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    <title><![CDATA[elDiario.es - Berta Camprubí]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/berta_camprubi/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Berta Camprubí]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Los agricultores de coca en Colombia: "No somos narcotraficantes, somos víctimas"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/campesinos-coca-colombia-narcotraficantes-victimas_1_3556974.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/081db03e-bf9e-45d2-a254-9b7d6457fd34_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los agricultores de coca en Colombia: &quot;No somos narcotraficantes, somos víctimas&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los trabajadores de la hoja de coca desconfían de la aplicación del programa de sustitución de cultivos de uso ilícito pactado por el Gobierno y las FARC</p><p class="subtitle">"Si no han podido acomodar todavía a la guerrilla, ¿cómo van a poder acomodarnos a todos nosotros?", se pregunta un líder campesino</p><p class="subtitle">"Llevan décadas prometiendo muchos programas, acuerdos y planes que nunca han cumplido"</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Nosotros no somos narcotraficantes, nosotros somos v&iacute;ctimas. Ca&iacute;mos en una trampa y tenemos que levantarnos poco a poco y volver a sembrar comida&rdquo;. Un l&iacute;der social del departamento del Cauca habla ante una audiencia de unos 250 agricultores de coca y marihuana en la caseta comunal de su vereda para escuchar la propuesta oficial del Programa Nacional Integral de Sustituci&oacute;n de Cultivos de Uso Il&iacute;cito (PNIS) <a href="http://www.eldiario.es/internacional/Congreso-Colombia-acuerdo-firmado-FARC_0_586191546.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pactado entre el Gobierno y las FARC</a>.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n datos del gobierno colombiano, el 81% de los cultivos de uso il&iacute;cito se concentra en seis de los 32 departamentos. El 43% de las aproximadamente 100.000 hect&aacute;reas sembradas con coca en todo el pa&iacute;s est&aacute; localizado en solo 10 localidades y, teniendo en cuenta esa concentraci&oacute;n, 40 municipios est&aacute;n siendo priorizados para la aplicaci&oacute;n del PNIS durante el primer a&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        A la dificultad del proceso se a&ntilde;ade el miedo. &ldquo;Hacer el papel de l&iacute;der social a veces da miedo. Uno tiene que tener mucho cuidado porque no sabe qui&eacute;n le est&aacute; escuchando ah&iacute; delante&rdquo;, se sincera el ponente &ndash;que prefiere mantener el anonimato&ndash;, despu&eacute;s de hablar de la situaci&oacute;n de los agricultores de coca delante de un centenar de personas. 
    </p><p class="article-text">
        No se equivoca. En esa misma l&iacute;nea trabajaba Faiver Cer&oacute;n G&oacute;mez, l&iacute;der social del municipio de Mercaderes, al sur del Cauca, cuando fue asesinado el 18 de febrero por grupos paramilitares, seg&uacute;n la organizaci&oacute;n local. Cer&oacute;n participaba en la resistencia regional a la miner&iacute;a y la erradicaci&oacute;n forzosa de cultivos il&iacute;citos. Con &eacute;l,  al menos son 18 <a href="http://www.eldiario.es/desalambre/Victimas-campesinos-colombianos_0_590392032.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los l&iacute;deres sociales y defensores de derechos humanos </a>que han sido asesinados en Colombia este a&ntilde;o.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><h3 class="article-text">Sustituir los cultivos de coca</h3><p class="article-text">
        &ldquo;Hay que entrar ahora al programa porque luego ser&aacute; un despelote&rdquo;, comenta una campesina en la reuni&oacute;n, refiri&eacute;ndose a las interferencias que supondr&aacute; la campa&ntilde;a electoral para las elecciones presidenciales de mayo de 2018.
    </p><p class="article-text">
        Estas ser&aacute;n decisivas debido a que, en el segundo acuerdo firmado el 24 de noviembre despu&eacute;s de la victoria del 'no' en el plebiscito, la implementaci&oacute;n de la mayor parte de los acuerdos de paz depende de decisiones pol&iacute;ticas del Gobierno, y por tanto de los nuevos comicios.
