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    <title><![CDATA[elDiario.es - Sofía Català Vidal]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/sofia_catala/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Sofía Català Vidal]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Los sudaneses a los que España rechazó en la tragedia de Melilla: "Deberían ayudarnos, pero nos pegan"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/sudaneses-espana-rechazo-tragedia-melilla-deberian-ayudarnos-pegan_1_10147237.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4509e017-12db-45a9-849a-3c3d50697989_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los sudaneses a los que España rechazó en la tragedia de Melilla: &quot;Deberían ayudarnos, pero nos pegan&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sudaneses que sobrevivieron a la tragedia de Melilla siguen malviviendo en Marruecos, mientras el conflicto en su país se recrudece</p><p class="subtitle">Los heridos del salto a la valla de Melilla que Marruecos alejó de la frontera</p></div><p class="article-text">
        Todav&iacute;a falta hora y media para que amanezca. El autob&uacute;s se para antes de llegar a una peque&ntilde;a poblaci&oacute;n a m&aacute;s de un centenar de kil&oacute;metros de Nador, ciudad fronteriza con Melilla, al noreste de Marruecos. Sin encender las luces, el conductor se acerca hacia las escaleras de la parte trasera y se dirige a unos chicos negros sentados en la &uacute;ltima fila: &ldquo;Es aqu&iacute;, tienen que bajar ahora&rdquo;, les advierte. Los chicos pasan uno por uno frente al ch&oacute;fer, le pagan y salen del autocar. En el exterior se distingue alguna luz en medio de una llanura &aacute;rida infinita. Los j&oacute;venes se quedan ah&iacute; para evitar ser detenidos en un control policial si contin&uacute;an el viaje.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los controles de documentaci&oacute;n por perfil racial son uno de tantos dispositivos que Marruecos ha puesto en marcha para evitar que migrantes y solicitantes de asilo lleguen a las fronteras espa&ntilde;olas. A la entrada de Nador el bus se vuelve a detener. Un gendarme sube de forma precipitada y revisa con una linterna los asientos. Va r&aacute;pido, solo se fija en el rostro de los pasajeros. De mitad para atr&aacute;s el bus est&aacute; vac&iacute;o; avanza directamente hasta el final. No hay nadie. Todo en orden: &ldquo;Allah y'awnek, sidi&rdquo; ('Que Dios le bendiga, se&ntilde;or'), el agente se despide del conductor y el autocar retoma la marcha.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/desalambre/ong-nador-denuncian-marruecos-pretende-enterrar-migrantes-fallecidos-autopsia-investigacion_1_9120142.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Nador se ha convertido en un lugar hostil para quienes se ven obligados a llegar a Europa a nado o saltando la valla de Melilla</a>, como los decenas de solicitantes de asilo procedentes de Sud&aacute;n, donde los enfrentamientos entre <a href="https://www.eldiario.es/internacional/paramilitares-dicen-controlar-palacio-presidencial-lider-sudan_1_10122406.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el Ej&eacute;rcito nacional y la principal fuerza paramilitar del pa&iacute;s</a> han dejado 413 muertos y 3.551 heridos, seg&uacute;n el recuento difundido por la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud (OMS).  
    </p><p class="article-text">
        Tras <a href="https://www.eldiario.es/desalambre/video-migrantes-heridos-agotados-tirados-lado-marroqui-frontera-salto-valla-melilla_1_9118349.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la tragedia de Melilla</a>, las autoridades marroqu&iacute;es han reforzado los controles en la zona, despu&eacute;s del aumento de la vigilancia fronteriza ligada al giro de posici&oacute;n de Espa&ntilde;a con respecto al S&aacute;hara Occidental. Los migrantes que consiguen llegar a Nador, tratan de sobrevivir en los bosques que rodean la ciudad, donde, cada cierto tiempo la polic&iacute;a lleva a cabo redadas. Seg&uacute;n la Asociaci&oacute;n Marroqu&iacute; de Derechos Humanos de Nador (AMDH), hace unas semanas hubo una &ldquo;batida violenta&rdquo; en el monte Gurug&uacute; en la que arrestaron a 80 migrantes, cinco fueron heridos.
    </p><p class="article-text">
        Cuando la polic&iacute;a los atrapa, acaban en centros de detenci&oacute;n o son trasladados de forma forzada lejos de la frontera. O las dos cosas. Esa es la vida que le ha tocado vivir a Ali desde que sobrevivi&oacute; a la tragedia de Melilla. La noche que precedi&oacute; a ese fat&iacute;dico d&iacute;a fue la &uacute;ltima que pas&oacute; en esos bosques de Nador. Y ah&iacute; empez&oacute; todo. &ldquo;La polic&iacute;a asedi&oacute; el bosque. Nos atacaron con gases lacrim&oacute;genos y una bomba de agua. Nos tiraban piedras, nosotros las recog&iacute;amos y se las tir&aacute;bamos a ellos. Hasta que nos dijeron: Rendiros o volveremos con todo a por vosotros. A primera hora de la ma&ntilde;ana fuimos todos hacia Melilla&rdquo;, explica el joven de 18 a&ntilde;os, solicitante de asilo sudan&eacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        Ali cuenta que el 24 de junio consigui&oacute; llegar a Espa&ntilde;a. &ldquo;Entr&eacute; a Melilla, pero los polic&iacute;as espa&ntilde;oles me agarraron y me pegaron. Yo no pude m&aacute;s. Me entregaron a los marroqu&iacute;es y ellos me sacaron a la otra parte&rdquo;.  
