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    <title><![CDATA[elDiario.es - David Hamou]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/david_hamou/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - David Hamou]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[De la autotutela a la autoinstitución del derecho a la vivienda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/autotutela-autoinstitucion-derecho-vivienda_132_7245862.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9c41a000-4344-4d6e-ae7a-cc58e10228b2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De la autotutela a la autoinstitución del derecho a la vivienda"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Más de 50 organizaciones sociales impulsan una iniciativa por una ley que garantice el derecho a la vivienda. La co-creación de normativas desde los movimientos sociales promueve un control democrático de los recursos</p></div><p class="article-text">
        Con el objetivo de revertir una situaci&oacute;n de emergencia habitacional que ya se ha vuelto end&eacute;mica, m&aacute;s de medio centenar de organizaciones sociales se han aliado para garantizar que la ley estatal que est&aacute; negociando el Gobierno proteja efectivamente el derecho humano a una vivienda adecuada. Si sus propuestas 'desde abajo' se volvieran realidad, no solo alterar&iacute;a el modelo econ&oacute;mico de nuestra sociedad al priorizar la funci&oacute;n social de la vivienda sobre sus usos especulativos, sino que tambi&eacute;n representar&iacute;a un cambio de paradigma democr&aacute;tico. Al reivindicarse como actores leg&iacute;timos para cambiar las leyes, los movimientos sociales disputan al Estado y al mercado el monopolio de la toma de decisiones y abren un espacio de producci&oacute;n com&uacute;n del derecho. M&aacute;s que nunca, la lucha por una mejor distribuci&oacute;n de los recursos necesarios para la reproducci&oacute;n de la vida &ndash; como lo es la vivienda - es inseparable de una reapropiaci&oacute;n colectiva del poder de legislar, de dotarnos de normas de convivencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con m&aacute;s de un mill&oacute;n de desahucios en el conjunto del Estado espa&ntilde;ol desde 2008, podemos afirmar que la emergencia habitacional ya se ha vuelto estructural. Trece a&ntilde;os despu&eacute;s del estallido de la burbuja inmobiliaria, la llamada &ldquo;crisis de la vivienda&rdquo; se ha vuelto regla; el Comit&eacute; DESC de la ONU&nbsp;ha dictaminado hasta en cuatro ocasiones que Espa&ntilde;a incumple reiteradamente aspectos esenciales del derecho a una vivienda adecuada y asequible. Despu&eacute;s de la crisis hipotecaria y de una nueva burbuja del alquiler, que todav&iacute;a siguen vigentes, la pandemia mundial ha revelado un nuevo rostro de la precariedad habitacional. Adem&aacute;s de sus efectos sanitarios, la crisis de la Covid tambi&eacute;n ha tenido graves consecuencias en la protecci&oacute;n del conjunto de derechos econ&oacute;micos, sociales y culturales, ya debilitados bajo la excusa de la crisis de 2008, especialmente para los colectivos m&aacute;s vulnerables. Esta crisis ha demostrado que las desigualdades socio-econ&oacute;micas se plasman en un acceso desigual a la vivienda, y que el derecho a la vivienda est&aacute; estrechamente vinculado con otros derechos fundamentales, como el derecho a la salud, a la integridad f&iacute;sica y psicol&oacute;gica o el derecho al trabajo. En definitiva, el derecho a una vida digna de ser vivida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Frente a esta situaci&oacute;n de emergencia habitacional cr&oacute;nica, la ciudadan&iacute;a organizada se moviliza, y lo hace a trav&eacute;s de la presentaci&oacute;n la semana pasada de una <a href="https://afectadosporlahipoteca.com/2021/02/18/manifiesto-por-una-ley-que-garantice-el-derecho-a-la-vivienda/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">iniciativa para una Ley de Vivienda que garantice efectivamente el derecho a la vivienda</a>. La Plataforma de Afectados/as por la Hipoteca, la Alianza contra la pobreza energ&eacute;tica, el Movimiento Nadie sin Hogar, el Sindicato de Inquilinas e Inquilinos, el Observatori DESC o numerosos sindicatos laborales, entre otras entidades, han