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    <title><![CDATA[elDiario.es - Carmen Quintana Cocolina]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/carmen_quintana_cocolina/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Carmen Quintana Cocolina]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Cómo contarte este cuento]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/contarte-cuento_132_1510090.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/11ba011e-0c31-46b1-b6a6-5ab5024de66f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Cómo contarte este cuento, por Carmen Quintana Cocolina. | JR Korpa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El lenguaje es un instrumento indispensable en la transmisión de una cultura y una manera de ver la vida, y en definitiva en la construcción de la propia identidad, pero más importante si cabe para esto último es el empleo del lenguaje en la creación de las historias.</p></div><p class="article-text">
        Ahora que una parte de mi d&iacute;a a d&iacute;a la dedico a ense&ntilde;ar mi lengua y contarle historias sencillas a un beb&eacute;, me han asaltado ciertas dudas sobre c&oacute;mo hacerlo y sobre lo que significa el lenguaje y la narraci&oacute;n para el ser humano.
    </p><p class="article-text">
        Vivimos en un mundo en el que al instruir a un ni&ntilde;o en una lengua no solo le estamos dando una herramienta para expresarse sino que adem&aacute;s le transmitimos una cultura y una forma de ver la vida. El lenguaje implica conocimiento y construye una realidad social, es por esto que cuando una madre o un padre hablan con su hijo, le est&aacute;n trasladando su experiencia y su comprensi&oacute;n del mundo. Sin embargo, el ni&ntilde;o no es capaz de entender que la realidad que sus progenitores le presentan no es sino voluntad de realidad, voluntad y representaci&oacute;n como dir&iacute;a Schopenhauer, una construcci&oacute;n de la realidad que se adec&uacute;a a la experiencia vivida por estos. El ni&ntilde;o porque es ni&ntilde;o solo ve un producto final, no ve una realidad sino la realidad que constituir&aacute; su mundo y ser&aacute; la que rija todas sus acciones y pensamientos hasta la adolescencia, momento en el que necesariamente se dar&aacute; cuenta de que existen tambi&eacute;n otras realidades. (He de decir en este punto que, aunque en la adolescencia y la vida adulta nos damos cuenta de que hay otras formas de ver el mundo, no siempre somos capaces de entender que las otras realidades son tan v&aacute;lidas como la nuestra o que la nuestra est&aacute; igualmente construida. Reconocer&eacute;is a estos adultos cuando utilicen expresiones como &ldquo;las cosas como son&rdquo;).
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n es que se trata de un tema que me preocupa: me gustar&iacute;a que mi hijo creciera descubriendo y construyendo su propia realidad, acept&aacute;ndola, y empezando a entender que tambi&eacute;n existen otras. Como digo, el lenguaje es un instrumento indispensable en la transmisi&oacute;n de una cultura y una manera de ver la vida, y en definitiva en la construcci&oacute;n de la propia identidad, pero m&aacute;s importante si cabe para esto &uacute;ltimo es el empleo del lenguaje en la creaci&oacute;n de las historias que les contamos a nuestros hijos, es decir, la narraci&oacute;n. Me parece una tarea que ata&ntilde;e una enorme responsabilidad, aunque a los ojos de muchos pueda resultar simple.
    </p><p class="article-text">
        Cada uno es el personaje principal de la historia de su paso por el mundo, pero no es ni el autor ni el &uacute;nico narrador de su cuento, somos m&aacute;s bien co-autores de nuestra propia vida porque hay partes que no conocemos como el nacimiento, que pertenece a la narraci&oacute;n de nuestros padres, o los primeros a&ntilde;os de infancia en los que todav&iacute;a no somos capaces de formar recuerdos. La autora Siri Hudsvedt, recientemente galardonada con el Premio Princesa de Asturias de las Letras, plantea en su obra Recuerdos del futuro (Seix Barral, 2019) el hecho de que todos nosotros estamos de alguna forma ya escritos, dicho de otra manera, que repetimos las narraciones que escuchamos o que leemos sobre nosotros o sobre el mundo. Esta idea no deja de dar vueltas en mi cabeza cuando me comunico con mi beb&eacute;. Ahora es muy pronto pero de aqu&iacute; a unos a&ntilde;os le empezar&eacute; a contar historias diversas sobre el mundo y recuerdos que tengo sobre &eacute;l, sobre nosotros, y que objetivamente est&aacute;n creados por m&iacute;. &iquest;C&oacute;mo seleccionar&eacute; los datos para contarle, por ejemplo, su nacimiento, los primeros signos de su car&aacute;cter, aquella vez que hizo esto o lo otro? &iquest;Qu&eacute; tipo de narraci&oacute;n voy a hacer con esos elementos? Las historias que le cuente sobre &eacute;l, nosotros y el mundo ser&aacute;n historias que &eacute;l heredar&aacute; y que le ayudar&aacute;n a formar su propia identidad, su cultura y su forma de ver el mundo. Tremenda labor a mi modo de ver.
    </p><p class="article-text">
        Supongo que por el momento me debo centrar en que aprenda y fije palabras sencillas como mam&aacute;, pap&aacute; o agua y que entienda lo que representan cada una de ellas en nuestra realidad familiar. Una vez conseguido esto podr&eacute; pasar a otros conceptos m&aacute;s complejos y expresiones con denominaci&oacute;n de origen, como &ldquo;ven que te coja a cuchus que esta cuesta est&aacute; llena de verd&iacute;n y es muy pindia y si te caes te vas a poner hecho un bardal&rdquo;. Es muy probable, adem&aacute;s, que m&aacute;s tarde le hable de los habitantes de La Monta&ntilde;a, de las bellas anjanas, del temido oj&aacute;ncanu y tambi&eacute;n de los caballucos del diablu, a los que pronto algunos ver&aacute;n en la noche de San Juan, y que todav&iacute;a m&aacute;s adelante alcance a contarle que naci&oacute; una lluviosa y g&eacute;lida tarde huracanada de los &uacute;ltimos d&iacute;as de mayo en una ciudad cercana al C&iacute;rculo Polar &Aacute;rtico despu&eacute;s de una larga espera en la que no me dio tiempo a mirar el reloj, y que lleg&oacute; al mundo cambiando para siempre mi realidad y mi concepci&oacute;n del amor y exhalando ese b&aacute;lsamo tan caracter&iacute;stico de la sangre a&ntilde;eja que anuncia muerte pero tambi&eacute;n vida, aunque quiz&aacute; esto &uacute;ltimo me lo salte, veremos a ver, es solo un arranque en fr&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        En fin, en esas estoy. Deseadme suerte.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carmen Quintana Cocolina]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/contarte-cuento_132_1510090.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 11 Jun 2019 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cómo contarte este cuento]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pippi Thunberg]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/pippi-thunberg_132_1641787.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cce88c02-6273-42bb-b1e6-533fb475f04b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Más de 10.000 estudiantes marchan en La Haya contra el cambio climático"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">De Santander a Sídney, de Kioto a Kampala, de Montreal a Madrid. Me conmueve y enorgullece que una generación tan joven sea la que esté tratando de hacernos despertar a los demás para que hagamos algo ante una crisis que nos afecta a todos.</p></div><p class="article-text">
        Asombra pensar que Greta Thunberg haya inspirado a toda una red internacional de estudiantes que se manifiestan peri&oacute;dicamente en contra del cambio clim&aacute;tico con solo diecis&eacute;is a&ntilde;os. Esta joven adolescente sueca con cara ani&ntilde;ada, expresi&oacute;n seria y dos trenzas largas que le caen sobre el pecho y recuerdan a la entra&ntilde;able Pippi L&aring;ngstrump, se ha hecho mundialmente conocida desde que, en agosto de 2018, comenz&oacute; a protestar ante el Parlamento sueco para exigirles medidas contra el cambio clim&aacute;tico. Primero hizo huelga todos los d&iacute;as durante dos semanas salt&aacute;ndose las clases del colegio y despu&eacute;s de las elecciones generales de Suecia del 9 de septiembre, sigui&oacute; protestando en la plaza frente al Parlamento todos los viernes durante la jornada escolar hasta hoy.