    </p><p class="article-text">
        El programa de sustituci&oacute;n ser&iacute;a el primer paso para la aplicaci&oacute;n del punto cuarto de los acuerdos de paz, relativo a la b&uacute;squeda de una soluci&oacute;n al problema de las drogas. Tambi&eacute;n se trata de una de las medidas clave para llegar a cumplir el apartado uno, acerca de la Reforma Rural Integral, que no establece ning&uacute;n mecanismo de redistribuci&oacute;n de la tierra.
    </p><p class="article-text">
        Los afectados, sin embargo, se muestran desconfiados. &ldquo;Desde el Gobierno de Turbay &ndash;de 1978 a 1982&ndash; han prometido muchos programas, acuerdos y planes que nunca han cumplido&rdquo;, explica Benjam&iacute;n Perales, vecino del municipio de Corinto, uno de los que ser&aacute;n prioritarios en la aplicaci&oacute;n del PNIS. Perales se acuerda del programa Plante y Pa'lante para erradicar coca, marihuana y amapola que el Gobierno present&oacute; en 1995 en varias regiones del pa&iacute;s que a&uacute;n esperan, en muchos casos, las medidas prometidas.
    </p><h3 class="article-text">Qu&eacute; supone acabar con los cultivos de coca</h3><p class="article-text">
        Hace 14 a&ntilde;os que este agricultor empez&oacute; a cultivar coca, cuando la mancha de amapola hab&iacute;a bajado mucho de precio. &Eacute;l pensaba apostar por el cultivo de caf&eacute; pero, apunta, &ldquo;resulta que en ese tiempo &Aacute;lvaro Uribe &ndash;entonces presidente&ndash; dec&iacute;a que iba a acabar con el narcotr&aacute;fico y con la guerrilla. Con eso, la coca se dispar&oacute;. Estuvo a 75.000 pesos (25 euros) la arroba en 2003&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;l gestiona tambi&eacute;n un cibercaf&eacute; con cuatro ordenadores y es mec&aacute;nico de motos por las tardes. Sin embargo, su principal sustento es el cultivo de una hoja que sabe que atrae violencia y muerte.
    </p><p class="article-text">
        Acabar con ella ser&iacute;a un cambio importante a nivel psicol&oacute;gico porque, apunta, ya no vivir&iacute;a continuamente pendiente de la posible llegada de los soldados a su zona. Tambi&eacute;n econ&oacute;mico. El colectivo sospecha que los agricultores pasar&iacute;an a ganar menos.
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        Empieza el informativo de televisi&oacute;n de las siete de la tarde. Una periodista explica que las zonas de desmovilizaci&oacute;n para las FARC a&uacute;n no est&aacute;n finalizadas. &ldquo;Si no han podido acomodar a la guerrilla, &iquest;c&oacute;mo van a poder acomodarnos a todos nosotros?&rdquo;, se pregunta Perales. 
    </p><h3 class="article-text">La erradicaci&oacute;n como primera opci&oacute;n</h3><p class="article-text">
        &ldquo;No hay voluntad pol&iacute;tica de cumplir con el esp&iacute;ritu de los acuerdos&rdquo;, asegura en una entrevista telef&oacute;nica &Oacute;scar Salazar, l&iacute;der popular del sur del Cauca. Salazar es delegado de la Cumbre Agraria, organizaci&oacute;n que re&uacute;ne a la mayor&iacute;a de organizaciones y movimientos sociales rurales.
