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    <title><![CDATA[elDiario.es - Luna Miguel]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/luna_miguel/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Luna Miguel]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Una vida luminosa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/vida-luminosa_129_12871256.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f88b51d8-5c6f-4157-8c13-6202efaa0c1c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una vida luminosa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"…y ¿qué es ser joven en años y de repente ser despertada
a la angustia, al apremio de la vida?"
Susan Sontag</p><p class="subtitle">Este artículo fue publicado en el número 48 de la revista impresa de elDiario.es de junio de 2025. Si quieres apoyar un periodismo comprometido y honesto, hazte socio y recibe en casa la revista completa 'El poder del amor moderno'</p></div><p class="article-text">
        Como toda hija de funcionarios con aspiraciones intelectuales pensaba que sus padres le hab&iacute;an jodido la vida. Semanas antes de cumplir los doce a&ntilde;os, con la llegada de la primera menstruaci&oacute;n, su madre le dej&oacute; sobre la cama una copia en franc&eacute;s de <em>El extranjero</em>, de Albert Camus, &ldquo;con la esperanza de que tu nueva vida como mujer sea luminosa&rdquo;, rezaba la dedicatoria del padre, escrita con una letra muy limpia y a tinta roja en la primera p&aacute;gina. Ella, que en verdad hubiera preferido recibir como regalo una caja de ibuprofenos, se extra&ntilde;&oacute; de que pap&aacute; y mam&aacute; se hubiesen gastado dinero en algo que estaba escrito en un idioma que ninguno de los tres entend&iacute;a. &iexcl;Es un cl&aacute;sico!, le dijo la madre. &iexcl;Alimentar&aacute; tu esp&iacute;ritu!, le dijo el padre. &iexcl;Te apuntaremos a la Escuela Oficial de Idiomas ma&ntilde;ana mismo!, volvi&oacute; a decir entusi&aacute;sticamente la madre, ante los ojos h&uacute;medos de la hija, que se retorc&iacute;a por el dolor uterino, repiti&eacute;ndose todo el rato para sus adentros: y a m&iacute; qu&eacute;, y a m&iacute; qu&eacute;, y a m&iacute; qu&eacute;. As&iacute;, antes de descubrir la sonoridad de la palabra endometrio; antes de entender del todo el significado del color marr&oacute;n de aquel flujo; y antes, incluso, de haberse atrevido a introducir el primer t&aacute;mpax de su vida por su vagina, un profesor viejo, con un bigote blanco muy poblado, tonte&oacute; con ella todas las tardes de martes despu&eacute;s de ense&ntilde;arle a conjugar el verbo <em>&ecirc;tre</em>, &iexcl;pero t&uacute; sobre todo deber&iacute;as aprender a conjugar el verbo <em>aimer</em>, bonica, porque eso me parece que lo vas a hacer mucho si sigues as&iacute; de precoz y as&iacute; de arrebatadora!
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s que encontrarse cerca de estar enamorada, en el albor de sus catorce a&ntilde;os ella sinti&oacute; que la vida era m&aacute;s bien tonta, una cosa rid&iacute;cula. Pap&aacute; y mam&aacute; hab&iacute;an empezado a preocuparse de que ya no le apeteciera hablar con sus amigas de la urbanizaci&oacute;n, o de que el dinerillo de la paga mensual ya no fuese destinado a revistas musicales, chucher&iacute;as o cacaos labiales de mil sabores, sino a cuadernos negros de tapa dura en los que comenz&oacute; a escribir sobre sus m&aacute;s profundos pesares. Le preguntaban qu&eacute; te pasa cari&ntilde;o, con lo feliz que t&uacute; eras, pero ella se encog&iacute;a de hombros y no respond&iacute;a nada; bajaba la mirada a su ejemplar de <em>El mito de S&iacute;sifo</em> y se dejaba llevar por las palabras de ese autor que ellos mismos le hab&iacute;an obligado a leer desde ni&ntilde;a. Con quince a&ntilde;os, dej&oacute; de hablar. La jefa de estudios de su instituto biling&uuml;e hac&iacute;a llegar notas de advertencia a casa, recomendando a los progenitores que mandaran a su hija a terapia, cosa que hicieron sin grandes resultados: &iquest;c&oacute;mo te sientes?, preguntaba una psicoanalista en un despacho que, de acuerdo con lo que ella escribi&oacute; m&aacute;s tarde en su diario, &ldquo;ol&iacute;a a jazmines mustios y a heces de Lacan&rdquo;. Pero ese diario fue un consuelo para toda la familia. Por un lado, ella lo rellenaba de comentarios mordaces y medio suicidas: &ldquo;&iquest;No es acaso mejor dejar de hablar que dejar de comer?&rdquo;. Por el otro, sus padres lo revisaban cuando ella se marchaba a clase, y hac&iacute;an la vista gorda a los ataques contra sus &ldquo;lamentables Padres Progres de Provincias, votantes del PSOE y faltos de talento&rdquo;, hasta que un d&iacute;a encontraron un poema que les sugiri&oacute; que, definitivamente, algo comenzaba a ir muy mal. El hecho de que estuviera escrito en franc&eacute;s les result&oacute; a&uacute;n m&aacute;s alarmante, &iquest;acaso ella sab&iacute;a que sus padres cotilleaban sus cuadernos y por eso ocultaba sus sentimientos con el cerrojo a&uacute;n m&aacute;s impenetrable de la lengua? Decidieron utilizar Google Translator: &ldquo;Poema sobre leer <em>La mujer rota</em>, de Simone de Beauvoir, y querer morir: <em>El epitafio de mis ojos / no habla sino de larvas y de moscas. / Chocando mis dedos contra la tierra / descubro que el silencio ya no existe. / Porque he huido entre piedras resplandecientes / y el miedo a las olas./ Porque he borrado el azul / de esta idea desnuda. / Porque he decepcionado, dices, / pintando oscuridad a un coraz&oacute;n que aguarda</em>&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Por su cumplea&ntilde;os n&uacute;mero diecis&eacute;is dej&oacute; una nota manuscrita en la mesa del comedor, en la que suplicaba a sus padres que le dejaran ponerse un piercing en el ombligo; para hacerse los tontos, y como medida cautelar ante la amenaza escrita de las autolesiones, decidieron reunir algunos ahorros y llevarla de viaje a Par&iacute;s por la Semana Santa. Durante los preparativos del viaje, Mam&aacute; compr&oacute; todo tipo de mapas y gu&iacute;as tur&iacute;sticas en la librer&iacute;a del barrio, y luego pidi&oacute; a una vecina que le prestara unas pocas pastillas de esas tan buenas contra la ansiedad, pues aquella ser&iacute;a su primera vez montando en avi&oacute;n, y estaba de los nervios. Por su parte, pap&aacute; estudi&oacute; en secreto algunas palabras b&aacute;sicas del franc&eacute;s, y hasta se intent&oacute; leer la versi&oacute;n original de <em>El conde de Montecristo</em> que hab&iacute;a regalado a su hija las navidades pasadas, aunque sin demasiado &eacute;xito y con la mala suerte de que sus p&aacute;ginas transcurrieran en Marsella y no en la capital.
    </p><p class="article-text">
        Poco ilusionada a juzgar por sus expresiones, aunque sorprendentemente complacida en su interior, la hija exigi&oacute; que el d&iacute;a exacto de su cumplea&ntilde;os lo pasaran visitando los cementerios de Par&iacute;s en los que se encontraban los cad&aacute;veres de sus escritores preferidos. Ante aquella petici&oacute;n tan extra&ntilde;a, los padres lamentaron no haber negociado mejor la primera s&uacute;plica del piercing, pero prefirieron pensar en que tal vez el hecho de ver la decadencia de la muerte con sus propios ojos apaciguar&iacute;a su obsesi&oacute;n con poner fin a su propia vida.
    </p><p class="article-text">
        El viaje empez&oacute; peor de lo esperado. La adolescente hab&iacute;a olvidado su cuaderno negro en casa, cosa de la que no se dio cuenta hasta llegar a su asiento del avi&oacute;n. Quer&iacute;a bajarse. Ten&iacute;a que bajarse. Pataleaba e imploraba que la dejaran salir de all&iacute;, pero los sobrecargos trataron de disuadirla con palabras amables que ella odi&oacute;. Forzada entonces a desvelar su terror inconfesado, mam&aacute; abri&oacute; el bolso y despleg&oacute; en la palma de su mano un saquito azul lleno de pastillas. &iexcl;Son buenas, nos calmar&aacute;n!, dijo temblando. &iexcl;Al llegar a Par&iacute;s te compraremos todos los cuadernos que quieras!, remat&oacute; el padre, mientras su hija se tragaba sin pens&aacute;rselo un par de ansiol&iacute;ticos blancos que la dejaron tranquil&iacute;sima durante el resto de la jornada. Con el &aacute;nimo anestesiado pero feliz, la chica re&iacute;a, conversaba y compart&iacute;a impresiones del entramado urban&iacute;stico parisino como si llevara toda la vida hablando con tanta naturalidad y alegr&iacute;a con sus padres. Sin tener que mediar palabra, ellos se miraron fijamente y firmaron un acuerdo mental, seg&uacute;n el cual aquella medicaci&oacute;n ser&iacute;a el elixir con el que salvar&iacute;an a su ni&ntilde;a de una vida negra. Al d&iacute;a siguiente, desde un apartahotel en el coraz&oacute;n de Saint Georges, festejaron los diecis&eacute;is a&ntilde;os con cruasanes y salieron pronto de casa para visitar el cementerio de Montparnasse. &iexcl;Esto s&iacute; es una ciudad!, dijo la madre. &iexcl;Dentro de unos a&ntilde;os deber&iacute;as estudiar aqu&iacute; relaciones internacionales!, se anim&oacute; el padre. &iexcl;Nuestra ni&ntilde;a de Erasmus!, dijo la madre. &iexcl;Claro que s&iacute;!, dijo ella, con el efecto del primer ansiol&iacute;tico d&aacute;ndole &aacute;nimos a su peque&ntilde;o coraz&oacute;n g&oacute;tico, mientras zarandeaba con la mano el cuaderno floreado que le acababa de comprar pap&aacute; en una librer&iacute;a-papeler&iacute;a encantadora.
    </p><p class="article-text">
        La verdad es que el cementerio era bonito. Lleno de turistas espa&ntilde;oles y portugueses, pero bonito. Lleno de mujeres j&oacute;venes haci&eacute;ndose fotos junto a la l&aacute;pida besada de Simone de Beauvoir, pero bonito. Lleno de estudiantes mordiendo bol&iacute;grafos BIC, que luego posar&iacute;an como tributo sobre la tumba de Marguerite Duras, pero bonito. Ella conoc&iacute;a todos esos nombres. Hab&iacute;a le&iacute;do esos libros y hasta se hab&iacute;a masturbado un poquito leyendo las novelas pseudoer&oacute;ticas de uno de los protagonistas de aquellas tumbas: Pierre Lou&yuml;s. Sus padres estaban tan obsesionados con que ella conociera a la perfecci&oacute;n la lengua m&aacute;s digna y elegante del continente, que no reparaban en el contenido a veces un poco cerdo de alguno de esos libros de bolsillo que ya encargaba sola y que devoraba desde los doce. Aunque pensaba cada vez m&aacute;s en el cuerpo, sobre todo en el de otras mujeres, escribir sobre su propia angustia sexual no era algo que le gustase del todo, de manera que sus cuadernos negros estaban a salvo de sus &iacute;ntimas perversiones y de la mirada cotilla de los progenitores.
    </p><p class="article-text">
        Caminando sola por aquel cementerio, en un momento en el que se despist&oacute; sobre qu&eacute; camino hab&iacute;an tomado sus padres; extasiada por el olor de los &aacute;rboles, ebria de ansiol&iacute;ticos y con el cuaderno nuevo entre los brazos, bien apretado contra su pecho, pens&oacute; en que quiz&aacute;s aquella nueva alegr&iacute;a que le hab&iacute;an tra&iacute;do Par&iacute;s y el cumplea&ntilde;os era la excusa para empezar a escribir sobre lo que m&aacute;s le ard&iacute;a por dentro desde que ten&iacute;a uso de raz&oacute;n lector; sobre ese fuego que siempre hab&iacute;a sentido dentro de s&iacute;, pero que ella hab&iacute;a preferido acallar coleccionando tantos libros tristes.
    </p><p class="article-text">
        Apareci&oacute; entonces ante sus ojos: una l&aacute;pida negra, negra y limpia, negra y dura como las tapas de sus diarios. Una l&aacute;pida brillante. Parec&iacute;a que alguien hubiera pasado toda la ma&ntilde;ana puli&eacute;ndola para que brillara tanto como la obsidiana. Ella hab&iacute;a le&iacute;do sobre la obsidiana. En el revistero del sal&oacute;n, mam&aacute; coleccionaba folletos esot&eacute;ricos llenos de fotograf&iacute;as de minerales y piedras luminosas. Hab&iacute;a le&iacute;do sobre &ldquo;el espejo del alma&rdquo;, sobre esa roca purificadora, protectora de males en&eacute;rgicos, que potenciaba el amor propio. Lo que no hab&iacute;a le&iacute;do era a la autora cuyos restos reposaban bajo aquella tumba sobria pero majestuosa, misteriosa, llena de esperanza sobre la que no tuvo reparo en abalanzarse. chica, imaginando lo imposible: un cad&aacute;ver a&uacute;n caliente, tal vez muy bello, con el que besarse. No hab&iacute;a visto nunca una fotograf&iacute;a de Susan Sontag, pero sab&iacute;a que ser&iacute;a hermosa. Retorci&eacute;ndose contra la l&aacute;pida por un dolor repentino e intenso en el bajo vientre, y llamando la atenci&oacute;n de los turistas, pero tambi&eacute;n de sus padres, que ya la buscaban un poco desesperados, y que se la encontraron all&iacute; repantigada, con las piernas abiertas sobre la tumba, y una mancha de sangre emergi&eacute;ndole poco a poco de la parte inferior de la entrepierna del pantal&oacute;n vaquero. &iexcl;Est&aacute;s desangr&aacute;ndote, hija m&iacute;a!, dijo el padre, avergonzado. &iexcl;&iquest;No se te ha ocurrido ponerte un tamp&oacute;n antes de salir del apartamento?!, grit&oacute; la madre. &iexcl;Ahora vamos a tener que volver en taxi!, alarm&oacute; el padre. La hija, mientras tanto, re&iacute;a y pronunciaba una y otra vez el nombre de Sontag, pensando entre retortijones que quiz&aacute; nunca en toda su vida hab&iacute;a sido tan feliz. Empez&oacute; a besar la l&aacute;pida, a rozar su pubis contra la falsa obsidiana. La sangre continuaba empapando el pantal&oacute;n y su madre, escandalizada, fue corriendo hasta ella para frotarle con violencia la zona de la ingle con unas toallitas h&uacute;medas que llevaba en el bolso, un gesto que termin&oacute; por excitar todav&iacute;a m&aacute;s a la hija, en trance ahora, y agitada por un estremecimiento que horroriz&oacute; a un peque&ntilde;o grupo de espectadores que ya hac&iacute;an corrillo.
    </p><p class="article-text">
        Volvieron al apartahotel en taxi y sin mediar palabra. Como en Espa&ntilde;a a&uacute;n era la hora de la siesta, forzaron a la hija a echarse una. La madre sac&oacute; del bolso su saquito m&aacute;gico, y adem&aacute;s del ansiol&iacute;tico puso sobre la mesa del sal&oacute;n uno de sus somn&iacute;feros naturales. La chica toc&oacute; los restos de miga de cruas&aacute;n que todav&iacute;a poblaban el mantel desde la ma&ntilde;ana, fingi&oacute; que se met&iacute;a los medicamentos en la boca y se encerr&oacute; en su cuarto, bostezando. Mam&aacute; y pap&aacute; respiraron hondo y cuando comprobaron que la adolescente estaba dormida decidieron dejarla all&iacute; mientras sal&iacute;an a mirar los alrededores de Saint George, dando un pase&iacute;to corto hasta el Moulin Rouge. Al escuchar la puerta cerrarse, ella sali&oacute; de la cama de un salto, se cambi&oacute; de pantal&oacute;n, agarr&oacute; el otro par de llaves del apartamento y se fue en busca de una librer&iacute;a. &iquest;Susan Sontag? &iquest;Tiene algo usted de Susan Sontag? Por favor, necesito a Susan. Susan, Susan, Susan Sontag. Claro que ten&iacute;an a Sontag. En la cubierta de uno de los vol&uacute;menes, luc&iacute;a el rostro de una mujer. &iquest;Es ella? S&iacute;, respondi&oacute; el librero. Y entonces la adolescente agarr&oacute; el volumen y sali&oacute; de la librer&iacute;a corriendo, sin que a los dependientes les diera tiempo a reaccionar. &ldquo;Rena&icirc;tre&rdquo;, dec&iacute;a el t&iacute;tulo. As&iacute; es como se sent&iacute;a ella misma: renacida. Corri&oacute; todo lo que pudo con el libro escondido bajo la camiseta y meti&eacute;ndose entre callejuelas concurridas, para asegurarse de que nadie la segu&iacute;a. Camin&oacute; un poco m&aacute;s hasta el apartamento y se alegr&oacute; al ver que sus padres a&uacute;n no hab&iacute;an llegado. Con la lucecilla del cuarto alumbrando las p&aacute;ginas de aquel tesoro, se dio cuenta de que se trataba de una traducci&oacute;n al franc&eacute;s de los diarios de adolescencia de una fil&oacute;sofa y narradora yanqui, que por alguna raz&oacute;n acab&oacute; cayendo muerta en ese cementerio de Par&iacute;s. Como toda hija de funcionarios con aspiraciones intelectuales y verg&uuml;enza de clase, pensaba que sus padres la hab&iacute;an llevado por el buen camino, pero desde una direcci&oacute;n equivocada. &ldquo;&iquest;C&oacute;mo puedo ayudarme, volverme cruel?&rdquo;, dec&iacute;a uno de los fragmentos de aquel diario, en el que Sontag ten&iacute;a m&aacute;s o menos la misma edad que ella.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Pues no solo estoy leyendo este libro, sino cre&aacute;ndolo yo misma, y esta experiencia &uacute;nica y descomunal ha purgado mi mente de gran parte de la confusi&oacute;n y la esterilidad que la han atascado todos estos horribles meses&rdquo;, anot&oacute; la fil&oacute;sofa en una entrada de unos meses despu&eacute;s, refiri&eacute;ndose a una lectura que hab&iacute;a hecho de Andr&eacute; Gide. Le result&oacute; imposible no sentir una identificaci&oacute;n profunda, rodeada de un sentimiento casi m&iacute;stico, quisiera lo que quisiera decir eso. Si de pronto era as&iacute; de f&aacute;cil identificarse con un libro, si resultaba as&iacute; de sencillo verse a una misma en la vida de otra persona, entonces la existencia no era tan absurda como pensaba, o tal vez es que lo era m&aacute;s que nunca. Estaba enamorada de Susan. Estaba profundamente consternada por la belleza de su escritura y de su rostro. Necesitaba m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Mam&aacute; y pap&aacute; llegaron con bolsas para una cena de picoteo. Se excusaron por la tardanza, visiblemente achispados. Ella hizo todo lo posible para estar tranquila, y hasta se atrevi&oacute; a improvisar alg&uacute;n chiste sobre la menstruaci&oacute;n, las tumbas y el precio de los taxis de Par&iacute;s. &iquest;Quer&eacute;is que corte m&aacute;s queso?, pregunt&oacute; hacia el final de la cena, y, aunque con el est&oacute;mago lleno, sus padres progres de provincias asintieron, encantados con la imagen servicial de la ni&ntilde;a. &iquest;Puedo echarme media copa de vino para brindar con vosotros? Ellos volvieron a asentir. &iexcl;Media copita es buena para la salud!, dijo pap&aacute;. &iexcl;As&iacute; se va formando su gusto en vinos!, dijo mam&aacute; con las mejillas encendidas. Mientras cortaba un poquito m&aacute;s de queso, la hija sac&oacute; el somn&iacute;fero natural del bolsillo, abri&oacute; la c&aacute;psula con esmero, y roci&oacute; unos polvitos en la copa de su madre y otros cuantos m&aacute;s en la de su padre. &iexcl;Por ti, cari&ntilde;o m&iacute;o!, dijo mam&aacute;. &iexcl;Por mis dos mujeres favoritas!, dijo pap&aacute;. A las nueve y media de la noche, sentados en el sof&aacute; y sin que les hubiera dado tiempo a ponerse los pijamas, se quedaron dormidos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;Estoy enamorada de enamorarme!&rdquo;, escribi&oacute; Susan Sontag en <em>Renacida, </em>haciendo referencia a su bisexualidad y a su car&aacute;cter profundamente enamoradizo. Si el folleto que hab&iacute;a guardado entre las p&aacute;ginas del cuaderno floreado estaba en lo cierto, el cementerio de Montparnasse no cerraba hasta las once, de manera que, si se daba prisa, podr&iacute;a colarse un rato antes de la hora, y pasar la noche junto a su nueva diosa de obsidiana. En el bolsillo derecho, los euros que le hab&iacute;a sacado a pap&aacute; y una copia de las llaves del apartahotel; en el bolsillo izquierdo, el saquito de medicamentos que le hab&iacute;a sacado a mam&aacute;, y un bol&iacute;grafo; entre los brazos, su ejemplar de <em>Renacida</em>; en el pecho, un nervio profundo. &ldquo;&iexcl;Estoy enamorada de enamorarme!&rdquo;, reley&oacute; una vez m&aacute;s, antes de colarse en el cementerio y esconderse entre unos arbustos a la espera de que todo hubiese quedado en silencio. Deb&iacute;a haber pasado poco m&aacute;s de media hora cuando se decidi&oacute; a emerger de entre las hojas para buscar a oscuras la l&aacute;pida negra. &iexcl;Estoy enamorada de enamorarme!, dec&iacute;a, y se tomaba una pildorita natural. &iexcl;Estoy enamorada de enamorarme!, dec&iacute;a, y se tomaba una pastilla redonda. &iexcl;Estoy enamorada de enamorarme!, dec&iacute;a, y volv&iacute;a a empezar el ritual, hasta que consigui&oacute; acabar con el contenido de la bolsa.
