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    <title><![CDATA[elDiario.es - Berta Gómez]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/berta_gomez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Berta Gómez]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Mercè Rodoreda, de lectura escolar obligatoria a protagonista de memes y 'stickers']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/merce-rodoreda-lectura-escolar-obligatoria-protagonista-memes-stickers_1_8419564.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4f82969a-9adb-481a-bd0a-e423b767a507_16-9-discover-aspect-ratio_default_1032553.jpg" width="1882" height="1058" alt="Mercè Rodoreda, de lectura escolar obligatoria a protagonista de memes y &#039;stickers&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ver la cara de la escritora catalana, fallecida en 1983, comparada con distintos tipos de flores es una puerta de entrada a la enigmática autora de 'La plaza del Diamante', una obra que le gusta a Rosalía</p><p class="subtitle">Sara Barquinero: "A veces nos comprometemos afectivamente mediante la obsesión, que es casi peor que el amor romántico"</p></div><p class="article-text">
        La risa histri&oacute;nica de Merc&egrave; Rodoreda era el rasgo de su car&aacute;cter que m&aacute;s llamaba la atenci&oacute;n tras un primer encuentro. &ldquo;Lo que mejor recuerdo es la alquimia de su risa y su mirada extra&ntilde;a&rdquo;, escribe Montserrat Roig despu&eacute;s de entrevistarla. Se cre&oacute; as&iacute; la imagen de una escritora que, aun describi&eacute;ndose a s&iacute; misma como introvertida, parec&iacute;a desvergonzada, ir&oacute;nica y mordaz en las distancias cortas. 
    </p><p class="article-text">
        A Rodoreda le gustaba meterse en situaciones complejas y problem&aacute;ticas para, seg&uacute;n contaba, acumular material narrativo y plasmarlo en sus novelas. La primera aventura no fue buscada, pero sembr&oacute; en ella ese esp&iacute;ritu: con poco m&aacute;s de 30 a&ntilde;os, cuando ya empezaba a ser reconocida en el mundo literario catal&aacute;n, tuvo que exiliarse a Francia al finalizar la Guerra Civil. La paz tampoco durar&iacute;a mucho en Par&iacute;s y seis a&ntilde;os despu&eacute;s se vio esquivando soldados alemanes durante tres semanas para regresar a pie a Barcelona. &ldquo;Mire, yo he ido muy poco a la escuela y me hubiera gustado mucho ir a la universidad, cosa que no ocurri&oacute;, pero iba a una escuela muy buena que es la escuela de mi propia vida y los libros que le&iacute;a&rdquo;, contaba Rodoreda en el programa <em>A fondo</em>, grabado en 1980.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; nacieron tanto las cuatro primeras novelas cortas de las que despu&eacute;s renegar&iacute;a toda su vida, como las obras por las que hoy cuenta con un reconocimiento literario internacional: <em>La plaza del Diamante, Aloma</em> o <em>Espejo roto</em>. Libros traducidos a m&aacute;s de 40 idiomas y que, para lo bueno y malo, se convirtieron en lectura obligatoria dentro del curr&iacute;culum escolar de las comunidades catalanoparlantes, transformando a Rodoreda en un s&iacute;mbolo de la cultura catalana. Su r&aacute;pida institucionalizaci&oacute;n provoc&oacute; que su obra quedara ligada a la historia del pa&iacute;s, en tanto que sus novelas serv&iacute;an de retrato y testimonio de la vida en la posguerra, y a la ortodoxia curricular. 
    </p><p class="article-text">
        La pregunta que surge entonces es c&oacute;mo desde esta r&iacute;gida lectura, la escritora aparece hoy reconvertida en una suerte de icono pop millennial en redes sociales. Haciendo una b&uacute;squeda r&aacute;pida en Twitter es f&aacute;cil toparse con un <a href="https://twitter.com/amemsillegim/status/1389297419272265733?s=20" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">hilo</a> que compara fotos de Rodoreda con im&aacute;genes de flores, frases suyas con miles de retuits, gifs y <em>stickers</em>, art&iacute;culos que hacen tipolog&iacute;as de masculinidades t&oacute;xicas comparando sus personajes con memes o <a href="https://www.youtube.com/watch?v=eayGr8MX_J0" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">v&iacute;deos con centenares de miles de visitas </a>en los que se asocian sus novelas a<em> influencers</em> como Dulceida o Laura Escanes.&nbsp;
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/1389297621370560517?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><p class="article-text">
        &ldquo;A pesar de que Rodoreda es una escritora muy estimada, creo que hay toda una generaci&oacute;n de catalanes que no tienen en demasiada estima <em>La plaza del Diamante</em>, y esto se debe a la obligatoriedad de su lectura durante la educaci&oacute;n secundaria. Sin embargo, esta misma generaci&oacute;n se est&aacute; aproximando ahora desde otras perspectivas a su figura&rdquo;, explica Sergio Fern&aacute;ndez, doctor en Teor&iacute;a de la Literatura, editor de sus cuentos infantiles y que acaba de publicar una nueva traducci&oacute;n al castellano de <em>La plaza del Diamante</em> (Edhasa)<em>; </em>Rodoreda hab&iacute;a manifestado que la anterior, realizada por Enrique Soto, no la convenc&iacute;a del todo. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Recientemente tambi&eacute;n se ha publicado <em>Paraules, flors i p&oacute;lvora</em> de Cinta Arasa, que es una novela que recrea, desde la ficci&oacute;n, la adolescencia de Rodoreda y su esp&iacute;ritu combativo&rdquo;, contin&uacute;a Fern&aacute;ndez, enumerando varios ejemplos que han contribuido a esta transformaci&oacute;n en las formas de recibir y leer a la escritora catalana. &ldquo;La p&eacute;rdida de prejuicios tambi&eacute;n han impulsado su obra: la reedici&oacute;n de novelas como <em>La calle de las Camelias</em> y <em>La muerte y la primavera</em>, tan enigm&aacute;tica en su redacci&oacute;n y tan misteriosa en su contenido, ha logrado el acercamiento de un p&uacute;blico mayor, y a su vez se ha aportado nuevas visiones en la producci&oacute;n narrativa de la autora&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Precisamente la publicaci&oacute;n en 2017 de esta &uacute;ltima novela p&oacute;stuma, <em>La muerte y la primavera, </em>abr&iacute;a la puerta a una Rodoreda m&aacute;s desconocida y oscura, en la que el elemento fant&aacute;stico ganaba fuerza y transitaba hasta descripciones de horror g&oacute;tico. Aqu&iacute; apenas hay rastro del inter&eacute;s sociohist&oacute;rico de las anteriores, m&aacute;s bien al contrario: genera una sensaci&oacute;n de extra&ntilde;amiento, m&aacute;s cercana a lo desconocido que a una lectura costumbrista de la novela psicol&oacute;gica. &ldquo;Estoy segura de que esta novela determin&oacute; un cambio de percepci&oacute;n&rdquo;, comenta Maria Bohigas, editora de Rodoreda en Club Editor. &ldquo;Lo vimos con nuestros ojos: de repente, en las presentaciones de libros, el p&uacute;blico hab&iacute;a rejuvenecido 20 o 30 a&ntilde;os. Y es que el mundo de <em>La muerte</em> <em>y la primavera</em> resulta mucho m&aacute;s familiar y cre&iacute;ble, mucho m&aacute;s descifrable para una persona nacida en el a&ntilde;o 2000 que el mundo realista de la posguerra tal como lo viven Colometa o Cecilia Ce&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Bohigas es traductora, fil&oacute;loga, editora y directora de Club Editor desde 2005, cuando compr&oacute; al grupo Planeta la editorial que hab&iacute;a fundado su abuelo, el novelista Joan Sales, y que public&oacute; en su momento las grandes novelas de Merc&egrave; Rodoreda. Desde entonces, Bohigas ha trabajado en la recuperaci&oacute;n y actualizaci&oacute;n de su cat&aacute;logo, ofreciendo una nueva vida a los cl&aacute;sicos. &ldquo;Las obras maestras tienen esa virtud: cada &eacute;poca necesita releerlas y reinterpretarlas&rdquo;; y explica, en referencia a la autora catalana, que &ldquo;hubo un tiempo en que no se quer&iacute;a ver cierta dimensi&oacute;n de Rodoreda vinculada a la violencia y al sexo. Hoy se tiende a ver s&oacute;lo su tratamiento de la violencia de g&eacute;nero. Pero, en realidad, Rodoreda es m&aacute;s compleja, se encarga de poner delante de nuestras narices su experiencia del mundo, donde nada se reparte tan bien entre hombres y mujeres como las ganas de causar da&ntilde;o a los dem&aacute;s. Siempre hay muchas miradas que conviven y se contradicen&rdquo;.
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/1183310517244452864?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><p class="article-text">
        La incapacidad del imaginario popular de pensar en ella como una escritora que hablase de relaciones de dominaci&oacute;n, sexo y violencia, tambi&eacute;n tuvo mucho que ver con la adaptaci&oacute;n maniquea de su obra a otros formatos. &ldquo;Como milennial, para m&iacute; Rodoreda ha estado sin duda asociada a una est&eacute;tica de telenovela muy concreta, seguramente por la adaptaci&oacute;n que hizo Benet i Jornet de <em>Mirall trencat</em>. Y entiendo que tambi&eacute;n contribuy&oacute; a ello la institucionalizaci&oacute;n de la autora y la utilizaci&oacute;n pol&iacute;tica de su figura, que hicieron que para muchos quedara asociada a una cultura sensiblera, aburrida y carca: Merc&egrave; Rodoreda como una <em>tieta convergent</em>&rdquo;, cuenta Eudald Espluga, periodista cultural que ha publicado varios art&iacute;culos en Playground &ndash;medio dirigido a un p&uacute;blico joven&ndash; sobre las reediciones y traducciones m&aacute;s recientes de sus obras. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En el instituto las novelas de Rodoreda serv&iacute;an mucho m&aacute;s como documento hist&oacute;rico para hablar de la dif&iacute;cil vida en la Espa&ntilde;a de posguerra que como obras literarias con un valor est&eacute;tico propio. Igual que en esos mismos a&ntilde;os escolares <em>Solitud</em>, de V&iacute;ctor Catal&agrave;, pod&iacute;a maravillarte por la violencia y la rudeza de sus palabras, <em>La pla&ccedil;a del Diamant</em> a muchos nos resultaba tediosa, melodram&aacute;tica y hasta cursi. No porque lo fuera, porque no lo es, sino por la asociaci&oacute;n de su figura con ese realismo gris y lo que cre&iacute;amos que representaba Rodoreda&rdquo;, explica Espluga, que a continuaci&oacute;n cita tambi&eacute;n la publicaci&oacute;n <em>La muerte y la primavera </em>como el desencadenante para conocer a esa nueva Rodoreda: su lectura le permiti&oacute; volver a leer <em>La plaza del diamante</em> desde otra &oacute;ptica.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de estas reediciones y nuevas traducciones quiz&aacute; lo que mejor ejemplifica el reciente inter&eacute;s despertado es su &eacute;xito en redes sociales. La cuenta m&aacute;s popular en este sentido es <a href="https://twitter.com/RodoredaMerce" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">@rodoredamerce</a>, detr&aacute;s de la cual est&aacute; la exconsejera de cultura Mari&agrave;ngela Vilallonga. Cada d&iacute;a cita un fragmento de alguna de sus obras, una declaraci&oacute;n o parte de una carta de Rodoreda, siempre intentando conectar sus palabras con la actualidad. 
    </p><p class="article-text">
        Entre los m&aacute;s de 29.000 seguidores que acumula se encuentra la cantante Rosal&iacute;a: una seguidora especialmente rese&ntilde;able teniendo en cuenta que, cuando salt&oacute; la noticia, solo segu&iacute;a a cinco personas. &ldquo;Quiz&aacute; por s&iacute; sola esta cuenta no crear&aacute; nuevos lectores, pero es muy diferente llegar a la lectura obligatoria de <em>La pla&ccedil;a del Diamant </em>cuando tienes a youtubers como Juliana Canet recomendando sus novelas a <em>influencers</em>, Rosal&iacute;a dando retuits a frases suyas o memes de ella con sentencias potentes y divertidas que hacerlo en el contexto de lectura escolar&rdquo;, expone Espluga, que no cree que este lenguaje internetero haya sido determinante en el cambio de recepci&oacute;n de su obra, pero que s&iacute; debe tomarse como s&iacute;ntoma de una transformaci&oacute;n en marcha: &ldquo;Nos indica que Rodoreda no es solo esa <em>patum</em> de la cultura catalana que fue un s&iacute;mbolo social, pol&iacute;tico y ling&uuml;&iacute;stico, sino tambi&eacute;n y principalmente una escritora cuyas novelas desbordan el comentario sociohist&oacute;rico en clave catalanista para erigirse en un referente internacional e intergeneracional, que tanto pueden deslumbrar a Carmen Mar&iacute;a Machado como a <em>streamers </em>de 19 a&ntilde;os&rdquo;.
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/1449985847894450178?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><p class="article-text">
        Sara Serrano, creadora de la cuenta<a href="https://twitter.com/amemsillegim" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> @amemsillegim</a>, dedicada a subir memes de literatura catalana, est&aacute; de acuerdo con Espluga en que Twitter no supone tanto una v&iacute;a de entrada a Rodoreda como una herramienta de divulgaci&oacute;n que da cuenta del fen&oacute;meno. Ella misma se muestra sorprendida por el &eacute;xito de una cuenta que cre&oacute; sin grandes pretensiones: &ldquo;Me choc&oacute; ver la buena acogida que tuvo entre usuarios e instituciones. Gracias a ello decid&iacute; ampliar los formatos y crear, adem&aacute;s de memes, gifs y ahora <em>stickers </em>para WhatsApp&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Aunque Serrano no est&aacute; dedicada en exclusiva a Rodoreda, la escritora aparece con regularidad porque en ella se concentran varios aspectos que casan bien con el lenguaje del meme. &ldquo;El hecho de ser famosa hace que su biograf&iacute;a siempre haya dado de qu&eacute; hablar y generado controversia. Incluso hay versiones de episodios de su vida diferentes y, como decimos en catal&aacute;n, <em>capelletes</em> alrededor de cada versi&oacute;n, as&iacute; que puede ser otra cosa que d&eacute; que hablar en internet&rdquo;, explica Serrano sobre los motivos por los que, sumados al conocimiento generalizado de su obra, las alusiones a Rodoreda siempre tienen buena acogida entre los seguidores de la cuenta. &ldquo;Tambi&eacute;n su car&aacute;cter y la imagen que se proyecta de ella, como mujer independiente, que lucha por sus ideas, por su lengua o por su cultura&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En medio de este fen&oacute;meno popular que se da ampliamente en Catalunya, queda por ver si alcanza otros territorios en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os gracias a las nuevas traducciones al castellano y la viralizaci&oacute;n de los contenidos en redes sociales que reproducen esta nueva aproximaci&oacute;n. Porque como afirma Sergio Fern&aacute;ndez: &ldquo;a&uacute;n est&aacute;n por hacerse muchas nuevas lecturas y acercamientos m&aacute;s perif&eacute;ricos de Merc&egrave; Rodoreda, menos repetitivos. Queda mucho por descubrir&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Berta Gómez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/merce-rodoreda-lectura-escolar-obligatoria-protagonista-memes-stickers_1_8419564.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 27 Oct 2021 21:10:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Mercè Rodoreda, de lectura escolar obligatoria a protagonista de memes y 'stickers']]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Memes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lucía Carballal: "Un hombre que no se siente interpelado por lo que escriben las mujeres delata su propia limitación"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/lucia-carballal-hombre-no-siente-interpelado-escriben-mujeres-delata-propia-limitacion_128_8242160.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b553d443-c68e-4dac-a440-28bc83822ae5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lucía Carballal: &quot;Un hombre que no se siente interpelado por lo que escriben las mujeres delata su propia limitación&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La dramaturga y  finalista del Premio Calderón de la Barca publica 'Las últimas', un libro que recopila sus mejores textos</p></div><p class="article-text">
        Desde que Luc&iacute;a Carballal (Madrid, 1984) comenz&oacute; a escribir entendi&oacute; que consagrar su vida al teatro le exig&iacute;a estar en constante movimiento: a los 18 a&ntilde;os naci&oacute; su primera obra dirigida a un grupo universitario, poco despu&eacute;s abandon&oacute; los estudios de Filolog&iacute;a y Ciencias Pol&iacute;ticas para entrar en la RESAD (Real Escuela Superior de Arte Dram&aacute;tico).
    </p><p class="article-text">
        De all&iacute; se mud&oacute; a Barcelona con el objetivo de acabar la carrera en otro contexto. Y de aqu&iacute;, a Berl&iacute;n: cinco a&ntilde;os m&aacute;s de empaparse de aprendizaje. Entre tanto, Carballal se iba definiendo a s&iacute; misma para llegar hasta el d&iacute;a de hoy con una carrera art&iacute;stica rica y amplia, consagrada como autora de m&aacute;s de diez obras de teatro. Tambi&eacute;n ha trabajado de guionista en series de televisi&oacute;n como <em>Vis a vis, </em>y como profesora de escritura.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero en realidad, como demuestra en<em> Las &uacute;ltimas</em>, un libro reci&eacute;n publicado donde re&uacute;ne cinco de sus mejores textos de teatro, el m&eacute;rito y la excepcionalidad de Carballal no est&aacute;n relacionados s&oacute;lo con la suma de trabajos, las buenas cr&iacute;ticas y los premios ganados &ndash;desde el Eurodram hasta ser finalista del Premio Calder&oacute;n de la Barca<em>&ndash;</em>,<em> </em>sino por su mirada caleidosc&oacute;pica ante el presente, por la cotidianidad e intimidad de su lenguaje. 
    </p><p class="article-text">
        Este volumen, editado por La U&ntilde;a Rota, se presenta en primer lugar como un ejercicio de recuperaci&oacute;n del teatro como g&eacute;nero literario igual de digno de estar en las mesas de novedades; y tambi&eacute;n, como la exposici&oacute;n de la agudeza de la autora ante los conflictos morales y las relaciones &ndash;entre compa&ntilde;eros de trabajo, amigas, familias o una pareja de escritores&ndash;, sin ofrecer nunca respuestas &uacute;nicas. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Luc&iacute;a Carballal coloca en la entrada de estos textos un espejo deformado: en esto te convertir&aacute;s sin las preguntas, sin las dudas, sin las ca&iacute;das. El lugar del refugio puede transformarse con una conversaci&oacute;n, con un silencio, en el lugar de combate&rdquo;, escribe Elena Medel en el pr&oacute;logo de <em>Las &uacute;ltimas</em>, apremiando al lector a la curiosidad y a la apertura al di&aacute;logo.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 10px solid white;" src="https://static.eldiario.es/clip/bcb5d936-09a8-46d2-b7ed-1cd3697aecc0_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="100%" width="250" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        <strong>Con 37 a&ntilde;os acumula una biograf&iacute;a ampl&iacute;sima y a este ritmo a&uacute;n parece que le quede mucho por delante, &iquest;trabajar sin descanso es una elecci&oacute;n o tambi&eacute;n est&aacute; relacionado con la precariedad de la profesi&oacute;n?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Lo interesante es que el trabajo creativo no es cuantificable en realidad. Los &uacute;ltimos a&ntilde;os han sido muy productivos y exigentes, he escrito obras de teatro que se han estrenado, trabajado como guionista, he impartido clase, y esto ha podido ocurrir gracias a una etapa anterior m&aacute;s err&aacute;tica en apariencia, en la que sent&iacute;a que buscaba mi lugar, pero en la que todos esos proyectos comenzaban a gestarse. Solo uno sabe en qu&eacute; nivel de compromiso se encuentra con su trabajo, independientemente de la cantidad de cosas que presentes ah&iacute; fuera. Parar es un lujo en cualquier caso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>A pesar de ello, en la mayor&iacute;a de descripciones se la asocia con las palabras &ldquo;dramaturga mujer y joven&rdquo;. Es algo que tambi&eacute;n suele ocurrir con las escritoras, encerradas en categor&iacute;as que las infravaloran frente a sus hom&oacute;logos masculinos.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Mira, es curioso. Hace algunos meses me invitaron a dar una charla junto a otras autoras. Pregunt&eacute; cu&aacute;l era el tema imaginando la respuesta, que fue efectivamente mujeres y teatro o algo parecido. Suger&iacute; que se replanteara. Llevaba varias de esas y no pod&iacute;a m&aacute;s. Mientras mis compa&ntilde;eros hablan sobre su trabajo, las autoras seguimos siendo agrupadas y convocadas para hablar de nuestra exclusi&oacute;n, lo cual es, indirectamente, una forma de excluirnos. Pero es un asunto dif&iacute;cil, claro. Dejar de hablar de la desigualdad tampoco har&aacute; que desaparezca. El hecho de ser mujer, una mujer que cuenta la historia, conlleva una serie de dificultades, algunas muy evidentes en el d&iacute;a a d&iacute;a y otras muy profundas, a&uacute;n dif&iacute;ciles de nombrar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>A pesar de que muchas obras actuales pueden ser adquiridas despu&eacute;s en formato libro, parece que los lectores est&aacute;n poco acostumbrados a leer teatro, &iquest;por qu&eacute; ocurre?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Creo que, como dices, es una cuesti&oacute;n de costumbre, pero no tiene mucho sentido. Cuando era adolescente, antes siquiera de haber ido al teatro jam&aacute;s, le&iacute; <em>Bodas de sangre</em> de Federico Garc&iacute;a Lorca, obras de Valle-Incl&aacute;n, de Shakespeare, y recuerdo que me impactaron m&aacute;s que cualquier otra lectura que hice entonces. En la promoci&oacute;n de la lectura de textos teatrales necesitamos la colaboraci&oacute;n de los medios culturales, que se hacen eco de novelas, ensayos, poemarios, pero dif&iacute;cilmente textos teatrales. Editorialmente se est&aacute; haciendo un trabajo interesante en este &aacute;mbito que ya empieza a reconocerse.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Es cierto que hay cosas que se pierden cuando no hay un escenario, pero &iquest;tambi&eacute;n hay algo que gana un lector frente a un espectador?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Sin duda. Gana el tiempo, la posibilidad de detenerse, de imaginar. El sentido del teatro es su car&aacute;cter ef&iacute;mero, pero el texto teatral tiene la capacidad de perdurar, de viajar con facilidad. Mucha gente me escribe para decirme que no estaba acostumbrada a leer teatro, pero que ha disfrutado mucho de la lectura de estas obras.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Lucía Carballal.                            </span>
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        <strong>Parece f&aacute;cil imaginarla escribiendo una novela o un libro de relatos, aunque a juzgar por c&oacute;mo presenta el trabajo literario en </strong><em><strong>La resistencia</strong></em><strong> no parece que le atraiga mucho la idea. &iquest;Esta obra es una cr&iacute;tica expl&iacute;cita a c&oacute;mo funciona desde dentro la industria del libro?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Cuando ten&iacute;a 16 o 17 a&ntilde;os escrib&iacute;a relatos y poemas que no s&eacute; si ser&iacute;a capaz de leer ahora. Fue mi primera aproximaci&oacute;n a la escritura. Pero cuando descubr&iacute; la escritura teatral sent&iacute; que era el lugar para m&iacute;. As&iacute; que, en realidad, he tenido poco contacto con el mundo que refleja esa obra, que es el de las grandes editoriales y las estrellas de la narrativa. Lo eleg&iacute; porque quer&iacute;a explorar la cuesti&oacute;n de la admiraci&oacute;n en la pareja y busqu&eacute; un terreno profesional que no fuera el m&iacute;o pero que conociera lo suficiente como para poder retratar. Recuerdo un encuentro literario al que me invitaron y en el que conviv&iacute; durante d&iacute;as con decenas de novelistas. Al verlos all&iacute; juntos me fascinaron, me parecieron de otra especie. Los percib&iacute; como soldados de la escritura, muy estrictos y &aacute;cidos los unos con los otros, gente que trabaja m&aacute;s sola que yo y en un contexto a&uacute;n m&aacute;s hostil que el m&iacute;o. Recib&iacute; una sensaci&oacute;n de dureza y militancia literaria que est&aacute; presente en la obra.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Lo que s&iacute; conoce bien es la escritura de guiones para series de televisi&oacute;n</strong><em><strong>, </strong></em><strong>&iquest;c&oacute;mo de diferente es escribir para teatro o en este formato?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        No tiene nada que ver. La televisi&oacute;n es una industria por encima de todo: cada episodio ha costado una enorme cantidad de dinero y de recursos que debe amortizar. Su vocaci&oacute;n principal es entretener, m&aacute;s all&aacute; de lo art&iacute;stica o sofisticada que se permita ser. Esto condiciona radicalmente la escritura, difumina el sentido de autor&iacute;a, la propia concepci&oacute;n del proyecto, sus tiempos. Lo principal es entender esto y el gran reto, encontrar la manera de conciliarlo con tus propias inquietudes. Las aspiraciones del teatro, al menos las de un tipo de teatro, son m&aacute;s puramente art&iacute;sticas. En el teatro quieres ofrecer lo mejor, no lo m&aacute;s entretenido, sin miedo a que nadie cambie de canal.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo ha sido el proceso de publicaci&oacute;n de</strong><em><strong> Las &uacute;ltimas</strong></em><strong>, donde re&uacute;ne un trabajo de a&ntilde;os anteriores?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ver este libro, con las cinco obras juntas, fue para m&iacute; como mirar un &aacute;lbum de fotos. Comienza con <em>Los temporales</em> que se estren&oacute; en 2016 y que es una obra que beb&iacute;a de la crisis, de mis a&ntilde;os previos viviendo en Berl&iacute;n viendo a tantos espa&ntilde;oles llegar a Alemania para buscarse la vida. Era mi primer estreno en un teatro p&uacute;blico. Y llega hasta <em>La actriz y la incertidumbre</em>, una obra breve en torno a la pandemia en 2020 y estrenada en el mismo teatro, el Centro Dram&aacute;tico Nacional. As&iacute; que aparece un paisaje panor&aacute;mico que no hab&iacute;a visto antes. Sent&iacute; pudor, me sent&iacute;a muy expuesta de repente. Tambi&eacute;n me pareci&oacute; emocionante: visualic&eacute; todo mi esfuerzo de golpe. En todo el proceso fue decisivo Carlos Rod, el editor, que es una de las personas m&aacute;s listas y sensibles que conozco. Al inicio me alert&oacute; de que los libros retrospectivos como este remueven cosas en el autor. En ese momento no le entend&iacute;, pero despu&eacute;s supe a qu&eacute; se refer&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Llama la atenci&oacute;n que en ninguna de las cinco obras recogidas en </strong><em><strong>Las &uacute;ltimas</strong></em><strong> se posicione a favor o en contra de un personaje, y por ende tampoco en los conflictos o la discusiones que mantienen entre ellos.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Si algo caracteriza el momento que vivimos es el ruido ideol&oacute;gico y la constante invitaci&oacute;n a opinar. Y es muy importante preguntarse qu&eacute; impacto tiene esto sobre lo que escribimos. Quiz&aacute; un d&iacute;a vivamos en un mundo en el que todas las ficciones aprueben todos los test de ciudadan&iacute;a y valores, quiz&aacute; vayamos hacia ah&iacute;, pero pensemos un momento qu&eacute; significa eso y si es lo que queremos. En mi vida personal me ocupa mucho espacio la &eacute;tica, que entiendo como un ejercicio de autoconsciencia, de autocr&iacute;tica, un proyecto de aprendizaje personal mucho m&aacute;s costoso que el llamado posicionamiento, que me ser&iacute;a muy f&aacute;cil de proclamar en mis obras. Yo no escribo para mostrarme como una ciudadana ejemplar, eso solo puede hacer da&ntilde;o a la obra y adem&aacute;s me dar&iacute;a un poco de verg&uuml;enza, la verdad. La pregunta es si queremos hablar de verdad sobre determinados temas o s&oacute;lo simular una conversaci&oacute;n.<strong>&nbsp;</strong>
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                Lucía Carballal.                            </span>
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        <strong>Otro hilo conductor de todos los textos es que las protagonistas son mujeres, y de paso, se intuye una cr&iacute;tica a la masculinidad cl&aacute;sica.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es natural que haya muchas mujeres en las obras de teatro, como las hay en la vida. Las mujeres y algunas de las cuestiones llamadas femeninas son asuntos universales porque son humanos. Que tengan alcance o inter&eacute;s o capacidad para trascender solo depende de c&oacute;mo se traten. Como lectora, estar familiarizada con puntos de vista o tem&aacute;ticas tradicionalmente masculinas forma parte de mi riqueza, de mi patrimonio. A la inversa deber&iacute;a funcionar igual. Cuando un hombre afirma no sentirse interpelado por lo que escriben las mujeres, lo &uacute;nico que delata es su propia limitaci&oacute;n.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Aunque no sea para alabarlo, el lenguaje terap&eacute;utico (autorrealizaci&oacute;n, responsabilidad afectiva, b&uacute;squeda de la identidad) tambi&eacute;n es una constante en los textos, expl&iacute;cito incluso en obras como </strong><em><strong>Una vida americana</strong></em><strong> o en</strong><em><strong> Los temporales</strong></em><strong>. &iquest;Por qu&eacute; le interesa la terapia como una herramienta para construir una obra y sus personajes?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Me interesa el psicoan&aacute;lisis y me parece una herramienta poderosa para descifrar la realidad y tambi&eacute;n para componerla. Es muy amplio y divertido intelectualmente. Tiene que ver con el origen del movimiento de los personajes, con las im&aacute;genes inconscientes que los empujan, con lo irracional de su b&uacute;squeda. Pero creo que cuando se mencionan esos t&eacute;rminos en mis obras se hace desde la iron&iacute;a generalmente. Algunos personajes como Olivia de <em>Los temporales</em> o Linda en <em>Una vida americana</em> buscan el sentido de su vida a trav&eacute;s de terapias que fracasan. Dicho de otro modo: pagan dinero a extra&ntilde;os para que les ayuden a vivir, lo cual es divertido, desesperado y totalmente comprensible en realidad. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Berta Gómez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/lucia-carballal-hombre-no-siente-interpelado-escriben-mujeres-delata-propia-limitacion_128_8242160.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Aug 2021 19:53:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Lucía Carballal: "Un hombre que no se siente interpelado por lo que escriben las mujeres delata su propia limitación"]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mucho más que ángeles del hogar: ¿por qué la figura de la abuela se ha convertido en el centro de la narrativa millennial?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/angeles-hogar-figura-abuela-convertido-centro-narrativa-millennial_1_8241785.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fbfdba66-9315-4a01-88de-fcb5e8266162_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mucho más que ángeles del hogar: ¿por qué la figura de la abuela se ha convertido en el centro de la narrativa millennial?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">'Los nombres propios', 'Panza de burro' o 'Vozdevieja': muchos de los éxitos literarios recientes, escritos por mujeres millennials, rescatan historias de una generación de abuelas invisibilizadas hasta ahora</p><p class="subtitle">'Feria', el libro de la discordia: ¿autoficción neofascista o reivindicación de lo comunitario?</p></div><p class="article-text">
        Cada diez a&ntilde;os, la prestigiosa revista Granta elige a los mejores escritores menores de 35 a&ntilde;os: la &uacute;ltima selecci&oacute;n ha sido publicada este 2021, con una antolog&iacute;a que re&uacute;ne relatos de cada uno de los autores. &iquest;Qu&eacute; tiene en com&uacute;n esta generaci&oacute;n? Valerie Miles, creadora de Granta en castellano, lanza algunas hip&oacute;tesis como respuesta: se&ntilde;ala el valor de las variaciones locales del lenguaje y las transgresiones sint&aacute;cticas y ortogr&aacute;ficas, as&iacute; como el predominio del humor, la iron&iacute;a y la s&aacute;tira. En cuanto a los temas tratados y al tipo de personajes, Miles destaca dos figuras recurrentes: los ni&ntilde;os despose&iacute;dos y las abuelas. 
    </p><p class="article-text">
        La presencia de estas &uacute;ltimas, de hecho, va m&aacute;s all&aacute; de la lista de Granta y llega hasta algunas de las novelas m&aacute;s exitosas de los &uacute;ltimos a&ntilde;os escritas por autoras<em> millennial</em>. Ocurre en libros memorial&iacute;sticos como <em>Tierra de mujeres</em> (Seix Barral) de Mar&iacute;a S&aacute;nchez o <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/feria-libro-discordia-autoficcion-neofascista-reivindicacion-comunitario_1_7969825.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Feria (C&iacute;rculo de Tiza) de Ana Iris Sim&oacute;n</a>, pero sobre todo en ficciones que se construyen desde la primera persona del singular, independientemente de si se les ha colgado la tediosa etiqueta de autoficci&oacute;n o no: <em>Vozdevieja, Listas, guapas, limpias, Los nombres propios</em> o<em> Panza de burro.</em>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 10px solid white;" src="https://static.eldiario.es/clip/1f45f6c0-5ad7-44e8-9bce-5d62ea688f74_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="100%" width="200" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Lejos de ser meras funciones narrativas, figuras vac&iacute;as que sirven para proyectar en ellas el sentido de una &eacute;poca &ndash;como representaci&oacute;n meton&iacute;mica de la guerra y los tiempos dif&iacute;ciles&ndash; o como contenedores de emociones b&aacute;sicas &ndash;la calidez del hogar y el amor incondicional&ndash;, las abuelas de estos libros se definen por s&iacute; mismas y padecen conflictos propios e independientes. Son ellas, las abuelas, quienes ponen no solo los cuidados, tambi&eacute;n el suelo que pisan sus nietas aunque este no sea siempre s&oacute;lido, simple ni unidimensional.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Incluirlas en la literatura es una forma de reconocer la importancia de las abuelas en tanto que representación de lo afectivo y de lo doméstico</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;Creo que incluirlas en la literatura es una forma de reconocer la importancia de las abuelas en tanto que representaci&oacute;n de lo afectivo y de lo dom&eacute;stico. Es decir, hay abuelas malvadas e insoportables, no creo que sea una cuesti&oacute;n de la <em>abuelidad </em>en s&iacute; misma, sino de lo que esas abuelas simb&oacute;licas (que pueden haber sido t&iacute;as, t&iacute;as abuelas, cuidadoras, vecinas) han representado, que es la entrega a lo dom&eacute;stico y lo afectivo sin que la sociedad lo valore&rdquo;, expone la escritora Marta Jim&eacute;nez Serrano. 
    </p><p class="article-text">
        Su primer libro, <em>Los nombres propios</em> (Sexto Piso), cuenta el crecimiento de Marta &ndash;protagonista y autora comparten nombre&ndash; desde la ni&ntilde;ez hasta la edad adulta a trav&eacute;s de la compresi&oacute;n del lenguaje y la transformaci&oacute;n de los significados de las palabras. Es precisamente en esa tarea donde su abuela tiene un papel central como amiga, confidente y conocedora del mundo tanto exterior como &iacute;ntimo.&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 10px solid white;" src="https://static.eldiario.es/clip/a15eeb77-cb27-4f88-a0cc-56a2b36e9be8_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="100%" width="200" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><h3 class="article-text">Ni pasado solo oscuro ni porvenir brillante</h3><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/andrea-abreu-escribir-canario-acto-politico-realidad-niega-cultura_1_6094030.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Tambi&eacute;n en Panza de burro </a>(Barrett) de Andrea Abreu &ndash;una de las autoras seleccionadas en la citada &uacute;ltima lista de Granta, traducida a ocho idiomas y con m&aacute;s de 20.000 ejemplares vendidos&ndash; confluyen dos mejores amigas y sus respectivas abuelas: &ldquo;Ambas pertenecen a dos grupos sociales que quedan en los m&aacute;rgenes de la sociedad productiva. Estar al margen implica que viven mucha opresi&oacute;n, olvido y ninguneo, esa invisibilidad provoca tristeza e incomprensi&oacute;n, pero la invisibilidad otorga una especie de libertad que a los sujetos adultos se les niega. Sus actos son muchas veces m&aacute;s arriesgados y libres precisamente por esa falta de repercusi&oacute;n&rdquo;, expone Abreu en cuanto a su elecci&oacute;n de este artefacto narrativo. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ambas pueden permitirse un salvajismo, una bestialidad y una especie de experimentalidad que el mundo adulto no. Son estos &uacute;ltimos elementos lo que hacen que las ni&ntilde;as y las abuelas sean personajes perfectos para jugar con las historias y los l&iacute;mites del lenguaje&rdquo;, reflexiona la escritora. 
    </p><p class="article-text">
        Para Elisa Victoria la raz&oacute;n de ser del personaje de la abuela est&aacute; en el hecho de que ofrece el contrapunto a Marina, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/elisa-victoria-hay-colegios-religiosos-no-les-da-apenas-importancia_1_7797596.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la ni&ntilde;a que protagoniza Vozdevieja</a> (Blackie Books): &ldquo;De entrada presentar dos personajes con una diferencia de edad tan marcada y una relaci&oacute;n tan estrecha plantea una situaci&oacute;n de fuerte carga existencial de manera muy limpia, accesible y tierna&rdquo;, desarrolla la autora de un primer libro que le ha granjeado buenas cr&iacute;ticas, buen n&uacute;mero de ventas y una reciente traducci&oacute;n al ingl&eacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Por otro lado, la abuela es el personaje m&aacute;s carism&aacute;tico pero tambi&eacute;n el que proporciona los ambientes m&aacute;s intimistas, as&iacute; que gracias a la interacci&oacute;n de la protagonista con ella pude construir los momentos m&aacute;s profundos en cuanto a costumbrismo e interioridad. Tambi&eacute;n me interesaba mucho representar en los di&aacute;logos una manera de expresarse muy propia de cierto tipo de se&ntilde;oras, especialmente las andaluzas, llena de confianza, dinamismo, con un tempo y un vocabulario genuino y una sabidur&iacute;a nada pretenciosa&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En este sentido, las abuelas son quienes equilibran el presentismo y el ansia vital de esas peque&ntilde;as mujeres que a&uacute;n tienen todo un futuro por explorar, evitando al mismo tiempo la tentaci&oacute;n de presentar un escenario maniqueo: ni el pasado es solo oscuro y el porvenir brillante, ni viceversa. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Andrea Abreu.                             </span>
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        &ldquo;Las abuelas en mi historia representan los valores tradicionales y el saber popular canario. Son la tradici&oacute;n y las ra&iacute;ces. Pero por otro lado tambi&eacute;n representan los valores morales, el catolicismo, la represi&oacute;n de la sexualidad, la gordofobia, la homofobia, la transfobia. Explican lo que las ni&ntilde;as son pero tambi&eacute;n lo que las ni&ntilde;as no quieren ser&rdquo;, expone Abreu sobre esas dos abuelas que le sirven para recuperar el habla canaria, transgrediendo normativas y academicismos, para llevar a la escritura un saber oral en el que forma y contenido son inseparables. 
