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    <title><![CDATA[elDiario.es - Pablo Bustinduy]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/pablo_bustinduy/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Pablo Bustinduy]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Qué hacer tras el “No a la guerra”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/no-guerra_129_13051305.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7315e622-7c8f-4d8f-aaa6-d385520a5a9a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Qué hacer tras el “No a la guerra”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Después de Gaza, pretender que cualquier guerra emprendida por los Estados Unidos e Israel tenga como propósito otra cosa que el control de áreas estratégicas, recursos energéticos o sencillamente la imposición de un orden geopolítico al servicio de los intereses particulares de las élites que los gobiernan no es ya un gesto de inocencia o hipocresía, sino de complicidad abierta con la barbarie</p></div><p class="article-text">
        Se dice que durante la primera rep&uacute;blica francesa, tras la revoluci&oacute;n, se populariz&oacute; la consigna &laquo;guerra a los castillos, paz a las chozas&raquo; como un llamamiento a acabar con los &oacute;rdenes feudales e instaurar por fin la soberan&iacute;a popular. Hoy, m&aacute;s de 200 a&ntilde;os despu&eacute;s, pareciera que esa consigna se haya invertido. Atrincherada en sus castillos, la ultraderecha internacional empuja al mundo a la cat&aacute;strofe: un mundo en llamas donde se acumulan las guerras ilegales y la violencia indiscriminada, donde la acumulaci&oacute;n obscena de riqueza por parte de una minor&iacute;a enloquecida coexiste con el negacionismo clim&aacute;tico, las persecuciones racistas y las crisis econ&oacute;micas que se agravan y que pagan siempre las clases trabajadoras a lo largo y ancho del planeta.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de Gaza, pretender que cualquier guerra emprendida por los Estados Unidos e Israel tenga como prop&oacute;sito otra cosa que el control de &aacute;reas estrat&eacute;gicas, recursos energ&eacute;ticos o sencillamente la imposici&oacute;n de un orden geopol&iacute;tico al servicio de los intereses particulares de las &eacute;lites que los gobiernan no es ya un gesto de inocencia o hipocres&iacute;a, sino de complicidad abierta con la barbarie. Voces como la de Francesca Albanese ya han pagado el precio &mdash;bajo forma de represalias, amenazas y campa&ntilde;as de odio&mdash; de advertir que Gaza era el campo de pruebas de ese mundo en ciernes: un orden internacional sin normas, donde impere solo la ley del m&aacute;s fuerte. Un mundo injusto e impune, hecho a imagen de la &eacute;lite enloquecida que lo gobierna.
    </p><p class="article-text">
        Y sin embargo, <em>despu&eacute;s </em>de Gaza, despu&eacute;s del ICE, despu&eacute;s de los aranceles y Groenlandia, hemos tenido que asistir al mismo coro de voces desde la derecha y la ultraderecha espa&ntilde;ola justificando esta nueva cat&aacute;strofe en nombre de principios y objetivos &mdash;la democracia, el feminismo, los derechos humanos&mdash; que la propia administraci&oacute;n estadounidense no ha perdido un segundo en desmentir abiertamente. Ni una sola vez, a aquellos que se dicen patriotas &mdash;los de la pulserita con la bandera y los del <em>pueblo contra las &eacute;lites</em>&mdash; han predicado otra cosa que el vasallaje y la obediencia. No solo eso: han intentado boicotear, desvirtuar y desmentir la firme oposici&oacute;n del Gobierno de Espa&ntilde;a a esta sinraz&oacute;n, incluso cuando nuestro pa&iacute;s era objeto de graves amenazas y ataques. Los presuntos patriotas, quienes se arrogan el monopolio de la bandera y la palabra Espa&ntilde;a, no dudaron en ponerse del lado de quienes estaban atacando a su pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Por mucho cable que ahora intente recoger el PP, no habr&aacute; manera de hacer olvidar esta ignominia. Tampoco de cubrir el hecho de que Espa&ntilde;a ha elevado su voz para romper el manto de resignaci&oacute;n y obediencia a este desastre, y que millones de personas en el mundo entero han reconocido esa llamada y agradecido nuestra valent&iacute;a y nuestra coherencia. Durante estos a&ntilde;os hemos dicho muchas veces que Espa&ntilde;a era una excepci&oacute;n a la ola reaccionaria que sigue recorriendo el planeta entero. En estos d&iacute;as eso ha dejado de ser as&iacute;: hoy podemos decir con orgullo que Espa&ntilde;a ha sido vanguardia y es referencia para millones de personas que, piensen lo que piensen y voten lo que voten, ven hoy en nosotros una referencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es de justicia reconocer que ese orgullo &mdash;y el patriotismo internacionalista que mucha gente ha sentido en estos d&iacute;as&mdash; se fundamenta en una larga tradici&oacute;n de lucha pol&iacute;tica y cultural de la sociedad espa&ntilde;ola, desde las movilizaciones contra la guerra ilegal en Iraq a la gente que par&oacute; la vuelta a Espa&ntilde;a y ocup&oacute; las universidades por Palestina. Para las izquierdas del pa&iacute;s es especialmente importante tenerlo presente en estos d&iacute;as, porque esa memoria popular contra la injusticia, ese compromiso transversal con la democracia y las clases trabajadoras es la raz&oacute;n esencial por la que estamos en el Gobierno y la fuente permanente de nuestras obligaciones y lealtades en su seno. Por eso es importante decirlo las veces que haga falta: claro que no da igual qui&eacute;n est&eacute; en el Gobierno.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es una evidencia que en los pr&oacute;ximos d&iacute;as los ataques del bloque belicista van a ser muy duros. Espa&ntilde;a est&aacute; se&ntilde;alada y amenazada por quienes hoy incendian el mundo a sabiendas. En nuestro pa&iacute;s, el PP y Vox empezar&aacute;n a culpar al Gobierno de las subidas de precios que genere la guerra que ellos han jaleado y lo har&aacute;n cuando hace apenas tan solo diez d&iacute;as tumbaron en el Congreso el mecanismo de control de precios que hab&iacute;a creado el Ministerio de Consumo precisamente para impedir que se produzcan abusos en situaciones de emergencia. Tampoco hay duda de que la ultraderecha denunciar&aacute; una &ldquo;invasi&oacute;n&rdquo; cuando lleguen a Europa los refugiados de las guerras que ellos mismos han apoyado. Igual que atacan las renovables que &mdash;como se demuestra precisamente en situaciones como esta&mdash; sirven no solo para aminorar el impacto del capitalismo f&oacute;sil sobre el planeta sino que afianzan nuestra soberan&iacute;a y reducen nuestra dependencia de poderes extranjeros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Frente a todas estas presiones, vamos a necesitar fuerza social y pol&iacute;tica no solo para mantener el rumbo y la coherencia, sino para redoblar el impulso de la posici&oacute;n espa&ntilde;ola y convocar una alternativa cre&iacute;ble al mundo en llamas que nos traen los falsos patriotas de la ultraderecha. Tenemos la obligaci&oacute;n de decir no a la guerra; no al capitalismo f&oacute;sil que est&aacute; destruyendo el planeta; no a un modelo econ&oacute;mico desigual y fallido, que sirve solo los intereses de una oligarqu&iacute;a enloquecida; decir no a las l&oacute;gicas de violencia y se&ntilde;alamiento que quieren arrancarnos las conquistas del movimiento feminista y antirracista. Todas estas cosas van de la mano y solo pueden lograrse redoblando la ambici&oacute;n del Gobierno para dar seguridad y certezas a las clases trabajadoras del pa&iacute;s frente al temor y la incertidumbre que nos trae el mundo al rev&eacute;s de la ultraderecha.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esa ambici&oacute;n se traduce en cosas concretas. En las pr&oacute;ximas semanas demandaremos intervenir sin ambages para proteger a las familias y las clases trabajadoras frente a las consecuencias econ&oacute;micas que ya est&aacute; generando esta guerra ilegal en el mundo entero. Eso quiere decir garantizar que la cesta de la compra, los suministros y la energ&iacute;a no se conviertan &mdash;como sucedi&oacute; en crisis pasadas&mdash; en un foco de especulaci&oacute;n para engrasar la cuenta de resultados de las grandes multinacionales. Eso quiere decir tambi&eacute;n que debemos doblegar de una vez las resistencias dentro del Gobierno para intervenir el mercado de la vivienda y garantizar por fin el acceso a una vivienda digna y asequible para las clases trabajadoras, empezando por la pr&oacute;rroga inmediata de los contratos de alquiler vigentes que reclamamos desde hace meses. Eso quiere decir, en definitiva, aplicar la misma ambici&oacute;n y el mismo compromiso que Espa&ntilde;a ha mostrado al mundo en estos d&iacute;as a la agenda democr&aacute;tica y social que reclama nuestra base social, y que es condici&oacute;n necesaria para empujar a este Gobierno a la victoria en 2027. Sin equivocarnos nunca de adversario. Marcando un camino decidido para defender la democracia y construir una verdadera paz para las chozas frente a quienes hoy se proponen atacarlas.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Bustinduy]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/no-guerra_129_13051305.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 08 Mar 2026 21:36:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Qué hacer tras el “No a la guerra”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Guerras]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No creo que debamos tener multimillonarios]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/no-creo-debamos-multimillonarios_129_12477500.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/735a394b-e62a-4ce5-8f35-8f48abc69d78_16-9-discover-aspect-ratio_default_1121855.jpg" width="5999" height="3375" alt="No creo que debamos tener multimillonarios"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Esto no va sólo de una guerra cultural, de símbolos, identidades o valores en disputa. Esto va de los mecanismos de acumulación de riqueza que determinan las perspectivas y expectativas de las clases trabajadoras en nuestro orden social</p></div><p class="article-text">
        <em>No creo que debamos tener multimillonarios.</em> Estas son las palabras que pronunci&oacute; Zohran Mamdani, en una entrevista en la televisi&oacute;n nacional, poco despu&eacute;s de su victoria en las primarias dem&oacute;cratas para la alcald&iacute;a de Nueva York. Le preguntaban por la reacci&oacute;n de los milmillonarios que viven en la ciudad al programa con el que Mamdani, de apenas 33 a&ntilde;os, ha sacudido la pol&iacute;tica norteamericana en los tiempos dist&oacute;picos de Trump: impuestos al patrimonio y la riqueza del 1% m&aacute;s adinerado de la ciudad para poner en marcha un programa p&uacute;blico de control de alquileres, transporte gratuito y acceso universal a los servicios p&uacute;blicos. Las clases trabajadoras, ha explicado Mamdani una y otra vez a lo largo de su campa&ntilde;a, son las que mantienen en pie la ciudad, y es a ellas a quien deben servir las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas. No a un pu&ntilde;ado de ricos y a los fondos de inversi&oacute;n que acumulan un poder y una fortuna obscenas, irracionales, que no necesitan para nada.