    </p><p class="article-text">
        Por fin frente a la tumba de Susan Sontag, o al menos frente a alguna tumba que se le parec&iacute;a mucho, porque ni la luz ni el mareo le dejaban estar segura de eso, la adolescente pens&oacute; en sus padres y pens&oacute; en sus escritores preferidos, y se pregunt&oacute; que c&oacute;mo era posible amar todav&iacute;a m&aacute;s a los muertos que a los vivos. Te amo, Susan Sontag, dijo, acurruc&aacute;ndose sobre la l&aacute;pida negra. Te amo como nunca he querido a nadie, ni siquiera a m&iacute; misma, volvi&oacute; a decir, aunque esta vez trab&aacute;ndose un poquito la lengua, m&aacute;s bien para sus adentros. Le habr&iacute;a venido bien un ibuprofeno para todo ese dolor, pero ya daba igual. Su vida como mujer era luminosa.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luna Miguel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/vida-luminosa_129_12871256.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 09 Jan 2026 21:11:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una vida luminosa]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Relaciones,Amor,Sexualidad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Qué hace alguien como tú escribiendo sobre algo como esto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/alguien-escribiendo_129_8819575.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/30ba7bc8-c570-451f-9b03-ee11b3bf35f3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Qué hace alguien como tú escribiendo sobre algo como esto"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El gesto literario, la experiencia artística o la reflexión filosófica sí pueden, sí deben y sí necesitan continuar su curso, a pesar de los pesares, y de las inmundicias, y de las bombas</p></div><p class="article-text">
        Esos hilos que m&aacute;s que de lino parecen cuchillos, o esas corrientes que m&aacute;s que de aire parecen fuego, son las que a veces arrollan a quien dispone de un altavoz, y especialmente, a quien por pudor o por hartazgo, no necesita, no puede o no debe utilizarlo. El ambiente b&eacute;lico al que nos enfrentamos ha disparado la exigencia de opinar sobre un hecho doloroso y a&uacute;n incierto a escritoras y escritores, a intelectuales, como si estos tuvieran &mdash;tuvi&eacute;ramos&mdash; la responsabilidad de encontrar una palabra correcta Dec&iacute;a Theodor W. Adorno en el pr&oacute;logo de <em>Minima Moralia</em> que fue en los a&ntilde;os m&aacute;s duros de la Segunda Guerra Mundial cuando necesit&oacute; escribir ese compendio de pensamientos &iacute;ntimos y variados, la mayor&iacute;a centrados en cuestiones literarias, apenas pol&iacute;ticas, elaboradas adem&aacute;s desde un yo &iacute;ntimo nada propio de su anterior filosof&iacute;a. Casi como disculp&aacute;ndose, explica sus motivos para elegir la autobiograf&iacute;a, pues por un lado &laquo;la violencia que me hab&iacute;a desterrado me imped&iacute;a a la vez su pleno conocimiento&raquo; y por el otro &laquo;a la vista de los hechos indecibles que colectivamente acontecen&raquo; &eacute;l ten&iacute;a que detenerse &laquo;a hablar de lo individual&raquo;. <em>Minima Moralia,</em> descrito por el mismo Adorno, es el documento que atestigua las ideas desordenadas del intelectual en el exilio. Y no lo dice para pedir perd&oacute;n por su yo&iacute;smo en tiempos de violencia, sino m&aacute;s bien, o eso creo, para mostrar de qu&eacute; manera el gesto literario, la experiencia art&iacute;stica o la reflexi&oacute;n filos&oacute;fica s&iacute; pueden, s&iacute; deben y s&iacute; necesitan continuar su curso, a pesar de los pesares, y de las inmundicias, y de las bombas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta semana, <a href="https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/no-opinar-ucrania_129_1221053.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la fil&oacute;sofa Clara Ramas San Miguel publicaba en InfoLibre</a> una columna titulada: &laquo;No voy a opinar sobre Ucrania&raquo;, en la que defend&iacute;a su derecho como pensadora y sujeto pol&iacute;tico a callarse sobre un asunto de tan extrema gravedad. Ella aboga por la pausa, por el entrenamiento del juicio, e incluso por la creaci&oacute;n de otros debates que puedan ser paralelos al gran tema, precisamente para no olvidarnos de nuestras tantas luchas ni de nuestra humanidad. Incluso habiendo expresado tajantemente su opini&oacute;n, hubo quien le recrimin&oacute; &ldquo;callar&rdquo;, como si eso ni tan siquiera fuese un privilegio. No lo es. Callar no es un privilegio, de la misma manera en que no decir nada sobre un tema en concreto no ri&ntilde;e con el acto de escuchar. Similar a la postura de Ramas San Miguel para con el debate filos&oacute;fico-pol&iacute;tico me pareci&oacute; la del escritor Emiliano Monge para con las chorradas que en momentos de incertidumbre suelen proponernos a los que nos dedicamos a la literatura. Por lo visto, una instituci&oacute;n contact&oacute; con &eacute;l a los pocos d&iacute;as del estallido de la guerra de Rusia contra Ucrania, para pedirle que dejara de leer a autores rusos, haciendo as&iacute; p&uacute;blica su renuncia a la violencia. En palabras de Monge: &laquo;c&oacute;mo explicarle a ochenta kilos de estupidez que la cultura y el arte son, de hecho, la &uacute;ltima trinchera contra la barbarie&raquo;.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No hay una única manera de ser escritora o intelectual en horas en las que sátrapas destruyen centenares de vidas a escasos kilómetros de los cuartos donde reposan nuestras bibliotecas</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Aunque comprendo las palabras de Emiliano Monge, y comparto la estupefacci&oacute;n ante semejante propuesta, hay algo en su mensaje que no termina de convencerme. Algo que, incluso, me incomoda. Y quiz&aacute; esa incomodidad surja de las contradicciones que proyecta el cruce entre nuestra vulnerabilidad, nuestro sentimiento de compromiso, y nuestros motores de creaci&oacute;n. Volviendo a las dudas de Adorno, &iquest;cu&aacute;l es el papel de una intelectual en tiempos de barbaries? &iquest;Se debe una dejar achantar por los hechos, renunciando a su capacidad de reflexi&oacute;n y de imaginaci&oacute;n? &iquest;De verdad que es necesario negarse a la creaci&oacute;n de textos bellos o de textos inc&oacute;modos? Charlotte Delbo, conocida por sus diarios y poemas escritos antes, durante y despu&eacute;s de su condena en Auschwitz, publicados en Espa&ntilde;a como <em>Ninguno de nosotros volver&aacute;</em>, nunca renunci&oacute; a la escritura &iacute;ntima, ni a la poes&iacute;a amorosa, ni tan siquiera al cuestionamiento de su deseo y de sus fantas&iacute;as. La guerra no detuvo su inventiva. Tampoco el contacto diario con la muerte o su miedo a desaparecer. La literatura, que era un refugio y una liberaci&oacute;n, se convirti&oacute; para ella en la m&aacute;s importante de las trincheras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las vidas &iacute;ntimas de Delbo y Adorno fueron bien distintas, pero tambi&eacute;n ayudan a poner cuerpo a las diferentes maneras de ejercer el trabajo intelectual durante la guerra. El exilio o el encarcelamiento: trabajar la literatura ajenos al privilegio de quienes s&iacute; pudieron quedarse al calor de sus bibliotecas. Porque resulta que la experiencia literaria siempre es amplia y que la obligaci&oacute;n de escribir, o de pensar, o de opinar, puede nacer en sus trabajadores de muy diversas maneras. En sus cuadernos de notas de 1945, Marguerite Yourcenar escribi&oacute;: &laquo;&iquest;Qu&eacute; es lo que te ayuda a vivir en los momentos de desconsuelo y de horror? La necesidad de ganar o amasar tu pan, el sue&ntilde;o, el amor, la ropa limpia que te pones, un viejo libro que relees [&hellip;]&nbsp;Todo lo que era bueno en las horas de deleite sigue siendo exquisito en las horas de desvalimiento&raquo;. Del mismo modo, en <em>La muerte de Virginia</em>, Leonard Woolf explica c&oacute;mo esa tensi&oacute;n cada vez m&aacute;s creciente del periodo de entreguerras, Virginia Woolf y &eacute;l lo cubr&iacute;an a base de lectura y de escritura voraz. Ella misma, en <em>Tres guineas</em>, tal vez su texto sobre feminismo m&aacute;s importante, opacado siempre por <em>Un cuarto propio</em>, dice que &laquo;la guerra es una abominaci&oacute;n, un acto b&aacute;rbaro, la guerra debe detenerse&raquo;, por supuesto, y para ello, incluso con las dificultades que comporta ese deseo, lo que propone es educaci&oacute;n, cultura, o en otras palabras, libertad intelectual. &iquest;Y c&oacute;mo ejercer esa libertad de manera correcta? &iquest;Acaso hay un modo de fomentar el pensamiento en tiempos de violencia? &iquest;De qu&eacute; manera escribir? &iquest;De d&oacute;nde sacar las fuerzas? &iquest;C&oacute;mo hablar del pan, de la ropa limpia o del amor sin caer en el ego&iacute;smo de la &uacute;ltima de las trincheras?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pienso en esa poes&iacute;a nacida de la duda por supervivencia con la que Nelly Sachs trat&oacute; de recuperarse o de comprender la violencia nazi. Pienso en <em>El dolor</em>, el diario de amor y de duelo que Marguerite Duras escribi&oacute; mientras esperaba el regreso de su esposo del campo de Dachau. Pienso en los vaivenes teol&oacute;gicos y m&iacute;sticos de los &uacute;ltimos d&iacute;as de vida de Simone Weil, refugiada en 1943 en la escritura sobre dios, cuando la escritura sobre la pol&iacute;tica ya le hab&iacute;a destruido la salud mental y los nervios. Pienso, y mucho, en el <em>Soy vuestra voz</em> de Anna Ajm&aacute;tova, poeta rusa, originaria de la regi&oacute;n de Odesa, esto es, la actual Ucrania, a quien estos d&iacute;as se lee por ser sus poemas himnos pac&iacute;ficos. Duramente, dijo: &laquo;Qu&eacute; nos importa al fin y al cabo / que todo se convierta en ceniza / en cu&aacute;ntos precipicios cant&eacute; / y en cuantos espejos viv&iacute;. / Que no sea yo sue&ntilde;o ni consuelo / y mucho menos para&iacute;so. / Pero puede ser que con frecuencia / tengas que recordar / el rumor de las l&iacute;neas sosegadas / y el ojo que oculta en el fondo / aquella corona de flores, punzante y oxidada / en su intranquilo silencio&raquo;. Pero tambi&eacute;n pienso, en &uacute;ltima instancia, en aquella reivindicaci&oacute;n de Audre Lorde, activista feminista, queer y antirracista, conocedora de violencias que no son las de la guerra pero que igualmente acaban con vidas y difunden miedo, para quien la poes&iacute;a no es un lujo tanto como una necesidad vital para la posibilidad de existir, &laquo;es el instrumento mediante el que nombramos lo que no tiene nombre, para convertirlo en objeto del pensamiento&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sin estar completamente de acuerdo con la visi&oacute;n pesimista de Monge hacia&nbsp;la trinchera literaria, y sin ser tan entusiasta como Lorde en el uso de la poes&iacute;a como bandera, me aventurar&eacute; a decir que no hay una &uacute;nica manera de ser escritora o intelectual en horas en las que s&aacute;trapas destruyen centenares de vidas a escasos kil&oacute;metros de los cuartos donde reposan nuestras bibliotecas. Qu&eacute; escribir, desde qu&eacute; &aacute;nimo opinar, qu&eacute; mundos mostrar a quienes atienden a nuestros altavoces. Yo no lo s&eacute;. Aunque lo que s&iacute; intuyo, leyendo a tantas otras voces del pasado, es que la poes&iacute;a, o la imaginaci&oacute;n, pueden tener m&uacute;ltiples utilidades cuando la violencia alcanza a nuestra vulnerabilidad. Leer, escribir, pensar, salir del c&iacute;rculo vicioso de las opiniones veloces. No tanto el escapismo, como la posibilidad de verbalizar todas estas formas del dolor.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luna Miguel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/alguien-escribiendo_129_8819575.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 10 Mar 2022 21:35:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Qué hace alguien como tú escribiendo sobre algo como esto]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Crisis Ucrania]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La historia de la literatura es, también, la historia de la violencia machista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/historia-literatura-historia-violencia-machista_1_6456717.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dc05b231-bae9-43d2-94f7-6575dbeaf088_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La historia de la literatura es, también, la historia de la violencia machista"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cinco libros, algunas citas y otras cuantas quejas para encarar el 25N de 2020</p></div><p class="article-text">
        Hablar de literatura escrita por mujeres supone, la mayor&iacute;a de las veces, caer en una serie de clich&eacute;s que ya no deber&iacute;amos permitirnos. 
    </p><p class="article-text">
        Tan est&eacute;ril es volver a ese debate sobre si existe o no una &ldquo;escritura puramente femenina&rdquo; como pararse a analizar aquellas palabras y tem&aacute;ticas que solemos asociar a esta: el amor, la maternidad, los sentimientos profundos, la desnudez del 'yo'. Adem&aacute;s de eso, resulta abrumador que cuando hablamos de &ldquo;literatura femenina&rdquo; nos olvidemos con tanta frecuencia del concepto que m&aacute;s la recorre, de la palabra que m&aacute;s la asola y de la voluntad que m&aacute;s la corroe: la violencia. 
    </p><p class="article-text">
        Por eso mismo, en una fecha tan se&ntilde;alada como lo es el 25 de noviembre, D&iacute;a contra las Violencias Machistas, merece la pena detenerse a cotillear aquellos libros que, en los &uacute;ltimos meses, se han esparcido por las mesas de novedades de nuestras librer&iacute;as, y adivinar en ellos de qu&eacute; manera el an&aacute;lisis, el retrato o el debate de la violencia lo ha ocupado pr&aacute;cticamente todo. 
    </p><p class="article-text">
        Si tantas veces hemos dicho que la historia de la literatura escrita por hombres est&aacute; basada en los relatos de la violaci&oacute;n de la mujer &mdash;s&iacute;, ah&iacute; los vemos: de Ovidio a Vladimir Nabokov, pasando por <em>La Biblia</em> o Miguel de Cervantes; ese c&uacute;mulo de raptos, de abusos, de vejaciones y de crueldades hacia los cuerpos de ellas&mdash; podr&iacute;amos a&ntilde;adir ahora, en plena era <em>post-MeToo</em>, que la literatura de comienzos de siglo XXI le da la vuelta a la moneda, nos ense&ntilde;a qu&eacute; significa estar del otro lado, esto es, nos muestra qui&eacute;n representa el papel de la v&iacute;ctima, pero justamente no para victimizarse, sino para poder, de una vez por todas, cambiar de p*to tema, avanzar hacia otros lados. 
    </p><h2 class="article-text"><strong>Decir &ldquo;violencia&rdquo;</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 10px solid white;" src="https://static.eldiario.es/clip/55fd74ec-dbe0-426b-b598-a438905f0fbb_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="220" height="350" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        No es casual que uno de los libros m&aacute;s importantes para un d&iacute;a como este se titule <em><strong>Violencia</strong></em><strong> </strong>(La Bella Varsovia). As&iacute; de sencillo, as&iacute; de contundente. Tampoco es casual que su autora, la poeta Bibiana Collado de comienzo a su dur&iacute;simo poemario con una cita de Joanna Connors, recordemos, la periodista que a&ntilde;os despu&eacute;s de haber sido violada, decidi&oacute; investigar a su propio abusador. En este libro traducido al espa&ntilde;ol como <em><strong>Te encontrar&eacute;</strong></em><em> </em>(Errata Naturae), Connors pone sobre la mesa todas sus armas de escritora para ahondar en la parte m&aacute;s oscura de su vida, saber c&oacute;mo afect&oacute; en sus decisiones posteriores, en su concepci&oacute;n de la libertad y, sobre todo, en su supuesta valent&iacute;a, o m&aacute;s bien en aquellas voces que, con la voluntad de calmarnos, nos acaban revictimizando: &ldquo;piensa que el hecho de que te violaran te hizo m&aacute;s fuerte&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&iquest;De verdad? 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Esto es as&iacute;? 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Si de lo malo se &ldquo;sale m&aacute;s fuerte&rdquo; estamos aceptando entonces que sobre nosotras se siga ejerciendo tanta violencia? 
    </p><p class="article-text">
        Para responder, regreso al fin&iacute;simo libro de la poeta Bibiana Collado, y subrayo esta cita esclarecedora: &ldquo;El lenguaje nos niega la rabia del vencido / conden&aacute;ndonos al llanto blando de la p&eacute;rdida / borrando cuidadosamente cada uno / de los trazos infringidos sobre el cuerpo-alfabeto / de mi lengua&rdquo;. 
