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    <title><![CDATA[elDiario.es - Mariano Calvo Haya]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/mariano_calvo_haya/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Mariano Calvo Haya]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El espíritu de la tierra: un acercamiento a Jim Harrison]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/espiritu-tierra-acercamiento-jim-harrison_132_2068409.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b3ad0833-03e8-4e87-8357-4f68474dd5e7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="El escritor Jim Harrison. | ANDY ANDERSON"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Fallecido en 2016, Harrison uno de los escritores que mejor ha retratado el mundo rural estadounidense en sus novelas.</p></div><p class="article-text">
        Hace unos cuantos a&ntilde;os me encontr&eacute; en una librer&iacute;a de viejo con una novela titulada <em>De vuelta a casa</em> (<em>The Road Home</em>) de un tal Jim Harrison. Hasta ese momento no sab&iacute;a yo nada de ese escritor ni de ese libro, pero la imagen de unas botas gastadas que aparec&iacute;a en la portada de la edici&oacute;n de Muchnik y que evocaba amplias praderas y avezados vaqueros contemplando atardeceres atrajo mi atenci&oacute;n igual que las cerezas de la huerta atraen a los mirlos.
    </p><p class="article-text">
        Luego, al ojear la contraportada, descubr&iacute; que Jim Harrison era el autor de un relato largo que hab&iacute;a sido llevado al cine y que durante alg&uacute;n tiempo se hab&iacute;a convertido en una pel&iacute;cula de &eacute;xito protagonizada, entre otros, por Brad Pitt y Anthony Hopkins. Aquel largometraje tuvo por t&iacute;tulo en este pa&iacute;s <em>Leyendas de pasi&oacute;n</em>. Se conoce que <em>Leyendas de Oto&ntilde;o</em> (<em>Legends of the Fall</em>), t&iacute;tulo original de la obra de Harrison, y que desde luego me parece bastante m&aacute;s acertado y sugerente, no era lo suficientemente comercial y atractivo para los distribuidores espa&ntilde;oles o para quien demonios acostumbre a cambiar los t&iacute;tulos de las pel&iacute;culas for&aacute;neas de modo tan pedestre.
    </p><p class="article-text">
        Supongo que en un principio la relaci&oacute;n reci&eacute;n descubierta del autor desconocido con esa pel&iacute;cula me decidi&oacute; a adquirir el libro, dada mi antigua querencia cinematogr&aacute;fica por el <em>western</em>.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, despu&eacute;s, a medida que avanzaba en la lectura del libro, o tal vez mientras hac&iacute;a mi particular &laquo;regreso a casa&raquo;, pude comprobar que la ficci&oacute;n que el escritor norteamericano nos relataba iba mucho m&aacute;s all&aacute; de una sencilla historia del Oeste en las llanuras de Nebraska. Aquella saga familiar no era, ni mucho menos, una representaci&oacute;n de lo que mis torpes prejuicios me dec&iacute;an que deb&iacute;an ser los ganaderos y los labriegos de esa &Aacute;merica profunda de la que hablaban tantas y tantas pel&iacute;culas vistas a lo largo de los a&ntilde;os. No, no hab&iacute;a all&iacute; burdos matarifes ni patanes iletrados colonizando la tierra y la naturaleza a tiro limpio. Al contrario, por sus p&aacute;ginas desfilan personajes con un poderoso y acendrado amor al paisaje y a todas sus criaturas, gente preocupada por el desgaste de la esencia de la ecolog&iacute;a, gente sumida en la visi&oacute;n admirada de un territorio despiadado y hermoso a la vez, gente que convive con el fen&oacute;meno ind&iacute;gena con inusual respeto, gente que contempla el divagar de las aves como si &eacute;stas fueran el &uacute;ltimo vestigio de la felicidad en la tierra, gente, en fin, para la que la poes&iacute;a de Federico Garc&iacute;a Lorca, tan lejano, es un valor inexcusable.
    </p><p class="article-text">
        Total que, de la forma m&aacute;s inesperada, encontr&eacute; en <em>De vuelta a casa</em> una variada panoplia de hechos y acciones que dignificando al otro revierten en uno mismo de un modo que, por cotidiano, se hace arriscado, ins&oacute;lito y, en definitiva, admirable.
    </p><p class="article-text">
        Fue esta primera arribada a la obra de Harrison la que me hizo perseverar en busca de alguna otra de sus novelas. Trabajo &iacute;mprobo, sin duda, ya que a diferencia de otros pa&iacute;ses europeos Jim Harrison no goza de la deseable popularidad en Espa&ntilde;a que quisi&eacute;ramos sus seguidores. No obstante, con perseverancia todo es posible y poco a poco he podido ir recabando t&iacute;tulos como el ya mencionado de <em>Leyendas de pasi&oacute;n</em>, <em>Un buen d&iacute;a para morir</em> o el impresionante alegato a favor de la muerte digna que es <em>Regreso a la tierra</em>.
