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    <title><![CDATA[elDiario.es - Paula Bonet]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/paula_bonet/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Paula Bonet]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[No agarréis al misógino del cuello]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/no-agarreis-misogino-cuello_129_8037082.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/692f5b61-c7ec-499f-a733-26e2f93776e4_16-9-discover-aspect-ratio_default_1021821.jpg" width="1627" height="915" alt="No agarréis al misógino del cuello"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No olvidemos que no somos solo nosotras las que tenemos que tomar cartas en el asunto, que la otra mitad de la población también debería ponerse a remar para que lleguemos lo antes posible a la orilla de la igualdad</p></div><p class="article-text">
        Corre por las redes un meme que se planta firme en la superficie de una pintura de Artemisia Gentileschi. En la imagen, Judith y su criada sostienen a Holofernes y, manos de ambas en espada, cuello y manos, se disponen a decapitarlo. El general asirio, embriagado de vino y medio adormilado, se defiende como puede y con una mano intenta apartar a la criada. Un chorro de sangre sale disparado hacia la derecha, como si fuera lava de volc&aacute;n, mientras Judith frunce el ce&ntilde;o y engrosa papada debido al esfuerzo. Debajo de la cabeza del vengador, la sangre cala en la almohada blanca y se desliza hacia la base del lienzo. En el meme, dos bocadillos de c&oacute;mic. El de la izquierda, que llega de fuera de campo dice &ldquo;&iquest;Qu&eacute; hac&eacute;is, chicas?&rdquo;. Ellas responden: &ldquo;Separar al autor de su obra&rdquo;.
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                Judit decapitando a Holofernes, de Artemisia Gentileschi                            </span>
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        La pregunta &ldquo;&iquest;debemos dejar de imprimir y leer las grandes obras de la literatura o eliminar las obras maestras de la pintura de las salas de los museos?&rdquo; lleva la respuesta impl&iacute;cita: qui&eacute;n querr&iacute;a privarse del placer o del conocimiento que esas obras pueden aportarle, negar quienes somos y de d&oacute;nde venimos. Personalmente, no puedo evitar estremecerme delante de la obra de Picasso o mientras leo a Josep Pla, pero s&eacute; que el abuso y la misoginia dirig&iacute;an la manera en que ambos autores se relacionaban con el mundo en general y con nosotras en particular. El contexto es importante. &iquest;Qu&eacute; hacemos, chicas y chicos? Contextualizar a Hughes, a Miller, a Foster Wallace, y decidir si nos acercamos a su obra y c&oacute;mo lo hacemos.
    </p><p class="article-text">
        Llegadas a este punto y repasando el listado de autores difuntos aqu&iacute; expuesto, permitidme decir que pienso que el debate es otro: aquellos de los que tendr&iacute;amos que estar hablando son los autores que est&aacute;n vivos y agreden, nuestros contempor&aacute;neos. &iquest;Qu&eacute; hacemos con ellos si sabemos, por ejemplo, que han golpeado brutalmente a su pareja y que est&aacute;n coronados con una orden de alejamiento? &iquest;Qu&eacute; hacemos si sabemos que ese hombre cuyas canciones nos desvivimos al cantar, abusa del poder que le da la edad, el g&eacute;nero y el escenario, y suele mandar a un chat de whatsapp del que m&aacute;s hombres forman parte fotos de las fans con las que se acuesta, desnudas, tomadas mientras estas duermen? &ldquo;Dejemos de proteger agresores&rdquo;, escuch&eacute; un d&iacute;a en la voz de una editora que admiro. &ldquo;Tu silencio no te proteger&aacute;&rdquo; nos dijo Audre Lorde. &iquest;Sab&iacute;ais que David Foster Wallace trat&oacute; de empujar a su pareja, la tambi&eacute;n escritora Mary Karr desde un coche en marcha, que la pate&oacute;, que trep&oacute; por el balc&oacute;n de su casa dos veces, que segu&iacute;a a su hijo de 5 a&ntilde;os, que esta tuvo que cambiar de n&uacute;mero dos veces y que a&uacute;n as&iacute; &eacute;l continu&oacute; acos&aacute;ndola?
    </p><p class="article-text">
        Quien dise&ntilde;&oacute; el meme del que hablaba al inicio de este texto eligi&oacute; la Judith de Artemisia. No eligi&oacute; la de Caravaggio ni la de Goya. El grado de violencia que la pintura contiene debi&oacute; convertirla en favorita. Tambi&eacute;n, por supuesto, el hecho de que quien pintaba la escena fuera una mujer: la carga emocional que una pintora que trascendi&oacute; no por su brillante obra sino por ser-hija-de-y-violada-por supo depositar en las dos mujeres que llevan a cabo la acci&oacute;n, coloca esta pintura en la cima de la pir&aacute;mide de las representaciones de esta acci&oacute;n violenta. Tambi&eacute;n esto nos deber&iacute;a hacer reflexionar: las mujeres autoras son antes mujeres (gordas, bajas, bellas, viejas, demasiado j&oacute;venes -a ojos de ellos y de su deseo-) que autoras, y cuando consiguen trascender, es su vida privada la que se impone. Si han sufrido una desgracia, mejor: Artemisia fue violada y generalmente, los estudiosos dedican el grueso de su an&aacute;lisis al hecho de que la autora dedicara el resto de su vida a rebelarse contra ello. &iquest;Pero qu&eacute; sabremos, ignorantes de nosotras, de aquello que mov&iacute;a a Artemisia Gentileschi a pintar?
    </p><p class="article-text">
        Hablaba de nuestro contexto. No hace falta que nos expongamos a que nuestra acusaci&oacute;n se nos vuelva en contra, que ya sabemos que este sistema patriarcal todav&iacute;a necesita dar varias vueltas al sol para no depositar en nosotras la responsabilidad de las acciones atroces de ellos. Pero no olvidemos que no somos solo nosotras las que tenemos que tomar cartas en el asunto, que la otra mitad de la poblaci&oacute;n tambi&eacute;n deber&iacute;a ponerse a remar para que lleguemos lo antes posible a la orilla de la igualdad. No es necesario que se&aacute;is los h&eacute;roes suicidas que nombran, se posicionan y destruyen (qu&eacute; bueno ser&iacute;a que hicieseis eso, &iquest;eh?), no saqu&eacute;is la espada, ni agarr&eacute;is al mis&oacute;gino del cuello, no intent&eacute;is rebanarle la cabeza con una espada a ojos del mundo. Basta con que, si sab&eacute;is que un se&ntilde;or que canta o escribe ha propiciado una brutal paliza a su pareja, dej&eacute;is de programarlo en vuestros festivales, basta con que no sig&aacute;is protegi&eacute;ndole con argumentos rid&iacute;culos, porque hacerlo es hip&oacute;crita, es actuar desde la mala fe: quien realiza esta acci&oacute;n atroz una vez la realiza m&aacute;s veces. Y lo privado, lo personal, construye el mundo y es pol&iacute;tico.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paula Bonet]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/no-agarreis-misogino-cuello_129_8037082.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 17 Jun 2021 20:28:26 +0000]]></pubDate>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Esos que dicen querernos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/dicen-querernos_129_6258374.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e1ac1ddd-deb3-4c5c-a9c3-eb470a73415b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Esos que dicen querernos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Convivir con una sombra coarta la libertad, obliga a cambiar rutinas, a gastar dinero en seguridad, a dejar de hacer cosas que son necesarias. Su existencia me fuerza a cambiar mi vida hasta el punto de abandonar la ciudad en la que vivo</p></div><p class="article-text">
        Una gota de agua cae sobre una piedra y la acaricia. &iexcl;Plic! La humedece, y el color tierra poroso se llena de vetas anaranjadas y ros&aacute;ceas. La piedra se seca y vuelve al estado tosco. &iexcl;Plic! Otra gotita. El plano es ahora como un atardecer: el rosa, el naranja, los ocres crean franjas hermosas. &iexcl;Plic! &iexcl;Plic! &iexcl;Plic! La gota min&uacute;scula acaricia la piedra cada d&iacute;a y moldea la superficie lisa.&nbsp;&iexcl;Plic! &iexcl;Plic! &iexcl;Plic! &iexcl;Plic! &iexcl;Plic! &iexcl;Plic! &iexcl;Plic! Un surco. Y despu&eacute;s de un tiempo largo, la firmeza de su acto blando parte a la piedra en dos.