    </p><h2 class="article-text"><strong>Decir &ldquo;abuso&rdquo;</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 10px solid white;" src="https://static.eldiario.es/clip/23facdb4-586a-4ff6-bcd2-63d45157e394_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="210" height="350" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        En <em><strong>El consentimiento</strong></em><em> </em>(Lumen), Vanessa Springora tambi&eacute;n narra su propia violaci&oacute;n, aunque ella prefiere revestirla de otro concepto igualmente violento: &ldquo;abuso de poder&rdquo;. El libro de esta editora parisina fue un golpe en las entra&ntilde;as de la intelectualidad francesa, pues atac&oacute; directamente al ped&oacute;filo protegido por las &eacute;lites, Gabriel Matzneff, escritor que narraba su gusto por los cuerpos adolescentes y su amor por las colegialas, entre las que se encontr&oacute; la propia Springora, con apenas trece a&ntilde;os. Lo interesante de <em>El consentimiento</em> no reside tanto en la historia que narra sino en las ideas con las que es capaz de hilarla.&nbsp;&ldquo;Nuestro amor era un sue&ntilde;o tan potente que nada, ni una sola de las pocas advertencias de mi entorno, hab&iacute;a bastado para despertarme. Era la pesadilla m&aacute;s perversa. Era una violencia innombrable&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        El lenguaje, nuevamente, incapaz de calmarnos. El lenguaje y la literatura como mecanismo legitimador del propio abuso. Springora nos advierte, &iquest;y si su violador, a los trece a&ntilde;os no hubiera sido un respetado escritor? &iquest;Y si hubiera sido &ldquo;un cualquiera&rdquo;? &iquest;El arte nos da una llave m&aacute;gica al abuso? &iquest;Es menos ped&oacute;filo Matzneff por saber contarlo de manera entretenida en las p&aacute;ginas de sus libros? Todas estas preguntas tienen m&aacute;s sentido si atendemos a la que se hace Springora hacia el final de <em>El consentimiento</em>: &ldquo;Cualquier otra persona que publicara, por ejemplo en las redes sociales, la descripci&oacute;n de sus relaciones con un adolescente filipino o se jactara de su colecci&oacute;n de amantes de catorce a&ntilde;os tendr&iacute;a que verse con la justicia y se le considerar&iacute;a de inmediato un delincuente. Aparte de en los artistas, s&oacute;lo hemos visto semejante impunidad en los curas. &iquest;La literatura lo disculpa todo?&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Otra autora francesa, Louise Chennevi&egrave;re, parece haberse planteado algunas de esas mismas cuestiones en su primera novela, <em><strong>Como la perra</strong></em> (Editorial Dosmanos), donde con una escritura muy l&iacute;rica replantea la idea de violencia ejercida sobre su propio cuerpo de narradora, hasta convertir su lirismo en otra violencia, la que ella misma quiere ejercer sobre el lector. Porque si las escritoras hemos crecido en la doble imposici&oacute;n de<em> disculpar</em> como mujeres y de <em>complacer</em> como autoras, &iquest;no tiene sentido utilizar toda esa violencia recibida y convertirla en una fuerza po&eacute;tica inc&oacute;moda, al estilo Monique Wittig, o Ang&eacute;lica Liddell, o incluso Cristina Morales? 
    </p><p class="article-text">
        A la violencia, ella responde con m&aacute;s violencia: &ldquo;Es una historia de odio. De ni&ntilde;a la vi arder en ojos de mi madre y el resplandor de esa llama no ha dejado de arder en m&iacute; desde entonces. La historia debe venir de lejos, tan lejos como se remontan los psicoanalistas, hasta la m&aacute;s tierna infancia, hasta las manos anchas y largas de mi madre agarr&aacute;ndome el pelo, sujet&aacute;ndome el cuello. M&aacute;s lejos a&uacute;n, hasta los golpes de mi padre a mi madre embarazada, mi madre tan joven, tan fr&aacute;gil, su amante. Debe remontarse m&aacute;s lejos, mucho m&aacute;s lejos de mi madre. Ese odio viene de otra parte, no es nuestro. Sin embargo, es a m&iacute; a quien quema&rdquo;. La literatura lo disculpa todo, a veces, pero tambi&eacute;n lo puede hacer saltar por los aires. 
    </p><h2 class="article-text"><strong>Decir &ldquo;nos queremos vivas&rdquo;</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 10px solid white;" src="https://static.eldiario.es/clip/29423ed5-9f51-440b-8100-8f317f5a7a1e_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="220" height="350" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Que explote todo para que nos escuchen. 
    </p><p class="article-text">
        Que explote todo, hasta la tierra. 
    </p><p class="article-text">
        Especialmente a trav&eacute;s de este elemento transcurre la violencia en <em><strong>Cometierra</strong></em><em> </em>(Sigilo)<em>,</em> primera novela de Dolores Reyes, autora argentina que nos hechiz&oacute; el a&ntilde;o pasado con la publicaci&oacute;n de un artefacto en el que una ni&ntilde;a, la protagonista, era capaz de encontrar a las desaparecidas, a las violadas y a las muertas, en visiones provocadas por una sobredosis de tierra. La met&aacute;fora de esta ingesta es doble. A las mujeres, cuando nos violan y nos matan, nos entierran, nos hacen volver a aquella tierra prometida, a aquel lugar desde el que nos dijeron: <em>brotar&aacute;s</em>; aunque ment&iacute;an: <em>morir&aacute;s</em>. 
    </p><p class="article-text">
        Dolores Reyes se suma con esta novela a una corriente muy valorada hoy, la del &ldquo;nuevo terror latinoamericano&rdquo;, donde los cuerpos de las vivas y los de las muertas se suelen entrelazar, como ocurre tambi&eacute;n fuera de las p&aacute;ginas. Las unas tiramos de las otras. Las unas lloramos a las otras. Las unas seguiremos escribiendo por ellas, las que no est&aacute;n, las que a&uacute;n as&iacute; deber&iacute;an. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luna Miguel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/historia-literatura-historia-violencia-machista_1_6456717.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 24 Nov 2020 21:41:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La historia de la literatura es, también, la historia de la violencia machista]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[25N,Violencia machista,Literatura,Libros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Muere la mejor mente de la generación beat: Diane di Prima, poeta de menstruaciones y astros a la que intentaron silenciar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/muere-mejor-mente-generacion-beat-diane-di-prima-poeta-menstruaciones-astros-intentaron-silenciar_1_6362804.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/343c98a8-eb4e-4fdd-a852-bab75a390996_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Muere la mejor mente de la generación beat: Diane di Prima, poeta de menstruaciones y astros a la que intentaron silenciar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La autora falleció este domingo en un hospital de San Francisco, después de una larga enfermedad que padeció con la misma discreción y silencio que ahora el mundo dedica a su pérdida</p></div><p class="article-text">
        Veinticuatro horas despu&eacute;s de que los primeros y sentidos p&eacute;sames comenzaran a extenderse por las redes sociales &mdash;algunos poetas que la conocieron, la m&iacute;tica editorial City Light Books, una revista de poes&iacute;a de San Francisco&hellip;&mdash; la muerte de Diane di Prima todav&iacute;a no ocupaba ning&uacute;n titular ni en los medios generalistas estadounidenses ni en los suplementos literarios internacionales. Di Prima, de 86 a&ntilde;os, falleci&oacute; la noche del 25 de octubre de 2020 en un hospital de San Francisco, despu&eacute;s de una larga enfermedad que padeci&oacute; con la misma discreci&oacute;n y silencio que ahora el mundo dedica a su p&eacute;rdida. Ella &mdash;o su alma&mdash; que luch&oacute; por visibilizar la literatura de otras mujeres, por llevar los nombres de las grandes poetas de su generaci&oacute;n a los escenarios populares, a la cr&iacute;tica y a la academia; y por conceder a la poes&iacute;a &ldquo;de mujeres&rdquo; el lugar que merece en nuestro canon (&ldquo;soy mujer y mis poemas / son de mujer / f&aacute;cil de decir / la hembra es d&uacute;ctil / y caricia tras caricia / se prepara para la calma / masoquista&rdquo;) desaparec&iacute;a de esta vida con una ir&oacute;nica y triste ignorancia. 
    </p><p class="article-text">
        Ella &mdash;o su alma&mdash; que durante d&eacute;cadas y m&aacute;s de cuarenta libros de poemas a sus espaldas hab&iacute;a escrito sobre la revoluci&oacute;n, sobre el amor, sobre la amistad y sobre la fe, se desvanec&iacute;a dando cuenta de que todav&iacute;a hoy los reclamos del feminismo literario por los que tanto pele&oacute; son m&aacute;s que necesarios. Pues incluso para ella &mdash;o para su alma&mdash;, la que tal vez se convirtiera en la mejor escritora de la generaci&oacute;n beat, incluso la muerte significar&iacute;a un desmedido privilegio. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 10px solid white;" src="https://static.eldiario.es/clip/78b9bea4-79ba-44bc-8dcf-efdc45a6a254_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="220" height="350" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Diane di Prima naci&oacute; en Brooklyn en 1934, y aunque su nombre comenzar&iacute;a a hacerse conocido con su involucraci&oacute;n en el movimiento beat a finales de la d&eacute;cada de los 50, desde muy joven, con apenas quince a&ntilde;os, se hab&iacute;a dedicado a escribir poemas y a compartirlos con la que fue una de sus mejores amigas de adolescencia, la tambi&eacute;n poeta y activista <em>afro-queer</em> Audre Lorde. Juntas pasaron media vida corrigi&eacute;ndose, public&aacute;ndose la una a la otra y entrecruzando las referencias y los temas de conversaci&oacute;n que definir&iacute;an sus po&eacute;ticas. Mientras que Lorde ser&iacute;a recordada como &ldquo;la voz lesbiana del feminismo negro&rdquo;, a Di Prima sus compa&ntilde;eros de generaci&oacute;n la colocar&iacute;an en el relegado podio de &ldquo;la autora de <em>Loba</em>, el <em>Aullido</em> femenino&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Precisamente <em>Loba</em> &mdash;un proyecto literario muy ambicioso con el que Diane di Prima pas&oacute; d&eacute;cadas corrigiendo, a&ntilde;adiendo y ampliando textos hasta lograr una suerte de novela en verso sobre la representaci&oacute;n de la feminidad tanto en la literatura como en la religi&oacute;n&mdash; lleva en la contracubierta de su &uacute;ltima edici&oacute;n en Penguin Books una cita reveladora de Lawrence Ferlinghetti. El m&iacute;tico beat, colega suyo y reputado editor, se&ntilde;al&oacute;: &laquo;en el siglo XX, la mujer se ha liberado a s&iacute; misma del pedestal sobre el que hab&iacute;a sido colocada, principalmente por los hombres, <em>Loba</em> vuelve a concederle el trono, aunque esta vez sea uno hecho por s&iacute; misma&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Como si se tratara de una reescritura del m&iacute;tico lema anti patriarcal de su amiga Audre Lorde: &laquo;no se puede desmontar la casa del amo con las herramientas del amo&raquo;, el texto de <em>Loba</em> signific&oacute; durante las d&eacute;cadas de los 70 y hasta casi los 90 una patada a todo aquello en lo que la mercadotecnia editorial hab&iacute;a convertido a la generaci&oacute;n beat: un grupo de chicos enfermizos, de hombretones violentos; el gusto por la narraci&oacute;n ca&oacute;tica del sexo, las drogas, las pancartas <em>hippies</em>; m&uacute;sica en las radios de los personajes narrados en lugar de musicalidad en la narraci&oacute;n de los propios textos; Mexico, Jap&oacute;n; y ese leve tonteo con el budismo y el ecologismo, que luego s&oacute;lo desarrollar&iacute;an con sentido cr&iacute;tico voces como las de Gary Snyder, Joanne Kyger o la propia Diane di Prima. Y despu&eacute;s, el olvido.
    </p><p class="article-text">
        Porque como aseguraba Joyce Johnson en <em>Personajes secundarios</em>, lo beat les perteneci&oacute; a ellos, lo nuevo les perteneci&oacute; a ellos, la revoluci&oacute;n llevaba su nombre, dejando los reclamos de tantas autoras en un segundo plano, en una nota al pie de p&aacute;gina en la vida de Jack Kerouac, Allen Ginsberg o Gregory Corso. Quiz&aacute; con cierta culpabilidad, el propio Corso dir&iacute;a lo siguiente en una conferencia de 1994: &laquo;Hubo mujeres, estaban all&iacute;, yo las conoc&iacute;, sus familias las encerraron en manicomios, se les someter&iacute;a a tratamiento por electrochoque. En los a&ntilde;os 50 si eras hombre pod&iacute;as ser un rebelde, pero si eras mujer tu familia te encerraba. Hubo casos, yo las conoc&iacute;. Alg&uacute;n d&iacute;a alguien escribir&aacute; sobre ellas&raquo;. Y as&iacute; fue. Ya en 1983, en <em>Personajes secundarios,</em> Johnson narr&oacute; la vida y desgran&oacute; la obra de algunas de las &ldquo;acompa&ntilde;antes&rdquo; de esos chicos rebeldes. Cont&oacute; de qu&eacute; manera sus c&iacute;rculos &iacute;ntimos las despreciaron, y no s&oacute;lo sus familias, tambi&eacute;n los celebrados poetas, los m&aacute;s politizados, los que por mucho que dijeran intentarlo, jam&aacute;s supieron aliarse con ellas. 
    </p><p class="article-text">
        Un poco m&aacute;s tarde, en 2015, la poeta y traductora mallorquina Annalisa Mar&iacute; recuperar&iacute;a la c&eacute;lebre frase de Corso para compilar por primera vez en espa&ntilde;ol a todas las poetas de la generaci&oacute;n beat, incluyendo algunos de los poemas m&aacute;s conocidos de Diane di Prima entre ellas. Gracias a su <em>Beat Attitude: Antolog&iacute;a de las poetas de la generaci&oacute;n beat</em>, publicado casi simult&aacute;neamente en Francia y en Espa&ntilde;a, una nueva generaci&oacute;n de lectoras preocupadas por la recuperaci&oacute;n de algunas de estas maestras, acceder&iacute;an por primera vez a esa lista de nombres: Elise Cowen, Denise Levertov, ruth weiss, Lenore Kandel&hellip; &laquo;Hubo mujeres&raquo;, escribe Mar&iacute;, &laquo;su obra es m&aacute;s extensa y coherente de lo que parece&raquo;. 
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                Diane di Prima en una foto tomada por Gloria Graham                            </span>
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        La coherencia es fundamenta a la hora de mirar la herencia que nos deja Diane di Prima. Hermana, casi literalmente, de dos de las escritoras m&aacute;s reivindicativas de su tiempo, la ya citada Audre Lordre y la ensayista y poeta Adrienne Rich &mdash;quien le dedica hondas reflexiones en sus ensayos sobre la maternidad, pues Di Prima escribi&oacute; sobre el aborto, sobre la menstruaci&oacute;n, sobre la crianza de sus cinco hijos&mdash;; hija, casi literalmente, de la imaginista Hilda Doolittle &mdash;de ella aprendi&oacute; el culto a la Grecia cl&aacute;sica, al ferviente Eros, y no en vano durante muchos a&ntilde;os se carte&oacute; con su colega y amante Ezra Pound&mdash;; y madre, casi literalmente, de una nueva ola de escritorxs estadounidenses que hoy practican con sus versos otro activismo voraz: Trisha Low, Danez Smith o Dorothea Lasky, por ejemplo. 
    </p><p class="article-text">
        Diane di Prima sigue siendo una fuerza arrolladora. Un ancla con el pasado y con el presente. La escritora que nos se&ntilde;al&oacute; la importancia de recordar a nuestras diosas, de recordar a nuestras madres y de escribir con las manos y los dientes sucios, llenos de tierra. Diane di Prima escribi&oacute; contra el escritor macho, ya en los tiempos en los que era joven y participaba en org&iacute;as con los chicos rebeldes &mdash;lo cuenta en el divertido <em>Memorias de una Beatnik</em>&mdash;, visibiliz&oacute; gestaciones y sangres como nadie lo hab&iacute;a hecho hasta la fecha en la literatura estadounidense, y recuper&oacute; el ritmo de los signos astrales, siendo pionera en una escritura visceral que a&uacute;n hoy se practica. 
    </p><p class="article-text">
        Han pasado poco m&aacute;s de veinticuatro horas desde que las redes sociales empezaran a poblarse de recuerdos, de peque&ntilde;as manifestaciones de amor hacia su tambi&eacute;n amorosa figura. Las grandes cabeceras siguen sin teclear su nombre. Los poqu&iacute;simos titulares contin&uacute;an hablando de ella como la amiga de&hellip; &mdash;y a continuaci&oacute;n una lista de los hombres cuyo reclamo, cuyo supuesto &ldquo;gancho&rdquo;, contribuye a silenciarla&mdash;. En un primer momento, la ausencia de noticias al respecto de su p&eacute;rdida pod&iacute;a verse como una esperanza: sigue viva, sigue viva, es un bulo, sigue viva&hellip; Ahora, confirmado su fallecimiento, el borrado y el olvido s&oacute;lo puede verse como una desgracia. Diane di Prima fue y seguir&aacute; siendo la mejor mente y el mejor aullido de la generaci&oacute;n en la que la encasillaron. Su poes&iacute;a debe ser urgentemente le&iacute;da y celebrada.&nbsp;O recuperando sus versos: &laquo;&iquest;qu&eacute; ritmo a&ntilde;adir al silencio / qu&eacute; aplauso?&raquo;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luna Miguel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/muere-mejor-mente-generacion-beat-diane-di-prima-poeta-menstruaciones-astros-intentaron-silenciar_1_6362804.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 27 Oct 2020 14:27:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Muere la mejor mente de la generación beat: Diane di Prima, poeta de menstruaciones y astros a la que intentaron silenciar]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Poesía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Nobel Louise Glück: una poeta en búsqueda del amor salvaje]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/nobel-louise-glueck-poeta-busqueda-amor-salvaje_1_6279348.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/55e374d9-b35d-4d3f-b2e8-f5670f656e41_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Nobel Louise Glück: una poeta en búsqueda del amor salvaje"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Adorada y detestada a partes iguales, la recién galardonada con el Premio Nobel de Literatura lleva toda la vida acumulando premios —y con ello, los resquemores y envidias del mundillo literario— gracias a una poesía directa, natural y feminista</p></div><p class="article-text">
        Preg&uacute;ntame qui&eacute;nes son las tres mejores poetas septuagenarias en lengua inglesa, y te responder&eacute;, crey&eacute;ndome Bloom, que probablemente las tres llevan el cabello lacio y blanqu&iacute;simo, que las tres est&aacute;n ampliamente traducidas a nuestro idioma, que las tres son referentes muy claros para las nuevas generaciones de poetas alrededor del mundo, y que, como dato curioso y definitivo, las tres han logrado la gloria literaria escribiendo a prop&oacute;sito del desamor. 
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; <em>La belleza del marido</em>, de Anne Carson, un divorcio en forma de tango. O <em>El salto del ciervo</em>, de Sharon Olds, donde se venera la fidelidad &laquo;como si se tratara de un cumplido / en lugar de una mera somnolencia&raquo;. Y por supuesto, <em>Praderas</em>, de Louise Gl&uuml;ck, esa revisi&oacute;n de Odiseo y Pen&eacute;lope, en el que la mentirosilla voz de la narradora se pregunta si tal vez el verdadero destino de esos personajes era la separaci&oacute;n, pues en el acto de estar solos tambi&eacute;n puede rebosar el amor.
    </p><p class="article-text">
        Resulta que el amor rebosante de Louise Gl&uuml;ck ha sido celebrado este 8 de octubre de 2020 con uno de los galardones m&aacute;s c&eacute;lebres con los que se puede condecorar a una escritora. Su amor rebosante y salvaje, tambi&eacute;n hay que decirlo, hab&iacute;a sido previamente reconocido con todos los premios que una pueda imaginarse en la escena anglosajona. Entre otros, el Pulitzer, el William Carlos Williams, el National Book Critics Circle, y una larga lista de becas, que llevaron a Gl&uuml;ck a convertirse en una autora tan querida como odiada en los c&iacute;rculos po&eacute;ticos de EEUU, pues ya se sabe que los poetas &mdash;y aqu&iacute; recalco la o del macho en su plural&mdash; pueden ser los seres m&aacute;s envidiosos de la tierra.
