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    <title><![CDATA[elDiario.es - Carla Boyera]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/carla-boyera/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Carla Boyera]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA['Un lugar en la cumbre', palabras clave: guaperas clase obrera, niñata rica, madurita demasiada mujer, lucha de clases, edadismo, free cinema]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/lugar-cumbre-palabras-clave-guaperas-clase-obrera-ninata-rica-madurita-mujer-lucha-clases-edadismo-free-cinema_1_9719777.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/32dcacd6-439d-4fd2-a3c7-58449335f659_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Un lugar en la cumbre&#039;, palabras clave: guaperas clase obrera, niñata rica, madurita demasiada mujer, lucha de clases, edadismo, free cinema"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">“Te puedes enamorar de quien quieras, pero no tienes derecho a enamorarte de su dinero". El orgullo de clase trabajadora y las ansias capitalistas no casan bien.</p></div><p class="article-text">
        Dirigida por Jack Clayton y basada en la novela hom&oacute;nima de John Braine, 'Un lugar en la cumbre' (1959) est&aacute; considerada una de las mejores pel&iacute;culas de la historia del cine brit&aacute;nico, obra culmen del movimiento cinematogr&aacute;fico conocido como &lsquo;<em>free cinema&rsquo;</em>. Este movimiento empez&oacute; a forjarse a finales de la d&eacute;cada de los 50 y pugnaba por rebelarse contra el puritanismo y el conservadurismo proponiendo pel&iacute;culas que se alejaran del canon cinematogr&aacute;fico hollywoodiense al tiempo que criticaban la sociedad brit&aacute;nica de posguerra. El &lsquo;<em>free cinema</em>&rsquo; fue principalmente un cine social que reivindicaba la conciencia de clase mediante guiones que problematizaban las mugres de la &eacute;poca: desigualdades econ&oacute;mico-sociales, corrupci&oacute;n, injusticias. La est&eacute;tica, casi documental en ocasiones, consigue aterrizarnos en lo cotidiano-mundano y facilita la identificaci&oacute;n con los personajes; poco artificio, mucho neorrealismo italiano; adi&oacute;s a las estrellas de Hollywood y a sus vidas irreales de glamuroso privilegio con las que las espectadoras no tenemos nada que ver.
    </p><p class="article-text">
        La magn&iacute;fica interpretaci&oacute;n de Simone Signoret le vali&oacute; un &Oacute;scar, un BAFTA y un premio a la interpretaci&oacute;n femenina en el Festival de Cannes. A esta prol&iacute;fica actriz, con m&aacute;s de cuarenta trabajos interpretativos en su carrera, le fueron asignados en varias de sus pel&iacute;culas (sobre todo en las iniciales) papeles de prostituta que, seg&uacute;n dec&iacute;an, encajaban <em>con su f&iacute;sico</em> y <em>con su car&aacute;cter</em>. Me pregunto qu&eacute; <em>car&aacute;cter</em> hay que tener para que te den trabajos de puta en el cine y si no podemos deducir desde ah&iacute; que los directoros ten&iacute;an car&aacute;cter (quiz&aacute;s tambi&eacute;n f&iacute;sico) de puteros y/o de proxenetas. 
    </p><p class="article-text">
        Joe Lampton (Laurence Harvey), esperando prosperar y dejar atr&aacute;s las miserias de su contexto familiar de clase trabajadora sin recursos, llega a la ciudad de Warnley con la ambici&oacute;n por delante, con hambre de comerse el mundo. Las primeras im&aacute;genes de la pel&iacute;cula nos ofrecen una panor&aacute;mica de la ciudad como met&aacute;fora de posibilidades. Joe sale del taxi mirando hacia arriba, siguiendo con los ojos las agujas de los altos edificios y subiendo las escaleras que lo conducir&aacute;n hasta su nuevo empleo; est&aacute; buscando su lugar en la cumbre, y lo har&aacute; ni m&aacute;s ni menos que tirando de su capital er&oacute;tico: Joe es un guaperas clase obrera. 
    </p><p class="article-text">
        La primera conversaci&oacute;n con su nuevo jefe da forma a los discursos clasistas en la dualidad pueblo/ciudad. El sentimiento de superioridad de aquellos que habitan la cumbre y el consecuente desprecio por la clase trabajadora queda m&aacute;s enfatizado a&uacute;n si cabe por una procedencia pueblerina. Por otro lado, una visita fugaz de Joe a su pueblo nos deja con una frase demoledora pronunciada por su t&iacute;a: &ldquo;<em>Te puedes enamorar de quien quieras, pero no tienes derecho a enamorarte de su dinero&rdquo;. </em>El orgullo de clase trabajadora y las ansias capitalistas no casan bien.
    </p><p class="article-text">
        Susan Brown es la ni&ntilde;ata rica a partir de la cual se activan las narrativas de c&oacute;mo el privilegio y el poder se heredan entre la clase alta blanca, la importancia de la sangre y la responsabilidad que acarrean los genes. Mientras la vemos pein&aacute;ndose en su camerino, con Joe acech&aacute;ndola desde el quicio de la puerta como un le&oacute;n, sabemos que esta cervatilla se configura presa f&aacute;cil: cuando ser rica va de la mano con ser complaciente con el g&eacute;nero masculino y extremadamente <em>naive</em>, el peaje que se paga es no saber defenderte sola en un mundo de machos interesados. No se puede ser la ni&ntilde;ita de pap&aacute; sin que eso tenga nefastas consecuencias sobre la propia agencia: ser <em>forever</em> infantilizada significa estar siempre protegida, pero con papa&iacute;to moviendo los hilos de tu vida por ti. 
    </p><p class="article-text">
        Aunque el '<em>free cinema'</em>  fuera rupturista en muchos aspectos, hay que se&ntilde;alar que en esta pel&iacute;cula no se escatimaron comentarios machistas y mis&oacute;ginos en conversaciones con un alto nivel de objetualizaci&oacute;n y cosificaci&oacute;n de las mujeres. Pero no solo los personajes j&oacute;venes y ambiciosos de la pel&iacute;cula ven a las mujeres como una buena tirolina hacia el &eacute;xito; en el R&eacute;gimen Heterosexual tambi&eacute;n hay Black Friday para los m&aacute;s mayores: son los pactos entre el patriarcado y el capital. As&iacute;, veremos a los dos machos recelosos de sus hembras-propiedad (el padre de Susan y el marido de Alice, protectores de su herencia y protectores de su ego, respectivamente) desplegando las mejores ofertas para Joe, un pretendiente harto molesto. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Alice Aisgill (Simone Signoret), demasiada mujer                            </span>
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        Joe se apunta a un club de teatro en un intento de acercarse a Susan sin sospechar que all&iacute; conocer&aacute; a la tremenda mujer que es Alice Aisgill, una madura de edad indeterminada con la que Joe puede bajar la guardia y mostrarse tal y como es, sin complejos de clase. Alice lo trata como a un igual, sin condescendencia, y qu&eacute; gusto ver que una mujer puede ser arrebatadoramente seductora sin necesidad de empeque&ntilde;ecerse o bobalizarse. Es la voz de Alice la m&aacute;s interesante de toda la pel&iacute;cula, la que pronuncia verdades y juicios certeros, aunque vayan en contra del inter&eacute;s de sus propios sentimientos. Alice no enga&ntilde;a ni se deja enga&ntilde;ar y hasta para su marido es claro que la amistad con Joe se ha hecho tan grande que ha tomado proporciones rom&aacute;nticas. Una historia de amor subversiva que rompe con el clich&eacute; de la diferencia de edad en las parejas heterosexuales porque ella es mayor que &eacute;l. Mientras la relaci&oacute;n de Joe y Susan nos provoca bostezos y sus conversaciones son aburridamente previsibles e insustanciales, los minutos entre Joe y Alice se desarrollan en di&aacute;logos m&aacute;s transgresores, intensos y profundos, aunque no exentos del clich&eacute; de los celos y la pertenencia. 
    </p><p class="article-text">
        Alice es demasiada mujer y se come a Joe con patatas, poni&eacute;ndolo en su sitio ante sus (in)coherencias de macho y sus contradicciones de clase, sin cuidar su fr&aacute;gil masculinidad. <em>&ldquo;&iquest;Por qu&eacute; demonios tienes que ser tan honesta?&rdquo;</em>, dice un Joe que se queja de lo que no quiere o&iacute;r. Una mujer fuerte, resiliente, carism&aacute;tica, culta, inteligente, independiente y aut&oacute;noma pese a estar atada: su marido la odia lo suficiente como para no querer verla ni libre ni feliz, y la tiene tan configurada como su propiedad que no est&aacute; dispuesto a dejarla marchar. Como en todas las relaciones de poder, no hay amor. 
    </p><p class="article-text">
        El tri&aacute;ngulo protagonizado por Susan-Joe-Alice nos revela el poder del capitalismo emergente tras la Segunda Guerra Mundial para posibilitar la existencia o legitimar los v&iacute;nculos sexoafectivos. Las jerarqu&iacute;as que delimitan y definen las relaciones de subordinaci&oacute;n/dominaci&oacute;n atraviesan a les tres protagonistas por igual aunque de manera muy diferente. Las narrativas de la libertad asociadas al dinero est&aacute;n entre los mayores logros del capitalismo; unas l&oacute;gicas tan viejas como capitalistas pero de tal potencia que todav&iacute;a hoy son realidad.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; final nos tienen reservado los guiones que capitalizan nuestros trabajos, nuestras relaciones, nuestras vidas, nuestro futuro? Habr&aacute; que ver el final de esta pel&iacute;cula para tomar buena nota y aprender a formular nuestros deseos antes de soplar la vela de lo que queremos que nos pase. O no.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carla Boyera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/lugar-cumbre-palabras-clave-guaperas-clase-obrera-ninata-rica-madurita-mujer-lucha-clases-edadismo-free-cinema_1_9719777.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 17 Nov 2022 12:10:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Patriarcado,Mujer]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Straitjacket', las camisas de fuerza de Joan Crawford: el Régimen Heterosexual Obligatorio y la práctica psiquiátrica]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/straitjacket-camisas-fuerza-joan-crawford-regimen-heterosexual-obligatorio-practica-psiquiatrica_1_9634511.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4eb014ed-e1fe-4995-9448-baece6e50eaa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Straitjacket&#039;, las camisas de fuerza de Joan Crawford: el Régimen Heterosexual Obligatorio y la práctica psiquiátrica"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Si las mujeres somos seres de luz, incapaces de concebir ni de hacer el mal, efectivamente, sólo la locura, el diagnóstico, la enfermedad mental y la psiquiatría explican que una mujer coja un hacha y decapite a su marido y a su amante tras sorprenderlos durmiendo post-sex en su propia cama"</p></div><h3 class="article-text">Primera camisa de fuerza: El r&eacute;gimen heterosexual obligatorio</h3><p class="article-text">
        En el R&eacute;gimen Heterosexual Obligatorio (RHO), sobre todo si est&aacute;s configurada <em>mujer</em>, confluyen dos eventos ineludibles: el matrimonio y les hijes. El primer matrimonio de Lucy Harbin (Joan Crawford) fue arreglado por sus adres con un hombre mayor que ella. Su segundo matrimonio fue de su propia elecci&oacute;n y fue con un hombre m&aacute;s joven. En nuestras sociedades euroblancas (no digamos en el cine), donde a las mujeres nos est&aacute; prohibido envejecer ya que la edad lleva aparejada una p&eacute;rdida de capital er&oacute;tico y, consecuentemente, un estigma ligado a la falta de actividad sexual, es frecuente en los combinados heteroparejiles que el hombre sea mayor y la mujer m&aacute;s joven. He aqu&iacute;, pues, la primera desobediencia al mandato patriarcal de nuestra protagonista que nos habla de su fuerte car&aacute;cter, reflejado tanto en su libertad social (dejarse vivir por encima del estigma) como sexual: &ldquo;Lucy era mucha mujer y era muy consciente de ello&rdquo;, nos dice una voz femenina en off. Que una mujer est&eacute; en una relaci&oacute;n con un hombre m&aacute;s joven no s&oacute;lo reivindica el vigor sexual de la primera: tambi&eacute;n puede significar pasarse por la entrepierna los discursos reproductivos. 
    </p><p class="article-text">
        Pero el amor de Lucy no era correspondido: el joven se cas&oacute; con ella por su dinero. &ldquo;Pero yo no soy de su propiedad&rdquo;, se revuelve el joven macho dolido en su ego por ser menos econ&oacute;micamente que su mujer. Ha pasado apenas un minuto y ya sabemos que las razones del joven Frank para ser un macho alfa fuera de su matrimonio se deben a que es un macho omega dentro de &eacute;l: un m&aacute;s que b&aacute;sico complejo de inferioridad. Un beso desde aqu&iacute; para esa fr&aacute;gil masculinidad.
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                    alt="La camisa de fuerza como práctica psiquiátrica (Joan Crawford interpreta a Lucy Harbin)"
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            <span class="title">
                La camisa de fuerza como práctica psiquiátrica (Joan Crawford interpreta a Lucy Harbin)                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Tras la presentaci&oacute;n, la pel&iacute;cula arranca con la salida de Lucy Harbin del hospital psiqui&aacute;trico; en su momento fue declarada enferma mental y hoy es el d&iacute;a en el que el consejo m&eacute;dico decide que est&aacute; plenamente restablecida, lista para incorporarse a su vida. Han pasado veinte a&ntilde;os y nos preparamos para recibir a Lucy junto a su hija Carol, su prometido, el hermano de Lucy y su mujer. &iquest;C&oacute;mo se reestructura una familia cuando la madre sale de la ecuaci&oacute;n por ser una loca asesina?
    </p><p class="article-text">
        El t&iacute;o Bill (el hermano de Lucy) y la t&iacute;a Emily fueron los encargados de ocuparse del cuidado de la peque&ntilde;a Carol, adopt&aacute;ndola y llev&aacute;ndosela a otro pueblo donde nadie supiera su historia, alej&aacute;ndola del estigma de tener una madre homicida y trastornada. En el cine, donde frecuentemente se visualizan los clich&eacute;s del R&eacute;gimen Pater/Marido/Heterosexual, es muy frecuente que el desequilibrio mental de la madre vaya acompa&ntilde;ado de un padre/marido ausente o abandonador (como tambi&eacute;n analizamos en <a href="https://www.eldiario.es/murcia/cultura/psicosis-madre-performada-maternidad-culpable-patologias-terror-patriarcal-punta-pala_3_7889497.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Psicosis</a>), o, como en este caso, de un patermarido que nos enga&ntilde;e con otra; se ve que cuando nos dejan nos volvemos locas, se ve que su excesiva virilidad es nuestra perdici&oacute;n y locura.
    </p><h3 class="article-text">Segunda camisa de fuerza: la pr&aacute;ctica psiqui&aacute;trica </h3><p class="article-text">
        La locura siempre ha tenido su propio estigma originado por todo tipo de narrativas fant&aacute;sticas que, sin duda alguna, se han visto alimentadas por los clich&eacute;s que se han asentado en el imaginario colectivo a trav&eacute;s, entre otras cosas, del cine.
    </p><p class="article-text">
        En la pel&iacute;cula, el hecho de que Carol y Michael oculten a les padres de &eacute;ste la informaci&oacute;n sobre el pasado de su madre nos habla de este estigma. No es f&aacute;cil la aceptaci&oacute;n de una loca en el seno de una familia bien, familia fet&eacute;n. Con las teor&iacute;as biologicistas y deterministas, el miedo a que la locura pasada de la madre sea la futura locura de la hija est&aacute; ampliamente justificado. Pero, &iquest;y si Lucy Harbin nunca hubiera estado loca? Vemos a Lucy gritando esto mismo envuelta en una camisa de fuerza en los primeros minutos del film: &ldquo;&iexcl;No estoy loca! &iexcl;No estoy loca! &iexcl;No fue culpa m&iacute;a! &iexcl;Fue un error! &iexcl;Fue un error!&rdquo; Si las mujeres somos seres de luz, incapaces de concebir ni de hacer el mal, efectivamente, s&oacute;lo la locura, el diagn&oacute;stico, la enfermedad mental y la psiquiatr&iacute;a explican que una mujer coja un hacha y decapite a su marido y a su amante tras sorprenderlos durmiendo post-sex en su propia cama.
    </p><p class="article-text">
        La aparici&oacute;n del doctor Anderson una vez que Lucy ha abandonado el psiqui&aacute;trico desatar&aacute; todo tipo de traumas y reacciones nerviosas en Lucy. A trav&eacute;s de su propio relato se nos revela lo que fueron veinte a&ntilde;os de total tortura: el aislamiento, la falta de v&iacute;nculos con el exterior, el encierro en cuartos de proporciones denunciables. &iquest;Qui&eacute;n se sana en un psiqui&aacute;trico? &iquest;C&oacute;mo se cura una persona de sus dolencias mentales a trav&eacute;s de pr&aacute;cticas de tortura y deshumanizaci&oacute;n? &iquest;Qu&eacute; pr&aacute;ctica psiqui&aacute;trica puede defender que en el proceso de sanaci&oacute;n de una madre,&nbsp;&eacute;sta pase sin ver ni tener ning&uacute;n contacto durante veinte a&ntilde;os con su hija? 
    </p><p class="article-text">
        Las narrativas psiqui&aacute;tricas van de la mano de las narrativas carcelarias. La medicaci&oacute;n para anular la agencia de una persona juega un papel determinante en ambas instituciones. La vigilancia y los dispositivos de control contin&uacute;an fuera de las paredes del hospital y el doctor Anderson es enviado por la Junta m&eacute;dica para comprobar c&oacute;mo es el estado mental de Lucy en &ldquo;situaciones bajo estr&eacute;s&rdquo;. Francamente, si a m&iacute; me apartaran de mi hija durante 20 a&ntilde;os y me encerraran y torturaran en aislamiento, me imagino que el mundo ser&iacute;a un lugar altamente estresante para m&iacute;;&nbsp;&ldquo;Veinte a&ntilde;os de puro infierno&rdquo;, dice una Joan Crawford desencajada.
    </p><p class="article-text">
        Esta pel&iacute;cula nos propone una conversaci&oacute;n muy interesante sobre la locura. Con guion de Robert Bloch, escritor de novela negra y ciencia ficci&oacute;n y autor de la obra maestra &lsquo;Psicosis&rsquo; (la pel&iacute;cula por antonomasia que nos dispara las pulsaciones ante el terror de la maternidad performada), y direcci&oacute;n del maestro de los giros intempestivos William Castle, &lsquo;Straitjacket&rsquo; ofrece como resultado un producto cinematogr&aacute;fico tenso, intrigante, con una Joan Crawford que desborda la pantalla. En la factor&iacute;a de estereotipos que fue Hollywood (y que sigue siendo el cine mainstream aburrid&iacute;simo, est&uacute;pido y previsible que nos llega de EEUU) es muy dif&iacute;cil encontrar actrices de la talla intelectual e interpretativa de Joan Crawford. El eclecticismo de sus personajes es apabullante. S&oacute;lo por mencionar dos ejemplos, <a href="https://www.eldiario.es/murcia/cultura/mujeres-masculinas-masculinidad-feminidad-revision-western-nicholas-ray-johnny-guitar_1_7204838.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">experiment&oacute; con la masculinidad femenina</a> en el western de cine negro de 1954 &lsquo;Johnny Guitar&rsquo;, y se bati&oacute; en un duelo interpretativo brutal en 1962 con la gran Bette Davis en &lsquo;&iquest;Qu&eacute; fue de Baby Jane?&rsquo; En este nuevo reto de 1964 la vemos luchando contra la locura en otra de sus actuaciones magistrales.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carla Boyera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/straitjacket-camisas-fuerza-joan-crawford-regimen-heterosexual-obligatorio-practica-psiquiatrica_1_9634511.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 19 Oct 2022 04:00:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Straitjacket', las camisas de fuerza de Joan Crawford: el Régimen Heterosexual Obligatorio y la práctica psiquiátrica]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las escuelas de la masculinidad y la feminidad son un thriller de terror psicológico en ‘Homicidio’ de William Castle]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/escuelas-masculinidad-feminidad-son-thriller-terror-psicologico-homicidio-william-castle_1_9064343.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4babd864-6d6d-44bc-9ad3-2863ce7aa7bb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las escuelas de la masculinidad y la feminidad son un thriller de terror psicológico en ‘Homicidio’ de William Castle"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El contrapunto a esta feminidad lo va a proporcionar el personaje de Emily (Joan Marshall), una danesa fría de expresión seria y mandibulosa que encarna la otra</p><p class="subtitle">'I am Mother', la madre cíborg y la metáfora de la maternidad futurible</p></div><p class="article-text">
        Este film del a&ntilde;o 1961 vio la luz en Hollywood tan s&oacute;lo un a&ntilde;o despu&eacute;s de que se estrenara <a href="https://www.eldiario.es/murcia/cultura/psicosis-madre-performada-maternidad-culpable-patologias-terror-patriarcal-punta-pala_3_7889497.html," target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&lsquo;Psicosis&rsquo;</a>, obra magna del cine de suspense que marc&oacute; un antes y un despu&eacute;s en las posibilidades cinematogr&aacute;ficas de los trastornos de personalidad para crear guiones altamente perturbadores. Junto con el estreno en 1964 de &lsquo;El caso de Lucy Harbin&rsquo;, liderada por la interpretaci&oacute;n de una Joan Crawford que, una vez m&aacute;s, se come la pantalla,&nbsp;(&lsquo;Straitjacket&rsquo; en su t&iacute;tulo original y tambi&eacute;n del director que hoy nos ocupa, el grand&iacute;simo William Castle) estas tres pel&iacute;culas son clave para reflexionar sobre qu&eacute; entramados y narrativas patriarcales puede haber detr&aacute;s de la enfermedad mental. En los tres largometrajes, el matrimonio, la familia, los traumas infantiles y las herencias van a tener un papel central y ser&aacute;n el hilo conductor de todas las tramas.
    </p><p class="article-text">
        Los primeros cuarenta y cinco segundos son de lo m&aacute;s friki: vemos al director, William Castle, vestido de traje y corbata, sentado en un <em>setting</em> de lo m&aacute;s hogare&ntilde;o, de espaldas a una chimenea bordando aguja en mano mientras se fuma un puro. De fondo suena esa cl&aacute;sica m&uacute;sica instrumental de cuando Hollywood quiere evocar lo dom&eacute;stico. William comienza a hablar a c&aacute;mara dirigi&eacute;ndose directamente a nosotres, les espectadores, sonriendo ligeramente mientras abre un campo sem&aacute;ntico en torno a las narrativas de lo sobrenatural. Mientras la aguja sube y baja perforando el telar, William nos pasea por sus pel&iacute;culas anteriores (&lsquo;La mansi&oacute;n de los horrores&rsquo; y &lsquo;Escalofr&iacute;o&rsquo; de 1959 y &lsquo;Los trece fantasmas&rsquo; de 1960), para acabar, c&oacute;micamente y con un aire de entra&ntilde;able abuelo cuentacuentos, presentando este film.