    </p><p class="article-text">
        Hace exactamente un a&ntilde;o y cuatro meses <a href="https://twitter.com/paulaboneti/status/1311586625684738049?s=20" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">que s&eacute; de la existencia de una sombra</a> que es como esa gotita. Insistente, trasl&uacute;cida, dura. Abrasiva como el viento. Como el c&uacute;mulo del centenar de caricias de los labios de los creyentes sobre el pie del ni&ntilde;o Jes&uacute;s la noche de Gloria. Beso. Pa&ntilde;uelo. Avanza la fila. Beso. Pa&ntilde;uelo. Avanza la fila. Beso. Pa&ntilde;uelo. Mi turno (ahora soy una ni&ntilde;a y he acompa&ntilde;ado a mi abuela a la iglesia). El sacerdote baja la esculturilla para que pueda besar los pies de la criatura santa. Veo que mi dios no tiene dedos. Beso a beso, llega la mutilaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        S&eacute; que la sombra puede aparecer en cualquier lugar, pero es tan endeble y tan joven, tan poca cosa, tan m&iacute;nima, que estoy segura de que no podr&aacute; hacerme nada. Les digo a mis familiares y amigos que no tienen de qu&eacute; preocuparse. Cuando aparece en mi lugar de trabajo, golpea el cristal y se queda all&iacute; plantada, le pido que se vaya. Tambi&eacute;n lo hago en librer&iacute;as, salas de teatro o salas de conciertos a las que acude porque sabe que va a encontrarme. La sombra ha estado sentada muchas veces en primera fila si he tenido que dar una charla. Al dirigirme al p&uacute;blico la esquivo y punto, no pasa nada.&nbsp;<em>Si se me acerca, le pedir&eacute; que se vaya.</em>&nbsp;Es incontinente con las palabras y le gusta jugar al escondite en las redes sociales. Se agazapa detr&aacute;s de otras sombras y me recuerda que me quiere, que juntas podr&iacute;amos hacer cosas magn&iacute;ficas, que tenemos mucho que darnos.
    </p><p class="article-text">
        La primera vez que la vi pens&eacute; que era un nuevo alumno que llegaba a clase antes de hora. Cuando supe que no era un estudiante, la puerta ya estaba cerrada con llave y &eacute;l aprovechaba la intimidad del taller para decirme que quer&iacute;a abrazarme. &ldquo;&iexcl;Solterona!&rdquo;, &ldquo;&iexcl;Inmadura!&rdquo;, &ldquo;&iexcl;Ped&oacute;fila!&rdquo; me grit&oacute; m&aacute;s tarde la sombra desde detr&aacute;s de la puerta de cristal que separa el taller de la calle.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Plic! Un email. &iexcl;Plic! &iexcl;Plic! Otro. &iexcl;Plic! Una visita al taller. &iexcl;Plic! &iexcl;Plic! Un comentario tosco en twitter. &iexcl;Plic! Mi charla. &iexcl;Plic! &iexcl;Plic! La presentaci&oacute;n del libro infantil de mi amiga. &iexcl;Plic! El concierto de mi novio. &iexcl;Plic! Palabras, insultos, golpes en la persiana. &iexcl;Plic! &iexcl;Plic! &iexcl;Plic! &iexcl;Plic! Plic! Una anguila de pl&aacute;stico cortada en trocitos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Como me cruce contigo voy a estrangularte y descuartizarte para complacer a todos los miserables vagabundos que habitan las calles de Barcelona. Ver&aacute;s qu&eacute; fest&iacute;n, dejar&eacute; los ojos para lo &uacute;ltimo y me guardar&eacute; los pezones en una fiambrera para mi propio disfrute. Por primera vez en tu vida le ser&aacute;s de alguna utilidad a alguien que no sea tu propio ego ni el de tus ac&oacute;litas lameculos. Si lo prefieres puedes suplicar clemencia a este acosador, violador, torturador y psic&oacute;pata; solamente ser&aacute;s violada hasta tener tu tercer aborto.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Convivir con una sombra coarta la libertad, obliga a cambiar rutinas, a gastar dinero en seguridad, a dejar de hacer cosas que son necesarias. La sombra que me persigue es m&iacute;nima, no forma parte de mi pasado, no vive en mi casa, no he tenido relaciones &iacute;ntimas con ella, no tenemos hijos la sombra y yo, pero su existencia me fuerza a cambiar mi vida hasta el punto de abandonar la ciudad en la que vivo. Pienso que hay muchas mujeres que s&iacute; que tienen v&iacute;nculo emocional con la sombra que les amarga vida y he de hacer un gran esfuerzo para comprender la magnitud del problema. He denunciado varias veces a la sombra gritona, he llegado a comisar&iacute;a con los emails impresos en papel y el listado de lugares en los que ha hecho aparici&oacute;n fantasmal, he llevado en sobres de pl&aacute;stico los objetos con los que me obsequia. Tengo fotos y v&iacute;deos en los que aparece, porque nunca se va de mi estudio hasta que llega la polic&iacute;a. S&eacute; que si ma&ntilde;ana quiere, volver&aacute; a besuquear la puerta de cristal que separa mi taller de la calle y nadie podr&aacute; llev&aacute;rsela.
    </p><p class="article-text">
        Escribo con la templanza de hablar desde el privilegio: hice p&uacute;blico el acoso y la ayuda lleg&oacute; de inmediato, pero pienso en todas esas mujeres que llevan a&ntilde;os con la gotita encima y no pueden hacer nada. &iexcl;Plic! Pienso en las que cuando salen de casa tienen que sonre&iacute;r porque su sombra es cari&ntilde;osa y amable si est&aacute;n en la calle. Pienso en todas esas mujeres que saben que si hablan de lo que sucede en su intimidad las van a llamar locas o exageradas y prefieren no hacerlo porque si la sombra se entera, los gritos en casa ser&aacute;n m&aacute;s estridentes y los golpes en puertas y paredes, m&aacute;s fuertes. Pienso en la urgencia que tenemos de modificar este sistema patriarcal que normaliza actitudes atroces y no facilita que la ayuda llegue a tiempo cuando una v&iacute;ctima llama al 112.
    </p><p class="article-text">
        Ariadna, &iexcl;Plic!, Ana, &iexcl;Plic! &iexcl;Plic! J&uacute;lia, Carmen, &iexcl;Plic!, Violeta, Lara, cuando me dec&iacute;s que hay una sombra que os tira del pelo, que vuestras peque&ntilde;as han dicho&nbsp;<em>pap&aacute;</em>&nbsp;y&nbsp;<em>pupa</em>&nbsp;en una de sus primeras frases, que guard&aacute;is una foto del culito inflamado de vuestra ni&ntilde;a con una marca roja exactamente igual a la forma de la mano de vuestra sombra, que no pod&eacute;is vestiros como quer&eacute;is, ni maquillaros, ni respirar, que hab&eacute;is perdido a vuestros amigos, creedme, se me encogen las tripas, porque s&eacute; que no ment&iacute;s y que el resto no os cree.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Sab&eacute;is que sucede entonces? Que la acumulaci&oacute;n rompe una superficie que cre&iacute;amos dura, y que llega el d&iacute;a en el que el &iexcl;plic! hace &iexcl;crack! y un sistema que como norma nos invisibiliza, nos elimina radicalmente. Algunos de nuestros nombres pasan a engrosar el listado de mujeres muertas en manos de sus agresores y la comunidad vuelve a ponerse las manos en la cabeza pregunt&aacute;ndose con una ingenuidad que es un insulto c&oacute;mo ha podido suceder tal barbaridad. Esos que dec&iacute;an querernos nos partieron en dos como a la piedra m&aacute;s dura. Estrangul&aacute;ndonos, cort&aacute;ndonos en trocitos y quemando nuestros cuerpos en una barbacoa, arrojando nuestros cad&aacute;veres a un contenedor o al fondo de un pantano. Muchos de ellos ten&iacute;an varias denuncias puestas, algunos ninguna.
