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    <title><![CDATA[elDiario.es - Alberto Santamaría]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/alberto_santamaria/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Alberto Santamaría]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El día que Felipe González nos explicó a Delacroix]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/dia-felipe-gonzalez-explico-delacroix_132_3774735.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6f9f5f6a-f3fc-4652-a3cc-b5978f327fa7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La libertad de expresión hay que leerla desde abajo, no desde arriba. De otro modo, siempre será una cárcel.</p></div><p class="article-text">
        Seg&uacute;n cuentan algunos historiadores fue Delacroix quien durante el transcurso de la revoluci&oacute;n de 1830 dijo aquello de que &ldquo;quien se expresa no es libre&rdquo;. Antes, George B&uuml;chner hab&iacute;a escrito en una carta: &ldquo;Si me expreso dejo de ser libre, me ato, maldita sea&rdquo;. &iquest;A d&oacute;nde quer&iacute;an llegar ambos con esta paradoja? &iquest;Expresarse no es justo lo contrario? &iquest;En qu&eacute; sentido la expresi&oacute;n es lo opuesto a la libertad?
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que estas ideas se relacionan directamente con esa f&oacute;rmula que nos parece el grado m&aacute;s alto de nuestro vivir democr&aacute;tico, el momento superior del cl&iacute;max del <em>ser tolerante</em> al que aspiramos: &ldquo;la libertad de expresi&oacute;n&rdquo;. Lo que Delacroix y B&uuml;chner &ndash;y alg&uacute;n otro rom&aacute;ntico&ndash;&nbsp;supieron ver y leer como pocos es que quien se expresa deja de ser libre, precisamente porque se expresa. &iquest;C&oacute;mo? &iquest;En qu&eacute; sentido? En fin, podr&iacute;amos resumirlo as&iacute;: expresarse es comprometerse con lo que se dice y con lo que se hace, es abandonar el silencio y entrar en el conflicto del di&aacute;logo, lo que provoca que cada una de nuestras palabras sea un contrato. Si digo me someto a lo que digo, me ato a ello. Expresarse, ese gran reto de los rom&aacute;nticos, exige siempre, a su vez, un ejercicio de responsabilidad o de radical silencio. (Responsabilidad quiz&aacute; no sea la palabra adecuada, pero es la &uacute;nica que me viene a la cabeza).
    </p><p class="article-text">
        La f&oacute;rmula <em>libertad de expresi&oacute;n</em> esconde, desde el marco del liberalismo del cual parte, un sentido marcadamente variable. <em>Libertad de expresi&oacute;n</em> no se&ntilde;ala lo mismo en las diferentes &eacute;pocas en las cuales se apela a ella. Esto es clave. Cada &eacute;poca tiene su libertad de expresi&oacute;n. En cualquier caso, gracias al liberalismo capitalista (gracias, sinceramente) obtuvimos hace siglos esta forma de expresar individualmente nuestro parecer. Pudimos as&iacute; expresar nuestro deseo individual y libre de comprar y vender tanto objetos como ideas como a nosotros mismos en tanto que fuerza de trabajo. Terry Eagleton al estudiar el periodo original del liberalismo europeo lo recordaba de este modo: &ldquo;Lo que logr&oacute; desacralizar a la religi&oacute;n no fue la izquierda atea sino la actividad mundana del capitalismo&rdquo;. Y es cierto. Esa actividad mundana implicaba la necesidad de una libertad de expresi&oacute;n, la capacidad de <em>expresar libremente ideas.</em>
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, no es menos cierto que esta <em>expresi&oacute;n libre de ideas </em>asociada con la democracia ha terminado por vincularse triste y directamente hoy con un dispositivo neoliberal donde <em>eso expresable</em> est&aacute; en funci&oacute;n de un horizonte de interpretaci&oacute;n que nadie o muy pocos manejan. &iquest;Hasta d&oacute;nde podemos expresarnos? Es normal que escuchemos eso de &ldquo;la libertad de expresi&oacute;n tiene un l&iacute;mite, por supuesto&rdquo;, y quien suele decir esto, normalmente, es quien detenta el poder, esto es: quien controla los resortes de lo decible. &iquest;D&oacute;nde est&aacute; ese l&iacute;mite y para qu&eacute; sirve? De ah&iacute; nace parte del problema. Tal vez por eso nos avisaban los rom&aacute;nticos de que <em>expresarse es un problema. </em>Y algo m&aacute;s, decimos <em>libertad de expresi&oacute;n</em> pero no decimos libertad de dicci&oacute;n. No es s&oacute;lo lo que se dice lo que nos compromete sino tambi&eacute;n lo que se hace.
    </p><p class="article-text">
        Dicho de otro modo: la libertad de expresi&oacute;n es una trampa, una trampa ante la cual pagan los que menos posibilidades de expresarse p&uacute;blicamente tienen. Es tan s&oacute;lo un bello r&oacute;tulo que tiende a quebrarse cuando tratamos profundizar en su sentido real. &iquest;Sobre qu&eacute; horizonte interpretativo situamos esa <em>libertad de expresi&oacute;n</em>? &iquest;Qui&eacute;n maneja los resortes &uacute;ltimos de ese expresarse y es capaz de juzgar objetivamente? En efecto, no tenemos un sentido de la libertad de expresi&oacute;n, lo que poseemos es una <em>creencia</em>, y tal vez una fe en ella, pero no nos pertenece.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Entonces?
    </p><p class="article-text">
        Podemos leerlo desde hechos concretos. Hace unos d&iacute;as <a href="http://www.eldiario.es/politica/Decenas-intentan-Felipe-Gonzalez-Autonoma_0_571143150.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una serie de personas decidieron expresarse y cuestionar la legitimidad como orador del expresidente Felipe Gonz&aacute;lez</a>. Ante los hechos, se decidi&oacute; que, por motivos de seguridad, Gonz&aacute;lez no impartiera la conferencia que ten&iacute;a pensado ofrecer. Este hecho se ha interpretado bajo la forma de que esas personas limitaron la libertad de expresi&oacute;n de Gonz&aacute;lez. Si acudimos a cierta prensa observamos de modo generalizado que esas personas en leg&iacute;tima protesta son <em>j&oacute;venes</em>, palabra que adquiere en el contexto de la protesta (no as&iacute; en el deporte, por ejemplo) el sentido peyorativo de quien carece de historia intelectual suficiente. J&oacute;venes y estudiantes, es decir, gente que en lugar de estudiar se dedica a <em>otra cosa cuando deber&iacute;a estar estudiando</em>. A esto se le suele a&ntilde;adir lo de &ldquo;radical&rdquo;, que es lo que se dice del otro cuando quien pronuncia esa palabra quiere hacernos creer que existe algo as&iacute; como una perfumada centralidad. Este cocktail lleva a criminalizar toda su acci&oacute;n, la cual acaba definida como acto de descerebrados violentos. No niego que lo sean. No los conozco. Carezco de datos. Es un ejemplo. Un caso, nada m&aacute;s. Sin embargo este caso nos sirve para ilustrar algunos elementos.
    </p><p class="article-text">
        A&ntilde;adamos algo. La libertad de expresi&oacute;n, en nuestra sociedad &ndash;que difiere notablemente del marco liberal en el cual naci&oacute;&ndash; va asociada a procesos de transformaci&oacute;n y variaci&oacute;n, lo mismo que las mercanc&iacute;as en el mercado capitalista. La libertad de expresi&oacute;n de los ochenta no es la misma que la de hoy. La libertad de expresi&oacute;n viene marcada por lo que la polic&iacute;a sensible de cada momento decida. La libertad de expresi&oacute;n se amolda a las leyes del mercado. No existe sino en funci&oacute;n de unas pautas marcadas por la visibilidad de ese discurso expresado. Por eso la precauci&oacute;n rom&aacute;ntica: &ldquo;Si me expreso no soy libre&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y ahora alcanzamos el punto al cual quer&iacute;a llegar. La libertad de expresi&oacute;n va asociada, en efecto, a una l&iacute;nea invisible y variable entre lo decible y lo no decible en una determinada &eacute;poca. As&iacute; pues, por ejemplo, la libertad de expresi&oacute;n suele vincularse con los medios de comunicaci&oacute;n los cuales visibilizan determinados discursos, se&ntilde;alando lo que es decible y admisible. En este caso, cuando Gonz&aacute;lez habla &ndash;se expresa, quiero decir&ndash; los medios escuchan, anotan, esparcen. Cuando Gonz&aacute;lez emite un mensaje en un medio bajo su inalienable libertad de expresi&oacute;n (por supuesto) ese mensaje se propaga, se escucha, se aprende. En cambio, &iquest;qu&eacute; ocurre cuando quien defiende su libertad de expresi&oacute;n es invisibilizado? El pueblo es violento cuando se expresa porque carece de palabra. Porque cuando se expresa suele hacerlo en el extremo, al final de una lucha que lo lleva hasta la desesperaci&oacute;n, es decir, cuando su voz se ha roto de tanto intentar que se le oiga. No trato de legitimar ninguna radicalidad (aunque estar&iacute;a en mi derecho de ejercer entonces mi libertad de expresi&oacute;n, supongo) sino de hacer ver que en ocasiones la libertad de expresi&oacute;n tiene que ver con la posibilidad de hacerse ver/o&iacute;r.
