<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Alana Portero]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/alana-portero/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Alana Portero]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/518181/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Roberta Marrero: "No hace falta que todas seamos unas desatadas pero tampoco unas burguesas"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/roberta-marrero-no-falta-seamos-desatadas-burguesas_128_11307966.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7c40bc20-5a1a-41d6-b336-726fbafd48ba_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Roberta Marrero: &quot;No hace falta que todas seamos unas desatadas pero tampoco unas burguesas&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La artista de la música, del collage, del dibujo y de las letras, publica un poemario que se mueve entre los extremos, el fetichismo, el travestismo y lo 'camp', del que habla en esta entrevista realizada por la escritora Alana Portero</p><p class="subtitle">Ariana Harwicz: “Es mal síntoma que a un artista lo quiera todo el mundo, que no tengan un enemigo”
</p></div><p class="article-text">
        Hace mucho calor en este pleno abril en Madrid. Espero a Roberta Marrero resguardada en la librer&iacute;a Mary Read, cerca de Atocha. La artista canaria llega puntual, acompa&ntilde;ada de una amiga que acaba cont&aacute;ndonos que se va a casar. Nos saludamos y charlamos un rato antes de empezar la entrevista, hablamos en ese pre&aacute;mbulo de Lorca, de Ana Bel&eacute;n, de la boda y de Bob Pop.
    </p><p class="article-text">
        Estar con Roberta es siempre habitar un mundo heterodoxo, rico, stendhaliano, golfo, extra&ntilde;o y referencial. Sus collages y su literatura son el testimonio perfecto de esa pasi&oacute;n en ebullici&oacute;n, de ese amor por lo que permanece y lo que arde. La Marrero es la hija que hubieran tenido Lampedusa y Amanda Lepore si la hubiera criado Jean Genet, cultura desbordante, fetichismo por la belleza y un anecdotario interminable.
    </p><p class="article-text">
        Su &uacute;ltimo poemario <em>Derecho a cita</em> (Continta me tienes, 2024) sali&oacute; hace un mes y vamos a hablar de ello y de su perspectiva &uacute;nica como artista. Ella nunca lo reconocer&aacute;, pero es una artista de culto, por muy manoseado que est&eacute; ese concepto y casi ya no signifique nada, yo lo s&eacute; y ella tambi&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo est&aacute;s, Roberta?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Bien, estoy bien.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Derecho a cita est&aacute; plagado de referentes y sobre todo de una est&eacute;tica de la confesi&oacute;n que no s&eacute; si es real o meramente literaria. Creo que hay un tipo de conversaci&oacute;n, de comunicaci&oacute;n, que solamente se puede tener con los referentes personales, con el santoral particular, no con otra persona de a pie y quiz&aacute; tampoco con una misma. &iquest;Es el caso de tu poemario, de tu poes&iacute;a?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es una confesi&oacute;n real, con elementos de ficci&oacute;n, recursos literarios, pero son poemas bastante confesionales, esa po&eacute;tica de Anne Sexton, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/viuda-mangada-misteriosa-mujer-familia-rojos-acogio-sylvia-plath-benidorm_1_10672942.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Sylvia Plath</a>. Lo que pasa es que siempre que se escribe, se dibuja, se pinta o se cuenta, la confesi&oacute;n acaba siendo un artificio, una creaci&oacute;n est&eacute;tica. Dice <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/nan-goldin-fotografa-sida-crisis-opioides-conquistado-venecia_1_9308543.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Nan Goldin</a>, a quien va dedicado el poemario, que lo real es lo que pasa mientras pasa, todo es una evocaci&oacute;n. Es cierta esa conversaci&oacute;n con los referentes, pero este poemario es sobre todo una conversaci&oacute;n conmigo misma. Llegu&eacute; a la conclusi&oacute;n hace tiempo que escribir poemas es hablar sola y en voz alta. Por eso no me gusta pulir demasiado los poemas, pierden algo de esa conversaci&oacute;n, de esa intimidad. Cuando una habla a veces ha bebido y tiene la lengua un poco pastosa, a veces est&aacute; lucida, hablas m&aacute;s, hablas menos, todo eso me gusta conservarlo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ec2851c7-bc2e-4856-98d1-9fa0a43f1dc2_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ec2851c7-bc2e-4856-98d1-9fa0a43f1dc2_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ec2851c7-bc2e-4856-98d1-9fa0a43f1dc2_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ec2851c7-bc2e-4856-98d1-9fa0a43f1dc2_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ec2851c7-bc2e-4856-98d1-9fa0a43f1dc2_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ec2851c7-bc2e-4856-98d1-9fa0a43f1dc2_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ec2851c7-bc2e-4856-98d1-9fa0a43f1dc2_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Roberta Marrero en el baño de la librería"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Roberta Marrero en el baño de la librería                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>Lo ritual&iacute;stico, la iconograf&iacute;a religiosa, est&aacute;n muy presentes en el poemario. &iquest;T&uacute; c&oacute;mo creadora eres una mujer de rituales? &iquest;Necesitas asociar la creaci&oacute;n a un ritual concreto? &iquest;Eres cerebral? &iquest;El proceso de creaci&oacute;n es mundano? &iquest;Creas desde el arrebato o desde cierto reposo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Desde el arrebato! [re&iacute;mos juntas]. Estoy en casa, donde sea, se me ocurre una idea y la mayor&iacute;a de las veces escribo en el m&oacute;vil, pocas veces en el port&aacute;til porque no lo llevo encima y escribo mucho fuera, en un Burger King, incluso hay uno que est&aacute; escrito aqu&iacute; [se refiere a la librer&iacute;a Mary Read]. Soy mucho del arrebato, por eso lo de no pulir los poemas, por eso en los collages si me equivoco lo tacho y sigo, no lo descarto. Soy hija del punk, de hacer las cosas aunque no sepas muy bien c&oacute;mo hacerlas, no soy ni mucho menos una virtuosa en ninguna de las cosas que hago. Soy Joey Ramone, te ponen un micr&oacute;fono y te pones a cantar. Soy exactamente igual, ser artista para m&iacute;, aparte de la vocaci&oacute;n es el &uacute;nico modo de ganarme la vida, no s&eacute; hacer otra cosa.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En toda esa acumulaci&oacute;n de fetiches que puebla </strong><em><strong>Derecho a cita, </strong></em><strong>los pop, los literarios, los sexuales, los religiosos, las travestis del pasado, los amantes, puede leerse una necesidad de tener presente el pasado. &iquest;Crees que escribes para recordar que has vivido?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No lo s&eacute;. Pongo bastante distancia con las cosas que hago, en cuanto pasa un tiempo y vuelvo a ver un collage o leer algo, lo aprecio, me alegra haberlo hecho, pero nada m&aacute;s. Llego a verlo como si no lo hubiera hecho yo. Al estar movida por el arrebato, por el impulso, por el &ldquo;no futuro&rdquo; del punk, no creo que haya esa intenci&oacute;n que me dices, obviamente tengo la necesidad de ser le&iacute;da, si no, no publicar&iacute;a, pero tengo una posici&oacute;n ambigua, no me gusta mucho la gente, as&iacute; que no lo s&eacute; muy bien. Me muevo entre los dos mundos, en los extremos, en el encuentro de ambas posibilidades, aunque no tengo ning&uacute;n af&aacute;n de trascendencia.
    </p><p class="article-text">
        Lo que s&iacute; pienso, ahora que voy cumpliendo a&ntilde;os, es en qu&eacute; hacer con mis derechos de autor, que ahora no valen nada, pero qui&eacute;n sabe, basta que sea que me muera, para empezar a ser lo m&aacute;s, la gran poeta maldita y de repente est&aacute;s traducida a 75 idiomas. As&iacute; que tengo que pensar a qui&eacute;n se los dejo. Tambi&eacute;n tengo que decidir si quiero que se publique algo despu&eacute;s de mi muerte o no. Pienso en Marjorie Cameron, que destru&iacute;a sus pinturas, en su caso por una cuesti&oacute;n esot&eacute;rica, e igual eso tendr&iacute;a que hacer yo. Destruirlo todo. Como Marga Gil Ro&euml;sset, que destruy&oacute; su obra justo antes de suicidarse, con 20 a&ntilde;os. S&iacute;, exacto. Esa preocupaci&oacute;n por perdurar no la tengo, no creo que vaya a suceder.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d6a94da9-157a-412d-8e0a-dfcb26288cb2_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d6a94da9-157a-412d-8e0a-dfcb26288cb2_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d6a94da9-157a-412d-8e0a-dfcb26288cb2_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d6a94da9-157a-412d-8e0a-dfcb26288cb2_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d6a94da9-157a-412d-8e0a-dfcb26288cb2_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d6a94da9-157a-412d-8e0a-dfcb26288cb2_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/d6a94da9-157a-412d-8e0a-dfcb26288cb2_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Roberta Marrero, entre libros"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Roberta Marrero, entre libros                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>Hay un anhelo de inocencia en algunos versos que es muy conmovedor. Casi una plegaria. &iquest;La inocencia perdida es algo que tienes presente? &iquest;Y el anhelo de recuperarla?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, est&aacute; muy presente. Cuando eres muy peque&ntilde;a y te ves sometida a violencias del exterior de las que obviamente no puedes desvincularte, porque no puedes irte a vivir con otra familia, o no puedes dejar de ir al colegio, pierdes la inocencia pero siendo inocente. De repente ves el mundo desde un sitio diferente, todo a tu alrededor se solidifica. Lo digo sin victimismo, nunca hablo desde ah&iacute;. Pero esa p&eacute;rdida de la inocencia sin poder dejar de ser inocente, que de alg&uacute;n modo sigo si&eacute;ndolo, est&aacute; muy presente. Hay un cap&iacute;tulo en <em>El beb&eacute; verde</em> (Lunwerg, 2016) en el que cuento que fui a ver la nieve con mi familia, est&aacute;bamos todos. Y pens&eacute;, muy claramente, siendo muy peque&ntilde;a: &ldquo;Un d&iacute;a nos vamos a morir todos y no estaremos juntos&rdquo;. Por supuesto me call&eacute;, pero lo pens&eacute; con la misma claridad que te lo digo ahora. Desde siempre tuve esa sensaci&oacute;n de p&eacute;rdida de la inocencia desde la inocencia misma.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El poema n&uacute;mero XXXI es una suerte de balada &eacute;pica y sentimental en la que travestis, marineros y maricas </strong><em><strong>genetianas </strong></em><strong>conviven con Rimbaud, mitolog&iacute;a b&iacute;blica, Diane Arbus o Roc&iacute;o Jurado. Es una destilaci&oacute;n bastante buena de lo que es </strong><em><strong>Derecho a cita.</strong></em><strong> Se dan la mano lo </strong><em><strong>kitsch </strong></em><strong>y lo sublime, que es casi una definici&oacute;n perfecta de lo </strong><em><strong>camp.</strong></em><strong> Es dif&iacute;cil encontrar a Anton LaVey y Emily Dickinson en una convivencia tan perfecta.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Afortunadamente, con 14 a&ntilde;os, en la escuela de artes aplicadas, empec&eacute; a salir con unos chicos mayores, maricas, que eran muy desprejuiciadas culturalmente, ten&iacute;an los discos de Divine pero controlaban perfectamente a Genet, Fassbinder y de repente a Lola Flores. Creo que la verdadera riqueza es la mental, aunque el dinero est&aacute; muy bien, pero si eres pobre de mente, hija, ah&iacute; no hay nada que hacer. No tienes salvaci&oacute;n. Puedes tener cincuenta millones en el banco pero eres una desgraciada. Estos d&iacute;as estoy en la pelea contra las etiquetas, una pelea que he tenido siempre y que cuando releo entrevistas de hace muchos a&ntilde;os, ah&iacute; estoy, rebel&aacute;ndome, por ejemplo, cuando me asignaban lo de artista pop, &iexcl;yo no soy una artista pop!, &iexcl;a saber qu&eacute; entiendes t&uacute; o cualquiera por &ldquo;el pop&rdquo;!
    </p><p class="article-text">
        Rehuyo las etiquetas, ciertas estrecheces, por la riqueza mental que s&iacute; tengo y que se plasma en lo que hago. Soy bastante inclasificable. Ese poema en concreto al que te refieres, que empieza con lo que se contaba entonces, historias de maricas yendo al puerto a follarse a los marineros, yo lo narro desde lo cursi, ellas siendo joyer&iacute;as por dentro y ellos unos asesinos, s&iacute; que es muy <em>camp,</em> muy <em>genetiano</em>. Cuento aquel puter&iacute;o maravilloso con esas herramientas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a581692a-92b8-4091-af0a-83ce3e81e972_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a581692a-92b8-4091-af0a-83ce3e81e972_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a581692a-92b8-4091-af0a-83ce3e81e972_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a581692a-92b8-4091-af0a-83ce3e81e972_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a581692a-92b8-4091-af0a-83ce3e81e972_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a581692a-92b8-4091-af0a-83ce3e81e972_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/a581692a-92b8-4091-af0a-83ce3e81e972_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Roberta Marrero es autora de &#039;El bebé verde&#039; y el poemario &#039;Derecho a cita&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Roberta Marrero es autora de &#039;El bebé verde&#039; y el poemario &#039;Derecho a cita&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>La palabra &ldquo;travesti&rdquo; aparece todo el tiempo en el poemario para hablar de aquellas mujeres, tambi&eacute;n para hablar de ti misma. &iquest;Es una decisi&oacute;n po&eacute;tica, pol&iacute;tica, literaria, org&aacute;nica?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es todo eso. Es org&aacute;nico, pol&iacute;tico, est&eacute;tico y &eacute;tico. Lo empec&eacute; a hacer en el poemario anterior <em>(Todo era por ser fuego,</em> Continta me tienes, 2022). Todo lo trans, todo lo <em>queer,</em> todo el feminismo, lo que se supone que era la disidencia se ha desplazado, las <em>outsiders</em>, quieren ser <em>insiders. </em>Y para llegar ah&iacute; tienes que sacrificar mucho. Yo no creo en la pureza y no me gusta. Cada una puede y debe decir lo que quiera, faltar&iacute;a m&aacute;s, pero cuando veo a muchas chicas trans en televisi&oacute;n, medi&aacute;ticas, tan desesperadas por defender que son mujeres, aunque las entiendo perfectamente, querr&iacute;a decirles: si no somos mujeres, &iquest;&iexcl;qu&eacute;!?