    </p><p class="article-text">
        El cuarto punto del acuerdo final de paz predica que &ldquo;a los cultivadores que no manifiesten su decisi&oacute;n de sustituir los cultivos de uso il&iacute;cito o incumplan los compromisos, el Gobierno proceder&aacute; a su erradicaci&oacute;n manual, previo un proceso de socializaci&oacute;n e informaci&oacute;n con las comunidades&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n asegura Salazar, &ldquo;la erradicaci&oacute;n la est&aacute;n enfocando como primera opci&oacute;n&rdquo; porque reina &ldquo;la antigua visi&oacute;n, bastante dura, que el Estado y el Ej&eacute;rcito se empe&ntilde;an en tener&rdquo;. Los acuerdos de paz a&ntilde;aden que &ldquo;el Gobierno, de no ser posible la sustituci&oacute;n, no renuncia a los instrumentos que crea m&aacute;s efectivos, incluyendo la aspersi&oacute;n&rdquo;. &ldquo;Esto ya es un polvor&iacute;n&rdquo;, eval&uacute;a el l&iacute;der caucano.
    </p><p class="article-text">
        Para la erradicaci&oacute;n de plantaciones de coca, Colombia utiliz&oacute; la t&eacute;cnica de la fumigaci&oacute;n a&eacute;rea con glifosato durante aproximadamente 30 a&ntilde;os. En 2015 ilegaliz&oacute; esta pr&aacute;ctica, que acababa con la vida de ecosistemas y provocaba enfermedades a las comunidades colindantes a las plantaciones, adem&aacute;s de eliminar otros cultivos de productos legales.
    </p><p class="article-text">
        La intenci&oacute;n p&uacute;blica era aplicar, de nuevo, programas de sustituci&oacute;n sostenible y desarrollo rural alternativo pero el &uacute;nico efecto visible de esa medida legal fue el incremento alarmante del n&uacute;mero de hect&aacute;reas sembradas con coca en el pa&iacute;s. Seg&uacute;n el Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Il&iacute;citos de Naciones Unidas (SIMCI), de 2014 a 2016 pasaron de 69.000 a 96.000.
    </p><h3 class="article-text">Organizaci&oacute;n contra erradicaciones</h3><p class="article-text">
        Desde entonces, el Estado ha seguido erradicando a trav&eacute;s de fumigaciones terrestres con glifosato &ndash;a pesar de que el uso de este qu&iacute;mico de Monsanto ha sido objeto de debate por parte del Consejo Nacional de Estupefacientes y de movimientos de la sociedad civil&ndash; y de erradicaciones manuales con equipos especializados de la fuerza p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        Las localidades del pa&iacute;s afectadas por esta pr&aacute;ctica han protagonizado protestas y concentraciones en sus plantaciones para denunciar que esas medidas se contradicen con lo pactado en los acuerdos de paz. Tratan de evitar que eliminen los cultivos que forman su sustento familiar.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n varias asociaciones de campesinos, en los departamentos de Putumayo, Cauca, Nari&ntilde;o, Caquet&aacute; y Guaviare se han registrado varios centenares de erradicaciones forzadas en el &uacute;ltimo a&ntilde;o.
    </p><h3 class="article-text">Miedo y falta de garant&iacute;as</h3><p class="article-text">
        Durante un plazo de dos a&ntilde;os, los n&uacute;cleos familiares de agricultores que arranquen voluntariamente las hojas de sus matas de coca recibir&aacute;n, seg&uacute;n el Gobierno, 327 euros al mes durante un a&ntilde;o, as&iacute; como materias primas, herramientas y asesoramiento t&eacute;cnico para proyectos agr&iacute;colas de larga duraci&oacute;n por valor de 7.500 euros.
    </p><p class="article-text">
        Esta es la opci&oacute;n que est&aacute;n barajando algunas de las familias de los 40 municipios priorizados. Muchas se preguntan si ser&aacute; cierto, si esta vez ir&aacute; en serio. Si sus veredas dejar&aacute;n de ser el escenario del primer escal&oacute;n del narcotr&aacute;fico.
