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    <title><![CDATA[elDiario.es - Delia Rodríguez]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiario.es - Delia Rodríguez]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El abismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/abismo_1_12856587.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/23ea27f7-4455-4cda-bbff-c1683b19ff8f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El abismo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Buceando en la brecha sentimental entre los chicos y chicas de la generación Z</p><p class="subtitle">Este artículo fue publicado en el número 48 de la revista impresa de elDiario.es de junio de 2025. Si quieres apoyar un periodismo comprometido y honesto, hazte socio y recibe en casa la revista completa 'El poder del amor moderno'</p></div><p class="article-text">
        Un d&iacute;a de mayo, Roc&iacute;o Bueno, alias Roro, no pudo m&aacute;s. Delante de la misma c&aacute;mara donde escenifica su papel de perfecta chica tradicional &ndash;apa&ntilde;ada en el hogar y dedicada a su pareja; jovenc&iacute;sima, alegre, guapa y lista, pero de ideolog&iacute;a conservadora&ndash; rompi&oacute; la regla de oro de quienes trabajan de cara al p&uacute;blico: jam&aacute;s te metas con quien te da de comer. Delante de sus 8,4 millones de seguidores en TikTok (su irrupci&oacute;n fue, probablemente, el mayor fen&oacute;meno viral de 2024 en Espa&ntilde;a), la <em>influencer</em>, visiblemente enfadada y con un tono de voz grave, sali&eacute;ndose por una vez del personaje audiovisual que la ha hecho famosa, dijo lo siguiente: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; co&ntilde;o os pasa? Est&aacute;is malitos de la cabeza todos, eh. Que yo tenga que estar explicando esto me tiene dando volteretas, pero mira, venga [...]. Dejad de proyectar vuestras inseguridades sobre m&iacute; y sobre mi relaci&oacute;n porque no es mi culpa que no os hayan querido, de verdad&rdquo;. Se refer&iacute;a al rumor popularizado en redes sobre una infidelidad suya hacia su pareja y que algunos de sus fans desencantados interpretaban como una profec&iacute;a autocumplida: al final, todas iguales.
    </p><p class="article-text">
        La generaci&oacute;n de Roro, la llamada Z o<em> centennial</em>, nacida entre 1995 y 2012, es una generaci&oacute;n extra&ntilde;a, y no solo porque est&eacute;n entrando ahora en la vida p&uacute;blica y cada nueva hornada de j&oacute;venes resulte incomprensible para sus mayores: los datos coinciden en que existe una brecha enorme e in&eacute;dita entre sus valores y creencias y las de generaciones anteriores. Existe, adem&aacute;s, una brecha dentro de la brecha, una gran divisi&oacute;n entre los chicos y las chicas cuyas consecuencias a largo plazo est&aacute;n a&uacute;n por ver. &ldquo;Esta divergencia, seg&uacute;n los datos, se consolid&oacute; en apenas unos seis a&ntilde;os a partir de 2018 y es tan an&oacute;mala que algunos analistas consideran que la generaci&oacute;n Z es como dos generaciones dentro de una&rdquo;, escribe el consultor pol&iacute;tico Antoni Guti&eacute;rrez-Rub&iacute; en su libro <em>Polarizaci&oacute;n, soledad y algoritmos</em> (Siglo XXI, 2025), una radiograf&iacute;a de las nuevas generaciones que acaba de publicar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El personaje de Roro es una excepci&oacute;n ideol&oacute;gica dentro de las mujeres de su generaci&oacute;n, y quiz&aacute;s a ello deba su triunfo. Encarna una fantas&iacute;a masculina en extinci&oacute;n, una salvedad nost&aacute;lgica de la norma social. Sus seguidores, fundamentalmente hombres j&oacute;venes de derechas, tienen raz&oacute;n cuando piensan que ya no quedan chicas as&iacute;. Si ellas son cada vez m&aacute;s abiertas en lo pol&iacute;tico, lo social y lo sexual, ellos est&aacute;n girando hacia posturas m&aacute;s conservadoras o abiertamente reaccionarias. Mientras soci&oacute;logos, pol&iacute;ticos, empresas y organizaciones intentan descifrarlos, la juventud sufre en sus carnes una de las consecuencias de la incomprensi&oacute;n mutua que es a la vez m&aacute;s &iacute;ntima y m&aacute;s pol&iacute;tica: el desamor, entendido como el desajuste de un mercado sentimental en el que oferta y demanda no consiguen encontrarse en ning&uacute;n punto de la gr&aacute;fica. La tendencia se observa en Espa&ntilde;a, y se repite en otros pa&iacute;ses del mundo. Causas y consecuencias se confunden y entrelazan, pero quiz&aacute; una de las tareas m&aacute;s importantes para nuestro futuro conjunto sea comprender el fen&oacute;meno.
    </p><h2 class="article-text">Tres grandes cambios</h2><p class="article-text">
        Para entender qu&eacute; est&aacute; ocurriendo entre ellos y ellas, entre nosotros y nosotras, merece la pena repensar tres ideas com&uacute;nmente aceptadas: una, los j&oacute;venes comparten valores generalmente identificados con la izquierda; dos, la heterosexualidad en la adolescencia y los primeros a&ntilde;os de la vida adulta es la norma, y la bisexualidad una opci&oacute;n minoritaria; tres, la soledad y la infelicidad son problemas de los mayores. Por desconcertante que resulte para los observadores de otras generaciones, estas afirmaciones ya no son totalmente ciertas, o al menos, caben muchos matices en ellas.
    </p><p class="article-text">
        Comencemos por la primera de las creencias que han quedado obsoletas en los &uacute;ltimos a&ntilde;os: los j&oacute;venes son m&aacute;s progresistas que los adultos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde finales de los ochenta, el Centro de Investigaciones Sociol&oacute;gicas, el CIS, pregunta mensualmente a los ciudadanos espa&ntilde;oles por su orientaci&oacute;n pol&iacute;tica, pidi&eacute;ndoles que se ubiquen dentro de una escala del uno al diez, siendo el uno la extrema izquierda y el diez la extrema derecha. Los chicos y las chicas de entre 18 y 24 a&ntilde;os se han mantenido m&aacute;s o menos juntos y a la izquierda durante d&eacute;cadas. Sin embargo, a partir de 2018 (el a&ntilde;o del caso de &lsquo;la manada&rsquo; y las grandes movilizaciones que prendieron la mecha feminista) sus caminos se separan en las gr&aacute;ficas. Ellos hacia la derecha, ellas hacia la izquierda. Desde hace dos a&ntilde;os, los chicos j&oacute;venes superan el cinco; es decir, por primera vez desde que tenemos datos se sienten m&aacute;s de derechas que de izquierdas. Son ahora el grupo de edad m&aacute;s conservador de Espa&ntilde;a, superando incluso a quienes tradicionalmente ostentaban este puesto: las mujeres de m&aacute;s de 65 a&ntilde;os. Sus coet&aacute;neas no les acompa&ntilde;an en ese camino.
    </p><p class="article-text">
        El voto en las pasadas elecciones europeas confirm&oacute; el giro: uno de cada tres chicos j&oacute;venes vot&oacute; a Vox y uno de cada cuatro, al PP. Ellos tambi&eacute;n fueron responsables del esca&ntilde;o que llev&oacute; a Bruselas al ultra Alvise. Su agenda, gamberra, desinformadora, en contra de la inmigraci&oacute;n y la igualdad de g&eacute;nero, basada en el descr&eacute;dito del sistema y desarrollada &iacute;ntegramente en redes sociales, reson&oacute; en una juventud hiperconectada.
    </p><p class="article-text">
        La derechizaci&oacute;n de los chicos forma parte de una corriente internacional. El an&aacute;lisis de los datos electorales de 27 pa&iacute;ses europeos encontr&oacute; que, durante el a&ntilde;o pasado, un 21% de los hombres menores de treinta a&ntilde;os hab&iacute;a apoyado a partidos de ultraderecha, cuando solo el 14% de mujeres lo hizo. La generaci&oacute;n Z, de hecho, llega a mirar con buenos ojos el autoritarismo: en Espa&ntilde;a, al 38% de los menores de 24 a&ntilde;os no les importar&iacute;a vivir en un r&eacute;gimen &ldquo;poco democr&aacute;tico&rdquo; si eso le garantiza una supuesta &ldquo;mejor calidad de vida&rdquo; (CIS, 2025). La Transici&oacute;n parece quedar ya muy lejos. &ldquo;Hist&oacute;ricamente, la democracia era un sistema pol&iacute;tico que llevaba impl&iacute;cito una mejora econ&oacute;mica y social. Pero esa vinculaci&oacute;n de democracia con prosperidad es algo que ya no se da&rdquo;, dijo el polit&oacute;logo Oriol Bartomeus a elDiario.es, en un reciente an&aacute;lisis sobre el tema.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Continuemos con el segundo axioma en duda: para hombres y mujeres de cualquier edad, la bisexualidad es una opci&oacute;n minoritaria, y la heterosexualidad, la norma. Es dif&iacute;cil decidir d&oacute;nde se traza la l&iacute;nea de lo minoritario, pero desde luego, cuando cuatro de cada diez mujeres de entre 18 y 24 a&ntilde;os se identifican como bisexuales &ndash;como dice el CIS de enero de 2025&ndash; no es posible defender que esta opci&oacute;n sea residual para las j&oacute;venes. Volvemos a encontrar aqu&iacute; una brecha con los chicos: solo el 9,5% de ellos se reconoce como bisexual. Frente al 85% de los varones de la generaci&oacute;n Z que se declaran heterosexuales, solo el 58% de las mujeres lo hace. &ldquo;Me parece el fen&oacute;meno sociol&oacute;gico m&aacute;s llamativo de la &uacute;ltima d&eacute;cada&rdquo;, dijo en X el fundador de la empresa de an&aacute;lisis Graphext, Victoriano Izquierdo, al desglosar los datos.
    </p><p class="article-text">
        La defensa impl&iacute;cita de la pareja tradicional heterosexual y mon&oacute;gama que hace Roro tambi&eacute;n va a contracorriente. Los j&oacute;venes aqu&iacute; no est&aacute;n solos: la idea de pareja convencional est&aacute; en revisi&oacute;n en todas las edades. En el sorprendente informe del CIS de abril de 2023 sobre relaciones sociales y afectivas, cuatro de cada diez espa&ntilde;oles dijeron estar a favor de que las parejas acuerden relaciones abiertas; casi la mitad afirmaba creer que el poliamor es posible y dos de cada tres era partidario de las parejas sin convivencia. Seg&uacute;n ese mismo estudio, el 75% de los espa&ntilde;oles ten&iacute;a pareja en ese momento.