    </p><p class="article-text">
        Antes de que se acabara el d&iacute;a, Ali fue trasladado de forma forzada a m&aacute;s de 700 kil&oacute;metros al sur de Nador. Jam&aacute;s logr&oacute; volver a llegar a la frontera sin ser arrestado y trasladado a la fuerza bien lejos de esta. Hoy cuenta su historia desde Casablanca. Acaba de volver de otra ciudad, situada a m&aacute;s de 200 kil&oacute;metros al sureste del pa&iacute;s, donde le abandonaron despu&eacute;s del &uacute;ltimo traslado forzado. &ldquo;Me encerraron dos noches y me alejaron [de la frontera], pero esta vez no me pegaron ni me robaron el m&oacute;vil. Ahora estoy aqu&iacute; y en unos d&iacute;as me ir&eacute; otra vez&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Casablanca es el eterno punto de partida y de retorno. Esta incansable ciudad de m&aacute;s de cuatro millones de habitantes es un lugar de paso que, para muchas personas, se ha convertido en un destierro donde los d&iacute;as y la espera se eternizan. All&iacute; tratan de recuperarse en comunidad y retomar fuerzas antes y despu&eacute;s de cada intento frustrado de llegar a la frontera y cada traslado forzado de la polic&iacute;a. Es el lugar donde se cruzan los caminos de centenares de solicitantes de asilo que, como Ali, se encuentran bloqueados en su viaje hacia Europa.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Represi&oacute;n e indiferencia institucional</h3><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Escuela abandonada que sirve de refugio para las personas demandantes de asilo.                            </span>
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        Una antigua escuela abandonada de la ciudad sirve ahora de refugio para decenas de demandantes de asilo sudaneses. Cartones, mantas y colchones hechos polvo cubren el suelo de las aulas. No hay ventanas ni puertas y un antiguo patio de colegio ahora est&aacute; cubierto de maleza y basura. Tampoco hay luz, ni agua. Donde estaban los inodoros hay agujeros abiertos a la alcantarilla y las duchas son un vertedero de residuos de todo tipo. El hedor es insoportable. Los muros de este sitio delimitan un incierto espacio de seguridad en el que sobreviven en comunidad gracias a lo que consiguen de la calle y la ayuda de los vecinos.
    </p><p class="article-text">
        Osman es poco mayor que Ali y tambi&eacute;n ha huido de Sud&aacute;n, concretamente de la regi&oacute;n en guerra de Darfur, en la frontera con Chad. Sus caminos se cruzaron poco antes de la tragedia de Melilla y desde que sobrevivieron a la masacre han compartido parte del camino y diversos intentos frustrados de entrada a Ceuta. Hoy se vuelven a reencontrar en esta escuela abandonada. Ali est&aacute; pensando ya en partir de nuevo; Osman explica que le duele el cuerpo por los golpes que le dio la polic&iacute;a en los tobillos la &uacute;ltima vez que le devolvieron a Casablanca, pero siente que no puede esperar m&aacute;s. En unos d&iacute;as se ir&aacute; con su amigo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Es imprescindible pasar mi pr&oacute;xima noche en Espa&ntilde;a&rdquo;, dice Osman sentado sobre el cart&oacute;n que tambi&eacute;n usa para dormir en una de las aulas. &ldquo;No tenemos trabajo ni nada para sobrevivir. No podemos quedarnos. Y si nos atrapan yendo a la frontera, nos trasladan a otra m&aacute;s lejana, la de Mauritania o Argelia&rdquo;, explica. Recuerda con rabia el sufrimiento vivido como consecuencia de estos traslados forzados: &ldquo;Agonizas gateando, despu&eacute;s de que te atrapen y te peguen. A veces hasta te roban la ropa y los zapatos, haga fr&iacute;o o nieve. He pasado tres d&iacute;as sin comer ni beber, sin techo, con la lluvia cayendo sobre mi cabeza&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Somos refugiados&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Hoy se siente &ldquo;desorientado&rdquo; y &ldquo;agotado&rdquo; por el bloqueo. Tiene clara la soluci&oacute;n, defiende: &ldquo;Yo tengo derecho a vivir. Soy refugiado y tengo derecho al asilo. La Uni&oacute;n Europea puede abrirnos la frontera o gestionar nuestro asilo a trav&eacute;s de las organizaciones que hay aqu&iacute;. Nos conocen, estamos registrados, pero nos dan el papel del registro y nos dejan en la calle&rdquo;, expone Osman. &ldquo;Somos refugiados, si nos encuentran en las fronteras deben ayudarnos, pero en lugar de ayudarnos y abrir las fronteras nos pegan, nos odian, nos menosprecian y nos violentan, no nos quieren&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><p class="article-text">
        En el patio al que dan las aulas, uno de los chicos ense&ntilde;a el papel del registro al que se refiere Osman. Es el resguardo de la solicitud que ha presentado en la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), para ser reconocido como demandante de asilo. El chico se llama Ahmed, tiene 15 a&ntilde;os y viene de Chad. Hace tres d&iacute;as que ha llegado a la escuela. &ldquo;Ayer fui a la oficina de ACNUR, me dieron el papel, aunque me dijeron que no me pod&iacute;an dar comida, ni dinero, ni lugar para dormir. Fui yo quien me busqu&eacute; este sitio&rdquo;, cuenta.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Te dan un papel que tienes que renovar cada siete u ocho meses y despu&eacute;s tienes que volver. Si no lo tienes, la polic&iacute;a no te deja en paz y te puede deportar a la frontera con Argelia&rdquo;. Cuenta que ha pasado varios d&iacute;as dif&iacute;ciles en las afueras de Casablanca buscando trabajo para sobrevivir, sin suerte. &ldquo;Yo vine aqu&iacute; porque mi pa&iacute;s est&aacute; en guerra. No he dicho que quiera llegar a Europa, me quedar&iacute;a en Marruecos si pudiera estar bien y estudiar&rdquo;, asegura Ahmed.