    </p><p class="article-text">
        La pel&iacute;cula se ubica un par de a&ntilde;os antes de que se inaugure la d&eacute;cada de los 50 en Solvang, un pueblo de California fundado por daneses a principios del siglo XX; un detalle geogr&aacute;fico nada gratuito teniendo en cuenta que Helga, testigo mudo durante toda la pel&iacute;cula, es oriunda de Dinamarca y es all&iacute; donde inexplicablemente lleva al reci&eacute;n nacido Warren tras la muerte de sus padres y donde va a conocer a la inquietante Emily. La pel&iacute;cula comienza donde empiezan todos los traumas infantiles: en la casa paterna, m&aacute;s concretamente, en el cuarto de juegos donde vemos en un breve flashback a les hermanes Warren y Miriam Webster.
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                    alt="Helga descendiendo imponente las escaleras al encuentro de Emily"
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                Helga descendiendo imponente las escaleras al encuentro de Emily                            </span>
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        El entrenamiento en la masculinidad y en la feminidad hegem&oacute;nicas se va a ver ejemplificado en los personajes de Warren y Miriam: dos hermanes del mismo padre, pero de distinta made, de quienes se esperan cosas muy diferentes en la vida porque as&iacute; lo ha querido el destino que viene determinado por la entrepierna. En los reg&iacute;menes patrilineales la herencia y la entrepierna guardan una estrecha relaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Las estructuras que se activan en las escuelas de la masculinidad y la feminidad son de dominaci&oacute;n y subordinaci&oacute;n respectivamente y operan en el afuera y en el adentro en dos niveles diferentes: el afuera ser&iacute;a el discurso social concretado en la educaci&oacute;n f&iacute;sicoemocional (en este film la institutriz Helga, siguiendo las &oacute;rdenes del pater familias, alecciona a Warren para que &lsquo;sea un hombre&rsquo;). En el r&eacute;gimen heterosexual, este comportarse &lsquo;como un hombre&rsquo; (en ingl&eacute;s se expresa con el elocuente y visual verbo &ldquo;man up&rdquo;) comporta no s&oacute;lo el cuerpo (gestos, maneras de estar en el mundo) sino tambi&eacute;n el car&aacute;cter: la hombr&iacute;a es h&aacute;bitat <em>natural</em> de la seriedad, la disciplina, el ce&ntilde;o fruncido y estar a la altura de una herencia de diez millones de d&oacute;lares exige una masculinidad bien concreta, una que sea consciente de su poder y estatus de autoridad. Quebradizo hilo patrilineal que puede romperse en el momento en el que Warren, como vemos al comienzo del film, le quita la mu&ntilde;eca a su hermana para jugar con ella. &iquest;C&oacute;mo interviene la escuela de la masculinidad con Warren? F&aacute;cil: a base de palos; es as&iacute; como se hace (que no nace) un hombre.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, la hermana se ajusta perfectamente al canon femenino: es dulce, <em>naive</em>, amorosa, sonr&iacute;e constantemente y es infinitamente comprensiva. Miriam (Patricia Breslin) es infantilizada y apartada de las decisiones de hasta su propio negocio (ya deciden por ella su hermano o su futuro marido). Ella es un personaje condescendiente, blandito, asustadizo y obediente. La feminidad buena, la que no desaf&iacute;a al <em>statu quo</em> en el r&eacute;gimen patriarcal.
    </p><p class="article-text">
        El contrapunto a esta feminidad lo va a proporcionar el personaje de Emily (Joan Marshall), una danesa fr&iacute;a de expresi&oacute;n seria y mandibulosa que encarna la <em>otra.</em> Es cruel y villana, la feminidad mala, la <em>vagina dentata</em>, la que finge amar por inter&eacute;s, la que quiere el poder que ambiciona y sin embargo no le corresponde por haber nacido con vulva. Pero Emily va mucho m&aacute;s all&aacute; de la simple y estereotipada <em>femme fatale</em>: el entramado psicoemocional que despliega vendr&aacute; a complejizar su personaje hasta l&iacute;mites insospechados. &nbsp;
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                Fotograma de HOMICIDIO, de William Castle                            </span>
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        Por &uacute;ltimo, la tercera mujer en torno a la cual gira la trama es la misteriosa Helga (Eugenie Leontovich), una mujer que se nos presenta simb&oacute;lica y literalmente atrapada (va en silla de ruedas) entre el pasado y el presente y cuya imponente figura conservaremos para siempre grabada a fuego en nuestra memoria descendiendo sobre una plataforma por esas escaleras a medida que se va acercando a su cuidadora, la s&aacute;dica Emily. &nbsp;Aunque inv&aacute;lida en su silla de ruedas e incapaz de articular palabra por un ictus que sufri&oacute; hace a&ntilde;os, su rostro impasible, su rigidez corporal y su fuerte y altiva mirada hablan m&aacute;s de su car&aacute;cter que de su condici&oacute;n f&iacute;sica; estamos ante lo opuesto a una persona desvalida: su atroz participaci&oacute;n en aquello que no se nos revelar&aacute; hasta el final de la pel&iacute;cula, cuando finalmente abrimos los ojos a toda la historia, no nos deja espacio para sentir compasi&oacute;n por ella.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, un desenlace apote&oacute;sico (con otra c&oacute;mica incursi&oacute;n del director en un momento de m&aacute;xima tensi&oacute;n) consigue que caigan las m&aacute;scaras al mismo tiempo que se nos descuelga la mand&iacute;bula. La revelaci&oacute;n de la trama har&iacute;a que le creciera el pelo de espanto al mism&iacute;simo Hitchcock. De esos finales que te obligan a ir para atr&aacute;s a reconstruir toda la pel&iacute;cula. Sorpresivo y paralizante, un relato de m&aacute;s de 60 a&ntilde;os de total actualidad y vigencia que cobra valor ante los inexplicablemente remasterizados discursos esencialistas sobre el g&eacute;nero. Una pel&iacute;cula para pensar sobre la educaci&oacute;n, la identidad y los traumas que derivan de experiencias vividas en el n&uacute;cleo familiar que pueden resultar altamente violentas, como violento es, sin ninguna duda, que no te dejen ser quien eres.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carla Boyera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/escuelas-masculinidad-feminidad-son-thriller-terror-psicologico-homicidio-william-castle_1_9064343.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 09 Jun 2022 04:01:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las escuelas de la masculinidad y la feminidad son un thriller de terror psicológico en ‘Homicidio’ de William Castle]]></media:title>
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      <title><![CDATA['I am Mother', la madre cíborg y la metáfora de la maternidad futurible]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/i-am-mother-madre-ciborg-metafora-maternidad-futurible_1_8902451.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/860f6897-b587-4f44-91c2-81a6139b9e87_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;I am Mother&#039;, la madre cíborg y la metáfora de la maternidad futurible"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"¿Qué es Madre? es el primer interrogante que nos va a acompañar durante toda la película. Vemos a Madre jugar, coger a Hija de la mano al andar, mirarla bailar, es decir, vemos a Madre performando a la madre"</p></div><p class="article-text">
        Un lenguaje inequ&iacute;vocamente computadoresco nos pone en contexto. Nos encontramos en el interior de las instalaciones del Centro de Repoblaci&oacute;n, en el D&iacute;a 1 desde la Extinci&oacute;n, compartiendo espacio con 63,000 embriones y donde la Ocupaci&oacute;n Humana asciende a un total de 0. La madre c&iacute;borg aparece sentada en su trono. Se encienden las luces como se encender&iacute;an las primeras luces de una f&aacute;brica al empezar un nuevo d&iacute;a. Su &uacute;nica trabajadora se dispone a cumplir su &uacute;nica misi&oacute;n: la conservaci&oacute;n de la humanidad por venir, la humanidad porvenir; la humanidad sin guerras, sin violencias, sin Hobbes, sin autodepredaci&oacute;n, la humanidad sin errores. Este es el relato invertido de <em>I am Mother</em>, donde una suerte de micelio tecnol&oacute;gico, una red androide, es la encargada de preservar la vida y el ser humano de destruirla.
    </p><p class="article-text">
        La tecnolog&iacute;a posibilita la desaparici&oacute;n de la madre biol&oacute;gica como &uacute;nica biom&aacute;quina capaz de engendrar, reproducir, cuidar y proteger la vida. Unas falopinzas escogen un feto con forma de tarjeta gr&aacute;fica para insertarlo en una m&aacute;quina tecnouterina que 24 horas m&aacute;s tarde traer&aacute; un ser humano en un parto metalizado, as&eacute;ptico e indoloro.&nbsp;Cinco minutos m&aacute;s tarde, el fetochip es una criatura a la que vemos crecer hasta metamorfosearse en una joven (Carla Rugaard). En este film, el trabajo sexual y el trabajo reproductivo/gestacional se sacan del marco esencialista del cuerpo-mujer para ser trasladados a los cuerpos-m&aacute;quinas. Me interesan enormemente estas narrativas donde se desnaturaliza la maternidad y se recodifica el Ed&eacute;n como una habitaci&oacute;n llena de luces, cables y botones gestionada por esta Nueva Madre: un ser sin sangre, sin carne, sin culpa ni dolor que no obstante desprende calor incandescente cuando acaricia a su nueva criatura y que sabe que cantar calma el llanto. &iquest;Qu&eacute; es<em> Madre</em>? es el primer interrogante que nos va a acompa&ntilde;ar durante toda la pel&iacute;cula. Vemos a Madre jugar, coger a Hija de la mano al andar, mirarla bailar, es decir, vemos a Madre performando a la madre.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Calor cíborgmaternal incandescente                            </span>
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        La trama se complica cuando entra en escena la Fugitiva (Hilary Swank): la lucha por asumir la apropiaci&oacute;n de Hija lleva a la competitividad por el afecto y la confianza entre la Fugitiva y Madre. Ambas se postulan como espacios de verdad, protecci&oacute;n y cuidado. Pero no puede haber dos verdades contrapuestas. &iquest;Miente la Fugitiva? &iquest;Miente Madre? Esto nos lleva como espectadores a preguntarnos qu&eacute; est&aacute; sucediendo fuera de ese recinto herm&eacute;tico al tiempo que tambi&eacute;n nos inquieta el objetivo que se persigue desde dentro. &iquest;Es esperanzador el afuera? &iquest;D&oacute;nde reside realmente el peligro y la amenaza? En este escenario de desnaturalizaci&oacute;n de la maternidad, tanto la madre c&iacute;borg como la Fugitiva reconstruyen el mito del parentesco dejando abierta la posibilidad de re-escribir los guiones del trabajo materno: cualquiera puede cuidar, no importa de qu&eacute; cuerpo hayas salido -y m&aacute;s en este caso donde no hay biocuerpo. No es novedoso que la reproducci&oacute;n y el futuro de la humanidad sean el eje vertebrador de una pel&iacute;cula de ciencia ficci&oacute;n, pero s&iacute; lo es que no hagan su aparici&oacute;n estelar los hombres-machos guerrilleros/salvadores.
    </p><p class="article-text">
        La aparici&oacute;n de la Fugitiva va a desencadenar la excusa de la seguridad que siempre acompa&ntilde;a a las narrativas autoritarias. Poco a poco, la pel&iacute;cula evoluciona de un relato de cuidado y protecci&oacute;n hacia un relato de dominaci&oacute;n y exterminio. La met&aacute;fora de la maternidad se extiende hasta l&iacute;mites insospechados. Sus contradicciones se van desvelando hasta dejar desnuda la mentira: la falacia de destruir para cuidarnos, de matar para preservar, de controlar para proteger, de encerrar para liberar. Se precisa el cero cuestionamiento de las &oacute;rdenes y una obediencia ciega. La consecuci&oacute;n del humano perfecto pasa, parad&oacute;jicamente, por el poder tecnomilitar, las armas, las tierras bald&iacute;as, el hambre, la miseria y las violencias extremas: las m&aacute;quinas preparan la Tierra para alumbrar una nueva raza humana, superior, una nueva &lsquo;familia&rsquo;.&nbsp;Nacimiento es aniquilaci&oacute;n. Una tiene la sensaci&oacute;n de estar pasando los ojos por las l&iacute;neas que escribi&oacute; George Orwell: la guerra es la paz, la libertad es la esclavitud&hellip; paradojas sociopol&iacute;ticas que nos hacen un efecto batidora en la cabeza, un ajo mental que tiene la pretensi&oacute;n de amalgamar lo inamalgable. Las narrativas manipuladoras y los personajes expertos en tergiversaci&oacute;n siempre se sirven en escenarios apocal&iacute;pticos que favorecen simplismos. &iquest;Acaso de un determinismo biol&oacute;gico (ya felizmente desmentido por Margaret Thatcher que nos ense&ntilde;&oacute; que la vulva con poder no es sin&oacute;nimo de final feliz) la alternativa pasa por un maniqueo determinismo tecnol&oacute;gico (las m&aacute;quinas nos van a gobernar y a destruir como especie)?
    </p><p class="article-text">
        En este caso, la propuesta f&iacute;lmica juega con los lenguajes de control de la poblaci&oacute;n como ya lo hicieran los nazis en su pretexto por la optimizaci&oacute;n del ser humano como especie. La paradoja de destruir para conservar la vida sigue siendo una realidad dist&oacute;pica no deseable como hemos visto recientemente con las l&oacute;gicas de la COVID19: no se puede preservar la vida cancelando la vida, no sin pagar el peaje de la salud mental y la represi&oacute;n de nuestros derechos y libertades. En el di&aacute;logo final entre la Fugitiva y Madre resuena aquello tan perturbador que escribi&oacute; Viktor E. Frankl, superviviente de campos de concentraci&oacute;n: &ldquo;los mejores de entre nosotros no regresaron a casa&rdquo;. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta pel&iacute;cula nos abre a conversaciones sobre la supervivencia de la especie humana y su inevitable alianza con las m&aacute;quinas planteando los cl&aacute;sicos dilemas &eacute;ticos y morales de los relatos de ciencia ficci&oacute;n de tintes eugen&eacute;sico-apocal&iacute;pticos sobre qui&eacute;n merece vivir y qui&eacute;n no. La codificaci&oacute;n de las estrategias de supervivencia son comunes en los relatos de ciencia ficci&oacute;n, pero en este caso el darwinismo ha sido reformulado en t&eacute;rminos de rectitud moral: es la &eacute;tica lo que te hace m&aacute;s fuerte y lo que consigue invertir el dualismo jer&aacute;rquico ser humano vs. c&iacute;borg, pero, &iquest;hasta cu&aacute;ndo vamos a seguir citando a Maquiavelo? Dice Donna Haraway: &ldquo;No est&aacute; claro qui&eacute;n hace y qui&eacute;n se hace en la relaci&oacute;n entre el humano y la m&aacute;quina. No est&aacute; claro qu&eacute; es la mente y qu&eacute; el cuerpo en m&aacute;quinas que se adentran en pr&aacute;cticas codificadas&rdquo; y a&ntilde;adir&iacute;a: quiz&aacute;s la capacidad de tomar decisiones legitimadas en defensa de la vida (de todas las vidas, porque todas las vidas importan) ya no sea lo que diferencie la biointeligencia de la tecnointeligencia. Quiz&aacute;s podamos asistir a la <em>humanizaci&oacute;n</em> de la m&aacute;quina. Y es que la ciencia ficci&oacute;n, siguiendo a la jefa Haraway, es teor&iacute;a pol&iacute;tica.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carla Boyera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/i-am-mother-madre-ciborg-metafora-maternidad-futurible_1_8902451.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 Apr 2022 04:01:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['I am Mother', la madre cíborg y la metáfora de la maternidad futurible]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Películas,Maternidad,Inteligencia artificial]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘FÓLLAME’ de Virginie Despentes: terrorismo de género, de clase y de raza directamente en vena]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/follame-virginie-despentes-terrorismo-genero-clase-raza-directamente-vena_1_8804230.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/915c1fca-1c8b-45de-9207-73143896192b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘FÓLLAME’ de Virginie Despentes: terrorismo de género, de clase y de raza directamente en vena"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Como vemos en cada gesto, en cada fotograma, la feminidad que despliegan tanto Nadine como Manu no es una feminidad vulnerable, ni frágil, ni condescendiente. La apuesta estética de Nadine por un look andrógino en algunas partes del film contribuye a disipar el binarismo estanco en torno a lo masculino y lo femenino, desactivando todo lo que trae aparejada la feminidad en el imaginario colectivo"</p><p class="subtitle">Puedes ver la película en Versión Original Subtitulada al Español (VOSE) aquí</p></div><p class="article-text">
        Esta pel&iacute;cula del a&ntilde;o 2000 est&aacute; basada en la novela hom&oacute;nima que su autora escribi&oacute; con tan s&oacute;lo 25 a&ntilde;itos. Te besamos la materia gris, Virginie, por este <em>roadtrip</em> llenetico de sexo expl&iacute;cito y violencia, esta versi&oacute;n s&oacute;rdido subversiva y disidente serie B de Thelma y Louise, esta hidra feminista de dos cabezas. No es casualidad que las protagonistas de este film sean una trabajadora sexual y una actriz porno porque, &iquest;qu&eacute; mejores arquetipos (denostados y negados como sujetos pol&iacute;ticos por el sector m&aacute;s carca del feminismo) para desmontar las estructuras patriarcales y sexof&oacute;bicas contenidas en los movimientos anti-porno y anti-prostituci&oacute;n? &iquest;Qui&eacute;n mejor que una puta y una actriz porno para darle la vuelta a eso de ser configuradas como &lsquo;v&iacute;ctimas&rsquo;? 
    </p><p class="article-text">
        Tanto la propia Virginie Despentes (direcci&oacute;n) como Coraline Trinh Thi (co-direcci&oacute;n) han ejercido el trabajo sexual e incluso esta &uacute;ltima tiene como actriz porno m&aacute;s de 60 pel&iacute;culas en su cuerpocurriculum. Quiz&aacute;s las escenas de sexo s&uacute;per expl&iacute;cito de la pel&iacute;cula (estamos ante una producci&oacute;n posporno m&aacute;s que ante las t&iacute;picas (e irreales) heteroescenas de sexo vainilla de cualquier pel&iacute;cula de cine) motivaron que ambas actrices (Karen Bach y Raffa&euml;lla Anderson, interpretando a Nadine y Manu, respectivamente) vinieran de debutar en la industria pornogr&aacute;fica. 
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            <span class="title">
                Nadine (Karen Bach) juguetea con su dildo de metal                            </span>
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        Como vemos en cada gesto, en cada fotograma, la feminidad que despliegan tanto Nadine como Manu no es una feminidad vulnerable, ni fr&aacute;gil, ni condescendiente. La apuesta est&eacute;tica de Nadine por un look andr&oacute;gino en algunas partes del film contribuye a disipar el binarismo estanco en torno a lo masculino y lo femenino, desactivando todo lo que trae aparejada la feminidad en el imaginario colectivo. <em>&laquo;Ser punkarra implica forzosamente reinventar la feminidad&raquo;, </em>escribir&iacute;a la Despentes seis a&ntilde;os despu&eacute;s en su Teor&iacute;a King Kong. Las dos beben whisky a palo seco, fuman porros, esnifan rayas y se meten en peleas. Nadine se masturba mientras ve porno en la televisi&oacute;n de su habitaci&oacute;n. Cuando salen por las noches a zorrear se visten sexy sin que esto se traduzca en peligrosidad ni en minusvaloraci&oacute;n hacia sus cuerpos; al contrario, ellas son las peligrosas y las que est&aacute;n dispuestas a infringir violencia sobre otros cuerpos. No hay una mirada masculina detr&aacute;s de la c&aacute;mara que las configure como <em>objetos</em> pasivos de deseo, como cuerpos violables: queda claro, en su papel de <em>sujetos</em> deseantes, que ellas son las deciden con qui&eacute;n, cu&aacute;ndo y hasta d&oacute;nde. 
    </p><p class="article-text">
        <em>&laquo;La fuerza pornopol&iacute;tica de la pel&iacute;cula para la parroquia queer&raquo;</em>, escribe Paul B. Preciado,<em> &laquo;radica en su capacidad destructora&raquo;. </em>Y es que<em> </em>&lsquo;F&Oacute;LLAME&rsquo; es el imperativo de Virginie Despentes que viene a resignificar la violaci&oacute;n y a reivindicar posibilidad de la violencia para las mujeres. Ella lleva un paso m&aacute;s lejos la frase de la Comandante Arian (en el contexto de la lucha de la mujeres kurdas en Siria contra el D&aacute;esh) <em>&laquo;Si nos atacan, nos tendremos que defender&raquo; </em>para legitimar el ser o volvernos violentas. <em>&laquo;Al tiempo que se acerca la muerte, se agudiza la capacidad de supervivencia&raquo; </em>escribe la propia Despentes en el pr&oacute;logo de &lsquo;Paradoxia, diario de una depredadora&rsquo; de Lydia Lunch (otra autora y diosa punkarra): <em>&laquo;Haber sido construida v&iacute;ctima, convertirse en predadora.&raquo; </em>Este<em> </em>cambio en la &oacute;ptica resulta absolutamente imprescindible si queremos salir del encasillamiento de vulnerabilidad, debilidad y violabilidad en el que tradicional e hist&oacute;ricamente nos ha enmarcado el patriarcado. <em>&laquo;Dejar que te hundan&raquo;</em>, propone la feminista francesa d&aacute;ndole otra vuelta de tuerca, es <em>&laquo;una forma de reapropiarse del poder&raquo;</em>. 
    </p><p class="article-text">
        Desde esta premisa entendemos que Manu desmonta el guion aprendido circunscrito a la <em>v&iacute;ctima</em> de violaci&oacute;n cuando sentencia: <em>&laquo;Es como un coche que aparcas en el centro, no dejas cosas de valor dentro porque no puedes impedir que lo abran. Y como no puedo impedir que esos capullos lo abran, cari&ntilde;o, no he dejado nada de valor dentro&hellip;&raquo;</em> Adi&oacute;s a aquello de que la honra de una mujer est&aacute; ubicada vulva adentro y tiene m&aacute;s valor que su propia vida. Hola a eso tan brillante que escrib&iacute;a Leslie Feinberg en su Stone Butch Blues: <em>la valent&iacute;a no es s&oacute;lo sobrevivir a la pesadilla, sino hacer algo con ella.</em>
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                Manu y Nadine, supervivientes natas                            </span>
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        Performar la violaci&oacute;n en un marco patriarcal significa seguir el guion de la buena v&iacute;ctima: trauma, dolor, verg&uuml;enza y sobre todo mucha culpa. As&iacute; performa Karla la secuencia de la violaci&oacute;n: gritos, resistencia, lucha, forcejeo, el cuerpo enroscado sobre s&iacute; mismo para proteger el ultraje, la cara sucia y desmaquillada por las l&aacute;grimas. Simult&aacute;neamente, unos metros m&aacute;s all&aacute;, Manu guarda silencio: <em>&laquo;Es como si me follara a un zombie&raquo;, </em>dice su violador, fastidiado y decepcionado. <em>&laquo;M&iacute;rala, ni siquiera ha llorado. Joder, eso no es una mujer&raquo;</em> <em>&laquo;&iquest;Qu&eacute; te crees que tienes entre las piernas?&raquo;,</em> responde Manu con insolencia y chuler&iacute;a, insultando al onvre-pene que ten&iacute;a la pretensi&oacute;n de humillarla y hacerla callar. <em>&laquo;No pareces tan traumatizada, me repugnas, zorra&raquo; </em>dice el macho violador meti&eacute;ndose su dildo de carne en la bragueta y haciendo de portavoz de lo que tambi&eacute;n dicen los jueces en declaraciones en prensa y en sus veredictos en este pa&iacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        <em>&laquo;Cuanto m&aacute;s forcejeaba ella, tanto m&aacute;s se divert&iacute;a &eacute;l. (&hellip;) Hay algo en su debilidad. Algo en su vulnerabilidad.&raquo;</em> Escrib&iacute;a Helen Zahavi en &lsquo;Un sucio fin de semana&rsquo; en el que Bella, su protagonista, tambi&eacute;n tuvo que resignificar su posici&oacute;n de v&iacute;ctima para dejar de ser abusable. Al igual que Bella, Nadine y Manu tambi&eacute;n comprenden que <em>el &uacute;nico falo que merece la pena poseer es un arma;&nbsp;</em>la Despentes maneja cinematogr&aacute;ficamente el dildo de metal (la pistola) como un artefacto que inicia a las protagonistas en el placer de la supervivencia. 