    </p><p class="article-text">
        Viniendo de una familia de artistas, &mdash;su madre, Malena Ernman, es una conocida soprano y su padre, Svante Thunberg, un actor sueco&mdash;, tanto Greta como su hermana peque&ntilde;a, Beata, seguramente hayan gozado de un ambiente familiar creativo en el que poder desarrollar sus ideas con libertad. Mientras Beata sigue los pasos de su madre, Greta ha tomado las riendas de la salvaguarda del planeta para no dejar que los intereses econ&oacute;micos y la avaricia humana lo sigan pisoteando. Y no es un camino f&aacute;cil. Recientemente en&nbsp;<a href="https://www.ted.com/talks/greta_thunberg_the_disarming_case_to_act_right_now_on_climate?language=en" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una charla que dio en TEDx Estocolmo</a> sobre el calentamiento global, Greta explicaba que a los once a&ntilde;os cay&oacute; en una depresi&oacute;n muy fuerte, dej&oacute; de comer y de hablar y perdi&oacute; m&aacute;s de diez kilos en dos meses. Los m&eacute;dicos le diagnosticaron s&iacute;ndrome de Asperger, trastorno obsesivo compulsivo y mutismo selectivo, &ldquo;lo que quiere decir que solo hablo cuando creo que es necesario, y ahora es uno de esos momentos&rdquo;, expresaba con semblante serio.
    </p><p class="article-text">
        Fue a los ocho a&ntilde;os cuando escuch&oacute; por primera vez hablar del cambio clim&aacute;tico y el calentamiento global. Le dijeron que deb&iacute;a apagar las luces en casa para ahorrar energ&iacute;a y reciclar para no gastar los recursos naturales. Ella, adem&aacute;s, decidi&oacute; dejar de volar en avi&oacute;n y convenci&oacute; a toda su familia para convertirse en veganos. Entonces Greta no pod&iacute;a explicarse c&oacute;mo ante la amenaza de desaparecer como civilizaci&oacute;n, el tema del cambio clim&aacute;tico no estuviera todos los d&iacute;as en las noticias. Hoy, entiende que hay demasiados intereses econ&oacute;micos en juego y muchas personas que todav&iacute;a no saben cu&aacute;les son las consecuencias del calentamiento global. Por ello, hay mucho que ella puede hacer. Greta no cree en la esperanza como herramienta para preservar el planeta, prefiere la acci&oacute;n, &ldquo;tenemos que actuar ahora&rdquo;, dec&iacute;a en su charla en TEDx, &ldquo;despu&eacute;s podremos tener esperanza. Yo no quiero que mis hijos y mis nietos me pregunten por qu&eacute; no actu&eacute; cuando a&uacute;n quedaba tiempo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Su historia me recuerda a la de Pippi, el personaje creado por Astrid Lindgren, en su determinaci&oacute;n e independencia y en que, a pesar de haber vivido momentos dif&iacute;ciles durante su infancia, ninguna se victimiza a s&iacute; misma, sino que ambas deciden actuar. Siendo Pippi de car&aacute;cter extrovertido y risue&ntilde;o, y Greta introvertida y callada, las dos han llegado a la misma conclusi&oacute;n: una persona puede marcar una enorme diferencia con las acciones que haga en su d&iacute;a a d&iacute;a. Las dos son superhero&iacute;nas, Pippi en la literatura y Greta en la realidad.
    </p><p class="article-text">
        Como Greta, el mundo est&aacute; lleno de superhero&iacute;nas y superh&eacute;roes que, una vez m&aacute;s, nos han dado una lecci&oacute;n a los adultos demandando el pasado 15M las mejoras necesarias para la protecci&oacute;n del medio ambiente y del clima. Es emocionante ver a ni&ntilde;os y adolescentes unidos manifest&aacute;ndose en ciudades de todo el mundo en contra del cambio clim&aacute;tico. De Santander a S&iacute;dney, de Kioto a Kampala, de Montreal a Madrid. Me conmueve y enorgullece que una generaci&oacute;n tan joven sea la que est&eacute; tratando de hacernos despertar a los dem&aacute;s para que hagamos algo ante una crisis que nos afecta a todos.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, tambi&eacute;n me entristece un pensamiento que sobrevuela mi cabeza y es que quiz&aacute; ya sea demasiado tarde. Varias generaciones han tenido que crecer para que se forme una conciencia ecologista colectiva cuando los cient&iacute;ficos llevan anunciado las consecuencias negativas del calentamiento global durante d&eacute;cadas. Me pregunto si, aunque nosotros estemos dispuestos a revertir el problema, a comportarnos como deber&iacute;amos haberlo hecho hace tiempo, los ecosistemas y el clima han cruzado el punto de no retorno. Quiero pensar que no; que, si los pol&iacute;ticos hacen su trabajo y los ciudadanos el nuestro, todav&iacute;a podemos confiar en que la Tierra ser&aacute; habitable en un futuro no muy lejano. Como dice Thunberg, &ldquo;los hechos y las soluciones est&aacute;n sobre la mesa&rdquo;. Ahora la pelota est&aacute; en nuestro tejado.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carmen Quintana Cocolina]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/pippi-thunberg_132_1641787.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 19 Mar 2019 06:00:00 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El acoso a la democracia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/acoso-democracia_132_1699981.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/41e40a8b-4102-42a5-8186-1d9dd43bdc00_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as apareci&oacute; una noticia que para los <em>haters</em> del desayuno habr&aacute; sido una fiesta, pero para m&iacute; ha supuesto un hachazo a mi felicidad: nuevos estudios confirman que el desayuno no es la comida m&aacute;s importante del d&iacute;a. Con lo que me gusta, con todas las horas del fin de semana que he invertido desayunando. Pues nada. Me enter&eacute; precisamente mientras desayunaba y encima con todo el l&iacute;o de la concentraci&oacute;n por la patria se me atragant&oacute; la tostada y decid&iacute; ponerme a escribir este art&iacute;culo.
