica magnitud.
    </p><p class="article-text">
        Segunda regularidad, los estudiantes con menos recursos acuden al colegio sin desayunar en una proporci&oacute;n mucho mayor que los que cuentan con m&aacute;s recursos en su hogar. Mientras en el cuartil inferior del &iacute;ndice ECSC (elaborado por PISA para medir el capital econ&oacute;mico, cultural y social del estudiante y su familia) m&aacute;s del 17% de los adolescentes no desayuna, en el cuartil m&aacute;s rico la cifra se encuentra alrededor del 10%. La diferencia entre estos dos cuartiles extremos se sit&uacute;a en torno a los 7 puntos porcentuales, muy similar a la brecha media de la OCDE, aunque de nuevo con niveles considerablemente menores de ayuno en todos los tramos de la distribuci&oacute;n. Existe evidencia que confirma esta misma pauta cuando se comparan niveles de ayuno usando distintos indicadores del nivel de recursos del hogar, como por ejemplo el nivel educativo del padre o su situaci&oacute;n laboral.
    </p><p class="article-text">
        Tercera, los adolescentes de origen inmigrante van al colegio sin desayunar en mayor medida que el resto. En la media de pa&iacute;ses de la OCDE, la diferencia entre nativos e inmigrantes de primera generaci&oacute;n es de solo 2,6 puntos porcentuales, si bien significativa. Aunque en la mayor parte de pa&iacute;ses de hecho no hay diferencias significativas entre ambos grupos, en Espa&ntilde;a en cambio la brecha es de 5,5 puntos porcentuales y relevante desde el punto de vista estad&iacute;stico.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/16857050-e22f-44c9-b494-d8435f4637f6_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/16857050-e22f-44c9-b494-d8435f4637f6_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/16857050-e22f-44c9-b494-d8435f4637f6_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/16857050-e22f-44c9-b494-d8435f4637f6_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/16857050-e22f-44c9-b494-d8435f4637f6_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/16857050-e22f-44c9-b494-d8435f4637f6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/16857050-e22f-44c9-b494-d8435f4637f6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Fuente: Elaboraci&oacute;n propia a partir de datos de PISA 2015. Datos ordenados en orden ascendente en cada variable.
    </p><p class="article-text">
        Los datos no permiten hacer saltar ninguna alarma; en general, el ayuno no es un problema generalizado entre los adolescentes de nuestro pa&iacute;s y posiblemente son m&aacute;s acuciantes otros problemas relacionados con la alimentaci&oacute;n &ndash;como la insuficiente calidad nutricional de la dieta o su exceso cal&oacute;rico&ndash; o con el sedentarismo, que est&aacute;n detr&aacute;s del aumento del sobrepeso y de la obesidad en la poblaci&oacute;n infantil y adulta. Sin embargo, s&iacute; se han podido identificar grupos potencialmente vulnerables al desagregar los datos por sexo, estatus socioecon&oacute;mico y origen, y las brechas detectadas en Espa&ntilde;a son de magnitud similar a las registradas para la media de los pa&iacute;ses de nuestro entorno.
    </p><p class="article-text">
        Lamentablemente, no es posible identificar en los datos los motivos declarados por los estudiantes para no desayunar. En algunos casos extremos, el ayuno puede ser un problema de escasez de recursos para adquirir los alimentos. Es posible, adem&aacute;s, que existan dificultades m&aacute;s generalizadas para desayunar en familia o en compa&ntilde;&iacute;a de alg&uacute;n otro adulto como consecuencia de los horarios r&iacute;gidos (o desalineados entre la mayor&iacute;a de trabajos y los centros escolares), o que estas dificultades se distribuyan de manera desigual en la sociedad. Esta intuici&oacute;n recibe apoyo en el dato de que es significativamente m&aacute;s habitual saltarse el desayuno que la cena, en Espa&ntilde;a y en el resto de pa&iacute;ses. Podr&iacute;a tambi&eacute;n influir cierta falta de informaci&oacute;n sobre los beneficios de desayunar en general y de desayunar en familia en particular. El propio informe PISA muestra una correlaci&oacute;n positiva entre el desayuno y las competencias en ciencias que tiene lugar tambi&eacute;n en el caso espa&ntilde;ol &ndash;aunque l&oacute;gicamente haya factores que afecten a ambas cosas. Por otro lado, hacer las comidas en familia se asocia, seg&uacute;n algunos estudios, con un mayor bienestar f&iacute;sico y emocional de los adolescentes. En el caso concreto de las chicas, la literatura especializada suele entender que el mayor ayuno de ellas se debe a una preocupaci&oacute;n m&aacute;s intensa por la imagen y a la mayor presencia de trastornos de la conducta alimentaria en chicas que en chicos.