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El Estado marroqu&iacute; no tramita las peticiones de asilo de estos j&oacute;venes; ni les ofrece refugio ni asistencia temporal. A diferencia de lo que ocurre en Espa&ntilde;a, ACNUR se encarga de registrarle. Desde esta organizaci&oacute;n explican que se ha doblado el n&uacute;mero de demandantes de asilo y refugiados desde 2020, calculan que actualmente hay unos 20.000 en Marruecos, y dicen no disponer de recursos suficientes ni medios para agilizar los tr&aacute;mites de asilo. En la pr&aacute;ctica, las embajadas europeas tampoco ofrecen v&iacute;as eficaces para poder pedir el protecci&oacute;n internacional desde Rabat.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Marruecos no es un pa&iacute;s seguro&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Al laberinto sin salida para conseguir el asilo y a la represi&oacute;n policial, se a&ntilde;aden los ataques racistas que sufren en las calles de Casablanca y otros puntos del pa&iacute;s. Las &uacute;ltimas agresiones han colmado la paciencia de muchos. Hace unas semanas, m&aacute;s de un centenar de j&oacute;venes sudaneses y chadianos varados en esta ciudad decidieron salir a manifestarse contra la violencia y contra la represi&oacute;n que sufren, al grito de &ldquo;Marruecos no es un pa&iacute;s seguro&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Denuncian que varios de sus compa&ntilde;eros fueron brutalmente agredidos despu&eacute;s de que un grupo de personas les insultaran y les robaran el m&oacute;vil. Aseguran que en estos casos la polic&iacute;a no les ofrece ayuda ni persigue a los agresores.&nbsp;&nbsp;
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                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;No hay seguridad para nosotros en Marruecos&rdquo;, afirma uno de los j&oacute;venes, que ejerce de portavoz rodeado de decenas de compa&ntilde;eros. &ldquo;Si vamos a la polic&iacute;a nos dicen que les ense&ntilde;emos los papeles de residencia y, como no los tenemos, no nos ayudan. Nos consideran criminales. Y nosotros no somos criminales, venimos de la guerra. Necesitamos que nos trasladen a un Estado seguro urgentemente&rdquo;, explica. En las pancartas que han escrito a mano sobre cartones se repiten los mensajes: &ldquo;No al racismo, no a la represi&oacute;n, no a la violencia, no a la discriminaci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Este chico sudan&eacute;s explica que &eacute;l y sus compa&ntilde;eros tambi&eacute;n protestan contra la violencia policial y para exigir respuestas sobre la desaparici&oacute;n de muchos de sus compa&ntilde;eros, as&iacute; como la liberaci&oacute;n de los compa&ntilde;eros encarcelados tras la tragedia de Melilla: &ldquo;Tenemos hermanos en la c&aacute;rcel y hermanos que no sabemos si est&aacute;n presos o muertos. Exigimos saber d&oacute;nde est&aacute;n los desaparecidos y pedimos la liberaci&oacute;n de los sudaneses que est&aacute;n en prisi&oacute;n. Ning&uacute;n ciudadano merece estar en la c&aacute;rcel por ser migrante&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Presos, muertos y desaparecidos</h3><p class="article-text">
        Alrededor de 300 sudaneses y chadianos se encuentran encarcelados en la prisi&oacute;n de Nador, seg&uacute;n la Asociaci&oacute;n Marroqu&iacute; de Derechos Humanos (AMDH). Muchos de ellos est&aacute;n incomunicados dentro de la prisi&oacute;n, ya que no tienen dinero para hacer llamadas, denuncian varios defensores de derechos humanos sobre el terreno. A la mayor&iacute;a los detuvieron despu&eacute;s del intento de entrada a Melilla del pasado mes de junio. A las pocas semanas de la tragedia, los declararon culpables por los delitos de entrada ilegal en Marruecos, facilitar la inmigraci&oacute;n clandestina y ultraje a las autoridades, entre otros cargos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El 24 de junio de 2022 marc&oacute; un antes y un despu&eacute;s en la estrategia de las autoridades marroqu&iacute;es para impedir que los solicitantes de asilo lleguen a territorio espa&ntilde;ol. Es la primera vez que se juzga a tantas personas migrantes, relata un alto funcionario de la justicia de Nador. Algunas de estas personas aceptar&iacute;an optar a la extradici&oacute;n, pero tras varios contactos entre gobiernos, todav&iacute;a no se ha abierto esta posibilidad, aseguran las mismas fuentes.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Acoso judicial&rdquo;</h3><p class="article-text">
        &ldquo;El hostigamiento judicial es la continuaci&oacute;n de la represi&oacute;n que sufren las personas migrantes y refugiadas desde la terrible tragedia del 24 de junio&rdquo;, denuncian en una nota conjunta diversos colectivos de defensa de derechos, entre ellos la Asociaci&oacute;n Marroqu&iacute; de Derechos Humanos (AMDH), principal organizaci&oacute;n independiente que vela por el respeto de los derechos de migrantes y refugiados en Marruecos. &ldquo;Existe un acoso judicial que afecta especialmente a los sudaneses&rdquo;, dice Omar Naji, presidente de la secci&oacute;n de la AMDH en Nador.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Gracias al trabajo conjunto que realiza con las comunidades migrantes y sus familias, la AMDH de Nador tiene registros con nombres y apellidos de las v&iacute;ctimas de la frontera. Seg&uacute;n la informaci&oacute;n que han podido recopilar, el d&iacute;a de la masacre hubo 40 v&iacute;ctimas mortales, aunque las autoridades de ambos lados de la valla solo reconocen 23 muertos. Adem&aacute;s, denuncian que desde ese d&iacute;a han desaparecido m&aacute;s de 80 personas. A d&iacute;a de hoy, solamente una de las v&iacute;ctimas ha podido ser identificada por los suyos y enterrada en Nador. &ldquo;La mayor&iacute;a de familias est&aacute;n en Sud&aacute;n y no pueden venir a Marruecos porque no tienen medios econ&oacute;micos ni visados. Los gobiernos no est&aacute;n facilitando nada&rdquo;, explica Omar Naji.