    </p><p class="article-text">
        Treinta y cinco mujeres han sido asesinadas por sus parejas o exparejas en lo que llevamos de a&ntilde;o en nuestro pa&iacute;s. Recordemos que las muertas en manos de agresores con los que no ten&iacute;an un v&iacute;nculo sentimental no computan. Pero las exageradas, las intensas, las que pierden la cabeza y son engullidas por la histeria somos nosotras. Despu&eacute;s de cada nueva mujer muerta, la vida sigue como antes. Y aqu&iacute; no ha pasado nada.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paula Bonet]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/dicen-querernos_129_6258374.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 30 Sep 2020 20:43:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Esos que dicen querernos]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nuestro silencio no os protegerá]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/silencio-protegera_129_1394658.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e298fada-9c9a-4b8d-b817-0378abbc099a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Nuestro silencio no os protegerá"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Las conductas comunes de otras épocas son muy inadecuadas a día de hoy", afirma Plácido Domingo</p><p class="subtitle">Lo único que consiguen estas palabras es empujar tímidamente una compuerta que lleva mucho tiempo cerrada reteniendo toneladas de mierda</p></div><p class="article-text">
        A las mujeres ya no nos interesa permanecer <em>calladitas </em>porque nos da igual estar menos guapas. Podemos acostumbrarnos a vivir con unas cuantas moscas en la boca: sabemos que lo realmente peligroso es mantenerla cerrada. <em>Tu silencio no te proteger&aacute;</em>, nos recuerda la poeta Audre Lorde.
    </p><p class="article-text">
        Aplicamos sus ense&ntilde;anzas a rajatabla.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n desarrollamos una habilidad dactilar ignorada hasta el momento y seguimos deshaciendo los nudos de esa mara&ntilde;a negra, abultada, apestosa y compleja que ha sido hasta hace poco nuestra existencia. A cada nudo deshecho, un grito de victoria. A cada nudo menos, un llanto de agon&iacute;a. Cada peque&ntilde;o paso que damos viene acompa&ntilde;ado de un poco m&aacute;s de amargura que tragamos sin respirar y que corre garganta abajo y se nos queda dentro para recordarnos eso de la inercia, eso de que no podemos dejar que se imponga, porque lo que estamos tardando a&ntilde;os en conseguir puede desaparecer de un manotazo.
    </p><p class="article-text">
        De un manotazo disfrazado de caricia nos han magreado el culo, las tetas y las piernas. Con una lengua acostumbrada a la verborrea, a habitar el mundo con la comodidad y ligereza con la que muchos se espatarran en el metro, nos han chupado la cara y el culo aunque nosotras no quisi&eacute;ramos. Y despu&eacute;s, con el olor de nuestros co&ntilde;os en el aliento, la boca que se pegaba a nuestro cuello y susurraba palabras que no quer&iacute;amos escuchar (<em>&iexcl;Oh, s&iacute;, cari&ntilde;o, s&iacute;!</em>) ha gritado mierdas mayores. Podr&iacute;an haberlas disfrazado con argumentos de autoridad sacados de la chistera del patriarcado, pero solo con quitar importancia a nuestra palabra han evitado que nuestras lenguas (algunas oliendo tambi&eacute;n a co&ntilde;o) se sumaran al trabajo y al placer de nombrar y construir el mundo.
    </p><p class="article-text">
        Este martes el nombre de Pl&aacute;cido Domingo estuvo en muchas bocas porque al parecer tambi&eacute;n &eacute;l us&oacute; su g&eacute;nero y su prestigio para abusar de algunas mujeres.&nbsp;Resulta que despu&eacute;s de echar un polvo el tenor canta mejor y, claro, nosotras queremos hacer eso posible porque es de sobra conocido que ninguna puede vivir sin su maravilloso chorro &ndash;de voz&ndash;.
    </p><p class="article-text">
        Cada vez es m&aacute;s doloroso comprobar que el problema al que nos enfrentamos es estructural y que los comportamientos inadecuados que se van destapando no son casos aislados. Muchos hombres se han coronado como due&ntilde;os absolutos del mundo y ha sido el propio contexto el que los ha aplaudido y protegido incluso cuando nos han violado o acosado. La hostilidad contra nosotras forma parte de cada movimiento del patriarcado y las agredidas se han visto obligadas a vivir con verg&uuml;enza y con secretos que no les pertenec&iacute;an. La mala acci&oacute;n que celosamente guardaban no les era propia.
    </p><p class="article-text">
        Leo en el Huffingtonpost:<em> &ldquo;Cuando terminamos se puso de pie y meti&oacute; la mano en mi falda&rdquo; (Cantante 3). </em>Nos sabemos bien la historia.
    </p><p class="article-text">
        Es maravilloso &ndash;y muy doloroso&ndash; saber que estamos entendiendo que nuestro silencio no nos protege a nosotras sino a ellos. &ldquo;Las conductas comunes de otras &eacute;pocas son muy inadecuadas a d&iacute;a de hoy&rdquo;, afirma Pl&aacute;cido Domingo. Lo &uacute;nico que consiguen estas palabras es empujar t&iacute;midamente una compuerta que lleva mucho tiempo cerrada reteniendo toneladas de mierda y todo apunta a que, si seguimos abriendo las bocas, si continuamos permitiendo que entren las moscas, si nos levantamos en masa y gritamos los nombres que hemos de gritar, haremos chirriar la bisagra y el esti&eacute;rcol putrefacto caer&aacute; con fuerza.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paula Bonet]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/silencio-protegera_129_1394658.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 14 Aug 2019 19:05:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Nuestro silencio no os protegerá]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Plácido Domingo,Abusos sexuales,Acoso]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pelos en el coño]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/monte-negro_129_1425665.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/941007f4-3f03-4605-95ef-200946b80b93_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Foto: Noemi Elías"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No supe mandar a aquel señor a la mierda y empecé a "arreglarme el coño". Empecé a estar también más atenta a los sobacos y a las piernas</p><p class="subtitle">Una amiga me contó que estaba follando con su novio y al pavo se le bajó todo cuando levantó un brazo y él le vio los pelos del sobaco</p></div><p class="article-text">
        <em>Convertirnos en la persona que otro ha imaginado por nosotros no es libertad, es hipotecar la vida por el miedo ajeno </em>
    </p><p class="article-text">
        Deborah Levy
    </p><p class="article-text">
        <em>Mira, t&uacute; levantas la pierna y pones el dedo &iacute;ndice en el centro. Con el otro separas el labio mayor. Con el dedo ah&iacute; puedes pasar la cuchilla sin ning&uacute;n miedo a hacerte da&ntilde;o. Puedes poner un poco de suavizante para el pelo y resbalar&aacute; mejor. Queda genial. Suav&iacute;simo. A los t&iacute;os les flipa.</em> Y Ana se baja los pantalones y me ense&ntilde;a su co&ntilde;o reci&eacute;n rasurado mientras yo apuro la lata de cerveza. Hoy salimos y quiz&aacute;s conozca a alguien, Ana quiere impresionarlo con su co&ntilde;o suave. Le pido que me repita la maniobra. Yo no paso de depilarme las ingles con pinzas los d&iacute;as que s&eacute; que voy a ir a la playa. Sudo en el peque&ntilde;o lavabo mientras realizo el descuaje. Despu&eacute;s recorto un poco con las tijeras de bordar de mi madre. Pero no podo siempre porque me encanta mi selva negra. Me encanta hundir los dedos en lo mullido de mi vello p&uacute;bico. Escucho a Ana por segunda vez y no s&eacute; si ser&eacute; capaz de hacerlo. Pienso en la Huppert cuchilla en mano automutil&aacute;ndose en la ba&ntilde;era. Seguro que si hago lo del dedo y la cuchilla acabo como la pianista y lo pongo todo perdido de sangre. A lo mejor resbalo y me golpeo la cabeza. Un corte en el co&ntilde;o debe doler mucho. 