    </p><p class="article-text">
        Mientras Nueva York se prepara para abrir una etapa nueva, en Ginebra la Conferencia de Naciones Unidas sobre Competencia y Protecci&oacute;n del Consumidor adopt&oacute; por unanimidad una resoluci&oacute;n impulsada por Espa&ntilde;a para favorecer la protecci&oacute;n de los consumidores vulnerables en el mundo entero. La conexi&oacute;n entre estas dos escenas es m&aacute;s simple de lo que podr&iacute;a parecer. Los conflictos en materia de consumo son un reflejo di&aacute;fano de esa misma asimetr&iacute;a: muestran de forma clara un enfrentamiento entre ciudadanos aparentemente indefensos y grandes corporaciones que cuentan con el poder y los recursos econ&oacute;micos suficientes para dictar las reglas del mercado, pasar por encima de sus derechos, y no asumir nunca responsabilidades por ello. Dicho de otro modo: en la realidad cotidiana del consumo cristalizan las enormes desigualdades de poder que atraviesan las relaciones econ&oacute;micas contempor&aacute;neas. 
    </p><p class="article-text">
        Ni ciudadanos indefensos, ni multinacionales impunes. Es el giro copernicano que desde el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 intentamos impulsar siguiendo el camino que las organizaciones de la sociedad civil lleva a&ntilde;os recorriendo y que el ministro Garz&oacute;n abraz&oacute; en la pasada legislatura. Nuestro mandato es defender los intereses y los derechos de las personas consumidoras siempre, donde haga falta y ante quien haga falta, para asegurar que nadie quede desprotegido frente a los abusos del poder corporativo. Que lo p&uacute;blico sirva para girar el centro gravitacional de esas relaciones econ&oacute;micas. Que la legislaci&oacute;n se cumpla, que los abusos se paguen y que ninguna empresa, por grande o poderosa que sea, pueda sentirse lo suficientemente impune como para colocarse por encima de la ley.
    </p><p class="article-text">
        Claro que no basta con que los operadores econ&oacute;micos cumplan la ley. Lo que est&aacute; detr&aacute;s de esa desigualdad profunda que lastra la cohesi&oacute;n social y marca como un destino los horizontes de vida de millones de ciudadanos y ciudadanas es un proceso de acumulaci&oacute;n de riqueza, renta, recursos, tiempo y poder en manos de una minor&iacute;a a expensas de millones de personas. En &uacute;ltima instancia, esta desigualdad &ndash;por la que en Espa&ntilde;a el 1 % de la poblaci&oacute;n acumula m&aacute;s del 22 % de la riqueza, mientras el 50 % que menos tiene apenas llega al 10 % del total&ndash; es una amenaza para el futuro de nuestra democracia. 
    </p><p class="article-text">
        Los intentos de redistribuci&oacute;n de la riqueza que se han puesto en marcha en los &uacute;ltimos a&ntilde;os &ndash;desde la reforma laboral a la revalorizaci&oacute;n sin precedentes de pensiones, salarios m&iacute;nimos, prestaciones no contributivas, etc.&ndash;  han mostrado una gran capacidad de mejorar las condiciones de vida en los deciles m&aacute;s bajos de la distribuci&oacute;n de ingresos en el pa&iacute;s. Tambi&eacute;n se han convertido, contra todos los pron&oacute;sticos y predicciones de los &ldquo;analistas&rdquo; econ&oacute;micos <em>mainstream</em>, en uno de los principales motores del desarrollo econ&oacute;mico y social del pa&iacute;s.  Pero hoy la especulaci&oacute;n y el rentismo que rigen el mercado de la vivienda, y el af&aacute;n desmedido por el lucro de unas grandes empresas que el a&ntilde;o pasado repartieron m&aacute;s de 60.000 millones de euros en dividendos, est&aacute; contribuyendo a ahondar esa brecha, frustrar las expectativas de vitales de millones de j&oacute;venes y trabajadores, y alentar as&iacute; el crecimiento de el monstruo antipol&iacute;tico y fascista que parasita esa desesperanza para sembrar el mundo de caos, de odio y de violencia.
    </p><p class="article-text">
        Contra lo que dice parte de la conversaci&oacute;n p&uacute;blica, esto no va s&oacute;lo de una guerra cultural, de s&iacute;mbolos, identidades o valores en disputa. Esto va de los mecanismos de acumulaci&oacute;n de riqueza que determinan las perspectivas y expectativas de las clases trabajadoras en nuestro orden social. Va de los fondos buitre que compran edificios enteros en barrios trabajadores de nuestro pa&iacute;s ante la inacci&oacute;n absoluta de los gobiernos de la derecha que se niegan a aplicar la Ley de Vivienda. Va de las grandes empresas energ&eacute;ticas que lograron que se les eximiera del impuesto sobre los beneficios extraordinarios que acumularon durante la crisis energ&eacute;tica, mientras los trabajadores sufr&iacute;an la inflaci&oacute;n y la elevaci&oacute;n del coste de la vida. Va de las multinacionales que buscan escapar del  impuesto m&iacute;nimo global del 15% sobre sus beneficios, algo que ya han logrado las empresas estadounidenses con la vergonzosa connivencia del G7. Va de los 537 milmillonarios que existen en Europa, a los que aplic&aacute;ndoles un impuesto de (apenas) un 2 %, se podr&iacute;an recaudar m&aacute;s de 65.000 millones de euros en Europa. 
    </p><p class="article-text">
        Tiene toda la raz&oacute;n Mamdani: en una democracia, esas 537 fortunas simple y llanamente no deber&iacute;an existir. Esa riqueza deber&iacute;a regresar a la sociedad, al trabajo asalariado que la ha creado, deber&iacute;a convertirse en hospitales, en sueldos decentes para los trabajadores y trabajadoras, en sistemas de dependencia dignos para el continente m&aacute;s envejecido del planeta, en ciencia, en educaci&oacute;n, en vivienda p&uacute;blica. Sucede lo mismo con la crisis clim&aacute;tica que nos trae incendios, olas de calor e inundaciones. Los muertos de estas cat&aacute;strofes nunca son los fascistas que se r&iacute;en de la  &ldquo;religi&oacute;n clim&aacute;tica&rdquo;  o la  &ldquo;propaganda del Gobierno&rdquo;: son trabajadores, personas mayores, vecinas de barrios vulnerables. En nuestro pa&iacute;s el 1% m&aacute;s rico contamina tanto como 12 millones de ciudadanos. Su opulencia y sus excesos los pagan las mayor&iacute;as trabajadoras. Es hora de darle la vuelta.
    </p><p class="article-text">
        La realidad es que, si queremos defender un futuro para la democracia, no hay otra manera que redistribuir la riqueza, el tiempo y el trabajo entre las mayor&iacute;as sociales que hoy est&aacute;n explotadas y  amenazadas. En un mundo en el que la violencia se ha vuelto cotidiana, en el que se habla abiertamente de arrojar a millones de personas a los m&aacute;rgenes, en el que se especula impunemente con la vivienda mientras las familias no pueden pagar el alquiler, podemos intervenir la l&oacute;gica demente del mercado para mejorar las condiciones de vida de la poblaci&oacute;n o podemos seguir profundizando las desigualdades y las injusticias de las que se beneficia un pu&ntilde;ado de oligarcas. O hacemos pol&iacute;tica social o blindamos los intereses de los ultrarricos. Mamdani tiene raz&oacute;n: no se puede hacer las dos cosas a la vez.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Bustinduy]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/no-creo-debamos-multimillonarios_129_12477500.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 19 Jul 2025 19:33:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[No creo que debamos tener multimillonarios]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Zohran Mamdani]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pobres los que quieren mucho]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/pobres-quieren_129_12347451.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1d1f112a-fb71-4ea2-9b76-b46d07cedc18_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pobres los que quieren mucho"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Aunque en este tiempo maldito haya ojos que se acostumbren al dolor, a la barbarie genocida, a la desigualdad extrema, aunque haya quienes lo apuestan todo al odio, la división y la violencia, nuestra obligación es saber que una vida mejor, que "una forma superior de estar en la vida", es posible</p></div><p class="article-text">
        Hace ya 15 d&iacute;as que nos dej&oacute; Pepe Mujica. Una vida entera dedicada a la lucha por mejorar la vida; una vida dura, llena de voluntad y de coherencia. En su lucha por la libertad y la justicia social &mdash;esa<em> forma superior de estar en la vida</em>&mdash; hoy millones encuentran inspiraci&oacute;n y entereza. Con frases de Mujica se pueden llenar libros enteros, pero hay una cita sencilla, ni siquiera original de no ser por la forma radical con que la aplicaba a su cotidianidad, que me viene a menudo a la cabeza, hoy que los ap&oacute;stoles neoliberales vuelven a repartir lecciones a quien tenga la poca memoria para escucharles.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Pobres no son los que tienen poco; son los que quieren mucho. </em>Los pobres de Mujica no son los oprimidos, los necesitados, los que acumulan injusticias a las espaldas. Son los oligarcas, los magnates, los plut&oacute;cratas que hoy buscan sin reparo asaltar las democracias. Pobre no es el pueblo que aspira al bienestar y a la justicia social; pobres son quienes oprimen, quienes extraen, quienes violentan a los pueblos para satisfacer un ansia de acumulaci&oacute;n insaciable.