    </p><p class="article-text">
        Hablo por m&iacute; misma, no quiero sentar ning&uacute;n precedente, ni representar a nadie, pero reivindico ese t&eacute;rmino, del mismo modo que los hombres gay se apropiaron del &ldquo;marica&rdquo;, o la reapropiaci&oacute;n de<em> &ldquo;queer&rdquo;</em> que ahora parece que nos viene de la academia pero siempre fue un insulto como una catedral. Me parece interesante usarla. No lo hago todo el tiempo, uso &ldquo;travesti&rdquo; y uso &ldquo;trans&rdquo;, depende de con qui&eacute;n est&eacute;, del estado de &aacute;nimo que tenga, del contexto. En el poemario anterior dec&iacute;a que &ldquo;travesti&rdquo; es una palabra mucho m&aacute;s pict&oacute;rica y mucho menos m&eacute;dica, que tiene que ver con el lumpen, con el <em>music hall</em>, por qu&eacute; ser una sola cosa cuando se pueden ser miles.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hay una confusi&oacute;n maravillosa en lo que t&uacute; haces de lo trans, lo marica, la narrativa del puter&iacute;o, que resulta muy natural, c&aacute;lido y poco complaciente con lo que se espera de una artista trans comprometida. Que se salta los mandatos del activismo m&aacute;s estricto y rompe las costuras de los imaginarios m&aacute;s pulcros. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Creo que tiene m&aacute;s que ver con lo que se espera de nosotras que con nosotras. Yo nunca he dicho que quiera complacer a nadie, tampoco quiero escandalizar a nadie, yo solo quiero ser yo y soy lo que tienes delante. Eso s&iacute;, la provocaci&oacute;n me gusta mucho, veo la cubierta de<a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/jayne-county-marica-chillona-pionera-punk-rock-transgenero_1_9785943.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> las memorias de Jayne County</a> y ese t&iacute;tulo <em>Lo suficientemente hombre para ser una mujer</em> (Colectivo Bruxista 2022) y me parece una patada en la boca a todo. Es el mejor libro sobre una transici&oacute;n que yo he le&iacute;do nunca. Soy consciente de que uso elementos en los collages, en los poemas, que pueden ser muy molestos para algunas personas. En <em>Dictadores </em>(Ediciones Hidroavi&oacute;n, 2015), un libro que pas&oacute; muy desapercibido, us&eacute; una imaginer&iacute;a que me har&iacute;a terminar en un juzgado en cuanto lo descubriese la persona indicada. A pesar de que me atraiga la provocaci&oacute;n, no es algo consciente, uso lo que uso porque me parece est&eacute;ticamente interesante, bonito, no hay una intenci&oacute;n pol&iacute;tica, aunque esa misma intenci&oacute;n ya es hacer pol&iacute;tica, vuelvo de nuevo al punk.
    </p><p class="article-text">
        Con la iconograf&iacute;a religiosa me sucede igual, honestamente no tengo nada especialmente en contra de la Iglesia cat&oacute;lica, porque la gente se olvida de algo, aunque no crea en Dios, soy cat&oacute;lica. Esa imaginer&iacute;a tambi&eacute;n es m&iacute;a por razones culturales. No soy tonta, s&eacute; que un cat&oacute;lico practicante puede rasgarse las vestiduras si ve un ni&ntilde;o santito con los labios pintados, pero no es mi intenci&oacute;n ofender o provocar, lo hago as&iacute; porque me gusta, porque lo encuentro hermoso, no encuentro nada provocador en ello.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/45a320bb-8ed5-42a0-8098-c595fcd27710_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/45a320bb-8ed5-42a0-8098-c595fcd27710_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/45a320bb-8ed5-42a0-8098-c595fcd27710_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/45a320bb-8ed5-42a0-8098-c595fcd27710_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/45a320bb-8ed5-42a0-8098-c595fcd27710_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/45a320bb-8ed5-42a0-8098-c595fcd27710_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/45a320bb-8ed5-42a0-8098-c595fcd27710_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Roberta Marrero tiene una carrera artística que comprende la música, el arte y la literatura"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Roberta Marrero tiene una carrera artística que comprende la música, el arte y la literatura                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>Hay una cita de Genet en el poemario que habla de pederastia. Pensaba en ella y reflexionaba sobre la capacidad que hemos perdido para ser fieras, para crear sin que nos importe tanto c&oacute;mo se va a recibir lo que hacemos. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Estoy muy de acuerdo. Es verdad que esa cita en franc&eacute;s usa <em>p&eacute;d&eacute; </em>que significa ped&oacute;filo pero era la forma en que llamaban a los maricas hasta hace poco. Pertenece a <em>El ni&ntilde;o criminal</em> (Errata Naturae 2009), donde &eacute;l hace una reivindicaci&oacute;n de ese t&eacute;rmino. En la actualidad, los intentos de acercarse a Genet le har&iacute;an revolverse en la tumba, el otro d&iacute;a le&iacute;a que alguien que se refer&iacute;a a Las Carolinas, las travestis que aparecen en <em>Diario del ladr&oacute;n</em> (Cabaret Voltaire 2023) vestidas de luto y llevando flores a la puerta del urinario en el que hac&iacute;an la calle o buscaban amantes, que lo iban a cerrar, como las primeras en hacer una marcha LGTB en el mundo. Primero, &iquest;por qu&eacute; tiene que haber siempre una primera?, segundo, Las Carolinas probablemente ni siquiera eran le&iacute;das como travestis o como trans. Ser&iacute;an vistas como maricones, ped&oacute;filos, etc. No met&aacute;is a estas mujeres en ese saco porque no.
    </p><p class="article-text">
        Me da pena [lo que ha pasado con] toda esta genealog&iacute;a de lo ind&oacute;mito, que no se da solamente en los maricas, tambi&eacute;n las travestis de la calle, en el punk, &iexcl;en Emily Dickinson!, que era una mujer salvaje y si nos vamos bien para atr&aacute;s, Santa Teresa de Jes&uacute;s tambi&eacute;n era una mujer fiera. Est&aacute; bien querer acomodarse, no tengo nada en contra, no hace falta que todas seamos unas desatadas pero tampoco unas burguesas, al menos en las formas. La gente indomable sigue existiendo, pero no sale en los medios, nosotras salimos porque hablamos bien, porque no somos putas, es as&iacute; de horrible pero es as&iacute;, somos las buenas fieras. Capaces de articular discurso, escribir, les gustamos porque creen que no somos lo que ellos creen que son las mujeres trans, pero tambi&eacute;n lo somos, lo que pasa es que hemos tenido un poco m&aacute;s de suerte. Probablemente nuestras versiones de hace 25 a&ntilde;os no les hubieran interesado tanto.<strong> </strong>Seguro que no [re&iacute;mos].
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e5e20a42-8f29-44e7-b56e-8ead87dcca0e_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e5e20a42-8f29-44e7-b56e-8ead87dcca0e_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e5e20a42-8f29-44e7-b56e-8ead87dcca0e_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e5e20a42-8f29-44e7-b56e-8ead87dcca0e_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e5e20a42-8f29-44e7-b56e-8ead87dcca0e_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e5e20a42-8f29-44e7-b56e-8ead87dcca0e_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/e5e20a42-8f29-44e7-b56e-8ead87dcca0e_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Roberta Marrero, en la librería madrileña Mary Read"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Roberta Marrero, en la librería madrileña Mary Read                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>La imagen de esa Ofelia m&uacute;ltiple como recurso po&eacute;tico, t&uacute; misma, quieta, muerta, adornada o expuesta, como una santa, una mujer a la que se est&aacute; velando o una diosa, se nos aparece durante todo </strong><em><strong>Derecho a cita</strong></em><strong> como un objeto de contemplaci&oacute;n, como una advertencia de eternidad y de quietud. V&iacute;rgenes, Venus, santas. En un verso dices &ldquo;prefiero ser un objeto de deseo&rdquo;. H&aacute;blame sobre esto. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Yo soy m&aacute;s de contemplar. Ese poema empieza hablando de c&oacute;mo en medio de una depresi&oacute;n dejo de desear, que si vendieran el virus de la depresi&oacute;n en las farmacias me lo inyectar&iacute;a. Desear es un cuadro, para todo el mundo, yo no s&eacute; qu&eacute; hacer ya con ello, de hecho este poemario es un descenso al deseo. No una inmersi&oacute;n, es una bajada, porque al deseo eso, siendo una mujer trans que se acuesta con hombres heterosexuales solo se puede bajar, es como ser Jesucristo e irte cuarenta d&iacute;as al desierto. E implica un alto nivel de autodestrucci&oacute;n. Durante la escritura de este libro estaba en pleno proceso de autodestrucci&oacute;n que par&eacute; las navidades del a&ntilde;o pasado. Curiosamente cuando he parado de autodestruirme, he dejado de escribir. Tennesse Williams ha muerto. La pulsi&oacute;n de muerte te azuza.<strong> </strong>Y parece que est&aacute; conectada al proceso de crear. La autodestrucci&oacute;n sirve para construirte, parad&oacute;jicamente.
    </p><p class="article-text">
        Yo preferir&iacute;a ser un objeto de deseo, en ese poema tambi&eacute;n se habla de los labios de Marilyn, cuando Warhol dice que no est&aacute;n hechos para besar, sino para mirarlos, son un perfecto objeto de deseo que marca distancia con el espectador. Me gustar&iacute;a ser un objeto de deseo y no lo soy, al menos no al nivel de Marilyn. Bueno, eso nadie.<strong> </strong>Eso nadie, no. Pero no solo a nivel de belleza, al nivel de Marilyn como objeto, yo soy un objeto al que es bastante f&aacute;cil acceder. Con los hombres, cuando te conocen, eres realmente la virgen Mar&iacute;a, profesan un culto mariano, Afrodita, Cibeles, Marilyn, pero en cuanto pones un pie fuera del pedestal y tocas al mortal, has perdido todo el poder, se acab&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Hacer arte con el deseo, la locura, el dolor, la pasi&oacute;n, la autodestrucci&oacute;n, el sexo, desde el arrebato, es, usando uno de los versos del poemario, &ldquo;un triunfo de la raz&oacute;n&rdquo;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, lo es, porque es lo que nos vuelve locas a las humanas, que somos todas unas neur&oacute;ticas y me gusta recordarlo. La gente que estar&aacute; leyendo esta entrevista y pensando &ldquo;claro, est&aacute;n neur&oacute;ticas porque son trans, las pobres&rdquo;, se equivocan, no es as&iacute;, no estamos taradas porque somos trans, lo estamos porque somos humanas. Nacer es tararte. La raz&oacute;n es maravillosa, el ser humano es espectacular, pero la humanidad es las pir&aacute;mides, un manicomio y todo lo que hay en el medio. La raz&oacute;n es un triunfo y tambi&eacute;n es un fracaso al que estamos condenadas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alana Portero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/roberta-marrero-no-falta-seamos-desatadas-burguesas_128_11307966.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 25 Apr 2024 20:06:40 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/7c40bc20-5a1a-41d6-b336-726fbafd48ba_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="5767079" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/7c40bc20-5a1a-41d6-b336-726fbafd48ba_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="5767079" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Roberta Marrero: "No hace falta que todas seamos unas desatadas pero tampoco unas burguesas"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/7c40bc20-5a1a-41d6-b336-726fbafd48ba_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Poesía,Literatura,Transexualidad,Transgénero]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Ocaña, Nuestra Señora de las Ramblas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/ocana-senora-ramblas_1_10499804.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a119d9ea-99b6-438d-be60-54dea1f17b91_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Ocaña, Nuestra Señora de las Ramblas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El 18 de septiembre de 1983, hace 40 años, moría el pintor, artista y performer José Pérez Ocaña, conocido popularmente como Ocaña; la editorial Dos Bigotes conmemora la fecha publicando el ensayo 'El eterno brillo del Sol de Cantillana'</p><p class="subtitle">El nuevo director del Reina Sofía cambia la política del museo y permite hacer fotos al 'Guernica' </p></div><p class="article-text">
        La Oca&ntilde;a ha terminado ocupando un lugar entre las v&iacute;rgenes que consuelan a las maricas dolientes. Propio de la historia de Espa&ntilde;a, acaso de cualquier pa&iacute;s, es hacer la vida imposible a quien se pretende, sin saberlo, hacer inmortal. No se puede entender su figura sin contar que creci&oacute; entre dos mundos, en uno le mol&iacute;an a palos o le insultaban por maric&oacute;n, en otro, el sol, los r&iacute;os, el campo, las amigas y la madre de dios, le tocaban las palmas al amanecer.
    </p><p class="article-text">
        Oca&ntilde;a ten&iacute;a un nombre pero una se llama como sus amistades quieren que se llame, o como quieren los amantes, que viene a ser lo mismo. En Cantillana, Sevilla, coraz&oacute;n de la vega del Guadalquivir y a la fresca del r&iacute;o Viar y sus fresnedas, donde naci&oacute;, le llamaban de otra manera los vivos pero le apelaban, que es una forma de bautismo, las elevadas: la asunci&oacute;n, la pastora y la soledad, las v&iacute;rgenes que se llev&oacute; a Barcelona pintaditas con trazo infantil, colores sinceros y alma de marica todopoderosa que perdona porque no le queda m&aacute;s remedio.