    </p><p class="article-text">
        Recientemente la editorial Errata Naturae ha publicado una novela de 1988 titulada <em>Dalva</em>, que se centra en un personaje que diez a&ntilde;os despu&eacute;s formar&aacute; parte tambi&eacute;n de las p&aacute;ginas de <em>De vuelta a casa</em>. Y para colmo de fortuna esa misma editorial anuncia la futura salida de <em>Sundog</em>, lo que significa, m&aacute;s all&aacute; de la habitual rememoraci&oacute;n ante un escritor fallecido (Harrison muri&oacute; a los 78 a&ntilde;os en marzo de 2016), una significativa y paulatina recuperaci&oacute;n &nbsp;para los lectores de este pa&iacute;s de la deslumbrante obra de este escritor norteamericano, adem&aacute;s de la reapertura de la senda por la que, para el lector espa&ntilde;ol, van introduci&eacute;ndose otros autores estadounidenses de parecida tem&aacute;tica y consistencia, tales como Louise Erdrich, Sherman Alexie, Philipp Meyer o Donald Ray Pollock.&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mariano Calvo Haya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/espiritu-tierra-acercamiento-jim-harrison_132_2068409.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 18 Jun 2018 12:06:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Cultura,Novela]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pavana antigua para transeúntes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/pavana-antigua-transeuntes_132_2216729.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/333dc664-a02f-4fd2-86f8-34abb71ec1ad_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Habana Vieja. | MARIANO CALVO HAYA"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Instantánea de un paseo por las calles de la Habana Vieja</p></div><p class="article-text">
        Alguien podr&iacute;a pensar que La Habana es vieja y se sigue cayendo imperceptiblemente, como una dama cl&aacute;sica que ha perdido los afeites, o tal vez de esa manera en que las termitas socavan clandestinamente la madera, dejando un exterior lustroso y m&aacute;s o menos aseado. Lo suficiente para que los turistas, esos d&oacute;lares con patas, deambulen cada vez m&aacute;s por algunas de sus calles pensando, o sintiendo err&oacute;neamente, que est&aacute;n caminando por la Historia.
    </p><p class="article-text">
        La Habana Vieja es un laberinto, pero todas sus cuadras, a poco que te descuides, llevan a la Calle Obispo. All&iacute; est&aacute; el escaparate. All&iacute; confluyen los mitos. O m&aacute;s bien, salen al encuentro de los &laquo;yumas&raquo; para que &eacute;stos se vuelvan a sus lejanas tierras con la mentirosa sensaci&oacute;n de que han visto lo que hay que ver de Cuba en unos cientos de metros.
    </p><p class="article-text">
        All&iacute; pueden escuchar el son y la salsa desde los m&aacute;gicos instrumentos de unos m&uacute;sicos portentosos. All&iacute; les endosan sin contemplaciones una raci&oacute;n de &ldquo;l&aacute;grimas negras&rdquo; con la que tienen para llorar de nostalgia durante una buena temporada en sus fr&iacute;os inviernos europeos. All&iacute; se pasean entre turistas, como salidas de una plantaci&oacute;n, altaneras y misteriosas damas de riguroso blanco, las santeras. All&iacute;, cada cuatro pasos, viejitos de cart&oacute;n piedra te intentan vender el Granma, peri&oacute;dico de una Revoluci&oacute;n que por aquellos andurriales apenas se vislumbra. Y si quieren m&aacute;s dosis de Revoluci&oacute;n hasta se pueden encontrar de manos a boca con un Fidel Castro lozano y redivivo luciendo placidamente su heroica guerrera verde olivo.
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        Casi nada es real. Para contemplar la verdad hay que abrir los ojos y perderse en otras calles lejos del tumulto, en los aleda&ntilde;os de ese r&iacute;o de visitantes que se paran como estatuas en las plazas para coger Wi-Fi. Entonces todo se detiene. El ritmo es m&aacute;s sosegado. Los habitantes de La Habana Vieja conversan a la puerta de sus casas. Un abuelo dormita sentado en un banco. Una ni&ntilde;a de pocos a&ntilde;os contempla el ir y venir de la gente, enclaustrada entre la ventana y la reja de su casa. Pasan con sus carros los vendedores de frutas y verduras. Dos adolescentes remedan un combate en medio de la calle con sus pu&ntilde;os calzados en guantes de boxeo. Un hombre de mediana edad se afeita la barba asomado a su balc&oacute;n. Unos ni&ntilde;os ataviados con camisetas del Real Madrid o del Barcelona improvisan un partido de baseball con el consiguiente riesgo f&iacute;sico para transe&uacute;ntes y para bienes y haciendas. En las destartaladas aceras se pueden encontrar a veces misteriosas vasijas con una grumosa y grasienta mixtura en la que est&aacute;n clavadas plumas blancas de gallina rodeando una cabeza de puerco; y tambi&eacute;n gente que da un considerable rodeo, con gesto de miedo o de asco, cuando se encuentra ante semejante estantigua.
    </p><p class="article-text">
        Y las paredes piensan que se caen. Pero m&aacute;s bien aguardan, imp&aacute;vidas, al pr&oacute;ximo hurac&aacute;n o a que el tiempo las corroa a&uacute;n m&aacute;s, repletas de cables que no se sabe muy bien qu&eacute; objeto tienen ni adonde van. Y desde ellas tanto te mira el Che como Michael Jackson.
    </p><p class="article-text">
        Y al fondo, el mar.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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      <dc:creator><![CDATA[Mariano Calvo Haya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/pavana-antigua-transeuntes_132_2216729.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 17 Mar 2018 18:25:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Pavana antigua para transeúntes]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Polonia: un pequeño itinerario de la maldad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/polonia-pequeno-itinerario-maldad_132_3020929.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/94b8a21a-b45a-4507-9431-d60e9213b28d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Campo de concentración de Auschwitz. | MARIANO CALVO HAYA"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un recorrido por los lugares que recuerdan el horror del Holocausto</p></div><p class="article-text">
        El d&iacute;a 1 de septiembre de 1939 el ej&eacute;rcito alem&aacute;n, como primer paso en su intento por establecer un vasto imperio, invadi&oacute; Polonia, comenzando oficialmente la II Guerra Mundial. No obstante, varios d&iacute;as antes de la fecha se&ntilde;alada hab&iacute;a sido firmado por los ministros de Asuntos Exteriores de Alemania y la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica un pacto de no agresi&oacute;n entre ambos pa&iacute;ses, en lo que se dio en llamar Pacto Ribbentrop-Mol&oacute;tov.