    </p><p class="article-text">
        Bajamos al Electropura. Me encuentro con un amigo de una amiga y al final de la noche acabamos en mi casa. Despu&eacute;s de todo el magreo en el bar y de los lametazos en cara y tetas, el colega me baja la falda. <em>Joder, Bonet, pensaba que lo llevar&iacute;as m&aacute;s arregladito.</em> Joder- Bonet- Arregladito. S&iacute;, hab&eacute;is le&iacute;do bien: <em>Pensaba que lo llevar&iacute;as m&aacute;s arregladito.</em> No supe mandar a aquel se&ntilde;or a la mierda y empec&eacute; a &ldquo;arreglarme el co&ntilde;o&rdquo;. Empec&eacute; a estar tambi&eacute;n m&aacute;s atenta a los sobacos y a las piernas. A mis casi treinta la broma <em>Es que soy de Bellas Artes</em> mientras levantaba un brazo empez&oacute; a perder la gracia. 
    </p><p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as pregunt&eacute; en un stories de Instagram sobre el tiempo perdido en encajar en esa odiosa mirada masculina (el adjetivo molest&oacute; a algunos hombres que a&uacute;n no comprenden que esto no va contra ellos sino contra el sistema. Bueno, contra los que no se revisan y van de feministas, s&iacute;. Contra esos va fuerte) que nos excluye de lo m&aacute;s importante: de mirar. De ser sujeto de la mirada y, por tanto, tambi&eacute;n del deseo. 
    </p><p class="article-text">
        Avalancha de respuestas y terror:
    </p><p class="article-text">
        <em>Cu&aacute;nto tiempo perdimos de conocernos a nosotras por complacer a otro. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Media vida. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Much&iacute;sima&hellip;lo peor es que me vuelvo inconsciente cuando lo hago&hellip;y ya luego es tarde. Sigo gastanto esa energ&iacute;a, todo el d&iacute;a con el miedo a ser abandonada. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Uff, al grado de no aceptar lo que ve&iacute;a en el espejo, por creerme invisible a la mirada masculina. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Una parte de mi ser, preciosa y &uacute;nica, que nunca volver&aacute;. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Sentir que si com&iacute;a no tendr&iacute;amos sexo, peso 59kg y mido 1,65m, tard&oacute; 4 meses en disculparse. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Mi juventud.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Por no querer estar sola me perd&iacute; a m&iacute; misma.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Me internaron por una disfunci&oacute;n en la ves&iacute;cula biliar, pesaba 41kg 15.4 IMC.</em>
    </p><p class="article-text">
        Como dice Deborah Levy, si bien nos hemos sentido culpables por todo casi todo el tiempo, no est&aacute;bamos seguras de qu&eacute; hab&iacute;amos hecho mal. Parece que empezamos a saber que no es normal que tu mayor deseo sea que tus padres te regalen una liposucci&oacute;n en tu dieciocho cumplea&ntilde;os. O que a los veinticinco necesites con urgencia unas tetas m&aacute;s grandes.
    </p><p class="article-text">
        <em>Piel desollada por la depilaci&oacute;n, odio hacia m&iacute;. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Me depil&eacute; con l&aacute;ser axilas y pubis, me arrepiento profundamente, echo de menos mis pelos.</em>
    </p><p class="article-text">
        Una amiga me cont&oacute; que estaba follando con su novio y al pavo se le baj&oacute; todo cuando levant&oacute; un brazo y &eacute;l le vio los pelos del sobaco. Hubo tantas broncas por aquello que ella tambi&eacute;n pas&oacute; por la camilla de churrasquear sobacos, piernas y co&ntilde;os. <em>No soy solo yo, todos mis amigos piensan lo mismo, pasan de follar con t&iacute;as con pelos</em>, argumentaba el huev&oacute;n. Pobres, ellos, que ven nuestros co&ntilde;os como si fueran un plato de sopa del restaurante de la esquina y lo debaten en su chat de se&ntilde;oros feministas modernos.
    </p><p class="article-text">
        Ellos se lo pierden.
    </p><p class="article-text">
        Vuelvo al stories de Instagram:
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;La odiosa mirada masculina&rdquo; ataca a todos los hombres. &iquest;Qu&eacute; hemos hecho los XY para ser odiosos? Soy chico, puedo hablar o no estoy habilitado?</em>
    </p><p class="article-text">
        No, querido, no est&aacute;s habilitado. Tu punto de vista ya nos lo sabemos. El encanto dulce y atractivo y la obediencia ciega y d&oacute;cil ya no nos interesan. Estamos hartas de que la nuestra sea la historia del silencio as&iacute; que agradeceremos que cierres la boca un ratito y nos escuches. <em>Convertirnos en la persona que otro ha imaginado por nosotros no es libertad, es hipotecar la vida por el miedo ajeno.</em> Muchas de nosotras ya no tienen pelos en el co&ntilde;o, pero miedo tampoco. El miedo nos lo hemos churrasqueado a conciencia, echando litros de l&iacute;quido de encendido para carb&oacute;n bailando como perras mientras nos abraz&aacute;bamos y nos celebr&aacute;bamos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paula Bonet]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/monte-negro_129_1425665.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 22 Jul 2019 16:37:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Pelos en el coño]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Machismo,Heteropatriarcado]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cambiar la mirada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/cambiar-mirada_129_1567535.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b72930bb-9e50-4093-9346-2da0e10b818a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cambiar la mirada"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nosotras somos la alteridad, el objeto que sólo ha de pensar para poder parecerse al de la valla publicitaria, al de la revista, al del porno no hirsuto dirigido por hombres</p></div><p class="article-text">
        La erizada y gruesa piel del brazo.
    </p><p class="article-text">
        Llena de pelos. La piel fina de las ingles.
    </p><p class="article-text">
        El roce de la goma de las bragas: la piel roja.
    </p><p class="article-text">
        El pubis negro, oscuro, poblado, una selva negra tupida en la que hundir los dedos.
    </p><p class="article-text">
        La piel seca de las piernas.
    </p><p class="article-text">
        Las rodillas y los codos.
    </p><p class="article-text">
        Los codos rugosos y oscuros.
