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    <title><![CDATA[elDiario.es - Jorge Sequera]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/jorge_sequera/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Jorge Sequera]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Los trasteros: la arqueología íntima de una ciudad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/madrid/somos/trasteros-arqueologia-intima-ciudad_129_13067875.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/878b3a4c-a52e-4e11-a338-5d0af54dc305_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los trasteros: la arqueología íntima de una ciudad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El auge de los trasteros, los lockers y los casilleros individuales ha dejado de ser una anécdota para convertirse en un síntoma. Habla de viviendas demasiado pequeñas, salarios insuficientes, alquileres imposibles y biografías interrumpidas</p><p class="subtitle">Madrid cambia las normas para construirse: más edificabilidad y aforos, pocos trámites y menor control</p></div><p class="article-text">
        Hay una ciudad que nunca aparece en los mapas. Una ciudad paralela, subterr&aacute;nea, hecha de peque&ntilde;os habit&aacute;culos numerados, puertas met&aacute;licas y pasillos sin ventanas. Est&aacute; justo debajo de la ciudad que vemos cada d&iacute;a. Y, sin embargo, rara vez pensamos en ella. 
    </p><p class="article-text">
        Peque&ntilde;os recintos privados, escondidos en s&oacute;tanos o en edificios enteros dedicados solo al almacenamiento, que han pasado de ser un anexo secundario de la vivienda a convertirse <a href="https://cincodias.elpais.com/mercados-financieros/2025-05-10/invertir-en-trasteros-tan-rentable-como-hacerlo-en-vivienda.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en un negocio inmobiliario de primer orden.</a> Pero los trasteros cuentan mucho m&aacute;s sobre nuestras ciudades de lo que parece: son archivos emocionales, habitaciones del tab&uacute;, refugios precarios&hellip; y tambi&eacute;n <a href="https://cadenaser.com/nacional/2026/02/16/se-alquila-almacenamiento-el-boom-del-alquiler-de-trasteros-en-la-era-del-minipiso-cadena-ser/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">s&iacute;ntomas de un modelo urbano que encoge las casas, expulsa a la gente y convierte todo en mercado</a>.
    </p><p class="article-text">
        En Estados Unidos, los garajes y trasteros han sido escenarios m&iacute;ticos: lugares donde adolescentes descubren extraterrestres<a href="https://elpais.com/elpais/2014/11/24/icon/1416831260_738423.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">, nerds inventan Apple o donde</a>, como en <a href="https://www.youtube.com/watch?v=22VmzX35pvM" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>American Beauty</em></a><a href="https://www.youtube.com/watch?v=22VmzX35pvM" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">, se desvelan secretos y pulsiones reprimidas</a> al margen de la vida dom&eacute;stica convencional. En la serie de culto <em>Breaking Bad</em>, sin ir m&aacute;s lejos, un profesor de qu&iacute;mica minusvalorado se convierte en fabricante de metanfetamina en un s&oacute;tano de New Jersey mientras guarda su fortuna en uno de esos trasteros de las afueras.
    </p><p class="article-text">
        Ese imaginario, el del s&oacute;tano tenebroso o el garaje reconvertido nos resulta familiar porque lo hemos visto miles de veces en la gran pantalla. Pero es profundamente ajeno a buena parte de las gentes de las ciudades del sur de Europa. En ciudades como Madrid o Barcelona, las primeras promociones de vivienda obrera, bloques densos de 60 o 70 metros cuadrados, ni siquiera contemplaban trasteros o aparcamientos<a href="https://oa.upm.es/40092/8/VIVIENDA_COLECTIVA_ESPACIO_PUBLICO_CIUDAD_03_173-242.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">. Se constru&iacute;an, sin embargo, con espacios comunes pensados para la sociabilidad, como soportales y peque&ntilde;os parques que la crisis</a> y la hero&iacute;na convirtieron en lugares deshabitados, inseguros, marcados por una juventud que viv&iacute;a la transici&oacute;n entre la ciudad fordista y la postfordista; entre la construcci&oacute;n moderna de nuestra particular suburbia y el <a href="https://elpais.com/diario/2007/10/02/madrid/1191324265_850215.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>descampao</em></a>. 
