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    <title><![CDATA[elDiario.es - Cristian Sarmiento]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/cristian-sarmiento/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Cristian Sarmiento]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Nueve meses después del ciclón Idai: "Solo nos han traído promesas sin cumplir"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/despues-idai-mozambique-promesas-ciudadanos_1_1191087.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/eb8ad617-c14a-42c8-a68b-6fe673447489_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Nueve meses después del ciclón Idai: &quot;Solo nos han traído promesas sin cumplir&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En marzo, el ciclón golpeó la región de Beira, llevándose por delante cerca de 100.000 hogares</p><p class="subtitle">Varias familias afectadas relatan a eldiario.es los efectos que Idai ha dejado en sus vidas nueve meses después</p><p class="subtitle">A pesar de ser los países ricos los principales responsables del cambio climático, los países empobrecidos son los más expuestos a sufrir sus consecuencias</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando el viento se llev&oacute; las chapas del tejado y solo quedaron las paredes, la lluvia las empez&oacute; a derretir. Salimos corriendo sin detenernos a recoger nada&rdquo;, describe In&eacute;s Paulino cuando recuerda aquellos d&iacute;as de marzo en los que el cicl&oacute;n Idai arras&oacute; con lo poco que ten&iacute;a. Han pasado nueve meses e In&eacute;s sigue levant&aacute;ndose&nbsp;cada ma&ntilde;ana con la intenci&oacute;n de&nbsp;reunir ladrillos poco a poco, hasta tener los suficientes para reconstruir su hogar.
    </p><p class="article-text">
        In&eacute;s recuerda que se&nbsp;refugiaron en una casa abandonada, donde pasaron dos semanas hasta que terminaron los d&iacute;as de lluvia y pudieron empezar a cavar entre los escombros para tratar de recuperar alguna cosa. Entre lo que lograron rescatar se encuentran las chapas del tejado, que aunque maltrechas, ahora sirven para dar forma a la barraca de apenas cuatro metros cuadrados en la que vive desde entonces junto a sus dos hijos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nueve meses despu&eacute;s del cicl&oacute;n, <a href="https://www.eldiario.es/theguardian/Idai-calificarse-desastre-hemisferio-ONU_0_879812685.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">uno de los peores desastres naturales de la historia del pa&iacute;s y de todo el hemisferio sur</a>, miles de personas siguen sufriendo los estragos provocados por la cat&aacute;strofe. En la ciudad de Beira, en la costa central de Mozambique, muchas familias contin&uacute;an viviendo en barracas improvisadas o bajo lonas de pl&aacute;stico. Las casas m&aacute;s desfavorecidas, en ocasiones construidas a base de barro, palos y piedras, sufrieron la peor parte cuando Idai asol&oacute; la regi&oacute;n el 14 de marzo de 2019. Durante los meses siguientes, la resaca del cicl&oacute;n tambi&eacute;n ha dejado para ellos la peor parte: tratar de rehacer sus vidas a partir de un hogar convertido en una monta&ntilde;a de escombros.
    </p><p class="article-text">
        In&eacute;s vive en el barrio de Inhamizua, a las afueras de Beira, en Mozambique, y tras una vida dif&iacute;cil en la que, dos a&ntilde;os despu&eacute;s de casarse se qued&oacute; viuda a cargo de su primer hijo y embarazada del segundo, consigui&oacute; salir adelante trabajando como empleada del hogar. Ahora, con 42 a&ntilde;os, el cicl&oacute;n Idai le ha devuelto a la casilla de salida.
    </p><p class="article-text">
        Historias similares se repiten entre los barrios m&aacute;s deprimidos de Beira. En el distrito La Manga, Luis Filipe recuerda con angustia el d&iacute;a del cicl&oacute;n. Aquella noche no pudo salir del trabajo y regresar a casa debido al estado de las carreteras. Tampoco consigui&oacute; comunicarse con su familia ya que el viento derrumb&oacute; las antenas de telecomunicaciones. Pas&oacute; las peores horas del cicl&oacute;n sin dormir, rezando por su mujer y sus cinco hijos. &ldquo;La situaci&oacute;n se puso dif&iacute;cil, pero al amanecer consegu&iacute; salir del centro de la ciudad y volver a casa. Llegu&eacute; sobre las 15 horas y lo encontr&eacute; todo arrasado; no qued&oacute; nada. En ese momento me derrumb&eacute;&rdquo;. Afortunadamente la familia de Luis consigui&oacute; escapar y refugiarse en casa de unos vecinos.