    </p><p class="article-text">
        Las personas que protestaban por la presencia de Gonz&aacute;lez en la universidad puede que se excedieran (no tengo ni idea de si esto es as&iacute;), pero lo cierto es que la capacidad de visibilizar su palabra es mucho m&aacute;s escasa que la de un consejero delegado de una gran empresa y/o un expresidente.
    </p><p class="article-text">
        Saliendo de este caso particular, podemos sostener, para concluir, que cuando escuchamos al que se le niega habitualmente la palabra, cuyo discurso es invisibilizado regularmente, cuando al final lo vemos y escuchamos, es cuando se le termina mostrando p&uacute;blicamente como violento, y se dice que es incapaz de usar el medio leg&iacute;timo: la palabra. Pero su palabra ya est&aacute; agotada, porque nadie antes le ha permitido expresarse libremente.
    </p><p class="article-text">
        La libertad de expresi&oacute;n, pues, s&oacute;lo sirve para aqu&eacute;l que no la necesita, para aquel o aquellos que hacen de su uso p&uacute;blico del lenguaje formas de asentar lo l&iacute;mites de esa libertad de expresi&oacute;n. La libertad de expresi&oacute;n hay que leerla desde abajo, no desde arriba. De otro modo, siempre ser&aacute; una c&aacute;rcel.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Santamaría]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/dia-felipe-gonzalez-explico-delacroix_132_3774735.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Oct 2016 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El día que Felipe González nos explicó a Delacroix]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Alberto Santamaria,Felipe González,Libertad de expresión]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Unas vacaciones baratas en el mundo de la normopatia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/vacaciones-baratas-mundo-normopatia_132_3667340.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">El normópata (o la normópata) sitúa la norma como una muralla de piedra entre sus pensamientos y el mundo social que le rodea. Cuantas más normas haya mejor.</p></div><p class="article-text">
        Son las 12.20 de un 22 de diciembre de 2016. A las afueras de Santander, en un colegio de la periferia, cerca de un conocido centro comercial y de una vieja f&aacute;brica que produce alambr&oacute;n, se desarrolla una funci&oacute;n escolar de navidad. Justo a esa hora y en ese lugar act&uacute;an mis hijos. Llego tras un largo viaje con la idea de aparecer para poder ver la obra que representan. Para mi sorpresa llego a tiempo. Veo, mientras me acerco, el movimiento de ni&ntilde;os intranquilos que se agitan, el ritmo de la ma&ntilde;ana, los c&iacute;rculos de padres y madres que conversan felices en el exterior del recinto. Nada fuera de lo habitual en este tipo de festejos escolares y navide&ntilde;os. Sin embargo, justo al entrar, una chica me detiene el paso. Una joven que sin embargo tiene ya el gesto severo de una vieja profesora rancia. Me mira y me pide &ldquo;la entrada&rdquo;. Es cierto, no tengo. No la llevo. Sin embargo, mientras me insiste en la necesidad de tener &ldquo;entrada&rdquo; puedo ver desde fuera que el sal&oacute;n donde act&uacute;an (en realidad el gimnasio) est&aacute; medio vac&iacute;o. Es la &uacute;ltima actuaci&oacute;n y la mayor&iacute;a de gente (padres y madres de cursos inferiores) se ha ido. Pero no puedo pasar, &ldquo;son las normas&rdquo;, me dice.
    </p><p class="article-text">
        Aunque apenas haya gente a esas horas, las normas son las normas y sin entrada no hay acceso a la actuaci&oacute;n. &ldquo;Est&aacute; bien&rdquo;, digo. Me acerco a saludar y la joven me persigue y me pide que salga del gimnasio. &ldquo;Son las normas&rdquo;, insiste. &ldquo;Bueno, lo ver&eacute; desde fuera&rdquo;, a&ntilde;ado. &ldquo;No. Tampoco. Sin entrada no se puede ver la actuaci&oacute;n&rdquo;, concluye para mi asombro dicha profesora. &ldquo;Son las normas&rdquo;. Es una actuaci&oacute;n escolar de navidad, pero las normas se imponen con pu&ntilde;o de acero, como si el contenido y la seguridad implicasen la necesidad de esa f&eacute;rrea disciplina. Finalmente, desoyendo la prohibici&oacute;n de permanecer siquiera en la puerta para ver la actuaci&oacute;n mientras el interior est&aacute; medio vac&iacute;o con algunas de las sillas sin ocupar (algo bastante rid&iacute;culo, por cierto), decido mantenerme en la puerta. Algunas madres en el interior se percatan de lo fuertemente est&uacute;pido de la situaci&oacute;n y una de ellas consigue una entrada. As&iacute;, finalmente, pude acceder. &ldquo;Son las normas&rdquo;, insiste posteriormente la directora del centro. Las normas son as&iacute;. &ldquo;En ning&uacute;n teatro se puede entrar sin entrada&rdquo;, insiste. &iquest;Teatro? &iquest;No era una inofensiva actuaci&oacute;n de navidad? Y vuelve: &ldquo;son las normas, iguales para todos&rdquo;. Normas, normas, normas.
    </p><p class="article-text">
        Este caso personal y navide&ntilde;o puede servir de ejemplo a uno de los temas clave de la actualidad y que se convierten, por desgracia, en algo recurrente: la pulsi&oacute;n norm&oacute;pata que nos rodea. Normas, normas, normas. La directora del centro, sus &ldquo;secuaces&rdquo;, etc., son perfectamente retratables dentro de esta patolog&iacute;a (normopat&iacute;a) que tiene que ver con considerar la norma como la salvaguardia objetiva ante cualquier problema, como escudo ante cualquier eventualidad. Como si las normas naciesen y se desarrollasen con vida propia, como si el poder naciese de ellas por una especie de &oacute;smosis. Es algo que en algunos lugares y espacios p&uacute;blicos (desde colegios hasta universidades) se ha convertido en muleta para generar una presunta objetividad. Una objetividad que a su vez inviste a algunas personas de una presunta y delirante autoridad, como en el caso mencionado, donde no puede haber di&aacute;logo porque lo que hay son: normas, normas, normas. Las normas funcionan en estos contextos en la medida en que sirven para tranquilizar a quien debe gestionar. La norma como anestesia. El norm&oacute;pata (o la norm&oacute;pata) sit&uacute;a la norma como una muralla de piedra entre sus pensamientos y el mundo social que le rodea. Cuantas m&aacute;s normas haya mejor. Ahora bien, gestionar no es poner normas y m&aacute;s normas, al contrario, es tratar de conseguir que con la menor cantidad de normas posibles los espacios sean capaces de autodesarrollarse sin problemas. O dicho de otro modo: las normas son est&uacute;pidas si, en lugar de favorecer la gesti&oacute;n de lo p&uacute;blico y de sus gentes, sirven, &uacute;nicamente, para generar espacios de vac&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        Las normas no predicen, no tienen vida, son meros formalismos. Las normas, vistas como en este caso, en lugar de servir a la gente terminan por ser su opuesto: acabamos por ser nosotros quienes servimos a las normas. No hay eficiencia en la norma si la norma no se flexibiliza en funci&oacute;n de los contextos. Y esta normopat&iacute;a tiene mucho que ver con las formas capitalistas de difusi&oacute;n de mensajes. Esteban Hern&aacute;ndez, en su reciente y recomendable 'Los l&iacute;mites del deseo. Instrucciones de uso del capitalismo del siglo XXI', escribe: &ldquo;Cuando el deseo de estabilidad no se pretende conseguir mediante la incorporaci&oacute;n de conflictos, sino a trav&eacute;s del orden y la disciplina meticulosa de la vida, el poder se coloca por encima de la sociedad&rdquo;. Esto implica que m&aacute;s tarde o m&aacute;s temprano uno &ldquo;est&aacute; preparado para cualquier problema futuro, excepto para el que termin&oacute; aconteciendo&rdquo;. He ah&iacute; la ceguera del norm&oacute;pata, para quien el lema es &uacute;nico: normas, normas, normas. Un altar a las normas. Normas r&iacute;gidas.
    </p><p class="article-text">
        La normopat&iacute;a nos excede, nos vac&iacute;a plenamente de subjetividad y le otorga a la norma todo el peso del deseo. Los psicoanalistas Joyce McDougall y Christopher Bollas lo han estudiado en varias ocasiones. Para ellos los norm&oacute;patas son &ldquo;aquellas personas que tienen una tendencia a atender las normas de manera extrema. Las personas que tienen esta caracter&iacute;stica suelen perder su propia subjetividad, ya que sus decisiones est&aacute;n fuertemente influenciadas por lo que ellos consideran que la norma define como &rdquo;lo correcto&ldquo;. Lo correcto es que haya normas y que estas normas sean iguales e inalterables en todo momento y lugar, ya sea eso la NASA, la Constituci&oacute;n Espa&ntilde;ola, o un peque&ntilde;o colegio p&uacute;blico de una peque&ntilde;a ciudad de un pa&iacute;s perif&eacute;rico.
