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    <title><![CDATA[elDiario.es - Joseba de la Torre]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/joseba-de-la-torre/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Joseba de la Torre]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Los Pactos de La Moncloa, un mito redivivo de la Transición]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/pactos-moncloa-mito-redivivo-transicion_129_2263482.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/84f681c6-aad7-4a60-af17-c473d6bcedc6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los Pactos de La Moncloa, un mito redivivo de la Transición"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hubo una retórica de la Transición que algunos de sus creadores relatan sin complejos en sus memorias. A medio y largo plazo, había que explicar que, en realidad, se había vivido uno de los momentos brillantes de la historia española contemporánea. El vértigo que se vivió en el corto plazo entre 1976 y 1981 no garantizaba, sin embargo, semejante resultado</p></div><p class="article-text">
        Alguno de los expertos que queda en la Casa de Semillas del hoy des&eacute;rtico complejo de Moncloa debi&oacute; considerar que el Gobierno de Espa&ntilde;a necesitaba una imagen ic&oacute;nica que uniese al pa&iacute;s ante el formidable reto de la pandemia. Hab&iacute;a que difundir la idea de que, cuando acabe todo esto, habr&aacute; un plan de salida pactado por todos los actores pol&iacute;ticos, sindicales y empresariales, que reactive la econom&iacute;a espa&ntilde;ola y no deje a nadie atr&aacute;s. En un pa&iacute;s tan crispado en lo pol&iacute;tico y poco dado a la &eacute;pica macroecon&oacute;mica, la opci&oacute;n de los Pactos de La Moncloa de octubre de 1977 parec&iacute;a la m&aacute;s adecuada a tal fin.
    </p><p class="article-text">
        Ese acuerdo ha sido elevado por sus hagi&oacute;grafos a la categor&iacute;a de hito de la Transici&oacute;n democr&aacute;tica. Y no faltan razones a tenor de lo que refieren los manuales de historia econ&oacute;mica y ciencia pol&iacute;tica. Primero, los partidos pol&iacute;ticos con representaci&oacute;n parlamentaria acordaron las pol&iacute;ticas econ&oacute;micas que corrigieron los graves desequilibrios coyunturales de una econom&iacute;a en la UCI y, a la vez, se sentaron las bases estructurales para el despliegue de una econom&iacute;a de mercado y del Estado benefactor, semejantes a los de las democracias europeas. Y, segundo e igual de importante, se impulsaron las libertades pol&iacute;ticas y sociales, colectivas e individuales, cercenadas bajo la dictadura, integradas despu&eacute;s en la Constituci&oacute;n de 1978.
    </p><p class="article-text">
        En esa l&iacute;nea se est&aacute;n expresando estos d&iacute;as algunos art&iacute;culos de opini&oacute;n, incluyendo el testimonio de ministros, pol&iacute;ticos, sindicalistas y periodistas de la &eacute;poca, en un ejercicio de memoria que, a mi juicio, est&aacute; lastrado por el relato can&oacute;nico de la historia oficial. Adem&aacute;s, la propuesta inspirada en los Pactos de La Moncloa de recuperar una f&oacute;rmula de consenso pol&iacute;tico ante la gravedad econ&oacute;mica y social que se nos viene encima, ha sido abruptamente rechazada por los partidos del 'cuanto peor mejor'. As&iacute; que, tal vez por eso, haya que puntualizar los significados de esa gran operaci&oacute;n pol&iacute;tica y econ&oacute;mica de hace m&aacute;s de 40 a&ntilde;os. M&aacute;s a&uacute;n, si pensamos que la mitad de los espa&ntilde;oles de hoy no hab&iacute;a nacido durante la Transici&oacute;n y merezcen una historia que no est&eacute; al servicio del poder.
