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    <title><![CDATA[elDiario.es - Lorena Cabrerizo Sanz]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/lorena-cabrerizo-sanz/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Lorena Cabrerizo Sanz]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Sobre el precio de la luz y la vivienda: dar la palabra a la gente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/precio-luz-vivienda-dar-palabra-gente_129_8419117.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f345b513-abc3-4745-8301-f642c2722812_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sobre el precio de la luz y la vivienda: dar la palabra a la gente"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A pesar de lo que se nos quiere hacer creer, el neoliberalismo no ha supuesto más libre mercado y menos Estado, sino que este ha cubierto con dinero y recursos públicos las espaldas de las grandes multinacionales, como ha demostrado la crisis abierta por el COVID-19 y demuestra ahora la crisis energética que vivimos</p><p class="subtitle">La explosiva subida de la luz y el gas amenaza la transición energética: "Con estos precios, no se electrifica nada"</p></div><p class="article-text">
        En esta situaci&oacute;n puede que el efecto buscado por las tibias medidas del Gobierno (aunque ahora parece que podr&iacute;an quedar en menos a&uacute;n por la presi&oacute;n del PNV) en la reducci&oacute;n de la factura de la luz, que ya presiona tambi&eacute;n a la patronal de la industria, supongan un peque&ntilde;o alivio. Sin embargo, la idea de fondo que mueve la pol&iacute;tica gubernamental es bien diferente: impulsar una nueva clase empresarial moderna conforme a los retos del capitalismo del siglo XXI. El objetivo de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica del gobierno es por tanto enfrentarse a una supuesta clase empresarial anticuada y parasitaria, frente a unos empresarios conscientes de la nueva era que se abre ante las oportunidades de un neoliberalismo en crisis. Quedan lejos ya para el ejecutivo aquellas aclamaciones rimbombantes de la investidura sobre el poder de las trabajadoras y trabajadores.
    </p><p class="article-text">
        Y es que en esta crisis que atravesamos debemos reconocer que existe un cierto grado de contingencia, debido a los altos precios de extracci&oacute;n de los combustibles f&oacute;siles, minerales y los movimientos geopol&iacute;ticos, pero de fondo el papel del Gobierno responde a lo que algunos de sus ministros y ministras han denominado como &ldquo;colaboraci&oacute;n p&uacute;blico-privada&rdquo;, es decir, el Estado-empresa constituye hoy la mejor garant&iacute;a para los intereses privados de las grandes multinacionales. Esto es, socializar riesgos y p&eacute;rdidas privadas y extender una red salvavidas a costa de la riqueza generada por las clases trabajadoras de toda Europa. No se trata de una estafa urdida en oscuros despachos, a pesar de im&aacute;genes tan deplorables como la del militante del PSOE, Antonio Miguel Carmona , siendo nombrado vicepresidente de Iberdrola, sino de un sistema que supedita sus intereses a los del conjunto de la sociedad a trav&eacute;s del papel del Estado, apoy&aacute;ndose en &eacute;l para afrontar los retos que la profunda crisis del capitalismo le expone. Sin ir m&aacute;s lejos, nos encontramos con Iberdrola, empresa que se jacta de ser la compa&ntilde;&iacute;a que m&aacute;s dinero p&uacute;blico ha solicitado al Estado de los Fondos Europeos &ldquo;Next Generation&rdquo;, unos 30.000 millones de euros de dinero p&uacute;blico para sus propios proyectos.
    </p><p class="article-text">
        Son estas mismas empresas energ&eacute;ticas, bancos y fondos buitre propietarios de una parte importante de las viviendas, quienes vienen amenazando al conjunto de la sociedad si no se cumple con sus deseos. As&iacute; lo hacen diariamente manteniendo miles de viviendas vac&iacute;as en todo el Estado, mientras millones se enfrentan a alquileres abusivos que suponen m&aacute;s de la mitad de los salarios. Al mismo tiempo, vac&iacute;an los embalses de Extremadura, Galicia y Zamora, destruyendo parajes por completo para extraer m&aacute;s energ&iacute;a que vendernos a un precio m&aacute;s caro.