    </p><p class="article-text">
        Del &eacute;xito de Louise Gl&uuml;ck como poeta, ahora reforzado por la Academia sueca, se ha llegado a decir que es inmerecido por su aparente cursiler&iacute;a, por su manera de injertar en los versos una cantidad excesiva de plantas y de flores, como si en vez de escribir poes&iacute;a estuviera acariciando rosas. De su fascinaci&oacute;n por la naturaleza y lo cl&aacute;sico se ha dicho tambi&eacute;n que es un gesto facil&oacute;n. Que su voz est&aacute; desprovista de lirismo, pues en su aparente simpleza lo que hay es absoluta frialdad. 
    </p><p class="article-text">
        A los poetas &mdash;e insisto en la o&mdash;no les suele gustar que otro poeta gane m&aacute;s premios que ellos, especialmente si lo que escribe bebe de una tradici&oacute;n poco masculina como es la de la escritura floral heredada previsiblemente de una Safo o de una Hilda Doolittle. Que Louise Gl&uuml;ck haya recibido tantos ataques de este tipo, y que adem&aacute;s se haya intentado tantas veces poner en evidencia su estilo c&aacute;ndido, me lleva a pensar que tal vez estos lectores no han sabido ver m&aacute;s all&aacute; de lo evidente. 
    </p><p class="article-text">
        Si a Carson se le celebra una narrativa y una inteligencia, y si a Olds se le admira por su socarroner&iacute;a deslenguada, Gl&uuml;ck podr&iacute;a parecer tan solo una florecilla endeble al lado de esas dos septuagenarias monstruas, si no fuera porque en realidad, esa flor, esconde tambi&eacute;n una afilada colecci&oacute;n de espinas en su tallo. Tal vez la mejor espina de Gl&uuml;ck, la m&aacute;s representativa, sea la que late en <em>El iris salvaje</em>, poemario merecedor del Pulitzer y el primero de la autora en ser traducido al espa&ntilde;ol. La obra pr&aacute;cticamente al completo &mdash;o al menos sus poemarios m&aacute;s representativos&mdash; de Gl&uuml;ck puede encontrarse aqu&iacute; en Pre-Textos. El editor, horas despu&eacute;s del anuncio del premio, desvelaba a la prensa que el &uacute;ltimo libro que public&oacute; en primavera de la estadounidense no hab&iacute;a llegado a vender ni siquiera doscientas copias. 
    </p><p class="article-text">
        Tal vez su suerte cambie a partir de ahora, y tal vez en esa suerte se encuentre tambi&eacute;n en la mirada atenta que Gl&uuml;ck precisa. En ella y en sus libros est&aacute; reflejado lo cl&aacute;sico y lo natural, s&iacute;, pero tambi&eacute;n una mirada distinta y muy novedosa sobre la maternidad y el acoso infantil, sobre la familia, sobre el papel de las mujeres en la historia y en los mitos, sobre el enamoramiento primerizo, y sobre la enfermedad de escribir por encima de todas las cosas. &laquo;&iquest;Qu&eacute; deseo piensas que ped&iacute;?&raquo;, pregunta una voz en <em>Praderas</em>: &laquo;Ped&iacute; lo que pido siempre. Ped&iacute; poder escribir otro poema&raquo;, responde la poeta.
    </p><p class="article-text">
        De este modo, podr&iacute;a asegurar que lo que enerva y enamora a partes iguales de la escritura de la estadounidense es su absoluta falta de inter&eacute;s por lo grandilocuente. Lo declar&oacute; una vez: &laquo;Escribo para hablar a aquellos a quienes he escuchado&raquo;. Con esa generosidad tan poco com&uacute;n en los poetas &mdash;en esos poetas que buscan ser el centro de todo y no la brizna al fondo de un paisaje desde el que escuchar el mundo&mdash;. Con esa generosidad, se&ntilde;alaba, Louise Gl&uuml;ck escribe para hablar a aquellos que le han entregado belleza, a todos esos rayos que le han regalado calor, y a toda esa m&uacute;sica que le ha ayudado a componer su propio ritmo, y con &eacute;l, su deslumbrante pensamiento. As&iacute; que ser&eacute; yo, su silenciosa lectora, quien opte en este d&iacute;a por la grandilocuencia y os diga: tengo fe. Tengo fe en el amor salvaje, en las flores endebles, en la gracia de Gl&uuml;ck.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luna Miguel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/nobel-louise-glueck-poeta-busqueda-amor-salvaje_1_6279348.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 08 Oct 2020 20:29:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Nobel de Literatura,Poesía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El año de narrar el fin del amor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ano-narrar-fin-amor_129_1169114.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/16ae074c-3cc9-44ed-8f20-1fc93af59b5b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Corazones de madera."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si para muchos 2019 ha sido "el año de narrar el fin del amor", me gustaría creer que se debe solo a que el amor al que llevábamos toda la vida aspirando estaba mal planteado, se nos había vendido equivocadamente o ni siquiera existía</p><p class="subtitle">Como dice Brigitte Vasallo: "el Amor, con mayúsculas, no es un bien escaso, sino un órgano que crece cuando lo ejercitas, un ser vivo que responde al alimento; el amor debería ser energía renovable, ese estado ideal que no resta, sino que suma"</p></div><p class="article-text">
        Me gusta mucho ese verso de Juan Carlos Mestre que dice &ldquo;Cada amor que termina es un cementerio de abrazos&rdquo;. Lo recito para mis adentros cada vez que a mi alrededor alguien termina una relaci&oacute;n, se separa, decide odiarse con alguien que anta&ntilde;o am&oacute;, o crey&oacute; que amaba, o le provocaba sentimientos de amor, o&hellip; da igual. El caso es que el cementerio de Juan Carlos Mestre se me ha aparecido en los &uacute;ltimos meses m&aacute;s que nunca. A saber: amigos que se separan, <a href="https://verne.elpais.com/verne/2019/12/16/articulo/1576493090_328353.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">amigos que escriben sobre amigos que se separan</a>, pel&iacute;culas de Netflix que elevan la complejidad del divorcio a tema de discusi&oacute;n familiar en todas las mesas de Navidad. Quiz&aacute; exagero.
    </p><p class="article-text">
        En realidad no: recientemente, varios medios de comunicaci&oacute;n han elegido como mejor poemario de 2019 una reedici&oacute;n de <em>La belleza del marido</em> (Lumen), de Anne Carson, texto que ya cumple casi veinte a&ntilde;os y con el que la autora canadiense ya retrat&oacute; mucho antes que Noah Baumbach de qu&eacute; manera fulminante una pareja de clase media-alta, artistas, blancos, hermosos y hermosamente casados pueden precipitarse hacia el abismo, haciendo muchos aspavientos, como si nunca nadie antes que ellos hubiera vivido un desamor as&iacute;. &ldquo;&iquest;Qu&eacute; es lo contrario a prometido?&rdquo;, musita Scarlett Johansson en alg&uacute;n momento del filme de Netflix. &ldquo;El intervalo de la serie eres t&uacute;&rdquo;, escribe Anne Carson en alg&uacute;n momento del aclamado poemario.
    </p><p class="article-text">
        Pero no solo los medios de comunicaci&oacute;n han regresado casi hambrientos al libro de la poeta canadiense: tambi&eacute;n varias decenas de fotograf&iacute;as en Instagram reproducen desde hace algunos meses la historia del &iquest;suave? divorcio de Carson. O las p&aacute;ginas de ese adi&oacute;s que un amante cualquiera dedica a Annie Ernaux en la tambi&eacute;n-reeditada-curiosamente-este-dos-mil-diecinueve- <em>Pura pasi&oacute;n &ndash;</em>&iquest;C&oacute;mo se separan dos personas que t&eacute;cnicamente nunca llegaron a &ldquo;estar juntas&rdquo;? &iquest;Qu&eacute; cementerio se edificar&aacute; para ellos si ni siquiera sabemos de cu&aacute;ntos abrazos estamos hablando?&ndash;; o el &ldquo;te quiero pero afuera&rdquo; de Bad Bunny; o el &ldquo;Liam y yo hemos estado juntos por una d&eacute;cada. Lo dije antes y sigue siendo cierto, amo a Liam y siempre lo amar&eacute;&rdquo;, de Miley Cyrus; o este fragmento doloros&iacute;simo y perfecto de <em>El coste de vivir</em> (Lit Random House), de Deborah Levy: &ldquo;Deshacer un hogar es como romper un reloj. Ha pasado mucho tiempo por todas las dimensiones del hogar. Por lo visto, un zorro oye el tictac de un reloj a cuarenta metros de distancia. En la pared de la cocina de nuestra casa familiar hab&iacute;a un reloj, a menos de cuarenta metros del jard&iacute;n. Los zorros debieron de o&iacute;r su tictac durante m&aacute;s de una d&eacute;cada. Ahora estaba empaquetado, boca abajo en una caja&rdquo;; o todas esas l&iacute;neas en las que el <em>Desierto sonoro</em> (Sexto Piso) de Valeria Luiselli retrata pacientemente el fin del deseo, el fin de la confianza, el fin de los finales entre un matrimonio a punto de romperse, y que hasta Barack Obama ha alabado y seleccionado como una de las narraciones m&aacute;s importantes de 2019 y de la d&eacute;cada.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No te preocupes por nosotros, nuestra historia ya est&aacute; muerta&rdquo;, vuelve a cantar Bad Bunny, y yo me acuerdo de todas esas veces en las que los relatos de la separaci&oacute;n nos han servido de gu&iacute;a en la sala de urgencias de nuestro propio amor. Tal vez porque las historias de &ldquo;lo que acaba mal&rdquo; son m&aacute;s &uacute;tiles, menos ut&oacute;picas, m&aacute;s reales que las historias de &ldquo;lo que empieza bien&rdquo;, a menudo edulcoradas, romantizadas, impregnadas de ego&iacute;smo, escritas desde la impaciencia. Si para muchos 2019 ha sido &ldquo;el a&ntilde;o de narrar el fin del amor&rdquo;, me gustar&iacute;a creer que se debe solo a que el amor al que llev&aacute;bamos toda la vida aspirando estaba mal planteado. Se nos hab&iacute;a vendido equivocadamente. O ni siquiera exist&iacute;a. En ese caso: por supuesto, hagamos que ese amor se acabe, que deje de poblar la tierra, que no vuelva a consumirnos.
    </p><p class="article-text">
        Revent&eacute;moslo. Expong&aacute;moslo. Entregu&eacute;monos a su extinci&oacute;n, para que en un futuro pr&oacute;ximo &ldquo;amar&rdquo; signifique otra cosa muy distinta a lo que hoy plantea. Como dice Brigitte Vasallo: &ldquo;El Amor, con may&uacute;sculas, no es un bien escaso, sino un &oacute;rgano que crece cuando lo ejercitas, un ser vivo que responde al alimento. El amor deber&iacute;a ser energ&iacute;a renovable, ese estado ideal que no resta, sino que suma. Que no te mengua, sino que eleva tu potencia y te hace grande&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luna Miguel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ano-narrar-fin-amor_129_1169114.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 Dec 2019 20:23:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El año de narrar el fin del amor]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El violador eres tú (y tú, y tú, y tú...)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/violador_129_1209342.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c77df2a3-a6ef-48b1-94c1-36234d086604_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Imagen de la performance &#039;El violador eres tú&#039; en Santiago de Chile."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un violador en tu camino</p><p class="subtitle">, ese himno, su letra, su ritmo precipitado de los pies de miles de mujeres iracundas contra los suelos, es también el sonido que se precipita en la cabeza de una cuando piensa en el cuerpo de Lucía Pérez</p><p class="subtitle">Puedo entender que aún haya quien se sorprenda al escuchar el himno feminista de 'Las Tesis', porque demuestra hasta qué punto nuestra sociedad va a tardar en reconocer sus excesos</p></div><p class="article-text">
        La novelista Brenda Lozano &ndash;del movimiento de creadoras <a href="https://www.eldiario.es/cultura/MeToo_0_882612542.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">'</a><a href="https://www.eldiario.es/cultura/MeToo_0_882612542.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Mujeres juntas marabunta', que hace unos meses revolucionaron la escena cultural mexicana con el #MeTooEscritoresMexicanos</a>&ndash; comparte en sus redes sociales la alegr&iacute;a de que, por primera vez en meses, absolutamente todas las grandes cabeceras period&iacute;sticas de su pa&iacute;s se hayan hecho eco de las recientes marchas contra la violencia machista que han sacudido M&eacute;xico. No es raro que adem&aacute;s de este hecho, los titulares m&aacute;s repetidos hagan referencia a la letra de <em>Un violador en tu camino</em>, el himno que decenas de miles de mujeres han coreado en las &uacute;ltimas horas desde Ciudad de M&eacute;xico, Madrid, Nueva York, Par&iacute;s, Barcelona, Lima, Bogot&aacute;, Roma, Buenos Aires, y otras cuantas grandes y peque&ntilde;as ciudades del mundo, desde que el colectivo 'Las Tesis' lo popularizara el pasado 25N en Santiago de Chile.
    </p><p class="article-text">
        Al mismo tiempo en que todas esas voces desgarradas, fort&iacute;simas y alt&iacute;simas chillan y r&iacute;en y cantan, envueltas en ira, con el fin precisamente de detener la violencia que los hombres ejercen contra nuestros cuerpos, en Argentina se absuelve a los tres acusados de violar, empalar y matar en 2016 a Luc&iacute;a P&eacute;rez. El de P&eacute;rez es uno de los casos de feminicidio m&aacute;s sonados de los &uacute;ltimos a&ntilde;os, no solo por la brutalidad de los hechos, sino tambi&eacute;n por la conmoci&oacute;n que caus&oacute; a nivel internacional. El rostro de la joven llen&oacute; las redes sociales, las noticias, inspir&oacute; poemas, canciones, mensajes de rabia y de reconocimiento, en un tiempo previo a la difusi&oacute;n del <em>#MeToo</em>.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/internacional/emocionante-cantico-chilenas-violencia-machista_0_967653431.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Un violador en tu camino</em></a>, ese himno, su letra, su ritmo precipitado de los pies de miles de mujeres iracundas contra los suelos de las avenidas o de los descampados, es tambi&eacute;n el sonido que se precipita en la cabeza de una cuando piensa en el cuerpo de Luc&iacute;a P&eacute;rez; o cuando una atiende a las im&aacute;genes descorazonadoras de Carlota Prado <a href="http://www.eldiario.es/vertele/noticias/Gran-Hermano-La-Noria-dos-casos-violencia-machista-Telecinco-no-estuvo-altura_0_2181081888.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">al presenciar la horripilante escena de su violaci&oacute;n</a> permitida, facilitada y normalizada por Gran Hermano; o cuando una se atraganta de indignaci&oacute;n y de asco al mirar los contadores de mujeres asesinadas, que no dejan de crecer, sino que se disparan en los &uacute;ltimos d&iacute;as de este a&ntilde;o en el que algunos pol&iacute;ticos nos han intentado vender que la violencia machista es el invento de unas cuantas &ldquo;progres&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Se preguntan todav&iacute;a algunos, en sus ganas de parecerse a esos pol&iacute;ticos fascistas, si una &ldquo;cancioncilla&rdquo; como <em>Un violador en tu camino</em> no se parece m&aacute;s a una fiesta que a una lucha. Como si el hecho de cantar y de bailar vestidas, desnudas, juntas, separadas, ciegas o con los ojos muy abiertos fuera est&eacute;ril. Como si el simple hecho de abrir la boca y corear no fuera un acto suficientemente pol&iacute;tico y revolucionario para ellos. Que cantar &ldquo;el patriarcado es un juez&rdquo;, no va a parar las violaciones, dicen, tal vez creyendo que su actitud pasivoagresiva s&iacute; es la soluci&oacute;n. Que decir &ldquo;el violador eres t&uacute;&rdquo; atenta contra su derecho a escaquearse con un <em>#notallmen</em>. Que decir &ldquo;el violador es el Estado&rdquo; demuestra nuestra paranoia, que se nos va de las manos, que esas chicas que cantan y bailan frente a las c&aacute;maras solo quieren llamar la atenci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En verdad, puedo entender que a&uacute;n haya quien se sorprenda al escuchar el himno feminista de 'Las Tesis'. Puedo entenderlo porque demuestra hasta qu&eacute; punto nuestra sociedad va a tardar en reconocer sus excesos, en marcarse una X en la piel con la culpa de haberlos permitido, de haberlos perpetrado. Puedo entenderlo porque a&uacute;n se me eriza la piel al escuchar el ruido de las zapatillas contra el suelo. El estruendo de esos cuerpos que, despu&eacute;s de haber sufrido tanto, tanto, tanto, tant&iacute;simo, todav&iacute;a son capaces de alzar los brazos, afinar los pulmones, ponerse a declamar con decisi&oacute;n y con belleza, con solidaridad y ternura, con suficiente sangre fr&iacute;a como para afrontar lo que nos queda.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luna Miguel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/violador_129_1209342.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 01 Dec 2019 20:16:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El violador eres tú (y tú, y tú, y tú...)]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Violaciones,Violencia machista]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Dos pechos pintados para que jodan al amo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/pechos-pintados-jodan-amo_129_1249904.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7ed9d074-1bce-44bd-95f3-aa2b13897339_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Mon Laferte en la alfombra roja de los Latin Grammy 2019"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Enseñar el pecho en 2019 sigue revolviendo las tripas de miles de espectadores porque significa que las portadoras de tal pecho siguen siendo sumisas en nuestra sociedad</p><p class="subtitle">El gesto de Mon Laferte ha ayudado a que el mensaje de tantísimos cuerpos sufrientes chilenos reviente todos los titulares posibles: "En Chile torturan, violan y matan"</p></div><p class="article-text">
        Nunca he mostrado el pecho en p&uacute;blico. Desde los doce a&ntilde;os empec&eacute; a tapar con la tela del bikini aquello que supuestamente no deb&iacute;a mostrar por motivos que no entend&iacute;a: &iquest;Mis leves bultitos de carne resultar&iacute;an ofensivos para alguien si los descubr&iacute;a en la playa? &iquest;Por qu&eacute; de la noche a la ma&ntilde;ana mi torso, hasta entonces infantil, se hab&iacute;a convertido en un &ldquo;peligro&rdquo; para m&iacute; misma, para mi libertad? Conforme lo infantil se desvanec&iacute;a, la violencia hacia mi pecho crec&iacute;a exponencialmente: el novio que se enfad&oacute; el d&iacute;a que le propuse hacer nudismo en Cabo de Gata, el padre que no me dejaba comprar sostenes con relleno, el cr&iacute;tico que desde&ntilde;&oacute; por &ldquo;provocador&rdquo; un verso sobre mi pez&oacute;n mordido, el algoritmo que me avis&oacute; de exceso de color-carne-blancuzca al subir aquella foto amamantando a mi hijo, o los espectros que a menudo parecen esperar atentos en la mensajer&iacute;a instant&aacute;nea de una red social, para mandar una solicitud sexual en caso de que en mi &uacute;ltimo selfie se intuya un trocito muy pero que muy chiquito de escote. Nunca he mostrado el pecho en p&uacute;blico porque el pudor me come los nervios. Estoy convencida de que si un trozo de mi carne se intuyera m&aacute;s all&aacute; de &ldquo;lo normal&rdquo;, se desatar&iacute;a el caos, mi &aacute;nimo se vendr&iacute;a abajo, saltar&iacute;an las alarmas que llevan acechando desde los doce a&ntilde;os: gritar&iacute;an todas a la vez como sirenas de lecheras desafinadas, desbocadas, intranquilas.