conformado una amplia e in&eacute;dita alianza social determinada a incidir en la nueva Ley por el Derecho a la Vivienda que el Gobierno est&aacute; preparando. La iniciativa ciudadana exige como m&iacute;nimo que la nueva ley integre ocho medidas de aplicaci&oacute;n directa en todo el Estado. Estas medidas incluyen demandas hist&oacute;ricas de la PAH, como poner fin a los desahucios de personas vulnerables sin alternativa habitacional digna, la ampliaci&oacute;n del parque p&uacute;blico de alquiler social a un m&iacute;nimo del 20% del conjunto de viviendas, o la garant&iacute;a de los suministros b&aacute;sicos de agua, luz y gas; y tambi&eacute;n otras medidas como la regulaci&oacute;n de los alquileres seg&uacute;n la renta o la asignaci&oacute;n de una parte de los fondos europeos de recuperaci&oacute;n a la ampliaci&oacute;n presupuestaria para vivienda social.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Entre estas propuestas cabe prestar especial atenci&oacute;n a la octava, donde se reivindica la &ldquo;participaci&oacute;n activa de la poblaci&oacute;n en toda la pol&iacute;tica de vivienda y urbanismo&rdquo; mediante mecanismos que permitan &ldquo;que las diferentes organizaciones (plataformas de afectados, asociaciones y sindicatos) puedan intervenir tanto en el dise&ntilde;o como en el posterior control de las leyes y planes en materia de derecho y acceso a la vivienda&rdquo;. &iquest;En qu&eacute; medida esta &uacute;ltima reivindicaci&oacute;n representa un cambio de paradigma democr&aacute;tico? La intervenci&oacute;n de los movimientos sociales en la elaboraci&oacute;n y el seguimiento de las leyes pone sobre la mesa la cuesti&oacute;n de qui&eacute;n es leg&iacute;timo para tomar decisiones que afectan al conjunto de la poblaci&oacute;n. M&aacute;s precisamente, cuestiona la l&oacute;gica de delegar todo el proceso de construcci&oacute;n y de protecci&oacute;n de los derechos fundamentales a las administraciones p&uacute;blicas o al mercado, que se han demostrado incapaces de garantizarlos para muchos colectivos e individuos vulnerables.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En este sentido, las propuestas legislativas de la Plataforma de Afectados/as por la Hipoteca, como Iniciativas Legislativas Populares a la escala estatal o auton&oacute;mica, y mociones en la escala municipal, hacen un uso contrahegem&oacute;nico del derecho. Si bien estas propuestas buscan un reconocimiento y hasta una inscripci&oacute;n dentro del sistema jur&iacute;dico hegem&oacute;nico, los movimientos sociales sustraen a la soberan&iacute;a estatal la propia actividad<em> </em>de legislar, que se da previamente en asambleas de instituciones no-estatales y solamente en una segunda fase en los &oacute;rganos representativos parlamentarios. Los movimientos sociales no solamente son contrapoderes populares capaces de garantizar el derecho a la vivienda desde la desobediencia civil, sino tambi&eacute;n verdaderas potencias instituyentes. Por esta raz&oacute;n esta campa&ntilde;a para incidir en una ley que garantice el derecho a la vivienda representa una oportunidad hist&oacute;rica, ya que busca transformar la autotutela de los derechos en &ldquo;autoinstituci&oacute;n&rdquo; de los derechos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde la disputa en contra de la ley que prohibi&oacute; la recolecci&oacute;n de le&ntilde;a en Renania en 1842 (que fue estudiada por Marx en diversos textos) hasta las luchas en contra de la biopirater&iacute;a y la apropiaci&oacute;n de semillas agr&iacute;colas por parte de las grandes empresas privadas a trav&eacute;s de las patentes, los conflictos para preservar los bienes y recursos comunes muchas veces se han planteado como luchas para la reapropiaci&oacute;n colectiva de los c&oacute;digos jur&iacute;dicos que regulan los usos de estos recursos. Esta tradici&oacute;n de conquistas legales nacidas de la calle se est&aacute; reactivando en nuestras ciudades, a trav&eacute;s de propuestas legislativas de los movimientos sociales para garantizar la funci&oacute;n social de la vivienda, pero tambi&eacute;n de experiencias de comunalizaci&oacute;n del servicio urbano del agua mediante la creaci&oacute;n de observatorios ciudadanos del agua, redes de cooperativas energ&eacute;ticas, o nuevos estatutos de uso c&iacute;vico colectivo de centros sociales en Italia. En un libro colectivo reci&eacute;n publicado por Icaria (<a href="https://icariaeditorial.com/inicio/4687-codigos-comunes-urbanos-herramientas-para-el-devenir-comun-de-las-ciudades.