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    <title><![CDATA[elDiario.es - Samuel Nacar]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/samuel_nacar/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Samuel Nacar]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Viaje a los lugares de Turquía que el terremoto ha convertido en ciudades fantasmas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/viaje-lugares-turquia-terremoto-convertido-ciudades-fantasmas_1_9981528.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/23601f45-bcea-4ec5-a958-6e473096aca6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Viaje a los lugares de Turquía que el terremoto ha convertido en ciudades fantasmas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El miedo a nuevos derrumbes, la destrucción masiva, la falta de recursos y el estrés postraumático de los habitantes vacían las localidades más golpeadas por el seísmo del 6 de febrero </p><p class="subtitle">El mayor terremoto turco desde 1939 arrasa una Siria asolada por la guerra</p></div><p class="article-text">
        Kahramanmara&#351; tenia un mill&oacute;n 150 mil habitantes, pero muchos se marcharon de la ciudad en autobuses cuando el terremoto del 6 de febrero la golpe&oacute;. La provincia de Hatay tenia un mill&oacute;n 600 mil habitantes, hoy los camiones de mudanza hacen cola para salir de su capital, Antioqu&iacute;a. Nurdagi tenia 41.322 habitantes, ahora 25.000 se han desplazado a campos de acogida temporales.
    </p><p class="article-text">
        En las calles de Antioqu&iacute;a, poco m&aacute;s de dos semanas despu&eacute;s del se&iacute;smo, solo quedan militares, bomberos y equipos de rescate, que todav&iacute;a siguen intentando sacar a alg&uacute;n superviviente de los escombros. Los familiares hacen guardia enfrente de las ruinas con la esperanza de que los suyos a&uacute;n sigan vivos. Pero ahora ya solo aparecen m&aacute;s bolsas negras.
    </p><p class="article-text">
        Las carreteras est&aacute;n llenas de peque&ntilde;os convoyes formados por una camioneta con montacargas, un cami&oacute;n de mudanzas y un coche con los propietarios de las pertenencias que les sigue de cerca. Es un patr&oacute;n que se repite desde hace d&iacute;as. Al menos 865.000 personas ya se encuentran desplazadas en los campos de emergencia y otros tantos miles, imposibles de calcular, se han marchado de las regiones afectadas. Por si quedaba alguna duda sobre la decisi&oacute;n, el pasado lunes una r&eacute;plica del terremoto, de magnitud 6.4, termin&oacute; por convencer a la mayor&iacute;a de que lo mejor era marcharse.
    </p><p class="article-text">
        El presidente turco Recep Tayyip&nbsp;Erdogan promete, apurado por unas elecciones inminentes, que las ciudades volver&aacute;n a ser lo que eran dentro de un a&ntilde;o. Y a pesar de que parece imposible retomar la normalidad en tan poco tiempo, un voluntario de AFAD, la entidad gubernamental encargada de gestionar la emergencia, afirma: &ldquo;Yo odio a Erdogan, pero si &eacute;l dice un a&ntilde;o, ser&aacute; un a&ntilde;o&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Obligados a volver a empezar</h3><p class="article-text">
        En las zonas m&aacute;s golpeadas por el terremoto, seg&uacute;n el censo oficial, resid&iacute;an 13,5 millones de personas. Miles de habitantes de estas a&eacute;reas se han quedado sin hogar; 61.700 edificios y 263.800 apartamentos est&aacute;n gravemente da&ntilde;ados, pero es un n&uacute;mero destinado a aumentar en los pr&oacute;ximos d&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Fouad Omar, a pesar de los da&ntilde;os sufridos por su casa, ha decidido subir al piso junto con su familia para recoger sus pertenencias. Su edificio se ha mantenido en pie, pero hay grietas en las paredes. Aunque el gobierno recomienda no entrar en las viviendas que tienen da&ntilde;os estructurales, muchas familias, como la de Omar, volvieron despu&eacute;s de los temblores a hacer las maletas: &ldquo;Salimos de casa con los pies descalzos, con pijama, no ten&iacute;amos nada&rdquo;. Se cree que las v&iacute;ctimas de la r&eacute;plica del pasado lunes, seis hasta el momento, eran personas que estaban vaciando sus casas. &ldquo;Los sirios vivimos en el exilio, ya nos fuimos cuando comenz&oacute; la guerra, y ahora a empezar de nuevo otra vez&rdquo;, explica Omar, que naci&oacute; en Alepo. Estudi&oacute; cirug&iacute;a en Francia, donde est&aacute; pensando en empezar su nueva vida.
    </p><p class="article-text">
        Su hijo se enfrenta al segundo &eacute;xodo que le ha tocado vivir en sus 16 a&ntilde;os de vida. &ldquo;Es el destino&rdquo;, dice, mientras recoge las cosas m&aacute;s importantes de su habitaci&oacute;n. Su madre deshace el armario de sus hermanas y dobla las s&aacute;banas y toallas para meterlas en la maleta. La cocina es un desastre, todo cay&oacute; al suelo. &ldquo;Dios nos ha dado una segunda oportunidad&rdquo;, dice Omar con una gran sonrisa, aunque reconoce que lleva d&iacute;as sin poder dormir debido al estr&eacute;s postraum&aacute;tico del terremoto. Por ahora, se ir&aacute;n a casa de unos familiares cerca de la costa. Como ellos, centenares de familias cargan sus coches y abandonan la ciudad de Hatay.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Felize Al-Omar, la mujer de Fouad Omar, vaciando los armarios de la habitación de sus hijos en la que era su casa en Antioquía."
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            <span class="title">
                Felize Al-Omar, la mujer de Fouad Omar, vaciando los armarios de la habitación de sus hijos en la que era su casa en Antioquía.                            </span>
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        En las afueras de la ciudad, en uno de los barrios humildes donde las casas tienen jard&iacute;n con gallinas y los bloques son bajos, algunos han decidido quedarse. Sezer Daglioglu ha pagado 60.000 liras turcas, 2.980 euros, para que le traigan desde Estambul una caseta prefabricada y ponerla en su jard&iacute;n. &ldquo;La hemos comprado con nuestros ahorros. El estado no nos la ha dado. Hemos tenido que traerla nosotros mismos porque ya no tenemos casa&rdquo;, dice mientras la instala delante de su antigua casa, derruida por el terremoto. Desde su jard&iacute;n se puede ver gran parte de la ciudad, que, al llegar la noche, se convierte en una ciudad fantasma, tomada por militares y polic&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        En la autopista, convoyes de camiones llegan a las ciudades cargados con casetas de obra que se convertir&aacute;n en las casas provisionales a las afueras de las ciudades. Habr&aacute; un aire acondicionado por familia en cada caseta. Los ba&ntilde;os ser&aacute;n compartidos mientras se reconstruyen las ciudades. En otras ciudades afectadas, el patr&oacute;n se repite: convoyes de mudanza que se van, convoyes de casetas que entran. A las afueras de la ciudad de Nurdagi, se espera poder alojar al menos a 25.000 vecinos en estos contenedores de emergencia.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Lo que antes me hubiera costado 2.000 liras (100 euros) ahora me cuesta 7.500 (400 euros) liras&rdquo;, dice Mustafa Deveer, mientras observa c&oacute;mo un equipo de mudanzas vac&iacute;a el piso de su madre. Cuesta 372 euros vaciar los pisos de edificios que ya no son habitables. Mustafa y su familia hab&iacute;an vivido en Nurdagi durante m&aacute;s de 20 a&ntilde;os despu&eacute;s de dejar la vida en el campo, donde cuidaban del ganado. Hab&iacute;an decidido que su futuro estar&iacute;a all&iacute;.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Mustafa Deveer, delante del bloque donde vivía su madre en Nurdagi, el pasado 16 de febrero.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        El edificio donde viv&iacute;a su madre tendr&aacute; que ser derribado. Este bloque de pisos recibi&oacute; amnist&iacute;a del gobierno hace unos a&ntilde;os. Se construy&oacute; en 2015, pero nunca se hizo una revisi&oacute;n oficial de su estado. Durante el proceso de construcci&oacute;n, el alcalde de Nurdagi dio los permisos necesarios hasta en tres ocasiones para que el proceso siguiera adelante. Su familia pudo salir de la vivienda a tiempo, pero sufrieron heridas. &ldquo;Ir&aacute;n a la c&aacute;rcel. Todos a la c&aacute;rcel&rdquo;, dice refiri&eacute;ndose al constructor, mientras observa c&oacute;mo la plataforma el&eacute;ctrica del cami&oacute;n de mudanzas baja el sof&aacute; lila aterciopelado de su madre. En las calles paralelas, hay decenas de montacargas para vaciar los edificios. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es complicado imaginar que todos esos muebles que hoy bajan puedan volver a llenar los apartamentos de estas ciudades, cuando se escuchan historias como la de M&uuml;zeyyen Arslan, due&ntilde;a de un peque&ntilde;o restaurante. &ldquo;El edificio de enfrente a mi casa, un bloque de cuatro plantas, colaps&oacute; por completo, todas las familias han muerto&rdquo;, cuenta. &ldquo;&iquest;Y en Espa&ntilde;a? &iquest;Hay terremotos?&rdquo;, pregunta mientras le dice a su marido que tal vez deber&iacute;an de marcharse todos all&iacute;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Edificios destruidos en Kahramanmaraş, Turquía.                            </span>