    </p><h3 class="article-text">Las abuelas como sujetos</h3><p class="article-text">
        &ldquo;Yo no quer&iacute;a idealizar a las abuelas en mi libro. Forman parte de un grupo social discriminado al etarismo y suele ocurrir que a los grupos sociales anulados, negados, se les priva del derecho a la maldad, a la ambig&uuml;edad, a la incoherencia, a la humanidad en definitiva. Yo no quer&iacute;a viejitas buenas que dan caprichos a las nietas, yo quer&iacute;a mujeres con muchas aristas, que no caben dentro de categor&iacute;as simples de bien y mal&rdquo;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 10px solid white;" src="https://static.eldiario.es/clip/e0d773a0-b06e-4319-8ebc-07e5f62f350e_source-aspect-ratio_default_0.jpg" width="200" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Es precisamente esto que apunta Abreu, la no idealizaci&oacute;n de los valores t&iacute;picamente femeninos en la tercera edad, uno de los hechos diferenciales en el tratamiento que demuestran las escritoras de nuestra &eacute;poca. Las abuelas ya no son el &aacute;ngel del hogar que cuida de manera desinteresada, que se sit&uacute;a como una extensi&oacute;n de los dem&aacute;s personajes siempre lista para servir o ayudar, sino mujeres que, a pesar de hacer todo esto, son sujetos con vidas m&aacute;s o menos desafortunadas, que se equivocan y aciertan a partes iguales. 
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, no es tanto que su aparici&oacute;n sea novedosa en la literatura en castellano, sino que en comparaci&oacute;n, por ejemplo, con las abuelas que llenan los libros de las autoras consagradas de la generaci&oacute;n de la posguerra, como Esther Tusquets o Josefina Aldecoa, que presentan a estos personajes casi como un s&iacute;mbolo familiar, ahora las abuelas tienen car&aacute;cter propio: son mujeres que tambi&eacute;n tuvieron su propia abuela. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando en 1990 Carmen Mart&iacute;n Gaite publica<em> Caperucita en Manhattan</em>, a pesar de la obviedad de que &ldquo;la abuelita&rdquo; de la narraci&oacute;n deviene un personaje relevante, a grandes rasgos puede decirse que cumple una funci&oacute;n instrumental: encarna a quien atesora la memoria, pero no a quien la cuenta, de modo que su historia solo la podemos intuir como un relato sumergido.
    </p><p class="article-text">
        Al contrario, una abuela como la de la protagonista de <em>Listas, guapas, limpias</em> (Caballo de Troya) &ndash;otro debut literario que ya va por su octava edici&oacute;n&ndash; existe para contar, entre balanceo de mecedora y mando de la tele en mano, la historia sobre las condiciones en las que se produjo su matrimonio. &ldquo;He dicho siempre que el personaje de la abuela de mi libro es el &uacute;nico que est&aacute; realmente inspirado en mi abuela Josefa, con quien me cri&eacute; todas las tardes despu&eacute;s del cole mientras mi madre y mi padre trabajaban fuera de lunes a viernes. As&iacute; que esa abuela con mecedora cantando romances y viendo telenovelas es bastante mi abuela&rdquo;, explica Anna Pacheco, autora de este texto que tambi&eacute;n &ndash;como Abreu, Jim&eacute;nez y Victoria&ndash; introduce la figura de la abuela para dar forma narrativa a la genealog&iacute;a de su protagonista. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 10px solid white;" src="https://static.eldiario.es/clip/1fbb2e94-f4ec-4f0c-9e40-d1d60db73bc9_source-aspect-ratio_default_0.jpg" width="200" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Fue una conversaci&oacute;n con mi abuela en la que ella me explicaba que su marido, mi abuelo, se la llev&oacute;, uno de los motivos por los quise escribir sobre ella. Me pareci&oacute; escalofriante que no se hablara en mi familia de que mi abuela contrajo matrimonio mediante rapto. Me lo cont&oacute; un d&iacute;a de forma muy ligera y despu&eacute;s sigui&oacute; tan tranquila viendo la televisi&oacute;n. Me obsesion&eacute; un poco con aquella historia y luego busqu&eacute; m&aacute;s registros y documentaci&oacute;n de este tipo de bodas en Espa&ntilde;a&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">El impacto del feminismo</h3><p class="article-text">
        Sobre los motivos para que esto ocurra ahora de manera diferencial, las autoras coinciden en que se trata primero de trasladar a lo literario, su oficio, una cercan&iacute;a a esta figura que es palpable en su d&iacute;a a d&iacute;a: muchas de las ni&ntilde;as nacidas en los a&ntilde;os 90, debido a la incorporaci&oacute;n de las mujeres al mundo laboral de forma generalizada, han pasado su infancia, especialmente los largos periodos vacacionales, fuera de las ciudades y arremolinadas a su vera. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El feminismo ha atravesado a mi generación y a la hora de mirar atrás no valoramos solo los logros profesionales públicos, sino que nos preguntamos quién limpiaba el váter</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;Para muchas de nosotras las abuelas han estado muy presentes en nuestra educaci&oacute;n, y a la vez el material que tenemos de ellas y su infancia o juventud es escaso o nulo. Nos han llegado igual sus propios relatos o relatos familiares, dulcificados, modificados, alterados en parte con los a&ntilde;os. De los abuelos, abuelas, y muy en especial de clase trabajadora de la &eacute;poca, apenas existen registros gr&aacute;ficos como fotos de ellas, diarios, notas, libros. No hay nada&rdquo;, apunta Anna Pacheco, considerando que no se trata solo de revivir ese recuerdo desde el punto de vista de las nietas, sino de honrar su historia reconstruyendo las pocas pruebas que sobreviven de su existencia. 
    </p><p class="article-text">
        Lo mismo opina Marta Jim&eacute;nez, para quien la presencia de la abuela en su primer libro es una forma de hacer justicia, de dignificarla. &ldquo;En ese sentido, creo que el feminismo ha atravesado a mi generaci&oacute;n de manera clara, y a la hora de mirar atr&aacute;s no valoramos solo los logros profesionales p&uacute;blicos, sino que nos preguntamos qui&eacute;n limpiaba el v&aacute;ter y qui&eacute;n miraba por que en la familia todos estuvieran bien&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Anna Pacheco, autora de &#039;Listas, guapas, limpias&#039;                            </span>
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        &ldquo;Por mi parte en principio no hab&iacute;a una intenci&oacute;n de reclamar a las abuelas resueltas y fabulosas en general, mis pretensiones eran m&aacute;s peque&ntilde;as, pero lo celebro si contribuye a que se les otorgue un lugar de honor a mayor escala&rdquo;, opina Elisa Victoria, que s&iacute; coincide en haber creado este personaje a imagen y semejanza de su propia abuela. &ldquo;Lo particular muchas veces conecta directamente con lo universal y es frecuente que en las creaciones contempor&aacute;neas surjan hilos en com&uacute;n de manera espont&aacute;nea, as&iacute; que entiendo que lo que era en principio un retrato y un homenaje m&aacute;s concreto funcion&oacute; f&aacute;cilmente como retrato y homenaje de un tipo de abuela que parece abundar, sobre todo si se coloca en paralelo con las representaciones que han hecho otras autoras y que muestran un encanto similar, lo que no implica que no haya un mill&oacute;n de tipos m&aacute;s de abuela&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Aunque no sea la intenci&oacute;n inicial, ocurre que las autoras no se distancian del todo de la figura de esas abuelas &ndash;que son las suyas&ndash;. Saben que las protagonistas son o ser&aacute;n en su madurez distintas en muchas cosas pero tambi&eacute;n que siguen encerradas en dilemas similares. &ldquo;Mi abuela me ha contado hoy su m&eacute;todo anticonceptivo: consist&iacute;a en mirar al techo fijamente. La mujer, boca arriba, era penetrada hasta que el techo se mov&iacute;a, la pared de gotel&eacute; se convert&iacute;a en un borr&oacute;n de poros agit&aacute;ndose, mareantes. Entonces, en ese momento, el hombre ten&iacute;a que salir inmediatamente del cuerpo de la mujer&rdquo;, narra la protagonista de Anna Pacheco en <em>Listas, guapas, limpias</em>, y contin&uacute;a unas l&iacute;neas m&aacute;s adelante: &ldquo;A veces, nosotras tambi&eacute;n nos aburrimos mirando al techo. Pienso en la abuela y en m&iacute; mirando al techo y en todas las mujeres de todos los siglos mirando al techo&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                La escritora Elisa Victoria                            </span>
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        En definitiva, no estamos ante la dicotom&iacute;a entre la figura de la escritora de &eacute;xito, una mujer moderna que se vale por s&iacute; misma, frente a la cuidadora, la abuela que solo da a los dem&aacute;s sin esperar nada a cambio. Lo que sucede en estas novelas es el reconocimiento entre abuela y nieta como parte de una estirpe familiar marcada indisociablemente por su g&eacute;nero y su clase. 
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; lo relata Marta Jim&eacute;nez de manera expl&iacute;cita en una de las p&aacute;ginas de su libro: &ldquo;Escribir y limpiar. Se hacen por una mezcla rara de inercia y necesidad. Son arduo trabajo no remunerado. Al que nunca lo ha hecho le parece sencillo. T&uacute; con veintisiete a&ntilde;os tecleando, concentrada, frunciendo levemente el entrecejo. Tu abuela con veintisiete a&ntilde;os frotando, concentrada, frunciendo levemente el entrecejo. Escribir y limpiar: la entrega, la atenci&oacute;n y el esmero sin esperar nada a cambio, con el simple prop&oacute;sito de hacer el mundo un poco m&aacute;s habitable&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Berta Gómez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/angeles-hogar-figura-abuela-convertido-centro-narrativa-millennial_1_8241785.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 25 Aug 2021 19:58:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Mucho más que ángeles del hogar: ¿por qué la figura de la abuela se ha convertido en el centro de la narrativa millennial?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Novela,Ficción,Biografías,Memoria Histórica,Tercera edad,Abuelos,Cuidados familiares]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Damas de hierro': una road movie satírica que se pregunta si está bien matar a tu marido a golpes de sartén]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/damas-hierro-road-movie-satirica-pregunta-si-matar-marido-golpes-sarten_1_8214463.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d86e63d1-5517-4b14-97eb-386251eeb466_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Damas de hierro&#039;: una road movie satírica que se pregunta si está bien matar a tu marido a golpes de sartén"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La película de la finlandesa Pamela Tola narra el viaje de una mujer que arrebata la vida en vez de darla: un concepto que multitud de libros, series y películas exploran actualmente</p><p class="subtitle">'Caso Wanninkhof-Carabantes': cómo la lesbofobia convirtió en asesina a una mujer inocente</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; matan las mujeres? La misma pregunta, y todas las posibles respuestas, parecen obsesionar a la ficci&oacute;n de los &uacute;ltimos a&ntilde;os, no tanto porque busquen enjuiciar ciertos comportamientos o derribar t&oacute;picos, sino explorar un fen&oacute;meno sobre el que se cierne el silencio, reducido siempre a la categor&iacute;a de excepci&oacute;n. Una mujer que arrebata la vida en vez de darla es una irregularidad dif&iacute;cil de nombrar, porque podr&iacute;a entra&ntilde;ar un pecado contra la naturaleza, contra la sociedad y contra la mujer misma.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sobre este interrogante se alza <em>Damas de hierro</em>, la pel&iacute;cula de la finlandesa Pamela Tola, que desde un planteamiento l&uacute;dico y radical, nos cuenta la historia de Inkeri, una mujer de 75 a&ntilde;os que decide matar a su marido de un sartenazo en la cabeza para poner fin a un matrimonio marcado por la violencia f&iacute;sica y psicol&oacute;gica. Sin embargo, lejos de erigir un relato maniqueo, con v&iacute;ctimas y verdugos, ajustado a un esquema de motivaciones simples, Tola nos propone un ambiguo viaje por las relaciones familiares y sociales que envuelven esta muerte. 
    </p><p class="article-text">
        La pel&iacute;cula evita el tono ejemplarizante &ndash;no es una par&aacute;bola pedag&oacute;gica ni un <em>revenge film</em> al estilo de <em>Una joven prometedora</em>&ndash;, y sortea tambi&eacute;n la trampa de la incorrecci&oacute;n pol&iacute;tica: en ning&uacute;n caso pretende navegar las aguas de la equidistancia, equiparando las motivaciones de la violencia masculina y la femenina.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        Al escapar de lo panfletario sin renunciar en ning&uacute;n momento al discurso pol&iacute;tico, el film encaja muy bien con una serie de obras que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os han tratado de abordar el tema de las mujeres que matan desde enclaves narrativos muy cercanos, y permite interpretarla como parte de una misma inquisici&oacute;n est&eacute;tica. Es el caso de <em>Damas Asesinas</em> (<a href="https://impedimenta.es/producto/damas-asesinas" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Impedimenta</a>), el libro de la periodista Tori Tefler, que se dedica a investigar y narrar la vida de las asesinas en serie m&aacute;s famosas de la historia. Lo mismo hace Alia Trabuco Zer&aacute;n en <em>Las homicidas</em> (<a href="https://www.penguinlibros.com/cl/literatura-contemporanea/86626-las-homicidas-9789568856892" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Lumen</a>), en este caso centrada en el contexto chileno. 
    </p><p class="article-text">
        Sobre ambos libros puede afirmarse que aplican una perspectiva feminista porque m&aacute;s all&aacute; de lo evidente &ndash;que todas las asesinas fueron juzgadas en un sistema patriarcal bajo criterios sexistas&ndash; quieren recuperar las motivaciones singulares de cada una de ellas, no para excusarlas o atenuar la brutalidad de sus actos, sino para demostrar que las mujeres matan porque pueden, porque quieren, porque est&aacute;n sometidas a las mismas pasiones y man&iacute;as, a las mismas relaciones de poder y de abuso que el resto de mortales. En otras palabras: rescatan sus historias para salvaguardarlas de los t&oacute;picos &ndash;santas o brujas, v&iacute;ctimas o demonios&ndash; y mostrar que lo pol&iacute;tico y lo personal, lejos de ser dos sistemas de motivaciones independientes son causas que se entrecruzan, se mezclan y son a la pr&aacute;ctica indistinguibles.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Dos libros sobre por qué matan las mujeres                            </span>
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        En la misma l&iacute;nea, pero con un planteamiento mucho m&aacute;s popular, se desarrolla la serie de HBO dirigida por Marc Cherry &ndash;creador de <em>Mujeres desesperadas</em>&ndash; que lleva por nombre <em>Por qu&eacute; matan las mujeres</em>. Nacida en 2019, y con una segunda temporada ya estrenada, narra simult&aacute;neamente la historia de tres mujeres casadas de diferentes &eacute;pocas que lidian con sus parejas. En los tres matrimonios vemos que las relaciones de poder y dominaci&oacute;n masculina se van transformando, pero, a pesar del paso del tiempo, est&aacute;n lejos de desaparecer. As&iacute;, las mujeres acaban por encontrar en la violencia una salida plausible, quiz&aacute; la &uacute;nica. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Killing Eve</em>, tambi&eacute;n de HBO, adopta una perspectiva algo distinta al convertir en protagonista a una despiadada y fascinante asesina en serie cuyo m&oacute;vil para matar mezcla la necesidad econ&oacute;mica con la enfermedad mental. Con su media sonrisa y los ojos en blanco, esta asesina a sueldo descarga su condescendencia hacia quien, dentro y fuera de la pantalla, espera que se arrepienta, que se controle, que se muestre compasiva, que comprenda finalmente que hay una justicia que est&aacute; por encima de sus deseos.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Pósters promocionales de la serie &#039;Por qué matan las mujeres&#039;, disponible en HBO"
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                Pósters promocionales de la serie &#039;Por qué matan las mujeres&#039;, disponible en HBO                            </span>
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        Lo interesante &ndash;y hasta perturbador&ndash; de la pel&iacute;cula <em>Damas de hierro</em> es que lleva al extremo todos estos planteamientos. En principio recuerda a la premisa de un cl&aacute;sico como <em>Volver</em>, de Pedro Almod&oacute;var, donde se utiliza el asesinato del marido &ndash;aqu&iacute; justificado por el acoso de este a su hija&ndash; como punto de partida para narrar la historia de la protagonista. Pero en <em>Damas de hierro </em>todo se complica muy r&aacute;pido, desde el intento fracasado de Inkeri por enterrar a su marido en el jard&iacute;n: asustada porque no quiere pasar el resto de su vida en prisi&oacute;n, decide acudir a sus dos hermanas, Sylvi y Raili, en busca de ayuda. Juntas emprenden un viaje a ninguna parte por el territorio finland&eacute;s, cuyo fin ser&aacute; buscar un sentido a por qu&eacute; una joven escritora que hab&iacute;a militado en el feminismo durante sus a&ntilde;os de la universidad, acab&oacute; casada con un hombre que anula en ella cualquier forma de libertad.
    </p><p class="article-text">
        Es un comienzo que no se puede perder de vista. Finlandia consta como una las de las democracias donde formal y legalmente existe una mayor igualdad de g&eacute;nero, pero al igual que en otro pa&iacute;ses n&oacute;rdicos, la realidad es que un 30% de las mujeres denuncia haber sufrido violencia de g&eacute;nero a lo largo de su vida &ndash;seg&uacute;n el &uacute;ltimo informe sobre esta cuesti&oacute;n publicado por Amnist&iacute;a Internacional&ndash;. As&iacute;, <em>Damas de hierro</em> se presenta en los primeros compases como un <em>road movie</em> que, a trav&eacute;s de la s&aacute;tira y el humor &aacute;cido, hurga en c&oacute;mo perviven las violencias cotidianas dentro de muchos matrimonios, especialmente en aquellos de edad avanzada, y c&oacute;mo se solidifican como parte de una cultura del bienestar r&iacute;gida que impide verbalizar estos malestares. La violencia de g&eacute;nero se normaliza en beneficio de un supuesto bien com&uacute;n.
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                Fotograma de &#039;Damas de hierro&#039;, dirigida por Pamela Tola                            </span>
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        Sin embargo, este aparente viaje de autodescubrimiento y empoderamiento se va desdibujando a medida que el film avanza. <em>Damas de hierro</em> no tiene tesis, ni un mensaje simple que se limite a repetir. De hecho, la pel&iacute;cula va perdiendo progresivamente coherencia est&eacute;tica y argumental. A ratos se regodea en gags sexuales expl&iacute;citos y sobreactuados que bien podr&iacute;an formar parte de pel&iacute;culas como <em>American Pie</em> o <em>Resac&oacute;n en las Vegas</em>; a ratos se acerca al teatro del absurdo, tirando de un humor negro y cruel que resulta incongruente e inesperado &ndash;por ejemplo, se bromea con una anciana que sufre demencia y se pierde desesperada en un bosque de apenas tres &aacute;rboles hasta sufrir un infarto&ndash;; tambi&eacute;n coquetea con la ret&oacute;rica hollywoodiense del <em>carpe diem</em>, adoptando el tono de f&aacute;bulas sobre ser aut&eacute;ntico y vivir el momento, al estilo de <em>Mejor que nunca, </em>de Zara Hayes, o <em>Ahora o nunca, </em>de Rob Reiner; y para poner la guinda al pastel, <em>Damas de hierro</em> cuenta con una escena tensa, larga, inc&oacute;moda y desagradable, digna de la &eacute;poca dorada del Dogma 95, que no puede sino interpretarse como un homenaje &ndash;&iquest;o una mofa?&ndash; de <em>Celebraci&oacute;n</em>, del dan&eacute;s Thomas Vintenberg.
    </p><p class="article-text">
        La mezcla es desconcertante &ndash;incluso aparecen im&aacute;genes en blanco y negro de archivo del movimiento feminista de los 70&ndash; y la mayor parte de las veces cuesta distinguir el tono grave del sat&iacute;rico cuando aborda temas delicados como la violencia machista. Pero entre tanto fuego de artificio formal, el film deja entrever varias preguntas inc&oacute;modas para el espectador una y otra vez: &iquest;por qu&eacute; una mujer feminista militante en la universidad es capaz de dejar sus estudios para casarse con un hombre? &iquest;Es compatible la escritura precaria con la maternidad? Y la m&aacute;s controvertida de todas: &iquest;ten&iacute;a otra salida la protagonista, Inika, para escapar de una relaci&oacute;n de maltrato continuado que no sea darle un sartenazo a su marido y acabar con su vida?&nbsp;
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                Fotograma de &#039;Damas de hierro&#039;, dirigida por Pamela Tola                            </span>
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        Al menos durante la primera parte, una respuesta parece abrirse camino: aunque la protagonista no tenga opciones de aparecer como una inocente frente a la justicia, ni tan solo alegando que sus actos fueron en defensa propia, el asesinato y la huida hacia adelante &ndash;que es tambi&eacute;n una huida hacia su infancia y su adolescencia&ndash; s&iacute; pueden servirle de restituci&oacute;n personal, como parte de un proceso cat&aacute;rtico que termina el d&iacute;a de su cumplea&ntilde;os en la casa de campo donde naci&oacute;, como una especie de nuevo nacimiento. En otras palabras: para salvar su dignidad como mujer, no hab&iacute;a otra opci&oacute;n. Pero en la segunda mitad, <em>Damas de hierro</em> se adentra en un terreno mucho m&aacute;s pantanoso, que pone en duda la centralidad de su perspectiva: &iquest;qu&eacute; pasa cuando se intenta justificar el homicidio frente a la familia? &iquest;C&oacute;mo reaccionan los hijos y los nietos al descubrir que su padre y abuelo era un maltratador? &iquest;Hay posibilidad para la redenci&oacute;n en el marco de una cultura que parece valorar m&aacute;s el salvaguardar las apariencias que el perseguir las injusticias? &iquest;Importan m&aacute;s los cuarenta a&ntilde;os de abusos diarios o el hecho de no estropear una fiesta de cumplea&ntilde;os?
    </p><p class="article-text">
        Dejando a un lado los giros de guion que Pamela Tola va introduciendo como peque&ntilde;as minas para que exploten al paso del espectador, quiz&aacute; lo m&aacute;s interesante de<em> Damas de hierro</em> sea el hecho que siempre contesta las preguntas con preguntas. &iquest;Por qu&eacute; Inkeri decide matar a su marido? &iquest;Por qu&eacute; matan las mujeres? La &uacute;nica certeza con la que parece trabajar Tola es que nuestra sociedad solo tolera las historias de mujeres que matan cuando pueden reducir sus motivaciones a un estereotipo simple, cuando pueden ser catalogadas y archivadas como locas o vengativas, como v&iacute;ctimas o como brujas, y lo que se dedica a hacer a lo largo del film es a dinamitar toda expectativa, dej&aacute;ndole un final tan abierto que hasta se pueda dudar del comienzo, impidiendo as&iacute; que el recorrido de Inkeri pueda ser etiquetado de tr&aacute;gico o heroico.
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                Fotograma de &#039;Damas de hierro&#039;, dirigida por Pamela Tola                            </span>
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      <dc:creator><![CDATA[Berta Gómez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/damas-hierro-road-movie-satirica-pregunta-si-matar-marido-golpes-sarten_1_8214463.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Aug 2021 20:18:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Damas de hierro': una road movie satírica que se pregunta si está bien matar a tu marido a golpes de sartén]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Estrenos de cine,Feminismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Desconfío de las explicaciones psicológicas": la literatura familiar de Valérie Mréjen y la frialdad de lo conciso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/desconfio-explicaciones-psicologicas-literatura-familiar-valerie-mrejen-frialdad-conciso_1_8192676.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9afea068-f4f7-48ec-a119-b9dd2e889ee8_16-9-discover-aspect-ratio_default_1025699.jpg" width="2639" height="1484" alt="&quot;Desconfío de las explicaciones psicológicas&quot;: la literatura familiar de Valérie Mréjen y la frialdad de lo conciso"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Escritora, directora de cine, fotógrafa y artista visual: repasamos la trayectoria de una creadora polifacética maestra de la literatura autobiográfica</p><p class="subtitle">Libros - Mejor heridas que anestesiadas: así son las protagonistas misántropas y obsesivas de Ottessa Moshfegh</p></div><p class="article-text">
        Val&eacute;rie Mr&eacute;jen es una creadora polifac&eacute;tica, retratista de su propia identidad y vida familiar, maestra de la literatura autobiogr&aacute;fica y exploradora de todos los lenguajes disponibles para articular una idea. Entre estas muchas definiciones y etiquetas se mezclan las palabras con las que la misma Val&eacute;rie Mr&eacute;jen se refiere a su obra y tambi&eacute;n otras que se han usado en biograf&iacute;as y perfiles para resumir su trayectoria. <em>Tercera persona </em>es el &uacute;ltimo libro de la autora francesa, que acaba de ser publicado en castellano por la editorial Perif&eacute;rica junto con la reedici&oacute;n de otras dos obras: <em>Mi abuelo </em>y <em>El agrio</em>. Tiene sentido que sea as&iacute;, casi a modo de tr&iacute;ptico literario, porque los libros de Mr&eacute;jen funcionan como episodios televisivos de una serie sobre su propia vida, que comparten unos mismos protagonistas y un mismo estilo conciso e inflexible.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La brevedad de las frases de mis libros, m&aacute;s que tener una intenci&oacute;n, busca un ritmo y una forma de expresarme que descubr&iacute; escribiendo, casi en contra de mi voluntad. Es cierto que en la vida no soy particularmente conversadora, me suelen gustar las f&oacute;rmulas que consiguen resumir una idea. Mi ideal ser&iacute;a poder describir a alguien, o una situaci&oacute;n, en tres palabras. Lo que, por supuesto, no hace que deje de sentir fascinaci&oacute;n por lo opuesto: escritores que saben escribir novelas densas, en las que puedes quedarte mucho tiempo, semanas enteras&rdquo;, argumenta la propia Mr&eacute;jen en referencia a la frialdad con la que ejecuta sus frases. &ldquo;Creo que mi escritura responde a una relaci&oacute;n con el mundo y con lo inacabado: en el fondo me gustan los bocetos, los dibujos que todav&iacute;a hay que completar mentalmente, los lienzos en los que hay zonas vac&iacute;as. Pero el desaf&iacute;o de la vida de un artista es evolucionar, explorar otras formas, por eso mi entusiasmo con la brevedad no es definitivo&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Valérie Mréjen                            </span>
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        Con esta sobriedad narrativa, la autora consigue imprimir en sus textos un hilo invisible de tensi&oacute;n, como si a&uacute;n faltaran por encajar algunas piezas de la historia y rellenar los espacios en blanco fuese tarea del lector. Su primera novela corta, <em>Mi abuelo,</em> publicada por primera vez en castellano en 2007, podr&iacute;a compararse, por la presentaci&oacute;n de los detalles ling&uuml;&iacute;sticos que unen a una familia, con el aclamado <em>L&eacute;xico familiar</em>, de la escritora italiana Natalia Ginzburg; sin embargo, la total ausencia de sentimientos y descripci&oacute;n de la vida interior de los personajes hace que el libro est&eacute; m&aacute;s cerca de un manual de instrucciones que de unas memorias. Mr&eacute;jen va saltando de un personaje a otro de manera esquem&aacute;tica, casi mec&aacute;nica: &ldquo;Mi madre ten&iacute;a unos t&iacute;os, el t&iacute;o Fred y la t&iacute;a Simone, que eran propietarios de una tienda de ropa en Levallois. Vend&iacute;an trajes, camisas, corbatas, calcetines, jerseys de pico y pa&ntilde;uelos de seda. El t&iacute;o Fred llevaba dentadura postiza y la t&iacute;a Simone se echaba espray de color violeta en el pelo. Ten&iacute;an una hija, Mich&egrave;le, a quien llam&aacute;bamos Mimiche y que estaba casada con un tal Serge. Mimiche y Serge hab&iacute;an adoptado a una ni&ntilde;a porque no pod&iacute;an tener hijos. La cr&iacute;a ten&iacute;a muchos problemas. Mi padre y mi madre se conocieron en una mesa redonda de un club de citas. Enseguida empezaron a salir&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Incluso cuando Mr&eacute;jen habla de su abuelo, que no parec&iacute;a ser un buen hombre con ninguna de las mujeres de la familia, la autora se guarda de emitir juicios morales, en un ejercicio narrativo de contenci&oacute;n que nos confronta con nuestras expectativas del libro y nos obliga a cuestionar todos aquellos esquemas simples que acostumbramos a proyectar sobre los dem&aacute;s. La autora tambi&eacute;n consigue que el lector se olvide de que estamos ante retazos de su autobiograf&iacute;a, en la medida en que no conecta los hechos con el desarrollo del yo narrativo, que ejerce de mero espectador. Muestra de ello es la presentaci&oacute;n del protagonista que da nombre al libro en la primera p&aacute;gina: &ldquo;Mi abuelo llevaba a sus amantes a casa y hac&iacute;a el amor con ellas metiendo a mi madre en la misma cama. Ella pidi&oacute; el divorcio. Tras hacer como que se suicidaba con un cuchillo de cocina, &eacute;l acept&oacute; amablemente. Mi abuela se volvi&oacute; a casar con un gigol&oacute; y mi abuelo contrajo matrimonio con su secretaria, treinta a&ntilde;os m&aacute;s joven que &eacute;l. De viaje de bodas la envi&oacute; de vacaciones con mi madre, pues sus negocios lo reten&iacute;an en Par&iacute;s y no pod&iacute;a permitirse tomar un respiro as&iacute; como as&iacute;&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De forma muy parecida se narran las historias en las novelas cortas <em>Eau Sauvage</em> &ndash;tambi&eacute;n editada por Perif&eacute;rica&ndash; o <em>El agrio</em>, aunque aqu&iacute; lo que acontece es una relaci&oacute;n amorosa como m&iacute;nimo desnivelada: ella est&aacute; absolutamente enamorada de Bruno, un hombre desabrido e indiferente que presta m&aacute;s atenci&oacute;n a cualquier nimiedad que a su pareja. Pero incluso en este contexto, la descripci&oacute;n fr&iacute;a y elocuente, lo agrio, prevalece frente a lo conmovedor o la b&uacute;squeda de la empat&iacute;a. El lector siente que est&aacute; ante los detalles de la escena de un crimen, debidamente consignados en el informe policial, y no frente a una historia de amor apasionada y dram&aacute;tica: conoce a los personajes por c&oacute;mo visten, d&oacute;nde trabajan y qu&eacute; hacen cada d&iacute;a pero, en realidad, no sabe gran cosa de c&oacute;mo son esas personas, no puede dibujarlas mentalmente ni penetrar en su vida interior. La sensaci&oacute;n que Mr&eacute;jen persigue con su literatura nos deja en un punto intermedio entre la tristeza ambiental y la comicidad involuntaria, dej&aacute;ndonos una incertidumbre esencial que nos impide escapar de las escenas que va describiendo.
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                Valérie Mréjen                            </span>
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        &ldquo;Quiero evitar la psicolog&iacute;a&rdquo;, explicaba la propia autora hace unos a&ntilde;os en relaci&oacute;n a sus primeros trabajos como videoartista, donde trataba de explorar las posibilidades del lenguaje audiovisual. Inspirada tambi&eacute;n en sus recuerdos, en estos trabajos grab&oacute; acontecimientos cotidianos, con detalles al mismo tiempo crueles o ir&oacute;nicos. Dos a&ntilde;os antes de escribir su primera novela, publicada en 1999, Mr&eacute;jen comienza esta serie de v&iacute;deos de corta duraci&oacute;n &ndash;el primero titulado <em>Bouvet</em>&ndash; siguiendo el mismo principio narrativo: rechaza la psicolog&iacute;a como una aproximaci&oacute;n v&aacute;lida al comportamiento humano. Principio que sigue prevaleciendo hoy en toda su obra, tambi&eacute;n la escrita. &ldquo;En mis v&iacute;deos trato de crear escenas sin ninguna psicolog&iacute;a particular, en las que los personajes repiten f&oacute;rmulas prefabricadas. Muchas veces, lo que m&aacute;s me interesa es el ritmo: una forma neutral y r&iacute;gida para describir y crear una imagen, una situaci&oacute;n no realista pero que recuerda a algo que s&iacute; es real, a situaciones cotidianas. Cuando estamos molestos, por ejemplo, sucede que un recuerdo inesperado nos conmueve y al mismo tiempo nos atrapa en emociones contradictorias imposibles de analizar o descifrar. De modo que desconf&iacute;o de las explicaciones psicol&oacute;gicas en el sentido de que a menudo crean redundancia y solo reducen los atajos&rdquo;.&nbsp; 
    </p><p class="article-text">
        En su primer cortometraje, rodado en 16mm y titulado <em>Chamonix</em>, nueve personajes cuentan un recuerdo frente a la c&aacute;mara construyendo una idea que puede ser interpretada de muchas formas distintas seg&uacute;n qui&eacute;n mire. &ldquo;Para m&iacute; no es muy diferente escribir un guion o un libro. Las escenas de cine que m&aacute;s me han marcado suelen ser los mon&oacute;logos finales: Veronika en <em>The Mother and the Whore</em> o Anjelica Huston al final de <em>People from Dublin</em>. Son intentos que recuerdo porque llenan un gran vac&iacute;o final, un silencio que ha durado demasiado, como una ola que como espectador esperabas. Y eso se consigue a trav&eacute;s de la escritura&rdquo;, relata la autora sobre c&oacute;mo ha ido variando el soporte pero manteniendo el mismo cometido. Entre su heterog&eacute;nea y amplia obra art&iacute;stica en diversos formatos &ndash;es descrita por el Centre Pompidou de Par&iacute;s como una de las artistas actuales m&aacute;s influyentes de Europa&ndash; destaca tambi&eacute;n el documental <em>Pork and Milk, </em>en el<em> </em>que Mr&eacute;jen se traslada a Israel para grabar &iacute;ntegramente en hebrero los testimonios de jud&iacute;os que, habiendo nacido en familias ortodoxas, se alejan del fanatismo religioso. Sin hacer ning&uacute;n tipo de valoraci&oacute;n sobre las historias de estas personas, la directora trata de indagar con minuciosidad, de nuevo, en los lenguajes que trazan las relaciones entre padres, hijos y hermanos en entornos concretos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En un momento de efervescencia de la autoficci&oacute;n y la literatura memoral&iacute;stica, la escritura de Mr&eacute;jen desaf&iacute;a las convenciones habituales sobre el uso de la primera persona: su mirada no es introspectiva, sino que apunta siempre hacia fuera. Su forma de examinar los recuerdos es casi cient&iacute;fica y avanza con el rigor de una entom&oacute;loga, clasificando experiencias seg&uacute;n sus propiedades observables. &ldquo;Es cierto que contar la historia de tu vida no resulta muy atractivo. Hay algo incluso rid&iacute;culo en ello, egoc&eacute;ntrico, e ingenuo tambi&eacute;n: creer que lo que has pasado es tan excepcional que merece ser conocido por todos los dem&aacute;s humanos&rdquo;, cuenta Mr&eacute;jen. &ldquo;Pero a m&iacute; lo que me interesa es la forma de contarlo. No importa si los autores han vivido, observado, adivinado o fantaseado con la historia que narran. La precisi&oacute;n es lo que busco y esta se basa en la observaci&oacute;n, por eso siempre hay un aspecto personal, vivido, algo que me ha tocado de cerca o de lejos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Su &uacute;ltimo libro, <em>Tercera persona</em>, est&aacute; &iacute;ntegramente dedicado a su hijo. Pero de nuevo no como com&uacute;nmente se acostumbra a hablar de los reci&eacute;n nacidos en el seno familiar: la tercera persona que llega a la familia de dos que tiene Mr&eacute;jen con su pareja se describe como un fen&oacute;meno incrustado en sus vidas, como un cambio de percepci&oacute;n de todo lo que la rodea e incluso de los significados de las palabras. Otra vez, no hay dramatismo o milagro, sino observaci&oacute;n minuciosa de c&oacute;mo la maternidad y el crecimiento de un hijo disturba y altera una vida adulta ya de por s&iacute; complicada. &ldquo;Con este libro no trataba de transmitir una visi&oacute;n de la maternidad o la paternidad concreta, sino m&aacute;s bien el hecho de que esa visi&oacute;n est&aacute; cambiando continuamente. Igual que ocurre con nuestra relaci&oacute;n con las cosas, tambi&eacute;n ocurre con los ni&ntilde;os&rdquo;, expone la autora francesa, que si tiene que otorgar un prop&oacute;sito al texto es m&aacute;s bien el v&iacute;nculo con su propia madre: &ldquo;Ella muri&oacute; cuando yo era una adolescente y, en cierto modo, este libro es una forma de seguir sus pasos a&ntilde;os despu&eacute;s, de nombrar esta experiencia compartida. Al contrario que ella, yo no fui anotando en un cuaderno la fecha de la primera palabra de mi hijo ni el primer diente que se le cay&oacute;, pero aqu&iacute; he resumido todas estas vivencias, aunque sea a trav&eacute;s de notas desordenadas, y creo que eso nos conecta de alguna forma&rdquo;.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Berta Gómez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/desconfio-explicaciones-psicologicas-literatura-familiar-valerie-mrejen-frialdad-conciso_1_8192676.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 04 Aug 2021 20:20:53 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["Desconfío de las explicaciones psicológicas": la literatura familiar de Valérie Mréjen y la frialdad de lo conciso]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Cine,Fotografía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['El buen hijo', el grupo de indiepop que amenaza con quitarle a Parchís la hegemonía del "Cumpleaños feliz"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/buen-hijo-grupo-indiepop-amenaza-quitarle-parchis-hegemonia-cumpleanos-feliz_1_8141613.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7056db38-d520-4bf2-ae34-0eb08fd216e2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;El buen hijo&#039;, el grupo de indiepop que amenaza con quitarle a Parchís la hegemonía del &quot;Cumpleaños feliz&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El primer largo del grupo madrileño está plagado de letras con referencias a estados de ánimo cambiantes, en muchos casos relacionados con dramas cotidianos de los jóvenes, aderezado con melodías pegadizas y poperas</p><p class="subtitle">El resurgir de los discos de vinilo</p></div><p class="article-text">
        El primer largo del grupo madrile&ntilde;o <em>El buen hijo</em> -titulado <em>&iexcl;Pan, pan, pan!</em>-sali&oacute; publicado hace apenas un mes, y sin embargo, entre tanto han pasado cinco a&ntilde;os desde que decidieron juntarse para hacer m&uacute;sica. Un dato que puede sonar extra&ntilde;o bajo la l&oacute;gica productivista del presente, pero que se corresponde con la historia de un conjunto que empez&oacute; a tocar sin demasiadas pretensiones. &ldquo;El Buen Hijo nace en 2016 de la simple curiosidad por hacer m&uacute;sica&rdquo;, relatan desde el grupo, que se presenta, en referencia a esta trayectoria, como &ldquo;una suerte de eterna promesa de la escena indiepop de guitarras&rdquo;, lo que les ha servido para haber madurado con calma. En este tiempo han sufrido tambi&eacute;n p&eacute;rdidas y ganado incorporaciones. De los cuatro miembros que montaron el grupo, pasaron a tres dos a&ntilde;os despu&eacute;s y ahora suman cinco componentes: Alicia Ros, Daniel Rodr&iacute;guez, David Chamizo, Marco Fr&iacute;as y Miquel Ca&ntilde;ellas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Antes de fichar por el sello Sonido Muchacho y publicar este primer disco, algunas de sus canciones fueron seleccionadas como banda sonora de la serie de <a href="https://www.eldiario.es/economia/netflix-sigue-creciendo-pese-ausencia-producciones-exito_1_8155077.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Netflix</a> <em>Paquita Salas. </em>Aquello les llev&oacute; a una nueva posici&oacute;n dentro del panorama musical: un &eacute;xito por el que se muestran agradecidos y que califican de inesperado. Pero, sobre todo, fue tambi&eacute;n el empuj&oacute;n para tomarse el oficio m&aacute;s en serio y comenzar a preparar las once canciones que hoy conforman <em>&iexcl;Pan pan pan!</em>: un trabajo de altibajos de guitarras, homog&eacute;neo por su composici&oacute;n pop y mensaje generacional, pero a su vez, diferente a lo que se conoc&iacute;a de ellos hasta ahora.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Muchas de las canciones se concibieron durante el confinamiento, pero ese encierro no creo que afectara al discurso de las canciones, que siempre han ido un poco por la senda de querer salir, de hacer cosas, de viajar&rdquo;, comenta Marco Fr&iacute;as, guitarra y voz del grupo, que a pesar de reconocer que el disco se gest&oacute; en tiempos de encierro no relaciona la cuarentena con las ganas de poner en marcha las actividades de fondo costumbrista &ndash;suceden dando una vuelta por <a href="https://www.eldiario.es/extremadura/economia/amazon-comienza-obras-centro-logistico-badajoz_1_8138096.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Badajoz</a>, debajo de un puente romano o en la orilla del Guadiana&ndash; que inundan el LP, sino con su d&iacute;a a d&iacute;a. &ldquo;Localizar las canciones en lugares concretos es algo que a m&iacute; personalmente me ayuda mucho a la hora de escribir, me imagino las canciones como peque&ntilde;os cuentos&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Musicalmente el disco del quinteto madrile&ntilde;o se construye con canciones que avanzan a un ritmo incansable y que se hacen pegadizas desde la primera escucha, alternando arm&oacute;nicamente la voz masculina y femenina. Entre tanto, se atreven incluso a disputarle con<em> Es un d&iacute;a especial</em> &ndash;tema para celebrar el cumplea&ntilde;os de un amigo&ndash;, la hegemon&iacute;a a Parch&iacute;s y su <em>Cumplea&ntilde;os feliz</em>: &ldquo;Sin ser demasiado ambiciosos hemos fantaseado con que eso pudiera llegar a pasar&rdquo;, comenta Alicia Ros.&nbsp;
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                </figure><h3 class="article-text">Dramas juveniles</h3><p class="article-text">
        Al buscar el nombre del grupo en Google las entradas que llevan a webs relacionadas con su m&uacute;sica se mezclan con otras referencias: <em>El buen hijo</em> es una novela de &Aacute;ngeles Gonz&aacute;lez-Sinde finalista del Premio Planeta en 2013, el t&iacute;tulo de un libro del escritor coreano You-Jeong Jeong con tintes de <em>thriller</em> publicado en 2019 y el de una pel&iacute;cula de terror de 1993 protagonizada por Macaulay Culkin, en la que interpreta a un ni&ntilde;o diab&oacute;lico. Pero como han confirmado en varias entrevistas, ninguna de estas obras tiene que ver con el nombre de su grupo; su elecci&oacute;n pasa por un motivo mucho m&aacute;s simple: quer&iacute;an algo f&aacute;cil de recordar y que tuviera un punto infantil, igual que su m&uacute;sica. 