    </p><p class="article-text">
        Llegamos as&iacute; al tercer supuesto: la soledad y la infelicidad son problemas adultos. La mayor&iacute;a de espa&ntilde;oles cree que el colectivo que m&aacute;s sufre la soledad no deseada es el de los mayores, pero la realidad parece desmentirlo: seg&uacute;n datos de 40 dB, el 37% de quienes tienen entre 18 y 24 a&ntilde;os se ha sentido as&iacute;. Los porcentajes van bajando hasta reducirse al 13% en los mayores de 55 a&ntilde;os. Entre los estudiantes, por ejemplo, el sentimiento de soledad alcanza al 27%.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el &uacute;ltimo Informe Mundial de la Felicidad, los nacidos antes de 1965 tienden a ser m&aacute;s felices que los nacidos desde 1980. En pa&iacute;ses como Espa&ntilde;a, Noruega, Suecia, Alemania, Francia o Reino Unido los mayores son significativamente m&aacute;s felices que los j&oacute;venes. En&nbsp;<em>Polarizaci&oacute;n, soledad y algoritmos</em> se plantean algunas causas materiales: la dificultad para comprar o alquilar una vivienda y comenzar una vida independiente (en Espa&ntilde;a, la edad de la emancipaci&oacute;n ha subido hasta los 30,4 a&ntilde;os), el desempleo juvenil y el aumento del coste de vida. Esto, sumado a la creciente ecoansiedad, a la brecha intergeneracional y a la ruptura del pacto que garantizaba que, si uno se formaba acabar&iacute;a teniendo un trabajo y una vida independiente y prometedora, crea un nuevo estado emocional. &ldquo;Esta nueva realidad genera agobio ante la idea de un futuro con incertidumbres y pocas garant&iacute;as. No es extra&ntilde;o que muchos j&oacute;venes decidan mirar m&aacute;s hacia atr&aacute;s que hacia adelante&rdquo;, escribe su autor.
    </p><h2 class="article-text">Dos visiones del mundo</h2><p class="article-text">
        Desechadas ya un buen n&uacute;mero de ideas preconcebidas sobre la juventud, los expertos a&uacute;n citan un factor m&aacute;s que divide a chicos y chicas. Adem&aacute;s de las diferencias ideol&oacute;gicas y afectivas, existen las educativas. A pesar de que a nivel global a&uacute;n queda mucho por hacer en materia de igualdad, es cierto que a ellas les va sensiblemente mejor en las aulas en muchos pa&iacute;ses, incluido el nuestro. Si el 28% de los chicos de la OCDE que participan en el informe PISA fallan en alcanzar los niveles m&iacute;nimos de lectura, entre las chicas el porcentaje es solo del 14%. En Espa&ntilde;a, seis de cada diez j&oacute;venes con estudios universitarios son mujeres, un porcentaje superior al de los pa&iacute;ses de la OCDE e, incluso, Europa. A los quince a&ntilde;os, un chico espa&ntilde;ol tiene el doble de posibilidades de repetir curso que una de sus compa&ntilde;eras. Es f&aacute;cil imaginar el sentimiento de agravio de los j&oacute;venes que se quedan atr&aacute;s mientras cierta clase pol&iacute;tica saca partido a la situaci&oacute;n bombarde&aacute;ndoles con el mensaje de que las pol&iacute;ticas de igualdad benefician de forma injusta a las mujeres. Uno de cada dos chicos menores de 24 a&ntilde;os cree que la lucha por la igualdad ha ido tan lejos que ahora se discrimina a los hombres, revel&oacute; el CIS en 2024. Ellas, a cambio, son muy conscientes de la desigualdad social que a&uacute;n sufren, y no est&aacute;n dispuestas a volver atr&aacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los soci&oacute;logos han comprobado repetidas veces c&oacute;mo una mayor formaci&oacute;n est&aacute; relacionada con una visi&oacute;n del mundo m&aacute;s progresista, y al rev&eacute;s. Esto crea un desequilibrio en el mercado amoroso con consecuencias demogr&aacute;ficas complejas. La soci&oacute;loga del Centre d&rsquo;Estudis Demogr&agrave;fics de la UAB Maike van Damme calcul&oacute; el a&ntilde;o pasado con datos de 2018 que para las mujeres espa&ntilde;olas heterosexuales con estudios superiores y creencias feministas que buscan pareja existe un d&eacute;ficit masculino del 34% (si desean que tengan valores igualitarios como ellas) y del 25% si se conforman con que posean un nivel educativo similar. Dicho de otro modo, un tercio de las universitarias en busca de una relaci&oacute;n hetero permanecer&aacute;n solteras por falta de hombres, a menos que decidan renunciar a parte de sus deseos. Y, al contrario, &ldquo;el 25% de todos los hombres con educaci&oacute;n baja y tradicionales no encontrar&aacute; una pareja femenina con la misma educaci&oacute;n y valores de g&eacute;nero&rdquo;, declar&oacute; la investigadora al diario La Vanguardia. La investigadora cree que los resultados, con datos m&aacute;s recientes, mostrar&iacute;an porcentajes de desencuentros a&uacute;n mayores.
    </p><p class="article-text">
        Identificarse con la izquierda o la derecha no deja de ser una forma de resumir ciertos sistemas de valores. Pero, &iquest;qu&eacute; pasa cuando esas formas de ver el mundo son tan opuestas que significan una <em>red flag</em>, un hecho que rompe la baraja del juego para el otro sexo? El flirteo heterosexual se complica cuando seis de cada diez<em> centennials </em>varones cree que la lucha por la igualdad de g&eacute;nero ha ido demasiado lejos, uno de cada cuatro expresa incomodidad ante una pareja gay, tres de cada cuatro creen que los inmigrantes reciben demasiadas ayudas y uno de cada diez menores de 19 niega la existencia de la violencia de g&eacute;nero. Si llevamos los arquetipos actuales juveniles hasta el extremo, &iquest;c&oacute;mo es posible que se entiendan un simpatizante de Alvise o Vox, heterosexual, mon&oacute;gamo, con problemas para independizarse y dudas sobre c&oacute;mo encarnar los valores de la masculinidad, y una joven hipereducada bisexual, poliamorosa y de izquierdas, preocupada por el futuro del planeta, muy consciente de las desigualdades de g&eacute;nero? &iquest;C&oacute;mo hacerlo cuando ambos se sienten solos e infelices, y comparten una preocupaci&oacute;n profunda y justificada por su futuro, mucho m&aacute;s incierto que el de generaciones anteriores? &iquest;Qu&eacute; ocurre cuando, adem&aacute;s, todo ha cambiado de una forma tan r&aacute;pida y tan radical, y no encuentran referentes en las instituciones y las generaciones anteriores?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Dos testimonios anonimizados recogidos en los<em> focus group</em> realizados por Guti&eacute;rrez-Rub&iacute; para la elaboraci&oacute;n de su libro ilustran bien la diferencia entre los dos mundos: &ldquo;Vas con miedo a la discoteca, ya no existe la presunci&oacute;n de inocencia de un hombre. Por ejemplo, te meten una noche en el calabozo y luego vemos si es verdad o no&rdquo;, comenta un chico. &ldquo;Si yo llego a un sitio donde hay hombres y digo que soy feminista, no me van a mirar bien, porque se piensan que es en plan radical y se toman el hecho de ser feminista como una amenaza&rdquo;, dice una chica.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ellos son mucho m&aacute;s cautelosos, saben que pueden meter la pata y que tienen mucho m&aacute;s dif&iacute;cil ligar que antes. Y a esas edades ligar es lo que m&aacute;s te importa en la vida&rdquo;, explica un jefe de estudios de un gran instituto del sur de Madrid, acostumbrado a ver pasar clases a&ntilde;o tras a&ntilde;o ante sus ojos. En ellas, dice, observa menos cambios. Aunque son mucho m&aacute;s libres sexualmente, a&uacute;n creen en las grandes historias de amor rom&aacute;ntico. Cada a&ntilde;o hace una serie de preguntas a sus alumnos que le ayudan a ubicarlos ideol&oacute;gicamente, y aunque los resultados de su peque&ntilde;o experimento coinciden con los grandes datos de los que estamos hablando, dice que, en general, el alumnado LGTBI se siente m&aacute;s protegido por el sistema que antes. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, ha visto a chicos anunciar su transici&oacute;n de g&eacute;nero a sus compa&ntilde;eros, en su clase, con total naturalidad.
    </p><p class="article-text">
        Un caso extremo de polarizaci&oacute;n social y amorosa entre chicos y chicas se vio en Corea de Sur a partir de 2019, cuando un grupo de mujeres hartas de la violencia de g&eacute;nero, la desigualdad salarial y el acoso fund&oacute; el Movimiento 4b, basado en cuatro principios: no al matrimonio, no al parto, no a las citas con hombres y no al sexo hetero. La rebeli&oacute;n, m&aacute;s simb&oacute;lica que popular en un pa&iacute;s con una de las tasas de natalidad m&aacute;s bajas del mundo, se dio a conocer en Occidente despu&eacute;s de la segunda victoria electoral de Trump, cuando mujeres estadounidenses se dieron cuenta de que sus amigos, compa&ntilde;eros y familiares hab&iacute;an votado al republicano y buscaron formas de asumir la realidad del mundo en que viv&iacute;an. Las diferencias ideol&oacute;gicas entre unos y otras son sensibles en EEUU: se ven en la urgencia de la necesidad de acciones contra el cambio clim&aacute;tico (60% de mujeres vs. 40% de hombres); en la legalidad del aborto (50% vs. 20%); en la condonaci&oacute;n de los pr&eacute;stamos educativos (40% vs. 10%).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En ese pa&iacute;s los informes indican que el n&uacute;mero de adolescentes que mantienen relaciones rom&aacute;nticas ha disminuido sensiblemente. Tambi&eacute;n lo ha hecho en otras franjas de edad, de forma que algunos medios hablan de una gran &ldquo;crisis de la pareja&rdquo;. Como explica The Atlantic en una serie de reportajes, &ldquo;un gran n&uacute;mero de adultos estadounidenses est&aacute;n alej&aacute;ndose del romance, no solo los j&oacute;venes. Pero la tendencia parece ser especialmente marcada entre la Generaci&oacute;n Z&rdquo;. Seg&uacute;n una encuesta del Survey Center on American Life publicada el a&ntilde;o pasado, casi la mitad de los chicos j&oacute;venes de ese pa&iacute;s no tiene citas, algo in&eacute;dito en otras generaciones.
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a, seg&uacute;n el INE, el 95% de la poblaci&oacute;n entre 18 y 29 a&ntilde;os se declara soltera, pero ocho de cada diez afirman haber tenido dos parejas. El estudio sobre la vida en pareja que patrocin&oacute; el BBVA en 2022 habla de menos matrimonios y relaciones m&aacute;s satisfactorias &ndash;porque est&aacute;n basadas en el amor&ndash; pero m&aacute;s inestables &ndash;por ese mismo motivo&ndash;.