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      <dc:creator><![CDATA[Samuel Nacar / Bruna Cases, Samuel Nacar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/viaje-lugares-turquia-terremoto-convertido-ciudades-fantasmas_1_9981528.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 Feb 2023 21:36:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Viaje a los lugares de Turquía que el terremoto ha convertido en ciudades fantasmas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Terremotos,Turquía,Desastres naturales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Erzin, un oasis dentro de la catástrofe en Turquía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/erzin-oasis-catastrofe-turquia_1_9963950.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d441f8e3-311f-45f8-a940-b243b2806964_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Erzin, un oasis dentro de la catástrofe en Turquía"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La ciudad turca estaba a solo 80 kilómetros del epicentro del terremoto, pero apenas registró daños y no hubo víctimas. El alcalde lo atribuyó a los estándares de construcción, pero otros sostienen que también puede tener que ver con la ubicación o la geología </p><p class="subtitle">Futuro incierto para Erdogan tras el terremoto y las amnistías a edificaciones que no cumplían con los estándares</p></div><p class="article-text">
        Es viernes y la calle principal de Erzin funciona como siempre: todos los comercios est&aacute;n abiertos. Si no fuera porque se ha ca&iacute;do el minarete de la mezquita,<a href="https://www.eldiario.es/internacional/200-fallecidos-turquia-siria-terremoto-magnitud-7-4_1_9927070.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> parecer&iacute;a que aqu&iacute; no ha habido terremoto</a>, pero esta ciudad de 42.000 habitantes estaba a solo 80 kil&oacute;metros del epicentro del temblor que sacudi&oacute; Turqu&iacute;a y la vecina Siria el pasado 6 de febrero.
    </p><p class="article-text">
        El alcalde de la ciudad se ha marchado, explica el teniente del regidor durante la entrada en el ayuntamiento. En el parque Atat&uuml;rk, las &uacute;nicas 23 personas que a&uacute;n no han podido volver a sus casas despu&eacute;s del terremoto tambi&eacute;n saben que el alcalde se ha marchado. Est&aacute;n enfadadas porque piensan que las declaraciones que &eacute;l hizo a los medios, en las que afirmaba que Erzin no ha sufrido da&ntilde;os o que la ciudad no se declarar&aacute; zona catastr&oacute;fica, les afectar&aacute; directamente a la hora de pedir ayudas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Quedar&aacute; claro que una de las principales razones de la destrucci&oacute;n y muerte es la corrupci&oacute;n enmascarada y las leyes con excepci&oacute;n de mi propia ciudad&rdquo;, ha dicho Okkes, el alcalde de Erzin. 
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, no solo esa es la raz&oacute;n principal, tambi&eacute;n la localizaci&oacute;n y que Erzin estuviera construido sobre roca y no sedimentos podr&iacute;a explicar, <a href="https://www.nytimes.com/2023/02/17/world/middleeast/erzin-turkey-earthquake.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">seg&uacute;n algunas fuentes</a>, por qu&eacute; esta ciudad es un oasis en medio de la cat&aacute;strofe. Sirin Kocakaya, el due&ntilde;o del restaurante Ozdil Tantuni, en el centro de la ciudad, dice que fue Dios, pero a la pregunta de por qu&eacute; Dios olvid&oacute; al resto de ciudades responde que la raz&oacute;n es que la falla est&aacute; al otro lado de la monta&ntilde;a.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;La cadena monta&ntilde;osa nos ha protegido&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Turqu&iacute;a es una de las regiones del mundo m&aacute;s activas a nivel sismol&oacute;gico desde hace a&ntilde;os. En las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, despu&eacute;s del terremoto de 1999 que sacudi&oacute; la parte noroeste del pa&iacute;s, el Gobierno <a href="https://www.eldiario.es/internacional/crecen-preguntas-criticas-turquia-derrumbe-miles-edificios-terremoto_1_9939757.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aprob&oacute; varias leyes que obligan a los constructores a dise&ntilde;ar edificios con materiales de alta calidad y resistentes a los terremotos.</a> 
    </p><p class="article-text">
        A estas alturas de la cat&aacute;strofe, queda claro que si se hubiera respetado la legislaci&oacute;n, el n&uacute;mero de muertos hubiera sido mucho menor. &ldquo;Ves este trozo de hormig&oacute;n, tiene piedras lisas que llegan a los cinco o seis cent&iacute;metros&rdquo;, explica Pitu, de Bomberos Sin Fronteras, durante uno de los rescates en la ciudad de Karhamanmaras. &ldquo;&iquest;V&eacute;is esta l&iacute;nea de aqu&iacute;? Es acero liso, cuando deber&iacute;a ser rugoso&rdquo;, dice mientras sujeta la muestra de hormig&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Recientemente, <a href="https://www.eldiario.es/internacional/futuro-incierto-erdogan-terremoto-amnistias-edificaciones-no-cumplian-estandares_1_9945325.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">las cr&iacute;ticas han llegado al Gobierno </a>de Recep Tayyip&nbsp;Erdogan por las amnist&iacute;as que permitieron a los constructores pagar una suma de dinero concreta para que se perdonaran las infracciones de construcci&oacute;n sin tener que adaptar los edificios a la legislaci&oacute;n. Estas amnist&iacute;as permitieron recaudar al Gobierno turco una gran cantidad de beneficios, pero ahora se ha convertido en uno de los principales motivos del gran n&uacute;mero de muertos por el derrumbamiento de edificios.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                El teniente de alcalde señala la cadena montañosa que dice haber protegido la ciudad de Erzin.                            </span>
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        &ldquo;Si Erzin estuviera en Gaziantep, estar&iacute;a todo derrumbado. Nos hemos salvado porque la falla no est&aacute; por debajo y la cadena monta&ntilde;osa nos ha protegido del terremoto&rdquo;, dice el teniente de alcalde. A pesar de que la ciudad vive protegida por esta cadena monta&ntilde;osa que la separa de ciudades vecinas como Osmaniye o Iskenderun, donde decenas de edificios han colapsado durante el terremoto, el segundo del alcalde se&ntilde;ala que &ldquo;el 50% de la responsabilidad es de las monta&ntilde;as y el otro 50% es del alcalde&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de que en esta zona tambi&eacute;n se han decretado amnist&iacute;as para varios edificios por parte del Gobierno, la historia sismol&oacute;gica de la regi&oacute;n ha llevado a los diferentes gobiernos de la ciudad a no permitir la construcci&oacute;n de edificios de m&aacute;s de cuatro o cinco plantas. Esto ha prevenido que haya habido alg&uacute;n derrumbamiento y que tan solo unos pocos edificios hayan sufrido da&ntilde;os estructurales. En esta ciudad no ha habido ninguna v&iacute;ctima mortal.
    </p><h3 class="article-text"><strong>El &uacute;nico edificio destruido: una mezquita</strong></h3><p class="article-text">
        Hace 10 d&iacute;as que Latife Yozcu, vecina de Erzin y madre de cuatro hijos, duerme en la tienda del Ayuntamiento junto con otras familias del pueblo. Aunque agradece poder estar aqu&iacute; a salvo con su familia, lamenta que en la tienda no haya espacio para todos. &ldquo;Ten&iacute;a parientes en Antakya y en Iskenderum, un hermano, pero ya no me queda nadie. He perdido a 30 familiares&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, est&aacute; esperando que alguno de los 10.000 peritos que est&aacute;n recorriendo la zona afectada por el terremoto examine su casa y as&iacute; poder tener un documento donde se acrediten los da&ntilde;os que ha sufrido. Como ella, las tres familias con quienes comparte refugio estos d&iacute;as toman el sol delante de la tienda de campa&ntilde;a. Esperan alg&uacute;n movimiento por parte del Ayuntamiento, especialmente de su alcalde.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Latife, en el centro de la foto, habla con el resto de mujeres con quien comparte refugio en la tienda de atrás."