    </p><p class="article-text">
        La frase remite m&aacute;s de lo que quisi&eacute;ramos al mundo en que vivimos. Los pensadores neoliberales y sus representantes en la arena pol&iacute;tica irrumpieron con la arrogancia de quien posee las claves de un saber inaccesible: solo ellos sab&iacute;an c&oacute;mo hacer funcionar la econom&iacute;a, c&oacute;mo construir una sociedad pr&oacute;spera, c&oacute;mo hacer la libertad viable. En contraposici&oacute;n, todos los dem&aacute;s no eran m&aacute;s que ignorantes, ilusos o siervos de un destino colectivo, gris y autoritario.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con su lenguaje as&eacute;ptico y su jerga de apariencia t&eacute;cnica, el pulpo neoliberal fue extendiendo extremidades hasta el &uacute;ltimo rinc&oacute;n de la sociedad y la cultura. Su mayor proeza fue ir m&aacute;s all&aacute; del programa pol&iacute;tico que todos conocemos: privatizaciones, desregulaci&oacute;n econ&oacute;mica, acabar con la redistribuci&oacute;n de la riqueza, con la representaci&oacute;n industrial de los trabajadores, convertir el Estado en un agente m&aacute;s&nbsp;de la acumulaci&oacute;n privada de capital.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El gran &eacute;xito neoliberal fue infiltrarse en los resquicios de la vida econ&oacute;mica y social, en la creaci&oacute;n y el pensamiento cotidiano, en el deseo de unos y de otros, en el aire cultural de nuestro tiempo. Una sociedad sin horizontes ni anhelos colectivos, hecha s&oacute;lo de individuos y familias; de consumidores, inversores, productores; de agentes econ&oacute;micos para los que todo es un activo financiero en acto o en potencia. Una sociedad jer&aacute;rquica y estratificada, pero <em>sin clases</em>. Una sociedad donde valores como la igualdad, la solidaridad o la justicia social pertenecen a la &eacute;tica de cada uno. Una sociedad hecha a medida de los que quieren siempre m&aacute;s, de los que quieren mucho.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, el legado de aquel sue&ntilde;o colectivo muestra su verdadero rostro: un mundo roto, cada vez m&aacute;s desigual, violento e injusto; sociedades desgarradas por la desigualdad y la pobreza; democracias asediadas por oligarcas y fascistas que, cuando el proyecto neoliberal ya no puede siquiera <em>prometer</em> prosperidad, progreso y certezas para el futuro, porque ya no hay quien se las crea, se deciden a imponerlo simplemente por la fuerza.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por eso no es el momento de contemporizar, de asumir un momento fr&iacute;o o defensivo, de matizar las ambiciones. Igual que el proyecto cultural del neoliberalismo vino de la mano de un proyecto econ&oacute;mico tan radical como claro, es imprescindible que la izquierda &mdash;sobre todo en esta Europa marcadamente derechizada&mdash; haga de su programa econ&oacute;mico un reflejo claro de los valores pol&iacute;ticos y del horizonte social hacia el que apuntamos. Un horizonte que se expresa de forma clara: nuestro proyecto no busca otra cosa que la justicia social, es decir, que llevar la democracia a la econom&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hablamos de crear derechos universales de ciudadan&iacute;a, como una prestaci&oacute;n por crianza o el acceso garantizado a una vivienda digna, que cristalicen con la misma plenitud con que lo hicieron el derecho a la salud, a la educaci&oacute;n, a la jubilaci&oacute;n o las vacaciones. Hablamos de reducir la jornada laboral y aumentar los salarios para repartir el fruto del crecimiento econ&oacute;mico entre quienes lo producen cada d&iacute;a en el trabajo. Hablamos de justicia fiscal para que se d&eacute; una redistribuci&oacute;n real de la renta, la riqueza y los recursos. Hablamos de una transici&oacute;n energ&eacute;tica y digital con justicia social, con infraestructuras p&uacute;blicas y control democr&aacute;tico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hablamos de equilibrar la balanza y repartir el poder, haciendo que todos y todas tengan m&aacute;s oportunidades, m&aacute;s tiempo, m&aacute;s derecho al bienestar. Hablamos de construir las condiciones de una igualdad real, traducida en vidas mejores especialmente para quienes menos tienen. Para los muchos y la mayor&iacute;a social. Eso quiere decir democratizar la econom&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es evidente que estamos lejos de atisbar esa sociedad, pero eso es precisamente lo que define un horizonte. En nuestra acci&oacute;n pol&iacute;tica, en el programa de Gobierno, en cada debate social, esa es la aspiraci&oacute;n a la que nos debemos dirigir. Eso es que intentamos hacer por ejemplo en materia de derechos sociales y de consumo: defender el derecho universal al bienestar, garantizar que ninguna empresa, por grande o poderosa que sea, est&eacute; por encima de la ley, que los ciudadanos no est&eacute;n indefensos, que quienes m&aacute;s poder tienen no se sientan impunes. Garantizar, a fin de cuentas, unas relaciones econ&oacute;micas m&aacute;s justas, menos desiguales, escrupulosamente al servicio del inter&eacute;s general y de la mayor&iacute;a social.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Porque aunque en este tiempo maldito haya ojos que se acostumbren al dolor, a la barbarie genocida, a la desigualdad extrema, aunque haya quienes lo apuestan todo al odio, la divisi&oacute;n y la violencia, nuestra obligaci&oacute;n es saber que una vida mejor, que una <em>forma superior de estar en la vida,</em> es posible. El desaf&iacute;o para ello sigue siendo el mismo: derrotar a los <em>que quieren mucho </em>para que los m&aacute;s, los cualquiera, los que hacen cada d&iacute;a este y todos los pa&iacute;ses, tengan derecho a una vida buena, a esa vida mejor por la que luch&oacute; Mujica.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Bustinduy]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/pobres-quieren_129_12347451.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 01 Jun 2025 19:46:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Pobres los que quieren mucho]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Redistribuir la riqueza para defender la democracia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/redistribuir-riqueza-defender-democracia_129_11956699.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/04fff1fa-47ea-4973-9433-57287efcd0ae_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x2167y1905.jpg" width="1200" height="675" alt="Redistribuir la riqueza para defender la democracia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La mejor manera de contrarrestar el proyecto autoritario que se extiende explotando el miedo, la incertidumbre y la sensación de precariedad es actuar en el sentido opuesto, creando más seguridad social, es decir, democratizando el poder, el tiempo y la riqueza</p></div><p class="article-text">
        Estos d&iacute;as se habla a menudo de las amenazas que enfrenta la democracia. Se hace con motivo del auge de fuerzas ultraderechistas en todo el mundo y de los intentos de desestabilizaci&oacute;n que se suceden de un pa&iacute;s a otro para servir fines abiertamente autoritarios. El hombre m&aacute;s rico del mundo, protagonista de alguno de estos intentos recientes, ya anunci&oacute; hace a&ntilde;os esas intenciones: <a href="https://www.theguardian.com/books/2023/nov/25/we-will-coup-whoever-we-want-the-unbearable-hubris-of-musk-and-the-billionaire-tech-bros" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:#f7f7fa;"><em>Derrocaremos a quien queramos</em></span></a>, dijo a prop&oacute;sito de una crisis pol&iacute;tica en Bolivia. Ahora, cuando aquella doctrina se va convirtiendo en pr&aacute;ctica, se hace m&aacute;s evidente si cabe que la principal amenaza a la democracia no es de orden electoral, cultural o ideol&oacute;gico: es <a href="https://www.eldiario.es/economia/cinco-hombres-ricos-han-duplicado-fortuna_1_10833821.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la concentraci&oacute;n sin l&iacute;mites del poder y la riqueza</a> en manos de una minor&iacute;a.&nbsp;Frente a ello, la respuesta no es el repliegue sino el avance. Redistribuir tiempo, poder y riqueza es hoy defender la democracia.
    </p><p class="article-text">
        Este argumento no es en absoluto novedoso. De hecho, es uno de los principios del pensamiento democr&aacute;tico desde sus or&iacute;genes en el mundo cl&aacute;sico: la igualdad pol&iacute;tica que da sentido al <em>demos </em>se consideraba incompatible con las jerarqu&iacute;as y las servidumbres que genera el atesoramiento desmedido de poder y de riquezas (que era para los griegos propio de una plutocracia: el r&eacute;gimen en que gobiernan los ricos). Tambi&eacute;n fue una de las premisas sobre las que se construyeron los estados de bienestar del siglo XX: la convicci&oacute;n de que las sociedades m&aacute;s igualitarias, m&aacute;s cohesionadas y m&aacute;s justas eran tambi&eacute;n las m&aacute;s din&aacute;micas y las m&aacute;s pr&oacute;speras. Las d&eacute;cadas de dominio neoliberal enterraron esa convicci&oacute;n bajo ideales que hoy vuelven de formas cada vez m&aacute;s t&eacute;tricas: la sociedad que no existe sino como conjunto de individuos; el <em>yo liberado</em> de toda interdependencia, que se traduce inevitablemente en un s&aacute;lvese quien pueda; el culto a los millonarios como la <em>wonderful people </em>que carga sobre sus espaldas el peso parasitario de los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Hoy esos ideales ya no sostienen la defensa del libre mercado y de las &ldquo;democracias m&iacute;nimas&rdquo; que nutrieron la ideolog&iacute;a del mundo globalizado. Como poco, se han convertido en munici&oacute;n contra derechos sociales y libertades p&uacute;blicas que hasta hace nada se consideraban poco menos que incuestionables. Sobre ellos se edifican proyectos pol&iacute;ticos autoritarios, que prometen firmeza para afrontar los desaf&iacute;os de un mundo cada vez m&aacute;s desigual, injusto y violento. La f&oacute;rmula es exactamente esa: m&aacute;s desigualdad, m&aacute;s injusticia, m&aacute;s violencia contra quienes menos tienen. Mientras tanto, las fortunas que financian esos proyectos y dirigen sus destinos no paran de crecer y multiplicarse a la vista de todos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Claro que escandalizarse ante esta amenaza hoy sirve de poco. La mejor manera de contrarrestar el proyecto autoritario que se extiende explotando el miedo, la incertidumbre y la sensaci&oacute;n de precariedad es actuar en el sentido opuesto, creando m&aacute;s seguridad <em>social</em>, es decir, democratizando el poder, el tiempo y la riqueza. Dicho de otra manera, la forma de defender la democracia no es atrincherarse, sino profundizarla: m&aacute;s redistribuci&oacute;n, m&aacute;s estado de bienestar, m&aacute;s protecci&oacute;n social. No es s&oacute;lo una f&oacute;rmula deseable para lograr sociedades m&aacute;s justas, m&aacute;s estables y cohesionadas. Tambi&eacute;n es la &uacute;nica alternativa viable a los ideales autoritarios que se replican por el planeta.
    </p><p class="article-text">
        Desgraciadamente, no hablamos de realidades ajenas. En Espa&ntilde;a, <a href="https://www.eldiario.es/economia/1-poblacion-espanola-concentra-cuarta-parte-riqueza-pais_1_8558748.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el 1% de las personas m&aacute;s ricas concentra hasta un 22% de la riqueza</a>. El 10 % de quienes m&aacute;s tienen posee m&aacute;s de la mitad de la riqueza del pa&iacute;s. En contraposici&oacute;n, la mitad m&aacute;s pobre de la poblaci&oacute;n apenas posee un 8 % de la riqueza total. Mientras una peque&ntilde;a minor&iacute;a acapara una cantidad enorme de recursos, las mayor&iacute;as trabajadoras no tienen apenas nada. Es un reparto injusto, peligroso e ineficaz desde todos los puntos de vista. Tambi&eacute;n es un orden dif&iacute;cil de alterar, pues representa intereses poderosos y bien organizados.