    </p><p class="article-text">
        Ense&ntilde;ar a nuestros hijos e hijas que las normas en contextos sociales p&uacute;blicos y de relaci&oacute;n educativa son importantes no puede desligarse de que aprender a flexibilizar esas normas en funci&oacute;n de variables inesperadas o simplemente diferentes es tambi&eacute;n un valor educativo, incluso un valor superior. Para otros psicoanalistas el problema es m&aacute;s complejo. Por ejemplo, Christophe Dejours relaciona la normopat&iacute;a con &ldquo;la banalidad del mal&rdquo;, de la que hablase Hannah Arendt. Es decir, el norm&oacute;pata es aquel de act&uacute;a &ldquo;porque las normas lo dicen&rdquo;. Inoculado por el virus de una norma, el norm&oacute;pata no se cuestiona el sentido o las posibilidades de cambio, ya que la norma es objetiva y habla por nosotros. Esto es: actuar sin percatarse de la maldad y/o estupidez de esas normas. En muchos centros p&uacute;blicos esta normopat&iacute;a se convierte en un eje delirante.
    </p><p class="article-text">
        Es importante impulsar la necesidad de huir de esa normopat&iacute;a para generar espacios de encuentro y disenso, sobre todo en los espacios educativos p&uacute;blicos. Cumplir la norma por el mero hecho de tener forma gramatical de norma no otorga a esa proposici&oacute;n sentido de verdad. Las normas no son verdad y no producen verdades. Huyamos de la normopat&iacute;a que nos rodea, y busquemos otros espacios. Ense&ntilde;ar a disentir antes que a consensuar no tiene nada de malo y puede ser un principio.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Santamaría]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/vacaciones-baratas-mundo-normopatia_132_3667340.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 24 Dec 2016 06:00:00 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Unas vacaciones baratas en el mundo de la normopatia]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Alberto Santamaria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nosotros y la Gran Novela de la Derecha]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/gran-novela-derecha_132_3835872.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/be217096-89f2-419a-8cf1-6b19b8b513dd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Nosotros y la Gran Novela de la Derecha"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El relato del caballero andante sigue funcionando exactamente igual que hace seis siglos: la derecha ha sabido gestionar su relato de élites, que lo son porque se lo merecen, mientras que la izquierda ha olvidado la novela de la clase trabajadora</p></div><p class="article-text">
        Hay una novela que recorre las calles de nuestras ciudades y pueblos desde hace ya varios a&ntilde;os. Es una novela atractiva, de tapas blandas, pero que resiste todos los envites a pesar de que sus personajes, uno tras otro, perezcan en sus p&aacute;ginas. Esa novela nos la venden, nos la inoculan, nos la filtran en nuestros vasos de agua diariamente sin darnos cuenta. Y esa novela busca incansable su protagonista. Esa novela se escribe desde arriba y cae sobre nosotros como una fina lluvia que se deposita sobre cabezas y cuerpos con la ligera sensaci&oacute;n de refrescar nuestros modos de hacer y nuestros sue&ntilde;os. Es la novela del IBEX 35, es la novela invisible de estos tiempos, que ni siquiera necesita excesivo papel, ni mucho menos una sintaxis previa altamente definida. Es la novela de las &eacute;lites y de sus ep&iacute;gonos y cada vez m&aacute;s es la novela de la clase trabajadora. En esta novela, que crece a trav&eacute;s de series de tv, o de charlas, cursos de emprendizaje, seminarios, crowdfunding, etc., se ofrece una visi&oacute;n de la vida sometida a unos patrones definidos. Es a trav&eacute;s de esta novela como la derecha ha sido capaz de hacerse con un lugar que la izquierda ha obviado: la cultura. La derecha sabe construir novelas h&aacute;bilmente atractivas, y no s&oacute;lo las construye sino que sabe distribuirlas. La izquierda, al parecer, no.
    </p><p class="article-text">
        Ve&aacute;moslo de otro modo. Hace unos d&iacute;as pude visitar la Torre de Pero Ni&ntilde;o, en San Felices de Buelna (Cantabria). All&iacute; se nos cuenta la historia de este caballero medieval aventurero, Pero Ni&ntilde;o, historia recogida por Gutierre D&iacute;az de Games, su ayudante y sirviente. En esta rara biograf&iacute;a medieval, escrita en la primera mitad del siglo XV, Gutierre tiene por objetivo loar las aventuras de su se&ntilde;or, sus victorias y trofeos, y, as&iacute; mismo, servir de modelo y recuerdo para el futuro. Si nos fijamos, y aunque el mundo de la caballer&iacute;a pronto caer&iacute;a en desgracia, el relato que se nos da se ha mantenido perfectamente inalterado. Circulamos a&uacute;n, en efecto, en novelas de caballer&iacute;as. Quiero decir, Espa&ntilde;a (por mucho que nos quieran vender) creo que nada tiene que ver hoy con el Quijote y con Sancho, esa imagen de locura, etc., ni con la picaresca, sino con los relatos cl&aacute;sicos de caballer&iacute;as. S&iacute;, seguimos ah&iacute; dentro, aunque creamos que no. El relato del caballero andante sigue funcionando exactamente igual que hace seis siglos, nada ha variado en el relato. Obviamente han variado los medios, las formas, las estructuras legales y de derecho, etc., es decir, la c&aacute;scara, pero el relato de la caballer&iacute;a en su n&uacute;cleo ideol&oacute;gico sigue funcionando igual. En Espa&ntilde;a la derecha ha sabido gestionar su posici&oacute;n de caballer&iacute;a, su relato de &eacute;lites que lo son porque se lo merecen, una especie de derecho adquirido. Esto es: la novela de que si tengo tanto dinero, coches, etc., es porque lo he trabajado. Ese relato que da por sentado que si vives en un piso en los arrabales y no llegas a fin de mes es simple y llanamente culpa tuya. Ese relato es el de la caballer&iacute;a, es el relato que escribe Gutierre D&iacute;az de Games sobre su se&ntilde;or Pero Ni&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        En efecto, esta novela de caballer&iacute;as dentro de la cual vivimos (a pesar de que la queramos disfrazar de lo que sea) viene refrendada por estudios diversos. Entre ellos este tema caballeresco se ha puesto de relieve en un reciente estudio titulado 'Resultados del mercado de trabajo y origen familiar. Evidencia de 5 pa&iacute;ses europeos durante la recesi&oacute;n', realizado por la Universidad de Alcal&aacute; de Henares, donde podemos hallar sin rodeos el sentido de la nueva novela caballeresca. La conclusi&oacute;n es certera: &ldquo;En Espa&ntilde;a pertenecer a una familia 'bien' sigue siendo una tarjeta de visita para encontrar un buen empleo independientemente de la formaci&oacute;n recibida [&hellip;]. Entre dos personas con la misma formaci&oacute;n pero descendientes de familias distintas a nivel social, tendr&aacute; m&aacute;s posibilidades de encontrar un buen empleo aquella que pertenezca a una familia con posibles&rdquo;.&nbsp; La novela de caballer&iacute;as, entendida como la lectura de clase, sigue actuando, incluso m&aacute;s que antes. As&iacute; lo certifica este estudio: &ldquo;Existen indicios de que, vista la relaci&oacute;n entre la desigualdad social y la transmisi&oacute;n intergeneracional de oportunidades, en Espa&ntilde;a se est&aacute; produciendo un estancamiento o incluso un descenso en la igualdad de oportunidades&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, sorprende (o no) que esta novela, llena de pliegues, haya logrado avanzar, transformarse y hacerse m&aacute;s y m&aacute;s atractiva, hasta el punto de amoldarse a la clase trabajadora (que crea su propia novela de caballer&iacute;as, algo as&iacute; como la serie 'b' de la caballer&iacute;a). En pocos lugares como en 'La gallina ciega' de Max Aub puede verse arqueol&oacute;gicamente el sentido de esta situaci&oacute;n &ldquo;literaria&rdquo;. En su breve visita a Espa&ntilde;a en los a&ntilde;os sesenta Aub tiene un fascinante momento de iluminaci&oacute;n. Es ese en el que se da cuenta de que el espa&ntilde;ol, el espa&ntilde;ol de clase trabajadora, es capaz de conformarse muy pronto en (y con) su pobreza.&nbsp; El franquismo lo supo hacer, supo actuar sobre esa novela. Hay un inconsciente espa&ntilde;ol (suena raro, pero as&iacute; es) que tiende a hacer que la pobreza se convierta en un recinto habitable e incluso deseable si no hay movimiento. Es ese &ldquo;conformarse con su pobreza&rdquo; de la clase trabajadora, sigue Aub, la que provoca el miedo a cualquier cambio. Ahora bien esa pobreza no se ve como tal &ndash;ah&iacute; est&aacute; el truco de la novela- sino como un espacio de confort, como un recinto propio, como un relato que dice &ldquo;esto me lo he ganado&rdquo; y aqu&iacute; me quedo. No es simple miedo al cambio, es algo m&aacute;s profundo. Este relato del inconsciente espa&ntilde;ol, donde uno se conforma con su pobreza como dec&iacute;a Aub, beneficia a las &eacute;lites, por supuesto, quienes no se conforman nunca, quienes no se conforman jam&aacute;s con su riqueza, y necesitan cambio y aventura en el sentido caballeresco, es decir, a costa de los vasallos. Porque, no lo olvidemos, las &eacute;lites son activistas natos. Esa es la novela que nos da ahora el capitalismo (o como queramos llamarlo hoy), es la novela en la que nos sit&uacute;a, en la distancia hist&oacute;rica, el caballero medieval Pero Ni&ntilde;o. Esa novela de las &eacute;lites ha incluido en su vientre, eso s&iacute;, a quienes en su pobreza no la ven como tal, sino como un lugar so&ntilde;ado, un para&iacute;so particular desde el cual prometen no molestar.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Molestar desde abajo? Eso nunca. Al mismo tiempo el capitalismo, o su forma de novelizar nuestras vidas, por mucho que nos insistan, no tiene por objetivo hoy transformarnos a todos en zombis mec&aacute;nicos, en reificados personajes. No, no es as&iacute;. O mejor, ese ser&iacute;a su sue&ntilde;o, pero a sabiendas de que si as&iacute; fuese el sistema saltar&iacute;a pronto por los aires. La contradicci&oacute;n del capitalismo est&aacute; ah&iacute;: en querer reificarnos pero, al mismo tiempo, necesitar crear instrumentos afectivos que nos hagan sentir que no es &eacute;se su objetivo, que no es &eacute;se su deseo. He ah&iacute; una buena novela capitalista. He ah&iacute; la contradicci&oacute;n real del capitalismo. Las emociones y los afectos se han convertido (filtrados ambos por un cloroformo economicista que los desactiva) en piezas rentables de esta novela de la derecha. (Santander sin ir m&aacute;s lejos es una ciudad donde la cultura es cloroform&aacute;tica, por ejemplo.) Recuperar esos personajes (emociones y afectos) y tornarlos cr&iacute;ticos y transformadores desde el concepto de clase (s&iacute;, han le&iacute;do bien, de clase) es clave.