    </p><p class="article-text">
        Los motivos, por tanto, son probablemente muy diversos y las estrategias de intervenci&oacute;n necesitan tener en cuenta esta heterogeneidad de perfiles y de potenciales motivos. Promover informaci&oacute;n sobre h&aacute;bitos saludables en la infancia y adolescencia en la escuela parece un punto de partida inicial prometedor.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Leire Salazar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/cafe_132_1492697.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 19 Jun 2019 19:35:56 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/e7a86613-8ad8-49a9-955c-c56a24e0c382_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="27409" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/e7a86613-8ad8-49a9-955c-c56a24e0c382_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="27409" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[(No hay) café para todos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/e7a86613-8ad8-49a9-955c-c56a24e0c382_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Crisis y desigualdades educativas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/crisis-desigualdades-educativas_132_1626626.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando la economía de un país se contrae, las expectativas educativas de los estudiantes que están cercanos, por edad, a la toma de decisiones cruciales sobre su continuidad en el sistema educativo se tornan menos ambiciosas, se acortan de manera generalizada</p><p class="subtitle">Son los que pertenecen a hogares con menos recursos –aquellos cuyos padres tienen menor nivel educativo o en situación de privación material– y los que tienen trayectorias académicas previas con más incertidumbre los que se ven afectados más negativamente</p></div><p class="article-text">
        En un art&iacute;culo reciente (<a href="https://academic.oup.com/ser/advance-article-abstract/doi/10.1093/ser/mwy046/5281223?redirectedFrom=fulltext" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>) hemos analizado c&oacute;mo la magnitud de la Gran Recesi&oacute;n ha afectado a las expectativas de los estudiantes sobre su futuro y posibilidades en el sistema educativo en 24 pa&iacute;ses (1). Se atribuye a Kennedy la frase de que una marea que sube hace que se levanten todos los barcos, y es cierto que durante la bonanza econ&oacute;mica los estudiantes aspiran a m&aacute;s, mientras que la crisis acorta sus expectativas y hace que se vuelvan menos ambicioso. El problema es que esto sucede, sobre todo, en los hogares con menos recursos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El trabajo permite extraer tres conclusiones principales sobre los efectos de la Gran Recesi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Primera, la crisis deprimi&oacute; las expectativas medias de los estudiantes de secundaria: controlando por un buen n&uacute;mero de factores relevantes, incluyendo los recursos del hogar o el rendimiento educativo, un clima econ&oacute;mico adverso hace que los estudiantes crean que progresar&aacute;n menos en el sistema educativo, es decir, que sus trayectorias educativas ser&aacute;n m&aacute;s reducidas (que en tiempos de crecimiento econ&oacute;mico). Aunque la correlaci&oacute;n entre expectativas y nivel educativo final conseguido no es perfecta, se considera que en general es una buena aproximaci&oacute;n, por lo que podemos pensar que una contracci&oacute;n de la econom&iacute;a se asocia a un logro educativo menor que en situaci&oacute;n de bonanza.
    </p><p class="article-text">
        El segundo resultado de nuestro trabajo es que la crisis aument&oacute; las desigualdades seg&uacute;n el origen socioecon&oacute;mico, es decir, la desigualdad de oportunidades: todas las expectativas se redujeron, pero las de los estudiantes m&aacute;s desfavorecidos se vieron afectadas de forma especialmente marcada y los recursos &ndash;tanto materiales como culturales&ndash; de las familias se convirtieron en predictores a&uacute;n m&aacute;s potentes de las expectativas que en tiempos de crecimiento. En el Gr&aacute;fico 1 mostramos c&oacute;mo se reducen las expectativas educativas de los estudiantes de secundaria en distintos escenarios: (a) ante decrecimientos de la econom&iacute;a de distinta magnitud, y (b) cuando el estudiante pertenece a familias con diversos niveles de recursos educativos y materiales.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c1ee1ff3-20e5-44ae-b048-7e45c304e62b_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c1ee1ff3-20e5-44ae-b048-7e45c304e62b_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c1ee1ff3-20e5-44ae-b048-7e45c304e62b_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c1ee1ff3-20e5-44ae-b048-7e45c304e62b_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c1ee1ff3-20e5-44ae-b048-7e45c304e62b_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c1ee1ff3-20e5-44ae-b048-7e45c304e62b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/c1ee1ff3-20e5-44ae-b048-7e45c304e62b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Las conclusiones que pueden extraerse de este ejercicio son claras. Por una parte, la influencia adversa de la recesi&oacute;n parece ser proporcional a su crudeza: crisis de m&aacute;s magnitud &ndash;en las que, por ejemplo, se reduce el crecimiento del PIB en 5 puntos porcentuales&ndash; ejercen un efecto depresor de las expectativas mayor que una reducci&oacute;n m&aacute;s moderada. Por otra parte, las expectativas se ven sustancialmente m&aacute;s afectadas para los estudiantes de familias con menor recursos &ndash;todos los efectos son suficientemente grandes desde el punto de vista estad&iacute;stico. Cuando sus padres tienen un nivel educativo relativamente bajo o hay insuficientes recursos materiales en el hogar, las expectativas resultan claramente menores. La diferencia entre hogares con distintos niveles socioecon&oacute;micos y su efecto en las expectativas es especialmente llamativa en el caso de los recursos educativos.
    </p><p class="article-text">
        El tercer resultado que destacamos en el trabajo tiene que ver con los efectos de la Gran Recesi&oacute;n en estudiantes con distintos rendimientos educativos previos (en concreto, en matem&aacute;ticas). Mientras los estudiantes con un rendimiento especialmente bajo y alto no parecen verse afectados, controlando por el resto de factores relevantes, por una contracci&oacute;n de la econom&iacute;a en su pa&iacute;s, aquellos con rendimientos previos intermedios &ndash;cuyas probabilidades de &eacute;xito en las sucesivas etapas de la educaci&oacute;n son m&aacute;s inciertas para ellos mismos y para sus padres y profesores&ndash; se ven muy negativamente afectados. De nuevo la crisis aumenta la desigualdad de oportunidades, esta vez seg&uacute;n las capacidades y/o rendimientos educativos previos de los alumnos.