    </p><p class="article-text">
        Frente a este panorama, desde Anticapitalistas nos preguntamos, &iquest;Por qu&eacute; no decidir entre todas y todos como gestionar esta grave situaci&oacute;n? &iquest;Podemos elegir democr&aacute;ticamente la manera de gestionar recursos imprescindibles como la vivienda y la energ&iacute;a? El gobierno es d&eacute;bil y su exigua voluntad de alterar el mercado se derrumba a la primera llamada de las compa&ntilde;&iacute;as el&eacute;ctricas o de partidos de la derecha, por eso armarse desde lo social no es s&oacute;lo la v&iacute;a m&aacute;s deseable, sino la &uacute;nica opci&oacute;n que tenemos para garantizar una democracia real. Pues la democracia es, en definitiva, decidir sobre aquello que afecta decisivamente a nuestras vidas y permite poner sobre la mesa las necesidades e intereses de la mayor&iacute;a sobre los intereses particulares de una minor&iacute;a. Desde el 14 de septiembre, d&iacute;a en el que el gobierno anunci&oacute; las medidas sobre el precio de la luz, este no ha dejado de crecer semanalmente y amenaza a millones de personas con la llegada del invierno.
    </p><p class="article-text">
        De la misma manera que, por lo anunciado en boca del Gobierno, la futura ley de vivienda ser&aacute; muy dif&iacute;cil que regule los precios del alquiler, no acabar&aacute; con los desahucios y mucho menos pondr&aacute; en marcha un parque p&uacute;blico de vivienda que asegure el acceso generalizado a este bien b&aacute;sico. Este af&aacute;n permanente del Gobierno por vender ilusiones que cuando llegan a la realidad no se traducen en mejoras concretas para la vida de la gente solo ampl&iacute;a el campo de la frustraci&oacute;n y la desafecci&oacute;n, traduci&eacute;ndose en m&aacute;s debilidad social para el conjunto de la izquierda que la extrema derecha no duda en aprovechar a cada momento.
    </p><p class="article-text">
        Experiencias concretas como el refer&eacute;ndum celebrado en Berl&iacute;n el pasado 27 de septiembre demuestran como medidas reales, serias y efectivas, expropiar m&aacute;s de 270.000 viviendas en manos de especuladores, pueden contar con un apoyo masivo si conectan con las necesidades cotidianas de las clases populares. Por tanto, es el momento de ponerse a ello. Tenemos las ideas y tenemos las propuestas para afrontar esta situaci&oacute;n, pero necesitamos la fuerza social para hacerlas posibles. Es posible el control p&uacute;blico de la producci&oacute;n energ&eacute;tica que nos permitir&iacute;a avanzar en la necesaria transici&oacute;n energ&eacute;tica, abandonando la insostenible explotaci&oacute;n de los recursos f&oacute;siles y sustituirlos por fuentes de energ&iacute;a renovables. Es posible acceder a este bien esencial para todas y todos a trav&eacute;s de una empresa p&uacute;blica de energ&iacute;a. Podemos contar con un parque de vivienda p&uacute;blico que facilite que las y los j&oacute;venes puedan independizarse, que asegure que nadie tenga que elegir entre comer y pagar el alquiler, que acabe al fin con el drama de los desahucios.
    </p><p class="article-text">
        Por eso desde Anticapitalistas hemos iniciado una campa&ntilde;a con el objetivo de que el Gobierno ponga en marcha un refer&eacute;ndum que permita al conjunto de la sociedad decidir sobre la gesti&oacute;n de la vivienda y la producci&oacute;n energ&eacute;tica. El Gobierno cuenta con la capacidad legal de convocar un refer&eacute;ndum seg&uacute;n la propia Constituci&oacute;n de 1978 y la Ley Org&aacute;nica de Refer&eacute;ndum 2/1980. Es la misma Constituci&oacute;n la que establece en su art&iacute;culo 92 que corresponde al Presidente del Gobierno, autorizado por el Congreso, la convocatoria efectiva de un refer&eacute;ndum con car&aacute;cter consultivo sobre decisiones de especial trascendencia.