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                Latife, en el centro de la foto, habla con el resto de mujeres con quien comparte refugio en la tienda de atrás.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Isaan Yaprak, Tarik Karpiaplu y Merve Usanmar venden estufas enfrente del &uacute;nico edificio que se ha derrumbado parcialmente, la mezquita construida en 1973. Est&aacute;n esperando a que sea derribada para poder reconstruirla. A pesar de estar justo enfrente, su tienda no sufri&oacute; ning&uacute;n da&ntilde;o, pero s&iacute; notaron el terremoto y salieron corriendo a la calle. 
    </p><p class="article-text">
        Ellos tambi&eacute;n creen que la monta&ntilde;a los protegi&oacute; del temblor. Isaan a&ntilde;ade: &ldquo;Tambi&eacute;n, porque construimos nuestros propios edificios, y no se los dimos a ning&uacute;n gran constructor. Al igual que la mayor&iacute;a de nuestros vecinos, confiamos en peque&ntilde;os constructores locales&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Samuel Nacar, Bruna Cases]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/erzin-oasis-catastrofe-turquia_1_9963950.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Feb 2023 21:36:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Erzin, un oasis dentro de la catástrofe en Turquía]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Turquía,Terremotos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[400 metros hasta Siria: el regreso de los cuerpos de los refugiados fallecidos en el terremoto en Turquía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/400-metros-siria-regreso-cuerpos-refugiados-fallecidos-terremoto-turquia_1_9959689.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/67888121-9069-4f75-ad83-51a9d31443d0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="400 metros hasta Siria: el regreso de los cuerpos de los refugiados fallecidos en el terremoto en Turquía"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una única camioneta destartalada transporta los cadáveres en el paso fronterizo entre Turquía y Siria, realizando viajes todo el día</p><p class="subtitle">El mayor terremoto turco desde 1939 arrasa una Siria asolada por la guerra
</p></div><p class="article-text">
        En la frontera de Turqu&iacute;a y Siria, la muerte se ha convertido en un pasajero m&aacute;s de los taxis y ambulancias que transitan la zona.<strong> </strong>Bolsas negras para cad&aacute;veres, apiladas unas sobre otras, contienen los cuerpos de aquellos refugiados sirios que no lograron sobrevivir al devastador<a href="https://www.eldiario.es/internacional/terremoto-turquia-siria-mortiferos-siglo-xxi_1_9953344.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> terremoto que sacudi&oacute; la regi&oacute;n el 6 de febrero.</a> All&iacute;, en la parte turca del paso fronterizo de Bab Al-Hawa, la vida y la muerte se entrelazan. Entre familiares y amigos, los cuerpos son transferidos de un veh&iacute;culo a otro, carg&aacute;ndolos en la parte trasera de una camioneta destartalada. 
    </p><p class="article-text">
        400 metros. Esa es la distancia que separa Turqu&iacute;a de Siria en este puesto de control. 400 metros es la distancia que recorre durante todo el d&iacute;a la &uacute;nica camioneta que transporta las bolsas negras de un pa&iacute;s al otro. 
    </p><p class="article-text">
        Tras el terremoto, el presidente sirio, Bashar al-Asad, abri&oacute; dos pasos fronterizos m&aacute;s, Bab al-Salaam y Al-Rae (situados en territorio controlado por fuerzas rebeldes), para permitir la entrada de ayuda humanitaria, pero a cuentagotas, durante los pr&oacute;ximos tres meses. En Bab al-Hawa, <a href="https://www.eldiario.es/internacional/busca-atrapados-escombros-terremoto-siria-oimos-voces-no-responder_1_9935711.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">puerta de entrada a las zonas rebeldes del noroeste del pa&iacute;s,</a> los civiles sirios tambi&eacute;n pueden cruzar la frontera, tanto para llevar a sus familiares fallecidos de vuelta a Siria como para regresar a su pa&iacute;s.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Refugiados sirios esperan en la frontera para cruzar a Siria                            </span>
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        En las regiones afectadas por el terremoto en el sur de Turqu&iacute;a viv&iacute;an alrededor de dos millones de refugiados sirios. &ldquo;Debido a esta situaci&oacute;n de precariedad, algunas de las casas construidas en los barrios m&aacute;s humildes est&aacute;n hechas con materiales de muy mala calidad. Muchas de estas familias ya viv&iacute;an en condiciones de vulnerabilidad antes de que ocurrieran los terremotos&rdquo;, explica Luc&iacute;a Villamayor, coordinadora del equipo de emergencias de Acci&oacute;n contra el Hambre para el terremoto de Turqu&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Garip lleva 10 a&ntilde;os en Turqu&iacute;a. &ldquo;Hasta que Al-Asad no muera, yo no vuelvo&rdquo;, dice. Este mi&eacute;rcoles por la noche, lleg&oacute; a la frontera acompa&ntilde;ando el cuerpo de su primo fallecido durante el terremoto. Lo transportaban en la parte trasera de un coche que los tra&iacute;a desde Karanmanmarash, una de las ciudades m&aacute;s afectadas por el temblor, a tres horas en coche. Despu&eacute;s de cruzar la frontera, lo recogi&oacute; uno de los cinco veh&iacute;culos que esperan en Siria. Un coche por cada cad&aacute;ver que transportar&iacute;a en esa ronda la camioneta destartalada que, durante todo el d&iacute;a, se dedica a cruzar los 400 metros del puesto de control.
    </p><p class="article-text">
        Para poder pasar el cad&aacute;ver, Garip tuvo que acompa&ntilde;arlo no solo para despedirse de &eacute;l, sino tambi&eacute;n para presentar los permisos especiales que permiten la repatriaci&oacute;n de los cuerpos. El fallecido ir&aacute; a la ciudad de Idlib, donde su familia lo recoger&aacute; para poder enterrarlo. Como Garip, decenas de sirios cada d&iacute;a acompa&ntilde;an los cuerpos de sus familiares con los permisos correspondientes para poder ser enterrados en casa.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Varios refugiados sirios se calientan en el lado turco de la frontera esperando cruzar a Siria.                            </span>
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        Seg&uacute;n los datos del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), entre el 3% y el 6% de la poblaci&oacute;n turca es de origen sirio, lo que equivale a unos 3,5 millones de personas, aunque muchas de ellas no est&aacute;n registradas oficialmente. Desde que comenz&oacute; la guerra en Siria, Turqu&iacute;a se ha convertido en el principal destino de refugio y huida para los sirios.