    </p><p class="article-text">
        La Oca&ntilde;a emigrante empez&oacute; pintando paredes, con brocha gorda, ese ganarse la vida impregna tambi&eacute;n su obra, lo figurativo, en su caso, es tambi&eacute;n una dignificaci&oacute;n de esa brocha gorda, hay algo de manual en sus pinturas, de simpleza que no tiene tanto que ver con la ausencia de t&eacute;cnica como con el rechazo a la misma, Oca&ntilde;a pintaba para adornar patios, muros y esquinas, para las vecinas, para las putas, las travestis, las yonquis y las pobres, pero en una Barcelona que herv&iacute;a de necesidad, de aires nuevos, de contracultura, era inevitable que los estratos de la modernidad burguesa se mezclasen con el suelo manchado de carm&iacute;n y semen en el que viv&iacute;an las desgraciadas. Mars&eacute; y Moix lo contaron cada uno a su manera, y as&iacute;, buscando la libertad entre las que m&aacute;s carec&iacute;an de ella, surge la Oca&ntilde;a que vivir&aacute; para siempre. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/997203b7-aaed-4636-8898-78419866209b_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Fue apreciada fuera de Barcelona como una figura folcl&oacute;rica m&aacute;s que art&iacute;stica, como un objeto de diversi&oacute;n y una imagen que empotrar en la cara de los bienpensantes, no sabemos si esto a la Oca&ntilde;a le parec&iacute;a bien o mal, si le importaba o no. Es, en su caso, dif&iacute;cil de descifrar si la ambici&oacute;n tambi&eacute;n estaba en sus pinceles, en sus brochas. Quiso ser reconocida como artista pero cuesta creer que pensase en la eternidad o en el prestigio. Oca&ntilde;a, como una madre muerta, es lo que necesitamos que sea y podemos purificarla o mancillarla sin consecuencias, adaptarla a nuestras plegarias y fetiches.
    </p><p class="article-text">
        Su activismo: anarquista, rural y maric&oacute;n a su manera, nace de ese campo de gente reventada a trabajar en el que creci&oacute;, manchado de naranjas sanguinas (qu&eacute; otras naranjas pod&iacute;an ser sino unas que sangran). Conceptos sencillos, constancia y acci&oacute;n directa. A la Oca&ntilde;a no le defin&iacute;an los tiempos pol&iacute;ticos de aquella transici&oacute;n m&aacute;s que los cielos cambiantes y caprichosos de las cosechas. Oca&ntilde;a se desnudaba en las Ramblas o se travest&iacute;a en ellas para ararlas y sembrarlas de descaro, lucha y bondad. Era su forma de respirar, las travestis son pol&iacute;ticas por el mero hecho de respirar, un suspiro suyo, hondo y sonoro, solivianta conciencias a su alrededor, por odio o por adhesi&oacute;n, m&aacute;s que cien manifiestos. Si la deten&iacute;an, sus devotas peregrinaban hasta la direcci&oacute;n general de seguridad, porque a la Oca&ntilde;a no se la quer&iacute;a, se le rezaba, se la usaba o se la rechazaba. Como a esas v&iacute;rgenes que tienen el altar lleno de flores blancas cuando son ben&eacute;volas o vac&iacute;o y sucio cuando no miran hacia nosotras.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bb675eea-177a-43cd-aaf6-21c123ae1357_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bb675eea-177a-43cd-aaf6-21c123ae1357_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bb675eea-177a-43cd-aaf6-21c123ae1357_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bb675eea-177a-43cd-aaf6-21c123ae1357_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bb675eea-177a-43cd-aaf6-21c123ae1357_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bb675eea-177a-43cd-aaf6-21c123ae1357_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/bb675eea-177a-43cd-aaf6-21c123ae1357_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Una de las 25 obras realizadas en los últimos tres años de vida por Ocaña (1947-1983), expuestas en el año 2009 en el mismo piso en el que vivió"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Una de las 25 obras realizadas en los últimos tres años de vida por Ocaña (1947-1983), expuestas en el año 2009 en el mismo piso en el que vivió                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        La Oca&ntilde;a era muchas. Era un collage y solamente se la puede narrar as&iacute;, a trompicones, a brochazos coloridos, a pedazos. Marica, campesina, moderna, artista, activista, puta y santa. Muri&oacute; volviendo a casa, a Cantillana, vestidita de sol, como le cant&oacute; Carlos Cano, ardiendo, prendida fuego, montando esc&aacute;ndalo, su madurez pict&oacute;rica promet&iacute;a pero la maldici&oacute;n travesti es la de tener que adentrarse en una pira o morir de cualquier manera para ser recordada.
    </p><p class="article-text">
        Sea.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alana Portero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/ocana-senora-ramblas_1_10499804.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 10 Sep 2023 20:53:59 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/a119d9ea-99b6-438d-be60-54dea1f17b91_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1090167" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/a119d9ea-99b6-438d-be60-54dea1f17b91_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1090167" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La Ocaña, Nuestra Señora de las Ramblas]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/a119d9ea-99b6-438d-be60-54dea1f17b91_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Barcelona,Pintura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Arcadia íntima]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/arcadia-intima_1_10464896.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/be870275-2f90-4cc5-ac7d-42c94f4146b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Arcadia íntima"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El último viaje del verano, por las vías de las páginas de un libro, nos lleva al Mediterráneo acompañadas de 'Peregrinos de la belleza' de María Belmonte</p><p class="subtitle">Lorca en 'Viaje a Nueva York':  Wall Street será musgo </p></div><p class="article-text">
        Europa mira al Mediterr&aacute;neo para contemplarse a s&iacute; misma. La memoria de sus aguas turquesas canta con voz antigua canciones de amor, conquista y muerte, sus islas, dispersas como diferentes niveles del para&iacute;so, una vez nos coronaron con parras, nos cubrieron con piel de zorro y condujeron nuestras carnes hacia la voluptuosa placidez de afroditas perezosas. 
    </p><p class="article-text">
        Pertenecemos al Mediterr&aacute;neo como se pertenece a una madre eternamente cubierta por un velo, no necesitamos verle el rostro o recordar nuestro sue&ntilde;o bajo sus aguas para evocar su olor, su vientre y su voz calmosa. Las c&iacute;cladas fueron un coro de mujeres aladas que nos llamaban para devorarnos o hacernos el amor, el peloponeso nos invit&oacute; hace tiempo a desnudarnos y unirnos a un corro de faunos con los que morir de placer entre bosques de olivos, hayas e higueras, el Egeo miraba a Turqu&iacute;a, a oriente, al hogar de los primeros misterios en el que las noches, seg&uacute;n las canciones muertas, albergaban fieras y palacios de oro. 
    </p><p class="article-text">
        En <em>Peregrinos de la belleza,</em> de Mar&iacute;a Belmonte, editado por Acantilado, la autora nos devuelve el latido salado que nos forma como cultura y explica de forma impecable la magia de la pertenencia. Accedemos al tiempo hom&eacute;rico, al de las diosas, los h&eacute;roes, las reinas tr&aacute;gicas, los pastores poetas y las coronas de flores sobre pieles tostadas a trav&eacute;s de viajeros del pasado que, desde el norte de Europa, movidos por el amor, la cultura, el sexo o la tuberculosis, fueron seducidos por el toque de la lira o el del aulos, lo apol&iacute;neo y lo dionis&iacute;aco compartiendo pasaje en barcos y trenes con destino al sur m&iacute;tico. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5a990e08-f4be-434b-a012-c8b288ae2c19_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5a990e08-f4be-434b-a012-c8b288ae2c19_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5a990e08-f4be-434b-a012-c8b288ae2c19_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5a990e08-f4be-434b-a012-c8b288ae2c19_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5a990e08-f4be-434b-a012-c8b288ae2c19_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5a990e08-f4be-434b-a012-c8b288ae2c19_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/5a990e08-f4be-434b-a012-c8b288ae2c19_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="El antiguo teatro de Taormina, en Sicilia, construido por los griegos en el siglo III a.c."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                El antiguo teatro de Taormina, en Sicilia, construido por los griegos en el siglo III a.c.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        El relato m&aacute;s conmovedor de todos ellos, el primero, el que marca el tono fabuloso y nost&aacute;lgico del libro son Grecia e Italia vistas a trav&eacute;s de Winckelmann, padre del neoclasicismo y de los rom&aacute;nticos, cuya vida en Roma y muerte en Trieste es casi la respuesta a una plegaria infantil mugrienta desde su Stendal natal, una pronunciada de rodillas en los bancos medio podridos de una parroquia protestante con el moho negro como &uacute;nica orfebrer&iacute;a. En lugar del dios cristiano, eran Apolo, Dionisos y T&aacute;natos quienes estaban escuchando y dictan un poco al o&iacute;do de Mar&iacute;a Belmonte.
    </p><p class="article-text">
        Visitamos Taormina, Capri, Corf&uacute;, Florencia, Roma, Palermo, Catania, Creta, Corinto junto al propio Winckelmann, Wilheim Von Gloeden, Alex Munthe, Lawrence Durrell, D.H. Lawrence, Norman Lewis y Patrick Leigh Fermor. Cada uno de ellos en busca de un Mediterr&aacute;neo que nunca existi&oacute;, uno hecho a la medida de sus deseos, anhelos, fantas&iacute;as po&eacute;ticas, vicios coloniales y necesidades carnales, acaso sea ese el &uacute;nico Mediterr&aacute;neo que existe en nuestro interior, el que nos evoca una Arcadia de ninfas, frutales y diosecillos menores con los que retozar en un atardecer eterno. El de cada una de las almas que sienten una llamada literaria e hist&oacute;rica y tratan de acomodar sin contemplaciones, a veces con crueldad, la realidad al sue&ntilde;o. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c32afc40-a620-47a4-9cb3-aa0fe091fe26_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c32afc40-a620-47a4-9cb3-aa0fe091fe26_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c32afc40-a620-47a4-9cb3-aa0fe091fe26_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c32afc40-a620-47a4-9cb3-aa0fe091fe26_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c32afc40-a620-47a4-9cb3-aa0fe091fe26_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c32afc40-a620-47a4-9cb3-aa0fe091fe26_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/c32afc40-a620-47a4-9cb3-aa0fe091fe26_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="La obra de John William Godward &#039;Le Billet Doux&#039;, de 1913"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La obra de John William Godward &#039;Le Billet Doux&#039;, de 1913                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        La mirada de Mar&iacute;a Belmonte es hermosa, docta y justa con todos ellos, nos dibuja los contornos de personas enamoradas de una leyenda con las que empatizamos de inmediato quienes hemos imaginado alguna vez c&oacute;mo sonar&iacute;an las pulseras de las diosas mic&eacute;nicas al agitarse. No se oculta en el texto el componente extractivo inevitable a tales persecuciones del mito, la sombra de esa observaci&oacute;n folclorizante y tribal de la tierra y sus habitantes planea todo el tiempo en las palabras de los protagonistas, cuyo apasionamiento por &ldquo;las sencillas gentes&rdquo; es usado para asentarse entre ellas como aut&eacute;nticos pr&iacute;ncipes y salvadores venidos del fr&iacute;o. A menudo ese sur que cura los pulmones y sana las heridas del fr&iacute;o protestante con la voluptuosidad del arte cl&aacute;sico y el sol de los olivos, es tambi&eacute;n el refugio de una sexualidad perseguida. Nada inspira mayor piedad y entendimiento que la necesidad de la carne y la pulsi&oacute;n del amor, Afrodita, Pan y Dionisos act&uacute;an como una suerte de anfitriones que acogen en sus suelos sagrados de uvas y laureles a amantes que se jugaban la vida en sus pa&iacute;ses. El pacto silencioso que proteg&iacute;a a las disidencias sexuales en Italia se explica con precisi&oacute;n en el texto, especialmente el que tiene a Von Gloeden como protagonista, y se contextualiza para que entendamos a la perfecci&oacute;n el poder liberador de ese mediterr&aacute;neo de ensue&ntilde;o y ditirambos. A juicio de lectores y lectoras queda el aspecto moral de estas peregrinaciones que a veces usaban la pobreza de &ldquo;las sencillas gentes&rdquo; para satisfacerse.
    </p><p class="article-text">
        Aun con el componente colonial, la belleza vence en estos relatos y es inevitable rendirse al c&eacute;firo que parece animar la pluma de Belmonte.