    </p><p class="article-text">
        Me sent&eacute; a escribir como quien se pone a hervir el agua antes de saber qu&eacute; va a cocinar. Y, &iquest;ahora qu&eacute;? No hay prisa, todav&iacute;a queda un rato hasta que empiece a hervir el agua y unas quinientas palabras por delante para poder expresarme. Repasando la pol&iacute;tica a nivel auton&oacute;mico la mayor&iacute;a me tiene bastante cansada: el mitin del PSOE al que S&aacute;nchez acudi&oacute; para apoyar la candidatura de Casares a la alcald&iacute;a de Santander en las pr&oacute;ximas elecciones me aburre porque est&aacute; lleno de frases hechas y circunloquios. &ldquo;Es una persona cabal, formada y recta&rdquo;, dice S&aacute;nchez sobre Casares. Pues solo faltaba que fuera desproporcionado, inmaduro o parcial. Hay que echarle un poco m&aacute;s de salero, &iquest;d&oacute;nde est&aacute; la elocuencia del que habla? No estoy diciendo que nos cuente que Casares es un drag&oacute;n que quiere volar alto y echa fuego l&iacute;rico por la boca, pero algo m&aacute;s de ret&oacute;rica y pensamiento detr&aacute;s de lo que se dice no estar&iacute;a de m&aacute;s, aunque tu p&uacute;blico se forme de simpatizantes.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado est&aacute;n los miembros de Podemos, Ganemos y nos peleemos, que no hacen m&aacute;s que tener l&iacute;os internos y yo ya no s&eacute; cu&aacute;l es cu&aacute;l, ni en qu&eacute; partido est&aacute;, ni qu&eacute; ideas representan. En el PP, tras el Rayo Beitia, Buruaga posa feliz con los suyos en la <em>chachi</em> concentraci&oacute;n por la patria de Col&oacute;n del domingo, y Revilla ha dicho que su partido ir&aacute; con todo a las elecciones generales se convoquen antes o despu&eacute;s. Voy trescientas cuarenta y dos palabras y el cazo est&aacute; que arde.
    </p><p class="article-text">
        A nivel nacional no digamos, el independentismo y la unidad de Espa&ntilde;a son los dos temas estrella que ocupan pr&aacute;cticamente en su totalidad la olla a presi&oacute;n de muchos medios. Y no es para menos, a todos nos preocupa, pero claro, parece que a unos m&aacute;s que a otros seg&uacute;n los <em>salvapatrias</em>. Mientras PP, Ciudadanos, Vox, Falange Espa&ntilde;ola, Espa&ntilde;a 2000, Hogar Social Madrid y dem&aacute;s 'salvadores' se concentraron en Col&oacute;n para pedirle al <em>okupa</em> de La Moncloa que convoque elecciones, los del <em>#yonovoy</em> inundaban las redes de memes y opiniones contrarias, y en Cantabria ard&iacute;a Pe&ntilde;a Cabarga.
    </p><p class="article-text">
        A todo esto, yo me pregunto, &iquest;qu&eacute; hizo Torra el domingo? &iquest;Se estar&iacute;a riendo a carcajada limpia de que &eacute;l y sus secuaces est&eacute;n consiguiendo fragmentar a&uacute;n m&aacute;s, si cabe, las dos Espa&ntilde;as pol&iacute;ticas a costa del independentismo catal&aacute;n? Si tanto les importa ganar la independencia de Catalu&ntilde;a su estrategia de acoso a la democracia no es la mejor opci&oacute;n. &iquest;C&oacute;mo estar&aacute;n interpretando los ciudadanos catalanes que sus l&iacute;deres pol&iacute;ticos no quieran dialogar? Con cada negativa a dialogar, la Generalitat pierde un poquito m&aacute;s de raz&oacute;n y un poquito m&aacute;s de apoyo de los que consider&aacute;bamos justo que se hiciera un refer&eacute;ndum legal, siempre que se respetara la Constituci&oacute;n. Sin embargo, &iquest;qu&eacute; es lo que quiere el se&ntilde;or Torra? &iquest;Salirse por la bravas? Para eso ya tienen la costa y las patatas. Hablando de patatas, me ha entrado el hambre, voy a desayunar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carmen Quintana Cocolina]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/acoso-democracia_132_1699981.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 12 Feb 2019 10:10:00 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La debilidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/debilidad_132_1759923.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e5df3fed-aa65-46ba-8375-5024103d7567_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Gorrión común."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los gorriones parecen tener aprendido que, si esperan, alguien les dará una, dos, tres, cuatro patatas. Esto es lo que ocurre con la debilidad, uno tiende a perder autonomía.</p></div><p class="article-text">
        La debilidad despierta compasi&oacute;n, oportunidad o recelo. Basta con observar nuestro entorno. Pasadas las fechas navide&ntilde;as, he venido a escribir a una cafeter&iacute;a situada frente a la Segunda playa de El Sardinero. En realidad, no he venido yo por mi propio pie, me han tra&iacute;do, porque mi rodilla no anda bien. He tenido un peque&ntilde;o accidente que me ha dejado algo lisiada, un poco coja, vamos, con la rodilla bloqueada y progresivamente hinchada.
    </p><p class="article-text">
        Me he sentado junto a la cristalera desde donde puedo ver el exterior. El camarero, que levanta una ceja al verme pasar con mi balanceo, ha esperado a que me aposentara para tomarme nota. Despu&eacute;s me ha tra&iacute;do el mediano que le he pedido y una palmerita de hojaldre para amenizarlo. Tras el ventanal puedo ver un grupo de gorriones que se mueven &aacute;giles por la terraza. Los envidio. No solo vuelan, tambi&eacute;n saltan de una silla vac&iacute;a a otra, dan peque&ntilde;os pasos por las mesas solitarias y se meten en las macetas de barro colocadas sobre las baldas de una estanter&iacute;a de metal alineada a un lado de la terraza. Son siete gorriones. Me fijo en que los p&aacute;jaros desfilan de un tiesto a otro y pican las hojas de las plantas. Algunos se acurrucan esponjados y adheridos a la tierra del interior de las vasijas, resguard&aacute;ndose del nordeste que hoy pega fuerte y dibuja peque&ntilde;as crestas de espuma que corren veloces sobre el mar hacia la playa.
    </p><p class="article-text">
        Me miro la rodilla y sigo envidiando a los gorriones. Qui&eacute;n pudiera volar, &iquest;no? Ha salido una chica a la terraza con una copa de vino tinto y unas patatas fritas en un peque&ntilde;o cuenco negro. Est&aacute; hablando por el m&oacute;vil y los gorriones la observan desde la estanter&iacute;a met&aacute;lica llena de macetas. Cuando termina, su mirada se aleja hacia el horizonte sobre el nivel del mar durante alg&uacute;n tiempo que, a m&iacute; y a los gorriones, se nos ha hecho eterno mientras la vigilamos. Yo quiero ver m&aacute;s acci&oacute;n, que cambie de movimiento, que haga algo un poco diferente, algo de lo que poder escribir. Ellos, todav&iacute;a no estoy segura de lo que quieren, pero clavan sus peque&ntilde;&iacute;simas pupilas en las manos de ella, en sus brazos, en todo su cuerpo.