    </p><p class="article-text">
        Pero a trav&eacute;s de esta frontera no solo pasan los muertos. &ldquo;Vamos a intentar pasar por esta puerta y luego buscar un coche, si lo encontramos. Pero el verdadero problema es este cruce&rdquo;, comenta Ramis (nombre ficticio para proteger su identidad). Hace solo un a&ntilde;o que lleg&oacute; a Turqu&iacute;a y ha obtenido un permiso de protecci&oacute;n temporal que le permite acceder a la sanidad, educaci&oacute;n p&uacute;blica y al mercado laboral. Junto con sus dos amigos, Ramis, de 37 a&ntilde;os, lleva esperando un d&iacute;a entero para intentar cruzar la frontera y llegar a Idlib, donde se encuentran su esposa y sus cuatro hijos. &ldquo;En Idlib, mi ciudad, solo hay escombros y la gente duerme en la calle&rdquo;, cuenta. Ramis se pregunta por qu&eacute; solo permiten libremente el paso de los muertos y se cuestiona qu&eacute; deben hacer los vivos.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, Turqu&iacute;a ha dado un permiso de tres meses para cruzar a Siria, el cual afecta a los refugiados que llegaron al pa&iacute;s hace a&ntilde;os y que ya han conseguido la ciudadan&iacute;a. Pese a que la inflaci&oacute;n super&oacute; el 80% en noviembre del a&ntilde;o pasado, muchos de ellos retornar&aacute;n cuando se acabe el plazo, tal como acontece con Ali. Este, de 30 a&ntilde;os, es ingeniero y su casa colaps&oacute; durante el terremoto en Karanmanmarash. &ldquo;Estaba durmiendo cuando la tierra tembl&oacute; y tuve que salir corriendo a la calle. Fue como si se tratara del d&iacute;a del juicio final&rdquo;, relata. Si bien su familia est&aacute; a salvo, muchos de sus amigos han muerto en la guerra o por el terremoto. Por ello retorna, para darles el &uacute;ltimo adi&oacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Aunque el mundo ha volcado su atenci&oacute;n en Turqu&iacute;a, la ayuda humanitaria<a href="https://www.eldiario.es/internacional/mayor-terremoto-turco-1939-arrasa-siria-asolada-guerra_1_9929558.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> llega con cuentagotas a Siria</a> debido al aislamiento del r&eacute;gimen de al-Assad. &ldquo;Se trata de un entorno altamente politizado y esto ha retrasado la llegada de la ayuda en comparaci&oacute;n con otras zonas&rdquo;, dice Jean-Raphael Poitou, responsable de Incidencia para Oriente Medio de Acci&oacute;n contra el Hambre. &ldquo;Estamos trabajando a nivel local para coordinarnos con las autoridades sirias, as&iacute; como con las Naciones Unidas, para poder acceder directamente a las v&iacute;ctimas, y a nivel internacional, para asegurarnos de que las sanciones no obstaculicen la llegada de la ayuda humanitaria en tiempo y forma&rdquo;, a&ntilde;ade.
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                Varias personas descargan un cadáver de una ambulancia en el lado turco de la frontera                            </span>
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        Al menos 1.795 sirios de las 10 provincias turcas m&aacute;s afectadas por los terremotos de la semana pasada han regresado a Siria a trav&eacute;s del cruce de Bab al-Hawa,&nbsp;seg&uacute;n el portavoz del punto fronterizo.
    </p><p class="article-text">
        Lo que parec&iacute;a impensable ha ocurrido: Siria se ha convertido en la mejor opci&oacute;n para muchos refugiados que huyeron de la guerra, como Imam, Emel y Fathma. Imam ha vivido en Turqu&iacute;a durante m&aacute;s de ocho a&ntilde;os y dos de sus cuatro hijos son de nacionalidad turca. Durante el terremoto, su casa se derrumb&oacute; y solo pudieron salir con la ropa puesta. Esta noche dormir&aacute;n a las puertas de la frontera turco-siria para poder cruzar ma&ntilde;ana. All&iacute; estar&aacute;n por un tiempo con su familia mientras resuelven los tr&aacute;mites para reunirse con su esposo en Alemania, donde reside desde hace tiempo: &ldquo;Todos mis vecinos del barrio han muerto, no queda nadie con vida. Si todav&iacute;a tuviera a alguien en Turqu&iacute;a, no me ir&iacute;a a Siria, pero ya no tengo ni casa&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        La camioneta, esa misma que ya ha cruzado los cuatrocientos metros varias veces, se detiene por un instante. En ese momento, una ambulancia llega sin hacer ruido desde Gaziantep, transportando cuatro cuerpos m&aacute;s que reposan en su interior. Ramis se ha ido hac&iacute;a Karamanmarash y un nuevo grupo de hombres se agolpa en la parte trasera de la camioneta destartalada que transportar&aacute; las bolsas negras a Siria, su pa&iacute;s, en apenas unos minutos.
    </p><p class="article-text">
        Los vivos tendr&aacute;n que esperar hasta ma&ntilde;ana. Esta noche el paso estar&aacute; cerrado para ellos y la mayor&iacute;a de los m&aacute;s de 50 sirios que esperan tendr&aacute;n que dormir al raso, aunque las temperaturas no superar&aacute;n el grado esta noche. Imam dormir&aacute; con sus cuatro hijos, junto a los de Emmel y los de Fathma, pero todav&iacute;a no. A pesar de que son las once de la noche, siguen corriendo por la entrada de la frontera como si estuvieran en un campo de f&uacute;tbol.
    </p><p class="article-text">
        No saben si alg&uacute;n d&iacute;a volver&aacute;n, pero eso ya lo pensaron cuando salieron de Siria. Por el momento, est&aacute;n a pocas horas de volver a su tierra natal. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Bruna Cases / Ruido Photo, Samuel Nacar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/400-metros-siria-regreso-cuerpos-refugiados-fallecidos-terremoto-turquia_1_9959689.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 16 Feb 2023 21:43:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[400 metros hasta Siria: el regreso de los cuerpos de los refugiados fallecidos en el terremoto en Turquía]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Turquía,Siria,Fronteras,Terremotos,Muertos,Fallecidos,Fallecimientos,Refugiados]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Así rescató una diputada polaca a dos sirios atrapados en la frontera entre Polonia y Bielorrusia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/rescato-diputada-polaca-sirios-atrapados-frontera-polonia-bielorrusia_1_8503725.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/229362f2-6f48-4d40-9412-5d77b3c44269_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Así rescató una diputada polaca a dos sirios atrapados en la frontera entre Polonia y Bielorrusia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Karam y Pita pidieron auxilio a un número de teléfono, escondidos en el bosque polaco próximo a la frontera. Un grupo de activistas y una diputada de Polonia acudieron a su llamada y lograron evitar su expulsión. Contamos su historia.</p><p class="subtitle">Crisis en la frontera entre Polonia y Bielorrusia: ¿qué está pasando y quién tiene la culpa?</p></div><p class="article-text">
        Desde hac&iacute;a semanas, Karam y Pita ve&iacute;an en los telediarios c&oacute;mo cientos de refugiados estaban cruzando la frontera entre Bielorrusia y Polonia. El primero hab&iacute;a escapado de Siria a L&iacute;bano varios a&ntilde;os atr&aacute;s. Desde all&iacute;, cogi&oacute; un avi&oacute;n que lo llevar&iacute;a a Minsk. Sab&iacute;a que Pita saldr&iacute;a desde Damasco en los mismos d&iacute;as. Decidieron reencontrarse en la capital bielorrusa para emprender juntos su viaje hac&iacute;a Europa.
    </p><p class="article-text">
        Cuando a finales de octubre Karam y Pita llegaron a la zona fronteriza cerca de K&uacute;znica, Polonia, se encontraron con 1.000 migrantes m&aacute;s atrapados en los escasos metros que separan la frontera bielorrusa de la polaca. Se hab&iacute;a montado un campo improvisado entre las dos vallas que separan los dos pa&iacute;ses. El mismo lugar donde, seg&uacute;n el Gobierno bielorruso, <a href="https://www.theguardian.com/world/2021/nov/18/belarus-says-border-camps-have-been-cleared-as-one-year-old-reported-dead" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ya no queda nadie</a>. 
    </p><p class="article-text">
        Bielorrusia anunci&oacute; este jueves que los campamentos de migrantes construidos apresuradamente en su frontera con Polonia hab&iacute;an sido despejados, en una se&ntilde;al de que Minsk busca ahora desactivar la crisis pol&iacute;tica desatada con su pa&iacute;s vecino y la Uni&oacute;n Europea. 
    </p><p class="article-text">
        Las noches que Karim y Pita pasaron en esa tierra de nadie, el term&oacute;metro lleg&oacute; a marcar menos nueve grados. Los sirios ni siquiera ten&iacute;an una tienda donde refugiarse. All&iacute; permanecieron hasta que, seg&uacute;n cuentan, los militares bielorrusos &ldquo;cortaron&rdquo; la verja de la frontera polaca.
    </p><p class="article-text">
        Empezaron a empujarles para que cruzasen al otro lado: &ldquo;Fueron los militares bielorrusos. Hab&iacute;an cortado la alambrada de la frontera polaca, y nos pegaron para que cruz&aacute;semos a Polonia&rdquo;, explica Karam d&iacute;as despu&eacute;s a elDiario.es. A uno de sus compa&ntilde;eros, cuenta, le rompieron las costillas. 
    </p><p class="article-text">
        En cuanto entr&oacute; al bosque junto a varios compa&ntilde;eros, el grupo de migrantes se agarraron las manos con fuerza y caminaron a oscuras entre la vegetaci&oacute;n. A los pocos kil&oacute;metros tuvieron que parar, mientras el resto del grupo continuaba. Su amigo, con las costillas rotas por los golpes que les hab&iacute;an ocasionado los militares bielorrusos, no pod&iacute;a seguir. Dejaron de caminar, sacaron una lona negra y la utilizaron como techo. Se juntaron mucho uno al otro para intentar mantener el calor. No quer&iacute;an hacer fuegos para no ser vistos por los militares polacos, se tumbaron y esperaron. 