    </p><p class="article-text">
        Si la utop&iacute;a es el dispositivo literario por antonomasia que permite fantasear con mejores mundos posibles, quiz&aacute;s en este mismo sentido sea &lsquo;F&Oacute;LLAME&rsquo; una utop&iacute;a feminista donde agredidas nunca m&aacute;s. <strong>Una utop&iacute;a feminista que nos adentrara en la posibilidad de devolver la hostia podr&iacute;a ser la primera p&aacute;gina para escribir el guion de nuestro manual b&aacute;sico de supervivencia.&nbsp;</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carla Boyera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/follame-virginie-despentes-terrorismo-genero-clase-raza-directamente-vena_1_8804230.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 05 Mar 2022 05:01:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[‘FÓLLAME’ de Virginie Despentes: terrorismo de género, de clase y de raza directamente en vena]]></media:title>
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      <title><![CDATA['Mommy’ de Xavier Dolan. Palabras clave: maternidad, salud mental, violencia, instituciones, Estado, legislación, psiquiatrización]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/mommy-xavier-dolan-palabras-clave-maternidad-salud-mental-violencia-instituciones-legislacion-psiquiatrizacion_1_8550387.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/23c248e5-019e-48e0-8696-072a1703b8d1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Mommy’ de Xavier Dolan. Palabras clave: maternidad, salud mental, violencia, instituciones, Estado, legislación, psiquiatrización"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nadie va a discutir que no sea violencia gritarle a tu madre, romper los muebles de tu casa o ejercer una fuerza física descontrolada para agredir y dañar a otres. Pero lo que rara vez se discute y está social y terroríficamente normalizado es que un tubo de pastillas, una camisa de fuerza, un centro de menores, un hospital psiquiátrico o un diagnóstico sean violencia</p></div><p class="article-text">
        Creo que resulta f&aacute;cil estar de acuerdo en que mientras el mundo sea un lugar capitalista y patriarcal ser madre soltera es ocupar un lugar de violencia. <a href="https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/hablar-kevin-maternidad-nadie-habla_132_6451653.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Las madres son le&iacute;das como fracasos </a> sus hijes no aprueban el examen social tras ser sometidos a escrutinio y juicio. El examen social es simple y s&oacute;lo uno, normalmente sin repesca: hay que encajar. Encajar significa no salirse de la fila de muchas cosas, y la fila es el marco hegem&oacute;nico en el que se moldea y domestica a la infancia y a la adolescencia para fabricar futuros ciudadanos obedientes y productivos. Para tener un trabajo (estar sentado 8 horas o doblando el lomo m&aacute;s de 10, aguantar humillaciones salariales, tragar con incumplimiento de contrato y derechos) no se puede ser un insubordinado. El aprendizaje de la subordinaci&oacute;n a cualquier forma de autoridad y la aceptaci&oacute;n de jerarqu&iacute;as son vitales para ser considerado &laquo;normal&raquo; en los marcos capitalistas y productivistas en los que nos movemos. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El quinto largometraje del director, guionista, productor y actor canadiense Xavier Dolan se estrena en 2014 con la premisa de un escenario legislativo ficticio: la promulgaci&oacute;n de una nueva ley en Canad&aacute; (Ley S-14) que estipula que <em>los padres de hijos con problemas de conducta en una situaci&oacute;n de apuro econ&oacute;mico, peligro f&iacute;sico o ps&iacute;quico, tienen el derecho legal y moral de confiar a sus hijos a un hospital p&uacute;blico, sin un proceso judicial</em>.
    </p><p class="article-text">
        Steve (Antoine Olivier Pilon) es un adolescente que se ha salido de la fila. Poco importa que se haya visto desbordado psico-emocionalmente y que la respuesta p&uacute;blica de las instituciones para &laquo;ocuparse de &eacute;l&raquo; haya sido violenta y deshumanizada; bienvenides al bucle de la violencia que se aprende y luego se reproduce. En la foto tambi&eacute;n salen la medicalizaci&oacute;n y psiquiatrizaci&oacute;n para, a trav&eacute;s del diagn&oacute;stico, patologizar, medicalizar y criminalizar enseguida el dolor. Qui&eacute;n necesita entender nada m&aacute;s cuando tienes un cuadro cl&iacute;nico, recetas m&eacute;dicas, una ley y toda una serie de instituciones haciendo caja con tus problemas. Disciplinar y drogar el cuerpo es, todas las veces, disciplinar y aniquilar a la persona. Diane Despr&eacute;s (Anne Dorval) es la madre que quiere cuidar a su hijo pero siendo n&uacute;cleo monomarental, precaria y sin red de apoyo, resulta una tarea tit&aacute;nica a la altura de los imposibles trabajos de H&eacute;rcules. Tendr&iacute;a que estar sentada encima de una buena monta&ntilde;a de privilegios o ser una s&uacute;perwoman y Diane ni tiene lo uno ni es lo otro. Ella es la anti-madre, malhablada y gritona, histri&oacute;nica, con demasiada plataforma como para ser una buena madre, y su look choni de mechas, ropa ajustada y chicle mareado permanentemente en la boca la encasillan desde los primeros minutos de la pel&iacute;cula, durante la entrevista con la directora del internado, fuera del Club Vip de las Maternidades Hegem&oacute;nicas, de las maternidades socialmente bien vistas, de las buenas madres. Acompa&ntilde;ando a esta peque&ntilde;a familia de dos se forja una alianza insospechada con Kyla (Suzanne Cl&eacute;ment), la vecina de la casa de enfrente. Su tartamudez y alg&uacute;n detalle de la c&aacute;mara que se detiene sutilmente durante algunos segundos en una foto deja entrever alg&uacute;n trauma fuerte, pero la historia personal de Kyla se pierde y diluye para pasar a ser un personaje-v&eacute;rtice fundamental en las vidas de Diane y Steve. Juntes les tres nos har&aacute;n participar en escenas hilarantes, tambi&eacute;n otras llenas de ternura y amor. Son estas alianzas inesperadas las que crean los v&iacute;nculos que nos dejan, aunque sea a ratos, respirar profundo y ser un poco felices. Con la presencia de Kyla, madre e hijo est&aacute;n menos crispados, las escenas son m&aacute;s tranquilas: su habla y las vidas de Steve y Diane parecen estar restituy&eacute;ndose poco a poco, cogiendo ritmo.
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                &#039;Mommy&#039; de Xavier Dolan                            </span>
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        Nadie va a discutir que no sea violencia gritarle a tu madre, romper los muebles de tu casa o ejercer una fuerza f&iacute;sica descontrolada para agredir y da&ntilde;ar a otres. Pero lo que rara vez se discute y est&aacute; social y terror&iacute;ficamente normalizado es que un tubo de pastillas, una camisa de fuerza, un centro de menores, un hospital psiqui&aacute;trico o un diagn&oacute;stico sean violencia. Un diagn&oacute;stico es muchas veces un acr&oacute;nimo que desglosa como si fuera un diccionario la capa m&aacute;s superficial de nuestros problemas pero no habla de las causas de nuestro fracaso como sociedad. A Steve le diagnostican TDAH y nuestro fracaso como sociedad que toma las p&iacute;ldoras del Sistema es haber asumido que un acr&oacute;nimo es una identidad, que un trastorno es una identidad, que una enfermedad es una identidad. La clave del &eacute;xito de las violencias legitimadas por el Estado y sus instituciones es y ser&aacute; que los problemas de salud mental siempre se actualizan en ese diccionario de t&eacute;rminos perversos como individuales, nunca sociales, ni estructurales ni sist&eacute;micos (muy t&iacute;pico, por cierto, de sistemas primermundistas, blancos y occidentales). Los problemas individuales son responsabilidad del individuo, nunca de la sociedad, nunca culpa de c&oacute;mo organiza el Sistema las vidas que llevamos. Lo podrido as&iacute; se sit&uacute;a en el adentro y se mira para dirigir el dedo acusador al entorno m&aacute;s inmediato, en este caso a la madre. Cuando la madre soltera no puede (&lsquo;soltera&rsquo; como explica Raquel Manchado (Antorcha Ediciones) no proviene de &lsquo;sola&rsquo;, sino de &lsquo;suelta&rsquo;, de mujer &lsquo;no atada&rsquo;) ah&iacute; est&aacute; el Estado para <em>ayudar</em>, para <em>asistir</em>, para ofrecer <em>alternativas</em>.<a href="https://directa.cat/els-nens-robats-de-la-dgaia/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> </a><a href="https://directa.cat/els-nens-robats-de-la-dgaia/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Y menudas alternativas</a><a href="https://directa.cat/els-nens-robats-de-la-dgaia/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> </a>. Las instituciones del Estado ponen de manifiesto nuestra carencia de redes afectivas y efectivas de apoyo y solidaridad caracter&iacute;sticas de las sociedades fuertemente individualizadas, nuestra manera enferma de haber asumido la existencia de esos centros que tienen m&aacute;s de c&aacute;rcel y castigo que de protecci&oacute;n y cuidados. Cuando falla el hijo como si estuviera roto se mira y culpa a la madre. Cuando fallan las instituciones y el Estado, &iquest;a qui&eacute;n miramos?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carla Boyera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/mommy-xavier-dolan-palabras-clave-maternidad-salud-mental-violencia-instituciones-legislacion-psiquiatrizacion_1_8550387.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Dec 2021 05:02:47 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[El fin de la humanidad empieza en «El Pueblo de los Malditos», un clásico del terror del ‘pater familias’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/humanidad-empieza-pueblo-malditos-clasico-terror-pater-familias_1_8448544.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c23b54a0-0b28-4417-9f6c-1b0f9561c072_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El fin de la humanidad empieza en «El Pueblo de los Malditos», un clásico del terror del ‘pater familias’"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"La sospecha de la paternidad, principal escollo en las sociedades de jerarquización patrilineal, se solventó con la invención del matrimonio o, dicho de otro modo, el matrimonio fue originalmente sin pecado concebido como una cárcel sexual para las mujeres"</p></div><p class="article-text">
        En el apacible pueblo de Midwich se sucede una estampa tranquila e id&iacute;lica: un pastor pasea a sus ovejas, un campesino siega sus tierras subido a su tractor y, dentro de la mansi&oacute;n Kyle, el profesor Gordon Zellaby se nos presenta de lo m&aacute;s hogare&ntilde;o con fuego encendido en la chimenea y perro fiel tumbado enfrente. El pueblo ideal, las personas intachables, los hogares perfectos. La magra con tomate empieza pronto: todos y cada uno de los habitantes sufren un desplome extra&ntilde;amente sincronizado. Las campanas de la iglesia nos dicen que son las once de la ma&ntilde;ana y el pueblo entero ha colapsado; toda persona que se acerque a &eacute;l, por tierra o aire, caer&aacute; tambi&eacute;n. No hay manera de entrar, nadie parece moverse para salir.
    </p><p class="article-text">
        El profesor Gordon Zellaby (George Sanders) se configura como el macho alfa del pueblo y de la trama: es hombre de ciencia, el que busca las respuestas, a &eacute;l le corresponde pensar y hacer. A su mujer, Anthea (Barbara Shelley), le toca llorar, sufrir y no aportar absolutamente nada salvo nervios y preocupaci&oacute;n. La divisi&oacute;n sexual de los personajes de la pel&iacute;cula sigue las l&oacute;gicas aristot&eacute;licas en las que ellos son la raz&oacute;n y ellas la emoci&oacute;n: ellos son centrales en el an&aacute;lisis, desarrollo y resoluci&oacute;n de la trama; ellas son personajes sat&eacute;lite, parte del <em>attrezzo</em> necesario para la pel&iacute;cula, en este caso, por ser vasijas indispensables portadoras de la semilla del mal. Como escrib&iacute;a Ursula K. Le Guin: <em>&laquo;los actos de los hombres revisten inter&eacute;s universal, mientras que las ocupaciones de las mujeres son triviales, de modo que los hombres son el foco apropiado de la historia y las mujeres son perif&eacute;ricas&raquo;.</em>
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                Fotograma de &#039;El pueblo de los malditos&#039;                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Conc&eacute;ntricos al macho alfa se articulan otros importantes representantes del imperio masculino: ser&aacute;n el cu&ntilde;ado de Gordon, el Comandante Bernard, el General Leighton y el m&eacute;dico del pueblo; los otros hombres en torno a los cuales se despliegan las narrativas de dominio, protecci&oacute;n y salvaci&oacute;n. El c&iacute;rculo de las autoridades machas se cierra en torno a los padres-maridos, el ej&eacute;rcito-Estado y los hombres de ciencia/medicina. Incluso la peque&ntilde;a masculinidad extraterrestre (un ni&ntilde;o de cuatro a&ntilde;os expulsa a la madre-mujer del sal&oacute;n y de la conversaci&oacute;n) ser&aacute; la &uacute;nica v&aacute;lida como interlocutora en la lucha por la supervivencia de las especies.
    </p><p class="article-text">
        La sospecha de la paternidad, principal escollo en las sociedades de jerarquizaci&oacute;n patrilineal, se solvent&oacute; con la invenci&oacute;n del matrimonio o, dicho de otro modo, el matrimonio fue originalmente sin pecado concebido como una c&aacute;rcel sexual para las mujeres (las honradas, decentes y dignas) para asegurar que la descendencia pertenec&iacute;a-a/era-propiedad-de ese &uacute;nico macho: el futuro &lsquo;<em>pater</em> <em>familias&rsquo;</em> a trav&eacute;s del cual la prole heredar&aacute; bienes y con suerte afecto y cuidados. El maridaje entre patriarcado y capital tiene, hist&oacute;ricamente hablando, m&aacute;s a&ntilde;os que el amor como creaci&oacute;n rom&aacute;ntica. La empresa del matrimonio, pues, se termin&oacute; de edulcorar (con un poco de az&uacute;car esa p&iacute;ldora que nos dan bajar&aacute; mejor) con las narrativas del amor rom&aacute;ntico de finales del S.XVIII, principios del S.XIX y todas esas vainas de monogamia y exclusividad ligadas al amor y al deseo.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo viven entonces las mujeres del pueblo sus embarazos? La alegr&iacute;a del embarazo viene condicionada por la legitimidad del heteroparejo; mientras que Anthea va a tener la cara iluminada por la dicha como si se hubiese tragado una bombilla, otras esposas que ten&iacute;an a sus maridos en misi&oacute;n colonial fuera de casa no saben c&oacute;mo explicarles que fueron honradas, que su comportamiento estuvo en todo momento a la altura del cuello alto de sus camisas y su virtud nunca por encima de las rodillas. 
    </p><p class="article-text">
        Las consecuencias no se hacen esperar y es que nos han repetido tantas veces que antes muerta que mancillada que pronto llegan el suicidio, la desesperaci&oacute;n y la locura: una mujer indigna/sucia/usada no quiere vivir o si lo hace ser&aacute; fuera de s&iacute;, fuera de los m&aacute;rgenes de la raz&oacute;n del mundo patriarcal. En una reuni&oacute;n VIP patriarcal a la que s&oacute;lo la crema machista est&aacute; invitada, el futuro padre Alfa, el m&eacute;dico del pueblo y el cura se re&uacute;nen para darle una explicaci&oacute;n al suicidio y la locura que tiene rostro de mujer. Pronto los embarazos se convierten en un problema colectivo/una inc&oacute;gnita colectiva: todas las mujeres en edad f&eacute;rtil del pueblo est&aacute;n embarazadas. La sospecha se ha instalado. La se&ntilde;ora Zellaby ya no brilla: <em>&laquo;No s&eacute; qu&eacute; tipo de vida llevo dentro (&hellip;) De d&oacute;nde viene&raquo;</em> hace referencia no al planeta, sino al portador del misterioso semen. 
    </p><p class="article-text">
        Los hombres, que no saben tampoco, se dan al insomnio y a los bares: no hay alegr&iacute;a alguna en esperar un hijo que sabes que no es tuyo. <em>&laquo;Espero que no viva ninguno&raquo;</em> es el deseo articulado de un futuro no-padre visiblemente ebrio y frustrado en la barra del bar. Todos callados, cabizbajos, dudosos de su biopaternidad y por ende de la legitimidad de su herencia biol&oacute;gica. <em>&laquo;</em>No tengo pruebas de que el hijo sea m&iacute;o<em>&raquo;</em>, escuchamos que dice Gordon para (quiz&aacute;s) explicar su aproximaci&oacute;n cient&iacute;fica y cero afectivo-paternal hacia la criatura. Pero la inteligencia superior lleva aparejada la inexistencia de sentimientos; lxs horripilantes ni&ntilde;xs arios no muestran cari&ntilde;o ni afecto ni, lo que es m&aacute;s atroz, dependencia de sus madres, son ni&ntilde;os y ni&ntilde;as autosuficientes. Cuando una madre configura su val&iacute;a en torno a la co-dependencia, esta forma de exagerada autonom&iacute;a en la infancia tambi&eacute;n forma parte del relato de terror de las madres patriarcales, &iquest;qui&eacute;n soy yo y para qu&eacute; valgo, si mi hijx no me necesita?
    </p><p class="article-text">
        La legi&oacute;n de ni&ntilde;os y ni&ntilde;as arios, los peque&ntilde;os genocidas, todos rubios, todos de una inteligencia superior, todos con una capacidad de crecimiento y desarrollo extraordinaria, con s&uacute;per poderes mentales, no han venido a hacer algo diferente de lo que hiciera el Imperio Brit&aacute;nico m&aacute;s all&aacute; de sus fronteras: dispersarse y multiplicarse por el mundo para tomar el poder, para, como dice el peque&ntilde;o e inquietante David, <em>&laquo;formar nuevas colonias&raquo;</em>. Esta es la pel&iacute;cula, pues, donde Gran Breta&ntilde;a podr&iacute;a encontrar el espejo donde mirarse si reflexionara sobre la &eacute;tica y moral inexistentes imbricadas en su pol&iacute;tica exterior. El imperialismo alien&iacute;gena somos todas las potencias europeas que alg&uacute;n d&iacute;a mandamos al exterior nuestras legiones de exterminadores.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carla Boyera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/humanidad-empieza-pueblo-malditos-clasico-terror-pater-familias_1_8448544.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 01 Nov 2021 05:01:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El fin de la humanidad empieza en «El Pueblo de los Malditos», un clásico del terror del ‘pater familias’]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Machismo,Paternidad,Matrimonio,Maternidad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Boys don’t cry’: la violencia tránsfoba que no dejó a Teena Brandon ser Brandon Teena]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/boys-don-t-cry-violencia-transfoba-no-dejo-teena-brandon-brandon-teena_1_8103998.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e923a1e0-6141-4a80-8c38-fd7c22972fa5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Boys don’t cry’: la violencia tránsfoba que no dejó a Teena Brandon ser Brandon Teena"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Resulta revelador observar cómo dialogan la homofobia y la transfobia cuando en la metamorfosis de Teena Brandon a Brandon Teena, su primo Lonny le dice: "Si fueras un tío de verdad, te follaría" y Brandon le responde: "Querrás decir que si tú fueras un tío de verdad, me follarías". Sencillamente sublime"</p></div><p class="article-text">
        El espejo es la primera prueba que hay que pasar cuando nos movemos en un sistema binario de g&eacute;nero hombre/mujer. El espejo tambi&eacute;n son los ojos que tenemos enfrente, la mirada ajena en torno a la cual construimos sistemas sociales de pertenencia y validaci&oacute;n. Esto lo sabe bien la veintea&ntilde;era Teena Brandon (incre&iacute;ble la transmutaci&oacute;n de Hilary Swank, que le procur&oacute; un Globo de Oro y un &Oacute;scar por su interpretaci&oacute;n en esta pel&iacute;cula) que est&aacute; intentando cambiar la mirada ajena para ser reconocido, legitimado y le&iacute;do como Brandon Teena: en la oposici&oacute;n masculino/femenino, el binomio nombre/apellido tambi&eacute;n forma parte del juego del espejo donde el (des)orden s&iacute; afecta al producto. Como iniciado en el ritual de performar la masculinidad, Brandon Teena se corta el pelo, lleva un c&oacute;digo de ropa masculino y adopta los movimientos y comportamientos asociados a la masculinidad hegem&oacute;nica (c&oacute;mo se sujeta un cigarro, c&oacute;mo se bebe cerveza de la botella): cada gesto es un examen social, y esto incluye meterse en peleas para impresionar o defender a las chicas (son los noventa). La masculinidad, nota a pie de p&aacute;gina, no s&oacute;lo se performa desde los cuerpos con biopene ni desde los cuerpos trans FTM*, <a href="https://www.eldiario.es/murcia/cultura/mujeres-masculinas-masculinidad-feminidad-revision-western-nicholas-ray-johnny-guitar_1_7204838.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">las biomujeres tambi&eacute;n podemos ser masculinas</a>.  
    </p><p class="article-text">
        Resulta revelador observar c&oacute;mo dialogan la homofobia y la transfobia cuando en la metamorfosis de Teena Brandon a Brandon Teena, su primo Lonny le dice: &ldquo;<em>Si fueras un t&iacute;o de verdad, te follar&iacute;a&rdquo;</em> y Brandon le responde: &ldquo;<em>Querr&aacute;s decir que si t&uacute; fueras un t&iacute;o de verdad, me follar&iacute;as&rdquo;</em>. Sencillamente sublime. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; es lo que hay que hacer si uno quiere empezar la andadura de un nuevo yo? Sin duda alguna cambiar de pueblo, y m&aacute;s si los pueblos son como nos lo muestra la directora y guionista lesbiana Kimberly Peirce en su &oacute;pera prima: circuitos cerrados donde las posibilidades de hacer prosperar los lazos sexo-afectivos se parecen bastante a cuando los perros corretean como en c&iacute;rculos tratando de morderse la cola. Son esos pueblos-jaula de los que todes les adolescentes sue&ntilde;an con escapar. Los pueblos son normas y sistemas de pensamiento, son rutinas y costumbres que riman con herrumbre. 