    </p><p class="article-text">
        Posiblemente uno de los problemas de la izquierda es que ha abandonado o ha dejado pasar sin ning&uacute;n problema esta novela de caballer&iacute;as de la derecha. O, mejor, se ha adaptado a ella. Se ha sentido a gusto dentro de ella. Ha olvidado la novela de la clase trabajadora, que no es una novela, sino un relato siempre a medias, que no se ha construido. La izquierda abandon&oacute; el relato de la clase trabajadora, su propia forma de darse, de escribirse; y en este sentido cedi&oacute; ese relato cultural a la derecha, quien h&aacute;bilmente supo vaciar esa historia de clase, edulcor&aacute;ndola, amans&aacute;ndola y amold&aacute;ndola a la Gran Novela de la Derecha. Esa Gran Novela de la Derecha &ndash;dentro de la cual vivimos, y que se construye desde los propios medios de comunicaci&oacute;n- deshizo todo intento de relato disidente, y escribi&oacute;&nbsp; el relato de que eso de &ldquo;la clase trabajadora&rdquo; es cosa del pasado, algo innecesario conceptualmente para el objetivo del crecimiento.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;He ah&iacute; una de la novelas a cuestionar. Recientemente Owen Jones lo se&ntilde;alaba directamente: &ldquo;La izquierda necesita desesperadamente volver a enfocarse en la clase. Desde los a&ntilde;os 80 en adelante &ndash;cuando el movimiento laborista fue aplastado, las viejas industrias destrozadas y la guerra fr&iacute;a termin&oacute;&ndash; la clase ocup&oacute; el &uacute;ltimo asiento. El g&eacute;nero, la raza y la sexualidad parec&iacute;an m&aacute;s importantes y relevantes. En realidad, nunca deber&iacute;a haber sido una cosa o la otra: &iquest;C&oacute;mo se puede entender el g&eacute;nero sin la clase y viceversa dada, por ejemplo, la desproporcionada concentraci&oacute;n de mujeres mal remuneradas y con inseguridad laboral?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; est&aacute; el reto, la novela que ha de ser cuestionada, el relato popular que es necesario reescribir. Mientras no establezcamos caminos para ese nuevo relato social y popular, donde la cultura juega un papel central, la novela de Caballer&iacute;as que a d&iacute;a de hoy sigue escribiendo la derecha desde sus medios y desde sus gestos, triunfar&aacute; sin remedio.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Santamaría]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/gran-novela-derecha_132_3835872.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 13 Sep 2016 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Nosotros y la Gran Novela de la Derecha]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El coleccionismo ha muerto, viva el coleccionismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cultura/coleccionismo-muerto-viva_1_3895082.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/77302f91-2fb1-4185-ab74-b15f5a379d61_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Podría existir arte sin museos, pero ¿puede existir arte sin coleccionistas? Su papel en el ecosistema del arte contemporáneo es clave. Sin embargo, ¿hasta qué punto su posición favorece o entorpece el papel del artista hoy?</p></div><p class="article-text">
        Un tipo vestido impecable, y con cierto gesto de superioridad, dice a su interlocutora, una joven tostada y elegantemente vestida: &ldquo;La verdad es que no s&eacute; por qu&eacute; hemos tenido tanto &eacute;xito&rdquo;. R&iacute;en. Se ense&ntilde;an los dientes amablemente. Se trata de Borja Baselga, director de la Fundaci&oacute;n Banco Santander y frente a &eacute;l, tal vez, una coleccionista. Les escucho en silencio, sentado en una silla justo a la entrada. Es cierto. El sal&oacute;n de baile, donde se realiza el curso de la Universidad Internacional Men&eacute;ndez Pelayo (UIMP) sobre coleccionismo, est&aacute; a las diez&nbsp;de la ma&ntilde;ana de un 18 de julio a rebosar de personas y personajes del mundo del arte. &iquest;Mundo del arte? Escribo estas palabras y enseguida me dan ganas de borrarlas. Escribo mejor: mundillo del arte. Las borro. Luego las vuelvo a escribir. Se forman corrillos en el pasillo antes de comenzar. La est&eacute;tica del corrillo previo a una ponencia merecer&iacute;a un estudio aparte. Palabras banales. Gestos. Unas cien personas se re&uacute;nen durante tres&nbsp;d&iacute;as bajo el t&iacute;tulo <em>Coleccionismo, apreciaci&oacute;n y valor del arte contempor&aacute;neo. Un recorrido por los actuales circuitos del arte. </em>El p&uacute;blico lo compone una densa trama de galeristas, banqueros, coleccionistas/empresarios y artistas. Durante los d&iacute;as que dura el curso se desarrolla, en paralelo, la feria de arte Artesantander. En cualquier caso, &iquest;por qu&eacute; hay tanto p&uacute;blico? &iquest;La alianza arte-mercado resulta tan atractiva? Seguro que s&iacute;. Pero &iquest;qu&eacute; impulsa a alguien a coleccionar? Y, por otro lado, &iquest;cu&aacute;l es el papel del coleccionismo y del coleccionista hoy? &nbsp;Estas son s&oacute;lo algunas de las preguntas que est&aacute;n detr&aacute;s de mi presencia aqu&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Al entrar en el Palacio de La Magdalena uno tiene una sensaci&oacute;n extra&ntilde;a. Como si tras de s&iacute; caminase un fantasma; un fantasma que se respira, que se huele, que se piensa. Pero sobre todo un fantasma que seguro lee <em>La Raz&oacute;n</em> ya que sobre todas las mesas del palacio reposa un taco de ese peri&oacute;dico, que todo el mundo lee a lo largo del d&iacute;a, acarici&aacute;ndolo, hoje&aacute;ndolo, como si fuese un mapa sentimental del presente. La UIMP es, en fin, una especie de nave espacial que alguien ha abandonado all&aacute; arriba, para que algunos seres piensen que lo que all&iacute; hacen y dicen afecta al mundo, un mundo que &mdash;aparentemente&mdash; late ajeno. Miradas ce&ntilde;udas, sonrisas amables, estudiantes esforzados e inteligentes, sacerdotes, pol&iacute;ticos, se cruzan por los pasillos haciendo crujir las viejas maderas.