    </p><p class="article-text">
        Una idea que, en este &uacute;ltimo trabajo, se traduce en letras con referencias a estados de &aacute;nimo cambiantes, en muchos casos relacionados con dramas cotidianos para los j&oacute;venes como no encontrar un trabajo estable o el fin del amor en una pareja, todo ello aderezado con unas melod&iacute;as pegadizas y poperas que, aunque pueda parecer contradictorio, inspiran buen humor. &ldquo;La vida es preciosa a veces y un infierno otras. As&iacute; que de manera natural y por c&oacute;mo vivimos, al final los contrastes quedan reflejados en nuestra m&uacute;sica&rdquo;, explica Ros, especialmente en referencia <em>R&iacute;o de Janeiro</em>, un tema que suena a fiesta mientras la letra rememora un viaje rom&aacute;ntico que no se repetir&aacute;. &ldquo;La canci&oacute;n la hicimos Marco y yo pas&aacute;ndonoslo muy bien, y en un tono m&aacute;s c&oacute;mico que otra cosa. No hemos ido a R&iacute;o nunca pero s&iacute; hemos vivido desamores y finales. Nos dimos cuenta de su profundidad emocional porque siempre que se la cant&aacute;bamos a los amigues con la guitarra acababan llorando&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Aunque quiz&aacute; lo que m&aacute;s distingue a las composiciones de <em>El buen hijo </em>es la etiqueta de generacional, que no parece molestarles demasiado. &ldquo;Las canciones del disco por lo general comparten un tono de melancol&iacute;a, pero tambi&eacute;n de cierta esperanza y me gusta pensar tambi&eacute;n que de cierto humor&rdquo;, explica Fr&iacute;as sobre esa tristeza autoconsciente que caracteriza a los<em> millennial </em>que rozan la treintena<em>.</em> 
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        &ldquo;Nada ha sido muy deliberado, son canciones escritas la mayor&iacute;a en el &uacute;ltimo a&ntilde;o, por lo que los pensamientos a la hora de escribirlas iban un poco por el mismo camino, que considero sin duda esperanzador. Aunque te dir&eacute; que las ganas de reventarlo todo nunca desaparecen del todo&rdquo;. Para Ros, esa indignaci&oacute;n por la incertidumbre agitada con el deseo por encontrar alguna se&ntilde;al sobre el futuro es una marca de la &eacute;poca actual y tambi&eacute;n de su m&uacute;sica: &ldquo;Da igual lo que escuches, o lo que hagas, o como seas, al final todos compartimos las mismas problem&aacute;ticas. La falta de dinero, la falta de un trabajo bien remunerado, saber que ni vas a tener pensi&oacute;n porque tienes casi 30 a&ntilde;os y no has cotizado ni la mitad de lo que lo hicieron tus padres. Esto desgasta y genera ansiedad e inseguridades. Aunque tambi&eacute;n la cultura del meme y las redes sociales en general nos unen como generaci&oacute;n porque nos permiten reconocernos los unos a los otros en esos problemas&rdquo;. 
    </p><h3 class="article-text">La gira tendr&aacute; que esperar</h3><p class="article-text">
        Entre esos acontecimientos desafortunados, por cierto, tambi&eacute;n est&aacute; el de encontrarse a una expareja por la ciudad de Madrid, como cantan en <em>Aunque pene</em>, contradiciendo las palabras de la presidenta de la Comunidad de Madrid Isabel D&iacute;az Ayuso. &ldquo;Literalmente es facil&iacute;simo encontrarte con tu ex aqu&iacute;&rdquo;, comenta Marco entre risas sobre la casualidad de que justo compusieron un tema sobre la pol&eacute;mica del momento. &ldquo;La canci&oacute;n est&aacute; basada en hechos ficticios pero s&iacute;, por supuesto, era algo que pensaba que podr&iacute;a pasar en cualquier momento&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Entre todos, Alicia Ros es quien mejor conoce tanto lo positivo que se desprende de dedicarse a la m&uacute;sica, como la precariedad y el trabajo constante que implica: empez&oacute; en otro grupo poco despu&eacute;s de crear <em>El Buen Hijo</em>. <em>Cari&ntilde;o</em>, donde le acompa&ntilde;an Mar&iacute;a Talaverano y Paola Rivero, tuvo un inicio lleno de &eacute;xitos y tambi&eacute;n, precisamente por ello, unas cuantas cr&iacute;ticas de m&aacute;s. &ldquo;De <em>El buen hijo </em>nunca se ha cuestionado la autor&iacute;a de las canciones o el c&oacute;mo se han grabado. Creo que son dos inicios muy diferentes, lo de <em>Cari&ntilde;o</em> fue mete&oacute;rico y <em>El buen hijo</em> ha ido creciendo m&aacute;s paulatinamente. Las dos son bandas de gente interesada en la m&uacute;sica que coge instrumentos casi por primera vez, la diferencia es que <em>El buen hijo</em> no tuvo ese foco medi&aacute;tico al principio, que supongo que es lo que envi&oacute; a ciertas personas a la hora de criticar lo que hac&iacute;amos o dej&aacute;bamos de hacer <em>Cari&ntilde;o</em>&rdquo;, explica Ros sobre la diferencia entre tener un grupo formado solo por mujeres o hacerlo acompa&ntilde;ada de hombres.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este crecimiento paulatino del grupo tambi&eacute;n se est&aacute; viendo reflejado en su desembarco en los escenarios. A pesar de que algunos festivales de m&uacute;sica ya han vuelto este verano,<em> El buen hijo </em>ha decidido hacer solo unos pocos conciertos ahora y dejar la gira para despu&eacute;s del calor y el virus, &ldquo;cuando las salas puedan abrir sin peligro y sin restricciones. De momento tocamos el &uacute;ltimo finde de septiembre en el Festival Brillante&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        La decisi&oacute;n de aguardar a una mejor situaci&oacute;n pand&eacute;mica tiene sentido especialmente si se tiene en cuenta que su m&uacute;sica invita al baile, pero tambi&eacute;n a saltar, a abrazarse, a cantar gritando al o&iacute;do de los amigos. En la portada del <em>&iexcl;Pan, pan, pan!</em> se puede ver un corro de personas en medio del campo, aunque la idea inicial era que apareciese un pogo que representara esa comuni&oacute;n f&iacute;sica de los cuerpos movidos por las guitarras. As&iacute;, entre el corro y el pogo, tienen claro lo que esperan del p&uacute;blico para cuando empiece la gira: &ldquo;Un corro rodeando un pogo ser&iacute;a lo suyo&rdquo;.
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                El buen hijo                            </span>
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      <dc:creator><![CDATA[Berta Gómez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/buen-hijo-grupo-indiepop-amenaza-quitarle-parchis-hegemonia-cumpleanos-feliz_1_8141613.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Jul 2021 19:54:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['El buen hijo', el grupo de indiepop que amenaza con quitarle a Parchís la hegemonía del "Cumpleaños feliz"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Música,Arte,Cultura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Ciencia Fricción': una exposición para ampliar los límites de nuestra imaginación científica]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/ciencia-friccion-exposicion-ampliar-limites-imaginacion-cientifica_1_8128070.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c36462c0-87d1-4d49-8a2c-4aac824ba5de_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Ciencia Fricción’: una exposición para ampliar los límites de nuestra imaginación científica"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El CCCB de Barcelona acoge esta exposición, que plantea una mirada ecofeminista a la cultura científica en base a la obra de pensadoras como Donna Haraway y científicas como Lynn Margulis</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;La vida es una uni&oacute;n simbi&oacute;tica y cooperativa que permite triunfar a los que se asocian&rdquo;. La frase pertenece a la bi&oacute;loga Lynn Margulis, una de las bi&oacute;logas m&aacute;s reputadas del siglo veinte por su estudio de las c&eacute;lulas m&aacute;s peque&ntilde;as del mundo y el descubrimiento de que &eacute;stas tienen una importancia crucial en la historia de la vida en el planeta tierra. Su punto de vista es que la simbiosis, una asociaci&oacute;n de mutuo beneficio, ser&iacute;a el mecanismo clave para la aparici&oacute;n de las c&eacute;lulas eucariotas, constituyentes de todo organismo vivo que no sea una bacteria o una arqueobacteria. Con tal afirmaci&oacute;n, Margulis desafi&oacute; el pensamiento evolucionista que enuncia, a trav&eacute;s de la ley del m&aacute;s fuerte,&nbsp;que solo aquellas especies con mejores capacidades sobreviven al paso de los a&ntilde;os, sustituy&eacute;ndola por la teor&iacute;a de la endosimbiosis: es la cooperaci&oacute;n lo que hace biol&oacute;gicamente posible la vida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De esta consideraci&oacute;n sobre la interdependencia, y tomando como figura central a Margulis y otras expertas en la materia, nace la exposici&oacute;n &lsquo;Ciencia Fricci&oacute;n. Vida entre especies compa&ntilde;eras&rsquo; en el Centro de Cultura Contempor&agrave;nia de Barcelona (CCCB), inaugurada hace unos d&iacute;as y que podr&aacute; visitarse hasta el 28 de noviembre. A partir de esta fecha tendr&aacute; una nueva vida en el Azkuna Zentroa Alh&oacute;ndiga de Bilbao.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La ciencia fricci&oacute;n del t&iacute;tulo opera en un doble sentido. Por un lado, se&ntilde;ala las fricciones de ver la vida como un gran ensamblaje simbi&oacute;tico: fricciones cient&iacute;ficas y culturales que desestabilizan las ideas de individuo, sujeto o autonom&iacute;a. Por otro, alude a la urgencia de inventar otras ciencia f(r)icciones, historias fabulatorias o especulativas que ampl&iacute;en lo imaginable y nos ayuden a el emergente paradigma inter-especies&rdquo;. Con esta explicaci&oacute;n se abre un recorrido a trav&eacute;s de obras art&iacute;sticas en diferentes soportes: instalaciones inmersivas audiovisuales y sonoras, realidad virtual, pintura, dibujo, cine de vanguardia y piezas de divulgaci&oacute;n cient&iacute;fica. M&aacute;s que un archivo, la exposici&oacute;n se despliega como un relato para persuadir al visitante de la urgencia de ampliar esas &ldquo;ciencias f(r)icciones&rdquo; e imaginar un nuevo paradigma interespecies.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Marshmallow Laser Feast, &#039;Treehugger: Wawona, 2016&#039;. Realidad virtual con sonido binaural                            </span>
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        &ldquo;La idea base es la interdependencia entre todas las formas de vida que habitamos el planeta y eso inevitablemente supone cuestionar el lugar que ocupamos los humanos y c&oacute;mo queremos relacionarnos con todas las otras especies con las que compartimos un h&aacute;bitat, pero sobre todo una historia y un destino&rdquo;, explica Mar&iacute;a Ptqk, comisaria de la exposici&oacute;n. &ldquo;Las obras que presentamos aqu&iacute; tienen en com&uacute;n una mirada centrada en la perspectiva no humana, nos ayudan a imaginar c&oacute;mo pueden ser formas de existencia totalmente diferentes a la nuestra, como las de un &aacute;rbol o una red de micelios o un pulpo. En definitiva en una invitaci&oacute;n a volver a mirar a nuestro alrededor con asombro y curiosidad, y con la voluntad de entender que hay muchas formas de existencia&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Junto con Lynn Margulis, la segunda pata que sostiene discursivamente &lsquo;Ciencia Fricci&oacute;n&rsquo; es el pensamiento de la fil&oacute;sofa y bi&oacute;loga Donna Haraway, cuya obra indaga en la potencia narrativa del conocimiento cient&iacute;fico. Siguiendo una l&iacute;nea de pensamiento muy similar a la de Margulis &ndash;parte de la base de que la vida en el planeta tiene mucho m&aacute;s de cooperaci&oacute;n que de competencia&ndash; Haraway ha desarrollado un conjunto de teor&iacute;as sobre las relaciones de los animales humanos con la tierra y sus habitantes que desaf&iacute;an el pensamiento antropoc&eacute;ntrico y humanista cl&aacute;sico. 
    </p><p class="article-text">
        Suya es la expresi&oacute;n &ldquo;especies compa&ntilde;eras&rdquo;, que forma parte del t&iacute;tulo de la exposici&oacute;n, y que se refiere a la red de intercambios entre seres vivos, ya sean hongos, plantas, otras especies animales o personas humanas que hacen posible la vida. As&iacute;, frente a la l&oacute;gica expansiva e imperialista que ha predominado en la relaci&oacute;n de hombres y mujeres con la naturaleza, Haraway habla de la necesidad de crear parentescos, asociaciones multiespecie que nos liguen en relaciones de responsabilidad mutua.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Exposición &#039;Ciencia fricción&#039; del CCCB                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">Interdependencia frente a independencia</h3><p class="article-text">
        En el libro S<em>eguir con el problema</em> (Consonni), donde desarrolla algunas de las premisas que encontramos en la exposici&oacute;n, Haraway discute c&oacute;mo el relato patriarcal con el que hemos asimilado una &uacute;nica historia del desarrollo humano se basa en la idea de que somos seres independientes que nada tienen que ver con su entorno. &ldquo;Herramienta, arma, palabra: esa es la palabra hecha carne a imagen de dios. Es una historia tr&aacute;gica con un &uacute;nico actor real, un creador de mundo, el h&eacute;roe. Este es el relato creador del cazador embarcado en una misi&oacute;n para matar y traer de regreso el terrible bot&iacute;n. Este es el relato de acci&oacute;n hiriente, mordaz, combativo, que aplaza el sufrimiento de la insoportable y pegajosa pasividad putrefacta atada a la tierra. Todo el resto en este cuento f&aacute;lico es atrezo, terreno, lugar de la trama o presa. No tienen importancia, su trabajo en estar en medio, ser superados, ser el camino, pero no el viaje, no el que engendrar. Lo &uacute;ltimo que quiere saber el h&eacute;roe es que sus armas y palabras hermosas ser&iacute;an in&uacute;tiles sin una red&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La misma voz de Donna Haraway, junto con la de Scott Gilbert y Maurizio Lazzarato, puede escucharse en una de las piezas con m&aacute;s inter&eacute;s que se expone al comienzo del recorrido: el documental <em>Holobiont Society</em> dirigido por Dominique Koch. El t&iacute;tulo es adem&aacute;s un homenaje a Lynn Margulis: &ldquo;holobiont&rdquo; fue el t&eacute;rmino t&eacute;cnico que us&oacute; para denominar la fusi&oacute;n de un anfitri&oacute;n con todos sus hu&eacute;spedes microbiol&oacute;gicos. Koch a&ntilde;ade la palabra &ldquo;society&rdquo; utilizando esta interdependencia como una met&aacute;fora de modelos pol&iacute;ticos aplicados a una sociedad. El audiovisual consiste en una combinaci&oacute;n de im&aacute;genes est&eacute;ticamente impactantes del medio ambiente con escenarios de guerra &ndash;la idea de una sociedad de holobiontes contrasta con el neoliberalismo global&ndash;, m&uacute;sica electr&oacute;nica, sonidos de lombrices y otros insectos, y entrevistas con los dos fil&oacute;sofos, Lazzarato y Haraway, y el experto en biolog&iacute;a de la evoluci&oacute;n, Scott Gilbert.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Dominique Koch, &#039;Holobiont Society, 2017&#039;. Instalación de video y audio binaural 7.1 con sonido envolvente y diseño del espacio.                             </span>
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                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;La noci&oacute;n de individuo biol&oacute;gico es crucial para los estudios de gen&eacute;tica, inmunolog&iacute;a, evoluci&oacute;n, desarrollo, anatom&iacute;a y fisiolog&iacute;a. Cada una de estas subdisciplinas biol&oacute;gicas tiene una concepci&oacute;n espec&iacute;fica de la individualidad. Durante la &uacute;ltima d&eacute;cada, sin embargo, el an&aacute;lisis de &aacute;cidos nucleicos, especialmente la secuenciaci&oacute;n gen&oacute;mica y las t&eacute;cnicas de ARN de alto rendimiento, ha desafiado la idea de independencia al encontrar interacciones significativas de animales y plantas con microorganismos simbi&oacute;ticos que alteran los l&iacute;mites que hasta ahora hab&iacute;an caracterizado al individuo biol&oacute;gico. Los animales no pueden considerarse individuos por criterios anat&oacute;micos o fisiol&oacute;gicos, porque una diversidad de simbiosis son imprescindibles para cumplir las funciones fisiol&oacute;gicas. Del mismo modo, estos estudios han demostrado que el desarrollo animal es incompleto sin la simbiosis&rdquo;, describe Gilbert. En definitiva, lo que intenta demostrar Koch en esta pieza es que de ser as&iacute;, no solo se ver&iacute;a afectada toda la disciplina cient&iacute;fica, sino tambi&eacute;n las teor&iacute;as pol&iacute;ticas y sociales que han situado al individuo humano como un ser que se desarrolla por s&iacute; mismo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La muestra se puede leer tambi&eacute;n desde una perspectiva feminista. Primero, por una cuesti&oacute;n de referentes: no solo las dos gu&iacute;as de la exposici&oacute;n son mujeres reputadas en sus disciplinas, tambi&eacute;n encontramos una representaci&oacute;n femenina de peso entre las artistas, as&iacute; como un reconocimiento a aquellas autoras que suelen quedar fuera de los circuitos acad&eacute;micos oficiales. Es el caso Maria Silylla Merian, naturalista nacida en 1647, que fue la primera persona en documentar los ciclos de la vida de los insectos, lo que le llev&oacute; a desmentir el pensamiento de la &eacute;poca que los consideraba criaturas surgidas en el lodo de la putrefacci&oacute;n. Merian es considerada una precursora del pensamiento ecologista al recoger en sus pinturas los ciclos de las flores y plantas que nutren &ndash;y se nutren&ndash; muchos animales e insectos.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Exposición &#039;Ciencia fricción&#039; del CCCB                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">Una f&aacute;brica de huevos y &oacute;vulos</h3><p class="article-text">
        Varias piezas, en sinton&iacute;a con la teor&iacute;a ecofeminista, muestran las similitudes entre la explotaci&oacute;n animal de las hembras de distintas especies y las mujeres. Entre ellas <em>Egstrogen Farms,</em> obra de Mary Maggic, que presenta una empresa ficticia con este nombre cuyo negocio consiste en comercializar &ldquo;huevos f&eacute;rtiles&rdquo; modificados gen&eacute;ticamente para contener un c&oacute;ctel de &ldquo;gonadotropinas&rdquo;, las hormonas responsables de regular la reproducci&oacute;n en los vertebrados. 
    </p><p class="article-text">
        Siguiendo la l&iacute;nea de autoras feministas como Geena Corea, Margaret Atwood o la propia Haraway, que en los a&ntilde;os 80 se&ntilde;alaron el paralelismo entre la domesticaci&oacute;n masiva de pollos y el encierro de las mujeres en el hogar, Maggic critica aqu&iacute; al m&aacute;rketing reproductivo actual destinado a que chicas j&oacute;venes donen &oacute;vulos &ndash;o mejor dicho, los vendan&ndash;. <em>Egstrogen Farms </em>utiliza la simbolog&iacute;a del &ldquo;huevo f&eacute;rtil&rdquo; como matriz terap&eacute;utica, alimentaria y reproductiva mediante una subversi&oacute;n par&oacute;dica del intercambio interespecies: lo importante para la sociedad no es la salud, la vida o el deseo de quien produce el &oacute;vulo, sino el &oacute;vulo en s&iacute; mismo.
    </p><p class="article-text">
        En la &uacute;ltima sala, a modo de despedida, una amplia mirada del activismo ecologista recuerda que hay quien lleva a&ntilde;os no solo elaborando estos discursos dentro de la academia, sino tambi&eacute;n actuando en consecuencia. <em>Ciencia Fricci&oacute;n</em> encuentra su valor diferencial en tanto que recoge y desarrolla una teor&iacute;a cient&iacute;fica, pol&iacute;tica, feminista y ecologista a trav&eacute;s de un recorrido art&iacute;stico, con textos y audiovisuales que comparten una idea com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
         &ldquo;Ciencia Fricci&oacute; es una exposici&oacute;n que se encuentra en un lugar intermedio entre la exposici&oacute;n de arte y un museo de ciencias con much&iacute;sima ciencia ficci&oacute;n, con una mirada especulativa y sobre todo con la presencia de estas especies compa&ntilde;eras con las que compartimos el planeta&rdquo;, explica la comisaria Mar&iacute;a Ptqk. Con ello se destierra cualquier propuesta que trate de hacer del arte una disciplina alejada de su contexto hist&oacute;rico y las condiciones pol&iacute;ticas de su emergencia: Ciencia Fricci&oacute;n nos invita a hacernos corresponsables de un mundo en crisis, ense&ntilde;&aacute;ndonos que la mirada sobre las cosas &ndash;y las palabras con las que describimos la realidad&ndash; determinan la forma de relacionarnos con el planeta y con el resto de seres no humanos.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                &#039;Egstrogen Farms&#039;, obra de Mary Maggic                            </span>
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      <dc:creator><![CDATA[Berta Gómez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/ciencia-friccion-exposicion-ampliar-limites-imaginacion-cientifica_1_8128070.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 18 Jul 2021 19:57:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Ciencia Fricción': una exposición para ampliar los límites de nuestra imaginación científica]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lista de cómicas que arrasan para público y empresarios despistados]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/lista-comicas-arrasan-publico-empresarios-despistados_1_8074935.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e67ec7f4-a31b-481d-b313-3b033662bf53_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lista de cómicas que arrasan para público y empresarios despistados"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Toda lista de humoristas españolas será necesariamente incompleta, parcial e insuficiente; pero sirvan estas líneas como una pequeña demostración de la diversidad del humor que están haciendo las cómicas, y de paso, unas cuantas ideas para quien pretenda vender entradas</p><p class="subtitle">Las cómicas sí hacen buenos chistes: varios humoristas dejan 'La Chocita del Loro' tras las declaraciones machistas de sus responsables</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Son las mujeres graciosas? Si en 2021 alguien cree que esta pregunta no solo tiene sentido, sino que adem&aacute;s es l&iacute;cita para abrir un debate, es porque a&uacute;n hay quien responde que no, que &ldquo;el nivel de las mujeres es m&aacute;s bajo para hacer humor&rdquo;. Estas fueron las palabras pronunciadas por el gerente de La Chocita del Loro, Francisco Carretero, en una <a href="https://elpais.com/espana/madrid/2021-06-22/la-chocita-del-loro-las-mujeres-necesitan-tiempo-para-estar-a-la-altura-de-otros-comicos.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">entrevista en El Pa&iacute;s</a>. Lo que pretend&iacute;a ser, a su vez, una aclaraci&oacute;n de las afirmaciones que la directora de la m&iacute;tica sala de <em>stand up comedy</em> en Madrid <a href="https://www.eldiario.es/cultura/comicas-si-chistes-humoristas-dejan-chocita-loro-declaraciones-machistas-responsables_1_8064969.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">hab&iacute;a hecho unos d&iacute;as antes</a> &ndash;&ldquo;mucho del humor que hacen ellas es victimista o muy feminista&rdquo;&ndash;, se convirti&oacute; en una reafirmaci&oacute;n de la desigualdad que ha llevado al local a confeccionar una cartelera con una sola mujer frente a 26 hombres. 
    </p><p class="article-text">
        Para ellos, sin embargo, no se trata de machismo, sino de rentabilidad econ&oacute;mica: &ldquo;El nivel de las c&oacute;micas que hay en Espa&ntilde;a necesita un tiempo, hay que darles uno o dos a&ntilde;os para que est&eacute;n a la altura de los c&oacute;micos que hay en La Chocita del Loro&rdquo;, expone Carretero, argumentando que sus decisiones se toman teniendo en cuenta la venta de localidades y el problema es que ellas no &ldquo;acaban de cuajar porque no atraen a gente&rdquo;. La afirmaci&oacute;n no se corresponde con la realidad, como demuestran los datos de las entradas que venden los <em>shows </em>de humor protagonizados por mujeres en la capital.
    </p><p class="article-text">
        Encierra tambi&eacute;n la evidencia m&aacute;s clara de una misoginia interiorizada al presentar a las mujeres humoristas como un grupo homog&eacute;neo a las que les falta &ldquo;uno o dos a&ntilde;os&rdquo;, como si fuesen una bandeja de galletas horne&aacute;ndose. &ldquo;Este discurso no lo escuchaba desde hace diez a&ntilde;os. Fue un <em>d&eacute;j&agrave; vu, </em>otra vez todas las c&oacute;micas en el mismo saco&rdquo;, expon&iacute;a <a href="https://www.eldiario.es/cultura/comicas-si-chistes-humoristas-dejan-chocita-loro-declaraciones-machistas-responsables_1_8064969.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en declaraciones</a> a este diario Pilar de Francisco sobre la pol&eacute;mica. &ldquo;Era como cuando yo iba a actuar y un espectador me dec&iacute;a 'no me gustan las c&oacute;micas pero hoy t&uacute; me has gustado', dando por hecho que todas &eacute;ramos iguales&rdquo;. As&iacute; resulta que o todas las mujeres graciosas son o ninguna lo es, o todas venden entradas o ninguna lo hace, o todas tienen un humor muy feminista o no lo tiene ninguna. Desde esta l&oacute;gica, nacen justificaciones tan repetidas como esta cuando se se&ntilde;ala la ausencia o m&iacute;nima presencia de mujeres en un evento: una vez se hizo y fue un fracaso. Como si cada humorista &ndash;artista, m&eacute;dica o futbolista&ndash; tuviera la responsabilidad de representar a la mitad de la humanidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Las mujeres, ni en el humor ni en nada, somos un nicho, no somos una unidad, no somos iguales&rdquo;, escrib&iacute;a el mi&eacute;rcoles en Twitter Isa Calderon al respecto, y continuaba: &ldquo;qu&eacute; guay que cada una haga lo que quiera &iquest;no? Aunque incluso las mainstream lo tienen jodido&rdquo;. Porque, de hecho, lo &uacute;nico que une a las mujeres humoristas es probablemente esto &uacute;ltimo que apunta Calder&oacute;n: a ninguna se le permite ser tan mediocre como a un hombre. Deforme semanal, el <em>show</em> que conduce junto a Luc&iacute;a Lijtmaer, llena salas en Barcelona y Madrid, y lo hace en gran parte ri&eacute;ndose de lo absurdo que es seguir hablando de las mujeres como un bloque id&eacute;ntico. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; tienen en com&uacute;n Eva Hache, Pilar de Francisco, Ana Morgade, Patricia Conde, Irene Garc&iacute;a, Raquel Sastre, Patricia Sornosa, Car de Lorenzo, Llum Barrera, Soy una Pringada, Ana Polo, Oye Sherman, Perra de Sat&aacute;n, Lorena Iglesias, Paula P&uacute;a, Valeria Ros, Susi Caramelo, Henar &Aacute;lvarez, Lala Chus, Anna Sim&oacute;n, Silvia Abril, Virginia Riezu o Bianca Kovacs? Quiz&aacute; no mucho m&aacute;s que ser objeto de frases como: &ldquo;para ser mujer eres bastante graciosa&rdquo;. Por eso mismo, toda lista de humoristas espa&ntilde;olas ser&aacute; necesariamente incompleta, parcial e insuficiente; pero sirvan estas l&iacute;neas como una peque&ntilde;a demostraci&oacute;n de la diversidad del humor que est&aacute;n haciendo las c&oacute;micas, y de paso, unas cuantas ideas para quien pretenda vender entradas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Martita de Gran&aacute;</strong>
    </p><p class="article-text">
        De Martita de Gran&aacute; se dice que ha triunfado con un humor cl&aacute;sico o convencional; pero que una mujer agote entradas all&iacute; donde va reivindicando su tierra, su acento, sus costumbres y sin dejar el feminismo a un lado no parece tener mucho de convencional. Para este verano tiene una programaci&oacute;n que la llevar&aacute; por m&aacute;s de 20 ciudades, del Palacio de Euskalduna hasta el auditorio de Cartagena, y no queda pr&aacute;cticamente ni una sola localidad disponible. 
    </p><p class="article-text">
        Martita de Gran&aacute;, como buena hija de su tiempo, empez&oacute; colgando v&iacute;deos en internet que pronto se hicieron virales. Ahora suma casi mill&oacute;n y medio de seguidores en Instagram y otros tantos en Facebook y Twitter. Pocas respuestas hay m&aacute;s contundentes para las palabras de los responsables de La Chocita del Loro que el<a href="https://www.instagram.com/p/CQTN4MFhpG1/?utm_source=ig_web_copy_link" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> v&iacute;deo </a>que colg&oacute; hace cinco d&iacute;as en el que, frente a un estadio de Fuengirola en pie y levantando una cerveza, reivindic&oacute; que aquella que les hab&iacute;a hecho re&iacute;r esa noche era una mujer. &ldquo;Un abrazo a todas esas c&oacute;micas maravillosas de este pa&iacute;s, seguimos en la lucha hermanas. Podr&iacute;a etiquetarlas a todas pero no cabe tanto talento en un solo post&rdquo;, escrib&iacute;a Martita debajo del v&iacute;deo en Instagram.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Asaari Bibang&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        En el libro <em>Y a pesar de todo aqu&iacute; estoy</em> (Ediciones B) Asaari Bibang narra las dificultades y mecanismos racistas que ha sufrido desde los seis a&ntilde;os, cuando lleg&oacute; a Espa&ntilde;a desde Guinea, hasta convertirse en la actriz y monologuista que es hoy. Bibang ha tenido su propio show en el Peque&ntilde;o Teatro Gran V&iacute;a, <em>La batalla negra</em>, donde trata desde el humor esta trayectoria vital. Tambi&eacute;n ha actuado dentro del Ciclo de Comedia Empoderada, una red de c&oacute;micas que luchan para que las mujeres tengan las mismas oportunidades de trabajo, tanto en los circuitos de comedia, como presencia en los medios de comunicaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        En 2019, Bibang asisti&oacute; como invitada al programa &lsquo;La Resistencia&rsquo; y all&iacute; le entreg&oacute; a David Broncano una camiseta que dec&iacute;a &ldquo;De ser un se&ntilde;oro tambi&eacute;n se sale&rdquo;, aludiendo a que no ten&iacute;an colaboradoras en el programa. Una entrega sin dramatismos para el presentador, pero que, sin embargo, le vali&oacute; toda una campa&ntilde;a de ciberacoso en Twitter.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Penny Jay</strong>
    </p><p class="article-text">
        Precisamente quien acompa&ntilde;aba a Bigang esa noche en &lsquo;La Resistencia&rsquo; era Penny Jay. Juntas hac&iacute;an en ese momento los mon&oacute;logos de micro abierto <a href="https://twitter.com/riotcomedyfem?lang=es" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Riot Comedy</em></a>. Fue tambi&eacute;n Penny la creadora de este<em> show</em> que ten&iacute;a un objetivo, en principio, no demasiado ambicioso: juntar a unas cuantas mujeres hartas de los machos que cuentan chistes de machos para machos y re&iacute;rse en compa&ntilde;&iacute;a. En tres a&ntilde;os esta idea se ha convertido en toda una revoluci&oacute;n: <a href="https://riotcomedyfem.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Riot Comedy Fem</a> ha girado con &eacute;xito por el territorio espa&ntilde;ol durante meses y desde hace un a&ntilde;o, ante la imposibilidad de actuar en directo por la pandemia, crearon Riot Comedy 5G.
    </p><p class="article-text">
        Penny Jay es el ejemplo perfecto de c&oacute;mo para tener &eacute;xito vale m&aacute;s crear un proyecto propio que luchar incansablemente para entrar en los escenarios hegem&oacute;nicos donde reina la misoginia. &ldquo;Decid&iacute; que en vez de obligarme a cambiar mi humor por unas personas que me estaban negando, iba a crear un espacio propio con mis compa&ntilde;eras y con mi p&uacute;blico&rdquo;, contaba hace unos d&iacute;as la humorista en una entrevista para <a href="https://www.pikaramagazine.com/2021/06/vez-cambiar-humor-unas-personas-me-negaban-cree-espacio-propio-mis-companeras-la-riot-comedy-fem/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Pikara,</a> &ldquo;Me empec&eacute; a subir a la Riot y cog&iacute; confianza y despu&eacute;s, cuando tuve que dar el paso hacia esos espacios que antes me daban miedo, lo pet&eacute;. Mucha gente dec&iacute;a que mis <em>shows</em> no iban a funcionar en espacios mixtos, que el p&uacute;blico me iba a rechazar, y yo, como una mula, me sub&iacute; cada vez a m&aacute;s y m&aacute;s. Ahora me respetan tanto en los espacios mixtos como en los no mixtos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Estirando el chicle, con Carolina Iglesias y Victoria Mart&iacute;n</strong>
    </p><p class="article-text">
        El podcast de Carolina Iglesias y Victoria Mart&iacute;n ha sido en varias ocasiones el m&aacute;s escuchado de Espa&ntilde;a. Acabaron hace bien poco la tercera temporada en Podium Podcast con una invitada de honor: Chelo Garc&iacute;a-Cort&eacute;s. Para ellas su acierto no ha sido otro que hablar de lo que hace unos a&ntilde;os parec&iacute;a inapropiado para las conversaciones de la radio: las manchas en el pantal&oacute;n que a veces te deja la regla, c&oacute;mo gestionar el enfado con una amiga, el mito del amor rom&aacute;ntico o c&oacute;mo sobrellevar la ansiedad. 