    </p><p class="article-text">
        Escrib&iacute;a la poeta y activista Audre Lorde &mdash;fallecida, por cierto, un d&iacute;a de noviembre como el de hoy, pero en 1992&mdash; que no se puede desmontar la casa del amo con las herramientas del amo. Por eso yo creo, sinceramente, que las mujeres capaces de sacar pecho, de sacar &ldquo;el pecho&rdquo;, literalmente, para rebelarse contra el amo son excepcionales. Al contrario de lo que muchos piensan, pintarse el pecho con consignas en una manifestaci&oacute;n, salir a reventar un acto pol&iacute;tico con las tetas al aire o pasearse por una alfombra roja con mensajes como &ldquo;En Chile torturan, violan y matan&rdquo;, como hizo Mon Laferte hace unos d&iacute;as en la entrega de los Grammy Latinos, no es una frivolidad, ni siquiera un capricho, y para nada una &ldquo;est&eacute;ril y desesperada llamada de atenci&oacute;n&rdquo;, como algunos han tildado &uacute;ltimamente el gesto de la cantante pop chilena. Ense&ntilde;ar el pecho en 2019 sigue reventando revolviendo las tripas de miles de espectadores porque significa que las portadoras de tal pecho siguen siendo sumisas en nuestra sociedad. Se sigue considerando que sus posturas pol&iacute;ticas valen menos, que sus cuerpos son demasiado puros como para exigir nada con mensajes pintados en ellos. Y al igual que en el caso de Mon Laferte, se siguen sexualizando; incluso si el feminismo lleva d&eacute;cadas tratando de resignificar el gesto de desnudarse, el amo no da el brazo a torcer, se asume tan poseedor y manipulador del cuerpo femenino que no es capaz de entender por qu&eacute; ellas lo utilizan como herramienta para desmontar la casa.
    </p><p class="article-text">
        El arma de Mon Laferte ha sido &uacute;til, sin embargo, en muchos sentidos: ha llevado a un evento multitudinario un mensaje de socorro, su mensaje se ha difundido por todos los canales posibles, los canales han aprovechado para difundir y explicar a p&uacute;blicos poco acostumbrados a la narraci&oacute;n de la actualidad qu&eacute; es lo que est&aacute; ocurriendo en Chile, y desde Chile y otros pa&iacute;ses latinoamericanos en los que el amo est&aacute; machacando a sus ciudadanos, pertenezcan al g&eacute;nero que pertenezcan, han usado a Mon Laferte como s&iacute;mbolo emancipador. La cara de la cantante, su pecho descubierto, ha sido versionado por cientos de artistas de distintos lugares del mundo, a trav&eacute;s de su valent&iacute;a al destaparse, el mensaje de que &ldquo;En Chile torturan, violan y matan&rdquo; ha llegado m&aacute;s lejos de lo que tal vez lo han hecho los rid&iacute;culos minutos que nuestras televisiones han dedicado al problema. Su pecho, censurado en Instagram con dos florecillas de color rosa en lugar de sus pezones, ha demostrado la fuerza subversiva que todav&iacute;a tiene el mismo. Pese a las burlas, pese a las constantes objetualizaciones &mdash;<a href="https://twitter.com/MawSaldivar/status/1195543886929768453" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">como la que muestra este tuit, de cuando a Mon Laferte la han querido convertir en hero&iacute;na hentai</a>&mdash;, su gesto ha ayudado a que el menaje de tant&iacute;simos cuerpos sufrientes chilenos reviente todos los titulares posibles: &ldquo;En Chile torturan, violan y matan&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Escrib&iacute;a Sharon Olds a prop&oacute;sito de su emancipaci&oacute;n sexual: &ldquo;que le jodan al padre&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Con un pecho &mdash;metaf&oacute;rico&ndash; fuera mientras tecleo esto, yo a&ntilde;ado: que le jodan al que se cree nuestro amo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luna Miguel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/pechos-pintados-jodan-amo_129_1249904.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 17 Nov 2019 19:49:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Dos pechos pintados para que jodan al amo]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No hay que olvidar a las que nunca olvidaron]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/olvidar-olvidaron_129_1275321.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e1dfebfd-5104-488a-8c9a-7bfc9c56d467_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Foto: PxHere"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Me pregunto qué hace falta para que aquellos que presumen de separar artista y obra no se olviden de sus ideales cuando se trate de homenajear la obra de una autora con ideas feministas</p><p class="subtitle">Quién nos ayudará, en definitiva, a recordar a las que nunca, jamás, nos permitieron olvidar los nombres de otras tantas</p></div><p class="article-text">
        Paula Bonet llama &ldquo;despertadoras&rdquo; a aquellas mujeres cuya obra nos ayud&oacute; a entender la importancia de la lucha colectiva, pero tambi&eacute;n la de la necesidad de procurar un recorrido &iacute;ntimo: de lecturas, de reflexiones, esas que nos llevan no s&oacute;lo a ser nosotras m&aacute;s libres, sino tambi&eacute;n a entender nuestros propios privilegios. Para quienes sigan a la artista por Instagram, reconocer&aacute;n de entre sus fotograf&iacute;as los rostros de las mujeres a las que ella reivindica a trav&eacute;s de un hermoso altar: Joan Didion, Mar&iacute;a Luisa Bombal, Anne Sexton, y un largo etc&eacute;tera.
    </p><p class="article-text">
        Personalmente, se me hace cada vez m&aacute;s complejo trazar un mapa de despertadoras porque conforme avanzo en lecturas, corrijo otras anteriores, o me siento orgullosa de aquellas a las que al principio no hice caso, o reniego de una influencia para venerar otra que al d&iacute;a siguiente quiz&aacute; vuelva a cuestionar.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez por eso desconf&iacute;o tanto de la idea de un (nuevo) canon. 
    </p><p class="article-text">
        Pero tal vez por eso tambi&eacute;n me obsesione este ejercicio de memoria colectiva sin mayor pretensi&oacute;n que el de hacer cadena.
    </p><p class="article-text">
        Como si se tratara de una novela de Ray Bradbury, me imagino a la literatura de las despertadoras siendo posible gracias a otras mujeres, &iquest;las despiertas?, memorizando nombres y obras para reivindicarlas cuando nadie m&aacute;s lo haga. Algunas cantar&aacute;n apellidos m&aacute;s obvios, otras ser&aacute;n capaces de entonar algunos casi secretos.
    </p><p class="article-text">
        De entre todas esas voces, una que se dedic&oacute; intensamente a despertarnos a golpe de palabras fue la escritora y pensadora peruana Patricia de Souza. Adem&aacute;s de libros de cr&iacute;tica feminista tan importantes como <em>Eva no tiene para&iacute;so</em> o <em>Descolonizar el lenguaje,</em> su pluma fue una de las que durante a&ntilde;os aparec&iacute;a y desaparec&iacute;a de algunos importantes suplementos literarios de nuestro pa&iacute;s aportando &ldquo;mirada feminista&rdquo; sobre las el panorama editorial. Ella habl&oacute; de Margarite Duras, de Elena Garro, de Annie Ernaux, de Joyce Mansour y de otras autoras y artistas como nadie antes lo hab&iacute;a hecho. Ella aport&oacute; datos y combati&oacute; las injusticias que sobre sus plumas y sus vidas pesaron desde peque&ntilde;os espacios, que aparec&iacute;an a menudo encajonados entre otras cr&iacute;ticas y reportajes que jam&aacute;s ten&iacute;an en cuenta sus reclamos.
    </p><p class="article-text">
        En cierto modo, podr&iacute;a decirse que Patricia de Souza siempre luch&oacute; por visibilizar a otras mujeres olvidadas desde su propio cuarto de sombras. Lo resume a la perfecci&oacute;n la periodista Fietta Jarque en uno de los poqu&iacute;simos obituarios que la prensa ha publicado sobre la autora despu&eacute;s de que tristemente nos dejara el pasado 24 de octubre &mdash;ten&iacute;a apenas 55 a&ntilde;os, la enfermedad se la llev&oacute; velozmente&mdash;: &ldquo;Tampoco figura en los c&aacute;nones m&aacute;s populares de la literatura peruana contempor&aacute;nea pese al peso sostenido de su obra literaria. Era una escritora inc&oacute;moda, una feminista resuelta, independiente, obstinada. Necesaria. Tras su muerte Patricia de Souza se ha quedado hecha palabra o tal vez grito, reclamo. Palabra, pero palabra decolonizada&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Tras esta reflexi&oacute;n, tras esta triste certeza de que el activismo de Patricia de Souza pasar&aacute; factura sobre c&oacute;mo los propios espacios desde los que escribi&oacute; y en los que colabor&oacute; han obviado su desaparici&oacute;n y su obra, yo me pregunto qui&eacute;n nos har&aacute; despertar sobre las despertadoras. Me pregunto qu&eacute; hace falta para que aquellos que presumen de separar artista y obra no se olviden de sus ideales cuando se trate de homenajear la obra de una autora con ideas feministas. Qui&eacute;n nos ayudar&aacute;, en definitiva, a recordar a las que nunca, jam&aacute;s, nos permitieron olvidar los nombres de otras tantas.
    </p><p class="article-text">
        Si la cadena se rompe, &iquest;pereceremos con ella?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luna Miguel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/olvidar-olvidaron_129_1275321.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 03 Nov 2019 19:30:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[No hay que olvidar a las que nunca olvidaron]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Feminismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Poema gamberro contra la historia fascista y misógina de España]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/poema-gamberro-historia-fascista-espana_129_1291642.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c22cc90c-9d66-458e-9338-9a9c76a834f9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Poema gamberro contra la historia fascista y misógina de España"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Escribió Cristina Morales, ganadora del Premio Nacional de Narrativa de 2019, que "fascismo y machismo son la misma cosa". Si le tomamos la palabra, no nos costará entender de qué manera esas violencias hermanadas han sido el arma definitiva para acabar con buena parte de la escritura de las mujeres españolas del siglo XX</p></div><p class="article-text">
        Escribi&oacute; Cristina Morales, ganadora del <a href="https://www.eldiario.es/cultura/Cristina-Morales-Nacional-Narrativa-Lectura_0_955405195.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Premio Nacional de Narrativa de 2019</a>, que &ldquo;fascismo y machismo son la misma cosa&rdquo;. Si le tomamos la palabra, no nos costar&aacute; entender de qu&eacute; manera esas violencias hermanadas han sido el arma definitiva para acabar con buena parte de la escritura de las mujeres espa&ntilde;olas del siglo XX. A saber: fascismo es lo que mantuvo a algunas de nuestras grandes autoras en el exilio, prepar&aacute;ndose para ser olvidadas; y el machismo eso que termin&oacute; de silenciarlas, a la sombra casi siempre de un amante o de un marido.
    </p><p class="article-text">
        Si hago esta asociaci&oacute;n es porque casi al mismo tiempo al que el jurado del Premio Nacional anuncia el nombre de la autora de 'Lectura f&aacute;cil' &mdash;en lo que a m&iacute; se me antoja un galard&oacute;n reparador por lo que de gesto pol&iacute;tico tiene tambi&eacute;n para nosotras, lectoras y escritoras&mdash; un peque&ntilde;o ejemplar del cuaderno 'Cantar de la luna vac&iacute;a', de Mar&iacute;a Teresa Le&oacute;n, llega a mis manos, como si los planetas se hubieran alineado.
    </p><p class="article-text">
        El cuaderno de Le&oacute;n no es nuevo. Apareci&oacute; publicado el pasado agosto en la colecci&oacute;n Planeta Clandestino de Ediciones 4 de Agosto. Para quien no la conozca: esa f&aacute;brica de artefactos po&eacute;ticos grapados cuya cubierta es una cartulina marr&oacute;n y cuyas p&aacute;ginas esconden obras breves de diferentes poetas contempor&aacute;neos. De las sesenta p&aacute;ginas que componen 'Cantar de la luna vac&iacute;a' s&oacute;lo tres est&aacute;n dedicadas a la poes&iacute;a, sin embargo. Una para un poema que Aitana Alberti Le&oacute;n dedic&oacute; a su madre en 2008 y dos para el &uacute;nico poema que Mar&iacute;a Teresa Le&oacute;n escribi&oacute; en toda su vida, o al menos el &uacute;nico del que se tiene constancia.
    </p><p class="article-text">
        A Enrique Cabez&oacute;n, editor en 4 de agosto, le result&oacute; muy curioso que Le&oacute;n s&oacute;lo hubiera escrito un poema en toda su vida &ldquo;en realidad, no sabemos si escribi&oacute; otros, pero no public&oacute; ninguno m&aacute;s. Ella dec&iacute;a que era la cola del cometa, en clara referencia a quien fuese su segunda pareja&rdquo;. Cabez&oacute;n, como otrxs muchxs lectorxs, lleg&oacute; al poema por la c&eacute;lebre y premiada biograf&iacute;a de la escritora y revolucionaria que Jos&eacute; Luis Ferris public&oacute; en 2017, 'Mar&iacute;a Teresa Le&oacute;n. Palabras contra el Olvido'. Para el editor, si textos como este peque&ntilde;o poema hab&iacute;an acabado enterrados era porque &ldquo;la figura de Mar&iacute;a Teresa Le&oacute;n como narradora, tanto en sus memorias u obras de teatro, como en sus novelas y cuentos, incluso como pol&iacute;tica o responsable del traslado de los tesoros del Prado, es muy poderosa e ic&oacute;nica&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero a pesar del profundo conocimiento que tenemos de la vida de Le&oacute;n, llama la atenci&oacute;n que de todas esas obras que sabemos que escribi&oacute;, s&oacute;lo algunas est&eacute;n hoy al alcance de lxs lectorxs en las librer&iacute;as espa&ntilde;olas. Adem&aacute;s del trabajo de reedici&oacute;n que han realizado editoriales como C&aacute;tedra y Renacimiento, donde pueden encontrarse sus textos pol&iacute;ticos y cr&oacute;nicas; adem&aacute;s de la aparici&oacute;n de su nombre en el importante reportaje de <em>Las Sinsombrero</em>; adem&aacute;s del trabajo intenso de Aitana Alberti Le&oacute;n por recuperar y honrar la memoria de su madre; adem&aacute;s de la amplia repercusi&oacute;n en prensa de la biograf&iacute;a de Ferris&hellip; la obra de Mar&iacute;a Teresa Le&oacute;n sigue siendo de dif&iacute;cil acceso, y casi anecd&oacute;tica en librer&iacute;as. Tal vez por eso Cabez&oacute;n y su equipo se animaran a hacer &ldquo;una peque&ntilde;a gamberrada, unas obras completas de un solo poema&rdquo;. En verdad, 'Cantar de la luna vac&iacute;a' es una antolog&iacute;a de micro ensayos que pretenden poner de relieve hasta qu&eacute; punto el olvido de la escritora riojana no fue provocado s&oacute;lo por el fascismo que la oblig&oacute; a exiliarse en la lejan&iacute;a del pa&iacute;s desde el que empez&oacute; a escribir, sino tambi&eacute;n por el machismo que la mantuvo a la sombra de la literatura de su segundo marido, una de las cabezas m&aacute;s visibles de la Generaci&oacute;n del 27 y cuya relaci&oacute;n Hilario Jim&eacute;nez describi&oacute; as&iacute;: &ldquo;siempre que pienso en ella la veo voluntariamente escondida tras la sombra de Alberti&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sobre el olvido, sobre estar escondida, sobre la sombra que nublaba los rostros de nuestras autoras, sobre esa literatura escrita por ellas en un pa&iacute;s machista y fascista, en un pa&iacute;s arisco, <a href="https://elpais.com/cultura/2017/09/08/babelia/1504881714_237120.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">escribi&oacute; tambi&eacute;n Elena Medel</a> intentando contradecir un verso de Josefina de la Torre: &ldquo;Voy a ser olvidada&rdquo;. Me gustar&iacute;a, para terminar, que a trav&eacute;s de peque&ntilde;as gamberradas como las de los cuadernos clandestinos de 4 de agosto o de gigantes gamberradas como la concesi&oacute;n de un premio nacional a la novela de Morales, las escritoras espa&ntilde;olas no sientan nunca m&aacute;s esa injusticia y ese miedo que las olvidemos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luna Miguel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/poema-gamberro-historia-fascista-espana_129_1291642.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 23 Oct 2019 19:26:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Poema gamberro contra la historia fascista y misógina de España]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De Greta a Renata y el fin de la trola de los 'ninis']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/greta-renata-fin-trola-ninis_129_1325245.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f7fde72b-23e0-4b62-a497-dca5a2520605_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De Greta a Renata y el fin de la trola de los &#039;ninis&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Que lo 'nini' era una trola parece estar quedando bien claro a las puertas de 2020, cuando los que nacieron a finales de los 90 y principios de los 00 han decidido no dejar que un grupo de señores les culpe y les insulte por errores que no han cometido</p></div><p class="article-text">
        Se ha escrito mucho estos d&iacute;as sobre los ataques gratuitos a la figura de Greta Thunberg y sobre por qu&eacute; a algunos les molesta tanto la figura de una adolescente reivindicando sus ideas. En un art&iacute;culo viral de Nacho Pato en <em>La Marea</em>, el periodista se preguntaba si &ldquo;Thunberg tiene edad legal para trabajar, casarse o ir a la c&aacute;rcel, &iquest;por qu&eacute; no para recordarte que nos vamos al carajo, que no hay planeta B y que comes demasiada carne?&rdquo;. Por su parte, la novelista Nuria Labari aseguraba en <em>El Pa&iacute;s</em> que &ldquo;curiosamente, la sobreexposici&oacute;n de los menores en la nueva sociedad digital solo ha calado en la agenda pol&iacute;tica la primera vez que una adolescente ha utilizado su poder en Internet para actuar pol&iacute;ticamente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez ese odio que carcome la lengua a los que se escudan en discursos anti-Thunberg no sea tan distinto al que hace diez a&ntilde;os llenaba las p&aacute;ginas de opini&oacute;n de la prensa con insultos hacia los llamados 'ninis'. Los mismos que hoy se r&iacute;en de que una chica con trenzas lidere una lucha que ni siquiera se han molestado en entender son aquellos que quisieron hacernos creer que mi generaci&oacute;n, la millennial, estaba conformada por vagos que ni estudiaban ni trabajaban ni sent&iacute;an pasi&oacute;n por otra cosa que por sus lloriqueos.
    </p><p class="article-text">
        Hasta el mismo 2017 ten&iacute;amos que leer a columnistas como Antonio Naval&oacute;n arremetiendo contra los que entonces rondaban la veintena y la treintena, &ldquo;millennials, due&ntilde;os de la nada&rdquo;, dec&iacute;a en su pol&eacute;mico art&iacute;culo de <em>El Pa&iacute;s</em>, y se atrev&iacute;a a a&ntilde;adir: &ldquo;me encantar&iacute;a conocer una sola idea millennial que no fuera un filtro de Instagram o una aplicaci&oacute;n para el tel&eacute;fono m&oacute;vil. Una sola idea que trascienda y que se origine en su nombre. Porque, cuando uno observa la relaci&oacute;n de muchos con el mundo que les rodea, parecen m&aacute;s bien un software de &uacute;ltima generaci&oacute;n que seres humanos que llegaron al mundo gracias a sus madres&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero que lo 'nini' era una trola parece estar quedando bien claro a las puertas de 2020, cuando los que nacieron a finales de los 90 y principios de los 00 han decidido no dejar que un grupo de se&ntilde;ores les culpe y les insulte p&uacute;blicamente por errores que no han cometido. Puede que Greta Thunberg, nacida en 2003, sea la cabeza visible de su generaci&oacute;n, pero junto a ella hay un mont&oacute;n de nombres que desde distintos &aacute;mbitos est&aacute;n cuestion&aacute;ndolo todo.
    </p><p class="article-text">
        Pienso en Emma Gonz&aacute;lez, activista estadounidense nacida en 1999, que emocion&oacute; a miles de personas con su discurso contra las armas en el #March4OurLives. Pienso en Mar&iacute;a Jos&eacute; Bejarano de Oliveira, boliviana nacida en 2001, activista clim&aacute;tica como Thunberg pero tambi&eacute;n preocupada por representar las voluntades de los pueblos ind&iacute;genas a los que representa. Pienso en Sandra, Nuria, Luc&iacute;a Fern&aacute;ndez, Luc&iacute;a Adri&aacute;n y Paula, espa&ntilde;olas nacidas entre 2003 y 2004, que se han hecho mundialmente conocidas tras crear la revolucionaria aplicaci&oacute;n When&amp;Where, con la que pretenden ayudar a que cr&iacute;menes machistas como los de Laura Luelmo o Diana Quer no vuelvan a ocurrir. Pienso en Hunter Schafer, estadounidense nacida en 1999, conocida por su papel en la serie Euphoria y tambi&eacute;n activista transg&eacute;nero. Pienso en Simar Singh, nacido el a&ntilde;o 2000 en la India, y uno de los promotores de UnErase Poetry, una plataforma feminista de difusi&oacute;n de poes&iacute;a. Y pienso tambi&eacute;n en Renata Flores, peruana nacida en 2001, cantante de trap que ha revolucionado la escena musical por cantar en quechua.