    </p><p class="article-text">
        Diez o quince a&ntilde;os despu&eacute;s<a href="https://www.soydemadrid.com/estilo-vida-reportaje/ya-pueden-construirse-trasteros-en-los-soportales-de-las-viviendas-31824.aspx" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">, muchos de esos espacios se clausuraban o se reconvert&iacute;an, improvisadamente en trasteros, en una mezcla del miedo y la inseguridad a esos espacios bald&iacute;os</a> y del crecimiento de las familias de los baby boomers y la llegada a la mayor&iacute;a de edad de las generaciones X y millennial. El trastero se convert&iacute;a as&iacute; en un s&iacute;mbolo de movilidad social. &ldquo;La casa tiene trastero&rdquo; empez&oacute; a funcionar como indicador de estatus, a la vez que los pisos y las habitaciones se reorganizaban para dejar espacio a nuevos modelos de consumo en expansi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Esos primeros trasteros funcionaban como archivo biogr&aacute;fico. All&iacute; fueron a parar televisores de tubo, fotos familiares, sillas heredadas, muebles de rupturas sentimentales y objetos de vidas flexibles marcadas por la precariedad, los alquileres breves y la incertidumbre laboral. Para muchos j&oacute;venes de los 90 y 2000s, el trastero fue literalmente una extensi&oacute;n de su existencia: un lugar al que volver, del que salir, donde almacenar lo que no cabe en el presente Pero tambi&eacute;n eran escenarios de otra ciudad oculta, suspendidos en el tiempo donde se desbocaban pasiones ocultas: <a href="https://elpais.com/economia/negocios/2024-08-17/la-otra-vida-ilegal-de-los-trasteros-que-enfada-a-los-vecinos-de-plantaciones-de-marihuana-a-clases-de-yoga.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">desde peque&ntilde;as carpinter&iacute;as</a> que los m&aacute;s ancianos recreaban en cuatro metros cuadrados, recordando a las casas de aperos de sus vidas pasadas en el campo, a los salones de bar furtivos que vecinos constru&iacute;an para tomar su Soberano antes de sacar al perro; a salas improvisadas de m&uacute;sica, futbol&iacute;n, PlayStation y <em>submarinos</em>. Encuentros clandestinos entre parejas que no ten&iacute;an otro refugio que un coche viejo o un s&oacute;tano prestado. Los trasteros son, en ese sentido, espacios intersticiales: lugares donde las normas se relajan y donde las pulsiones pueden desplegarse sin ser vistas.
    </p><p class="article-text">
        El cine y el psicoan&aacute;lisis han explorado bien esa dimensi&oacute;n. El documental <a href="https://www.filmaffinity.com/es/film774885.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>En el s&oacute;tano</em></a><a href="https://www.filmaffinity.com/es/film774885.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">, de Ulrich Seidl</a>, muestra el subsuelo moral de la vida austriaca, que se desarrolla entre fetiches, soledades, secretos y obsesiones en cada trastero, s&oacute;tano y garaje retratado. O en <a href="https://www.filmaffinity.com/es/film849476.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Manual de cine para pervertidos</em></a>, donde Slavoj &#381;i&#382;ek analiza acertadamente la casa de <em>Psicosis</em> como una estructura cl&aacute;sica freudiana : el Yo (Norman Bates) en la planta baja, el Superyo en el piso superior (la madre <em>viva</em>) y el Ello (no har&eacute; spoiler) en el s&oacute;tano. 
    </p><p class="article-text">
        A partir de los a&ntilde;os 2000, el fen&oacute;meno mut&oacute;. Los trasteros privados dieron paso a los trasteros en alquiler. El reality <a href="https://www.imdb.com/es-es/title/tt1785123/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Qui&eacute;n da m&aacute;s</em></a><a href="https://www.imdb.com/es-es/title/tt1785123/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> (</a><a href="https://www.imdb.com/es-es/title/tt1785123/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Storage Wars</em></a><a href="https://www.imdb.com/es-es/title/tt1785123/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">)</a> populariz&oacute; la idea del trastero como mercanc&iacute;a pop: espacios subastados tras meses de impago, con tesoros y reliquias que parec&iacute;an esconder historias personales convertidas en negocio. Y entonces lleg&oacute; la spanish versi&oacute;n del <em>self-storage</em>: <a href="https://www.rtve.es/play/videos/telediario-fin-de-semana/alquiler-trasteros-negocio-auge/7031969/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">edificios enteros dedicados exclusivamente al alquiler de trasteros</a>, gestionados por empresas como Bluespace. Lo parad&oacute;jico es que muchos de esos edificios se ubican en zonas centrales o del segundo anillo, donde los precios del alquiler expulsan a los vecinos. As&iacute;, <a href="https://www.youtube.com/watch?v=_g9Kx0iEmkU" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los trasteros pasaban a ser agentes activos</a> de unas ciudades elitizadas y gobernadas para funcionar como centrifugadoras de gente. Las viviendas peque&ntilde;as, las mudanzas constantes y las biograf&iacute;as laborales inestables han hecho que miles de personas <a href="https://www.idealista.com/news/finanzas/inversion/2025/12/11/876031-el-boom-silencioso-de-los-trasteros-por-que-atraen-tanto-los-self-storage-al-inversor" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">hayan convertido en protagonistas</a> a estos recintos para guardar lo que no cabe en su vida en movimiento. Los trasteros funcionan como soluci&oacute;n temporal y como s&iacute;mbolo de desposesi&oacute;n al mismo tiempo.