    </p><p class="article-text">
        No existe mejor forma de hacer avanzar la democracia que en la pr&aacute;ctica cotidiana, discutir sobre la econom&iacute;a y los recursos como derechos sociales para la mayor&iacute;a o como privilegios para unos pocos. Por todo ello, decidamos todo: <a href="https://decidamostodo.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">https://decidamostodo.org/</a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lorena Cabrerizo Sanz, Raúl Camargo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/precio-luz-vivienda-dar-palabra-gente_129_8419117.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 Oct 2021 04:00:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sobre el precio de la luz y la vivienda: dar la palabra a la gente]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un otoño decisivo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/otono-decisivo_129_6192943.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0855f751-aab9-4011-952c-0455f344d8e0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un otoño decisivo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Resulta preocupante la lógica del mal menor que se ha impuesto mayoritariamente en la izquierda. Fiarlo todo a un gobierno sin voluntad, atrapado por su miedo y fidelidad a los grandes poderes financieros, solo nos conduce al colapso y hay que romper esa inercia con urgencia</p></div><p class="article-text">
        Entramos en un oto&ntilde;o decisivo. La crisis sanitaria est&aacute; lejos de haber remitido y se anuncia una segunda oleada que puede volver a poner en tensi&oacute;n a la sociedad, sobre todo, a la gente trabajadora de los barrios obreros. A esta situaci&oacute;n se suma la incertidumbre por una situaci&oacute;n econ&oacute;mica que se prev&eacute; catastr&oacute;fica: una crisis sin precedentes que cae sobre una poblaci&oacute;n ya empobrecida por d&eacute;cadas de pol&iacute;ticas neoliberales que solo han recortado derechos sociales.
    </p><p class="article-text">
        Es evidente que la crisis sanitaria ha sido inesperada. En ese sentido, es comprensible que el Gobierno haya actuado con retraso y a la defensiva, aunque tras meses de pandemia, la impresi&oacute;n que da es que no se han sacado lecciones en absoluto y que el caos administrativo es total. Todas las comunidades aut&oacute;nomas, sean del color que sean, as&iacute; como el gobierno central, se muestran paralizadas y sin capacidad para dar soluciones a problemas urgentes, como por ejemplo, la vuelta a las aulas. La conclusi&oacute;n es clara: los partidos sist&eacute;micos, sean del color que sean, son incapaces de abordar los retos urgentes, y el Estado en sus m&uacute;ltiples ramificaciones (excepto en la represiva, donde sigue manteniendo intactas sus atribuciones), aparece ante la sociedad como una maquinaria impotente ante los problemas que van apareciendo.
    </p><p class="article-text">
        Pero la crisis econ&oacute;mica y los fallos estructurales en el sistema que se han revelado estos meses vienen de muy atr&aacute;s. Por desgracia, no podemos decir que el gobierno PSOE-UP, auto-proclamado como el gobierno m&aacute;s progresista de los &uacute;ltimos 40 a&ntilde;os de democracia, haya abordado esos problemas. Frente a una derecha radicalizada, pero dividida, en minor&iacute;a parlamentaria y sin un rumbo claro, el Gobierno ha apostado por no abordar las cuestiones econ&oacute;micas, pol&iacute;ticas y sociales, colocando en su lugar parches extremadamente d&eacute;biles y chapuceros, que no tardar&aacute;n en despegarse.
    </p><p class="article-text">
        El ejemplo del famoso &ldquo;escudo social&rdquo; es paradigm&aacute;tico. En un pa&iacute;s democr&aacute;tico, deben existir derechos que no est&eacute;n sujetos a los intereses de los mercados. En un contexto en el que el paro ha comenzado a aumentar de forma desorbitada y millones de personas no pueden garantizarse sus ingresos a trav&eacute;s del trabajo (por culpa del sistema y no de las personas), es fundamental que el Estado se ocupe de evitar que se agudice la miseria y la desesperaci&oacute;n. El Ingreso M&iacute;nimo Vital est&aacute; siendo un absoluto fracaso: no solo por lo escueto de su cuant&iacute;a y lo restringido de su alcance, tambi&eacute;n por una gesti&oacute;n desastrosa producto de la condicionalidad y el conservadurismo del Gobierno, que ha hecho que solo llegue al 1% de 600 mil solicitantes.
    </p><p class="article-text">
        Este fracaso tiene que ver con el aspecto de fondo del problema. El Gobierno no puede abordar la crisis social porque se niega a asumir decisiones que conlleven confrontar con las grandes multinacionales y los millonarios y as&iacute;, poder redistribuir la riqueza. Empresas como Amazon o Mercadona han aumentado sus ingresos de forma brutal en esta crisis, arruinando a decenas de miles de peque&ntilde;os empresarios y sin mejorar las condiciones de sus trabajadores y trabajadoras. Es cobarde e incomprensible que un gobierno que se dice de izquierdas no haya implementado un impuesto extraordinario a los ricos y las grandes empresas con beneficios para generar un fondo de cohesi&oacute;n social, que ayude a toda la gente que lo necesita. No estamos planteando una medida revolucionaria (que tambi&eacute;n hacen falta, sin duda): son simplemente medidas que tratan de evitar que la sociedad se despe&ntilde;e hacia el abismo. Si no se llevan a cabo, &iquest;es por inutilidad o por falta de voluntad pol&iacute;tica? Ambas respuestas son preocupantes.