    </p><p class="article-text">
        Los codos rugosos y oscuros llenos de costras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una mujer est&aacute; desnuda delante de un espejo. Se mira de reojo. O no se mira. Es incapaz de desnudarse ante s&iacute; misma con la &uacute;nica intenci&oacute;n de desnudarse ante s&iacute; misma. Incapaz de enfrentarse a su reflejo sin haberse puesto antes unas bragas y una camiseta. Es una mujer cualquiera que habita un contexto que le dice claramente cu&aacute;l es el lugar que ocupa. <em>Si amas tu prisi&oacute;n te sentir&aacute;s realizada en la vida&nbsp;</em><strong>[1]</strong>. Una mujer que sabe perfectamente c&oacute;mo funciona el deseo masculino porque ha le&iacute;do sobre &eacute;l y &nbsp;lo ha visto en pel&iacute;culas, pero que no sabe absolutamente nada sobre el deseo del g&eacute;nero al que pertenece. Puta. As&iacute; es c&oacute;mo este contexto vuelve a colocarnos en nuestro sitio. Nosotras somos la alteridad, el objeto que s&oacute;lo ha de pensar para poder parecerse al de la valla publicitaria, al de la revista, al del porno no hirsuto dirigido por hombres: <em>marchitar&aacute; la rosa el viento helado&nbsp;</em><strong>[2]</strong>. Nuestra piel. Suave en los brazos. En las ingles. En el pubis. En las rodillas y en los codos. <em>Coged de vuestra alegre primavera el dulce fruto antes que el viento airado cubra de nieve la hermosa cumbre. </em>Nuestra piel siempre joven para ellos.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        La italiana Dacia Maraini habla de c&oacute;mo nuestros cuerpos, derechos y maternidades, son el campo de batalla donde el patriarcado despliega toda su artiller&iacute;a. Adrienne Rich habla del cuerpo de la mujer como algo impuro y corrupto que amenaza a la masculinidad: algo que desea y es diab&oacute;lico y sangra y se corre. Y lo enfrenta al cuerpo del &uacute;nico otro tipo de mujer que el patriarcado concibe: el de la pura, asexuada y sagrada. El de la virgen. Nos enfrenta a nosotras mismas, nos manipula, nos llena de frustraciones, nos somete. Y no nos permite mirar con gusto nuestro propio reflejo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Imaginad ahora ese paso del tiempo unido a las huellas que deja la gestaci&oacute;n y el parto. Aquello con lo que era tan dif&iacute;cil convivir -el cuerpo- deja de ser &uacute;nicamente el propio. <em>La maternidad, tal y como est&aacute; concebida por el patriarcado, no es m&aacute;s condici&oacute;n humana de lo que lo son la violencia carnal, la prostituci&oacute;n y la esclavitud</em>, dice Adrienne Rich. &iquest;Qu&eacute; sucede cuando tu cuerpo no te pertenece? Las caderas se ensanchan, los pechos se endurecen, los muslos se inflan y bailan. Las n&aacute;useas. Los mareos. El v&oacute;mito. El cuerpo de una que es el lugar de otra. De la extra&ntilde;a. De los pocos mil&iacute;metros de una vida ajena que deciden sobre la propia. Cuando tu cuerpo no te pertenece todav&iacute;a es m&aacute;s dif&iacute;cil abrazarlo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay que cambiar la mirada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Eso es lo que hace Montse M&aacute;rmol. Se observa, atrapa las formas, y nos cuenta su historia. Y con su historia narra la de tantas otras. Sus im&aacute;genes contienen su experiencia hasta el final: es la &uacute;nica manera de <em>no contribuir a oscurecer la realidad de las mujeres, el &uacute;nico modo de apartarse del lado de la dominaci&oacute;n masculina del mundo&nbsp;</em><strong>[3]</strong>. Contemplad la obra de M&agrave;rmol. Volcad vuestra mirada en el despliegue de maternidades que registra con su mirada cambiada, un cat&aacute;logo de cuerpos que durante siglos han sido lugares llenos de violencias y que ella rescata gloriosos, exuberantes, rebosantes de deseo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La historia la cuentan los vencedores y las mujeres a&uacute;n no han aprendido a contar la suya, nos dice Maraini. <em>Pero antes o despu&eacute;s lo conseguir&aacute;n </em>-en eso est&aacute; Montse M&aacute;rmol<em>- y eso las har&aacute; sentirse orgullosas de su propio sexo.</em>
    </p><p class="article-text">
        [1] Dacia Maraini
    </p><p class="article-text">
        [2] Garcilaso de la Vega
    </p><p class="article-text">
        [3] Annie Ernaux
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paula Bonet]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/cambiar-mirada_129_1567535.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 02 May 2019 19:16:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cambiar la mirada]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Que levante la mano quien haya sido violada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/levante-mano-violada_129_1676478.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d2ee8d85-50c6-4796-bd3e-014b67a21c30_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Que levante la mano quien haya sido violada"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Habitamos un sistema que nos invisibiliza, nos manipula, nos mata, que nos quiere mudas. Mientras estuvimos con la boca cerrada quisimos entender y nos cargamos de argumentos. Ahora la abrimos y disparamos con la precisión de un rifle Mile Marker.</p></div><p class="article-text">
        <em>Qu&eacute; piernas m&aacute;s largas. Qu&eacute; guapa, &iquest;no? Qu&eacute; celosos se pusieron mis amigos cuando supe que iba a entrevistarte. </em>El g&eacute;nero y el f&iacute;sico son nuestra carta de presentaci&oacute;n. Y eso, queridas y queridos, es una gran putada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El escenario: Madrid, a&ntilde;o 2015, una sala amplia de un espacio cultural de referencia con m&aacute;s de trescientas personas que asisten a un acto en el que se va a hablar de pintura, de ilustraci&oacute;n, de modos de hacer. En la tarima, dos hombres autores, un moderador tambi&eacute;n hombre y una autora. El moderador acaba de abrir la boca y se ha dirigido a la mujer. Ha soltado la burrada esa de las piernas y los celos y lo que acontece despu&eacute;s nada tiene que ver con lo que se espera. Aquella mujer de las piernas era yo y fue entonces cuando entend&iacute; por fin que cualquier esfuerzo para que se me respetara como autora iba a ser insuficiente.
    </p><p class="article-text">
        Plasencia, 2019. Entrevista con p&uacute;blico. Contesto a la pregunta sobre mi despertar feminista y empieza la charla. Cuento tambi&eacute;n que hace menos de un mes, en Cartagena de Indias, en un festival literario donde las voces femeninas eran cabeza de cartel, viv&iacute; una situaci&oacute;n id&eacute;ntica a la de 2015 <a href="https://www.eldiario.es/zonacritica/enterrar-escritor-macho_6_865873427.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">al igual que la escritora Luna Miguel</a>: <em>Buenos d&iacute;as se&ntilde;or Queco, gracias por sus maravillosas ilustraciones. Hola se&ntilde;or Jos&eacute;, qu&eacute; buen trabajo. Se&ntilde;orita Paula, qu&eacute; bella es usted!</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Mi pregunta es la siguiente (...) </em>pero que lo grave no fue aquello, sino el hecho de que cuando durante la charla se puso sobre la mesa el asunto del g&eacute;nero mis compa&ntilde;eros hombres se deshicieran en evasivas.
    </p><p class="article-text">
        Habr&iacute;a aplaudido, me habr&iacute;a emocionado, los habr&iacute;a abrazado bien fuerte al acabar si ambos hubieran sido honestos y hubieran respondido que no hab&iacute;an pensado en el tema, que s&iacute;, que todos los personajes principales de sus obras eran hombres, que es cierto que las mujeres aparec&iacute;an en el momento en que el protagonista necesitaba que lo cuidaran o echar un polvo, que qu&eacute; interesante, que se hab&iacute;a abierto una grieta, que era un tema a abordar. Pero no. Mientras ellos hablaban como manantial que no cesa yendo y viniendo de qui&eacute;n sabe d&oacute;nde y hacia qu&eacute; lugar, en mi cabeza resonaba Rebeca Solnit. Los escuchaba mientras en sus caras brillaba <em>esa mirada petulante que tan bien reconozco en los hombres cuando pontifican, con los ojos fijos en el lejano y desva&iacute;do horizonte de su propia autoridad</em>.
