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    <title><![CDATA[elDiario.es - Esther Rodríguez González]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiario.es - Esther Rodríguez González]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[¿Qué hace una arqueóloga como yo en un sitio como este?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/la-cuadratura-del-circulo/arqueologa-sitio_132_11811480.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/61a7a344-ec40-413f-8c1f-b4b024f0c2cd_16-9-discover-aspect-ratio_default_1105830.jpg" width="1591" height="895" alt="¿Qué hace una arqueóloga como yo en un sitio como este?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ni mucho menos resulta necesario cruzarse todo un océano, en este caso el Atlántico, y hacerse 6615 km para aterrizar en Chicago y estudiar arqueología</p></div><p class="article-text">
        Aunque habitualmente mi papel como divulgadora est&aacute; ligado a <a href="https://www.eldiario.es/andalucia/la-cuadratura-del-circulo/pasen-llamar_132_1550305.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la difusi&oacute;n del conocimiento en torno a Tarteso</a>, y m&aacute;s concretamente a los resultados alcanzados en la excavaci&oacute;n e investigaci&oacute;n del yacimiento protohist&oacute;rico de Casas del Turu&ntilde;uelo (Guare&ntilde;a, Badajoz), la historia que hoy les traigo no tiene como objetivo presentar los resultados alcanzados en algunas de las l&iacute;neas de investigaci&oacute;n a las que dedico parte de mi labor profesional como investigadora del Instituto de Arqueolog&iacute;a (CSIC-Junta de Extremadura). En esta ocasi&oacute;n, me gustar&iacute;a aprovechar estas l&iacute;neas para dar a conocer una de las grandes oportunidades que nos brinda la carrera de investigaci&oacute;n, que no es otra que la posibilidad de viajar a diferentes rincones del mundo, con el enriquecimiento personal y profesional que eso conlleva.
    </p><p class="article-text">
        Junto a nuestra capacidad de producci&oacute;n cient&iacute;fica y de liderazgo, la internacionalizaci&oacute;n es uno de los pilares fundamentales dentro de una carrera de investigaci&oacute;n; una palabra, &ldquo;internacionalizaci&oacute;n&rdquo;, que nos persigue desde el d&iacute;a en el que una toma la decisi&oacute;n de embarcarse en la realizaci&oacute;n de una tesis doctoral. Si bien es cierto que este t&eacute;rmino podr&iacute;a analizarse desde diversos puntos de vista, pues podr&iacute;amos adentrarnos en el jard&iacute;n de evaluar la continua fuga de cerebros que sufre la investigaci&oacute;n en nuestro pa&iacute;s y los sacrificios personales que esto supone; hoy nos detendremos a valorar uno de los puntos m&aacute;s valiosos, al menos desde mi perspectiva, que tiene nuestra obligada trayectoria internacional como investigadores. 
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, a lo largo de nuestra carrera tenemos la posibilidad de realizar estancias de investigaci&oacute;n, m&aacute;s o menos largas, en diferentes pa&iacute;ses e instituciones. Este enriquecedor ejercicio nos brinda la oportunidad de conocer, de primera mano, otros m&eacute;todos de trabajo, al mismo tiempo que nos sumergimos en otros sistemas universitarios y educativos que nos permiten analizar, con perspectiva y conocimiento de causa, las fortalezas y debilidades de nuestro propio sistema de investigaci&oacute;n. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Como complemento a nuestra propia formación, existen en todo el mundo programas de intercambio enfocados en la creación de espacios que favorecen la colaboración entre investigadores. Su objetivo es abordar desafíos sociales desde diferentes perspectivas y disciplinas</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Gracias a ello, somos muchos los que tenemos la oportunidad de incorporarnos a proyectos internacionales donde la creaci&oacute;n de equipos multidisciplinares permite a la ciencia avanzar mucho m&aacute;s r&aacute;pido, nutri&eacute;ndonos de otras metodolog&iacute;as y del empleo de equipos e instalaciones que, lamentablemente, est&aacute;n lejos de nuestro alcance en nuestros centros de origen. 