    </p><p class="article-text">
        El caso del CSOA La Alarma es ilustrativo y al mismo tiempo parad&oacute;jico, para aquellos que lo vivieran y tengan el recuerdo de otro Madrid posible; <a href="https://oa.upm.es/67773/2/TFG_Jun21_S%C3%A1ez_Esteban_Marina_2de2.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un espacio ocupado, con vida pol&iacute;tica y cultural, desalojado en 2007 y vendido para convertirse en un edificio de trasteros de Bluespace</a>. De centro social autogestionado a un almac&eacute;n de pertenencias: una met&aacute;fora contundente de la ciudad neoliberal. Y es que los trasteros avanzan, y salen del subsuelo, como los zombies, para erguirse en las calles, avanzando junto a la plataformizaci&oacute;n de nuestras vidas, ahora con forma de &ldquo;trasteros p&uacute;blicos&rdquo;, de micronichos de paqueter&iacute;a de &uacute;ltima milla, como los<a href="https://elmercantil.com/2025/05/29/vinted-despliega-en-madrid-sus-primeras-taquillas-y-puntos-de-conveniencia-de-la-peninsula/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> Amazon Lockers, Inpost o Vinted go</a>: peque&ntilde;as taquillas privatizadas en la v&iacute;a p&uacute;blica <a href="https://www.huffingtonpost.es/sociedad/cara-oculta-desplegar-lockers-amazon-metro-madrid-pequeno-comercio-sobrevive-vecinos-f202603.html" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">o en el Metro de Madrid</a> que funcionan como extensiones de nuestras casas, del comercio digital y de un modelo de ciudad hiperfragmentado.
    </p><p class="article-text">
        El auge de los trasteros, los lockers y los casilleros individuales ha dejado de ser una an&eacute;cdota para convertirse en un s&iacute;ntoma. Habla de viviendas demasiado peque&ntilde;as, salarios insuficientes, alquileres imposibles y biograf&iacute;as interrumpidas. Habla de una ciudad que acumula y guarda mientras expulsa y que es incapaz de ofrecer espacio (f&iacute;sico y vital) a quienes la habitan. As&iacute;, la proliferaci&oacute;n de estos nichos necroinmobiliarios revela un retroceso del bienestar urbano; donde antes hab&iacute;a espacios colectivos, hoy hay microparcelas privatizadas.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; por eso, cuando pienso en los trasteros, no pienso solo en cajas. Pienso en la ciudad que fuimos y en la que estamos dejando de ser. En los objetos que guardamos porque no cabe a&uacute;n tirarlos. En las vidas suspendidas, en las mudanzas permanentes, en los recuerdos que no encuentran habitaci&oacute;n. En el fondo, los trasteros son c&aacute;psulas del tiempo; archivos de una vida urbana cada vez m&aacute;s fr&aacute;gil.