    </p><h3 class="article-text">Reconciliaci&oacute;n diplom&aacute;tica </h3><p class="article-text">
        El miembro de la ONG explica que la represi&oacute;n contra los solicitantes de asilo en Marruecos ha incrementado desde <a href="https://www.eldiario.es/internacional/ano-giro-sanchez-sahara-ostentacion-marruecos-tragedia-impune-melilla_1_10037814.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la reconciliaci&oacute;n entra Marruecos y Espa&ntilde;a</a>. Para Naji, la nueva cooperaci&oacute;n en la frontera es &ldquo;m&aacute;s peligrosa que nunca&rdquo; para la vida de las personas migrantes. Explica que en marzo de 2022, en plena crisis diplom&aacute;tica, centenares de sudaneses pudieron llegar a Melilla sin ser reprimidos por las autoridades marroqu&iacute;es. &ldquo;Tres meses despu&eacute;s, resuelta la crisis, fueron masacrados&rdquo;, concluye.
    </p><p class="article-text">
        Precisamente, el refuerzo del control migratorio fue uno de los pilares de la nueva etapa diplom&aacute;tica abierta entre Espa&ntilde;a y Marruecos despu&eacute;s del apoyo de Moncloa al plan de autonom&iacute;a marroqu&iacute; para el S&aacute;hara Occidental. A finales de 2022, el n&uacute;mero de personas que lograron llegar a territorio espa&ntilde;ol cay&oacute; un 20%. En lo que va de a&ntilde;o, las entradas han descendido un 50% respecto al a&ntilde;o anterior. Desde 2018, Espa&ntilde;a ha pagado m&aacute;s de 120 millones de euros a Marruecos para intensificar el control y frenar la llegada de migrantes. Adem&aacute;s, la Uni&oacute;n Europea prev&eacute; inyectar m&aacute;s de 500 millones de euros al pa&iacute;s magreb&iacute; hasta el a&ntilde;o 2027 en el marco de la externalizaci&oacute;n del control migratorio, lo que supondr&aacute; alrededor de un 50% m&aacute;s del periodo precedente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras, los solicitantes de asilo bloqueados en Marruecos sienten que el pa&iacute;s se ha convertido en una especie de c&aacute;rcel a cielo abierto de la que salir es cada vez m&aacute;s dif&iacute;cil y peligroso. Seg&uacute;n el monitoreo del colectivo Caminando Fronteras, 11.522 personas han muerto y desaparecido en las rutas de acceso a Espa&ntilde;a desde 2018. &ldquo;Como extranjeros, no tenemos lugar en Marruecos. Estamos como encarcelados, como si fu&eacute;ramos criminales. Y somos refugiados, tenemos derecho a vivir en un pa&iacute;s seguro&rdquo;, concluye Osman poco antes de dejar Casablanca para, de nuevo, intentar llegar a la frontera que le separa de sus derechos. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sofía Català Vidal, Marc Ferrà]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/sudaneses-espana-rechazo-tragedia-melilla-deberian-ayudarnos-pegan_1_10147237.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 25 Apr 2023 20:12:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los sudaneses a los que España rechazó en la tragedia de Melilla: "Deberían ayudarnos, pero nos pegan"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Migrantes,Solicitantes de asilo,Marruecos,Melilla]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una ONG marroquí denuncia la muerte de un yemení en su intento de llegar a Melilla y señala a la Guardia Civil]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/ong-marroqui-denuncia-muerte-yemeni-llegar-melilla-senala-guardia-civil_1_8536462.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/568380df-51a5-4700-9be7-6feff0bee69c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una ONG marroquí denuncia la muerte de un yemení en su intento de llegar a Melilla y señala a la Guardia Civil"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La Asociación Marroquí de Derechos Humanos asegura que dos yemeníes fueron "agredidos" por varios agentes y obligados a dar la vuelta a Marruecos a nado y que uno de ellos murió. Interior lo niega y dice que esa noche no hubo ningún intento de entrada por ese punto de la ciudad.</p><p class="subtitle">Ameen Jubran, el yemení que huyó de su casa y acabó construyendo el hogar de miles de desplazados de guerra</p></div><p class="article-text">
        La Asociaci&oacute;n Marroqu&iacute; de Derechos Humanos (AMDH) ha denunciado la desaparici&oacute;n de un solicitante de asilo yemen&iacute; de 26 a&ntilde;os en las aguas pr&oacute;ximas a Melilla tras intentar entrar a nado en la ciudad aut&oacute;noma durante la noche del pasado 20 de noviembre. Seg&uacute;n asegura la organizaci&oacute;n, el joven muri&oacute; ahogado mientras trataba de regresar a Marruecos, tras sufrir &ldquo;agresiones&rdquo; y &ldquo;maltrato&rdquo; por parte de varios agentes de la Guardia Civil que frenaron su paso a la ciudad aut&oacute;noma. El Ministerio del Interior lo niega. 