    </p><p class="article-text">
        Mientras se desarrolla la pel&iacute;cula y avanza la historia vemos en qu&eacute; consiste la comunidad/familia que conforman los personajes principales; &iquest;a qu&eacute; grup&uacute;sculo socio-familiar ha ido a parar Brandon? Candace es madre soltera y performa la m&iacute;stica de la feminidad y la maternidad, John es la masculinidad que lidera, es el jefe, el macho alfa, es el portero que est&aacute; en la puerta de la masculinidad pidiendo los carn&eacute;s y vigilando la masculinidad ajena. Su papel es de padre/marido/hermano-mayor de Lana y con la madre de Lana, Juliet, mantiene una relaci&oacute;n ambigua: cuando juega a ser el padre de Lana, se permite encuentros cargados de erotismo con la madre, mientras que cuando se piensa hermano mayor o novio puede operar como hijo adoptivo en la relaci&oacute;n con la madre. 
    </p><p class="article-text">
        En el grupo va siempre Tom, no conocemos mucho de su historia pero sabemos que se autolesiona y es un personaje fundamental para reforzar y validar la masculinidad de John; Tom es el aplauso social que jalea todos los trucos y ocurrencias del circo de la masculinidad que John representa. Finalmente est&aacute; Lana, una adolescente decadente y autodestructiva que odia su vida, tontea con el alcohol y las drogas y se mantiene precariamente trabajando en una f&aacute;brica de empaquetado de espinacas. Lana ser&aacute; la historia de amor rom&aacute;ntico de Brandon, a trav&eacute;s de ella nos llega la heterosexualidad de Brandon de manera inequ&iacute;voca, alej&aacute;ndonos de una historia o drama bollero. Veinti&uacute;n a&ntilde;os antes de que se publicara la obra cl&aacute;sica sobre estudios <em>queer</em> de Judith/Jack Halberstam y diecisiete antes de que 'El manifiesto contrasexual' de Paul B. Preciado viera la luz, la frase &ldquo;l<em>os verdaderos penes no son sino dildos&rdquo;</em>, cobra sentido y consistencia en los<em> </em>encuentros sexuales de Brandon y Lana. 
    </p><p class="article-text">
        Brandon no es masculinidad macho-guionada y John es consciente de ello cuando le dice a Lana &ldquo;&iquest;Qu&eacute; ves en &eacute;l?&rdquo; Entendemos que al macho le cueste ver qu&eacute; hay de sexy en una masculinidad no-macha. Todav&iacute;a hoy hay muchos intentando descifrar esas preguntas y todav&iacute;a hoy la respuesta sigue siendo patologizar todo aquello que no se entiende. La transfobia tiene infinitas maneras de manifestarse a trav&eacute;s de situaciones que se articulan como instituciones tanto sociales y culturales, como judiciales, policiales y m&eacute;dicas.
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                    alt="Arte-factos para aprobar el examen de la masculinidad"
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            <span class="title">
                Arte-factos para aprobar el examen de la masculinidad                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        En el momento del film que desencadena el drama final suena de fondo <em>Boys don&rsquo;t cry</em> de <em>The Cure</em> y pensamos que el amor todo lo puede y nuestro lado transfeminista quiere darle las gracias a Lana y besarle la frente por entenderlo todo tan r&aacute;pido sin necesidad de haberse le&iacute;do una l&iacute;nea, porque a veces ser un ser humano y respetar al otro no necesita de lecturas academicistas, pero en el entorno de Lana, por desgracia, las alarmas saltan de una manera mucho m&aacute;s trans-odiante y violenta: con la masculinidad de Brandon bajo sospecha, asistimos al juicio que se desarrolla entre el sal&oacute;n y el cuarto de ba&ntilde;o de la casa de Juliet y su hija Lana. Como conclusi&oacute;n del mismo, las masculinidades de Tom y John se ven traicionadas y humilladas: una vez roto el pacto patriarcal entre hombres, la misoginia, la homofobia y la transfobia salen a borbotones en una escena de alta violencia donde la directora no nos quiere ahorrar nada como espectadorxs. En los c&oacute;digos de honor entre machos, se lucha y se compite entre iguales, pero, &iquest;qu&eacute; competici&oacute;n es esa contra un dildo de pl&aacute;stico que para colmo siempre est&aacute; duro y erecto? Sucede as&iacute; que las l&oacute;gicas TERF confluyen con las l&oacute;gicas machopatriarcales: el pene de verdad es el macho de verdad y lo dem&aacute;s son suced&aacute;neos. &ldquo;<em>Todo esto es culpa m&iacute;a&rdquo;</em> dice el labio roto de Brandon y podr&iacute;amos decirle, colectivamente, como cantaron Las Tesis, que la culpa no era tuya, Brandon, ni de d&oacute;nde estabas ni de c&oacute;mo vest&iacute;as. &ldquo;<em>Tengo una crisis de identidad sexual&rdquo; </em>es otra manera de decir: este pueblo y estas personas no est&aacute;n preparadas para asimilar mi libertad sexual ni corporal. 
    </p><p class="article-text">
        La pel&iacute;cula tiene algo de <em>road trip</em> y de <em>Bildungsroman</em> y nos muestra lo complejo que es buscar nuestro camino en la &eacute;poca convulsa de la post-adolescencia, m&aacute;xime si eres un joven trans de apenas 21 a&ntilde;os en el marco de una Norteam&eacute;rica rural retr&oacute;grada, ignorante y cateta. Una pel&iacute;cula dura sobre todo porque no es una pel&iacute;cula, es una historia real**. Han pasado casi treinta a&ntilde;os desde la violencia contra Brandon Teena y los discursos de odio contra las personas trans siguen intactos.
    </p><p class="article-text">
        *FTM: <em>female to male</em> (de chica a chico por sus siglas en ingl&eacute;s)
    </p><p class="article-text">
        ** Para escuchar los testimonios reales de las personas que inspiraron los personajes en la pel&iacute;cula <a href="https://www.facebook.com/joe.velazquez.7/videos/10152523809713161" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pod&eacute;is verlo aqu&iacute;</a> (est&aacute; en ingl&eacute;s y sin subtitular)
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carla Boyera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/boys-don-t-cry-violencia-transfoba-no-dejo-teena-brandon-brandon-teena_1_8103998.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 05 Jul 2021 04:00:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[‘Boys don’t cry’: la violencia tránsfoba que no dejó a Teena Brandon ser Brandon Teena]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Psicosis’ y la madre performada: maternidad culpable, patologías y terror patriarcal a punta pala]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/psicosis-madre-performada-maternidad-culpable-patologias-terror-patriarcal-punta-pala_3_7889497.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2fda92f6-9bc6-4239-814c-834becb6b429_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Psicosis’ y la madre performada: maternidad culpable, patologías y terror patriarcal a punta pala"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"La anti-madre es un artefacto que funciona muy bien en el imaginario colectivo para desencadenar auténtico pavor: es antinatural, es anormal, es monstruosa. Es, ante todo, sorprendente, pues lo esperable es lo que prescribe la maternidad femenina, siempre dulce, cándida e incondicionalmente amorosa"</p></div><p class="article-text">
        Es imposible saber a ciencia cierta la cantidad de pel&iacute;culas de miedo en las que figura la madre como dispositivo que permite desarrollar ficciones de pesadilla. Como las madres somos seres de luz por antonomasia y a la maternidad se le presupone dulzura, abnegaci&oacute;n, ternura y enamoramiento infinito de sus criaturas, la anti-madre resulta un personaje muy jugoso para el cine de terror. La anti-madre es un artefacto que funciona muy bien en el imaginario colectivo para desencadenar aut&eacute;ntico pavor: es antinatural, es anormal, es monstruosa. Es, ante todo, sorprendente, pues lo esperable es lo que prescribe la maternidad femenina, siempre dulce, c&aacute;ndida e incondicionalmente amorosa. La madre es el ejemplo paradigm&aacute;tico del espacio seguro, una indefectible fuente de vida, y cuando se convierte en lugar de peligro y origen de muerte las narrativas que desencadena son extremadamente perturbadoras. Es aqu&iacute;, en la madre maligna y no en otro lugar, donde opera el espanto que se activa en este gran cl&aacute;sico de terror y suspense. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La pel&iacute;cula gira en torno a dos figuras femeninas: una presente y otra ausente. La presente es Marion (Janet Leigh), una empleada que ver&aacute; en el robo de 40 mil d&oacute;lares la posibilidad de dar una continuaci&oacute;n econ&oacute;micamente c&oacute;moda a su historia de heteroamor rom&aacute;ntico. Hitchcock se adentra, como un ladr&oacute;n-<em>voyeur</em> por la ventana, en la intimidad post-penetraci&oacute;n de la heteropareja para presentarnos, en bragas y sujetador, a su rubia protagonista. Cuarenta y siete minutos m&aacute;s tarde, nos despediremos de ella para siempre (esta vez completamente desnuda, inerte y doblada sobre el borde de la ba&ntilde;era) en otra escena con una penetraci&oacute;n diferente, aunque no por eso vac&iacute;a de erotismo, pero a eso volver&eacute; m&aacute;s adelante. 
    </p><p class="article-text">
        La otra figura protagonista del film es la madre que no est&aacute; y a la que no vemos, pero que despliega toda su presencia y poder a trav&eacute;s de su hijo, Norman Bates (Anthony Perkins). Intentamos vislumbrar su figura a trav&eacute;s de las ventanas de las habitaciones encendidas de esa t&eacute;trica casa que miramos de lejos, recortada en la oscuridad de la noche con nubes y lluvia: la madre-casa donde Norman vive. Sabemos que es una madre posesiva, territorial, una madre castradora que tiene las narrativas de la suciedad y el pecado asociados a la mujer desconocida y que no duda en identificar a Marion con la mujer-Saturna devorando a su &uacute;nico hijo<em> (&ldquo;Ve y dile que no vas a saciar su feo apetito ni con mi comida ni con mi hijo&rdquo;</em>), Marion devenida <em>vagina dentata</em>. Esta versi&oacute;n de madre dominante trae, en la otra cara de la moneda, a un hijo pusil&aacute;nime (&ldquo;<em>&iquest;Voy a tener que ir y dec&iacute;rselo yo porque a ti te faltan agallas? &iquest;Tienes agallas, chico?&rdquo;</em>)<em>:</em> la pusilanimidad es el terror de cualquier hombre que en las narrativas patriarcales no puede permitirse jam&aacute;s mostrarse d&eacute;bil ni vulnerable, pues estas categor&iacute;as est&aacute;n asociadas (positivamente, eso s&iacute;) a la feminidad o a la homosexualidad (negativamente, por supuesto). 
    </p><p class="article-text">
        El personaje del taxidermista Norman Bates nos recuerda que los t&iacute;os majos, agradables, educados, sol&iacute;citos, sonrientes y hasta t&iacute;midos pueden ser psic&oacute;patas asesinos, reforzando la idea de la eterna indefensi&oacute;n de las mujeres y nuestra posibilidad constante de convertirnos en cualquier momento en v&iacute;ctimas: el hombre como lugar de violencia para la mujer es el <em>plot twist</em> y <em>spoiler</em> que os traigo hoy, atentos hombres: es el patriarcado el que os vende como lugares de peligro y no el feminismo &iquest;Qu&eacute; se desprende, si analizamos la inquietante trama, de la experiencia vital de Norman Bates? Que es un hijo sin padre. La narrativa de la madre culpable (fracasada en su maternidad) se ve acrecentada por el hecho de que no haya una figura paterna presente: la vertiente sana y estable desde el punto de vista de la familia hegem&oacute;nica viene garantizada por un marco heteronormativo, y la premisa de un padre ausente (entendemos) da paso libre a los desmanes, la patologizaci&oacute;n, la crueldad o incluso el abuso. El padre en la familia ser&iacute;a (intuimos) freno y equilibrio a la maldad de la madre. 
    </p><p class="article-text">
        La ausencia del padre desde la infancia de Norman Bates (ten&iacute;a s&oacute;lo 5 a&ntilde;os cuando su padre muri&oacute;) ser&aacute;, pues, el pistoletazo de salida de sus traumas y del horror que se nos revela en pantalla. El determinismo con el que el propio Bates suma dos m&aacute;s dos en el relato de su propia vida como una &lsquo;trampa&rsquo; de la que no puede escapar es verdaderamente escalofriante y terror&iacute;fico. Una narrativa perversa sobre los cuidados no desde el amor, el apoyo y el cari&ntilde;o mutuos, sino desde la dependencia, la soledad y el desvalimiento, lugares desde los que se articula el chantaje emocional y la culpa. El v&iacute;nculo insano entre madre e hijo se ver&aacute; reflejado en la frase m&aacute;s ic&oacute;nica de la pel&iacute;cula &ldquo;<em>El mejor amigo de un chico es su madre&rdquo;</em> (Gracias, Marion, por esa cara de OMG que pusiste al escuchar semejante espanto).
    </p><p class="article-text">
        Queda por comentar la m&iacute;tiqu&iacute;sima escena de la ducha en la que Bernard Herrmann s&oacute;lo necesit&oacute; dos violines, una viola y un chelo para destrozarnos los nervios. Durante casi tres minutos, vemos fundirse los planos de lo er&oacute;tico/la muerte: Marion cierra los ojos, entreabre org&aacute;smicamente la boca y hasta sonr&iacute;e recorri&eacute;ndose con las manos el cuello, las clav&iacute;culas y los brazos mientras le resbala el agua por el blanqu&iacute;simo cuerpo. S&oacute;lo a la misoginia m&aacute;s perturbada se le puede ocurrir la idea de hacer er&oacute;tica una escena de insistente violencia (se pueden contar m&aacute;s de diez cuchilladas); el cuerpo deseado pasa a ser el cuerpo inerte (quiz&aacute;s tambi&eacute;n deseado): la boca entreabierta gozando la ducha es ahora la boca abierta para gritar mientras el falocuchillo penetra su carne. Este recrearse y regodearse en el cuerpo de Marion (cuyo rostro de expresi&oacute;n serena se desliza tranquilamente por la pared del ba&ntilde;o mientras muere, ajeno completamente a la violencia que se le ha perpetrado) no tiene nada que ver con el apu&ntilde;alamiento del detective, r&aacute;pido, sin jolgorio ni regocijo, (obviamente el respetable se&ntilde;or iba vestido y no le goteaba lascivamente nada por el cuerpo) que cae por las escaleras sin erotismo ni gracia alguna. S&oacute;lo a las mujeres nos est&aacute; reservada la muerte sexy. Al lado del impresionante apu&ntilde;alamiento de Marion, la peque&ntilde;a e insignificante muerte del detective Arbogast es f&aacute;cilmente olvidable y pasa por la pantalla sin pena ni gloria. 
    </p><p class="article-text">
        Alfred Hitchcock revolucion&oacute; el cine con sus movimientos de c&aacute;mara y pas&oacute; a la historia como el maestro del suspense y el puto amo del thriller psicol&oacute;gico. Sin embargo, s&oacute;lo tir&oacute; de clich&eacute;s para conformar el personaje de Marion y el de la madre trastornada de Norman. Sab&iacute;a, eso s&iacute;, que la maternidad patriarcal se performaba: la madre quedar&aacute; performada para siempre en este cl&aacute;sico inolvidable por el (in)cre&iacute;ble Anthony Perkins. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carla Boyera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/psicosis-madre-performada-maternidad-culpable-patologias-terror-patriarcal-punta-pala_3_7889497.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 02 May 2021 04:01:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[‘Psicosis’ y la madre performada: maternidad culpable, patologías y terror patriarcal a punta pala]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Así nos ven': una mini serie sobre cómo opera el mito del violador negro en la sociedad estadounidense y en sus tribunales de (in)justicia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/ven-mini-serie-opera-mito-violador-negro-sociedad-estadounidense-tribunales-in-justicia_1_7834073.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/01838adb-9510-4e66-bd1e-86d4dad19bc8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Así nos ven&#039;: una mini serie sobre cómo opera el mito del violador negro en la sociedad estadounidense y en sus tribunales de (in)justicia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Poco importaba que no encajaran los tiempos, los lugares, los hechos, el semen que no era, la sangre en la ropa que no estaba: lo relevante al montaje policial era tener nombres que fueran cabezas de turco</p></div><p class="article-text">
        El premio Primetime Emmy a la mejor miniserie fue dirigido por Ava DuVernay, tambi&eacute;n guionista, productora y actriz afroamericana. En cuatro episodios, DuVernay desbroza magistralmente no s&oacute;lo qu&eacute; pas&oacute;, sino tambi&eacute;n (y esto es muy importante) qu&eacute; supuso aquel 19 de abril de 1989. El impacto que tuvo el estreno de la miniserie en junio de 2019 forz&oacute; a la que fue fiscal asistente del caso y abogada principal del equipo de la fiscal&iacute;a, Elizabeth Lederer (Vera Farmiga), a dimitir de su puesto como profesora en la Universidad de Columbia debido a la pol&eacute;mica.
    </p><p class="article-text">
        Pasadas las 9 de la noche, hace hoy exactamente 32 a&ntilde;os, Patricia Meili, una chica blanca de 28 a&ntilde;os, sali&oacute; a correr por el parque de la zona norte m&aacute;s cercana a Harlem cuando fue salvajemente atacada y violada. La encontraron inconsciente, con hipotermia y con el 75% de su sangre fuera de su cuerpo. Una lesi&oacute;n cerebral grave la tuvo en coma 12 d&iacute;as. El caso se bautiz&oacute; en prensa como los Cinco de Central Park y su resoluci&oacute;n podr&iacute;a resumirse con esta frase de la fiscal Linda Fairstein (una rubia blanqu&iacute;sima interpretada por Felicity Huffman):&laquo;buscadme a todos los negros que hubiese aquella noche en el parque&raquo;. No acabo de hacer spoiler; el spoiler lo hace la vida: cualquier persona que haya vivido lo suficiente en este planeta como para haber desarrollado cierta consciencia de c&oacute;mo funcionan las cosas puede intuir que el asunto no acaba bien.
    </p><p class="article-text">
        En el primer episodio, DuVernay reconstruye la noche de los hechos y del montaje policial. Interrogados por la polic&iacute;a, los cinco menores estuvieron hasta 42 horas esposados a las sillas sin presencia de sus madres ni abogados. &iquest;Qu&eacute; vemos? Familias desinformadas y vulnerables son v&iacute;ctimas de una ficci&oacute;n policial que se volver&aacute; real. Vemos negligencia y estupidez policial y judicial con fort&iacute;simo e innegable sesgo racista y a t&iacute;teres recitando el Manual de las L&oacute;gicas Coloniales de peligrosidad, salvajismo y violencia de los negros. 
    </p><p class="article-text">
        Es muy frecuente (lo vivimos en Espa&ntilde;a con La Manada) y lamentable que el ataque al cuerpo (siempre sagrado) de las mujeres nos traiga discursos que ensalzan valores punitivistas. El empe&ntilde;o de la fiscal porque se haga &laquo;justicia&raquo; al cuerpo de Patricia ejemplifica a la perfecci&oacute;n lo que curiosa y feministamente siempre se reclama: c&aacute;rcel. Digo curiosamente porque me parece que las l&oacute;gicas carcelarias est&aacute;n bien alejadas de la defensa de los derechos humanos. Pero vuelvo. Poco importaba que no encajaran los tiempos, los lugares, los hechos, el semen que no era, la sangre en la ropa que no estaba: lo relevante al montaje policial era tener nombres que fueran cabezas de turco que dieran a la audiencia &aacute;vida de seguridad la certeza de que se hab&iacute;a encontrado a los culpables, se hab&iacute;a reparado el da&ntilde;o a Patricia Meili y se estaba haciendo justicia; es decir, que se restauraba el orden (blanco) gracias a la actuaci&oacute;n y a la investigaci&oacute;n policial y se recuperaba la fe en la justicia, en sus estructuras y en sus instituciones. El final del primer episodio (&laquo;Nos hicieron mentir&raquo;/&ldquo;Por qu&eacute; nos hacen esto&rdquo;/&ldquo;De qu&eacute; otra manera nos han tratado siempre?&rdquo;) nos deja un di&aacute;logo de referencia hist&oacute;rica (a pesar de la juventud de los protagonistas) sobre la memoria del racismo.
    </p><p class="article-text">
        El segundo episodio narra el juicio. Con abogados diferentes, los adolescentes obtuvieron sentencias dispares, estando entre 6 y 13 a&ntilde;os cumpliendo sentencias en reformatorios (los cuatro menores negros y el chico hispano: Antron McCray (Caleel Harris), Kevin Richardson (Asante Blackk), Yusef Salaam (Ethan Herisse) y Raymond Santana (Marquis Rodriguez) y en prisi&oacute;n el &uacute;nico del grupo que ten&iacute;a 16 a&ntilde;os, Korey Wise (Jharrel Jerome). La criminalizaci&oacute;n medi&aacute;tica no tuvo que esforzarse mucho cuando los que compran los peri&oacute;dicos tienen en el imaginario bien vivos y aprendidos los relatos de terror del negro violador, la doble pesadilla blanca: amenaza de raza y amenaza sexual.
    </p><p class="article-text">
        En el tercer episodio, DuVernay visibiliza y denuncia con su trabajo lo que todo el proceso de injusticia le hizo a estas cinco personas. Im&aacute;genes y planos contrapicados nos dan cuenta del adolescente que entr&oacute; y el adulto que sale: han pasado en algunos casos 13 a&ntilde;os y el cuerpo, incluso sin libertad ni espacio, ha crecido. Se suele hablar de la c&aacute;rcel en t&eacute;rminos falaces de rehabilitaci&oacute;n, pero, &iquest;c&oacute;mo se rehabilita uno despu&eacute;s de pasar por la c&aacute;rcel cuando tu familia, tus amigos, tu barrio, tus ganas de encontrar un trabajo, siguen siendo una extensi&oacute;n de la propia prisi&oacute;n y la sombra del estigma es m&aacute;s larga que la que proyecta tu propia silueta?
    </p><p class="article-text">
        El cuarto episodio se centra en la figura de Korey Wise: el &uacute;nico de los cinco que ni siquiera fue arrestado esa noche y que s&oacute;lo fue a comisar&iacute;a para acompa&ntilde;ar a su amigo Yusef. Imposible no trasladarse al 4F en Barcelona con lo sucedido a Patricia Heras en otro caso, esta vez marca 'expa&ntilde;a', de montaje policial. No dej&eacute;is de ver el documental <a href="https://www.youtube.com/watch?v=QIeFJqt0rqg&amp;ab_channel=ElVellBlues" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ciutat Morta</a> para comprobar c&oacute;mo lo que pensamos que no puede ser existe.