    </p><p class="article-text">
        ----
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;"><em>Jorge Sequera es director del&nbsp;</em></span><a href="https://estudioscriticosurbanos.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:#ffffff;"><em>Grupo de Estudios Cr&iacute;ticos Urbanos</em></span></a><span class="highlight" style="--color:#ffffff;"><em>&nbsp;(GECU) e investigador principal de&nbsp;ONDEMANDCITY: Capitalismo de plataforma, trabajadores digitales y techificaci&oacute;n de la vida cotidiana en la ciudad contempor&aacute;nea&nbsp;y del Proyecto Horizon Europe Marie Curie Sta&#64256; Exchange &ndash;&nbsp;</em></span><a href="https://cordis.europa.eu/project/id/101183165" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:#ffffff;"><em>NOMADIC: Nomad Movements and Digital Impacts in Cities</em></span></a>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <aside class="news-outlook">
                
    
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 <p class="article-text"><hr/></p>
                                
            </aside>
    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jorge Sequera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/madrid/somos/trasteros-arqueologia-intima-ciudad_129_13067875.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Mar 2026 14:00:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Vivienda]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lavapiés, entre la resistencia y el ahogo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/madrid/somos/lavapies/lavapies-resistencia-ahogo_1_12989495.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0a2bb4c7-4d1f-4d7e-9fc4-9340a30719c8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x266y378.jpg" width="1200" height="675" alt="Lavapiés, entre la resistencia y el ahogo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">De Lavapiés se ha escrito casi todo. Se ha contado su degradación, su exotización, su gentrificación, su turistificación y hasta su conversión en marca. Sin embargo, cuando uno vuelve hoy al barrio y camina por sus calles, lo que encuentra no es un relato cerrado, sino un conflicto abierto. Lavapiés no es un caso de manual, es una herida que no termina de cicatrizar</p><p class="subtitle">Lavapiés exige cambiar de foco y acabar con la hipervigilancia: “Si tanto funcionan las redadas, ¿por qué siguen haciéndolas?”</p></div><p class="article-text">
        Hubo un tiempo, hasta mediados de los noventa, en el que el barrio arrastr&oacute; de forma incesante una degradaci&oacute;n intensa, con infravivienda, abandono institucional y una fuerte estigmatizaci&oacute;n del barrio de &ldquo;los manolos y las manolas&rdquo;. Es a finales del siglo XX cuando la intervenci&oacute;n p&uacute;blica se activa, mediante una serie de programas de adecentamiento del espacio p&uacute;blico, rehabilitaci&oacute;n de edificios en ruina y mejoras o instalaciones de equipamientos p&uacute;blicos. Era necesario, estaba claro. Arquitect&oacute;nicamente, el barrio estaba reventado. La zona concentraba, y sigue concentrando, buena parte de la bolsa de infravivienda del centro de la ciudad. El problema no fue intervenir, sino c&oacute;mo y para qui&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Y es que el trasvase de recursos p&uacute;blicos hacia propietarios privados para rehabilitar viviendas sin controlar los precios de compraventa o alquiler abri&oacute; la puerta al primer ciclo contempor&aacute;neo, que, en los a&ntilde;os 2000, daba el pistoletazo de salida a un proceso de gentrificaci&oacute;n que no disimulaba en su programa de higienizaci&oacute;n social. A&uacute;n recuerdo una conversaci&oacute;n con la urbanista del Ayuntamiento donde expresaba, sin tapujos, que los j&oacute;venes y estudiantes de aquel entonces eras los &uacute;nicos en querer entrar a los pisos rehabilitados de corralas, con el tama&ntilde;o de una caja de cerillas, y los &uacute;nicos que querr&iacute;an vivir en un barrio, en sus t&eacute;rminos, &ldquo;multicultural&rdquo;. &nbsp;Ese fue el primer elemento que gener&oacute; el proceso incipiente. Lavapi&eacute;s era barato, c&eacute;ntrico y simb&oacute;licamente potente. Llegaron artistas, activistas, profesores, estudiantes, trabajadores culturales; gentes que buscaban un barrio vivo, mestizo, con alquileres todav&iacute;a accesibles.