    </p><h2 class="article-text">Fantas&iacute;as digitales</h2><p class="article-text">
        Existe un aspecto tan esencial en la generaci&oacute;n Z o<em> centennial</em> que forma parte de su propia definici&oacute;n: han crecido con las redes sociales. Sufrieron, adem&aacute;s, un confinamiento en un momento cr&iacute;tico de su educaci&oacute;n emocional durante el cual solo pudieron relacionarse con sus cong&eacute;neres a trav&eacute;s de internet. Volvamos, pues, a los seguidores de Roro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como explica Angela Nagle en su libro <em>Muerte a los normies</em>, la cultura de internet ha sufrido una progresiva masculinizaci&oacute;n y derechizaci&oacute;n desde el <em>gamergate</em> de 2014, la campa&ntilde;a de acoso contra las mujeres en los videojuegos que result&oacute; ser la primera de las muchas guerras culturales que vencer&iacute;an las posiciones m&aacute;s extremas. Hoy nos encontramos con un internet de chicos y otro de chicas &ndash;como lo bautiz&oacute; Rebecca Jenninggs&ndash;, polarizado y alimentados por unos algoritmos que forman parte de la agenda pol&iacute;tica, como qued&oacute; claro tras la compra de X por Elon Musk. Comunidades escondidas hace unos pocos a&ntilde;os, como la manosfera o la incel, forman parte hoy de la cultura dominante: tras la victoria de Trump, Mark Zuckerberg anunci&oacute; que iba a reducir la moderaci&oacute;n en las redes sociales de su propiedad al m&iacute;nimo. Los contenidos m&aacute;s radicales son los que m&aacute;s adherencia consiguen; estrellas mis&oacute;ginas como Andrew Tate consiguen audiencias millonarias. Es f&aacute;cil que un chico joven de 2025 acabe consumiendo el men&uacute; que internet tiene preparado por defecto para &eacute;l: porno y una masculinidad complicada. Para ellos las redes promueven casi por defecto contenidos de estoicismo, <em>gym</em>, criptomonedas, negocios, videojuegos, deporte o pol&iacute;tica; para ellas, sin apenas buscarlo, todo es estilo de vida, belleza, feminismo y salud mental. Valores masculinos tradicionales (dinero, fuerza, liderazgo) para unos; valores de izquierda e identitarios, pero con la opresi&oacute;n constante de la autooptimizaci&oacute;n, para otras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la relaci&oacute;n entre ideolog&iacute;a e internet&nbsp;una vez m&aacute;s causas y consecuencias se mezclan. &iquest;Lleva la infelicidad y la desesperanza por las condiciones de vida futuras a la radicalizaci&oacute;n en l&iacute;nea a los chavales? &iquest;O es la cultura hipermasculina y radical de su internet la que les lleva a la normalizaci&oacute;n social de posiciones extremas? Probablemente, la rueda gire en ambas direcciones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hemos hablado de cifras, motivos y hechos &ndash;una sociedad donde la juventud ha cambiado polariz&aacute;ndose por g&eacute;neros, donde ellas han mejorado educativamente y se han abierto mucho m&aacute;s ideol&oacute;gica y afectivamente, donde existe un serio problema de soledad y salud mental; todo dentro de una sociedad donde la idea de pareja est&aacute; en evoluci&oacute;n y la cultura digital empuja a la radicalizaci&oacute;n&ndash; pero no tanto del futuro. &iquest;C&oacute;mo devolver el equilibrio a un mercado amoroso que parece irreconciliable? Quiz&aacute; podamos empezar asegur&aacute;ndonos de que tienen tiempo para evolucionar y herramientas para escucharse. Y aqu&iacute; Roro, exigiendo a sus seguidores que se dejaran de fantas&iacute;as digitales, ten&iacute;a toda la raz&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Delia Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/abismo_1_12856587.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Jan 2026 20:46:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El abismo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Relaciones,Generación Z,Sexualidad,Amor]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Peter Thiel: el milmillonario de ideas peligrosas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/tecnologia/peter-thiel-milmillonario-ideas-peligrosas_129_12533243.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/13bbfb67-b178-468e-a793-e50407494512_16-9-discover-aspect-ratio_default_1124323.jpg" width="4013" height="2257" alt="Peter Thiel: el milmillonario de ideas peligrosas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El fundador de Paypal es cristiano heterodoxo, anarcocapitalista, transhumanista girardiano, gay, apocalíptico y, probablemente, fascista. Su sofisticado pensamiento define al actual Silicon Valley</p><p class="subtitle">Este texto forma parte de la revista de elDiario.es 'El mundo en sus manos'. Hazte socia, hazte socio, y te enviamos el número a casa </p></div><p class="article-text">
        Sobre Peter Thiel, uno de los hombres m&aacute;s importantes de EEUU, son relevantes dos cuestiones: la primera, qui&eacute;n es. La segunda, qu&eacute; piensa. 
    </p><p class="article-text">
        De todos los milmillonarios tecn&oacute;cratas que respaldan a Donald Trump, el m&aacute;s temible, quiz&aacute;, sea Thiel, porque no solo le interesa extraer la mayor cantidad de dinero posible del planeta, sino utilizar esta fortuna para acomodar el mundo a sus ideas. &ldquo;Ha sido responsable de crear la ideolog&iacute;a que ha llegado a definir <a href="https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/tecnofascismo-raices-reaccionarias-silicon-valley_129_12009236.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Silicon Valley:</a> que el progreso tecnol&oacute;gico debe ser perseguido sin descanso, con pocos, o ning&uacute;n miramiento por los potenciales costes o peligros para la sociedad&rdquo;, explic&oacute; su bi&oacute;grafo, el periodista Max Chafkin, en &lsquo;The Contrarian: Peter Thiel and Silicon Valley&rsquo;s Pursuit of Power&rsquo; (2021) [sin traducci&oacute;n al espa&ntilde;ol].
    </p><p class="article-text">
        Ahora, esta ideolog&iacute;a de Silicon Valley est&aacute; indisolublemente ligada al poder pol&iacute;tico estadounidense. Mucho m&aacute;s discreto que el estridente <a href="https://www.eldiario.es/tecnologia/elon-musk-entierra-imagen-progresista-tesla-sea-coche-oficial-trumpismo_1_12129247.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Elon Musk</a> (X, Tesla, SpaceX), Thiel prefiere ejercer su poder sobre el ejecutivo de forma indirecta. No desempe&ntilde;a un cargo p&uacute;blico, pero s&iacute; ha colocado en primera l&iacute;nea a protegidos como el propio <a href="https://www.eldiario.es/internacional/jd-vance-saboteador-antiucraniano-tenia-ganas-bronca_1_12100411.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">vicepresidente J.D.Vance</a>. Tampoco se dej&oacute; ver en la toma de posesi&oacute;n donde el resto de la &eacute;lite tecno oligarca escenific&oacute; su giro a la derecha y el abandono de cualquier resto de discurso en defensa de la justicia social. A diferencia de todos ellos, Thiel s&iacute; que apoy&oacute; a Trump desde su primera campa&ntilde;a. Como dice el propio presidente, ahora todos quieren ser sus amigos, pero en 2016 las cosas eran muy distintas. 
    </p><p class="article-text">
        En el discurso que, entonces, ofreci&oacute; en la convenci&oacute;n republicana, Thiel se present&oacute; as&iacute;: &ldquo;Cada estadounidense posee una identidad &uacute;nica. Yo estoy orgulloso de ser gay. Estoy orgulloso de ser republicano. Pero, sobre todo, estoy orgulloso de ser estadounidense. No pretendo estar de acuerdo con cada punto de las bases del partido; pero las falsas guerras culturales solo nos distraen de nuestro declive econ&oacute;mico, y nadie en esta competici&oacute;n est&aacute; siendo honesto sobre ello excepto Donald Trump&rdquo;. Era la primera vez en 16 a&ntilde;os que una persona se reconoc&iacute;a abiertamente homosexual en esa convenci&oacute;n. Pero Thiel, hoy casado con su pareja de toda la vida, el financiero Matt Danzeisen, y con dos hijos peque&ntilde;os (de quienes se sabe que solo tienen permitida una hora y media de conexi&oacute;n a la semana) no siempre fue tan abierto sobre su condici&oacute;n sexual. Destruy&oacute; Gawker, la gran red de medios digitales estadounidense, como venganza por haberlo sacado del armario a la fuerza en un art&iacute;culo. Tuvo que esperar varios a&ntilde;os, pero encontr&oacute; la forma de hacerlo: financi&oacute; en secreto un pleito de Hulk Hogan contra la publicaci&oacute;n, lo que la dej&oacute; en bancarrota. 
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                Peter Thiel                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">La &ldquo;mafia Paypal&rdquo; y su simbiosis pol&iacute;tica </h2><p class="article-text">
        Bloomberg estima la fortuna del empresario en m&aacute;s de 20.000 millones de d&oacute;lares. Conseguida en su mayor parte a trav&eacute;s de h&aacute;biles inversiones, Thiel no es un &ldquo;inventor&rdquo; de grandes productos, un innovador radical al estilo de Bill Gates, Steve Jobs o, incluso, Mark Zuckerberg, sino una persona extremadamente capaz de detectar &eacute;xitos y tendencias con antelaci&oacute;n. Tras unos primeros a&ntilde;os como abogado, comenz&oacute; su verdadera carrera reuniendo un mill&oacute;n de d&oacute;lares de familiares y amigos e invirtiendo en empresas tecnol&oacute;gicas justo a tiempo de aprovechar la primera burbuja punto com. Apost&oacute; por la idea de un joven cript&oacute;grafo que encontr&oacute; la forma de facilitar las transacciones financieras, y juntos crearon PayPal, que creci&oacute; al calor de eBay, el mercado estrella de ese incipiente Internet. En el 2000 PayPal se fusion&oacute; con X, una compa&ntilde;&iacute;a similar fundada por un tal Elon Musk (y cuyo nombre y dominio, d&eacute;cadas despu&eacute;s, ser&iacute;an reutilizados para renombrar la red social Twitter tras su adquisici&oacute;n). Esta empresa no solo resultar&iacute;a importante para Musk y Thiel, sino tambi&eacute;n para otra docena de hombres a quienes se conocer&iacute;a en adelante como la &ldquo;mafia PayPal&rdquo; debido a su ascendencia en el Valle. Cercano a este grupo se encuentra tambi&eacute;n otro inversor todopoderoso, Mark Andreessen, ahora consejero personal de Trump. La influencia de esta &ldquo;mafia&rdquo; ha alcanzado niveles extraordinarios en el presente, cuando el poder econ&oacute;mico de sus miembros se ha simbiotizado con el poder pol&iacute;tico. 
    </p><p class="article-text">
        Tras los atentados del 11S, Thiel supo entender que el mundo iba a obsesionarse con la seguridad y la vigilancia y en 2003 fund&oacute; Palantir, la mayor empresa del mundo de an&aacute;lisis de datos para distintos fines (desde detectar el fraude a perseguir el terrorismo) cuyo primer inversor fue la propia CIA. Aunque tambi&eacute;n trabaja para empresas privadas, sus principales clientes son los gobiernos, comenzando por el estadounidense. Su habilidad para invertir de forma temprana en empresas tremendamente rentables y disruptoras es m&iacute;tica. Un a&ntilde;o despu&eacute;s de crear la principal de sus empresas, en 2004, invirti&oacute; en un Facebook germinal. Fue el primero en hacerlo: compr&oacute; el 10% de la empresa por medio mill&oacute;n de d&oacute;lares. Participa tambi&eacute;n en varios fondos de inversi&oacute;n (el m&aacute;s conocido de todos, Founders Found), y a trav&eacute;s de ellos, ha participado en Airbnb, LinkedIn, Spotify, TransferWise, Stripe o DeepMind.
