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    <title><![CDATA[elDiario.es - Martín Caparrós]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/martin_caparros/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Martín Caparrós]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA['Vidas de J.M', la novela interactiva de Martín Caparrós sobre un 'álter ego' de Javier Milei]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/vidas-j-m-novela-interactiva-martin-caparros-alter-ego-javier-milei_129_11465240.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4b25e8b8-4ea3-4d5b-9ed9-753711d7c3e1_16-9-discover-aspect-ratio_default_1097475.jpg" width="2250" height="1266" alt="&#039;Vidas de J.M&#039;, la novela interactiva de Martín Caparrós sobre un &#039;álter ego&#039; de Javier Milei"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lea varios fragmentos de la obra que ha publicado por sorpresa el escritor argentino en la revista Anfibia y cuyo protagonista se parece a cierto presidente de su país</p><p class="subtitle">Entrevista - Martín Caparros: “Quería un 'alter ego' de Milei tan desagradable como el real, pero tuve la sensación de quedarme corto”</p></div><h2 class="article-text"><em><strong>Rubito</strong></em></h2><p class="article-text">
        El chico rubito odia que le digan rubito: le parece que es una forma &ndash;otra m&aacute;s&ndash; de rebajarlo. Si los dem&aacute;s chicos quieren hablar de su pelo que digan que es rubio o que no digan nada. Y siempre ser&aacute; mejor que no digan nada, pero el problema es que no es solo el pelo: con &eacute;l todo es as&iacute;, como un ataque. Todos siempre lo atacan, como si fuera siempre f&aacute;cil. Y as&iacute; son los movimientos lentos, deliberados, deliberadamente lentos con que su padre se saca el cintur&oacute;n de cuero de la cintura de su pantal&oacute;n marr&oacute;n, enrolla la hebilla alrededor de su mano derecha, prueba el cuero gastado contra la izquierda tres o cuatro veces y le dice que se baje los pantalones &ndash;a &eacute;l, al chico rubito, le dice que se baje los pantalones cortos&ndash; y se arrodille en el suelo con el culo levantado, la espalda bien derecha y la cabeza y los brazos apoyados en la silla &ndash;los dos brazos, le grita, apoyados en la silla&ndash; porque lo que acaba de hacer se merece una paliza seria. 
    </p><p class="article-text">
        El chico rubito le pregunta balbuciente, entrecortado que qu&eacute; acaba de hacer &ndash;no s&eacute;, pap&aacute;, yo no hice nada, te lo juro&ndash; pero su padre le dice que no sea pelotudo que &eacute;l sabe bien qu&eacute; hizo. Entonces el chico rubito le dice que lo perdone, que no sabe pero que le jura que no lo va a hacer m&aacute;s y su padre le dice que no sea mong&oacute;lico que si no sabe qu&eacute; es c&oacute;mo le va a jurar que no lo va a hacer m&aacute;s y que adem&aacute;s no hay que jurar en vano y que si los curas no se lo ense&ntilde;aron ya se lo va a ense&ntilde;ar &eacute;l, que son cinco m&aacute;s para que aprenda a no jurar pavadas.
    </p><p class="article-text">
        Son veinticinco. Iban a ser veinte pero los cinco agregados los volvieron veinticinco. El chico rubito ya sabe c&oacute;mo es todo el recorrido: los cuatro o cinco primeros son los que menos duelen, quiz&aacute; porque todav&iacute;a no tiene la carne del culo lacerada o porque su padre todav&iacute;a no tiene la mano calentita o porque todav&iacute;a le da un poco de cosa pegarle as&iacute; a su hijo o porque le gusta hacerle creer que van a ser livianos, para que se ilusione. Y despu&eacute;s vienen tres o cuatro que empiezan a ser brutos: ya los siente en serio, su padre resopla cada vez que le pega, el silbido del cintur&oacute;n en el aire se hace m&aacute;s agudo, su golpe en su culo m&aacute;s chasqueado y &eacute;l, el chico rubito, le dice no pap&aacute; no pap&aacute; pero sin fuerza, sin esperanzas, sabiendo que no tiene ninguna posibilidad de parar los golpes, entonces llora, grita, dice basta pap&aacute; me duele me duele mucho pap&aacute;, por favor, basta.
    </p><p class="article-text">
        Y, entonces, lo peor es mirar la cara de su madre &ndash;porque la voluntad de su padre o la costumbre o quiz&aacute;s el deseo de su madre exigen que cada vez que lo azota tanto su madre como su hermanita tienen que mirarlo. La cara, entonces, de su madre: la forma en que se muerde el labio inferior que alguien, a primera vista, podr&iacute;a confundir con pena o con dolor pero que, en realidad, piensa el chico rubito, es pura admiraci&oacute;n por la fuerza del padre, de su marido desencadenada sobre su culo que ya empieza a hacer sangre. 
    </p><p class="article-text">
        Y la forma en que cierra los pu&ntilde;os como si ella tambi&eacute;n hiciera fuerza para acompa&ntilde;ar o aumentar la fuerza de esos golpes, y a veces la respiraci&oacute;n ruidosa que se le acompasa con la del padre, su marido, como si sus pulmones azotaran juntos. Y entonces vienen diez horribles: su padre ya le pega sin m&aacute;s freno, &eacute;l tiene el culo atravesado de tajos y moretones que hacen que cada golpe sea, adem&aacute;s, el rebrote de un golpe anterior. Y la cara de su madre ser&iacute;a aterradora si no fuera porque ya aprendi&oacute; que en ese momento es mucho mejor cerrar los ojos.
    </p><p class="article-text">
        Hubo tiempos en que quer&iacute;a mantenerlos abiertos para poder prever la llegada de cada latigazo y endurecer un poco el culo o hacer algo o por lo menos que no lo tomara por sorpresa, pero con el tiempo ya aprendi&oacute; a detectarlos por los ruidos, los silbidos del cuero, las respiraciones, as&iacute; que prefiere cerrarlos &ndash;con una fuerza que le duele casi tanto como el culo&ndash; para no ver la cara excitada de su madre. (Al fondo, siempre un poco m&aacute;s lejos, su hermanita llora o gimotea; &eacute;l la oye, prefiere no mirarla porque sabe que si la mira ella va a llorar m&aacute;s y su padre, alguna vez, la ha castigado por llorar. No la castiga con azotes, pero tiene sus m&eacute;todos: a veces, por ejemplo, le secuestra durante tantos d&iacute;as su mu&ntilde;eca favorita, una barbie vestida de enfermera, o le proh&iacute;be a su esposa &ndash;a su madre&ndash; que vaya a darle un beso cuando apaga la luz, cosas por ese estilo.)
    </p><p class="article-text">
        Al principio el chico rubito trataba de no llorar ni gritar, pero casi nunca lo consegu&iacute;a. Una vez s&iacute; y su padre le sigui&oacute; pegando sin parar hasta que termin&oacute; casi desmayado &ndash;su padre termin&oacute; casi desmayado por el esfuerzo y su madre se preocup&oacute; y le trajo de la cocina un vasito de ginebra. Entonces entendi&oacute; que mientras no gritara o llorara su padre le iba a seguir pegando, y decidi&oacute; hacerlo siempre: someterse. Pens&oacute; si eso no lo convert&iacute;a en un cobarde o, peor, como dec&iacute;a su padre, en una rata chilloncita; pens&oacute; que no, que lo hac&iacute;a m&aacute;s astuto, pero no estaba seguro. Aunque tampoco era tan complicado: &eacute;l gritaba y lloraba porque le conven&iacute;a y porque no pod&iacute;a evitarlo.
    </p><p class="article-text">
        Y a veces le daba mucha verg&uuml;enza pensar que cuando su padre le pegaba pod&iacute;a tener el culo un poco sucio, que su padre deb&iacute;a pegarle en ese culo sucio. Reci&eacute;n despu&eacute;s, mucho despu&eacute;s, se dijo que era lo que se merec&iacute;a: que su padre se embarrara con su mierda. Porque a menudo piensa que su padre espera que &eacute;l haga cosas equivocadas &ndash;que, muchas veces, de verdad no distingue&ndash; para poder darse el gusto de pegarle; otras piensa que a su padre le duele pegarle pero que tiene raz&oacute;n en hacerlo, que se sacrifica porque si no &eacute;l nunca va a corregirse y ser un hombre de bien, como dice el padre Alfonso, una persona de provecho. 
    </p><p class="article-text">
        Y a veces no piensa nada, no consigue pensar nada porque solo puede pensar en lo que duelen esos azotes en el culo y que ojal&aacute; que por lo menos se los emboque todos en el culo porque si no ma&ntilde;ana en la clase de gimnasia todos los dem&aacute;s chicos le van a ver las marcas, van a ver que otra vez lo cagaron a latigazos y se van a burlar, otra vez, como siempre. Y los muy turros de los curas no lo van a defender: si hasta parece que les parece bien y se divierten.
    </p><p class="article-text">
        Al final los azotes terminan: los &uacute;ltimos son raros, m&aacute;s blandos pero mejor ubicados, como si su padre buscara con cuidado los puntos m&aacute;s heridos para da&ntilde;arlos m&aacute;s. El chico rubito no los cuenta: hubo tiempos en que los contaba, hasta que not&oacute; que su padre a veces le daba algunos m&aacute;s o, muy pocas veces, uno menos. Y que el d&iacute;a en que protest&oacute; porque ya llevaba dos de m&aacute;s su padre le dio otros diez, para que aprendiera. Eso le dijo: para que aprendas, pelotudo, a hacerte el vivo. Pero al final terminan y, cuando se terminan, su padre, su madre y su hermana salen de la habitaci&oacute;n y lo dejan encerrado, habitualmente sin cenar y, sobre todo, sin nadie con quien hablar hasta que su mam&aacute; vaya a acostar a su hermanita. En esas horas largas, tan oscuras, el chico rubito imagina venganzas que nunca podr&aacute; llevar a cabo. Aunque a veces se ilusione y piense que qui&eacute;n sabe.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><h2 class="article-text"><em><strong>Este pa&iacute;s de mierda</strong></em></h2><p class="article-text">
        Yo lo quiero, como tendr&iacute;a que haber querido a mi vieja o a mi viejo lo quiero, y capaz que como a ellos no pude quererlos como quer&iacute;a a mi pa&iacute;s lo quiero m&aacute;s, a la final qu&eacute; hay m&aacute;s all&aacute;, qu&eacute; otra cosa tenemos para querer en serio. La Argentina, carajo, nuestro ispa, el mejor del mundo con la mejor gente del mundo, con sus paisajes y sus climas y sus campos y sus cielos que no hay en ninguna otra parte, a ver qui&eacute;n los emparda. 
    </p><p class="article-text">
        Y adem&aacute;s si yo no lo querr&iacute;a ser&iacute;a una basura, si desde chiquito me ense&ntilde;aron a quererlo, en el colegio, en cada fiesta, en los desfiles, en la tele, en las canciones y los pr&oacute;ceres y todos los que hicieron este pa&iacute;s que ten&iacute;a que ser grande. Ten&iacute;a que ser grande, claro que ten&iacute;a que ser grande, ten&iacute;a todo para ser muy grande, si hasta fue muy grande hace cien a&ntilde;os, cuando era la primera potencia del mundo, le rompimos el culo a todos y todo eso todav&iacute;a lo tenemos. 
    </p><p class="article-text">
        La joda es que lo despilfarramos, hay veces en que parece que nos vamos al carajo, que no sabemos cuidar lo que tenemos y nos vamos a la puta madre que nos remil pari&oacute;, la puta madre. Pero eso pasa porque por desgracia hay una cantidad de canallas que no son verdaderos argentinos, que en lugar de trabajar para el pa&iacute;s quieren aprovecharse y afanarlo, que no se dan cuenta de que la gente de bien va a terminar por colgarlos de un omb&uacute;, hijos de mil putas, o rebanarles el ga&ntilde;ote como a un cerdo. Todos, pol&iacute;ticos, cantantes, empresarios truchos, periodistas de la televisi&oacute;n, cient&iacute;ficos falopa, esos que dicen que son intelectuales, hasta alg&uacute;n futbolista, toda gente de mierda que no merecen que los llamemos argentinos porque ensucian el nombre de la patria, argelinos habr&iacute;a que llamarlos, o hijos de mil putas, ladrones que quieren reventar nuestro pa&iacute;s para quedarse con los restos, para llevarse hasta la &uacute;ltima astilla del naufragio que les conviene tanto. 
    </p><p class="article-text">
        Entonces para eso convencieron a los pobres de que tienen derecho a que les den cositas, un techo, su comida, no por nada, no porque hagan nada, solo por ser pobres, y as&iacute; no hay pa&iacute;s que aguante, te lo hunden con ese invento de que hay que darles lo que necesitan. A la final son como el perro del hortelano, que ni come ni deja comer, y lo que me desespera es que tantas veces parece que nos ganan, nos enga&ntilde;an, nos engatusan con sus sonrisas y sus mentiras chotas, y algunos de los buenos se desesperan y se creen que no va a haber salida pero yo s&eacute; que s&iacute;, que los argentinos de bien alg&uacute;n d&iacute;a los vamos a colgar a todos. Va a ser lindo ver correr toda esa sangre de lacras antipatrias, limpiar nuestro pa&iacute;s de una buena vez por todas y vivir como nos merecemos y nunca m&aacute;s, te juro, mi Argentina, nunca m&aacute;s, quejarnos de vivir en tu cintura. Qu&eacute; lindo que va a ser, mi patria, cuando por fin reventemos a toda esa canalla, cuando seas linda y limpia y querendona como una pendejita de catorce.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><h2 class="article-text"><em>	</em><em><strong>Parece que ni te la cogieras</strong></em></h2><p class="article-text">
        	Parece, me dec&iacute;an. &iquest;Por qu&eacute; carajo les pod&iacute;a parecer que me cogiera o que no me cogiera a esa chica que ellos ni siquiera sab&iacute;an que era mi hermana? &iquest;Qu&eacute; ve&iacute;an que les hac&iacute;a parecer eso, que no le met&iacute;a la mano en el culo, la lengua en la boca, que no armaba los espect&aacute;culos que armaban ellos cada vez que una mujer les daba cinco de pelota? &iquest;Eso es lo que quer&iacute;an decirme, que no era avasallante como ellos, un aut&eacute;ntico macho como ellos? Los muy pelotudos saltaban a sus conclusiones sin tener ni la menor idea: sin saber, por supuesto, si &eacute;ramos personas pudorosas y no nos gustaba mostrarnos en ciertas situaciones y, sobre todo, sin saber lo m&aacute;s importante: que esa mujer era mi hermana. 