    </p><p class="article-text">
        Entre 2005 y 2011 el perfil educativo del vecindario cambi&oacute; de forma radical. Lavapi&eacute;s se convirti&oacute; en el barrio de Madrid con las tasas m&aacute;s altas de poblaci&oacute;n con estudios superiores y con la mayor concentraci&oacute;n por km2 de Doctores (no m&eacute;dicos). La movilidad residencial se dispar&oacute;. Salieron hogares hacia el sur y sureste de Madrid; entraron residentes desde el norte de la ciudad, desde Chamber&iacute;, desde Malasa&ntilde;a, como una mancha de aceite bajando hacia el centro.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s lleg&oacute; otro actor que alter&oacute; por completo la ecuaci&oacute;n. La expansi&oacute;n de plataformas como Airbnb a partir de 2015 trajo consigo la turistificaci&oacute;n y dio un sorpasso a la gentrificaci&oacute;n, convirtiendo al barrio en una olla a presi&oacute;n entre varios procesos que se daban en el mismo lugar. La plusval&iacute;a dej&oacute; de concentrarse en la compraventa o en el alquiler residencial, que hab&iacute;a subido como la espuma entre 2005 y 2013, y se desplaz&oacute; hacia la vivienda tur&iacute;stica. El barrio, con su parque de casas peque&ntilde;as, interiores m&iacute;nimos, abuhardillados que nunca fueron vivienda y &aacute;ticos imposibles, result&oacute; especialmente tentador para inversionistas r&aacute;pidos. Muchas de las antiguas infraviviendas, dif&iacute;ciles de vender o alquilar para uso estable, eran perfectas ahora para convertir al barrio en parte de la escena &ldquo;city break&rdquo; europea y atraer turistas para estancias de dos noches. Ah&iacute; se abr&iacute;a una nueva brecha, otra pugna por el sentido del barrio. A la suma de turistas, gentrificadores de largo aliento, poblaci&oacute;n residente aut&oacute;ctona de procedencias geogr&aacute;fica variadas, canallitas, hosteleros cooperativistas y hosteleros capitalistas, a hoteles franquicia y a pensionados de toda la vida, se le suma una gentrificaci&oacute;n internacionalizada. Llegan residentes extranjeros de pa&iacute;ses desarrollados que encuentran en Lavapi&eacute;s su East London, su particular Williamsburg, una alternativa a zonas ya saturadas y demasiado pesadas como Malasa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Mientras, bloques enteros en lucha contra fondos buitre (los gentrificadores en may&uacute;scula), como Tribulete 7, que ha conseguido este a&ntilde;o sentar en el banquillo a la socimi &Eacute;lix Rental Housing II por coacciones y acoso inmobiliario. O las vecinas de San Ildefonso 20, que luchan por convertir su edificio en una cooperativa de viviendas. O Buenavista 25 y Zurita 22, que siguen la misma estela contra la productora Gloriamundi Producciones, tambi&eacute;n tenedora inmobiliaria. &nbsp;Y a esa presi&oacute;n econ&oacute;mica se suma una dimensi&oacute;n menos visible pero igual de determinante: Lavapi&eacute;s sigue concentrando una bolsa importante de poblaci&oacute;n migrante empobrecida, que vive en condiciones materiales muy duras y bajo una fuerte presencia policial. Desde 2012 se han instalado 48 c&aacute;maras de videovigilancia, m&aacute;s 17 adicionales en 2022. Las redadas por perfilamiento racial son constantes. El barrio es, al mismo tiempo, icono <em>cool</em> y espacio securitizado. Esa tensi&oacute;n atraviesa la vida cotidiana.
    </p><p class="article-text">
        La llamada eventizaci&oacute;n del barrio refuerza esa deriva. Tapapi&eacute;s y otros eventos multiplican el flujo de visitantes. Incluso parte del sector hostelero empieza a mostrar fatiga ante la saturaci&oacute;n con calles convertidas en escenario permanente, donde el vecino estable se siente figurante en su propio barrio. Y es que la promoci&oacute;n simb&oacute;lica hizo estragos en el barrio, con revistas de tendencias como Time Out etiquet&aacute;ndolo como el barrio m&aacute;s <em>cool</em> de Europa, convirtiendo su efecto reputacional en lucro inmobiliario. Cada ranking nuevo alimenta expectativas de renta. Cada titular empuja un poco m&aacute;s el precio del metro cuadrado. Y es que la gentrificaci&oacute;n tiene algo de parad&oacute;jico; si bien, por un lado, se trata de un ejercicio de aculturaci&oacute;n, de llegada de clases aburguesadas, biempensantes y con un habitus propio de aquel que no ha roto un plato en la vida, como clases ejemplificantes del buen gusto y los buenos modales; al mismo tiempo, es un ejercicio de apropiaci&oacute;n cultural, de compra de su identidad macarra, obrera, <em>rude</em>, pero en una versi&oacute;n neutralizada, estetizada (o si prefieren, esterilizada), que se pretende inocua.
    </p><p class="article-text">
        Mientras, en una peque&ntilde;a zona que apenas ha sido tocada, entre la calle Embajadores y el Rastro, y que no form&oacute; parte de aquel primer el proceso de rehabilitaci&oacute;n urbana y que sigue siendo algo parecido al Lavapi&eacute;s de los 2000. Por ah&iacute; circula La Rosa, centro social okupado con una pata en Lavapi&eacute;s y otra en el Rastro, representa esa constelaci&oacute;n hist&oacute;rica de espacios autogestionados que han sostenido que otro barrio es posible. El caso reciente del intento de destrucci&oacute;n del edificio hist&oacute;rico que albergaba no solo patrimonio popular hist&oacute;rico que conservar sino lo que una vez fue el restaurante senegal&eacute;s Baobab, para reconvertirlo en hotel-c&aacute;psula, ha reactivado esa energ&iacute;a de resistencia. No es solo la defensa de un inmueble concreto, es la defensa de un l&iacute;mite. Cuando ocurre algo as&iacute;, siempre surge esa m&iacute;stica de la resistencia vecinal que intenta aplicar cierto nivel de contenci&oacute;n sobre un barrio que est&aacute; ahogado en todos los t&eacute;rminos.