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; los encontraron, el pasado 2 de noviembre, un grupo de activistas que llevan meses ayudando a los migrantes que cruzan la frontera. Estaban empapados y doloridos.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s de 200 voluntarios, entre j&oacute;venes polacos y gente local, llevan desde agosto repartiendo mantas, comida y acogiendo a gente en sus casas. Por la noche, algunas casas desperdigadas por la zona pr&oacute;xima a la frontera encienden una bombilla verde para que los migrantes puedan verlas desde el bosque y sepan que all&iacute; podr&aacute;n ser acogidos. 
    </p><p class="article-text">
        La mayor&iacute;a de los voluntarios estaban all&iacute; antes del aumento de la llegada de migrantes a la zona &ndash;debido a la crisis entre Bielorrusia y Polonia&ndash;, con el objetivo de proteger la reserva natural de Bialowieza. Cuando llegaron los refugiados, ya estaban tejidas las redes de solidaridad. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Activistas ponen luces verdes en casas próximas a la frontera de Polonia para señalar que es un lugar seguro para los migrantes."
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                Activistas ponen luces verdes en casas próximas a la frontera de Polonia para señalar que es un lugar seguro para los migrantes.                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">Cuarto intento</h3><p class="article-text">
        Era la cuarta vez que Karam trataba de cruzar la frontera. En los tres intentos anteriores, hab&iacute;an sido devueltos a Bielorrusia. Para llegar hasta Bielorrusia, Karam hab&iacute;a pagado 3.000 euros por el visado y el billete, al igual que Pita. Lleg&oacute; directo desde Beirut a Minsk. 
    </p><p class="article-text">
        Una vez en Minsk, estos j&oacute;venes sirios cogieron un taxi que los llev&oacute; a la frontera. Pagaron 100 euros cada uno por el viaje en taxi. Hac&iacute;a solo mes y medio que el Gobierno polaco hab&iacute;a aprobado una ley que permite a los guardias expulsar de forma inmediata a aquellos que cruzan la frontera de forma irregular.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Acciones de rescate&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Desde entonces, el trabajo de los activistas se hab&iacute;a vuelto a&uacute;n m&aacute;s complicado en la zona fronteriza. Para ayudar a las personas atrapadas entre ambas fronteras, los activistas acuden a parlamentarios como Anita Sowinska, diputada del partido de la oposici&oacute;n Nueva Izquierda. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Anita, necesitamos que vegas con nosotros al bosque, hemos encontrado a cuatro sirios que llevan all&iacute; escondidos varios d&iacute;as y uno de ellos tiene las costillas rotas. Es la tercera vez que lo intentan&rdquo;, le dijo una de las activistas en un grupo de Signal con el que se organizan. 
    </p><p class="article-text">
        Eran Karam, Pita y sus amigos. Estaban bloqueados en medio del frondoso bosque de la reserva natural de Bialowieza. Durante los dos d&iacute;as y medio que la diputada hab&iacute;a estado por esa zona, hab&iacute;a tenido que participar en cinco &ldquo;acciones&rdquo;, como llaman los activistas a la b&uacute;squeda y ayuda a los refugiados escondidos en los bosques. Cada una de esas operaciones se activan cuando un migrante ha conseguido contactar con los tel&eacute;fonos de los activistas para pedir ayuda. Entonces, env&iacute;an su ubicaci&oacute;n y se organiza la b&uacute;squeda. 
    </p><p class="article-text">
        Adentrarse en el frondoso bosque supone caminar durante horas intentando llegar a la ubicaci&oacute;n exacta. De noche es a&uacute;n m&aacute;s complicado. Ninguna luz ilumina la zona. La mayor&iacute;a de migrantes se esconden debajo de &aacute;rboles ca&iacute;dos o en zonas donde no puedan ser vistos y, aterrados, no se atreven a salir hasta que descartan que quien ha venido es un grupo de militares, sino voluntarios que quieren ayudarles. El bosque est&aacute; plagado de zonas empantanadas. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando me llamaron, quedamos con las activistas. Ten&iacute;an un coche s&uacute;per antiguo y no ten&iacute;an nada de dinero, pero ellas a&uacute;n siguen ayudando a la gente. Son h&eacute;roes&rdquo;, dice la parlamentaria polaca a elDiario.es. Tras aparcar el veh&iacute;culo y caminar 1,5 kil&oacute;metros por el bosque, la diputada vislumbr&oacute; la gran lona negra bajo la que se resguardaban Karam, Pita y varios compa&ntilde;eros. 
    </p><h3 class="article-text">El encuentro</h3><p class="article-text">
        Cuando lleg&oacute;, los migrantes presentaban s&iacute;ntomas de hipotermia, describe la parlamentaria. Las voluntarias les dieron mantas, agua y comida. Llevaban d&iacute;as sin comer. Y entonces empezaron a ver las posibilidades de sacarlos de all&iacute;. Avisaron a los medios para intentar hacer la m&aacute;xima presi&oacute;n y evitar la devoluci&oacute;n de los potenciales refugiados. Cuando les explicaron que tendr&iacute;an que llamar a la Polic&iacute;a, a Karam se le cambi&oacute; la cara.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;A la Polic&iacute;a? No, no, nos har&aacute; volver&rdquo;, rogaba el sirio. 
    </p><p class="article-text">
        Anita Sowinska les pidi&oacute; que confiaran en ella. Los sirios accedieron, arreglaron los papeles para que la parlamentaria pudiera actuar como su representante y esperaron a que llegara la Polic&iacute;a. Despu&eacute;s de esperar durante tres horas, los agentes irrumpieron en la zona y pudieron empezar los tr&aacute;mites para solicitar asilo en Polonia. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Anita fue nuestro &aacute;ngel&rdquo;,  dice Karam, que ya est&aacute; junto a Pita y sus amigos en un centro de refugiados. Sowinska volver&aacute; en unos d&iacute;as a la frontera para intentar seguir ayudando desde su posici&oacute;n de parlamentaria. La diputada dice estar asustada. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Tengo miedo de que el conflicto siga escalando. Al Gobierno le interesa y cree que le est&aacute; dando m&aacute;s votos y poder. Desde mi posici&oacute;n pol&iacute;tica tengo que hacer todo lo posible para desescalar el conflicto. No deber&iacute;amos de jugar el juego de Bielorrusia. Tengo miedo del primer disparo porque entonces Lukashenko habr&aacute; ganado&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Samuel Nacar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/rescato-diputada-polaca-sirios-atrapados-frontera-polonia-bielorrusia_1_8503725.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 18 Nov 2021 21:23:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Así rescató una diputada polaca a dos sirios atrapados en la frontera entre Polonia y Bielorrusia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Inmigración,Refugiados,Bielorrusia,Polonia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La muerte de un migrante en Bosnia evidencia las precarias condiciones de acogida en la ruta de los Balcanes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/atropellado-doscientos-iom-velika-kladusa_1_1698978.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d33c85ab-cfb2-4048-a5cb-0f9edc07bfbd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La muerte de un migrante en Bosnia evidencia las precarias condiciones de acogida en la ruta de los Balcanes"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hammid fue atropellado cerca de un centro en el pueblo de Velika Kladusa, en la frontera con Croacia, desde donde fue devuelto por las autoridades cuando trataba de continuar con su trayecto a Bélgica</p><p class="subtitle">El campo está por encima de su capacidad y las quejas por sus condiciones son constantes, además de las denuncias de violencia durante las expulsiones</p><p class="subtitle">Bosnia se convirtió en 2018 en la principal puerta de entrada a la UE desde los países de los Balcanes, con algo más de 24.000 llegadas en 2018</p></div><p class="article-text">
        El pasado 3 de febrero, sobre las 5:30 horas de la ma&ntilde;ana, un hombre de origen argelino fue atropellado a escasos 200 metros del campo donde viv&iacute;a, en el fronterizo pueblo de Velika Kladusa, en Bosnia-Herzegovina. Se llamaba Hammid, ten&iacute;a 34 a&ntilde;os y era una de las miles de personas que tratan de llegar a otros pa&iacute;ses europeos desde Bosnia, convertida desde el a&ntilde;o pasado en la principal puerta de entrada a la UE desde los Balcanes.