    </p><p class="article-text">
        Apoy&aacute;ndose en el testimonio y el informe m&eacute;dico de la &uacute;nica persona que lo acompa&ntilde;aba, la asociaci&oacute;n marroqu&iacute; exige la apertura de una investigaci&oacute;n y la b&uacute;squeda del cuerpo desaparecido. La denuncia se basa en el relato de los hechos de Ibrahim Mohamed, amigo del desaparecido que dice haber visto morir al yemen&iacute; Mutassim Karim, despu&eacute;s de que ambos fueran &ldquo;golpeados&rdquo; por parte de la <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/guardia-civil-gala-lucha-violencia-machista_1_8515084.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Guardia Civil</a> y &ldquo;arrojados&rdquo; de nuevo al agua para volver a nado al punto de partida, la ciudad marroqu&iacute; de Nador. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Vimos la lancha con la guardia espa&ntilde;ola a bordo y pensamos que pasar&iacute;a lo que pasa siempre, que nos devolver&iacute;an a Marruecos. A veces nos golpean, pero a la ligera. Esta vez se detuvieron junto a nosotros, nos agarraron y nos golpearon como si estuvieran en un ring de boxeo. Mi amigo no pudo soportarlo y cay&oacute; desplomado en la lancha&rdquo;, cuenta el yemen&iacute; a elDiario.es. &ldquo;Nos lo quitaron a la fuerza todo, los salvavidas e incluso la ropa de mi amigo. Luego nos llevaron a unos 50 metros del puerto deportivo de Beni Ensar y nos arrojaron al mar. En ese momento mi amigo estaba inconsciente y el oleaje era fuerte. Yo estaba agotado, en estado cr&iacute;tico. Intent&eacute; tirar de &eacute;l, pero fue en vano&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Interior lo niega</h3><p class="article-text">
        El Ministerio del Interior y la Delegaci&oacute;n del Gobierno en Ceuta niegan que haya tenido lugar el intento de entrada descrito y aseguran que las acusaciones vertidas contra la Guardia Civil son &ldquo;falsas&rdquo;. Un portavoz de la cartera dirigida por Fernando Grande-Marlaska sostiene que &ldquo;no se produjo ese intento de entrada&rdquo;. &ldquo;En las m&aacute;s de 800 entradas a nado en Melilla en lo que va de a&ntilde;o jam&aacute;s la Guardia Civil ha provocado el ahogamiento de un inmigrante ni ha hecho uso de sus armas de fuego al intervenir&rdquo;, afirma la misma fuente oficial. Desde la oficina de prensa de la Guardia Civil de Melilla aseguran no tener &ldquo;ning&uacute;n tipo de conocimiento&rdquo; de lo supuestamente ocurrido. 
    </p><p class="article-text">
        Desde Nador, Ibrahim Mohamed cree que tendr&aacute; que vivir toda la vida con la imagen de su amigo Mutassim Karim hundi&eacute;ndose ante sus ojos sin poder hacer nada para ayudarle. Se conocieron en N&iacute;ger poco despu&eacute;s de haber emprendido el viaje que les llevar&iacute;a hasta Marruecos, donde cuenta que llegaron cuatro meses antes del 20 de noviembre. Ambos hu&iacute;an de la guerra de Yemen, su pa&iacute;s. &ldquo;Un amigo de viaje siempre ocupa el lugar de un hermano&rdquo;, dice conmovido. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ellos lo mataron. Es por su culpa que est&aacute; muerto&rdquo;, repite Ibrahim. Seg&uacute;n su relato, a las seis y media de la tarde del 20 de noviembre, Ibrahim, Mutassim y otro joven llamado Azzedine, lograron acceder a la playa de Boukana, en Beni Ensar, un lugar repleto de guardias que impiden la circulaci&oacute;n a las personas migrantes para que no se acerquen a la frontera espa&ntilde;ola. Cuenta que una hora m&aacute;s tarde pudieron meterse en el agua con lo puesto, el salvavidas que llevaban debajo de la ropa y poco m&aacute;s. Dice que al instante apareci&oacute; una patrulla naval marroqu&iacute; y agarraron a Azzedine, pero Ibrahim y Mutassim pudieron continuar. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Pasamos una hora y media en la oscuridad y el fr&iacute;o luchando contra las olas para llegar al final del puerto deportivo. Esperamos un rato y despu&eacute;s de eso miramos desde lejos y no vimos ning&uacute;n bote, ni guardias. Nadamos durante media hora y recorrimos casi 700 metros mientras habl&aacute;bamos y re&iacute;amos como si camin&aacute;ramos entre verdes campos con flores a nuestro alrededor, olvid&aacute;ndonos de las olas y la oscuridad y todos los peligros&rdquo;, recuerda Ibrahim. &ldquo;Ten&iacute;amos un objetivo: llegar a Europa y vivir en paz&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Parte m&eacute;dico</h3><p class="article-text">
        Explica que casi hab&iacute;an llegado al puerto de Melilla cuando vieron acercarse a los agentes y les pidieron asilo: &ldquo;Les dijimos que somos demandantes de asilo y empezaron a pegarnos&rdquo;. Dice que no le dio tiempo a ver si eran tres o cuatro agentes ni a decir nada m&aacute;s. &ldquo;Cuando me subieron a la lancha empezaron directamente a pegarme pu&ntilde;etazos en el ojo y casi no pude recomponerme ni ver bien&rdquo;. Ibrahim Mohamed muestra un informe m&eacute;dico del Hospital Provincial de Nador. El yemen&iacute; presentaba contusiones en el cr&aacute;neo, nariz, cara, torax y extremidades, dolores cervicales, hematomas, heridas superficiales generales y shock emocional, seg&uacute;n el documento, datado el 22 de noviembre.