    </p><p class="article-text">
        La sala donde se desarrolla el curso est&aacute; llena. Apenas hay sitios libres. Tras las oportunas presentaciones iniciales se escucha un sonoro aplauso dedicado a la Fundaci&oacute;n Banco Santander, quien financia el curso y por lo visto est&aacute; llamada a salvar el arte espa&ntilde;ol. El aplauso es sonoro y sincero. Este inicio tiene algo de homil&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Durante tres d&iacute;as se concentran una gran cantidad de coleccionistas (<a href="http://www.9915.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">asociados en 9915</a>), galeristas y agentes del mundo del arte vinculados al <a href="http://www.iac.org.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Instituto de Arte Contempor&aacute;neo</a>. Tanto en las ponencias como en los pasillos algo parece claro: el coleccionismo ha cambiado. El coleccionista ya no es el mismo de hace cuarenta a&ntilde;os. Esa parece una tesis m&aacute;s o menos homog&eacute;nea. Ya no es el t&iacute;pico profesional culto que colecciona arte, nacional fundamentalmente. No. Ya no es as&iacute;. Las transformaciones econ&oacute;micas, los vaivenes sociales, han variado el mapa del coleccionismo. En la actualidad prima m&aacute;s la figura del empresario e inversor que mantiene una l&iacute;nea paralela relacionada con el arte. Un coleccionista con una pulsi&oacute;n internacional, atento a los cambios. Este ser&iacute;a el esquema del coleccionista. Ahora bien, &iquest;para qu&eacute; coleccionar arte? Esta pregunta ronda la cabeza de los presentes, pero nadie la propone. Se esgrimen documentos, cifras, estad&iacute;sticas, pero lo que todos reclaman es que se les vea como aut&eacute;nticos <em>lovers</em> del arte. Ah&iacute; est&aacute; una de las claves y de las paradojas. Si no supi&eacute;ramos absolutamente nada de d&oacute;nde estamos, si fu&eacute;semos marcianos que aterrizan all&iacute; mismo en ese momento, al instante nos dar&iacute;amos cuenta de que para esta gente un coleccionista es un ser alado, que ama el arte con un amor sobrehumano. El dinero, o la procedencia de su dinero, es lo de menos. Primero uno es <em>lover</em> del arte y luego coleccionista. Seg&uacute;n nos cuentan compran arte no para especular, ni para recibir beneficio sino simplemente para disfrutarlo y permitir que otros lo disfruten. &ldquo;No me preocupa &mdash;me confiesa uno&mdash; que se revalorice lo que compro, s&oacute;lo que me citen, que sepan qui&eacute;n soy. Bueno, que se revalorice pero que no se compre, saber que se revaloriza, ya sabes&rdquo;. No. No lo s&eacute;, pienso, pero no digo nada. Otro coleccionista dice sin tapujos que su forma de comprar es sencilla: &ldquo;Mismo tama&ntilde;o mismo precio&rdquo;. Pero &ldquo;no lo hago por dinero, sino por emoci&oacute;n, bueno, emoci&oacute;n e inversi&oacute;n&rdquo;. Todos, al menos con los que hablo, se esfuerzan en decirme que ven la obra de arte no como algo mercantil o especulable, sino como producto afectivo. En alguna ponencia tambi&eacute;n se escucha esta idea. Afectos y efectos sociales como ejes de parte del mundo del coleccionista. No s&oacute;lo eso. Una de las ponentes dice: &ldquo;El coleccionismo representa la construcci&oacute;n democr&aacute;tica de la sociedad&rdquo;. Copio esta frase, la vuelvo a copiar y juro que no la entiendo. Hace falta un Walter Benjamin para desentra&ntilde;arla, yo no estoy capacitado y adem&aacute;s tengo hambre. M&aacute;s tarde, la repiten varias veces. Alguien a&ntilde;ade: &ldquo;Si el arte sobrevive hoy en d&iacute;a es por los coleccionistas y por las empresas, bancos, si no no habr&iacute;a arte&rdquo;. Algunos asienten. Y es cierto, seg&uacute;n las cifras y las ideas que muestran. Si bien olvidan otros factores, como el papel del propio artista y su precariedad general, o la precariedad de los trabajos en el &aacute;mbito de la cultura. Nadie habla del &eacute;xito de <a href="http://www.eldiario.es/norte/euskadi/Museo-Bellas-Artes-Bilbao-trabajadores_0_538596959.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la huelga del Museo de Bellas Artes de Bilbao</a>&nbsp;o de la huelga en Es Baluard. Acostumbrado a ver el arte desde otro &aacute;ngulo, me asombra c&oacute;mo aqu&iacute; el arte ocupa un lugar difuso, donde el peso de lo econ&oacute;mico se mezcla con cierta ret&oacute;rica rom&aacute;ntica del arte. Se alimentan de esa paradoja. Progresivamente, conforme pasan los minutos y las conversaciones, me voy percatando del objetivo real de estos cursos: elevar la moral del sector, o de esa parte del sector art&iacute;stico de d&oacute;nde viene el dinero privado. Estoy, oh cielos, en medio de una especie de (necesaria, eso s&iacute;) terapia colectiva. &nbsp;Hace calor. Mucho calor. Bajo a la playa. Me doy un ba&ntilde;o y mi aura se reconforta.
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        La palabra <em>fetiche</em> nadie la menciona, pero s&iacute; que mencionan a Benjamin. Walter Benjamin reaparece en estos foros de coleccionistas como lejano ap&oacute;stol de algo. Hay, por supuesto, espl&eacute;ndidas ponencias. Joao Fernandes, del Museo Reina Sof&iacute;a, da una aut&eacute;ntica lecci&oacute;n magistral acerca de c&oacute;mo debe trabajar una instituci&oacute;n p&uacute;blica y c&oacute;mo ha de relacionarse con lo privado. Se refiere al hecho radical (que los coleccionistas parecen no querer apuntar) de que el coleccionista vive fundamentalmente pegado y atento a lo vaivenes del mercado mientras que los museos p&uacute;blicos deber&iacute;an prestar atenci&oacute;n a la construcci&oacute;n de un relato, ajenos a esos vaivenes. Sin embargo, nadie menciona el absurdo montaje de los patronatos de los grandes museos, la ausencia real de la ciudad en la toma de decisiones a favor de ricos y coleccionistas o c&oacute;mo ha de repensarse la arquitectura de esas instituciones p&uacute;blicas, donde ciertos consejos asesores est&aacute;n en manos, digamos, poco claras. Nuria Enguita aborda el sin duda interesante proyecto <a href="http://fpaa.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Per amor a l&acute;art</a>, un proyecto cultural y social fundado por Jos&eacute; Luis Soler y su esposa Susana Lloret. Un proyecto de altura, y de enorme inter&eacute;s. Soler es un conocido empresario. Otro dato curioso del que uno se da cuenta pronto. En ning&uacute;n momento se menciona que el crecimiento de su fortuna, y por tanto de su colecci&oacute;n, se debe a <a href="http://www.consejosmercadona.es/deliplus/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">las toallitas h&uacute;medas del Mercadona</a>. No hay nada de malo en ello, al contrario, creo que ser&iacute;a la forma de humanizar a los coleccionistas. Pero hay una enorme reticencia al hecho de nombrar la procedencia del dinero, que me recuerda mucho al <em>Burgu&eacute;s gentilhombre </em>de Moli&egrave;re. Cuando pregunto, nadie me dice a lo que se dedica: &ldquo;Soy empresario&rdquo;, &ldquo;me dedico a las finanzas&rdquo;, etc. Otro dato es la insistencia en la educaci&oacute;n. La educaci&oacute;n como eje vertebrador del cambio. Si cambia la educaci&oacute;n cambia la forma de ver el mundo, dicen. El coleccionista tiene fe ciega en la educaci&oacute;n. Pero entre las cosas de las que hablan cuando se refieren a la educaci&oacute;n es al hecho de que desde la infancia se debe hacer ver lo importante de la figura del coleccionista. &ldquo;Educar para que al coleccionista se le valore como importante para la sociedad&rdquo;, esas son las palabras exactas. Tras los aplausos oportunos, me largo.
    </p><p class="article-text">
        Justo a la entrada me topo con una de las ponentes. Le hago un comentario. Me responde: &ldquo;A un coleccionista ya no se le pide que compre arte sino que se comprometa con el mundo&rdquo;. Uno de los temas que aparece en varios momentos de las ponencias y de las conversaciones es el arte social y pol&iacute;tico. Recuerdo que hace un tiempo Yes Men hablaba del car&aacute;cter imparodiable del capitalismo. Oigo: el arte comprometido es el lugar central hoy para el coleccionista. Asombrado copio estas palabras. &iquest;Realmente han dicho eso? As&iacute; es, no s&eacute;&nbsp; de qu&eacute; me asombro: para el coleccionismo hoy el lugar es el arte social. Tomo caf&eacute; con un coleccionista, aunque luego me dice que lo es un poco. &iquest;Se puede ser &ldquo;un poco coleccionista&rdquo;? &ldquo;Ahora hay que comprar arte social, 15M y dem&aacute;s. Eso dentro de unos a&ntilde;os quiz&aacute; sea importante. El coleccionista es un oportunista&rdquo;, dice con una gran sonrisa. Una de las ponentes menciona las siguientes palabras de Nato Thompson: &ldquo;Coleccionar arte comprometido es la mejor forma de explorar el mundo y lo que aqu&iacute; ocurre&rdquo;. Ah&iacute; est&aacute; la clave. Seg&uacute;n cuentan algunos de los presentes &ldquo;la misi&oacute;n del artista es dar voz creativa a lo que ocurre fuera y la misi&oacute;n del coleccionista es comprarlo para saber lo que ocurre en la sociedad, para visibilizarlo y tenerlo presente&rdquo;. S&iacute;, as&iacute; es, puede que los coleccionistas tengan la misi&oacute;n de comprar arte pol&iacute;tico para as&iacute; saber lo que pasa en el mundo. Quiz&aacute; sea un exceso, quiz&aacute; con mirar ellos mismos de otro modo la realidad ya ser&iacute;a suficiente, pero realmente consideran que parte de su misi&oacute;n es esa: &ldquo;adquirir&rdquo; los problemas sociales a trav&eacute;s del arte. Tal vez sea esta idea la mejor forma de percatarse de su pulsi&oacute;n fetichista. Aprehender lo real a trav&eacute;s del arte. Sudo por el calor y lo arduo del tema.