    </p><p class="article-text">
        Recapitulando, cuando la econom&iacute;a de un pa&iacute;s se contrae, las expectativas educativas de los estudiantes que est&aacute;n cercanos, por edad, a la toma de decisiones cruciales sobre su continuidad en el sistema educativo se tornan menos ambiciosas, se acortan de manera generalizada. La optimista frase de Kennedy se confirma parcialmente en nuestro estudio: el crecimiento econ&oacute;mico se asocia con carreras que se conciben como m&aacute;s largas, mientras las crisis hacen que los estudiantes prevean que &eacute;stas se acortar&aacute;n. Los barcos se hunden con la crisis, s&iacute;, pero no lo hacen todos de id&eacute;ntica manera. Son los que pertenecen a hogares con menos recursos &ndash;aquellos cuyos padres tienen menor nivel educativo o bien se encuentran en situaci&oacute;n de privaci&oacute;n material&ndash; y los que tienen trayectorias acad&eacute;micas previas con m&aacute;s incertidumbre los que se ven afectados m&aacute;s negativamente. Estos hallazgos alertan sobre la necesidad de poner el foco sobre los estudiantes m&aacute;s vulnerables y en la conveniencia de dise&ntilde;ar pol&iacute;ticas espec&iacute;ficas para ellos.
    </p><p class="article-text">
        --
    </p><p class="article-text">
        (1) En concreto, nos interesaba aislar la influencia de la magnitud de la Gran Recesi&oacute;n -el (de)crecimiento de la econom&iacute;a controlando por el nivel de desarrollo- que tuvo lugar con timings y magnitudes diversas en distintos pa&iacute;ses, sobre las expectativas de los estudiantes de secundaria de 13 o 14 a&ntilde;os&nbsp;respecto a su continuidad en el sistema educativo: qu&eacute; nivel educativo creen que podr&aacute;n alcanzar. Para ello construimos una base de datos con informaci&oacute;n sobre el clima econ&oacute;mico en 24 pa&iacute;ses desarrollados y en diversos momentos del tiempo y la combinamos con datos en el nivel individual, relativos al rendimiento en matem&aacute;ticas de los alumnos y a las caracter&iacute;sticas de sus familias, para esos mismos pa&iacute;ses, del estudio internacional TIMSS en sus ediciones de los a&ntilde;os 2003, 2007 y 2011. Estos datos nos permitieron determinar c&oacute;mo influye una contracci&oacute;n de la econom&iacute;a en las expectativas de los estudiantes de secundaria. Los estudios tradicionales sobre el tema se hab&iacute;an fijado fundamentalmente en el peso de factores institucionales, no tanto en los relativos al ciclo econ&oacute;mico, y se hab&iacute;an limitado al estudio de un solo pa&iacute;s.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Leire Salazar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/crisis-desigualdades-educativas_132_1626626.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 28 Mar 2019 20:26:18 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Crisis y desigualdades educativas]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No, las niñas no son peores en ciencias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/ninas-peores-ciencias_132_1881960.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c6413f30-fbb4-4c4e-a893-c887deb7daef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No, las niñas no son peores en ciencias"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En España los chicos obtienen puntuaciones en ciencias superiores a las chicas, equivalentes a lo que se aprende en casi 3 meses de escolarización. Sin embargo, cuando se analiza el conjunto de países desarrollados las diferencias a favor de uno u otro sexo distan mucho de ser sistemáticas</p><p class="subtitle">Debemos prestar atención a la interacción entre estereotipos, actitudes, expectativas, rendimiento y decisiones académicas y laborales posteriores que pudieran generar, especialmente en países con una división sexual del trabajo resistente al cambio, círculos viciosos a lo largo de la vida escolar</p><p class="subtitle">Estos limitan las oportunidades de las chicas para acceder a trayectorias científico-técnicas, sobre todo a las mejor remuneradas o las que en un momento concreto cuentan con más reconocimiento social</p></div><p class="article-text">
        Las brechas de g&eacute;nero en competencias b&aacute;sicas en la escuela (lectura, matem&aacute;ticas, ciencias) se dan a menudo por supuestas. Tradicionalmente se ha considerado que de manera bastante natural las ni&ntilde;as destacaban en habilidades relacionadas con la lectura, la comunicaci&oacute;n y las relaciones sociales y los ni&ntilde;os en matem&aacute;ticas y ciencias. Esta convicci&oacute;n de la ciencia popular obtiene cierto apoyo emp&iacute;rico si se observa el caso espa&ntilde;ol usando, por ejemplo, los datos del estudio PISA. En Espa&ntilde;a en su conjunto los chicos de 15 a&ntilde;os obtienen, en la &uacute;ltima edici&oacute;n del informe, la de 2015, 7 puntos m&aacute;s que las chicas en competencias en ciencias, el equivalente a lo que se aprende en casi 3 meses de escolarizaci&oacute;n. Para la media de pa&iacute;ses de la OCDE, tambi&eacute;n se observa una diferencia a favor de los chicos, esta vez de 4 puntos, equivalente a 1,6 meses de instrucci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Como en muchos otros casos, sin embargo, cuando se busca una foto m&aacute;s amplia los datos no permiten respaldar estas conclusiones. Cuando se analizan las competencias en ciencias en un n&uacute;mero amplio de pa&iacute;ses (por ejemplo, en todos los pa&iacute;ses que participan en el estudio PISA) y a lo largo del tiempo, las diferencias a favor de uno u otro sexo distan mucho de ser sistem&aacute;ticas, algo similar a lo que ocurre, por cierto, con las competencias matem&aacute;ticas. En realidad, existe bastante heterogeneidad en el sentido de la brecha. As&iacute;, si se excluye el grupo de pa&iacute;ses con diferencias insignificantes desde el punto de vista estad&iacute;stico, que, atenci&oacute;n, son mayor&iacute;a, en la mitad de los pa&iacute;ses los chicos obtienen puntuaciones mayores que las chicas, mientras en la otra mitad de naciones son las chicas las que punt&uacute;an mejor. Por ofrecer algo de contexto, las mayores distancias en esta edici&oacute;n de 2015, de 19 puntos (7,6 meses de aprendizaje), se observan en Austria y en Finlandia, dos pa&iacute;ses con sistemas educativos muy diferentes; en el primer caso la ventaja opera a favor de los chicos y en el segundo a favor de las chicas.