    </p><p class="article-text">
        Korey Wise fue la pieza del puzle que les faltaba para montarlo todo. En este &uacute;ltimo episodio tambi&eacute;n se descubre qui&eacute;n atac&oacute; realmente a Patricia Meili y por qu&eacute; circunstancia del azar confes&oacute; su crimen precipitando, por fin, la puesta en libertad de los adolescentes inocentes.
    </p><p class="article-text">
        En las proyecciones sociales racistas y coloniales los hombres negros se convierten en bestias que devoran a las mujeres blancas. Tal y como documenta Mithu M. Sanyal en su obra &ldquo;Violaci&oacute;n. Aspectos de un crimen de Lucrecia al #MeToo&rdquo; (&hellip;) la palabra &ldquo;violaci&oacute;n&rdquo; se us&oacute; por primera vez en 1883 en la National Police Gazette en referencia a un &ldquo;violador negro&rdquo;. Thomas Nelson Page, abogado estadounidense descendiente de arist&oacute;cratas asentados en el condado de Virginia (condado, por cierto, que debe su nombre a la reina Isabel I de Inglaterra, apodada, qu&eacute; cosas, &ldquo;la reina virgen&rdquo;), fue tambi&eacute;n embajador de los EEUU en Italia y alguien tuvo que hacerle las comidas y limpiarle y gestionarle bien la casa para que &eacute;l pudiera escribir las m&aacute;s de veinte novelas que lleg&oacute; a publicar entre 1884 y 1914. 
    </p><p class="article-text">
        Pareciera que de tan &iacute;nclita boca fueran a salir s&oacute;lo pensamientos refinados, pero lo cierto es que este personajo-que-rima-con-escupitajo aplaud&iacute;a los linchamientos a la comunidad negra indicando que ellos eran los &uacute;nicos culpables de haber sido asesinados y que forzar mujeres era un crimen &ldquo;que se circunscribe casi por completo a la raza negra&rdquo;. El buen se&ntilde;or elev&oacute; as&iacute; a la m&aacute;xima potencia lo que hoy conocemos como victim blaming (culpabilizaci&oacute;n de la v&iacute;ctima). Encontrar las siete diferencias entre este inmundo ser humano blanco de principios de siglo y la escoria Donald Trump que, adem&aacute;s de usar parte de su inmensa fortuna en pagar una campa&ntilde;a de odio contra los cinco adolescentes, escribi&oacute; una carta a los medios rezumando racismo, poniendo el foco en la seguridad y pidiendo que volviera la pena de muerte al estado de Nueva York muchos a&ntilde;os antes de que sus repugnantes discursos e ideas lo encumbraran como presidente de EEUU, no es tarea f&aacute;cil. Para justificar los linchamientos (el t&eacute;rmino nace en el S.XVIII y las pr&aacute;cticas de asesinato y tortura llegan hasta mediados del S.XX) de tal manera que fuesen socialmente aceptados se ech&oacute; mano, explica la activista feminista antirracista Angela Davis en &ldquo;Mujer, raza y clase&rdquo;, de la acusaci&oacute;n de violaci&oacute;n: es as&iacute; como nace, en un contexto de fuertes tensiones raciales, el mito del violador negro.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s ayude a entender el desamparo pol&iacute;tico al que se enfrentaron los cinco adolescentes racializados el hecho de que en esas mismas fechas romp&iacute;a ya en la orilla social estadounidense la Segunda Ola Feminista en cuya agenda, adem&aacute;s de las desafortunadas luchas internas por temas como la pornograf&iacute;a o el trabajo sexual, no estuvo el desacreditar las narrativas racistas que alimentaban la imagen del negro como amenaza para la mujer blanca. Sobra decir que el movimiento feminista era (es) predominantemente blanco. Es lo que Nerea Barjola en su &ldquo;Microf&iacute;sica sexista del poder. El caso Alc&agrave;sser y la construcci&oacute;n del terror sexual&rdquo; explicaba sobre las din&aacute;micas de poder que hacen del relato del peligro sexual un mecanismo eficaz para disciplinar los cuerpos de las mujeres, s&oacute;lo que en este caso hay un plus de raza y los cuerpos a disciplinar son negros como grupo subordinado al poder blanco, por supuesto tambi&eacute;n a las mujeres blancas. 
    </p><p class="article-text">
        De las 3.254 <a href="https://www.theguardian.com/us-news/2016/feb/17/central-park-five-donald-trump-jogger-rape-case-new-york" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">violaciones denunciadas </a>en los cinco distritos de Nueva York en el a&ntilde;o 1989, s&oacute;lo el caso de los Cinco de Central Park atrajo la atenci&oacute;n de la prensa, &iquest;por qu&eacute;? &iquest;Por qu&eacute; no ese otro caso, sucedido casualmente tambi&eacute;n ese mismo d&iacute;a, en Brooklyn, en el que dos hombres blancos (el color es m&iacute;o, en los medios de comunicaci&oacute;n no dieron cuenta del color de piel de los violadores y cuando no se nombra el color o el origen de uno o varios agresores, siempre son patriotas marca local) violaron a una mujer negra y la tiraron desde el tejado de un edificio de cuatro plantas? La respuesta seguramente pueda estar contenida en esta pregunta que se hace la gran activista chicana Gloria Anzald&uacute;a: &ldquo;C&oacute;mo nos atrevemos a salirnos de nuestras caras de color. C&oacute;mo nos atrevemos a revelar la carne humana bajo la piel y sangrar sangre roja como el pueblo blanco&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carla Boyera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/ven-mini-serie-opera-mito-violador-negro-sociedad-estadounidense-tribunales-in-justicia_1_7834073.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 19 Apr 2021 04:00:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Así nos ven': una mini serie sobre cómo opera el mito del violador negro en la sociedad estadounidense y en sus tribunales de (in)justicia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Netflix,Racismo,Violaciones,Estados Unidos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Death proof' de Tarantino o las amigas como dispositivo contra la violencia machista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/death-proof-tarantino-amigas-dispositivo-violencia-machista_1_7288326.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1d51d6d4-ba59-4ed6-b584-897b4401c156_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Death proof&#039; de Tarantino o las amigas como dispositivo contra la violencia machista"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Así lo entiende también el sheriff que, aunque no ha hecho ningún máster en estudios de género ni ha leído una línea sobre la cultura de la violación, sabe mucho de las estructuras de poder que se la ponen dura a los machos</p><p class="subtitle">Las mujeres masculinas: masculinidad y feminidad a revisión en el western de Nicholas Ray ‘Johnny Guitar’</p></div><p class="article-text">
        Unos pies de perfectas u&ntilde;as pintadas de rojo que siguen el ritmo de la m&uacute;sica sobre el salpicadero de un coche van a recoger a unas piernas desnudas y largas como autopistas de carne desliz&aacute;ndose serpenteantes por un plano contrapicado que acaba en un culo en bragas asomado a una ventana. Est&aacute; claro que a Quentin no le gustan las mujeres, Quentin con lo que saliva es con algunos trozos de las mujeres: las piernas y los culos. Pero este relato cinematogr&aacute;fico fragmentado de las partes del cuerpo femenino o, dicho de otra manera, esta visi&oacute;n de una persona (en este caso una mujer) a cachos es la representaci&oacute;n objetualizada o despersonalizada t&iacute;pica que una persona (en este caso un hombre) hace de nuestros cuerpos.&nbsp;Y no de cualquier cuerpo, desde luego. A Quentin le gusta sacar en sus pelis t&iacute;as buenas y, aunque no vamos a darle el punto en el carnet feminista por ser original ni subversivo ni por trabajar f&iacute;lmicamente con cuerpos de belleza y formas no-hegem&oacute;nicas, s&iacute; tenemos que concederle que las tres amigas (especialmente en la segunda parte de la pel&iacute;cula) que van en el coche son material feminazi de la mejor calidad.
    </p><p class="article-text">
        Tanto la primera parte de la pel&iacute;cula ubicada en Austin, Texas, como la segunda (14 meses despu&eacute;s) de localizaci&oacute;n en Lebanon, Tennessee, tienen escenas en las que el contenido e inter&eacute;s del gui&oacute;n flaquean y el ritmo se cae. Puedes aprovechar para ir al ba&ntilde;o, poner el segundo <em>round</em> de palomitas a calentar o revisar tus wasaps que no te vas a perder nada. Una de estas escenas prescindibles est&aacute; rodada dentro del bar G&uuml;eros y sale el mism&iacute;simo director d&aacute;ndose unos segundillos narcisistas de gloria (ay, el ego, Quen, el ego). Ni &eacute;l, ni el protagonista masculino, ni ninguno de los personajillos de fondo colaterales a la historia principal salen troceados, por cierto.
    </p><p class="article-text">
        Mike &lsquo;el doble&rsquo; (Kurt Russell) es la versi&oacute;n abyecta y vomitiva de Michael Knight que acecha en su falocoche negro, el motor haciendo un <em>manspreading</em> en el aire con su ruido infernal. <em>&laquo;Poca picha&raquo; </em>es el comentario-reacci&oacute;n que tiene una de las protagonistas en la pel&iacute;cula y hay que decir que es un comentario bien extendido fuera de la gran pantalla tambi&eacute;n. Desmontar el mito del macho subido al trono de su miembro viril quit&aacute;ndole importancia y tama&ntilde;o al pene es una manera bastante breve y pedag&oacute;gica de se&ntilde;alar que necesitamos nuevas masculinidades. &nbsp;El intimidatorio y macabro conductor del falocoche lleva una calavera enorme pintada de blanco sobre el cap&oacute; negro. <em>&laquo;Eso da miedo&raquo;</em> dice la rubia vulnerable a la que le auguramos un mal final y que r&aacute;pidamente establece la conexi&oacute;n entre la calavera y la muerte. <em>&laquo;Quer&iacute;a que impresionara y el miedo impresiona&raquo; </em>replica el psic&oacute;pata, y seguro que ya hay alguna tesis doctoral escrita sobre c&oacute;mo el macho en sus narrativas naturalizadas de dar muerte confunde nefastamente ser un chungo y dar miedo con algo que est&aacute; bien lejos de <em>impresionarnos </em>como hembras en el marco heterofolcl&oacute;rico de danzas y rituales del apareamiento.
    </p><p class="article-text">
        La obsesi&oacute;n y el gusto por matar mujeres, hacerles da&ntilde;o y ejercer todo tipo de violencias sobre sus cuerpos est&aacute; no solo presente en el cine, sino en todas las artes, y, como t&eacute;rmino paraguas de gran complejidad y alcance, esto se ha convenido llamar &lsquo;cultura de la violaci&oacute;n&rsquo;. En el imaginario del macho-artista que ficciona y fantasea (y que luego encuentra su desgraciada r&eacute;plica en el macho que produce realidad) esto es recurrente y va mucho m&aacute;s all&aacute; del componente sexual. Me gusta especialmente c&oacute;mo trasciende la cuesti&oacute;n sexual la feminista peruana &Uacute;rsula Santa Cruz Castillo cuando introduce la violencia euroc&eacute;ntrica sobre los cuerpos colonizados que se analiza desde los feminismos decoloniales y antirracistas. Pero vuelvo al filme. Aunque el conductor letal a las mujeres ni las toca, el miedo en la v&iacute;ctima tiene un efecto m&aacute;s poderoso y erotizante en el agresor que una caja de Viagra. As&iacute; lo entiende tambi&eacute;n el sheriff que, aunque no ha hecho ning&uacute;n m&aacute;ster en estudios de g&eacute;nero ni ha le&iacute;do una l&iacute;nea sobre la cultura de la violaci&oacute;n, sabe mucho de las estructuras de poder que se la ponen dura a los machos. Lo vemos cuando hace su reflexi&oacute;n sobre el asesinato de las tres mujeres: <em>&laquo;Debe de ser el &uacute;nico modo en el que ese degenerado se corra&raquo;</em>.
    </p><p class="article-text">
        Las chicas que compran revistas de chicas y llevan unicornios estampados en la camiseta tambi&eacute;n te pueden pegar una paliza: esta ser&iacute;a una buena conclusi&oacute;n a la que llegar como espectador. La conversaci&oacute;n final (<em>&laquo;&iquest;Quieres que vayamos a por &eacute;l?&raquo; &laquo;&iexcl;Joder, s&iacute;!&raquo; &laquo;&iexcl;Matemos a ese cabr&oacute;n!&raquo;) </em>est&aacute; en la l&iacute;nea argumental de Virginie Despentes y Elsa Dorlin de defender el derecho a la violencia para la preservaci&oacute;n de la propia vida, la obligada revisi&oacute;n del propio concepto de &lsquo;violencia&rsquo; cuando se enmarca dentro de la autodefensa y, en &uacute;ltima instancia, la violencia que me interesa aplaudir: la de los grupos hist&oacute;rica y tradicionalmente machacados, la violencia de lxs subalternxs, entre los que se encuentran, sin duda alguna, las mujeres. Que sean dos mujeres masculinas y una madre el elenco elegido por Quentin para darle al macho la ensalada de hostias de su vida no puede dejar de vitorearse. Las tres son el capit&aacute;n Ahab persiguiendo al demonio blanco de Moby Dick, s&oacute;lo que el falocoche es negro y la ballena un hijo sano del patriarcado. En la cadena sexual alimentaria de involuci&oacute;n darwinista, Tarantino invierte el orden del binomio violento/violentada: el depredador ahora es presa; el verdugo, v&iacute;ctima. Y no nos da ninguna pena; los &uacute;ltimos instantes del final, simplemente, no queremos que se acaben.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carla Boyera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/death-proof-tarantino-amigas-dispositivo-violencia-machista_1_7288326.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 09 Mar 2021 11:03:53 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Feminismo,Cine,Películas,Quentin Tarantino]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las mujeres masculinas: masculinidad y feminidad a revisión en el western de Nicholas Ray ‘Johnny Guitar’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/mujeres-masculinas-masculinidad-feminidad-revision-western-nicholas-ray-johnny-guitar_1_7204838.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f18c638a-988f-4bdc-af9a-1feb39f9d397_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las mujeres masculinas: masculinidad y feminidad a revisión en el western de Nicholas Ray ‘Johnny Guitar’"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nunca una mujer se apoyó así en ninguna barandilla con la intención de no ser sexy, ni de gustar a ningún hombre, ni de mostrarse seductora. Ella es, literal y metafóricamente, la que lleva los pantalones</p></div><p class="article-text">
        Resulta muy poco previsible que un western, categor&iacute;a monol&iacute;tica por excelencia de performatividad sin sorpresas de roles de g&eacute;nero y apabullante protagonismo masculino, nos d&eacute; la oportunidad de reflexionar sobre la masculinidad y la feminidad como lo hace esta at&iacute;pica y original propuesta de Nicholas Ray. Con un modesto presupuesto que se ajusta a las pel&iacute;culas de serie b, este western nos presenta a un personaje masculino que vuelve tras cinco a&ntilde;os de ausencia: la transformaci&oacute;n de su identidad no queda s&oacute;lo en el simbolismo de cambiarse el apellido (herencia patrilineal de tantas cosas machunas), sino que tambi&eacute;n afecta a su nueva arma de seducci&oacute;n: una guitarra. Johnny Guitar (Sterling Hayden) cambia la violencia f&aacute;lica y los dedos tensos en el duro rev&oacute;lver por las manos flexibles sobre el m&aacute;stil de su guitarra sin que eso suponga un quiebro en su masculinidad: vemos que Johnny se las apa&ntilde;a bien para conservar intacta su chuler&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        Johnny Guitar entra, en medio de una tormenta de arena, en el local Vienna&rsquo;s y pregunta por <em>&lsquo;the boss&rsquo;</em>. El ingl&eacute;s tiene esta cosa maravillosa de no denotar g&eacute;nero en pr&aacute;cticamente ninguno de sus sustantivos por lo que, viendo la pel&iacute;cula en versi&oacute;n orginal, dejamos que el imaginario machista y patriarcal opere en nuestras cabezas asumiendo ya la figura masculina justo cuando Vienna (sublime interpretaci&oacute;n de la enorma Joan Crawford) aparece potent&iacute;sima asomada a la barandilla del piso de arriba: s&iacute;, ella es <em>&lsquo;the boss&rsquo;</em>, la jefa, la due&ntilde;a del suelo por donde se pisa y desde arriba con los brazos abiertos como un c&oacute;ndor da las &oacute;rdenes sin afectaci&oacute;n femenina. Nunca una mujer se apoy&oacute; as&iacute; en ninguna barandilla con la intenci&oacute;n de no ser sexy, ni de gustar a ning&uacute;n hombre, ni de mostrarse seductora. Ella es, literal y metaf&oacute;ricamente, la que lleva los pantalones. <em>&laquo;Vienna est&aacute; ocupada. Tendr&aacute; que esperar&raquo;</em> es la frase que nos avisa sobre qu&eacute; tipo de mujer est&aacute; por aparecer; aunque es de las que te hacen esperar, est&aacute; lejos de ser le&iacute;da como el clich&eacute; que suele ser la <em>femme fatale</em>. 
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                Vienna (Joan Crawford) asomada a la barandilla de su local de apuestas                            </span>
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        Vienna es una forastera que quem&oacute; sus maletas nada m&aacute;s llegar porque sab&iacute;a que ven&iacute;a para quedarse. As&iacute; de radical se sent&iacute;a en el <em>far west</em> aquello de que si quieres ser due&ntilde;a de un pedazo de tierra lo &uacute;nico que tienes que hacer es trabajarla y as&iacute; fueron las cosas para muchas mujeres que no ve&iacute;an en el matrimonio un futuro deseable. Vienna maneja un lenguaje corporal masculino, usa pantalones y camisa y lleva el pelo corto. No se viste para gustar ni para complacer y los planos contrapicados nos sugieren la posici&oacute;n desde la que los dem&aacute;s la han de ver: desde abajo. <em>&laquo;Nunca vi a una mujer que fuera m&aacute;s hombre. Piensa como un hombre, act&uacute;a como un hombre y a veces me hace sentir como si yo no fuera uno.&raquo;</em> Esta frase para tatuarse pronunciada por uno de los empleados de la casa de apuestas de Vienna me puso los ojos redondos y llorosos como los de un dibujo animado manga. <em>&laquo;Nunca me imagin&eacute; que recibir&iacute;a el sueldo de una mujer y que me gustar&iacute;a&raquo;,</em> nos dice otro. Desordenado el g&eacute;nero y rotas las jerarqu&iacute;as marcadas por el binarismo de arriba y abajo, ya no es humillante trabajar para una mujer, ni acatar sus &oacute;rdenes. Es lo que casi treinta a&ntilde;os m&aacute;s tarde reformular&iacute;a Monique Wittig en &laquo;El pensamiento heterosexual&raquo; con aquello de que, si entendemos la categor&iacute;a &lsquo;mujer&rsquo; como algo subordinado, dependiente, obediente y supeditado al deseo del hombre, las lesbianas, consecuentemente, no eran mujeres puesto que no eran subalternas del r&eacute;gimen heterosexual y escapaban de esas l&oacute;gicas dominaci&oacute;n y sometimiento. En esa l&iacute;nea de reflexi&oacute;n est&aacute; el empleado de Vienna: si mi jefa piensa y act&uacute;a como un hombre, entonces quiz&aacute;s yo no sea uno. Interesante y jugoso planteamiento sobre qu&eacute; comportan la feminidad y la masculinidad. Nada mal para ser un western del a&ntilde;o 54 escrito (el gui&oacute;n y tambi&eacute;n la novela hom&oacute;nima en la que se basa la pel&iacute;cula) y dirigido por hombres. 
    </p><p class="article-text">
        La de Vienna es una heterosexualidad no esclava que la ha dejado seguir con su vida y ser due&ntilde;a de un futuro propio. Curiosamente, las pocas veces en que Vienna performa su feminidad, vemos que debe desprenderse de sus vestidos, literalmente, si quiere conservar la vida. Entendemos as&iacute;, todav&iacute;a hoy, que se puede interpretar la feminidad como un lugar de peligro para las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        Emma (Mercedes McCambridge) es otra de las grand&iacute;simas protagonistas de esta pel&iacute;cula y es otra mujer masculina. Una de las im&aacute;genes m&aacute;s potentes la protagoniza ella cuando entra en el local de Vienna liderando a los hombres del pueblo como si fueran una bandada de aves carro&ntilde;eras: formando una flecha negra por el luto tras el asesinato de su hermano, ella es la hembra alfa que se sit&uacute;a en el v&eacute;rtice del tri&aacute;ngulo, altiva y rabiosa. 
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                Emma (Mercedes McCambridge) es la hembra alfa que lidera la bandada de hombres                            </span>
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        Bajo el falso pretexto de buscar justicia, Emma esconde una historia de celos y venganza. Mujer econ&oacute;micamente poderosa, lucha por mantener el privilegio de su poder y de sus tierras, pero su rabia de mujer despechada es m&aacute;s grande que el m&aacute;s grande de sus ranchos. Emma tambi&eacute;n lidera y comanda, alimenta y enaltece las suspicacias. Es manipuladora y tiene bien aprendida la mis&oacute;gina competitividad entre las mujeres cuando se trata de luchar por el hombre entendido como coto privado de caza. 
    </p><p class="article-text">
        Aunque el t&iacute;tulo de la pel&iacute;cula no hace justicia a las personajes m&aacute;s sustanciosas de la trama, esta es, sin duda alguna, la historia de la guerra entre estas dos mujeres. Los hombres que hay detr&aacute;s (sobre todo de Emma) son parte del decorado, del atrezzo inevitable al hilo narrativo, el marco necesario para que tengamos el duelo m&aacute;s esperado de estos 111 minutos: el duelo final entre Emma y Vienna, donde los hombres son meros espectadores, sus cabezas yendo de una mujer a otra siguiendo (desde abajo otra vez) la trayectoria del partido de balas. 
    </p><p class="article-text">
        Estas son mujeres que, si bien no se libran de convulsas historias rom&aacute;nticas con hombres, nunca leeremos como d&eacute;biles, desvalidas, dependientes, &ntilde;o&ntilde;as o tristes. Mujeres que no nos importa si quieren o tienen hijos, si saben coser o cocinar, si tienen cuerpo o movimientos canon para atraer hombres y desgracias. Mujeres con fortuna, negocios y armas: mujeres con la posibilidad de ser violentas, agresivas, que no est&aacute;n en la pantalla para dar vida, sino para quitarla. Mujeres vestidas en una pel&iacute;cula sin seducci&oacute;n de piel desnuda, &nbsp;donde los cuerpos de las protagonistas no ocupan minutos ni atenci&oacute;n. Mujeres respetables y respetadas no por custodiar su sexualidad, sino por ser mujeres fuertes y carism&aacute;ticas: las vemos ense&ntilde;ar los dientes, llenarse de barro y polvo, pasar por debajo de cascadas y mojarse sin hacer un solo comentario a su aspecto ni quejarse. 