    </p><p class="article-text">
        Los intentos recientes de democratizar las relaciones laborales sirven como ejemplo de esos obst&aacute;culos y resistencias. Una y otra vez se anunci&oacute; que la subida del salario m&iacute;nimo y la reforma laboral iban a destruir empleo y a poner en peligro el tejido empresarial y econ&oacute;mico del pa&iacute;s. Hoy los datos demuestran todo lo contrario. Se han alcanzado cotas hist&oacute;ricas de ocupaci&oacute;n, se ha reducido dr&aacute;sticamente la temporalidad, tambi&eacute;n la brecha salarial de g&eacute;nero. Los hogares con ingresos bajos han ca&iacute;do un 25 % respecto a 2019; aquellos con baja intensidad de empleo se han reducido a la mitad. La <a href="https://www.eldiario.es/economia/enciclopedia-desigualdad-espana-fractura-no-mayores-jovenes-ricos-pobres_128_11449242.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">desigualdad, medida por el &iacute;ndice de Gini</a>, est&aacute; en el dato m&aacute;s bajo desde 2008. La econom&iacute;a, lejos del apocalipsis anunciado, crece muy por encima de la media europea. Las mejoras salariales, especialmente en los deciles m&aacute;s bajos de la distribuci&oacute;n de ingresos, han actuado como motor del desarrollo econ&oacute;mico del pa&iacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No era cierto, por tanto, que mejorar la posici&oacute;n del trabajo en el reparto de la riqueza del pa&iacute;s fuera contrario al desempe&ntilde;o econ&oacute;mico. Es importante recordarlo hoy, cuando algunos de aquellos argumentos vuelven con motivo de la confrontaci&oacute;n por la reducci&oacute;n de la jornada laboral para 12 millones de trabajadores y trabajadoras Es importante recordarlo tambi&eacute;n por otro motivo. En el a&ntilde;o 2023, con los &uacute;ltimos datos disponibles, un 26,5 % de la poblaci&oacute;n en Espa&ntilde;a <a href="https://www.eldiario.es/economia/pensiones-reducen-pobreza-espana-no-jubilados_1_11738080.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">segu&iacute;a en riesgo de pobreza y exclusi&oacute;n social</a>. Para los ni&ntilde;os, ni&ntilde;as y adolescentes, ese porcentaje era de un 34,5 %. Detr&aacute;s de la realidad persistente, estructural de la pobreza en Espa&ntilde;a sigue habiendo un reparto desigual e injusto de la riqueza, que no solo es inasumible e inmoral en una sociedad rica: tambi&eacute;n es contrario al inter&eacute;s econ&oacute;mico y una amenaza para la cohesi&oacute;n social y pol&iacute;tica de una democracia.
    </p><p class="article-text">
        De ah&iacute; se derivan las prioridades pol&iacute;ticas que defendemos en el seno del Gobierno. La reducci&oacute;n de la jornada laboral; una mayor capacidad impositiva sobre multinacionales y grandes fortunas; la intervenci&oacute;n del mercado de la vivienda, convertido hoy en factor de riesgo de pobreza para la clase trabajadora; la adopci&oacute;n de una prestaci&oacute;n universal por crianza (configurada precisamente como un nuevo derecho de ciudadan&iacute;a: el derecho a que la pobreza y la desigualdad no sean un destino heredado). Es una evidencia que, en este contexto dif&iacute;cil, cada una de estas medidas choca con grandes obst&aacute;culos, y que har&aacute; falta fuerza suficiente y presi&oacute;n social para contrarrestarlos. Es as&iacute; porque cada una de estas medidas reitera ese mismo prop&oacute;sito: la redistribuci&oacute;n de la riqueza, del poder y del tiempo como horizonte democr&aacute;tico para la sociedad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un famoso economista dijo una vez que los m&aacute;s pudientes ser&iacute;an capaces de apagar el sol porque no reparte dividendos. La oscuridad que intuimos en el presente no est&aacute; separada de ese empe&ntilde;o ciego y cortoplacista por defender el orden en curso y la posici&oacute;n de quien m&aacute;s tiene. Redistribuir la riqueza y el poder, defender un inter&eacute;s general que es hoy por hoy inseparable de la libertad pol&iacute;tica y la justicia social, no s&oacute;lo es una f&oacute;rmula m&aacute;s eficaz, m&aacute;s capaz y m&aacute;s estable que los fallidos cors&eacute;s del neoliberalismo. Tambi&eacute;n es el &uacute;nico camino para defender la democracia frente a quienes hoy quieren vaciarla, asediarla o subvertirla.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Bustinduy]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/redistribuir-riqueza-defender-democracia_129_11956699.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Jan 2025 20:03:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Redistribuir la riqueza para defender la democracia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Democracia,Pobreza,Riqueza,Gobierno,Neoliberalismo,Seguridad Social,SMI - Salario Mínimo Interprofesional,Desigualdad,Desigualdad económica]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un curso político decisivo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/curso-politico-decisivo_129_11626706.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8ebdc284-701c-4cb7-a321-89bb9a857b09_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un curso político decisivo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Por encima de las mayorías parlamentarias fragmentadas, o de la imprevisibilidad de esta legislatura, creo que el mayor desafío que enfrentamos es rearticular una fuerza social que no sólo empuje para hacer realidad las medidas sociales, sino que las convierta en avances irrevocables</p></div><p class="article-text">
        El nuevo curso pol&iacute;tico llega atravesado por una ola autoritaria mundial. Lo vemos con crudeza en el genocidio cronificado en Gaza y la guerra en Ucrania. Lo vemos en los mensajes xen&oacute;fobos que inundan el debate p&uacute;blico, apuntalando la migraci&oacute;n como eje de una agenda antidemocr&aacute;tica global. Lo hemos visto en las recientes elecciones regionales en Alemania, y lo vemos cada d&iacute;a en el algoritmo de una red social convertida en instrumento de amplificaci&oacute;n para esta ofensiva autoritaria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con todo, es importante recordar que la extrema derecha tambi&eacute;n acumula importantes derrotas electorales en este ciclo reciente. Su&nbsp; triunfo no est&aacute; escrito en piedra. Es m&aacute;s: sabemos cu&aacute;l es la receta para derrotarla. La fil&oacute;sofa Wendy Brown la ha resumido de manera elegante: &ldquo;M&aacute;s que una persuasi&oacute;n ideol&oacute;gica, la justicia social es todo lo que hay entre el sostenimiento de la promesa de la democracia y el abandono total de esa promesa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Es un planteamiento que las fuerzas democr&aacute;ticas deber&iacute;an grabar a fuego en sus an&aacute;lisis y programas. Si para entender el auge de la extrema derecha debemos remitirnos a c&oacute;mo las pol&iacute;ticas neoliberales erosionaron los fundamentos del estado de bienestar, si la grieta por la que se han introducido estos discursos violentos es precisamente esa base democr&aacute;tica desgastada, sellar esa rotura es la manera m&aacute;s eficaz de contrarrestar su auge. La herramienta para frenar el avance de la extrema derecha es la justicia social.
    </p><p class="article-text">
        Con esto quiero decir que no basta con aguantar o resistir. No superaremos el desaf&iacute;o antidemocr&aacute;tico a la defensiva ni reivindicando posiciones ganadas. M&aacute;s bien al contrario, las fuerzas progresistas en Espa&ntilde;a y el mundo entero deben dar forma a una nueva ofensiva democr&aacute;tica y social centrada en tres ejes principales: derechos humanos, redistribuci&oacute;n de la renta y la riqueza, y bienestar para las mayor&iacute;as trabajadoras.
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a ha demostrado en estos &uacute;ltimos a&ntilde;os que ese es el camino a seguir. El Gobierno de coalici&oacute;n ha apuntalado algunos avances muy importantes: desde las subidas hist&oacute;ricas del salario m&iacute;nimo interprofesional a la Reforma Laboral, pasando por la creaci&oacute;n del Ingreso M&iacute;nimo Vital y una importante movilizaci&oacute;n de recursos en educaci&oacute;n, sanidad, ciencia y protecci&oacute;n social.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es la senda que intentamos prolongar con una inversi&oacute;n r&eacute;cord en dependencia, que ha aumentado un 150% en los &uacute;ltimos tres a&ntilde;os; poniendo en marcha el programa de Tarjetas Monedero, que busca garantizar el acceso de casi 70.000 familias con ni&ntilde;os y ni&ntilde;as en situaci&oacute;n de vulnerabilidad a una alimentaci&oacute;n de calidad; destinando m&aacute;s de 1.300 millones de euros a la transformaci&oacute;n del modelo de cuidados de larga duraci&oacute;n, para garantizar que las personas mayores y en situaci&oacute;n de dependencia cuenten con los apoyos necesarios para permanecer en su domicilio durante el tiempo que deseen; o defendiendo los derechos de las personas consumidoras frente a abusos y fraudes en sectores como el transporte, la alimentaci&oacute;n, el comercio electr&oacute;nico, o la proliferaci&oacute;n de pisos tur&iacute;sticos sin licencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No enumero estas medidas por autocomplacencia. Lo hago porque ilustran c&oacute;mo, incluso en un contexto pol&iacute;tico convulso y dif&iacute;cil, los grandes consensos sociales sirven para fortalecer la democracia y asentar nuevos derechos de ciudadan&iacute;a. Tambi&eacute;n porque es imposible, al enumerar estos avances, no pensar en todo los que falta por hacer, en una serie de pasos urgentes que no pueden hacerse esperar.
    </p><p class="article-text">
        La intervenci&oacute;n del mercado de la vivienda es la primera prioridad en esa lista. Sabemos lo que hay que hacer: m&aacute;s vivienda p&uacute;blica en alquiler social, movilizar vivienda vac&iacute;a, atajar los alquileres tur&iacute;sticos y de temporada, combatir la especulaci&oacute;n desbocada que ha convertido nuestro mercado inmobiliario en un casino.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las prioridades tambi&eacute;n est&aacute;n claras en lo que refiere a la agenda social. Hay que culminar la reducci&oacute;n de la jornada laboral, ampliar los permisos por nacimiento, retribuir por fin los permisos de cuidados, adoptar una prestaci&oacute;n universal por crianza para combatir la pobreza infantil. Todo ello debe ser financiado por una reforma fiscal justa, capaz de redistribuir la riqueza y las oportunidades. Son objetivos razonables, que gozan de un ampl&iacute;simo respaldo social, y as&iacute; deben verse reflejados en los Presupuestos Generales del Estado, centro del trabajo pol&iacute;tico para las semanas por venir.