    </p><p class="article-text">
        En el mismo momento y en el interior, uno de mis vecinos es el &uacute;nico que habla en una mesa de tres, no est&aacute; contento en su trabajo, parece que lo va a dejar, que si <em>el jefe</em>, que si <em>el sindicato de los cojones</em>, que si <em>pens&eacute;, c&aacute;llate la boca, gilipollas</em>, que si <em>cada mes me va renovando</em>, que si <em>hostias, pero qu&eacute; hay de lo m&iacute;o</em>&hellip; Todo esto amenizado por dos verdejos, un verm&uacute; y unas rabas, y tres generaciones presentes: la abuela, la madre y el hijo.
    </p><p class="article-text">
        Afuera, cuatro gorriones se han subido a la mesa ocupada por la mujer de la copa de vino, y los tres restantes se apoyan sobre el respaldo de una de las sillas sin due&ntilde;o. Cada vez se acercan m&aacute;s a la chica. Ella, al salir de su ensimismamiento, se da cuenta y les ofrece una patata. Despu&eacute;s les hace una foto, probablemente para sus redes sociales. Les da otra patata, y un gorri&oacute;n la apresa al vuelo alej&aacute;ndose hacia una de las repisas de la f&eacute;rrea estanter&iacute;a con ella en el pico. La chica les hace una foto m&aacute;s con su m&oacute;vil, esta vez buscando un &aacute;ngulo de encuadre en el que aparezcan los gorriones que aguardan en lo alto de la silla con las macetas de fondo. Esta escena se repite una y otra vez durante varios minutos.
    </p><p class="article-text">
        Los gorriones parecen tener aprendido que, si esperan, alguien les dar&aacute; una, dos, tres, cuatro patatas. Esto es lo que ocurre con la debilidad, uno tiende a perder autonom&iacute;a. Cualquier tipo de dependencia puede convertirse en una prisi&oacute;n tanto para la persona dependiente como para el cuidador. El que cuida en ocasiones es un tirano cuando se ve con demasiada autoridad y poder en sus manos, aunque tambi&eacute;n puede aferrarse a la idea de que cuidar del otro es su &uacute;nica misi&oacute;n en la vida. El que es cuidado puede llegar a ser un d&eacute;spota, si se victimiza a s&iacute; mismo y toma demasiado en serio su debilidad o, por el contrario, si reniega de ella y son los dem&aacute;s los &uacute;nicos culpables de lo que le pasa. Hay un cuento de Pilar Ad&oacute;n que me viene ahora mismo a la mente, 'En materia de jardines', en el que se recogen muy bien algunos de estos pensamientos. El relato trata de dos mujeres que se ven obligadas a convivir en una casa con la idea de que una cuide de la otra, pero a medida que se desarrolla la historia ya no se sabe bien qui&eacute;n cuida a qui&eacute;n, qui&eacute;n ejerce poder sobre qui&eacute;n, qui&eacute;n es la persona sana y qui&eacute;n la enferma.
    </p><p class="article-text">
        A mi lado la madre, compasiva, asiente resignada con la cabeza a todo lo que dice su hijo, que sigue quej&aacute;ndose y echando culpas a unos y a otros. La mujer responde de vez en cuando con un t&iacute;mido <em>s&iacute;, hijo, s&iacute;</em> y un <em>tranquilo, que no te va a faltar de nada si te tienes que marchar</em>. La abuela, en cambio, permanece muy quieta en un sof&aacute; alto, tiene la mirada fija en la mesa y los pies no le llegan al suelo. Mientras observo esta escena, el camarero me ha tra&iacute;do la cuenta (dos euros y medio por mi caf&eacute; con leche) invit&aacute;ndome a irme. Est&aacute;n preparando las mesas para las comidas. Lo que &eacute;l no sabe es que yo no decido cu&aacute;ndo me voy, sino que tengo que esperar a que mi persona cuidadora pueda venir a buscarme. La abuela, que ha estado callada toda la velada (&iexcl;ay si la abuela hablara!), se mueve r&aacute;pida ahora sacando su peque&ntilde;o monedero para pagar.
    </p><p class="article-text">
        La chica de fuera no est&aacute; interesada en hacerles m&aacute;s fotos a los gorriones, ha terminado su copa de vino y anda perdida en lo que quiera que vea o lea en la pantalla de su m&oacute;vil. Los gorriones la esperan, dos sobre la mesa, los otros cinco dentro de las macetas protegi&eacute;ndose del fr&iacute;o. No hay m&aacute;s patatas en el cuenco.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carmen Quintana Cocolina]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/debilidad_132_1759923.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 08 Jan 2019 06:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La debilidad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Dependencia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuento de invierno]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/cuento-invierno_132_1814528.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/35140a2f-3cb2-4e29-9a51-1647fddc5849_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="El pico Tres Mares desde el puerto de Alisas."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si algo hizo especial a nuestra primera vez, no fue solo la compañía, no fue únicamente la montaña ni la vista de nuestra región, sino el recuerdo nítido de haber vivido una nueva emoción hasta entonces desconocida, de haber aprendido algo nuevo y verdadero.</p></div><p class="article-text">
        La estaci&oacute;n de esqu&iacute; de Alto Campoo present&oacute; hace unos d&iacute;as su temporada 2018/2019. Con esta, ser&aacute;n cincuenta y cuatro temporadas haciendo felices a los esquiadores m&aacute;s virtuosos, a los patosos, a los instruidos, a los esquiadores domingueros, a los primerizos, a los que suben hasta all&iacute; por el placer de tomar un chocolate caliente en la cafeter&iacute;a El Chivo o de crear un &aacute;ngel sobre la nieve virgen despu&eacute;s de un animado viaje en telesilla, a los que despu&eacute;s de la und&eacute;cima vez mont&aacute;ndose en las perchas saben cu&aacute;l ser&aacute; la parte del cuerpo que m&aacute;s les doler&aacute; al d&iacute;a siguiente.
    </p><p class="article-text">
        La primera vez que ascend&iacute; al pico Tres Mares ten&iacute;a diecis&eacute;is a&ntilde;os. Digamos que no era una esquiadora prodigio: mi bautizo en la nieve de aquellas monta&ntilde;as hab&iacute;a sido tan solo tres a&ntilde;os antes y desde entonces hab&iacute;a ido a Alto Campoo un d&iacute;a al a&ntilde;o, dos con suerte. Recuerdo que, desde la cima, la pendiente era demasiado escarpada para mis ojos y que tanto a mi amiga Mar&iacute;a &ndash;para quien era tambi&eacute;n su primera vez&ndash; como a m&iacute;, nos entr&oacute; ese repentino desasosiego que pone en cuesti&oacute;n la identidad personal y la cordura. &iquest;Soy yo la que est&aacute; realmente viviendo este momento? &iquest;C&oacute;mo se me ha ocurrido llegar hasta aqu&iacute;? &iquest;Y si nunca jam&aacute;s puedo bajar de esta monta&ntilde;a? Esa ansiedad en apariencia il&oacute;gica y tan humana. Esa ansiedad que aquel d&iacute;a se tradujo en una risa adolescente e imparable. Esa ansiedad que contradictoriamente nos indujo a quedarnos muy quietas; nuestros cuerpos enclavados en la nieve como los postes del telesilla: f&eacute;rreos, fr&iacute;os, inmutables.
