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    <title><![CDATA[elDiario.es - Silvia Cabrera]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/silvia_cabrera/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Silvia Cabrera]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[La presencia de la mujer en la política murciana, una realidad que avanza lenta pero imparable]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/politica/presencia-politica-murciana-realidad-imparable_1_1490010.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/01268416-299a-48d7-8ee4-3e4f3606f8ed_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La presencia de la mujer en la política murciana, una realidad que avanza lenta pero imparable"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En los comicios celebrados en 1987 en la Comunidad de Murcia solo una mujer consiguió hacerse con el bastón de mando de un ayuntamiento, y en los siguientes, celebrados en 1991, dos</p><p class="subtitle">En 2007 el Gobierno central impulsó la Ley para la igualdad efectiva como respuesta a la preocupación creciente por la discriminación de la mujer en todos los ámbitos, incluido el político</p><p class="subtitle">En la Asamblea regional, en 2017, la representación femenina se situó en el 35 por ciento, la menor tasa de todas las comunidades autónomas</p></div><p class="article-text">
        En las segundas elecciones municipales de la historia de la democracia, las de 1983, solo cuatro de las 45 alcald&iacute;as de la Regi&oacute;n fueron ocupadas por mujeres. Murcia, como el resto de autonom&iacute;as, todas reci&eacute;n constituidas a excepci&oacute;n de Ceuta y Melilla, se desperezaba tras 40 a&ntilde;os de dictadura en los que el g&eacute;nero femenino hab&iacute;a sido relegado en exclusiva al cuidado del hogar y a la crianza. No obstante, a pesar de las particularidades que marcaban aquel contexto econ&oacute;mico, pol&iacute;tico y social, los comicios arrojaron un resultado extraordinario en la Comunidad Aut&oacute;noma: fue la primera en n&uacute;mero de regidoras con un 8,90%, seguida de lejos por Cantabria (3,90%) y muy por encima del dos en que se situ&oacute; la media de aquel proceso electoral.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En los ocho lustros que separan la actualidad de la Transici&oacute;n, la cifra de mujeres al frente de las alcald&iacute;as murcianas ha crecido a un ritmo lento y caracterizado por un largo periodo de estabilidad a la baja. Tras aquella cifra que situ&oacute; a la Regi&oacute;n a la cabeza en lo referente a regidoras, comenz&oacute; una extensa etapa en la que se mantuvo por debajo del porcentaje global del pa&iacute;s. As&iacute;, en los comicios celebrados en 1987 solo una mujer consigui&oacute; hacerse con el bast&oacute;n de mando de un ayuntamiento, y en los siguientes, celebrados en 1991, dos. En los a&ntilde;os posteriores el n&uacute;mero vari&oacute; entre tres y seis y no fue hasta bien entrado el siglo XXI, concretamente en 2007, cuando la representaci&oacute;n de las mujeres al frente de los consistorios de la Regi&oacute;n rompi&oacute; por primera vez el techo del 10%. Hab&iacute;an pasado casi cuatro d&eacute;cadas del inicio de la Espa&ntilde;a democr&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Fue precisamente en 2007 cuando el Gobierno central impuls&oacute; la Ley para la igualdad efectiva como respuesta a la preocupaci&oacute;n creciente por la discriminaci&oacute;n de la mujer en todos los &aacute;mbitos, incluido el pol&iacute;tico. La normativa se ampli&oacute; al terreno de la legislaci&oacute;n relativa a los comicios y, a trav&eacute;s de una modificaci&oacute;n de la Ley del R&eacute;gimen Electoral General (LOREG), se pusieron en marcha mecanismos para corregir la desigualdad en la esfera de poder y toma de decisiones. Se estableci&oacute; as&iacute; la proporci&oacute;n 40/60 con el objetivo de garantizar un m&iacute;nimo &ldquo;equilibrio num&eacute;rico&rdquo; entre hombres y mujeres en las candidaturas de los partidos, pero no se introdujeron f&oacute;rmulas para asegurar un orden equitativo de los puestos, de manera que los primeros pod&iacute;an ser ocupados por hombres y los &uacute;ltimos, por mujeres.
    </p><p class="article-text">
        Un estudio elaborado por el Ministerio del Interior sobre el impacto de esta Ley en las elecciones locales de 2011 revela que los consistorios de la Regi&oacute;n de Murcia cumpl&iacute;an, aunque con poco margen, la citada proporci&oacute;n en lo referente al n&uacute;mero de concejalas. No es el caso, sin embargo, de otros &oacute;rganos como la Asamblea regional, donde en 2017, por ejemplo, la representaci&oacute;n femenina se situ&oacute; en el 35%, la menor tasa de todas las comunidades aut&oacute;nomas.
    </p><p class="article-text">
        En los pr&oacute;ximos cuatro a&ntilde;os solo 15 casas consistoriales de la Regi&oacute;n, el 33,3%, van a ser gobernadas por mujeres. Son las de &Aacute;guilas; Alhama de Murcia; Archena; Beniel; Bullas; Campos del R&iacute;o; Cartagena; Ceheg&iacute;n; Fortuna; Fuente &Aacute;lamo; Jumilla; Molina de Segura; Puerto Lumbreras; San Pedro del Pinatar y Santomera.
    </p><p class="article-text">
        Cinco de ellas pertenecen al PP, nueve al PSOE y una a Ciudadanos. A falta de conocer datos actuales sobre el organigrama de todos los equipos de gobierno de los diferentes municipios, la proporci&oacute;n de concejalas ha pasado del 21,6 por ciento en 1995 al 43,6 en 2015. Eso s&iacute;, siempre bajo un denominador com&uacute;n: las competencias relacionadas con la cultura o los servicios sociales recaen de forma mayoritaria en las concejalas, frente a otras carteras de acci&oacute;n pol&iacute;tica 'm&aacute;s determinante' para el imaginario colectivo como la econom&iacute;a o las infraestructuras, que suelen estar dirigidas por hombres.