    </p><p class="article-text">
        Su &eacute;xito se basa tambi&eacute;n en la premisa de hac&eacute;rselo todo ellas mismas: despu&eacute;s de conocerse siendo colaboradoras de un programa Los 40 Principales se lanzaron con una serie para YouTube, <a href="https://www.youtube.com/watch?v=oYNkBg35W-Y&amp;list=PLVffPyyN4JArxfBt93qFgrJ9UGdO58vY9&amp;index=1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">V&aacute;lidas,</a> donde ellas mismas escrib&iacute;an el gui&oacute;n y eran las protagonistas. Ahora le han a&ntilde;adido el LIVE a 'Estirando el chicle' y es posible verlas en directo encima de un escenario. El &uacute;nico inconveniente para los espectadores es que las entradas se agotan en cuesti&oacute;n de horas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Charlie Pee</strong>
    </p><p class="article-text">
        Charlie Pee empez&oacute; en la comedia como la protagonista de la serie <em>The marvelous Mrs. maisel</em> &ndash;de ah&iacute; que tenga su foto en el perfil de Twitter&ndash;, contando una historia dram&aacute;tica que no hab&iacute;a superado ni por asomo: su novio acababa de dejarla y escupi&oacute; lo que ten&iacute;a dentro a modo de catarsis. Y funcion&oacute;, al menos como mon&oacute;logo c&oacute;mico: &ldquo;Yo quer&iacute;a llorar y la gente re&iacute;a&rdquo;, explicaba hace poco en Twitter. Ahora,<em> </em>cada mediod&iacute;a la voz de Pee suena junto a la de Elisenda Carod y Elisenda Pineda en <em>L'Apocalipsi</em> de Catalunya R&agrave;dio. Tambi&eacute;n organiza y forma parte de los espect&aacute;culos de stand up en <em>Barcelona Comedy Gold</em>, <em>L'altre Micro Obert</em> y <em>Roast Battles Barcelona</em>. 
    </p><p class="article-text">
        Charli Pee es, sin duda, una pieza clave del panorama c&oacute;mico de la ciudad condal, apost&oacute; por los mon&oacute;logos en lengua catalana cuando apenas exist&iacute;an. Presume de ser irreverente, hablar de sexo sin verg&uuml;enza y su marca personal consiste en llamar &ldquo;hijo de puta&rdquo; a quien le plazca. Por supuesto, Pee cuenta con su pol&eacute;mica particular: en marzo de 2019 El Terrat le propuso escribir una serie de ficci&oacute;n junto con dos compa&ntilde;eros para TVE.<em> Drama</em> fue criticada duramente en redes sociales el d&iacute;a del estreno porque combinaba di&aacute;logos en catal&aacute;n y castellano. &ldquo;Hemos impulsado el nacimiento del <em>stand up</em> en catal&aacute;n, pero claro, haces una serie para televisi&oacute;n espa&ntilde;ola con un 70% en catal&aacute;n y un 30% en castellano y te mereces que te quemen en la hoguera&rdquo;, escrib&iacute;a en catal&aacute;n Charlie Pee a modo de respuesta en su muro, &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; no me est&aacute;is quemando hijos de puta, por qu&eacute;?&rdquo;, a&ntilde;ad&iacute;a en un segundo tuit.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Elsa Ruiz</strong>
    </p><p class="article-text">
        La comedia que hace Elsa Ruiz se basa en dejar en evidencia los planteamientos de organizaciones de extrema derecha como Hazte O&iacute;r. &ldquo;Son tan rid&iacute;culos que los chistes se hac&iacute;an pr&aacute;cticamente solos&rdquo;, explicaba en una entrevista en <a href="https://www.eldiario.es/vertele/noticias/entrevista-elsa-ruiz-transfobia-todo-es-mentira-risto-mejide_1_7406948.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">VerTele</a> sobre su &uacute;ltimo mon&oacute;logo de &eacute;xito <em>Pizza con pi&ntilde;a: la &uacute;ltima porci&oacute;n</em>, un t&iacute;tulo que alude a una intervenci&oacute;n suya de 2018 en &lsquo;La Resistencia&rsquo; sobre la identidad de g&eacute;nero: &ldquo;&iquest;A quienes no os gusta, consider&aacute;is que la pizza si lleva pi&ntilde;a es una aberraci&oacute;n, que deja de ser pizza, que si te gusta tienes un problema a nivel cabeza? La pizza es pizza, no es lo que le eches encima. Las personas no somos muy diferentes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Elsa Ruiz ha combinado de manera magistral el activismo contra la transfobia en los medios de comunicaci&oacute;n y el humor, usando su propia experiencia como materia prima. El reconocimiento medi&aacute;tico de Ruiz a gran escala lleg&oacute; con su aparici&oacute;n, desde el estreno, en &lsquo;Todo es mentira&rsquo;, el magac&iacute;n que conduce Risto Mejide en Cuatro y que abandon&oacute; sin dar muchas explicaciones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Silvia Sparks&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Humorista y fil&oacute;sofa: as&iacute; se define la gijonense Silvia Sparks en Twitter; y a&ntilde;ade en la descripci&oacute;n de su propia web que en 2015 sustituy&oacute; los libros de Nietzsche por la comedia. &ldquo;La normalidad apesta, lo deforme vencer&aacute;&rdquo;, es la frase que aparece a continuaci&oacute;n a modo de advertencia, porque Sparks utiliza su propia intimidad y las costumbres de su generaci&oacute;n para crear mon&oacute;logos &aacute;cidos, extravagantes y retorcidos. Temas como la zoofilia, la pederastia o el sadomasoquismo aparecen intercalados entre excursiones al Ikea, ejercicios en el gimnasio y hacer scroll en Tinder. 
    </p><p class="article-text">
        Sparks actu&oacute; semanalmente en la segunda temporada del show Commedia, de Ignatius Farray, y es colaboradora del<em> late night</em> &lsquo;Las que faltaban&rsquo;, de Movistar+. En el portal donde se venden las entradas de su &uacute;ltimo espect&aacute;culo, <em>Sparks, el show de humor negro</em>, tiene una honrosa media de 9,9 sobre 10. Escuchen lo que dice In&eacute;s, una espectadora, en el primer comentario: &ldquo;Es la primera vez que iba a ver un mon&oacute;logo de humor negro, y me sorprendi&oacute; gratamente. Humor afilado, inteligente y culto. No dej&eacute; de re&iacute;rme ni un minuto&rdquo;.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Berta Gómez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/lista-comicas-arrasan-publico-empresarios-despistados_1_8074935.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 26 Jun 2021 19:52:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Lista de cómicas que arrasan para público y empresarios despistados]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Humor]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Caso Wanninkhof-Carabantes': cómo la lesbofobia convirtió en asesina a una mujer inocente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/caso-wanninkhof-netflix-documental-lesbofobia-convirtio-asesina-mujer-inocente_1_8068237.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/31fbe802-0cbd-4040-9fb8-2493fab91057_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Caso Wanninkhof-Carabantes&#039;: cómo la lesbofobia convirtió en asesina a una mujer inocente"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tània Balló dirige un largometraje, estrenado en Netflix, que cuenta cómo Dolores Vázquez pasó 519 días entre rejas por un asesinato que no había cometido</p><p class="subtitle">Documental 'Muerte en León' - "La gran duda en el asesinato de Isabel Carrasco es por qué no se investigaron ciertas llamadas deliberadamente"</p></div><p class="article-text">
        En octubre de 1999, la joven de 19 a&ntilde;os Roc&iacute;o Wanninkhof desapareci&oacute; cuando se dirig&iacute;a a la feria de Fuengirola (M&aacute;laga). A la ma&ntilde;ana siguiente, su madre encuentra sus zapatillas y manchas de sangre al lado de su domicilio. Comienza entonces una b&uacute;squeda por toda la zona de la Cala de Mijas que se alarga durante 25 d&iacute;as hasta dar con el cad&aacute;ver. Este revela que Roc&iacute;o fue acuchillada. En un ambiente de apremio medi&aacute;tico y social por encontrar al culpable del crimen, un jurado popular condena a Dolores V&aacute;zquez, expareja de la madre de Roc&iacute;o, a 15 a&ntilde;os de c&aacute;rcel por el asesinato de la joven.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de la suposici&oacute;n de que se trataba de un crimen ocasionado por la ruptura de la pareja, no exist&iacute;an pruebas que la incriminasen: nadie vio a V&aacute;zquez en el lugar donde se encontr&oacute; el cad&aacute;ver, ten&iacute;a coartada para la noche que mataron a Roc&iacute;o y su ADN no coincid&iacute;a con el que se recogi&oacute; en la escena del crimen. Ser&aacute; el caso de un nuevo asesinato medi&aacute;tico, tres a&ntilde;os despu&eacute;s, el que demuestre su inocencia: la joven Sonia Caravantes apareci&oacute; muerta en una zona cercana y pronto se descubri&oacute; que el autor del crimen era un hombre brit&aacute;nico llamado Tony Alexander King. Al introducir las muestras de ADN en el sistema de la Guardia Civil, se comprob&oacute; que estas coincid&iacute;an con las que se encontraron junto al cad&aacute;ver de Roc&iacute;o Wanninkhof. King confiesa que ha cometido ambos asesinatos y varias agresiones sexuales tanto en su pa&iacute;s de origen como en Espa&ntilde;a. Entre tanto, Dolores V&aacute;zquez pas&oacute; 519 d&iacute;as entre rejas por un asesinato que no hab&iacute;a cometido.&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        Estos son los hechos que se narran en el documental <em>Caso Wanninkhof-Carabantes</em>, dirigido por T&agrave;nia Ball&oacute;, producido por Brutal Media y reci&eacute;n estrenado en Netflix. &ldquo;Yo ten&iacute;a unos 22 a&ntilde;os cuando desapareci&oacute; Roc&iacute;o pero no recuerdo ser espectadora de las semanas de b&uacute;squeda, es a partir de la detecci&oacute;n de Dolores V&aacute;zquez cuando por primera vez conozco el caso y, como la gran mayor&iacute;a del p&uacute;blico espa&ntilde;ol, consum&iacute; lo que hoy sabemos que fue un absoluto delirio. En ese momento lo cre&iacute;, no s&eacute; si de una forma tajante pero s&iacute; lo que parec&iacute;an evidencias o nos quer&iacute;an vender como tal&rdquo;, explica Ball&oacute; sobre c&oacute;mo vivi&oacute; en primera persona esta sucesi&oacute;n de acontecimientos. Sin embargo, al mismo tiempo que consum&iacute;a esos contenidos de manera acr&iacute;tica, tambi&eacute;n reconoce que ya hab&iacute;a algo que la &ldquo;perturbaba&rdquo; mientras ve&iacute;a la televisi&oacute;n d&iacute;a tras d&iacute;a. &ldquo;No reconoc&iacute;a qu&eacute; era exactamente, pero es cierto que recuerdo conversaciones con gente cercana donde se compart&iacute;a este sentimiento extra&ntilde;o&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El impacto para Ball&oacute;, y probablemente para gran parte de la sociedad espa&ntilde;ola, sucedi&oacute; cuando el asesinato de Sonia Caravantes demostr&oacute; la inocencia de Dolores V&aacute;zquez; y este es el tema central del documental, que se dedica a explorar c&oacute;mo pudo producirse semejante concatenaci&oacute;n de errores &ndash;judiciales, policiales y medi&aacute;ticos&ndash; y las consecuencias nefastas que tuvo para todas las protagonistas de esta historia. &ldquo;El caso qued&oacute; ah&iacute; pero siempre lo tuve en la cabeza, para m&iacute; era un ejemplo paradigm&aacute;tico de c&oacute;mo se hab&iacute;a construido una falsa culpable a trav&eacute;s de la homofobia&rdquo;, contin&uacute;a explicando la directora sobre la importancia de recordarlo ahora, m&aacute;s de 20 a&ntilde;os despu&eacute;s de lo ocurrido. &ldquo;Cuando empec&eacute; mi carrera como cineasta esta era una pel&iacute;cula que siempre pens&eacute; que me gustar&iacute;a hacer, pero tambi&eacute;n era muy consciente de que la quer&iacute;a rodar desde un lugar muy claro, nada sensacionalista, reflexivo, con cr&iacute;tica&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                La directora Tània Balló                            </span>
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        Tras una investigaci&oacute;n de dos a&ntilde;os, analizando las 5.000 p&aacute;ginas judiciales de los casos, revisando 300 horas de material de archivo televisivo y de prensa escrita y llamando a m&aacute;s de 60 fuentes involucradas en las investigaciones de los cr&iacute;menes de Roc&iacute;o Wanninkhof y Sonia Carabantes, el resultado es un documental que pone atenci&oacute;n a cada detalle, que aporta perspectiva feminista y que abre preguntas sobre el funcionamiento de la justicia espa&ntilde;ola, antes y despu&eacute;s de la condena a Dolores V&aacute;zquez. 
    </p><p class="article-text">
        Ball&oacute; tambi&eacute;n incluye la investigaci&oacute;n sobre el pasado de Tony Alexander King, para resaltar los motivos que hicieron que sus antecedentes penales por agresi&oacute;n sexual no tuvieron apenas consecuencias para &eacute;l, e indaga asimismo en las negligencias institucionales que le permitieron pasar desapercibido durante tantos a&ntilde;os. <em>Caso Wanninkhof-Carabantes</em> resulta especialmente valioso en tanto que cuestiona y se&ntilde;ala c&oacute;mo el delirio medi&aacute;tico y la poca relevancia que se concede judicialmente a la violencia contra las mujeres tuvieron un impacto directo en la encarcelaci&oacute;n de una mujer inocente, el asesinato de dos chicas j&oacute;venes y el dolor permanente para su entorno.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Dolores V&aacute;zquez: la </strong><em><strong>lesbiana perversa</strong></em></h3><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Cartel de búsqueda de Rocío Wanninkhof.                            </span>
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        &ldquo;A Dolores V&aacute;zquez se la acus&oacute;, proces&oacute; y conden&oacute; por ser lesbiana y nada de lo que sucedi&oacute; hubiera podido suceder de la misma manera de haber sido ella heterosexual; cierto es que la condenaron el jurado y el juez, pero para que eso sucediera sin esc&aacute;ndalo fue necesario que la opini&oacute;n p&uacute;blica creyera sin lugar a dudas en su culpabilidad y ese fue el papel que jugaron los medios de comunicaci&oacute;n, el de hacer que su procesamiento y posterior condena resultaran asumibles e incluso inevitables&rdquo;. Esta es la tesis que expone Beatriz Gimeno en <em>La construcci&oacute;n de la lesbiana perversa </em>(Gedisa) y que desarrolla a lo largo del libro, vali&eacute;ndose de cientos de ejemplos de noticias publicadas en peri&oacute;dicos sobre el caso de Dolores V&aacute;zquez. &ldquo;Yo misma fui un ejemplo de c&oacute;mo incluso una activista lesbiana puede ser incapaz de percibir la ingenier&iacute;a en la que la lesbofobia nace, se desarrolla y se implanta en el imaginario social y particular de cada uno/a&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Gimeno aparece en el documental y, seg&uacute;n confirma T&agrave;nia Ball&oacute;, su texto fue una &ldquo;base fundamental&rdquo; para aportar una perspectiva pol&iacute;tica a la narraci&oacute;n del caso, para comprobar que el mecanismo por el que fue juzgada una mujer inocente se bas&oacute; en construir medi&aacute;ticamente un arquetipo de lesbiana que resultara cre&iacute;ble como asesina. Aquello empez&oacute; por su f&iacute;sico: si en la primera descripci&oacute;n que se puede leer de ella en <em>El Pa&iacute;s</em> aparece descrita con una &ldquo;complexi&oacute;n f&iacute;sica normal&rdquo;, al d&iacute;a siguiente en el <em>ABC</em>  ya la caracteriza como una &ldquo;mujer de gran corpulencia&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Y a partir de aqu&iacute; las informaciones ser&aacute;n siempre igual de tendenciosas, un hecho que como apunta Beatriz Gimeno &ldquo;se revelar&aacute; despu&eacute;s como de vital importancia a la hora de poder probar que Dolores V&aacute;zquez es la asesina. Como las pruebas periciales revelaron, era absolutamente necesario que la persona que hubiera cometido el crimen tuviera una gran fuerza f&iacute;sica, ya que debi&oacute; de ser capaz ella sola de cargar con el cad&aacute;ver y trasladarlo de un lado a otro&rdquo;. La prensa repiti&oacute; en numerosas ocasiones que V&aacute;zquez era una aficionada a las artes marciales, &ldquo;un deporte que, en el imaginario popular, se identifica con la agresividad y la lucha, lo contrario de la pasividad femenina&rdquo;, recoge Gimeno. Nunca se dan, sin embargo, detalles sobre cu&aacute;ndo o con qu&eacute; asiduidad practicaba la protagonista este deporte u otros.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No se trataba &uacute;nicamente de caracterizarla f&iacute;sicamente como una lesbiana&rdquo;, explica a continuaci&oacute;n Gimeno, &ldquo;sino que era necesario tambi&eacute;n dotarla de ciertos caracteres psicol&oacute;gicos propios de las lesbianas perversas&rdquo;. En las descripciones que se publicaron diariamente durante los meses que pasaron entre el juicio y la sentencia, el poder medi&aacute;tico se despleg&oacute; en todo su esplendor para se&ntilde;alar a una mujer soltera y sin hijos, mientras que su homosexualidad quedaba m&aacute;s bien impl&iacute;cita &ndash;ni una sola vez apareci&oacute; en <em>El Pa&iacute;s</em> ni en <em>ABC</em> la palabra lesbiana, lo que contribuy&oacute; a que no se analizara como un discurso de odio&ndash;. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hubo una absoluta coincidencia en la atribuci&oacute;n a V&aacute;zquez de rasgos de car&aacute;cter que han definido a las lesbianas de todas las &eacute;pocas. As&iacute;, se insisti&oacute; en que V&aacute;zquez era una mujer posesiva, violenta y calculadora&rdquo;. Este &uacute;ltimo fue, de hecho, el adjetivo que m&aacute;s se repiti&oacute; esos d&iacute;as; porque quiz&aacute; lo m&aacute;s retorcido del caso no fue la insistencia en su f&iacute;sico, sus gustos o su personalidad, sino el an&aacute;lisis de su actitud durante el juicio, una perspectiva que acabar&iacute;a siendo determinante para el jurado popular en su sentencia. &ldquo;La supuesta autora del crimen no ten&iacute;a, al parecer, un car&aacute;cter femenino y eso fue algo que ning&uacute;n peri&oacute;dico dej&oacute; de advertir. No grit&oacute;, no llor&oacute;, no se desesper&oacute;, ni se mostr&oacute; en ning&uacute;n momento sumisa ni vencida por la situaci&oacute;n. A Dolores V&aacute;zquez no se le perdon&oacute; nunca ni su valor ni tampoco el mantenimiento en todo momento de su dignidad personal&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El sexismo se vuelve evidente al comparar su actitud con la del verdadero asesino de Roc&iacute;o: King insultaba y amenazaba a los jueces, gritaba y se revolv&iacute;a, y sin embargo, no se consider&oacute; como algo anormal o destacable. &ldquo;En la representaci&oacute;n que se hace en la prensa de los delitos sexuales o de las violaciones, las representaciones del agresor tienden a destacar su locura, su patolog&iacute;a, su descontrol, su amor exagerado&rdquo;, cuenta Gimeno. &ldquo;Por el contrario, cuando las asesinas son mujeres, la emocionalidad y la falta de control femeninas se convierten en frialdad y control emocional; las mujeres no matan porque pierdan el control, sino, al contrario, porque lo controlan todo. Las asesinas son siempre fr&iacute;as, inteligentes y controladoras&rdquo;. Y as&iacute; era supuestamente, y cada vez con m&aacute;s claridad para el p&uacute;blico, Dolores V&aacute;zquez.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                La habitación de Sonia Caravantes, otra de las niñas asesinadas por Tony Alexander                            </span>
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        En este punto, el documental muestra que no exist&iacute;an evidencias firmes que inculpasen a V&aacute;zquez del asesinato. &ldquo;No hay prueba irrefutable que incrimine a Dolores V&aacute;zquez, pero los indicios en su contra se acumulan&rdquo;, rezaba E<em>l Pa&iacute;s</em> en un titular; y se acumularon tantos que finalmente fueron esos indicios los que acabaron por condenarla. Resulta como m&iacute;nimo llamativo que, exceptuando el <em>ABC</em>, ning&uacute;n medio de gran tirada optara por recoger ni una sola opini&oacute;n positiva de ella antes de que fuera juzgada y en un momento en el que la polic&iacute;a aseguraba no tener pruebas concluyentes. La insistencia con la que se comentaba que no se llevaba bien con los hijos de su ex pareja contrasta con que nunca se mencionara que V&aacute;zquez cuidaba diariamente de su madre inv&aacute;lida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tanto el libro como el documental recuerdan que para condenarla vali&oacute; la palabra de su asistenta, que una vez cont&oacute; que hab&iacute;a visto a Dolores romper una foto de Roc&iacute;o con un cuchillo &ndash;aunque ella explicar&iacute;a en el juicio que, como no hablaba castellano, V&aacute;zquez simplemente hab&iacute;a tratado de explicar lo ocurrido escenificando el apu&ntilde;alamiento&ndash;, y otras pruebas grotescas, como el testimonio de una vidente. 
    </p><p class="article-text">
        Es por ello que no puede entenderse que tanto los jueces como el jurado popular le atribuyesen la culpabilidad del asesinato sin la contribuci&oacute;n de la lesbofobia: como argumenta Beatriz Gimeno, fue al personaje de la lesbiana perversa que se hizo de Dolores V&aacute;zquez a quien se conden&oacute; a 15 a&ntilde;os de c&aacute;rcel. Solo falt&oacute; un m&oacute;vil coherente con su imagen para la resoluci&oacute;n: aun sin que ning&uacute;n testimonio diera cuenta de ello con seguridad y mientras Dolores afirmaba que Roc&iacute;o era como una hija para ella, se esgrimi&oacute; que la odiaba por haber sido la causante de la ruptura con su madre. &ldquo;El mecanismo de la lesbofobia funcion&oacute; perfectamente al dar por hecho que la simple existencia de una relaci&oacute;n l&eacute;sbica entre dos mujeres ten&iacute;a que ser de por s&iacute; un foco de malas relaciones entre los miembros de la familia, al dar por hecho que lo normal era que la ni&ntilde;a que viv&iacute;a en esa familia, al llegar a la adolescencia y hacerse consciente de la situaci&oacute;n, rechazase a la lesbiana, a Dolores&rdquo;, expone Gimeno.
    </p><p class="article-text">
        Con esta informaci&oacute;n llegamos al final del documental, aunque, en realidad, no al de esta historia: a d&iacute;a de hoy Dolores V&aacute;zquez no ha recibido indemnizaci&oacute;n por parte del Estado o la sociedad, ni siquiera en forma de perd&oacute;n. As&iacute; lo recalca T&agrave;nia Ball&oacute; al acabar el documental, con letras may&uacute;sculas sobre el fundido a negro: el linchamiento medi&aacute;tico, judicial y social que sufri&oacute; Dolores V&aacute;zquez no ha sido reparado de forma alguna.&nbsp;&ldquo;La magnitud de esta tragedia abarcaba mucho m&aacute;s all&aacute; de lo conocido&rdquo;, expone la directora, que no ha contado con las voces de V&aacute;zquez ni de la madre de Roc&iacute;o, Alicia Hornos, para respetar su silencio. &ldquo;Este es un caso que tiene muchas v&iacute;ctimas, todas ellas mujeres, y lo que he querido es darles un espacio de reconocimiento&rdquo;. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Berta Gómez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/caso-wanninkhof-netflix-documental-lesbofobia-convirtio-asesina-mujer-inocente_1_8068237.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 23 Jun 2021 20:31:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Caso Wanninkhof-Carabantes': cómo la lesbofobia convirtió en asesina a una mujer inocente]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Documentales,Netflix,LGTBI]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Un club de amigas que comen hasta reventar? Así es 'Las devoradoras', una novela sobre el placer de ocupar espacio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/club-amigas-comen-reventar-devoradoras-novela-placer-ocupar-espacio_1_8025031.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/31089f01-7bad-4e2c-b000-5f729dfcf2f1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Un club de amigas que comen hasta reventar? Así es &#039;Las devoradoras&#039;, una novela sobre el placer de ocupar espacio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Blackie Books publica la primera novela de Lara Williams, la historia de un grupo de amigas que se reúne para comer sin límites y disfrutar de un espacio libre de dominación masculina, que ha sido descrita como "el club de la lucha feminista"</p><p class="subtitle">'El club de la lucha', 20 años malinterpretando un retrato de la masculinidad tóxica</p></div><p class="article-text">
        En <em>El club de la lucha, </em>la novela de Chuck Palahniuk que en 1999 ser&iacute;a adaptada por David Fincher, se fantasea con un grupo de hombres cansados de sus vidas insignificantes, hartos de la oficina, de sus jefes, de sus familias. En <em>Las devoradoras (Supper Club </em>en su versi&oacute;n original), primera novela de Lara Williams y que ha sido definida como &ldquo;el club de la lucha feminista&rdquo;, las protagonistas son un grupo de mujeres cansadas de empeque&ntilde;ecerse para encajar, de estar calladas por una violencia estructural asfixiante, de ser violadas por sus compa&ntilde;eros de universidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para los primeros, en un gesto que se define abiertamente como antisistema, la soluci&oacute;n al hast&iacute;o pasa por reunirse de noche para darse pu&ntilde;etazos unos a otros, creando una sociedad secreta de hijos bastardos del capitalismo. El &ldquo;club de la lucha&rdquo; est&aacute; formado por hombres que se sienten fracasados, decepcionados por las promesas de la publicidad y la televisi&oacute;n, que han decidido consagrarse a una violencia primitiva, canalizando su ira en una fantas&iacute;a nihilista de odio hacia la modernidad. Pero mientras que la novela de Palahniuk <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/decadas-malinterpretando-retrato-masculinidad-toxica_1_1276305.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">puede ser le&iacute;da</a> como un cuestionamiento cr&iacute;tico de esa masculinidad herida, la pel&iacute;cula de Fincher se populariz&oacute; como un alegato netamente anticapitalista, sin que apenas nadie reparara en el car&aacute;cter reaccionario y protofascista de los mon&oacute;logos de Tyler Durden &ndash;interpretado por Brad Pitt&ndash; y sus destellos<em> incel</em>: hombres que reclaman su derecho a reventar lo que no les beneficia por derecho natural.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el Supper Club de Lara Williams, sin embargo, la principal acci&oacute;n pol&iacute;tica y antisistema que llevan a cabo sus protagonistas es la mera existencia. Su club es un espacio libre de dominaci&oacute;n masculina y patriarcal: son un grupo de amigas que se re&uacute;ne por el puro regocijo de estar juntas. Comen con gusto, ensanchan sus cuerpos, beben, se drogan, se cuelan en sitios privados, relacion&aacute;ndose desde una mirada l&uacute;dica y desinteresada; y otra vez, vuelven a devorar comida. No reivindican ninguna esencia femenina, ni exigen reparaci&oacute;n o venganza por toda la violencia que han sufrido y sufrir&aacute;n. Por eso, lejos de instituirse como una respuesta o versi&oacute;n rosa de <em>El club de la lucha </em>de Palahniuk, <em>Las devoradoras</em> rechaza toda promesa de emancipaci&oacute;n para recrearse en el car&aacute;cter intr&iacute;nsecamente subversivo del placer.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Lejos de instituirse como una respuesta de &#039;El club de la lucha&#039; de Palahniuk, &#039;Las devoradoras&#039; rechaza toda promesa de emancipación para recrearse en el carácter intrínsecamente subversivo del placer</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;Dej&aacute;bamos mensajes cr&iacute;pticos en colectivos art&iacute;sticos y en centros para mujeres usando nuestro n&uacute;mero fijo y pidi&eacute;ndoles que nos dejaran un mensaje en el contestador. A las dos semanas ten&iacute;amos catorce mensajes en total, de los cuales solo cinco eran de mujeres que estaban realmente interesadas. Lina fue la primera persona con la que dimos. Despu&eacute;s vino Andrea&rdquo;. Estamos dentro de la cabeza de Roberta, la protagonista y cocinera de esta historia, desde cuya perspectiva conocemos la narraci&oacute;n de los hechos: la captaci&oacute;n de las socias, el comienzo del club y el por qu&eacute; de esas reuniones. Encuentros en los que un grupo de mujeres disfruta con todos los sentidos &ndash;desgarrando la comida con las manos, abriendo mucho los ojos, bailando de pie, comiendo en el suelo&ndash; de todos aquellos platos y <em>cocktails </em>que prepara Roberta, utilizando los ingredientes que ellas mismas hab&iacute;an encontrado en la basura los d&iacute;as anteriores. Las reuniones van variando su localizaci&oacute;n y tambi&eacute;n la tem&aacute;tica de las mismas.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Portada completa de &#039;Las devoradoras&#039; de Lara Williams.                            </span>
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        &ldquo;Dispuse todos los alimentos en la encimera de la gran cocina cromada y medit&eacute; sobre lo que pod&iacute;a preparar. Solo hab&iacute;amos comprado un ingrediente: unos enormes chuletones. Pensamos que la carne roja deb&iacute;a ser un requisito en cualquiera de nuestras cenas. Tambi&eacute;n acordamos que la reuni&oacute;n tuviera un punto espont&aacute;neo: no habr&iacute;a cartas ni se aceptar&iacute;an peticiones: ten&iacute;as que comerte lo que te serv&iacute;an y no dejarte nada. La idea era pasar toda la noche en el restaurante y esperar horas entre plato y plato&rdquo;, cuenta Roberta sobre la primera reuni&oacute;n en la que a&uacute;n todas est&aacute;n algo cohibidas e inc&oacute;modas. La cocina es para ella un refugio al que acudi&oacute; en episodios de soledad, igual que le sirvieron las lecturas: estamos lejos de la simbolog&iacute;a del &aacute;ngel del hogar y la gastronom&iacute;a como cuidado amoroso, como expresi&oacute;n de una devoci&oacute;n familiar y femenina. Si en el libro la descripci&oacute;n de los alimentos y su cocina ocupan largas p&aacute;ginas es precisamente para admirar la preparaci&oacute;n de platos que despu&eacute;s engullen como un arte pausado, como un ritual que merece el mismo respeto que la escritura.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Más que una fantasía culinaria de empachos desmedidos y platos imposibles, la novela es un canto sobre la amistad femenina entendida como enclave político</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Sin embargo, m&aacute;s que una fantas&iacute;a culinaria de empachos desmedidos y platos imposibles, la novela es un canto sobre la amistad femenina entendida como enclave pol&iacute;tico. Williams explora lo que ocurre cuando las mujeres se unen desde la voracidad gozosa y la celebraci&oacute;n de su hambre y sus cuerpos. Por supuesto, tambi&eacute;n hay conflictos entre ellas, relaciones &iacute;ntimas que cuestionan las fronteras normativas entre la amistad y el amor rom&aacute;ntico, entre lo heterosexual y lo homosexual. El club no es un para&iacute;so ni una utop&iacute;a l&uacute;dica, es un espacio seguro donde ser vulnerables juntas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero no debemos olvidar tampoco que <em>Las devoradoras </em>tiene sentido, en primer lugar, como una novela sobre la vida de Roberta: aunque vemos el mundo a trav&eacute;s de la idiosincrasia de su mirada, Williams nos devuelve una imagen especular suya, de los recovecos de su intimidad, reflejados en cada plato que se termina, para que conozcamos otra forma de hambre, todav&iacute;a m&aacute;s violenta, que la consume por dentro: &ldquo;La ansiedad era como entrar en una habitaci&oacute;n y olvidar qu&eacute; has ido a hacer all&iacute;. Como querer decir algo que tienes en la punta de la lengua. Era moverse en un nivel de observaci&oacute;n agud&iacute;simo que exig&iacute;a la evaluaci&oacute;n y reevaluaci&oacute;n constante de los hechos. Me rend&iacute; totalmente a ese sentimiento. Y volv&iacute;a a rajarme el cuerpo. Fue igual pero tambi&eacute;n distinto a la primera vez que lo prob&eacute;. Al acabar sent&iacute; el mismo remordimiento y la misma liberaci&oacute;n pero, en cambio, no experiment&eacute; asco ni terror por m&iacute; misma. Aquel acto me parec&iacute;a m&aacute;s obvio, menos abyecto, menos radical&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es inevitable en este pasaje recordar las autolesiones de Marianne, la protagonista de Sally Rooney en <em>Gente normal</em>. Escritora con la que, como no pod&iacute;a ser de otra forma por su generaci&oacute;n, ha sido comparada Lara Williams. Pero m&aacute;s all&aacute; de los temas comunes &ndash;y de lo marketiniano y reduccionista de la etiqueta &ldquo;<a href="https://www.coolt.com/libros/nueva-sally-rooney_27_102.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la nueva Sally Rooney</a>&rdquo;&ndash;, la estructura narrativa de <em>Las devoradoras</em> recuerda la oblicuidad de <em>Gente normal</em> por la capacidad para ahondar en ciertos temas sin nombrarlos, por lo coloquial y preciso en la selecci&oacute;n de las palabras. 
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                La autora de &#039;Las devoradoras&#039;, Lara Williams.                            </span>
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        Aunque no privilegia el di&aacute;logo de la misma manera, s&iacute; integra el lenguaje digital con sutileza, que funciona como el contrapunto perfecto al mon&oacute;logo interior de la protagonista. &ldquo;Hab&iacute;amos empezado a asignarle una tem&aacute;tica a cada reuni&oacute;n del club&rdquo;, explica Roberta. &ldquo;En una ocasi&oacute;n el tema fueron las heridas literarias, y todas le&iacute;mos pasajes de nuestras escritoras favoritas de pie sobre una mesa, como si fuera un escenario. Otra vez la cosa hab&iacute;a ido de princesas y todo fue hortera y rosa. El tema nupcial era de nuestros favoritos: Stevie y yo nos encontramos vestidos de novia en tiendas de segunda mano, y Lina llev&oacute; su vestido de boda de verdad, aunque tuvo que llevarlo a arreglar porque ya no le cab&iacute;a&rdquo;. No le cab&iacute;a porque hab&iacute;a engordado, como parece obvio que ocurra despu&eacute;s de comer desmesuradamente. Y sin embargo, aqu&iacute; est&aacute; exactamente el culmen de lo que incomoda tanto dentro como fuera de la ficci&oacute;n: las mujeres gordas. Las mujeres que ocupan m&aacute;s espacio del que se les presupone en el mundo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Resulta paradigm&aacute;tico que el tercer comentario sobre el libro &ndash;de un total de 596&ndash; con m&aacute;s 'me gusta' en la web Goodreads, la comunidad virtual de lectores m&aacute;s grande del mundo, considere que la novela hace apolog&iacute;a del sobrepeso. &ldquo;El libro est&aacute; estructurado en torno a la premisa de que desafiar los est&aacute;ndares de belleza engordando es revolucionario y forma de protesta feminista, pero claro, ahora todas tienen sobrepeso&rdquo;, expone este usuario: &ldquo;Seg&uacute;n la OMS, en 2014, el 62% de los adultos en el Reino Unido&nbsp;ten&iacute;an sobrepeso o eran obesos. Esa estad&iacute;stica solo ha aumentado. Engordar ahora es como hacerse un tatuaje para ser rebelde sin tener en cuenta que ahora todo el mundo est&aacute; tatuado. Ser una glotona no es un acto de feminismo radical. Es solo estar gorda. Y no voy a encima propagar la noci&oacute;n feminista de que aparentemente todas las mujeres son en el fondo lesbianas&rdquo;. Si la duda que sobrevuela el libro es si el Supper Club es realmente un espacio pol&iacute;tico, comentarios como el anterior y el apoyo que recibe vienen a confirmarlo: puede que haya mucho m&aacute;s contenido antisistema aqu&iacute; que el que encierran unos hombres tristes gritando discursos contra la televisi&oacute;n y peg&aacute;ndose hostias en un s&oacute;tano.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Se trata de existir en espacios en los que se nos dice que no debemos existir, o sobre cómo actuamos en aquellos espacios en los que se espera que actuemos de un modo concreto, que seamos algo concreto</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;Vale, todo est&aacute; conectado&rdquo;, le dice Roberta durante una pelea a su novio, que trata de comprender en qu&eacute; consiste todo eso del club por el que desaparece noches enteras. &ldquo;Es como lo que te explicaba de rebuscar comida en los contenedores. Se trata de existir en espacios en los que se nos dice que no debemos existir, o sobre c&oacute;mo actuamos en aquellos espacios en los que se espera que actuemos de un modo concreto, que seamos algo concreto. &iquest;Y qu&eacute; pasa si no queremos ser ese algo? &iquest;Qu&eacute; pasa si no queremos actuar as&iacute;? &iquest;Y qu&eacute; pasa si resulta que esos espacios restrictivos est&aacute;n pr&aacute;cticamente en todas partes, si resulta que el mundo entero se ha creado para limitarte y solo el mero hecho de existir es romper un profundo tab&uacute;? &iquest;Qu&eacute; pasa si al final dejas de empeque&ntilde;ecerte todo el rato, pero todo el rato de verdad, y en vez de eso te ensanchas? &iquest;Y qu&eacute; pasa si para hacer hueco y ensancharte tienes que conquistar ese espacio?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cuando Roberta pronuncia estas palabras, en realidad, se trata de un ejercicio de racionalizaci&oacute;n pol&iacute;tica a posteriori, de coherencia ideol&oacute;gica con efectos retroactivos: su intenci&oacute;n primera era poco m&aacute;s que juntarse para pasarlo bien &ndash;comer, beber, drogarse y llevarse al l&iacute;mite&ndash; pero es la incomodidad y desconfianza con la que los personajes masculinos reciben esta informaci&oacute;n la que acaba dando sustancia al discurso que aqu&iacute; expone la protagonista en las p&aacute;ginas finales. El club se torna feminista, igual que el aumento de sus cuerpos resulta subversivo, por la reacci&oacute;n de aquellos a quienes les inquieta e indigna su mera existencia. Y tiene sentido que no haya hero&iacute;smo en la novela, ni pueda leerse como un relato de superaci&oacute;n, b&uacute;squeda de sentido o empoderamiento &ndash;ni tan solo sobre el <em>body positive</em>&ndash; porque <em>Las devoradoras </em>solo cuenta una historia de amigas que comen con ganas. Utiliza una met&aacute;fora simple y en cierta medida obvia: la de agrandar sus cuerpos para ocupar m&aacute;s espacio. Pero si resulta molesto e inc&oacute;modo, es precisamente porque la violencia que ellas viven diariamente es tan obvia como molesta e inc&oacute;moda.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Berta Gómez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/club-amigas-comen-reventar-devoradoras-novela-placer-ocupar-espacio_1_8025031.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 13 Jun 2021 21:14:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Un club de amigas que comen hasta reventar? Así es 'Las devoradoras', una novela sobre el placer de ocupar espacio]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Feminismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Riane Eisler: "Hemos heredado una forma de pensar que convierte la norma de los hombres en el ideal para todos"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/entrevista-riane-eisler-el-caliz-y-la-espada_1_7995625.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dcc66359-716e-4a6a-b7d3-8898ec41b3ea_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Riane Eisler: &quot;Hemos heredado una forma de pensar que convierte la norma de los hombres en el ideal para todos&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hablamos con la autora de 'El cáliz y la espada. De las diosas a los dioses: culturas pre-patriarcales', escrito en 1987, que ahora llega por primera vez España</p><p class="subtitle">Drabble, Lessing o McCarthy: la ficción que acompañó la segunda ola feminista aterriza en las librerías españolas</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Es posible vivir en un mundo sin relaciones de dominaci&oacute;n entre los seres humanos? Para la soci&oacute;loga y escritora austr&iacute;aca Riane Eisler (85 a&ntilde;os) la respuesta a esta pregunta es un s&iacute; rotundo. Solo hace falta fijarnos en el pasado para comprobarlo: seg&uacute;n las evidencias arqueol&oacute;gicas, antropol&oacute;gicas y cient&iacute;ficas, durante un largo periodo convivimos bajo un sistema de cooperaci&oacute;n y asociaci&oacute;n. Esta es la tesis principal que se desprende de su libro <em>El c&aacute;liz y la espada. De las diosas a los dioses: culturas pre-patriarcales,</em> escrito en 1987 y que llega ahora por primera vez a Espa&ntilde;a, a trav&eacute;s de la editorial Capit&aacute;n Swing, con traducci&oacute;n de Noelia Gonz&aacute;lez Barrancos. 