    </p><p class="article-text">
        En eso, sin querer, ten&iacute;an raz&oacute;n: yo no me la hab&iacute;a cogido, ella no me hab&iacute;a cogido. Yo reci&eacute;n hab&iacute;a cumplido treinta, ella deb&iacute;a tener veinticuatro o veinticinco, &eacute;ramos gente grande pero creo que todav&iacute;a no &eacute;ramos hermanos grandes. Quiero decir: como hermano y hermana segu&iacute;amos bajo el poder de nuestros padres, respetando las estructuras familiares, decididos a no romper con lo que se esperaba de nosotros. Y, por razones que perdieron su sentido, lo que las familias esperan de los hermanos es que no se cojan, lo que las sociedades esperan de las familias es que se lo impidan. 
    </p><p class="article-text">
        Yo entonces todav&iacute;a no sab&iacute;a por qu&eacute;; sab&iacute;a que era as&iacute;, no sab&iacute;a las razones. Fue un golpe pocos a&ntilde;os despu&eacute;s, cuando le&iacute; casi entero un libro que no me acuerdo el nombre, sobre la vida de no s&eacute; qu&eacute; pueblos primitivos, que explicaba que la prohibici&oacute;n del &ldquo;incesto&rdquo;, de polvos entre hermanos, era porque hab&iacute;an descubierto que a menudo los hijos de dos hermanos les sal&iacute;an tarados: eran un desperdicio, ten&iacute;an que tirarlos. Lo cual pod&iacute;a ser razonable hace cinco mil a&ntilde;os, cuando coger y la reproducci&oacute;n ven&iacute;an muy pegados, pero no lo es ahora, cuando los hemos despegado en el 98 por ciento de los casos. 
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s peligroso era, en la &eacute;poca del sida, contagiarse, y sin embargo la mayor&iacute;a sigui&oacute; cogiendo, forros y cuidados. As&iacute; que esto es una tonter&iacute;a que viene de otros tiempos, de costumbres muy otras, que ya no tiene nada racional; cuando lo descubr&iacute; me revent&oacute; una luz en la cabeza y pens&eacute; en ella y me di cuenta de que todo eso no ten&iacute;a sentido, que no val&iacute;a la pena mantenerlo, que pod&iacute;amos. Nunca me rindi&oacute; m&aacute;s haber le&iacute;do un libro.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Martín Caparrós]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/vidas-j-m-novela-interactiva-martin-caparros-alter-ego-javier-milei_129_11465240.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 24 Jun 2024 05:09:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Novela,Javier Milei,Martín Caparrós,Argentina]]></media:keywords>
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    <item>
      <title><![CDATA[¿Fascistas?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/fascistas_129_8444781.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dcb6c71e-a7bf-42d5-910b-b00146d04cc0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Fascistas?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Vox es muy antiestético, bastante insoportable; más malos –peores, más nocivos– son los partidos muy serios, muy civilizados, que consiguen que los ricos paguen menos impuestos, que se jodan los pobres</p><p class="subtitle">Cháchara - El blog de Martín Caparrós</p></div><p class="article-text">
        Hay quienes lo presentan como el mero acab&oacute;se o termin&oacute;se o algo as&iacute;. Y esgrimen argumentos casi convincentes: yo tambi&eacute;n me preocupo cuando leo que en Espa&ntilde;a el 15 por ciento de los votantes votar&iacute;an a Vox. La cifra es redondita, y me indigno y me asusto y de pronto, despu&eacute;s, se me ocurre que no se necesita tanto para votar a Vox. Y que ese es el problema. 
    </p><p class="article-text">
        En principio: si uno se pone a hacer las cuentas, el 15 por ciento de los votantes espa&ntilde;oles quiere decir 3,6 millones de personas, el 7,5 por ciento de las personas espa&ntilde;olas, una de cada 13: al fin y al cabo no son tantas. Pero alcanzan para crear el susto y, sobre todo, la molestia: &iquest;por qu&eacute; todas esas personas votan algo tan repudiable, repugnante? Quiz&aacute; sea porque no lo es. 
    </p><p class="article-text">
        Para votar a Vox, en estos d&iacute;as &ndash;o al Front National o a Zemmour en Francia o al esperpento de Milei en la Argentina o a Bolsonaro o Trump&ndash; solo se necesitan un par de definiciones no tan brutas. Se necesita, por ejemplo, creer que el problema del pa&iacute;s son los que no son del pa&iacute;s. Es un cl&aacute;sico absoluto, miles de a&ntilde;os de fieles servicios a sus due&ntilde;os: la culpa es de los otros. Ahora, actualizado en nuestros t&eacute;rminos: son ellos los que se quedan con los empleos, los que confunden nuestro modo de vida, los que arruinan a nuestra juventud. No es tan dif&iacute;cil de creer: estamos programados para eso desde el principio, cuando lo diferente amenazaba de verdad. 
    </p><p class="article-text">
        Y es una idea que se act&uacute;a en dos niveles: el cotidiano, en el rechazo de los diferentes &ndash;aqu&iacute; llamados &ldquo;inmigrantes&rdquo;, moros, negros, sudacas&ndash; y el sublimado: himnos, banderas, los h&eacute;roes de la patria. La patria es el miedo al distinto con pomp&oacute;n, convertido en esencia y estandarte: una forma de sentirte arropado por todos los que se te parecen y enfrentado con todos los que no, una manera de saber qui&eacute;n eres por la v&iacute;a m&aacute;s boluda. No es dif&iacute;cil sentirse de una patria: recuerda, mi querido lector, la &uacute;ltima vez que gritaste un gol &ldquo;de tu pa&iacute;s&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        O &ndash;si no, tambi&eacute;n&ndash; se necesita creer que lo bueno es hacer las cosas como las hac&iacute;an nuestros mayores, no cambiarlas. Es otro cl&aacute;sico, y es una opci&oacute;n muy empleada en momentos inciertos. Frente a las crisis &ndash;frente a la desaz&oacute;n&ndash; hay dos alternativas b&aacute;sicas: creer que hay que inventar algo distinto, creer que hay que volver a lo de anta&ntilde;o. No es dif&iacute;cil idealizar lo que ha pasado &ndash;lo hacemos todo el tiempo, legitimados por la biolog&iacute;a&ndash;; lo dif&iacute;cil, estos d&iacute;as, es encontrar esperanza en un cambio que nadie propone realmente, que nadie sabe cu&aacute;l ser&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, si se elige la opci&oacute;n TTP &ndash;todo-tiempo-pasado, que requiere menos imaginaci&oacute;n y menos audacia, que viene m&aacute;s probada&ndash;, la consecuencia l&oacute;gica es molestarse con ciertos cambios que cambian tradiciones. Sobre todo cuando esas tradiciones eran c&oacute;modas: mujeres, por ejemplo. Tan c&oacute;modo para los hombres que la mitad del mundo les debiera obediencia, no compitiera, se les subordinara. Tan c&oacute;modo para algunas mujeres resignarse a un lugar sin desaf&iacute;os, imaginarse piezas en un orden. Contra cualquier cambio que los amenaza &ndash;a los se&ntilde;ores, claro, sobre todo&ndash; el argumento de las tradiciones puede tranquilizarlos. No es dif&iacute;cil decirse que si los abuelos viv&iacute;an as&iacute; y vivieron bien &ndash;y nosotros vivimos menos bien&ndash; lo mejor ser&aacute; volver a vivir como ellos. Con orden, sobre todo, que tantos creen que nos hace falta. 
    </p><p class="article-text">
        Y se necesita, sobre todo, estar inc&oacute;modo: pensar &ndash;sentir&ndash; que esta vida no es la que quer&iacute;as, que este mundo no es el que quer&iacute;as, que estamos haciendo tantas cosas mal. Y entonces mirar alrededor y buscar soluciones, esperanzas, y encontrar muy pocas. Porque casi todos los grandes partidos parecen parte del problema: los que formaron este mundo, los que lo sostienen. 
    </p><p class="article-text">
        Entonces, si alguien tiene unas poquitas ganas de interesarse en la pol&iacute;tica, busca en otra parte. Los grandes partidos son una forma del desinter&eacute;s: voy y voto por esos por los que he votado siempre, que nunca me dieron grandes satisfacciones pero me permiten estar m&aacute;s o menos tranquilo &ndash;y me olvido. Los grandes partidos no despiertan entusiasmos; adormecen, alivian. Y eso, que es suficiente para muchos, no lo es para algunos, que creen que la pol&iacute;tica deber&iacute;a darles algo m&aacute;s: una esperanza, una raz&oacute;n para esperar. Sol&iacute;an hacerlo los partidos de la izquierda; ahora que no lo hacen, otros han ocupado ese lugar. Ese, si acaso, es el problema m&aacute;s serio. 
    </p><p class="article-text">
        Digo, me digo: no es tan raro que una de cada trece &ndash;13&ndash; personas del pa&iacute;s donde vivo se imagine votando a los de Vox. Las llamamos fascistas para no tener que pensar demasiado qu&eacute; les pasa, qu&eacute; nos pasa: vivimos en un mundo de etiquetas, que sirven m&aacute;s que nada para eso. Pero no son, en general, monstruos horribles: son personas que piensan por lo menos una &ndash;con una alcanza, aunque suelen venir en paquete&ndash; de estas cosas. Lo anormal era, casi, que no lo pensaran. Y lo m&aacute;s anormal &ndash;lo extraordinario&ndash; fue c&oacute;mo la fuerza cultural de las izquierdas hab&iacute;a conseguido desprestigiar esas ideas, tanto que casi ning&uacute;n grupo pod&iacute;a enarbolarlas. Pero esa fuerza cultural est&aacute; en declive &ndash;confusa, desnorteada&ndash; y alguien tiene que ocupar el lugar de la esperanza y, entonces, los que prefieren esas ideas tan probadas, tan sobadas, reaparecen. Es feo pero l&oacute;gico, y es a&uacute;n m&aacute;s feo y m&aacute;s l&oacute;gico que algunos politiquitos oportunistas se aprovechen y recuperen lo peor del repertorio. Pero no es un gran cambio en &ldquo;las derechas&rdquo;; es un abandono de tareas de la izquierda. Frente a las desazones del presente, son ellos los que consiguen esperanzar a algunos. Y no es porque ellos sean malvados; es, m&aacute;s bien, porque nosotros estamos siendo tontos. 
    </p><p class="article-text">
        Vox es muy antiest&eacute;tico, bastante insoportable; m&aacute;s malos &ndash;peores, m&aacute;s nocivos&ndash; son los partidos muy serios muy civilizados que consiguen que los ricos paguen menos impuestos, que se jodan los pobres. Y es improbable, de todos modos, que Vox alguna vez gobierne. Su efecto pol&iacute;tico m&aacute;s grave es que tienta a los partidos ya de derecha a correrse m&aacute;s a la derecha para sacarles sus votantes. Y entonces los partidos del supuesto centroizquierda se corren m&aacute;s al centro para ocupar el espacio que dej&oacute; libre la derecha y as&iacute; todo el espectro &ndash;s&iacute;, lo llaman espectro&ndash; se corre a la derecha. Y es cierto que la imagen de un espectro corri&eacute;ndose sin pausa es de terror. M&aacute;s a&uacute;n, claro, si no para de correrse a la derecha. Es feo, es sucio, es malo, es pegajoso. Pero fascista, lo que se dice fascista, es otra cosa.&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Martín Caparrós]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/fascistas_129_8444781.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 31 Oct 2021 20:03:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Fascistas?]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mañana es san Perón]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/manana-san-peron_129_8400629.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/641fb7bc-94fe-4e2a-9a13-8aec49a47dd1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mañana es san Perón"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El peronismo, contra toda lógica, sobrevive a los desastres que ha causado. Una de sus grandes habilidades consiste en convencer a muchos de que la culpa la tienen siempre otros: el enemigo o, incluso, los demás peronistas</p><p class="subtitle">Cháchara - El blog de Martín Caparrós</p></div><p class="article-text">
        Sucedi&oacute; hace ya tiempo. En esos d&iacute;as el padrecito Stalin gobernaba Rusia, Harry Truman los Estados Unidos, De Gaulle acababa de volver a Francia y Winston Churchill, ya ganada la guerra, perd&iacute;a las elecciones: sangre, sudor y l&aacute;grimas. La India segu&iacute;a siendo una colonia inglesa, el Ej&eacute;rcito Rojo de Mao Tse Tung se refugiaba en las monta&ntilde;as, las naciones poderosas acababan de fundar las Naciones Unidas. Semanas antes hab&iacute;an muerto Adolf Hitler, Franklin Delano Roosevelt, Benito Mussolini, Joseph Goebbels, Ana Frank; semanas despu&eacute;s nacieron Lula, Daniel Ortega, Neil Young y Francis Beckenbauer: el recambio no estaba a la altura. D&iacute;as antes los americanos hab&iacute;an lanzado las primeras bombas at&oacute;micas sobre Hiroshima y Nagasaki; d&iacute;as despu&eacute;s Jean-Paul Sartre lanzaba, con una conferencia parisina, el existencialismo; en N&uuml;remberg empezaba el juicio a los jerarcas nazis; en Estocolmo, Alexander Flemming recib&iacute;a el premio Nobel por la penicilina. En esos d&iacute;as no hab&iacute;a televisiones ni pastillas anticonceptivas ni perros huskie ni voto femenino ni computadoras personales. En Buenos Aires, como siempre, hab&iacute;a quilombo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El 17 de octubre de 1945 fue un mi&eacute;rcoles. Ese d&iacute;a, miles y miles de personas salieron a reclamar la libertad de un coronel de 50 a&ntilde;os reci&eacute;n cumplidos que hab&iacute;a participado en varios golpes y ocupaba varios cargos &ndash;vicepresidente, ministro de Guerra, secretario de Trabajo&ndash; en el gobierno militar que reg&iacute;a entonces la Argentina. Sus compa&ntilde;eros lo hab&iacute;an detenido dos d&iacute;as antes y mandado a la isla de Mart&iacute;n Garc&iacute;a, un p&aacute;ramo embarrado a pocos kil&oacute;metros de la capital.