    </p><p class="article-text">
        En el Parlamento auton&oacute;mico, el porcentaje de diputadas reci&eacute;n constituida la C&aacute;mara asciende al 44,4%, una proporci&oacute;n cercana al anhelado 50/50 que, sin embargo, se rompe con rotunda claridad en la Mesa de la Asamblea. En esta nueva legislatura solo formar&aacute; parte de ella una mujer, la socialista Gloria Alarc&oacute;n. A su lado, cuatro hombres: su colega de partido Emilio Ivars; el presidente, Alberto Castillo, de Ciudadanos; Miguel &Aacute;ngel Miralles, del PP, y Francisco Jos&eacute; Cabrera, de Vox.
    </p><p class="article-text">
        Hasta ahora la lucha por la igualdad se ha librado con especial intensidad en las calles, abanderada por colectivos, movimientos sociales organizados y muchas personas, gran parte de ellas j&oacute;venes, que act&uacute;an a t&iacute;tulo individual. La incorporaci&oacute;n de cada vez m&aacute;s mujeres a la vida pol&iacute;tica murciana es una realidad que avanza, como en el resto de comunidades, de forma lenta pero imparable. La responsabilidad de las administraciones p&uacute;blicas es fundamental, adem&aacute;s de obligada, para poner en pr&aacute;ctica reivindicaciones hist&oacute;ricas recogidas sobre el papel por numerosos organismos incluida la Organizaci&oacute;n de las Naciones Unidas (ONU), que incluye entre sus ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible) la urgencia de &ldquo;asegurar la participaci&oacute;n plena y efectiva de las mujeres y la igualdad de oportunidades de liderazgo a todos los niveles decisorios en la vida pol&iacute;tica, econ&oacute;mica y p&uacute;blica&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Silvia Cabrera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/politica/presencia-politica-murciana-realidad-imparable_1_1490010.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 23 Jun 2019 06:00:00 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una mujer valiente, una mujer sonriente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/disidencias-de-genero/mujer-valiente-sonriente_132_1579758.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5c926071-e9ea-4797-ab4a-a98580a300a5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una mujer valiente, una mujer sonriente"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En los últimos tiempos se ha impuesto un nuevo ideal de mujer que no nos permite flaquear. Según este modelo, la mujer tiene que ser fuerte y decidida; una suerte de</p><p class="subtitle">superwoman</p><p class="subtitle">que puede con todo lo que se ponga por delante</p><p class="subtitle">Sinceramente, no hay nada más injusto que acabar con un estereotipo poniendo otro en su lugar, como si esto fuera un juego de antónimos del que se espera obtener resultados para seguir guardando en cajitas lo que está mal y lo que está bien</p><p class="subtitle">La antropóloga Marcela Lagarde apunta que el camino hacia el empoderamiento de la mujer pasa necesariamente por desterrar la vieja idea que dice que este ha de ir unido a la heroicidad, el sufrimiento y la omnipresencia</p></div><p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as convers&eacute; largo y tendido con una amiga a la que quiero y admiro a partes iguales. Mar&iacute;a -pong&aacute;mosle este nombre- est&aacute; casada, tiene dos hijos, un trabajo que le satisface y un piso precioso que en dos a&ntilde;os terminar&aacute;n, ella y su marido, de pagar. Va al gimnasio, al cine de vez en cuando y le gusta leer novela negra. Es una feminista convencida desde antes de cumplir la mayor&iacute;a de edad y forma parte de un colectivo bastante activo. Tiene todo lo que se supone necesario para vivir bien, pero...
    </p><p class="article-text">
        - Estoy harta de hacerme la valiente.
    </p><p class="article-text">
        Escuch&eacute; las palabras de Mar&iacute;a como si en lugar de ella las hubiera pronunciado una ventr&iacute;locua escondida en alguna parte. Cre&iacute;a que mi amiga estaba bien porque todo a su alrededor guardaba el equilibrio perfecto (el esperado), pero no. Me pas&oacute; por la cabeza recordarle las cosas bonitas que tiene en su vida. Era la alternativa m&aacute;s f&aacute;cil (y por eso recurrida): decirle que sus hijos est&aacute;n sanos, que tiene una estupenda casa y un trabajo. Que puede viajar cuando guste porque se lo puede permitir. &ldquo;Eso, Mar&iacute;a, lo que tienes que hacer es darte un capricho, irte unos d&iacute;as fuera y coger aire. Cuando vuelvas lo ver&aacute;s todo muy diferente&rdquo;. Pero vomitarle todo eso, aun con cari&ntilde;o, no ser&iacute;a justo con ella. &iquest;Qui&eacute;n co&ntilde;o soy yo para decirle a mi amiga agotada que no tiene derecho a dejar de ser valiente? 
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos tiempos se ha impuesto un nuevo ideal de mujer que no nos permite flaquear. Seg&uacute;n este modelo, la mujer tiene que ser fuerte y decidida; una suerte de <em>superwoman</em> que puede con todo lo que se ponga por delante. Una mujer valiente, una mujer sonriente, que cant&oacute; Bebe, como si hasta ahora las mujeres hubieran sido unas cobardes y sumisas a las que les falta un hervor para salir del pozo...un pozo del que &uacute;nica y exclusivamente saldr&aacute;n si le echan ganas, si solo r&iacute;en, si act&uacute;an casi como hero&iacute;nas y pisan fuerte. Pues no.
    </p><p class="article-text">
        Sinceramente, no hay nada m&aacute;s injusto que acabar con un estereotipo poniendo otro en su lugar, como si esto fuera un juego de ant&oacute;nimos del que se espera obtener resultados para seguir guardando en cajitas lo que est&aacute; mal y lo que est&aacute; bien, lo que se espera y lo que no, sin tener en cuenta que estamos volviendo a cerrar puertas y creando, de nuevo, arquetipos dolorosos. De hecho, creo sinceramente que ese discurso viciado de la `valent&iacute;a&acute; in extremis conlleva en ocasiones -yo misma he sido testigo- la adopci&oacute;n de roles tradicionalmente asociados al hombre, como la necesidad de liderar bajo unas formas que obvian el hermanamiento, la sororidad y la empat&iacute;a, claves en el movimiento feminista.