    </p><p class="article-text">
        Durante los d&iacute;as siguientes convivieron con otros tantos refugiados en la parroquia. Cuando la lluvia par&oacute;, Luis volvi&oacute; a su casa para intentar reconstruirla con los materiales rescatados. Su ingenio le bast&oacute; para levantar una peque&ntilde;a casa de hojalata con la apariencia de una tienda de campa&ntilde;a. Asegura que cuando llueve no consiguen dormir a causa del ruido y las goteras. Pero por ahora no tienen otra alternativa.
    </p><h3 class="article-text">Fuera de foco</h3><p class="article-text">
        Habiendo pasado m&aacute;s de medio a&ntilde;o tras la cat&aacute;strofe, <a href="https://www.eldiario.es/internacional/Dentro-medio-mundo-olvidara-Mozambique_0_881212177.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ya muy alejados del foco medi&aacute;tico</a>, los habitantes tienen la sensaci&oacute;n de haber sido abandonados a su suerte. La poblaci&oacute;n se siente olvidada y desprovista de cualquier ayuda ante la incapacidad de rehacer sus vidas por sus propios medios.
    </p><p class="article-text">
        La mayor&iacute;a reconoce el esfuerzo de las autoridades y de las organizaciones para el reparto de productos b&aacute;sicos durante las primeras semanas tras el cicl&oacute;n. Sin embargo, coinciden en que se repartieron de manera desorganizada generando desconcierto entre los habitantes que no hab&iacute;an vivido antes una situaci&oacute;n de emergencia de esta magnitud.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Se escucharon promesas de algunas organizaciones que iban a acogernos y que nos iban a ayudar para reconstruir nuestro hogar. Pero en lugar de esperanza solo han tra&iacute;do m&aacute;s tristeza. Solo promesas sin cumplir hasta el d&iacute;a de hoy&rdquo;, apunta Filipe.
    </p><p class="article-text">
        Al otro lado de la ciudad, a pocos metros del mar, vive Cidone Encarnado, de 36 a&ntilde;os. Se traslad&oacute; hace&nbsp;cuatro a&ntilde;os a Beira para trabajar en la industria pesquera y mantener as&iacute; a su familia que se qued&oacute; viviendo en el interior del pa&iacute;s. Medio a&ntilde;o tras perder sepultada bajo el agua la casa en la que viv&iacute;a, se&ntilde;ala la incapacidad institucional para dar respuesta a la poblaci&oacute;n en una situaci&oacute;n de tal envergadura. &ldquo;Me inscribieron hasta tres veces, pero como no vivo aqu&iacute; con mi mujer y mis hijos no he recibido nada todav&iacute;a. Ni siquiera una manta. Nada&rdquo; Mientras tanto vive en un cobertizo hecho con ca&ntilde;as que ha construido junto a un amigo.
    </p><p class="article-text">
        Semanas despu&eacute;s del paso del cicl&oacute;n, el agua estancada y la falta de saneamiento dieron lugar a brotes de c&oacute;lera y malaria. Los hospitales, pr&aacute;cticamente destruidos, no dieron abasto para atender a los enfermos. Margarida Quessar, de 40 a&ntilde;os, cuenta que tras perder su casa tambi&eacute;n perdi&oacute; su trabajo en una lavander&iacute;a despu&eacute;s de pasar tres semanas con fiebre. &ldquo;Cuando me recuper&eacute; y quise regresar al trabajo ya se hab&iacute;an buscado a otra&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Margarida no tiene a nadie a qui&eacute;n recurrir. Poco antes del cicl&oacute;n perdi&oacute; a sus padres y tambi&eacute;n muri&oacute; el padre de sus hijos. Ahora sin hogar y sin empleo vive en una habitaci&oacute;n de alquiler por la que paga 1500 meticales al mes, unos 20&euro;. &ldquo;Las condiciones aqu&iacute; son francamente malas, no tenemos ba&ntilde;o ni cocina. Pero no puedo pagar nada mejor&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">V&iacute;ctimas del clima</h3><p class="article-text">
        El 90% de Beira qued&oacute; destruida tras el cicl&oacute;n. Pero adem&aacute;s de los da&ntilde;os materiales, Idai tambi&eacute;n dej&oacute; graves secuelas que contin&uacute;an en la memoria de sus habitantes.