    </p><p class="article-text">
        Si las prioridades est&aacute;n claras, las dificultades que vamos a enfrentar para conseguirlas tambi&eacute;n lo est&aacute;n. Por encima de las mayor&iacute;as parlamentarias fragmentadas, o de la imprevisibilidad de esta legislatura, creo que el mayor desaf&iacute;o que enfrentamos para ello es rearticular una fuerza social que no s&oacute;lo empuje para hacer realidad estas medidas, sino que las convierta en avances irrevocables. Esta tarea es algo que trasciende la esfera medi&aacute;tica e institucional. Requiere desterrar la toxicidad del debate pol&iacute;tico, recuperar la creatividad y la lucha de ideas, cuidar y alentar la movilizaci&oacute;n social.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo que est&aacute; en juego en todo ello no es solo el devenir de esta legislatura, la supervivencia del Gobierno, o de su alma progresista. Tampoco la suerte de una u otra organizaci&oacute;n pol&iacute;tica. En juego est&aacute; el papel que Espa&ntilde;a &ndash;hasta ahora, pese a todas las dificultades, una gran excepci&oacute;n a la deriva autoritaria&ndash; pueda jugar en el desenlace de este ciclo pol&iacute;tico peligroso a nivel internacional. En juego est&aacute; que nuestro pa&iacute;s pueda sostener su promesa democr&aacute;tica para las pr&oacute;ximas generaciones.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Bustinduy]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/curso-politico-decisivo_129_11626706.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 03 Sep 2024 20:36:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un curso político decisivo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Extrema derecha,Viviendas sociales,Derechos sociales,Vivienda]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Europa frente a Europa': la crisis de identidad en el continente a izquierda y a derecha]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/europa-frente-europa-crisis-identidad-continente-izquierda-derecha_129_6173091.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4bacdcf4-3f34-4497-9634-a609c5718e7b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Europa frente a Europa&#039;: la crisis de identidad en el continente a izquierda y a derecha"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Prólogo de Pablo Bustinduy en el ensayo colectivo 'Europa frente a Europa: mapa de crisis y vías de escape'</p></div><p class="article-text">
        En la larga d&eacute;cada perdida desde la crisis financiera se ha dado un fen&oacute;meno peculiar en la pol&iacute;tica europea. La inestabilidad institucional, y las altas tasas de volatilidad electoral que viven muchos pa&iacute;ses de la Uni&oacute;n, han provocado grandes idas y venidas en los equilibrios de poder entre las principales familias pol&iacute;ticas euro&shy;peas. Los Verdes, por ejemplo, vivieron con enorme tensi&oacute;n interna la posibilidad de entrar al gobierno de Merkel en Alemania; tres a&ntilde;os despu&eacute;s se han convertido en el sujeto ascendente de la pol&iacute;ti&shy;ca europea. Los liberales leyeron el triunfo presidencial de Macron como la promesa de un despliegue imparable en el continente, para ver justo despu&eacute;s c&oacute;mo sus aspiraciones mermaban s&aacute;bado tras s&aacute;bado con cada marcha de los chalecos amarillos. En Grecia la izquierda quiso abanderar una <em>alternativa de &eacute;poca </em>al orden de la austeridad neoliberal, apuesta de la que sali&oacute; maltrecha. Hasta la extrema derecha ha conocido vaivenes en su espectacular carrera para convertirse en la principal alternativa al bipartidismo europeo, un dinosaurio que goza, como suele decirse, de una mala salud de hierro (aunque el hierro lo haya puesto el bloque conservador y la mala salud, una socialdemocracia menguante). En todos estos movimientos, sin embargo, se da una peculiaridad: <a href="https://lenguadetrapo.com/libros/sin%20categor%C3%ADa/europa-frente-a-europa/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">solo la extrema derecha ha tenido cierto &eacute;xito en la construcci&oacute;n de un nuevo sujeto pol&iacute;tico europeo</a>.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Portada del libro Europa frente a Europa                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text"><strong>El nuevo sujeto pol&iacute;tico europeo</strong></h3><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; define el espacio pol&iacute;tico de la extrema derecha europea, por encima de las m&uacute;ltiples diferencias entre sus componentes? Les une, en primer lugar, un rechazo del r&eacute;gimen de gobernanza mun&shy;dial heredado de los a&ntilde;os 90 que les permite alinearse <em>a la vez </em>con los Estados Unidos de Trump y con la Rusia de Putin (a ese juego a dos bandas se suma sin problemas la filia por otras figuras disruptivas del derecho internacional como Bolsonaro o Netanyahu). Les une una aversi&oacute;n instintiva a la ideolog&iacute;a pol&iacute;tica liberal, sintetizada en la imagen de lo &laquo;pol&iacute;ticamente correcto&raquo;: un paraguas tan impermeable al discurso del feminismo como a la Declaraci&oacute;n Universal de los Derechos Humanos. A su vez, ese rechazo casa bien con una cierta vocaci&oacute;n autoritaria, vinculada al revisionis&shy;mo hist&oacute;rico y a la rehabilitaci&oacute;n de figuras y corrientes hist&oacute;ricas del fascismo europeo; con una pr&aacute;ctica represiva de los derechos civiles, en particular los de las personas LGTBI; y con todas las formas imaginables de xenofobia, expresadas en el rechazo radical de la inmigraci&oacute;n y especialmente de la religi&oacute;n musulmana. Por encima de todo, sin embargo, les une una <em>oposici&oacute;n furibunda a la Uni&oacute;n Europea</em>. Podr&iacute;a decirse que aqu&iacute; trazan los nuevos &laquo;popu&shy;lismos de derechas&raquo; la frontera arriba/abajo, la l&iacute;nea que separa a los pueblos soberanos de las &eacute;lites que les oprimen: exactamente a la altura de Bruselas. 
    </p><p class="article-text">
        La Uni&oacute;n Europea es el <em>gran otro </em>del nacional-populismo, el t&oacute;tem que unifica su espacio pol&iacute;tico continental. Frente a las glo&shy;riosas naciones europeas, enraizadas durante siglos en tierra fir&shy;me, Bruselas es el paradigma del poder artificial y ajeno, una corte cosmopolita, carente de pasado y de huellas, que no pertenece a ning&uacute;n pueblo y al que no hay pueblo que pertenezca. Desde all&iacute; las <em>&eacute;lites globalistas </em>imponen sus planes de neutralizaci&oacute;n de las naciones para hacerlas gregarias y someterlas, para convertirlas en colonias desarmadas y a merced de los poderes transnacionales. El levantamiento contra el orden europeo marca por tanto el inicio de la reconquista, del retorno glorioso de la soberan&iacute;a nacional. No pocos profetas de izquierdas han encontrado aqu&iacute; un mirador sobre el presente de Europa desde el que todo lo anterior &mdash;autoritarismo, violencia, xenofobia, discriminaci&oacute;n&mdash; desaparece m&aacute;gicamente de la vista, siguiendo ese esquema que hac&iacute;a de las contradicciones secundarias meros efectos transitorios de la contradicci&oacute;n princi&shy;pal de una &eacute;poca. Ver claramente los objetos cercanos mientras todo lo dem&aacute;s se pierde en la bruma es lo que llamamos miop&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Sea como fuere, estamos ante un hecho notable de nuestro tiem&shy;po: el &uacute;nico sujeto pol&iacute;tico que ha logrado asentarse de forma estable a escala europea es el <em>sujeto pol&iacute;tico antieuropeo, </em>al que unifica precisamente su oposici&oacute;n radical a la unificaci&oacute;n. Parece una contradicci&oacute;n, pero quiz&aacute; nos encontremos ante otra cosa: una carac&shy;ter&iacute;stica, un s&iacute;ntoma, o incluso una definici&oacute;n de lo que es Europa.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Negar Europa</strong></h3><p class="article-text">
        Para la izquierda del continente, Europa se ha convertido pro&shy;gresivamente en el mayor de los problemas pol&iacute;ticos. Europa es objeto de un debate donde las posiciones son de partida irrecon&shy;ciliables. De un lado, podr&iacute;amos decir en una caricatura forzada, hay una <em>izquierda cosmopolita</em>, federalista, que entiende la cons&shy;trucci&oacute;n europea en relaci&oacute;n a la de los Estados nacionales del siglo XIX. Como aquellos Estados, Europa empez&oacute; a construirse pol&iacute;ticamente como un mercado, asegurando en primera instancia un r&eacute;gimen de propiedad, comercio e imperio de la ley. Mediante sus m&uacute;ltiples luchas, el movimiento sindical y las clases populares lograron construir la &laquo;mano izquierda&raquo; del Estado, conquistar los derechos laborales y sociales, asentar la democracia pol&iacute;tica. Como entonces, hoy se tratar&iacute;a de introducir el componente democr&aacute;ti&shy;co en Europa: abrir al pueblo sus instituciones y construir el pilar social europeo, germen del estado del bienestar del siglo XXI. Es necesario hacerlo, adem&aacute;s, por una cuesti&oacute;n de econom&iacute;as pol&iacute;ti&shy;cas de escala. Solo a nivel europeo podremos afrontar cuestiones como el cambio clim&aacute;tico, el control de los flujos internacionales de capital o las grandes migraciones entre el sur y el norte global. Los mayores desaf&iacute;os que enfrentamos en nuestro tiempo, conclui&shy;r&iacute;a la izquierda cosmopolita, sobrepasan con mucho la capacidad de intervenci&oacute;n del Estado naci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Del otro lado en esta caricatura est&aacute; la <em>izquierda soberanista</em>, para quien esa tarea es in&uacute;til y est&aacute; condenada al fracaso. Tal y como existe, tal y como fue concebida por los padres fundadores en el marco pol&iacute;tico-ideol&oacute;gico de la Guerra fr&iacute;a, y refinada des&shy;pu&eacute;s en Maastricht y Lisboa para el mundo de la globalizaci&oacute;n victoriosa, la Uni&oacute;n Europea es incompatible con cualquier for&shy;ma de participaci&oacute;n democr&aacute;tica en la econom&iacute;a. No cabe en los Tratados Europeos ninguna de las medidas que ser&iacute;an necesarias para recuperar el control de las decisiones fundamentales del sis&shy;tema econ&oacute;mico: ni la intervenci&oacute;n del Estado y el sector p&uacute;blico, ni las expropiaciones de empresas y recursos, ni la desmercanti&shy;lizaci&oacute;n de bienes y servicios fundamentales ni, por supuesto, la renacionalizaci&oacute;n de competencias clave como la soberan&iacute;a fiscal o monetaria. Esas transferencias constantes de soberan&iacute;a han des&shy;pose&iacute;do a los Estados de sus atribuciones econ&oacute;micas fundamenta&shy;les, hasta el punto en que hoy en d&iacute;a hasta la ortodoxia keynesiana est&aacute; prohibida en la zona euro. En el mundo realmente existente, es ilusorio pensar en la reforma pol&iacute;tica de la Uni&oacute;n Europea, una estructura concebida para desplegar la concepci&oacute;n neoliberal del mundo y <em>hacer el socialismo constitucionalmente imposible</em>. Lo ha demostrado recientemente la experiencia griega: en la era de la austeridad, con las correlaciones de fuerza que se dan en Europa, no hay espacio posible para el reformismo. La ruptura con la jaula de hierro de la Uni&oacute;n es por tanto una premisa fundamental para cualquier programa democr&aacute;tico. 