    </p><p class="article-text">
        En su no respuesta uno de ellos habl&oacute; sobre la violencia en Colombia. El otro acab&oacute; explicando detalladamente c&oacute;mo son los monstruos que dibuja y lo dif&iacute;cil que es enfrentarse a tantos dragones.
    </p><p class="article-text">
        Ayer en Plasencia, en la maravillosa Aula de Literatura que organiza el Ayuntamiento de la ciudad, despu&eacute;s de una charla con un p&uacute;blico dialogante lleno de hombres, despu&eacute;s de hablar de Silvia Federici, de la Bombal, de la relaci&oacute;n de Manuela Ballester con Josep Renau, o de la de Ted Hughes con Sylvia Plath, de entender c&oacute;mo el patriarcado activa r&aacute;pidamente mecanismos para desprestigiar el trabajo intelectual de las mujeres o de c&oacute;mo al sistema le interesa continuar devaluando los cuidados para tener mano de obra gratis y poder mantenerse, volvi&oacute; a suceder. Un se&ntilde;or heterosexual blanco de unos cincuenta a&ntilde;os afirm&oacute; que &eacute;l no tiene privilegios y que, si por una de aquellas los tuviera, no hab&iacute;a hecho uso de ellos. Dec&iacute;a que somos unas exageradas, que en Espa&ntilde;a estamos muy bien. Que no generalicemos.
    </p><p class="article-text">
        Lean al boxeador transexual Thomas Page McBee hablar sobre masculinidades: incluso &eacute;l, que tuvo un cuerpo de mujer y sabe de lo que hablamos, se ha aprovechado inconscientemente de los privilegios que se le conceden por el simple hecho de habitar un cuerpo masculino. El se&ntilde;or de Plasencia segu&iacute;a a lo suyo. Le coment&eacute; que me estaba haciendo un mansplaining en toda regla, que su &uacute;nico objetivo era deslegitimar mis dos horas de charla. Intentaba verbalizar c&oacute;mo de peligroso es para nosotras este contexto plagado de opiniones como la suya. Le intent&eacute; decir que &ndash;le robo las palabras a Silvia Federici&ndash;&nbsp;los sistemas de explotaci&oacute;n, siempre androc&eacute;ntricos, han intentado disciplinar el cuerpo femenino y apropiarse de &eacute;l, que nuestro cuerpo ha sido el objetivo principal para el desarrollo de t&eacute;cnicas y relaciones de poder. <em>Bueno, vale, quiz&aacute;s otros hombres s&iacute;, pero yo no</em>.
    </p><p class="article-text">
        Hay algo que siempre quiero hacer y que nunca hago por respeto a las mujeres del p&uacute;blico, pero s&eacute; que si pidiera que levantaran la mano aquellas que han sido violadas nos quedar&iacute;a un mar de brazos hermoso y terror&iacute;fico. <em>La invisibilidad social de la experiencia de las mujeres no es un &ldquo;fracaso de la comunicaci&oacute;n humana&rdquo;. Se trata de un sesgo tramado a nivel social que ha persistido mucho despu&eacute;s de que la informaci&oacute;n acerca de la experiencia femenina est&eacute; disponible. </em>No es un fracaso, es mala fe, nos dice la escritora francesa Annie Ernaux. Tambi&eacute;n nos habla de la necesidad de nombrar aunque nuestro relato provoque irritaci&oacute;n o repulsi&oacute;n. Nos alienta a no contribuir a oscurecer la realidad de las mujeres, a no ponernos <em>del lado de la dominaci&oacute;n masculina del mundo</em>. Lo dije. Sigui&oacute; con su discurso.
    </p><p class="article-text">
        Levant&eacute; el brazo y de mi boca sali&oacute; algo que nunca hab&iacute;a dicho en voz alta p&uacute;blicamente. &ldquo;Abusaron de m&iacute;&rdquo;. Silencio. &ldquo;En un aula. Y parte de esto lo hago para que los institutos y las universidades sean un lugar seguro, para que ninguna otra mujer viva lo mismo&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las mujeres del p&uacute;blico empezaron a levantar sus brazos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un mar de brazos bello y terror&iacute;fico. Un mar de brazos que eran uno solo.
    </p><p class="article-text">
        La sororidad se palpaba, nos abrazaba a todas, se convert&iacute;a en refugio.
    </p><p class="article-text">
        El silencio de &eacute;l dur&oacute; solo unos segundos, despu&eacute;s abri&oacute; la boca y continu&oacute; arremetiendo contra las de mi g&eacute;nero.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El problema al que hombres y mujeres nos enfrentamos no son estos se&ntilde;ores que hablan alto y atropelladamente porque tienen miedo de perder sus privilegios. El problema es mucho m&aacute;s complejo. Habitamos un sistema que nos invisibiliza, nos manipula, nos mata, que nos quiere mudas. Mientras estuvimos con la boca cerrada quisimos entender y nos cargamos de argumentos. Ahora la abrimos y disparamos con la precisi&oacute;n de un rifle Mile Marker. Nuestra piel nueva tiene una capa aceitosa, se ha vuelto impermeable y la mierda nos resbala y no penetra: todos los mansplainings del mundo juntos no podr&aacute;n devolvernos a la mudez porque estamos dispuestas a resignificarnos. A nosotras y a la lengua, a las palabras que nombran el mundo, porque el mundo se ha de decir, se ha de mirar y se ha de entender tambi&eacute;n en femenino.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paula Bonet]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/levante-mano-violada_129_1676478.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 25 Feb 2019 20:47:53 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sangre joven]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/sangre-joven_129_2096570.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/56f0d9a2-ec4b-4a3b-b7ef-197dca76219c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A los diecinueve o a los veintiuno muchas de nosotras fuimos portadoras de un letrero luminoso que alumbraba nuestra ingenuidad y nuestra capacidad de asombro, y, a ciegas, nos lanzamos a jugar a un juego desconocido</p><p class="subtitle">Mientras lo hacíamos, algunas –demasiadas- fuimos agredidas sexualmente porque hay señores que se saltan las reglas deliberadamente y, o bien nos forzaron, o bien supieron tejer una complicidad engañosa que hizo que nosotras solitas nos bajáramos las bragas las veces que tocase</p></div><p class="article-text">
        La actriz y directora italiana Asia Argento contaba hace pocos d&iacute;as en un duro discurso en Cannes que, en 1997, a sus veinti&uacute;n a&ntilde;os, hab&iacute;a sido violada. Harvey Weinstein abus&oacute; de ella justamente all&iacute;, en el lugar donde estaba recogiendo el premio a la mejor interpretaci&oacute;n femenina. Dec&iacute;a que en Cannes los violadores campan a sus anchas.&nbsp;
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        Hablaba de Cannes, pero podr&iacute;a haber estado hablando de un aula &lsquo;random&rsquo; en un instituto de Guadalajara. De la sala de reuniones de una empresa valenciana. De los pasillos de cualquier supermercado de Cuenca. O del despacho de un profesor de dibujo de cualquier universidad andaluza: todos los Harveys Weinsteins del mundo creen que pueden estar tranquilos porque el sistema est&aacute; hecho a su medida y saben que pueden coger lo que necesitan cuando les venga en gana. Aunque lo que necesiten sea aquello que la vida todav&iacute;a no ha dado a las chicas que empiezan a entender de qu&eacute; va todo esto. Ellos roban aun sabiendo que acabar&aacute;n jodiendo tambi&eacute;n metaf&oacute;ricamente a esas chicas y al modo que tendr&aacute;n de relacionarse con el mundo y con su sexualidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A los diecinueve o a los veintiuno muchas de nosotras fuimos portadoras de un letrero luminoso que alumbraba nuestra ingenuidad y nuestra capacidad de asombro, y, a ciegas, nos lanzamos a jugar a un juego desconocido. Mientras lo hac&iacute;amos, algunas &ndash;demasiadas- fuimos agredidas sexualmente porque hay se&ntilde;ores que se saltan las reglas deliberadamente y, o bien nos forzaron, o bien supieron tejer una complicidad enga&ntilde;osa que hizo que nosotras solitas nos baj&aacute;ramos las bragas las veces que tocase. Cuando esto sucede restamos importancia al asunto. Lo ocultamos porque nos avergonzamos y nos acabamos responsabilizado de la acci&oacute;n del otro. Tambi&eacute;n somos nosotras las que se revictimizan a pesar de lo doloroso que ha sido nombrarlo. Sabemos, como Asia Argento, que el abuso se asienta, entre otras cosas, en la complicidad de los que rodean al agresor.