    </p><p class="article-text">
        1.- En el fondo no es tan sorprendente que se haya construido una visi&oacute;n casi &eacute;pica de la transici&oacute;n econ&oacute;mica si se alinean los problemas a los que hubo de enfrentarse la joven democracia espa&ntilde;ola: desequilibrios profundos de variables esenciales para la estabilidad econ&oacute;mica (inflaci&oacute;n, desempleo, d&eacute;ficit de la balanza de pagos), declive industrial y crisis bancaria y burbuja de deuda privada, provisi&oacute;n de funciones b&aacute;sicas del Estado del bienestar inexistentes o raqu&iacute;ticas hasta entonces, saneamiento de un gigantesco sector p&uacute;blico empresarial que actu&oacute; de hospital de empresas quebradas y rescat&oacute; negocios privados, la articulaci&oacute;n de un marco de concertaci&oacute;n social entre empresarios y trabajadores, reformas estructurales en la fiscalidad, las finanzas y los mercados de bienes y servicios, la negociaci&oacute;n para entrar en Europa como miembro de pleno derecho. En suma, hab&iacute;a que desmantelar el anacronismo institucional de una dictadura que contribuy&oacute; al desarrollo econ&oacute;mico de los a&ntilde;os sesenta y primeros setenta, y engendr&oacute;, inmediatamente despu&eacute;s, uno de los ejemplos de mayor intensidad en la debacle econ&oacute;mica. Los expertos de la OCDE que examinaron la situaci&oacute;n de Espa&ntilde;a en 1975 y 1976 fueron muy cr&iacute;ticos con las pol&iacute;ticas activadas entre 1974 y 1976 por el gobierno para enfrentarse a la desaceleraci&oacute;n y juzgaron con severidad algunas medidas. Pero sobre todo insistieron en que &ldquo;cualquier objetivo de crecimiento, de empleo o de balanza de pagos deber&iacute;an ser analizados en el contexto de una eventual modificaci&oacute;n de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica general y de una reforma paralela de las instituciones&rdquo;. Y eso significaba desmantelar el franquismo para modificar los comportamientos de los grupos de inter&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        2.- En consecuencia, la complejidad de nuestro pa&iacute;s debe ser integrada en la perspectiva de las convulsiones econ&oacute;micas, financieras y monetarias que se produjeron a nivel mundial, en general, y europeo, en particular. La suma del impacto del final de Breton Woods y las crisis energ&eacute;ticas implicaron un cambio en el paradigma bajo el que se hab&iacute;an gobernado las econom&iacute;as occidentales desde 1948. Sus gobiernos aplicaron de inmediato medidas antic&iacute;clicas de matriz keynesiana que aminorasen en el corto plazo el impacto de la recesi&oacute;n mundial. En Espa&ntilde;a no fue as&iacute; y el ajuste macroecon&oacute;mico se demor&oacute; hasta el oto&ntilde;o de 1977, aunque el diagn&oacute;stico y la terapia de choque ya estaban hechos antes por el FMI, el Servicio de Estudios del Banco de Espa&ntilde;a y el Instituto de Estudios Fiscales. La incertidumbre respecto a qu&eacute; pol&iacute;ticas econ&oacute;micas aplicar en el medio y largo plazo fue generalizada en el mundo occidental en los diez a&ntilde;os siguientes a 1974.
    </p><p class="article-text">
        Las respuestas de pol&iacute;tica econ&oacute;mica no fueron las mismas en las econom&iacute;as industriales y en las dictaduras que se extingu&iacute;an en Espa&ntilde;a, Portugal y Grecia, aunque forzados por las circunstancias pusieron en pr&aacute;ctica pol&iacute;ticas moderadas y con frecuencia impopulares. De hecho, cuando el partido socialista alcanz&oacute; el poder en Espa&ntilde;a, en 1982, la 'contrarrevoluci&oacute;n conservadora' de Thatcher y Reagan marcaba el giro de las pol&iacute;ticas econ&oacute;micas hacia la alternativa liberal como la &uacute;nica posible.
    </p><p class="article-text">
        3.- Los logros inmediatos de los Pactos de la Moncloa no fueron la panacea que proclaman hoy sus defensores. La combinaci&oacute;n de una pol&iacute;tica monetaria restrictiva y un ajuste duro sobre los salarios frenaron los riesgos de la espiral inflacionista, pero un a&ntilde;o despu&eacute;s la segunda crisis del petr&oacute;leo barri&oacute; los avances en el reequilibrio macroecon&oacute;mico. El exceso de restricci&oacute;n financiera por el Banco de Espa&ntilde;a entre 1978 y 1980 debilit&oacute; el potencial de crecimiento econ&oacute;mico y profundiz&oacute; la crisis industrial. El paro se dispar&oacute;. La reforma fiscal chocaba con el rechazo de la nueva patronal organizada. A los cuatro meses de la firma del pacto, su gran hacedor, el vicepresidente del gobierno, Enrique Fuentes Quintana dimiti&oacute; ante las presiones de grupos empresariales y, en particular, del poderos&iacute;simo oligopolio el&eacute;ctrico, que se sintieron amenazados por las propuestas de liberalizaci&oacute;n financiera y de racionalizaci&oacute;n del sector electronuclear. La portada de Cambio16 (febrero 1978) lo resum&iacute;a: &ldquo;Derechazo, Fuentes KO&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Aprobada la Constituci&oacute;n, el consenso pol&iacute;tico fue dinamitado. En realidad, el conjunto de reformas coyunturales y estructurales que se listaron en 1977 tardar&iacute;an en aplicarse. La historia de esa Econom&iacute;a en Transici&oacute;n requiri&oacute; de un tiempo largo de aprendizaje de los actores y de transformaci&oacute;n institucional que cubri&oacute; una primera etapa hacia 1985 y que solo se completar&iacute;a en 1992 con el desarrollo de los mecanismos de integraci&oacute;n de Espa&ntilde;a en la Uni&oacute;n Europea.