    </p><p class="article-text">
        Conforme pasan las horas y las ponencias una cosa me va quedando clara: en un curso sobre coleccionismo y arte contempor&aacute;neo vas a ver m&aacute;s gr&aacute;ficos indescifrables acerca de fluctuaciones mercantiles que obras de arte. Mi inocencia es evidente.
    </p><p class="article-text">
        Y &iquest;en todo esto qu&eacute; pinta el artista? Por un lado aparece el pintor Secundino Hern&aacute;ndez, que se presenta como artista que vende a nivel internacional. Sin pudor se vende como producto, y que tiene que cambiar lo que hace para que sus coleccionistas no se cansen. Suelta: &ldquo;Cuando dentro de 150 a&ntilde;os quieran hacer una exposici&oacute;n sobre m&iacute; tendr&aacute;n que traer mi obra del extranjero, es una pena, pero as&iacute; ser&aacute;&rdquo;. Tal cual. Por otra parte, el economista Alain Servais, tras una magn&iacute;fica presentaci&oacute;n o mapeo de la realidad mercantil del arte, concluye que la pobreza o precariedad del artista hoy se debe exclusivamente al hecho de que &ldquo;hay muchos artistas&rdquo;. A&ntilde;ade: &ldquo;Es como todo lo dem&aacute;s, si hay demasiada oferta esto afecta a los precios. Es el capitalismo&rdquo;. Su teor&iacute;a es simple: si no funciona, hay que desaparecer. Alguien habla de darwinismo tanto para el creador como para el galerista. Por su parte, Adriano Picinati di Tocello de Deloitte Luxembourg (<a href="https://www2.deloitte.com/content/dam/Deloitte/lu/Documents/financial-services/artandfinance/lu-en-artandfinancereport-21042016.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">vean su trabajo</a>), lo expone claramente desde el principio: &ldquo;El mercado global del arte est&aacute; en medio de una transformaci&oacute;n significativa&nbsp;que crea nuevas oportunidades&rdquo;. China, Oriente en general, es un gran mercado. Pero &iquest;el artista? Se cita este texto: <a href="http://www.theatlantic.com/magazine/archive/2015/01/the-death-of-the-artist-and-the-birth-of-the-creative-entrepreneur/383497/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">'The Death of the Artist, and the Birth of the Creative Entrepreneur'</a>, publicado en <em>The Atlantic </em>a comienzos de 2015. Llegamos al punto clave. El artista ha de fenecer y de sus cenizas ha de brotar un emprendedor, capaz de combinar las finanzas y las bellas artes. El artista emprendedor, sue&ntilde;o de los hombres de finanzas. El objetivo es &ldquo;alcanzar a clientes potenciales a una velocidad y una escala que hubiera sido impensable cuando los &uacute;nicos medios eran el boca a boca, la prensa alternativa y poner letreros en los postes de tel&eacute;fono&rdquo;. Escucho: &ldquo;Ha comenzado la era del cliente&rdquo;.
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        Salgo a respirar despu&eacute;s de tanto gr&aacute;fico y tanta empresa y me encuentro con un galerista que conozco desde hace tiempo. Fuma. Le pregunto qu&eacute; tal la conferencia. Me dice: &ldquo;El tipo conoce perfectamente el sector&rdquo;. Como galerista participa en Artesantander. &ldquo;Y la feria, &iquest;qu&eacute; tal?&rdquo; Da una larga calada y suelta el humo. &ldquo;Pues una mierda, la verdad. Estoy harto de venir cada a&ntilde;o y ver que lo &uacute;nico que les interesa a los pol&iacute;ticos de nosotros es adornar Santander y el verano, nada m&aacute;s. Vale que el stand es gratis, pero todo lo dem&aacute;s es rid&iacute;culo. Una mierda. Esto me sirve para replantear cosas&rdquo;. Se despide. Mientras monta en el taxi me dice: &ldquo;No vayas a poner nada de esto que te digo, eh?&rdquo;. &ldquo;No te preocupes&rdquo;, respondo. &ldquo;Bueno, haz lo quieras&rdquo;, me dice desde dentro del taxi. Lo borro. Lo vuelvo a escribir. &iquest;Lo borro?
    </p><p class="article-text">
        Me resulta complejo extraer conclusiones para esta cr&oacute;nica. &iquest;Realmente no he concluido nada? &Iacute;&ntilde;igo de la Serna, el se&ntilde;or alcalde, s&iacute; concluye, sin decir nada y vendiendo una vac&iacute;a e inane idea de cultura que tristemente pagar&aacute;n los santanderinos sin abrir la boca. El timo cultural para una ciudad desnortada, donde, como dice un buen amigo, &ldquo;el discurso va por delante del recurso&rdquo;. Sin embargo, tratar&eacute; de concluir. Los coleccionistas parecen seres que se mueven en un extra&ntilde;a invisibilidad de la que muchos otros se nutren. Una invisibilidad que reclama, parad&oacute;jicamente, visibilidad, menci&oacute;n, reconocimiento, que seguramente, en algunos casos, merecen, no dir&eacute; que no. No obstante, esta trama del arte y de la cultura vive completamente ajena a la sociedad, como si la precariedad laboral en el mundo de la cultura, la desmantelaci&oacute;n de lo p&uacute;blico, etc., no existiera. Nadie se ha referido a esa precariedad de los trabajadores del arte, la palabra &ldquo;precariedad&rdquo;, de hecho, no ha aparecido, en su lugar &ldquo;invertir&rdquo; o &ldquo;negocio&rdquo; han sido palabras recurrentes. Pero es l&oacute;gico, desde este lado del arte contempor&aacute;neo esa precariedad no es un problema. El problema, seg&uacute;n un coleccionista me confiesa es simple: acertar o no acertar con lo que compras. Parecen seres que juegan, que se mantienen en un verdadero laberinto fetichista. Un coleccionista est&aacute; destinado a ser un personaje tr&aacute;gico y ganador al mismo tiempo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Santamaría]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cultura/coleccionismo-muerto-viva_1_3895082.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 24 Jul 2016 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El coleccionismo ha muerto, viva el coleccionismo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Patrimonio,Universidad Internacional Menéndez Pelayo,Cultura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Luciano Malumbres: el periodista incómodo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/sociedad/luciano-malumbres-periodista-incomodo_1_3969428.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7fa15093-3943-40e7-9d7b-646978e0df8f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Portadas del diario La Región los días 4 y 5 de junio de 1936."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las élites de Santander y Madrid y los pistoleros fascistas se aliaron hace ahora 80 años para acabar con la vida del periodista Luciano Malumbres</p><p class="subtitle">Junto a su compañera Matilde Zapata denunció las prácticas de la "reacción santanderina" desde el diario La Región y como director del Ateneo Popular</p></div><p class="article-text">
        Leer a contrapelo la historia. Esa tan sencilla voluntad del que trata de pensar el pasado debe tener como finalidad hacer brotar con intensidad aquello que qued&oacute; en las sombras. Pero, &iquest;qu&eacute; puede haber quedado en sombras? En realidad, demasiadas cosas. Solemos creer que nuestro presente es la l&oacute;gica consecuencia de un pasado m&aacute;s o menos transparente, pero nunca, jam&aacute;s, es as&iacute;. Y esta historia que trato de contar aqu&iacute; comienza necesariamente de este modo: con la premisa de que el pasado sigue actuando en el presente.
    </p><p class="article-text">
        Es cierto. Esta es la historia de un personaje central dentro del movimiento obrero en Cantabria, pero m&aacute;s all&aacute; de eso, es la historia de c&oacute;mo alguien fue capaz de visibilizar y cuestionar las pol&iacute;ticas totalitarias y fascistas de una peque&ntilde;a sociedad como la c&aacute;ntabra y que por ello fue vilmente eliminado, olvidado. Es la historia de un periodista que defiende la libertad de prensa y los derechos de los trabajadores, frente a la m&aacute;quina implacable y vil de una burgues&iacute;a santanderina acostumbrada siempre a ganar. Esta es la historia de Luciano Malumbres, pero tambi&eacute;n es la historia &mdash;no lo olvidemos&mdash; de su compa&ntilde;era, la periodista Matilde Zapata, cuyo cuerpo a&uacute;n est&aacute; en la fosa com&uacute;n del cementerio de Ciriego, en Santander.
    </p><p class="article-text">
        Esta historia comienza un 3 de junio de 1936. A&uacute;n queda algo m&aacute;s de un mes para el golpe de Estado y el inicio de la guerra. Luciano est&aacute; sentado, junto a otros compa&ntilde;eros, alrededor de una mesa en el bar La Zanguina. Ha llegado hace un rato procedente del peri&oacute;dico <em>La Regi&oacute;n</em>, del cual es el director desde 1933. Alguien ha propuesto, como de costumbre, echar una partida al domin&oacute;. Se escucha el repicar de las fichas sobre la mesa del bar, hay humo de cigarrillos, conversaciones m&aacute;s o menos agitadas y felices.