    </p><p class="article-text">
        Es en este contexto en el que aterric&eacute;, hace algo m&aacute;s de un mes, en la Universidad de Chicago, de la mano del <em>Neubauer Collegium for Culture and Society </em>y del proyecto &lsquo;<em>Negotiating Identities, Constructing Territories: pre-roman Iberia (900-200 BCE)</em>&rsquo;, coordinado por los Drs. Carolina L&oacute;pez Ruiz y Michael Dietler, ambos profesores en la citada universidad. 
    </p><p class="article-text">
        Llegados a este punto del relato se preguntar&aacute;n: &iquest;qu&eacute; hace una arque&oacute;loga como t&uacute; en su sitio como ese? Ni mucho menos resulta necesario cruzarse todo un oc&eacute;ano, en este caso el Atl&aacute;ntico, y hacerse 6615 km para aterrizar en Chicago y estudiar arqueolog&iacute;a. Por suerte, en Espa&ntilde;a contamos con una amplia formaci&oacute;n y tradici&oacute;n en el estudio de esta disciplina, lo que nos convierte en un referente para su conocimiento. 
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, y como complemento a nuestra propia formaci&oacute;n, existen en todo el mundo programas de intercambio enfocados en la creaci&oacute;n de espacios que favorecen la colaboraci&oacute;n entre investigadores. Su objetivo es abordar desaf&iacute;os sociales desde diferentes perspectivas y disciplinas. En este sentido, el <em>Neubauer Collegium</em> es un buen ejemplo de ello al perseguir la creaci&oacute;n de sinergias entre investigadores dedicados al estudio y desarrollo de las Ciencias Humanas. 
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        Este modelo de trabajo nos permite a los investigadores adentrarnos en sistemas de investigaci&oacute;n completamente distintos al nuestros, aprendiendo de sus virtudes y sus carencias, al mismo tiempo que nos facilita un altavoz para que los resultados de nuestra investigaci&oacute;n, y el papel de las instituciones que nos arropan, lleguen a otras latitudes. Desde mi positiva experiencia personal, creo que deber&iacute;amos promover e incentivar la creaci&oacute;n de dichos modelos, no para que vayamos nosotros siempre, sino para que tambi&eacute;n otros vengan a visitarnos y conocernos. 
    </p><p class="article-text">
        Pero la relevancia de las estancias de investigaci&oacute;n no solo est&aacute; en su car&aacute;cter internacional, y la trascendencia que eso pueda tener en el desarrollo de nuestro perfil curricular. Desde mi punto de vista, una de sus grandes fortalezas est&aacute; en su papel como trampol&iacute;n para divulgar, m&aacute;s all&aacute; de nuestro entorno m&aacute;s inmediato, los resultados de nuestra investigaci&oacute;n, dando as&iacute; a conocer nuestra labor e incluso posicion&aacute;ndonos como referentes en diversos campos de estudio e investigaci&oacute;n. 