    </p><p class="article-text">
        Hay otros temas que urge abordar. La vivienda es uno de ellos: estamos en un pa&iacute;s en donde millones de viviendas est&aacute;n vac&iacute;as y son propiedad de grandes fondos de inversi&oacute;n que solo las utilizan para especular y aumentar los precios de los alquileres. La inacci&oacute;n de los poderes p&uacute;blicos es inaceptable: no solo deber&iacute;a implementarse una prohibici&oacute;n indefinida de los desahucios, sino que debe abordarse de forma urgente la creaci&oacute;n de un parque publico de vivienda que utilice como bien social todas esas propiedades de los bancos, los cuales, por cierto, no han devuelto los 65 mil millones de euros con los cuales se les rescat&oacute; en la pasada crisis.
    </p><p class="article-text">
        En el terreno de la sanidad, de la estructura publica de cuidados y de la educaci&oacute;n, no parece que los poderes p&uacute;blicos vayan a afrontar sus obligaciones con la poblaci&oacute;n. No hay ni planes de inversi&oacute;n p&uacute;blica ni reforzamiento de personal y de sus condiciones laborales para afrontar los problemas de fondo que diariamente sufren el profesorado y los usuarios y usuarias. En un contexto de profunda crisis social, esto significa que las familias trabajadoras tendr&aacute;n que afrontan ellas solas las consecuencias de la precariedad de lo p&uacute;blico, siendo las mujeres las que m&aacute;s van a pagar esta par&aacute;lisis gubernamental. El anuncio del PSOE de buscar pactos con Ciudadanos, en vez de buscar una alianza social fuerte, contando con la opini&oacute;n activa de los trabajadores de lo p&uacute;blico, para sostener un proyecto que fortalezca los derechos sociales, no augura voluntad pol&iacute;tica para resolver este tema. Es incomprensible, por ejemplo, que en este contexto, PSOE, UP y ERC hayan mantenido la financiaci&oacute;n a la educaci&oacute;n concertada, en vez de volcar todos los recursos a la educaci&oacute;n p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        Otro gran problema tiene que ver con la industria. Es obvio que hay una crisis que viene de lejos, producto del agotamiento de la rentabilidad de ciertos sectores otrora motores de la econom&iacute;a, como la automoci&oacute;n. Los ERTES pueden ser un mecanismo temporal para evitar despidos (aunque sin una reforma fiscal que aumente los ingresos del Estado, a largo plazo arruinar&aacute;n la caja de la seguridad social), pero no solucionan el goteo de cierres de empresas o deslocalizaciones. Nissan ha sido el primer aviso de lo que viene. Cada empresa cerrada debe convertirse en p&uacute;blica y ponerse al servicio de un plan de producci&oacute;n de bienes sociales, que garantice el empleo y la transici&oacute;n ecol&oacute;gica. La palabrer&iacute;a no va a solucionar un problema que arrastra a muchas zonas al desierto econ&oacute;mico.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, la destrucci&oacute;n sin alternativa de comunidades articuladas en torno a la industria aboca a la atomizaci&oacute;n social, debilita a la clase trabajadora como fuerza pol&iacute;tica y, por tanto, a la democracia. Ya ocurri&oacute; en Francia, EEUU o Reino Unido, en donde la pulverizaci&oacute;n de estas comunidades ha sido el preludio de la aparici&oacute;n de los monstruos pol&iacute;ticos. Todo ello tiene relaci&oacute;n con el leg&iacute;timo miedo a la derecha que hoy domina a la izquierda. No se puede ser antifascista sin combatir con pol&iacute;ticas p&uacute;blicas las condiciones que facilitan su ascenso. En una sociedad densa, en donde la seguridad vital est&eacute; garantizada por la comunidad, el fascismo es un fen&oacute;meno marginal.