    </p><p class="article-text">
        Lavapi&eacute;s al L&iacute;mite, plataforma integrada por 52 colectivos y asociaciones, ha convocado recientemente una manifestaci&oacute;n bajo el lema <em>Levantadas por nuestro barrio</em>. Es la reacci&oacute;n de quienes sienten que el barrio se les escapa de las manos. Lavapi&eacute;s est&aacute; ahogado por m&uacute;ltiples frentes: tur&iacute;stico, inmobiliario, simb&oacute;lico, policial. Lavapi&eacute;s no necesita m&aacute;s etiquetas ni m&aacute;s rankings. Necesita pol&iacute;ticas valientes que protejan la vivienda residencial, refuercen el comercio cotidiano y hagan desaparecer la dependencia del turismo. Necesita, en definitiva, recuperar margen para que la vida ordinaria vuelva a ser posible. Porque lo que est&aacute; en juego no es la nostalgia por un pasado idealizado. Es el derecho a permanecer.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Jorge Sequera</strong></em><em> es investigador de la UNED y director del Grupo de Estudios Cr&iacute;ticos Urbanos (GECU) e Investigador Principal (IP) del proyecto Horizon MSCA Staff Exchange NOMADIC: Nomad Movements and Digital Impacts in Cities.</em>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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 <p class="article-text"><hr/></p>
                                
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    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jorge Sequera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/madrid/somos/lavapies/lavapies-resistencia-ahogo_1_12989495.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Feb 2026 15:00:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Lavapiés, entre la resistencia y el ahogo]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Vidas airbnbizadas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/vidas-airbnbizadas_129_2812200.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0170fd9b-d740-406e-bb18-b7f8ba66dae4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Vidas airbnbizadas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Retuercen conceptos como hospitalidad o confianza convirtiéndolos en un servicio que el "anfitrión" da a cambio de dinero: con tan solo alquilar tu sofá o tu propia habitación un par de fin de semanas al mes tu problema quedará resuelto, nos dicen los responsables de marketing de Airbnb</p></div><p class="article-text">
        La reciente turistificaci&oacute;n de los barrios del centro hist&oacute;rico de muchas ciudades europeas, principalmente basada en la expansi&oacute;n del sector informal de alojamiento tur&iacute;stico (aunque tambi&eacute;n en el auge de las cadenas hoteleras <em>low cost</em>), est&aacute; provocando fuertes impactos sociales, espaciales y econ&oacute;micos, generando tensiones en la convivencia dentro de la comunidad: el incremento de tensiones en los mercados inmobiliarios locales, el creciente desplazamiento espacial de ciertas capas de la poblaci&oacute;n y su efecto rebote en barrios perif&eacute;ricos, la promoci&oacute;n de nuevas formas de ocio mercantilizado y de construcci&oacute;n de la ciudad-24h; la desaparici&oacute;n de un comercio de proximidad reemplazado por negocios orientados al turismo; la saturaci&oacute;n del espacio p&uacute;blico o el exponencial crecimiento de perfiles laborales <a href="http://www.eldiario.es/rastreador/esperas-acusaciones-promocion-intentar-trabajar_6_732536752.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">supeditados a una econom&iacute;a tur&iacute;stica voraz</a>, capaz de precarizar laboralmente hasta la &uacute;ltima parcela de dignidad profesional, <a href="https://laskellys.wordpress.com/manifiesto/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">como denuncian entre otras las Kellys</a>, y cronificando un mercado laboral que est&aacute; a la cola en Europa en salarios y derechos.