    </p><p class="article-text">
        La antrop&oacute;loga Marcela Lagarde apunta que el camino hacia el empoderamiento de la mujer pasa necesariamente por desterrar la vieja idea que dice que este ha de ir unido a la heroicidad, el sufrimiento y la omnipresencia. El `tienes que poder con todo&acute;, aunque eso suponga, a corto y largo plazo, un martirio velado, nos despersonifica y aleja del objetivo real al volver al punto de partida que representa el molde dise&ntilde;ado por el sistema patriarcal, en el que se lleva la competencia, la enajenaci&oacute;n, la destrucci&oacute;n de la identidad y el agotamiento. &iquest;Esto es lo que queremos? 
    </p><p class="article-text">
        Al final escuch&eacute; todo lo que ten&iacute;a que decir Mar&iacute;a, que era mucho. Se relaj&oacute;, llor&oacute;, ri&oacute; y se permiti&oacute; ser ella misma. M&aacute;s o menos valiente, m&aacute;s o menos sensible (&iquest;por qu&eacute; juzgar?), fue ella. Y me di cuenta de que as&iacute; es c&oacute;mo deber&iacute;a de ser...sin obligaciones ni clich&eacute;s, muy consciente de sus derechos en todo momento y de lo urgente de seguir luchando, pero permiti&eacute;ndose, al mismo tiempo, la libertad de expresar su estado de &aacute;nimo sin que nadie que cree estar en posesi&oacute;n de la verdad absoluta la censure.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Silvia Cabrera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/disidencias-de-genero/mujer-valiente-sonriente_132_1579758.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 24 Apr 2019 10:09:56 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Refugiados en la Murcia del 37: la humanidad entre escombros y la solidaridad antifascista de una inglesa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/sociedad/refugiados-murcia-humanidad-escombros_1_1638779.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2651d358-3ef9-438f-90b2-19f96fdd57c8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Refugiados en la Murcia del 37: la humanidad entre escombros y la solidaridad antifascista de una inglesa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Francesca Wilson, maestra y activista británica de la Sociedad de Amigos, ayudó durante meses a miles de refugiados, muchos de ellos procedían de la 'Desbandá': "Encontré una situación terrible en Murcia: 4.000 refugiados en un edificio. Niños sucios que mueren diariamente"</p><p class="subtitle">Transformó un edificio de la calle Puerta Nueva en un hospital infantil. Wilson no sintió ninguna pena por los propietarios de aquel edificio y le parecía "ridículo" que en un lugar como aquel "vivan pocas personas cuando se podría alojar a 30 niños"</p></div><p class="article-text">
        <em>&ldquo;El viaje pas&oacute; como un sue&ntilde;o. Campos de arroz, lagos con barcos de velas curvadas, &aacute;rboles con limones y naranjas, pueblos blancos de pescadores, jardines donde c&aacute;&ntilde;amos y pimientos crec&iacute;an, y monta&ntilde;as repletas de olivos y vi&ntilde;as...Luego el sue&ntilde;o acab&oacute; y nos adentramos en una pesadilla. Est&aacute;bamos a las afueras de Murcia, en un vasto e inacabado edificio de apartamentos, nueve pisos de altura, abri&eacute;ndonos paso a trav&eacute;s de multitud de harapientos; de refugiados de ojos salvajes&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; describi&oacute; la maestra brit&aacute;nica Francesca Wilson (Newcastle, 1888-Londres, 1981) el viaje que hizo en marzo de 1937 desde Valencia y su llegada a un inmueble destartalado bautizado como el refugio 'Pablo Iglesias', hoy en d&iacute;a conocido como el de &ldquo;Los nueve pisos&rdquo;. La ciudad, que a&uacute;n se manten&iacute;a entre los territorios afines al Gobierno de la Segunda Rep&uacute;blica, acog&iacute;a cada d&iacute;a a cientos de personas que hu&iacute;an del horror de la guerra procedentes de diversos puntos del pa&iacute;s como C&aacute;diz, Sevilla, C&oacute;rdoba o Madrid, pero especialmente de M&aacute;laga, ca&iacute;da poco antes a manos del ej&eacute;rcito sublevado y sus aliados italianos. Muchos de esos evacuados eran supervivientes de la 'Desband&aacute;', un cruento ataque de las tropas franquistas por mar y aire en la carretera que un&iacute;a M&aacute;laga y Almer&iacute;a que acab&oacute; con la vida de m&aacute;s de 3.000 personas.
    </p><p class="article-text">
        Wilson estaba en Espa&ntilde;a en calidad de miembro de la Sociedad de Amigos, una hermandad cu&aacute;quera que prestaba su apoyo a los refugiados en pa&iacute;ses en guerra. La inglesa ya hab&iacute;a estado en zonas de conflicto durante la Primera Guerra Mundial con la misma misi&oacute;n, pero lo que vio en Murcia fue para ella algo ins&oacute;lito, y as&iacute; lo dej&oacute; escrito en su libro <em>In the Margins of Chaos</em>, publicado en 1944. Extractos de ese documento, junto con testimonios, fotograf&iacute;as e informaciones de otras fuentes, fueron recogidos m&aacute;s de 60 a&ntilde;os despu&eacute;s en una tesis doctoral elaborada por la profesora de la Universidad de Birmingham (Reino Unido) Si&acirc;n Lliwen Roberts.