    </p><p class="article-text">
        La lectura de <em>Peregrinos de la belleza</em> despierta la necesidad de aferrarse a esa identidad maravillosa de Circes y Antinoos, conmueve con descripciones bell&iacute;simas del paisaje y su memoria, ofrece un caudal de conocimiento vast&iacute;simo y sobre todo divierte con el fant&aacute;stico anecdotario de los viajeros. Es una pena que ese mar nuestro, ese mar de mares, ahora sea un cementerio consentido por los mismos que, cien o doscientos a&ntilde;os antes, lo amaron hasta la muerte.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alana Portero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/arcadia-intima_1_10464896.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 26 Aug 2023 20:06:05 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/be870275-2f90-4cc5-ac7d-42c94f4146b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="437399" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/be870275-2f90-4cc5-ac7d-42c94f4146b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="437399" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La Arcadia íntima]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/be870275-2f90-4cc5-ac7d-42c94f4146b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Viajes,Mediterráneo,Sicilia,Literatura,Italia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['El ángel caído', un fragmento de la esperada novela de Alana Portero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/angel-caido-fragmento-esperada-novela-alana-portero_1_10153467.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3330fcf9-e0b5-49bc-8316-03fa1a9eceef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;El ángel caído&#039;, un fragmento de la esperada novela de Alana Portero"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La dramaturga y poeta, colaboradora de elDiario.es y otros medios de prensa, se estrena como novelista en 'La mala costumbre' (Seix Barral, a la venta el 3 de mayo), un texto sobre una adolescente atrapada en un cuerpo que no sabe habitar, ambientada en el Madrid de los noventa</p><p class="subtitle">Begoña Gómez, Clara Chía y el pánico trans, por Alana Portero </p></div><p class="article-text">
        Vi caer como &aacute;ngeles terminales a una generaci&oacute;n entera de muchachos. Adolescentes con la piel gris a los que les faltaban dientes, que ol&iacute;an a amoniaco y a orina. Flanqueaban con sus escorzos la salida del metro de San Blas en la calle Amposta y las praderitas del parque El Para&iacute;so como cristos de Mantegna. Cubiertos de agujas como san Sebasti&aacute;n. Sentados o tendidos de cualquier manera. Movi&eacute;ndose apenas, lentos y sincopados como mu&ntilde;ecos rotos. Con la sonrisa elevada de los crucificados. Indefensos pero ya flotando en lugares donde nada pod&iacute;a tocarlos. Los vi brotar y hacerse cada vez m&aacute;s lentos hasta alcanzar la quietud final y descomponerse en el fango que se acumulaba en nuestro barrio con nombre de santo pero dejado de la mano de Dios.
    </p><p class="article-text">
        La primera vez que me enamor&eacute; fue de uno de aquellos &aacute;ngeles. Se precipit&oacute; desde la ventana de casa de sus padres, que quedaba encima de nuestro bajo de treinta y cinco metros cuadrados, con una jeringuilla clavada en el pie. Mi vecino Efr&eacute;n apareci&oacute; muerto en la calle, medio desnudo, delante de mi puerta. Yo a&uacute;n no hab&iacute;a cumplido los seis a&ntilde;os, llevaba un parche en un ojo y tartamudeaba. Creo que fueron los lamentos de su madre los que alertaron a los habitantes del bloque de tres pisos sin portal, con escalera exterior, en el que viv&iacute;amos. Llegamos antes que la polic&iacute;a, que se tomaba su tiempo para hacer su trabajo cuando se trataba de San Blas. Para ellos, para toda autoridad, solo era otro yonqui muerto, el hijo de alguna obrera deslomada por fregar escaleras a la que, probablemente, su ni&ntilde;o del alma ya le habr&iacute;a desvalijado varias veces la casa para meterse caballo.
    </p><p class="article-text">
        El caso es que no recuerdo a Efr&eacute;n vivo. Solo tengo la imagen que pude rescatar de entre las piernas de mi madre y mi vecina Lola, con el &uacute;nico ojo del que dispon&iacute;a, como si estuviese mirando por una cerradura. Las madres de mi barrio no abrazaban a sus hijos muertos como las v&iacute;rgenes en las piedades renacentistas. Lo hac&iacute;an volcadas sobre los cuerpos, a gritos, despeinadas, con los ojos hinchados y babeando. Cubriendo a sus criaturas como pod&iacute;an, arrop&aacute;ndoles como bestias desesperadas, llam&aacute;ndoles hasta dejarse la voz en la acera, clav&aacute;ndoles las u&ntilde;as en la carne, y&eacute;ndose con ellos de alguna manera.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/60ca759a-8295-4311-b55b-810d610cdac2_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/60ca759a-8295-4311-b55b-810d610cdac2_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/60ca759a-8295-4311-b55b-810d610cdac2_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/60ca759a-8295-4311-b55b-810d610cdac2_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/60ca759a-8295-4311-b55b-810d610cdac2_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/60ca759a-8295-4311-b55b-810d610cdac2_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/60ca759a-8295-4311-b55b-810d610cdac2_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Alana Portero delante de la estatua del ángel caído en el parque de El Retiro de Madrid"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Alana Portero delante de la estatua del ángel caído en el parque de El Retiro de Madrid                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Esos &laquo;&iexcl;ay, hijo m&iacute;o!&raquo;, si los has escuchado alguna vez, no te abandonan nunca. Permanecen en el archivo sonoro de la memoria como campanadas f&uacute;nebres que te obligan a agitar la cabeza para exorcizarlas.
    </p><p class="article-text">
        Efr&eacute;n era guap&iacute;simo, y el vac&iacute;o les sentaba bien a esos rasgos suaves de quien no ha llegado a ser un hombre. Una sobredosis le hab&iacute;a llevado al lado fr&iacute;o. Llevaba poco tiempo enganchado y la hero&iacute;na apenas hab&iacute;a moldeado sus facciones, solo hab&iacute;a intervenido en el color de su piel con la cualidad de la ceniza. Fue la primera vez que quise besar a alguien. Su cuerpo hab&iacute;a quedado tendido delante de un jard&iacute;n raqu&iacute;tico que hab&iacute;a frente a nuestras casas, justo bajo uno de los arcos de entrada mal cubierto por flores medio secas y venas de hiedra que apenas daban para tapizar la tosca estructura de enrejado de alambre. Con todo, la muerte hab&iacute;a escogido para Efr&eacute;n un marco vegetal de cierta y sucia belleza <em>art nouveau</em>. Ten&iacute;a la boca entreabierta y los labios carnosos, a&uacute;n sin retraer, el pelo revuelto y los p&aacute;rpados a medio camino entre la vigilia y el sue&ntilde;o. Si a los cinco a&ntilde;os una tiene la capacidad de enamorarse, la m&iacute;a se derram&oacute; completa sobre aquel pobre desgraciado. Mi vida interior se despleg&oacute; sobre aquel fotograma de dolor y miseria imagin&aacute;ndome ligera y trasl&uacute;cida encima de aquel cuerpo muerto, bes&aacute;ndolo con la liviandad de las cosas que no existen, no para despertarlo de su letargo, no para ser correspondida, solo deseaba con toda mi alma besar algo tan hermoso e indefenso. Algo que parec&iacute;a ca&iacute;do del cielo y dejado como exvoto en mi umbral. Algo que entre el ruido y la furia de madres babeantes y padres que se tapaban la boca para no dejar salir el llanto, entend&iacute; que me pertenec&iacute;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alana Portero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/angel-caido-fragmento-esperada-novela-alana-portero_1_10153467.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 26 Apr 2023 20:26:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/3330fcf9-e0b5-49bc-8316-03fa1a9eceef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="576657" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/3330fcf9-e0b5-49bc-8316-03fa1a9eceef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="576657" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA['El ángel caído', un fragmento de la esperada novela de Alana Portero]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/3330fcf9-e0b5-49bc-8316-03fa1a9eceef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Adelanto editorial,San Blas,Madrid,Literatura,Transexualidad,Adolescentes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Begoña Gómez, Clara Chía y el pánico trans]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/begona-gomez-clara-chia-panico-trans_129_10120721.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a519a5df-be8e-44cc-8897-8e1b8938df72_16-9-discover-aspect-ratio_default_1071187.jpg" width="4483" height="2522" alt="Begoña Gómez, Clara Chía y el pánico trans"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo que los bulos quieren decir es que Begoña y Clara, en tanto que supuestas mujeres trans, en realidad son hombres. Parece que resultaría intolerable que dos tipos tan importantes como Pedro Sánchez y Gerard Piqué pudiesen amar así, a feminidades engañadoras, sin poder conservar al hacerlo su estatus como puntas de lanza de la sociedad masculina</p><p class="subtitle">Tener 'passing': cuando no parecer trans te facilita la vida
</p></div><p class="article-text">
        Uno de los retratos m&aacute;s deformes con los que la modernidad nos ha premiado son las b&uacute;squedas en Google. Cebadas m&aacute;s por la necesidad de encontrar grietas en la trayectoria de las personas que por el inter&eacute;s leg&iacute;timo, nos arrojan predicciones crueles sobre lo que queremos encontrar, d&aacute;ndonos ideas que quiz&aacute; antes de abrir el buscador no ten&iacute;amos. As&iacute; se cierra el ecosistema de las malas ideas virales, una esfera cerrada que suele conducir a paisajes bastante feos.
    </p><p class="article-text">
        Si una se molesta en buscar el nombre de Bego&ntilde;a G&oacute;mez, la pareja del presidente del Gobierno, una de las primeras sugerencias que nos susurra el ojo que todo lo ve es &ldquo;antes y despu&eacute;s&rdquo; o &ldquo;nuez&rdquo;. Algo muy parecido sucede tambi&eacute;n con Clara Ch&iacute;a, pareja de Gerard Piqu&eacute;, entre cosas como &ldquo;Instagram&rdquo;, &ldquo;fotos&rdquo; o &ldquo;de peque&ntilde;a&rdquo; se nos salpimenta la experiencia de b&uacute;squeda con t&eacute;rminos similares a los que acompa&ntilde;an a Bego&ntilde;a G&oacute;mez. Estos bulos que situar&iacute;an a una y otra como mujeres trans encierran muchas capas problem&aacute;ticas de lo que somos como sociedad y de c&oacute;mo las ideas patriarcales permean diferentes estratos, por muy a salvo que alguno de estos crean estar de la influencia del desprecio machista.
    </p><p class="article-text">
        Se cataloga a estas mujeres cis como mujeres trans con la intenci&oacute;n de menoscabar la hombr&iacute;a y la reputaci&oacute;n de sus parejas, dos hombres de gran importancia cada uno en su profesi&oacute;n. Dos l&iacute;deres. Dos alfas. Que la trayectoria de las mujeres deba soportar el peso de la honra de sus compa&ntilde;eros masculinos es, sin demasiada explicaci&oacute;n, un anacronismo impropio de sociedades que se tengan a s&iacute; mismas por libres. Es volver al &ldquo;detr&aacute;s de todo gran hombre hay una gran mujer&rdquo; y relegarnos al fondo de la fotograf&iacute;a como &aacute;ngeles del hogar, custodias del lecho y damas intachables que acompa&ntilde;an con discreci&oacute;n los estruendosos pasos del tit&aacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Suceder&iacute;a algo similar si en lugar de se&ntilde;alarlas como trans lo fuesen por haber desempe&ntilde;ado trabajo sexual, haber tenido parejas de su mismo g&eacute;nero, ser seropositivas o haber transitado por alguna adicci&oacute;n. Lo que se entiende por intachabilidad, en estos par&aacute;metros, es una cosa estrech&iacute;sima y anclada en una normalidad propia de la secci&oacute;n femenina. Las mujeres no deben tener otra vida que la que el patriarcado ha planeado para ellas. 
    </p><p class="article-text">
        No podemos obviar el sesgo casi frenol&oacute;gico de estas cuestiones y que la reacci&oacute;n transexcluyente nos ha tra&iacute;do a los dinteles de nuestras casas directamente del siglo XIX. La idea de que las mujeres altas, con estructuras oseas marcadas, rasgos duros, vello corporal, tr&aacute;quea, voces graves y caderas estrechas, han de ser por fuerza sospechosas de esconder cromosomas debajo de las faldas es indignante, lo menos feminista que se me ocurre y una forma de hacer sentir verg&uuml;enza a casi todo el mundo. Ser trans no es algo que se padece, ni deber&iacute;a causar otra cosa que orgullo, pero intentar catalogar a seres humanos por las proporciones de su anatom&iacute;a desde luego no es el mejor camino para concluir en emancipaci&oacute;n alguna, la de g&eacute;nero menos. Sea una cis, trans o negacionista del lat&iacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Lo que realmente se quiere decir desde tales se&ntilde;alamientos es que Bego&ntilde;a y Clara, en tanto que supuestas mujeres trans, en realidad son hombres. Pasando por encima de la transmisoginia repugnante que delata tal idea, parece que tambi&eacute;n resultar&iacute;a intolerable que dos tipos tan importantes como Pedro S&aacute;nchez y Gerard Piqu&eacute; pudiesen amar as&iacute;, a hombres torcidos, a feminidades enga&ntilde;adoras, sin poder conservar al hacerlo su estatus como puntas de lanza de la sociedad masculina. Un mecanismo de pensamiento anal, extra&iacute;do de imaginarios cuartelarios que tiene consecuencias desastrosas. Estas crueldades desembocan en conceptos como el &ldquo;p&aacute;nico trans&rdquo; que pervive en algunos c&oacute;digos de leyes y sirve de eximente si un hombre mata a una mujer trans alegando un estado de enajenaci&oacute;n y miedo insuperables tras descubrir el &ldquo;enga&ntilde;o&rdquo;. No es ninguna broma, nunca lo es, jam&aacute;s se queda en cuchicheos de redes sociales. 
    </p><p class="article-text">
        La violencia machista se perpet&uacute;a as&iacute;, se aprende, se frivoliza con ella, se transmite como algo sin importancia, se incorpora al sistema de creencias y se lleva a cabo. Cuando alguien se r&iacute;e de que &ldquo;Bego&ntilde;a es un travelo&rdquo; o dice que &ldquo;Clara es un pavo&rdquo;, aunque sepa a la perfecci&oacute;n que no lo son, est&aacute; se&ntilde;alando a una y a otra como blancos leg&iacute;timos. Del mismo modo que se hace con la condici&oacute;n trans, se pueden elegir otras, es todo parte de la cultura patriarcal violenta que nos hace perder hermanas cada d&iacute;a. La calumnia es el recurso m&aacute;s preciado de los cobardes y la incapacidad para amar con valent&iacute;a, el caldo de cultivo en el que germinan los seres m&aacute;s odiosos que caminan por el mundo.