    </p><p class="article-text">
        Como apunta Judith Halberstam en su obra imprescindible &laquo;Masculinidad femenina&raquo;, <em>existen nuevas masculinidades que est&aacute;n siendo producidas por mujeres y la prohibici&oacute;n de masculinidad a las mujeres merece ser analizada. </em>Quiz&aacute;s mientras<em> </em>se entienda que la masculinidad es un lugar de poder, nos est&eacute; vetada. Y quiz&aacute;s desde los feminismos, adem&aacute;s de deconstruir al macho, deber&iacute;amos construir nuevas feminidades. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carla Boyera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/mujeres-masculinas-masculinidad-feminidad-revision-western-nicholas-ray-johnny-guitar_1_7204838.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 09 Feb 2021 11:22:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las mujeres masculinas: masculinidad y feminidad a revisión en el western de Nicholas Ray ‘Johnny Guitar’]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Una mujer bajo la influencia... ¿de qué?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/mujer-influencia_1_6743631.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6e1773e6-3729-4522-b91e-a0e25e817dd0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una mujer bajo la influencia... ¿de qué?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La primera vez que veo a Mabel en la pantalla pienso en una versión estresada de la diosa hindú Durga de múltiples brazos: el pijama, los zapatos, el suéter, la bici, el cartón de zumo en la mano</p></div><p class="article-text">
        Me imagino a Gena Rowlands dici&eacute;ndole a su marido: John, escr&iacute;beme un gui&oacute;n para interpretar a una mujer desquiciada que lleva una vida normal. Y John Cassavetes vino un d&iacute;a de 1974 con esta pel&iacute;cula que finalmente sali&oacute; adelante con no pocos problemas de financiaci&oacute;n porque, &iquest;qu&eacute; inter&eacute;s pod&iacute;a tener la historia de Mabel, una mujer mentalmente desequilibrada, casada con un obrero de la construcci&oacute;n, ama de casa y con tres hijxs? &iquest;Qui&eacute;n iba a pagar por una butaca para sentarse a ver eso? &iquest;Qu&eacute; tiene de loco, adem&aacute;s, estar casada, ser ama de casa y tener tres hijxs? 
    </p><p class="article-text">
        La primera vez que veo a Mabel en la pantalla pienso en una versi&oacute;n estresada de la diosa hind&uacute; Durga de m&uacute;ltiples brazos: el pijama, los zapatos, el su&eacute;ter, la bici, el cart&oacute;n de zumo en la mano. La veo salir al jard&iacute;n con la agitaci&oacute;n y la prisa de quien sale de una casa en llamas, pero no hay fuego, s&oacute;lo unxs ni&ntilde;xs que se van a pasar la noche con su abuela para que la pareja pueda disfrutar de una velada rom&aacute;ntica hegem&oacute;nica a solas. Mabel va pasada de revoluciones, pero las madres-Durga de m&uacute;ltiples brazos sabemos que eso no es ninguna patolog&iacute;a, simplemente son los malabares del d&iacute;a a d&iacute;a. Necesitamos, no obstante, que avance la pel&iacute;cula, en todos sus 155 minutos, para ver los gestos el&eacute;ctricos como anguilas, las conversaciones como pr&oacute;tesis que el cuerpo rechaza, los tics nerviosos que le arrugan la frente como si fuera una hoja de papel. Como escribi&oacute; la estadounidense Kate Millett, escritora feminista famosa por su Pol&iacute;tica sexual y su potente activismo y discurso anti-psiquiatrizaci&oacute;n: <em>&laquo;&iquest;C&oacute;mo decidir qu&eacute; es locura, qu&eacute; es cordura, qu&eacute; es el estr&eacute;s, la ira, el enfado o la confusi&oacute;n?&raquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        No sabemos nada sobre la historia de la enfermedad mental de Mabel, cu&aacute;ndo, c&oacute;mo ni por qu&eacute; empez&oacute;, pero en medio de todo el caos, viene una frase que quiz&aacute;s nos est&eacute; dando una pista para entender esa <em>escape room</em> que es el interior de la cabeza de nuestra protagonista: <em>&laquo;&iquest;Sab&eacute;is ni&ntilde;os que no he hecho nada m&aacute;s en la vida que teneros?&raquo;. </em>&iquest;Ser&aacute; esta la llave de su angustia? &iquest;Ser&aacute; la domesticidad vac&iacute;a, aburrida y asfixiante, la ficci&oacute;n en torno a la m&iacute;stica de la feminidad y el &aacute;ngel del hogar lo que le ha costado la salud mental a Mabel? Es muy dif&iacute;cil entender que se pueda desatar la locura en lo normalizado, en lo naturalizado, que lo cotidiano puede volverse opresivo, sobre todo cuando hay tantas mujeres, esposas, madres, familias enteras que viven toda esa olla a presi&oacute;n sin echar de menos ninguna v&aacute;lvula de escape.
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                Fotograma de Mabel con uno de sus hijxs                            </span>
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        Como en los cuentos de Raymond Carver, padre del que fue denominado &laquo;realismo sucio&raquo;, el gui&oacute;n minimalista que propone Cassavetes en este film experimental no ofrece distracciones en lo narrativo ni en lo est&eacute;tico y nos deja, por el contrario, mucho trabajo para pensar como espectadores: de repente hay algo inquietante y terriblemente inc&oacute;modo en sentarte a comer unos espaguetis con tomate con tu marido y sus compa&ntilde;eros de trabajo. No sabemos bien qu&eacute; es, pero se ha instalado la tensi&oacute;n, se prolonga la zozobra, hay una inquietud que nos asfixia y desespera en esas escenas lentas y largas y en esos primeros planos tremendamente invasivos. 
    </p><p class="article-text">
        <em>&laquo;&iexcl;S&eacute; t&uacute; misma! &iexcl;Quiero que seas t&uacute;! &iexcl;Esta es tu casa! &iexcl;Que les den!&raquo; </em>le grita Nick a su<em> </em>mujer planteando lo que me parece una de las cuestiones m&aacute;s dif&iacute;ciles y profundas<em> </em>en las narrativas que intercalan enfermedad/salud mental e identidad. <em>&laquo;Ojal&aacute; nadie me hubiera dicho que estaba loca. Entonces no lo estar&iacute;a&raquo;, </em>escribi&oacute; Kate Millett.<em> </em>El estigma social, al amparo del discurso /m&eacute;dico/psiqui&aacute;trico, opera tambi&eacute;n como un dispositivo que condiciona, mide y valida la funcionalidad del individuo. Si el individuo adem&aacute;s es madre, saltan todas las alarmas en torno a la capacidad de esa mujer para ejercer el trabajo materno. Observando c&oacute;mo interact&uacute;an las criaturas con su madre en la pantalla, me pregunto cu&aacute;ntxs profesionales e instituciones habr&aacute; no-observando a las criaturas de las madres trastornadas al otro lado de la pantalla, por qu&eacute; tanta legislaci&oacute;n enferma empe&ntilde;ada en no-escuchar a la infancia. 
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s la frase<em> &laquo;Nada de emociones. Quiero estar tranquila&raquo;</em> nos est&eacute; dando otra clave para despedazar y dejar en cad&aacute;ver irrecuperable esa construcci&oacute;n (m&eacute;dica tambi&eacute;n) de que las mujeres somos seres emocionales y los hombres seres racionales, aquella diferenciaci&oacute;n maricasta&ntilde;a raz&oacute;n/cordura versus emoci&oacute;n/locura. De aquellos barros aristot&eacute;licos, llegaron los lodos freudianos, aunque por suerte Cassavetes nos presenta tambi&eacute;n a un marido (Peter Falk) si no loco diagnosticado, s&iacute; a todas luces sobrepasado. Explosivo, tosco, torpe, perdido&hellip; Gracias, John, por no traernos el clich&eacute; del Marido Pr&iacute;ncipe Perfecto, del Hombre Rescatador, del Padrazo Condecorado, del Macho Victimizado. Gracias por saber hilar tan fino en el s&eacute;ptimo arte ese realismo sucio de las personas normales y corrientes, de los seres humanos identificables y cre&iacute;bles. Gracias por las contradicciones que desmontan la masculinidad maniquea y nos presentan a este hombre agotado, inestable y terriblemente emocional, capaz de ser camisa de fuerza de piel, huesos, ternura y comprensi&oacute;n para su mujer en plena crisis nerviosa. El consejo que Silas Weir Mitchell, reputado neur&oacute;logo estadounidense, le dio a la escritora feminista Charlotte Perkins Gilman tras varios a&ntilde;os de padecer &eacute;sta depresi&oacute;n y crisis nerviosas <em>(&laquo;Vive una vida tan hogare&ntilde;a como te sea posible&raquo;), </em>sin duda<em> </em>forma<em> </em>parte del manual de instrucciones de la Ciencia Macha (siempre m&aacute;s macha que ciencia), que obvia e ignora completamente que la casa y lo dom&eacute;stico pueden devenir manicomio. 
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s porque inicialmente la idea era hacer una obra de teatro, gran parte de la pel&iacute;cula transcurre dentro de la casa de los Longhetti. La casa-sal&oacute;n-dormitorio como escenario por antonomasia de lo cotidiano y lo dom&eacute;stico nos hace conectar f&aacute;cilmente con la claustrofobia dentro de la cabeza de Mabel. No me parece nada sencillo transformar <em>lo normal</em> en una historia de angustia y tensi&oacute;n. La espectacular interpretaci&oacute;n de Gena Rowlands (se sale de la pantalla) y el extraordinario Peter Falk hacen de este largo largometraje una apuesta muy bestia para reflexionar sobre lo sano y lo enfermo, sobre lo anormal que habita en nuestra asfixiante normalidad personal, familiar y social.
    </p><p class="article-text">
        *La pel&iacute;cula se puede ver en Filmin
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carla Boyera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/mujer-influencia_1_6743631.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 12 Jan 2021 05:00:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una mujer bajo la influencia... ¿de qué?]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA['Miss Violence', un balcón por el que asomarnos a la violencia intrafamiliar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/miss-violence-balcon-asomarnos-violencia-intrafamiliar_1_6503912.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4fffd7b7-8776-4163-846c-72fe2e9b982c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Miss Violence&#039;, un balcón por el que asomarnos a la violencia intrafamiliar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A las violencias hay que sacarlas a pasear, y no dejarlas nunca encerradas en la oscuridad de las cuatro paredes de ninguna casa bajo el falso pretexto de ser cuestiones que conciernen a la intimidad de las familias</p></div><p class="article-text">
        Empieza la pel&iacute;cula y nos han invitado a una fiesta. Estamos en el cumplea&ntilde;os de Angeliki, que estrena 11 a&ntilde;os. La familia canta cumplea&ntilde;os feliz con capirotes de cart&oacute;n sobre la cabeza. Suena m&uacute;sica y cantan a coro. Hay tarta. Las tres nenas se hacen fotos con el cabeza de familia y bailan con &eacute;l. Las tres nenas van vestidas de blanco, como si fueran mini novias. Siempre me ha parecido que hay algo siniestro en vestir a les hermanes igual, hay algo turbio e invasivo en estas simetr&iacute;as Kubrick del vestir. En un momento dado, la c&aacute;mara se queda con Angeliki a la que vemos sonre&iacute;r por primera vez en su fiesta justo cuando se acaba de sentar sobre los barrotes del balc&oacute;n, justo cuando le vemos la alegr&iacute;a de decidir que va a saltar. Angeliki se acaba de dar un regalo. 
    </p><p class="article-text">
        El suicidio sigue siendo un tema al que es muy dif&iacute;cil aproximarse incluso en el mundo adulto, &iquest;pero el suicidio de una ni&ntilde;a de 11 a&ntilde;os? El suicidio de esta ni&ntilde;a tan peque&ntilde;a en una familia de clase media que a los ojos de la sociedad es perfectamente funcional nos mantiene pegadas a la pantalla en espera de que se nos vaya desplegando y revelando todo el horror que explique lo que hemos visto en apenas tres minutos de pel&iacute;cula. Una ni&ntilde;a que salta por un balc&oacute;n es la consecuencia directa de que a ciertas violencias no les est&aacute; dando lo suficientemente la luz. No es una menor arrancada de su familia y tutelada por las autoridades &iquest;competentes?, como fue <a href="https://www.noticiasdenavarra.com/actualidad/sociedad/2020/06/03/investigan-tragico-suicidio-nino-9/1051459.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el caso del ni&ntilde;o de 9 a&ntilde;os</a> (junio 2020) que se suicid&oacute; en un piso tutelado por el Gobierno de Navarra. Tampoco es la historia de la violencia institucional como la que destap&oacute; con <a href="https://www.todoporhacer.org/ilias-tahiri/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el asesinato de Ilias Tahiri</a> en el centro de menores Tierras de Oria en Almer&iacute;a (julio 2019). No. Aqu&iacute; la violencia est&aacute; dentro de casa y se mantiene y perpet&uacute;a en la intimidad de la familia bien. La casa est&aacute; siempre impoluta, como impolutos son los silencios que nos generan una sensaci&oacute;n de angustiante asfixia. Los silencios, ya se sabe, oprimen tanto o m&aacute;s que las palabras. Sin llanto ni conversaci&oacute;n la madre y Eleni recogen los restos del naufragio Angeliki para tirarlos a la basura: ropa, frusler&iacute;as preadolescentes, trabajos del cole&hellip; Todo se va metiendo en bolsas de pl&aacute;stico luto negro. Tambi&eacute;n sin llanto ni conversaci&oacute;n vemos al padre meterle una pastilla equis en la boca a Eleni cada no-se-sabe-cu&aacute;ntas-horas con tranquilidad y sin resistencia. En esta casa, parad&oacute;jicamente, no est&aacute; permitido cerrar puertas. &laquo;<em>No tenemos</em> <em>secretos en esta casa</em>&raquo;, dice el padre. Y tiene raz&oacute;n, los secretos en esa casa son compartidos pero no salen nunca fuera. En esta casa no hay afecto, aunque veamos muchos besos: la autoridad nunca es cari&ntilde;osa. Sentadxs a la mesa como si fuesen figuras de cera, maniqu&iacute;es bien dispuestos en alg&uacute;n escaparate, las cenas y las comidas ocurren tambi&eacute;n en silencio. Los castigos y la violencia se suceden sin levantar la voz. Con tranquilidad, sin resistencia. Las reacciones a las bofetadas son est&aacute;ticas, como si le pegaras a un mu&ntilde;eco que estuviera pegado con belcro al suelo o al sof&aacute;. Las bofetadas se ense&ntilde;an y se aprenden y se repiten en lxs miembrxs de la familia formando ecos de gestos que describen c&iacute;rculos conc&eacute;ntricos. La performance del maniqu&iacute; se transporta a otras casas y a otras paredes: las manos posadas sobre los muslos como animales muertos, las rodillas juntas, la espalda tiesa por el <em>rigor mortis</em>. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Negligencia infantil</em> son las dos palabras clave en el abstract-protocolo Angeliki que los servicios sociales deben investigar, y el mapeo es este: abrir los armarios de la cocina para ver qu&eacute; hay, abrir el frigor&iacute;fico y comprobar la fecha de caducidad de la leche, comprobar que sale agua de los grifos y que funciona la cisterna del v&aacute;ter al tirar de la cadena. Durante treinta segundos uno de los trabajadores sociales entra en una habitaci&oacute;n y cierra la puerta para hablar con Philippos y Alkmini, lxs dos hermanxs m&aacute;s peque&ntilde;xs. Treinta segundos. Quiz&aacute;s sean muchos en la jornada laboral de este se&ntilde;or. Qu&eacute; tendr&aacute;n que decir lxs ni&ntilde;xs sobre lo que les pasa a lxs ni&ntilde;xs. &laquo;<em>Es como si aqu&iacute; no pasara nada</em>&raquo;, comenta el <em>trabajador</em> social en un tono de voz del que es dif&iacute;cil dilucidar sospecha. La respuesta del <em>pater familias</em> nos levanta, otra vez, los pelos de la nuca: &laquo;<em>Me he esforzado mucho para conseguir eso</em>&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        La frialdad de la burocracia no son s&oacute;lo papeles, tambi&eacute;n son personas detr&aacute;s de los mostradores que han perdido, a trav&eacute;s de un entrenamiento concienzudo en jornadas de deshumanizaci&oacute;n de 8 horas, la capacidad de empatizar con o siquiera interesarse por el dolor ajeno.
    </p><p class="article-text">
        Las preguntas sin responder y la pesadez del silencio son parte importante de la puesta en escena de esta pel&iacute;cula sobre violencia intrafamiliar. &iquest;Qu&eacute; hacer? A las violencias hay que sacarlas a pasear, y no dejarlas nunca encerradas en la oscuridad de las cuatro paredes de ninguna casa bajo el falso pretexto de ser cuestiones que conciernen a la intimidad de las familias. 
    </p><p class="article-text">
        Alguien podr&iacute;a pensar que <a href="https://zoowoman.website/wp/movies/miss-violence/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">esta pel&iacute;cula</a> es una historia macabra nacida en la mente perturbada y retorcida de Alexandros Avranas, pero la verdad no-ficcionada es que este segundo largo del director griego est&aacute; basado en hechos reales que sucedieron en Grecia en 2011. Como se&ntilde;ala Alexandros, &laquo;<em>esto es algo que sucedi&oacute; y que </em><a href="https://www.google.com/search?q=una+ni%C3%B1a+de+12+a%C3%B1os+da+a+luz+en+su+casa+en+cantabria&amp;oq=una+ni%C3%B1a+de&amp;aqs=chrome.0.0i3j0i131i433j0i3j69i57j0i3l2j0l2.3568j0j4&amp;sourceid=chrome&amp;ie=UTF-8" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>volver&aacute; a suceder </em></a>&raquo;. &laquo;<em>Para m&iacute; es importante ofrecer una especie de despertar de un sue&ntilde;o que parece ser infinito. Esta es mi motivaci&oacute;n general para hacer cine</em>.&raquo; Creo que esa es tambi&eacute;n, Alexandros, la misma raz&oacute;n por la que yo escribo. 
    </p><p class="article-text">
        &laquo;<em>&iquest;C&oacute;mo dejaste que pasara esto? &iexcl;Dime!</em>&raquo; pregunta c&iacute;nicamente el padre a Eleni a prop&oacute;sito del salto Guinness de Angeliki. Una pregunta pertinente que lxs espectadorxs nos sorprendemos haciendo en nuestra cabeza mientras nos adentramos en el lodazal de delimitar d&oacute;nde est&aacute; la l&iacute;nea roja entre la parte de responsabilidad y d&oacute;nde reconocemos la espiral de violencia que mantiene a las dos miembras adultas de la familia paralizadas sin hacer nada. Culpar a la v&iacute;ctima nunca, pero gracias, Alexandros, por ese final. Lo necesita(ba)mos. &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carla Boyera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/miss-violence-balcon-asomarnos-violencia-intrafamiliar_1_6503912.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 14 Dec 2020 15:32:48 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[Tenemos que hablar de Kevin…y de esa maternidad de la que nunca nadie habla]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/hablar-kevin-maternidad-nadie-habla_132_6451653.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6a66ba66-3563-4a5a-9ccb-4fda41253466_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tenemos que hablar de Kevin…y de esa maternidad de la que nunca nadie habla"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El valor de esta película (Tenemos que hablar de Kevin) estriba en colocar la cámara en la cara de la madre, en su angustia, sus miedos, frustración, agotamiento y culpa</p></div><p class="article-text">
        Empezar&eacute; diciendo que puede que me llueva ars&eacute;nico por esta publicaci&oacute;n, que puede que todo el peso de la maternidad hegem&oacute;nica de las madres felices y ruborizadas de amor caiga como una plaga b&iacute;blica sobre m&iacute;. Los mandamientos de la maternidad patriarcal conforman el discurso de la servidumbre voluntaria sin letra peque&ntilde;a, donde todo est&aacute; atado y bien atado. Me propongo intercalar pasajes del libro con momentos de la pel&iacute;cula, porque en las inc&oacute;modas y perturbadoras 607 p&aacute;ginas de la escritora y periodista Lionel Shriver hay tanto jugo que ser&iacute;a una pena no aprovechar para pensar sobre todo lo que no se ha podido incluir en 1 hora y 47 minutos de pel&iacute;cula. 
    </p><p class="article-text">
        Un corte de pelo es lo que ha elegido la directora escocesa Lynne Ramsay para se&ntilde;alarnos en qu&eacute; tramo de la historia estamos, qu&eacute; momento de la extraordinaria cronolog&iacute;a materno-vital de esta mujer (brutal interpretaci&oacute;n de Tilda Swinton) estamos recorriendo con ella: pelo corto para contarnos qu&eacute; pas&oacute;, media melena para el qu&eacute; est&aacute; pasando en el presente y pelo largo con flequillo para mostrarnos c&oacute;mo era Eva Katchadourian &nbsp;antes de su hijo. 