    </p><p class="article-text">
        En lo que resta de post, apuntar&eacute; brevemente algunos de los fascinantes debates en los que est&aacute;n entretenidos los especialistas en estos momentos y que creo que son cruciales para entender por qu&eacute; en algunos pa&iacute;ses, como Espa&ntilde;a, persiste cierta brecha de g&eacute;nero en competencias cient&iacute;fico-matem&aacute;ticas.
    </p><p class="article-text">
        1. Los estereotipos de g&eacute;nero respecto a la brillantez se manifiestan a una edad muy temprana, a los seis a&ntilde;os, momento en el que comienza la educaci&oacute;n primaria en muchos pa&iacute;ses. Las ni&ntilde;as a partir de esta edad, pero no antes, asocian en menor medida que los ni&ntilde;os la brillantez a su propio sexo incluso a igual percepci&oacute;n sobre el rendimiento escolar en ambos sexos, y esto condiciona el inter&eacute;s que muestran en actividades para las que supuestamente se requiere esta cualidad (estudio <a href="http://science.sciencemag.org/content/355/6323/389" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>).
    </p><p class="article-text">
        2. Hay evidencia sobre la diferente conformidad con las reglas o con los estereotipos de g&eacute;nero que esperan familias y docentes, de los ni&ntilde;os y las ni&ntilde;as. Tambi&eacute;n sobre la exposici&oacute;n a roles de g&eacute;nero estereotipados a trav&eacute;s de los contenidos de los materiales de estudio o de los modelos ejercidos (o los prejuicios transmitidos) por el personal docente. Por ejemplo, algunos <a href="http://journals.sagepub.com/doi/abs/10.1177/2332858416673617" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudios</a>&nbsp;concluyen que el profesorado punt&uacute;a sistem&aacute;ticamente m&aacute;s bajo a las ni&ntilde;as que a los ni&ntilde;os, incluso cuando las aptitudes y las actitudes hacia el aprendizaje son id&eacute;nticas. <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S027277571730612X" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Otros</a>&nbsp;se&ntilde;alan que, a igualdad de otras caracter&iacute;sticas, tener una profesora (en lugar de un profesor) mejora el rendimiento escolar de las ni&ntilde;as y su percepci&oacute;n sobre sus propias capacidades en la asignatura de matem&aacute;ticas, mientras que para los ni&ntilde;os el sexo del docente no tiene ning&uacute;n efecto, ni positivo ni negativo.
    </p><p class="article-text">
        3. De manera bastante sistem&aacute;tica en los pa&iacute;ses desarrollados, los chicos presentan actitudes m&aacute;s negativas hacia la escuela y tienen menor autorregulaci&oacute;n. Las chicas, por su parte, se muestran m&aacute;s reacias a competir y tienen menos confianza en s&iacute; mismas ante tareas matem&aacute;ticas y cient&iacute;ficas, incluso cuando su rendimiento es muy alto, y muestran adem&aacute;s mayores niveles generales de ansiedad hacia este tipo de problemas (<a href="http://www.oecd.org/education/the-abc-of-gender-equality-in-education-9789264229945-en.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>). Estos hallazgos son relevantes porque la ansiedad hacia las matem&aacute;ticas es uno de los factores que m&aacute;s claramente correlacionan con un peor rendimiento y con una menor elecci&oacute;n de estudios cient&iacute;ficos-tecnol&oacute;gicos por parte de las mujeres. Hay adem&aacute;s un creciente inter&eacute;s en la comunidad educativa y el mundo acad&eacute;mico por el desarrollo de estas competencias socioemocionales entre la poblaci&oacute;n escolar. Existen <a href="https://www.nber.org/papers/w12006" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudios</a>&nbsp;muy influyentes que muestran la relevancia de este tipo de competencias para explicar el rendimiento educativo (medido a trav&eacute;s de las competencias puramente cognitivas), el bienestar f&iacute;sico y emocional y el encaje posterior en el mercado laboral.
    </p><p class="article-text">
        4. Entre los estudiantes de secundaria, persisten importantes diferencias en las actitudes hacia la ciencia y en las expectativas respecto a la posibilidad de elegir carreras cient&iacute;ficas. Los datos de PISA antes aludidos indican no s&oacute;lo que los chicos se interesan m&aacute;s por los contenidos cient&iacute;ficos y esperan optar en mayor medida que las chicas por carreras cient&iacute;ficas en el futuro. Muestran adem&aacute;s que, incluso si nos fijamos exclusivamente en los chicos y chicas con igual (alto) rendimiento e igual (alto) inter&eacute;s en las ciencias, en muchos pa&iacute;ses, incluyendo Espa&ntilde;a, las chicas tienen menor propensi&oacute;n a concebir una carrera de este tipo como adecuada para ellas y, cuando lo hacen, es una regularidad que las chicas se decantan en mucha mayor medida por profesiones en el &aacute;mbito de la salud (tres veces m&aacute;s que los chicos) y los chicos por profesiones como la ingenier&iacute;a o las tecnolog&iacute;as de comunicaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        5. Estas pautas son coherentes con los datos sobre matriculaciones en distintos programas de educaci&oacute;n superior, que confirman la segregaci&oacute;n de g&eacute;nero: de manera bastante sistem&aacute;tica entre pa&iacute;ses y estable en el tiempo, hay una infrarrepresentaci&oacute;n de las mujeres en estudios cient&iacute;ficos y una brecha importante en los estudios dedicados a tareas de cuidados (<a href="http://journals.sagepub.com/doi/abs/10.1177/0038040711402099" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>).