    </p><p class="article-text">
        En ese tratado, que casi dos a&ntilde;os m&aacute;s tarde ser&iacute;a violado por los nazis con su intento de conquista de los territorios sovi&eacute;ticos, conten&iacute;a diversas formulaciones en las que ambos estados se compromet&iacute;an a no participar en alianzas que fueran en contra o amenazaran los intereses del otro pa&iacute;s, pero se&ntilde;alaba, adem&aacute;s, en cl&aacute;usula secreta, intereses territoriales tanto de nazis como de sovi&eacute;ticos en sus respectivas &aacute;reas de influencia. De este modo, Polonia pasaba a convertirse en la hamburguesa o el filete ruso (dependiendo de cual de los dos estados opinara) dentro del bocadillo que sovi&eacute;ticos y alemanes pretend&iacute;an merendarse.
    </p><h3 class="article-text">Varsovia: la ciudad recontruida</h3><p class="article-text">
        El espacio que en su d&iacute;a ocup&oacute; el gueto de Varsovia hoy est&aacute; repleto de grandes rascacielos en los que se instalan muchas de las firmas l&iacute;deres de la econom&iacute;a mundial. Sobre todos esos grandes edificios, no obstante, reina una mole oscura e inmensa que es llamada Palacio de la Cultura y de la Ciencia y que es, en realidad, un regalo envenenado que recuerda los muchos a&ntilde;os de dominaci&oacute;n de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica sobre Polonia. Del gueto en el que los nazis recluyeron a miles de jud&iacute;os antes de su desaparici&oacute;n apenas quedan unos pocos vestigios.
    </p><p class="article-text">
        Salgo de la ciudad vieja de Varsovia a trav&eacute;s de la recompuesta barbacana medieval y me adentro en una calle amplia, limpia, muy centroeuropea, en la que se encuentra el museo dedicado a una de las mujeres m&aacute;s universales de Polonia, Marie Curie. Doblo a la izquierda y me adentro en la calle Swietojerska. Poco antes de llegar a la Embajada de China llama mi atenci&oacute;n una l&iacute;nea que cruza la acera y que recuerda los l&iacute;mites de lo que fue el gueto jud&iacute;o de Varsovia. La misma demarcaci&oacute;n me la vuelvo a encontrar por otras calles de la ciudad. Al norte del inmenso Museo de los Jud&iacute;os Polacos se encuentra la Umschlagplatz, lugar donde los nazis reun&iacute;an a los residentes del gueto para su traslado a los campos de concentraci&oacute;n.
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        En la calle Walicow me topo con uno de los pocos restos alzados del antiguo muro. Enfrente se conserva casi en estado de ruina un edificio de ladrillo, de seis o siete plantas, que queda de la &eacute;poca. Accedo al patio interior y me encuentro a un par de grupos de excursionistas israel&iacute;es, los reconozco por la kip&aacute;, el peque&ntilde;o gorro que llevan habitualmente sobre la coronilla los varones jud&iacute;os, y tambi&eacute;n por alguna que otra bandera que adorna sus indumentarias. Saludo mientras me acerco y se hace el silencio. Me observan con frialdad y desconfianza y uno de ellos, que parece un guardaespaldas, se planta frente a m&iacute; mir&aacute;ndome fijamente y sin decir nada. A la entrada del t&uacute;nel de acceso ha quedado otro al que inopinadamente le suena el microtel&eacute;fono que lleva bajo la chaqueta. Hago unas cuantas fotograf&iacute;as bajo los atentos ojos de los bigardos y me alejo. Me volver&eacute; a tropezar a alg&uacute;n que otro esp&eacute;cimen de este tipo en otros lugares. &nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Majdanek</h3><p class="article-text">
        Es temprano y hace un fr&iacute;o que parte el alma. Vamos as&iacute; dispuestos a un doloroso ejercicio de empat&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        A las afueras de la ciudad vieja de Lublin, frente a la catedral, esperamos al troleb&uacute;s n&uacute;mero 156 que nos ha de transportar a uno de los arrabales, el barrio de Majdan Tatarski, cuatro o cinco kil&oacute;metros m&aacute;s all&aacute;. Es la v&iacute;spera del d&iacute;a de difuntos y a nuestro alrededor viaja mucha gente que se encamina al cementerio enclavado en ese distrito. Antes de llegar al camposanto lo vemos. Entre la neblina y el silencio vuelan los grajos y se alzan las ominosas torres de vigilancia. Luego ya nos fijamos en las alambradas.
    </p><p class="article-text">
        La entrada est&aacute; coronada por un gigantesco t&uacute;mulo que recuerda que ah&iacute; murieron cerca de 200.000 personas. Despu&eacute;s, y hasta el horizonte, torres de vigilancia y alambradas. En medio, barracones de madera ennegrecida. Y en el horizonte, la ciudad de Lublin, tan cercana.
    </p><p class="article-text">
        Al final de los barracones hay un edificio en el que destaca una alta chimenea. Nadie tiene que decirnos qu&eacute; significa esa chimenea.
    </p><p class="article-text">
        Estamos solos y vamos recorriendo las dependencias del campo. En muchos de los bloques se conservan las literas, en otro, dentro de jaulas met&aacute;licas se amontonan miles y miles de zapatos. Llegamos al edificio de la chimenea, aislado del resto del campo. Dentro, en perfecto estado, observamos los hornos. Al lado, en un peque&ntilde;o cuarto, una mesa de piedra para autopsias. En la parte de atr&aacute;s del crematorio se ha levantado un mausoleo donde reposan las cenizas de los muertos y un poco m&aacute;s all&aacute; unas grandes ondulaciones del terreno avisan de lo que fue una inmensa fosa com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Volvemos sobre nuestros pasos entre viento y aguanieve y seguimos recorriendo el per&iacute;metro del horror. M&aacute;s barracones, los de las mujeres, los de los ni&ntilde;os. Y al final accedemos a una gran sala de paredes grises con el techo recorrido de peras de ducha. Nos adentramos a&uacute;n m&aacute;s en el silencio.