    </p><p class="article-text">
        En estos 34 a&ntilde;os, el texto ha vendido m&aacute;s de medio mill&oacute;n de ejemplares en todo el mundo y se ha convertido en una referencia mundial en el campo de la evoluci&oacute;n humana: se ha llegado a afirmar que su trascendencia es comparable a la de <em>El origen de las especies,</em> de Charles Darwin. Eisler apremia a desprendernos de la mirada patriarcal con la que hemos estudiado la historia de las relaciones humanas no solo como una forma de justicia, sino como el &uacute;nico camino posible para imaginar mejores futuros.&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 10px solid white;" src="https://static.eldiario.es/clip/2ba02ccd-137f-4ccf-9685-61a31fc44c39_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="100%" width="250" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        <strong>Mientras que concebimos los cuentos y mitos como herramientas morales que contienen un mensaje concreto, la historia se presenta como una disciplina objetiva, &iquest;es as&iacute; realmente?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La historia no es una disciplina objetiva, ni mucho menos; solo hace falta ver c&oacute;mo la historia oficial de los Estados Unidos est&aacute; comenzando ahora a incluir las vidas de los esclavos afroamericanos, de los pueblos ind&iacute;genas y de las mujeres, y todav&iacute;a contando con ellos solo en los m&aacute;rgenes. Necesitamos cambiar la lente a trav&eacute;s de la cual miramos la historia, darnos cuenta de que se ha utilizado para transmitir normas, formas de vida y valores morales. Esto requiere que los historiadores usen una lente m&aacute;s amplia, una que ya no margina o simplemente ignora a la mayor&iacute;a de la humanidad: mujeres y ni&ntilde;os. Esta es la lente hol&iacute;stica del estudio que me condujo hasta<em> El c&aacute;liz y la espada</em> y libros posteriores.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En nuestro sistema de valores de dominación se devalúa todo lo considerado femenino</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Por qu&eacute; cree que conocer el pasado desde esa perspectiva hol&iacute;stica es imprescindible para constituir nuestro futuro?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Para sentar las bases de una forma de vida futura m&aacute;s eficaz, m&aacute;s justa y menos violenta debemos prestar atenci&oacute;n a todo el sistema social sin marginar a nadie. El uso de este enfoque al estudiar el pasado nos permite ver que en nuestro sistema de valores de dominaci&oacute;n se deval&uacute;a todo lo considerado femenino, como el cuidado, la atenci&oacute;n o la no violencia. Observar &uacute;nicamente c&oacute;mo funciona nuestra vieja econom&iacute;a, historias y lenguaje nos atrapa haci&eacute;ndonos pensar que este sistema es normal, cuando, en realidad, devaluar el trabajo que sostiene la vida es anormal, patol&oacute;gico, y tanto la teor&iacute;a capitalista como la socialista han reforzado este pensamiento defectuoso, relegando el cuidado de las personas y de la naturaleza, y separando el trabajo reproductivo del productivo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Entre los muchos hallazgos de la historia que revela en el libro, resulta devastador c&oacute;mo se implant&oacute; la idea de que solo exist&iacute;a recogido por derecho el v&iacute;nculo de los hijos con el padre pero no con la madre, mera receptora de los hijos de su esposo. De hecho, a&uacute;n sobrevive esa cultura cuando los ni&ntilde;os reciben por sistema solo el apellido paterno...</strong>
    </p><p class="article-text">
        Todos hemos heredado esta forma de pensar, donde lo que se considera la norma ideal para los hombres se convierte en la norma ideal para todos. Nuestro sistema econ&oacute;mico, ya sea capitalista o socialista, se construy&oacute; conforme con este hombre como norma universal, incluida nuestra definici&oacute;n de trabajo productivo, que todav&iacute;a se ense&ntilde;a en las escuelas de econom&iacute;a sin incluir el trabajo de cuidados en los hogares. 
    </p><p class="article-text">
        Hay que considerar que ni Smith ni Marx incluyeron el trabajo femenino, cuidar a los ni&ntilde;os, enfermos y ancianos, como trabajo productivo, ni tampoco advert&iacute;an sobre el cuidado de la naturaleza. Mantener un entorno limpio y saludable era para ambos un trabajo que deb&iacute;a hacerse de forma gratuita. Una vez m&aacute;s, la buena noticia es que estamos comenzando a ver pol&iacute;ticas gubernamentales y comerciales que brindan cierto apoyo para este trabajo humano esencial, como los permisos de paternidad remunerados y la atenci&oacute;n m&eacute;dica universal. Pero esto es solo el comienzo: tenemos que reconstruir nuestras reglas, recompensas y pr&aacute;cticas econ&oacute;micas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tambi&eacute;n expone</strong> <strong>que a las estatuillas femeninas paleol&iacute;ticas se las sexualiza al interpretarlas desde un marco patriarcal actual. Pero &iquest;es acaso posible hacerlo de otra forma? &iquest;Podemos llegar a saber realmente cu&aacute;l era su intenci&oacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        El problema es que los arque&oacute;logos, como dices, proyectaron su cosmovisi&oacute;n sobre lo que descubrieron. Es cierto que no podemos saber cu&aacute;l era la intenci&oacute;n de este arte, pero s&iacute; hay cosas que podemos entender al juntar varios de los descubrimientos hechos y compararlos. Por un lado, estas figuras femeninas estaban estilizadas de manera concreta, no ten&iacute;an rostro y las capacidades de dar y sustentar la vida inherentes a los cuerpos de las mujeres se resaltaron deliberadamente: tienen el pecho grande y posiblemente est&aacute;n embarazadas. As&iacute; que est&aacute; claro que no eran una forma de pornograf&iacute;a antigua, como se ha sugerido. Algunos expertos reconocieron esto y sin embargo, una vez m&aacute;s atrapados en el paradigma de la dominaci&oacute;n que deval&uacute;an a las mujeres y sus cuerpos, decidieron llamarlas 'mu&ntilde;ecas'. Esta es tambi&eacute;n una interpretaci&oacute;n absurda. 
    </p><p class="article-text">
        Pensemos en la Venus de Laussel, que est&aacute; tallada en la boca de una cueva: no podr&iacute;a ser una mu&ntilde;eca port&aacute;til. Adem&aacute;s tiene una vulva claramente grabada y en la otra mano sostiene una luna creciente con doce muescas: el n&uacute;mero de los ciclos lunares y de los ciclos menstruales de la mujer. Por lo tanto, aunque es posible que nunca sepamos todos los detalles, s&iacute; podemos concluir que la mujer fue una figura clave para una historia religiosa y espiritual en la que la menstruaci&oacute;n de las mujeres y los ciclos de la luna se celebraban en los santuarios de las cuevas.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Siempre existen relaciones de poder entre los individuos, pero la forma en que se define el poder es diferente en los sistemas de dominación y asociación</p>
          </div>

  </blockquote><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Venus de Laussel.                            </span>
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        <strong>A pesar de estos descubrimientos, no cree que esas sociedades fueran matriarcales: las mujeres no ten&iacute;an m&aacute;s poder sobre los hombres. &iquest;No es inevitable que existan siempre relaciones de poder entre los individuos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Siempre existen relaciones de poder entre los individuos, pero la forma en que se define el poder es diferente en los sistemas de dominaci&oacute;n y asociaci&oacute;n. El t&iacute;tulo <em>El c&aacute;liz y la espada</em> usa dos met&aacute;foras diferentes para explicar el poder. La espada es un s&iacute;mbolo del poder de controlar, dominar, quitar la vida; as&iacute; es como se define el poder en las sociedades orientadas a la dominaci&oacute;n. El c&aacute;liz es un s&iacute;mbolo del poder de dar, nutrir e iluminar la vida; esta es la norma general para el poder en sociedades orientadas a la asociaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Hoy vemos se&ntilde;ales de un cambio; por ejemplo, las feministas hacen una distinci&oacute;n entre 'poder sobre' y 'poder con', y en la literatura corporativa, el buen gerente o l&iacute;der ya no se define como un polic&iacute;a o controlador, sino como alguien que inspira y facilita. Nuestro paradigma o cosmovisi&oacute;n est&aacute; cambiando, al menos para algunas personas. Pero debemos ir m&aacute;s all&aacute; y dejar atr&aacute;s el conocimiento convencional sobre nuestro pasado, presente y las posibilidades de nuestro futuro, y esto requiere tambi&eacute;n dejar atr&aacute;s nuestras categor&iacute;as sociales convencionales.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cu&aacute;l cree que es la alternativa?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar hay que dejar atr&aacute;s las viejas categor&iacute;as con las que todos estamos familiarizados, como derecha o izquierda, religiosa o secular, capitalista o socialista, oriental u occidental, y mirar el mundo a trav&eacute;s de la lente de la escala de asociaci&oacute;n o dominaci&oacute;n. Esto es esencial: no podemos resolver problemas con el mismo pensamiento que los cre&oacute;. Y los psic&oacute;logos ling&uuml;&iacute;sticos nos han dicho durante mucho tiempo que las categor&iacute;as proporcionadas por el idioma de una cultura canalizan nuestro pensamiento. Por ejemplo, como categor&iacute;a social espec&iacute;fica de g&eacute;nero, solo se nos da el patriarcado y el matriarcado, ya sea que gobiernen los padres o las madres, sin asociaci&oacute;n o alternativa gil&aacute;nica.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Riane Eisler, socióloga y escritora                            </span>
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        <strong>En su libro explica que hubo un momento de caos o desequilibrio en nuestra historia que cambi&oacute; el sistema de forma abrupta para dar lugar algo totalmente diferente, &iquest;vivimos ahora un momento similar?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Eso es, gracias a la teor&iacute;a del caos y de la din&aacute;mica no lineal sabemos que en los periodos de desequilibrio econ&oacute;mico, social y ambiental los sistemas pueden cambiar de manera fundamental. Esto sucedi&oacute; cuando la revoluci&oacute;n industrial se aceler&oacute;, despu&eacute;s de la Edad Media religiosa, con su Inquisici&oacute;n, las cruzadas, la quema de brujas, la tortura p&uacute;blica, etc. Despu&eacute;s vimos muchos movimientos desafiando las tradiciones de dominaci&oacute;n que se dec&iacute;a que estaban ordenados por Dios. Ahora parece que vivimos el paso a una era posindustrial. Sin embargo, como se&ntilde;alo en los dos cap&iacute;tulos finales de <em>El c&aacute;liz y la espada,</em> esto no significa que nos espere con seguridad un futuro basado en la asociaci&oacute;n. El sistema de dominaci&oacute;n que acompa&ntilde;a el alto nivel de desarrollo tecnol&oacute;gico parece l&oacute;gico que est&eacute; llegando a su fin, pero podr&iacute;a llevarse tambi&eacute;n con &eacute;l a nuestra especie.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Aunque este libro nos llega por primera vez traducido al espa&ntilde;ol, en realidad se public&oacute; en 1987 y ha generado un impacto enorme. All&iacute; afirmaba que segu&iacute;a habiendo razones para la esperanza, &iquest;lo sigue pensando?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que el libro ha tenido un impacto: se ha filtrado en la conciencia. Aunque el movimiento ha sido lento y desigual, marcado por regresiones peri&oacute;dicas a la dominaci&oacute;n. Para cambiar esto y seguir avanzando se requiere una nueva forma de pensar: un nuevo marco conceptual de sistemas integrales de la escala social de dominaci&oacute;n-asociaci&oacute;n.&nbsp; 
    </p><p class="article-text">
        Mis razones para la esperanza, que a&uacute;n se mantienen, est&aacute;n basadas en la abrumadora evidencia que tenemos ahora de que durante milenios la evoluci&oacute;n cultural humana fue en una direcci&oacute;n de asociaci&oacute;n, que la guerra tiene como m&aacute;ximo 10.000 a&ntilde;os y que las mujeres y hombres viv&iacute;an como iguales. Pero tenemos que ser agentes activos de esa transformaci&oacute;n, difundiendo esta evidencia. Debemos demostrar que estas cuestiones no son solo cuestiones de mujeres, sino sociales y econ&oacute;micas fundamentales y que, a menos que les prestemos una atenci&oacute;n especial, seguiremos teniendo regresiones cada vez m&aacute;s peligrosas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Berta Gómez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/entrevista-riane-eisler-el-caliz-y-la-espada_1_7995625.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 08 Jun 2021 20:00:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Riane Eisler: "Hemos heredado una forma de pensar que convierte la norma de los hombres en el ideal para todos"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Entrevistas,Novela,Igualdad,Feminismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Amas de casa aburridas en busca de comadrejas: el realismo mágico de la escritora nipona Hiroko Oyamada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/realismo-magico-escritora-nipona-hiroko-oyamada-agujero_1_7995111.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d39f6fb0-0c9c-47fc-b179-246a7581277d_16-9-discover-aspect-ratio_default_1020363.jpg" width="1257" height="707" alt="Amas de casa aburridas en busca de comadrejas: el realismo mágico de la escritora nipona Hiroko Oyamada"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hablamos con la autora tras publicar en castellano 'Agujero', su segunda novela, con la que ganó el premio Akutagawa, el más prestigioso galardón de literatura en su país</p><p class="subtitle">Entrevista - Almudena Sánchez: "Todas las enfermedades mentales están en la literatura"</p></div><p class="article-text">
        Cuando se mira algo con verdadera atenci&oacute;n, es f&aacute;cil empezar a descubrir detalles que antes no se conoc&iacute;an. Da igual que sea el rostro de una persona querida o una piedra encontrada en el camino. Basta con acercarse lo suficiente, y contemplarlo durante el tiempo necesario, para que nazca un sentimiento de extra&ntilde;eza e incomodidad. Es desde esa perplejidad ante lo cotidiano que la escritora japonesa Hiroko Oyamada construye sus novelas: no como un ejercicio de fabulaci&oacute;n, de abstracci&oacute;n del presente, fantaseando con otros mundos posibles, sino como una forma de atenci&oacute;n radical.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Agujero</em> es su segunda novela, con la que gan&oacute; el premio Akutagawa, el m&aacute;s prestigioso galard&oacute;n de literatura en su pa&iacute;s, y que la editorial Impedimenta acaba de publicar en castellano, acompa&ntilde;ada de otros dos relatos que conforman un tr&iacute;ptico literario. &ldquo;Escribo sin haber pensado en el argumento o en el tema. Simplemente describo escenas que me interesan&rdquo;, advierte Oyamada antes de la entrevista, &ldquo;y solo despu&eacute;s empiezo a pensar en c&oacute;mo desarrollar la historia. Todo el an&aacute;lisis sobre el texto lo realizo a posteriori, al releerla. En ese an&aacute;lisis influyen, por supuesto, las opiniones de lectores y cr&iacute;ticos&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Igual que Asahi, la protagonista de <em>Agujero</em>, Oyamada se traslad&oacute; al campo para construir un relato fant&aacute;stico que, sin embargo, nunca deja de ser sorprendentemente veros&iacute;mil y comprometido con la experiencia de lo ordinario. As&iacute;, mientras Asahi se adentra en el bosque, descubre a una criatura sobrenatural y acaba atrapada en un extra&ntilde;o agujero, Oyamada nos habla de nuestra relaci&oacute;n con el medio rural, de los roles y estereotipos de g&eacute;nero o de la cultura productivista del capitalismo nip&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>He le&iacute;do algunos textos que resumen su biograf&iacute;a y todos parecen reproducir una historia similar: escribi&oacute; su primera novela mientras trabajaba en una f&aacute;brica y de la noche a la ma&ntilde;ana se convierte en escritora. &iquest;Se siente identificada con este relato de superaci&oacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es una respuesta un poco larga. Nada m&aacute;s graduarme en la universidad empec&eacute; a trabajar en un peque&ntilde;o medio local como redactora, escribiendo art&iacute;culos y cubriendo eventos. Un d&iacute;a, un compa&ntilde;ero m&aacute;s veterano que yo me dijo que mis art&iacute;culos necesitaban mucha edici&oacute;n, que ten&iacute;an un exceso de informaci&oacute;n poco relevante. Me dijo, con iron&iacute;a, que si quer&iacute;a meter paja y rellenar el texto con cosas in&uacute;tiles escribiera una novela. Y en ese momento me dije: voy a hacerlo. As&iacute; que empec&eacute; poco a poco a escribir una novela mientras trabajaba en una empresa problem&aacute;tica que no respetaba las jornadas laborales de sus empleados. Lo dej&eacute; y pas&eacute; a trabajar un tiempo en una &oacute;ptica y despu&eacute;s como temporal en una f&aacute;brica de autom&oacute;viles. Un lugar gigante en el que no me sent&iacute;a nada c&oacute;moda, me hac&iacute;a preguntarme qu&eacute; hac&iacute;a yo en un lugar como aquel. Entonces empec&eacute; a plasmar esa incertidumbre y esa sensaci&oacute;n de incomodidad en el libro que estaba escribiendo. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Un editor me dijo con ironía que si quería meter paja en los artículos escribiera una novela. Y en ese momento dije: voy a hacerlo
</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, pas&eacute; a trabajar como temporal en una editorial de libros escolares, y entonces fue cuando termin&eacute; mi primera novela, <em>La f&aacute;brica</em>. Envi&eacute; el manuscrito a una revista y ese fue el comienzo de mi carrera literaria. As&iacute; que no se trata tanto de que haya estado so&ntilde;ando con ser escritora toda mi vida y lo haya conseguido gracias a mi constancia, sino de que fue&nbsp;resultado de la buena suerte y del azar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;La escritura le ha permitido salir de la precariedad?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de lo que te he contado, segu&iacute; durante un tiempo con mi trabajo temporal en la editorial hasta que me qued&eacute; embarazada y tuve que dejarlo. Como consecuencia, me convert&iacute; en una escritora a tiempo completo. Si no me hubiera quedado embarazada estar&iacute;a todav&iacute;a trabajando en esa editorial, por lo que a d&iacute;a de hoy no puedo decir que ser escritora me haya permitido salir de la precariedad. Si tuviera la oportunidad me gustar&iacute;a tener un trabajo con jornada reducida, pero tambi&eacute;n quiero dedicarme a la crianza y adem&aacute;s la escritura va por oleadas; a veces estoy muy ocupada y otras no.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>En </strong><em><strong>Agujero</strong></em><strong>, sin embargo, el escenario que resulta m&aacute;s perturbador es el contexto rural: parece incluso que los personajes cambian su car&aacute;cter cuando no viven en la ciudad.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Yo misma soy de pueblo y estoy muy acostumbrada a la vida rural. Aunque en general me gusta, tambi&eacute;n siento a menudo una cierta asfixia y suelo preguntarme qu&eacute; sentir&aacute; una persona que venga de la ciudad y es la cuesti&oacute;n que aparece en muchos de mis relatos. Lo que me resulta muy interesante del campo es que convivimos muy de cerca con algunos animales, como ranas, insectos o comadrejas, pero nos ignoramos mutuamente y no tenemos forma de saber lo que piensan, ni de controlarlos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La transformaci&oacute;n es especialmente notable en la vida de la protagonista, que pasa de ser una mujer trabajadora en la ciudad a la pareja de su esposo cuando viven en el campo. &iquest;Es un reflejo fiel de lo que ocurre en Jap&oacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, sigue ocurriendo, el ideograma de nuera o novia est&aacute; compuesto de mujer y casa. La nuera o novia, es decir, la persona que se ha casado con un hombre, pasa a ser un objeto de la casa. Antiguamente, las mujeres que se casaban en los pueblos eran abiertamente consideradas mano de obra funcional con capacidad de parir y todav&iacute;a hoy se las sigue viendo as&iacute; aunque sea de forma encubierta. 
    </p><p class="article-text">
        Formalmente, se supone que la mujer es capaz de autorrealizarse de muchas maneras, puede trabajar a tiempo completo, puede casarse o no casarse, tener hijos o no tenerlos; se supone que la mujer es libre de tomar sus propias decisiones y esta libertad se realza, te&oacute;ricamente, como un valor fundamental en la sociedad. Pero hay un desfase entre la teor&iacute;a y las creencias at&aacute;vicas arraigadas en la gente y esto confunde a las mujeres y las hace sufrir. La protagonista de <em>Agujero </em>no se tiene que enfrentar a esa contradicci&oacute;n mientras trabaja en la ciudad, pero en el momento en que se muda a la casa de al lado de su suegra en el campo pierde hasta su nombre, y esto la confunde mucho.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>De hecho, al convertirse en una mujer que no est&aacute; dentro del sistema productivo ni tiene hijos, se siente tan culpable que se obliga a no gastar dinero, ni siquiera en un libro o en poner el aire acondicionado. Como dec&iacute;a, al no hacer nada, comienza a desdibujarse su identidad incluso para s&iacute; misma.</strong>
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; es. Si ella tuviera hijos estar&iacute;a ocupada y formar&iacute;a parte, en cierto modo, del sistema de producci&oacute;n, puesto que ha parido a los ni&ntilde;os que constituyen la siguiente generaci&oacute;n. Pero ella no tiene ni siquiera eso, ni creo que lo desee, y se encuentra ociosa, sin hacer nada, durante todo el verano. Adem&aacute;s, no tiene ni intereses ni sue&ntilde;os, no sabemos si alguna vez los tuvo o si en alg&uacute;n momento de su vida los perdi&oacute; y por eso lleva tan mal el tener tanto tiempo libre.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Y despu&eacute;s se cae en un agujero y aunque consigue salir, su mente queda retenida en ese lugar. Parece que todo el ambiente opresivo invita al lector a pensar si lo que est&aacute; sucediendo es realidad o fantas&iacute;a. &iquest;Le interesa jugar en ese l&iacute;mite?</strong>
    </p><p class="article-text">
        A menudo mis obras se describen como una mezcla de realidad y fantas&iacute;a, o con t&eacute;rminos como realismo m&aacute;gico. Pero para m&iacute; forman parte de lo mismo. Lo real y lo fant&aacute;stico, lo ordinario y lo extraordinario son indisociables. Aquello que hemos cre&iacute;do siempre ordinario y real tambi&eacute;n puede contener algo extra&ntilde;o y casi delirante. Por ejemplo, si coges una hoja de un &aacute;rbol cualquiera y te acercas a ella con una lupa, terminas viendo formas que no hab&iacute;as visto nunca, a veces incluso siniestras. A lo mejor tiene un mont&oacute;n de &aacute;caros pegados, o tiene unos pelos finos que no sabes ni para qu&eacute; sirven. Yo me enfrento a la escritura de esta misma manera, como si las cosas extra&ntilde;as, el animal negro que ella ve y los agujeros, fueran parte de una realidad que simplemente no vemos porque no nos fijamos en ella.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                La escritora Hiroko Oyamada                            </span>
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        <strong>El tema del significado de la maternidad se pone a&uacute;n m&aacute;s en evidencia en los dos &uacute;ltimos relatos del libro. &iquest;Dotar de un sentido a su vida a&uacute;n es uno de los motivos por los que las mujeres tienen hijos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, se da el caso de que la mujer pierde su identidad porque se ha salido del sistema de producci&oacute;n y vuelve a recuperarla al tener hijos. O m&aacute;s bien, ser&iacute;a m&aacute;s exacto decir que la mujer, desde el principio, est&aacute; condicionada por el propio sistema de producci&oacute;n como un ser que tiene hijos. En Jap&oacute;n ha habido un esc&aacute;ndalo reciente en el que las facultades de medicina suspend&iacute;an ilegalmente a las estudiantes que se presentaban al examen de ingreso con el fin de admitir a un mayor n&uacute;mero de hombres. Todo bajo la excusa de que durante el embarazo, el parto y el posparto es com&uacute;n que la mujer deje de trabajar y deje de ser productiva. Por supuesto, ha habido muchas voces cr&iacute;ticas, pero tambi&eacute;n hubo muchas otras voces defendiendo esta postura. 
    </p><p class="article-text">
        Pero la problem&aacute;tica que planteo en <em>Sin comadrejas</em> y <em>Una noche en la niev</em>e es algo distinta. M&aacute;s bien, lo que los dos relatos reflejan es c&oacute;mo el tener hijos parece ser el &uacute;nico rol que la sociedad adjudica a la mujer, c&oacute;mo la decisi&oacute;n de tenerlos o no tenerlos, y de la crianza, es una responsabilidad que recae entera sobre ella, y c&oacute;mo los hombres son insensibles ante este hecho cruel.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Por &uacute;ltimo, le da mucha importancia a la comida y la bebida t&iacute;pica japonesa en la narraci&oacute;n, &iquest;qu&eacute; significado tiene?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Me interesa mucho saber c&oacute;mo se perciben los platos que aparecen en mis libros cuando se leen en otras lenguas, por ejemplo, el guiso de jabal&iacute; o el sushi de tofu frito con <em>okara</em>. Me encanta describir escenas de comida y el hecho en s&iacute; de comer; pero tambi&eacute;n, una vez entiendo c&oacute;mo interact&uacute;an los personajes con la comida, qu&eacute; platos les llama la atenci&oacute;n y qu&eacute; sabores les gustan, el relato se vuelve a&uacute;n m&aacute;s profundo y yo tambi&eacute;n disfruto m&aacute;s escribiendo. A veces se da el caso de que lo que es un banquete para uno, es como comer basura para otro.
    </p><p class="article-text">
        <em>Traducci&oacute;n de la entrevista japon&eacute;s / castellano a cargo de Tana Oshima.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Berta Gómez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/realismo-magico-escritora-nipona-hiroko-oyamada-agujero_1_7995111.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 02 Jun 2021 20:40:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Amas de casa aburridas en busca de comadrejas: el realismo mágico de la escritora nipona Hiroko Oyamada]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Japón,Mujer,Feminismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Soy una mujer rota y me llamo Romy Schneider": una película para acabar con su mito dramático]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/mujer-rota-llamo-romy-schneider-pelicula-acabar-mito-dramatico_1_7950557.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c46c1e11-c233-4ee1-b10d-435edaea7813_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Soy una mujer rota y me llamo Romy Schneider&quot;: una película para acabar con su mito dramático"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Filmin estrena '3 días en Quiberón', un singular biopic sobre el ocaso de la actriz Romy Schneider</p></div><p class="article-text">
        Se dice que su madre tuvo una relaci&oacute;n extramatrimonial con el <em>f&uuml;hrer</em>. Se dice que su progenitora se aprovech&oacute; de ella oblig&aacute;ndola a actuar en pel&iacute;culas desde muy peque&ntilde;a. Se dice tambi&eacute;n que cuando fue a Madrid para el estreno de <em>La panadera y el emperador </em>hubo tal tumulto que se llegaron a romper los cristales de la puerta del cine. Se dice que el pueblo alem&aacute;n la acus&oacute; de traici&oacute;n tras obtener la nacionalidad francesa. Se dice que se suicid&oacute; por una profunda tristeza. 
    </p><p class="article-text">
        Es posible que todas esas cosas sean verdad, pero tambi&eacute;n es posible que casi todas sean mentira. Lo &uacute;nico seguro es que, como relato medi&aacute;tico, como parte del mito cinematogr&aacute;fico, todas ellas forman parte de la vida de Romy Schneider. Y es precisamente esta la tensi&oacute;n &ndash;entre lo que el p&uacute;blico y la prensa esperaban de ella y lo que Romy Schneider pretend&iacute;a llegar a ser&ndash; en la que se adentra <em>3 d&iacute;as en Quiberon</em>. Dirigido y escrito por Emily Atef, y galardonado ocho veces en los Premios del Cine Alem&aacute;n (incluidos el de Mejor Pel&iacute;cula y Mejor Direcci&oacute;n), este singular biopic acaba de ser estrenado en Filmin.&nbsp;
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    </figure><p class="article-text">
        &ldquo;No soy Sissi. Jam&aacute;s lo he sido. Soy una mujer rota de 42 a&ntilde;os y me llamo Romy Schneider&rdquo;. Fue la respuesta contundente &ndash;una de muchas&ndash; que la actriz le dio al periodista de la revista alemana Stern, Michael J&uuml;rgs, durante la &uacute;ltima entrevista que concedi&oacute; en su vida. La conversaci&oacute;n se alarg&oacute; durante tres d&iacute;as y tuvo lugar en una especie de hotel balneario, situado en el pueblo bret&oacute;n Quiberon, en el que Schneider se encontraba haciendo un retiro de desintoxicaci&oacute;n &ndash;de alcohol y drogas pero tambi&eacute;n de az&uacute;car y cafe&iacute;na&ndash; antes de rodar su siguiente pel&iacute;cula. 
    </p><p class="article-text">
        El lugar representa, en realidad, un lujoso espacio de sanaci&oacute;n en todos los sentidos: en ning&uacute;n momento se expone textualmente que la actriz sufra una enfermedad o adicci&oacute;n concreta, sino que se incide en que est&aacute; all&iacute; porque no se encuentra todo lo bien y feliz que deber&iacute;a, como si se sometiera a un tratamiento terap&eacute;utico para eliminar las impurezas existenciales que le imped&iacute;an vivir una vida a la altura del mito que representaba. Rodada en blanco y negro, y localizada en la intimidad de las habitaciones del balnerario, la actriz Marie B&auml;umer da vida en <em>3 d&iacute;as en Quiberon </em>a una Schneider crepuscular, que quiere enfrentarse nuevamente a los fantasmas de su figura p&uacute;blica.
    </p><h3 class="article-text">Abrir el foco</h3><p class="article-text">
        Con todo, el film<em> </em>se aleja del relato tr&aacute;gico y morboso de la enfermedad mental para tratar de devolver al personaje la agencia sobre su vida. La Schneider que vemos no est&aacute; indefensa, ni se muestra ajena a las dificultades que entra&ntilde;a su situaci&oacute;n. Para mostrarlo, la pel&iacute;cula abre el foco y, adem&aacute;s de Romy y el periodista, tambi&eacute;n introduce dos personajes que ser&aacute;n relevantes en la narraci&oacute;n: su amiga Hilde, que se encuentra acompa&ntilde;&aacute;ndola por un sentimiento de responsabilidad &iacute;ntima y sincera con la salud de Schneider; y el fot&oacute;grafo de la revista, Robert Lebeck, quien tambi&eacute;n parece sentir un cari&ntilde;o hacia ella, asentado en una amistad duradera previa. Aquellos d&iacute;as, Lebeck tom&oacute; hasta 600 fotograf&iacute;as de la actriz &ndash;aunque despu&eacute;s se publican solo unas 20&ndash; sin maquillaje, con el pelo sin arreglar, tirada por la cama o al filo del mar.
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            <span class="title">
                Charly Hübner y Marie Bäumer como Robert Lebeck y Romy Schneider                            </span>
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        No ser&aacute; as&iacute; en el caso de J&uuml;rgs, quien la presiona constantemente en un ejercicio period&iacute;stico que resulta amarillista y condescendiente. De hecho, lo que muestra el film a trav&eacute;s de la figura de este periodista poco &eacute;tico, es que esta fue exactamente la actitud que estaba acostumbrada a encontrar Schneider all&aacute; donde fuera. Desde sus primeros a&ntilde;os hasta convertirse en una actriz consagrada, el inter&eacute;s desmedido por su figura se torna en un acoso diario y en una p&eacute;rdida de control sobre su propia identidad. Romy parece ser un juguete de dominio p&uacute;blico, un espejo en el que la sociedad quer&iacute;a mirarse, la protagonista de las portadas sin remedio: daba igual que fuera porque un d&iacute;a estaba especialmente afable o por lo contrario.
    </p><p class="article-text">
        Ser&aacute; primero su madre, la tambi&eacute;n actriz de prestigio Magda Schneider, quien haga de ella un artilugio para relanzar su carrera despu&eacute;s de la ca&iacute;da del r&eacute;gimen nazi por el que su familia hab&iacute;a sentido una enorme simpat&iacute;a, llegando a trabajar para ellos codo a codo. Tras la Segunda Guerra Mundial, Magda se cas&oacute; de nuevo con un empresario en alza &ndash;el padre de Romy las hab&iacute;a abandonado&ndash; y decidi&oacute; que su lavado de cara particular ser&iacute;a actuar siempre acompa&ntilde;ada de su hija. Una Romy Schneider de 15 a&ntilde;os, con un rostro redondo y encantador, debut&oacute; entonces en la pel&iacute;cula <em>Lilas blancas</em> junto a su madre como protagonista. 
    </p><p class="article-text">
        A&ntilde;os despu&eacute;s, Schneider contar&iacute;a que lleg&oacute; al rodaje despu&eacute;s de haber vivido cuatro a&ntilde;os sola en un internado. Aunque tuviera pocas posibilidades de elegir, esa Romy adolescente tampoco opuso resistencia a la decisi&oacute;n de su progenitora por la deuda que sent&iacute;a deberle al mundo despu&eacute;s de las amistades nazis de su familia: ella misma ten&iacute;a fotos jugando con cuatro a&ntilde;os en el jard&iacute;n de la casa de verano de Hitler, en Berchtesgaden. No por casualidad sus dos hijos recibieron nombres jud&iacute;os: David y Sarah.&nbsp;
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                    alt="Romy Schneider con el actor Horst Buchholz y el director Alfred Weidemann en la Berlinale de 1957."
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                Romy Schneider con el actor Horst Buchholz y el director Alfred Weidemann en la Berlinale de 1957.                            </span>
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        Para lo bueno y lo malo, <em>Lilas blancas</em> fue un &eacute;xito y consigui&oacute; el objetivo de Magda, encauzando de nuevo su carrera, y sobre todo, mostrando a Romy como un diamante en bruto disponible para revitalizar el &aacute;nimo de la nueva Alemania que comenzaba a florecer. Despu&eacute;s de aquello y otras dos pel&iacute;culas m&aacute;s, llegar&iacute;a su encumbramiento: la actriz se convertir&iacute;a en Sissi en tres rodajes seguidos &ndash;en los que su madre har&iacute;a tambi&eacute;n de madre de la joven emperatriz en la ficci&oacute;n&ndash;. 
    </p><p class="article-text">
        Mientras, el p&uacute;blico internacional tambi&eacute;n qued&oacute; fascinado por la joven: en 1956 viaj&oacute; a Hollywood, siempre acompa&ntilde;ada por su madre, y all&iacute; las recibi&oacute; Walt Disney para otorgarle a la joven el premio a &ldquo;la muchacha m&aacute;s bonita del mundo&rdquo;. As&iacute; que cuando dos a&ntilde;os despu&eacute;s se niega a continuar la saga y marcha a Par&iacute;s para rodar una pel&iacute;cula con el joven actor Alain Delon, la prensa alemana comenz&oacute; a asociarla con la palabra traici&oacute;n de manera insistente: las heridas de guerra a&uacute;n estaban demasiado cerca y la mudanza de la actriz a Francia simbolizaron una p&eacute;rdida imperdonable.
    </p><h3 class="article-text">La c&aacute;rcel dorada</h3><p class="article-text">
        Para ella, en realidad, aquel movimiento poco tuvo que ver con su patria, sino que era la &uacute;nica forma que encontr&oacute; para construir una carrera propia en solitario, huyendo de una madre controladora, un padrastro que intent&oacute; abusar de ella en varias ocasiones y un personaje cinematogr&aacute;fico que la hab&iacute;a absorbido por completo. &ldquo;Me sent&iacute;a ignorante. En lugar de aprender a vivir, &iexcl;rodaba! En lugar de vivir, estaba en plat&oacute;s de cine. Siempre he tenido la impresi&oacute;n de no saber hacer nada en la vida y de saber hacerlo todo en el cine. He vivido mucho tiempo en una c&aacute;rcel, dorada ciertamente, pero c&aacute;rcel al fin y al cabo&rdquo;, contar&iacute;a despu&eacute;s sobre esa temprana etapa en Alemania en un documental rodado por la periodista Alice Schwarzer en 1976 &ndash;aunque no sali&oacute; a la luz hasta hace tres a&ntilde;os por petici&oacute;n de la actriz&ndash;.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n en <em>3 d&iacute;as en Quiberon</em>, en uno de los momentos m&aacute;s tensos de la conversaci&oacute;n, el periodista aprovecha la complicada relaci&oacute;n con su familia, de la que ya todo el mundo era conocedora, para retorcerla entre sus propios recuerdos. &ldquo;S&iacute;, me robaron la infancia&rdquo;, afirma, concedi&eacute;ndole el titular que ya parec&iacute;a tener escrito por adelantado J&uuml;rgs, y a&ntilde;ade un detalle que revela mejor c&oacute;mo se ejerc&iacute;a el encierro en esa jaula dorada: &ldquo;Mi madre me obligaba a sonre&iacute;r siempre, all&aacute; donde fu&eacute;ramos&rdquo;.