    </p><p class="article-text">
        Estos argumentos sugieren la necesidad de prestar m&aacute;s atenci&oacute;n a la interacci&oacute;n entre estereotipos, actitudes, expectativas, rendimiento y decisiones acad&eacute;micas y laborales posteriores. Podr&iacute;an estar gener&aacute;ndose, especialmente en pa&iacute;ses con una divisi&oacute;n sexual del trabajo resistente al cambio, c&iacute;rculos viciosos: expectativas negativas respecto a la propia capacidad, implicaci&oacute;n menor en actividades cient&iacute;ficas, rendimiento escolar menor del que potencialmente se podr&iacute;a obtener, expectativas negativas sobre una carrera cient&iacute;fica, menor acceso a estudios cient&iacute;ficos. Estos c&iacute;rculos viciosos operan a lo largo de toda la vida escolar de los estudiantes y limitan las oportunidades de las chicas para acceder a carreras de este perfil, especialmente a las mejor remuneradas o las que en un momento concreto cuentan con m&aacute;s reconocimiento social. Si los estereotipos respecto al tipo de actividades supuestamente m&aacute;s apropiadas para cada g&eacute;nero se desarrollan en la primera infancia, y si es cierto que condicionan el inter&eacute;s por la participaci&oacute;n en determinados estudios o tareas, parece oportuno pensar que los modelos o referentes ofrecidos en el entorno escolar (pero tambi&eacute;n en el familiar) podr&iacute;an diversificarse y que podr&iacute;a incentivarse a&uacute;n m&aacute;s proactivamente por parte de los educadores la participaci&oacute;n de ni&ntilde;os y ni&ntilde;as en actividades que tradicionalmente han experimentado cierto sesgo de g&eacute;nero.
    </p><p class="article-text">
        NOTA: Parte de estos argumentos han aparecido en mi cap&iacute;tulo sobre desigualdades de g&eacute;nero en el III Informe sobre la Desigualdad en Espa&ntilde;a, que se puede descargar de manera gratuita en este <a href="http://www.fundacionalternativas.org/laboratorio/libros-e-informes/informes/3er-informe-sobre-la-desigualdad-en-espana-2018" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">enlace</a>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Leire Salazar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/ninas-peores-ciencias_132_1881960.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 17 Oct 2018 17:38:16 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/c6413f30-fbb4-4c4e-a893-c887deb7daef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="58053" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/c6413f30-fbb4-4c4e-a893-c887deb7daef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="58053" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[No, las niñas no son peores en ciencias]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/c6413f30-fbb4-4c4e-a893-c887deb7daef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Educación]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los españoles quieren mudarse a Galapagar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/espanoles-quieren-mudarse-galapagar_132_2042956.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">España es el país en el que en mayor medida se valora que la escuela fomente el pensamiento crítico y la creatividad</p><p class="subtitle">El acceso a escuelas, también públicas, en las que se da prioridad a estas competencias tiene un fuerte sesgo por clase social</p><p class="subtitle">Generalizar los métodos educativos "alternativos" podría tener efectos no deseados desde el punto de vista de la movilidad social</p></div><p class="article-text">
        <em>Nota: La autora del post y todos los editores de Piedras de Papel lamentamos que la publicaci&oacute;n de &eacute;ste haya precedido en pocas horas a la noticia del nacimiento prematuro de los hijos de Irene Montero y Pablo Iglesias, a los que les deseamos lo mejor en estas duras circunstancias.</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; educaci&oacute;n quieren las familias?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Irene Montero y Pablo Iglesias no son los &uacute;nicos que prefieren, para sus hijos, una educaci&oacute;n alejada de las clases magistrales tradicionales. En un estudio del <em>Pew Research Center </em>llevado a cabo en el a&ntilde;o 2016, se pregunt&oacute; en 19 pa&iacute;ses por la importancia que se atribuye a distintos modelos educativos. En concreto, se preguntaba si lo m&aacute;s importante era que las escuelas del pa&iacute;s ense&ntilde;aran de manera prioritaria las competencias acad&eacute;micas b&aacute;sicas y la disciplina, por un lado, o que fomentaran preferentemente la creatividad y el pensamiento cr&iacute;tico/independiente, por otro. Los resultados para Espa&ntilde;a pueden sorprender. El 67% de las personas consultadas en Espa&ntilde;a manifest&oacute; como prioritario que la escuela deb&iacute;a fomentar el pensamiento cr&iacute;tico y la creatividad y solamente el 24% consider&oacute; conveniente que la escuela se centrara en la adquisici&oacute;n de competencias a trav&eacute;s de la disciplina.