    </p><p class="article-text">
        El campo de Miral, situado a las afueras de Velika Kladusa, donde v&iacute;via Hammid, est&aacute; por encima de su capacidad. Con plazas para 700 personas, ya viven m&aacute;s de 900 en &eacute;l. Las quejas por parte de los migrantes alojados son constantes, desde la comida hasta la falta de protecci&oacute;n en las peleas que se producen dentro del mismo.
    </p><p class="article-text">
        Ubicado a escasos kil&oacute;metros del pueblo, la &uacute;nica v&iacute;a de acceso es una carretera nacional sin arc&eacute;n y sin iluminaci&oacute;n, un patr&oacute;n que se repite en muchos otros campos en toda Europa. En 2018, 43 migrantes fallecieron en las carreteras europeas, la principal causa de muerte de estas personas una vez en el continente, seg&uacute;n los datos recopilados por el proyecto Missing Migrants.
    </p><p class="article-text">
        Hammid es el segundo migrante que ha muerto por esta causa en lo que va de a&ntilde;o en Europa. Hab&iacute;a llegado a <a href="https://www.eldiario.es/desalambre/Atrapados-Velika-Kladusa-Bosnia-Croacia_0_800720378.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Velika Kladusa</a> a principios de enero con Yacine, su compa&ntilde;ero de viaje durante los &uacute;ltimos tres meses. Hac&iacute;a solo un mes, todo apuntaba a que alcanzar&iacute;a B&eacute;lgica, donde quer&iacute;a vivir, pero la ma&ntilde;ana del 10 de enero fueron detenidos en el intento por la Polic&iacute;a eslovena.
    </p><p class="article-text">
        Llevaban varios d&iacute;as caminando a escondidas por las monta&ntilde;as croatas y al fin estaban enfrente del r&iacute;o Sava. Cruzaron la frontera natural que separa Croacia de Eslovenia en un kayak robado, pero los agentes les esperaban en la otra orilla. Tras cogerles los datos y ponerles una multa de 500 euros por entrar al pa&iacute;s de manera irregular, los entregaron a la Polic&iacute;a croata, que deshizo los 60 kil&oacute;metros que separan Eslovenia de Velika en tan solo unas horas, transport&aacute;ndolos en coche.
    </p><p class="article-text">
        Numerosas ONG de derechos humanos han documentado en los &uacute;ltimos meses casos de personas devueltas por las autoridades de Croacia, Estado miembro de la Uni&oacute;n Europea, a Bosnia sin darles la posibilidad de buscar protecci&oacute;n internacional, algo que, insisten, contraviene la legislaci&oacute;n internacional. En agosto del a&ntilde;o pasado, la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur) registr&oacute; los casos de 2.500 refugiados y migrantes presuntamente rechazados por Croacia, en los que m&aacute;s de 1.500 denunciaron que se les neg&oacute; el acceso a los procedimientos de asilo. Tambi&eacute;n recibi&oacute; cientos de denuncias de violencia y robo durante estas expulsiones.
    </p><h3 class="article-text">Diez intentos para poder continuar hasta la UE</h3><p class="article-text">
        As&iacute;, con un camino de vuelta a Bosnia tras varias semanas atravesando Europa, terminaba para Hammid el sue&ntilde;o de llegar a B&eacute;lgica, adonde deseaba llevarse a su hija de cinco a&ntilde;os, Gigi. Divorciado, empez&oacute; la ruta de los Balcanes con el objetivo de buscar un futuro mejor para ella. En 2018, se registr&oacute; un aumento del n&uacute;mero de personas que, generalmente desde Grecia y Bulgaria, intentaron cruzar Bosnia-Herzegovina para continuar su viaje hacia la UE. La valla construida en Hungr&iacute;a en la frontera con Serbia hace tres a&ntilde;os y la constante presi&oacute;n policial croata han obligado a la mayor&iacute;a de migrantes a pasar por Bosnia si quieren entrar en la UE. 
    </p><p class="article-text">
        El a&ntilde;o pasado se contabilizaron m&aacute;s de 24.067 entradas al pa&iacute;s, en comparaci&oacute;n con 755 llegadas en 2017, seg&uacute;n datos de la Comisi&oacute;n Europea. A medida que estas llegadas crec&iacute;an, empeoraban las condiciones en los lugares donde m&aacute;s migrantes se congregaban junto a la frontera con Croacia, a menudo en asentamientos informales y edificaciones abandonadas, <a href="https://www.msf.es/actualidad/balcanes/bosnia-devoluciones-violencia-y-condiciones-vida-inaceptables-la-frontera" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">como denunci&oacute; el pasado agosto M&eacute;dicos Sin Fronteras. </a>
    </p><p class="article-text">
        Uno de ellos es el pueblo fronterizo de Velika Kladusa, donde Hammid pas&oacute; sus &uacute;ltimos d&iacute;as con vida. El lugar del accidente est&aacute; situado tras una curva con poca visibilidad en la &uacute;nica carretera que conecta la localidad con el campo de Miral, administrado por la Organizaci&oacute;n Internacional para las Migraciones (OIM). Cientos de migrantes la utilizan a diario para ir a al pueblo. La provincia de Una Sana, donde se encuentra el campo, tiene una proporci&oacute;n de casi un migrante en ruta por cada 72 habitantes mientras, al otro lado de la frontera, Croacia contin&uacute;a endureciendo su control migratorio.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de no existir una estructura f&iacute;sica que separe los dos pa&iacute;ses, las constantes devoluciones, la mayor&iacute;a de ellas con uso de la violencia, incrementa la dificultad de continuar hasta Eslovenia o Italia. Aproximadamente, cada migrante debe intentarlo al menos diez veces. Pero cada una puede ser peor que la anterior, ya que las historias de la violencia empleada por la Polic&iacute;a croata pasan desde pu&ntilde;etazos al uso de bates de b&eacute;isbol, la constante rotura de sus tel&eacute;fonos m&oacute;viles o quitarles las botas y hacerles volver andando por las monta&ntilde;as en medio del invierno los casi tres kil&oacute;metros que separan la frontera croata de Velika Kladusa. Por esta raz&oacute;n, y por las duras condiciones clim&aacute;ticas, los migrantes esperan las ventanas de buen tiempo para empezar su marcha. 
    </p><h3 class="article-text">Carencias en la atenci&oacute;n m&eacute;dica</h3><p class="article-text">
        Los servicios p&uacute;blicos en este peque&ntilde;o pueblo est&aacute;n completamente saturados. Es la &uacute;nica explicaci&oacute;n encontrada hasta el momento de por qu&eacute; ninguna ambulancia fue a socorrer a Hammid, a&uacute;n con vida despu&eacute;s del accidente. Seg&uacute;n los amigos del argelino, este segu&iacute;a respirando despu&eacute;s de ser atropellado. Corrieron a la gasolinera m&aacute;s cercana para que estos llamar&aacute;n a la Polic&iacute;a, que tard&oacute; una hora en acudir al lugar de los hechos. Tras llegar, metieron a Hammid en la parte de atr&aacute;s del furg&oacute;n policial, junto con sus cuatro amigos. Minutos despu&eacute;s de ingresar en el hospital, Hammid falleci&oacute;. Yacine sigue pregunt&aacute;ndose por qu&eacute; ninguna ambulancia lleg&oacute; a auxiliar a su amigo.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Las personas encargadas de la seguridad en el campo de Miral fueron informadas del accidente por los dos amigos de Hammid. La OIM entiende que estos llamaron a la Polic&iacute;a y que la ambulancia no pudo llegar porque estaba asistiendo a otra persona&rdquo;, afirma Drazan Rozic, coordinador de las operaciones de emergencia de la OIM en Bosnia. Sin embargo, a cinco minutos del accidente, en el hospital de Velika Kladusa, hab&iacute;a cinco ambulancias m&aacute;s. Es por ello que muchos no entienden por qu&eacute; los agentes terminaron transportando a Hammid en el furg&oacute;n policial.