    </p><p class="article-text">
        Sus compa&ntilde;eros lo hab&iacute;an echado porque tem&iacute;an su ambici&oacute;n, su empuje sin pudor: era obvio que quer&iacute;a quedarse con todos los poderes. Los miles y miles lo reclamaron porque, desde la secretar&iacute;a de Trabajo, hab&iacute;a hecho a los trabajadores concesiones que los gobiernos argentinos nunca: indemnizaciones por despido, aguinaldos, paritarias, una justicia del trabajo. Lo cierto es que esa tarde los miles y miles inauguraron una historia en la historia argentina que sigue ah&iacute;, aunque no se sepa qu&eacute; carajo es.
    </p><p class="article-text">
        El movimiento que empez&oacute; aquel d&iacute;a se llam&oacute;, para sorpresa de tantos, peronismo. Desde entonces, el peronismo ocup&oacute; todos los lugares de la pol&iacute;tica argentina. Entre 1946 y 1955 fue gobierno &ndash;del propio coronel, ya general, Per&oacute;n&ndash; y su pol&iacute;tica nacionalista y desarrollista incluy&oacute; cierta redistribuci&oacute;n paternal de la riqueza y el encuadramiento de esos trabajadores nuevos, reci&eacute;n inmigrados desde las provincias, en sindicatos que les pon&iacute;an orden y respond&iacute;an al gobierno: algunos pensaron que era la mejor forma de armar un movimiento obrero, otros que fue el gran truco para desarmarlo. En esos a&ntilde;os, cada 17 de octubre era la ocasi&oacute;n de otro encuentro de miles en la plaza de Mayo que terminaba con un canto ritual: &ldquo;Ma&ntilde;ana es san Per&oacute;n,/ que trabaje el patr&oacute;n&rdquo; &ndash;para que el l&iacute;der confirmara esa mezcla de religi&oacute;n y desaf&iacute;o decretando feriado el 18 o, dicho de otro modo: san Per&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En 1955 el general Per&oacute;n, que cumpl&iacute;a su segundo mandato, fue derrocado por otros militares y se fue: su exilio dur&oacute; 17 a&ntilde;os. En ese lapso sus seguidores fueron perseguidos por gobiernos militares y civiles, sus candidatos a elecciones proscritos cada vez. El peronismo se defin&iacute;a en &ldquo;la Resistencia&rdquo;: peleaba para volver a aquella vida de cierta prosperidad autoritaria interrumpida en el '55. Hacia fines de los '60, sin embargo, se fue dividiendo entre una rama, manejada por los grandes sindicalistas corruptos, m&aacute;s cercana a su l&iacute;der &ndash;que se hab&iacute;a radicado en la Espa&ntilde;a de Franco&ndash;, y otra que incorporaba las ideas de revoluci&oacute;n armada difundidas en la regi&oacute;n por Guevara y Castro y proclamaba &ldquo;la patria socialista&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con estas dos alas contenidas por el discurso siempre ambidextro de su jefe, el peronismo consigui&oacute; el poder en las elecciones de marzo del '73; en julio el general Per&oacute;n ech&oacute; a su agente, el pobre C&aacute;mpora, para quedarse con la presidencia, pero muri&oacute; al a&ntilde;o siguiente y lo sucedi&oacute; su viuda, Estela Mart&iacute;nez (a) Isabel. Entre 1974 y 1976 la pelea entre aquellos dos peronismos produjo muchas v&iacute;ctimas: desde el estado, el &ldquo;peronismo de derecha&rdquo; consigui&oacute; asesinar a muchos militantes del &ldquo;peronismo de izquierda&rdquo; &ndash;antes que un golpe militar lo expulsara del poder y completara su trabajo.
    </p><p class="article-text">
        Durante aquella dictadura, que dur&oacute; hasta 1983, la mayor&iacute;a de los &ldquo;peronistas de izquierda&rdquo; fueron eliminados &ndash;o consiguieron exiliarse. Algunos de los &ldquo;peronistas de derecha&rdquo; que hab&iacute;an participado del &uacute;ltimo gobierno fueron presos de los militares; otros se acomodaron en sus ministerios. En 1983, en las primeras elecciones en diez a&ntilde;os, el peronismo se present&oacute; representado por sindicalistas negociadores y caudillitos prepotentes; sonaba a viejo, a corrupto, a inepto y fue derrotado, por primera vez en votaciones libres &ndash;y entendi&oacute; que deb&iacute;a reformularse.
    </p><p class="article-text">
        Desde entonces, el peronismo fue dem&oacute;crata-cristiano y razonable con Antonio Cafiero, que quiso conducirlo frente a los alfonsinistas; neoliberal, privatizador, pro-americano y muy corrupto con Carlos Menem, que lo condujo y condujo al pa&iacute;s durante toda la d&eacute;cada del '90; nacionalista y estatista y progre con Chacho &Aacute;lvarez, que se enfrent&oacute; al presidente en esos a&ntilde;os. En 1999 perdi&oacute; el poder por unos meses y lo recuper&oacute; por la fuga del presidente radical y termin&oacute; de instalar un mito central de la Argentina: que solo puede gobernarla el peronismo.
    </p><p class="article-text">
        Volvieron a hacerlo, por supuesto, en medio de la crisis de 2001. El peronismo fue confuso, ajustador, desesperado con Eduardo Duhalde y los dem&aacute;s presidentes provisorios y, por fin, cuando todo se hund&iacute;a y los pol&iacute;ticos eran la peor lacra, todos ellos fueron rescatados por un gobernador austral que hab&iacute;a seguido la pol&iacute;tica menemista en los '90 pero entendi&oacute; que en los 2000 ya corr&iacute;an otros aires. N&eacute;stor Kirchner recuper&oacute; ciertos clich&eacute;s del discurso &ldquo;de izquierda&rdquo; de los a&ntilde;os '70 y volvi&oacute; a transformar al peronismo: le insufl&oacute; esa ret&oacute;rica. &Eacute;l y su esposa, que lo sucedi&oacute; en 2009, guardaron al viejo l&iacute;der muerto en un segundo plano: durante sus administraciones casi no se habl&oacute; de &eacute;l, y los suyos se defin&iacute;an m&aacute;s &ldquo;kirchneristas&rdquo; que &ldquo;peronistas&rdquo; &ndash;aunque usaron el cl&aacute;sico sistema peronista de asistencialismo clientelar, de sostenerse en los pobres que sus distintos gobiernos crearon a lo largo de 30 a&ntilde;os de fracasos.
    </p><p class="article-text">
        Y el peronismo sigue all&iacute;. Ahora mismo, tras la derrota kirchnerista en unas elecciones que no eleg&iacute;an nada, el gobierno de otro peronista supuestamente progre, Alberto Fern&aacute;ndez, nombr&oacute; como segundo a un ex gobernador peronista de una provincia pobre, nacionalista cat&oacute;lico. Y en estos d&iacute;as se celebran quichicientos a&ntilde;os desde aquel 17 de octubre &ndash;y los kirchneristas saldr&aacute;n a la calle para tratar de revertir su derrota en esas elecciones de septiembre. Su referencia a un hecho sucedido hace ya tanto es puro peronismo: creen que puede servirles para recuperar algo del poder que est&aacute;n perdiendo. Al fin y al cabo el peronismo, a esta altura, es poco m&aacute;s &ndash;y nada menos&ndash; que eso: la mejor m&aacute;quina que invent&oacute; la Argentina para producir, conservar y utilizar poder. Un aparato que se basa en una red espesa de favores mutuos, desde un puesto a una prebenda, desde una comisi&oacute;n a una promesa, desde unas chapas para el techo a unos kilos de harina; un aparato que ha gobernado m&aacute;s que nadie los destinos de un pa&iacute;s que, cuando empez&oacute;, era pujante y casi rico y tiene, ahora, 40 por ciento de personas pobres.
    </p><p class="article-text">
        Pero el peronismo, contra toda l&oacute;gica, sobrevive a los desastres que ha causado. Una de sus grandes habilidades consiste en convencer a muchos de que la culpa la tienen siempre otros: el enemigo o, incluso, los dem&aacute;s peronistas. Para eso, su truco principal est&aacute; en postular que el verdadero peronismo siempre es otro, o mejor otros dos: el primero, por supuesto &ndash;el de la Edad de Oro del General y Evita&ndash;, y el pr&oacute;ximo &ndash;el que estamos forjando en estos d&iacute;as. &Eacute;se es el gran truco: el Efecto Ave F&eacute;nix. Para eso tuvieron que inventar la idea de la traici&oacute;n permanente: cada peronismo traiciona sus ideas, y por eso aparece otro que las va a recuperar.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, cada vez que un peronismo triunfa hace, ya en el poder, cosas muy distintas de las que promet&iacute;a desde el llano. Entonces aparece, en el llano, un nuevo peronismo que promete hacer cosas muy distintas y se presenta como el verdadero peronismo. Hasta que llega al poder y empieza a hacer cosas muy distintas de las que promet&iacute;a desde el llano. Entonces aparece, en el llano, un nuevo peronismo que promete hacer cosas muy distintas y se presenta como el verdadero peronismo. Hasta que llega al poder y empieza a hacer cosas muy distintas de las que promet&iacute;a desde el llano. Entonces aparece, en el llano, un nuevo peronismo que. El resultado es extraordinario: siempre hay un peronismo dispuesto a reemplazar al anterior, que se male&oacute;. Siempre hay un peronismo dispuesto a ejercer el poder que el anterior gast&oacute;. Ahora, sin ir m&aacute;s lejos, ya lo deben estar inventando.
    </p><p class="article-text">
        Entonces vendr&aacute;n unos que se adaptar&aacute;n a las nuevas circunstancias, que ser&aacute;n derechistas bolsonaro o trotsquistas sin trotsky o nacionalistas judeo-cristianos de la fracci&oacute;n qumr&aacute;n o patota f&uacute;tbol para todes, pero seguir&aacute;n usando el aparato y los estandartes de esta m&aacute;quina implacable: que seguir&aacute;n, entre otras cosas, festejando los 17 de octubre como si a esta altura, ochenta a&ntilde;os y tantas vueltas despu&eacute;s, alguien supiera qu&eacute; cuernos significan.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Martín Caparrós]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/manana-san-peron_129_8400629.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 16 Oct 2021 19:18:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Mañana es san Perón]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Argentina,Peronismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Con izquierdas así, quién necesita derechas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/izquierdas-necesita-derechas_129_8370740.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7c232139-5d83-4f7b-bb99-9bfd2e83ae93_16-9-discover-aspect-ratio_default_1030866.jpg" width="2388" height="1343" alt="Con izquierdas así, quién necesita derechas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En España, sin ir más lejos, Bergoglio fue defendido por varios peronistas: Íñigo Errejón, Mónica García, Pablo Iglesias y compañía limitada han salido a hablar en su defensa</p><p class="subtitle">Ayuso intenta confrontar desde Washington con el Papa y acaba chocando con los obispos españoles</p></div><p class="article-text">
        Tratados y m&aacute;s tratados tratan de explicarlo: &iquest;Qu&eacute; cuernos es la libertad? Hace unos siglos la idea parec&iacute;a m&aacute;s clara: significaba, por ejemplo, que ninguna persona pudiera pertenecer a otra. O que ninguna pudiera decidir sobre la vida de otra. O que nadie pudiera imponerle a nadie qu&eacute; pensar. O sea que, entonces, conseguir libertad era una urgencia. Pero, poco a poco, la idea se fue complejizando, acomplejando, y empez&oacute; a resultar tan opinable. Libertad, ahora, puede ser cualquier cosa &ndash;o casi nada. Por eso, tambi&eacute;n, se empez&oacute; a vocear tanto: total, nadie sabe que dice nadie cuando dice libertad.
    </p><p class="article-text">
        Hay ejemplos. La l&iacute;der real de la derecha real espa&ntilde;ola, se&ntilde;ora D&iacute;az Ayuso, consigui&oacute; ese lugar proclamando en su campa&ntilde;a que traer&iacute;a &ldquo;libertad&rdquo; a los madrile&ntilde;os. Su libertad, por supuesto, no estaba clara: pareci&oacute; que era la libertad de ir a los bares y contagiarse virus, pero deb&iacute;a ser algo m&aacute;s. Ahora, de alg&uacute;n modo, ha explicado su idea de libertad; si yo fuera madrile&ntilde;o me dar&iacute;a miedito.