    </p><p class="article-text">
        Los miedos son varios. Miedo de arrancar los arbustos de coca, su sustento diario, y luego no recibir los recursos prometidos por el gobierno. De apuntarse, con nombre y apellidos, a una lista que recoger&aacute; informaci&oacute;n del campesinado cocalero que hasta hoy es criminalizado y perseguido judicialmente. Miedo de que la poblaci&oacute;n no consiga vender a buen precio el pl&aacute;tano, el cacao o el aguacate que decidan plantar y, en consecuencia, se incrementen los robos y la violencia. La falta de garant&iacute;as y el hist&oacute;rico incumplimiento gubernamental se suman a unas circunstancias globales que no apuntan hacia un cese del negocio del narcotr&aacute;fico.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Da miedo: matan a uno aqu&iacute;, hay tiroteos all&aacute;. Luego vienen las autoridades y preguntan si vimos algo&rdquo;, se lamenta otro campesino del municipio de Corinto que tambi&eacute;n prefiere guardar el anonimato. Hace cosa de un a&ntilde;o llegaron unos cuantos soldados y le pidieron permiso para entrar a erradicar sus plantas de coca. &ldquo;Yo les dije que no, pero ellos entraron igualmente y tumbaron unas pocas de ese lado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Al cabo de unas semanas, volviendo del funeral de un viejo amigo que fue asesinado se encontr&oacute; con que los soldados hab&iacute;an regresado y no hab&iacute;an dejado ni una planta en pie. &ldquo;Menos mal que yo tengo seis ganaditos, de eso vamos viviendo&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Berta Camprubí]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/campesinos-coca-colombia-narcotraficantes-victimas_1_3556974.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 27 Feb 2017 19:23:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los agricultores de coca en Colombia: "No somos narcotraficantes, somos víctimas"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cocaína,Colombia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La batalla de las mujeres para conseguir una paz feminista en Colombia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/camino-enfoque-genero-postconflicto-colombiano_1_3817950.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2d3568aa-c132-4388-b2dd-3b077f7a940b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La batalla de las mujeres para conseguir una paz feminista en Colombia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El acuerdo de paz firmado entre el Gobierno colombiano y las FARC fue revisado con una mirada de género por una comisión de mujeres que participó en las negociaciones</p><p class="subtitle">Las organizaciones feministas alaban el "hito histórico", pero muestran desconfianza en su implementación: "Es una ilusión pensar que los acuerdos cambien radicalmente la realidad social, pero es un camino"</p><p class="subtitle">La exguerrillera María Eugenia Vásquez repasa el papel de la mujer en el conflicto: "Los padres que fueron guerrilleros son vistos por los hijos e hijas como héroes y las madres como unas 'abandonadoras"</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Yo ten&iacute;a como misi&oacute;n estar en la puerta de entrada repeliendo cualquier intromisi&oacute;n o ataque de la polic&iacute;a. Eramos una guerrilla sin recursos, &eacute;ramos una juventud que confiaba en que &iacute;bamos a cambiar la situaci&oacute;n social&rdquo;. Mar&iacute;a Eugenia V&aacute;squez ten&iacute;a en aquel entonces 23 a&ntilde;os y un esp&iacute;ritu de lucha que hoy la sigue llevando a trabajar, esta vez en algo diferente.
    </p><p class="article-text">
        Cuando dej&oacute; la guerrilla colombiana se uni&oacute; a la Red Nacional de Mujeres Excombatientes de la Insurgencia, a trav&eacute;s de la que fue invitada a la subcomisi&oacute;n de g&eacute;nero de la mesa de negociaciones de los acuerdos de paz de La Habana.
    </p><p class="article-text">
        En octubre de 2012 comenzaron las negociaciones de paz entre las Fuerzas Revolucionarias Armadas de Colombia-Ej&eacute;rcito del Pueblo (FARC-EP) y el Gobierno colombiano, encabezado por Juan Manuel Santos. En ese momento, no hab&iacute;a ninguna mujer en la mesa de negociaciones. Hubo que esperar a la celebraci&oacute;n de la Cumbre de Mujeres y Paz un a&ntilde;o m&aacute;s tarde para que el Gobierno reservara dos sillas que garantizaran la presencia femenina en las conversaciones.