    </p><p class="article-text">
        No se me ocurre un escenario m&aacute;s positivo, avanzado y libre, que el de una sociedad en la que su presidente del Gobierno o el h&eacute;roe deportivo de turno caminen tranquilos y orgullosos de la mano de sus mujeres y estas fuesen p&uacute;blicamente trans. El d&iacute;a que lleguemos ah&iacute; habremos conseguido casi todo lo que importa.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alana Portero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/begona-gomez-clara-chia-panico-trans_129_10120721.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 15 Apr 2023 20:36:37 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/a519a5df-be8e-44cc-8897-8e1b8938df72_16-9-discover-aspect-ratio_default_1071187.jpg" length="4551381" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/a519a5df-be8e-44cc-8897-8e1b8938df72_16-9-discover-aspect-ratio_default_1071187.jpg" type="image/jpeg" fileSize="4551381" width="4483" height="2522"/>
      <media:title><![CDATA[Begoña Gómez, Clara Chía y el pánico trans]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/a519a5df-be8e-44cc-8897-8e1b8938df72_16-9-discover-aspect-ratio_default_1071187.jpg" width="4483" height="2522"/>
      <media:keywords><![CDATA[Transfobia,Personas trans]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El bardo manierista: a los 20 años de la muerte de Terenci Moix]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/bardo-manierista-20-anos-muerte-terenci-moix_129_10098486.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0bf713df-9562-4bc0-a6f7-138601bd0d30_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El bardo manierista: a los 20 años de la muerte de Terenci Moix"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El escritor barcelonés ha seguido vivo en la memoria de sus prestigiosos amigos y amigas pero no hay institución ni memoria literaria mediática que le recuerde como merece</p><p class="subtitle">Entrevista - Elvira Lindo: “Expresar tu opinión política y escribir luego una novela es un riesgo que tienes que asumir” </p></div><p class="article-text">
        El prestigio literario es una forma aceptada de clasismo y el paso a la posteridad, una dignidad que se otorga entre pares. Como toda jerarqu&iacute;a, la arbitrariedad y la conveniencia juegan un papel fundamental en sus designios y as&iacute; llegamos hasta los c&aacute;nones, que son retah&iacute;las de nombres propios grabados en la memoria gran&iacute;tica de los hombres, que no de la humanidad. 
    </p><p class="article-text">
        Se cumplen 20 a&ntilde;os de la muerte de Terenci Moix, escritor a&uacute;n m&aacute;s barcelon&eacute;s que catal&aacute;n, moderno, hermoso y manierista cuando todas estas cosas constitu&iacute;an m&aacute;s una sepultura cultural temprana que un valor art&iacute;stico. De alguna manera as&iacute; ha terminado siendo. A&uacute;n estaban elev&aacute;ndose las cenizas de Terenci la tarde del cuatro de abril de 2003 en el cementerio de Les Corts, cuando empezaba el estruendo de los cerrojos a su figura cultural, su memoria y sus libros. 
    </p><p class="article-text">
        Moix ha revivido apenas en la memoria de sus prestigiosos amigos y amigas, que nunca dejan de mencionarle, pero no hay instituci&oacute;n ni memoria literaria medi&aacute;tica que le recuerde como merece.
    </p><p class="article-text">
        A Terenci lo le&iacute;a much&iacute;sima gente, que es el primer paso para habitar el olvido del prestigio, era p&iacute;caro pero no c&iacute;nico, exhib&iacute;a su mitoman&iacute;a, su fetichismo por la belleza, del cine, de la historia, del tiempo y de la vida misma sin miedo a ser tachado de cursi; era carism&aacute;tico, capaz de hablar dos horas seguidas sobre la dinast&iacute;a Ptolomea y otras dos de chismorreos de sociedad sin que quien le escuchase percibiese fatiga alguna; era divertido, lenguaraz, curioso y vibrante. Maric&oacute;n sin el velo de correcci&oacute;n de la burgues&iacute;a que le rodeaba, muy poco interesado en habitar exclusivamente las esferas literarias, algo que por derecho le correspond&iacute;a, y m&aacute;s que dispuesto a sentarse en una tertulia televisiva de las ma&ntilde;anas para contar a las se&ntilde;oras su cat&aacute;logo de maravillas. El problema siempre ha sido este, escribir para quien necesita leer en lugar de hacer ofrendas literarias a los dioses del proselitismo.
    </p><p class="article-text">
        Entre tant&iacute;simas lecturas, Terenci escrib&iacute;a, tambi&eacute;n, para acompa&ntilde;ar a mujeres y maricas, fuese o no intencional. Y esto tambi&eacute;n ha pesado, como pesa siempre. 
    </p><p class="article-text">
        Su maravillosa <em>No digas que fue un sue&ntilde;o,</em> tan rica, desprejuiciadamente pasional, colorida como un <em>peplum </em>de los a&ntilde;os cincuenta, llena de ese rojo Heston y esas platas Taylor, es un ejemplo de literatura popular &uacute;nica que sin escatimar un &aacute;pice de virtuosismo, ni ahorrar lecciones de historia, teje un romance de cartel&oacute;n de cine pintado a mano, excesivo y conmovedor, una pieza literaria digna de soportar el paso del tiempo con el orgullo de una postal de Yvonne de Carlo.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">A Terenci Moix nunca se le ha perdonado su popularidad, su capacidad y vocación de comunicar con claridad para trabajadoras de la limpieza, adolescentes gays que van al cine solos o profesoras de historia</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La misma pluma escribi&oacute; <em>El d&iacute;a que muri&oacute; Marilyn</em> y <em>El peso de la paja, </em>de reciente reedici&oacute;n (Tusquets Editores), novela una, memorias la otra, textos de iniciaci&oacute;n a la vida que se cuentan entre las p&aacute;ginas m&aacute;s memorables de la literatura espa&ntilde;ola de la segunda mitad del siglo XX, ajenas a la contenci&oacute;n de Cernuda o Aleixandre, emparentadas con la astucia del mejor Gil de Biedma pero sin su ambig&uuml;edad, hermanas d&iacute;scolas de las tardes con Teresa de Mars&eacute;, caminan por la Barcelona de los sesenta y recorren callejones, urbanos y humanos con un pulso de sinceridad conmovedor, una esperanza triste y mucho humor.
    </p><p class="article-text">
        Sin Terenci Moix nuestra historia literaria contempor&aacute;nea no est&aacute; completa. <a href="https://www.elperiodico.com/es/ocio-y-cultura/20230404/podcast-periodico-terenci-moix-aniversario-85590329" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Dec&iacute;a hace muy poco Malcom Otero Barral</a> en <em>El p&oacute;dcast de El Peri&oacute;dico</em> que Terenci fue &ldquo;un gran escritor eclipsado por s&iacute; mismo&rdquo;. Una definici&oacute;n que, certera y expresada con mucha belleza, encierra muchas capas de injusticia. De los escritores de su generaci&oacute;n suele hablarse en t&eacute;rminos elogiosos tambi&eacute;n por sus personalidades, la intelectualidad de uno, los modales de otro, el sentido del humor del siguiente o hasta el mal car&aacute;cter. A Terenci nunca se le ha perdonado su popularidad, su capacidad y vocaci&oacute;n de comunicar con claridad para trabajadoras de la limpieza, adolescentes gays que van al cine solos o profesoras de historia. Ha pesado en su memoria lo que el gesto adusto de los apellidos compuestos considera frivolidad, que es una traducci&oacute;n severa para evitar decir &ldquo;cosas de mariquitas&rdquo;. La obra de Terenci es eso y mucho m&aacute;s, ninguna verg&uuml;enza le habitaba en ese despliegue de pluma y perlas. Su imaginario voluptuoso, socarr&oacute;n, culto y refrescante, lleno de vida, acabar&aacute; por ser redescubierto por generaciones necesitadas de referentes y vencer&aacute; al tiempo, ese que teme a las pir&aacute;mides.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alana Portero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/bardo-manierista-20-anos-muerte-terenci-moix_129_10098486.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 05 Apr 2023 20:17:28 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/0bf713df-9562-4bc0-a6f7-138601bd0d30_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="2221932" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/0bf713df-9562-4bc0-a6f7-138601bd0d30_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2221932" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El bardo manierista: a los 20 años de la muerte de Terenci Moix]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/0bf713df-9562-4bc0-a6f7-138601bd0d30_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Efemérides,Barcelona]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[A propósito de 'El feminismo queer es para todo el mundo']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/proposito-feminismo-mundo_129_9669021.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d6bd5f8e-2b9b-420b-9126-295f8668632a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="A propósito de &#039;El feminismo queer es para todo el mundo&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Quien siga creyendo que desde lo 'queer' se piensa en cerebros rosas y azules y otras leyendas tiene aquí una valiosa herramienta para solucionar ese malentendido</p></div><p class="article-text">
        La verdadera trampa de la diversidad ha sido la proliferaci&oacute;n de discursos, desde lo acad&eacute;mico hasta lo cotidiano, que desligan las vidas diversas, disidentes, no normativas, <em>queer</em> o como cada qui&eacute;n se sienta m&aacute;s c&oacute;modo llam&aacute;ndolas, de la experiencia universal humana. Desde las primeras articulaciones te&oacute;ricas del feminismo <em>queer</em>, marginal, fronterizo y transversal de las Combahee River en el 74, ha existido la contrapartida reaccionaria en forma de pataleta que, hist&oacute;ricamente, ha unido a ultraderecha y una parte muy poderosa y bien situada del feminismo institucional en un matrimonio por poderes de desprecio com&uacute;n que ha costado vidas. Solo enunciar la alianza Reagan/Raymond basta para ilustrarlo y provocar escalofr&iacute;os.
    </p><p class="article-text">
        La cultura de la deshumanizaci&oacute;n funciona casi siempre. Se ha probado con &eacute;xito desde las primeras experiencias coloniales, Goebbles la llev&oacute; a la cima del horror con su propaganda antisemita y personajes siniestros como <a href="https://www.eldiario.es/cultura/steve-bannon-manipulador-sombra-busca_1_1566009.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Steve Bannon</a> la han adaptado al presente y sus medios de comunicaci&oacute;n inmediata. En cada gesto airado de alguien que ocupa una posici&oacute;n de poder respecto a las exigencias en voz alta de una persona <em>subalterna</em>, que dir&iacute;a Spivak, hay un terror al desorden capitalista, blanco y de clase parecido al que supondr&iacute;a que los animales empezasen a hablar. Siglos de jerarquizaci&oacute;n violenta de las relaciones entre seres vivos hasta que se han hecho v&iacute;scera operan en estas reacciones terribles. 
    </p><p class="article-text">
        Es extra&ntilde;o leer hoy a eminentes psic&oacute;logos, profesoras, periodistas y otras gentes a las que se presupone cierto entendimiento de la realidad humana sorprenderse ante las vidas trans, la disconformidad de g&eacute;nero o la realidad de las distintas formas de relacionarse m&aacute;s all&aacute; de la monogamia, la heterosexualidad o el modelo de familia tradicional. Esa idea de que quienes, m&aacute;s o menos, encajan bajo el paraguas de lo <em>queer </em>son seres humanos que han brotado de las crecidas del r&iacute;o de la posmodernidad es un insulto a la esencia humana misma, sea esta la que sea. Negar una realidad humana o describirla mucho m&aacute;s compleja de lo que es para hacerla inabordable es un t&aacute;ctica mezquina que desgraciadamente funciona. Las personas <em>queer</em> han existido siempre y toda negaci&oacute;n de esta verdad hist&oacute;rica es un tipo de agresi&oacute;n.
    </p><h3 class="article-text"><strong>El feminismo </strong><em><strong>queer </strong></em><strong>es para todo el mundo</strong></h3><p class="article-text">
        A menudo se mencionan en estos cen&aacute;culos obsoletos las complejidades de las teor&iacute;as <em>queer</em> como galimat&iacute;as posmodernos inextricables y desconectados de la realidad material, para unos la obrera, para otros la burguesa. Esa misma cr&iacute;tica se hizo hace tiempo desde dentro de los activismos y las teor&iacute;as <em>queer</em>. De las muchas y leg&iacute;timas cr&iacute;ticas que pueden hacerse a estas corrientes, la falta de revisi&oacute;n, de una mirada cr&iacute;tica hacia dentro, no es una que se sostenga lo m&aacute;s m&iacute;nimo. 
    </p><p class="article-text">
        El &uacute;ltimo ensayo de la profesora de sociolog&iacute;a de la UCM, escritora y activista, Gracia Trujillo: <em>El feminismo queer es para todo el mundo</em>, publicado por Libros de la Catarata en enero de este 2022, pone sobre la mesa este mapeo de contradicciones de los feminismos <em>queer</em>, adem&aacute;s de repasar su historia, su genealog&iacute;a y su relaci&oacute;n con los feminismos tradicionales. 
    </p><p class="article-text">
        Nada en el texto ampl&iacute;a la cesura entre lo <em>queer</em> y lo excluyente -llamemos a las cosas por su nombre-. Sin renunciar a una posici&oacute;n decididamente acogedora, trata de se&ntilde;alar los objetivos comunes y lo consigue con una tormenta de referencias perfectamente ordenadas que enriquecen el texto y con reflexiones desde lo perif&eacute;rico que, adem&aacute;s de precisas e inteligentes, est&aacute;n llenas de ternura. Algo muy importante que aporta Trujillo en este libro es una definici&oacute;n de los contornos de lo <em>queer </em>-indefinible por naturaleza y vocaci&oacute;n- que barre con las ideas preconcebidas, los prejuicios y las malas intenciones. 