    </p><p class="article-text">
        Porque la se&ntilde;ora D&iacute;az dijo que la conquista de Am&eacute;rica llev&oacute; &ldquo;el espa&ntilde;ol y, a trav&eacute;s de las misiones, el catolicismo y, por tanto, la civilizaci&oacute;n y la libertad al continente americano&rdquo;.&nbsp;Aquella libertad consisti&oacute; en esclavizar a millones de indios, exterminarlos a fuerza de enfermedades y trabajo y, cuando ya casi no quedaban, importar nuevos esclavos desde &Aacute;frica para ocupar sus puestos. En cien a&ntilde;os la poblaci&oacute;n americana pas&oacute; de unos 30 millones a tres o cuatro: la libertad triunfante. Nada distinto de lo que hac&iacute;an otros colonizadores en otros lugares, nada que merezca una leyenda, pero reivindicar, en 2021, explotaci&oacute;n y muerte como libertad explica de qu&eacute; habla la se&ntilde;ora cuando habla de ella.
    </p><p class="article-text">
        Y, curiosamente, lo hac&iacute;a contra unas declaraciones del se&ntilde;or Jorge Bergoglio, su aliado natural. El se&ntilde;or Bergoglio trabaja de papa y, como tal, pidi&oacute; disculpas; es lo que hace su organizaci&oacute;n: trabaja para el poder, pide disculpas. Su organizaci&oacute;n, la Iglesia Cat&oacute;lica Apost&oacute;lica Romana, ya pidi&oacute; disculpas por torturar a los que dec&iacute;an que la Tierra era redonda o que el sol no le giraba alrededor, por martirizar a cualquiera que pensara distinto, por quemar a miles.
    </p><p class="article-text">
        Su calendario de disculpas viene muy cargado: ahora avanza lento hacia el siglo XVII &ndash;y tiene mucho que hacerse disculpar. Por eso, supongo, todav&iacute;a no pidi&oacute; disculpas, por ejemplo, por impedir que ahora mismo millones de africanos usen condones para no morir de sida, o por no permitir que las mujeres ocupen ning&uacute;n cargo importante en su organizaci&oacute;n, o por condenar a los homosexuales a diversos infiernos. Ya lo har&aacute;n los suyos dentro de algunos siglos, si es que hay suyos &ndash;y siglos. Por ahora, el se&ntilde;or pidi&oacute; perd&oacute;n por lo que hicieron los conquistadores espa&ntilde;oles en M&eacute;xico, compr&aacute;ndose el se&ntilde;uelo de su presidente, L&oacute;pez Obrador, que dedica muchos desvelos a este asunto: como si los problemas actuales de un pa&iacute;s que ya tiene dos siglos se pudieran resolver hace cinco; como si las injusticias no se construyeran d&iacute;a a d&iacute;a. Y, sobre todo, como si no fu&eacute;ramos la mezcla. Es el viejo truco nacionalista: los malos son los de afuera, nosotros somos todos buenos &ndash;incluidos nuestros indios nacionales, que solo se com&iacute;an a los ni&ntilde;os cuando no consegu&iacute;an hombres o mujeres lo bastante tiernos.
    </p><p class="article-text">
        Pero, m&aacute;s all&aacute; de estos detalles de pel&iacute;cula mala, lo curioso es c&oacute;mo Bergoglio se ha convertido &uacute;ltimamente en una especie de enemigo de cierta derecha &ndash;que deber&iacute;a estar firme a su lado. Entonces uno va y revisa: &iquest;ser&aacute; que la se&ntilde;ora Ayuso tiene raz&oacute;n, que otra vez me equivoco, que Bergoglio es uno de los nuestros?
    </p><p class="article-text">
        No hay doctrina m&aacute;s necia y peligrosa que la que sustenta esta idea: que el enemigo de mis enemigos es mi amigo. Hitler era enemigo de los ingleses y sin embargo nadie vio al Mahatma Gandhi &ndash;que lideraba la revuelta india para liberarse del imperio brit&aacute;nico&ndash; gaseando jud&iacute;os. Pero hay algunos que caen, una y otra vez, chorlitos insistentes. En Espa&ntilde;a, sin ir m&aacute;s lejos, Bergoglio fue defendido por varios peronistas: &Iacute;&ntilde;igo Errej&oacute;n, M&oacute;nica Garc&iacute;a, Pablo Iglesias y compa&ntilde;&iacute;a limitada han salido a hablar en su defensa.
    </p><p class="article-text">
        Y ese es el chiste: si esa supuesta izquierda imagina que debe aliarse &ndash;o alinearse&ndash; con el monarca de derecho divino de la instituci&oacute;n m&aacute;s reaccionaria de la Tierra, estamos listos. Dicen que se preocupa por los pobres. Por supuesto que la iglesia de Roma se preocupa por los pobres: esa es su parte del trabajo. Para eso estuvo siempre en este mundo: para conseguir que los pobres no jodan a sus jefes. Bienaventurados sean los pobres porque de ellos es el reino de los Cielos, etc&eacute;tera etc&eacute;tera. Lo siguen haciendo, hablan de ellos, los compadecen, incluso los entienden, y mantienen esa estructura de superstici&oacute;n y jerarqu&iacute;as donde las mujeres est&aacute;n excluidas, las razones prohibidas, el disenso penado por un dios y los pobres se la tienen que aguantar porque ya recibir&aacute;n su recompensa. Esa estructura que sirvi&oacute; desde hace m&aacute;s de 1500 a&ntilde;os para sostener los peores cr&iacute;menes; esa estructura que siempre se bas&oacute; en la credulidad de muchos cr&eacute;dulos &ndash;y en los artima&ntilde;as de unos pocos ma&ntilde;osos. Esa estructura que, como no estaba funcionando, tuvo que renovarse y se busc&oacute; un papa peronista.
    </p><p class="article-text">
        Todo bien, es su trabajo, siguen intent&aacute;ndolo. Lo extraordinario es que haya se&ntilde;oras y se&ntilde;ores &ndash;que se dicen inteligentes, que se dicen de izquierda&ndash; que sigan cayendo en esa vieja trampa. Aunque, al fin y al cabo, su sacrificio tenga un fin astuto: si la dizque izquierda sigue haciendo esas cosas, la derecha va a desaparecer de puro innecesaria. Alguien ten&iacute;a que hacerlo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Martín Caparrós]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/izquierdas-necesita-derechas_129_8370740.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 05 Oct 2021 20:06:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Con izquierdas así, quién necesita derechas]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Bajo el volcán]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/volcan_129_8343562.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/25c14002-0f89-4ae7-9f1a-88dcd1171a4d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Bajo el volcán"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nosotros, los lectores, podríamos preguntarnos de vez en cuando qué leemos o vemos, por qué leemos o vemos eso que vemos o leemos, por qué no lo que no</p></div><p class="article-text">
        La pregunta, supongo, es qu&eacute; contamos. Y si acaso, despu&eacute;s, para qu&eacute; lo contamos.
    </p><p class="article-text">
        El 19 de septiembre, hace ya m&aacute;s de una semana, en una deliciosa isla canaria, un volc&aacute;n dej&oacute; de anunciar que eructar&iacute;a y empez&oacute;. Desde entonces, los medios espa&ntilde;oles est&aacute;n copados por la historia. Nos cuentan todo, con el famoso lujo de detalles; muchos programas de radio y de televisi&oacute;n, de hecho, se mudaron all&iacute; para entrar en el superlujo de detalles; las leyendas &ldquo;en directo desde La Palma&rdquo; o &ldquo;la erupci&oacute;n en directo&rdquo; o &ldquo;&uacute;ltima hora del volc&aacute;n&rdquo; pululan y desbordan.
    </p><p class="article-text">
        Tiene cierto sentido: los volcanes eructan o erupcionan poco, la lava tarda y se deja filmar, todo es tan fotog&eacute;nico, chispitas de colores, l&aacute;grimas sentidas. Las personas se quejan con razones y de nadie; se quejan de la naturaleza, del destino: nadie tiene la culpa si un volc&aacute;n se enciende. La tragedia del volc&aacute;n de La Palma es casi amable: ha dejado a varios cientos de familias sin sus casas, a algunas sin su medio de vida, no ha causado &ndash;por suerte y por pericia&ndash; ning&uacute;n muerto. Y no es dif&iacute;cil poner una c&aacute;mara o un micr&oacute;fono en las inmediaciones, transmitirlo, ofrecerle al respetable p&uacute;blico el temblor del terror controlado, la gracia de la desgracia ajena, la cosquillita del directo. Mientras tanto, a unos kil&oacute;metros de all&iacute;, cientos o miles est&aacute;n tratando de lanzarse al mar.
    </p><p class="article-text">
        En los seis primeros meses de este a&ntilde;o,&nbsp;<a href="https://www.efe.com/efe/espana/sociedad/2-087-migrantes-muertos-en-pateras-desde-enero-casi-tantos-como-todo-2020/10004-4580486" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">1.922 personas murieron o desaparecieron</a>&nbsp;tratando de llegar desde las costas africanas a las islas Canarias. M&aacute;s de 300 personas cada mes: un promedio de m&aacute;s de diez muertos por d&iacute;a &ndash;y el flujo no se para. A veces, esas historias, esas muertes, merecieron una notita en alg&uacute;n diario; casi siempre no.
    </p><p class="article-text">
        Sabemos todo sobre las 232 hect&aacute;reas y las 461 casas que ya quedaron sepultadas bajo el avance de la lava &ndash;y por qu&eacute; avanza la lava, y hacia d&oacute;nde va, y qu&eacute; har&aacute;n las aseguradoras con las casas y los bananeros, y cu&aacute;nto va a poner el estado para recuperarlos, y la iglesia que se vino abajo y todo el hondo drama humano, tan hondo, tan humano. No sabemos un carajo sobre esas &ndash;alrededor de&ndash; dos mil personas que se murieron tratando de mejorar sus vidas, dispuestos a jug&aacute;rsela toda para mejorarla: valientes sin fortuna. No sabemos qui&eacute;nes eran, por qu&eacute; eligieron ese riesgo, c&oacute;mo se murieron. No sabemos de qui&eacute;nes son las culpas de que se echen al mar. No sabemos c&oacute;mo viv&iacute;an donde viv&iacute;an para correr la suerte de morirse. No sabemos ni tratamos de saber.
    </p><p class="article-text">
        De unos no sabemos nada; de los otros, casi demasiado. No es que los dos asuntos tengan mucho que ver; es solo que suceden en el mismo lugar, y me impresiona ver saltar las diferencias, bailar las diferencias, gritar las diferencias &ndash;y me impresiona que tampoco queramos saber por qu&eacute; lo hacemos.
    </p><p class="article-text">
        Nosotros, los periodistas, podr&iacute;amos preguntarnos de vez en cuando qu&eacute; contamos, por qu&eacute; contamos eso que contamos, por qu&eacute; no lo que no. Nosotros, los lectores, podr&iacute;amos preguntarnos de vez en cuando qu&eacute; leemos o vemos, por qu&eacute; leemos o vemos eso que vemos o leemos, por qu&eacute; no lo que no. Nada, una minucia: intentar entender qu&eacute; es &ldquo;noticia&rdquo; y qu&eacute; no, por qu&eacute; lo es cuando lo es, por qu&eacute; no lo es si no lo es. Tratar de saber un poco m&aacute;s sobre el mundo que construimos y nos dejamos construir, tratar de suponer qu&eacute; podr&iacute;amos hacer con ese mundo. Saber por qu&eacute; no hablamos de lo que no hablamos, de todas esas cosas que ya parecen pura ch&aacute;chara, c&aacute;scara de palabras, lugares muy comunes: que si hay hambre, que si hay desigualdades e injusticias, que si muchos se mueren por eso o contra eso. Saber por qu&eacute; hay palabras y conceptos que est&aacute;n como desactivados, que no intentamos porque parece que igual no pasa nada, que todo sigue igual &ndash;que todo sigue, igual.
    </p><p class="article-text">
        Pregunt&aacute;rnoslo, al menos, preguntarlo. Si acaso para dejar de hacer lo que ellos &ndash;una vez m&aacute;s, qui&eacute;nes son ellos&ndash; nos imponen que hagamos: para dejar de hacer el tonto.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Martín Caparrós]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/volcan_129_8343562.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 27 Sep 2021 20:25:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Bajo el volcán]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El desgobierno]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/desgobierno_129_8298275.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ba34bc03-8cb0-4b67-ba45-e39334d34230_16-9-discover-aspect-ratio_default_0." width="1200" height="675" alt="El desgobierno"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El bipartidismo de facto en Argentina es la mejor forma de asegurar la inercia de un país que necesita cambiar de dirección: detener la caída. El bipartidismo –hoy yo, mañana vos, pasado yo, pasado pasado vos– es la losa que cierra cualquier cambio, cualquier esperanza</p></div><p class="article-text">
        Este domingo los argentinos votaron masivamente contra el peronismo kirchnerista. Fue lo que los t&eacute;cnicos &ndash;que somos casi todos&ndash; llaman un &ldquo;voto-castigo&rdquo;. Los argentinos castigaron con entusiasmo al partido que los gobierna. Para castigarlo, los argentinos votaron sin entusiasmo al partido que no los gobierna porque lo hab&iacute;an castigado antes votando al que ahora los gobierna; antes a&uacute;n lo hab&iacute;an votado en masa para castigar al que los hab&iacute;a gobernado antes &ndash;el que los gobierna ahora&ndash;, que era el que hab&iacute;an votado antes y despu&eacute;s dejaron de votar y despu&eacute;s volvieron a votar y ayer, otra vez, no votaron.&nbsp;La frase es confusa, la sucesi&oacute;n es clara, las conclusiones m&aacute;s: elecci&oacute;n tras elecci&oacute;n, los argentinos votan al partido que no los est&aacute; gobernando. O, m&aacute;s claro: lo que los argentinos no les toleran a sus gobiernos es que los gobiernen.