    </p><p class="article-text">
        El verano de 2014 supuso un gran avance. En la Habana, la mesa decidi&oacute;, de manera in&eacute;dita en el marco de otros procesos de paz, crear una subcomisi&oacute;n de g&eacute;nero que incluyera la perspectiva de las mujeres en los borradores de los acuerdos. 
    </p><p class="article-text">
        Entre diciembre de 2014 y marzo de 2015, el organismo se reuni&oacute; varias veces en la capital cubana con 18 representantes de organizaciones feministas y LGBTI. Aportaron sus visiones del impacto del conflicto armado a la discriminaci&oacute;n de g&eacute;nero y de diversidad sexual, y presentaron algunas propuestas con &eacute;nfasis en la participaci&oacute;n pol&iacute;tica femenina. 
    </p><h3 class="article-text">Violencia sexual y discriminaci&oacute;n de g&eacute;nero</h3><p class="article-text">
        &ldquo;S&iacute;, la nuestra es una sociedad machista. Pero no olvidemos que &eacute;stas pr&aacute;cticas son parte de un orden patriarcal heredado de Occidente y funcional al sistema econ&oacute;mico dominante&rdquo;, explica la antrop&oacute;loga excombatiente. Cree que los acuerdos de hoy son una oportunidad para lograr transformaciones de fondo, pero tambi&eacute;n un reto. &ldquo;Los cambios culturales son los m&aacute;s lentos y dif&iacute;ciles. En eso estamos&rdquo;, a&ntilde;ade.  
    </p><p class="article-text">
        Especialmente en las zonas rurales, donde hay mayor presencia de grupos armados, el conflicto dej&oacute; de ser un suceso pol&iacute;tico o b&eacute;lico para convertirse en la norma de sus vidas desde hace varias d&eacute;cadas. Un contexto en el que las mujeres colombianas, &ldquo;adem&aacute;s de la discriminaci&oacute;n y la explotaci&oacute;n laboral, son v&iacute;ctimas de m&uacute;ltiples formas de violencia&rdquo;, asegura la delegada de las FARC, Victoria Sandino. 
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                </figure><p class="article-text">
        Una investigaci&oacute;n de Casa Mujer en el marco de la campa&ntilde;a <em>Violaciones y otras violencias: saquen mi cuerpo de la guerra</em>, afirma que entre 2001 y 2009, 489.687 mujeres fueron v&iacute;ctimas directas de violencia sexual en el pa&iacute;s &ndash;una media de seis cada hora&ndash;, de las que un 19% hab&iacute;an sido violadas. Entre sus p&aacute;ginas quedan detalladas m&uacute;ltiples formas de violencia que las mujeres, por ser mujeres, sufren especialmente en el marco del conflicto. Prostituci&oacute;n, embarazo, aborto, esterilizaciones forzadas, acoso sexual. 
    </p><p class="article-text">
        Aquellas que pertenecen a los sectores m&aacute;s pobres son v&iacute;ctimas de violencia sexual con mucha m&aacute;s frecuencia. Solo el 18% de las v&iacute;ctimas denuncia el hecho y el 47% de las que no lo denuncian es por miedo a represalias. Sufren una discriminaci&oacute;n por raz&oacute;n de g&eacute;nero omnipresente: en sus hogares, en los centros de trabajo y en las mismas guerrillas. Seg&uacute;n el XII informe sobre violencia sociopol&iacute;tica contra mujeres en Colombia, los presuntos agresores de las v&iacute;ctimas son, en la mayor cantidad de casos, militares o polic&iacute;as.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Los padres son h&eacute;roes, las madres abandonan&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Maria Eugenia V&aacute;squez dio el primer testimonio en Colombia de una mujer guerrillera. En su libro <em>Escrito para no morir</em> explica c&oacute;mo empez&oacute; a pedir que le dejaran usar falda en las acciones en las que participaban mujeres. &ldquo;Era para que se notara que tambi&eacute;n est&aacute;bamos en los operativos militares&rdquo;, relata. 