    </p><p class="article-text">
        Hasta aqu&iacute;, su biograf&iacute;a profesional m&aacute;s conocida, que explica su dinero, pero no su influencia intelectual.
    </p><h2 class="article-text">Ni&ntilde;o triste y brillante</h2><p class="article-text">
        Comencemos por el principio: Peter Andreas Thiel naci&oacute; en 1967 en Frankfurt de padres profundamente evang&eacute;licos que emigraron a Cleveland cuando &eacute;l solo ten&iacute;a un a&ntilde;o. Durante su infancia, y antes de establecerse definitivamente en San Francisco, vivieron tambi&eacute;n en Namibia, donde su padre era ingeniero en una mina de uranio. Eran, a&uacute;n, los a&ntilde;os del Apartheid, y Thiel acudi&oacute; a una escuela solo para blancos. C&oacute;mo forj&oacute; esa etapa, y su infancia en general, su car&aacute;cter, es una pregunta relevante. Seg&uacute;n los testimonios recogidos por Chafkin en su libro, fue un ni&ntilde;o triste y brillante que cambi&oacute; demasiado de colegio, un tipo raro y arrogante de notas perfectas, enclenque y amanerado, excelente jugador de ajedrez. Amante de la ciencia ficci&oacute;n y la fantas&iacute;a, presum&iacute;a de haber memorizado completo &ldquo;El Se&ntilde;or de los Anillos&rdquo;. De all&iacute; tomar&iacute;a los nombres de algunas de sus empresas: las Palantir son, por ejemplo, las siete piedras videntes del universo Tolkien.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Como Elon Musk, Peter Thiel estudió en el sur de África en un colegio solo para blancos. De niño era un tipo raro y arrogante, enclenque y excelente jugador de ajedrez que sufrió bullying</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Sus compa&ntilde;eros de escuela le hicieron bullying. Robaban carteles de &ldquo;se vende&rdquo; y los colocaban en su jard&iacute;n como una sutil sugerencia de que se fuera del barrio. Su escasa habilidad infantil para comprender las din&aacute;micas sociales se acab&oacute; transformando en un profundo desd&eacute;n por las normas sociales. Si a eso le sumamos un cerebro indudablemente agudo en el que siempre confi&oacute;, podemos entender parte del personaje. Su bi&oacute;grafo cuenta una especie de leyenda urbana que circulaba sobre &eacute;l: &ldquo;En la solicitud de ingreso a la universidad donde se le pide al solicitante que elija una palabra que lo describa mejor, Thiel eligi&oacute; &lsquo;inteligente&rsquo;&rdquo;. Pasaba las pruebas de acceso a la universidad en lugar de sus compa&ntilde;eros por 500 d&oacute;lares. No lo necesitaba y de hecho, se jugaba la entrada en un centro de &eacute;lite si era descubierto, pero disfrutaba aprovechando su capacidad intelectual para ir a la contra y ganar dinero gracias a ello. De ah&iacute; el t&iacute;tulo de su biograf&iacute;a y un modo de hacer las cosas &ndash;amoral, soberbio y efectivo&ndash; que nunca le abandon&oacute;. Solo un detalle para ilustrar esto &uacute;ltimo: utiliza los beneficios de su plan de pensiones, en absoluto pensado para favorecer a milmillonarios sino a las clases populares estadounidenses, para no pagar impuestos.
    </p><p class="article-text">
        En la universidad tampoco fue popular entre sus compa&ntilde;eros. No sal&iacute;a, no fumaba, no beb&iacute;a. Ley&oacute; a Ayn Rand, encontr&oacute; su sitio entre la derecha joven m&aacute;s reaccionaria. Fund&oacute; la publicaci&oacute;n conservadora The Stanford Review y, aunque ahora financia una popular beca que anima a los estudiantes universitarios a dejar la carrera para crear sus propias empresas, sigue apoy&aacute;ndola. Estudi&oacute; Filosof&iacute;a y Derecho y, tras licenciarse, sigui&oacute; el camino pautado de los estudiantes de &eacute;lite, entrando a trabajar en un despacho de abogados y en un banco, aunque pronto eligi&oacute; su propio camino y comenz&oacute; a invertir. A los 25 escribi&oacute; su primer libro, &lsquo;El mito de la diversidad: multiculturalismo e intolerancia pol&iacute;tica en los campus&rsquo;, una provocaci&oacute;n donde arremet&iacute;a incluso con los activistas gays. 
    </p><p class="article-text">
        No es descabellado pensar que, tiempo m&aacute;s tarde, Thiel se reconoci&oacute; en J.D.Vance, otro brillante estudiante de la Ivy League a quien conoci&oacute; cuando acudi&oacute; a Yale a dar una charla. En ella, defendi&oacute; que los j&oacute;venes m&aacute;s valiosos estaban enredados en un mundo laboral hipercompetitivo que no llevaba a ninguna parte, al igual que las mejores mentes del Valle, ocupadas con software irrelevante, no hab&iacute;an conseguido grandes avances tecnol&oacute;gicos. Ambas cuestiones, dijo, estaban relacionadas. &ldquo;Yo estaba obsesionado con los logros en s&iacute;, no como el objetivo de algo significativo, sino para ganar una competici&oacute;n social&rdquo;, escribi&oacute; Vance sobre su encuentro. Pronto entr&oacute; a trabajar en la &oacute;rbita de Thiel que, en un movimiento sin precedentes, acabar&iacute;a financiando con 15 millones de d&oacute;lares su campa&ntilde;a pol&iacute;tica y recomendando a Trump que lo fichara como vicepresidente. 
    </p><h2 class="article-text">Un fil&oacute;sofo franc&eacute;s</h2><p class="article-text">
        El rastro de las ideas de Thiel que sedujeron a Vance se puede seguir hasta las ense&ntilde;anzas de su mentor en Standford, el fil&oacute;sofo cat&oacute;lico franc&eacute;s Ren&eacute; Girard. Thiel ha contado en alguna ocasi&oacute;n que, de hecho, supo ver el potencial de Facebook gracias a su conocimiento de la teor&iacute;a del deseo mim&eacute;tico elaborada por Girard, que defiende que no deseamos lo que deseamos por nosotros mismos, sino lo que desean los dem&aacute;s, y que esto acaba llev&aacute;ndonos a competir por lo mismo de forma absurda. Por ello, las sociedades acaban enfrent&aacute;ndose de forma violenta, una din&aacute;mica que solo se soluciona temporalmente a trav&eacute;s del mecanismo del chivo expiatorio, con el sacrificio de una v&iacute;ctima inocente, como ejemplifica en el caso de Cristo. Thiel at&oacute; cabos y encontr&oacute; en Girard la forma de combinar el juego del capitalismo con la religi&oacute;n. Gracias en parte a la influencia de Thiel, las teor&iacute;as del fil&oacute;sofo franc&eacute;s est&aacute;n reviviendo en los c&iacute;rculos tecnol&oacute;gicos de Estados Unidos. No le debi&oacute; de ser f&aacute;cil resolver la disonancia cognitiva. The New York Times cuenta que cuando hace dos a&ntilde;os dio un discurso sobre los milagros, el perd&oacute;n y Cristo en la fiesta de cumplea&ntilde;os de uno de sus socios, ante 200 personas del mundo de la tecnolog&iacute;a, los asistentes se preguntaban &ldquo;Es gay y milmillonario. &iquest;C&oacute;mo puede ser cristiano?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En su segundo libro, &lsquo;De cero a uno, como inventar el futuro&rsquo;, un bestseller de empresa enfocado a emprendedores, tambi&eacute;n desarrolla su pensamiento girardiano. Defiende los monopolios como empresas que se pueden permitir innovar sin preocuparse por la competencia mim&eacute;tica, aunque para triunfar deben aportar una innovaci&oacute;n radical. Tambi&eacute;n dice que el Asperger (viejo nombre de un tipo de autismo), tan abundante en el Valle, es una ventaja competitiva para los fundadores de startups, porque les permite preocuparse menos por la opini&oacute;n de los dem&aacute;s y, por tanto, tener m&aacute;s posibilidades de triunfar yendo a la contra. &ldquo;Si eres menos sensible a las se&ntilde;ales sociales, es menos probable que hagas lo mismo que todos los dem&aacute;s a tu alrededor. Si te interesa crear cosas o programar computadoras, tendr&aacute;s menos miedo de dedicarte a esas actividades con determinaci&oacute;n absoluta y, como resultado, volverte incre&iacute;blemente bueno en ellas. Luego, cuando apliques tus habilidades, tendr&aacute;s menos tendencia que los dem&aacute;s a renunciar a tus propias convicciones: esto puede evitar que te quedes atrapado en la competencia por premios obvios&rdquo;. 
    </p><h2 class="article-text">&iquest;Es un fascista?</h2><p class="article-text">
        Nos vamos acercando as&iacute; a la cuesti&oacute;n central: qu&eacute; piensa Peter Thiel. Nos queda claro que es individualista, cristiano, anarcocapitalista y girardiano. Pero tambi&eacute;n es transhumanista, apocal&iacute;ptico y, probablemente, fascista.
    </p><p class="article-text">
        Se ha hablado mucho de c&oacute;mo Thiel es uno de los defensores y financiadores de la nueva derecha reaccionaria estadounidense, que incluye teor&iacute;as como la de la ilustraci&oacute;n oscura, propugnada por otro de sus protegidos, Curtis Yarvin. Esta corriente llega a defender el gobierno de un rey fuerte que gestione el pa&iacute;s como lo har&iacute;a un consejero delegado competente. En su famoso ensayo &lsquo;El momento Straussiano&rsquo;, publicado en 2004 y considerado uno de los textos fundamentales para entender su pensamiento, Thiel realiza una cr&iacute;tica a los valores de la ilustraci&oacute;n. En un texto de 2009, ya reconoce directamente que ha dejado de creer que la democracia y la libertad sean compatibles. 