    </p><p class="article-text">
        La primera cr&iacute;tica a las identidades como colinas en las que morir por una simple definici&oacute;n se da en el activismo <em>queer</em> desde su mismo origen. Toda esa narrativa de la identidad por encima de lo com&uacute;n que se da desde la ultraderecha o desde lo excluyente es un invento o una mala lectura con las peores intenciones. A destacar en este sentido el cap&iacute;tulo siete del libro en el que se aborda lo identitario y se relaciona con la educaci&oacute;n. Quiz&aacute; la aportaci&oacute;n m&aacute;s valiosa de este trabajo de Gracia Trujillo sea la relativa al &aacute;mbito educativo. Quien siga creyendo que desde lo <em>queer </em>se piensa en cerebros rosas y azules y otras leyendas tiene aqu&iacute; una valiosa herramienta para solucionar ese malentendido.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Lo complejo y lo humano</strong></h3><p class="article-text">
        Lo que llamamos <em>queer, </em>y que en este art&iacute;culo se est&aacute; usando como paraguas dial&eacute;ctico para facilitar la lectura, es un conjunto de experiencias y testimonios en disputa que no acaban de caberle a la perfecci&oacute;n a ninguna de las personas que lo forman. Esa indefinici&oacute;n, ese continuo cuestionamiento que Gracia Trujillo explica muy bien, es la &uacute;nica <em>definici&oacute;n</em> posible del activismo y de los trabajos te&oacute;ricos agrupados en el t&eacute;rmino <em>queer. </em>Son experiencias que vienen de la calle, de lo molesto, de lo que no queda apropiado en las orlas y en las conferencias. Los feminismos negros, chicanos, latinos, indios; el trabajo sexual, la pluma desmedida, las vidas seropositivas, lo marica, lo bollero, lo <em>bi</em>cioso; hunde sus ra&iacute;ces en lo colonial, en la explotaci&oacute;n, en la letra escarlata y la patologizaci&oacute;n. Es la voz de la histeria, de la desmesura, de la familia elegida y de la colaboraci&oacute;n entre desechos de la sociedad patriarcal. No hay traje que ajuste realidades tan diferentes excepto el de la colaboraci&oacute;n y el apoyo mutuo. La paciencia con la que Trujillo explica esto en su texto es muy clarificadora. Lo <em>queer </em>es el resultante de una forma de entender las redes de apoyo entre parias y sus teor&iacute;as son el intento de vindicaci&oacute;n de las nadie frente a las atalayas del privilegio y la endogamia acad&eacute;mica.
    </p><p class="article-text">
        La complejidad te&oacute;rica de las aportaciones acad&eacute;micas <em>queer</em> -que la tienen-, los t&eacute;rminos que suelen usarse como burla para desacreditar lo que se ha hecho desde la intelectualidad <em>queer,</em> no es m&aacute;s que la reafirmaci&oacute;n de que academia pretende ser solo una y que la generaci&oacute;n de conocimiento tambi&eacute;n es una cuesti&oacute;n de clase y privilegios. 
    </p><p class="article-text">
        Usar a Judith Butler como chivo expiatorio de lo posmoderno, de la palabrer&iacute;a que nadie entiende y darle categor&iacute;a de charlatana a ella y al resto de autoras <em>queer,</em> es la forma que tiene el orden de decir que nada que venga del arroyo, del puter&iacute;o, del mariconeo, de un hatajo de bolleras merece la pena ser escuchado, aunque se haga bajo las normas dial&eacute;cticas de la respetabilidad, del academicismo m&aacute;s puro y sea una licenciada en Yale de clase alta quien lo diga.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alana Portero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/proposito-feminismo-mundo_129_9669021.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 30 Oct 2022 21:32:50 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/d6bd5f8e-2b9b-420b-9126-295f8668632a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="730643" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/d6bd5f8e-2b9b-420b-9126-295f8668632a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="730643" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[A propósito de 'El feminismo queer es para todo el mundo']]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/d6bd5f8e-2b9b-420b-9126-295f8668632a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Feminismo,Libertad sexual,Transexualidad,Bisexualidad,Patriarcado]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Matrix y las metáforas 'queer': una deuda cultural y política]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/matrix-cultura-queer-trans-politica_1_8597113.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f8ea75fd-c904-4cfc-95ad-8381ea8941ac_16-9-discover-aspect-ratio_default_1037442.jpg" width="4961" height="2790" alt="Matrix y las metáforas &#039;queer&#039;: una deuda cultural y política"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La propia Lilly Wachowski lo dijo con estas palabras: "Matrix es una metáfora trans"; otra cosa es lo que quedara de ella tras los recortes de la productora</p><p class="subtitle">Resumen - Todo lo que no recuerdas que sucedía en la trilogía de 'Matrix'</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;D&eacute;jame decirte por qu&eacute; est&aacute;s aqu&iacute;. Est&aacute;s aqu&iacute; porque sabes algo. No lo puedes explicar pero lo sientes. Lo has sentido toda tu vida. [...] No sabes qu&eacute; es pero est&aacute; ah&iacute;, como una astilla en tu mente, volvi&eacute;ndote loco&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Este fragmento de guion de <em>Matrix</em> (1999) suena a plegaria en el desierto para toda persona trans, o armarizada de alguna manera, que est&eacute; m&aacute;s o menos entrenada en pedir ser vista sin que se note que lo est&aacute; pidiendo. La saga, especialmente la primera pel&iacute;cula, encadena uno tras otro significados encapsulados que dibujan con bastante claridad los contornos de una experiencia trans o de liberaci&oacute;n de lo impuesto sobre las intimidades e identidades de los personajes. 
    </p><p class="article-text">
        Sobre esto se ha escrito largo y tendido hasta que todo debate qued&oacute; zanjado por una de las creadoras, Lilly Wachowski, en una entrevista para el canal de YouTube Netflix Film Club en el verano de 2020. En ella se pronunciaba con claridad diciendo que &ldquo;Matrix es una met&aacute;fora trans. Esa era la intenci&oacute;n inicial pero el mundo no estaba del todo listo. Me alegro de que al fin haya salido a la luz&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Matrix es una metáfora trans. Esa era la intención inicial pero el mundo no estaba del todo listo</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Lilly Wachowski</span>
                                        <span>—</span> Codirectora de la primera trilogía de &#039;Matrix&#039;
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        A menudo, desde la cultura LGTBIQ+, se habla del &ldquo;lenguaje del enemigo&rdquo; en referencia a todas esas frases hechas y acervos terminol&oacute;gicos acu&ntilde;ados por la ciencia y la sociolog&iacute;a cisheterosexual con las que generaciones de personas <em>queer,</em> especialmente trans, han sido obligadas a definir sus experiencias vitales: &ldquo;habitar el cuerpo equivocado&rdquo;, &ldquo;nacer X pero sentirse Z&rdquo;, etc. Un poco de esto hay en lo que qued&oacute; en el guion de <em>Matrix</em> una vez censurada debidamente la intencionalidad. 
    </p><p class="article-text">
        Las voces de las dos mujeres que escribieron la pel&iacute;cula terminaron adapt&aacute;ndose a intereses de producci&oacute;n y con la losa de la reacci&oacute;n cisheterosexual amenazando todo el contenido y las futuras carreras de las directoras. Aun as&iacute;, prestando la debida atenci&oacute;n, se hicieron escuchar alto y claro. &iquest;Qu&eacute; sucedi&oacute;? Que ese cercenado de guion qued&oacute; en el uso de met&aacute;foras muy sencillas, clar&iacute;simas para un p&uacute;blico que sabe identificarlas, pero lo suficientemente generales como para poder ser desvalijadas por la carro&ntilde;a intelectual que vive agazapada en los hormigueros de la ultraderecha y el conspiracionismo del misterio.
    </p><h3 class="article-text">Los de la pastilla roja</h3><p class="article-text">
        Matrix habla de transformaci&oacute;n, de liberaci&oacute;n, de identidad, de la posibilidad de elegir qui&eacute;nes somos, de ser acogidas en un entorno de parias que se alejan de la norma y, sobre todo, de amor. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo es posible que algo con una intenci&oacute;n tan precisa haya terminado en manos de lo peor de la cultura virtual? 
    </p><p class="article-text">
        La ultraderecha conspiracionista y sus ap&eacute;ndices anticulturales como los MTGOW <em>(Men Going Their Own Way),</em> organizaciones como QAnon y conocidos foros antifeministas, mis&oacute;ginos y relacionados con el acoso a mujeres y personas LGTBIQ+ carecen de cultura propia. Funcionan, por m&aacute;s que mencionen sin parar &ldquo;hechos&rdquo; y &ldquo;datos&rdquo;, a fuerza de creencias, dogmas y enso&ntilde;aciones supremacistas en las que ellos son los elegidos en un mundo que se pudre. Esa carencia la solucionan rapi&ntilde;ando conceptos ambivalentes, generales o que tengan un m&iacute;nimo asidero con el que darles la vuelta. 
    </p><p class="article-text">
        La narrativa de la liberaci&oacute;n, el elegido y la identidad en Matrix funciona de maravilla en este sentido. Seg&uacute;n estas personas, los que toman la pastilla roja metaf&oacute;rica son los que despiertan y descubren el enga&ntilde;o, la sociedad del control, los chips en las vacunas, la conspiraci&oacute;n marxista-vaticana, el <em>lobby queer, </em>la cr&iacute;tica de g&eacute;nero, el marxismo cultural, el s&iacute;ndrome de alienaci&oacute;n parental y la fabricaci&oacute;n de virus en laboratorios de China. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/73dea4cf-30f0-4203-b5ae-bf8ff3a0ff5b_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/73dea4cf-30f0-4203-b5ae-bf8ff3a0ff5b_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/73dea4cf-30f0-4203-b5ae-bf8ff3a0ff5b_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/73dea4cf-30f0-4203-b5ae-bf8ff3a0ff5b_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/73dea4cf-30f0-4203-b5ae-bf8ff3a0ff5b_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/73dea4cf-30f0-4203-b5ae-bf8ff3a0ff5b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/73dea4cf-30f0-4203-b5ae-bf8ff3a0ff5b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="La directora de &#039;Matrix Resurrections&#039;, Lana Wachowski, durante el estreno de la película el 18 de diciembre en California."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La directora de &#039;Matrix Resurrections&#039;, Lana Wachowski, durante el estreno de la película el 18 de diciembre en California.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        No deja de ser parad&oacute;jico que un tipo como Elon Musk, a trav&eacute;s de su jugueter&iacute;a a gran escala financiada por las esmeraldas que su familia expoli&oacute; durante el Apartheid, est&eacute; llenando la &oacute;rbita terrestre de sat&eacute;lites con prop&oacute;sitos poco claros mientras abandera el discurso<em> redpiller</em> (<a href="https://www.eldiario.es/cultura/trilogia-resumen-matrix-resurrection-claves_1_8588798.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los que eligen la pastilla roja</a>) del control y la hipervigilancia. Suerte que la mayor de las Wachowski le mand&oacute; en p&uacute;blico a hacer pu&ntilde;etas por hacer referencia a la p&iacute;ldora roja en Twitter. Ya que hablamos de disonancias cognitivas, quede claro que no hay ambig&uuml;edad en lo que las creadoras piensan de quienes tratan de usar Matrix como f&aacute;bula supremacista. Toda apropiaci&oacute;n en este sentido es esp&uacute;rea y falsa.
    </p><h3 class="article-text">Las hermanas Wachowski y 'Matrix: Resurrections'</h3><p class="article-text">
        Sea la saga Matrix una alegor&iacute;a trans o no, que lo es, lo cierto es que pertenece a la cultura <em>queer </em>porque sus creadoras lo son y porque se desarrolla entre par&aacute;metros que est&aacute;n fuera de las l&oacute;gicas cisheterosexuales. Dicha cultura, hasta hace muy poco tiempo, ya en el siglo XXI, no ha sido due&ntilde;a, ni creadora de las herramientas que necesitaba para desarrollarse en toda su autenticidad. Aquello que mencion&aacute;bamos antes del &ldquo;lenguaje del enemigo&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Si las tres primeras pel&iacute;culas supusieron una ruptura de los c&oacute;digos audiovisuales tan importante y cambiaron la forma de narrar la acci&oacute;n para siempre, imaginemos qu&eacute; podemos esperar de <em>Matrix: Resurrections</em> ahora que no hay por qu&eacute; esconder pistas de liberaci&oacute;n para iniciados, ahora que no hay ambig&uuml;edades que sirvan para desvalijarla, ahora que la narrativa es due&ntilde;a de s&iacute; misma y no arrastra los complejos y los miedos de hace veinte a&ntilde;os. Nada humano existe del todo sin la incorporaci&oacute;n de una parte de su cultura, en este caso la <em>queer</em>. Ignorarla solo mantiene a la sociedad en un infantilismo reactivo que le hace girar la cabeza ante algo que podr&iacute;a fascinarle solo por la falta de contacto con ella o que no la aprecie en toda su grandeza porque se la han reinterpretado para que no escape a las l&oacute;gicas de lo tolerable. 
    </p><p class="article-text">
        Ojal&aacute; sea esta cuarta entrega de la saga la que deje las cosas claras y acabe de una vez con los melindres aculturales de quienes no quieren ver m&aacute;s all&aacute; de su patio. No hace falta pertenecer a un colectivo para disfrutar de cualquier belleza que pueda ofrecer y aprender de ella.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alana Portero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/matrix-cultura-queer-trans-politica_1_8597113.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 23 Dec 2021 20:54:02 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/f8ea75fd-c904-4cfc-95ad-8381ea8941ac_16-9-discover-aspect-ratio_default_1037442.jpg" length="3340071" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/f8ea75fd-c904-4cfc-95ad-8381ea8941ac_16-9-discover-aspect-ratio_default_1037442.jpg" type="image/jpeg" fileSize="3340071" width="4961" height="2790"/>
      <media:title><![CDATA[Matrix y las metáforas 'queer': una deuda cultural y política]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/f8ea75fd-c904-4cfc-95ad-8381ea8941ac_16-9-discover-aspect-ratio_default_1037442.jpg" width="4961" height="2790"/>
      <media:keywords><![CDATA[Cine,Películas,Ciencia ficción]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La actriz Isabel Torres: una carrera que ha zanjado debates]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/actriz-isabel-torres-carrera-zanjado-debates_1_8494323.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/aed0e01e-9e1b-45b4-9c29-7ac3e0022a20_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La actriz Isabel Torres: una carrera que ha zanjado debates"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo que podría haber sido una prometedora filmografía de la actriz que interpreta de mayor a la protagonista de 'Veneno' se trunca con el anuncio del empeoramiento irremediable de su salud</p><p class="subtitle">Isabel Torres se despide de sus seguidores: "Me han dado dos meses de vida"</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Sostenidita, mi amor&rdquo;. As&iacute; dec&iacute;a Eugenia La Mora&iacute;ta que deber&iacute;a ser la vida. Eugenia hab&iacute;a pasado por Desenga&ntilde;o, Ballesta, Montera, La Casa de Campo, tres o cuatro pol&iacute;gonos y vuelta al centro de Madrid en su madurez. Siempre vencedora.