    </p><p class="article-text">
        En ese sentido, el viejo lema de &ldquo;somos el 99%&rdquo; parece asumir hoy todo su sentido, a condici&oacute;n de interpretarlo como una met&aacute;fora de c&oacute;mo sectores cada vez m&aacute;s amplios de la poblaci&oacute;n son condenados a la precariedad. Las mujeres trabajadoras (en un sentido tambi&eacute;n reproductivo del t&eacute;rmino), los trabajadores y trabajadoras de la industria, el precariado urbano, el personal p&uacute;blico cada vez m&aacute;s ahogado por las pol&iacute;ticas de desinversi&oacute;n, las personas migrantes y la gran mayor&iacute;a de la juventud (&iexcl;estamos hablando de condenar a una generaci&oacute;n entera!) forman una gran mayor&iacute;a amenazada por un sistema en decadencia y por una clase pol&iacute;tica a su servicio, o en el mejor de los casos, incapaz de ponerle frente y limites.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, resulta preocupante la l&oacute;gica del mal menor que se ha impuesto mayoritariamente en la izquierda. Fiarlo todo a un gobierno sin voluntad, atrapado por su miedo y fidelidad a los grandes poderes financieros, solo nos conduce al colapso. Hay que romper esa inercia con urgencia: s&oacute;lo pasando a la ofensiva y exigiendo a trav&eacute;s de la movilizaci&oacute;n que este gobierno timorato, incapaz de cumplir por s&iacute; mismo promesas como la derogaci&oacute;n de la reforma laboral, aplique pol&iacute;ticas sociales fuertes y generar condiciones que eviten escenarios peores. Estamos en un momento decisivo. Se vienen meses dif&iacute;ciles. No debemos afrontarlos desde la pasividad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Raúl Camargo, Lorena Cabrerizo Sanz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/otono-decisivo_129_6192943.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 01 Sep 2020 20:31:18 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Qué hay detrás del racismo contra la infancia migrante?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/detras-racismo-infancia-migrante_129_1201857.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/544efdbc-87d2-4dcd-8c3c-607f47552eb9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Qué hay detrás del racismo contra la infancia migrante?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El racismo que la infancia migrante viene padeciendo en los últimos tiempos, especialmente desde los altavoces ultraderechistas de Vox, tiene causas estructurales que no debemos ignorar</p><p class="subtitle">Se está expulsando a los chavales a situaciones de riesgo que van desde la preferencia por estar en la calle, hasta la búsqueda de vías rápidas -y en ocasiones ilegales-, para conseguir los mínimos materiales que todo chaval necesita</p></div><p class="article-text">
        La Residencia de Primera Acogida del barrio madrile&ntilde;o de Hortaleza ha vuelto a ser noticia.&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/madrid/Policia-Hortaleza-hallazgo-artefacto-explosivo_0_970453275.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Esta ma&ntilde;ana, una granada ha sido lanzada al interior del edificio</a> sin causar da&ntilde;os f&iacute;sicos, un acto que apunta a un gesto relacionado con los recientes discursos de odio manifestados contra quienes all&iacute; habitan.
    </p><p class="article-text">
        El racismo que la infancia migrante (ni menores, ni menores extranjeros no acompa&ntilde;ados, ni su acr&oacute;nimo MENAS, que viene a ser lo mismo) viene padeciendo en los &uacute;ltimos tiempos, especialmente desde los altavoces ultraderechistas de Vox, tiene causas estructurales que no debemos ignorar y que est&aacute;n relacionadas con el propio sistema de protecci&oacute;n a la infancia. Un sistema de protecci&oacute;n opaco en materia de derechos humanos de ni&ntilde;os, ni&ntilde;as y adolescentes, y que, por tanto, no s&oacute;lo les afecta a ellos sino a toda la sociedad. Por eso, se hace m&aacute;s que necesario entrar con luz y taqu&iacute;grafos y desmantelar el negocio que esconde, exigiendo la evaluaci&oacute;n independiente de una pol&iacute;tica p&uacute;blica que ha dado muestras sostenidas de su fracaso.