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                Parte médico del Hospital Provincial de Nador                            </span>
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        Cuenta que no es la primera vez que le ocurre algo similar: &ldquo;Hace dos meses llegu&eacute; a las Islas Chafarinas y estuve all&iacute; unas dos horas, ped&iacute; asilo y me trajeron de vuelta a Marruecos. Y una vez m&aacute;s despu&eacute;s de eso, trat&eacute; de nadar hasta Melilla y tambi&eacute;n nos atraparon y nos golpearon, pero no nos quitaron el chaleco salvavidas. La &uacute;ltima vez, con Mutassim, nos golpearon como criminales, nos trataron como terroristas&rdquo;. 
    </p><h3 class="article-text">La llegada a Marruecos</h3><p class="article-text">
        A pesar de todo, Ibrahim logr&oacute; llegar a tierra. Recuerda que escal&oacute; las rocas, empez&oacute; a correr descalzo y a gritar pidiendo ayuda. Un polic&iacute;a le recogi&oacute; y le llev&oacute; a comisar&iacute;a, donde le hicieron preguntas y le tomaron declaraci&oacute;n. Cuenta que le trataron bien, que le dieron ropa y comida y le llevaron a casa. 
    </p><p class="article-text">
        Ibrahim fue el encargado de avisar de lo sucedido a la familia de Mutassim Karim. &ldquo;Es muy doloroso. Est&aacute;n muy conmovidos, no se lo pueden creer&rdquo;, dice Ibrahim. &ldquo;Yo estoy roto. Si no fuera por la guerra que hay en mi pa&iacute;s no seguir&iacute;a en este camino&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        A&uacute;n as&iacute;, se siente con fuerza y quiere &ldquo;buscar justicia&rdquo;: &ldquo;Si supieran qui&eacute;n era Mutassim y hubieran conocido su amabilidad, espontaneidad y perseverancia, quiz&aacute;s no habr&iacute;an cometido su atroz acto. Si hubieran sufrido como sufri&oacute; Mutassim y sufrimos los migrantes, si hubieran saboreado la amargura de la vida&hellip; Digo a los espa&ntilde;oles, al Gobierno y al pueblo, que se pongan en nuestro lugar y consideren nuestro caso, que se abra una investigaci&oacute;n imparcial sobre lo sucedido y juzguen a los perpetradores&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La Asociaci&oacute;n Marroqu&iacute; de Derechos Humanos (AMDH) de la zona de Nador lanz&oacute; la alerta de la desaparici&oacute;n del cuerpo de Mutassim Karim tras conocer el testimonio de Ibrahim Mohamed y el informe m&eacute;dico. &ldquo;No tienen derecho a hacer eso, no tienen derecho a devolverles cuando ya estaban en Espa&ntilde;a. Adem&aacute;s, son demandantes de asilo. Y tampoco tienen derecho a maltratarles ni quitarles los salvavidas&rdquo;, explica a elDiario.es Omar Naji, militante de la AMDH. &ldquo;Esperamos que las autoridades de Melilla pongan en marcha una investigaci&oacute;n sobre lo ocurrido&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, el cuerpo sin vida de Mutassim Karim a&uacute;n no ha aparecido. &ldquo;El mar a&uacute;n no lo ha devuelto. Sabemos que est&aacute; muerto porque Ibrahim sobrevivi&oacute; y pudo contarlo. La Marina Real estuvo buscando el cuerpo, pero nada&rdquo;, dice Omar. 