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                </figure><h3 class="article-text">La rotonda de Zamosc</h3><p class="article-text">
        Zamosc es una ciudad hermosa. Dicen que es la ciudad perfecta, amurallada en forma de estrella. Entrar en la plaza del mercado a trav&eacute;s de sus calles porticadas y contemplar la torre del Ayuntamiento y el colorido de las&nbsp; casas que llaman armenias es un placer para los sentidos. Pero en las afueras, a un kil&oacute;metro aproximadamente, se encuentra la Rotonda (la Rotunda, le dicen ellos).
    </p><p class="article-text">
        Se accede a trav&eacute;s de un paseo arbolado de oto&ntilde;o y sembrado de cruces blancas y l&aacute;pidas con estrellas rojas. Al otro lado est&aacute; el r&iacute;o. Es un edificio de ladrillo, redondo, de una planta y con un solo acceso; una gran puerta de madera vieja en la que a&uacute;n se pueden ver escritas, con la t&iacute;pica graf&iacute;a del Reich, unas cuantas frases en alem&aacute;n. Recuerda a una plaza de toros. A la izquierda, en el interior y al lado de la puerta, hay un peque&ntilde;o espacio en el que crece la hierba rodeada de restos de alambrada, que fue habilitado por los ocupantes nazis como lugar para fusilamientos. El resto del edificio, aparte de la plazuela, es un t&uacute;nel redondo con una sucesi&oacute;n de celdas, hoy ocupadas por placas, recordatorios y homenajes a los muertos.
    </p><p class="article-text">
        En el exterior, tumbas y m&aacute;s tumbas rodean el edificio. Las paredes de ladrillo est&aacute;n ataviadas con peque&ntilde;as placas de cemento en las que figuran nombres, fechas y lugares: Auschwitz, Sobibor, Majdanek, Treblinka&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Paseamos entre las cruces mientras van llegando hijos y nietos de los muertos con flores del d&iacute;a de difuntos. Aqu&iacute;, a diferencia de nuestro pa&iacute;s, no hay lugar para el olvido.
    </p><h3 class="article-text">Auschwitz&nbsp;I</h3><p class="article-text">
        En las afueras de la ciudad de Oswiecim hay un barrio de casas de dos plantas construidas de ladrillo, que antes de la guerra fue un cuartel de la caballer&iacute;a polaca. Hoy es el museo m&aacute;s conocido del Holocausto.
    </p><p class="article-text">
        A diferencia de Majdanek, donde caminamos en soledad, Auschwitz es algo parecido a una romer&iacute;a de turistas. Es complicado aislarse para ver y para pensar.
    </p><p class="article-text">
        En la entrada, en el lugar en el que persiste la reja con la famosa y c&iacute;nica frase del trabajo que nos har&aacute; libres, se acumulan docenas de visitantes con sus c&aacute;maras de fotos. Una vez que se traspasa la barrera humana y se llega a la esquina de las cocinas, donde se situaba la orquesta que marcaba el ritmo de entrada y salida al campo de los prisioneros, ya todo es m&aacute;s f&aacute;cil.
    </p><p class="article-text">
        Intento perderme entre las calles, sorteando gente. Busco espacios a los que a&uacute;n no haya llegado la marea de gente, aunque a medida que avanza la ma&ntilde;ana la cosa se complica.
    </p><p class="article-text">
        A&uacute;n as&iacute;, creo que de alg&uacute;n modo lo consigo.
    </p><p class="article-text">
        En la calle principal observo unos pin&aacute;culos que sostienen un largo rail de hierro. He llegado al lugar en el que se realizaban las ejecuciones p&uacute;blicas por ahorcamiento. M&aacute;s all&aacute;, entre el Bloque 11, conocido por ser el espacio habilitado para las torturas, y el Bloque 10, encuentro un gran patio de hormig&oacute;n con un muro al fondo adornado de flores en donde se efectuaban los fusilamientos.
    </p><p class="article-text">
        Prosigo mi camino, y dando un rodeo llego a la consabida chimenea. Al lado otra sala di&aacute;fana y terrible como la que encontr&eacute; en Majdanek. Al salir me topo con un pat&iacute;bulo de madera que es posterior al final de la guerra. Desde &eacute;l contempl&oacute; el campo por &uacute;ltima vez, el 16 de abril de 1947, Rudolf Hoess, comandante de Auschwitz, tras el juicio que le conden&oacute; a muerte por cr&iacute;menes contra la humanidad.
    </p><p class="article-text">
        Y desde ah&iacute;, por un rato, contemplo yo, desolado, el mundo.
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                </figure><h3 class="article-text">Auschwitz-Birkenau</h3><p class="article-text">
        Auschwitz II (Birkenau) es la desmesura. Est&aacute; a 3 kil&oacute;metros de Auschwitz I y naci&oacute; para ese delirio que los nazis llamaron &laquo;soluci&oacute;n final&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cuando atraviesas el arco de acceso, entre las v&iacute;as que se adentran otros dos kil&oacute;metros m&aacute;s en el campo hasta llegar a lo que queda de las c&aacute;maras de gas, lo que ves es una inmensa planicie verde adornada por cientos de chimeneas de ladrillo desnudas, &uacute;nico vestigio de los barracones que entonces all&iacute; estuvieron, y al fondo un hermoso bosque, ahora oto&ntilde;al. Y, sobre todo, muchas, muchas alambradas.