    </p><p class="article-text">
        Renata Flores es al mundo del arte lo que Greta Thunberg al mundo del activismo clim&aacute;tico. En Per&uacute; muchos la han criticado por utilizar las redes sociales para lanzar su mensaje. La han criticado por salir en la tele. Por mezclar la lucha feminista con la lucha antirracista como hizo con su canci&oacute;n Tijeras. La han criticado por demostrar que se puede ser muy joven y tener mucha conciencia, en definitiva. Porque parece que eso es lo que nos molesta. Eso es lo que verdaderamente nos asusta: dejar de entender los c&oacute;digos de los que vienen, tener que aprender a pedirles perd&oacute;n, a veces, por lo que en nuestro momento no supimos hacer, escuchar a alguien que tiene m&aacute;s sensibilidad que nosotros, darle la raz&oacute;n, acompa&ntilde;arle, &iquest;de verdad es tan dif&iacute;cil?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luna Miguel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/greta-renata-fin-trola-ninis_129_1325245.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 06 Oct 2019 20:08:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De Greta a Renata y el fin de la trola de los 'ninis']]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las vidas trans no son una anécdota]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/vidas-trans-anecdota_129_1471300.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/00301123-65b4-4890-b961-a527cf3b3eed_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Varias personas marchan con la bandera trans en la manifestación del Orgullo Crítico en Madrid de este 2017."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tras quince puñaladas para un cuerpo doblemente condenado en nuestra sociedad por ser migrante y trans: algunos medios siguen refiriéndose a Paloma como a un hombre</p><p class="subtitle">Que ciertos sectores del feminismo se cierren en banda a mostrar un mínimo de empatía por una pérdida como la de Paloma es tan macabro y odioso como cualquier otro tipo de violencia patriarcal</p></div><p class="article-text">
        El pasado viernes, Pablo Iglesias sub&iacute;a a Twitter un fragmento de Vidas Trans, una antolog&iacute;a de textos cr&iacute;ticos alrededor de la sanidad, la educaci&oacute;n, los cuidados o las redes sociales, firmados por Alana Portero, Cassandra Vera, Dar&iacute;o Gael, Atenea Bioque y Arnau Mac&iacute;as. Precisamente Iglesias se hizo eco de una p&aacute;gina en la que Mac&iacute;as contaba c&oacute;mo un d&iacute;a se disfraz&oacute; del l&iacute;der de Unidas Podemos para cabrear a la gente de su entorno escolar: &ldquo;Imaginaos a todos esos cat&oacute;licos, conservadores, y casposos al ver a una t&iacute;a vestida de hombre, y adem&aacute;s del malvado, asesino, comeni&ntilde;os, chavista y bolivariano Pablo Iglesias. Esta noche me lo pas&eacute; en grande y todo culmin&oacute; con una frase de mi amiga que no olvidar&eacute; nunca: te queda muy bien la barba&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Aunque la fotograf&iacute;a de Iglesias mostraba &uacute;nicamente esa an&eacute;cdota &ndash;ojo, una an&eacute;cdota importante en el contexto del relato de Arnau Mac&iacute;as&ndash;, muchos usuarios celebraron que una persona sobre la que recae tanta atenci&oacute;n dedique un espacio a difundir la importancia de leer las experiencias de uno de los colectivos m&aacute;s maltratados por nuestra sociedad. Puede parecer una tonter&iacute;a. Una an&eacute;cdota enred&aacute;ndose sobre otra an&eacute;cdota: &ldquo;El pol&iacute;tico que visibiliz&oacute; tal libro&rdquo;. Pero es importante porque, en palabras de Alana Portero, &ldquo;a ver si sirve para arrojar un poco m&aacute;s de luz sobre nuestra realidad y que las instituciones corrijan el abandono al que nos someten&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La demostraci&oacute;n m&aacute;s terrible de ese brutal abandono y violencia, por desgracia, no tardar&iacute;a en llegar. Pocas horas despu&eacute;s, durante la tarde del s&aacute;bado, se encontr&oacute; en Asturias el cuerpo asesinado de una mujer trans: Paloma. Quince pu&ntilde;aladas para un cuerpo doblemente condenado en nuestra sociedad por ser migrante y trans: algunos medios de comunicaci&oacute;n, aun despu&eacute;s de haberse desvelado su edad, nombre, procedencia y g&eacute;nero, siguen refiri&eacute;ndose a ella como a un hombre. Otros, los m&aacute;s masivos, no han informado sobre su asesinato, y su muerte ni siquiera formar&aacute; parte del contador oficial del terrorismo machista. Un contador macabro y odioso, s&iacute;, pero tambi&eacute;n &uacute;til para que muchas de esas mujeres no caigan en el mayor de los olvidos. A Paloma no le van a permitir ser una cifra. Ni tan solo una an&eacute;cdota. Pero es que las vidas trans no son una mera an&eacute;cdota.
    </p><p class="article-text">
        Ellas necesitan ser escritas, necesitan ser comprendidas, necesitan ser reivindicadas como lo han necesitado tantas otras de nuestras compa&ntilde;eras maltratadas, violadas o asesinadas a lo largo de la historia. Que ciertos sectores del feminismo se cierren en banda a mostrar un m&iacute;nimo de empat&iacute;a por una p&eacute;rdida como la de Paloma es tan macabro y odioso como cualquier otro tipo de violencia patriarcal. Lloremos a Paloma. Recordemos a Paloma. Escribamos el nombre de Paloma. Entendamos a Paloma leyendo e inform&aacute;ndonos sobre las realidades de las personas transg&eacute;nero: ah&iacute; est&aacute;n las experiencias narradas en la antolog&iacute;a de <em>Vidas trans</em>, o en <em>El viaje in&uacute;til</em>. <em>Trans/escritura</em>, un ensayo emotivo de la argentina Camila Sosa Villada, autora tambi&eacute;n de la novela <em>Las malas</em>; o en <em>Mi adolescencia trans</em>, el exitoso c&oacute;mic de Josephine Yole Signorelli, que ha sido un fen&oacute;meno entre los j&oacute;venes de Italia.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Qu&eacute; clase de poeta, qu&eacute; clase de artista, qu&eacute; clase de actriz ser&iacute;a yo si no reclamo esos espacios vac&iacute;os donde la claridad se enturbia&rdquo;, escribe Sosa Villada, refiri&eacute;ndose a su responsabilidad como escritora para dar voz a mujeres que de otro modo nunca tendr&iacute;an reconocimiento. Y qu&eacute; clase de mujeres, qu&eacute; clase de anecd&oacute;ticas feministas ser&iacute;amos nosotras si no nos desgarrara hoy el asesinato de Paloma.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luna Miguel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/vidas-trans-anecdota_129_1471300.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 22 Sep 2019 19:08:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las vidas trans no son una anécdota]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Feminismo,LGTBI]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El vientre vacío: relatos contra la precariedad de una generación que no sabe si podrá ser madre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/vientre-vacio_1_1351938.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1d008e19-cd19-4317-84e2-230891721033_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El vientre vacío: relatos contra la precariedad de una generación que no sabe si podrá ser madre"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Qué madre acompaña nuestra sociedad. Y a qué mujer, en general. Esa ausencia de cuidados y de esperanzas es también uno de los pilares de</p><p class="subtitle">El vientre vacío</p><p class="subtitle">, que acaba de publicarse en Capitán Swing</p><p class="subtitle">"Pregunto a mis amigas cómo se ven dentro de diez años. Sabemos qué haremos la semana que viene, pero no dentro de tres meses. ¿Tendré trabajo? ¿Me echarán de casa? ¿Habré conocido a alguien?", se pregunta la autora Noemí López Trujillo</p><p class="subtitle">Cumplir 30 con ganas de ser madre y trabajo precario: aplazar los hijos hasta que quizá sea demasiado tarde</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Con frecuencia me pregunto c&oacute;mo se siente una madre cuando su sociedad la acompa&ntilde;a&rdquo;. As&iacute; cerraba la poeta Mar&iacute;a Ramos su introducci&oacute;n a <em>Siamesa,</em> un libro de su autor&iacute;a en el que narra el embarazo y los primeros meses junto a su hija, a la que tuvo con 21 a&ntilde;os. La soledad y el rechazo social que Ramos siente durante su gestaci&oacute;n y crianza viene acompa&ntilde;ada de una constante infantilizaci&oacute;n de su cuerpo, de sus deseos y de sus aspiraciones tanto laborales como vitales, que ella refleja de manera fant&aacute;stica en otro verso: &ldquo;ni&ntilde;a con una ni&ntilde;a dentro&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero no hace falta tener 21 a&ntilde;os y estar a punto de parir para que la sociedad te mire como a una ni&ntilde;a que no ha sabido tomar buenas decisiones. A sus 44 a&ntilde;os, Sonia V. tambi&eacute;n recuerda c&oacute;mo nada m&aacute;s cumplir los 40 comunic&oacute; a su ginec&oacute;logo que estaba embarazada y que este le pregunt&oacute; &ldquo;&iquest;a tu edad? &iquest;est&aacute;s segura de lo que haces?&rdquo;, haci&eacute;ndole sentir, literalmente, &ldquo;como si fuera una p&uacute;ber inconsciente&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">No hace falta tener 21 a&ntilde;os. No hace falta tener 40</h3><p class="article-text">
        Precisamente fue la poeta Mar&iacute;a Ramos quien tradujo por primera vez al castellano los poemas de <em>Tres mujeres</em>, de Sylvia Plath &mdash;hab&iacute;a versiones anteriores, s&iacute;, pero ninguna hab&iacute;a sido concebida&nbsp;con voluntad de formar un libro completo sobre poes&iacute;a y materinidad&mdash;. En <em>Tres mujeres</em>, la poeta estadounidense escribe tres voces muy distintas que tambi&eacute;n abordan estas problem&aacute;ticas: la de una feliz parturienta que habla con vocablos dulces, chiquititos, infantiles; la de una mujer que es madre sin desearlo, y a la que se le mira raro, como si fuera una adolescente ego&iacute;sta; y la de otra que no puede serlo, y que ante su infertilidad se siente observada con paternalismo por parte de los m&eacute;dicos.
    </p><p class="article-text">
        No hace falta tener 21 a&ntilde;os. No hace falta tener 40. No hace falta tampoco tener una edad indeterminada y querer ser madre, ni serlo ya, ni haber perdido a un hijo en el camino. La soledad que la autora de <em>Siamesa</em> anunciaba al comienzo del poemario traspasa todos los estratos, realidades y clases sociales: &ldquo;Con frecuencia me pregunto c&oacute;mo se siente una madre cuando su sociedad la acompa&ntilde;a&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">El vientre vac&iacute;o</h3><p class="article-text">
        Pero a qu&eacute; madre acompa&ntilde;a nuestra sociedad. Y a qu&eacute; mujer, en general. Esa ausencia de cuidados y de esperanzas es tambi&eacute;n uno de los pilares de otro libro, <em>El vientre vac&iacute;o</em>, que acaba de publicarse en Capit&aacute;n Swing. Su autora, la periodista Noem&iacute; L&oacute;pez Trujillo, ha hecho un viaje de nueve meses al coraz&oacute;n de las frustraciones y las desesperanzas de una generaci&oacute;n precaria, la millennial, a trav&eacute;s de un coro de voces&nbsp;de mujeres de entre 25 y 35 a&ntilde;os que han asumido que sus condiciones laborales nunca les permitir&aacute;n cumplir con el deseo de ser madres.
    </p><p class="article-text">
        Noem&iacute; L&oacute;pez Trujillo ahond&oacute; en este problema en <a href="https://www.eldiario.es/nidos/Aplazar-tener-hijos-demasiado-tarde_0_768873797.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un reportaje previo publicado en eldiario.es</a>: todo empez&oacute; cuando a los 25 a&ntilde;os quiso &ldquo;asegurar&rdquo; la posibilidad de reproducirse y congelar sus &oacute;vulos, hasta que se dio cuenta de que tal vez ni siquiera con ese gesto &mdash;caro, fr&iacute;o, dif&iacute;cil, solitario, impreciso&mdash; podr&iacute;a llegar a cumplir con sus deseos.
    </p><p class="article-text">
        <em>El vientre vac&iacute;o&nbsp;</em>es un reportaje de periodismo generoso: en su texto la mezcla de memoria, cr&oacute;nica y antolog&iacute;a de voces de su generaci&oacute;n nos invita a pensar que la autora podr&iacute;a estar inventando un g&eacute;nero period&iacute;stico pr&aacute;cticamente nuevo. En su pasi&oacute;n por dar voz a otras mujeres a trav&eacute;s de su propia experiencia o lectura de las mismas, L&oacute;pez Trujillo convierte un vac&iacute;o estad&iacute;stico &mdash;el de los vientres de las mujeres que no podr&aacute;n ser madres aunque lo quieran&mdash; en una esperanza colectiva. &ldquo;Pregunto a mis amigas c&oacute;mo se ven dentro de diez a&ntilde;os&rdquo;, escribe, &ldquo;sabemos qu&eacute; haremos la semana que viene, pero no dentro de tres meses. &iquest;Tendr&eacute; trabajo? &iquest;Me echar&aacute;n de casa? &iquest;Habr&eacute; conocido a alguien? La capacidad de precariedad ha dinamitado la posibilidad de visualizar nuestro futuro. Las din&aacute;micas se han configurado para que todo dure poco: compra lo que vas a cenar hoy, ya veremos qu&eacute; comes ma&ntilde;ana; quiz&aacute; en un mes no tengas trabajo; recuerda que en un a&ntilde;o acaba el alquiler de tu piso&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En adelante L&oacute;pez Trujillo combina la conversaci&oacute;n directa con fuentes que han sido v&iacute;ctimas de esas precariedades, con la conversaci&oacute;n indirecta con escritoras, pensadoras u otras periodistas que desde distintas posiciones han abordado su miedo a no poder formar una familia. Aqu&iacute; el rastro de los versos de Mar&iacute;a S&aacute;nchez, extra&iacute;dos de <em>Cuaderno de campo</em>, es constante: &ldquo;yo soy un vientre vac&iacute;o, mam&aacute;&rdquo;. Pero como L&oacute;pez Trujillo precisa, la mezcla de voces y experiencias no pretende ser &ldquo;un conjuro para que nuestros vientres se llenen de vida &mdash;no as&iacute;, no por ahora&mdash;, sino para proponer una resistencia conjunta al vac&iacute;o&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Porque igual que hay que reinventar la escritura period&iacute;stica desde el feminismo, tal vez haya llegado el momento de que reinventemos los conceptos de <em>familia</em>, <em>maternidad </em>o <em>cuidados </em>desde esa &oacute;ptica. Como reflexiona cuando le preguntamos al respecto: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; significa familia? &iquest;Son familia los t&iacute;os y primos a los que hace diez a&ntilde;os que no veo o es familia el conjunto de mis amigas que s&eacute; que si alg&uacute;n d&iacute;a me pasa algo cuidar&aacute;n de m&iacute;? &iquest;Es maternidad solo el cr&iacute;o que amamanto o al que duermo por las noches, o es maternidad secundaria esos cuidados que ejercemos para paliar los da&ntilde;os que produce la pobreza, la crisis, la precariedad?&rdquo;
    </p><h3 class="article-text">Maneras de llenar el hueco</h3><p class="article-text">
        El periodismo generoso de Noem&iacute; L&oacute;pez Trujillo no es s&oacute;lo palpable en su t&eacute;cnica, sino tambi&eacute;n en las lecturas que provoca. Aunque su ensayo lleva pocos d&iacute;as en la calle, son muchas las mujeres que s&iacute; son madres las que lo han le&iacute;do y las que han entendido que el retrato de la periodista tampoco las excluye. Al igual que ocurre con la infantilizaci&oacute;n de los sujetos dotados de vientre, la incertidumbre y la precariedad es un rayo que atraviesa a todas las mujeres de su generaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Preguntada por algunas de las tesis que <em>El vientre vaci&oacute;</em> arroja, Elsa M., mujer de 24 a&ntilde;os, embarazada de 5 meses y actualmente en paro, nos cuenta que aunque ella tenga el &ldquo;vientre a medio florecer&rdquo;, se siente representada por las mismas etiquetas que L&oacute;pez Trujillo otorga a compa&ntilde;eras de su generaci&oacute;n con el &ldquo;vientre vac&iacute;o&rdquo;. Elsa, de hecho, es la &uacute;nica de su grupo de amigas que tiene los planes o el simple inter&eacute;s de ser madre, &ldquo;la barrera no es s&oacute;lo la pareja, tambi&eacute;n es econ&oacute;mica&rdquo;. Aunque todas sus amigas trabajen, no ven el momento de dar el paso, o bien porque no tienen pareja o bien porque en su tiempo libre se tienen que dedicar a otro tipo de cuidados: padres, abuelos, etc&eacute;tera.
    </p><p class="article-text">
        En el caso de Elsa, su mayor red de apoyo es la familia. La inestabilidad laboral la ve como algo transitorio. Algo que puede ir y venir. Ella quiere sacarse las oposiciones para trabajar en la ense&ntilde;anza primaria y conf&iacute;a en que, hasta conseguirlo, tambi&eacute;n contar&aacute; con el apoyo econ&oacute;mico de su pareja. &ldquo;En el fondo estoy tranquila porque la edad para ser madre no importa. El n&uacute;mero no es determinante. Se trata de las ganas que t&uacute; tengas. De tu capacidad. Yo estoy preparada para ello&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Elsa M. cree que para ser madre hay que ser un poco valiente, porque es un proceso complejo, que te cambia por completo &ldquo;y que te acompa&ntilde;ar&aacute; toda la vida&rdquo;. No piensa lo mismo Sonia V., para quien la espera ha merecido la pena, aunque tambi&eacute;n se pregunta &ldquo;qu&eacute; habr&iacute;a pasado si hubiera decidido ser madre diez a&ntilde;os antes. Probablemente nada. Me las habr&iacute;a arreglado como me las arreglo ahora, o como me las estar&iacute;a arreglando si al final nunca hubiera tenido un hijo. Lo valiente no es dar el paso o no darlo. Lo valiente es tener el aguante para justificar una y otra vez tus decisiones frente a los dem&aacute;s&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        De nuevo, se iluminan los versos de Mar&iacute;a Ramos: &iquest;c&oacute;mo se sentir&aacute; una madre cuando su sociedad la acompa&ntilde;a? De nuevo, se iluminan los deseos de Noem&iacute; L&oacute;pez Trujillo: &ldquo;No es este un conjuro para que nuestros vientres se llenen de vida. Conjuramos una resistencia conjunta al vac&iacute;o&rdquo;. Valientes o no, el hueco s&oacute;lo se llena si empezamos a hablar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luna Miguel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/vientre-vacio_1_1351938.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Sep 2019 19:05:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El vientre vacío: relatos contra la precariedad de una generación que no sabe si podrá ser madre]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Maternidad,Precariedad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La sábana ensangrentada de Francia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/sabana-ensangrentada-francia_129_1364012.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a221c9b8-e849-4c80-ac0d-52816080341b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Francia lanza un plan contra violencia machista criticado por las feministas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Qué importante es ese "momento individual" en una lucha colectiva, sin el que lo plural tampoco existiría, es la suma de ojos que se abren la que desvela el contenido bajo la sábana</p><p class="subtitle">La prueba la tenemos en lo que está pasando estos últimos meses en el país vecino, donde hasta hace no mucho ni siquiera los medios de comunicación parecían reflejar en sus agendas la necesidad de luchar contra la violencia machista</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;ndo sucede el &ldquo;clic&rdquo;? &iquest;En qu&eacute; momento nuestros ojos se abren para mirar fijamente lo que antes negaban? Me refiero a ese gesto al que la escritora y pensadora Carolina San&iacute;n se refiere siempre como 'conversi&oacute;n' y a ese mismo que la novelista Cristina Morales prefiere nombrar como 'politizaci&oacute;n'. Ese gesto que tiene que ver con la comprensi&oacute;n de una injusticia y con el motor que dentro de nosotras se enciende para tratar de acabar con ella.