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el monitoreo del colectivo Caminando Fronteras, en el primer semestre de 2021 murieron en las fronteras espa&ntilde;olas m&aacute;s de 2.000 personas, casi el mismo n&uacute;mero de personas fallecidas en 2020 de las que se tiene constancia. El Gobierno espa&ntilde;ol no tiene ning&uacute;n servicio de atenci&oacute;n a las familias de las personas muertas y desaparecidas en sus fronteras que facilite su acceso a los sistemas de justicia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sofía Català Vidal]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/ong-marroqui-denuncia-muerte-yemeni-llegar-melilla-senala-guardia-civil_1_8536462.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 30 Nov 2021 10:26:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una ONG marroquí denuncia la muerte de un yemení en su intento de llegar a Melilla y señala a la Guardia Civil]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Yemen,Marruecos,Melilla,Inmigración,Refugiados,Muertes fronterizas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Dos kilómetros de Egeo: la distancia que nadó Nadym para buscar refugio en Europa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/kilometros-egeo-distancia-nadym-europa_1_3884044.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2c4e85b0-8567-4f6a-b82f-74961ef10ea9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Dos kilómetros de Egeo: la distancia que nadó Nadym para buscar refugio en Europa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un ingeniero civil sirio decidió que sería más seguro cruzar el Egeo en busca de asilo nadando que viajar en una lancha: recorrió 2,1 kilómetros desde Turquía a Grecia</p><p class="subtitle">"No tenía que pagar miles de euros para alquilar un trozo de bote que estaba hecho máximo para 20 personas y sería usado para 50", explica Nadym</p><p class="subtitle">El joven pidió asilo en Alemania y sabe que tuvo suerte de llegar en octubre de 2015: "La atmósfera en Europa seguía bien para acoger más refugiados"</p></div><p class="article-text">
        Nadym se pasa de mano en mano un peluche de Nemo id&eacute;ntico al que ten&iacute;a en su ciudad natal, Latakia, al sur de Siria. Su viaje hacia Alemania, empez&oacute; cuando decidi&oacute; que la guerra de Siria ya no le concern&iacute;a. Desde un primer momento supo que quer&iacute;a llegar a Alemania y que para ello tendr&iacute;a que ingeni&aacute;rselas. La v&iacute;a m&aacute;s segura que encontr&oacute; para llegar a territorio europeo fueron los 2,1 kil&oacute;metros de mar Egeo que separan la provincia turca de Anatolya de la isla griega de Kastellorizo. Los cruz&oacute; nadando.
    </p><p class="article-text">
        Lo m&aacute;s f&aacute;cil fue llegar a Mersin, ciudad del sur de Turqu&iacute;a. Nadym explica, hoy como refugiado en Berl&iacute;n, que lo hizo de forma legal, en avi&oacute;n. Desde all&iacute; subi&oacute; a Estambul, donde resid&iacute;a su primo y centr&oacute; sus esfuerzos en aprender turco y encontrar un trabajo. Acab&oacute; alquilando y vendiendo pisos en una inmobiliaria, aunque en Siria hab&iacute;a estudiado ingenier&iacute;a civil y algunos cursos de arquitectura. &ldquo;Recib&iacute;a un salario mensual de 300 d&oacute;lares, 100 eran para la cama, porque es tan caro que no me llegaba para una habitaci&oacute;n, 120 para el transporte y el resto para comer&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de seis meses decidi&oacute; probar suerte y cruzar a pie la frontera entre Turqu&iacute;a y Grecia a trav&eacute;s de la ciudad de Edirne. A escondidas, porque <a href="http://www.eldiario.es/desalambre/refugiados-ilegal-medidas-UE-aplica_0_424858330.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los refugiados no tienen manera de cruzar de manera regular</a>. &ldquo;Si cruzaba esta frontera solamente ten&iacute;a que caminar, no ten&iacute;a que arriesgar mi vida en el mar o pagar miles de euros para alquilar un trozo de bote que estaba hecho m&aacute;ximo para 20 personas y ser&iacute;a usado para 50&rdquo;. Por si el plan no sal&iacute;a bien y ten&iacute;a que volver a Estambul, pidi&oacute; un fin de semana libre en el trabajo. Si lo lograba, llamar&iacute;a desde Grecia para renunciar.
    </p><p class="article-text">
        La polic&iacute;a le impidi&oacute; el paso en la frontera, as&iacute; que sus planes tuvieron que esperar. Tras barajar todas las opciones posibles para alcanzar suelo heleno, Nadym lleg&oacute; a la conclusi&oacute;n de que era m&aacute;s f&aacute;cil y seguro cruzar a nado. Lo plane&oacute; junto a un chico de su misma ciudad que conoci&oacute; en la frontera entre Grecia y Turqu&iacute;a. Bajar&iacute;an a Anatolya y nadar&iacute;an desde la ciudad de Kas (Turqu&iacute;a) a la isla de Kastellorizo: &ldquo;Cuando est&aacute;s de pie en la costa es posible ver la isla con tus ojos, ves tu objetivo&rdquo;, recuerda.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Compr&eacute; un flotador, de estos especiales para los ni&ntilde;os. Dentro de una bolsa resistente al agua puse todas mis cosas: mi tel&eacute;fono, una camiseta y unos pantalones&rdquo;. Nadym ense&ntilde;a una de las bolsas que utiliz&oacute;, en la que ahora guardan sus papeles de asilo. &ldquo;Met&iacute; la bolsa dentro de otra, lo envolv&iacute; todo muy bien y lo puse en el flotador, lo at&eacute; con una cuerda de unos tres metros y me lo ligu&eacute; al cuerpo&rdquo;. Tambi&eacute;n llevaba un par de aletas de nadador para llegar m&aacute;s r&aacute;pido y unas gafas de buceo que ahora cuelgan del cabezal de su cama.