    </p><p class="article-text">
        De la Murcia del 37, Wilson escribi&oacute; mucho. Dijo que era &ldquo;una ciudad triste&rdquo; que le &ldquo;atrajo como un im&aacute;n&rdquo;, sobre todo por el gran n&uacute;mero de evacuados que acog&iacute;a y las condiciones en las que estos sobreviv&iacute;an. As&iacute; relat&oacute; sus primeras impresiones en una carta dirigida a Helen Grant, de la Sociedad de Amigos: &ldquo;Encontr&eacute; una situaci&oacute;n terrible en Murcia: 4.000 refugiados en un edificio. Ni&ntilde;os sucios que mueren diariamente (o eso dicen) y un solo plato de comida al d&iacute;a. Hay seis refugios en Murcia pero en cada uno de los otros &iexcl;hay solo 1.000 personas! Es incomparable con cualquier cosa que vimos antes&rdquo;. Los lugares que ofrec&iacute;an asilo a los evacuados en el municipio durante la contienda eran, adem&aacute;s del que daba nombre al fundador del PSOE y el sindicato UGT, los refugios 'Lenin'; 'Largo Caballero'; 'Durruti'; 'Carlos Marx' y 'Ascaso'.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        El refugio 'Pablo Iglesias' representaba todo lo contrario a lo que hab&iacute;a visto Wilson en sus visitas a otras regiones espa&ntilde;olas. En Catalu&ntilde;a y Valencia hab&iacute;a podido comprobar que, pese al conflicto, el sistema educativo impulsado por la Segunda Rep&uacute;blica estaba dando sus frutos. En Barcelona fue testigo de lo que sus amigos intelectuales brit&aacute;nicos le hab&iacute;an comentado antes de emprender su viaje: Espa&ntilde;a estaba experimentando una &eacute;poca de renacimiento gracias a los cambios introducidos por el Gobierno en el &aacute;mbito de la cultura y la educaci&oacute;n. De ello escribi&oacute;: &ldquo;Sus modernos institutos escuela me impresionaron. Visit&eacute; uno en Barcelona donde hab&iacute;a 600 ni&ntilde;os y ni&ntilde;as. Todos eran coeducativos, combinando orden con informalidad. No hab&iacute;a pupitres, solo peque&ntilde;as mesas, a veces separadas, a veces juntas, con un florero en la mitad. Hab&iacute;a clases, pero muchos chicos y chicas trabajaban juntos en algunas tareas. 40 de ellos estaban fuera, en una excursi&oacute;n educativa de una semana en las monta&ntilde;as, donde cocinaban, confeccionaban mapas y recolectaban ejemplares para sus lecciones de ciencias&rdquo;. En Valencia, m&aacute;s concretamente en El Perell&oacute;, un pueblo mar&iacute;timo enclavado dentro de los l&iacute;mites del Parque Natural de La Albufera, la experiencia fue igual de gratificante: &ldquo;Cuando llegu&eacute;, los ni&ntilde;os se estaban ba&ntilde;ando en el mar. Pronto fueron recogidos en una sala amplia donde se sentaron alrededor de mesas para pintar, jugar, coser y cantar con entusiasmo. Despu&eacute;s el educador convoc&oacute; 'El Parlamento de los ni&ntilde;os' y comenzaron a discutir sobre diversos problemas del hogar con absoluta inconsciencia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En Murcia &ndash;cuya poblaci&oacute;n, seg&uacute;n detalla Wilson en sus escritos, hab&iacute;a aumentado en 100.000 personas desde el inicio de la guerra- se le present&oacute; una situaci&oacute;n muy diferente. En el 'Pablo Iglesias' los ni&ntilde;os no estaban sentados a la mesa, discutiendo sobre pintura o m&uacute;sica, sino hambrientos y compartiendo espacio con personas de todas las edades en habitaciones abiertas sin muebles, m&aacute;s all&aacute; de unos pocos colchones de paja, y sin puertas ni ventanas. &ldquo;El ruido era terrible: beb&eacute;s llorando, muchachos corriendo de piso en piso, gente enferma gimiendo y mujeres gritando. Surgieron a nuestro alrededor contando sus historias, aferr&aacute;ndose a nosotros como personas que se ahogan en un pantano&rdquo;, escribi&oacute; la inglesa. El panorama en el refugio era tan desolador que requer&iacute;a de actuaciones urgentes, de manera que Wilson no tard&oacute; en ponerse manos la obra. Su primera acci&oacute;n: instaurar un desayuno para ni&ntilde;os y embarazas del refugio con alimentos como leche condensada, cacao y galletas.
    </p><p class="article-text">
        Mientras que el primer d&iacute;a fue &ldquo;un fracaso&rdquo;, pues corri&oacute; el rumor de que quienes se registraran en el desayuno ser&iacute;an enviados a M&eacute;xico, Am&eacute;rica del Norte o Rusia, el segundo ocurri&oacute; todo lo contrario. El n&uacute;mero de inscripciones fue tan elevado que, incluso, la situaci&oacute;n se volvi&oacute; peligrosa: &ldquo;Le ped&iacute; al Comit&eacute; Local de Refugiados que me enviara Caribineros (sic) porque los ni&ntilde;os pod&iacute;an morir aplastados, pero solo sonrieron con desprecio&rdquo;. Eso s&iacute;, el Comit&eacute; acept&oacute; la propuesta de Wilson de enviar al refugio 400 tazas de aluminio, mesas y bancos. Dos meses despu&eacute;s, Wilson, instalada en una vivienda en el Plano de San Francisco, hab&iacute;a ampliado su proyecto con una segunda comida a base de carne de buey, pan, bacalao y patatas. La Sociedad de Amigos tambi&eacute;n comenz&oacute; a distribuir leche condensada para los menores de 11 a&ntilde;os de otros refugios y az&uacute;car para quienes &ldquo;ten&iacute;an certificados m&eacute;dicos&rdquo;. La operaci&oacute;n de auxilio estaba en marcha.
    </p><h4 class="article-text">Murcianos solidarios: &ldquo;Yo he visto a los refugiados&rdquo;</h4><p class="article-text">
        <strong>Murcianos solidarios: &ldquo;Yo he visto a los refugiados&rdquo;</strong>Mientras, peri&oacute;dicos de la &eacute;poca como Confederaci&oacute;n, Nuestra lucha y El Liberal, de corte republicano, incluyen entre sus p&aacute;ginas secciones espec&iacute;ficas para que los evacuados puedan publicar mensajes que les ayuden a dar con sus familiares. Una noticia de febrero de 1937 recoge el llamamiento que hizo el Comit&eacute; de Mujeres contra la Guerra y el Fascismo a todas las murcianas &ldquo;para que entreguen ropa para los evacuados que llegan de M&aacute;laga en estado verdaderamente lastimoso&rdquo;, y otra de marzo de ese mismo a&ntilde;o hace referencia a la orden por la que el Consejo de Asistencia Social &ldquo;ha ordenado aumentar, con destino al sostenimiento de los refugiados en esta [ciudad], el importe de todos los servicios en bares, caf&eacute;s, hoteles y restorans (sic)&rdquo;.