    </p><p class="article-text">
        Y tienen toda la raz&oacute;n &ndash;creo que tienen toda la raz&oacute;n&ndash;: cualquier partido que gobierne la Argentina va a ganarse, con toda justicia, el repudio de sus ciudadanos. Cada vez, el rechazo encuentra sus maneras: esta, los medios hablan y hablar&aacute;n de esa foto de fiesta en la residencia presidencial durante el confinamiento m&aacute;s estricto, hablan y hablar&aacute;n de las vacunas vip, hablan y hablar&aacute;n &ndash;menos&ndash; de los millones que se quedaron sin trabajo o sin comercio o sin medios para comer todos los d&iacute;as. Pero si no hubiera sido eso habr&iacute;an sido otras cosas: la Argentina, tal como est&aacute;, no es un pa&iacute;s gobernable porque no es un pa&iacute;s viable, no funciona. Y no funciona, entre otras cosas, por la esforzada labor de estos dos sectores pol&iacute;ticos que la gobiernan desde hace cuatro d&eacute;cadas.
    </p><p class="article-text">
        El partido que los argentinos votaron ayer tiene un discurso m&aacute;s &ldquo;de derecha&rdquo;; el que no votaron ayer tiene un discurso m&aacute;s &ldquo;de izquierda&rdquo;; sus acciones suelen parecerse. El partido que los argentinos votaron ayer endeud&oacute; al pa&iacute;s, en sus cuatro a&ntilde;os de gobierno, en unos 50.000 millones de d&oacute;lares, virtualmente impagables. El partido que no votaron ayer empobreci&oacute; al pa&iacute;s en estos dos a&ntilde;os de gobierno y lo llev&oacute; de un tercio de argentinos pobres a casi la mitad. El partido que votaron ayer cree en el mercado y lo grita a los cuatro vientos; el partido que no votaron ayer cree en el mercado y lo grita m&aacute;s bajo, m&aacute;s confuso. El partido que no votaron ayer cree en el asistencialismo clientelar y lo practica con denuedo; el partido que votaron ayer no cree en el asistencialismo clientelar y tambi&eacute;n lo practica con denuedo. El partido que votaron ayer y el que no votaron ayer usan la justicia en su beneficio &ndash;y, por supuesto, denuncian al otro por usar la justicia en su beneficio. El partido que votaron ayer y el que no votaron ayer &ndash;sus dirigentes m&aacute;s conspicuos&ndash; tienen causas pendientes por distintas corruptelas. El partido que votaron ayer y el que no votaron ayer tienen dirigentes de escaso vuelo, saberes muy justitos. El partido que votaron ayer y el que no votaron ayer son la base de esa estructura de poder que, con un empuj&oacute;n militar hace ya mucho tiempo, ha llevado a la Argentina a su abismo presente.
    </p><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica argentina de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas es un vaiv&eacute;n pat&eacute;tico entre dos grupos que, cada vez que gobiernan, consiguen rehabilitar al otro, que, gracias a su gobierno repudiable, le hab&iacute;a abierto el paso. En la Argentina, parece, la &uacute;nica pol&iacute;tica exitosa es el desgobierno: estar enfrente, ser oposici&oacute;n, hablar y hablar sin tener la obligaci&oacute;n de hacer, decir y &ndash;curiosamente&ndash; ser cre&iacute;do. Alguna vez, hace unos a&ntilde;os, lo llam&eacute; el pa&iacute;s calesita &ndash;tiovivo, carrusel&ndash;: algo que parece moverse pero en realidad sigue dando vueltas y m&aacute;s vueltas sobre s&iacute; mismo, sin ir a ning&uacute;n lado, sin cambiar de lugar.
    </p><p class="article-text">
        El bipartidismo de facto en Argentina es la mejor forma de asegurar la inercia de un pa&iacute;s que necesita cambiar de direcci&oacute;n: detener la ca&iacute;da. El bipartidismo &ndash;hoy yo, ma&ntilde;ana vos, pasado yo, pasado pasado vos&ndash; es la losa que cierra cualquier cambio, cualquier esperanza. No ser&aacute; f&aacute;cil levantarla: los dos partidos o sectores saben que dependen del otro y hacen todo para fortalecerlo. Saben que su mejor recurso es ese enemigo que, con sus fracasos, les permitir&aacute; volver a gobernar y, para eso, necesitan decapitar a cualquier tercero que amenace desarmar ese animal de dos cabezas. Pero, mientras el monstruo dure, la Argentina seguir&aacute; cayendo.
    </p><p class="article-text">
        Hace 50 a&ntilde;os el producto bruto per c&aacute;pita argentino era la mitad del de Estados Unidos; ahora es un octavo. Hace 50 a&ntilde;os un 10 por ciento de inflaci&oacute;n era un peligro; ahora ser&iacute;a un logro extraordinario. Hace 50 a&ntilde;os la Argentina ten&iacute;a 40.000 kil&oacute;metros de v&iacute;as f&eacute;rreas que armaban un pa&iacute;s; ahora no tiene 4.000 y la mayor&iacute;a no funciona. Hace 50 a&ntilde;os la Argentina se autoabastec&iacute;a en petr&oacute;leo, gas y electricidad; ahora se endeuda para importarlos. Hace 50 a&ntilde;os la Argentina fabricaba aviones y coches de dise&ntilde;o propio; ahora desequilibra su balanza de pagos para comprar autopartes y juntarlas. Hace 50 a&ntilde;os las escuelas privadas solo atend&iacute;an a uno de cada diez infantes; ahora, cuatro veces m&aacute;s. Hace 50 a&ntilde;os los hospitales p&uacute;blicos recib&iacute;an a la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n; ahora s&oacute;lo atienden a los que no tienen m&aacute;s remedio.
    </p><p class="article-text">
        Y seguimos permitiendo que los que lo han logrado nos gobiernen. No hemos sabido sac&aacute;rnoslos de encima, no hemos sabido inventar otras formas. Y todav&iacute;a hay gente, aqu&iacute; y all&aacute;, que se cree que no somos tontos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Martín Caparrós]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/desgobierno_129_8298275.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 13 Sep 2021 21:00:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El desgobierno]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Aprender a mirar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/aprender-mirar_129_8268146.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/94a27d97-86bf-4fd5-9b05-ca8a99ccc786_16-9-discover-aspect-ratio_default_0." width="1200" height="675" alt="Aprender a mirar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los decisivos son los otros: esos pocos que ven que ahí, no muy lejos, no muy escondido, justo delante de los ojos, hay algo que no sabíamos ver porque no creíamos que debiéramos mirarlo. Manchas que se revelan arte, huesos que niegan la mitología</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Me permiten una historia boba? &iquest;Una f&aacute;bula pobre, un cuento sin sus hadas? Bueno, gracias. Entonces empezar&eacute; cont&aacute;ndoles que aquel maestro sol&iacute;a ir a esa caverna, aunque no contar&eacute; c&oacute;mo, para qu&eacute;. No lo sabemos: seguramente algunos supon&iacute;an que iba con una mujer y eso, a fines del siglo XIX y en un pueblo de la Francia profunda, era mejor callarlo. Algunos imaginaban que iba a hacer otras cosas, a&uacute;n m&aacute;s acalladas. Pero, en verdad, seguramente iba porque en el pueblo todos iban: porque ir a esa caverna, Font-de-Gaume, era un paseo habitual.
    </p><p class="article-text">
        Font-de-Gaume estaba a menos de un kil&oacute;metro del centro de Eyzies-de-Tayac &ndash;si un pueblito de mil habitantes perdido en la Dordogne, en el medio del medio de esa Francia, pudiera tener centro. Eyzies estaba construido entre pe&ntilde;ascos y despe&ntilde;aderos y, desde siempre, algunas de sus gentes viv&iacute;an en casas-cueva, un agujero en las rocas con alg&uacute;n cuarto construido por delante. Y alrededor hab&iacute;a m&aacute;s grutas m&aacute;s silvestres, as&iacute; que ir a jugar o pasear o refugiarse en ellas era tan habitual.
    </p><p class="article-text">
        El maestro se llamaba Denis Peyrony y hab&iacute;a nacido en la regi&oacute;n en 1869, hijo de un campesino como tantos. Denis estaba destinado a la labranza pero era demasiado d&eacute;bil y levemente pretencioso, as&iacute; que se fue a estudiar para ense&ntilde;ar. En 1891, ya recibido, lo destinaron a Eyzies; all&iacute; se instal&oacute;, dict&oacute; sus clases, se riz&oacute; los bigotes, vivi&oacute; como pod&iacute;a. En sus d&iacute;as libres, queda dicho, paseaba por los campos y las cuevas.
    </p><p class="article-text">
        Font-de-Gaume era de las mejores: todos los hombres y mujeres de Eyzies hab&iacute;an ido alguna vez, todos los chicos hab&iacute;an jugado entre sus estalactitas y sus estalagmitas, sus huesos, sus pedruscos; tantos hab&iacute;an escrito en sus paredes sus nombres y una fecha, una flecha, un coraz&oacute;n part&iacute;o. Algunos tapaban con sus signos garabatos viejos, manchas, formas; otros prefer&iacute;an encontrar su lugar propio, no mezclar sus trazos con los viejos. Al maestro le gustaba ese espacio de recovecos y de ecos, de colores ocres, de luces fugitivas, pero nunca hab&iacute;a prestado demasiada atenci&oacute;n a esas manchas marrones: parec&iacute;an animales, no estaban mal pero a qui&eacute;n le importaban. Eran, como los suyos, como todos los otros, dibujitos menores.
    </p><p class="article-text">
        Nada particular. En Eyzies, cuevas y huesos era lo que sobraba: unos a&ntilde;os antes, a menos de un kil&oacute;metro del centro &ndash;si es que un pueblito as&iacute; tuviera un centro&ndash;, obreros que abr&iacute;an un camino hab&iacute;an tropezado con los restos de varios esqueletos: los juntaron, se los dieron a un jefe, desde Par&iacute;s llegaron dos se&ntilde;ores y se los llevaron. El paraje se llamaba Cro-Magnon y, desde entonces, hubo personas que empezaron a interesarse por esos restos tan antiguos.
    </p><p class="article-text">
        No eran muchos, y a veces lo sufr&iacute;an. Suponer que muchos milenios antes ya hab&iacute;a unos hombres &ndash;muy parecidos, tan distintos&ndash; era desafiar la autoridad de la Santa Madre Iglesia, que dec&iacute;a que la Tierra no ten&iacute;a m&aacute;s de seis mil a&ntilde;os y que entonces un dios hab&iacute;a creado al hombre tal cual era y a la mujer de su costilla. Darwin y los suyos ya se estaban plantando; estudiar esos restos primitivos era otro modo de aportar a la embestida de la ciencia contra los mitos y las supersticiones, otro triunfo del &ldquo;progreso&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero esos blasfemos todav&iacute;a eran pocos, y el maestro no era uno de ellos. Hasta que, en el &rsquo;95, un m&eacute;dico prestigioso de Par&iacute;s, Louis-Joseph Capitan, y un cura iluminado de Mortain, Henri Breuil, aparecieron por el pueblo y le explicaron su pasi&oacute;n: hab&iacute;an descubierto que esos hombres de Cro-Magnon tambi&eacute;n eran artistas que hab&iacute;an dejado, en ciertas cuevas, sus obras milenarias. Capitan y Breuil las buscaban; le preguntaron si &eacute;l sab&iacute;a de alguna. Entonces el maestro record&oacute; aquellas manchas, las repens&oacute; con esa vara nueva, llev&oacute; all&iacute; a sus nuevos amigos, y juntos &ldquo;descubrieron&rdquo; uno de los mejores conjuntos de arte rupestre que existen en el mundo. Uno que siempre hab&iacute;a estado all&iacute;, a la vista de todos, pero nadie hab&iacute;a visto todav&iacute;a: que nadie hab&iacute;a sabido ver.
    </p><p class="article-text">
        La historia, aunque sea cierta, es casi una f&aacute;bula, as&iacute; que tiene moraleja: recuerda que no hay peor ciego que el que no sabe ver, el que no sabe qu&eacute; tiene que mirar. Si nadie nos hubiera hablado de las estrellas cuando chicos, todos esos puntitos blancos en el cielo nocturno podr&iacute;an pasar por agujeritos, dioses perdidos, fuegos de salvajes. O podr&iacute;amos, m&aacute;s que nada, no verlos: suponer que la noche es negra y blanca. As&iacute; el maestro, cuando miraba las manchas sin verlas porque no sab&iacute;a que pudieran ser las obras de los primeros hombres. As&iacute; cada uno de nosotros cada d&iacute;a, cuando mira el mundo y no lo ve porque no sabe qu&eacute; mirar.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; vemos lo que siempre vimos, lo que sabemos que veremos y dejamos, tantas veces, de ver lo que podr&iacute;amos. Casi todos los que hablan &ndash;los que escriben, los que nos escriben y nos hablan&ndash; se dedican a mostrarnos lo que ya sabemos, a repetirnos lo que ya escuchamos, a convencernos de que miremos una y mil veces lo que siempre miramos.
    </p><p class="article-text">
        Los decisivos son los otros: esos pocos que ven que ah&iacute;, no muy lejos, no muy escondido, justo delante de los ojos, hay algo que no sab&iacute;amos ver porque no cre&iacute;amos que debi&eacute;ramos mirarlo. Manchas que se revelan arte, huesos que niegan la mitolog&iacute;a. Hay que poder hacer sentido con lo que uno ve pero, sobre todo, entender que ah&iacute; hay algo que nos har&aacute; entender algo que no sabemos, algo que no sabemos que ignoramos.