    </p><p class="article-text">
        Miras a un lado, miras al otro, y el campo parece no tener fin. Solamente te sirve como referencia la larga l&iacute;nea que forman las v&iacute;as y los andenes que lo atraviesan, como si de una imaginaria columna vertebral se tratara.
    </p><p class="article-text">
        Birkenau fue la mayor f&aacute;brica de matar de la que los nazis dispusieron. La esperanza de vida para mucha de la gente que llegaba en los convoyes, sobre todo ancianos y ni&ntilde;os, la m&aacute;s de las veces no pasaba de unas cuantas horas. Poco m&aacute;s o menos el tiempo que los m&eacute;dicos de las SS tardaban en seleccionar para la muerte a aquellos que consideraban in&uacute;tiles para el trabajo o para sus absurdos experimentos.
    </p><p class="article-text">
        Hoy en d&iacute;a las c&aacute;maras de gas y los crematorios, a diferencia de Majdanek, no existen. Lo que quedan a la vista son ruinas dinamitadas en el vano intento de los nazis por esconder al monstruo.
    </p><p class="article-text">
        Yo tambi&eacute;n quisiera esconderme de mi propia angustia, que crece como un espectro. Me adentro entre los &aacute;rboles y observo el vuelo tranquilo de los p&aacute;jaros.
    </p><h3 class="article-text">Podgorze: la plaza de las sillas</h3><p class="article-text">
        Al sur de Cracovia se encuentra la antigua ciudad jud&iacute;a de Kazimierz, hoy anexionada como barrio a la ciudad monumental. Todav&iacute;a se conservan varias sinagogas.
    </p><p class="article-text">
        Al otro lado del r&iacute;o V&iacute;stula, a&uacute;n m&aacute;s al sur, est&aacute; el barrio de Podgorze. A este lugar trasladaron los nazis en 1941 a todos los jud&iacute;os de Kazimierz, hacin&aacute;ndolos tras los muros de lo que llamaron el gueto de Cracovia. Las que hab&iacute;an sido sus casas fueron ocupadas por polacos gentiles (no jud&iacute;os).
    </p><p class="article-text">
        Cuando cruzas el puente y llegas all&iacute; lo primero que encuentras es una plaza sembrada de sillas. En esta plaza eran reunidos en masa los jud&iacute;os a la espera de su deportaci&oacute;n a los campos de exterminio cercanos. Las sillas representan todo aquello que se vieron obligados a dejar atr&aacute;s. Todo lo que no cab&iacute;a en sus maletas in&uacute;tiles.
    </p><h3 class="article-text">La cruz de Katyn</h3><p class="article-text">
        Entre abril y mayo de 1940, tras invadir Polonia desde el este, las tropas sovi&eacute;ticas ejecutaron con un disparo en la cabeza a 22.000 polacos. Entre ellos hab&iacute;a oficiales del ej&eacute;rcito, polic&iacute;as, intelectuales y profesionales de todo tipo. Sus cuerpos fueron enterrados en una inmensa fosa com&uacute;n en el bosque de Katyn, a las afueras de la ciudad rusa de Smolensk.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, por toda Polonia se recuerda ese genocidio con dolorosas cruces de madera plantadas en calles y plazas.
    </p><p class="article-text">
        En una peque&ntilde;a glorieta al pie del Castillo de Wawel se eleva la de Cracovia. Mientras estamos all&iacute;, un hombre desgarbado, con un atuendo en el que se mezclan prendas civiles y militares, se acerca y deposita en silencio la fotograf&iacute;a de carnet de una mujer joven y luego se pierde entre la marea de turistas que bajan de la catedral.
    </p><h3 class="article-text">Face to face</h3><p class="article-text">
        En una de las librer&iacute;as de Auschwitz compro un librito con unos cuantos dibujos que representan la terror&iacute;fica vida cotidiana en el campo. El cuaderno que los inclu&iacute;a fue escondido por un prisionero an&oacute;nimo y apareci&oacute; en una de las dependencias mucho despu&eacute;s, una vez acabada la guerra.
    </p><p class="article-text">
        Esos mismos dibujos, los originales, me los encuentro junto a otras obras en una emotiva exposici&oacute;n en la ciudad vieja de Cracovia titulada <em>Face to face. Art in Auschwitz</em>. Son pinturas realizadas por artistas prisioneros de toda Europa que los nazis manten&iacute;an vivos para su solaz y su provecho.
    </p><h3 class="article-text">La circunferencia</h3><p class="article-text">
        A&uacute;n no me he ido de Polonia y, alarmado, leo en la prensa que, d&iacute;as antes, una manifestaci&oacute;n de 60.000 nazis de toda Europa ha tomado las calles de Varsovia reclamando un holocausto isl&aacute;mico.