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        Tambi&eacute;n se hacen eco los diarios de las personas que est&aacute;n contribuyendo a la causa, especificando su nombre (desde particulares como agentes de polic&iacute;a, el teniente Serrano y otros, a entidades y organizaciones como el Ateneo de Divulgaci&oacute;n Social de Quitapellejos o los &ldquo;compa&ntilde;eros de la l&iacute;nea de autom&oacute;vil de Lorca a Murcia&rdquo;) y lo que aportan. E incluso reproducen misivas de lectores murcianos en apoyo a los evacuados.
    </p><h4 class="article-text">Un hospital infantil en la calle Puerta Nueva</h4><p class="article-text">
        La situaci&oacute;n de los evacuados, en especial la de los m&aacute;s peque&ntilde;os, fue una constante preocupaci&oacute;n para la brit&aacute;nica. Ve&iacute;a a los ni&ntilde;os enfermos &ldquo;tendidos sobre trapos sucios&rdquo; en el suelo de los refugios y, una vez m&aacute;s, decidi&oacute; intervenir. Solicit&oacute; a las autoridades locales un espacio para transformarlo en hospital infantil, y estas le asignaron una villa moderna en la calle Puerta Nueva, cerca de la Universidad. La inglesa no sinti&oacute; ninguna pena por los propietarios de aquel edificio porque ten&iacute;an otro hogar y, adem&aacute;s, le parec&iacute;a &ldquo;rid&iacute;culo&rdquo; que en un lugar como aquel &ldquo;vivan unas pocas personas cuando se podr&iacute;a alojar a 30 ni&ntilde;os&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La primera ma&ntilde;ana fue muy divertida. Fuimos a los refugios con un enorme autob&uacute;s de un hotel y recogimos a todos los peque&ntilde;os enfermos. Llegamos (al reci&eacute;n inaugurado hospital) no solo con beb&eacute;s, sino tambi&eacute;n con sus madres. Los primeros ocho d&iacute;as aquello parec&iacute;a un hogar de maternidad&rdquo;. Poco a poco, la Sociedad de Amigos fue reclutando m&aacute;s recursos humanos y sanitarios hasta alcanzar las 50 camas.&nbsp;
    </p><h4 class="article-text">La labor pedag&oacute;gica que ayuda a la autosuficiencia</h4><p class="article-text">
        Wilson ten&iacute;a claro que, adem&aacute;s de proporcionar alimentos y asistencia sanitaria a los evacuados, era necesario poner en marcha un plan para mantenerlos ocupados. La fuerte creencia de que, pese a vivir en un contexto dram&aacute;tico era necesario mantener la moral, junto con el sentimiento de respeto hacia quienes hab&iacute;an perdido sus casas, sus tierras, e incluso a algunos de sus familiares, fue lo que movi&oacute; a la brit&aacute;nica a impulsar, en colaboraci&oacute;n con el Comit&eacute; de Ayuda, talleres ocupacionales para las evacuadas. El primero de ellos se instaur&oacute; en el refugio 'Ascaso', en la plaza de San Juan, con ayuda del alcalde, Fernando Pi&ntilde;uela. Unos meses despu&eacute;s, un total de 104 ni&ntilde;as y mujeres estaban inscritas en el taller de costura, y al poco la experiencia se traslad&oacute; a otras ciudades cercanas como Crevillente, Orihuela, Lorca y Alicante. La profesora Roberts reflexion&oacute; en su tesis sobre la importancia de la labor pedag&oacute;gica en situaciones extremas: &ldquo;El &eacute;xito de Wilson confirm&oacute; su idea de que el alivio m&aacute;s efectivo es el que da poder a los refugiados al proporcionarles la oportunidad de hacer una contribuci&oacute;n activa a su propio bienestar en lugar de confiar pasivamente en la caridad de otros&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Las mujeres trabajaban con sus manos, a golpe de puntada, haciendo art&iacute;culos de lo m&aacute;s variopinto. Desde manteles bordados hasta mu&ntilde;ecas con trajes tradicionales espa&ntilde;oles que luego se vend&iacute;an en Gran Breta&ntilde;a y Estados Unidos gracias a la red transnacional de auxilio establecida por los cu&aacute;queros brit&aacute;nicos. Pero los talleres no eran solo para trabajar. All&iacute;, entre agujas, dedales y recortes de tela se organizaban de vez en cuando fiestas y bailes. Wilson tambi&eacute;n escribi&oacute; sobre esas veladas: &ldquo;Todas estaban muy emocionadas y se ve&iacute;an muy bonitas. Muchas de las chicas llevaban vestidos que se hab&iacute;an hecho. Cantaron y bailaron, y para terminar tomaron una taza de chocolate y un bollo hecho con harina y az&uacute;car de la Sociedad de Amigos&rdquo;. Y, ante la preocupaci&oacute;n de sus colegas ingleses por la asistencia masiva a aquellos eventos medio improvisados, su amiga Leonor respondi&oacute; en una ocasi&oacute;n: &ldquo;Esta gente espa&ntilde;ola con su espontaneidad carece de autoconsciencia, y los esp&iacute;ritus salvajes hacen que cualquier fiesta vaya bien&rdquo;.