    </p><p class="article-text">
        Es curioso ver c&oacute;mo los nuevos tecn&oacute;cratas, una vez sobrepasados todos los l&iacute;mites (ambientales, sociales, &eacute;ticos) en sus negocios, buscan salidas, si no para toda la especie, s&iacute; para ellos mismos. Peter Thiel est&aacute; obsesionado con las formas de alargar la longevidad humana a trav&eacute;s de la tecnolog&iacute;a: financia investigaciones sobre la extensi&oacute;n de la vida y ha pedido ser criogenizado tras su muerte. En un podcast de la Hoover Institution de 2022, habla de su creencia literal en la llegada del Anticristo, a quien ve como un l&iacute;der globalista, y de la llegada del Apocalipsis. Se lleg&oacute; a comprar una propiedad en Nueva Zelanda para estar preparado, y paga estudios sobre la forma de establecer comunidades autosuficientes en mitad del mar, en aguas internacionales. Y no olvidemos el ambiente que se respira al final del primer cuarto de siglo del XXI, donde cierta parte de las &eacute;lites tecnol&oacute;gicas creen que la Singularidad, el momento en el que las m&aacute;quinas sobrepasen en inteligencia a los humanos, est&aacute; al llegar. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En un texto de 2009 reconoce que ha dejado de creer que democracia y libertad sean compatibles. Cree que el país debería ser gobernado por un rey fuerte al estilo ‘consejero delegado’ </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La literatura sobre Peter Thiel, incluida su biograf&iacute;a, suele mencionar que es alguien cr&iacute;ptico. El historiador John Ganz se r&iacute;e de eso en un ensayo titulado &lsquo;El enigma de Peter Thiel&rsquo; que lleva como subt&iacute;tulo: &lsquo;No hay ning&uacute;n enigma, es un fascista&rsquo;. Aunque el abuso moderno de este adjetivo est&aacute; cuestionado, en este caso parece estar m&aacute;s que justificado. Ganz encuentra ingredientes para sustentar su afirmaci&oacute;n. En &eacute;l se re&uacute;nen el futurismo, la defensa del nacionalismo, la superioridad de los individuos &ldquo;diferentes&rdquo; con una alta inteligencia, la fascinaci&oacute;n por el poder y el control, las herramientas de vigilancia social, el desprecio al consenso social de la democracia, la influencia racial del Apartheid, la negaci&oacute;n de los valores ilustrados. Pero, &iquest;puede ser fascista alguien tan individualista de coraz&oacute;n? Ganz afirma que s&iacute;: &ldquo;Es importante recordar que el fascismo, especialmente en su origen en Italia, nunca fue una ideolog&iacute;a totalmente coherente&rdquo;. En realidad, escribe, &ldquo;no hay contradicciones en la pol&iacute;tica de Thiel, es bastante consistente: se ha dado cuenta, a menudo m&aacute;s claramente que sus oponentes, de que existe una contradicci&oacute;n &uacute;ltima entre las normas del capital y la democracia, y la forma de lidiar con esta contradicci&oacute;n es, seg&uacute;n &eacute;l, deshacerse de la democracia. &iquest;Qu&eacute; m&aacute;s hace falta saber? El tipo es un fascista, lo admita plenamente o no. Probablemente sea la figura prominente m&aacute;s claramente fascista en EEUU hoy en d&iacute;a, incluso m&aacute;s que Donald Trump&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        En este mundo postmoderno c&iacute;nico y descre&iacute;do, donde los milmillonarios carecen de otra ideolog&iacute;a que no sea la defensa del crecimiento infinito del capital, se hace extra&ntilde;o asumir que uno de ellos se gu&iacute;e por un pensamiento m&aacute;s sofisticado y oriente su poder en consecuencia. Pero en el caso de Peter Thiel as&iacute; es, y eso le convierte en un ser raro, fascinante y peligroso.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Delia Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/tecnologia/peter-thiel-milmillonario-ideas-peligrosas_129_12533243.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 20 Aug 2025 20:08:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Peter Thiel: el milmillonario de ideas peligrosas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Silicon Valley,Tecnología,Donald Trump,Paypal]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Retuit, el botón de tirar la piedra y esconder la mano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/retuit-boton-tirar-piedra-esconder_129_1419946.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/df066f67-288d-46fa-8c6c-84f6e860aff2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Retuit, el botón de tirar la piedra y esconder la mano"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Twitter es extremadamente bueno agrupando masas alrededor de ideas sencillas. El programador que desarrolló el botón de retuit acaba de decir que se arrepiente</p><p class="subtitle">Instagram, por cierto, está haciendo pruebas en algunos países para limitar otro botón infame, el de "like", debido a la ansiedad y adicción que produce</p></div><p class="article-text">
        El programador que hace diez a&ntilde;os desarroll&oacute; el bot&oacute;n de retuit en Twitter acaba de decir que se arrepiente de ello, que crearlo fue <a href="https://www.buzzfeednews.com/article/alexkantrowitz/how-the-retweet-ruined-the-internet" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">como darle un arma a un ni&ntilde;o de cuatro a&ntilde;os</a>. Hasta ese momento, cuando un usuario quer&iacute;a redifundir una opini&oacute;n deb&iacute;a hacerlo manualmente. Escribir &ldquo;RT&rdquo;, comillas, vigilar que encajara en el n&uacute;mero l&iacute;mite de caracteres, publicar y avalar la idea con su propia cara, que aparec&iacute;a al lado. La persona citada muchas veces ni se enteraba del &eacute;xito de su mensaje.
    </p><p class="article-text">
        Con la creaci&oacute;n de un bot&oacute;n que simplificaba todo este proceso a un solo click, se consigui&oacute; que un comportamiento que requer&iacute;a unos segundos de reflexi&oacute;n se transformara en un impulso autom&aacute;tico, emocional e irracional, donde se escond&iacute;a al retuiteador y se primaba al retuiteado, d&aacute;ndole poder adem&aacute;s con una m&eacute;trica -el n&uacute;mero de retuits- que le permit&iacute;a conocer exactamente la popularidad de su opini&oacute;n. El p&uacute;blico, ante un <em>timeline</em> abarrotado y adormecedor, prefieren el contenido que destaca por ser emocionalmente extremo, situ&aacute;ndose a favor o en contra. Twitter convirti&oacute; a cada usuario en un peque&ntilde;o programador televisivo obsesionado con las audiencias, permiti&eacute;ndole adaptar con precisi&oacute;n sus opiniones a los dem&aacute;s, a menudo radicaliz&aacute;ndolas. Irresistible para un mam&iacute;fero social.
    </p><p class="article-text">
        Si a&ntilde;adimos que Twitter suele usarse en el m&oacute;vil y que -a diferencia del ordenador- el primer impulso ante una situaci&oacute;n emocionalmente negativa es agarrarlo, ya tenemos todo lo que se ha criticado a la red en los &uacute;ltimos a&ntilde;os: su veloz irracionalidad, su capacidad para organizar a las masas en juicios p&uacute;blicos, su habilidad para difundir falsedades y la dificultad de deshacerlas, la asimetr&iacute;a en la que unos pocos consiguen toda la atenci&oacute;n y la mayor&iacute;a ninguna, la aparente polarizaci&oacute;n de las opiniones pol&iacute;ticas, la facilidad para convertir a casi cualquiera en un troll en un momento dado, la virulencia de las guerras culturales.
    </p><p class="article-text">
        En esos primeros segundos de respuesta emocional, a los que Daniel Kahneman dedic&oacute; su <em>bestseller</em> cient&iacute;fico <em>Pensar r&aacute;pido, pensar despacio</em>, y que el bot&oacute;n de retuit elimin&oacute;, est&aacute; todo. La diferencia entre lo racional y lo irracional, entre las creencias y la ciencia, entre los sesgos y el pensamiento cr&iacute;tico, entre la tribu y el individuo, entre la compasi&oacute;n y el linchamiento.
    </p><p class="article-text">
        El bot&oacute;n mejor&oacute; nuestra eficacia para lanzar la piedra y esconder la mano. Es dif&iacute;cil culpar a los programadores que hicieron bien su trabajo: la historia de Internet es la historia de la mejora de las herramientas de comunicaci&oacute;n humana. Twitter es extremadamente bueno agrupando masas alrededor de ideas sencillas, igual que Instagram es la obra cumbre de la humanidad para crear modas a trav&eacute;s de la insana comparaci&oacute;n con el otro.
    </p><p class="article-text">
        Instagram, por cierto, <a href="https://smoda.elpais.com/moda/actualidad/se-acerca-el-final-de-la-era-influencer-tal-y-como-la-conociamos/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">est&aacute; haciendo pruebas en algunos pa&iacute;ses</a> para limitar otro bot&oacute;n infame, el de &ldquo;like&rdquo;, debido a la ansiedad y adicci&oacute;n que produce entre los usuarios conocer una m&eacute;trica exacta de la validaci&oacute;n social, algo a lo que probablemente no estamos preparados como especie. En Twitter tampoco gusta su bot&oacute;n de like, que tuvo primero forma de estrella y despu&eacute;s de coraz&oacute;n. Jack Dorsey, consejero delegado de Twitter, reconoce que llevan tiempo plante&aacute;ndose los efectos de sus botones, aunque sin dar nunca una fecha concreta para su cambio o eliminaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Hace unos meses Whatsapp limit&oacute; el n&uacute;mero de veces que pod&iacute;a ser compartido un enlace como una forma de intentar disminuir su capacidad para crear viralidad, pero solo despu&eacute;s de <a href="https://cnnespanol.cnn.com/2019/01/21/whatsapp-pone-limite-al-numero-de-personas-con-los-que-puedes-compartir-mensajes/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">varias muertes en India</a> por linchamientos promovidos en su red.
    </p><p class="article-text">
        Lo que est&aacute; ocurriendo tiene un nombre: control de da&ntilde;os. Eliminemos un bot&oacute;n, pidamos perd&oacute;n por cierta funcionalidad, mejoremos un poco este problema concreto, establezcamos alg&uacute;n l&iacute;mite.
    </p><p class="article-text">
        Programadores y empresas est&aacute;n tomando una m&iacute;nima conciencia de lo que han hecho en la &uacute;ltima d&eacute;cada y proponiendo algunas soluciones, que siempre son tecnol&oacute;gicas, individuales y rid&iacute;culas en comparaci&oacute;n con los da&ntilde;os que han causado. Te recomendamos que pongas la pantalla del m&oacute;vil en blanco y negro, que mires el tiempo que pasas en cada aplicaci&oacute;n y que elimines las notificaciones, nos dicen, despu&eacute;s de haber cambiado la pol&iacute;tica, el sistema informativo, nuestro comportamiento en sociedad y nuestro cerebro.
    </p><p class="article-text">
        Las soluciones tecnol&oacute;gicas son tan viejas como internet. El autor y pionero de Internet &Aacute;lvaro Ib&aacute;&ntilde;ez recordaba que el programa de correo Eudora incorporaba <a href="https://twitter.com/Alvy/status/1154025026808684545" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un sistema de autocontrol de los correos nocivos hace casi 20 a&ntilde;os</a>, con una filosof&iacute;a similar a la que <a href="https://instagram-press.com/blog/2019/07/08/our-commitment-to-lead-the-fight-against-online-bullying/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pretende implantar Instagram para el control del acoso</a>. Si a estas alturas las plataformas no han desarrollado redes menos nocivas es por la misma raz&oacute;n por la que las tabaqueras no han creado cigarrillos de plantas medicinales. Va contra la esencia misma de su negocio.
    </p><p class="article-text">
        Y como siempre, como en todo, hay dos posturas, una pragm&aacute;tica, que apuesta por mejorar en lo posible el sistema desde dentro y otra desolada, que no ve la forma de arreglarlo sin destruirlo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Delia Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/retuit-boton-tirar-piedra-esconder_129_1419946.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 25 Jul 2019 19:05:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Retuit, el botón de tirar la piedra y esconder la mano]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Twitter,Instagram]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Internet y yo: una relación difícil]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/internet-relacion-dificil_129_1775384.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/020f7a2d-8d55-467c-8dd8-20265fcf946e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Internet y yo: una relación difícil"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Internet es todo. También es aquello para lo que no deja espacio: para aburrirte, para estar en silencio, para destrozarte las uñas de nervios mientras esperas. Rellena cualquier superficie que no esté bien imprimada, ocupando cada uno de sus poros. Despegarlo, después, cuesta un triunfo</p><p class="subtitle">Este artículo se publicó en el número 20 de la revista de eldiario.es 'Internet, el futuro y la libertad'</p></div><p class="article-text">
        Me enter&eacute; del cambio de Gobierno a la vieja usanza: mirando por encima del caf&eacute; en el bar del pueblo y encontr&aacute;ndome a Rajoy en directo en la televisi&oacute;n. Sobre la barra los peri&oacute;dicos no daban ninguna pista, y no por malicia, sino porque ya ten&iacute;an dos o tres d&iacute;as de vida. En la Espa&ntilde;a vac&iacute;a, los diarios viejos a&uacute;n sirven para la lumbre y no se tiran. Cero pistas en el m&oacute;vil, casi in&uacute;til por la ca&iacute;da de un poste telef&oacute;nico por las lluvias.