    </p><p class="article-text">
        Sesenta mil nazis. Sesenta mil nazis pugnando por cerrar la circunferencia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mariano Calvo Haya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/polonia-pequeno-itinerario-maldad_132_3020929.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 Dec 2017 06:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Polonia: un pequeño itinerario de la maldad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Memoria Histórica,Revista Amberes,Polonia,Auschwitz,Holocausto,Judíos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Juan Manuel Roca: "A mayor violencia, mayor fe en la palabra"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cultura/juan-manuel-roca-mayor-violencia_128_3718989.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3017f1dc-b2cd-42c0-ba98-f8f4941fdf90_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="El poeta colombiano Juan Manuel Roca."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Doble cita del Premio Nacional de Poesía de Colombia en La Vorágine y en La Surada Poética de Santander para defender la poesía de la conciencia crítica, pero "no la de puño cerrado, el panfleto"</p><p class="subtitle">La editorial de la librería de la cultura crítica presenta su línea 'Poemas (in) surgentes' con el libro 'Las hipótesis de Nadie' este viernes</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Nadie&rdquo;, as&iacute; le dijo Ulises a Polifemo cuando el c&iacute;clope le pregunt&oacute; su nombre. Nadie. &ldquo;Me impact&oacute; mucho eso, que un h&eacute;roe quisiera llamarse nadie, como una gran cr&iacute;tica a la fugacidad del tiempo. Luego cuando le&iacute; al capit&aacute;n Nemo -que en griego quiere decir Nadie- me interes&oacute; esa iron&iacute;a que permite desacralizar la idea de que hay unos que son alguien y son nadie&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Juan Manuel Roca, fascinado por los nadie, se columpia en las palabras de Homero, o de Garc&iacute;a Lorca, o de C&eacute;sar Vallejo, o de Julio Verne, o de Yannis Ritsos, o de Miguel Hern&aacute;ndez, o de Jos&eacute; Asunci&oacute;n Silva, o de Nazim Hikmet Ran&hellip; La conversaci&oacute;n del poeta colombiano invitado a la descarga final de La Surada Po&eacute;tica 2016 es un viaje inagotable por la fuerza de la palabra en castellano, una &ldquo;lengua que no se qued&oacute; enquistada en el tiempo, que sigue viva&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Juan Manuel Roca (Medell&iacute;n, 1946) ha logrado, con el pasar de los a&ntilde;os, ser Juan Manuel Roca. Quiso ser C&eacute;sar Vallejo, pero Vallejo ya fue. &ldquo;Quem&eacute; mi primer libro porque era excesivamente y pobremente vallejiano. No pod&iacute;a ser Vallejo: no soy cholo [mestizo ind&iacute;gena], no tengo la raigambre ind&iacute;gena de Vallejo, no tengo la melancol&iacute;a andina, no tengo el sufrimiento de C&eacute;sar Vallejo, ni estuve preso por las huelgas de los mineros de tungsteno. No pod&iacute;a ser C&eacute;sar Vallejo, no pod&iacute;a ponerme una trenza a la usanza ind&iacute;gena ecuatoriana&hellip; me toc&oacute; aceptar que no pod&iacute;a ser &eacute;l y conformarme con ser Juan Manuel Roca. Ah&iacute; empezaron mis tropiezos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El Premio Nacional de Poes&iacute;a (Colombia), Premio Lezama Lima (Cuba) o Casa de Las Am&eacute;ricas de Poes&iacute;a (y as&iacute; hasta llenar varios p&aacute;rrafos) podr&iacute;a pasar inadvertido. Si no escribiera, si no hablara como habla, si no tuviera claro que &ldquo;aunque no puede vivir de la poes&iacute;a, no puede vivir sin poes&iacute;a&rdquo;. Roca presenta este viernes 25 de noviembre, a las 19.30 horas, su libro 'Las hip&oacute;tesis de Nadie' en la librer&iacute;a La Vor&aacute;gine de Santander, que lo ha editado en Espa&ntilde;a, y este s&aacute;bado estar&aacute; en <a href="http://www.eldiario.es/norte/cantabria/cultura/Danza-poesia-abrigo-marino-Surada_0_582692723.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">esa descarga de viento sur</a>&nbsp;junto a Francesc Bravo, Ritxi Poo, Maribel Fern&aacute;ndez Garrido, Pedro Luis Verdejo y Juan G. Quiz&aacute;, como dice el propio Roca reci&eacute;n llegado de Bogot&aacute; a Cantabria, en estos d&iacute;as tengamos la oportunidad de &ldquo;festejar a Nadie para presumir que somos alguien&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Nadie, si nos aferramos al poema que da t&iacute;tulo al libro, &ldquo;puede ser el que nunca fue, / El que nunca ser&aacute;, / El que se cans&oacute; de haber sido. / Quiz&aacute; sea en el pa&iacute;s de los desaparecidos / El &uacute;nico aparecido que llamamos fantasma, / El que pone a traquear / Las escaleras en la noche / O tumba una sart&eacute;n en la cocina, / El que cambia de sitio a los cubiertos / Que no logramos encontrar, / El ladr&oacute;n de lejan&iacute;as&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Hay brechas entre la poes&iacute;a en castellano a ambos lados del oc&eacute;ano Atl&aacute;ntico?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Se puede mirar la poes&iacute;a a uno y otro lado y encontrar muchas afinidades en cuanto a lo tem&aacute;tico y, claro, con ciertas diferencias en el uso del lenguaje. Pero han sido tan grandes esos vasos comunicantes entre las dos culturas que un poeta latinoamericano nos puede llevar en sus cabeceras, en sus influencias, a poetas de Espa&ntilde;a y viceversa. Eso se da, especialmente, desde la &eacute;poca del modernismo, con Rub&eacute;n Dar&iacute;o a la cabeza y con colombianos como Jos&eacute; Asunci&oacute;n Silva. El modernismo fue una manera de devolverle las carabelas a Espa&ntilde;a cargadas de un nuevo sentido de la lengua. La poes&iacute;a nunca volvi&oacute; a ser la misma ni siquiera en Espa&ntilde;a. El primer territorio libre de Am&eacute;rica fue el modernismo.