&nbsp;<em>Hoy se siguen sentando entre nosotros otros que han tenido un comportamiento indigno con las mujeres. Sab&eacute;is qui&eacute;nes sois. Y, lo m&aacute;s importante, nosotras lo sabemos, y no vamos a permitiros vivir en la impunidad</em>, dice en Cannes. Lo sabemos y empezamos a entender que es nuestra obligaci&oacute;n record&aacute;rselo porque quiz&aacute;s, deliberadamente, tampoco son conscientes de las atrocidades que este contexto hecho a su medida les permite llevar a cabo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cre&iacute;amos que &eacute;ramos due&ntilde;as de cada una de nuestras decisiones, que jug&aacute;bamos al mismo juego que aquel que decidi&oacute; vampirizarnos, y durante mucho tiempo, en este adormilamiento colectivo que nos mece, hemos seguido pensando que cuando lo hicimos actuamos con determinaci&oacute;n. Y una mierda: nos dejamos arrastrar por las decisiones de alguien que quiz&aacute;s nos doblaba la edad, que nos dec&iacute;a qu&eacute; era lo mejor para nosotras, que jugaba haciendo como que deslizaba su dedito por nuestro cuello, que alababa la paleta crom&aacute;tica de nuestro rostro, que cuestionaba nuestro lugar de trabajo en la empresa, que se empe&ntilde;aba en invitarnos a cenar o que repart&iacute;a sabidur&iacute;a mientras a&ntilde;ad&iacute;a fotocopias extras con poemas picantes al fajo de apuntes que nos entregaba en clase.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Alguien que act&uacute;a as&iacute; no deber&iacute;a estar dando clases en ninguna Universidad ni deber&iacute;a dirigir ninguna empresa. Alguien que sabe convertir su deseo en un acto consentido sin olvidar el poder que le da su cargo deber&iacute;a abandonar el sue&ntilde;o de ser un Humbert Humbert al que los lectores perdonan porque vive en la ficci&oacute;n de una maravillosa obra literaria.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paula Bonet]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/sangre-joven_129_2096570.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 28 May 2018 19:11:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sangre joven]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Feminismo,Violencia machista,Delitos sexuales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuerpo de embarazada sin embrión: historia de dos abortos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/cuerpo-embarazada-embrion-historia-abortos_1_2825896.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4c7b1f36-fcf6-479e-9b1a-120019e30d17_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Ilustración de Paula Bonet."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En la segunda revisión supimos que no había latido. Que el poco espacio que ocupaba aquel ratón que estaba gestando y al que ya le había escrito un cuento debía haber muerto un par de semanas antes</p><p class="subtitle">Ayunas, legrado, reposo, silencio y un cuerpo que se ensancha y vuelve a su sitio a una velocidad abrumadora. A la cabeza le cuesta más. La obsesión por la idea de volver a quedarme preñada me inmovilizó</p><p class="subtitle">Cuando supe que estaba embarazada de nuevo lo anulé todo. Me volví loca con la alimentación, con la limpieza del frigorífico y de la cocina, con las horas de sueño, con los posibles esfuerzos que no debía hacer</p></div><p class="article-text">
        Contemplo un &oacute;leo que parece trabajado s&oacute;lo en una peque&ntilde;a superficie en la parte superior-derecha de la tela. La luz ba&ntilde;a una figura arrodillada que se dirige al cielo mientras el resto de la escena est&aacute; invadida por la oscuridad. Analizando los matices de la zona en sombra me doy cuenta de que ese es el lugar en el que he vivido siempre, y que antes de intentar salir a la luz necesito entender qu&eacute; sucede en esas construcciones que las mujeres hemos levantado en las tinieblas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Somos m&aacute;s de la mitad de la poblaci&oacute;n pero nuestra representaci&oacute;n es irrisoria. Recibimos un trato desigual. Somos el objeto y no el sujeto, y adem&aacute;s somos sospechosas de cada uno de nuestros actos. Levantaremos sospechas incluso al denunciar una agresi&oacute;n sexual porque la cultura de la violaci&oacute;n est&aacute; tan arraigada que se ha invisibilizado y convivimos con ella en esas tinieblas que nos son tan familiares.
    </p><p class="article-text">
        Hace m&aacute;s de quince a&ntilde;os y durante mucho tiempo me cre&iacute; una privilegiada al sentir que formaba parte de un c&iacute;rculo art&iacute;stico formado mayoritariamente por hombres. Poetas y pintores mucho mayores que yo que cuando invitaban a autores de fuera de la ciudad a dar charlas no dudaban en llamarme para que asistiera a sus cenas o a tomar copas m&aacute;s tarde. Siempre me ped&iacute;an que fuera con mis amigas. En aquella &eacute;poca yo sent&iacute;a que formaba parte de algo importante, que iba a crecer intelectualmente a mayor velocidad, no sospechaba sobre lo obvio de mi piel tersa y mi f&aacute;cil capacidad de asombro.
    </p><p class="article-text">
        Como soy mujer se supone que hablo de cosas de mujeres, que dibujo para mujeres, y que mi p&uacute;blico, por l&oacute;gica, deber&iacute;a ser s&oacute;lo de mujeres. Pero apenas s&eacute; nada sobre mi g&eacute;nero, hace muy poco que he empezado a conocer esta amalgama de carne, piel, &oacute;rganos y tendones que me conforma (bien, sab&iacute;a de dietas, cremas, y referentes f&iacute;sicos imposibles a los que ten&iacute;a que parecerme). Se silencia todo aquello que afecta a nuestros cuerpos, que s&oacute;lo despiertan inter&eacute;s y tienen presencia p&uacute;blica mientras son j&oacute;venes y deseables. Conocer, por ejemplo, lo complejo de nuestros ciclos hormonales tambi&eacute;n es humano y universal. Saber c&oacute;mo funcionan aquellos &oacute;rganos que los hombres no tienen es necesario para entendernos.
    </p><p class="article-text">
        Hasta que no pens&eacute; en quedarme embarazada no supe que el &oacute;vulo que mi cuerpo desprende cada mes s&oacute;lo es f&eacute;rtil durante un tiempo vertiginosamente limitado. Deber&iacute;a haber necesitado acceder a esa informaci&oacute;n hace veinte a&ntilde;os. Habr&iacute;a ahorrado en disgustos y en condones.
    </p><p class="article-text">
        Todo lo que gira alrededor de nosotras o bien no importa o bien es un tab&uacute;: que el pensamiento humano se haya formado a trav&eacute;s de la experiencia masculina tiene como consecuencia directa una sociedad que cojea.
    </p><p class="article-text">
        Hace diez meses tuve un aborto espont&aacute;neo y apenas he podido hablar de ello a pesar de vivir en un entorno abierto, dialogante y comprensivo. En la segunda revisi&oacute;n supimos que no hab&iacute;a latido. Que el poco espacio que ocupaba aquel rat&oacute;n que estaba gestando y al que ya le hab&iacute;a escrito un cuento, comprado decenas de libros e imaginado mil veces tumbado a mi lado en la cama hab&iacute;a menguado y deb&iacute;a haber muerto un par de semanas antes.
