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    <title><![CDATA[elDiario.es - Albert Barqué-Duran]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/albert_barque-duran/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Albert Barqué-Duran]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Inteligencia Artificial: Pintando la moralidad de las máquinas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/inteligencia-artificial-pintando-moralidad-maquinas_1_2975821.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fb7cc72a-2862-4fd3-9c62-ad1939d9dfbe_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Inteligencia Artificial: Pintando la moralidad de las máquinas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hasta hace poco, los diseñadores no consideraban las formas en que sus propios valores estaban implícitamente incrustados en las tecnologías que producían</p><p class="subtitle">La disruptividad como método: solo así permitiremos que las interacciones entre hombre y máquina evolucionen de manera dinámica y ambos agentes se adapten el uno al otro</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>An&aacute;lisis publicado en '2034: El reto de imaginar el futuro', n&uacute;mero 17 de la revista de&nbsp;<a href="http://eldiario.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">eldiario.es</a>.&nbsp;<a href="http://www.eldiario.es/hazte_socio/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Hazte socio y te enviaremos a casa nuestras revistas monogr&aacute;ficas&ldquo;</a></li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Podr&aacute; un sistema computacional, utilizando la misma informaci&oacute;n que un ser humano, ser un agente moral adecuado?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Las dimensiones &eacute;ticas de esta toma de decisiones est&aacute;n en gran medida determinadas por los valores y principios que los creadores incorporan a los sistemas, impl&iacute;cita o expl&iacute;citamente
    </p><p class="article-text">
        <strong>Yo tengo un 'smartphone'</strong>.
    </p><p class="article-text">
        T&uacute; tienes una <em>tablet</em>.
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;l tiene un <em>port&aacute;til</em>.
    </p><p class="article-text">
        Nosotros tenemos unas <em>gafas de realidad virtual</em>.
    </p><p class="article-text">
        Vosotros ten&eacute;is un <em>wearable gadget</em>.
    </p><p class="article-text">
        Ellos tienen un <em>coche aut&oacute;nomo</em>.
    </p><p class="article-text">
        En esta era digital, pasamos mucho tiempo interactuando con aparatos digitales. Compramos en l&iacute;nea, trabajamos en la nube, nuestras relaciones sociales a veces est&aacute;n basadas en la red, hay relaciones de pareja basadas en skype... Los contextos en los que normalmente nos enfrentamos a decisiones &eacute;ticas y participamos en comportamientos morales han cambiado. Hoy en d&iacute;a, los dilemas morales se presentan a menudo digitalmente, es decir, la informaci&oacute;n relevante y las decisiones se presentan y se toman en dispositivos tecnol&oacute;gicos. Pero todav&iacute;a hay m&aacute;s. Los sistemas aut&oacute;nomos est&aacute;n llegando nos guste o no. &iquest;Ser&aacute;n &eacute;ticos? &iquest;Ser&aacute;n buenos? &iquest;Y qu&eacute; diantres queremos decir con &ldquo;buenos&rdquo;?
    </p><p class="article-text">
        Muchos coincidimos en que los agentes morales artificiales son necesarios e inevitables. Otros dicen que la idea de agentes morales artificiales con tecnolog&iacute;a de vanguardia intensifica su angustia. Hay algo parad&oacute;jico en la idea de que uno podr&iacute;a aliviar la ansiedad creada por la tecnolog&iacute;a con tecnolog&iacute;a a&uacute;n m&aacute;s sofisticada. La tensi&oacute;n existe entre la fascinaci&oacute;n con las nuevas tecnolog&iacute;as y la ansiedad que provocan. Esto podr&iacute;a explicarse por dos motivos. Uno relacionado con todos los temores futuristas habituales sobre la tecnolog&iacute;a siguiendo una trayectoria m&aacute;s all&aacute; del control humano (singularidad tecnol&oacute;gica). Y otro relacionado con las preocupaciones sobre lo que esta tecnolog&iacute;a podr&iacute;a revelar sobre los seres humanos mismos. La cuesti&oacute;n no es c&oacute;mo ser&aacute; la tecnolog&iacute;a en el futuro, sino m&aacute;s bien &iquest;c&oacute;mo seremos y en qu&eacute; nos convertiremos a medida que creemos relaciones cada vez m&aacute;s &iacute;ntimas con nuestras m&aacute;quinas? &iquest;Cu&aacute;les ser&aacute;n las consecuencias humanas de intentar mecanizar la toma de decisiones morales?
    </p><p class="article-text">
        Hoy en d&iacute;a, cuando los sistemas inform&aacute;ticos seleccionan entre diferentes cursos de acci&oacute;n, se involucran en una especie de proceso de toma de decisiones. Las dimensiones &eacute;ticas de esta toma de decisiones est&aacute;n en gran medida determinadas por los valores y principios que los creadores incorporan a los sistemas, impl&iacute;cita o expl&iacute;citamente. Hasta hace poco, los dise&ntilde;adores no consideraban las formas en que sus propios valores estaban impl&iacute;citamente incrustados en las tecnolog&iacute;as que produc&iacute;an (&iexcl;y debemos hacerlos m&aacute;s conscientes de las dimensiones &eacute;ticas de su trabajo!). Pero el objetivo de la moralidad artificial mueve el activismo de la ingenier&iacute;a m&aacute;s all&aacute; de enfatizar el papel de los valores de los autores en la formaci&oacute;n de la moralidad operacional en sistemas complejos; tiene el objetivo de proporcionar a los propios sistemas con la capacidad de razonamiento moral expl&iacute;cito y la toma de decisiones.