    </p><p class="article-text">
        Hay poetas que son como los hombres de Croma&ntilde;&oacute;n de todo lo que se ha escrito posteriormente, en Espa&ntilde;a y en Latinoam&eacute;rica, son poetas que para nosotros han sido infinitamente gestadores, <em>pre&ntilde;adores</em>&hellip; En mi caso particular, porque cada uno tiene sus filias y sus fobias, uno de esos poetas de Croma&ntilde;&oacute;n que me ha acompa&ntilde;ado como una pr&oacute;tesis para caminar en el mundo ha sido Federico Garc&iacute;a Lorca. En mi adolescencia cay&oacute; en mis manos 'Poetas en Nueva York' y fue deslumbrante y siempre me ha acompa&ntilde;ado. Nadie ha penetrado de forma sociol&oacute;gica, aguda y libertaria (Lorca dec&iacute;a que todo poeta era anarquista) en esa ciudad. Para m&iacute; es el aporte m&aacute;s grande al surrealismo. La mayor&iacute;a de los poetas de mi generaci&oacute;n lo hemos tenido como un poeta de la guarda y lo sigue siendo de muchos poetas j&oacute;venes. En la universidad en la que doy clases, hay que ver cuando los j&oacute;venes leen 'Poeta en Nueva York' como los tumba del caballo, del caballo de la raz&oacute;n, de la mansedumbre, del conservadurismo&hellip; Hay m&aacute;s proximidades que reticencias.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y de Latinoam&eacute;rica? &iquest;Cu&aacute;les son sus filias y sus fobias po&eacute;ticas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        A m&iacute; el poeta que m&aacute;s me ha deslumbrado de Am&eacute;rica Latina y que me ha acompa&ntilde;ado en mi vida desde que tengo uso de raz&oacute;n po&eacute;tica es C&eacute;sar Vallejo. Parte de mi adolescencia la viv&iacute; con un t&iacute;o poeta vanguardista de los a&ntilde;os veinte, cuando en Colombia no hab&iacute;a vanguardias: Luis Vidales. &Eacute;l puso en mis manos un libro de C&eacute;sar Vallejo, recuerdo la edici&oacute;n con una gamuza azul&hellip; preciosa. Eso me baj&oacute; de una l&iacute;nea de conducta que era casi &uacute;nica en ese momento para mi: la de ser un gran futbolista. Tuve unos d&iacute;as de incapacidad, me puso ese libro tentador y empec&eacute; a leerlo. Me deslumbr&oacute; para siempre. Sonar&aacute; pedante que un adolescente lea a Vallejo y se deslumbre, pero la verdad es que le&iacute; a Vallejo y cambio mi vida. Me emocionaba incluso sin entenderlo, quiz&aacute; porque la poes&iacute;a se entiende mejor con la inteligencia del coraz&oacute;n que con la del cerebro. Me fascin&oacute; esa manera de ir al hueso del lenguaje, no a la adiposidad del lenguaje, no al pulso ling&uuml;&iacute;stico que encontraba en Neruda, que la verdad nunca ha sido santo de mi devoci&oacute;n. Y ah&iacute; decid&iacute; dedicarme a escribir poes&iacute;a, o a algo que se podr&iacute;a llamar poes&iacute;a&hellip; Es un poeta que influy&oacute; mucho en lo que yo empec&eacute; a escribir.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Usted viene de un pa&iacute;s que, como m&iacute;nimo, lleva 60 a&ntilde;os en los que las balas han sonado m&aacute;s que las palabras. &iquest;Qu&eacute; sentido ha tenido para usted escribir poes&iacute;a todos estos a&ntilde;os?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Nuestro anfitri&oacute;n secreto, Jos&eacute; Eustasio Rivera [la entrevista se hace en la librer&iacute;a La Vor&aacute;gine], en 'La Vor&aacute;gine' escribe: &ldquo;Jugu&eacute; mi coraz&oacute;n al azar y me lo gan&oacute; la violencia&rdquo;. Parece que los colombianos le jug&aacute;ramos al azar todos los temas y por obvias razones, sociales y pol&iacute;ticas, no los termina ganando el tema de la violencia.
    </p><p class="article-text">
        Sin que sea una cosa program&aacute;tica o fundacional, la poes&iacute;a colombiana se ha vuelto en momentos de una crisis tan honda, en que lo primero que entra en crisis es la palabra&hellip; se ha vuelto una especie de resistencia espiritual. De ah&iacute; que el festival de poes&iacute;a m&aacute;s grande del mundo, y lo llamo de esa forma hiperb&oacute;lica sin exagerar, es el de Medell&iacute;n y naci&oacute; en un momento de la cruenta violencia del narco, de los grandes desplazamientos forzados en el pa&iacute;s. Adorno dec&iacute;a que c&oacute;mo se pod&iacute;a escribir poes&iacute;a despu&eacute;s de Auschwitz. Precisamente, ah&iacute; es donde hay que escribirla. Porque la poes&iacute;a es algo m&aacute;s que un g&eacute;nero literario, es una manera de andar por el mundo, de respirar en &eacute;l. Y lo social y lo pol&iacute;tico son parte de lo po&eacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Yo digo que como no se ha podido poetizar la pol&iacute;tica, se ha politizado la po&eacute;tica y muchas veces de una manera muy pobre: la poes&iacute;a de pu&ntilde;o cerrado, el panfleto, el ideologismo han dejado, adem&aacute;s de buenas intenciones, unos registros muy pobres.