    </p><p class="article-text">
        Mientras debat&iacute;amos si vegetar en la cima o lanzarnos por la ladera entre carcajadas nerviosas, apareci&oacute; por all&iacute; un hombre, un buen pastor que conoc&iacute;a bien aquella pista, que parec&iacute;a en control de sus esqu&iacute;s, de sus bastones, de su cuerpo, de la expresi&oacute;n sosegada de su cara y que probablemente sinti&oacute; el deber de rescatarnos. El esquiador se nos qued&oacute; mirando con cara divertida y nos inst&oacute; a que lo sigui&eacute;ramos. Nos colocamos detr&aacute;s de &eacute;l y lo imitamos, pues no ten&iacute;amos nada que perder y la otra opci&oacute;n era m&aacute;s desesperanzadora. Como los patitos que se mueven torpemente en fila siguiendo a su madre, avanz&aacute;bamos de un extremo al otro de la pista queriendo formar una <em>ese</em> en la nieve que era m&aacute;s bien una <em>zeta</em>. Al llegar a cualquiera de los dos puntos &ndash;el derecho o el izquierdo, daba igual&ndash;, solo entonces, gir&aacute;bamos haciendo la cu&ntilde;a con nuestros esqu&iacute;s y comenz&aacute;bamos nuestro viaje hacia el otro lado descendiendo uno o dos metros cada vez. Tras cinco minutos de perfecta sincronizaci&oacute;n &ndash;y tratando de frenar lo inevitable&ndash;, el hombre que nos hab&iacute;a salvado se abandon&oacute; a la pendiente y nos pidi&oacute; que hici&eacute;ramos lo mismo con un ligero movimiento de bast&oacute;n que apuntaba hacia el abismo. No lo dudamos ni un segundo. Nuestros esqu&iacute;s salieron despedidos como Ant&iacute;gono al entrar a escena perseguido por un oso en la obra de teatro shakesperiana <em>Cuento de invierno</em>. Un soplo de aire fresco entr&oacute; por mi nariz al tiempo que, de mi est&oacute;mago, escapaba un cosquilleo peregrino que inundaba mi pecho. Distingu&iacute; entonces, el latido acompasado de mi coraz&oacute;n entre la piel y las costillas, el cerebro ingr&aacute;vido flotando dentro del cr&aacute;neo. Y as&iacute;, me arroj&eacute; a un estado de completa ataraxia, que todav&iacute;a hoy recuerdo, y en el que me mantuve durante unas &iacute;nfimas mil&eacute;simas de segundo. No era la &uacute;nica que estaba sintiendo aquello. Al mirar a Mar&iacute;a, y ver en su cara el reflejo de la misma serenidad que yo estaba experimentando, comprend&iacute; lo que hab&iacute;amos ido a hacer all&iacute;. El esquiador, despu&eacute;s de unos segundos en ca&iacute;da libre, comenz&oacute; a frenar serpenteando a la vera del r&iacute;o H&iacute;jar, y nosotras, disc&iacute;pulas, lo seguimos, lo habr&iacute;amos seguido hasta el fin del mundo.
    </p><p class="article-text">
        Tras aquella primera vez vinieron otras y, a pesar de la carcajada nerviosa que las dos profer&iacute;amos en lo alto de cada pista, consegu&iacute;amos abrazarnos al abismo; lleg&aacute;bamos victoriosas hasta el final, aunque no sin ca&iacute;das por el camino, pero eso daba igual. Tambi&eacute;n conquistamos otras pistas. El Cuchill&oacute;n, que nos esperaba a la sombra con su capa de hielo hasta bien entrada la tarde en los d&iacute;as soleados, o El Castro y Los Asnos, precedidas por esas perchas que desafiaban al gl&uacute;teo medianamente entrenado.
    </p><p class="article-text">
        Si algo hizo especial a nuestra primera vez, no fue solo la compa&ntilde;&iacute;a, no fue &uacute;nicamente la monta&ntilde;a ni la vista de nuestra regi&oacute;n, sino el recuerdo n&iacute;tido de haber vivido una nueva emoci&oacute;n hasta entonces desconocida, de haber aprendido algo nuevo y verdadero. Y esto ocurri&oacute;, por cuestiones c&oacute;smicas que se me escapan, en la estaci&oacute;n de Alto Campoo, a la que deseo una gran temporada y muchas primeras veces.
    </p><p class="article-text">
        Se acab&oacute; el cuento, se lo llev&oacute; el viento y se fue por el pico Tres Mares adentro. Fin.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carmen Quintana Cocolina]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/cuento-invierno_132_1814528.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 27 Nov 2018 08:46:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuento de invierno]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cantabria,Cuentos,Alto Campoo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Por qué corre Forrest Gump?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/corre-forrest-gump_132_2128945.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/761aadfd-6fbc-49ce-a346-4ce748d6ea41_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Forrest Gump."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Dejemos de lado nuestra vida inconsciente, aquella en la que vamos con el piloto automático, como si el cerebro estuviera en estado permanente de reposo, y disfrutemos más de nosotros mismos, de lo que nos ofrecen los demás y lo que podemos dar a cambio</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; hace a algunas personas dejarlo todo y replantearse su vida? Hace unas semanas un caminante brit&aacute;nico recorri&oacute; el paisaje c&aacute;ntabro con su mochila, su bicicleta y su perro. No es deportista ni est&aacute; haciendo el camino de Santiago por la costa. Este bombero retirado lleva doce a&ntilde;os caminando por el mundo, solo por la alegr&iacute;a que le supone recorrer el planeta. Algunos podr&iacute;an decir que tiene alg&uacute;n tipo de problema mental: &ldquo;es un papanatas, dejarlo todo y ponerse a caminar, &iexcl;pamplinas!&rdquo;. <a href="https://www.eldiario.es/norte/cantabria/sociedad/Martin-Hutchinson-bombero-recorre-bicicleta_0_762573930.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">No obstante, Martin Hutchinson tiene un objetivo: pregonar su mensaje ecologista a quienes le escuchan</a>. Hay que cuidar del planeta, dice, mi mejor amigo. Ha estado en numerosos colegios a lo largo de su traves&iacute;a de m&aacute;s de 100,000 km; entre ellos, en dos de Castro Urdiales y Colindres, a su paso por Cantabria, y comenta que los ni&ntilde;os escuchan, pero al final se fijan en las malas actitudes de los adultos.