    </p><p class="article-text">
        Y la historia del maestro y sus amigos tambi&eacute;n recuerda que al hacerlo hay riesgos. Ellos cre&iacute;an que esos dibujos ten&iacute;an diez o veinte mil a&ntilde;os pero pod&iacute;an equivocarse: de hecho muchos no lo creyeron, les parec&iacute;a rid&iacute;culo, arreciaron las burlas. Ellos lo estudiaron, se convencieron, insistieron, se arriesgaron &ndash;y cambiaron algo. Digo, aunque parezca Pedro Grullo: en eso consiste la tarea, en preguntarse sin cesar qu&eacute; es lo que no sabemos ver, qu&eacute; tenemos delante de los ojos y no vemos porque no sabemos; en convertir la mancha en arte antiguo, el borr&oacute;n en historia. Los que lo hacen ampl&iacute;an el campo de la visi&oacute;n, el conjunto de lo que miramos: son los que abren caminos, los que importan.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, supongo, la pregunta no deber&iacute;a ser qu&eacute; vemos, sino, siempre: &iquest;qu&eacute; no estamos viendo, que no sabemos ver? &iquest;Qu&eacute; mancha es un dibujo? &iquest;Qu&eacute; hay ah&iacute;, donde no vemos nada? Por eso, supongo, mirar el mundo es la tarea m&aacute;s dif&iacute;cil: mirarlo en serio, con esa desconfianza, con la lupa poderosa de la duda. Mirarlo, digo, como si nunca lo hubi&eacute;ramos visto, como si al fin consigui&eacute;ramos verlo. Mancharse, digo: descubrir los dibujos, entender algo nuevo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Martín Caparrós]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/aprender-mirar_129_8268146.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 02 Sep 2021 20:37:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Aprender a mirar]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[A Sumajestad, el rey de España]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/sumajestad-rey-espana_129_6164518.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6c4e9774-44a4-4ff3-a62e-62c52e2b7803_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="A Sumajestad, el rey de España"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Su única opción para no ser una nota al pie, un párrafo perdido en los libros de historia, es abdicar y buscarse un empleo</p></div><p class="article-text">
        Don Felipe Juan Pablo Alfonso de Todos los Santos de Borb&oacute;n y Grecia, rey de Espa&ntilde;a:
    </p><p class="article-text">
        Se&ntilde;or Sumajestad (disculpe, no s&eacute; si hay que llamarlo as&iacute;; no s&eacute; qu&eacute; dice un protocolo que, por suerte, ya vamos olvidando), perdonar&aacute; que lo moleste ahora, pero es que estos d&iacute;as usted sale mucho en los papeles, est&aacute; en su gran momento: los jefes de los partidos lo van a ver uno por uno y usted los recibe y les sonr&iacute;e mayest&aacute;tico y al final le dice al que los espa&ntilde;oles m&aacute;s o menos eligieron, Mariano Rajoy [este art&iacute;culo est&aacute; escrito en 2016], que por qu&eacute; no va y gobierna. Si usted no se lo dijera lo har&iacute;a igual, claro, porque esto se llama democracia; as&iacute; que lo suyo no es gran cosa, lo sabemos, pero es su trabajo y trata de hacerlo lo mejor posible.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n sabemos, se&ntilde;or Sumajestad, que usted tiene una vida rara. Para empezar, nunca debi&oacute; gan&aacute;rsela: tiene, desde antes de nacer, sus necesidades b&aacute;sicas &mdash;y muchas otras&mdash; satisfechas. Tiene, desde antes de nacer, por un sistema caprichoso que solo se le aplica a usted, su vida m&aacute;s o menos definida. Y le toc&oacute;, en esa extra&ntilde;a loter&iacute;a personal, un trabajo rumboso pero bastante rutinario.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No debe ser f&aacute;cil, se&ntilde;or Sumajestad. Nunca es f&aacute;cil ser un heredero: ser ese que debe todo a los esfuerzos &mdash;pol&iacute;ticos, econ&oacute;micos, p&uacute;blicos, ocultos&mdash; de pap&aacute;. Y la monarqu&iacute;a es la quintaesencia de la herencia. No solo por eso es una instituci&oacute;n tan extra&ntilde;a, tan de otros tiempos, de otras sociedades.
    </p><p class="article-text">
        Le escribo con las mejores intenciones: no me confunda, se&ntilde;or Sumajestad. Es cierto que mi idea de Espa&ntilde;a tiene mucho m&aacute;s que ver con la rep&uacute;blica &mdash;que mi abuelo Antonio apoy&oacute; y por cuya derrota yo nac&iacute; en Buenos Aires&mdash; que con la monarqu&iacute;a. Pero no soy tan necio como para ignorar que a millones de espa&ntilde;oles no les molesta ver coronas en escudos y banderas. As&iacute; que, lejos de prejuicios o rencores, puedo dec&iacute;rselo tranquilo: deber&iacute;a pensar en renunciar.
    </p><p class="article-text">
        (O como quiera que se diga: su trabajo es tan raro que no se puede renunciarle; ustedes los reyes no renuncian: abdican del trono, son depuestos, hacen cosas).
    </p><p class="article-text">
        Renunciar, abdicar, se&ntilde;or Sumajestad: conseguirse una casa, irse a su casa, buscarse un buen empleo. Se lo digo, repito, sin rencores. He escuchado decir que usted es m&aacute;s o menos buena gente, tolerante, incluso moderno para rey; alguien me ha llegado a decir que le van los sociatas. Ser&aacute;n, supongo, esos infundios que las personas como usted est&aacute;n acostumbradas a esquivar o, mejor, a desde&ntilde;ar como merecen.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que no es nada personal. Al contrario, creo que es por su bien, por eso se lo digo. Su trabajo es aburrido y un poco rancio y bastante c&oacute;modo &mdash;no tiene jefes, no lo pueden echar, no hay qui&eacute;n le mida los horarios, no pueden amenazarlo con una reducci&oacute;n de personal&mdash; pero tiene una exigencia fuerte: debe usarlo, se&ntilde;or Sumajestad, para buscar su lugar en los libros de historia. Y no es f&aacute;cil: su pap&aacute;, se&ntilde;or, hizo lo m&aacute;s dif&iacute;cil. Reinstaur&oacute; su monarqu&iacute;a, colabor&oacute; &ndash;dentro de un orden&ndash; con el restablecimiento de la democracia, se hizo querer, hizo mucho dinero. Usted, con todo respeto, no tiene mucho nuevo por hacer. Si acaso repetir y conservar, sin aspavientos, lo que &eacute;l ya dej&oacute; hecho. No es gran cosa para los manuales.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que su &uacute;nica opci&oacute;n para no ser una nota al pie, se&ntilde;or Sumajestad, un p&aacute;rrafo perdido, es abdicar. Imag&iacute;nese el golpe: usted en la pantalla anunciando que quiere ser un ciudadano como todos, vivir como uno m&aacute;s, hacer las cosas por su propio esfuerzo, porque entendi&oacute; que privilegios como el suyo, por puro m&eacute;rito de cuna, ya no tienen ning&uacute;n sentido en estos tiempos; que todos los espa&ntilde;oles deben ser iguales y que eso lo incluye y que por eso declara caduca y caducada la instituci&oacute;n que representa, y propone acabarla.
    </p><p class="article-text">
        Imag&iacute;nese, se&ntilde;or, la sorpresa, el respeto. La renuncia siempre tiene buena prensa: alguien que, sin presiones, por convicci&oacute;n y propia decisi&oacute;n, deja algo que ten&iacute;a. Y su renuncia ser&iacute;a &uacute;nica: no habr&iacute;a sucedido nunca antes. Por una vez, el adjetivo m&aacute;s devaluado de nuestro l&eacute;xico de adjetivos devaluados, el adjetivo &ldquo;hist&oacute;rico&rdquo;, estar&iacute;a justificado. Usted se habr&iacute;a ganado, en buena ley, el lugar que precisa en los libros de historia y fundado algo distinto, algo que podr&iacute;a durar siglos. Usted, entonces, ya no ser&iacute;a un cap&iacute;tulo m&aacute;s: ser&iacute;a un nuevo comienzo. Quiz&aacute; le parezca que no es para tanto: yo imagino que s&iacute;. En una sociedad donde nadie tenga privilegios por motivos tan bobos como su ascendencia, es m&aacute;s f&aacute;cil postular que nadie debe tenerlos por su dinero o su poder: que si alguien enga&ntilde;a o roba debe ir preso, sea quien sea, tenga lo que tenga; que si alguien necesita comida o salud o educaci&oacute;n debe obtenerlas, sea quien sea, sin diferencias de poder o dinero, y todos vivir&iacute;amos mejor.
    </p><p class="article-text">
        Y no se deje arredrar por quienes dicen que usted es necesario como prenda de unidad, s&iacute;mbolo de este pa&iacute;s siempre en cuesti&oacute;n. Es cierto que las naciones &mdash;esos inventos caprichosos y fr&aacute;giles&mdash; usan s&iacute;mbolos, necesitan s&iacute;mbolos; las naciones tienen banderas, memorias, himnos, grandes relatos, odios, camisetas. Son s&iacute;mbolos con cierto grado de abstracci&oacute;n, desencarnados: unos colores, unos dibujos, unas palabras, unos versos con su musiquita. Que una naci&oacute;n necesite simbolizarse en un jefe vitalicio &mdash;sintetizarse en un se&ntilde;or, en carne&mdash; es un gesto de tan poca abstracci&oacute;n que suena pobre. Permita que su naci&oacute;n consiga s&iacute;mbolos mejores: m&aacute;s contempor&aacute;neos.
    </p><p class="article-text">
        Pi&eacute;nselo, se&ntilde;or Sumajestad: se lo digo yo, que no soy nadie, casi un extranjero. Pero quiz&aacute; muchos m&aacute;s est&eacute;n de acuerdo. No le digo que lo haga ahora mismo, porque podr&iacute;a parecer una capitulaci&oacute;n. Qui&eacute;n sabe dentro de un par de a&ntilde;os, cuando acaben de juzgar a su cu&ntilde;ado fraudulento, cuando su padre ya no suene a elefantes difuntos o arribistas de revistas, cuando esos episodios se hayan difuminado en las memorias. Cuando ya no parezca que el problema de su instituci&oacute;n son sus errores y excesos sino la propia instituci&oacute;n; cuando todos puedan apreciar la grandeza inmarcesible de su gesto. Pi&eacute;nselo, se&ntilde;or: hay p&aacute;ginas y p&aacute;ginas que esperan sus palabras. Pi&eacute;nselo, si le parece, y conmigo no tenga cuidado: si llega a decidirlo, puede decir que se le ocurri&oacute; solo, en la ducha, una ma&ntilde;ana, porque no terminaba de estar c&oacute;modo en esta vida tan ajena que le toc&oacute; en la loter&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Este art&iacute;culo fue publicado previamente en </strong></em><a href="https://www.nytimes.com/es/2016/10/28/espanol/opinion/a-sumajestad-el-rey-de-espana.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em><strong>The New York Times</strong></em></a><em><strong> en 2016. Si te interesa seguir a Mart&iacute;n Caparr&oacute;s puedes leerle en </strong></em><a href="https://chachara.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em><strong>ch&aacute;chara</strong></em></a><em><strong>, su nuevo blog.</strong></em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Martín Caparrós]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/sumajestad-rey-espana_129_6164518.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 15 Aug 2020 19:50:08 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[A Sumajestad, el rey de España]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El futuro del futuro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/futuro_129_3017106.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9486b3e8-ad0f-4036-a87e-7561131cbcfb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El futuro del futuro"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Para poder construir un futuro se necesita, antes que nada, imaginarlo. Lo difícil no es conseguir algo que parece imposible; lo difícil es definir ese algo</p><p class="subtitle">Vivimos tiempos asustados, defensivos. Vivimos preocupados por la decadencia de nuestras condiciones de vida, por la pérdida de empleos, por el exceso de personas, por los gobiernos brutos</p></div><p class="article-text">
        A veces sue&ntilde;o con un futuro donde inventamos un futuro &ndash;y tenemos, entonces, qu&eacute; querer.&nbsp;Ser&iacute;a maravilloso:&nbsp;por oposici&oacute;n, sobre todo, a&nbsp;este&nbsp;presente.
    </p><p class="article-text">
        Vivimos tiempos sin futuro. Vivimos, en realidad,&nbsp;convencidos de que no lo hay, o sea: que&nbsp;dentro de veinte o treinta o cincuenta a&ntilde;os todo&nbsp;va a ser igual que esto&nbsp;con ligeros cambios, y que esos cambios ser&aacute;n t&eacute;cnicos. La base del capitalismo es la creencia en&nbsp;el poder de&nbsp;la t&eacute;cnica: que&nbsp;s&oacute;lo podamos pensar en ese tipo de cambios&nbsp;es el mayor triunfo de&nbsp;su&nbsp;idea.