&nbsp; Desde una orilla, siempre la de la derecha, se critica la poes&iacute;a pol&iacute;tica. Y se se&ntilde;ala los malos pasos de la poes&iacute;a pol&iacute;tica, el mal Neruda, que hay un mal Neruda &ndash;dir&iacute;a que Neruda es un gran poeta malo a veces es muy bueno&ndash;, Benedetti, aunque s&eacute; que me gano muchos l&iacute;os al decir que es insufrible, y tantos otros, generalmente gente muy afincada en una ideolog&iacute;a partidista. Pero la otra v&iacute;a de la poes&iacute;a pol&iacute;tica con un alto rango est&eacute;tico no la se&ntilde;alan: es la de Rene Char y los poetas de la resistencia francesa, la de Yannis Ritsos, la del turco Nazim Hikmet... En nuestro caso, C&eacute;sar Vallejo, Miguel Hern&aacute;ndez&hellip; por supuesto Aim&eacute; C&eacute;saire, el gran poeta de Martinica, el mejor Bertolt Brecht, Paul Celan... Las circunstancias de que Colombia haya vivido una encrucijada hist&oacute;rica tan dram&aacute;tica y se atreva al canto es muy interesante. Adem&aacute;s, a pesar de todo, de que no se edite poes&iacute;a, de que la poes&iacute;a est&aacute; en la trastienda literaria de Colombia, la poes&iacute;a atrae masas en mi pa&iacute;s, no hay nada que atraiga m&aacute;s a los j&oacute;venes. A mayor violencia parece que hubiera una mayor fe en la palabra.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En el estado espa&ntilde;ol hay un fuerte movimiento po&eacute;tico de la conciencia cr&iacute;tica. &iquest;Cree que es necesaria esa etiqueta? &iquest;Hay algo similar en Colombia?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No, en Colombia no existe nada similar, sino de manera perif&eacute;rica. Aunque la revista Prometeo y el Festival de Medell&iacute;n contienen un aparato cr&iacute;tico. La poes&iacute;a de la conciencia cr&iacute;tica es fundamental, ah&iacute; hay grandes hallazgos, pero creo que es de un activismo m&aacute;s bien reciente y est&aacute; en formaci&oacute;n. El poeta tiene que cumplir un papel necesariamente cr&iacute;tico. Yo me distancio de forma refractaria de poetas que hacen una poes&iacute;a muy bien elaborada, muy bien&nbsp; hecha y respetable&hellip; me parece que lo que no est&aacute; sucio de realidad &ndash;y no hablo de realismo socialista&ndash; cojea y se vuelve un objeto, meros aparatos verbales estetizantes, nada m&aacute;s. Hay un cronista colombiano de los a&ntilde;os veinte que yo pondr&iacute;a entre los poetas, Luis Tejada, que dec&iacute;a que era muy f&aacute;cil en un mal poema llevarle a la amada un ramo de rosas porque las rosas tienen una her&aacute;ldica po&eacute;tica, que lo dif&iacute;cil es llevarle un ramo de zanahorias a la amada y lograr que sea po&eacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Lo que s&iacute; le falta a nuestra poes&iacute;a, y se lo pedir&iacute;a a la poes&iacute;a que trabaja lo pol&iacute;tico y lo social, es la iron&iacute;a. Hay que quitarle hierro al asunto, hay que oxidar ese hierro, llenarlo de p&aacute;tina y de or&iacute;n y desacralizar esos temas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Acaba de publicar una antolog&iacute;a de poes&iacute;a anarquista y a usted se le etiqueta muchas veces como poeta anarquista... &iquest;Qu&eacute; significa para usted lo libertario?</strong>
    </p><p class="article-text">
        A mi el r&oacute;tulo de anarquista me gusta pero no me parece justo. Yo no tengo esa pasi&oacute;n por el otro, no tengo esa capacidad de entregarme por el otro como lo hicieron los anarquistas. Si uno coge el santoral anarquista&hellip; &iexcl;caramba! &iexcl;qu&eacute; coherencia!, &iexcl;qu&eacute; belleza!, &iexcl;qu&eacute; entrega! Yo no creo haber hecho nada parecido, pero que mi esp&iacute;ritu ronda esos espacios, sin duda. Poes&iacute;a y libertad caminan por la misma carrilera.
    </p><p class="article-text">
        Si uno se pone a pensar en el orden est&eacute;tico, en la narraci&oacute;n o desde la teor&iacute;a filos&oacute;fica el anarquismo ha generado grandes figuras. Hay muchas referencias anarquistas&hellip; Hay un gran fresco del anarquismo que es extraordinario. Y a eso se le adhieren grupos de personas que piensa en contrav&iacute;a de lo establecido y que no son aceite sino arena en la maquinaria del horror. Por ejemplo, los situacionistas, los pataf&iacute;sicos&hellip; se mueve un espectro muy interesante para las artes.
    </p><p class="article-text">
        Yo no me siento anarquista, me siento muy ligado a lo libertario y admiro mucho a los grandes anarquistas, que me han influenciado, sin duda, pero a m&iacute; me parece muy grande el r&oacute;tulo. Hay dos r&oacute;tulos inmensos que cuando alguien los junta para referirse a mi no s&eacute; donde esconderme: poeta y anarquista. Yo le digo a mis amigos que cuando sea grande ser&eacute; anarquista.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Roca es un grande. Un grande de la palabra que ama la conversaci&oacute;n y el buen trago compartido. Un poeta a tiempo completo que tambi&eacute;n navega en el ensayo y que camina el mundo cargado de espejos &ndash;&ldquo;l&iacute;mite del mundo y un m&aacute;s all&aacute; del mundo&rdquo;- y de una ceguera luminosa &ndash;&ldquo;la poes&iacute;a es una luna que ilumina nuestra oscuridad&rdquo;. De esas alforjas han salido algo m&aacute;s de una treintena de poemarios, un par de novelas y un pu&ntilde;ado de buenos ensayos sobre arte, poes&iacute;a, memoria y anarquismo. Ahora, en Cantabria, deja la semilla de 'Las hip&oacute;tesis de Nadie'.</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paco Gómez Nadal, Mariano Calvo Haya]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 Nov 2016 09:29:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Juan Manuel Roca: "A mayor violencia, mayor fe en la palabra"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Poesía,Colombia,La Vorágine,Santander,Entrevistas]]></media:keywords>
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