    </p><p class="article-text">
        La proeza de Hutchinson no est&aacute; en echarse a andar, todos podemos hacer esto, sino en tener un objetivo que lo acompa&ntilde;a. En muchos momentos de nuestra vida andamos o corremos sin rumbo fijo, perdiendo gran parte de nuestro tiempo porque no tenemos una meta clara. Estamos corriendo como Forrest Gump, sin sentido, como pollos sin cabeza, ya sea en el trabajo o en lo personal. A las &oacute;rdenes de no s&eacute; qu&eacute; jefe, de no s&eacute; qu&eacute; importante proyecto, o con un trabajo precario que no conduce m&aacute;s que a otro trabajo precario, o trabajando en algo que no nos gusta y viviendo con la falsa ilusi&oacute;n de que la oportunidad simplemente llamar&aacute; a nuestra puerta. En la vida &iacute;ntima, desperdiciando tiempo en relaciones de amor o amistad que no nos convienen, o en pantallas de m&oacute;vil que no nos dejan ver a quien tenemos al lado&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Es entonces cuando necesitamos detenernos y pensar, &iquest;qu&eacute; direcci&oacute;n tomar? &iquest;Con qu&eacute; fin? Hay un libro que danza en mi mente al pensar sobre este tema, 'El ins&oacute;lito peregrinaje de HaroldFry' (2012) de Rachel Joyce. Harold Fry, el protagonista, recibe una carta de una amiga que le dice que tiene c&aacute;ncer y que est&aacute; a punto de morir. Entonces &eacute;l sale de casa con lo puesto y una carta escueta de vuelta que se dispone a tirar en el buz&oacute;n m&aacute;s cercano. En su lugar, decide ir a echar la carta al siguiente buz&oacute;n, y despu&eacute;s al siguiente, hasta que se olvida del escrito y lo que hace es ir caminando a encontrarse con su amiga, a quien no ve desde hace veinte a&ntilde;os. Con ello busca curarla &ndash;aunque en la novela queda claro que esto no es posible&ndash;, pero tambi&eacute;n curarse a s&iacute; mismo, salir de ese estado de letargo en el que se ha dejado caer. La llama que enciende su camino es la necesidad de expiaci&oacute;n ante su amiga, a quien siente que ha fallado. En su peculiar peregrinaje de 87 d&iacute;as y 1.009 km, se encuentra con una serie de personas que le cuentan cosas sobre sus vidas que no relatar&iacute;an a sus seres m&aacute;s cercanos con los que est&aacute;n acostumbrados a llevar m&aacute;scaras y no mostrar su interior. El protagonista tambi&eacute;n se comportaba as&iacute; con los suyos hasta que su viaje le hace ver la importancia de relacionarse con los dem&aacute;s y reconectar consigo mismo. Harold demuestra que se puede volver a empezar en la vida, pero sin olvidarse de su pasado, llev&aacute;ndolo con &eacute;l, no como una carga, sino como una fuente llena de sabidur&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Con todo, no hace falta que un amigo nos diga que se va a morir o que nos ocurra algo traum&aacute;tico para que reaccionemos. Basta con pararse a pensar en un objetivo que nos seduzca para no caer en la nada, la nada que nos atrapa. En definitiva, todos buscamos conocernos mejor a nosotros mismos y al mismo tiempo, estar cerca de otros, conectar con los dem&aacute;s. Por eso, este es un alegato para que nos lancemos a caminar. Con ello no estoy abogando por que nos arrojemos a correr como Forrest Gump, es decir, literalmente como posesos &ndash;o s&iacute;, si ese es tu sue&ntilde;o&ndash;, sino que seamos capaces de perseguir una meta que nos importe, algo concreto, ya sea en el terreno social, profesional, en el personal o en todos. Dejemos de lado nuestra vida inconsciente, aquella en la que vamos con el piloto autom&aacute;tico, como si el cerebro estuviera en estado permanente de reposo, y disfrutemos m&aacute;s de nosotros mismos, de lo que nos ofrecen los dem&aacute;s y lo que podemos dar a cambio. Una sonrisa, una conversaci&oacute;n a tiempo, un sue&ntilde;o por cumplir, una causa por la que luchar. La mente nos lo agradecer&aacute;.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carmen Quintana Cocolina]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/corre-forrest-gump_132_2128945.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 15 May 2018 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Por qué corre Forrest Gump?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cantabria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El precio de la vainilla]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/precio-vainilla_132_2184255.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7602c385-0a8d-4011-965f-e9cefcbaf777_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La agricultura tradicional –sobre todo en los países del sur– sigue siendo ese sector frágil que no solo está determinado por el posible margen de error y avaricia humanos, sino que también le influye la naturaleza, que es grande y poderosa, y hace impredecible augurar una buena cosecha a pesar de la voluntad de quien la cultiva.</p></div><p class="article-text">
        En Cantabria vamos un poco a nuestro aire con el tema de las torrijas. No las llamamos torrijas sino torrejas o tostadas, y no las comemos en Semana Santa sino en Navidad. La torrija lleva mucha preparaci&oacute;n y unos ingredientes muy b&aacute;sicos: leche, pan, huevos, aceite, canela, az&uacute;car. Hay tambi&eacute;n quien a&ntilde;ade la c&aacute;scara del lim&oacute;n o la naranja.
    </p><p class="article-text">
        Las pasadas Navidades decid&iacute; hacer unas torrejas sustituyendo la canela por vainilla y fue toda una aventura. Me recorr&iacute; Santander en busca de vainas de vainilla &ndash;porque ya que iba a utilizar vainilla no quer&iacute;a que fuera extracto de vainilla o vainilla sint&eacute;tica sino aut&eacute;ntica, as&iacute; de h&iacute;pster fue la cosa. No di con las vainas en ning&uacute;n supermercado; al final me acerqu&eacute; a una tienda gourmet de referencia en Santander y all&iacute; un agradable se&ntilde;or me trajo el ansiado frasquito que costaba casi cuatro euros por una vaina. Lo compr&eacute; aturullada, feliz de haberlo encontrado al fin, y con la ayuda de los ahorros de mi prima porque yo no llevaba suficiente cambio. Sal&iacute; exultante de la tienda, como si hubiera hallado el Santo Grial cuando, para mi sorpresa, al mirar el bote transparente de nuevo, percib&iacute; que la vaina estaba m&aacute;s reseca de lo normal &ndash;yo no soy ninguna experta, pero estaba realmente seca&ndash;, y solo entonces, se me ocurri&oacute; mirar la fecha de caducidad, &ldquo;consumir preferentemente antes del: 02/2015&rdquo;. Probablemente era la primera persona en tres a&ntilde;os que hab&iacute;a decidido comprar una vaina de vainilla por casi cuatro euros. Quise maldecir al hombre amable que me ofreci&oacute; el bote, pero pens&eacute; en uno de los cuentos de Concha Espina, <em>El buen mundo</em>, que cuenta la historia de un adorable viejito que vende el mundo por la calle mientras predica que &ldquo;el mundo es bueno&rdquo;; nadie a su alrededor le hace caso porque est&aacute;n concentrados en lo suyo, mirando sin ver. Conclu&iacute; que era yo la que ten&iacute;a que haber verificado la fecha de expiraci&oacute;n antes de comprar aquella vaina de esparto.
    </p><p class="article-text">
        Todo este dolor en mi coraz&oacute;n, en mi bolsillo y el de mi prima, me llev&oacute; a investigar sobre el origen de la vainilla y su situaci&oacute;n actual, &iquest;d&oacute;nde han ido a parar todas las vainas de vainilla? &iquest;Por qu&eacute; son tan caras?