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                Michael Jürgs entrevista a Romy Schneider en &#039;3 días en Quiberón&#039;                            </span>
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        La &uacute;ltima concesi&oacute;n que le hizo a Magda fue prometerse en matrimonio con Delon, de quien se hab&iacute;a enamorado en el rodaje de <em>Christine</em>, antes de irse a vivir con &eacute;l. As&iacute; lo anunciaron en una rueda de prensa. Eran una pareja ic&oacute;nica del momento, destinada a un romance inmortal, y sin embargo el cuento de hadas durar&iacute;a tan poco que ni siquiera la boda lleg&oacute; a producirse. Cinco a&ntilde;os despu&eacute;s de conocerse, &eacute;l la abandon&oacute; dej&aacute;ndole una simple nota en la cama: &ldquo;Me he ido a M&eacute;xico con Nathalie. Mil cosas. Alain&rdquo;. Por lo que ha trascendido de esta relaci&oacute;n y las siguientes &ndash;se le conocen varios amantes y dos maridos&ndash; la mayor&iacute;a de hombres utilizaron tambi&eacute;n a Romy Schneider como un objeto preciado, igual que lo hab&iacute;an hecho antes su madre y el p&uacute;blico alem&aacute;n, un cuerpo y un nombre con el que pasear del brazo y sentirse orgulloso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, de sus relaciones personales, ser&aacute; su hijo David, fruto de su matrimonio con el actor Harry Meyen, el que m&aacute;s aparezca en <em>3 d&iacute;as en Quiberon</em> a trav&eacute;s de llamadas telef&oacute;nicas y de la manifiesta preocupaci&oacute;n que muestra ella por los cambios adolescentes que atraviesa. Una decisi&oacute;n que parece venir a recordar al espectador su tr&aacute;gico final: el 5 de julio de 1981, con 14 a&ntilde;os, el hijo de Schneider muere en un accidente, atravesado por las rejas de la casa de sus abuelos. La tragedia se agudiz&oacute;, si cabe, por el acoso de la prensa: algunos periodistas entraron al hospital disfrazados de personal para fotografiar el cad&aacute;ver. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;D&oacute;nde est&aacute; la moral, d&oacute;nde est&aacute; el tacto?&rdquo;, declar&oacute; en una rueda de prensa meses despu&eacute;s. Un episodio que no puede tomarse como anecd&oacute;tico. Si conocemos tantos detalles de Romy Schneider es porque era foco de un circo medi&aacute;tico destructivo y constante. &ldquo;He perdido todo el control sobre mi vida&rdquo;, afirma entre l&aacute;grimas durante la entrevista que recoge la pel&iacute;cula.&nbsp;
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                Las actrices Birgit Minichmayr y Marie Bäumer en &#039;3 días en Quiberón&#039;                            </span>
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        Al a&ntilde;o siguiente, s&oacute;lo nueve meses despu&eacute;s de la muerte de su hijo, Romy Schneider fue hallada muerta en su casa de Par&iacute;s con 43 a&ntilde;os. Debido a que el magistrado pidi&oacute; que no hubiera autopsia &ldquo;para no romper el mito&rdquo; &ndash;una decisi&oacute;n que hoy resulta impensable&ndash; oficialmente la causa de la muerte consta como paro cardiaco. Aunque la versi&oacute;n que se impregn&oacute; en el imaginario colectivo es que fue un sucidio causado por sus excesos, problemas de salud mental y la muerte de David. Romy Schneider, &ldquo;la mujer rota&rdquo;, &ldquo;la actriz herida que nadie pod&iacute;a salvar&rdquo;: fueron algunos de los titulares que llenaron la prensa en aquellos d&iacute;as y con los que a&uacute;n hoy se la recuerda.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Protagonista, no v&iacute;ctima</h3><p class="article-text">
        El &uacute;ltimo detalle que ejemplifica lo mal que fue querida la actriz es la confesi&oacute;n inesperada de Alain Delon declarando, una vez muerta, que Romy hab&iacute;a sido el gran amor de su vida. Al enterarse de la noticia, Delon pidi&oacute; ver el cuerpo de la actriz para sacarle una foto que guard&oacute; como una reliquia, repitiendo una y otra vez que jam&aacute;s dejar&iacute;a que nadie la viese. El mismo Delon no se present&oacute; en el entierro, aludiendo a que no quer&iacute;a ser fotografiado all&iacute;, pero s&iacute; public&oacute; una carta inexplicable en la revista <em>Paris Match</em> llam&aacute;ndola &ldquo;Puppel&eacute;&rdquo; &ndash;en alem&aacute;n mu&ntilde;equita&ndash; y alimentando la versi&oacute;n de que Schneider se hab&iacute;a suicidado. &ldquo;Deseaba tant&iacute;simo morir que si no hubiera sido de ese modo, habr&iacute;a sido de otro. Lo sab&iacute;a, pero tambi&eacute;n sab&iacute;a que no pod&iacute;a hacer nada por evitarlo&rdquo;, contaba.&nbsp;
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                    alt="Sophia Loren, Romy Schneider y Alain Delon rodeados de gendarmes franceses en el Festival de Cannes de 1962."
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            <span class="title">
                Sophia Loren, Romy Schneider y Alain Delon rodeados de gendarmes franceses en el Festival de Cannes de 1962.                            </span>
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        Fuera de este enrevesado relato, lo que se esmera por recordar la Romy Schneider de <em>3 d&iacute;as en Quiberon</em> es que ella simplemente quiere seguir trabajando como actriz. Hasta ese momento, Schneider hab&iacute;a trabajado con los grandes directores de la &eacute;poca, desde Visconti, Orson Welles y Claude Sautet, hasta Deray o Zulawski, y hab&iacute;a recibido numerosos galardones y reconocimientos por su labor cinematogr&aacute;fica. En el film, esta trayectoria biogr&aacute;fica queda en un segundo plano, porque su deseo tiene que ver m&aacute;s con la posibilidad de recuperar una cierta sensaci&oacute;n de normalidad que con un impulso art&iacute;stico. Y esa es la pregunta que plantea <em>3 d&iacute;as en Quiberon</em>: &iquest;acaso la actriz ten&iacute;a alguna posibilidad de salvarse? &iquest;Alguien la trataba de forma no instrumental, con un afecto sincero y desprovisto de todo inter&eacute;s? La respuesta que da la pel&iacute;cula es clara. 
    </p><p class="article-text">
        Su amiga Hilde va a visitarla sin ning&uacute;n tipo de motivaci&oacute;n ulterior en uno de sus momentos m&aacute;s bajos, y lo hace con el &uacute;nico &aacute;nimo de estar a su lado, cenar ri&eacute;ndose juntas y protegerla durante la entrevista de las preguntas inoportunas. Cuando el periodista de Stern le dice a Hilde que como mujer no tiene nada que le haga especial m&aacute;s all&aacute; de &ldquo;ser amiga de Romy Schneider&rdquo;, en un intento de enfadarla, a ella no parece importarle aquello: estaba all&iacute; cuidando de una persona a la que ten&iacute;a aprecio.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de que Emily Atef introdujo este personaje sin ser fiel a la realidad &ndash;nada indica que durante aquella entrevista hubiera una amiga acompa&ntilde;&aacute;ndola&ndash; s&iacute; que representa que Romy Schneider no estuvo sola durante todo aquel espect&aacute;culo que hizo de ella un relato sin sustancia. De hecho, ser&aacute; su amiga Claude P&eacute;tin, quien cen&oacute; con Schneider en su &uacute;ltima noche, la que m&aacute;s se afan&oacute; en repetir que estaba segura de que no se quit&oacute; la vida por su tristeza, y que en su casa no hab&iacute;a alcohol ni pastillas aquel d&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        Es imposible hoy conocer la verdad de los acontecimientos o tratar de reparar todo el da&ntilde;o hecho a su figura, pero el ejercicio especulativo de <em>3 d&iacute;as en Quiberon</em> nos permite entender la crudeza de su soledad sin incurrir en una mirada condescendiente. Lejos de recrearse en el fatalismo, y acercarse a la figura de Schneider desde la certeza de su muerte, la pel&iacute;cula de Emily Atef ahonda en la ambig&uuml;edad de su malestar, en la compleja situaci&oacute;n de una mujer que nunca fue el t&iacute;tere que muchos quisieron hacer de ella. Rescatando ese peque&ntilde;o fragmento de la biograf&iacute;a de la actriz, <em>3 d&iacute;as en Quiberon </em>deja abierto e inconcluso el relato que fue su vida; pero no lo hace para imaginar finales alternativos, m&aacute;s alegres, sino para acabar con la idea de que Scneider fue v&iacute;ctima de su propia biograf&iacute;a, devolvi&eacute;ndole as&iacute; el papel de protagonista.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Berta Gómez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/mujer-rota-llamo-romy-schneider-pelicula-acabar-mito-dramatico_1_7950557.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 23 May 2021 20:03:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["Soy una mujer rota y me llamo Romy Schneider": una película para acabar con su mito dramático]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Sólo creo en el fuego', la obra de teatro que pone a Anaïs Nin y Henry Miller frente a su propia obsesión literaria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/creo-fuego-obra-teatro-pone-anais-nin-henry-miller-frente-propia-obsesion-literaria_1_7933769.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/124997f4-41d7-4967-8285-052b6087eea2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Sólo creo en el fuego&#039;, la obra de teatro que pone a Anaïs Nin y Henry Miller frente a su propia obsesión literaria"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El Teatro Laboratorio de Barcelona acoge la representación de una obra que adapta la tortuosa relación entre los escritores, un éxito que seguirá girando por teatros de Pamplona y Madrid</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;S&oacute;lo creo en el fuego&rdquo;, dice una voz femenina que retumba en el escenario. &ldquo;Estando yo misma en llamas enciendo a otros. Jam&aacute;s muerte. Fuego y vida&rdquo;. Son las mismas palabras que escribi&oacute; en sus diarios Ana&iuml;s Nin, hace ya m&aacute;s de sesenta a&ntilde;os, para dejar testimonio de la violenta pasi&oacute;n que sacud&iacute;a su cuerpo y amenazaba con abrasar a todo aquel que se le acercase. 
    </p><p class="article-text">
        La actriz que hoy las repite es &Aacute;ngela Palacios y junto a Carlos Mart&iacute;n-Pe&ntilde;asco est&aacute; representando la obra que lleva por t&iacute;tulo esas palabras de Nin. <em>S&oacute;lo creo en el fuego </em>lleva en escena desde 2016 &ndash;en una gira que les ha llevado por teatros de Madrid, Barcelona, Pamplona, Valencia o Bilbao&ndash; dando vida a la relaci&oacute;n tortuosa que la escritora mantuvo con Henry Miller. Las entradas llevan d&iacute;as agotadas para las seis sesiones en el Teatro Laboratorio de Barcelona y ya tienen confirmadas nuevas fechas en Pamplona (del 30 de octubre al 1 de noviembre estar&aacute;n en la Escuela Navarra de Teatro). Tambi&eacute;n prometen que volver&aacute;n este 2021 a Madrid y a esta misma sala: el p&uacute;blico lo reclama.
    </p><p class="article-text">
        En un escenario inundado por el olor de incienso y el color rojo &mdash;con una cama que se parte en dos y se vuelve a juntar, una m&aacute;quina de escribir de fondo y un suelo lleno de papeles&mdash; cobran vida los diarios de ella, las novelas de &eacute;l y, sobre todo, la correspondencia que mantuvieron durante 20 a&ntilde;os. <em>S&oacute;lo creo en el fuego </em>es un homenaje a una de los amores literarios m&aacute;s fascinantes del s. XX: Nin y Miller invirtieron el dictado b&iacute;blico y de la carne hicieron verbo; un verbo&nbsp; &mdash;m&aacute;s bien una multiplicidad delirante de ellos&mdash; que hoy nos siguen obsesionando.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Ángela Palacios y Carlos Martín-Peñasco en &#039;Sólo creo en el fuego&#039;                            </span>
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        &ldquo;Eres una artista innata, con independencia del formato que elijas. Tienes una capacidad, por puro sentimiento que cautivar&aacute; a tus lectores. S&oacute;lo debes tener cuidado con tu raz&oacute;n, tu inteligencia. No trates de dar soluciones. No sermonees. No saques conclusiones morales. No existe ninguna, de todos modos. No dudes. &iexcl;Escribe!&rdquo;. Esta es la primera carta que se recoge en el volumen <em>Una pasi&oacute;n literaria</em> (Siruela) &mdash;con un total de 250 misivas&mdash;, donde Miller anima a Ana&iuml;s Nin a seguir escribiendo &mdash;erigi&eacute;ndose como precursor de lo que ahora se podr&iacute;a denominar <em>coach </em>literario&mdash;, y donde tambi&eacute;n le dice, por supuesto, c&oacute;mo debe hacerlo. De hecho, Miller seguir&aacute; alent&aacute;ndola durante a&ntilde;os, apremi&aacute;ndola constantemente a publicar los diarios que tanto miedo le daba exponer, no tanto por lo que dec&iacute;a en ellos, como por las consecuencias que sus palabras pudiesen tener sobre sus conocidos. Las exhortaciones sobre el talento literario tambi&eacute;n viajaban en sentido inverso, pues Nin estaba igualmente convencida de las capacidades de &eacute;l: desde que se conocieron en 1931, durante un almuerzo casual en la periferia de Par&iacute;s, le insistir&aacute; en casi toda su correspondencia para que complete y publique su primera novela, <em>Tr&oacute;pico de C&aacute;ncer</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En ese primer encuentro, ella ten&iacute;a 28 a&ntilde;os y estaba casada con Hugh Parker Guiler y &eacute;l, un estadounidense sin dinero y obsesionado con el sexo, estaba a punto de cumplir los 40. Pero quiz&aacute; no tiene mucho sentido hablar de su edad o condici&oacute;n si atendemos al relato que crearon despu&eacute;s: el momento ser&aacute; descrito por ambos como un enamoramiento instant&aacute;neo, basado en el fulgor f&iacute;sico, pero tambi&eacute;n porque los dos coincidieron en un instante vital en el que comenzaban a sentirse conmovidos por los sentimientos que la escritura despertaba en s&iacute; mismos. En realidad, eran ya escritores, pero m&aacute;s prometedores que consumados. 
    </p><p class="article-text">
        Al principio, su relaci&oacute;n se fortaleci&oacute; a trav&eacute;s de la influencia que se ejerc&iacute;an mutuamente, y el crecimiento paralelo de sus universos literarios confer&iacute;a una dimensi&oacute;n trascendental a sus encuentros sexuales. &ldquo;Quiero decirte algo&rdquo;, le escribe Ana&iuml;s Nin a Miller solo un a&ntilde;o despu&eacute;s de conocerse, &ldquo;con ellas s&oacute;lo puedes tener conocimiento carnal, entre nosotros hay demasiada inteligencia, demasiada literatura, demasiada ilusi&oacute;n&rdquo;. Muy poco despu&eacute;s, rubric&oacute; esta idea en su diario: &ldquo;la misma cosa que hace a Henry indestructible me hace indestructible a m&iacute;: en el fondo de nosotros hay un escritor, no un ser humano&rdquo;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe src="https://player.vimeo.com/video/220993853?color=ffffff&title=0&byline=0&portrait=0" width="643" height="362" frameborder="0" allow="autoplay; fullscreen; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe>
<p><a href="https://vimeo.com/220993853">Teaser &quot;S&oacute;lo creo en el fuego&quot; - C&iacute;a. Los Prometidos</a> from <a href="https://vimeo.com/angelapalacios">&Aacute;ngela Palacios</a> on <a href="https://vimeo.com">Vimeo</a>.</p>
    </figure><p class="article-text">
        Pero esto sirve s&oacute;lo como resumen de los primeros meses de su relaci&oacute;n. A partir de aqu&iacute; comienza el grueso de su correspondencia y tambi&eacute;n la obra de teatro que se representa estos d&iacute;as en Teatro Laboratorio de Barcelona. Hora y media de peleas, reproches y tensi&oacute;n, ejecutadas con una intensidad que desborda las posibilidades que ofrece la sala. Sus creadores se conocieron en el grupo teatral de la Universidad de Navarra y cuando volvieron a coincidir, en el lugar donde ahora se escenifica esta obra, decidieron consolidarse como pareja art&iacute;stica, formando <a href="https://www.losprometidos.com/la-compania" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Los Prometidos</a>. 
    </p><p class="article-text">
        En la descripci&oacute;n de<em> Solo creo en el fuego</em> puede leerse que se trata de &ldquo;la materializaci&oacute;n del sue&ntilde;o de dos amigos que comparten un amor incondicional por el teatro&rdquo;. Y tambi&eacute;n por la pareja de escritores. &ldquo;Henry Miller no ser&iacute;a el que es sin Ana&iuml;s, ni Ana&iuml;s ser&iacute;a qui&eacute;n es sin Henry. &Eacute;l escribir&iacute;a sobre ella m&aacute;s tarde: Ana&iuml;s fue y siempre ser&aacute; la &uacute;nica persona a la que pueda llamar mi alma fiel&rdquo;, explicaba Mart&iacute;n-Pe&ntilde;asco sobre la obra en una entrevista de 2018, que junto a su admiraci&oacute;n por Miller, tambi&eacute;n es consciente de la misoginia del autor que representa en escena y de la consecuente controversia generada por su obra. 
    </p><p class="article-text">
        Palacios, por su parte, afirma durante el espect&aacute;culo que los diarios de Ana&iuml;s Nin pr&aacute;cticamente le cambiaron la forma de mirar el mundo: &ldquo;viv&iacute;a su sexualidad con plena libertad y fue la primera mujer en publicar relatos sexuales con su nombre real&rdquo;, relata en la misma entrevista. Pero lo que se ve sobre el escenario es m&aacute;s que una epifan&iacute;a o simple veneraci&oacute;n: &ldquo;Quer&iacute;amos mostrar la luz y oscuridad de los dos, no salvarlos&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Ángela Palacios y Carlos Martín-Peñasco en &#039;Sólo creo en el fuego&#039;."
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                Ángela Palacios y Carlos Martín-Peñasco en &#039;Sólo creo en el fuego&#039;.                            </span>
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        Intentar salvarlos, en realidad, ser&iacute;a una tarea absurda, pues ni ellos quisieron salvarse a s&iacute; mismos: hasta 1940 Henry Miller y Ana&iuml;s Nin trataron de vivir juntos en varias ocasiones, pero sus naturalezas resultaban incompatibles. Romper el v&iacute;nculo que los un&iacute;a era igualmente improbable: la atracci&oacute;n que sent&iacute;an el uno por el otro era igual de grande que la fuerza que les repel&iacute;a. Sin embargo, es precisamente esta relaci&oacute;n contradictoria y exagerada, engrandecida por el pulso literario a trav&eacute;s del que se expresaba, la que ha hecho que sus testimonios e intercambios epistolares parezcan hoy inagotables. 
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos tiempos ha habido un inter&eacute;s continuo y renovado por escarbar en los entresijos de su idilio: en 2020 naci&oacute;, de hecho, otra representaci&oacute;n que contaba sus vidas en estos a&ntilde;os y que adem&aacute;s inclu&iacute;a a June Mansfield, amante de ambos y que se acabar&iacute;a convirtiendo en la esposa de Miller. La obra <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/detalles-sordidos-poliamor-henry-miller_128_1133759.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Taxi Girl</em></a>, escrita por Mar&iacute;a Velasco y dirigida por Javier Giner, se afana m&aacute;s por contar la relaci&oacute;n entre June y Ana&iuml;s, reivindicando que aquello no fue un tri&aacute;ngulo amoroso o una relaci&oacute;n de poliamor entre iguales: Henry, seg&uacute;n esta versi&oacute;n, era m&aacute;s bien el hombre que se aprovechaba del dinero que ten&iacute;an ellas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero lo relevante es que ambas representaciones coinciden en mostrar su relaci&oacute;n a partir de lo que ellos dejaron escrito. En ning&uacute;n caso se pretende recrear los hechos vividos con rigor biogr&aacute;fico, atendiendo a criterios objetivos, sino que las obras se dedican a escenificar el mito que Miller y Nin hicieron de s&iacute; mismos. En el caso de <em>S&oacute;lo creo en el fuego</em>, esto tiene una parte buena y una parte mala: la buena es que permite que nos sumerjamos en el delirio er&oacute;tico de sus escritos, incluso cuando &eacute;ste se convert&iacute;a en una batalla fan&aacute;tica entre los amantes; la mala es que, una vez en el teatro, con los cuerpos de los actores entonando su coreograf&iacute;a de arrebatos y escarnios, el espectador dif&iacute;cilmente puede conmoverse. 
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            <span class="title">
                Carlos Martín-Peñasco en &#039;Sólo creo en el fuego&#039;.                            </span>
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        A pesar de lo brillante de las actuaciones de Palacios y Mart&iacute;n, una vez llevadas a escena, la correspondencia entre ambos deja de parecer fascinante para adquirir un tono inquietante. &ldquo;Quiero intentar explicarte, Henry, que haces que las cosas sean tan inhumanas e irreales que poco tiempo despu&eacute;s yo misma me siento arrastrada por ti, buscando en todas partes autenticidad y cordialidad&rdquo;, le escribe Nin a Miller en 1937, enfadada por el trato que recib&iacute;a, y de nuevo, esta ser&aacute; una de las frases que los actores repiten en el escenario como si se tratara de una conversaci&oacute;n. &ldquo;Repites una y otra vez que no necesitas a nadie, que te sientes bien solo, que disfrutas m&aacute;s sin m&iacute;, que eres independiente y autosuficiente. No solo sigues diciendo eso sin tener en cuenta su efecto sobre m&iacute;, sino que nunca haces un gesto o un adem&aacute;n como un ser humano&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>S&oacute;lo creo en el fuego</em> sobresale en los momentos de apartes metanarrativos, cuando los actores se alejan de las palabras de Nin y Miller y comentan e ironizan fuera de escena los excesos verbales que acaban de protagonizar. Se trata de un ejercicio dram&aacute;tico autoconsciente, que facilita al espectador el tomar una distancia reflexiva, evitando una lectura demasiado literal de los diarios y las cartas, y abriendo as&iacute; la interpretaci&oacute;n &mdash;tanto de la propia obra como de los textos de Nin y Miller&mdash; hacia nuevos horizontes. 
    </p><p class="article-text">
        En estos apartes, Palacios y Mart&iacute;n hablan de lo que supone para un escritor contar su propia vida en sus libros sin esconder nombres ni detalles; se r&iacute;en de ellos mismos como directores por la dramatizaci&oacute;n escogida y, sobre todo, discuten la propia relaci&oacute;n entre los escritores, la tachan de intensa a ella y a &eacute;l de obsesivo sexual. Con sus comentarios, rebajan y contextualizan las escenas que acaban de representar, y lo hacen de una forma l&uacute;cida y coherente con el texto original, en estrecha complicidad con un p&uacute;blico que acaba de asistir al espect&aacute;culo de Nin y Miller que, como afirma el propio Carlos Mart&iacute;n, parec&iacute;an ser bastante &ldquo;insoportables de lunes a s&aacute;bado&rdquo;. 
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                    alt="Ángela Palacios y Carlos Martín-Peñasco en &#039;Sólo creo en el fuego&#039;. "
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            <span class="title">
                Ángela Palacios y Carlos Martín-Peñasco en &#039;Sólo creo en el fuego&#039;.                             </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, este formato sirve de correctivo al esp&iacute;ritu de excepcionalidad con la que los escritores pretendieron infundir su relaci&oacute;n desde el primero hasta el &uacute;ltimo d&iacute;a. &ldquo;Mi querida Ana&iuml;s: &iquest;Qu&eacute; son las despedidas sino saludos de tristeza? Ana&iuml;s, no creo que nadie haya sido tan feliz como lo fuimos nosotros. No creo que, en la historia del hombre y de la mujer, haya existido un hombre y una mujer como t&uacute;&rdquo;, se desped&iacute;a Henry Miller en la &uacute;ltima carta que le manda a la escritora. Aunque es pr&aacute;cticamente imposible representarlos de otra forma &mdash;la desmesura es constitutiva de los protagonistas&mdash;, al contraponer los personajes a sus propios excesos parece que podemos deshacernos de una parte del mito. 
    </p><p class="article-text">
        <em>S&oacute;lo creo en el fuego</em> finalmente resulta un ejercicio jugoso porque nos permite invertir el car&aacute;cter aspiracional de ese ardor violento que todo lo arrasa: cuando la funci&oacute;n termina, deseamos que ese fuego sea &uacute;nicamente literatura.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Berta Gómez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/creo-fuego-obra-teatro-pone-anais-nin-henry-miller-frente-propia-obsesion-literaria_1_7933769.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 15 May 2021 19:56:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Sólo creo en el fuego', la obra de teatro que pone a Anaïs Nin y Henry Miller frente a su propia obsesión literaria]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Teatro]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Drabble, Lessing o McCarthy: la ficción que acompañó la segunda ola feminista aterriza en las librerías españolas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/drabble-lessing-mccarthy-ficcion-segunda-ola-feminista-librerias-espanolas_1_7872971.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7d614184-0d0f-4167-8d02-30bbff417eac_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Drabble, Lessing o McCarthy: la ficción que acompañó la segunda ola feminista aterriza en las librerías españolas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Novelas que ofrecieron nuevas maneras de tomarle el pulso a la sociedad en los 60, asaltan las librerías hoy. Rescatamos unas cuantas lecturas imprescindibles</p></div><p class="article-text">
        Tres secretarias hablan entre risitas y susurros en un peque&ntilde;o hueco de la oficina, alejadas de los hombres para los que trabajan. El tema de conversaci&oacute;n gira en torno a un libro que pasa de unas manos a otras: <em>El amante de Lady Chatterley, </em>de &nbsp;D. H. Lawrence.<em> </em>Cuando llega la nueva, Peggy, y les pregunta qu&eacute; hacen, ellas le ofrecen el preciado objeto y le apremian a leerlo. No sin antes advertirle de que ser&aacute; mejor que no lo lea en el metro a ojos de la gente por lo que pudieran pensar de ella. 
    </p><p class="article-text">
        Estamos en una agencia de publicidad, a comienzos de los a&ntilde;os 60, en el tercer cap&iacute;tulo de la serie <em>Mad Men</em>. La lectura sobre la que cuchichean se escribi&oacute;, en realidad, en 1928; pero ese mismo a&ntilde;o se prohibi&oacute; su publicaci&oacute;n debido a que su contenido se consider&oacute; inapropiado: durante el juicio contra la editorial Penguin, la acusaci&oacute;n esgrimi&oacute; que ning&uacute;n hombre querr&iacute;a tenerlo tirado por casa y que su hija, en un descuido, pudiera leerlo. 
    </p><p class="article-text">
        Lo escandaloso del <em>El amante de Lady Chatterley </em>era que narraba la vida de una mujer, insatisfecha en su matrimonio, que busca placer sexual en un amante de otra clase social. Este representaba el placer y tambi&eacute;n el lado buc&oacute;lico y salvaje de la Inglaterra de los a&ntilde;os 20. Que m&aacute;s de 30 a&ntilde;os despu&eacute;s se rescatase el libro con un &eacute;xito abrumador en ambos lados del oc&eacute;ano &ndash;se convirti&oacute; en la segunda publicaci&oacute;n m&aacute;s vendida por la editorial en su historia&ndash;, es sintom&aacute;tico de los tiempos que se viv&iacute;an y, sobre todo, de los que esperaban a la vuelta de la esquina.
    </p><p class="article-text">
        La escena de <em>Mad Men</em> nos ofrece tambi&eacute;n una cartograf&iacute;a del momento: en 1960, en EEUU, las mujeres ya pod&iacute;an trabajar en las oficinas de una agencia de publicidad y comprar sus propios libros; pero al mismo tiempo, su funci&oacute;n era exclusivamente la de ser secretarias, aguantando la normalidad del acoso sexual diario y trabajando una doble jornada en sus hogares. Hogares donde esas lecturas morbosas, clasificadas peyorativamente como femeninas, deb&iacute;an ocultarse, comentarse entre susurros, bajo la mirada inquisitorial de los padres de familia. La transformaci&oacute;n que vivi&oacute; el panorama literario de los a&ntilde;os sesenta es quiz&aacute; la mejor muestra de c&oacute;mo esa tensi&oacute;n pol&iacute;tica y social estallar&iacute;a pronto.&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img src="https://static.eldiario.es/eldiario/public/content/file/original/2021/0427/08/mad-men-f368472.gif" alt="gif" width="100%" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        En 1963, Betty Friedan publica <em>La m&iacute;stica de la feminidad</em> para describir el malestar de las amas de casa que &ldquo;no ten&iacute;a nombre&rdquo; y los mecanismos que imped&iacute;an la participaci&oacute;n activa de las mujeres en la vida p&uacute;blica. Su teor&iacute;a no se queda en el libro: poco a poco impregna el clima pol&iacute;tico y con el tiempo se traducir&aacute; en una revoluci&oacute;n en las calles. Pero mientras llegamos a 1970, epicentro detonante de la segunda ola feminista &ndash;principalmente por la publicaci&oacute;n de otras dos obras capitales del feminismo radical, <em>La dial&eacute;citca del sexo,</em> de Shulamith Firestone, y<em> Pol&iacute;tica Sexual </em>de Katte Millett&ndash;, la ficci&oacute;n comienza a transformarse. 
    </p><p class="article-text">
        Un a&ntilde;o antes que Friedan, la premio Nobel Doris Lessing publica <em>El cuaderno dorado </em>y en 1963, aparecen <em>El Grupo</em> de Mary McCarthy y <em>La campana de cristal</em> de Sylvia Plath. Tambi&eacute;n llegan a las librer&iacute;as las dos primeras novelas de otra autora de referencia de habla inglesa, Margarett Drabble. Y antes de acabar la d&eacute;cada, dos de las escritoras de ciencia ficci&oacute;n m&aacute;s reconocidas posteriormente sacaban su primer libro:<em> </em>en 1966<em>, Ursula K. Le Guin</em> publica <em>El mundo de Rocannon y </em>en 1968<em> </em>Joanna Russ, <em>Picnic on Paradise.&nbsp;</em>
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Lo que hacen Lessing, McCarthy, Plath o Drabble es dar vida en sus libros a la cotidinaidad de las mujeres tratando esas problemáticas que «no tenían nombre»</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Aunque pocos elementos formales existen que unan todas a estas escritoras m&aacute;s all&aacute; de tener protagonistas mujeres, tampoco pueden desligarse de su momento hist&oacute;rico: el p&uacute;blico femenino comenzaba a exigir una narrativa que no describiese a las mujeres desde el estereotipo que convierte sus cuerpos en lo &uacute;nico relevante para la trama. Todas fueron, no por casualidad, novelas con un enorme &eacute;xito de ventas. 
    </p><p class="article-text">
        Su asociaci&oacute;n con el movimiento feminista no se reduc&iacute;a al hecho de que sus autoras fuesen mujeres &ndash;aun siendo contadas excepciones, ya exist&iacute;an algunos nombres femeninos dentro del canon literario&ndash;; lo que hacen Lessing, McCarthy, Plath o Drabble es dar vida en sus libros a la cotidianeidad de las mujeres tratando esas problem&aacute;ticas que &ldquo;no ten&iacute;an nombre&rdquo;, as&iacute; como sus deseos y cuerpos, no como santas o prostitutas, ni como madres bondadosas o esposas complacientes, sino desde distintas perspectivas y niveles de profundidad, apostando por volver complejo e incierto lo que hasta entonces se daba por supuesto: la felicidad familiar, el amor materno, la devoci&oacute;n de la esposa.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 10px solid white;" src="https://static.eldiario.es/clip/f3953cc8-9865-4401-984f-801ad47d3899_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="100%" width="230" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Es conveniente aclarar en este punto que el compromiso de las autoras citadas con el activismo por la igualdad no era un&aacute;nime y sobre todo, su intenci&oacute;n no fue, en ninguno de los casos, crear novelas que ofreciesen un mensaje concreto. Su oficio era la escritura y a ella se entregaban. El pr&oacute;logo de Doris Lessing que acompa&ntilde;a una edici&oacute;n del <em>El cuaderno dorado &ndash;</em>que cuenta la historia de una novelista estancada&ndash; diez a&ntilde;os despu&eacute;s de su publicaci&oacute;n,<em> </em>describe perfectamente c&oacute;mo, sin ser su intenci&oacute;n, escribir sobre asuntos femeninos provoc&oacute; que su obra fuese le&iacute;da como una anomal&iacute;a, una distorsi&oacute;n molesta en el panorama literario: &ldquo;este libro fue inmediatamente despreciado por cr&iacute;ticos tantos amistosos como hostiles, cual si tratara de la guerra de sexos. Las mujeres por su parte, lo consideraron arma utilizable en dicha guerra&rdquo;, escribe Lessing. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Desde entonces me he encontrado en una falsa posici&oacute;n, ya que lo &uacute;ltimo que habr&iacute;a yo querido es negar apoyo a las mujeres&rdquo;, y a&ntilde;ade, &ldquo;pero esta novela no fue un toque de clar&iacute;n en pro de la liberaci&oacute;n femenina. Solo describ&iacute;a muchas emociones femeninas de agresi&oacute;n, hostilidad, de resentimiento. Las puse en letra de molde. Aparentemente, lo que muchas mujeres pensaban, sent&iacute;an y experimentaban caus&oacute; una gran sorpresa&rdquo;.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En un momento en el que el machismo impregnaba la literatura de diversas formas, algo aparentemente obvio como explotar personajes femeninos se convirtió en algo parecido a un acto subversivo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En resumen, es evidente que los mecanismos por los cuales estas novelas son etiquetadas de feministas son m&aacute;s complejos que la simple identificaci&oacute;n de sus autoras y sus temas con el activismo: no son panfletos, ni tampoco novelas de tesis. Pero en un momento en el que el machismo impregnaba la literatura de diversas formas, algo aparentemente obvio como explotar personajes femeninos &ndash;&iexcl;siendo escritora!&ndash; se convirti&oacute; en algo parecido a un acto subversivo, sospechoso para unos y s&iacute;mbolo de reconocimiento para otras. Y esto, que no resta ni suma valor a su literatura, s&iacute; importa cuando retrospectivamente tratamos de vislumbrar c&oacute;mo el despertar feminista traspas&oacute; las fronteras de la academia y las instituciones hasta adentrarse entre los cuchicheos &ndash;que despu&eacute;s ser&iacute;an gritos&ndash; de secretarias, amigas, madres, hijas y amas de casa.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 10px solid white;" src="https://static.eldiario.es/clip/056de057-7dbc-49b5-8f32-c0c1a90ccb86_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="100%" width="230" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        As&iacute; ocurri&oacute; con <em>El grupo</em> (Impedimenta) de Mary McCarthy: a pesar de lo mucho que se ha denunciado despu&eacute;s su &ldquo;sanguinaria escritura&rdquo;, la intenci&oacute;n de esta autora no fue causar un revuelo de tales dimensiones &ndash;se mantuvo dos a&ntilde;os en la lista de los m&aacute;s vendidos del <em>New York Times</em>&ndash; por describir la vida frustrada de ocho chicas que acaban de terminar la universidad y se enfrentan a un mundo muy distinto del que esperaban. McCarthy tuvo adem&aacute;s la osad&iacute;a de describir relaciones sexuales desde el punto del vista del consentimieto y el placer femenino. Si a nivel estatal parec&iacute;a que cada vez m&aacute;s la igualdad se iba regulando por mecanismos burocr&aacute;ticos &ndash;hasta hace pocos a&ntilde;os ni siquiera las mujeres pod&iacute;an entrar en las universidades&ndash; y la revoluci&oacute;n sexual era palpable en la juventud, la vida adulta, relata la novela, volver&iacute;a a poner a las chicas en su lugar. Los hombres no estaban dispuestos a tomarlas en serio ni aceptar nueva competencia en sus trabajos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En una escena brillante, McCarthy describe c&oacute;mo una de las protagonistas trata in&uacute;tilmente de contentar a su marido despu&eacute;s de que le hayan despedido, tomando precauciones para no parecer en ning&uacute;n momento m&aacute;s inteligente que &eacute;l y da&ntilde;ar su orgullo. &ldquo;No he pensando ni por un minuto que podr&iacute;amos trabajar en lo mismo. Eso es imposible. Tu eres un genio y yo una persona del mont&oacute;n. Por eso yo me desenvuelvo con m&aacute;s facilidad en la vida y a ti te resulta m&aacute;s dif&iacute;cil&rdquo;. Kay, cuya boda da comienzo al libro, consuela a su pareja con unas palabras que &eacute;l &ndash;y tambi&eacute;n el lector&ndash;&nbsp;descubre envenenadas. &ldquo;&iquest;Cu&aacute;ntas veces te he dicho que eres una ego&iacute;sta sin escr&uacute;pulos? Observa c&oacute;mo has cambiado el centro de atenci&oacute;n a tu persona. Es mi a quien han despedido hoy del trabajo, no a ti&rdquo;, contesta &eacute;l con violencia.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 10px solid white;" src="https://static.eldiario.es/clip/8455e230-1911-4f57-ba6f-c5439b958b77_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="100%" width="230" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Margaret Drabble se sirvi&oacute; asimismo de la iron&iacute;a y la s&aacute;tira social para cuestionar algunos de los prejuicios que, dentro y fuera de las novelas, segu&iacute;an modelando el imaginario colectivo. En <em>Una jaula en un jard&iacute;n de verano (</em>Alba)<em> </em>su debut literario, dos hermanas de clase media con dones compartidos de belleza y talento tienen devaneos amorosos varios; una de ellas se casa, se separa, se pelean entre ellas y vuelven a juntarse al final, porque la envidia que pueda surgir entre ambas nunca supera el horror de la instituci&oacute;n matrimonial. Drabble, estudiante de Cambridge en aquel momento, reflexiona en esta novela sobre la importancia del dinero para la independencia de las mujeres. Solo dos a&ntilde;os despu&eacute;s, la autora vuelve a escribir sobre asuntos femeninos: <em>La piedra de moler </em>(Alba)<em> </em>cuenta la vida de una mujer que se queda embarazada sin planearlo y despu&eacute;s de valorar la dificultad del aborto, sigue adelante como madre soltera.