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        El bar La Zanguina tiene dos entradas. Una de ellas por la calle Pedrueca y la otra por la calle Marcelino Sanz de Sautuola (La Zanguina en 2016 se llama T&iacute;voli). All&iacute; est&aacute; sentado Luciano Malumbres jugando al domin&oacute; apaciblemente. Sin embargo, como si de un cambio en el aire se tratase, alguien aparece por la entrada de Sanz de Sautuola. Sin que nadie lo aprecie tiene un arma en la mano, una <em>Smith &amp; Wesson</em> calibre 38. Justo cuando pasa frente a Luciano Malumbres dispara dos veces contra &eacute;l. Mientras Malumbres agoniza en el suelo del bar, el pistolero sale de all&iacute; corriendo en direcci&oacute;n al paseo Pereda. Tras &eacute;l corren los amigos de Malumbres quienes finalmente logran darle alcance.
    </p><p class="article-text">
        Malumbres es trasladado por el due&ntilde;o del bar a la Casa de Socorro y de all&iacute; al Hospital Valdecilla, donde es operado en dos ocasiones. Finalmente, fallece la ma&ntilde;ana del 4 de junio de 1936. Esta historia comienza as&iacute;, con un asesinato casi de novela, con una persecuci&oacute;n y mucha sangre, pero justo detr&aacute;s de todo ello hay otra historia previa. Una historia de resistencia y lucha, una historia de oposici&oacute;n y disidencia, una historia de la escritura frente al sometimiento.
    </p><h3 class="article-text">Periodismo de barricada</h3><p class="article-text">
        <strong>Periodismo de barricada</strong>As&iacute; pues, esta historia comienza a&ntilde;os atr&aacute;s, cuando Malumbres toma en 1933 la direcci&oacute;n del diario <em>La Regi&oacute;n</em> y convierte a este medio en el arma desde el cual mostrar las atrocidades del capitalismo incipiente sobre la clase trabajadora. El mismo Malumbres defin&iacute;a as&iacute; su proyecto period&iacute;stico: &ldquo;<em>La Regi&oacute;n</em> no es un peri&oacute;dico m&aacute;s, es una barricada viva contra la reacci&oacute;n santanderina&rdquo;. Poco m&aacute;s se puede a&ntilde;adir a esta definici&oacute;n. Fue esa &ldquo;reacci&oacute;n santanderina&rdquo; apoyada desde Madrid la que provoc&oacute; su asesinato. Esta historia, entonces, deber&iacute;a comenzar cuando Malumbres y Matilde Zapata inician la batalla por visibilizar y denunciar las formas desde las cuales en Santander los due&ntilde;os y grandes empresarios gestionaban la vida de los trabajadores.
    </p><p class="article-text">
        Malumbres es un tipo inc&oacute;modo porque delata la impunidad con la que las grandes fortunas act&uacute;an. Es tal la incomodidad que genera Malumbres entre la burgues&iacute;a acaudalada de Santander, aliada con los m&aacute;s violentos personajes de un fascismo en progresivo aumento, que comienza a recibir amenazas de muerte, amenazas que no s&oacute;lo provienen de Cantabria, sino que tienen tambi&eacute;n su origen en Madrid. Malumbres y Zapata logran en apenas ocho p&aacute;ginas de su diario molestar a quienes hasta ese momento viv&iacute;an c&oacute;modamente en la impunidad y en una moral basada en el desprecio del otro. Malumbres y Zapata construyen las formas desde las cuales las voces de los trabajadores pueden o&iacute;rse.
    </p><p class="article-text">
        Un simple vistazo al diario <em>La Regi&oacute;n </em>permite observar c&oacute;mo a trav&eacute;s de este peri&oacute;dico era posible <em>dar voz</em> a aquellos a los cuales la voz se les hab&iacute;a eliminado. Por ejemplo, <a href="http://images.eldiario.es/_EDIIMA20160603_0487_1.jpg" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">este caso de enero de 1933</a>. Es s&oacute;lo un ejemplo, simplemente. En &eacute;l se agradece el trabajo de Malumbres para con los trabajadores. Pero no menos maravillosa es la respuesta de Malumbres: &ldquo;En estos tiempos, donde al proletariado se le intenta halagar, escondiendo perversas intenciones, hemos de agradecer hondamente la atenci&oacute;n tenida por la Sociedad de Empleados de Oficina, porque el mayor galard&oacute;n que podemos recibir es el reconocimiento de nuestra inquebrantable adhesi&oacute;n al proletariado. Unas veces, quiz&aacute; no le agradecemos; otras, recibimos la prueba de hoy. Cuando merecemos cr&iacute;tica o reconocimiento, siempre inspira nuestra labor, la hermandad leal con el trabajador. Agradecidos, trabajadores de pupitre&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero hay un caso clave que sirve para entender c&oacute;mo y por qu&eacute; molestaba Malumbres y su peri&oacute;dico: el enfrentamiento con los grandes terratenientes y empresarios agrarios, y muy fundamentalmente se ha barajado como motivo concreto de su asesinato la campa&ntilde;a de Malumbres contra la cooperativa SAM, de los sindicatos cat&oacute;licos agrarios. Un art&iacute;culo p&oacute;stumo da la clave de lo incomodo que resultaba Malumbres para las aspiraciones de esa oligarqu&iacute;a reaccionaria de ese Santander.
    </p><p class="article-text">
        El texto apareci&oacute; en un papel doblado y mecanografiado en uno de sus bolsillos tras su asesinato y <a href="http://images.eldiario.es/norte/cantabria/cantabria/Figura-junio_EDIIMA20160603_0493_1.jpg" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">se public&oacute; el 7 de junio de 1936</a>. El t&iacute;tulo lo dice todo: &ldquo;Los elementos reaccionarios de la 'Sam' dicen que no hacen pol&iacute;tica y pagan con el dinero de los campesinos 900 pesetas a un fascista&rdquo;. Y el comienzo del mismo no deja lugar a dudas: &ldquo;Repetidas veces hemos dicho que la f&aacute;brica de la 'Sam' no era otra cosa que una organizaci&oacute;n pol&iacute;tica al servicio de los poderosos, con el solo fin de tener sometido al campesino monta&ntilde;&eacute;s v&iacute;ctima de los enga&ntilde;os con promesas de emancipaci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Este esquema lo repite en varias ocasiones. En cualquier caso en este art&iacute;culo destaca un nombre: Manuel Hedilla, quien seg&uacute;n diversas investigaciones fue uno de los que desde Madrid planific&oacute; el asesinato de Malumbres. Escribe Malumbres: &ldquo;As&iacute; tambi&eacute;n un d&iacute;a, con el solo fin de dominar a los trabajadores de la f&aacute;brica confiaron al fascista Manuel Hedilla Larrey organizar un sindicato de tipo fascista, cuya organizaci&oacute;n tuvo su inicio en la f&aacute;brica Sam&rdquo;. Y concluye lapidariamente, con una prosa directa: &ldquo;Y mientras esto suced&iacute;a, mientras con el dinero del campesino se sosten&iacute;a todo este tinglado pol&iacute;tico, que el campesino sosten&iacute;a con la miseria de su casa, mientras el campesino esperaba meses y meses para cobrar la leche, sin embargo con el dinero, con el propio dinero del campesino, se pagaba a esta clase de elementos que no defend&iacute;an precisamente los intereses del labrador, y s&iacute; de los elementos poderosos para continuar explotando m&aacute;s y m&aacute;s al trabajador del campo y al de la ciudad&rdquo;. En efecto, este tipo de indagaciones pol&iacute;ticas le granjearon a Malumbres y su equipo una larga lista de enemigos; enemigos, eso s&iacute;, muy poderosos.
    </p><p class="article-text">
        A partir de aqu&iacute; pueden aparecer otras preguntas y suposiciones. &iquest;Por qu&eacute; llevaba este art&iacute;culo en su bolsillo en el momento de su muerte? &iquest;Realmente esta investigaci&oacute;n contra esa oligarqu&iacute;a ganadera todopoderosa provoc&oacute; su asesinato? &iquest;Tal vez fue la gota que colm&oacute; el vaso para los que &eacute;l llamaba &ldquo;reaccionarios santanderinos&rdquo; y no s&oacute;lo santanderinos? No hay respuesta. O quiz&aacute; haya muchas.
    </p><p class="article-text">
        Malumbres muere un 4 de junio de 1933. El diario <em>La Regi&oacute;n</em> no deja de publicarse ininterrumpidamente durante todo el mes, hasta el 30 de junio. Su sentido es el de la resistencia y eso lo tienen claro. El mismo d&iacute;a que Malumbres agoniza y muere, su compa&ntilde;era, Matilde Zapata, conteniendo el dolor, decide regresar al peri&oacute;dico y continuar con la empresa. Ese n&uacute;mero, el del d&iacute;a 4 de junio, es un n&uacute;mero lleno de dolor y dedicado al ataque contra Malumbres. Hay en los art&iacute;culos tristeza y b&uacute;squeda de justicia. Ese n&uacute;mero se abre con un titular: <a href="http://images.eldiario.es/norte/cantabria/cantabria/Figura-junio_EDIIMA20160603_0499_1.jpg" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;Nuestro director, camarada Luciano Malumbres es agredido cobardemente por un fascista, resultando gravemente herido&rdquo;</a>.