    </p><p class="article-text">
        Imaginamos &ndash;intentamos imaginar&ndash;&nbsp;un mundo con inteligencia artificial,&nbsp;territorios virtuales,&nbsp;robots omnipresentes, autom&oacute;viles autom&oacute;viles,&nbsp;vidas&nbsp;alargadas,&nbsp;pero&nbsp;aceptamos que el capitalismo de mercado es para siempre. En eso somos&nbsp;muy poco originales: en general, no hubo&nbsp;&eacute;poca, no hubo organizaci&oacute;n social que no creyera que durar&iacute;a&nbsp;para siempre.&nbsp;El imperio romano&nbsp;iba a ser&nbsp;imperialmente eterno, los reyes de derecho divino ven&iacute;an garantizados por la divinidad, las mujeres nunca votar&iacute;an. Todos se lo creen, hasta que aparecen, en cada &eacute;poca, los primeros locos y los primeros signos que anuncian qu&eacute; podr&iacute;a reemplazarla.&nbsp;Ahora no parece que los haya: el futuro que nos&nbsp;atrajo&nbsp;durante&nbsp;los &uacute;ltimos 150 a&ntilde;os&nbsp;termin&oacute; en presentes horribles; lo descartamos y todav&iacute;a no encontramos el siguiente.&nbsp;El arte, como siempre, se adelant&oacute; a su sociedad: hab&iacute;a punks que gritaban&nbsp;<em>No future</em>&nbsp;a fines de los setentas, cuando muchos cre&iacute;amos que lo hab&iacute;a todav&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Ahora no hay, y tampoco en eso somos originales.&nbsp;Siempre hubo,&nbsp;a lo largo de la historia,&nbsp;&eacute;pocas&nbsp;en que&nbsp;esos&nbsp;que no aceptan su presente no&nbsp;consiguen&nbsp;imaginar un&nbsp;futuro distinto. Siempre hubo&nbsp;tiempos&nbsp;con futuro, tiempos sin.&nbsp;Y esas sociedades que no tienen una idea clara de c&oacute;mo querr&iacute;an que fuera su futuro, que no consiguen imaginarle nada bueno, le temen. As&iacute;, hay tiempos que desean que ese futuro llegue y tiempos que&nbsp;s&oacute;lo esperan que tarde todo lo posible.
    </p><p class="article-text">
        Vivimos en uno de&nbsp;esos: tiempos asustados,&nbsp;defensivos. Vivimos&nbsp;preocupados por la decadencia de nuestras condiciones de vida, por la falta de incentivos,&nbsp;por la p&eacute;rdida de empleos,&nbsp;por el exceso de personas, por los gobiernos brutos,&nbsp;por la degradaci&oacute;n del medio ambiente.&nbsp;Vivimos peleando contra, casi nunca a favor.&nbsp;Vivimos preocupados porque no tenemos d&oacute;nde ir: no tenemos un futuro ad&oacute;nde ir.
    </p><p class="article-text">
        Para poder construir un futuro&nbsp;se necesita, antes que nada,&nbsp;imaginarlo.&nbsp;Lo dif&iacute;cil no es conseguir algo que parece imposible; lo dif&iacute;cil es definir ese algo.&nbsp;Eso es, supongo, lo que nos toca ahora: empezar a pensar c&oacute;mo querr&iacute;amos que fuera ese mundo donde s&iacute; valdr&iacute;a la pena, a&nbsp;suponerlo, a dise&ntilde;ar sus rasgos principales, a empezar a hacerlo posible crey&eacute;ndolo posible. Y conseguir, entonces, dentro de veinte o treinta a&ntilde;os, un mundo donde muchos sepamos &ndash;o sepan&ndash; qu&eacute; estaremos &ndash;estar&aacute;n&ndash; intentando construir.&nbsp;No hay momento mejor.&nbsp;Con ese futuro sue&ntilde;o, muchas veces, cuando me despierto: un futuro donde s&iacute; tenemos un futuro, y&nbsp;vamos a buscarlo.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2"><a href="http://www.eldiario.es/redaccion/imaginar-futuro-monografico-revista-eldiarioes_6_688791115.html">Este artículo se publicó en el número 17 de la revista de eldiario.es, un monográfico dedicado al reto de imaginar el futuro.</a><br/><br/></blockquote>
    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Martín Caparrós]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/futuro_129_3017106.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 10 Dec 2017 19:31:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El futuro del futuro]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El hambre, un problema ajeno]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/hambre-problema-ajeno_1_3136663.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e4d92cb2-31c0-456a-8094-6c7a5ec7c668_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El hambre, un problema ajeno"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El hambre es algo que solo les sucede a otros, no a nuestros parientes, amigos, vecinos; no solemos pensar en el hambre y, cuando pensamos, no sabemos qué hacer con esos pensamientos</p><p class="subtitle">Cuando hablamos de solucionar el hambre estamos hablando de dos cosas muy distintas: atacarlo como problema sanitario o como la metáfora extrema de un estado económico y social, político</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Nueva&nbsp;entrega de&nbsp;<a href="http://www.eldiario.es/redaccion/eldiarioes-QUEPO_6_569453072.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">una serie de art&iacute;culos</a>&nbsp;del&nbsp;<a href="http://www.eldiario.es/redaccion/eldiarioes-QUEPO_6_569453072.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">proyecto FAM</a>, sobre el hambre, en colaboraci&oacute;n con eldiario.es</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        S&iacute;, yo me la busqu&eacute;: escrib&iacute; un libro sobre el hambre que se llama <em>El Hambre</em>, lo publicaron en dos docenas de pa&iacute;ses, tuve que presentarlo en muchos de ellos; en los &uacute;ltimos a&ntilde;os he hablado y escuchado casi todo sobre el hambre, aqu&iacute; y all&aacute; y en todas partes donde voy: es posible que haya aprendido algo.
    </p><p class="article-text">
        Si solo pudiera saber qu&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        * * *
    </p><p class="article-text">
        Lo primero que me sorprendi&oacute; fue que le hicieran alg&uacute;n caso. Cuando me resign&eacute;, hace ya tiempo, a ponerme a trabajar en &eacute;l, mi libro estaba destinado al olvido m&aacute;s raudo. Decid&iacute; hacerlo porque me resultaba m&aacute;s dif&iacute;cil no hacerlo &ndash;porque, una vez que hab&iacute;a barajado la posibilidad, no hacerlo era una deserci&oacute;n&ndash;, pero estaba convencido de que nadie lo leer&iacute;a. El hambre vive entre nosotros, mata entre nosotros, est&aacute; con nosotros todo el tiempo y no le prestamos ninguna atenci&oacute;n, nunca tratamos de averiguar d&oacute;nde, c&oacute;mo, por qu&eacute;. O, incluso: creemos que sabemos todo lo que necesitamos saber sobre &eacute;l &ndash;que, por supuesto, nunca es mucho.
    </p><p class="article-text">
        Y, sin embargo.
    </p><p class="article-text">
        * * *
    </p><p class="article-text">
        Cre&iacute;a en el olvido veloz pero, a&uacute;n as&iacute;, me importaba hacer un buen trabajo. Tom&eacute;, para eso, dos decisiones b&aacute;sicas &ndash;sintetizadas, faltaba m&aacute;s, por dos esl&oacute;ganes de cuarta.
    </p><p class="article-text">
        * * *
    </p><p class="article-text">
        Primero, que no existe <em>el hambre</em> &ndash;&ndash;sino millones de personas que no comen suficiente. Que, en general, quienes dicen <em>el hambre</em> intentan convertirlo en algo abstracto, inmaterial, lo contrario de lo que realmente es: las vidas y las muertes de casi mil millones de personas. Y que, para evitar esa trampa, la base de mi trabajo ser&iacute;a hablar con una buena cantidad de esas personas, preguntarles, escucharlos, averiguar c&oacute;mo es vivir con hambre &ndash;y tratar de contarlo.
    </p><p class="article-text">
        Pero tem&iacute;a que esas historias pudieran convertirse en eso que, para no entendernos, llam&eacute; &ldquo;pornograf&iacute;a de la miseria&rdquo;: historias tristes muy sentidas que dejaran en el lector el alivio, la satisfacci&oacute;n de haberse entristecido, de haber sido sensible al dolor de esos pobres, y ya. Para evitarlo deb&iacute;a encontrar el modo de combinar esas historias con la historia, los contextos, los datos, los an&aacute;lisis que les dieran sentido: que consiguieran explicarlas.
    </p><p class="article-text">
        Y, segundo: que no existe <em>el hambre</em> &ndash;sino formas y estructuras diversas, muy variadas, por las cuales millones de personas no comen suficiente. Y que si quer&iacute;a evitar las simplificaciones deb&iacute;a definir esas formas y tratar de contar sus singularidades: para eso, decid&iacute;, ir&iacute;a a ocho o nueve pa&iacute;ses, y cada uno me permitir&iacute;a mostrar y analizar cada una de esas formas. Fueron, al fin, la India, Bangladesh, N&iacute;ger, Sud&aacute;n del Sur, Madagascar, Estados Unidos, Argentina. Esperaba que, por esa combinaci&oacute;n de historias y an&aacute;lisis, el tema no cerrara con una lagrimita de compasi&oacute;n sino con ese hormigueo que &ndash;se supone&ndash; la comprensi&oacute;n provoca: la voluntad de hacer algo a partir de lo que uno ha entendido.
    </p><p class="article-text">
        Era &ndash;soy, ya lo sabemos&ndash; un iluso.
    </p><p class="article-text">
        Grasiadi&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        * * *
    </p><p class="article-text">
        El libro, por supuesto, establec&iacute;a ciertos hechos brutales: que, seg&uacute;n el secretario Ban Ki Moon, cada d&iacute;a se mueren 25.000 personas por causas relacionadas con el hambre. Que esa matanza &ndash;un holocausto y medio cada a&ntilde;o&ndash; no tiene justificaciones t&eacute;cnicas, porque sucede en un mundo habitado por 7.300 millones de personas capaz de producir comida para 12.000 millones: un mundo donde la comida deber&iacute;a sobrar. Que el hambre contempor&aacute;neo no es un producto de la pobreza, como suelen decir los grandes organismos, sino de la riqueza: del hecho de que algunos acaparen lo que muchos necesitan. Y que, entonces, el hambre contempor&aacute;neo es el m&aacute;s violento de la historia, porque no lo causa la carencia sino, tan claramente, la concentraci&oacute;n de esa riqueza. Y que esa concentraci&oacute;n tampoco es algo abstracto, sino que tiene mecanismos muy precisos, que intentaba mostrar.
    </p><h3 class="article-text">La &ldquo;Era de la Alimentaci&oacute;n Posible&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Pero me interesa, ahora, pensar lo que pas&oacute; despu&eacute;s, en esas charlas repetidas &ndash;que siguen todav&iacute;a&ndash; sobre el tema, con p&uacute;blicos muy variados, en pa&iacute;ses tambi&eacute;n muy diferentes. En esas discusiones aprend&iacute; cosas, entend&iacute; cosas &ndash;que no hab&iacute;a conseguido pensar durante la escritura. Por ejemplo, que deber&iacute;a haber enfatizado m&aacute;s en ese momento hist&oacute;rico decisivo que la historia no se encarg&oacute; de registrar.
    </p><p class="article-text">
        Hay quienes dicen que el hambre empez&oacute; con el descubrimiento de las t&eacute;cnicas de producci&oacute;n de la comida. Por sorprendente que pueda parecer, creemos saber que nuestros ancestros cazadores recolectores no pasaban hambre: eran cuatro o cinco gatos, iban y ven&iacute;an, pod&iacute;an conseguir sin mucho esfuerzo lo poco que necesitaban. Hasta que alguien entendi&oacute; que si dejaba en tierra una semilla obten&iacute;a una planta, y si dejaba cien obten&iacute;a unas docenas, y fue la agricultura.
    </p><p class="article-text">
        Y la producci&oacute;n de comida se sistematiz&oacute;, y los hombres y mujeres tuvieron que instalarse para esperar que crecieran esas plantas, y aparecieron los primeros pueblos y despu&eacute;s las primeras ciudades y las primeras casas y las primeras amas de casa y los primeros jefes y los primeros ricos y los primeros soldados y los segundos dioses. Los hombres pod&iacute;an producir &ndash;predecir&ndash; su comida, saber cu&aacute;ndo y d&oacute;nde la tendr&iacute;an, y eso les permiti&oacute; reproducirse tanto m&aacute;s y esas aglomeraciones de m&aacute;s personas empezaron a conocer el hambre: bastaba una sequ&iacute;a o una guerra o un jefe demasiado &aacute;vido o un dios insatisfecho para que esas comunidades de depend&iacute;an de su cosecha se quedaran sin nada que comer.
    </p><p class="article-text">
        Desde entonces, la principal caracter&iacute;stica de la comida siempre fue su escasez: m&aacute;s all&aacute; de la concentraci&oacute;n que siempre hubo, era cierto que la Tierra no consegu&iacute;a producir comida suficiente para todos. Hasta un momento, hacia 1970 o quiz&aacute;s 1980, en que al fin s&iacute;. Habr&iacute;a que estudiarlo: c&oacute;mo fue que sucedi&oacute;, por qu&eacute;, sus causas, consecuencias. Los cambios t&eacute;cnicos derivados de la Revoluci&oacute;n Verde parecen haber sido decisivos: lo cierto es que, por primera vez en la historia, el planeta fue capaz de alimentar a todos sus habitantes. Es un hecho mucho m&aacute;s que hist&oacute;rico, uno de esos quiebres que suceden muy de tanto en tanto &ndash;y nadie sabe c&oacute;mo fue, nadie pens&oacute; en pensarlo y registrarlo como tal.
    </p><p class="article-text">
        * * *
    </p><p class="article-text">
        El principio de la Era de la Alimentaci&oacute;n Posible es el mayor hecho hist&oacute;rico que no estudia ning&uacute;n historiador.
    </p><h3 class="article-text">El imperio de la carne</h3><p class="article-text">
        O, quiz&aacute;, pens&eacute; despu&eacute;s, deber&iacute;a haber insistido en el final de la Era de la Carne. El consumo de carne es una forma tan clara de concentraci&oacute;n de la riqueza. La carne acapara recursos que se podr&iacute;an repartir: se necesitan cuatro calor&iacute;as vegetales para producir una calor&iacute;a de pollo; seis, para producir una de cerdo; diez calor&iacute;as vegetales para producir una calor&iacute;a de vaca o de cordero. Lo mismo pasa con el agua: se necesitan 1.500 litros para producir un kilo de ma&iacute;z, 15.000 para un kilo de vaca. O sea: cuando alguien come carne se apropia de recursos que, repartidos, alcanzar&iacute;an para cinco, ocho, diez personas.