    </p><p class="article-text">
        Issaji Bernardo regres&oacute; a Beira tras 12 a&ntilde;os fuera trabajando como ferroviario. Empez&oacute; entonces a rehabilitar la casa que hered&oacute; de sus padres en Chigussura para instalarse con su mujer y sus tres hijos. Los d&iacute;as previos a la tormenta reforz&oacute; el tejado y tapi&oacute; las ventanas siguiendo las recomendaciones de las autoridades. &ldquo;Creo que eso nos salv&oacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Las casas de alrededor, antiguas y construidas de manera precaria no consiguieron soportar la embestida, como ocurri&oacute; en el caso de su t&iacute;a, que viv&iacute;a justo enfrente. &ldquo;Llam&eacute; a su puerta varias veces, pero cre&iacute; que no estaba en casa. Pens&eacute; que habr&iacute;a ido a refugiarse a casa de mi otra t&iacute;a. Cuando pas&oacute; el cicl&oacute;n y pude acercarme de nuevo fue cuando la encontr&eacute; sin vida bajo los escombros. En aquel momento necesit&aacute;bamos transportar el cuerpo hasta la morgue, pero era imposible porque las calles estaban inundadas y llenas de &aacute;rboles ca&iacute;dos. Cargamos el cuerpo entre varios hasta encontrar una carretera despejada y poder continuar en coche&rdquo;.
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        Testimonios como el de Issaji se repiten a lo largo de la ciudad. En algunos casos la falta de prudencia fue determinante. Pero en la mayor&iacute;a de los casos fue la fragilidad de las construcciones frente a la violencia del viento y la lluvia lo que se cobr&oacute; un mayor n&uacute;mero de v&iacute;ctimas. Durante los d&iacute;as siguientes la incesante lluvia desbord&oacute; los r&iacute;os Pungu&eacute; y Buzi, que alcanzaron los seis metros en su desembocadura e inundaron comunidades enteras arrastrando cad&aacute;veres hacia el mar y atrapando a miles de personas que permanecieron en los tejados esperando ser rescatadas.
    </p><h3 class="article-text">Caletamiento global: justos por pecadores</h3><p class="article-text">
        El calentamiento global contin&uacute;a agravando la desigualdad en el mundo, poniendo en evidencia la situaci&oacute;n de injusticia clim&aacute;tica que viven las regiones m&aacute;s pobres. A pesar de ser los pa&iacute;ses&nbsp;ricos los principales responsables del cambio clim&aacute;tico, los pa&iacute;ses empobrecidos son los m&aacute;s expuestos a sufrir sus consecuencias, tanto por su localizaci&oacute;n en las zonas m&aacute;s vulnerables del planeta, como por su capacidad limitada para recuperarse tras una cat&aacute;strofe natural.
    </p><p class="article-text">
        &Aacute;frica es el continente peor preparado para afrontar una crisis humanitaria de este tipo y al mismo tiempo es el m&aacute;s expuesto a sufrir desastres naturales relacionados con el clima, como ciclones, sequ&iacute;as e inundaciones. Esta mala combinaci&oacute;n hace alertar a los expertos de nuevas y peores cat&aacute;strofes a medida que avance el calentamiento global.
    </p><p class="article-text">
        Los pron&oacute;sticos ya se han hecho realidad. Las autoridades comunicaron un balance oficial de al menos 603 fallecidos y 1400 heridos a causa del cicl&oacute;n. Tan solo un mes despu&eacute;s de Idai, el cicl&oacute;n Kenneth alcanz&oacute; la zona norte del pa&iacute;s, dando lugar por primera vez en la historia de Mozambique a dos tormentas tropicales en una misma temporada. Las Naciones Unidas han estimado un coste de 386 millones de d&oacute;lares para la reparaci&oacute;n de los da&ntilde;os provocados por los dos ciclones consecutivos. Las cifras oficiales consideran que cerca de 100.000 hogares quedaron total o parcialmente destruidos.
    </p><p class="article-text">
        Mozambique, con uno de los &iacute;ndices de desarrollo humano m&aacute;s bajos del mundo y apenas industria, tiene una contribuci&oacute;n m&iacute;nima al calentamiento global. Las consecuencias del cambio clim&aacute;tico han castigado con fuerza a sus habitantes, oblig&aacute;ndoles a volver a empezar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristian Sarmiento, Saida Valenzuela]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 12 Dec 2019 21:01:35 +0000]]></pubDate>
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