    </p><p class="article-text">
        Se le llame como se le llame, la veterinaria Mar&iacute;a S&aacute;nchez lo describe muy bien en su ensayo sobre feminismo y campo, 'Tierra de mujeres': &ldquo;Este aislamiento de las mujeres es una enfermedad que ha sabido expandirse por todos los estratos. Me siento igual que alguien que descubre las habitaciones de una casa abandonada y va entrando, cuarto por cuarto, levantando las s&aacute;banas que cubren los muebles y buscando un reflejo en las ventanas y en los espejos. No. No es s&oacute;lo la casa en la que crec&iacute;. La infecci&oacute;n llegaba a todas las capas de mi vida: el colegio, la universidad, mi trabajo&rdquo;. Aunque S&aacute;nchez est&eacute; narrando un descubrimiento &iacute;ntimo, relacionado adem&aacute;s con algo tan suyo como es su &aacute;rbol geneal&oacute;gico, la met&aacute;fora de esa casa llena de s&aacute;banas viejas que lo esconden todo puede aplicarse a un proceso m&aacute;s universal. Yo misma me repito una y otra vez c&oacute;mo fue el ejercicio de abrir los ojos despu&eacute;s de conocer a la periodista Luciana Peker en un congreso sobre periodismo y violencia machista. Sus palabras, sus experiencias, su energ&iacute;a y contundencia a la hora de hablar del feminicidio en Argentina fueron las manos que levantaron las s&aacute;banas polvorientas de mi casa.
    </p><p class="article-text">
        Qu&eacute; importante es ese &ldquo;momento individual&rdquo; en una lucha colectiva. Sin &eacute;l, lo plural tampoco existir&iacute;a. Es la suma de ojos que se abren la que desvela el contenido bajo la s&aacute;bana. Y la prueba la tenemos en lo que est&aacute; pasando estos &uacute;ltimos meses en el pa&iacute;s vecino, donde hasta hace no mucho ni siquiera los medios de comunicaci&oacute;n parec&iacute;an reflejar en sus agendas la necesidad de luchar contra la violencia machista. 
    </p><p class="article-text">
        Siguiendo con la met&aacute;fora de S&aacute;nchez: Francia ha entrado en un gran sal&oacute;n y ha levantado la s&aacute;bana. Y lo que ha encontrado debajo de ella es el terror de un centenar de cuerpos manchados de sangre. En un pa&iacute;s en el que el diccionario no reconoce la palabra feminicidio &mdash;algo que no es tan raro si comparas con Espa&ntilde;a, donde la Real Academia lo acept&oacute; hace tan solo cinco a&ntilde;os, pero que s&iacute; sorprende si atendemos a que tambi&eacute;n es el pa&iacute;s de Europa desde el que se ha escrito la mayor producci&oacute;n de pensamiento feminista durante el &uacute;ltimo siglo&mdash; son las asociaciones feministas las que han decidido no volver a pasar por alto los datos sobre violencia machista que vienen recogiendo de manera independiente a las cifras oficiales que facilita el Ministerio del Interior. Teniendo en cuenta que a cuatro meses de acabar 2019 la cifra ha alcanzado las 101 v&iacute;ctimas, las alarmas han saltado y desde las instituciones, los medios de comunicaci&oacute;n y las calles se han empezado a buscar medidas urgentes.
    </p><p class="article-text">
        Desde 2017 s&oacute;lo Agence France Press y Lib&eacute;ration informaban al respecto: en los &uacute;ltimos tres meses la preocupaci&oacute;n se ha hecho visible desde otras cabeceras. El ruido medi&aacute;tico es cada vez mayor, las manifestaciones son cada vez m&aacute;s recurrentes. Incluso Emmanuel Macron se present&oacute; la semana pasada en las oficinas del 3919 &mdash;la l&iacute;nea telef&oacute;nica habilitada para que las mujeres de todo el pa&iacute;s llamen a contar su historia, o para recibir la orientaci&oacute;n y ayuda que precisan&mdash; y pas&oacute; dos horas escuchando testimonios an&oacute;nimos.
    </p><p class="article-text">
        Con todo, resulta extra&ntilde;o pensar que un pa&iacute;s como el franc&eacute;s se encuentra al comienzo de un camino mucho m&aacute;s largo y espinoso. Por eso, tal vez la verdadera pregunta sea qu&eacute; hacer despu&eacute;s del &ldquo;clic&rdquo;. C&oacute;mo actuar despu&eacute;s de que nuestros ojos se hayan abierto para mirar fijamente lo que antes negaban. De d&oacute;nde tomar las fuerzas cuando al fin hayamos entendido que esto no va a ser f&aacute;cil. Que seguir&aacute; doliendo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luna Miguel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/sabana-ensangrentada-francia_129_1364012.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 08 Sep 2019 19:11:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La sábana ensangrentada de Francia]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un mapa de América ardiendo (retuit)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/mapa-america-ardiendo-retuit_129_1383488.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/944007e7-ba8e-44d8-a839-e8ed6ec59b6e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Greta Thunberg"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tal vez lo más correcto sea celebrar que en un momento de urgencia como el que vivimos, cualquier mensaje a favor de un cambio es un estadio que suma</p></div><p class="article-text">
        Greta Thunberg cruza el oc&eacute;ano para no subir a un avi&oacute;n y eso enfada a los se&ntilde;ores, casi tanto como nos enfad&aacute;bamos algunas de nosotras en 2014 cuando Beyonc&eacute; sal&iacute;a al escenario ataviada con un diminuto vestido negro y detr&aacute;s de su esbelta silueta se proyectaba la palabra FEMINIST. Por qu&eacute; nos enfad&aacute;bamos tanto, me pregunto algunos a&ntilde;os despu&eacute;s, qu&eacute; pod&iacute;a dolernos de esa escena que hoy es cotidiana. &iexcl;El capitalismo!, dec&iacute;amos. &iexcl;Lo mainstream!, justific&aacute;bamos. &iexcl;Que un(a) influencer se apropie de una lucha que es m&aacute;s grande y m&aacute;s poderosa y m&aacute;s honesta de lo que ella ser&aacute; jam&aacute;s! Odiar el feminismo pop de Beyonc&eacute; se nos hac&iacute;a tan dif&iacute;cil como amarlo. Menuda contradicci&oacute;n alabar el modo en el que un solo cartel luminoso har&iacute;a que miles de personas atendieran a ese t&eacute;rmino por primera vez, y menuda contradicci&oacute;n tambi&eacute;n detestar que con su popularizaci&oacute;n se desvirtuara la batalla. Era como hacer malabares. Como arrancarnos la costra de una herida peque&ntilde;a hasta que al fin comprendi&eacute;ramos que &ldquo;feminismo&rdquo; tambi&eacute;n  significaba atender a los diferentes estadios de esta lucha. 
    </p><p class="article-text">
        Todo lo relativo a Greta Thunberg genera una contradicci&oacute;n parecida: por un lado creemos que algo falla si ella es la protagonista de portadas de revistas de moda en las que sostiene carteles con amables mensajes para salvar el mundo, pero por el otro sabemos que su proeza es grande, pues anuncia y abre los ojos a una lucha que intu&iacute;amos urgente pero que est&aacute;bamos retrasando, como si no fuera con nosotros, hasta que una imagen de Am&eacute;rica en llamas nos hizo vomitar. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo hab&iacute;amos cerrado as&iacute; los ojos? &iquest;C&oacute;mo hab&iacute;amos sido capaces de pensar que con unas bolsas de tela para hacer la compra y dos cubos de la basura debidamente separados en la cocina &iacute;bamos a resolverlo todo? 
    </p><p class="article-text">
        Perdonad la inconsistencia y lo previsible de mis preguntas. 
    </p><p class="article-text">
        Perdonad que nuevamente hable sin saberlo todo de este tema. 
    </p><p class="article-text">
        Pero siento la necesidad de agitar cuerdas vocales. 
    </p><p class="article-text">
        Opinar a veces tambi&eacute;n consiste en pedir ayuda. 
    </p><p class="article-text">
        En reclamar informaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        En conectar intuiciones. 
    </p><p class="article-text">
        En preparar met&aacute;foras para el &ldquo;ahora qu&eacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y aunque justamente mi trabajo sea el de hacer met&aacute;foras, el miedo, la incomprensi&oacute;n y la falta de recursos me han llevado a darme cuenta de que para hablar de esto no soy capaz de verbalizar ninguna. De que tal vez lo m&aacute;s correcto no sea regresar hoy a ese sentimiento de 2014 mediante el cual cualquiera de las &ldquo;manifestaciones pop del activismo&rdquo; provocaban resquemor, sino m&aacute;s bien celebrar que en un momento de urgencia como el que vivimos, cualquier mensaje a favor de un cambio -ya sea en la cuenta de Instagram de Thunberg o en un descorazonador manifiesto de los colectivos de mujeres ind&iacute;genas que llevan d&eacute;cadas dando la vida desde la Amazonia- es un estadio que suma. El siguiente paso tal vez sea agarrar todas esas piezas ahora dispersas, todos esos mensajes, y juntarlos de la manera m&aacute;s coherente posible para que del cartel luminoso y amablemente viral pasemos a la informaci&oacute;n, y de la informaci&oacute;n a las acciones &iacute;ntimas, y de las acciones &iacute;ntimas a las calles, y entonces as&iacute;&hellip; &iquest;Entonces as&iacute; qu&eacute;?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luna Miguel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/mapa-america-ardiendo-retuit_129_1383488.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 25 Aug 2019 18:50:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un mapa de América ardiendo (retuit)]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Greta Thunberg,América]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No es el feminismo, es la tontería]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/feminismo-tonteria_129_1398212.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0d228a32-44f8-4c15-b584-60d4b32c961b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Que dentro de la militancia feminista haya contradicciones, errores, o hasta imbecilidad, no tiene tanto que ver con el feminismo sino con la condición humana</p></div><p class="article-text">
        Cancelar un concierto de C. Tangana por letras sexistas es una muy mala idea. Pero decir que son &ldquo;las feministas&rdquo; las que han provocado tal censura es una idea igualmente nefasta. Que dentro de la militancia feminista haya contradicciones, errores, o hasta imbecilidad, no tiene tanto que ver con el feminismo sino con la condici&oacute;n humana.
    </p><p class="article-text">
        El ejemplo perfecto lo puso Philip Roth (&hellip;).
    </p><p class="article-text">
        [Inciso, para quien no lo sepa: Philip Roth, escritor estadounidense fallecido hace no mucho, y conocido entre otras cosas por el rechazo que generaba, en un determinado sector feminista de la academia, su literatura plagada de personajes masculinos mis&oacute;ginos. A saber, que hasta una autora como Virginie Despentes se refiere a &eacute;l como &ldquo;un verdadero macho&rdquo; en las entrevistas. S&iacute;, la misma Despentes que quita hierro a las ideas de otros escritores mis&oacute;ginos y pol&eacute;micos como Michel Houellebecq. Porque al final todo es una cuesti&oacute;n, creo, de filias y de fobias].
    </p><p class="article-text">
        (&hellip;) Dec&iacute;a que el ejemplo perfecto lo puso Philip Roth cuando en una entrevista con <em>The Paris Review</em> le preguntaron por &ldquo;los ataques feministas que hab&iacute;a sufrido su obra&rdquo;, y &eacute;l zanj&oacute; el asunto pidiendo que &ldquo;no se elevara a eso llam&aacute;ndolo ataque 'feminista'&rdquo;, pues solo se trataba de gente que hab&iacute;a hecho una &ldquo;lectura est&uacute;pida&rdquo; de su obra. Me acuerdo mucho de esta genial respuesta de Roth cada vez que veo a una compa&ntilde;era &mdash;como ha sido el caso de Berta G&oacute;mez Santo Tom&aacute;s, editora de <a href="https://www.lafrondemag.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La Fronde</a>, entre otras tantas&mdash; siendo atacada y cuestionada por defender el car&aacute;cter ocioso, &iquest;y gozoso? de la m&uacute;sica de C. Tangana y al mismo tiempo mostrarse militante feminista, como si acaso ambas cosas fueran incompatibles. Feministas de cabecera como Luciana Perker, de hecho, llevan mucho tiempo reflexionando sobre la b&uacute;squeda de un &ldquo;feminismo del goce&rdquo;. Y en su libro <em>Putita golosa</em> ya se adentr&oacute; en todos estos planteamientos, tratando de liberar el deseo, buscando &ldquo;un deseo m&aacute;s justo, equitativo, menos cruento&rdquo;, porque para ella el feminismo tambi&eacute;n es potenciar la empat&iacute;a, con el fin liberarse de las armas juiciosas &ldquo;del amo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        De modo que acusar al feminismo de censor por la mala pr&aacute;ctica de unas pocas mentes, por un lado, y acusar a las feministas de malas feministas por gozar de la m&uacute;sica de C. Tangana, por otro, no dejan de ser dos maneras de deslegitimar (como lo har&iacute;a &ldquo;el amo&rdquo;, s&iacute;) una lucha que es mucho m&aacute;s grande e importante de lo que lo son estas pol&eacute;micas. Venga, hagamos que esto solo sea un bache veraniego y apuntemos un poco m&aacute;s arriba con nuestros dedos revestidos de u&ntilde;as de gel.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luna Miguel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/feminismo-tonteria_129_1398212.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 11 Aug 2019 15:40:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[No es el feminismo, es la tontería]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[C. Tangana,Feminismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Contra el cuento de la poeta joven]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/cuento-poeta-joven_129_1417329.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8d3a0f8e-e0e3-44b3-899d-0704f4c6e936_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Contra el cuento de la poeta joven"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"No vayas a convertirte en una Carmen Jodra", me impuso, aunque riendo, mi profesor de literatura del instituto</p><p class="subtitle">"Ser una Carmen Jodra" no tenía nada de malo. Al contrario. Ojalá me hubiera parecido yo mínimamente a ella</p></div><p class="article-text">
        Cuando quer&iacute;an alabar a un joven poeta (normalmente hombre) dec&iacute;an que era el nuevo Rimbaud, pero cuando quer&iacute;an destrozarlo (destrozarla, m&aacute;s bien) dec&iacute;an que hab&iacute;a nacido una nueva Carmen Jodra. Siempre me pareci&oacute; un insulto maligno, precisamente porque la alusi&oacute;n a Jodra no era de por s&iacute; nociva. &iquest;Por qu&eacute; deber&iacute;a serlo si con s&oacute;lo 19 a&ntilde;os se hab&iacute;a convertido en una de las poetas m&aacute;s importantes del pa&iacute;s? &iquest;Por qu&eacute; deber&iacute;a serlo si sus dos primeros libros de poemas cambiaron la manera de entender la lectura y la escritura de poes&iacute;a de toda una generaci&oacute;n? &iquest;Por qu&eacute; deber&iacute;a serlo si antes, much&iacute;simo antes de eso que ahora llamamos la poes&iacute;a <em>best seller</em>, su primer libro ya fue todo un fen&oacute;meno en ventas en toda Espa&ntilde;a?
    </p><p class="article-text">
        En verdad, lo nocivo de Carmen Jodra era la mediocridad y el odio con los que una pandilla de cr&iacute;ticos y poetas del momento (finales de los a&ntilde;os 90, principios de los 2000) se atrevieron a mirarla. Lo nocivo de aquel nombre resid&iacute;a &uacute;nicamente en lo que los otros sugirieron sobre ella. En lo que los otros manosearon su historia hasta dar con ese chiste con el que tambi&eacute;n pretend&iacute;an insultar a toda aquella mujer joven, o no tan joven, pero mujer, que de pronto sobresaliera en ese peque&ntilde;o mundo que &ldquo;les pertenec&iacute;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Desde que leo y escribo poes&iacute;a &ndash;tambi&eacute;n comenc&eacute; de adolescente, precisamente despu&eacute;s de haber le&iacute;do mucho a Carmen Jodra, a Miriam Reyes, a Yolanda Casta&ntilde;o o a Elena Medel&ndash; no he dejado de encontrarme con esa mirada. Con esa advertencia. Incluso en clase de literatura, a&uacute;n en el instituto, nuestro profesor lo perfilaba as&iacute;: hablaba de esas &ldquo;muchachas&rdquo; que escrib&iacute;an poes&iacute;a en sus veintipocos y que de pronto desaparec&iacute;an de la escena, vete t&uacute; a saber porqu&eacute;. &ldquo;No vayas a ser una de ellas&rdquo;, me sugiri&oacute; una vez cuando le dije que quer&iacute;a presentarme a un premio escolar. &ldquo;No vayas a convertirte en una Carmen Jodra&rdquo;, me impuso, aunque riendo, en otra ocasi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El motivo de la &ldquo;desaparici&oacute;n&rdquo; de esas &ldquo;muchachas&rdquo; me lo sugiri&oacute; muchos a&ntilde;os m&aacute;s tarde Yolanda Casta&ntilde;o, con una an&eacute;cdota que ya he repetido mil veces, pero que me hubiera gustado conocer cuando ten&iacute;a trece, o cuando iba a los recitales de Jodra, o cuando empec&eacute; a publicar mis propios poemas en revistas y antolog&iacute;as, para defenderme yo o para defendernos a todas o simplemente para saciar mis ganas de meter alguna que otra hostia. Casta&ntilde;o me cont&oacute; en 2017 que hab&iacute;a visto c&oacute;mo muchas poetas se &ldquo;esfumaban&rdquo; de la escena para dejar de sufrir todo tipo de acosos. Porque para qu&eacute; iban ellas a escribir poes&iacute;a y querer compartirla en ciertos c&iacute;rculos literarios, si luego esos c&iacute;rculos s&oacute;lo iban a mostrarles la hostilidad m&aacute;s rastrera.
    </p><p class="article-text">
        Cuando colgu&eacute; la llamada a Casta&ntilde;o me pregunt&eacute; si acaso era eso de lo que mi profesor me hab&iacute;a querido proteger hac&iacute;a muchos a&ntilde;os. Si el &ldquo;no te conviertas en Jodra&rdquo; era en verdad un &ldquo;ojal&aacute; no te hagan tanto da&ntilde;o como le han intentado hacer a ella y a otras tantas mujeres de la historia que han escrito lo que han querido y que han sobresalido siendo ellas mismas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por desgracia, todav&iacute;a hoy dudo que esa fuera su intenci&oacute;n. Y aunque lo hubiera sido, cu&aacute;nto estar&iacute;a equivoc&aacute;ndose. Porque &ldquo;ser una Carmen Jodra&rdquo; no ten&iacute;a nada de malo. Al contrario. Ojal&aacute; hubiera escrito yo un primer libro tan bello y arriesgado como el suyo. Ojal&aacute; tuviera un conocimiento de la poes&iacute;a cl&aacute;sica como el suyo. Ojal&aacute; me hubiera parecido yo m&iacute;nimamente a Carmen Jodra.