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        Entre las cu&aacute;queras creci&oacute; la preocupaci&oacute;n por el peligro que sufr&iacute;an las refugiadas j&oacute;venes que se ve&iacute;an abocadas a la prostituci&oacute;n. Sin caer en condenas morales, Wilson extendi&oacute; los talleres a clubes nocturnos durante los fines de semana, lo que permit&iacute;a a las chicas aprender a leer y escribir con material proporcionado por las autoridades locales. Tambi&eacute;n cre&oacute; una colonia agr&iacute;cola para ni&ntilde;os en un molino de harina en desuso a las afueras de Crevillente, a 50 kil&oacute;metros de Murcia, con la ayuda de Gerardo Ascher, un ingeniero jud&iacute;o alem&aacute;n que compart&iacute;a con la inglesa el af&aacute;n por el auxilio social. En aquel lugar, los peque&ntilde;os &ldquo;criaban cabras para la leche, pollos para proporcionar huevos, conejos para la carne&rdquo; y cultivaban patatas, r&aacute;banos, lechugas y espinacas. Incluso ten&iacute;an un peque&ntilde;o taller de carpinter&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Wilson prosigui&oacute; con su misi&oacute;n durante meses hasta que abandon&oacute; definitivamente la ciudad en mayo de 1939 para trasladarse a Francia, tierra a la que cada d&iacute;a llegaban miles de refugiados republicanos. A finales de abril de aquel a&ntilde;o, m&aacute;s de 500.000 personas hab&iacute;an cruzado la frontera, un tercio de ellas ancianos, mujeres y ni&ntilde;os. &ldquo;Pobre gente que no tiene ning&uacute;n refugio&rdquo;, escribieron los cu&aacute;queros. En el pa&iacute;s galo, Wilson, que seg&uacute;n el testimonio de una de sus colegas recogido en el libro <em>British Women and the Spanish Civil War</em>, de Angela Jackson, era &ldquo;alta, delgada y muy inglesa&rdquo; y sol&iacute;a vestir con ligeros vestidos de algod&oacute;n que contrastaban con el negro universal de las mujeres espa&ntilde;olas, continu&oacute; con su trabajo de forma incansable desoyendo los consejos de sus colegas, que le ped&iacute;an que no pusiera tanta pasi&oacute;n en sus actividades ante la posibilidad de fracasar o no poder continuar. Su respuesta siempre fue muy clara: &ldquo;En el trabajo de socorro la prudencia no es suficiente. Cuando las necesidades son grandes, hay que asumir riesgos&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Silvia Cabrera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/sociedad/refugiados-murcia-humanidad-escombros_1_1638779.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 24 Mar 2019 10:15:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Refugiados en la Murcia del 37: la humanidad entre escombros y la solidaridad antifascista de una inglesa]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Murcia,Memoria Histórica,Guerra Civil Española,Refugiados,Niños]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Solo estoy tratando de correr]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/disidencias-de-genero/solo-tratando-correr_132_1687607.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dd74ca7d-b069-4ee9-aa27-8a0f53678506_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Solo estoy tratando de correr"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Han pasado muchos años desde que Switzer se convirtiera en la primera mujer en correr una maratón con un dorsal. Cruzó la línea de meta tras cuatro horas y veinte minutos gracias a su fuerza física y mental</p></div><p class="article-text">
        Boston, un d&iacute;a de abril de 1967. La ciudad va a acoger una nueva edici&oacute;n de la marat&oacute;n que celebra desde finales del siglo anterior. A pesar del fr&iacute;o, son cientos los velocistas que se agolpan en la l&iacute;nea de salida a la espera de una se&ntilde;al para empezar a correr. Entre ellos se encuentra K.V. Switzer, con el dorsal 261, que calienta m&uacute;sculos a sabiendas de que no puede estar all&iacute;. &iquest;El motivo? Ser mujer.
    </p><p class="article-text">
        Un amigo se acerca a ella y le aconseja: &ldquo;Kathrine, qu&iacute;tate el labial&rdquo;. Ella desoye la petici&oacute;n y se mantiene concentrada. Tiene 20 a&ntilde;os y ha dedicado mucho tiempo a formarse para una carrera as&iacute;. Est&aacute; a punto de participar en algo que le encanta y, sin saberlo, de hacer historia.
    </p><p class="article-text">
        Los corredores comienzan a moverse y Switzer hace lo propio, como uno m&aacute;s. No tarda en llamar la atenci&oacute;n de los fot&oacute;grafos all&iacute; apostados. Ella lo toma como un juego gracioso hasta que nota que algo, de verdad, no va bien: el director de la marat&oacute;n, Jock Semple, le est&aacute; agarrando con fuerza de los hombros y empujando mientras grita &ldquo;&iexcl;Fuera de mi carrera!&rdquo;. Kathrine, que intenta zafarse de las manos de aquel se&ntilde;or con la ayuda de su pareja y de unos amigos, le contesta: &ldquo;Solo estoy tratando de correr&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La de Switzer no es la historia puntual de alguien, ni siquiera la historia de una sola mujer, como tampoco lo fue la de Elizabeth Cady Stanton, Emily W. Davison, Sojourner Truth, Flora Trist&aacute;n, Alejandra Kollontai o Clara Campoamor, por citar a algunas que de forma muy consciente lucharon, cada una a su manera y en diferentes espacios temporales y geogr&aacute;ficos, por el reconocimiento de los derechos de la mitad de la poblaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Durante siglos se ha vetado la participaci&oacute;n de la mujer en los espacios p&uacute;blicos.&nbsp; En el caso de la marat&oacute;n, si bien los organizadores no ofrec&iacute;an una justificaci&oacute;n expresa para que ellas no pudieran concurrir (directamente no se les citaba como posibles participantes), s&iacute; que hab&iacute;a excusas &ldquo;invitando&rdquo; a las mujeres a no hacer ese tipo de ejercicio, algunas tan variopintas como que pod&iacute;an quedar est&eacute;riles. En otros casos (hay una infinidad, tantos como grande es el mundo) los argumentos eran y son diferentes, pero casi siempre hay un denominador com&uacute;n: el hombre (no todos, no seamos zoquetes) se encarga de situar a la mujer &uacute;nicamente en el plano reproductivo y de madre cuidadora. Este sistema obedece a unos par&aacute;metros similares al de clases, porque hay uno o unos que deciden sobre otro u otros, crey&eacute;ndose beneficiarios de una &ldquo;condici&oacute;n de gracia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Han pasado muchos a&ntilde;os desde que Switzer se convirtiera en la primera mujer en correr una marat&oacute;n con un dorsal. Cruz&oacute; la l&iacute;nea de meta tras cuatro horas y veinte minutos gracias a su fuerza f&iacute;sica y mental. Para hacerlo recibi&oacute; el apoyo de varios hombres que discern&iacute;an, como ella, del sinsentido de no dejar participar a una mujer en una carrera. Menos de una d&eacute;cada despu&eacute;s, en 1975, la velocista gan&oacute; la marat&oacute;n de Nueva York, pero ella ya hab&iacute;a alcanzado la victoria real: avanzar en la carrera de la igualdad dando una lecci&oacute;n al mundo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Silvia Cabrera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/disidencias-de-genero/solo-tratando-correr_132_1687607.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 20 Feb 2019 09:29:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Solo estoy tratando de correr]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Incansable Antonio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/incansable-antonio_132_1763525.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Estoy, como tantos otros que te conocieron, te admiraron y fueron testigos de tus luchas -en solitario, las más de las veces- en estado de shock</p><p class="subtitle">Siempre de arriba a abajo, soportando los envites de una política que desbordaba a cualquiera en una región poco proclive a aplaudir ideas como las tuyas</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        No s&eacute; bien c&oacute;mo despedirme de ti. F&iacute;jate que otras veces me salen las palabras a chorros por los dedos, pero hoy no. Hoy, 2 de enero, solo soy capaz de moverme con lentitud, observar la pantalla sin apenas parpadear y volver a moverme con lentitud. Estoy, como tantos otros que te conocieron, te admiraron y fueron testigos de tus luchas -en solitario, las m&aacute;s de las veces- en estado de shock.