    </p><p class="article-text">
        Una distinci&oacute;n clave con respecto a los juicios morales se refiere a las decisiones deontol&oacute;gicas versus utilitarias. En nuestras investigaciones en el campo de las ciencias cognitivas usamos lo que llamamos &ldquo;modelos morales de doble proceso&rdquo; que contrastan los juicios deontol&oacute;gicos, que generalmente son impulsados por respuestas autom&aacute;ticas/no-reflexivas/intuitivas, inducidas por el contenido emocional de un dilema, con los juicios utilitarios, que son el resultado de reflexiones no-emocionales/racionales/controladas, impulsadas por una consciente evaluaci&oacute;n de las consecuencias potenciales de un dilema. &iquest;Son estos principios, patrones, teor&iacute;as y marcos &eacute;ticos &uacute;tiles para guiar el dise&ntilde;o de sistemas computacionales capaces de actuar con cierto grado de autonom&iacute;a?
    </p><p class="article-text">
        La tarea de mejorar las capacidades morales de los agentes aut&oacute;nomos obligar&aacute; a hacer una deconstrucci&oacute;n de la toma de decisiones morales en todos sus componentes. &iquest;El hecho de construir un robot moral se reduce solo a una cuesti&oacute;n de encontrar el conjunto adecuado de restricciones y algoritmos correctos para resolver conflictos? Intentemos seguir dos enfoques. Por ejemplo, un enfoque &ldquo;top-down&rdquo; adoptar&iacute;a una teor&iacute;a &eacute;tica (por ejemplo, el utilitarismo), analizar&iacute;a los requisitos informativos y procedimentales necesarios para implementar esta teor&iacute;a en un sistema inform&aacute;tico y aplicar&iacute;a ese an&aacute;lisis para dise&ntilde;ar una serie de subsistemas (y sus relaciones entre s&iacute;) con el fin de implementar dicha teor&iacute;a. Por otro lado, un enfoque &ldquo;bottom-up&rdquo;, har&iacute;a hincapi&eacute; en crear un entorno en el que un agente explorara cursos de acci&oacute;n y aprendiera (a trav&eacute;s de la recompensa) los tipos de comportamientos que son moralmente loables. A diferencia de las teor&iacute;as &eacute;ticas de &ldquo;top-down&rdquo;, que definen lo que es y no es moral, en un enfoque &ldquo;bottom-up&rdquo; los principios &eacute;ticos van emergiendo a trav&eacute;s de la experiencia.
    </p><p class="article-text">
        Algunos podr&iacute;an sostener que el utilitarismo no es una teor&iacute;a particularmente &uacute;til o pr&aacute;ctica argumentando que los c&aacute;lculos que una m&aacute;quina deber&iacute;a hacer para llegar a tomar una decisi&oacute;n deben ser detenidos precisamente en el punto en el que continuar calculando, en lugar de actuar, tiene un efecto negativo sobre lo que llamar&iacute;amos utilidad agregada. Pero, &iquest;c&oacute;mo saber si vale la pena hacer un c&aacute;lculo sin realmente hacer el c&aacute;lculo en s&iacute;? &iquest;C&oacute;mo lo hacemos los humanos? En general, practicamos lo que Herbert Simon, uno de los fundadores de la inteligencia artificial y ganador del Premio Nobel de Econom&iacute;a en 1982, denomin&oacute; racionalidad limitada. Cuando los individuos tomamos decisiones, su racionalidad est&aacute; limitada por la informaci&oacute;n disponible, la viabilidad de la decisi&oacute;n, las limitaciones cognitivas de nuestra mente y el tiempo disponible para tomar la decisi&oacute;n. Actuamos en cierto sentido como &ldquo;satisfactores&rdquo;, buscando una soluci&oacute;n complaciente y no &oacute;ptima. Simon utiliz&oacute; la analog&iacute;a/met&aacute;fora de un par de tijeras, donde una hoja representa las limitaciones cognitivas de los humanos y la otra las estructuras del entorno, ilustrando c&oacute;mo las mentes compensan los limitados recursos, explotando las regularidades estructurales de nuestro entorno. La cuesti&oacute;n es si un sistema computacional m&aacute;s restringido, aun utilizando la misma informaci&oacute;n que un ser humano, ser&iacute;a un agente moral adecuado. Pero, as&iacute; como los utilitaristas no est&aacute;n de acuerdo en c&oacute;mo medir la utilidad, los deont&oacute;logos no est&aacute;n de acuerdo en qu&eacute; lista de normas, reglas y deberes un agente moral deber&iacute;a seguir o aplicar.
    </p><p class="article-text">
        El desaf&iacute;o actual es en encontrar estructuras y formatos de generaci&oacute;n de conocimiento capaces de hacer frente a estos hitos que nos plantean problemas existenciales como especie. No es suficiente con el trabajo interdisciplinario (cuando personas de diferentes disciplinas trabajan juntas); hay que apostar por la antidisciplinariedad, proyectos que no son una suma de un mont&oacute;n de disciplinas, sino que crean algo totalmente nuevo y que no pertenecen a ninguna estructura establecida. La disruptividad como m&eacute;todo. Solo as&iacute; permitiremos que las interacciones entre hombre y m&aacute;quina evolucionen de manera din&aacute;mica y ambos agentes se adapten el uno al otro. Ser&aacute; una relaci&oacute;n simbi&oacute;tica o no ser&aacute;. Debemos alejarnos por completo de esta confrontaci&oacute;n hombre versus m&aacute;quina. Mis experiencias tanto en el mundo m&aacute;s acad&eacute;mico como en el art&iacute;stico me dicen que la inteligencia artificial nos ofrece a los individuos algo m&aacute;s all&aacute; de un asistente o alumno: un nuevo colaborador, no un competidor.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Albert Barqué-Duran]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/inteligencia-artificial-pintando-moralidad-maquinas_1_2975821.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 01 Jan 2018 19:25:47 +0000]]></pubDate>
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