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">C&oacute;digos Comunes Urbanos. Herramientas para el devenir-com&uacute;n de las ciudades</a>), recopilamos diversas experiencias recientes de recuperaci&oacute;n del potencial emancipador de las herramientas jur&iacute;dicas que dan forma y acompa&ntilde;an estos comunes urbanos emergentes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con el t&eacute;rmino &ldquo;c&oacute;digos comunes urbanos&rdquo; nos referimos a las herramientas que regulan la producci&oacute;n de los comunes, y que a la vez son generadas en com&uacute;n. Implican la puesta en com&uacute;n de los recursos necesarios para la reproducci&oacute;n de la vida mediante una reapropiaci&oacute;n colectiva de los c&oacute;digos jur&iacute;dicos y de la misma definici&oacute;n de las necesidades y de los derechos, que escapa al estricto control del Estado y del mercado. En esta l&iacute;nea, en su manifiesto, las entidades que impulsan la iniciativa para una ley que garantice el derecho a la vivienda afirman que no est&aacute;n &ldquo;dispuestas a permitir que sean el sector financiero, las grandes inmobiliarias y los fondos buitres quienes dicten el texto de esta Ley&rdquo;. Pero al reivindicarse como un &ldquo;lobby social&rdquo; capaz de incidir en lo que decida el Congreso de los diputados, estas organizaciones tambi&eacute;n contestan el monopolio de la actividad pol&iacute;tica por unos pocos profesionales de los asuntos p&uacute;blicos. Que la pr&oacute;xima Ley de Vivienda integre las medidas propuestas por esta nueva iniciativa ciudadana permitir&aacute; comprobar qu&eacute; tan permeables son nuestras instituciones democr&aacute;ticas a la potencia instituyente de los movimientos sociales. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Hamou]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/autotutela-autoinstitucion-derecho-vivienda_132_7245862.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 24 Feb 2021 21:53:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De la autotutela a la autoinstitución del derecho a la vivienda]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Desokupa: vigilando al capital inmobiliario]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/desokupa-vigilando-capital-inmobiliario_132_1849755.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f585c10b-ee3c-4b0d-a904-b81cc8b81cd1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Desokupa: vigilando al capital inmobiliario"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Proliferan las empresas de desalojo extrajudicial, convirtiendo así la emergencia habitacional en un negocio lucrativo</p><p class="subtitle">Con empresas como Desokupa, el uso de la fuerza legitima tiende a ser privatizado y desmonopolizado</p><p class="subtitle">Para garantizar el derecho a una vivienda adecuada, es necesario regular las prácticas de las empresas de desalojo extrajudicial</p></div><p class="article-text">
        El timbre suena, como casi cada d&iacute;a. Del otro lado de la puerta est&aacute;n ocho hombres corpulentos. Su empresa: Desokupa. Su oficio: ejecutar desahucios extrajudiciales. Su m&eacute;todo: actuaciones al margen de la ley, incluyendo en ocasiones amenazas y coacciones f&iacute;sicas. Sus clientes: grandes empresas inmobiliarias y fondos de inversi&oacute;n que se enriquecen invirtiendo en vivienda<a href="//#sdfootnote1sym" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">1</a>. La empresa Desokupa sali&oacute; a la luz en 2016 con el desalojo de la casa ocupada Can Dimoni en el barrio de Gracia de Barcelona. Desde entonces, su modelo de negocio se ha expandido, se han abierto numerosas franquicias en toda Espa&ntilde;a y han aparecido muchas otras empresas similares. Pero el desarrollo econ&oacute;mico de este nuevo sector privado de seguridad privada y desahucios extrajudiciales llega de la mano de las ventas de &ldquo;pisos con bicho&rdquo;, las reformas integrales y los alquileres de lujo o apartamentos tur&iacute;sticos.