    </p><p class="article-text">
        El espacio de encuentro entre estas dos posiciones es, como se ve, estrecho; y mantener las tropas unidas, una tarea dif&iacute;cil. Sin embargo, en esa confrontaci&oacute;n acaba sucediendo algo curioso. Hasta el m&aacute;s rupturista de los programas incluye <em>a continuaci&oacute;n </em>alg&uacute;n prop&oacute;sito de refundaci&oacute;n de una estructura pol&iacute;tica europea: una Europa social, una alianza entre los pueblos, una confederaci&oacute;n de sujetos pol&iacute;ticos solidarios y deseosos de vivir libres y en paz. Esta parte del programa nunca est&aacute; muy detallada, pero rige como un horizonte o como un anhelo. De hecho, las cr&iacute;ticas m&aacute;s furibundas a la Uni&oacute;n Europea suelen hacerse <em>precisamente </em>en nombre de los valores (paz, fraternidad, democracia, cooperaci&oacute;n entre los pue&shy;blos) que el proyecto europeo dice defender pero en la pr&aacute;ctica no defiende. Tal vez este sea un punto de encuentro entre la izquierda cosmopolita y la soberanista: la convicci&oacute;n de que la Europa de hoy, lejos de satisfacer el ideal de fraternidad entre sus pueblos, es una negaci&oacute;n del mismo, la sensaci&oacute;n de que Europa <em>no deber&iacute;a ser esto, </em>pero s&iacute; otra cosa.
    </p><h3 class="article-text">&iexcl;Mirad lo que ya no somos!</h3><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; tiene que ver el auge de la extrema derecha con los debates program&aacute;ticos de la izquierda europea? Nada de lo que se suele leer en los editoriales de las grandes cabeceras del continente, que especulan a menudo sobre los extremos que se tocan y los cami&shy;nos inescrutables del populismo <em>eur&oacute;fobo</em>. En los a&ntilde;os en los que ejerc&iacute; funciones de responsabilidad p&uacute;blica en materia de pol&iacute;tica internacional, me preguntaron muchas veces sobre esa supuesta coincidencia de posiciones en el &aacute;mbito europeo entre la extre&shy;ma derecha y la nueva izquierda populista. Mi respuesta siempre fue la misma: la l&iacute;nea que separa esa amalgama es la Declaraci&oacute;n Universal de los Derechos Humanos. Todas las dem&aacute;s, y son mu&shy;ch&iacute;simas, pueden declinarse de ese texto.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s bien, ambas formas de cr&iacute;tica apuntan a una realidad pro&shy;funda de la construcci&oacute;n pol&iacute;tica y sentimental del proyecto euro&shy;peo, que afecta por igual a sus m&aacute;s f&eacute;rreos defensores y a quienes abjuran de &eacute;l. El discurso europe&iacute;sta, por tomar un ejemplo con&shy;trario, suele defender las virtudes del proyecto de integraci&oacute;n uti&shy;lizando principalmente argumentos <em>negativos</em>. Gracias a la Uni&oacute;n en Europa <em>no ha habido </em>guerras en los &uacute;ltimos setenta a&ntilde;os, ni hay fronteras, ni confrontaciones entre religiones o minor&iacute;as; gracias a la Uni&oacute;n, Europa ha podido superar por fin la contradicci&oacute;n per&shy;manente entre sus partes, actuar unida, hablar con una sola voz. La divisi&oacute;n permanente, la guerra de todos contra todos, los conflictos din&aacute;sticos, &eacute;tnicos, religiosos, de clase, las ambiciones imperiales y las invasiones rec&iacute;procas, la lucha por los recursos, por la influencia y por el poder dentro y fuera del continente... Todos esos elementos han definido la existencia de Europa a lo largo de su historia. Desde la Comunidad Econ&oacute;mica del Carb&oacute;n y del Acero, la construcci&oacute;n europea consiste en crear una serie de mecanismos y dispositivos para dificultar primero, e impedir despu&eacute;s, la activaci&oacute;n de esos ejes de conflicto. Su principal logro es que <em>Europa haya dejado de ser lo que siempre ha sido</em>; su identidad positiva se basa en la <em>ausencia </em>de aquello que la defini&oacute; durante gran parte de su existencia. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando la extrema derecha despliega su bater&iacute;a de ataques con&shy;tra las instituciones europeas, lo hace precisamente en nombre de esa <em>Europa negada</em>, de una Europa visceral, de sangre e incienso, que ha sido silenciada artificialmente y que hoy reaparece desde las sombras para reclamar sus derechos. Ese pasado glorioso (que siempre lo es, pues para cada una de las naciones europeas hay un momento en el que fue <em>grande</em>) es el reverso exacto del presente mediocre que impone Bruselas. De hecho, la tarea de la extrema derecha es recuperar ese pasado, es hacerlo volver. Cuando en Europa emerge lo reprimido a plena luz del d&iacute;a, en una marcha para honrar a criminales de guerra, en el rebrotar de m&uacute;ltiples causas irredentistas, en la articulaci&oacute;n de sujetos pol&iacute;ticos regiona&shy;les que se remontan a un origen m&iacute;tico y ancestral (Visegrado, la Nueva Liga Hanse&aacute;tica, la Europa germ&aacute;nica, cristiana o latina), se ve perfectamente aquello que se trataba de hacer desaparecer. La extrema derecha es perfectamente consciente de los logros de Europa; su prop&oacute;sito m&aacute;s firme es revertirlos, rescatar lo que ha sido aplacado, devolverle su libertad.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y la izquierda? En cierto modo, podr&iacute;a decirse que la izquierda tambi&eacute;n aspira a rescatar Europa de su propia negaci&oacute;n, pero por las razones contrarias: por haber sido del todo <em>insuficiente</em>. La revoluci&oacute;n de las ciudades de 1848, la bolchevique de 1917, la libertaria del 36, la victoria antifascista del 45, las luchas de liberaci&oacute;n del 68, los levantamientos democr&aacute;ticos de 2011. Cada una de esas revoluciones encerraba una idea de Europa, y la Europa actualmente existente, la negaci&oacute;n de todas y cada una de ellas. Quiz&aacute; el &laquo;problema europeo&raquo; de las fuerzas progresistas del continente venga precisamente de aqu&iacute;, de una herencia truncada e irresuelta. La izquierda conoce perfectamente esa sensaci&oacute;n de escisi&oacute;n o desgarro hist&oacute;rico que es inseparable de la construcci&oacute;n europea, ese movimiento por el que Europa se niega a s&iacute; misma para afirmarse a la vez. Si le incomoda tanto la cuesti&oacute;n europea es porque le resulta dificil&iacute;simo asumir que ella misma forma parte de lo nega&shy;do, que Europa tambi&eacute;n le apunta con el dedo cuando se dice a s&iacute; misma <em>mirad lo que ya no somos. </em>Treinta a&ntilde;os despu&eacute;s de la ca&iacute;da del muro de Berl&iacute;n, todav&iacute;a no sabe qu&eacute; hacer con esa negaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <em>Extracto del libro '</em><a href="https://lenguadetrapo.com/libros/sin%20categor%C3%ADa/europa-frente-a-europa/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Europa frente a Europa'</em></a><em> publicado por la editorial Lengua de trapo.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Bustinduy]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/europa-frente-europa-crisis-identidad-continente-izquierda-derecha_129_6173091.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 29 Aug 2020 20:27:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Europa frente a Europa': la crisis de identidad en el continente a izquierda y a derecha]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Europa]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Austeridad y deuda europea]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/austeridad-deuda-europea_129_5895178.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e1071413-be4d-4117-8f0d-60d388df2610_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Austeridad y deuda europea"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No habrá manera de compensar con austeridad el tipo de brecha fiscal que se va a generar; no se podrá cubrir con recortes un agujero de esa magnitud</p></div><p class="article-text">
        Desaparecida al inicio, abrumada por el caos despu&eacute;s, la UE es ahora escenario de una batalla pol&iacute;tica formidable. Los l&iacute;deres europeos deben encontrar recursos para un esfuerzo fiscal sin precedentes, especialmente para los pa&iacute;ses m&aacute;s afectados por la pandemia y en peor situaci&oacute;n financiera, en un contexto apocal&iacute;ptico donde las econom&iacute;as del continente perder&aacute;n millones de empleos y enfrentar&aacute;n recuperaciones largas y dolorosas. Pero no solo est&aacute; en juego encontrar los recursos para financiar la reconstrucci&oacute;n econ&oacute;mica y social del continente. Tambi&eacute;n hay que decidir qu&eacute; hacer exactamente con ellos.
    </p><p class="article-text">
        Por muy duros que parezcan, es sensato asumir que por ahora todos los gestos y posiciones en esa batalla son movimientos preparatorios. Los marcos legales y regulatorios fundamentales de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica europea est&aacute;n actualmente suspendidos. Nadie sabe realmente c&oacute;mo se retorna a la normalidad tras una crisis de esta envergadura. Una cosa s&iacute; parece clara: no habr&aacute; manera de compensar con austeridad el tipo de brecha fiscal que se va a generar; no se podr&aacute; cubrir con recortes un agujero de esa magnitud. Por no hablar de la capacidad pol&iacute;tica que requerir&iacute;a, en un momento de dur&iacute;sima tensi&oacute;n social, disciplinar a los pueblos de Europa para que asuman una factura que simplemente no se puede pagar.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, el problema va m&aacute;s all&aacute; de la incertidumbre fiscal. En una crisis de producci&oacute;n y empleo de esta magnitud, la reconstrucci&oacute;n econ&oacute;mica en los pa&iacute;ses de la periferia requerir&aacute; de algo m&aacute;s que un keynesianismo prudente. El tipo de medidas que se han implementado hasta ahora (nacionalizaciones, intervenci&oacute;n estatal de sectores estrat&eacute;gicos, extensi&oacute;n de los programas de bienestar) anticipan un per&iacute;odo de profunda participaci&oacute;n p&uacute;blica en la econom&iacute;a. Dirigi&eacute;ndose a la naci&oacute;n en tono solemne, Macron explic&oacute; recientemente que la pandemia ha demostrado que es una &ldquo;locura&rdquo; delegar a otros la capacidad de cuidar de nosotros mismos, y que hay bienes y servicios que deben ser protegidos &ldquo;fuera de las reglas del mercado&rdquo;. Muchas voces abogan por la reterritorializaci&oacute;n estrat&eacute;gica de las industrias esenciales y anticipan un reordenamiento profundo de la econom&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        La batalla europea por la deuda es un anticipo de la tarea real que se avecina: la reconstrucci&oacute;n de la econom&iacute;a pol&iacute;tica de Europa. Contra las apariencias, la confrontaci&oacute;n no se da simplemente entre el Norte y el Sur, ni es una mera repetici&oacute;n de conflictos del pasado. El cambio decisivo tiene que ver con Francia, que ha adoptado un papel activo que no tuvo en crisis anteriores, pero no solo: hasta nueve pa&iacute;ses firmaron la petici&oacute;n original de los bonos comunes, y la oposici&oacute;n real se ha limitado a los &ldquo;cuatro frugales&rdquo;, cada uno de los cuales enfrenta a su vez presiones internas derivadas de la composici&oacute;n de sus gobiernos de coalici&oacute;n y de opiniones p&uacute;blicas que esta vez podr&iacute;an ser menos homog&eacute;neas que en 2012 o 2015.