    </p><p class="article-text">
        Justo mientras aparece esta edici&oacute;n, Malumbres muere. Este n&uacute;mero se abre as&iacute;: &ldquo;desde hace tiempo ven&iacute;a recibiendo nuestro director an&oacute;nimos y avisos de camaradas de que se intentaba atentar contra su vida. &Uacute;ltimamente estos an&oacute;nimos y avisos fueron m&aacute;s continuos, hasta el punto de que incluso llegaron a o&iacute;dos del gobernador civil, quien dispuso que durante las horas nocturnas de trabajo de nuestro peri&oacute;dico prestara servicio de vigilancia cerca de nuestro director un agente de polic&iacute;a. El camarada Malumbres se neg&oacute; a aceptar este servicio de vigilancia&rdquo;. En cualquier caso, finalmente las autoridades pusieron esa vigilancia en el peri&oacute;dico. Pero s&oacute;lo ah&iacute;. La tarde del 3 de junio sali&oacute; del peri&oacute;dico tranquilamente, y la historia se escribi&oacute; de otro modo.
    </p><h3 class="article-text">Un pistolero de Madrid</h3><p class="article-text">
        <strong>Un pistolero de Madrid</strong>Ese n&uacute;mero del 4 de junio narra detalladamente el asesinato. No s&oacute;lo es asesinado Malumbres sino que tambi&eacute;n, en la persecuci&oacute;n posterior, muere su asesino, cuya identidad result&oacute; ser Amadeo Pico. Leemos: &ldquo;Mientras el autor de la cobarde agresi&oacute;n huy&oacute; por las calles mencionadas, siendo seguido por todas ellas por grupos de personas. El pistolero entr&oacute; en un bar de la plaza Mariana Pineda [hoy plaza del Pr&iacute;ncipe], de donde volvi&oacute; a salir al poco rato, despu&eacute;s de ponerse una gabardina, con la que esperaba despistar a sus perseguidores. Sin embargo, y a pesar de la gabardina, una mujer reconoci&oacute; al agresor denunci&aacute;ndolo a un grupo de obreros que le estaba buscando por los alrededores. Los obreros corrieron tras el pistolero que, al verse acorralado, trat&oacute; de abrirse paso a golpes. Al ver que de esta forma no consegu&iacute;a  lograrlo sac&oacute; la pistola abalanz&aacute;ndose sobre &eacute;l un obrero y dispar&aacute;ndose el arma cayendo al suelo herido el autor de la agresi&oacute;n al compa&ntilde;ero Malumbres&rdquo;. Tras ser llevado a la Casa de Socorro el autor del crimen, Amadeo Pico, fallece.
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        &iquest;Qui&eacute;n y c&oacute;mo se gest&oacute; el asesinato? Uno de los implicados en &eacute;l, Jaime Rubayo, a&ntilde;os despu&eacute;s del asesinato, relat&oacute; que la idea de asesinar a Malumbres no se gest&oacute; en Santander, sino que tiene su origen en Madrid. La decisi&oacute;n de asesinar a Malumbres se tom&oacute; en Madrid, el 9 de mayo de 1936, en el bar Zahara y all&iacute; estuvieron presentes el ya mencionado Manuel Hedilla (tal vez el cabecilla), Jos&eacute; Mar&iacute;a Alonso Goya y Santiago Tosi&oacute;, entre otros. La operaci&oacute;n fue perfectamente calculada y dise&ntilde;ada. Para que llegase a buen puerto se envi&oacute; desde Madrid a Santander a un pistolero solvente, Amadeo Pico, quien necesit&oacute; la ayuda de varios compinches para que, una vez en el bar La Zanguina, supiera a qui&eacute;n deb&iacute;a matar. Seg&uacute;n se cuenta en los interrogatorios, durante d&iacute;as estuvieron visitando el bar para ensayar los gestos y contrase&ntilde;as con los que deb&iacute;an se&ntilde;alar el objetivo.
    </p><p class="article-text">
        El peri&oacute;dico <em>La regi&oacute;n</em> <a href="http://images.eldiario.es/norte/cantabria/cantabria/Figura-junio_EDIIMA20160603_0505_1.jpg" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">tambi&eacute;n hizo su investigaci&oacute;n</a>, donde se pone el &eacute;nfasis en el trabajo concienzudo de los obreros  para destapar la trama detr&aacute;s del asesinato de Malumbres. Incluso se incluye un vehemente texto (llamando a la venganza) firmado por el diputado socialista Bruno Alonso, y titulado &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n paga a los asesinos?&rdquo;. Porque en realidad se sab&iacute;a que el asesinato de Malumbres ten&iacute;a una complejidad pol&iacute;tica y social muy marcada. Era necesario asesinar a Malumbres, seg&uacute;n la perspectiva falangista, en la medida en que su posici&oacute;n dentro del movimiento obrero del norte implicaba un peligro para el sostenimiento social de la clase adinerada. Malumbres y sus ideas, destinadas a destapar los tejemanejes de oligarcas regionales, eran molestas.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, la muerte del Malumbres (al menos los d&iacute;as siguientes) tuvo un efecto contrario. La prensa nacional, fundamentalmente de izquierda, <a href="http://images.eldiario.es/_EDIIMA20160603_0512_1.jpg" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">condena el asesinato</a>. Se habla del asesinato como terrorismo blanco, y se destaca, desde medios como <em>Mundo Obrero</em> o <em>El Socialista</em> la importancia de la figura de Malumbres. Otros diarios como <em>ABC</em> son m&aacute;s tibios en su respuesta.
    </p><p class="article-text">
        En cualquier caso, destaca el texto escrito por Isidro R. Mendieta, que en <em>La Claridad</em>, escribe: &ldquo;Ante el cad&aacute;ver del luchador abatido por el enemigo desfilar&aacute;n millares y millares de trabajadores. Le har&aacute;n justicia, como &eacute;l dec&iacute;a, despu&eacute;s de muerto. Pero debemos tambi&eacute;n, si es que quieren cumplir con su deber, no abandonar a su compa&ntilde;era inseparable [Matilde Zapata], la que sabe de todos sus dolores y sinsabores, ni a su obra, el peri&oacute;dico, a la que entreg&oacute; toda la vida con fe y decisi&oacute;n pensando solamente en la emancipaci&oacute;n de la clase trabajadora&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Y as&iacute; es. Tras su muerte, y <a href="http://images.eldiario.es/norte/cantabria/cantabria/Figura-junio_EDIIMA20160603_0516_1.jpg" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">seg&uacute;n recoge el diario La Regi&oacute;n</a>, miles y miles de trabajadores acuden a su funeral. Los trabajadores abandonan sus puestos de trabajo con la finalidad &uacute;nica de rendir homenaje a quien les hab&iacute;a dado voz y por ello hab&iacute;a sido asesinado. Posiblemente nunca se haya visto en Santander otra manifestaci&oacute;n igual. M&aacute;s de 25.000 personas acuden a su entierro. M&aacute;s de 25.000 personas en una ciudad que en la d&eacute;cada de 1930 rondaba los 83.000 habitantes. <a href="http://images.eldiario.es/norte/cantabria/cantabria/Figura_EDIIMA20160603_0520_1.jpg" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Las fotos que recoge este mismo diario dan fe de ello</a> y son muestra de c&oacute;mo la clase trabajadora vio en Malumbres y su peri&oacute;dico un espacio para <em>tener voz</em>, pero sobre todo un espacio para la disidencia y para la resistencia. Las im&aacute;genes dan muestra de la multitud de personas que fueron a despedirlo y recordarlo. Lo curioso es c&oacute;mo una figura tan importante fue, despu&eacute;s, completamente invisibilizada.
    </p><p class="article-text">
        El resto de la historia es ya conocida. En agosto de 1937 entran en Santander las tropas franquistas y comienza el largo manto de silencio, pero tambi&eacute;n de represi&oacute;n. Cuando esas tropas entran en Santander, Matilde Zapata, la compa&ntilde;era de Malumbres en todas sus aventuras pol&iacute;ticas, se dirige a Asturias y desde all&iacute; sigue trabajando a favor de la Rep&uacute;blica, escribiendo y difundiendo textos. M&aacute;s tarde, al tratar de huir hacia Francia, es detenida y trasladada a Santander. En esta ciudad es sometida a Consejo de Guerra y condenada a muerte. Ser&aacute; fusilada el 28 de mayo de 1938 en Ciriego. Y all&iacute; sigue. A veces es necesario leer la historia a contrapelo. Simplemente eso.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Santamaría]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/sociedad/luciano-malumbres-periodista-incomodo_1_3969428.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Jun 2016 18:17:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Luciano Malumbres: el periodista incómodo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cantabria]]></media:keywords>
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