    </p><p class="article-text">
        Sostenidita, dec&iacute;a. Con tiempo para lo amargo, para lo dulce y para ese aburrimiento que queda entre medias, que, al cabo, suele ocuparlo casi todo. Llegar tarde a la vida obliga a apurarla como una perra hambrienta. Por el camino se muerden hasta piedras que revientan los dientes, pero da lo mismo, el tiempo, cuando se ha llegado tarde, es un <em>dealer </em>de ansiedades que no deja parar, esa es la idea primaria, no parar, la calma es el lujo de las que nacen con apellidos y un patio en el que peinarse tranquilas en verano. 
    </p><p class="article-text">
        Las vidas de las mujeres trans de mi generaci&oacute;n y de las anteriores, m&aacute;s o menos, han consistido en una mitad de niebla cerrada, un fr&iacute;o que empapa los huesos; y otra, bastante m&aacute;s corta, que arde de pura necesidad. Esa consunci&oacute;n como de fuego artificial no es innata, ni, como dicen las voces del odio, es culpa de las hormonas. Es todo arrebato, es todo reconstrucci&oacute;n, es todo un intento leg&iacute;timo de dejar huella m&aacute;s all&aacute; de la desgracia, del <em>pobrecita cu&aacute;nto ha sufrido. </em>
    </p><p class="article-text">
        Porque mira que se sufre. 
    </p><h3 class="article-text">La despedida</h3><p class="article-text">
        La actriz <a href="https://www.eldiario.es/vertele/noticias/isabel-torres-veneno-despide-seguidores-han-dado-meses-vida_1_8491525.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Isabel Torres acaba de despedirse de su p&uacute;blico</a>, de nosotras, de la vida p&uacute;blica a trav&eacute;s de un v&iacute;deo cortito que ha colgado en su Instagram y revienta el pecho de amor, de pena y de una ira que lleva a saltar hogueras y a gritar contra el mundo con voz de duende malo. Duele mucho escucharla. Parece que su c&aacute;ncer avanza ya irremediable y la cosa es cuesti&oacute;n de un par de meses, eso dicen sus m&eacute;dicos. 
    </p><p class="article-text">
        La esperanza de vida, m&aacute;s all&aacute; de la pu&ntilde;alada en el callej&oacute;n o de la paliza can&iacute;bal del p&aacute;nico trans, se acorta por este llevar la propia existencia a empujones, de logro en logro, de cuneta en cuneta, como completando un mapa que termina con la carta de naturaleza de ser humano, de mujer, como si hubiera una diosa al final que permite la entrada en el gineceo. Y no es justo.
    </p><p class="article-text">
        Sostenidita. Dec&iacute;a Eugenia, mi mora&iacute;ta, que ya se fue al cielo de las travestis.
    </p><p class="article-text">
        Imagina una vida sostenidita para forjar una carrera serena, para elegir caminos en tanto la clase lo permita, para formarse, para no apurar cada opci&oacute;n como si fuese el primer y &uacute;ltimo cop&oacute;n de reconocimiento al que se puede acceder. Para no tener que competir contra la vida misma desde que se nace.
    </p><p class="article-text">
        Isabel Torres, pionera de muchas cosas importantes, portada de Intervi&uacute;, presentadora de televisi&oacute;n y mujer&oacute;n desde que se quitaba muertos de asco de encima en el patio del colegio solo tuvo una oportunidad de verdad, una de las grandes, de las que prometen memoria o debacle. E hizo mucho m&aacute;s que limitarse a aprovecharla. Resulta que ten&iacute;amos a una actriz de las memorables agazapada entre la maleza de la transmisoginia y el figurantismo golfo al que la cultura popular hab&iacute;a condenado hasta hace casi nada a las m&aacute;s vistosas de entre las mujeres trans. Su trabajo en <em>Veneno</em>, la serie escrita y dirigida por Javier Ambrossi y Javier Calvo sobre el libro de Valeria Vegas, recuerda a las asperezas dram&aacute;ticas de toda una Lola Gaos y a las exuberancias bien medidas de la mejor Victoria Abril. 
    </p><h3 class="article-text">El debate</h3><p class="article-text">
        La conversaci&oacute;n sobre la pertinencia o no de qui&eacute;n interpreta a qui&eacute;n en las ficciones que incluyen personajes trans, tiene que ver con esto. Con las oportunidades, con la equidad. Hasta que las historias trans no se cuenten por personas trans, van a sobrar clich&eacute;s y faltar matices. Por qu&eacute;, desde el punto de vista de quien se sienta delante de una pantalla, vas a preferir las inconsistencias de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/chica-danesa-interpreta-chico_1_4242840.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Eddie Redmayne tratando de resolver la interpretaci&oacute;n de una mujer</a> desde el pesta&ntilde;eo exagerado, el ladeo de cabeza de cachorra sometida y la sonrisita boba, que la bofetada de verdad que puede darte una Isabel Torres, una MJ Rodr&iacute;guez o una Abril Zamora. Dejando para otro momento qu&eacute; diablos hace un hombre interpretando a una mujer existiendo las actrices. Este debate, c&iacute;clico y que siempre se da en las coordenadas err&oacute;neas, no tiene que ver con el talento, o no solo, tiene que ver con una imagen incompleta de las vidas trans que hasta ahora han sido contadas por quienes las ven desde lejos y se las tienen que imaginar. Faltaba la versi&oacute;n original, ese desmentido que solo puede darse a trav&eacute;s del testimonio en primera persona, ese &ldquo;nosotras no somos as&iacute;&rdquo; que afina las narrativas. La enorme brecha de inclusi&oacute;n laboral que sufren las mujeres trans no es, ni mucho menos, ajena al arte dram&aacute;tico, acaso es una brecha a&uacute;n m&aacute;s ancha y m&aacute;s profunda. Solucionarla, alcanzar la equidad, es lo que acabar&aacute; por relajar las tensiones entre quienes necesitan contar sus propias historias y quienes acaban por contarlas.
    </p><h3 class="article-text">Isabel</h3><p class="article-text">
        Isabel Torres es la viva, viv&iacute;sima imagen de esta verdad palmaria. La encarnaci&oacute;n de esa verdad incontestable. Su talento pas&oacute; desapercibido muchos a&ntilde;os y de repente explot&oacute; en la cara de medio mundo. No sirve para nada fabular sobre qu&eacute; hubiera podido hacer Isabel desde el privilegio de la normalidad, de la inclusi&oacute;n, de la igualdad de condiciones, pero conviene dejarlo escrito para que quien quiera, lo piense en casa. S&iacute; es justo y necesario celebrar la vida de una actriz excelsa que ha enriquecido <a href="https://www.eldiario.es/vertele/temas/veneno/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la cultura de un pa&iacute;s en ocho episodios</a>. Que ya forma parte de la mejor historia del entretenimiento y del arte. 
    </p><p class="article-text">
        Sean dos, cuatro, diez o cien los meses que tenga por delante, sean testigos de los honores que merece recoger, que retumbe la memoria de las que no pudieron llegar aplaudiendo a la que lo ha hecho, que no dejemos de mirarla y agradecerle el camino abierto y pavimentado de alegr&iacute;a que deja.
    </p><p class="article-text">
        Eterna en vida, reina canaria. Eterna en vida.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alana Portero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/actriz-isabel-torres-carrera-zanjado-debates_1_8494323.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 16 Nov 2021 12:37:58 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/aed0e01e-9e1b-45b4-9c29-7ac3e0022a20_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="2782284" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/aed0e01e-9e1b-45b4-9c29-7ac3e0022a20_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2782284" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La actriz Isabel Torres: una carrera que ha zanjado debates]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/aed0e01e-9e1b-45b4-9c29-7ac3e0022a20_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[LGTBI,Transexualidad,Cine,Cine español,Series,Series de televisión,Personas trans]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La institucionalización de la violencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/institucionalizacion-violencia_129_8287991.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cc4311c6-c83c-4e90-84f7-7180f7659e2d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La institucionalización de la violencia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las mujeres y las personas LGTBIQ sabemos muy bien cómo funciona la construcción del maricón liante, de la mujer mentirosa, de la trans amenazante o del bisexual perverso</p></div><p class="article-text">
        Entiendo que bajo la tiran&iacute;a informativa de lo escabroso, de lo que se puede utilizar para abrir tertulias e informativos volcando un cubo de carne fresca en la mesa, todo intento de mantener el foco en lo importante resulta tan efectivo como ponerse a gritar en plena tormenta. Aun as&iacute; merece la pena que lo intentemos.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n fuentes policiales la brutal agresi&oacute;n hom&oacute;foba que se produjo en Madrid, en el barrio de Malasa&ntilde;a, hace tres d&iacute;as, no fue tal. Parece que desde el principio la versi&oacute;n del supuesto agredido result&oacute; sospechosa a los polic&iacute;as encargados de la investigaci&oacute;n y que, tras varias tomas de declaraciones, acab&oacute; confesando que las lesiones que presentaba formaban parte de un encuentro sexual consentido; que hab&iacute;a decidido denunciar para encubrir una infidelidad a su pareja. Lo escabroso, los detalles sanguinolentos con los que nos hemos acostado estos d&iacute;as, los que nos han quitado el sue&ntilde;o y nos han hecho temblar, han dado un doble mortal en su desempe&ntilde;o y vamos a conocerlos a&uacute;n m&aacute;s en detalle para que a nadie le quede duda de la depravaci&oacute;n y las mentiras de la que es capaz un colectivo entero. Ni encapuchados, ni torturas. Nos quedan d&iacute;as de se&ntilde;alamiento inmisericorde de maricones, bolleras, bisexuales y personas trans. Las 722 agresiones por odio LGTBIQ denunciadas este a&ntilde;o desle&iacute;das autom&aacute;ticamente por una supuesta denuncia falsa de la que solo sabemos lo que nos ha dicho la polic&iacute;a. No es justo. Y es pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        A Samuel, bendito sea, le mataron al grito de maric&oacute;n y le hicieron luz de gas posmortem, que es otra forma de agresi&oacute;n, hasta que se abri&oacute; el sumario en el que se demostraba, a&uacute;n m&aacute;s claramente, que uno de los asesinos ten&iacute;a &ldquo;un problema con los maricones&rdquo;. Este mismo fin de semana se han producido cuatro agresiones m&aacute;s con la misma motivaci&oacute;n y al final lo que queda flotando son ri&ntilde;as de botell&oacute;n, cosas de borrachos o las acciones puntuales del macarra de turno.
    </p><p class="article-text">
        Quienes hemos sufrido en carne propia la violencia machista y de odio LGTBIQ sabemos de sus particularidades y de su institucionalizaci&oacute;n. Sabemos que si alguien interviene es para sacarnos a las agredidas del lugar en el que estemos, nunca al agresor, al que se le calma de buenas maneras y hasta se le invita a tomar algo para rebajar el ambiente. Sabemos c&oacute;mo van a mirarnos en comisar&iacute;a si denunciamos, c&oacute;mo nos pueden llegar a hacer sentir, de tal modo, que a menudo no merece la pena continuar con el proceso y lo &uacute;nico que quieres es llegar a tu casa y llorar la impotencia hasta que se vaya. Esto es institucionalizaci&oacute;n de la violencia: las vagas respuestas ciudadanas -capaz de justificar lo injustificable-, la inseguridad que provoca poner una denuncia en dependencias policiales y el modo en el que la prensa va a elegir informar de ello.
    </p><p class="article-text">
        Todo este paisaje acolchado para el agresor, toda la puesta en duda de los testimonios de quienes reciben la violencia, son herramientas pol&iacute;ticas perfectamente afiladas con un prop&oacute;sito claro. Se habla de batallas culturales, de visibilidad y de la reacci&oacute;n resultante. Esto es correcto, pero conviene contextualizarlo en nuestro d&iacute;a a d&iacute;a, en lo que vemos y o&iacute;mos y en c&oacute;mo se decantan los mensajes pol&iacute;ticos hasta envenenar la convivencia de un modo insoportable.
    </p><p class="article-text">
        Las luchas LGTBIQ han sido moneda de cambio desde su origen. Para destruir la memoria diversa de una naci&oacute;n o para usarla como medalla que colgarse ante los vecinos. A estas alturas todos sabemos que las im&aacute;genes de la famosa hoguera de libros alimentada por los nazis en el 33, pertenecen al instituto de sexualidad humana de Berl&iacute;n. Y que borrar los aires de libertad sexual que se dieron durante la rep&uacute;blica de Weimar era una prioridad. La memoria LGTBIQ es parte ineludible de la memoria, la justicia y la libertad de una sociedad, un indicador muy eficiente de las mismas.