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/47628433-6963-4b25-8f2e-3752d464132e_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/47628433-6963-4b25-8f2e-3752d464132e_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/47628433-6963-4b25-8f2e-3752d464132e_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/47628433-6963-4b25-8f2e-3752d464132e_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/47628433-6963-4b25-8f2e-3752d464132e_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/47628433-6963-4b25-8f2e-3752d464132e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/47628433-6963-4b25-8f2e-3752d464132e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Lo m&aacute;s interesante de estos resultados, sin embargo, no se encuentra en que &eacute;sta sea la modalidad m&aacute;s deseada sino en lo transversal que resulta esta preferencia en nuestro pa&iacute;s. En todos los pa&iacute;ses ricos incluidos en el estudio hay evidentes diferencias ideol&oacute;gicas en la importancia que se otorga a cada tipo de educaci&oacute;n y, en t&eacute;rminos generales, los ciudadanos de izquierda prefieren en mayor medida el modelo basado en la creatividad y el pensamiento cr&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a esta pauta se confirma, pero las diferencias son sustancialmente menos marcadas que en otros estados y tanto los ciudadanos de derecha como de izquierda apoyan este modelo en mucha mayor medida que en otros contextos (74% de los ciudadanos de izquierda y 62% de los de derecha). El consenso, por lo tanto, es marcadamente m&aacute;s transversal que en otros pa&iacute;ses, especialmente que en Estados Unidos (67% frente a 33%) o el Reino Unido (60% frente a 29%). Esta misma pauta se repite si desagregamos por grupos de edad, con una brecha mucho menor en Espa&ntilde;a y niveles m&aacute;s altos de apoyo a este tipo de formaci&oacute;n incluso entre los ciudadanos de m&aacute;s edad &ndash;el 73% de los ciudadanos entre 18 y 34 a&ntilde;os y el 62% entre los mayores de 50.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; ofrecen las escuelas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Algunas de las caracter&iacute;sticas que solemos asociar a los m&eacute;todos educativos innovadores tienen en realidad una larga historia, e incluso en Espa&ntilde;a han tenido implantaci&oacute;n hist&oacute;rica en (contados) proyectos inspirados en la Instituci&oacute;n Libre de Ense&ntilde;anza o herederos de la misma. Sin embargo, es cierto que en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas ha sido cuando han proliferado escuelas con metodolog&iacute;as muy variadas y &ldquo;con apellido&rdquo; (<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Pedagog%C3%ADa_Waldorf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Waldorf-Steiner</a>, <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/M%C3%A9todo_Montessori" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Montessori</a>) que ten&iacute;an ya mucha presencia en otros pa&iacute;ses. Al tiempo, y sin necesidad de que se adscriban a uno de estos modelos particulares, en muchos centros privados y concertados se est&aacute;n implantando continuamente innovaciones pedag&oacute;gicas que en principio se alinean con estas preferencias mostradas por las familias.
    </p><p class="article-text">
        Aunque en teor&iacute;a estas competencias est&aacute;n recogidas en el sistema educativo p&uacute;blico espa&ntilde;ol, en la pr&aacute;ctica los requisitos de cumplimiento curricular y la carrera de los centros por lograr buenos resultados en las pruebas estandarizadas dificultan enormemente su pleno desarrollo en la escuela p&uacute;blica. Esto explica que las familias que cuentan con m&aacute;s recursos para cambiar de barrio o de municipio de residencia y con m&aacute;s informaci&oacute;n sobre el funcionamiento del sistema puedan optar en mayor medida a los escasos centros p&uacute;blicos que, como el <a href="https://www.educa2.madrid.org/web/centro.cp.lanavata.galapagar" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">CEIP La Navata</a> de Galapagar, combinan calidad acad&eacute;mica con modelos pedag&oacute;gicos innovadores.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Se podr&iacute;an universalizar estos modelos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Dado que parece que este tipo de escuelas o este tipo de metodolog&iacute;as son las m&aacute;s demandadas por las familias espa&ntilde;olas, alguien podr&iacute;a plantearse si ser&iacute;a conveniente generalizarlas. Sin pretender evaluar los pros y contras de todos los posibles escenarios ni ofrecer respuestas cerradas, concluyo este post trayendo al debate algunas restricciones a las que se tendr&iacute;a que enfrentar una posible universalizaci&oacute;n de este enfoque.
    </p><p class="article-text">
        Primero, existe evidencia emp&iacute;rica que sugiere que los modelos educativos &ldquo;alternativos&rdquo; no favorecen por igual el aprendizaje de todos los tipos de alumnos. Como resume de manera muy clara Antonio Cabrales en este <a href="http://nadaesgratis.es/cabrales/escuelas-no-tradicionales-%C2%BFa-quoi-bon" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">post</a>, los estudios m&aacute;s rigurosos sobre el tema apuntan a que los m&eacute;todos tradicionales (con m&aacute;s &eacute;nfasis en los contenidos, la memoria y la repetici&oacute;n) producen de media mejores resultados en las chicas, los estudiantes con menor rendimiento y los de familias con menos recursos socioecon&oacute;micos. Si estos resultados son ciertos, puede ser crucial plantearse c&oacute;mo alinear los modelos pedag&oacute;gicos de estas escuelas &ldquo;alternativas&rdquo; con las pautas de crianza y las aproximaciones al aprendizaje que se ejercen en las familias para que los beneficios puedan generalizarse.