    </p><p class="article-text">
        La historia de c&oacute;mo habi&eacute;ndome ganado la vida en los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os como periodista digital he llegado a buscar y a disfrutar tanto la desconexi&oacute;n es larga. Hace poco record&eacute; el lema del blog que escrib&iacute;a a principios de los a&ntilde;os 2000: 'La red y yo, una relaci&oacute;n dif&iacute;cil' y pens&eacute;, mira, cu&aacute;nta raz&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Desde entonces, Internet ha cambiado tanto que no hay quien lo reconozca, pero lo nuestro sigue complicado. Me ha dado amigos, pareja, una carrera interesante y divertida, pero tambi&eacute;n m&aacute;s horas haciendo el idiota de las que estoy dispuesta a reconocer. &iquest;D&oacute;nde est&aacute; esa catedral que podr&iacute;a haber construido reuniendo los minutos de mirar el m&oacute;vil antes de dormir? En ning&uacute;n sitio, evidentemente, porque ese tiempo se lo hubiera dedicado, no s&eacute;, a Descartes o a la Cuore. Pero la sensaci&oacute;n de p&eacute;rdida, de haberle cedido m&aacute;s de lo debido, permanece.
    </p><p class="article-text">
        Internet es todo: el WhatsApp en el m&oacute;vil, el Spotify en la ducha, la media hora de Twitter antes de levantarte de la cama, la tarde en Netflix, el podcast en el autob&uacute;s. Tambi&eacute;n es aquello para lo que no deja espacio: para aburrirte, para estar en silencio, para destrozarte las u&ntilde;as de nervios mientras esperas. Rellena cualquier superficie que no est&eacute; bien imprimada, ocupando cada uno de sus poros. Despegarlo, despu&eacute;s, cuesta un triunfo.
    </p><p class="article-text">
        No soy la &uacute;nica ni la primera en sentirse asfixiada por ese l&iacute;quido viscoso. Algunos, como yo, que nos hemos ba&ntilde;ado a diario en &eacute;l desde hace a&ntilde;os estamos volviendo atr&aacute;s en busca de aire fresco.
    </p><p class="article-text">
        Mientras el resto se va dando cuenta de que las empresas de un mercado sin regular se han hecho ricas saqueando de forma deliberada la tendencia humana a buscar est&iacute;mulos, los que nos mojamos los primeros intentamos sacudirnos las plumas.
    </p><p class="article-text">
        Mientras Zuckerberg comienza a dar explicaciones ante los pol&iacute;ticos europeos y estadounidenses, nosotros, los primeros y m&aacute;s entusiastas, los que cre&iacute;amos que la tecnolog&iacute;a era neutra y optimista, afrontamos las consecuencias &iacute;ntimas del primer gran juego programado por la humanidad para no dejar ni una burbuja de vac&iacute;o en nuestros cerebros.
    </p><p class="article-text">
        Mientras en las grandes ciudades algunos notan que su alquiler sube porque el resto del edificio est&aacute; en AirBnB, una, tomando su caf&eacute; en la Espa&ntilde;a m&aacute;s olvidada, ni siquiera tiene una buena cobertura, y no sabe si eso es bueno o malo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Delia Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/internet-relacion-dificil_129_1775384.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 23 Dec 2018 19:38:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Internet y yo: una relación difícil]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Internet,Periodismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Redes: Internet ha complicado mucho el futuro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/tecnologia/redes-internet-complicado-futuro_1_2969255.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5edd0012-6a66-473b-8595-eed0e331f8d1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Jugadores profesionales en Internet."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En algún momento tomaremos conciencia de los peligros de la Red, igual que la tomamos con el tabaco. Sabemos que que hay algo adictivo y peligroso en ella, pero no estamos muy interesados en averiguar qué</p><p class="subtitle">Estamos entregados a emociones compartidas en masa que promovemos con los algoritmos, dispositivos y filosofías que hemos creado y a los que nos dedicamos con un fervor primitivo</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>An&aacute;lisis publicado en '2034: El reto de imaginar el futuro', n&uacute;mero 17 de la revista de eldiario.es.&nbsp;<a href="http://www.eldiario.es/hazte_socio/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Hazte socio y te enviaremos a casa nuestras revistas monogr&aacute;ficas</a></li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        A no ser que se caigan las Torres Gemelas, el futuro no es algo que suceda de repente. Estamos siempre viajando en el tiempo, buscando los ra&iacute;les que nos llevar&aacute;n adelante y despeg&aacute;ndonos las telara&ntilde;as del pasado. Una puede conducir por las ma&ntilde;anas hasta el futuro de la econom&iacute;a y regresar a casa por la noche a la edad media de las libertades; mirar el m&oacute;vil y avanzar diez a&ntilde;os, cerrarlo y retroceder tres. Hay quien muere intentando progresar cruzando fronteras, y otros que pagan fortunas por retroceder en islas sin conexi&oacute;n. Sociedades enteras que cre&iacute;an que estaban en un momento hist&oacute;rico y al parpadear se han visto en otro. La idea de futuro como un lugar mejor es una cuesti&oacute;n de grado, conocimiento, dinero, circunstancias, suerte, momentos. Si me preguntan c&oacute;mo ser&aacute; el mundo dentro de 25 a&ntilde;os responder&eacute; que en algunos sitios, para algunas personas, es probable que ya est&eacute; sucediendo, y tambi&eacute;n que quiz&aacute; a muchos solo les llegue, tarde, la peor parte.
    </p><p class="article-text">
        Miro las pantallas brillantes que decoran la redacci&oacute;n de la tele estadounidense en la que trabajo y veo a un personaje de <em>reality show</em> con un bronceado artificial gobernando el pa&iacute;s m&aacute;s poderoso del mundo a trav&eacute;s de las redes sociales. El dinero en efectivo no se utiliza y de todo queda rastro en la tarjeta de cr&eacute;dito. La polic&iacute;a se graba constantemente en v&iacute;deo como autodefensa, las v&iacute;ctimas de cr&iacute;menes de odio tambi&eacute;n. Hay adolescentes que se suicidan en directo en Facebook. Unas pocas empresas controlan todo el flujo de informaci&oacute;n, escuchan lo que se dice en los salones con televisiones y altavoces, almacenan los lugares por donde se navega, las b&uacute;squedas que se realizan, las localizaciones geogr&aacute;ficas, los mensajes de m&oacute;vil. Poseen un mapa exacto de las relaciones, de a qui&eacute;nes conocemos, c&oacute;mo nos comunicamos. En la oficina el correo electr&oacute;nico y el comportamiento online son monitorizados. Si alguien quisiera vivir sin salir para nada de casa podr&iacute;a hacerlo comunic&aacute;ndose solo con una compa&ntilde;&iacute;a, Amazon, que le vender&iacute;a todo lo necesario, desde una lechuga hasta una pel&iacute;cula. Es posible levantarse siendo un desconocido y acostarse siendo famoso en todo el mundo por un viral est&uacute;pido. Existen monedas inventadas con ceros y unos, filtraciones de informaci&oacute;n clasificada que ning&uacute;n peri&oacute;dico es capaz de procesar solo, ataques inform&aacute;ticos que tumban cientos de empresas en todo el mundo en horas, ciberguerra, supervillanos que lanzan cohetes al espacio y fabrican coches sin conductor, tipos que fundan empresas billonarias pero que son incapaces de no hacer el rid&iacute;culo en p&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        Como distop&iacute;a, es tan mala que si hubiera sido escrita hace unos a&ntilde;os nadie la hubiera publicado por inveros&iacute;mil. Releemos <em>1984</em> o <em>El cuento de la criada</em>, pero este p&eacute;simo presente, que se parece m&aacute;s a <em>El C&iacute;rculo</em> de Dave Eggers, no nos lo merec&iacute;amos. Alguna vez he llamado a este sistema 'Memecracia' porque la viralidad lo define bien: antes de internet y la desaparici&oacute;n del filtro de los medios de comunicaci&oacute;n, los contagios fulminantes de informaci&oacute;n eran mucho m&aacute;s dif&iacute;ciles. &nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Internet ha complicado mucho el futuro. Todo est&aacute; siendo cambiado,&nbsp;disrumpido, por &eacute;l. Primero los trabajos relacionados con la tecnolog&iacute;a, despu&eacute;s el resto. Un taxista puede no haber tocado nunca un ordenador, pero jam&aacute;s volver&aacute; a ser el mismo despu&eacute;s de Uber. La vivienda: existen zonas tur&iacute;sticas en las que los lugare&ntilde;os no pueden pagar un piso porque han sido arrasadas por los alquileres vacacionales de AirBnb. Las relaciones: &iquest;cu&aacute;ndo conformarse con alguien si en el m&oacute;vil existen miles de potenciales <em>matches</em> mejores? Los medios: una m&aacute;s de las industrias que intenta asumir que lo que antes vend&iacute;a ahora es ilimitado y gratuito.
    </p><p class="article-text">
        El proceso a&uacute;n no ha terminado, y ni siquiera sabemos si terminar&aacute;. Lo que sabemos es que por&nbsp;cada peque&ntilde;a necesidad no cubierta hay alguien dispuesto a destrozar el sistema. Los chavales que se han dado cuenta est&aacute;n rastreando uno por uno todos los huecos que quedan por&nbsp;disrumpir, a veces con ideas est&uacute;pidas, otras con tanto &eacute;xito que acaban siendo absorbidos unos a&ntilde;os despu&eacute;s por las grandes empresas de internet, ayud&aacute;ndolas a seguir engordando.&nbsp;&nbsp; &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En los pr&oacute;ximos a&ntilde;os veremos c&oacute;mo contin&uacute;a todo este proceso. Veremos tambi&eacute;n reacciones en contra, porque desde la <em>startup</em> m&aacute;s peque&ntilde;a a la tecnol&oacute;gica m&aacute;s grande todos est&aacute;n aprovechando el desconcierto. Se rellenar&aacute;n los vac&iacute;os legales, y tambi&eacute;n los mentales. Quiz&aacute; lo hagamos solos, quiz&aacute; necesitemos que algo serio ocurra. Pero estoy segura de que empezaremos a preocuparnos por nuestra privacidad, seguridad y bienestar mental en el uso de las redes.