    </p><p class="article-text">
        Ser &ldquo;una Carmen Jodra&rdquo;, entonces, no deber&iacute;a ser un insulto, sino un motivo de orgullo. Una magn&iacute;fica celebraci&oacute;n. Ojal&aacute; m&aacute;s Carmen Jodra en el mundo, pues eso significar&iacute;a decencia y belleza. Significar&iacute;a atenci&oacute;n y plenitud. Significar&iacute;a la poes&iacute;a por la que luch&oacute; y no el odio con el que quisieron mancharla. Ojal&aacute; m&aacute;s Carmen Jodra, ahora, y en nuestro recuerdo. Porque aunque hoy que lloramos la prematura muerte de la poeta &ndash;que nos dej&oacute; el 24 de julio 2019, con tan s&oacute;lo 39 a&ntilde;os&ndash; ma&ntilde;ana seguiremos ley&eacute;ndola con el mismo asombro y el mismo cari&ntilde;o y la misma admiraci&oacute;n que la primera vez.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luna Miguel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/cuento-poeta-joven_129_1417329.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 28 Jul 2019 18:02:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Contra el cuento de la poeta joven]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Poesía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Llenarse la boca con la palabra 'libertad']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/llenarse-boca-palabra-libertad_129_1438692.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/54019d70-5427-4989-bc6c-37d8cc5b68a0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Vale la pena detenerse en esa idea desenfocada de "libertad" con la que nos intentan comer la cabeza, una libertad egomaníaca y autocomplaciente, capaz de opacar por completo las realidades terribles de los otros</p><p class="subtitle">No me cabe en la cabeza que después de sus chistes de mal gusto hacia mujeres transgénero, después de sus bromas de bar hacia sus genitales, estén tratando de convertirse ellas en las víctimas, al más puro estilo Inés Arrimadas</p></div><p class="article-text">
        Creo que lo que diferencia al que es v&iacute;ctima del que es sencillamente victimista es la capacidad de sobrevivir creando. Me refiero a que mientras las v&iacute;ctimas sacan fuerza para expresarse, ser creativas, y narrar el mundo aunque el mundo no las escuche, los victimistas solo saben nutrirse de las supuestas debilidades del otro, adem&aacute;s de utilizar sus privilegios en su propia contra y a fuerza de negarlos.
    </p><p class="article-text">
        Pensaba en esta diferencia durante las &uacute;ltimas semanas en las que algunas situaciones descorazonadoras han poblado nuestra actualidad. Como el bochorno de Ciudadanos en el Orgullo madrile&ntilde;o, tratando de apropiarse como partido de aquello por lo que millones de personas llevan d&eacute;cadas luchando y siglos sufriendo. No hace falta que explique la hipocres&iacute;a de sus reclamos porque los aspavientos exagerados de sus dirigentes ya han dado la vuelta al mundo. Pero tal vez merece la pena volver a detenerse en esa idea desenfocada de &ldquo;libertad&rdquo; con la que nos han intentado comer la cabeza en los televisores durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os, una libertad egoman&iacute;aca y autocomplaciente, capaz de opacar por completo las realidades terribles de los otros. Ahora que los educadores en materia LGTBIQ+ de la Comunidad de Madrid van a estar se&ntilde;alados con un circulito rojo vete t&uacute; a saber con qu&eacute; prop&oacute;sitos censores, me pregunto d&oacute;nde est&aacute;n las bocas que tan f&aacute;cilmente se llenan de la palabra libertad. D&oacute;nde est&aacute;n las que presumen de trabajar por todos y para todos. Por qu&eacute; les gusta tanto relamer sus heridas falsas, en vez de sentir compasi&oacute;n, cercan&iacute;a o solidaridad por las que realmente rezuman miedo.
    </p><p class="article-text">
        Es victimismo, s&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Es victimismo y es ego.
    </p><p class="article-text">
        Porque el victimista no logra mirar m&aacute;s all&aacute; de su cuerpo, mientras que la v&iacute;ctima es capaz de ponerlo en la primera l&iacute;nea de batalla sin pedir nada a cambio. Y lo que consiga no ser&aacute; solo suyo, sino de muchos. Y cuanta m&aacute;s justicia logre para s&iacute; misma, m&aacute;s libertad &mdash;de la de verdad, no de la que llena bocas en vano&mdash; desbloquear&aacute; para todos. Por eso tampoco me cabe en la cabeza la vuelta de tuerca que han dado desde sus redes sociales o desde sus tribunas en medios de comunicaci&oacute;n las participantes de las jornadas de <em>Pol&iacute;tica Feminista, Libertades e Identidades</em> que organiz&oacute; hace unos d&iacute;as la Escuela Feminista Rosario de Acu&ntilde;a de Gij&oacute;n. No me cabe en la cabeza que despu&eacute;s de sus chistes de mal gusto hacia mujeres transg&eacute;nero, despu&eacute;s de sus bromas de bar hacia sus genitales, est&eacute;n tratando de convertirse ellas en las v&iacute;ctimas, al m&aacute;s puro estilo In&eacute;s Arrimadas, e incidiendo una vez m&aacute;s en el brutal acoso hacia uno de los colectivos de mujeres m&aacute;s castigados por nuestra sociedad. Como escrib&iacute;a Violeta Assiego en estas mismas p&aacute;ginas: &ldquo;cuando se usa el feminismo para atacar la dignidad de una persona no se est&aacute; haciendo feminismo, se est&aacute; instrumentalizando y malversando su capital social para un uso personalista, partidista y contrario a la esencia de su g&eacute;nesis&rdquo;. O como se preguntaba Raquel Mart&iacute;n en <em>Las gafas violeta</em> a este mismo respecto y al del parip&eacute; de Ciudadanos en el Orgullo: <em>&iquest;qui&eacute;n es la v&iacute;ctima y qui&eacute;n el verdugo?</em> Mart&iacute;n concluye: &ldquo;yo creo que a las cosas hay que empezar a llamarlas por su nombre. In&eacute;s Arrimadas no es una v&iacute;ctima, es un verdugo. No son hombres disfrazados, son mujeres. Ser&aacute;n feministas, pero desde luego son unas tr&aacute;nsfobas opresoras sin escr&uacute;pulos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de estas pol&eacute;micas, que m&aacute;s que trifulcas pasajeras son problemas largos y universales, malamente azuzados por la lentitud medi&aacute;tica del verano, vuelvo a preguntarme de d&oacute;nde y con qu&eacute; &aacute;nimo las verdaderas v&iacute;ctimas son capaces de sacar esa fuerza. Lo pienso leyendo <em>Vidas trans</em>, una antolog&iacute;a de Antipersona en la que diferentes escritores transg&eacute;nero espa&ntilde;oles narran la violencia que impregna sus vidas ya sea en el trabajo, en la escuela, en las redes sociales o en el sistema m&eacute;dico. Y lo pienso tambi&eacute;n leyendo <em>Clemencia a las estrellas</em> (M&eacute;nades Editorial) de Agustina Gonz&aacute;lez, una recopilaci&oacute;n de textos de una escritora que mantuvo la cabeza alta a pesar de las constantes burlas y desprecios hacia su g&eacute;nero y su sexualidad en los a&ntilde;os 30. A Gonz&aacute;lez, por cierto, la fusilaron al mismo tiempo que a Federico Garc&iacute;a Lorca, supuestamente, y seg&uacute;n presumi&oacute; el fascista que les arrest&oacute;, por ser &ldquo;tortillera y puta&rdquo;. Por eso creo que ah&iacute; reside la diferencia entre ser v&iacute;ctima y comportarse como un victimista. El segundo solo es un cobarde. La primera es la que siempre pone el cuerpo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luna Miguel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/llenarse-boca-palabra-libertad_129_1438692.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 14 Jul 2019 18:46:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Llenarse la boca con la palabra 'libertad']]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Transgénero,Libertad,Cs - Ciudadanos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un cuerpo muerto no es un espectáculo (y otras reflexiones sobre 'Cometierra')]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/cuerpo-muerto-espectaculo-reflexiones-cometierra_129_1460017.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ec9a7105-3b16-4011-b962-03ad83320e3e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un cuerpo muerto no es un espectáculo (y otras reflexiones sobre &#039;Cometierra&#039;)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Revisar buena parte de los catálogos dedicados a novela criminal es toparse con sinopsis en los que el motor de la narración y de la trama es el cuerpo desaparecido, o asesinado, o violado o mutilado de una mujer</p></div><p class="article-text">
        Hace un par de a&ntilde;os tuve la oportunidad de charlar con el escritor de novela negra Antonio Mercero, a prop&oacute;sito de la representaci&oacute;n de los cr&iacute;menes machistas en la literatura. Seg&uacute;n el autor de <em>El final del hombre</em> (Alfaguara) &ldquo;da la impresi&oacute;n de que una v&iacute;ctima femenina sacude m&aacute;s que una masculina, por alguna raz&oacute;n que a m&iacute; se me escapa, y por eso los asesinos en estas novelas se fijan m&aacute;s en las mujeres que en los hombres&rdquo;. No le falta raz&oacute;n: revisar buena parte de los cat&aacute;logos dedicados a novela criminal es toparse con sinopsis en los que el motor de la narraci&oacute;n y de la trama es el cuerpo desaparecido, o asesinado, o violado o mutilado de una mujer. Algo que me hace pensar en cu&aacute;ntas historias hemos le&iacute;do al respecto y en c&oacute;mo hemos normalizado tales escenas a fuerza de haberlas visto representadas una y otra vez.
    </p><p class="article-text">
        En aquel cruce de emails, Mercero me dijo tambi&eacute;n que en la mayor&iacute;a de estos casos no cre&iacute;a que los autores tuvieran una voluntad de denuncia. Y si bien es cierto que obras como la de Stieg Larsson s&iacute; visibilizan el debate de la violencia machista &ndash;e incluso son el motor de su popular saga&ndash; tambi&eacute;n lo es que en ocasiones sus hombres que no amaban a las mujeres destilaban cierta espectacularizaci&oacute;n del cuerpo violentado. No hace falta mirar &uacute;nicamente novela negra para encontrar ese gusto por la sobreexposici&oacute;n de la violencia machista. A&ntilde;os despu&eacute;s de leer <em>2666</em> de Roberto Bola&ntilde;o, reviso sus p&aacute;ginas sobre las mujeres desaparecidas en el norte de M&eacute;xico y los ojos se me ahogan ante tanta crudeza, tanto realismo, tanta violencia sin filtros.
    </p><p class="article-text">
        Ojo, no digo que esa ausencia de filtros no sea necesaria. Tampoco quiero cuestionar las obras citadas, que me parecen impecables. Simplemente me impresiona pasar por encima de algunas escenas, al igual que me impresiona y me genera contradicciones la idea de haber visto reproducida tant&iacute;simas veces en los muros de mis redes sociales la imagen de un padre y una hija muertos en su terror&iacute;fico viaje a los Estados Unidos, en busca de un poquito de libertad. La pregunta es eterna. El dilema se ha presentado tantas veces. Cu&aacute;ndo una fotograf&iacute;a deja de ser informaci&oacute;n y se convierte en espect&aacute;culo. Cu&aacute;ndo la recreaci&oacute;n de una escena en el arte deja de ser denuncia y se convierte en circo. Cu&aacute;ndo los niveles de da&ntilde;o superan a los niveles de ideas que nos permitir&iacute;an reflexionar sobre la manera de superarlo. 
    </p><p class="article-text">
        Todas esas preguntas me las hac&iacute;a mientras le&iacute;a en los d&iacute;as pasados la primera novela de Dolores Reyes, una activista argentina cuyo breve pero intenso libro <em>Cometierra</em> (Editorial Sigilo, que ver&aacute; la luz en Espa&ntilde;a el pr&oacute;ximo septiembre) se ha colado no solo en las listas de m&aacute;s vendidos de su pa&iacute;s de origen, sino que ya tiene contratos de traducci&oacute;n para varios pa&iacute;ses. M&aacute;s all&aacute; de estos datos, que en cualquier caso no justificar&iacute;an nada, lo que ha generado el fen&oacute;meno de <em>Cometierra</em> tiene que ver con una puerta que la autora ha abierto para la representaci&oacute;n y el debate de la violencia de g&eacute;nero y el femicidio en la literatura y en el arte en general. De la lectura de Reyes me impresion&oacute; enormemente la posici&oacute;n que toma la autora para narrar las desapariciones de mujeres de la clase m&aacute;s humilde de ciertos barrios de Argentina. Reyes es capaz de hablar de violencias muy concretas y muy turbias sin regodearse en los detalles, sin mostrar la muerte de las chicas j&oacute;venes de las que habla.
    </p><p class="article-text">
        La sinopsis del libro es la siguiente: una adolescente empieza a tener deseos de comer tierra tras la muerte de su madre. Cuando come tierra, tiene visiones que al principio no entiende muy bien, pero que empieza a entender con claridad con el tiempo. Lo que ve son mujeres que han sufrido. La mayor&iacute;a de ellas muertas. As&iacute; entiende que a su madre la asesin&oacute; su padre. Y que a su maestra la arrastraron a un descampado. Y que a otras chicas del barrio las encerraron en habitaciones sucias o las dejaron tiradas en la noche. La cometierra ve toda esa violencia, pero la cuenta con una ternura que es tremenda. Tiene por norma no contar lo m&aacute;s terror&iacute;fico de cuanto ve, porque sabe que la muerte no es un espect&aacute;culo. Porque quiere respetar los cuerpos que ve y sobre todo a sus due&ntilde;as, est&eacute;n todav&iacute;a vivas o muertas.
    </p><p class="article-text">
        Un cuerpo muerto no es un espect&aacute;culo, no. Un cuerpo muerto podr&iacute;amos ser t&uacute; y yo ahora mismo. Lo que queda de nosotros. Un resto de lo que signific&oacute; nuestra vida. Por pura dignidad, la cometierra no quiere mancillar esos restos. No quiere ense&ntilde;arlos aunque los vea. Solo quiere nombrarlos, cuidarlos, respetar el silencio en el que ahora se caen. Dolores Reyes no quiere hacer un circo, ni tampoco convierte en &ldquo;monstruos&rdquo; a los asesinos y abusadores, porque cree que el &uacute;nico monstruo es el sistema en el que hemos dejado campar tan libremente a quienes matan y violan. Qu&eacute; bien escribe Reyes en su libro menudo y l&iacute;rico. En su novela nada &ldquo;espectacular&rdquo; pero important&iacute;sima. C&oacute;mo me ha recordado leerla a Elena Garro y a Marvel Moreno, a ese realismo m&aacute;gico escrito por mujeres, que m&aacute;s que de m&aacute;gico tiene algo de alucinado, y que m&aacute;s que de alucinado tiene el compromiso inventar otras v&iacute;as para mostrar la peor de las realidades: una que no se combatir&aacute; con literatura sino con respeto y determinaci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luna Miguel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/cuerpo-muerto-espectaculo-reflexiones-cometierra_129_1460017.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 30 Jun 2019 18:46:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un cuerpo muerto no es un espectáculo (y otras reflexiones sobre 'Cometierra')]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La vida se parece más a 'El cuento de la criada' que 'El cuento de la criada']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/vida-parece-cuento-criada_129_1499663.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3a8df6b7-e935-4779-8a04-cedbd9fbdc28_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La vida se parece más a &#039;El cuento de la criada&#039; que &#039;El cuento de la criada&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Merecemos apagar un momento las pantallas y dedicarnos a apoyar luchas reales. Luchas en las que la única voz en off es la de nuestra conciencia</p></div><p class="article-text">
        Me gustar&iacute;a escribir algo muy gracioso y bien redactado sobre los much&iacute;simos problemas que he detectado en la tercera temporada de 'El cuento de la criada', de la que HBO ya nos ha concedido 4 cap&iacute;tulos a d&iacute;a de hoy. Si tuviera fuerza y ganas, os dir&iacute;a que cuidado con los spoilers que vienen, y me echar&iacute;a las manos a la cabeza al rememorar algunas escenas que me han parecido absolutamente demenciales. No hablo de las de violencia, porque a eso la serie ya nos ten&iacute;a muy acostumbradas, sino m&aacute;s bien del mon&oacute;logos de June, esos que al principio eran tan bellos y emotivos, y que ahora se han vuelto una especie de corta y pega de ideas feministas mal digeridas.
    </p><p class="article-text">
        Igual que algo chirriaba en nuestro cerebro cuando en la &uacute;ltima de Juego de Tronos Sansa aseguraba que si se hab&iacute;a convertido en una mujer fuerte y poderosa era porque la hab&iacute;an violado y maltratado, aqu&iacute; la voz en off de Elisabeth Moss provoca cierta n&aacute;usea cuando sugiere, quiero creer que muy levemente, que lo que siente hacia su antiguo &ldquo;due&ntilde;o&rdquo; es algo parecido al amor, &ldquo;aunque distinto&rdquo;. Ojo. No quiero negar esa contradicci&oacute;n. No digo que no sea posible sentir piedad, o cierto cari&ntilde;o por quienes nos han hecho da&ntilde;o porque ese es un sentimiento demasiado real.
    </p><p class="article-text">
        Lo explicaba la periodista Joanna Connors en su ensayo <em>Te encontrar&eacute;</em>: que ella lleg&oacute; a sentir compasi&oacute;n hacia el hombre que la hab&iacute;a violado a&ntilde;os atr&aacute;s, especialmente cuando empez&oacute; a conocer las miserias de su vida. Y lo cuenta tambi&eacute;n Eve Ensler en su nuevo y descorazonador libro <em>The Apology</em>, una carta ficcionada que se hace llegar a s&iacute; misma como si la hubiera escrito su padre, de quien aprendemos, a trav&eacute;s del relato, que abus&oacute; de ella sexualmente cuando solo era una ni&ntilde;a. En las entrevistas publicadas estos d&iacute;as por la promoci&oacute;n, Ensler asegur&oacute; que &ldquo;no sinti&oacute; nada&rdquo; cuando su padre muri&oacute;. Que por su culpa &ldquo;no ha sabido amar nunca&rdquo;. Y que tal vez las experiencias vividas a los 10 a&ntilde;os fueran la consecuencia de haber creado la que es su gran y m&aacute;s reconocida obra feminista <em>Mon&oacute;logos de la vagina</em>. Ensler ha escrito ese libro, dice, &ldquo;para todas las mujeres que siguen esperando una disculpa&rdquo;. Y de sus palabras se intuye el enorme trabajo de reconciliaci&oacute;n que ha tenido que hacer con el hombre que m&aacute;s ha odiado durante toda su vida. Una reconciliaci&oacute;n no tanto sentimental como literaria: &iquest;Qu&eacute; nos podr&iacute;a animar a hacer lo que ella ha hecho? &iquest;Con qu&eacute; fuerza logramos ponernos en la piel de nuestro abusador?
    </p><p class="article-text">
        Me gustar&iacute;a escribir que la June de la tercera temporada de El cuento de la criada busca en su reconciliaci&oacute;n con sus abusadores una chispa creativa como la de Connors y Ensler, que al fin y al cabo no es tanto una manera de exculparlos sino de enfrentarse a ellos. Me gustar&iacute;a hacer eso, dec&iacute;a, aunque me cuesta confiar en el devenir de sus mon&oacute;logos repetitivos y facilones. Por suerte, solo estamos en el comienzo de la temporada y esta espectacularizaci&oacute;n de su feminismo podr&iacute;a corregirse. Y si no, ah&iacute; queda la fecha del 12 de septiembre de 2019, d&iacute;a previsto por la editorial Salamandra para la publicaci&oacute;n de <em>Los testamentos</em>, de Margaret Atwood, una secuela escrita por el pu&ntilde;o y letra de la verdadera autora. No s&eacute; si la elecci&oacute;n de una portada en la que las criadas visten de verde tiene que ver con el momento presente y con la lucha de nuestras compa&ntilde;eras argentinas y su #ser&aacute;ley, pero ya puestos a pedir, me gustar&iacute;a pensar que s&iacute;. Que Atwood ha entendido que la vida se parece demasiado a su distop&iacute;a. Que merecemos apagar un momento las pantallas y dedicarnos a apoyar luchas reales. Luchas en las que la &uacute;nica voz en off es la de nuestra conciencia. Luchas en las que no vale la pena amar un enemigo que ya ha demostr&oacute; mucha veces que el sentimiento no es rec&iacute;proco.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luna Miguel]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 16 Jun 2019 18:55:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La vida se parece más a 'El cuento de la criada' que 'El cuento de la criada']]></media:title>
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