    </p><p class="article-text">
        El debate en este &uacute;ltimo a&ntilde;o se ha polarizado. Por un lado, el estatus del turismo y el ocio en muchas ciudades europeas ha cambiado radicalmente a ojos de los legisladores urbanos y las &eacute;lites empresariales hoteleras durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os. El neolenguaje pol&iacute;tico usado desde la econom&iacute;a del turismo urbano ha procurado por todos los medios hacernos pensar hasta hace muy poco tiempo que el turismo contribu&iacute;a significativamente no s&oacute;lo a revitalizar los barrios hist&oacute;ricos degradados de algunas ciudades del sur de Europa, sino que tambi&eacute;n proporcionaba empleo, era fuente de oportunidades y de emprendimiento entre parados de larga duraci&oacute;n j&oacute;venes y no tan j&oacute;venes, cualificados y no cualificados. En paralelo, el 'consumo colaborativo' asociado al turismo urbano ha ido adquiriendo un papel central en la organizaci&oacute;n de la vida cotidiana econ&oacute;mica y social de la 'ciudad tur&iacute;stica'.
    </p><p class="article-text">
        Por otro, esta reciente y veloz expansi&oacute;n de la turistificaci&oacute;n ha alimentado a su vez a la indignaci&oacute;n vecinal y la resistencia local dentro de la 'ciudad tur&iacute;stica'. Estas protestas centran su lucha en revelar los impactos negativos de esta din&aacute;mica <a href="http://www.eldiario.es/tribunaabierta/moratoria-turistica-necesita-Madrid_6_732886734.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">sobre el derecho a la vivienda</a>, en la construcci&oacute;n de la ciudad para <a href="http://www.eldiario.es/madrid/abandonado-albergue-juvenil-plazas-turistas_0_726177918.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el monocultivo del turismo y la estudentificaci&oacute;n causada por el movimiento Erasmus</a>, en la expulsi&oacute;n de familias de barrios turistificados y en el deterioro de la convivencia vecinal. Como ejemplo de entereza, colectivos como <a href="https://lavapiesdondevas.wordpress.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Lavapi&eacute;s donde vas</a>, o potentes campa&ntilde;as como la <a href="http://moratoria.eu" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">moratoria</a> de licencias tur&iacute;sticas, tanto de hoteles como de pisos tur&iacute;sticos profesionales solicitada por diversas organizaciones muestran un camino por el que transitar para repensar el <a href="https://decide.madrid.es/proposals/20657-moratoria-turistica-en-el-centro-de-madrid" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">modelo de ciudad que queremos y necesitamos.</a>
    </p><h3 class="article-text">Los impactos sociales de una ciudad airbnbizada</h3><p class="article-text">
        Algo a lo que deber&iacute;amos atender tambi&eacute;n, con un coste social incalculable y que estamos dejando de lado, es la r&aacute;pida <em>airbnbizaci&oacute;n</em> de las vidas, que est&aacute; cambiando de forma acelerada las pr&aacute;cticas de la vida cotidiana, rearticulando las narrativas y experiencias propias del compartir e incluso los significados de la vivienda como hogar o de la experiencia como el descubrir.
    </p><p class="article-text">
        En realidad, esta &ldquo;econom&iacute;a colaborativa&rdquo; implica grandes cambios en los estilos de vida del centro de las ciudades. Donde la vivienda compartida implicaba, sin caer en la romantizaci&oacute;n, ciertas formas de compa&ntilde;erismo, camarader&iacute;a y amistad, ahora el espacio social queda marcado por una artificial relaci&oacute;n &ldquo;anfitri&oacute;n-huesped&rdquo;, utilizando el lenguaje biologicista, casi pat&oacute;geno, que maneja Airbnb para relacionarnos. Relaciones sociales que ahora pueden quedar trabadas (a&uacute;n m&aacute;s) por la mercantilizaci&oacute;n del espacio casero y la reconversi&oacute;n del convivir en un trabajo, en una gesti&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, retuercen conceptos como hospitalidad o confianza convirti&eacute;ndolos en un servicio que el &ldquo;anfitri&oacute;n&rdquo; da a cambio de dinero: con tan solo alquilar tu sof&aacute; o tu propia habitaci&oacute;n un par de fin de semanas al mes tu problema quedar&aacute; resuelto, nos dicen los responsables de marketing de Airbnb; con tan solo alquilar una casa de dos habitaciones (y alquilar temporalmente una de ellas), podr&aacute;s costear tu vida individualizada en el barrio que escojas, piensa el anfitri&oacute;n; si un compa&ntilde;ero/a de piso deja libre su habitaci&oacute;n un fin de semana, no desperdicies el valor a&ntilde;adido y s&eacute; un emprendedor empresario-de-s&iacute;-mismo, te dir&aacute; la sociedad. Quiz&aacute; el armario pueda ser una habitaci&oacute;n y nunca lo hab&iacute;as pensado. Es m&aacute;s, quiz&aacute; puedas meter dentro unas literas.