    </p><p class="article-text">
        En alg&uacute;n momento tomaremos conciencia de los peligros de internet igual que la tomamos con el tabaco. Estamos en el momento en el que sabemos que la forma en que estamos utiliz&aacute;ndolo no puede ser buena, que hay algo adictivo y peligroso en ello, pero no estamos muy interesados en averiguar qu&eacute;. Pienso que algunos estamos pagando ya haber sido los primeros, los m&aacute;s conectados. Pronto sabremos exactamente c&oacute;mo nos afecta a nivel f&iacute;sico y psicol&oacute;gico el <em>loop</em> dopam&iacute;nico constante y la conexi&oacute;n sencilla a muchas m&aacute;s mentes y emociones de las que venimos programados de f&aacute;brica para tolerar. Tomaremos medidas, pondremos l&iacute;mites, seremos m&aacute;s conscientes de c&oacute;mo el medio est&aacute; cambi&aacute;ndonos. Mientras, estamos entregados a emociones compartidas en masa que promovemos con los algoritmos, dispositivos y filosof&iacute;as que hemos creado y a los que nos dedicamos con un fervor primitivo: alzamos, linchamos, re&iacute;mos, lloramos, cualquier cosa que nos permita seguir automedic&aacute;ndonos contra el aburrimiento que, por otro lado, tanto echamos de menos.
    </p><p class="article-text">
        Vuelvo a la idea de que la mayor parte de lo que consideramos futuro est&aacute; ya sucediendo y de que el presente no para de mandarnos se&ntilde;ales. El problema est&aacute; en que no tenemos ni idea de si mirar al coche aut&oacute;nomo o a los insectos modificados gen&eacute;ticamente, a la neurociencia o a la criptograf&iacute;a. El propio internet hace que sea m&aacute;s dif&iacute;cil que nunca separar las pistas verdaderas de las falsas. Demasiada informaci&oacute;n, demasiado <em>hype</em>, demasiados caminos explorados a la vez, demasiadas ganas de que lo siguiente llegue ya y de enterarnos antes que nadie. &iquest;Hablaremos de los drones en un par de d&eacute;cadas?
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n nos cambiar&aacute;n la vida sucesos impredecibles, como dec&iacute;a Nassim Taleb, porque &iquest;cu&aacute;ndo no ha ocurrido lo inconcebible? Nadie sab&iacute;a hace 25 a&ntilde;os que &iacute;bamos a ir siempre con un peque&ntilde;o ordenador de bolsillo y nadie sabe qu&eacute; llevaremos dentro de otros 25, c&oacute;mo ser&aacute;n nuestros cuerpos, d&oacute;nde viviremos y a qu&eacute; dedicaremos el tiempo. Por interesante que sea especular, llega un momento en el que el an&aacute;lisis o el periodismo pueden hacer poco y deben retirarse en favor de la literatura, que siempre ha sido m&aacute;s h&aacute;bil pintando de color plateado cosas que en el fondo son un poco cutres.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Delia Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/tecnologia/redes-internet-complicado-futuro_1_2969255.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 07 Jan 2018 20:59:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Redes: Internet ha complicado mucho el futuro]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Internet,Tecnología,Robots,Seguridad,El cuento de la criada,Airbnb,Uber,Vigilancia masiva]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un problema del periodismo, siete de los periodistas y dos de los lectores]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/problema-periodismo-periodistas-lectores_1_3688565.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">No es que el periodismo tenga dificultades, es que si queremos ser sinceros debemos hablar de otros problemas: los de los periodistas y los de los lectores</p><p class="subtitle">Internet ha sacado lo peor de los medios, convertidos en una industria contaminante que lanza vertidos a la sociedad</p></div><p class="article-text">
        El a&ntilde;o pasado, justo despu&eacute;s de dejar mi trabajo en El Pa&iacute;s, me pude permitir el mayor lujo de mi vida. Mientras esperaba la visa para entrar en Univision &ndash;la gran cadena latina de EEUU&ndash; pas&eacute; siete meses sin trabajar. Viaj&eacute;, pero sobre todo me dediqu&eacute; al placer de no hacer nada en especial, de saber que hab&iacute;a una n&oacute;mina en el horizonte y ninguna necesidad de madrugar al d&iacute;a siguiente.
    </p><p class="article-text">
        Si antes de ese semiretiro me hubieran preguntado si pod&iacute;a vivir sin el periodismo, habr&iacute;a dicho que no. Ahora es una pregunta que me hace mucha gracia.
    </p><p class="article-text">
        Una de las primeras cosas que cambiaron en mi vida durante ese tiempo fue mi relaci&oacute;n con los medios. Dej&eacute; de ser una profesional extremadamente especializada en intuir lo que deseaban los lectores para, sencillamente, ser uno de ellos, alguien que miraba Facebook un par de veces al d&iacute;a y de vez en cuando ve&iacute;a la tele.
    </p><p class="article-text">
        Tuve muchas revelaciones sobre el oficio, la mayor de las cuales podr&iacute;a resumirse en que est&aacute; bien jodido. No es que antes fuera una optimista: hab&iacute;a escrito un libro sobre la viralidad, un fen&oacute;meno que estaba empezando a desestabilizar muy seriamente a los medios digitales, pero conservaba cierta esperanza de que pudiera ser reconducido. Hoy tengo serias dudas sobre ello.
    </p><p class="article-text">
        Cuando hace unas semanas me pidieron que escribiera sobre el periodismo acosado, sobre sus problemas en el pa&iacute;s que abandon&eacute;, dije que s&iacute;, porque deseaba poner en orden las ideas que nacieron en esos meses y compararlo con mi breve experiencia en EE UU. Los d&iacute;as pasaron y el tema no avanzaba. &iquest;De verdad era necesario otro lloro, m&aacute;s lecciones, m&aacute;s falsa autocr&iacute;tica, especialmente viniendo de alguien que decidi&oacute; irse? Ahora tengo claro por qu&eacute; no flu&iacute;a la historia: la premisa fallaba. No es que el periodismo tenga dificultades, es que si queremos ser sinceros debemos hablar tambi&eacute;n de otro tipo de problemas: los de los periodistas y los de los lectores. Hablar solo de &ldquo;los problemas del periodismo&rdquo; es crear una abstracci&oacute;n, alejarlo de nuestra responsabilidad, despegarlo de la batalla cotidiana que est&aacute; enfrentando a unos y otros.
    </p><h3 class="article-text">El periodismo</h3><p class="article-text">
        Al periodismo lo que le ocurre es Internet. Tambi&eacute;n la crisis, pero quiz&aacute; en un mundo anal&oacute;gico hubiera podido oponer resistencia. El nuevo mundo es cruel, un violento caldo de cultivo en el que todas las ideas del mundo compiten entre s&iacute; por nuestra atenci&oacute;n, dejando a las m&aacute;s d&eacute;biles y menos adaptadas por el camino. Cualquiera puede hacerse famoso en internet en menos tiempo del que tardar&iacute;a en encontrar un quiosco abierto. Quienes antes marcaban la conversaci&oacute;n ahora la persiguen.
    </p><p class="article-text">
        Cuando llegaron los medios descubrieron que la publicidad que antes disfrutaban en exclusiva ahora se divid&iacute;a entre muchos, as&iacute; que se pagaba muy poco por cada anuncio. Este es el pecado original con el que nace la prensa digital, lo que la alimenta y a la vez la destruye: sin l&iacute;mite de p&aacute;ginas, sin l&iacute;mite de papel, la capacidad de generar contenido es te&oacute;ricamente infinita, y a m&aacute;s contenido, m&aacute;s publicidad, y por tanto, m&aacute;s dinero, aunque despu&eacute;s en la pr&aacute;ctica no se consiga vender todo. A un banner le da igual vivir en una exclusiva perseguida durante meses que en un teletipo pegado en un minuto, en un documental que en un video robado de YouTube. Las agencias de medios y los anunciantes, adem&aacute;s, perpet&uacute;an un sistema en el que solo los l&iacute;deres en tr&aacute;fico de cada categor&iacute;a pueden aspirar a otro tipo de publicidad. Es la maldici&oacute;n de la p&aacute;gina vista, la respuesta a la pregunta &iquest;por qu&eacute; todos publican lo mismo en todo el mundo, por qu&eacute; tanta basura? La empresa de an&aacute;lisis de medios digitales Newswhip midi&oacute; cu&aacute;ntas historias publicaban los medios en Facebook durante agosto de este a&ntilde;o: The Daily Mail dio luz verde a 53.000, The Huffington Post a 16.000 y The Guardian y The Washington Post a 11.000. Es muy dif&iacute;cil controlar la calidad de esos vol&uacute;menes de contenido y, por tanto, mantener la credibilidad ante el lector. Una de las frases que m&aacute;s he o&iacute;do en las redacciones en las que he trabajado es &ldquo;&iquest;pero alguien se ha le&iacute;do ESTO que hemos publicado?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La t&eacute;cnica del volumen funciona. Se puede conseguir tr&aacute;fico (y por tanto, ingresos) de dos formas: creando una larga cola de muchas piezas cruzando los dedos para que alguna funcione mejor que el resto; o creando menos y acertando m&aacute;s. Como dice Jaime Rubio, periodista de Verne, en realidad solo har&iacute;a falta publicar una historia al d&iacute;a, el problema es saber cu&aacute;l. Incluso los medios m&aacute;s exquisitos han optado por mezclar ambos modelos. Aunque en Espa&ntilde;a a&uacute;n queda mucho espacio para el segundo modelo, en EE UU incluso ese mercado empieza a estar dif&iacute;cil: demasiada gente teniendo raz&oacute;n a la vez, con el &aacute;ngulo y el texto perfecto, con sus temas relevantes imposibles de encontrar porque la red est&aacute; saturada. Para empeorarlo m&aacute;s a&uacute;n, la distribuci&oacute;n de las historias ya no depende de tu rotativa sino de terceros como Facebook y Google, de los que llega la mayor parte del tr&aacute;fico. Y ninguno de los dos se ha hecho grande d&aacute;ndole lo que deseaban a los medios, sino pensando en sus usuarios.
    </p><p class="article-text">
        Dijo la periodista e inversora Esther Dyson que Internet es como el alcohol, acent&uacute;a y amplifica lo que har&iacute;amos de todas maneras. Tambi&eacute;n ha sacado lo peor de los medios, convertidos hoy en una industria contaminante que lanza vertidos a la sociedad, solo que en lugar de adulterar el agua potable lo hace con las ideas que respiramos. Es posible que de la destrucci&oacute;n de la industria nazca algo mejor, por supuesto gracias a Internet, pero ese es otro art&iacute;culo.
    </p><h3 class="article-text">Los periodistas</h3><p class="article-text">
        No recuerdo qu&eacute; compa&ntilde;ero empez&oacute; a llamar terroristas a los periodistas capaces de hacer lo que fuera por el tr&aacute;fico. Tampoco estoy muy orgullosa de usar un t&eacute;rmino tan pol&iacute;ticamente incorrecto, pero es muy descriptivo. &ldquo;Han contratado al terrorista ese. En nosedonde son unos terroristas, mandan los SEOs, no paran de publicar noticias sobre doodles, compran tr&aacute;fico, se agregan unas webs rar&iacute;simas&rdquo;. As&iacute; todo el rato.