    </p><p class="article-text">
        Su rostro muestra reproche si se le pregunta c&oacute;mo es ser madre guerrillera: &ldquo;&iquest;Ustedes les preguntan a los hombres c&oacute;mo fue ser padre guerrillero?&rdquo;. &ldquo;Tener cerca a los hijos en la clandestinidad es un riesgo para ellos. Entonces delegu&eacute; la maternidad de mis dos hijos, lo cual es una renuncia en aras de 'dejamos nuestros hijos porque vamos a luchar para ofrecerles un mundo mejor&rdquo;, explica. 
    </p><p class="article-text">
        Recuerda c&oacute;mo las mujeres reciben reclamos de la sociedad y de sus propios hijos &ldquo;porque no fuimos las madres que se esperaba, algo que se exige a las mujeres y no a los varones&rdquo;. &ldquo;Los padres que fueron guerrilleros son vistos por los hijos e hijas como h&eacute;roes y las madres como unas <em>abandonadoras</em>&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        La antrop&oacute;loga recuerda la llegada del feminismo a sus vidas como &ldquo;un gran apoyo para despejar esas culpas, para esas mujeres que fuimos transgresoras de las maternidades tradicionales&rdquo;, explica. 
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                </figure><h3 class="article-text">Resultados de la subcomisi&oacute;n</h3><p class="article-text">
        Los resultados de la subcomisi&oacute;n de g&eacute;nero han sido aplaudidos y categorizados por columnistas y cr&iacute;ticos colombianos como un &ldquo;hito hist&oacute;rico&rdquo;. El objetivo de esta ha sido revisar con una mirada propia los borradores de los seis puntos en la mesa de negociaciones: desarrollo rural integral, participaci&oacute;n pol&iacute;tica, fin del conflicto, drogas il&iacute;citas, v&iacute;ctimas y refrendaci&oacute;n e implementaci&oacute;n de los acuerdos. 
    </p><p class="article-text">
        Uno de los cambios m&aacute;s importantes se introdujo en el punto de v&iacute;ctimas en el que se anuncia la creaci&oacute;n de un grupo especial para la investigaci&oacute;n de la violencia sexual dentro de la Jurisdicci&oacute;n Especial para la Paz. &ldquo;El tema de violencia sexual qued&oacute; como delito de lesa humanidad, no amnistiable ni indultable&rdquo;, destaca como logro la l&iacute;der de las FARC-EP.
    </p><p class="article-text">
        En general, la mayor parte de puntos que han pasado por el molde de la subcomisi&oacute;n a&ntilde;aden a lo existente criterios de g&eacute;nero, inclusi&oacute;n de la mujer como sujeto activo, promoci&oacute;n de la no estigmatizaci&oacute;n por raz&oacute;n de orientaci&oacute;n sexual o identidad de g&eacute;nero diversa y aplicaci&oacute;n de medidas para una representaci&oacute;n equilibrada.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Por experiencia sabemos que, si no se tienen en cuenta las acciones afirmativas, despu&eacute;s de los acuerdos las mismas estructuras se seguir&aacute;n perpetuando. Se necesitan espacios propios de las mujeres, no basta con espacios mixtos&rdquo;, alerta V&aacute;squez.
    </p><p class="article-text">
        Pero est&aacute; a&uacute;n por llegar el desaf&iacute;o m&aacute;s grande. La implementaci&oacute;n de los acuerdos con este enfoque de g&eacute;nero sigue siendo un reto importante teniendo en cuenta que, debido al reciente incremento en el acceso de las mujeres a posiciones pol&iacute;ticas, se calcula que entre 2014 y 1015 aumentaron un 23% las agresiones contra estas. 