    </p><p class="article-text">
        Compart&iacute; contigo millones de momentos durante ocho a&ntilde;os y en todo ese tiempo no percib&iacute;, por tu parte, un gesto feo o una frase a destiempo. A veces me llamabas &ldquo;compa&ntilde;era&rdquo; y yo sonre&iacute;a porque en realidad eras el jefe y yo la periodista de esa casa del pobre, que dir&iacute;a Cayo Lara, en la que se respiraba decencia, cari&ntilde;o y respeto.
    </p><p class="article-text">
        Incansable Antonio...siempre de arriba a abajo, soportando los envites de una pol&iacute;tica que desbordaba a cualquiera en una regi&oacute;n poco proclive a aplaudir ideas como las tuyas. Y a&uacute;n ante aquella adversidad te mov&iacute;as con una precisi&oacute;n milim&eacute;trica alemana, vistiendo una sonrisa, por los pasillos de la Asamblea, pensando en titulares para las ruedas de prensa de presupuestos; o en la tribuna, defendiendo con la misma empat&iacute;a unas cuentas m&aacute;s justas y solidarias para la clase trabajadora y la recuperaci&oacute;n de la Bah&iacute;a de Portm&aacute;n o la cobertura de la luz y el agua a las familias m&aacute;s desfavorecidas.
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo aquellas comidas en los Techos Bajos junto a Javi y Victoria; aquellos desayunos r&aacute;pidos antes de entrar al Pleno; tus sandalias de cuero, que siempre me hicieron gracia aunque nunca te lo dije; el cari&ntilde;o con el que me trataban Mar&iacute;a Jes&uacute;s y Mar&iacute;a, tu peque&ntilde;a, tan despierta como mimosa. Esas fotos que nunca sal&iacute;an, los recuerdos de tu padre y tu madre, tus lecciones de filosof&iacute;a y las preciosas palabras de aquel agosto de 2014. 
    </p><p class="article-text">
        Tantos momentos compartidos que guardar&eacute; siempre como oro en pa&ntilde;o. Gracias por tanto, Antonio. Tus luchas, como tu memoria, siguen vivas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Silvia Cabrera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/incansable-antonio_132_1763525.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 02 Jan 2019 10:03:05 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Incansable Antonio]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['La Cárcel Vieja' de Murcia registró más de quinientos fusilamientos durante la dictadura: "Trataron a los presos como personas sin derecho a vivir"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/sociedad/carcel-vieja-murcia-fusilamientos-trataron_1_1909681.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d629613a-28c9-4bab-9253-e6c011bbd823_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;La Cárcel Vieja&#039; de Murcia registró más de quinientos fusilamientos durante la dictadura: &quot;Trataron a los presos como personas sin derecho a vivir&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La dictadura franquista fusiló a más de 520 republicanos que se encontraban privados de libertad en la Antigua Prisión Provincial de Murcia, conocida como 'La Cárcel Vieja'</p><p class="subtitle">La asociación Tenemos Memoria continúa examinando los más de 20.000 expedientes que acumuló la prisión con el objetivo de que los nombres de cada asesinado no acaben en el olvido</p><p class="subtitle">También se llevaron a cabo fusilamientos sin rastro y al azar, como los del 18 de enero de 1940, cuando apareció una revista de ideología comunista en los intramuros del centro penitenciario</p></div><p class="article-text">
        El nombre de Macedonio Serrano Ortega, de 38 a&ntilde;os, casado y natural de Yecla, figura en la historia reciente como el del &uacute;ltimo recluso de la Antigua Prisi&oacute;n Provincial de Murcia ejecutado por el r&eacute;gimen franquista. Fue el 13 de noviembre de 1948, once a&ntilde;os despu&eacute;s de que el bando sublevado entrara en Murcia y comenzara a dictaminar sentencias de muerte por la v&iacute;a del juicio sumar&iacute;simo. Antes que Macedonio, el franquismo ya hab&iacute;a acabado, por el m&eacute;todo directo del tiro en el cuerpo, con la vida de m&aacute;s de 520 personas -sin contar con las que murieron por enfermedades e inanici&oacute;n- recluidas en una c&aacute;rcel tan masificada como el resto de centros penitenciarios del pa&iacute;s durante aquellos a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Estos son algunos de los datos que se desprenden de un minucioso trabajo de investigaci&oacute;n que est&aacute;n realizando dos miembros de la Asociaci&oacute;n para la Recuperaci&oacute;n y Defensa de la Memoria Hist&oacute;rica de Murcia, Tenemos Memoria, Juana Mar&iacute;n y Rufino Garrido. Ambos llevan desde octubre de 2015 buscando entre los m&aacute;s de 20.000 expedientes que acumul&oacute; la prisi&oacute;n -cuyas puertas se mantuvieron abiertas hasta 1981- con el objetivo de que los nombres de cada asesinado no acaben en el olvido.