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        En este sentido, no quer&iacute;a terminar sin reivindicar, m&aacute;s en un contexto como el que nos ata&ntilde;e esta semana, donde instituciones como el CSIC celebran la Semana de la Ciencia, el deber de los investigadores en la difusi&oacute;n de los resultados de nuestro trabajo, una labor con la que he estado siempre concienciada desde los inicios de mi carrera. Mi ejemplo no es un caso aislado, aunque hoy me permitan a m&iacute; tener voz, pues buena parte de la investigaci&oacute;n participa de estos intercambios no sin hacer, en muchas ocasiones, grandes esfuerzos econ&oacute;micos y personales, pues no son pocos los retos a los que nos enfrentamos a la hora de incorporarnos a otras instituciones, en otros pa&iacute;ses y con diferentes idiomas. No obstante, y todo aquel que lo haya experimentado bien me entender&aacute; al leer estas l&iacute;neas, creo que todos esos retos nos permiten aprender muchas y diferentes lecciones en la vida. Entre ellas est&aacute; la valent&iacute;a de afrontar miedos, como la soledad, o de vencer barreras, como el sentido del rid&iacute;culo que a veces experimentamos a la hora de soltarnos a hablar una lengua que no es la nuestra. Tambi&eacute;n se aprende a echar de menos y a construir redes, pues una de las cosas m&aacute;s enriquecedoras de las estancias de investigaci&oacute;n es la cantidad de amigas y amigos que uno tiene repartidos por el mundo. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Esther Rodríguez González]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 14 Nov 2024 20:09:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Arqueología,Divulgación científica,Andalucía]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Pasen sin llamar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/la-cuadratura-del-circulo/pasen-llamar_132_1550305.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/22ae727c-4b0a-4c27-9c7a-f7631c71ebde_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pasen sin llamar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Necesitamos comprender el pasado, no solo para evitar caer en los mismos errores en el futuro, que sin duda tropezaremos, sino para comprender la estructura de nuestro presente</p><p class="subtitle">Desde el año pasado asistimos al auge de dos líneas de investigación: los Neanthertales y Tarteso</p></div><p class="article-text">
        La Pen&iacute;nsula Ib&eacute;rica ha sido objeto de las idas y venidas de pueblos y culturas desde la Antig&uuml;edad hasta la actualidad, donde las puertas, afortunadamente, permanecen abiertas. Y es que resulta evidente que la posici&oacute;n geogr&aacute;fica que ocupa la pen&iacute;nsula, a caballo entre dos grandes continentes y ba&ntilde;ada por el mar mediterr&aacute;neo, lo que supone una conexi&oacute;n f&aacute;cil y directa con oriente, cuna de culturas, ha posibilitado el tr&aacute;nsito de sociedades e ideas durante miles de a&ntilde;os. Este aperturismo nos ha convertido en un territorio plural donde conviven neanthertales, fenicios, griegos, romanos, visigodos, almohades o castellanos y aragoneses, cuyas huellas arqueol&oacute;gicas conforman hoy nuestra riqueza patrimonial.
    </p><p class="article-text">
        La Arqueolog&iacute;a es la ciencia que se encarga del estudio de estos pueblos y de las repercusiones que su paso ha tenido en la configuraci&oacute;n de la sociedad actual, porque por mucho que lo neguemos, se&ntilde;oras y se&ntilde;ores, no hemos inventado nada, &uacute;nicamente nos hemos esmerado en mejorar nuestra herencia; sin embargo, necesitamos comprender el pasado, no solo para evitar caer en los mismos errores en el futuro, que sin duda tropezaremos, sino para comprender la estructura de nuestro presente.
    </p><p class="article-text">
        Del mismo modo que la ropa, los cortes de pelo o la m&uacute;sica, la cultura tambi&eacute;n entiende de modas. Desde el a&ntilde;o pasado asistimos al auge de dos l&iacute;neas de investigaci&oacute;n: los Neanthertales y Tarteso.
    </p><h3 class="article-text">&iquest;Qu&eacute; sabemos de Tarteso?</h3><p class="article-text">
        De entre todos los pueblos que habitaron la Pen&iacute;nsula Ib&eacute;rica durante la antig&uuml;edad, Tarteso es quiz&aacute;s uno de los que mayor inter&eacute;s ha suscitado en los &uacute;ltimos tiempos por dos razones fundamentalmente: el mito que gira en torno a su existencia y el reciente hallazgo de nuevas evidencias arqueol&oacute;gicas que nos permiten acercarnos a esta cultura desde &aacute;mbitos de estudio antes poco explorados por la falta de datos.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; mismo, Tarteso es quiz&aacute;s uno de los mejores ejemplos para comprender la pluralidad cultural a la que hac&iacute;amos alusi&oacute;n m&aacute;s arriba. Debemos tener en cuenta que la cultura tart&eacute;sica es el resultado de la uni&oacute;n entre el sustrato local, de origen peninsular, y los elementos y avances llegados de oriente junto a la colonizaci&oacute;n fenicia de la que fue objeto la Pen&iacute;nsula Ib&eacute;rica desde finales del s. IX a.C. El componente local que impera en la formaci&oacute;n de Tarteso es el que le hace merecedor de su pluralidad, pues, aunque el territorio de Tarteso se extendi&oacute; entre las actuales provincias de Sevilla, Huelva y C&aacute;diz, su formaci&oacute;n y, por lo tanto, su huella arqueol&oacute;gica, nunca ser&aacute; id&eacute;ntica en todo el territorio, en tanto en cuanto, el sustrato ind&iacute;gena que lo conforma no lo es.