    </p><p class="article-text">
        Como otras ciudades de Espa&ntilde;a, Barcelona se ha convertido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os en el terreno de nuevos procesos especulativos, especialmente relacionados con el alquiler y la ocupaci&oacute;n en precario. La inversi&oacute;n en gesti&oacute;n inmobiliaria de fondos extranjeros, las compras de propiedades verticales y la formaci&oacute;n de una nueva burbuja del alquiler participan en este proceso. En este contexto de presi&oacute;n inmobiliaria, las empresas privadas especializadas en impedir ocupaciones como Desokupa desempe&ntilde;an un papel cada vez m&aacute;s importante en las operaciones especulativas. Para poder obtener la m&aacute;xima rentabilidad de los &ldquo;activos inmobiliarios&rdquo;, es necesario mantener viviendas vac&iacute;as con el objetivo de movilizarlas para transacciones futuras (compra, venta, rehabilitaci&oacute;n&hellip;). Considerar la vivienda como una mercanc&iacute;a y no como un derecho fundamental implica considerar a las personas como activos econ&oacute;micos, que se tienen que mover de un sitio a otro seg&uacute;n las fluctuaciones de las operaciones financieras. Este proceso que los expertos llaman &lsquo;flexibilizaci&oacute;n del mercado inmobiliario&rsquo; tiene como consecuencia una precarizaci&oacute;n de las condiciones de vida de los ciudadanos condenados a moverse sin poder construir proyectos de vida.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, los que padecen este proceso que retroalimentan empresas como Desokupa son en primer lugar aquellos que menos participan en el ciclo de acumulaci&oacute;n del capital inmobiliario, aquellos que generan menos rentabilidad ya que se encuentran excluidos del mercado de la vivienda. Muchas familias en Barcelona y el conjunto del Estado espa&ntilde;ol han sufrido distintas formas de acoso inmobiliario. Canillas de agua del edificio rotas en la noche por extra&ntilde;os, llamadas y visitas imprevistas e imponentes, desalojos extrajudiciales y judiciales, visibles e invisibles&hellip; desafortunadamente, los ejemplos no faltan.
    </p><p class="article-text">
        El auge de las empresas de desalojos extrajudiciales tambi&eacute;n ilustra la problem&aacute;tica de la privatizaci&oacute;n de la seguridad. Los empleados de Desokupa afirman que protegen la propiedad privada de las ocupaciones ilegales. Pero, &iquest;qui&eacute;n est&aacute; habilitado para decidir la legalidad o no de la ocupaci&oacute;n de la vivienda? Y, en caso de ilegalidad, &iquest;qui&eacute;n puede ejecutar leg&iacute;timamente un desalojo? Con los desalojos extrajudiciales se est&aacute; creando una (in)justicia paralela que esquiva la v&iacute;a judicial, ya de por s&iacute; cada vez menos garantista. Las empresas privadas tienen una influencia creciente en el sector de la seguridad, y especialmente en relaci&oacute;n con la protecci&oacute;n de bienes. Este proceso tiene como consecuencia una cierta &ldquo;desmonopolizaci&oacute;n&rdquo; del uso de la violencia leg&iacute;tima: el Estado ya no es el &uacute;nico depositario del uso de la violencia leg&iacute;tima. El riesgo es que entidades privadas se reivindiquen como legitimas para tomar decisiones judiciales y aplicarlas. De hecho, la aparici&oacute;n de Desokupa podr&iacute;a leerse como una resurgencia de la tradici&oacute;n del &ldquo;vigilantismo&rdquo;. Seg&uacute;n el vigilantismo, personas que no forman parte del cuerpo estatal de seguridad intentan aplicar la ley. Pero en este caso, la ley que Desokupa intenta aplicar es la ley del mercado inmobiliario. &ldquo;Tomarse la injusticia por su mano&rdquo; podr&iacute;a ser el lema de los vigilantes del latifundismo urbano. Las empresas de seguridad privada no solo ejercen la violencia inmobiliaria, sino que la venden, haciendo de la emergencia habitacional un negocio lucrativo.
    </p><p class="article-text">
        Frente a estas actuaciones, la ciudadan&iacute;a se est&aacute; organizando. El movimiento vecinal ha impedido desahucios extrajudiciales, como por ejemplo en el caso de un intento de desalojo en el barrio del Raval. Gracias a la r&aacute;pida reacci&oacute;n de los movimientos vecinales por las redes, un grupo de activistas y vecinos se agruparon frente al edificio, impidiendo el desalojo<a href="//#sdfootnote2sym" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">2</a>. Otra v&iacute;a de resistencia a estas vulneraciones es la v&iacute;a judicial. En septiembre del 2016 el Observatorio DESC present&oacute; una querella contra la empresa Desokupa, denunciando unas pr&aacute;cticas que rayan la ilegalidad y los posibles delitos cometidos durante el desahucio de Can Dimoni en el barrio de Gracia, Barcelona. Para que estas actuaciones no queden impunes, los tribunales pueden ser una estrategia complementaria a la acci&oacute;n vecinal. A pesar de las trabas y dificultades (fianzas muy elevadas, intentos de archivo constantes, ausencia de una investigaci&oacute;n exhaustiva&hellip;), es importante apostar por la defensa jur&iacute;dica. Las distintas formas de denuncia tienen el mismo objetivo: detener este tipo de pr&aacute;cticas que precarizan el derecho a la vivienda de las personas m&aacute;s vulnerables, y evitar as&iacute; que se constituyan en un paso m&aacute;s de la especulaci&oacute;n inmobiliaria.