    </p><p class="article-text">
        Supongamos que una ha sido buena terrorista y ha cumplido los objetivos de tr&aacute;fico del a&ntilde;o. A&uacute;n le queda una &uacute;ltima sorpresa en el sistema piramidal de los digitales. La parte de negocio dice: &ldquo;Enhorabuena, el a&ntilde;o que viene queremos un 20% m&aacute;s&rdquo;. Aqu&iacute; empiezan a aparecer los problemas.
    </p><p class="article-text">
        Una se pone muy contenta porque ha conseguido una meta dif&iacute;cil. Somos humanos y nos gusta conseguir lo que nos proponemos, que las cosas funcionen, que se lean. &ldquo;Noto cuando vuelve a casa y ha tenido un buen d&iacute;a de tr&aacute;fico&rdquo;, me contaba hace unos d&iacute;as un amigo sobre su mujer, una exitosa editora digital. Lo comprendo porque yo tambi&eacute;n me pongo contenta cuando la audiencia sube, furiosa cuando baja. Estamos enganchados a la actualidad, a las m&eacute;tricas. Nuestro cerebro no ha sabido resistirse a recibir las cifras en tiempo real, al peque&ntilde;o subid&oacute;n de dopamina tras el terrorismo laboral. Sin embargo, pocas veces nos acercamos a la audiencia para preguntarles qu&eacute; les interesa, qu&eacute; les preocupa, c&oacute;mo podemos servirles mejor. Solo nos interesan como un n&uacute;mero y eso, en la &eacute;poca en la que la tecnolog&iacute;a permite saberlo todo de ellos, es imperdonable.
    </p><p class="article-text">
        Puedo contar con los dedos de la mano las veces que he visto a un periodista negarse expresamente a aceptar sus objetivos de tr&aacute;fico o reducirlos de forma deliberada por una raz&oacute;n editorial. Es cierto que en pocas ocasiones se unen la sangre fr&iacute;a, el desapego por el empleo y la inconsciencia necesarios como para hacerlo, pero lo normal, desde el becario al director, es que aceptemos seguir persiguiendo la zanahoria sin protestar. Alimentamos con alegr&iacute;a un sistema irracional solo porque somos buenos haci&eacute;ndolo (primer problema).
    </p><p class="article-text">
        Segundo problema: no tenemos ni idea de si una subida del 20% es mucho o poco, de qui&eacute;n es el tipo que ha mandado el mail con los objetivos ni de c&oacute;mo discutirlos. Igual que durante d&eacute;cadas el oficio despreci&oacute; a los t&eacute;cnicos, ahora desprecia a esa gente misteriosa que hace los n&uacute;meros, y eso es un grav&iacute;simo error. Hasta que no aprendamos a hacer las cuentas no seremos due&ntilde;os de nuestros destinos.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;El siguiente paso? Lanzar medios rentables que no dependan del sablazo a los amigos del Ibex, de mendigar ayuda invocando al Verdadero Periodismo sin pensar en un plan de negocio, de subvenciones y publicidad institucional de la que no es gratis, de que seamos tan grandes o tan influyentes que nos rescaten los bancos como si fu&eacute;ramos uno de ellos. Sin unas cuentas saneadas no hay libertad. Lo s&eacute; porque cuando el BBVA retir&oacute; su apoyo econ&oacute;mico a Soitu, una peque&ntilde;a e innovadora start-up period&iacute;stica, me qued&eacute; en la calle. &iquest;Y todo esto c&oacute;mo se hace? No tengo ni las m&aacute;s remota idea.
    </p><p class="article-text">
        Estos dos problemas nos llevan al tercero: la credibilidad, esa palabra que uno ni se plantea cuando es obligado a publicar diez galer&iacute;as de fotos al d&iacute;a. Todo tiene un autor, un culpable que ha encargado el tema, unas manos que lo han ejecutado aunque no lo firmen. Si copias, si mientes, si manipulas, si escribes basura siempre hay alguien que se va a dar cuenta, porque estamos en Internet y todos somos expertos en algo. Cada nota de prensa colocada, cada favor hecho, cada art&iacute;culo no documentado, cada texto escrito para que lo lea alguien que no es tu lector deja huella. Puede que nadie en la redacci&oacute;n note que no tienes ni idea de YouTubers y alienten tu art&iacute;culo, pero los adolescentes lo van a oler a leguas de distancia y formar&aacute;n sobre &eacute;l su idea de los medios. Esa confianza es casi imposible de recuperar, hablemos de YouTubers o de pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        El poder es, de hecho, el cuarto problema. A los directivos lo &uacute;nico que les interesa es la pol&iacute;tica, entendida como cercan&iacute;a al poder y como forma de influir en &eacute;l. En Espa&ntilde;a los medios no son un contrapoder, son un poder (aunque cada vez m&aacute;s d&eacute;bil), no aspiran a controlarlo, sino a cenar con &eacute;l. Mantienen un doble discurso en el que por la v&iacute;a de los hechos son establishment, pero por la de la narrativa defienden una &eacute;pica trasnochada y machista llena de m&aacute;quinas de escribir, humo de tabaco, se&ntilde;ores en tirantes, watergates y blanco y negro. Ojal&aacute; alg&uacute;n d&iacute;a un nuevo medio nazca diciendo la verdad: &ldquo;Vamos a seguir haciendo lo mismo de siempre, solo que en internet que es m&aacute;s barato, ni&ntilde;a, inst&aacute;lame el Twitter&rdquo;. A diferencia de lo que ocurre en otros lugares del mundo, el problema en Espa&ntilde;a no son las presiones, las amenazas, la asfixia econ&oacute;mica, sino que ni siquiera son necesarias. El acto de valent&iacute;a cotidiano no consiste en enfrentarse al Estado, a la Iglesia, a las empresas, sino en decidir no publicar el bulo de que Adele ha perdido 68 kilos. Todo en un oficio que aspiraba a ser justo lo contrario.
    </p><p class="article-text">
        Esta cosmovisi&oacute;n sobre el poder se traduce en redactores que consideran que los &uacute;nicos contenidos &ldquo;serios&rdquo; son los relacionados con la pol&iacute;tica y la econom&iacute;a, ignorando que la vida es rica y m&uacute;ltiple. Reina la &uacute;ltima hora pol&iacute;tica, cuando en la vida suele importar m&aacute;s esa pieza sobre tu salud y la de tu familia, sobre el medio ambiente en el que vives, sobre la ciencia que cambiar&aacute; tu vida, sobre la tecnolog&iacute;a que la hace m&aacute;s f&aacute;cil, sobre los libros y las series que la ensanchan. El entretenimiento s&oacute;lo es relevante si es deportivo. Lo reci&eacute;n sucedido es lo &uacute;nico digno de publicar. Una enorme parte de la realidad es menospreciada por el propio oficio. Matar de aburrimiento al lector, escribir para uno mismo y no para el otro ha sido el quinto problema.
    </p><p class="article-text">
        Durante mis meses sab&aacute;ticos entend&iacute; que el &aacute;lbum de las vacaciones de un conocido puede ser tan interesante o m&aacute;s que el mejor reportaje de un medio, y las p&aacute;ginas creadas sin pretensiones suelen ser las m&aacute;s cercanas a los lectores. Los medios son esos pesados que est&aacute;n todo el rato intentando que pinches en su enlace para llegar a una noticia que no siempre da lo que promete. &ldquo;Yo amo los zapatos&rdquo; tiene 40 millones de seguidores, Vogue USA 8. Cabronazi 9 millones, El Pa&iacute;s 2,6.
    </p><p class="article-text">
        La realidad es que la relaci&oacute;n medio-lector est&aacute; casi rota (sexto problema). Los digitales permiten los banners enga&ntilde;osos. La parte final de las noticias est&aacute; llena de links de pago que dirigen a los visitantes a contenidos vergonzosos que el medio hace como que no ve, pero que jam&aacute;s aprobar&iacute;a si fueran un contenido propio. Los lectores instalan programas que bloquean la publicidad, los medios plantean bloquear a los que los bloquean. Las p&aacute;ginas tardan tanto en cargarse, contienen tanta basura, tanta publicidad pesada, tanto c&oacute;digo in&uacute;til, tantos a&ntilde;adidos, que Facebook y Google han inventado formatos m&aacute;s livianos como Instant Articles y AMP que -parad&oacute;jicamente- los mismos medios que han convertido sus p&aacute;ginas en ilegibles han corrido a abrazar.
    </p><p class="article-text">
        Esta desconexi&oacute;n podr&iacute;a reconstruirse con imaginaci&oacute;n, pasi&oacute;n, amor por el talento, algo de lo que el sistema de pensamiento de los medios espa&ntilde;oles adolece (s&eacute;ptimo problema). Internet es un festival de todo ello, pero la falta de cr&iacute;tica real y la mala gesti&oacute;n del talento -especialmente el joven- acaba creando redacciones endog&aacute;micas con serios problemas de diversidad de g&eacute;nero, edad y clase que reproducen los de los sistemas de poder que deber&iacute;an criticar. En cuanto uno sale de Espa&ntilde;a descubre que no debe ser necesariamente as&iacute;. Me gusta saber que, ya al final de la treintena, soy una de las veteranas de mi redacci&oacute;n actual y no una de las m&aacute;s j&oacute;venes, como me suced&iacute;a en Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Sobre la copia hay algo de justicia po&eacute;tica, y es que no suele funcionar. En este internet extra&ntilde;o a cada cual le ha funcionado una cosa distinta. Existen medios en los que triunfan los blogs, la informaci&oacute;n pol&iacute;tica, la fotograf&iacute;a, el periodismo local, las newsletters, los comentarios, los bots. Pero esta vez no estamos escribiendo de lo que funciona, sino de lo que no. Y respecto al pesimismo nacional, siempre recuerdo lo que dicen los colegas de los medios latinos, expertos en fabricar historias incre&iacute;bles y valientes con pocos recursos, cuando los espa&ntilde;oles les lloramos por la crisis: &ldquo;Nosotros siempre estamos mal, si estuvi&eacute;ramos siempre quej&aacute;ndonos no har&iacute;amos nada&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Los lectores</h3><p class="article-text">
        Un &uacute;ltimo p&aacute;rrafo sobre los lectores. Es normal que se vayan desentendiendo de la industria, que dejen de comprar, de ver la tele. Nadie puede exigirles que sostengan una industria desconcertada. S&iacute; tienen otros dos problemas. El primero, que los lectores fieles que quedan caigan en la tentaci&oacute;n de convertirse en fans, olvid&aacute;ndose de que no siempre es bueno que te den exactamente lo que esperas y que incluso el mejor de los medios necesita una reprimenda de vez en cuando. El segundo, el peligro de que usen los contenidos period&iacute;sticos para automedicarse: administrarse a conveniencia una dosis de ira, alegr&iacute;a o tristeza lista para contagiar a los dem&aacute;s en redes sociales, arrastr&aacute;ndonos a todos en una espiral viral de emociones colectivas cuando lo que mejor nos sentar&iacute;a a todos, periodistas, lectores y periodismo, es romper ese ciclo con un poco m&aacute;s de cerebro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Delia Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/problema-periodismo-periodistas-lectores_1_3688565.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 14 Dec 2016 19:01:33 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Un problema del periodismo, siete de los periodistas y dos de los lectores]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Periodismo]]></media:keywords>
    </item>
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