    </p><p class="article-text">
        Lo primero es aclarar que, como parte de este sistema de protecci&oacute;n, la Residencia de Primera Acogida de Hortaleza no s&oacute;lo acoge a chavales migrantes, sino a otras ni&ntilde;as y ni&ntilde;os que se encuentran en diversas situaciones de vulnerabilidad por tener a sus padres o tutores en situaciones de enfermedad, de privaci&oacute;n de libertad o cualquier otro motivo que impide ejercer sus responsabilidades. Un centro, como otros muchos, cuyas insuficientes instalaciones y el escaso personal profesional contratado provoca hacinamiento por sobreocupaci&oacute;n, condiciones laborales deficientes, con altas tasas de rotaci&oacute;n y ratios profesionales que impiden una adecuada atenci&oacute;n, falta de abogados e int&eacute;rpretes, retrasos en la escolarizaci&oacute;n, falta de programas de transici&oacute;n a la edad adulta, modelos de intervenci&oacute;n obsoletos y homog&eacute;neos para etapas de edad diferentes y situaciones diversas. Un elemento &eacute;ste &uacute;ltimo, especialmente importante en los casos de los chavales migrantes, dado que vienen de trayectorias muy diferentes: guerras, hambrunas, trata, desertizaci&oacute;n, desplazamientos forzados, y un largo etc&eacute;tera que no es sino la consecuencia de un modelo global de extractivismo humano.
    </p><p class="article-text">
        A todos estos s&iacute;ntomas que se condensan en el centro hortalino, obviados desde hace tiempo por la administraci&oacute;n regional madrile&ntilde;a, hay que sumar el hecho de que siendo un centro de derivaci&oacute;n, se ha convertido en un centro de estancia permanente. Consecuencia: se est&aacute; expulsando a los chavales a situaciones de riesgo que van desde la preferencia por estar en la calle, hasta la b&uacute;squeda de v&iacute;as r&aacute;pidas -y en ocasiones ilegales-, para conseguir los m&iacute;nimos materiales que todo chaval necesita y anhela para vivir la vida con dignidad.
    </p><p class="article-text">
        El oscurantismo y hermetismo del sistema de protecci&oacute;n data, al menos, desde que esta competencia fue descentralizada. A&uacute;n teniendo un marco legal que ha ido poco a poco mejorando, la falta de presupuesto y la deriva imparable de privatizaci&oacute;n de todo lo p&uacute;blico ha hecho que la mayor&iacute;a de estos centros de titularidad p&uacute;blica, est&eacute;n gestionados -salvo excepciones-, por empresas privadas que reciben miles de euros al mes por cada interno. Las cifras bailan en funci&oacute;n de la situaci&oacute;n de cada chico/a &ndash;que necesite o no tratamientos o cuidados especiales- y de la regi&oacute;n. Pero, pese a la falta de claridad existente, el coste mensual de un chaval interno oscila&nbsp;<a href="https://diario16.com/los-centros-menores-acogida-negocio/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">entre los 4.000 a los 9.000 euros</a> lo cual no se corresponde necesariamente con instalaciones suficientes y adecuadas ni con personal suficiente con condiciones laborales acordes a sus funci&oacute;n que no es poca cosa. Una l&oacute;gica empresarial equiparable a la que subyace en la educaci&oacute;n y la sanidad.
    </p><p class="article-text">
        Otro de los factores que esconde este sistema es la discriminaci&oacute;n tutelar. El hermetismo que rodea a estos centros, similar al oscurantismo de los CIE, justificado en la necesidad de salvaguardar la intimidad de los chicos y chicas menores de edad, juega a veces&nbsp;en contra del mismo inter&eacute;s superior (principio b&aacute;sico y norma de actuaci&oacute;n preferencial recogido en la Convenci&oacute;n sobre los Derechos del Ni&ntilde;o (NNUU, 1989) que las instituciones est&aacute;n obligadas a proteger, escud&aacute;ndose en este principio legal para que nadie pregunte ni se conozca la realidad cotidiana de la gesti&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, la ausencia de la figura del llamado Defensor del Menor, instituci&oacute;n dependiente de forma directa de la Asamblea de Madrid y decapitada por el PP en 2012, no ayuda a esclarecer toda esta situaci&oacute;n que forma parte de este sustrato de prejuicios contra una chavalada que, por causas ajenas a su voluntad, pasa su adolescencia entre las paredes de un Estado que ha hecho de su situaci&oacute;n un negocio rentable e intocable. Prejuicios que se multiplican cuando el color de piel no es blanco o sus formas de entender la vida no se corresponden con lo que esta sociedad, a&uacute;n con gran raigambre nacional-catolicista, acepta. Se convierten as&iacute;, en el objetivo perfecto de quienes, cuan intrusos pol&iacute;ticos, han vuelto para ensuciar nuestros barrios de racismo, machismo y violencia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Martínez Muñoz, Lorena Cabrerizo Sanz]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 04 Dec 2019 21:28:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Qué hay detrás del racismo contra la infancia migrante?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Menas - Menores Extranjeros No Acompañados]]></media:keywords>
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