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                </figure><p class="article-text">
        Hay desconfianza. Pese a que los sectores feministas aplauden la creaci&oacute;n de la subcomisi&oacute;n de g&eacute;nero, algunos recuerdan que las instituciones colombianas arrastran una larga tradici&oacute;n en el incumplimiento de acuerdos y leyes, por lo que ponen en duda los efectos pr&aacute;cticos que tendr&aacute;n los acuerdos a nivel territorial. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Es una ilusi&oacute;n pensar que los acuerdos cambien radicalmente la realidad social. No sucedi&oacute; con la Constituyente de 1990 y no suceder&aacute; con los acuerdos. Son un camino&rdquo;, afirma V&aacute;squez. La antrop&oacute;loga destaca el papel del Estado, pero tambi&eacute;n el de la ciudadan&iacute;a para &ldquo;la tarea de construir lo que consideramos paz a mediano y largo plazo&rdquo;. &ldquo;Ello implicar&aacute; movilizaciones y confrontaciones&rdquo;, a&ntilde;ade. 
    </p><h3 class="article-text">Postconflicto y reinserci&oacute;n a la vida civil</h3><p class="article-text">
        Este 26 de agosto se ha firmado en la ciudad costera de Cartagena el Acuerdo Final para el Fin del Conflicto y la Construcci&oacute;n de una Paz Estable y Duradera, a la espera de que el pr&oacute;ximo 2 de octubre quede o no ratificado por parte de la poblaci&oacute;n colombiana a trav&eacute;s de un plebiscito.  
    </p><p class="article-text">
        Si sale el <em>s&iacute;</em>, Colombia estar&aacute; entrando muy pronto en la llamada etapa del postconflicto &ndash;que algunas voces cr&iacute;ticas han rebautizado como el <em>postacuerdo</em>, sugiriendo que el conflicto no termina tan solo con este paso&ndash; e iniciando el proceso de desmovilizaci&oacute;n y <a href="http://www.eldiario.es/desalambre/reto-reinsercion_0_554695000.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">reinserci&oacute;n civil de guerrilleros y guerrilleras</a>. Se estima que actualmente puede haber unos 17.500 combatientes de las FARC y que el 30% de estos sean mujeres.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Trabajar en la guerrilla urbana, experiencia rural, c&aacute;rcel, tortura, amnist&iacute;a, trabajo pol&iacute;tico...&rdquo;. V&aacute;squez describe los pelda&ntilde;os de su vida, ahora que su presencia en este hito hist&oacute;rico colombiano sigue siendo relevante. 
    </p><p class="article-text">
        Recuerda ahora c&oacute;mo decidi&oacute; retirarse &ldquo;por motivos ideol&oacute;gicos y personales&rdquo; del movimiento M19, pocos a&ntilde;os antes de que en 1990 se desmovilizara todo su conjunto despu&eacute;s de un proceso de negociaciones de paz con el gobierno. &ldquo;En ese paso tan importante para lograr la paz en Colombia, las mujeres guerrilleras fuimos m&aacute;s estigmatizadas que reconocidas. La sociedad nos cobr&oacute; la doble transgresi&oacute;n: actuamos contra lo establecido y fuimos en contra de los patrones femeninos&rdquo;, relata. 
    </p><p class="article-text">
        Mantiene en mente la discriminaci&oacute;n perpetua que las mujeres han sufrido y sufren a lo largo de este proceso, pero valora positivamente el trabajo de la subcomisi&oacute;n de g&eacute;nero con las FARC. &ldquo;Comparado con los acuerdos de los a&ntilde;os noventa, hay avances gigantes. Se ven las luchas de las organizaciones de mujeres y las agendas internacionales que presionan por un enfoque de g&eacute;nero&rdquo;, concluye. 
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      <dc:creator><![CDATA[Berta Camprubí]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 27 Sep 2016 18:30:49 +0000]]></pubDate>
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