    </p><p class="article-text">
        La especie de <em>orqu&iacute;dea planifolia</em> que da este codiciado fruto florece cada tres a&ntilde;os y son necesarias 600 flores polinizadas a mano para conseguir un kilo de vainas curadas. El 80-85% de la producci&oacute;n de vainilla &ndash;de la variedad Bourbon o vainilla francesa&ndash; se cultiva en Madagascar. La vainilla francesa comenz&oacute; su apogeo a mediados del siglo XIX en las Islas Reuni&oacute;n cuando Albius, un esclavo de 12 a&ntilde;os, descubri&oacute; c&oacute;mo polinizar manualmente las flores para producir las vainas. No obstante, la historia de la vainilla no empieza en Madagascar sino en M&eacute;xico de donde es su polinizador natural, la abeja Melipona. Moctezuma ya se hac&iacute;a sus batidos energ&eacute;ticos de cacao con vainilla cuando llegaron los espa&ntilde;oles y destruyeron su preciosa ciudad llena de canales. A los espa&ntilde;oles enseguida les fascin&oacute; la vainilla, a la que pusieron aquel nombre por su forma de peque&ntilde;a vaina. Hoy en d&iacute;a, la vainilla se sigue cultivando en M&eacute;xico, tambi&eacute;n en Tahit&iacute; e Indonesia, pero las variedades de orqu&iacute;dea de estos pa&iacute;ses son menos apreciadas por dar un fruto m&aacute;s especiado que la de Madagascar &ndash;con sabor a ron y un aroma dulce.
    </p><p class="article-text">
        Madagascar ha sido azotado recientemente por una serie de ciclones, el m&aacute;s fuerte, el cicl&oacute;n Enawo &ndash;con la fuerza de un hurac&aacute;n de intensidad cuatro&ndash; pas&oacute; por la isla en marzo de 2017. Los expertos vaticinaron entonces que un tercio de la producci&oacute;n de este pa&iacute;s se habr&iacute;a visto afectado con el consiguiente aumento de precios &ndash;en el verano de 2017 el kilo de vainas costaba alrededor de 500 euros cuando el precio medio del kilo de vainilla es 80 euros.
    </p><p class="article-text">
        El cultivo de la vainilla requiere mucho trabajo. Las vainas se cosechan cuando todav&iacute;a est&aacute;n verdes &ndash;en los &uacute;ltimos a&ntilde;os se han recogido del suelo al desprenderse antes de tiempo de la planta por los ciclones, lo que ha hecho que sean de peor calidad&ndash; y despu&eacute;s se venden a plantas de fermentaci&oacute;n donde los trabajadores separan y secan las vainas al sol y despu&eacute;s a la sombra, y valoran constantemente su aroma y su calidad mientras las vigilan por los numerosos robos a consecuencia de la escalada de precios &ndash;el kilo de vainilla representa el salario medio anual de un malgache.
    </p><p class="article-text">
        Con esta informaci&oacute;n, no puedo dejar de plantearme si a&ntilde;adirle el sabor natural de la vainilla a mis torrijas compensa el impacto medioambiental y el esfuerzo econ&oacute;mico y humano de traer la vaina desde Madagascar. La agricultura tradicional &ndash;sobre todo en los pa&iacute;ses del sur&ndash; sigue siendo ese sector fr&aacute;gil que no solo est&aacute; determinado por el posible margen de error y avaricia humanos, sino que tambi&eacute;n le influye la naturaleza, que es grande y poderosa, y hace impredecible augurar una buena cosecha a pesar de la voluntad de quien la cultiva. Por eso, las pr&oacute;ximas Navidades har&eacute; las cl&aacute;sicas tostadas con canela. O quiz&aacute; decida echar la mirada atr&aacute;s, volver a los recetarios antiguos, como <em>La cocina espa&ntilde;ola antigua</em>, escrito por Emilia Pardo Baz&aacute;n en 1913, en el que habla de una sopa borracha de torrijas y de unas torrijas saladas con anchoas &ndash;este &uacute;ltimo plato beneficiar&iacute;a bastante a la econom&iacute;a c&aacute;ntabra.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carmen Quintana Cocolina]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/precio-vainilla_132_2184255.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 09 Apr 2018 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El precio de la vainilla]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Gastronomía,Ecología,Agricultura,Madagascar]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De cuentos y realidades]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/cuentos-realidades_132_2238634.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/655df90a-baa8-4d4d-91e2-15c5b2835ae2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las leyes son una forma muy poderosa de transformar la sociedad, de generar el progreso necesario que, junto con otras acciones sociales, fomente la igualdad entre el hombre y la mujer, es decir, avance en el camino del feminismo.</p></div><p class="article-text">
        El &uacute;ltimo libro que he le&iacute;do, <em>El cuento de la criada</em>, me ha dejado &ndash;adem&aacute;s de asombrada por la prosa aguda y en apariencia sencilla de Atwood&ndash; pensando en c&oacute;mo un mundo dist&oacute;pico que parece aberrante e imposible de reproducirse en la sociedad en que vivimos, que se mueve hacia la igualdad entre hombres y mujeres, puede sin embargo tener ciertas similitudes con nuestra realidad.
    </p><p class="article-text">
        En la novela, la sociedad est&aacute; dividida en castas, los hombres seg&uacute;n su riqueza y las mujeres seg&uacute;n sus capacidades reproductivas. La protagonista, Defred, es una criada, una mujer f&eacute;rtil que se ha convertido en un &uacute;tero andante, una vasija donde guardar fetos fecundados por sus due&ntilde;os, los comandantes, que son los hombres m&aacute;s ricos, los que ostentan el poder en la sociedad, y tienen derecho a una esposa &ndash;o cuidadora de beb&eacute;s&ndash;, una criada &ndash;o esclava sexual&ndash; y sirvientas. El d&iacute;a que esos beb&eacute;s nacen son dados a otras mujeres, las esposas de los comandantes, para que los cuiden junto a las sirvientas, todas ellas est&eacute;riles por culpa de una epidemia de infertilidad, derivada de la poluci&oacute;n, los vertidos t&oacute;xicos y otros factores que ahora no vienen al caso.
    </p><p class="article-text">
        Se trata de una sociedad teocr&aacute;tica muy puritana con una doble moral. Existen prost&iacute;bulos, que se saltan las normas y est&aacute;n protegidos por los comandantes. A algunos de ellos les gusta llevar a sus criadas, vestirlas con ropas provocativas y violarlas &ndash;imagin&aacute;ndose que el sexo es consensual. Como muchos de los comandantes tambi&eacute;n son est&eacute;riles, hay una red clandestina de favores de otros hombres de menor rango &ndash;m&eacute;dicos, guardianes, sirvientes&ndash; que se ofrecen a fecundar a las criadas, una iniciativa secundada por algunas esposas de los comandantes para obtener el preciado beb&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        En el cuento todo el sistema de la sociedad gira alrededor de la posesi&oacute;n del cuerpo de la mujer y su &uacute;nica funci&oacute;n en la vida: procrear. Se trata, como digo, de una sociedad dist&oacute;pica con unas pr&aacute;cticas que nos pueden parecer descabelladas, pero est&aacute;n construidas sobre escenarios reales de nuestro mundo. En Espa&ntilde;a, sin ir m&aacute;s lejos, existen los roles de g&eacute;nero por los que las mujeres son las que se ocupan a menudo de ni&ntilde;os y mayores, y los hombres son los que trabajan con m&aacute;s frecuencia fuera de casa y los que mayoritariamente deciden sobre temas que nos afectan a todos o solo a las mujeres, existe la violencia machista en muchas y diversas formas, existe la explotaci&oacute;n de la mujer en el terreno laboral y existen tambi&eacute;n los prost&iacute;bulos.