    </p><p class="article-text">
        Del mismo modo, las sacadas de pecho ante todas esas encuestas que proclaman a Espa&ntilde;a como un para&iacute;so de integraci&oacute;n LGTBIQ, muestran la enorme disonancia que existe entre lo que decimos y vivimos las personas que integramos este colectivo y lo de lo que presumen quienes dicen garantizar nuestras libertades. Solo tienen que preguntarnos por una vez a nosotras en lugar de preguntarse siempre a s&iacute; mismos.
    </p><p class="article-text">
        Una no puede evitar quedarse perpleja ante la paradoja de estar ante instituciones pol&iacute;ticas que se felicitan por el trabajo bien hecho y al mismo tiempo acogen en la c&aacute;mara suprema de representaci&oacute;n ciudadana, y hasta pactan con ella llegado el momento, a una formaci&oacute;n pol&iacute;tica que afirma la preeminencia legal y social de las personas cisheterosexuales sin complejos y que contempla, por ejemplo, las terapias de conversi&oacute;n como una posibilidad para las personas LGTBIQ.
    </p><p class="article-text">
        Cuando la ultraderecha dice las cosas que dice, cuando los que se sientan con ellos blanquean el discurso de odio, est&aacute;n, entre todos, dando permiso o legitimando que sus votantes y todas aquellas personas que guardaban su odio por verg&uuml;enza social, pierdan los escr&uacute;pulos y exhiban en voz alta y clara las barbaridades correspondientes. Sabemos por experiencia hist&oacute;rica que esas palabras suelen convertirse en se&ntilde;alamientos. Los hemos sufrido en nuestras propias carnes desde hace demasiado tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Cuesta mucha insistencia y mucho poner el cuerpo que nos crean y hace falta muy poco para aligerar nuestras reivindicaciones, para convertirlas en algo fr&iacute;volo, exagerado o insustancial. Las mujeres y las personas LGTBIQ sabemos muy bien c&oacute;mo funciona la construcci&oacute;n del maric&oacute;n liante, de la mujer mentirosa, de la trans amenazante o del bisexual perverso.
    </p><p class="article-text">
        La naturaleza de una agresi&oacute;n es esquiva, muchas de nosotras nos hemos dado cuenta de que hemos sido agredidas mucho tiempo despu&eacute;s de que se haya producido el hecho. Los consentimientos difusos, es decir, los que se dan por sentados, han librado a muchos agresores de afrontar consecuencias y han confundido durante a&ntilde;os a sus v&iacute;ctimas.
    </p><p class="article-text">
        Si el chico de Malasa&ntilde;a ha mentido no cabe duda de que ha hecho mucho da&ntilde;o a las verdaderas v&iacute;ctimas y ha cometido un acto despreciable. Pero mucho peor es hacer de su miedo un motivo para olvidar que los delitos de odio est&aacute;n creciendo a&ntilde;o tras a&ntilde;o, que la realidad se nos ha hecho m&aacute;s complicada a las mujeres y las personas LGTBIQ, que tenemos m&aacute;s miedo porque percibimos amenazas reales. Y que todo eso tiene una responsabilidad pol&iacute;tica e institucional clara e ineludible.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alana Portero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/institucionalizacion-violencia_129_8287991.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Sep 2021 20:13:02 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/cc4311c6-c83c-4e90-84f7-7180f7659e2d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="84954" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/cc4311c6-c83c-4e90-84f7-7180f7659e2d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="84954" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La institucionalización de la violencia]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/cc4311c6-c83c-4e90-84f7-7180f7659e2d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pandemia de andar por casa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/pandemia-andar-casa_129_1154945.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/302b4e07-9dde-4eb2-9bb7-aba95c96768b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pandemia de andar por casa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mi aportación es ser la columnista que no aportó nada</p></div><p class="article-text">
        Por una vez concuerdo con Javier Mar&iacute;as -cosas de la cuarentena y el hast&iacute;o- cuando dice al inicio de <em>Tu rostro, ma&ntilde;ana</em> que: &ldquo;uno no deber&iacute;a contar nada&rdquo;. Durante las &uacute;ltimas dos semanas, entre cuidados, cambios log&iacute;sticos, angustias y otras soledades debidas al coronavirus, he le&iacute;do con mucho inter&eacute;s las columnas de mis colegas. La pandemia vista con perspectiva de g&eacute;nero y de clase, los art&iacute;culos cient&iacute;ficos, los intentos por exponer herramientas psicol&oacute;gicas, los desahogos y las llamadas al &aacute;nimo. Todos me parecen bien. De todos he aprendido y hasta los que me indignan sirven para activar algo en mi cerebro que se va durmiendo por culpa del confinamiento. La rutina, la m&iacute;a, no es tan diferente a la habitual, solo he perdido los aliviaderos, ese par de d&iacute;as a la semana en los que ocuparme de mis propios asuntos, poder trabajar sin mirar la hora y ver otras caras, tocar otros cuerpos.
    </p><p class="article-text">
        Todo lo dem&aacute;s es hast&iacute;o. Una gran nada que ni puede definirse como asfixiante. Mantener a las personas a mi cargo sanas es la &uacute;nica misi&oacute;n, lleva todo el d&iacute;a, pero son acciones contadas que no se diferencian en nada con las que eran antes de todo esto. Mientras, el tiempo, el murmullo de la radio, de la televisi&oacute;n, de la m&uacute;sica y hasta de los libros. Todo es murmullo amorfo. La emocionalidad, en lugar de dispararse, se me ha quedado escu&aacute;lida. He perdido a dos miembros de mi familia en lo que va de pandemia, la imposibilidad del duelo, mejor dicho, del ritual, no ha ca&iacute;do ni como una losa, ni como un mazazo, ni como nada. El dolor ha sido absorbido por un paso del tiempo fofo y muy poco &eacute;pico.
    </p><p class="article-text">
        Escucho las recomendaciones del Ministerio de Sanidad, las sigo como puedo y poco m&aacute;s. En medio de los aplausos de las ocho me siento un poco el mayor Tom al que le preguntan desde La Tierra si a&uacute;n puede escucharles. El miedo a no poder pagar mi casa, a perder m&aacute;s trabajos, a perder m&aacute;s familiares o a enfermar se me ha hecho mediocre, como una escocedura en mal sitio. En ese abismo de la pena dom&eacute;stica y enfrentando problemas realmente serios con cara de interrogaci&oacute;n me encuentro.
    </p><p class="article-text">
        Mi pandemia es una pandemia de moqueta y ch&aacute;ndal barato que come pan de molde. Que va acumulando todos estos pesares, todos estos miedos, todos estos anhelos, todo este amor que no estoy dispensando para despu&eacute;s, para cuando esto termine. Esto s&iacute; me da miedo, esta asepsia fea y con pelotillas, este vac&iacute;o creciente e incr&eacute;dulo, esta hiperconsciencia medio c&iacute;nica que se me ha instalado y que me impide conmoverme como supongo que deber&iacute;a. O es un mecanismo de defensa o una huida hacia adelante que va a salir mal. Me gustar&iacute;a aportar toda esa claridad que escritoras mucho mejores que yo est&aacute;n exhibiendo, todo ese an&aacute;lisis de la realidad que yo no alcanzo a ver en zapatillas de estar por casa.
    </p><p class="article-text">
        Esta columna apela a la mediocridad, a la pesadez de miembros y de cabeza, a la distancia social que se ha hecho s&iacute;ndrome y a la incapacidad para reaccionar con fiereza, alegr&iacute;a o inteligencia suficientes. Tambi&eacute;n sucede, espero que suceda, necesito que suceda para no sentirme una persona cuestionable. Si lo nuestro no va a ser la utilidad, que sea la comuni&oacute;n. A menudo leo c&oacute;mo nos preguntamos unas a otras qu&eacute; es lo primero que vamos a hacer cuando termine el confinamiento. Antes de los besos, de los abrazos, de los paseos, de esa cerveza fr&iacute;a al sol o de correr unos kil&oacute;metros, me gustar&iacute;a despertar de este sue&ntilde;o de sudadera y calcetines gordos y llorar un mundo, sentir todo el miedo de golpe, experimentar el vac&iacute;o de los que se han ido en toda su amargura, reconectar con ese mundo que ahora veo a trav&eacute;s de unas cortinas feas, aburridas y no demasiado limpias. Siento no ser de m&aacute;s utilidad. Mi aportaci&oacute;n es ser la columnista que no aport&oacute; cuando tocaba. Mucha suerte y mucha fuerza.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alana Portero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/pandemia-andar-casa_129_1154945.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 Mar 2020 19:06:52 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/302b4e07-9dde-4eb2-9bb7-aba95c96768b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="87986" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/302b4e07-9dde-4eb2-9bb7-aba95c96768b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="87986" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Pandemia de andar por casa]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/302b4e07-9dde-4eb2-9bb7-aba95c96768b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Coronavirus]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Por todas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/todas_129_1002203.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/befc38ed-88d9-4650-ba09-6d16756aaa30_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Foto: Colectivo Feministas en Movimiento"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El 8M de las que no pueden salir a la calle pero nos han traído hasta aquí</p><p class="subtitle">DIRECTO | 8M: el feminismo sale a la calle para pedir la igualdad real</p></div><p class="article-text">
        El &eacute;xito de las marchas del 8M de los &uacute;ltimos a&ntilde;os, el gran trabajo de los feminismos de base, los esfuerzos por tender las manos de unas mujeres a otras, han convertido esa fecha &ndash;d&iacute;a de la mujer trabajadora&ndash; en un evento pol&iacute;tico y social imposible de obviar por la molicie patriarcal. Sea en las conversaciones de descansillo o en los medios.
    </p><p class="article-text">
        Cuando una acude a alguna de las marchas m&aacute;s multitudinarias se contagia de una energ&iacute;a muy especial, pura electricidad, si no hay incidentes, vuelve a casa con el ruido de fondo y el entusiasmo metidos en el pecho, con la sensaci&oacute;n f&iacute;sica y emocional de haber conquistado un espacio que a&uacute;n nos est&aacute; vedado. Las calles tambi&eacute;n son nuestras pero queda mucho para disfrutarlas d&iacute;a a d&iacute;a &ndash;sobre todo noche a noche&ndash; como lo hacen los hombres.
    </p><p class="article-text">
        Comienzo este texto describiendo esa sensaci&oacute;n maravillosa de sororidad, tensi&oacute;n y conquista, porque quiero recordarla y, sobre todo, porque quiero traslad&aacute;rsela a quienes no han ido y no podr&aacute;n ir.
    </p><p class="article-text">
        Este a&ntilde;o, ya es el segundo, mi 8M es el de una cuidadora m&aacute;s, el de las rutinas de asistencia a quienes dependen de m&iacute;, el de las medicinas, el de lavar otros cuerpos, el de tenerlo todo a punto, recibir la visita de alguna vecina que echa una mano, tomar un caf&eacute;, preparar la noche y acostarse pronto. Como yo, otras cuidadoras tendr&aacute;n un d&iacute;a similar, rutinario, sin derecho a esa electricidad maravillosa que sucede cuando tantas mujeres salen juntas, gritan juntas, cantan juntas y r&iacute;en juntas.
    </p><p class="article-text">
        Pienso en las mujeres que est&aacute;n convencidas de ser demasiado mayores o se sienten demasiado lejanas a este movimiento s&iacute;smico femenino. Pienso en las que no pueden participar porque no se lo permiten sus maridos, en las que ya no est&aacute;n porque nos las han matado, en las que tienen miedo, en las que se sienten rid&iacute;culas, en las que viven aisladas y no pueden formar tejidos feministas, en las que estar&aacute;n trabajando &ndash;precarias perdidas&ndash; y no tienen el cuerpo para l&iacute;os. Pienso en las mujeres a las que se les ha fallado y no sienten que sea su espacio: mujeres racializadas, mujeres migrantes, mujeres trans como yo misma, mujeres discapacitadas, mujeres neurodivergentes, prostitutas, tantas y tantas.
    </p><p class="article-text">
        Hemos sido capaces de abofetear con fuerza la atenci&oacute;n del mundo, los feminismos no paran de crecer en complejidad, presencia pol&iacute;tica, presencia social, influencia y potencial transformador. Bien por todas, y digo todas, nosotras.
    </p><p class="article-text">
        Ojal&aacute; toda esta belleza transformadora sepa extenderse a esas mujeres que anudan un pa&ntilde;uelito morado en la ventana con las manos rotas de tanto fregar, ojal&aacute; sepamos contarles sin un &aacute;pice de condescendencia que todo esto tambi&eacute;n lo han hecho ellas, que no son periferia o no son solo beneficiarias del trabajo de otras, que nos han hecho m&aacute;s fuertes, m&aacute;s listas, m&aacute;s hermosas y m&aacute;s libres.
    </p><p class="article-text">
        Que las que estar&aacute;n en casa cuidando de las que ya no pueden valerse, est&aacute;n haciendo feminismo puro, unas y otras, cuidadoras y cuidadas, que sin esos cimientos no somos nadie.
    </p><p class="article-text">
        Ojal&aacute;, en las marchas, grandes o peque&ntilde;as, haya un hueco para las que no est&aacute;n pero nos sostienen. Las que nos hacen mejores. Las vecinas que nos traen ese cafelito a media tarde y nos preguntan qu&eacute; tal estamos. Las que apenas ver&aacute;n esta alegr&iacute;a por televisi&oacute;n, se acostar&aacute;n prontito y caer&aacute;n rendidas.
    </p><p class="article-text">
        Ojal&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        Por todas. Feliz y combativo 8M.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alana Portero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/todas_129_1002203.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Mar 2020 19:52:14 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/befc38ed-88d9-4650-ba09-6d16756aaa30_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="50261" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/befc38ed-88d9-4650-ba09-6d16756aaa30_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="50261" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Por todas]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/befc38ed-88d9-4650-ba09-6d16756aaa30_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[8M]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