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, ya existen casos en ciudades donde se alquilan coches para dormir. As&iacute;, la mercantilizaci&oacute;n y estandarizaci&oacute;n del turismo &ldquo;colaborativo&rdquo; est&aacute; reformulando el conjunto de estrategias de aquellas personas que hemos compartido y compartimos vivienda. Sumado a esto, las desigualdades sociales basadas en el g&eacute;nero, la raza, la etnia, la clase, la cultura o la religi&oacute;n y sus intersecciones, se encuentran tambi&eacute;n atravesando qu&eacute; y con qui&eacute;n vives (temporalmente). En un dist&oacute;pico presente (Black Mirror, en el cap&iacute;tulo <a href="https://www.filmaffinity.com/es/film575294.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;Ca&iacute;da en picado&rdquo;, Nosedive en VO</a>) las puntuaciones que obtienes como anfitri&oacute;n o como hu&eacute;sped determinan las oportunidades que tendr&aacute;s de vivir en un determinado lugar. Porque de la segregaci&oacute;n no quedan exentos los turistas. No solo eso. Si la estandarizaci&oacute;n de Ikea ya nos hac&iacute;a ir de visita a casa de amigos que ten&iacute;an la misma casa y decoraci&oacute;n que t&uacute;, casi en un juego de escaleras de Escher, ahora tenemos la habitaci&oacute;n &ldquo;deseada&rdquo; en cada rinc&oacute;n del mundo: una pared con nombres de ciudades del mundo, otra con una frase del tipo <em>&ldquo;home is where the wine is&rdquo;</em> y con suerte, un coj&iacute;n con un coraz&oacute;n bordado y una botella de vino (de la regi&oacute;n, claro) esper&aacute;ndonos.
    </p><p class="article-text">
        Asimismo, florece una econom&iacute;a de trabajadores precarios, en muchos casos en forma de econom&iacute;a sumergida: limpiadores/as, fontaneros por horas, gu&iacute;as tur&iacute;sticos, experiencias gastron&oacute;micas, etc. As&iacute;, encontramos p&aacute;ginas como Trip4Real, donde el turista paga por experiencias locales; o Taskrabbit, donde la filosof&iacute;a del intercambio tambi&eacute;n se ha monetarizado. O relaciones laborales precarias como en peers.org, donde quienes buscan trabajo podr&aacute;n hacerlo en puestos relacionados con la econom&iacute;a tur&iacute;stica p2p. El propio portal de Airbnb ofrece este tipo de experiencias, donde lo m&aacute;s (sarc&aacute;sticamente) sugerente en el caso de una ciudad como Madrid, ser&iacute;a salir de tapas <a href="https://www.youtube.com/watch?v=9Apaeq-j69c" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">con un local foodie, una clase de flamenco o aprender a hacer una &ldquo;verdadera&rdquo; paella. </a>
    </p><p class="article-text">
        Es posible que el impacto del turismo sea el nuevo desaf&iacute;o a la hora de repensar la ciudad, tanto desde una lectura centrada en las nuevas burbujas inmobiliarias, como desde una sociolog&iacute;a de la vida cotidiana. Porque vemos c&oacute;mo en los barrios con mayor ratio de apartamentos tur&iacute;sticos el mercado se est&aacute; adaptando a la nueva realidad, dando respuesta a otro tipo de consumidor, no necesariamente con alta capacidad adquisitiva pero s&iacute; con otras preferencias de consumo y ocio, mientras no tenemos tiempo de repensar c&oacute;mo queremos que sean nuestras propias relaciones sociales en la ciudad. Hacemos y rehacemos estudios urban&iacute;sticos para hablar de densidades, precios e impactos urbanos del turismo, mientras nos olvidamos de hacer estudios integrales de impacto social.
    </p><p class="article-text">
        Porque revelar y comprender las distintas posiciones, estrategias y alianzas adoptadas por los diferentes actores y grupos sociales afectados y/o involucrados en la reciente y veloz expansi&oacute;n del turismo urbano en el centro de muchas ciudades europeas, requiere urgentemente afrontar y abordar la interacci&oacute;n compleja y no lineal entre el 'derecho a la ciudad' y una convivencia inclusiva, pac&iacute;fica y equilibrada en 'la ciudad tur&iacute;stica'.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jorge Sequera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/vidas-airbnbizadas_129_2812200.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 31 Jan 2018 21:07:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Vidas airbnbizadas]]></media:title>
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