    </p><p class="article-text">
        El hijo deviene minimarido o minijefe al que Eva se pliega y quiere siempre complacer, nunca contradecir, para que no se cabree, para que no llore, para ahorrarse el alcohol,&nbsp;las benzodiacepinas. El hijo como un extra&ntilde;o que la parasita dentro y la seguir&aacute; parasitando fuera, parasitando sus ganas de vivir o la libertad para hacerlo como quiera, es algo muy poco frecuente &ndash;y de hecho contrario- a lo que prescribe la maternidad siempre alegre, que narra con espeluznante romanticismo ese <em>ser uno</em>, esa m&aacute;gica &ndash;nunca perversa- fusi&oacute;n de amor inconmensurable e inasible. Ah, las mentiras del amor incondicional. Esa es la prisi&oacute;n de m&aacute;s alta seguridad que existe y escapar de la maternidad patriarcal es la misi&oacute;n m&aacute;s imposible. Es la trampa perfecta. &iquest;Qu&eacute; amor que no es correspondido, cuidado y protegido por todas las partes, debe ser incondicional, como si de un cheque en blanco se tratara? Y lo m&aacute;s importante, &iquest;qui&eacute;n dice que eso tiene algo de <em>normal</em> o de <em>sano</em>? Mantener relaciones que no son horizontales ni bidireccionales -sean del tipo que sean y haya o no libro de familia, ADN y sangre de por medio- es lo realmente enfermo, pues es el caldo de cultivo para el abuso y las relaciones de maltrato. Si el amor estuviera condicionado a que nos amaran, habr&iacute;a muchas menos colas en las farmacias, pues nos empe&ntilde;ar&iacute;amos mucho menos en medicalizar que tenemos que sobrellevar y permanecer cerca de aquello que nos hace da&ntilde;o.&nbsp;
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                Primer plano de Eva en &#039;Tenemos que hablar de Kevin&#039;                            </span>
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        El valor de esta pel&iacute;cula estriba en colocar la c&aacute;mara en la cara de la madre, en su angustia, sus miedos, frustraci&oacute;n, agotamiento y culpa, algo que no solo en el marco socio-cultural patriarcal est&aacute; prohibido expresar, sino que est&aacute; totalmente tergiversado y ficcionado por las narrativas hiperromantizadas y ultraidealizadas en torno a la maternidad. Los primeros planos de las caras de las madres no son nada habituales en la maternidad sin pantalla, donde el foco de inter&eacute;s est&aacute; permanentemente en las criaturas y muy rara vez en ellas. El bienestar de la madre, sencillamente, no es un tema. Me parece una historia valiente porque se atreve a verbalizar lo inefable: &ldquo;J<em>am&aacute;s hab&iacute;a deseado tan plena y conscientemente no haber dado a luz a nuestro hijo. Creo que, en lo m&aacute;s &iacute;ntimo de mi ser, lo que m&aacute;s me duele es que mi hijo me haya robado todo aquello que, en otro tiempo, yo significaba para m&iacute;&rdquo;.</em> Esta p&eacute;rdida de identidad o transmutaci&oacute;n de la identidad resulta muy parad&oacute;jica: algo que te ha sido narrado para completarte como mujer<em> </em>acaba castr&aacute;ndote muchas de aquellas cosas que te defin&iacute;an como persona. Bajo este punto de vista, yo no veo suma ni completud, sino resta y amputaci&oacute;n. En esta l&iacute;nea, escoger entre la carrera profesional y la maternidad/crianza de tu hijo es un dilema que no parece existir para Franklin, el pap&aacute;, que como nos explicaba Jane Lazarre en <em>El nudo materno,</em> se ha &ldquo;<em>convertido en padre pero sigue siendo, a los ojos del mundo y a los suyos propios, una persona</em>.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        La culpa y el castigo operan en esta historia dentro y fuera de Eva. Cruzar el umbral de la maternidad te &ldquo;transforma de pronto en una propiedad social&rdquo;: criminalizada y se&ntilde;alada en su trabajo materno, Eva es agredida constantemente por y en su comunidad; y es que &iquest;no es ella la responsable de que su hijo <em>haya salido as&iacute;</em>? (&ldquo;<em>kevin ha salido defectuoso, y yo soy qui&eacute;n lo fabric&oacute;&rdquo;</em>)<em>.</em> Harriet tambi&eacute;n se preguntaba en <em>El quinto hijo</em> de Doris Lessing por qu&eacute; desde que naci&oacute; Ben a ella se la trataba como si fuera una delincuente: y es que no ser la madre que se espera que seas es, efectivamente, un delito. Culpar o responsabilizar a la madre de la futura persona que ser&aacute; el ni&ntilde;o es un deporte social bien extendido, pero sucede que aqu&iacute; tenemos esta suerte de Gran Hermano que nos deja ver al insoportable Kevin beb&eacute;, al impert&eacute;rrito Kevin ni&ntilde;o, al cruel Kevin adolescente y, justo al lado, siempre bien cerca, siempre bien pendiente, siempre marchit&aacute;ndose, Eva y sus esfuerzos 24/7 por cuidarlo, educarlo, quererlo. Somos testigxs de que lo intent&oacute; todo para ser la madre del a&ntilde;o, por tener al hijo perfecto. Quiero abrazar a Eva y decirle que est&aacute; bien querer divorciarse de ese hijo manipulador, chantajista, maltratador, vengativo, autoritario y d&eacute;spota, y que es sano y que ella se lo merece. Merece que vuelvan su vida y su alegr&iacute;a; quiero verla borracha otra vez, rotando por las calles de un pa&iacute;s ajeno y con la cabeza descolg&aacute;ndosele hacia atr&aacute;s por la fuerza centr&iacute;peta de una carcajada. Quiero decirle a Eva que hay mucha violencia en que su marido Franklin invisibilice su malestar y que es ruin y despreciable que lo patologice. 
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                Eva exhausta tras el parto en &#039;Tenemos que hablar de Kevin&#039;                            </span>
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        Como nos recuerda June Fern&aacute;ndez en <em>Maternidades Cuir</em>, la estela dejada por Simone de Beauvoir sigue resonando en nuestros o&iacute;dos porque todav&iacute;a podemos sentir la maternidad como un mecanismo de opresi&oacute;n que frena nuestra autonom&iacute;a. Ciertamente es as&iacute;, pero solo porque seguimos viviendo en un contexto fuertemente patriarcal; muerto el perro, se acabar&iacute;a nuestra rabia. Pero incluso mientras el perro siga vivo, es urgente que vayamos desaprendiendo las 'Evas' que llevamos dentro. Siento que hay mucha verdad en eso que dice Hannah Arendt de que para que las cosas cambien es necesario que tengamos la capacidad de imaginar que las cosas pueden ser diferentes, ser capaces de desmontar &laquo;la mentira organizada&raquo; en torno a la maternidad. Terminar&eacute; diciendo &ndash;con mucho cuidado de no hacer <em>spoiler</em>- que para m&iacute; sin duda alguna el verdadero horror de esta historia no radica en lo que hizo Kevin, sino en la reacci&oacute;n final de su madre en los &uacute;ltimos cinco minutos de la pel&iacute;cula y en las &uacute;ltimas cinco l&iacute;neas del libro.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carla Boyera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/hablar-kevin-maternidad-nadie-habla_132_6451653.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 23 Nov 2020 08:28:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Tenemos que hablar de Kevin…y de esa maternidad de la que nunca nadie habla]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Gaslight’: escenificaciones cinematográficas del maltrato psicológico]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/gaslight-escenificaciones-cinematograficas-maltrato-psicologico_1_6381837.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c5a3337c-ebdc-4b07-ac0b-d6f5b2096a7d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Gaslight’: escenificaciones cinematográficas del maltrato psicológico"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">«Te estás volviendo loca» o «Sabes bien que te imaginas cosas» nos retrotraen a las lógicas del ministro de propaganda nazi, el señoro Joseph Goebbels, cuando decía que una mentira repetida mil veces se convertía en una verdad: «Qué le pasa a la señora? No me parece que esté enferma. A mí tampoco. Pero el señor no para de decírselo.»</p></div><p class="article-text">
        De la obra de teatro <em>Gaslight</em>, dirigida por el dramaturgo brit&aacute;nico Patrick Hamilton en 1938, salieron dos adaptaciones en cine: una en 1940 (tambi&eacute;n brit&aacute;nica) protagonizada por Diana Wynyard&nbsp;y otra (americana) en 1944 con Ingrid Bergman como protagonista y bajo la direcci&oacute;n de George Cukor. Tanto la obra de teatro original como las dos versiones cinematogr&aacute;ficas se clasificar&iacute;an como &laquo;filmes de mujeres&raquo;, especialmente extendidos en las d&eacute;cadas de los 30, 40 y 50 en Estados Unidos: pel&iacute;culas dise&ntilde;adas y pensadas para un p&uacute;blico eminentemente femenino (lo que Teresa de Lauretis, te&oacute;rica feminista italiana, describi&oacute; como una espectadora-tipo, la mujer concebida como un sujeto social) que abordaban tem&aacute;ticas de especial inter&eacute;s (supuestamente) para las mujeres (en ese imaginario blanco, de homogeneidad universal). 
    </p><p class="article-text">
        Como apunta la ensayista y dramaturga espa&ntilde;ola Mar&iacute;a Teresa Prats, los &laquo;films de mujeres&raquo; presentan personajes femeninos en tramas, guiones e historias de tinte melodram&aacute;tico en los que se abordan de manera conservadora y tradicional (como corresponde a cualquier clich&eacute; que alimenta el aburrimiento) cuestiones-bostezo como la maternidad o la familia, lo dom&eacute;stico, el amor rom&aacute;ntico o el universo de las emociones en el marco de las relaciones personales. 
    </p><p class="article-text">
        En la pel&iacute;cula de 1940, el personaje de Bella (Diana Wynyard) se nos presenta a trav&eacute;s de las percepciones de otros personajes secundarios (fundamentalmente hombres, qu&eacute; cosas). As&iacute;, sabemos que Bella es &laquo;extra&ntilde;a&raquo;, que &laquo;hace cosas raras&raquo;, que &laquo;no est&aacute; bien de la cabeza&raquo; &nbsp;y que su marido, el se&ntilde;or Mallen, &laquo;se disgusta a menudo y sale todas las noches&raquo;. Las implicaciones sobrevuelan como flechas mientras discurre esta chismorreica pl&aacute;tica que tienen dos se&ntilde;ores mientras cepillan una yegua en un cobertizo: un marido que sale todas las noches de su casa y que est&aacute; a disgusto, coloca, obviamente, a su mujer como responsable/se&ntilde;alable/culpable directa de su malestar, puesto que uno no tiene la necesidad ni la urgencia de salir de casa si la mujer lo tiene bien atendido y satisfecho. Este conocer al personaje de Bella a trav&eacute;s de la mirada masculina (que adem&aacute;s la estigmatiza patologiz&aacute;ndola) encaja con lo que se&ntilde;al&oacute; la ensayista y te&oacute;rica de cine feminista brit&aacute;nica Laura Mulvey sobre el cine cl&aacute;sico-comercial de Hollywood: el hombre<em> ve</em> mientras que la mujer <em>es percibida</em>.
    </p><p class="article-text">
        Pero no fue hasta la adaptaci&oacute;n de 1944 -en donde Ingrid Bergman interpreta a Paula- que se afianz&oacute; el t&eacute;rmino luz de gas (en esta versi&oacute;n la pel&iacute;cula <em>Gaslight</em> se tradujo en espa&ntilde;ol como &laquo;Luz que agoniza&raquo;) para referirse a esa forma de maltrato psicol&oacute;gico que consiste en socavar la confianza que una persona tiene en su percepci&oacute;n de la realidad, haci&eacute;ndola dudar de su cordura; un maltrato lento, sostenido en el tiempo y muy sutil, camuflado de amor, cuidados, protecci&oacute;n y buenas intenciones. 
    </p><p class="article-text">
        En ambas pel&iacute;culas se aprecian otros elementos sacados del Manual del Maltratador como el uso del tono o del silencio como formas de violencia (&laquo;P&eacute;game, hazme da&ntilde;o, pero por favor, h&aacute;blame&raquo;) y el aislamiento de la v&iacute;ctima respecto a sus familiares y vida social. Es el marido quien orquestra la casa y la vida: &eacute;l decide si van al teatro o no, si salen o no a pasear, qui&eacute;n entra en casa y qui&eacute;n no, qui&eacute;n visita a su mujer y qui&eacute;n no, a qu&eacute; evento social van a asistir y a cu&aacute;l no. Un marido autoritario y controlador que es f&aacute;cilmente confundible con la figura de un padre (y que en otras narrativas podr&iacute;a ser el papel que desempe&ntilde;a ese Estado-protector que sabe lo que nos conviene incluso por encima de nosotras mismas) por su mandato de obediencia sin derecho a r&eacute;plica (&laquo;Vete a tu habitaci&oacute;n&raquo;), y la infantilizaci&oacute;n de su mujer, una menor de edad incapaz de tomar las decisiones m&aacute;s nimias sobre su quehacer cotidiano. Se articula as&iacute; la ni&ntilde;a-mujer como propiedad del padre-marido que hace las cosas &laquo;por nuestro bien&raquo; y que se ocupa de nosotras y &laquo;nos cuida&raquo; a trav&eacute;s de su autoritarismo y su f&eacute;rreo control sobre nuestros cuerpos, movimientos y relaciones personales. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Es la locura de una mujer un asunto p&uacute;blico o privado? A las violencias tiene que darles el aire para acabar con ellas, para romper con los discursos de la culpa y la verg&uuml;enza. Las violencias deben abordarse desde lo pol&iacute;tico, nunca desde lo rom&aacute;ntico. Ver estas pel&iacute;culas nos da la posibilidad de configurarnos como espectadorxs de lo que nunca somos espectadorxs en la vida real: testigxs de esa violencia que todav&iacute;a es privada, que todav&iacute;a es &iacute;ntima.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &laquo;Te est&aacute;s volviendo loca&raquo; o &laquo;Sabes bien que te imaginas cosas&raquo; nos retrotraen a las l&oacute;gicas del ministro de propaganda nazi, el se&ntilde;oro Joseph Goebbels, cuando dec&iacute;a que una mentira repetida mil veces se convert&iacute;a en una verdad: &laquo;Qu&eacute; le pasa a la se&ntilde;ora? No me parece que est&eacute; enferma. A m&iacute; tampoco. Pero el se&ntilde;or no para de dec&iacute;rselo.&raquo;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pel&iacute;culas sobre las mentiras que quieren ser verdades, sobre c&oacute;mo muchas veces ser mujer significa ser-patol&oacute;gico, sobre la locura como identidad, sobre c&oacute;mo se narran y articulan las enfermedades mentales, sobre casas que son manicomios y mujeres que no son personajes. El machaque psicol&oacute;gico es m&aacute;s dif&iacute;cil que tenga un parte m&eacute;dico que avale ni demuestre nada porque una autoestima da&ntilde;ada y una locura inducida no se ven tan f&aacute;cil como una costilla rota en la radiograf&iacute;a de cualquier sala de urgencias. 
    </p><p class="article-text">
        Y seguir&aacute;n sucedi&eacute;ndose las versiones de la obra de teatro de Patrick Hamilton, y seguir&aacute; represent&aacute;ndose este gui&oacute;n machista, mis&oacute;gino y patriarcal dentro de muchas casas; adaptaciones no-ficcionadas ni dramatizadas que nunca salieron ni saldr&aacute;n en la gran pantalla. Y seguiremos, c&oacute;mo no,&nbsp;haciendo una gloriosa reapropiaci&oacute;n de nuestra locura tal y como hacen genialmente las dos actrices al final de estas pel&iacute;culas.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carla Boyera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/gaslight-escenificaciones-cinematograficas-maltrato-psicologico_1_6381837.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 03 Nov 2020 05:00:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[‘Gaslight’: escenificaciones cinematográficas del maltrato psicológico]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Violencia machista,Cine]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Martin’ de George A. Romero: deconstruyendo el mito del vampiro y del violador]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/martin-george-romero-deconstruyendo-mito-vampiro-violador_1_6271172.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/806271b7-c9e0-4672-a904-e23d1f88d87b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Martin’ de George A. Romero: deconstruyendo el mito del vampiro y del violador"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Viajar sola, estar sola, vivir sola, salir sola, ser una sola quiere decir ser una mujer sin macho, y la lógica que se activa en estos mandriles de culo rojo es esta: la mujer que no pertenece a uno, es de todos</p></div><p class="article-text">
        Dice Brigitte Vasallo que<strong> </strong>en las historias de vampiros encontramos todos los elementos del drama de nuestras construcciones rom&aacute;nticas, y dice George A. Romero en esta pel&iacute;cula que explora la cultura de la violaci&oacute;n que s&iacute;, que as&iacute; es. En esta violencia de amplio espectro, quiz&aacute;s la circunstancia n&uacute;mero uno que hace que la v&iacute;ctima sea material violable sea la soledad. Apenas han pasado veinte segundos desde que empieza la pel&iacute;cula y ya vemos a Martin seleccionando a su v&iacute;ctima. Hay una pregunta que se extiende en el aire como una invitaci&oacute;n a ejercer violencia sobre el cuerpo de la mujer: 
    </p><p class="article-text">
        - &iquest;&ldquo;Viaja sola?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        -&ldquo;Completamente sola&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Viajar sola, estar sola, vivir sola, salir sola, <em>ser</em> una sola quiere decir ser una mujer sin macho, y la l&oacute;gica que se activa en estos mandriles de culo rojo es esta: la mujer que no pertenece a uno, es de todos. Capitalismo y patriarcado se unen en esta ecuaci&oacute;n sin fisuras: la propiedad y la mujer se respetan y se defienden en tanto que tienen due&ntilde;o. El castigo patriarcal por elegir no estar con un macho en un r&eacute;gimen de convivencia heterosexual ya sea en una casa, en un viaje, por la calle o en cualquier actividad p&uacute;blica de ocio o laboral, es la posibilidad de la violaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Martin (John Amplas) es un vampiro que no cumple los clich&eacute;s esperables: se refleja en los espejos, no teme al ajo ni a los crucifijos, la luz del sol no desintegra dolorosamente su piel y hasta lo vemos como un feligr&eacute;s m&aacute;s acudiendo a misa. As&iacute;, tambi&eacute;n hay violadores que no encajan en el estereotipo: qu&eacute; guapos, blancos-clase-media, adaptados a la sociedad y exitosos eran los j&oacute;venes de La Manada, &iquest;verdad? Ten&iacute;an novias y todo. La Manada y su despliegue socio-familiar para defender su inocencia nos ense&ntilde;&oacute; que los violadores son nuestros hijos, nuestros novios, nuestros hermanos, nuestros padres, nuestros vecinos, nuestros compa&ntilde;eros de trabajo, nuestros compa&ntilde;eros en la oposici&oacute;n. Nada que no hubi&eacute;semos le&iacute;do antes en Virginie Despentes. Nuestro Martin, el vampiro no-vampiro, es el violador que no se publicita con carteles de ne&oacute;n fosforito. Martin no tiene colmillos que lo anuncien, pero lleva un kit de jeringuillas: sus agujas son la burundanga de los manaders. Si esperas al violador de la pel&iacute;cula que te han montado, estar&aacute;s ofreciendo tu cuello al guapo, al majo, al educado: Martin hasta le pide por favor a su v&iacute;ctima que se est&eacute; quieta, incluso tiene sexo con su cuerpo inconsciente de una manera delicada, amable, <em>rom&aacute;ntica</em>. Martin se burla de la construcci&oacute;n social del vampiro hasta el punto de performarlo maquill&aacute;ndose la cara, poni&eacute;ndose unos colmillos postizos y una capa negra y apareciendo en medio de la noche a trav&eacute;s de una espesa bruma. &iquest;Le falta alg&uacute;n clich&eacute;? <em>Es s&oacute;lo un disfraz</em>, le dice ri&eacute;ndose a su primo Tada Cuda mientras escupe los dientes de pl&aacute;stico. Tambi&eacute;n los violadores llevan el disfraz de ciudadano modelo, realidad no ficcionada que nos da de todo menos risa. 
    </p><p class="article-text">
        Martin proyecta sus fantas&iacute;as mientras carga las inyecciones que le permitir&aacute;n acceder con facilidad a los cuerpos que quiere desangrar: im&aacute;genes en blanco y negro como secuencias de cine mudo en las que su yo repeinado persigue mujeres que susurran su nombre como llam&aacute;ndolo mientras corretean sin pavor como para dejarse alcanzar. En la cabeza de Martin, perseguir forma parte del cortejo, de la seducci&oacute;n; perseguir no es violencia, es coqueteo y juego pactado. Creo que lo que hace Romero con estas im&aacute;genes superpuestas de la fantas&iacute;a en blanco y negro y la realidad a color es adentrarse en la cultura de la violaci&oacute;n: nos ense&ntilde;a c&oacute;mo el rechazo se fantasea invitaci&oacute;n, c&oacute;mo la violencia de las relaciones no consensuadas se fantasea seducci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Me gusta much&iacute;simo el cine de Romero porque pone encima de la mesa una visi&oacute;n cr&iacute;tica y fuertemente politizada de la realidad social. Maestro indiscutible del g&eacute;nero zombie, el director estadounidense ha sabido lidiar en sus pel&iacute;culas con el racismo, el consumismo, la siempre pol&eacute;mica cuesti&oacute;n de la violencia, los dilemas morales, la cuestionable figura del l&iacute;der, la autogesti&oacute;n y c&oacute;mo una organizaci&oacute;n basada en el poder jerarquizado y no en la inteligencia condena a sus protagonistas a fallar en esta misi&oacute;n tan ficticia como real que es nuestra supervivencia. Romero tambi&eacute;n arremete en esta pel&iacute;cula contra los medios de comunicaci&oacute;n y contra el tratamiento de la violencia para hacer de ella algo sensacionalista, fr&iacute;volo, un <em>show</em> morboso: Martin llama algunas noches a un programa de radio para contar c&oacute;mo se siente y para desmontar la ficci&oacute;n en torno al vampirismo: <em>Las cosas no suceden como las cuentan las pel&iacute;culas. Esas pel&iacute;culas son una locura. No son verdad</em>. &iquest;Se puede trivializar la violencia para, en lugar de usar un medio de comunicaci&oacute;n para entenderla y erradicarla, ganar audiencia? S&iacute;, admirado Romero, yo tambi&eacute;n he tenido la sensaci&oacute;n de que las violencias contra las mujeres se han usado en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n para hacer un taquillazo no en las ventanillas, sino en las urnas, para aumentar la audiencia en forma de votos. 
    </p><p class="article-text">
        En esta pel&iacute;cula, el director desmonta los mitos en torno al vampiro: sacar la magia, la superstici&oacute;n, los maleficios y al demonio de la f&oacute;rmula que explica la existencia de los vampiros es una idea tan genial como terror&iacute;fica, tan cr&iacute;tica como cercana a la realidad. Como ya escribi&oacute; Hannah Arendt, el mal es algo cotidiano, anodino, y puede estar de noche o de d&iacute;a, esper&aacute;ndonos en cualquier parte. Los personajes secundarios en la trama que encarnan dos miembrxs de la familia de Martin nos traen las dos explicaciones que m&aacute;s se han barajado hist&oacute;ricamente para analizar el origen y la presencia del mal: la religi&oacute;n y la medicina psiqui&aacute;trica. &iquest;Estamos ante la prueba que demuestra la validez de la superstici&oacute;n o nos enfrentamos a una patolog&iacute;a? Muchas pensadoras y te&oacute;ricas feministas han convenido llamarlo patriarcado. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carla Boyera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/martin-george-romero-deconstruyendo-mito-vampiro-violador_1_6271172.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 06 Oct 2020 08:41:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[‘Martin’ de George A. Romero: deconstruyendo el mito del vampiro y del violador]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Prófugas del régimen heterosexual: 'La calumnia', un heterodrama de William Wyler]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/profugas-regimen-heterosexual-calumnia-heterodrama-william-wyler_1_6205025.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/48e10de1-071f-4c88-afb7-cd0db114d295_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Prófugas del régimen heterosexual: &#039;La calumnia&#039;, un heterodrama de William Wyler"></p><p class="article-text">
        Basada en la primera obra de teatro escrita en 1934 por la belicosa y fascinante Lillian Hellman, activista, cr&iacute;tica literaria, dramaturga y guionista -con m&aacute;s de una veintena de obras a sus espaldas- entre otras cosas, &lsquo;La calumnia&rsquo; cuenta con la misma mujer que guioniz&oacute; la magn&iacute;fica pel&iacute;cula de <a href="https://www.eldiario.es/murcia/cultura/bette-davis-loba-william-wyller_1_1010587.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La Loba </a>, tambi&eacute;n dirigida por nuestro director fetiche hollywoodiense, William Wyler.