    </p><p class="article-text">
        E.Bilic, uno de los agentes de seguridad del campo, explica que todos los peri&oacute;dicos los han culpado a ellos de la muerte del hombre. Los migrantes los responsabilizan por no haber llamado a la Polic&iacute;a. &Eacute;l se exculpa alegando que el problema no son ellos. &ldquo;El problema es la OIM y las nefastas condiciones de los campos&rdquo;, asevera. En su &uacute;ltimo informe en el que analiza los patrones de los movimientos migratorios, Acnur hac&iacute;a &eacute;nfasis en que las condiciones de acogida de quienes llegan a Bosnia siguen siendo precarias. 
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        La asistencia m&eacute;dica para las 900 personas en el campo de Miral la prove&eacute; la ONG Danish Refugee Council, que trabaja seis d&iacute;as a la semana durante cuatro horas al d&iacute;a. A la hora del accidente, su turno a&uacute;n no hab&iacute;a empezado. Seis vecinos bosnios, sentados en una mesa del Hotel Napole&oacute;n en Velika, hablan tambi&eacute;n sobre las dificultades para encontrar a los m&eacute;dicos en el pueblo fuera de su horario de consulta. &ldquo;Si es de noche, habr&aacute; que llamar al menos diez veces para que se despierte el m&eacute;dico de guardia&rdquo;, explica la camarera del hotel.
    </p><p class="article-text">
        En el centro de atenci&oacute;n primaria, donde falleci&oacute; finalmente Hammid, trabaja Arijana Causevic, coordinadora m&eacute;dica para migraciones de Velika Kladusa. Cuenta que cuando ella lleg&oacute; esa ma&ntilde;ana, el hombre de 29 a&ntilde;os que conduc&iacute;a el coche que atropell&oacute; a Hammid estaba llorando. Asegura que en circunstancias normales habr&iacute;a llegado la ambulancia, pero esa ma&ntilde;ana fue la Polic&iacute;a quien lo llev&oacute; al hospital.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La situaci&oacute;n actual no es normal, no se siguen los procedimientos habituales, estamos improvisando constantemente. Velika es un pueblo muy peque&ntilde;o y estamos por encima del m&aacute;ximo de nuestras capacidades&rdquo;, explica. &ldquo;Europa ya ha fastidiado suficiente la situaci&oacute;n. Nosotros estamos ya exhaustos de la guerra que acab&oacute; en 1995. A&uacute;n no nos hab&iacute;amos recuperado y esto que est&aacute; pasando ahora, no tenemos fuerzas para sobrellevarlo&rdquo;, agrega Causevic.
    </p><p class="article-text">
        La coordinadora acaba llegar de una reuni&oacute;n en Bihac, el otro cuello de botella de la ruta de los Balcanes, donde m&aacute;s de 4000 migrantes viven en condiciones precarias en los campos de la OIM. &ldquo;Tenemos soluciones para casi todos los problemas, pero no veo una salida a este. Est&aacute; gente seguir&aacute; viniendo y y&eacute;ndose, y otros vendr&aacute;n y se marchar&aacute;n, no hay una salida. Bosnia no es la soluci&oacute;n, la soluci&oacute;n est&aacute; en otro sitio. Nosotros somos tan solo v&iacute;ctimas colaterales&rdquo;, sentencia. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Samuel Nacar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/atropellado-doscientos-iom-velika-kladusa_1_1698978.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Feb 2019 20:38:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La muerte de un migrante en Bosnia evidencia las precarias condiciones de acogida en la ruta de los Balcanes]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Bosnia,Croacia,Migrantes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Así frena la UE la inmigración: guardacostas turcos golpean en altamar una barca de refugiados]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/europa-financia-intervenciones-guardacostas-egeo_1_2135562.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ec97c07a-f063-49c2-b562-46893b133c0f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Fotograma del vídeo sobre la actuación de los guardacostas turcos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un vídeo grabado en enero por un refugiado sirio, al que ha tenido acceso eldiario.es, demuestra las peligrosas maniobras de los guardacostas turcos para devolver a los migrantes que intentan alcanzar las islas griegas</p><p class="subtitle">"Empezaron a pegar a los hombres y a nosotras nos impedían acercarnos. Pusimos a los niños a un lado porque gritaban y lloraban", dice Bushra Aldin, refugiada siria</p><p class="subtitle">En marzo de 2016, los Estados miembros pactaron pagar 6.000 millones de euros a Turquía para frenar las llegadas a Grecia</p></div><p class="article-text">
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    </figure><p class="article-text">
        Las luces de la patrullera turca parec&iacute;an aproximarse. Los refugiados sirios Alaa Aldin y Bushra Aldin las observaban una vez m&aacute;s desde la inestable barca en la que intentaban llegar a la isla griega de Lesbos junto a decenas de refugiados. Conoc&iacute;an el significado de aquellos destellos, sab&iacute;an lo que vendr&iacute;a despu&eacute;s. Alaa tom&oacute; su m&oacute;vil y comenz&oacute; a grabar: los guardacostas turcos se acercan entre gritos, golpean la embarcaci&oacute;n y acaban arrastr&aacute;ndola para devolverla a Turqu&iacute;a, multiplicando el nerviosismo de sus ocupantes en una maniobra visiblemente peligrosa.
    </p><p class="article-text">
        Es la otra cara del <a href="https://www.eldiario.es/desalambre/anos-acuerdo-UE-Turquia_0_751725641.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">acuerdo de la UE-Turqu&iacute;a</a>. La que no se ve. Las im&aacute;genes, grabadas por el sirio Alaa Aldin en enero de 2018, conforman la primera prueba gr&aacute;fica publicada de forma &iacute;ntegra en un medio espa&ntilde;ol que demuestra las peligrosas pr&aacute;cticas de los guardacostas turcos, financiadas desde 2016 por la Uni&oacute;n Europea para frenar el flujo de migrantes hacia las islas griegas.
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;an partido de una playa cercana de Ayvalik (Turqu&iacute;a) con el objetivo de alcanzar el sur de la isla de Lesbos. En altamar, los agentes turcos detectaron su embarcaci&oacute;n y se dirigieron hacia ellos. &ldquo;En cuanto nos abordaron, nos empezaron a pegar con las porras. Quer&iacute;an amarrar nuestra barca a la suya mientras uno de ellos intentaba romper el motor con un palo&rdquo;, relata Alaa. El v&iacute;deo documenta la persecuci&oacute;n de la embarcaci&oacute;n, en la que tambi&eacute;n viajaban ni&ntilde;os y al menos una mujer embarazada, durante m&aacute;s de cinco minutos hasta que, finalmente, fueron capturados y transferidos al buque turco del Sahil G&uuml;venlik Komutanl&#305;&#287;&#305; para llevarles de vuelta a las costas turcas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Empezaron a pegar a los hombres y a nosotras nos imped&iacute;an acercarnos a ellos. Pusimos a los ni&ntilde;os a un lado porque gritaban y lloraban por sus padres. Yo estaba aterrorizada por mi marido. Lo cogieron, lo rodearon entre varios hombres y le empezaron a pegar en el est&oacute;mago&rdquo;, describe Bushra Aldin, quien se encontraba embarazada en el intento de entrada. 
    </p><p class="article-text">
        Los guardacostas turcos frenaron su avance y la embarcaci&oacute;n fue devuelta a Turqu&iacute;a. Los golpes, denuncia el matrimonio, continuaron de camino al pa&iacute;s euroasi&aacute;tico. Seg&uacute;n el joven que captur&oacute; las im&aacute;genes, tras llegar a puerto, todos los ocupantes de la embarcaci&oacute;n interceptada fueron trasladados a la comisar&iacute;a de Ayvalik, donde permanecieron encerrados durante un d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Una vez liberados, Bushra y Alaa ya se preguntaban cu&aacute;ndo ser&iacute;a la siguiente oportunidad para alcanzar Europa. La pareja logr&oacute; llegar a Lesbos tras once intentos. Alaa llevaba su m&oacute;vil consigo y quer&iacute;a mostrar al mundo el coste del plan con el que la Uni&oacute;n Europea ha conseguido bajar el n&uacute;mero de llegadas irregulares a Grecia.