    </p><p class="article-text">
        El conflicto tampoco encaja en la narrativa est&aacute;ndar con que se ha caricaturizado la pol&iacute;tica europea durante a&ntilde;os. Hoy no estamos presenciando una confrontaci&oacute;n entre el centro y los extremos, entre &ldquo;partidos de orden&rdquo; y populistas euroesc&eacute;pticos que amenazan con asaltar la fortaleza desde fuera. Ciertamente, la extrema derecha presiona a los gobiernos del norte para que bloqueen cualquier apariencia de uni&oacute;n fiscal o de transferencias sistem&aacute;ticas de riqueza hacia el sur. Pero en Francia e Italia, los populistas de extrema derecha est&aacute;n presionando a sus gobiernos en la direcci&oacute;n exactamente opuesta, reduciendo su margen de compromiso y oblig&aacute;ndolos a negociar a la ofensiva. A ese esfuerzo se unen los gobiernos de Italia, Espa&ntilde;a y Portugal, sostenidos por fuerzas que surgieron en el escenario europeo como una reacci&oacute;n a las pol&iacute;ticas de austeridad. Un euro-optimista podr&iacute;a discernir aqu&iacute; una especie de dial&eacute;ctica pol&iacute;tica por la cual aquellas fuerzas anti-establishment hoy son la principal esperanza para la reforma del sistema europeo.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Es posible imaginar esa reforma? Las l&iacute;neas ideol&oacute;gicas y pol&iacute;ticas del continente podr&iacute;an redibujarse en torno a la respuesta a esa pregunta. La izquierda socialdem&oacute;crata podr&iacute;a imaginar la reconstrucci&oacute;n como una segunda posguerra europea, y concebir un nuevo contrato social redistributivo basado en la transici&oacute;n ecol&oacute;gica. Las fuerzas soberanistas discernir&aacute;n en esta crisis la ocasi&oacute;n definitiva para forzar el repliegue estatal, y lanzarse a formidables batallas para redefinir el alma de cada naci&oacute;n. Los conservadores europeos querr&aacute;n restaurar cuanto antes el orden que ha sido suspendido. Sin embargo, el retorno a la normalidad podr&iacute;a requerir una acci&oacute;n tan dr&aacute;stica como inevitable: para salvar la Eurozona, ser&aacute; necesario reconstruir la periferia europea a trav&eacute;s de transferencias fiscales masivas y la toma de decisiones comunes. Los conservadores europeos se enfrentan a una grave elecci&oacute;n existencial: avanzar hacia un federalismo obligado por el desastre, o arriesgarse a la implosi&oacute;n del proyecto de austeridad europeo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Bustinduy]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/austeridad-deuda-europea_129_5895178.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 22 Apr 2020 20:05:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Austeridad y deuda europea]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Coronavirus,UE - Unión Europea]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rajoy en Londres o la oportunidad perdida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/rajoy-londres-oportunidad-perdida_129_3020995.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b1470460-ee28-4b7a-b4ae-e82b2320babe_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los riesgos que el gobierno decide ignorar</p></div><p class="article-text">
        Sorprende que un proceso como el de las negociaciones del Brexit -sin duda el mayor escollo destituyente que haya conocido el proyecto europeo desde el Tratado de Roma- haya generado tan poco debate p&uacute;blico en Espa&ntilde;a. Hubo, es cierto, un arrebato inicial subido de tono sobre Gibraltar- que en seguida fue reconducido y rebajado con buen tino por todas las partes implicadas.
    </p><p class="article-text">
        Oficialmente, la posici&oacute;n del gobierno no difiere de la de muchas otras canciller&iacute;as y capitales europeas: prudencia, discreci&oacute;n, unidad en torno a las posiciones del negociador europeo, y una hasta ahora exitosa t&aacute;ctica que consiste en esperar los errores, contradicciones e incongruencias de la posici&oacute;n brit&aacute;nica que van marcando el ritmo de las negociaciones. El trabajo parlamentario sigue la misma t&oacute;nica - en la subcomisi&oacute;n del Brexit de momento estudiamos documentaci&oacute;n, escuchamos a los expertos (cuyas comparecencias empiezan irremediablemente por un &ldquo;es imposible saber lo que va a suceder&rdquo;) y esperamos la informaci&oacute;n que Bruselas anuncia a cuentagotas y el devenir de los acontecimientos.
    </p><p class="article-text">
        Si la prudencia (que se lo digan a cualquiera que haya vivido los &uacute;ltimos meses en Espa&ntilde;a) puede ser buena consejera ante procesos tan delicados y sensibles, no es sin embargo una buena noticia que no exista un grado de conciencia en el debate p&uacute;blico proporcional a la importancia de lo que est&aacute; en juego. En primer lugar, porque, aunque el Gobierno sigue sin tener cifras fiables sobre emigraci&oacute;n - pese a nuestros m&uacute;ltiples y reiterados requerimientos - sabemos que Reino Unido es el principal destino de la emigraci&oacute;n espa&ntilde;ola. Seg&uacute;n los datos de la Seguridad Social Brit&aacute;nica, 40.473 espa&ntilde;oles/as se dieron de alta s&oacute;lo en el &uacute;ltimo a&ntilde;o; esto son 110 altas de espa&ntilde;oles al d&iacute;a. A estos hay que a&ntilde;adir los que fueron a estudiar o est&aacute;n trabajando sin contrato (que, por desgracia, es algo relativamente com&uacute;n, especialmente en los empleos m&aacute;s precarios).
    </p><p class="article-text">
        Reino Unido es tambi&eacute;n uno de nuestros mayores importadores: el 7,5% de todas las exportaciones espa&ntilde;olas en 2016; un 10% de las del sector agrario y ganadero, y hasta un 16% de las exportaciones de hortalizas fueron a parar all&iacute;. Adem&aacute;s, la salida de Reino Unido de la Pol&iacute;tica Agraria Com&uacute;n comportar&aacute; una reducci&oacute;n de alrededor de 7000 millones de euros para Espa&ntilde;a en el pr&oacute;ximo periodo. No es por lo tanto descabellado afirmar que el resultado de este proceso de negociaciones -que se siguen produciendo, todo un cl&aacute;sico en Bruselas, a puerta cerrada- afectar&aacute; decisivamente a la posici&oacute;n de Espa&ntilde;a en la UE, a la de la UE en el mundo, y tendr&aacute; repercusiones importantes sobre sectores claves de nuestro sistema productivo y sobre la vida de cientos de miles de compatriotas.
    </p><p class="article-text">
        Nos encontramos adem&aacute;s ahora en un momento clave del proceso, en que ambos equipos est&aacute;n intentando cerrar con dificultad la primera fase de negociaciones (centrada en el acuerdo financiero, la frontera con Irlanda y los derechos adquiridos de la ciudadan&iacute;a brit&aacute;nica en la UE y la comunitaria en Reino Unido) para poder pasar a negociar el tratado comercial. &iquest;Pero qu&eacute; pasar&aacute; si alguna de estas cuestiones -tan sensibles- no llega a buen puerto, o si como parecen asumir todas las partes implicadas, resulta imposible concluir un tratado comercial antes de que finalice el plazo establecido por el Art&iacute;culo 50?
    </p><p class="article-text">
        Nuestra principal preocupaci&oacute;n, en este magma de incertidumbres cruzadas, es que los derechos de la ciudadan&iacute;a queden secuestrados como rehenes de una negociaci&oacute;n a contrarreloj. Seg&uacute;n las cifras oficiales hay alrededor de tres millones de ciudadanos comunitarios viviendo en el Reino Unido, y un mill&oacute;n de brit&aacute;nicos viviendo en la UE, muchos de ellos en Espa&ntilde;a. Seg&uacute;n el registro consular espa&ntilde;ol, hay actualmente 115.000 espa&ntilde;oles residiendo en Reino Unido, aunque como las organizaciones de emigrados no dejan de denunciar, es muy posible que esta cifra no represente ni una tercera parte de la real.
    </p><p class="article-text">
        Tanto el gobierno brit&aacute;nico como la Uni&oacute;n Europea aseguran que su m&aacute;xima prioridad, por encima de cualquier otra, es garantizar los derechos de los ciudadanos, pero 9 meses despu&eacute;s de iniciar las negociaciones sigue sin haber un acuerdo claro en esta materia, y en la pr&aacute;ctica, ambas partes siguen utilizando a la ciudadan&iacute;a como fichas de negociaci&oacute;n. Mientras tanto, casi 5.000 comunitarios han sido deportados de Reino Unido s&oacute;lo en el &uacute;ltimo a&ntilde;o, la xenofobia y los cr&iacute;menes de odio siguen en aumento, y miles de personas y sus familias viven horas de angustia e incertidumbre sobre su futuro.
    </p><p class="article-text">
        Esa situaci&oacute;n no tiene visos de modificarse mientras el acuerdo sobre derechos de la ciudadan&iacute;a siga supeditado a que se alcance un acuerdo global. Si por cualquier otra cuesti&oacute;n -y en vista de los recientes desacuerdos, la lista de posibles razones es extensa- se rompieran las negociaciones en el curso de los pr&oacute;ximos meses, o incluso si alguno de los 28 pa&iacute;ses no aprobara el acuerdo final, miles de personas podr&iacute;an verse de un d&iacute;a para otro sin derecho a vivir y trabajar en sus lugares de residencia, donde han hecho sus vidas y donde pagan sus impuestos.
    </p><p class="article-text">
        Esta no es una cuesti&oacute;n menor. Aun si se supera el escollo de la frontera irlandesa, cuando se empiece a negociar ese acuerdo comercial, ser&aacute;n muchos y muy poderosos los intereses que se enfrenten para redefinir el estatus de las relaciones comerciales entre el Reino Unido y la Uni&oacute;n Europea: hay quien aboga abiertamente por adoptar modelos como el del CETA (tratados comerciales de nueva generaci&oacute;n que incluyen la creaci&oacute;n de sistemas normativos y jur&iacute;dicos propios, al margen del ordenamiento constitucional de los Estados) para superar el modelo de la uni&oacute;n aduanera y la libre circulaci&oacute;n de personas, pero es evidente que no va a haber tiempo suficiente -ni probablemente voluntad, o quiz&aacute; capacidad, dada la posici&oacute;n de debilidad actual del Gobierno brit&aacute;nico- para concluir un acuerdo de esas caracter&iacute;sticas en el plazo establecido.
    </p><p class="article-text">
        No es la &uacute;nica cuesti&oacute;n sensible: la renegociaci&oacute;n de la Pol&iacute;tica Agraria Com&uacute;n, por ejemplo, para adaptarse al agujero que dejar&aacute; el final de las contribuciones brit&aacute;nicas, tendr&aacute; implicaciones -y despertar&aacute; intereses- de primer orden en cada uno de los Estados Miembros. En cada una de estas cuestiones, existe el riesgo real de que los derechos de la ciudadan&iacute;a sean rehenes de una confrontaci&oacute;n de grandes intereses, de t&aacute;cticas dilatorias o amenazas de bloqueo en una negociaci&oacute;n comercial que no tiene nada que ver con las necesidades ni con la situaci&oacute;n vital de millones de personas que pueden verse atrapadas en un escenario de confrontaci&oacute;n pol&iacute;tica en el que no han tenido, por ahora, ni voz ni voto real.