    </p><p class="article-text">
        Segundo, el mercado laboral en Espa&ntilde;a ya parece que tiene severas dificultades para integrar en buenas condiciones a los estudiantes formados en nuestro cl&aacute;sico sistema memor&iacute;stico e hipertrofiado de contenidos (desempleo, sobrecualificaci&oacute;n, precariedad). &iquest;Podr&iacute;a el tejido empresarial absorber nuevas cohortes de ciudadanos creativos y con esp&iacute;ritu cr&iacute;tico? &iquest;O es plausible pensar que precisamente la capacitaci&oacute;n en estas competencias modificar&aacute; de manera sustancial el mercado laboral, aumentando dr&aacute;sticamente el n&uacute;mero de puestos en innovaci&oacute;n y desarrollo?
    </p><p class="article-text">
        Tercero y relacionado, es razonable pensar que las competencias que en principio se adquieren m&aacute;s y/o mejor con los m&eacute;todos modernos (el pensamiento cr&iacute;tico, la creatividad, la diversificaci&oacute;n de estrategias para la resoluci&oacute;n de problemas complejos) tendr&aacute;n un mayor rendimiento en sectores y ocupaciones a los que es m&aacute;s complicado acceder desde la clase (de origen) trabajadora. Si es cierto que estos m&eacute;todos benefician desproporcionadamente a los estudiantes de las clases medias-altas, la generalizaci&oacute;n de estos m&eacute;todos podr&iacute;a tener el efecto no previsto de aumentar la herencia de las desventajas y de limitar la movilidad social. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Leire Salazar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/espanoles-quieren-mudarse-galapagar_132_2042956.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 02 Jul 2018 19:28:53 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Los españoles quieren mudarse a Galapagar]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Educación,Escuelas públicas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La desigual carga de nacer con bajo peso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/desigual-carga-nacer-peso_132_2125952.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">El peso al nacer es un buen indicador de desventaja temprana porque condiciona la salud y el éxito escolar de los individuos a lo largo de su vida</p><p class="subtitle">Los efectos adversos de una desventaja temprana como nacer con bajo peso son muy evidentes para los niños de familias con pocos recursos. Las familias mejor situadas, en cambio, son capaces de neutralizar completamente esta desventaja inicial</p></div><p class="article-text">
        Una de las conclusiones m&aacute;s com&uacute;nmente aceptadas entre quienes estudian la evoluci&oacute;n de la desigualdad educativa es que los problemas a los que se enfrentan los hijos de las familias con menos recursos tienen un origen muy temprano. Tanto es as&iacute; que incluso mucho antes de que se escolaricen, los ni&ntilde;os ya presentan dificultades en su desarrollo que difieren en funci&oacute;n de qui&eacute;nes son (o de c&oacute;mo son) sus padres.
    </p><p class="article-text">
        En este post tomamos un indicador frecuentemente utilizado como una de las medidas de desventaja m&aacute;s tempranas: el peso al nacer. Sabemos que el bajo peso al nacer, aquel que est&aacute; por debajo de los dos kilos y medio, correlaciona de manera muy clara con un peor estado de salud y mayor morbilidad en distintas fases del ciclo vital. Aunque hay menos evidencia al respecto, tambi&eacute;n parece estar asociado con peores resultados escolares e incluso laborales. A continuaci&oacute;n analizamos su influencia en el &eacute;xito escolar (medido en comprensi&oacute;n lectora) a medio plazo (para una muestra de escolares entre 10 y 15 a&ntilde;os de edad en China) y observamos que los efectos adversos son muy diferentes en funci&oacute;n de los recursos socioecon&oacute;micos de los hogares.
    </p><p class="article-text">
        Desmenuzamos nuestro argumento en tres partes.
    </p><p class="article-text">
        <strong>1. El bajo peso al nacer: una desventaja real y duradera para el &eacute;xito escolar</strong>
    </p><p class="article-text">
        En el primer gr&aacute;fico vemos que nacer con bajo peso implica una desventaja en el rendimiento escolar en lengua, una materia instrumental relevante para la adquisici&oacute;n de otros tipos de competencias. Los ni&ntilde;os que nacen con menos de dos kilos y medio de peso obtienen puntuaciones m&aacute;s bajas en esta materia en secundaria, controlando por la influencia de otros factores potencialmente relevantes como el sexo, la edad, los recursos de la madre y del padre, el lugar de nacimiento y el lugar de residencia, que los ni&ntilde;os con m&aacute;s peso. En concreto, sus puntuaciones son un 8% menores. Una desventaja tan temprana como nacer con un peso patol&oacute;gicamente bajo contin&uacute;a, por lo tanto, teniendo consecuencias evidentes en el &eacute;xito escolar de los ni&ntilde;os m&aacute;s de diez a&ntilde;os despu&eacute;s.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1cf71407-441c-4e27-8a64-8dc737f5f7eb_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1cf71407-441c-4e27-8a64-8dc737f5f7eb_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1cf71407-441c-4e27-8a64-8dc737f5f7eb_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1cf71407-441c-4e27-8a64-8dc737f5f7eb_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1cf71407-441c-4e27-8a64-8dc737f5f7eb_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1cf71407-441c-4e27-8a64-8dc737f5f7eb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/1cf71407-441c-4e27-8a64-8dc737f5f7eb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>2. Una desventaja que no sucede al azar</strong>
    </p><p class="article-text">