    </p><p class="article-text">
        <span id="sdfootnote1"></span><a href="//#sdfootnote1anc" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">1</a> Sobre los v&iacute;nculos entre Desokupa y el sector inmobiliario, ver el reportaje de La Directa 464 &ldquo;Aliats de Desokupa, a l&rsquo;ombra&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        <span id="sdfootnote2"></span><a href="//#sdfootnote2anc" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">2</a> Ver https://asamblearaval.wordpress.com/2016/09/01/fora-matonisme-del-raval-catcas/#more-3947
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Hamou]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/desokupa-vigilando-capital-inmobiliario_132_1849755.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 06 Nov 2018 21:01:42 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Frente al despotismo urbano, comunalizar la ciudad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/frente-despotismo-urbano-comunalizar-ciudad_132_2060641.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cf21f1b6-e7a6-4340-ae14-416f52f955d4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Frente al despotismo urbano, comunalizar la ciudad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Aumentar el parque de vivienda asequible y social es absolutamente necesario para frenar la privatización precarizadora de la ciudad y poner en marcha su comunalización</p><p class="subtitle">Frente al poder de los lobbies inmobiliarios y de las lógicas partidistas, la ciudadanía organizada puede y debe intervenir directamente en la vida política con medidas garantistas</p></div><p class="article-text">
        Frente a la emergencia habitacional y a la inexistencia de un parque de vivienda social en Barcelona, distintas entidades sociales de la ciudad han impulsado una moci&oacute;n en el Ayuntamiento para ampliar el parque de vivienda asequible en la ciudad. Esta moci&oacute;n se ha aprobado con un amplio consenso en el pleno municipal de febrero del 2018. Sin embargo, en las &uacute;ltimas semanas la presi&oacute;n ejercida por los promotores inmobiliarios ha puesto en peligro la modificaci&oacute;n del Plan General Metropolitano que garantiza la aplicaci&oacute;n real de esta medida.
    </p><p class="article-text">
        Gracias al liderazgo de los movimientos sociales,  finalmente se ha aprobado el pasado 18 de junio la obligaci&oacute;n de dedicar un 30% de las nuevas construcciones y rehabilitaciones a viviendas sociales. Esta aprobaci&oacute;n demuestra que frente a los lobbies inmobiliarios y a las l&oacute;gicas partidistas la ciudadan&iacute;a organizada puede transformar las reglas del juego y responsabilizar los sectores privados c&oacute;mplices de la emergencia habitacional que vivimos. &iquest;Qui&eacute;n es leg&iacute;timo en la ciudad para tomar decisiones? &iquest;Es posible legislar y crear nuevas leyes garantistas desde afuera de las instituciones pol&iacute;ticas? &iquest;Qu&eacute; ciudad queremos, por quien est&aacute; hecha y para qui&eacute;n?       
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos d&iacute;as, los representantes de los promotores inmobiliarios han expresado en distintos medios su inquietud frente a esta moci&oacute;n: la medida paralizar&iacute;a el sector y el pa&iacute;s y tendr&iacute;a un efecto negativo sobre el precio de las viviendas. Otra manera de considerar el asunto es estimar que los promotores ya se pueden dar por m&aacute;s que satisfechos con el 70% de las nuevas construcciones que les queda para poder especular. Podr&iacute;amos as&iacute; considerar que en realidad el 100% de las nuevas construcciones pertenece a la ciudad en su conjunto. Pertenece a las obreras y a los obreros que construyen las obras, a las mujeres que sostienen la reproducci&oacute;n de la vida, a las familias que menos recursos tienen y ni siquiera pueden acceder a una vivienda digna.
    </p><p class="article-text">
        Los promotores inmobiliarios no son actores econ&oacute;micos neutros que trabajan para el inter&eacute;s general, sino que generan rentas de monopolio especulando con nuestras ciudades. Que no nos enga&ntilde;en: la captaci&oacute;n de la plusval&iacute;a inmobiliaria no se puede confundir con la propiedad leg&iacute;tima.  La historia reciente de las burbujas inmobiliarias  en Catalunya y en Espa&ntilde;a, con sus consecuencias sociales desastrosas, nos recuerdan que los intereses privados de los promotores y el inter&eacute;s general del bien com&uacute;n de la ciudad no son solo distintos, si no radicalmente opuestos. Co-responsabilizar el sector privado es ante todo regular sus actividades especulativas para garantizar la funci&oacute;n social de la propiedad del suelo urbano.