    </p><p class="article-text">
        La visita del se&ntilde;or Rajoy a Downing Street ser&iacute;a una buena ocasi&oacute;n para plantear que el derecho al trabajo, a la residencia, a la movilidad, a que se vean reconocidos las prestaciones y los derechos adquiridos de nuestros compatriotas en el Reino Unido (y tambi&eacute;n de los brit&aacute;nicos que viven en nuestro pa&iacute;s) y se garanticen al margen e independientemente de todas las dem&aacute;s cuestiones, para asegurar que la gente no quede expuesta y desprotegida en ninguna circunstancia. Aprovechando la visita, el presidente del Gobierno podr&iacute;a hacer hueco en la agenda tambi&eacute;n para reunirse y hablar con nuestros compatriotas. Tal vez as&iacute; entendiera la gravedad de la situaci&oacute;n a la que se enfrentan y que es tambi&eacute;n su responsabilidad velar por sus derechos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Bustinduy, Sirio Canós]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/rajoy-londres-oportunidad-perdida_129_3020995.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 05 Dec 2017 20:25:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Rajoy en Londres o la oportunidad perdida]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Política después de Trump]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/politica-despues-trump_129_3738512.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Dijo Joan Fuster que si tú no haces política otros la harán por ti. En el paisaje de la debacle americana, queda una certeza que riza el vello: si fracasamos en la construcción de una democracia diferente tengamos por seguro que 2016 no será un mero espejismo en el devenir histórico del siglo XXI</p></div><p class="article-text">
        A estas alturas se habr&aacute; escrito ya mucho sobre Donald Trump. Se habr&aacute; puesto todo tipo de calificativos a su misoginia, el racismo y la homofobia patentes en su discurso, la psicolog&iacute;a pre-autoritaria sobre la que ha construido toda su figura y su inveros&iacute;mil proyecto pol&iacute;tico. Y sin embargo todo ese volumen de palabras apenas llega a apaciguar la inquietud latente, a silenciar todas las horas previas dedicadas a dar por sentado que no, Trump no puede ganar, Trump nunca ser&aacute; presidente. Desde luego no dedicamos el mismo n&uacute;mero de p&aacute;ginas ni de horas de radio o televisi&oacute;n a&nbsp;prever, a&nbsp;prepararnos, a&nbsp;pensar&nbsp;la causa y la soluci&oacute;n, la posibilidad de una alternativa. &iquest;La alternativa fue posible? Casi desde el principio nosotros dijimos que s&iacute;: la&nbsp;alternativa se llam&oacute; Bernie Sanders, se llam&oacute; 15$/hour, se llam&oacute; Glass Steagal contra Goldman Sachs, no al TPP y al fracking, se llam&oacute; acceso garantizado a la universidad p&uacute;blica, se llam&oacute; Black Lives Matter . La alternativa existi&oacute; y estuvo cerca, muy cerca de forjarse en realidad.
    </p><p class="article-text">
        Consumado el fracaso, consumada la derrota, conviene huir de relatos simplistas pero tambi&eacute;n de esa superioridad moral que equivale a la que suelen tener con nosotros nuestros allegados cuanto tomamos una mala decisi&oacute;n, asumiendo que &ldquo;ya nos daremos cuenta y el tiempo nos pondr&aacute; en nuestro lugar&rdquo; como si el &ldquo;darse cuenta&rdquo; bastara para que una opci&oacute;n pol&iacute;tica emancipadora se impusiese por la propia fuerza de su fe. Tampoco sirven de mucho esas&nbsp;retah&iacute;las improvisadas que mezclan caracterizaciones sociales, sustratos econ&oacute;micos, estados, g&eacute;neros y minor&iacute;as, con las que cualquier coach reci&eacute;n llegado nos explica c&oacute;mo vota el pueblo de los Estados Unidos. Aceptar los resultados, sin m&aacute;s, como se apresur&oacute; a hacer nuestro Gobierno de la mano del flamante nuevo ministro de Exteriores y de nuestro presidente (de pu&ntilde;o y letra en su Twitter, MR), no obedece ni a la sensibilidad ni al supuesto hermanamiento con el pueblo estadounidense del que tanto hacen gala, porque esa es la condescendencia de las &eacute;lites que no saben explicarse lo que hemos hecho pero s&iacute; saben que en todo lo que toca a lo importante no ser&aacute; para tanto, que ya se les pasar&aacute; y no se tocar&aacute;n ni los dineros ni los tratados ni las bases.
    </p><p class="article-text">
        Ahora no toca lamentarse, ni temer lo que vendr&aacute;, ni por supuesto darlo por sentado. Toca hablar en todas partes, a todo el que siga sabiendo escuchar. Toca explicar que no, que no es verdad que en los Estados Unidos s&oacute;lo haya est&uacute;pidos, ignorantes y racistas, que no, que all&iacute; hay lo mismo que aqu&iacute;, lo mismo que hay en los suburbios de Par&iacute;s y en las filas de la CGT francesa, y lo mismo que hay en las ciudades industriales del Reino Unido, lo mismo que en Tesal&oacute;nica y Rotterdam y las afueras de Varsovia: una quiebra de las trayectorias de vida y los relatos compartidos, la p&eacute;rdida del horizonte, la esperanza y la expectativa, el ruido seco de una estructura ideol&oacute;gica que se rompe, la sensaci&oacute;n completa de abandono, la p&eacute;rdida de derechos que s&oacute;lo ayer parec&iacute;an fundamentales. Y enfrente, la imperturbabilidad insistente de las &eacute;lites y el establishment, un sistema colapsado y quebrado incapaz de canalizar afectos, inquietudes, negando anhelos de una generaci&oacute;n que los hab&iacute;a naturalizado como propios y sustanciales: derechos, libertad, progreso, justicia social, dignidad. Ese grito resuena hoy en todas partes como los a&ntilde;icos de un espejo roto.
    </p><p class="article-text">
        Dijo Joan Fuster, y lo hemos repetido tantas veces que ya casi parece una idea nueva, que si t&uacute; no haces pol&iacute;tica otros la har&aacute;n por ti. En el paisaje a&uacute;n humeante de la debacle americana, queda una certeza que fija la mirada y riza el vello: si nosotros no construimos la alternativa que canalice el clamor y los anhelos de quienes hoy alzan la voz contra este mundo injusto y desbocado, si fracasamos en la construcci&oacute;n de una democracia diferente, si no logramos hacer justicia en el mundo del dinero y la riqueza, tengamos por seguro que s&iacute;, que 2016 no ser&aacute; un mero espejismo en el devenir hist&oacute;rico del siglo XXI, que el futuro estar&aacute; lleno de dolores y lamentos, y que adem&aacute;s de a los culpables, no tendremos nadie m&aacute;s a quien culpar, sino a nosotros mismos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Bustinduy, Violeta Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/politica-despues-trump_129_3738512.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 11 Nov 2016 07:57:52 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Política después de Trump]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Donald Trump]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Europa como futuro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/europa-futuro_129_3929561.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Es el momento de recuperar un proyecto europeo democrático, fraterno, solidario y justo para todos. Nosotros nos vamos a dejar la piel en ese empeño</p></div><p class="article-text">
        Hoy es un d&iacute;a triste para los europe&iacute;stas. Hoy se consuma la crisis pol&iacute;tica del proyecto europeo y debemos hacer una reflexi&oacute;n profunda sobre qu&eacute; nos ha tra&iacute;do hasta aqu&iacute; y qu&eacute; tenemos que hacer para reconstruir ese proyecto ilusionante de paz, cooperaci&oacute;n y libertad que so&ntilde;aron nuestros abuelos y abuelas.
    </p><p class="article-text">
        Este a&ntilde;o hemos visto a Europa ser incapaz de responder ante la crisis de los refugiados, y hoy vemos c&oacute;mo los brit&aacute;nicos han decidido abandonar este proyecto com&uacute;n. Afectada por un enorme d&eacute;ficit democr&aacute;tico, aplicando ciegamente las pol&iacute;ticas de austeridad, dando la espalda a millones de ciudadanos condenados a la incertidumbre, la exclusi&oacute;n y la pobreza, levantando verjas mientras los refugiados se ahogan en nuestras costas.
    </p><p class="article-text">
        Estas pol&iacute;ticas han conseguido lo que parec&iacute;a imposible: que Europa hoy dude de su propio futuro. Una UE que no asegura los derechos sociales, que protege a los privilegiados mientras abandona a las mayor&iacute;as no es una UE fiable ni atractiva. Si Europa funcionara, si garantizara la paz, la democracia y los derechos sociales, si tuviera un proyecto de futuro, de bienestar y progreso, nadie se querr&iacute;a ir y el resultado del refer&eacute;ndum habr&iacute;a sido muy distinto. 
    </p><p class="article-text">
        Por eso creemos que Europa debe aprender la lecci&oacute;n y cambiar de rumbo. En este momento de crisis, debemos reafirmar nuestro compromiso con sus valores fundamentales: defender la democracia, los derechos sociales y la fraternidad entre los pueblos del continente. Y esto es lo que nosotros vamos a ir a defender en Bruselas.Adem&aacute;s, el nuevo Gobierno que salga de las urnas debe tener como prioridad proteger los derechos e intereses de los cientos de miles de espa&ntilde;oles/as que viven y trabajan en Reino Unido, y que se han visto obligados a abandonar nuestro pa&iacute;s por las pol&iacute;ticas austericidas que ha impuesto nuestro gobierno siguiendo el mandato de la UE. Es prioritario abrir conversaciones con el Gobierno brit&aacute;nico para garantizar que sus derechos b&aacute;sicos no se vean afectados por la nueva situaci&oacute;n y a ello nos vamos a dedicar desde todos los lugares donde estemos.
    </p><p class="article-text">
        Nosotros estuvimos en Manchester y Londres haciendo campa&ntilde;a en contra del Brexit. Ojal&aacute; otros partidos, que ahora intentan atizar el miedo y hacer un uso partidista de esta situaci&oacute;n para rascar un pu&ntilde;ado de votos hubieran hecho lo mismo. Es el momento de mirar por encima de los intereses a corto plazo de los partidos y hacer una reflexi&oacute;n profunda sobre qu&eacute; Europa queremos. Es el momento de recuperar un proyecto europeo democr&aacute;tico, fraterno, solidario y justo para todos. Nosotros nos vamos a dejar la piel en ese empe&ntilde;o.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Bustinduy]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/europa-futuro_129_3929561.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Jun 2016 12:39:47 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Europa como futuro]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Brexit,Reino Unido]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
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