        Sabemos que esta desventaja no sucede de manera aleatoria en la poblaci&oacute;n de ni&ntilde;os. La evidencia emp&iacute;rica para multitud de pa&iacute;ses, que nosotros hemos confirmado en el caso espa&ntilde;ol (por ejemplo, <a href="https://politikon.es/2016/01/19/desigualdad-desde-la-cuna-sobre-la-salud-perinatal-en-espana/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>), indica que hay un claro gradiente asociado a los recursos socioecon&oacute;micos de la madre y del padre en la prevalencia del bajo peso al nacer. Los beb&eacute;s que nacen de madres/familias con mayor nivel educativo, m&aacute;s ingresos, un nivel ocupacional m&aacute;s alto o mayores niveles de apoyo socioemocional, nacen en mucha mayor medida que el resto con un peso normal, por encima de los dos kilos y medio. De nuevo neutralizando la posible influencia de otros factores relevantes, se confirma que las madres con menores niveles educativos (m&aacute;s a la izquierda en el eje horizontal en el segundo gr&aacute;fico) tienen probabilidades m&aacute;s altas de dar a luz un beb&eacute; con bajo peso. Cuando la madre no tiene ninguna educaci&oacute;n formal, algo no del todo infrecuente en este contexto, presenta el doble de probabilidades de tener un beb&eacute; con bajo peso que una madre comparable pero con educaci&oacute;n terciaria.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/240adbd9-b167-49ac-94bf-6eaf857bfdda_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/240adbd9-b167-49ac-94bf-6eaf857bfdda_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/240adbd9-b167-49ac-94bf-6eaf857bfdda_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/240adbd9-b167-49ac-94bf-6eaf857bfdda_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/240adbd9-b167-49ac-94bf-6eaf857bfdda_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/240adbd9-b167-49ac-94bf-6eaf857bfdda_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/240adbd9-b167-49ac-94bf-6eaf857bfdda_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>3. Y, &iquest;c&oacute;mo es la reacci&oacute;n de los padres?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ante la evidente desventaja inicial que para los ni&ntilde;os supone nacer con bajo peso, las familias no son agentes neutros ni pasivos. Los mecanismos que tradicionalmente se han utilizado desde la sociolog&iacute;a para explicar c&oacute;mo las familias con m&aacute;s recursos logran transmitir ventajas a sus hijos son perfectamente aplicables en este caso. Bien sea porque se activan estrategias intencionales para neutralizar esta desventaja o porque la transmisi&oacute;n tiene lugar a trav&eacute;s de procesos m&aacute;s sutiles (como la exposici&oacute;n de los ni&ntilde;os a determinados valores o actitudes),  lo cierto es que las familias con m&aacute;s recursos est&aacute;n en principio mejor equipadas para remediar las dificultades que puedan tener sus hijos durante su desarrollo. As&iacute; es como se explica que las familias reaccionen de forma diferente en funci&oacute;n de sus recursos ante los problemas que puede tener un reci&eacute;n nacido con un peso excesivamente bajo.
    </p><p class="article-text">
        En el tercer gr&aacute;fico mostramos, para la materia de lengua, las puntuaciones para los ni&ntilde;os nacidos con peso normal (a la izquierda) y con bajo peso (a la derecha), pero esta vez desagregado para tres niveles formativos de las madres. Entre los ni&ntilde;os nacidos con bajo peso y cuyas madres tienen nivel educativo de primaria o menos (azul) y de secundaria (rojo), las puntuaciones son marcadamente inferiores que en ni&ntilde;os comparables en cuanto al nivel educativo de sus madres pero nacidos con un peso normal. En cambio, y aqu&iacute; est&aacute; la cuesti&oacute;n interesante, cuando la madre tiene educaci&oacute;n universitaria la desventaja inicial que supone nacer con bajo peso no tiene una traslaci&oacute;n en los resultados; no hay diferencias entre estos ni&ntilde;os y los ni&ntilde;os comparables nacidos con un peso normal. Mientras que los padres con m&aacute;s recursos son capaces de neutralizar la desventaja que para sus hijos supone nacer con bajo peso, los padres menos educados no consiguen remediar los problemas de sus hijos con bajo peso.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0cc140c1-b06a-48df-945a-02d1ae98cd86_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0cc140c1-b06a-48df-945a-02d1ae98cd86_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0cc140c1-b06a-48df-945a-02d1ae98cd86_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0cc140c1-b06a-48df-945a-02d1ae98cd86_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0cc140c1-b06a-48df-945a-02d1ae98cd86_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0cc140c1-b06a-48df-945a-02d1ae98cd86_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/0cc140c1-b06a-48df-945a-02d1ae98cd86_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        En resumen, podemos decir que los padres de hogares con m&aacute;s recursos son capaces de neutralizar las consecuencias m&aacute;s negativas que ciertos factores tienen en el desarrollo de sus hijos hasta el punto de contrarrestarlas, algo que los hogares menos aventajados no pueden hacer. Las desventajas que se manifiestan ya desde la cuna pueden tener consecuencias de muy largo plazo; las desigualdades se reproducen en parte como consecuencia de la desigual capacidad de las familias para neutralizarlas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Una nota final</strong>
    </p><p class="article-text">
        Este trabajo est&aacute; hecho con datos del Panel de Hogares de China (2010), aunque creemos que las consecuencias de este tipo de an&aacute;lisis pueden ser universalmente aplicables. &iquest;Por qu&eacute; no usamos datos espa&ntilde;oles? A pesar de la extraordinaria importancia que, en nuestra opini&oacute;n, tienen investigaciones como estas, Espa&ntilde;a no ha considerado oportuno, por el momento, producir este tipo de datos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Leire Salazar, Héctor Cebolla Boado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/desigual-carga-nacer-peso_132_2125952.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 10 May 2018 19:02:38 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La desigual carga de nacer con bajo peso]]></media:title>
    </item>
  </channel>
</rss>