    </p><p class="article-text">
        Comer carne es establecer una desigualdad bien bruta: yo soy el que puede tragarse los recursos que ustedes necesitan. La carne es estandarte y es proclama: que solo podemos usar as&iacute; el planeta si hay otros &ndash;miles de millones&ndash; que se resignan a usarlo mucho menos. Si todos quieren usarlo igual no puede funcionar: la exclusi&oacute;n es condici&oacute;n necesaria &ndash;y nunca suficiente.
    </p><p class="article-text">
        Cada vez m&aacute;s gente se empuja para sentarse a la mesa de las carnes &ndash;los chinos, por ejemplo, que hace veinte a&ntilde;os consum&iacute;an cinco kilos por persona y por a&ntilde;o, y ahora m&aacute;s de cincuenta&ndash; porque comer carne te define como un depredador exitoso, un triunfador. En las &uacute;ltimas d&eacute;cadas el consumo de carne aument&oacute; el doble que la poblaci&oacute;n del mundo. Hacia 1950 el planeta produc&iacute;a cincuenta millones de toneladas de carne por a&ntilde;o; ahora, casi seis veces m&aacute;s &ndash;y se prev&eacute; que vuelva a duplicarlo en 2030. Mientras, un buen tercio de la poblaci&oacute;n mundial sigue comiendo como siempre: miles de millones no prueban la carne casi nunca, la mitad de la comida que la humanidad consume cada d&iacute;a es arroz, y un cuarto m&aacute;s, trigo y ma&iacute;z.
    </p><p class="article-text">
        Ahora nos parece normal, pero es tan raro: un bistec con patatas, unas salchichas con pur&eacute;, un pollo con arroz, prote&iacute;na animal con alg&uacute;n vegetal acompa&ntilde;ando, es una inversi&oacute;n del orden hist&oacute;rico que, desde siempre, fue el contrario: un vegetal si acaso acompa&ntilde;ado por &iacute;nfimos trozos de animal. Es un tremendo cambio cultural &ndash;y ni siquiera lo pensamos. Y menos pensamos lo que eso significa como gesto econ&oacute;mico, social. No le digan a nadie que lo est&aacute; diciendo un argentino: comerse un buen bife/chulet&oacute;n/bistec, un gran trozo de carne, es una de las formas m&aacute;s eficaces de validar y aprovechar un mundo injusto.
    </p><p class="article-text">
        Pero ya aparecen las grietas en el imperio de la carne. Primero fue el imperativo de la salud: cuando nos dijeron que su colesterol nos embarraba el cuerpo. Y ahora, en los barrios m&aacute;s cool de las ciudades ricas, cada vez m&aacute;s se&ntilde;oras y se&ntilde;ores rechazan la carne por convicciones varias: que no quieren comer cad&aacute;veres, que no quieren ser responsables de esas muertes, que no quieren exigir as&iacute; a sus cuerpos, que no quieren. Llueve, estos d&iacute;as, sobre mojado: la amenaza del c&aacute;ncer. Hasta que llegue la imposibilidad m&aacute;s pura y dura: tantos querr&aacute;n comer su libra de carne que el planeta, agotado, dir&aacute; basta.
    </p><p class="article-text">
        Tardar&aacute;: el comercio mundial de alimentos est&aacute; organizado para concentrar los recursos en beneficio de los m&aacute;s ricos, intereses potentes defender&aacute;n sus intereses. Pero alguna vez, dentro de d&eacute;cadas, un siglo, los historiadores empezar&aacute;n a mirar atr&aacute;s y hablar&aacute;n de estos tiempos &ndash;un lapso breve, un suspiro en la historia&ndash; como la Era de la Carne. Que habr&aacute;, entonces, pasado para siempre.
    </p><p class="article-text">
        * * *
    </p><p class="article-text">
        Son cuestiones internas, lo que fui aprendiendo sobre el hambre en este a&ntilde;o y pico de charlas y presentaciones. Pero lo que m&aacute;s me interesa no est&aacute; all&iacute;, sino del otro lado: en las reacciones de quienes vinieron a escuchar, a conversar.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; hacer cuando te dicen que tu forma de vida solo es posible gracias a las formas de muerte &ndash;al hambre&ndash; de millones; qu&eacute;, cuando te explican que la ropa que llevas es el producto del hambre de las mujeres bengal&iacute;es; qu&eacute;, cuando te cuentan que la electricidad que ilumina tu casa te llega del expolio del uranio de N&iacute;ger?
    </p><p class="article-text">
        * * *
    </p><p class="article-text">
        Todo eso que alg&uacute;n autor debidamente transochado podr&iacute;a titular: &iquest;Qu&eacute; hacer con la conciencia?
    </p><p class="article-text">
        * * *
    </p><p class="article-text">
        Lo dicho: no solemos pensar en el hambre. No es dif&iacute;cil no pensar en el hambre: es el problema ajeno por antonomasia. Hay, supongamos, m&aacute;s de 800 millones de personas en el mundo que pasan hambre: una de cada nueve. Si la estad&iacute;stica fuera una disciplina seria, podr&iacute;amos esperar que una de cada nueve personas que encontramos sufriera de desnutrici&oacute;n &ndash;y sabemos que no. El hambre &ndash;para nosotros, ciudadanos letrados de pa&iacute;ses m&aacute;s o menos pr&oacute;speros&ndash; es algo que solo les sucede a otros, no a nuestros parientes, amigos, vecinos, condisc&iacute;pulos. No solemos pensar en el hambre y, cuando pensamos, no sabemos qu&eacute; hacer con esos pensamientos.
    </p><h3 class="article-text">Solucionar el hambre</h3><p class="article-text">
        Me pas&oacute; muchas veces, casi siempre: la exposici&oacute;n sobre el asunto lleva a una mezcla de cabreo y desaliento. Me preguntan qu&eacute; soluci&oacute;n propongo, y yo, ninguna. Y me vuelven a preguntar; como si me dijeran: para qu&eacute; nos cuenta todo esto si no nos va a decir c&oacute;mo solucionarlo.
    </p><p class="article-text">
        Estamos, sospecho, bastante malacostumbrados.
    </p><p class="article-text">
        Entonces yo, a veces, digo que estoy en contra de los que ofrecen soluciones, que los que ofrecen soluciones son los profetas o los politicuchos, que lo que vale la pena no es esperar que te traigan las soluciones hechas sino encontrarlas entre muchos, que las soluciones que nos llegan de arriba son sospechosas de por s&iacute; y adem&aacute;s suelen estar pensadas para beneficio del que las ofrece y, a&uacute;n si no, son un modo de establecer o consolidar el poder del profeta de turno, digo &ndash;y que, entonces, si tuviera la soluci&oacute;n no la dar&iacute;a. Y podr&iacute;a, supongo, dejarlo all&iacute;, y escapar con supuesta elegancia. Pero en este tema la elegancia es una porquer&iacute;a, as&iacute; que me embarro: digo que, por supuesto, m&aacute;s all&aacute; de todo eso, no la tengo.
    </p><p class="article-text">
        * * *
    </p><p class="article-text">
        El obst&aacute;culo principal para tenerla es que, como siempre, no sabemos de qu&eacute; estamos hablando. Son los problemas de la literalidad: &iquest;solucionar el hambre es solucionar el hambre? &iquest;O es buscar la soluci&oacute;n a la desigualdad de la que el hambre es, a su vez, el efecto m&aacute;s brutal y la met&aacute;fora m&aacute;s clara?
    </p><p class="article-text">
        Creo que cuando hablamos de solucionar el hambre estamos hablando de &ndash;por lo menos&ndash; dos cosas muy distintas. Una es atacar el hambre como problema sanitario; otra, atacarlo como la met&aacute;fora extrema de un estado econ&oacute;mico y social, pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        La soluci&oacute;n sanitaria consiste en conseguir que esos cientos de millones de personas que comen menos de 2000 calor&iacute;as diarias alcancen esa cantidad. Lo cual podr&iacute;a obtenerse si la cooperaci&oacute;n internacional y las ayudas humanitarias llegaran al nivel que los pa&iacute;ses ricos suelen proclamar, por ejemplo: no ser&iacute;a ni tan dif&iacute;cil ni tan caro proveer de alimentos de bajo costo a esos millones. Y conseguir que, en lugar de vivir con menos de 1,25 d&oacute;lares por d&iacute;a vivan con, digamos, 1,75, y que la desigualdad extrema se mantenga pero se manifieste en muchas otras cosas &ndash;y ya no en la absoluta falta de comida.
    </p><p class="article-text">
        Ser&iacute;a un avance enorme para esos cientos de millones &ndash;salvar&iacute;a tantas vidas&ndash; y tambi&eacute;n para el sistema de injusticia que quedar&iacute;a mucho mejor legitimado. Es la opci&oacute;n m&aacute;s difundida: los mecanismos de la beneficencia o caridad o &ndash;su nombre m&aacute;s actual&ndash; el asistencialismo. Nunca dije que no haya que hacerlo; digo, s&iacute;, que no alcanza.
    </p><p class="article-text">
        Otra posibilidad es pensar el hambre como manifestaci&oacute;n extrema de esa desigualdad, y suponer que no sirve solucionar la falta de ingesta si no se cambian las condiciones sociales y econ&oacute;micas que la producen: creer que los cambios pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos necesarios para establecer mayores niveles de igualdad traer&aacute;n, entre sus numerosas consecuencias, el fin de cualquier hambre.
    </p><p class="article-text">
        Esos cambios son, por supuesto, dif&iacute;ciles de imaginar: c&oacute;mo se consigue el poder pol&iacute;tico necesario para modificar la forma en que se organizan los mercados mundiales &ndash;y, entre otras cosas, su producci&oacute;n y distribuci&oacute;n de alimentos y dem&aacute;s bienes. O, por decirlo de una forma modesta: nuestras sociedades.
    </p><p class="article-text">
        Las &uacute;ltimas l&iacute;neas de <em>El Hambre</em> aluden brevemente a esta cuesti&oacute;n: &ldquo;Un nuevo paradigma es lo impensable. Es lo que constituye su dificultad y su atracci&oacute;n y su dificultad. Es lo que vale la pena de ser pensado.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Maneras, en s&iacute;ntesis, de forzar el reparto: que los bienes est&eacute;n equitativamente repartidos, que el poder est&eacute; equitativamente repartido. Buscar la forma pol&iacute;tica que corresponda a una idea moral de la econom&iacute;a &ndash;y no la forma de la econom&iacute;a que corresponda a una idea moralista de la pol&iacute;tica. As&iacute; dicho parece una simpleza &ndash;y no sabemos.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        * * *
    </p><p class="article-text">
        Yo creo esto, pero no se c&oacute;mo se hace. Tengo un deseo, no un camino. Y a nadie le gusta que le digan deseos sin decirle c&oacute;mo podr&iacute;an, si acaso, cumplirse.
    </p><p class="article-text">
        * * *
    </p><p class="article-text">
        Y entonces suelo recordar que hay momentos de la historia en que las sociedades tienen un proyecto claro de futuro y momentos en que no, y que cuando lo tienen desean llegar a ese futuro, construirlo, pero que cuando no lo tienen el futuro se constituye en amenaza: lo desconocido, lo temible. Y que ahora estamos claramente en uno de esos momentos &ndash;como bien puede verse por la hegemon&iacute;a del discurso ecologista, gran heraldo del miedo al futuro&ndash; y que la construcci&oacute;n de un proyecto de futuro es algo que se hace de a poco y entre muchos y que vaya a saber cu&aacute;ndo cristalizar&aacute; en un cuerpo de ideas lo suficientemente potente como para movilizar a quienes conseguir&aacute;n implementarlas. Y que eso puede tardar a&ntilde;os, siglos, pero que la historia no conoce ning&uacute;n sistema que dure para siempre, y que el nuestro, que nos empe&ntilde;amos en suponer eterno, no tiene ni c&oacute;mo ni por qu&eacute; ser diferente.
    </p><p class="article-text">
        Todo lo cual, por supuesto, suena a paja distante y no disminuye la angustia de pensar que s&iacute;, que hay cientos de millones de personas que no comen y esa se&ntilde;ora sentada en la s&eacute;ptima fila acaba de enterarse &ndash;de enterarse en el sentido fuerte de enterarse&ndash; y lo piensa y lo toma en cuenta y no sabe qu&eacute; hacer al respecto. Y entonces la desaz&oacute;n, el malhumor: saber es irritante y desmovilizador cuando no se proponen soluciones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La culpa, sobre todo: la culpa es una reacci&oacute;n que te detiene, que te deja a solas con tus imposibilidades. Pornograf&iacute;a en estado puro.
    </p><p class="article-text">
        * * *
    </p><p class="article-text">
        Y eso no es bueno para un libro escrito bajo un lema casi claro, un libro que repite la pregunta que es mejor evitar: &ldquo;&iquest;C&oacute;mo carajo conseguimos vivir sabiendo que pasan estas cosas?
    </p><p class="article-text">
        Pero, m&aacute;s alla o m&aacute;s ac&aacute; de todo esto, espero que tanta ch&aacute;chara pueda haber contribuido algo a hacer m&aacute;s visible el problema m&aacute;s brutal, m&aacute;s cacareado, m&aacute;s invisible de estos tiempos.
    </p><p class="article-text">
        O no, pero eso depende de usted, no de nosotros.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Martín Caparrós]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/hambre-problema-ajeno_1_3136663.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 15 Oct 2017 18:44:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El hambre, un problema ajeno]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Hambre,Martín Caparrós,Desnutrición,Desigualdad]]></media:keywords>
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