    </p><p class="article-text">
        En este caso, la autora detalla todos los complejos pasos por los que pasa una embarazada en el sistema de salud p&uacute;blico del momento y tambi&eacute;n la continua compasi&oacute;n que le transmiten sus amigos por su situaci&oacute;n, aunque para ella no sea algo especialmente dram&aacute;tico. Las protagonistas de Margaret Drabble, igual que las de Lessing y McCarthy no son, en absoluto, mujeres con vidas envidiables ni tampoco v&iacute;ctimas totales, son sencillamente igual de complejas que cualquier mujer tratando a duras penas de estudiar, trabajar, comprar, tener una cuenta en el banco, leer, beber, cuidar de sus hijos, o hacer todo esto a la vez en 1960. Su inter&eacute;s se encuentra en la misma fricci&oacute;n que muestran las secretarias de <em>Mad Men</em>: chicas que pod&iacute;an so&ntilde;ar con serlo todo, pero a las que despu&eacute;s no se las dejar&iacute;a ser pr&aacute;cticamente nada m&aacute;s que eso, chicas con sue&ntilde;os est&uacute;pidos.&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 10px solid white;" src="https://static.eldiario.es/clip/7afe4205-87eb-4afd-832f-9d2731cc56a8_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="100%" width="230" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        No por casualidad, las traducciones o reediciones de estos textos han llegado durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os, en un nuevo estallido feminista &ndash;ll&aacute;mese ola si se quiere&ndash;, a las librer&iacute;as espa&ntilde;olas. Entre ellos, tambi&eacute;n una novela que ser&iacute;a ejemplo del resultado que dej&oacute; en la literatura la exploraci&oacute;n femenina que comenzaron sus antecesoras: <em>Memorias de una ex reina del bail</em>e (Temas de hoy) de Alix Kates Shulman. Se publica originalmente en 1973 y su objetivo, aqu&iacute; s&iacute;, en palabras de la propia autora, es servir de paradigma del movimiento de liberaci&oacute;n de la mujer. Pero lo interesante para el caso es que al publicarse &ldquo;ya hab&iacute;a suficiente gente conmovida por las ideas feministas como para crear un ansia sobre las experiencias de las mujeres que hizo de mi novela un aut&eacute;ntico <em>bestseller&rdquo;</em>, comenta Shulman en la edici&oacute;n actual. El libro, que cuenta las aventuras, viajes por el mundo y el acoso que vive una mujer joven, vendi&oacute; un mill&oacute;n de ejemplares y se considera una referencia para el movimiento feminista.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">De lo que no hay duda es de que las novelas de Drabble, Lessing y McCarthy ofrecían nuevas maneras de leer el presente y, para sus lectoras, nuevas formas de mirarse, entenderse y explicarse. </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        As&iacute;, m&aacute;s que perdernos en debates est&eacute;riles sobre para qu&eacute; sirve una novela, o sobre hasta qu&eacute; punto la ficci&oacute;n puede promover virtudes y cambiar costumbres &ndash;debates que no son sino versiones de la paradoja del huevo y la gallina, pero con libros e ideas&ndash;, deber&iacute;amos fijarnos m&aacute;s en la recepci&oacute;n de todos estos libros, y tratar de ver de qu&eacute; maneras acompa&ntilde;aron y facilitaron una serie de transformaciones sociales. Porque de lo que no hay duda es de que las novelas de Drabble, Lessing y McCarthy ofrec&iacute;an nuevas maneras de leer el presente y, para sus lectoras, nuevas formas de mirarse, entenderse y explicarse. 
    </p><p class="article-text">
        Sus libros circularon en un contexto social, pol&iacute;tico y econ&oacute;mico muy concreto, independientemente de las intenciones expl&iacute;citas de sus autoras, del mismo modo que lo siguen haciendo ahora. La misma Lessing repara en ello en el mismo pr&oacute;logo que acompa&ntilde;a <em>El Cuaderno Dorado</em>: &ldquo;este libro fue escrito como si las actitudes creadas por los movimientos de liberaci&oacute;n femenina ya existieran. Se public&oacute; por primera vez hace diez a&ntilde;os, en 1962. Si apareciese ahora quiz&aacute; se leyera, pero no provocar&iacute;a ninguna reacci&oacute;n: las cosas han cambiado r&aacute;pidamente. Ciertas hipocres&iacute;as han desaparecido&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Y concluye: &ldquo;hace diez a&ntilde;os o incluso cinco se escrib&iacute;an abundantes novelas y comedias cuyos autores criticaban furiosamente a las escritoras (particularmente en Estados Unidos, pero tambi&eacute;n en Inglaterra), retrat&aacute;ndolas como bravuconas y traidoras, pero, sobre todo, como zapadoras que segaban la hierba bajo los pies. Sin embargo, en escritores masculinos, estas actitudes sol&iacute;an advertirse y aceptarse como bases filos&oacute;ficas s&oacute;lidas y normales, y en ning&uacute;n caso como reacciones propias de individuos agresivos o neur&oacute;ticos o mis&oacute;ginos. Desde luego que todo sigue igual, pero, aun as&iacute;, alguna mejora a este respecto se advierte&rdquo;.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">«Desde luego que todo sigue igual, pero, aun así, alguna mejora a este respecto se advierte», escribía Doris Lessing</p>
          </div>

  </blockquote><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Doris Lessing en la puerta de su casa en Londres, tras recibir el Premio Nobel de Literatura en 2007                            </span>
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      <dc:creator><![CDATA[Berta Gómez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/drabble-lessing-mccarthy-ficcion-segunda-ola-feminista-librerias-espanolas_1_7872971.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 29 Apr 2021 20:31:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Drabble, Lessing o McCarthy: la ficción que acompañó la segunda ola feminista aterriza en las librerías españolas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Feminismo,Nobel de Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mejor heridas que anestesiadas: así son las protagonistas misántropas y obsesivas de Ottessa Moshfegh]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/mejor-heridas-anestesiadas-son-protagonistas-misantropas-obsesivas-ottessa-moshfegh_1_7853781.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/572e3e12-24af-4deb-8d45-e5f3cf57ec77_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mejor heridas que anestesiadas: así son las protagonistas misántropas y obsesivas de Ottessa Moshfegh"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tras el éxito de 'Mi año de descanso y relajación', la escritora estadounidense publica en nuestro país 'La muerte en tus manos'</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;No creo ser una persona mis&aacute;ntropa, a mi me fascina la gente, por qu&eacute; sino iba a escribir sobre ellos&rdquo;. Ottessa Moshfegh se encuentra en la posici&oacute;n de tener que defenderse ante quienes, durante la rueda de prensa de su &uacute;ltima novela, la equiparan con las protagonistas de sus libros: mujeres mis&aacute;ntropas, obsesivas, en parte neur&oacute;ticas y que viven en soledad, ya sea por decisi&oacute;n o imposici&oacute;n. &ldquo;Me fascina la conducta humana, su forma, el lenguaje, la forma de pensar. Amo tanto a las personas que me decepcionan f&aacute;cilmente cuando act&uacute;an por arrogancia o ignorancia, me considero muy ingenua&rdquo;, sentencia la escritora ante la disyuntiva.
    </p><p class="article-text">
        La tentaci&oacute;n de tejer relaciones entre sus protagonistas y ella misma, aunque sea parte del artificio t&iacute;pico por conectar realidad y ficci&oacute;n de periodistas y lectores, aqu&iacute; encuentra cierta base l&oacute;gica en la que apoyarse. Moshfegh tiene su residencia en un campanario de Pasadena (California), llamado <a href="https://www.dirt.com/more-dirt/artists/henri-stout-getting-to-know-your-house-1203315088/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Casa de P&aacute;jaros</a>, que compr&oacute; junto a su marido, el escritor Luke Goebel. &Eacute;l la entrevist&oacute; en 2017 en una serie especial para la revista <a href="http://thefanzine.com/vanity-is-the-enemy-an-interview-with-ottessa-moshfegh/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Fanzine</a> y dos a&ntilde;os despu&eacute;s se mudaron all&iacute; con dos perros, huyendo del entorno urbano asfixiante de su apartamento en Hollywood. 
    </p><p class="article-text">
        Se trata de una construcci&oacute;n con historia propia: el artista Hermann Koller le dio forma con propias manos durante a&ntilde;os usando materiales sobrantes de otras obras. Una extravagancia que casa perfectamente con el car&aacute;cter ambivalente y misterioso de la escritura de Moshfegh, aunque advierte que su aislamiento nace casi m&aacute;s por necesidad que por excentricidad: &ldquo;Mi soledad procede de tener un mon&oacute;logo interior constante, un tipo de mente muy ruidosa permanentemente. Pero no soy una persona fantasiosa en la vida cotidiana, tengo muy claro el l&iacute;mite entre la realidad y la imaginaci&oacute;n. En lo que respecta a las cosas importantes de la vida, a los amigos, a mi familia, soy bastante pr&aacute;ctica, una tauro: me gusta la disciplina, los l&iacute;mites, los plazos y tenerlo todo programado&rdquo;.&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 10px solid white;" src="https://static.eldiario.es/clip/87a3c4ef-96b9-4857-8470-cbd223f9e49b_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="100%" width="200" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Como suele ocurrir con toda imposici&oacute;n, acaba por cumplir el objetivo que se propone: Moshfegh, despu&eacute;s de pasar por episodios de adicciones en su adolescencia y juventud, decidi&oacute; que se tomar&iacute;a en serio la escritura y, desde entonces, hace ya siete a&ntilde;os, parece haber trabajado sin descanso. En 2014 public&oacute; <em>McGlue</em>, una <em>nouvelle</em> sin traducci&oacute;n en castellano; despu&eacute;s un libro de relatos, <em>Nostalgia de otro mundo </em>(Alfaguara); tambi&eacute;n tiene en marcha dos guiones &ndash;uno para la adaptaci&oacute;n cinematogr&aacute;fica de <em>Mi a&ntilde;o de descanso y relajaci&oacute;n</em>, su segunda novela, y otro junto a su marido&ndash;; pero sobre todo dice estar completamente enganchada a la producci&oacute;n de novelas: escribi&oacute; las dos &uacute;ltimas al mismo tiempo y a&uacute;n tiene guardada una nueva, escrita durante la pandemia. &ldquo;Yo no sab&iacute;a que era novelista hasta que escrib&iacute; mi primera novela y pens&eacute;: tengo que hacer esto m&aacute;s frecuentemente. Escribir novelas es muy adictivo. Para mi, los relatos son muy dif&iacute;ciles, es una forma literaria muy satisfactoria pero muy complicada. El tema es que cuando empiezas a escribir novelas, todo texto puede convertirse en una. Por ejemplo, desde hace dos a&ntilde;os estoy con un relato sobre un actor, sube y baja, y quiz&aacute; se convierta en una novela&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El caso de la &uacute;ltima traducci&oacute;n al castellano, <em>La muerte en sus manos </em>(Alfaguara) es quiz&aacute; el que mejor evidencia c&oacute;mo su m&eacute;todo de escritura se desarrolla entre la autodisciplina y la compulsi&oacute;n: empez&oacute;<em> </em>la historia<em> </em>sin saber qu&eacute; iba a ocurrir en la siguiente p&aacute;gina ni c&oacute;mo acabar&iacute;a el libro; ella, como el lector de la novela, solo ten&iacute;a una &uacute;nica pista: &ldquo;Se llamaba Magda. Nadie sabr&aacute; nunca qui&eacute;n la mat&oacute;. No fui yo. Ese es su cad&aacute;ver&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        La protagonista que encuentra estas palabras se llama Vesta, es una mujer viuda de 70 a&ntilde;os, vive sola en una caba&ntilde;a que anteriormente hab&iacute;a sido un campamento para chicas <em>scout</em> y si &uacute;nica compa&ntilde;&iacute;a, m&aacute;s all&aacute; de los encuentros puntuales cuando baja al pueblo a hacer la compra, es su perro Charlie. &ldquo;Cuando empec&eacute; a escribir no conoc&iacute;a a Vesta, ni tampoco sab&iacute;a cu&aacute;l era su pasado. Comenc&eacute; &uacute;nicamente con la promesa de que iba a escribir mil palabras al d&iacute;a, pero decid&iacute; no planificar nada ni volver a releer lo que hac&iacute;a. El proceso se prest&oacute; a una especie de improvisaci&oacute;n: Vesta pod&iacute;a ir revel&aacute;ndose a s&iacute; misma, sus observaciones, su narrativa y en &uacute;ltima instancia, su investigaci&oacute;n de este misterioso asesinato. Incluso considero que es una coautora del libro. Digamos que Vesta estaba a mi lado sentada y fuimos conoci&eacute;ndonos la una a la otra a lo largo de la novela&rdquo;.&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 10px solid white;" src="https://static.eldiario.es/clip/91b5c420-4b5c-4fa8-95ed-f029dd6b22a3_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="100%" width="200" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Efectivamente, esta es la sensaci&oacute;n con la que se queda el lector cuando se adentra en <em>La muerte en sus manos</em>: Moshfegh nos invita a participar en una investigaci&oacute;n tentativa, no experta, y nos ofrece un ejercicio narrativo que cuestiona la estructura arquet&iacute;pica de la novela de misterio, donde existe un crimen, una soluci&oacute;n que se va desvelando y una verdad absoluta como premio final. En este caso, ni siquiera la pista original &ndash;el aviso del asesinato de Magda, lo &uacute;nico que conocen Vesta, el lector y la propia Ottessa&ndash; tendr&iacute;a por qu&eacute; ser cierta. Pero es suficiente para que la protagonista dise&ntilde;e en su cabeza una historia obsesiva, tan cruel como l&uacute;cida, sobre los posibles acontecimientos que han propiciado el asesinato de Magda. &ldquo;En mi novela los misterios ocurren en la mente de una se&ntilde;ora mayor que se est&aacute; acercando a su propia disoluci&oacute;n. Todo lo que sabemos de Magda es que existe en una nota de papel, no tenemos ninguna otra prueba de su existencia. A partir de aqu&iacute; todo lo que sepamos de ella es una imaginaci&oacute;n de Vesta: Magda es la protagonista de Vesta&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A medida que avanza la novela queda claro que para Moshfegh, a diferencia de Magda, la resoluci&oacute;n del misterio no importa demasiado. Aunque la trama detectivesca inquieta y engancha, es poco m&aacute;s que un juego de espejos que la novelista utiliza para activar los resortes imaginativos de esa viuda de 70 a&ntilde;os, cuya vida hasta entonces hab&iacute;a consistido en mostrarse siempre sonriente, atractiva y complaciente: &ldquo;Vesta ha vivido una vida cobijada junto a un marido que la controlaba, que no quer&iacute;a que tuviera imaginaci&oacute;n, se sent&iacute;a oprimida. En alg&uacute;n momento recuerda como &eacute;l la mandaba a la cama con una pastilla si se emocionaba demasiado dici&eacute;ndole que estaba desquiciada&rdquo;, explica Moshfegh sobre su protagonista. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Sin embargo, Magda, la mujer de la nota, en esa invenci&oacute;n de Vesta, no es un personaje idealizado, no ha tenido una vida f&aacute;cil y sencilla, es una mujer fuerte y dura, independiente y trabajadora, vive al margen de la sociedad, ha emigrado y desertado. Se ha puesto en situaciones peligrosas, tanto, que acab&oacute; muerta. Es una rebelde. Lo que quer&iacute;a transmitir a lo largo del libro es que esa es la proyecci&oacute;n imaginaria de Vesta con respecto a s&iacute; misma. Quiz&aacute; ahora suene exagerado, pero creo que las mujeres de la generaci&oacute;n de Vesta han tenido un papel as&iacute; en la sociedad y una experiencia muy distinta a la nuestra en sus matrimonios&rdquo;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 10px solid white;" src="https://static.eldiario.es/clip/a7308289-70ce-4e79-abf7-d003170e2daf_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="100%" width="200" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        El desarrollo de esta historia, sin embargo, no sigue un esquema t&iacute;pico de empoderamiento femenino ni persigue el autoconocimiento como un fin encarnado en la protagonista: Moshfegh, como en novelas anteriores, desgrana cierta neurosis femenina pero no llega a nombrarla como tal. No quiere hacerlo. Su pasi&oacute;n son las protagonistas obsesivas y encerradas en s&iacute; mismas: de ah&iacute; tambi&eacute;n uno de los motivos por los que se la asocia a sus personajes. En su primera novela, <em>Mi nombre es Eileen</em>, la protagonista vive y cuida de su padre alcoh&oacute;lico hasta que conoce a una misteriosa mujer y se ve envuelta en un crimen; y en la segunda, <em>Mi a&ntilde;o de descanso y relajaci&oacute;n</em>, estamos en la cabeza de una mujer que se automedica con todo tipo de ansiol&iacute;ticos y antidepresivos hasta llegar a una especie de catarsis social, viendo en bucle como los aviones impactaron contra las Torres Gemelas un 11 de septiembre. 
    </p><p class="article-text">
        Y en ninguna de ellas, como tampoco ocurre en <em>La muerte en sus manos</em>, a pesar de lo que la premisa invita a prensar, se establece un diagn&oacute;stico sobre salud mental ni una serie de pasos para la salvaci&oacute;n. &ldquo;No me interesa demostrar nada ni argumentar algo concreto para convencer a alguien, lo &uacute;nico que quiero es representar un personaje ficticio, como un medio de autoexpresi&oacute;n, creo en las novelas como una forma de arte&rdquo;, expone Moshfegh.&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 10px solid white;" src="https://static.eldiario.es/clip/ec82fbf5-075f-475c-81ac-3b2b1fcfb3b1_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="100%" width="200" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Pero eso no significa que, confinada en su Casa de P&aacute;jaros, la escritora no se muestre conocedora del mundo que la rodea, ni que sus ideas y su vida personal no impregnen sus novelas. Por ejemplo, en cuestiones de medicaci&oacute;n, Moshfegh cuenta con su propia historia: sufre escoliosis lumbar desde peque&ntilde;a y eso la obliga a medicarse diariamente y escribir desde la cama. Sin embargo, lejos de la fantas&iacute;a mis&aacute;ntropa, de la resignaci&oacute;n hastiada y de la romantizaci&oacute;n del aislamiento, sus protagonistas escenifican la importancia de seguir despiertas &ndash;imaginando, trabajando, luchando, resistiendo&ndash; aunque eso les cause dolor, heridas y cicatrices. Moshfegh no receta una vida anestesiada e insensible frente al mundo que nos rodea, sino que advierte sobre sus ambiguos peligros a trav&eacute;s de sus protagonistas, que no tienen respuestas pero s&iacute; muchas preguntas. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Creo que describimos muchas man&iacute;as, estados mentales y emocionales, patologiz&aacute;ndolos, utilizando un tipo de lenguaje concreto; y al hacer esto simplificamos el mundo porque as&iacute; podemos afrontar mejor lo que sentimos nosotros y al resto de personas, pero no creo que sea la mejor forma de vernos y definirnos&rdquo;, concluye Moshfegh, cuando se le pregunta por la fiabilidad de esas protagonistas, ya que muchas parecen est&aacute;n rozando el l&iacute;mite de la locura. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Todo el mundo ha sufrido alg&uacute;n tipo de dolor psicol&oacute;gico y, si no lo ha hecho, deber&iacute;a hacerlo al mirar todo ocurre en el planeta y en esta pandemia. Hay gente que toma Prozac y comienza a pensar que las cosas est&aacute;n bien, pero haci&eacute;ndolo uno no participa en lo que est&aacute; ocurriendo en el mundo&rdquo;. Aunque sea desde su cama, desde su campanario y desde la obsesi&oacute;n por mujeres mis&aacute;ntropas y solitarias, Ottessa invita en sus libros a seguir participando del mundo, de sus relaciones de dependencia y azar, de sus alegr&iacute;as y de sus desgracias. Porque si bien la suya no es exactamente una visi&oacute;n tr&aacute;gica de la existencia, prefiere el sufrimiento consciente a la indiferencia feliz. Y justamente porque la promesa de una vida indolora es tan atractiva, Moshfegh trabaja literariamente la frontera de esta experiencia, para seducir e inquietar, para ponerse a prueba y para desafiar todo ideal de autosuficiencia.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Ottessa Moshfegh. Foto: © Andrew Casey.                            </span>
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      <dc:creator><![CDATA[Berta Gómez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/mejor-heridas-anestesiadas-son-protagonistas-misantropas-obsesivas-ottessa-moshfegh_1_7853781.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Apr 2021 21:30:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Mejor heridas que anestesiadas: así son las protagonistas misántropas y obsesivas de Ottessa Moshfegh]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Albany, la voz 'triste' del trap español que canta al amor y a la salud mental]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/albany-encantaria-ver-escena-unida-creo-falta-ocurra_1_7803884.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/57c9223a-a4de-4a69-a6a8-81a2c9a7d7cf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Albany, la voz &#039;triste&#039; del trap español que canta al amor y a la salud mental"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Alba Casas presenta 'Se trata de mí', un disco con una gran variedad de sonidos que recuerdan a sus comienzos de Albany y también a algo que nunca le habíamos escuchado</p><p class="subtitle">"Yo nací para ser perra, por favor dejadme serlo" o cómo la canción de Rigoberta Bandini reclama a las mujeres como sujetos deseantes</p></div><p class="article-text">
        Trabajar duro, cantar al desamor y darlo todo en cada concierto. Esta suma de factores que definen a Albany est&aacute;n peligrosamente cerca de los t&oacute;picos que se repiten sobre artistas de todas las &eacute;pocas y g&eacute;neros; y sin embargo, son una singularidad en la escena donde se mueve la voz <em>sad </em>del trap espa&ntilde;ol. As&iacute; fue bautizada Albany, uno de los referentes de la m&uacute;sica urbana, hace ya cinco a&ntilde;os: <em>&ldquo;sad</em>&rdquo; por sus canciones tristes y &ldquo;trap&rdquo; porque era la palabra fetiche con la que la prensa etiquetaba a cualquier artista que utilizara el autotune en sus composiciones. Y as&iacute; lo hac&iacute;a Alba Casas (1997) &ndash;nombre detr&aacute;s de Albany&ndash; y lo sigue haciendo, aunque ni entonces ni ahora se siente c&oacute;moda encorsetada en un estilo que, m&aacute;s bien, existe solo como estrategia de marketing. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Creo que lo que funciona para hacer m&uacute;sica es no agobiarse, ir con calma, trabajar al ritmo que uno quiera y sobre todo, sentirse libre en esta industria, aunque es dif&iacute;cil, de otra forma no tiene sentido hacer arte&rdquo;, resume Albany, hablando del que ya es su &uacute;nico oficio y c&oacute;mo se siente frente a &eacute;l. &ldquo;Para m&iacute; la m&uacute;sica ha pasado de ser un <em>hobby</em> a ser un trabajo y tengo suerte de que mi trabajo me guste&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Antes de hablar de su nueva mixtape, <em>Se trata de m&iacute;</em>, parece obligado preguntar todav&iacute;a por c&oacute;mo ha modificado su vida el estado de alarma: &ldquo;Realmente creo que la pandemia no ha sido buena para nadie, es una situaci&oacute;n que desgasta much&iacute;simo&rdquo;, expone Albany. &ldquo;A m&iacute; me ha afectado a nivel psicol&oacute;gico sobre todo en estos &uacute;ltimos meses, se hace eterno, se me ha olvidado lo que es dar un concierto y tambi&eacute;n siento que estoy perdiendo mis mejores a&ntilde;os en cuanto a vida social&rdquo;. 
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            <span class="title">
                Albany, la reina del “sad trap”                            </span>
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        Pero si tiene que buscarle el lado positivo, Albany cree que tambi&eacute;n ha supuesto un &ldquo;tiempo para pensar y tomar consciencia, para madurar&rdquo;. Una reflexi&oacute;n que termina en un tono m&aacute;s &aacute;cido al aclarar que se refiere, en parte, a que en este tiempo ha tomando conciencia de c&oacute;mo era la gente que la rodea, especialmente sus compa&ntilde;eros de profesi&oacute;n: &ldquo;La verdad que siempre pens&eacute; que s&iacute; que estaba arropada por otros artistas incluso en un nivel m&aacute;s personal, de tener una amistad, pero conforme ha pasado el tiempo me he dado cuenta de que cada uno tiene su vida y mira por su intereses propios, y que quiz&aacute;s ese cari&ntilde;o y lo que me un&iacute;a con esas personas era totalmente irreal y superficial&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Porque cuando las ayudas estatales no llegan al sector cultural, quiz&aacute; lo m&aacute;s obvio hubiera sido esperar solidaridad, al menos, entre los protagonistas de una escena que de cara a la galer&iacute;a parecen mantener buenas relaciones; sin embargo, lo que ha ocurrido, seg&uacute;n Alba Casas, es m&aacute;s bien lo contrario y pone de manifiesto una situaci&oacute;n de individualismo en la industria que va m&aacute;s all&aacute; del periodo pand&eacute;mico. &ldquo;Me encantar&iacute;a ver a nuestra escena unida, es uno de mis mayores deseos, pero creo que falta much&iacute;simo para que eso ocurra. De cara al p&uacute;blico siempre se puede hacer ver y parecer lo que uno quiere, pero en la realidad creo que nos falta un buen trecho&rdquo;, comenta Albany, a la que no se le caen los anillos por hablar con claridad, aunque sin rencor, de la necesidad de unas redes de apoyo mutuo y cuidados que vayan m&aacute;s all&aacute; de las colaboraciones puntuales o del apoyo en redes sociales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para Alba Casas, la cuarentena supuso adem&aacute;s de la p&eacute;rdida de ingresos por la cancelaci&oacute;n de los directos, el retraso en un trabajo que llevaba preparando desde hace casi tres a&ntilde;os y en el que ha puesto ilusi&oacute;n y esfuerzo a partes iguales. &ldquo;Hacer esta mixtape ha sido un proceso muy largo, adem&aacute;s casi todo el trabajo me lo he comido yo sola. Eleg&iacute;a los ritmos que ten&iacute;a en el correo, escrib&iacute;a el tema, pensaba los coros, las melod&iacute;as y cuando los tuve todos fui a grabarlos al estudio. Fue un trabajo muy intenso conseguir el sonido que quer&iacute;a. La COVID interrumpi&oacute; el lanzamiento y tard&oacute; tanto en publicarse que hasta pens&eacute; en no hacerlo&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Albany, la reina del “sad trap”                            </span>
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        Finalmente lo hizo, junto al sello de m&uacute;sica Labradora &ndash;integrado &uacute;nicamente por mujeres&ndash;: el resultado es la segunda mixtape de su carrera, nueve temas con una gran variedad de sonidos que recuerdan a los comienzos de Albany, a lo que ven&iacute;a haciendo en los &uacute;ltimos a&ntilde;os y, tambi&eacute;n, a algo cualitativamente nuevo, que nunca le hab&iacute;amos escuchado. Se trata, por supuesto, de un efecto buscado: &ldquo;El disco ha pasado por varios ingenieros de sonido, con productores de distintos pa&iacute;ses para cada tema&rdquo;, comenta al respecto. 
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n hay dos sorpresas: una colaboraci&oacute;n con Yung Beef y otra con C. Tangana, los dos nombres m&aacute;s sonados de esa ya inabarcable escena a la que se refer&iacute;a antes ella misma. En <em>Se trata de m&iacute;</em> se hace patente el crecimiento de Albany como artista: con &eacute;l ha conquistado una identidad musical al margen del nebuloso fen&oacute;meno de lo <em>urban</em>. Aunque el primer tema de su carrera, <em>Nadie,</em> fue la banda sonora de la pel&iacute;cula <em>La hija de un ladr&oacute;n</em>, premiada en los Goya de 2019, y su colaboraci&oacute;n con La Zowi, <a href="https://www.youtube.com/watch?v=nCjdhfKCDbo&amp;t=17s" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Sugar Mami</em></a>, tiene m&aacute;s de seis millones de visitas en YouTube, en este trabajo Albany encuentra la seguridad que buscaba, unidad mel&oacute;dica y un camino por donde seguir avanzando.
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Se trata de m&iacute; </em>marca un antes y un despu&eacute;s en mi carrera&rdquo;, afirma con seguridad, &ldquo;porque aparte de tener esas dos colaboraciones tan importantes, tengo un sonido bastante bueno que es el resultado de miles y miles de horas de trabajo. Y sobre todo tiene un punto muy personal de introspecci&oacute;n. Es un paso adelante tambi&eacute;n en esa madurez que te comentaba antes, aprender a aceptar que los problemas o las cargas que tenemos son nuestras, afrontarlas y dejar de echarle la culpa a todo lo dem&aacute;s. La respuesta a todo este proceso me lleva al t&iacute;tulo de la mixtape: <em>Se trata de mi</em>. En total, el disco representa una metamorfosis en la que cada canci&oacute;n tiene que ver con varias etapas consecutivas por las que pasan las personas&rdquo;. 
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        Quiz&aacute; lo m&aacute;s idiosincr&aacute;tico de Albany, y donde queda patente este proceso de autoconocimiento, est&aacute; en las canciones sobre amor y salud mental. Que <a href="https://www.youtube.com/watch?v=Agwh0OKQ1xU&amp;list=PLxXB0RWE2O8AXCe399ChuGGb6Gte4-KfT" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>No estoy bien </em></a>fuera el t&iacute;tulo del primer adelanto del disco no fue una decisi&oacute;n anecd&oacute;tica, m&aacute;s bien sirve de recordatorio sobre lo que la artista representa desde sus inicios: cuando Alba Casas trabaja apelando a lo personal, significa que vuelve al modo <em>sad, </em>a una melancol&iacute;a que es m&aacute;s generacional que invidual, a la precariedad afectiva<em>. </em>&ldquo;La felicidad no est&aacute; en el escaparate. A veces fumo porque si no creo que voy a matarme&rdquo;, canta junto a Yung Beef en el que define como su tema preferido de esta mixtape, <a href="https://www.youtube.com/watch?v=5cDQ1s2s5w4&amp;list=PLxXB0RWE2O8AXCe399ChuGGb6Gte4-KfT&amp;index=7" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Chica fantasma.</em></a>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n hay mucho de su generaci&oacute;n cuando la artista recurre al imaginario de las redes sociales en las letras de sus canciones; sin embargo, estas referencias no son buscadas ni ex&oacute;ticas, sino que deben entenderse, como le ocurre a muchos otros artistas de su edad, como parte de la cotidianidad: es l&oacute;gico que aparezcan si el objetivo aqu&iacute; es autodefinirse. &ldquo;A m&iacute; las redes sociales me han aportado m&aacute;s bueno que malo durante toda mi vida. Es verdad que ahora al tener un volumen alto de seguidores me cansan un poco m&aacute;s y hay d&iacute;as que no las quiero ni mirar, porque siento que no tengo privacidad&rdquo;, confirma. &ldquo;Ahora mismo lo resumir&iacute;a en una relaci&oacute;n de amor odio, prefiero tomarlas como un medio de trabajo y ya veremos en el futuro&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, en una estrategia que parece casi buscada, Albany, al mismo tiempo que comienza a problematizar la exposici&oacute;n de su vida personal en redes, saca una mixtape que pone en evidencia lo que ocurre de puertas para adentro, en su casa y en su mente. Pero de manera controlada y con las riendas en sus manos. El &uacute;ltimo detalle que evidencia este juego de autoexposici&oacute;n consciente es que su hermano ha dise&ntilde;ado todos los visuales de <em>Se trata de mi</em>. &ldquo;Me gusta mucho su arte y quise que estuvieran en una mixtape que habla sobre mi vida personal. Creo que fue buena idea colaborar con alguien tan conocido como mi propio hermano, me enorgullece much&iacute;simo&rdquo;, cuenta Albany, para quien su vida familiar es tambi&eacute;n una referencia constante en sus temas. &ldquo;Es la &uacute;nica persona que podr&iacute;a haberlo hecho, adem&aacute;s tambi&eacute;n algunos dibujos infantiles los hicieron mis hermanos peque&ntilde;os con &eacute;l&rdquo;.
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      <dc:creator><![CDATA[Berta Gómez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/albany-encantaria-ver-escena-unida-creo-falta-ocurra_1_7803884.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 14 Apr 2021 20:02:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Albany, la voz 'triste' del trap español que canta al amor y a la salud mental]]></media:title>
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      <title><![CDATA[El antes y el después del Cara B: el festival de música que sobrevivió a la pandemia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/despues-cara-b-festival-musica-sobrevivio-pandemia_1_7359125.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3271c6ba-8838-48d8-8015-50470ba5a9f9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El antes y el después del Cara B: el festival de música que sobrevivió a la pandemia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El Cara B ha hecho todo lo que ha estado en su mano para celebrar esta edición -bajar aforo, doblar pases, adelantar horarios-, algo remarcable si tenemos en cuenta que la mayoría de festivales nacionales han sido suspendidos</p></div><p class="article-text">
        Una chica est&aacute; buscando su silla en la oscuridad de la sala. Es importante que lo haga lo antes posible porque todo el mundo debe estar en el lugar asignado que se especifica en la entrada. La m&uacute;sica ya ha empezado y sirve de banda sonora a la escena que cada vez intriga a m&aacute;s espectadores. Mientras trata de lograr su objetivo, otra chica se levanta de su silla, desobedeciendo las normas y la saluda efusivamente. No hay contacto f&iacute;sico. &ldquo;&iquest;Sabes quien soy?&rdquo;, le grita por debajo de su mascarilla. La pregunta es desconcertante. Con tan poca luz y el rostro medio cubierto, tanto podr&iacute;a tratarse de una antigua compa&ntilde;era de clase, de la que hace a&ntilde;os que no ve ni las stories de Instagram, como de una semi desconocida con quien quiz&aacute; ha tonteado un par de veces. 
    </p><p class="article-text">
        No pueden leerse los labios, ni la expresi&oacute;n facial, ni siquiera el timbre de la voz. Parece que charlan durante un minuto, pero no consiguen salvar la distancia comunicativa que ya es mucho mayor que la de seguridad. &ldquo;&iquest;Pero sabes qui&eacute;n soy o no?&rdquo;, insiste in&uacute;tilmente desde el mismo lugar. &ldquo;Soy yo, &iquest;me reconoces?''. El thriller del asiento asignado se ha convertido en una est&aacute;tica comedia de enredo para los muchos que contemplan la escena complacidos. Pero cuando por fin parece que las chicas van a resolver la tensi&oacute;n aparece un 'segurata' que les pide que se callen y se sienten. Obedecen sin cruzar palabra, situ&aacute;ndose a varios metros de distancia: parece que la protagonista por fin ha encontrado su asiento.
    </p><p class="article-text">
        Toda esta escena, tan divertida como sintom&aacute;tica, ocurre durante el primer concierto del festival Cara B XTRA, que ha celebrado en estos &uacute;ltimos d&iacute;as de marzo de 2021 una edici&oacute;n especial en la F&aacute;brica Fabra i Coats de Barcelona. N&uacute;ria Graham es la encargada de abrir un ciclo marcado por las restricciones sanitarias, y tiene algo de simb&oacute;lico que sea ella quien d&eacute; el pistoletazo de salida:&nbsp; present&oacute; su &uacute;ltimo disco, <em>Marjorie</em>, en uno de los &uacute;ltimos conciertos celebrados antes del confinamiento. Aunque nerviosa por la vuelta a los directos, o taquic&aacute;rdica por alg&uacute;n otro motivo que no llega a desvelarnos, Graham se gana al p&uacute;blico desde el principio. 
    </p><p class="article-text">
        Y si solo nos fijamos en el escenario, en la m&uacute;sica que retumba en la sala y en la voz de N&uacute;ria, no parece haber grandes diferencias con ediciones pasadas: el Cara B repite lugar, nombres destacados de la escena independiente y fechas de celebraci&oacute;n. Tambi&eacute;n un p&uacute;blico mayoritariamente joven y el <em>sold out</em> &ndash;o casi&ndash; que ven&iacute;a haciendo en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Pero a pesar de la simetr&iacute;a organizativa, esta primavera todo es necesariamente distinto. Los recuerdos de este festival XTRA no tendr&aacute;n nada que ver con los de 2020, cuando quiz&aacute; la chica desobediente conoci&oacute; a la chica desorientada, se tomaron juntas una cerveza y charlaron de los conciertos que m&aacute;s les hab&iacute;an gustado mientras hac&iacute;an cola en el ba&ntilde;o.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero mientras N&uacute;ria Graham se coloca al teclado para entonar <em>At last</em>, su &uacute;ltimo single, cuesta creer que este nuevo Cara B no generar&aacute; tambi&eacute;n un buen pu&ntilde;ado de recuerdos, aunque est&eacute;n modelados por la nostalgia y las ganas de pasar cinco, seis y siete horas seguidas viendo m&uacute;sica en directo. Nadie ha venido enga&ntilde;ado sobre el tipo de fiesta que habr&aacute; en la f&aacute;brica y, como todos los conciertos pand&eacute;micos, la asistencia tiene algo de militancia para con los grupos favoritos: todas las filas son la primera fila.&nbsp;
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                Joe Crepúsculo                            </span>
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        De ah&iacute; que Adri&aacute;n D&iacute;az B&oacute;veda, el director del festival, se&ntilde;ale el compromiso con uno de los sectores m&aacute;s castigados econ&oacute;micamente por la pandemia como el principal motivo para organizarlo: &ldquo;no hemos querido rehuir nuestra responsabilidad como programadores, como los bomberos sacan sus mangueras cuando hay un incendio&rdquo;, afirma. &ldquo;La m&uacute;sica en directo es necesaria por muchas razones, pero sobre todo como elemento cohesionador de la sociedad. Nunca estuvo en la quiniela quedarnos paradas. Hay mucho esfuerzo de mucha gente muy implicada. No se puede pedir m&aacute;s&rdquo;. Esto &uacute;ltimo resulta innegable: el Cara B ha hecho todo lo que ha estado en su mano para celebrar esta edici&oacute;n, y para hacerla tan homologable a la idea de festival como les ha sido posible. Algo remarcable si tenemos en cuenta que la mayor&iacute;a de festivales nacionales han sido suspendidos, aplazados o minimizados en otros espacios y formatos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El Cara B sin duda se ha visto transformado. Ha bajado el aforo &ndash;este a&ntilde;o han asistido 5000 personas frente a las 6000 de 2020&ndash;, ha adelantado los horarios para ajustarse al toque de queda y ha separado los conciertos de uno en uno; pero a cambio ha pasado de celebrarse cinco d&iacute;as en lugar de dos y algunos artistas han hecho doble pase para que nadie se quedase sin verles. Adem&aacute;s, han tratado de aprovechar el espacio para ampliar la oferta cultural relacionada con el festival: la exposici&oacute;n B&bull;SUAL, que engloba distintas disciplinas art&iacute;sticas con obras visuales generadas al calor de la m&uacute;sica en directo, se ha transformado en un videojuego interactivo e inmersivo para ahorrar al p&uacute;blico el contacto entre los asistentes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Lo m&aacute;s duro ha sido sufrir la prohibici&oacute;n expresa por parte de las administraciones a cuatro d&iacute;as del inicio del ciclo de no servir bebidas, cuando nuestro p&uacute;blico viene directamente de tomar algo de los bares. Un absurdo que hace que la m&uacute;sica en directo quede poco menos que proscrita, siendo las barras una de las principales fuentes de financiaci&oacute;n&rdquo;, explica el director, en referencia a las dificultades econ&oacute;micas que atraviesan y lo poco que se ha tenido en cuenta, &ldquo;las administraciones p&uacute;blicas no han respondido a la llamada de socorro del sector&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, a nivel de imagen, probablemente el Cara B consigue as&iacute; ganar puntos en esta edici&oacute;n: con su estrategia continuista se consolidan como una pieza clave dentro del gran n&uacute;mero de festivales barceloneses, que si bien no puede competir con los principales nombres del S&oacute;nar o el Primavera Sound y su &eacute;xito internacional, s&iacute; ha logrado erigirse como un punto de encuentro para un p&uacute;blico m&aacute;s local. El festival, que lleva siete a&ntilde;os celebr&aacute;ndose y pr&aacute;cticamente agotando siempre entradas, es un escaparate en el que se mezclan artistas nacionales consolidados con grupos emergentes &ndash;en este sentido es de valorar que en sus carteles de promoci&oacute;n todos los nombres ocupen el mismo espacio, d&aacute;ndoles la misma importancia&ndash;. 