    </p><p class="article-text">
        Ayunas, legrado, reposo, silencio y un cuerpo que se ensancha y vuelve a su sitio a una velocidad abrumadora. A la cabeza le cuesta m&aacute;s. La obsesi&oacute;n por la idea de volver a quedarme pre&ntilde;ada me inmoviliz&oacute;. Empec&eacute; a leer libros y art&iacute;culos sobre la maternidad tard&iacute;a. Casi todos escritos por mujeres que pasan de los cuarenta, que se sienten timadas por c&oacute;mo los acontecimientos han hecho que gestionaran sus tiempos y que luchan en mil batallas para conseguir ser madres. A m&iacute; todav&iacute;a me quedaban cuatro a&ntilde;os para alcanzar la cifra pero cuando las le&iacute;a sent&iacute;a que mi cuerpo era como el de ellas, que tambi&eacute;n mis &oacute;vulos eran pasas marchitas, que mis temores eran los mismos, que mi vida era la suya. Y mientras analizaba mis reglas y calculaba mis d&iacute;as f&eacute;rtiles, naci&oacute; mi segundo sobrino y se me muri&oacute; el &uacute;ltimo abuelo.
    </p><p class="article-text">
        <em>Diario. Marzo 2017. </em>Tardo m&aacute;s de lo habitual en reaccionar y siento como si tuviera que protegerme de todo encerrada en un cuerpo de embarazada que no contiene embri&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <em>Diario. Julio 2017. </em>Los veranos de mi infancia los pasaba aislada del mundo en la casita de campo de mis abuelos. Todo era amarillo y lento. Los d&iacute;as se alargaban y las noches eran h&uacute;medas a pesar del calor. Una ma&ntilde;ana de agosto mi madre lleg&oacute; toc&aacute;ndose la tripa y me dijo que en febrero tendr&iacute;a una hermana que no tard&oacute; en convertirse en la ni&ntilde;a de mis ojos. Eleg&iacute; el nombre del beb&eacute; y ese beb&eacute; est&aacute; a punto de parir a su segundo hijo.
    </p><p class="article-text">
        <em>Diario. Agosto 2017. </em>Ya no lloro cuando veo los vientres duros de mis amigas y hermana pre&ntilde;ada.
    </p><p class="article-text">
        <em>Diario. Diciembre 2017. </em>Viajo a Sevilla a hablar de <em>La sed</em>. La &uacute;ltima vez que cog&iacute; un avi&oacute;n con ese destino estaba embarazada y una m&iacute;nima turbulencia disparaba una alarma. Me hab&iacute;a convertido en una madre osa que solo quer&iacute;a velar por la protecci&oacute;n del rat&oacute;n milim&eacute;trico que estaba gestando en su &uacute;tero. Y vel&eacute;. Y tanto que vel&eacute;. El estado de alerta era aterrador. Las siestas largu&iacute;simas, la dieta estricta, el aguarr&aacute;s bien lejos. Pero al rat&oacute;n se le par&oacute; el coraz&oacute;n y se qued&oacute; all&iacute; dentro quieto, mudo. Como si no quisiera molestar. Estoy segura de que aquel rat&oacute;n era una ratona.
    </p><h3 class="article-text">Otro aborto</h3><p class="article-text">
        Hace tres meses volv&iacute; a quedarme embarazada. Esta vez s&iacute;. De nuevo su cara, fantasear con una infancia entre botes de pintura, libros, guitarras y teclados, pensar si se dejar&aacute; llevar por lo que nos apasiona o si le importar&aacute; una mierda saber qui&eacute;n fue Ligeti. El lunes pasado tuve otro aborto espont&aacute;neo. Y despu&eacute;s de las ayunas, el legrado y el reposo supe que lo que ten&iacute;a que ver con el silencio no ten&iacute;a por qu&eacute; ser una imposici&oacute;n, aquello depend&iacute;a de m&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        A las mujeres nos falta informaci&oacute;n y se nos se&ntilde;ala como culpables incluso en situaciones como esta. A lo largo del &uacute;ltimo a&ntilde;o he o&iacute;do demasiadas veces que seguramente lo deb&iacute; perder porque soy un culo inquieto, porque no paro, porque en un mes hab&iacute;a estado en Sevilla, Madrid, Londres y Barcelona inhalando aguarr&aacute;s, saliendo a cenar y caminando demasiado. Seguro que hab&iacute;a comido algo que no deb&iacute;a, que no hab&iacute;a descansado lo suficiente. Aquello me debi&oacute; pasar por ego&iacute;sta, por no pensar en mi hija.
    </p><p class="article-text">
        Cuando supe que estaba embarazada de nuevo lo anul&eacute; todo. Nunca hab&iacute;a dejado colgado a nadie y menos dos semanas antes de ning&uacute;n acto. Despu&eacute;s llegaron unas n&aacute;useas, mareos y v&oacute;mitos muy intensos que habr&iacute;an hecho que los anulara de todos modos, pero no quiero centrarme en esto sino en la decisi&oacute;n previa que me hizo tomar el contexto. Me volv&iacute; loca con la alimentaci&oacute;n, con la limpieza del frigor&iacute;fico y de la cocina, con las horas de sue&ntilde;o, con los posibles esfuerzos que no deb&iacute;a hacer, con la ventilaci&oacute;n de mi taller de grabado.
    </p><p class="article-text">
        Seguramente nada de esto ha provocado mi segunda p&eacute;rdida. Quiz&aacute;s el problema no est&aacute; en mi cuerpo. O s&iacute;. No lo s&eacute;, porque hasta que el lunes pasado hice&nbsp;<a href="https://www.instagram.com/p/Bd-7-JPnFUm/?hl=es&amp;taken-by=paulabonet" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un post en redes</a> intentando normalizar lo que me hab&iacute;a sucedido, intentando nombrarme y nombrarnos, no supe las dimensiones reales del asunto. No sab&iacute;a que a un porcentaje elevad&iacute;simo de mujeres les ha sucedido lo mismo que a m&iacute; por lo menos una vez en la vida, ni que muchas otras han tenido que pasar por cinco abortos antes de parir a su hijo debido al protocolo m&eacute;dico, tampoco sab&iacute;a lo com&uacute;n que es tener que parir un feto muerto de seis meses de gestaci&oacute;n (no puedo llegar a imaginar lo doloroso de la situaci&oacute;n y las consecuencias desgarradoras que la experiencia supone). Desde que hice p&uacute;blicas mis p&eacute;rdidas son muchos los profesionales de profesiones que desconoc&iacute;a los que me han brindado su ayuda.
    </p><p class="article-text">
        Mientras le&iacute;a obras escritas por hombres, mientras intentaba formar parte de grupos art&iacute;sticos de hombres, mientras contemplaba lienzos pintados por hombres y le&iacute;a libros de t&eacute;cnicas y procedimientos pict&oacute;ricos que se dirig&iacute;an a m&iacute; como un hombre-pintor me estaba olvidando de m&iacute; y de la mitad de la poblaci&oacute;n del planeta. Nosotras tambi&eacute;n hemos escrito, pintado y pensado, y nuestro trabajo tambi&eacute;n ha tenido como consecuencia avances cient&iacute;ficos de capital importancia. Las mujeres no somos un colectivo. Tambi&eacute;n somos seres humanos. Tambi&eacute;n tenemos voz. Tambi&eacute;n queremos contar el relato.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paula Bonet]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/cuerpo-embarazada-embrion-historia-abortos_1_2825896.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 24 Jan 2018 20:17:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuerpo de embarazada sin embrión: historia de dos abortos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Embarazo,Aborto,Salud sexual]]></media:keywords>
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