    </p><p class="article-text">
        Tras dos horas y media en las que sus cuerpos combatieron las olas, el cansancio y el riesgo a que algo se escapara de sus previsiones, consiguieron su objetivo. &ldquo;Los tigres lo han logrado&rdquo;, dijo Nadym a su madre por tel&eacute;fono tras pisar suelo europeo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><h3 class="article-text">Rumbo a Alemania</h3><p class="article-text">
        Una vez en Kastellorizo, M&oacute;nica, una alemana de Hanover residente en la isla conocida por ayudar a los refugiados, les dio ropa, zapatos, comida y les indic&oacute; d&oacute;nde pod&iacute;an dormir por poco dinero. Desde all&iacute;, cogieron un ferry a Atenas y, a partir de entonces, fueron de frontera en frontera. Los gobiernos de los pa&iacute;ses de tr&aacute;nsito no hab&iacute;an cerrado en ese momento sus puertas al paso de demandantes de asilo. De Grecia a Macedonia, de Macedonia a Serbia, de Serbia a Hungr&iacute;a, de Hungr&iacute;a a Austria. Nadym se separ&oacute; en este punto de su amigo y sigui&oacute; por su cuenta el trayecto hacia su ciudad en la actualidad: Berl&iacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El refugiado formaliz&oacute; su solicitud de asilo en la capital alemana. Primero, las autoridades le llevaron al campo de refugiados Messe S&uuml;d, donde hab&iacute;a alrededor de 2.000 personas. La vida all&iacute; &ldquo;es solamente una vida temporal, de hecho se acerca a la c&aacute;rcel, por supuesto se puede entrar y salir cuando uno quiere, pero no es nada bueno. All&iacute; enferm&eacute;, la comida era muy mala. Dorm&iacute;amos 20 personas en la misma habitaci&oacute;n, a veces 15, m&iacute;nimo 10, pero no ten&iacute;amos ning&uacute;n tipo de privacidad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Tras tres meses, dej&oacute; Messe S&uuml;d por otro campo, instalado en un pabell&oacute;n de baloncesto. Compart&iacute;a espacio con unas 200 personas, sin paredes entre las camas, con sus pertenencias alrededor. &ldquo;Se podr&iacute;a decir que pas&eacute; un buen rato all&iacute;, aunque nunca me quedaba demasiado tiempo&rdquo;. Aqu&iacute; hace un pausa, abre los ojos y reconoce que &ldquo;en algunos puntos fui afortunado&rdquo;, pero tambi&eacute;n destaca su perseverancia. &ldquo;Siempre pienso que cuando quieres conseguir algo lo consigues, depende de tus habilidades, o de tu sonrisa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ese &uacute;ltimo recurso fue el que utiliz&oacute; para abandonar los centros del gobierno. &ldquo;Si os gusta esta cara bonita por favor ayudadme a encontrar una habitaci&oacute;n&rdquo;, dijo para cerrar un v&iacute;deo en el que ped&iacute;a alojamiento, colgado a trav&eacute;s de Facebook.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        De nuevo, tuvo &eacute;xito. Ahora comparte piso con un chico alem&aacute;n en el conocido como el barrio &aacute;rabe de Berl&iacute;n, Sonnen Allee. Por fin, siente que est&aacute; en el lugar donde quiere estar. &ldquo;Nos dan 400 euros para alquilar casa y 360 euros para comprar lo que necesitamos, nos dejan descansar, estudiar, ser legales, &iquest;qu&eacute; m&aacute;s necesito? Creo que nada, es perfecto&rdquo;, dice del sistema alem&aacute;n de asilo.
    </p><p class="article-text">
        Los ataques a las pol&iacute;ticas de asilo lideradas por Angela Merkel y la recepci&oacute;n de m&aacute;s de un mill&oacute;n de refugiados durante el pasado a&ntilde;o en el pa&iacute;s germano viven un nuevo episodio de apogeo tras los &uacute;ltimos ataques en el pa&iacute;s: dos de ellos fueron cometidos por dos demandantes de asilo y reivindicados por el ISIS. El gobierno ha pedido no asociar estos dos actos con los cientos de miles de refugiados acogidos en el pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        El ingeniero civil ha encontrado en Berl&iacute;n su lugar. Le encanta el esp&iacute;ritu de la ciudad, las fiestas en la calle, la simpat&iacute;a de la gente y salir a pasear en bici. Es consciente de que escogi&oacute; el mejor momento para hacer el viaje, entre septiembre y octubre de 2015, cuando, en sus palabras, &ldquo;la atm&oacute;sfera en Europa segu&iacute;a bien para acoger m&aacute;s refugiados&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los alemanes son personas muy solidarias&rdquo;, responde sobre por qu&eacute; cree que Alemania ha acogido a ese n&uacute;mero de refugiados. Tambi&eacute;n es consciente de&nbsp;que su historia ser&iacute;a muy diferente si viniera acompa&ntilde;ado de&nbsp;una familia con hijos; en cambio, es un joven con formaci&oacute;n&nbsp;y ganas de trabajar. Nadym conf&iacute;a en que no se agote su suerte.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sofía Català Vidal, María Camila Ardila]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/kilometros-egeo-distancia-nadym-europa_1_3884044.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 27 Jul 2016 18:10:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Dos kilómetros de Egeo: la distancia que nadó Nadym para buscar refugio en Europa]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Refugiados,Grecia,Alemania,Berlín,Turquía]]></media:keywords>
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