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        El 29 de marzo de 1939 Murcia dej&oacute; de ser localidad de la retaguardia para ser ocupada por el que se hac&iacute;a llamar `glorioso ej&eacute;rcito nacional&acute; liderado, en este caso, por Camilo Alonso Vega, el encargado de los campos de concentraci&oacute;n de todo el pa&iacute;s y un amigo &iacute;ntimo de Franco que a&uacute;n tiene una <a href="https://www.eldiario.es/murcia/reportajes/reducto-franquista-Mar-Menor_0_735977272.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">avenida a su nombre en San Javier</a>.
    </p><p class="article-text">
        En los a&ntilde;os de la guerra los prisioneros, en su mayor&iacute;a franquistas, &ldquo;recibieron un trato m&aacute;s humano, gozaron de un juicio civil y en todos los casos era obligatoria la confirmaci&oacute;n del Gobierno central de la Rep&uacute;blica&rdquo;, explican los investigadores, que apuntan que tras el conflicto los vencedores no dieron tregua y &ldquo;trataron a los presos como personas sin derecho a vivir&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Jos&eacute;, el padre de Garrido, fue un militar republicano destinado al Cuartel de Artiller&iacute;a que ingres&oacute; en la Antigua Prisi&oacute;n Provincial en noviembre de 1939, despu&eacute;s de que un juez militar diera como buena la denuncia, sin ninguna base real, de un familiar suyo perteneciente a la Falange. Jos&eacute; permaneci&oacute; entre rejas hasta octubre del 1942, cuando fue destinado a la c&aacute;rcel de Las Agustinas, hasta que fue juzgado en marzo del a&ntilde;o siguiente. Sentenciado a 20 a&ntilde;os y un d&iacute;a por delito de &ldquo;auxilio a la rebeli&oacute;n&rdquo;, fue trasladado al penal del Puerto de Santa Mar&iacute;a, donde fue indultado y puesto en libertad provisional como consecuencia de una amnist&iacute;a lanzada para frenar la saturaci&oacute;n de las c&aacute;rceles espa&ntilde;olas.
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        Como el padre de Garrido, fueron muchos los profesionales castrenses que pasaron por la antigua prisi&oacute;n de Murcia, pero tambi&eacute;n lo hicieron jornaleros, alba&ntilde;iles, guardias de seguridad o maestras como Antonia Maym&oacute;n, una madrile&ntilde;a afincada en Beniaj&aacute;n que a los 63 a&ntilde;os fue condenada por haber sido tesorera de la CNT antes del comienzo de la guerra. Maym&oacute;n fue encarcelada hasta 1944 y dos a&ntilde;os m&aacute;s tarde detenida de nuevo durante casi un a&ntilde;o. Falleci&oacute; en un hospital el 20 de diciembre de 1959.
    </p><p class="article-text">
        De todos se guarda un expediente en el Archivo Regional que apenas ofrece detalles sobre la causa de la ejecuci&oacute;n. Pero tambi&eacute;n se llevaron a cabo fusilamientos sin rastro y al azar, como los del 18 de enero de 1940, cuando apareci&oacute; una revista de ideolog&iacute;a comunista en los intramuros del centro penitenciario. &ldquo;Ese d&iacute;a los guardias pusieron en fila a los presos y mataron por sorteo a cinco de ellos: Valeriano A&ntilde;a&ntilde;os, Jos&eacute; San Nicol&aacute;s, Fulgencio Jim&eacute;nez, Jes&uacute;s Caballero y Francisco Sola&rdquo;, se&ntilde;alan Garrido y Mar&iacute;n, quienes tambi&eacute;n cuentan que la C&aacute;rcel Vieja vivi&oacute; una &ldquo;semana tr&aacute;gica&rdquo; entre el 3 y el 9 de abril del 40 con el asesinato de 85 personas en solo seis d&iacute;as, si bien el domingo no mataron a nadie por ser el d&iacute;a del Se&ntilde;or. &ldquo;Tanto mi padre como Jos&eacute; Fuentes Yepes y el maestro Jos&eacute; Casta&ntilde;o me hablaron de esa semana&rdquo;, a&ntilde;ade Garrido.
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        De entre todos los lugares de la ciudad, el ej&eacute;rcito de Franco eligi&oacute; tres para dar muerte a los que consideraba enemigos de la Patria: el campo nacional de tiro, que hoy alberga un conocido centro comercial; el cementerio de Espinardo, donde se <a href="https://www.eldiario.es/murcia/politica/Murcia-exhumo-primeras-franquismo-Transicion_0_760474119.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">exhum&oacute; una de las primeras fosas del franquismo</a> en la Transici&oacute;n, y las paredes de la propia c&aacute;rcel. Quienes no fueron asesinados vieron conmutada su pena por 12, 20 o 30 a&ntilde;os y un d&iacute;a de c&aacute;rcel, o murieron all&iacute;, entre barrotes, o, en el mejor de los casos, fueron indultados. Por eso la asociaci&oacute;n Tenemos Memoria quiere que la C&aacute;rcel se convierta en un lugar de reflexi&oacute;n sobre la represi&oacute;n que sufrieron quienes pasaron, a la fuerza, por all&iacute;. &ldquo;Tiene que ser un espacio de recuerdo. No podemos dejar que se repita la Historia&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Silvia Cabrera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/sociedad/carcel-vieja-murcia-fusilamientos-trataron_1_1909681.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Oct 2018 16:59:31 +0000]]></pubDate>
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