    </p><p class="article-text">
        4.- Lo cierto es que los economistas que vivieron la Transici&oacute;n acu&ntilde;aron inmediatamente ex post esa visi&oacute;n can&oacute;nica. Su deconstrucci&oacute;n es compleja. El modo en que el proceso global de la Transici&oacute;n fue difundido por los medios de comunicaci&oacute;n p&uacute;blicos y privados resulta clave. Existi&oacute; una estrategia de comunicaci&oacute;n que legitim&oacute; la democracia, identific&oacute; protagonistas y mensajes e impregn&oacute; el relato hasta nuestros d&iacute;as. Hubo una ret&oacute;rica de la Transici&oacute;n que algunos de sus creadores relatan sin complejos en sus memorias. A medio y largo plazo, hab&iacute;a que explicar que, en realidad, se hab&iacute;a vivido uno de los momentos brillantes de la historia espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea. El v&eacute;rtigo que se vivi&oacute; en el corto plazo entre 1976 y 1981 no garantizaba, sin embargo, semejante resultado.
    </p><p class="article-text">
        Afortunadamente el pa&iacute;s de hoy no se parece en nada a aquel gestionado por los herederos del franquismo, aunque se repitan algunas coincidencias. En 1977 Alianza Popular solo firm&oacute; el paquete econ&oacute;mico de ajuste duro y se neg&oacute; a apoyar el de las libertades pol&iacute;ticas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joseba de la Torre]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/pactos-moncloa-mito-redivivo-transicion_129_2263482.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Apr 2020 20:31:19 +0000]]></pubDate>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Josep Fontana y la historia como arma de futuro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/josep-fontana-historia-arma-futuro_129_1961041.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ef58a64e-3851-4fb5-bdec-a09369764f55_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Josep Fontana y la historia como arma de futuro"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Seis décadas separan el primero y el último de sus libros. Miles de páginas de análisis lúcidos y casi siempre certeros de materias y cronologías arduas y diversas. Todas ellas revelan que su compromiso de historiador trascendía la academia y perseguía arrojar luz sobre las tinieblas del pasado español para conquistar un mejor futuro</p></div><p class="article-text">
        Para aquellos que aprendimos el oficio de historiador a comienzos de los a&ntilde;os ochenta del siglo pasado, Josep Fontana fue uno de los referentes esenciales. Los escritos de Fontana conjugaban el rigor metodol&oacute;gico y la pasi&oacute;n por construir una historia nueva, en la que el historiador actuase como la conciencia cr&iacute;tica de la sociedad del tiempo presente. Estas dos ideas han impregnado la ampl&iacute;sima labor historiogr&aacute;fica de este maestro de historiadores y ense&ntilde;antes. <a href="https://www.eldiario.es/catalunya/politica/Muere-historiador-catalan-Josep-Fontana_0_808419241.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Hemos perdido este martes a uno de los grandes historiadores europeos del siglo XX</a>.