    </p><p class="article-text">
        Se podr&iacute;a pensar que se sale antes de la hero&iacute;na que del r&eacute;gimen heterosexual, pese a todo el <em>merchandising</em> y fuertes inversiones lo avalan. Sin embargo, dos mujeres juntas, comprometidas en un proyecto de independencia y autonom&iacute;a econ&oacute;micas, son un blanco demasiado f&aacute;cil de criminalizar. Es terrible que alguien piense que eres lesbiana, m&aacute;xime cuando has cuidado con tanto mimo y esmero tu heterosexualidad, cuando te has encargado de tener puntos de m&aacute;s en el carnet de la heterosexualidad hegem&oacute;nica, cuando has seguido todas las instrucciones; &iquest;c&oacute;mo es posible? &iquest;C&oacute;mo tiene una que performar su hetera orientaci&oacute;n sexual, ligada tantas veces a la performatividad de la feminidad, para que no pese sobre una la sombra de la duda? Si Audrey Hepburn no es capaz de conseguirlo con el aire que levantan sus pesta&ntilde;as, su cintura de mu&ntilde;eca, sus movimientos delicados, su actitud dulce, su voz suave, sus vestidos por debajo de la perversa rodilla, y sus camisas con el &uacute;ltimo bot&oacute;n cerrando la decencia de su cuello, nadie podr&aacute;. Mary (Karen Balkin) es la ni&ntilde;a insoportable que encontr&oacute; en la mentira &laquo;una pizca de verdad&raquo;, es el rumor que te agarra de los pelos para sacarte del armario, es el cotilleo que siembra y ve crecer la sospecha de que puedes ser una desertora de la Causa Heterosexual de naturaleza matrimonial y procreadora; Mary es el dedo que te se&ntilde;ala la culpabilidad, la deshonra, el desprestigio, la enfermedad, la anormalidad, la monstruosidad. Mary es el principio del juicio social implacable que te marca para siempre como disidente sexual subversiva: estabas en los privilegios que habitan el centro del sistema heterosexual, desobedecer te manda a los m&aacute;rgenes.
    </p><p class="article-text">
        Dos de los temas que sobrevuelan la historia de este film, como no podr&iacute;a ser de otra manera trat&aacute;ndose de las dos grandes patas de la heterosexualidad, son el matrimonio y la maternidad. Mientras que Martha (Shirley MacLaine) contesta, con distancia y desafecci&oacute;n, &laquo;Ya tengo veinte&raquo; a la pregunta de &laquo;&iquest;Cu&aacute;ntos hijos quieres tener, Martha?&raquo;, Karen (Audrey Hepburn) susurra hasta cuatro veces &laquo;Te quiero&raquo; enroscada al cuello de su prometido Joe (James Garner) despu&eacute;s de poner una fecha al feliz evento de la maternidad por venir. &nbsp;&laquo;Ya tengo veinte&raquo; (refiri&eacute;ndose a sus alumnas del internado Dobie-Wright) es otra manera de decir no pienso tener hijos o yo no quiero ser madre. Pareciera como si el hecho de abandonar Martha las filas del r&eacute;gimen heterosexual fuese inversamente proporcional al instinto maternal. 
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            <span class="title">
                &#039;La calumnia&#039;, de William Wyler                            </span>
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        A Karen, por otro lado, cuya heterosexualidad de manual sabe bien de la maternidad obligatoria, se le entremezclan lenta y fuertemente las narrativas del amor rom&aacute;ntico con la maternidad, como el cuerpo de una serpiente con su pr&oacute;xima cena. Si algo nos dicen los guiones de la heterosexualidad (felizmente contestados y desmontados por las maternidades bolleras) es que no hay hijos sin macho; para Martha ni el macho ni los hijos entran en la ecuaci&oacute;n, mientras que para Karen el orden de los elementos es necesario para la obtenci&oacute;n del producto: primero hay que asegurar los derechos sexuales de un &uacute;nico macho sobre la hembra, luego los derechos reproductivos: matrimonio+procreaci&oacute;n. Unido al tema del matrimonio est&aacute; la cuesti&oacute;n de la carrera profesional. El matrimonio (la pel&iacute;cula es de los a&ntilde;os 60) aleja a las mujeres de su vida laboral, de sus proyectos personales remunerados. Estas f&oacute;rmulas tan castrantes para las mujeres se solventan con la asociaci&oacute;n del adjetivo &lsquo;ego&iacute;sta&rsquo; para la no-madre y &lsquo;sacrificada&rsquo; (llevada a un altar) para la madre. En una conversaci&oacute;n de Martha con Karen vemos, efectivamente, c&oacute;mo es ego&iacute;sta para una mujer pensar en su proyecto laboral y no en su proyecto familiar, es ego&iacute;sta fundar una empresa en lugar de una familia. Por muy alucinante que nos parezca, justo cuando mucha gente cree que ya est&aacute; todo superado y que el patriarcado es s&oacute;lo un holograma, estas narrativas que ligan la decisi&oacute;n de no querer tener hijxs con el ego&iacute;smo siguen vivas para las mujeres todav&iacute;a hoy.
    </p><p class="article-text">
        Otro punto fuerte de la pel&iacute;cula en torno al cual se vertebra la angustia de sus protagonistas es la visi&oacute;n socio-cultural de las consecuencias de salir del R&eacute;gimen Heterosexual, plasmada en l&uacute;cidas conversaciones donde los tres protagonistas principales sufren el peso del estigma no s&oacute;lo en sus vidas personales, sino en sus &aacute;mbitos profesionales. La patologizaci&oacute;n del deseo homoer&oacute;tico queda patente en la &laquo;devoci&oacute;n enferma&ldquo; de Martha por Karen, los celos y los deseos de posesi&oacute;n &laquo;antinaturales&raquo; que traen la imagen de lo deforme y horrendo: &laquo;Tengo ocho dedos y dos cabezas, &iquest;no lo ves? &iexcl;Soy un monstruo!&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Las relaciones que se desarrollan en las comunidades no normativas traen nuevos modelos reproductivos que cuestionan los modelos familiares tal y como los conocemos. Pero no s&oacute;lo en la esfera privada mediante la tenencia y crianza de criaturas, sino tambi&eacute;n en la esfera p&uacute;blica porque, &iquest;d&oacute;nde mejor para &lsquo;<em>ense&ntilde;ar&rsquo;</em> esos nuevos modelos que en la escuela? La posibilidad de que un par de lesbianas lleven un internado para ni&ntilde;as es demasiado amenazante como para ignorarla: en las pesadillas se visualiza perversi&oacute;n, mal ejemplo y atentado contra la moral. El riesgo de que el lesbianismo sea de m&aacute;s r&aacute;pido contagio que el covid19 desata el p&aacute;nico, la alarma y la consecuente y responsable distancia de seguridad: nada amenaza m&aacute;s el r&eacute;gimen heterosexual que la disidencia visible de quienes no lo practican. Son los mismos miedos sostenidos hoy por los partidos de la ultraderecha, obsesionados con sacar la multiplicidad sexoafectiva del armario de los proyectos curriculares. Guiones previsibles y miedos actualizados fuera de la gran pantalla.
    </p><p class="article-text">
        Y este es el drama en blanco y negro (como blanco o negro son desafortunadamente muy a menudo los r&iacute;gidos encasillamientos de las orientaciones sexuales) y la potente propuesta del Lillian Hellmann bajo la direcci&oacute;n de Wyler: no un bollo drama, sino todo un heterodrama.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carla Boyera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/profugas-regimen-heterosexual-calumnia-heterodrama-william-wyler_1_6205025.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 07 Sep 2020 09:56:39 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA['Tamara y la Catarina', el cine de las nadie]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/tamara-catarina-cine-nadie_1_6013975.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b5ab90d4-3aa1-46e1-a84f-167cf6b01ee7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Tamara y la Catarina&#039;, el cine de las nadie"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Cuántas historias sobre la fortaleza y autonomía de las mujeres no empiezan con el abandono de un hombre? Esta es una de ellas. Paco, el hermano de Tamara, sale callado, sin despedirse, sin explicación. ¿No sabe qué decir?</p></div><p class="article-text">
        Con guion y direcci&oacute;n de Luc&iacute;a Carreras (M&eacute;xico, 2016) y la apote&oacute;sica interpretaci&oacute;n de &Aacute;ngeles Cruz como Tamara (adem&aacute;s de actriz tambi&eacute;n es guionista y directora que aborda temas tan invisibilizados como el de las mujeres lesbianas en las comunidades ind&iacute;genas) y Angelina Pel&aacute;ez como do&ntilde;a Meche, 'Tamara y la Catarina' es una pel&iacute;cula silenciosa y quieta que va de encontrar espacios donde existirse, necesitarse, cooperarse, apoyarse y sostenerse. Una pel&iacute;cula sobre la suerte y la urgencia de las alianzas.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;ntas historias sobre la fortaleza y autonom&iacute;a de las mujeres no empiezan con el abandono de un hombre? Esta es una de ellas. Paco, el hermano de Tamara, sale callado, sin despedirse, sin explicaci&oacute;n. &iquest;No sabe qu&eacute; decir? &iquest;Se averg&uuml;enza? &iquest;Se le hace demasiado duro? &iquest;No se ve capaz de confrontar la situaci&oacute;n? El patriarcado no ha ense&ntilde;ado a los hombres a despedirse, a sentir verg&uuml;enza, a derrumbarse delante de otro ser humano, m&aacute;xime si es una mujer. El patriarcado no les ha ense&ntilde;ado nada de esto, pero s&iacute; les ha dado la bendici&oacute;n para abandonar. La soledad de Tamara en su casa una vez Paco ya no est&aacute; es un vaso de leche y un pan para el desayuno y que al d&iacute;a siguiente siguen en el mismo lugar, es mirar una silla vac&iacute;a, es varias veces &laquo;<em>Paco, &iquest;ya vienes?</em>&raquo; habl&aacute;ndole al contestador autom&aacute;tico del m&oacute;vil de su hermano.
    </p><p class="article-text">
        Un di&aacute;logo s&oacute;lo de miradas empieza en el autob&uacute;s ante el llanto incontrolado de la Catarina. Son estas las miradas que permanentemente aguantamos las madres. Nadie mirar&iacute;a a un obrero de la construcci&oacute;n con odio como haci&eacute;ndolo responsable del ruido infernal de su m&aacute;quina taladradora, pero un beb&eacute; llorando enseguida requiere de todas las explicaciones y enciende el interruptor de las miradas reprobatorias. &iquest;Qu&eacute; sociedades son estas que miran mal a las madres? &iquest;Qu&eacute; sociedades son estas que de entre todos los ruidos el que m&aacute;s incomoda es el llanto de un beb&eacute;? &iquest;No estaremos psicopatizando la vida en vez de celebrarla? Tamara adem&aacute;s, le&iacute;da como madre sola y neurodivergente, no puede tener otro veredicto social que el de culpable del llanto de la nena.
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>- <em>F&iacute;jate, pendeja! &iquest;Es que no ves?</em></li>
                                    <li>- <em>&iquest;Por qu&eacute; no la ayudas en vez de insultarla? &iquest;Qu&eacute; no ve que no est&aacute; bien?</em></li>
                                    <li>- <em>Adem&aacute;s de pendeja, retrasada. Solamente a una bruja como usted gordetera se le ocurre que una mongola como esta puede tener un beb&eacute;. </em></li>
                            </ul>
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                </figure><p class="article-text">
        Pendeja, retrasada, bruja, gordetera, mongola. As&iacute; se insulta la alianza y el apoyo entre mujeres, as&iacute; se castiga al m&aacute;s puro estilo nazi la reproducci&oacute;n de las que quedan fuera del r&eacute;gimen ario, fuera de la casilla de la perfecci&oacute;n, despojada del carnet que te legitima y da puntos para reproducirte como especie. As&iacute; quedan las solas, las pobres y las neurodivergentes invalidadas como madres, alejadas del visto bueno social para amar, cuidar y reproducirse. Estos discursos a menudo se traducen en pr&aacute;cticas castradoras racistas, como las que llevan siglos aguantando las mujeres del pueblo gitano. Jam&aacute;s escuch&eacute; de ninguna amiga paya euroblanca que un centro de salud o m&eacute;dicx de cabecera cuestionara la vida sexo-reproductiva de ninguna de ellas, y eso que algunas de mis amigas han gestado hasta cuatro criaturas.
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>- <em>Yo s&eacute; que no te la robaste, pero si la polic&iacute;a se da cuenta de que t&uacute; la tienes, &iexcl;te van a acusar de robar chicos!</em></li>
                                    <li>- <em>&iquest;Por qu&eacute;?</em></li>
                                    <li>- <em>Porque ellos no van a entender que t&uacute; quieres cuidarla</em></li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Desde esta sencilla conversaci&oacute;n entendemos que el di&aacute;logo entre las leyes y las personas es sordo; s&oacute;lo trae incomunicaci&oacute;n y, consecuentemente, incomprensi&oacute;n. Una justicia que no comprende, jam&aacute;s ser&aacute; justa.
    </p><p class="article-text">
        Los di&aacute;logos m&aacute;s importantes de esta pel&iacute;cula son, con o sin palabras, los de Tamara, la Catarina y do&ntilde;a Meche y todas las probabilidades de bidireccionalidad que hay en todos esos viceversa. Di&aacute;logos de ense&ntilde;ar a poner y quitar un pa&ntilde;al, barrer la casa, cocinar, fregar los platos, comprar pomada para una quemadura, traer ropa para la beb&eacute;, la rebequita que hace fr&iacute;o, la quesadilla de picadillo o de queso para el almuerzo. As&iacute; de peque&ntilde;os y as&iacute; de fundamentales son los cuidados de y entre las mujeres que tantas veces protagonizan historias invisibles que nadie parece ver fuera del cine y que tampoco suelen tener cabida en &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Esta pel&iacute;cula, a pesar de estar protagonizada por dos mujeres, deja fuera los cuentos patriarcales sobre misoginia y rivalidad y demuestra que otras narrativas entre mujeres son posibles. Son estas dos mujeres, Tamara y do&ntilde;a Meche, las que se acuerpan y acogen y sostienen creando una inmensa, potente y subversiva no ficci&oacute;n, sino realidad; no ficci&oacute;n, sino verdad. Ellas resisten a la atomizaci&oacute;n de la sociedad, al individualismo violento y demente. Ambas mujeres se dan, sin hacer de ello un proyecto intelectual, la respuesta m&aacute;s dif&iacute;cil: una respuesta a la desesperanza. La fortaleza de dos mujeres desde la aparente fragilidad de estar &laquo;solas&raquo; se construye en la arquitectura de acompa&ntilde;arse, de existirse la una a la otra (ese trenzarse el pelo, ese masajearse los pies, ese rezarle a la lagartija muerta); es as&iacute; que se vuelven indestructibles.
    </p><p class="article-text">
        Paco, no vengas, que ya no hace falta.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carla Boyera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/tamara-catarina-cine-nadie_1_6013975.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 15 Jun 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Tamara y la Catarina', el cine de las nadie]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las Lolas de Joseph von Sternberg, Jacques Demy y Reiner Fassbinder]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/joseph-sternberg-jacques-reiner-fassbinder_1_5963402.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/76bded57-ceb9-4187-abed-4530762d6b3f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las Lolas de Joseph von Sternberg, Jacques Demy y Reiner Fassbinder"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La extraordinaria Lola de Marlene Dietrich es una mujer que «actúa» sin coquetería, que toma la iniciativa, que no teme a los hombres. No tenemos la sensación de que los necesite como soporte económico-emocional</p></div><p class="article-text">
        En 1930 Josef von Sternberg nos presenta la pel&iacute;cula que har&aacute; que sepamos que Marlene Dietrich es gigantesca en la gran pantalla: 'El &aacute;ngel azul', inspirada en una novela de Heinrich Mann. Marlene Dietrich es Lola en la pel&iacute;cula de Sternberg como son Lolas tambi&eacute;n Anouk Aim&eacute;e y Barbara Sukowa en las pel&iacute;culas de Jacques Demy (1968) y Reiner Fassbinder (1981) respectivamente; &eacute;stas ya no basadas en la novela original, pero s&iacute; con ecos de la Lola que interpret&oacute; la Dietrich. Las tres son personajes femeninos centrales en la trama, las tres son cabareteras, es decir, las tres son mujeres que forman parte del mundo del espect&aacute;culo y las tres &laquo;sirven&raquo; de entretenimiento a un p&uacute;blico predominantemente masculino. Podr&iacute;amos decir que las tres configuran su personalidad interpretando (literalmente, puesto que son actrices profesionales) su feminidad en sus trabajos y en sus vidas personales y afectivas, lo cual nos brinda la oportunidad de reflexionar sobre la feminidad en este juego de m&uacute;ltiples espejos donde las mujeres-no-actrices-profesionales performamos nuestro rol de g&eacute;nero: los papeles femeninos guionados que representamos todas fuera de las pantallas.
    </p><p class="article-text">
        La extraordinaria Lola de Marlene Dietrich es una mujer que &laquo;act&uacute;a&raquo; sin coqueter&iacute;a, que toma la iniciativa, que no teme a los hombres. No tenemos la sensaci&oacute;n de que los necesite como soporte econ&oacute;mico-emocional y tampoco se responsabiliza de c&oacute;mo los hace sentir (<em>&laquo;</em><em>Si ellos se queman, nada puedo hacer&raquo;</em>), si bien la mirada masculina (<em>&laquo;</em><em>Usted seduce a mis alumnos&raquo;</em>) se empe&ntilde;a en verla como agente activo unidireccional en el juego er&oacute;tico de la atracci&oacute;n. Pese a ser una mujer que se sabe observada por hombres, Marlene performa una feminidad muy masculina sumamente jugosa con una gestualidad y movimientos inesperadamente toscos. Imposible no acordarse de la especialista en teor&iacute;a <em>queer</em> y estudios de g&eacute;nero Judith Halberstam y sus masculinidades femeninas (Judith, no te mueras nunca, necesitamos seguir ley&eacute;ndote pensar); efectivamente, hay algo poderoso, hipn&oacute;tico y carism&aacute;tico en Marlene: la libertad de entender que la masculinidad y la feminidad no son compartimentos estancos ni excluyentes: ni la masculinidad es exclusiva del hombre, ni la feminidad de la mujer.
    </p><p class="article-text">
        Por la Lola del bodrio franc&eacute;s dirigido por Jacques Demy se hace necesario pasar de largo para ahorrarnos el dolor de recordar frases vomitivas de la protagonista como <em>&laquo;</em><em>Hay que gustar siempre, es mi regla. A m&iacute; me gusta gustar&raquo;</em> o <em>&laquo;</em><em>Cuando era peque&ntilde;a so&ntilde;aba con ser guapa&raquo;</em>, dichas por una actriz de dicci&oacute;n afectadita que parece hablar haciendo pucheros y necesitar inhalador despu&eacute;s de cada frase. Esta Lola de coqueter&iacute;a cansina y melindrosa remata una historia insoportable (que incluye para m&aacute;s tortura un final rescatador), cursi y sopor&iacute;fera que gira en bucle alrededor de la ficci&oacute;n del primer amor, ese que es uno y que cuando se va nunca vuelve, por mucho que esperes convertida en eterna Pen&eacute;lope. La ausencia del hombre-primer-amor/padre no pasa ninguna factura pues al parecer su abandono deja los afectos intactos; esto es, adem&aacute;s de un intento lamentable de librar al macho de toda responsabilidad familiar y afectiva, una fantas&iacute;a de lo m&aacute;s absurda que s&oacute;lo podr&iacute;a sustentarse bajo los pilares igualmente disparatados del amor rom&aacute;ntico. Un filme que deja claro, sirvi&eacute;ndose de Lola y del resto de personajes femeninos sat&eacute;lites, que &lsquo;sola&rsquo; tiene la lapidaria traducci&oacute;n de &lsquo;sin macho&rsquo;.
    </p><h3 class="article-text">Lola en la posguerra alemana</h3><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Reiner Fassbinder sit&uacute;a su Lola en el contexto de la posguerra alemana y teje su entramado poniendo el foco en la lucha de clases y su inevitable clasismo. Lola se nos presenta aqu&iacute;, venciendo la l&oacute;gica del macho aristot&eacute;lico, como una mujer m&aacute;s racional que emocional (<em>&laquo;</em><em>Mi mente sabe m&aacute;s que mi alma&raquo;</em>), una mujer atrevida que seduce con su misterio y profundidad. De las tres Lolas, la de Fassbinder es la que m&aacute;s expl&iacute;citamente se nos muestra como trabajadora sexual, lo cual da pie, por un lado, a las narrativas que presentan a la mujer como capricho y perdici&oacute;n de los hombres y, por otro, a cosificarla como objeto de puja (<em>&laquo;</em><em>Quiero comprar su puta&raquo;</em>)<em>.</em> La pelea por &laquo;poseer&raquo; a la mujer se desplaza al conflicto de intereses por los planes de urbanismo. Como resultado del estigma que afecta a las putas, los hombres se insultan entre ellos para vengar su virilidad y orgullo heridos con la necesaria humillaci&oacute;n que se canaliza a trav&eacute;s de ella (<em>&laquo;</em><em>Aniquilarlo y destruirlo a usted y a su puta&raquo;</em>).
    </p><p class="article-text">
        Como bien saben Fassbinder (que no ha le&iacute;do una l&iacute;nea sobre el movimiento pro-derechos) y el movimiento abolicionista (que no ha entendido una l&iacute;nea de lo que van los feminismos), est&aacute; asentado social y culturalmente en el imaginario colectivo que una vez que pagas, la mujer deviene s&oacute;lo un cuerpo-cosa al que puedes hacerle lo que quieras (<em>&laquo;</em><em>C&oacute;jala, t&iacute;rela en la cama, qu&iacute;tele la ropa, h&aacute;gale lo que quiera, es una puta&raquo;</em>): porque ya la has comprado, esa mujer es &laquo;tuya&raquo;. Los personajes masculinos representan masculinidades bien diferenciadas: Esslin es lo m&aacute;s cercano que puede tener a un amigo (aunque tambi&eacute;n es amante/cliente y est&aacute; visiblemente enamorado de ella), Schuckert tipifica al hombre violento que lee a las mujeres como propiedades y el se&ntilde;or Bohm es el gal&aacute;n enamorado, arquetipo de cris&aacute;lida en metamorfosis que tendr&aacute; que salir del capullo de sus propios prejuicios y celos de hombre-gusano si quiere acabar transform&aacute;ndose en hombre-mariposa.
    </p><p class="article-text">
        Cabe recordar aqu&iacute;, muy brevemente y a modo de apunte y conclusi&oacute;n, que la masculinidad tambi&eacute;n se performa y que cuanto m&aacute;s monol&iacute;ticas resulten ambas categor&iacute;as de g&eacute;nero, m&aacute;s previsibles y aburrides seremos todes, m&aacute;s esclaves de la representaci&oacute;n de ese gui&oacute;n que nos hace menos aut&eacute;nticxs y m&aacute;s falsos (<em>artificial</em>, <em>artificio</em> y <em>arte</em> comparten ra&iacute;z etimol&oacute;gica y l&oacute;gicas incluidas en los discursos pol&iacute;ticos feministas), y, consecuentemente, menos libres a la hora de vivir la una y la otra o ninguna o las dos, seamos del g&eacute;nero que seamos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carla Boyera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/joseph-sternberg-jacques-reiner-fassbinder_1_5963402.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 18 May 2020 10:40:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las Lolas de Joseph von Sternberg, Jacques Demy y Reiner Fassbinder]]></media:title>
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