    </p><p class="article-text">
        Recientemente, al n&uacute;cleo andaluz de Tarteso se le han sumado con fuerza los territorios que comprenden el valle medio del Guadiana, antes apartados de esta cultura al localizarse muy al interior y al permanecer ausentes de las fuentes cl&aacute;sicas que narran su existencia y localizaci&oacute;n. Pero la arqueolog&iacute;a es tozuda y ahora resulta que los restos arqueol&oacute;gicos mejor conservados para el estudio de Tarteso se localizan dentro de la actual comunidad extreme&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, recientes trabajos arqueol&oacute;gicos en un t&uacute;mulo localizado dentro del t&eacute;rmino municipal de la peque&ntilde;a localidad pacense de Guare&ntilde;a, han permitido sacar a la luz la existencia de un monumental edificio construido con tierra &uacute;nico hasta la fecha por conservar en pie sus dos plantas constructivas, as&iacute; como por albergar, entre otros objetos, el fragmento de lana m&aacute;s antiguo conservado en la Pen&iacute;nsula Ib&eacute;rica o la &uacute;nica escultura de m&aacute;rmol de origen griego que todav&iacute;a conserva su policrom&iacute;a.
    </p><h3 class="article-text">Sacrificio de animales</h3><p class="article-text">
        Pero quiz&aacute;s, hayan o&iacute;do hablar de este impresionante enclave arqueol&oacute;gico por el hallazgo de un gran sacrificio de animales documentado en el patio. Sobre el suelo de este gran espacio se han dispuesto los cuerpos de m&aacute;s de medio centenar de animales, entre los que destaca la figura del caballo, un animal siempre vinculado a las actividades de culto y s&iacute;mbolo de riqueza durante la antig&uuml;edad. Lo acompa&ntilde;an varias vacas, otros tantos cerdos y un perro; la primera hecatombe documentada en el occidente del Mediterr&aacute;neo sobre la que todav&iacute;a tenemos muchas preguntas que, con suerte, pronto alcanzaremos a resolver.
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        El yacimiento de Casas del Turu&ntilde;uelo, junto a enclaves ya conocidos como El Carambolo o Cancho Roano, as&iacute; como las necr&oacute;polis de Cruz del Negro (Carmona), la Angorrilla (Alcal&aacute; del R&iacute;o) o Medell&iacute;n (Badajoz), son una peque&ntilde;a puerta al conocimiento de Tarteso del que todav&iacute;a nos resta mucho por conocer; pues si se fijan, la opulencia que desprenden todos los hallazgos realizados hasta la fecha nos permiten conocer a su clase alta, pero &iquest;d&oacute;nde est&aacute;n sus campesinos?
    </p><p class="article-text">
        A pesar de todo el camino que nos queda por andar, creo desde mi experiencia que ya hemos sobrepasado uno de los primeros obst&aacute;culos, la leyenda, porque, aunque el mito siempre lo perseguir&aacute;, creo que hemos conseguido transmitir a la sociedad que Tarteso forma parte de su pasado cultural.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Esther Rodríguez González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/la-cuadratura-del-circulo/pasen-llamar_132_1550305.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 May 2019 07:55:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Arqueología,Mérida]]></media:keywords>
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