    </p><p class="article-text">
        Siguiendo su esp&iacute;ritu fundacional de ser &ldquo;la otra cara&rdquo; de lo que se entiende por un evento de estas caracter&iacute;sticas, hasta ahora el Cara B ha priorizado el acceso frente al crecimiento. Tambi&eacute;n lo han demostrado este a&ntilde;o. Menci&oacute;n especial para la elecci&oacute;n paritaria del cartel, son mujeres quienes abren y cierran el festival este 2021, sin que estas elecciones se hayan utilizado como etiqueta o estrategia de marketing.&nbsp;
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                La Zowi                            </span>
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        Los artistas que han pasado estos d&iacute;as por all&iacute; tambi&eacute;n han valorado el esfuerzo de la organizaci&oacute;n: no hab&iacute;a concierto que no empezase y terminase con un emotivo agradecimiento. El viernes, durante el primer pase de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/naci-perra-favor-dejarme-serlo-cancion-rigoberta-bandini-reclama-mujeres-sujetos-deseantes_1_7292479.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Rigoberta Bandini</a> &ndash;el concierto que primero agot&oacute; entradas y que atrajo entre el p&uacute;blico a la alcaldesa Ada Colau&ndash; contaba emocionada que hab&iacute;a pasado el virus durante las navidades teniendo que estar separada de su familia. Un tiempo que, para una artista que ha comenzado su carrera musical justo en plena pandemia, no pod&iacute;a desperdiciarse: aprovech&oacute; para componer algunos de los temas que estaba all&iacute; presentando. &ldquo;Hace un a&ntilde;o hubi&eacute;ramos dicho que esto era imposible, un concierto as&iacute;, y aqu&iacute; estamos. Estoy muy contenta&rdquo;, confesaba Rigoberta frente al micr&oacute;fono, resumiendo la t&oacute;nica general que se respiraba en todo festival: para los artistas subirse a un escenario se ha convertido en algo excepcional.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cerraba el Cara B La Zowi, poniendo tambi&eacute;n un esfuerzo extra para adaptar su show a los condicionantes ambientales, siendo antes un espect&aacute;culo pensado para las distancias cortas y los cuerpos en conjunci&oacute;n. Una puesta en escena impecable, con cambio de vestuario y cinco bailarinas al un&iacute;sono, ven&iacute;an a suplir el ritual b&aacute;quico que montaba habitualmente la artista, subiendo a gente al escenario y tirando todo tipo de fluidos y objetos al p&uacute;blico, desde agua para refrescar hasta c&aacute;scaras de pl&aacute;tano. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Te como el chocho&rdquo; le gritan un grupo de chicas y chicos que no tendr&aacute;n m&aacute;s de 20 a&ntilde;os, justo un instante despu&eacute;s de que el segurata les haya arrebatado en el primer trago una peque&ntilde;a botella. Aunque modulada por el contexto, esta imagen, que se ha venido repitiendo desde el comienzo, llega el domingo a su m&aacute;xima expresi&oacute;n. El Cara B de 2021 es energ&iacute;a contenida desde que al entrar en cada concierto se advierte por megafon&iacute;a que si alguien se salta las normas de seguridad &ndash;por ejemplo levant&aacute;ndose a bailar&ndash; el concierto quedar&aacute; suspendido. Solo una estrategia de todos o ninguno contra los hombres de negro parec&iacute;a funcionar, y lo hizo al menos durante unos segundos en el concierto de Le&iuml;ti Sene &amp; Cutemobb, lo que les vali&oacute; un par&oacute;n de la m&uacute;sica. Despu&eacute;s vino el aplacamiento y la fiesta, sea como fuere, continu&oacute; sin sobresaltos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las impresiones de quienes est&aacute;n en la sala b&aacute;sicamente oscilan entre la incomodidad de vivir as&iacute; la m&uacute;sica en directo y los del <em>mejor esto que nada</em>. &ldquo;Estamos muy felices con la respuesta del p&uacute;blico. Cuando no puedes expresarte bailando, las emociones se muestran de otras maneras&rdquo;, afirma D&iacute;az sobre lo que se ha vivido en estos d&iacute;as de festival abajo del escenario. &ldquo;Se han visto ojos encharcados de lagrimotes y escuchado alaridos que ven&iacute;an de lo m&aacute;s profundo. A nosotros nos gusta lo que hacemos y esta es la mejor recompensa que podr&iacute;amos tener&rdquo;. Es complicado hacer una valoraci&oacute;n global del festival porque nunca ofrecer&aacute; a los asistentes lo mismo que en ediciones pasadas. Mejor ser&iacute;a que no hubiera pandemia, ni restricciones, ni vac&iacute;os comunicativos entre mascarillas y seguratas, pero como eso es imposible, el mal menor dentro de la realidad que vivimos efectivamente se parece bastante a este Cara B EXTRA. Su celebraci&oacute;n ha sido una cuesti&oacute;n de pura supervivencia: para los organizadores, para los m&uacute;sicos, pero tambi&eacute;n para la mayor&iacute;a de los asistentes. Porque como dijo una vez una ni&ntilde;a muy sabia, mejor esto que morirse. 
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                Rojuu                            </span>
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      <dc:creator><![CDATA[Berta Gómez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/despues-cara-b-festival-musica-sobrevivio-pandemia_1_7359125.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 29 Mar 2021 20:26:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El antes y el después del Cara B: el festival de música que sobrevivió a la pandemia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Música,Festivales,Pandemia,Restricciones,Cultura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Una habitación propia', del papel a los escenarios: por qué la inteligencia de Virginia Woolf sigue fascinando]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/habitacion-propia-papel-escenarios-inteligencia-virginia-woolf-sigue-fascinando_1_7350621.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4e7fb9d1-0769-4704-96e5-8585a7d54f32_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Una habitación propia&#039;, del papel a los escenarios: por qué la inteligencia de Virginia Woolf sigue fascinando"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hoy, que se cumplen 80 de su muerte, recordamos la obra de la escritora británica que sigue adaptándose a distintos formatos y cautivando a nuevos públicos</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;La inteligencia de Virginia Woolf es ilimitada. Creo que las personas normales nunca acabamos de alcanzarla del todo. Ella siempre esconde algo m&aacute;s entre l&iacute;neas&rdquo;. Estas palabras de Clara Sanchis resumen su experiencia en los escenarios representando durante casi cinco a&ntilde;os uno de los textos m&aacute;s conocidos de Woolf. <em>Una habitaci&oacute;n propia </em>se estren&oacute; en el teatro Kamikaze de Madrid en el a&ntilde;o 2016, y desde entonces ha pasado por otros tres escenarios madrile&ntilde;os y decenas de ciudades dentro de nuestras fronteras. Su pretensi&oacute;n es seguir girando: la pr&oacute;xima parada ser&aacute; en mayo en el Teatro del Mercado de Zaragoza. Y la noticia es, sin duda alguna, que el inter&eacute;s por la representaci&oacute;n del texto ensay&iacute;stico que Woolf public&oacute; en 1928 no s&oacute;lo no ha menguado durante este tiempo, sino que ha ido creciendo, agotando entradas incluso antes del d&iacute;a del estreno, como ocurri&oacute; este mismo mes de marzo en la Sala Beckett de Barcelona. A pesar de que Virginia Woolf muri&oacute; hace 80 a&ntilde;os y que su texto se puede encontrar f&aacute;cilmente en cualquier librer&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La relaci&oacute;n de Clara Sanchis con <em>Una habitaci&oacute;n propia </em>fue una suerte de revelaci&oacute;n que ejemplifica a la perfecci&oacute;n por qu&eacute; se trata de un libro fundamental para la teor&iacute;a y el activismo feminista. &ldquo;Le&iacute; el ensayo una noche de insomnio, ya con treinta y tantos, y me impact&oacute;. Me provoc&oacute; emociones distintas y contradictorias. Sent&iacute; ira, pero tambi&eacute;n la alegr&iacute;a o el impulso de una revelaci&oacute;n. De pronto, entend&iacute;a muchas cosas del mundo que me rodea, pero tambi&eacute;n de m&iacute; misma. De las mujeres&rdquo;, explica la actriz. &ldquo;Sent&iacute; extra&ntilde;eza por no haber indagado m&aacute;s en las razones de la ausencia de referentes femeninos. Ni en las causas que pueden llevar a unos seres humanos a someter a otros. De pronto, Virginia Woolf, con su sentido del humor y su crudeza, iluminaba algunos mecanismos ocultos.&rdquo;
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                &#039;Una habitación propia&#039; adaptada y dirigida por María Ruiz.                            </span>
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        En ese momento, el texto qued&oacute; en la memoria de Sanchis como un lugar al que volver para buscar respuestas, pero no ser&iacute;a hasta a&ntilde;os despu&eacute;s cuando se convirti&oacute; en una idea que desarrollar en el teatro. &ldquo;Buscaba un texto para trabajar con Mar&iacute;a Ru&iacute;z. Barajamos muchos, pero no acab&aacute;bamos de encontrar algo que a las dos nos impulsara para embarcarnos en una empresa en la que no hab&iacute;a dinero&rdquo;. Fue sobre ese primer impulso creativo que &ldquo;una ma&ntilde;ana, de pronto, me despert&eacute; con la idea. O la idea me despert&oacute;. Se me encendi&oacute; una luz: ten&iacute;amos que hacer una versi&oacute;n teatral de <em>Una habitaci&oacute;n propia</em>. Mar&iacute;a se tir&oacute; de cabeza, con su fuerza, su sabidur&iacute;a y sentido del humor&rdquo;. La directora, por su parte, no recuerda con tanta exactitud c&oacute;mo fue ese primer encuentro, pero s&iacute; las ganas que pusieron desde el comienzo, aun sin tener grandes pretensiones para la obra. &ldquo;<em>Una habitaci&oacute;n propia</em> se estren&oacute; en una sala que se montaba en el antiguo bar del teatro Kamikaze, una especie de pasillo ancho, pero nos sentimos felices y contentas de llevar a t&eacute;rmino este proyecto raro que nos gustaba tanto&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ese proyecto aparentemente raro, como lo describe Ru&iacute;z, dramatizaba el contenido de <em>Una habitaci&oacute;n propia</em> y convert&iacute;a a Clara Sanchis en una escritora que ofrece una conferencia sobre mujeres y literatura en 1928 &ndash;igual que hizo Virginia antes de publicar el libro&ndash; frente a un grupo de estudiantes universitarias. Las palabras, ideas y conclusiones que pronuncia la actriz en el centro del escenario, &uacute;nicamente acompa&ntilde;ada de una mesa, una silla y un piano, siguen muy de cerca la estela que dict&oacute; Woolf en el libro original y, lo m&aacute;s importante, llegan a una misma revelaci&oacute;n: para escribir, una mujer necesita dinero y una habitaci&oacute;n propia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La verdad es que no sab&iacute;amos si iba a gustar, es muy dif&iacute;cil predecir la suerte de las cosas, solo confi&aacute;bamos en que uno de los textos m&aacute;s inteligentes y graciosos que una mujer haya escrito sobre las mujeres, tendr&iacute;a cabida por ah&iacute;, en alg&uacute;n sitio&rdquo;, expone Mar&iacute;a Ruiz sobre el desarrollo que ha tenido la representaci&oacute;n y esa confianza ciega que, m&aacute;s que en ellas mismas, descansaba en la potencial dram&aacute;tico del texto de Virgina Woolf. 
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                &#039;Una habitación propia&#039; adaptada y dirigida por María Ruiz.                            </span>
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      <p class="quote-text">Las razones de los éxitos y los fracasos siempre son misteriosas, pero aquí hay algo evidente: la genialidad del ensayo de Woolf</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Finalmente, han sido muchos los teatros y los espectadores; y&nbsp; tambi&eacute;n los ensayos que ha requerido la actriz para la continua inmersi&oacute;n en el texto. &ldquo;Trabajar con un mon&oacute;logo requiere un entrenamiento t&eacute;cnico de una gran intensidad que solo te lo da el tiempo. La repetici&oacute;n; como una bailarina, una pianista o una malabarista. Todas esas palabras, l&iacute;neas de pensamiento, im&aacute;genes y emociones que manejas con el cuerpo y con la mente necesitan ser repetidas muchas veces para transmitirlas con la agilidad y la ligereza deseables&rdquo;. Sin embargo, Sanchis no cuenta este proceso desde el cansancio o el hartazgo de tener que volver una y otra vez a la misma autora, m&aacute;s bien todo lo contrario: &ldquo;tener esta posibilidad de repetici&oacute;n, a lo largo de los a&ntilde;os, creo que es una suerte que me permite ser m&aacute;s precisa y minuciosa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A la hora de referirse a los motivos para explicar el largo recorrido que est&aacute; teniendo <em>Una habitaci&oacute;n propia</em> en los teatros nacionales, ambas prefieren quitarse peso y vuelven a coincidir en la magnitud del texto original: &ldquo;Pienso que las razones de los &eacute;xitos y los fracasos siempre son misteriosas, pero aqu&iacute; hay uno evidente, el m&aacute;s poderoso: la genialidad del ensayo de Woolf, que Mar&iacute;a Ruiz ha sabido llevar a escena, dir&iacute;a que de la manera m&aacute;s pura. Nuestro objetivo siempre ha sido transmitir con m&aacute;xima sencillez, la enorme y bell&iacute;sima complejidad del discurso. Su crudeza y su sentido del humor salvaje. Nos hemos centrado en contarlo, y casi quitarnos nosotras de en medio&rdquo;. Tambi&eacute;n la directora, despu&eacute;s de alabar el trabajo en el escenario de Clara Sanchis, cree que Woolf es aun un atractivo feminista ineludible. &ldquo;Lo imprescindible para el &eacute;xito es que ha habido un p&uacute;blico al que le gusta la inteligencia, el talento literario y la estricta observaci&oacute;n de la verdad interpretada sin trampa ni cart&oacute;n&rdquo;, sentencia Ruiz.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En realidad, lo que ha ocurrido entre la obra y la adaptaci&oacute;n al teatro es m&aacute;s bien una relaci&oacute;n de inter&eacute;s rec&iacute;proco. Si Woolf ha servido como reclamo para vender localidades, tambi&eacute;n ha ocurrido de manera inversa: la representaci&oacute;n dirigida por Ruiz ha supuesto un acercamiento al texto original. &ldquo;No hemos pretendido imitar a Woolf ni en su f&iacute;sico ni en nada parecido. Se trata s&oacute;lo de transmitir las palabras que ella escribi&oacute;, con la mayor claridad. Y ha producido un fen&oacute;meno de identificaci&oacute;n, en las espectadoras y los espectadores muy interesante&rdquo;, comenta la actriz respecto a la funci&oacute;n did&aacute;ctica que han llevado a cabo estos a&ntilde;os y que puede considerarse cumplida con creces. &ldquo;Las salas se llenaban de p&uacute;blico muy joven. Y creo que luego leen el libro. Se supone que la historia del maltrato hist&oacute;rico a la mujer es algo superado en nuestra sociedad, pero no es cierto. No podemos pasar p&aacute;gina todav&iacute;a&rdquo;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 10px solid white;" src="https://static.eldiario.es/clip/e31072b9-cb39-447a-a7a9-93e8373e7003_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="100%" width="250" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        &iquest;Pero qu&eacute; es realmente lo que sigue interesando a mujeres de todas las edades de un texto que evoca una moral y unas costumbres que, en pleno s.XXI, parece quedarnos lo bastante lejos? Seg&uacute;n describe la poeta y editora Elena Medel en el pr&oacute;logo de una de las &uacute;ltimas ediciones del texto &ndash;<a href="https://www.planetadelibros.com/libro-una-habitacion-propia-edicion-ilustrada/326977" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">bajo el sello Seix Barral</a>, con ilustraciones de Sara Morante&ndash; la primera respuesta a esta pregunta resulta una &ldquo;paradoja trist&iacute;sima&rdquo;, puesto que &ldquo;no se trata tanto de que Virginia Woolf se anticipara con lucidez a muchos temas sobre los que debatimos cien a&ntilde;os m&aacute;s tarde, sino de que muchas de las cuestiones sobre las que ella reflexionaba contin&uacute;an hoy pendientes de resoluci&oacute;n&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Una habitaci&oacute;n propia</em> recoge dos conferencias pronunciadas por Virginia Woolf en 1928 en dos colegios femeninos universitarios &ndash;los primeros que admitieron a mujeres&ndash; , aunque no est&aacute; claro exactamente qu&eacute; ley&oacute; en cada uno de ellos, ni qu&eacute; partes se editaron despu&eacute;s en el libro que saldr&iacute;a publicado en 1929. Lo que s&iacute; se conoce es que el grupo de chicas que escuch&oacute; por primera vez sus palabras &ndash;no ser&iacute;an m&aacute;s de 300 sumando ambas instituciones&ndash;&nbsp; estaba compuesto por mujeres que militaban en el feminismo y el movimiento sufragista. Ve&iacute;an en Woolf una figura de poder y sin duda dej&oacute; en ellas una fruct&iacute;fera referencia para su futuro. Tal y como cuenta Medel, &ldquo;entre el p&uacute;blico, se encontraba Elsie Phare, a quien conocemos hoy como dramaturga&rdquo; y tambi&eacute;n &ldquo;referencias futuras de la cr&iacute;tica literaria y la filolog&iacute;a como M. C. Bradbrook, Kathleen Raine o Queenie Roth&rdquo;. Esta &uacute;ltima, de hecho, adquiri&oacute; de sus palabras el &aacute;nimo suficiente para convertirse m&aacute;s tarde en una de las mayores cr&iacute;ticas de la obra de la propia Woolf.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No se trata tanto de que Virginia Woolf se anticipara, como de que muchas de las cuestiones sobre las que ella reflexionaba continúan hoy pendientes de resolución</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de esa necesidad para una escritora de tener una habitaci&oacute;n propia y dinero &ndash;nos recuerda Medel con insistencia la importancia de este segundo elemento que suele quedar fuera de la cita m&aacute;s repetida&ndash; <em>Una habitaci&oacute;n propia</em>, sobre el papel o en el escenario, es tambi&eacute;n un recordatorio de todas aquella que no dispon&iacute;an ni de una cosa ni de la otra y, por tanto, o bien no pudieron siquiera escribir o bien sus herramientas eran tan precarias que han quedado relegadas a los m&aacute;rgenes. Y es esta labor de restituci&oacute;n, de invitaci&oacute;n a conocer m&aacute;s all&aacute; del canon &ndash;no solo a las escritoras, sino tambi&eacute;n a las madres, abuelas, bisabuelas y a todas aquellas cuidadoras que trabajaron en nombre del amor&ndash; lo que da a la obra su categor&iacute;a de cl&aacute;sico. As&iacute; al menos lo entiende Elena Medel, para quien el libro supuso una entrada a las referencias hist&oacute;ricas que cita Woolf, pero tambi&eacute;n a las suyas propias, a mujeres como Celia B&ouml;lh de Faber, Gertrudis G&oacute;mez de Avellaneda o Beatriz Bernal, entre muchas otras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Medel, y seguro que tantas otras escritoras, le agradecen en el s. XXI a Virginia Woolf no tanto la advertencia de la necesidad de poseer una habitaci&oacute;n propia y dinero, cosa que podr&aacute;n haber descubierto por s&iacute; mismas, como el &aacute;nimo para reconocer y saberse dentro de una tradici&oacute;n literaria femenina que se distingue de la masculina no por rasgos espec&iacute;ficos en la escritura, sino por sus dificultades para ejercer el oficio. &ldquo;Mi tradici&oacute;n es la de mi lengua&rdquo;, pronuncia Elena Medel, invitando al lector en este final del pr&oacute;logo a dejar lirios, dalias y copihues para honrar esta genealog&iacute;a, &ldquo;y m&aacute;s flores, a una y otra orilla del idioma, en las tumbas cuya situaci&oacute;n desconocemos, para honrar la memoria de las mujeres que escribieron y de las que quisieron escribir, pero que no disfrutaron de una habitaci&oacute;n propia en la que concentrarse, ni de dinero para pagarla, ni de unas circunstancias que les permitiera siquiera plante&aacute;rselo&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                &#039;Una habitación propia&#039; adaptada y dirigida por María Ruiz.                            </span>
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      <dc:creator><![CDATA[Berta Gómez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/habitacion-propia-papel-escenarios-inteligencia-virginia-woolf-sigue-fascinando_1_7350621.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 27 Mar 2021 20:58:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Una habitación propia', del papel a los escenarios: por qué la inteligencia de Virginia Woolf sigue fascinando]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Emma Cline y la banalidad del mal en 'Harvey': la novela más inquietante sobre el caso Weinstein]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/emma-cline-banalidad-mal-harvey-novela-caso-weinstein_1_7336867.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e2f184d9-65af-46ca-a42b-4233ae724027_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Emma Cline y la banalidad del mal en &#039;Harvey&#039;: la novela más inquietante sobre el caso Weinstein"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Anagrama publica la nueva novela de Emma Cline, un relato en primera persona que imagina qué estaba haciendo Harvey Weinstein 24 horas antes de recibir el resultado de su sentencia</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; estar&iacute;a haciendo Harvey Weinstein 24 horas antes de recibir el resultado de su sentencia? A Emma Cline se le ocurri&oacute; que esta ser&iacute;a un buena premisa para explorar narrativamente cuando ley&oacute; una noticia que contaba c&oacute;mo el productor de Hollywood, tras celebrarse el juicio donde se le acusaba de delito sexual y violaci&oacute;n, se pasaba las horas recluido en casa de un amigo suyo, viendo Netflix y buscando su propio nombre compulsivamente en Google. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Esos detalles me impactaron y me parecieron humanos y pat&eacute;ticos al mismo tiempo, as&iacute; que mi mente empez&oacute; a pensar en un personaje como Harvey&rdquo;, cuenta la escritora en la rueda de prensa de presentaci&oacute;n de su &uacute;ltimo libro, <em>Harvey </em>(Anagrama), que es el resultado de ese pensamiento intrusivo. &ldquo;Como todos los personajes de ficci&oacute;n, mi Harvey no es exactamente Harvey Weinstein, pero me gustaba la idea de seguir a un hombre as&iacute; durante todo un d&iacute;a, porque nadie es malo 24 horas, igual que nadie se pasa todo un d&iacute;a tomando caf&eacute;. Lo interesante es que durante esas horas va aumentando la presi&oacute;n, &eacute;l se vuelve casi un poco demente a nivel psicol&oacute;gico. Digamos que a Harvey todo le ha ido bien, su vida ha sido un camino de rosas hasta ese momento, y yo quer&iacute;a mostrar qu&eacute; significa y c&oacute;mo funciona el autoenga&ntilde;o, &iquest;durante cu&aacute;nto tiempo puedes pensar que eres el h&eacute;roe de la historia, que todo va a ir bien?&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cline escribi&oacute; este texto en 2020, cuando a&uacute;n no se conoc&iacute;a la sentencia que condenar&iacute;a a Weinstein a 29 a&ntilde;os de c&aacute;rcel, y originalmente apareci&oacute; publicada en junio del 2020 en la <a href="https://www.newyorker.com/magazine/2020/06/08/white-noise" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">revista New Yorker</a>. Al comienzo de la videollamada de la rueda de prensa, la escritora estadounidense se apresura a aclarar &ndash;y lo har&aacute; despu&eacute;s en varias ocasiones, ante la insistencia de los periodistas&ndash; que el ejercicio que desarrolla en este cuento no pretende juzgar los delitos cometidos por Weinstein, ni tampoco ofrecer reparaci&oacute;n para las m&aacute;s de 80 mujeres que han denunciado ser v&iacute;ctimas de acoso por parte del productor. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Yo no soy jueza, escribo novelas y en la ficción solo necesitas tener preguntas, no respuestas</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando empec&eacute; el libro no hice una investigaci&oacute;n del personaje real, simplemente quise escribir bas&aacute;ndome en lo poco que yo sab&iacute;a de &eacute;l, por ejemplo no ten&iacute;a ni idea si ten&iacute;a hijos o no, pero en la historia me gustaba la idea de que tuviera hijas adultas&rdquo;, explica la escritora. &ldquo;Yo no soy jueza, escribo novelas y en la ficci&oacute;n solo necesitas tener preguntas, no respuestas. Cualquier persona que cree saber firmemente lo que est&aacute; bien y puede separarlo de lo que est&aacute; mal, para m&iacute; no son escritores de ficci&oacute;n. O quiz&aacute; es que yo no soy suficientemente lista para ofrecer un juicio moral en los libros&rdquo;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 10px solid white;" src="https://static.eldiario.es/clip/5e88e79f-723b-485c-a130-7e8e57c41b05_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="100%" width="250" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Su m&oacute;vil, explica, obedec&iacute;a al inter&eacute;s narrativo que ofrece un personaje de este calibre. En <em>Harvey, </em>Cline trata de entender qu&eacute; ocurre en la cabeza de un hombre tan poderoso cuando todo est&aacute; a punto de derrumbarse, c&oacute;mo se solidifica el sentimiento de soledad que le envuelve y cu&aacute;les son los procesos psicol&oacute;gicos de autodefensa frente a la certeza de su ca&iacute;da &ndash;incluido el delirio de Harvey cuando cree encontrarse con el escritor Don DeLillo y le propone filmar una pel&iacute;cula&ndash;. 
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; lo m&aacute;s interesante del relato sea la forma en que Cline cartograf&iacute;a el comportamiento de aquellos que Harvey tiene alrededor para mostrar que todo lo que les une son unas relaciones de poder y dominaci&oacute;n que se est&aacute;n resquebrajando por momentos. En el relato, sin embargo, no hay atisbo de compasi&oacute;n o dramatismo hacia Harvey, sino la muestra de un delirio de grandeza hasta las &uacute;ltimas consecuencias.
    </p><p class="article-text">
        Hay pocas escenas que muestren mejor la imagen del protagonista que una en la que el productor est&aacute; mirando los comentarios negativos a una noticia que han publicado sobre su caso hasta encontrar alguno positivo y sentirse as&iacute; aliviado. Harvey es consciente de que, incluso sin condena, ya no podr&aacute; recuperar su vieja condici&oacute;n p&uacute;blica, y aun as&iacute; le basta el apoyo de un desconocido &ndash;que podr&iacute;a ser un bot&ndash; entre cientos de insultos y descalificaciones para poder volver a confiar en s&iacute; mismo y reafirmarse en su inocencia. &ldquo;Creo que este tipo de persona, sobre todo cuando alcanza un nivel de &eacute;xito tan alto, con tanta gente alrededor cuyas vidas dependen de ese autoenga&ntilde;o de que la realidad es correcta, es muy dif&iacute;cil que caigan. Si tienes poder, fama y dinero en EEUU, puedes vivir absolutamente convencido de que eres una buena persona&rdquo;, comenta Cline al respecto.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Si tienes poder, fama y dinero en EEUU, puedes vivir absolutamente convencido de que eres una buena persona</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Sin embargo, no es lo mismo adentrarse y revolver las entra&ntilde;as de un personaje poderoso en el ocaso de su reinado que hacerlo sobre Harvey, desde las p&aacute;ginas de <em>The New Yorker</em> y en los meses previos a la condena. &iquest;Por qu&eacute; Weinstein y por qu&eacute; narrar desde su punto de vista en lugar del de las v&iacute;ctimas? &iquest;Es una forma de castigo literario y extrajudicial, un intento de aniquilar el &uacute;ltimo resquicio de poder que Weinstein pod&iacute;a conservar bajo su aura de monstruo moral? &iquest;O es por el contrario una manera de blanquear al personaje, de hacer m&aacute;s complejas y comprensibles sus motivaciones? Todas estas preguntas &ndash;que Cline se ha esmerado en neutralizar desviando el debate hacia lo literario&ndash; han rodeado el texto desde su publicaci&oacute;n y han marcado la recepci&oacute;n que se ha hecho de &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        En la primera entrevista que concedi&oacute; Cline sobre el libro, la periodista Hadley Freeman contaba en <a href="https://www.theguardian.com/books/2020/aug/28/emma-cline-we-are-forced-to-imagine-whats-going-on-in-the-minds-of-men" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>The Guardian</em></a> que podr&iacute;an existir motivaciones para escribir sobre Weinstein m&aacute;s all&aacute; del atractivo del personaje al que se remite Cline. Freeman se refiere al hecho de que uno de los abogados que trabaj&oacute; para Weinstein, David Boies &ndash;que contrat&oacute; investigadores privados para utilizar el pasado sexual de las mujeres que le llevaron a juicio y desacreditarlas&ndash; fue tambi&eacute;n el abogado del exnovio de Emma Cline, quien la acus&oacute; en 2017 de plagiar <em>Las Chicas </em>(Anagrama), su primera novela. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Uno de los abogados que trabajó para Weinstein, David Boies, fue también el abogado del exnovio de Emma Cline, quien la acusó en 2017 de plagiar &#039;Las Chicas&#039; </p>
          </div>

  </blockquote><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 10px solid white;" src="https://static.eldiario.es/clip/d96382a4-97d6-4ba2-b10f-4f2f0e8fef3c_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="100%" width="250" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Cline recibi&oacute; un borrador de denuncia con 110 p&aacute;ginas, donde aparec&iacute;a el nombre de Boies escrito en la parte superior y se inclu&iacute;an conversaciones privadas entre Cline y su expareja, junto a fotos &iacute;ntimas de ella que pretend&iacute;an demostrar la acusaci&oacute;n de robo intelectual. En 2018 los detalles sexuales privados se eliminaron de la denuncia y un juez desestim&oacute; las acusaciones de plagio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando Freeman le pregunta en la entrevista por esta &ldquo;casualidad&rdquo;, Cline &ldquo;mueve sus manos inquietas, pero su voz se mantiene firme&rdquo; afirmando, sin atisbo de duda, que la conexi&oacute;n de Boies como abogado de su expareja y de Weinstein no est&aacute; relacionada con su inter&eacute;s por el productor. Adem&aacute;s, la escritora a&ntilde;ade que este hecho fue realmente doloroso para ella &ndash;&ldquo;ampliaron mi comprensi&oacute;n de lo oscuras que pueden ser las cosas&rdquo;&ndash; pero huye del clich&eacute; de que esa experiencia podr&iacute;a haberla hecho m&aacute;s fuerte en alg&uacute;n sentido, &ldquo;siento que esa es una forma de validarlo retroactivamente&rdquo;, afirma, con lo que parece dejar claro tambi&eacute;n que en ning&uacute;n caso ve en la literatura una forma de redenci&oacute;n o venganza contra nadie, o al menos, no es a lo que ella aspira con la escritura de ficci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Ni siquiera cuando en la rueda de prensa surge la pregunta sobre qu&eacute; opina del resultado del juicio a Wenstein, Cline ofrece una respuesta contundente: &ldquo;una parte de m&iacute; se qued&oacute; sorprendida de que fuera considerado culpable porque todo ha cambiado r&aacute;pidamente en EEUU. Cosas que se habr&iacute;an tolerado perfectamente hace 4 o 5 a&ntilde;os ahora son castigadas despu&eacute;s del metoo. La velocidad con la que cambi&oacute; la conversaci&oacute;n nacional sobre este tema me impact&oacute;&rdquo;. A partir de aqu&iacute;, la autora vuelve a respaldarse en su libro evidenciando que es de lo &uacute;nico que pretende hablar. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Me interesan los personajes que se sienten enajenados en este nuevo mundo, tambi&eacute;n en mi colecci&oacute;n de relatos hay hombres de una generaci&oacute;n anterior que miran alrededor y se sorprenden de que el mundo haya cambiado tan r&aacute;pido&rdquo;, refiri&eacute;ndose a un libro de relatos que a&uacute;n no se ha publicado en Espa&ntilde;a, <em>Daddy,</em> pero que ver&aacute; la luz este mismo a&ntilde;o tambi&eacute;n en Anagrama.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La reluctancia de Cline a convertir <em>Harvey</em> en un juicio paralelo, en un artefacto literario que s&oacute;lo pueda ser interpretado como 'a favor de' o 'en contra de', es una estrategia muy meditada: no quiere que su libro sea visto como una forma de activismo o como un alegato moralista. La meticulosidad con la que rehuye las preguntas deja claro que est&aacute; evitando ciertos titulares y posicionamientos p&uacute;blicos: no quiere que <em>Harvey</em> se convierta en un libro de causa, pero todav&iacute;a desea menos que sea usado como un argumento reaccionario, como un arma arrojadiza en contra del feminismo. Por ello, bajo el foco medi&aacute;tico, es imposible saber si la Emma Cline escritora piensa igual que la Emma Cline entrevistada, o si por el contrario estar&iacute;a dispuesta asumir una posici&oacute;n mucho m&aacute;s matizada sobre la relaci&oacute;n entre la narrativa y la moral. &iquest;Por qu&eacute; empe&ntilde;arse si no en retratar los entresijos mentales de un personaje como Weinstein? &iquest;Por qu&eacute; habr&iacute;a querido cuestionar el mito de Wenstein sino para devolvernos un simple Harvey, no un monstruo sino un depredador banal y por ello tanto m&aacute;s temible?
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 10px solid white;" src="https://static.eldiario.es/clip/f4e70cdb-5654-4f47-85ce-a8ebd88fbfcd_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="100%" width="250" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Las precauciones medi&aacute;ticas de Cline son coherentes con su trayectoria y la posici&oacute;n que ha logrado conquistar en el panorama literario mundial: en 2015, Random House le pag&oacute; un adelanto de dos millones de d&oacute;lares por el manuscrito de <em>Las Chicas </em>y de los pr&oacute;ximos dos libros que escribiese. La novela r&aacute;pidamente se convirti&oacute; en un<em> bestseller</em>, un fen&oacute;meno literario para la cr&iacute;tica, fue traducido a casi 40 idiomas y los derechos de la historia para hacer una pel&iacute;cula se vendieron por cifras astron&oacute;micas. Cuando todo esto ocurr&iacute;a Emma Cline solo ten&iacute;a 25 a&ntilde;os. Su exposici&oacute;n era m&aacute;xima y tambi&eacute;n su necesidad de definirse como escritora. Que no tenga una web con su nombre, ni un podcast, ni Twitter, ni use Instagram para publicitar sus libros demuestra mucha m&aacute;s prudencia y autoconciencia de su situaci&oacute;n que desinter&eacute;s por su personaje p&uacute;blico: sabe que sus libros hablar&aacute;n por ella.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En 2015, Random House le pagó un adelanto de 2 millones de dólares por el manuscrito de &#039;Las Chicas&#039;, que se convirtió en un bestseller traducido a casi 40 idiomas. Emma Cline solo tenía 25 años</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Quiz&aacute; ah&iacute; est&aacute; la clave para resolver la pregunta sobre por qu&eacute; Harvey y no otro, y por qu&eacute; publicarlo en este preciso momento &ndash;y no m&aacute;s adelante, cuando el tema ya no polarice la opini&oacute;n p&uacute;blica&ndash;. Escuchando a Cline queda claro que su inter&eacute;s narrativo es tambi&eacute;n un inter&eacute;s moral, aunque este no se exprese mediante un juicio, mediante una condena, ni mediante un eslogan radical. &ldquo;Hay personas que me preguntan si sent&iacute; compasi&oacute;n por Weinstein y lo que hizo le trivializa, pero a m&iacute; me parece que lo que lo puede banalizarle es pensar que es un monstruo muy distinto de nosotros, eso nos permite decir que pertenece a otra especie distinta&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        En sus palabras no solo podemos leer a contrapelo la referencia a Hannah Arendt, sino tambi&eacute;n a una tradici&oacute;n literaria que de Iris Murdoch a Emmanuel Carr&egrave;re, y de Henry James a Maggie O&rsquo;Farrell, ha entendido el arte de construir personajes como un compromiso con la particularidad, con la ambig&uuml;edad y la contradicci&oacute;n, con un entramado de relaciones que siempre desbordan lo individual. Precisamente porque Weinstein no es un demonio, Cline siente la necesidad de explorar el momento de mayor vulnerabilidad del personaje, para retratarle con toda su vulgaridad y ayudarnos a ensanchar la mirada: no quiere disculpar al Harvey acosador, sino hacernos entender la cotidianidad de los horrores que Weinstein representa.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cline no quiere disculpar al Harvey acosador, sino hacernos entender la cotidianidad de los horrores que Weinstein representa</p>
          </div>

  </blockquote><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Harvey Weinstein entrando en la Corte Suprema de Nueva York que le juzgaría el 18 de febrero de 2020.                            </span>
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      <dc:creator><![CDATA[Berta Gómez]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 23 Mar 2021 21:27:57 +0000]]></pubDate>
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