    </p><p class="article-text">
        Por suerte, en Espa&ntilde;a, mientras sigue habiendo una cultura y algunas leyes que mantienen la desigualdad entre hombres y mujeres y someten los cuerpos de las mujeres utiliz&aacute;ndolos como herramienta de control de la sociedad, hay muchas personas promoviendo la igualdad de g&eacute;nero. Tambi&eacute;n hay medidas pol&iacute;ticas que han apoyado la igualdad de g&eacute;nero como la Ley de Igualdad de 2007 &ndash;aunque en este momento est&aacute; estancada por falta de voluntad pol&iacute;tica&ndash;, o que intentan frenar la violencia machista como el nuevo Pacto de Estado contra la Violencia de G&eacute;nero &ndash;que a&uacute;n no se ha puesto en marcha por falta de financiaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Y mientras, tenemos mucho por hacer: los hombres solo tienen cinco semanas de baja de paternidad &ndash;esta medida no se implementar&aacute; hasta que se aprueben los presupuestos generales de este a&ntilde;o&ndash; y la mujer diecis&eacute;is semanas. La brecha salarial entre hombres y mujeres es de 22,86% comparando los salarios anuales brutos a nivel nacional, y&nbsp;<a href="http://www.eldiario.es/norte/cantabria/ultima-hora/Cantabria-lidera-brecha-salarial-Espana_0_741926523.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Cantabria la lidera con seis puntos m&aacute;s que la media espa&ntilde;ola</a> (28,92%). La violencia machista <a href="http://gestion.feminicidio.net/articulo/listado-feminicidios-y-otros-asesinatos-mujeres-cometidos-hombres-espa%C3%B1a-2017" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">seg&oacute; la vida de 49 mujeres en 2017</a>. Los prost&iacute;bulos est&aacute;n dispersos por todo el territorio espa&ntilde;ol disfrazados de hostales o clubes de alterne &ndash;algunos incluso se intentan promocionar en eventos a favor de la igualdad g&eacute;nero, como el reciente caso de <a href="http://www.eldiario.es/norte/cantabria/ultima-hora/alcaldesa-suspension-femenino-patrocinada-alterne_0_718828343.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la velada de boxeo de Camargo</a>.
    </p><p class="article-text">
        Con frecuencia me preguntan, por aquello de que vivo en Reikiavik, si es verdad que Islandia es el mejor pa&iacute;s para vivir si eres mujer. Para ser sincera, hay d&iacute;as que respondo que s&iacute; y otros que no &ndash;es como cuando me preguntan si hace mucho fr&iacute;o en Reikiavik; depende de con qu&eacute; lo compares, as&iacute; que intento ser creativa&ndash;.
    </p><p class="article-text">
        En Islandia tambi&eacute;n hay estereotipos, tambi&eacute;n hay roles de g&eacute;nero. Hay m&aacute;s igualdad que en Espa&ntilde;a, s&iacute;, pero los hombres y las mujeres siguen sin estar totalmente equiparados. En Reikiavik hace fr&iacute;o, s&iacute;, definitivamente m&aacute;s que en Alicante en cualquier &eacute;poca del a&ntilde;o, pero menos que en la provincia de Guadalajara en invierno. Es cierto que es una sociedad en la que los derechos y las obligaciones est&aacute;n m&aacute;s a la par para hombres y mujeres y esto es gracias, en gran parte, a las leyes y medidas que tratan de avanzar al mismo ritmo que la sociedad. Las leyes son una forma muy poderosa de transformar la sociedad, de generar el progreso necesario que, junto con otras acciones sociales, fomente la igualdad entre el hombre y la mujer, es decir, avance en el camino del feminismo.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; han hecho los islandeses con sus leyes para acortar estas diferencias entre hombres y mujeres? Puesto que tanto los hombres como las mujeres quieren participar en el cuidado de sus beb&eacute;s &ndash;al fin y al cabo, son padres los dos&ndash; la ley de baja de paternidad/maternidad en Islandia tiene una duraci&oacute;n total de nueve meses. Tres meses intransferibles para cada integrante de la pareja y tres meses que se pueden repartir. Puesto que el Gobierno se ha tomado en serio equiparar los salarios de hombres y mujeres &ndash;vieron que si no actuaban la brecha salarial, que <a href="https://hagstofa.is/utgafur/frettasafn/laun-og-tekjur/rannsokn-a-launamun-kynjanna-2008-2016/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en 2016 estaba alrededor del 16% de media al mes</a>, no se cerrar&iacute;a hasta dentro de 122 a&ntilde;os&ndash; acaba de aprobar una ley de igualdad salarial con la que esperan cerrar esta brecha en 2022. Islandia tambi&eacute;n tiene casos de violencia machista &ndash;<a href="https://apolitical.co/solution_article/domestic-violence-iceland-police-keeping-window-open/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">alrededor de 650 de violencia denunciados cada a&ntilde;o y un feminicidio en 2017</a>. Desde 2012, cuando una mujer llama a la polic&iacute;a por un caso de violencia dom&eacute;stica, un equipo de polic&iacute;as, abogados, trabajadores sociales, m&eacute;dicos y trabajadores de protecci&oacute;n infantil se desplaza inmediatamente a su casa para apoyarla. Con esto est&aacute;n consiguiendo que haya m&aacute;s mujeres que denuncian los malos tratos porque se sienten con m&aacute;s confianza para hacerlo. Finalmente, pagar por sexo es ilegal en Islandia, en vez de penalizar a las trabajadoras sexuales &ndash;que en muchas ocasiones se ven forzadas a ejercer la prostituci&oacute;n&ndash; la ley criminaliza a aquellos que pagan por sexo y a terceras partes implicadas. Adem&aacute;s, los prost&iacute;bulos son ilegales, es decir, ilegales de verdad, no se disfrazan como establecimientos hosteleros, simplemente no existen. Tampoco los clubes de striptease.
    </p><p class="article-text">
        Cada vez somos m&aacute;s mujeres y hombres los que nos respetamos mutuamente y queremos igualdad, por eso, exigimos un desarrollo efectivo de nuestras leyes que asegure la equidad de derechos y obligaciones de todos los ciudadanos, sean hombres o mujeres, y un futuro m&aacute;s igualitario para las siguientes generaciones. &ldquo;Pens&aacute;bamos que har&iacute;amos que todo fuera mejor&rdquo;, le dice el comandante a Defred refiri&eacute;ndose a la nueva sociedad que han creado. &ldquo;&iquest;Mejor?&rdquo;, repite ella en voz baja. &ldquo;Mejor nunca significa mejor para todos, para algunos siempre es peor&rdquo;, responde &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Ni mejor ni peor, queremos que nuestra sociedad sea justa, que sea igualitaria.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carmen Quintana Cocolina]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/cuentos-realidades_132_2238634.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 12 Mar 2018 06:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De cuentos y realidades]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Feminismo]]></media:keywords>
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