    </p><h3 class="article-text">Cambio econ&oacute;mico y actitudes pol&iacute;ticas</h3><p class="article-text">
        Seis d&eacute;cadas separan el primero y el &uacute;ltimo de sus libros. Miles de p&aacute;ginas de an&aacute;lisis l&uacute;cidos y casi siempre certeros de materias y cronolog&iacute;as arduas y diversas. Todas ellas revelan que su compromiso de historiador trascend&iacute;a la academia y persegu&iacute;a arrojar luz sobre las tinieblas del pasado espa&ntilde;ol para conquistar un mejor futuro. Nada ajeno a su militancia antifranquista, de hombre de izquierdas, que pag&oacute; con la expulsi&oacute;n de la universidad en 1966. En ese contexto se explica que en los primeros a&ntilde;os 70 Fontana dirigiese su tarea universitaria a desentra&ntilde;ar las claves de la revoluci&oacute;n liberal, la quiebra de la hacienda, las finanzas de la guerra napole&oacute;nica o la formaci&oacute;n del mercado espa&ntilde;ol en medio de un tiempo tan lejano. Esa historia econ&oacute;mica revelaba la complejidad de los hechos pol&iacute;ticos y las respuestas sociales que tienen lugar en los momentos de cambio. Explicar las bases del fin del absolutismo borb&oacute;nico y el dise&ntilde;o de un nuevo sistema pol&iacute;tico, econ&oacute;mico e institucional cobraba otro sentido en la antesala del final del franquismo. Su cr&iacute;tica profunda a la Transici&oacute;n democr&aacute;tica quiz&aacute;s se carg&oacute; de razones ya entonces.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De paso, Fontana estaba contribuyendo al nacimiento y desarrollo de la historia econ&oacute;mica como disciplina (aunque despu&eacute;s se sinti&oacute; m&aacute;s historiador social). No se trataba de una invocaci&oacute;n mec&aacute;nica al materialismo hist&oacute;rico m&aacute;s fosilizado, ni la respuesta a un historicismo ya agotado ni al revisionismo liberal que se avecinaba. Fue el resultado de un conocimiento oce&aacute;nico de la historiograf&iacute;a europea m&aacute;s innovadora y de casi cualquier avance en otras ciencias sociales. No hab&iacute;a libro nuevo o viejo que se le escapase, forjado ese esp&iacute;ritu enciclop&eacute;dico en la librer&iacute;a de su padre. La biblioteca personal requiri&oacute; de varios pisos en el Poble-sec para alojarla, antes de que acabase don&aacute;ndola a la Universitat Pompeu Fabra. Ese es desde hace m&aacute;s de veinte a&ntilde;os su legado material a las generaciones futuras de investigadores sociales.
    </p><p class="article-text">
        El legado inmaterial es m&aacute;s dif&iacute;cil de ser tasado. Entre finales de los 70 y la d&eacute;cada de los 80, el p&aacute;ramo espa&ntilde;ol de la historia contempor&aacute;nea comenz&oacute; a mutarse en vergel gracias, entre otras razones, a las ediciones y traducciones de la mejor versi&oacute;n del marxismo anglosaj&oacute;n y centroeuropeo que algunos editores tan aguerridos como ilustrados impulsaron bajo la direcci&oacute;n de Fontana.
    </p><p class="article-text">
        Maestro de historiadores, siempre dej&oacute; manejarse a sus disc&iacute;pulos en absoluta libertad. La historia agraria, industrial y fiscal se beneficiaron de ello. Fontana creaba escuela tambi&eacute;n fuera de la universidad, entre numerosos profesores de bachiller, para acabar con la lacra de la vieja historia de los de arriba, tan desconectada de la realidad en que viven sus estudiantes. Su escritura es sencilla, rotunda y bella. Al alcance de todos, de aqu&iacute; su brillo como divulgador de la historia.
    </p><h3 class="article-text">Pasado, presente y futuro de un mundo extra&ntilde;o</h3><p class="article-text">
        Esa conciencia cr&iacute;tica salt&oacute; fronteras con su r&eacute;plica a la soflama neocon de &ldquo;el fin de la historia&rdquo;. Contra el desconcierto ideol&oacute;gico que engendraba la desaparici&oacute;n del bloque sovi&eacute;tico y la aparente victoria final del ultraliberalismo, Fontana llamaba a mantener viva la capacidad de razonar, preguntar y criticar. Fue l&oacute;gico que la Gran Recesi&oacute;n de 2008 radicalizase ese compromiso frente a la desigualdad y la defensa de los sacrificados en el altar de la prosperidad global, ante las que no hab&iacute;a que resignarse. Ya lo hab&iacute;a hecho mucho antes. Cuando explicaba en 1986 la esperanza frustrada de la II Rep&uacute;blica y la naturaleza siniestra del franquismo liquidando la democracia y frenando las expectativas de crecimiento econ&oacute;mico y desarrollo social. Uno de sus recuerdos de infancia m&aacute;s vividos era el saqueo de la casa de sus padres por las tropas de Franco en la toma de Barcelona. O en 1994 al desvelar el espejismo del progreso europeo. Sus ensayos m&aacute;s recientes, <em>Por el bien del Imperio</em> y <em>El siglo de Revoluci&oacute;n</em>, de 2011 y 2017, sintetizan una visi&oacute;n muy personal de la historia del siglo XX, la del tiempo en que le toc&oacute; vivir.
    </p><p class="article-text">
        Nos hemos quedado sin Fontana. Su legado como historiador permanecer&aacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joseba de la Torre]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/josep-fontana-historia-arma-futuro_129_1961041.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 28 Aug 2018 18:14:21 +0000]]></pubDate>
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