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        En marzo de 2016, <a href="https://www.eldiario.es/desalambre/UE-Turquia-deportar-refugiados-Grecia_0_495901056.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los Estados miembros pactaron la aportaci&oacute;n de 6.000 millones</a> de euros al Gobierno euroasi&aacute;tico con el objetivo de frenar las llegadas de refugiados a las costas griegas, tras haber alcanzado el mill&oacute;n de personas el a&ntilde;o anterior. El encargo consist&iacute;a en reforzar el control fronterizo ejercido por las autoridades turcas y permitir la devoluci&oacute;n de los solicitantes de asilo arribados a las islas, bajo la consideraci&oacute;n de Turqu&iacute;a como &ldquo;pa&iacute;s seguro&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        El Estado euroasi&aacute;tico cumpli&oacute; con la reducci&oacute;n de entradas irregulares comprometida, pero el v&iacute;deo de Alaa documenta las arriesgadas pr&aacute;cticas empleadas por los guardacostas turcos para formalizar la meta europea. El precio del acuerdo UE-Turqu&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Desde Ankara, tanto el Ministerio de Interior como la comandancia de los guardacostas han evitado hacer ning&uacute;n tipo de declaraci&oacute;n respecto a las im&aacute;genes. La Comisi&oacute;n Europea tampoco ha respondido por el momento a las preguntas de eldiario.es. 
    </p><h3 class="article-text">Refugiados y ONG llevan a&ntilde;os denunciando los abusos </h3><p class="article-text">
        Las im&aacute;genes se suman a los testimonios de decenas de migrantes que, desde la aplicaci&oacute;n del acuerdo UE-Turqu&iacute;a, aseguran haber sido detectados por parte de los guardacostas turcos. Muchos demandantes de asilo que deambulan por el centro de detenci&oacute;n de Moria relatan historias similares a la experimentada por Alaa y Bushra.
    </p><p class="article-text">
        Uno de ellos es Kassim Hussein Al-Ali, un padre iraqu&iacute; de familia numerosa. El hombre sostiene haber sido detenido en nueve de sus diez intentos de alcanzar Lesbos. &ldquo;En todos ellos nos amenazaron con malas palabras, nos pegaron o nos pincharon la barca. A los hombres nos tratan como animales una vez nos encierran, solo dan de comer a las mujeres y a los ni&ntilde;os&rdquo;, asegura.
    </p><p class="article-text">
        Los intentos no cesan, a pesar de la reducci&oacute;n de las entradas tras el acuerdo de la UE. M&aacute;s de 440 embarcaciones de refugiados han tratado de alcanzar las costas griegas en 2018. Un total de 206 lo ha conseguido. Seg&uacute;n los &uacute;ltimos datos del Ministerio del Interior heleno, 9.375 personas han desembarcado en las islas, mientras que 10.029 han sido interceptadas por la gendarmer&iacute;a o los guardacostas turcos en su intento de alcanzar las islas.
    </p><p class="article-text">
        Las &uacute;ltimas estad&iacute;sticas sobre migraci&oacute;n irregular publicadas por la Turkish Coast Guard Command revelan que, en lo que va de a&ntilde;o, un total de 241 botes han sido retenidos en su traves&iacute;a a Europa. De estos, 163 fueron transferidos en altamar a los buques de salvamento para ser devueltos a Turqu&iacute;a &ndash;los denominados <em>pushbacks</em>&ndash; y otras 78 barcas fueron detenidas en tierra por la polic&iacute;a cuando se dispon&iacute;an a partir.
    </p><p class="article-text">
        Las ONG que trabajan en las islas tambi&eacute;n llevan a&ntilde;os alertando de los abusos provenientes de las embarcaciones de Turqu&iacute;a a trav&eacute;s del testimonio de los refugiados rescatados. Algunas de ellas, como Refugee Rescue y Lighthouse Relief, aseguran haber sido testigos de estos.
    </p><p class="article-text">
        Alrededor de las tres de la madrugada del pasado 10 de noviembre, recuerdan, los guardacostas turcos &ldquo;entraron de manera ilegal&rdquo; en aguas griegas para &ldquo;cortar el paso a un dingui [bote peque&ntilde;o] con 37 personas a bordo&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        En una carta remitida al Alto Comisionado de las Naciones Unidas, las ONG a cargo del rescate y la vigilancia de la costa norte de Lesbos, se&ntilde;alaron que uno de los oficiales empez&oacute; a &ldquo;disparar&rdquo; cerca del bote ante la incapacidad de detenerlo. &ldquo;Dejen de disparar&rdquo;, alertaron por megafon&iacute;a los guardacostas griegos. Acababan de llegar a la escena. Nada m&aacute;s verlos, 17 migrantes saltaron al agua y nadaron desesperados hacia la embarcaci&oacute;n helena, indican.
    </p><p class="article-text">
        Mientras la lancha de rescate de Refugee Rescue recib&iacute;a &oacute;rdenes de transportarlos al puerto de Skala Sikamineas, al norte de la isla, los turcos proced&iacute;an a deportar al resto. Los 17, con claros s&iacute;ntomas de hipotermia, quedaron separados de sus familias tras la intervenci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Estamos muy preocupados por las constantes denuncias de aquellos que llegan a la costa norte de Lesbos, con respecto a las violentas interceptaciones por parte de los guardacostas turcos&rdquo;, indica Hannah Wallace, jefa de comunicaci&oacute;n de Lighthouse Relief y firmante del documento. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Muchas de las personas que desembarcan en la isla dicen que han intentado cruzar desde Turqu&iacute;a m&aacute;s de una vez y describen c&oacute;mo las autoridades turcas les pegan, les disparan y les intentan volcar la barca para evitar que alcancen las aguas griegas&rdquo;, prosigue Wallace.
    </p><p class="article-text">
        Gerard Canals, coordinador de operaciones de Proactiva Open Arms, recuerda sus operaciones en Turqu&iacute;a antes del tratado firmado con la UE. Seg&uacute;n apunta, hasta entonces pr&aacute;cticamente no ve&iacute;an intervenir a los guardacostas turcos. Si lo hac&iacute;an, dice, era para dificultar la huida. &ldquo;Escuchamos todo tipo de historias durante los rescates en el Egeo. Que les disparaban con mangueras de agua a presi&oacute;n, les intentaban hundir el barco o les pegaban con el cintur&oacute;n&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><p class="article-text">
         Despu&eacute;s del acuerdo del 20 de marzo de 2016, el coordinador de la ONG catalana apreci&oacute; que las &oacute;rdenes de los guardacostas turcos hab&iacute;an cambiado: &ldquo;Incluso tuvimos que cambiar el uso de la radio, porque cada vez que report&aacute;bamos un dingui iban a por &eacute;l para devolverlo a Turqu&iacute;a&rdquo;. 
    </p><h3 class="article-text">Un nuevo proyecto valorado en 20 millones de euros</h3><p class="article-text">
        El embajador Christian Berger, presidente de la Delegaci&oacute;n de la UE en Turqu&iacute;a, celebraba el pasado junio en el puerto de la ciudad de Antalya, al suroeste del pa&iacute;s, la entrega de los dos primeros buques turcos de salvamento mar&iacute;timo pagados con fondos europeos. Dos unidades personalizadas del modelo SAR 1906, dise&ntilde;adas por el astillero holand&eacute;s Damen Shipyard Group, de las seis que figuran en el contrato a plazos finalizado en diciembre del 2017.
    </p><p class="article-text">
        El proyecto en soporte a la comandancia turca, financiado por la UE y ejecutado por la Organizaci&oacute;n Internacional para las Migraciones (OIM), est&aacute; valorado en 20 millones de euros. En &eacute;l se incluyen formaci&oacute;n sobre leyes internacionales, entrevistas psicot&eacute;cnicas, protecci&oacute;n y asistencia de migrantes y trata de personas. Adem&aacute;s, contempla partidas para el impacto psicol&oacute;gico que enfrentan los oficiales en sus operaciones diarias de b&uacute;squeda y rescate en el mar.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los esfuerzos por parte de los guardacostas turcos han sido cruciales para salvar vidas humanas en el Egeo y el Mediterr&aacute;neo. La Uni&oacute;n Europea est&aacute; orgullosa de contribuir con estos dos primeros buques de b&uacute;squeda y rescate de &uacute;ltima generaci&oacute;n. Este proyecto es un ejemplo de lo que la UE y Turqu&iacute;a pueden lograr cuando trabajan juntas&rdquo;, sentenci&oacute; Berger.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Samuel Nacar, David Zorrakino]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/europa-financia-intervenciones-guardacostas-egeo_1_2135562.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 19 May 2018 20:09:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Así frena la UE la inmigración: guardacostas turcos golpean en altamar una barca de refugiados]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Acuerdo UE - Turquía,Grecia,Lesbos]]></media:keywords>
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