    </p><p class="article-text">
        Pero los promotores inmobiliarios no son los &uacute;nicos que quieren acapararse del poder de decisi&oacute;n sobre la vida urbana com&uacute;n. En los &uacute;ltimos d&iacute;as, algunos grandes medios de comunicaci&oacute;n y grupos municipales han cantado al un&iacute;sono la misma canci&oacute;n: la destinaci&oacute;n de un 30% de las nuevas construcciones a vivienda protegida ser&iacute;a una medida &ldquo;de la Colau&rdquo; y del Gobierno Municipal. Estas declaraciones no son solo falsas, sino que tienden a deslegitimizar la ciudadan&iacute;a organizada como sujeto pol&iacute;tico en la ciudad. Lo que no pueden aceptar es que entidades sociales que no son partidos pol&iacute;ticos puedan legislar directamente y tomar decisiones que nos afectan a todas.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, la realidad tiene una historia diferente que contar. En realidad, s&iacute; que se pueden cambiar las reglas del juego desde afuera de las instituciones estatales. La historia de la &ldquo;moci&oacute;n para ampliar el parque de vivienda asequible de  la ciudad&rdquo; empieza hace un poco m&aacute;s de a&ntilde;o, en una asamblea de coordinaci&oacute;n de la PAH de Barcelona. De esta lluvia de ideas y de algunos post-it de colores colgados en las paredes del local de Lleiva 37 nacen unas propuestas reales, concretas, para que Barcelona por fin tenga viviendas dignas para sus ciudadanos. Estas medidas nacen de la inteligencia colectiva, asamblearia, de las personas directamente afectadas por la ausencia de un parque de vivienda social en la ciudad. Las propuestas as&iacute; esbozadas fueron despu&eacute;s consensuadas durante meses de trabajo conjuntamente con otras entidades sociales de la ciudad, como el Observatori DESC, la FAVB (Federaci&oacute; d'Associacions de Ve&iuml;ns i Ve&iuml;nes de Barcelona), l'ABTS (Assemblea de Barris per un Turisme Sostenible) y el Sindicat de Llogaters i Llogateres.
    </p><p class="article-text">
        Despotismo: se dice de aquel sistema pol&iacute;tico en el que el soberano decide solo de la vida de todos los dem&aacute;s. Es el imperio de las decisiones arbitrarias de algunos pocos sobre la vida cotidiana de todos. Pero todo indica que el despotismo no solo es la forma de gobierno pasada de alg&uacute;n monarca megal&oacute;mano. La campa&ntilde;a de deslegitimaci&oacute;n de esta moci&oacute;n ha revelado el escenario actual del despotismo urbano. Porque no se trata solamente de determinar qu&eacute; porcentaje de las nuevas construcciones ser&aacute; destinado a vivienda social, sino de decidir qui&eacute;n hace la ciudad y para qui&eacute;n. De un lado, los partidos pol&iacute;ticos y los lobbies inmobiliario y del otro la ciudadan&iacute;a organizada, y tambi&eacute;n aquellos ciudadanos que ni siquiera tienen el poder de organizarse. Frente al imperio propietario, la potencia de los usuarios de la ciudad. Frente a las l&oacute;gicas partidistas, la potencia del autogobierno ciudadano. Frente al despotismo urbano, la comunalizaci&oacute;n  de la ciudad.
    </p><p class="article-text">
        Que la ciudad sea nuestra implica que sus usos cubran necesidades tan b&aacute;sicas como tener una vivienda digna. Con m&aacute;s de 400 familias esperando un piso en la mesa de emergencia, la ciudad de Barcelona necesita de manera urgente ampliar su parque de vivienda asequible. Pero que la ciudad sea nuestra tambi&eacute;n significa que nosotras somos leg&iacute;timas para decidir democr&aacute;ticamente de los usos de la ciudad. Que ni los poderes privados ni los poderes estatales puedan acapararse de las decisiones pol&iacute;ticas. Que las 400 familias de la mesa de emergencia y todos otros los miles de familias afectadas por la emergencia habitacional puedan decidir soberanamente qu&eacute; uso del suelo urbano queremos, qu&eacute; ciudad queremos. Que la ciudad sea nuestra significa que no solamente la ciudad nos afecta, si no que nosotras tambi&eacute;n afectamos a la ciudad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Hamou]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 Jun 2018 18:37:56 +0000]]></pubDate>
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